0% encontró este documento útil (0 votos)
119 vistas25 páginas

Capítulo I Los Derechos Humanos en La Historia: Primera Parte

Este documento resume la evolución histórica de los derechos humanos. Comenzaron como ideas filosóficas en las civilizaciones antiguas pero se consolidaron legalmente en documentos modernos como la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Se desarrollaron aún más con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que estableció los derechos humanos de manera universal. Desde entonces, los derechos humanos han continuado evolucionando e internacionalizándose a través de tratados y convenciones.

Cargado por

Edu PT
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
119 vistas25 páginas

Capítulo I Los Derechos Humanos en La Historia: Primera Parte

Este documento resume la evolución histórica de los derechos humanos. Comenzaron como ideas filosóficas en las civilizaciones antiguas pero se consolidaron legalmente en documentos modernos como la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Se desarrollaron aún más con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que estableció los derechos humanos de manera universal. Desde entonces, los derechos humanos han continuado evolucionando e internacionalizándose a través de tratados y convenciones.

Cargado por

Edu PT
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

PRIMERA 

PARTE
Capítulo I
Los Derechos Humanos en la historia
 
I.1 La consolidación de los Derechos Humanos
La noción de derechos humanos es bastante antigua. Los orígenes de los
mismos los podemos encontrar en diferentes referentes. Al respecto, la
mayoría de autores nos remiten a los hebreos o a la Grecia clásica, donde se
hablaba ya de leyes no escritas y de ley natural. En el Derecho Romano se
hablaba de la existencia de ciertos derechos naturales del hombre. Además,
aunque la Edad Media no fue época favorable a la idea de los derechos
humanos, vale la pena resaltar la labor de personajes como Santo Tomás de
Aquino que, influenciado por la filosofía aristotélica, consideraba la ley
natural como derivada de la razón.
El respeto de determinados valores que informan lo que hoy conocemos como
derechos humanos se fue inculcando por medio de las distintas religiones que
a través de la historia se fueron estableciendo, a pesar que las mismas no
lograron la igualdad de todos los seres humanos a la que aspiran.
Lo anterior evidencia que la idea de derechos humanos es tan antigua como la
propia historia de las civilizaciones, habiéndose manifestado en distintas
culturas y momentos históricos sucesivos, en hechos donde se ha afirmado la
dignidad de la persona humana y en la lucha contra todas las formas de
dominación y exclusión.
Obviamente, la noción de derechos humanos que se pudo haber tenido en el
mundo antiguo no tiene los mismos contenidos que en la actualidad, ya que
los derechos humanos se han desarrollado indisolublemente unidos a
conceptos modernos como la autodeterminación de los pueblos y la
democracia. Sin embargo, dichas nociones significaron un continuo esfuerzo
por desarrollar instrumentos normativos que tuvieron como fin la
dignificación humana.
Los orígenes de los derechos humanos, respecto al Derecho Positivo, se
remontan a documentos aparecidos en siglos recientes, de tal manera,
encontramos como referentes a la Carta Magna de 1215, el Habeas Corpus de
1679 y el Bill of Rights de 1689, en Inglaterra, o el Bill of Rights del estado de
Virginia y la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, ambas en
1776. Es en documentos de este tipo que comienza a dársele especificidad
normativa a las libertades individuales. Resulta de singular importancia,
el Bill of Rights inglés, ya que significó el recorte de los poderes absolutos del
monarca.
El acontecimiento considerado como verdadero punto de partida de los
derechos humanos conocidos en el sentido actual, es la Declaración de los
derechos del hombre y del ciudadano, emanada durante la Revolución
Francesa en 1789. Esta declaración constituyó la fuente de las libertades
contemporáneas, al servir de fuerza motivadora de numerosos movimientos
emancipadores en el mundo, los cuales se inspiraron en las libertades
individuales. Todas las declaraciones referidas fueron sumamente
influenciadas en las ideas de Jusnaturalismo.
Declaraciones como las relacionadas fueron tomando la suerte de normas
fundamentales o constitucionales y es de esa forma como las garantías
individuales, contenidas en las mismas, fueron adquiriendo positividad
normativa. Así, los derechos fundamentales inician su fase de consolidación
interna por medio del Derecho Constitucional. Al lograrse la consolidación
interna, los derechos humanos habían dejado de ser utopías y comenzaban a
desarrollarse.
La idea de desarrollar los derechos fundamentales en los textos
constitucionales se encuentra estrechamente asociada a la necesidad de regular
las relaciones entre las personas y los Estados, dejando claramente
establecidos los derechos de las primeras, de esa forma, los derechos humanos
aparecen como límites a la intervención de lo público.
A pesar que los derechos fundamentales o derechos básicos, que el hombre
posee únicamente por su condición de tal, se fueron consolidando en el
Derecho Constitucional, los mismos eran conocidos genéricamente
como: derechos del hombre o derechos naturales. La expresión derechos
humanos es relativamente nueva y surge con el fin de la Segunda Guerra
Mundial y la consecuente constitución de la Organización de las Naciones
Unidas. La Carta de las Naciones Unidas trajo como novedad la repetida
mención del término "derechos humanos", sin embargo, en la misma no
explica cuáles son esos derechos, advirtiéndose que aún no estaban claros los
conceptos que se empleaban.
Los derechos humanos habían alcanzado un elemental desarrollo hasta 1948,
que fue el año en el cual se adoptaron la Declaración Universal de los
Derechos Humanos y la Declaración Americana de los Derechos y Deberes
del Hombre. En la Declaración Universal se comienzan a desarrollar
pormenorizadamente los derechos humanos y se establecen referentes de
como deben ser interpretados. A pesar que el valor jurídico de una declaración
es la de ser un ideal común, la Declaración Universal es considerada norma de
observancia obligatoria a partir de la Primera Conferencia Mundial de
Derechos Humanos realizada en Teherán en 1968, aunque algunos autores le
dan el rango de costumbre internacional o bien se ha dicho que forman parte
de los llamados Principios Generales del Derecho.
Del escueto resumen expuesto se puede afirmar que los derechos humanos
comenzaron su fase de consolidación en el Derecho Constitucional, cuando se
cristalizó la vigencia sociológica y normológica de los mismos, así éstos
obtuvieron su necesaria especificidad. Sin embargo, puede advertirse que
estos derechos pasaron por otra fase de consolidación, la internacional,
acaecida con el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando los mismos fueron
contemplados, en forma específica, en la Declaración Universal de Derechos
Humanos y otras declaraciones posteriores (o incluso anteriores). A partir de
entonces, los derechos humanos, efectivamente, comenzaron a tener
positividad nacional e internacional, sin que existan hoy mayores
cuestionamientos sobre su legitimación.
Con la adopción de la Declaración Universal, los derechos humanos
comienzan a tener un matiz universalista, ya que fue ahí donde se empieza a
propugnar la universalidad de los referidos derechos. Esa generalización no
quedó en el plano discursivo solamente, sino comenzó a materializarse, pues
los derechos humanos contemplados en la Declaración comenzaron a ser
efectivamente abordados en muchos instrumentos internacionales.
Para que la comunidad internacional pudiera efectivamente hacer frente a las
violaciones de derechos humanos, comienza, a partir del final de la Segunda
Guerra Mundial, la tarea de confección de instrumentos legales y mecanismos
de tutela de los derechos humanos, dándose, desde entonces, todo un
desarrollo incesante y progresivo. Conviene citar a Carlos Chipoco que
expresa las razones que provocaron la internacionalización de estos derechos:
"La internacionalización de los Derechos Humanos responde a la
necesidad de asegurar el respeto de los derechos de todos los
ciudadanos por parte de sus Estados, ejerciendo un control
internacional sobre esa obligación".
La Declaración Universal se ve reforzada con los Pactos de Derechos
Humanos adoptados dentro del marco de las Naciones Unidas en 1966 y
vigentes a partir de 1976. Dichos pactos son: el Pacto Internacional de
derechos civiles y políticos y el Pacto Internacional de derechos económicos,
sociales y culturales. Ambos definen con mayor precisión los derechos
humanos, introducen importantes matices y algunas innovaciones. Además, el
Pacto Internacional de derecho civiles y políticos, al crear el Comité de
derechos humanos y contemplar mecanismos de protección, constituye un
importante aporte para la efectiva observancia obligatoria de dichos derechos.
Hoy se puede afirmar que existe todo un estudio científico de los Derechos
Humanos, lo cual ha provocado un desarrollo progresivo de los mismos, con
miras a lograr la total dignificación humana.
 
I.2 La evolución de los derechos humanos
Como supuesto básico, es necesario establecer que la ciencia del Derecho
goza, dentro de sus características, a la progresividad. No puede concebirse un
Derecho inmutable, que permanezca ajeno a los cambios sociales. La
disciplina de los Derechos Humanos, igualmente, debe considerarse como
progresiva, a pesar que el aparecimiento de la misma es relativamente
reciente. El concepto de Derechos Humanos ha crecido, no ha permanecido
inmanente, sino se ha dinamizado, prueba de lo anterior ha sido su paulatino
enriquecimiento, fruto de momentos históricos determinados.
Además de la evolución que ha experimentado la disciplina de los Derechos
Humanos, ha evolucionado, también, el énfasis con que son reclamados y
defendidos cada uno de los derechos humanos en particular, ello según la
situación y la sociedad en que se vive. Para ello, ha sido fundamental que el
concepto de Derechos Humanos haya salido de la esfera de lo natural, pues
eso hacía suponer su inmanencia, lo cual reñía con su carácter progresivo.
En el parágrafo I.1 apreciamos cómo evolucionaron las nociones sobre
derechos fundamentales. Fue la necesidad histórica la que provocó la
consolidación, por la vía de la positivación, de los mismos. Y una vez
consolidados, ha existido todo un desarrollo que ha ampliado los originales
campos de acción, a pesar de la opinión de conservadores que detractan tal
evolución. Para convalidar lo expuesto, conviene citar a Jean-Bernard Marie
que ha expresado:
"Luego de la adopción de la Declaración Universal de 1948, los
derechos humanos han tomado cuerpo y sus contenidos no han
cesado de precisarse y de desarrollarse a través de la adopción de
nuevos instrumentos, consagrando su inserción en el derecho
positivo".
La idea de historicidad de los derechos humanos ha sido abordada por
importantes publicistas, tal como René Cassin, quien oportunamente señaló
como una de las características del concepto de derechos humanos a la
constante expansión de su idea y de su contenido.
Tomando clara posición por la evolución de los derechos humanos, Antonio
E. Pérez Luño postula que:
"los derechos humanos aparecen como un conjunto de facultades
e instituciones que, en cada momento histórico, concretan las
exigencias de dignidad, la libertad y la igualdad humanas..."
Agrega, que:
"la dignidad humana ha sido en la historia y en la actualidad el
punto de referencia de todas las dificultades que se dirigen al
reconocimiento y la afirmación de la dimensión moral de la
persona...".
Por su parte, Germán José Bidart Campos considera que la ampliación del
concepto de Derechos Humanos obedece a un "afinamiento multiplicador de
su estimativa axiológica", de tal forma no habría característica alguna que
ponga punto final a tal ampliación, pues la historia nos "muestra que las
evoluciones habidas -y las que seguramente han de sobrevenir- mantienen a
los derechos en constante apertura". Fundamenta su posición, vinculando la
evolución de la disciplina con la doctrina de Maritain referida al progreso de
la conciencia moral. En tal sentido Bidart Campos presenta:
"el fenómeno histórico de la evolución del derecho de los
derechos humanos como una demostración -también histórica-
de lo que Maritain llama la ley del progreso de la conciencia
moral y, tal vez, asimismo de la ley que él (se refiere a Maritain)
designa como de la maduración política y social de los
pueblos...".
Además, Bidart Campos considera que los derechos humanos tienen un
desarrollo apegado a la historia, lo que es fundamentalmente humano varía
según las épocas, inclusive el contenido particular de cada derecho humano
puede variar según las circunstancias. En tal sentido es válido referirse a la
temporización de un derecho humano de la siguiente manera:
"Hablar de los derechos humanos remite a la naturaleza del
hombre y a sus necesidades...",
"esa naturaleza y esas necesidades se manifiestan,
existencializan y temporalizan en cada hombre concreto e
individual".
Lo expuesto justifica que se de una reelaboración de los derechos humanos en
cada momento histórico, aunque ello no implique la reversibilidad de los
mismos.
Según Pedro Nikken, un derecho humano es un atributo inherente a la
dignidad de la persona. Para que ese derecho exista, no depende del
reconocimiento de un Estado, por ello es posible extender el ámbito de
protección a derechos que anteriormente no gozaban de la misma. Si,
jurídicamente, lo relevante es que un derecho humano sea inherente a la
persona humana, ningún derecho que goce de esta característica, debiera dejar
de estar protegido.
Para Nikken, al gozar del atributo de inherencia a la persona, no es necesario
que un nuevo derecho humano sea efectivamente la concesión de la sociedad,
menos que sea reconocido por el gobierno de un Estado para que el mismo
exista. Aunque compartimos la noción de ese autor, consideramos que es
necesario el reconocimiento para que los derechos alcances su grado ideal y
consecuente consolidación.
En virtud de lo anterior, se pueden diferenciar dos fases en el desarrollo de un
derecho humano: el de su nacimiento, que le da existencia y que, si es
efectivamente observado, le da vigencia sociológica, y el de su normatividad,
o reconocimiento estatal, que le da vigencia normológica o normativa.
La característica de progresividad de los derechos humanos es presentada por
Nikken como una lógica consecuencia de la inherencia a la persona. Para
tener presente los fundamentos con que Nikken elabora su teoría, a
continuación se citan, textualmente, algunos puntos que sustentan su posición:
"Como los derechos humanos son inherentes a la persona y su
existencia no depende del reconocimiento de un Estado, siempre
es posible extender el ámbito de protección a derechos que
anteriormente no gozaban de la misma. Es así como han
aparecido las sucesivas 'generaciones' de derechos humanos y
como se han multiplicado los medios para su protección.
Una manifestación de esta particularidad la encontramos en una
disposición que, con matices, se repite en diversos
ordenamientos constitucionales, según la cual la enunciación de
derechos construidos en la Constitución no debe entenderse
como negación de otros que, siendo inherentes a la persona
humana, no figuren expresamente en ella.
... lo jurídicamente relevante es que un determinado derecho sea
'inherente a la persona humana'. Es por esa razón, y no por el
hecho de figurar en el articulado de la Constitución, que esos
derechos deben ser considerados como atributos inviolables que,
por fuerza de la dignidad humana, deben ser objeto de protección
y garantía por el Estado.
... para determinar si estamos frente a un derecho que merezca la
protección que la Constitución acuerda para los que
expresamente enumera lo decisivo, no es tanto que figure en tal
enunciado, sino que pueda ser considerado como 'inherente a la
persona humana'.
... la adhesión del Estado a la proclamación internacional de un
derecho como 'inherente a la persona humana' abre las puertas
para la aplicación de dicha disposición. En tal supuesto, los
derechos humanos internacionalmente reconocidos deben tener
la supremacía jerárquica de los derechos constitucionales y estar
bajo la cobertura de la justicia constitucional...".
Para validar la posición de Nikken conviene establecer que en los dos pactos
internacionales de derechos humanos, en sendos segundos párrafos del
preámbulo se reconoce como fundamento para aprobar los pactos: el
reconocimiento de que los derechos humanos se derivan de la dignidad
inherente a la persona humana.
Al igual que la progresividad, es importante tener presente la característica de
Irreversibilidad de los derechos humanos, pues una vez que determinado
derecho ha sido formalmente reconocido como inherente a la persona, queda
definitiva e irrevocablemente integrado a la categoría de derechos cuya
inviolabilidad debe ser respetada y garantizada. La historia de los derechos no
convalida retrocesos, ejemplos de ellos serían:
"superada la esclavitud, no podríamos regresar a ella; alcanzados
los derechos sociales y económicos, no podríamos quedarnos
únicamente con los viejos derechos clásicamente denominados
civiles".
Hoy, aún queda la tarea de materialización o consolidación de ciertos valores
que se han percibido de necesaria tutelación. La progresividad de los derechos
humanos ha tenido su sustentación en una continua revalorización ética y
jurídica del ser humano como poblador del planeta, más que como poblador
de algún Estado.
Con lo anterior se ha pretendido dejar claro que los Derechos Humanos, bajo
ningún punto de vista, pueden considerarse inmutables o estáticos, pues gozan
de las características de progresividad e irreversibilidad. Su concepto ha ido
en paulatina evolución, de esa cuenta, existen una serie de elaboraciones
intelectuales recientes cuya aspiración es la dignificación total de la persona.
Los derechos humanos que hoy son aceptados de manera universal, en su
tiempo fueron una especie de utopías que se plasmaron en declaraciones e
instrumentos jurídicos que les fueron otorgando especificidad normativa y,
por ende, su consolidación como tales, por lo cual, es inválido concebir que el
concepto de Derechos Humanos no puede ser ampliado. Podemos afirmar,
entonces, que existe una tendencia en materia de Derechos Humanos para
acentuar la creación de instituciones, órganos e instrumentos de protección de
los derechos humanos.
 
I.2.1 La Teoría de las Generaciones de los derechos humanos
Una teoría que puede considerarse como válida para el solo efecto de
presentar didácticamente la evolución de los derechos humanos es la Teoría
de las Generaciones. Ha sido bastante difundida y, por ello, merece un
subparágrafo aparte en el tema de la evolución de los derechos humanos.
Según Carlos Chipoco, esta teoría fue formulada, con objetivos pedagógicos,
por René Cassin.
Según ésta, los derechos consagrados por el proceso de incorporación
constitucional de derechos políticas e individuales, iniciado con la
Constitución Americana, constituyen los derechos de "primera
generación" (se refiere a los derechos civiles y políticos). Los derechos
de "segunda generación" son aquellos consagrados por los procesos sociales
de inicios de este siglo, tales como la revolución mexicana y la revolución
rusa (se refiere a los derechos económicos, sociales y culturales). Finalmente,
los derechos al desarrollo, al medio ambiente sano y a la paz, constituyen los
derechos de "tercera generación".
Cuando los derechos humanos son presentados por separado, para fines
didácticos, tal como lo hace la teoría de las generaciones, se acepta la validez
o utilidad de la teoría, sin embargo, cuando se le presenta como fundamento
para establecer jerarquizaciones de derechos, no se puede estar a favor de la
misma, puesto que no hay sustentación valedera para pensar que un derecho
humano pueda ser considerado más importante que otro.
También se objeta a la teoría de las generaciones, estar opuesta al fundamento
del principio de indivisibilidad de los derechos humanos, consagrado en la
Conferencia Mundial de Derechos Humanos de las Naciones Unidas
celebrada en Viena, en el sentido de que los mismos forman un conjunto
indivisible, no debiéndoseles tomar aisladamente de los demás derechos
humanos. Igualmente se cuestiona el hecho que a pesar que el nombre de la
teoría empuja a pensar en una connotación cronológica, la misma no tiene un
fundamento histórico válido, por cuanto que en los mismos no se observa una
secuencia cronológica de instrumentos jurídicos, ejemplo de ello: algunos
derechos humanos de la segunda generación, tal como el derecho a la
educación, al trabajo y a la salud, son anteriores a la Declaración Universal,
que contempla por vez primera a muchos derechos humanos de carácter
cívico-político, que pertenecen a la primera generación. Al respecto de la
sucesión de generaciones de derechos humanos, Antônio Augusto Cançado
Trindade ha expuesto que esa sucesión es históricamente incorrecta e
indemostrable.
En todo caso, la división generacional tiene tan sólo carácter doctrinal y, por
ello, está sujeta a discusión.
 
I.2.2 Cuestionamientos a la característica de progresividad de los
derechos humanos
A pesar de que ya hemos establecido nuestro total acuerdo con quienes han
expuesto que los derechos humanos han experimentado progresividad, es
interesante conocer algunos cuestionamientos que se han hecho, respecto del
crecimiento del concepto de Derechos Humanos, justamente para que con
mayores bases pueda tomarse posición a favor del carácter progresivo de estos
derechos.
No es nuestro deseo señalar ningún nombre como líder de los detractores de la
progresividad que defendemos, sin embargo, he encontrado en la obra Los
Derechos Humanos en el pensamiento actual, de Carlos I. Massini Correas,
una serie de críticas a la ampliación del concepto de derechos humanos, que,
sintéticamente, consideramos conveniente traer a luz. Massini Correas expone
su desacuerdo con la progresividad, ya que ni el sujeto, ni el obligado, ni el
objeto de los "nuevos derechos" formulados, en la mayoría de las veces,
pueden ser totalmente determinables; además ni el fundamento de los mismos
se pueden considerar como pertenecientes a una categoría unitaria de
derechos. Concretamente, a los derechos de la tercera generación, los que
llama "derechos difusos", establece que no le queda bien claro quiénes son sus
titulares, ni los obligados, ni su objeto o contenido. Bajo su punto de vista,
cuanto mayor es la extensión de un concepto, menor resulta su comprehensión
y precisión significativa; además, se está frente a un peligro, pues no sólo se
descalifica la noción misma de los derechos humanos, sino que se hace
posible la utilización de ese discurso al servicio de causas que poco tienen que
ver con la intención originaria de las declaraciones de derechos que era la
protección del ciudadano contra el abuso injusto del poder. Al ampliarse los
contenidos de los derechos humanos, los mismos se desvalorizan y
desnaturalizan a riesgo de inflarse.
Otra crítica a la expansión del concepto de derechos humanos, se encuentra en
comentarios formulados por el abogado chileno Enrique Barros, quien
cuestiona la expansión de los derechos humanos, primeramente, exponiendo
su duda sobre sí todos los derechos a los que se les da ese nombre merezcan
calificarse de "humanos". Por otro lado, sustenta su crítica en la exigibilidad
del cumplimiento de los nuevos derechos, pues la historia muestra que no hay
efectos sustanciales del incumplimiento de muchos de estos, como ejemplo de
ello hace mención del derecho a la salud (derecho ya consolidado). De esa
forma, la expansión de los derechos humanos hacia nuevos terrenos, hace
suponer desafíos absolutamente inéditos para la técnica jurídica, en cuanto a la
precisión de su alcance, a la determinación de los medios para satisfacer los
bienes respectivos y a la forma de resolver innumerables conflictos que entre
ellos se produce. Además, expone que la expansión de los derechos humanos
hace que se corra el riesgo de que los mismos caigan en una situación de
descrédito.
También es un ejemplo de criterios opuestos a la ampliación de los derechos
humanos, el siguiente argumento postulado por Raúl A. Estrada Oyuela:
"no parece acertado confundir categorías de derechos llamando
'derecho humano' al derecho al desarrollo que no pertenece a una
familia de derechos que se entronca con la Declaración de
Derechos de Juan Sin Tierra, la Declaración de Derechos del
Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa y la
Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas".
Si aceptásemos esa visión, pasaríamos por alto el perfil evolutivo de los
derechos humanos, lo cual ha permitido que el campo de estudio crezca y que
se protejan ciertos valores con el fin de alcanzar la dignificación humana.
En el desarrollo del presente trabajo se sustentará porqué se toma posición por
la progresividad de los derechos humanos. Sin embargo, como contraposición
a lo expuesto, de manera sintética, deseamos establecer, desde ya, que la
referida progresividad de los derechos humanos debe ser entendida no como
una tendencia inflacionista y gratuita, sino como una tendencia hacia la
protección del ser humano en ámbitos en los que ha existido nula o vaga
protección jurídica.
Con respecto a la falta de exigibilidad de los nuevos derechos humanos, es
conveniente establecer que la coercibilidad no es condición indispensable para
la existencia de un derecho, pero además igualmente, para los derechos
humanos ya consolidados, anteriormente no existían mecanismos de
exigibilidad, pero con el devenir histórico los mismos se fueron creando.
 
I.3 Contenido de la Carta Internacional de los Derechos Humanos
Se le llama Carta Internacional de los Derechos Humanos al conjunto de cinco
instrumentos jurídicos fundamentales de las Naciones Unidas, que definen y
garantizan la protección de los derechos humanos. Esos instrumentos son: la
Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), el Pacto Internacional
de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966), el Pacto Internacional
de Derechos Civiles y Políticos (1966) y los dos Protocolos Facultativos de
este último pacto.
Originalmente, la declaración tenía autoridad moral y alcanzó obligatoriedad
hasta la Primera Conferencia Mundial de Derechos Humanos realizada en
Teherán. En la misma se establecen los derechos inalienables e inviolables de
todos los integrantes de la humanidad. Imre Szabó al referirse a la Declaración
Universal de Derechos Humanos postula:
"su propósito fue interpretar la carta desde el punto de vista de
los derechos humanos. Se trataba de un documento que
prácticamente forma parte integral de la Carta, y que define el
significado de las referencias a los derechos humanos y el modo
en que deben ser interpretados".
Sobre el contenido de la declaración, conviene establecer que en su mayor
parte contempla derechos cívico-políticos, pues los derechos económicos,
sociales y culturales son mencionados de pasada y no son examinados de un
modo comparable a los otros derechos; de treinta artículos, los derechos
económicos, sociales y culturales, solamente, están contenidos en cinco. De
esa forma, el equilibrio de la declaración queda trastocado.
Los Pactos son tratados vinculantes para los Estados que los ratifican. Los
mismos, al dar especificidad a ciertos derechos humanos, les otorgan
protección, al menos normativamente. Sobre aspectos comunes de los pactos
se puede subrayar que ambos reconocen el derecho a la libre determinación de
los pueblos y prohiben toda forma de discriminación en el ejercicio de los
derechos humanos.
Haciendo un análisis de los textos específicos de cada pacto, se puede decir
que el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales
reconoce los siguientes derechos: al trabajo y a escoger empleo libremente; a
un salario equitativo; a fundar sindicatos y a afiliarse a ellos; a la seguridad
social; a condiciones dignas de existencia; a la protección contra el hambre; a
la salud y a la educación. Además, los Estados que ratifican este pacto
reconocen su responsabilidad de promover mejores condiciones de vida para
sus pueblos. Los informes que los Estados hacen sobre el progreso alcanzado
en la promoción de esos derechos son examinados por un comité de expertos
designados por el Consejo Económico y Social.
El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, por su parte, reconoce
los siguientes derechos: a la vida, a la libertad y seguridad personal; a la
privacidad; a la protección contra la tortura y contra tratos crueles, inhumanos
o degradantes; a no estar sometido a esclavitud; a la inmunidad frente a la
detención arbitraria; al juicio justo; al reconocimiento de la personalidad
jurídica; a no ser sometido a penas retroactivas; a la libertad de pensamiento,
conciencia y religión; a la libertad de opinión y expresión; a la libertad de
circulación, incluido el derecho a emigrar; a la reunión pacífica y a asociarse
libremente. Este pacto, además, establece un Comité de derechos humanos
para que examine los informes que los Estados que han ratificado el pacto le
presenten. Ese Comité también puede oír denuncias de los Estados contra
otros Estados que hayan ratificado el pacto y no hayan cumplido las
obligaciones emanadas de él, para tal efecto, es necesario que se haya
efectuado una declaración por la cual se reconozca con respecto a sí mismo la
competencia del Comité.
El Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos determina las circunstancias en que un particular puede presentar
denuncias de violaciones de derechos humanos contra un Estado que haya
ratificado el pacto.
Conforme el Segundo Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos, los Estados tienen la obligación de tomar las
medidas necesarias para abolir la pena de muerte.
El desarrollo de este parágrafo ha tenido por objeto determinar que la Carta
Internacional de Derechos Humanos contiene una serie de derechos humanos
que son productos de una etapa histórica. Sin embargo, con el tiempo se han
venido elaborando una serie de instrumentos específicos, lo que ha ameritado
protección especial a ciertos temas o casos, provocando que el concepto de
derechos humanos haya ido acrecentándose fundadamente.
 
I.4 Surgimiento de otros derechos humanos
Como se vio en el parágrafo I.2, es un hecho que la noción de Derechos
Humanos ha evolucionado históricamente. Según Celestino Del Arenal, esa
evolución se ha presentado,
"en el sentido de ir ampliando progresivamente su campo, para ir
incluyendo todas aquellas dimensiones que se refieren a la
libertad, igualdad, justicia, dignidad y calidad de vida de los
hombres y grupos humanos".
En el mismo sentido, Antônio Augusto Cançado Trindade expone:
"... el corpus normativo del derecho internacional de los
derechos humanos se enriqueció con la emergencia y el
reconocimiento de 'nuevos derechos'...
Su surgimiento coincide con la concientización de la urgente
necesidad de satisfacción de 'nuevas' necesidades humanas
básicas. Dichos derechos tienen a un mismo tiempo una
dimensión 'individual' y 'colectiva', una vez que conciernen a la
persona humana así como a colectividades humanas...".
Sobre el mismo tema, Diego Uribe Vargas expone:
"Después de la Declaración Universal, que en su tiempo
constituyó afortunada síntesis de los derechos y deberes del
hombre, se ha venido observando la emersión de nuevos
derechos que adquieren cada vez más fuerza y que obedecen a
hechos sociales que no cabe desconocer en nuestra época".
Los nuevos derechos, a los cuales nos referimos, son aquellos que no fueron
contemplados en la Carta Internacional de Derechos Humanos, o sea los que
abordamos cuando se trató el tema de derechos de la tercera generación, que
con mejor criterio comenzaremos a denominar derechos de solidaridad.
Del Arenal, al respecto de la amplitud del concepto de derechos de
solidaridad, manifiesta que los mismos implicarán para el Estado, además de
un deber de abstención, un deber de hacer, ya que requieren un no hacer de la
autoridad a efecto de no inhibir su libre ejercicio y un hacer a través de
políticas de paz, de defensa del medio ambiente y de búsqueda del desarrollo.
Estos derechos exigen una acción de la comunidad internacional, ya que no
puede haber paz, medio ambiente sano y desarrollo, sin la acción internacional
a través de la cooperación entre los Estados y a través de las organizaciones
internacionales. Y además, expone que denominar derechos de solidaridad a
los derechos de la tercera generación supone advertir que la solidaridad social
es un elemento determinante para la vigencia de todos los derechos humanos.
Los derechos de solidaridad interactúan con los derechos individuales y
sociales, y no los sustituyen. Hoy, cuando se impone una visión integral de los
derechos humanos, abarcándose todos los dominios de la actividad humana,
estos nuevos derechos se suman a los pre-existentes, igualmente importantes,
para ampliar y fortalecer la protección debida, sobre todo a los más débiles y
vulnerables. De esa forma, la emergencia de los derechos de solidaridad no
puede tener el propósito de minar los avances logrados en el pasado, sino
consolidarlos, enriquecerlos y desarrollarlos.
Ciertamente, los derechos de solidaridad no han sido definidos con total
precisión, pues aún no existe norma universal que les otorgue especificidad, al
nivel de los pactos que regulan y protegen los derechos humanos cívico-
políticos y los derechos humanos económicos, sociales y culturales. Nuestro
estudio en el presente capítulo se centra en tratar, específicamente, tres
derechos de solidaridad: el derecho al desarrollo, el derecho al medio
ambiente sano y el derecho a la paz. Otros autores agregan más derechos, tal
como Celestino Del Arenal, que incluye el derecho a la libre determinación de
los pueblos, que no obstante, ser un derecho colectivo y que pueda tener como
contenido la solidaridad humana, no será objeto del presente estudio, ya que a
nuestro parecer es un derecho consolidado inobjetablemete, que obtuvo
especificidad en los dos pactos que integran la Carta Internacional de
Derechos Humanos y tiene aceptación universal. Además, Héctor Gros Espiell
agrega dentro de esta categoría de derechos al derecho a beneficiarse del
patrimonio común de la Humanidad.
Los derechos de solidaridad han venido cobrando fuerza a través de la
paulatina toma de conciencia de la comunidad internacional, proceso
cristalizado, fundamentalmente, a través de resoluciones de los organismos
especializados de las Naciones Unidas. Esas resoluciones, han adoptado la
forma de declaraciones que fijan el horizonte del concepto, sin llegar a una
formulación jurídica con fuerza suficiente que les provoque su consolidación.
Sin embargo, dichas declaraciones han servido para que los "nuevos derechos"
vayan adquiriendo definición y se creen las condiciones para lograr la
necesaria vigencia sociológica y normativa de estos derechos. La fase de
consolidación de los mismos será alcanzada cuando sean introducidos en una
convención internacional, en la que los Estados no sólo reconocen el hecho
formulado como una parte de una aspiración ética, sino le otorguen
especificidad jurídica.
 
I.4.1 La positividad de los nuevos derechos humanos
Se advierte que los nuevos derechos humanos aún no están contemplados en
una norma internacional que les de especificidad jurídica y aceptación
generalizada, tal como los pactos internacionales que contemplan,
respectivamente, a los derechos cívico-políticos y los derechos económicos,
sociales y culturales. Cuando ello se logre, podremos afirmar que esos
derechos humanos han adquirido su estado ideal, o sea que se han establecido,
con precisión, tanto al objeto, sujetos y los mecanismos que les den
efectividad.
Sin embargo, si nos atenemos al criterio de Germán José Bidart Campos, que
expone que un derecho no precisa de estructura normativa para existir y que,
por ende, la positividad, o ingreso al derecho positivo, no equivale a poner
normas en el mundo jurídico, se podría afirmar que los nuevos derechos
humanos están adquiriendo positividad, ya que se han producido una serie de
acontecimientos sustentados en los contenidos de estos derechos.
Según la teoría de Bidart Campos, lo relevante es la vigencia sociológica de
un derecho humano, pues de poco vale la normación de los derechos si no se
logra su observancia o vigencia sociológica. Poner una norma en el orden
normativo del mundo jurídico es darle vigencia normológica, pero eso todavía
no sería positividad. De esa forma, la vigencia sociológica puede darse antes o
después del proceso normativo.
Tomando una posición ecléctica en la que se conjuga la teoría de Germán José
Bidart Campos, con la posición que advierte que un derecho se positiviza al
obtener forma normativa, consideramos que los nuevos derechos humanos, se
encuentran en una fase en la que paulatinamente ganan más espacios, más
aceptación y que, por ende, son más observados, pudiéndose afirmar que
gozan ya de cierta vigencia sociológica. Pero, esa observancia todavía no es
generalizada, más aun, en muchos casos es cuestionada, y es por ello que
advertimos que si es deseable, que éstos sean contemplados en una norma
internacional con carácter de convención (tal como los pactos) que les de
especificidad jurídica y que contemple mecanismos eficaces de protección,
siguiéndose un camino similar al de los derechos humanos ya consolidados
para que, con ello, estos derechos alcancen un estado ideal. Pudiéramos hablar
que cuando los nuevos derechos humanos hayan alcanzado las dos referidas
fases (de vigencia sociológica y normativa) se habrá logrado la necesaria
consolidación.
Como se ejemplifica en el parágrafo I.5 y sus respectivos subparágrafos, se
han emitido ya una serie de disposiciones jurídicas contentivas de los nuevos
derechos, lo cual evidencia que paulatinamente adquieren vigencia normativa.
La mayoría de esas disposiciones ha tomado la forma de resoluciones o
declaraciones (lo cual indica que los nuevos derechos aún se encuentran
confinados en la esfera del soft law -normas blandas-), sin embargo, tal como
lo hemos advertido, son precisos mecanismos más eficaces de protección que
den solidez a estos derechos. Además, han existido casos en los que se ha
puesto en evidencia la protección de la que, en circunstancias particulares,
están siendo objeto ciertos derechos, tal como el asunto López Ostra contra
España (Ver I.5.1).
Y por último, se debe dejar claro que ya existen muestras, a nivel regional y
nacional, de que los derechos de solidaridad están siendo reconocidos como
derechos merecedores de protección, tal como la Carta Africana sobre
Derechos Humanos y de los Pueblos que, como caso encomiable, contempla
el derecho al desarrollo (artículo 22), el derecho a la paz (artículo 23) y el
derecho al medio ambiente sano (artículo 24).
La progresiva consagración de los nuevos derechos humanos en marcos
regionales revela que, en el camino hacia su consolidación total, los derechos
de solidaridad están experimentando los mismos pasos que los derechos
cívico-políticos y derechos económicos, sociales y culturales, los que
primeramente se consolidaron en ámbitos espaciales más restringidos, para
luego consolidarse universalmente.
 
I.5 Los derechos humanos colectivos
Con mucha facilidad se puede afirmar que la emergencia de nuevos derechos
humanos se ha producido dentro del campo de los derechos humanos
colectivos. Sin embargo, la noción de derecho colectivo es aún controvertida,
ya que ni siquiera existe un acuerdo en torno sobre qué debiera considerarse
como tal.
Podemos basarnos en tres criterios para definir los alcances del concepto
derecho colectivo:
a) El criterio del modo de ejercicio del derecho, según el cual,
los derechos colectivos son derechos individuales que se ejercen
colectivamente;
b) El criterio del sujeto pasivo o beneficiario, según éste, son
colectivos los derechos, cuando el individuo los posee en
relación a la colectividad; y
c) El criterio del titular del derecho, según el cual, los derechos
colectivos sólo son reconocibles a grupos y no a individuos.
El criterio generalmente más aceptado es el último. Siempre que se habla de
derechos colectivos, se fundamenta la condición de colectivo, en el hecho de
que sus titulares sean grupos o entidades colectivas. Sin embargo, ello
provocaría que se tenga una noción práctica, pero simplista.
A nuestro parecer es más acertado conjugar los criterios b y c, pues, aparte de
que así tomamos en cuenta el aspecto de la titularidad que plantea el criterio c,
igualmente se toma en cuenta el hecho que la colectividad es recipiendaria del
beneficio. Esto plantea, además, que no sólo se otorga la facultad de gozar de
un derecho frente a la comunidad, sino como acto de solidaridad, impone el
deber de respetar el derecho.
Poniendo a los conceptos medio ambiente, desarrollo y paz como bienes
jurídicos de afectación colectiva, o sea, como bienes que se hacen necesarios
proteger, resguardar o propiciar jurídicamente, para beneficio de
colectividades, puede tomarse a los derechos humanos al medio ambiente
sano, al desarrollo y a la paz, como derechos humanos esencialmente
colectivos.
Según Celestino Del Arenal, los derechos de solidaridad, como derechos
colectivos, tienen una visión de vida en comunidad y se inspiran en la
interdependencia. Veamos:
"Los derechos de la tercera generación se inspiran en una
concepción de la vida en comunidad, en un mundo
absolutamente interdependiente y complejo, y que sólo pueden
realizarse con base en la cooperación a nivel interno e
internacional y, en consecuencia, exigen el esfuerzo conjunto de
todos, individuos, instituciones públicas y privadas, Estados y
organizaciones internacionales".
Con base en los criterios que determinan el carácter colectivo de un derecho
humano, se infiere que los grupos de individuos que pueden ser titulares de los
derechos humanos colectivos pueden tomar la forma de los distintos modos de
agrupación que la historia de la humanidad ha conocido. Afirmar lo dicho no
fuera tan controvertido, si ello no implicaría que estamos colocando en el
nivel de titular de un derecho humano a los Estados. Cualquiera pudiera
advertir que se desnaturalizan los derechos humanos si se coloca en tal
situación, a la entidad a la cual se pretendía limitar el poder cuando
emergieron los primeros derechos humanos.
Bidart Campos niega la posibilidad de que el Estado pueda ser considerado
como titular de derechos humanos; establece que está mal atribuir al Estado
derechos análogos a los de los hombres, cuando pretenda hacerlos oponibles a
los particulares. Sin embargo, posteriormente, establece: "otra cosa distinta
ocurre cuando, en el ámbito internacional se habla de derechos 'de los Estados'
-entre sí, uno frente a otro u otros, o frente a los organismos
internacionales...". Eso implica la validez de aseverar que existen derechos
humanos como los derechos al medio ambiente sano, al desarrollo o a la paz,
que pueden gozarse frente a otros Estados, pero no contra particulares.
Existen muchas opiniones a favor de que el Estado sea necesariamente
incluido como titular de los derechos humanos colectivos. Sin embargo, la
posición por la que hoy tomamos partido es la que si considera al Estado
como titular de los derechos humanos colectivos, pero de manera indirecta, en
representación de los pueblos que lo conforman, que constituyen uno de los
elementos esenciales del Estado. De esa forma, el Estado representará a: el o
los pueblos que lo conforman, cuando éstos hayan alcanzado su
autodeterminación y efectivamente haya pertenencia de este pueblo para con
determinado Estado.
Conforme la posición por la que se ha tomado partido, un Estado si puede
oponer, en representación del pueblo, algún derecho humano colectivo
persiguiendo la dignificación de las vidas de los humanos que conforman su
población. Téngase en cuenta, además, que como consecuencia de la
evolución de los derechos humanos, no sólo ha cambiado el objeto de estudio,
sino también el elemento subjetivo, al punto que hoy, el individuo, quien,
concebido unitariamente, siempre fue el titular de los derechos humanos, es
considerado ya como sujeto pasivo de ciertos derechos humanos, ejemplo de
ello son los tribunales internacionales que se establecieron para atribuir
responsabilidad a particulares por violaciones de derechos humanos, a raíz de
los conflictos armados en los territorios de la ex Yugoslavia y en Rwanda. En
vista del cambio de la subjetividad, puede ser válido pensar que el Estado
pueda ser titular, por la vía indirecta, de un derecho humano.
El mayor problema para fundamentar la titularidad de los derechos colectivos,
por parte del Estado, es que aún no se han definido, con total precisión, los
contenidos de los nuevos derechos colectivos, lo cual hace difícil establecer
ante quién y cómo se van a oponer esos derechos.
El hecho de que con los derechos de solidaridad se estén conociendo nuevas
dimensiones en los Derechos Humanos, al considerar como titulares y
beneficiarios a los individuos concebidos colectivamente, no debe ser
obstáculo para considerar que el individuo, concebido unitariamente, pueda
ser también titular y beneficiario de estos y que si decide exigir
jurisdiccionalmente su tutela, cuando los mecanismos respectivos estén
establecidos, pueda accionar aisladamente del grupo. En tal sentido, la faceta
colectiva no puede ser negación de una faceta individual.
 
I.5.1 El derecho al medio ambiente sano
Según Cançado Trindade, el derecho al medio ambiente sano
"aparece como una extensión natural del derecho a la vida y del
derecho a la salud, en cuanto protege la vida humana, tanto en el
aspecto de la existencia física y la salud de los seres humanos,
como en el de las condiciones de vida dignas. Abarca y amplía,
de ese modo, el derecho a un nivel de vida adecuado y el derecho
a la salud".
Con fundamento en la definición anterior, consideramos acertado el criterio de
Luis Jimena Quesada, quien propone que el derecho al medio ambiente sano
se le debe presentar como una noción multifacética, o sea como derecho
sintético, pues sus múltiples facetas provocan que a menudo se manifieste
como derecho conexo a otros derechos humanos. Hoy, no existiendo una
norma jurídica que provoque la aceptación universal de este derecho humano,
las posibilidades de protección derivan de que al mismo se le configure como
multifacético, lo que le convierte en un derecho conexo con otros, tales como
el derecho de propiedad o el derecho a la salud.
El derecho al medio ambiente sano comprende el derecho a la conservación
(lo cual implica protección y mejoramiento) del medio ambiente, con el fin de
conseguir la dignificación de la vida de las personas. En tal sentido, este
derecho abarca: el derecho a ser informado de proyectos y decisiones que
podrían amenazar el medio ambiente; el derecho a participar en la toma de
decisiones; y el derecho a acceder a recursos eficaces que aseguren la tutela
del mismo. Es preferible no entenderle como el derecho a un medio ambiente
ideal, pues así devendría imposible su implementación.
Según Jimena Quesada, la preocupación internacional por la defensa
ecológica es relativamente tardía, toda vez que al hacer un examen de los
cuerpos normativos internacionales que protegen los derechos humanos,
encontramos que la Declaración Universal de los derechos humanos no
contiene referencia alguna sobre medio ambiente. Los dos pactos
internacionales de derechos humanos, poniendo énfasis en el concepto de
soberanía económica, disponen en sendos artículos 1, numerales 2 que:
"todos los pueblos pueden disponer libremente de sus riquezas y recursos
naturales",
aunque con sujeción a:
"las obligaciones que derivan de la cooperación económica
internacional basada en el beneficio recíproco".
Y en forma más particular, en el artículo 12, numeral 2, del Pacto
Internacional de derechos económicos, sociales y culturales se dispone:
"Entre las medidas que deberán adoptar los Estados Partes en el
Pacto a fin de asegurarla efectividad de este derecho (se refiere
el derecho a la salud física y mental), figurarán las necesarias
para: ...
b) El mejoramiento de todos sus aspectos de la higiene del
trabajo y del medio ambiente."
Lo anterior indica que la protección del medio ambiente fue concebida en el
pacto como un aspecto para tutelar el derecho a la salud.
Desde cuando se comenzó a tomar conciencia sobre la depredación del medio
ambiente, se han venido sucediendo una serie de instrumentos jurídicos que
van desde declaraciones hasta convenios, que han abordado el aspecto medio
ambiental, tales como la Declaración de las Naciones Unidas sobre el Medio
Humano (Estocolomo, 1972), cuyo principio 1, consideramos útil citar:
"El hombre tiene el derecho fundamental a la libertad, la
igualdad y el disfrute de condiciones de vida adecuadas en un
medio de calidad tal que le permita llevar una vida digna y gozar
de bienestar, y tiene la solemne obligación de proteger y mejorar
el medio para las generaciones presente y futuras..."
Ese principio evidencia, que ya en 1972 se comienza a hablar de la existencia
de un "derecho fundamental al disfrute de condiciones de vida adecuadas en
un medio de calidad".
Marca un hito fundamental la Carta de la Tierra, o Declaración de Río sobre el
Medio Ambiente y Desarrollo (1992), que contempla el principio 1,
contentivo del derecho a una vida saludable y productiva en armonía con
la naturaleza. Además, dicha declaración, en conjunto, contempla
disposiciones encaminadas a establecer responsabilidades de protección
medio ambiental (con ello se va haciendo exigible el derecho).
En el apartado 11 de la declaración emanada de la Segunda Conferencia
Mundial de Derechos Humanos (Viena, 1993) aparece la cuestión medio
ambiental involucrada a la protección de los derechos a la vida y a la salud.
Veámoslo:
"El derecho al desarrollo debe realizarse de manera que satisfaga
equitativamente las necesidades en materia de desarrollo y medio
ambiente de las generaciones actuales y futuras. La Conferencia
Mundial reconoce que el vertido ilícito de sustancias y desechos
tóxicos y peligrosos puede constituir una amenaza grave para
el derecho de todos a la vida y a la salud (el resaltado es
nuestro). Por consiguiente, la Conferencia Mundial de Derechos
Humanos hace un llamamiento a todos los Estados para que
aprueben y apliquen rigurosamente las convenciones existentes
en materia de vertido de productos y desechos tóxicos y
peligrosos y cooperen en la prevención del vertido ilícito".
A pesar que las declaraciones enunciadas no contemplan, de manera
específica, que el derecho al medio ambiente sano es un derecho humano, ya
existen disposiciones normativas que, dentro de los sistemas regionales de
protección, lo regulan de esa manera, tales como: el artículo 11 del Protocolo
adicional a la Convención Americana sobre derechos humanos en materia de
derechos económicos, sociales y culturales o Protocolo de San Salvador
(dicho protocolo aún no está vigente); y el artículo 24 de la Carta Africana
sobre derechos humanos y de los pueblos (convención ya vigente).
Lo destacable con respecto a este derecho humano es que ya existen casos
particulares que evidencian protección, prueba de ello es: el asunto López
Ostra contra España (1994), en cuya sentencia se dejó sentado que las
molestias causadas por la emisión de malos olores, ruidos y humos
provenientes de una depuradora de aguas y vertidos, instalada en el fundo
vecino, a pocos medios del domicilio del demandante, eran violatorios del
derecho al respeto de la vida privada y familiar y, fundamentalmente, de la
violación del domicilio. Los estudiosos en derechos humanos en su dimensión
medio ambiental, consideran a éste como el leading case, ya que evidencia
que el derecho al medio ambiente sano está obteniendo protección, al menos,
indirectamente. Para Jimena Quesada, este asunto ha venido a significar la
consagración del derecho subjetivo a un medio ambiente sano por la vía
indirecta de la protección del domicilio y de la vida familiar.
En el seno del Comité de Derechos Humanos instituido en el Pacto de
Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas, también fue planteado
un caso (conocido como E.H.P. contra Canadá) en el cual se solicitaba la
efectiva protección del medio ambiente, no habiéndose corrido con suerte, por
cuanto que el reclamante no había agotado los recursos internos necesarios
para elevar el caso al Comité de Derechos Humanos, por lo cual el Comité se
abstuvo de considerar el fondo del asunto. A pesar de todo, el caso es
considerado un importante antecedente, pues su solo planteamiento hace
palpable la imperativa necesidad de regular mecanismos eficaces de
protección del medio ambiente.
Las disposiciones normativas que dan perfil a este derecho humano hacen
deducir que el mismo ha logrado una aceptación tibia, siendo evidente que la
regulación de este derecho ha quedado confinada al ámbito del soft law, no
existiendo la fuerza necesaria para su consolidación.
 
I.5.2 El derecho al desarrollo
Al igual que el derecho al medio ambiente sano, el derecho al desarrollo se
presenta como un derecho sintético, que refuerza los derechos existentes, lo
que implica un concepto amplio y dinámico de desarrollo. El objetivo de este
derecho es aumentar el goce de los derechos preexistentes y no restringirlos.
De esa forma, el reconocimiento del derecho al desarrollo sólo puede
emprenderse a la luz de la unidad de la concepción e indivisibilidad de los
derechos humanos.
Por inferencia, se puede conceptualizar al derecho al desarrollo como la
facultad de gozar de una síntesis de valores necesarios para vivir dignamente.
A pesar de que el derecho al desarrollo no se encuentra contenido dentro de
ninguno de los documentos que conforman la Carta Internacional de Derechos
Humanos, el origen de su concepto no es posterior a esos documentos, puesto
que la primera expresión del concepto del derecho al desarrollo quizás se
encuentre en la Declaración de Filadelfia de la Organización Internacional del
Trabajo (1944). En un pasaje de dicha declaración se consigna que:
"todos los seres humanos, sin distinción de raza, credo o sexo,
tienen el derecho tanto al bienestar material como al desarrollo
espiritual, en condiciones de libertad y dignidad, de seguridad
económica y de igualdad de oportunidades".
Con base en lo anterior, es válido inferir que este derecho humano debe su
desarrollo, en gran parte, a que su formulación teórica no es del todo reciente.
En efecto, la emergencia de este derecho se produce casi de la mano con el
derecho a la libre determinación de los pueblos, pues se consideraba que
ambos eran pertenecientes a una misma categoría de derechos: derechos que
perseguían la dignificación de los niveles de vida de los pueblos.
Oportuno es establecer que la Comisión de Derechos Humanos de las
Organización de las Naciones Unidas ha propiciado debates y ha
recomendado que se efectúen estudios sobre la conveniencia de contemplar al
derecho al desarrollo como derecho humano. Muestra de ello es la resolución
4 (XXXIII) del 21 de febrero de 1977, en la que se invita al Secretario General
de las Naciones Unidas, en cooperación con la UNESCO y otros organismos
especializados, a realizar un estudio sobre las dimensiones internacionales del
derecho al desarrollo como derecho humano en relación con otros derechos
humanos fundados en la cooperación internacional (incluyendo al derecho a
la paz), teniendo en cuenta las exigencias del nuevo orden internacional y de
las necesidades humanas fundamentales. Esta iniciativa sería el punto de
partida para una serie de actuaciones de la Asamblea General, el ECOSOC y
la Comisión de Derechos Humanos a través de resoluciones que contribuirían
a delinear el perfil de este derecho, hasta que se llega a la declaración sobre el
derecho al desarrollo de 1986.
Respecto del avance del derecho al desarrollo, en cuanto a su inserción en el
mundo normativo, se puede afirmar que ya existen disposiciones específicas
que le dan protección. Esas normas han tomado principalmente la forma de
declaraciones y no convenciones. Corolario de lo afirmado es: la Declaración
sobre el Progreso y el Desarrollo Social, proclamada por la Asamblea General
de las Naciones Unidas el 11 de diciembre de 1969. En el artículo 1 de dicha
declaración se contempla:
"Todos los pueblos y todos los seres humanos, sin distinción
alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión,
nacionalidad, origen étnico, situación familiar o social o
convicciones políticas o de otra índole, tienen el derecho a vivir
con dignidad y gozar libremente de los frutos del progreso social
y, por su parte, deben contribuir a él".
Y el artículo 2 del mismo cuerpo legal establece:
"El progreso social y el desarrollo en lo social se funda en el
respeto de la dignidad y el valor de la persona humana y se
deben asegurar la promoción de los derechos humanos y la
justicia social..."
La Declaración sobre el derecho al desarrollo, proclamada por la Asamblea
General de las Naciones Unidas el 4 de diciembre de 1986, contiene en su
preámbulo la definición de desarrollo, concibiéndolo como:
"Un proceso económico, social, cultural y político global, que
tiende al mejoramiento constante del bienestar de toda la
población y de todos los individuos sobre la base de su
participación activa, libre y significativa en el desarrollo y en la
distribución justa de los bienes que de él se derivan".
Sin embargo, la trascendencia de tal declaración radica en contener, de
manera más específica, el derecho al desarrollo ya como derecho humano.
Veamos:
"Artículo 1o. 1. El derecho al desarrollo es un derecho
humano inalienable (el resaltado es nuestro), en virtud del cual
todos los seres humanos y todos los pueblos están facultados
para participar en un desarrollo económico, social, cultural y
político en el que puedan realizarse plenamente todos los
derechos humanos y libertades fundamentales, a contribuir a ese
desarrollo y a disfrutar de él.
2. El derecho humano al desarrollo (el resaltado es nuestro)
implica, también, la plena realización del derecho de los pueblos
a la libre determinación, que incluye, con sujeción a las
disposiciones pertinentes de ambos Pactos Internacionales de
Derechos Humanos, el ejercicio de su derecho es inalienable a la
plena soberanía sobre todas sus riquezas y recursos naturales".
Podemos advertir que en la definición de derecho al desarrollo se proporciona
la titularidad del derecho humano a toda persona humana, concebida
individualmente, y a los pueblos.
En el contenido de la declaración se observa que se insta a los Estados a tomar
las medidas necesarias para la realización del derecho al desarrollo,
asignándoles la reponsabilidad de su realización, individual o colectivamente.
El reconocimiento del derecho al desarrollo como un derecho humano con
características multifacéticas, por parte de una declaración de la Organización
de las Naciones Unidas, refuerza otros derechos formulados con anterioridad,
contribuyendo a centrar la atención sobre la promoción y protección de
derechos que pertenecen a la vez a individuos y colectividades humanas. El
hecho de que Naciones Unidas, por medio de una declaración, reconozca
como derecho humano al derecho al desarrollo, se debe en gran medida a la
perspectiva global que persigue la organización, inspirada en los cambios
fundamentales ocurridos en la sociedad internacional contemporánea.
Luego de la adopción de la Declaración de 1986, se han llevado a cabo, por
parte de diversos órganos de las Naciones Unidas, intentos por depurar el
concepto y delimitar el contenido y alcance de este derecho, habiéndose
producido un grado apreciable de consenso en una serie de aspectos básicos.
Muestra de esos intentos se aprecian en la siguiente cita de Manuel Pérez
González:
"... según se destaca en el informe elaborado por el Secretario
General en aplicación de la Resolución 1989/45 de la Comisión
de Derechos Humanos por la que se instaba a éste a organizar
una consulta global sobre la puesta en práctica del derecho al
desarrollo - que acabaría llevándose a cabo en Ginebra del 8 al
12 de enero de 1990-, el derecho al desarrollo es concebido por
los expertos y representantes de órganos de las Naciones Unidas
consultados como un derecho vinculado a la idea de despliegue
de todas las potencialidades de la persona y de la colectividad en
un contexto que posibilite la realización de todos los derechos y
libertades esenciales: un derecho «de los individuos, grupos y
pueblos a participar en un desarrollo económico, social, cultural
y político continuo, contribuir a él y disfrutar de un desarrollo en
que puedan realizarse todos los derechos humanos y libertades
fundamentales» ".
La Carta de la Tierra, o Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y
Desarrollo (1992) hace uso, en repetidas veces, del término "derecho al
desarrollo", presumiéndose su reconocimiento y la aceptación universal de sus
alcances. Dicha declaración no lo define, sin embargo, en el principio 3 se
establece como debe ejercerse:
"El derecho al desarrollo (el resaltado es nuestro) debe
ejercerse en forma tal que responda equitativamente a las
necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones
presentes y futuras".
También en la Segunda Conferencia Mundial de Derechos Humanos (Viena,
1993) se efectúa un extenso abordaje del tema derecho al desarrollo. En el
apartado 11 de la declaración emanada de esa conferencia, se contempla lo
relativo a las finalidades del derecho al desarrollo. Veamos:
"El derecho al desarrollo (el resaltado es nuestro) debe
realizarse a fin de satisfacer equitativamente las necesidades
ambientales y de desarrollo de las generaciones futuras".
Toma importancia para el tema del derecho al desarrollo, la decisión 48/141
del 20 de diciembre de 1993 de la Asamblea General de Naciones Unidas,
mediante la cual se creó el puesto del Alto Comisionado para los Derechos
Humanos, pues en su preámbulo afirma que el derecho al desarrollo es uno de
los fundamentos para crear tan importante figura. Veamos el pasaje
pertinente:
"El derecho al desarrollo (el resaltado es nuestro) es un derecho
universal e inalienable que constituye parte fundamental de los
derechos de la persona".
El derecho al desarrollo fue objeto de tratamiento en la Cumbre Mundial sobre
la Población y el Desarrollo (El Cairo, 1994), que constituye un avance
sustancial, al considerar lo siguiente en el principio 3 del Programa de Acción:
"El derecho al desarrollo (el resaltado es nuestro) es un derecho
universal e inalienable, que es parte integrante de los derechos
humanos fundamentales y la persona humana es el sujeto central
del desarrollo. Aunque el desarrollo facilita el disfrute de todos
los derechos humanos, no se puede invocar la falta de desarrollo
para justificar la violación de los derechos humanos
internacionalmente reconocidos. El derecho al desarrollo (el
resaltado es nuestro) debe ejercerse de manera que se satisfagan
equitativamente las necesidades ambientales, de desarrollo y
demográficas de las generaciones presentes y futuras".
La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (Copenhague, 1995) constituye
otro avance sustancial, puesto que los dos documentos oficiales que emanaron
de la misma abordan el tema de desarrollo social desde una óptima de los
derechos humanos. Prueba de ello es el apartado dedicado a los principios y
objetivos de la Declaración, que establece dentro de éstos:
"Promover el respeto universal, la observancia y la protección de
todos los derechos humanos y las libertades fundamentales para
todos, incluido el derecho al desarrollo (el resaltado es
nuestro)...".
En el Programa de Acción emanado de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo
Social se establece dentro de las medidas esenciales a adoptar para que el
entorno político contribuya al logro de los objetivos del desarrollo social:
"Promover la realización del derecho al desarrollo (el resaltado
es nuestro) mediante el fortalecimiento de la democracia y el
desarrollo y respeto de los derechos humanos y las libertades
fundamentales y políticas de desarrollo eficaces a nivel nacional,
así como el establecimiento de relaciones económicas equitativas
y de un medio económico favorable al nivel internacional...".
También es destacable la primera consideración que el ex-secretario general
de las Naciones Unidas Boutros Boutros-Ghali, formuló en la introducción del
llamado Programa de Desarrollo (1994), en donde se establece los siguiente:
"El desarrollo es un derecho humano fundamental (el
resaltado es nuestro); es también la base más segura para la paz".
En el ámbito regional, el derecho humano al desarrollo se encuentra contenido
ya en una disposición normativa de alta jerarquía, pues el mismo ha quedado
regulado en el artículo 22 de la Carta Africana sobre Derechos Humanos y de
los Pueblos. Veamos el contenido del mismo:
"1. Todos los pueblos tienen derecho a su desarrollo económico,
social y cultural, en el estricto respeto de su libertad e identidad,
y al disfrute equitativo del patrimonio común de la humanidad.
2. Los Estados tienen el deber, separadamente o en cooperación,
de asegurar el ejercicio del derecho al desarrollo."
El contenido y relevancia de los documentos que contemplan el derecho al
desarrollo evidencian que este derecho humano está alcanzando la fuerza
necesaria para lograr su consolidación. Podría afirmarse que este derecho de
solidaridad es el que ha ganado más espacios, sin embargo, lamentablemente
aún existen reticencias a darle la calidad de derecho humano, de lo contrario,
ya habría un instrumento internacional formalmente vinculante que precisase
cuáles son sus contenidos objetivos, subjetivos y establezca los mecanismos
necesarios para hacerlos efectivos, de esa suerte las pautas jurídicas que dan
contenido a este derecho aún están confinadas en la esfera del soft law.
 
I.5.3 El derecho a la paz
Siendo la consolidación del derecho a la paz el tema central de nuestro trabajo
de tesis, el mismo será desarrollado, de manera amplia, en los capítulos
subsiguientes. No obstante, en el presente subparágrafo se desea dar a conocer
algunas generalidades que permitan la mejor comprensión del tema "la
evolución de los derechos humanos".
Para entender la emergencia del derecho a la paz, es imprescindible tener
conciencia que el concepto de paz, que es tomado como el valor a perseguir al
regularse este derecho, ha cambiado sustancialmente (Ver: II.1). La noción del
derecho a la paz ha exigido el replanteamiento de la idea de paz, pues ya no es
viable pensar en paz simplemente como la ausencia de guerra, sino que
amerita pensarla como un concepto dinámico que involucre el respeto a todos,
o al menos de la mayoría de los derechos humanos, pues en el irrespeto de los
mismos ha radicado el origen de conflictos armados.
El derecho a la paz, concebido con contenidos propios, se ha configurado no
sólo como un derecho a vivir en paz en el sentido tradicional, es decir, a vivir
en un mundo sin guerras, ni amenazas de guerra, sino también como un
derecho síntesis, que incluye y engloba prácticamente todos los derechos
humanos, suponiendo su realización efectiva, la afirmación del resto de
derecho humanos. De tal forma, la noción de paz, que comprende el concepto
de derecho a la paz, se identifica con la satisfacción plena de las necesidades
humanas.
Las teorías que han alimentado el derecho a la paz no se preocupan solamente
de la sustitución de la pobreza, sino de conseguir el bienestar. Además, estas
teorías no sólo se proponen procurar acabar con la opresión, sino proponen
que efectivamente se permita el uso de la libertad.
Hoy, existen bases para afirmar que el derecho a la paz no es simplemente una
formulación teórica, ya existen expresiones de su normatividad, tales como: la
Declaración sobre la preparación de las sociedades para vivir en paz
(resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas No. 33/73 del 15
de diciembre de 1978), que en su artículo 1, numeral 1, contempla:
"Toda nación y todo ser humano, independientemente de su raza,
convicciones, idioma o sexo, tiene el derecho inmanente a vivir
en paz (el resaltado es nuestro). El respeto de ese derecho, así
como de los demás derechos humanos, redunda en el interés
común de toda la humanidad y es una condición indispensable
para el adelanto de todas las grandes y pequeñas, en todas las
esferas".
Es destacable el hecho que la referida declaración le da carácter de derecho
humano al derecho inmanente a vivir en paz, cuando se establece que "el
respeto de ese derecho, así como de los demás derechos humanos".
La Declaración sobre el derecho de los pueblos a la paz (resolución de la
Asamblea General de las Naciones Unidas 39/11 del 12 de noviembre de
1984) también dispone en su párrafo primero:
"Proclama solemnemente que los pueblos de la tierra tienen
un derecho sagrado a la paz" (el resaltado es nuestro).
En el ámbito regional, el derecho a la paz aparece contemplado en una
convención internacional ya vigente, pues ha sido consagrado en el artículo 23
de la Carta Africana de los Derechos Humanos y de los Pueblos. Por lo
relativamente reciente de la adopción de la Carta Africana, es comprensible
que la misma sea vanguardista al adoptar ya los derechos de solidaridad, sin
embargo, aún existe el escollo de la debilidad de los medios para que esos
derechos se hagan efectivos.
Igualmente, se puede afirmar que los tratados o acuerdos que persigan el logro
de la paz, desde una visión de los derechos humanos, constituyen una
expresión de que el derecho a la paz como derecho humano alcanza
positividad.

También podría gustarte