0% encontró este documento útil (0 votos)
73 vistas8 páginas

PASTORE

1) El documento discute el juego y la simbolización en la clínica psicoanalítica con niños. 2) Define el juego como una forma de simbolización que cumple una función importante en la vida del sujeto al permitir dominar situaciones de vida. 3) Examina las conceptualizaciones de autores como Klein, Pfeifer y Winnicott, quienes ven al juego como un equivalente a la asociación libre y un espacio transicional importante para el desarrollo.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
73 vistas8 páginas

PASTORE

1) El documento discute el juego y la simbolización en la clínica psicoanalítica con niños. 2) Define el juego como una forma de simbolización que cumple una función importante en la vida del sujeto al permitir dominar situaciones de vida. 3) Examina las conceptualizaciones de autores como Klein, Pfeifer y Winnicott, quienes ven al juego como un equivalente a la asociación libre y un espacio transicional importante para el desarrollo.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

JUEGO Y SIMBOLIZACIÓN EN LA CLÍNICA PSICOANALÍTICA

CON NIÑOS

Lic. María Inés Pastore1

Resumen

En el presente artículo intento hacer un recorrido por la conceptualización del


Juego como simbolización, como  intento de dominio de las situaciones de vida.

A lo largo del crecimiento del niño su psiquismo se va constituyendo a partir de


su encuentro con el otro adulto. La simbolización cumple una función de suma
importancia en la vida del sujeto, y depende para desplegarse de la instalación de ciertos
prerrequisitos en el psiquismo.

El juego como una forma de simbolización cumple, desde la perspectiva


psicoanalítica, una función de suma importancia en la vida de un sujeto por lo que se ha
transformado a partir del surgimiento del psicoanálisis de niños en una herramienta
fundamental en la detección, el abordaje y en la dirección de la cura de las
problemáticas infantiles.

Palabras claves: juego, simbolización, pseudojuego, constitución del psiquismo.

1
Lic. En Psicología. Especialista en Psicología Clínica con orientación en niños y adolescentes.
Integrante del Area de infancia de ASAPPIA. Directora de la Carrera de Especialización en Clínica
Psicoanalítica con niños y Adolescentes del Distrito XIV del Colegio de Psicólogos de la Provincia de
Buenos Aires. E-mail: [email protected]. Castelar - Prov. De Buenos Aires – Rep. Argentina.
JUEGO Y SIMBOLIZACIÓN EN LA CLÍNICA PSICOANALÍTICA
CON NIÑOS

El presente trabajo constituye un momento en el recorrido reflexivo en que me


encuentro acerca del proceso de simbolización.
A partir de mi trabajo con niños y del recorrido por diferentes teorizaciones
dentro del psicoanálisis, comencé a preguntarme sobre esta temática que, a mi entender,
constituye un eje fundamental que atraviesa la clínica psicoanalítica en general.
Revisemos algunas conceptualizaciones para ordenar este recorrido reflexivo.
El juego constituye, más allá de su lugar en la clínica psicoanalítica con niños,
una actividad sumamente importante para el niño, ya que le permite ir apropiándose de
la realidad, metabolizar sus experiencias.
Todo lo que podemos observar en la conducta de un niño, ya sea dentro o fuera
de la sesión analítica (actitud hacia los materiales, posibilidad de jugar o no, cambios de
postura, expresión facial etc) constituye un indicio del nivel de estructuración de su
psiquismo y de la dramática de su mundo interno. Sin embargo no todo puede ser
considerado juego, ya que éste constituye una producción simbólica que requiere de
cierto nivel de estructuración del psiquismo para constituirse.
Desde el diccionario de Laplanche y Pontalis (Laplanche y Pontalis, 2007)
podemos definir la simbolización, en un sentido amplio, como un modo de
representación indirecta y figurada de una idea, de un conflicto, de un deseo
inconsciente. Esto implica que para que pueda darse el juego simbólico es necesario que
la represión originaria haya dado lugar a la constitución de los sistemas psíquicos, con
legalidades diferentes en su modo de funcionamiento. Es a partir de allí que el juego
podrá emerger como producción simbólica, como formación de compromiso que
implica cierto velamiento, cierto nivel de deformación para que lo reprimido pueda
emerger a través de la fantasía.
Es por este motivo que el juego se ha transformado en el instrumento por
excelencia utilizado por el psicoanálisis para el diagnóstico y abordaje de los
padecimientos de la infancia.
Repasemos algunos autores Pos Freudianos que han trabajado la temática del
Juego.
El origen de la técnica de Juego en el análisis con niños, podemos ubicarlo en
1919, cuando M. Klein comenzó con su primer caso tal como lo describe en su artículo
“La técnica psicoanalítica del juego: su historia y su significado” (M. Klein. 1955)
relatando el recorrido realizado en la atención de pacientes menores de cinco años, hasta
arribar a la utilización de la técnica de juego. Esta autora equipara el juego a la técnica
de la asociación libre en el análisis de adultos. Plantea que el Juego constituye un
lenguaje simbólico, similar al de los sueños, ya que juegos y juguetes tienen una
variedad de significados ligados a fantasías, deseos y experiencias.
Klein describe el proceso de formación de símbolos como un desplazamiento de
intereses, fantasías, ansiedades y sentimientos de culpa hacia objetos distintos de las
personas, experimentando así el niño un gran alivio de sus ansiedades.
Sigmund Pfeifer, psicoanalista de Budapest, en 1919 publicó un extenso artículo
basado solo en la observación psicoanalítica de niños, no extraído de tratamientos. Este
autor:
“asimila el juego a las formaciones del inconsciente descritas por Freud y le asigna un
lugar en la serie sueño - acto fallido – recuerdo encubridor – chiste – etc., invocando la
identidad entre los procedimientos de elaboración del juego. Tanto en el sueño como en el
juego, están presentes la condensación, el desplazamiento y la simbolización.” (Jean
Michel Petot, 1982).

D. Winnicott (D. Winnicott, 1972) plantea la importancia que tiene el juego para
el niño y lo describe como una región que no es posible abandonar con facilidad y en la
que no se admiten intromisiones. Lo conceptualiza como un espacio transicional en el
que se genera la relación con el semejante, ya que no es una realidad psíquica interna, se
encuentra fuera del individuo, pero no es el mundo exterior. Plantea que el niño reúne
objetos o fenómenos del mundo exterior y los usa al servicio de una muestra de la
realidad interna o personal. Para él a través del juego se da un desarrollo de fenómenos
transicionales: juego, juego compartido, experiencias culturales. El juego compromete
al cuerpo y permite la descarga de excitaciones.
Una autora contemporánea, la Dra. Silvia Bleichmar, si bien no ha profundizado
especialmente la temática del juego, nos ha brindado importantes desarrollos en cuanto
a la simbolización.
En su artículo “El carácter lúdico del análisis” (S. Bleichmar,1999), retoma la
idea de Klein del Juego como equivalente a asociación libre.
Para Bleichmar el juego constituye una actividad de producción simbólica que
da cuenta del nivel de progreso psíquico.
No siempre podemos observar este tipo de juego en la sesión con niños. En el
autismo, la psicosis, observamos actividades que llamamos lúdicas pero que no tienen
esta función de representación. Son lo que podemos llamar pseudo juegos o sea la
puesta en acto de una convicción delirante, en la que se observa el fracaso parcial de la
función simbólica en el sujeto y que se torna irreductible al proceso de comunicación -
cerrado a todo intercambio. Evidencia la falla en la represión originaria que no ha
podido dar lugar a la constitución de las instancias psíquicas separadas con leyes de
funcionamiento diferenciadas.

Veamos algunos ejemplos clínicos que nos permitirán comprender lo hasta aquí
planteado.
A., de 8 años de edad, es derivado a la consulta después de 4 años de tratamiento
psicopedagógico. La profesional que lo atiende pide una evaluación psicodiagnóstica.
Había sido derivado por la escuela cuando cursaba sala de cuatro años, por presentar un
alto nivel de dispersión, dificultades para responder a consignas simples, y por
problemas de integración con sus pares.

La entrevista inicial es con el padre solamente, quien plantea que la mamá es


una persona que le cuesta mucho salir porque tiene muchos miedos a partir de un asalto
que sufrieron recientemente. El padre brinda muy escasos datos de la historia de A, y
realiza una descripción muy escueta de la problemática del niño. Esto me lleva a las
entrevistas con el niño con muy pocos datos de su historia libidinal, y a la búsqueda de
indicios en esos encuentros.

Cuando veo a A. por primera vez. Me impacta su rigidez motriz, y una


dependencia absoluta de las indicaciones que le dé el adulto. Es necesario indicarle
cuándo caminar, dónde pararse o sentarse, qué hacer etc.

Ya en el consultorio debo reiterarle varias veces las preguntas, y pedirle que me


conteste. Cuando le propongo hacer algo, lo que el elija, comienza a dibujar.

Cuando termina deja su hoja sobre el escritorio, permanece sentado y callado. Al


preguntarle que había dibujado despliega un relato sobre lo que el describe como una
máquina que transporta comida, iniciándose así un discurso delirante que resulta
imparable.

Llama la atención la ausencia de juego simbólico y las fallas en la simbolización


son evidentes. Los animales, los muñecos parecen ser reales a sus ojos, y un pequeño
perro de plástico le produce pánico. Podemos pensar que no se ha producido ese espacio
virtual de intermediación entre el espacio de la realidad y las creaciones fantasmáticas
del sujeto. La visión de ese perro de juguete, lo desorganiza al punto de desencadenar
un relato delirante sobre los extraterrestres. Su lenguaje se encuentra poblado de
neologismos, y presenta fallas en su estructuración.

En entrevistas sucesivas observo en A. conductas autoeróticas (orales, anales y


genitales) sin represión alguna, y a partir de las cuales queda totalmente desconectado
de su entorno.

Se hace necesario realizar intervenciones estructurantes, a partir de las cuales A.


pueda comenzar a diferenciar su mundo interno del mundo externo, la fantasía de la
realidad, y promover la producción de contrainvestimientos que liguen el autoerotismo a
lo inconsciente, favoreciendo así la instalación de la lógica del proceso secundario.

Otro niño al que llamaremos, T. de 6 años de edad repite en sesión una y otra
vez un juego en el que un patrullero viene a buscar a un hombre que rompe todo
reproduciendo escenas de lo vivido cuando su padre fue retirado de su casa por la fuerza
pública al violar la restricción perimetral establecida por el juzgado. La repetición
intenta un reequilibramiento intrapsíquico que no logra, ya que la angustia invade por
momentos la escena obligando a T. a interrumpir la secuencia y a quedarse acurrucado
en un rincón del consultorio.

En traumatismos severos vemos emerger en el juego fragmentos de lo real


vivido sin metabolización ni retranscripción, ante los cuales es necesario, más que
interpretarlos restituirlos en su carácter simbólico a través de un tipo particular de
intervenciones llamadas simbolizaciones de transición ( Silvia Bleichmar). Intentar
cercar junto a T. lo vivenciado y la carga afectiva implicada, favorecer la expresión de
sus sentimientos ambivalentes hacia su padre y hacia su madre vivenciada como la
causante de la ausencia de su padre, atribuir la violencia de su padre como respuesta a
sus propios deseos edípicos y muchas otras ideas a través de las que T. intentaba dar
forma a lo vivido, constituyó la forma de abordar la problemática que instalaba a ese
niño en lo que fue el motivo por el cual fue derivado: “Déficit Atencional con
Hiperkinesia” (ADHD).

J. una niña de 9 años por quién consultan a partir de una separación conflictiva
de sus padres, ocupa toda la sesión sacando materiales de juego, acomodándolos en el
escritorio hasta finalizar la hora, momento en que comienza a guardar cuidadosamente.
J no aceptaba hablar del porqué estaba en tratamiento, ni de lo que le había sucedido.
Luego de una intervención al respecto de que su necesidad de mantener todo en orden le
impedía jugar, comienza a armar en sus sesiones una plaza zoológico con jaulas para
mantener a los animales bien encerrados y un área en un sector aparte de juegos y
comidas. Esa plaza zoo era cuidada por una niña que se ocupaba de todo.

Los señalamientos hechos sobre los personajes de las historias, hicieron que J.
aceptara mis intervenciones. Hablar de que esa niña era muy pequeña para esa
responsabilidad y que le impedía jugar entre otras cosas, permitió que J. diera lugar a
juegos en los que ella asumía diferentes roles, y yo otros. Se abrió así un espacio en el
que la sesión permitía desplegar escenas que simbolizaban lo vivido y como se había
entramado la conflictiva edípica de esta niña.

Veamos entonces: el juego simbólico se despliega en el plano de la creencia, y


tiene como prerrequisito el clivaje psíquico, lo que posibilita la separación de un espacio
de certeza y otro de negación, a partir de la represión originaria.

El juego como puesta en escena de una fantasía, no puede hacerlo sino por
medio de ciertos niveles de deformación; lo reprimido emerge y al mismo tiempo se
encubre. Solo es posible cuando hay transmudación de meta y de objeto para la
descarga pulsional (juguetes).

Su estatuto de espacio transicional como planteara Winnicott, lo transforma en el


instrumento fundamental para la clínica psicoanalítica con niños, tanto en el diagnóstico
como en el tratamiento.
El juego es un constructo sobre lo real. No es ni un pura creación del espíritu ni
mero reflejo y aprehensión de una realidad dada, sino una realidad producida. En el se
recrean los objetos existentes con restos excitantes de lo real.

En el juego de un niño es posible ver cómo va metabolizando la realidad, los


estímulos de lo real.

La sesión psicoanalítica constituye un espacio en el cual todo aquello que ocurre


deviene mensaje, y ello por efecto de la transferencia. Esto posibilita que el juego pueda
ser tomado como mensaje.

Las acciones de un ser humano, incluido el juego, no son mensajes sino para
aquel que se encuentre dispuesto a leerlo, para quién esté provisto de un código de
lectura. En términos semióticos implica siempre una ley o regla capaz de proveer la
significación. Son Signo.

En la sesión analítica, el terapeuta obtiene ese código de lectura a partir de un


posicionamiento teórico que le permitirá comprender de qué se trata aquello que el niño
despliega ante él, y del conocimiento de la historia libidinal que obtendrá a partir de la
historia relato de los padres.

“Tomado el juego en su carácter discursivo circunscripto, no equivalente al


lenguaje, debe ser siempre enmarcado, por un lado por la palabra hablada
que abre el rumbo de lectura que posibilita el acceso de sentido, y por otro,
del conocimiento singular de la historia y de las vicisitudes del sujeto, que
en su articulación con los conocimientos del psicoanálisis, posibilita la
implementación de hipótesis abductivas tendientes a establecer una génesis
en la singularidad que determina cada secuencia.” (Silvia Bleichmar,
1999).
Bibliografía

Bleichmar, S. (1999) “El carácter lúdico del análisis”. Revista Actualidad Psicológica -
Abril de 1999.
Klein, M. (1955). “La técnica psicoanalítica del juego: su historia y su significado”.
[En línea] Bibliotecas de Psicoanálisis. www.psicoanálisis.org -
[email protected] - Obras completas de M. Klein
Laplanche y Pontalis. (2007). Diccionario de Psicoanálisis. 9º reimpresión
(1996/2007). Buenos Aires. Editorial Paidos.
Petot, J. M. (1982). Melanie Klein. Primeros descubrimientos y primer sistema (1919-
1932) Buenos Aires: Paidos/Psicologías del siglo XX.
Winnicott, D. (1972) Realidad y Juego.. Buenos Aires: Editorial Gedisa S.A.

También podría gustarte