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Historia del DPHE en Educación Mexicana

El documento describe la Escuela Elemental Agrícola de Bimbaletes en Zacatecas entre 1938 y 1940. La escuela brindaba educación primaria a niños en zonas rurales con enfoque en la agricultura. El documento analiza el contexto histórico y las políticas educativas de México durante ese período que buscaban mejorar las oportunidades educativas para los niños, especialmente en zonas rurales.

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Historia del DPHE en Educación Mexicana

El documento describe la Escuela Elemental Agrícola de Bimbaletes en Zacatecas entre 1938 y 1940. La escuela brindaba educación primaria a niños en zonas rurales con enfoque en la agricultura. El documento analiza el contexto histórico y las políticas educativas de México durante ese período que buscaban mejorar las oportunidades educativas para los niños, especialmente en zonas rurales.

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Escuela Elemental Agrícola de Bimbaletes,

Zacatecas, 1938-1940

Ana Margarita Ramírez Sánchez


UAM-Iztapalapa
[email protected]
Área temática 02. Historia e Historiografía de la Educación.
Línea temática: La construcción de las políticas públicas para los sistemas educativos y sus reformas.

Resumen

El Departamento de Psicopedagogía e Higiene Escolar (en adelante DPHE), fue la materialización de un


esfuerzo estatal por comprender, atender y mejorar la calidad de vida y la instrucción de niños en edad escolar,
estudiantes de primaria y en menor medida de secundaria y también para detectar a los denominados entonces
como anormales, es decir, discapacitados físicos, mentales e infantes con graves problemas de desnutrición,
para proporcionarles los medios adecuados para su reinserción social y acceso a una educación acorde a sus
capacidades. En este trabajo se abordará desde la época de la creación del Departamento 1925 hasta 1941
cuando la SEP sufrió una importante reestructuración.

Palabras clave: educación, anormal, infancia, posrevolución.

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Área temática 02. Historia e histografía de la educación
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Introducción

El estudio del DPHE ha sido muy escaso, unos cuantos autores lo han mencionado o abordado de manera
indirecta o muy breve en investigaciones con temáticas más amplias sobre Historia de la educación, institucional,
de la infancia, Historia de la medicina o de la ciencia. Sólo he encontrado un trabajo dedicado exclusivamente
al Departamento durante toda su vida: la tesis de Maestría de Alejandro Negrete, donde expone la importancia
histórica institucional del DPHE dentro del campo de la educación especial en México considerando temas y
elementos inherentes como la salud pública, la infancia, el discurso médico-pedagógico, la creación de la SEP y
desde luego, el funcionamiento del Departamento a lo largo de su existencia. (Negrete, 2016:1-82). Todos estos
aportes sirvieron como guía y apoyo para desarrollar otras ideas y preguntas que recién comienzo a desarrollar
en una investigación propia, de la cual el presente texto es un avance preliminar.

Los Congresos del Porfiriato y el posrevolucionario de 1921, cimientos del DPHE

La medicalización de la infancia mexicana comenzó al final del siglo XIX con investigaciones sobre niños
infractores, delincuentes o considerados “peligrosos” (Agostoni y Speckman, 2005: 6-7) resguardados en
tribunales para menores y otras instituciones para enfermos mentales o infantes anormales (Negrete, 2019: 6).

En enero de 1882 se celebró en la Ciudad de México el Congreso Higiénico y Pedagógico, (Memoria del Primer
Congreso Higiénico-Pedagógico reunido en la Ciudad de México el año de 1882, 1883:2) donde higienistas,
pedagogos, médicos, políticos y profesores (Carrillo, 1999: 72) expusieron su preocupación sobre la educación
y la salud en general.

La reunión tuvo como propósito mejorar la salud de los escolares, aprovechando los avances pedagógicos,
de medicina e higiene. Se consideraron diversas cuestiones: el estado de las escuelas públicas y privadas; los
métodos como la disciplina corporal; los temas de enseñanza pues no estaban homologados; la pertinencia de
los libros y otras herramientas necesarias para la instrucción; la distribución de las tareas conforme a la edad
de los niños (Carrillo, 1999: 72) y sobre el mobiliario escolar (Chaul, 2012:254 ), pues el que existía -si es que lo
había- resultaba inadecuado para la talla y necesidades infantiles.

Otra parte sustancial del Congreso fueron las preocupaciones que los avances científicos de la época
en bacteriología ofrecieron; por lo que destacó lo relacionado con las prevenciones a tomar en estos
establecimientos para evitar la transmisión de enfermedades febriles entre los alumnos, sobresaliendo la
importancia de los inspectores médicos escolares, pues tenían la responsabilidad de supervisar y preservar la
salud infantil. Este evento de 1882 fue el primer esfuerzo donde se abordó de manera científica la triada: higiene-
salud-aprendizaje; además lo expuesto en él, fue retomado en mayor o menor medida, con adecuaciones según
la necesidad local y los nuevos aportes científicos en la época posrevolucionaria.

Más tarde, entre 1889 y 1890 se celebró el Primer Congreso de Instrucción Pública en la Ciudad de México
(Lazarín, 2013: 96,98). Para entonces la educación era obligatoria y se abolió la Compañía Lancasteriana que

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desde 1822 había ofrecido instrucción en México (Lazarín, 2013: 102). Así, se evidenciaron muchos problemas
de la infancia en edad escolar; uno de los más graves fue el “atraso escolar” (Negrete, 2016: 48), que según los
eugenistas de la época, tenía que ver con cuestiones como la “raza”, posición que a su vez, fue reforzada por
prejuicios como que entre más popular era la clase, “más proclive era a los vicios y a la degeneración”(Chaul,
2012: 251), por eso se debía prestar especial atención a estos sectores.

A partir de la obligatoriedad de la instrucción, se dictó que higiene y pedagogía debían prevalecer y ser
fomentadas en las escuelas, que éstas debían tener un espacio exclusivo y adecuado, con un ambiente saludable
para el estudiante (Chaul, 2012: 255-256), y se esperaba que, al ser educado bajo los preceptos de higiene y
orden, él mismo llevaría a su hogar las nuevas prácticas aprendidas.

Los debates y sus resultados a partir de esta serie de eventos académicos propiciaron tres hechos significativos:
la creación en 1896 de la Dirección General de Instrucción Pública con su Inspección Médica e Higiénica de
las Escuelas (Anales de Higiene Escolar, 1911:1-112 ), con la cual los inspectores médicos escolares vigilaron la
higiene, integridad, salud y desempeño escolar de los niños del Distrito Federal y Territorios, realizando informes
mensuales que hacían llegar a las autoridades correspondientes. Luego en 1905, se instituyó la Secretaría de
Instrucción Pública y Bellas Artes -aunque sólo con jurisdicción sobre el Distrito Federal y Territorios- y, en 1908
la promulgación de la Ley de Educación Primaria, con la cual el Estado asumió bajo su mando, el desarrollo
integral de la infancia, en lo moral, físico e intelectual, presentándose las bases de lo que en la posrevolución los
siguientes gobiernos tomarían como una verdadera cruzada (Chaul, 2012: 255-256).

Finalmente, en 1921 se celebró el Primer Congreso del Niño Mexicano, donde los discursos médico y pedagógico
se hermanaron. A partir del contenido de las exposiciones y debates, queda claro que en México impactaron las
escuelas de María Montessori, médica y educadora italiana y de Ovide Decroly, pedagogo, psicólogo, médico
y docente belga, quien en 1901 fundó un instituto pionero en cuanto la educación de niños con retraso mental
(Negrete, 2016: 46). Otras inquietudes manifestadas en este evento giraron sobre la puericultura y la salud
materno infantil (Román, 2011: párraf. 6-11). El conjunto de estas temáticas iba dirigido hacia la integridad
de los menores, con acciones como la creación del Hospital del Niño Mexicano, el empleo de la antitoxina
diftérica, la iniciativa a promulgar leyes de protección para infantes abandonados, la instauración de escuelas
para anormales y crear tribunales para menores infractores (Viesca, 2008: 198); también se discutió un tema
añejo relacionado con lo anterior, pero con una perspectiva novedosa: categorizar al niño mexicano. En la
posrevolución se interesaron por clasificarlos a todos. Las propuestas en base a los diagnósticos expuestos
por especialistas en la materia como el Dr. Rafael Santamaría (Negrete, 2019: 5), iban encaminadas a destacar
la diversidad de tipos de niños anormales, y cómo cada uno de ellos requería educación, cuidados y medicina
específicos. Estaban dentro de los anormales físicos: los famélicos y lisiados; luego los anormales psíquicos,
tratables y no tratables, con los primeros era posible un tratamiento encaminado a su educación y los segundos,
siendo pacientes mentales graves, sólo tenían opción de tratamiento médico; finalmente, los falsos anormales,

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niños con problemas de conducta y que dependiendo de sus características podían ser incluso, internados en
instituciones de corrección (Negrete, 2019: 1).

En base al contenido de los Congresos celebrados en la década de 1880 y el de 1921, se constituyeron los
cimientos teóricos-prácticos de lo que en la posrevolución fueron políticas públicas, destinadas al cuidado
y mejoramiento de las condiciones de vida de la niñez mexicana, desde su concepción y hasta el final de su
infancia.

Estado, salud y educación

Para entender mejor el proceder y espíritu del DPHE, es necesario considerar al menos de manera general,
las políticas de Estado sobre educación y salud de los gobiernos durante los cuales existió.

Tras la Revolución, muchas facciones hicieron suya la exigencia de educación básica generalizada. En la época
de la creación del DPHE, el Grupo Sonora, encabezado por el presidente Calles, la instrucción era el mejor
vehículo para crear e instaurar una cultura e identidad nacionalistas; permitía concebir un ciudadano nuevo, con
altos valores morales, sano, laico, productivo y leal a la Patria. La creación de la SEP en 1921 materializó este
deseo y en su fase inicial con Vasconcelos al frente, se dio a la tarea de combatir el altísimo analfabetismo que
imperaba (Lazarín, 2013:99) y el también alarmante porcentaje de profesores que no estaban debidamente
capacitados ni actualizados en temas de pedagogía e higiene (Loyo, 2012: 356). Otros intereses de Calles
giraban sobre impulsar el desarrollo económico nacional y sanear las finanzas públicas, para él Revolución y
progreso económico eran sinónimos, y sólo se podían alcanzar consolidando un gobierno fuerte, capaz, sin
caudillajes locales o regionales y la educación era el instrumento para alcanzarlo (Arce, 2013: 145-146).

La idea sobre educación de este gobierno era distinta a la vasconcelista, pues a Calles no le interesó la
cultura erudita, sino que la instrucción permitiera a los individuos mejorar su calidad de vida, gracias a una paz
generalizada y progreso material, con la labor de los campesinos y los obreros adiestrados en las novedosas
técnicas de producción; de ahí la relevancia de la escuela rural y la educación secundaria en este periodo (Loyo,
2012:366 y Memoria de Educación Pública, 1928: 370).

En la siguiente larga administración federal: el Maximato (1928-1934), la SEP tuvo una dirección muy cambiante,
pues pasaron por ella siete personas incluidas Calles (Negrete, 2016: 60-61); no obstante, los objetivos y
proyectos continuaron con dinamismo. Fue el periodo donde más creció institucionalmente y también se
presentó una transformación significativa, pues la escuela rural que había sido el bastión por excelencia de la
educación básica durante el Callismo pasó a segundo plano. Además, a partir de los años treinta, el magisterio
comenzó a tener un importante peso político, siendo en ocasiones una fuerte oposición a la SEP, que logró ser
controlado hasta el Cardenismo (Arce, 2013: 173-174).

Finalmente, durante la administración de Cárdenas (1934-1940) la educación se encauzó a las clases populares,
especialmente en los trabajadores obreros, presentando un cambio significativo en cuanto a qué grupo
poblacional el Estado prestaba mayor atención, ya que con Calles y durante el Maximato el campesino y el

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indígena fueron prioritarios. El gobierno federal controló la enseñanza primaria, continuando con una tendencia
iniciada por Calles y la educación socialista suplantó a la laica (Galván, 2017: 116).

Así, una de las principales preocupaciones de Cárdenas fue desarrollar una política social, económica y
administrativa, ocupando un lugar preponderante la salud, por lo que se intensificaron los servicios permanentes
de atención médica aún en lugares recónditos, que se reforzó en 1936 cuando por primera vez, alumnos de 6°
año de Medicina de la UNAM fueron enviados a un selecto grupo de comunidades marginadas, inaugurando
el servicio social. Su propósito era subsanar las enormes carencias en materia de salud de esas poblaciones e
informar al finalizar su estadía de todo lo acontecido. En 1938, el IPN abrió la licenciatura de médico rural, que
desde su origen tuvo una gran orientación social, debía ser una herramienta de la transformación social y de
mejora de las condiciones de la comunidad rural (Agostoni, 2013: 776-784).

También, durante el Cardenismo, la investigación médico-infantil se centró en el niño proletario, considerado


el germen que había que educar para asegurar el futuro de la industrialización; el gobierno se preocupó por
problemáticas que aquejaban a la sociedad en general, pero que particularmente afectaban el pleno desarrollo
físico, psicológico y moral de los infantes, como el alcoholismo, la prostitución y la higiene (Negrete, 2016: 81).
De ahí que la etapa de mayor esplendor del DPHE fue en esta administración.

Comprender, atender y mejorar la vida de los anormales

El DPHE se creó en 1925, dependió directamente del Secretario de la SEP. Su propósito fue
categorizar, separar y tratar las diversas problemáticas de la infancia posrevolucionaria que ocasionaban
retraso escolar, el cual se combatió con observación y clasificación de la pluralidad de necesidades especiales
de los niños. Se consideraron distintas causas de las discapacidades físicas y mentales que estaban
vinculadas además de la herencia biológica, al contexto familiar y socioeconómico. También se preocupó por
las condiciones materiales de la infraestructura higiénica de las escuelas, como la iluminación, ventilación,
drenaje, mobiliario, etc., que eran igualmente relevantes para alcanzar pleno desarrollo físico y cognitivo
(Negrete, 2019: 2).

El Dr. Rafael Santamaría fue su creador y director entre 1925 y 1928. Desde el Congreso de 1921, como asistente y
conferencista expuso sus preocupaciones y conocimientos sobre la materia (Negrete, 2016: 50, 62,63), que
sirvieron de brújula de los objetivos y métodos del DPHE a lo largo de su vida (Negrete, 2019: 1-5).

Esta institución centró su atención en menores de escuelas públicas y privadas, principalmente de educación
primaria y algunos de secundaria, para identificar a aquellos que necesitaban atención especial en su desarrollo
físico y mental, cuestiones que incidían directamente en el desempeño escolar. La manera en cómo los
especialistas conocieron directamente la realidad de los niños, fue mediante una serie de estudios, pruebas e
investigaciones para conocer su salud, fisionomía, desempeño mental y escolar. Lo realizaron desde las oficinas
en las cuales estaba estructurado: los Servicios de Psicopedagogía y de Higiene Escolar. El primero estaba
organizado, en cuatro secciones: Antropometría escolar; Psicognosis; Pedagogía y Cálculo biométrico,
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en ellas se determinaban las constantes del desarrollo físico, mental y pedagógico de los pequeños “de clase
media (…) y logrado adaptar cierto número de escalas y de pruebas de inteligencia que permiten la selección y
clasificación de los alumnos, así como la comprobación del retardo que acusan los niños débiles mentales; se
han estandarizado pruebas de aprovechamiento que sirven para estimar el adelanto escolar de los educandos”
(Memoria de Educación Pública, 1929: 351). También se realizaron los exámenes en infantes de las clases
“popular” y “alta” (Memoria de Educación Pública, 1931: 139), con la intención de compararlos en su desarrollo
físico y mental. Mediante la aplicación grupal e individual de tests como Binet-Standford, Otis y Beta se determinó
el grado de inteligencia, habilidades y aptitudes (Negrete, 2016: 112-113), más mediciones antropométricas para
ubicar a cada uno según su “bio tipo” -color de piel, ojos, cabello, estatura, talla, etc.-, para detectar factores
ambientales y sociales que ponían en riesgo su desarrollo y su vinculación con el entorno profesional a futuro.
Ejemplo de esto, se puede constatar en la Memoria de 1931, donde se presentan los resultados de distintos
exámenes antropométricos realizados a 200 niños de entre cinco y doce años, de ambos sexos, pertenecientes
a las “segunda y tercera” clase social donde resultó que, entre más humildes, elementos como peso, estatura,
fuerza muscular, talla, etc., eran inferiores a los de sus pares con mejor situación socioeconómica (Memoria de
Educación Pública, 1931:139-143).

Una vez detectados los sujetos catalogados como anormales físicos o psíquicos y famélicos, una tarea
importante fue canalizarlos a las instancias educativas especiales, médicas, psiquiátricas o correccionales
según fuera el caso, donde recibirían cuidados, medicación, rehabilitación y orientación profesional.

El servicio de Higiene Escolar se encargó de lo referente al cumplimento de las normas que deberían estar
presentes en las escuelas, la prevención y contagio de enfermedades ahí y sobre la salud y hábitos higiénicos en
general de los pequeños estudiantes y sus familias (Memoria de Educación Pública, 1930: 269).

De este modo se inauguró lo que hoy conocemos como educación especial, en donde la intervención del médico
fue mayor, pues su opinión resultaba fundamental a la hora de tomar decisiones sobre el niño, aún por encima de
lo que pudieran pensar los padres, pedagogos o profesores (Negrete, 2019: 2,3, 8).

La importancia del DPHE radica en que fungió como puente de contacto y comunicación constante y masivo
entre a Federación, los niños, los padres de familia, las autoridades locales y regionales, con la finalidad de
detectar y atender las deficiencias educativas que sufrían los niños en edad escolar, a partir de elementos como
el ambiente familiar que podía provocar problemas de atención, inasistencia o deserción; las condiciones de
pobreza, acceso a los servicios básicos, alimentación; distancia de los recintos educativos con respecto a sus
comunidades o domicilios; ausentismo de los docentes y la inadecuada infraestructura escolar, entre otros
asuntos (Negrete, 2019:6).

No obstante, según las investigaciones de Negrete, los resultados positivos o los alcances del Departamento en
realidad se concentraron sólo en ciertas zonas urbanas del país, pero especialmente en la capital de la República;

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sin embargo, representaron el inicio de un esfuerzo por combatir el atraso escolar a nivel nacional, mediante la
incorporación educativa de aquellos menores considerados anormales en lo físico e intelectual (Negrete, 2019: 6).

Una pauta en las políticas del DPHE fue no dar un trato preferencial a los pequeños que estudiaba o tenía a su
cargo, pues se pensaba que “su anormalidad era una oportunidad de educación y oficio” (Negrete, 2019: 8), y por
eso no se debían alentar prácticas que los pusieran en desventaja con sus pares normales.

Otra característica interesante en la dinámica de esta institución que fue detectada por Negrete es cómo dentro
de la planificación, ejecución y análisis de las diversas pruebas y estudios realizados a los niños, predominaron
los prejuicios de la época, aún vinculados a la eugenesia, en donde elementos tales como la raza -ser “indio”-, la
clase y el género fueron muy relevantes.

En los años de vida del Departamento se pueden apreciar dos fases, que tienen que ver con el estado general
de la educación a nivel nacional. La primera, desde su creación y hasta el fin del Maximato (1925-1934), donde
la figura del Dr. Santamaría fue crucial (Negrete, 2016: 52), en ella prevalecieron retos al intentar federalizar la
instrucción, debido a la falta de infraestructura adecuada, maestros capacitados y la resistencia de los grandes
propietarios, caciques y la Iglesia católica principalmente, situación que favoreció los modestos avances en
materia de alfabetización y el alarmante rezago educativo de los indígenas expuestos en el censo de 1930
(Lazarín, 2013: 112).

La acción del DPHE en este periodo estuvo enfocada a partir de tres ejes: Psicognosis que investigaba,
adaptaba y estandarizaba a la realidad nacional los test existentes, la elaboración y aplicación de los mismos
con el propósito de clasificar a los niños; Higiene escolar, orientada a la prevención de enfermedades infantiles
durante su vida estudiantil, gracias a la intervención de los galenos visitadores se tomaron precauciones para
evitar brotes de enfermedades o en su defecto, las detectaron con lo cual se brindó atención a los niños enfermos
y sus familias. También realizó estudios generales de antropometría, para conocer la biología de los niños, saber
y detectar patologías, anormalidades o problemas específicos del desarrollo que incidían sobre el desempeño
escolar. Finalmente, el Servicio de Educación Física que desde la creación de la SEP y hasta 1925 estuvo bajo el
resguardo del Departamento de Bellas Artes para luego formar parte del DPHE cuando fue creado, se encargó
de lo relativo a la actividad física escolar, considerada desde entonces parte fundamental del pleno desarrollo
infantil y juvenil (Negrete, 2016: 64-66).

En los años de 1925 a 1934, la función y objetivos del DPHE se enfocaron en lograr integrar un modelo científico-
pedagógico, sustentado en la estadística, las reglas de la Higiene, que incluía la prevención y la actividad física
en pro de la salud y el adecuado desarrollo físico, mental y moral del niño mexicano (Negrete, 2016: 66).

La segunda etapa, corresponde al Cardenismo y unos meses de su sucesor, en el cual presentó mayor plenitud
y transformación, pues cambió su espíritu original al enfocarse particularmente en los estudiantes proletarios
en el contexto de la educación socialista. Fue entonces que la Inspección médica e higiénica de las escuelas,

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realizada por médicos inspectores se volvió una rutina para maestros y alumnos -principalmente de zonas
urbanas-; se visitaban las escuelas para revisar desde la infraestructura de las construcciones hasta hacer
exámenes profilácticos, pruebas de agudeza auditiva y visual y canalizar a las dependencias correspondientes
a los niños que necesitaran algún tipo de rehabilitación o una educación especializada, que podía ser impartida
en la misma escuela si se contaba con maestros preparados (Negrete, 2016:51-53).

La SEP mediante de las acciones del DPHE, logró cada vez un mayor alcance federalista al ofrecer servicios
de prevención y atención médica-dental en sus policlínicas escolares, consultorios y laboratorios estatales
(Memoria de Educación Pública, 1931: 142), que mantuvieron una estrecha comunicación con las escuelas de
educación básica, a través de las cuales se canalizó y atendió a la gran mayoría de niños y sus familias (Memoria
de Educación Pública, 1930: 270), resultando tanta su importancia que fue según las investigaciones de
Negrete, el segundo Departamento de la SEP con mayor presencia fuera de la capital de la República, gracias
también a la labor de difusión que llevó a cabo mediante la impresión de folletos o revistas que acercaban a
la población en general a temas del momento como el alcoholismo, las toxicomanías, problemas de higiene
mental, enfermedades contagiosas y lo importante que era adquirir hábitos higiénicos en la vida cotidiana
(Negrete, 2016: 61, 64, 84).

Conclusiones
Ante el aumento de responsabilidades en un mayor territorio, el DPHE se vio en la necesidad de crecer
tanto en funciones como en la diversidad de especialistas, incorporándose a los médicos, higienistas,
profesores y pedagogos un nutrido grupo conformado por analistas de estadística, dibujantes, psicólogos,
psicoanalistas, taquígrafos, higienistas mentales, pedagogos de orientación vocacional y enfermeros,
quienes se encargaron de estudiar y presentar políticas adecuadas conforme a los lineamientos que la
psicopedagogía de Hugo Gaudig y el psicoanálisis de Sigmund Freud exigían, en los cuales la escuela era el
núcleo de la formación de la personalidad del individuo, de modo que correspondía al Estado integrar a
sus planes educativos nuevas metodologías psicopedagógicas como herramientas formativas (Negrete,
2016: 68, 80).

Finalmente, en 1941, la SEP sufrió una importante reestructuración que ocasionó la clausura del DPHE,
como siguiente paso de esta investigación queda conocer qué ocurrió con sus funciones.

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Referencias

Primarias
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Imprenta del Gobierno.

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Memoria de Educación Pública, (1930), México, Talleres Gráficos de la Nación

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