SIGLO
XX
de
HISTORIA DE ESPAN- A APUNTES
EL PROCESO DE TRANSICIO0 N
A LA DEMOCRACIA Y LA 2º DE
CONSTITUCIO0 N DE 1978. BACHILLERATO
Historia de España Siglo XX
1. El proceso de Transición a la democracia
Ante el agravamiento de la enfermedad del dictador, el 30 de octubre de 1975, y por segunda y
última vez, el príncipe Juan Carlos asumió en funciones la Jefatura del Estado. A la muerte de
Franco, el consejo de regencia asumió, de forma igualmente interina, dicha jefatura. Juan Carlos se
convirtió dos días después, el 22 de noviembre, en Rey, en virtud de la Ley de la Sucesión en la
Jefatura del Estado. Hasta entonces, el Príncipe se había mantenido en un discreto segundo plano
siguiendo las pautas marcadas por Franco. Pero la desaparición del general iba a permitir a Juan
Carlos facilitar, como Rey de España, la implantación de un sistema político democrático en el país.
Este proyecto contaba con amplios apoyos dentro y fuera de España: los países occidentales, un
sector importante del capitalismo español e internacional, la gran mayoría de la oposición al
franquismo y una parte creciente del propio régimen franquista.
No obstante, la transición tuvo que superar las resistencias generadas por el propio régimen, en
un marco de tensiones causadas por grupos radicales de extrema izquierda y grupos franquistas de
extrema derecha. Estos últimos, además, contaban con un apoyo considerable dentro del ejército.
Tales grupos amenazaban con deteriorar la situación política en exceso, iniciando un proceso de
involución.
La realización de dicho proyecto exigía que la oposición controlara a sus partidarios para evitar
cualquier provocación y que el ejército no cayera en la tentación de intervenir en el proceso político
e intentara salvar las estructuras franquistas. En esta doble dirección se movió la actuación política
de Don Juan Carlos y sus colaboradores.
Ante la nueva etapa histórica que se abría, había tres posturas claramente diferenciadas:
1. Los partidarios del régimen franquista (conocidos como ultras o el búnker), defensores del
mantenimiento de la legalidad franquista, o como mucho, de su actualización. A pesar de su
escaso apoyo social, dominaban el ejército y un órgano fundamental dentro de la
organización del Estado, el Consejo del Reino.
2. La oposición democrática, organizada primero en dos asociaciones de partidos políticos, la
Junta Democrática de España y la Plataforma de Convergencia Democrática, que acabaron
fusionándose en la asociación Coordinación Democrática, conocida como Platajunta. Ésta
defendía la ruptura con el régimen franquista para pasar directamente a un Estado
democrático.
3. Los franquistas reformistas que defendían el paso a una democracia siguiendo el proceso
propuesto, entre otros, por Torcuato Fernández Miranda, expresidente interino del gobierno
en 1973, profesor de Derecho Político de Juan Carlos I, que era partidario de reformar las
Leyes Fundamentales del Movimiento mediante sus propias disposiciones para llegar así a la
democracia evitando vacíos legales. En palabras del propio Fernández Miranda, se trataba
de ir "de la ley a la ley a través de la ley".
Juan Carlos inició su reinado sin salirse de los cauces de la legalidad franquista. Así, juró fidelidad
a los Principios del Movimiento, tomó posesión de la corona ante las Cortes franquistas y respetó la
Ley Orgánica del Estado de 1966 para el nombramiento de su primer Jefe de Gobierno. Sin embargo,
ya en su discurso ante las Cortes se mostró abierto a una transformación del sistema político español
Dos días después de la muerte del Dictador, producida el 20 de noviembre de 1975, el nuevo
Jefe de Estado, el rey Juan Carlos, era coronado. Apenas un mes después confirmaba en la
presidencia de gobierno a Arias Navarro que había sido nombrado también por Franco. En este
gobierno se encontraban algunos partidarios de ciertos cambios en el régimen, como Areilza, Fraga
o Garrigues. El modelo de monarquía previsto por el dictador con su famosa frase de que “todo
quedaba atado y bien atado” se basaba en unas Cortes no elegidas por sufragio universal, un rey
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Historia de España Siglo XX
con poderes ejecutivos, inexistencia de partidos políticos y ausencia de derechos y libertades
básicas.
Para salir de este modelo era necesaria la
participación del monarca al que algunos
historiadores han llamado “el motor del
cambio”. No obstante, es cierto que Juan
Carlos de Borbón tenía difícil la
continuidad de un régimen como el que
heredaba debido a la contestación
interna con manifestaciones y huelgas
casi constantes (17.371 sólo los tres
primeros meses del 76, casi 4 millones de
huelguistas frente a los 500.000 de todo
1975), así como a las presiones exteriores
de EEUU y la oposición política organizada en la Plataforma de Convergencia Democrática (con el
PSOE al frente) y la Junta Democrática (liderada por el PCE). A ello se suma el incremento de la
violencia: en marzo del 76 mueren tres trabajadores por disparos de la policía en Vitoria, días
después sucede lo mismo en El Ferrol.
Además, las ideas del rey eran un enigma, había sido nombrado por Franco y la oposición
creyó que con él continuaba el franquismo. De él desconfiaban desde los franquistas puros hasta
amplios sectores monárquicos que seguían a su padre, don Juan, que no había renunciado todavía
a sus derechos. Sin embargo en este contexto se va a convertir en un motor del cambio, optando
por la vía reformista y partiendo de las instituciones franquistas empieza el camino hacia el
restablecimiento de las instituciones democráticas. Para realizar este cambio va a contar con tres
hombres claves con puestos de responsabilidad en el franquismo: el teniente general Gutiérrez
Mellado, Torcuato Fernández-Miranda y Adolfo Suárez.
1.1. El gobierno de Arias Navarro (Diciembre 1975 – Julio 1976)
Las primeras medidas del gobierno de Arias Navarro no cumplieron las expectativas: indulto en
noviembre del 75 de algunos presos pero manteniendo aún a 550 presos políticos en las cárceles.
La oposición se encontraba ya planteando la “ruptura democrática” y se pedía la libertad plena de
sindicatos y partidos, un gobierno provisional y la convocatoria a Cortes Constituyentes. En enero
del 76 Arias explicaba su programa a las Cortes, aún franquistas, consistente en una reforma del
Código Penal para la legalización de la actividad política siempre y cuando no defendieran “el
separatismo” o estuvieran “sometidos a una disciplina internacional” en alusión al Partido
Comunista de España. No hubo referencias a la convocatoria de elecciones ni al reconocimiento de
las autonomías, y la fidelidad de Arias al Franquismo radicalizó a la oposición que se organizó en
marzo en la llamada Coordinación Democrática fruto de unir la Junta Democrática y la Plataforma,
por lo que fue más conocida como Platajunta.
El principal problema de la oposición era precisamente que integraba desde socialistas a
carlistas, democristianos, comunistas, dándose debates internos acerca de si avanzar sobre el
programa de reformas de Arias o romper totalmente con el régimen. Algunos como el PSOE veían
con buenos ojos apoyar a Juan Carlos de Borbón y otros apostaban por el republicanismo.
Durante el verano de ese mismo 1976, la situación parecía estancada. El monarca hizo ver a
Arias Navarro en una reunión rutinaria su descontento con la situación y éste le presentó su
dimisión, aceptada de inmediato. El Consejo del Reino, órgano encargado de presentar a los tres
candidatos entre los cuales el Rey debía elegir, presentó a instancias de Torcuato Fernández
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Miranda a un joven Adolfo Suárez, antiguo miembro de Falange y Secretario General del
Movimiento Nacional.
1.2. El desmantelamiento del Franquismo y el camino hacia el nuevo régimen (1976-
1977)
Suárez montó un nuevo gobierno con Calvo Sotelo, Martín Villa (posteriormente imputado por
crímenes del Franquismo) y Alfonso Osorio en lo que se vino a llamar despectivamente el “gobierno
de los penenes” (de Personal No Numerario, funcionarios interinos). Impuso un ritmo frenético y
sobreponiéndose a las adversidades de la desconfianza, la contestación huelguística y el terrorismo,
comenzó a actuar en dos frentes:
1) Negociar secretamente con la oposición, incluidos todos los socialistas y comunistas, y
aceptar la realidad de los nacionalismos mediante la amnistía.
2) Liquidación de las Cortes franquistas, para lo que contó con la milimétrica actuación de
Fernández-Miranda
Su objetivo era desmontar el franquismo desde dentro y adentrar el país en la democracia.
Para ello va a dar una serie de pasos políticos que serán la base de la futura democracia española,
como la Ley de Reforma Política o la legalización de todos los partidos políticos. En virtud de esta
ley se constituirían las futuras Cortes bicamerales (Congreso y Senado), ambas cámaras elegidas por
el voto de los ciudadanos. Marcaba el punto de llegada: un sistema parlamentario similar al de los
países europeos de nuestro entorno, era, en definitiva, la pieza clave para la transición legal hacia
la democracia. Tras una tensa campaña electoral cuajada de atentados del GRAPO (Grupo
Revolucionario Antifascista Primero de Octubre) y de ETA (Euskadi Ta Askatasuna), el 15 de
diciembre de 1976 se aprobó en referéndum por abrumadora mayoría (94% se pronunciaron por
el Sí y un 2,5% por el No).
Simultáneamente Suárez llevó a cabo una amplia amnistía política y la legalización de los
símbolos nacionalistas: ikurriña, bandera catalana…
Entre enero y junio de 1977
Suárez usó el decreto-ley (leyes
aprobadas por el Gobierno sin pasar
por las Cortes) para agilizar la
reforma. Entre estos decretos se
incluía la legalización de los partidos
políticos que aún no lo habían sido. La
legalización del PCE era la verdadera
prueba de fuego para el Gobierno, en
ella se vería hasta donde quería
llegar, además, su credibilidad
internacional estaba en juego. Si se
querían convocar elecciones
verdaderamente democráticas era
imprescindible que el PCE pudiera presentarse.
El día 1 de abril se disolvió el Movimiento Nacional. El 9 de abril, domingo de resurrección,
era legalizado el Partido Comunista lo que originó una gran tormenta política e intentos
involucionistas por parte de los franquistas puros. Estaba claro que el camino iniciado era
irreversible.
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Más tarde, por el Decreto-Ley de Regulación de las normas electorales, se aprobó que las
elecciones se harían por sufragio universal directo. Además de estas leyes se reconocía el derecho
a la huelga, la libertad de expresión… De acuerdo con estas leyes el 15 de abril del mismo año se
convocaron las elecciones a cortes constituyentes, que habrían de celebrarse dos meses después,
es decir el 15 de junio. Previamente Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII, cedía los derechos del
trono español a su hijo, cerrándose así un motivo más de incertidumbre. Junto con todas estas
medidas se produjo una segunda amnistía y se restableció con carácter provisional algunas
instituciones autónomas como la Generalitat de Catalunya y el presidente de ERC, Josep Tarradellas,
volvió del exilio. También se puso en marcha un gobierno preautonómico en el País Vasco.
Sin embargo, los primeros meses de 1977 constituyen la etapa más difícil y delicada de la
transición. Las tensiones en la calle eran muy fuertes tanto por parte de la extrema derecha como
de la extrema izquierda. ETA seguía matando, contribuyendo a desestabilizar el país y a enervar a
los militares. De la misma manera, los sectores inmovilistas llevaron a cabo atentados, el más
famoso fue el asesinato por pistoleros de extrema derecha de cinco abogados laboralistas del PCE
en su despacho de la calle Atocha de Madrid. El PCE respondió con una impresionante manifestación
silenciosa.
Esa misma semana del 23 al 29 de enero terminó con el asesinato de dos policías y un guardia
civil a manos del GRAPO. Además la inestable situación económica generaba continuas huelgas y
manifestaciones que caldeaban todavía más el clima social y político contribuyendo a dar una
sensación de anarquía y caos que era utilizado demagógicamente por los últimos partidarios del
régimen.
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2. Las elecciones de 1977 y la Constitución de 1978
2.1. Los partidos y las elecciones
Convocadas las elecciones se procedió a la formación de diversas coaliciones electorales. Como
suele suceder en todos los procesos de transición política los partidos proliferaron como setas. Nos
centraremos solamente en los más importantes.
DERECHA: La ultraderecha se presentaba atomizada en un mosaico de partidos sin posibilidades
reales de éxito. El más relevante de ellos era Fuerza Nueva –FN- dirigido por Blas Piñar. También
encontramos Alianza Popular (AP) encabezada por Manuel Fraga Iribarne que acogía a varios ex
ministros de Franco, aunque aspiraba a ocupar el centro político, pronto fue el partido en el que se
integraron muchos nostálgicos del régimen.
CENTRO: Unión de Centro Democrático (UCD), conglomerado de partidos de
ideología democristiana, socialdemócrata, liberal, ex falangistas y alguno regionalista, la dirigía
Adolfo Suárez que había conseguido un gran prestigio.
IZQUIERDA: El PSOE estaba representado por
Felipe González que contaba con muchos
apoyos internacionales y una imagen de
responsabilidad por su programa electoral. Otro
partido socialista que luego se integraría en el
PSOE fue el Partido Socialista Popular de Enrique
Tierno Galván. Además se encontraba el Partido
Comunista de España (PCE) de Santiago Carrillo
que concurrió en solitario, no le dio casi tiempo
a preparar la campaña, y apelaba al sentido de
la reconciliación, pero era mirado por muchos
como un grupo revolucionario a pesar de sus
declaraciones.
A la izquierda del PCE, al igual que pasaba con la
extrema derecha, se presentaron un sinnúmero
de partidos y la confusión de siglas y mensajes
era de lo más variopinto, a modo de ejemplo
citaremos al Partido Comunista de España Marxista Leninista.
PARTIDOS NACIONALISTAS:
En Cataluña se presentaron varios partidos y coaliciones, el más importante fue Pacte Democràtic
per Catalunya una coalición de varios grupos de los cuales el más importante era Convergencia
Democrática de Cataluña –CDC- fundado por Jordi Pujol en 1974. Unió Democrática de Catalunya,
que era un partido democristiano. El PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña) se presentó
coaligado con el PCE, Esquerra Republicana de Catalunya que todavía no había sido legalizado…
En el País Vasco, además de los partidos de ámbito nacional se presentaron también partidos
propios. La fuerza más importante era el Partido Nacionalista Vasco – PNV- de corte democristiano.
En la izquierda se presentó Euskadiko Ezkerra de tendencia marxista en aquel momento.
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Los resultados dieron la victoria a la UCD (Unión de Centro Democrático), partido de centro-
derecha liderado por Adolfo Suárez, seguidos por el PSOE en el centro-izquierda con Felipe
González. Detrás de ellos el PCE de Carrillo obtuvo un resultado decepcionante, junto a AP (Alianza
Popular, actual PP, con Fraga al frente) que apenas obtuvo 16 diputados. Abiertas las Cortes, éstas
iniciaron la tarea de elaborar una constitución que sirviera de base para iniciar la normalidad
democrática, de ahí el carácter constituyente de la legislatura.
2.2. Proceso constituyente y Pactos de la Moncloa
Mientras en lo político el objetivo fundamental era la redacción de la constitución, en lo económico
el fin primordial era combatir la grave crisis económica: inflación próxima al 40%, aumento del paro,
déficit exterior galopante, junto a ello hay que destacar la crisis del Petróleo de 1973. El Gobierno
propuso un pacto a todas las fuerzas políticas y sindicales para combatir la crisis. Estos acuerdos se
conocieron como pactos de la Moncloa y fueron aprobados por todas las formaciones el día 15 de
octubre de 1977. El consenso fue la tónica dominante, todas las formaciones se comprometieron a
luchar contra la crisis, incluyendo a la patronal y los sindicatos. Este apoyo al Gobierno fue
imprescindible para poder avanzar en el camino hacia la democracia. Esta política de consenso
culminaría en la elaboración de la Constitución.
2.3. La Constitución de 1978
El encargo de elaborar la Constitución recayó en una Comisión Constitucional formada por
expertos, en concreto siete diputados procedentes de los distintos grupos políticos: Gabriel
Cisneros, José Pedro Pérez Llorca, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón –de UCD-, Jordi Solé Tura
– del PCE-, Gregorio Peces Barba –del PSOE- Fraga Iribarne –de AP- , Miguel Roca de CiU. Algo que
se criticó a esta comisión fue la ausencia de un representante del nacionalismo vasco (excluidos por
sus peticiones maximalistas en torno a la autonomía vasca). El 6 de diciembre de ese mismo año
se celebró un referéndum, donde se le otorgó el apoyo del 87,9% de los votos.
El preámbulo recoge los valores en que se basa (justicia, libertad, seguridad…), y las metas a
las que apunta la convivencia democrática: Estado de derecho, protección de los individuos y de los
pueblos, progreso cultural y económico… El título preliminar establece que la soberanía recae en
el pueblo español, bajo la fórmula política de la monarquía parlamentaria.
El título 11 desarrolla los derechos fundamentales y las libertades de los ciudadanos:
expresión, reunión, asociación, residencia. Queda abolida la pena de muerte y se proclama la
aconfesionalidad del Estado. Además se creó la figura del Defensor del Pueblo, un instrumento para
garantizar estos derechos básicos de los españoles, su tarea principal es recoger las reclamaciones
de los ciudadanos referentes a la vulneración de sus libertades por parte de la Administración.
La jefatura del Estado. El Rey ocupa la Jefatura del Estado, su cargo es vitalicio y la Corona
hereditaria (primando la línea de sucesión masculina). Sus atribuciones están subordinadas a la
Constitución y consisten en: representación simbólica de la nación, sanción de las leyes aprobadas
por las Cortes y el mando supremo nominal de las Fuerzas Armadas.
La separación de poderes. El poder ejecutivo es responsabilidad del Gobierno, que se
compone del presidente, los vicepresidentes y los ministros. El poder legislativo se basa en un
sistema bicameral porque las Cortes Generales están formadas por el Congreso de los Diputados y
el Senado, las dos cámaras elegidas por sufragio universal directo. De todas formas, el Congreso
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tiene muchas más atribuciones que el Senado, que, de hecho, sólo tiene funciones de segunda
lectura para los proyectos que han sido aprobados por el Congreso. Es una cámara de
representación territorial. El poder judicial está integrado por jueces y magistrados, que son
inamovibles, no son objeto de elección popular, pero se encuentran sometidos al Tribunal Supremo
y al Tribunal constitucional (máximo órgano constitucional).
Organización territorial del Estado: España se divide en comunidades autónomas. Son
provincias o agrupaciones de provincias que acceden a su autogobierno, pero manteniendo
instituciones comunes dentro del Estado español. El gobierno Central se reserva la exclusividad las
competencias sobre relaciones internacionales, Defensa, Fuerzas Armadas, sistema monetario y
Hacienda.