En el Plan Reconciliador de Dios, San José tuvo un papel esencial: Dios le encomendó la gran
responsabilidad y privilegio de ser el padre adoptivo del Niño Jesús y de ser esposo virginal de la
Virgen María. San José, el santo custodio de la Sagrada Familia, es el santo que más cerca está de
Jesús y de la Santísima de la Virgen María.
La vida de San José fue una vida de oración y silencio permaneciendo de este modo en
diálogo con Dios; trabajador y honesto para mantener a su familia; padre y esposo,
lleno de amor y compasión; obediente y de una profunda fe dejándose llevar en manos
de Dios; hombre justo y casto, cuya imagen vemos representada por la azucena en la
mano, símbolo de pureza y de su estado virginal
A modo de conclusión, podemos ver cómo San José lo hizo todo ante los ojos de
Dios, al que sirvió ejemplarmente.
Por lo tanto, la perfección y nuestro actuar como cristianos, en realidad se da
en el cumplimiento de lo que Dios quiere de nosotros.
Con su ejemplo de vida nos enseña a amar, orar, sufrir, actuar
rectamente para dar gloria a Dios con nuestra vida, en cada día que se nos da.
No es tan importante hacer «grandes cosas» sino hacer bien la tarea que
debemos hacer.
«El participó en este misterio junto con Ella, comprometido en la realidad del
mismo hecho salvífico, siendo depositario del mismo amor, por cuyo poder el
eterno Padre «nos predestino a la adopción de hijos suyos por Jesucristo» (Ef 1,5)
» (Redemptoris Custos, Introducción).
Por lo tanto, la fe y el amor con que cada cual va tejiendo su vida en el día a día
es importante. Vivir con docilidad la voluntad del Padre, es vivir con un corazón
agradecido por todo lo que recibimos, ser conscientes de la misión que se nos
encomienda y ser fieles a ese llamamiento.
Nos enseña a ser grandes desde la pequeñez como María (caridad), nos invita a
confiar en el creador aunque aparentemente las cosas vayan en contra (fe) y nos
induce a ponernos en camino apoyados en el cayado de la esperanza.
Vemos en su persona como obedecía con docilidad, y siempre estaba oyente a
la voz de Dios. En cada circunstancia de su vida se ve la respuesta dirigida
hacia esta voluntad.
A través de sus sueños, se le reveló lo que tenía que hacer y se observa en él su
obediencia sin pensar en las dificultades. Por la fe acató los caminos de Dios,
en esa confianza que el Padre había depositado en él, al elegirlo padre de su hijo.
Acoge a María como le dice el ángel, deja a un lado sus propios razonamientos y
asume lo que se le dice. Nos enseña a acoger lo que se nos da en nuestra propia
vida, aunque no comprendamos.
«La acogida es un modo por el que se manifiesta en nuestra vida el don de la
fortaleza que nos viene del Espíritu Santo. Solo el Señor puede darnos la fuerza
para acoger la vida tal como es, para hacer sitio incluso a esa parte contradictoria,
inesperada y decepcionante de la existencia» (Patris Corde, 4).
San José se caracterizo por su silencio. Un silencio respetuoso y puesto al
servicio de la escucha. Este silencio ayuda a tener una mirada hacia
dentro para meditar y conocer la voluntad de Dios.
El Papa Benedicto dijo «dejémonos invadir por el silencio de San José«, el ruido
nos impide escuchar o percibir las grandes verdades de la vida.
Su trabajo estaba envuelto en este silencio, era un humilde carpintero que bajo
el esfuerzo de su trabajo, supo responder con fidelidad el cumplimiento de sus
deberes, en un constante servicio.
El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de la persona y él nos
enseña a hacer un trabajo justo, donde todos los dones que hemos recibido de
Dios los ponemos a su servicio.
«…José acercó el trabajo humano al misterio de la redención» (Redemptoris
custos IV). Por ello, los trabajadores están invitados a imitarle. Es posible servir
a Cristo por medio de nuestro trabajo. «Todo cuánto que , hacedlo de corazón,
como para el Señor y no para los hombres…» (Col 3, 23s)
San José se caracterizo por su silencio. Un silencio respetuoso y puesto al
servicio de la escucha. Este silencio ayuda a tener una mirada hacia
dentro para meditar y conocer la voluntad de Dios.
El Papa Benedicto dijo «dejémonos invadir por el silencio de San José«, el ruido
nos impide escuchar o percibir las grandes verdades de la vida.
Su trabajo estaba envuelto en este silencio, era un humilde carpintero que bajo
el esfuerzo de su trabajo, supo responder con fidelidad el cumplimiento de sus
deberes, en un constante servicio.
El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de la persona y él nos
enseña a hacer un trabajo justo, donde todos los dones que hemos recibido de
Dios los ponemos a su servicio.
«…José acercó el trabajo humano al misterio de la redención» (Redemptoris
custos IV). Por ello, los trabajadores están invitados a imitarle. Es posible servir
a Cristo por medio de nuestro trabajo. «Todo cuánto que , hacedlo de corazón,
como para el Señor y no para los hombres…» (Col 3, 23s)
Fe.
Trabajador.
Prudencia.
Fidelidad.
Humildad.
Protector.
Ternura.
Al Glorioso Patriarca San José
José dulcísimo y Padre amantísimo de mi corazón, a ti te elijo como mi protector en vida y en
muerte; y consagro a tu culto este día, en recompensa y satisfacción de los muchos que
vanamente he dado al mundo, y a sus vanísimas vanidades.
Yo te suplico con todo mi corazón que por dolores y goces me alcances de tu adoptivo Hijo Jesús y
de tu verdadera esposa, María Santísima, la gracia de emplearlos a mucha honra y gloria suya, y en
bien y provecho de mi alma.
Alcánzame vivas luces para conocer la gravedad de mis culpas, lágrimas de contricción para
llorarlas y detestarlas, propósitos firmes para no cometerlas más, fortaleza para resistir a las
tentaciones,
perseverancia para seguir el camino de la virtud; particularmente lo que te pido en esta oración y
una cristiana disposición para morir bien.
Esto es, Santo mío, lo que te suplico; y esto es lo que, mediante tu poderosa intercesión, espero
alcanzar de mi Dios y Señor, a quien deseo amar y servir, como tú lo amaste y serviste siempre,
por siempre, y por una eternidad.
Amén.
Oh San José, eres un hombre muy favorecido por el Altísimo. El ángel del Señor se te
apareció en sueños, mientras dormías, para advertirte y guiarte en el cuidado de la
Sagrada Familia. Eras silencioso y fuerte, un protector leal y valiente.
Querido San José, mientras descansas en el Señor, confiado en su poder y bondad
absolutos, mírame. Por favor, toma mi necesidad (mencione su solicitud) en tu corazón,
sueña con ella y preséntasela a tu Hijo. Ayúdame entonces, buen San José, a escuchar la
voz de Dios, a levantarme y actuar con amor. Alabo y agradezco a Dios con alegría. San
José, te amo. Amén.
San José, ruega a Jesús que venga a mi corazón y lo inflame de caridad.
San José, ruega a Jesús que venga a mi inteligencia y la ilumine.
San José, ruega a Jesús que venga a mi voluntad y la fortalezca.
San José, ruega a Jesús que venga a mis pensamientos y los purifique.
San José, ruega a Jesús que venga a mis afectos y los ordene.
San José, ruega a Jesús que venga a mis deseos y los dirija.
San José, ruega a Jesús que venga a mis acciones y las bendiga.
San José, haz que Jesús me done su Santo Amor.
San José, haz que Jesús me done la imitación de sus virtudes.
San José, haz que Jesús me done la verdadera humildad de espíritu.
San José, haz que Jesús me done la paz del alma.
San José, haz que Jesús me done el santo temor de Dios.
San José, haz que Jesús me done el deseo de la perfección.
San José, haz que Jesús me done la dulzura de carácter.
San José, haz que Jesús me done un corazón puro y caritativo.
San José, haz que Jesús me done la gracia de soportar con paciencia los sufrimientos de la
vida.
San José, por el amor que le diste a Jesús ayúdame a amarlo de verdad.
San José, recíbeme y protégeme como tu fiel devoto.
San José, yo me pongo en tus manos, acéptame y socórreme.
San José, no me abandones en la hora de mi muerte.
Amén.
San José, ¡ruega por nosotros!