DERECHOS HUMANOS
Generalidades
Son todas aquellas facultades, prerrogativas, y libertades fundamentales que tiene
una persona, por el simple hecho de serlo, sin las cuales no se puede vivir como
ser humano.
Principios Generales en que se Fundan.
La libertad, la justicia y la paz en el mundo se basan en el reconocimiento
de la dignidad intrínseca de los derechos iguales e inalienables de los seres
humanos.
Todos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos, y dotados como
estamos de razón y conciencia; debemos comportarnos fraternalmente los
unos con los otros.
La realización del ser humano libre requiere condiciones favorables para
gozar de los derechos civiles políticos, económicos, sociales y culturales,
que ningún Estado podrá destruir o restringir.
Los pueblos tienen derecho a determinar su destino y desarrollo
económico, social y cultural Principios de los Derechos Humanos
Consagrados en la Constitución
Universalidad, Serán exigibles por todos los seres humanos en cualquier
contexto jurídico, político, social, cultural, espacial y temporal.
Interdependencia, Reconoce la dificultad (y en muchos casos la
imposibilidad) de hacer efectivo cualquiera de los derechos humanos de
forma aislada respecto de los demás.
Indivisibilidad Todos los derechos se apoyan entre si para formar una
unidad, el avance de uno facilita el avance de los demás. De la misma
manera que la privación de un derecho afecta negativamente a los demás.
Progresividad Su concepción y protección se va ampliando
irreversiblemente, tomando en cuenta su contenido y numero de ellos así
como su eficacia. Una vez reconocidos no es posible desconocerlos.
¿Para qué sirven?
Protegen la vida, la libertad, la igualdad, la seguridad, la integridad, el medio
ambiente, la paz, etcétera.
¿Quiénes los reconoce?
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Los Tratados Internacionales en materia de Derechos Humanos en los que
el Estado Mexicano sea parte.
Constitución Política del Estado de Jalisco. Características esenciales
Eternos: pertenecen al hombre como parte de la especie humana.
Supratemporales: están por encima del tiempo.
Universales: son para todos los hombres.
Progresivos: Una vez reconocidos no es posible desconocerlos.
Tipos de Derechos Humanos
1. Derechos civiles y políticos: (derecho a la vida, a la libertad, a la igualdad,
de asociación, de expresión, entre otros).
2. Derechos sociales, económicos y culturales:(derecho a la salud, educación,
salario justo, derecho a tomar parte en la vida cultural).
3. Derechos Emergentes: aquellos que se encuentran en debate en la
actualidad, pertenecientes a los pueblos o denominados de la solidaridad:
(autodeterminación, derecho a la paz, al medio ambiente, al desarrollo)
El Ombudsman y sus Orígenes.
Palabra sueca cuya acepción etimológica es ombuds: el que actúa como vocero o
representante de otro, y man: hombre. Surge en la Constitución sueca del 6 de
junio de 1809.
Características del ombudsman
Independencia de los poderes públicos y de cualquier otra institución de la
sociedad civil.
Autonomía que le permite organizarse internamente como lo estime
conveniente.
Designación de su titular por el poder legislativo.
Resoluciones no coactivas o no vinculatorias.
Agilidad y rapidez en el proceso.
Ausencia de solemnidad y antiformalismo en el trámite.
Obligación de rendir informes periódicos al parlamento.
Autoridad moral de sus titulares.
No militancia partidista.
Naturaleza técnica y no política.
Comisiones de derechos humanos en México
Existen 31 estatales, una en el Distrito Federal y una Nacional (CNDH), que es la
encargada de los asuntos contra las instituciones federales en todo el país.
Primero fue creada la Dirección General de Derechos Humanos de la Secretaría
de Gobernación; después, el 6 de junio de 1990, aparece el decreto de creación
de la CNDH, como órgano desconcentrado de la Secretaría de Gobernación. El 28
de enero de 1992 se reforma el artículo 102 de la Constitución, con la adición del
apartado B. Y por ultimo el 30 de junio del mismo año, entra en vigor la ley de la
CNDH, y su Reglamento Interior es publicado el 12 de noviembre siguiente.
Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco Fue creada mediante el
decreto 15028 expedido por el Congreso del Estado de Jalisco. Posteriormente se
publicó la ley de la Comisión, el 23 de febrero y 6 de marzo de 1993.Y se aprobó
el Reglamento Interior de Trabajo, el 5 y el 16 de julio del mismo año. Naturaleza
jurídica. Es un organismo dotado de plena autonomía, con personalidad jurídica y
patrimonio propios, de carácter permanente, participación ciudadana y de servicio
gratuito. Funciones. Protección, defensa, observancia, promoción, estudio y
divulgación de los derechos humanos. Competencia. Conocer de oficio, o a
petición de parte, quejas por presuntas violaciones a los derechos humanos, por
actos u omisiones administrativos cometidos por servidores públicos o autoridades
estatales y municipales, así como por empleados que laboren en empresas o
asociaciones de participación estatal o municipal mayoritaria.
Desarrollo histórico
La Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes (DUDHE) surge
de un proceso de diálogo de diversos componentes de la sociedad civil,
organizado por el Instituto de Derechos Humanos de Cataluña en el marco
del Foro Universal de las Culturas Barcelona 2004, titulado Derechos Humanos,
Necesidades Emergentes y Nuevos Compromisos. El 2 de noviembre de 2007, en
el marco del Fórum de Monterrey (México) es aprobada la DUDHE.
Los derechos humanos emergentes suponen una nueva concepción de la
participación de la sociedad civil, dando voz a organizaciones y agrupaciones
nacionales e internacionales que tradicionalmente han tenido poco o ningún peso
en la configuración de las normas jurídicas, como las ONG, los movimientos
sociales y las ciudades, frente a los retos sociales, políticos y tecnológicos que
plantea la globalización y la sociedad global. La DUDHE no pretende sustituir ni
quitar vigencia a la Declaración Universal de Derechos humanos de 1948, ni a los
instrumentos nacionales o internacionales de protección de los derechos
humanos, más bien pretende actualizar, complementar, responder a los retos de la
sociedad global y actuar como complemento desde el punto de vista de la
ciudadanía participativa.
Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el concepto de paz ha
ido experimentando evoluciones conceptuales que han llevado a considerarla
como una paz «positiva y dinámica que comporta el respeto de los derechos
humanos y el desarrollo integral de los pueblos» y no como el mero hecho de la
ausencia de violencia.
A lo largo del tiempo el concepto ha ido englobando otros aspectos como la
resolución de conflictos y el desarme, el desarrollo socioeconómico, los derechos
humanos y los problemas medioambientales. Es decir, la paz ya no se considera
como aquel estado posterior al fin de un conflicto. La paz «tiene un sentido
positivo con un triple objetivo: lograr la satisfacción de las necesidades básicas de
todos los seres humanos, la eliminación de todo tipo de violencia (estructural,
familiar, conyugal) y el respeto efectivo de todos los derechos humanos (…)».
Tener y vivir en paz no solo quiere decir no vivir en guerra, sino que implica la
satisfacción de las necesidades básicas, un desarrollo económico, social, político y
cultural garantizado; el respeto al medio ambiente y la exigencia de la justicia y
conocimiento de la verdad, así como el asilo. De este modo, la paz es una
consecuencia de la satisfacción y existencia de los otros Derechos Humanos y,
por ende, también inherente a todo ser humano.
Esta reciente concepción implica, entonces, considerar la paz como un derecho
individual pero también colectivo, puesto que «las personas, los grupos, los
pueblos y toda la humanidad tienen el derecho inalienable de una paz justa,
sostenible y duradera», condiciones garantizadas, entre otros, por parte de los
estados. Esto implica considerar que la paz es un derecho de tercera generación o
derecho de la solidaridad. Los derechos de Tercera Generación o de la solidaridad
son derechos colectivos surgidos en la década de los 60 que contemplan, por
ende, cuestiones de carácter supranacional. Su resolución afecta a conjuntos
específicos de la sociedad y, por lo tanto, contienen intrínsecamente el valor de la
corresponsabilidad.
Esta visión cristalizó en España con la Declaración de Luarca del Derecho a la
Paz en 2006 recogida por la Asociación Española para el Derecho Internacional
de los Derechos Humanos (AEDIDH). En su preámbulo ya se menciona que la
«paz no se limita a la estricta ausencia de conflicto armado».
La Declaración de Luarca reconoce los siguientes derechos: derecho a la
educación en y por la paz y el resto de derechos humanos; derecho a la seguridad
humana y a vivir en un entorno seguro y sano; derecho al desarrollo y al medio
ambiente sostenible; derecho a la desobediencia y a la objeción de conciencia;
derecho de resistencia contra la opresión y el totalitarismo; derecho al desarme;
libertad de pensamiento, opinión, expresión, conciencia y religión; derecho al
refugio; derecho a emigrar y a participar; derechos de las víctimas y de los grupos
en situación de vulnerabilidad.
También considera obligaciones. Esencialmente, son los estados y la ONU las
principales responsables de garantizar el derecho humano a la paz. Los estados
tienen la obligación de adoptar medidas para construir y consolidar la paz, así
como de proteger a la Humanidad de la guerra. Por otro lado, la ONU debe ser
fortalecida en la doble acción de prevenir las violaciones y proteger los derechos
humanos y la dignidad humana, incluido el derecho humano a la paz.
Otras entidades han adoptado la Declaración en sus ciudades (como es el caso de
Barcelona de la mano del Instituto Catalán Internacional por la Paz, ICIP, en 2010)
y actualmente hay diversos grupos de trabajo concentrados en integrar el derecho
a la paz en el derecho internacional ayudándose, entre otros, de la Alianza
Mundial del Derecho Humano a la Paz.
Actualmente, existen instrumentos internacionales que consagran el derecho a la
paz como un derecho humano, pero son todas resoluciones de carácter
declarativo, sin poder jurídico. Así, el derecho a la paz está reconocido, pero de
momento no tiene protección jurídica, responsabilidad o medio de ser garantizado.
Es por esta razón que urge incorporar el derecho humano a la paz en un tratado
internacional que, debidamente ratificado, tendría efectos en los sistemas jurídicos
internos. Pero, para generar obligaciones entre los estados, el derecho a la paz
debe ser incorporado en los tratados internacionales. Hay tres formas para ello: en
un protocolo adicional al Convenio Europeo de Derechos Humanos y las
Libertades Fundamentales, en un nuevo pacto de derechos de tercera generación
y en una Declaración de la Asamblea General de Naciones Unidas.
Las opciones anteriores no son sencillas. Por lo que respecta a la primera opción
no podría considerarse válida puesto que, para garantizar el cumplimiento del
Convenio se creó un órgano judicial para proteger los derechos civiles y políticos
que se desprenden del Protocolo. Estos no se tutelan igual que los derechos
económicos, sociales y culturales puesto que estos son colectivos y de desarrollo
progresivo. La paz es un derecho colectivo, pero también tiene elementos de
carácter individual que permitirían a las víctimas acudir a la justicia internacional.
Un nuevo pacto de derechos de tercera generación es beneficioso en cierto modo
porque los derechos de tercera generación deben tratarse de forma especial al ser
fundamentalmente colectivos. Sin embargo, y como se ha mencionado antes, el
derecho a la paz tiene una dimensión individual que se vería privada al no poder
ser justiciable mediante esta vía. Finalmente, el último método produciría un gran
impacto teórico a nivel internacional, pero poco relevante en términos jurídicos. La
Declaración en sí misma carece de efectos jurídicos y, por lo tanto, los estados no
se ven obligados a su cumplimiento. En este caso, una declaración sería el paso
previo para que se escalase e incorporase en un tratado internacional.
Evolución histórica
Muchos filósofos e historiadores del derecho consideran que no puede hablarse
de derechos humanos hasta la modernidad en Occidente. Hasta entonces, las
normas de la comunidad, concebidas en relación con el orden cósmico, no
dejaban espacio para el ser humano como sujeto singular, concibiéndose el
derecho primariamente como el orden objetivo de la sociedad. La sociedad
estamental tenía su centro en grupos como la familia, el linaje o las corporaciones
profesionales o laborales, lo que implica que no se concebían facultades propias
del ser humano en cuanto que tal, facultades de exigir o reclamar algo. Por el
contrario, todo poder atribuido al individuo derivaba de un doble Estatus: el del
sujeto en el seno de la familia y el de esta en la sociedad. Fuera del Estatus no
había derechos.
La existencia de los derechos subjetivos, tal y como se piensan en la actualidad,
fue objeto de debate durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Habitualmente se dice
que los derechos humanos son producto de la afirmación progresiva de la
individualidad y, de acuerdo con ello, que la idea de derechos del hombre apareció
por primera vez durante la lucha burguesa contra el sistema del Antiguo Régimen.
Siendo esta la consideración más extendida, otros autores consideran que los
derechos humanos son una constante en la Historia y hunden sus raíces en
el mundo clásico.
Antecedentes remotos
Uno de los documentos más antiguos que se han vinculado con los derechos
humanos es el Cilindro de Ciro, que contiene una declaración del rey persa Ciro el
Grande tras su conquista de Babilonia en 539 a. C. Fue descubierto en 1879 y la
ONU lo tradujo en 1971 a todos sus idiomas oficiales. Puede enmarcarse en una
tradición mesopotámica centrada en la figura del rey justo, cuyo primer ejemplo
conocido es el rey Urukagina, de Lagash, que reinó durante el siglo XXIV a. C., y
donde cabe destacar también Hammurabi de Babilonia y su famoso Código, que
data del siglo XVIII a. C. No obstante, el Cilindro de Ciro presenta características
novedosas, especialmente en lo relativo a la religión. Ha sido valorado
positivamente por su sentido humanista e incluso se lo ha descrito como la
primera declaración de derechos humanos. Numerosos historiadores, sin
embargo, consideran que el término es ajeno a ese contexto histórico.
Documentos medievales y modernos, como la Carta Magna inglesa, de 1215, y
la Carta de Mandén mandinga, de 1222, se han asociado también a los derechos
humanos. En contra de esta idea, José Ramón Narváez Hernández afirma que la
Carta Magna no puede considerarse una declaración de derechos humanos, ya
que en esta época existen derechos pero solo entre iguales, y no con carácter
universal: no se predica la igualdad formal de todos los seres humanos. Lo mismo
sucedía en el Imperio de Malí, cuya constitución oral, la Kouroukan Fouga, refleja
cómo la población se estructuraba según su tribu de origen. Estas consideraciones
son extrapolables a documentos como la Bula de Oro de Andrés
II en Hungría en 1222; la Confirmatio fororum et libertartum de 1283 y el Privilegio
de la Unión de 1287, de Aragón ambos; las Bayerische Freiheitsbriefe und
Landesfreiheitserklärungen desde 1311 o la Joyeuse Entrée de Brabante de 1356.
En todos estos casos, los derechos y libertades reconocidos pertenecen al ámbito
de los pactos entre el monarca y los estamentos del reino: no se trata, en suma,
de derechos humanos; sino de derechos corporativos o privilegios.
Sociedad grecorromana
En la Grecia antigua en ningún momento se llegó a construir una noción
de dignidad humana frente a la comunidad que se pudiera articular en forma de
derechos, sino que se entendió que las personas pertenecían a la sociedad como
partes de un todo y eran los fines de esta los que prevalecían. La única oposición
a la tiranía se sustentaba en la apelación a la Ley divina como opuesta a la norma,
como se muestra en el mito de Antígona, plasmado por Sófocles en la obra trágica
del mismo nombre.
La sociedad griega se dividía en tres grupos principales: los ciudadanos,
los metecos o extranjeros y los esclavos. La esclavitud se consideraba natural, lo
que se refleja en la afirmación de Aristóteles, para quien:
La organización política se estructuraba en polis o ciudades-estado: para los
griegos, la sociedad era una consecuencia necesaria de la naturaleza humana. En
este contexto, las teorías políticas de Platón y Aristóteles hicieron un gran hincapié
en el concepto de bien común. Para Platón, agrupados los hombres en sociedad,
esta se configura en la polis, cuyo bien común se sobrepone al bien particular de
los individuos que lo componen. La justicia, a su vez, es la salvaguarda del bien
común, y se expresa a través de las leyes, que son los instrumentos que permiten
la consecución del bien colectivo e individual. No obstante, en su afán por
alcanzar una sociedad perfecta, Platón llegó a recomendar dar muerte a los recién
nacidos deformes o enclenques, y matar o desterrar a los insociables.
Aristóteles también consideraba que el hombre era un ser social y que no podía
realizarse fuera de la familia y la sociedad, por lo que también subordinaba el bien
individual al bien común. Además, al definir la ciudad como una comunidad de
ciudadanos libres, redujo el bien común al bien de un grupo social determinado
que excluye a las mujeres, los extranjeros, los obreros y los esclavos. Sobre esta
visión se sustenta la idea aristotélica de la justicia que afirma que:
Ya en la decadencia de la cultura griega, conquistada la Hélade por Roma, se
extendieron filosofías que ponían el acento en la búsqueda de la felicidad
individual: entre ellos, el epicureísmo y el estoicismo. El estoicismo consideraba la
razón humana como parte de un logos divino, lo que contribuyó a concebir al
hombre como miembro de una familia universal más allá de la
polis. Séneca, Epicteto, Marco Aurelio o Cicerón fueron algunos de los que
extendieron la filosofía estoica por el mundo latino.
Influencia del cristianismo
La filosofía estoica, difundida en la sociedad grecorromana, concibió la idea
de cosmopolitismo, a la que el cristianismo dio un sentido más espiritual para
afirmar la igualdad de los hombres y las mujeres en tanto que ciudadanos
del Reino de Dios y su dignidad; no obstante, según Luis de Sebastián, para los
teólogos cristianos medievales la igualdad teológica era compatible con la
desigualdad social: las personas nacían con un estatus social que, de acuerdo con
los designios divinos, era el más adecuado para su salvación.
El cristianismo, derivado de la religión judía, heredó de ella, entre otras, la
tradición del mišpat, un concepto jurídico de rica amplitud semántica. Indica las
decisiones judiciales y el juicio legal justo; en relación con el derecho, aquel que
se manifiesta en la defensa de los pobres y oprimidos y que se vincula a su vez
con los bienes mesiánicos que se esperan. Dado que, hasta la modernidad, el
término derecho se atribuía principalmente a "lo justo" como orden objetivo, en el
pensamiento cristiano antiguo o medieval no existió una referencia explícita a los
derechos humanos; pero sí un reconocimiento de exigencias de justicia que
descendían de esta tradición judía. Por ejemplo, el Nuevo Testamento contiene
enseñanzas contra la injusticia, el homicidio, el robo, la calumnia o el egoísmo en
el uso de los bienes. En la Epístola de Santiago, el apóstol denunció a los
empleadores que no pagan a sus empleados sus justos salarios. El cristianismo
fue gradualmente derramando su doctrina en el derecho romano, mejorando la
situación de los esclavos, de los hijos y de las mujeres, cuyo estatus en la filosofía
cristiana era mucho más alto que en la grecorromana. En el plano económico,
condenó la usura y la explotación, estableciendo las bases de la doctrina del justo
precio.
Tales ideas fueron desarrolladas por los Padres de la Iglesia, proclamando un
sentido social y limitado de la propiedad y de la ley. Pero fue Tomás de
Aquino quien asentó las bases del orden jurídico medieval, retomando ideas
de Aristóteles y Agustín de Hipona y afirmando que existe, además del derecho
positivo determinado y establecido por los hombres, un derecho natural, propio de
la criatura racional, que ningún hombre ni ningún gobierno puede desconocer.
La doctrina cristiana postulaba la existencia de dos reinos, el temporal y el
espiritual, siguiendo la distinción hecha por Jesús de Nazaret («Dad al César lo
que es del César y a Dios lo que es de Dios»). Ante el problema de la conciliación
de los intereses individuales y los sociales, Tomás de Aquino afirmó en su
obra Summa Theologiae que si existía un conflicto entre lo social y lo individual en
el seno del mundo material, debía prevalecer el bien común. Pero, por el contrario,
si el conflicto afectaba a la esfera íntima del ser humano y a su salvación, en ese
caso prevalecería el bien del hombre frente al de la sociedad. En este ámbito, de
existir un conflicto patente entre el derecho positivo y el derecho natural, del
pensamiento tomista se desprende la existencia de un derecho de resistencia
contra el arbitrio de los gobernantes.
Definición y característica
son el conjunto de prerrogativas sustentadas en la dignidad humana, cuya
realización efectiva resulta indispensable para el desarrollo integral de la persona.
Este conjunto de prerrogativas se encuentra establecido dentro del orden jurídico
nacional, en nuestra Constitución Política, tratados internacionales y las leyes.
Los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin
distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o
étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición. Todos tenemos los
mismos derechos humanos, sin discriminación alguna. Estos derechos son
interrelacionados, interdependientes e indivisibles.
Los derechos humanos universales están a menudo contemplados en la ley y
garantizados por ella, a través de los tratados, el derecho internacional
consuetudinario, los principios generales y otras fuentes del derecho internacional.
El derecho internacional de los derechos humanos establece las obligaciones que
tienen los gobiernos de tomar medidas en determinadas situaciones, o de
abstenerse de actuar de determinada forma en otras, a fin de promover y proteger
los derechos humanos y las libertades fundamentales de los individuos o grupos.
El respeto hacia los derechos humanos de cada persona es un deber de todos.
Todas las autoridades en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de
promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos consignados en
favor del individuo.
Los derechos humanos son inalienables. No deben suprimirse, salvo en
determinadas situaciones y según las debidas garantías procesales. Por ejemplo,
se puede restringir el derecho a la libertad si un tribunal de justicia dictamina que
una persona es culpable de haber cometido un delito.
Los derechos humanos son iguales y no discriminatorios: La no discriminación es
un principio transversal en el derecho internacional de derechos humanos. Está
presente en todos los principales tratados de derechos humanos y constituye el
tema central de algunas convenciones internacionales como la Convención
Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial y
la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra
la Mujer.
El principio se aplica a toda persona en relación con todos los derechos humanos
y las libertades, y prohíbe la discriminación sobre la base de una lista no
exhaustiva de categorías tales como sexo, raza, color, y así sucesivamente. El
principio de la no discriminación se complementa con el principio de igualdad,
como lo estipula el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos:
“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.
Los derechos humanos incluyen tanto derechos como obligaciones. Los Estados
asumen las obligaciones y los deberes, en virtud del derecho internacional, de
respetar, proteger y realizar los derechos humanos. La obligación de respetarlos
significa que los Estados deben abstenerse de interferir en el disfrute de los
derechos humanos, o de limitarlos. La obligación de protegerlos exige que los
Estados impidan los abusos de los derechos humanos contra individuos y grupos.
La obligación de realizarlos significa que los Estados deben adoptar medidas
positivas para facilitar el disfrute de los derechos humanos básicos. En el plano
individual, así como debemos hacer respetar nuestros derechos humanos,
también debemos respetar los derechos humanos de los demás.
La aplicación de los derechos humanos a la que se encuentran obligadas todas
las autoridades se rige por los principios de universalidad, interdependencia,
indivisibilidad y progresividad.
El principio de la universalidad. Todas las personas son titulares de todos los
derechos humanos. Dicho principio se encuentra estrechamente relacionado a la
igualdad y no discriminación. No obstante, para lograr la igualdad real se debe
atender a las circunstancias o necesidades específicas de las personas.
Principio de Interdependencia: Consiste en que cada uno de los derechos
humanos se encuentran ligados unos a otros, de tal manera que el reconocimiento
de uno de ellos , así como su ejercicio, implica necesariamente que se respeten y
protejan múltiples derechos que se encuentran vinculados.
Principio de Indivisibilidad: Implica que los derechos humanos no pueden ser
fragmentados sea cual fuere su naturaleza. Cada uno de ellos conforma una
totalidad, de tal forma que se deben reconocer, proteger y garantizar de forma
integral por todas las autoridades.
Principio de interdependencia e indivisibilidad: Todos los derechos humanos, sean
éstos los derechos civiles y políticos, como el derecho a la vida, la igualdad ante la
ley y la libertad de expresión; los derechos económicos, sociales y culturales,
como el derecho al trabajo, la seguridad social y la educación; o los derechos
colectivos, como los derechos al desarrollo y la libre determinación, todos son
derechos indivisibles, interrelacionados e interdependientes. El avance de uno
facilita el avance de los demás. De la misma manera, la privación de un derecho
afecta negativamente a los demás.
Principio de Progresividad: Constituye una obligación del Estado para asegurar el
progreso en el desarrollo constructivo de los derechos humanos, al mismo tiempo,
implica una prohibición para el Estado respecto a cualquier retroceso de los
derechos. El Estado debe proveer las condiciones más óptimas de disfrute de los
derechos y no disminuir ese nivel logrado.
Los derechos humanos tienen las siguientes características:
Inherentes a los seres humanos: cada persona es titular de estos derechos,
sin depender de ningún tipo de reconocimiento
Universales: son de todas las personas, no importa las diferencias
culturales, sociales, políticas.
Intransferibles e inalienables: son propios de cada persona.
Irrenunciables: la persona no puede renunciar a sus derechos.
Incondicionales y obligatorios: se pueden ejercer con libertad.
Inviolables: ninguna autoridad puede amenazar, lesionar o destruir los
derechos humanos.
Imprescriptibles: la persona los tiene toda la vida.
Acumulativos y progresivos: los derechos humanos no se pueden perder.
Integrales e indivisibles: los derechos humanos no se pueden dividir.
Interdependientes y complementarios: todos los derechos humanos están
relacionados entre sí, y la vigencia de un derecho es condición para la
plena realización de los otros.
Clasificación de los Derechos Humanos
Los derechos son producto de su tiempo y de las necesidades de la sociedad, de
conformidad con las condiciones sociales e ideológicas en el que se desarrollan
(espacio y el tiempo).
Derechos Civiles y Políticos
1. Derechos Civiles
Derecho a la vida: Contra la privación de la vida y la “desaparición” o
incluso el asesinato legal (la pena capital o pena de muerte).
Derecho a la integridad física: Contra la tortura.
Derecho a la libertad: Contra la esclavitud y la detención ilegal.
Derecho a la igualdad y no discriminación.
Derecho a la libertad de expresión.
Derecho a la libertad de imprenta.
Derecho a que se respete la vida privada.
Derecho al acceso a la información.
Derecho a la libertad de tránsito.
Derecho a una nacionalidad.
Derecho de acceso a la justicia.
Derecho a la identidad.
2. Derechos Políticos
Derecho a votar y ser votado para cargos públicos.
Derecho de libertad de reunión o de asociación.
Derecho afiliación.
Derechos Sociales, Económicos y Culturales
1. Derechos Económicos
Derecho al trabajo.
Derecho a buenas condiciones laborales.
Derecho a un salario justo.
Derecho a la libertad de trabajo: Contra el trabajo forzado, la prostitución y
la servidumbre por deudas.
Derecho a la libertad y organización sindical.
2. Derechos Sociales
Derecho a la alimentación y a vestido.
Derecho a tener una vivienda digna.
Derecho a gozar de salud y atención médica.
Derecho a educarse.
Derecho vacaciones y divertirse sanamente.
3. Derechos Culturales
Derecho a disfrutar de la creación artística del propio pueblo.
Derecho a los beneficios de la ciencia y de los avances de la técnica.
Derecho al propio idioma.
Derecho a la propia cultura.
Derecho a la propia religión.
Derechos de Solidaridad
Los Derechos de Tercera Generación también conocidos como los Derechos de
Solidaridad o de los Pueblos contemplan cuestiones de carácter Supranacional,
como el Derecho a la Paz y a un Medio Ambiente Sano.
Entre estos derechos podemos mencionar:
Derecho a la Autodeterminación
Derecho a la Identidad Nacional y Cultural
Derecho a la Independencia Económica y Política
Derecho a la Paz
Derecho a la Solución de problemas Alimenticios, Educativos y Ecológicos
Derecho al Patrimonio de la Humanidad
Derecho al Medio Ambiente Sano
Derechos a la Ciencia y Tecnología
Los derechos de la Ciencia y Tecnología corresponden a la cuarta generación
implica a las innovaciones tecnológicas y la globalización.
Entre los derechos de cuarta generación se pueden citar:
El derecho de acceso a la informática.
El derecho de acceso a la sociedad de la información en condiciones de
igualdad y no discriminación.
Al uso del espectro radioeléctrico y de la infraestructura para los servicios
en línea sean satelitales o por vía de cable.
El derecho a formarse en las nuevas tecnologías.
El derecho a la autodeterminación informativa.
El derecho al Habeas Data y a la seguridad digital
Quienes trasgreden los derechos humanos.
Las personas que trabajaban en la administración de justicia y ocupaban cargos
clave en la lucha contra la impunidad en casos de corrupción y violaciones graves
de derechos humanos fueron destituidas o se les impidió ocupar sus cargos y
soportaron amenazas, persecución penal y campañas difamatorias.
En abril, la jueza Gloria Porras, que había destacado por apoyar las iniciativas de
derechos humanos y contra la corrupción en años anteriores y que había resultado
reelegida para su cargo en la Corte de Constitucionalidad de Guatemala,
abandonó el país después de que el Congreso bloqueara su ceremonia de
juramento y le impidiera asumir sus funciones.
En junio, dos jueces y dos juezas de los tribunales de mayor riesgo —en favor de
los cuales la Comisión Interamericana de Derechos Humanos había dictado
medidas cautelares— denunciaron ante el Ministerio Público que estaban siendo
objeto de hostigamiento y amenazas. Un mes más tarde, la fiscal general destituyó
a Juan Francisco Sandoval, jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad, quien
huyó del país ante la inquietud acerca de su seguridad. En octubre, la fiscal
general también trasladó a la jefa de la Fiscalía Especial de Derechos Humanos,
quien había ayudado a poner al expresidente militar Efraín Ríos Montt a
disposición de la justicia.
En relación con la autoría de estos hechos, existe un consenso generalizado,
reconocido incluso por el Gobierno, en el sentido de que el incremento de los
hechos de violencia está asociado a la existencia y funcionamiento de cuerpos
ilegales y aparatos clandestinos de seguridad, que tienen conexiones con el
crimen organizado y con agentes y estructuras del Estado, particularmente con los
servicios de inteligencia militar. La Comisión recibió abundante información que
indica que cuerpos clandestinos y aparatos armados ilegales participan en los
ataques contra los defensores de derechos humanos, a la cual se refirió en el
capítulo II del presente informe. Se afirma que estos grupos se encuentran
vinculados con algunos miembros de las Fuerzas Armadas activos o en retiro, en
particular con la inteligencia militar, ya que los ataques perpetrados demuestran
que sus autores cuentan con la colaboración de las estructuras del servicio de
inteligencia militar, mediante el empleo de recursos suficientes, información de
inteligencia y una compleja división del trabajo.
La CIDH considera que la reciente escalada de violencia y de actos de
hostigamiento dirigidos contra los defensores de derechos humanos corresponde
al agravamiento de la situación social, política e institucional durante los últimos
años. La legítima labor de los defensores, dirigida a denunciar los graves
atropellos cometidos durante la época del conflicto armado interno, ha provocado
que ciertos actores busquen acallarlos por distintos medios.
Para finalizar, la Comisión desea señalar que la impunidad, la debilidad de las
instituciones de control, la existencia de cuerpos clandestinos, y en particular los
actos intimidatorios en contra de los defensores de derechos humanos provocan
un preocupante deterioro de las condiciones para ejercer la defensa de los
derechos humanos, que afecta seriamente al Estado de Derecho en Guatemala.
la Comisión expresa su profunda preocupación por la situación de los miembros
de la profesión legal que participan en la lucha contra la impunidad y la corrupción,
quienes también han sido objeto de numerosos ataques. En efecto, la Comisión
ha observado en los últimos años un gran incremento de amenazas,
hostigamientos y ataques sufridos por los operadores de justicia. Según la
información provista, en el período comprendido desde el año 1997 hasta el año
2000 hubo un incremento del 277% en estos casos. Por su parte, el Estado
informó que en los tres primeros meses del año 2003 alrededor de 39 jueces
fueron amenazados, dos sufrieron atentados y uno fue asesinado. Esto representa
un aumento significativo con respecto a la cifra del año 2002, año en el cual 76
jueces fueron amenazados.
Bibliografía
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