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Vía Crucis Amazónico

Este documento presenta el "Vía Crucis Amazónico", un subsidio de oración para la Cuaresma que recorre los pasos de la Pasión de Jesús relacionándolos con la lucha y el sufrimiento de los pueblos y el territorio de la Amazonía. Contiene 14 estaciones con oraciones y reflexiones que invitan a reconocer el daño causado a la Amazonía, el olvido de sus pueblos indígenas, y ver a Jesús en los indígenas que reclaman una vida digna. El objetivo es fortal

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Vía Crucis Amazónico

Este documento presenta el "Vía Crucis Amazónico", un subsidio de oración para la Cuaresma que recorre los pasos de la Pasión de Jesús relacionándolos con la lucha y el sufrimiento de los pueblos y el territorio de la Amazonía. Contiene 14 estaciones con oraciones y reflexiones que invitan a reconocer el daño causado a la Amazonía, el olvido de sus pueblos indígenas, y ver a Jesús en los indígenas que reclaman una vida digna. El objetivo es fortal

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Vía Crucis Amazónico

Red Eclesial Panamazónica - REPAM COLOMBIA

Presidente
Mons. Omar de Jesús Mejía
Arzobispo de Florencia

Secretario técnico
Juan Felipe Martínez

Realizado por:
Hna. Azucena Correa MIC
Cesar Barato, Familia Franciscana
Juan Felipe Martínez

Editado y diagramado
Liseth Tatiana Avendaño
Profesional Comunicaciones

2023
Presentación
La REPAM Colombia presenta en la Cuaresma este subsidio de
oración con el camino de Jesús hacia la Cruz.

Recorriendo los pasos de la Pasión del Señor, traemos a nuestra


mente la lucha, los trabajos, el sufrimiento y las alegrías de la
Amazonía y los pueblos que en ella habitan.

Hacemos memoria de aquellos que gastaron su vida por el bien


común y reconocemos las luchas y fragilidades que continúan
desgastando y acabando la belleza y la riqueza del territorio
amazónico.

Que la vivencia de la cuaresma y los días Santos como camino a la


Pascua, sea para nosotros fortaleza e inspiración, para con el Papa
Francisco y la Iglesia, ser una Iglesia con rostro amazónico.
Oración inicial
Alabado seas mi Señor Jesús, que te haces presente en nuestros
hermanos, especialmente en los pequeños y olvidados de esta
querida Amazonía.

Gracias por tu bondad para con esta porción del Pueblo de Dios,
en donde día a día se ve crucificada la naturaleza y los hermanos,
y se hace vivo el recuerdo de tu pasión.

Te pedimos perdón por las veces en que hemos olvidado la tarea


de cuidar y cultivar la Casa Común, porque preferimos desgarrarla
y explotarla, incluso por encima de nuestros hermanos.

Perdón por olvidar el mandamiento del amor, generando muerte y


división entre los hermanos indígenas, campesinos y
afrodescendientes.

Ayúdanos Padre, a reconocer el dolor y el sufrimiento de nuestros


hermanos y a ser constructores de tu Reino de amor en la Querida
Amazonía.

Amén

Primera estación
Jesús es condenado a Muerte

¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por tu Santa


Cruz redimiste al mundo.

La condenación de la Amazonía

Reflexión:
La Querida Amazonía, en su belleza y esplendor, ha sido condenada por
el abandono y el olvido de su riqueza e importancia, y puesta en el
último lugar, siendo blanco de la explotación y la muerte. Hemos
olvidado que es Nuestra hermana, y en su agonía, nos recuerda el Papa
Francisco que: “Esta hermana clama por el daño que le provocamos a
causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha
puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y
dominadores, autorizados a expoliarla. (…) Por eso, entre los pobres más
abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra,
que «gime y sufre dolores de parto»" (Rm 8,22) (LS#2)

Nuestra hermana tierra ha de ser puesta siempre en el primer lugar,


como custodios y protectores de esta, reconociendo el daño y sanando
sus heridas, ahí reside nuestro compromiso cristiano por el cuidado de la
Casa Común.

Oración:
Dios de amor, gracias por la belleza y la magnificencia de tu gracia en
la creación, por el don no merecido de las maravillas de tus manos. No
hemos sido verdaderos custodios de tu obra en esta Amazonía llena de
vida y de colores. Te pedimos nos des la gracia de entender nuestra
misión en este territorio, a ser capaces de mostrar a la humanidad su
belleza desbordante y que nos ayudes a verte como el pobrecillo de Asís
en cada creatura de la Amazonía.
Amén

Padre Nuestro, Ave María y Gloria


Segunda estación

Jesús carga con la cruz
¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por tu
Santa Cruz redimiste al mundo.

El olvido de los pueblos de la Amazonía

Reflexión:
La cruz que pesa sobre los hombros del pueblo y el territorio Amazónico,
es la cruz del olvido, del abandono, de la falta de conocimiento de su
riqueza natural y cultural; es el olvido que ha sentido el propio Jesús
camino al calvario cuando miraba en los ojos de aquellos que había
acompañado y curado, los cuales olvidaron por completo su favor.

Es el desconocimiento de este territorio y la inmensidad de la selva que


la engalana naturalmente, lo que tiene a nuestros pueblos en el
abandono del Estado y en la incomprensión de un mundo globalizado
que no valora los saberes del territorio.

En ese panorama, es necesario promover nuestros pueblos amazónicos:


indígenas, campesinos y afrodescendientes; reconociendo
primeramente sus saberes, su identidad; valorando el gran testimonio y
conocimiento que ofrecen a la humanidad. Y sintiéndonos ante todo que
somos hermanos.

Oración:
Dios de los pueblos, que te has escogido en la Amazonía un pueblo
santo como el pueblo de Israel. Te pedimos, nos ayudes a cargar con las
pesadas cruces que hemos puesto a nuestros pueblos amazónicos. A
reconocer su valioso aporte a la humanidad, y a hacer posible que día a
día sean reconocidos y valorados como nuestros hermanos.

Amén

Padre Nuestro, Ave María y Gloria


Tercera estación

Jesús cae por primera vez

¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por tu Santa


Cruz redimiste al mundo.

Jesús en los Indígenas

Reflexión:
“Todo lo que hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños,
conmigo lo hicieron…” Mt 25,40

La Querida Amazonía nos invita en primer lugar a reconocernos como


una especie única que solo puede existir en relación con la naturaleza.
Somos la naturaleza capaz de tomar decisiones, amar, pensar y actuar
con conciencia y lucidez sobre la relación que establecemos con los
demás y con todos los seres que nos rodean.

La realidad que vive la Amazonía, clama por la defensa de los derechos


de los pobres, de los pueblos originarios, escuchar su voz y promover su
dignidad. El camino de Jesús hoy, por la Amazonía, nos recuerda la
responsabilidad que tenemos en el aquí y ahora por el cuidado de lo
esencial, es decir, la vida que tantas veces ha sido vulnerada en nuestros
hermanos indígenas.

Jesús cae por primera vez en cada indígena que reclama una vida digna
y justa en armonía con la creación. Nos invita a valorar la espiritualidad
presente en cada pueblo y cultura y que recrea la belleza humana que
trasciende la hermosura de todo cuanto existe.

Jesús cae, para recordarnos, la necesidad de fortalecer los lazos de


hermandad con la madre tierra, toda la creación, única posibilidad de ser
y dar continuidad a nuestra existencia en las futuras generaciones.
“Aprendiendo de los pueblos originarios podemos contemplar la
Amazonia y no solo analizarla, para reconocer ese misterio precioso que
nos supera. Podemos amarla y no solo utilizarla, para que el amor
despierte un interés hondo y sincero. Es más, podemos sentirnos
íntimamente unidos a ella y no sólo defenderla, y entonces la Amazonía
se volverá nuestra como una madre. Porque «el mundo no se
contempla desde fuera, sino desde dentro, reconociendo los lazos con
los que el Padre nos ha unido a todos los seres” (Q.A 55)

Oración:
Señor Jesucristo Liberador, rostro de Dios Padre, que nos has enseñado
el camino de la verdadera humanidad, ayúdanos a reconocer a
nuestros hermanos indígenas, caídos en sus territorios, comprometidos
en la defensa de la vida en todas sus manifestaciones. Que valoremos y
respetemos sus tradiciones, su cultura y unidos en la única
Espiritualidad que nos hermana, seamos uno en ti y con el Padre, para
que el mundo crea, que somos discípulos y misioneros en el hoy de
nuestra historia.
Amén

Padre Nuestro, Ave María y Gloria


Cuarta estación

Jesús se encuentra con su madre

¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por tu Santa


Cruz redimiste al mundo.

Por las madres de la Amazonía

Reflexión:
Hijo mío, “yo no sé cómo apareciste en mis entrañas, no fui yo quien les
regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de
cada uno. Pues así, el Creador del mundo, el que modeló al hombre en
su nacimiento y proyecto el origen de todas las cosas, les devolverá el
espíritu y la vida con misericordia… Te ruego hijo mío que mires al cielo y
a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada
lo hizo Dios y que también así el género humano ha llegado a la
existencia” (2Mac 7, 22-23.28).

La Madre selva, la Madre Tierra, la Madre de todos los vivientes, ella,


quien no se otorga el don de la vida, sino que sabe reconocer al Creador
de todo y de todos, ella en las madres de la Amazonía, nos invitan a
contemplar a sus hijos, muchos de ellos lastimados por la violencia y la
injusticia, muchos desaparecidos, martirizados…y muchos
comprometidos con, el buen vivir y convencidos de que el proyecto
originario de Dios para cada ser humano, es aportar en la construcción
del bien común.

Que dejemos resonar en nuestro corazón las palabras y el amor de la


Madre que sigue animando a las madres de la Amazonía a no claudicar a

seguir siendo el soporte de la unidad familiar y el vínculo sagrado con la


Madre de Jesús, nuestro hermano mayor.
"En la Amazonia hay comunidades que se han sostenido y han
transmitido la fe durante mucho tiempo sin que algún sacerdote
pasara por allí, aun durante décadas. Esto ocurrió gracias a la
presencia de mujeres fuertes y generosas: bautizadoras, catequistas,
rezadoras, misioneras, lideresas, madres comunitarias… ciertamente
llamadas e impulsadas por el Espíritu Santo. Durante siglos las mujeres
mantuvieron a la Iglesia en pie en esos lugares con admirable entrega y
ardiente fe” (Q.A 99)

Oración:
Madre de la vida, en tu seno materno se fue formando Jesús, que es el
Señor de todo lo que existe. Resucitado, Él te transformó con su luz y te
hizo reina de toda la creación. Por eso te pedimos que reines, María, en
el corazón palpitante de la Amazonia.

Muéstrate como madre de todas las creaturas, en la belleza de las


flores, de los ríos, del gran río que la atraviesa y de todo lo que vibra en
sus selvas. Cuida con tu cariño esa explosión de hermosura. Pide a Jesús
que derrame todo su amor en los hombres y en las mujeres que allí
habitan, para que sepan admirarla y cuidarla. Haz nacer a tu hijo en
sus corazones para que Él brille en la Amazonia, en sus pueblos y en sus
culturas, con la luz de su Palabra, con el consuelo de su amor, con su
mensaje de fraternidad y de justicia.

Que en cada Eucaristía se eleve también tanta maravilla para la gloria


del Padre. Madre, mira a los pobres de la Amazonia, porque su hogar
está siendo destruido por intereses mezquinos. ¡Cuánto dolor y cuánta
miseria, cuánto abandono y cuánto atropello en esta tierra bendita,
desbordante de vida! Toca la sensibilidad de los poderosos porque,
aunque sentimos que ya es tarde, nos llamas a salvar lo que todavía
vive.

Madre del corazón traspasado que sufres en tus hijos ultrajados y en la


naturaleza herida, reina tú en la Amazonia junto con tu hijo. Reina para
que nadie más se sienta dueño de la obra de Dios. En ti confiamos,
Madre de la vida, no nos abandones en esta hora oscura.

Amén

Padre Nuestro, Ave María y Gloria


Quinta estación

El cirineo ayuda a Jesús con la cruz

¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por tu


Santa Cruz redimiste al mundo.

Por los que trabajan por la Amazonía y sus


pueblos

Reflexión:

El Cirineo representa aquel que es capaz de compadecerse de la


realidad que vive el prójimo. Es el rostro de aquel que, aunque sin
entender la labor que le ha tocado, es capaz en el camino de empatizar
con el dolor del hombre a quien ayuda con la Cruz.

En la Amazonía encontramos hombres y mujeres, organizaciones y


comunidades comprometidas como Simón de Cirene en ayudar en
medio de las dificultades a promover este territorio y sus pueblos,
encontrando sus bondades y potencialidades.

El trabajo por la Amazonía debe estar cargado por el amor hacia el


prójimo y a la creación. Donde es necesario utilizar la creatividad, pero
no creando fórmulas nuevas, sino utilizando la riqueza del propio
territorio, reconociéndonos como ciudadanos amazónicos y hermanos
en una misma casa común.

“El asunto es promover la Amazonia, pero esto no implica colonizarla


culturalmente sino ayudar a que ella misma saque lo mejor de sí. Ese es
el sentido de la mejor tarea educativa: cultivar sin desarraigar, hacer
crecer sin debilitar la identidad, promover sin invadir. Así como hay
potencialidades en la naturaleza que podrían perderse para siempre, lo
mismo puede ocurrir con culturas que tienen un mensaje todavía no
escuchado y que hoy están amenazadas más que nunca.” (QA #28)
Oración:

Padre amado, te presentamos el trabajo de hombres y mujeres que se


han volcado a la Amazonía para enamorarse de su esplendor, que han
encontrado el sentido de sus vidas en la promoción y ayuda de los
pueblos y el territorio Amazónico. Ayúdalos Padre como al Cirineo a
tener el valor de cargar la Cruz con total disposición y entrega,
reconociendo que los frutos de ese trabajo redundan en beneficio de
todos.
Amén

Padre Nuestro, Ave María y Gloria


Sexta estación

La Verónica limpia el rostro de Jesús

¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por tu Santa


Cruz redimiste al mundo.

Por el compromiso de toda la humanidad de


cuidar la Amazonía

Reflexión:
La Verónica en su acción de limpiar el rostro de Jesús se hace
representación del cuidado que, además de sufriente, está condenado a
morir por causa de la injusticia. Brota una relación íntima entre los dos.
Esta relación inspira al cuidado y al compromiso por el cuidado. Del
mismo modo, hemos de ser inspirados, cada persona, en todo rincón de
la tierra, a movernos hacia el cuidado de la Amazonía que padece su
dolor y sufrimiento a causa de múltiples injusticias, en especial aquellas
fundadas en nombre de manipulados sentidos de desarrollo o de
sostenibilidad económica.

En este entendido, hombres y mujeres de todo lugar pueden asumir el


compromiso de hacerse cuidadores de la Amazonía porque no apoya, no
respalda, no invierte, en proyectos industriales, agropecuarios, mineros o
energéticos y, tampoco creen en la publicidad que ellos hacen, pues
todas ellas son causantes de la injusticia con la Amazonía.

Oración:
Señor de la Vida, Dios del bien, a través de toda la obra creada nos
muestras tu rostro de cuidador de sus creaturas; te pedimos que
bendigas y acompañes los esfuerzos de sensibilización y de
concienciación que como Iglesia realizamos por el cuidado de la
Amazonía en sus pobladores, territorios y de los bienes comunes que en
ellos regalas a toda la humanidad.
Amén
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
Séptima Estación

Jesús cae por segunda vez

¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por tu Santa


Cruz redimiste al mundo.

Jesús en los campesinos

Reflexión:
Los campesinos y campesinas han sido durante años quienes han
provisto de alimento sano a nuestros pueblos. Son ellos quienes día a día
cumpliendo encuentran su realización en el trabajo con la tierra,
recordando y haciendo vida la historia misma del pueblo de Israel, en su
conexión con la tierra.

Particularmente en la Amazonía, los campesinos y campesinas aprenden


a convivir con el territorio, reconociendo la sabiduría de este y
desarrollando nuevos saberes alrededor de una forma de vida amigable
con el territorio. Son estos quienes, a través de economías de solidaridad,
producción sostenible y el cuidado de la casa común, promueven la
fraternidad.

Sin embargo, el deseo desmedido de un capitalismo salvaje que no tiene


en cuenta a los productores del campo, ha venido acabando con la
identidad y la fuerza de estos hermanos nuestros en el territorio, pues
ven amenazados sus conocimientos y sus formas de vida en el territorio.

Es ahí donde la lucha y la resistencia de nuestros pueblos tiene sentido,


no en la búsqueda de ganancias económicas que aumenten el capital de
unos cuantos, sino, en la soberanía del territorio para producir sus
propios alimentos y conservar sus semillas, saberes y sabores.
Oración:
Jesús trabajador, que conoces la fatiga de la labor diaria, te
presentamos nuestros campesinos que día a día trabajan la tierra para
hacer posible el sustento y el alimento de miles de familias. Permite que
su trabajo sea siempre valorado y reconocido: que el avance de las
economías poco solidarias no ponga en riesgo su propia vida. Que
como creyentes tengamos un claro compromiso desde tu palabra y
desde la historia de salvación que se da en un universo agrario, de ser
defensores de la tierra, de las semillas y de los campesinos.

Amén

Padre Nuestro, Ave María y Gloria


Octava estación

Jesús consuela las hijas de Jerusalén

¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por tu Santa


Cruz redimiste al mundo.

Por las mujeres de la Amazonía

Reflexión:
La Iglesia reconoce que: “En la Amazonia hay comunidades que se han
sostenido y han transmitido la fe durante mucho tiempo… aun durante
décadas. Esto ocurrió gracias a la presencia de mujeres fuertes y
generosas: bautizadoras, catequistas, rezadoras, misioneras,
ciertamente llamadas e impulsadas por el Espíritu Santo. Durante
siglos las mujeres mantuvieron a la Iglesia en pie en esos lugares con
admirable entrega y ardiente fe” (QA#99).

Reconocemos que, ante esta realidad, muchas veces, como Iglesia, no


hemos valorado este servicio y la importancia que tiene en el camino de
la fe. Así, en esta estación nos paramos para contemplar a Jesús que se
acerca, agradece y consuela a las muchas mujeres que han sido
testimonio de fe.

De ahí que, como Iglesia, especialmente desde los varones y ministros


ordenados, hemos de hacer camino de transformación de nuestro ser y
quehacer, de manera que el testimonio de fe en la vida revele su ser
incluyente, sinodal, que reconozca y valore la identidad, el lugar, el
aporte de mujeres creyentes, servidoras y ministras, constituyendo así un
rostro amazónico de Iglesia.
Oración:

Dios nuestro, que en tu rostro de Padre y Madre encontremos la fuente


de inspiración, guía y camino para renovar nuestro rostro de Iglesia, que
acoge, fortalece y recrea el don de las mujeres que en la Amazonía son
testimonio de fidelidad a tu hijo y al proyecto del reino revelado en el
Evangelio; al mismo tiempo que nos hacemos testimonio de camino de
renovación para toda la iglesia Universal.
Amén

Padre Nuestro, Ave María y Gloria


Novena Estación

Jesús cae por tercera vez

¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por

tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jesús en los afrodescendientes

Reflexión:
Los pueblos afrodescendientes han vivido históricamente el flagelo de la
esclavitud, transformada en la discriminación y la incomprensión de su
cultura. Sus raíces más profundas venidas de otras tierras han echado
semilla alrededor del mundo, integrándose a otros pueblos.

En este encuentro de culturas, han encontrado en la Amazonía un


remanso de vida y un lugar propicio para desarrollar su propia cultura.
En la inmensidad de la Amazonía encontramos “miles de comunidades
indígenas, afrodescendientes, ribereños y habitantes de las ciudades
que a su vez son muy diferentes entre sí y albergan una gran diversidad
humana. A través de un territorio y de sus características, Dios se
manifiesta, refleja algo de su inagotable belleza. Por lo tanto, los
distintos grupos, en una síntesis vital con su entorno, desarrollan un
modo propio de sabiduría.”QA#32.

Nuestros pueblos afrodescendientes nos enseñan la capacidad de


resiliencia, la fuerza de conservar la identidad y cultura aún en las
condiciones difíciles de la vida. Que su fuerza y resistencia sea ejemplo
para nosotros diariamente.

Oración:
Señor Jesús, que te haces presente en nuestros hermanos
afrodescendientes, para mostrarnos en la alegría de su cultura tu rostro
bondadoso. Te pedimos nos des la capacidad de resistir en todo
momento, junto a nuestros pueblos amazónicos, las caídas a las que
nos veamos sometidos. Siempre con una clara conciencia de
hermandad y solidaridad mutua.
Amén
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
Décima estación

Jesús es despojado de sus vestiduras


¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por tu Santa

Cruz redimiste al mundo.

Por la biodiversidad de la Amazonía

Reflexión:
“La querida Amazonia se muestra ante el mundo con todo su
esplendor, su drama, su misterio” QA#1. Este esplendor está engalanado
por sus extensas selvas cargadas de gran biodiversidad. Es la casa de
muchas especies de flora y fauna como nunca antes lo podamos
imaginar, albergando también gran cantidad de agua en sus extensos
ríos.

Pero es necesario reconocer que, “Hay lugares que requieren un


cuidado particular por su enorme importancia para el ecosistema
mundial, o que constituyen importantes reservas de agua y así
aseguran otras formas de vida.” LS#37, y la Amazonía es uno de estos.

“Los ecosistemas de las selvas tropicales tienen una biodiversidad con


una enorme complejidad, casi imposible de reconocer integralmente,
pero cuando esas selvas son quemadas o arrasadas para desarrollar
cultivos, en pocos años se pierden innumerables especies, cuando no se
convierten en áridos desiertos.” LS#38

Somos llamados como cristianos a proteger y promocionar esa


biodiversidad, reconociendo que “Si el cuidado de las personas y el
cuidado de los ecosistemas son inseparables, esto se vuelve
particularmente significativo allí donde «la selva no es un recurso para
explotar, es un ser, o varios seres con quienes relacionarse»” QA#42, es
en sí misma nuestra hermana la madre selva.
Oración:

Dios creador, que te has hecho presente en la más pequeña de tus


creaturas; con el Pobrecillo de Asís cantamos una alabanza a tu nombre
por toda la creación. Te pedimos la capacidad de reconocer su brillo y
grandeza, muchas veces despojadas por los intereses mezquinos de
unos pocos. Haz que los pueblos de la Amazonía seamos capaces de
proteger y custodiar toda la biodiversidad, reconociéndola como nuestra
hermana.

Amén

Padre Nuestro, Ave María y Gloria


Undécima estación

Jesús es clavado en la cruz

¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por tu Santa


Cruz redimiste al mundo.

Por los bienes comunes que Dios nos dio en la


Amazonía

Reflexión:
Necesario e importante volver a escuchar y contemplar las palabras del
Documento Final del Sínodo de la Amazonía acerca de lo que acontece
con los bienes comunes de la humanidad en ella: “Se trata entonces de
discutir el valor real que cualquier actividad económica o extractiva
posee, es decir, el valor que aporta y devuelve a la tierra y a la sociedad,
considerando la riqueza que extrae de ellas y sus consecuencias socio-
ecológicas. Muchas actividades extractivas, como la minería a gran
escala, particularmente la ilegal, disminuyen sustancialmente el valor
de la vida amazónica. En efecto, arrancan la vida de los pueblos y los
bienes comunes de la tierra, concentrando poder económico y político
en manos de pocos. Peor aún, muchos de estos proyectos destructivos
se realizan en nombre del progreso, y son apoyados – o permitidos – por
los gobiernos locales, nacionales y extranjeros” (DF 72).

Hemos de tomar consciencia acerca de lo que nuestros sentimientos,


actitudes y acciones apoyan o no el actual estado de cosas que
acontecen en la Amazonía que en últimas, termina por afectar a toda la
humanidad y al planeta entero. Caer en la cuenta, por ejemplo, en lo que
dicen y hacen las industrias, las entidades financieras, los medios de
comunicación, en torno de la Amazonía y nosotros como creyentes,
relacionarnos o no con ellas para no invertir o consumir productos o
apoyar discursos que afectan la vida de la Amazonía en sus pueblos y
territorios.
Oración:
Dios de la Vida, Señor del Bien, nos acercamos a ti para agradecerte por
la Amazonía, por los dones, los muchos dones que has regalado a la
humanidad y al planeta entero en ella; a través de la vida que se
desprende de la Amazonía, especialmente en los bienes comunes de la
humanidad como el agua, el oxígeno, las culturas y rica diversidad de
medicinas naturales, minerales y más, tú, Señor, nos hablas de amor, de
justicia, de vida y de la tarea nuestra de “cultivar” y “cuidar” que nos
enseñas en el Génesis. Te pedimos que el caminar de Iglesia y su misión
en la Amazonía lleve a despertar y fortalecer la conciencia de
bautizados que nos haga vivir y realizar una evangelización que cuida
de la vida, especialmente en los bienes comunes de la humanidad, para
el bien de la misma Amazonía y de la humanidad toda, incluida las
futuras generaciones.
Amén

Padre Nuestro, Ave María y Gloria


Duodécima Estación

Jesús muere en la cruz

¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por tu Santa


Cruz redimiste al mundo.

Por las personas muertas injustamente en la


Amazonía

Reflexión:
Delante de la cruz contemplamos a Jesús injustamente asesinado.
Muere a causa de la manipulación de intereses, de temores, de abuso de
poder y hasta de ciertas formas de interpretación de la Palabra de Dios.
Él, quien entregó su vida a la causa de Dios, en su proyecto de vida
digna, vida en plenitud, vida vivida en comunidad, para hacer la voluntad
del Padre para instaurar el reino de la justicia según el amor. Sin duda,
que asumir el proyecto de Dios, entra en conflicto delante de intereses
particulares, individuales o de deseos de acumulación o de
acaparamiento, y para quienes hacen de su proyecto de vida estas
causas injustas y del mal, es válido causar la muerte de quienes se les
opongan o afecten sus intereses y proyectos. Todo esto lo descubrimos
detrás de los relatos evangélicos de la pasión y muerte de Jesús.

Esto mismo podemos contemplar en muchos hombres y mujeres que


han sido asesinados en defensa de la vida, de todas las formas de vida
que existen en la Amazonía; muertes injustas, porque precisamente
asumieron la causa de la justicia, la causa de la vida, en el nombre del
amor. Razones de explotación humana, de extracción minera energética,
de cultivos de uso ilícito, de grandes extensiones de monocultivo para
uso industrial, de depredación de la fauna y flora, del desplazamiento de
poblaciones, especialmente indígenas, en fin, por muchas causas han
muerto miles, millones de personas en la Amazonía; y muchísimas de
estas muertes se han justificado en el nombre del progreso, de la riqueza
y de recursos para la inversión social, ocultando los verdaderos intereses
y proyectos de grupos multinacionales o de familias que se han
aprovechado de bienes y de personas en beneficio propio.
Oración:
Dios y Señor de la Vida, delante de la cruz, signo de vida y de muerte,
contemplamos a Jesús quien nos enseña y anima cada día a
mantenernos en la causa de la vida, de la justicia, de la verdad en
nombre del Bien. Una cruz que, al mismo tiempo, fortalece la convicción
de la entrega de la vida por las causas de la Amazonía. Te pedimos en el
nombre de los millones de hombres y mujeres que han sido asesinados
o les han causado diversas formas de muerte para que esas muertes,
leídas desde la cruz de Jesús, nos enseñen, animen y sostengan en
nuestra entrega personal y de Iglesia por la vida de la Amazonía, la vida
de sus pobladores, de sus territorios, de sus bienes comunes de la
humanidad para que en ellos y en ella se haga realidad una
evangelización integral que engendre vida.

Amén

Padre Nuestro, Ave María y Gloria


Décimo tercera estación

Jesús es bajado de la cruz y puesto en


brazos de su Madre

¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por tu Santa Cruz


redimiste al mundo.

Por la Iglesia en la Amazonía

Reflexión:
El hijo del Dios, cumpliendo su plan perfecto de salvación, parece
vencido por la fuerza de la muerte injusta, producto del poder
desmesurado del hombre. Sus discípulos han perdido en ese momento,
por su condición humana, la esperanza de aquellas enseñanzas y
promesas que el Mesías había compartido en ese tiempo de caminar.

Al igual que Jesús, la Amazonía y sus pueblos parecen muchas veces


derrotados por el poder político y económico que solo busca
aprovecharse de sus recursos, y la esperanza en el territorio se derrumba.
Sin embargo, la sabiduría y fortaleza de nuestros pueblos originarios nos
anima como Iglesia a sembrar vida y dar ánimo en la esperanza cristiana.

El sueño de los pueblos Kichwa de Sarayacu, en la Amazonía


Ecuatoriana, donde ellos comentan como su abuelo soñó que Cristo los
visitaba vestido de blanco justo el día que el Papa Francisco convocó el
Sínodo de la Amazonía, nos da la certeza como Iglesia que hay que mirar
hacia este territorio.

La Iglesia, como María, sigue siendo una madre generosa que acoge a
sus hijos, los protege y los anima a seguir adelante en medio de las
dificultades, caminando y luchando con ellos. Pero especialmente, la
Iglesia ha de ser capaz de proyectar el rostro de Cristo que nos da la
verdadera esperanza y nos recuerda que la muerte ha perdido su
victoria.
Como Iglesia, “frente a tantas necesidades y angustias que claman
desde el corazón de la Amazonia, podemos responder a partir de
organizaciones sociales, recursos técnicos, espacios de debate,
programas políticos, y todo eso puede ser parte de la solución. Pero los
cristianos no renunciamos a la propuesta de fe que recibimos del
Evangelio. Si bien queremos luchar con todos, codo a codo, no nos
avergonzamos de Jesucristo. Para quienes se han encontrado con Él,
viven en su amistad y se identifican con su mensaje, es inevitable hablar
de Él y acercar a los demás su propuesta de vida nueva: «¡Ay de mí si no
evangelizo!» (1 Co 9,16).” (QA#62)

Oración:
Señor que eres cabeza y vida de la Iglesia, te pedimos por los
misioneros y misioneras, discípulos y discípulas que reflejan tu rostro en
los hermanos y territorios de la Amazonía. Te pedimos nos ayudes como
Iglesia viva en este territorio, a tener una opción real y preferencial por
los pobres de cuerpo y de espíritu. Permite que nos vayamos
configurando como una verdadera Iglesia con rostro Amazónico, que
haga vida el Sueño del Papa Francisco en esta Querida Amazonía.

Amén

Padre Nuestro, Ave María y Gloria


Decimocuarta estación

Jesús es puesto en el sepulcro

¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos! Que por tu Santa


Cruz redimiste al mundo.

Por el futuro de los niños y jóvenes en la


Amazonía

Reflexión:
“Yo les aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará
en él. Y abrazaba a los niños y los bendecía poniendo las manos sobre
ellos” (Mc 10,1 5-16) “Se ponía en camino cuando uno corrió a su
encuentro y arrodillándose ante él le preguntó: Maestro bueno, ¿qué he
de hacer para tener en herencia la vida eterna” (Mc 10, 17) Los tesoros
sagrados que los adultos recibimos son las nuevas generaciones y con
ellos tenemos la gran responsabilidad de cuidar, dejar crecer y
desarrollar los talentos que Dios ha depositado en cada corazón
humano, ellos son la posibilidad de seguir salvaguardando la casa
común. Laudato Sí, nos recuerda el llamado a la justicia
intergeneracional, ¿Cómo les estamos entregando el mundo que
recibimos y al que también ellos tienen derecho? Cada niño, cada joven,
son el potencial de la vida que recrea y renueva las tradiciones, los
sueños e ideales, encarnan la esperanza de un nuevo amanecer.

Oración:
Jesús Maestro, amigo y compañero de camino, los niños y jóvenes de la
Amazonía, confiamos en ti, sabemos que caminas con nosotros y abres
nuevos horizontes a nuestro paso. No permitas que nos roben la alegría,
la creatividad y la esperanza que has puesto en nuestros corazones.
Queremos ser luz del mundo y la sal de la tierra. Queremos crecer en el
territorio, sin temor a la noche, sin miedo a las mañanas, que tu
presencia cercana nos vislumbre la certeza de un nuevo amanecer en
nuestra querida Amazonía, en comunión con nuestros ancestros y
arraigados en las raíces e identidad que somos, contigo y en ti
seguimos navegando y a nuestro paso dando vida al territorio.
Amén
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
Oración final

Madre de la vida, en tu seno materno


se fue formando Jesús, que es el
Señor de todo lo que existe.
Resucitado, Él te transformó con su
luz y te hizo reina de toda la creación.

Por eso te pedimos que reines, María,


en el corazón palpitante de la
Amazonia.

Muéstrate como madre de todas las


creaturas, en la belleza de las flores,
de los ríos,
del gran río que la atraviesa y de todo
lo que vibra en sus selvas. Cuida con
tu cariño esa explosión de hermosura.

Pide a Jesús que derrame todo su


amor en los hombres y en las mujeres
que allí habitan,
para que sepan admirarla y cuidarla.

Haz nacer a tu hijo en sus corazones


para que Él brille en la Amazonia,
en sus pueblos y en sus culturas, con
la luz de su Palabra, con el consuelo
de su amor,
con su mensaje de fraternidad y de
justicia.

Que en cada Eucaristía se eleve


también tanta maravilla para la
gloria del Padre.

Madre, mira a los pobres de la


Amazonia, porque su hogar está
siendo destruido
por intereses mezquinos. ¡Cuánto
dolor y cuánta miseria, cuánto
abandono y cuánto atropello en esta
tierra bendita, desbordante de vida!

Toca la sensibilidad de los poderosos


porque, aunque sentimos que ya es
tarde
nos llamas a salvar lo que todavía
vive.

Madre del corazón traspasado que


sufres en tus hijos ultrajados y en la
naturaleza herida,
reina tú en la Amazonia junto con tu
hijo. Reina para que nadie más se
sienta dueño
de la obra de Dios.

En ti confiamos, Madre de la vida, no


nos abandones en esta hora oscura.


Amén
Todos somos
Amazonía

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