Introducción a la
LÓGICA
Irving M. Copi
Universidad de Hawaii
Carl Cohen
Universidad de Michigan
EISE
LIMUSA
NORIEGA EDITORES
MÉXICO • España • Venezuela • Colombia
LA NECESIDAD DEL ARTE DEL RAZONAMIEN'TO
Cuando uno de sus oyentes dijo, "Convénceme de que la lógica
es útil", él respondió:
"¿Debo demostrarlo?"
"Entonces, ¿no debo usar un argumento demostrativo?"
Y cuando el otro se mostró de acuerdo, él dijo, "¿Cómo sabrás
que no te impongo simplemente la conclusión?" Y, puesto que su
interlocutor no tuvo respuesta, le dijo: "¿Ves como tú mismo
aceptas que la lógica es necesaria?, sin ella no podrías aprender
siquiera si es o no necesaria".
- DISCURSOS DE EPICTETO
13
Ciencia e hipótesis
...cualquier obra científica suficientemente grande como para ser
recordada durante algunas generaciones brinda algún ejemplo del
estado defectuoso del arte de razonar de la época en que fue
escrita; y cada paso importante en la ciencia ha constituido una
lección de lógica.
— CHARLES SANDERS PEIRCE
13.1 Los valores de la ciencia
La ciencia moderna tiene solamente unos pocos siglos de existencia. Sin
embargo, ha modificado profundamente casi cualquier aspecto de la vida
en el mundo moderno. Las innovaciones en la agricultura y la manufactu-
ra, en las comunicaciones y los transportes, en la salud y la higiene, y en
nuestros estándares de vida en general, han sido resultado todas ellas de
la aplicación del conocimiento científico. El vapor, el agua y la energía
nuclear han sido utilizadas para el funcionamiento de nuestras máquinas.
Se han desviado los cauces de los ríos hacia los desiertos para convertirlos
en viñedos. Estos son solamente algunos ejemplos de los usos benéficos de
la ciencia como herramienta para el mejoramiento en un medio hostil.
En el siguiente pasaje se encuentra claramente enunciada la misma
operación:
La ciencia y la tecnología han permitido un enorme crecimiento de la
población mundial al mejorar la habilidad humana para incrementar la
producción de alimentos, para adaptarse a climas inhóspitos; para proporcio-
nar transportes y comunicaciones para los bienes, servicios e ideas; para
incrementar los recursos disponibles y usarlos más eficazmente y vivir más
tiempo con buena salud)
'Chauncey Starr, "The Growth Limits", Edison Electric Institute Symposium on Science,
Technology and the Human Prospect, abril de 1979.
521
522 Ciencia e hipótesis
Por supuesto, algunos de los resultados prácticos de la ciencia no son
tan alentadores. El tremendo incremento del poder destructivo de las
armas ha hecho que el riesgo de una guerra nuclear amenace la existencia
misma de la civilización. La habitabilidad de nuestro planeta está cada vez
más amenazada por la contaminación industrial, química y automotriz.
Sin embargo, pese a estos aspectos infortunados del desarrollo científico,
en términos generales, el desarrollo de la ciencia y sus aplicaciones han
beneficiado a la humanidad. Tan terribles como han sido las últimas
guerras, su saldo en vidas humanas ha sido mucho menor que el de las
grandes plagas que azotaron antiguamente a Europa, diezmando la pobla-
ción. Y estas plagas han sido casi completamente erradicadas por la ciencia
médica moderna. El valor práctico de la ciencia radica en que ha hecho posible
una vida más larga y cómoda debido a los avances tecnológicos basados en
el conocimiento científico. Este punto se expresa de manera clara y convincen-
te en el siguiente pasaje:
A veces se dice que no hay progreso real, que una civilización que asesina
a multitudes en la guerra masiva, que contamina la tierra y los océanos con
grandes cantidades de desechos, que destruye la dignidad de los individuos
sometiéndolos a una existencia forzadamente mecanizada, difícilmente pue-
de considerarse un avance sobre la existencia simple de los cazadores y
agricultores de los tiempos prehistóricos. Pero este argumento, aunque es
atractivo por su romanticismo, no tiene fundamento. Las tribus primitivas
permitieron menos libertad que la sociedad moderna. Las guerras antiguas se
hacían con menos justificación moral que las modernas. Una tecnología que
produce desechos debe hallar formas de disponer de ellos sin ocasionar daños
ecológicos. Y las descripciones del hombre primitivo que encontramos en los
libros de texto frecuentemente omiten algunas de las calamidades de su vida
primitiva: el dolor, la enfermedad, la hambruna, el trabajo arduo, solamente
para sobrevivir. El paso de esa existencia simple a la vida moderna solamente
se puede describir, siendo estrictos, como un progreso y el único agente del
mismo es la razón'
Sin embargo, sus aplicaciones no son el único valor de la ciencia. La
ciencia es conocimiento y por tanto un fin en sí misma. Las leyes y
principios descubiertos en la investigación científica tienen un valor aparte
de cualquier utilidad práctica que puedan poseer. Este valor intrínseco es
la satisfacción de la curiosidad, del deseo de conocer. Los seres humanos
han reconocido tener ese deseo desde hace mucho tiempo. Aristóteles
escribió que: "...aprender algo es uno de los mayores placeres no solamen-
te del filósofo sino del resto de la humanidad, no importa qué tan limitada
sea su capacidad para ello"? Si consultamos al más célebre de los científi-
cos del siglo XX, Albert Einstein, nos dice: "Existe una pasión por la
'Robert M. Pirsig, Zen and the A rt of Motorcycle Maintenance, William Morrow & Co.,.
Nueva York, 1974. Edición de bolsillo, Bantam Books, Nueva York, 1975, p. 121.
'Poética, 1448k, 14.
Los valores de la ciencia 523
comprensión igual que existe una pasión por la música. Esa pasión es
común en los niños, pero termina por perderse con el tiempo en la mayoría
de las personas. Sin esa pasión, no habría matemáticas ni ciencia natural."'
El conocimiento científico no nos da solamente la capacidad de satisfacer
nuestras necesidades prácticas, es una satisfacción directa de un deseo
particular, el deseo de saber.
Sin duda, algunoA filósofos han negado el segundo de estos valores.
Han rechazado la noción de un deseo desinteresado y puro de conocimien-
to. La gente tiene solamente necesidades prácticas, han dicho, y la ciencia
es simplemente un instrumento que se utiliza para controlar la naturaleza.
No podemos dudar que el progreso de la ciencia haya sido profundamente
estimulado por su utilidad; pero cuando consultamos a los grandes protago-
nistas del progreso científico sobre sus motivos para la investigación, sus
respuestas raramente mencionan este aspecto pragmático o técnico. La
mayoría de las respuestas son como la de Einstein:
¿Qué es entonces lo que nos empuja a elaborar una teoría tras otra? ¿Por
qué hacer teorías? La respuesta a esta última pregunta es simplemente:
porque disfrutamos comprendiendo, es decir, reduciendo los fenómenos con
el concurso de la lógica a algo ya conocido o (aparentemente) evidente.'
Estos comentarios de Einstein sugieren una concepción muy fructífera de
la naturaleza de la ciencia.
La labor de la ciencia, sabemos todos, es descubrir hechos; pero una
azarosa colección de hechos no es una ciencia. Desde luego, algunas partes
de la ciencia se pueden centrar en este o aquel hecho particular. Un
geógrafo, por ejemplo, puede estar interesado en la configuración exacta
de una costa en particular, o un geólogo en los estratos rocosos de una
localidad específica. Pero en las ciencias más avanzadas, el mero conoci-
miento descriptivo de este o aquel hecho particular es de poca importancia.
El científico está ansioso de descubrir las verdades más generales, que los
hechos particulares ilustran o de las que son evidencia. Los hechos parti-
culares aislados se pueden conocer en cierto sentido por observación
directa. El hecho de que un objeto particular caiga al ser soltado, que esta
pelota se mueva más lentamente sobre un plano inclinado que cuando cae
directamente hacia el suelo, el que las mareas disminuyan y crezcan, son
cuestiones todas ellas de hecho, susceptibles de inspección directa. Pero el
científico busca algo más que el mero registro de esos fenómenos, trata de
comprenderlos. Con este fin, trata de formular leyes generales que revelen
los esquemas de todas esas manifestaciones y las relaciones sistemáticas
que hay entre ellas. El científico está empeñado en la búsqueda de las leyes
'Albert Einstein, "On the Generalized Theory of Gravitation", Scientific American, Vol.
182, Núm. 4, abril de 1950.
slbíd.
524 Ciencia e hipótesis
naturales conforme a las cuales se producen todos los acontecimientos
particulares, así como de los principios fundamentales subyacentes a
ellos.
Esta exposición preliminar de los fines teóricos de la ciencia puede
aclararse quizás por medio de un ejemplo. Mediante una observación
cuidadosa y la aplicación del razonamiento geométrico a los datos así
recopilados, el físico y astrónomo Galileo (1564-1642) logró expresar las
leyes de la caída de los cuerpos, lo cual permitió dar una descripción muy
general de la conducta de los cuerpos al acercarse a la superficie de la
Tierra. Por la misma época, el gran astrónomo alemán Kepler (1571-1630),
basando sus razonamientos en gran medida en los datos astronómicos
reunidos por el danés Tycho Brahe (1546-1601), expresó las leyes del
movimiento planetario describiendo las órbitas elípticas recorridas por
los planetas alrededor del Sol. Cada uno de estos dos grandes científicos
logró unificar los diferentes fenómenos propios de su campo de investi-
gación por medio de la formulación de las relaciones entre ellos: Kepler
en la mecánica celeste, Galileo en mecánica terrestre. Sus descubrimientos
significaron grandes conquistas, pero con todo permanecían separados y
desligados. Del mismo modo que los hechos particulares y aislados
impulsan al científico a unificarlos y explicarlos mediante el descubri-
miento de sus conexiones sujetas a leyes, así también la pluralidad de leyes
generales impulsa al científico a unificarlas y explicarlas mediante el
descubrimiento de principios más generales, que incluyan las leyes
diversas como casos especiales. En lo concerniente a las leyes de Kepler
y de Galileo, esta labor fue realizada por uno de los más grandes científicos
de la historia: Sir Isaac Newton (1642-1727). Por medio de su teoría de la
gravitación, junto con sus tres leyes del movimiento, Newton unificó y
explicó las mecánicas celeste y terrestre al mostrar que ambas pueden
deducirse dentro del marco de una única teoría fundamental. El científico
no solamente trata de saber cuáles son los hechos, sino también de
explicarlos, y con esta finalidad crea "teorías". Para comprender exacta-
mente qué es lo que esto implica, debemos analizar la naturaleza general
de la explicación misma.
13.2 Las explicaciones científicas y
las explicaciones no científicas
En la vida cotidiana, requerimos explicaciones ante lo desusado y lo
extraño. Un mensajero de oficina puede llegar a su trabajo a tiempo todas
las mañanas durante muchos años y ello no despierta curiosidad alguna,
pero si un día llega una hora más tarde, su patrón le pedirá una explica-
ción. ¿Qué es lo que se quiere cuando se pide una explicación de algo? Un
ejemplo ayudará a responder esa interrogante. El mensajero puede
responder que tomó el ómnibus de las siete y media para dirigirse a su
Las explicaciones científicas y las explicaciones no científicas 525
trabajo como de costumbre, pero que el ómnibus sufrió un accidente de
tránsito a consecuencia de lo cual perdió mucho tiempo. En ausencia de
otro medio de transporte, tuvo que esperar a que el ómnibus fuera
reparado y esto llevó una hora entera. Este relato probablemente sería
aceptado como una explicación satisfactoria. Puede considerarse así
porque de los enunciados que forman la explicación puede deducirse
lógicamente el hecho que se desea explicar sin que ya nada parezca
enigmático. Una explicación es un grupo de enunciados, o un relato, de los
cuales se puede inferir lógicamente aquello que se desea explicar, y cuya
postulación elimina o disminuye su carácter problemático o desconcer-
tante. Desde luego, la inferencia del hecho como conclusión a partir de la
explicación como premisa puede ser de carácter lógico y en ella las
premisas adicionales "sobreentendidas" pueden ser leyes causales uni-
versalmente aceptadas,' o también la conclusión puede inferirse con
probabilidad y no en forma deductiva. Así pues, parece que la explicación
y la inferencia están íntimamente relacionadas. De hecho, son un mismo
proceso considerado desde diferentes puntos de vista. Dadas ciertas
premisas, toda conclusión que de ellas se siga puede considerarse como
explicada por las premisas. Y dado un hecho que es necesario explicar,
decimos que hemos hallado una explicación de él cuando encontramos un
conjunto de premisas de las cuales se puede inferir lógicamente. Como se
dijo en el primer capítulo,' "Q porque P" puede expresar un razonamiento
o una explicación.
Claro que algunas explicaciones son mejores que otras. El principal
criterio para juzgar las explicaciones es la atinencia o relevancia. Si el
mensajero que llegó tarde hubiese ofrecido como explicación de su retraso
el hecho de que hay guerra en Afganistán o hambre en la India, se habría
podido considerar con toda razón como una explicación muy pobre o ni
siquiera se habría tenido en cuenta como explicación. Dicho relato "no
tendría nada que ver con el caso", habría sido irrelevante porque n o
permite inferir el hecho a explicar. La pertinencia de una explicación
propuesta corresponde, entonces, exactamente a la fuerza de un argumen-
to por el cual se puede inferir el hecho a ser explicado a partir de la
explicación propuesta. Cualquier explicación aceptable puede ser rele-
vante, pero no todos los relatos relevantes en este sentido son explicacio-
nes aceptables. Hay otros criterios para decidir el valor o la aceptabilidad
de las explicaciones propuestas.
El requisito más obvio sería que la explicación sea verdadera. En el
ejemplo de la tardanza del mensajero, la parte crucial de su explicación fue
un hecho particular, el accidente de tránsito, del cual dijo ser testigo. Pero
la mayor parte de las explicaciones científicas son generales y no particu-
lares. La piedra angular de la mecánica newtoniana es la ley de la
gravitación universal, cuya enunciación se explica en la siguiente página.
6Se considerará esta complicación después en la sección 13.6.
'Véanse las páginas 49-50
526 Ciencia e hipótesis
Toda partícula de materia en el universo atrae a toda otra partícula con
una fuerza directamente proporcional al producto de las masas de las
partículas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia entre
ellas.
La ley de Newton no es directamente verificable de la misma forma que
un accidente de tránsito. Simplemente no hay manera de que podamos
revisar todas las partículas de materia del universo y observar que se
atraen mutuamente justo en la forma en que afirma la ley de Newton.
Pocas proposiciones de la ciencia son directamente verificables como
verdaderas. De hecho, ninguna de las proposiciones importantes lo es. La
mayor parte de ellas se refiere a entidades inobservables, tales como
moléculas y átomos, electrones, protones, cromosomas y genes. Por ende,
el requisito propuesto de verdad no es directamente aplicable a la mayoría
de las explicaciones científicas. Antes de considerar criterios más útiles
para evaluar teorías científicas, será útil comparar las explicaciones
científicas con las no científicas.
Se supone que la ciencia se refiere a hechos y, sin embargo, en los lo-
gros superiores de la investigación nos vemos comprometidos con nocio-
nes sumamente especulativas lejanas de la experiencia directa. ¿Cómo
han de distinguirse entonces las explicaciones científicas de las franca-
mente mitológicas o supersticiosas? Una "explicación" no científica del
movimiento regular de los planetas era la idea de que cada cuerpo celeste
era residencia de un "espíritu" o "inteligencia" que controlaba sus
movimientos. Una broma bastante común durante la Segunda Guerra
Mundial era la explicación no científica de que determinadas fallas de los
aviones eran producidas por "gremlins", hombrecillos invisibles y perni-
ciosos que jugaban malas pasadas a los pilotos. El punto a notar aquí es
que, desde el punto de vista de la observabilidad y de la verificabilidad
directa, no hay gran diferencia entre las teorías científicas modernas y las
doctrinas mitológicas o teológicas. Uno no puede ver o tocar más un
electrón, una partícula, o un átomo que un espíritu, una inteligencia o un
gremlin. ¿Cuáles son, entonces, las diferencias entre las explicaciones
científicas y las no científicas?
Hay dos diferencias importantes e íntimamente relacionadas entre el
tipo de explicación que busca la ciencia y el que proporcionan los
diferentes tipos de supersticiones. La primera diferencia importante
radica en las actitudes que se adoptan ante las explicaciones en cuestión.
La actitud típica de una persona que realmente acepta la explicación no
científica es una actitud dogmática. La explicación no científica se consi-
dera absolutamente verdadera y fuera de toda posibilidad de mejora-
miento o de corrección. Durante la Edad Media y los albores de la
modernidad, la palabra de Aristóteles era la autoridad última a la cual
Las explicaciones científicas y las explicaciones no científicas 527
apelaban los sabios para decidir cuestiones de hecho. No importa qué tan
crítica y empíricamente haya llegado Aristóteles a sus propios puntos de
vista, éstos fueron aceptados por algunos eruditos con un espíritu total-
mente diferente y no científico. Uno de los eruditos a quien Galileo ofreció
su telescopio para ver las recientemente descubiertas lunas de Júpiter, se
negó a mirar, convencido de que no podría ver nada, ¡puesto que nada se
mencionaba sobre el particular en el tratado de Aristóteles sobre astrono-
mía! Como las creencias no científicas son absolutas, últimas y finales, en
el marco de cualquier dogma o doctrina de ese tipo, no puede haber un
método racional para cuestionar siquiera su verdad. La actitud del
científico en torno a su explicación es muy diferente. Cada explicación de
la ciencia tiene un carácter tentativo y provisional. Cualquier explicación
propuesta se reconoce como una mera hipótesis más o menos probable
sobre la base de los hechos disponibles o de la evidencia relevante. Se debe
admitir que el vocabulario del científico es un tanto engañoso en este
respecto. Cuando lo que al principio se ha sugerido como "hipótesis" llega
a ser bien confirmado, frecuentemente se eleva a la posición de "teoría".
Y cuando, sobre la base de una gran cantidad de evidencia, logra
aceptación universal, se promueve a la categoría de "ley". No siempre se
usa del mismo modo esta terminología: el descubrimiento de Newton
todavía se llama "ley de la gravitación", mientras que la contribución de
Einstein que supera o complementa a la de Newton se llama "teoría de la
relatividad". El vocabulario de "hipótesis", "teorías" y "leyes" es desafor-
tunado, puesto que oscurece el hecho importante de que todas las
proposiciones generales de la ciencia se consideran como hipótesis, nunca
como dogmas.
Íntimamente relacionada con la diferencia en la forma en que son
consideradas está la segunda y más fundamental diferencia entre las
explicaciones o teorías científicas y las no científicas. Esta segunda
diferencia radica en los fundamentos para aceptar o rechazar el punto de
vista en cuestión. Muchos puntos de vista no científicos son meros
prejuicios en favor de los cuales sus adherentes pueden otorgar escasas
razones. Sin embargo, dado que se consideran como "ciertos", cualquier
crítica o cuestionamiento se concibe como una afrenta y se responde a ella
agresivamente. Si quienes aceptan una explicación no científica pudieran
ser convencidos de discutir acerca de los fundamentos de su aceptación,
tendrían muy pocas bases para fundamentar su "defensa"; dirían que
"todo el mundo lo cree" o que "siempre se ha creído así". Estas son frases
familiares que expresan la apelación a la tradición o a la popularidad, más
que a la evidencia. También se puede defender un dogma cuestionado
apelando a una revelación o a la autoridad. La verdad absoluta de sus
credos religiosos y la falsedad absoluta de todos los otros ha sido revelada
desde lo alto, en varias ocasiones, lo mismo a Moisés que a San Pablo, a
Mahoma o Joseph Smi th, y a muchos otros. El hecho de que existan
528 Ciencia e hipótesis
tradiciones que rivalizan, autoridades en conflicto y revelaciones alterna-
tivas que las contradicen no parece molestar a quienes han abrazado el
credo absoluto. En general, las creencias no científicas se aceptan indepen-
dientemente de cualquier cosa que podamos reconocer como evidencia en
su favor. Como son absolutas, las cuestiones de evidencia acerca de ellas
son consideradas de menor importancia.
La situación es muy distinta en el terreno de la ciencia. Puesto que cada
explicación científica se considera como una hipótesis, se reconoce como
digna de aceptación solamente en la medida en que exista evidencia que
la apoye. En tanto hipótesis, la cuestión de su verdad o falsedad está abierta
y hay una búsqueda continua para hallar más evidencias que decidan la
cuestión. El término "evidencia" según es usado aquí se refiere en última
instancia a la experiencia; la evidencia sensible es la última corte de
apelación para verificar las proposiciones científicas. La ciencia es empíri-
ca al aceptar que la experiencia sensorial es la prueba de la verdad para
todos sus pronunciamientos. En consecuencia, pertenece a la la esencia de
una proposición científica que pueda ser probada por medio de la
observación.
Algunas proposiciones pueden verificarse directamente. Para decidir
la verdad o falsedad de la proposición de que está lloviendo afuera en este
momento, necesitamos solamente asomarnos a la ventana. Para decir si el
semáforo está en verde o en rojo sólo necesitamos mirarlo. Pero las
proposiciones que ofrecen los científicos como hipótesis explicativas no
son de este tipo. Las proposiciones generales como las leyes de Newton o
la teoría de Einstein no son directamente verificables de este modo. Pue-
den, sin embargo, verificarse indirectamente. El método indirecto de po-
ner a prueba la verdad de una proposición es familiar a todos nosotros,
aunque puede no serlo para todo mundo con el mismo nombre. Por
ejemplo, si el patrón ha visto con sospecha la explicación de la tardanza del
mensajero, podría llamar a la compañía de autobuses para saber si había
ocurrido un accidente al autobús de las siete treinta. Si el reporte de la
compañía concuerda con el relato del empleado, ello disiparía sus sospe-
chas, mientras que si la compañía de autobuses niega la ocurrencia del
accidente, esto probablemente convencería al patrón de que el relato del
empleado era falso. Esta investigación podría constituir una prueba indi-
recta de la explicación del empleado.
El modelo de la verificación indirecta o de la prueba indirecta consiste
en dos partes. Primera, uno deduce de la proposición a ser verificada una
o más proposiciones susceptibles de ser probadas directamente. Luego,
estas conclusiones son verificadas para determinar su verdad o falsedad.
Si las conclusiones son falsas, cualquier proposición que las implique
también debe ser falsa. Por otra parte, si las conclusiones son verdaderas,
esto proporciona evidencia para la verdad de la proposición que está a
prueba, y que así se ve confirmada indirectamente.
Las explicaciones científicas y las explicaciones no científicas 529
Debe notarse que la prueba indirecta nunca es cierta o demostrativa.
Deducir conclusiones directamente verificables de una proposición re-
quiere usualmente de premisas adicionales. La conclusión de que la com-
pañía de autobuses confirmará que hubo un accidente en el autobús de las
siete treinta no se sigue válidamente de la proposición de que el autobús
de las siete treinta tuvo un accidente. Se necesitan premisas adicionales,
por ejemplo, que todos los accidentes son reportados a la oficina de la
compañía, que los reportes no son erróneos, y que la compañía no tiene la
política de negar o encubrir los accidentes que ocurren a sus autobuses. De
modo que la negativa de la compañía acerca del accidente no probaría la
falsedad del relato del mensajero, pues la discrepancia podría deberse a la
falsedad de una de las otras premisas. Sin embargo, tales premisas adicio-
nales ordinariamente tienen tan alto grado de probabilidad que una
respuesta negativa de la compañía de autobuses haría muy dudosa la
historia contada por el empleado.
De manera similar, establecer la verdad de una conclusión no demues-
tra la verdad de las premisas a partir de las cuales se dedujo. Sabemos muy
bien que un argumento válido puede tener una conclusión verdadera aun
cuando sus premisas no lo sean. En el presente ejemplo, la compañía de
autobuses puede confirmar que ocurrió un accidente al autobús de las siete
treinta debido a un error en sus registros, aun cuando en realidad no haya
sucedido ningún accidente. Así, la conclusión inferida puede ser verdade-
ra aun cuando las premisas de las cuales fue deducida no lo sean. Empero,
normalmente esto es altamente improbable; de modo que una verificación
exitosa o afirmativa de una conclusión sirve para corroborar las premisas
de las cuales fue deducida.
Se debe admitir que toda proposición, científica o no, cuando es una
explicación atinente de cualquier hecho observable tiene cierta evidencia
en su favor, a saber, el hecho que pretende explicar. Así, los movimientos
regulares de los planetas proporcionan una evidencia de la teoría — no
científica — de que los planetas están habitados por "inteligencias" que
ocasionan que se muevan exactamente en las órbitas que observamos. Los
movimientos mismos son evidencia para ese mito en la misma medida en
que lo son también para las teorías de Newton o de Einstein. La diferencia
radica en el hecho de que se trata de la única evidencia que avala la
hipótesis no científica. Ninguna otra proposición verificable directamente
se puede deducir de ese mito. Por otro lado, un gran número de proposi-
ciones directamente verificables se pueden deducir de las explicaciones
científicas que se han mencionado. Aquí, entonces, radica la diferencia
entre las explicaciones científicas y las no científicas. Una explicación
científica de un hecho determinado debe tener como evidencia otras
proposiciones directamente observables, además de la correspondiente al
hecho que ha de ser explicado. Pero una explicación no científica no cuenta
con ninguna otra proposición directamente verificable que se deduzca de
530 Ciencia e hipótesis
ella. Es un rasgo esencial de una proposición científica que se pueda
verificar empíricamente.
Es claro que hemos estado usando el término "explicación científica"
en un sentido muy general. Como aquí la definimos, una explicación
puede ser científica aunque no forme parte de una de las diversas ciencias
particulares, como la física o la psicología. Así, la explicación del mensajero
podría ser clasificada como científica, porque es verificable, aun cuando
sólo sea de manera indirecta. Pero si él hubiese propuesto como explica-
ción la proposición de que "Dios quiso que llegará tarde y él es omnipoten-
te", la explicación habría sido no científica. Pues aunque su tardanza es
deducible de dicha explicación, no lo es cualquier otra proposición verifi-
cable y, así, la explicación no es ni siquiera indirectamente verificable y, por
lo tanto, no es científica.
13.3 Evaluación de las explicaciones científicas
Surge de manera natural la pregunta de cómo han de ser evaluadas las
explicaciones científicas, esto es, juzgadas como buenas o malas, o por lo
menos como mejores o peores. Esta pregunta es especialmente importan-
te porque usualmente hay más de una sola explicación científica para un
mismo hecho. El comportamiento agresivo de una persona se puede
explicar mediante la hipótesis de que la persona está triste o que es hosca.
En una investigación criminal, dos hipótesis diferentes e incompatibles
acerca de la identidad del criminal pueden explicar igualmente bien los
hechos conocidos. En el ámbito de la ciencia propiamente, el hecho de que
un objeto se expande cuando se calienta lo explica igualmente la teoría
calórica del calor y la teoría cinética. La teoría calórica concebía el calor
como un fluido invisible y sin peso llamado "calórico", que tiene la
propiedad de penetrar en los cuerpos, expandiéndolos y disolviéndolos
o disipándolos en vapor. La teoría cinética, por su parte, concibe el calor
de un cuerpo consistente en movimientos aleatorios de las moléculas que
forman el cuerpo. Estas son explicaciones científicas alternativas que
sirven igualmente bien para explicar algunos fenómenos de la expansión
térmica. No pueden ser ambas verdaderas, sin embargo, y el problema es
evaluarlas o elegir entre ellas.
Lo que se necesita aquí es una lista de las condiciones que una buena
hipótesis debe reunir. No debe pensarse que dicha lista puede proporcio-
nar una receta que permitirá a cualquiera construir buenas hipótesis.
Nadie ha nunca pretendido establecer un conjunto de reglas para la
invención o el descubrimiento de hipótesis. Probablemente es una empre-
sa imposible, puesto que constituye el lado creativo de la investigación
científica. La habilidad para crear es una función de la imaginación y del
talento y no se puede reducir a un proceso mecánico. Una gran hipótesis
Evaluación de las explicaciones científicas 531
científica, con amplios poderes explicativos, como las de Newton o Eins-
tein, es en igual medida un producto del genio que una gran obra de arte.
No hay una fórmula para descubrir nuevas hipótesis, pero hay ciertas
reglas a las cuales deberían conformarse las hipótesis aceptables, las
cuales se pueden considerar como los criterios para evaluar hipótesis.
Hay cinco criterios que se usan comúnmente para juzgar el valor o
aceptabilidad de las hipótesis. Se pueden listar como: 1) atinencia o
relevancia, 2) verificabilidad, 3) compatibilidad con las hipótesis previa-
mente bien establecidas, 4) poder explicativo o predictivo, y 5) simplici-
dad. Los dos primeros ya han sido discutidos, pero los revisaremos
brevemente a continuación.
Atinencia o relevancia
Ninguna hipótesis es propuesta nunca por sí misma, sino que siempre
trata de ser una explicación de determinado hecho. Por lo tanto, debe ser
a tinente al hecho que pretende explicar, es decir, el hecho en cuestión debe
poder deducirse de la hipótesis propuesta o bien de ella sola o de ella
junto con ciertas leyes causales que puede suponerse ya se han establecido
como altamente probables, o de éstas junto con algunos supuestos acerca
de las condiciones iniciales para el caso particular. Una hipótesis que no
es atinente al hecho que intenta explicar simplemente no logra explicarlo
y solamente se puede considerar como un fracaso en su intención. Una
buena hipótesis debe ser relevante.
Verificabilidad
La característica distintiva principal de las hipótesis científicas (en
contraste con las no científicas) es que son verificables. Esto es, debe existir
la posibilidad de hacer observaciones que tiendan a confirmar o
desconfirmar cualquier hipótesis científica. Por supuesto, no necesita ser
una verificación directa. Como ya se ha observado, la mayoría de las
hipótesis científicas realmente importantes son formuladas en términos
de entidades no observables, como electrones u ondas electromagnéticas.
Como un investigador científico ha escrito:
Un físico de nuestro siglo, interesado en la estructura básica de la materia,
trata con radiaciones que no puede ver, fuerzas que no puede sentir, partículas
que no puede tocar.'
Pero debe existir una forma de pasar de enunciados acerca de entidades
inobservables a otros acerca de entidades directamente observables,
'Lloyd Smith, "The Bevatron", Scientific A merican, Vol. 184, Núm. 2, febrero de 1951.
532 Ciencia e hipótesis
como las mesas, las sillas o las líneas de una placa fotográfica. En otras
palabras, debe haber cierta conexión entre cualquier hipótesis científica y
los datos empíricos o hechos de la experiencia.
3. Compatibilidad con las hipótesis previamente bien establecidas
La condición de que una hipótesis aceptable debe ser compatible o consis-
tente con otras hipótesis que ya han sido bien confirmadas es muy
razonable. La ciencia, al buscar abarcar más y más hechos, intenta lograr
un sistema de hipótesis explicativas. Por supuesto, tal sistema debe ser
consistente en sí mismo, pues ningún conjunto contradictorio de proposi-
ciones puede ser verdadero, ni siquiera inteligible. Idealmente, la forma en
que los científicos esperan progresar es expandiendo gradualmente sus
hipótesis para abarcar más y más hechos. Para que se haga tal progreso, cada
nueva hipótesis debe ser consistente con las ya confirmadas. Así, la hipótesis
de Leverrier de que había un plan;:: más no registrado en los mapas, más allá
de la órbita de Urano, era perfectamente consistente con la parte principal de
las teorías astronómicas aceptadas. Una nueva teoría debe encajar con las
viejas si ha de haber progreso en la investigación científica.
Por supuesto, es posible sobreestimar la importancia del tercer criterio.
Aunque el ideal de la ciencia puede ser el crecimiento gradual del conoci-
miento teórico mediante la adición de nuevas hipótesis, la historia actual
del progreso científico no siempre ha seguido ese patrón. Muchas de las
hipótesis nuevas más importantes han sido inconsistentes con las viejas
teorías y de hecho las han reemplazado, más que complementado. La
teoría de la relatividad de Einstein fue de este tipo, y echó por tierra
muchas de las preconcepciones de la vieja teoría newtoniana. El fenómeno
de la radiactividad, observado por vez primera durante la última década
del siglo XIX, condujo al derribamiento — o por lo menos a la modifica-
ción — de muchas teorías antes aceptadas que habían alcanzado casi la
condición de verdades absolutas. Una de éstas fue el principio de conser-
vación de la materia, que afirmaba que la materia no se podía crear ni
destruir. La hipótesis de que los átomos de radio sufren de desintegración
espontánea era inconsistente con el viejo y bien establecido principio
—pero era dicho principio el que debía ser abolido en favor de la hipótesis
más reciente.
Con lo anterior no se quiere dar la impresión de que el progreso
científico era un proceso anárquico en el cual las teorías se abandonan en
favor de otras más nuevas y brillantes. Las viejas teorías se corrigen más
que abandonarse. El mismo Einstein insistió siempre en que su propia
obra es una modificación y no un rechazo de la de Newton. El principio
de la conservación de la materia fue modificado por medio de su inclusión
en el principio — más extenso — de la conservación de la masa y la ener-
Evaluación de las explicaciones científicas 533
gía. Toda teoría confirmada ha sido establecida luego de haberse demos-
trado que era adecuada para la explicación de una cantidad considerable
de datos, de hechos observados. Y no puede ser destronada o desacredi-
tada por ninguna hipótesis nueva, a menos que esta última pueda explicar
los mismos hechos tan bien o mejor que la anterior. No hay nada
caprichoso en el desarrollo de la ciencia. Cualquier cambio representa una
mejora, una explicación más amplia y, por ende, más adecuada de la forma
en que el mundo se manifiesta en la experiencia. Cuando aparecen
incompatibilidades entre hipótesis, la mayor antigüedad de una de ellas
no demuestra automáticamente que sea correcta y que la nueva sea
errónea. Las presunciones son en favor de la más antigua si es que ha sido
confirmada ampliamente. Pero si la hipótesis nueva recibe también una
amplia confirmación, las consideraciones de antigüedad o anterioridad
no cuentan para nada. Cuando se presenta un conflicto entre dos hipóte-
sis, para decidir entre ellas debemos volvernos a los hechos observables.
En última instancia, nuestra corte de apelación final para decidir entre
hipótesis rivales es la experiencia. Nuestro tercer criterio, la compatibili-
dad con las hipótesis previamente bien confirmadas se reduce a esto: la
totalidad de las hipótesis aceptadas en un determinado momento deben
ser compatibles entre sí y,9 a igualdad de condiciones en otros aspectos,
de entre dos hipótesis debe preferirse aquella que se conforma mejor al
cuerpo de la doctrina científica aceptado. La cuestión de la "igualdad de
condiciones en otros aspectos" nos conduce directamente al cuarto
criterio.
4. Poder predictivo o explicativo
Se entiende por poder predictivo o explicativo de una hipótesis el conjunto
de los hechos observables que pueden deducirse de ella. Este criterio se
relaciona con el de la posibilidad de ser sometida a prueba, aunque es
diferente de éste. Puede ponerse a prueba una hipótesis si a partir de ella
podemos deducir algunos hechos observables. Si una de un par de hipóte-
sis susceptibles de ser puestas a prueba tiene un número mayor que la otra
de hechos observables que se pueden deducir de ella, se dice que tiene
mayor poder predictivo o explicativo. Por ejemplo, la hipótesis de Newton
de la gravitación universal, junto con sus tres leyes del movimiento, tiene
mayor poder predictivo que la hipótesis de Kepler o que la de Galileo,
porque todas las consecuencias observables de las dos últimas lo son
también de la primera y ésta tiene además muchas otras. De un hecho
observable que puede deducirse de una determinada hipótesis se dice que
es explicado por ella, o también, que ésta lo predice. Cuanto mayor es el
'No obstante, los científicos pueden considerar e incluso utilizar hipótesis inconsistentes
por años esperando resolver esa inconsistencia. Esto sucedió por muchos años con respecto
a las teorías ondula toda y corpuscular de la luz.
534 Ciencia e hipótesis
poder predictivo de una hipótesis, tanto más explica y tanto mejor
contribuye a nuestra comprensión de los fenómenos de que se ocupa.
Nuestro cuarto criterio tiene un aspecto negativo que es de fundamen-
tal importancia. Si una hipótesis es incompatible con algún hecho de
observación bien establecido, la hipótesis es falsa y debe ser rechazada.
Cuando dos hipótesis diferentes son ambas atinentes para explicar un
conjunto de hechos, ambas pueden ser sometidas a prueba y las dos son
compatibles con todo el cuerpo de teoría científica ya establecido; es
posible decidir entre ellas deduciendo, a partir de las mismas, proposicio-
nes incompatibles que puedan ponerse a prueba directamente. Si H, y H2
son dos hipótesis diferentes que implican consecuencias incompatibles,
puede ser posible realizar un experimento crucial o decisivo para decidir
entre ellas. De este modo, si H, implica que en determinada circunstancia
C se producirá el fenómeno F, mientras que H2 implica que en la circuns-
tancia C el fenómeno F no se producirá, entonces todo lo que necesitamos
para decidir entre H, y H2 es provocar la circunstancia C y observar la
presencia o ausencia del fenómeno F. Si F aparece, ello es una prueba en
favor de H, y contra H2, mientras que si F no aparece, ello es una prueba
en contra de H1 y en favor de H2.
No siempre puede resultar sencillo realizar este tipo de experimento
decisivo para elegir entre hipótesis rivales, pues la circunstancia requerida, C,
puede ser difícil o imposible de producir. Así, la decisión entre la teoría de
Newton y la teoría general de la relatividad tuvo que postergarse hasta un
eclipse de Sol total, una situación cuya ocurrencia se halla, sin duda, por
encima de los actuales poderes del hombre. En otros casos, para realizarse el
experimento decisivo es menester esperar hasta el desarrollo de nuevos
instrumentos, ya sea para la producción de las circunstancias requeridas, o
para la observación o medición del fenómeno predicho. Por ejemplo, los
defensores de hipótesis astronómicas rivales frecuentemente deben esperar
la construcción de telescopios nuevos y más poderosos. El tema relativo a los
experimentos decisivos será analizado más adelante, en la sección 13.6.
5. Simplicidad
Llega a ocurrir que dos hipótesis rivales satisfagan de modo igualmente
apropiado los cuatro primeros criterios. Históricamente, las dos hipótesis
más importantes que se hallaron en estas condiciones fueron las de
Ptolomeo (127-151) y Copérnico (1473-1543). Ambas tenían como propó-
sito explicar todos los datos astronómicos conocidos por entonces. Según
la teoría tolemaica, la Tierra es el centro del universo y los cuerpos celestes
se mueven alrededor de ella en órbitas que requieren una geometría de
epiciclos muy complicada para su descripción. La teoría de Ptolomeo era
atinente respecto a los hechos, era susceptible de prueba y compatible con
todas las hipótesis anteriores bien establecidas y, por tanto, satisfacía
El detective corno científico 535
perfectamente bien los tres primeros criterios. De acuerdo con la teoría
copernicana, es el Sol y no la Tierra el que se halla en el centro, y la Tierra
misma se mueve alrededor del Sol junto con los otros planetas. También
la teoría de Copérnico satisfacía muy bien los tres primeros criterios.
Respecto del cuarto criterio, el del poder predictivo, ambas teorías se
hallaban casi a la par. Pero con respecto al cuarto criterio había una
diferencia muy significativa entre las dos hipótesis rivales. Aunque para
explicar las posiciones observadas de los diversos cuerpos celestes ambas
teorías debían recurrir al engorroso método de los epiciclos, en la de
Copérnico se necesitaban menos epiciclos que en la otra. El sistema
copernicano era por tanto más simple y ello contribuyó en una gran
medida a su aceptación por todos los astrónomos posteriores.
Es perfectamente natural invocar el criterio de la simplicidad. En la
vida cotidiana, tanto como en la ciencia, tendemos a aceptar la teoría más
simple que se adecua a todos los hechos conocidos. En los juicios
criminales, la parte acusatoria trata de elaborar una hipótesis que incluya
la culpa del acusado y encaje con todas las pruebas de que se dispone. Por
su parte, el abogado defensor intenta construir una hipótesis que incluya
la inocencia del acusado y que se adapte igualmente a todas las pruebas
de que se dispone. Frecuentemente las dos partes logran su cometido, y
en tal caso la decisión se basa habitualmente — o así debería ser — en favor
de la hipótesis más sencilla o más "natural". Sin embargo, esto no quiere decir
que la simplicidad sea fácil de definir. No todas las controversias son tan
sencillas como la tolemaica-copemicana, en la cual la mayor simplicidad de
la última consistía simplemente en que requería un número menor de
epiciclos. También "naturalidad" es un término casi irremediablemente
condenado a ser engañoso, pues parece mucho más "natural" creer que la
Tierra está fija y que el Sol, en aparente movimiento, es el que realmente se
mueve. El quinto y último criterio, el de la simplicidad, es importante y con
frecuencia decisivo, pero también es difícil de formular y no siempre es fácil
aplicarlo.
13.4 El detective como científico
Ahora que hemos formulado y explicado los criterios con los cuales
podemos juzgar hipótesis, estamos en condiciones de describir el esque-
ma general de la investigación científica. Será útil comenzar examinando
un ejemplo de este método. A este respecto, una ilustración favorita es la
del detective, cuyo objetivo no es el mismo que el del científico puro, pero
cuyo enfoque y técnica ilustran de manera muy clara el método científico.
El ejemplo clásico del detective astuto que puede resolver hasta el más
desconcertante misterio es la inmortal creación de Conan Doyle, Sherlock
Holmes. Holmes, cuya estatura no disminuye con el paso del tiempo, será
nuestro héroe en la discusión siguiente.
536 Ciencia e hipótesis
1. El problema
Algunas de las más vivas imágenes de Holmes son aquellas en que aparece
ocupado con una lupa y una cinta de medir, escudriñando y descubriendo
pistas fundamentales que habían escapado a la atención de los torpes
chapuceros, supuestamente expertos, de Scotland Yard. O bien, aquellos
que siendo de un temperamento menos vigoroso pueden preferir recor-
dar al Holmes pensador:
"...quien, cuando tenía en mente un problema no resuelto, andaba inquie-
to durante días y en ocasiones durante una semana, dando vueltas al proble-
ma por todos lados, reordenando los datos, contemplándolo desde todos los
ángulos, hasta que lo desentrañaba o hasta que se convencía de que los datos
de que disponía eran insuficientes".m
En cierta ocasión, según el doctor Watson:
Se quitó el saco y el chaleco, se puso una larga bata azul y luego anduvo por
el cuarto colectando las almohadas de su cama y los almohadones del sofá y
de los sillones. Con esos elementos hizo una especie de diván oriental para
luego acomodarse allí con las piernas cruzadas con una onza de tabaco y una
caja de cerillos a su alcance frente a sí. A la tenue luz de la lámpara lo vi sentado
allí con una vieja pipa de escaramujo entre los labios, los ojos distraídamente
fijos en la juntura del cielorraso, las volutas de humo azul brotando de sus
labios, silencioso, inmóvil, mientras la luz destacaba sus acentuados rasgos
aguileños. Así estaba cuando me quedé dormido, y así estaba cuando me
despertó una brusca exclamación y vi brillar dentro del departamento el sol
estival. La pipa todavía se inhalaba dentro de sus labios, el humo seguía
arremolinándose hacia arriba y llenaba la habitación con una densa bruma,
pero no quedaba nada del montón de tabaco que había visto la noche
anterior."
Pero tales recuerdos son incompletos. Holmes no siempre buscaba
claves o reflexionaba acerca de las soluciones. Todos recordamos esos
oscuros períodos — especialmente en las primeras novelas — en las que
Holmes, para gran preocupación del bueno del doctor Watson, se intoxi-
caba con morfina o con cocaína. Eso ocurría, naturalmente, entre los casos.
Pues, cuando no hay misterio que desentrañar, ningún hombre en su sano
juicio se dispone a buscar pistas. En cualquier caso, éstas deben ser pistas
de algo. Por eso, ni Holmes ni nadie puede empeñarse en profundos pensa-
mientos a menos que tenga algo en qué pensar. Sherlock Holmes era un
genio para resolver problemas, pero hasta un genio debe tener un proble-
'°A, Conan Doyle, The Man with the Twisted Lip.
"Ibíd.
El detective como científico 537
ma antes de poder ponerse a resolverlo. Todo pensar reflexivo, lo cual
incluye tanto la investigación científica como la pesquisa policiaca, es una
actividad encaminada a resolver problemas, como bien han afirmado
insistentemente John Dewey y otros filósofos pragmatistas. Antes de que
el detective o el científico puedan ponerse a trabajar, deben sentir la
presencia de un problema.
Desde luego, la mente activa ve problemas donde el tonto solamente
percibe objetos familiares. Una navidad, el doctor Watson visitó a Holmes
y lo encontró usando unos lentes y unos fórceps para examinar "...un viejo
y raído sombrero de fieltro duro, imposible de usar y rasgado en varias
partes"." Luego de intercambiar saludos, Holmes le dijo a Watson respec-
to del sombrero: "Le ruego que no lo contemple como un sombrero oreón
estropeado, sino como un problema intelectual"." Así fue como el sombre-
ro los condujo a una de sus aventuras más interesantes, lo cual no habría
sucedido si Holmes no hubiese visto en él un problema desde el principio.
Podemos caracterizar un problema como un hecho, o un grupo de hechos,
para el que no tenemos ninguna explicación aceptable, que parece desusa-
do o que no se adecua a nuestras expectativas o preconcepciones. Es obvio
que se necesitan ciertas creencias previas para que algo parezca problemá-
tico. Si no hay expectativas, no puede haber sorpresas.
Desde luego que a veces los problemas llegaban a Holmes ya clasifica-
dos. La primera aventura relatada por el doctor Watson comenzó con el
siguiente mensaje enviado por Gregson, de Scotland Yard:
Mi querido Sherlock Holmes:
Durante la noche, a las 3, ocurrió un desagradable acontecimiento en
Lauriston Gardens, cerca de Brixton Road. Nuestro hombre de servicio vio allí
una luz a eso de las dos de la madrugada, y como la casa está deshabitada,
sospechó que pasaba algo raro. Encontró la puerta abierta y en la habitación
del frente, que está sin muebles, descubrió el cadáver de un caballero, bien
vestido, en cuyo bolsillo había tarjetas con el nombre de "Enoch J. Drebber,
Cleveland, Ohio, USA". No hubo robo ni hay indicios de lo que pudo haber
ocasionado la muerte de ese hombre. Hay manchas de sangre en la habitación,
pero en su cuerpo no hay herida alguna. No sabemos cómo llegó hasta la casa
vacía. En realidad todo es muy desconcertante. Si quiere ir por la casa a
cualquier hora antes de las doce, me encontrará allí. He dejado todo como está
hasta ponerme al habla con usted. Si no puede venir, le daré más detalles y
estimaré como una gran gentileza de su parte que me comunique su opinión.
Cordialmente,
Tobías Gregson"
'2A. Conan Doyle, The A dventure of the Blue Carbuncle.
ulbíd.
"A. Conan Doyle, A Study in Scarlet.
538 Ciencia e hipótesis
Este era verdaderamente un problema. Pocos minutos después de
recibir el mensaje, Sherlock Holmes y el doctor Watson "se encontraron
ambos en un cabriolé, yendo a toda velocidad en dirección a Brixton
Road".
2. Hipótesis preliminares
En su camino a Brixton Road, Holmes "charlaba acerca de los violines de
Cremona y de la diferencia entre un Stradivarius y un Amati". El doctor
Watson regañó a Holmes por no pensar en el asunto que tenían entre
manos, a lo que Holmes replicó: "Aún no disponemos de datos... Es un
error capital teorizar antes de tener todos los elementos. Deforma el
juicio"." Holmes expresó este punto de vista muchas veces. En cierta
ocasión advirtió a un detective más joven: "La tentación de formar teorías
prematuras es el azote de nuestra profesión"." Sin embargo, a pesar de
toda su confianza en conocer la materia, sobre este particular Holmes
estaba completamente equivocado. Claro que no se debe emitir un juicio
final antes de haber examinado gran cantidad de datos, pero esto es algo
muy distinto a no teorizar. De hecho, es completamente imposible hacer
intentos serios por reunir datos sin haber teorizado de antemano. Como
notó el gran biólogo y autor de la teoría moderna de la evolución, Charles
Darwin:
"...cualquier observación debe estar en pro o en contra de algún punto de
vista para que pueda ser de alguna utilidad".
Lo que sucede es que hay demasiados hechos particulares, demasiados
datos en el mundo, para que alguien pueda ponerse al corriente de todos.
Todo el mundo, hasta el más paciente y minucioso investigador, debe
apartar y elegir, decidir cuáles hechos estudiar y cuáles dejar de lado. Debe
tener alguna hipótesis de trabajo en favor de la cual, o contra la cual, elegir
los datos pertinentes. No tiene que ser una teoría completa, pero debe ser
al menos un esbozo aproximado. De lo contrario, ¿cómo sería posible
decidir los hechos a seleccionar para su análisis, de la totalidad de todos los
hechos, que es demasiado vasta para comenzar a escudriñar?
A este respecto, las acciones de Holmes eran más sabias que sus
palabras. Después de todo, las palabras fueron dichas en un cabriolé que
corría hacia la escena del crimen. Si Holmes no hubiera tenido realmente
alguna teoría sobre la cuestión, ¿por qué dirigirse a Brixton Road? Si todo
lo que buscaba eran hechos y datos, cualquier viejo hecho y cualquier viejo
dato, sin hipótesis que lo guiaran en su selección, ¿por qué habría de de-
'51bíd.
''A. Conan Doyle, The V alley of Fear.
El detective como científico 539
jar Baker Street? Había montones de hechos en las habitaciones del
221-B de Baker Street. Holmes podía simplemente ponerse a contar todas
las palabras de todas las páginas de todos los libros que había allí, o quizás
a hacer cálculos exactos de las distancias entre cada par de muebles de la
casa. Podría haber reunido datos a discreción, ¡y de paso se habría
ahorrado el costo del coche!
Se podría objetar que los datos que pudieran haberse recopilado en
Baker Street no habrían tenido nada que ver con el caso, mientras que los
que esperaban a Holmes en el escenario del crimen eran claves valiosas
para la solución del problema. Naturalmente, fue ésta la consideración
que instó a Holmes a ignorar los "datos" de Baker Street y apresurarse
para reunir los de Brixton Road. Debemos insistir, no obstante, en que la
mayor relevancia de los últimos no podía conocerse de antemano, sino
que solamente podía conjeturarse sobre la base de experiencias previas
con crímenes e indicios. Fue, en realidad, una hipótesis lo que llevó a
Holmes a buscar sus datos en un lugar y no en otro, o sea la hipótesis de
que hubo un asesinato, de que el crimen se cometió en el lugar en que fue
encontrado el cadáver y de que el asesino quizá dejó un rastro o un indicio
que permitiría descubrirlo. Siempre se requieren algunas de esas hipótesis
para orientar al investigador en su búsqueda de datos atinentes al
problema, pues en ausencia de una hipótesis preliminar, hay demasiados
hechos en este mundo que examinar. La hipótesis preliminar debe hacerse
exclusivamente a título de ensayo y debe basarse en el conocimiento
previo. Para iniciar cualquier investigación seria es tan necesaria la
hipótesis preliminar como la existencia del problema.
Debemos destacar que una hipótesis preliminar, tal como aquí la
concebimos, no necesita ser una solución completa del problema. Lo que
condujo a Holmes a Brixton Road fue la hipótesis de que el hombre fue
asesinado por alguien que dejó indicios acerca de su identidad en o cerca
del cuerpo de la víctima. Esta hipótesis es, evidentemente, incompleta; no
dice quién cometió el crimen o cómo se cometió o por qué. Tal hipótesis
preliminar puede ser muy diferente de la solución final del problema.
Nunca será completa: puede ser una explicación esbozada a título de
ensayo de una sola parte del problema. Pero por parcial y aproximada que
sea, es menester una hipótesis preliminar para proceder a la investigación.
3. La recopilación de hechos adicionales
Cualquier investigación seria comienza con un hecho o grupo de hechos
cuyo carácter enigmático o problemático llama la atención del detective o
del científico y con los cuales se inicia todo el proceso de búsqueda.
Habitualmente, los datos iniciales que constituyen el problema son muy
escasos para sugerir por sí mismos una explicación completamente
satisfactoria, pero ellos pueden sugerir — al investigador competente —
540 Ciencia e hipótesis
algunas hipótesis preliminares que conduzcan a la búsqueda de hechos
adicionales. Se espera que estos hechos adicionales sean pistas importan-
tes para la solución final. El investigador inexperto o torpe ignorará todos,
excepto los más obvios de ellos. En cambio, el que trabaja cuidadosamente
tratará de ser exhaustivo en su examen de los hechos adicionales a los que
lo ha conducido su hipótesis preliminar. Holmes, por supuesto, era el más
escrupuloso y aplicado de los investigadores.
Holmes insistió en bajar del cabriolé a unas cien yardas del lugar de
destino y se aproximó a la casa a pie, para mirar cuidadosamente a su
alrededor y especialmente el camino que conducía a ella. Cuando Holmes
y Watson entraron en la casa, los dos funcionarios de Scotland Yard,
Gregson y Lestrade, les mostraron el cadáver; "No hay ningún indicio",
dijo Gregson, "Absolutamente ninguno", repitió Lestrade. Pero Holmes
ya había comenzado su propia búsqueda de hechos adicionales y estaba
revisando el cadáver:
"...sus dedos ágiles volaban de un lado a otro por todas partes palpando,
presionando, desabotonando, examinando... Tan rápido era el análisis que
nadie habría podido adivinar la minuciosidad con que lo realizaba. Finalmen-
te, olfateó los labios del muerto y luego echó una ojeada a las suelas de sus
botines de charol.'7
Luego, dirigió su atención a la habitación misma:
...sacó de su bolsillo una cinta de medir y una gran lupa redonda. Con estos
dos instrumentos recorría de un lado a otro la habitación, se detenía a veces,
ocasionalmente se arrodillaba y en una ocasión se tiró a lo largo boca abajo.
Tan absorto estaba en su tarea que parecía haber olvidado nuestra presencia,
pues hablaba para sí mismo en voz baja continuamente con un constante fluir
de exclamaciones, gruñidos, silbidos y gritos de estímulo y expectativa.
Mientras yo lo observaba, me vino a la mente de manera irresistible la imagen
de un raposero de pura sangre y bien adiestrado, cuando salta adelante y
atrás, a través del huidero, gimoteando en su ansiedad, hasta que da nueva-
mente con el rastro perdido. Siguió sus investigaciones durante veinte minu-
tos, midiendo con el mayor cuidado la distancia entre marcas que eran
totalmente invisibles para mí y aplicando ocasionalmente su cinta de medir
a las paredes de manera igualmente incomprensible. Recogió muy cuidado-
samente de cierto lugar del suelo un montoncito de polvo gris e hizo una
envoltura con él. Finalmente, examinó con su lupa la palabra que había en la
pared, recorriendo cada una de sus letras con la mayor minuciosidad. Hecho
esto, pareció quedar satisfecho, pues volvió a guardar en su bolsillo la cinta y
la lupa.
"Dicen que el genio es una capacidad infinita de esmero", observó con
una sonrisa. "Es una mala definición, pero se aplica a la tarea del detective".18
'7A. Conan Doyle, A Study in Scarlet.
El detective corno científico 541
Hay un punto que debe enfatizarse. Los pasos 2 y 3 no son totalmente
separables, sino que habitualmente están relacionados íntimamente y son
interdependientes. Es cierto que necesitamos una hipótesis preliminar
para comenzar cualquier examen inteligente de los hechos, pero los hechos
adicionales pueden sugerir nuevas hipótesis que pueden conducir a
nuevos hechos, los cuales pueden sugerir a su vez otras hipótesis que
pueden conducir a nuevos hechos adicionales, y así sucesivamente. Luego
de un cuidadoso examen de los elementos disponibles en la casa cercana
a Brixton Road, Holmes se vio conducido a formular otra hipótesis que
requería tomar el testimonio del policía que encontró el cadáver. El
hombre estaba en ese momento fuera de servicio y Lestrade le dio a
Holmes el nombre y dirección de ese policía.
Holmes anotó la dirección.
"Venga, doctor, iremos a buscarlo", dijo. "Les diré una cosa que puede
ayudarlos tal vez en este caso", continuó volviéndose hacia los dos detectives.
"Ha habido un asesinato aquí y el asesino era un hombre de más de seis pies
de alto, en plena juventud, de pies pequeños para su altura, que usaba botines
ordinarios de puntas cuadradas y fumaba un cigarro de marca Turcópolis.
Llegó aquí con su víctima en un carruaje de cuatro ruedas, tirado por un
caballo que tenía tres herraduras viejas y una nueva en la pata delantera
derecha. Es muy probable que el asesino tenga un rostro encarnado y que las
uñas de su mano derecha sean muy largas. Son sólo unos cuantos indicios,
pero probablemente pueden ser útiles."
Lestrade y Gregson se miraron uno al otro con una sonrisa incrédula.
"Si este hombre fue asesinado, ¿cómo sucedió eso?", preguntó el primero.
"Veneno", dijo lacónicamente Sherlock Holmes, y salió a grandes pasos.'9
4. Formulación de la hipótesis
En alguna etapa de su investigación, toda persona —sea detective, cien-
tífico o mortal ordinario— tendrá la sensación de tener todos los hechos
que requiere para la solución. Tiene su "2 más 2", por así decir, pero aún
queda por realizar la tarea de "articular los hechos". Al llegar ese momen-
to, Sherlock Holmes se sentaba toda la noche, consumía una pipa tras otra
y trataba de imaginar cómo habían sucedido las cosas. El resultado o
producto final de tal reflexión, si tiene éxito, es una hipótesis que explica
todos los datos, tanto los del conjunto original de hechos que constituían
el problema, como los hechos adicionales a los que apuntaron las hipótesis
preliminares. El descubrimiento real de semejante hipótesis explicativa es
un proceso de creación en el cual hay igual dosis de imaginación y de
conocimiento. Holmes, que era un genio para formular hipótesis, describía
el proceso como un razonamiento "hacia atrás". Para decirlo con sus
palabras:
'9Ibíd.
542 Ciencia e hipótesis
"Si usted describe una serie de acontecimientos, la mayoría de las
personas le dirán cuál puede ser el resultado. Pueden articular esos aconte-
cimientos en sus mentes y razonar a partir de ellos para concluir que habrá
de ocurrir tal o cual cosa. Pero hay pocas personas que sean capaces, si uno
les dice un resultado, de elaborar por sí mismas un razonamiento hacia atrás
para llegar a ese resultado"."
Tal es la descripción que hace Holmes del proceso de elaboración de
una hipótesis explicativa. Ya sea que la explicación sea correcta o no, una
vez propuesta una hipótesis, su evaluación debe hacerse según las líneas
esbozadas en la sección 13.3. Admitida su atinencia respecto a los hechos,
su posibilidad de ser sometida a prueba y su compatibilidad con otras
creencias bien confirmadas, el criterio final para estimar el valor de una
hipótesis es su poder predictivo. Según lo ha expresado un autor más
reciente,
La formación de hipótesis es la más misteriosa de todas las categorías del
método científico. ¿De dónde provienen?, nadie lo sabe. Una persona puede
estar sentada en algún sitio, ocupándose de sus asuntos, y de repente, ¡un
destello!, y comprende algo que no había entendido. La hipótesis no es
verdadera hasta que no es sometida a una prueba. Las pruebas no son además
su origen. Su origen está en alguna otra parte.21
5. La deducción de consecuencias adicionales
Una hipótesis verdaderamente fructífera no solamente explicará los he-
chos que originalmente la inspiraron, sino muchos más. Una buena
hipótesis apuntará, más allá de los hechos iniciales, hacia otros hechos
cuya existencia no se habría sospechado sin ella. Como es de suponer, la
verificación de esas consecuencias adicionales tenderá a confirmar la
hipótesis que condujo a ellas. La hipótesis de Holmes de que el hombre
asesinado había sido envenenado pronto fue sometida a tal prueba. Pocos
días más tarde fue encontrado muerto el secretario y compañero de viaje
de ese hombre. Holmes preguntó a Lestrade, quién había descubierto el
segundo cuerpo, si había hallado algo en la habitación que pudiera
suministrar una pista del asesino. "Nada", respondió Lestrade, y mencio-
nó unas cuantas cosas totalmente comunes. Holmes no estaba satisfecho e
insistió, "¿No había nada más?" "Nada de importancia", contestó Lestrade
e indicó unos cuantos objetos más, el último de los cuales era una "pequeña
cajita de ungüento, que contenía un par de píldoras".
Al oír esta información, Sherlock Holmes salió de su silla con una
exclamación de alegría.
"Ibíd.
"Pirsig, Zen and the A rt of Motorcycle Maintenance.
El detective como científico 543
"El último eslabón," profirió exultante. "Mi caso está completo."
Los dos detectives lo contemplaban con asombro.
"Tengo en mis manos todos los hilos que han contribuido a formar esta
maraña," dijo mi compañero con tono seguro. "Les daré una prueba de mi
conocimiento. ¿Tiene usted a la mano esas píldoras?"
"Las tengo", respondió Lestrade y sacó una cajita blanca.22
Partiendo de su hipótesis sobre el primer crimen, Holmes pudo
predecir que las píldoras encontradas en la escena del segundo crimen
contenían veneno. La deducción desempeña un papel esencial en el
proceso de toda investigación científica o inductiva. El valor primordial
de toda hipótesis reside en su poder predictivo o explicativo, lo cual
significa que de una hipótesis apropiada deben poder deducirse hechos
adicionales. De su teoría según la cual el primer hombre había sido
envenenado y la segunda víctima había hallado la muerte en manos del
mismo asesino, Holmes infirió que las píldoras encontradas por Lestrade
debían contener veneno. Su teoría, por muy seguro que se sintiera de ella, era
solamente una teoría y necesitaba una confirmación posterior. Obtuvo esa
confirmación al someter a prueba las consecuencias deducidas a partir de la
hipótesis y hallar que eran verdaderas. Luego de usar la deducción para
hacer una predicción, el paso siguiente fue someterla a prueba.
6. La verificación de las consecuencias
Para poner a prueba las consecuencias de una hipótesis, esto es, las
predicciones hechas sobre la base de esta hipótesis, se pueden requerir
diversos medios. Algunas solamente requieren observación. En algunos
casos, Holmes no necesitaba más que vigilar y esperar, como en el caso de
La aventura de los petirrojos, en la que solamente tuvo que aguardar a que
los asaltantes del banco irrumpieran en la cripta, o como en La aventura de
la Banda Moteada, en la que esperó a que el doctor Roylott deslizara una
serpiente venenosa a través de un falso respiradero. En cambio, en el caso
que nos ocupa era necesario realizar un experimento.
Holmes pidió a Watson que fuera a buscar al viejo y achacoso perro del
ama de llaves, la cual le había pedido el día anterior que liberara al pobre
perro de sus miserias. Holmes dividió en dos una de las píldoras, la
disolvió en un vaso de agua, agregó un poco de leche, y
...volcó el contenido del vaso en un plato y lo puso frente al perro, que lo
bebió rápidamente hasta dejarlo seco. La actitud seria de Sherlock Holmes se
nos impuso tanto que nos sentamos todos en silencio, vigilando atentamente
al animal y a la espera de algún efecto sorprendente. Pero no hubo nada
parecido. El perro continuaba estirado sobre el almohadón, mientras respira-
22 A. Conan Doyle, A Study in Scarlet.
544 Ciencia e hipótesis
ba trabajosamente, pero en apariencia no estaba mejor ni peor a causa de la
bebida.
Holmes había sacado el reloj y a medida que pasaban los minutos sin que
se produjera nada, iba apareciendo en su rostro una expresión del mayor
disgusto y desengaño. Mordisqueaba sus labios, golpeaba la mesa con sus
dedos y mostraba todos los síntomas de la impaciencia más aguda. Tan
grande era su emoción que sentí una pena sincera por él, mientras que los dos
detectives sonreían burlonamente, nada disgustados por el contratiempo que
Holmes experimentaba.
"No puede ser una coincidencia", exclamó finalmente mientras saltaba
de su silla y caminaba agitadamente de un lado a otro de la habitación: "Es
imposible que sea una mera coincidencia. Las mismas píldoras que me
resultaron sospechosas en el caso de Drebber son encontradas luego de la
muerte de Stangerson. Y sin embargo, son inocuas. ¿Qué puede significar
esto? No puede ser falsa toda mi cadena de razonamientos. ¡Es imposible! Y,
no obstante esto, mi perro no manifiesta ningún signo de empeoramiento. ¡Lo
tengo!" Con un grito de alborozo se precipitó a la caja, cortó la otra píldora
en dos, la disolvió, le agregó leche y se la presentó al perro. Apenas parecía
haber humedecido su lengua en la bebida cuando el desdichado animal
experimentó un estremecimiento convulsivo en las patas y cayó tan rígido y
sin vida como si hubiera sido alcanzado por un rayo.
Holmes aspiró profundamente y se secó la transpiración que corría por su
frente."
Con el resultado favorable de este experimento, la hipótesis de Holmes
recibió una confirmación espectacular y convincente.
7. La aplicación
En última instancia, la tarea del detective es de carácter práctico. Si hay un
crimen qué resolver, no solamente tiene que explicar los hechos sino también
tiene que atrapar y arrestar al criminal. Esto último supone hacer una
aplicación de su teoría, o sea usarla para predecir dónde se encontrará el
criminal y de qué forma puede ser capturado. Debe deducir otras consecuen-
cias de la hipótesis, ya no para obtener una confirmación adicional, sino con
una finalidad práctica. Holmes pudo inferir de su hipótesis general que el
asesino se hacía pasar por cochero. Ya hemos visto que Sherlock Holmes
había logrado una descripción bastante clara de la apariencia del individuo
y había enviado a todo su ejército de "irregulares de Baker Street", rapaces
callejeros de la vecindad, a buscar y traer el coche conducido por ese hombre.
El éxito de la "aplicación" de su hipótesis puede describirse nuevamente con
palabras de Watson. Pocos minutos luego de la muerte del perro,
...golpearon a la puerta y el vocero de los callejeros, el joven Wiggins,
introdujo su insignificante e insípida figura.
"Ibíd.
Los científicos en acción: el patrón de la investigación científica 545
"Permiso, señor," dijo tocándose la melena. "Tengo el coche abajo."
"Salud, muchacho," dijo Holmes suavemente. "¿Por qué no introducen
este modelo en Scotland Yard?", continuó diciendo mientras sacaba un par
de esposas de acero de un cajón. "Vean qué bien funcionan los resortes, se
fijan en un instante."
"El viejo modelo es bastante bueno," observó Lestrade, "con tal de que
encontremos el hombre al que se las debemos poner."
"Muy bien, muy bien," dijo Holmes sonriendo. "El cochero puede ayudar-
me con los baúles. Pídele que suba, Wiggins."
Me sorprendió oír que mi compañero hablaba como si estuviera a punto
de emprender un viaje, puesto que no había dicho nada acerca del mismo.
Había una maleta en la habitación, y él la tomó y comenzó a amarrar su
correas. Se hallaba empeñado en esta tarea, cuando el cochero entró en la
habitación.
"Ayúdame con esta hebilla, cochero," dijo mientras se arrodillaba sin
volver la cabeza.
El individuo se adelantó con un aire hosco y desafiante, y puso sus manos
sobre la maleta. En ese instante se oyó un golpe seco, con ,una resonancia
metálica, y Holmes se puso de pie nuevamente.
"Caballeros," exclamó con los ojos chispeantes, "permítanme que les
presente al señor Jefferson Hope, asesino de Enoch Drebber y de Joseph
Stangerson."24
Aquí tenemos una descripción del detective como científico, razonando a
partir de hechos observables para pasar a hipótesis verificables que no sola-
mente explican los hechos sino que también permiten una aplicación prác-
tica.
13.5 Los científicos en acción: el patrón
de la investigación científica
Según se usa el término "científico" hoy día, se refiere a cualquier razona-
miento que intenta pasar de los hechos observables de la experiencia a las
explicaciones razonables (esto es, verificables y atinentes) de esos hechos.
El método científico no está restringido a los científicos profesionales:
puede decirse que cualquiera procede científicamente si sigue el modelo
general de razonamiento que va de las evidencias a conclusiones que
pueden ser verificadas experimentalmente. El detective capaz es un cien-
tífico en este sentido, como lo somos también la mayoría de nosotros, por
lo menos en nuestros momentos de mayor racionalidad. El modelo omni-
presente de la investigación científica se puede expresar en términos de los
pasos ilustrados en la sección precedente.
24lbíd.
546 Ciencia e hipótesis
Esos siete pasos se explicarán posteriormente analizando un importan-
te ejemplo de la investigación científica. 25 Durante el siglo XVIII, la teoría
del calórico se volvió ampliamente aceptada. El calor se consideraba como
un fluido sutil, que se podía añadir o extraer de un cuerpo determinado
ocasionando que se modificara su temperatura. El hipotético fluido se
suponía indestructible; sus partículas se suponían autorrepelentes, pero
atraídas por la materia ordinaria, y se alegaba que estaban presentes en
todas partes. La teoría calórica tenía un gran poder explicativo. La expan-
sión de los cuerpos cuando se calentaban se explicaba como el resultado
natural de la "hinchazón" causada por la acción de las fuerzas del fluido
del calor sobre sus poros. La producción de calor al golpear un cuerpo se
explicaba apelando a la liberación o el "aflojamiento" de parte de las partí-
culas calóricas que habían estado condensadas en el cuerpo, de tal suerte
que los golpes aumentaban la cantidad de calórico libre que había en él.
Hasta la conversión del combustible en energía mecánica en la primitiva
máquina de vapor podía recibir una explicación con la teoría calórica: una
determinada cantidad de "precipitación" calórica desde una tempera-
tura superior a otra inferior es como una cantidad de agua que cae de un
nivel superior a otro inferior, las dos son capaces de producir energía
mecánica. A fines del siglo XVIII, la teoría del calórico, que consideraba
el calor como una sustancia material, era universalmente aceptada.
Fue con el trasfondo de esta teoría entonces aceptada que el conde
Rumford (1753-1814) halló el problema que orientó buena parte de su
investigación posterior. Rumford describe el comienzo con estas palabras:
Posteriormente, cuando estaba encargado de supervisar la perforación de
cañones en los talleres del arsenal militar de Munich, me llamó la atención el
elevado grado de calor que adquiere el cañón de cobre en muy poco tiempo,
al ser perforado, y el calor aún más intenso (mucho mayor que el del agua en
ebullición, según descubrí en un experimento) de las virutas metálicas sepa-
radas del mismo por el perforador.
Cuanto más reflexionaba sobre estos fenómenos, más curiosos e interesan-
tes me parecían.26
Tal es el primer paso de cualquier investigación: la aparición del problema.
Debemos notar que en este caso el problema planteado surgió de un con-
flicto evidente entre los datos de la experiencia y las teorías científicas
aceptadas. Las teorías relevantes eran dos: primero, la teoría calórica, la
cual afirmaba que el calor es una sustancia material, y la segunda, el
principio de la conservación de la materia, según el cual la sustancia
"La siguiente explicación se adaptó libremente de F. K. Richtmyer, Introduction to
Modern Physics, copyright 1928, 1934, McGraw-Hill Book Company, Nueva York.
"Tomado de William Francis Magie, A Source Book in Physics, copyright 1935, McGraw-
Hill Book Company, Nueva York.
Los científicos en acción: el patrón de la investigación científica 547
material no se puede crear ni destruir. Por otro lado, el hecho observado
era que se producían cantidades considerables de calor sin decremento
alguno en las cantidades de otras sustancias materiales, por lo menos de
manera evidente. La producción de tanto calor como el observado por
Rumford era inexplicable sobre la base de la ciencia de su tiempo. La
situación era desconcertante y exigía una solución. Debe tenerse bien claro
que el problema no hubiera sido percibido por alguien que desconociera
las teorías aceptadas en ese momento. Tampoco lo habría percibido
a!guien poco observador que no se percatara de los hechos que tenían
lugar frente a él. Por último, una persona cuya mente no pudiera ser
perturbada por distancias e incongruencias entre la teoría y la práctica,
tampoco habría sentido la presencia del problema. Puede decirse entonces
que las cualidades indispensables para que una persona inicie una fructí-
fera investigación científica son tres: estar familiarizada con las teorías
prevalecientes, observar nuevos hechos y estar insatisfecho con la presen-
cia de un conflicto o de una distancia entre la teoría y los hechos.
A juzgar por los diversos experimentos que realizó posteriormente,
parece razonable suponer que la hipótesis preliminar del conde Rumford
era algo parecido a esto: puesto que puede producirse una gran cantidad
de calor sin una notable disminución de otros materiales presentes, quizá
sea posible obtener una ilimitada cantidad de calor sin agotar la fuente de
materia de que se dispone. Esta conjetura seguramente fue sugerida por
los datos originales que plantearon el problema. El conocimiento previo de
Rumford de que la perforación con herramientas despuntadas genera más
calor que el obtenido empleando instrumentos más finos lo ayudó a idear
un experimento para probar su hipótesis o para recopilar los datos que ésta
le sugiriera.
Sobre la base de tal conocimiento, y guiado por la hipótesis preliminar
mencionada, Rumford logró recopilar algunos datos adicionales de gran
importancia mediante el siguiente experimento. Hizo rotar a gran presión
una perforadora de acero con la punta gastada contra un trozo de cobre,
a la vez que sumergía ambos en agua. El aparato era accionado por dos
caballos. En dos horas y media el agua empezó verdaderamente a hervir
y siguió hirviendo mientras los caballos mantuvieron la máquina en
movimiento. Rumford llegó a obtener así el dato adicional de que no hay
límite para la cantidad de calor que es posible producir sin que disminuya
la cantidad de sustancia material en la proximidad. Evidentemente, este
hecho era incompatible con la teoría calórica, según la cual solamente
puede haber en un cuerpo una cantidad finita o limitada del fluido del
calor.
Luego de recopilar estos datos adicionales, el conde Rumford se en-
tregó a la tarea de formular una hipótesis que explicara todos los hechos
registrados. Abandonó la popular teoría calórica, cosa que hizo no sin
cierto disgusto. Pero los hechos eran rotundos y no podían pasarse por
alto. Rumford escribió:
548 Ciencia e hipótesis
...Lo que cualquier cuerpo aislado, o sistema de cuerpos puede seguir
proporcionando ilimitadamente no puede ser una sustancia material; y me
parece muy difícil, si no es que imposible del todo, formarse una idea de algo
capaz de ser excitado o comunicado de la manera en que el calor fue excitado
y comunicado en estos experimentos, como no sea el movimiento?'
La hipótesis de Rumford de que el calor es una forma de movimiento
ha sido llamada la teoría "cinética" o "mecánica" del calor. Con base en
los hechos disponibles, Rumford rechazó la teoría "materialista" o "caló-
rica".
Sin embargo, en la ciencia como en cualquier otro ámbito, el progreso
debe luchar contra la inercia. La teoría calórica había sido aceptada por
mucho tiempo y la hipótesis de Rumford era tan revolucionaria que su
aceptación fue lenta. (En realidad, ya había sido anticipada por Newton en
la cuestión 18 de su Óptica, casi cien años antes, pero la autoridad de
Newton no llegó a imponerse en ese campo.) Para que la teoría cinética
recibiera aceptación general, fue necesario obtener otras confirmaciones.
Fueron otros científicos los que las proporcionaron.
Nos enfrentamos en este punto con un aspecto muy importante del
pensamiento científico. La ciencia es social, es una actividad grupal y no
una empresa individual, aislada. Una estructura científica puede ser
construida o creada por muchos investigadores y las ramas de la ciencia
que han alcanzado un gran desarrollo han sido todas ellas empresas
colectivas. La naturaleza cooperativa de la investigación científica explica
la "objetividad" de la ciencia. Los datos de los que se ocupa el científico son
de carácter público, son datos de los que puede disponer todo investigador
calificado que haga las observaciones apropiadas. En sus informes acerca
de sus experimentos, los científicos incluyen una gran cantidad de deta-
lles, no por su propio gusto o interés, sino para permitir que otros
investigadores puedan repetir tales experiencias y vean por sí mismos si
realmente se produce el resultado que se informa. En muchos casos, las
personas se equivocan en lo que creen ver. En un tribunal de justicia,
distintos testigos juran haber presenciado hechos que no concuerdan entre
sí, aun sin ninguna intención de perjurio por parte de ninguno de ellos.
Frecuentemente, los hombres ven lo que esperaban ver, o lo que quieren
ver, y no lo que realmente ocurre. Aunque los hechos de la experiencia son
la corte de apelación última de los científicos, esos hechos deben ser
públicos y tales que cualquiera pueda experimentarlos en condiciones
apropiadas. Cuando diferentes científicos repiten una y otra vez experi-
mentos complicados, esto no significa que sospechen o desconfíen de los
resultados obtenidos por los demás, sino que expresa el acuerdo universal
de que para ser considerados como decisivos, los hechos deben ser
27 Richtmyer, Introduction to Modern Physics.
Los científicos en acción: el patrón de la investigación científica 549
públicos y repetibles. La repetición y el control cuidadoso realizado por
observadores calificados reduce la intrusión de factores subjetivos y
contribuye a mantener la objetividad de la ciencia.
Sir Humphry Davy (1778-1829) fue el siguiente científico importante
que se interesó por la teoría cinética del calor. Davy dedujo de ambas
teorías consecuencias que podían ser sometidas a prueba y que eran
estrictamente incompatibles entre sí. Argumentó que si la teoría calórica
fuera verdadera, entonces dos pedazos de nielo que estuvieran inicialmen-
te por debajo del punto de fusión y fueran mantenidos en el vacío no se
fundirían por grande que fuera la cantidad de fricción que pudiera
producirse entre ellos. 28 Por otro lado, con la teoría cinética del calor como
premisa, dedujo la conclusión de que dos pedazos de hielo que fueran
frotados entre sí se fundirían, fueran cuales fueren sus temperaturas
iniciales e independientemente de que la operación se realizara o no en el
vacío. Estas deducciones señalaron el camino para posteriores experimentos.
El experimento decisivo derivado de estas deducciones fue entonces
realizado por Davy, quien informó con gran detalle sus procedimientos,
especificando que había usado "dos paralelepípedos de hielo, a una
temperatura de 29' Farenheit, de seis pulgadas de largo, dos de alto y dos
tercios de pulgada de espesor." 29 Se verificó experimentalmente que, en las
condiciones descritas, el hielo se fundía. Este resultado convenció a Davy
de la corrección de la teoría cinética del calor, así como de lo insostenible
de la teoría calórica. En palabras del propio Davy:
Se ha demostrado experimentalmente que el calórico, o sea la materia del
calor, no existe, puesto que los cuerpos se expanden por la fricción; resulta
evidente que sus corpúsculos deben moverse o separarse unos de otros.
Ahora bien, la fricción o vibración de los corpúsculos de los cuerpos debe ser
generada necesariamente por un movimiento o una vibración. Por ende, es
razonable llegar a la conclusión de que este movimiento o vibración es el calor
o el poder de repulsión.
El calor, o sea ese poder que evita el contacto real de los corpúsculos de los
cuerpos y que ocasiona nuestras peculiares sensaciones de calor y de frío,
puede por tanto definirse como un movimiento peculiar, probablemente una
vibración de los corpúsculos de los cuerpos, que tiende a separarlos?'
La prueba experimental de las predicciones de Davy dio como resulta-
do la confirmación de la hipótesis de Rumford. Más concluyentes todavía
que los experimentos de Davy, fueron quizá los del físico británico James
28Su deducción real implica consideraciones que tienen que ver con la "capacidad
calórica" y el fenómeno de la oxidación y son muy complejas para reproducirlas con todo
detalle. Pueden encontrarse en Magie, A Source Book in Physics, pp. 161-165.
291bíd.
39bid. Véase también E. N. Da C. Andrade, Nature, Vol. 135, 1935, p. 359, o R. L. Wa-
ber, comp., A Random W alk in Science, Crane, Russak & Co., Nueva York, 1974, pp. 40-41.
550 Ciencia e hipótesis
Prescott Joule (1818-1889), quien dio un carácter cuantitativo a la teoría
cinética al establecer experimentalmente el equivalente mecánico del
calor.
La teoría cinética del calor, sobre todo en su forma cuantitativa, ha
tenido muchas aplicaciones. Algunas de estas son teóricas: especialmente
en conexión con la teoría cinética de los gases, sirve para unificar la
mecánica con la teoría de los fenómenos térmicos. Como resultado de esta
unificación ha surgido la ciencia casi independiente de la termodinámica.
En cuanto a las aplicaciones prácticas de la teoría cinética del calor, la más
conocida está en el campo de la refrigeración artificial, que es sólo uno de
los resultados tecnológicos hechos posibles por esa teoría.
EJERCICIOS
Tome alguna novela de detectives y analice su estructura sobre la
base de los siete pasos expuestos en las secciones anteriores.
Busque un relato de algún tipo de investigación científica específica
en un libro de divulgación científica y analice su estructura basándose en
los siete pasos expuestos en las secciones anteriores.
13.6 Experimentos cruciales e hipótesis ad hoc
Al ver la explicación anterior, algunos lectores podrían formarse la idea de
que el progreso científico es ridículamente fácil de lograr. Podría parecer
que, dado cualquier problema, todo lo que se debe hacer es establecer
todas las hipótesis relevantes para los hechos, para luego realizar una
serie de experimentos decisivos a fin de eliminar todas ellas excepto una.
La hipótesis sobreviviente sería, pues, "la respuesta", luego de lo cual
podríamos pasar al problema siguiente. Sin embargo, no podría haber
una opinión más equivocada.
Ya hemos señalado que la elaboración o descubrimiento de hipótesis
pertinentes no era un proceso mecánico sino creativo: es menester cierta
genialidad para descubrir algunas hipótesis. Hemos notado, también, que
no siempre es posible realizar experimentos decisivos, ya sea porque de las
diversas hipótesis no se pueden deducir consecuencias observables dife-
rentes, o porque no está en nuestro poder producir las circunstancias
experimentales en que podrían manifestarse consecuencias diferentes.
Queremos señalar ahora una dificultad teórica siempre presente en la deci-
sión entre hipótesis rivales por medio de experimentos decisivos. Será
conveniente ilustrar nuestro análisis mediante algún ejemplo muy sencillo.
Uno que todos nosotros conocemos es el referente a la forma de la Tierra.
En la Grecia antigua, los filósofos Anaxímenes y Empédocles sostenían
que la Tierra es plana, y esta concepción, afín al sentido común, aún tenía
Experimentos cruciales e hipótesis ad hoc 551
seguidores en la Edad Media y en el Renacimiento. Cristóbal Colón, en
cambio, afirmaba que la Tierra es redonda, o mejor dicho, esférica. Uno de
los argumentos de Colón era que, conforme un barco se aleja de la costa,
las partes superiores del mismo son visibles para un observador situado en
tierra mucho después de haber desaparecido de la vista sus partes inferio-
res. Nicolás Copérnico incluyó una versión ligeramente distinta del mismo
argumento en su tratado, que hizo época, Sobre las revoluciones de las
esferas celestes. En la sección II del libro I de esta obra, titulada "De que la
Tierra también es esférica", presenta una serie de argumentos dirigidos a
establecer la verdad de este punto de vista. De los muchos que allí se
encuentran, citaremos el siguiente:
Que los mares adoptan una forma esférica lo han percibido los navegantes.
Pues cuando no se ve aún tierra desde cubierta, se la ve desde lo alto del mástil.
Y si se ata una antorcha al mástil cuando el barco se aleja de la tierra, parece
a los que observan desde la ribera, que aquella desciende poco a poco, hasta
desaparecer totalmente, como la puesta de un cuerpo celeste.31
En lo que concierne a las dos hipótesis en competencia acerca de la
forma de la Tierra, podemos considerar lo que antecede como la descrip-
ción de un experimento crucial o decisivo. Su esquema general es claro. De
la hipótesis de que la Tierra es plana, H , se infiere que si un barco se alejara
gradualmente, entonces ni su mástil ni su cubierta serían visibles después
de que el barco hubiera desaparecido. Por otro lado, la hipótesis de que la
Tierra es esférica, He , conduce a inferir que si un barco se aleja gradualmen-
te, su mástil será visible luego de haber desaparecido de la vista la cubierta.
Esta explicación puede representarse por medio del diagrama de la figu-
ra 21:
a b
FIGURA 21
En la figura, a representa la situación producida si Hp fuese verdadera.
Resulta obvio que si la Tierra fuese plana, no habría razón alguna por la
cual una parte del barco debería desaparecer de la vista antes que otra. La
figura b representa la situación correspondiente a He . A medida que el
barco se aleja, surge entre el observador y el barco la curvatura de la Tierra,
ocultando a su vista la cubierta mientras aún es visible el mástil. En ambos
"Tomado de Nicolás Copémico, Sobre las revoluciones de las esferas celestes, tal y como
se incluye en John Warren Knedler, Jr., comp., Masterzvorks of Science, Digests of 13 Great
Classics, Doubleday & Company, Carden City, Nueva York, 1947.
552 Ciencia e hipótesis
casos, hemos representado con líneas punteadas los rayos de luz que van
desde el barco hasta el observador. Ahora bien, se realiza el experimento,
se vigila atentamente un barco que se aleja y se comprueba que el mástil
permanece visible luego de que la cubierta ha desaparecido. Debe admi-
tirse que nuestro experimento puede no haber demostrado la verdad de
He , pero indudablemente ha establecido la falsedad de H . Tenemos pues
aquí uno de los más claros ejemplos de un experimento decisivo.
Sin embargo, el experimento que se ha descrito no es decisivo. Es to-
talmente posible aceptar los hechos observados y, no obstante esto, soste-
ner que la Tierra es plana. El experimento tiene un gran valor como
elemento de juicio, pero no es decisivo. No lo es porque las diversas
predicciones puestas a prueba no se infirieron solamente a partir de las
hipótesis enunciadas Hp y He , sino de ellas más la hipótesis adicional de
que "la luz se propaga en línea recta". Los diagramas muestran claramente
que esta suposición adicional es esencial para el razonamiento en cuestión.
El hecho de que la cubierta desaparezca antes que el mástil no es deducible
exclusivamente de He , sino que se requiere de la premisa adicional de que
los rayos de luz siguen un camino rectilíneo (Hr). De igual modo, que la
cubierta no desaparezca antes que el mástil no es deducible solamente de
H.P. sino que se requiere la misma premisa adicional: que los rayos de luz
siguen un camino recto (Hr). Este razonamiento puede expresarse así:
La Tierra es plana (Hp).
Los rayos de luz siguen un camino recto (H,.)
Por lo tanto, la cubierta de un barco que se aleja no desaparece de
la vista antes que el mástil.
El anterior es un razonamiento totalmente correcto respecto al cual se
observa que su conclusión es falsa. Sus premisas no pueden ser ambas
verdaderas, al menos una de ellas debe ser falsa. ¿Pero cuál de ellas?
Podemos mantener la verdad de la primera premisa Hp si estamos
dispuestos a rechazar la segunda premisa Hr. A final de cuentas, la
segunda premisa no es una verdad lógica, sino un enunciado contingente
que puede concebirse fácilmente como falso. Si adoptamos la hipótesis
contraria de que los rayos de luz siguen un camino curvo, cóncavo hacia
arriba (He), ¿qué obtenemos como conclusión? En este caso, podemos
inferir la negación de la conclusión del razonamiento anterior. De Hp y Hr
se infiere que la cubierta de un barco que se aleja desaparecerá antes que
su mástil. La figura 22 ilustra ese razonamiento:
.................... .
a
FIGURA 22
Experimentos cruciales e hipótesis ad hoc 553
En la figura 22, a representa la situación en la que el barco está cerca de
la costa, mientras que b muestra que a medida que el barco se aleja, la Tierra
(aunque plana) impide ver la cubierta mientras el mástil todavía es visible.
En esta figura, los rayos de luz están representados también por medio de
líneas punteadas, pero curvas, ya no rectas. Se lleva a cabo el mismo
experimento, la cubierta desaparece antes que el mástil y el hecho obser-
vado es totalmente compatible con este grupo de hipótesis que incluyen
H la afirmación de que la Tierra es plana. Por ende, el experimento no es
P,
crucial o decisivo respecto a Hp , porque puede sostenerse la verdad de esa
hipótesis independientemente del resultado del experimento."
El meollo de la cuestión radica en que, en los casos de hipótesis de un
nivel muy alto de abstracción o generalidad, no es posible deducir de una
sola de ellas ninguna predicción observable que pueda someterse a prueba
en forma directa. Resulta necesario usar como premisas todo un grupo de
hipótesis, y si los hechos observados no son los predichos, por lo menos
una de las hipótesis del grupo tiene que ser falsa. Pero esto no basta para
determinar cuál de las hipótesis del grupo es falsa. Un experimento puede
resultar decisivo para mostrar que un determinado grupo de hipótesis es
insostenible. Pero un grupo tal habitualmente contiene un número de
hipótesis independientes de modo que la verdad de cualquiera de ellas
puede sostenerse a pesar de cualquier resultado experimental, por desfavo-
rable que sea, simplemente rechazando alguna otra hipótesis del grupo. La
conclusión que se extrae a menudo de estas consideraciones es que ninguna
hipótesis individual puede ser sometida a un experimento decisivo.
Tal vez este análisis encontrará unas objeciones encarnizadas. Puede
argumentarse que el experimento en cuestión "en realidad" refuta la
hipótesis de que la Tierra es plana; y podría hacerse la acusación de que el
argumento contrario comete una falacia que es introducir una hipótesis
ad hoc para oscurecer y eludir los hechos simples del caso. Alguien podría
tener la sensación de que solamente la invención a diestra y siniestra de
hipótesis ad hoc puede evitar que algunos experimentos sean decisivos y
refuten totalmente ciertas hipótesis aisladas. Esta objeción merece cuida-
dosa atención.
El núcleo de la objeción parece residir en la expresión "ad hoc", la cual
tiene en este contexto una gran carga peyorativa. Su significado emocional
está fuera de duda, pero su significado literal es un tanto ambiguo. Hay tres
sentidos diferentes con los que se suele utilizar la expresión "ad hoc". El
primero de ellos, el etimológico, indica que una hipótesis ad hoc es aquella
que se construye especialmente para explicar algún hecho, luego de haber
sido establecido el mismo. Sin embargo, en este sentido, todas las hipótesis
son ad hoc, puesto que carece de sentido hablar de una hipótesis que no se
haya ideado para explicar algún hecho establecido previamente. Por tanto,
32 Esta ilustración la sugirió por primera vez el desaparecido profesor C. L. Stevenson en
1946.
554 Ciencia e hipótesis
el primer sentido no se adapta muy bien al significado emotivo despectivo
de tal expresión. Debemos considerar entonces sus otros significados.
Frecuentemente se usa la expresión "ad hoc" para caracterizar una
hipótesis que explica solamente el hecho o los hechos particulares para los
cuales fue concebida y que no tiene ningún otro poder explicativo, es decir,
ninguna otra consecuencia que pueda probarse. En este segundo sentido,
ninguna hipótesis científica es ad hoc, aunque toda hipótesis lo es en el
primero de los sentidos que hemos examinado. Una hipótesis ad hoc en
este segundo sentido es no científica; puesto que no puede someterse a
prueba, no tiene cabida en la estructura de la ciencia. El segundo sentido de
"ad hoc" se adecua perfectamente al significado emocional despectivo del
término. Pero debe tenerse bien en cuenta que la hipótesis auxiliar relativa a
la propagación por caminos curvos de los rayos de luz, que bastaba para
salvar la hipótesis de que la Tierra es plana de ser refutada definitivamente
con el exprimento descrito, es ad hoc sólo en el primer sentido pero no en el
segundo. Pues de hecho, tiene un número considerable de consecuencias
susceptibles de ser sometidas a una prueba empírica.
Hay un tercer sentido de "ad hoc", según el cual dicha expresión
designa una mera generalización descriptiva. Una hipótesis descriptiva de
este género afirma solamente que todos los hechos de cierta clase se
producen bajo cierto tipo de circunstancias, y no tiene, por ende, ningún
poder explicativo ni alcance teórico. Por ejemplo, Eijkman encontró que
limitar la dieta del pequeño grupo de pollos con el que trabajaba a arroz
refinado provocaba polineuritis (según se describe en el ejercicio 1 de la
página 486, del capítulo anterior acerca de los métodos de Mill). La
hipótesis de Eijkman para explicar este hecho era ad hoc en el tercer
sentido, pues se limitó a hacer la generalización de que una dieta limitada
al arroz refinado provocará polineuritis en cualquier grupo de pollos. Su
hipótesis va más allá de los hechos particulares observados y se puede
poner a prueba controlando las dietas de otros grupos de pollos. Y es
descriptiva más que explicativa; es puramente empírica y no teórica.
Mucho ha avanzado la ciencia de la nutrición desde las aportaciones de
Eijkman. Para una explicación más adecuada de los hechos observados
por primera vez por Eijkman era necesaria la identificación de las vitami-
nas y su análisis. La ciencia trata de explicar, no solamente de describir; y
las hipótesis que consisten en meras generalizaciones de los hechos
observados se dice que son hipótesis ad hoc.
El ejemplo clásico de una hipótesis ad hoc en este tercer sentido es el
efecto de contracción de Fitzgerald que fue introducido para explicar los
resultados del experimento de Michelson-Morley sobre la velocidad de la
luz. Por medio de la afirmación de que los cuerpos se contraen cuando se
desplazan a velocidad muy alta, Fitzgerald explicaba los datos obtenidos;
su explicación podía someterse a prueba repitiendo el experimento. Pero
la opinión generalizada era que se trataba de una hipótesis ad hoc más que
Experimentos cruciales e hipótesis ad hoc 555
explicativa, y hasta la aparición de la teoría especial de la relatividad de
Einstein, los resultados anómalos del experimento de Michelson-Morley
no recibieron una explicación adecuada, es decir, una explicación teórica.
Debemos observar que la hipótesis auxiliar acerca de la trayectoria curva
de los rayos de luz no es ad hoc en este tercer sentido, puesto que no es una
mera generalización de hechos observados. (En realidad, es un elemento
esencial de la teoría general de la relatividad.)
En general, parece ser que no es menester invocar el carácter ad hoc de
las hipótesis —en el segundo o en el tercer sentido de la expresión; que son
los sentidos reprobatorios—para negarle la calidad de crucial o decisivo
a un experimento. Aun si limitamos nuestra atención a las hipótesis
teóricamente significativas, y nunca recurrimos a hipótesis ad hoc, no
existen experimentos cruciales para hipótesis individuales, dado que las
hipótesis solamente pueden ser sometidas a prueba en forma grupa1.33 Esta
limitación sirve para demostrar nuevamente el carácter sistemático de la
ciencia. El progreso científico consiste en construir teorías cada vez más
apropiadas para explicar los hechos de la experiencia. Sin duda alguna, es
importante reunir o comprobar hechos particulares aislados, pues la base
final de la ciencia es fáctica; pero la estructura teórica de la ciencia crece de
una forma más organizada. En el ámbito teórico puede lograrse un avance
por partes, de un paso cada vez, pero solamente dentro del marco de un
cuerpo teórico científico generalmente aceptado. La idea de que las
hipótesis, las teorías y las leyes científicas son totalmente separadas e
independientes es un punto de vista que hoy en día resulta ingenuo y
anticuado.
Pero la expresión "experimento crucial" no carece con todo de utilidad.
Dentro del marco de una teoría científica aceptada cuya validez no
estamos interesados en cuestionar, es posible someter una hipótesis a un
experimento crucial. Si se obtiene un resultado negativo (esto es, si no se
produce el fenómeno que se había predicho sobre la base de la hipótesis
particular dudosa junto con algunas partes de la teoría científica acepta-
da), entonces el experimento es crucial y determina el rechazo de la
hipótesis en cuestión. Pero en tal procedimiento no hay nada absoluto,
pues hasta las teorías científicas plenamente aceptadas pueden llegar a ser
abandonadas frente a nuevos hechos que las refutan. La ciencia no es
monolítica ni en su práctica ni en su espíritu.
Probablemente la lección más importante que se puede extraer de toda
la discusión anterior es la importancia que tiene para el progreso científico
33 Este punto de vista ha sido argumentado convincentemente por P. Duhem, The A im
and Structure of Physical Theory, tr. P. P. Wiener, Princeton University Press, Princeton, N.J.,
1954. Una objeción desafiante puede encontrarse en Adolf Grunbaum, "The Duhemian
Argument", Philosophy of Science, Vol. 27, Núm. 1, enero de 1960. Véase también Sandra G.
Harding, comp., Can Theories Be Refuted? Essays on the Duhem-Quine Thesis, D. Reidel
Publishing Co., Boston, 1976.
556 Ciencia e hipótesis
sacar a la luz los "supuestos ocultos". En los argumentos de Colón y de
Copérnico, se daba por supuesto que la luz sigue una trayectoria recti-
línea, pero se trataba de un supuesto no explicitado. Justamente porque no
son explícitos, esos supuestos no se pueden examinar críticamente para
decidir con conocimiento suficiente si son verdaderos o falsos. A menudo
el progreso ha sido el resultado de expresar explícitamente un supuesto
que había permanecido implícito para luego analizarlo y rechazarlo. Un
ejemplo importante y espectacular de esto sucedió cuando Einstein puso
en duda el supuesto universalmente aceptado de que siempre tiene
sentido decir de dos acontecimientos que se produjeron al mismo tiempo.
Al analizar la forma en que un observador puede saber si dos aconteci-
mientos distantes ocurrieron o no "al mismo tiempo", Einstein llegó a la
conclusión de que dos hechos podrían ser simultáneos para un observador
pero no para otro, de acuerdo con su posición y velocidad relativas a
dichos acontecimientos. El rechazo de tal supuesto condujo a la teoría
especial de la relatividad, que constituyó un enorme avance en la explica-
ción de los fenómenos revelados por el experimento de Michelson-Morley.
Es claro que para poder impugnar un supuesto es necesario primero
reconocerlo. De ahí la gran importancia que tiene en la ciencia la formu-
lación expresa de todas las suposiciones de importancia en una hipótesis
sin dejar en la oscuridad ninguna de ellas.
13.7 La clasificación como hipótesis
Podría objetarse que las hipótesis desempeñan un papel importante
solamente en las ciencias más avanzadas, pero no en las que están
relativamente menos desarrolladas. Puede argumentarse que si bien las
hipótesis explicativas son fundamentales para ciencias como la física o la
química, no cumplen todavía ninguna función en las ciencias biológicas o
en las ciencias sociales. Éstas todavía están en la etapa descriptiva y puede
tenerse la impresión de que el método de la hipótesis no es importante para
las llamadas ciencias descriptivas, como la botánica o la historia. Sin
embargo, esta objeción se puede refutar con facilidad. Un examen de la
naturaleza de la descripción demostrará que ésta se basa igualmente en
hipótesis o las expresa. Las hipótesis resultan tan esenciales para los
diferentes sistemas de taxonomía o clasificación en la biología como en la
historia o en cualquiera de las otras ciencias sociales.
Puede demostrarse fácilmente la importancia de las hipótesis en la
historia y, por ello, abordaremos ese tema en primer término. Algunos
historiadores piensan que el estudio de la historia puede revelar la existen-
cia de un propósito único o esquema cósmico, ya sea religioso o natural,
que explica el curso entero de la historia registrada. Otros niegan la
existencia de tal designio cósmico pero afirman que el estudio de la historia
puede revelar ciertas leyes históricas que explican la sucesión real de
La clasificación como hipótesis 557
acontecimientos pasados y que puede usarse para la predicción del futuro.
Desde cualquiera de estos puntos de vista, los historiadores buscan
explicaciones que deben dar cuenta de sucesos registrados del pasado y ser
confirmados, al mismo tiempo, por éstos. Por tanto, en ambas concepcio-
nes, la historia es una ciencia teórica y no puramente descriptiva y debe
admitirse que el papel de la hipótesis es de fundamental importancia para
el historiador.
Sin embargo, hay un tercer grupo de historiadores que se proponen lo
que en apariencia es una finalidad más modesta. Según ellos, la tarea del
historiador consiste meramente en hacer una crónica del pasado, en hacer
una descripción escueta de los acontecimientos pasados en su orden
cronológico. Aparentemente, desde este punto de vista el historiador
"científico" no requiere de hipótesis, pues lo que le interesa son los hechos
mismos y no las teorías acerca de ellos.
Pero no resulta tan sencillo hacer la crónica de los acontecimientos
pasados como parece suponerse en esta concepción de la historia. Para ese
tipo de descripción no se dispone del pasado en sí mismo; lo que se tiene
son registros y vestigios actuales del pasado. Estos elementos abarcan una
amplia gama, desde archivos gubernamentales del pasado reciente hasta
poemas épicos que narran las hazañas de héroes semilegendarios, y desde
los escritos de historiadores anteriores hasta utensilios de épocas lejanas
desenterrados en las excavaciones de los arqueólogos. Estos son los únicos
hechos de que dispone el historiador y a partir de ellos debe inferir la
naturaleza de los acontecimientos pasados que se propone describir. No
todas las hipótesis son generales, las hay también particulares. La descrip-
ción del pasado que hace el historiador es una hipótesis particular destina-
da a explicar los datos actuales y de la cual éstos son una prueba.
El historiador es un detective en gran escala» Sus métodos son iguales
y lo son también las dificultades que enfrenta. Los indicios suelen ser
escasos y muchos de ellos ya han sido destruidos, si no por la torpeza de
la policía local, por las guerras y los desastres naturales. Y así como el
criminal puede dejar rastros falsos o engañosos para despistar a su
perseguidor, muchos "registros" del presente son falsificaciones del pasa-
do que pretenden describir, sean éstos intencionales, como en el caso de
documentos históricos falsificados como la "Donación de Constantino", o
involuntarios como ocurre con los escritos de los primeros historiadores
que carecían de un sentido crítico. Así como el detective debe usar el
método de la ciencia para formular y poner a prueba sus hipótesis, el
historiador también debe elaborar hipótesis. Aun aquellos historiadores
que tratan de limitarse a la sola descripción de acontecimientos pasados
deben trabajar con hipótesis: son teóricos a pesar de sí mismos.
"Véase Robin W. Winks, comp., The Historian as Detective: Essnys on Evidente, Harper
& Row, Publishers, Nueva York, 1969.
558 Ciencia e hipótesis
El biólogo se encuentra en una posición un poco más favorable. Los
hechos que investiga están presentes y dispone de ellos para su observa-
ción. Para describir la flora y la fauna de una región determinada no
necesita elaborar inferencias complicadas como aquellas a las cuales está
condenado el historiador. Los datos pueden ser observados directamente.
Sus descripciones de estos elementos no son, desde luego, casuales sino
sistemáticas. Habitualmente se dice que clasifica plantas y animales y no
que los describe simplemente. Pero la clasificación y la descripción cons-
tituyen en realidad un mismo proceso. Describir un animal como carnívo-
ro es clasificarlo como carnívoro, y clasificar a otro como reptil equivale a
describirlo como reptil. Describir un objeto como poseedor de una de-
terminada propiedad es clasificarlo como miembro de la clase de objetos
que tienen esa propiedad.
La clasificación, tal como se la entiende generalmente, no supone
simplemente establecer una división única de los objetos en grupos
separados, sino también otras subdivisiones de cada grupo en subgrupos
o subclases, y así sucesivamente. Este procedimiento es familiar para la
mayoría de nosotros, si no por nuestros estudios en el colegio, seguramen-
te por el viejo juego de "¿Animal, vegetal o mineral?", o alguna de sus
versiones más modernas. Aparte de tales juegos, son muchos los motivos
que han conducido a la gente a clasificar objetos. Para sobrevivir, el
hombre primitivo tuvo que clasificar raíces y bayas en comestibles y
venenosas, los animales en peligrosos e inofensivos y a otros hombres
como amigos o enemigos. Las personas tienden a hacer distinciones que
tienen una importancia para ellos y a ignorar aquellas que no tienen un
papel importante en lo que les interesa. Un granjero clasificará cuidadosa-
mente y con todo detalle los cereales y las verduras, pero puede llamar a
todas las diversas flores simplemente "flores", mientras que un florista
clasificará sus mercancías con el mayor cuidado, pero agrupará toda la
cosecha del granjero bajo el nombre de "productos del campo". Hay
diversos motivos que pueden llevarnos a hacer clasificaciones de las cosas,
unos de tipo práctico y otros de índole teórica. Si una persona tiene
solamente tres o cuatro libros los conocerá muy bien y puede abarcarlos
fácilmente con la vista, de modo que no necesitará clasificarlos. Pero en una
biblioteca pública o universitaria, con muchos miles de volúmenes, la
situación es muy diferente. Si no se clasificasen los libros, el bibliotecario
jamás podría encontrar los que busca y la colección sería prácticamente
inútil. Cuanto mayor es el número de objetos, mayor es la necesidad de
clasificarlos. Un propósito práctico de la clasificación es, pues, facilitar el
acceso a las grandes colecciones. Esto es particularmente obvio en el caso
de bibliotecas, museos y archivos públicos de cualquier tipo.
Al examinar el propósito teórico de la clasificación debemos tener
presente que adoptar determinado esquema clasificatorio no lo hace
verdadero o falso. Puede haber maneras diferentes de describir los objetos
La clasificación corno hipótesis 559
desde diferentes puntos de vista. El esquema de clasificación que se adopte
depende del propósito o el interés del que hace la clasificación. Por
ejemplo, un bibliotecario, un encuadernador y un bibliófilo seguramente
clasificarán los mismos libros de maneras muy diferentes. El bibliotecario
los clasificará según su contenido, el encuadernador según su tipo de
encuadernación y el bibliófilo de acuerdo con su antigüedad o rareza. Las
posibilidades no se agotan con esto, pues un empaquetador agruparía
los libros según sus formas y tamaños, y las personas con otros intere-
ses los clasificarían de alguna otra manera apropiada a esos intereses
diferentes.
Ahora bien, ¿cuál es el interés o el propósito especial que puede tener
el científico para preferir un esquema de clasificación a otro? El objetivo del
científico es el conocimiento, no de tal o cual hecho particular en sí mismo,
sino de las leyes generales que los rigen y de las relaciones causales
existentes entre ellos. Desde el punto de vista del científico, un esquema
de clasificación es mejor que otro en la medida en que sugiere más leyes
científicas y contribuye mejor a la formulación de hipótesis explicativas.
El motivo teórico o científico para clasificar objetos es el deseo de
aumentar nuestro conocimiento de ellos. Y esto último significa una
comprensión más profunda de sus propiedades, sus semejanzas y diferen-
cias importantes y sus interrelaciones. El esquema de clasificación elabo-
rado con propósitos estrictamente prácticos puede tender a oscurecer
similitudes y diferencias importantes. Así, una división de los animales en
peligrosos e inofensivos pondrá en la misma categoría al jabalí y a la boa
y en otra clase al cerdo doméstico y a la inofensiva lombriz de tierra, apar-
tando de este modo la atención de lo que hoy consideraríamos como seme-
janzas profundas para destacar similitudes superficiales. Una clasificación
científica o fructífera de objetos requiere mucho conocimiento de esos obje-
tos. Un conocimiento limitado de sus características más obvias conduciría
a clasificar los murciélagos junto con las aves, como seres que pueden volar
y a las ballenas con los peces, como seres que viven en el mar, pero un
conocimiento más amplio nos induce a clasificar murciélagos y ballenas
como mamíferos, dado que son de sangre caliente, dan a luz a sus hijos y
los amamantan, características todas ellas de mayor importancia para un
adecuado esquema clasificatorio.
Una característica es importante cuando sirve como indicio de la
presencia de otras. Desde el punto de vista de la ciencia, una característica
importante es la que se halla conectada causalmente con muchas otras y es,
por ende, útil para la formulación de un gran número de leyes causales y
de hipótesis explicativas muy generales. El mejor esquema de clasifica-
ción, pues, es el que se basa en las características más importantes de los
objetos que es preciso clasificar. Pero de antemano no sabemos qué leyes
causales son las que prevalecen, además de que las leyes causales mismas
tienen un carácter hipotético como hemos señalado antes. Por eso toda
560 Ciencia e hipótesis
decisión en cuanto a qué esquema de clasificación es mejor es en sí misma
una hipótesis que las investigaciones posteriores pueden inducirnos a
abandonar. Si las investigaciones posteriores revelan que otras caracterís-
ticas son más importantes, esto es, que están incluidas en mayor número
de leyes causales e hipótesis explicativas, será razonable esperar que el
esquema de clasificación anterior sea abandonado en favor de otro nuevo
basado en esas características más importantes.
Esta concepción de los esquemas de clasificación que los considera
como hipótesis, está sustentada en el papel real que desempeñan en las
ciencias esos esquemas. La taxonomía es una rama legítima, importante y
en desarrollo de la biología, en la cual álgunos esquemas de clasificación,
como el de Linneo, se han adoptado, usado y abandonado luego en favor
de otros mejores, los cuales a su vez están sujetos a modificaciones debidas
a los nuevos datos. Generalmente, la clasificación es más importante en las
etapas primeras o menos desarrolladas de una ciencia. Pero su importan-
cia puede no disminuir con el avance de esa ciencia. Por ejemplo, el
esquema de clasificación canónico de los elementos que es la Tabla de
Medeléiev, es aún una herramienta valiosa para el químico.
Podemos hacer otra observación acerca de la función de las hipótesis de
la historia a la luz del anterior análisis. Ya hemos indicado que las
descripciones de acontecimientos del pasado que hace el historiador son
hipótesis basadas en los datos de que se dispone. Pero hay una función
adicional, igualmente importante, que cumplen las hipótesis en la labor
descriptiva del historiador. Resulta evidente que no se puede describir
con todo detalle una época histórica o un acontecimiento de cierta
magnitud. Aun cuando se pudieran conocer todos los detalles, ningún
historiador podría incluirlos todos en su relato. La vida es demasiado
breve para permitir una descripción exhaustiva de algo. Por eso, el
historiador debe describir el pasado selectivamente, esto es, registrando
sólo algunos de sus aspectos. ¿Cuál es la base, podemos preguntarnos, que
fundamenta la selección que hace el historiador? Es indudable que el
historiador desea incluir en sus descripciones los elementos significativos
o importantes e ignorar lo que carezca de relevancia o sea trivial. Las
preferencias subjetivas de un historiador pueden conducirlo a destacar en
forma indebida el aspecto religioso, económico, personal o cualquier otro
del proceso histórico. Pero en la medida en que pueda hacer una aprecia-
ción objetiva y científica, el historiador considerará importantes los
aspectos que entran dentro de la formulación de leyes causales o de
hipótesis explicativas generales. Como es natural, tales apreciaciones
pueden ser corregidas a la luz de posteriores investigaciones.
Herodoto, el primer historiador de Occidente, describió muchos
aspectos de los acontecimientos cuya crónica abarcaba, tanto aspectos
personales y culturales como políticos y militares. Tucídides, considerado
el primer historiador científico, se restringió más a lo político y lo militar.
La clasificación como hipótesis 561
Durante mucho tiempo, la mayoría de los historiadores siguió a Tucídides,
pero recientemente el péndulo se está inclinando hacia la dirección opues-
ta y se tiende a dar mayor énfasis a los aspectos económicos y culturales del
pasado. Así como los esquemas de clasificación del biólogo revelan sus
hipótesis acerca de cuáles son las características de los seres vivientes que
suponen mayor número de leyes causales, así también la decisión del
historiador de describir los acontecimientos del pasado en función de un
determinado conjunto de propiedades, revela sus hipótesis con respecto a
cuáles son las propiedades que se hallan relacionadas causalmente con un
número mayor de otras propiedades. Hipótesis como éstas son necesarias
para que el historiador pueda siquiera comenzar cualquier descripción
sistemática del pasado. Es este carácter hipotético de la clasificación y
descripción, sea biológica o histórica, lo que nos indujo a considerar la
hipótesis como el método universal de la investigación científica.
EJERCICIOS
Para cada uno de los siguientes pasajes resolver los siguientes puntos:
Datos que deben explicarse.
Hipótesis propuestas para explicarlos.
c. Evaluar las hipótesis en función de los criterios expuestos en la
sección 1.3.
* 1. El universo distante se aprecia en forma muy distinta desde el
universo cercano. Para explicar esto, los astrónomos adoptan una hipóte-
sis evolutiva. Los objetos distantes, creen ellos, son objetos jóvenes. Las
señales que observamos de ellos, lanzadas aquí por la velocidad de la luz,
fueron emitidas cuando los objetos estaban en un estadio anterior de
desarrollo que vemos en la región local. Si, por ejemplo, uno de los objetos
del informe MacAlpine [cuasares, objetos cuasi estelares cuya luz ha
viajado algunos billones de años para llegar hasta nosotros] están a medio
billón de parsecs de distancia, su luz se habría originado cuando nuestro
sistema solar aún se estaba formando y nuestro sol era muy joven. ¿Qué era
nuestra galaxia en aquel tiempo? Es difícil saberlo, excepto si se infiere que
probablemente se veía entonces como ahora se ven los cuasares.
- BLANCHARD HIATT, University of Michigan Research News,
Vol. 30, Núms. 8-9, agosto-septiembre de 1979
2. En Estados Unidos, independientemente de la forma en que suele
evaluarse la salud (mortalidad, morbidez, síntomas o evaluación subjeti-
va) y de la unidad de observación (promedios individuales, de una ciudad
o un estado), los años de escolaridad suelen ser el correlato más poderoso
de la buena salud. Michael Grossman, un economista que ha realizado
investigaciones extensas sobre este problema, tiende a interpretar esta
562 Ciencia e hipótesis
relación como evidencia de que la educación incrementa la eficiencia
individual en el desarrollo de la salud, aunque reconoce que debe existir
algún tipo de relación causal entre la buena salud y los altos niveles de
escolaridad. La forma en que la educación contribuye a la eficiencia para
desarrollar una buena salud nunca se ha hecho explícita, pero Grossman
ha especulado que las personas con más educación pueden elegir dietas
más sanas, estar más conscientes de los riesgos, elegir ocupaciones más
saludables y usar más sabiamente la ayuda médica.
- VICTOR R. FUCHS, "The Economics of Health in a
Post-Industrial Society", The Public Interest, verano de 1979
La principal característica geográfica y climática del norte de África
y de Oriente Medio es su aridez. De acuerdo con una hipótesis usual, existe
una relación recíproca entre el crecimiento vegetal en un área marginalmente
árida y su densidad pluvial. Si por alguna razón —roza excesiva, por ejem-
plo—, el área se priva de ese crecimiento, su reflectividad se incrementará.
Un mayor porcentaje de luz solar retorna al espacio, la correspondiente
pérdida de peso se compensa con los movimientos del aire y decrece la
nubosidad y, por ende, la precipitación pluvial. Disminuye entonces su
crecimiento vegetal, con lo cual se pone en marcha un círculo vicioso o
mecanismo de retroalimentación.
- MORTON G. WURTELE y JEHUDA NEUMANN, "Some Areas
for International Cooperation in the Geophysical Sciences",
Middle East Review, Vol. 10, primavera de 1978
Uno de los más intrigantes problemas de las ciencias sociales ha sido
el de desenmarañar las influencias ambientales y genéticas de la familia
sobre el crecimiento intelectual, laboral y económico del niño. El nivel
educativo de los padres se correlaciona muy bien con el grado de rendi-
miento escolar y con las pruebas de habilidad mental de los niños. Esta
correlación usualmente se supone que indica la fuerza de la influencia del
medio sobre el éxito escolar, puesto que los padres con más años de
escolaridad tienden a esperar mayores logros en sus niños y a crear un
mejor ambiente educativo que los padres con menor educación. Si la
relación causal va de la riqueza del ambiente familiar al nivel académico
del niño, entonces tiene sentido inducir a todos los padres a proporcionar
mejores ambientes educativos como una forma de mejorar el desempeño
escolar de los niños con desventajas educativas.
Si la habilidad mental es algo en cierta medida heredado, sin embargo,
puede estar involucrado un conjunto diferente de vínculos causales: los
padres que tienen altos niveles de habilidad mental tenderán a dedicar
más años a la educación que otros, a transmitir algo de su habilidad a sus
hijos y crearán mejores ambientes educativos en sus hogares. Desde este
punto de vista, la correlación entre el ambiente del hogar y el desempeño
La clasificación corno hipótesis 563
escolar del niño puede enmascarar una relación genética más importante
entre las habilidades de los padres y las de los hijos.
- HARRY L. MILLER, "Hard Realities and Soft Social Science",
The Public Interest, primavera de 1980
* 5. Frecuentemente se han estudiado los mecanismos de estímulo y
respuesta en el fenómeno del geotropismo. Si se fija en cualquier posición
un arbusto muy pequeño en el cual el tallo y la raíz apenas están brotando,
invariablemente la raíz crecerá hacia abajo y el tallo hacia arriba. El
horticultor inglés Knight, hace más de un siglo atribuyó este fenómeno a
la fuerza de gravedad. Él razonaba que de ser así sería posible sustituir la
gravedad por una fuerza mayor y cambiar de esta forma la dirección del
crecimiento. Knight sometió varias plantas en crecimiento a una fuerza
centrífuga mayor que la gravedad, representada por una rueda que giraba
horizontalmente a gran velocidad. Bajo estas condiciones las raíces crecie-
ron hacia afuera, en dirección a la fuerza centrífuga, y el tallo hacia dentro,
hacia el eje, en una dirección exactamente opuesta. Knight probó así que
las estructuras vegetales se orientaban respecto a esta fuerza del mismo
modo que lo hacían con respecto a la fuerza de gravedad.
- EDMUND W. SINNOTT y KATHERINE S. WILSON,
Botan y: Principies and Problems
6. El día 7 de enero de 1610, a la una de la madrugada, al dirigir su
telescopio hacia Júpiter, Galileo vio tres estrellas cerca del planeta, dos al
este y una al oeste de él. Se encontraban en línea recta, paralelas a la
eclíptica y parecían más brillantes que otras estrellas de la misma magni-
tud. Como creyó que se trataba de estrellas fijas, no prestó mucha atención
a sus distancias de Júpiter y una de otra. Pero el 8 de enero, cuando por
determinadas razones tuvo que observar nuevamente las estrellas, las
encontró en una posición muy diferente: las tres estaban al oeste de Júpiter,
más cercanas una de otra que antes y a distancias casi iguales. Aunque no
dirigió su atención al hecho extraordinario de la aproximación mutua de
las estrellas, comenzó a pensar cómo era posible que Júpiter estuviera al
este de las tres estrellas cuando el día anterior había estado al oeste de dos de
ellas. La única explicación que podía encontrar a ese hecho era que el
movimiento de Júpiter era directamen tecontrario a los cálculos astronómicos
y que había dejado atrás a las dos estrellas por su propio movimiento.
En medio de este problema de elegir entre el testimonio de sus sentidos
y los resultados de los cálculos astronómicos, esperó a la noche siguiente
con la mayor ansiedad, pero sus esperanzas resultaron frustradas porque
el cielo se encontraba totalmente cubierto de nubes. El día 10 aparecieron
solamente dos de las estrellas, ambas al este del planeta. Como evidente-
mente era imposible que Júpiter hubiese avanzado de oeste a este el 8 de
enero y de este a oeste el 10, Galileo se vio obligado a concluir que el
fenómeno observado se debía al movimiento de las estrellas y se dispuso
564 Ciencia e hipótesis
diligentemente a observar su cambio de lugar. El 11 había todavía dos
estrellas solamente y las dos al este de Júpiter, pero la estrella situada más
al este era ahora el doble de grande que la otra, aunque la noche anterior
eran absolutamente iguales. Este hecho arrojó nueva luz a las dificultades
de Galileo, y llegó inmediatamente a la conclusión, que consideraba
indudable, de "que había en el cielo tres estrellas que giraban alrededor de Jú-
piter, de la misma forma que Venus y Mercurio giraban alrededor del Sol".
El 12 de enero las vio otra vez en nuevas posiciones y con magnitudes
diferentes; y el 13 de enero descubrió una cuarta estrella que completaba
los cuatro planetas secundarios que rodean a Júpiter.
- SIR DAVID BREWSTER, Los mártires de la ciencia.
Por sólidas que se consideren las cosas, es posible saber por lo
siguiente que se trata de cuerpos enrarecidos: en rocas y cavernas la
humedad del agua lo impregna todo y todas las cosas se hallan cubiertas
por abundantes gotas; el alimento se distribuye en todo el cuerpo de los
seres vivos; los árboles crecen y dan frutos estacionales porque el alimento
se difunde por la totalidad de los mismos, desde las raíces, por el tronco y
en todas las ramas. Las voces traspasan las paredes y se propagan en las
casas cerradas, lo mismo que el frío de la escarcha penetra hasta los huesos.
Ahora bien, si no hay partes vacías, podemos preguntarnos cuál es el
camino por el que pueden pasar los cuerpos separadamente. Se puede ver
que es completamente imposible. Una vez más, ¿por qué vemos que una
cosa supera a otra en peso, aunque no sea mayor en tamaño? Pues si hay
tanto cuerpo en una bola de madera como en un montón de plomo, sería
natural que pesaran lo mismo, pues la propiedad del cuerpo es hacer que
todas las cosas pesen hacia abajo, mientras que la naturaleza del vacío, por
el contrario, es no tener peso. Luego, cuando una cosa tiene igual tamaño
que otra, pero pesa menos, esto prueba indudablemente que tiene más
vacío que ella, mientras que, por otro lado, la que pesa más revela que hay
en ella más cuerpo y que contiene mucho menos vacío. Luego, lo que
hemos estado buscando con sutiles razonamientos indudablemente exis-
te, mezclado con las cosas, y lo llamamos vacío.
- LUCRECIO, Sobre la naturaleza de las cosas, Libro 1
Una noche, mientras caminaba con el doctor Frink, nos encontramos
casualmente con un colega, el doctor P., a quien yo no había visto durante
años y de cuya vida privada no sabía nada. Nos alegramos mucho de
encontrarnos nuevamente, y por invitación mía nos acompañó a un café
donde pasamos un par de horas en agradable conversación. Cuando le
pregunté si era casado me dio una respuesta negativa y agregó: "¿Por qué
había de casarse un hombre como yo?"
Al salir del café se volvió bruscamente hacía mí y me dijo: "Me gustaría
saber qué haría usted en un caso como el siguiente. Conozco a una
enfermera que fue nombrada representante legal del demandado en el
La clasificación como hipótesis 565
juicio por divorcio. La esposa entabló juicio al marido para obtener el di-
vorcio, y nombró a la enfermera como su representante y él obtuvo el
divorcio". Lo interrumpí entonces diciendo: "Quiere usted decir que ella
obtuvo el divorcio". Se corrigió inmediatamente y dijo: "Sí, ella obtuvo el
divorcio". Luego continuó relatándome que la excitación del juicio había
afectado a la enfermera de tal forma que estaba muy nerviosa y había
empezado a beber. Quería que yo le aconsejase cómo tratarla.
Tan pronto como hubo corregido su error le pedí que lo explicara pero,
como suele suceder, se sorprendió de mi petición. Me preguntó si una
persona no tenía derecho a cometer errores al hablar. Le expliqué que
existe una razón para todos los errores y que si no me hubiera dicho que
era soltero, habría creído que el protagonista del juicio por divorcio era él
mismo, además su error habría significado que él deseaba obtener el
divorcio, en vez de su mujer, para no verse obligado a pagar alimentos y
para poder casarse nuevamente en el estado de Nueva York.
Negó airadamente mi interpretación, pero su agitación emocional y su
estrepitosa risa no hicieron más que reforzar mis sospechas. A mi pedido
de que dijera la verdad "en pro de la ciencia", me respondió: "A menos que
usted quiera que mienta debe creerme que nunca he estado casado y por
ende que su interpretación psicoanalítica es errónea". Sin embargo, agregó
que era peligroso estar con una persona que prestaba atención a cosas tan
ínfimas. Después recordó súbitamente que tenía otra cita y nos dejó.
Tanto el doctor Frink como yo estábamos convencidos de que mi
interpretación de su lapsus linguae era correcta y decidí corroborarla con
una ulterior investigación. Al día siguiente encontré un vecino y viejo
amigo del doctor P., quien confirmó mi interpretación de todo. Pocas
semanas antes le habían concedido el divorcio a la esposa del doctor P.
y había sido citada una enfermera como representante. Algunas semanas
más tarde me encontré con el doctor P., quien me dijo que estaba to-
talmente convencido de la existencia de los mecanismos freudianos.
- A. A. BRILL, El psicoanálisis: teoría y aplicaciones prácticas
9. Igual que la esclerosis múltiple, la poliomielitis, en la forma en que
puede causar parálisis, era una enfermedad más bien de las naciones más
avanzadas que de las menos avanzadas, y de las personas económicamen-
te prósperas más bien que de las pobres. Aparecía en el norte de Europa y
en Estados Unidos con mucha mayor frecuencia que en el sur de Europa
o los países de África, Asia o Sudamérica. Los emigrantes a África del Sur
desde Europa del Norte corrían riesgos mucho mayores de contraer la
poliomelitis paralizante que los blancos nacidos en Sudáfrica, y los blan-
cos nacidos en Sudáfrica tienen un riesgo mayor que los no blancos. Entre
los bantúes de África del Sur, la poliomielitis paralítica raramente era una
enfermedad de adultos. Durante la Segunda Guerra Mundial, los casos de
poliomielitis paralítica en África del Norte eran más comunes entre los
566 Ciencia e hipótesis
oficiales de las fuerzas británicas y estadunidenses que entre los hombres
de otros rangos. Por entonces, se ofrecieron diversas hipótesis disparata-
das para explicar la diferencia; hasta se llegó a sugerir que se debía al hecho
de que los oficiales bebían whisky, mientras que los hombres de rangos
inferiores tomaban cerveza.
Ahora comprendemos muy bien la razón de la extraña distribución de
la poliomielitis paralizante. Hasta el siglo XX, la poliomielitis era una
infección universal de la infancia y los niños raramente sufrían parálisis
por ella. El hecho de que ocasionalmente los afectara así fue lo que hizo dar
a la enfermedad el nombre de parálisis infantil. Con el progreso de la
higiene en los países avanzados del mundo, un número cada vez mayor de
personas eludían la infección en la primera infancia y contraían la enfer-
medad por primera vez a una edad posterior, cuando es mucho mayor el
riesgo de la parálisis.
Esto explica por qué las primeras epidemias de poliomielitis no
aparecieron antes del siglo XX, y entonces solamente en los países
económicamente avanzados.
- GEOFFREY DEAN, "El problema de la esclerosis múltiple",
Scien tific American, Vol. 23, Núm. 1, julio de 1970
* 10. Puesto que Venus rota tan lentamente, podríamos sentirnos tenta-
dos a concluir que Venus, como Mercurio, mantiene siempre la misma
cara hacia el sol. Si esta hipótesis fuera correcta, cabría esperar que la parte
oscura fuese muy fría. Pettit y Nicholson han medido la temperatura de la
parte oscura de Venus. Hallaron que la temperatura no es baja, pues su
valor es de -9° Fahrenheit, o sea mucho más caliente que nuestra estra-
tósfera a la plena luz del día. Es improbable que corrientes atmosféricas de
la parte iluminada de Venus puedan calentar constantemente la parte
oscura. El planeta debe rotar a bastante velocidad como para evitar que la
parte oscura se enfríe con exceso.
- FRED L . WHIPPLE, La Tierra, la Luna y los planetas
11. Una gran piedra balanceándose sobre una pequeña protuberancia
es algo sorprendente. Tales rocas no son raras; por ejemplo, en Goblin
Valley, al sur de Utah, hay más de diez mil de ellas. Pero, ¿cómo se pueden
balancear las rocas?
Estas rocas se originan cuando un lecho de sedimentos es afectado por
la erosión hasta que se forma una columna. Si los estratos de la cima de la
columna son más duros que los inferiores, la erosión producirá esa forma
de una roca balanceándose sobre otra más pequeña.
Sin embargo, nada garantiza que el producto final de ese proceso de
erosión será simétrico. Dos investigadores de la Universidad de Kansas,
Wilson Tripp, un ingeniero, y Frederic C. Apple, cuya especialidad es la
mecánica de rocas, sugirieron que hay un proceso mecánico que es
responsable de ese fenómeno de simetría que observamos en las rocas que
La clasificación corno hipótesis 567
se balancean, dicho proceso comienza cuando la piedra superior comienza
a oscilar en un sentido y el punto de contacto entre las dos piedras se
desplaza continuamente quedando exactamente bajo el centro de grave-
dad de la piedra superior. El principio subyacente a este proceso es
simplemente que la roca bajo la presión de la compresión es más resistente
a la erosión que la roca que no está sujeta a esa presión.
Cuando la piedra de arriba comienza a oscilar, los investigadores notan
que el movimiento cambia la presión de la compresión de una sección del
pilar de abajo a la otra. Luego la sección no presionada se erosionará más
rápido que antes y la sección presionada más lentamente. Los balanceos
sucesivos en otras direcciones presionarán secciones sucesivas del pilar y
la erosión diferencial que resulta hará el proceso autolevatorio. Como
consecuencia, la piedra de arriba permanecerá posada en el pilar hasta el
inevitable día en que el área de contacto se reduzca demasiado como para
que siga el cambio de nivel y el trabajo de balanceo, perdiendo su aparente
carácter de desafío a las leyes de la mecánica estadística, y se produzca
un frotamiento con el piso.
— "Science and the Citizen", Scientific A merican,
Vol. 230, Núm. 3, marzo de 1974
12. Basta encontrar un acertijo sociológico para verse envuelto en una
serie de esotéricas explicaciones, emitidas en una oscura jerga sociológica.
Tomemos por ejemplo, la cuestión de por qué las mujeres parecen casarse
hoy en día más tarde que antes. No trataremos de listar todas las ingeniosas
explicaciones que han surgido, desde la liberación femenina hasta la cada
vez mayor proporción de homosexuales, femeninos y masculinos. Basta
decir que las estadísticas simples, una vez entendidas, proporcionan las
explicaciones más probables. Paul C. Glick, de la Oficina estadunidense de
censos, escribió en una revista especializada:
Uno de los factores tangibles que probablemente contribuyen a explicar la
cada vez más usual costumbre de posponer el matrimonio es el exceso del 5
al 10 por ciento de mujeres, en comparación con los hombres, durante los años
recientes en aquellas edades en que ocurren la mayoría de los primeros
matrimonios (de los 18 a los 24 años para la mujer y de los 20 a los 26 para el
hombre). Este desajuste es consecuencia de las pasadas fluctuaciones en la tasa
de natalidad. Por ejemplo, las mujeres nacidas en 1947 habrían estado listas
para casarse en veinte años, pero los hombres con los que se podrían casar
habrían nacido en 1944 o 1945, cuando la tasa de natalidad era más baja; esos
hombres eran 8 por ciento menos numerosos que las mujeres de 20 años. (En
contraste, las muchachas nacidas en los últimos 15 años, cuando la tasa de
natalidad declinaba, eran escasas comparadas con los hombres elegibles para
el matrimonio que encontraban cuando estaban ya en edad de casarse.)
- VICTOR R. FUCHS, "The Economics of Health in a Post-Industrial
Society", The Public Interest, verano de 1979
568 Ciencia e hipótesis
En los primeros años del siglo XVIII, Edmund Halley se preguntó
por qué el cielo se oscurece de noche. Esta pregunta aparentemente
ingenua no es fácil de responder, porque si el universo tiene la estructura
más simple que podamos imaginar en la mayor escala posible, la radiación
del cielo sería intensa. Imaginemos un universo infinito estático, esto es,
un universo de tamaño infinito en el cual las estrellas y las galaxias
permanecen estáticas unas con respecto a otras. Una línea de vista en
cualquier dirección cruzará finalmente la superficie de una estrella y el
cielo aparecería cubierto de discos estelares. La aparente brillantez de una
superficie estelar es independiente de su distancia, así que dondequiera el
cielo aparecería tan brillante como la superficie de una estrella promedio.
Puesto que el sol es una estrella promedio, el cielo entero, día y noche,
sería tan brillante como la superficie de la luna. El hecho de que no lo es
fue caracterizado luego como la paradoja de Olbers (por el astrónomo
alemán del siglo XVIII, Heinrich Olbers). La paradoja se aplica no sola-
mente a la luz estelar sino también a otras regiones del espectro electro-
magnético. Indica que hay algo fundamentalmente equivocado en el
modelo de un universo estático infinito, pero no especifica qué.
- ADRIAN WEBSTER, "The Cosmic Radia tion Background",
Scientific American, agosto de 1974
Las reacciones entre toxinas y antitoxinas fueron los primeros
procesos inmunológicos a los que pudo aplicarse la precisión experimen-
tal y de tales estudios resultó el descubrimiento de principios de gran
importancia. El supuesto más simple para explicar la forma en que una
antitoxina hace inocua una toxina sería que la antitoxina destruye a la
toxina. Sin embargo, Roux y Buchner expresaron la idea de que las
antitoxinas no actúan directamente sobre las toxinas, sino que nos afectan
de modo indirecto, por medio de las células de los tejidos. Por otro lado,
Ehrlich concibió la reacción de la toxina y la antitoxina como una unión
directa, análoga a la neutralización química de un ácido por una base.
La idea de la destrucción de la toxina fue refutada de modo concluyente
por los experimentos de Calmette. Este observador, trabajando con vene-
no de serpientes, halló que éste (a diferencia de la mayor parte de las otras
toxinas) posee la propiedad de resistir el calor hasta los 100°C, mientras
que su antitoxina específica, al igual que otras antitoxinas, se destruye
alrededor de los 70°C. Las mezclas no tóxicas de las dos sustancias, cuando
se las somete al calor, recuperan sus propiedades tóxicas. La inferencia
natural de estas observaciones es que la toxina de la mezcla original no se
ha destruido, sino que solamente ha quedado inactivada por la presencia
de la antitoxina y recupera su libertad luego de la destrucción de la
antitoxina por el calor.
- HANS ZINSSER y STANHOPE BAYNE-JONES,
A Textbook of Bacterology
La clasificación como hipótesis 569
* 15. El doctor Konrad Buettner de la Universidad de California, en Los
Ángeles, ha expuesto recientemente la hipótesis de que, durante toda la
vida de la luna, el permanente influjo de los rayos cósmicos ha desmenu-
zado lentamente las capas rocosas superiores hasta convertirlas en un
polvo fino. Por medio de mediciones de temperatura efectuadas durante
eclipses, se ha demostrado que la capa exterior de la luna no puede
consistir en rocas sólidas. Tan pronto como la sombra de la Tierra se
proyecta sobre el área que se mide, la temperatura cae verticalmente, y
luego de media hora, es en más de 200°F inferior a la que tiene a plena luz
del sol. Cuando la sombra desaparece, la temperatura aumenta nueva-
mente a un ritmo similar. Ninguna roca sólida puede enfriarse y calentarse
tan rápidamente. Estos cambios drásticos de temperatura sólo pueden
explicarse por la existencia de una espesa capa de polvo aislante del calor
y tan fino como lo es el polvo facial. El espesor de la capa debe ser de varias
pulgadas por lo menos. El polvo meteórico también desgasta la superficie
de la luna, pero los rayos cósmicos realizan una labor mucho más efectiva.
- HEINZ HABER, El hombre en el espacio