EL SUFRIMIENTO NARCISISTA DE LOS PADRES DURANTE LA
ADOLESCENCIA DE SUS HIJOS.
Psic. Ana Barrios Musto1
Resumen
Nuestra comunicación apunta a pensar en los padres, los padres de adolescentes
que concurren a la consulta en el momento actual. Se trata de padres de clase media.
Hemos considerado y lo seguiremos haciendo, el sufrimiento tanto de los niños como de
los adolescentes, pero en esta instancia nos centraremos en el sufrimiento de los padres
de adolescentes.
Quisiéramos hoy compartir con Uds. una inquietud y preocupación que nos ha
incentivado a trabajar con padres, desde hace varios años y es el dolor, sufrimiento,
incertidumbre, desamparo, que muestran los padres en la consulta de niños y
especialmente de adolescentes. Si bien la confrontación y el enfrentamiento, son propios
de la crisis adolescente, en este momento vemos en los padres que vienen a la consulta,
un desborde, manifestando fragilidad y angustia, o agresividad, que muestra cómo
algunos viven de manera magnificada y a veces devastadora, esta etapa del desarrollo
de sus hijos, promoviendo diversos tipos de reacciones de acuerdo a sus características.
Palabras clave: sufrimiento narcisista, adolescencia.
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Licenciada en Psicología, UDELAR. Homologación de título de Técnico en Psicología infantil en la
Facultad de Psicología Universidad de la República. Psicoterapeuta y supervisora habilitante de la
Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica (AUDEPP) (noviembre 1992). Especialista en
Psicoanálisis Vincular (AUPCV) Asociación Uruguaya de Psicoanálisis de las Configuraciones
Vinculares. Diplomatura en PSICOINMUNONEUROENDOCRINOLOGIA (PINE) Facultad de
Medicina, C. de Punta del Este, CLAEH (21 de diciembre de 2013).
Correspondencia: [email protected]
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EL SUFRIMIENTO NARCISISTA DE LOS PADRES DURANTE LA
ADOLESCENCIA DE SUS HIJOS.
Esto que vivimos en nuestra práctica clínica cotidiana nos ha llevado a
profundizaciones teóricas y técnicas cuando trabajamos con los adolescentes y sus
padres para lo que nos enriquecieron los invalorables aportes de autores tanto dentro del
psicoanálisis individual, como del psicoanálisis vincular . Pero nuestro interés va más
allá de las necesidades teóricas o técnicas: lo que me ha motivado desde hace muchos
años a trabajar con los padres es el dolor, sufrimiento, incertidumbre, desamparo, que
muestran los padres en la consulta de niños y adolescentes.
Creo que este encuentro es una excelente oportunidad para repensar a los padres
de adolescentes en el momento actual.
Pensamos que parte del sufrimiento de los padres se vincula con las
características del mundo actual, que definiremos con la palabra cambio: asistimos a
un desborde de información, cambios vertiginosos, imprevistos, impensables, que han
acontecido en las últimas décadas; cambios que han modificado lo cultural, social, lo
familiar, lo individual, que han desestabilizado nuestras convicciones, creencias,
certezas, constituyéndose en un ataque a nuestra “estabilidad narcisista” dificultando
nuestras posibilidades de adaptación.
Estos cambios están teniendo lugar con tal velocidad que no han sido pensados,
elaborados e instrumentados, por lo que generan una de las paradojas más importantes:
mientras la globalización y el desarrollo de la tecnología permiten el acceso inmediato
a toda la información y a la comunicación a nivel mundial, más incomunicación,
inestabilidad, contradicción, desamparo y soledad vemos en los padres que acuden a
nuestra consulta.
Los padres suelen encontrarse desorientados, ya que en general fueron criados
por progenitores tradicionales y no quieren repetir sus “errores”, pero no han podido
crear un sistema de creencias, valores y educación claros y coherentes para sí mismos y
para sus hijos. Y por otra parte son exigidos por hijos que reclaman más y más, muchas
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veces sin consideración ni posibilidad de aceptar frustraciones ni esperas (Barrios,
2009)
Este cambio hacia una nueva cultura, en la que se pregona, parafraseando a
Freud, “his majesty the teenager”, lo que ha logrado muchas veces es desestabilizar a
los adultos y a los adolescentes. Estos adolescentes sienten a los padres como aquellos
que no los entienden, con los que no se puede hablar, pasados de moda, inestables en lo
familiar, social y laboral.
Los padres en la adolescencia deben hacer un doble trabajo: por un lado elaborar
los duelos y conflictos que le acarrea esta etapa de la vida en relación con su hijo
adolescente, sobrellevar las ambivalencias, contradicciones y angustias que esto
conlleva y por otro mantener o lograr su lugar y función de padres que apuntalan y
acompañan un proceso de subjetivación y desprendimiento que en la adolescencia es
más difícil que en la infancia.
Tienen que tolerar el dolor narcisista de no ser más los padres respetados,
necesitados y admirados de la infancia, así como el duelo por no tener más el rol de los
adultos que todo lo saben y pueden.
En este momento todos los medios masivos de comunicación, y la sociedad
entera, les muestran que se es valioso solamente siendo bello, joven y poderoso,
mientras que muchos padres atraviesan incertidumbre en lo familiar y laboral y sus
propios cambios biológicos como la menopausia, es decir, el pasaje del tiempo. A esto
se le suma un fenómeno nuevo y es que ni siquiera somos los adultos los portadores del
saber. Son ellos, los jóvenes, quienes tienen el saber que más parece importar: el de la
tecnología.
Además de lo antedicho deben transitar el duelo narcisista de renunciar al
sueño del hijo maravilloso que los iba a complementar y resarcir de tantas heridas del
pasado; el duelo edípico, porque sus hijos ya van en camino de dejar el mundo de lo
endogámico para catectizar otros objetos libidinales. Ya dejaron de ser a los ojos de sus
hijos adolescentes, el padre poderoso, respetado, por momentos endiosado, tampoco la
madre es aquella hermosa mujer, “la más linda del mundo” con la que su hijo niño se
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quería casar, y su hija niña usaba vestidos y collares y sus zapatos de tacos porque
quería ser algún día tan hermosa como ella.
Este niño deja de ser el que sus padres conocieron, para ser otro que les parece
desconocido que se vuelve conflictivo porque los enfrenta, confronta, cuestiona y por
momentos , los ridiculiza, los desprecia, no los escucha, los excluye, los trata de
anticuados y tantas otras cosas más.
Nuestra tarea como psicoterapeutas de adolescentes, es lograr que el
otro significativo, fundamentalmente los padres, sigan apuntalando los cambios de su
hijo.
¿Cómo pretender que apuntalen y acompañen cuando muchos de ellos se sienten
cuestionados, agredidos, desautorizados, dejados de lado, denigrados,
descartables, poco útiles, viejos y además con un saber pasado de moda?.
¡Qué difícil les resulta a los padres sostenerse en su rol y su función cuando están
viviendo de parte de sus hijos el momento de vida más crítico y para el que se
encuentran menos instrumentados! Todo ello transitando la crisis media de la vida. De
ahí la importancia y necesidad del trabajo con los padres en la consulta y tratamiento.
Existe entonces, una preocupación que nos compete a los que trabajamos con
los adolescentes en Psicoterapia y en Consultas y es la inclusión de los padres en el
abordaje clínico, en distintas modalidades, de acuerdo al caso que se nos presente.
Queremos aclarar que el trabajo con padres, su forma, frecuencia, etc. Va a depender de
cada caso en particular.
Creemos al igual que importantes autores contemporáneos que trabajan el tema y
al decir de Cao (Cao, 1999, pág.35): “… la inclusión de los padres en el psicoanálisis
con adolescentes no se debe a una cuestión coyuntural, sino a las características propias
con las que se presenta y opera este fenómeno”.
Los adolescentes que vienen a la consulta presentan distintos escenarios como
situaciones de extrema angustia, violencia, agresividad, depresión, bajo rendimiento
escolar, actuaciones varias, transgresiones, conductas adictivas, entre otras, que
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conllevan serias consecuencias tanto en los padres como en los hijos y se han
constituido en problemas comunes y en los motivos de consulta más frecuentes.
El crecimiento adolescente de sus hijos trae hoy, más que en otras épocas, para
los padres vivencias de desolación, dolor, desorientación, agresividad, depresión, de
vacío y soledad que les es muy difícil manejar, lo que reafirma la necesidad de
incluirlos en los abordajes clínicos.
Integramos a los padres, no solamente porque pensamos que el cambio del
adolescente no se realiza la mayoría de las veces solo desde un encuadre bipersonal,
sino que lo hacemos porque también nos preocupa la cuota de dolor y sufrimiento que
tienen estos padres y queremos que puedan vincularse con su hijo de otra manera
enriquecedora y gratificante.
La participación de los padres en nuestra consulta se debe a múltiples factores:
Nuestra tarea se ha complejizado: se amplía la concepción del conflicto
psíquico, pasando de lo meramente individual al tratamiento de las relaciones y vínculos
de los hijos con los padres y hermanos. La realidad que nos toca vivir se complejiza y
se dificulta apareciendo fenómenos como separaciones, divorcios, nuevas
constelaciones familiares, situaciones de abuso sexual, de violencia, dentro y fuera del
hogar.
A la a inconsistencia que muchas veces presentan los padres se agrega; la falta
de paradigmas a los que aferrarse, de figuras identificatorias que representen ideales
esperanzadores y fortalecedores de identificaciones vitales y posibles, favoreciendo el
incremento de las situaciones de riesgo en la adolescencia, la droga, el alcohol, los
accidentes de tránsito, los suicidios, las nuevas patologías propias de la cultura como lo
son también la bulimia y la anorexia, etcétera.
No concebimos un trabajo frio y aislando padres, sino todo lo contrario, un
trabajo cercano con ellos para trabajar juntos en su rol y su función, pensar y evaluar
como equipo el problema que los convoca, considerándolos seres humanos que están
preocupados, desorientados y muchas veces sintiéndose desamparados, lo muestren
manifiestamente o no en la consulta.
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Esta forma de trabajo habilita que aparezcan las agresiones, dolores y
preocupaciones que sus hijos les proporcionan de forma cada vez más preocupante y
que ellos nos trasladan con la misma intensidad.
Esto marca alguna de las diferencias entre el trabajo con padres de niños y el
de los padres de adolescentes. Estos últimos sienten en muchos momentos, enojo,
frustración y malestar e impotencia así como una preocupación mucho mayor, ya que el
adolescente se maneja fuera de su área de protección en un mundo cada vez más
peligroso e incontrolable.
Esta impotencia cargada del tener que tolerar las agresiones, que sus hijos les
generan de forma constante tanto manifiesta como pasivamente, la vuelcan hacia
nosotros en ocasiones con la misma exacerbación con que sus hijos adolescentes se
comportan con ellos.
De ahí la importancia de nuestra propia terapia, ya que el trabajar de esta manera
implica la transferencia y contratransferencia y el trabajo vincular no sólo con el
paciente sino con los padres para poderlos tratar en forma humana y empática, lo cual
no siempre resulta fácil, pues nos implica un análisis mucho más profundo y exhaustivo.
Para concluir, diremos que:
Entendemos la inclusión de los padres en la psicoterapia adolescente, muchas
veces como una condición imprescindible tanto para el crecimiento de su hijo, como
de ellos mismos en tanto padres, y que estos padres deben ser igualmente apoyados, por
ellos mismos, por su dolor y también porque entendemos que sólo así es posible ayudar
en profundidad a su hijo, pues depende de estos padres para la formación de su
psiquismo ya que si no se modifica el vínculo con el hijo, desde lo externo, se verán
dificultados los procesos psíquicos individuales.
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