De las narrativas sobre el dolor y las violencias a las palabras que alivian
Adrián A. Arcila Parra
Resumen
Este artículo ofrece una mirada al proyecto de investigación “De las narrativas sobre el
dolor y las violencias a las palabras que alivian”, propuesta planteada desde el enfoque
biográfico-narrativo y que propone el uso del lenguaje con fines narrativos y terapéuticos,
como instrumento en el proceso de enseñanza y aprendizaje, y como estrategia de
convivencia y reconstrucción de memoria histórica en el aula.
El texto presenta, inicialmente, un breve acercamiento al universo del lenguaje, a su
papel en la educación y en la resolución de conflictos, y al poder terapéutico que se le
atribuye; finalmente, ofrece una mirada al proyecto, a su origen, objetivos, estrategias y
contribución a la educación, la memoria y la convivencia.
Palabras clave: lenguaje, narrativas, educación, memoria, convivencia.
Abstract
This article offers a look at the research project "From narratives about pain and
violence to the words that heal", a proposal made from the biographical-narrative approach
and that proposes the use of language for narrative and therapeutic purposes, as an instrument
in the teaching and learning process, and as a strategy for coexistence and reconstruction of
historical memory in the classroom.
The text presents, initially, a brief approach to the universe of language, its role in
education and conflict resolution, and the therapeutic power attributed to it; finally, it offers
a look at the project, its origin, objectives, strategies and contribution to education, memory
and coexistence.
Keywords: Language, narratives, education, memory, coexistence.
Introducción
En un primer momento nuestra sociedad supuso que el pensamiento humano podía
captar la naturaleza de lo real y expresarlo por medio del lenguaje, que sería un mero medio
para exteriorizar el sentido de las cosas. Se supone un momento originario en el que las cosas
y las palabras convivían, pero por algún motivo esta armonía se fracturó, fractura que
obedece a la estructura binaria que predomina en el lenguaje, a su ambiguedad. Así,
paradojicamente los más grandes avances de la humanidad han surgido desde el lenguaje,
pero también los más grandes conflictos.
El lenguaje es, sin lugar a dudas, el mejor vehículo para comunicarnos con los demás,
con la naturaleza y con nosotros mismos. Según Jurado, Lomas y Tusón (2017), es a través
del lenguaje que participamos de la construcción del conocimiento y de las sociedades,
porque el lenguaje no es sólo gramática sino también, y sobre todo, esas cosas que las
personas hacemos con las palabras, y no sólo con las palabras, con unas intenciones y con
unos y otros efectos.
No obstante, el concepto de lenguaje y tres de sus perspectivas –lingüística,
psicolingüistica y sociolingüistica– se relacionan con el poderoso rol que éste también juega
1
en la de-construcción de sociedades e individuos, así como en la transmisión del
conocimiento científico, cultural y artístico. Barthes (1994) opina al respecto:
En las sociedades actuales, la más sencilla de las divisiones es el lenguaje y la
más simple de las divisiones del lenguaje se basa en su relación con el poder.
Hay lenguajes que se enuncian, se desenvuelven, se dibujan a la luz –o a la sombra–
del Poder, de sus múltiples aparatos estatales, institucionales, ideológicos.
Prosigue Barthes:
Y ya que la guerra de los lenguajes es general ¿qué hemos de hacer nosotros?
Al decir nosotros quiero decir los intelectuales, los escritores practicantes del
discurso. Es evidente que no podemos huir: por cultura, por opción política, hemos
de comprometernos, participar en uno de los lenguajes particulares a los que nos
obliga nuestro mundo, nuestra historia.
Una de las tantas ambigüedades que presenta el lenguaje con respecto a sus lógicas,
estructuras, usos y multiples manifestaciones se tematiza en el «Crátilo». De un lado está
Hermógenes, quien considera que los nombres son parte de de la convención; del otro Crátilo,
quien argumenta que los nombres son literales y revelan la naturaleza de las cosas. En el
medio está Sócrates, criticando ambas posiciones. En este debate sobre el origen, naturalidad
y complejidad del lenguaje expresa Platón:
Las palabras más bellas son indudablemente las formadas por entero, o en gran
parte, de elementos semejantes a las cosas, es decir, que con ellas convienen; y las
más feas, son las palabras formadas de elementos contrarios a las mismas.
Del mismo modo Kant, en su obra «Crítica a la razón pura», plantea que el lenguaje
debe discutirse con respecto al lugar y al sujeto que originan, para tratar de percibir su
indiscutible subjetividad, que al fin y al cabo, termina relativizando lo generalmnete
aceptado. Expresa el filósofo alemán (2003):
Aquella unidad es la única objetivamente valedera; la unidad empírica de la
apercepción, que nosotros aquí no consideramos y que sólo es derivada in concreto
de la primera, bajo condiciones dadas, no tiene más que una validez subjetiva. Unos
enlazan la representación de cierta palabra con una cosa, otros con otra cosa; y la
unidad de la conciencia, en aquello que es empírico, no es necesaria y universalmente
valedera a lo que se es dado.
Pero esta ambigüedad del lenguaje no es casual ni fortuita, sino que surge paralela a
manifestaciones como el arte, la cultura y los conflictos. En la literatura por ejemplo, la
poesía es una fuerte crítica a la racionalización y la literalización del lenguaje, es esa la razón
por la que el lenguaje poético incorpora otros tiempos y significados. En la poesía no se
pretende que todo el mundo entienda lo mismo sino que cada persona se pierda en su propia
lectura.
También cabe reslatar que el significado de una palabra es su uso en el lenguaje, y la
palabra escrita es uno de los tantos juegos del lenguaje que despierta la ambigüedad, pero
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que también permite establecer una relación didáctica entre las palabras y las cosas; esta
última, la razón para recuperar los sentidos de las palabras y el lenguaje, para superar, entre
otras realidades, las dificultades –del lenguaje, del hombre y de las sociedades–
El papel del lenguaje en la convivencia y la resolución de conflictos
“El lenguaje no sólo describe la realidad, sino que además es capaz de crearla.
Nuestra forma de hablarnos a nosotros mismos afecta tremendamente a nuestra manera de
relacionarnos con el mundo”
Mario Alonso Puig
Resulta –aparentemente claro– que a través del lenguaje las sociedades tienen la
posibilidad de representar experiencias aparentemente banales y/o trascendentales, darle un
significado al acto comunicativo y un sentido a su existencia. El lenguaje escrito, por
ejemplo, ha permitido conocer y descubrir a otros, condensar deseos y necesidades, sueños
y frustraciones, tragedias y esperanzas, llevar de la tristeza a la alegría –o viceversa–, de la
ansiedad a la tranquilidad, del dolor al alivio.
Al respecto expresa el poeta venezolano Juan Calzadilla en su poema llamado:
EL SUEÑO DE LA ESCRITURA
En la mitad de mi sueño llegué a pensar que la tinta
empleada para escribir era sangre. Pero lo escrito
resultaba -en el sueño- demasiado borroso,
no ya para descifrarlo sino para saber si estaba escrito
con sangre. En realidad, la punción de la pluma
en mi piel era la herida que abría en la página en blanco.
En realidad,
La punción de la pluma en la página en blanco era la
herida que me abría la piel (Calzadilla, 2017, pp. 415).
Esto y más puede generar el lenguaje con su sorprendente poder para conmover,
emocionar y transformar, razones que lo convierten en un instrumento de inconmensurable
valor para canalizar el dolor, superar duelos y vencer miedos. De manera análoga, el lenguaje
se caracteriza también por sus múltiples posibilidades para ser leído y comprendido, situación
que genera orden y desorden, objetividad y subjetividad, convivencia y conflicto. Afirma
Habermas que el lenguaje tiene una significación determinante para la forma sociocultural
de la vida del hombre, donde obtiene una diferenciación funcional a través del lenguaje, y
que da lugar a un principio de organización completamente diferente al que produce, no
solamente un tipo distinto de individuos, sino también una sociedad distinta.
Una muestra de esta compleja ambigüedad se dio con el ascenso de Adolf Hitler a lo
más alto del partido nacional-socialista durante la Alemania de la Segunda Guerra Mundial,
confrontación bélica denominada por los británicos como guerra falsa, para los franceses
como guerra curiosa y para los alemanes como guerra sentada, aunque guerra al fin y al cabo,
pero con un sema que tiene muliples intrepretaciones. Afortunadamente también existe el
orden que facilita el lenguaje y que en contraposición al caso anterior, nos ofrece el histórico
3
‘I have a dream’ de Martín Luther King durante la histórica manifestación del 28 de agosto
de 1963.
En el caso de Colombia, un país con más de 60 años en guerra, 44 años de diálogos y
la firma de tratados de paz que no deben dar marcha atrás, el lenguaje y la palabra han
resultado trascendentales. Sostiene Borja Paladini Adell (2014), asesor en construcción de
paz:
Frente a la estigmatización, la violencia, la polarización y la demonización del
enemigo es necesario encontrar otros mecanismos en donde predomine el diálogo, la
concertación, la prevención de la violencia, la construcción de paz.
Ha sido gracias al lenguaje, al poder de las palabras y el diálogo, que hemos comenzado
a ver cambios sustanciales, y si bien todos son susceptibles de críticas, por razones
ideológicas, políticas o religiosas, se debe prestar especial atención a la forma en que el país
expresa sus puntos de vista sobre el conflicto armado, las víctimas, los victimarios y los
diálogos. Según Maestre: “El lenguaje es un arma de doble filo, con él acariciamos o
insultamos”.
Por esta razón, la paz que tanto tiempo lleva buscando el país reclama repensar el
lenguaje, en escenarios instituídos e instituyentes, desde las clases de lengua castellana que
se imparten en los primeros grados escolares hasta facultades de educación, grupos de
investigación, colectivos y comunidades.
Todo esto significa que el lenguaje puede ayudar a generar una cultura y forma de ver
y entender la paz, no desde la confrontación o la guerra, sino desde la educación, desde un
espacio que promueva el respeto por el otro, por lo que piensa, dice y escribe; preparando a
maestros y estudiantes para dar respuesta al reto pedagógico, investigativo, social y cultural
que exigen los actores del conflicto y las dinámicas de la guerra.
Una de las muestras más significativas del poder del lenguaje en la resolución de
conflictos es la Filosofía Ubuntu, una ancestral sabiduría pacifista africana establecida en
Sudáfrica por la Comisión para la Verdad y la Reconciliación con el propósito de cerrar
heridas y sembrar perdón después de la abolición del Apartheid. La estrategia consistía en
sentar a víctimas y perpetradores frente a un consejo de ancianos, quienes escuchaban los
puntos de vista y recomendaban soluciones para promover la reconciliación entre las partes
(Sayers, 2009). Nelson Mandela alude a esta filosofía en los siguientes términos: “En Ubuntu
una palabra puede significar mucho”.
Sin embargo, las palabras pueden tocar solamente la superficie de algo tan profundo
como las heridas de la guerra, aunque son también, un enorme paso en la consolidación de la
reconciliación. La historia ha dado diversas muestras del enorme poder del lenguaje y la
palabra en la resolución de conflictos: los diálogos de paz en Irlanda del Norte, en Guatemala
y recientemente entre las dos Coreas, así lo demuestran.
Es difícil negar que gran parte del lenguaje nace de historias de violencia y desigualdad
y, que el contexto colombiano está lleno de palabras fuertes, belicosas y de doble sentido,
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pero tampoco se puede negar que a partir del lenguaje existen muchas posibilidades para
resolver situaciones tan difíciles y devastadoras como la guerra; y este, deber ser
precisamente el reto: una educación lingüística que permita sacar provecho del lenguaje oral
y escrito como recurso formativo, restaurativo y terapéutico.
Educación, lenguaje, convivencia y reconciliación
“El lenguaje humano es como una olla vieja sobre la cual marcamos toscos ritmos
para que bailen los osos, mientras al mismo tiempo anhelamos producir una música que
derrita las estrellas”
Gustave Flaubert
En el proceso de reconstrucción de memoria histórica, la educación lingüística y
ciudadana son asignaturas todavía pendientes. Educar en estas áreas no parece ser asunto de
programas institucionales, sobretodo de lengua castellana y humanidades que, generalmente
menosprecian el desarrollo de las habilidades comunicativas y de las competencias
ciudadanas. Es bien sabido que el objetivo principal de la educación debe ser propiciar y
favorecer el desarrollo de la personalidad de los estudiantes, algunos de ellos afectados por
la discriminación, las violencias y sus secuelas.
En consecuencia, el profesor en el aula no solo tiene en sus manos la posibilidad de
transmitir información y contenidos, también y por sobretodo, una preciada oportunidad de
abrirles las puertas a su mundo interior y exterior, a su aceptación y responsabilidad como
miembros de una sociedad tan compleja como la nuestra, permeada por distintas expresiones
de dolor y de violencias que, históricamente, se han visto reducidas gracias al poder de la
palabra, el diálogo y la reconciliación. En el ámbito educativo, las estrategias para consolidar
procesos de convivencia y memoria en la escuela son múltiples y variadas, la lectura y la
escritura son una pequeña muestra; pero el desafío realmente reposa en la educación
lingüística, en encontrar la pedagogía y didáctica adecuada para aprender y enseñar a
entender la palabra, para eliminar las barreras y limitaciones del lenguaje que gobiernan las
aulas de clase.
Pero la tarea no es tan fácil, y quienes asumen el reto de promover este desafío de la
educación lingüística terminan enmarañados en currículos, a veces obsoletos, que limitan las
enormes posibilidades que ofrece el lenguaje. Precisamente en relación a esta situación, se
refiere Eduardo Galeano (2012):
La escuela les enseñaba oficios, herrería, capintería, jardínería, y sobre todo les
enseñaba a quererse y a querer lo que estaban aprendiendo a hacer. La escuela dependía de
la financiación extranjera. Cuando se acabó la plata, los maestros recurrieron al estado.
Fueron al ministerio, y nada. Fueron a la alcaldía, y el alcalde les aconsejó: -conviertánse en
empresa.
Resulta evidente, procesos formativos como este, suelen estar al margen de la escuela
y terminan en medio de un juego de poderes políticos y económicos bastante rentables. Así,
la reconstrucción de memoria histórica, la educación lingüística y ciudadana urgen de
procesos y espacios que permitan educar a las nuevas generaciones sobre la historia reciente
del país, y a través de las diferentes manifestaciones artísticas y/o culturales.
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En consecuencia, cobra mayor importancia la forma como se aborda la enseñanza del
lenguaje en la escuela. Como anotan Tusón et al. (2017):
En realidad en nuestro oficio de docentes todas las personas contribuimos a la
educación lingüística de las gentes con quienes trabajamos. Porque, sea cual sea la
materia curricular que enseñemos, siempre tenemos en la palabra la herramienta más
importante de nuestro desempeño profesional. La educación en sus diferentes
vertientes, se lleva a cabo siempre por medio de palabras; ya sea para enseñar, para
gestionar, para trabajar con padres y madres en la comunidad, para negociar con las
instituciones… necesitamos las palabras. En ellas está -o tendría que estar- nuestra
fuerza trasformadora.
Dicho de otro modo, el contexto colombiano exige espacios y alternativas que
respondan, no tanto al conocimiento conceptual de las normas lingüísticas, sino al poder
interpretativo que suscita el lenguaje a partir de su educación y dominio; exige también,
formar docentes y estudiantes capaces de recordar el pasado, valorar el presente e interpretar
los posibles escenarios, entre ellos, el del conflicto y el post-acuerdo. Esta, debe ser la
preocupación en el proceso de enseñanza y aprendizaje, aprovechando recursos lingüísticos,
artísticos y culturales para reflexionar sobre la complejidad de la guerra, el poder del lenguaje
y la educación.
El poder terapéutico del lenguaje
“Escribir sobre uno mismo es una forma de explicarme, de poner en orden mi
mundo, de reconocerme. (…) Y ciertamente, en ocasiones ha resultado ser un eficaz alivio
de mis males”
Ángel González
El lenguaje permite leer, escribir e interpretar todo aquello que rodea e influencia al ser
humano, desde asuntos espirituales y sociales, hasta complejas teorías científicas,
psicológicas y filosóficas. El hombre está hecho de palabras y códigos lingüísticos que le
permiten volver al pasado, vivir el presente y descubrir el futuro. En tiempos de paz o en
tiempos de guerra, de dolor o de alivio, el lenguaje ha sido un increíble canal para resolver
las dudas y los problemas, el lenguaje permite eso y más.
Friedrich Hölderlin afirmaba en una de sus máximas: “El lenguaje es el bien más
precioso y a la vez el más peligroso que se ha dado al hombre”. Y resulta cierto, porque una
letra, una palabra o un gesto de este entramado lingüístico desencadena pensamientos,
acciones y emociones que tienen la capacidad de influir de forma constructiva y destructiva,
de manera consciente e inconsciente, de forma individual y colectiva (Puche, 2001,
septiembre 17).
Desde este punto de vista, también merece la pena reflexionar sobre el poder
terapéutico que se le atribuye al lenguaje, particularmente a la elaboración narrativa.
La medicina y los avances en neurociencias han demostrado que cuando los individuos
cuentan o escriben sus historias, ocurren importantes cambios en su salud mental y social.
Para el médico y biogerontólogo Juan Hitzig, el cerebro es fácil de engañar, y el lenguaje
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puede contribuir al engaño. Una muestra del engaño es el placebo, que suele ser más efectivo
en personas altamente ansiosas, efectividad que se comprueba con el efecto placebo,
resultado del suministro del placebo y que frecuentemente es atribuído a la reducción de la
ansiedad y a la disminución del sufrimiento (Abarca O., Chacón A., Espinosa F., Vera P.).
Es a través del uso cuidadoso del lenguaje en la conversación, que el tratamiento
terapéutico a la persona se inicia y la curación finalmente se logra. Lo nuevo de este abordaje
narrativo es que provee una secuencia útil de preguntas que permiten exteriorizar el
problema, y de ejercicios que terminan produciendo un efecto liberador para las personas
(Castillo, Ledo, del Pino, 2012).
La medicina y psicoterapia narrativa han sabido sacar provecho del poder terapéutico
del lenguaje, apostándole a la narración como tratamiento. En Logoterapia, por ejemplo, un
tipo de psicoterapia, su autor —Victor Frankl — demostró que el lenguaje eleva la confianza,
la motivación y la autoestima. Frankl considera que con una buena actitud de escucha y
diálogo el paciente comienza a reconocerse y recuperarse. Su propuesta defiende, entre otros
recursos, el poder terapéutico de la lectura para aliviar el alma.
Afirma el creador de la Logoterapia que la lectura contribuye a la mejoría porque “el
paciente no se siente amenazado”; y resulta coherente y lógico, ya que cuando alguien lee un
cuento o una novela, puede ver reflejada su vida en las proezas y/o calamidades del
protagonista o del antagonista, resultándole mucho más sencillo ver la pajilla en el ojo ajeno
que la viga en el suyo.
El lenguaje tiene un enorme beneficio para tratar algunos trastornos, miedos o
perturbaciones, pues narrando, comunicamos y desahogamos miedos, traumas o duelos;
convirtiéndose, esta habilidad comunicativa, en un poderoso ejercicio catarquico, reflexivo,
introspectivo, íntimo y necesario.
Sostiene Frankl:
Los informes de unos pocos casos más pueden servir para explicar mejor este
método. El paciente que cito a continuación era un contable que había sido tratado
por varios doctores en distintas clínicas sin obtener ningún avance terapéutico.
Cuando llegó a verme estaba en el límite de la desesperación y reconocía que estaba
a punto de suicidarse (Frankl, 1991).
Continúa diciendo:
Para iniciar el tratamiento, mi ayudante recomendó al paciente que escribiera,
aunque fueran los peores garabatos. En 48 horas el paciente pudo, de este modo,
liberarse de su calambre de escribiente y así continuó durante el período de
observación después del tratamiento. Hoy es un hombre feliz y puede trabajar a pleno
rendimiento (Frankl, 1991).
Pero el empleo del lenguaje con fines terapéuticos no es nuevo, existe una serie de
registros en la antigüedad, desde algunos proverbios bíblicos y babilonios, pasando por textos
de Grecia, haikus de Japón y textos sagrados de la India. La biblia por ejemplo resalta: “Envió
su palabra para sanarlos, para arrancarlos de su fosa” (Sm 120, 20), “Estoy abatido en el
polvo, anímame con tu palabra” (Sm 119, 25).
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Al respecto, Samuel Roll López (2015) destaca:
Según Héctor Fiorini: “Las psicoterapias de más antiguo arraigo, las más
difundidas y estudiadas son, sin duda, las verbales, esto es, las que concentran sus
expectativas de cambio en el poder modificador, revelador de la palabra.” (Fiorini,
2008, 16). Se justifica entonces estudiar la palabra escrita como un nuevo enfoque
técnico dentro de la psicoterapia. Si el lenguaje es la herramienta básica para la
psicología, este comprende varios tipos como lo son el gestual, el oral, el artístico y
el escrito. A menudo una voz amable y sincera es mucho más terapéutica que
cualquier medicamento. Un gesto y una voz adecuada pueden cambiarnos el humor
en un instante… pero lo más milagroso que sucede con las palabras es que pueden
curar.
Estos y otros registros, dan cuenta del irrefutable poder terapéutico del lenguaje y de
su papel en la interpretación del mundo, la interacción social y la re-significación de
experiencias dolorosas y/o traumáticas producidas por la enfermedad, las violencias y sus
secuelas.
Génesis de una investigación anunciada
“El lenguaje es el vestido del pensamiento. En el idioma está el árbol genealógico de
una nación”
Samuel Johnson
En el reto de contribuir a la convivencia y la reconstrucción de memoria histórica, se
han abierto espacios y escenarios académicos que proponen narrar el dolor y las violencias
desde distintas dimensiones y expresiones artísticas, políticas y lingüísticas. Dentro de este
universo de alternativas que buscan interpretar, narrar, documentar y reconstruir la memoria,
surge la investigación “De las narrativas sobre el dolor y las violencias a las palabras que
alivian”, iniciativa que tuvo su origen en una serie de talleres de escritura creativa que se
llevaban a cabo en municipios del oriente antioqueño afectados por el conflicto armado, y de
la que hicieron parte docentes, estudiantes y familias.
Desde sus inicios la propuesta tuvo como protagonistas al lenguaje, la memoria y la
pedagogía. En un comienzo el ejercicio consistía en disfrutar de las distintas expresiones
literarias y lingüísticas, pero en medio del trabajo surgió la necesidad de aprovechar el
lenguaje para canalizar las emociones de las personas que asistían a los talleres.
La propuesta tomó fuerza, y de forma paulatina comenzaron a unirse estudiantes y
docentes provenientes de distintas zonas del departamento. Con ellos llegaron narrativas de
la guerra vivida en sus tierras, relatos de víctimas directas del conflicto armado que detonaron
la idea de sacar provecho del lenguaje como instrumento terapéutico. Fue tal el impacto que
los orientadores del grupo debieron incorporar a los talleres psicólogos y otros expertos.
Des-armar el lenguaje: una cuestión de método
“La palabra es un instrumento muy poderoso; los medios son determinantes en
cualquier conflicto y en ese sentido, me parece que hay que desarmar la palabra y
reconciliarla también con el desafío que tiene Colombia en el posconflicto”
Alejandro Santos
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La investigación “De las narrativas sobre el dolor y las violencias a las palabras que
alivian” parte de un paradigma cualitativo de carácter biográfico-narrativo (Bolívar,
Fernández y Segovia, 2001). Desde el punto de vista analítico y teniendo presente el
paradigma en el que se enmarca la investigación, la perspectiva metodológica se orienta en
los presupuestos de: Memoria (Halbwachs, 1968), Psicoterapia Narrativa (Goncalves, 2002),
Escritura Expresiva (Pennebaker, 2014), Lenguaje Integral (Kenneth Goodman, 1995) y
Pedagogía de la Memoria (CNMH, 2005).
En cuanto a las técnicas de recolección de información, se realizaron observaciones
participantes, entrevistas (Acevedo, 2009) y sesiones de psicoterapia narrativa; todas, con el
propósito de analizar el aporte pedagógico y terapéutico del lenguaje en las experiencias de
dolor y violencia, tanto individuales como colectivas. Dicho análisis ha permitido, hasta
ahora, identificar variables como: duelo, memoria, recuperación, narrativas, pedagogía y
didáctica.
En el estudio participaron 4 docentes y 10 estudiantes de la Facultad de Educación y
Ciencias Sociales del Tecnológico de Antioquia -I.U- y 12 actores del conflicto armado, 8 de
ellos, integrantes de la Asociación de caminos de la esperanza: Madres de la Candelaria.
Resultados y conclusiones
Como resultado del trabajo de campo, hasta ahora desarrollado, surgió el programa
Palabras que alivian, espacio enmarcado en la medicina y psicoterapia narrativa, también en
la pedagogía de la memoria; disciplinas que permiten canalizar el dolor, narrar la esperanza
y reconstruir la memoria histórica con docentes, estudiantes y actores del conflicto.
Para el Centro Nacional de Memoria Histórica —CNMH— se trata de una estrategia
que:
Propicia espacios de encuentro entre distintas generaciones y sectores sociales
con el fin de discutir formas de resolver los desafíos del presente a la luz de lo vivido
durante los años de confrontación armada y pensar juntos futuros posibles. Combina
estrategias que promueven un pensamiento crítico y riguroso para reconstruir las
condiciones que dieron origen y prolongaron el conflicto armado así como rutas para
activar una comprensión empática del pasado a través de una escucha activa y
validadora de las memorias de todas sus víctimas (CNMH, 2014).
Palabras que alivian es una propuesta ganadora de la convocatoria de ESTÍMULOS
AL ARTE Y LA CULTURA 2018 de la Alcaldía de Medellín en la línea ARTE Y
RECONCILIACIÓN y bajo la modalidad de ESCRITURA CREATIVA. Se trata de un
espacio que transforma los testimonios y relatos de los protagonistas de la guerra, de quienes
no están en ella y de quienes buscan la paz, planteando una mirada crítica, terapéutica y
reflexiva a distintas expresiones del dolor y de violencia, fortaleciendo los procesos de
enseñanza y aprendizaje de docentes y estudiantes a través del poder de las palabras, del
lenguaje y de la literatura (Tecnológico de Antioquia, noviembre de 2018).
Durante la puesta en marcha del programa han surgido una serie de estrategias y
material psicodidáctico compuesto por: Letraspirina, Versometazona, Rayos X, Abcdiarios,
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Curitas Narrativas y Mutaciones Literarias 1 . Estos recursos acompañan el trabajo
desarrollado con docentes, estudiantes y actores del conflicto armado. El diseño y empleo
de este material permite sacar provecho del poder terapéutico del lenguaje y las narrativas
durante el trabajo pedagógico y psicosocial, fortaleciendo el proceso de enseñanza y
aprendizaje y contribuyendo con la reconstrucción de memoria histórica en el aula.
A grandes rasgos estos resultados de la investigación demuestran que lo contado y
llevado al papel, traen consigo inusitados progresos en el proceso de reconstrucción de
memoria histórica, la convivencia, en el reconocimiento de las secuelas del dolor y de las
violencias, y en la recuperación psicosocial de victimas y victimarios.
En síntesis, esta investigación es una pequeña muestra de las apuestas que se tejen en
el país como aporte a la convivencia y la reconciliación, a la pedagogía de la memoria;
insumos que podrían recrear las clases de literatura y de lengua castellana, abrir espacios
académicos que permitan recordar lo habitado, escuchar las voces de docentes, estudiantes y
actores del conflicto armado.
Sobre el autor
Adrián Alonso Arcila Parra es Artesano, Licenciado en Educación Básica con
Énfasis en Humanidades y Lengua Castellana, Magíster en Neuropsicología y Educación,
Autor de textos y Diseñador de materiales psicodidáctico. Actualmente es investigador,
docente de cátedra y Profesional de Apoyo Pedagógico –PAP- Sus principales líneas de
investigación se orientan a la educación inclusiva, la memoria histórica y las pedagogías
alternativas.
E-mail: adalarpa@[Link]
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