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Quadros, Lady Macbeth, Ambición y Locura (Traducido)

Este documento analiza el personaje de Lady Macbeth en la obra Macbeth de William Shakespeare. Se examinan las características psicológicas del personaje que le permiten influir en la decisión de su marido de matar al rey para hacerse con el trono. Sin embargo, a pesar de lograr su ambición, Lady Macbeth termina sucumbiendo a la locura y el suicidio. El documento explora varias hipótesis sobre las razones de su derrumbe.

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Quadros, Lady Macbeth, Ambición y Locura (Traducido)

Este documento analiza el personaje de Lady Macbeth en la obra Macbeth de William Shakespeare. Se examinan las características psicológicas del personaje que le permiten influir en la decisión de su marido de matar al rey para hacerse con el trono. Sin embargo, a pesar de lograr su ambición, Lady Macbeth termina sucumbiendo a la locura y el suicidio. El documento explora varias hipótesis sobre las razones de su derrumbe.

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Doi: 10.5212/Uniletras.v.33i2. 0008CDD


822

Lady Macbeth: ambición y locura

Lady Macbeth: ambición y locura


Aline Tayná de Quadros Kaveski*

Resumen: El presente estudio analiza el personaje Lady Macbeth de la obra teatral titulada Macbeth,
de William Shakespeare. El análisis aborda las características psicológicas de la coprotagonista, que
le proporcionan una fuerte influencia en la decisión inicial de su marido de matar al rey y tomar el
trono para sí, pero que, en un determinado momento de la obra, la hacen sucumbir al suicidio. Se
plantean varias hipótesis sobre por qué el personaje, incluso después de conseguir lo que ambiciona,
entra en crisis. Una de las hipótesis es que no puede hacer frente a su propia conciencia y al secreto
del asesinato y enloquece. Otra hipótesis, propuesta por Freud, es que Lady Macbeth se desilusiona
cuando no consigue dar sucesores en el trono a su marido. Para Bloom, es el distanciamiento sexual
de la pareja lo que provoca la desilusión de Lady Macbeth. Este artículo analiza todas estas
posibilidades. Palabras clave: Shakespeare. Lady Macbeth. Ambición. Locura.
Resumen: Este estudio examina el personaje de Lady Macbeth de la obra titulada Macbeth de William
Shakespeare. El análisis se centra en los rasgos psicológicos del personaje, que le confieren una
fuerte influencia en la decisión inicial de su marido de matar al rey y hacerse con el trono, pero que,
en un determinado momento de la obra, hace que el personaje sucumba y se suicide. Se proponen
algunas hipótesis sobre por qué el personaje, incluso después de alcanzar lo que anhelaba, se
derrumba. Una hipótesis es que el personaje no puede lidiar con su propia conciencia y con el secreto
del asesinato y enloquece. Otra hipótesis, propuesta por Freud, es que Lady Macbeth se decepciona
cuando no puede dar a su marido sucesores al trono. Para Bloom, es el distanciamiento sexual entre la
pareja lo que provoca la decepción de Lady Macbeth. Este artículo analiza todas estas posibilidades.
Palabras clave: Shakespeare. Lady Macbeth. Ambición. Locura.

Introducción

En este trabajo analizaré la influencia que un personaje


coprotagonista puede ejercer sobre el protagonista de una obra. Para ello,
examinaré las acciones del personaje Lady Macbeth de la tragedia
Macbeth, de William Shakespeare. El análisis abordará principalmente las
características psicológicas del personaje, que desencadenan sus actos y los
de su marido, que alcanzan proporciones y desenlaces inesperados. Este
género de obra -la tragedia- está compuesto por un número considerable de
personajes
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*Especialista en Lengua y Literatura Portuguesa. Instituto de Estudios Avanzados y Post-Graduación,
ESAP, Brasil. E-mail: <[email protected]>

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que, según Aristóteles, actúan según su propio carácter y pensamiento, con lo


que "se origina la buena o mala fortuna de los hombres". (2001, p.448).
La elección del personaje de Lady Macbeth para el análisis tiene
el propósito de identificar los artificios utilizados por ella para influir en
la decisión de su marido de matar al rey, logrando así su propio deseo de
convertirse en reina. Y, también, comprender -si es posible- por qué, incluso
después de cumplir su deseo, enloquece y se suicida.
Para analizar a este personaje traeré como apoyo reflexiones de
autores que teorizan sobre la causa de la caída del personaje, que, según ellos,
ocurre debido a la limitación de la imaginación que ella demuestra.
También traeré análisis que defienden la idea de la infertilidad como algo
que posibilita la quiebra psíquica de Lady Macbeth. Pero teniendo en
cuenta que ninguna interpretación puede pretender ser definitiva,
mencionaré también otros análisis sobre el posible motivo del desengaño
del personaje en estudio.
Sin embargo, para una mejor comprensión del personaje, haré un breve
descripción de la participación de Lady Macbeth en la obra.

1. Lady Macbeth: la heroína trágica

Shakespeare creó, como en otras tragedias, un marco sociopolítico


en el que sus personajes buscan las más variadas formas de poder, y en
Macbeth esta sed de poder es el tema fundamental. En la primera parte de
la obra esto se acentúa en personajes secundarios y en la coprotagonista
Lady Macbeth, que se contagia de la exaltación de su marido y apoya con
entusiasmo su ambición.
La primera mitad de la obra es más larga que la segunda, y está
dominada por Lady Macbeth, que ejerce una influencia decisiva en la
acción. Pero el autor la retira del centro de atención tras la cuarta escena del
tercer acto, y vuelve a aparecer, brevemente, al comienzo del quinto, ya en
estado de locura.
El personaje comparte varios rasgos de personalidad con su
marido: ambos están dotados de un temperamento altivo, soberbio e
imperativo; son arrogantes y desprecian a sus inferiores; sus objetivos son
la posición y el poder. Y contrastan en otros puntos: ella está dotada de
una firmeza de espíritu inquebrantable, mostrándose capaz de someter la
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imaginación, las emociones y la conciencia. Para Bradley (2000, p.268),


Lady Macbeth es un "demonio

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inquebrantable" y para Bárbara Heliodora, "ella es un complemento de


Macbeth, la parte negativa de su ambivalencia" (2004, p. 171), lo que la
autora denominó "conciencia del mal".
Para el personaje de Lady Macbeth no hay distinción entre
voluntad y obra; las profecías de las brujas de que Macbeth sería Señor de
Glamis y de Cawdor y Rey de Escocia se convierten en determinación. El
personaje conoce bien la debilidad de su marido y objeta su "bondad
humana" en las primeras escenas, y, encontrándose en un estado de
euforia, dice en soliloquio:
[...] Tengo miedo de tu naturaleza: está demasiado llena de la leche
de la bondad humana para acortar el camino. Te gustaría ser
grande; no careces de ambición, pero no posees la maldad que
debería acompañarla. La grandeza a la que aspiras, desearías
alcanzarla virtuosamente. (SHAKESPEARE, Acto I, Escena V, 18-
23).

Previendo los acontecimientos que se avecinan, reniega de su propio


sexo, invocando a los espíritus del mal para evitar que su fragilidad
femenina interfiera en su decisión de instigar a su marido en lo que fuera
necesario para conseguir sus objetivos: matar al rey de Escocia,
convirtiéndose así él mismo en rey. Para mí y para otros autores, este es el
momento en que Lady Macbeth establece su desgracia, causada por su falta
de imaginación y por el hecho de que, "al meterse con esta fuerza (los
espíritus malignos), los seres humanos ni siquiera imaginan de lo que serán
capaces y cuáles serán las consecuencias de este acto" (BRADLEY, 2009, p.
20), como veremos más adelante.
Aunque sus argumentos son intensos, no convencerían a Mac- beth si
éste no tuviera la voluntad de realizar el acto, pero el miedo y el sentimiento de
injusticia se lo impidieron, o al menos, retrasaron el plan. Lady Macbeth le
convence de que el acto es heroico, ignorando el hecho de que es cruel y
solapado. Se burla de la cobardía de su marido y finalmente apela a su
amor por ella: "Desde este momento me burlaré de tu amor". (Acto I,
Escena VII, 48-50).
Macbeth aún teme que el intento de asesinato fracase, y ella le
responde rápidamente: "¡¿Si nuestro golpe fracasa? Sólo pon tu valor en
su sitio, y no saldremos mal parados" (Acto I, Escena VII, 79-81); Macbeth
replica entonces con una frase que describe la actitud resuelta de su esposa:
"¡Sólo das a luz hijos varones! Porque de tu despiadada sustancia sólo
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pueden formarse varones". (Acto I, Escena VII, 97-98). Lady Macbeth


asume

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para poner droga en la bebida de los chambelanes del rey y advertir a


Macbeth de que el camino está libre para el asesinato. Se asombra de la
objetividad e intrepidez de la mujer, que no piensa en las consecuencias
del acto y sólo tiene los ojos fijos en la corona, y en un momento de
excitación toma la decisión: "Estoy resuelto; armaré todas mis fuerzas
para esta terrible hazaña". (Acto I, Escena VII, 106-107).
Cuando Macbeth regresa con las manos manchadas de sangre,
horrorizado por su acto, Lady Macbeth le rebate: "No hay que pensar en
semejante acto, o nos volverán locos" (Acto II, Escena II), como si
anticipara lo que le ocurriría más tarde. Al enterarse de que no había
dejado las dagas en la escena del crimen, Lady Macbeth decide actuar:
"¡Oh hombre débil! Dame las dagas![...] Si el muerto aún sangra, mancharé
con su sangre los rostros de los chambelanes, pues este crimen debe parecer
cometido por ellos". (Acto II, Escena II, 74-79).
Sin embargo, cuando regresa, muestra miedo por primera vez, ya
que sus manos están manchadas de sangre; pero su corazón permanece
sobrio. Incluso después de volver en sí y darse cuenta de lo que ha hecho,
su autocontrol sigue siendo perfecto y continúa apoyando a su marido.
Después de que Lady Macbeth infunda valor sin escrúpulos a su
marido, éste camina solo hacia sus objetivos. Planea sus actos sin que ella
lo sepa, pues ya no necesita el valor que ella le imparte. E incluso cuando
es informada de las intenciones de su marido, Lady Macbeth muestra
poco interés pero no le condena; para ella el trono es el lugar más
apropiado para Macbeth, y creía que le estaba ayudando a hacer lo que él
simplemente no tenía la audacia de aventurarse. Incluso el asesinato de
Banquo fue visto por ella como algo que traería tranquilidad a su marido,
y sugirió la acción sin remordimientos.
Aún es posible encontrar obstinación en ella, pero los momentos
en que Macbeth necesita su ayuda son escasos. Podemos considerar que su
última intervención es en la escena del banquete, en la que, con mucho
esfuerzo, "revive" y, serena, encubre el estado de confusión de su marido y
despide a los invitados.
Después de esta escena, Lady Macbeth sólo reaparece en el
quinto acto, ya en estado de locura. En la escena están presentes una
dama de compañía y un médico que observan a la reina en un monólogo,
ajena al mundo, tratando de

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para deshacerse de la marca del asesinato que antes para ella no tenía mayor
importancia -un poco de agua podía quitarla- pero que ahora era motivo de
alucinaciones: "¡Piérdete, maldita mancha, piérdete, vete![...] ¡Ni todos los
perfumes de Arabia podrán purificar esta manita! Oh! Oh! Oh! Oh! [...]"
(Acto V, Escena I, 40-60).
Poco después se suicida; una escena que sólo es indicada por los
gritos de sus criadas. El acto del suicidio es visto por Bradley como algo
"plenamente acorde con su temperamento que, incluso en su momento de
mayor fragilidad, interrumpió de un solo golpe la agonía a la que se había
reducido su vida" (2000, p.292), porque si suplicara clemencia sonaría a
debilidad y esto irritaría a su marido que, como afirman muchos autores,
por ejemplo, Bradley (ibid.), "los lazos amorosos entre ambos se han
aflojado" tras el cambio que se produjo en él y, por tanto, Lady Macbeth
quedaría prácticamente abandonada.

2. La ambición y la locura de Lady Macbeth

En cuanto conocemos al personaje de Lady Macbeth, nos damos


cuenta de la fuerza que transmite a su marido, y entonces quedamos
encantados por su sublimidad, reconocemos en ella una obstinación y una
grandeza que nos dejan atónitos.
Desde el principio de la obra se reconoce que, a pesar de su
valentía, la per- sonaje carece de imaginación. Ella, a diferencia de
Macbeth, planea el asesinato de Duncan sin pensar siquiera en un posible
fallo del acto, y ni siquiera piensa en la imagen del rey muerto, hasta que,
por un error de su marido, tiene que visualizar al muerto e incriminar aún,
con la sangre del rey, a los sirvientes borrachos. Para muchos autores es a
partir de este momento cuando Lady Macbeth comienza a desmoronarse:
Cuando se consuma el asesinato, la comprensión de su atrocidad,
reflejada primero en los semblantes de sus invitados, se instala en
Lady Macbeth con la conmoción de una súbita revelación y, en el
acto, comienza a derrumbarse (BRADLEY, 2000, p.291).

Pero para otros autores, y yo también defiendo esta idea, hay que
analizar al personaje desde el principio para entender realmente lo ocurrido.
Para Freud (1986), al "desexualizarse" en función del asesinato, Lady Macbeth
olvida su papel en la perpetuación de su linaje.

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Luego, al convertirse en reina, en soliloquio demuestra una desilusión


de la que no podemos entender la razón: "Nada poseemos; todo fracasa,
cuando nuestro deseo cumplido no nos da placer; es más seguro ser la
persona que destruimos, que vivir en una alegría dudosa, por su
destrucción". (Acto III, Escena II, 6-10).
La percepción de su desengaño es clara, pero lo que trataremos de
comprender es la causa de este desengaño. Freud se pregunta si este
desengaño se produjo porque el personaje, originalmente dócil y femenino,
se vio forzado a una situación de tensión muy fuerte que no pudo soportar.
O, se pregunta, "¿buscaremos indicios de una motivación más profunda, que
nos haga más humanamente inteligible esta caída?" (FREUD, 1986,
p.243).
La predestinación de las brujas nombró rey a Macbeth y prometió que
correspondería a los hijos de Banquo sucederle en el trono. Pero Macbeth
no acepta esta última parte de la predestinación y exige a su esposa que
sólo tenga hijos varones para sucederle. A partir de entonces se pone de
relieve el tema de la infertilidad de Lady Macbeth, que sería la causa del
cambio de actitud del personaje. Cuando tenemos el discurso de Macduff:
"¡No tiene hijos!" (Acto IV, Escena III, 283) al saber que su familia fue
asesinada por Macbeth, tenemos algo implícito en la frase, pues esta sería
la razón de la crueldad del personaje, además de que "también toca el
único punto débil del carácter insensible de su esposa". (FREUD, 1986,
p.244).
Debo señalar, para una mejor comprensión, que la obra Macbeth
fue hecha por encargo del rey Jacobo I, que asumió el trono unificando las
coronas de Escocia e Inglaterra, porque la reina Isabel era estéril: "El
ascenso de Jacobo I fue visto como una demostración de la maldición de la
esterilidad" (FREUD, 1986, p.243), pues Jacobo era hijo de María
Estuardo, cuya ejecución habría sido, aunque a regañadientes, ordenada por
la reina. Esta sería la maldición en la que se basa Macbeth.
La infertilidad de Lady Macbeth sería, entonces, un castigo por los
asesinatos cometidos por la pareja, ya que la esterilidad impediría la
perpetuación de su descendencia y toda su ambición sería en vano. Freud
defiende la idea de que esta infertilidad está ligada al hecho de que Lady
Macbeth estaría bajo la "asexualización que había exigido a los espíritus
del asesinato" (ídem, p.244), lo que supuestamente, en un primer
momento, la ayudó a tener la fuerza para ejecutar el plan sin vacilar, pero
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que tendría consecuencias inesperadas, resultando en una profunda


desilusión que precedería a la locura.

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Lady Macbeth: ambición y locura

Estas suposiciones de Freud, en mi opinión, aclararían la decepción de


Lady Macbeth, si no fuera por una cuestión: el corto espacio de tiempo.
Shakespeare presenta la tragedia de Macbeth en sólo siete días, un tiempo
considerado insuficiente, en mi análisis y también en el de otros autores,
para la transformación de los personajes, que se basa en la insatisfacción
generada por la infertilidad de Lady Macbeth. Como afirma Freud, una
semana no bastaría para que esa decepción llegara a su límite y "hiciera
sucumbir a la mujer y condujera al hombre a una furia desafiante" (ídem,
p.245).
Se supone, pues, que Shakespeare abrevió Macbeth cuando lo adaptó de
las Crónicas de Inglaterra, Escocia e Irlanda (1587) de Rafael Holinshed. El
autor habría acortado a siete días los acontecimientos que tuvieron lugar a lo
largo de una década. Con esto Freud encuentra una explicación más
accesible y comprensible para el cambio en Lady Macbeth: "En Holinshed no
se menciona expresamente que fuera la falta de hijos lo que le impulsó a
estos caminos, pero se da amplio tiempo y espacio a este plausible motivo".
(ídem, p.245).
Otra suposición, ésta aportada por el propio Freud en un intento
de volver a resolver el "problema", es el análisis de Ludwig Jekels,
psiquiatra y psicoanalista, que creía haber identificado una técnica que
Shakespeare adoptó en sus personajes, incluso en Macbeth y Lady
Macbeth:
En su opinión, Shakespeare divide a menudo un tipo en dos
personajes que, tomados por separado, no son del todo comprensibles
y sólo llegan a serlo cuando se reúnen de nuevo en una unidad.
Macbeth y Lady Macbeth podrían estar en este caso. Aun así, sería
infundado considerarla como un tipo independiente y buscar las
razones de su modificación, sin tener en cuenta al Macbeth que la
completa. [...] Así, lo que él temía en sus tormentos de conciencia se
realiza en ella; ella se convierte en todo remordimiento y él, en
todo desafío. Juntos agotan las posibilidades de reacción ante el
crimen, como dos partes inconexas de una individualidad psíquica,
siendo posible que ambos hayan sido copiados de un único
prototipo. (LUDWIG JEKELS apud FREUD, 1986 p.246).

De este modo, el miedo y las alucinaciones que Macbeth tiene al


principio de la obra aparecen en su esposa, llevándola al suicidio. Macbeth
oye primero una voz que le dice que no dormirá más, pero es Lady
Macbeth la que camina sonámbula y se contradice cuando intenta limpiar
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sus manos manchadas de sangre, pues al principio afirmaba que sólo


necesitaría un poco de agua para limpiarlas, y ahora no puede deshacerse en
absoluto de las manchas incriminatorias.

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Lady Macbeth: ambición y locura

El psiquiatra Ludwig Jekels defiende la idea de que una única


personalidad se ha dividido en dos -Macbeth y Lady Macbeth- y en el
curso de las acciones lo que se encontraba en la primera se encuentra
ahora en la segunda y viceversa.
Para Harold Bloom, la desilusión de Lady Macbeth estaría
relacionada con el distanciamiento sexual que se produce entre ella y su
marido.
¿Deberíamos preguntarnos si Macbeth recurre al asesinato porque su
rendimiento sexual está comprometido? [...] Pero si la virilidad de
Macbeth se ha atrofiado, la pérdida sexual, si la hay, es de su
propia cosecha. [...] Éste puede ser uno de los elementos que
subyacen al desprecio expresado por Lady Macbeth, como si la
hombría de Macbeth sólo pudiera recuperarse mediante el
asesinato de Duncan. (BLOOM, 2000, p.645).

El autor supone que la impotencia de Macbeth está relacionada con el


hecho de que mezcla la realidad con la imaginación, desconectándose de la
realidad y, en consecuencia, apartándose también de su vida erótica,
impidiendo así una posible descendencia.
Para reforzar la teoría de que la desilusión de Lady Macbeth está
generada por el hecho de que su marido no busque sexo, Bloom recuerda
la escena en la que Lady Macbeth dice que es incapaz de matar a Duncan
con sus propias manos por el hecho de que se parece a su padre, y en esa
misma frase añade el nombre de su marido como negación de sus
cualidades masculinas: "Si el rey en su sueño no se pareciera tanto a mi
padre, sería yo misma quien lo golpearía.... Macbeth!" (Acto II, Escena II, 16-
18). Según mi análisis, esta mención del nombre de Macbeth junto a dos
figuras relacionadas con la paternidad, aleja la idea de una relación
matrimonial y el papel de Macbeth no sería el de un marido, sino el de
alguien a quien Lady Macbeth sólo debe respetar y obedecer.
Esto explicaría el cambio del personaje en tan poco tiempo, pues
la relación de la pareja ya estaba afectada antes del crimen, y se acentuaría
después. La dominación que Lady Macbeth ejerce sobre su marido,
expresada en el cuestionamiento de su hombría y virilidad cuando duda ante
el asesinato, se produce por diversas frustraciones sufridas por ella. Como
ejemplos, Bloom cita "la ambición frustrada, la maternidad frustrada y, tal
vez, el placer sexual frustrado". (BLOOM, 2000, p.648).

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Pronto, la pasión entre la pareja dependió de la realización de un


sueño prometido por Macbeth a su esposa, que ella recuerda en sus primeras
escenas juntos: "si te hubiera jurado que te lo haría, como tú juraste que
ejecutarías tu designio...". (Acto I, Escena VII, 75-76).
Considerando esta teoría, la locura de Lady Macbeth no sólo sería
consecuencia de la culpa por el asesinato, sino también del
distanciamiento sexual de su marido que la deja en un segundo plano,
motivando el sentimiento de fracaso al triunfar sobre su esposa.

Consideraciones finales

Tal vez Freud tenga razón y no existan argumentos suficientes


para explicar cómo un personaje tan sublime como Lady Macbeth acaba
sumido en la locura. Pero, como hemos visto, es posible plantear varias
hipótesis sobre el problema, que pueden resumirse así: su fragilidad
femenina fue llevada a un estado de tensión insoportable; o bien, la
ruptura entre los papeles de marido y mujer hizo sucumbir a Lady
Macbeth; o aún, una conciencia moral, que ni la propia Lady Macbeth
sabía que tenía, aflora tardíamente haciéndola incapaz de soportar el
remordimiento.
Concluimos entonces que cada tesis defendida tiene su valor, y una
no anula a la otra, por lo tanto para Freud y para mi propia conclusión, "los
intentos son vanos frente a las oscuridades del texto, del poderoso efecto
que la tragedia ejerce sobre el espectador". (FREUD, 1986, p.192). Lo que
debemos tener en cuenta es que todo análisis de una obra es un ejercicio
especulativo que parte de un soporte teórico, y que ninguna versión es
definitiva, estando sujeta a revisiones, reevaluaciones y posibles cambios
de rumbo.

Referencias
ARISTÓTELES. La poética de Aristóteles. Disponible en: <http://www.consciencia. org/
aristoteles_poetica.shtml> Consultado el: 24 jul. 2010.
BLOOM, H. Shakespeare: la invención de lo humano. Traducción de J.R. O'Shea. Río de
Janeiro:
Objetiva, 2000.
BRADLEY, A. C. La tragedia de Shakespeare. Traducción de John Russel Brown. São
Paulo: Martins Fontes, 2009.
330 Uniletras, Ponta Grossa, v. 33, n. 2, p. 319-328, jul./dez. 2011
Lady Macbeth: ambición y locura

FREUD, S. Algunos tipos de carácter encontrados en el trabajo psicoanalítico.


Traducción de
T. O. Brito, P. H. Britto, C. M. Oiticica. Obras Completas (Vol. XIV, p. 349-377). Río de
Janeiro: Imago, 1986.
HELIODORA, Barbara. Reflexiones Shakesperianas. Río de Janeiro: Lacerda, 2004.
SHAKESPEARE, W. Macbeth. Traducción de Domingos Ramos. Porto: Lello & Irmão
Editores, no Ano.

Recibido el 16 de marzo de 2011. Aceptado para su


publicación el 24 de noviembre de 2011.

Uniletras, Ponta Grossa, v. 33, n. 2, p. 319-328, jul./dez. 2011 331

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