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Antología Literaria: Español

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Español

Antología literaria
Lecturas
recomendadas
por el MEP
7
2018

Edición para docentes


Jefatura de arte: Sandra Pérez Guillén
Diagramación: Sandra Pérez Guillén
Ilustraciones: Archivo Santillana y Shutterstock
Fotografías: Shutterstock
Arte final: Sandra Pérez Guillén
Corrección de estilo: Francisco Guevara Sequeira y Óscar Aguilar Sandí

375.886
S2353e Santillana
VII Español. Antología literaria 7. Edición para docentes /
Santillana. – 1 ed. – San José, C.R. : Editorial Santillana, 2018.
240 p. : il. ; 28 X 23 cm. (Serie Proyecto Puentes del Saber)

ISBN: 978-9930-553-19-0

1. Español – Enseñanza. 2. Español – Libros de Texto.


I. Título.

La Editorial ha hecho todo lo posible por conseguir los permisos correspondientes para las obras con
copyright que aparecen en el presente texto. Cualquier error u omisión será rectificado en futuras
impresiones a medida que la información esté disponible.

Debido a la naturaleza dinámica de Internet, las direcciones y los contenidos de los sitios webs a los cuales
se hace referencia en este libro pueden sufrir modificaciones.

Español. Antología literaria 7, proyecto Puentes del Saber, responde al Programa de Estudio de Español. Tercer Ciclo y
Educación Diversificada y a la Lista de Lecturas Recomendadas 2018 del Ministerio de Educación Pública (MEP).

© 2018, Santillana S. A.
www.santillana.cr

Este libro no puede ser reproducido total ni parcialmente en ninguna forma, ni por ningún medio o procedimiento,
sea reprográfico, fotocopia, microfilmación, mimeógrafo o cualquier otro sistema mecánico, fotoquímico, electrónico,
informático, magnético, electroóptico, etcétera. Cualquier reproducción sin permiso de la Editorial viola derechos
reservados, es ilegal y constituye un delito.

Im­pre­so en:
Español
Antología literaria
Español. Antología literaria 7, proyecto Puentes del Saber,
es una obra colectiva, creada y diseñada en el Departamen-
to de Ediciones Educativas de Santillana, bajo la dirección de
Marieta Zumbado Gutiérrez.
7 Lecturas
recomendadas
En su elaboración ha participado el siguiente equipo:
por el MEP
Jefatura de área
Mariela Hidalgo Valverde 2018
Edición
Esteban Ureña Salazar
Índice

Unidad 1. Cuento 4
“¿Quiere usted quedarse a comer?”, de Cuentos de Magón, Manuel González Zeledón 6
Análisis literario de “¿Quiere usted quedarse a comer?” 12
“El corazón delator”, de Narraciones extraordinarias, Edgar Allan Poe 20
Análisis literario de “El corazón delator” 25
“El almohadón de plumas”, de Cuentos de amor, de locura y de muerte, Horacio Quiroga 32
Análisis literario de “El almohadón de plumas” 36

Unidad 2. Novela 42
Viaje al centro de la Tierra, Julio Verne 44
Análisis literario de Viaje al centro de la Tierra 178

Unidad 3. Lírica 186


“Mercando leña”, de Concherías, Aquileo Echeverría 188
Análisis literario de “Mercando leña” 191
“Vuelo supremo”, de Alas en fuga, Julián Marchena 198
Análisis literario de “Vuelo supremo” 199

Unidad 4. Teatro 206


Análisis literario de La tea fulgurante: Juan Santamaría o las iras de un dios, Jorge Arroyo 208

Unidad 5. Ensayo 214


“A mí qué me importa”, de Cinco temas en busca de un pensador, Carmen Naranjo 216
Análisis literario de “A mí qué me importa” 223

Unidad 6. Relato autobiográfico 230


Análisis literario de La casa de atrás (o: Diario de Ana Frank) 232

Material de apoyo para docentes. Prohibida su venta.


2 Índice
Español 7. Antología literaria
Lectura y análisis literario
Selección de textos de la Lista de Lecturas Recomendadas 2018 (texto completo y análisis literario).

Apertura de unidad. Se enlistan


las obras recomendadas por el
Ministerio de Educación (MEP),
y en la sección de “Lecturas
destacadas”, la dosificación
propuesta en esta obra.

Texto literario. Incluye textos completos de los géneros literarios propuestos por el MEP.

Biografía del Fase natural


autor del texto.
(Fase natural).

Vocabulario
contextual.
(Fase natural).

Fase de
Fase analítica
ubicación

Análisis literario. Incluye las


cuatro fases del análisis de textos
literarios propuestas en el programa
de estudio (fase natural, fase de
Fase
ubicación, fase analítica y fase
explicativa e
explicativa e interpretativa).
interpretativa

Material de apoyo para docentes. Prohibida su venta.


Español 8. Antología literaria 3
1
Unidad

Cuento Edgar Allan Poe


(1809-1849)
Nacionalidad: estadounidense
Obra: Narraciones extraordinarias

Manuel González Zeledón, Magón


(1864-1936)
Nacionalidad: costarricense
Obra: Cuentos de Magón

Carmen Lyra
(1887-1949)
Nacionalidad: costarricense
Obra: Narrativa de Carmen Lyra

Giselle Chang Vargas,


compiladora
(1955)
Nacionalidad: costarricense
Obra: Cuentos tradicionales
afrolimonenses

Material de apoyo para docentes. Prohibida su venta.


4 Unidad 1 • Cuento
Bram Stoker
(1847-1912)
Nacionalidad: inglés
Obra: El huésped de Drácula

Horacio Quiroga
(1878-1937)
Nacionalidad: uruguayo
Obras: Cuentos de la selva y Cuentos
de amor de locura y de muerte

Lecturas destacadas
“¿Quiere usted quedarse a comer?”, “El corazón delator”, en: Narraciones “El almohadón de plumas”, en:
en: Cuentos de Magón, Manuel extraordinarias, Edgar Allan Poe. Cuentos de amor, de locura y de
González Zeledón. muerte, Horacio Quiroga.

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Español 7. Antología literaria 5
Lectura
Magón
(1864-1936)
¿Quiere usted quedarse a comer?
Magón
Manuel González Zeledón, co-
nocido como Magón (acrónimo
de su nombre), fue un abogado,
periodista y escritor costarricense,
primo del poeta Aquileo J. Echeve-
rría. Nacido en una familia de clase
media, tuvo un acceso privilegiado
a la educación, que lo llevó a gra-
duarse de abogado y a desarrollar
su carrera diplomática.
Vivió cerca de 30 años en Estados
Unidos, de donde regresó poco
antes de morir.
Fue declarado Benemérito de la En aquellos dorados tiempos una invitación a comer, lanzada a quemarropa
Patria en 1953. El más importante por el jefe de la casa, siendo esta de medianas comodidades, era un verdadero
reconocimiento otorgado por el
motivo de turbación general que bien merece los honores de la descripción.
Estado costarricense en el campo
cultural lleva su nombre: el Premio Hoy los buenos hoteles y restaurantes son un enorme y seguro recurso del que
Nacional de Cultura Magón. en el año de gracia de 1876, hace veinte años, no se podía echar mano por
varias razones: la primera, porque no los había; la segunda… omito las demás.

—Bueno, pues me voy porque ya son las tres y media y…

—¡Pero hombre! ¿Cómo va usted a irse con semejante aguacero?

—Es que en casa me estarán…

—De ningún modo, quédese usted a comer con nosotros; aquí no hay más
que plátanos y picadillo, comida de pobre, pero siempre es bueno hacer
Vocabulario penitencia.

—Siento tanto molestarlos, pero…


KK a quemarropa: se dice de un
disparo hecho muy cerca de la —No es molestia; aquí, como en su casa. Permítame un momento, voy a
víctima. De modo brusco.
avisarle a Toribia.
KK año de gracia: año de la
era cristiana. —Pero que por mí no…
KK demudado: alterado, desfigurado. El convidado forzoso se quedaba solito en la sala contemplando los retratos
KK viernes de cuaresma: días en de los abuelos de su víctima, en tanto que el dueño de casa, todo demudado,
que la religión católica ordena a con cara de viernes de cuaresma, comunicaba la fatal noticia a su costilla,
sus fieles no comer carne.
con voz de confesionario.
KK su costilla: su esposa, por alusión
al relato bíblico en el cual Eva es —¡Toribia, don Esperidión se queda a comer!
creada a partir de una costilla de
Adán (Génesis 2: 21-22). —¡Ave María Purísima!
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6 Unidad 1 • Cuento
—¿Cómo querías que lo dejara ir con este aguacero?
Vocabulario
—¡Bueno, pues yo qué! Vos sabés que ña Chepa tiene muy fea cuchara y que
hoy es viernes y no hay olla. KK afloje el pollo: pague, contribu-
ya. Se emplea con la intención de
—Andá vos a ver qué preparan y date ligero, porque ya son casi las cuatro. solicitar dinero para comprar lo
—¡Pues hijito, afloje el pollo, a ver quién lo mete en camisa de once varas! que hace falta.
Hay que mandar a la pulpería a comprar fideos para la sopa, porque la que KK celes: verdes, sin madurar.
hay es de guineos celes, y traer siquiera un diez de pan, porque es muy feo KK un diez: moneda de diez centavos.
poner tortillas; además, no hay huevos y habrá que mandar por unas piecitas KK piecitas: dulce de leche que se
y zapotillos de donde las Fernández, porque ¡yo no me animo a darle a ese corta en triángulos o cuadros.
bendito señor el dulce de chiverre! KK zapotillos: dulces en forma de
—Yo no tengo más de estos diez reales. Vos ve a ver cómo te las componés, zapote, recubiertos de canela.
porque me da pena dejarlo solo en la sala y voy a acompañarlo. KK diez reales: cantidad que equi-
valía a 1,25 pesos de la época (el
—Entretenelo siquiera un buen rato. colón se estableció como mone-
da recién a finales de 1896).
Don Benigno volvía al lado de don Esperidión con la sonrisa en los labios,
KK el cólera: enfermedad infecciosa
en tanto que la pobre doña Toribia acudía presurosa a remediar el mal con
y contagiosa, común en la época.
más susto que si tuviera el cólera en la vecindad.
KK vido: vio (del verbo ver).
—Ña Chepa, tenemos convidado a comer a don Esperidión, ¡mire qué apuro! KK principio: alimento servido entre
¿Hizo las empanadas? la sopa y los postres, más o me-
nos similar al actual “plato fuerte”.
—Yo, ¿dónde? ¿Pos no vido que hoy casi no mandaron posta?
KK angú: puré de plátano verde,
—No me salga con eso, ña Chepa. ¿Y ahora qué hacemos? ¿De qué es sazonado con caldo y especias.
el principio? KK hombré: interjección de asombro.
—Pos angú. KK probe: pobre.

—¡Jesús, María y José!


—Idiái, ¿de qué…? ¿de qué quería que juera? No hay verduras, ayer se acabó
el repollo y yo se lo avisé esta mañana.
—Pero ña Chepa, caramba, podía haberme…
—¡Ahora sí que estamos galanos! ¡Hombré! ¡Eso faltaba! Yo no estoy nece-
sitada de estar prendida al fogón pa mantenerme; si lo hago, es por cariño a
don Benigno, pero tampoco pa que me venga usté…
—¡Uy! Pero cállese, ña Chepa, que la va a oír ese señor.
—Pos no me venga a echar la culpa de…
—Pero si yo no digo que usted tenga la culpa, ña Chepa… ¿Y le he dicho algo?
—No, es que uno porque es probe tiene que aguantar.
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Español 7. Antología literaria 7
—¿Pero yo en qué la he ofendido, ña Chepa? ¡Ve, ya se quemó el lomo!
Vocabulario
Un ruido semejante al de un chorrillo de agua cayendo de plano en una
KK pavesa: resto último de una vela laja, salía del fondo de una cazuela y un olor de pavesa de candela de sebo
o una candela. se esparcía por la cocina y pronto por toda la casa, yendo a poner en grave
KK jeme: distancia que abarcan el sobresalto al bueno de don Benigno.
pulgar y el índice, separados todo
lo posible. El percance se subsanaba con un poco de agua caliente y hacía olvidar el
pasajero choque de ama y cocinera. Esta, con una trompa de a jeme y aire
KK mercar: comprar.
altanero, se encaraba a su patrona.
KK rebozo: tipo de pañuelo usado
por las mujeres, que cubría la —Bueno, pues eche acá la plata pa ir a mercar lo que haiga que trer.
cabeza y los hombros.
KK atizar el fuego: avivar el fuego.
—¡Pero va volando! ¡Ya está aquí!
KK escuálida: muy escasa o pobre. La cocinera se encajaba el rebozo azulejo y salía escapada a hacer las com-
KK febriles: vigorosas, inquietas, pras, en tanto que doña Toribia, después de atizar el fuego y pasar revista a
activas, sin sosiego. la escuálida despensa emprendía la difícil tarea de poner la mesa.

Nuevos apuros y nuevos obstáculos que vencer: no había más que dos platos
hondos, una fuente un tanto resquebrajada, cuatro platitos de diferentes co-
lores y formas, solo una cucharita de estaño, amén de torcida y deslustrada,
los cuchillos mango de hueso, cachiflojos, el mantel con un parchón de caldo
de frijoles semejando el mapa de África y varios islotes y archipiélagos de
achiote y yema de huevo; servilletas ni una y vasos ni dos.

Ña Chepa llegaba ahogándose con las compras y tirando el rebocillo sobre


el cajón de la basura, se prevenía para hacer milagros.

—¡No se descobije, ña Chepita! Corra donde doña Mónica, la mujer de don


Sinesio Retana, y dígale que digo yo que si me hace el favor de prestarme cua-
tro platos hondos, dos cuchillos, tres vasos, tres servilletas y tres cucharitas,
qu’es que hoy se queda a comer don Esperidión, que yo se los cuido mucho
y que a la noche se los devuelvo. ¡No se le olvide nada, corra!

Volvía a salir ña Chepa como una exhalación y mientras tanto, la apurada doña
Toribia ponía los fideos y daba la primera mano a los platos complementarios.

Por fin llegaba ña Chepa con la mitad de lo pedido y con mil recomendaciones
de parte de la servicial doña Mónica de Retana, la que mandaba a recordar
que todavía no le habían devuelto el salero que les prestó el martes, ni el
hacha que les prestó el sábado.

Ama y criada, febriles y sudorosas, se multiplicaban y de sus torpes manos iban


brotando unos cuantos manjares de dudosa bondad y tristísima apariencia.

Don Benigno había ya agotado todo su arsenal de chistes, don Esperidión


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8 Unidad 1 • Cuento
pugnaba por atajar enormes bostezos, el aguacero no escampaba, y ya eran las
cinco y cuarto de la tarde cuando doña Toribia, previo un lavado de manos y Vocabulario
un arreglo ligero de las mechas del ahumado cabello, aparecía en la puerta de
KK chapas rojas: manchas redon-
la sala con una “pañueleta” sobre los hombros, un par de chapas rojas en las
das, rojizas, de maquillaje.
mejillas, los ojos llorosos a causa del humo y un trapillo amarrado al índice
KK los ojos llorosos a causa del
de la mano izquierda como vendaje de alguna reciente cortadura o quemadura.
humo: se trata del humo produ-
—¡Buenas tardes, don Esperidión! ¿Cómo está la niña Salomé? Dispense que cido por la cocina de leña.
no hubiera salido antes a saludarlo, pero… KK la de adentro: la empleada
doméstica.
—¿Cómo está, doña Toribia? Siento tanto haberla puesto en molestias, pero KK postemilla: apostema, acumula-
Benigno se empeñó y… ción de pus.
—No diga eso, ¿qué molestia va a ser? Usted es el que tendrá que dispensar; KK carrillo: cachete, mejilla.
pero, ¿quién iba a saber? Ayer se me fue la de adentro, a Uladislao lo tengo KK rayana en: cercana a, que se
con la cara hinchada y ña Chepa, la de los Anonos, que tengo ahora de coci- aproxima a.
nera, no sirve para nada. Pero véngase a comer que ya son casi las seis; ¡qué KK gótico: tipo de letra recargado,
temeridad, pobre don Esperidión, no sabe cuánto lo considero! lleno de adornos.
KK desfachatez: descaro,
Seguían excusas de don Esperidión, golpecitos en la espalda dados a este atrevimiento.
por don Benigno, a la vez que por encima del hombro dirigía una mirada a
KK rubicunda: rubia que tira a roja,
su mujer que quería decir: “¿Qué hubo?”, una mueca de aquella que signi- en alusión al color del barro sin
ficaba: “Se ha hecho lo posible”, y huésped y matrimonio se encaminaban pintar, tosco a la par de
al comedor, llevándose de paso a Uladisladito o Lalito, fruto de bendición, la porcelana.
de seis años de edad, soltero, escolar y de este vecindario, a quien aquejaba KK henchida: llena.
atroz postemilla y arrollaba las quijadas un gran pañuelo verde, dejando a KK postrera: la última leche que se
media luz el rojo y abultado carrillo. extrae de las ubres de la vaca,
con mayor contenido de grasa.
La mesa presentaba un aspecto pintoresco, mezcla de pobreza rayana en
miseria y de ostentación rayana en ridículo. Sobre el África del mantel y
KK cristal de Bohemia: vidrio fabri-
cado en la región de Bohemia
disimulando desde Nueva Guinea hasta el Mar Rojo, la bandeja llena de pan (en República Checa), con una
francés en rebanaditas transparentes; un salero ancho rebosando sal criolla tradición de varios siglos.
por sus bordes de vidrio fundido, cubría a medias uno de los archipiélagos,
en tanto que un río amarillo de huevo con afluentes de achiote iba a desem-
bocar debajo del plato sopero de don Benigno, ocultando su cauce entre las
servilletas y a la sombra de las cucharas.

Los platos llanos, con flores azules de loza ordinaria, se sentían humillados
por los hondos de fina porcelana, con orilla de oro y letrero gótico “Mónica de
Retana”, entre corona de laurel. En el centro lucía su desfachatez rubicunda
una tinajilla criolla sudando agua fresquísima de la que estaba henchida, y pa-
recía desafiar con los bracillos enroscados a un enorme vaso de postrera, color
de cielo con estrellas rojas, imitación de cristal de Bohemia, que ocultaba una
disimulada rajadura, volviendo la lesión hacia el puesto de Lalito.
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Español 7. Antología literaria 9
Ña Chepa, con las enaguas domingueras y un larguísimo delantal de mues-
Vocabulario tras, hacía veces de sirviente y dio principio a su tarea con la humeante sopa
de fideos de cuerda.
KK fideos de cuerda: tipo de pasta
alimenticia con forma de cuerda, Lalito abrió desmesuradamente los ojos, o mejor dicho el ojo del lado sano
muy usados en sopas (frente a y con voz chillona exclamó “¡Eh, fid…!”, cuando un pisotón diestramente
fideos de letras y otros).
dirigido por doña Toribia, le cortó el aliento, a la vez que su padre le tor-
KK un sí es no es: expresión que cía los ojos. Los fideos estaban un sí es no es duros y faltos de sal, aunque
significa ‘un tanto’, ‘algo’, ‘un poco’.
abundantes de soles de manteca amarillenta. Don Esperidión ya casi había
KK rechinado: recocinado. concluido de tragarse la sopa cuando ña Chepa le arrimaba al codo la fuente
KK engullía: tragaba la comida sin con el lomo en salsa de sebo rechinado, rodeado de papas color de herrum-
cuidado y sin masticar. bre. Un codazo del huésped hacía rodar una papa hasta la bandeja del pan,
KK lances: situaciones. dibujando un nuevo y caudaloso río, pero Lalito salvaba del océano a aquel
náufrago trasladándolo tranquilamente a su plato con la punta de los dedos.

—¡Chepa!

—Fue que…

—¿Qué es eso, Lalito, no se le ha dicho que…?

—¡No lo regañe, pobrecito!

El lomo no se dejaba cortar, cada fibra parecía un nervio y cada nervio pa-
recía una correa; las papas navegaban en el mar de sebo rojizo, hasta que un
esfuerzo heroico de don Benigno lograba desprender una tajada, que con
su correspondiente salsa y papa iba a dar al plato de don Esperidión, que se
entretenía en hacer bolitas de miga de pan.

El arroz llegó en plato hondo con su dorada costra.

—Mamá, deme costra de esa, decía Lalito, señalando con el labio inferior el
plato de arroz.

—¿Cómo se dice; ya se le olvidó?

—Hágame el favor, por vida suya, de darme costra.

Don Benigno tosía para atraer la atención de don Esperidión; doña Toribia
se mordía los labios y para calmar la tormenta servía costra a Lalito, quien la
recibía con la mano y la engullía con un ruido de máquina de picar piedra.

Iguales o parecidos lances ocasionaron un improvisado guiso de plátano ma-


duro con pedacitos de carne, un plato de tomates con masa y unas vainicas
envueltas en huevo.

—Coma de estos tomates.


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10 Unidad 1 • Cuento
—Gracias; señora, ya he comido mucho y estoy que reviento.
Vocabulario
—No sea así, si nada ha probado: el lomo lo dejó, no tomó casi nada de sopa y…
KK pescozón: golpe dado por lo
—Bueno, pues hágame el favor de servirme una cucharadita… ¡Basta!
general con la mano.
—Pero revuélvalos con arroz; y vea, estas vainicas no están tan feas… ¿le KK se esmorecía: se quedaba sin
pongo un barbudo? aliento debido a la risa.
KK destiladera: aparato de piedra
—Después, gracias. porosa que servía para filtrar el
agua en las casas y se montaba
Así concluía la primera parte de la comida.
en un armazón de madera.
Doña Toribia instaba a don Esperidión para que se tomara la postrera; este KK garúa: lluvia muy tenue.
se excusaba pretextando que no acostumbraba esa bebida; don Benigno y KK estrépito: ruido fuerte.
hasta Lalito hacían coro a doña Toribia y tanto comprometieron al huésped,
KK cataplasma: medicación que se
que por fin lo decidieron. aplica sobre la piel, para aliviar el
dolor o desinflamar.
Don Benigno alzó el brazo para alcanzar el consabido vaso, en tanto que
Lalito mostraba sus adelantos en el deletreo leyendo la inscripción del plato
en que se habían servido las piezas y zapotillos: “Mo… o… Mo, n… i… ni,
Moní… c… a… ca, Mónica”. Doña Toribia le dio otro pisotón y el chiquillo
separando rápidamente la mano dio en el codo de su padre, lanzando media
postrera sobre las barbas de don Esperidión. La confusión llegaba a su colmo.
El padre furibundo, arrimó un pescozón al chiquillo en la mejilla hinchada,
reventándole la postemilla. Don Esperidión se limpiaba tranquilamente los
pelos llenos de leche; Lalito ponía el grito en el cielo y doña Toribia, roja hasta
la punta del cabello, pedía mil perdones al bañado caballero; en tanto que ña
Chepa se esmorecía de risa agarrada al cajón de la destiladera.

A las siete de la noche, bajo una mediana garúa, salía don Esperidión de
aquella casa, lleno de achiote y manteca, con la corbata hecha un trapo y la
camisa empapada.

Don Benigno, que lo acompañaba hasta la puerta de la calle, con frases melosas
y sonrisas dulces, cerraba con estrépito y se dejaba caer desalentado en un sofá;
Lalito lloraba a moco tendido con una cataplasma de linaza en el cachete; doña
Toribia no volvía del susto, y ña Chepa, hartándose sentada en el quicio de la
cocina, con hipo y dolor de estómago, hacía lluvias de arroz que botaba por
entre los podridos dientes, a impulsos de una risa inacabable, cada vez que se
acordaba de las barbas llenas de postrera del infeliz don Esperidión.

La Patria, 1.º de marzo de 1896

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Español 7. Antología literaria 11
Análisis literario
FASE NATURAL
Resuelva las actividades con base en el texto leído.
1. Encierre la connotación más adecuada para la expresión destacada en cada recuadro.

… una invitación a comer,
a. indefensión de don Esperidión b. agresividad de don Benigno
lanzada a quemarropa…

–¡Toribia, don Esperidión se


queda a comer! a. expresión de religiosidad b. expresión de sorpresa o alarma
–¡Ave María Purísima!

… con cara de viernes de


a. gesto de seriedad b. gesto de piedad o devoción
cuaresma…

… fideos […] abundantes de


a. fideos apetitosos b. fideos con exceso de grasa
soles de manteca amarillenta.

… la engullía con un ruido de


a. mucha hambre b. ausencia de modales en la mesa
máquina de picar piedra…

2. Complete el cuadro con las características de los personajes. Guíese por el ejemplo.

Lugar en la organización de la casa Papel en las acciones


Estaba de paso por la casa. Tal vez es amigo de
Don Esperidión Es invitado a comer.
don Benigno.

Don Benigno Jefe de la casa. Esposo de doña Toribia. Realiza la invitación a comer.

Doña Toribia Señora de la casa. Organiza la comida.

Uladislao Hijo de don Benigno y doña Toribia. Participa en la cena con malos modales.

Ña Chepa Cocinera de la casa. Prepara la comida y hace mandados.

3. Comente las características de la condición socioeconómica de los personajes.


Matrimonio de clase media (tienen empleada y cocinera, viven en una casa “de
Don Benigno y doña Toribia medianas comodidades”). Intentan aparentar una mejor condición ante el invitado.

Don Esperidión Hombre de mayor estatus que el matrimonio (usa corbata y tal vez sea de clase alta).

Ña Chepa Mujer de condición humilde o “probe”, como dice ella.

a. ¿Con cuál de esos grupos considera usted que se identifica el narrador?


Respuesta tipo (R. T.): Se espera que el estudiante reconozca que el narrador se identifica con don Esperidión y
rechaza a los demás.
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12 Unidad 1 • Cuento
4. Elabore una lista de los platos servidos en la comida. Comente si los ha probado alguna vez.
Sopa de fideos, lomo en salsa de sebo con papas, pan, arroz, guiso de plátano maduro con pedacitos de carne, tomates
con masa (pipián), vainicas envueltas en huevo (barbudos), postrera (leche), piecitas y zapotillos.

5. Escriba una síntesis de las acciones del cuento.


Don Esperidión está de paso por la casa de don Benigno y doña Toribia, y debido a la lluvia torrencial, el “jefe de la casa”
se siente en la obligación de invitarlo a comer. El matrimonio tiene pocos recursos, pero trata de organizar una comida
que esté a la altura del invitado. Los platos salen mal y, al final, el hijo de ambos (Uladislao) comete una torpeza y vierte la
leche sobre la barba del invitado, para poner fin a una velada terrible.

6. Considere la siguiente información y responda a la pregunta.

En el siglo XIX se popularizó el costumbrismo literario (en España y en América), un género narrati-
vo que presenta situaciones diversas en las que se quiere retratar un pueblo: tanto su idiosincrasia
(su manera de ser propia) como sus costumbres, su modo de vida y otros aspectos. El cuadro de
costumbres es un tipo de texto costumbrista, en el cual las acciones son casi un pretexto para
presentar situaciones o personas típicas de una cultura, casi siempre, desde el humor o la burla,
o bien, desde la añoranza por tiempos idos.

a. ¿Cuáles elementos del cuadro de costumbres se aprecian en el cuento leído? Justifique utilizando
citas textuales.
R. T.: En el cuento se aprecia el interés del autor por resaltar la situación desde el humor o la burla, pero no desde
la nostalgia o la añoranza. El texto se puede clasificar como un cuadro de costumbres porque retrata la manera
de pensar de la gente común, los platillos que acostumbraba consumir, las relaciones sociales solían establecerse
(como la costumbre de pedir prestada la vajilla u otros utensilios) y el modo de actuar en la mesa.

7. Encierre el tema principal del cuento leído. Justifique su respuesta.

Las diferencias de clases sociales La importancia de la hospitalidad La cultura culinaria nacional

R. T.: Aunque el cuento presenta varias clases sociales en la escena, hace énfasis en la manera de planear, organizar y
ejecutar una comida en una casa de personas comunes de San José.

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Español 7. Antología literaria 13
FASE DE UBICACIÓN
Lea la información y resuelva las actividades.

Magón (1864-1936)
Época y lugar Estética e ideología
Magón vivió en la época de las reformas liberales (finales Los cuentos de Magón se enmarcan en el costumbrismo.
del siglo XIX e inicios del XX), las cuales establecieron la Su intención es entretener a los lectores al presentarles
separación entre la Iglesia y el Estado, por ejemplo, con la un mundo conocido (el San José de la época) bajo una
educación laica (fuera del control de la Iglesia). Se construyó luz de humor y nostalgia, sin que se presente una fuerte
el ferrocarril al Atlántico y el tranvía en San José, se redacta- crítica social. La cercanía al lector se refuerza por el uso
ron nuevas leyes y se promovieron los hábitos de higiene de un narrador en primera persona, que coincide a me-
(como bañarse todos los días) y de utilización racional del nudo con el autor. A diferencia del cuento policial (como
tiempo. Se desarrolló el periodismo nacional, que abrió las Edgar Allan Poe), en el cual las acciones son esenciales
puertas para autores como Magón. Las ciudades crecieron, y mueven la narración, en Magón, la descripción ocupa
la vida urbana cobró mayor importancia, se inauguraron un lugar de privilegio, tanto referida a tipos sociales (el
teatros y se construyeron parques como el Morazán y el gamonal, la cocinera y el campesino, entre otros) como a
de La Merced. Los políticos responsables de las reformas costumbres, lugares, actividades (el comercio del cacao,
liberales se conocen como Generación del Olimpo, porque el procesamiento del café), utensilios, comidas…
pertenecían a una élite económica y política y actuaban
Obra
con arrogancia, como los dioses del Olimpo griego. A pesar
de sus ideas liberales (que implican la libertad individual y Un gran número de los cuentos más conocidos de Magón
empresarial), defendían un modelo de sociedad patriarcal, se publicaron entre 1895 y 1896, en la prensa nacional;
que garantizara sus privilegios adquiridos y les permitiera por lo general, en las ediciones de los domingos. Muchos
ejercer el poder de manera paternalista, pero autoritaria. de sus cuentos presentan escenas cotidianas, como “Un
En lo literario también hay una Generación del Olimpo, a la baño en la presa”, “Un día de mercado en la plaza princi-
que pertenece Magón, que asume los ideales políticos de pal”, “Un almuerzo campestre”, “Una vela” o “Unos novios”.
los liberales, aunque al mismo tiempo muestra nostalgia Muy pocos textos tienen tema histórico, como los “Episo-
del pasado campesino. dios nacionales 1885”.

8. Explique qué papel juega la descripción en “¿Quiere usted quedarse a comer?”.


Se describen los productos y los procesos de la cocina, desde un punto de vista burlón, así como para presentar, también
con una óptica ridiculizante, tres tipos sociales: el niño, la cocinera y el ama de casa.

9. Comente las costumbres de la familia desde el punto de vista de los hábitos de higiene impulsados en el
periodo liberal.
La familia representada es un ejemplo de la necesidad de difundir los hábitos de higiene entre la población de la época.
El autor menciona algunos ejemplos, como la suciedad del mantel, la ausencia de una vajilla adecuada, los hábitos al
comer y el lamentable estado de la dentadura de la cocinera. También se menciona que Toribia se lava las manos antes
de saludar al invitado, lo que da señales de que los hábitos de higiene se iban incorporando poco a poco.
10. Explique las diferencias de contexto explicadas por el autor entre la época del relato y el momento en que
él escribe.
El autor explica que en 1876 (época del relato) no existían hoteles ni restaurantes en los que encargar comida, a
diferencia del momento en que escribe, 20 años después.
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14 Unidad 1 • Cuento
FASE ANALÍTICA
Paratexto
11. Responda las siguientes preguntas.
a. ¿Con cuál intención del hablante se asocia el título del cuento?

Oración exclamativa Oración interrogativa Oración imperativa

b. ¿Qué efecto cree que tiene en el lector esta manera de redactar el título? ¿A quién se dirige?
Al redactar el título por medio de una pregunta, el lector es colocado en el lugar de la persona que recibe la invitación
a comer. Esto posiblemente ayuda a que el lector experimente por sí mismo la incomodidad de don Esperidión.

c. ¿Qué cambiaría si en el título se empleara el pronombre “vos” en lugar de “usted”?


Ese cambio convertiría la situación de formal a informal, lo cual correspondería a un invitado de menor categoría que
don Esperidión, y seguramente la situación no sería tan ridícula.

Cotexto
12. Anote “sí” o “no” delante de cada afirmación, de acuerdo con la lectura de “¿Quiere usted quedarse a comer?”.

No El personaje principal evoluciona o se transforma notablemente.


No Hay cambios importantes en el lugar en el cual transcurren las acciones.
Sí Existe un conflicto o problema que se resuelve al final.
No Los acontecimientos narrados abarcan un gran espacio de tiempo.

13. Con base en la actividad anterior, marque con el aspecto más importante en el desarrollo del cuento.

Los personajes El espacio



El tiempo Las acciones

a. Justifique su respuesta.
El elemento principal del cuento es la invitación a comer, que se vuelve un problema desde que se inicia, debido a
la ausencia de condiciones de la casa para recibir al huésped. El conflicto se resuelve en un verdadero desastre, pues
además de la mala calidad de la comida, el invitado resultó bañado en leche y sucio.

14. Determine si el cuento puede ser clasificado como realista (similitud al mundo real), maravilloso (explicación
sobrenatural) o fantástico (sin explicación realista ni maravillosa).
El cuento leído es realista.

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Español 7. Antología literaria 15
15. Describa la manera en que se refiere el narrador a los tres personajes femeninos, tanto por el nombre de cada
una como por la fórmula de tratamiento.

doña Mónica de Retana Es presentada con la forma de tratamiento “doña”, su nombre completo y el apellido de
su esposo, según la norma de la época de introducirlo mediante la preposición “de”.

doña Toribia Es descrita por su nombre de pila a secas y la palabra “doña”. No se informa de su apellido

ni es presentada con el apellido de su esposo, el cual no se conoce.

ña Chepa Es presentada con la fórmula “ña” (acortamiento de “doña”) y un sustituto más breve de

su nombre de pila (“Chepa” es el hipocorístico de “Josefa”).

a. A partir de las descripciones de las tres mujeres, comente la visión del narrador sobre el papel que cumple
cada una de ellas en la sociedad.
R. T.: Entre las tres mujeres, se establece una clara distinción de su condición social y económica, así como del lugar
que ocupan en la sociedad. De “doña Mónica de Retana” se sabe el apellido de su esposo, lo cual hace pensar que es
un personaje prominente de la sociedad josefina. Asimismo, tanto en su caso como en el de “doña Toribia”, se emplea
la fórmula de tratamiento completa. En cambio, para la cocinera solo se usa un acortamiento de esa fórmula (“ña”),
lo cual da a entender que es mucho peor valorada en la sociedad y también desde el punto de vista del narrador. Su
nombre tampoco se presenta completo, sino con un hipocorístico (un tipo de acortamiento).

16. Copie las expresiones usadas por el narrador para describir la mesa y el mantel de la casa:

el mantel “… con un parchón de caldo de frijoles semejando el mapa de África y varios islotes y archipiélagos

de achiote y yema de huevo”.

la mesa
Presenta “un aspecto pintoresco, mezcla de pobreza rayana en miseria y de ostentación rayana
en ridículo”.

a. A partir de las expresiones copiadas, comente la opinión del narrador acerca de las condiciones del hogar
de don Benigno y doña Toribia para la invitación a comer.
R. T.: El narrador usa expresiones para ridiculizar el mantel (la comparación con el mapa de África y otras partes del
mundo). La manera de describir la mesa también tiene la intención de ridiculizar, y de hecho lo dice explícitamente:
se entiende que la ostentación del matrimonio era tan pobre y tan miserable que resultaba ridícula, en lugar del lujo
que pretendía aparentar.

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16 Unidad 1 • Cuento
17. Lea nuevamente las descripciones de la tinaja de agua y los platos:

“Los platos llanos […] se sentían humillados “… una tinajilla criolla […] parecía desafiar con los bracillos
por los hondos de fina porcelana…”. enroscados a un enorme vaso de postrera…”.

a. Determine la figura literaria presente en ambos casos. Justifique su respuesta.


Se emplea la personificación. Tanto el sentir humillación como el poseer brazos y tener actitud desafiante
constituyen rasgos humanos atribuidos a objetos.

b. Comente el efecto que tiene esa figura literaria en la obra.


R. T.: Se espera que los estudiantes identifiquen que las personificaciones aumentan el sentido burlón del texto hacia
la clase social del matrimonio y su actitud de querer aparentar lo que no son. En ese sentido, los objetos representan
actitudes de las personas, tanto la humillación como la actitud ridículamente desafiante.

18. Analice el tipo de lenguaje usado por el ama de casa y por la cocinera.

Expresiones de “doña Toribia” (ama de casa) Expresiones de “ña Chepa” (cocinera)


“¡Buenas tardes, don Esperidión! ¿Cómo está la
“Bueno, pues eche acá la plata pa ir a mercar lo que
niña Salomé? Dispense que no hubiera salido
haiga que trer”.
antes a saludarlo…”.
“Idiái, ¿de qué…?, ¿de qué quería que juera?”.
“¿Pero yo en qué la he ofendido, ña Chepa?”.

a. ¿Qué caracteriza cada tipo de lenguaje? ¿Qué intención cree que tenía el autor al hacer esto?
R. T.: Se espera que el estudiante reconozca que en el lenguaje de la cocinera aparecen marcados lo que el autor
considera errores de lenguaje o formas subestándar, de menos prestigio: “mercar” (por “comprar”), “haiga” (por “haya”),
“trer” (por “traer”) y “juera” (por “fuera”). La intención del autor es hacer aparecer a la cocinera como una persona
ignorante, sin educación formal o incapaz de insertarse en la sociedad. El ama de casa emplea un lenguaje estándar.
En este caso lo que el autor pretende es evidenciar las clases sociales por medio del uso del lenguaje.
19. Marque con cuál de las siguientes palabras describe la actitud del narrador hacia el matrimonio:

Serio Indiferente Burlón Polémico

20. Considere la siguiente información sobre la sátira y responda a la pregunta.

La sátira es un género literario surgido en la Antigüedad grecolatina. Se caracteriza por su inten-


ción de criticar y ridiculizar a alguien o a algo. Se puede encontrar tanto en verso como en prosa.

a. ¿Considera que el cuento leído corresponde a una sátira? Explique.


R. T.: Se espera que el estudiante reconozca la intención fundamental del texto de ridiculizar al matrimonio de don
Benigno y doña Toribia por su intención de aparentar lo que no son.
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Español 7. Antología literaria 17
Estructuras de mediación
21. Considere la siguiente información:

En 1832, el escritor Mariano José de Larra publicó en El Pobrecito Hablador. Revista Satírica de Costum-
bres, en Madrid, “El castellano viejo”, un relato que narra la invitación a comer que hace un funcionario
de poca monta (el “castellano viejo”) al narrador. La invitación es aceptada a la fuerza, y la comida
transcurre llena de incidentes: varios de los platos servidos están ahumados o quemados; un niño tira
una aceituna que va a parar al ojo del narrador; un invitado tira un pollo sobre el mantel; la camisa del
narrador termina bañada en caldo, y otro invitado derrama el vino sobre la mesa.

a. Comente si “El castellano viejo” puede considerarse un intertexto de “¿Quiere usted quedarse a comer?”.
R. T.: Se espera que el estudiante reconozca que el cuento de Larra es un intertexto del de Magón. La idea básica
es similar: un matrimonio de clase media, que aspira a representar algo más, realiza una invitación a comer. Magón
tiene el mérito de actualizar el tema y transportarlo a un contexto completamente nuevo.

22. Marque con los discursos con los cuales se relaciona el cuento.

Discurso literario Discurso filosófico Discurso religioso

Discurso político Discurso médico Discurso educativo

a. Justifique su respuesta. Use al menos una cita del texto.


– El discurso literario aparece representado en dos elementos: a) el lenguaje de la sátira, que tiene una gran
tradición en Occidente, b) el costumbrismo, que es el marco general del texto.
– El discurso médico de la época aparece en las referencias a la “postemilla” de Lalito y el cataplasma que le fue aplicado.
– El discurso religioso está muy presente en la manera de hablar de los personajes y del narrador; por ejemplo: “con
cara de viernes de cuaresma”, “con voz de confesionario” y “¡Ave María Purísima!”.

23. Copie las frases con las que se describe el aspecto de doña Toribia cuando sale de la cocina a saludar al invitado.

el cabello las mechas del ahumado cabello

el maquillaje un par de chapas rojas en las mejillas

a. Comente la perspectiva hacia las mujeres que implica la descripción anterior, frente a la total ausencia de
detalles del aspecto o la ropa de don Benigno, su esposo. ¿Qué puede generar esta diferencia en el lector?
En el caso de la señora, el narrador ahonda en su aspecto desde un punto de vista desconsiderado y humillante,
pues se refiere a su cabello como “mechas”, y describe su maquillaje como “chapas rojas”. En el caso del esposo, no se
dice si va bien o mal vestido, ni se ridiculiza su aspecto.

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18 Unidad 1 • Cuento
24. Analice el lenguaje usado por el autor para describir a los miembros del matrimonio. Conteste las preguntas.

Don Benigno: “el jefe de la casa” Doña Toribia: “su costilla” (de don Benigno)

a. ¿Cuál es el papel del hombre y el de la mujer en la casa, según los términos anteriores?
R. T.: Se espera que el estudiante resalte el carácter subordinado de la mujer en el hogar mostrado en el cuento, y el
papel del hombre como quien detenta la autoridad o el poder.

b. ¿Qué tipo de sistema social corresponde al orden anterior? ¿Qué vigencia tiene ese sistema hoy?
R. T.: El sistema es patriarcal y machista. Se espera que el estudiante brinde sus propias observaciones sobre la
vigencia de ese sistema hoy.

Contexto
25. Analice los siguientes elementos del contexto del siglo XIX.

Hacia 1870, las ciudades en Costa Rica apenas em- Las normas de higiene que hoy conside-
pezaban su expansión. Apenas en 1889 se inauguró ramos básicas estaban poco extendidas a
el teatro Variedades y se construyó el tranvía. finales del siglo XIX.

a. Relacione la información anterior con el mundo representado en el cuento “¿Quiere usted quedarse
a comer?”.
R. T.: Se espera que el estudiante identifique la crítica de Magón, en 1896, a las costumbres de 20 años atrás y al pobre
desarrollo de la ciudad (sin restaurantes ni hoteles), así como a la ausencia de normas de higiene y orden en las casas.

FASE EXPLICATIVA E INTERPRETATIVA


26. Marque cuáles valores o antivalores describen la visión del narrador.

Aprecio por la cultura popular

Aprecio por la cultura elitista

Respeto por la niñez

27. Comente las características de la sociedad representada en el cuento a partir de la visión del narrador.
Se trata de una sociedad en la cual el papel de cada clase está bien definido (clases alta, media y baja), así como el papel
de cada cual en la familia (dominio del hombre y subordinación del niño y de la mujer).

28. Comente sobre cuáles reacciones puede provocar el cuento en sus lectores, tanto positivas como negativas.
Respuesta libre (R. L.)

29. Elabore un texto de 200 palabras, como máximo, en el cual resuma el resultado de las cuatro fases de su
análisis. Trabaje en hojas aparte. R. L.
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Español 7. Antología literaria 19
Lectura
Edgar Allan Poe
(1809-1849)
El corazón delator
Edgar Allan Poe
Nació en Boston, al norte de Esta-
dos Unidos, aunque su familia era
sureña. En 1835, se casó con su pri-
ma Virginia Clemm, quien contaba
entonces con 14 años. Se ganó la
vida haciendo trabajos periodísti-
cos de diverso tipo, pero murió en
medio de la pobreza, poco des-
pués de su esposa. Es considerado
entre los fundadores del cuento
policial y del cuento de terror.

¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso.


Pero ¿por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudi-
zado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más
agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas
cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y
Vocabulario observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.

Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera


KK delator: quien revela un delito
a las autoridades, mostrando al
vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún
autor para que sea castigado. propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había
KK había agudizado mis sentidos:
hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece
había hecho mis sentidos más que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo
eficientes o agudos. celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la
KK embotarlos: hacerlos menos sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al
eficientes o menos agudos. viejo y librarme de aquel ojo para siempre.
KK buitre: ave cazadora que se ali- Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben
menta de animales muertos. En
sentido figurado, puede connotar nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con
a una persona que fomenta la qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué di-
desgracia de otra. simulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana
KK velado: cubierto como con antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte
un velo. de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura
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20 Unidad 1 • Cuento
era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, ce-
rrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras Vocabulario
ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente
KK cautelosamente: con precau-
pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no
ción, cuidado o cautela.
perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir com-
KK mal de ojo: influjo maligno que,
pletamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su
según se cree supersticiosamen-
cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, te, puede una persona ejercer
cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna sobre otra mirándola de cierta
cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo manera, y con particularidad
la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que sobre los niños.
un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete KK sagacidad: astucia, prudencia.
largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, KK la pez: sustancia resinosa de
y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me color muy oscuro derivada del
irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba alquitrán que se utiliza para pe-
gar las junturas de las maderas
sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su
en un barco.
nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven
ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que
todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.

Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir
la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se mo-
vía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis
facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo.
¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera
soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante
esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama,
como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no.
Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente
las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir
la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.

Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar


resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:

—¿Quién está ahí?

Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un
solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama.
Seguía sentado, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche,
mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.

Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No
expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo

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Español 7. Antología literaria 21
del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas
Vocabulario noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi
pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían.
KK hasta el tuétano: profundamen-
te, hasta el centro de los huesos.
Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le
tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que ha-
KK haz de luz: conjunto de rayos
bía estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama.
luminosos.
Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo.
Pensaba: “No es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió
una sola vez”. Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero
todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado
a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de
aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir —aunque no podía
verla ni oírla—, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.

Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que
volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en
la linterna.

Así lo hice —no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmen-
so cuidado—, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña,
brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.

Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras


lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible
tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del
cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz
de luz exactamente hacia el punto maldito.

¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es solo una
excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un
resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en
algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del
viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula
el coraje de un soldado.

Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sos-


tenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda
la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del
corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuer-
te, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada
vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho
que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio
de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquel me llenó de un
horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y

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22 Unidad 1 • Cuento
permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me
pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó Vocabulario
de mí... ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había
KK descuartizar: dividir un cuerpo
sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la en pedazos.
habitación. El viejo clamó una vez... nada más que una vez. Me bastó un
KK cuba: balde
segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí
alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios KK campaña: el campo, la campiña.
minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me
preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por
fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver.
Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón
y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba
bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.

Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les des-
criba las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche
avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante
todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.

Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en
el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo
humano —ni siquiera el suyo— habría podido advertir la menor diferencia.
No había nada que lavar... ninguna mancha... ningún rastro de sangre. Yo
era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo... ¡ja, ja!

Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía
tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas
de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranqui-
lidad, pues ¿qué podía temer ahora?

Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de


policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se
sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto
de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.

Sonreí, pues... ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les ex-
pliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber
que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer
la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé
conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos
y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias
traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de
su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba
mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.

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Español 7. Antología literaria 23
Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por
Vocabulario mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas
comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato,
KK zumbido: sonido continuo
y molesto, como el que se
empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la
produce a veces dentro de los cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban
mismos oídos. sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era
KK vehemencia: intensidad, pasión. cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación,
pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara... hasta que,
KK gesticulaciones: movimientos
de los brazos, las piernas y la cara al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.
que expresan emociones; gestos.
Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente
KK sobrepujaba: sobrepasaba, soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y qué
superaba.
podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso... un sonido como el
KK escarnio: burla hecha con el pro- que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de re-
pósito de humillar u ofender.
cobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con
mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me
puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas
gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban?
Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de
aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente.
¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije...
juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las
tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar.
¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando
plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no!
¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi
horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferi-
ble a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio!
¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que
gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte...
más fuerte... más fuerte!

—¡Basta ya de fingir, malvados! —aullé—. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten


esos tablones! ¡Ahí... ahí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!

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24 Unidad 1 • Cuento
Análisis literario
FASE NATURAL
Resuelva las actividades con base en el texto leído.
1. Marque con las connotaciones que adquieren los siguientes términos en el texto leído.

ojo de buitre vigilancia sabiduría animalidad


mal de ojo enfermedad superstición prejuicio
violentas gesticulaciones miedo cansancio enojo
latido del corazón culpa remordimiento paso del tiempo

2. Describa la casa en la cual transcurren las acciones.


R. T.: La casa es de madera, con el piso también de madera y aparentemente vieja, dado que las bisagras crujen.

3. Complete el cuadro con las características de los personajes.

Aspectos físicos Aspectos de carácter

Hombre joven, con fuerza suficiente para Muy nervioso, probablemente loco,
Personaje principal descuartizar un cadáver. Tiene sus sentidos supersticioso. Es sumamente cuidadoso en la
agudizados en extremo. ejecución de sus planes.

Temeroso de los ladrones y otros peligros.


Adulto mayor, débil. Al parecer tiene
Anciano Es buena persona (en relación con el
cataratas en los ojos.
protagonista).

Hombres uniformados. No se mencionan


Policías Se comportan “civilmente”, no son violentos.
más detalles.

4. Sintetice, usando citas del texto, la manera en que el personaje explica su estado mental.
El personaje explica que siempre ha sufrido de una enfermedad mental, siempre ha sido “muy nervioso, terriblemente
nervioso”. Sin embargo, aclara que ese aspecto de su personalidad no tiene ninguna relación con la locura, pues él no
está loco. Esto lo explica a partir de cómo cuenta su historia, “con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad…”, y por la
manera tan cuidadosa en que llevó a cabo su plan de asesinato: “¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo?”.

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Español 7. Antología literaria 25
5. Resuma el plan elaborado por el protagonista para asesinar al anciano.
El plan del personaje consiste en ser más amable que de costumbre con el anciano, durante el día. Entretanto, por la
noche, entra a la habitación del anciano con una gran cautela, tomándose hasta una hora para abrir la puerta sin hacer el
menor ruido. Durante la octava noche, lo mata.

6. Copie las citas del texto en las que se explican las dos ideas que se apoderan de la mente del protagonista
al inicio de la historia y al final.

Al inicio del cuento (móvil del crimen) Al final del cuento (confesión)
“Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez “El zumbido se hizo más intenso; seguía

que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. resonando y era cada vez más intenso. Hablé en

Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui voz muy alta para librarme de esa sensación, pero
decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez

ojo para siempre”. más clara... ”.

7. Numere los acontecimientos en la secuencia apropiada.

5 El personaje explica que él gritó durante una pesadilla, y que el anciano está de viaje.

8 El protagonista no soporta más el zumbido y confiesa su crimen.

2 El narrador vigila al anciano por una semana, y finalmente lo asesina.

6 Los policías se sientan a charlar animadamente con el personaje principal.

4 La policía llega a investigar a la casa, alertada por un vecino, quien escuchó un grito.

7 El protagonista escucha el sonido del corazón del anciano asesinado, cada vez más fuerte.

1 El narrador explica cómo le vino la idea de asesinar al anciano.

3 El asesino descuartiza el cadáver y lo esconde debajo del piso de la habitación.

8. Encierre el tema principal del cuento leído. Justifique su respuesta.

El crimen perfecto Lo sobrenatural La locura La violencia


R. L.

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26 Unidad 1 • Cuento
FASE DE UBICACIÓN
Lea la información y resuelva las actividades

Edgar Allan Poe (1809-1849)


Época y lugar Estética e ideología
Junto con escritores como Herman Melville (novelista) Poe consideraba que la belleza contenía un elemento in-
y Emily Dickinson (poeta), Poe pertenece al periodo eludible de extrañeza y misterio. Su escritura sigue este
romántico de Estados Unidos. La narrativa romántica principio y presenta historias pobladas con personajes
de ese periodo se caracteriza por presentar personajes condenados, individualistas, y a menudo aristócratas de
que viven dramas individuales, a menudo solitarios y costumbres peculiares. Estos personajes tienen proble-
perseguidos, como el capitán Ahab en Moby-Dick (de mas serios de socialización y habitan en escenarios como
Melville). Los grandes personajes de la época carecen de casas antiguas o castillos recargados de adornos y corti-
relaciones sociales y familiares sólidas y forjan su destino najes, lejos de la sociedad y de las multitudes.
en soledad. La escritura romántica se opone a las expli-
Obra
caciones racionales de la actuación de los personajes y
a la descripción detallada y minuciosa propia del rea- Escribió mas de 60 cuentos, algunos de los cuales están
lismo literario. Por ese motivo, los autores del periodo entre los mejores del género en el mundo. Su producción
exploran la relación entre el arte y la locura. Además, abarca los siguientes temas generales: 1) lo sobrenatural,
en el siglo XIX empieza a considerarse la locura como como “La caída de la casa Usher”; 2) la exploración de la
una enfermedad mental —es la época del nacimiento mente, como “El impulso de lo perverso”; 3) lo científi-
de la psiquiatría como disciplina médica—, por lo que co, como “Descenso en el Maelström”, y 4) el poder de la
la literatura romántica dialoga frecuentemente con la razón, como “Los crímenes en la calle Morgue”. Este último
medicina en relación con ese tema. es, precisamente, uno de los primeros cuentos policiales
de la literatura occidental.

9. Mencione algunas características del periodo romántico de la literatura estadounidense. Refiérase a los temas
preferidos y al tipo de personajes.
La literatura del periodo romántico rechaza las explicaciones racionales de los acontecimientos y evita las descripciones
realistas. Se hace énfasis en la individualidad de los personajes, seres atormentados y solos.

10. Comente si las características generales de la estética de E. A. Poe se reflejan en “El corazón delator”. Use, al
menos, una cita del texto que lo respalde.
En el cuento leído, el personaje principal corresponde al tipo individualista y condenado de la estética de Poe, si bien
no se trata de un aristócrata. El cuento refleja su dificultad de socialización, incapaz de soportar la mirada del anciano. El
ambiente de misterio de la situación se aprecia en la enorme extrañeza del móvil del crimen: “Quería mucho al viejo. […]
Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue!”.

11. Explique dentro de cuál tema general de la obra de Poe se puede clasificar “El corazón delator”. Justifique.
El cuento se puede clasificar en el grupo 2: la exploración de la mente. Esta es mostrada con un carácter paradójico, pues
contrasta la manera en que el personaje intenta justificar que no está loco y el modo en que actúa.

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Español 7. Antología literaria 27
FASE ANALÍTICA
Paratexto
12. Responda las siguientes preguntas.
a. ¿Con cuáles términos se puede asociar la palabra “delator” en el título del cuento?

El miedo La traición El delito El perdón

b. ¿En el título “El corazón delator”, el sustantivo “corazón” aparece en un papel activo o pasivo? Explique.
Aparece en un papel activo, como el elemento que lleva a cabo la acción de delatar.

c. ¿Qué cree que significa el título “El corazón delator”?


R. T.: Se espera que el estudiante interprete que el título hace énfasis en el corazón como agente activo, y el asesino
como si fuera un actor pasivo, sin control sobre sus actos.

Cotexto
13. Anote “sí” o “no” delante de cada afirmación, de acuerdo con la lectura de “El corazón delator”.
No El personaje principal evoluciona o se transforma notablemente.
No Hay cambios importantes en el lugar en el cual transcurren las acciones.
Sí Existe un conflicto o problema alrededor del cual giran las acciones.
No Los acontecimientos narrados abarcan un gran espacio de tiempo.

14. Con base en la actividad anterior, marque con el aspecto más importante en el desarrollo del cuento.

Los personajes El tiempo El espacio Las acciones

a. Justifique su respuesta.
El elemento principal de las acciones es el conflicto del personaje con el anciano, debido al miedo que le provoca su
ojo. Este conflicto tiene como desenlace el crimen y la posterior confesión.

15. Determine si el cuento puede ser clasificado como realista (similitud al mundo real), maravilloso (explicación
sobrenatural) o fantástico (sin explicación realista ni maravillosa).
El cuento se puede clasificar como realista, debido a que las acciones reciben una explicación verosímil o racional: la
locura del personaje.

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28 Unidad 1 • Cuento
16. Determine la figura literaria empleada en el título del cuento.
Se trata de una personificación, al atribuir a un órgano la capacidad y la intención de delatar.

a. Explique qué efecto tiene el uso de esa figura literaria.


En el final del cuento, el personaje confiesa su crimen debido a su remordimiento. Al usar la personificación, esa
confesión aparece como provocada por un elemento externo al narrador (el corazón), con lo cual se hace más
intenso el efecto de alienación o locura del personaje.

17. Cite al menos cuatro expresiones en las que el narrador se dirige directamente a sus lectores.
¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? / Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad
les cuento mi historia. / ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! / ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente
como yo?

a. Explique qué quiere lograr el narrador, en sus lectores, con esas expresiones.
El narrador tiene la intención de convencer a los lectores de que no está loco. Constantemente llama su atención
sobre detalles que, según él, prueban su tesis.

18. Considere la actitud del narrador de enfocarse en partes específicas del cuerpo del anciano (el ojo y el co-
razón) en lugar de considerarlo de manera más integral, como ser humano. ¿Qué efecto cree que tiene esto
en los lectores?
Al enfocarse en partes específicas del cuerpo del anciano, en lugar de hablar de él de manera más integral (por ejemplo,
como compañero de vivienda, entre otras posibilidades), lo deshumaniza, lo trata más como un objeto que como una
persona. En ese sentido, el narrador rebaja la dignidad humana del anciano.

19. Complete los enunciados con la percepción que tiene el narrador sobre los policías en dos momentos
del cuento.
a. Cuando los policías llegan, el narrador los percibe como personas correctas, tranquilas e incluso amables.

b. Al final del cuento, el narrador percibe a los policías como personas burlonas, engañosas, que fingen no
darse cuenta de lo que está pasando para hacer escarnio del asesino.

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Español 7. Antología literaria 29
Estructuras de mediación
20. Marque con los discursos con los cuales se relaciona el cuento.

Discurso médico Discurso religioso Discurso educativo



Discurso artístico Discurso de la superstición Discurso psiquiátrico

a. Justifique su respuesta. Use al menos una cita del texto.


El discurso médico y psiquiátrico aparece en las expresiones acerca del mal que aqueja al personaje: “Siempre he
sido nervioso, muy nervioso…”; “¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es solo una excesiva
agudeza de los sentidos?”.
El discurso de la superstición aparece en relación con el ojo: “… porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal
de ojo…”.

21. Complete el cuadro acerca de las expresiones con las cuales se refiere el narrador al adulto mayor en el cuento.

Expresiones usadas por el narrador Valores del narrador en relación


para referirse al adulto mayor con el adulto mayor
Quería mucho al viejo. / Tenía un ojo semejante al de El narrador tiene sentimientos ambiguos sobre el
un buitre. […] Cada vez que lo clavaba en mí se me anciano. Dice quererlo, pero al mismo tiempo le tiene
helaba la sangre. / Comprendí lo que estaba sintiendo un gran temor y quizás hasta odio.
el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de
mi corazón.

a. ¿Qué puede inferirse, a partir de lo anterior, de la actitud del narrador hacia las personas mayores?
El personaje parece tener un rechazo hacia las personas mayores, debido a que nunca se refiere al anciano por su
nombre, además de que lo compara con un animal como un buitre, que tienen connotaciones negativas. También
rechaza una enfermedad típica de las personas mayores, como las cataratas en los ojos.

22. Marque con la descripción más adecuada de la relación entre el narrador y el anciano, con base en la in-
formación aportada por el texto.

Amistad Parentesco Otra no especificada

a. Analice el efecto en los lectores de que se informe de esa manera acerca de dicha relación.
En el cuento resulta extraño que no se explique la relación existente entre dos personas que comparten el mismo
techo. Los lectores pueden percibir que el vínculo social entre ellos aparece como algo débil, a lo que no se da
mucha importancia ni es valorado adecuadamente.

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30 Unidad 1 • Cuento
23. Considere que la “Muerte” aparece en “El corazón delator” como un símbolo, más que como un personaje
real. Resuma el papel que tiene en el desarrollo de las acciones.
La Muerte aparece como una sombra que cae sobre el anciano cuando su destino ya está decidido en manos del
narrador. Es una figura parecida al “destino”.

Contexto
24. Analice los siguientes elementos del contexto del siglo XIX.

En el siglo XIX surge la psiquiatría como especiali- En el siglo XIX se da una ola de inmigración
dad médica y se expanden rápidamente los asilos en Estados Unidos. La sociedad cambia y la
en el mundo occidental. vida comunitaria es poco estable.

a. Relacione la información anterior con el mundo representado en el cuento “El corazón delator”.
El cuento representa la inestabilidad social propia de Estados Unidos en el siglo XIX. Además el personaje cuestiona
a la psiquiatría, dando a entender que esa disciplina no sabe en realidad en qué consiste la locura.

FASE EXPLICATIVA E INTERPRETATIVA


25. Marque cuáles valores o antivalores describen la visión del narrador.

Aprecio por la vida en familia Desprecio por los adultos mayores

Individualismo Odio contra los médicos

Temor ante las autoridades Fobia o miedo social

26. Comente las características de la sociedad representada en el cuento a partir de la visión del narrador.
La sociedad representada por el cuento es un espacio en el cual las relaciones sociales son muy débiles e inestables, y las
personas viven aisladas e incomunicadas.

27. Comente sobre cuáles reacciones puede provocar “El corazón delator” en sus lectores, tanto positivas
como negativas.
El cuento puede provocar rechazo en los lectores por las acciones del protagonista. También puede generar
conmiseración por el anciano, como víctima de un crimen, y por el narrador, como víctima de una enfermedad mental o
de locura.

28. Elabore un texto de 200 palabras, como máximo, en el cual resuma el resultado de las cuatro fases de su
análisis. Trabaje en hojas aparte. R. L.

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Español 7. Antología literaria 31
Lectura
Horacio Quiroga
(1878-1937)
El almohadón de plumas
Horacio Quiroga
Horacio Quiroga es considerado
uno de los mayores cuentistas
latinoamericanos. Su obra se sitúa
entre la declinación del modernis-
mo y la emergencia de las van-
guardias. Su vida estuvo marcada
por trágicos eventos. Su primera
esposa —con la que se fue a vivir a
la selva de Misiones (norte argenti-
no) y tuvo dos hijos— se suicidó en
1915. Quiroga se trasladó a Buenos
Aires, y al poco tiempo empezó
a obtener reconocimiento por su
trabajo literario. Volvió a vivir a la
selva de Misiones en dos ocasiones
más. Enfermó de cáncer de prósta-
ta, y esto lo llevó a cometer suicidio
a los 58 años de edad.

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter


duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho,
sin embargo, aunque a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo
de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de
Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamen-
Vocabulario te, sin darlo a conocer.
KK furtiva: a escondidas, secreta. Durante tres meses —se habían casado en abril—, vivieron una dicha especial.
KK incauta: crédula, ingenua. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor,
KK impasible: sin emoción. más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido
la contenía siempre.
KK friso: en edificios de estilo clá-
sico, una parte ancha del techo La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura
sobre las columnas y por debajo
del patio silencioso —frisos, columnas y estatuas de mármol— producía una
del techo.
otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco,
KK glacial: helado, muy frío.
sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de
KK estuco: pasta de cal y mármol desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en
pulverizado, que se pone en las
toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.
alcobas y en otras habitaciones.
KK desapacible: sin paz, intranquilo. En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. Había concluido, no
KK resonancia: prolongación de un obstante, por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida
sonido que va disminuyendo. en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.
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32 Unidad 1 • Cuento
No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró
insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo Vocabulario
salir al jardín apoyada en el brazo de su marido. Miraba indiferente a uno y
otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la ca- KK influenza: gripe.
beza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. KK insidiosamente: hecho con
Lloró largamente, todo su espanto callado, redoblando el llanto a la más leve mala intención o con malicia.
caricia de Jordán. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo KK constatose: se constató, se de-
rato escondida en su cuello, sin moverse ni pronunciar una palabra. terminó, se estableció.
KK anemia: enfermedad causada
Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció por falta de hemoglobina en
desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenán- la sangre.
dole calma y descanso absolutos. KK obstinación: perseverancia,
insistencia, testarudez.
—No sé —le dijo a Jordán en la puerta de calle—. Tiene una gran debilidad
que no me explico. Y sin vómitos, nada… Si mañana se despierta como hoy, KK alucinaciones: visiones
llámeme enseguida. enfermizas.
KK se perlaron: se cubrieron con
Al otro día Alicia amanecía peor. Hubo consulta. Constatose una anemia de pequeñas gotas, similares
marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desma- a perlas.
yos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con KK estupefacta: atónita, asombrada.
las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin que se oyera el KK porfiadas: insistentes.
menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda
KK antropoide: algo que parece un
la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable
ser humano o lo recuerda.
obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio
y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, deteniéndose un instante
en cada extremo a mirar a su mujer.

Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al princi-


pio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desme-
suradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del
respaldo de la cama. Una noche quedó de repente con los ojos fijos. Al rato
abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

—¡Jordán! ¡Jordán! —clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia lanzó un alarido


de horror.

—¡Soy yo, Alicia, soy yo!

Alicia lo miró con extravío, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de


largo rato de estupefacta confrontación, volvió en sí. Sonrió y tomó entre
las suyas la mano de su marido, acariciándola por media hora temblando.

Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide apoyado en la


alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.
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Español 7. Antología literaria 33
Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que
Vocabulario se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente
cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsa-
KK estupor: disminución de las
funciones intelectuales, con un as-
ban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en
pecto de indiferencia o asombro. silencio, y siguieron al comedor.
KK inerte: paralizada o inmóvil. —Pst... —se encogió de hombros desalentado el médico de cabecera—. Es
KK tamborileó: golpeó rítmicamente. un caso inexplicable... Poco hay que hacer…
KK subdelirio: delirio tranquilo, —¡Solo eso me faltaba! —resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre
caracterizado por palabras
incoherentes, pronunciadas a la mesa.
media voz, compatible con una
Alicia fue extinguiéndose en subdelirio de anemia, agravado de tarde, pero
conciencia normal cuando el
enfermo es interrogado. que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su
enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que
KK lívida: intensamente pálida.
únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas oleadas de sangre.
KK síncope: pérdida del cono-
cimiento por la suspensión Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con
momentánea de la acción un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la aban-
del corazón.
donó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama,
KK crepusculares: relacionados ni aun que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaban
con el crepúsculo, cuando la luz
ahora en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama, y trepaban
del sol es tenue (al amanecer o
al anochecer). dificultosamente por la colcha.
KK monótono: uniforme, sin variedad. Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media
voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y en
la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monó-
tono que salía de la cama, y el sordo retumbo de los eternos pasos de Jordán.

Alicia murió, por fin. La sirvienta, cuando entró después a deshacer la cama,
sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

—¡Señor! —llamó a Jordán en voz baja—. En el almohadón hay manchas


que parecen de sangre.

Jordán se acercó rápidamente y se dobló sobre aquel. Efectivamente, sobre


la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se
veían manchitas oscuras.

—Parecen picaduras —murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil


observación.

—Levántelo a la luz —le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó; pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a


aquel, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos
se le erizaban.

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34 Unidad 1 • Cuento
—¿Qué hay? —murmuró con la voz ronca.
Vocabulario
—Pesa mucho —articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.
KK crispadas: contraídas o encogi-
Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la das con violencia.
mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas
KK bandós: diadema; tipo de peina-
superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca do con raya al medio.
abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre
KK remoción: acción de remover, de
las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal mons- quitar o sacar algo de un lugar.
truoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le
KK vertiginosa: acelerada, veloz.
pronunciaba la boca.

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigi-
losamente su boca —su trompa, mejor dicho— a las sienes de aquella, chu-
pándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del
almohadón sin duda había impedido al principio su desarrollo; pero desde
que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en
cinco noches, había el monstruo vaciado a Alicia.

Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adqui-


rir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece
serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones
de pluma.

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Español 7. Antología literaria 35
Análisis literario
FASE NATURAL
Resuelva las actividades con base en el texto leído.
1. Los rasgos de carácter de Jordán son connotados en el cuento mediante diversas palabras y expresiones.
Relacione, por medio de líneas, cada rasgo con las palabras que lo connotan. Algunas palabras podrían
no marcarse.

marido impasible semblante heló mudo sin darlo a conocer

severidad dureza JORDÁN frialdad profundamente

rígido cielo incauta ternura carácter duro largo escalofrío

2. Anote tres palabras o expresiones que connoten la frialdad y el silencio de la casa.

frialdad R. T.: blancura; (brillo) glacial; desapacible frío; frisos, columnas y estatuas de mármol.

silencio Silencioso, eco, largo abandono, resonancia.

3. Complete el cuadro sobre los personajes de “El almohadón de plumas”.

Personajes que aparecen nombrados Personajes de quienes no se sabe el nombre

Alicia (esposa) los médicos

Jordán (esposo) la sirvienta

4. Copie las enfermedades y los síntomas que padece Alicia a lo largo de la narración.
Enfermedades: influenza y anemia. Síntomas: adelgazamiento, desvanecimiento, debilidad, desmayos, alucinaciones,
estupor, subdelirio, síncope, aspecto lívido e inmovilidad.

5. Sintetice el argumento de “El almohadón de plumas”.


Una pareja de recién casados se muda a su casa, pero la esposa (Alicia) enferma de manera repentina, sin que los
médicos logren averiguar qué tiene. La mujer se debilita cada vez más, hasta que se le hace imposible abandonar la
cama y no quiere ni siquiera que le muevan el almohadón. La mujer muere, y la sirvienta y el esposo (Jordán) descubren
un enorme parásito de las aves en el almohadón, el cual es el responsable de la muerte de Alicia.

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36 Unidad 1 • Cuento
FASE DE UBICACIÓN
Lea la información y resuelva las actividades

Horacio Quiroga (1878-1937)


Época y lugar Darío. Regresó de Francia, dejó los salones literarios y se
marchó a zonas salvajes de Argentina, al punto que ha
Horacio Quiroga pertenece al posmodernismo (genera-
sido llamado el “narrador de la selva”. Esa circunstancia
ción posterior al modernismo), cuyo inicio suele situarse
y las muertes trágicas que enfrentó marcaron la temá-
en la muerte de Rubén Darío (1916), época de sucesos
tica de muchos de sus cuentos. La selva y los animales
sociales importantes, como el feminismo, y de la Primera
a veces toman en sus cuentos protagonismo, casi como
Guerra Mundial (1914), que cambió el orden político glo-
personajes, aunque presenta mundos realistas, no llega
bal. Este hecho impulsó la reflexión política sobre América
a lo fantástico. Quiroga consideraba el cuento como una
Latina en muchos autores y el rescate de lo americano. La
pieza de relojería en la que solo había que incluir lo in-
generación posmodernista conservó, del modernismo, el
dispensable: es un género intenso, a diferencia de la no-
trabajo cuidadoso del lenguaje, de la forma literaria, pero
vela (género extenso). Fue un perfeccionista y comentó
abandonaron la idea del “arte por el arte” y trataron de
sus ideas en varios textos como el famoso “Decálogo del
transmitir un mensaje más concreto. Por ese motivo, sus
perfecto cuentista” ( 1925), donde escribió: “Un cuento es
textos son más sencillos y menos recargados. Los posmo-
una novela depurada de ripios [frases inútiles]. Ten esto
dernistas siguieron diversas temáticas, desde los laberin-
por una verdad absoluta, aunque no lo sea”.
tos de las relaciones amorosas y la vida en el campo hasta
las zonas oscuras de la sociedad y de la mente. Obra
Estética e ideología En 1904 publicó el libro de relatos El crimen de otro, influi-
do por Edgar Allan Poe. En 1905 apareció su novela Los
Quiroga nació en Uruguay, pero hizo su vida en Argen-
perseguidos. De este año data “El almohadón de plumas”,
tina: en Buenos Aires (la capital) y en la región selvática
publicado en la revista argentina Caras y Caretas, incluido
de Chaco y Misiones, lo cual se refleja en sus temas. Los
luego en su famoso Cuentos de amor, de locura y de muerte
cuentos de Quiroga se nutren de varias fuentes, desde el
(1917). Este último y Cuentos de la selva (1918) son sus
modernismo y los cuentos de horror de Edgar Allan Poe
obras más conocidas. También escribió Los arrecifes de
hasta el rescate de lo americano de la literatura regio-
coral (poemas, 1901), Historia de un amor turbio (novela,
nalista o criollista. Aún joven, en 1900, viajó a París para
1908) y Los sacrificados (teatro, 1920).
conocer el ambiente literario, y allí coincidió con Rubén

6. Explique cuáles aspectos del posmodernismo se reflejan en “El almohadón de plumas”.


R. T.: En el cuento se evidencia un trabajo cuidadoso del lenguaje (por ejemplo, en frases como “La blancura del patio
silencioso […] producía una otoñal impresión de palacio encantado”) al servicio de un mensaje concreto: el horror que
causa la naturaleza. Como posmodernista, Quiroga representa la vida en el campo y las zonas oscuras de la mente.

7. Comente si la visión de Horacio Quiroga sobre la naturaleza se refleja en el cuento leído.


R. T.: Se espera que el estudiante reconozca que la naturaleza, representada por el parásito de las aves que mata a Alicia,
aparece de manera amenazante y siniestra. Aunque el enorme tamaño del animal parece casi fantástico, el cuento se
mantiene dentro del realismo y brinda una explicación de tono científico a lo ocurrido en el último párrafo.

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Español 7. Antología literaria 37
FASE ANALÍTICA
Paratexto
8. Responda las siguientes preguntas.
a. ¿Qué connotaciones evoca el título “El almohadón de plumas”, antes de conocer el contenido del cuento?

Liviandad Salud Enfermedad Aspereza

Pobreza Descanso Pesadez Suavidad

b. ¿Qué relación se puede establecer entre lo que sugiere el título al inicio del cuento y lo que evoca al final?
R. T.: La relación entre ambos momentos es de completa oposición y contraste. Las connotaciones iniciales del
almohadón se transforman por completo, y al final queda asociado a la naturaleza despiadada, a la muerte, a la
amenaza y a la pesadez.

Cotexto
9. Anote “sí” o “no” delante de cada afirmación, de acuerdo con la lectura de “El almohadón de plumas”.
Sí El personaje principal evoluciona o se transforma notablemente.
No Hay cambios importantes en el lugar en el cual transcurren las acciones.
Sí Existe un conflicto o problema alrededor del cual giran las acciones.
No Los acontecimientos narrados abarcan un gran espacio de tiempo.

10. Con base en la actividad anterior, marque con los aspectos más importantes en el desarrollo del cuento.

Los personajes El tiempo El espacio Las acciones

a. Justifique su respuesta.
R. T.: El elemento más importante es el personaje Alicia, pues ella sufre la transformación más radical: la muerte. Al
mismo tiempo, durante todo el cuento es un misterio la causa de la enfermedad de Alicia, y este problema solo
queda resuelto al final del cuento, incluso después de la muerte del personaje.

11. Determine si el cuento puede ser clasificado como realista (similitud al mundo real), maravilloso (explicación
sobrenatural) o fantástico (sin explicación realista ni maravillosa).
R. T.: El cuento es de tipo realista, pues a lo sucedido se le da una explicación racional (la presencia de ciertos parásitos
de las aves en los almohadones de pluma, debido justamente a ese material: las plumas). Aunque el tamaño del animal
parece algo exagerado, el cuento nunca deja de ser verosímil y realista.

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38 Unidad 1 • Cuento
12. Anote las palabras y las frases usadas para el carácter de Alicia y de Jordán y el ambiente de la casa.

Alicia rubia, angelical, tímida, soñadas niñerías

Jordán carácter duro, severidad, alta estatura, mudo, impasible semblante

la casa blancura, (patio) silencioso, brillo glacial, altas paredes, desapacible frío

a. ¿Cuáles de las descripciones anteriores se asemejan?


La casa y Jordán se asemejan en que ambos se relacionan con la frialdad, la altura y la dureza. En cambio, Alicia es
angelical, aniñada, tímida y soñadora.

b. ¿Qué efecto tiene la semejanza anterior?


Se puede pensar que el lugar en que habitan, la casa, se asimila a Jordán (el patio es silencioso, Jordán es callado; las
paredes son altas, Jordán tiene una alta estatura; el frío en la casa es desapacible, Jordán es impasible). Esto hace que
Alicia quede más sola o aislada, tanto en relación con su esposo como en relación con la casa.

13. Copie los adjetivos que se aplican, al inicio del cuento, a las frases de los recuadros.

cielo de amor rígido nido de amor extraño

a. Marque con los atributos del amor en el cuento leído, según lo anterior.

Frustrante Apacible

Pleno Insatisfactorio

14. Encierre las ideas con las cuales se asocia a los médicos en el cuento.

sabiduría observación clínica ausencia de saber precisión en el diagnóstico

silencio incapacidad de explicar ingenio frustración ante la muerte

a. A partir de lo anterior, comente la visión del narrador sobre la medicina. Justifique con citas del texto.
Los médicos aparecen como ignorantes e incapaces de dar con un diagnóstico de la enfermedad: la anemia es
“completamente inexplicable”, los médicos vuelven a la casa “inútilmente” y dicen que “es un caso inexplicable”, y
además ninguno considera la posibilidad de investigar en la cama o en el almohadón.

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Español 7. Antología literaria 39
15. Marque con la descripción más adecuada del tono del narrador para dar a conocer los acontecimientos.

Apasionado, encendido Distante, objetivo Irónico, burlón

a. Comente cómo cambiaría el cuento si el narrador usara otro tono.


R. T.: Se espera que el estudiante conciba que el efecto del cuento, que causa horror o disgusto al final, se rebajaría al
usar otro tono, como el irónico y burlón. Por otra parte, si se usara un tono apasionado, probablemente el lector se
concentraría más en el tema del amor que en el tema de la enfermedad y la muerte.

Estructuras de mediación
16. Marque con los discursos con los cuales se relaciona el cuento.

Discurso amoroso Discurso legal Discurso educativo

Discurso poético Discurso científico Discurso médico

a. Justifique su respuesta. Use al menos una cita del texto.


R. T.: El discurso médico aparece en las recomendaciones de los doctores (“calma y descanso absolutos”), que
diagnostican “una gran debilidad” y una “anemia agudísima”. El narrador también asume el discurso científico en la
descripción de los “parásitos de las aves” como el que se escondía en el almohadón. El discurso amoroso aparece en
frases usadas con reserva, como “nido de amor”, “cielo de amor” y “expansiva e incauta ternura”.

17. Considere la siguiente información acerca del nombre “Jordán”.

El nombre Jordán aparece en numerosos relatos bíblicos, pues se trata de un río que
cruza por Jordania, Palestina e Israel. El nombre significa ‘el que baja’ (debido a que
experimenta un pronunciado cambio de altitud) y desemboca en el mar Muerto.
De acuerdo con el Nuevo Testamento, ese fue el lugar de bautizo de Jesús.

a. Relacione la información anterior con el papel de Jordán en “El almohadón de plumas”.


R. T.: Si el nombre significa “el que baja”, puede entenderse que Jordán baja desde su altura (tanto su estatura como
su lugar de impasibilidad) hacia la muerte, tal como el río desemboca en el mar Muerto.

18. Con base en las descripciones de los personajes, determine cuál se asocia con lo infantil, y cuál, con la adultez.
Alicia aparece connotada como infantil, y Jordán, como adulto.

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40 Unidad 1 • Cuento
a. ¿Qué puede inferirse, a partir de lo anterior, de la actitud del narrador acerca de lo masculino y lo femenino?
R. T.: La forma en que se connotan los personajes puede interpretarse como un prejuicio en el discurso del narrador,
pues se asocia a la mujer con lo infantil, y al hombre, con la adultez.

19. El ser que habita en el almohadón de plumas es descrito como “un animal monstruoso” y “una bola viviente
y viscosa”. ¿Qué podría simbolizar una criatura de características tan desagradables?
R. T.: La criatura puede simbolizar, entre otras cosas, la naturaleza, la muerte o el fracaso de los ideales amorosos. Como
símbolo, se abre a muchas interpretaciones; en ese sentido, fomente la libertad de expresión de sus estudiantes.

Contexto
20. Analice los siguientes elementos del contexto del siglo XIX.

Los movimientos feministas cobraron gran fuerza entre el siglo XIX y el XX; por ejemplo, con las
luchas de las mujeres para obtener el derecho a votar y a postularse en las elecciones.

a. Relacione la información anterior con el mundo representado en el cuento “El almohadón de plumas”.
R. T.: El cuento muestra un mundo dominado por la figura masculina (descrita como adulta), frente a una figura
femenina descrita como aniñada y sumisa. Sin embargo, el cuento presenta esa realidad como fragmentada y fracasada.

FASE EXPLICATIVA E INTERPRETATIVA


21. Marque cuáles valores o antivalores describen la visión del narrador.

Autoridad masculina Progreso científico Pasividad femenina

22. Comente las características de la sociedad representada en el cuento a partir de la visión del narrador.
R. T.: El mundo representado sigue un orden patriarcal y machista, en un contexto socioeconómico alto (la casa es lujosa,
y se cuenta con sirvientes). Si bien el cuento no cuestiona la relación de poder en la cual el hombre domina, sí muestra el
fracaso de ese orden y sus ideales de amor romántico frente a lo desconocido, la enfermedad y la muerte.

23. Comente sobre cuáles reacciones puede provocar “El almohadón de plumas” en sus lectores, tanto positivas
como negativas.
R. L.

24. Elabore un texto de 200 palabras, como máximo, en el cual resuma el resultado de las cuatro fases de su
análisis. Trabaje en hojas aparte. R. L.
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Español 7. Antología literaria 41
2
Unidad

Novela

Manuel Argüello Mora


(1834-1902)
Nacionalidad: costarricense
Obra: Elisa Delmar

Joaquín Gutiérrez
(1918-2000)
Nacionalidad: costarricense
Obra: Cocorí
Manuel Ortega Rodríguez (1970)
Alí Víquez (1966)
Nacionalidad: costarricenses
Obra: Los peces de Cooper
Víctor Roswell
(1969)
Nacionalidad: costarricense
Obra: El canto de los quetzales

Yanina Rovinski
(1960)
Nacionalidad: costarricense
Obra: Una montaña de aserrín.
Testimonio de una sobreviviente

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42 Unidad 2 • Novela
Jonathan Swift
(1667-1745)
Nacionalidad: irlandés
Obra: Los viajes de Gulliver

Julio Verne
(1828-1905)
Nacionalidad: francés
Obra: Viaje al centro de la Tierra

Antonio Santa Ana


(1963)
Nacionalidad: argentino
Obra: Los ojos del perro siberiano

Lectura destacada
Viaje al centro de la Tierra, Julio Verne.

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Español 7. Antología literaria 43
Lectura

Viaje al centro de la Tierra


Julio Verne

Julio Verne CAPÍTULO 1


(1828-1905)
El 24 de mayo de 1863, un domingo, mi tío, el profesor Lidenbrock, regresó
Julio Verne fue un escritor francés precipitadamente a su pequeña casa, situada en el número 19 de Königstrasse,
que escribió numerosas novelas de una de las calles más antiguas del barrio viejo de Hamburgo.
aventuras, las cuales se caracterizan
por la referencia a la ciencia y la La buena Marta seguro creyó que estaba retrasada, pues la cena comenzaba
tecnología. Este autor se documen-
apenas a cantar sobre el fuego de la cocina.
taba ampliamente para escribir
sus obras, y hacía referencia tanto “Bueno —me dije—, si tiene hambre, mi tío, el más impaciente de todos los
a avances de su época como a
hombres, va a gritar de pena”.
aspectos técnicos fantasiosos o fu-
turistas, o que no estaban domina- —¡Ya aquí, señor Lidenbrock! —exclamó la pobre Marta, llena de asombro,
dos todavía. Con su primera novela,
Cinco semanas en globo (1863), entreabriendo la puerta del comedor.
adquirió gran renombre en su país
—Sí, Marta; pero la cena tiene el derecho de no estar lista, porque aún no
y fuera de él. Es considerado como
uno de los padres de la ciencia son las dos. Apenas acaba de sonar la media en Saint Michel.
ficción y es el segundo autor más
—¿Y por qué ha venido tan temprano el señor Lidenbrock?
traducido del mundo, después de
la inglesa Agatha Christie. Algunas —Él nos lo explicará seguramente.
de las más famosas novelas de
Verne son La vuelta al mundo en —¡Ahí está! Yo me voy, señor Axel. Usted lo hará escuchar razones.
ochenta días, Veinte mil leguas de
viaje submarino y De la Tierra a la Y la buena Marta se marchó presurosa a su laboratorio culinario.
Luna. Sus obras han sido adaptadas
al cine en muchas ocasiones; entre Me quedé solo. Sin embargo, hacer entrar en razón al más irascible de los
las más recientes están las pelícu- profesores era algo que mi carácter un poco indeciso no me permitía. Me
las La isla misteriosa (2012), Viaje al disponía a retirarme prudentemente a mi pequeño cuarto del piso de arri-
centro de la Tierra (2008) y La vuelta
al mundo en ochenta días (2008). ba, cuando la puerta de la calle giró sobre sus bisagras: unos pies enormes
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44 Unidad 2 • Novela
hicieron crujir la escalera de madera, y el dueño de
casa atravesó el comedor y entró en su oficina. Al Vocabulario
hacer esto, lanzó su pesado bastón en una esquina; su
KK irascible: que se enoja o se enfu-
sombrero de piel, sobre la mesa; y a su sobrino, estas
rece fácilmente.
palabras resonantes:
KK mineralogía: rama de la geología
—¡Axel, sígueme! que estudia las propiedades físicas
y químicas de los minerales.
Aún no había tenido tiempo de moverme cuando el pro- KK recalcitrante: terca, obstinada,
fesor ya me gritaba con un vivo acento de impaciencia. necia.
—¡Y bien! ¿Aún no estás aquí? KK cristalizaciones: proceso en el
cual una sustancia adquiere la
Y me precipité en la oficina de mi temible maestro. forma y la estructura de un cristal.
KK romboédrico: con forma de
Otto Lidenbrock no era un mal hombre, lo acepto de
romboedro, es decir, un prisma
buen grado; pero, como no cambie mucho, lo cual creo cuyas caras son rombos.
improbable, morirá siendo el más original e impaciente
KK geólogo: que se dedica a la
de los hombres. geología, la ciencia que estudia
la composición y la estructura
Era profesor en el Johannaeum, y daba un curso de mi-
interna de la Tierra.
neralogía durante el cual se enfurecía, por regla general,
una o dos veces. Y no porque le preocupase el deseo de bres rudos que desollarían los labios de un poeta. No
tener discípulos aplicados, ni el grado de atención que quiero hablar mal de esta ciencia, ni de lejos. Pero
estos prestasen a sus explicaciones, ni el éxito que, como cuando uno se encuentra ante cristalizaciones rom-
consecuencia de ella, pudiesen obtener en sus estudios; boédricas, resinas retinasfálticas, gelenitas, fangasitas,
esos detalles lo tenían sin cuidado. Enseñaba subjetiva- molibdatos de plomo, tungstatos de manganeso y tita-
mente, según una expresión de la filosofía alemana; en- niatos de circonio1, bien se puede perdonar a la lengua
señaba para él, y no para los demás. Era un sabio egoísta; más hábil de torcerse.
un pozo de ciencia cuya polea rechinaba cuando de él se
quería sacar algo: en una palabra, un avaro. En la ciudad era conocido este disculpable defecto de
mi tío, por el que muchos aprovechaban para burlarse
En Alemania hay algunos profesores de este género. de él, cosa que le enfurecía; y su furor era causa de más
Mi tío no gozaba, por desgracia, de una gran facilidad risas, lo cual es de muy mal gusto hasta en la misma
de palabra, por lo menos cuando se expresaba en pú- Alemania. Y si bien es muy cierto que contaba siem-
blico, lo cual, para un orador, constituye un defecto pre con gran número de oyentes en su aula, no lo es
lamentable. En sus explicaciones en el Johannaeum, menos que la mayoría de ellos iban solo a divertirse a
se detenía a lo mejor luchando contra una palabra re- costa del profesor.
calcitrante que no quería salir de sus labios; con una Como quiera que sea, no me cansaré de repetir que mi
de esas palabras que se resisten, se inflan y acaban por tío era un verdadero sabio. Aun cuando rompía muchas
ser expulsadas bajo la forma de un insulto, y este era veces las muestras de minerales por tratarlos sin el de-
el origen de su cólera. bido cuidado, unía al genio del geólogo la perspicacia
Ahora bien, en mineralogía hay bastantes términos se-
migriegos, semilatinos, difíciles de pronunciar; nom- 1 Verne enumera los nombres de diversos minerales.
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Español 7. Antología literaria 45
del mineralogista. Con el martillo, el punzón, la brújula, Si añado que mi tío daba unas zancadas matemáticas
el soplete y el frasco de ácido nítrico2 en las manos, no de casi un metro, y si digo que siempre lo hacía con los
tenía rival. Juzgando el modo de romperse, el aspecto, la puños sólidamente apretados, señal de su impetuoso
dureza, la fusión, el sonido, el olor y el sabor, clasificaba carácter, lo conocerá lo bastante el lector para no desear
sin titubear un mineral cualquiera entre las seiscientas su compañía.
especies con que en la actualidad cuenta la ciencia.
Vivía en su modesta casita de Königstrasse, en cuya
También el nombre de Lidenbrock resonaba con ho- construcción entraban por partes iguales la madera y
nor en los liceos y las asociaciones nacionales. Los el ladrillo, y que daba a uno de esos canales retorcidos
señores Humphry Davy, de Humboldt y los capitanes que cruzan el barrio más antiguo de Hamburgo, afor-
Franklin y Sabine no dejaban de visitarle a su paso por tunadamente respetado por el incendio de 1842.
Hamburgo. Becquerel, Ebelmen, Brewster, Dumas y
La vieja casa estaba un poco inclinada y mostraba su
Milne-Edwards solían consultarle las cuestiones más
vientre a los peatones; llevaba el tejado inclinado sobre la
palpitantes de la química3. Esta ciencia le era deudora
oreja como las gorras de los estudiantes de Tugendbund.
de magníficos descubrimientos, y, en 1853, había apa-
La verticalidad de sus líneas no era lo más perfecta; pero
recido en Leipzig un Tratado de cristalografía trascen-
se mantenía firme gracias a un olmo centenario vigo-
dental, por el profesor Otto Lidenbrock, obra en folio,
rosamente empotrado en la fachada, que en primavera
ilustrada con numerosos grabados, que no llegó, sin
deslizaba sus brotes por las vidrieras de las ventanas.
embargo, a cubrir los gastos de su impresión.
Mi tío, para ser profesor alemán, no dejaba de ser rico.
Además de lo dicho, era mi tío curador del museo
La casa y cuanto encerraba eran de su propiedad. En
mineralógico del señor Struve, embajador de Rusia,
ella compartíamos con él la vida su ahijada Graüben,
quien contaba con una valiosa colección de merecida
una joven virlandesa de diecisiete años de edad, la
y justa fama en Europa.
criada Marta y yo, que, en mi doble calidad de huérfa-
Tal era pues, el personaje que con tanta impaciencia no y sobrino, le ayudaba a preparar sus experimentos.
me llamaba. Imaginen a un hombre alto, delgado, con
Confieso que me dediqué con gran entusiasmo a las
una salud de hierro y un aspecto juvenil que le hacía
ciencias mineralógicas; por mis venas circulaba sangre
aparentar diez años menos de los cincuenta que con-
de mineralogista y no me aburría jamás en compañía
taba. Sus grandes ojos giraban sin cesar detrás de sus
de mis valiosos pedruscos.
grandes anteojos; su larga y afilada nariz parecía una
lámina de acero; los que le perseguían con sus burlas En resumen, se podía vivir feliz en la casita de
decían que estaba imanada y que atraía las limaduras Königstrasse, a pesar del carácter impaciente de su
de hierro. Calumnia vil, sin embargo, pues solo atraía propietario porque este, independientemente de sus
al tabaco, aunque en gran abundancia, dicho sea en maneras brutales, me profesaba gran afecto. Pero su
honor de la verdad. gran impaciencia no le permitía aguardar, y trataba de
caminar más aprisa que la misma naturaleza.

En abril, cuando plantaba en las macetas de su salón,


2Los aparatos enumerados se usan para reconocer las propieda- pies de reseda o de enredadera, iba todas las mañanas a
des de un mineral y clasificarlo. tirar de las hojas para acelerar su crecimiento. Con tan
3 Los nombres citados en este párrafo corresponden a científi- original personaje, no tenía más remedio que obedecer
cos destacados de la época. ciegamente; y por eso acudía presuroso a su oficina.

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46 Unidad 2 • Novela
CAPÍTULO 2 átomo de polvo! ¡Y aquellos metales, desde el hierro
hasta el oro, cuyo valor relativo desaparecía ante la
Aquella oficina era un verdadero museo. Todos los
igualdad absoluta de los ejemplares científicos! ¡Y
ejemplares del reino mineral se encontraban rotulados
todos aquellos pedruscos que hubiesen bastado para
en él y ordenados del modo más perfecto, con arreglo
reconstruir la casa de la Königstrasse, hasta con una
a las tres grandes divisiones que los clasifican en infla-
buena habitación suplementaria en la que me habría
mables, metálicos y litoideos.
yo instalado con toda comodidad!
¡Cuán familiares me eran aquellas chucherías de la
Pero cuando entré en la oficina, no pensaba en ab-
ciencia mineralógica! ¡Cuántas veces, en vez de irme a
soluto en esas maravillas. Mi tío solo absorbía mi
jugar con los muchachos de mi edad, me había entre-
mente por completo. Estaba literalmente enterrado
tenido en quitar el polvo a aquellos grafitos, antracitas,
en su gran sillón tapizado de terciopelo de Utrecht, y
hullas, lignitos y turbas! ¡Y los betunes, y resinas, y
tenía entre sus manos un libro que contemplaba con
sales orgánicas que era preciso preservar del menor
profunda admiración.

—¡Qué libro! ¡Qué libro! —repetía sin cesar.

Estas exclamaciones me recordaron que el profesor


Lidenbrock era también bibliómano en sus momentos
Vocabulario de ocio; pero un libro no tenía valor para él a no ser que
fuera imposible de encontrar o por lo menos ilegible.
KK folio: antigua medida del tama-
ño de un libro, unos 34 cm de
—¡Y bien! —me dijo—, ¿pero es que no lo ves? Es un
altura, muy usada en libros que inestimable tesoro que he hallado esta mañana fisgan-
se consultaban sobre escritorios. do la tienda del judío Hevelius.
KK curador: encargado del mante-
—¡Magnífico! —exclamé yo, con entusiasmo fingido.
nimiento y la protección de una
colección en un museo, sobre En efecto, ¿a qué tanto entusiasmo por un viejo libro
todo de tipo científico.
en cuarto, cuyas tapas y lomo parecían forrados de
KK virlandesa: perteneciente a un vulgar piel de ternero, un libraco amarillento del que
pueblo escandinavo de Estonia,
colgaba una cinta descolorida?
en el norte de Europa.
KK pies: planta o tallo de una planta Sin embargo, no cesaban las admirativas exclamacio-
sembrado para reproducirla. nes del seco profesor.
KK reseda: planta herbácea de poca
altura y agradable olor.
—Veamos —decía, preguntándose y respondiéndose
a sí mismo—, ¿es un buen ejemplar? ¡Sí, magnífico!
KK litoideos: con características
¡Y qué encuadernación! ¿Se abre con facilidad? ¡Sí,
similares a la piedra (en desuso).
permanece abierto por cualquier página que se le deje!
KK chucherías: cosas de poca
Pero, ¿se cierra bien? ¡Sí, porque las cubiertas y las ho-
importancia.
jas forman un todo bien unido, sin separarse ni abrirse
KK bibliómano: que tiene una afición
por ninguna parte! ¡Y este lomo que se mantiene ileso
exagerada a coleccionar libros.
luego de 700 años de existencia! ¡Ah! ¡He aquí una
KK cuarto: antigua medida del
encuadernación capaz de envanecer a Bozerian, a Closs
tamaño de un libro aproximada-
mente la mitad del folio. y hasta al mismo Purgold!
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Español 7. Antología literaria 47
Mientras hablaba así, mi tío abría y cerraba el feo y —Las runas —prosiguió— eran unos caracteres de es-
repugnante libraco. No podía yo por menos de inte- critura usadas en otro tiempo en Islandia, y, según la
rrogarle sobre su contenido, pues no me interesaba lo tradición, fueron inventados por el mismo Odín. Pero,
más mínimo. ¿qué haces, impío, que no admiras estos caracteres sa-
lidos de la mente excelsa de un dios?
—¿Y cuál es el título de ese maravilloso volumen?
—pregunté con entusiasmo demasiado exagerado para Sin saber yo qué responder, iba ya a prosternarme, un
que no fuese fingido. género de respuesta que debe agradar a los dioses tanto
como a los reyes, porque tiene la ventaja de no poner-
—¡Esta obra —respondió mi tío animándose— es el
les en el compromiso de tener que replicar, cuando un
Heimskringla, de Snorre Turleson, el famoso autor is-
incidente imprevisto vino a dar a nuestra conversación
landés del siglo XII! ¡Es la crónica de los príncipes
otro giro.
noruegos que reinaron en Islandia!
Este incidente fue la aparición de un mugriento per-
—¡De veras! —exclamé yo, dando muestras de un gran
gamino que, deslizándose de entre las hojas del libro,
asombro—; ¿será, sin duda, alguna traducción alemana?
cayó al suelo.
—¡Pero bueno! —respondió el profesor indignado—. ¿Y
Mi tío se apresuró a recogerlo con una avidez fácil de
qué haría yo con una traducción? ¡Esta es la obra original,
entender. Un antiguo documento, encerrado tal vez
en islandés, ese magnífico idioma, sencillo y rico a la vez,
desde tiempos inmemoriales dentro de un libro viejo,
que autoriza las más variadas combinaciones gramaticales
no podía menos de tener para él un elevadísimo valor.
y numerosas modificaciones de las palabras!
—¿Qué es esto? —exclamó emocionado.
—Como el alemán —insinué yo con acierto.
Y al mismo tiempo desplegaba cuidadosamente sobre
—Sí —respondió mi tío, encogiéndose de hombros—;
la mesa un trozo de pergamino de unas cinco pulgadas
pero con la diferencia de que la lengua islandesa ad-
de largo por tres de ancho, en el que había trazados,
mite, como el griego, los tres géneros y declina los
en líneas transversales, unos caracteres de grimorio.
nombres propios como el latín.
He aquí su facsímil exacto. Quiero dar a conocer al lec-
—¡Ah! —exclamé yo con la curiosidad un tanto esti-
tor estos extravagantes signos, por haber sido ellos los
mulada—, ¿y son bonitos los caracteres de ese libro?
que impulsaron al profesor Lidenbrock y a su sobrino
—¡Caracteres! ¿Pero cómo se te ocurre hablar de caracte- a emprender la expedición más extraña del siglo XIX:
res, infeliz? ¡Bueno, fuera! ¿Pero es que crees por ventura
que se trata de un libro impreso? Se trata de un manus-
crito, ignorante, ¡y de un manuscrito rúnico nada menos!

—¿Rúnico?

—¡Sí! ¿Ahora querrás que te explique esa palabra?

—Me cuidaría bien de ello —repliqué, con el acento


de un hombre ofendido en su amor propio.
El profesor examinó atentamente, durante algunos ins-
Pero, muy a mi pesar, mi tío me enseñó cosas que no tantes, esta serie de garabatos, y al fin dijo quitándose
me interesaban lo más mínimo. los anteojos:

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48 Unidad 2 • Novela
—Estos caracteres son rúnicos, no me cabe duda al- —¡No he visto en los días de mi vida cosa semejante!
guna; son exactamente iguales a los del manuscrito de —decía la buena Marta, mientras me servía la comida—.
Snorre Turleson. Pero... ¿qué significan? ¡Es la primera vez que el señor Lidenbrock falta a la mesa!

Como las runas me parecían la invención de los sa- —No se entiende, en efecto.
bios para estafar a los ignorantes, no sentí que no lo
—¡Esto parece anunciar algún grave acontecimiento!
entendiese mi tío. Así, al menos, me lo hizo suponer
—añadió la vieja criada, sacudiendo la cabeza.
el temblor de sus dedos que comenzó a agitar de una
forma tremenda. Pero, a mi modo de ver, aquello no anunciaba nada más
que un escándalo espantoso cuando mi tío encontrara
—Sin embargo, es islandés antiguo —murmuraba
su cena devorada.
entre dientes.
Me estaba yo comiendo el último camarón, cuando una
El profesor Lidenbrock tenía más razón que nadie para
potente voz me hizo volver a la realidad de la vida, y,
saberlo; porque, si bien no poseía correctamente las dos
de un salto, me trasladé del comedor a la oficina.
mil lenguas y los cuatro mil dialectos que se hablan
en la superficie del globo, hablaba muchos de ellos y
pasaba por ser un verdadero políglota. CAPÍTULO 3
—Evidentemente es rúnico —decía el profesor, arru-
Al dar con esta dificultad, iba a dejarse llevar de su ca-
gando la frente—. Pero existe un secreto que tengo que
rácter violento, y ya veía yo venir una escena desagra-
descubrir, porque de lo contrario...
dable, cuando dieron las dos en el reloj de la chimenea.

En aquel mismo momento, abrió Marta la puerta de la


oficina, diciendo: Vocabulario

—La sopa está servida. KK géneros: géneros gramaticales


(en islandés: masculino, femenino
—¡Al diablo la sopa —exclamó furioso mi tío—, y y neutro).
quien la preparó y quienes se la coman! KK declina: cambia la terminación
de los nombres según su función
Marta se marchó asustada; yo salí detrás de ella, y, sin (sujeto, objeto directo, comple-
explicarme cómo, me encontré sentado a la mesa, en mento circunstancial…).
mi sitio de costumbre. KK caracteres: signos de escritura o
Esperé algunos instantes sin que el profesor viniera. de imprenta.
Era la primera vez, que yo sepa, que faltaba a la solem- KK prosternarme: inclinarme o
nidad de la comida. ¡Y qué comida, Dios mío! Una sopa arrodillarme por respeto.
de perejil, un omelette de jamón con hierbas y nuez KK pergamino: piel de animal trata-
moscada, lomito de ternera con mermelada de ciruelas, da para usarse como papel.
y, de postre, camarones en miel, y todo abundantemen- KK grimorio: antiguo libro de magia,
te regado con exquisito vino del Mosela. y en sentido figurado, escritura
incomprensible, indescifrable.
He aquí la apetitosa comida que se perdió mi tío por KK facsímil: reproducción exacta de
un viejo papel. Yo, en mi calidad de sobrino abnegado, una firma, de un dibujo…
me creí en el deber de comer por los dos, y esto lo hice KK políglota: persona que habla
a conciencia. muchos idiomas.
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Español 7. Antología literaria 49
Y terminó su pensamiento con un gesto violento. El profesor tomó entonces el libro y el pergamino, y lo
comparó uno con otro.
—Siéntate ahí, y escribe —añadió indicándome la
mesa con el puño. —Estos dos manuscritos no están hechos por la misma
mano —dijo—; el criptograma es posterior al libro,
Obedecí con rapidez.
tengo de ello la evidencia. En efecto, la primera letra
—Ahora voy a dictarte las letras de nuestro alfabeto es una doble M que en vano buscaríamos en el libro de
que corresponden a cada uno de estos caracteres islan- Turleson, pues no fue incorporada al alfabeto islandés
deses. Veremos lo que resulta. Pero, ¡por San Miguel!, hasta el siglo XIV. Por consiguiente, entre el documen-
cuida de no equivocarte. to y el libro hay al menos dos siglos.

Mi tío empezó a dictarme y yo a escribir las letras, unas Esto me pareció muy lógico; no intentaré esconderlo.
a continuación de las otras, formando todas juntas la
—Me inclino por tanto a pensar —prosiguió mi tío—,
siguiente incomprensible sucesión de palabras:
que alguno de los dueños de este libro trazó los mis-
m.rnlls esreuel seecJde teriosos caracteres. Pero, ¿quién diantres sería? ¿No
habría escrito su nombre en algún sitio?
sgtssmf unteief niedrke
Mi tío se levantó los anteojos, tomó una lupa y revisó cui-
kt,samn atrateS Saodrrn
dadosamente las primeras páginas del libro. Al dorso de la
emtnael nuaect rrilSa segunda, que hacía de anteportada, descubrió una especie
de mancha, que parecía un borrón de tinta; pero, exami-
Atvaar .nscrc ieaabs nada de cerca, se distinguían en ella algunos caracteres
ccdrmi eeutul frantu borrosos. Mi tío comprendió que allí estaba el elemento de
interés: se concentró en la mancha, ayudado de su enorme
dt,iac oseibo KediiY lupa, y finalmente reconoció los caracteres rúnicos que a
Una vez terminado este trabajo, mi tío me arrebató vi- continuación transcribo, los cuales leyó de corrido:
vamente el papel que acababa de escribir, y lo examinó
atentamente durante bastante tiempo.

—¿Qué quiere decir esto? —repetía maquinalmente.


—¡Arne Saknussemm! —gritó en un tono triunfante—
No era yo ciertamente quien hubiera podido explicár- ¡es un nombre! Un nombre islandés además. ¡El de un
selo, pero esta pregunta no iba dirigida a mí, y por eso sabio del siglo XVI, un célebre alquimista!
prosiguió sin detenerse:
Miré a mi tío con cierta admiración.
—Esto es lo que llamamos un criptograma —decía—,
cuyo sentido yace oculto bajo una mezcla deliberada de —Estos alquimistas —prosiguió—, Avicena, Bacon, Lu-
letras que, dispuestas en manera conveniente, formarían lio, Paracelso, eran los verdaderos, los únicos sabios de
una frase inteligible. ¡Y pensar que estos caracteres ocultan su época. Hicieron descubrimientos realmente asom-
tal vez la explicación, o la indicación, cuando menos, de brosos. ¿Por qué este Saknussemm no hubiera podi-
un gran descubrimiento! do ocultar bajo este criptograma incomprensible algún
sorprendente invento? Tengo la seguridad de que así es.
En mi concepto, aquello nada ocultaba; pero me guardé
muy bien de expresar mi opinión. Y la viva imaginación del profesor se exaltó ante
esta hipótesis.
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50 Unidad 2 • Novela
—Sin duda —me atreví a responder—; pero, ¿qué
interés podía tener este sabio en ocultar de ese modo Vocabulario
su maravilloso descubrimiento?
KK criptograma: mensaje escrito en
—¿Qué interés? ¿Lo sé yo acaso? ¿No hizo Galileo clave (del griego kriptós, ‘oculto’, y
otro tanto cuando descubrió a Saturno? Pero no tar- grama, ‘escritura’).
daremos en saberlo, pues encontraré el secreto de KK alquimista: que practicaba la
este documento, y no comeré ni dormiré hasta que alquimia, esto es, una disciplina
lo haya adivinado. de la Edad Media que buscaba la
panacea universal (la medicina
“¡Oh!”, pensé. que curaría todos los males) y
la piedra filosofal (una sustancia
—Ni tú tampoco, Axel —añadió. que transformaría los metales
en oro).
“¡Diablos! —me dije a mí mismo—, qué bueno que
KK cifra: caracteres de escritura que
cené por dos”. representan letras o palabras
de una lengua con base en una
—Además —prosiguió mi tío—, es preciso averiguar
clave secreta.
en qué lengua está escrita esta cifra. Esto no será difícil.

Al oír estas palabras, levanté vivamente la cabeza. Mi


se rebelaron contra la suposición de que aquella serie
tío prosiguió su monólogo.
de palabras barrocas pudiesen pertenecer a la dulce
—No hay nada más sencillo. Contiene este documento lengua de Virgilio.
ciento treinta y dos letras, de las cuales, cincuenta y
—¡Sí, latín! —prosiguió mi tío—; pero un latín confuso.
tres son vocales, y setenta y nueve consonantes. Ahora
bien, esta es la proporción que, poco más o menos, se “Excelente —pensé—. Si lo desenredas, es que eres
ve en las palabras de las lenguas del sur, en tanto que agudo, tío”.
los idiomas del norte son infinitamente más ricos en
—Examinémoslo bien —añadió, tomando nuevamente la
consonantes. Se trata, pues, de una lengua meridional.
hoja que yo había escrito—. He aquí una serie de ciento
La conclusión no podía ser más justa y precisa. treinta y dos letras que ante nuestros ojos se presentan
en un aparente desorden. Existen palabras como la pri-
—Pero, ¿cuál es esa lengua?
mera: “m.rnlls”, en la que solo entran consonantes; otras,
Aquí era donde yo esperaba ver dudar a mi sabio, a por el contrario, en que abundan las vocales: la quinta
pesar de reconocer que era un profundo analizador. por ejemplo “unteief”, o la penúltima “oseibo”. Eviden-
temente, esta disposición no ha sido combinada, sino que
—Saknussemm era un hombre instruido —prosiguió resulta matemáticamente de la razón desconocida que ha
mi tío—, entonces, al no escribir en su lengua materna, presidido la sucesión de las letras. Me parece indudable
es de suponer que eligiera preferentemente el idioma que la frase primitiva fue escrita regularmente, y alterada
usual entre los espíritus cultos del siglo XVI, es decir, después con arreglo a una ley que es preciso descubrir. El
el latín. Si es que me engaño, recurriré al español, al que poseyera la clave de este documento cifrado lo leería
francés, al italiano, al griego o al hebreo. Pero los sabios de corrido. Pero, ¿cuál es esta clave? Axel, ¿la tienes?
de ese siglo escribían, por lo general, en latín. Puedo,
pues, con fundamento, asegurar a priori que esto es Nada contesté a esta pregunta, por una sencilla ra-
latín. Di un salto en la silla. Mis recuerdos de latinista zón, mis ojos se hallaban fijos en un adorable retrato

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Español 7. Antología literaria 51
colgado de la pared: el retrato de Graüben. La bella “¡Vaya!”, pensé yo.
ahijada de mi tío se encontraba entonces en Altona,
—Es preciso ver el efecto que se obtiene de este procedi-
en casa de un pariente suyo, y su ausencia me tenía
miento. Axel, escribe en ese papel una frase cualquiera;
muy triste; porque, ahora ya puedo confesarlo, la be-
pero, en lugar de disponer las letras unas a continua-
lla virlandesa y el sobrino del catedrático se amaban
ción de otras, colócalas de arriba abajo, agrupadas de
con toda la paciencia y toda la tranquilidad alemanas.
tal modo que formen cinco o seis columnas verticales.
Nos habíamos comprometido sin que lo supiera mi tío,
demasiado geólogo para comprender semejantes sen- Comprendí su intención y escribí inmediatamente:
timientos. Era Graüben una encantadora muchacha,
rubia, de ojos azules, de carácter algo grave y espíritu ¡diñb
algo serio; mas no por eso me amaba menos. Por lo que
Yopae
a mí respecta, la adoraba, si es que este verbo existe en
lengua tudesca. La imagen de mi linda virlandesa se oreGn
transportó en un momento del mundo de las realidades
a la región de los recuerdos y ensueños. toqr!

Volvía a ver a la fiel compañera de mis tareas y placeres; e,ua


a la que todos los días me ayudaba a ordenar los pe- ameü
druscos de mi tío, y los rotulaba conmigo. Graüben era
muy entendida en materia de mineralogía, y le gustaba —Bien —dijo el profesor, sin leer lo que yo había es-
profundizar en las más arduas cuestiones de la ciencia. crito—; coloca ahora esas palabras en una línea hori-
¡Cuán dulces horas habíamos pasado estudiando los zontal. Obedecí y obtuve la frase siguiente:
dos juntos, y con cuánta frecuencia había envidiado la ¡diñb Yopae oreGn toqr! e,ua ameü
suerte de aquellos insensibles minerales que acariciaba
ella con sus adorables manos! —¡Perfectamente! —exclamó mi tío, arrebatándome
el papel de las manos—; este escrito ya ha adquirido
En las horas de descanso, salíamos los dos de paseo por la fisonomía del viejo documento; las vocales se en-
las frondosas alamedas del río Alster, y nos íbamos al cuentran agrupadas, lo mismo que las consonantes, en
antiguo molino alquitranado que tan buen efecto pro- el mayor desorden; hay hasta mayúsculas y una coma
duce en la punta del lago. Caminábamos de la mano, en medio de las palabras, exactamente igual que en el
refiriéndole yo cuentos que le daban risa, y llegábamos pergamino de Saknussemm.
así hasta la orilla del Elba; y, después de despedirnos
de los cisnes que nadaban entre los grandes nenúfares
blancos, volvíamos en un vaporcito al desembarcadero.

Aquí había llegado en mis sueños, cuando mi tío, des-


cargando encima de la mesa un terrible puñetazo, me
Vocabulario
volvió a la realidad de una manera violenta.
KK tudesca: alemana.
—Veamos —dijo—: la primera idea que a cualquiera
se le debe ocurrir para descifrar las letras de una frase, KK alquitranado: cubierto de alqui-
se me antoja que debe ser el escribir verticalmente trán para protegerlo del agua.
las palabras. KK nenúfares: plantas acuáticas,
típicas de lagunas o estanques.

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52 Unidad 2 • Novela
Debo confesar que estas observaciones me parecieron Confieso que, al terminar, estaba emocionado. Aque-
en extremo ingeniosas. llas letras, pronunciadas una a una, no tenían ningún
sentido, y esperé a que el profesor dejase escapar de
—Ahora bien —prosiguió mi tío, dirigiéndose a mí
sus labios una magnífica frase latina.
directamente—, para leer la frase que acabas de escribir
y que yo desconozco, me bastará tomar sucesivamente Pero, ¡quién lo hubiera dicho! Un violento puñetazo
la primera letra de cada palabra, después la segunda, hizo vacilar la mesa; saltó la tinta y la pluma se me
enseguida la tercera, y así sucesivamente. cayó de las manos.

Y mi tío, con gran sorpresa suya, y sobre todo mía, leyó: —Esto no puede ser —exclamó mi tío—; ¡esto no tiene
¡Yo te adoro, mi pequeña Graüben! sentido común!

—¿Qué? —exclamó el profesor. Y, atravesando la oficina como una bala y bajando la


escalera lo mismo que una avalancha, se precipitó en
Sin darme cuenta, en un extravío amoroso, había es-
la Königstrasse, y desapareció a toda prisa.
crito una frase tan comprometedora.

—¿Así que amas a Graüben, eh? —prosiguió mi tío CAPÍTULO 4


con acento de verdadero furor.
—¿Se ha marchado? —preguntó Marta, acudiendo pre-
—Sí... No... —dije desconcertado. surosa al oír el ruido del portazo que hizo estremecer
toda la casa.
—¡De manera que amas a Graüben! —prosiguió ma-
quinalmente—. Bueno, dejemos esto ahora y aplique- —Sí —respondí—, se ha marchado.
mos mi procedimiento al documento en cuestión.
—¿Y su comida? —dijo la vieja sirvienta.
—Abismado nuevamente mi tío en su absorbente con-
—No comerá hoy en casa.
templación, olvidó de momento mis imprudentes pa-
labras. Y digo imprudentes, porque la cabeza del sabio —¿Y su cena?
no podía entender las cosas del corazón. Pero, afortu-
—No cenará tampoco.
nadamente, la cuestión del documento le absorbió por
completo su espíritu. —¿Cómo? —dijo Marta juntando sus manos.

En el instante de realizar aquel experimento decisivo, —No, querida Marta. ¡Ni él ni nosotros volveremos a
los ojos del profesor Lidenbrock lanzaban chispas a comer en la casa! Mí tío Lidenbrock ha resuelto poner-
través de sus anteojos; sus dedos temblaban al tomar nos a dieta hasta que haya descifrado un antiguo perga-
otra vez el viejo pergamino; estaba emocionado de ve- mino, que, a mi modo de ver, es del todo indescifrable.
ras. Por último, tosió fuertemente, y con voz grave y
—¡Jesús! ¡Entonces, nos vamos a morir de hambre!
solemne, nombrando una tras otra la primera letra de
cada palabra, a continuación la segunda, y así todas las Yo no me atreví a confesarle que, dada la testarudez de mi
demás, me dictó la serie siguiente: tío, esa era, en efecto, la suerte que a todos nos esperaba.
messunkaSenrA.icefdoK.segnittamurtn La vieja sirvienta, seriamente alarmada, regresó a su
ecertserrette, rotaivsadua, ednecsedsadne cocina sollozando.
lacartniiiluJsiratracSarbmutabiledmek
Cuando me quedé solo, se me ocurrió la idea de írselo
meretarcsilucoYsleffenSnl
a contar todo a Graüben; pero, ¿cómo salir de casa?

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Español 7. Antología literaria 53
¿Y si mi tío volvía y me llamaba, con objeto de reanu- sima quinta y octogésima sexta configuraban la palabra
dar aquel trabajo logogrífico capaz de volver loco a “sir” perteneciente al mismo idioma. Por último, en el
Edipo? ¿Qué sucedería si yo no le contestaba? cuerpo del documento, en las líneas segunda y terce-
ra, leí también las palabras latinas “rota”, “mutabile”,
Me pareció lo más prudente quedarme. Precisamente,
“ira”, “nec” y “atra”.
daba la casualidad de que un mineralogista de Besançon
acababa de remitirnos una colección de geodas silíceas “¡Rayos! —pensé entonces—. ¡Estas últimas pala-
que era preciso clasificar. Puse manos a la obra, y escogí, bras parecen dar la razón a mi tío acerca de la lengua
rotulé y coloqué en su vitrina todas aquellas piedras en que está redactado el documento! Además, en la
huecas en cuyo interior se agitaban pequeños cristales. cuarta línea veo también la voz luco que quiere decir
‘bosque sagrado’. Sin embargo, en la tercera línea se
Pero en lo que menos pensaba era en lo que estaba
lee la palabra tabiled, de estructura perfectamente he-
haciendo: el viejo documento no se apartaba de mi
brea, y en la última los vocablos mer, arc y mere, que
mente. La cabeza me daba vueltas y me sentía presa de
son netamente franceses”.
una vaga inquietud. Presentía una cercana catástrofe.
¡Aquello era para volverse loco! ¡Cuatro idiomas diver-
Al cabo de una hora, las geodas estaban colocadas en su
sos en una frase absurda! ¿Qué relación podría existir
debido orden, y me dejé caer sobre el sillón de terciopelo
entre estas palabras: “hielo, señor, cólera, cruel, bosque
de Utrecht, con los brazos colgando y la cabeza apoyada
sagrado, cambiante, madre, arco o mar”? Solo la pri-
en el respaldo. Encendí mi larga pipa de espuma, que
mera y la última podían coordinarse fácilmente, pues
representaba una náyade recostada perezosamente, y
nada tenía de extraño que en un documento redactado
me entretuve después en observar cómo el humo iba en-
en Islandia se hablase de un mar de hielo. Pero esto no
negreciendo mi náyade poco a poco. De vez en cuando
bastaba, ni con mucho, para comprender el criptogra-
escuchaba para verificar si se oían pasos en la escalera,
ma… Eso era otra cosa.
siempre con resultado negativo. ¿Dónde estaría mi tío?
Me lo imaginaba corriendo bajo los frondosos árboles de Luchaba, pues, contra una dificultad insuperable; mi
la ruta de Altona, gesticulando, golpeando las cercas con cerebro echaba fuego, mi vista se oscurecía de tanto
su pesado bastón, majando las hierbas, decapitando los mirar el papel; las ciento treinta y dos letras parecían
cardos y turbando el reposo de las cigüeñas solitarias. revolotear en torno mío como esas lágrimas de plata
que vemos moverse en el aire alrededor de nuestra
¿Volvería victorioso o derrotado? ¿Triunfaría del se-
cabeza cuando la sangre circula en ella con violencia.
creto o sería este más poderoso que él? Y mientras me
dirigía a mí mismo estas preguntas, tomé maquinal- Era víctima de una especie de alucinación; me as-
mente la hoja de papel en la cual se hallaba escrita la fixiaba; sentía necesidad de aire puro. Instintivamen-
incomprensible serie de letras trazadas por mi mano, te, me abaniqué con la hoja de papel, cuyo anverso
diciéndome varias veces: y reverso se presentaban de este modo alternativa-
mente a mi mirada.
—¿Qué significa esto?
¡Júzguese cuál fue mi sorpresa cuando, en una de estas
Traté de agrupar las letras de manera que formasen
rápidas vueltas que hice, en el momento de quedar el
palabras; pero en vano. Era inútil reunirlas de dos, de
reverso ante mis ojos, creí ver aparecer palabras perfecta-
tres, de cinco o de seis: de ninguna manera resultaban
mente latinas, como “craterem” y “terrestre” entre otras!
comprensibles. Sin embargo, noté que las letras deci-
mocuarta, decimoquinta y decimosexta formaban la Súbitamente se hizo la claridad en mi espíritu: acaba-
palabra inglesa “ice”, y las octogésima cuarta, octogé- ba de descubrir la clave de aquel enigma. Para leer el
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54 Unidad 2 • Novela
documento no era ni siquiera preciso mirarlo al trasluz Quedaban aún algo de fuego en la chimenea. Tomé no
con hoja vuelta del revés. No. Podía leerse de corrido solo de la hoja de papel, sino también el pergamino de
tal como me había sido dictado. Todas las ingeniosas Saknussemm; con la mano febril iba ya a arrojarlo todo
suposiciones del profesor se realizaban: había acertado al carbón y a destruir el peligroso secreto, cuando se
la disposición de las letras y la lengua en que estaba abrió la puerta de la oficina y mi tío apareció.
redactado el documento. Había faltado poco para que
mi tío pudiese leer completa aquella frase latina, y este CAPÍTULO 5
poco me lo acababa de revelar a mí la casualidad.
Apenas me dio tiempo de dejar otra vez sobre la mesa
No es difícil imaginar mi emoción. Mis ojos se oscu- el lamentable documento.
recieron y no podía usarlos. Extendí la hoja de papel
El profesor Lidenbrock parecía en extremo preocu-
sobre la mesa y solo me faltaba fijar la mirada en ella
pado. Su pensamiento dominante no le abandonaba
para poseer el secreto.
un solo momento. Había evidentemente escudriñado
Por fin logré calmar mi agitación. Resolví dar dos vuel- y analizado el asunto poniendo en juego, durante su
tas alrededor de la estancia para apaciguar mis nervios, caminata, todos los recursos de su viva imaginación, y
y me acomodé después en el amplio sillón. volvía dispuesto a ensayar alguna combinación nueva.

—¡Leamos! —me dije enseguida, después de haber En efecto, se sentó en su sillón y, con la pluma en la
hecho una buena provisión de aire en mis pulmones. mano, empezó a escribir ciertas fórmulas que parecían
cálculos algebraicos.
Me incliné sobre la mesa, puse un dedo sucesivamente
sobre cada letra, y, sin titubear, sin detenerme un mo- Yo seguía con la mirada su mano temblorosa, sin per-
mento, pronuncié en alta voz la frase entera. derme ni uno de sus movimientos. ¿Qué resultado

¡Qué inmenso asombro y terror se apoderaron de mí!


Quedé al principio como herido por un rayo. ¡Cómo! Vocabulario
¡Lo que yo acababa de leer se había efectuado! ¡Un hom-
bre había tenido la suficiente audacia para penetrar...! KK logogrífico: relativo al logogrifo
(del griego logos, ‘palabra’, y grifos,
—¡Ah! —exclamé dando un brinco—; no, no; ¡mi tío ‘enigma’), esto es, un enigma
jamás lo sabrá! ¡Solo faltaría que tuviese conocimiento sobre una palabra, por lo general
de semejante viaje! Enseguida querría repetirlo sin que formado intercambiando sílabas
de lugar.
nadie lograra detenerlo. Un geólogo tan exaltado partiría
a pesar de todas las dificultades y obstáculos, llevándo- KK geoda: formación rocosa esfe-
me con él, y no regresaríamos jamás; ¡pero jamás! roide, generalmente hueca, que
suele contener cristales diversos.
Me encontraba en un estado de sobreexcitación KK silícea: hecha de sílice (mineral
indescriptible. de silicio).
KK náyade: en la mitología griega,
—No, no; eso no será —dije con energía—; y, puesto
una divinidad de ríos y fuentes.
que puedo impedir que semejante idea se le ocurra a
KK al trasluz: con el objeto puesto
mi tirano, lo evitaré a toda costa. Dando vueltas a este
entre la luz y el ojo, para que la
documento, podría acontecer que descubriese la clave luz lo atraviese.
de una manera casual. ¡Hay que destruirlo!
KK febril: con fiebre o temblando
como si tuviera fiebre.
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Español 7. Antología literaria 55
imprevisto iba a producirse de pronto? Me estremecía Si he de decir la verdad, me inspiró compasión. A pe-
sin razón, porque una vez encontrada la verdadera, la sar de los numerosos motivos de queja que creía tener
única combinación, todas las investigaciones debían contra él, me sentí conmovido. Se hallaba el infeliz
forzosamente resultar infructuosas. tan absorbido por su idea, que no se acordaba ni de
enojarse. Todas sus fuerzas estaban concentradas en un
Trabajó tres horas largas sin hablarme, sin levantar la
solo punto, y como no hallaban salida por el camino
cabeza, borrando, volviendo a escribir, raspando, co-
ordinario, era de temer que su extraordinaria tensión
menzando de nuevo mil veces.
le hiciese estallar de un momento a otro.
Bien sabía yo que, si lograba ordenar estas letras, de
Yo podía con un solo gesto aflojar la prensa de hierro
suerte que ocupasen todas las posiciones relativas po-
que le comprimía el cráneo. Una sola palabra habría
sibles, acabaría por encontrar la frase. Pero no ignoraba
bastado, ¡y no quise pronunciarla!
tampoco que con solo veinte letras se pueden formar
dos quintillones cuatrocientos treinta y dos cuatrillo- Si yo tenía un buen corazón, ¿por qué callaba en esa
nes, novecientos dos trillones, ocho mil ciento setenta circunstancia? Callaba en el interés de mi propio tío.
y seis millones, seiscientas cuarenta mil combinacio-
“No, no —repetía en mi interior—; no hablaré”. Lo
nes. Ahora bien, como el documento constaba de cien-
conozco muy bien: se empeñaría en repetir el viaje sin
to treinta y dos letras, y el número que expresa el de
que nada ni nadie pudiera detenerle. Posee una imagi-
frases distintas compuesta de ciento treinta y dos letras
nación muy ardorosa, y, por hacer lo que otros geólogos
tiene, por la parte más corta, ciento treinta y tres cifras,
no han hecho, sería capaz de arriesgar su propia vida.
cantidad que no puede enunciarse ni aun concebirse
Callaré, por tanto; guardaré eternamente el secreto de
siquiera, tenía la seguridad de que, por este método,
que la casualidad me ha hecho dueño. ¡Revelárselo a
no resolvería el problema.
él sería ocasionarle la muerte! Que lo adivine si puede;
Entretanto, el tiempo pasaba, cayó la noche y se detuvo no quiero el día de mañana tener que reprocharme el
el ruido de la calle; pero mi tío, entregado por completo a haberlo conducido a la perdición.
su tarea, no veía ni entendía absolutamente nada, ni aun
Una vez adoptada esta resolución, esperé cruzado de
siquiera a la buena Marta que entreabrió la puerta y dijo:
brazos. Pero no había contado con un incidente que
—¿Cenará esta noche el señor? hubo de ocurrir algunas horas después.

Marta tuvo que marcharse sin obtener ninguna res- Cuando la buena Marta trató de salir de casa para ir al
puesta. Por lo que respecta a mí, después de resistir mercado, encontró la puerta cerrada y la llave no estaba
durante mucho tiempo, me sentí atacado por un sue- en la cerradura. ¿Quién la había quitado?; mi tío, eso
ño insoportable y me dormí en un extremo del sofá, era evidente, al regresar de su agitado paseo.
mientras mi tío proseguía sus complicados cálculos.
¿Lo había hecho por descuido o con deliberada inten-
Cuando me desperté al día siguiente, el incansable ción? ¿Quería someternos a los rigores del hambre?
peón trabajaba todavía. Los ojos rojos, la cara pálida, Esto me parecía un poco fuerte. ¿Por qué razón ha-
el pelo desordenado bajo su mano febril, los pómulos bíamos de ser Marta y yo víctimas de una situación
amoratados delataban claramente la lucha desesperada que no habíamos creado? Entonces me acordé de un
que había sostenido contra lo imposible, y las fatigas precedente que me llenó de terror. Algunos años atrás,
de espíritu y la extrema tensión cerebral que, durante en la época en que trabajaba mi tío en su gran clasifi-
muchas horas, había experimentado. cación mineralógica, permaneció sin comer cuarenta
y ocho horas y toda su familia tuvo que soportar esta
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56 Unidad 2 • Novela
dieta científica. Me acuerdo que en aquella ocasión su- Andaba buscando la forma de entablar conversación,
frí dolores de estómago que nada tenían de agradables cuando se levantó el profesor, se puso su sombrero y
para un joven dotado de un apetito devorador. se dispuso a salir.

Me pareció que nos íbamos a quedar ahora sin almuer- ¡Vaya! ¡Marcharse de casa y dejarnos encerrados en
zo, como la noche anterior nos habíamos quedado sin ella otra vez...! ¡Eso nunca!
cena. Sin embargo, me armé de valor y resolví no ceder
—Tío —le dije de pronto.
ante las exigencias del hambre. Marta, en cambio, se
lo tomó muy en serio y se desesperaba la pobre. Por Pero él pareció no haberme oído.
lo que a mí respecta, la imposibilidad de salir de casa
—¡Tío Lidenbrock! —repetí, levantando la voz.
me preocupaba mucho más que la falta de comida, por
razones que el lector adivinará fácilmente. —¿Eh? —respondió él como el que se despierta
de súbito.
Mi tío trabajaba sin cesar; su imaginación se per-
día en el mundo ideal de las combinaciones. Vivía —¿Y esa llave [clef]4?
fuera del mundo y verdaderamente apartado de las
necesidades terrestres. —¿Qué llave? ¿La de la puerta?

A eso del mediodía, el hambre me aguijoneó seriamente. —No, no; la del documento.
Marta, con toda inocencia, había devorado la víspera El profesor me miró por encima de los anteojos y
las provisiones encerradas en la despensa; no quedaba, debió observar sin duda algo extraño en mi rostro,
pues, nada en casa. Sin embargo, acepté la situación sin pues me tomó enérgicamente del brazo, y, sin poder
protestar; en cierta forma, era una cuestión de honor. hablar, me interrogó con la mirada. Sin embargo, ja-
Por fin sonaron las dos. Aquello se iba haciendo ridí- más pregunta alguna fue formulada en el mundo de
culamente intolerable, y empecé a abrir los ojos a la un modo tan expresivo.
realidad. Pensé que yo exageraba la importancia del Yo movía la cabeza de arriba abajo.
documento; que mi tío no le daría crédito: que solo
vería en él un engaño; que, en el caso más desfavo- Él sacudía la suya con una especie de piedad, cual si
rable, lograríamos detenerlo a su pesar; y, en fin, que estuviera hablando con un loco.
era posible diera él mismo con la clave del enigma, Yo entonces hice un gesto más afirmativo aún.
resultando en este caso infructuosos los sacrificios que
suponía mi abstinencia. Sus ojos brillaron con una viva chispa; su mano se
volvió amenazante.
Estas razones, que con indignación hubiera rechazado
la víspera, me parecieron pues excelentes; llegué hasta Este mudo diálogo, en aquellas circunstancias, hubiera
juzgar un absurdo el haber aguardado tanto tiempo, y interesado al más indiferente espectador. Si he de ser
resolví decir cuanto sabía. honesto, no me atrevía a hablar, temeroso de que mi
tío me ahogara entre sus brazos en los primeros trans-
portes de júbilo. Pero me apremió de tal modo, que
Vocabulario
tuve que responderle.
KK mundo ideal: mundo hecho de
ideas (en este caso, el mundo
matemático de las combinacio- 4En francés, la palabra clef puede significar tanto ‘llave’ (de la
nes o permutaciones). puerta) como ‘clave’ (del enigma). (Nota del editor).

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Español 7. Antología literaria 57
—Sí —le dije—, esa llave... la casualidad ha querido... —¿Qué hora es? —me preguntó, después de unos ins-
tantes de silencio.
—¿Qué dices? —exclamó con indescriptible emoción.
—Las tres —le respondí.
—Tome —le dije, alargándole la hoja de papel por mí
escrita—; lea usted. —¡Vaya! Mi hora de almorzar ha pasado rápido. ¡Me
muero de hambre! Vamos a la mesa. Y después...
—Pero esto no quiere decir nada —respondió él, es-
trujando con rabia el papel entre sus dedos. —¿Después qué...? —pregunté ansioso.

—Nada, en efecto, si se comienza a leer por el princi- —Prepararás mi equipaje.


pio; pero si se empieza a hacer por el final...
—¿Su equipaje? —exclamé.
No había terminado la frase, cuando el profesor lanzó un
—Sí; y el tuyo también —respondió el implacable pro-
grito... ¿Qué digo un grito? ¡Un rugido! Una revelación
fesor, entrando en el comedor.
acababa de hacerse en su cerebro. Estaba transfigurado.

—¡Ah, ingenioso Saknussemm! —exclamó—; ¿con- CAPÍTULO 6


que habías escrito tu frase al revés?
Al oír estas palabras, un terrible escalofrío me recorrió
Y cogiendo la hoja de papel, leyó todo el documento, el cuerpo. Me contuve, sin embargo, y resolví ponerle
con la vista turbada y la voz enronquecida de emoción, buena cara. Solo argumentos científicos podrían de-
subiendo desde la última letra hasta la primera. tener al profesor Lidenbrock, y había muchos y muy
poderosos que oponer a semejante viaje. ¡Ir al centro
Se hallaba concebido en estos términos:
de la Tierra! ¡Qué locura! Reservé mi dialéctica para el
In Sneffels Yoculis craterem kem delibat umbra Scar- momento oportuno, y me ocupé de la comida.
taris Julii intra calendas descende, audas viator, et Es inútil relatar las maldiciones de mi tío al encontrar
terrestre centrum attinges. Kod feci. Arne Saknussem. la mesa completamente vacía. Pero, una vez explicada
Lo que, de este mal latín, podía traducirse así: la causa, devolvió la libertad a Marta, la cual corrió
rápidamente al mercado y desplegó tal actividad y di-
ligencia que, una hora más tarde, mi apetito se hallaba
Desciende al cráter del Yocul de Sneffels que la sombra
satisfecho y volví a tomar conciencia de la situación.
del Scartaris acaricia antes de las calendas de julio,
viajero audaz, y llegarás al centro de la Tierra. Es lo Durante la comida, mi tío estaba casi contento; se le
que yo hice. Arne Saknussemm. escapaban esas bromas de sabio, que nunca son peli-
grosas. Después del postre, me hizo señas para que lo
Al leer esto, pegó mi tío un salto, cual si hubiese recibi- siguiera a su oficina.
do de improviso la descarga de una botella de Leyden.
Le obedecí. Se sentó a un extremo de su mesa de tra-
La audacia, alegría y convicción le daban un aspecto
bajo y yo al otro.
magnífico. Iba y venía; se agarraba la cabeza con las
manos; empujaba las sillas; amontonaba los libros; lan- —Axel —me dijo, con una amabilidad poco frecuente
zaba al aire, aunque parezca increíble, sus inestimables en él—, eres un muchacho ingenioso: me has prestado
geodas; lanzaba una patada por aquí, y un puñetazo un servicio excelente cuando, cansado ya de luchar
por allá. Por fin, se calmaron sus nervios, y, agotadas contra lo imposible, iba a darme por vencido. Yo no lo
sus energías, se desplomó en su sillón.

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58 Unidad 2 • Novela
olvidaré jamás, y participarás de la gloria que vamos —Ante todo, le agradeceré que me diga qué son ese
a conquistar. Yocul, ese Sneffels y ese Scartaris, de los que nunca he
oído hablar.
“¡Vaya! —pensé—; está de buen humor: este es el mo-
mento oportuno para discutir esta gloria”. —Pues, nada más sencillo. Precisamente recibí, no
hace mucho, una carta de mi amigo Augustus Peter-
—Ante todo —prosiguió mi tío—, te recomiendo el man, de Leipzig, que no ha podido llegar en una fecha
más absoluto secreto, ¿me entiendes? No faltan envi- más oportuna. Ve, y toma el tercer atlas del segundo
diosos en el mundo de los sabios, y hay muchos que estante de la librería grande, serie Z, tabla 4.
quisieran emprender este viaje, del cual, hasta nuestro
regreso no tendrán noticia alguna. Me levanté, y, gracias a la gran precisión de sus indica-
ciones, di con el atlas enseguida. Lo abrió mi tío y dijo:
—¿Cree usted —le dije— que es tan grande el número
de los audaces? —He aquí, uno de los mejores mapas de Islandia,
el de Handerson, y creo que nos va a resolver todas
—¡Ya lo creo! ¿Quién dudaría en conquistar una fama las dificultades.
semejante? ¡Si este documento llegara a conocerse, un
Yo me incliné sobre el mapa.
batallón entero de geólogos se precipitaría tras las hue-
llas de Arne Saknussemm! —Fíjate en esta isla llena toda de volcanes —me dijo
el profesor—, y observa que todos llevan el nombre de
—No opino yo lo mismo, tío, pues nada prueba la
Yocul, palabra que significa en islandés “glaciar”. De-
autenticidad de ese documento.
bido a la elevada latitud que ocupa Islandia, la mayoría
—¡Cómo! ¿Y qué me dices del libro en que lo hemos de las erupciones se verifica a través de las capas de
encontrado? hielo, siendo esta la causa de que se aplique el nombre
de Yocul a todos los montes ignívomos de la isla.
—Bien, yo no niego que el mismo Saknussemm pue-
da haber escrito esas líneas; pero ¿hemos de creer
por eso que él en persona haya realizado el viaje? Vocabulario
¿No puede contener ese viejo pergamino una mera
falsificación? KK calendas: en el antiguo calenda-
rio romano, el primer día del mes.
Me arrepentí, ya tarde, de haber aventurado esta última KK botella de Leyden: aparato
palabra; arrugó el profesor sus espesas cejas, y yo temí inventado en el siglo XVIII que
haber comprometido la continuación de esta conver- era capaz de almacenar cargas
sación. No fue así, por fortuna. Se dibujó una especie eléctricas.
de sonrisa en sus delgados labios, y respondió: KK dialéctica: arte de argumentar
y discutir.
—Eso ya lo veremos. KK objeción: razón contraria a una
—Bien —dije algo molesto—; pero permítame formu- opinión o a un proyecto.
lar una serie de objeciones relativas a ese documento. KK glaciar: masa de hielos perpe-
tuos en un valle o montaña, que
—Habla, muchacho, no te preocupes. Te permito que se desliza como un río, pero a
expongas tu opinión con entera libertad. Ya no eres mi una velocidad muy reducida.
sobrino, sino un colega. Habla, pues. KK ignívomos: que vomitan o
expulsan fuego (los “montes igní-
vomos” son edificios volcánicos).
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Español 7. Antología literaria 59
—Conforme —respondí yo—. Pero ¿qué significa guiendo gradualmente, y ha dejado de figurar entre
Sneffels? los volcanes activos.

Creí que a esta pregunta no sabría qué responderme Ante estas afirmaciones no supe qué objetar, y traté de
mi tío; pero me equivoqué, pues me dijo: basar mis argumentos en los otros puntos oscuros que
encerraba el documento.
—Sígueme por la costa occidental de la isla. ¿Distin-
gues su capital, Reikiavik? Bien; pues remonta los in- —¿Qué significa la palabra Scartaris —le pregunté—,
numerables fiordos de estas costas escarpadas por el y, qué tiene que ver todo eso con las calendas de julio?
mar, y detente un momento debajo del grado setenta
Tras algunos momentos de reflexión, que fueron para mí
y cinco de latitud. ¿Qué ves?
un rayo de esperanza, me respondió en estos términos:
—Una especie de península parecida a un hueso des-
—Lo que tú llamas oscuridad resulta para mí luz, ya
carnado y termina en una rótula enorme.
que ello me demuestra el ingenio de Saknussemm para
—La comparación es exacta, muchacho; y ahora, dime, precisar su descubrimiento. El Sneffels está formado
¿no ves nada sobre esa rótula? por varios cráteres, y era preciso indicar cuál de ellos
era el que conducía al centro de la Tierra. Y, ¿qué hizo
—Veo un monte que parece surgir del mar.
el sabio islandés? Advirtió que en las proximidades de
—Pues ese es el Sneffels. las calendas de julio, es decir, en los últimos días del
mes de junio, uno de los picos de la montaña, el Scar-
—¿El Sneffels?
taris, proyectaba su sombra hasta la abertura del cráter
—El mismo. Una montaña de cinco mil pies de ele- en cuestión, y consignó en el documento este hecho.
vación. Una de las más notables de la isla, y, a buen ¿Es posible imaginar una indicación más exacta? Una
seguro, la más célebre del mundo entero, si su cráter vez que lleguemos a la cumbre del Sneffels, ¿podemos
conduce al centro del globo. dudar acerca del camino a seguir teniendo presente
esta advertencia?
—¡Pero eso es imposible! —exclamé, encogiéndome
de hombros y rebelándome contra semejante hipótesis. Decididamente mi tío tenía respuesta para todo. Me
convencí de que no había posibilidad de atacarle en
—¡Imposible! ¿Y por qué? —replicó con tono severo lo referente a las palabras del viejo pergamino. Cesé
el profesor Lidenbrock. pues, de seguirle por este lado, mas, como era preciso
—Porque ese cráter debe estar evidentemente obstrui- convencerle a toda costa, pasé a hacerle otras objecio-
do por las lavas y las rocas candentes, y, por tanto... nes de carácter científico, en mi concepto, más graves.

—¿Y si se trata de un cráter apagado? —Bien —dije— tengo que convenir en que la frase de
Saknussemm es perfectamente clara y no puede dejar
—¿Apagado? duda alguna al espíritu. Estoy conforme también en
—Sí. El número de los volcanes en actividad que hay que el documento tiene todos los caracteres de una
en la superficie del globo no pasa en la actualidad de autenticidad perfecta. Ese sabio bajó hasta el fondo del
trescientos: pero existe una cantidad mucho mayor Sneffels, vio la sombra del Scartaris acariciar los bordes
de volcanes apagados. El Sneffels figura entre estos del cráter antes de las calendas de julio, y le enseñaron
últimos, y no hay noticia histórica de que haya ex- las leyendas de su tiempo, que afirmaban que aquel
perimentado más que una sola erupción, la de 1219. cráter conducía al centro del globo: hasta aquí, estamos
A partir de esta fecha, sus rumores se han ido extin- conformes; pero admitir que él en persona fue al centro
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60 Unidad 2 • Novela
de la Tierra y que volvió de allá sano y salvo, eso no; que la temperatura de los espacios interplanetarios de-
¡mil veces no! crecía sin cesar, y no se sabe hoy que las temperaturas
inferiores de las regiones etéreas nunca descienden de
—¿Y por qué razón? —dijo mi tío, con un tono singu-
cuarenta o cincuenta grados bajo cero? ¿Y por qué no ha
larmente burlón.
de suceder otro tanto con el calor interior? ¿Por qué, a
—En que todas las teorías de la ciencia demuestran partir de cierta profundidad, no ha de alcanzar un límite
que la empresa es impracticable del todo. insuperable, en lugar de elevarse hasta el grado de fusión
de los más refractarios minerales?
—¿Todas las teorías dicen eso? —replicó el profesor,
haciéndose el inocente—. ¡Ah, las condenadas teorías! Como mi tío colocaba la cuestión en un terreno hipo-
¡Nos van a poner en un aprieto esas pobres teorías! tético, nada podía responderle.

Aun comprendiendo que se burlaba de mí, proseguí: —Pues bien —prosiguió mi tío—, te diré que verda-
deros sabios, entre los que se encuentra Poisson, han
—¡Sí! Es un hecho por todos admitido que la tem-
demostrado que si existiese en el interior de la Tierra
peratura aumenta un grado por cada setenta pies que
una temperatura de dos millones de grados, los gases
se desciende en la corteza terrestre; y admitiendo que
incandescentes, procedentes de las sustancias fundi-
este aumento sea constante, y siendo de mil quinientas
das, adquirirían una tensión tal que la corteza terrestre
leguas la longitud del radio de la Tierra, claro es que
se tiene en su centro una temperatura superior a dos-
cientos mil grados. Así, pues, las materias que existen
en el interior de nuestro planeta se encuentran en un Vocabulario
estado gaseoso incandescente, porque los metales, el
KK fiordos: golfos estrechos y pro-
oro, el platino, y las rocas más duras, no resisten se- fundos, formados por antiguos
mejante calor. ¿No tengo, pues, derecho a afirmar que glaciares, propios del paisaje de
es imposible penetrar en medio semejante? Escandinavia.
KK rótula: hueso que corresponde a
—¿De modo, Axel, que es el calor lo que te inquieta?
la ubicación de la rodilla.
—Sin duda. Con solo descender a una profundidad de KK pies: medida de longitud equi-
diez leguas, habríamos llegado al límite de la corteza valente a 30,48 cm. Para convertir
terrestre, porque ya la temperatura sería allí superior una cantidad de pies a metros,
en sentido aproximado, se divide
a mil trescientos grados.
la cantidad de pies entre tres.
—¿Es que temes entrar en fusión? KK incandescente: calentado al
punto de volverse luminoso.
—Le dejo a usted la decisión del asunto —contesté
KK fusión: paso de un sólido al esta-
con impertinencia. do líquido, por acción del calor.
—Te digo —replicó el profesor, adoptando su aire ma- KK etéreo: relativo al éter, una sus-
gistral de costumbre—, que ni tú ni nadie sabe de ma- tancia que la ciencia creyó, hasta
nera cierta lo que ocurre dentro de nuestro globo, ya finales del siglo XIX, que llenaba
los espacios vacíos del universo.
que apenas se conoce la docemilésima parte de su radio;
que la ciencia es eminentemente susceptible de perfec-
KK refractario: dicho de un mine-
ral, que es resistente a diversos
cionamiento y cada teoría es a cada momento destruida factores químicos o físicos, como
por otra nueva que aparece. ¿No se creyó hasta Fourier el calor.
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Español 7. Antología literaria 61
no podría soportarla y estallaría como una caldera bajo ha sufrido una combustión, y cabe, por tanto, suponer
la presión del vapor. que la corteza exterior se ha ido enfriando, refugián-
dose el calor en el centro de la Tierra.
—Eso, tío, no pasa de ser una opinión de Poisson.
—¡Error! —dijo mi tío—; el calor de la Tierra no reco-
—De acuerdo, pero es que opinan también otros dis-
noce otro origen que la combustión de su superficie. Se
tinguidos geólogos que el interior de la Tierra no se
hallaba esta formada de una gran cantidad de metales,
encuentra formado de gases, ni de agua, ni de las rocas
tales como el potasio y el sodio, que tienen la propie-
más pesadas que conocemos, porque, en este caso, el
dad de inflamarse al solo contacto del aire y del agua;
peso de nuestro planeta sería dos veces menor.
estos metales ardieron cuando los vapores atmosféricos
—¡Oh, con las cifras es bien fácil demostrar todo lo se precipitaron sobre ellos en forma de lluvia, y, poco a
que se desea! poco, a medida que penetraban las aguas por las grietas
de la corteza terrestre, fueron originando nuevos in-
—¿Y no ocurre lo mismo con los hechos, muchacho?
cendios, acompañados de explosiones y erupciones. He
¿No es un hecho probado que el número de volcanes
aquí la causa de que fuesen tan numerosos los volcanes
ha disminuido considerablemente desde el principio
en los primeros días del mundo.
del mundo? ¿Y no es esto una prueba de que el calor
central, si es que existe, tiende a debilitarse? —¡Es ingeniosa la hipótesis! —exclamé un poco a
mi pesar.
—Tío, si entramos en el campo de las suposiciones, no
tengo más que discutir. —Humphry Davy me la demostró palpablemente aquí
mismo mediante un experimento sencillo. Fabricó una
—Y has de saber que de mi misma opinión participan
esfera metálica, en cuya composición entraban princi-
los hombres más competentes. ¿Te acuerdas de una
palmente todos los metales mencionados hace poco,
visita que me hizo el célebre químico inglés Humphry
y que tenía exactamente la forma de nuestro globo.
Davy en 1825?
Cuando se hacía caer sobre su superficie un finísimo
—De ninguna manera, ya que vine al mundo dieci- rocío, se hinchaba aquella, se oxidaba y formaba una
nueve años después. pequeña montaña, en cuya cumbre se abría momentos
después un cráter. Sobrevenía una erupción y era tan
—Pues bien, Humphry Davy vino a verme a su paso grande el calor que esta comunicaba a la esfera, que se
por Hamburgo, y discutimos largo tiempo, entre otras hacía imposible el sostenerla en la mano.
muchas cuestiones, la hipótesis de que el interior de la
Tierra se hallase en estado líquido, quedando los dos Si he de ser del todo franco, empezaban a convencerme
de acuerdo en que esto no era posible, por una razón los argumentos del profesor, cuya pasión y entusiasmo
que la ciencia no ha podido jamás encontrar respuesta. habituales les comunicaban mayor fuerza y valor.

—¿Y qué razón es esa? —dije un poco extrañado. —Ya lo ves, Axel —añadió—, que el estado del núcleo
central ha suscitado muy diversas hipótesis entre los
—Que esa masa líquida se hallaría expuesta, lo mis- mismos geólogos: no hay nada que demuestre la exis-
mo que los océanos, a la atracción de la Luna pro- tencia de ese calor interior; a mi entender, no existe
duciéndose, por tanto, dos mareas interiores diarias ni puede existir; pero ya lo comprobaremos nosotros,
que, levantando la corteza terrestre, originarían te- y, a semejanza de Arne Saknussemm, sabremos a qué
rremotos periódicos. atenernos sobre tan discutida cuestión.
—Sin embargo, es evidente que la superficie del globo —Pues bien, ¡sí! —le contesté, dejándome arrastrar
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62 Unidad 2 • Novela
por su entusiasmo—; lo veremos, dado caso que se vea —¡Es absurdo! —exclamé—. ¡Esto no tiene sentido
en aquellos apartados lugares. común! No es una proposición formal que pueda ha-
cerse a un muchacho sensato. No existe nada de eso.
—¿Y por qué no? ¿No podremos contar para alumbrar-
Todo ha sido una mera pesadilla.
nos con los fenómenos eléctricos, y aun con la misma
atmósfera, cuya propia presión puede hacerla luminosa Entre tanto, había caminado por las márgenes del Elba,
en las proximidades del centro de la Tierra? rodeando la ciudad; y, después de rebasar el puerto, me
encontré en el camino de Altona. Me guiaba un pre-
—En efecto —respondí—, es muy posible.
sentimiento, que bien pronto quedó justificado, pues
—Es seguro —replicó triunfalmente mi tío—; pero no tardé en divisar a mi pequeña Graüben que, a pie,
silencio, ¿me entiendes? Silencio acerca de todo esto, regresaba a Hamburgo.
para que a nadie se le ocurra la idea de descubrir antes
—¡Graüben! —le grité desde lejos.
que nosotros el centro de la Tierra.
La joven se detuvo perturbada, sin duda por oírse lla-
CAPÍTULO 7 mar de aquel modo en medio de una gran carretera.
De un salto me puse a su lado.
Tal fue el inesperado final de aquella memorable se-
sión que hasta fiebre me produjo. Salí como aturdido —¡Axel! —exclamó sorprendida—. ¡Has venido a bus-
de la oficina de mi tío, y, pareciéndome que no había carme! ¡Está bien, caballero!
suficiente aire en las calles de Hamburgo para refres-
Pero, al fijarse en mi rostro, le llamó la atención ense-
carme, me dirigí a las orillas del Elba, y me fui derecho
guida mi aspecto inquieto y preocupado.
al sitio en donde atraca el barco de vapor que pone en
comunicación a la ciudad con el ferrocarril de Harburg. —¿Qué tienes? —me preguntó, tendiéndome la mano.
¿Estaba convencido de lo que acababa de conocer? ¿No —Es que yo… —exclamé. En dos segundos y en tres
había sufrido el control del profesor Lidenbrock? ¿De- frases puse a mi linda virlandesa al tanto de mi extraña
bía tomar en serio su resolución de bajar al centro del situación. Ella me miró en silencio durante algunos
macizo terrestre? ¿Acababa de oír las insensatas elucu- instantes. ¿Latía su corazón al igual que el mío? Lo
braciones de un loco o las deducciones científicas de ignoro; pero su mano no temblaba cual la mía. Cami-
un gran genio? En todo aquello, ¿hasta dónde llegaba namos en silencio unos cien pasos.
la verdad? ¿En dónde comenzaba el error?
—Axel —me dijo al fin.
Nadaba yo entre mil contradictorias hipótesis sin poder
asirme a ninguna. —¿Qué, mi querida Graüben?

Recordaba, sin embargo, que mi tío me había convenci- —¡Será un hermoso viaje!
do, aun cuando ya comenzaba a decaer bastante mi en- Salté ante esa respuesta.
tusiasmo. Hubiera preferido partir inmediatamente, sin
tener tiempo para reflexionar. En aquellos momentos, —Sí, Axel; y muy digno del sobrino de un sabio. ¡Siem-
no me habría faltado el valor para preparar mi equipaje. pre es bueno para un hombre el haberse distinguido
por alguna gran empresa!
Es preciso, no obstante, confesar que una hora después
cesó la sobreexcitación por completo, se aplacaron mis —¡Cómo, Graüben! ¿No tratas de detenerme ante
nervios, y desde los profundos abismos de la Tierra semejante expedición?
subí a su superficie.
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Español 7. Antología literaria 63
—No, querido Axel; por el contrario, yo os acompaña- Me quedé estupefacto, me faltó la voz para hablar, y a
ría de buena gana si una pobre muchacha no hubiese duras penas pude articular estas palabras:
de constituir para vosotros un estorbo.
—Pero ¿es que nos marchamos?
—Pero, ¿lo dices de verdad?
—¡Sí, pobre muchacho, que en lugar de estar aquí te
—¡Ya lo creo! vas de paseo!

¡Ah, las mujeres! ¡Corazones femeninos, incompren- —Pero ¿partiremos tan pronto? —repetí con
sibles siempre! Cuando no son los seres más tímidos, voz ahogada.
son los más valientes. La razón no tiene nada que ha-
—Sí, pasado mañana, a primera hora.
cer ante ustedes. ¡Oh! ¡Esta niña me animaba a tomar
parte en esta expedición! Ella misma no tenía miedo Incapaz de escucharlo por más tiempo, me refugié en
de emprender la aventura. Más bien me empujaba, a mi habitación.
mí, a quien ella amaba. Estaba asombrado y, por qué
Ya no cabía duda. Mi tío había empleado la tarde en
no decirlo, avergonzado.
adquirir una serie de objetos y utensilios necesarios
—Veremos, Graüben —le dije—, si mañana hablas de para nuestro viaje; la calle estaba llena de escaleras de
la misma manera. cuerda, cuerdas con nudos, antorchas, cantimploras,
ganchos de hierro, picos, bastones con punta de hierro,
—Mañana, querido Axel, hablaré como hoy.
y de otros objetos para cuyo transporte se precisaban
Y tomados de la mano, pero en un profundo silencio, por lo menos diez hombres.
continuamos nuestro camino. Me hallaba quebrantado
Pasé una noche terrible. A la mañana siguiente me
por las emociones del día.
llamaron muy temprano. Estaba decidido a no abrirle
“Después de todo —pensaba—, las calendas de ju- a nadie la puerta, pero, ¿cómo resistir a los encantos
lio están todavía lejos, y, de aquí a entonces, pueden de una voz adorable que pronunciaba estas palabras:
ocurrir muchas cosas que hagan desistir a mi tío de la “Querido Axel”?
manía de viajar por debajo de la Tierra”.
Salí de mi habitación. Creí que mi aire deprimido, mi
Era ya noche cerrada cuando llegamos a casa. Esperaba palidez, mis ojos enrojecidos por el insomnio produ-
encontrarla tranquila, con mi tío ya acostado, como cirían sobre Graüben un doloroso efecto y la harían
era su costumbre, y con la buena Marta dándole al cambiar de parecer, pero ella, por el contrario, me dijo:
comedor la última pasada del plumero.
—¡Ah, mi querido Axel —me dijo—, veo que estás
Pero no había contado con la impaciencia del profesor, mucho mejor y que la noche te ha calmado.
a quien encontré gritando y corriendo de un lado a
—¡Calmado! —exclamé yo.
otro, en medio de una tropa de cargadores que llevaban
a la calle una multitud de objetos. La vieja sirvienta Y corrí a mirarme al espejo. En efecto, tenía mejor cara
estaba enloquecida. de lo que suponía. Era para no creerlo.
—¡Ven de una vez, Axel! ¡Date prisa, infeliz! —gritó —Axel —me dijo Graüben—, he estado mucho tiem-
mi tío, en cuanto me vio venir a lo lejos—. ¡Y tu equi- po hablando con mi tutor. Es un sabio arriesgado, un
paje sin hacer, y mis papeles aún sin ordenar, y la llave hombre de gran valor, y no debes olvidar que su sangre
de mi maleta sin aparecer y mis polainas sin llegar! corre por tus venas. Me ha dado a conocer sus proyec-
tos, sus esperanzas, y cómo y por qué espera alcanzar
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64 Unidad 2 • Novela
su objetivo. Y lo alcanzará, no hay duda. ¡Ah, mi que- nos iban y venían sin precipitación; conversaba con
rido Axel! ¡Qué hermoso es consagrarse de ese modo absoluta calma y me daba las razones más sensatas
al estudio de las ciencias! ¡Qué gloria tan inmensa a favor de nuestra expedición. Ella me hechizaba, y
aguarda al señor Lidenbrock, que se reflejará sobre su yo sentía una gran cólera contra ella. A veces trataba
compañero! Cuando regreses serás un hombre, Axel: de enojarme, pero ella aparentaba no darse cuenta y
serás igual a tu tío, con libertad de hablar, con libertad seguía su tarea con toda tranquilidad.
de obrar, con libertad, en fin, de...
Finalmente, la maleta estuvo lista y cerrada. Yo des-
La joven se sonrojó y no terminó la frase. Sus palabras cendí a la planta baja.
me reanimaron. No quería, sin embargo, creer, que nues-
Durante el día no cesaron de venir en gran número los
tra partida era cierta. Luego hice entrar conmigo a Graü-
proveedores de instrumentos de física, de armas y de
ben en la oficina del profesor Lidenbrock, y dije a este:
aparatos eléctricos. La buena Marta estaba asustada.
—Tío, ¿está usted decidido, por fin, a que emprenda-
—¿Es que se ha vuelto loco el señor?
mos la marcha?
Yo hice un gesto afirmativo.
—¡Cómo!, ¿todavía lo dudas?
—¿Y lo lleva a usted con él?
—No —le dije para no contradecirlo—, pero quisiera
saber qué lo hace actuar con tanta prisa. Asentí de nuevo.
—¡Pues el tiempo! ¡El tiempo, que transcurre con una —¿Adónde?
rapidez desesperante!
Con el dedo, le indiqué el centro de la Tierra.
—Pero si estamos aún a 26 de mayo, y hasta fines
—¿Al sótano?
de junio...
—No; más abajo.
—¿Crees, ignorante, que es tan fácil trasladarse a Is-
landia? Si no te hubieras marchado como un necio, Llegó la noche. Yo había perdido ya la conciencia del
hubieras venido conmigo a la oficina de los señores tiempo transcurrido.
Liffender y Cía., donde habrías visto que de Copen-
hague a Reikiavik no existe más que una expedición —Hasta mañana —dijo mi tío—. Saldremos a las seis
mensual, el 22 de cada mes. en punto.

—¿Y qué? A las diez caí en la cama como una masa inerte.

—¡Y qué! ¡Que si esperáramos al 22 de junio, llegaría-


mos demasiado tarde para ver la sombra del Scartaris Vocabulario
acariciar el cráter del Sneffels! Por tanto, es preciso llegar
lo antes posible a Copenhague para buscar allí un medio KK manía: preocupación fija y obse-
de transporte. Anda a hacer tu equipaje enseguida. siva por algo determinado.
KK polainas: piezas de vestimenta
No era posible objetar. Subí a mi habitación, seguido
que cubren las pantorrillas.
de Graüben, y ella fue la que se encargó de colocar en
KK tutor: persona encargada de la
una maleta los objetos que necesitaba para tan largo
autoridad y el cuidado de una
viaje, con la misma tranquilidad que si se tratase de persona, en caso de no contarse
hacer una excursión a Lübeck o a Heligoland. Sus ma- con el padre y la madre.
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Español 7. Antología literaria 65
Durante la noche me sobrecogió de nuevo el terror. ¡La el umbral de la puerta, nos enviaron un último adiós.
pasé soñando con precipicios! Era presa del delirio. Después, los dos caballos, excitados por los silbidos del
¡Me sentía oprimido por la vigorosa mano del profesor, cochero, se lanzaron al galope por la carretera de Altona.
arrastrado, sumido en abismos, hundido! Caía al fondo
de abismos insondables con la velocidad creciente de CAPÍTULO 8
los cuerpos abandonados en el espacio. Mi vida no era
De Altona, verdadero barrio de Hamburgo, parte el
más que una caída interminable.
ferrocarril de Kiel, que debía conducirnos a orillas de
Me desperté a las cinco, destrozado por la emoción los Belt5. En menos de veinte minutos penetramos en
y la fatiga. Bajé al comedor. Mi tío estaba a la mesa. el territorio de Holstein.
Devoraba. Lo miré con un sentimiento de horror. Pero
A las seis y media, se detuvo el carruaje delante de la
Graüben estaba allí. No dije nada. No pude comer.
estación. Los numerosos bultos de mi tío, así como
A las cinco y media, se oyó fuera el rodar de un carruaje, sus voluminosos artículos de viaje, fueron descarga-
deteniéndose en nuestra puerta un espacioso coche que dos, pesados, rotulados y cargados nuevamente en el
había de conducirnos a la estación del ferrocarril de Al- carro de equipaje, y, a las siete, estábamos sentados
tona. En un momento se llenó con los bultos de mi tío. frente a frente en el mismo compartimento. Silbó el
vapor y la locomotora se puso en movimiento. Ya
—¿Y tu maleta? —me dijo.
estábamos en marcha.
—Está lista —le respondí sin fuerzas.
¿Iba resignado? Aún no. Sin embargo, el aire fresco de
—¡Pues bájala enseguida! ¿No ves que vamos a perder la mañana, los detalles del camino, renovados rápida-
el tren? mente por la velocidad del tren, me distrajeron de mi
gran preocupación.
Me pareció que no había manera de luchar contra mi
destino. Subí, pues, a mi cuarto, tomé la maleta y la El pensamiento del profesor avanzaba más aprisa que
dejé resbalar por la escalera; luego bajé detrás de ella. el tren, cuya marcha era lenta ante su impaciencia.
Íbamos en el carro solos, pero sin dirigirnos la pala-
En aquel preciso momento, ponía mi tío, con toda so- bra. Mi tío se registró los bolsillos y el saco de viaje
lemnidad, las riendas de su casa en manos de Graüben, con minuciosa atención, y observé que no le faltaba
quien conservaba su calma habitual. Besó a su tutor, ninguno de los mil requisitos que exigía la ejecución
pero no pudo contener una lágrima al rozar mi mejilla de sus arriesgados proyectos.
con sus dulces labios.
Observé, entre otras cosas, una hoja de papel cuida-
—¡Graüben! —exclamé. dosamente doblada, que ostentaba el membrete de la
—Vete tranquilo, Axel —dijo ella—. Ahora dejas a tu cancillería danesa, con la firma del señor Christien-
novia pero, a la vuelta, encontrarás a tu esposa. sen, cónsul de Dinamarca en Hamburgo y amigo del
profesor Lidenbrock. Este papel debía facilitarnos, en
Estreché entre mis brazos a Graüben y tomé asiento
dentro del coche. Marta y mi linda virlandesa, desde

5 Kiel es un puerto al norte de Alemania, sobre el mar Báltico,


Vocabulario donde los viajeros deben embarcarse hacia Copenhague (capital
de Dinamarca), y de ahí a Reikiavik (capital de Islandia). Los Belt
KK danesa: natural de Dinamarca. son los estrechos que unen el mar Báltico con el mar del Norte.

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66 Unidad 2 • Novela
Copenhague, la tarea de obtener recomendaciones para Los penachos de humo del Ellenora se elevaban en la
el gobernador de Islandia. atmósfera; su cubierta temblaba bajo los ronquidos de
la caldera; estábamos a bordo, instalados en dos camas
Pude ver también el famoso documento, cuidadosa-
colocadas en la única habitación que poseía el vapor.
mente guardado en el lugar más secreto de su billetera.
Lo maldije desde el fondo de mi corazón y me dediqué A las diez y cuarto, largó el buque sus amarras y avanzó
otra vez a contemplar el paisaje. Constituían este una rápidamente en las sombrías aguas del Gran Belt.
extensa serie de llanuras sin interés, monótonas, lodo-
La noche estaba oscura: la brisa soplaba fresca levan-
sas y bastante fértiles: una campiña en extremo favora-
tando una imponente marejada; algunas luces de la
ble al tendido de una línea férrea y que se prestaba de
costa se distinguían en medio de las tinieblas: más
un modo maravilloso a esas rectas que son las delicias
tarde, no sé qué faro nos envió sus destellos por en-
de las empresas explotadoras de los caminos de hierro.
cima de las olas. He aquí cuanto recuerdo de aquel
Pero esa monotonía no llegó a cansarme, puesto que, primer viaje.
tres horas después de nuestra partida, el tren se detenía
A las siete de la mañana desembarcamos en Korsör, una
en Kiel, a dos pasos del mar.
pequeña ciudad situada en la costa occidental, donde
Como nuestros equipajes habían sido facturados has- trasbordamos a otro ferrocarril que nos condujo a través
ta Copenhague, no tuvimos que ocuparnos de ellos de un país no menos llano que los campos de Holstein.
para nada. Sin embargo, mi tío no les quitó la vista de
Aún faltaban tres horas de viaje para llegar a la capital
encima mientras los trasbordaron al vapor, en cuyas
de Dinamarca. Mi tío no había pegado los ojos en toda
bodegas desaparecieron.
la noche. Creo que, en su impaciencia, empujaba el
Mi tío, en su precipitación, había calculado las horas vagón con los pies.
de correspondencia del ferrocarril y del buque de un
Por fin, se descubrió un brazo de mar.
modo tan terrible, que teníamos que perder un día
entero. El vapor Ellenora no salía aún hasta la noche. —¡El Sund! —exclamó entusiasmado.
Esta espera no prevista hizo que se apoderara del te-
Había a nuestra izquierda una vasta construcción que
mible viajero una fiebre de nueve horas, durante las
parecía un hospital.
cuales envió a todos los diablos a las administraciones
de vapores y de ferrocarriles, y a los Gobiernos que —Es un manicomio —dijo uno de nuestros compa-
toleraban abusos semejantes. Tuve que hacer coro de ñeros de viaje.
sus palabras cuando la emprendió contra el capitán del
Ellenora, a quien quería obligar a levar anclas y zarpar “¡Muy bien! —pensé—. He aquí un establecimiento
inmediatamente. El capitán lo envió a paseo. donde habremos de concluir nuestros días. Por muy
grandes que sean sus dimensiones, no será nunca lo
En Kiel, así como en todas partes, es preciso buscar la suficientemente amplio para contener toda la inmen-
manera de matar el tiempo. A fuerza de pasearnos por sidad de la locura del profesor Lidenbrock”.
las verdes costas de la bahía, en cuyo fondo se eleva la
pequeña ciudad; de recorrer los espesos bosques que Por fin, a las diez de la mañana, descendimos en Co-
le dan el aspecto de un nido colocado entre un grupo penhague; los equipajes fueron cargados en un coche
de ramas; de admirar las quintas, provistas todas ellas y conducidos con nosotros al hotel del Fénix, en Bred-
de su caseta de baños de mar, y de correr y aburrirnos, Gale. En esto se invirtió media hora, porque la estación
sonaron, por fin, las diez de la noche. está situada fuera de la ciudad. Después de asearse un
poco y de cambiarse de traje, mi tío me mandó que le
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Español 7. Antología literaria 67
siguiera. El portero del hotel hablaba alemán e inglés; Dimos enseguida las gracias al señor Thomson por
pero el profesor, en su calidad de políglota, le interrogó todas sus atenciones, y regresamos al hotel del Fénix.
en correcto danés, y en este mismo idioma le indicó el
—Hasta ahora, todo nos sale bien —decía el profe-
otro hombre la situación del Museo de Antigüedades
sor—; ¡todo marcha a pedir de boca! ¡Qué feliz casua-
del Norte.
lidad haber hallado este barco que se dispone a partir!
El director de este curioso establecimiento, donde se Ahora almorcemos, y vamos a visitar la ciudad.
hallan acumuladas tantas y tales maravillas que per-
Fuimos a Kongens-Nye-Torw, plaza irregular donde
mitirían reconstruir la historia del país con sus viejas
existe un cuerpo de guardia con dos inofensivos cañones
armas de piedra, sus cuencos y sus joyas, era el pro-
fijos que no asustan a nadie. Muy cerca, en el número
fesor Thomson, un verdadero sabio, amigo del cónsul
5, había un restaurante francés, establecimiento dirigido
de Hamburgo.
por un cocinero llamado Vincent, en el cual almorzamos
Mi tío llevaba para él una carta muy eficaz de recomen- por la módica suma de cuatro marcos cada uno.
dación. Por regla general, los sabios no se acogen muy
Recorrí luego la ciudad con el entusiasmo de un niño,
bien unos a otros; pero, en este caso, ocurrió todo lo
seguido de mi tío, que, aunque se dejaba arrastrar, no
contrario. El señor Thomson, como hombre servicial,
fijó su atención ni en el insignificante palacio real; ni
dispensó una favorable acogida al profesor y hasta a
en el hermoso puente del siglo XVII tendido sobre el
su sobrino. No creo necesario decir que mi tío tuvo
caudal delante del Museo; ni en el inmenso cenotafio
buen cuidado de no revelar su secreto al director del
de Torwaldsen, donde se conservan las obras de este
museo: deseábamos, sencillamente, visitar a Islandia
escultor, y cuyos murales son horribles; ni en el casi
en un viaje de recreo, sin otro objeto que admirar las
microscópico castillo de Rosenborg; ni en el admira-
numerosas curiosidades que encierra.
ble edificio de la Bolsa, de estilo renacentista; ni en
El señor Thomson se puso a nuestra disposición por su campanario, formado por las colas entrelazados de
completo, y juntos recorrimos los muelles buscando cuatro dragones de bronce; ni en los grandes molinos
un buque que fuese a partir en breve. instalados en las murallas, cuyas amplias alas se inflan
como las velas de un barco al soplo de la brisa del mar.
Aún abrigaba yo la esperanza de que no encontráramos
ningún medio de transporte; pero no fue así, por des- ¡Qué deliciosos paseos habría dado con mi bella virlan-
gracia. Una pequeña goleta danesa, la Valkiria, debía desa por los muelles de aquel puerto, donde dormían
hacerse a la vela el día 2 de junio con rumbo a Reikia- tranquilos navíos y fragatas bajo sus rojas techumbres,
vik. Su capitán, el señor Bjarne, se encontraba a bordo, junto a las verdes orillas del estrecho, en medio de las
y su futuro pasajero, en su alegría, le estrechó la mano espesas sombras entre las cuales se oculta la ciudadela,
hasta casi quebrársela. El valeroso marino se extrañó cuyos cañones asoman sus negras bocas a través de las
un poco ante tal apretón. Le parecía la cosa más na- ramas de los saucos y sauces!
tural del mundo el ir a Islandia, porque aquel era su
Pero, ¡qué lejos estaba mi pobre Graüben! ¿Podía es-
trabajo. Pero como a mi tío le parecía una cosa sublime,
perar volver a verla?
el capitán se aprovechó de su entusiasmo para cobrar
el doble del pasaje. Y nosotros pagamos sin regatear. Sin embargo, aunque ninguno de estos deliciosos lu-
gares llamaron la atención de mi tío, le causó viva
—Deben estar a bordo el martes, a las siete de la ma-
impresión la vista de un campanario que se erguía en
ñana —dijo el señor Bjarne, después de embolsarse
la isla de Amak, que forma parte del barrio suroeste
una respetable suma.
de Copenhague.
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68 Unidad 2 • Novela
Marchamos por orden suya en dirección hacia él, nos Mi tío me precedía con paso ligero. Yo le seguía no
embarcamos en un vaporcito que transportaba pasaje- sin cierto terror, porque se me solía ir la cabeza con
ros a través de los canales, y, algunos momentos des- facilidad lamentable. No estaba dotado de la seguridad
pués, atracamos en el muelle de Dock-Yard. de las águilas ni de la insensibilidad de sus nervios.

Después de atravesar algunas calles estrechas en don- Mientras marchamos por la hélice interior que forma-
de los galeotes, con pantalones amarillos y grises por ba la escalera, todo fue bien; pero después de haber
partes iguales, trabajaban bajo amenaza de la vara de subido ciento cincuenta peldaños, el aire me azotó la
sus guardias, llegamos delante de Vor-Frelsers-Kirk. cara: habíamos llegado a la plataforma del campanario
Aquella iglesia no ofrecía nada notable. Pero su cam- donde comenzaba la escalera aérea, que no tenía más
panario había llamado la atención del profesor Liden- protección que una frágil baranda, cuyos escalones,
brock porque, a partir de su base, una escalera exterior cada vez más estrechos, parecían subir hasta el infinito.
subía dando vueltas alrededor de su cuerpo central, y
—¡Me es imposible subir! —exclamé medio aterrado.
sus espirales se desarrollaban al aire libre.
—Pero, ¿tan cobarde eres? ¡Sube inmediatamente!
—Subamos —dijo mi tío.
—me respondió el cruel profesor.
—¡Pero nos dará vértigo! —repliqué.
No tuve más remedio que seguirlo, agarrándome a la
—Razón de más; es preciso que nos habituemos a él. baranda con fuerza. El viento me confundía; sentía el
campanario mecerse bajo sus ráfagas; las piernas me
—Sin embargo...
fallaban; no tardé en subir de rodillas y acabé por trepar
—Vamos, no perdamos tiempo —insistió el profesor arrastrándome y con los ojos cerrados; el vértigo de las
con ademán imperioso. alturas se había apoderado de mí.

Tuve que obedecer. Un guardia, que permanecía apos- Por fin, con la ayuda de mi tío, que tiraba de mí, suje-
tado en el otro lado de la calle, nos entregó una llave tándome por el cuello de la chaqueta, llegué cerca de
y comenzó el ascenso. la bola que corona el campanario.

—Mira —dijo mi verdugo—, y mira bien. ¡Hay que


tomar lecciones de abismo!

Entonces abrí los ojos y vi las casas como aplastadas


Vocabulario por efecto de una terrible caída, en medio de la niebla
producida por los humos de las chimeneas. Por encima
KK goleta: tipo de velero de de mi cabeza pasaban desgarradas las nubes, y, por una
dos mástiles.
ilusión óptica que invertía los movimientos, me pare-
KK cenotafio: monumento funerario cían inmóviles, en tanto que el campanario, la cúpula
en el cual no está el cuerpo de la
y yo éramos arrastrados con una velocidad fantástica.
persona a quien se dedica.
A lo lejos, se extendía por un lado el campo, cubierto
KK fragata: tipo de barco que tenía
de verde, y brillaba, por el otro, el azulado mar bajo
tres mástiles.
un haz de rayos luminosos. El Sund se descubría por
KK vértigo: trastorno del sentido del
la punta de Elsinor atravesado por algunas velas blan-
equilibrio. Sensación de malestar
causada por la altura y el miedo a cas, que semejaban gaviotas, y entre la neblina del este
la caída. se dibujaban apenas las ondulantes costas de Suecia.

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Español 7. Antología literaria 69
Toda esta inmensidad se amontonaba confusamente —¡Oh sublime insensato! —pensaba yo—; ¡tú aproba-
ante mis ojos. rías sin duda nuestra empresa! ¡Y nos seguirías tal vez
deseoso de hallar en el centro de la Tierra una solución
Sin embargo, tuve que ponerme de pie y mirar a
a tu eterna duda!
mi alrededor. Mi primera lección de vértigo duró
una hora. Cuando, al fin, me permitieron bajar y Pero nadie se apareció sobre las antiguas murallas; el
poner mis pies en el sólido piso de la calle, tenía los castillo es, además, mucho más moderno que el heroi-
músculos adoloridos. co príncipe de Dinamarca. Sirve hoy en día de suntuoso
alojamiento al portero de este estrecho del Sund, por el
—Mañana repetiremos la prueba —me dijo el profesor.
que pasan cada año unos quince mil buques de todas
Y en efecto, durante cinco días tuve que repetir tan ver- las naciones.
tiginoso ejercicio, con lo que llegué a hacer sensibles
El castillo de Krongborg no tardó en desaparecer entre
progresos en el arte de las “altas contemplaciones”.
la neblina, así como la torre de Helsinborg, que se eleva
en la costa sueca, y la goleta se inclinó ligeramente,
CAPÍTULO 9 impedida por las brisas del Cattegat.
Finalmente llegó el día de la marcha. La víspera, el
La Valkiria era un buen velero, pero con esta clase de
señor Thomson, con su amabilidad acostumbrada,
barcos nunca puede predecirse lo que va a durar el via-
nos había conseguido cartas de recomendación muy
je. Conducía a Reikiavik carbón, utensilios de cocina,
eficaces para el conde Trampe, el gobernador de Is-
loza, vestidos de lana y un cargamento de trigo; e iba
landia, el señor Pictursson, coadjutor del obispo, y
tripulada por cinco marinos, todos ellos daneses, que
el señor Finsen, alcalde de Reikiavik. En prueba de
bastaban para maniobrarlo.
gratitud, mi tío le brindó fuertes apretones de manos
con el mayor entusiasmo. —¿Cuánto durará la travesía? —preguntó mi tío
al capitán.
El día 2, a las seis de la mañana, nuestro preciado equi-
paje se encontraba ya a bordo de la Valkiria. El capitán —Diez días más o menos —respondió este último—,
nos condujo a unos camarotes muy pequeños, instala- si no encontramos demasiados vendavales del noroeste
dos bajo una especie de techo. al pasar por las Feroe.
—¿Tenemos buen viento? —preguntó mi tío. —Pero, ¿suele usted experimentar retrasos
considerables?
—Inmejorable —respondió el capitán Bjarne—; brisa
fresca del sureste. Vamos a salir del Sund casi con el —No, señor Lidenbrock; esté tranquilo, ya llegaremos.
viento en popa y a toda vela.
Al anochecer la goleta dobló el cabo Skagen, que cons-
Algunos instantes después, largó al velacho, el juanete, tituye el extremo septentrional de Dinamarca, cruzó el
los foques y la cangreja6, y, después de largar las ama- Skager-Rak, bordeó luego la costa sur de Noruega, ro-
rras, zarpó y entró a toda vela en el estrecho. Una hora zando al cabo Lindness, y penetró en el mar del Norte.
más tarde, la capital de Dinamarca parecía sumergirse
en las lejanas olas, y la Valkiria rozaba casi la costa de
Elsinor. Efecto de la disposición en que se encontraban
mis nervios, creía ver la sombra de Hamlet errar sobre 6 Nombres de diversos tipos de vela en una embarcación.
la legendaria terraza7. 7Hamlet, el famoso personaje de William Shakespeare, era un
príncipe danés a quien se le apareció el fantasma de su padre.

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70 Unidad 2 • Novela
Dos días después pudimos divisar las costas de Es- cubierta para admirar esas costas bravías, azotadas y
cocia, reconocimos el promontorio de Peterhead, y atravesadas por los vientos y mares del suroeste.
arrumbó la Valkiria a las Feroe, pasando entre las
Después de cuarenta y ocho horas, evitada una tormen-
Órcadas y las Shetland.
ta que obligó a la goleta a correr a palo seco, descubri-
No tardaron las olas del Atlántico en azotar los costa- mos por el este la baliza de la punta Skagen, cuyos pe-
dos de nuestra goleta; y como, al mismo tiempo, tuvi- ligrosos arrecifes se prolongan a gran distancia debajo
mos que navegar en zigzag para avanzar hacia el norte, del mar. Subió a bordo un piloto islandés, y, tres horas
venciendo la resistencia que el viento nos oponía, nos más tarde, fondeaba la Valkiria delante de Reikiavik,
costó gran trabajo el llegar a las Feroe. El día 8, recono- en la bahía de Faxa.
ció el capitán la isla Myganness, que es la más oriental
Entonces salió por fin el profesor de su camarote, algo
de este grupo, y, a partir de este momento, hizo rumbo
pálido y quebrantado, pero con el mismo entusiasmo de
al cabo Portland, situado en la costa sur de Islandia.
siempre y con la satisfacción retratada en su semblante.
La travesía no ofreció ningún incidente notable. Sopor-
Los habitantes de la ciudad, a quienes interesaba en
té bastante bien las inclemencias del mar; pero mi tío
extremo la llegada del buque, del que todos tenían algo
se pasó todo al viaje mareado, lo que, a más de llenarlo
que recoger, se agruparon en el muelle.
de vergüenza, contribuyó a amargar más su carácter.
Mi tío se apresuró a abandonar su prisión flotante, por
Esto no le permitió interrogar al capitán Bjarne acerca
no decir su hospital; pero, antes de dejar la cubierta de la
de la cuestión del Sneffels, los medios de comunicación
goleta, me llevó hasta la proa, y desde allí, mostrándome
y la facilidad de los transportes, y tuvo que aplazar para
con el dedo en la parte norte de la bahía una elevada
más adelante todas estas investigaciones; se pasó todo
montaña, que remataba en dos picos un doble cono
el viaje tendido en su camarote, cuyas paredes crujían
cubierto de nieves perpetuas, me dijo entusiasmado:
a cada sacudida del buque. Es necesario confesar que
se merecía un poco su suerte. —¡El Sneffels! —exclamó— ¡Ahí tienes el Sneffels!
El día 11 divisamos el cabo Portland, permitiéndonos
la claridad del tiempo distinguir el Myrdals Yocul, que
lo domina. Este cabo se encuentra formado por un
enorme peñasco, de inclinadas pendientes, que se alza
aislado en la playa.
Vocabulario
La Valkiria, manteniéndose a una distancia razonable
de las costas, navegó hacia el oeste, entre numerosas
KK vertiginoso: que causa vértigo.
manadas de ballenas y tiburones. No tardamos en des- KK coadjutor: eclesiástico que ayu-
cubrir un inmenso peñasco, perforado de un lado a da a un cura en su parroquia.
otro, a través del cual pasaba enfurecido el espumoso KK largar: en lenguaje marinero,
mar. Los islotes de Westman parecieron surgir del océa- soltar o desplegar.
no como rocas sembradas sobre la planicie líquida. A KK a palo seco: con las velas recogi-
partir de ahí, la goleta tomó el rumbo externo para dar das, para evitar que se rompan.
un respetable rodeo al cabo de Reykjaness, que forma KK baliza: señal fija en la costa o
el ángulo occidental de Islandia. en el mar (como las boyas), para
indicar un lugar peligroso o una
La fuerte marejada no permitía a mi tío subir sobre ruta marítima.

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Español 7. Antología literaria 71
Y después de haberme recomendado con un gesto que a la biblioteca. Tal vez se conserve en ella algún manus-
guardase el más impenetrable silencio, bajó al bote que crito de Arne Saknussemm que me gustaría consultar.
nos aguardaba. Yo le seguí cabizbajo y nuestros pies no
—Entretanto, yo recorreré la ciudad. ¿No piensa usted
tardaron en majar el suelo de Islandia.
visitarla?
De pronto, apareció un hombre de buena presencia,
—¡Oh, eso me interesa muy poco! Las curiosidades
vestido de general. Sin embargo, no era más que un
de Islandia no se encuentran sobre su superficie, sino
sencillo magistrado, el gobernador de la isla, el señor
debajo de ella.
barón Trampe en persona. El profesor Lidenbrock lo
reconoció al instante. Le entregó las cartas que traía Salí y eché a andar sin rumbo fijo.
de Copenhague, y se entabló entre ellos una corta con-
No habría sido fácil extraviarse en las dos calles de Rei-
versación en danés, en la cual no tomé parte, como era
kiavik, de suerte que no tuve necesidad de preguntar a
muy natural. Esta primera entrevista dio por resultado
nadie el camino, lo cual, hecho por signos, expone las
que el barón Trampe se pusiese por completo a las
más de las veces a muchas equivocaciones.
órdenes del profesor.
Se extiende la ciudad en medio de dos colinas, sobre
El alcalde, señor Finsen, no menos militar por su in-
un terreno muy bajo y pantanoso. Una inmensa ola
dumentaria que el gobernador, pero tan pacífico como
de lava la cubre por un lado y desciende hasta el mar
este, hubo de dar a mi tío la más favorable acogida.
en pendiente suave. Por el otro, se extiende la amplia
En cuanto al coadjutor, señor Pictursson, realizaba en- bahía de Faxa, limitada al norte por el enorme glaciar
tonces una visita pastoral a la región norte de su dióce- del Sneffels, y en ella, la Valkiria era la única anclada
sis, y tuvimos que renunciar, por el momento, al gusto en ese momento. De ordinario se hallan resguarda-
de serle presentados. Pero, en cambio, trabamos cono- dos en ella los guardapescas ingleses y franceses, pero
cimiento con un excelente sujeto, el señor Fridriksson, entonces se hallaban prestando servicio en las costas
catedrático de Ciencias Naturales de la escuela de Rei- orientales de la isla.
kiavik, cuya presencia nos fue de inestimable valor. Este
La calle más larga de Reikiavik es paralela a la playa, y
modesto sabio solo hablaba islandés y latín. Me ofreció
en ella se hallan instalados los mercaderes y negociantes,
sus servicios en el idioma de Horacio, y comprendí en-
en cabañas de madera, hechas de vigas rojas horizontal-
seguida que estábamos creados para comprendernos
mente dispuestas; la otra calle, situada más al oeste corre
mutuamente. Y, en efecto, esta fue la única persona con
hacia un pequeño lago, pasando entre la casa del obispo
quien pude conversar durante mi estancia en Islandia.
y las de otros personajes no comerciantes.
—Como ves, querido Axel —me dijo mi tío—, todo
No tardé en recorrer aquellas calles sombrías y tristes.
marcha bien, y lo más complicado ya lo tenemos hecho.
A veces entreveía una mancha de zacate descolorido,
—¿Cómo lo más complicado? —exclamé yo estupefacto. que semejaba una vieja alfombra de lana, desgastada
a consecuencia del uso, o algo que parecía un huerto
—Pues claro. ¡Ya solo nos queda bajar!
cuyas raras legumbres, papas, repollos y lechugas, solo
—Mirado desde ese punto de vista, tiene usted mucha eran dignos de una mesa liliputiense. Algunos alhelíes
razón; y supongo que, después de bajar, tendremos que enfermizos trataban también de recibir algún rayo de sol.
subir nuevamente.
Hacia el centro de la calle no ocupada por el comercio,
—¡Bah, eso no me preocupa en lo absoluto! Así que encontré el cementerio público, rodeado de una tapia
manos a la obra, que no hay tiempo que perder. Me voy de adobes, el cual es bastante espacioso. Pocos pasos
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72 Unidad 2 • Novela
después, me encontré delante de la casa del goberna- la humanidad, infelices desterrados en aquellas hela-
dor, que es una mala choza si se la compara con la das regiones, a quienes la naturaleza hubiera debido
casa ayuntamiento de Hamburgo: pero que resulta un hacer esquimales, ya que los condenó a vivir dentro
palacio al lado de las cabañas en las cuales se aloja la de los límites del círculo polar ártico. Traté en vano
población islandesa. de sorprender una sonrisa en aquellos rostros; se reían
a veces mediante una contracción involuntaria de sus
Entre la ciudad y el pequeño lago, se elevaba la iglesia,
músculos; pero no sonreían jamás.
edificada según los gustos protestantes, y construida
con las piedras calcinadas que arrojan los volcanes. Las Sus vestimentas consistían en una tosca chaqueta de
tejas coloradas de su techo seguramente se dispersa- lana negra, conocida en todos los países escandinavos
rían por los aires, con vivo sentimiento de los fieles, al con el nombre de vadmel, sombrero de amplias alas,
arreciar los vientos del oeste. pantalón orillado de rojo y unos trozos de cuero arro-
llados en los pies a manera de calzado.
Sobre una cercana elevación de terreno vi la Escue-
la Nacional, donde, según supe después por nuestro Las mujeres, de rostro triste y resignado, y cuyo tipo es
huésped, se enseñaba hebreo, inglés, francés y danés, bastante agradable, aunque carecen de expresión, usan
cuatro lenguas de las cuales no conocía una palabra, una chaqueta y una falda de vadmel de un color oscuro.
cosa que me llenaba de bochorno, pues hubiera sido el Las solteras llevan sobre el trenzado cabello un gorrito
más atrasado de los cuarenta alumnos matriculados en de punto de color café, y las casadas se cubren la cabeza
el pequeño colegio, e indigno de acostarme con ellos con un pañuelo de color sobre el cual se colocan una
en esos armarios de dos compartimientos donde otros especie de cofia blanca.
más delicados se asfixiarían la primera noche.

En tres horas recorrí no solo la ciudad, sino que sus


alrededores también. Su aspecto general era singular-
Vocabulario
mente triste. No había árboles ni nada que mereciese
el nombre de vegetación. Por todas partes veía picos KK guardapescas: barco pequeño
de rocas volcánicas. Las cabañas de los islandeses es- encargado de vigilar el cumpli-
tán hechas de tierras y de turba, y tienen sus paredes miento de las leyes pesqueras.
inclinadas hacia dentro, de suerte que parecen tejados KK turba: material orgánico rico en
colocados sobre el suelo. Pero los tejados son praderas carbono, esponjoso y liviano. Es
la primera fase de la transforma-
relativamente fértiles, pues, gracias al calor de la vi-
ción de plantas en carbón mine-
vienda, brota en ellos la hierba con bastante facilidad, ral. Se usa en la construcción y
siendo preciso cortarla en la época de la recolección como combustible.
para que los animales domésticos no pretendan alimen- KK esquimales: nombre dado erró-
tarse de estas verdes mansiones. neamente al pueblo inuit, que
habita en el norte de Canadá y
Durante mi excursión, encontré muy pocas personas; en Groenlandia.
mas cuando volví a pasar por la calle del comercio, vi KK círculo polar ártico: línea ima-
que la mayoría de la población se hallaba ocupada en ginaria que encierra la región árti-
secar, salar y cargar bacalaos, que constituyen allí el ca, donde está el polo norte. Se
principal artículo de exportación. Los hombres pare- ubica a 66,5° de latitud norte.
cían vigorosos, pero lentos; una especie de alemanes KK cofia: tipo de gorra que usaban las
rubios, de mirada pensativa, que se creen separados de mujeres para adornar la cabeza.

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Español 7. Antología literaria 73
Después de este largo paseo, cuando regresé a la casa pescador ni labriego que no sepa leer, y todos leen.
del señor Fridriksson, mi tío se encontraba ya en com- Opinamos que los libros, en vez de llenarse de poli-
pañía de su anfitrión. llas tras una reja de hierro, lejos de las miradas de los
curiosos, han sido escritos e impresos para que los lea
CAPÍTULO 10 todo el mundo. Por eso los de nuestra biblioteca van
corriendo de mano en mano, se leen una y cien veces,
La mesa estaba servida, y el profesor Lidenbrock, cuyo
y tardan con frecuencia uno o dos años en regresar a
estómago parecía un abismo sin fondo, efecto de la
sus respectivos estantes.
dieta que a bordo había sufrido, devoró con avidez.
La comida, más danesa que islandesa, nada tuvo de —Entretanto —respondió mi tío con cierto despe-
notable; sin embargo, nuestro anfitrión, más islandés cho—, los extranjeros...
que danés, me hizo recordar a los héroes de la antigua
—¡Y qué le hemos de hacer! Los extranjeros poseen
hospitalidad. Sin género alguno de duda, nos encon-
sus bibliotecas en sus respectivos países, y, sobre todo,
trábamos en su casa con más libertad y confianza que
es preciso en primer término que nuestros compatrio-
él mismo.
tas se instruyan. Se lo repito: los islandeses llevan en
Se conversó en idioma islandés, intercalando mi tío la sangre el amor al estudio. En 1816 fundamos una
algunas palabras en alemán y el señor Fridriksson otras Sociedad Literaria que funciona admirablemente, sien-
en latín, para evitar que yo me quedase por completo do muchos los sabios extranjeros que se honran con
en ayunas de lo que decían. Hablaron de temas cientí- pertenecer a ella. Esta sociedad publica obras que están
ficos, como era natural tratándose de dos sabios; pero destinadas a educar a nuestros compatriotas y presta
el profesor Lidenbrock guardó la más cuidadosa dis- verdaderos servicios al país. Si quiere ser usted uno
creción, y sus ojos a cada frase me recomendaban el de nuestros miembros correspondientes, nos hará un
más absoluto silencio en todo lo relativo a nuestros gran honor.
futuros proyectos.
Mi tío Lidenbrock, que pertenecía ya a un centenar de
De repente, interrogó el señor Fridriksson a mi tío con corporaciones científicas, aceptó el ofrecimiento con
respecto a los resultados de las investigaciones por él tales muestras de agrado, que el señor Fridriksson se
practicadas en la biblioteca. sintió conmovido.
—Vuestra biblioteca —exclamó el profesor— solo con- —Ahora —dijo este último—, tenga la bondad de in-
tiene libros desarmados en estantes casi vacíos. dicarme qué libros esperaba encontrar en nuestra bi-
blioteca, y tal vez me sea posible darle acerca de ellos
—¡Cómo! —respondió el señor Fridriksson—. Posee-
algunas referencias.
mos ocho mil volúmenes, muchos de los cuales son
ejemplares tan preciosos como raros, obras escritas en Miré a mi tío y vi que vacilaba en responder. Esto atañía
escandinavo antiguo, y todas las publicaciones nuevas directamente a sus proyectos. Sin embargo, después
que Copenhague nos envía anualmente. de reflexionar un instante, se decidió a hablar por fin.
—¿De dónde saca usted esos ocho mil volúmenes? Por —Señor Fridriksson, quisiera saber si usted, entre las
lo que he visto... obras antiguas, posee las de Arne Saknussemm.
—¡Oh! señor Lidenbrock, esos libros andan recorrien- —¡Arne Saknussemm! —respondió el profesor de Rei-
do constantemente nuestro país. En esta pobre isla kiavik—. ¿Se refiere a aquel sabio del siglo XVI que
de hielo existe una gran afición al estudio. No hay fue un gran alquimista, un gran naturalista y un gran

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74 Unidad 2 • Novela
explorador a la vez? —¿Pero es que posee usted algún documento especial?
—replicó el profesor islandés.
—Precisamente.
—No... Era una mera suposición.
—¿Una de los glorias de la literatura y de la ciencia
islandesas? —Bien —dijo el señor Fridriksson, que tuvo la bondad
de no insistir al ver la turbación de su interlocutor—.
—Usted lo ha dicho.
Yo espero que no se ausentará de la isla sin haber es-
—¿El más ilustre de los hombres? tudiado sus riquezas mineralógicas.

—No trataré de negarlo. —Naturalmente —respondió mi tío—; pero llego algo


tarde. ¿Otros sabios han pasado por aquí antes que yo?
—¿Y cuya audacia igualaba su genio?
—En efecto, los trabajos de los señores Olafsen y Po-
—Ya veo que le conoce bien.
velsen, ejecutados por una orden del rey; los estudios
Mi tío no cabía en sí de júbilo al oír hablar de su héroe de Troil; la misión científica de los señores Gaimard
de un modo tan extraordinario, y devoraba con los ojos y Robert, a bordo de la corbeta francesa La Recher-
al señor Fridriksson. che; y, por último, las observaciones de los sabios que
se embarcaron en la fragata La Reine-Hortense, han
—¿Y qué ha sido de sus obras? —le preguntó, por fin, contribuido mucho al conocimiento de Islandia. Pero,
impaciente. créame, hay aún mucho por hacer.
—¡Ah! ¡Sus obras no las tenemos! —¿Cree usted? —preguntó mi tío con aire amable,
—¡Cómo! ¿No están en Islandia? procurando moderar el brillo de su mirada.

—Ni en Islandia ni en ningún otro sitio. —¡Sin duda alguna! Existen numerosas montañas,
glaciares y volcanes poco conocidos que quedan por
—¿Por qué? estudiar. Sin ir más lejos, mire usted ese monte que en
—Porque Arne Saknussemm fue perseguido como he- el horizonte se eleva: ¡Es el Sneffels!
reje, y sus obras fueron quemadas en Copenhague en —Ah —respondió mi tío—, el Sneffels.
1573 por la mano del verdugo.
—Sí señor; uno de los volcanes más curiosos y cuyo
—¡Bravo! ¡Magnífico! —exclamó mi tío, con gran escán- cráter raramente se visita.
dalo por parte del ilustre profesor de ciencias naturales.

—¿Qué dice usted? —murmuró este último.

—¡Sí! Todo se explica, todo se aclara, todo se encade- Vocabulario


na. Ahora me explico por qué Saknussemm, al verse
inscrito en el índice y obligado a ocultar los descubri- KK correspondientes: se dice de los
mientos de su genio, decidió sepultar su secreto en un miembros de una corporación
que suelen vivir en otro país y
incomprensible criptograma...
colaborar por correspondencia.
—¿Qué secreto? —preguntó vivamente el señor KK índice: se refiere al Índice de libros
Fridriksson. prohibidos, la lista de obras prohi-
bidas por la Iglesia católica por ir
—Un secreto que... cuyo... —balbuceó mi tío. contra su fe.
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Español 7. Antología literaria 75
—¿Apagado? —¡Diantres!

—Apagado hace ya quinientos años. —Tendrá usted que ir por tierra, contorneando la cos-
ta, lo que será más largo, pero más interesante.
—Pues bien —respondió mi tío, cruzando las piernas
con fuerza para no saltar en el aire—, deseo empe- —Bueno. Trataré de procurarme un guía.
zar mis estudios geológicos por ese Seffel..., Fessel...
—Precisamente puedo ofrecerle a usted uno.
¿cómo le llama usted?
—¿Un hombre inteligente y de fiar?
—Sneffels —respondió el señor Fridriksson. Esta parte
de la conversación se había dicho en latín, de manera —Sí, un habitante de la península. Es un hábil caza-
que me enteré de todo, y tuve que contenerme para no dor de eider, del cual quedará usted satisfecho. Habla
echar a reír al ver cómo mi tío Lidenbrock contenía su perfectamente el danés.
emoción, que pugnaba por escapársele por todas par-
—¿Y cuándo podré verle?
tes, adoptando un aire inocente que parecía la mueca
de un viejo diablo. —Mañana, si usted quiere.
—Sí —dijo—, sus palabras me deciden; procuraremos —¿Por qué no hoy mismo?
escalar ese Sneffels, y hasta estudiar su cráter tal vez.
—Porque hasta mañana no llega.
—Siento en el alma —le dijo el señor Fridriksson—
que mis ocupaciones no me permitan ausentarme; —¡Hasta mañana! —exclamó mi tío, dando un
porque, de lo contrario, les acompañaría con gusto y profundo suspiro.
con provecho. Esta importante conversación terminó algunos instan-
—¡Oh, no! —respondió vivamente mi tío—; no que- tes después, dándole el profesor alemán las más expre-
remos molestar a nadie; se lo agradezco infinitamente. sivas gracias al profesor islandés. Durante la cena, mi
La presencia de un sabio como usted nos hubiera sido tío acababa de saber cosas en extremo importantes,
demasiado útil; pero los deberes de su profesión... entre otras la historia de Saknussemm, la razón de su
misterioso documento, que el señor Fridriksson no
Me inclino a creer que nuestro afable huésped, en la le acompañaría en su expedición y que desde el día
inocencia de su alma islandesa, no entendió la grosera siguiente podría contar ya con un guía a sus órdenes.
malicia de mi tío.

—Apruebo, señor Lidenbrock —respondió—, que CAPÍTULO 11


comience usted por ese volcán, en donde cosechará Al anochecer hice un corto paseo por las playas de
gran número de observaciones curiosas. Pero, dígame, Reikiavik, y me acosté temprano, echándome en mi
¿cómo piensa llegar a la península de Sneffels? cama de gruesas tablas, donde dormí profundamente.
—Atravesando por mar la bahía. Es el camino más Cuando desperté, oí que mi tío charlaba animadamente
rápido. en la habitación contigua. Me vestí a toda prisa y fui a
reunirme con él.
—Sin duda, pero no es posible seguirlo.
Conversaba en danés con un hombre de elevada estatura
—¿Por qué?
y constitución enérgica; un hombre robusto que debía
Porque en Reikiavik no existe un solo bote. de hallarse dotado de una fuerza poco común. Sus ojos
soñadores y azules me parecieron inteligentes y sencillos.
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76 Unidad 2 • Novela
Su gran cabeza estaba cubierta por una larga cabellera de Pone la hembra sus huevos, nacen los polluelos después,
un color que hubiera pasado por rojo hasta en la misma y se reanuda al año siguiente la cosecha del edredón.
Inglaterra y que caía sobre sus espaldas atléticas. Este
Ahora, como estas aves no eligen para construir sus
nativo tenía movimientos ágiles, pero movía muy poco
nidos las rocas escarpadas, sino las de pendiente suave
los brazos, como hombre que desprecia el lenguaje de
que van a perderse en el mar, el cazador islandés podía
los gestos. Todo en él revelaba un carácter perfectamente
ejercer su oficio sin gran agitación. Era un granjero que
sosegado; tranquilo, aunque no indolente. Se veía claro
no tenía que sembrar ni cortar la cosecha, solamente
que no pedía nada a nadie, que trabajaba cuando le con-
se limitaba a recogerla.
venía, y que, dada la calma con que se tomaba las cosas,
era fácil que nada le causase sorpresa ni sobresalto. Este personaje grave y silencioso se llamaba Hans
Bjelke, y venía recomendado por el señor Fridriksson.
Comprendí su manera de ser, por el modo en que es-
Era nuestro futuro guía. Sus maneras contrastaban sin-
cuchaba el islandés la apasionada verborrea de su in-
gularmente con las de mi tío.
terlocutor. Permanecía inmóvil y con brazos cruzados
ante los múltiples gestos de mi tío; para negar, movía la Sin embargo, se entendieron fácilmente. Ni uno ni otro
cabeza de izquierda a derecha, y para afirmar, la incli- repararon en el precio: el uno, dispuesto a aceptar lo
naba; apenas se movía; era la economía del movimiento que le ofreciesen, y el otro, decidido a dar lo que le pi-
llevada hasta la avaricia. dieran. Jamás se cerró trato alguno con tanta facilidad.

La verdad es que, al ver a aquel hombre, no hubie- En virtud a lo acordado, se comprometió Hans a llevar-
ra adivinado jamás su profesión de cazador; estaba nos a la aldea de Stapi, situada en la costa meridional de
seguro que no espantaría la caza, pero, ¿cómo hacía la península de Sneffels, al pie del mismo volcán. Para
para lograrla? ello, era preciso recorrer unas 22 millas por tierra, en lo
cual emplearíamos dos días, según opinión de mi tío.
Todo quedó explicado, cuando me enteré por el señor
Fridriksson que aquel tranquilo personaje era solo un Pero, cuando se enteró de que se trataba de millas da-
nesas, de 24 000 pies [7,3 km], tuvo que rehacer sus
cazador de eider, ave cuyo plumaje constituye la prin-
cálculos y contar con que emplearíamos siete a ocho
cipal riqueza de la isla. En efecto, para recoger este
días en hacer aquel recorrido, dado el pésimo estado
plumaje, que se llama edredón, no es preciso desplegar
de las vías de comunicación.
una actividad asombrosa.
Hans, que, según su costumbre, iría a pie, debía faci-
En los primeros días del verano, la hembra de este pato,
litar cuatro caballos, uno para mi tío, otro para mí y
notable por su admirable belleza, construye su nido entre
dos para el transporte de nuestro equipaje. Perfecto
las rocas de los fiordos que tanto abundan en las costas
de la isla. Una vez construido su nido, lo forra con unas
finísimas plumas que del vientre se arranca ella misma.
Enseguida llega el cazador, o, mejor dicho, el cosechero, Vocabulario
se apodera del nido y el ave tiene que comenzar de nue-
vo su trabajo, y la operación se repite mientras aquella KK eider: tipo de pato de los países
escandinavos.
conserva algún plumaje. Una vez que lo agota del todo,
le llega el turno al macho de despojarse del suyo; solo KK nativo: nacido en un lugar deter-
minado (en este caso, Islandia).
que, como su pluma es dura y grosera, y carece de valor
comercial, no se toma el cazador la molestia de robarle la KK indolente: sin pasión, energía
cama de sus pequeñuelos, y el nido se concluye por fin. ni entusiasmo.

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Español 7. Antología literaria 77
conocedor de esa parte de la costa, prometió condu- las herramientas en este paquete, los víveres en aquel
cirnos por el camino más corto. otro, agrupándolo todo en cuatro divisiones principales.
Su compromiso con mi tío Lidenbrock no expiraba Los instrumentos comprendían:
a nuestra llegada a Stapi; sino que permanecería a su
servicio todo el tiempo que exigiesen nuestras excur- 1.° Un termómetro centígrado de Eigel, graduado
siones científicas, mediante una retribución de tres rix- hasta ciento cincuenta grados, lo cual me pareció
dales semanales. Pero se estipuló expresamente que demasiado o insuficiente. Demasiado, si el calor
esta suma sería pagada a Hans los sábados por la noche, ambiente debía de llegar hasta allí, pues en ese
condición sine qua non de su compromiso. caso nos habríamos cocinado. Insuficiente, si se
trataba de medir la temperatura de los manantiales
Se fijó la partida para el día 16 de junio. Quiso mi tío o de cualquier otra materia en fusión.
entregar al cazador un depósito para el contrato, pero
este lo rechazó con una sola palabra. 2.° Un manómetro de aire comprimido, dispuesto de
manera que marque las presiones superiores a las
—Efter —dijo secamente. de la atmósfera al nivel del mar. En efecto, un ba-
—“Después”, tradujo el profesor en voz alta, para que rómetro convencional no habría sido suficiente, ya
yo me enterara. que la presión atmosférica debía aumentar propor-
cionalmente a nuestro descenso bajo la superficie
Una vez cerrado el trato, se retiró nuestro guía, sin mo- de la Tierra.
ver más que las piernas, cual si fuese de una sola pieza.
3.° Un cronómetro de Boissonnas, de Ginebra, per-
—He aquí un hombre excelente —exclamó mi tío al fectamente regulado al meridiano de Hamburgo.
verle ir—; pero lo que menos sospecha es el maravi-
lloso papel que el porvenir le reserva. 4.° Dos brújulas: de inclinación y de declinación8.

—¿Nos acompañará hasta...? 5.° Un telescopio nocturno.

—Sí, hasta el centro de la Tierra. 6.° Dos aparatos de Ruhmkorff9 que, mediante una
corriente eléctrica, daban una luz portátil, segura
Aún tenían que transcurrir cuarenta y ocho horas, que, y no causaba molestias.
con gran pesar mío, me vi precisado a invertir en los
preparativos de la marcha. Pusimos nuestros cinco sen- Las armas consistían en dos carabinas de Purdley
tidos y potencias en disponer cada objeto del modo más More y Compañía, y dos revólveres Colt. ¿Qué objeto
ventajoso: los instrumentos a un lado, las armas al otro, tenían estas armas? Supongo que no tendríamos que

8La brújula de declinación mide la declinación magnética en un lugar (el ángulo formado entre el polo norte magnético y el polo norte
geográfico). La brújula de inclinación mide el ángulo formado entre el horizonte y el campo magnético terrestre. (Nota del editor).
9 El aparato de M. Ruhmkorff consiste en una pila de Bunsen puesta en acción por medio de bicromato de potasa, que no da ningún
olor. Una bobina de inducción dispone la electricidad producida por la pila en comunicación con una interna de disposición especial
en la que existe una serpentina de cristal en la cual se ha hecho el vacío, quedando en su interior solamente un residuo de gas carbó-
nico o azoe. Cuando el aparato funciona se hace luminoso produciendo una luz continua y blancuzca. La pila y la bobina se colocan
en el interior de un saco de cuero que lleva colgando el viajero. La linterna, situada en el exterior, alumbra suficientemente en las más
profundas oscuridades; permite aventurarse sin temor a ninguna explosión, a través de los gases más inflamables, y no se extingue ni
aun en el seno de las más profundas corrientes de agua. El señor Ruhmkorff era un físico tan hábil como sabio. Su principal descubri-
miento es la bobina de inducción que lleva su nombre, la cual permite producir electricidad a alta tensión. En 1864, obtuvo el premio
quinquenal de 50 000 francos ofrecidos por el gobierno de Francia a la más ingeniosa aplicación de la electricidad. (Nota del autor).

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78 Unidad 2 • Novela
habérnoslas con salvajes ni animales feroces. Pero mi
tío parecía mirar con el mismo cariño su arsenal que Vocabulario
sus instrumentos, y especialmente una buena canti-
KK rixdales: antiguas monedas de
dad de algodón pólvora resistente a la humedad, cuya
plata usadas en el centro y el
fuerza explosiva es notablemente superior a la de la norte de Europa.
pólvora ordinaria.
KK centígrado: que usa la escala
Como herramientas llevábamos dos picos, dos azado- Celsius o de grados centígrados,
que divide en 100 partes las
nes, una escalera de seda, tres bastones protegidos con
temperaturas entre el punto de
hierro, un hacha, un martillo, una docena de cuñas y congelación y el de fusión del
clavijas de hierro, y largas cuerdas con nudos de trecho agua a nivel del mar.
en trecho. Todo junto formaba un voluminoso paquete, KK manómetro: instrumento usado
pues la escalera medía trescientos pies de longitud. para medir la presión de diversos
gases y líquidos.
El paquete que contenía las provisiones no era dema-
KK barómetro: instrumento que
siado grande; pero esto no me preocupaba, pues ya sa- mide la presión atmosférica.
bía que encerraba una cantidad de carne deshidratada
KK carabinas: armas de fuego lar-
y galleta suficiente para alimentarnos seis meses. El gas, pero más cortas que un fusil.
único líquido que llevábamos era ginebra, con abso-
KK lanceta: instrumento médico de
luta exclusión de toda agua: pero íbamos provistos de punta aguda y filosa.
calabazas, y mi tío contaba con encontrar manantiales
KK sangrar: extraer sangre (se creyó
donde llenarlas, siendo inútil cuanta observación le
por error, por mucho tiempo, que
hice relativas a su calidad, a su temperatura y hasta algunos enfermos mejoraban al
sobre su ausencia absoluta. extraérseles un supuesto exceso
de sangre).
Para completar la nomenclatura exacta de nuestros ar-
KK dextrina: derivado del almidón
tículos de viaje, haré mención de un botiquín portátil usado como pegamento.
que contenía unas tijeras de punta redonda, tablillas
KK éter: líquido transparente,
para fracturas, una pieza de cinta de hilo crudo, vendas usado para combatir el dolor
y compresas, esparadrapo, y una lanceta para sangrar, (analgésico) y las convulsiones
cosas todas horribles. Llevábamos además, una serie de (antiespasmódico).
frascos que contenían dextrina, alcohol de fricciones, KK yesca: sustancia de origen vege-
acetato de plomo líquido, éter, vinagre y amoníaco, tal usada como mecha, por ser
drogas cuyo empleo no era muy tranquilizador. Por fácilmente inflamable.
último, no faltaban tampoco los ingredientes necesa-
rios para los aparatos de Ruhmkorff.

Tampoco olvidó mi tío el aprovisionarse de tabaco, de


pólvora de caza y de yesca, así como un cinturón de cue-
ro, que llevaba atado a la cintura, y en el cual se encon-
traba una buena cantidad de monedas de oro y plata y
billetes. En el grupo de herramientas figuraban también
seis pares de zapatos de excelente calidad, impermeabi-
lizados gracias a una capa de alquitrán y goma elástica.
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Español 7. Antología literaria 79
—Equipados, vestidos y calzados de esta suerte —me ñor Fridriksson me dio con su último adiós este verso
dijo al fin mi tío—, no hay ninguna razón que nos de Virgilio, que parecía escrito justo para nosotros,
prive de llegar a la meta. pobres viajeros que mirábamos con incertidumbre el
camino: “Et quacumque viam dederit fortuna sequamur”
Todo el día 14 lo empleamos en arreglar estos diversos
[y que sigamos el camino, sea el que sea, / que nos haya
objetos. Por la tarde, comimos en casa del barón Trampe,
dado la fortuna].
en compañía del alcalde de Reikiavik y del doctor Hyalta-
lin, el médico más célebre de la isla. El señor Fridriksson
no se hallaba entre los invitados; pero supe más tarde que
CAPÍTULO 12
el gobernador y él se hallaban en desacuerdo acerca de Partimos con un cielo nublado, pero estable. No había
una cuestión administrativa, por lo que no se trataban. que temer grandes calores ni lluvias desastrosas. Un tiem-
No tuve, pues, ocasión de comprender ni una palabra de po a propósito para hacer excursiones de recreo. El placer
nada de lo que se dijo durante aquella comida semioficial; de recorrer a caballo un país desconocido me hizo más
pero observé que mi tío no cesó de hablar un momento. llevadero el comienzo de la empresa. Me entregaba por
completo a la felicidad del excursionista, hecha de deseos
Al día siguiente, 15, quedaron terminados todos los
y de libertad. Comenzaba a resignarme a la situación.
preparativos. El señor Fridriksson prestó a mi tío un
gran servicio regalándole un mapa de Islandia incom- “Después de todo —me preguntaba a mí mismo—,
parablemente más perfecto que el de Handerson, el ¿qué es lo que arriesgo yo con viajar por el país más
mapa de Olaf Nikolas Olsen, reducido a la escala de curioso del mundo, y escalar la montaña más notable
1/480 000, y editado por la Sociedad Literaria Islan- de la Tierra? Lo peor es el tener que descender al fon-
desa, según los trabajos geodésicos de Scheel Frisac y do de un cráter apagado. Sin embargo, no cabe duda
el trazado topográfico de Bjorn Gumlaugsonn. Era un alguna que Saknussemm hizo lo mismo. En cuanto
documento precioso para un mineralogista. a la existencia de un túnel que conduce al centro del
globo... ¡eso es pura fantasía! Por consiguiente, lo me-
Transcurrió la última velada en íntima conversación
jor será aprovecharse de todo lo bueno que haya en la
con el señor Fridriksson, que me inspiraba una viva
expedición y poner buena cara al mal tiempo”.
simpatía. A la charla, después le siguió un sueño bas-
tante agitado, al menos por parte mía. Apenas había terminado de hacer estos raciocinios,
cuando salimos de Reikiavik.
A las cinco de la mañana me despertaron los relinchos
de cuatro caballos que piafaban bajo mi ventana. Me Hans marchaba a la cabeza, con paso rápido, uniforme
vestí a toda prisa y bajé enseguida a la calle, donde y continuo. Lo seguían los dos caballos que llevaban
Hans estaba acabando de cargar nuestros equipajes, nuestro equipaje, sin que fuese necesario guiarlos. Por
casi sin moverse, por así decirlo, aunque dando mues- último, marchábamos mi tío y yo, y la verdad que no
tras de poseer una destreza poco común. Mi tío hacía hacíamos mala figura montados en aquellas bestias pe-
más ruido que trabajo; pero el guía prestaba, al parecer, queñas, pero vigorosas.
poca o ninguna atención a sus recomendaciones.
Islandia es una de las islas más grandes de Europa;
A las seis, estaba todo listo. El señor Fridriksson nos mide mil cuatrocientas millas cuadradas de superficie
estrechó las manos. Mi tío le dio, en islandés, las gra- y solo cuenta con sesenta mil habitantes. Los geógra-
cias más expresivas por su amable hospitalidad. En fos la han dividido en cuatro regiones, y teníamos que
cuanto a mí, esbocé en mi mejor latín una especie de atravesar casi oblicuamente la que lleva el nombre de
cordial saludo; después montamos a caballo, y el se- País del Sudoeste, Sudvestr Fjordungr.

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80 Unidad 2 • Novela
Al salir de Reikiavik, nos guió Hans por la orilla del Avanzábamos con paso rápido, y el país se iba mos-
mar, marchando sobre pastos muy poco frondosos que trando ya casi desierto. De trecho en trecho aparecía el
trataban de parecer verdes, sin que pasaran de amari- margen de una hondonada, cual pobre mendigo, alguna
llos. Las arrugadas cumbres de las masas de traquita granja aislada, algún böer solitario, hecho de madera,
se dibujaban en el horizonte, entre la niebla del este; a tierra y trozos de lava. Estas miserables chozas parecían
veces, algunas manchas de nieve, concentrando la luz implorar la caridad del paseante y daban ganas de darles
difusa, resplandecían entre las vertientes de las cimas una limosna. En aquel país no hay caminos, ni tan si-
lejanas; ciertos picos más aventurados que otros atra- quiera senderos, y la vegetación, a pesar de ser tan lenta,
vesaban las nubes grises y reaparecían después por en- no tarda en borrar las huellas de los escasos viajeros.
cima de los movedizos vapores, semejantes a escollos
Sin embargo, esta parte de la provincia, situada a dos pa-
que emergían en pleno cielo.
sos de la capital, es una de las porciones más pobladas y
Con frecuencia, aquellas cadenas de áridas rocas avan- cultivadas de Islandia. ¡Imaginen lo que serán las regiones
zaban una punta hacia el mar, mordiendo la pradera deshabitadas de aquel desierto! Habíamos recorrido ya
sobre la cual caminábamos; pero siempre quedaba es- media milla sin haber encontrado ni un labriego sentado
pacio suficiente para poder pasar. Nuestros caballos a la puerta de su cabaña, ni un pastor salvaje apacentando
elegían instintivamente los lugares más propicios sin un rebaño menos salvaje que él; tan solo habíamos visto
retardar su marcha jamás. Mi tío no tenía ni el consuelo algunas vacas y carneros abandonados a su suerte. ¿Cómo
de excitar a su cabalgadura con el látigo de la voz; le serían entonces las regiones convulsionadas, removidas
estaba prohibida la impaciencia. Yo no podía evitar por los fenómenos eruptivos, nacidas de las explosiones
el sonreírme al contemplarle tan largo montado sobre volcánicas y de las conmociones subterráneas?
su pequeño caballo y, como sus desmesuradas piernas
rozaban casi el suelo, parecía un centauro de seis patas.
Vocabulario
—¡Magnífico animal! —me decía—. Ya verás, Axel,
cómo no existe animal que aventaje en inteligencia al KK geodésico: relativo a la geodesia,
caballo islandés; ni nieves, ni tempestades, ni rocas, ni ciencia que determina la figura
ventisqueros. No hay nada que lo detenga. Es sobrio, y magnitud del globo terrestre,
valiente y seguro. Jamás da un paso en falso ni retro- para la elaboración de mapas.
cede. Cuando tengamos que atravesar algún fiordo o KK topográfico: relativo a la topo-
algún río, ya lo verás arrojarse al agua sin titubear, lo grafía, disciplina que describe
mismo que un anfibio, y llegar a la orilla opuesta. Mas con precisión la superficie de
los terrenos.
no los tratemos mal; dejémoslos caminar a su gusto,
KK piafar: Dicho de un caballo:
y ya verás cómo hacemos nuestras diez leguas diarias.
Alzar las patas delanteras alter-
—Nosotros no cabe duda, pero el guía... nativamente, haciéndolas caer
con fuerza y sin avanzar.
—No te inquietes por el guía. Estas gentes caminan KK traquita: roca volcánica hecha
sin darse cuenta de ello. Este se mueve tan poco, que principalmente de feldespatos.
no debe cansarse. Además, si es preciso, yo le cederé KK escollos: rocas que apenas so-
mi montura. Así como así, si no me muevo un poco, bresalen del agua.
pronto me darán calambres. Los brazos van muy bien, KK boër: casa típica del campesino
pero no hay que olvidar las piernas. islandés.

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Español 7. Antología literaria 81
Estábamos destinados a conocerlas más tarde; pero, al Quiso hacer una observación al guía; pero este, sin oír-
consultar el mapa de Olsen, vi que siguiendo los torcidos le, volvió a ponerse delante de los caballos y emprendió
contornos de la playa nos apartábamos de ellos, toda vez de nuevo la marcha.
que el gran movimiento plutónico se ha concentrado
Tres horas más tarde, sin dejar nunca de caminar so-
especialmente en el interior de la isla, en donde las capas
bre el descolorido césped, tuvimos que contornear el
horizontales de rocas superpuestas, llamadas en escan-
Kollafjörd, un rodeo más fácil y rápido que la travesía
dinavo trapps, las franjas de traquita, las erupciones de
del golfo. Pronto entramos en un pingstaoer (lugar de
basalto, de toba, de todo conglomerado volcánico, las
jurisdicción comunal) llamado Ejulberg, cuya campana
corrientes de lava y de pórfido en fusión, han formado
habría dado las doce del día si las iglesias islandesas
un país que inspira un horror sobrenatural. Entonces no
hubiesen sido lo suficientemente ricas para poseer re-
sospechaba el espectáculo que nos esperaba en la penín-
lojes pero, en esto, se asemejan a sus feligreses, que no
sula del Sneffels, en donde estos residuos de naturaleza
tienen reloj y se pasan perfectamente sin él.
volcánica forman un caos espantoso.
Allí dimos descanso a los caballos; después, tomando
Dos horas después de haber dejado Reikiavik, llegamos
por una ribera encerrada entre una cadena de colinas
al pueblo de Gufunes, llamado “Aoalkirkja” o “iglesia
y el mar, llegamos de un tirón al aoalkirkja de Brantär
principal”, que no ofrecía alguna cosa notable. Solo
y una milla más lejos, a Saurböer, Annexia, iglesia con-
tiene algunas casas que no bastarían para formar un
tigua, situada en la orilla sur del Hvalfjörd.
barrio en Alemania.
Eran las cuatro de la tarde y habíamos avanzado cua-
Hans se detuvo allí por media hora, aproximadamen-
tro millas. El fiordo en ese punto tenía de longitud
te, compartió con nosotros nuestro sencillo almuer-
media milla por lo menos; las alas se estrellaban con
zo, respondió con monosílabos a las preguntas de mi
estrépito sobre las agudas rocas. Este golfo se abría
tío Lidenbrock relativas a la naturaleza del camino, y
entre murallas de piedra cortadas a pico, de tres mil
cuando le preguntó dónde tenía pensado que pasáse-
pies de elevación, y notables por sus capas oscuras
mos la noche, respondió secamente:
que separaban los lechos de toba de un matiz rojizo.
—Gardär. Por muy grande que fuese la inteligencia de nuestros
caballos, no me hacia mucha gracia el tener que atra-
Consulté el mapa para ver lo que era Gardär, y viendo
vesar un verdadero brazo de mar sobre el lomo de
un caserío de este nombre a orillas del Hvalfjörd, a
un cuadrúpedo.
cuatro millas de Reikiavik, se lo mostré a mi tío.
—Si realmente son tan inteligentes, no tratarán de pa-
—¡Cuatro millas nada más! —exclamó—. ¡Solo cuatro
sar —dije yo—. En todo caso, yo me encargo de suplir
millas de las veintidós que tenemos que andar! ¡Es un
su falta de inteligencia.
bonito paseo!
Pero mi tío no quería esperar, y azotó a su caballo hacia
la orilla. El animal fue a olisquear la última ondulación
de las olas y se detuvo. El profesor, que también tenía
su instinto, quiso obligarlo a pasar, pero la bestia se
Vocabulario negó a obedecerle, moviendo la cabeza. A los juramen-
tos y latigazos de mi tío, el caballo intentaba sacudirse
KK plutónico: relativo al plutonismo al jinete. Finalmente, el pequeño caballo, doblando los
o vulcanismo (por alusión a Plu-
tón, dios griego del inframundo). corvejones, se escurrió de entre las piernas del profesor,

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82 Unidad 2 • Novela
y lo dejó plantado sobre dos piedras de la orilla como Tardamos más de una hora en atravesar el fiordo; pero
el Coloso de Rodas. lo pasamos, al fin, sin accidente ninguno.

—¡Ah! ¡Maldito animal! —exclamó encolerizado el Media hora después llegábamos al aoalkirkja de Gardär.
jinete transformado en peatón, y avergonzado como un
oficial de caballería que se viese convertido en infante CAPÍTULO 13
de improviso.
Ya era hora de que fuese de noche, pero en el paralelo
—Färja —dijo nuestro guía, tocándole en el hombro. 65, la claridad diurna de las regiones polares no debía
causarme asombro; en Islandia no se pone el sol du-
—¡Cómo! ¿Una barca?
rante los meses de junio y julio.
—Der —respondió Hans mostrándole una embarcación.
La temperatura, no obstante, había descendido; sentía
—Sí —exclamé yo—, hay una barca. frío, y, sobre todo, hambre. ¡El böer que abrió hospita-
lariamente sus puertas para recibirnos fue bienvenido!
—Pues, hombre, ¡haberlo dicho! Está bien, prosigamos.
Era la casa de un campesino, pero de hecho su hospi-
—Tidvatten —replicó el guía. talidad valía por la de un rey. A nuestra llegada vino
—¿Qué dice? el dueño a tendernos la mano, y, sin más ceremonias,
nos hizo señas para que lo siguiéramos.
—Dice “marea” —respondió mi tío, traduciéndome la
palabra danesa. Que lo siguiéramos, en efecto, ya que acompañarlo hu-
biera sido imposible. Un corredor largo, estrecho y oscu-
—¿Será, sin duda, preciso esperar a que crezca la marea? ro daba acceso a esta cabaña, construida con vigas apenas
—¿Förbida? —preguntó mi tío. escuadradas, y permitía llegar a todas sus habitaciones,
que eran cuatro: la cocina, el taller de tejidos, la badstofa
—Ja —respondió Hans. (alcoba de la familia) y la destinada a los huéspedes, que
El profesor golpeó el suelo con el pie, en tanto que los era la mejor de todas. Mi tío, con cuya estatura no se
caballos se dirigían hacia la barca. había contado al construir la cabaña, dio en tres o cuatro
ocasiones con la cabeza contra las vigas del techo.
Comprendí la perfecta necesidad de esperar para co-
menzar la travesía del fiordo, ese instante en que la Nos introdujeron en nuestra habitación, que era una
marea se detiene, después de haber alcanzado su máxi- especie de salón espacioso, de suelo terroso, y que reci-
ma altura. Luego el flujo y reflujo no ejercen acción bía la luz a través de una ventana cuyos vidrios estaban
alguna sensible, y no hay, por tanto, peligro de que la hechos de membranas de oveja muy poco traslúcidas.
barca sea arrastrada por la corriente ni hacia el fondo Consistían las camas en un poco de paja seca, amon-
del golfo, ni hacia el mar. tonada sobre los marcos de madera pintada de rojo y
adornada con proverbios islandeses. No esperaba cier-
El instante favorable no llegó hasta las seis de la tarde; a tamente tanta comodidad, pero, en cambio, reinaba en
esta hora, mi tío, yo, el guía, dos pasajeros y los cuatro el interior de la casa un penetrante olor a pescado seco,
caballos nos habíamos acomodado en una especie de a carne macerada y a leche agria que repugnaba de un
barca de fondo plano bastante frágil. Como estaba acos- modo extraordinario a mi olfato.
tumbrado a los barcos de vapor del Elba, me parecieron
los remos de los barqueros un procedimiento anticuado. Cuando hubimos descargado nuestro equipo, oímos
la voz del dueño de la casa que nos invitaba a pasar a

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Español 7. Antología literaria 83
la cocina, única habitación en que se encendía fuego, Después, tranquilamente, automáticamente, sin que un
hasta en los mayores fríos. beso fuera más acentuado que otro, besó al dueño de
la casa, a su esposa y a sus diecinueve hijos.
Mi tío se apresuró a obedecer la amistosa invitación, y
yo le seguí al momento. Terminada la ceremonia, nos sentamos a la mesa en
número de veinticuatro, y por consiguiente, los unos
La chimenea de la cocina era de antiguo modelo; el ho-
sobre los otros en el verdadero sentido de la expresión.
gar consistía en una piedra en el centro de la habitación,
Los más favorecidos solo tenían sobre sus rodillas a
con un agujero en el techo por el cual se escapaba el
dos muchachos.
humo. Esta cocina servía de comedor al mismo tiempo.
La llegada de la sopa hizo reinar el silencio entre los
Al entrar, nuestro huésped, como si no nos hubiese vis-
pequeños, y la taciturnidad característica de los islan-
to hasta entonces, nos saludó con la palabra saellvertu,
deses, incluso entre los muchachos, recobró de nuevo
que significa “sean felices’”, y nos besó en las mejillas.
su imperio. Nuestro huésped nos sirvió una sopa de
Luego, su esposa pronunció las mismas palabras, liquen que no era desagradable, y después, una enor-
acompañadas de igual ceremonial; y después, los dos me porción de pescado seco, nadando en mantequilla
esposos, colocándose la mano derecha sobre el cora- agria hacía veinte años, y muy preferible, por consi-
zón, se inclinaron profundamente. guiente, a la fresca, según las ideas gastronómicas de
Islandia. Había además skyr, especie de leche cuajada
Me apresuraré a decir que la islandesa era madre de
y sazonada con jugo de bayas de enebro. En fin, para
diecinueve hijos, todos los cuales, así los grandes como
beber, nos ofreció un líquido lechoso conocido en el
los pequeños, corrían y saltaban en medio de los tor-
país con el nombre de “blanda”. No sé si esta extraña
bellinos de humo que llenaban la estancia. A cada ins-
comida era o no buena. Tenía tanta hambre, que, a
tante veía salir de entre la niebla, una cabecita rubia y
los postres, me di un soberbio atracón de un espeso
un tanto melancólica. Se habría dicho que formaban
atol de alforfón.
un coro de ángeles insuficientemente limpios.
Terminada la comida, desaparecieron los niños, y las
Mi tío y yo le dimos una excelente acogida a aquella
personas mayores rodearon el hogar donde ardían bra-
gran “bandada”, y al poco rato teníamos tres o cuatro
sas, turba, boñiga de vaca y huesos de pescado seco.
de ellos sobre nuestras espaldas, otros tantos sobre
Después de esta “entrada en calor”, los diversos grupos
nuestras rodillas y el resto entre nuestras piernas. Los
volvieron a sus habitaciones respectivas. La dueña de
que ya sabían hablar, repetían saellvertu en todos los
la casa se ofreció, según era costumbre, a quitarnos
tonos imaginables, y los que aún no habían aprendido,
los pantalones y las medias; pero renunciamos a tan
gritaban con todas sus fuerzas.
estimable honor, dándole, sin embargo, las gracias del
El anuncio de la comida interrumpió este concierto. En modo más expresivo; la mujer no insistió, y pude, al
ese momento entró el cazador que acababa de ocuparse fin, arrojarme sobre mi cama de paja.
del alimento de los caballos, es decir, que los había sol-
Al día siguiente, a las cinco, nos despedimos del cam-
tado en el campo, donde los infelices animales tendrían
pesino islandés. Mucho trabajo le costó a mi tío Liden-
que contentarse con comer el escaso musgo de las rocas
brock hacerle aceptar un pago adecuado, y Hans dio
y algunas algas poco nutritivas; lo cual no sería obstácu-
la señal de partida.
lo, para que, al día siguiente, viniesen voluntariamente
a reanudar, sumisos, el trabajo de la víspera. A unos cien pasos de Gardär, el terreno comenzó a cam-
biar de aspecto, el suelo se volvió pantanoso y menos
—Saellvertu —dijo Hans al entrar.
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84 Unidad 2 • Novela
favorable para la marcha. Por la derecha, la serie de mon- permitió pasarlo y llegar al caserío de Alftanes, una
tañas se prolongaba indefinidamente como un inmenso milla más allá.
sistema de fortificaciones naturales cuya contraescarpa
Al anochecer, después de haber vadeado el Alfa y el
seguíamos, presentándose a menudo arroyos que era
Heta, dos ríos ricos en truchas y lucios, nos vimos
preciso vadear sin mojar demasiado el equipaje.
precisados a hacer noche en una casucha ruinosa y
El desierto se hacía cada vez más profundo; sin embar- abandonada, digna de estar habitada por todos los
go, aun a veces alguna sombra humana parecía huir a lo duendes y espíritus de la mitología escandinava. Sin
lejos. Si las vueltas del camino nos acercaban de modo duda alguna, el genio del frío había fijado en ella su
imprevisto a uno de estos espectros, yo experimentaba residencia, pues hizo de las suyas toda la noche.
un disgusto repentino a la vista de una cabeza hincha-
Durante la jornada del día siguiente no ocurrió ningún in-
da, una piel reluciente, desprovista de cabellos, y de
cidente especial. Siempre el mismo terreno pantanoso, el
llagas repulsivas que dejaban al descubierto los grandes
mismo paisaje triste, la misma uniformidad. A la llegada
desgarrones de sus miserables harapos.
de la noche habíamos recorrido ya la mitad de la distancia
La desdichada criatura, lejos de tendernos su mano total, y pasamos la noche en el anexo de Krösolbt.
deformada, se alejaba; pero no tan de prisa que Hans no
El 19 de junio recorrimos una milla, sobre poco más
tuviese tiempo de saludarla con su habitual saellvertu.
o menos, por un terreno de lava. Esta disposición del
—Spetelsk —decía después. suelo se llama en este país “hraun”. La lava arrugada de

—¡Un leproso! —repetía mi tío.

Aquella sola palabra produce de por sí un efecto cho-


cante. Esta horrible enfermedad de la lepra es bastante Vocabulario
común en Islandia. No es contagiosa, pero sí hereditaria,
y por eso a estos desgraciados les está prohibido casarse. KK taciturnidad: cualidad de quien
habla poco o tiene un carácter
Estas apariciones no eran las más a propósito para ale- triste, melancólico o callado.
grar el paisaje, cuya tristeza se hacía más profunda KK liquen: organismo que resulta
a cada momento. Los últimos manchones de hierba de la simbiosis de un hongo y un
acababan de morir bajo nuestros pies. No se veía ni un alga, muy resistente a condicio-
árbol, pues ni merecían tal nombre algunos abedules nes climáticas adversas.
enanos que más parecían malezas. Aparte de algunos KK bayas de enebro: frutos del
caballos que vagaban por las tristes llanuras, abandona- arbusto de enebro, de aspecto
similar a los arándanos.
dos por sus amos que no los podían mantener, tampoco
se observaban animales. De vez en cuando aparecía un KK alforfón: trigo sarraceno, un tipo
de cereal.
halcón entre las nubes grises, y huía rápidamente a las
regiones del sur. Yo me dejé arrastrar por la melancolía KK contraescarpa: término militar
que se refiere a la pared exterior
de aquella naturaleza salvaje y mis recuerdos me con-
de un foso, frente a la escarpa, la
dujeron a mi país natal. pared del lado del campamento.
Hubo después que cruzar algunos pequeños fiordos KK vadear: cruzar un río por
que carecían de importancia, y, por último, un verda- un vado, es decir, una zona
poco profunda y de suelo
dero golfo; la marea, detenida en ese momento, nos relativamente firme.

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Español 7. Antología literaria 85
la superficie adoptaba formas de cables, unas veces alar- CAPÍTULO 14
gados y otros enrollados sobre sí mismos; una inmensa
Stapi es una aldea compuesta de unas treinta chozas,
corriente descendía de las montañas vecinas, volcanes
edificadas en plena lava bajo los rayos del sol reflejados
actualmente extinguidos, pero cuya violencia en el pasa-
por el volcán. Se extiende en el fondo de un pequeño
do publicaban estos restos. Esto no obstante, los humos
fiordo que está encajado en una muralla que hace el
de algunos manantiales calientes se elevaban aquí y allá.
más extraño efecto.
No teníamos tiempo para observar estos fenómenos;
Conocido es que el basalto es una roca oscura de ori-
había que avanzar, y los cascos de nuestros caballos no
gen ígneo, que presenta formas muy regulares cuya
tardaron en hundirse de nuevo en terrenos pantanosos,
disposición causa extrañeza. La naturaleza procede
sembrados de pequeñas lagunas. Íbamos hacia el oeste,
al formar esta sustancia de una forma geométrica,
después de haber rodeado la gran bahía de Faxa, y la
y trabaja de modo semejante a los seres humanos,
doble cima blanca del Sneffels se levantaba entre las
como si manejase la escuadra, el compás y la plo-
nubes a menos de cinco millas.
mada. Si en cualquier otro lugar hace arte con sus
Los caballos marchaban bien, las dificultades del suelo grandes masas lanzadas sin orden, sus conos apenas
no los detenían. Por mi parte, empezaba a sentirme dibujados, sus pirámides imperfectas, con la extraña
cansado, pero mi tío permanecía firme y derecho como sucesión de sus líneas, aquí, queriendo dar ejemplo
el primer día, inspirándome una sincera admiración, de regularidad y precediendo a los arquitectos de
lo mismo que el cazador, que consideraba aquella ex- las primeras épocas, ha creado un orden severo que
pedición como un sencillo paseo. ni los esplendores de Babilonia ni las maravillas de
Grecia han superado jamás.
El sábado 20 de junio, a las seis de la tarde, llegamos a
Büdir, aldea situada a la orilla del mar, y el guía reclamó Había oído hablar de la Calzada de los Gigantes en
el salario convenido. Mi tío le pagó en el acto. Aquí fue Irlanda, y de la gruta de Fingal, en una de las islas
la familia misma de Hans, es decir, sus tíos y primos, Hébridas; pero el bello espectáculo de unos cimientos
quienes nos hospedaron en su casa. Fuimos muy bien basálticos no se había presentado aún ante mis ojos.
recibidos, y, sin abusar de la amabilidad de aquellas Ahora bien, en Stapi este fenómeno aparecía en todo
buenas gentes, de buena gana hubiera permanecido en su esplendor.
su compañía algún tiempo con objeto de reponerme de
La muralla del fiordo, como toda la costa de la penínsu-
las fatigas del viaje; pero mi tío, que no experimentaba
la, estaba formada por una serie de columnas verticales
necesidad de descanso, no lo entendió de igual modo, y
de treinta pies de altura. Estos fustes, bien proporcio-
a la mañana siguiente no hubo otra solución que subir
nados y rectos, soportaban una arquivolta de columnas
otra vez a nuestras buenas bestias.
horizontales, cuya parte sobresaliente formaba una me-
El suelo se encontraba afectado por la proximidad de la dia bóveda sobre el mar. A ciertos intervalos, y deba-
montaña, cuyas raíces de granito salían de la tierra, cual jo de aquel impluvium natural, sorprendían aberturas
las de una vieja encina. Íbamos contorneando la base del ojivales de un diseño admirable, a través de las cuales
volcán. El profesor no le perdía de vista; gesticulaba sin precipitaban las olas espumantes. Algunos trozos de
cesar y parecía desafiarle y decirle: “¡He aquí el gigan- basaltos arrancados por los furores del océano yacían
te que voy a domar!”. Por fin, después de veinticuatro a lo largo del suelo cual ruinas de un templo antiguo;
horas de marcha, se detuvieron espontáneamente los ruinas eternamente jóvenes, sobre las cuales pasaban
caballos a la puerta de la casa del sacerdote de Stapi. los siglos sin dañarlas.

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86 Unidad 2 • Novela
Tal era la última etapa de nuestro viaje terrestre. Hans nos das; y por eso aquella misma noche advertí que entre las
había conducido a ella con probada inteligencia, y me virtudes del sacerdote no se hallaba la de la moderación.
tranquilizaba la idea de que nos seguiría acompañando.
Mi tío no tardó en darse cuenta de la clase de hombre
Al llegar a la puerta de la casa del sacerdote, cabaña con quien tenía que habérselas; en vez de un digno y
sencilla y de un único piso, ni más bella ni más cómoda honrado sabio, halló un grosero y descortés campesino,
que las otras, vi a un hombre herrando un caballo, con y resolvió emprender lo más pronto posible su gran ex-
el martillo en la mano y el delantal de cuero a la cintura. pedición, y abandonar cuanto antes a aquel sacerdote
tan poco hospitalario. Sin fijarse siquiera en su propio
—Saellvertu —le dijo el cazador.
cansancio, decidió ir a pasar algunos días en la montaña.
—God dag —respondió el herrero en perfecto danés.
Al día siguiente al de nuestra llegada a Stapi, comenzaron
—Kyrkoherde —dijo Hans, volviéndose hacia mi tío. los preparativos de marcha. Contrató Hans a tres islande-
ses que debían reemplazar a los caballos en el transporte
—¡El cura párroco! —repitió este último—. Me parece,
de nuestros equipajes pero, una vez llegados al fondo del
Axel, que este buen hombre es el sacerdote.
cráter, estos nativos debían desandar el camino y dejarnos
Entretanto, ponía Hans al kyrkoherde al tanto de la si- a los tres solos. Este punto quedó perfectamente aclarado.
tuación; suspendió entonces este su trabajo, lanzó una
Entonces tuvo mi tío que decir al cazador que tenía la
especie de grito que sin duda se usaba entre caballos y
intención de reconocer el cráter del volcán hasta sus
mercaderes, y salió de la cabaña enseguida una mujer
últimos límites.
que parecía una furia; no le faltaría mucho para medir
seis pies de estatura. Hans se contentó con inclinar la cabeza como señal
de asentimiento. El ir a un sitio o a otro, el recorrer la
Temí que viniese a ofrecer a los viajeros el beso islan-
superficie de su isla o descender a sus entrañas, le era
dés, pero no fue así, por fortuna; al contrario, nos puso
indiferente del todo. En cuanto a mí, distraído hasta
muy mala cara al hacernos pasar.

La habitación destinada a los huéspedes me pareció la


peor de la casa cural: estrecha, sucia y descuidada; pero
fue necesario contentarse con ella, pues el sacerdote Vocabulario
no parecía practicar la hospitalidad antigua. Antes de
KK fustes: partes rectas de las co-
terminar el día vi que teníamos que negociar con un
lumnas, entre el capitel y la basa.
pescador, un herrero, un cazador, un carpintero, todo
KK arquivolta: decoración en la cara
menos un ministro del Señor. Verdad es que era día de
exterior de un arco.
trabajo; tal vez se desquitase los domingos.
KK bóveda: en arquitectura, ele-
Yo no quisiera hablar mal de estos pobres curas que, al mento curvo colocado entre los
fin y al cabo, son muy míseros; reciben del gobierno da- apoyos que forma el techo o la
cubierta de una obra.
nés una asignación ridícula y perciben la cuarta parte de
los diezmos de sus parroquias, lo que en total no suma KK impluvium: estanque rectan-
gular, en la casa romana, que
ni sesenta marcos. Necesitan, por consiguiente, trabajar
recogía el agua que caía de una
para vivir; pero pescando, cazando y herrando caballos, abertura en el techo.
se acaba por adquirir las maneras, los hábitos y el tono KK ojivales: que tienen forma de
de los pescadores, cazadores y otras gentes no menos ru- ojiva, similar a una almendra.

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Español 7. Antología literaria 87
entonces por los incidentes del viaje, había olvidado —Sí; en eso estaba pensando. Desde nuestra llegada a
algo del porvenir; pero ahora sentí que las emociones Stapi, me he preocupado de la grave cuestión que aca-
me dominaban de nuevo. ¿Qué hacer? En Hamburgo bas de someter a juicio, porque no conviene cometer
hubiera sido ocasión de oponerme a los designios del imprudencias.
profesor; pero al pie del Sneffels, no había posibilidad.
—No —respondí con vehemencia.
Una idea, sobre todo, me preocupaba más que todas las
—Hace seiscientos años que el Sneffels está mudo; pero
otras; una idea espantosa, capaz de quebrantar otros
puede hablar otra vez. Ahora bien, las erupciones vol-
nervios menos sensibles que los míos.
cánicas van siempre precedidas de fenómenos ya cono-
“Veamos —me decía—, vamos a escalar el Sneffels. cidos; por eso, después de interrogar a los habitantes
Está bien. Vamos a visitar su cráter. Bueno, otros lo han del país y estudiar el terreno, puedo decirte, Axel, que
hecho y aún viven. Pero eso no es todo. Si se presenta no habrá por ahora erupción.
un camino para descender a las entrañas de la Tierra, si
Al oír estas palabras, me quedé estupefacto y no
ese desventurado Saknussemm ha dicho la verdad, nos
pude replicar.
vamos a perder en medio de las galerías subterráneas
del volcán. Ahora bien, ¿quién es capaz de afirmar —¿Dudas de mis palabras? —dijo mi tío—; pues
que el Sneffels está apagado del todo? ¿Hay algo que sígueme.
demuestre que no se está preparando otra erupción?
Obedecí mecánicamente. Al salir de la parroquia, tomó
Del hecho de que duerma el monstruo desde 1229,
el profesor un camino directo que, por una abertura de
¿hemos de deducir que no pueda despertarse? Y si se
la muralla basáltica, se alejaba del mar. No tardamos
despertara, ¿qué sería de nosotros?”.
en llegar a campo abierto, si se puede dar este nombre
Valía la pena reflexionar sobre todo esto, y mi imagi- a un inmenso montón de deyecciones volcánicas. Los
nación no cesaba de dar vueltas a estas ideas. No podía accidentes del suelo parecían como borrados bajo una
dormir sin soñar con erupciones; además, me parecía lluvia de piedras, de lava, de basalto, de granito y de
brutal hacer el papel de escoria. toda clase de rocas piroxénicas.
Incapaz de callar por más tiempo, decidí finalmente Se veían de trecho en trecho algunas columnas de
someter el caso a mi tío con la mayor prudencia posi- humo elevarse a la atmósfera. Estos vapores blancos,
ble, y en forma de hipótesis perfectamente irrealizable. llamados “reykir” en islandés, procedían de aguas ter-
males, y su violencia indicaba la actividad volcánica del
Me aproximé hasta él, le manifesté mis temores y retro-
suelo, lo cual parecía confirmar mis temores; júzguese,
cedí varios pasos para evitar los efectos de la primera
pues, cuál no sería mi sorpresa cuando mi tío me dijo:
explosión de su cólera.
—¿Ves todas esas humaredas, Axel? Pues bien, ellas
—Ya he pensado en ello —me respondió simplemente.
nos demuestran que no debemos temer los furores
¿Qué interpretación debía dar a estas inesperadas pala- del volcán.
bras? ¿Iba, al fin, a escuchar la voz de la razón? ¿Pen-
—¡Cómo puede ser eso! —exclamé.
saría suspender sus proyectos? ¡No sería verdad tanta
belleza! —No olvides lo que voy a decirte —prosiguió—: cuan-
do una erupción se aproxima, todas estas humaredas
Tras algunos instantes de silencio, que no me atreví a
redoblan su actividad para desaparecer por comple-
interrumpir, añadió:
to mientras subsiste el fenómeno; pues los fluidos

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88 Unidad 2 • Novela
elásticos, careciendo de la necesaria tensión, toman Arreglado este punto, dio Hans la señal de partida, y
el camino de los cráteres, en vez de escaparse por las unos instantes después habíamos dejado Stapi.
fisuras del globo. Por lo tanto, si esos vapores se man-
tienen en su estado habitual, si no aumenta su energía, Capítulo 15
y si le añades a esto que la lluvia y el viento no son
El Sneffels tiene una altura de cinco mil pies. En su
reemplazados por un aire pesado y en calma, puedes
doble cono termina una banda de traquita que se des-
desde luego afirmar que no habrá erupción próxima.
taca del resto del sistema orográfico de la isla. Desde
—Pero... nuestro punto de partida no se podían ver sus dos
picos proyectándose sobre el fondo grisáceo del cielo.
—Basta. Cuando la ciencia ha hablado, no se puede
Solo distinguían mis ojos un enorme casquete de nieve
replicar.
que cubría la frente del gigante.
Volví a la casa cural con las orejas bajas; mi tío me
Marchábamos en fila precedidos del cazador, quien nos
había derrotado con sus argumentos científicos. Sin
guiaba por estrechos senderos, por los que no podían
embargo, aún conservaba la esperanza que, al bajar al
caminar dos personas de frente. La conversación se
fondo del cráter, nos fuese imposible descender más
hacía, pues, poco menos que imposible.
profundamente, por no existir ningún túnel, a pesar
de todos los Saknussemm del mundo. Más allá de la muralla basáltica del fiordo de Stapi,
encontramos un terreno de turba herbácea y fibrosa,
Pasé la noche siguiente con pesadillas en medio de un
restos de la antigua vegetación de los pantanos de la
volcán; y de las profundidades de la Tierra, me sentí
lanzado a los espacios interplanetarios en forma de
roca eruptiva.

Al día siguiente, 23 de junio, ya nos esperaba Hans con


sus compañeros cargados con víveres, utensilios e ins-
Vocabulario
trumentos. Dos bastones enchapados con hierro, dos fu-
siles y dos cartucheras nos estaban reservados a mi tío y KK escoria: residuo o desecho que
a mí. Nuestro guía, que era un hombre precavido, había queda al fundir ciertos metales
añadido a nuestros equipajes un odre lleno que, junto en los altos hornos.
a las cantimploras, nos aseguraba agua para ocho días. KK deyecciones: materiales arroja-
dos por un volcán.
Eran las nueve de la mañana. El sacerdote y su gigan-
KK aguas termales: fuentes de agua
tesca arpía esperaban delante de la puerta, deseosos, sin que brotan del suelo a una tem-
duda, de darnos su último adiós, pero este adiós tomó peratura ligeramente mayor que
la inesperada forma de una cuenta formidable, en la que la superficial.
se nos cobraba hasta el aire, bien insalubre por cierto, KK odre: envase de cuero usado
que habíamos respirado en la casa cural. La dignísima para guardar líquidos.
pareja nos estafó como un hotelero suizo, cobrándonos KK arpía: término despectivo para
a precio fabuloso su hospitalidad sobrevalorada. nombrar a una mujer considera-
da mala o perversa.
Mi tío pagó sin regatear. Un hombre que partía para
KK orográfico: relativo a la orografía,
el centro de la Tierra no iba a reparar en unos mise- es decir, el sistema montañoso.
rables rixdales.

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Español 7. Antología literaria 89
península. La masa de este combustible, todavía inex- Pero, gracias a este derramamiento, el espesor de la
plotado, bastaría para calentar durante un siglo a toda isla aumentó considerablemente y, con él, su fuerza de
la población de Islandia. Aquel vasto depósito, medido resistencia. Se concibe la gran cantidad de fluidos elás-
desde el fondo de ciertos barrancos, tenía con frecuen- ticos que se almacenó en su interior, al ver que todas las
cia setenta pies de altura, y presentaba capas sucesivas salidas se obstruyeron después del enfriamiento de la
de detritus carbonizado, separado por vetas de piedra costra de traquita. Llegó, pues, un momento en que la
pómez y toba. potencia mecánica de estos gases fue tal que levantaron
la pesada corteza y se abrieron elevadas chimeneas. De
Como el digno sobrino del profesor Lidenbrock, y a
este modo quedó el volcán formado gracias al levanta-
pesar de mis preocupaciones, veía con verdadero inte-
miento de la corteza, y después se abrió el cráter en la
rés las curiosidades mineralógicas expuestas en aquella
cima de aquel de un modo repentino.
enorme vitrina de historia natural, a la vez que rehacía
en mi mente toda la historia geológica de Islandia. Entonces sucedieron los fenómenos volcánicos a los
eruptivos; por las recién formadas aberturas se esca-
Esta isla tan curiosa ha surgido evidentemente del fon-
paron, ante todo, deyecciones basálticas, cuyos más
do de los mares en una época relativamente moderna.
bellos especímenes ofrecía en ese instante a nuestros
Es posible que aún esté elevándose por un movimien-
ojos la planicie que atravesábamos. Caminábamos so-
to imperceptible. Si es así, solo puede atribuirse su
bre aquellas rocas pesadas, de color gris oscuro, que
origen a la acción de los fuegos subterráneos, y en
al enfriarse habían adoptado la forma de prismas de
este caso, la teoría de Humphry Davy, el documento
bases hexagonales. A lo lejos se veía un gran número
de Saknussemm, y las pretensiones de mi tío, todo
de conos aplastados que fueron en otro tiempo otras
se volvía humo. Esta hipótesis me indujo a examinar
tantas bocas ignívomas.
atentamente la naturaleza del suelo, y pronto me di
cuenta de la sucesión de fenómenos que precedieron Una vez agotada la erupción basáltica, el volcán, cuya
a la formación de la isla. fuerza se acrecentó con la de los cráteres apagados, dio
paso a las lavas y a aquellas tobas de cenizas y de es-
Islandia, absolutamente privada de todo terreno sedi-
corias, cuyos amplios derrames esparcidos yo miraba,
mentario, se compone únicamente de tobas volcánicas,
a los lados, como una cabellera tupida.
es decir, de un aglomerado de piedras y rocas de con-
textura porosa. Antes de la existencia de los volcanes, Esta fue la serie de fenómenos que formaron a Islandia.
se hallaba formada por una masa sólida, lentamente le- Todos ellos reconocían por origen los fuegos interiores,
vantada sobre la superficie de las olas por el empuje de y suponer que la masa interna no permaneciese aún en
las fuerzas centrales. Los fuegos interiores no habían un estado perenne de incandescencia líquida era una
hecho aún su irrupción a través de la corteza terrestre. verdadera locura. Por ello, el pretender llegar al centro
mismo del globo sería una insensatez sin ejemplo.
Pero más adelante, se abrió diagonalmente una gran sen-
da, del sudoeste al noroeste de la isla, por la cual se es- Así, pues, mientras marchábamos al asalto del
capó lentamente toda la masa de traquita. El fenómeno Sneffels, me fui tranquilizando respecto del resultado
se verificó entonces sin violencia; la salida fue enorme, de nuestra empresa.
y las materias fundidas, arrojadas de las entrañas del
El camino se hacía cada vez más complicado; el terreno
globo, se extendieron tranquilamente, formando exten-
subía, las rocas oscilaban y era preciso caminar con
sas sabanas o masas llenas de burbujas. En esta época
mucho tiento para evitar caídas peligrosas.
aparecieron los feldespatos, las sienitas y los pórfidos.
Hans avanzaba tranquilamente como si fuese por un
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90 Unidad 2 • Novela
terreno llano; a veces desaparecía detrás de los grandes más. Los islandeses, a pesar de ir cargados, trepaban
peñascos, y lo perdíamos de vista un instante; pero con agilidad asombrosa.
entonces oíamos un agudo silbido salido de sus la-
Al contemplar la altura de la cumbre del Sneffels, me pa-
bios, que nos indicaba el camino que debíamos seguir.
recía imposible poder llegar por aquel lado hasta ella, si
Con frecuencia también recogía algunas piedras, las
el ángulo de inclinación de las pendientes no se cerraba
colocaba de modo que fuese fácil poder reconocerlas
un poco. Afortunadamente, tras una hora de trabajos y
después, y fijaba de esta suerte montones destinados a
de inauditos esfuerzos, en medio de la extensa alfombra
indicarnos el camino de regreso. Esta precaución era
de nieve que se extendía sobre la cumbre del volcán,
en sí excelente; pero los acontecimientos futuros los
descubrieron nuestros ojos de improviso una especie
hicieron inútiles.
de escalera que simplificó nuestra ascensión. Estaba
Tres cansadas horas de caminata se invirtieron para formada por uno de esos torrentes de piedras arrojadas
llegar solo a la falda de la montaña. Allí dio Hans la por las erupciones, cuyo nombre islandés es “stinâ”. Si
señal de detenerse, y almorzamos con sencillez. Mi tío este torrente no hubiese sido detenido en su caída por la
se llenaba la boca para concluir más pronto; pero como disposición especial de las laderas de la montaña, habría
aquel alto tenía también por objeto reparar nuestras ido a precipitarse en el mar, y formado nuevas islas.
fuerzas, tuvo que someterse a la voluntad del guía que
Tal como era, nos fue en extremo útil. La rapidez de
no dio la señal de partida hasta después de una hora.
las pendientes iba cada vez en aumento, pero aque-
Los tres islandeses, tan taciturnos como su camarada llos escalones de piedra permitían subir fácilmente,
el cazador, no desplegaron sus labios y comieron con con tal rapidez, que cuando me detuve a descansar un
moderación. momento mientras que mis compañeros continuaban,
los vi reducidos a una apariencia microscópica por el
Comenzamos a subir las laderas del Sneffels; su neva-
efecto de la distancia.
da cumbre, por una ilusión de óptica frecuente en las
montañas, me parecía ya próxima, a pesar de lo cual nos A las siete de la noche habíamos subido los dos mil
restaban aún muchas horas de camino y muchísimas peldaños de la escalera, y dominábamos una extumes-
fatigas, sobre todo, para llegar hasta ella. Las piedras cencia de la montaña, una especie de asiento sobre el
que no se hallaban ligadas por hierbas ni por ningún que se apoyaba el cono propiamente dicho del cráter.
cimiento de tierra resbalaban bajo nuestros pies y roda-
ban hasta la llanura con la velocidad de una avalancha.
Vocabulario
En algunos lugares, las laderas del monte formaban con
el horizonte un ángulo de treinta y seis grados como KK detritus: residuos.
mínimo. Era imposible trepar por ellos, siendo preciso KK toba: piedra caliza, porosa
rodear estos pedregosos obstáculos, para lo cual hallá- y liviana.
bamos no pocas dificultades. En estas ocasiones nos KK prismas: cuerpos geométricos
prestábamos mutuo auxilio con nuestros bastones. sólidos, de caras planas. Las dos
caras de los extremos (las bases)
Debo advertir que mi tío permanecía siempre lo más son iguales y paralelas, y pueden
cerca posible de mí; no me perdía de vista, y, en más ser triángulos, cuadrados, pentá-
de una ocasión, hallé un sólido apoyo en su brazo. gonos, hexágonos…
Por lo que respecta a él, tenía sin duda alguna el sen- KK ignívomas: que vomitan fuego.
timiento innato del equilibrio, pues no tropezaba ja- KK extumescencia: ensanchamien-
to, agrandamiento.
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Español 7. Antología literaria 91
El mar se extendía a la profundidad de tres mil dos- fortuna, en la vertiente opuesta y protegidos de todo
cientos pies. Habíamos sobrepasado el límite de las peligro; no obstante, a no ser por la precaución del
nieves perpetuas, bien poco elevado en Islandia, a cau- guía, nuestros cuerpos, destrozados, convertidos en
sa de la humedad constante del clima. Hacía un frío polvo impalpable, hubieran ido a caer lejos como el
espantoso y el viento soplaba con fuerza. Me encon- producto de algún desconocido meteoro.
traba agotado. El profesor entendió que mis piernas se
Sin embargo, no consideró Hans prudente que pasá-
negaban a seguir prestándome servicio, y, a pesar de su
semos la noche en la vertiente del cono. Continuamos
impaciencia, decidió hacer alto allí. Hizo señas a Hans
nuestra ascensión en zigzag; empleamos aún cerca de
en tal sentido; pero este sacudió la cabeza, diciendo:
cinco horas en recorrer los mil quinientos pies que nos
—Ofvanför. quedaban por subir; en desvíos, regresos y diagonales
perdimos por lo menos unas tres leguas. Yo no podía
—Parece que es preciso subir más —dijo mi tío.
más; me moría de frío y de hambre. El aire un tanto
Después preguntó a Hans el motivo de su respuesta. rarificado no bastaba a mis pulmones.

—Mistour —repuso el guía. Por fin, a las once de la noche, en plena oscuridad,
llegamos a la cumbre del Sneffels; y, antes de buscar
—Ja, mistour —repitió uno de los islandeses, con acen-
protección en el interior del cráter, tuve tiempo de ver
to de temor.
el “sol de medianoche” en la parte inferior de su carre-
—¿Qué significa esa palabra? —pregunté, inquieto. ra, proyectando sus pálidos rayos sobre la isla dormida
a mis pies.
—Mira —dijo mi tío.

Dirigí hacia la llanura la vista y vi una inmensa columna CAPÍTULO 16


de piedra pómez pulverizada, de arena y de polvo que se Cenamos rápidamente y se acomodó cada cual todo
elevaba girando como un tornado; el viento la empujaba lo mejor que pudo. La cama era bien dura, el abrigo
hacia la ladera del Sneffels sobre el cual nos encontrá- poco sólido y la situación muy penosa a cinco mil pies
bamos; aquella cortina opaca, tendida delante del Sol, por encima del nivel del mar. Sin embargo, mi sueño
producía una gran sombra que se proyectaba por encima fue tan tranquilo aquella noche, una de las mejores
de la montaña. Si el tornado se inclinaba, nos envolvería que había pasado desde hacía mucho tiempo, que ni
sin remedio en su remolino. Este fenómeno, bastante siquiera soñé.
frecuente cuando el viento sopla desde los glaciares, se
conoce con el nombre de mistour en islandés. A la mañana siguiente nos despertamos medio hela-
dos por un aire bastante vivo, bajo los rayos de un
—Hastigt, hastigt —gritó nuestro guía. sol espléndido. Abandoné mi lecho de granito y fui a
A pesar de no entender danés, comprendí que era pre- disfrutar del magnífico espectáculo que se desarrollaba
ciso seguir a Hans sin retraso. El guía comenzó a rodear ante mi vista.
el cono del cráter, pero descendiendo para facilitarnos Me situé en la cima del pico sur del Sneffels, desde el
la marcha. cual se descubría la mayor parte de la isla. La óptica,
No tardó el tornado en chocar contra la montaña, que común a todas las grandes alturas, hacía resaltar sus
se estremeció a su contacto; las piedras, suspendidas contornos, en tanto que las partes centrales parecían
por los remolinos del viento, volaron en forma de llu- oscurecerse. Hubiérase dicho que tenía bajo mis pies
via, como en las erupciones. Nos encontrábamos, por uno de esos mapas en relieve de Helbesmer. Veía los

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92 Unidad 2 • Novela
valles profundos cruzarse en todos sentidos, los ba- Una vez formulada la pregunta, el cazador respondió:
rrancos hacerse profundos como pozos, y convertirse
—Scartaris.
los lagos en estanques y los ríos en arroyos. A mi de-
recha se sucedían los glaciares y se multiplicaban los Mi tío me dirigió una mirada de triunfo.
picos, algunos de los cuales aparecían coronados por
—¡Al cráter! —exclamó entusiasmado.
penachos de humo. Las ondulaciones de estas infini-
tas montañas, cuyas capas de nieve les daban un as- El cráter del Sneffels tenía forma de cono invertido,
pecto espumoso, me recordaban la superficie del mar cuyo orificio podría tener media legua de diámetro.
cuando las tempestades la agitan. Si me volvía hacia Calculé su profundidad en dos mil pies aproximada-
el oeste, contemplaba las aguas del océano, en toda su mente. ¡Júzguese lo que sería semejante recipiente
majestuosa extensión, cual si fuese continuación de cuando se llenase de truenos y llamas! El fondo de
aquellas cimas que parecían rebaños de ovejas. Apenas este embudo no debía medir más de quinientos pies
distinguían mis ojos dónde terminaba la tierra y dónde de circunferencia, de suerte que sus pendientes eran
comenzaban las olas. bastante suaves y permitían llegar fácilmente a su
parte inferior. En forma involuntaria comparaba este
Me sumergí así en el famoso éxtasis que producen las
cráter con un enorme fusil, y la comparación me lle-
altas cimas, y esta vez sin vértigo alguno, pues, al fin,
naba de espanto.
me iba acostumbrando a estas contemplaciones subli-
mes. Mis deslumbradas miradas se bañaban en la trans- “Descender en el interior de un fusil —pensé—, que
parente irradiación de los rayos solares; me olvidé de puede estar cargado y dispararse al menor choque, solo
mi propia persona y del lugar en que me encontraba puede ocurrírsele a unos locos”.
para vivir la vida de los elfos o los silfos, imaginarios
habitantes de la mitología escandinava; me embriagué Pero para retroceder era tarde. Hans, con aire indife-
con la sensualidad de las alturas, sin acordarme de los rente, se colocó de nuevo al frente de la tropa. Lo seguí
abismos en que dentro de poco me sumergiría mi desti- sin decir palabra.
no. Pero la llegada del profesor y de Hans, que vinieron Con el fin de facilitar el descenso, el cazador describía
a reunirse conmigo en la punta del pico, me volvió a elipses muy prolongadas dentro del cono. Debíamos
la realidad de la vida. caminar entre rocas eruptivas, algunas de las cuales,
Mi tío se volvió al oeste y me señaló con su mano un desprendidas de sus cavidades, se precipitaban a sal-
ligero vapor, una neblina, una apariencia de tierra que tos hasta el fondo del abismo. Su caída determinaba
dominaba la línea de las olas. repercusiones de extraña sonoridad.

—Groenlandia —me dijo.

—¿Groenlandia? —exclamé.

—Sí; solo dista de nosotros treinta y cinco leguas, y, Vocabulario


durante los deshielos, llegan los osos blancos hasta Is-
landia sobre los témpanos que arrastran las corrientes KK rarificado: ralo, arralado, que
tiene poca densidad.
hacia el sur. Pero esto importa poco. Nos hallamos en
la cumbre del Sneffels; aquí tienes sus dos picos, el del KK sol de medianoche: fenómeno
de las zonas árticas debido a la
norte y el del sur. Hans va a decirnos ahora qué nombre
inclinación de la Tierra, en que el
dan los islandeses a este en que nos encontramos. Sol no se oculta durante meses.

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Español 7. Antología literaria 93
Algunas partes del cono formaban glaciares interiores. —¡Axel! ¡Axel! —exclamó—. ¡Ven! ¡Ven!
Hans avanzaba entonces con mucha precaución, son-
Acudí inmediatamente. Ni Hans ni los islandeses se
dando el suelo con su bastón para descubrir las grietas.
movieron de sus puestos.
En ciertos pasos dudosos se hizo necesario atarnos
unos a otros por medio de una larga cuerda a fin de —¡Mira! —me dijo el profesor.
que, si alguno resbalaba de improviso, quedara sos-
Y, participando de su asombro, aunque no de su alegría,
tenido por los otros. Esta solidaridad era una medida
leí sobre la superficie de la roca que miraba hacia el
prudente; pero no excluía todo peligro.
oeste, grabado en caracteres rúnicos, medio gastados
Sin embargo, y a pesar de las dificultades del descenso por la acción destructora del tiempo, este nombre mil
por pendientes que el guía no conocía, el camino se veces maldito:
hizo sin accidentes, salvo la caída de un fardo de cuer-
das que se le escapó al islandés de las manos y rodó sin
detenerse hasta el fondo del abismo.

A mediodía ya habíamos llegado. Levanté la cabeza


y vi el orificio superior del cono a través del cual se —¡Arne Saknussemm! —exclamó mi tío—; ¿aún
descubría un pedazo de cielo de una circunferencia lo dudas?
en extremo reducida pero casi perfecta. Solo en un Sin responderle, regresé abatido a mi banco de lava. La
punto se destacaba el pico del Scartaris, que se hundía evidencia me aplastaba.
en la inmensidad.
Ignoro cuánto tiempo permanecí sumido en mis re-
En el fondo del cráter se abrían tres chimeneas a través flexiones; lo que sé únicamente es que, al levantar la
de las cuales arrojaba el foco central sus lavas y vapores cabeza, solo vi a mi tío y a Hans en el fondo del cráter.
en las épocas de las erupciones del Sneffels. Cada una Los islandeses habían sido despedidos, y regresaban a
de estas chimeneas tenía aproximadamente unos cien Stapi por las laderas exteriores del Sneffels.
pies de diámetro y estaban bajo nuestros pies con las
bocas abiertas. No tuve valor para hundir mis miradas Hans dormía tranquilamente al pie de una roca, sobre
en ellas; pero el profesor Lidenbrock había hecho un un lecho de lava; mi tío daba vueltas por el fondo del
rápido examen de su disposición, y corría jadeante de cráter como la fiera que cae en la trampa de un caza-
una a otra, gesticulando y diciendo palabras incom- dor. Yo no tenía ni ganas de levantarme ni fuerzas para
prensibles. Hans y sus compañeros, sentados sobre tro- hacerlo, y, siguiendo el ejemplo del guía, me entregué a
zos de lava, lo contemplaban en silencio, tomándole una dolorosa somnolencia, creyendo oír ruidos o sentir
sin duda, por un loco. sacudidas en las laderas de la montaña.

De repente, mi tío lanzó un grito; yo temblé, temiendo De este modo transcurrió aquella primera noche en el
que se hubiera resbalado y hubiera desaparecido en fondo del cráter.
alguna de las fosas. Pero no; lo vi enseguida con los
A la mañana siguiente, un cielo gris, nuboso y pesado
brazos extendidos y las piernas abiertas, de pie ante
se extendía sobre el vértice del cono. Aunque no lo
una roca de granito que se erguía en el centro del crá-
hubiera notado por la oscuridad del abismo, la cólera
ter como un pedestal enorme hecho para sustentar
de mi tío me lo habría hecho ver.
la estatua de Plutón. Se hallaba en la actitud de un
hombre estupefacto, pero su estupefacción se trocó Pronto comprendí el motivo, y un rayo de esperanza
inmediatamente en una alegría insensata. brilló en mi corazón. He aquí el porqué.
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94 Unidad 2 • Novela
De las tres rutas que ante nosotros se abrían, solamente
Vocabulario
una había sido explorada por Saknussemm. Según el
sabio islandés, debía reconocérsela por la particulari- KK arista viva: en arquitectura, una
dad, señalada en el criptograma, de que la sombra del esquina afilada o aguda.
Scartaris acariciaba sus bordes durante los últimos días
del mes de junio.

En efecto, se podía considerar, pues, aquel agudo pico tiempo. El sol derramó a manos llenas sus rayos en
como la aguja de un inmenso reloj de sol, cuya sombra el interior del cráter. Cada montículo, cada roca, cada
de un día determinado señalaba el camino al centro de piedra, cada aspereza recibió su efluvio bienhechor y
la Tierra. proyectó instantáneamente su sombra sobre el suelo.
Entre todas estas sombras, la del Scartaris se dibujó
Ahora bien, oculto el Sol, toda sombra era imposible, como una arista viva y comenzó a girar de manera
faltando, por tanto, la esperada indicación. Estábamos insensible, siguiendo el movimiento del astro radiante.
a 25 de junio. Si el cielo permanecía cubierto por espa-
cio de seis días, sería necesario aplazar la observación Mi tío giraba con ella.
para otro año. A mediodía, en su periodo más corto, vino a lamer
Renuncio a describir la cólera impotente del profesor dulcemente el borde de la chimenea central.
Lidenbrock. Transcurrió el día sin que ninguna sombra —¡Esta es! ¡Esta es! —exclamó el profesor entusias-
se proyectara sobre el fondo del cráter. Hans no se movió mado—. Al centro de la Tierra —añadió enseguida
de su puesto; sin embargo, debía llamarle la atención en danés.
nuestra inactividad. Mi tío no me dirigió ni una sola vez
la palabra. Sus miradas, dirigidas invariablemente hacia Yo miré a Hans.
el cielo, se perdían en su color gris y neblinoso. —Forüt —dijo este con su calma acostumbrada.
El 26 transcurrió del mismo modo. Una lluvia mezcla- —¡Adelante! —respondió mi tío.
da de nieve cayó durante el día entero. Hans construyó
con trozos de lava una especie de gruta. Yo me entretu- Eran la una y trece minutos de la tarde.
ve en seguir con la vista los miles de cascadas naturales
que descendían por los costados del cono, cada piedra CAPÍTULO 17
del cual acrecentaba sus ensordecedores murmullos. Comenzaba el verdadero viaje. Hasta entonces, las fa-
Mi tío ya no podía contenerse. Era algo para molestar a tigas habían sido mayores que las dificultades; ahora
un hombre más paciente; porque aquello era naufragar estas iban verdaderamente a nacer a cada paso.
dentro del puerto. Aún no me había atrevido a hundir mi mirada en aquel
Pero con los grandes dolores el cielo mezcla siem- pozo insondable en que me iba a sepultar. Había lle-
pre las grandes alegrías y reservaba al profesor Li- gado el momento. Todavía estaba a tiempo de deci-
denbrock una satisfacción tan intensa como sus dirme a tomar parte en la empresa o renunciar a ella.
desesperantes molestias. Pero sentí vergüenza de retroceder delante del cazador.
Hans aceptaba con tal tranquilidad la aventura, con tal
Al día siguiente, el cielo permaneció también cubier- indiferencia y perfecto desprecio de todo lo que sig-
to; pero el domingo 28 de junio, el antepenúltimo nificara un peligro, que me avergonzaba la idea de ser
del mes, con el cambio de Luna vino el cambio de menos valeroso que él. Si hubiera estado solo, habría

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Español 7. Antología literaria 95
recurrido a la serie de los grandes argumentos; pero, Evidentemente, el audaz profesor no nos consideraba
en presencia del guía, no despegué los labios. Envié un incluidos en esta última categoría.
cariñoso recuerdo a mi bella virlandesa, y me aproximé
—Hans —prosiguió— va a encargarse de las herra-
a la chimenea central.
mientas y de la tercera parte de las provisiones; Axel,
Ya dije que medía cien pies de diámetro, o trescientos de otro tercio de estas y de las armas; y yo, del resto de
pies de circunferencia. Me incliné sobre una roca avan- los víveres y de los instrumentos delicados.
zada hacia su interior y dirigí hacia abajo mi mirada.
—Pero, ¿y la ropa? ¿Y este montón de cuerdas?
Mis cabellos se erizaron. El sentimiento del vacío se
—dije—. ¿Quién se encargará de bajarlas?
apoderó de mi ser. Sentí desplazarse en mí el centro de
gravedad y subírseme el vértigo a la cabeza como una —Bajarán solos.
borrachera. No hay nada que embriague tanto como la
—¿De qué modo? —pregunté asombrado.
atracción del abismo. Ya iba a caer, cuando me retuvo
una mano: la de Hans. Decididamente las “lecciones —Vas a verlo ahora mismo.
de abismo” que yo había efectuado en la Frelsers-Kirk
de Copenhague no habían sido suficientes. Mi tío no dudaba en recurrir a los medios más radi-
cales. A una orden suya, hizo Hans un solo bulto con
Sin embargo, por poco que hubiera aventurado mis los objetos no frágiles, y después de amarrar bien el
miradas en el interior del pozo, me di cuenta de su paquete, lo dejó caer en el abismo.
formación. Sus paredes, cortadas casi a pico, presen-
taban, no obstante, numerosos salientes que debían de Escuché el sonoro zumbido que produce el desplaza-
facilitar el descenso; pero si había escaleras, faltaba la miento de las capas de aire. Mi tío, inclinado sobre el
barandilla. Una cuerda amarrada a la perforación hu- abismo, siguió con satisfecha mirada el descenso del
biera bastado para sostenernos; pero ¿cómo desatarla fardo, y no se retiró hasta haberla perdido de vista.
al llegar al extremo inferior? —Bueno —dijo por fin—, ahora nos toca a nosotros.
Mi tío puso en práctica un medio muy sencillo para su- ¡Ruego a los hombres de buena fe que me digan si era
perar esta dificultad. Desenrolló una cuerda del grueso posible oír sin estremecerse palabras semejantes!
del pulgar y de cuatrocientos pies de longitud; dejó
caer primero la mitad, la arrolló después alrededor de El profesor se ató a las espaldas el paquete de los ins-
un saliente que la lava formaba, y echó al pozo la otra trumentos; Hans tomó el de las herramientas y yo el de
mitad. De este modo podíamos bajar todos conservan- las armas, y, en medio de un profundo silencio turbado
do en la mano las dos mitades de la cuerda, que no solo por la caída de los trozos de roca en el abismo,
podía desatarse; y después que hubiéramos descendido dio principio el descenso en el siguiente orden: Hans,
doscientos pies, nada nos sería tan fácil como recupe- mi tío y yo.
rarla, soltando una extremidad y tirando de la otra. Me dejé, por decirlo así, resbalar, oprimiendo frenéti-
Después se repetiría este ejercicio ad infinitum. camente la doble cuerda con una mano, y sujetando
—Ahora —dijo mi tío después de haber terminado sus con la otra a la pared por medio de mi bastón. La idea
preparativos—, ocupémonos de los equipajes. Vamos de que me faltara el punto de apoyo era la única que
a dividirlos en tres paquetes, y cada uno de nosotros me dominaba. Aquella cuerda me parecía demasiado
se amarrará uno a la espalda. Me refiero solamente a frágil para soportar el peso de tres personas; por eso
los objetos frágiles. la utilizaba lo menos posible, realizando milagros de
equilibro sobre los salientes de lava, a los cuales trataba

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96 Unidad 2 • Novela
de agarrarme con los pies como si estos fueran manos.
Vocabulario
Cuando alguno de estos resbaladizos escalones se mo-
vía bajo los pies de Hans, decía este con voz tranquila: KK ad infinitum: hasta el infinito
(en latín).
—Gif akt.
KK frenéticamente: de una manera
—¡Cuidado! —repetía mi tío. frenética, furiosa, violenta.

Al cabo de media hora pusimos los pies sobre la su-


perficie de una roca fuertemente adherida a la pared
fenómeno químico de la inflamación de los metales
de la chimenea.
al contacto con el aire y el agua. Rechazo en absoluto
Hans tiró de la cuerda por uno de sus extremos; se la teoría de un calor central; por otra parte, pronto
elevó el otro en el aire, y, después de haber rebasado vamos a verlo.
la roca superior, volvió a caer, arrastrando consigo nu-
¡Siempre la misma conclusión! Como es de suponer,
merosos pedazos de piedras y de lavas, que cayeron
no quise entretenerme en discutir. Mi tío interpretó mi
a manera de lluvia, o mejor dicho, de granizada, con
silencio como muestra de asentimiento, y se reanudó
grave peligro para nosotros.
el descenso.
Al asomar la cabeza fuera de la estrecha plataforma
Al cabo de tres horas no se entreveía aún el fondo de
donde nos hallábamos, observé que no se veía aún el
la chimenea. Cuando levanté la cabeza observé que su
fondo del precipicio.
abertura decrecía sensiblemente; sus paredes; a conse-
Volvió a iniciar la maniobra de la cuerda, y al cabo cuencia de su ligera inclinación, tendían a aproximar-
de media hora habíamos descendido otros doscien- se. La oscuridad crecía por momentos.
tos pies.
Sin embargo, continuábamos bajando. Me parecía que
Yo no sé si el más entusiasta geólogo habría sido capaz las piedras desprendidas de las paredes se hundían pro-
de estudiar, durante este descenso, la naturaleza de los duciendo un sonido más apagado, y que llegaban más
terrenos que nos rodeaban. Por lo que respecta a mí, pronto al fondo del abismo.
no me preocupé de ello: me importaba poco que fue-
Como había tenido cuidado de anotar escrupulosa-
sen pliocenos, miocenos, eocenos, cretáceos, jurásicos,
mente las veces que cambiábamos la cuerda, pude cal-
triásicos, pernianos, carboníferos, devónicos, silúricos
cular con toda exactitud la profundidad a la cual nos
o primitivos10. Pero mi tío no dejaba de hacer algunas
encontrábamos y el tiempo transcurrido.
observaciones y tomó ciertas notas, porque, en uno de
los altos, me dijo: Habíamos repetido catorce veces esta maniobra, que
duraba una media hora. Eran, pues, siete horas, más
—Cuanto más adelante estoy, mayor es mi confianza;
catorce cuartos de hora de descanso, o tres horas y
la disposición de estos terrenos volcánicos confirma
media. En total, diez horas y media; y como habíamos
en absoluto la teoría de Davy. Nos hallamos en pleno
emprendido el descenso a la una, debían ser en aquel
suelo primordial, suelo en el cual se ha producido el
momento las once.

10 El autor enumera una serie de periodos relativos a la geología En cuanto a la profundidad en que estábamos, los ca-
histórica, es decir, la rama de la geología que estudia los cam- torce cambios de una cuerda de doscientos pies repre-
bios que ha sufrido la Tierra desde su formación —hace unos
sentaban un descenso de dos mil ochocientos pies.
4500 millones de años— hasta el presente.

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Español 7. Antología literaria 97
En este momento se oyó la voz de Hans. —¡Vamos! —exclamó mi tío—, si te asustas tan pron-
to, ¿qué dejas para más tarde? Aún no hemos penetra-
Me detuve en el instante en que iba a golpear con mis
do ni una pulgada siquiera en las entrañas de la Tierra.
pies la cabeza de mi tío.
—¿Qué quiere usted decir?
—Hemos llegado ya —dijo este.
—Quiero decir que solo hemos llegado al suelo de
—¿Dónde? —pregunté, dejándome resbalar al
la isla. Este largo tubo vertical, que finaliza en el
lado suyo.
cráter del Sneffels, se detiene aproximadamente al
—Al fondo de la chimenea perpendicular. nivel del océano.

—¿No hay, pues, otra salida? —¿Está usted en lo cierto?

—Sí, una especie de corredor que entreveo, y que se —Completamente. Consulta el barómetro, y verás.
dirige en diagonal a la derecha. Mañana veremos esto.
En efecto, el mercurio, después de haber subido poco
Cenemos ante todo y dormiremos después.
a poco en su tubo a medida que se efectuaba nuestro
La oscuridad no era completa todavía. Abrimos el saco descenso, se había detenido en 29 pulgadas.
de las provisiones, cenamos, y nos tendimos después a
—Ya lo ves —prosiguió el profesor—, solo soportamos
dormir sobre un lecho de piedras y de trozos de lava.
la presión de una atmósfera, y no veo el momento en
Cuando, tumbado boca arriba, abrí los ojos, vi un que tengamos que reemplazar las indicaciones de este
punto brillante en la extremidad de aquel tubo de instrumento por las del manómetro.
tres mil pies de longitud, que se transformaba en un
El barómetro, en efecto, iba a sernos inútil en el mo-
gigantesco telescopio.
mento en que el peso del aire se hiciese superior a su
Era una estrella despojada de todo centelleo, y que, presión calculada al nivel del mar.
según mis cálculos, debía ser la Beta de la Osa Menor.
—Pero, ¿no es de temer —insinué yo— que esta pre-
Después me dormí profundamente. sión siempre creciente llegue a sernos insoportable?

CAPÍTULO 18
A las ocho de la mañana nos despertó un rayo de luz.
Las mil facetas de lava de las paredes la recogían a su Vocabulario
paso y la esparcían como una lluvia de chispas.
KK perpendicular: vertical.
Esta luz era lo suficientemente intensa para dejarnos KK facetas: pequeñas superficies
ver los objetos que nos rodeaban. planas, caras planas.
KK aeronautas: tripulantes o pilotos
—Y bien, Axel —me dijo mi tío, frotándose las ma-
de un avión u otra aeronave.
nos—, ¿qué opinas de todo esto? ¿Has pasado jamás
KK bobina: cilindro de alambre arro-
una noche más apacible en nuestra casa de la Königs-
llado en espiral.
trasse? ¡Ni ruido de carruajes, ni gritos de los vende-
KK estalactitas: formaciones roco-
dores o de los barqueros!
sas en el techo de las cavernas,
—Sin duda; en el fondo de estos pozos estamos muy tran- de forma cónica y con la punta
hacia abajo.
quilos; pero esta misma calma tiene algo de espantoso.
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98 Unidad 2 • Novela
—No. Descenderemos lentamente, y nuestros pulmo- —Ahora, Axel —exclamó el profesor—, es cuando va-
nes se habituarán a respirar una atmósfera más com- mos a sepultarnos realmente en las entrañas del glo-
primida. A los aeronautas, acaba por faltarles el aire bo. Este es, pues, el momento preciso en que empieza
cuando se elevan a las capas superiores de la atmósfera: nuestro viaje.
a nosotros, es posible que nos sobre. Pero esto es pre-
Dicho esto, tomó con una mano el aparato de
ferible. No perdamos un solo instante. ¿Dónde está el
Ruhmkorff, que llevaba suspendido del cuello, y con
bulto que bajó por delante de nosotros?
la otra mano puso en contacto la corriente eléctrica
Entonces recordé que la víspera lo habíamos buscado con la bobina de la linterna, y una luz bastante viva
inútilmente. Mi tío interrogó a Hans, quien, después disipó las tinieblas de la galería.
de examinar todo con sus ojos de cazador, contestó:
Hans llevaba el segundo aparato, que fue puesto tam-
—Der huppe. bién en actividad. Esta ingeniosa aplicación de la
electricidad nos permitiría ir creando, por espacio de
—¡Allá arriba!
mucho tiempo, un día artificial, aun en medio de los
En efecto, el mencionado bulto se hallaba detenido gases más inflamables.
sobre un saliente de las rocas, a un centenar de pies
—¡En marcha! —dijo mi tío.
encima de nuestras cabezas. Entonces el islandés, con
la agilidad de un gato, trepó por la pared, y al cabo de Cada cual cogió su bulto. Hans se encargó de empujar
algunos minutos caía entre nosotros el paquete. por delante de sí el paquete de las ropas y las cuerdas,
y, uno detrás de otro, yo en último lugar, entramos en
—Ahora vamos a desayunar —dijo mi tío—, pero desa-
la galería. En el momento de hundirme en aquel tene-
yunemos como personas que tal vez tengan que hacer
broso corredor, levanté la cabeza y vi por última vez,
una larga jornada.
en el campo del inmenso tubo, aquel cielo de Islandia
Las galletas y la carne seca fueron mojadas con algunos “que no debía volver a ver jamás”.
tragos de agua mezclada con ginebra.
La lava de la última erupción de 1229 se había abierto
Terminado el desayuno, sacó mi tío de su bolsillo un paso a lo largo de aquel túnel, cubriendo su interior
pequeño cuaderno destinado a las observaciones. Exa- con una capa espesa y brillante, en la que se reflejaba
minó sucesivamente los diversos instrumentos y anotó la luz eléctrica, cuya intensidad se multiplicaba.
estos datos:
Toda la dificultad del camino consistía en no desli-
Lunes 1 de julio11 zarse con demasiada rapidez por aquella pendiente
Cronómetro: 8 h 17 min de la mañana de cuarenta y cinco grados de inclinación sobre poco
Barómetro: 29 p. 7 l. más o menos. Por fortuna, ciertas irregularidades y
Termómetro: 6° erosiones servían de peldaños, y no teníamos que
Dirección: ESE hacer más que bajar dejando que descendiesen por su
propio peso nuestros bultos y cuidando de retenerlos
Este último dato se refería a la dirección de la galería
con una larga cuerda.
oscura y fue suministrado por la brújula.
Pero los que bajo nuestros pies servían de peldaños,
en las otras paredes se convertían en estalactitas; la
lava, porosa en algunos lugares, presentaba en otras pe-
11Aparente error de Julio Verne en la fecha, pues el capítulo 19 queñas burbujas redondas: cristales de cuarzo opaco,
empieza con la anotación “martes 30 de junio”.

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Español 7. Antología literaria 99
adornados de gotas transparentes de vidrio y suspendi- momentos; el cansancio y el hambre me hacían incapaz
dos de la bóveda a manera de arañas, parecían encen- de razonar. Un descenso de siete horas consecutivas
derse a nuestro paso. Se habría dicho que los genios del no se efectúa sin un gran gasto de fuerzas, y me en-
abismo iluminaban su palacio para recibir dignamente contraba agotado: así que la palabra “alto” sonó como
a sus huéspedes de la tierra. música en mis oídos.

—¡Esto es magnífico! —exclamé involuntariamente—. Hans extendió algunas provisiones sobre un bloque
¡Qué espectáculo, tío! ¿No le causan admiración esos de lava y comimos con apetito. Sin embargo, una idea
ricos matices de la lava, que varían del rojo oscuro al me inquietaba: habíamos ya consumido la mitad de
más deslumbrante amarillo, por degradaciones imper- nuestras reserva de agua. Mi tío Lidenbrock pensaba
ceptibles? ¿Y esos cristales que vemos como si fueran renovarla en las fuentes subterráneas; pero hasta el mo-
globos luminosos? mento no habíamos tropezado con ninguna, y al fin me
decidí a llamarle la atención sobre el tema.
—¡Ah, hijo mío! ¡Por fin te vas convenciendo! ¡Así
que esto te parece espléndido! ¡Ya verás otras cosas —¿Te sorprende esta ausencia de agua? —me dijo.
mejores! ¡Caminemos! ¡Caminemos!
—Sin duda, y hasta me inquieta; no tenemos agua más
Mejor hubiera dicho “resbalemos”, pues nos dejába- que para cinco días.
mos ir sin problema por pendientes inclinadas. Aquello
—Tranquilízate, Axel; te aseguro que encontraremos
era el facilis descensus Averni, de Virgilio. La brújula,
agua, y más de la que quisiéramos.
que consultaba yo con frecuencia, marcaba invaria-
blemente la dirección SE. Aquel camino de lava no se —¿Cuándo?
desviaba hacia un lado ni otro; poseía la inflexibilidad
—Una vez que hayamos salido de esta envoltura de
de la línea recta.
lava. ¿Cómo quieres que broten los manantiales a tra-
Sin embargo, el calor no aumentaba de una manera vés de estas paredes?
notable, lo que venía a confirmar las teorías de Davy,
—Pero, ¿no podría ocurrir que esta envoltura continúe
y, en más de una ocasión, consulté con asombro el
a grandes profundidades? Me parece que no hemos
termómetro. A las dos horas de marcha, solo marcaba
avanzado mucho todavía en sentido vertical.
10°, es decir, que había experimentado una subida de
4º, lo cual me inducía a pensar que nuestra marcha —¿Por qué supones eso?
era más horizontal que vertical. Nada más fácil que
conocer con toda exactitud la profundidad alcanzada; —Porque, si hubiéramos penetrado mucho en el inte-
el profesor medía con la mayor escrupulosidad todos rior de la corteza terrestre, el calor sería más intenso.
los ángulos de desviación e inclinación del camino; —Eso según tu teoría; ¿y qué señala el termómetro?
pero se reservaba el resultado de sus observaciones.
—Apenas 15°, lo que supone un aumento de 9º sola-
Por la noche, a eso de las ocho, dio la señal de alto. mente desde nuestra partida.
Colgamos las lámparas en las puntas salientes de la
lava, y Hans se sentó enseguida. Nos hallábamos en —¿Y qué deduces de ahí?
una especie de caverna donde no faltaba el aire. Por —He aquí mi deducción. Según observaciones exactas,
el contrario, llegaba hasta nosotros una intensa co- el aumento de la temperatura en el interior del globo es
rriente. ¿Qué causas la producían? ¿A qué agitación de 1° por cada cien pies de profundidad. Ciertas con-
atmosférica debíamos atribuir su origen? He aquí una diciones locales pueden, no obstante, modificar esta
cuestión que no traté siquiera de resolver en aquellos
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100 Unidad 2 • Novela
cifra; así, en Yakust, en Siberia, se ha observado que
el aumento de 1° se verifica cada treinta y seis pies, lo Vocabulario
cual depende evidentemente de la conductibilidad de
KK facilis descensus Averni: es fácil
las rocas. Y añadiré, además, que en las proximidades
el descenso al Averno (mundo
de un volcán apagado, y a través del gneis, se ha obser- infernal de los romanos). Virgilio,
vado que la elevación de la temperatura era solo de 1° Eneida, canto 6.
por cada ciento veinticinco pies. Aceptemos, pues, esta KK gneis: roca similar a la pizarra y
última hipótesis, que es la más favorable, y calculemos. con la misma composición que
el granito.
—Calcula cuanto quieras, muchacho.
KK contranave: las naves, en una
—Nada más fácil —dije yo, trazando en mi libreta al- iglesia, son los espacios entre
gunas cifras—. Nueve veces ciento veinticinco pies dan muros o entre filas de arcos. Las
contranaves de una iglesia gótica
un total de mil ciento veinticinco pies de profundidad. eran las naves laterales que ser-
vían de apoyo a la nave central.
—Indudable.
KK gótica: del periodo artístico y
—Pues bien... arquitectónico en Europa, entre
los siglos XII y XVI, en el cual son
—Pues bien, según mis observaciones, nos hallamos a típicas las iglesias de gran altura,
diez mil pies por debajo del nivel del mar. mucho más que las de estilo
románico.
—¿Es posible?

—Sí; las cifras no mienten.

Los cálculos del profesor eran exactos; habíamos reba-


sado en seis mil pies las mayores profundidades alcan-
zadas por el hombre, tales como las minas de Kitz-Bahl, Miré alrededor mío; estábamos en el centro de un cruce
en el Tirol, y las de Wuttemberg, en Bohemia. en que desembocaban dos caminos, ambos sombríos y
estrechos. ¿Cuál deberíamos seguir? Difícil era saberlo.
La temperatura, que hubiera debido ser de 81° en aquel
lugar, era de 15°. Esto daba mucho qué pensar. Mi tío, sin embargo, no quería, al parecer, que ni el
guía ni yo lo viéramos dudar, y designó con la mano el
CAPÍTULO 19 túnel del este, en el que penetramos los tres enseguida.

Al día siguiente, martes 30 de junio, a las seis de la ma- La verdad es que toda duda ante aquellos dos cami-
ñana, reanudamos el descenso. Continuamos por la ga- nos se hubiese prolongado indefinidamente, porque
lería de lava, una verdadera rampa natural, suave como no existía indicio alguno que aconsejara preferir a uno
esos planos inclinados que reemplazan aún las escaleras a otro. Había que confiarse por completo a la suerte.
en las casas antiguas. Así prosiguió la marcha hasta las
La pendiente de esta nueva galería era poco sensible,
doce y diez minutos de la noche, instante preciso en
y el corte, bastante desigual. A veces se desarrollaba
que nos reunimos con Hans, que acababa de detenerse.
delante de nuestros pasos una sucesión de arcos que
—¡Bien! —exclamó mi tío—, hemos llegado al extre- recordaban las contranaves de una catedral gótica. Los
mo de la chimenea. artistas de la Edad Media habrían podido allí estudiar

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Español 7. Antología literaria 101
todas las formas de esa arquitectura religiosa que tiene mer ni frío ni visitas inoportunas. Los viajeros perdidos
como generatriz a la ojiva. Una milla más lejos, nues- en los desiertos del África, o en las selvas del Nuevo
tras cabezas tuvieron que inclinarse bajo los arcos bajos Mundo, tienen que velar los unos el sueño de los otros;
del estilo románico, y gruesos pilares, empotrados en pero allí, la soledad y seguridad eran absolutas. No
el macizo, se doblaban bajo el arranque de las bóve- había que temer salvajes12 ni fieras, que son las razas13
das. En ciertos lugares esta disposición daba lugar a más dañinas de la Tierra.
unos cimientos bajos que recordaban las obras de los
A la mañana siguiente, nos despertamos bien des-
castores, y teníamos, para avanzar, que arrastrarnos a
cansados y ágiles, y reanudamos enseguida la mar-
lo largo de estrechos pasadizos.
cha, a lo largo de una galería cubierta con lava, lo
El grado de calor se mantenía soportable. Involuntaria- mismo que la víspera. Imposible se hacía reconocer
mente pensaba en cuán grande debía de ser su intensi- los terrenos que atravesábamos. El túnel, en vez de
dad cuando las lavas vomitadas por el Sneffels se preci- hundirse en las entrañas del globo, tendía a hacerse
pitaban por aquella vía tan tranquila en la actualidad. Ya horizontal por completo. Hasta me pareció obser-
me imaginaba los torrentes de fuego que se estrellarían var que subía hacia la superficie de la tierra. Esta
contra los ángulos de la galería, y la acumulación de los disposición se hizo tan patente a eso de las diez de
vapores recalentados en aquel estrecho lugar. la mañana, y tan cansada por tanto, que me vi pre-
cisado a moderar la marcha.
“¡Con tal —pensé— que el viejo volcán no se vea asal-
tado por algún capricho senil!”. —¿Qué pasa, Axel? —dijo, impaciente, mi tío.

Me guardaba muy bien de comunicar a mi tío semejan- —Que no puedo más —le respondí.
tes reflexiones, porque no las hubiera comprendido. Su
—¡Cómo es eso! ¡Al cabo de solo tres horas de paseo
único pensamiento era avanzar. Caminaba, se deslizaba
por un camino tan liso!
y hasta rodaba a veces con una convicción admirable.
—Liso, sí; pero muy cansado.
A las seis de la tarde, tras un paseo poco cansado, ha-
bíamos avanzado dos leguas hacia el sur, pero apenas —¿Cómo cansado?, ¡cuando siempre caminamos
un cuarto de milla en profundidad. cuesta abajo!
Mi tío dio la señal de descanso. Comimos sin abusar —¡Cuesta arriba, si no lo toma usted a mal!
de la conversación y nos dormimos sin entregarnos a
—Cuesta arriba —dijo mi tío, encogiéndose de hombros.
grandes reflexiones.
—Sin duda. Hace media hora que se han modificado
Nuestros preparativos para pasar la noche no podían
las pendientes. Y, de seguir así, no tardaremos en salir
ser más sencillos: una manta de viaje, en la que nos
nuevamente a la superficie de Islandia.
envolvíamos, era todo nuestro lecho. No había que te-

12 Muchos europeos del siglo XIX consideraban “salvajes” a numerosos pueblos de otros continentes, pues usaban como modelo uni-
versal su propia cultura (eurocentrismo) y eran racistas. A esto se sumaba su ignorancia sobre otras lenguas, organizaciones sociales…
13 En el siglo XIX, desde la ciencia se sostenía que la humanidad podía dividirse en “razas”, es decir, subdivisiones biológicas de la es-
pecie humana según características orgánicas como el tono de piel o la forma del cráneo. Con base en dichas teorías científicas, se trató
de explicar biológicamente las diferencias culturales, se proclamó la existencia de razas superiores e inferiores y se justificó el racismo.
Hoy, la ciencia considera falsas esas ideas y postula que la especie humana es, biológicamente, una sola. Sin embargo, el racismo cientí-
fico heredó sus prejuicios al llamado racismo cultural de hoy, que considera que existen culturas superiores e inferiores.

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102 Unidad 2 • Novela
El profesor sacudió la cabeza como hombre que no —Que hemos llegado al periodo en que aparecieron
quiere dejarse convencer. Traté de reanudar la conver- las primeras plantas y los primeros animales.
sación, pero no me contestó y dio la señal de marcha.
—¿Lo crees así?
Comprendí que su silencio era solo la manifestación
exterior de su mal humor concentrado. —Véalo usted mismo. ¡Examínelo! ¡Obsérvelo!
Tomé otra vez mi bulto con valor y seguí con paso rápido Obligué al profesor a pasear su lámpara delante de las
a Hans, que precedía a mi tío, procurando no distan- paredes de la galería. Esperaba que se escapase de sus
ciarme, pues mi principal cuidado era no perder jamás labios alguna exclamación; pero, lejos de esto, no dijo
de vista a mis compañeros. Temblaba ante la idea de una palabra y prosiguió su camino.
extraviarme en las profundidades de aquel laberinto.
¿Me había comprendido o no? ¿Era que, por vanidad
Por otra parte, si bien el camino ascendente era más de sabio y de tío, no quería convenir conmigo en que se
cansado, me consolaba soñando que me acercaba a la había equivocado al elegir el túnel del este, o que desea-
superficie de la Tierra. Era una esperanza. Cada paso ba reconocer hasta el fin la galería aquella? Era evidente
lo confirmaba, y me alegraba con la idea de ver nue- que habíamos abandonado el camino de las lavas, y que
vamente a mi pequeña Graüben. el que seguíamos no podía conducir al foco del Sneffels.
A mediodía cambiaron de aspecto las paredes de la Pero, ¿daría acaso demasiada importancia a esta modi-
galería. Me di cuenta de ello al observar la debilitación ficación de terreno? ¿No estaría equivocado? ¿Atrave-
que sufrió la luz eléctrica reflejada por ellas. Al revesti- sábamos realmente aquellas capas de roca superpuestas
miento de lava le sucedió ahora la roca viva. El macizo al macizo de granito?
se componía de capas inclinadas y a menudo vertical-
—Si tengo razón —pensaba—, encontraremos por
mente dispuestas. Nos hallábamos en pleno periodo
de transición, en pleno periodo silúrico.
Vocabulario
—¡Es evidente —exclamé— que los sedimentos de
las aguas han formado, en la segunda época de la tie- KK generatriz: en geometría, una
rra, estos esquistos, estas calizas, y estos asperones! figura que engendra otra, a la
¡Volvemos la espalda al macizo de granito! Hacemos manera en que un círculo puede
como los vecinos de Hamburgo que, para trasladarse engendrar un cilindro.
a Lübeck, tomasen el camino de Hannover. KK ojiva: abertura o hueco en forma
de almendra.
Hubiera debido guardarme estas observaciones KK roca viva: Roca que se ubica en
para mí, pero mi temperamento de geólogo pudo el lugar de origen, todavía no
más que la prudencia, y el profesor Lidenbrock oyó alterada por la meteorización ni
mis exclamaciones. por el movimiento de las masas.
KK silúrico: perteneciente al tercer
—¿Qué tienes? —me preguntó. periodo de la era paleozoica
(440-408 millones de años a. P.),
—Mire usted —le contesté, mostrándole la variada
caracterizado por los primeros te-
sucesión de los asperones, las calizas y los primeros rrenos sedimentarios y la forma-
indicios de terrenos pizarrosos. ción de los mares continentales.

—¿Y qué tenemos con eso?


KK sedimento: material que se de-
posita en el fondo de un líquido.

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Español 7. Antología literaria 103
fuerza restos de plantas primitivas, y luego no habrá nuestra provisión no podía durar más de tres días,
más remedio que rendirse a la evidencia. Busquemos. como pude comprobar por la noche, a la hora de ce-
nar. Y lo peor del caso era que había pocas esperanzas
No había dado aún cien pasos, cuando descubrieron
de encontrar algún manantial en aquellos terrenos del
mis ojos pruebas irrefutables. Era lógico que así su-
periodo de transición.
cediese, porque, en el periodo silúrico encerraban los
mares más de mil quinientas especies vegetales o ani- Durante todo el día siguiente, la galería nos mostró el
males. Mis pies, habituados al duro terreno de la lava, despliegue de sus interminables arcos. Caminábamos
pisaron de pronto un polvo compuesto de plantas y casi sin hablar. Hans nos había contagiado su silencio.
conchas. En las paredes se observaban distintamente
El camino no ascendía, por lo menos de una manera
huellas de fucos y de licopodios; el profesor no podía
perceptible, y hasta, a veces, parecía que bajábamos.
engañarse; aunque me parece que cerraba los ojos y
Pero esta tendencia, no muy marcada por cierto, no
proseguía su camino con paso invariable.
debía tranquilizar al profesor, porque la naturaleza de
Era la terquedad llevada hasta el último límite. No las capas no se modificaba, y el periodo de transición
pude reprimirme por más tiempo; tomé una concha se afirmaba cada vez más.
perfectamente conservada, que había pertenecido a un
La luz eléctrica arrancaba vivos destellos a los esquis-
animal semejante a la cucaracha actual, me aproximé
tos, calizas y las viejas areniscas rojizas de las pare-
a mi tío, y, mostrándosela, le dije:
des; parecía que nos hallábamos dentro de una zanja
—¡Mire! profunda, abierta en el condado de Devonshire, que
le da su nombre a esta clase de terrenos. Magníficos
—¿Qué me muestras ahí? —respondió tranquilamen-
ejemplares de mármoles recubrían las paredes: unos de
te—; eso es la concha de un crustáceo perteneciente al
un color gris ágata, surcados de venas blancas capri-
orden ya extinguido de los trilobites, ni más ni menos.
chosamente dispuestas; otros de un color encarnado o
—¿Pero no deduce usted de su presencia aquí...? amarillo con manchas rojizas; más lejos, ejemplares de
esos jaspes de matices sombríos, en los que se revela la
—¿Eso mismo que deduces tú? Convenido. Hemos
existencia de la caliza con más vivo color.
abandonado la capa de granito y el camino de las la-
vas. Es posible que me haya equivocado: pero no me En la mayoría de estos mármoles se observaban hue-
convenceré de mi error hasta que no haya llegado al llas de animales primitivos; pero, desde la víspera, la
extremo de esta galería. creación había progresado de una manera evidente. En
lugar de los trilobites rudimentarios, pude ver restos
—Haría usted perfectamente en proceder de ese modo,
de un orden más perfecto, entre otros, de peces ganoi-
y le daría mi aprobación si no temiera un peligro cada
deos y de esos saurópteros en los que la perspicacia
vez más cercano.
de los paleontólogos ha sabido descubrir las primeras
—¿Cuál? manifestaciones de los reptiles. Los mares devónicos
se hallaban habitados por gran número de animales de
—La falta de agua. esta especie, que depositaron a miles en las rocas de
—Pues bien, la racionaremos, Axel. nueva formación.

Era evidente que remontábamos la escala de la vida


CAPÍTULO 20 animal, cuyo último y más elevado peldaño ocupan
En efecto, era preciso economizar este líquido, pues las criaturas humanas. Pero el profesor Lidenbrock no

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104 Unidad 2 • Novela
parecía tomarlo en consideración. El sábado, a eso de las seis de la mañana, emprendimos
nuevamente la marcha. Veinte minutos más tarde, lle-
Esperaba que ocurriese alguna de estas dos cosas: o que
gamos a una vasta excavación, y me convencí entonces
se abriera de repente ante sus pies un pozo vertical que
de que la mano del hombre no podía haber abierto
le permitiese reanudar su descenso, o que un inespe-
aquella mina, supuesto que sus bóvedas no estaban
rado obstáculo le impidiese continuar por el camino
apuntaladas y no se derrumbaban por un verdadero
emprendido. Pero llegó la noche sin que se realizara
milagro de equilibrio.
esta esperanza.
Esta especie de caverna medía cien pies de longitud
El viernes, después de una noche durante la cual empe-
por ciento cincuenta de altura. El terreno había sido
cé a experimentar los tormentos de la sed, reanudamos
violentamente removido por una conmoción subterrá-
nuestro viaje a lo largo de la misma galería.
nea. El macizo de la Tierra se había desplazado ante
Después de diez horas de marcha, observé que el re- un impulso violento, y había dejado este amplio vacío
bote reverberación de nuestras lámparas sobre las pa- en el que penetraban por primera vez los habitantes
redes decrecía de una manera notable. El mármol, el de la Tierra.
esquisto, la caliza y el asperón de las murallas cedían
Toda la historia del periodo de la hulla estaba escrita
el puesto a un revestimiento mate y sombrío. En un
sobre aquellas paredes sombrías, cuyas diversas fases
paisaje en que el túnel se estrechó demasiado, me apo-
podía seguir fácilmente un geólogo. Los lechos de
yé en la pared.
carbón se hallaban separados por capas muy com-
Cuando retiré la mano, vi que la tenía toda negra. Miré pactas de arcilla o de asperón, y como aplastados por
desde más cerca, y adquirí el convencimiento de que las capas superiores.
nos encontrábamos en un yacimiento de hulla.
En aquella edad del mundo que precedió al periodo
—¡Una mina de carbón! —exclamé. secundario, la Tierra se cubrió de inmensas vegetacio-
nes, debidas a la acción combinada del calor tropical y
—Una mina sin mineros —respondió mi tío.
de una humedad persistente. Una atmósfera de vapores
—¡Quién sabe! —observé yo.

—Yo lo sé —replicó el profesor con aire convencido—;


Vocabulario
tengo la seguridad de que esta galería, perforada a través
de estos yacimientos de hulla, no ha sido construida por KK fucos: tipo de alga marina.
los hombres. Pero poco nos importa que sea o no obra KK licopodios: tipo de helecho.
de la naturaleza. Ha llegado la hora de cenar. Cenemos.
KK paleontólogos: que practican la
Hans preparó algunos alimentos. Yo apenas probé boca- paleontología, el estudio de los
seres orgánicos desaparecidos a
do y bebí las escasas gotas de agua que constituían mi
partir de sus restos fósiles.
ración. El odre del guía, lleno solamente a medias, era lo
KK devónico: perteneciente al
único que quedaba para apagar la sed de tres hombres.
cuarto periodo de la era paleo-
Después de la cena, se envolvieron mis dos compa- zoica (408-360 millones de años
a. P.), caracterizado por la apa-
ñeros en sus mantas y hallaron en el sueño un reme-
rición de los anfibios, los peces
dio a sus fatigas. Por lo que a mí respecta, no pude de agua dulce y las formaciones
pegar los párpados, y conté todas las horas hasta la de coral. Toma su nombre de
siguiente mañana. Devonshire, Inglaterra.
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Español 7. Antología literaria 105
rodeaba por todas partes el globo y lo privaba de los toda vez que la hulla se halla repartida, por decirlo así,
rayos del sol. en toda la superficie de la Tierra, en gran número de
regiones? Era, pues, de suponer, que al sonar la última
Este es el fundamento de la teoría de que las tempe-
hora del mundo se encontraran esos yacimientos carbo-
raturas elevadas no provenían de aquella caldera re-
níferos intactos y tal cual los contemplaba yo entonces.
ciente. Incluso tal vez ni el astro rey estaba preparado
para desempeñar su brillante papel. Los “climas” no Mientras tanto, caminábamos, y yo era el único de los
existían aún, y un calor intenso se extendía por toda tres que olvidaba la longitud del camino para perderme
la superficie del globo, tanto en el ecuador como en en consideraciones geológicas. La temperatura seguía
los polos. ¿De dónde procedía? Del interior del globo. siendo aproximadamente la misma que cuando cami-
nábamos entre lavas y esquistos. En cambio, se notaba
A pesar de las teorías del profesor Lidenbrock, existía un
un olor muy pronunciado a protocarburo de hidróge-
fuego violento en las entrañas de nuestro esferoide, cuya
no, lo que me hizo advertir enseguida la presencia en
acción se hacía sentir hasta en las últimas capas de la cor-
aquella galería de una gran cantidad de ese peligro-
teza terrestre. Privadas las plantas del benéfico influjo de
so fluido que los mineros designan con el nombre de
los rayos del sol, no daban flores ni exhalaban perfumes;
“grisú”, cuya explosión ha causado con frecuencia tan
pero absorbían sus raíces una vida muy enérgica de los
espantosas catástrofes.
terrenos ardientes de los primeros días.
Afortunadamente, nos íbamos alumbrando con los
Había muy pocos árboles, pero abundaban las plantas
ingeniosos aparatos de Ruhmkorff. Si, por desgracia,
herbáceas, inmensos pastizales, helechos, licopodios,
hubiésemos imprudentemente explorado aquella gale-
sigilarias y asterofilitas, familias raras cuyas especies
ría con antorchas en las manos, una explosión terrible
se contaban entonces por millares.
hubiera puesto fin al viaje y eliminado a los viajeros.
A esta exuberante vegetación debe su origen la hulla. La
La excursión a través de la hullera duró hasta la noche.
corteza aún elástica del globo obedecía a los movimientos
Mi tío se esforzaba en refrenar la impaciencia que le pro-
de la masa líquida que le cubría, produciéndose nume-
ducía la horizontalidad del camino. Las profundas tinie-
rosas fisuras y grietas; y las plantas, arrastradas debajo
blas que a veinte pasos reinaban no permitían apreciar la
de las aguas, formaron poco a poco masas considerables.
longitud de la galería, y ya empezaba yo a creer que era
Luego intervino la química natural en el fondo de los interminable, cuando, de repente, a las seis, tropezamos
mares, acumulaciones vegetales se convirtieron primero con un muro que nos cerraba el camino. Ni a derecha,
en turba; después, gracias a la influencia de los gases y el ni a izquierda, ni arriba, ni abajo se veía paso alguno.
calor de la fermentación, se mineralizaron por completo. Habíamos llegado al fondo de un callejón sin salida.

De este modo se formaron esas inmensas capas de car- —¡Bueno! ¡Tanto mejor! —exclamó mi tío—; al me-
bón que el consumo de todos los pueblos de la Tierra nos, ya sé a qué atenerme. No es este el camino seguido
no logrará agotar en muchos siglos. por Saknussemm, y no queda otro remedio que desan-
dar lo andado. Descansemos esta noche, y, antes que
Todas estas reflexiones asaltaban mi mente mientras
transcurran tres días, habremos vuelto al punto donde
consideraba las riquezas hulleras acumuladas en esta
la galería se bifurca.
porción del macizo terrestre, las cuales, posiblemente,
no serían jamás descubiertas. La explotación de estas —Sí —dije—, ¡si nos alcanzan las fuerzas!
minas tan distantes exigiría sacrificios demasiado con-
—¿Y por qué no nos han de alcanzar?
siderables. Por otra parte, ¿qué necesidad había de ello,

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106 Unidad 2 • Novela
—Porque mañana no tendremos ni una gota de agua. —¡Pobre muchacho! —murmuró con auténtico acento
de piedad.
—¿Y el valor nos faltará también? —exclamó el profe-
sor, dirigiéndome una mirada severa. Estas palabras me conmovieron, pues no estaba acos-
tumbrado a oír ternuras del terrible profesor. Estreché
No me atreví a responderle.
entre las mías sus temblorosas manos, y él me miró con
cariño. Sus ojos se humedecieron.
CAPÍTULO 21
Le vi entonces coger la cantimplora que llevaba col-
Al día siguiente, partimos muy temprano. Debíamos
gada de la cintura, y con gran asombro mío, me la
darnos prisa, pues nos hallábamos a cinco días del pun-
aproximó a los labios.
to de bifurcación de la galería subterránea.
—Bebe —me dijo.
No me detendré a detallar los sufrimientos de nuestro
viaje de vuelta. Mi tío los soportó con la cólera de un ¿Había entendido mal? ¿Se había vuelto loco mi tío?
hombre que no se siente ya más fuerte que ellos mis- Lo contemplaba con una mirada estúpida sin querer
mos; Hans, con la resignación de su naturaleza pacífica; comprenderle.
y yo —lo confieso—, quejándome y desesperándome,
—Bebe —repitió él.
sin valor para luchar contra mi mala fortuna.
Y, alzando la cantimplora, vertió su contenido entre
Como lo había previsto, faltó el agua por completo al
mis labios.
finalizar el primer día de camino; nuestra provisión de
líquido quedó entonces reducida a ginebra; pero este ¡Oh, placer incomparable! Un sorbo de agua ex-
licor infernal nos quemaba la garganta, y ni siquiera quisita humedeció mi boca ardiente; uno solo, es
su vista podía soportar. La temperatura ambiente me verdad, pero bastó para devolverme la vida que ya
parecía sofocante. El cansancio paralizaba mis miem- se me escapaba.
bros. Más de una vez estuve a punto de caer sin movi-
miento. Entonces hacíamos alto, y mi tío y el islandés Di gracias a mi tío juntando las manos.
me animaban todo lo mejor que podían. Pero yo bien —Sí —dijo él— ¡un sorbo de agua, el último! ¿Lo oyes
veía que el primero apenas podía defenderse contra bien? ¡El último! Lo guardaba como un tesoro precioso
el extremado cansancio y las torturas nacidas de la en el fondo de mi cantimplora. Cien veces he tenido
privación de agua. que refrenar los irresistibles deseos que me acometían
Por fin, el martes 7 de julio, arrastrándonos sobre las de bebérmela; pero, al fin Axel, pudo más el cariño que
rodillas y las manos, llegamos, medio muertos, al pun- el deseo, y la reservé para ti.
to de intersección de las dos galerías. Allí permanecí —¡Tío! —murmuré enternecido, llenándoseme los
como una masa inmóvil, tirado sobre el suelo de lava. ojos de lágrimas.
Eran las diez de la mañana.
—Sí, hijo mío; bien sabía que al llegar a este cruce
Hans y mi tío, recostados a la pared, trataron de masti- te desplomarías medio muerto, y reservé mis últimas
car algunos trozos de galleta. Prolongados gemidos se gotas de agua para reanimarte.
escapaban de mis labios ya hinchados, y terminé por
caer en un profundo adormecimiento. —¡Gracias! ¡Gracias! —exclamé.

Al cabo de algún tiempo, mi tío se aproximó a mí y me Aquel sorbo de agua, aunque no calmara mi sed, me
levantó en sus brazos. hizo recuperar algunas fuerzas. Se aflojó la musculatura

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Español 7. Antología literaria 107
de mi garganta, contraída hasta entonces, cedió un reza habitual. ¡Luchaba con una oscura energía contra
poco la irritación de mis labios, y pude hablar. lo imposible! Yo no quería abandonarlo en el fondo
de aquel abismo; pero, por otra parte, mi instinto de
—Veamos —dije—, no podemos tomar más que un
conservación me impulsaba a huir.
partido faltándonos el agua: tendremos que retroceder.
El guía presenciaba esta escena con su habitual indife-
Mientras yo hablaba así, evitaba mi tío mis miradas;
rencia, pero se daba cuenta de lo que pasaba entre sus
bajaba la cabeza y sus ojos huían de los míos.
compañeros. Nuestros gestos indicaban claramente los
—Es necesario retroceder —exclamé—, y tomar nue- diferentes caminos que cada cual proponía, pero a Hans
vamente el camino del Sneffels. ¡Dios quiera darnos parecía interesarle muy poco una cuestión de la cual
fuerzas para subir hasta la cima del cráter! dependía quizá su existencia y se hallaba dispuesto a
partir si así se le ordenaba, o a quedarse, si esta era la
—¡Retroceder! —exclamó mi tío, como si, más bien
voluntad de quien le tenía a su servicio.
que a mí, se respondiese a sí mismo.
¡Lástima que no pudiera entenderme en aquellos decisi-
—Sí, sí; retroceder, y sin perder un instante.
vos instantes! Mis palabras, mis gemidos, mi voz, habrían
En ese momento hubo una pausa bastante prolongada. hecho entrar en razón a aquella fría naturaleza. Lo habría
hecho comprender y sentir los peligros que él no parecía
—¿De modo, Axel —repuso el profesor con tono ex- sospechar. Entre ambos, es posible que hubiéramos lo-
traño—, que esas gotas de agua no te han devuelto el grado convencer al terco profesor. En caso necesario, le
valor y la energía? habríamos obligado a volver a la cima del Sneffels.
—¡El valor! Me aproximé a Hans, y coloqué sobre su mano la mía;
—¡Te veo tan desmoralizado como antes, y pronun- pero no se movió. Le mostré el camino del cráter, y
ciando aún palabras de desesperación! permaneció impasible. Mi figura jadeante reflejaba mis
sufrimientos. El islandés sacudió lentamente la cabeza,
¿Con qué clase de hombre tenía que vérmelas y qué y, señalando tranquilamente a mi tío, exclamó:
proyectos tenía todavía aquel espíritu audaz?
—Master.
—¡Cómo! ¿No quiere usted...?
—¡El amo! —exclamé yo—. ¡Insensato! ¡No, no es
—¿Renunciar a esta expedición en el momento que dueño de tu vida! ¡Es necesario huir! ¡Es preciso lle-
todo parece anunciarme que puedo llevarla a cabo fe- varlo con nosotros! ¿Me entiendes?
lizmente? ¡Jamás!
Sujeté a Hans por el brazo y traté de obligarlo a que se
—Entonces, ¿tenemos que resignarnos a morir? levantara, luchando con él. Entonces intervino mi tío.
—¡No, Axel, no! Parte tú. No deseo tu muerte. Que te —Cálmate, Axel —me dijo—. Nada conseguirías de este
acompañe Hans. ¡Déjame solo! servidor impasible. Así pues, oye lo que voy a proponerte.
—¡Abandonarlo! Yo me crucé de brazos, contemplando a mi tío cara a cara.
—¡Déjame, te digo! Iniciado este viaje, estoy dispuesto —La falta de agua —dijo— es el único obstáculo que se
a morir en él o no regresaré. ¡Vete, Axel, vete! opone a la consecución de mis proyectos. En la galería
Mi tío se expresaba con extraordinario calor. Su voz, del este, formada de lavas, esquistos y hullas, no hemos
enternecida un instante, adquirió nuevamente su du- hallado ni una sola molécula de líquido. Es posible que

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108 Unidad 2 • Novela
tengamos más suerte siguiendo el túnel del oeste. tiempo el granito eruptivo; sus mil giros formaban un
inextricable laberinto a través del terreno primordial.
Yo sacudí la cabeza con un aire de perfecta incredulidad.
A medida que descendíamos, la sucesión de capas que
—Escúchame hasta el final —añadió el profesor esfor-
formaban el terreno primitivo se mostraban con ma-
zando la voz—. Mientras yacías ahí, privado de movi-
yor claridad. La ciencia geológica considera este terre-
miento, he ido a reconocer la conformación de esa otra
no primitivo como la base de la corteza mineral, y ha
galería. Se hunde directamente en las entrañas del globo,
descubierto que se compone de tres capas diferentes:
y, en unas pocas horas, nos conducirá al macizo graníti-
esquistos, gneis y micacita, que reposan sobre esa in-
co, donde hemos de encontrar abundantes manantiales.
quebrantable roca que llamamos granito.
Así lo exige la naturaleza de la roca, y el instinto se alía
con la lógica para apoyar mi convicción. He aquí, pues, Jamás se habían encontrado los mineralogistas en tan
lo que quiero proponerte: cuando Cristóbal Colón pi- maravillosas circunstancias para poder estudiar la na-
dió a su tripulación un plazo de tres días para hallar las turaleza en su propio seno. Aquello que la sonda —má-
nuevas tierras, los marinos, aunque estaban enfermos quina brusca y sin inteligencia— no puede trasladar a
y aterrorizados, accedieron a su demanda, y el insigne la superficie, íbamos a estudiarlo con nuestros ojos, a
genovés descubrió el Nuevo Mundo. Yo, Colón de estas palparlo con nuestras manos.
regiones subterráneas, solo te pido un día. Si, transcurri-
A través de la capa de esquistos, coloreados de bellos
do este plazo, no he logrado encontrar el agua que nos
matices verdes, serpenteaban filones metálicos de cobre
falta, te juro que volveremos a la superficie de la Tierra.
y de manganeso con algunos vestigios de oro y de pla-
A pesar de mi irritación, me conmovieron las palabras tino. Esto me hacía pensar en las inmensas riquezas se-
de mi tío, y la violencia que tenía que hacerse a sí mis- pultadas en las entrañas del globo, que la codicia huma-
mo para emplear semejante lenguaje. na no disfrutará jamás. Los cataclismos de los primeros

—Está bien —exclamé—, hágase en todo la voluntad


de usted, y que Dios recompense su energía sobrehu-
mana. Solo dispone de algunas horas para tentar a la
suerte. ¡En marcha!

CAPÍTULO 22
Vocabulario
Emprendimos enseguida el descenso por la nueva ga-
lería. Hans iba delante, como era su costumbre. No KK dislocaciones: cambio de direc-
habíamos avanzado cien pasos, cuando exclamó el pro- ción, en sentido horizontal, de una
fesor, paseando su lámpara a lo largo de las paredes: capa de la corteza terrestre. (De
dislocar: ‘sacar algo de su lugar’).
—¡Aquí tenemos los terrenos primitivos! ¡Vamos por
KK inextricable: que no se puede
buen camino! ¡Avancemos! ¡Avancemos! desenredar o desanudar.
Cuando la Tierra se enfrió poco a poco en los primeros KK esquisto: roca de color negro
días del mundo, la disminución de su volumen produjo azulado que se divide con facili-
dad en hojas.
en su corteza dislocaciones, rupturas, depresiones y
agrietamientos. La galería que recorrimos entonces era KK micacita: roca compuesta de
cuarzo y mica, de textura pizarro-
una de esas grietas por la cual se derramaba en otro
sa y color verdoso.

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Español 7. Antología literaria 109
días las enterraron en tales profundidades, que ni el mirada, y cerré resignado los ojos.
azadón ni el pico lograrán arrancarlas de sus tumbas.
Cuando los volví a abrir, vi a mis dos compañeros in-
A los esquistos siguieron los gneis de estructura estra- móviles y envueltos en sus mantas. ¿Dormían? Por lo
tiforme, notables por lo regular y el paralelismo de sus que a mí respecta, no pude conciliar el sueño ni un mo-
hojas; y después las micacitas dispuestas en grandes mento. Padecía demasiado, y me atormentaba, sobre
láminas, cuya visibilidad realzaban los centelleos de todo, la idea de que mi mal no debía tener remedio. Las
la mica blanca. últimas palabras de mi tío resonaban aún en mis oídos.
Todo se había acabado, en efecto; porque, en semejante
La luz de nuestras lámparas, reflejada por las pequeñas
estado de debilidad, no había que pensar siquiera en
superficies de la masa rocosa, cruzaba por todos los
volver a la superficie de la tierra.
ángulos sus chorros de fuego, y parecía que viajábamos
a través de un diamante hueco, en cuyo interior se ¡Había que atravesar legua y media de corteza terrestre!
quebraban los rayos luminosos en mil destellos. Me parecía que esta enorme masa gravitaba con todo
su peso sobre mis espaldas y me aplastaba, agotando
Hacia las seis de la tarde, este derroche de luz dismi-
las escasas energías que me quedaban para librarme de
nuyó notablemente y casi se detuvo después. Las pa-
aquella inmensa mole de granito.
redes adquirieron un aspecto cristalino, pero sombrío;
la mica se mezcló más íntimamente con el feldespato Pasaron algunas horas. Un silencio profundo reinaba
y el cuarzo para formar la roca por excelencia, la pie- en torno nuestro: ¡el silencio de las tumbas! Ningún
dra más dura de todas, la que soporta sin quebrarse el rumor podía llegar a través de aquellas paredes, la más
peso enorme de las cuatro capas de terreno del globo. delgada de las cuales mediría, por lo menos, cinco mi-
Nos hallábamos encerrados en una inmensa prisión llas de espesor.
de granito.
Sin embargo, en medio de mi sopor, creí percibir un
Eran las ocho de la noche y el agua no había aparecido. ruido; el túnel se quedaba a oscuras. Miré con mayor
Yo padecía horriblemente; mi tío seguía marchando atención y me pareció ver que desaparecía el islandés
sin quererse detener. Aguzaba el oído tratando de sor- con su lámpara en la mano.
prender el murmullo de algún manantial; mas en vano.
¿Adónde encaminaba sus pasos? ¿Trataría de abando-
Mis piernas se negaban a sostenerme, a pesar de lo narnos? Mi tío dormía a pierna suelta. Quise gritar,
cual me sobreponía a mis torturas para no obligar a pero mi voz se ahogó entre mis secos labios. La oscu-
mi tío a hacer alto. Esto habría sido para él el golpe ridad se había hecho profunda, y se extinguieron los
de gracia, porque tocaba a su fin el día que él mismo últimos ruidos.
señalara como plazo.
—¡Hans nos abandona! —exclamé—. ¡Hans! ¡Hans!
Por fin me abandonaron las fuerzas; lancé un grito, y caí.
Estas palabras solo pude gritarlas con la mente, así que
—¡Socorro, que me muero! —exclamé. no pudieron salir de mi pecho. Sin embargo, después del
primer instante de terror, me avergoncé de mis sospe-
Mi tío volvió sobre sus pasos. Me contempló de bra-
chas contra un hombre cuya conducta hasta entonces no
zos cruzados, y salieron después de sus labios estas
se había hecho sospechosa. Su partida no podía ser una
palabras sordas:
fuga. En lugar de dirigirse hacia la boca de la galería, se
—¡Todo se ha acabado! internaba más en ella. Las malas intenciones lo hubie-
ran empujado arriba, no abajo. Este razonamiento me
Un terrible gesto de cólera hirió por última vez mi
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110 Unidad 2 • Novela
tranquilizó un poco y entré en otro orden de ideas. Solo aproximadamente, y descendido dos mil pies.
un grave motivo había podido arrancar de su reposo
En aquel preciso momento, oímos distintamente un
al calmado Hans. ¿Iba, pues, de exploración? ¿Habría
insólito ruido que se transmitía a lo largo de las paredes
escuchado en el silencio de la noche algún murmullo
de granito de la galería, una especie de mugido sordo,
que no había llegado hasta mí?
como el de un trueno lejano.

CAPÍTULO 23 Durante esta primera media hora de marcha, al ver que


no tropezábamos con aquel manantial anunciado, se
Durante una hora, en mi delirio, imaginé todas las
reprodujeron mis angustias; pero entonces me explicó
razones que habían podido arrastrar a esa acción al
mi tío el origen de los ruidos que escuchábamos.
tranquilo cazador. Las ideas más absurdas se revolvían
en mi mente. ¡Creí volverme loco! —Hans no se ha engañado —me dijo—; ese rumor que
oyes es el mugido de un torrente.
Por fin, escuché un ruido de pasos en las profundi-
dades del abismo. Hans volvía sin duda. Su luz in- —¡Un torrente! —exclamé.
cierta comenzó a reflejarse sobre las paredes, y brilló
luego en la abertura del corredor; tras ella, apareció —No hay ninguna duda. Un río subterráneo circula a
el guía. nuestro alrededor.

Se aproximó a mi tío, le puso la mano en el hombro y le Apresuramos el paso, sobreexcitados por la esperanza.
despertó con cuidado. Mi tío se levantó, preguntando: El solo ruido del agua ejerció sobre mi organismo un
efecto temperante, y dejé de sentir fatiga. El torrente,
—¿Qué ocurre? ¿Qué sucede? después de haber corrido mucho tiempo por encima
de nuestras cabezas, se cambió a la pared de la derecha,
—Vatten —respondió el cazador.
mugiendo y dando saltos. Pasaba a cada instante la
Sin duda, bajo la impresión de los violentos dolores mano por la roca, esperando hallar en ella señales de
todos nos hacemos políglotas. Yo ignoraba en absoluto filtración o humedad; pero en vano.
el danés, y, sin embargo, entendí instintivamente lo
Transcurrió todavía media hora, durante la cual avan-
dicho por el guía.
zamos otra media legua.
—¡Agua! ¡Agua! —exclamé palmoteando, gesticulan-
Luego quedó evidenciado que el cazador, durante
do como un insensato.
su ausencia, no había tenido tiempo de llevar más
—¡Agua! —repitió mi tío—. ¿Hvar? —preguntó al is-
landés.
Vocabulario
—Nedat —respondió este.
KK azadón: herramienta de mano
“¿Dónde?”; “¡Allá abajo!”. Todo lo comprendí. Me ha- usada en agricultura para romper
bía apoderado de las manos del cazador y se las oprimía la tierra dura y cortar raíces.
con cariño, mientras él me miraba con calma. KK estratiforme: en forma de estra-
tos o capas.
Breves fueron los preparativos de marcha, internándo-
nos enseguida por un corredor que tenía una pendiente KK sopor: adormecimiento.
de dos pies por toesa. KK toesa: antigua medida francesa
de longitud, equivalente a casi dos
Una hora más tarde, habíamos avanzado mil toesas, metros (exactamente 1,946 m).
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Español 7. Antología literaria 111
adelante sus indagaciones. Guiado por un instinto pico el armazón del globo. ¡Y si sobrevenía un hun-
peculiar a los montañeses y a los hidróscopos, sintió, dimiento que nos aplastara! ¡Y si el torrente, al en-
por decirlo así, este torrente a través de las rocas, contrar salida a través de la roca, nos ahogaba! Estos
pero no vio, en realidad, el líquido precioso; así que peligros nada tenían de quiméricos; pero, en aquellas
no había bebido. circunstancias, los temores de provocar una inunda-
ción o un hundimiento no podían detenernos, y era
Pronto pudimos incluso constatar que, si proseguía-
nuestra sed tan intensa que, con tal de calmarla, hu-
mos la marcha, nos alejaríamos del torrente toda vez
biéramos sido capaces de abrir un hueco en el fondo
que su murmullo tendía a disminuir.
del mismo océano.
Retrocedimos un poco y Hans se detuvo en el preciso
Hans puso manos a la obra, la que ni mi tío ni yo
lugar donde el torrente parecía estar más próximo.
habríamos sido capaces de llevar a cabo. Nuestras ma-
Tomé asiento cerca a la pared, en tanto que las aguas nos, impulsadas de impaciencia, habrían imprudente-
corrían a dos pies de distancia de mí con una violencia mente acelerado nuestros golpes y hecho volar la roca
extrema. Pero un muro de granito nos separaba aún en mil pedazos. El guía, por el contrario, tranquilo
de ellas. y moderado, desgastó poco a poco la roca mediante
una serie de pequeños golpes repetidos, hasta abrir
Sin reflexionar, sin preguntarme siquiera si no habría
un orificio de medio pie de diámetro. El ruido del to-
un medio de alcanzar aquella agua, me abandoné otra
rrente aumentaba por momentos, y ya creía sentir que
vez, momentáneamente, a la desesperación.
el agua bienhechora humedecía mis ardorosos labios.
Me miró Hans, y creí descubrir en sus labios una
No tardó la piqueta en penetrar dos pies en la pared
ligera sonrisa.
de granito. Una hora duraba ya la difícil operación y
Se levantó, tomó su lámpara y se dirigió a la pared. Yo me retorcía de impaciencia. Mi tío quería recurrir a las
le seguí sin quitarle la vista de encima. Aplicó el oído medidas extremas, y no pude detenerlo. Sin embargo,
a la piedra seca, y lo paseó por ella lentamente, escu- cuando empuñó su pico, se oyó de repente un silbido,
chando con suma atención. Comprendí que buscaba y surgió del orificio, con violencia, un gran chorro de
el punto preciso en que se oyera con más claridad el agua que fue a estrellarse contra la pared opuesta.
ruido del torrente. Por fin, encontró este punto en la
Hans, medio derribado por el choque, no pudo repri-
pared lateral de la izquierda, a tres pies de elevación.
mir un grito de dolor. Cuando sumergí mis manos en el
¡Que emoción tan grande la mía! ¡No osaba adivinar lo líquido, lancé a mi vez una exclamación violenta y me
que quería hacer el cazador! Pero no tuve más remedio expliqué el lamento del guía. El agua estaba hirviendo.
que comprenderlo y aplaudirle, y hasta animarle con
—¡Agua a cien grados! —exclamé.
mis demostraciones de afecto, cuando le vi agarrar en
sus manos el pico para perforar la roca. —¡Bueno, ya se enfriará! —me respondió mi tío.

—¡Salvados! —grité—, ¡salvados! La galería se llenaba de vapores, mientras se formaba


un arroyo que iba a perderse en las curvas subterrá-
—¡Sí! —repitió mi tío con júbilo frenético—. ¡Hans
neas. No tardamos en gustar nuestros primeros sorbos.
tiene mucha razón! ¡Bien por el cazador! ¡A nosotros
no se nos hubiese ocurrido! —¡Oh, qué placer tan grande! ¡Qué incomparable sen-
sación! ¿Qué agua era aquella? ¿De dónde venía? Poco
¡Ya lo creo que no! Por sencilla que fuera la idea, no
nos importaba. Era agua, y, aunque caliente todavía,
lo pensamos. Nada más peligroso que atacar con el
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112 Unidad 2 • Novela
devolvía al corazón la vida que casi se le escapaba. Yo —Es evidente —observé— que las capas superiores
bebía sin descanso y sin saborearla siquiera. de este caudal de agua se hallan a gran altura, a juzgar
por la fuerza con que sale.
Solo después de un minuto de goce, exclamé:
—La cosa no es dudosa —replicó mi tío—; si esta co-
—¡Es agua ferruginosa!
lumna de agua tiene treinta y dos mil pies de altura,
—¡Excelente para el estómago —replicó mi tío—, y su presión en este orificio es de mil atmósferas. Pero
de una mineralización muy intensa! ¡He aquí un viaje tengo una idea.
que nos dará los mismos frutos que si hubiésemos ido
—¿Cuál?
a Spa o a Toeplitz14!
—¿Por qué insistir en cerrar esta apertura?
—¡Ah, qué buena está!
—Pues, porque...
—¡Ya lo creo! Como extraída a dos leguas debajo de la
Tierra; tiene un sabor a tinta que no es desagradable, por La verdad es que no pude encontrar ninguna razón
cierto. ¡Qué problema nos ha resuelto este Hans! Pro- convincente.
pongo que le demos su nombre a este saludable arroyo.
—Cuando hayamos llenado nuestras cantimploras,
—Me parece muy bien —exclamé. ¿estamos seguros de volver a encontrar donde llenar-
las de nuevo?
Y quedó bautizado el arroyo con el nombre de “Hans-
Bach”. —Evidentemente, no.

Hans no se envaneció demasiado. Después de calmar su —Entonces, dejemos correr esta agua, que, al descen-
sed, se recostó en un rincón con su calma acostumbrada. der siguiendo su curso natural, nos servirá de guía, a
la vez que refrescará nuestra sed.
—Ahora —dije yo—, convendría no dejar perder esta
agua.

—¿Para qué la queremos? —respondió el profesor—.


Me parece que este manantial debe ser inagotable.

—No importa. Llenemos las cantimploras y el odre, y


Vocabulario
tratemos enseguida de cerrar la abertura.

Se siguió mi consejo. Hans, con trozos de granito y KK hidróscopos: personas que


practican la hidroscopia, el arte
estopa, trató de obstruir el orificio abierto en la pared.
de encontrar fuentes de aguas
Mas no era cosa fácil: el agua quemaba las manos, la ocultas.
presión era extraordinaria y nuestros reiterados esfuer-
KK quiméricos: ilusorios, irrealizables.
zos resultaron infructuosos.
KK ferruginosa: que contiene sales
de hierro en su composición.
KK bach: palabra alemana que signifi-
ca ‘arroyo’ o ‘riachuelo’.
14 Las ciudades de Spa (Bélgica) y Toeplitz (República Checa) KK atmósferas: unidad de medida
son famosas por sus aguas termales. De la primera se deriva la de la presión del aire; a nivel del
palabra spa, para referirse a centros de tratamientos terapéuticos mar, la presión del aire equivale a
y de belleza. 1 atmósfera.
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Español 7. Antología literaria 113
—¡Muy bien pensado! —exclamé—; y teniendo por el mayor cuidado su brújula para poderse dar cuenta
compañero este arroyo, no hay ninguna razón para no del camino recorrido.
tener éxito en nuestro proyecto.
La galería se deslizaba casi horizontalmente con un
—¡Ah, muchacho, ya te reanimas! —dijo el profesor, declive de dos pulgadas por toesa, a lo sumo. El arroyo
sonriente. corría murmurando a nuestros pies sin gran celeridad.
Lo comparaba yo a algún genio familiar que nos guiase
—Estoy más que reanimado, ¡he renacido!
a través de la tierra y acariciaba con mi mano la tibia
—¡Un instante! Empecemos por tomarnos algunas náyade cuyos cantos acompañaban nuestros pasos. Mi
horas de reposo. buen humor tomaba con gusto un giro mitológico15.

Había olvidado por completo que era de noche. El cro- Por lo que respecta a mi tío, renegaba de la horizon-
nómetro se encargó de advertirlo. Satisfecha la sed y talidad del camino, cosa que en él, no podía llamar la
el hambre, no tardamos en sumirnos los tres en un atención. Conociendo que era el hombre de los verti-
profundo sueño. cales. Su ruta se alejaba indefinidamente y, en vez de
deslizarse a lo largo de un radio terrestre, según su pro-
CAPÍTULO 24 pia expresión, se marchaba por la hipotenusa. Pero no
éramos dueños de elegir, y en tanto nos aproximásemos
Al día siguiente no nos acordábamos de nuestros sufri-
al centro, por muy poco que esto fuese, no teníamos
mientos pasados. Estaba extrañado de no volver a sen-
derecho a quejarnos.
tir sed, y me preguntaba la causa. El arroyo que corría
a mis pies murmurando, se encargó de responderme. Además, las pendientes se hacían de vez en cuando más
rápidas, y entonces, nuestra náyade aceleraba su peso,
Desayunamos, y bebimos de aquella excelente agua
mugiendo al saltar de roca en roca, y descendíamos
ferruginosa. Me sentí regocijado y decidido a ir muy
con ella a profundidades mayores.
lejos. ¿Por qué un hombre convencido como mi tío
no debía salir airoso de su empresa, con un guía in- En conclusión, aquel día y el siguiente, avanzamos
genioso, como Hans, y un sobrino decidido como yo? bastante en el sentido horizontal y relativamente poco
¡Vean qué bellas ideas brotaban de mi cerebro! Si me en el vertical.
hubiesen propuesto regresar a la cima del Sneffels, ha-
El viernes 10 de julio, por la tarde, debíamos, según
bría renunciado con indignación.
nuestros cálculos, encontramos a treinta leguas de Rei-
Pero por fortuna, se trataba de bajar. kiavik, y a una profundidad de diez leguas y media.

—¡Partamos! —grité despertando con mis entusiastas Luego se abrió entre nosotros un pozo bastante impo-
acentos a los viejos ecos del globo. nente. Mi tío no pudo abstenerse de palmotear como
un niño, calculando la rapidez de sus pendientes.
Reiniciamos nuestra marcha el jueves a las ocho de
la mañana. La galería de granito, formando sinuosos —He aquí un pozo —exclamó—, que nos llevará muy
rodeos, presentaba giros inesperados simulando la con- lejos, y con facilidad, porque los salientes de las rocas
fusión de un laberinto; pero en definitiva seguía siem- forman una verdadera escalera.
pre la dirección sudeste. Mi tío no dejaba de ver con

15 Axel hace dos referencias a la mitología romana antigua: los genios familiares, espíritus que protegían los hogares, y la náyade o
divinidad del agua, que corresponde al arroyo mismo (el Hans-Bach).

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114 Unidad 2 • Novela
Hans preparó las cuerdas a fin de prevenir todo acci- Los días 11 y 12 de julio seguimos bajando por las
dente, y dio principio el descenso, que no me atrevo a espirales de la falla, penetrando dos leguas más en la
calificar de peligroso, porque me encontraba ya fami- corteza terrestre, lo que nos colocaba a cinco leguas
liarizado con este tipo de ejercicio. bajo el nivel del mar. Pero el día 13, a eso del medio-
día, tomó el pozo una inclinación bastante menos
Era este pozo una angosta hendidura practicada en el
acentuada, de unos cuarenta y cinco grados aproxi-
macizo, una de aquellas grietas conocidas en la mine-
madamente, en dirección sudeste.
ralogía con el nombre de “fallas”, producidas evidente-
mente por la contracción de la armadura terrestre; en la El camino se hizo entonces tan fácil como monótono.
época de su enfriamiento. Si en otro tiempo dio pase a Era lo natural. Nuestro viaje no podía distinguirse por
las materias eruptivas vomitadas por el Sneffels, yo no la variedad del paisaje.
me explico cómo estas no dejaron en él rastro alguno.
Por fin, el miércoles 15, nos hallábamos a siete leguas
Bajábamos por una especie de escalera de caracol que
bajo tierra y a cincuenta del Sneffels aproximadamente.
perecía hecha por la mano del hombre.
Aunque un poco cansados, nuestra salud se conservaba
Cada cuarto de hora era preciso detenerse para des- en estado satisfactorio, y aún no había sido preciso
cansar y devolver la elasticidad a nuestras corvas. Lue- estrenar el botiquín de viaje.
go nos sentábamos en algún saliente rocoso, con las
Mi tío anotaba cada hora las indicaciones de la brú-
piernas colgando, conversábamos, mientras hacíamos
jula, del cronómetro, del manómetro y del termóme-
alguna ligera comida, y apagábamos después nuestra
tro, las que publicó en la narración científica de su
sed en el arroyo.
viaje: de suerte que podía fácilmente darse cuenta de
No es preciso decir que dentro de aquella grieta, el Hans- su situación. Cuando me dijo que estábamos a una
Bach se había convertido en cascada, con reducción de distancia horizontal de cincuenta leguas, no pude re-
su volumen; pero aún bastaba sobradamente para satis- primir una exclamación.
facer nuestra sed. Por otro lado, era seguro que cuando
—¿Qué tienes? —me preguntó.
se presentaran declives menos pronunciados, recobraría
nuevamente su curso tranquilo. En aquel momento, me —Nada; pero me asalta una idea.
recordaba a mi dignísimo tío, con sus impetuosidades y
—¿Qué idea es esa, muchacho?
cóleras, mientras que, en las pendientes suaves, su calma
me hacía pensar en la del cazador islandés. —Que si sus cálculos son exactos, no nos hayamos ya
bajo el suelo de Islandia.

—¿Lo crees así?

—Fácil es comprobarlo.
Vocabulario Tomé con el compás mis medidas sobre el mapa, y dije
enseguida a mi tío:
KK hipotenusa: en un triángulo
rectángulo, el lado más largo, —No me engañaba, no; ya hemos rebasado el cabo
opuesto al ángulo recto. Portland, y estas cincuenta leguas caminadas hacia el
KK corva: parte de la pierna situada sudeste nos sitúan en pleno océano.
detrás de la rodilla, responsable
de la operación de doblar —¡Debajo del océano! —replicó mi tío—, frotándose
la pierna. las manos.
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Español 7. Antología literaria 115
—¡Así pues —añadí—, que el océano se extiende sobre horas a ordenar sus anotaciones diarias.
nuestras cabezas!
—Ante todo —me dijo—, voy a hacer algunos cálculos
—¿Y qué tiene de extraño? No es ninguna cosa nueva. para determinar con toda exactitud nuestra situación;
¿No hay en Newcastle minas de carbón que avanzan quiero, a nuestro regreso, trazar un plano de nuestro
por debajo del agua? viaje, una especie de sección vertical del globo, que
señalará el perfil de nuestra expedición.
El profesor podía encontrar nuestra situación muy na-
tural; pero la idea de pasearme por debajo de la enorme —Será muy interesante, tío; pero, ¿tendrán sus obser-
masa líquida me tenía preocupado. Sin embargo, lo vaciones el suficiente grado de precisión?
mismo era que gravitasen sobre nuestras cabezas las
—Sí. He anotado cuidadosamente los ángulos y pen-
llanuras y montañas de Islandia o las olas del Atlán-
dientes; estoy seguro de no cometer un error. Vamos
tico, si el armazón granítico que nos cobijaba era lo
a ver, ante todo, dónde estamos. Toma la brújula y
bastante sólido. Por lo demás, no tardé en habituarme
observa la dirección que indica. Cogí el indicado ins-
a esta idea, porque el corredor, unas veces sinuoso,
trumento, y después de un examen atento, respondí:
otras recto, tan caprichoso en sus pendientes como en
sus revueltas, pero marchando siempre en dirección —Este cuarto sudeste.
sudeste y hundiéndose más cada vez, nos condujo rá-
—Bien —dijo el profesor anotando la observación y
pidamente a grandes profundidades.
haciendo algunos cálculos rápidos—. No hay duda,
Cuatro días después, el sábado 18 de julio, llegamos hemos recorrido ochenta y cinco leguas.
de noche a una especie de gruta bastante espaciosa. Mi
—Según eso, ¿caminamos bajo el Atlántico?
tío entregó a Hans sus tres rixdales de la semana, y se
decidió que el siguiente día fuese de reposo absoluto. —Exacto.

—Y en estos momentos, ¿a lo mejor se desencadenó


CAPÍTULO 25
una tormenta y muchos barcos, sobre nuestras cabezas,
Me desperté, el domingo por la mañana, sin la preocu- son sacudidos por las olas y el viento?
pación habitual de tener que emprender inmediata-
mente la marcha; y por más que esto ocurriese en el —Podría ser.
más profundo abismo, no dejaba de ser agradable. Por —¿Y las ballenas estarán golpeando con sus colas las
otra parte, ya estábamos acostumbrados a esta existen- paredes de nuestra prisión?
cia de trogloditas. Para nada me acordaba del sol, la
luna, las estrellas, los árboles, las casas, las ciudades,
ni de ninguna de esas superficialidades terrestres que Vocabulario
los seres que viven debajo del astro de la noche consi-
deran de imprescindible necesidad. En nuestra calidad
KK trogloditas: antiguos habitantes
de las cavernas, cavernícolas.
de fósiles, nos burlábamos de estas maravillas inútiles.
KK fósil: animal o planta atrapado
Formaba la gruta un espacioso salón en cuyo suelo gra- en las capas terrestres que se ha
nítico se deslizaba dulcemente el arroyuelo fiel. A esa vuelto de piedra.
distancia, se hallaba el agua a temperatura ambiente y KK refractario: dicho de un mine-
no había dificultad en beberla. ral, que es resistente a diversos
factores químicos o físicos, como
Después de almorzar quiso el profesor consagrar unas el calor.

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116 Unidad 2 • Novela
—Cálmate, Axel, que no lograrán quebrarlas. Sin em- que el calor se propagara a través de sus paredes.
bargo, terminemos nuestros cálculos. Estamos al su-
Sin detenerme a buscar nuevos argumentos, me limité
deste del Sneffels y a ochenta y cinco leguas de distan-
a tomar la situación cual era.
cia de su base; y, a juzgar por mis notas precedentes,
estimo en dieciséis leguas la profundidad alcanzada. —Tío —dije tras una pausa—, no dudo ni un mo-
mento de la exactitud de sus cálculos, pero permítame
—¡Dieciséis leguas! —exclamé.
usted que deduzca de ellos una consecuencia riguro-
—Sin duda. samente exacta.

—Pero ese es el máximo límite asignado por la ciencia —Adelante, muchacho, con toda confianza.
a la corteza terrestre.
—En el lugar en que nos encontramos, en la latitud de
—No trato de negarlo. Islandia, el radio terrestre mide mil quinientas ochenta
y tres leguas aproximadamente, ¿no es cierto?
—Y aquí, según la ley que rige al aumento del calor,
deberíamos tener una temperatura de mil quinientos —Mil quinientas ochenta y tres leguas y un tercio.
grados.
—Pongamos en cifras redondas mil seiscientas, de las
—Deberíamos, muchacho; tú lo has dicho. cuales hemos andado doce, ¿no es así?

—Y todo este granito no podría conservar su estado —Así es, en efecto.


sólido y estaría en plena fusión.
Y para esto hemos tenido que recorrer ochenta y cinco
—Ya ves que no es así y que los hechos, como acontece leguas en sentido diagonal, ¿no es verdad?
siempre, vienen a desmentir las teorías.
—Exactamente.
—No tengo más remedio que reconocerlo; mas no deja
—¿En veinte días, más o menos?
de llamarme la atención.
—En veinte días.
—¿Qué marca el termómetro?
—Y como quiera que dieciséis leguas son la centésima
—Veintisiete grados y seis décimas.
parte del radio de la Tierra, de continuar así, empleare-
—Solo faltan mil cuatrocientos setenta y cuatro grados mos dos mil días, que son cerca de cinco años y medio,
y cuatro décimas para que los sabios tengan razón. en llegar al centro del globo.
Queda establecido, por lo tanto, que el aumento de la
El profesor no respondió una palabra.
temperatura proporcionalmente a la profundidad es
un error. Entonces, Humphry Davy no se equivocaba, —Y esto sin contar —proseguí— con que, si para ob-
y yo, desde luego, no hice mal en darle crédito. ¿Qué tener una vertical de dieciséis leguas es preciso reco-
tienes que responder? rrer horizontalmente ochenta, tendríamos que caminar
ocho mil en dirección sudeste, para alcanzar nuestro
—Nada.
objetivo y, mucho antes de lograrlo, habríamos salido
En realidad habría tenido que decir muchas cosas. Me por algún punto a la superficie.
oponía a la teoría de Davy, y defendía la del calor central,
—¡Al diablo tus cálculos! —replicó mi tío con un mo-
aun cuando no sintiera sus efectos. Me inclinaba a creer
vimiento de cólera—. ¡Al diablo tus teorías! ¿Sobre qué
que aquella chimenea de volcán apagado se hallaba recu-
base descansan? ¿Quién te dice que esta galería no va
bierta por las lavas de un forro refractario que impedía
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Español 7. Antología literaria 117
directamente a nuestra meta? Yo tengo a mi favor un —¿Y más abajo?
precedente: lo que estoy haciendo, otro lo hizo, y si él
—Más abajo, esta densidad será mayor todavía.
tuvo éxito, yo también lo tendré.
—¿Y cómo bajaremos entonces?
—Así lo espero y deseo; pero, en fin, ¿me estará
permitido...? —Llenándonos de piedras los bolsillos.
—Te está permitido callarte cuando quieras decir cosas —A fe, tío, que tiene usted respuesta para todo.
sin sentido.
No me atreví a avanzar más en el campo de las hipó-
Comprendí que el terrible profesor amenazaba tesis, porque hubiera tropezado con alguna otra im-
con mostrarse bajo la piel del pariente, y me di por posibilidad que habría hecho dar un salto al profesor.
advertido.
Sin embargo, era evidente que el aire, bajo una pre-
—Ahora, consulta el manómetro —añadió mi tío— sión que podía ser de miles de atmósferas, acabaría
¿Qué marca? por solidificarse, y luego, aun admitiendo que nuestros
cuerpos lo resistieran, sería necesario detenerse a pesar
—Una presión considerable.
de todos los razonamientos del mundo. Pero no hice
—Bien. Ya ves cómo, bajando lentamente, nos vamos valer este argumento, pues mi tío me habría recorda-
acostumbrando poco a poco a la densidad de esta at- do enseguida a su eterno Saknussemm, precedente sin
mósfera, y no experimentamos molestias. valor, porque, aun suponiendo que hubiese sido ver-
dadero el viaje del sabio islandés, había una respuesta
—Excepción hecha de algunos dolores de oídos.
muy simple: en el siglo XVI, no se habían inventado
—Eso no es nada, y fácilmente desaparecerás ese ma- el barómetro ni el manómetro; entonces, ¿cómo podía
lestar poniendo en comunicación rápida el aire exte- determinar que había llegado al centro del globo? Sin
rior con el contenido en tus pulmones. embargo, me guardé esta objeción para mí y esperé
los acontecimientos. El resto de la jornada pasó entre
—Perfectamente —respondí, decidido a no contrade-
conversaciones y cálculos. Estuve de acuerdo en todo
cirlo—. Incluso se siente un verdadero placer de estar
con el profesor Lidenbrock, y envidié la perfecta in-
sumergido en esta atmósfera más densa. ¿Se dio cuenta
diferencia de Hans, quien, sin investigar las causas ni
de la intensidad con que se propaga el sonido?
los efectos, iba ciegamente donde lo llevaba el destino.
—Claro. Un sordo acabaría aquí por oír perfectamente.
CAPÍTULO 26
—¿Pero esta densidad seguirá aumentando, sin
ninguna duda? Hay que reconocer que hasta entonces todo había ido
bien, y existía ningún motivo de queja. Si las dificul-
—Sí, siguiendo una ley no muy bien determinada; es ver- tades no aumentaban, era seguro que alcanzaríamos
dad que la intensidad de la gravedad disminuirá a medida nuestra meta. ¡Qué gloria entonces! Ya había empezado
que bajemos. Ya sabes que en la misma superficie de la a razonar a la Lidenbrock. En serio. ¿Esto tendría que
Tierra es en donde su acción se deja sentir con más fuerza, ver con el extraño medio en que vivía? A lo mejor.
y que en el centro los objetos carecen de peso.
Durante algunos días, pendientes mucho más rápidas,
—Lo sé; pero, dígame usted, este aire, ¿no acabará por algunas de una verticalidad aterradora, nos interna-
adquirir la densidad del agua? ron profundamente en el macizo de granito. Algunos
—Sin duda, bajo una presión de 710 atmósferas. días avanzamos de legua y media o dos leguas hacia
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118 Unidad 2 • Novela
el centro. En algunas bajadas peligrosas, la destreza recorrió todo el cuerpo.
de Hans y su maravillosa sangre fría nos fueron muy
útiles. El impasible islandés se sacrificaba con una indi- —¡Calma! —me dije en voz alta—. Tengo la seguridad
ferencia incomprensible, y, gracias a él, superamos más de encontrar a mis compañeros. ¡No hay más que un
de un paso difícil del cual no habríamos salido solos. solo camino. Y puesto que me había adelantado, pro-
cede retroceder.
Su silencio aumentaba de día en día, y hasta creo que
nos contagiaba a nosotros. Los objetos exteriores ejercen Subí por espacio de media hora, escuchando atenta-
una acción real sobre el cerebro. El que se encierra entre mente si me llamaban, que de bien lejos se escuchaba
cuatro paredes acaba por perder la facultad de asociar en aquella atmósfera tan densa. Un silencio extraordi-
las ideas y las palabras. ¡Cuántos presos encerrados en nario reinaba en la inmensa galería.
estrechas celdas se han vuelto imbéciles y hasta locos
Me detuve sin atreverme a creer en mi aislamiento.
por la imposibilidad de ejercitar las facultades mentales!
Deseaba estar extraviado, pero no perdido. Extraviado,
Durante las dos semanas que siguieron a nuestra última aún pueden encontrarle a uno.
conversación no ocurrió ningún incidente digno de ser
—Veamos —repetía—; ya que no existe más que un
mencionado. No encuentro en ninguna memoria más
camino, que es el mismo que siguen ellos, por fuerza
que un solo hecho de gravedad, cuyos más insignifi-
he de encontrarlos. Bastará con seguir retrocediendo.
cantes detalles me sería imposible olvidar.
Al menos que, no viéndome, y olvidando que yo les
El 7 de agosto, nuestros sucesivos descensos nos ha- precedía, se les haya ocurrido la idea de retroceder...
bían conducido a una profundidad de treinta leguas; Pero aun en este caso, apresurando el paso, me reuniré
es decir, que teníamos sobre nuestras cabezas treinta con ellos. ¡Es evidente!
leguas de rocas, de mares, de continentes y de ciuda-
Repetía las últimas palabras como si no estuviera real-
des. Debíamos, a la sazón, encontrarnos a doscientas
mente convencido. De otra parte, para asociar estas
leguas de Islandia.
ideas tan sencillas y darles la forma de un razonamien-
Aquel día seguía el túnel un plano poco inclinado. to, tuve que emplear mucho tiempo.

Yo marchaba delante; mi tío llevaba uno de los apara- Entonces me asaltó una duda. ¿Iba yo por delante de
tos Ruhmkorff, y yo el otro, y con él me entretenía en ellos? Ciertamente. Me seguía Hans, precediendo a mi
examinar las capas de granito. tío. Hasta recordaba que se detuvo unos instantes para
asegurarse sobre las espaldas el bulto. En ese momento
De repente, al volverme, vi que me encontraba solo. fue cuando continué solo.
—Bueno —dije para mí—, he caminado demasiado —Además —pensaba yo—, tengo un medio seguro de
de prisa, o tal vez sea que el profesor y Hans se han no perderme, un hilo para guiarme en este laberinto,
detenido en algún sitio. Voy a reunirme con ellos. Afor- y que no puede romperse: este hilo es mi fiel arroyo.
tunadamente, el camino es poco inclinado. Bastará remontar su curso para dar con las huellas de
Volví a desandar lo andado. Caminé durante un cuarto mis compañeros.
de hora sin encontrar a nadie. Llamé, y no me respon- Este razonamiento me dio nuevos ánimos, y resolví
dieron, perdiéndose mi voz en medio de los cavernosos reanudar mi marcha ascendente sin perder un instante.
ecos que ella misma despertaba.
¡Cómo bendije entonces la previsión de mi tío, impidien-
Empecé a sentir inquietud. Un fuerte escalofrío me do que el cazador tapase el orificio hecho en la pared de
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Español 7. Antología literaria 119
granito! De esta suerte, aquel bendito manantial, luego terrestre gravitaban sobre mis espaldas con un peso
de calmar nuestra sed durante el camino, iba a guiarme terrible! Me sentía aplastado.
ahora a través de las curvas de la corteza terrestre.
Traté de guiar mis ideas hacia las cosas de la superficie
Antes de ponerme en marcha, pensé que lavarme un pero apenas si pude conseguirlo. Hamburgo, la casa de
poco me haría bien. la Königstrasse, mi pobre Graüben, todo aquel mundo
bajo el cual me encontraba perdido desfiló rápidamente
Me agaché para sumergir mi frente en el agua del
por delante de mi imaginación enloquecida. ¡En mi
Hans-Bach.
alucinación, volví a ver los incidentes del viaje, la tra-
¡Imaginen mi estupefacción! vesía del Atlántico, Islandia, el señor Fridriksson, el
Sneffels! Pensé que si, en mi situación, aún conservaba
En vez del agua tibia y cristalina, encontraron mis de-
una sombra de esperanza, sería signo evidente de locu-
dos un suelo seco y áspero. ¡El arroyo no corría ya a
ra, y que era preferible, por tanto, desesperar del todo.
mis pies!
En efecto, ¿qué poder humano podría conducirme de
CAPÍTULO 27 nuevo a la superficie de la tierra, y abrir las enormes bó-
vedas que se cerraban sobre mi cabeza? ¿Quién podría se-
Imposible pintar mi desesperación. Ninguna palabra
ñalarme el buen camino y reunirme con mis compañeros?
de la lengua humana podría expresar mis sentimientos.
Estaba enterrado vivo, con la perspectiva de morir en —¡Oh, tío! —exclamé con desesperado acento.
medio de las torturas del hambre y la sed.
Esta fue la única palabra de reproche que se escapó de
Mecánicamente, pasé mis manos ardientes por el suelo. mis labios; porque comprendí que el pobre hombre
¡Qué seca me pareció esta roca! debía padecer también buscándome sin descanso.

Pero ¿cómo había abandonado el curso del arroyo? Pues Cuando me vi así, lejos de todo socorro humano, in-
en verdad, ¡ya no estaba ahí! Entonces comprendí la capaz de intentar nada para lograr mi salvación, pensé
razón de aquel silencio extraño, cuando escuché la vez en la ayuda del Cielo. Los recuerdos de la infancia, los
última si llegaba a mis oídos el llamado de mis compa- de mi madre, a quien solo conocí en la época de las
ñeros. Al internarme por aquel falso camino, no había caricias, acudieron a mi memoria. Recurrí a la oración,
notado la ausencia del arroyo. Resultaba evidente que, por derecho que tuviera a ser escuchado por Dios, de
en un cierto momento, el túnel se había bifurcado, y, quien me acordaba tan tarde, y le imploré con fervor.
mientras el Hans-Bach, obedeciendo los caprichos de
Aquella invocación a la Providencia me devolvió algo
otra pendiente, había proseguido su ruta hacia profun-
la calma y pude llamar en mi auxilio a todas las ener-
didades desconocidas, en unión de mis compañeros, yo
gías de mi inteligencia.
me había internado solo en la galería en que me hallaba.
Tenía víveres para tres días y mi cantimplora estaba lle-
¿Cómo volver al punto de partida? No había huellas, ni
na de agua. Sin embargo, no podía permanecer más de
mis pies las dejaban grabadas en aquel suelo de granito.
este tiempo solo. Ahora se presentaba otro problema:
Me devanaba los sesos buscando una solución a tan
¿debería descender o subir?
irresoluble problema. Mi situación se resumía en una
sola palabra: ¡Perdido! ¡Subir sin duda alguna! ¡Subir sin descansar!
¡Sí! ¡Perdido a una profundidad que me parecía in- De este modo, debía necesariamente llegar al pun-
conmensurable! ¡Aquellas treinta leguas de corteza to donde me había separado del arroyo; a la funesta

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120 Unidad 2 • Novela
bifurcación. Una vez en ese sitio, una vez que tropezara las muertes! Y, cosa extraña, pensé que si se encontraba
con las aguas del Hans-Bach, bien podía regresar a la algún día mi cuerpo en estado fósil, su aparición en las
cumbre del Sneffels. entrañas de la Tierra, a treinta leguas de su superficie,
motivaría serias discusiones científicas.
¡Cómo no se me había ocurrido esto antes! Había evi-
dentemente una probabilidad de salvación. Lo más Quise hablar en voz alta, pero de mis labios quemados
apremiante era, pues, volver a encontrar el cauce de solo salieron sonidos roncos. Jadeaba.
las aguas.
En medio de mis angustias, vino otro terror a apode-
Me levanté decidido y, apoyándome en mi bastón, em- rarse de mi espíritu. Mi lámpara, en la caída, se había
pecé a subir la pendiente de la galería, que era bastante dañado, y no tenía forma de repararla. Su luz palidecía
rápida. Caminaba lleno de esperanza y sin dudar, pues y estaba por desaparecer.
no había otro camino que seguir.
Miré debilitarse la corriente luminosa en la bobina del
Por espacio de media hora no me detuvo obstáculo algu- aparato. Una procesión de sombras temblorosas desfiló
no. Trataba de reconocer el camino por la forma del túnel, a lo largo de las paredes oscurecidas. No me atreví ni a
por los picos salientes de las rocas, por la disposición pestañear, con temor de perder el menor átomo de la
de las anfractuosidades: pero ninguna señal especial me claridad fugitiva. A cada instante, creía iba a desapa-
llamó la atención, y pronto me convencí de que aquella recer y que “la negrura” me iba a invadir.
galería no podía conducirme al cruce. No tenía salida.
Por fin lució en la lámpara un último resplandor. Lo
Choqué contra un muro impenetrable y caí sobre la roca.
perseguí, lo aspiré con la mirada, reconcentré sobre
Imposible poder expresar el espanto, la desesperación él todo el poder de mis ojos, como si fuera la última
que se apoderó de mí entonces. Me sentí aniquilado. sensación de luz que les fuera dado gozar, y quedé
Mi última esperanza acababa de estrellarse contra aque- sumergido en las más espantosas tinieblas.
lla muralla de granito.
¡Qué grito tan terrible se escapó de mi pecho! Sobre la
Perdido en aquel laberinto cuyas curvas se cruzaban en superficie de la Tierra, en las noches más tenebrosas,
todos sentidos, era inútil volver a intentar un escape la luz no abandona jamás sus derechos por completo;
imposible. ¡Era preciso morir de la más espantosa de se difunde, se sutiliza, pero, por poca que quede, acaba
por percibirla la retina. Allí, nada. La oscuridad absoluta
hacía de mí un ciego en toda la acepción de la palabra.

Entonces perdí la cabeza. Me levanté, con los brazos


Vocabulario
hacia delante, intentando los tanteos más dolorosos;
KK estupefacción: gran asombro hui y me lancé al azar por aquel inextricable labe-
que deja sin voz y sin reacción. rinto, descendiendo siempre, corriendo a través de
KK inconmensurable: que no se la corteza terrestre como un habitante de las grietas
puede medir, sin medida. subterráneas, llamando, gritando, aullando, magulla-
KK la Providencia: el amparo de Dios. do bien pronto por los salientes de las rocas, cayendo
KK funesta: triste y desgraciada.
y levantándome ensangrentado, procurando beber la
sangre que me inundaba el rostro, y esperando siem-
KK anfractuosidades: cavidades
profundas y retorcidas.
pre que mi cabeza estallase al chocar con cualquier
obstáculo imprevisto.
KK aniquilado: reducido a nada.

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Español 7. Antología literaria 121
¿Dónde me condujo aquella carrera insensata? Lo ignoro Temí por un instante que aquellas palabras fuesen las
por completo. Después de varias horas, sin duda al borde mías, devueltas por el eco. ¿Habría yo gritado sin saber-
de mis fuerzas, me desplomé como una masa inerte a lo lo? Cerré con fuerza los labios y apliqué nuevamente
largo de la pared, ¡y perdí toda sensación de la existencia! a la pared el oído.

—Sí, no cabe duda; ¡Hablan! ¡Hablan!


CAPÍTULO 28
Avancé algunos pies más a lo largo de la pared y oí más
Cuando volví a la vida, mi rostro estaba mojado, pero
claramente. Oí palabras inciertas, incomprensibles, ex-
mojado en lágrimas. No sabría decir cuánto duró este
trañas, que llegaban a mí como pronunciadas en voz
estado de insensibilidad, puesto que ya no tenía medio
baja, como murmuradas. Escuché repetir varias veces
de darme cuenta del tiempo. Jamás soledad alguna fue
la palabra “forloräd” con acento de dolor.
semejante a la mía: nunca hubo abandono tan completo.
¿Cuál era su significado? ¿Quién la pronunciaba? Mi tío
Desde el momento de mi caída había perdido buena
Lidenbrock o Hans, sin ninguna duda. Pero, evidente-
cantidad de sangre. Me sentía inundado. ¡Ah! ¡Cuánto
mente, yo sí los oía, ellos también podrían oírme a mí.
lamenté no estar ya muerto y tener aún que pasar por
este amargo trance! Sin ánimos para reflexionar, recha- —¡Socorro! —grité, con toda mi fuerza—. ¡Socorro!
cé todas las ideas que acudían a mi cerebro y, vencido
por el dolor, rodé hasta la pared opuesta. Escuché, esperé en la sombra alguna respuesta, un
grito, un suspiro, mas nada logré oír. Transcurrieron
Sentía ya que el desvanecimiento se apoderaba de mí, varios minutos. Todo un mundo de ideas había ger-
y con él, la aniquilación suprema, cuando un violento minado en mi mente. Pensé que mi voz debilitada no
ruido alcanzó mis oídos. Parecía el retumbo prolonga- podría llegar hasta mis compañeros.
do del trueno, y oí las ondas sonoras perderse poco a
poco en las lejanas profundidades del abismo. —Porque son ellos, no hay duda —me decía—. ¿Qué
otros hombres habrían descendido a treinta leguas de-
¿De dónde procedía ese ruido? Sin duda de algún fe- bajo de la superficie del globo?
nómeno que estaba verificándose en el seno del gran
macizo terrestre. Tal vez la explosión de un gas o la Me puse a escuchar otra vez. Al pasear el oído a lo largo
caída de algún poderoso cimiento del globo. de la pared, hallé un punto matemático donde las voces
parecían adquirir su máxima intensidad. La palabra
Volví a escuchar, deseoso de cerciorarme de si se repe- “forloräd” volvió a sonar en mi oído, y oí después aquel
tía aquel ruido. Pasó un cuarto de hora. Era tan pro- sonido de trueno que me había sacado de mi sopor.
fundo el silencio que reinaba en el subterráneo, que
incluso oía mis latidos. —No —me dije—; estas voces no se oyen a través del
macizo. La pared es de granito, no se dejaría atravesar
De repente, mi oído, que por casualidad apliqué a la por la más fuerte detonación. Este ruido llega a lo largo
pared, creyó sorprender palabras vagas, incomprensi- de la misma galería. De seguro existe en ella un efecto
bles, remotas. Temblé. de acústica especial.
—Es una alucinación —pensé. Escuché nuevamente, y esta vez, ¡sí!, ¡esta vez oí mi
nombre claramente pronunciado!
Pero no. Escuchando con mayor atención, oí realmente
un murmullo de voces, aunque mi debilidad no me ¿Era mi tío quien lo pronunciaba? Hablaba con el guía
permitiera entender lo que se decía. Hablaban, sin em- y la palabra “forloräd” era una palabra danesa.
bargo: no me cabía la menor duda.
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122 Unidad 2 • Novela
Entonces me lo expliqué todo. Para hacerme oír tenía —¡Espere un poco, estoy completamente agotado! ¡Ya
que hablar a lo largo de aquella pared, que transmitiría no me quedan fuerzas para responder! ¡Pero no deje
mi voz como un hilo conduce la electricidad. de hablarme!

No había tiempo que perder. Si mis compañeros se ……………………………………………………….


alejaban algo más, el fenómeno acústico quedaría des-
—Valor —prosiguió mi tío—. No hables, escúchame.
truido. Me aproximé, pues, a la pared y pronuncié estas
Te hemos buscado subiendo y bajando la galería, sin
palabras con la mayor claridad posible:
poder encontrarte. ¡Ah, cuánto he llorado, hijo mío!
—¡Tío Lidenbrock! Por fin, suponiendo que te hallarías al lado del Hans-
Bach, hemos remontado su curso disparando nuestros
Y esperé presa de la mayor ansiedad. El sonido no se
fusiles. En el momento actual, si, por un efecto de
propaga con una rapidez excesiva. La densidad de las
acústica, nuestras voces pueden oírse, nuestras manos
capas de aire aumenta su intensidad, pero no su veloci-
no pueden estrecharse. Pero no te desesperes, Axel, ¡al
dad de propagación. Transcurrieron algunos segundos,
menos ya nos escuchamos!
que me parecieron siglos, y, al fin, llegaron a mi oído
estas palabras: ……………………………………………………….

—¡Axel! ¡Axel! ¿Eres tú? Durante este tiempo, había reflexionado, y una cierta
esperanza, vaga aún, renacía en mi corazón. Ante todo,
—¡Sí! ¡Sí! —respondí.
me importaba conocer una cosa; aproximé mis labios
………………………………………………………. a la pared y dije:

—¡Hijo mío! ¿Dónde estás? —¿Tío?

………………………………………………………. ……………………………………………………….

—¡Perdido en la oscuridad más profunda! —¿Qué quieres, hijo mío? —me contestó al cabo de
algunos instantes.
……………………………………………………….
……………………………………………………….
—¿Y tu lámpara?
—Es preciso saber, ante todo, qué distancia nos separa.
……………………………………………………….
……………………………………………………….
—Apagada.
—Eso es bastante fácil.
……………………………………………………….
……………………………………………………….
—¿Y el arroyo?
—¿Tiene usted su cronómetro?
……………………………………………………….
……………………………………………………….
—Ha desaparecido.
—Sí.
……………………………………………………….
—Pues bien, tómelo en la mano, y pronuncie mi nom-
—¡Axel, mi pobre Axel! ¡Ten valor!
bre, anotando con toda exactitud el momento en que
………………………………………………………. lo pronuncie. Lo repetiré, y usted anota asimismo el

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Español 7. Antología literaria 123
instante preciso en que oiga mi respuesta. ……………………………………………………….

………………………………………………………. —Hacia abajo. Voy a explicarte por qué. Hemos llegado


a una espaciosa gruta a la cual van a dar gran número
—Me parece bien. De este modo, la mitad del tiempo
de galerías. La que has seguido tú no tiene más remedio
que transcurra entre mi pregunta y tu respuesta será
que conducirte a ella, porque parece que todas estas
el que mi voz emplea para llegar hasta ti.
hendiduras, todas estas fracturas del globo convergen
………………………………………………………. hacia la inmensa caverna en donde estamos. Levántate,
pues, y retoma el camino; marcha, arrástrate, si es pre-
—Eso es, tío.
ciso, deslízate por las pendientes rápidas, que nuestros
………………………………………………………. brazos te esperan para recibirte al final de tu viaje. ¡En
marcha, pues, hijo mío! ¡Ten ánimo y confianza!
—¿Estás listo?
……………………………………………………….
……………………………………………………….
Estas palabras me reanimaron.
—Sí.
—Adiós, tío —exclamé—. Parto inmediatamente, en
………………………………………………………. el instante en que abandone este sitio, nuestras voces
—Pues bien, mucho cuidado, que voy a pronunciar dejarán de oírse. ¡Adiós, pues!
tu nombre. ……………………………………………………….
………………………………………………………. —¡Hasta la vista, Axel! ¡Hasta la vista!
Apliqué el oído a la pared, y tan pronto como oí la ……………………………………………………….
palabra “Axel” repetí a mi turno:
Esas fueron las últimas palabras que oí.
“Axel”, y esperé.
Esta sorprendente conversación, sostenida a través de
………………………………………………………. la masa terrestre, a más de una legua de distancia, ter-
—Cuarenta segundos —dijo entonces mi tío—; han minó con esas palabras de esperanza, y agradecí a Dios
transcurrido cuarenta segundos entre las dos palabras, por haberme conducido, por entre aquellas inmensi-
de suerte que el sonido emplea veinte segundos para dades tenebrosas, al único punto tal vez en que podía
recorrer la distancia que nos separa. Calculando ahora llegar hasta mí la voz de mis compañeros.
a razón de 1020 pies por segundo, resultan 20 400 pies, Este sorprendente efecto de acústica se explicaba fácil-
o sea, legua y media y un octavo. mente por leyes físicas; provenía de la forma del corre-
………………………………………………………. dor y de la conductibilidad de la roca; existen muchos
ejemplos de la propagación de sonidos que no se perci-
—¡Legua y media! —exclamé. ben en los espacios intermedios. Recuerdo varios lugares
………………………………………………………. donde ha sido observado este fenómeno, pudiendo citar,
entre otros, la galería interior de la cúpula de la catedral
—Se puede lograr, Axel. de San Pablo en Londres, y, sobre todo, en medio de
………………………………………………………. esas maravillosas cavernas de Sicilia, de esas latomías
situadas cerca de Siracusa, la más notable de las cuales
—Pero, ¿debo ir hacia arriba o hacia abajo? es conocida con el nombre de Oreja de Dionisio.
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124 Unidad 2 • Novela
Todos estos recuerdos me vinieron a la mente, y vi aún; te he envuelto la cabeza en compresas y no deben
con claridad que, si la voz de mi tío llegaba hasta mí, moverse. Mañana lo sabrás todo.
no existía ningún obstáculo entre nosotros. Siguiendo
—Pero dígame usted, por lo menos, qué día y qué
idéntico camino que el sonido, debía lógicamente lle-
hora tenemos.
gar lo mismo que él, si antes no me faltaban fuerzas.
—Son las 11 de la noche del domingo 9 de agosto, y
Me levanté, pues, y comencé más bien a arrastrarme
no te permito que me preguntes de nuevo antes del
que a andar. La pendiente era bastante rápida y me dejé
día 10 de este mes.
resbalar por ella.
La verdad es que estaba todavía muy débil, y mis ojos
Pero de pronto la velocidad de mi descenso creció en
se cerraban involuntariamente. Necesitaba una noche
proporción espantosa, simulando más bien una caída,
de reposo, y, convencido de ello, me adormecí pensan-
y no tenía fuerzas para detenerme.
do en que mi aislamiento había durado nada menos
De repente, el terreno faltó bajo mis pies, y me sentí que cuatro días.
caer, rebotando en las asperezas de una galería vertical,
—A la mañana siguiente, cuando desperté, miré a mi
de un verdadero pozo. Mi cabeza chocó contra una roca
alrededor. Mi cama, formada con todas las mantas de
aguda, y perdí el conocimiento.
que se disponía, se hallaba instalada en una gruta pre-
ciosa, adornada con magníficas estalagmitas, y cuyo
CAPÍTULO 29 suelo se hallaba recubierto de finísima arena. Reinaba
Cuando volví en mí, me encontré en la penumbra, en ella la penumbra. A pesar de no haber una lámpara
acostado sobre varias mantas. Mi tío velaba, espiando ni antorcha encendida, penetraban, sin embargo, en la
sobre mi rostro un resto de existencia. A mi primer gruta, por una estrecha abertura, ciertos inexplicables
suspiro, me estrechó la mano; a mi primera mirada, brillos que procedían del exterior. Escuchaba, además,
lanzó un grito de alegría. un murmullo indefinido y vago, semejante al que pro-
ducen las olas al reventar en la playa, y a veces percibía
—¡Vive! ¡Vive! —exclamó.
también algo así como el silbido del viento.
—Sí —respondí con voz débil.
Me preguntaba a mí mismo si estaría bien despier-
—¡Hijo mío! —dijo abrazándome—, ¡te has salvado! to, si no soñaría aún, si mi cerebro percibiría sonidos

Me conmovió vivamente el tono con que pronunció


esas palabras, y más aún los cuidados que las acompa- Vocabulario
ñaron. Fueron necesarias tales dificultades para pro-
vocar tal expresión de sentimientos. KK latomías: se trataba de canteras
(sitios de donde se extrae piedra)
En ese momento llegó Hans y, al ver mi mano en la de que fueron usadas en la Anti-
mi tío, me atrevo a afirmar que sus ojos expresaron un güedad como prisiones. La más
famosa es la de Siracusa, en la isla
vivo contento. de Sicilia (Italia).
—God dag —dijo. KK estalagmitas: formaciones roco-
sas en el suelo de las cavernas, de
—Buenos días, Hans, buenos días —murmuré—. Y forma cónica y con la punta hacia
ahora, tío, dígame dónde estamos en este momento. arriba. Se forman por el goteo
de agua con carbonato cálcico
—Mañana, Axel, mañana. Hoy estás demasiado débil desde una estalactita.
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Español 7. Antología literaria 125
puramente imaginarios, efecto de los golpes recibidos —En verdad que es asombroso que no te hayas matado
en la caída. Sin embargo, ni mis ojos ni mis oídos po- mil veces —me dijo el profesor—. Pero, por amor de
dían engañarse hasta tal extremo. Dios, no nos separemos más, pues nos expondríamos
a no volvernos a ver nunca.
“Es un rayo de luz —pensé—, que penetra por esa aber-
tura de la roca. De hecho, oigo el murmullo de las olas y ¡No nos separemos más! Pero ¿no había acabado el
el silbido del viento. ¿Se engañan mis sentidos, o es que viaje? Y al hacerme esta pregunta, abrí desmesurada-
hemos regresado a la superficie de la Tierra? ¿Renunció mente los ojos, en los cuales se retrató el espanto; y,
mi tío a su expedición o la ha terminado felizmente?”. observado por mi tío, me preguntó:

Estaba pensando en estas preguntas sin respuesta, —¿Qué te pasa, Axel?


cuando entró mi tío.
—Tengo que hacerle una pregunta. ¿Dice usted que
—¡Buenos días, Axel! —me dijo alegremente—. Apos- estoy sano y salvo?
taría cualquier cosa a que te sientes bien.
—Sin duda.
—Perfectamente—contesté, levantándome sobre mi
—¿Tengo todos mis miembros intactos?
dura cama.
—Ciertamente.
—Así tenía que ocurrir, porque has dormido mucho,
un sueño muy tranquilo. Hans y yo hemos velado al- —¿Y la cabeza?
ternativamente, y hemos visto progresar tu curación
—Tu cabeza, aunque con algunas contusiones, la tienes
de una manera muy clara.
sobre los hombros en el más perfecto estado.
—Así es, en efecto; me siento ya repuesto del todo,
—Pues bien, tengo miedo de que mi cerebro no fun-
y la prueba de ello es que sabré hacer los honores al
cione como es debido.
almuerzo que tenga usted a bien servirme.
—¿Por qué?
—¡Comerás, muchacho!, puesto que ya no tienes fie-
bre. Hans ha frotado tus heridas con no sé qué maravi- —¿No hemos vuelto a la superficie del globo?
lloso ungüento cuyo secreto poseen los islandeses, y se
han cicatrizado con una rapidez prodigiosa. ¡Nuestro —No, ciertamente.
guía no tiene precio! Entonces, necesariamente debo estar loco, porque veo
Mientras hablaba, me iba presentando alimentos que la luz del día y oigo el ruido del viento que sopla y del
yo devoraba, y, entretanto, no cesaba de hacerle pre- mar que revienta en la playa.
guntas, a las que respondía con suma amabilidad. —Si solo se trata de eso...
Supe entonces que mi providencial caída me había —¿Me lo explicará usted?
conducido a la extremidad de una galería casi perpen-
dicular, y, como había llegado en medio de un torrente —¿Cómo he de explicarte lo que es inexplicable? Pero
de piedras, la menor de las cuales hubiera bastado para ya lo verás con tus propios ojos y comprenderás enton-
aplastarme, había que deducir que una parte del maci- ces que la ciencia geológica no ha pronunciado aún su
zo se había deslizado conmigo. Este espantoso vehícu- última palabra.
lo me transportó de esta suerte hasta los mismos brazos —Salgamos, pues —exclamé, levantándome
de mi tío, en los cuales caí ensangrentado y exánime. bruscamente.
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126 Unidad 2 • Novela
—¡No, Axel, no! El aire libre podría perjudicarte. escabrosa, les ofrecía, a las últimas ondulaciones de las
olas que reventaban en ella, una arena fina, dorada, sem-
—¿El aire libre?
brada de aquellos pequeños caparazones donde vivieron
—Sí. Hace demasiado viento, y no quiero que te ex- los primeros seres de la creación. El oleaje rompía contra
pongas de este modo. ella con ese murmullo sonoro peculiar de los grandes
espacios cerrados, produciendo una espuma liviana que,
—¡Pero si le aseguro a usted que me encuentro
arrastrada por un viento moderado, me salpicaba la cara.
perfectamente!
Sobre aquella playa ligeramente inclinada, a cien toesas,
—Un poco de paciencia, hijo mío. Una recaída podría aproximadamente, de la orilla del agua, venían a morir
retrasarnos mucho, y no es cosa de perder tiempo, por- los contrafuertes de enormes rocas que, ensanchándo-
que la travesía puede ser larga. se, se elevaban a una altura tremenda. Algunos de estos
peñascos, cortando la playa con sus agudas aristas, for-
—¿La travesía?
maban cabos y promontorios que eran mordidos por la
—Sí, sí. Descansa aún todo el día de hoy, y nos embar- espuma de la sal. Más lejos, se perfilaba con gran claridad
caremos mañana. su enorme masa sobre el fondo brumoso del horizonte.

—¡Embarcarnos! Era un verdadero océano, con el mismo contorno ca-


prichoso de las costas terrestres, pero desierto y de un
Esta última palabra me hizo dar un gran salto.
aspecto espantosamente salvaje.
¿Cómo? ¿Embarcamos? ¿Teníamos acaso algún río,
Mis miradas podían pasearse a lo lejos sobre aquel mar
lago o mar a nuestra disposición? ¿Había arribado un
gracias a una claridad especial que iluminaba los más
barco a algún puerto interior?
mínimos detalles. No era la luz del sol con sus haces
Mi curiosidad se excitó de manera asombrosa. En brillantes y la espléndida irradiación de sus rayos ni
vano trató mi tío de retenerme en la cama. Cuando
se convenció de que mi impaciencia me haría más
daño que la satisfacción de mis deseos, cedió. Vocabulario

Me vestí rápidamente. Para mayor precaución, me en- KK providencial: se dice de un


volví en una manta y salí de la cueva. acontecimiento que salva a al-
guien de un peligro inmediato.
CAPÍTULO 30 KK exánime: sin conciencia o sin
apariencia de vida.
Al principio no vi nada. Mis ojos, desacostumbrados a
la luz, se cerraron bruscamente. Cuando pude abrirlos KK travesía: viaje por mar o por aire.
de nuevo, me quedé más estupefacto que maravillado. KK escabrosa: desigual, áspera,
peligrosa.
—¡El mar! —exclamé. KK contrafuerte: refuerzo hecho al
—Sí —respondió mi tío—. ¡Es el mar Lidenbrock, lado de un muro para aumentar
su estabilidad. Las rocas son com-
y quiero creer que ningún navegante me disputará
paradas a contrafuertes.
el honor de haberlo descubierto y el derecho a darle
KK haz, haces: atado de leña o hier-
mi nombre!
ba, y por extensión, agrupamien-
Una gran capa de agua, el principio de un lago o un to de elementos alargados de un
mismo tipo.
océano, se extendía más allá de la vista. La orilla, muy
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Español 7. Antología literaria 127
la claridad vaga y pálida del astro de la noche, que es respecta a su altura, debía ser de varias leguas.
solo una reflexión sin calor. No. El poder iluminador
¿Dónde se apoyaba esta bóveda sobre sus contrafuer-
de esa luz, su difusión temblorosa, su blancura clara y
tes de granito? La vista ya no alcanzaba a verlo; pero
seca, la escasa elevación de su temperatura, su brillo
había algunas nubes suspendidas en la atmósfera cuya
superior al de la Luna, evidenciaban un origen pura-
elevación podía ser estimada en dos mil toesas, una
mente eléctrico. Era una especie de aurora boreal, un
altitud superior a la de los vapores terrestres y debida,
fenómeno cósmico continuo que alumbraba aquella
sin duda, a la considerable densidad del aire.
caverna capaz de albergar en su interior un océano.
La palabra “caverna” evidentemente no expresa bien
La bóveda suspendida encima de mi cabeza, el cielo, si
mi pensamiento para describir este inmenso espacio;
se quiere, parecía formado por grandes nubes, vapores
pero las palabras del lenguaje humano no son suficien-
movedizos que cambiaban continuamente de forma y
tes para los que se aventuran en los abismos del globo.
que, por efecto de las condensaciones, deberían con-
vertirse, en determinados días, en unas lluvias torren- No tenía, por otra parte, noticia de ningún hecho geo-
ciales. Creía yo que, bajo una presión atmosférica muy lógico que pudiera explicar la existencia de semejante
grande, era imposible la evaporación del agua; pero, excavación. ¿Habría podido producirla el enfriamiento
en virtud de alguna ley física que ignoraba, gruesas de la masa terrestre? Conocía perfectamente, por los
nubes cruzaban el aire. A pesar de esto, el tiempo era relatos de los viajeros, ciertas cavernas célebres: pero
bueno. Las corrientes eléctricas producían sorpren- ninguna de ellas tenía semejantes dimensiones.
dentes juegos de luz sobre las nubes más elevadas, se
Si bien es cierto que la gruta de Guachara en Colombia,
dibujaban vivas sombras en sus bóvedas inferiores y,
visitada por el señor de Humboldt, no había revelado el
con frecuencia, entre dos masas separadas, se deslizaba
secreto de su profundidad al sabio que la reconoció en
hasta nosotros un rayo de luz de notable intensidad.
una longitud de dos mil quinientos pies, no es verosímil
Pero nada de ello provenía del Sol, puesto que su luz
que se extendiese mucho más allá. La inmensa caverna
era fría. El efecto era triste y soberanamente melancóli-
del Mamut en Kentucky ofrecía también proporciones
co. En vez de un cielo tachonado de estrellas, adivinaba
gigantescas, puesto que su bóveda se elevaba a quinien-
por encima de esos nubarrones una bóveda de granito
tos pies sobre un lago insondable, y que algunos viajeros
que me oprimía con su peso, y todo aquel espacio, por
la recorrieron en una extensión de más de diez leguas
muy grande que fuera, no habría bastado para que se
sin encontrarle el fin. Pero, ¿qué eran estas cavidades
paseara la más pequeña de las lunas.
comparadas con la que admiraban mis ojos, con su cielo
Luego recordé aquella teoría de un capitán inglés que de vapores, sus irradiaciones eléctricas y un extenso mar
comparaba a la Tierra con una gran esfera hueca, en encerrado entre sus flancos? Mi imaginación ya se sentía
el interior de la cual el aire se mantenía luminoso por impotente ante aquella inmensidad.
efecto de su presión, mientras dos astros, Plutón y
Contemplaba en silencio todas estas maravillas. Me falta-
Proserpina, trazaban en ella sus misteriosas órbitas.
ban palabras para manifestar mis sensaciones. Creía ha-
¿Tenía razón?
llarme transportado a algún planeta remoto, a Neptuno o
Estábamos realmente aprisionados en una enorme ex- Urano, por ejemplo, y que en él presenciaba fenómenos
cavación, cuya anchura no podía saberse exactamente, de los que mi naturaleza “terrestre” no tenía noción algu-
pues la playa se dilataba hasta perderse de vista, ni su na. Mis nuevas sensaciones requerían palabras nuevas, y
longitud tampoco, pues la vista no tardaba en detener- mi imaginación no me las suministraba. Lo contemplaba
se ante la línea algo indecisa del horizonte. Por lo que todo con muda admiración no exenta de cierto terror.

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128 Unidad 2 • Novela
Lo imprevisto de aquel espectáculo había devuelto a mi Pero en aquel momento me llamó la atención un he-
rostro su color saludable; me encontraba en vías de com- cho inesperado. A unos quinientos pasos, a la vuelta
batir mi enfermedad por medio del terror y de lograr mi de una colina, se presentó a nuestros ojos una selva
curación por medio de esta nueva terapéutica. Por otra elevada, frondosa y espesa, compuesta por árboles de
parte, la viveza de aquel aire tan denso me reanimaba, una altura mediana, tallados como sombrillas regula-
suministrando más oxígeno a mis pulmones. res, de contornos netos y geométricos. Las corrientes
atmosféricas no parecían dañarlos y, en medio de las
Se comprenderá fácilmente que, después de un encar-
ráfagas del viento, permanecían inmóviles, como un
celamiento de cuarenta y siete días en una estrecha
bosque de cedros petrificados.
galería, era un goce infinito el aspirar aquella brisa
cargada de húmedas entonaciones salinas. Aceleré el paso. No acertaba a dar nombre a aquellas
extrañas especies. ¿Por ventura no formaban parte de
No tuve, pues, motivo para arrepentirme de haber
las doscientas mil especies vegetales conocidas hasta
abandonado la oscuridad de mi gruta. Mi tío, acos-
entonces, y sería preciso asignarles un lugar especial
tumbrado ya a aquellas maravillas, no daba muestras
entre la flora de la vegetación de los lagos? No. Cuando
de asombro.
nos cubrimos con su sombra, mi sorpresa se transfor-
—¿Sientes fuerzas para pasear un poco? —me preguntó. mó en admiración.

—Sí, desde luego —le respondí—, y nada me será En efecto, me hallaba en presencia de productos de la
tan agradable. tierra, pero tallados con un patrón gigantesco. Mi tío
les dio enseguida su verdadero nombre.
—Pues bien, cógete de mi brazo, y sigamos las curvas
de la orilla. —Esto no es otra cosa —me dijo— que un bosque de
hongos.
Acepté inmediatamente, y empezamos a bordear aquel
nuevo océano. A la izquierda, los peñascos abruptos, Y no se engañaba, en efecto. Imagínese cuál sería el
subidos unos sobre otros, formaban un montón exage- monstruoso desarrollo adquirido por estas plantas tan
rado, de prodigioso efecto. Por sus lados se deslizaban ávidas de calor y humedad. Yo sabía que el Lycoperdon
muchas cascadas; algunos ligeros vapores que saltaban giganteum alcanzaba, según Bulliard, de ocho a nueve
de unas rocas en otras marcaban el lugar de los ma- pies de circunferencia; pero estos eran hongos blancos,
nantiales calientes, y los arroyos corrían silenciosos de treinta a cuarenta pies de altura, con una copa de ese
hacia el depósito común buscando en las pendientes
la ocasión de murmurar más agradablemente.

Entre estos arroyos reconocí a nuestro fiel compañero


de viaje, el Hans-Bach, que iba a perderse tranquila-
mente en el mar, como si desde el principio del mundo Vocabulario
no hubiese hecho otra cosa.
KK aurora boreal: fenómeno que
—En adelante, nos veremos privados de su amable ilumina el cielo nocturno cerca
del polo norte, producido por la
compañía —dije lanzando un suspiro.
radiación cósmica procedente
—¡Bah! —respondió el profesor—. ¡Qué más da un del Sol que choca con el campo
magnético de la Tierra. Su equi-
arroyo que otro!
valente en el polo sur se llama
La respuesta me pareció un poco ingrata. aurora austral.

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Español 7. Antología literaria 129
mismo diámetro. Había millares de ellos, y, como la luz
Vocabulario
no podía atravesar ese espeso follaje, reinaba debajo de
sus cúpulas, unidos como los techos redondos de una KK follaje: conjunto de las hojas de
ciudad africana, la oscuridad más completa. los árboles y otras plantas.

Quise, no obstante, avanzar más hacia dentro. Un frío KK licopodios: género de helechos
que crecen en lugares húmedos y
mortal descendía de aquellas cavernosas bóvedas. Erra-
con poca luz.
mos por espacio de media hora entre aquellas húmedas
KK sigilarias: tipo de plantas extintas
tinieblas, y experimenté una sensación de verdadero
hace unos 300 millones de años,
placer cuando regresé de nuevo a las orillas del mar. con forma similar a los árboles,
pero sin madera.
Pero la vegetación de aquella comarca subterránea no
era solo de hongos. Más lejos se elevaba por grupos KK lepidodendrones: tipo de plantas
extintas hace unos 286 millones de
un gran número de otros árboles de hoja descolorida. años, con forma similar a palmeras.
Era muy fácil reconocerlos, pues se trataba de los hu-
KK antediluviano: muy antiguo
mildes arbustos de la tierra dotados de fenomenales (literalmente, ‘anterior al
dimensiones, licopodios de cien pies de alto, sigila- diluvio universal’).
rias gigantescas, helechos arborescentes, del tamaño
de los abetos de altas latitudes, lepidodendrones de
tallo cilíndrico bifurcado, que terminaban en largas
—Dices bien, muchacho, esto es un invernadero; pero es
hojas y erizados de pelos rudos como las monstruosas
posible también que sea, a la vez, un parque zoológico.
plantas carnosas.
—¡Un parque zoológico!
—¡Maravilloso, magnífico, espléndido! —exclamó mi
tío— He aquí resumida toda la flora de la segunda —Sin duda de ningún género. Mira ese polvo que pisan
época del mundo, del periodo de la transición. He aquí nuestros pies, esos esqueletos esparcidos por el suelo.
estas humildes plantas de nuestros jardines que se ha-
cían árboles en los primeros siglos del globo. ¡Mira, —¡Esqueletos! —exclamé—. ¡Sí, esqueletos de anima-
Axel, y asómbrate! ¡Jamás botánico alguno ha asistido les antediluvianos!
a una fiesta semejante! Me apresuré a recoger aquellos despojos seculares, he-
—Tiene razón, tío. La Providencia parece haber queri- chos de una sustancia mineral indestructible16. Sin va-
do conservar en este invernadero inmenso estas plan- cilar iba dando nombres a aquellos huesos gigantescos
tas antediluvianas que la sagacidad de los sabios ha que parecían troncos de árboles secos.
reconstruido con tan notable acierto. —He aquí —dije— la mandíbula inferior de un masto-
donte; y por aquí los molares de un dinoterio; he aquí
un fémur que no puede haber pertenecido sino al más
grande de estos animales: al megaterio17. Sí, nos halla-
mos en un parque zoológico, porque estos esqueletos
16 Fosfato de cal. (Nota del autor).
no pueden haber sido transportados hasta aquí por un
17 El autor describe varias especies extintas; algunos, anteceso- cataclismo: los animales a los cuales pertenecen han
res del elefante, como el mastodonte y el dinoterio, y un tipo de
vivido en las orillas de este mar subterráneo a la sombra
perezoso gigante, el megaterio, propio del continente america-
no. Los tres aparecieron mucho después de la extinción de los de estas plantas arborescentes. Pero espere usted: allí
dinosaurios, y en parte coincidieron con los seres humanos. veo esqueletos enteros. Y sin embargo...
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130 Unidad 2 • Novela
—¿Sin embargo qué? —dijo mi tío. todas las velas desplegadas y que lo iba a ver partir,
empujado por la brisa del sur.
—No me explico la presencia de semejantes cuadrú-
pedos en esta caverna de granito. Pero esta ilusión desapareció rápidamente. Nosotros
éramos los únicos seres vivientes de aquel mundo sub-
—¿Por qué?
terráneo. En ciertos momentos de calma del viento, un
—Porque la vida animal no existió sobre la Tierra hasta silencio más profundo que el que reina en los desiertos
los periodos secundarios, cuando los aluviones forma- descendía sobre las áridas rocas y pasaba sobre el océano.
ron los terrenos sedimentarios, siendo reemplazadas Entonces trataba de atravesar con la vista la neblina leja-
por ellas las rocas incandescentes de la época primitiva. na, desgarrar aquel telón corrido sobre el fondo del miste-
rioso horizonte. ¡Cuántas preguntas se apretaban en mis
—Pues bien, Axel, la respuesta a tu objeción no puede
labios! ¿Dónde terminaba aquel mar? ¿Dónde conducía?
ser más sencilla, y es que este terreno es un terreno
¿Podríamos alguna vez reconocer las orillas opuestas?
sedimentario.
Mi tío, por su cuenta, no dudaba de ello. En cuanto a
—¡Cómo! ¿A semejante profundidad bajo la superficie
mí, lo temía y lo deseaba a la vez.
de la Tierra?
Luego de contemplar cerca de una hora aquel mara-
—Sin duda, y este hecho se explica geológicamente. En
villoso espectáculo, emprendimos otra vez el camino
determinada época, la Tierra solo estaba formada por
de la playa para regresar a la gruta, y bajo la impresión
una corteza elástica, sometida a movimientos alterna-
de las más extrañas ideas, me dormí profundamente.
tivos hacia arriba y hacia abajo, en virtud de las leyes
de la atracción. Es probable que se produjeran ciertos
CAPÍTULO 31
hundimientos del suelo, y que una parte de los terrenos
sedimentarios terminó arrastrado hasta el fondo de los Al día siguiente, desperté completamente curado. Pen-
abismos abiertos repentinamente. sé que un baño me sería muy beneficioso, y me fui a
sumergir, durante algunos minutos, en las aguas de
—Eso debe ser. Pero si en las regiones subterráneas han aquel mar que es, sin lugar a dudas, el que tiene más
vivido animales antediluvianos, ¿quién nos dice que al- derecho que todos al nombre de Mediterráneo18.
gunos de estos monstruos no anden vagando por estos
bosques sombríos o detrás de esas rocas escarpadas? Volví a la gruta con excelente apetito. Hans estaba co-
cinando nuestro sencillo almuerzo. Como disponía de
Ante esta idea, examiné, no sin temor, los diversos agua y fuego, pudo dar alguna variación a nuestras
puntos del horizonte, pero ningún ser viviente apareció ordinarias comidas. A la hora de los postres, nos sirvió
en aquellas playas desiertas. algunas tazas de café, y jamás esta deliciosa bebida me
Estaba un poco cansado, y fui a sentarme al extremo pareció tan exquisita.
de un promontorio al pie del cual venían las olas a es- —Ahora —dijo mi tío—, llegó la hora de la marea,
trellarse con escándalo. Desde allí mi mirada abarcaba y no debemos desperdiciar la ocasión de estudiar
toda aquella bahía conformada por un brazo de mar. En este fenómeno.
el fondo había un pequeño puerto natural compuesto
de rocas piramidales, cuyas mansas aguas dormían al
abrigo del viento, y en el que hubieran hallado protec-
ción un bergantín y dos o tres goletas. Hasta me parecía 18El nombre “Mediterráneo” significa, literalmente, ‘en medio
que iba a presenciar la salida de él de algún barco con
de la tierra’, por estar entre Europa y África.

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Español 7. Antología literaria 131
—¿Cómo, la marea? —exclamé. peces de especies desconocidas?

—Sin duda. —En cualquier caso, hasta el momento no hemos visto


ni uno solo.
—¿Hasta aquí llega la influencia del Sol y de la Luna?
—Pues podemos fabricar unas cañas de pescar y ver si
—¿Por qué no? ¿Acaso no se hallan los cuerpos so-
los anzuelos obtienen aquí abajo tan buen éxito como
metidos en conjunto a los efectos de la gravitación
en los océanos sublunares.
universal? Pues, siendo así, no puede sustraerse esta
masa de agua a la ley general. Por consiguiente, a pesar —Lo intentaremos, Axel, porque es preciso penetrar
de la presión atmosférica que se ejerce en su superficie, todos los secretos de estas regiones nuevas.
vas a verla subir como el Atlántico mismo.
—Pero, ¿dónde estamos tío? Porque no le he hecho
En aquel momento pisábamos la arena de la playa, y hasta ahora esa pregunta que sus instrumentos seguro
las olas avanzaban cada vez más sobre ella. ya respondieron.

—Ya comienza a subir la marea —exclamé. —Horizontalmente, a 350 leguas de Islandia.

—Sí, Axel, y a juzgar por estas marcas de espuma, —¿Tan lejos?


puedes ver que han de elevarse las aguas aproximada-
—Tengo la seguridad de no haberme equivocado en
mente diez pies.
quinientas toesas.
—¡Es maravilloso!
—¿Y la brújula sigue indicando el sudeste?
—No, es lo más natural.
—Sí, con una inclinación occidental de diecinueve
—Usted dirá lo que quiera, pero a mí todo esto me grados con cuarenta y dos minutos, exactamente igual
parece extraordinario, y apenas si me atrevo a creer que en la superficie terrestre. Respecto a su inclina-
lo que ven mis ojos. ¿Quién hubiera imaginado jamás ción ocurre un hecho curioso que he observado con
que dentro de la corteza terrestre existiera un verda- el mayor cuidado.
dero océano, con sus flujos y reflujos, sus brisas y
—¿Cuál?
sus tempestades?
—Que la aguja, en vez de inclinarse hacia el polo,
—¿Por qué no? ¿Hay alguna razón física que se oponga
como ocurre en el hemisferio norte, se levanta, por
a ello?
el contrario.
—Ninguna, desde el momento en que es preciso aban-
—Eso parece indicar que el centro de atracción mag-
donar la teoría del calor central.
nética se halla localizado entre la superficie del globo
—¿De suerte que, hasta aquí, la teoría de Davy se y el lugar donde nos ubicamos.
encuentra justificada?
—Exacto; y posiblemente, si llegáramos bajo las
—Evidentemente, y siendo así, no hay nada que se regiones polares hacia el grado setenta, en donde
oponga a la existencia de mares o comarcas en el in- James Ross descubrió el polo magnético, veríamos
terior del globo. la aguja en posición vertical. Así, pues, este miste-
rioso centro de atracción no se halla situado a una
—Sin duda, pero inhabitados.
gran profundidad.
—Pero, ¿por qué estas aguas no han de poder albergar
—Cierto, y este es un hecho que la ciencia no ha
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132 Unidad 2 • Novela
sospechado siquiera. —¿Qué longitud le calcula usted a este océano?

—La ciencia, muchacho, está llena de errores; pero de —Treinta o cuarenta leguas.
errores que conviene conocer, porque conducen poco
—¡Ah! —exclamé, sospechando que este cálculo podía
a poco a la verdad.
ser bastante inexacto.
—Y, ¿a qué profundidad estamos?
—De manera que no tenemos tiempo que perder, y
—A una profundidad de treinta y cinco leguas. mañana nos haremos a la mar.

—Así pues —observé—, estudiando atentamente el Involuntariamente, busqué con los ojos el barco que
mapa, tenemos sobre nuestras cabezas la parte mon- habría de transportarnos.
tañosa de Escocia, donde están los montes Grampia-
—¡Ah! —dije—. ¿Nos vamos a embarcar? ¡Bien! ¿Y
nos, cuyas cimas cubiertas de nieve se elevan a una
qué barco abordaremos?
altura prodigiosa.
—No será en ningún barco, muchacho, sino en una
—Sí —respondió el profesor con una sonrisa—, la
buena y sólida balsa.
carga es algo pesada; pero la bóveda es sólida. El sa-
bio arquitecto, autor del universo, la construyó con —Una balsa —exclamé—; una balsa es casi tan difícil de
buenos materiales, y jamás hubieran podido los hom- construir como un barco, y por más que miro, no veo...
bres darle dimensiones tan grandes. ¿Qué son los
—Cierto que no ves, Axel; pero si escucharas, oirías.
arcos de los puentes y las bóvedas de las catedrales
al lado de esta nave de tres leguas de radio, bajo la —¿Oír?
cual puede desarrollarse libremente un océano con
todas sus tempestades? —Sí, ciertos martillazos que te demostrarían que Hans
no está con los brazos cruzados.
—¡Oh! No temo que el cielo me caiga sobre la cabeza!
Y entonces, tío, ¿cuáles son sus proyectos? ¿No piensa —¿Está construyendo una balsa?
regresar a la superficie? —Sí.
—¿Regresar? ¡Para nada! Al contrario, proseguir nues- —¿Derribó algunos árboles con el hacha?
tro viaje, ya que todo, hasta ahora, nos ha salido bien.
—¡Oh! Los árboles ya estaban derribados. Ven y lo
—Sin embargo, no veo el medio de penetrar por debajo verás trabajar.
de esta llanura líquida.
Después de un cuarto de hora de marcha, descubrí
—No te imagines que pienso arrojarme a ella de cabe- a Hans trabajando, al otro lado del promontorio que
za. Pero si los océanos no son, propiamente hablando, formaba el puerto natural; y unos momentos después,
más que lagos, puesto que se hallan rodeados de tierra, estaba a su lado. Con gran sorpresa mía, contem-
con mayor razón lo es este mar interior que se halla plé sobre la arena una balsa, ya medio terminada,
circunscrito por el macizo de granito. construida con vigas de una madera especial: un gran
—De eso no cabe duda. número de tablas rectas y curvas y de juntas de todo
tipo cubrían materialmente el suelo. Había allí para
—Pues bien, en la orilla opuesta tengo la seguridad de construir una flota entera.
encontrar nuevas salidas.
—Tío —dije—, ¿qué madera es esta?

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Español 7. Antología literaria 133
—Son pinos, abetos, abedules y demás especies coní- cantidad de agua dulce recogida en las rocas estaban
feras de los países del hemisferio norte, mineralizadas en su lugar.
por la acción del agua del mar.
Hans había instalado una caña de timón que le permitía
—¿Es posible? dirigir su aparato flotante. Se puso al timón. Yo solté
las amarras que nos sujetaban a la orilla. Orientamos
—Esto es lo que se llama “surtarbrandur”, o madera
la vela y nos alejamos con rapidez.
fosilizada.
En el momento de salir del pequeño puerto, mi tío,
—Pero entonces deberán tener, como lignitos, la du-
que le daba una gran importancia a la nomenclatura
reza de la piedra, y no podrán flotar.
geográfica, quiso darle mi nombre.
—A veces ocurre eso. Hay maderas que se convierten
—A decir verdad —dije yo—, tengo otro mejor que
en verdaderas antracitas; pero otras, como las que ves,
proponerle a usted.
no han experimentado aún más que un principio de
fosilización. Ya verás. —¿Cuál?

Y acompañando la acción a la palabra, arrojó al mar —El nombre de Graüben. Puerto Graüben quedará
uno de aquellos trozos de madera, el cual, después muy bien en el mapa.
de sumergirse, volvió a subir a la superficie del agua,
—Que sea puerto Graüben.
donde flotó mecido por las olas.
Y así se unió el recuerdo de mi querida virlandesa a
—¿Te has convencido? —me preguntó mi tío.
nuestra feliz expedición.
—Convencido de que todo lo que veo es increíble.
La brisa soplaba del nordeste, lo cual nos permitió
Al anochecer del siguiente día, gracias a la habilidad de navegar viento en popa a una gran velocidad. Las
Hans, estaba acabada la balsa, que medía diez pies de capas tan densas de la atmósfera tenían una conside-
longitud por cinco de ancho. Los maderos de surtar- rable fuerza impulsiva, y obraban sobre la vela como
brandur, atados unos a otros con resistentes cuerdas, un potente ventilador.
ofrecían una superficie bien sólida, y una vez lanzada al
Al cabo de una hora, pudo mi tío darse cuenta de la
agua, la improvisada balsa flotó tranquilamente sobre
velocidad que llevábamos.
las aguas del mar Lidenbrock.
—Si seguimos navegando de esta manera —dijo—,
CAPÍTULO 32 avanzaremos lo menos treinta leguas cada veinticuatro
horas, y no tardaremos en ver la orilla opuesta.
El 13 de agosto despertamos muy temprano. Se trataba
de inaugurar un nuevo género de transporte rápido y Sin responder, fui a sentarme en la parte delantera. La
poco cansado. costa norte se perdía en el horizonte; los dos brazos
del golfo se abrían ampliamente como para facilitar
Un mástil hecho con dos troncos unidos, el palo de la
nuestra salida. Ante mis ojos se extendía un mar in-
vela hecho con el tercero, y la vela sacada de nuestras
menso; grandes nubes paseaban con rapidez sus som-
mantas, componían el aparejo de la balsa. No faltaban
bras gigantes sobre la superficie del agua. Los rayos
cuerdas, y el conjunto ofrecía bastante solidez.
argentados de la luz eléctrica, reflejados acá y allá por
A las seis, dio mi tío la señal de embarcar. Los víveres, algunas grietas, hacían brotar puntos luminosos sobre
los equipajes, los instrumentos, las armas, y una gran

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134 Unidad 2 • Novela
los costados de la embarcación. No tardamos en per- santes, como la dirección del viento, la velocidad de
der de vista la tierra, y desapareció así todo punto de la marcha, el camino recorrido; en una palabra, todos
referencia; y, a no ser por la estela espumosa que tras sí los incidentes de aquella extraña navegación.
dejaba la balsa, hubiera podido creer que permanecía
Me limitaré, pues, a reproducir aquí estas notas cotidia-
en una inmovilidad perfecta.
nas, dictadas, por decirlo así, por los mismos aconte-
A eso del mediodía, vimos flotar algas inmensas sobre cimientos, a fin de que resulte más exacta la narración
la superficie del agua. Me era conocido el poder ve- de nuestra travesía.
getativo de estas plantas, que se arrastran, a una pro-
Viernes 14 de agosto. Brisa igual del noroeste. La balsa
fundidad de más de doce mil pies, sobre el fondo de
se desliza en línea recta y a gran velocidad. Queda la
los mares, se reproducen bajo una presión de cerca de
costa a treinta leguas a sotavento. Nada en el horizon-
cuatrocientas atmósferas y forman a menudo bancos
te. La intensidad de la luz no varía. Buen tiempo, es
bastante considerables para detener la marcha de los
decir, que las nubes son altas, poco espesas y bañadas
barcos; pero creo que jamás hubo algas tan gigantescas
en una atmósfera blanca que parece plata fundida. Ter-
como las del mar Lidenbrock.
mómetro: +32 ºC.
La balsa pasó entre fucos de tres y cuatro mil pies de
A mediodía, Hans prepara un anzuelo en la extremi-
longitud, parecidos a inmensas serpientes que se
dad de una cuerda, usa carne como carnada y lo echa
prolongaban hasta perderse de vista. Me entretenía
al mar. Pasan dos horas sin que pique ningún pez.
en seguir con la mirada sus cintas infinitas, con la
¿Estarán deshabitadas estas aguas? No. Se siente una
esperanza de descubrir su extremidad; mas, después
sacudida, Hans cobra el aparejo y saca del agua un pez
de algunas horas, se cansaba mi impaciencia, aunque
que pugna con vigor por escapar.
no mi admiración.
—¡Un pez! —exclama mi tío.
¿Qué fuerza natural podía producir esas plantas?
¡Qué fantástico aspecto tenía la Tierra en los primeros
siglos de su formación, cuando, bajo la acción del ca-
lor y la humedad, el reino vegetal solo se desarrollaba
en su superficie!
Vocabulario
Llegó la noche y, como había notado la víspera, la luz
KK lignito: tipo de carbón fósil que
no disminuyó. Era un fenómeno constante con cuya
conserva la textura de la madera, de
duración indefinida se podía contar. la cual procede.
Después de la cena, me tendí al pie del mástil, y no KK antracita: tipo de carbón mineral
tardé en dormirme, arrullado por mágicos sueños. con el mayor porcentaje de carbono,
mucho más que la hulla y la turba.
Hans, inmóvil, con la caña del timón en mano, dejaba KK aparejo: conjunto de los palos, las
deslizarse la balsa, que, impulsada por el viento en cuerdas y las velas de un barco.
popa, no necesitaba siquiera ser dirigida. KK viento en popa: cuando el barco
recibe el viento desde atrás (no de
Desde nuestra partida de puerto Graüben, me había costado ni de frente), con lo cual
confiado el profesor la tarea de llevar el diario de na- avanza rápidamente.
vegación, para anotar en él hasta las menores observa- KK sotavento: la parte opuesta a aque-
ciones, y dejar por escrito los fenómenos más intere- lla de donde viene el viento.

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Español 7. Antología literaria 135
—¡Es un esturión! —exclamo a mi vez—, ¡un caso aislado.
esturión pequeño!
El guía le pone una nueva carnada al anzuelo y lo echa
El profesor examina atentamente al animal y no es de al agua. En este océano debe abundar la pesca de un
mi misma opinión. Este pez tiene la cabeza aplanada modo extraordinario, porque, en dos horas, atrapamos
y redondeada, y la parte anterior del cuerpo cubierto una gran cantidad de Pterychthis, y otros peces perte-
de placas óseas; carece de dientes en la boca, y sus ale- necientes a otra familia extinta también, los diptéridos,
tas pectorales, bastante desarrolladas, se ajustan a su mas cuyo género no puede determinar mi tío. Todos
cuerpo desprovisto de cola. Pertenece indudablemente ellos carecen de órgano de la visión. Esta inesperada
al orden en que los naturalistas han clasificado al es- pesca renovó ventajosamente nuestras provisiones.
turión, pero se diferencia de él en aspectos esenciales.
Parece, pues, demostrado que este mar solamente con-
Mi tío no se equivoca, porque, después de un corto tiene especies fósiles, en las cuales los peces, lo mismo
examen, dice: que los reptiles, son tanto más perfectos cuanto más
antigua es su creación.
—Este pez pertenece a una familia extinta hace ya
siglos, de la cual se encuentran restos fósiles en los Tal vez encontremos algunos de esos saurios que la
terrenos devonianos. ciencia ha sabido rehacer con un fragmento de hueso
o de cartílago.
—¡Cómo! —digo yo—. ¿Habremos atrapado vivo un
habitante de los mares primitivos? Tomo el anteojo y luego examino el mar. Está desier-
to. Sin duda nos encontramos aún demasiado cerca
—Sí —responde el profesor, reanudando sus observa-
de las costas.
ciones—, y ves que estos peces fósiles no tienen nin-
gún parecido con las especies actuales; de suerte que, Miro el aire. ¿Por qué no batirían con sus alas estas
el poseer uno de estos seres vivos, es una verdadera pesadas capas atmosféricas, esos pájaros reconstruidos
dicha para un naturalista. por el inmortal Cuvier19? Los peces les proporciona-
rían un excelente alimento. Examino el espacio, pero
—Pero, ¿a qué familia pertenece?
los aires están tan deshabitados como las playas.
—Al orden de los ganoideos, familia de los cefalás-
Mi imaginación, sin embargo, me lleva a las maravi-
pidos, género...
llosas hipótesis de la paleontología. Sueño despierto.
—¿Lo dirá usted? Creo ver en la superficie de las aguas enormes quer-
sitos, esas tortugas antediluvianas que se asemejan a
—Género de los Pterychthis; ¡lo juraría! Pero estos
islotes flotantes. Me parece ver transitar por las som-
ofrecen una particularidad que dicen que es privativa
brías playas a grandes mamíferos de los primeros días
de los peces de las aguas subterráneas.
de la creación: el leptoterio, encontrado en las caver-
—¿Cuál? nas del Brasil; el mericoterio, venido de las regiones

—Que son ciegos.

—¡Ciegos!
19 Georges Cuvier (1769-1832), científico francés. Impulsó
—No solamente ciegos, sino que carecen en absoluto
enormemente la anatomía comparada y la paleontología. Fue el
del órgano de la visión.
iniciador de la clasificación del reino animal desde el punto de
Miro y veo que es verdad; pero esto puede ser un vista estructural o morfológico.

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136 Unidad 2 • Novela
heladas de Siberia. Más allá el paquidermo lofiodón,
aquel gigantesco tapir que se oculta detrás de las rocas Vocabulario
para disputar su presa al anoploterio, animal extraño
KK paquidermo: nombre usado
que participa del rinoceronte, del caballo, del hipo-
antiguamente para referirse a un
pótamo y del camello, como si el Creador, queriendo orden de animales de piel gruesa y
acabar pronto en los primeros días del mundo, hu- gran tamaño, como los elefantes y
biese reunido varios animales en uno solo. El gigan- los rinocerontes.
tesco mastodonte hace girar su trompa y tritura con KK zoófitos: dicho de un animal, que
sus colmillos las piedras de la orilla, mientras que el presenta rasgos en los que se creía
megaterio, sostenido en sus enormes patas, escarba reconocer caracteres propios de
los vegetales.
la tierra despertando con sus rugidos el eco de los
sonoros granitos. Más arriba, el protopiteco, primer KK arborescentes: con forma pareci-
da a un árbol.
simio que apareció sobre la superficie del globo, se
encarama a las más empinadas cumbres. Más alto to- KK irisadas: que brillan con colores
semejantes al arcoíris.
davía, el pterodáctilo, de manos aladas, se desliza cual
enorme murciélago sobre el aire comprimido. Por fin, KK marga: roca de mediana dureza,
compuesta principalmente de
en las últimas capas, inmensas aves, más potentes que
carbonato de calcio y arcilla.
el casoar, más voluminosas que el avestruz, despliegan
KK areniscas: rocas sedimentarias
sus amplias alas y van a dar con la cabeza contra la
formadas por arena de cuarzo.
pared de la bóveda de granito.
KK abigarradas: reunido en desor-
Todo este mundo fósil renace en mi imaginación. Me den, mezclado, heterogéneo.
remonto a las épocas bíblicas de la creación, mucho
antes del nacimiento del hombre, cuando la Tierra
incompleta no era aún suficiente para este. Mi sueño
se remonta después aún más allá de la aparición de ¡Los siglos pasan como días! Me remonto a la serie de
los seres animados. Desaparecen los mamíferos, des- las transformaciones terrestres; las plantas desapare-
pués los pájaros, más tarde los reptiles de la época cen; las rocas graníticas pierden su dureza, el estado
secundaria, y, por fin, los peces, los crustáceos, los líquido reemplaza al sólido bajo la acción de un calor
moluscos y los articulados. Los zoófitos del periodo más intenso; las aguas recorren la superficie del globo;
de transición se aniquilan a su vez. Toda la vida de la hierven y se disipan; los vapores envuelven la Tierra,
Tierra queda resumida en mí, y mi corazón es el único que lentamente se reduce a una masa gaseosa, a la
que palpita en este mundo despoblado. Deja de haber temperatura del rojo blanco, de un volumen igual al
estaciones, desaparecen los climas; el calor propio del del sol y con brillo igual al suyo.
globo aumenta sin detenerse y neutraliza el del sol. En el centro de esta nebulosa, un millón cuatrocien-
La vegetación se exagera. Paso como una sombra por tas mil veces más voluminosa que el globo que ha de
en medio de los helechos arborescentes, majando a formar un día, soy arrastrado por los espacios interpla-
mi paso incierto las irisadas margas y las areniscas netarios; el cuerpo se sutiliza, se sublima a la vez, y se
abigarradas del suelo; me apoyo en los troncos de mezcla como un átomo imponderable a estos inmensos
las inmensas coníferas; me acuesto a la sombra de vapores que trazan en el infinito su órbita en llamas.
los esfenófilos, de los asterófilos y los licopodios que
miden cien pies de altura. ¡Qué sueño! ¿Dónde me transporta? Mi mano fe-
bril vierte sobre el papel sus extraños detalles. Lo he
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Español 7. Antología literaria 137
olvidado todo: ¡el profesor, el guía, la balsa…! Una a una velocidad asombrosa?
alucinación se apoderó de mi mente...
—¿Está usted inquieto, tío? —le pregunté al ver la
—¿Qué tienes? —me preguntó mi tío. frecuencia con que se echa el telescopio a la cara.

Mis ojos desencajados se fijan sobre él, sin verlo. —¿Inquieto? No.

—¡Ten cuidado, Axel, que te vas a caer al mar! —¿Impaciente, tal vez?

Al mismo tiempo, me siento sujetado por la mano de —¡No me faltan motivos!


Hans. Sin él, bajo el dominio de mi sueño, me habría
—Sin embargo, marchamos a una velocidad...
precipitado en el oleaje.
—¿Qué me importa? Lo que me preocupa a mí no
—Pero, ¿se ha vuelto loco? —pregunta el profesor.
es que la velocidad sea pequeña, sino que el mar es
—¿Qué ocurre? —exclamé volviendo a mí. muy grande.

—¿Estás enfermo? Me acuerdo entonces de que el profesor, antes de


nuestra partida, calculaba en treinta leguas la longi-
—No; solo tuve un momento de alucinación, pero ya
tud de aquel mar subterráneo, y habíamos recorrido
se me pasó. ¿Está todo bien?
un espacio tres veces mayor sin que las costas del sur
—Sí. La brisa es favorable y el mar está tranquilo. Mar- aparecieran aún.
chamos a velocidad considerable, y, si mis cálculos no
—Es que no descendemos —prosiguió el profesor—.
me engañan, no tardaremos mucho en tocar tierra.
Todo esto es tiempo perdido, y, como comprenderás,
Al oír estas palabras, me levanto y examino el horizon- no he venido tan lejos para hacer una excursión en
te; pero la franja de agua se sigue confundiendo con bote por un estanque.
la franja de nubes.
¡Llama a esta travesía una excursión en bote, y a este
mar un estanque!
CAPÍTULO 33
—Pero —le contesto— desde el momento en que he-
Sábado 15 de agosto. El mar conserva su monótona
mos seguido el camino indicado por Saknussemm…
uniformidad. No se observa tierra alguna. El horizonte
parece excesivamente lejano. —Esa es precisamente la cuestión. ¿Seguimos esa ruta?
¿Saknussemm encontró esta extensión de agua? ¿La
Todavía tengo la cabeza pesada por la violencia de mi
atravesó? ¿No nos habrá engañado ese arroyo que to-
sueño. Mi tío no ha soñado, pero está de mal humor;
mamos por guía?
examina todos los puntos del espacio con su telesco-
pio, y se cruza luego de brazos con aire de decepción. —En todo caso, no nos debe pesar el llegar hasta aquí.
El espectáculo es magnífico, y...
Veo que el profesor tiende a ser otra vez el hombre
impaciente de antes, y anoto el hecho en mi diario. —¿Quién piensa en espectáculos? Me he propuesto
Solo mis sufrimientos despertaron en él un rasgo de un objetivo y mi deseo es alcanzarlo. ¡No me hables,
humanidad; pero, desde que me puse bien del todo, ha pues, de admirar!
vuelto a ser el mismo. Sin embargo, yo no me explico
Tomo nota de la advertencia, y dejo al profesor que se
por qué se impacienta. ¿No estamos realizando el viaje
muerda los labios de impaciencia. A las seis de la tarde,
en las condiciones más favorables? ¿No avanza la balsa
Hans reclama su paga, y se le entregan tres rixdales.
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138 Unidad 2 • Novela
Domingo 16 de agosto. Sin novedad. El mismo tiempo. El —¡Dientes! —exclamo asombrado, examinando con
viento tiene una ligera tendencia a refrescar. Mi primer más atención la barra de hierro.
cuidado al despertarme es observar la intensidad de la
¡Sí! ¡Son dientes cuyas huellas han quedado impre-
luz, pues siempre temo que el fenómeno eléctrico se de-
sas en el metal! ¡Las mandíbulas que protejan deben
bilite y extinga. Pero no ocurre así; la sombra de la balsa
tener una fuerza prodigiosa! ¿Será un monstruo per-
se dibuja claramente sobre la superficie de las aguas.
teneciente a alguna especie extinta que se agita en las
¡Verdaderamente este mar es infinito! Debe tener la profundidades del mar, más voraz que el tiburón y más
longitud del Mediterráneo, y quién sabe si del Atlán- terrible que la ballena? No puedo apartar mi mirada de
tico. ¿Por qué no? esta barra medio roída. ¿Se va a convertir en realidad
mi sueño de la noche última?
Mi tío sondea con frecuencia; amarra un pico al extremo
de una cuerda, y deja salir doscientas brazas sin encon- Durante todo el día, me remueven estos pensamientos,
trar fondo. Nos cuesta gran trabajo subir nuestra sonda. y mi imaginación se calma a duras penas tras algunas
horas de sueño.
Cuando tenemos a bordo el pico, Hans me hace ver en
su superficie unas marcas muy claras. Se diría que este Lunes 17 de agosto. Intento acordarme de los instin-
trozo de hierro ha sido vigorosamente aplastado entre tos particulares de estos animales antediluvianos de
dos cuerpos duros. la época secundaria, que sucedieron a los moluscos,
crustáceos y peces, y que precedieron a la aparición de
Yo miro al cazador.
los mamíferos sobre la superficie del globo. El mun-
—Tänder —me dice. do pertenecía a los reptiles monstruosos que reinaron
como señores en los mares jurásicos. La naturaleza
Como no lo comprendo, me vuelvo hacia mi tío, que
los había dotado de una completa organización. Qué
se halla completamente absorbido en sus reflexiones,
gigantesca estructura. ¡Qué fuerza prodigiosa! Los
y no me atrevo a sacarlo de ellas. Interrogo de nuevo
saurios actuales, los caimanes o los cocodrilos más
con la visión al islandés, y este, abriendo y cerrando
grandes y temibles no son sino reducciones debilitadas
varias veces la boca me hace entenderle.
de sus padres de las primeras edades.

Me estremezco nada más que al recordar estos mons-


truos. Nadie los ha visto vivos. Hicieron su aparición
sobre la tierra mil siglos antes que el hombre; pero
Vocabulario
sus esqueletos fósiles, encontrados en esas calizas
arcillosas que los ingleses llaman liásico, han per-
KK sondea: tira una sonda al mar para
determinar la profundidad. mitido reconstruirlos anatómicamente y conocer su
estructura colosal.
KK brazas: antigua medida de longi-
tud equivalente a los dos brazos He visto en el museo de Hamburgo el esqueleto de
extendidos (aproximadamente
1,60 metros).
uno de aquellos saurios que medía treinta pies de
longitud. ¿Acaso estaré destinado yo, habitante de la
KK jurásicos: pertenecientes a un pe-
riodo de la era mesozoica (208-144
superficie terrestre, a toparme cara a cara con algún
millones de años a. P.), caracteriza- representante de una familia antediluviana? ¡No! ¡Eso
do por el apogeo de los dinosau- es imposible! Y, sin embargo, la señal de unos dientes
rios y la aparición de los mamíferos poderosos está bien marcada en la barra de hierro, y
y las aves.
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Español 7. Antología literaria 139
bien se deja ver, por sus huellas, que son cónicos como marino de tamaño extraordinario.
los del cocodrilo.
—Y más lejos un monstruoso cocodrilo. ¡Mire qué te-
Mis ojos se fijan con terror en el mar; temo ver lan- rribles mandíbulas, con filas de dientes espantosos!
zarse sobre nosotros uno de estos habitantes de las Pero, ¡ah! ¡desaparece!
cavernas submarinas.
—¡Una ballena! ¡Una ballena! —exclama entonces mi
Supongo que el profesor participa de mis ideas, si no tío—. Distingo unas enormes aletas. ¡Mira el aire y el
de mis temores; porque, después de haber examinado agua que arroja por las narices!
el pico, recorre con la mirada el océano.
En efecto, dos columnas líquidas se elevan a consi-
“¡Al diablo —me digo a mí mismo— la idea que ha derable altura sobre el nivel del mar. Permanecemos
tenido de sondear! ¡Molestó en su guarida a algún ani- atónitos, sobrecogidos, estupefactos ante aquella co-
mal marino, y si durante el viaje somos atacados…!”. lección de monstruos marinos. Poseen dimensiones
sobrenaturales, y el menos voluminoso de ellos des-
Echo una mirada a nuestras armas, y me aseguro de
trozaría la balsa de una sola dentellada. Hans quiere
que están en buen estado. Mi tío observa mi maniobra
virar en redondo con el objeto de esquivar su vecin-
y la aprueba con un gesto.
dad peligrosa; pero encuentra por la banda opuesta
Ya ciertos remolinos que se advierten en la superficie otros enemigos no menos formidables: una tortuga
del agua denuncian la agitación de sus capas interiores. de cuarenta pies de ancho, y una serpiente que mide
El peligro se aproxima. Es preciso vigilar. treinta de longitud y alarga su enorme cabeza por
encima de las olas.
Martes 18 de agosto. Llega la noche, o, por mejor decir,
el momento en que el sueño quiere cerrar nuestros Es imposible huir. Estos reptiles se aproximan; dan
párpados; porque en este mar no hay noche, y la im- vueltas alrededor de la balsa con velocidad menor que
placable luz fatiga nuestros ojos de una manera obsti- la de un tren expreso, y trazan en torno de ella círculos
nada, como si navegáramos bajo el sol de los océanos concéntricos. Yo he tomado mi carabina; pero, ¿qué
árticos. Hans gobierna el timón, y, mientras él hace su efecto puede producir una bala sobre las escamas que
guardia, yo duermo. cubren los cuerpos de estos animales?

Dos horas después, me despierta una sacudida es- Permanecemos mudos de espanto. ¡Ya vienen hacia
pantosa. La balsa ha sido empujada fuera del agua nosotros! Por un lado, el cocodrilo; por el otro, la ser-
con indescriptible violencia y arrojada a veinte toe- piente. El resto del rebaño marino ha desaparecido.
sas de distancia. Me dispongo a hacer fuego, pero Hans me detiene con
una seña. Las dos bestias pasan a cincuenta toesas de
—¿Qué ocurre? —exclama mi tío— ¿Hemos tocado
la balsa, se precipitan el uno sobre el otro y su furor
en un bajo?
no les permite vernos.
Hans señala con el dedo, a una distancia de doscientas
El combate empieza a unas cien toesas de la balsa, y
toesas, una masa negruzca que se eleva y se hunde
vemos claramente cómo los dos monstruos se atacan.
alternativamente.
Pero me parece que ahora los otros animales acuden
Yo miro en la dirección indicada, y exclamo:
a tomar parte en aquella lucha: la marsopa, la ballena,
—¡Es una marsopa colosal! el lagarto, la tortuga; los entreveo a cada instante. Se
los muestro al islandés, y este mueve la cabeza en
—Sí —replica mi tío—, y he aquí ahora un lagarto
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140 Unidad 2 • Novela
sentido negativo. cuerpo se halla todo él revestido de un enorme capa-
razón, y su cuello, flexible como el del cisne, se eleva
—Tva —dice con calma.
a treinta pies sobre las olas.
—¡Cómo! ¡Dos! Pretende que son solo dos animales...
Los dos animales se atacan con indescriptible furia.
—Y tiene mucha razón —exclama mi tío, que no aparta Levantan montañas de agua que llegan hasta la bal-
el telescopio del grupo. sa, y nos ponen veinte veces a punto de naufragar. Se
oyen silbidos de una intensidad prodigiosa. Las dos
—¿Es posible?
bestias se encuentran enlazadas, y no me es posible
—¡Ya lo creo! El primero de estos monstruos tiene el distinguir una de otra. ¡Hay que temerlo todo de la
hocico de marsopa, la cabeza de lagarto, dientes de furia del vencedor!
cocodrilo, y por esto nos ha engañado. Es el ictiosauro,
Transcurre una hora, dos, y continúa esa lucha con la
el más temible de los animales antediluvianos.
misma furia. Los combatientes se aproximan a la balsa
—¿Y el otro? unas veces y otras se alejan de ella. Permanecemos
inmóviles, dispuestos a hacer fuego.
—El otro es una serpiente escondida bajo el capa-
razón de una tortuga; el plesiosauro, implacable De pronto, ictiosauro y plesiosauro desaparecen perfo-
enemigo del primero. rando un auténtico maelström. ¿Va a terminar el com-
bate en las profundidades del mar?
Hans tiene mucha razón. Solo dos monstruos turban
así la superficie del mar, y tengo ante mis ojos dos Pero, de improviso, una enorme cabeza se lanza por
reptiles de los océanos primitivos. Puedo observar el fuera del agua; es la cabeza del plesiosauro. El mons-
ojo ensangrentado del ictiosauro, que tiene el tamaño truo está herido de muerte. No descubro su inmenso
de la cabeza de un hombre. La naturaleza lo ha dotado caparazón. Solo su largo cuello se yergue, se abate,
de un aparato óptico de extraordinario poder, capaz de se vuelve a levantar, se encorva, azota la superficie
resistir la presión de las capas de agua en que habita. del mar como un látigo gigantesco y se retuerce como
Ha sido llamado “la ballena de los saurios”, porque una lombriz dividido en dos pedazos. Salta el agua a
posee su misma velocidad y tamaño. Su longitud no es considerable distancia y nos ciega materialmente; pero
inferior a cien pies, y, cuando saca del agua las aletas pronto toca a su fin la agonía del reptil; disminuyen
verticales de su cola, me hago cargo mejor de su enor- sus movimientos, decrecen sus contorsiones, y su largo
me magnitud. Sus mandíbulas son enormes, y, según tronco de serpiente se extiende como una masa inerte
los naturalistas, no posee menos de 182 dientes. sobre la serena superficie del mar. En cuanto al ictio-
sauro, ¿ha vuelto de nuevo a su caverna submarina o
El plesiosauro, serpiente de tronco cilíndrico, tiene la va a reaparecer en la superficie del mar?
cola corta y las patas dispuestas en forma de remos. Su
CAPÍTULO 34
Miércoles 19 de agosto. El viento, por fortuna, que so-
pla con bastante fuerza, nos ha permitido huir rápi-
damente del teatro del combate. Hans sigue siempre
Vocabulario
empuñando la caña del timón. Mi tío, a quien los in-
KK maelström: palabra holandesa cidentes del combate han hecho olvidar de momento
que significa ‘remolino marino’. sus absorbentes ideas, vuelve a examinar el mar con

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Español 7. Antología literaria 141
la misma impaciencia que antes. si estos mugidos son producidos por la caída de una
gran masa de agua, debe la corriente activarse, y su
El viaje recobra de nuevo su uniformidad monótona
creciente velocidad puede darme la medida del peli-
que no deseo ver interrumpida por peligros tan inmi-
gro que nos amenaza. Examino la corriente, y veo que
nentes como el que corrimos ayer.
no hay. Una botella vacía que arrojo al mar se queda
Jueves 20 de agosto. Brisa del nornoreste bastante des- flotando a sotavento.
igual. Temperatura elevada. Marchamos a razón de tres
A eso de las cuatro, se levanta Hans, sujeta el mástil y
leguas y media por hora.
trepa por él hasta arriba. Recorre desde allí con la mira-
A eso del mediodía, se oye un ruido lejano. Consigno da el arco de círculo que el océano describe delante de
el hecho sin saber cuál pueda ser su explicación. Es la balsa y se detiene en un punto. Su rostro no expresa
un mugido continuo. la más leve sorpresa; pero sus ojos permanecen fijos.

—A lo lejos —dice el profesor—, hay alguna roca o —Algo ha visto —exclama mi tío.
islote contra el cual se estrellan las olas.
—Así lo creo también.
Hans sube al extremo del mástil, pero no descubre
Hans desciende, y señala hacia el sur con la mano,
ningún escollo. La superficie del mar aparece toda lisa
diciendo:
hasta el mismo horizonte.
—Der nere.
Así transcurren tres horas. Los mugidos parecen pro-
venir de una catarata lejana. —¿Allá abajo? —responde mi tío.

Manifiesto mi opinión a mi tío que sacude la cabeza. A Y cogiendo el telescopio, mira con la mayor atención
pesar de ello tengo la convicción de que no me equi- durante un minuto, que a mí me parece un siglo.
voco. ¿Correremos tal vez hacia una catarata que nos
—¡Sí, sí! —exclama después.
precipitará en el abismo? Es posible que este género de
descenso sea del agrado del profesor, porque se acerca —¿Qué ve usted?
a la vertical; pero lo que es a mí...
—Una inmensa columna de agua que se eleva por en-
En todo caso, se produce no lejos de aquí un fenómeno cima del océano.
ruidoso, puesto que ahora los mugidos se oyen con
gran violencia. ¿Proceden del océano o del cielo?

Dirijo mis miradas hacia los vapores suspendidos


en la atmósfera y trato de sondear su profundidad.
El cielo está tranquilo; las nubes, transportadas a la
parte superior de la bóveda, parecen inmóviles y se Vocabulario
pierden en la intensa irradiación de la luz. Es preciso,
KK sotavento: parte opuesta a
por tanto, buscar por otro lado la explicación de este
aquella de donde viene el viento
extraño fenómeno. con respecto a un punto o lugar
determinado.
Examino entonces el horizonte que está limpio y sin
brumas. Su aspecto no ha cambiado. Pero si este rui-
KK arco de círculo: en geometría, la
curva encerrada entre dos puntos
do proviene de una catarata o de un salto de agua; si cualquiera de la circunferencia de
todo este océano se precipita en un estanque inferior; un círculo.
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142 Unidad 2 • Novela
—¿Otro animal marino? —¡Una isla! —repito a mi vez, encogiéndome de
hombros.
—Puede ser.
—Evidentemente —responde el profesor, lanzando
—Entonces, iremos más hacia el oeste, porque ya sabe-
una sonora carcajada.
mos a qué atenernos por lo que respecta al peligro de
tropezar con estos monstruos antediluvianos. —Pero, ¿y esta columna de agua?

—No corrijamos el rumbo —responde mi tío. —Geyser —exclama Hans.

Vuelvo la vista hacia Hans, y veo que sostiene el ti- —Un géiser, sin duda alguna —responde mi tío—; un
món con rigor inflexible. Sin embargo, si a la distancia géiser semejante a los de Islandia.
que nos separa de este animal, que puede calcularse
Al principio, no quiero confesar que me he engañado
en doce leguas lo menos, puede verse la columna de
de una manera tan tonta. Haber tomado un islote por
agua que arroja por las narices; debe tener un tamaño
un monstruo marino. Pero la cosa está clara y tengo
sobrenatural. La más elemental prudencia aconseja-
que concluir por dar mi brazo a torcer. Se trata de un
ría alejarse; pero no hemos venido hasta aquí para ser
fenómeno natural, simplemente.
prudentes. Seguimos, pues, el mismo rumbo. Cuanto
más nos aproximamos, más crece el surtidor. ¿Qué A medida que nos aproximamos, aquella columna lí-
monstruo puede tragar tan grande cantidad de agua y quida adquiere dimensiones grandiosas. El islote pre-
arrojarla de esta manera sin interrupción alguna? senta, en efecto, un parecido con un inmenso cetáceo
cuya cabeza domina las olas elevándose sobre ellas a
A las ocho de la noche nos hallamos a menos de dos
una altura de diez toesas. El géiser, palabra que los
leguas de él. Su cuerpo enorme, negruzco, monstruoso,
islandeses pronuncian “geysir” y que significa “furor”,
se extiende sobre el mar como un islote. ¿Es ilusión?
se eleva majestuosamente en su extremo. Resuenan a
¿Es miedo? Su longitud me parece que pasa de mil
cada instante sordas detonaciones, y el enorme chorro,
toesas. ¿Qué cetáceo es, pues, este que ni los Cuvier
acometido de más violentos furores, sacude su pena-
ni los Blumenbach han descrito? Se halla inmóvil y
cho de vapor saltando hasta las primeras capas de nu-
como dormido. El mar parece que no puede levantarlo,
bes. Se encuentra solo, sin que le rodeen humaredas
y las olas rompen contra sus costados. La columna de
ni manantiales calientes, y toda la potencia volcánica
agua, proyectada a quinientos pies de altura, baja con
está resumida en él. Los rayos de la luz eléctrica vienen
ensordecedor estrépito. Corremos como insensatos ha-
a mezclarse con esta deslumbrante columna de agua,
cia esta imponente mole que necesitaría cien ballenas
cuyas gotas adquieren, al recibir su caricia, todos los
diarias para su alimentación.
matices del prisma.
El terror se apodera de mí. No quiero avanzar más.
—Atraquemos —dice el profesor.
Cortaré, si es preciso, la cuerda de la vela. Me rebelo
contra el profesor, que no me responde. Pero es preciso evitar con cuidado esta tromba de agua
que, en un instante, haría naufragar la balsa. Hans,
De repente, Hans se levanta, y, señalando con el dedo
maniobrando con habilidad, nos lleva a la extremidad
el punto amenazador, dice:
del islote.
—Holme.
Salto sobre las rocas, y mi tío me sigue, en tanto que
—Una isla —exclama mi tío. el cazador permanece en su puesto, como un hombre
que está por encima de todo asombro.

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Español 7. Antología literaria 143
Caminamos sobre un granito mezclado con toba si- CAPÍTULO 35
lícea; el suelo se estremece debajo de nuestros pies,
Viernes 21 de agosto. Al día siguiente, perdimos de vista
como los costados de una caldera en que se retuerce
el magnífico géiser. El viento ha refrescado, y nos ale-
el vapor recalentado. Llegamos ante un pequeño es-
ja rápidamente del islote Axel, cuyos mugidos se han
tanque central de donde se eleva el géiser. Introduzco
extinguido poco a poco.
un termómetro en el agua que corre a borbotones, y
marca una temperatura de ciento sesenta y tres grados. El tiempo amenaza cambiar. La atmósfera se carga de
vapores que arrastran consigo la electricidad engendra-
Esta agua sale, pues, de un foco ardiente, lo que está en
da por la evaporación de las aguas salinas; descienden
contradicción con las teorías del profesor Lidenbrock;
sensiblemente las nubes y toman un marcado color de
no puedo resistir la tentación de hacérselo notar.
aceituna; los rayos de luz eléctrica apenas pueden atra-
—Está bien —me replica—, ¿y qué prueba eso contra vesar este opaco telón corrido sobre la escena donde va
mi doctrina? a representarse el drama de las tempestades.

—Nada, nada —contesto con tono seco, viendo que Me siento impresionado, como ocurre sobre la superfi-
me estrellaba contra una testarudez sin ejemplo. cie de la tierra cada vez que se aproxima un cataclismo.
Los cúmulos amontonados al sur presentan un aspecto
Debo confesar, sin embargo, que hasta ahora hemos
siniestro; aquella apariencia “despiadada” que he ob-
tenido mucha suerte y que, por razones que no me
servado a menudo al inicio de las tormentas. El aire
explico, se efectúa el viaje en condiciones especiales
está pesado y el mar se encuentra tranquilo.
de temperatura; pero para mí es evidente que algún
día habremos de llegar a esas regiones en que el calor A lo lejos, se ven nubes que parecen enormes bolas
central alcanza sus más altos límites y supera todas las de algodón, amontonadas en un pintoresco desorden,
graduaciones de los termómetros. las cuales se van inflando lentamente y ganan en vo-
lumen lo que pierden en número. Son tan pesadas,
“Ya veremos”: es la frase del profesor, quien, después
que no pueden desprenderse del horizonte; pero, al
de bautizar este islote volcánico con el nombre de su
impulso de las corrientes superiores, se unen poco
sobrino, da la señal de embarcar.
a poco, se ensombrecen y no tardan en formar una
Permanezco algunos minutos todavía contemplando el sola capa de aspecto en extremo imponente. De vez
géiser. Observo que su chorro es irregular; disminuye en cuando, un grupo de vapores, bastante claro aún,
a veces de intensidad, para recobrar después mucho rebota sobre esta alfombra café, y no tarda en perderse
vigor, lo que atribuyo a las variaciones de presión de en la masa opaca.
los vapores acumulados en su interior.
Evidentemente la atmósfera se encuentra saturada
Al fin partimos bordeando las rocas escarpadas del sur. de fluido, del cual también yo me quedo impregna-
Hans aprovechó esta detención para reparar algunos do, pues se me para el pelo como si me estuviera en
desperfectos de la balsa. contacto con una máquina eléctrica. Me parece que si,
en este preciso instante, me tocaran mis compañeros,
Pero antes de pasar adelante, hago observaciones para recibirían un violento impacto.
calcular la distancia recorrida y las anoto en mi diario.
Hemos recorrido 270 leguas sobre la superficie del mar, A las diez de la mañana, los síntomas de la tormenta
a partir de puerto Graüben, y nos hallamos debajo de son decisivos; se diría que el viento descansa para to-
Inglaterra, a 620 leguas de Islandia. mar nuevo aliento; la nube parece una ostra inmensa
en la cual se acumulan los huracanes.
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144 Unidad 2 • Novela
No quiero creer en las amenazas del cielo; mas no pue- Hans ni se mueve. Sus largos cabellos, desordenados
do contenerme y exclamo: por el huracán y acumulados en su rostro inmóvil, le
dan un extraño aspecto, porque en cada una de sus
—Mal tiempo se prepara.
puntas están erizadas ligeras fosforescencias. Su es-
El profesor no responde. Tiene un humor endiablado pantosa fisonomía me recuerda a la de los hombres
al ver que el océano se prolonga de modo indefinido antediluvianos, contemporáneos de los ictiosaurios,
ante sus ojos. Contesta a mis palabras encogiéndose de los megaterios.
de hombros.
El mástil, sin embargo, resiste. La vela se tensa como
—Tendremos tormenta —digo yo, señalando con la burbuja a punto de estallar. La balsa camina con una
mano el horizonte—. Aquellas nubes descienden sobre velocidad que no puedo calcular, aunque no tan grande
el mar como para aplastarlo. como la de las gotas de agua que despiden sus movi-
mientos, las que describen líneas perfectamente rectas.
Silencio general. El viento calla. La naturaleza parece
un cadáver que ha dejado de respirar. La vela cae pe- —¡La vela! ¡La vela! —grito, indicando por señas que
sadamente o lo largo del mástil, en cuyo tope empiezo la arríen.
a ver brillar un ligero fuego de San Telmo. La balsa
—¡No! —responde mi tío.
permanece inmóvil en medio de un mar espeso y sin
oleaje. Pero, si no avanzamos, ¿para qué conservar iza- —Nej —dice Hans, moviendo lentamente la cabeza.
da esta vela que puede hacernos naufragar al primer
Sin embargo, la lluvia forma una catarata que muge
choque de la tempestad?
ante ese horizonte al que corremos como locos. Pero
—Arriemos la vela —digo—, y abatamos el palo; la antes que llegue hasta nosotros, se desgarra el velo
prudencia más elemental lo aconseja.

—¡No, por vida del diablo! —ruge furioso mi tío—


¡No, y mil veces no! ¡Que nos sacuda el viento! ¡Que
la tempestad nos arrebate! ¡Pero que vea yo, por fin,
Vocabulario
las rocas de una costa, aunque deba nuestra balsa es-
trellarse contra ellas! KK cúmulos: nubes de forma
redondeada.
No ha acabado aún mi tío de pronunciar estas palabras,
cuando cambió de improviso el aspecto del horizonte KK opaca: que no tiene brillo.
del sur; los vapores acumulados se resuelven en lluvia, KK saturada: cargada, repleta, llena.
y el aire, llamado violentamente para llenar los vacíos KK fuego de San Telmo: resplan-
producidos por la condensación, se convierte en hura- dor azulado que aparece en los
cán. Procede de los extremos más lejanos de la caverna. mástiles del barco durante una
tormenta eléctrica. Se produce por
La oscuridad se hace tan intensa, que apenas si puedo
la ionización del aire en el campo
tomar algunas notas incompletas. eléctrico de la tormenta.
La balsa se levanta dando saltos, que hacen caer a mi KK izar: dicho de la vela, desplegarla
tío. Yo me arrastro hasta él. Le encuentro agarrado al (antónimo de arriar).
extremo de una cuerda y parece contemplar con placer KK arriar: dicho de la vela, recogerla
el espectáculo de los elementos desencadenados. (antónimo de izar).

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Español 7. Antología literaria 145
formado por las nubes, entra el mar en ebullición, y tiempo, no lo oiríamos.
entra en juego la electricidad producida por una ac-
Existe una emisión constante de luz en la superficie de
ción química que se produce en las capas superiores de
las nubes, la materia eléctrica se desprende, incesante,
la atmósfera. Al chasquido del trueno se mezclan los
de sus moléculas: se han alterado los principios gaseo-
chorros brillantes del rayo; incontables relámpagos se
sos del aire; innumerables columnas de agua se lanzan
entrecruzan en medio de las detonaciones; la masa de
a la atmósfera y caen luego cubiertas de espuma.
vapores se pone incandescente; el pedrisco que choca
contra el metal de nuestras armas y herramientas ad- ¿Adónde vamos...? Mi tío se halla tendido, largo es,
quiere luminosidad; y las olas infladas parecen cerros en la extremidad de la balsa. El calor aumenta. Miro el
ignívomos en cuyas entrañas se incuba un fuego en termómetro y veo que señala... (La cifra está borrada).
extremo violento y cuyas crestas ostentan un vivo pe-
Lunes 24 de agosto. Por lo visto, esto no terminará nun-
nacho de llamas.
ca. ¿Por qué el estado de esta atmósfera tan densa, una
La intensidad de la luz me deslumbra los ojos, y el vez modificada, no será definitivo?
estruendo del trueno me destroza los oídos; no tengo
Estamos muertos de cansancio. Hans sigue impertur-
más remedio que sujetarme fuertemente al mástil de
bable. La balsa corre firme al sudeste. Hemos recorrido
la balsa, que se dobla como una débil caña bajo la
más de 200 leguas desde que abandonamos el islote
violencia del huracán.
de Axel.
……………………………………………………….
A mediodía se duplicó la violencia del huracán. Es ne-
(Aquí se hacen en extremo incompletas las notas de cesario atar sólidamente todos los objetos que compo-
mi viaje. No he encontrado ya más que algunas obser- nen el cargamento. Nosotros nos amarramos también.
vaciones rápidas y tomadas, por decirlo así, mecáni- Las olas pasan por encima de nuestras cabezas.
camente. Pero por su brevedad, y hasta por su falta de
Hace tres días que no podemos intercambiar ni siquiera
claridad, constituyen una prueba de la emoción que me
una sola palabra. Abrimos la boca, movemos los labios
dominaba y me dan una idea más cabal de la situación
pero no producimos ningún sonido apreciable. Ni aun
en que nos hallábamos).
hablando al oído es posible entendernos.
……………………………………………………….
Mi tío se ha aproximado a mí, y ha articulado algunas
Domingo 23 de agosto. ¿Dónde estamos? Somos arras-
trados con velocidad prodigiosa. La noche ha sido te-
rrible. La tempestad no calma. Vivimos en medio de
una detonación incesante. Nuestros oídos sangran y
no podemos entendernos.

Los relámpagos no se detienen. Veo zigzags deslum-


brantes que, tras una fulminación instantánea, van a Vocabulario
herir la bóveda de granito. ¡Oh, si se cayera…! Otros
KK ignívomos: que vomitan fuego.
relámpagos se bifurcan, o toman la forma de globos de
KK polvorín: depósito de pólvora.
fuego, que estallan como bombas. No por eso aumenta
el ruido, porque ha rebasado ya el límite de intensidad KK camada: conjunto de las crías de
ciertos animales nacidas en un
que puede percibir el oído humano, y aunque todos
mismo parto.
los polvorines del mundo hiciesen explosión al mismo
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146 Unidad 2 • Novela
palabras. Creo que me ha dicho: “Estamos perdidos”, timón en mano, escupiendo fuego bajo la influencia
pero no estoy seguro. de la electricidad que lo invade!

Decido escribirle estas palabras: “Arriemos la vela”. ¿Adónde vamos? ¿Adónde vamos?

Me hace una señal de asentimiento. ……………………………………………………….

No ha tenido tiempo su cabeza de volver a levantarse, Martes 25 de agosto. Salgo de un desmayo prolonga-
cuando aparece un disco de fuego al borde de la balsa. do. La tempestad todavía continúa; los relámpagos se
La vela es arrancada, juntamente con el mástil, y parten desencadenan como una camada de serpientes soltada
ambas cosas en un solo cuerpo, elevándose a una altura en la atmósfera.
prodigiosa cual nuevo pterodáctilo, esa ave fantástica
¿Estamos aún en el mar? Sí, y arrastrados a una ve-
de los primeros siglos.
locidad incalculable. ¡Hemos pasado bajo Inglaterra,
Estamos helados de espanto. La esfera, mitad blanca y bajo la Mancha, bajo Francia, quizá bajo toda Europa!
mitad azulada, del tamaño de una bomba de diez pul-
……………………………………………………….
gadas, se pasea lentamente girando con una velocidad
sorprendente bajo el impulso del huracán. Va de un lado ¡Se escucha un nuevo ruido! ¡Evidentemente, el mar
para otro, sube uno de los bordes de la balsa, salta sobre se estrella contra las rocas!... Pero entonces...
el saco de las provisiones, desciende ligeramente, bota,
roza la caja de pólvora. ¡Horror! ¡Vamos a saltar! Pero CAPÍTULO 36
no, el disco deslumbrante se separa; se aproxima a Hans,
Aquí termina lo que le he llamado mi diario de nave-
que lo mira fijamente; a mi tío, que se pone de rodillas
gación, tan felizmente salvado del naufragio, y vuelvo
para evitar su choque; a mí, que palidezco y tiemblo bajo
a recordar mi relato como antes.
la impresión de su luz y su color; doy vueltas alrededor
de mi pie, que trato de retirar sin poderlo conseguir. Lo que ocurrió al chocar la balsa contra los escollos
de la costa, no sería capaz de explicarlo. Me sentí pre-
La atmósfera está llena de un olor de gas nitroso que
cipitado en el agua, y, si me libré de la muerte, si mi
penetra en la garganta y los pulmones. Nos asfixiamos.
cuerpo no se destrozó contra los agudos peñascos, fue
¿Por qué no puedo retirar el pie? ¡Está clavado a la balsa!
porque el brazo vigoroso de Hans me sacó del abismo.
¡Ah! La caída del globo eléctrico ha imantado todo el
hierro de a bordo; los instrumentos, las herramientas, las El valeroso guía islandés me transportó fuera del al-
armas giran, entrechocándose con un tintineo agudo, los cance de las olas sobre una arena quemante donde me
clavos de mis zapatos se hallan fuertemente adheridos a encontré, al lado de mi tío.
una placa de hierro incrustada en la madera. No puedo
Después salió a las rocas, sobre las cuales se estre-
mover el pie. Haciendo un gran esfuerzo, consigo al fin
llaba el oleaje furioso, con objeto de salvar algunos
arrancarlo en el momento mismo en que el globo iba a
restos del naufragio. Yo no podía hablar: me hallaba
agarrarlo en su movimiento giratorio y a arrastrarme, si...
rendido de emociones y fatigas, y duré más de una
¡Ah! ¡Qué luz tan intensa! ¡El globo estalla! ¡Nos cubre hora en reponerme.
un mar de llamas!
Seguía cayendo un verdadero diluvio, con esa redo-
Después se apaga todo. ¡He tenido tiempo de ver a blada violencia que anuncia el fin de las tempestades.
mi tío tendido sobre la balsa, y a Hans con la caña del Algunas rocas superpuestas nos brindaron un abrigo

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Español 7. Antología literaria 147
contra los torrentes del cielo. Hans preparó alimentos, —No tan lejos, pero sí al término de este mar que nun-
que no pude tocar, y todos, extenuados por tres noches ca se terminaba. Ahora vamos a viajar de nuevo por
de insomnio, nos entregamos a un doloroso sueño. tierra y a hundirnos verdaderamente en las entrañas
del globo.
Al día siguiente, el tiempo era magnífico. Cielo y mar
se habían tranquilizado de común acuerdo. Toda hue- —Permítame usted una pregunta, tío.
lla de tempestad había desaparecido. Al despertar, mi
—Pregunta cuento quieras, Axel.
tío, que estaba radiante de júbilo, me saludó satisfecho.
—¿Y el regreso?
—¿Qué tal muchacho? —me dijo— ¿Has descansado
bien? —¡El regreso! Pero, ¿piensas en volver cuando aún no
hemos llegado?
¿No hubiera dicho cualquiera que nos hallábamos en
nuestra casita de la Königstrasse, que bajaba a almor- —No; solo quiero preguntarle cómo se realizará.
zar tranquilamente y que mi matrimonio con la pobre
—Del modo más sencillo del mundo. Una vez llegados
Graüben se iba a verificar aquel día mismo?
hasta el centro, buscaremos otra nueva vía para volver
¡Ay! ¡Por poco que la tempestad hubiese desviado a la superficie de la Tierra, o efectuaremos el viaje de
la balsa al este, habríamos pasado por debajo de regreso por el mismo camino que ahora recorremos.
Alemania, por debajo de mi querida ciudad de Ham- Supongo que no se cerrará detrás de nosotros.
burgo, por debajo de aquella calle donde habitaba
—Entonces será preciso poner en buen estado la balsa.
la elegida de mi corazón! ¡En este caso, me habrían
separado de ella cuarenta leguas apenas! ¡Pero cua- —¡Por supuesto!
renta leguas verticalmente contadas a través de una
masa de granito, que para atravesar tendría que re- —Pero, ¿nos alcanzarán los víveres para ver esos gran-
correr más de mil! des proyectos realizados?

Todas estas dolorosas reflexiones pasaron rápido por mi —Ciertamente. Hans es un muchacho muy hábil, y
mente, antes que respondiera a la pregunta de mi tío. tengo la seguridad de que ha salvado la mayor parte
de la carga. Vamos a verificarlo.
—¡Cómo es eso! —repitió—. ¿No me quieres decir
cómo has pasado la noche? Salimos de aquella gruta abierta a todos los vientos.
Tenía una esperanza que era al mismo tiempo un te-
—Muy bien —le respondí—; todavía me encuentro mor: me parecía imposible que en el terrible choque
molido, pero eso no será nada. de la balsa no se hubiese destrozado todo lo que lle-
vaba. Me engañaba. Al llegar a la playa, vi a Hans
—Absolutamente nada; un poco de cansancio, y
en medio de una multitud de objetos perfectamente
nada más.
ordenados. Mi tío le estrechó la mano con un vivo
—Pero lo encuentro a usted muy alegre esta mañana, sentimiento de gratitud. Aquel hombre, cuya abne-
tío. gación era en realidad sobrehumana, había estado
trabajando mientras que nosotros descansábamos, y
—¡Encantado, hijo mío, encantado de la vida! ¡Por fin
había logrado salvar los objetos más preciosos con
hemos llegado!
grave riesgo de su vida.
—¿Al término de nuestra expedición?
No quiere decir esto que no hubiéramos sufrido pér-
didas bastante sensibles: nuestras armas, por ejemplo;
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148 Unidad 2 • Novela
pero, en resumidas cuentas, podríamos pasarnos sin Las cajas que las contenían se hallaban alineadas sobre
ellas. En cambio, la provisión de pólvora se encontraba la arena, en perfecto estado de conservación; el mar las
intacta, después de haber estado a punto de explotar había respetado casi en totalidad; y, entre galleta, carne
durante la tempestad. salada, ginebra y pescado seco, se podía calcular que
teníamos víveres para unos cuatro meses.
—¡Bueno! —exclamó el profesor—; como nos hemos
quedado sin fusiles, tendremos que abstenernos de cazar. —¡Cuatro meses! —exclamó el profesor—. ¡Tenemos
tiempo para ir y volver, y con lo que nos sobre pien-
—Sí; pero, ¿y los instrumentos?
so dar un espléndido banquete a todos mis colegas
—He aquí el manómetro, el más útil de todos, a cambio de Johannaeum!
del cual habría dado los otros. Con él puedo calcular
Desde hace mucho tiempo debía estar acostumbrado
la profundidad a que nos encontramos y conocer el
al carácter de mi temible tío, y, sin embargo, aquel
instante en que lleguemos al centro. Sin él, nos expon-
hombre siempre me causaba asombro.
dríamos a rebasarlo, y a salir por los antípodas.
—Ahora —dijo—, vamos a reponer las provisiones de
La jovialidad de mi tío me resultaba feroz.
agua con la lluvia que la tempestad ha vertido en todos
—Pero, ¿y la brújula? —pregunté. estos recipientes de granito; por consiguiente, tampoco
tenemos que temer que la sed nos atormente. Por lo
—Hela aquí, sobre esta roca, en estado perfecto, lo
que respecta a la balsa, voy a recomendar a Hans que
mismo que los termómetros y el cronómetro. ¡Ah!
la repare lo mejor que sea posible, aunque imagino que
¡Nuestro guía no tiene precio!
no va a servimos más.
Claro, había que reconocerlo, porque, gracias a él, no
—¿Cómo es eso? —exclamé.
faltaba ningún instrumento. En cuanto a las herra-
mientas y utensilios, vi, esparcidos por la playa, picos, —¡Una idea que tengo, hijo! Creo que no saldremos
azadones, escalas, cuerdas, etc. por donde entramos.

Quedaba por dilucidar, sin embargo, la cuestión rela- Miré con cierta desconfianza a mi tío, pensando si se
tiva a los víveres. habría vuelto loco; aunque, ¡quién sabe si decía una
gran verdad sin saberlo!
—¿Y las provisiones? —dije.
—Vamos a almorzar —añadió.
—Veamos las provisiones —respondió mi tío.
Seguí hasta mi pequeño promontorio, después que
comunicó sus instrucciones al guía, y allí, con carne
seca, galleta y té, hicimos un almuerzo excelente, uno
de los mejores, he de decir la verdad, que he hecho en
Vocabulario mi vida. La necesidad, el aire libre y la tranquilidad,
después de las agitaciones pasadas, todo ayudó a dar-
KK antípodas: lugares del globo me apetito. Durante el almuerzo, mi tío propuso que
terrestre que se encuentran en
calculáramos el lugar donde estábamos.
puntos diametralmente opuestos
del globo; por ejemplo, en los —Me parece difícil calcularlo —le dije.
antípodas de América Central está
el sudeste asiático.

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Español 7. Antología literaria 149
—Con toda exactitud —respondió—, es imposible, —No creo; el viento parecía constante, y opino por
porque durante los tres días de tormenta no pude to- tanto, que esta costa debe hallarse situada al sudeste
mar nota de la velocidad ni el rumbo de la balsa; no de puerto Graüben.
obstante, podemos calcular nuestra situación de un
—De eso es fácil cerciorarse consultando la brújula.
modo aproximado.
Vamos a verla enseguida.
—En efecto, la última observación la hicimos en el
El profesor se dirigió a la roca sobre la cual Hans había
islote del géiser.
puesto todos los instrumentos. Estaba alegre y conten-
—En el islote Axel, muchacho; no renuncies al honor to, se frotaba las manos y se daba aires de importancia.
de haberle dado tu nombre a la primera isla descubierta ¡Parecía un muchacho! Le seguí con gran curiosidad
dentro del macizo terrestre. de saber si me había equivocado en mis cálculos.

—¡Bien! Pues, hasta el islote Axel, habíamos recorrido Cuando llegó a la roca, mi tío tomó la brújula, la colocó
270 leguas sobre la superficie del mar, y nos encontrá- horizontalmente y observó la aguja, que, después de
bamos a más de 600 leguas de Islandia. haber oscilado, se detuvo en una posición fija bajo la
influencia del magnetismo.
—Partamos, pues, de este punto y contemos cuatro
días de tormenta durante los cuales nuestra velocidad Mi tío miró atentamente, después se frotó los ojos,
no ha debido ser menor de ochenta leguas cada vein- volvió a mirar de nuevo, y acabó por volverse hacia
ticuatro horas. mí, estupefacto.

—Así lo creo. Tendríamos, pues, que añadir trescientas —¿Qué ocurre? —le pregunté.
leguas.
Luego dijo por señas que examinara yo el instrumento.
—De donde deducimos enseguida que el mar Liden- Una exclamación de sorpresa se escapó de mis labios.
brock mide unas seiscientas leguas de una orilla a otra. ¡La aguja marcaba el norte donde nosotros suponíamos
Ya ves, Axel, que puede competir en extensión con el que se encontraba el sur! ¡Se volvía hacia la playa en
Mediterráneo. lugar de señalar el mar!

—¡Ya lo creo! Sobre todo si lo hemos atravesado en Moví la brújula y la examiné con todo detenimiento,
sentido transversal. cerciorándome de que no había sufrido el menor des-
perfecto. En cualquier posición que se ubicara, la aguja
—Lo cual es muy posible.
volvía a tomar enseguida la inesperada dirección.
—Y lo más curioso es que si nuestros cálculos son exac-
Así, pues, no había duda. Durante le tempestad se
tos, estamos en este momento debajo del Mediterráneo.
había producido una variación en el viento sin que
—¿De veras? nos diéramos cuenta de ello, y había empujado la
balsa hacia las playas que mi tío creía haber dejado
—Sin duda alguna; porque nos encontramos a nove-
a su espalda.
cientas leguas de Reikiavik.

—He aquí un bonito viaje, hijo mío; pero no podemos CAPÍTULO 37


afirmar que estemos debajo del Mediterráneo, y no de Imposible me sería describir la sucesión de sentimien-
Turquía o del Atlántico, más que en el caso que nuestro tos que agitaron al profesor: la estupefacción, primero,
rumbo no haya sufrido alteración. la incredulidad, después, y, por último, la cólera. Jamás

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150 Unidad 2 • Novela
había visto un hombre tan desconcertado al principio,
tan irritado después. Las fatigas de la travesía, los peligros Vocabulario
corridos en ella, todo resultaba inútil; era preciso empezar
de nuevo. ¡Habíamos retrocedido al punto de partida! KK irrefutables: se dice de afirma-
ciones tan sólidas que no pueden
Pero mi tío se sobrepuso enseguida. contradecirse con razones
o argumentos.
—¿Así que la fatalidad me juega estas bromas? —ex-
KK fatalidad: destino funesto, mala
clamó—. ¡Los elementos conspiran en contra mía! ¡El
fortuna.
aire, el fuego y el agua reúnen sus esfuerzos para opo-
nerse ante mi paso! ¡Pues bien, ya se verá lo que puede
mi voluntad! ¡No cederé, no retrocederé ni un paso y
veremos quién puede más, si el hombre o la naturaleza!

De pie sobre la roca, irritado, amenazador, Otto Liden-


brock, semejante al feroz Áyax20, parecía desafiar a los Hans acababa entonces de reparar la balsa. Parecía que
dioses. Pero creí oportuno intervenir y refrenar aquel este extraño individuo adivinaba los pensamientos de
impulso insensato. mi tío. Con algunos trozos de surtarbrandur había lo-
grado reforzar la embarcación. Ya se elevaba la vela y
—Escúcheme usted, tío —le dije con voz enérgica—; el viento jugaba con sus pliegues ondulantes.
existe en la tierra un límite para todas las ambiciones, y
no se debe luchar en contra de lo imposible. No estamos Le dijo el profesor algunas palabras al guía, y este co-
bien preparados para un viaje por mar, quinientas leguas menzó enseguida a embarcar el equipaje y a disponerlo
no se recorren fácilmente sobre una mala balsa, con una todo para la partida. La atmósfera se hallaba despejada
manta por vela y mi débil bastón por mástil y teniendo y el viento se sostenía del nordeste.
que luchar en contra de los vientos desencadenados. No
¿Qué podría yo hacer? ¿Luchar solo contra dos? ¡Si
podemos gobernar ni siquiera la balsa, somos juguete
al menos Hans se hubiera puesto de mi parte! Pero
de las tormentas, y solo se le puede ocurrir a unos locos
no; parecía como si el islandés se hubiera despojado
intentar por segunda vez esta travesía imposible.
de todo rasgo de voluntad personal y hecho un voto
Por espacio de diez minutos pude desarrollar esta serie de consagración a mi tío. Nada podía obtener de un
de razonamientos irrefutables, sin ser interrumpido: servidor tan adicto a su amo. Era preciso seguirlos. Me
pero esto se debió solo a la falta de atención del profe- disponía ya a ocupar en la balsa mi sitio acostumbrado,
sor, que no oyó ni una palabra de mi argumentación. cuando me detuvo el profesor con la mano.

—¡A la balsa! —exclamó de improviso. —No partiremos hasta mañana —me dijo.

Y esta fue la única respuesta que obtuve. Por más que Yo adopté la actitud de indiferencia del hombre que se
supliqué y me exasperé, me estrellé contra su voluntad, resignó a todo.
más firme que el granito.
—No debo olvidar nada —añadió—, y puesto que la
fatalidad me ha empujado a esta parte de la costa, no
la abandonaré sin haberla reconocido.

Para que se entienda esta observación será bueno ad-


20 Héroe legendario de la mitología griega, arrastrado por los vertir que habíamos vuelto a la costa norte; pero no al
dioses a la furia, la locura y la muerte.

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Español 7. Antología literaria 151
mismo lugar de nuestra primera partida. Puerto Graü- del macizo terrestre.
ben debía estar situado más al oeste. Nada más razona-
Esta explicación de los fenómenos que habíamos pre-
ble, por tanto, que examinar con mucho cuidado los
senciado me parecía satisfactoria porque, por grandes
alrededores de aquel nuevo punto de llegada.
que sean las maravillas de la naturaleza, hay siempre
—¡Vamos a hacer descubrimientos! —exclamé. razones físicas que puedan explicarlas.

Y partimos los dos, dejando a Hans entregado a sus Caminábamos ahora en una especie de terreno sedi-
quehaceres. El espacio comprendido ante la línea don- mentario, formado por las aguas, como todos los terre-
de morían las olas y la base de los contrafuertes era bas- nos de este periodo, tan ampliamente distribuidas en
tante ancho, y se podía calcular en una media hora el toda la superficie del globo. El profesor examinaba con
tiempo necesario para recorrerla. Nuestros pies tritura- atención los intersticios de las rocas, sondeando con
ban innumerables conchillas de toda forma y tamaño, marcado interés la profundidad de cuantas aberturas
pertenecientes a los animales de las épocas primitivas. encontraba.
Encontrábamos también enormes caparazones, cuyo
Habíamos recorrido una milla de las playas del mar Li-
diámetro era superior, a menudo, a quince pies, que
denbrock, cuando el suelo cambió repentinamente de
habían pertenecido a los gigantescos gliptodontes del
aspecto. Parecía removido, trastornado por una sacudi-
periodo del plioceno, de los que la moderna tortuga
da violenta de las capas inferiores. En muchos puntos,
es solo una pequeña reducción. El suelo se encontra-
los hundimientos y las protuberancias delataban una
ba sembrado, además, de gran cantidad de restos de
dislocación poderosa del macizo terrestre.
piedras, unas especies de guijarros redondeados por el
trabajo de las olas y dispuestos en líneas sucesivas, lo Avanzábamos con dificultad sobre estos pedazos de
que me hizo deducir que el mar debió, en otro tiempo, granito, mezclado con sílice, cuarzo y sedimentos de
ocupar ese espacio. Sobre las rocas esparcidas y actual- aluvión, cuando descubrió nuestra vista una vasta
mente situadas fuera de su alcance, habían dejado las llanura cubierta de esqueletos. Parecía un inmenso
olas señales evidentes de su paso. cementerio donde las generaciones de veinte siglos
fundían su polvo eterno. Elevados montones de res-
Esto podía explicar, hasta cierto punto, la existencia
tos se extendían, cual mar ondulado, hasta los últimos
de aquel océano a cuarenta leguas debajo de la super-
límites del horizonte, perdiéndose entre las brumas. Se
ficie del globo. Pero en mi opinión, aquella masa de
acumulaba allí, en un espacio de unas tres millas cua-
agua debía perderse poco a poco en las profundidades
dradas, toda la vida de la historia animal, que apenas
de la Tierra, y provenía, evidentemente, de las aguas
si ha empezado a escribirse en los demasiado recientes
del océano que se abrieron paso hasta allí a través de
terrenos del mundo habitado.
alguna grieta. Sin embargo, era preciso admitir que
esta grieta estaba en la actualidad cerrada pues, de
lo contrario, toda aquella inmensa caverna se habría
llenado en un plazo demasiado corto. Tal vez esta
Vocabulario
misma agua, habiendo tenido que luchar contra los
fuegos subterráneos, se había evaporado en parte. Y KK intersticios: hendiduras o espa-
esta era la explicación de esas nubes suspendidas en cios pequeños entre dos cuerpos,
nuestras cabezas, y de la producción de la electricidad o entre dos partes de un cuerpo.
que creaba tan violentas tempestades en el interior KK Mantenerse en sus trece: plantar-
se en una creencia, aferrarse obsti-
nadamente a la opinión propia.
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152 Unidad 2 • Novela
Una curiosidad impaciente nos atraía, sin embargo. excavaciones en las canteras de Moulin-Quignon, cer-
Nuestros pies trituraban con ruido seco los restos ca de Abbeville, departamento de Somme, en Francia,
de aquellos animales prehistóricos; y los fósiles cu- bajo la dirección del señor Boucher de Perthes, encon-
yos raros e interesantes despojos se disputarían los traron la mandíbula de un hombre a catorce pies de
museos de las grandes ciudades. La existencia de profundidad. Era el primer fósil de esta clase sacado
mil Cuvier no hubiera bastado para reconstruir los a la luz del día. Junto a él, fueron halladas hachas de
esqueletos de los seres orgánicos hacinados en aquel piedra y sílices tallados, coloreados y revestidos por el
magnífico osario. tiempo con un barniz uniforme.

Yo estaba estupefacto. Mi tío había elevado sus desco- Este descubrimiento produjo gran ruido, no solamen-
munales brazos hacia la espesa bóveda que nos servía te en Francia, sino en Alemania e Inglaterra también.
de cielo. Su boca desmesuradamente abierta, sus ojos Varios sabios del Instituto francés, los señores de
brillantes bajo el cristal de sus anteojos, su cabeza que Quatrefages y Milne-Edwards entre otros, tomaron
se movía en todas direcciones, su actitud, en fin, de- el asunto muy en serio, probaron la innegable au-
mostraba un asombro sin límites. Estaba delante de tenticidad de los huesos, y fueron los más ardientes
una inapreciable colección de leptoterios, mericoterios, defensores del llamado “proceso de la mandíbula”,
lofodontes, anoploterios, mastodontes, protopitecos, según la expresión inglesa.
pterodáctilos y de todos los monstruos antediluvianos
A los geólogos del Reino Unido, que tomaron el hecho
acumulados allí para su satisfacción personal. ¡Imagí-
como cierto, señores Falconer, Busk, Carpenter, etc., se
nese a un apasionado bibliómano transportado de re-
sumaron los sabios alemanes, destacándose entre ellos
pente a la famosa biblioteca de Alejandría, incendiada
por su calor y entusiasmo mi tío Lidenbrock.
por Omar, y que un portentoso milagro hubiera hecho
renacer de sus cenizas! Así estaba mi tío, el profesor La autenticidad de un fósil humano de la época cua-
Lidenbrock. ternaria parecía, por consiguiente, incontestablemente
demostrada y admitida.
Pero mayor fue su asombro cuando, corriendo a tra-
vés del polvo orgánico, levantó un cráneo del suelo, y Cierto es que este sistema había tenido un adversario
exclamó con voz estremecida. encarnizado en el señor Elie de Beaumont, un sabio
de autoridad comprobada, quien sostenía que el terre-
—¡Axel! ¡Axel! ¡Una cabeza humana!
no de Moulin-Quignon no pertenecía al “diluvium”,
—¡Una cabeza humana, tío! —respondí, no menos sino a una capa menos antigua, y, de acuerdo en este
sorprendido. particular con Cuvier, no admitía que la especie huma-
na hubiese sido contemporánea de los animales de la
—¡Sí, sobrino! ¡Ah, Milne-Edwards! ¡Ah, Quatrefages!
época cuaternaria. Mi tío Lidenbrock, de acuerdo con
¡Si estuvieras aquí, donde está Otto Lidenbrock!
la gran mayoría de los geólogos, se había mantenido
en sus trece, sosteniendo numerosas controversias y
CAPÍTULO 38 disputas, en tanto que el señor Elías de Beaumont se
Para comprender esta evocación dirigida por mi tío a quedó casi solo en el bando opuesto. Sabíamos todos
los ilustres sabios franceses, es necesario saber que, los detalles del asunto, pero ignorábamos que, des-
poco antes de nuestra partida, había tenido lugar un de nuestra partida, la cuestión había experimentado
hecho de gran importancia para la paleontología. nuevos progresos. Otras mandíbulas idénticas, aunque

El 28 de marzo de 1863, unos trabajadores, haciendo

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Español 7. Antología literaria 153
pertenecientes a individuos de tipos diversos y de na- edad tan remota. Mi tío, tan locuaz y discutidor como
ciones diferentes, fueron halladas, en las tierras livia- de costumbre, enmudeció también. Levantamos aquel
nas y grises de ciertas grutas, en Francia, Suiza y Bél- cadáver, lo enderezamos después; palpábamos su torso
gica, como asimismo armas, herramientas, utensilios y sonoro, y él parecía mirarnos con sus órbitas vacías.
huesos de niños, adolescentes, adultos y ancianos. La
Tras algunos instantes de silencio, el catedrático se so-
existencia del hombre cuaternario se afirmaba, pues,
brepuso al tío. Otto Lidenbrock, dejándose llevar de su
más cada día.
temperamento, olvidó las circunstancias de nuestro via-
Pero eso no era todo. Nuevos restos exhumados del je, el medio en que nos hallábamos, la inmensa caverna
terreno terciario plioceno habían permitido a otros sa- que nos cobijaba; y, creyéndose sin duda en el Johan-
bios más audaces aún asignar a la raza humana una naeum, dando una conferencia a sus discípulos, dijo en
antigüedad muy remota. Cierto que estos despojos no tono doctoral, dirigiéndose a un auditorio imaginario:
eran esqueletos humanos, sino productos de su indus-
—Señores —dijo—, tengo el honor de presentarles a un
tria, como tibias y fémures de animales fósiles, estria-
hombre de la época cuaternaria. Grandes sabios han
dos de modo regular, esculpidos, por decirlo así, y que
ostentaban señales evidentes del trabajo humano.

El hombre, pues, subió de un solo salto en la escala de


los tiempos un gran número de siglos; era anterior al
mastodonte y contemporáneo del Elephas meridiona-
Vocabulario
lis; tenía, en una palabra, cien mil años de existencia,
toda vez que esta es la antigüedad asignada por los KK exhumados: desenterrados.
más afamados geólogos a la formación de los terrenos
KK tibias y fémures: huesos de las
del plioceno.
patas de animales.
Tal era entonces el estado de la ciencia paleontológica, KK estriados: que tienen estrías, es
y lo que conocíamos de ella bastaba para explicar nues- decir, rayas en hueco.
tra actitud en presencia de aquel depósito de huesos KK los Santo Tomás: personas incré-
del mar Lidenbrock. Se comprenderán, pues, fácilmen- dulas, como Tomás, el apóstol, que
te el júbilo y la estupefacción de mi tío, sobre todo necesitó tocar con su dedo las he-
ridas de Jesús para creer que había
cuando, veinte pasos más adelante, encontró frente a resucitado. (Juan 20, 24-29).
sí un ejemplar del hombre cuaternario.
KK Polifemo: personaje de la mitolo-
Era un cuerpo humano perfectamente reconocible. gía griega, representado como un
gigante barbudo y con un solo ojo.
¿Había sido conservado durante tantos siglos por un
KK contradiscursos: discursos o
suelo de naturaleza especial, como el del cementerio
razones que surgen con la fina-
de Saint-Michel en Burdeos? No sabría decirlo. Pero
lidad específica de criticar otro
aquel cadáver de piel tersa y apergaminada, con los discurso previo.
miembros todavía blandos —por lo menos a la vista—,
KK preadamita: antecesor de Adán.
con los dientes intactos, la cabellera abundante y las El preadanismo fue una creencia
uñas de los pies y de las manos increíblemente largas, anterior a la teoría de la evolución.
se presentaba ante nuestros ojos tal como había vivido. Sostenía (en contra del relato bíbli-
co) que Adán no era el ancestro de
Quedé sin habla ante aquella aparición de un ser de otra todos los humanos.

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154 Unidad 2 • Novela
negado su existencia, y otros, no menos ilustres, la han ¡Imposible! ¡La desgraciada palabra no quería salir!
afirmado y defendido. Si se hallasen aquí los Santo ¡Se habrían reído mucho en el Johannaeum!
Tomás de la paleontología, lo tocarían con el dedo y
—Gigantosteología —concluyó al fin el profesor, entre
se verían obligados a reconocer su error. Sé muy bien
dos juramentos.
que la ciencia debe ponerse en guardia contra estos
descubrimientos. No ignoro la inicua explotación que Y animándose después, prosiguió:
han hecho de los hombres fósiles los Barnum y otros
—Sí señores, no ignoro nada de eso. Sé también que
charlatanes de su misma clase. Conozco perfectamente
Cuvier y Blumenbach reconocieron en esos esqueletos
la historia de la rótula de Áyax, del supuesto cadáver
simples huesos de mamut y de otros animales de la
de Orestes hallado por los espartanos, y del cadáver
época cuaternaria. Pero, en el caso actual, la duda solo
de Asterio, de diez codos de largo del que nos habla
sería una injuria a la ciencia. ¡Ahí tienen el cadáver!
Pausanias. He leído las memorias relativas al esqueleto
¡Pueden verlo, tocarlo! No se trata de un esqueleto,
de Trapani, descubierto en el siglo XIV, en el cual se
sino de un cadáver intacto, conservado únicamente
creyó reconocer a Polifemo, y la historia del gigante
con un fin antropológico.
desterrado en el siglo XVI en los alrededores de Paler-
mo. Conocéis, lo mismo que yo, el análisis practica- No quise contradecir esta afirmación.
do cerca de Lucerna, en 1577, del gran esqueleto que
el célebre médico Felix Plater dijo pertenecían a un —Si pudiera lavarlo en una solución de ácido sulfúrico
gigante de diecinueve pies. He devorado los tratados —añadió mi tío—, haría desaparecer todas las partes
de Cassanion, y todas las memorias, folletos, discursos y terrosas y esas conchillas resplandecientes incrustadas
contradiscursos publicados a propósito del esqueleto del en él. Pero yo no poseo por el momento el precioso
rey de los cimbrios, Teutobocus, el invasor de las Galias, disolvente. Sin embargo, este cadáver, tal como lo ven
exhumado en el año 1613 de un arenal del Delfinado. En ahora, nos relatará su historia.
el siglo XVIII hubiera combatido con Pierre Campet la El profesor tomó entonces el cadáver fósil, ma-
existencia de los preadamitas de Scheuchzer. He tenido nejándolo con la destreza de los que se dedican a
entre mis manos el escrito titulado Gigans... mostrar curiosidades.
Aquí reapareció la enfermedad natural de mi tío, que —Ya lo ven —siguió—, no tiene seis pies de altura,
en público, no podía pronunciar palabras difíciles. y nos encontramos, por tanto, a gran distancia de los
—El escrito —continuó— Gigans... —prosiguió. pretendidos gigantes. En lo que respecta a la raza a
la cual pertenece, es incontestablemente caucásica21.
Pero se detuvo otra vez. ¡Es de raza blanca, de nuestra raza! El cráneo de este
fósil es generalmente ovalado, sin desarrollo de los
—Giganteo...
pómulos, ni un avance exagerado de la mandíbula. No

21 Como se explicó antes, en el capítulo 19, el racismo científico del siglo XIX, desarrollado principalmente en Europa, postulaba la
existencia de varias razas humanas, en sentido biológico. La llamada “raza blanca” o “caucásica” era considerada superior, por corres-
ponder a los europeos mismos. Para esas doctrinas, la llamada “raza negra” se caracterizaba, entre otras cosas, por tener la mandíbula
un poco más hacia adelante (prognatismo). En la actualidad, la ciencia rechaza ese concepto de raza, pues no tiene ningún significado
biológico. Esto se expresa con la frase siguiente: “Hay una sola raza, la humana”.

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Español 7. Antología literaria 155
presenta señal alguna de prognatismo que modifica paso que dábamos, encontrábamos otros nuevos, de
el ángulo facial22. Midan el ángulo, y verán que tiene suerte que mi tío tenía donde elegir el más maravilloso
cerca de noventa grados. Pero, de ir todavía más lejos ejemplar para convencer a los incrédulos.
en el camino de las deducciones, me atrevería a afir-
En verdad, era un espectáculo asombroso el de aque-
mar que este ejemplar humano pertenece a la familia
llas generaciones de hombres y animales confundidos
jafética, que se extiende de la India hasta los límites
en aquel cementerio. Pero se nos planteaba una seria
de la Europa occidental. ¡No se rían, señores!
pregunta que no nos atrevíamos a resolver. Aquellos
No se reía nadie; pero, ¡era tal la costumbre que el seres animados ¿se habían deslizado mediante un mo-
profesor tenía de ver las caras divertidas de todo el vimiento del suelo hasta las playas del mar Lidenbrock
mundo durante sus sabias disertaciones! cuando estos ya estaban convertidos en polvo, o vivie-
ron allí en aquel mundo subterráneo bajo aquel cielo
—Sí —prosiguió, animándose de nuevo—; se trata de
fantástico, naciendo y muriendo de la misma forma
un hombre fósil y contemporáneo de los mastodontes
que los habitantes de la superficie de la Tierra? Hasta
cuyos huesos llenan este anfiteatro. Pero no me atreveré
entonces, solo se nos habían presentado vivos los peces
a decirles por qué vía han llegado aquí; de qué manera
y monstruos marinos; ¿vagaría aún por aquellas playas
esas capas donde yacían se han deslizado a esta enorme
desiertas algún hombre del abismo?
caverna de nuestro planeta. Sin duda en la época cua-
ternaria se verificaban aún trastornos considerables en
la corteza terrestre, el enfriamiento continuo del globo
CAPÍTULO 39
producía grietas, amplias hendiduras por las cuales se Nuestros pies continuaron caminando media hora
escurría probablemente una parte del terreno superior. sobre aquellas capas de huesos. Íbamos impulsados
No quiere esto decir que sustente yo esta teoría, pero el por una ardiente curiosidad. ¿Qué otras maravillas y
hecho es que aquí tenemos al hombre, rodeado de las tesoros encerraba aquella caverna para la ciencia? Mi
obras de su propia mano, de esas hachas, de esos sílices mirada se encontraba lista para toda sorpresa y mi ima-
tallados, que han constituido la edad de piedra, y, a me- ginación para todo asombro.
nos que haya venido como yo, como un excursionista,
Las orillas del mar habían desaparecido, hacía ya
como un cultivador de la ciencia, no puedo poner en
mucho tiempo, detrás de las colinas del depósito de
duda la autenticidad de su remoto origen.
huesos. El imprudente profesor se alejaba demasiado
Enmudeció el profesor y estallaron mis manos en uná- conmigo sin miedo de extraviarse. Avanzábamos en
nimes aplausos. De otro lado, mi tío tenía razón, y silencio bañados por las ondas eléctricas. Por un fenó-
otros bastante más sabios que su sobrino se hubiesen meno que no puedo explicar, y gracias a su difusión,
visto en un problema para contradecirlo. que por entonces era completa, alumbraba la luz de
una manera uniforme las diversas superficies de los
Otro indicio. Ese cadáver fosilizado no era el único que
objetos. Como no dimanaba de ningún foco situado en
había en aquel inmenso depósito de huesos. A cada
una punta determinada del espacio, no producía efecto
alguno de sombra. Todo ocurría como si nos halláse-
mos a mediodía, en medio de las regiones ecuatoria-
22 El ángulo facial está formado por dos planos, uno más o les, bajo los rayos verticales del sol. Todos los vapores
menos vertical, que es tangente a la frente y a los incisivos, y
habían desaparecido. Las rocas, las montañas lejanas,
el otro horizontal, que pasa por la abertura de los conductos
auditivos y el cartílago nasal inferior. Se llama prognatismo en algunas masas confusas de bosques lejanos tomaban
lenguaje antropológico, a la proyección de la mandíbula que un extraño aspecto bajo la equitativa distribución del
modifica el ángulo facial. (Nota del autor).

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156 Unidad 2 • Novela
fluido luminoso. Parecíamos el fantástico personaje de De repente me paré y detuve a mi tío con la mano.
Hoffmann que perdió su sombra.
La luz difusa permitía distinguir los menores objetos en
Después de una marcha de una milla, llegamos al la profundidad de ese bosque. Había creído ver... ¡No!
lindero de una selva inmensa, que en nada se parecía ¡Veía en realidad con mis ojos algunas sombras inmen-
al bosque de hongos próximo a puerto Graüben. sas agitarse bajo los árboles! Eran, en efecto, animales
gigantescos; todo un rebaño de mastodontes, no ya fósi-
Contemplábamos la vegetación de la época terciaria en
les, sino vivos, parecidos a aquellos cuyos restos fueron
toda su magnificencia. Grandes palmeras, de especies
descubiertos en 1801 en los pantanos del Ohio. Contem-
actualmente extintas, soberbios guanos, pinos, tejos,
plaba aquellos elefantes monstruosos, cuyas trompas se
cipreses y tuyas representaban la familia de las conífe-
movían entre los árboles como una legión de serpientes.
ras, y se enlazaban entre sí por medio de una inextri-
Escuchaba el ruido de sus largos colmillos cuyo marfil
cable red de bejucos. Un tapiz de musgos y hepáticas
perforaba los viejos troncos. Crujían las ramas, y las ha-
revestía blandamente el suelo. Algunos arroyos mur-
yas, arrancadas en cantidades enormes, desaparecían por
muraban debajo de aquellas sombras, si es que puede
las inmensas fauces de los enormes monstruos.
aplicárseles tal nombre, toda vez que, en realidad, no
existía sombra alguna. En sus márgenes crecían hele- ¡El sueño en que había visto renacer todo el mundo de
chos arborescentes muy parecidos a los que se crían en los tiempos prehistóricos, de las épocas ternaria y cuater-
los invernáculos del mundo habitado. Solo faltaba el naria, tomaba forma real! Y estábamos allí, solos, en las
color a aquellos árboles, arbustos y plantas, privados entrañas del globo, a merced de sus feroces habitantes.
del calor del sol. Todo se confundía en un tinte unifor-
Mi tío lo estaba mirando.
me, pardo y como marchito. Las hojas no poseían su
natural verdor, y las flores, tan abundantes en aquella —Vamos —dijo de repente, agarrando mi brazo—.
época terciaria que las vio nacer, sin color ni perfume ¡Adelante! ¡Adelante!
a la sazón, parecían hechas de papel descolorido bajo
—No —exclamé—; carecemos de armas. ¿Qué ha-
la acción de la luz.
ríamos en el medio de aquel rebaño de gigantescos
Mi tío se aventuró bajo estos gigantescos bosques. Yo lo cuadrúpedos? ¡Venga, tío, venga! ¡Ninguna criatura
seguí no sin cierta desconfianza. Puesto que la natura- humana podría desafiar impunemente la cólera de
leza había acumulado allí una abundante alimentación esos monstruos!
vegetal, ¿quién nos aseguraba que no había en el inte-
rior mamíferos temibles? Veía entre los amplios claros Vocabulario
que dejaban los árboles derribados y carcomidos por
la acción del tiempo, plantas leguminosas, aceríneas, KK jafética: persona perteneciente a
rubiáceas y mil otras especies comestibles, muy codi- alguno de los pueblos que, según
ciadas por los rumiantes de todos los periodos. Luego la Biblia, descienden de Jafet, ter-
cer hijo de Noé.
aparecían confundidos y mezclados los árboles de las
regiones más diversas de la superficie del globo. Crecía KK dimanaba: Provenía, procedía,
tenía origen de otra.
la encina al lado de la palmera, el eucalipto australiano
se apoyaba en el abeto de Noruega, el abedul del norte KK rumiantes: mamíferos que se
alimentan de plantas, tienen
entrelazaba sus ramas con las del kauri neozelandés.
cuatro estómagos y devuelven el
Había suficiente motivo para confundir la razón de los alimento a la boca para masticarlo
más ingeniosos clasificadores de la botánica terrestre. (rumiar), como la vaca, el camello
y la cabra.
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Español 7. Antología literaria 157
—¡Ninguna criatura humana! —respondió mi tío ba- Prefiero admitir la existencia de algún animal cuya es-
jando la voz—. ¡Te engañas, Axel! ¡Mira, mira allá! Me tructura se aproxime a la humana, de algún enorme
parece ver un ser viviente. Un ser semejante a nosotros. simio de las primeras épocas geológicas, de algún proto-
¡Un hombre! piteco, de algún mesopiteco23 parecido al que descubrió
el señor Lartet en el yacimiento osífero de Sansan. Sin
Miré, encogiéndome de hombros, resuelto a llevar mi
embargo, la talla del que vimos nosotros excedía a todas
incredulidad a los últimos límites, pero no tuve más
las medidas dadas por la paleontología moderna. Mas,
remedio que rendirme ante la evidencia. ¡Sí, a menos
no importa, era un simio; sí, un simio, por inverosímil
de un cuarto de milla, apoyado sobre el tronco de un
que sea. Pero ¡un hombre, un hombre vivo, y con él toda
enorme kauri, un ser humano, un Proteo de esas regio-
una generación sepultada bajo las entrañas de la Tierra,
nes subterráneas, un nuevo hijo de Neptuno guardaba
es completamente imposible! ¡Eso, jamás!
aquel innumerable rebaño de mastodontes!
Entretanto, habíamos abandonado la selva clara y lumi-
Inmanis pecoris custos, inmanior ipse!
nosa, mudos de asombro, anonadados bajo el peso de
¡Sí, inmanior ipse! No se trataba ya del ser fósil cuyo una estupefacción cercana al embrutecimiento. Corría-
cadáver habíamos levantado en el depósito de huesos, mos a pesar nuestro. Era aquello una verdadera huida,
sino de un gigante capaz de imponer su voluntad a semejante a esos arrastres espantosos que creemos su-
aquellos monstruos. Su talla era mayor de doce pies. Su frir en ciertas pesadillas. Instintivamente, nos dirigía-
cabeza, del tamaño de un búfalo, desaparecía entre las mos al mar Lidenbrock, y no sé en qué divagaciones
espesuras de una cabellera inculta. Parecía una verda- me hubiera extraviado, a no ser por una preocupación
dera crin, semejante a la de los elefantes de las primeras que me condujo a observaciones más prácticas.
edades. Blandía en su mano un enorme tronco, digna
Aunque yo estaba seguro de pisar un suelo que jamás
arma para aquel pastor antediluviano.
hollaron mis pasos, advertía con frecuencia ciertos gru-
Nos habíamos quedado inmóviles, estupefactos; podía- pos de rocas cuya forma me recordaba a los de puerto
mos ser vistos de un momento a otro; había que huir. Graüben. A veces, había buen motivo para equivocarse.
Cientos de arroyos y cascadas se precipitaban saltando
—¡Ven! ¡Ven! —exclamé, tirando de mi tío, quien, por
entre las rocas. Creí volver a ver la capa de surtar-
primera vez, hubo de dejarse arrastrar.
brandur, nuestro fiel Hans-Bach y la gruta en la que
Un cuarto de hora más tarde, nos hallábamos fuera de había recobrado la vida. Algunos pasos más lejos, la
la vista de aquel formidable enemigo. disposición de los contrafuertes de roca, la aparición
de un arroyo, el perfil sorprendente de una roca venía
Y ahora que pienso en aquello con tranquilidad, ahora a sumergirme de nuevo en las dudas.
que ha renacido la calma en mi espíritu, y han trans-
currido meses desde este extraño y sobrenatural en- El profesor Lidenbrock participaba de mi indecisión. No
cuentro, ¿qué debo pensar, qué creer? ¡No! ¡Es im- podía orientarse en medio de ese uniforme panorama.
posible! ¡Hemos sido presa de la alucinación de los Lo comprendí por algunas palabras que se le escaparon.
sentidos! ¡Nuestros ojos no vieron lo que creyeron ver!
¡No hay en aquel mundo subterráneo ningún hombre!
¡No habita aquellas cavernas inferiores del globo una
23 La terminación -piteco significa literalmente ‘mono’. Se ha
generación humana, que no sospecha la existencia de
usado en la clasificación de diversos primates extintos (como
los pobladores de la superficie ni está con ellos en co- el protopiteco y el mesopiteco) y de ciertos homínidos, como
municación! ¡Es una insensatez! ¡Una locura! el australopiteco.

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158 Unidad 2 • Novela
—Evidentemente —le dije— no hemos regresado a es un utensilio de la Edad de Piedra! ¡Ni siquiera de
nuestro punto de partida; pero no cabe duda que, bor- la Edad de Bronce! ¡Esta hoja es de acero!
deando la playa, nos aproximaremos a puerto Graüben.
Mi tío me cortó el camino por el que me arrastraba una
—En ese caso —respondió mi tío—, es inútil seguir nueva divagación, y con su tono frío me dijo:
esta exploración, y me parece lo mejor que regresemos
—Cálmate, Axel, y vuelve a la razón. Este puñal es
a la balsa. Pero, ¿no te engañas, Axel?
un arma del siglo XVI; una verdadera daga que los
—Difícil resulta el dar una contestación categórica, caballeros llevaban a la cintura para asestar el golpe
porque todas estas rocas se parecen unas a otras. Creo de gracia al adversario; es de origen español, y no ha
reconocer, sin embargo, el promontorio a cuyo pie pertenecido ni a Hans, ni a ti, ni a mí.
construyó Hans el artefacto en que hemos cruzado el
—¡Cómo! ¿Quiere usted decir...?
océano. Debemos estar cerca del pequeño puerto, si es
que no es este mismo —añadí examinando un surgi- —Mira, si hubiera sido hundida en la garganta de un
dero que creí reconocer. ser humano no se habría mellado de esta forma; la hoja
está cubierta de una capa de herrumbre que no data de
—No, Axel —dijo mi tío— encontraríamos nuestras
un día ni de un año, ni de un siglo.
propias huellas, al menos, y yo no vea nada...
El profesor se animaba, según su costumbre, dejándose
—¡Pues yo sí veo! —exclamé arrojándome sobre un
arrastrar por su imaginación.
objeto que brillaba sobre la arena.
—Axel —prosiguió—, ¡nos encontramos en el camino
—¿Qué es eso?
del gran descubrimiento! Este puñal ha permanecido
—¡Mire usted! —exclamé, mostrando a mi tío un pu- abandonado sobre la arena por el espacio de cien, dos-
ñal que acababa de recoger. cientos, trescientos años, y se ha mellado contra las
rocas de este mar subterráneo.
—¡Calma! —dijo este último—. ¿Habías traído esa
arma contigo? —Mas no habrá venido solo ni se habrá mellado por
sí mismo —exclamé—; ¡alguien nos ha precedido...!
—No ciertamente; supongo que la habrá traído usted.
—Sí. Un hombre.
—No, que yo sepa; es la primera vez que veo semejante
objeto.

—Lo mismo me ocurre a mí, tío. Vocabulario

—¡Es extraño! KK un Proteo: ser semejante a Proteo,


hijo de Neptuno en la mitología
—No, Axel, es muy sencillo; los islandeses suelen lle- romana. Su nombre puede signifi-
var consigo esta clase de armas, y esta pertenece sin car ‘el primordial’ o ‘el primero’.
duda a nuestro guía, que la ha perdido en esta playa... KK Inmanis pecoris custos, imma-
nior ipse: guardián de un rebaño
Sacudí la cabeza. Hans jamás había tenido aquel puñal
gigante, él es aún más gigante
en su poder. (paráfrasis de un verso de Virgilio).
—¿Es entonces el arma de algún guerrero antediluvia- KK osífero: que produce huesos.
no —exclamé—, de un hombre vivo, de un contem- KK mellado: sufrido mellas o daños
poráneo de ese gigantesco pastor? ¡Pero no! ¡Esto no en el filo de la hoja.
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Español 7. Antología literaria 159
—Y ese hombre, ¿quién ha sido? —¡Oh, maravilloso genio! —exclamó entusiasta—, ¡no
has olvidado ninguno de los detalles que podían abrirle
—¡Ese hombre ha grabado su nombre con este pu-
a otros mortales las vías de la corteza terrestre, y así,
ñal! ¡Ese hombre ha querido, una vez más, marcar con
tus semejantes pueden hallar, al cabo de tres siglos, las
su propia mano el camino del centro! ¡Busquémosle!
huellas que tus plantas dejaron en el fondo de estos
¡Busquémosle!
subterráneos! ¡Has reservado a otras miradas distintas
Impulsados por un vivo interés, empezamos a reco- de las tuyas la contemplación de tan extrañas maravillas!
rrer la elevada muralla, examinando atentamente las Tu nombre, grabado de etapa en etapa, conduce derecho
más insignificantes grietas que podían ser principio a su meta al viajero dotado de audacia suficiente para
de alguna galería. seguirte, y, en el centro mismo de nuestro planeta, estará
también tu nombre, escrito por tu propia mano. Pues
De esta suerte llegamos a un lugar en que se angostaba
bien, también yo iré a firmar con mi mano esta última
la playa, llegando el mar casi a bañar los contrafuertes
página de granito. Para que, desde ahora mismo, este
del acantilado, y no dejando más que un paso de una
cabo visto por ti, junto a este mar por ti también des-
toesa a lo sumo de anchura.
cubierto sea por siempre llamado el cabo Saknussemm.
Entre dos protuberancias avanzadas de la roca, encon-
Estas fueron, poco más a menos, las palabras que sus
tramos entonces la entrada de un túnel oscuro; y en
labios pronunciaron, y, al oírlas, me sentí invadido por
una de estas peñas de granito descubrieron nuestros
el entusiasmo que respiraba en ellas.
ojos, atónitos, dos letras misteriosas, medio borradas,
las dos iniciales del intrépido y fantástico explorador: Sentí que renacía una nueva fuerza en el interior de mi
pecho; olvidé los padecimientos del viaje y los peligros
de nuestro regreso. Lo que otro hombre había hecho
también quería hacerlo yo, y nada que fuese humano
me parecía imposible.

—¡A. S.! —exclamó mi tío— ¡Arne Saknussemm! —¡Adelante! ¡Adelante! —exclamé lleno de alegría.
¡Siempre Arne Saknussemm!
Iba a internarme ya en la oscura galería, cuando el pro-
fesor me detuvo, y él, el hombre de los entusiasmos,
CAPÍTULO 40 me aconsejó paciencia y sangre fría.
Desde el inicio de aquel accidentado viaje había ex-
—Volvamos, ante todo —me dijo—, a buscar a nuestro
perimentado tantas sorpresas, que creí que ya nada
fiel Hans, y traigamos la balsa a este sitio.
podría maravillarme. Y, sin embargo, ante aquellas dos
letras, grabadas tres siglos atrás, caí en un aturdimiento Obedecí esta orden, no sin pena, y me deslicé rápida-
cercano a la estupidez. No solo leía en la roca la firma mente por entre las rocas de la playa.
del sabio alquimista, sino que tenía entre mis manos el
—Verdaderamente, tío —dije mientras caminába-
estilete con que había sido grabada. A menos de pro-
mos—, que hasta ahora las circunstancias todas nos
ceder de mala fe, no podía poner en duda la existencia
han favorecido.
del viajero y la realidad de su viaje.
—¡Ah! ¿Lo crees así, Axel?
Mientras estas reflexiones se revolvían en mi mente,
el profesor se dejaba arrastrar por un ataque algo diti- —Sin ninguna duda; hasta la tormenta nos ha traído
rámbico con respecto a Arne Saknussemm. al verdadero camino. ¡Bendita la tempestad que nos ha

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160 Unidad 2 • Novela
devuelto a esta costa de donde la providencia nos había que avanzar con la ayuda de los bastones. A menudo,
alejado! Supongamos por un momento que nuestra las piedras situadas al filo del agua nos obligaban a dar
proa —la proa de la balsa— hubiera llegado a encallar rodeos importantes. Por fin, después de tres horas de
en playas meridionales del mar Lidenbrock, ¿qué ha- navegación, es decir, las seis de la tarde, llegamos a un
bría sido de nosotros? Nuestros ojos no hubieran tro- lugar propicio para el desembarco.
pezado con el nombre de Saknussemm y actualmente
Salté a tierra, seguido de mi tío y el islandés. La travesía
nos veríamos abandonados en una playa sin salida.
no disminuyó mi entusiasmo; al contrario, hasta propu-
—Sí, Axel; es providencial que, navegando hacia el sur, se quemar nuestras naves a fin de cortarnos la retirada;
hayamos llegado hacia el norte, y precisamente al cabo pero mi tío se opuso a ello. Lo encontré muy frío.
Saknussemm. Debo confesar que es sorprendente, y
—Al menos —dije—, partamos sin perder tiempo.
que hay aquí un hecho cuya explicación desconozco
en absoluto. —Sí, hijo mío; pero antes, examinemos esta nueva gale-
ría, con objeto de saber si es preciso preparar las escaleras.
—¡Bah! ¡Qué importa! Lo que debemos procurar es
aprovecharnos de los hechos, no explicárnoslos. Mi tío puso en actividad su aparato de Ruhmkorff;
dejamos la balsa bien amarrada a la orilla, y nos dirigi-
—Sin duda, muchacho, pero...
mos, marchando yo a la cabeza, a la boca de la galería
—Pero vamos a emprender otra vez el camino que con- que solo distaba de allí veinte pasos.
duce hacia el norte; a pasar nuevamente por debajo de
La abertura, que era casi circular, tenía un diámetro
los países septentrionales de Europa, Suecia, Siberia...
de cinco pies aproximadamente; el oscuro túnel esta-
¡qué sé yo!, en vez de hundirnos bajo los desiertos de
ba abierto en la roca viva y cuidadosamente cubierto
África o las olas del océano, de las cuales no quiero oír
por las materias eruptivas a las cuales dio paso en otra
hablar más.
época; su parte inferior se encontraba al nivel del suelo,
—Sí, Axel, tienes razón, y todo ha venido a redundar de modo que podía entrarse en él sin dificultad.
en provecho nuestro, ya que vamos a abandonar este
Caminábamos en un plano casi horizontal cuando, al
mar que, por su horizontalidad, no podía conducirnos
cabo de seis pasos, nuestra marcha se vio interrumpida
al lugar apetecido. Vamos a bajar otra vez, a bajar sin
por la interposición de una enorme roca.
descanso, ¡a bajar siempre! Bien sabes que, para llegar
al centro del globo, solo nos quedan que atravesar mil —¡Maldita roca! —exclamé con furia, al verme dete-
quinientas leguas. nido repentinamente por un obstáculo infranqueable.
—¡Bah! —exclamé yo— ¡no vale verdaderamente la
pena hablar de esa pequeñez! ¡En marcha! ¡En marcha!

Este insensato diálogo duraba todavía cuando nos reu-


nimos con el cazador. Todo estaba preparado para la
marcha inmediata; todos los bultos habían sido embar- Vocabulario
cados. Tomamos asiento en la balsa, y, una vez izada la
KK ditirámbico: elogioso de manera
vela, navegamos, barajando la costa, en demanda del exagerada.
cabo Saknussemm, con Hans al timón.
KK infranqueable: imposible de atra-
El viento no era favorable para aquel artefacto que no vesar o de rodear.
lo podía retener, así que en muchos lugares tuvimos
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Español 7. Antología literaria 161
Por más que buscamos a derecha, izquierda, arriba y las entrañas de la Tierra.
abajo, no dimos con ningún paso, ningún cruce. Experi-
—Abrámonos camino por la fuerza —dijo mi tío—; ¡de-
menté una gran decepción, y no me resignaba a admitir
rribemos esta muralla a golpes de azadón y de piqueta!
la realidad del obstáculo. Me agaché, y miré debajo de
la roca sin hallar ningún intersticio. Examiné después —Es demasiado dura para eso —exclamé yo.
la parte superior, y tropecé con la misma barrera de
—Entonces...
granito. Hans paseó la luz de la lámpara a lo largo de
la pared, pero esta no presentaba la menor solución de —Pues bien, ¡la pólvora! Minemos el obstáculo y ha-
continuidad. Había que renunciar a toda esperanza de gámoslo saltar en pedazos.
pasar.
—¡La pólvora!
Yo me senté en el suelo, en tanto que mi tío recorría a
grandes pasos aquel corredor de granito. —¡Sí, sí! ¡Solo se trata de volar un trozo de roca!

—¿Pero entonces, Saknussemm? —exclamé. —¡Manos a la obra, Hans! —exclamó entonces mi tío.

—Eso estoy pensando —dijo mi tío—. ¿Se vería dete- Volvió el islandés a la balsa y pronto volvió con un
nido quizá por esta puerta de piedra? pico, que usó para abrir una pequeña perforación. No
era trabajo fácil. Se trataba de abrir un orificio lo bas-
—¡No! —repliqué vivamente—. Esta roca debe haber tante considerable para contener cincuenta libras de
obstruido la entrada de una manera brusca a causa de algodón pólvora, cuya fuerza expansiva es cuatro veces
alguna sacudida sísmica o de uno de esos fenómenos mayor que la de la pólvora ordinaria.
magnéticos que agitan todavía en la superficie. Han me-
diado largos años entre el regreso de Saknussemm y Me hallaba en un estado de sobreexcitación espantoso.
la caída de esta piedra. Es evidente que esta galería ha Mientras Hans trabajaba, ayudé activamente a mi tío a
sido en otro tiempo el camino seguido por las lavas, y preparar una larga mecha hecha de pólvora mojada y
que, en aquel entonces, las materias eruptivas circulaban encerrada en un estrecho tubo de tela.
por ella libremente. Mire usted, hay grietas recientes —¡Pasaremos! —decía yo.
que surcan este techo de granito, construido con trazos
de piedras enormes, como si la mano de algún gigante —¡Pasaremos! —repetía mi tío.
hubiera trabajado en estos cimientos; pero un día, el em- A medianoche, nuestro trabajo de mineros estaba ter-
puje fue más fuerte, y este bloque, parecido a una clave minado por completo; la carga de algodón pólvora
de bóveda que faltara, se deslizó hasta el suelo, y dejó había sido depositada en la perforación, y la mecha se
obstruido el paso. Estamos ante un obstáculo accidental prolongaba a lo largo de la galería hasta salir al exterior.
que no encontró Saknussemm, y, si no la removemos,
somos indignos de llegar al centro del mundo. Solo faltaba una chispa para provocar la explosión.

Este era mi lenguaje. El alma del profesor se había —¡Hasta mañana! —dijo el profesor.
trasladado a mí por completo. Me inspiraba el genio de Fue preciso resignarse, y esperar todavía durante seis
los descubrimientos. Olvidaba lo pasado y despreciaba largas horas.
el porvenir. Ya nada existía para mí en la superficie del
esferoide en cuyo seno me había hundido, ni ciudades,
CAPÍTULO 41
ni campos, ni Hamburgo, ni Königstrasse, ni mi pobre
Graüben, que debía creerme para siempre perdido en El día siguiente, jueves 27 de agosto, fue una fecha cé-
lebre de aquel viaje subterráneo. No puedo acordarme
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162 Unidad 2 • Novela
de eso sin que el miedo haga aún palpitar mi corazón. A zó a chisporrotear en el acto, y volví corriendo a la orilla.
partir de aquel momento, nuestra razón, nuestro juicio
—Embarca —me dijo mi tío—, que vamos a soltar
y nuestro ingenio dejaron de tener participación algu-
amarras.
na en los acontecimientos, convirtiéndonos en meros
juguetes de los fenómenos de la Tierra. Salté a bordo, y Hans, de un violento empujón, nos im-
pulsó hacia el mar, y la balsa se alejó unas veinte toesas.
A las seis, ya estábamos de pie. Se aproximaba el mo-
mento de abrirnos paso a través de la corteza terrestre, Fue un momento de viva ansiedad; el profesor no apar-
por medio de una explosión. taba la vista de las manecillas del cronómetro.
Solicité para mí el honor de encender la mecha. Una Faltan cinco minutos —decía—. ¡Cuatro! ¡Tres!
vez hecho esto, debería reunirme a mis compañeros
Mi pulso latía cada medio segundo.
sobre la balsa que no había sido descargada, y luego
nos alejaríamos, con el fin de alejarnos de los peligros —¡Dos! ¡Uno...! ¡Caigan, montañas de granito!
de la explosión, cuyos efectos podrían no limitarse al
interior del macizo. ¿Qué sucedió entonces? Me parece que no oí el ruido
de la detonación; pero la forma de las rocas se modi-
La mecha debía arder diez minutos, según nuestros cál- ficó de pronto. Pareció como si se hubiese descorri-
culos, antes de llevar el fuego a la cámara de explosivos. do un telón. Vi abrirse en la misma playa un abismo
Tenía, pues, el tiempo necesario para alcanzar la balsa. insondable. El mar, como presa del vértigo, se volvió
una ola enorme, y sobre su espalda la balsa se elevó
Me preparé, no sin cierta emoción, a desempeñar
perpendicularmente.
mi papel.
Los tres caímos. En menos de un segundo, se extinguió
Después de almorzar muy deprisa, se embarcaron mi
la luz y quedamos hundidos en la más profunda os-
tío y el cazador, mientras que yo me quedé en la orilla,
curidad. Sentí después que faltaba el punto de apoyo,
provisto de una linterna encendida que debía servirme
no a mis pies, sino a la balsa. Creí que se iba a pique;
para dar fuego a la mecha.
pero no fue así.
—Anda, muchacho —me dijo mi tío—, y regresa de
inmediato con nosotros.

—Esté usted tranquilo, tío, que no me entretendré en


Vocabulario
el camino.
KK clave: piedra con que se cierra el
Me dirigí enseguida hacia la abertura de la galería, abrí
arco o la bóveda, y constituye su
la linterna y tomé la extremidad de la mecha. parte central más elevada.
El profesor tenía el cronómetro en la mano. KK esferoide: de forma parecida a la
esfera, como la Tierra.
—¿Estás listo? —me gritó. KK minemos: coloquemos explosivos
—¡Listo! —le respondí. para abrir camino.
KK chisporrotear: despedir chispas
—Bien, pues, ¡fuego!, hijo mío. continuamente.
Acerqué rápidamente, a la llama, la mecha, y esta comen- KK se iba a pique: se hundía,
naufragaba.

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Español 7. Antología literaria 163
Habría deseado dirigir la palabra a mi tío; pero el rugir El hábil cazador había logrado encender la linterna, y,
de las olas le habría impedido el oírme. aunque su llama vacilaba, amenazando apagarse, lanzó
unos resplandores en aquella espantosa oscuridad.
A pesar de las tinieblas, del ruido, la sorpresa y la emo-
ción, comprendí lo que acababa de ocurrir. La galería era ancha como me había figurado. Nuestra
insuficiente luz no nos permitía ver sus dos paredes a
Del otro lado de la roca que habíamos volado, existía
un tiempo. La pendiente de las aguas que nos arras-
un abismo. La explosión provocó una especie de terre-
traban excedía a la de los rápidos más insuperables
moto en aquel terreno agrietado; el abismo se abrió, y
de América; su superficie parecía formada por un haz
convertido en torrente, nos arrastraba hacia él.
de flechas líquidas, lanzadas con extremada violencia.
Me consideré perdido. No encuentro otra comparación que exprese mejor mi
idea. La balsa corría a veces dando vueltas, al impulso
Una hora, dos horas... ¡qué sé yo!, transcurrieron así.
de los remolinos. Cuando se aproximaba a las paredes
Nos entrelazamos los brazos, nos sujetábamos fuerte-
de la galería, acercaba a ellas la linterna, y su luz me
mente con las manos a fin de no ser despedidos de la
permitía apreciar la velocidad que llevábamos al ver
balsa. Se producían conmociones de extremada violen-
que los salientes de las rocas trazaban líneas continuas,
cia cada vez que esta última chocaba contra las paredes.
de suerte que nos hallábamos, al parecer, encerrados
Estos choques, sin embargo, eran extraños, de donde
en una red de líneas movedizas. Calculé que nuestra
deduje que la galería se ensanchaba grandemente. Aquel
velocidad debía ser de treinta leguas por hora.
era, sin dudarlo, el camino de Saknussemm; pero en vez
de descender solos, habíamos arrastrado todo un mar Mi tío y yo nos mirábamos con inquietud, agarrados
con nosotros, gracias a nuestra imprudencia. al trozo de mástil que quedaba, pues, al momento de
la explosión, este último se había roto en dos pedazos.
Bien se comprenderá que estas ideas asaltaron mi men-
Marchábamos boca abajo, para que no nos asfixiara la
te de un modo vago y oscuro, costándome mucho tra-
rapidez de un movimiento que ningún poder humano
bajo asociarlas durante aquella vertiginosa carrera que
podía contrarrestar.
parecía una caída. A juzgar por el aire que me azotaba
la cara, nuestra velocidad debía ser superior a la de Mientras tanto, las horas pasaban y la situación
los trenes más rápidos. Era pues imposible encender no cambiaba, hasta que un nuevo incidente vino
una antorcha en tales condiciones, y nuestro último a complicarla.
aparato eléctrico se había destrozado en el momento
Al tratar de arreglar un poco la carga, vi que la mayor
de la explosión.
parte de los objetos que componían nuestro equipaje ha-
Grande fue mi sorpresa al ver repentinamente brillar bían desaparecido al momento de la explosión, cuando
una luz a mi lado, que iluminó el semblante de Hans. fuimos envueltos por el mar. Quise saber exactamen-
te a qué atenerme con respecto a los recursos con que
contábamos, y, con la linterna en la mano, empecé a
hacer un recuento. De nuestros instrumentos, solamente
quedaban la brújula y el cronómetro. Las escaleras y
las cuerdas se reducían a un pedazo de cable enrollado
Vocabulario alrededor del trozo de mástil. No quedaba un azadón,
ni un pico ni un martillo, y ¡oh, desgracia sin remedio!,
KK inanición: debilidad notable por
no teníamos víveres más que para un solo día.
falta de alimento.

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164 Unidad 2 • Novela
Me puse a registrar los intersticios de la balsa, los más mente que caíamos en vez de resbalar. La impresión
pequeños rincones formados por las vigas y las juntas que sentía era la de una caída casi vertical. Las manos
de las tablas. ¡Pero nada! Nuestras provisiones consis- de mi tío y las de Hans, sujetadas a mis brazos, me
tían solo en un trozo de carne seca y algunas galletas. retenían con fuerza.

Me quedé como alelado, sin querer comprender. Y, bien De repente, después de un espacio de tiempo que no
mirado, ¿por qué preocuparme de aquel peligro? Aun puedo precisar, sentimos como un choque; la balsa no
cuando hubiésemos tenido víveres suficientes para había tropezado con ningún cuerpo duro, pero se había
meses y aun para años, ¿cómo salir de los abismos a detenido de repente en su caída. Una tromba de agua,
que nos arrastraba aquel irresistible torrente? ¿A qué una inmensa columna líquida cayó entonces sobre ella.
temer las torturas del hambre cuando me amenazaba Me sentí sofocado; me ahogaba.
la muerte bajo tantas otras formas? ¿Acaso teníamos
Esta inundación momentánea no duró, sin embar-
tiempo de morir de inanición?
go, mucho tiempo. Al cabo de algunos segundos me
Sin embargo, por una inexplicable rareza de la ima- encontré de nuevo al aire libre, que respiraron con
ginación, olvidé los peligros ante las amenazas de lo avidez mis pulmones. Mi tío y Hans me apretaban los
porvenir que hubieran de mostrárseme con todo su brazos hasta casi rompérmelos, y los tres estábamos
horror. Además, ¿no podríamos escapar a los furores aún sobre la balsa.
del torrente y volver a la superficie del globo? ¿De
qué manera? Lo ignoro. ¿Dónde? ¡El lugar no hacía CAPÍTULO 42
al caso! Una probabilidad contra mil no deja de ser
Supongo que serían aproximadamente las diez de la
siempre una probabilidad; en tanto que la muerte por
noche. El primero de mis sentidos que volvió a funcio-
hambre no nos dejaba ni un poco de esperanza.
nar después de la embestida fue el oído. Oí casi ense-
Se me ocurrió la idea de decírselo todo a mi tío, de guida —porque fue un verdadero acto de audición—,
manifestarle el desamparo en que nos encontrábamos, oí, repito, restablecerse el silencio dentro de la galería,
y de hacer el cálculo exacto del tiempo que nos queda- reemplazando a los rugidos que durante muchas horas
ba de vida; pero tuve el valor de callarme. Quise que aturdieron mis oídos. Por fin llegó hasta mí como un
conservase toda su serenidad. murmullo la voz de mi tío, que decía:

En aquel momento, se debilitó poco a poco la luz de —¡Subimos!


la linterna, hasta que se extinguió por completo. La
—¿Qué quiere usted decir? —exclamé.
mecha se había consumido hasta el fin. La oscuridad
se hizo de nuevo absoluta. No había que soñar con —¡Que subimos, sí, que subimos!
poder deshacer aquellas tinieblas impenetrables. Nos
Extendí luego el brazo, toqué la pared con la mano y
quedaba una antorcha aún; pero habría sido imposible
la retiré ensangrentada. Subíamos, en efecto, con una
mantenerla encendida. Entonces cerré los ojos, como
velocidad espantosa.
un niño pequeño, para no ver la oscuridad.
—¡La antorcha, la antorcha! —exclamó el profesor.
Después de un periodo de tiempo bastante conside-
rable, se redobló la velocidad de nuestra carrera. Lo Hans, no sin dificultades, logró, al fin, encenderla, y,
noté por como el aire me azotaba la cara. La pendiente aunque la llama de la luz se dirigió de arriba abajo,
de las aguas se hacía cada vez mayor. Creo verdadera- a consecuencia del movimiento de ascenso, produjo
claridad suficiente para iluminar toda la escena.

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Español 7. Antología literaria 165
—Todo sucede como me lo había imaginado —dijo mi Mi tío me miró sin querer comprender mis palabras.
tío—: nos hallamos en un estrecho pozo que tan solo
—¿Qué tal? —le pregunté— ¿Cree usted todavía que
mide cuatro toesas de diámetro. Después de llegar el
podremos salvarnos?
agua al fondo del abismo, recobra su nivel natural y
nos eleva consigo. Mi pregunta no obtuvo respuesta.
—¿Adónde? Transcurrió una hora más y empecé a experimentar un
hambre violenta. Mis compañeros padecían también,
—Lo ignoro; pero conviene estar listos para todos los
a pesar de lo cual ninguno de los tres se atrevía a tocar
acontecimientos. Subimos con una velocidad que es-
aquel miserable resto de alimentos.
timo en dos toesas por segundo, o sea ciento veinte
toesas por minuto, a más de tres leguas y media por Entretanto, subíamos sin cesar con terrible rapidez. A
hora. A este paso, se adelanta bastante camino. veces nos faltaba la respiración, como a los aeronautas
cuando ascienden con velocidad excesiva. Pero si estos
—Sí, si nada nos detiene; si tiene salida este pozo.
sienten un frío tanto más intenso cuanto mayor es la
Pero si está taponado, si el aire se comprime poco a
altura a que se elevan en las regiones aéreas, nosotros
poco bajo la presión enorme de la columna de agua,
experimentábamos un efecto absolutamente contrario.
seremos aplastados.
Crecía la temperatura de una manera inquietante, y en
—Axel —respondió el profesor, con mucha sereni- aquellos momentos no debía bajar de cuarenta grados.
dad—, la situación es casi desesperada; pero hay aún
¿Qué significaba aquel cambio? Hasta entonces, los
algunas esperanzas de salvación, que son las que exa-
hechos habían dado la razón a las teorías de Davy y
mino. Si es muy cierto que a cada instante podemos
de Lidenbrock; hasta entonces las condiciones parti-
morir, no lo es menos que podremos también ser sal-
culares de las rocas refractarias, de la electricidad, del
vados. Pongámonos, pues, en situación de aprovechar
magnetismo, habían modificado las leyes generales de
las menores circunstancias.
la naturaleza, y nos habían brindado una temperatura
—Pero, ¿qué podemos hacer? moderada; porque la teoría del fuego central seguía
siendo, en mi opinión, la única verdadera, la única ex-
—Preparar nuestras fuerzas, comiendo.
plicable. ¿Íbamos a penetrar entonces en un medio en
Al oír estas palabras, miré a mi tío con ojos espan- que estos fenómenos se cumplían en todo su rigor, y en
tados. Había llegado la hora de decir lo que había el cual el calor reducía las rocas a un estado completo
querido ocultar. de fusión? Así me lo temía, y por eso dije al profesor:

—¿Comer? —repetí. —Si no nos ahogamos o nos estrellamos, y si no mori-


mos de hambre, nos queda siempre la probabilidad de
—Sí, ahora mismo.
ser quemados vivos.
El profesor añadió algunas palabras en danés. Hans
Pero se contentó con encogerse de hombros, y se hun-
sacudió la cabeza.
dió de nuevo en sus reflexiones.
—¡Cómo! —exclamó mi tío—. ¿Se perdieron las
Transcurrió una hora más, y salvo un ligero aumento
provisiones?
de la temperatura, no vino ningún nuevo incidente a
—Sí, he aquí todo lo que queda, ¡un trozo de carne modificar la situación. Al fin, rompió el silencio mi tío.
seca para los tres!
—Veamos —dijo—, es preciso tomar una decisión.

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166 Unidad 2 • Novela
—¿Una decisión? —repliqué. uno. El profesor comió con avidez, con una especie de
entusiasmo febril; yo, sin gusto, a pesar de mi hambre,
—Sí; es preciso recuperar nuestras fuerzas. Si tratamos de
y casi con repugnancia; Hans, tranquilamente, con mo-
prolongar nuestra vida algunas horas, economizando ese
deración, a bocados que masticaba sin ruido y saborea-
resto de alimentos, permaneceremos débiles hasta el fin.
ba con la calma de un hombre a quien la preocupación
—Sí, hasta el fin, que no se hará esperar. por lo futuro no lo podía inquietar. Buscando muy
bien, había encontrado una cantimplora medio llena
—Pues bien, si se presenta ocasión de salvarnos, ¿dón-
de ginebra, que nos ofreció, y aquel licor benéfico logró
de encontraremos la fuerza necesaria para actuar, si
reanimarme un poco.
permitimos que nos debilite el ayuno?
—Förtrafflig —dijo Hans, bebiendo a su turno.
—Y una vez que devoremos este pedazo de carne, ¿qué
nos quedará ya, tío? —¡Excelente! —respondió mi tío.

—Nada, Axel, pero, ¿te alimentará más si te lo comes Había recobrado algo la esperanza; pero nuestra última
con los ojos? ¡Tus razonamientos son propios de un comida acababa de terminarse. Eran entonces las cinco
hombre sin voluntad, de un ser sin energía! de la mañana. El hombre está hecho de tal manera,
que su salud es un efecto puramente negativo; una vez
—Pero, ¿aún conserva usted esperanzas? —le pregun-
satisfecha la necesidad de comer, es difícil imaginar
té, irritado.
los horrores del hambre; hace falta experimentarlos
—Sí —replicó el profesor, con firmeza. para comprenderlos. Así, al salir de un largo ayuno,
algunos bocados de galleta y de carne triunfaron sobre
—¡Cómo! ¿Cree usted que existe algún medio nuestros pasados dolores. Sin embargo, después de este
de salvación? banquete, cada cual se entregó a sus reflexiones. ¿Con
—Sí, por cierto. Mientras el corazón lata, mientras la qué soñaba Hans, el hombre del extremo occidente,
carne palpite, no me explico que un ser dotado de vo- quien poseía la resignación fatalista de los orientales?
luntad se deje dominar por la desesperación. Por lo que a mí respecta, mis pensamientos se encon-
traban llenos de recuerdos y estos me conducían a la
Qué admirables palabras. El hombre que las pronun- superficie del planeta que nunca hubiera abandonado.
ciaba en circunstancias tan críticas poseía indudable- La casa de la Königstrasse, mi pobre Graüben, la ex-
mente un carácter poco común. celente Marta pasaron, como visiones, por delante de
—Pero, en fin —dije yo—, ¿qué pretende usted hacer? mis ojos, y, en los lúgubres ruidos que se transmitían a
través del macizo de granito, creía sorprender el ruido
—Comer lo que queda de los alimentos hasta la última de las ciudades de la Tierra.
migaja para recuperar las fuerzas perdidas. Si está escri-
to que esta comida sea la última, tengamos resignación; Por lo que respecta a mi tío, aferrado siempre a su
pero, al menos, en vez de estar agotados, volveremos idea, examinaba con rigurosa atención la naturaleza
a ser hombres. de los terrenos; trataba de darse cuenta de su situa-
ción, observando las capas superpuestas. Este cálculo,
—¡Comamos, pues! —exclamé. o por mejor decir esta apreciación, tan solo podía ser
Tomó mi tío el trozo de carne y las pocas galletas sal- aproximada para un sabio que es siempre un sabio,
vadas del naufragio, hizo tres partes iguales y las distri- cuando logra conservar su sangre fría, y hay que re-
buyó. Nos tocó cerca de una libra de alimentos a cada conocer que el profesor poseía esta cualidad en un
grado poco común.
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Español 7. Antología literaria 167
Le oía murmurar palabras de la ciencia geológica, que Un terror invencible se apoderó entonces de mi mente
me eran bien conocidas; y esto era causa de que, aun y ya no me fue posible verme libre de él. Presentía una
a mi pesar, me interesara en aquel supremo estudio. catástrofe próxima tan espantosa como la imaginación
más audaz no hubiera podido concebir. Una idea, in-
—Granito eruptivo —decía—; nos encontramos toda-
cierta y vaga primero, se transformó en certeza en mi
vía en la época primitiva; ¡pero ascendemos!, ¡ascen-
mente. La rechacé, pero regresó con insistencia. No me
demos!, ¿quién sabe?
atrevía a formularla; sin embargo, algunas observacio-
¡Quién sabe! Aún no había perdido la esperanza. Pal- nes involuntarias me hicieron adquirir la convicción.
paba con la mano la pared vertical, y algunos instantes A la dudosa luz de la antorcha, advertí en las capas gra-
después, continuaba: níticas movimientos desordenados; iba evidentemente
a producirse un fenómeno en el que la electricidad
—¡Aquí están los gneis! ¡Aquí las micacitas! ¡Bueno!
desempeñaba un papel; además, aquel calor excesivo,
Pronto llegarán los terrenos de la época de transición,
aquella agua en ebullición... Decidí observar la brújula.
y entonces...
¡Se había vuelto loca!
¿Qué quería decir mi tío? ¿Podía medir el espesor de
la corteza terrestre suspendida sobre nuestras cabezas?
CAPÍTULO 43
¿Poseía algún medio de hacer semejante cálculo? No.
Le faltaba el manómetro, y la mera apreciación no po- ¡Sí, sí! ¡Estaba loca! La aguja saltaba de un polo al
día sustituirlo. otro con bruscas sacudidas; recorría todos los puntos
del cuadrante, y giraba como si se estuviera poseída
Sin embargo, la temperatura aumentaba en progresión de vértigo.
importante, y me sentía bañado de sudor en medio
de una atmósfera quemante. Solo podía compararla al Sabía que, según las teorías más aceptadas, la corteza
calor que botan los hornos de una fundición cuando mineral del globo no se halla jamás en estado de re-
se efectúan las coladas. Poco a poco, Hans, mi tío y yo poso absoluto. Las modificaciones originadas por la
nos habíamos ido despojando de nuestras chaquetas; descomposición de las materias internas, la agitación
la prenda más ligera nos causaba un gran malestar, por producida por grandes corrientes líquidas, la acción del
no decir sufrimiento. magnetismo, tienden incesantemente a conmoverla,
aunque los seres diseminados en su superficie no sos-
—¿Será acaso que subimos hacia un foco incandes- pechen siquiera la existencia de estas agitaciones. Así,
cente? —exclamé, en un momento en que el calor pues, por sí solo, este fenómeno no me habría causado
aumentaba. susto, o, por lo menos no me habría hecho concebir
—No —respondió mi tío—; es imposible, ¡imposible! una idea tan terrible.

—Sin embargo —insistí yo, palpando la pared—, esta Sin embargo, otros hechos, ciertos detalles sui generis,
muralla quema. no pudieron engañarme por más tiempo; las detona-
ciones se multiplicaban con espantosa intensidad; solo
Al decir esto, rozó mi mano la superficie del agua y podía compararlas con el ruido que producirían un
tuve que retirarla a toda prisa. gran número de carros arrastrados rápidamente sobre
—¡El agua quema! —exclamé. un tosco empedrado. Era un trueno continuo.

El profesor, esta vez, no respondió más que con un Luego, la brújula, enloquecida, sacudida por los fe-
gesto de cólera. nómenos eléctricos, me confirmaba en mi opinión;

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168 Unidad 2 • Novela
la corteza mineral amenazaba romperse; los macizos ¡Lo mejor que nos podía pasar! ¡Entonces mi tío se ha-
graníticos, juntarse; el vacío, llenarse; el pozo, rebosar, bía vuelto loco! ¿Qué significado tenían sus palabras?
y nosotros, pobres átomos, íbamos a ser triturados en ¿Cómo explicarse su sonrisa?
aquella formidable compresión.
—¡Cómo! —exclamé—, nos hallamos envueltos en
—¡Tío, tío! —exclamé—; ¡ahora sí que estamos una erupción volcánica, la fatalidad nos ha arrojado
perdidos! en el camino de las lavas incandescentes, de las rocas
encendidas, de las aguas hirvientes, de las materias
—¿Que motiva tu nuevo terror? —me respondió con
eruptivas; vamos a ser repelidos, expulsados, arroja-
calma sorprendente—. ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa?
dos, vomitados, lanzados al espacio entre rocas enor-
—¡Que qué tengo! Observe esas paredes que se agitan, mes, en medio de una lluvia de cenizas y de escorias,
ese macizo que se disloca, esa agua en ebullición, los envueltos en un remolino de llamas, ¡y usted aún se
vapores que se espesan, esta aguja que oscila, este calor atreve a decir que es lo mejor que nos podía pasar!
insufrible, indicios todos de tan enorme terremoto.
—Sí —dijo el profesor, mirándome encima de los an-
Mi tío sacudió la cabeza con calma. teojos—, ¡porque es la única posibilidad que tenemos
de volver a la superficie de la Tierra!
—¿Un terremoto has dicho? —me preguntó.
Omito las mil ideas que cruzaron por mi cerebro. Mi
—Sí, ciertamente.
tío tenía razón en todo absolutamente, y jamás me pa-
—No, hijo mío; me parece que te engañas. reció ni más audaz ni más convencido que en aquellos
instantes en que esperaba y veía venir con calma las
—¡Cómo! ¿No son estos los signos precursores...? temibles contingencias de una erupción.
—¿De un terremoto? ¡No! Espero algo más grande. Entretanto, seguíamos subiendo, la noche pasó en
—¿Qué quiere usted decir? este movimiento ascensional; el escándalo que nos ro-
deaba crecía constantemente; me sentía casi asfixiado,
—¡Una erupción, Axel! y estaba convencido de que mi última hora se acerca-
—¡Una erupción! —exclamé—. ¿Nos hallamos en la ba; sin embargo, la imaginación es tan rara, que me
chimenea de un volcán en actividad? entregué a una serie de reflexiones verdaderamente
infantiles. ¡Yo me sometí a esos pensamientos, no
—Así lo creo —dijo el profesor sonriendo—: y a fe que podía controlarlos!
es lo mejor que nos podía pasar.
Era evidente que ascendíamos empujados por un
empuje eruptivo; bajo nuestra balsa había aguas hir-
vientes, y debajo de estas, una pasta de lava, un con-
glomerado de rocas que al llegar a la boca del cráter,
se dispersarían en todas direcciones. Nos encontrába-
mos, pues, en la chimenea de un volcán. Sobre esto,
Vocabulario
no había duda.
KK coladas: en los altos hornos, la Pero en esta ocasión, no se trataba del Sneffels, un
salida del hierro fundido.
volcán ya extinto, sino de otro volcán en plena ac-
KK sui generis: extraños, raros, tividad. Por eso me devanaba los sesos pensando en
muy particulares.

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Español 7. Antología literaria 169
cuál podía ser esa montaña y en qué parte del mundo —No nos envolverán.
íbamos a ser expulsados.
—Pero, ¿y si nos asfixian?
En las regiones del norte, sin duda de ningún género.
—No nos asfixiarán; la galería se ensancha, y, si fuera
Antes de volverse loca la brújula, nos había indicado
necesario, abandonaríamos la balsa para protegernos
siempre que marchábamos al norte; y, a partir del cabo
en alguna grieta.
Saknussemm, habíamos sido arrastrados cientos de le-
guas en esa dirección. Ahora bien, ¿nos hallábamos —¿Y el agua? ¿Y el agua que sube?
otra vez debajo de Islandia? ¿Íbamos a ser arrojados
—Ya no hay agua, Axel, sino una especie de pasta lávi-
por el cráter del Hecla, o por alguno de los siete montes
ca que nos eleva consigo hasta la boca del cráter.
ignívomos de la isla?
En efecto, la columna líquida había desaparecido, y fue
En un radio de quinientas leguas, al oeste, no veía, bajo
reemplazada por materias eruptivas bastante densas,
aquel paralelo, más que los volcanes mal conocidos
aunque hirvientes. La temperatura se hacía insopor-
de la costa noroeste de América. Al este, solo existía
table, y un termómetro expuesto en aquella atmósfera
uno en el grado ochenta de latitud, el Esk, en la isla
habría marcado más de setenta grados. El sudor me
de Jean Mayen, no lejos de Spitzberg. Cráteres no fal-
inundaba, y si la ascensión no hubiera sido tan rápida,
taban, ciertamente, y bastante espaciosos para vomitar
nos habríamos asfixiado sin duda.
un ejército entero; pero yo pretendía adivinar por cuál
de ellos íbamos a ser arrojados. No insistió el profesor en su propósito de dejar la balsa,
e hizo bien. Aquel puñado de tablas mal unidas ofrecía
Al amanecer, se aceleró el ascenso. El hecho de que
una superficie sólida, un punto de apoyo que, de otro
aumentara el calor, en vez de disminuir, al aproximar-
modo, no hubiéramos hallado.
nos a la superficie del globo, se explica por ser local
y debido a la influencia volcánica. Nuestro género de A eso de las ocho de la mañana, sobrevino un nuevo
locomoción no podía dejar en mi ánimo la más li- incidente. Cesó el movimiento ascensional de impro-
gera duda sobre este particular; una fuerza de varios viso y la balsa quedó completamente inmóvil.
centenares de atmósferas, engendrada por los vapores
acumulados en el seno de la Tierra, nos impulsaba con —¿Qué es esto? —pregunté yo, sacudido por aquella
energía irresistible. Pero, ¡a qué innumerables peligros parada repentina que me hizo el efecto de un choque.
nos exponíamos! —Un alto —respondió mi tío.
No tardaron en penetrar en la galería vertical, que iba —¿Es que la erupción se calma?
aumentando en anchura, reflejos amarillentos a cuya
luz distinguía, a derecha e izquierda, profundos co- —Me parece que no.
rredores que parecían túneles inmensos de los que se Me levanté y traté de averiguar lo que ocurría en torno
escapaban espesos vapores, y largas lenguas de fuego nuestro. Tal vez nuestra balsa, detenida por alguna roca
lamían chisporroteando sus paredes. saliente, oponía una resistencia momentánea a la masa
—¡Mire! ¡Mire, tío! —exclamé. eruptiva. En este caso, había que apresurarse a liberarla
lo antes posible.
—¡Bueno! Son llamas sulfurosas que no faltan en
ninguna erupción. Pero no había obstáculo. La columna de cenizas, es-
corias y piedras había dejado de subir de una manera
—Pero, ¿y si nos envuelven? espontánea.

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170 Unidad 2 • Novela
—¿Se habrá detenido la erupción por ventura? —dije yo. nieve de las regiones árticas y ansiaba el momento de
poderme revolcar sobre la helada alfombra del polo.
—¡Ah! —exclamó mi tío, apretando los dientes—,
si eso temes, ¡tranquilízate, hijo mío!; esta calma no Poco a poco, mi cabeza, trastornada por tan reiteradas
puede prolongarse; hace cinco minutos que dura, y sacudidas, se extravió, y de no ser por los brazos vi-
no tardaremos en reanudar nuestra ascensión hacia la gorosos de Hans, más de una vez me habría partido el
boca del cráter. cráneo contra la pared de granito.

Al hablar así, el profesor no cesaba de consultar su No conservo un recuerdo exacto de lo que pasó du-
cronómetro, y tampoco esta vez se equivocó en sus rante las horas siguientes. Tengo alguna idea confusa
pronósticos. Pronto volvió a adquirir nuestra balsa un de detonaciones continuas, de la agitación del macizo
movimiento rápido y desordenado que duró dos minu- de granito, del movimiento giratorio que se apoderó
tos aproximadamente y se detuvo de nuevo. de la balsa, la cual se balanceaba sobre las olas de lava
en medio de una lluvia de cenizas. La envolvieron las
Bueno —dijo mi tío, mirando la hora—, dentro de diez
llamas. Un viento huracanado, como despedido por un
minutos nos pondremos en marcha nuevamente.
ventilador colosal, activaba los fuegos subterráneos. Al
—¿Diez minutos? final vi el rostro de Hans iluminado por los resplando-
res de un incendio, y no experimenté más sensación
—Sí. Nos hallamos en un volcán de erupción intermi-
que el espantoso castigo del hombre condenado a mo-
tente, que nos deja respirar a la vez que él.
rir atado a la boca de un cañón, en el momento en que
Así sucedió, en efecto. A los diez minutos justos, fuimos sale el tiro y dispersa sus miembros por el aire.
empujados de nuevo con una velocidad asombrosa.
CAPÍTULO 44
Era preciso agarrarse fuertemente a las tablas para
no ser despedidos de la balsa. Después, cesó otra vez Cuando volví a abrir los ojos, me sentí sujetado por
el empuje. la cintura por la mano vigorosa de Hans, quien, con
la otra, sostenía también a mi tío. No me encontraba
Más tarde he reflexionado acerca de este extraño fe- herido gravemente, pero sí magullado por completo
nómeno, sin podérmelo explicar de un modo satis- cual si hubiera recibido una terrible golpiza.
factorio. Sin embargo, me parece evidente que no nos
encontrábamos en la chimenea principal del volcán, Me encontré acostado sobre la vertiente de una monta-
sino en algún conducto secundario donde repercutían ña, a dos pasos de un abismo en el cual me habría pre-
los fenómenos que ocurrían en aquella. cipitado al menor movimiento. Hans me había salvado
de morir mientras rodaba por los costados del cráter.
No sé cuántas veces se repitió aquella maniobra; lo
que sí puedo decir es que, cada vez que se reprodu-
cía el movimiento, éramos lanzados con una fuerza
creciente, como si fuéramos llevados por un proyec- Vocabulario
til. Mientras permanecíamos parados, me asfixiaba; y,
durante las ascensiones, el aire quemante me cortaba KK locomoción: movimiento, des-
la respiración. Pensé un instante en el placer inmenso plazamiento, transporte.
de volverme a hallar súbitamente en las regiones hi- KK lávica: hecha de lava.
perboreales a una temperatura de 30 °C bajo cero. Mi KK hiperboreales: que están muy al
imaginación exaltada se paseaba por las llanuras de norte en el planeta.

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Español 7. Antología literaria 171
—¿Dónde estamos? —preguntó mi tío, dando mues- —Tampoco, muchacho. No es este un volcán del norte,
tras de gran irritación por haber salido a la superficie con sus colinas de granito y su casquete de nieve.
de la Tierra.
—Sin embargo...
El cazador se encogió de hombros para manifestar su
—¡Mira, Axel, mira!
ignorancia.
Encima de nuestras cabezas, a quinientos pies por
—¿En Islandia? —dije yo.
lo menos, se abría el cráter de un volcán, por el cual
—Nej —respondió Hans. se escapaba, de cuarto en cuarto de hora, con fuer-
te detonación, una alta columna de llamas mezcladas
—¡Cómo que no! —exclamó el profesor.
con piedra pómez, cenizas y lavas. Yo podía sentir las
—Hans se engaña —dije yo levantándome. convulsiones de aquella montaña que respiraba como
las ballenas, arrojando de tiempo en tiempo fuego y
Después de las innumerables sorpresas de aquel viaje,
aire por sus enormes respiraderos. Debajo y por una
todavía nos estaba reservada otro nuevo asombro. Me
pendiente muy rápida, las capas de materias eruptivas
esperaba ver en un cono cubierto de nieves, en me-
caían a una profundidad de setecientos u ochocientos
dio de los áridos desiertos de las regiones del norte,
pies, lo que daba para el volcán una altura inferior a
bajo los pálidos rayos del cielo polar, más allá de las
cien toesas. Su base desaparecía en un verdadero bos-
más elevadas latitudes; sin embargo, en contra de mis
que de árboles, entre los que distinguí olivos, higueras
suposiciones, mi tío, el islandés y yo estábamos acos-
y vides cargadas de uvas rojas.
tados hacia la mitad de la escarpada vertiente de una
montaña calcinada por los ardores de un sol que nos Preciso era confesar que aquel no era el aspecto de las
devoraba con sus fuegos. regiones árticas.

No quería creer a mis ojos, pero el auténtico ardor Cuando la mirada iba más allá de ese cinturón de ver-
que experimentaba mi cuerpo no me dejaba lugar a dura, iba rápidamente a perderse en las aguas de un
dudas. Habíamos salido medio desnudos del cráter, y mar admirable o de un lago, que hacían de aquella
el astro esplendoroso, al que no le habíamos pedido tierra encantada una isla que apenas medía unas le-
nada en dos meses, se mostraba con nosotros pródigo guas de extensión. Por la parte de levante, se veía un
de luz y de calor, y nos envolvía a raudales con sus pequeño puerto precedido de ciertas casas, en el que
espléndidos rayos. barcos de formas particulares se balanceaban con las
ondulaciones de las aguas azuladas. Más lejos, emer-
Cuando se acostumbraron mis ojos a aquel brillo del
gían de la líquida llanura tan gran número de islotes,
que habían perdido la costumbre, los usé para rectificar
que semejaban un inmenso hormiguero.
los errores de mi imaginación. Por lo menos quería
hallarme en Spitzberg, y no había manera de conven- Hacia poniente, lejanas costas se divisaban en el hori-
cerme de lo contrario. zonte, perfilándose sobre algunas de aquellas montañas
azules de armoniosa conformación, y sobre otras, más
El profesor fue el primero que tomó la palabra,
remotas aún, se elevaba un cono de prodigiosa altura,
diciendo:
en cuya cima se agitaba un penacho de humo.
—En efecto, este paisaje no se parece en nada a los
Por el norte, se divisaba una inmensa extensión de mar,
de Islandia.
que relumbraba al influjo de los rayos solares, sobre
—¿Y a la isla de Jean Mayen? —respondí yo. la cual se veía de trecho en trecho la extremidad de

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172 Unidad 2 • Novela
un mástil o la convexidad de una vela hinchada por
el viento. Vocabulario

Lo imprevisto de semejante espectáculo centuplicaba KK pródigo: generoso.


aún sus maravillosas bellezas. KK levante: el este, el oriente.
—¿Dónde estamos? ¿Dónde estamos? —repetía yo. KK convexidad: cualidad de algo
convexo, es decir, curvado hacia
Hans cerraba, con indiferencia, los ojos, y mi tío lo fuera, como el exterior de
examinaba todo, sin darse apenas cuenta de nada. un tazón.
KK centuplicaba: multiplicaba
—Sea cual fuere esta montaña —dijo al fin—, hace por cien.
mucho calor; las explosiones no cesan, y no valdría la
pena haber escapado de los peligros de una erupción
para recibir la caricia de un pedazo de roca en la cabeza.
Bajemos, y sabremos a qué atenernos. Por otra parte,
me muero de hambre y de sed.

Decididamente, el profesor no era un espíritu contem- —¡El polo! No; pero...


plativo. Por lo que a mí respecta, olvidando las fatigas Era un hecho inexplicable; yo no sabía qué pensar.
y las necesidades, habría permanecido en aquel sitio
durante muchas horas aún; pero me fue preciso seguir Entretanto nos acercábamos a esa franja que tanto
a mis compañeros. recreaba la vista. Me atormentaban el hambre y la
sed. Por fortuna, después de dos horas de marcha,
El talud del volcán presentaba muy rápidas pendientes; se presentó ante nuestros ojos un hermoso campo,
nos deslizábamos a lo largo de verdaderos barrancos totalmente cubierto de olivos, granados y vides que
de ceniza, evitando las corrientes de lava que descen- parecían pertenecer a todo el mundo. Por otra parte,
dían como serpientes de fuego; y yo, mientras tanto, en el estado de desnudez y abandono en que nos en-
conversaba sin parar, porque mi imaginación estaba contrábamos, no era ocasión de andarse con muchos
demasiado llena de ideas para no ponerlas en palabras. escrúpulos. ¡Con qué placer oprimimos entre nues-
—¡Estamos en Asia —exclamé—, en las costas de la tros labios aquellas sabrosas frutas, aquellas dulces y
India, en las islas de la Malasia, en plena Oceanía! He- jugosísimas uvas! No lejos, entre la hierba, a la som-
mos atravesado la mitad del globo para venir a parar a bra deliciosa de los árboles, descubrí un manantial
los antípodas de Europa. de agua fresca, en la que sumergimos nuestras caras
y manos con indecible placer.
—Pero, ¿y la brújula? —respondió mi tío.
Mientras nos entregábamos a todas las delicias del re-
—¡Sí, sí! ¡Confiemos en la brújula! Si le creemos, ha- poso, apareció un chiquillo entre dos grupos de olivos.
bríamos marchado siempre hacia el norte.
—¡Ah! —exclamé—, un habitante de este bienaven-
—¿Luego, ha mentido? turado país.
—¡Oh, mentido! Era un chiquillo pobre, miserablemente vestido, bas-
tante necesitado, y a quien nuestro aspecto pareció
—¡A menos que este sea el polo norte!
asustar mucho. En efecto, medio desnudos y con

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Español 7. Antología literaria 173
nuestras barbas crecidas, teníamos muy mal aspecto; de mitológica memoria, en la antigua Strongyle, don-
y a menos que nos halláramos en un país de ladrones, de Eolo tenía encadenados los vientos y tempestades.
nuestras extrañas figuras tenían necesariamente que Y estas montañas azules que se veían por el este eran
asustar a sus habitantes. las montañas de Calabria. ¡Y aquel volcán que se er-
guía en el horizonte del sur era nada menos que el
En el momento en que el muchacho iba a huir, corrió
implacable Etna!
Hans detrás de él y lo trajo nuevamente, a pesar de sus
patadas y gritos. —¡El Estrómboli! —repetía yo—, ¡el Estrómboli!

Mi tío comenzó por tranquilizarlo como Dios le dio a Mi tío me acompañaba con sus gestos y palabras. Pa-
entender, y, en correcto alemán, le preguntó: recía que estábamos cantando un dúo.

—¿Cómo se llama esta montaña, amiguito? —¡Oh, qué viaje! ¡Qué maravilloso viaje! ¡Entrar por
un volcán y salir por otro, situado a más de mil dos-
El niño no respondió.
cientas leguas del Sneffels, de aquel árido país de Islan-
—Bueno —dijo mi tío—; no estamos en Alemania. dia, enclavado en los confines del mundo! Los azares
de la expedición nos habían transportado al seno de
Hizo la misma pregunta en inglés, y tampoco contestó
las más armoniosas comarcas de la Tierra. Habíamos
el chiquillo. A mí me devoraba la impaciencia.
cambiado la región de las nieves eternas por el de la
—¿Acaso es mudo? —exclamó el profesor, quien, verdura infinita y abandonado las nieblas cenicientas
orgulloso de su poliglotismo, repitió en francés de las zonas heladas para venir a cobijarnos bajo el
la pregunta. cielo azul de Sicilia.

El mismo silencio del niño. Luego de una deliciosa comida compuesta de frutas y
agua fresca volvimos a ponernos en marcha con rum-
—Ensayemos el italiano —dijo entonces mi tío. Y le bo al puerto de Estrómboli. No nos pareció prudente
preguntó en esta lengua: divulgar la manera cómo habíamos llegado a la isla.
—¿Dove noi siamo? El espíritu supersticioso de los italianos no hubiera
visto en nosotros otra cosa que demonios vomitados
—Sí, ¿dónde estamos? —repetí con impaciencia. Pero por las entrañas del infierno. Así que nos resignamos a
el niño no respondió tampoco. pasar por pobres náufragos. Era menos glorioso, pero
—¡Ah, ya está bien! —exclamó mi tío, que empezaba
a encolerizarse, dándole un tirón de orejas.

—¿Come si noma questa isola?

—Stromboli —repitió el pastorcillo, escapándose de las Vocabulario


manos de Hans, y corriendo hacia la llanura a través
de los olivos.
KK archipiélago eolio: islas volcá-
nicas situadas cerca de la costa
¡El Estrómboli! ¡Oh, qué efecto produjo en mi ima- nordeste de Sicilia, al sur de Italia.
ginación ese nombre inesperado! Nos hallábamos en KK Eolo: en la mitología griega, dios
pleno Mediterráneo, en medio del archipiélago eolio, de los vientos.

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174 Unidad 2 • Novela
mucho más seguro. El viernes 4 de setiembre, nos embarcamos a bordo del
Volturne, uno de los vapores de las mensajerías impe-
Por el camino, oí murmurar a mi tío:
riales de Francia, y tres días más tarde tomamos tierra
—¡Pero esa brújula! ¡Esa brújula que señalaba el norte! en Marsella, sin más preocupación en el espíritu que
¿Cómo explicarse este hecho? nuestra maldita brújula. Aquel hecho inexplicable no
cesaba de inquietarnos seriamente. El 9 de setiembre,
—Pues sí —dije yo con el mayor desdén—, no hace
por la noche, llegamos, por fin, a Hamburgo.
falta explicarlo, es lo más sencillo.
Imposible describir la estupefacción de Marta y la ale-
—¡En serio! ¡Un catedrático del Johannaeum que no
gría de Graüben al vernos entrar por las puertas.
supiera dar explicación de un fenómeno cósmico sería
una completa vergüenza! —¡Ahora que eres un héroe —me dijo mi adorada pro-
metida—, no tendrás necesidad de separarte más de
Y al expresarse de este modo; mi tío, medio desnudo,
mí, Axel!
con la bolsa de cuero alrededor de la cintura y sujetán-
dose los anteojos sobre la nariz, volvió o ser otra vez La miré, y ella me sonrió entre sus lágrimas.
el terrible profesor de mineralogía.
Puede calcular el lector la sensación que produciría en
Una hora después de haber abandonado el bosque de Hamburgo la vuelta del profesor Lidenbrock. Gracias
los olivos, llegamos al puerto de San Vicenzo, donde a las indiscreciones de Marta, la noticia de su partida
Hans reclamó el importe de su decimotercera semana para el centro de la Tierra se había esparcido por el
de servicio, que le fue religiosamente pagado junto con mundo entero. Pero nadie le creyó, y al verlo de regre-
unos calurosos apretones de manos. so, tampoco le creyeron a él.

En el aquel instante, si no participó de nuestra natural Sin embargo, la presencia de Hans y las informacio-
emoción, se dejó arrastrar por lo menos por un impul- nes venidas de Islandia cambiaron, poco a poco, la
so de extraordinaria expansión. opinión pública.

Apretó levemente nuestras dos manos con las puntas Entonces mi tío se convirtió en un gran hombre, y yo,
de sus dedos y esbozó una sonrisa. en el sobrino de un gran hombre, lo que ya es alguna
cosa. La ciudad de Hamburgo dio una fiesta en nues-
CAPÍTULO 45 tro honor. Se celebró una sesión pública en el Johan-
naeum, en la que el profesor hizo un detallado relato
Esta es la conclusión de un relato que no creerán in-
de su expedición, omitiendo naturalmente, los hechos
cluso las gentes acostumbradas a no asustarse de nada.
relacionados a la brújula. Aquel mismo día depositó
Pero me he preparado de antemano en contra de la
en los archivos de la ciudad el documento de Saknus-
incredulidad de los hombres.
semm, expresando la enorme decepción que le cau-
Fuimos recibidos por pescadores de Estrómboli con las saba el hecho que circunstancias más poderosas que
consideraciones debidas a unos náufragos. Nos propor- su voluntad no le hubiesen permitido continuar hasta
cionaron vestidos y víveres: y, después de cuarenta y el centro de la Tierra tras las huellas del explorador
ocho horas de espera, el 31 de agosto, una embarcación islandés. Fue modesto en su gloria, lo cual aumentó
pequeña nos condujo a Mesina, donde algunos días de su reputación.
reposo bastaron para reponer nuestras fuerzas.

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Español 7. Antología literaria 175
Tantos honores tenían necesariamente que despertar Para concluir, añadiré que este Viaje al centro de la Tie-
envidias. Así fue, en efecto, y, como sus teorías, basadas rra tuvo un enorme impacto en el mundo. Fue tradu-
en hechos ciertos, contradecían los sistemas estableci- cido e imprimido en todas las lenguas; los más impor-
dos por la ciencia sobre la cuestión del fuego central, tantes periódicos publicaron sus principales episodios,
sostuvo verbalmente y por escrito muy notables polé- los cuales fueron comentados, discutidos, atacados y
micas con los sabios de todos los países. defendidos con igual entusiasmo por creyentes e incré-
dulos. Y, cosa rara, mi tío disfrutó todo el resto de su
Por lo que a mí respecta, no puedo aceptar su teoría
vida de la gloria que había conquistado, y no faltó un
relativa al enfriamiento; a pesar de cuanto he visto,
señor Barnum que propusiera exhibirlo, a muy elevado
creo y seguiré creyendo siempre en el calor central;
precio, en los Estados Unidos.
pero confieso que ciertas circunstancias, aún no muy
bien definidas, pueden modificar esta ley bajo la acción Pero un profundo disgusto, un verdadero tormento
de ciertos fenómenos naturales. amargaba esta gloria. El hecho de la brújula seguía sin
explicación, y el que semejante fenómeno no hubiese
En el preciso momento en que más enconadas eran las
sido explicado constituía un verdadero suplicio para
discusiones, experimentó mi tío un verdadero disgus-
la inteligencia de un sabio. El cielo, sin embargo, le
to. Hans, a pesar de sus ruegos, se marchó de Hambur-
reservaba a mi tío una felicidad completa.
go. El hombre a quien todo se lo debíamos no quiso
permitir que le pagáramos nuestra deuda, capturado Un día, arreglando en su oficina una colección de
por la nostalgia de Islandia. minerales, me encontré la famosa brújula y me puse
a examinarla.
—Färval —nos dijo un día; y, sin más despedida, partió
para Reikiavik, a donde llegó felizmente. Hacía seis meses que estaba allí, en un rincón, sin
preocuparse de las inquietudes que causaba.
Estábamos singularmente apegados a nuestro buen
cazador de eiders; su ausencia no nos hará olvidar la ¡Qué estupefacción la mía! Lancé un grito que hizo
deuda de gratitud que tenemos con él, y tengo la espe- acudir al profesor.
ranza de no morir antes de volver a verlo.
—¿Qué ocurre? —preguntó.

—¡Esta brújula!

—¿Qué? ¡Acaba!

—¡Que su aguja señala hacia el sur, en vez de señalar


hacia el norte!

—¿Qué dices?

—¡Mire! ¡Sus polos están invertidos!

—¡Invertidos!

Mi tío miró, comparó y pegó un salto que hizo retum-


bar la casa.

¡Qué luz tan viva iluminó de repente su inteligencia


y la mía!

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176 Unidad 2 • Novela
—De suerte —exclamó cuando pudo recuperar el uso
de la palabra— que desde nuestra llegada al cabo Sak- Vocabulario
nussemm ¿la aguja de esta condenada brújula señalaba
hacia el sur, en vez de señalar hacia el norte? KK pupila: Huérfana menor de edad
(con respecto a su tutor).
—Evidentemente.

—Nuestro error se explica entonces de un modo satis-


factorio. Pero, ¿qué fenómeno ha podido producir esta
inversión de sus polos?

—La cosa no puede ser más simple.

—Explícate, muchacho.

—Durante la tempestad en el mar Lidenbrock, aquel


globo de fuego que imantó el hierro de la balsa des-
orientó nuestra brújula, e invirtió sus polos.

—¡Ah! —exclamó el profesor, soltando la carcajada—,


¡entonces fue una jugarreta de la electricidad!

A partir de aquel día, fue mi tío el más feliz de los sa-


bios, y yo el más dichoso de los hombres; porque mi
bella virlandesa, renunciando a su condición de pupi-
la, ocupó en la modesta casa de Königstrasse el doble
puesto de sobrina y de esposa. Es inútil añadir que su
tío fue el profesor Otto Lidenbrock, miembro corres-
pondiente de todas las sociedades científicas, geográ-
ficas y mineralógicas de las cinco partes del mundo.

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Español 7. Antología literaria 177
Análisis literario
FASE NATURAL
Resuelva las actividades con base en el texto leído.
1. Traduzca, con sus propias palabras, las expresiones destacadas en cada recuadro. R. T.:

Nos habíamos comprometido sin que lo supiera mi Cegado por su orientación científica.
tío, demasiado geólogo para comprender semejantes
sentimientos. (Pág. 52).

Por fin, con la ayuda de mi tío […] llegué cerca de la bola Hay que acostumbrarse al vértigo y a las alturas.
que corona el campanario. “Mira —dijo mi verdugo—
[…]. ¡Hay que tomar lecciones de abismo!”. (Pág. 69).

Me apresuraré a decir que la islandesa era madre de die- Unos niños tiernos y delicados, pero al mismo
cinueve hijos […]. Se habría dicho que formaban un coro
de ángeles insuficientemente limpios. (Pág. 84). tiempo sucios.

Mientras el corazón lata, mientras la carne palpite, no me Una persona racional, una persona con dominio
explico que un ser dotado de voluntad se deje dominar
por la desesperación. (Pág. 167). de sí mismo o autocontrol.

2. Responda las preguntas acerca de los siguientes aspectos culturales e históricos de la novela Viaje al centro
de la Tierra, de Julio Verne. R. T.:
¿Qué tecnologías usan
¿Cómo eran las casas los viajeros para conservar
¿Qué eran las runas?
en Islandia? alimentos y producir luz?

Las runas son un alfabeto o escritura Las casas están hechas de tierra y Para conservar alimentos, llevan

usado antiguamente en Islandia turba. Las paredes están inclinadas carne deshidratada y usan un

y otros países escandinavos. Cada hacia adentro, y parecen techos. Sobre tipo de galleta. Se iluminan con

símbolo equivale a una letra latina los techos crece la hierba. Tienen poca una especie de lámpara de pilas
(dado que lo transliteran). (Caps. 2 y 3). ventilación y luz. (Caps. 9, 13 y 14). (aparatos de Ruhmkorff ).

3. Anote el nombre de cuatro disciplinas científicas mencionadas en la obra, y describa el objeto de estudio
de cada una. R. T.:

mineralogía Propiedades físicas y químicas de los minerales.

geología Composición y estructura interna de la Tierra.

cristalografía Descripción de las formas que toman los cuerpos al cristalizar.

paleontología Restos fósiles de los seres orgánicos extintos.


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178 Unidad 2 • Novela
4. Complete la caracterización de los personajes de Viaje al centro de la Tierra. R. T.:

Quién es y cómo es su aspecto Cómo es su personalidad


Alto, delgado, “con una salud de hierro”. Es Malhumorado, enérgico, irascible. Expresa
relativamente viejo para la época (cincuenta sus sentimientos con dificultad. También es
años), pero se ve más joven. De nariz afilada y decidido y emprendedor, y un poco testarudo
Profesor Lidenbrock larga, es de ojos grandes, pero corto de vista o terco. De carácter fuerte, se impone siempre
(usa anteojos). Además, tiene un problema sobre su sobrino y sobre las demás personas
de tartamudez. de la casa.

Es un huérfano de quien se hizo cargo Tiene un carácter menos fuerte que el de su


el profesor Lidenbrock. Es una persona tío y a veces algo romántico. No es aventurero.
Axel saludable, pero al parecer no es físicamente Es connotado como “niño” en relación con su
fuerte (Hans debe salvarlo varias veces). tío, que aparece como “adulto”.

Es un hombre joven, sumamente fuerte, con Encarna los estereotipos sobre los islandeses
gran agilidad, y además con gran resistencia en la época: es impasible, no se sobresalta ni
Hans Bjelke al cansancio. emociona, es absolutamente fiel a su patrón
(Lidenbrock) y capaz de acompañarlo a todo.

Muchacha de diecisiete años de edad, es la Es de carácter relativamente serio. Se muestra


ahijada del profesor Lidenbrock. Es rubia, de solidaria con Axel en la realización de su viaje.
Graüben ojos azules, y muy hermosa a los ojos de Axel. Es trabajadora y ordenada.

Es la trabajadora doméstica y cocinera en la Es sumamente dócil ante el profesor, y


casa. Es descrita como una “vieja criada”, y al muestra miedo y desesperación ante algunas
Marta parecer lleva muchos años en la casa. Tiene de sus reacciones. Muestra gran diligencia en
fortaleza para realizar múltiples tareas. sus tareas.

Es el director del Museo de Antigüedades del Es servicial y atento, y ayuda a los viajeros en
profesor Thomson Norte en Copenhague (Dinamarca). todo lo que puede para su viaje a Islandia.

Es catedrático de Ciencias Naturales de la Posee una vasta cultura. Habla islandés y latín.
señor Fridriksson escuela de Reikiavik (Islandia). Es hospitalario y servicial.

Es el sacerdote de una pequeña aldea. Es un Es poco hospitalario, grosero y descortés.


Sacerdote de Stapi hombre de campo. Cobra un precio exagerado por sus servicios.

Es muy alta (Axel le calcula 1,80 metros). Es Es poco hospitalaria, grosera y descortés, al
Esposa del sacerdote una mujer de campo. igual que su esposo.
de Stapi
Son los acompañantes de los viajeros hasta el Son muy silenciosos y serios, como todos los
Tres acompañantes
volcán Sneffels. islandeses presentados en la novela.
islandeses
Es un niño de edad indeterminada, vestido Se asusta mucho ante los extraños. Escapa a la
Niño en Estrómboli con gran pobreza, que trabaja como pastor. primera oportunidad.

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Español 7. Antología literaria 179
5. Elabore un esquema o un mapa conceptual de los personajes de la novela leída, en el que exprese su papel
en el relato y las relaciones entre ellos.

R. T.: Se espera que el estudiante incluya, al menos, a los personajes principales (el profesor Lidenbrock, Axel y
Hans), así como a los secundarios (Graüben y Marta). Pueden ser incluidos otros personajes, como los ayudantes
o colaboradores (Thomson y Fridriksson), y quienes les venden servicios (los tres islandeses, el sacerdote de Stapi
y su esposa).

6. Trace, en el mapa, la ruta aproximada del viaje que realizaron el profesor Lidenbrock y Axel, su sobrino, desde
que salieron de su casa hasta que regresaron a ella.

Groenlandia
Islandia

o
Mar del

ltic
r Bá
Norte
Canadá Dinamarca
Ma
Alemania
Océano Francia
Atlántico
España Italia
Estados Unidos Portugal Sicilia

Marruecos Argelia Estrómboli

7. Redacte una reseña biográfica del profesor Arne Saknussemm. Refiérase a quién fue, dónde vivió y qué hizo
según el mundo representado en la obra.
Saknussemm es un personaje inventado por Verne. Según la novela, fue un sabio islandés del siglo XVI, alquimista (vea el
vocabulario en la pág. 51), naturalista y explorador. Por su trabajo, “fue perseguido como hereje, y sus obras fueron quemadas
en Copenhague en 1573” (pág. 75). La persecución lo lleva a ocultar su viaje al centro de la Tierra en un criptograma.
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180 Unidad 2 • Novela
8. Sintetice la polémica que sostiene Axel con su tío, a lo largo de la novela, sobre la estructura interna de la Tierra.

Teoría defendida por Axel Teoría defendida por Lidenbrock

Axel defiende la teoría de que la temperatura Lidenbrock cita a dos científicos de la época

de la Tierra aumenta, conforme se desciende para afirmar que la teoría del calor central está
hacia el centro, a razón de un grado cada 70 equivocada. Según esos científicos, si el centro de la
pies (21,3 m), de modo que el centro debe estar Tierra estuviera fundido, la presión de los gases haría

en estado de fusión (este último hecho ha sido estallar el planeta (Poisson), y la acción de la Luna
verificado hoy). (Pág. 61). en esa masa líquida provocaría mareas y terremotos

(Humphry Davy).

9. Elabore una lista de los elementos geográficos que son bautizados por los exploradores.
Arroyo de Hans o Hans-Bach, en el descenso inicial hacia el mar interior (pág. 113). Mar Lidenbrock, la masa de agua
descubierta en el interior del planeta (pág. 127). Puerto Graüben (pág. 134), a orillas del mar interior. Islote de Axel (pág.
144), en el mar interior.

10. Resuma la novela en un máximo de 250 palabras. Incluya solamente la información esencial.
R. T.: (191 palabras): La novela trata de un viaje científico y exploratorio por debajo de la superficie terrestre, a finales del
siglo XIX. Lo realizan el profesor Lidenbrock y su sobrino Axel, acompañados por el baquiano islandés Hans. La historia

empieza cuando el profesor obtiene información, de un viejo pergamino escrito en clave, escrito por el islandés Arne

Saknussemm, en el que asegura haber realizado ese viaje tres siglos antes. Siguiendo las instrucciones del pergamino,
encuentran la entrada al interior de la Tierra en un volcán apagado en Islandia. Bajo tierra, recorren varios túneles y llegan

a un mar interior. Encuentran muestras sorprendentes de plantas fósiles y animales vivos que se creían extintos hacía

millones de años. Después de atravesar el mar y perder el rumbo, hallan lo que parece ser la salida de Saknussemm hacia
la superficie. La siguen, pero se ven tomados por una corriente que los arrastra. Se dan cuenta de que es la boca de un

volcán y finalmente son lanzados a la superficie nuevamente, muy lejos del lugar de partida, en Estrómboli, al norte de

Sicilia (Italia). El profesor y su sobrino se hacen famosos en el mundo científico.

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Español 7. Antología literaria 181
FASE DE UBICACIÓN
Lea la información y resuelva las actividades.

Julio Verne (1828-1905)


Época y lugar Estética e ideología
Julio Verne nació hacia el final de la Revolución Indus- La obra de Verne se inscribe en el realismo literario, y
trial, en un mundo que dejaba atrás la economía rural y tiene una estrecha relación con la ciencia de su época.
se lanzaba de lleno a una economía basada en la indus- Sus temas preferidos son el viaje de aventuras, la ciencia
trialización y la mecanización del trabajo. Este fenóme- y el progreso. Además de la influencia de autores como
no trajo un nuevo marco social, definido por el ascenso Edgar Allan Poe, se destaca el conocimiento de Verne
al poder de la burguesía y la formación de una nueva de autores científicos en campos como la geografía, la
sociedad urbana. A partir de la segunda mitad del siglo geología y las ciencias aplicadas, así como las narracio-
XIX, al poder de la burguesía se opuso un movimiento nes de viajeros. En ocasiones, Verne ha sido llamado “el
obrero cada vez mejor organizado y con articulación padre de la ciencia ficción”, aunque existe polémica al
internacional. El siglo XIX también vio surgir al positi- respecto. En todo caso, si bien Verne no se propuso ser
vismo, una corriente filosófica de gran impacto en la un profeta del futuro, sus obras sí tienen una relación
ciencia y en la literatura, que parte de una confianza esencial con el discurso científico e implicaron una cui-
absoluta en el progreso científico y solo acepta como dadosa investigación por parte del autor.
reales los datos experimentales que pasen primero por
Obra
la percepción (los sentidos) y luego por el análisis lógico.
Julio Verne escribió piezas de teatro —la mayoría en co-
En ese contexto surge el realismo literario y su deriva-
laboración con otro autor—, ensayos, poemas y novelas,
ción: el naturalismo. El realismo rechaza el Romanticis-
pero son estas últimas sus obras de mayor relevancia.
mo (siglos XVIII-XIX) y el predominio de la pasión en
Entre las 62 de ellas publicadas en vida del autor, se des-
la literatura, y recupera el racionalismo occidental pro-
tacan Cinco semanas en globo (1863), Viaje al centro de
veniente de la filosofía del siglo XVII (el llamado Siglo
la Tierra (1864), De la Tierra a la Luna (1865), Veinte mil
de las Luces). El escritor realista se dirige a un público
leguas de viaje submarino (1870), La vuelta al mundo en
burgués, que espera ver representados en la literatura
ochenta días (1873), La isla misteriosa (publicada en tres
sus preocupaciones y temores, encarnados en persona-
partes entre 1874 y 1875), Miguel Strogoff (1876) y El
jes que puedan resultarle próximos y ambientados casi
castillo de los Cárpatos (1892).
siempre en el escenario familiar de la ciudad.

11. Sintetice la relación entre el realismo literario y el contexto del siglo XIX.
R. T.: El realismo literario se propone retratar la sociedad y la realidad en el texto literario. Ese tipo de novelas iba dirigido al
público burgués, justamente, y en el siglo XIX, la burguesía se convierte en la clase social de mayor influencia. Al mismo
tiempo, en el campo de las ideas, el positivismo es corriente de la filosofía de la ciencia (o epistemología científica) que
domina la escena. De ese modo, la situación de la burguesía y la filosofía de la ciencia representan un gran empuje para
la literatura realista: la burguesía es el público al que se dirige la literatura realista, y la filosofía de la ciencia le sirve de
apoyo en la búsqueda de la objetividad o de la representación de la realidad.

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182 Unidad 2 • Novela
12. Determine si las ideas estéticas de Julio Verne se reflejan en la novela Viaje al centro de la Tierra.
R. T.: En la novela aparecen los elementos fundamentales de las ideas estéticas de Julio Verne: el tema del viaje, la relación
con el discurso científico y la fe en el progreso. La novela incluye conocimientos geológicos de los personajes, aparatos
usados para el viaje y fenómenos extraños que encuentran bajo tierra.

13. Describa brevemente qué lugar tiene la sociedad burguesa y urbana en la novela.
R. T.: La novela plantea dos tipos de sociedad: la urbana (Alemania) y la rural (Islandia e Italia). La urbana es burguesa. A
ella pertenece el profesor. Su estatus socioeconómico le permite llevar una vida cómoda, ocuparse de su sobrino y de su
ahijada y tener criada. Durante el viaje se hace énfasis en que el profesor no repara en gastos.

FASE ANALÍTICA
Paratexto
14. Explique la relación entre el título y el contenido de la novela.
R. T.: El título describe bien el contenido (la intención del viaje es alcanzar el centro de la Tierra). Sin embargo, es algo
engañoso porque los viajeros no llegan al centro de la Tierra.

a. ¿Cuál es la palabra más destacada del título? ¿Qué efecto tiene eso?
R. T.: La palabra más destacada es “viaje” (núcleo del grupo nominal). Esto tiene el efecto de que el lector se sienta
atraído por la historia por la idea de aventura. (Sería distinto si se hubiera llamado Conociendo el centro de la Tierra).

Cotexto
15. Anote “sí” o “no” delante de cada afirmación, de acuerdo con la lectura de Viaje al centro de la Tierra.
No El personaje principal evoluciona o se transforma notablemente.
Sí Hay cambios importantes en el lugar en el cual transcurren las acciones.
No Existe un conflicto o problema alrededor del cual giran las acciones.
No Los acontecimientos narrados abarcan un gran espacio de tiempo.

16. Con base en la actividad anterior, marque con el aspecto más importante en el desarrollo de la novela.

Los personajes El tiempo El espacio Las acciones

a. Justifique su respuesta.
R. T.: Los personajes se describen con poco detalle (no se conoce bien el aspecto de varios de ellos). Ninguno sufre
una transformación radical; la que ocurre con Axel (que pasa de su posición de “niño” a “adulto”, y hace planes de
boda) no se desarrolla. El aspecto más importante es el viaje en sí mismo, es lo que da título a la novela, y el cambio
de espacio es esencial. El nuevo espacio bajo tierra está connotado a cada paso como extraño y sorprendente.

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Español 7. Antología literaria 183
17. Determine si la novela puede ser clasificada como realista (similitud al mundo real), maravillosa (explicación
sobrenatural) o fantástica (sin explicación realista ni maravillosa).
R. T.: Aunque los personajes encuentran una realidad sorprendente, no se presenta como algo maravilloso ni fantástico.
En ese sentido, la novela es realista (se trata de un mundo representado con una convención realista).

18. Anote los términos con los que son caracterizados los islandeses, en especial Hans.
Los islandeses son caracterizados como “taciturnos” e “impasibles”, incapaces de conmoverse por nada.

19. Escriba las expresiones de cariño con que se refiere Axel a Graüben.
Axel la llama “pequeña”, “linda virlandesa”, “bella virlandesa” y “querida virlandesa”.

Estructuras de mediación
20. Marque con los discursos con los cuales se relaciona la novela.

Discurso religioso Discurso artístico Discurso racista



Discurso poético Discurso científico Discurso jurídico

a. Justifique su respuesta.
Discurso religioso: menciones a cargos eclesiásticos e ideas de Axel. Discurso poético: menciones a la literatura
clásica. Discurso científico: en toda la obra. Discurso racista: descripción de los islandeses y mención a los llamados
“salvajes” de África y América, el llamado “Nuevo Mundo” (pág. 102).

21. Explique a qué disciplinas pertenecen los principales intertextos de la novela.


Aunque hay algunas citas de textos poéticos, la mayoría de los autores citados existieron, y sus ideas son reproducidas
con mayor o menor fidelidad, en campos como química, física y geología.

22. Determine cuáles personajes femeninos participan en algún diálogo en la obra. Determine de qué tratan
los diálogos.
Solo dos personajes femeninos toman la palabra: Marta y Graüben. Marta trata asuntos relacionados con su trabajo de
criada, y Graüben aparece para tratar su relación con Axel.

a. Defina el papel que desempeñan esas mujeres.


Esos personajes aparecen en relaciones de dependencia de hombres: oficios domésticos y futura esposa.

b. De los personajes de la obra y de los científicos mencionados, ¿cuántos son mujeres? ¿Cómo quedan
connotados la sociedad y el mundo científico en la novela, en función del género?
Ningún científico mencionado es mujer, ni ningún participante en el viaje o colaborador científico. Tanto la sociedad
como el mundo de la ciencia aparecen dominados claramente por los hombres.

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184 Unidad 2 • Novela
23. Lea nuevamente la siguiente cita del texto y responda.

Los viajeros perdidos en los desiertos del África, o en las selvas del Nuevo Mundo, tienen
que velar los unos el sueño de los otros; pero allí, la soledad y seguridad eran absolutas.
No había que temer salvajes ni fieras, que son las razas más dañinas de la Tierra. (Pág. 102)

a. Explique cómo se concibe a los mal llamados “salvajes” en la cita anterior.


R. T.: Se coloca en equivalencia a los mal llamados “salvajes” (pueblos con otra cultura respecto de la europea, no con
una cultura inferior) con “fieras”. Esa animalización es una cognición discriminatoria muy fuerte y los presenta como
un peligro o amenaza. Ese tipo de razonamiento puede justificar incluso la violencia contra ese otro.

Contexto
24. Marque las características que corresponden a cada personaje.

Burguesía Clase baja Ciudad Campo Hombre Mujer

Prof. Lidenbrock

Axel

Hans

Graüben

Marta

a. ¿Cuáles personajes tienen mayor espacio en la novela para expresar sus ideas y hacer oír su voz? ¿A cuáles
de los grupos anteriores pertenecen?
Los personajes que hacen uso extenso de la palabra en la novela son ambos hombres burgueses de la ciudad.

FASE EXPLICATIVA E INTERPRETATIVA


25. Marque cuáles valores describen la visión del narrador acerca del mundo representado.

Fe en el progreso Igualdad de género Sociedad igualitaria

Admiración al campesino Fe en la ciencia Eurocentrismo

26. Comente, con su grupo, si la novela cuestiona el orden social de su época. ¿Qué tipo de sociedad promueve?
R. T.: La novela no cuestiona el orden social de la época, examinado desde el punto de vista de la burguesía. Se promueve
una sociedad burguesa, en la que los hombres de clase media o alta tienen los mayores privilegios, y las personas
humildes solo son consideradas en la medida en que sean dóciles y no expresen sus ideas.

27. Elabore un texto de 200 palabras, como máximo, en el cual resuma el resultado de las cuatro fases de su
análisis. Trabaje en hojas aparte. R. L.
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Español 7. Antología literaria 185
3
Unidad

Lírica

Shirley Campbell Barr


(1965)
Nacionalidad: costarricense
Obra: Rotundamente negra
y otros poemas

Aquileo J. Echeverría
(1866-1909)
Nacionalidad: costarricense
Obra: Concherías

Miguel Fajardo Korea


(1956)
Nacionalidad: costarricense
Obra: Casa Guanacaste

Julián Marchena
(1897-1985)
Nacionalidad: costarricense
Obra: Alas en fuga

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186 Unidad 3 • Lírica
Mario Benedetti
(1920-2009)
Nacionalidad: uruguayo
Obras: Inventario I, Inventario II

Nicanor Parra
(1914)
Nacionalidad: chileno
Obra: Poemas y antipoemas

Lecturas destacadas
“Mercando leña”, en: Concherías, “Vuelo supremo”, en: Alas en fuga,
Aquileo J. Echeverría. Julián Marchena.

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Español 7. Antología literaria 187
Lectura
Aquileo J. Echeverría
(1866-1909)
Mercando leña
Aquileo J. Echeverría
Escritor, periodista y político costa-
rricense, primo del narrador Manuel
González Zeledón, Magón. Tuvo que
abandonar sus estudios secundarios
para trabajar. La mayor parte de
su vida vivió del periodismo, pero
también fue soldado, bibliotecario
y pulpero. Se cuenta que en su
pulpería tuvo un estrecho contacto
con la idiosincrasia costarricense, su
manera de pensar y de hablar.
En 1953, fue nombrado Benemérito
de las Letras Patrias. Los premios del
Estado costarricense a las obras lite-
rarias más destacadas llevan su nom-
bre: cada año, se otorga el Premio
Nacional de Cultura Aquileo J. Eche-
verría en las áreas de novela, cuento,
poesía, ensayo y dramaturgia.
—¡Hola, ñor José María!
Traiga la leña pa vela.
¿Cuánto cobra?
Vocabulario
—Cinco pesos.
—¡Ave María gracia plena!
KK mercando: comprando.
¡Los tres dulcísimos nombres!
KK Ave María gracia plena: ex-
—Deje la jesuseadera;
presión de asombro. Alude al
avemaría, cuyo texto más usado yo pido lo que yo quiero
es: “Dios te salve María, llena eres y usté ofrece lo que ofrezca,
de gracia…”. que usté manija su plata
KK los tres dulcísimos nombres: y yo manijo mi leña,
expresión de asombro. Alude a la y no hemos de disgustalos
Sagrada Familia del culto católico por cuestiones de pesetas.
(Jesús, María y José). Eso sí, quiero dicirle
KK jesuseadera: repetición exage- que repare en la carreta,
rada del nombre de Jesús o de y que espí si está cargada
otros nombres sagrados. con concencia o sin concencia.
KK manija, manejo: maneja, mane- Si le cabe un palo más
jo (de manejar). me lo raja en la cabeza:
KK pesetas: monedas de 25 centavos. Yo soy un hombre legal,
KK espí: espíe, mire, vea. feo decilo; pero vea,
a yo naide me’azariao
KK a yo naide me’azariao: nadie ha
desconfiado de mí. hasta l’hora por mi leña.
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188 Unidad 3 • Lírica
Esta es quizarrá amarillo,
laurel y madera negra: Vocabulario
de jierro pa consumise,
y pa prendese de yesca. KK quizarrá: árbol cuya madera se
emplea en la construcción
Con una leñita asina
de casas.
se lucen las cocineras.
KK yesca: material muy seco, que
—Sí, pero está muy menuda;
alza llama con facilidad.
tres pesos le doy por ella.
Si quiere los tres, vacela. KK asina: así.
—Se la pongo en tres con seis, KK menuda: pequeña.
nada más que pa que vea KK dunda: abundante.
que yo sí quiero tratar. KK de cerca: usada para construir
—No mejoro la propuesta. cercas o vallas.
Acuérdese qu’es verano KK gui: grito que usan los boyeros
y que anda dunda la leña. para poner en marcha o acelerar
¿Sabe en cuánto compró dos la yunta (los dos bueyes unidos
carretadas ña Manuela, por una pieza de madera).
la mujer que vive allí KK confisgao: es decir, confisgado,
onde está echada la perra? travieso, pícaro.
¡En cinco pesos! KK pachorrudo: perezoso, indolente.
—¡Caramba!,
KK jesa: grito que usan los boyeros
de fijo que era de cerca. para detener la yunta (los dos
¿Tal vez jocote o güitite? bueyes unidos por una pieza
—¡Qué va pa güitite!… Buena: de madera).
juaquiñiquil y targuá…
—Puede ser que asina sea.
Mas volviendo a nuestro trato
se la largo en tres cuarenta.
—Los tres pesos que le dije.
—Arrímeles la peseta
y tratamos.
—Ni un centavo.
—¿Dónde le boto la leña?
—¡Abrite el portón, Jacinta!
—¡Está con llave, ña Chepa!
—Aspérese, voy’abrile.
—¡Gui! ¡Güey viejo sinvergüenza!
¡Confisgao tan pachorrudo!
Gui, gui. ¡Jesa, jesa, jesa!
—Éntrela en brazaos pequeños
pa librar la chayotera.

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Español 7. Antología literaria 189
Coja por este zaguán
Vocabulario y di’ahi cruza a la derecha,
y en el rincón de l’esquina
KK zaguán: espacio cubierto a la
me l’acomoda en estebas
entrada de la casa, inmediato a la
puerta de la calle. de modo que deje paso
KK estebas: estibas, que corres- al común.
ponde al verbo estibar, esto es, —¿Sí? ¿De deveras?
acomodar una carga de manera
equilibrada, de modo que ocupe ¿Con que quiere de remache
poco espacio y se sostenga por que le meta yo la leña
sí sola.
y que di’ahi se la acomode,
KK común: la letrina o el baño. y que ha de ser de manera
KK de remache: encima de todo, que dé paso a la letrina?
además de lo anterior.
Dígame, señora Chepa:
KK letrina: lugar para hacer las nece-
sidades fisiológicas, que consiste, ¿No le gusta más pelada
por lo general, en un gran aguje- y olorosa a yerbagüena,
ro con un asiento.
y con lazos en las puntas,
KK aspergiada: rociada, cubierta.
y aspergiada de canela,
KK feria: pequeño regalo hecho y que además le regale
por el vendedor a su cliente, o
cantidad extra de producto que como a modo de una feria,
se regala. el chonete, los güeicillos,
KK chonete: sombrero, en especial el los calzones, la carreta,
viejo y estropeado. En la actualidad,
y este chuzo, y esta faja,
esta palabra se aplica sobre todo a
un sombrero de tela. y a la zonta de mi agüela?
KK calzones: pantalones que llegan —¡Qué hombrecillo tan malcriao!
hasta la rodilla. ¡Cargue pronto con su leña!…
KK chuzo: palo largo con punta de —¡No! ¡Si la voy a dejar
hierro, usado por los boyeros
para picar a la yunta (los dos bue- pa que la queme de muestra!…
yes unidos por una pieza ¡Que me alce el Patas el día
de madera). que güelva a tratar con viejas!
KK zonto, zonta: se dice de una
persona o un animal que perdió
una o las dos orejas, o de una
vasija sin asas.
KK la zonta de mi agüela: alude
a la frase hecha “la zonta de su
abuela”, usada para insultar.
KK el Patas: el diablo.

Nota: en esta edición, el uso de las letras s, z y c (con sonido /s/) se actualizó de acuerdo con
las normas ortográficas vigentes.
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190 Unidad 3 • Lírica
Análisis literario
FASE NATURAL
Resuelva las actividades con base en el texto leído.
1. En el texto aparecen muchas palabras que no corresponden a la norma del español. Complete el cuadro con
los términos normativos correspondientes. Guíese por los ejemplos.

Término Término Término Término Término Término


del texto normativo del texto normativo del texto normativo
ñor señor naide nadie juaquiñiquil cuajiniquil

pa para jierro hierro aspérese espérese

vela verla prendese prenderse de deveras de verdad

disgustalos disgustarnos vaceo vacío yerbagüena hierbabuena

dicirle decirle ña señora güeicillos bueicillos

2. El texto imita la lengua oral, y por ese motivo hay frases acortadas o abreviadas. Anote la expresión completa
que corresponde a cada expresión abreviada. Guíese por el ejemplo.

hasta l’hora di’ahi


hasta la hora de ahí

voy’abrile voy a abrirle l’esquina la esquina

qu’es l’acomoda
qué es la acomoda

3. Complete el cuadro con las características de los personajes.

Papel en el poema Personalidad


Habla mucho, defiende sus ideas y el producto que vende. Usa un
ñor José María Vendedor de leña
lenguaje muy expresivo y coloquial.
Habla poco, y también defiende su posición en el negocio. Es hábil
ña Chepa Ama de casa
para regatear.

4. Sintetice los argumentos de ñor José en favor de su leña, así como los de ña Chepa sobre el precio justo.

Argumentos de ñor José Argumentos de ña Chepa


– La carreta está bien cargada de leña. – La leña viene en trozos demasiado pequeños.

– La leña es duradera y arde fácilmente. – Hay abundancia de leña por estar en verano.

– La leña es de especies muy apreciadas. – Otros vendedores ofrecen mejores precios.

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Español 7. Antología literaria 191
5. Determine en qué espacio físico ocurren las acciones descritas en el poema. R. T.:
Las acciones ocurren al frente de la casa de ña Chepa; al parecer el ama de casa está junto a la cerca, y el vendedor,
en la calle.

6. Describa algunas características de la casa de ña Chepa que se mencionan en el poema. R. T.:


Tiene un patio, donde está la chayotera. Tiene una letrina o baño de tipo rústico. Posee un zaguán por el que se pasa a la
parte de atrás de la casa y un portón por donde cabe una carreta.

FASE DE UBICACIÓN
Lea la información y resuelva las actividades.

Aquileo J. Echeverría (1866-1909)


Época y lugar educación formal, y los presenta tanto en su forma de pen-
sar y en sus costumbres como en su modo de hablar, lleno
Al igual que su primo Magón, Echeverría vivió en la época
de costarriqueñismos y con incorrecciones desde el punto
de las reformas liberales del Estado costarricense, entre
de vista de la norma lingüística. En los poemas en que
finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Dichas reformas
aparece un narrador —a diferencia de “Mercando leña”,
establecieron la separación entre la Iglesia y el Estado, por
en la que solo hay un diálogo entre dos personajes—, las
ejemplo, con la instauración de la educación laica (con-
incorrecciones aparecen entre comillas o en letra itálica.
trolada por el Estado, no por la Iglesia) y la expulsión de
El concho se opone al leva, es decir, el funcionario de clase
la orden jesuita (1884) para eliminar su intervención en la
media que tenía acceso a la educación formal y tenía la
política. En esa época se construyó el ferrocarril al Atlánti-
posibilidad de vestir con levita (un tipo de saco largo).
co y el tranvía en San José, se redactaron nuevos cuerpos
Los poemas de Echeverría están dirigidos a personas que
de leyes y se difundieron los hábitos de higiene corpo-
saben leer y escribir y que no coinciden con el estereotipo
ral y de utilización racional del tiempo. En esa época, las
del concho. Presentan ambientes familiares la mayoría del
ciudades crecieron y el teatro tuvo un gran auge; se in-
tiempo, y a diferencia de los cuentos de Magón, no solo
auguraron teatros como el Variedades y el Nacional, y se
hay espacio para los relatos divertidos, sino también para
construyeron parques como el Morazán y el de La Merced,
sucesos tristes o violentos. En ese sentido, su propósito
en San José. Aquileo se enmarca en la Generación del
no es solo divertir, sino también transmitir una visión de
Olimpo literario, al igual que Magón (para este tema, re-
la identidad nacional del costarricense.
pase la fase de ubicación de Magón).
Obra
Estética e ideología
Echeverría publicó sobre todo poesía, la mayoría con el
Al igual que la mayoría de los cuentos de Magón, las Con-
modelo del romance, de gran tradición en lengua espa-
cherías (publicadas en 1905) se enmarcan en el costum-
ñola. Este tipo de composición emplea versos octosílabos
brismo, como se explica en las páginas dedicadas a ese
(ocho sílabas) y rima asonante (coinciden solo las vocales
autor. La obra de Echeverría tiene la intención de presentar
finales) en los versos pares. Sus principales obras, además
una serie de retratos de lo costarricense, especialmente de
de Concherías, son Romances (1903) y Crónicas y cuentos
la cultura popular. Por eso centra su atención en los llama-
míos (1934).
dos conchos, es decir, las personas de campo, humildes, sin

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192 Unidad 3 • Lírica
7. Determine si los personajes de “Mercando leña” pertenecen a la cultura urbana de la época o a la cultura rural.
Pertenecen a la cultura rural, lo cual se aprecia en la presencia del boyero (vendedor de leña) y la manera de disponer de
los desechos humanos (la letrina o común).

8. Comente cómo se presenta el tipo social del concho en “Mercando leña”.


Se presenta un boyero como modelo del concho, quien vive de recolectar y vender leña. Se muestra tanto su forma de
pensar (sus dotes como vendedor) como de hablar. El ama de casa, que pertenece también al grupo de los conchos,
igualmente es retratada en su manera de hablar y en su cotidianidad doméstica.

FASE ANALÍTICA
Paratexto
9. Responda las siguientes preguntas.
a. ¿Cuál es el significado del título “Mercando leña”?

Comprando leña Vendiendo leña

b. En función de lo anterior, ¿desde qué punto de vista está escrito el título?

Punto de vista de ñor José María Punto de vista de ña Chepa

c. ¿Por qué cree que el autor usó el término popular “mercando” en lugar de un término culto o estándar?
R. T.: Usa el término “mercando” en lugar de “comprando” para representar el lenguaje del concho, el habla rural. Como
dice Carlos Gagini en su diccionario, en las ciudades se decía “comprar”, no “mercar”.

Cotexto
10. Determine la cantidad de sílabas poéticas y la rima en el siguiente fragmento del poema.

Número de sílabas Patrón de rima:


de cada verso:

Eso sí, quiero dicirle


1 2 3 4 5 6 7 8
8 —
que repare en la carreta,
1 2 3 4 5 6 7 8 8 A (vocales e y a)
La rima es
y que espí si está cargada 8 — asonante
1 2 3 4 5 6 7 8
(riman solo las
con concencia o sin concencia. A (vocales e y a) vocales) en los
1 2 3 4 5 6 7 8
8
versos pares
Si le cabe un palo más — (esquema típico
1 2 3 4 5 6 7 7 + 1 (ley de acento final) = 8 del romance
me lo raja en la cabeza… en lengua
8 A (vocales e y a) española).
1 2 3 4 5 6 7 8

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Español 7. Antología literaria 193
11. Considere la siguiente información:

Algunos pares de versos del poema forman una única unidad rítmica de 8 sílabas. Aparecen
separados porque corresponden a diálogos de los dos personajes, como en el siguiente caso:

¿Cuánto cobra? ¿Cuánto cobra? —Cinco pesos.


1 2 3 4 5 6 7 8
—Cinco pesos.

a. Determine el número de versos del poema. Cuente los versos divididos como uno solo.
El poema tiene 90 versos, si se cuentan solo las unidades rítmicas (94 líneas en total).

12. Sintetice, en el cuadro siguiente, la estructura del poema.

Tipo de poema Personajes que intervienen Rima Versos y estrofas

Romance - ñor José María (boyero, vendedor) Rima asonante en los versos Una única estrofa de 90
(poesía popular pares (vocales a y e). versos octosílabos.
- ña Chepa (ama de casa, cliente)
en lengua
española). - Jacinta (empleada doméstica)

13. Resuma los acontecimientos básicos narrados en el poema. R. T.:

Primero, ña Chepa pregunta por el precio de la leña.


Ñor José María responde que cinco pesos por la carretada de leña.
Entonces, ñor José María defiende la calidad y la cantidad de la leña.
Después, ña Chepa empieza a regatear, y argumenta que la leña viene muy menuda o pequeña.

El boyero baja el precio a cuatro pesos, y luego a tres con seis reales (3,75 pesos).

Ña Chepa se mantiene en los tres pesos ofrecidos, y le recuerda al boyero que en verano hay una gran oferta de
leña; cita como ejemplo la compra que hizo una vecina suya.
El boyero baja el precio a tres cuarenta y luego a tres con veinticinco (tres con una peseta).

Ña Chepa convence al boyero de dejarle el precio en tres pesos.


El boyero empieza a meter la leña y ña Chepa le da una serie de indicaciones de cómo descargarla.

El boyero se enoja, habla fuerte, y ña Chepa le responde también en tono fuerte.

Finalmente, el boyero le deja la leña sin cobrársela (algunos podrían interpretar que el boyero utiliza la frase “¡No!
¡Si se la voy a dejar / pa que la queme de muestra!” con sarcasmo; por lo tanto, se lleva la leña).

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194 Unidad 3 • Lírica
14. Determine si el mundo representado puede ser clasificado como realista (similitud al mundo real), maravilloso
(explicación sobrenatural) o fantástico (sin explicación realista ni maravillosa).
El mundo representado en el poema es de carácter realista, pues se propone describir una escena cotidiana de manera
verosímil. Esto se puede determinar por la manera de describir el lugar, con muchos detalles de la casa y del tipo de leña,
y por la representación fiel de la manera de hablar del pueblo.

15. Escriba una frase que tenga un significado similar a cada dicho de los recuadros. Recuerde que el significado
de cada dicho depende de la situación comunicativa representada en el poema. R. T.:

¡Ave María gracia plena! ¡Dios mío! / ¡Es increíble! / ¡No puedo creerlo!

… no hemos de disgustalos / No debemos discutir por dinero. / No tiene sentido discutir el precio. /
por cuestiones de pesetas… Discutir por dinero puede llevar a disgustos.

Arrímeles la peseta. Añada una peseta. / Deme una peseta más.

De remache. Para colmo. / Encima de todo.

Que me alce el Patas… Que me vaya mal… / Que me caiga la mala suerte…

16. Lea el fragmento siguiente del poema y responda.

¿No le gusta más pelada como a modo de una feria,


y olorosa a yerbagüena, el chonete, los güeicillos,
y con lazos en las puntas, los calzones, la carreta,
y aspergiada de canela, y este chuzo, y esta faja,
y que además le regale y a la zonta de mi agüela?

a. Marque con la figura literaria de pensamiento que utiliza el boyero en el fragmento anterior. Justifique.
Personificación Pregunta retórica Hipérbole o exageración
Se trata de una pregunta retórica —una pregunta de la cual ya se sabe la respuesta, por ser obvia, o bien, una
pregunta que no funciona, en tanto acto de habla, como verdadera pregunta— porque en realidad ñor José María
no espera una respuesta, sino que desea expresar su enojo e incluso ofender.

17. Explique por qué ña Chepa llama “malcriao” a ñor José María al final del texto.
Ña Chepa llama “malcriao” a ñor José María en respuesta a la pregunta retórica que hace el vendedor de leña, la mención
a los “calzones” y a “la zonta de mi agüela”, que son insultantes.

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Español 7. Antología literaria 195
18. Determine a qué se refiere el boyero con la frase “tratar con viejas”.
Se refiere a hacer tratos o negocios con mujeres.

19. Marque con cuál descripción se ajusta mejor a la estrategia discursiva de “Mercando leña”. Justifique en
las líneas.

Teatro cómico (comedia) Narración solemne Drama humano

R. T.: Se trata de una obra en verso que presenta el diálogo directo entre dos personajes, sin narrador (como en el teatro).
Además, su intención es cómica.

Estructuras de mediación
20. Marque con los discursos con los cuales se relaciona el texto.

Discurso doméstico Discurso educativo

Discurso religioso Discurso económico

Discurso político Discurso ecológico

a. Justifique su respuesta. Use al menos una cita del texto.


El discurso doméstico aparece en el diálogo de ña Chepa con Jacinta y en las intrucciones que le da al boyero para
que acomode la leña; por ejemplo: “… que deje paso al común”.

El discurso religioso aparece en las frases de asombro de ña Chepa: “Ave María gracia plena”.
El discurso económico aparece en la discusión por el producto y el precio: “Yo soy un hombre legal…”, “… tres pesos
le doy por ella…”.

21. Considere que “el Patas”, en el poema, funciona como un símbolo de la mala suerte o la mala fortuna. ¿Qué
cree ñor José María que le traería mala suerte? ¿Por qué motivo cree eso?
R. T.: Ñor José María cree que le traerá mala suerte hacer tratos “con viejas”. Esto evidencia que el vendedor de leña asocia
la mala suerte a tener trato con mujeres. En este punto, muestra sus prejuicios acerca de lo femenino.

22. Marque con los términos que se usan de manera despectiva en el poema. Explique quién los usa y por qué.

“la mujer” “viejas” “hombrecillo”

R. T.: “Viejas”: lo usa ñor José María y muestra rechazo hacia las mujeres, como si estas no fueran adecuadas para entablar
y resolver negocios.
“Hombrecillo”: lo usa ña Chepa para censurar la actitud de ñor José María, que había usado una frase insultante poco
antes (“la zonta de mi agüela”).
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196 Unidad 3 • Lírica
Contexto
23. Analice los siguientes elementos del contexto histórico del poema.

A pesar de las reformas liberales impulsadas por los políticos de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, la
estructura de la sociedad se mantuvo apegada a un sistema patriarcal y machista.

a. Relacione la información anterior con el mundo representado en el poema “Mercando leña”.


R. T.: El texto muestra la nostalgia de la Generación del Olimpo por el pasado campesino y su apoyo al modelo
patriarcal de la sociedad.

FASE EXPLICATIVA E INTERPRETATIVA


24. Marque cuáles valores o antivalores describen la visión de ñor José María.

Piedad religiosa Amor a los animales Rechazo hacia las mujeres

25. Marque cuáles características describen la visión del vendedor hacia ña Chepa.

Rigor administrativo Valoración del dinero Rechazo hacia los hombres

26. Comente las características de la sociedad representada en el poema a partir del diálogo de los personajes.
R. T.: La sociedad representada muestra una estructura patriarcal y machista, en la cual la mujer se encarga de estar en
la casa y administrarla (ña Chepa), así como se encarga también de los oficios domésticos (Jacinta). Si ña Chepa tiene
esposo (lo cual es presumible por la estructura social representada), no se sabe con certeza. Por otra parte, al hombre
le corresponde un trabajo fuera de la casa (ñor José María), y su frase sobre las “viejas”, con las que no quiere tratar, deja
ver una sociedad en la cual el papel de hacer negocios está asignado a los hombres. En otras palabras, ñor José María
asegura que nunca más hará negocios con una mujer.

27. Comente sobre cuáles reacciones puede provocar “Mercando leña” en sus lectores, tanto positivas
como negativas.
R. T.: Se espera que el estudiante reconozca que el texto tiene como intención que el lector desarrolle empatía hacia
el concho y su manera de hablar. Sin embargo, el texto también podría tener efectos negativos, como hacer parecer
aceptables las ideas de ñor José María sobre las mujeres y su relación con los negocios.

28. Elabore un texto de 200 palabras, como máximo, en el cual resuma el resultado de las cuatro fases de su
análisis. Trabaje en hojas aparte. R. L.

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Español 7. Antología literaria 197
Lectura
Julián Marchena
(1897-1985)
Vuelo supremo
Julián Marchena
Julián Marchena Valle-Riestra
nació en San José. En su juventud,
vivió en México y Estados Unidos.
Al regresar al país, en 1938, fue
nombrado director de la Biblioteca
Nacional. Gracias a su gestión, se
modernizó el sistema de catalo-
gación de las bibliotecas públicas
para que estuviera acorde con las
normas internacionales. Fue miem-
bro de la Academia Costarricense
de la Lengua, y en 1963 recibió el
Premio Nacional de Cultura Magón,
que se había establecido un año
antes. Publicó un único libro, Alas
en fuga (1941), al que pertenece
“Vuelo supremo”. Quiero vivir la vida aventurera

de los errantes pájaros marinos;

no tener, para ir a otra ribera,

la prosaica visión de los caminos.

Poder volar cuando la tarde muera

entre fugaces lampos ambarinos

y oponer a los raudos torbellinos

el ala fuerte y la mirada fiera.

Vocabulario
Huir de todo lo que sea humano;
KK prosaica: corriente, vulgar, que
carece de altos ideales. embriagarme de azul... Ser soberano
KK fugaces: de corta duración.
de dos inmensidades: mar y cielo,
KK lampos: resplandores similares
a los del rayo.
KK ambarinos: de color similar al
y cuando sienta el corazón cansado
ámbar, resina vegetal fósil, de co-
lor amarillento, semitransparente. morir sobre un peñón abandonado
KK raudos: veloces, rápidos,
violentos. con las alas abiertas para el vuelo.
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198 Unidad 3 • Lírica
Análisis literario
FASE NATURAL
Resuelva las actividades con base en el texto leído.
1. Anote al menos un sinónimo de cada palabra. R. T.:

errantes vagabundos, extraviados, perdidos

ribera orilla, vera, lado

torbellinos remolinos, tornados

soberano rey, controlador, dominador

2. Analice la expresión en el centro de cada recuadro. Encierre el término a su alrededor que expresa mejor las
connotaciones que tiene en el poema “Vuelo supremo”.

delincuencia exploración patria, terruño desarraigo

vida aventurera errantes pájaros

investigación, libertad visión de futuro hogar, familia


conocimiento

rebeldía cólera, ira adicción sentido


al alcohol de absoluto

mirada fiera embriagarme de azul

observación resistencia sentimiento huida


atenta religioso

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Español 7. Antología literaria 199
3. Traduzca a sus propias palabras las siguientes expresiones. R. T.:

la prosaica visión de los caminos cuando sienta el corazón cansado


el aspecto corriente de las cosas cotidianas cuando haya perdido la ilusión o la pasión

4. Lea nuevamente los siguientes versos del poema de Julián Marchena y conteste las preguntas.

“Poder volar cuando la tarde muera


entre fugaces lampos ambarinos […]”.

a. ¿A qué fenómeno natural cree usted que se refiere la expresión “fugaces lampos ambarinos”? Explique.
R. T.: Se espera que el estudiante reconozca que esa expresión se refiere a los celajes o tornasoles del cielo cuando
atardece. Para lograrlo, el estudiante debe relacionar la expresión y el contexto del poema, en concreto, la frase
“cuando la tarde muera”, es decir, el atardecer. Eso se sumará al significado de “ambarino” y a las cualidades del ámbar
como sustancia amarilla y semitransparente (como se explica en el vocabulario).

b. ¿Por qué cree que se usa en el texto esa expresión, en lugar de un equivalente más común?
R. T.: Se espera que el estudiante reconozca el afán de belleza en el género poético, que lleva al poeta a elegir ciertos
términos por su carga musical, semántica y evocadora.

5. Anote los verbos en infinitivo, usados en el poema, que se refieren al movimiento y la existencia.

Movimiento o transporte Vida o existencia

ir, volar, huir vivir, existir, morir

6. Defina el tema del poema leído. Justifique su respuesta con dos argumentos.
R. T.: Se espera que el estudiante reconozca como tema el deseo de libertad expresado en el poema. Muéstrese flexible
con otras posibilidades, ya que también puede ser válido reconocer como tema el deseo de aislarse de la sociedad o la
exaltación del individualismo e incluso del desarraigo por encima de los ideales de familia o patria.

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200 Unidad 3 • Lírica
FASE DE UBICACIÓN
Lea la información y resuelva las actividades.

Julián Marchena (1897-1985)


Época y lugar modernista, que concebía al poeta como un portador de
una visión estética y espiritual del mundo, en oposición a
Julián Marchena vivió en la época en que el sistema político
una sociedad dominada por el dinero y los valores de lo
liberal y el capitalismo agrario en el país tuvieron sus pri-
corriente, lo concreto y lo prosaico. La obra de Marchena
meras crisis del siglo, que llevaron, por ejemplo, al golpe de
se inscribe en el posmodernismo, el movimiento literario
Estado contra el presidente Alfredo González Flores (1917)
posterior, que rescata el culto a la forma de Darío y su visión
a cargo de los hermanos Tinoco, apoyados por el capital
del poeta, pero deja de lado la expresión recargada del ni-
transnacional de las empresas explotadoras de banano y
caragüense, y vuelve a cierto “sencillismo” de la expresión.
petróleo. En lo social, los campesinos sufrieron un proceso
de empobrecimiento, y el crecimiento de las ciudades trajo Estética e ideología
consigo el surgimiento de una nueva capa de trabajadores En la poesía de Julián Marchena, el posmodernismo se
que vivían en duras condiciones, desde funcionarios públi- expresa principalmente en una vuelta hacia el individuo,
cos hasta artesanos. Esto motivó luchas sociales como las hacia el “yo”, con temas en los que domina la nostalgia
de 1920, que lograron establecer la jornada de ocho horas por lo perdido y la fugacidad y lo pasajero de la vida y
laborales. En esa misma época, el mundo se veía sacudido del amor. El poeta, un outsider o marginado (como en “El
por la Primera Guerra Mundial (1914-1919) y por revolu- loco”), expresa su constante deseo de huida (como en “La
ciones populares en México y Rusia. La inestabilidad del evasión”) y nunca abandona su culto al arte y a la belleza.
capitalismo tuvo su punto más difícil con la crisis de 1929, Otra cara de su poesía es la vuelta a lo campestre —lejos
también conocida como la Gran Depresión, que generó del cosmopolitismo modernista—, como en “Romance
pobreza para las personas y los Estados en el mundo. de las carretas” o “Anochecer campestre”. En pocos casos
En lo literario, a Costa Rica llegaron con retraso las ideas asume un tema social, como en “El poema del minero”.
innovadoras del modernismo que Rubén Darío había Obra
presentado en su obra Azul (1888); uno de los primeros
libros nacionales en incorporarlas fue En el silencio (1907), Julián Marchena publicó un único libro de poesía, Alas
de Roberto Brenes Mesén. De hecho, el color azul llegó en fuga (1941), en el que recoge su producción a lo largo
a simbolizar los altos ideales culturales del movimiento de varios años.

7. Explique si la situación mundial a inicios del siglo XX se caracterizaba por la estabilidad o la inestabilidad.
R. T.: Se caracterizaba por la inestabilidad. Esto se aprecia tanto en el ámbito nacional (con el golpe de Estado) como en el
ámbito internacional, con la Primera Guerra Mundial y la crisis financiera.

8. Describa los cambios en la sociedad costarricense a inicios del siglo XX.


La situación social fue de empobrecimiento de las personas que vivían en el campo, por un lado, y del crecimiento de
un grupo social de trabajadores que tenían malas condiciones laborales y un nivel de vida bajo; por ejemplo, artesanos y
funcionarios públicos.

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Español 7. Antología literaria 201
9. Comente la relación entre el poeta y la sociedad en el modernismo y el posmodernismo.
R. T.: En ambos movimientos, la relación del poeta con la realidad es conflictiva. El poeta mira con ojos críticos la realidad
y se siente como marginado. (El docente puede recordar la frase de Rubén Darío: “Yo detesto la vida y el tiempo en que
me tocó nacer”, en “Palabras liminares” de Prosas profanas y otros poemas).

10. Elabore un esquema en el que sintetice las ideas estéticas de Julián Marchena. R. T.:

Culto al arte y la perfección formal


Semejanzas con el modernismo
El poeta enfrentado a la sociedad
Ideas estéticas
de Julián Marchena Abandono del cosmopolitismo
Diferencias con el modernismo
Sencillismo de la expresión

Temáticas

El “yo” Lo fugaz Lo perdido Deseo de evasión

FASE ANALÍTICA
Paratexto
11. Complete el esquema acerca del poema leído y el libro al cual pertenece.

Título Término principal


del libro Alas en fuga (sustantivo) alas

Título Término principal


del poema Vuelo supremo (sustantivo) vuelo

a. ¿Cuál relación existe entre el significado de los dos sustantivos?


R. T.: Se relacionan con el campo semántico del volar, como actividad (vuelo) y como instrumento o medio (alas).

b. ¿Qué nos dice esa relación acerca del poema?


R. T.: Es posible que el poema sea el más importante del libro o encarne lo fundamental del libro.

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202 Unidad 3 • Lírica
12. Identifique tres términos que podrían reemplazar a “supremo” en el contexto del título del poema. Escriba
el título de nuevo con las expresiones encontradas. R. T.:
El vuelo más alto posible
Vuelo infinito
Vuelo supremo
Vuelo absoluto

Cotexto
13. Analice la estructura externa de “Vuelo supremo”.

Cantidad y tipo de estrofas Cuatro estrofas: dos cuartetos y dos tercetos.

Número total de versos Catorce.

14. Determine el patrón métrico en el siguiente fragmento del poema.

Q u ie ro viv i r l a v i da aventu rera


Endecasílabo (11 sílabas)
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
d e l o s e r ra ntes pá ja ro s ma r i n os;
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
Endecasílabo (11 sílabas)
n o te n e r, pa ra i r a o tra r i bera ,
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 Endecasílabo (11 silabas, no se aplica
la sinéresis para mantener la medida)
l a p ro s ai ca v i si ó n de l o s ca mi nos.
Endecasílabo (11 sílabas)
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11

a. Explique si el poema completo tiene el mismo patrón métrico.


Los demás versos del poema tienen todos la misma medida, tanto el segundo cuarteto como los dos tercetos que
cierran el poema.

15. ¿Qué tipo de rima se presenta en el poema “Vuelo supremo”. Explique.


El poema tiene rima consonante (coinciden las vocales y las consonantes a partir de la última sílaba acentuada).

16. Describa el tipo y el patrón de rima del poema.

Primer cuarteto Segundo cuarteto Primer terceto Segundo terceto

Verso 1: -era (A) Verso 1: -era (A)


Verso 1: -ano (C) Verso 1: -ado (E)
Sonidos que Verso 2: -inos (B) Verso 2: -inos (B)
Verso 2: -ano (C) Verso 2: -ado (E)
coinciden Verso 3: -era (A) Verso 3: -inos (B)
Verso 3: -elo (D) Verso 3: -elo (D)
Verso 4: -inos (B) Verso 4: -era (A)

Patrón de rima ABAB ABBA CCD EED

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Español 7. Antología literaria 203
17. Considere la siguiente información acerca del soneto y responda.

El soneto es una composición de 14 versos endecasílabos, con rima consonante, que consta de 2 cuartetos con
el mismo patrón de rima y dos tercetos. El modelo más frecuente en español, para los cuartetos, es: ABBA, ABBA.
A pesar de ser una composición tan pequeña, el soneto suele tener un desarrollo dramático del tema, con un
esquema equivalente al trío introducción-desarrollo-conclusión. El tema suele presentarse en los dos primeros
cuartetos: primero es presentado en el primero y luego desarrollado en el segundo. A continuación, el primer ter-
ceto introduce una reflexión nueva o bien una objeción al tema principal. Finalmente, el segundo terceto remata
el hilo que se fue tejiendo en las estrofas anteriores y cierra con una reflexión final, por lo general muy emotiva.

a. ¿Se ajusta “Vuelo supremo” a las características básicas de la forma del soneto?
El poema es un soneto y cumple con las características básicas (14 versos, 2 cuartetos, 2 tercetos, rima consonante). Sin
embargo tiene un patrón de rima distinto entre los cuartetos, en línea con los juegos modernistas sobre la tradición.

b. ¿Se comporta el poema con un esquema de significado como el descrito? R. T.:


El poema presenta un desarrollo dramático del tema. Primer cuarteto: se presenta el tema (el deseo del hablante
lírico acerca de lo que quiere hacer con su vida). Segundo cuarteto: se desarrolla la idea de las implicaciones que
tiene llevar la vida de los pájaros marinos. Primer terceto: se explica una nueva idea acerca del tema (la implicación
de cambio absoluto, representado por el color azul). Segundo terceto: la consecuencia última de ese deseo, al llegar
la muerte, sin que esta resulte una amenaza al deseo original.

18. Determine las figuras retóricas de pensamiento presentes en los siguientes fragmentos del poema. Explique.

… cuando la tarde muera… Metáfora. Se identifica la “finalización” de la tarde con la idea
de “muerte” de un organismo.

Huir de todo lo que sea humano…


Hipérbole. Es una exageración que una persona deje atrás
todo lo humano.

… embriagarme de azul…
Metáfora. Se identifica la “embriaguez” con la conexión con
un sentimiento absorbente.

Ser soberano / de dos inmensidades: mar y cielo…


Hipérbole. Es una exageración que una persona domine
la inmensidad.

19. Comente las características asociadas al mar y al cielo en el poema.


El mar y el cielo corresponden a aquello alejado de “todo lo que sea humano”. Aparecen descritos con el color azul de
manera absoluta y con una característica de embriagar o aturdir. También aparecen asociados a la falta de límites, lo
inmenso, y asociados íntimamente al dominio del “yo”.
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204 Unidad 3 • Lírica
20. Anote los términos del poema relacionados con la sociedad y los que se relacionan con la naturaleza.

La sociedad La naturaleza
Los pájaros marinos, los torbellinos, el mar, el cielo,
Los caminos, todo lo que sea humano.
el peñón.

a. Comente cómo valora el yo lírico ambos aspectos. Justifique con citas del texto.
El yo lírico valora lo humano como aquello que rechaza (“Huir de todo lo que sea humano”) y es vulgar o corriente
(“la prosaica visión de los caminos”). Lo natural es lo que desea (se asocia al “quiero” del inicio).

Estructuras de mediación
21. Marque con los discursos con los cuales se relaciona el poema.

Discurso religioso Discurso poético Discurso individualista

a. Justifique su respuesta. Use al menos una cita del texto.


El poema presenta una inclusión del discurso individualista en las referencias a un deseo de alejarse de la sociedad.
La otra referencia, más fuerte, es al discurso poético, en el cual se siente la influencia modernista; en imágenes como
“fugaces lampos ambarinos” y la referencia al color azul en “embriagarme de azul”.

22. Comente, con sus palabras, qué simbolizan los “pájaros marinos”.
Se espera que el estudiante reconozca en los “pájaros marinos” significados como la libertad, el individualismo y el
rechazo de los valores sociales.

Contexto
23. Describa la relación del mensaje del poema con la situación política y social de Costa Rica en las primeras
décadas del siglo XX, en las que vivió el autor antes de la publicación de Alas en fuga.
Se espera que el estudiante articule la relación de contraste entre la difícil situación política y social de Costa Rica en un
mundo sacudido por guerras. La posición del poema es equivalente a la noción de “huida” que aparece en el texto, en
contraposición a la obra de Carmen Lyra, por ejemplo, que muestra un involucramiento social.

FASE EXPLICATIVA E INTERPRETATIVA


24. Marque cuáles valores describen la visión del yo lírico acerca de su proyecto de vida. R. L.

Vida en comunidad Soledad Individualidad

25. Comente, con su grupo, la visión del poema acerca de la sociedad. Tome en cuenta todo el análisis realizado. R. L.
26. Elabore un texto de 200 palabras, como máximo, en el cual resuma el resultado de las cuatro fases de su
análisis. Trabaje en hojas aparte. R. L.
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Español 7. Antología literaria 205
4
Unidad

Teatro

Jorge Arroyo
(1959)
Nacionalidad: costarricense
Obra: La tea fulgurante: Juan
Santamaría o las iras de un dios

Carmen Lyra
(1887-1949)
Nacionalidad: costarricense
Obra: Había una vez

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206 Unidad 4 • Teatro
Rabindranath Tagore
(1861-1941)
Nacionalidad: indio
Obra: El cartero del rey

Lectura destacada
La tea fulgurante: Juan Santamaría o las
iras de un dios, Jorge Arroyo.

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Español 7. Antología literaria 207
Análisis literario
FASE NATURAL
Resuelva las actividades con base en el texto leído.
1. Complete la siguiente cronología de Juan Santamaría con base en La tea fulgurante, de Jorge Arroyo.

Fecha Edad Acontecimiento

1831 0 Nacimiento de Juan Santamaría.


Cronología de Juan Santamaría

Inscripción en la Banda Marcial, en Alajuela,


1843 13 años como tambor.

Participa en la primera revuelta contra el Gobierno


1847 16 años de José María Castro Madriz.

Participa en la segunda revuelta contra el Gobierno de José


1848 17 años María Castro Madriz, al mando de José María Alfaro Zamora.

1856 24 años Participa en la Campaña Nacional de 1856, en la Batalla de Rivas.

2. Describa los oficios a los que se dedicó Juan Santamaría, según se representa en La tea fulgurante. Apoye su
respuesta mediante citas del texto.
Juan Santamaría fue ayudante en la Banda Militar (“… comencé jalando atriles”), cargador (“… estar echándome reses
al hombro en el mercado…”), peón de finca (“… caminar hasta Carrizal a volar machete…”), peón de construcción y
reparaciones de casas (“… picar la leña de los Alfaro y después encalarles la pared del frente…”) y soldado (“… mi primer
encuentro serio con la guerra fue al año siguiente, en 1848…”).

3. Sintetice las razones por las cuales los filibusteros llegaron a Nicaragua y qué hicieron después.
En las peleas internas en Nicaragua, entre las ciudades de León y de Granada, los de León trajeron a “combatientes
norteamericanos” para ganar el conflicto. Esos combatientes, al mando de William Walker, aprovecharon la circunstancia
para tomar el mando en Nicaragua, que promovieron como ruta desde la costa este de Estados Unidos a la costa oeste,
en tiempos de la fiebre del oro, y a partir de ahí apoderarse de más territorios en el istmo de América Central.

4. Resuma las fases de la respuesta de Costa Rica a los filibusteros, según los acontecimientos de La tea fulgurante.
En un primer momento, cuando el presidente Juan Rafael Mora reconoció la gravedad de la situación en Nicaragua y el
peligro que representaba para el país, emitió una primera proclama para pedir al pueblo que se alistara para una posible
guerra, y rechazó los intentos de supuesta negociación de Walker. En un segundo momento, Mora organizó el ejército y
lanzó una campaña militar contra los filibusteros.

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208 Unidad 4 • Teatro
5. Explique la posición del Gobierno estadounidense en el conflicto centroamericano, de acuerdo con lo ex-
puesto en la obra de teatro leída. Apóyese con una cita del texto.
En la obra se plantea el doble discurso del gobierno estadounidense. En palabras del personaje Walker: “Los Estados
Unidos, aunque lo negaban públicamente, apoyaban plenamente mis maniobras, porque sabían que lo que yo buscaba
era […] convertir a todos los habitantes de la América Central en esclavos de los estadounidenses”.

6. Complete el cuadro con la información acerca de Juan Santamaría presentada en La tea fulgurante.

El personaje Juan Santamaría

Manuela Carvajal, se dedica a lavar ropa de personas ricas. Juan Santamaría es


Su madre
calificado como “hijo natural”, es decir, por fuera de un matrimonio.

Es de padre desconocido. Se mencionan dos hipótesis: un “cholo” de


Su padre
Guanacaste o un zapatero colombiano que pasó por Alajuela.

Origen del nombre con Su nombre es “Juan María Carvajal”, pero al llevar el nombre de la Virgen
que es conocido
intercalado (“María”), se le añadió “Santa”, para formar “Santamaría”.

Se le apodaba el “Erizo”, por su pelo en punta (no crespo, en contradicción


El sentido de sus sobrenombres
con el historiador Meléndez), y “Juan Gallego” en son de burla.

Es moreno, con sangre negra que el personaje relaciona con el padre no


Sus características físicas
conocido, de complexión fuerte y resistente.

De un ingenio vivaz, propio de los alajuelenses, trabajador, disciplinado,


Su personalidad
valeroso y capaz de sacrificarse por una causa.

7. La obra La tea fulgurante incluye dos documentos históricos reformados parcialmente para adaptarlos al
diálogo teatral: las proclamas de Juan Rafael Mora del 20 de noviembre de 1855 y del 1.º de marzo de 1856.
Explique, con ayuda del diccionario, el significado de las siguientes descripciones de los filibusteros, tomadas
de esos documentos.

gavilla de advenedizos atado o conjunto de oportunistas, aprovechados

escoria de todos los pueblos basura o residuo del mundo

horda de aventureros
grupo de gente sin ley con intenciones oscuras

falange impía
soldados o combatientes sin religión y sin fe
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Español 7. Antología literaria 209
FASE DE UBICACIÓN
Lea la información y resuelva las actividades.

Jorge Arroyo (1959)


Época y lugar Estética e ideología
La obra de Jorge Arroyo se contextualiza en la época con- El teatro de Arroyo ha pasado por varias etapas, desde la
temporánea. En el plano global, esta viene marcada por el comedia hasta el teatro histórico. En sus inicios, explotó
fin de la Guerra Fría (el enfrentamiento de décadas entre el lenguaje del costarricense, con una intención folclo-
el bloque de países capitalistas y el bloque comunista). rista. Luego ha ampliado su espectro, pero siempre ha
Este hecho, simbolizado por la caída del Muro de Berlín trabajado bajo la idea de que el teatro debe aportar a la
(1989), abre la puerta de la globalización, la cual se ca- sociedad, denunciar e impulsar cambios. Arroyo lo expre-
racteriza por la tendencia a la formación de bloques po- só recientemente con estas palabras: “No apoyo escribir lo
líticos y económicos, con libre circulación de mercancías que se venga en gana, sino lo que sea pertinente escribir
y de capitales legales, pero no siempre de las personas. como agentes sociales”.
Algunos de sus problemas asociados son la legitimación
Obra
de capitales ilegales (“lavado de dinero”) y los conflictos
migratorios. En general, el modelo económico detrás de Jorge Arroyo es poeta, articulista, novelista y dramaturgo,
la apertura de mercados se conoce como neoliberalismo. pero es este último aspecto en el cual más se destaca. De-
Sus defensores destacan los logros macroeconómicos de butó con L’ánima sola de Chico Muñoz (1985), comedia con
los países, y sus críticos apuntan a la concentración de la gran éxito de público, reestrenada varias veces, en la que
riqueza en pocas manos y a la reducción de la inversión una vela se convierte en la ocasión para que aparezcan las
social y de la calidad de vida de la mayoría. En el país, ese deudas y los pecados del difunto. Ha escrito otras exitosas
esquema se inició con los programas de ajuste estructural comedias como La chupeta electrónica (1986) y Fantasma
(PAE) en la década de 1980 y se consolidó en 2009 con por error (1989). Su obra tiene también una importante
el TLC (Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, faceta de investigación histórica, con obras como Mata-
Centroamérica y República Dominicana). Hari, sentencia para una aurora (1987), representada en
Puerto Rico, Venezuela y Brasil, y publicada recientemen-
En el país, algunos califican como “posmoderna” la pre-
te en el país. Otro ejemplo para el contexto nacional es el
sente generación literaria, aunque la diversidad de pro-
díptico formado por La patria primera: hombres de fecunda
puestas hace difícil unificarlas en una sola dirección. En
labor (2002) y La tea fulgurante: Juan Santamaría o las iras
teatro y novela, especialmente, ha habido un repunte
de un dios (2004). Ambas obras abarcan desde la Proclama
de los textos históricos y de análisis social, con una
de Independencia hasta la Campaña Nacional de 1856.
actitud crítica hacia la política, y muchas veces con un
hondo desencanto.

8. Exprese su opinión acerca de las ideas de Arroyo respecto de la función social del teatro. Comparta sus ideas
con el grupo, en una plenaria moderada por su docente.
R. L.

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210 Unidad 4 • Teatro
9. Imagine qué aspectos criticaría Juan Santamaría del contexto del mundo actual, tomando como base la
recreación que hace Jorge Arroyo de ese personaje histórico.
R. T.: Se espera que el estudiante asuma la actitud de Juan Santamaría en la obra, en el sentido de defender la soberanía
de la patria y el bien común, y que retome la actualidad del tema en el primer monólogo del personaje: “Hoy en nuestra
patria hacen falta más personas como las que luchamos entonces, más hombres y mujeres dispuestos a defender con
valentía los principios más nobles en los que alguna vez creímos”.

FASE ANALÍTICA
Paratexto
10. El título de la obra La tea fulgurante: Juan Santamaría o las iras de un dios está formado por tres grupos nomi-
nales. Copie en el cuadro los tres grupos, y encierre los sustantivos que sirven de núcleo.

La tea fulgurante Juan Santamaría las iras de un dios

a. ¿Cómo se clasifican los sustantivos que encerró, de acuerdo con su significado?

Clasificación del sustantivo

Concreto Abstracto Común Propio

tea

Sustantivo Juan Santamaría


iras

b. ¿Qué efecto tiene asociar el nombre del personaje con un sustantivo concreto y otro abstracto?
R. T.: El sustantivo concreto lo asocia a lo terrestre y lo práctico, y el abstracto, al campo de los valores y los ideales.

c. ¿Cuál adjetivo significa lo mismo que “de un dios”? ¿Qué nos dice del personaje?
“De un dios”: ‘divinas’.

Cotexto
11. Marque con el aspecto más importante en el desarrollo de la obra.

Los personajes El tiempo El espacio Las acciones

a. Justifique su respuesta.
R. T.: Desde el título, la obra se centra en el personaje, su vida, sus motivaciones y su valor. Los acontecimientos son
importantes, pero al tratarse de hechos históricos, conocidos, no son el motor de la obra.

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Español 7. Antología literaria 211
12. Determine si la obra puede ser clasificada como realista (similitud al mundo real), maravillosa (explicación
sobrenatural) o fantástica (sin explicación realista ni maravillosa).
La obra es realista, aunque tenga personajes inventados, como Anacleto Florentino Perfecto Sinforoso.

13. Comente la razón por la cual los parlamentos de los filibusteros (William Walker y Louis Schlessinger) incluyen
algunos términos en inglés. ¿Qué piensa que se proponía el autor al decidirlo así?
R. T.: El hacerlo así tiene un efecto de burla o parodia. Ese uso contrasta con el uso del inglés en la actualidad, que tiene
una connotación de prestigio, aunque también puede entenderse como afectación o esnobismo.

14. Lea el siguiente fragmento de un parlamento de Louis Schlessinger y responda.

Louis Schlessinger: […] Íbamos más de 400, pero ellos nos saltaron por todas partes… Como
locos… Crazy ticos… […] ¡Teníamos la desventaja de luchar contra esos “ticos” locos! Crazy ticos…

a. ¿Qué efecto tiene el calificar a los costarricenses de esa manera? ¿Se identifica con ese calificativo?
R. T.: Tiene un efecto cómico, asociado posiblemente a la autoimagen del costarricense como astuto y pícaro.

15. Si bien la obra es histórica y tiene un tono serio, en algunos pasajes abre un espacio para el humor. Cite uno
de esos pasajes y comente qué efecto tiene en el lector.
R. T.: El parlamento de Anacleto Florentino es cómico, pues después de alardear de su guerrerismo, concluye diciendo: “¡A
la pucha, ahí viene mi mujer, y yo no he molido el maiz [sic] para la masa! ¡Mejor me apuro y otro día les cuento más!”. El
efecto es retratar la idiosincrasia del alajuelense, y, por extensión, del costarricense, en cuanto a su imaginación y su humor.

16. Identifique a qué se asocia el término “yankis” cuando se usa en la obra.


R. T.: El término se usa para destacar aspectos negativos de los estadounidenses o “yankis”: que son cobardes cuando pelean sin
ventaja (parlamento de José Joaquín Mora), y que son enemigos y usurpadores (penúltimo parlamento de Juan Santamaría).

Estructuras de mediación
17. Marque con los discursos con los cuales se relaciona la obra.

Discurso poético Discurso de la conversación Discurso religioso



Discurso histórico Discurso jurídico Discurso político

a. Justifique su respuesta.
El discurso histórico aparece en el tono con que se relatan diversos hechos, en boca de varios personajes, con lujo
de datos concretos, fechas y lugares. El religioso aparece en boca de Santamaría, por ejemplo, antes de quemar el
Mesón de Guerra. El político es patente, sobre todo, en las citas de las proclamas de Juan Rafael Mora. El discurso
de la conversación o discurso coloquial es el más usado, especialmente en boca de Juan Santamaría, lo que lo hace
cercano para el espectador.
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212 Unidad 4 • Teatro
18. Tome en cuenta la siguiente información y responda la pregunta.

La doctrina del destino manifiesto era la creencia del siglo XIX en que Estados Unidos tenía el derecho
divino y obvio a expandirse por América del Norte; por ejemplo, en California (que pertenecía a México)
y en las tierras indígenas. Por extensión, se usó para justificar otros procesos de colonización.

a. Explique cómo usa William Walker esa idea, en la obra, para justificar sus acciones.
William Walker la usa para justificar la esclavitud y el racismo: “Estos pueblos nacieron para ser dominados… ¡Ese es
su destino manifiesto!: necesitan modelos más fuertes y les importa poco su libertad…”.

19. Determine a qué intertexto corresponde la última frase de Juan Santamaría en la obra.
La última frase, “¡Sepamos ser libres, no siervos menguados!”, pertenece al Himno Patriótico al 15 de Setiembre (1883), con
letra de Juan Fernández Ferraz y música de José Campabadal.

Contexto
20. Lea nuevamente la siguiente cita del texto y responda.

¿Habrá valido la pena haberse sacrificado por la Patria? En el momento en que lo hice, me arrojé con
todo convencimiento, seguro de que tenía que colaborar con expulsar a los invasores. Pero los años
han pasado y en Costa Rica los invasores ya están adentro con figura de negociantes.

a. Relacione las anteriores palabras de Juan Santamaría, al inicio de la obra, con el contexto actual del país.
R. L.

FASE EXPLICATIVA E INTERPRETATIVA


21. Marque con los valores promovidos por la obra.
Patriotismo Guerra Soberanía Paz Individualismo

22. ¿Cuáles antivalores son criticados en la obra y quiénes los representan?


En los filibusteros se critican el racismo, la violencia, el engaño, la cobardía, el absolutismo del poder y la codicia.

23. Comente a quiénes va dirigida la obra y qué quiere producir en esos lectores.
El texto va dirigido a los costarricenses en general, y debido a su aspecto didáctico e informativo, a los estudiantes en
particular. El efecto que quiere producir lo explica la obra misma: despertar la conciencia sobre la gesta (“que sepamos
que sí valió la pena”), y motivar al espectador a incorporar los valores promovidos y copiar la valentía de Juan Santamaría.

24. Elabore un texto de 200 palabras, como máximo, en el cual resuma el resultado de las cuatro fases de su
análisis. Trabaje en hojas aparte. R. L.
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Español 7. Antología literaria 213
5
Unidad

Ensayo

Carmen Naranjo
(1928-2012)
Nacionalidad: costarricense
Obra: Cinco temas en busca
de un pensador

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214 Unidad 5 • Ensayo
Lectura destacada
“A mí qué me importa”, en: Cinco temas en
busca de un pensador, Carmen Naranjo.

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Español 7. Antología literaria 215
Lectura
Carmen Naranjo
(1928-2012)
A mí qué me importa
Carmen Naranjo
Carmen Naranjo desarrolló una
extensa carrera en las ramas de “Entre la mentira y la hipérbole el lenguaje se destruye”.
la literatura —escribió poesía, El segundo sexo, Simone de Beauvoir
ensayo, novela, cuento y teatro—,
la política y la gestión cultural,
y ejerció una gran influencia en
todos esos campos. Esto le mere-
ció el Premio Nacional de Cultura
Magón en 1986. Se desempeñó
como embajadora en Israel, mi-
nistra de Cultura y directora de la
Editorial Universitaria Centroame-
ricana (Educa), entre otros cargos.
Recibió el Premio Nacional Aqui-
leo J. Echeverría, en la rama de no-
vela, en dos ocasiones. El ensayo
“A mí qué me importa” pertenece
a su libro Cinco temas en busca de
un pensador (1977).

Si por comodidad y por miedo a la individualidad, el hombre se esconde a


través de un sujeto plural, cuando ya está frente a un suceso que lo conmueve,
le repercute directamente y se refiere a su vida en forma concreta, pues ha to-
cado en alguna forma sus propios intereses, no hay evasiva posible en cuanto
a una expresión que le pertenezca, sea parte de él. Ya no es admisible evadirse
detrás del nosotros. Ese escudo no se puede aceptar. El hombre responde,
ya escondiéndose dentro de sí mismo, “a mí qué me importa” y al enfatizar
Vocabulario
dentro de esa expresión dos formas del pronombre yo, está definitivamente
KK evasiva: recurso para evitar un sumergido en su propio círculo.
problema o escapar de él. Excusa.
Para entender que aunque solo, el hombre también se esconde en esta ex-
KK pronunciamiento: sentencia, presión, pongamos un ejemplo. Imaginemos que ha habido una resolución
mandato u otra comunicación de
un juez en un proceso legal. o un juicio que afecta a un hombre determinado. El pronunciamiento hiere
su propia estimación. Frente a un suceso de esta naturaleza, se realiza en la
KK acoso: persecución, presión y
molestias insistentes.
práctica un acoso. El hombre se siente sin salida, porque es dado a polemizar
sobre aquellos aspectos muy generales y poco íntimos en que puede exponer
KK polemizar: promover una polé-
mica, es decir, una controversia o
sus pensamientos y reservarse dentro de las palabras. Es muy fácil hablar,
discusión en la cual las posicio- pero realmente dificultoso explicar actitudes personales, justificar los propios
nes son radicalmente opuestas. actos, hacer comprensibles las posiciones humanas. En nuestra época ese
KK axioma socrático: principio bá- es un trabajo de técnicos, de psiquiatras o psicólogos. La facilidad con que
sico de la enseñanza del filósofo se presenta el axioma socrático de “conócete a ti mismo”, es un laberinto
griego Sócrates (470-399 a. C.). complicado en cada ser individual. Es muy lamentable que nos perdamos la
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216 Unidad 5 • Ensayo
mayoría de las veces, en la práctica del intento. Este hombre acosado por un
juicio ajeno a él mismo y que lo reduce a un concepto, tiene un camino fácil Vocabulario
de salida. Entonces responde:
KK menoscabándolas: quitándoles
“A mí qué me importa”. importancia, minimizándolas.
KK la gala desnuda de su egoísmo:
La oración es tan negativa como insincera en la generalidad de su uso, pues
la exposición directa, sin velos ni
quiere decir que al sujeto no le importa, le tiene sin cuidado el pronuncia- cubiertas, de su egoísmo.
miento o el juicio vertido sobre él. La razón busca desprender el malestar, KK cruciales: fundamentales, esen-
hacerlo ajeno, suprimirlo de toda consideración y aprecio. Y cuanto más hie- ciales, de gran importancia.
ra, más estorbe, más duela, el hombre afirma negativamente su importancia. KK auscultamiento: operación
Busca en la insinceridad de la desvalorización, liberarse de las preocupaciones médica de escuchar con aten-
que tiene menoscabándolas. Pretende insensibilizarse ante el golpe que le ha ción los sonidos del cuerpo (por
dolido y le sigue doliendo. Por diversos caminos mentales, trata de recuperar ejemplo, con el estetoscopio),
su fuerza, pero exteriormente se defiende con una capa de indiferencia. y en sentido figurado, examinar
atentamente los dichos o las
La primera cosa que denota esta expresión, es la de que en realidad es un ideas de alguien.
grito desnudo de libertad. El hombre al exclamarla desea sentirse libre de KK parte sustantiva: parte esencial,
todo juzgamiento, insensible a cualquier golpe, normalmente acomodado elemento fundamental.
a su circunstancia. Algo lo ha conmovido, algo que quiere olvidar, negar,
apartar del círculo de su vida. Es el sentimiento de libertad defensiva que
todo ser humano alega en determinado momento para sí mismo, con la gala
desnuda de su egoísmo. No quiere preocuparse, no quiere sensibilizarse, no
quiere alterarse.

Deseo limpio y desnudo de libertad irresponsable, libertad que en los mo-


mentos cruciales de nuestra vida exigimos porque nos estorba el comentario,
la intromisión, el auscultamiento de nuestros actos, o porque nos queremos
reservar en el nivel de nuestra propia seguridad, ignorando cualquier altera-
ción. Esa libertad irresponsable es el silencio de la sensibilidad, la ignorancia
de los demás, el reconocimiento genuino de nuestra esfera cerrada. El cierre
de puertas a lo que no sea propio, exclusivamente personal, a las voces ajenas,
a las demandas de otro, a los comentarios que afectan.

La expresión no cubre únicamente lo personal y con ello se abre otro campo


al análisis. “A mí qué me importa”, se refiere a cualquier suceso que pretenda
sembrar inquietudes ajenas a los intereses particulares. Resulta que los con-
ceptos más difundidos, de carácter cívico y social como parte sustantiva de
la vida de cada individuo, con los que se ha nacido y crecido, pueden exigir
un esfuerzo, una colaboración extraordinaria, una integración espontánea u
obligada de un individuo. El “a mí qué me importa” puede ser una respuesta
que lleva consigo una traición, un olvidarse de las proyecciones humanas del
hombre como parte de la humanidad.

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Español 7. Antología literaria 217
Si por una parte el hombre puede tratar de olvidar lo que se refiere a sí mismo,
Vocabulario en su deseo de una libertad eminentemente irresponsable, no puede declarar-
se enemigo de la sociedad a través de un rompimiento tan absoluto como es
KK eminentemente: de manera
el de ni siquiera considerar importancia alguna a un hecho colectivo. Olvida
sobresaliente o destacada.
que ese hecho colectivo lo afecta como ser humano y como componente de la
KK la versión histórica de cada
sociedad; no puede asumir una posición ajena a lo esencialmente social en
cual: la historia personal, la pro-
pia vida. cuanto a la relación cierta que existe entre los hombres ligados por circuns-
tancias reales a su país, a un poblado o a cualquier forma conjunta de seres.
KK salvaguardar: proteger, rescatar.
No cabe, no puede caber en nuestra época, un concepto tan irresponsable
KK autómata: máquina que imita la
como el de “lo que no fue en mi año no fue en mi daño”. Pero, suponiendo
figura y los movimientos de un
ser animado. Persona que actúa que esa expresión se refiera en un tanto sustancial a la versión histórica
sin pensar, automáticamente. de cada cual, es todavía menos admisible el desprendimiento que significa
KK resignación: tolerancia y pacien- el “a mí qué me importa”. Ya no hay consideración de tiempo, ya no hay
cia ante los problemas. pretexto de años, ya no hay distancias que disminuyen la intensidad de los
KK conformista: que se adapta a acontecimientos, estamos dentro de la actualidad, en el momento preciso
cualquier circunstancia, que no en que se puede hacer algo, en la dimensión de la historia que se hace, no
es rebelde ni tampoco luchador. la que se analiza.
KK sujeto colectivo: entidad
La libertad irresponsable ante el gesto egoísta, se convierte en libertad vacía
compuesta por varias personas,
tomada como un solo ser, como porque la libertad como un propósito individual, como un medio de salva-
“el pueblo” o “la clase política”. guardar el derecho a vivir aislado, como un grito inconsciente de hacer lo que
viene en gana, es una libertad sin contenido humano. Nada se encuentra en
ella, ni un gesto amigo, ni una señal de ternura, ni una prueba de considera-
ción humana, menos el aviso de un sentimiento hondo como el amor. Puede
existir la salvación individual porque es un acto de enfrentamiento del ser
ante sí mismo o ante un ente superior, y la salvación individual no puede ser
nunca la insensibilización, el olvido de los demás o la inconsciencia solidaria,
pues comprende una rendición de cuentas sobre el grado de humanización.

Puede existir también la independencia personal, es más debe existir si se


quiere ser alguien y adquirir calidad humana. Independizarse es el hecho
indispensable para iniciar la valorización de los actos ajenos y propios, para
darles importancia a las cosas. El que ha conseguido la libertad a fuerza de
insensibilización, es un verdadero autómata, el moderno robot de nuestra
sociedad, el capitalista del “a mí qué me importa” como reacción ante el
acontecer humano divorciado del sujeto, la separación rotunda del yo ante
el legítimo derecho de los otros pronombres, sobre todo la ignorancia del
nosotros. No se dice “a nosotros qué nos importa”, salvo el caso en que un in-
terés determinado de irresponsabilidad y de egoísmo haya unido a un grupo.

Resulta que para referirse al estado individual y a la resignación conformista,


el hombre se escuda en un sujeto colectivo. Pero, para apartarse de un hecho

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218 Unidad 5 • Ensayo
especial, usa su propio nombre impregnado en el yo, que en todos los idio-
mas abarca la propiedad de seres y cosas, de estados y reacciones, de gustos Vocabulario
y repugnancias, de rechazos y aceptaciones. El yo es el agente más poderoso
KK impregnado: mojado, bañado
del idioma, solo igualable al sí y al no como puertas de todos los pasos.
(en sentido figurado).
Es al yo al que no le importa. Y la negación se expresa con la partícula “qué” KK en aras de: para, en interés de.
en sentido de medida para indicar la mínima, la importancia valorada bajo KK digresión: reflexión o asunto
cero, similar a los termómetros, en que el cero empieza a tener un valor secundario, que rompe el hilo del
más negativo y se inicia la medida de la negación. La exclamación del “qué” tema principal, en un discurso.
equivale a la palabrota que se omite o que se sustituye en aras de la buena KK mezquino: tacaño, avaro, que no
educación. El sinónimo en este caso no oculta sino que enfatiza, destaca que demuestra generosidad.
no hay importancia, no la puede haber porque al sujeto no le importa. KK usura: ganancia o utilidad excesi-
va e incluso injusta.
Desde ese punto de vista es una negación de la realidad, pues se está ante
KK conmoción íntima: cuestiona-
un hecho que no se valora, no se le atribuye importancia, casi no existe para
miento personal.
el individuo. Es la expresión corriente del conocimiento subjetivo, es el soy
KK epílogo: resumen al final de un
dentro de lo que quiero que sea. Alguien podría opinar que el “qué” es in-
discurso o parte final de un libro,
terrogativo sin respuesta, pues va implícita en la frase. No se debe perder y en sentido figurado, parte final
tiempo en tal digresión, en el fondo es lo mismo, la única diferencia es que de cualquier asunto.
el camino de la interrogación es más largo para llegar al mismo resultado.

El “a mí qué me importa” enseña indiferencia, insensibilidad, inconsciencia,


deshumanización, irrealidad caprichosa, mentira, irresponsabilidad, consue-
lo cobarde, carencia absoluta de valor y de independencia. Nadie logra ser
independiente por la puerta del escape, nadie llega a independizarse con los
ojos y los oídos cerrados. Ser independiente exige lucha, enfrentamiento
valiente con los problemas, victorias sobre el egoísmo e integración verda-
dera con el reconocimiento humano. La indiferencia es un peligroso camino
hacia la esclavitud, es la dependencia del a mí sí me importa la pequeñez,
la concepción del ser como pasajero agarrado a lo mezquino, la glotonería
en el reparto de la usura social. La irrealidad caprichosa se demuestra en el
deseo iluso de pretender únicamente lo aceptable desde el punto de vista de
la comodidad de cada quien. Es el rechazo de lo incómodo, ya sea revestido
en forma de pregunta, de inquietud, de pensamiento hondo, de preocupación
social o personal, de conmoción íntima o de conciencia de altura. El hombre
se miente a sí mismo con la expresión de “a mí qué me importa” y la mentira
puede llegar a ser tan vital como la irresponsabilidad en que se ha sumido.
La irresponsabilidad en nuestra época es una de las tantas drogas con que al
negar nuestra realidad, también nos negamos a nosotros mismos. Se presen-
ta como un epílogo el consuelo cobarde de la importancia, que significa la
carencia absoluta del valor necesario para vivir como ser humano capaz de
ser en la fuerte vibración de la humanidad.

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Español 7. Antología literaria 219
En nuestro país, el “a mí qué me importa” refleja visiblemente el individua-
Vocabulario lismo anárquico del costarricense. Individualismo porque tiene un profundo
sentido de su conveniencia, no porque aspire a tener calidad de individuo
KK individualismo: tendencia a
pensar y actuar sin considera-
y como tal necesite fortalecer su yo pensante o su yo persona. Está atento a
ción de los demás ni atender a sus intereses personales, a la comodidad estable de sus aspiraciones: un buen
normas sociales. Valoración del empleo, salud, abundancia, dinero, seguridad personal y familiar, libertad de
individuo por encima de movimiento sin responsabilidad y respeto a sus deseos de propiedad. Este es
la sociedad. el fiel retrato del individualismo burgués. Carece el país de personalidades
KK anárquico: relativo a la anarquía, individualistas, casi se podría decir de individuos. Nuestros políticos buscan
entendida como rechazo o au- ser la balanza exacta del costarricense mediocre, al que los hombres inteligen-
sencia del poder público.
tes y aventureros asustan, hasta los que piensan mucho resultan incómodos.
KK burgués: perteneciente a la clase Sobresalen en las campañas como perfectos representantes del individualismo
media más próspera. Mediocre,
vulgar, corriente. Conservador, lo masificado, son promesas de respeto a la indolencia frente a la superación,
contrario del reformista. al ocultamiento de los problemas difíciles, a la reverencia a una tradición que
KK masificado: relativo a la masa, la se ha ido lavando y ha progresado en la pérdida de su verdadero sentido, de
multitud, conjunto de muchas su idealismo original. Este individualismo es anárquico porque está configu-
personas con algunos elementos rado en cada costarricense, es una condición de su cerebro, no coincide en
comunes. cuanto a valores en dos personas, no puede sumarse ni generalizarse, salvo
KK indolencia: pereza, insensibilidad, en su común denominador: la tendencia a lo inerte antes de sacrificar un solo
inmovilidad, falta de iniciativa. movimiento por el bien común, o sea, la preferencia a no actuar si en ello
KK hostil: enemigo, adversario, rival. hay un mínimo peligro a la comodidad estable de cada uno.
KK austeridad: moderación, rigidez,
El análisis de lo anterior nos puede llevar a una verdad en parte muy dura, y
severidad, rigor.
es la de que el costarricense no es individualista sino esencialmente egoísta.
KK inmanente: inseparable, propio.
Nacido en un ambiente con apariencia de medio fácil, y en el fondo tremen-
KK rastrero: bajo, vil, innoble. damente hostil para formar con la austeridad necesaria a un verdadero indivi-
KK dádiva: regalo, obsequio, don. duo, el costarricense se pierde alegremente frente a las posibilidades que tiene
de realizarse. En vez de pensar por sí mismo, copia; en vez de creer, miente
y exige fe para sus mentiras; en vez de ser, imita; en vez de crecer, sigue; en
vez de opinar, repite; en vez de valorar, exclama “a mí qué me importa”. El
individualista es un ser que ha medido su propia importancia, por eso es in-
dividuo, tiene conciencia de su misión como ser humano y está influido por
la responsabilidad de su trascendencia. El egoísta es un tipo inmanente a él
mismo, pegado al valor rastrero de su alcance solo puede dar importancia a
lo que es significativo a su propia comodidad. Lo demás pertenece a lo de su
no incumbencia. Es hasta el límite en que se empieza a incomodar.

Este negar importancia, este rodearse de un mundo ignorado, de otro ser


sin derecho, este envolverse en la niebla para contar con la luz propia del
capricho egoísta, enseña un sueño del costarricense: la libertad ilimitada en
cuanto a cada quien y limitada para los demás, otorgada como una graciosa
concesión a los otros mientras no molesten y sigan agradeciendo la dádiva.
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220 Unidad 5 • Ensayo
El sueño de libertad del costarricense es un sueño egoísta y es la señal del
miedo profundo a vivir responsablemente. Vocabulario

Dentro de este sueño, también esconde nuestro pueblo el miedo de encon- KK monocultivo: cultivo único o
trar su realidad. Prefiere repetir Costa Rica es la Suiza de Centroamérica, a predominante en una región.
darse cuenta de los problemas sociales que tiene el país. Prefiere comentar KK achacoso: que tiene achaques,
que su café es el mejor del mundo, a concebir la realidad de un monoculti- es decir, molestias típicas de
vo1 sangrado como una bolsa de agua agujereada por miles de escapes hacia la vejez.
una vida artificial de lujos y vanidades. Prefiere repetir que las mujeres son KK presunción: suposición.
las más lindas del mundo, a sentir un gesto de hombría y de caballerosidad. KK aunar: unir.
Prefiere la permanencia de una ley ineficaz por el miedo terrible a lo nuevo en KK valladar: valla, cerca, y en sentido
el país, quiere que su patria tenga una cara envejecida y un cuerpo achacoso figurado, obstáculo o problema.
porque prefiere amar al padre y negar al hijo o al nieto, su pensamiento no KK patológica: enferma.
llega nunca al bisnieto.

El “a mí qué me importa”, además de negar la realidad, busca esquivar el


tiempo. Lo que fue es un monumento histórico y no se revisa ni se analiza. Lo
que será es una incógnita que no preocupa y sobre la que no cabe presunción
alguna. Y lo que es, es en cuanto a la realidad de cada uno entre el hoy, el
ayer y el mañana, algo por hacerse que no se hace, dentro del cual el tiempo
es una condición que no se puede aunar si se quiere a la realidad, pero que
no es completamente necesario porque hay un momento en que el tiempo
se viste de voluntad y otro de fatalismo. El costarricense no vive el tiempo,
tropieza con él. Lo olvida con frecuencia y cuando se lo encuentra como un
valladar imposible de vencer, la mejor salida es desconocerlo, negarle su
importancia, expresar el “a mí qué me importa’’.

Pero esa expresión revela la sensibilidad patológica del costarricense como


resultado de su irrealidad circunstancial y de su egoísmo vital. El costarricen-
se con el “a mí qué me importa” demuestra su contradictorio resentimiento
social, pues por una parte ha tendido a olvidarse de lo que no sea su pro-
pia comodidad y por otra exige consideración, respeto, libertad, privacidad
para sus actos, simpatía para sus problemas, afinidad con sus inquietudes.
Sensible como todo egoísta, sensible en la médula de sus derechos, exclama
resentido y amargado la no importancia que le duele y le hiere. Su egoísmo se
encuentra con los bordes de la realidad, que ha deseado ignorar y dar por no
existente, entonces solo cabe la negación aun más voluntaria, más evidente,

1 Cuando se redactó este ensayo, cerca del 80% de las exportaciones de Costa Rica co-
rrespondían al sector agrícola, y de ese monto, cerca del 40% correspondía al café. En la
actualidad, el sector agrícola representa poco más del 20% de las exportaciones totales.

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Español 7. Antología literaria 221
más enfática. La negación obvia que trata de ocultar la sensibilidad resentida.
Vocabulario El “a mí qué me importa” es el decir del sensible a lo propio, es el tono del
hombre consumido en su propio egoísmo, al que le corresponde exhibir la
KK contabilidad: cálculo, recuento.
valentía de rehusar las heridas. La expresión se convierte en las lágrimas que
KK aniquila: destruye. se esconden por el temor de llorar como acto libre del dolor. Falta más que
KK dilema existencial: una pregun- nunca la palabrota y el costarricense no la omite porque sabe que la libera-
ta o inquietud relacionada con ción plena es un incendio voluntario de palabras. La ira, el resentimiento, el
los aspectos esenciales de la vida.
amargor se queman con ellas, son combustible fácil de frases y frases.
KK receloso: desconfiado.
El hombre generoso en el ejercicio egoísta, es el hombre más sensible a la
KK abrumado: preocupado con una
carga excesiva. contabilidad del reconocimiento. Acostumbrado a negar lo real, afirma ne-
gativamente su sensibilidad, oculta de nuevo su resentimiento por el camino
KK médula: interior suave del hueso,
y en sentido figurado, lo esencial fácil de expresar su carencia de valor y de importancia, no quiere que nada
o lo fundamental de algo. trascienda por su alma ya herida. Se parece al moribundo que se niega a mo-
KK oasis: isla de verdor y agua en rir de la enfermedad de que padece y ambiciona otra, para contradecir en el
medio del desierto. último momento a la muerte. Es como decir no padezco de susceptibilidad,
KK alucinado: irracional, absurdo, no estoy herido porque no quiero estarlo, por eso lo niego aun cuando sienta
iluso o falso. dolor y tenga los síntomas. La contradicción vital es el arma que aniquila al
aparentemente más fuerte y equilibrado de los hombres. No es un secreto, no
es un dilema existencial, es un escondite consciente que se pretende hacer
inconsciente, que enferma la voluntad y acaba por aniquilar la condición
sensible y humana de cada quien.

El costarricense es receloso a considerarse a sí mismo sensible, cree que con


eso se debilita, pierde su hombría y se menoscaba. El “a mí qué me importa”
viene a ser una confirmación de su virilidad. El costarricense, avergonzado de
ser tímido, de sentirse inferior ante determinadas circunstancias, de expresar-
se insuficientemente como ser universal, abrumado por su corto panorama,
en la médula hiriente de su egoísmo, confirma su hombría, su machismo,
con el “a mí qué me importa”. Necesita negar para afirmarse, se siente libre e
independiente cuando niega, se ve a sí mismo más hombre cuando encierra
en la nada lo que le es extraño.

Hay una honda fuerza negativa que debe dirigirse hacia propósitos humanos
de superación y de altura, que exige una nueva educación, seriedad en todos
los campos, verdadera responsabilidad social y un encuentro inmediato con
valores e inquietudes, para conmover ese ambiente de oasis alucinado en
que pasan la vida los costarricenses en espera de unas vacaciones eternas.

Confío en que el pensador a quien busca este tema, exclame con un gesto
abierto: “A mí sí me importa”.

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222 Unidad 5 • Ensayo
Análisis literario
FASE NATURAL
Resuelva las actividades con base en el texto leído.
1. Marque con las connotaciones que adquieren los siguientes términos en el texto leído.

monocultivo sangrado riesgo económico riqueza sufrimiento


libertad vacía egoísmo solidaridad realización personal
Suiza de Centroamérica progreso prosperidad escapismo
vacaciones eternas felicidad escapismo descanso

2. Describa, con sus propias palabras, lo que significa cada expresión. Si lo considera necesario, repase el con-
texto del ensayo en que aparece cada una. R. T.:

salvación individual Proyecto de dotar de sentido la existencia propia.

oasis alucinado Situación de aislamiento y autoengaño simultáneos.

individualismo anárquico Preocupación única por la ganancia personal, sin considerar a la sociedad.

3. Analice el uso de la palabra “hombre” en las siguientes frases y responda las preguntas.

Si por comodidad […], … el hombre también se El hombre se siente Este hombre acosado
el hombre se esconde… esconde en esta expresión… sin salida… por un juicio…

… un olvidarse de las proyecciones humanas … la relación cierta que existe entre los
del hombre como parte de la humanidad… hombres ligados por circunstancias reales…

a. En los casos anteriores, ¿el término “hombre” se refiere a la humanidad (hombres y mujeres) o a las
personas de sexo masculino únicamente? ¿Cómo lo sabe?
R. T.: Se espera que los estudiantes identifiquen que “hombre” se refiere a la humanidad. El contexto general del
ensayo permite establecerlo, así como la cita en la cual se relaciona directamente la palabra “hombre” con “las
proyecciones humanas” y “la humanidad”.

b. ¿Considera adecuado ese uso del término “hombre” hoy en día? ¿Cuáles otros términos pueden usarse
en su lugar?
R. T.: Se espera que los estudiantes expresen libremente su opinión y que identifiquen palabras más inclusivas en
cuanto al género, como “humanidad”, “seres humanos” y “personas”, entre otras. La actividad puede motivar un debate
acerca de las diversas posiciones existentes hoy sobre el uso del lenguaje inclusivo.
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Español 7. Antología literaria 223
4. Marque con las ideas que corresponden al ensayo leído.

La frase socrática de “Conócete a ti mismo” lleva a la gente a pensar “A mí qué me importa”.

Las personas se esconden detrás del “nosotros” por miedo a la individualidad.

La libertad como valor está por encima de todos los demás valores.

La salvación individual no puede darse nunca a costa de las necesidades colectivas.

La independencia personal es equivalente a la insensibilización hacia los otros.

El pronombre “yo” es un elemento fundamental de la lengua.

La independencia personal no es solamente posible, sino necesaria para las personas.

El egoísmo de ciertas personas llega al extremo de desconocer la importancia de los hechos colectivos.

El individualismo del costarricense lo lleva a la inmovilidad cuando se trata del bien común.

El costarricense es individualista, pero no egoísta.

El individualismo del costarricense es anárquico, egoísta y masificado.

La frase “A mí qué me importa” oculta miedos y temores de las personas.

El sentimiento individual del costarricense cubre u oculta la realidad como un velo.

5. Complete los recuadros con la idea principal del ensayo y dos ideas secundarias. R. T.:

Idea principal
Los costarricenses tienen el vicio de anteponer su libertad individual a las necesidades colectivas, lo cual se expresa

en la frase común “a mí qué me importa”.

Idea secundaria Idea secundaria


El individualismo del costarricense es de carácter El costarricense tiene miedo de vivir de manera

anárquico, porque no representa un proyecto político responsable, en conexión con los demás.

como tal, sino un egoísmo personal.

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224 Unidad 5 • Ensayo
FASE DE UBICACIÓN
Lea la información y resuelva las actividades.

Carmen Naranjo (1928-2012)


Época y lugar fenómeno. Quizás por esa razón, ensayistas como Carmen
Naranjo y Constantino Láscaris (El costarricense, 1975) tra-
La obra de Carmen Naranjo pertenece a la época poste-
tan de descifrar esa compleja realidad con ensayos cuyo
rior a la guerra civil de 1948, caracterizada por la amplia
tema es la personalidad nacional costarricense.
participación del Estado en muchos campos. En este pe-
riodo, la relación del país con los mercados internaciona- Estética e ideología
les dependía en gran medida de la exportación de café En su narrativa, Carmen Naranjo incorpora las tendencias
y de banano. Esto se intentó cambiar mediante el desa- vanguardistas plenamente, en consonancia con las ten-
rrollo de la industria local, para reducir la importación dencias en América Latina. Su preocupación por la polí-
de maquinaria, herramientas y muchos otros productos tica atraviesa tanto su vida como su escritura, en todos
que venían de los países industrializados. El Estado se los géneros que cultivó. Sus ensayos se caracterizan por
modernizó y creció, y se empezó a sentir el impacto del la dura crítica de las costumbres, con poco espacio para
desarrollo de las universidades públicas, así como de la el humor o la sátira.
atención médica para todos, con la Caja Costarricense de
Seguro Social. La clase media se amplió, con lo cual, al Obra
haber más personas con mejores ingresos, el consumo Carmen Naranjo fue una autora increíblemente prolífica
también creció. en casi todos los géneros. Escribió obras ensayísticas en
En el campo literario, convive el realismo con el vanguar- las que trata la realidad nacional, como Cinco temas en
dismo. Son abandonadas poco a poco las convenciones busca de un pensador (1977), en que recoge cinco reflexio-
del realismo para representar la realidad, basadas en un nes basadas en frases típicas del costarricense, que la au-
tiempo lineal y homogéneo (sin saltos), así como en la tora aprovecha para analizar la idiosincrasia nacional: “Ahí
idea de que la realidad es única y la literatura debe mos- vamos”, “Qué le vamos a hacer”, “A mí qué me importa”, “De
trarla fielmente. El vanguardismo (que triunfa en poesía por sí” e “Idiay”. También escribió poesía (como Canción
y parcialmente en la narrativa) propone nuevas conven- de la ternura, 1964) y teatro (como Adivíneme usted, 1980),
ciones, que dan cabida a la multiplicidad de puntos de pero su producción más importante se da en narrativa,
vista sobre la realidad y a un tiempo en el que existen los con novelas como Los perros no ladraron (1966), Memo-
saltos y los retrocesos. Esta complejidad va asociada al rias de un hombre palabra (1968) y Diario de una multitud
crecimiento de la cultura urbana y a las ideas de “multi- (1974), así como sus cuentos de Hoy es un largo día (1972)
tud” y “laberinto” vinculadas frecuentemente a ese tipo de y Ondina (1983).

6. Describa las características de la sociedad en la etapa posterior a 1948.


R. T.: La sociedad se caracterizó por el crecimiento de la clase media y la inversión social en cultura, educación y salud,
entre otros aspectos. El Estado participó en muchos ámbitos de la vida nacional. Se puede aclarar al estudiante que ese
modelo se conoce con nombres como “Estado benefactor” o bien “intervencionismo estatal”, dependiendo del énfasis
que se le quiera dar.

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Español 7. Antología literaria 225
7. Explique la relación entre la temática del ensayo “A mí qué me importa”, de Carmen Naranjo, y el contexto
social y político de la época.
R. T.: Se espera que el estudiante vincule el crecimiento de la cultura urbana y de la clase media, con su mayor capacidad
de consumo, con las críticas hechas por Carmen Naranjo en su texto, que caen sobre el individualismo, el egoísmo y el
consumismo, entre otros temas.

FASE ANALÍTICA
Paratexto
8. Anote los pronombres que aparecen en el título del ensayo. Clasifíquelos y explique su función general.
Dos pronombres: “mí” y “me”. Ambos son de primera persona del singular. Ambos pronombres se usan como
complemento del predicado, directo, indirecto o circunstancial (nunca como sujeto).

a. ¿Cómo cree usted que se relacionan esos pronombres con el contenido del ensayo?
El uso de esos pronombres pone de relieve la primera persona gramatical, de manera que el contenido del ensayo
se relaciona estrechamente con el “yo”.

9. Comente en qué situaciones comunicativas ha escuchado usted la frase del título.


R. L.

10. Analice el epígrafe del texto y comente en qué sentido la mentira y la hipérbole destruyen el lenguaje.
R. T.: Ambos fenómenos son distorsiones o tergiversaciones de lo que se considere “la verdad”. La mentira cambia esa verdad,
y la hipérbole la exagera. Se deduce que en ausencia de la verdad, el lenguaje se destruye porque pierde su función.

Cotexto
11. Lea el siguiente fragmento del ensayo. Identifique el posesivo nuestro y sus derivados.

Deseo limpio y desnudo de libertad irresponsable, libertad que en los momentos cruciales de
nuestra vida exigimos porque nos estorba el comentario, la intromisión, el auscultamiento de
nuestros actos, o porque nos queremos reservar en el nivel de nuestra propia seguridad, ignoran-
do cualquier alteración. Esa libertad irresponsable es el silencio de la sensibilidad, la ignorancia
de los demás, el reconocimiento genuino de nuestra esfera cerrada.

a. ¿A cuál “nosotros” cree usted que corresponden esos posesivos? Justifique.


R. T.: En el párrafo anterior, el “nosotros” a que corresponden los posesivos parece ser simplemente un sujeto
colectivo, es decir, la generalidad de las personas. Sería equivalente a decir “a toda persona que viva en nuestra
sociedad” o “toda persona común y corriente”.

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226 Unidad 5 • Ensayo
12. Identifique los posesivos en las siguientes frases, tomadas del ensayo de Carmen Naranjo.

nuestro país nuestros políticos nuestro pueblo

a. Comente qué información nueva dan esas frases acerca del “nosotros” a que corresponden.
R. T.: Se espera que el estudiante destaque en las frases anteriores que el “nosotros” aparece contextualizado en
relación con el país, es decir, se trata de “los costarricenses”.

13. Analice la estructura del ensayo. Relacione, por medio de una línea, cada párrafo o grupo de párrafos con la
función que tiene en el ensayo.

Párrafo 1 Presentación de un ejemplo.

Párrafos 2 y 3 Crítica detallada del “egoísmo vital” del costarricense.

Párrafos 4 y 5 Cierre.

Lo que implica la frase: “A mí qué me importa”


Párrafos 6, 7, 8 y 9
en la relación individuo-sociedad.

Párrafos 10, 11 y 12 Análisis lingüístico de la frase: “A mí qué me importa”.

Lo que denota la frase: “A mí qué me importa”


Párrafo 13
a un nivel inmediato y personal.

Relación del tema principal del ensayo con la personali-


Párrafos 14 a 21
dad del costarricense y su “individualismo anárquico”.

Párrafo 22 Presentación del tema.

Párrafo 23 Propuesta de cambio.


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Español 7. Antología literaria 227
14. En el ensayo de Carmen Naranjo, se usan a menudo expresiones de significado similar o sinónimas para
enfatizar las ideas. Observe un ejemplo en el siguiente recuadro:

Y cuanto más hiera, más estorbe, más duela, el hombre afirma negativamente su importancia.

a. Cite tres ejemplos más del uso de la sinonimia.

Ejemplo 1 Ejemplo 2 Ejemplo 3

“Es el rechazo de lo incómodo, ya “El ‘a mí qué me importa’ enseña “… exige consideración, respeto,

sea revestido en forma de pregunta, indiferencia, insensibilidad, libertad, privacidad para sus actos,

de inquietud, de pensamiento inconsciencia, deshumanización, simpatía para sus problemas,


hondo, de preocupación social o irrealidad caprichosa, mentira, afinidad con sus inquietudes”.

personal, de conmoción íntima o de irresponsabilidad, consuelo cobarde,

conciencia de altura”. carencia absoluta de valor y de


independencia”.
15. Analice las críticas del “yo” que enuncia en el ensayo hacia “el costarricense”. Determine cuál es la relación
entre ese “yo” y ese “costarricense” al que critica.
R. T.: El “yo” que enuncia el ensayo se reconoce a sí mismo como parte del pueblo costarricense (como se trabajó en la
actividad 12); sin embargo, cuando critica a “el costarricense”, este último encarna un modelo del costarricense promedio,
caracterizado por su mediocridad. En ese sentido, el “yo” que enuncia, aunque se reconoce como parte del país, no se
identifica con “el costarricense” al cual critica, ni con las críticas que le hace.

Estructuras de mediación
16. Marque con los discursos con los cuales se relaciona el ensayo.

Discurso psicológico Discurso político Discurso moral



Discurso artístico Discurso educativo Discurso económico

Discurso religioso Discurso social Discurso jurídico

a. Explique sus razones para elegirlos.


Discurso psicológico: la referencia a lo patológico del costarricense. Discurso político: referencia al anarquismo en
la actitud del costarricense. Discurso social: la descripción de la masificación del costarricense y su creencia en la
“Suiza centroamericana”. Discurso moral: el carácter condenatorio del ensayo. Discurso económico: la referencia a la
economía del monocultivo.
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228 Unidad 5 • Ensayo
17. Copie diez calificativos que el “yo” que enuncia el ensayo le aplica a “el costarricense”.
R. T.: Con personalidad individualista, mediocre, masificado, anárquico, sin originalidad, imitador, sin opinión propia,
influenciable, egoísta, irresponsable, miedoso, con egoísmo vital, demasiado sensible, negador de la realidad, cobarde,
con resentimiento, machista, tímido, de miras cortas…

a. ¿Qué puede inferirse, a partir de lo anterior, de la intención del ensayo?


R. T.: Se puede considerar que el ensayo tiene una intención de condenar y criticar lo que considera vicios y defectos
del costarricense promedio.

18. Relea el siguiente fragmento del ensayo y responda.

El costarricense […] confirma su hombría, su machismo, con el “a mí qué me importa”.

a. ¿A quién se dirige el texto en el fragmento anterior?


R. T.: En el fragmento anterior, el ensayo se refiere no a “el costarricense promedio”, sino particularmente a los
hombres, ya que se habla del miedo a perder su “hombría”.

Contexto
19. Comente cuáles elementos del contexto social, político y económico del país se reflejan con más claridad
en el ensayo.
R. T.: Se espera que el estudiante reconozca la crítica hecha en el ensayo a cierta actitud de la clase media (dado su
crecimiento en la época), al aumentar su poder adquisitivo y caer en el consumismo y la indiferencia. Otro aspecto
tocado en el texto es el problema económico del monocultivo.

FASE EXPLICATIVA E INTERPRETATIVA


20. Explique el modelo de sociedad que defiende el ensayo. Refiérase a cómo lo dedujo.
R. T.: El modelo de sociedad se deduce como la negación de lo criticado (sin egoísmo, con personas independientes, pero
no individualistas, insensibles ni irresponsables). En sentido positivo, se explica en el penúltimo párrafo: una sociedad con
“seriedad en todos los campos, verdadera responsabilidad social y un encuentro inmediato con valores e inquietudes”.

21. Explique cuáles reacciones puede provocar el ensayo en sus lectores, tanto positivas como negativas.
R. T.: El ensayo intenta despertar en los lectores una comprensión amplia del problema expuesto; por eso es tan
abundante en los argumentos de su crítica. En ese sentido, pretende generar una toma de conciencia real de la
problemática, que sirva como base para que encuentre su “pensador” y se encamine a una solución.

22. Elabore un texto de 200 palabras, como máximo, en el cual resuma el resultado de las cuatro fases de su
análisis. Trabaje en hojas aparte. R. L.

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Español 7. Antología literaria 229
6
Unidad

Relato autobiográfico

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230 Unidad 6 • Relato autobiográfico
Ana Frank
(1929-1945)
Nacionalidad: alemana
Obra: La casa de atrás (o:
Diario de Ana Frank)

Lectura destacada
La casa de atrás (o: Diario de Ana Frank).

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Español 7. Antología literaria 231
Análisis literario
FASE NATURAL
Resuelva las actividades con base en el texto leído.
1. Describa la opinión que tiene Ana de sí misma.
R. T.: Ana siente un rechazo de parte de las demás personas de la casa, más si la comparan con su hermana (hija modelo),
y se siente incapaz de ser hipócrita (2 de abril de 1943). Trata de que los demás la aprecien, pero nunca lo logra: si habla,
la consideran malcriada; si se calla, ridícula; si está cansada, la acusan de perezosa, y así en todo aspecto (30 de enero de
1943). Ella trata de ser una Ana “buena” (1.º de agosto de 1944), pero cree que no logra mostrar esa faceta (pues los demás
están prejuiciados contra ella) y aparece ante todos como una Ana “mala”, lo cual la hace sufrir.

2. Complete el cuadro con los datos de las siete personas escondidas en “la casa de atrás”, además de Ana Frank.

Nombre real Nombre en el Diario Opinión de Ana


Le tiene un cariño especial —más que a su madre, y se lo dice
así en una ocasión—, pero resiente que se ponga del lado de su
Otto Frank papá / señor Frank
madre y de Margot en las disputas. Considera que se casó con su
madre sin amarla realmente, y lo juzga por eso.
Sostiene frecuentes discusiones con ella. Siente que la critica por
todo lo que hace y que prefiere a su hermana. Le resiente su falta
Edith Frank mamá / señora Frank
de tacto y de comprensión maternal, y en general considera que
no ocupa el lugar de una madre auténtica.
Tiene rivalidad con ella por ser una especie de “hija perfecta”. El 5
de enero de 1944, recuerda con especial resentimiento un día que
Margot Frank Margot
salió del dentista con ella y su madre, y mientras ellas se iban de
compras, Ana tuvo que devolverse sola porque llevaba su bicicleta.
Le parece una persona caprichosa, frívola, superficial y totalmente
carente de modestia. No es solidaria ni trabajadora, pelea con fre-
Auguste van Pels señora van Daan
cuencia con su marido. No pierde ninguna ocasión para criticar a
Ana. Para Ana, es insoportable.

Ana no se lleva bien con él, pero no le resulta tan insoportable


Hermann van Pels señor van Daan como su esposa. Él prefiere a Margot por encima de Ana.
Sostiene frecuentes peleas con su esposa.

Con el paso de los meses en el encierro, su relación con Peter se


hace más cercana. Se identifica con él, por la carencia que perciben
Peter van Pels Peter van Daan
en sus madres. En los primeros meses de 1944, siente que lo ama,
pero la relación no avanza y los padres de ambos no lo ven bien.
Al verse obligada a compartir su habitación con él, Dussel y Ana
tienen frecuentes choques. Él la sermonea. Tienen una pelea seria
Fritz Pfeffer Albert Dussel
por el uso del escritorio, en la cual Dussel la ofende y se burla de
su interés en la mitología (13 de julio de 1943).

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232 Unidad 6 • Relato autobiográfico
3. Explique el papel de las personas no judías que ayudaron a los de “la casa de atrás”.
R. T.: Las personas escondidas lo lograron gracias a la ayuda de varias personas afuera, que trabajaban en la compañía de
Otto Frank; en la versión original del Diario aparecen con seudónimo (lo anotamos entre paréntesis), para protegerlos.
Ellos les facilitaban alimentos, libros y objetos diversos de primera necesidad. Eran Miep Gies (Anne van Santen), quien
recogió el diario y otros papeles de Ana; su esposo Jan Gies (Henk van Santen); Victor Kluger (Sr. Kraler), quien tomó el
puesto de Otto Frank en la empresa; Johannes Kleiman (Sr. Koophuis), y Bep Voskuijl (Elly Kuilmans). Además, cuando los
empleados de la empresa se marchaban, los ayudaban a pasar al salón de la empresa en la fachada, donde podían oír
noticias y distenderse un rato.

4. Explique la función que tenía para los escondidos la escucha de la radio y la lectura de libros.
Para los escondidos el radio es el contacto con el exterior, además de algunos periódicos. Por eso salen a escucharla al
salón de la parte de enfrente del edificio. Gracias a ella están pendientes, entre otras cosas, de los avances de la guerra,
además de escuchar música.

a. Mencione cinco ejemplos de acontecimientos importantes en torno a la escucha de la radio, mencionados


en el Diario de Ana Frank. R. T.:

Fecha en el diario Descripción

En la guía para los habitantes de “la casa de atrás” se explica que la radio
17 de noviembre de solo puede usarse después de las 6 p. m. (cuando los trabajadores de la
1942 empresa se han marchado), y se prohíbe escuchar noticias de emisoras
alemanas. Escuchan emisoras de Tel Aviv, Londres y otras ciudades.

Ana está afectada por las noticias que recibe de Miep Gies sobre los
9 de octubre de campos de concentración. La radio inglesa confirma esas noticias con
1942 un detalle terrible sobre el uso de cámaras de gas en los campos para
asesinar a los prisioneros.

Se anuncia que la radio que estaba en la empresa va a ser decomisada


Acontecimientos por los alemanes, como hacen con todas las radios, para evitar que
15 de junio de 1943
en torno a la radio la población escuche emisoras clandestinas. Se establece el plan de
conseguir un aparato de radio de contrabando.

Los escondidos se enteran de la gran invasión aliada a Normandía el


mismo día (6 de junio), una de los eventos clave del fin de la guerra,
6 de junio de 1944
mediante la transmisión de la BBC de Londres. Este hecho les resulta
esperanzador.

Ana se entera por medio de la radio Orange, del gobierno holandés en


el exilio, que después de la guerra se recogerán diarios y testimonios
29 de marzo de 1944
sobre ese periodo. Ella sueña con ser escritora y se imagina ya una
novela que se titule La casa de atrás.

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Español 7. Antología literaria 233
5. Comente la importancia de la guía para vivir en la casa de atrás redactada por Fritz Pfeffer, o como es llamado
en el Diario, Alfred Dussel (17 de noviembre de 1942).
R. T.: La guía y prospecto de la casa es la normativa general para organizar la vida en la casa. En ese espacio reducido,
es fundamental para lograr una convivencia aceptable que satisfaga las necesidades de todos y no comprometa la
seguridad de los escondidos.

6. Elabore una línea de tiempo o cronología de la relación de Ana con Peter. R. T.:

Ana quiere Ana siente


compartir Ana y Peter que ama Ana visita
Habla de Peter Al inicio, Ana más con Peter. hablan sobre a Peter. a Peter en La relación
por primera Ana empieza Se miran a sexualidad Intercambia su cuarto pierde
vez, como un considera a sentir los ojos y (6/1/44). cartas con con más fuerza. Ana
muchacho aburrido simpatía reconocen Cada vez Margot frecuencia cree que
tímido de quien a Peter por Peter una atracción piensa sobre (20/3/44). idealizó
espera poco (21/8/42, (16/10/42, mutua más en él el tema Se besan a Peter
(14/8/1942). 25/9/42). 5/2/43). (6/1/44). (27/2/44). (22/3/44). (28/4/44). (15/6/44).

7. Describa cinco aspectos de la rutina de las personas escondidas en “la casa de atrás”.
R. T.: Aseo: las personas deben organizarse muy bien para su aseo personal. Cada una lo hace en el lugar que le resulta
más cómodo y coordina con los demás cuando va a realizarlo (29 de setiembre de 1942). Deben turnarse en el uso de
los espacios, como Ana y Dussel sobre el escritorio (13 de julio de 1943). Celebran cumpleaños y fechas especiales para
mantener algo de normalidad en sus vidas. Los domingos los dedican a barrer, limpiar y lavar la ropa (20 de febrero
de 1944). Deben hablar en voz baja y no producir ningún ruido durante el día, por lo que muchas actividades quedan
vedadas hasta después de las 6 de la tarde, cuando los trabajadores de la compañía se marchan. Deben coordinar con
los ayudantes para la entrega de libros, comida y otros objetos.

8. Explique la importancia que tenían los libros para las personas ocultas en la casa, y para Ana en particular.
R. T.: Al principio, el señor Koophuis les lleva libros cada quince días. Miep Gies les lleva libros de la biblioteca cada semana,
que Ana espera con gran ansia (11 de julio de 1943). Como se explica el 27 de febrero de 1943, Ana es sumamente
metódica en anotar cuáles libros ha leído y cuáles palabras extranjeras quiere recordar. Al principio se interesa por libros
para adolescentes, pero luego va ampliando sus lecturas, como la mitología. Los adultos tratan de evitar que los jóvenes
lean libros que creen inconvenientes para ellos (17 de marzo de 1944), a veces sin éxito (2 de setiembre de 1942).
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234 Unidad 6 • Relato autobiográfico
9. Sintetice los criterios de las personas de la casa acerca de la guerra, y especialmente los de Ana.
R. T.: El Sr. van Daan cree que la guerra se prolongará hasta finales de 1943 (2 de mayo de 1943). La Sra. van Daan piensa
que deberían conseguirse identificaciones falsas, y Ana se burla de su ingenuidad. Ana, al día siguiente, escribe sobre la
guerra como una acción sin ningún sentido. No entiende por qué se gasta tanto en hacerla, en lugar de llevar el dinero
a quien lo necesita. Hace una observación muy interesante: no cree que se trate únicamente de una responsabilidad de
quienes tienen el poder, sino de todo el mundo, de un instinto de destrucción en las personas (3 de mayo de 1944).

10. Elabore un plano de “la casa de atrás” con base en la información del 9 de julio de 1942. Recuerde que la casa
tenía tres niveles, por lo que el plano deberá responder a esa particularidad. R. T.:

PLANTA BAJA SEGUNDO PISO TERCER PISO

1. Oficinas de la empresa
de Otto Frank.
2. Oficina del señor Kraler.
3. Puerta secreta de acceso
(luego cambiada por
un estante que
la disimulaba), en
el rellano.
4. Cuarto de los señores
Frank y de Margot.
5. Cuarto de Ana y de Fritz
Pfeffer (Albert Dussel).
6. Baño.
7. Cuarto, cocina y
comedor de los señores
van Daan.
8. Cuarto de Peter.
9. Desván o buhardilla.

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Español 7. Antología literaria 235
FASE DE UBICACIÓN
Lea la información y resuelva las actividades.

Ana Frank (1929-1945)


Época y lugar Estética e ideología
Annelies Marie Frank —Ana Frank— tenía apenas El Diario está escrito con un tono sencillo, propio
tres años en 1933, cuando Adolfo Hitler, líder del de una joven de 13 años que habla de manera ho-
partido nacionalsocialista, fue nombrado canciller, nesta sobre sus sentimientos y su rutina. Al inicio
disolvió el parlamento y se erigió como dictador del diario, el estilo es más fragmentado. Después
absoluto en Alemania. El gobierno nacionalsocia- de un año de encierro, aproximadamente, el estilo
lista —o simplemente nazi— instauró una política se vuelve más trabajado y sus lecturas van cam-
discriminatoria y racista, partiendo de un mito que biando. Ana era muy aficionada a libros dirigidos
se instaló como una verdad política: el mito de una a adolescentes, como los de Cissy van Marxveldt
“pureza de sangre” que definiría al pueblo alemán, (seudónimo de la holandesa Setske de Haan, 1889-
la “raza aria”. A partir de esas ideas racistas, se per- 1948) con su serie Joop ter Heul. De esa autora, toma
siguió a las personas consideradas “no arias”: desde Ana la idea de escribir su diario en forma de cartas,
los gitanos y los judíos hasta los homosexuales y las cuales dirige en su mayoría a “Kitty”, un perso-
los enfermos mentales. Judíos y gitanos fueron re- naje de Joop ter Heul. Las lecturas de Ana incluyen
cluidos en guetos, barrios vigilados y marginados nuevas obras, sobre todo biografías, proceso que
de la sociedad. Después empezaron a trasladarlos la lleva a mejorar su estilo. Por otra parte, aunque
en trenes a los campos de concentración, donde Ana Frank empezó su diario sin pretensión de publi-
eran sometidos a trabajos forzados, casi sin alimen- carlo, el 29 de marzo de 1944 escuchó por la radio
tación. Allí morían casi todos, ya fuera por hambre, clandestina Orange que el gobierno holandés en
por enfermedad o en las cámaras de gas. Esas po- el exilio pensaba recopilar diarios y cartas relativos
líticas genocidas llevaron al exterminio de unos a la guerra. Entonces empezó a reescribir el diario
seis millones de judíos en Europa (hecho conocido en forma de novela, y las entradas posteriores a esa
como el Holocausto). fecha revelan una intención literaria más consciente
de su parte.
Ana y su familia huyeron a Ámsterdam (Holanda)
en 1934. Los nazis ocuparon Holanda en 1940, un Obra
mes antes de que Ana cumpliera 11 años. Ana se
De las ocho personas escondidas en esa casa, solo
vio obligada a cambiarse a una escuela para judíos,
una sobrevivió a los campos de concentración: Otto
a llevar una estrella amarilla cosida a la ropa (como
Frank, el padre de Ana. Los papeles de Ana queda-
todos los judíos bajo dominio nazi) y a dejar de ir
ron tirados en el suelo, de donde los recogió Miep
al cine, debido a las leyes antijudías que crecían día
Gies, una empleada de Otto, quien era una de las
con día. En 1942, poco después de que Ana cum-
personas de “afuera” que ayudó a los escondidos.
pliera 13 años, toda la familia entró en la clandes-
tinidad y se instaló en un edificio localizado detrás Al terminar la guerra, el padre de Ana Frank armó
de las oficinas en las que trabajó el padre de Ana. una versión para publicar, con base en las dos
El grupo lo formaba la familia Frank, la familia van versiones escritas por ella. Aunque en la segunda
Pels (en el libro, van Daan) y Fritz Pfeffer (en el libro, escritura Ana había suprimido pasajes que le pare-
Albert Dussel), un dentista. Allí, en “la casa de atrás”, cían cursis, débiles y hasta vergonzosos, su padre
vivieron hasta que alguien los delató (no se sabe restituyó muchos de esos pasajes en la tercera ver-
quién) y la policía nazi los arrestó el 4 de agosto sión, la que se publicó como La casa de atrás. Esa
de 1944. versión es la más difundida del Diario de Ana Frank.

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236 Unidad 6 • Relato autobiográfico
11. Explique la situación política que motivó a que los Frank, los Pels y Fritz Pfeffer se escondieran en “la casa
de atrás”.
R. T.: Se espera que el estudiante resuma la situación política de la Alemania nazi y de los territorios que iba ocupando
el Tercer Reich, en el sentido de las políticas racistas y discriminatorias que se establecieron en contra de varios grupos
sociales, especialmente los judíos.

12. Explique de qué manera se armó la versión más difundida del Diario de Ana Frank.
La versión más difundida se basa en la primera versión del diario y en la segunda versión que retrabajó Ana. El padre de
Ana usó partes de ambas versiones para montar la tercera versión. (Nota: la institución propietaria de los derechos de
autor de la obra considera al padre como “coautor” de esa tercera versión).

13. Cite un ejemplo de la escritura de la primera etapa del encierro, más ingenua, y de la segunda etapa, en la
cual se percibe un estilo más trabajado. R. L.

FASE ANALÍTICA
Paratexto
14. Anote el título original de la obra. Responda las preguntas.
La casa de atrás

a. ¿Por qué cree que Ana Frank eligió ese título para una posible novela acerca del escondite?
R. T.: Se espera que el estudiante argumente que Ana Frank tuvo la idea de ser escritora, con lo cual inventó un título que
describía la situación básica de la que trataría el texto. Además es frecuente que los títulos se basen en un sustantivo.

b. ¿Por qué razón cree que la obra de Ana Frank se publica con el título Diario de Ana Frank, en lugar del
título original? ¿Le parece una decisión adecuada? Justifique.
R. T.: Se espera que el estudiante entienda que el cambio de título responde a una decisión del editor, con miras a
lograr la mayor difusión de la obra. Dado que la historia de Ana Frank se hizo muy conocida, se entiende que el libro
se edite con un nombre que muestre claramente de qué obra se trata.

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Español 7. Antología literaria 237
Cotexto
15. Marque con los elementos presentes en la estructura de la obra.

Cartas ficticias Diálogos Cartas reales



Reflexiones de la autora Poemas Relatos ficticios

16. Determine si la obra puede ser clasificada como realista, del mismo modo que una obra de ficción (novela,
cuento). ¿Qué diferencias existen en relación con el mundo representado entre un diario y una novela?
La obra es realista, pero no plantea un mundo verosímil, sino verdadero: se trata de hechos reales.

17. Mencione al menos dos momentos en que Ana se refiere a la sexualidad. Responda las preguntas.
Habla del tema, por ejemplo, el 7 de enero de 1944, el 24 de enero de 1944 (con Peter) y el 24 de marzo de 1944, así
como el 13 de junio de 1944 (sobre la menstruación).
a. ¿Cuáles elementos del lenguaje de Ana muestran su actitud hacia el tema?
Ana tiene un pudor sobre el tema acorde con su edad y su época. El 24 de enero de 1944, cuando habla con Peter,
está un poco intranquila de referirse a la sexualidad, y hace afirmaciones como que una chica de su edad no habla
de esos temas. También se queja de la actitud de sus padres al respecto.

b. ¿Considera que la manera de hablar de Ana sobre el tema es parecida o distinta de la de una persona de
su edad en nuestra época y sociedad? Explique su respuesta. R. L.

18. Complete el cuadro con tres ejemplos de la ironía y el humor de Ana Frank en la escritura del Diario. R. T.:

Usos de la ironía en Diario de Ana Frank

Fecha en el diario Ejemplo

Ana ironiza sobre sí misma al escribir una posdata a la entrada de su diario, en la que aclara
29 de julio de 1943
que cuando la “autora” escribió ese texto, la cólera que sentía no había desaparecido.

28 de noviembre Se burla de Dussel, de su supuesta capacidad para tratar con los niños, y se refiere
de 1942 irónicamente a él como un honorable pedagogo.

Su madre está leyendo una novela titulada Amanecer sin nubes, que trata sobre los problemas
12 de enero de 1944 de la juventud, y le encanta. Ana anota irónicamente que debería tratar primero de entender
al menos a los jóvenes que tiene a su alrededor.

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238 Unidad 6 • Relato autobiográfico
19. Comente a qué necesidad responde la estrategia discursiva de usar un destinatario ficticio para las cartas.
¿Por qué Ana no se limitó a escribir directamente lo que pensaba?
R. T.: Ana se queja desde el principio de que se siente sola, y dado que el diario cumple la función de aliviar ese problema,
la escritura se hace más fácil si se destina a alguien, aunque sea imaginario.

Estructuras de mediación
20. Marque con los discursos con los cuales se relaciona el texto.

Discurso periodístico Discurso racista Discurso familiar

Discurso literario Discurso científico Discurso epistolar

Discurso onírico Discurso religioso Discurso cinematográfico

a. Justifique su respuesta.
Periodístico: citas de noticias de radio e impresas. Literario: numerosas referencias a libros y poemas. Onírico: se
incluyen relatos de varios sueños. Racista: se menciona el discurso racista de los nazis, si bien por el temor y el rechazo
que les causa a todos. Religioso: se mencionan fiestas religiosas cristianas y judías. Familiar: aparece en el lenguaje con
que se tratan muchos problemas domésticos. Epistolar: surge de la estructura de la obra, formada por cartas.

Contexto
21. Explique cómo se relaciona la escritura del diario con el contexto familiar en que se produjo.
R. T.: Las prácticas sociales de la familia llevan a Ana a no poder expresar libremente sus ideas, y esto es un factor más en
la decisión de iniciar un diario. Además, la situación de encierro hace del diario una buena vía de expresión y escape.

FASE EXPLICATIVA E INTERPRETATIVA


22. Marque cuáles valores describen la visión de Ana Frank acerca del mundo representado.

Curiosidad Conciencia solidaria Relaciones sociales hipócritas

Odio hacia otros pueblos Obediencia ciega Honestidad y transparencia

23. Explique en qué tipo de sociedad creía Ana Frank.


R. T.: Ana creía en una sociedad justa e igualitaria, en la cual judíos, alemanes y otros pueblos convivieran en paz. También
creía en una sociedad donde importe el amor más que el matrimonio como institución, y rechazaba las imposiciones de
la sociedad patriarcal (2 de marzo de 1944).

24. Elabore un texto de 200 palabras, como máximo, en el cual resuma el resultado de las cuatro fases de su
análisis. Trabaje en hojas aparte. R. L.

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Español 7. Antología literaria 239
Notas

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