TEBAS Y LA LIGA BEOCIA. CRONOLOGÍA.
PRINCIPALES LÍDERES Y
ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS. SU FINAL.
En Beocia, Tebas se convirtió en la ciudad más fuerte y con el tiempo fue
capaz de imponer una organización federal en la que ella tenía un papel
dominante, sobre ciudades que aceptaban someterse a esta organización. La
Federación de Beocia comenzó, posiblemente, en el siglo VI a.C.
El precario equilibrio entre Esparta y Atenas se vio interrumpido por la
prosperidad de Tebas, ciudad que alcanzó la hegemonía. La Liga Beocia se
restableció en el año 379 a.C. como Estado democrático centralizado.
El consejo federal fue sustituido por la asamblea a del pueblo que agrupaba,
al principio, a los ciudadanos de todas las ciudades, pero se reunía en Tebas,
lo cual bastaba para dar a ésta la supremacía sobre las demás.
El nuevo gobierno federal prestó especial atención a la organización y
transformación de los efectivos militares, como preparación a un posible
ataque espartano. Los tebanos daban gran importancia a la caballería, pero
la base del ejército fue la milicia popular de infantería, nutrida por la
abundante población campesina.
Gógidas creó un cuerpo escogido, apto para resistir a los temibles hoplitas
de Esparta, el Batallón Sagrado, cuyos miembros tenían por norma vencer o
morir todos juntos. Su obra fue continuada por Pelópidas, jefe que se
distinguió por sus extraordinarias dotes militares que convirtió esta
guardia sagrada en un poderoso cuerpo de choque. Epaminondas, el segundo
de los grandes generales tebanos y gran amigo de Pelópidas, fue quien
transformó la guardia sagrada tebana en un punto de choque concentrado
contra un ala de las fuerzas enemigas.
El rey de Esparta invadió Beocia, y el enfrentamiento decisivo tuvo lugar
cerca de la ciudad de Leuctra, en el año 371 a.C. En esta batalla, el ejército
espartano fue vencido por primera vez en campo abierto por la milicia
beocia, cuyo número era bastante menor. El héroe de esta victoria fue el
general tebano Epaminondas. Esta victoria sembró el estupor en la Hélade:
Esparta, invicta desde hacía siglos, perdió la cuarta parte de sus
ciudadanos y su inmenso prestigio. La batalla de Leuctra significó el fin
de la hegemonía de Esparta y el comienzo del predominio de Tebas.
El período siguiente fue de una extrema confusión. Tebas dominó en adelante
a Grecia, lo cual acarreó trastornos de alianzas, como la reconciliación de
Atenas y Esparta. Epaminondas actuó con energía en muchas campañas en el
Peloponeso, cuyo resultado principal era aislar a Esparta.
Ante la pasividad e inoperancia de Atenas, los arcadios se aliaron a Beocia,
que envió un ejército, mandado por Pelópidas y Epaminondas, que atacó
Esparta y ayudó a consolidar la Confederación Arcadia. Como centro político
se construyó una nueva ciudad, Megalópolis. La nueva capital se desarrolló
armoniosamente y se convirtió en una de las más bellas ciudades del
Peloponeso.
La lucha se interrumpió por varias tentativas de paz, pero los congresos de
Delfos y de Tebas se mostraron incapaces de concluirla. La situación se
complicó con la intromisión de Persia, a la que habían acudido los
beligerantes buscando su arbitraje.
El encuentro tuvo lugar en Susa en el año 367 a.C. Esto llevó, al año
siguiente, a la firma de una Paz general, también llamada Paz del Rey o Paz
de Antálcidas, que favorecía las exigencias tebanas.
La tentativa de Beocia de hacer cumplir estas resoluciones provocó el
descontento general.
Al peligrar el equilibrio en el Peloponeso, que podría llevar a una nueva
hegemonía espartana, se produjo la intervención de Beocia, con una nueva
expedición mandada por Epaminondas, que se había convertido en el único
árbitro de la política tebana.
El enfrentamiento final entre Esparta y Tebas se llevó a cabo cerca de
Mantinea, en el año 362 a.C., utilizando Epaminondas la misma táctica que
había utilizado en la batalla de Leuctra. Epaminondas cayó en la batalla.
A la batalla siguió una reconciliación sobre la base del statu quo.
Había concluido el poder de Tebas. Epaminondas no podía ser reemplazado, y
las fuerzas de la ciudad eran demasiado débiles para que pudiera proseguir
por más tiempo una lucha tan encarnizada.
Los beocios ganaron la batalla, pero no supieron aprovechar la victoria.
Poco después se firmó la paz. Esparta se negó a firmar la paz porque
continuaba con sus acciones sobre Mesenia, a la que se había reconocido
nuevamente su autonomía.
A partir de entonces Beocia no volvió a participar en la vida política de
Grecia. Atenas y Esparta, fatigadas y débiles tampoco tenían ni poder ni
influencia sobre el resto de las ciudades. Ante este panorama, apareció una
nueva potencia, Macedonia, que cambiaría el destino de Grecia y el curso de
la Historia.