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Tema 5: Políticas Socio-Criminológicas

Este documento presenta el tema 5 de un curso de criminología sobre políticas socio-criminológicas. Explica conceptos clave como política criminal y prevención del delito a través de políticas sociales y policiales. También analiza modelos de intervención efectivos como programas de estimulación temprana, educación preescolar y tratamiento del comportamiento antisocial. Finalmente, discute actores e influencias en la agenda de políticas criminales como medios de comunicación, víctimas y grupos de interés.

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Este documento presenta el tema 5 de un curso de criminología sobre políticas socio-criminológicas. Explica conceptos clave como política criminal y prevención del delito a través de políticas sociales y policiales. También analiza modelos de intervención efectivos como programas de estimulación temprana, educación preescolar y tratamiento del comportamiento antisocial. Finalmente, discute actores e influencias en la agenda de políticas criminales como medios de comunicación, víctimas y grupos de interés.

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ASIGNATURA

Criminología
TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

GRADO EN CRIMINOLOGÍA

TEMA 5
Políticas Socio-Criminológicas.

Autor: Prof. Doctora Montserrat López Melero


Revisión: 2023

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

Unidad didáctica.

Tema 5: Políticas Socio-Criminológicas.


INDICE

I. PRESENTACION ........................................................................................... 5
II. OBJETIVOS. .............................................................................................. 7
III. ESQUEMA ................................................................................................ 8
IV. CONTENIDO ............................................................................................. 9
1. ¿Qué es la política? …………………………………………………………………………………………………………….……..9
1.1. Política Socio-Criminológica ……………………………………………………………………………………………9
1.2. La política Socio-Criminológica como parte de la política estatal …………………….…….10
2. La política criminal como disciplina ………………………………………………………………..…………………….10
2.1. Objeto y método ………………………………………………………………………………………….……………….10
2.2. Prevención del delito en y a través de la Política Criminal …………………………….11
3. Prevención del delito a través de la política social ……………………………………………………………...13
4. Políticas sociales. Especial referencia a la política educativa …………………………………………….17
5. Programas preventivos basados en la información ……………………………………………………...19
6. Medios de solución ………………………………………………………………………………………………………………….20
6.1. De los conflictos extrapenales. La Justicia Restaurativa ………………………………………….20
6.2. Políticas derivadas de los medios de comunicación ………………………………………………….20
6.3. Prevención victimal ……………………………………………………………………………………………………..21
7. Instrumentos de la Política criminal. Proceso ……………………………………………………………………..21
8. Prevención del delito como objeto específico de la política criminal. ……………………..…...23
8.1. Prevención general y especial. ………………………………………………………………………….…….24
9. La reducción de la delincuencia por medio de la disuasión. …………………………………..…….24
9.1. Disuasión General. Concepto.……………………………………………………………………………………..……..24
9.2. La Investigación sobre la disuasión general se clasifica en dos categorías ……………..…25
9.3. ¿En qué medida podemos hablar de un efecto disuasorio general? …………………….………26
10. Modelos y programas de intervención ………………………………………………………………………..………27
10.1. Criterios de Intervención y prevención temprana……………………………………………….……27
10.2. Programas orientados a mejorar la calidad del embarazo y cuidado posnatal.28
10.3. Educación preescolar y programas de visitas a domicilio orientados a mejorar el
desarrollo cognitivo……………………………………………………………………………………… 28
10.4. Programas cognitivos conductuales que enseñan habilidades sociales a los menores
………………………………………………………………………………………………………………………28
10.5. El tratamiento temprano o intensivo del comportamiento antisocial y delictivo
…………………………………………………………………………………………………………..…………..29
10.6. Programas de prevención en el ámbito escolar……………………………………… 29

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

10.7. Intervenciones centradas en poblaciones de riesgo……………………………31


11. Prevención a través de la aplicación de modelos policiales proactivos. …………………32
11.1. Aumentar el número de agentes de policía y modos de desplazamiento……33
11.2. Policía Comunitaria y prevención. ………………………………………………………34
11.3. Proyecto Policía 2000. Policía de Proximidad…………………………………..…………35
11.4. Goldstein…………………………………………………………………………………..………………………35
11.5. Policía de calidad de vida. ……………………………………………………………………35
11.6. La Policía de Puntos calientes. ………………………………………………………………….35
11.7. Victimización repetida. …………………………………………………………………………………36
11.8. Prevención situacional. ………………………………………………………………………………..36
11.9. Policía basada en la Inteligencia. …………………………………………………..………………36
[Link]ía de Aseguramiento. …………………………………………………………….…………………36
12. Globalización y sociedad de riesgo ………………………………………………………..…………37
13. Derecho penal simbólico. ……………………………………………………………………………………..………37
14. Derecho penal del riesgo ………………………………………………………………………………………….….38
15. Derecho penal del enemigo y antigarantismo penal y procesal …………………………….38
16. Los actores de la politica criminal …………………………………………………………………..39
16.1. La internacionalización del derecho penal …………………………………….……………….39
16.2. La influencia de las políticas de la Unión Europea …………………………………………39
16.3. La internacionalización del derecho penal ……………………………………………..……..40
16.4. Medios de comunicación, opinión pública y política criminal ………….……40
16.5. Agenda-setting y relevancia de lo criminal …………………………………………………….40
16.6. La técnica del framing y su influencia en la política criminal …………………41
16.7. El protagonismo absoluto de la victima ………………………………………………………41
16.8. Deshumanización del delincuente ……………………………………………..……………………41
16.9. Pena como retribución …………………………………………………………………………………41
16.10. Desprecio de las garantías penales y procesales e imagen distorsionada de la
Justicia …………………………………………………………………………………………………………42
17. Los poderes definidores de la agenda mediática …………………………………………42
17.1. Partidos políticos y medios de comunicación ……………………………………………..42
18. Asociaciones de víctimas y otros grupos de interés (lobbies) ……………………………………42
25. Práctica ………………………………………………………………………………………………………………………………………43
V. RESUMEN............................................................................................... 44
VI. GLOSARIO ……………………………………………………………………………………………………………….………………..….45
VI. BIBLIOGRAFIA......................................................................................... 50
VII. ACTIVIDADES ......................................................................................... 51

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

I. PRESENTACION

Este tema es elaborado por prof. Jesús García Ruíz y revisado por la Prof. Dra. Montserrat López
Melero.

Criminólogos como Gottfredson, Mckenzie, Eck, Farrington, Sherman, Waller han analizado lo que
funciona para evitar el delito. Comisiones y organismos de investigación como la Organización Mundial
de la Salud, Naciones Unidas, el Consejo Nacional de Investigación de los Estados Unidos o la Comisión
de Auditoría del Reino Unido han revisado estos análisis y otros sobre qué reduce los índices de
delincuencia interpersonal.

Están de acuerdo en que los gobiernos, para gestionar adecuadamente los factores de riesgo que
causan el delito, deben ir más allá de aplicar la ley y mantener un sistema de justicia penal eficaz,
porque eso tiene una mejor relación coste-eficacia y produce mayores beneficios sociales que las
maneras estándares de responder al delito. Por ejemplo, el Programa Perry (EE. UU.) de estimulación
temprana y mejora nutricional de niños desfavorecidos consiguió unos ahorros de 13 dólares por cada
dólar invertido, en su mayoría debidos a la reducción de los delitos cometidos por sus beneficiarios.

Múltiples encuestas de opinión también confirman que la ciudadanía apoya la inversión en prevención.
Waller utiliza estos materiales en Menos ley, más orden para proponer medidas concretas que reducen
el delito, así como una ley específica.

La Guía de la Organización Mundial de la Salud (2004) complementa el Informe mundial sobre violencia
y salud (2002) y la resolución 56-24 de la asamblea sanitaria mundial (2003) para que los gobiernos
pongan en práctica las siguientes nueve recomendaciones:

o Elaborar, aplicar y seguir un plan de acción nacional para la prevención de la violencia.

o Aumentar la capacidad para recoger datos sobre violencia.

o Definir prioridades para las causas, consecuencias y prevención de la violencia, y apoyar la


investigación sobre ellas.

o Promover respuestas de prevención primaria.

o Fortalecer las respuestas para las víctimas de la violencia.

o Integrar la prevención de la violencia en las políticas sociales y educativas, y así promover la


igualdad entre mujeres y hombres y la igualdad social.

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

o Incrementar la colaboración y el intercambio de información para la prevención de la


violencia.

o Promover, y realizar el seguimiento de, la adhesión a tratados internacionales, leyes y otros


mecanismos para proteger los derechos humanos.

o Buscar respuestas prácticas e internacionalmente acordadas a los tráficos mundiales de armas


y drogas.

Coinciden en la importancia de los municipios, porque son más capaces de organizar las estrategias
para abordar los factores de riesgo que causan el delito. El Foro Europeo para la Seguridad Urbana y
la Conferencia de Alcaldes de Estados Unidos han recalcado que los municipios deben centrarse en
los programas para satisfacer las necesidades de los jóvenes en riesgo y las mujeres vulnerables a la
violencia.

Para tener éxito, necesitan establecer, alrededor de un diagnóstico de la situación, una coalición de
instituciones clave como escuelas, creación de empleo, servicios sociales, albergues y aplicación de
la ley.

Por definición, el término prevención significa: medidas y acciones dispuestas con anticipación con el
fin de evitar o impedir que se presente un fenómeno peligroso para reducir sus efectos sobre la
población. Esto aunado a la definición jurídica del término delito que se precisa como: una conducta,
acción u omisión típica (tipificada por la ley), antijurídica (contraria a Derecho), culpable y punible.
Supone una conducta contemplada y regulada en el Derecho penal, es decir, una acción u omisión
tipificada y penada por la ley.

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Políticas Socio-Criminológicas

II. OBJETIVOS.

OBJETIVO GENERAL

• Conocer, manejar y gestionar el concepto, el diseño de la prevención del delito y su


aplicación.

• Conocer la Política Socio-Criminológica como disciplina encargada de explorar, buscar y hallar


soluciones legales que vengan a mejorar la convivencia segura, mediante el abordaje de las
conductas que pueden quebrarla o comprometerla

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

• Conocer el concepto, estructura y elementos que componen las Prevención del Delito.

• Conocer los programas preventivos.

• Conocer la prevención y su funcionamiento.

• Conocer Modelos policiales proactivos.

• Instrumentos de la prevención del delito.

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

III. ESQUEMA

•DEFINICIÓN
•DISUASIÓN
•POLÍTICAS
PREVENCIÓN DEL
DELITO

•CRITERIOS DE INTERVENCIÓN.
•PROGRAMAS.
MODELOS Y •TRATAMIENTOS.
PROGRAMAS
•INTERVENCIÓN.

•MODELOS POLICIALES PREVENTIVOS.


•DERECHO PENAL DEL RIESGO.
PREVENCIÓN,
GLOBALIZACIÓN DEL •MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LA POLÍTICA.
RIESGO Y SUS ACTORES

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Políticas Socio-Criminológicas

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

IV. CONTENIDO

1. ¿Qué es la política?

• Es de naturaleza pública.
• Están implicados los poderes públicos.
• Tiene por objeto la gestión de asuntos públicos.
• Medidas para la gestión de asuntos públicos.
• Es una toma de decisiones o adopción de medidas para la gestión de los asuntos públicos.
Ejemplo: política económica.

¿Quién debe adoptar esas medidas para la gestión de los asuntos públicos?, es decir, ¿quién hace la
Política Criminal? Los poderes públicos (el Estado), es decir, el poder ejecutivo, legislativo y judicial.
Estos poderes hacen la política y la Política Criminal. Deciden qué es delito, etc.

1.1. Política Socio-criminológica

La política socio-criminológica, básicamente, es la reacción social frente a las conductas delictivas


que amenazan su cohesión social. Es un control social y una estrategia de lucha contra la delincuencia.
Se busca una eficacia social teniendo en cuenta qué es el hombre en la sociedad humana. Es una
acción planificada de procedimientos preventivos y represivos contra el crimen.

La intervención penal como subsistema de control social, ha de hacer coincidir su eficacia con los
objetivos que pretenden los subsistemas de control social como la familia, la escuela, el trabajo, las
relaciones sociales, la opinión pública, entre otras instancias. En la medida que interaccionen
recíprocamente, habrá garantías de que la intervención penal pueda condicionar los comportamientos
sociales. Hay aspectos que se han de tener muy en cuenta:

• Desconfianza hacia un equilibrado ejercicio del poder sancionador, por parte de los poderes
públicos.

• Humanidad de las sanciones.

• Modelo resocializador. La legitimidad del derecho penal viene de la capacidad para


resocializar al delincuente y satisfacer a la sociedad y a la víctima, en la justa medida. Se ha
de tener cuidado con el exceso de garantías.

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Políticas Socio-Criminológicas

Lo que nunca se debe hacer es resolver la situación exclusivamente con la acción policial y agravando
las penas. La experiencia internacional enseña que estas medidas, por si solas, no dan los resultados
que la sociedad necesita. Al contrario, hay mayor criminalidad y más violenta. Hay que
complementarlas con acciones situacionales, que van a evitar la comisión del delito y con acciones
sociales, que van a intentar integrar a grupos de riesgo. El modelo penal ha de adecuarse a la realidad
normativa y a la política criminal.

1.2. La política Socio-criminológica como parte de la política estatal

Las políticas socio-criminológicas forman parte de la política general y, por tanto, del ejercicio del
poder, refleja la ideología de quien la ejecuta. La forma de estado, el modo de gobierno han de estar
limitados por el respeto a los derechos fundamentales. A partir de estos condicionantes el crimen y
la violencia se perciben y se manejan de forma distinta en los estados totalitarios que en los
democráticos.

2. La política criminal como disciplina

2.1. Objeto y método

El objeto de la política criminal está meridianamente claro, es el fenómeno criminal y la legislación


que lo contempla. En cuanto al método, se diferencia en cierta medida del jurídico propio del derecho
penal y del empírico utilizado por la criminología. Su método de análisis está más próximo al utilizado
por la sociología y las ciencias políticas. Así pues, podríamos definir la política criminal como “el
conjunto de conocimientos que se adquieren a partir del estudio del conjunto de medidas, criterios y
argumentos que emplean los poderes públicos para prevenir y reaccionar frente al fenómeno criminal
(BORJA).

Como resultado de lo anteriormente dicho, el objeto de estudio no se circunscribe solamente a la


legislación penal, sino que abarca todas las instituciones que tienen como fin desde el ámbito político,
la prevención o la reacción frente al delito. Obviamente, el derecho penal adquiere un peso
específico, pues define qué es o no delito, pero no es la única forma de prevenir y enfrentarnos al
crimen. Junto al derecho penal, de manera obligada, tienen que participar acciones de carácter
social, cultural, educativo, laboral y económico. Sirva de ejemplo las campañas que se desarrollan en
aras de reducir la violencia de género mediante la aplicación de la tolerancia cero.

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Políticas Socio-Criminológicas

2.2. Prevención del delito en y a través de la Política Criminal

Contra el delito se puede luchar:

• Una actuación represiva, o


• Una actuación preventiva (evitar las causas de la delincuencia).

En este contexto, se puede hablar de los siguientes tipos de prevención:

❖ Prevención Criminal. Eficacia preventiva de la pena y opera en el proceso motivacional del


infractor (disuasión).

❖ Prevención a través de instrumentos no penales. Se modifican algunos factores o elementos


del escenario criminal (espacio físico, diseño arquitectónico y urbanístico, aspecto de las
víctimas, efectividad y rendimiento del sistema legal, etc.). Se pretende así, poner trabas y
obstáculos de todo tipo al autor en el proceso de ejecución del plan criminal mediante una
intervención selectiva en el escenario del crimen que encarece los costes de éste para
infractor (incremento del viejo, disminución o beneficios, etc.), con el consiguiente efecto
inhibitorio.

❖ Prevención especial. Para muchos penitenciaristas, la prevención del delito no es objeto


autónomo de la sociedad o los poderes públicos, sino el efecto último perseguido por los
programas de resocialización y reinserción del penado. Se trata no tanto de evitar el delito
como de evitar la reincidencia del infractor. El concepto de prevención se equipara al de
prevención especial.

Lo anterior se debe tener en cuenta a la hora de elaborar el Protocolo de Prevención criminológica.


Porque, lo que se pretende es disuadir al infractor de la norma a través de procesos de motivación
para que no delinca. En este caso, concurren varios factores:

• Intervención selectiva en el proceso del crimen. Consiste en poner trabas para la comisión
del delito (influyen en el ambiente no en la persona).
• Reinserción social para evitar reincidencia. Conversión de la ejecución de la pena en
tratamiento resocializador.
• Estudiar el delito de forma relativa. Diferentes delitos, según momento histórico y
geográfico.

Para algunos, sobre todo para determinados grupos de juristas y legisladores, las políticas de
prevención del delito equivalen fundamentalmente a política criminal, en particular a aquellas

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

políticas que facilitan las actuaciones del sistema de justicia penal para identificar, detener,
procesar, condenar y castigar a los delincuentes. Desde esta perspectiva, se entiende que el correcto
funcionamiento del sistema de justicia penal manda a la sociedad y al delincuente el mensaje de que
el delito es inaceptable y que quien lo comete acaba pagando por ello. Aplicar penas de severidad
adecuada, procesar y condenar a más delincuentes, y contenerlos en prisión serian, por tanto, medios
eficaces de reducir la delincuencia.

Esta noción de la prevención del delito la heredamos de los pensadores ilustrados que en el siglo XVIII
cuestionaron las bases del derecho penal del Estado absolutista y emplearon principios de eficacia
disuasoria para legitimar el derecho penal y controlar el poder del Estado a la hora de recurrir a las
sanciones penales. Desde esta perspectiva se entendía que un derecho penal legítimo es aquel que
sirve para reducir y prevenir la delincuencia. En el ámbito anglosajón, las teorías del control del delito
por medio de la disuasión e incapacitación penal adquirieron durante la década de los 70 una nueva
relevancia a tenor de la aparente crisis de la penalidad del bienestar y el tratamiento penitenciario
("nada funciona"); una crisis que, en parte, reflejaba también la crisis del modelo económico y socio-
político de la posguerra mundial como consecuencia de la crisis del petróleo y del cambio del modelo
productivo.

En España, aunque no todos los operadores del sistema de justicia penal y miembros de la clase
política hoy por hoy excluirían la relevancia de otro tipo de actuaciones políticas a la hora de controlar
la delincuencia, la mayor parte de ellos siguen pensando que el sistema de justicia penal juega un
papel clave, para algunos el más importante si nos fiáramos de sus declaraciones y actuaciones
públicas, en el control de la delincuencia. Aunque los políticos españoles en numerosas ocasiones
destacan que hay formas más "eficaces" de prevenir la delincuencia, suelen al final votar en las Cortes
Generales a favor del endurecimiento de las sanciones penales como mecanismo para controlar la
delincuencia de forma preferencial a la adopción de otro tipo de medidas.

Sin embargo, la pretendida eficacia preventiva del aparato de justicia penal es muy cuestionable. De
entrada, en los países occidentales sólo aproximadamente la mitad de los delitos comunes (el
porcentaje es incluso menor en algunos de éstos, así como en los delitos de las clases medias o de los
poderosos) llega al conocimiento de la policía. Es decir, las instancias del sistema de justicia penal,
que tienen una naturaleza fundamentalmente reactiva, son incapaces de responder a
aproximadamente el 50% de los actos tipificados como delitos en la legislación penal. El ámbito de lo
delictivo es tan amplio que resulta impensable que la administración de justicia penal pueda generar
los medios para controlarla.

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

Por más que les pese a observadores conservadores y moralistas diversa índole, la impunidad del
delito es, y siempre seguirá siendo, la norma universal, con las implicaciones que ello tiene tanto
para los efectos de disuasión como para los de incapacitación como estrategias de control penal.

La constante inflación penal (la definición como delictivos de un número mayor de conductas) ha
contribuido a agravar este problema. Este proceso de inflación penal ha caracterizado la expansión
del Estado como regulador de un mayor número de sectores y actividades y se ha acelerado en las dos
últimas décadas en parte como respuesta al desarrollo de políticas de gestos o simbólicas y al
electoralismo penal (Silva, 2001). Por otro lado, el entusiasmo y la capacidad de los ciudadanos por
denunciar todo lo denunciable es también limitado. Las encuestas de victimación confirman que
muchos de estos actos, considerados de forma exagerada y grandilocuente por las leyes y los
penalistas como "las violaciones más graves de los bienes jurídicos más importantes", son
generalmente considerados como demasiado triviales como para motivar los ciudadanos a denunciar
o a molestarse con los inconvenientes que ello conlleva.

Aparte de las limitaciones del sistema de justicia penal para llegar a conocer y responder a situaciones
delictivas, como veremos más adelante de forma más detenida, la evaluación empírica del impacto
de las leyes penales y de las actuaciones del sistema de justicia penal sugieren también que su eficacia
es bastante limitada. Es en este sentido que Felson (1994) habla de la "falacia del sistema de justicia
penal" para referirse al extendido mito de que las actuaciones de jueces, fiscales y policías pueden
tener un impacto notable en los niveles de delincuencia. Para este autor, en opinión compartida por
la comunidad criminológica en líneas generales, doblar los recursos del sistema de justicia penal sería
equivalente a pretender llenar un cubo con dos gotas de agua en lugar de una.

3. Prevención del delito a través de la política social

Hay, en todo caso, interpretaciones de lo que puede entenderse como prevención del delito, que son
más amplias y que abarcarían parcelas de la política social, económica y de desarrollo urbano entre
otras. Ya a finales del siglo XIX, los pioneros de la criminología positivista identificaron medidas de
reducción o prevención del delito alejado del ámbito de la política de justicia penal.

Por ejemplo, el italiano Ferri (1887) producía un amplio listado de intervenciones sociales y
situacionales que, en su opinión, podían tener un impacto en los niveles de delincuencia (sustitución
del papel moneda por la moneda metálica, la eliminación de barrios "miserables", la mejora del
transporte, la simplificación de las leyes, la alfabetización del pueblo, etc.). En este sentido más
amplio, aquellas políticas que, por ejemplo, mejoran el nivel de calidad de vida de los ciudadanos,
que disminuyen el nivel de paro, que sirven para integrar a los sectores más desfavorecidos de la
población y mejorar el nivel de igualdad, o que generan bienestar económico y fortalecen

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

instituciones sociales (p. ej., familias, escuelas) con capacidad de ejercer funciones de control social
informal, a menudo se propugnan como más eficaces para reducir los niveles de delincuencia que el
incremento de las penas. Es decir, se tiende a equiparar prevención del delito y una buena política
social y económica.

Ciertamente, durante el período de la posguerra mundial los ideales y las consecuentes políticas del
Estado de bienestar venían a asumir que una sociedad con un nivel adecuado de calidad de vida e
igualdad llevaría por sí misma a una reducción significativa en los niveles de delincuencia.

Muchas de las medidas que se podría incluir en este concepto más amplio no pertenecen en sentido
estricto al campo de la política criminal o, dicho de otra forma, no tienen como fundamento último
la prevención de la delincuencia. Piénsese en la educación. Incluso si pensamos que mejores políticas
educativas de los jóvenes pueden tener un efecto en la reducción de la delincuencia (p. ej.,
colocándolos en una mejor situación para encontrar empleo en la economía formal o manteniéndolos
ocupados durante una buena parte del tiempo), sería absurdo pensar que la razón principal y explícita
por la que mandamos a los jóvenes a la escuela o a la universidad es para prevenir la delincuencia. Si
la reducción de la delincuencia fuera nuestra prioridad, los programas educativos y la estructura del
aparato educativo serían muy diferentes. Lo mismo podría decirse de los programas orientados a
reducir la pobreza o a facilitar el censo a viviendas dignas. El objetivo fundamental de la política
social es mejorar la calidad de vida y generar mayores niveles de igualdad, no reducir la delincuencia,
al margen de que éste pueda ser un efecto secundario de la misma.

Quienes parten de un concepto más amplio de la prevención del delito apuntan que, aunque estas
medidas sólo tengan un efecto secundario o indirecto en la delincuencia, su impacto puede quizás ser
mayor en alcance y magnitud (Soothill 2009) que el de otras diseñadas específicamente para reducir
la delincuencia (por ejemplo, las sanciones penales). Esto era, al menos, lo que se pensaba durante
buena parte del siglo XX. Y, en gran parte, hay muy buenos argumentos para pensar que sociedades
más equitativas generan menores niveles de, al menos, ciertos tipos de delincuencia, así como de
otros problemas sociales (Wilkinson y Pickett' 2009). Hay, no obstante, algunos problemas al equiparar
política social y política de prevención del delito. El primero es lo que se denomina la criminalización
de la política social. El segundo es el problema de los propios límites de la política social a la hora de
incidir en los niveles de delincuencia.

La criminalización de la política social tiene dos dimensiones. La primera es el desplazamiento de los


objetivos: ubicar la prevención del delito como uno de los objetivos prioritarios de la política social
puede desplazar a un segundo plano otros objetivos de estas intervenciones que son igualmente

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

Importantes desde la perspectiva de un Estado social Y económico de derecho, La segunda dimensión


de la criminalización de la política social se refiere al desdibujamiento de los límites competenciales,
es decir, a cómo la colaboración entre agencias policiales y de servicios sociales para tratar ciertas
problemáticas puede dar lugar a que de forma operativa se oscurezca el propósito de intervenciones
sociales (bienestar versus castigo). Esto es en parte lo que Jonathan Simon (2007) tiene en mente
cuando habla de "gobernanza a través de la delincuencia". Con esta expresión, el profesor de Berkeley
se refiere a los efectos desvirtuadores de instituciones sociales y políticas que pueden derivar de una
obsesión por el control de la delincuencia.

En los países anglosajones, aunque no sólo en ellos, esta criminalización" de la política social se ha
hecho bastante evidente a medida que las políticas redistributivas han sido abandonas porque no se
consideran compatibles con la ortodoxia de las economías neoliberales en un mundo globalizado.
Como Rodger (2008: 19) señala, "desprovisto de su componente humanista modernista, el Estado de
bienestar contemporáneo se ha venido a concentrar en otras de sus funciones primarias, la gestión
de los incentivos al empleo y el control de la elegibilidad de los beneficios sociales". De esta forma,
la política social se ha hecho más condicional, menos universal, y la conducta de sus beneficiarios se
ha convertido en una condición clave a la hora de definir necesidades o prioridades. El peligro
evidente de este fenómeno es que la delincuencia, o el "riesgo" de la misma, se pueda convertir en
el principio fundamental que sirva para decidir la distribución de bienes sociales (Crawford, 2009) y
que los programas para combatir la pobreza y la exclusión social se vengan a diseñar de forma que se
acentúe su potencial para reducir la delincuencia en lugar de partir de otro tipo de consideraciones
de justicia social (Hughes, 2002).

Esta criminalización de la política social es evidente en numerosas áreas, por ejemplo, en el Reino
Unido (Rodger, 2008): La política de vivienda pública ha pasado de estar centrada en gestionar
recursos escasos, o generar nuevos recursos (Gilling, 2007), a estar centrada en gestionar el problema
de "inquilinos problemáticos".

Existe una tendencia bastante consolidada a castigar a los padres tanto como a sus hijos "antisociales"
o delincuentes Esto se manifiesta en la introducción de medidas que de forma coactiva llevan a padres
a participar en intervenciones "sociales" para modificar su conducta y sus actitudes como consecuencia
del comportamiento problemático de sus hijos.

El énfasis renovado en criminalizar la delincuencia juvenil en lugar de tratarla como un problema


social o de formación. El vínculo aparentemente indisoluble que se ha creado entre los programas de
salud pública de toxico-dependencias y la administración de justicia penal.

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

Para complicar incluso más la relación entre políticas sociales o de igualdad y prevención del delito,
no siempre la introducción de mejoras sociales por medio de políticas de bienestar, de igualdad o
desarrollo se traduce en reducciones en los niveles de la delincuencia. A veces, de hecho, pueden
tener el efecto de crear nuevas oportunidades delictivas y así contribuir al aumento en los niveles de
delincuencia. El discurso del desarrollo propone que todos queremos vivir en sociedades más
prósperas, donde todos, de forma más equitativa, tenemos acceso a más bienes y riquezas materiales.

La idea de que al progreso tecnológico va a seguir el progreso moral era una de las ilusiones o sueños
del ideal modernista. Sin embargo, la experiencia histórica ha demostrado que las cosas no son tan
sencillas. Existen poderosas razones para poner en duda que el modelo económico y social que
caracteriza a las sociedades occidentales contemporáneas y basadas en el permanente crecimiento
económico y el consumismo son sostenibles moral o materialmente. Al margen de los problemas del
discurso del desarrollo en el contexto de la crisis ecológica y medioambiental que nos afecta, la
relación entre desarrollo social, económico y delincuencia es más compleja de lo que este modelo
asume.

Aunque los datos históricos sugieren un descenso de los delitos violentos en los países desarrollados
desde que existen datos registrados hasta nuestros días (Eisner, 2008), se ha producido también
aumento (al menos episódico) de determinadas formas delictivas durante todo este periodo (LaFree
y Drass, 2002; Eisner, 2008), a veces ligado a determinados avances sociales (Cohen y Felson, 1979).
Así, el discurso de la derecha sociológica más recalcitrante lleva proponiendo durante varias décadas
la tesis de que la expansión del Estado del bienestar no solamente no sirve para prevenir la
delincuencia, sino que representa un incentivo a la misma. Autores como Charles Murray (1990) han
criticado los "incentivos al fracaso" del "demasiado" generoso Estado del bienestar, que, en su opinión,
crearon una "peligrosa" nueva clase de parásitos antisociales" convertidos a la pereza por los
beneficios sociales recibidos sin necesidad de trabajar. Desde esta perspectiva se ha culpado a la
política social por haber creado una "cultura de la pobreza" que genera dependencia y delincuencia.
Pero uno no tiene por qué compartir estas tesis conservadoras, dogmáticas y con limitado apoyo
empírico para, a pesar de todo, reconocer que la política social y el desarrollo económico no siempre
conducen a reducciones de la delincuencia. Como veremos más adelante al hablar de la prevención
situacional, las innovaciones tecnológicas, los cambios en los hábitos de vida que resultan de la mayor
libertad e igualdad generadas por políticas sociales, y la proliferación de bienes de consumo
favorecida por el bienestar material, en ocasiones han generado nuevas oportunidades delictivas, así
como nuevos valores e identidades (Hayward, 2004; Hall, Winlow y Ancrum, 2008) que han venido
asociadas a aumentos de particulares formas de delincuencia en determinados contextos.

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

En todo caso, es evidente, como se deduce de estas observaciones, que las ideas sobre lo que puede
definirse como prevención del delito están cargadas de connotaciones ideológicas y políticas, y que
dependiendo del modelo social, económico y político al que aspiremos, conceptualizaremos la
prevención del delito de una forma u otra. Sin embargo, estas connotaciones ideológicas a menudo
no son hechas explícitas, por lo que precisan ser investigadas y examina- das con detalle para hacer
visibles las asunciones ideológicas y teóricas de los distintos programas y paradigmas de prevención.

4. Políticas sociales. Especial referencia a la política educativa

El estado debe de adoptar las iniciativas que se requieran para cubrir las necesidades básicas de los
ciudadanos, reduciendo con ello las tensiones sociales y, la criminalidad. Una política no puede actuar
solo en los resultados, ha de intervenir en las causas de los conflictos sociales. No basta con actuar
solo sobre las personas, es necesario hacerlo también sobre las situaciones. Es decir, una política
reactiva no es suficiente, es más, es en muchas ocasiones ineficaz, por tanto, debemos trabajar una
política social preventiva.

El estado ha de echar mano del control social informal, como la educación, la religión, la salud, los
servicios asistenciales, las mejoras de vivienda, calidad de vida de los ciudadanos, aportes económicos
para reducir los riesgos de la sociedad industrializada (paro, enfermedades, miseria, accidentes
laborales…). De todos los mencionados, tiene especial preponderancia la educación en todos los
ámbitos, y el primer nivel que ha de abordarlo es la familia. La familia en el proceso de socialización
del individuo se presenta como el primer nivel para comenzar a trabajar los factores facilitadores y
desencadenantes de la criminalidad y superar sus causas. Muchos delincuentes muestran carencias
afectivas y falta de reconocimiento de los principios éticos que solo pueden otorgar la familia.

La educación no solo se produce en el ámbito de la familia, se obtiene de la escuela, la religión, los


medios de comunicación, la literatura, la ciencia, etc.

La escuela es el mecanismo de control más importante después de la familia. Curiosamente, el modelo


educativo que se aplica, basado en el convencimiento y no el a obediencia ha derivado en focos de
violencia con tintes de criminalidad (bullying, agresiones a profesores, actos vandálicos, etc.).

Por último, en la universidad nos encontramos con que ha perdido la capacidad de crear profesionales
con aptitudes para comprender y afrontar los nuevos retos sociales debido a factores como el
creciente desinterés, la falta de una buena base de los estudiantes, la masificación, el sistema de
evaluación meramente memorístico, etc. La Universidad ha de recuperar el papel de portador de
conocimientos científicos a través del debate entre los que destaca el político.

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

Cómo es y qué tipo hay de Control social:

• proceso de socialización (autocontrol)

• control informal (entidades controladoras)

• control formalizado, (instituciones jurídicas)

• causas del delito: cambio social, transformación de valores, anomia.

Cuál es la Clasificación del control social:

• Primaria: Raíz del problema criminal, política social (medio y largo plazo)

• Secundaria: política legislativa, acción policial, seguridad ciudadana, ordenación urbana


(corto medio plazo)

• Terciaria (penado): punición y resocialización (corto plazo)

• General y especial

Qué Teorías avalan el control social:

• Clásica: disuasoria “más dureza, más justicia “pero no siempre la mayor dureza es más eficaz
frente al delito.

• Neoclásicos: mejora la estructura del sistema legal, mejores jueces, policías, prisiones etc,
es mejor que la anterior pero no busca las causas de la delincuencia.

• Prevención situacional: neutralizar situaciones de riesgo, principio de oportunidad,


sentimiento de culpabilidad, delito como fenómeno relativo etc.

Qué Teorías, entre otras, se deben tener en cuenta para justificar el protocolo de prevención
criminológica (completar con el bloque 1 de la asignatura sobre teorías criminológicas):

a. Teoría de la elección racional. Los individuos que pasan al acto delincuencial ejercen
una elección racional entre las diversas situaciones concretas que se les presentan
para poder delinquir. La selección se realizaría teniendo en cuenta:

• La ley del mínimo esfuerzo ante idéntica rentabilidad.


• Menor complejidad relación, necesaria para alcanzar el objetivo criminal.

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TEMA 5

Políticas Socio-Criminológicas

• Mayor posibilidad impunidad

b. Teoría del espacio defendible. Se trata de estudiar la estructura urbanística de la


ciudad para realizar un modelo habitable adecuado. Utilizar grandes ventanales de
las casas. No construir grandes edificios y que los espacios públicos se puedan vigilar
fácilmente.

c. Teoría de las actividades rutinarias. Se parte de la premisa que el delito es una


actividad normal y habitual en la sociedad moderna y no requiere motivación o
disposición especial (normalidad patológica). En contraposición con las teorías
anteriores que parten de la premisa que el delito era una desviación con respecto a
una conducta normal y civilizada.

d. Teoría del Patrón delictivo.

e. Teoría de las ventanas rotas.

f. Teoría de la Asociación diferencial.

g. Teorías psicológicas y sociológicas.

5. Programas preventivos basados en la información

1. Áreas geográficas determinadas: zonas criminales.


2. Factores arquitectónicos y urbanísticos (la iluminación de una calle, reestructurar el
casco urbano…).
3. Orientación comunitaria: delito como problema comunitario, política criminal
participativa, prevención comunitaria.
4. Prevención de la víctima: la víctima como causa del delito, información a las víctimas
que mayor riesgo corren, responsabilidad, autocontrol. Mediación y conciliación.
5. Programas de inspiración político-social: prevención primaria, política social,
nivelación de las clases sociales, lucha contra la pobreza.
6. Programas orientados a la reflexión axiológica: correlación valores sociales y
delincuencia, critica de valores sociales, cultura del hedonismo, afán de éxito rápido.
Ej. Mario Conde.
7. Prevención de la criminalidad de orientación cognitiva: intervención familiar y
escolar, prevención del consumo (drogas)
8. Prevención de la reincidencia: suspensión de la ejecución de la pena, penas
sustitutivas de privación de libertad por multa, trabajos en beneficio de la
comunidad, libertad vigilada.

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Políticas Socio-Criminológicas

6. Medios de solución

6.1. De los conflictos extrapenales. La Justicia Restaurativa

Este punto será objeto de estudio en la asignatura Mediación y Resolución de conflictos, por lo que
no se profundizará en el mismo. Solo decir que, un alto porcentaje de los casos que llegan a los
juzgados son de escasa gravedad y con frecuencia producidos entre personas de un mismo entorno
familiar o social (robos, injurias, calumnias, discusiones…). La utilización del procedimiento penal no
resuelve en la mayoría de los casos, todo lo contrario, agrava la situación. Acudir a la vía extrajudicial
para la resolución de conflictos es lo más oportuno ya que a diferencia de la sanción penal no tiene
un efecto criminalizador.

Acercar a las partes compensando a la víctima por el daño sufrido y que le devuelve el protagonismo
en su propio conflicto, es lo más adecuado.

6.2. Políticas derivadas de los medios de comunicación

Han adquirido un nivel de poder muy elevado, ya que transmiten valores, estereotipos e ideologías
que contribuyen de manera decisiva en la estabilización y desestabilización social ya que tienen
establecidas en muchas ocasiones relaciones con la administración de justicia y los poderes
económicos y políticos.

Tiene la posibilidad de aplicar la prevención a través de campañas publicitarias, en este sentido


podemos mencionar las conocidas como tolerancia cero frente al maltrato en cuanto a violencia de
género y ponle freno en cuanto a la seguridad vial. Por otro lado, los medios de comunicación en
algunas ocasiones se entrometen en la administración de justicia perjudicando la seguridad jurídica
y vulnerando el principio de igualdad.

Los medios de comunicación deben de aplicar un principio ético, ser coherentes, y suministrar
información que no distorsione la delincuencia. A este respecto sirva de ejemplo la supuesta autoría
de refugiados sirios en las agresiones sexuales ocurridas en la ciudad Alemania de Colonia en 2015.
¿De qué estamos hablando? De la necesidad de que la información sea veraz y contrastada con todas
las fuentes necesarias.

6.3. Prevención victimal

Este punto no será objeto de estudio en profundidad puesto que será estudiado en la
asignatura de Victimología. Solo hay que indicar que, García-Pablos (2001) determina que las

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Políticas Socio-Criminológicas

principales características de cada tipo de prevención se pueden resumir como a continuación se


indican:

❖ Prevención primaria: se dirige a todos los ciudadanos y se orienta a las causas mismas de la
criminalidad con el objetivo de intentar neutralizarlas antes de que haya una manifestación
del hecho delictivo. Se actúa sobre la comunidad en general mejorando las condiciones de
seguridad colectiva y de bienestar del entorno. Para Morillas (2011) este programa es muy
eficaz ya que opera etiológicamente considerándose como la verdadera prevención, pero
requiere inversión de recursos, esfuerzos, entre otros aspectos.

❖ Prevención secundaria: se produce en las víctimas potenciales, especialmente entre los


colectivos más vulnerables, es decir, se orienta selectivamente a sectores de la sociedad que
exhiben mayor factor de riesgo de padecer una conducta o hecho. Las estrategias son de
autoprotección y de reducción de riesgos.

❖ Prevención terciaria: también llamados de tratamiento, supone la intervención sobre quienes


ya han sido víctimas, se erige en una garantía de seguridad ciudadana. Estos programas
pueden estar orientados a la población reclusa con el objetivo de evitar la reincidencia y de
reinsertar.

7. Instrumentos de la política criminal. Proceso.

La Política Criminal es el conjunto de medidas adoptadas por los poderes públicos para luchar contra
la delincuencia con recursos penales o no penales, es decir, los instrumentos de la política criminal
no tienen por qué tener naturaleza penal.

• Ejemplos penales: castración química en los violadores.

El Derecho Penal, convertido en positivo, es el principal instrumento de la política criminal, está


dentro de ella.
• Ejemplos de medidas, de instrumentos de naturaleza penal de la PC:
o Reforma del Código Penal
o Reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal

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Políticas Socio-Criminológicas

La lucha contra la delincuencia se realiza no sólo contando con el Derecho Procesal Penal, sino con
instrumentos de otro carácter como el administrativo (derecho administrativo), también la formación
publicitaria, etc., fuera del Derecho. Todas estas medidas predominantemente tienen naturaleza
penal, pero no todas.

Esto nos lleva al principio de intervención mínima del Derecho Penal: tenemos que empezar por
medidas no sancionadoras (socioeconómicas), si no se soluciona vendrían las sanciones administrativas
y, finalmente, penales (Derecho Penal). Si vemos que el problema es más grave, intervendrá primero
el Derecho Administrativo y luego el Derecho Penal.

Orden:
1. Medidas no jurídicas
2. Medidas jurídicas no penales
3. Medidas jurídicas penales (Derecho Penal)

Como ya hemos visto anteriormente, también intervienen en el proceso de creación de la PC:


• Medios de comunicación
• Opinión pública → alarma social

La opinión presiona e incide sobre el legislador, por lo tanto, en el poder judicial.


Los medios tergiversan (manipulan o deforman) la realidad. Además, no paran de repetir la noticia.
Podemos saber lo que ocurre en la otra punta del mundo al momento, por tanto, estamos más
informados. Se produce una inflación. Y esto aumenta la alarma social. Informar con más o menos
sensacionalismo provocará más o menos audiencia. Los medios desinforman más que informan sobre
la delincuencia. Se acaban endureciendo las penas. La expansión del Derecho Penal o el
endurecimiento de la Política Criminal lo acaba provocando la opinión pública, la alarma social.

La Política Criminal la hacen los políticos, pero en el proceso de elaborar esa Política Criminal hay
cada vez más influencia de otros agentes como:
• Medios de comunicación
• Bancos
• Iglesia
• Asociación de Víctimas contra el Terrorismo
• Asociaciones Protectoras del Medio Ambiente (Greenpeace, etc.)
• Entidades representantes de Derechos de Propiedad Intelectual Industrial

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Políticas Socio-Criminológicas

• Asociaciones a favor del Derecho de la mujer

Todos estos grupos inciden en el proceso de elaboración de la PC, pero los poderes públicos
(legislativo, ejecutivo, judicial) son los que hacen la PC.

La Política Criminal se manifiesta en los 3 poderes del Estado:


a. Poder ejecutivo: decide cómo se reforma el Código Penal. Por ejemplo: ¿el aborto es delito
o no?
b. Poder legislativo
c. Poder judicial

Dos puntos de referencia que los poderes públicos toman para luchar contra ellos:

a. Nivel, índice real de la delincuencia: ¿Dónde se produce? ¿en qué cantidad? ¿de qué clase?
Intentar que bajen los delitos.
b. Nivel, índice de sensación subjetiva de inseguridad de la sociedad: conseguir relajar, bajar
este grado de inseguridad. ¿Si baja el nivel real de la delincuencia, baja el nivel de sensación
de inseguridad? No, ya que hay veces que baja el nivel real de la delincuencia y sube el nivel
de sensación de inseguridad, a causa de los medios de comunicación.

8. Prevención del delito como objeto específico de la política criminal.

El objetivo último no es erradicar el crimen, sino controlarlo razonablemente, prevenir es más que
disuadir, es intervenir en la etiología del delito neutralizando sus causas, la eficacia de los programas
de prevención deben plantearse a medio y a largo plazo, debe ser planteada de forma comunitaria y
social, la prevención científica y eficaz del delito requiere una definición del crimen y de los factores
que intervienen en el delito, implica prestaciones positivas , reestructurando la convivencia, mejor
que prevenir más delito sería generar menos criminalidad.
Lo anterior permite hablar de unos principios reguladores, a saber:
1. Mayor dureza de las penas: no es convincente: porque los jueces tienden a no
condenar, delito como factor de progreso, constituye un factor de criminalidad etc.
La pena tiene que ser pronta no cruel.
2. Principio de proporcionalidad.

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Políticas Socio-Criminológicas

8.1. Prevención general y especial para el delincuente

1. Prevención general:
• Negativa: intimidación.
• Positiva: confianza en el derecho.
• Límites: necesidad, proporcionalidad.
2. Prevención especial:
• Negativa: eliminación, intimidación, inocuización. Quid de la pena por
reincidencia o premeditación.
• Positiva: corrección, reinserción social.
• Límites: consentimiento, derechos fundamentales.

9. La reducción de la delincuencia por medio de la disuasión.

9.1. Disuasión General. Concepto.

La disuasión general puede ser definida corno la evitación por parte de los ciudadanos de una conducta
dada como consecuencia de la consideración anticipada de los efectos negativos asociados con las
sanciones formales e informales que resultan de esa conducta. La teoría de la disuasión general
implica un proceso psicológico por medio del cual los individuos son disuadidos de la comisión de
delitos solamente si perciben las sanciones legales como ciertas y severas (Williams y Hawkins,
1986). En este sentido, se afirma que la teoría de la disuasión general es una teoría sobre l as
implicaciones conductuales de creencias subjetivas. La teoría de la disuasión asume que la amenaza
de sanciones penales, influye en el proceso de toma de decisiones por parte de la ciudadanía y
reduce la probabilidad de que los individuos que componen la sociedad emprendan actividades
delictivas al aumentar los costos asociados con la misma. Esta teoría asume:
• Los niveles de punitividad son percibidos por el público en general de forma
apropiada.
• El público está dispuesto a modificar su conducta como consecuencia de estas
percepciones (Pogarsky, Piquero y Paternoster, 2004).

Las sanciones penales formales pueden venir acompañadas de sanciones sociales


informales Por ejemplo ostracismo social, pérdida de empleo, publicidad negativa, etc.
En numerosas ocasiones, son tan relevantes o más relevantes, en cuanto a su efecto
disuasorio que las propias sanciones penales. En este sentido, y Hawkins (1986) se refieren
a tres categorías generales de costes indirectos asociados a las sanciones penales:
1.- El estigma de la detención. Se refiere la degradación social y a la pérdida de
respeto que genera el etiquetamiento como delincuente o el procesamiento por parte

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Políticas Socio-Criminológicas

del Sistema de justicia penal. Este estigma en ocasiones es mayor que aquel asociado
al acto delictivo per se, particularmente en los casos que son “mala prohibita, en los
que no hay un claro rechazo social (p. ej., consumo de ciertas drogas).
2.- Los costes en términos de relaciones sociales. Ser detenido o procesado por el
sistema de justicia penal no solamente afecta nuestra reputación social, sino que
también puede influir negativamente en nuestras relaciones sociales y, en la medida
en que percibamos esta influencia como negativa, este juicio se suma al de los costes
directos de la sanción penal.
3.- Los costes en términos de su implicación oportunidades vitales. Si un individuo
piensa que la detención policial puede dañar su probabilidad de obtener un trabajo
en el futuro, sus oportunidades de obtener una educación o, por poner otro ejemplo,
de casarse, el proceso de disuasión es mucho más probable.

9.2. La Investigación sobre la disuasión general se clasifica en dos categorías

1.- Los estudios que a nivel agregado o macro han empleado estadísticas oficiales para
valorar el vínculo entre niveles objetivos de castigo penal (p. ej., la tasa de
detenciones, la duración media de las sentencias de prisión) y las tasas de
delincuencia.
2.- Los estudios que han empleado encuestas para valorar en qué grado, a nivel
individual, existen vínculos entre diversas dimensiones de la percepción de castigo
penal (su severidad o certeza) y la conducta criminal medida por auto-informes.

Ambos tipos de estudios ayudan a esclarecer determinadas predicciones sobre las que
se basa la teoría de la disuasión, pero también sufren importantes limitaciones. Así,
la primera categoría de estudios asume, pero no demuestra, vínculos entre los niveles
reales de punitividad y las percepciones de castigo penal (von Hofer y Tham, 1989).
Es decir, estos estudios asumen que cuando se produce un aumento en los niveles de
punitividad el público percibe estos aumentos. Si no existiera dicho vínculo,
difícilmente se podría hablar de disuasión, dado que la tesis de la disuasión, como
estrategia de control penal, está basada en la percepción de las sanciones penales. El
modelo que inspira estos estudios propone que el aumento en los niveles de
punitividad produce aumento en la percepción de castigo penal, lo que a su vez
llevaría a una reducción en las tasas de delincuencia (Kleck et al., 2005). Como
veremos más adelante, hay razones para cuestionar esta asunción.
La segunda categoría de estudios emplea encuestas con individuos para valorar los
efectos de la percepción de castigos en la conducta criminal declarada en auto-

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Políticas Socio-Criminológicas

informes. La cuestión que esta categoría de estudios trata de responder es si el nivel


de percepción de sanciones penales tiene un impacto en los niveles individuales de
comisión de delitos.

9.2. ¿En qué medida podemos hablar de un efecto disuasorio general?

Ha habido numerosos estudios criminológicos que han tratado de analizar esta cuestión. En
este sentido, siguiendo a Von Hirsch y sus colaboradores (1999), esta pregunta en realidad
engloba varias que tienen que ser desglosadas:
1. ¿En qué medida la gente es disuadida por medio de la aplicación de sanciones formales
o informales en su comportamiento cotidiano? Dicho de otra forma: ¿Se inhibe uno de
comportarse de determinada forma en función de las sanciones asociadas con ella?
2. ¿En qué medida el sistema de justicia penal, de forma global, tiene un efecto
disuasorio sobre la delincuencia? ¿Tendríamos más delincuencia si viviéramos en una
sociedad
sin ningún aparato de justicia penal?
3. ¿En qué medida podemos hablar de los efectos "marginales" de la disuasión ligados a
la certeza del castigo?, es decir: ¿en qué medida podemos aumentar los efectos
disuasorios de las penas por medio de cambios en la probabilidad de que los
delincuentes sean descubiertos y procesados adecuadamente?
4. ¿En qué medida podemos hablar de los efectos "marginales" de la disuasión ligados a
la severidad del castigo?, es decir: ¿en qué medida podemos aumentar los efectos
disuasorios de las penas por medio de cambios en la severidad de las mismas?

10. Modelos y programas de intervención

10.1. Criterios de Intervención y prevención temprana

Sherman y sus colaboradores (1997), clasifican los diferentes modelos de prevención precoz en función
del contexto social a través del cual se organiza la intervención. Así, puede distinguirse entre
iniciativas basadas en el entorno familiar, iniciativas basadas en cl entorno escolar e iniciativas
basadas en el círculo de amistades, Dentro de cada uno de estos grupos se dan a su vez diferentes
tipos de intervenciones. Rutter y sus colaboradores (2000), por su parte, destacan en su clasificación
el contenido y ámbito de los programas, y así distinguen entre la educación preescolar, la mejora de
la crianza en familias de alto riesgo, el tratamiento de la conducta antisocial de los niños, los
programas en el ámbito de la escuela y los programas multicomponentes.

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Políticas Socio-Criminológicas

Mientras que Tremblay y Craig (1995) construyen una clasificación fundada en el objetivo de las
intervenciones tempranas: orientadas explícitamente a reducir la delincuencia, orientadas a prevenir
el comportamiento antisocial orientadas a prevenir déficits cognitivos y orientadas a prevenir
prácticas parentales inadecuadas de socialización. Finalmente, también hay tratamientos del tema
que enuncian la clasificación en función de lo 'temprana' que es la intervención, es decir, en función
del grupo de edad y la audiencia de estos programas: madres embarazadas, intervención con familias
y niños en los dos primeros años de vida, programas con familias y niños de 3 a 8 años, etc.

El hecho de que una buena parte de estas intervenciones tengan una naturaleza multimodal y, por
tanto, incluyan diferentes componentes, hace cualquier clasificación difícil v hasta cierto punto
arbitraria. En todo caso, es importante considerar que las intervenciones tempranas difieren
numerosas de dimensiones importantes que hay que tener en cuenta a la hora de valorar sus resultados
e intentar su repetición.

Entre las dimensiones más importantes hay que destacar:


1) la edad de los participantes: desde la etapa prenatal hasta la adolescencia.
2) Los factores de riesgo manipulados: desarrollo.
3) El contexto de la intervención: escuela, familia, instituto el hogar, etc.
4) El número de participantes.
5) El tipo de tratamiento: visitas a domicilio, tutorías, tratamiento, formación de los
padres, varias intervenciones.
6) La duración del seguimiento de los participantes: desde unos meses hasta varias
décadas.
7) El tipo de resultados u objetivos evaluados: delincuencia conducta antisocial,
desarrollo cognitivo, etc.
8) El diseño de investigación empleado: experimento clásico u otros diseños
cuasiexperimentales.

10.2. Programas orientados a mejorar la calidad del embarazo y cuidado posnatal. ( familias
de riesgo)

Una de las modalidades de prevención desde muy temprano es la que trabaja con las madres durante
el embarazo y tras el parto, generalmente por medio de visitas a domicilio realizadas por enfermeras.
Generalmente este tipo de programas están diseñados para madres primerizas de recursos económicos
bajos. Estas intervenciones tienen tres objetivos fundamentales: "mejorar los resultados del embarazo
ayudando a las mujeres a mejorar su salud prenatal; mejorar la salud y desarrollo del niño ayudando
a los padres a proveerle un cuidado más sensible y competente; y mejorar el curso de vida de los

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Políticas Socio-Criminológicas

padres ayudándolos a planear futuros embarazos, a completar su educación y encontrar trabajo"


(Olds, 2006). Se les informaba sobre el perjuicio de fumar y beber durante el embarazo. Entre los 4
y 15 años los niños fueron objeto de seguimiento por parte de investigadores que trabajaron historias
médicas, datos policiales, entrevistas con madres, test psicológicos, observación directa, auto-
informes. Del seguimiento se obtuvo que las madres y familias que fueron visitadas mediante un
programa no presentaban abandono infantil, conductas problemáticas, conflicto, uso de castigos
como en las familias que no tuvieron visitas a domicilio.

10.3. Educación preescolar y programas de visitas a domicilio orientados a mejorar el


desarrollo cognitivo

Nace con el objetivo de mejorar el desarrollo cognitivo de los niños, así como su rendimiento escolar,
destinado a reducir factores de riesgo asociados con la delincuencia. High/Scope Perry Preschool
Projet, es un proyecto que se inició en los 60 dentro de la iniciativa conocida como “guerra a la
pobreza”. No fue concebido para reducir la delincuencia, pero su seguimiento llegó hasta los 27 años
de edad de los alumnos y se comprobó que estos niños pertenecientes a contextos marginales, habían
completado el bachillerato, tenían mayor salario, eran más proclives a ser propietarios de sus casas,
habían necesitado menos servicios sociales y presentaban menos tasa de detenciones policiales a lo
largo de su vida. Tuvo especial influencia en la reducción de la reincidencia.

10.4. Programas cognitivos conductuales que enseñan habilidades sociales a los menores

Estos programas se inspiran en planteamientos cognitivos conductuales de aprendizaje social y de


solución de problemas. Generalmente, son programas estructurados con un número limitado de
sesiones en las que se aspira a enseñar a los menores modos adecuados de percepción social,
identificación de las emociones, atribución causal, toma de perspectivas y empatía, pensamiento
alternativo, anticipación y evaluación de consecuencias, autocontrol, control del enfado, solución de
problemas interpersonales y habilidades relacionadas' (Losel v Beelmann, 2007: 34). A diferencia de
otro tipo de estos programas tienen como ventajas que suelen ser baratos, requieren personal menos
especializado, son fáciles de implementar en la práctica que otros quizás plantean menos problemas
de tipo ético en cuanto selección y efectos secundarios negativos.

10.5. El tratamiento temprano o intensivo del comportamiento antisocial y delictivo

Una vez que la prevención se muestra insuficiente, porque el comportamiento antisocial o delictivo
ya se ha manifestado, siguen existiendo razones para intervenir de forma temprana y evitar una
escalada de problemas.

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Políticas Socio-Criminológicas

Numerosos estudios han demostrado que los niños que exhiben comportamiento antisocial son más
proclives a exhibir comportamientos delictivos durante la adolescencia y la vida adulta. Existen
también numerosos estudios que han demostrado la estabilidad del comportamiento agresivo y que
uno de los mejores predictores del comportamiento agresivo durante la vida adulta es el
comportamiento agresivo en el pasado. De ahí que numerosas intervenciones hayan tomado como
objetivo el tratamiento directo de estas manifestaciones conductuales durante la infancia como una
forma de prevenir una escalada de problemas a lo largo del ciclo vital. Hay distintos enfoques para
intentar resolver, sólo vamos a mencionar la “terapia funcional familiar” que es un modelo de
intervención que se centra en adolescentes entre 11 y 18 años que han presentado un rango diverso
de conducta problemática y que tienen riesgo de participar en comportamientos delictivos o
violentos, o ya los presentan. En esencia se fundamenta en la relación e interacción de la familia
sobre el joven y su efecto modificador en la conducta.

10.6. Programas de prevención en el ámbito escolar

Existen numerosas intervenciones que se centran en ámbito escolar; de hecho, en algunos países los
colegios tienen la obligación legal de implementar políticas preventivas frente a determinados
comportamientos, como el acoso escolar.

La profesora Denise Gottfredson (2001), una de las autoras norteamericanas con mayor
reconocimiento en esta área, señala que el colegio juega un papel crucial en la prevención del delito
en la medida en que ofrece acceso a la población juvenil, los profesionales que trabajan en las mism as
están capacitados y tienen como labor educar y promover el bienestar social de los alumnos, y
generalmente la comunidad apoya la labor socializadora de los colegios. Los colegios e institutos,
además, son el escenario de un número y proporción elevados de las victimizaciones personales
experimentadas por los menores de edad (Cook, Gottfredson y Na, 2010). Además, algunos de los
factores de riesgo asociados con la delincuencia están relacionados con la vida escolar y, por tanto,
pueden ser alterados por medio de intervenciones basadas en el ámbito escolar.

Las características de los colegios que han sido asociadas con la delincuencia incluyen la facilidad de
acceso a drogas, alcohol y otros bienes ilegales en los colegios. Entre las experiencias y actitudes
escolares de los individuos que a menudo preceden la delincuencia se encuentran un rendimiento
académico pobre, el absentismo escolar, escasa vinculación con la escuela y un escaso compromiso
hacia las labores académicas".

En un estudio más reciente, Gottfredson y sus colaboradores (2005) destacaban que la mayor parte
de las diferencias en delincuencia y victimización entre estudiantes no es explicable por

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Políticas Socio-Criminológicas

características de las escuelas, sino más bien por las comunidades en las que se integran y el tipo de
alumnos a los que sirven. No obstante, las características de las escuelas sí explican un porcentaje
importante de la variación en el nivel de desorden escolar. Los colegios en donde los estudiantes
perciben de forma más clara las reglas de comportamiento y en donde las perciben como legítimas
son aquellos donde hay un menor nivel de delincuencia y victimización colegios que son más seguros
son aquellos en donde las sobre comportamientos aceptables son comunicadas de forma clara y
aplicadas de forma consistente, pero no excesiva (Cook, Gottfredson y Na, 2010).

Cook, Gottfredson y Na (2010) sugieren en base a esta literatura que los colegios pueden reducir el
comportamiento delictivo tomando las siguientes medidas:
• reduciendo el acceso a oportunidades para participar en comportamientos
problemáticos;
• reduciendo las recompensas al comportamiento problemático;
• aumentando los controles formales (por ejemplo, aumentando la probabilidad de
sanciones formales así como la percepción de legitimidad del sistema sancionador);
• aumentando los controles informales (por ejemplo, aumentando los vínculos
emocionales, el compromiso con objetivos incompatibles con la participación en
delitos, y los valores morales);
• aumentando el nivel de autocontrol de los alumnos.

Estos autores consideran que muchas decisiones que la administración educativa puede tomar
repercutirían de forma positiva en la seguridad de los colegios sin perturbar sus aspiraciones
académicas.

10.7. Intervenciones centradas en poblaciones de riesgo

Los programas de prevención primaria son aquellos que se aplican a toda la población, los programas
de prevención secundaria se aplican a aquellos miembros de la población que presentan determinada
puntuación en una serie de factores de riesgo, y los problemas de prevención terciaria a aquellos
miembros de la población que ya exhiben la conducta problemática.

Coid (2003) ha señalado que surgen ventajas y desventajas de adoptar una estrategia
fundamentalmente secundaria.

Entre las ventajas se encuentran las siguientes:

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Políticas Socio-Criminológicas

1. Los políticos prefieren estrategias secundarias antes que reconocer, con el


compromiso que ello implica, que las específicas y "costosas" políticas sociales
nacionales, o la ausencia de las mismas, puedan tener un efecto en los niveles
generales de delincuencia.
2. Las intervenciones secundarias, y los mecanismos por los que influyen los niveles
de delincuencia, son más fáciles de conceptuar y el público los entiende mejor.
3. Al ser intervenciones secundarias, el nivel de intrusión es menor, por lo que
aquellos individuos que no presentan los factores de riesgo no tienen por qué
soportar el peso de la intervención.
4. La mayoría de estas intervenciones sólo han sido evaluadas como programas de
prevención secundaria y sus efectos pueden ser mínimos o nulos cuando se aplican
a la población general.
5. Desarrollar estos programas como intervenciones primarias puede ser
particularmente costoso desde un punto de vista económico, y en última instancia
imposible desde una perspectiva pragmática.

El problema que presentan las estrategias secundarias es que dependen en la identificación correcta
de los factores de riesgo y de la existencia de mecanismos de evaluación capaces de detectarlos de
forma adecuada. Los autores que defienden las intervenciones tempranas son partidarios de
desarrollar intervenciones antes de que se manifiesten los problemas, es decir, como mínimo
proponen intervenciones de tipo secundario. Sin embargo, estas intervenciones asumen que es posible
identificar de forma adecuada y válida qué niños van a presentar problemas durante sus vidas
juveniles y adultas y cuáles no. Esto plantea el problema de los falsos negativos: aquellos niños que
son identificados como de alto riesgo y que reciben la intervención a pesar de no necesitarla, y falsos
positivos: aquellos niños que precisan la intervención y que, al no ser identificados como de alto
riesgo, no la reciben. Los instrumentos de predicción son probabilísticos, por lo que siempre va a
haber falsos positivos y falsos negativos.

La cuestión, por tanto, estriba en desarrollar instrumentos de predicción y evaluación que reduzcan
el error de clasificación. Aunque la investigación criminológica ha descubierto una serie relevante de
factores de riesgo, es decir, variables en las que existen diferencias estadísticamente significativas
entre delincuentes y no delincuentes (incluso variables medidas antes de que el comportamiento
delictivo comience), lo cierto es que el poder de clasificación de éstas es limitado.

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Políticas Socio-Criminológicas

11. Prevención a través de la aplicación de modelos policiales proactivos.

La ley orgánica 2/ 1986, de 13 de marzo, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, establece en
su art. ll que una de sus funciones es "prevenir la comisión de actos delictivos", así como "estudiar,
planificar y ejecutar los métodos y técnicas de prevención de la delincuencia". Dado que en el sistema
jurídico español se otorga a estas fuerzas y cuerpos la seguridad pública como competencia exclusiva,
parecería que se apuesta por un modelo en el que la policía ha de jugar un papel absolutamente
fundamental en el desarrollo de esquemas de prevención del delito. Sin embargo, autores como Diego
Torrente (1997) han destacado que en España se ha hablado mucho sobre 'modelo policial' español en
cuanto a modelo organizativo territorial, más que como modelo de desarrollar la labor policial, de
definir la función de policía, y de reflexionar sobre el posible papel preventivo de la delincuencia que
la misma puede jugar. Tal como la citada ley orgánica hace, en España la prevención policial del
delito es algo que se asume, de forma simplificadora las más de las veces, más que algo que se estudia
o evalúa. En contraste con esta situación en el contexto comparado, sobre todo en los países de habla
inglesa, se ha producido una auténtica explosión en los estudios sociológicos y criminológicos de la
policía, en los que se han debatido de forma muy intensa la cuestión de la función policial, el papel
que la prevención del delito juega a la hora de definir dicha función, así como las ventajas y
desventajas de distintas formas de incidir frente a la delincuencia desde la policía, todo ello en un
contexto en el que se reconocen las importantes transformaciones que la institución v función policial
experimentan en la actualidad (por ejemplo, pluralización, transnacionalización, etcétera).

A partir de los 80 se han sucedido debates sobre distintas formas de entender la función policial y
sobre tácticas y estrategias de la policía a la hora de prevenir y controlar la delincuencia. Así se
introdujeron conceptos como los de policía orientada a la solución de problemas, policía comunitaria
o de proximidad, o policía de calidad de vida, pero también se continuó la tendencia hacia una mayor
profesionalización por medio de la aplicación de nuevos principios de gestión (COMPSTAT) y del
empleo de nuevas tecnologías (sistemas de información geográfica). Algunos observadores han
descrito el período como el más dramático en la historia de la policía (Bailey, 1994) y, aunque hay
quien considera esta afirmación un tanto exagerada en cuanto ignora importantes transformaciones
en otros períodos históricos (Weisburd y Braga, 2006), no cabe duda de que en las últimas décadas la
velocidad a la que se han sucedido las reformas y la proposición de nuevos modelos policiales ha sido
ciertamente vertiginosa.

Los estudios criminológicos comenzaron a cuestionar el modelo tradicional de prevención policial


durante la década de los 70, así como las ideas desarrolladas a posteriori para tratar de dotar de un
nuevo sentido a la función policial, siempre desde el prisma de la prevención del delito.

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11.1. Aumentar el número de agentes de policía y modos de desplazamientos.

¿Existe una relación entre el número de policías y los niveles de delincuencia? No es fácil responder
esta pregunta. Hay dos formas de evaluar esta relación. Una seria por medio del análisis de series
temporales. Se podrían observar durante un período largo en qué medida los cambios en la cantidad
de policías están relacionados con cambios en los niveles de delincuencia. De forma alternativa se
podrían comparar regiones o zonas con dotaciones policiales de diferente tamaño y ver si existe una
relación con los niveles de delincuencia. Aquí nos encontramos de nuevo con el problema de
simultaneidad al que aludíamos cuando hablábamos de disuasión general. Es posible que la cantidad
de policías responda a su vez a las necesidades de la zona o el momento, las cua les vienen
determinadas por los niveles de delincuencia. El consenso hasta fechas recientes ha sido que, en
líneas generales, se puede decir que el número de agentes de policía empleados no tiene un efecto
en las tasas de delincuencia. Mucho más importante que el número de policías es lo que estos policías
estén haciendo. Cuidado, abolir la presencia policial por completo podría llevar a un aumento de la
delincuencia y saturar determinadas zonas con presencia policial puede tener un impacto, al menos
a corto plazo, en los niveles de delincuencia local.

Con la introducción del automóvil y la reconfiguración de los espacios urbanos para darles cabida a
los mismos, un porcentaje mayor de estas operaciones de patrulla se realizan en coche. La eficacia
de las patrullas en coches fue evaluada por uno de los experimentos más famosos dentro de la
criminología, el Kansas City Preventive Patrol Experiment (Kelling et al, 1974). Este estudio demostró
que las variaciones en los niveles de patrulla en coche no tenían un efecto en los niveles de
delincuencia. Aquellas zonas que recibían una mayor presencia policial en la forma de más patrullas
en automóvil no experimentaban un menor nivel de delincuencia que las zonas que recibían una menor
presencia policial.

En Newark se comprobó que la presencia de policías a pie sirvió para reducir los niveles de miedo al
delito y para aumentar la satisfacción con la policía, pero no tuvo un efecto directo en la reducción
de la criminalidad.

Proporcionar una respuesta rápida a las llamadas a los números de emergencia policial, justificaban
el uso de los patrullas. Además de las tasas de delincuencia y las tasas de detenidos, los tiempos de
respuesta a llamadas de emergencia son una de las medidas más para evaluar la eficiencia de la
policía. Las respuestas rápidas tradicionalmente se han considerado importantes por varias razones.
Primero, porque mientras antes se acuda mayores la probabilidad de detener al delincuente
infraganti. Segundo, porque se pensaba que mientras antes se acuda más satisfecho se queda el
público. Y, tercero, para evitar cualquier lesión o daño resultante del delito.

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A mediados de los 70 se comenzaron a realizar una serie de estudios en varias ciudades


norteamericanas orientados a evaluar estas ideas. Posteriormente, estos estudios se repitieron en
otros países y en tiempos más recientes. De la misma forma que en Kansas City Preventive Patrol
Experitnent los estudios sobre respuesta rápida también vinieron a socavar el saber aceptado sobre
el trabajo policial, Estos estudios llegaron a la conclusión de que la velocidad de las respuestas
policiales a las llamadas de asistencia:

• No tenían ningún impacto en las tasas de detenciones.

• No eran fundamentales para satisfacer al público con la policía.

• Muy rara vez servían para prevenir lesiones o daños adicionales.

Las conclusiones eran muy claras y consistentes. La razón por la que las respuestas rápidas no parecen
tener ninguno de los efectos esperados parece deberse a que existe tanto retraso en las llamadas del
público a la policía que no importa lo rápido que la policía vaya, siempre llegan mucho después de
que el delito se ha cometido.

11.2. Policía Comunitaria y prevención.

Una de las primeras respuestas a la crisis de legitimidad y efectividad policial fue el intento de brindar
unos servicios policiales con mayor vinculación a la comunidad. Supone un cambio en las estructuras
de la organización, un cambio en la cultura organizacional y un cambio en los mandos y estilos de
liderazgo.

11.3. Proyecto Policía 2000. Policía de Proximidad.

El ciudadano es conceptuado como cliente, dirección por objetivos, introducción de procesos de


rendimiento de cuentas, policía orientada a la solución de problemas.

11.4. Goldstein.

Policía orientada a la solución de problemas. Los Policías no deben ser vigilantes de la legalidad.
Han de buscar soluciones activas a problemas para reducir sus efectos. Ha de estar orientada hacia
los resultados del trabajo policial en la lucha contra la delincuencia y los sentimientos de inseguridad.
Ha de dar respuestas proactivas e imaginativas, desarrolladas de manera cooperativa con los
ciudadanos y otras instituciones, a los problemas de inseguridad. Éste modelo orientado a la
prevención de los problemas que la policía afronta, conlleva una identificación y análisis de las
situaciones que generan los problemas.

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11.5. Policía de calidad de vida.

Tolerancia cero. Junto a la policía comunitaria y la policía orientada a la solución de problemas, el


tercer gran modelo que surge para dar respuesta a la crisis del modelo tradicional de policía, es la
denominada policía de calidad de vida, del civismo o como sus detractores la denominan “tolerancia
cero”. Se parte de las percepciones individuales de desorden social (presencia en espacios públicos
de prostitutas, drogadictos, gamberros, mendigos, vendedores ilegales), y desorden físico (basuras en
la calle, vehículos y terrenos abandonados, pintadas y grafitis, vandalismo). Provocaban sentimientos
de inseguridad y miedo al delito.

11.6. La Policía de Puntos calientes.

Los avances en geografía computorizada y el desarrollo de sistemas de información geográfica han


tenido su efecto en la gestión policial. Permiten compilar y analizar la información sobre los delitos
y delincuentes, aportando identificaciones de espacios geográficos y temporales en los que se
concentran las distintas actividades delictivas. Nos describe y aproa la relación entre actividades
delictivas y las características medioambientales de los lugares. La identificación de series delictivas
y patrones que sólo se pueden descubrir en un nivel adecuado de desagregación de datos (distancias
entre residencia del delincuente y cómplices y la comisión de delitos). Una de las aplicaciones más
comunes de estas tecnologías consiste en la identificación de puntos calientes.

11.7. Victimización repetida.

De forma paralela al desarrollo de la noción de puntos calientes, en el Reino Unido el profesor Ken
Pease (1998) observaba que la distribución de la experiencia de victimización seguía patrones que
tampoco eran aleatorios. Su análisis mostraba que, para determinados delitos (robos en domicilio),
haber sufrido una victimización era uno de los indicadores más fiables del riesgo de sufrir una nueva
victimización. A partir de los puntos calientes, éste autor proponía que se concentraran los esfuerzos
y recursos allí donde son más necesitados por las personas que exhiben un riesgo mayor de
victimización. Ayudan a determinar en qué periodos intervenir, con quién y dónde. Ayudan a fusionar
la prevención del delito con la atención a la víctima. Pueden ayudar a detectar y capturar a los
delincuentes reincidentes.

11.8. Prevención situacional.

Método para la prevenir la repetición de la victimización.

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11.9. Policía basada en la Inteligencia.

Centra sus actividades en tratar de controlar a los delincuentes de forma proactiva más que tratar de
controlar los delitos. Resaltaba la contribución desproporcionada a las tasas de delincuencia de una
minoría de delincuentes muy activos, así como el hecho de que estos delincuentes a menudo estaban
asociados ente sí en redes de colaboración informales. Es un método y una herramienta de control
social. Empleaba el análisis del delito y la inteligencia criminal de una forma estratégica para
seleccionar delincuentes sobre los cuales intervenir. Las tácticas para la reducción de la delincuencia
se concentrarían en la prevención y el control de actividades de los delincuentes, utilizando la
inteligencia criminal contra las actividades de los delincuentes prolíficos y serios. Las técnicas incluían
el uso de informantes confidenciales, el análisis de los delitos registrados, las llamadas a la policía,
la vigilancia de sospechosos y la entrevista con delincuentes.

11.10. Policía de Aseguramiento.

Prevención y detección del delito frente a las labores orientadas a tranquilizar a la ciudadanía y
reducir la preocupación del público por la delincuencia. Para MARTIN INNES (2004), estrategias como
COMPSTAT, la policía inteligente, policía de mantenimiento del orden, representaron respuestas
tecnocrático-racionales a la crisis de la institución policial que seguían profundizando en la idea de
policía como institución orientada a la prevención y detección de la delincuencia. Según este autor,
tuvieron poco impacto sobre la percepción pública sobre el nivel de delincuencia. Se basa en dar
confianza, dar seguridad en un mundo inseguro.

12. Globalización y sociedad de riesgo

El punto de partida, en todo caso, debe ser el modelo de Estado y la irrenunciabilidad de los derechos
humanos en sociedades multiculturares. Porque ciertamente se requieren nuevas leyes que regulen
estas nuevas realidades, pero su contenido no debe renunciar nunca a las garantías que constituyen
la base de un Estado social y democrático de Derecho (BERDUGO).

El Derecho penal actual, sin embargo, ante la necesidad de gestionar mayores niveles de exclusión y
de conflictividad social, lo hace, precisamente, concentrando los recursos en el control de los sectores
más perjudicados por el nuevo modelo socioeconómico.

Esto es, como consecuencia de la globalización, los estados nacionales ya no gobiernan, sino que se
limitan a gestionar las consecuencias negativas del proceso globaliador. Su finalidad es la pacificación
interior, el control de los sectores no productivos (desempleados) y productivos en movimiento

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(inmigrantes) mediante las políticas de seguridad y orden público (Derecho penal de marginados). En
definitiva, la globalización de la economía de mercado está provocando una reducción del Estado
social y un aumento del Estado policial, penal y penitenciario. El sistema penal ha adquirido un gran
protagonismo en la gestión de la exclusión, lo que ha supuesto un drástico cambio en la política
criminal, que ahora presenta las siguientes características:

13. Derecho penal simbólico.

Para el Derecho penal simbólico, lo importante no es lograr que efectivamente se eviten determinadas
conductas, sino conseguir una sensación de seguridad, de confianza, muchas veces gracias a los
medios de comunicación, limitándose a construir mensajes de tutela y garantía frente a una realidad
que realmente le desborda (violencia de género) o que no le compete (ej. Delito de dopaje en el
deporte, art. 361 bis). El sistema penal es utilizado como un mero instrumento, coyuntural y político,
destinado a tranquilizar inquietudes, inseguridades, e incluso a dirigir la conciencia de los ciudadanos,
asumiendo con ello un papel que antes le correspondía a la Ética o la Moral.

El Derecho penal, por tanto, debe seguir siendo el último recurso. Porque aunque su utilización
simbólica pueda ser beneficiosa para tutelar bienes jurídicos especialmente sensibles ante los nuevos
peligros que acechan a ciertos ámbitos de la sociedad del Siglo XXI (derechos de la mujer, medio
ambiente, minorías marginales, comunidad internacional, etc.), lo cierto es que las puntuales
reformas punitivas llevadas a cabo en muchos países responden a problemas concretos que desde
luego no serán resueltos por una simple reforma penal (ej. Violencia de género y educación machista).

14. Derecho penal del riesgo

De su parte, y como adelantábamos, en nuestra actual sociedad del riesgo se exige la protección de
los derechos frente a los peligros para los bienes jurídicos que ella misma produce. Una búsqueda de
la seguridad a toda costa, que ha conllevado un evidente giro hacia la prevención general positiva,
apostando, no ya por la represión de conductas lesivas, sino por la generalización de un sentimiento
de protección o incluso de promoción de aquellos valores (Derecho penal simbólico). Es la
funcionalización del derecho penal, que se pone al servicio del control político de los grandes
problemas de origen social, contribuyendo a sus expansión y desdibujando las fronteras entre el
Derecho penal y el Derecho administrativo sancionador.

Esto es, con la pretensión de salvaguardar a cualquier precio la seguridad frente a los nuevos peligros,
el derecho penal abandona el objetivo de ir superando paulatinamente la criminalidad y se concentra
en gestionar los riesgos, por lo que asistimos a la prevalencia del afán criminalizador sobre el

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despenalizador, vulnerando en muchos casos el principio de proporcionalidad. Es más, la decadencia


progresiva del Estado social, da paso a la represión de la pobreza en nombre de la seguridad interior.
Esto es, ante el evidente aumento de la delincuencia y el correspondiente sentimiento de inseguridad,
se exige efectividad y protección, lo que supone la penalización de los sectores más perjudicados por
la crisis del Estado social simbolizada en la estrategia de la “tolerancia cero” – eufemísticamente, de
la Ley y el Orden-.

15. Derecho penal del enemigo y antigarantismo penal y procesal

Como también veíamos, la globalización ha supuesto la creación de bolsas de pobreza cada vez
mayores. De sectores de marginados y excluidos que en nada se benefician de la mundialización de
la economía, lo que provoca un fuerte sentimiento de rechazo hacia los valores occidentales en grupos
étnicos distintos o con culturas y de civilizaciones diferentes a las occidentales. Este fenómeno está
íntimamente relacionado con la extensión también global del terrorismo en el mundo. Ahora bien,
esta vinculación entre globalización y formas delictivas no solo se limita al terrorismo, sino que
también se puede encontrar en la criminalidad organizada o la inmigración ilegal, a las que también
se aplica la doctrina del Derecho penal del enemigo. Un derecho penal para “enemigos” en el que se
“relativizan” de forma escandalosa las garantías tanto penales como procesales.

16. Los actores de la política criminal

16.1. La internacionalización del derecho penal.

Se estima que en Europa aproximadamente 2/3 de la legislación penal nacional de las últimas décadas
está basada en instrumentos internacionales y europeos, por lo que cabría afirmar que la legislación
penal más reciente esta internacionalizada. Esto es, las normas, en lugar de ser adoptadas por los
correspondientes poderes legislativos nacionales, son consensuadas una fuente supranacional por
tratarse de cuestiones comunes importantes para varios países.

Por regla general, la jurisdicción competente se determina por el lugar donde se realiza el hecho
delictivo. El problema surge cuando los comportamientos se llevan a cabo en lugares no sujetos a
soberanía, se realizan en varios territorios o lesionan intereses de varios Estados. En concreto, la
criminalidad transnacional, que muchas veces puede encuadrarse dentro de la criminalidad
organizada, constituye una criminalidad de particular importancia y especialmente difícil de perseguir
y sancionar.

Obviamente, la delincuencia que va más allá de las fronteras del Estado requiere una política criminal
de cooperación y coordinación de todas las legislaciones implicadas, de lo que suele derivarse el

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compromiso de utilizar el Derecho penal y una estrecha cooperación judicial. Ahora bien, tanto desde
la ONU como desde cada vez más agencias y asociaciones de carácter internacional y regional, tanto
públicas como privadas, se está empezando a construir un Derecho penal que se sitúa incluso por
encima del de los Estados. Un modo de legislar especialmente peligroso cuando entra en
contraposición, e incluso pone en riesgo, las correspondientes Constituciones nacionales. El ejemplo
más evidente para nosotros es la Unión Europea.

16.2. La influencia de las políticas de la Unión Europea

Si bien el derecho penal sigue siendo competencia de los Estados miembros de la Unión, lo cierto es
que esta le impone ciertos límites, sobre todo en relación con la criminalidad transnacional y los
propios intereses de la Unión. En este sentido, al principio se adoptaban fórmulas tímidas y neutrales
como “todas las medidas legislativas y administrativas procedentes”. Sin embargo, en los últimos años
se utilizan fórmulas más contundentes, que exigen la incorporación a los ordenamientos internos de
determinados “delitos” descritos minuciosamente, llegándose incluso a concretar tanto el máximo
como el mínimo de la pena de prisión a imponer. Esto es, respecto de cada vez más figuras delictivas,
nuestro legislador se ve obligado a adaptar la normativa nacional a los mandatos que nos llegan desde
Europa. Una perfecta excusa frente a la que no duda en trasladarla, incluso literalmente, a la
legislación penal interna.

La armonización europea, por tanto, no solo afecta a la armonización de normas o a la cooperación


judicial o policial, sino también a la política criminal.

16.3. La internacionalización del derecho penal y sus roles

Para conocer, analizar y criticar la política criminal, es ineludible identificar a los verdaderos actores
de la misma. Esto es, desvelar quienes están realmente detrás, valorando los roles que efectivamente
desempeñan en su definición. Actores que en el nuevo escenario global ya no son solo nacionales,
pues el crimen también ha dejado de serlo, ocupando los medios de comunicación un lugar
especialmente relevante, por su enorme capacidad de generar opinión pública.

16.4. Medios de comunicación, opinión pública y política criminal

Un acontecimiento es noticia solo cuando algo lo diferencia del resto de sucesos sociales y esa
diferencia se la otorgan los medios de comunicación. Los medios tienen, por tanto, el poder de situar
en el debate público una determinada cuestión, convirtiéndola así en asunto de interés nacional y
con independencia de la importancia que realmente tenga. Luego los medios no son solo un mero

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reflejo de la realidad, pues a la hora de seleccionar las noticias ya está implícito su poder para
destacar determinados sucesos, dejando por tanto en el olvido otros.

Los medios de comunicación de masas, en consecuencia, actúan como auténticos agentes de control
social, que reconocen y delimitan cuales son los problemas sociales, al tiempo que generalizan
enfoques, perspectivas y actitudes ante ellos. Pensamientos “dirigidos” que resultan preocupantes
cuando se refieren al fenómeno criminal, creando opinión pública que en nuestro tiempo tiene la
fuerza que tenía la ideología en siglos pasados: rige la sociedad influyendo en las políticas públicas,
entre ellas, por supuesto, la política criminal (ZÚÑIGA). Los medios de comunicación social, casi nunca
de forma inocente, orientan a la opinión pública reelaborando la realidad. Bien dramatizando
morbosamente la información sobre crímenes tan aberrantes como infrecuentes, o bien manipulando
las estadísticas criminales.

16.5. Agenda-setting y relevancia de lo criminal

Por agenda-setting se debe entender “el proceso en que los medios, por la selección, presentación e
incidencia de sus noticias, determinan los temas acerca de los cuales el público va a hablar”. Esto es,
en relación a la delincuencia, cabe estudiar la correlación entre la atención mediática de la
delincuencia y la preocupación de los ciudadanos por la inseguridad ciudadana. Y para ello nada mejor
que comprobar la evolución del número de noticias sobre la criminalidad en las dos últimas décadas,
pudiendo verificarse una clara relación entre la preocupación de los españoles y el contenido de las
noticias aparecidas en los medios, además de una cierta vinculación con las decisiones políticas.

16.6. La técnica del framing y su influencia en la política criminal

Framing es la importancia decisiva que, a la hora de interpretar un hecho, tiene el contexto o marco
de referencia en que el mismo es encuadrado. En el ámbito de la comunicación, la teoría del framing
hace referencia a que los medios determinan no sólo que es lo “noticiable”, sino también como pensar
sobre ello.

16.7. El protagonismo absoluto de la victima

Se utiliza el sufrimiento de las víctimas como mecanismo de persuasión y captación de los


espectadores, quienes perciben la situación como injusta, mostrando solidaridad y compasión con el
que sufre.

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16.8. Deshumanización del delincuente

La construcción del delincuente, sin embargo, se hace a partir de la peligrosidad. Se le deshumaniza,


utilizando muchas veces “alias”, siendo presentado como un monstruo o un loco. Se le trata en todo
caso como culpable, aunque aún sea solo sospechoso o acusado y pese al socorrido recurso del término
“presunto”.

16.9. Pena como retribución

En cuanto a la finalidad a perseguir por la pena que se desea imponer al delincuente, ésta es la
retribución, el castigo “justo” como anclaje ideológico en clave de venganza. Si se propone un
derecho de las victimas al castigo y un perfil del delincuente como sujeto peligroso, es porque se
considera que la única finalidad de la pena es el mayor castigo posible por el hecho cometido. La
resocialización, en consecuencia, es vista como otra de esas “trabas” legales que no permiten hablar
de verdadera justicia frente al dolor sufrido por la víctima.

16.10. Desprecio de las garantías penales y procesales e imagen distorsionada de la Justicia

Y es que las garantías penales y procesales son representadas como un lastre para la eficacia en la
lucha contra el delito, como concesiones excesivas para los delincuentes. Esto es, también se
distorsiona la imagen mediática de la Justicia, pues el buen funcionamiento del sistema penal no es
noticia, sólo lo es cuando se producen presuntos “fallos” de la justicia penal por lenta, ineficaz o
excesivamente benévola. Una visión simplificada y reduccionista de la actualidad criminal, que tiende
a identificar como causa de criminalidad los fallos y el exceso de benignidad del sistema penal, la
escasa severidad de los jueces o el abuso de las garantías sustantivas y procesales. Son ejemplos en
este sentido: “Vente a España, esto es el paraíso, la policía ni te toca” (El País, 28 de mayo de 2006);
“50 personas acumulan 7000 detenciones” (El País, 23 de julio de 2007); “Rebajada la pena a dos
violadores por no causar otras lesiones” (El País, 2 de febrero de 2010) – si se lee atentamente la
noticia, se refiere a la que las lesiones no fueron más allá de las consustanciales a la propia violación,
por lo que no cabría condenar también por un delito de lesiones.

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17. Los poderes definidores de la agenda mediática

17.1. Partidos políticos y medios de comunicación

Al convertirse los medios de comunicación en un poder configurador de la sociedad, obviamente el


poder político también está interesado en controlarlos aprovechando los espacios de influencia que
le otorgan. Mientras los periodistas necesitan acudir a las fuentes políticas para informar sobre la
actualidad política, elemento nuclear de los informativos y periódicos, los políticos necesitan de los
medios para difundir y proponer sus programas, sus opiniones, sus críticas, que dirigen a los
ciudadanos.

En concreto, a través de la política criminal, debidamente difundida mediante los medios “más
afines”, los diferentes gobiernos buscan mitigar la indignación y el miedo colectivos. De este modo,
se restaura la credibilidad en la capacidad institucional de control del delito, algo especialmente
necesario en una etapa de desconfianza en los representantes públicos.

18. Asociaciones de víctimas y otros grupos de interés (lobbies)

En cualquier caso, al tradicional trinomio opinión pública-poder político-medios de comunicación,


podría añadírsele un sector difuso compuesto por distintos “grupos de interés” o lobbies, que también
luchan por elevar al debate público los asuntos de su interés. Un entramado de fuerzas, cada una de
las cuales tiene interés en fijar la agenda y con ello el elenco de prioridades públicas. Una relación
de poder, donde lógicamente las estructuras más poderosas son las que tienen acceso privilegiado a
los medios, y así mayor capacidad para determinar la agenda pública, resultando más difícil que lo
hagan los movimientos sociales o determinados grupos, a no ser que sus intereses coincidan con los
de los más poderosos.

Convertir la delincuencia en primera noticia, como un grave problema social, es algo que interesa a
muchos grupos de poder por diferentes motivos. Grupos que por ello van a tratar de acceder a los
medios de comunicación para lanzar el mensaje de que hay un problema y urge hacer algo. Una
presión mediática difícil de resistir por parte del poder político, encargado de asegurar la paz pública
y que depende cada vez más de la imagen transmitida por los medios. Además, el tiempo de respuesta
es un factor clave en política, no admitiéndose respuestas diferidas. Esto sin duda dificulta una
respuesta reflexionada y racional, favoreciendo así la reacción más inmediata y fácil: la reforma de
la ley penal.

19. Práctica

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Se recomienda al alumno la lectura de algunos artículos para tener una visión completa de la
prevención del hecho delictivo. Tener en cuenta lo necesario del bloque 1 de esta asignatura.

LECTURAS RECOMENDADAS:

1. WAEL HIKAL. El papel de la Criminología en la prevención del delito. Disponible en:


[Link]
2. VEGA FERNÁNDEZ. El control y la prevención del delito como objeto de la Criminología.
Disponible en:
[Link]
3. GARRIDO GENOVÉS. La prevención de la delincuencia en Europa y en España: los retos
pendientes. Disponible en:
[Link]
5100/[Link]

CASO PRÁCTICO:

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Políticas Socio-Criminológicas

La noticia se encuentra en el siguiente enlace:


[Link]

Para debatir en clase:

1. Aplicación de teorías criminológicas


2. Hay que mantener la seguridad. ¿Qué soluciones se pueden aplicar?
3. ¿Sería una solución legalizar las pandillas?
4. ¿Aplicamos terapias conductuales a la población en riesgo? ¿Cuál es la población en riesgo?
5. ¿Control social formal o informal?
6. ¿Cómo prevenir? Debemos tener en cuenta las causas individuales por las que se ha unido a
una banda latina: factores sociales, culturales, familiares, escolares, laborales, etc.
7. ¿Aplicamos programas sociales? ¿Cuáles?
8. ¿Prevención general o especial?
9. Propuestas y programas integradores y socializadores
10. ¿Policía de proximidad?
11. ¿Debemos prevenir o disuadir?

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Políticas Socio-Criminológicas

V. RESUMEN

La gobernanza y la gobernabilidad se llevan a cabo mediante lo que conocemos como políticas.

La gobernabilidad se refiere a las adaptaciones y procesos en el marco del Estado y de la


Administración pública, para mejorar su relación (vertical) con la ciudadanía y el proceso de toma de
decisiones. La gobernanza estaría articulada fundamentalmente a la forma de mejorar la relación
horizontal, entre una pluralidad de actores públicos y privados, igualmente para mejorar los procesos
de decisión, gestión y desarrollo de lo público y colectivo, teniendo en cuenta una relación con
características de integración y de interdependencia. Gobernabilidad está referido "al ejercicio del
gobierno y a las condiciones para que esta función se pueda desempeñar con eficiencia, legitimidad
y respaldo social" (Rojas, 1994). La buena gobernabilidad se materializa en mediciones de eficiencia,
predictibilidad, honestidad, transparencia y responsabilidad (accountability) de la maquinaria
gubernamental. La seguridad ciudadana es un objetivo e indicador de la gobernabilidad democrática.

La participación del ciudadano en las decisiones que afectan a su seguridad, el incremento de


demandas y la disminución de la capacidad de respuesta de la administración, producen cambios en

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Políticas Socio-Criminológicas

la forma de hacer de la administración. Exige una nueva regulación y la negociación de lo público.


Exige al Estado la utilización de instrumentos y prácticas que faciliten la intervención coordinada para
una respuesta efectiva a la demanda ciudadana. En definitiva, la Administración tiene que reformular
ciertos procesos que afectan al análisis y a la operativa. La política Criminal es una de las políticas
que el Estado desarrolla para la gestión de los intereses públicos de carácter general.

VI. GLOSARIO

Reparar el daño causado por el delito a la víctima.


Responsabilidad civil Se puede sustanciar en el mismo procedimiento en que se sustancia la
derivada del delito responsabilidad penal. Esto favorece a la víctima porque así cobra
antes.
o Cabe la responsabilidad subsidiaria:
En Derecho Penal, la responsabilidad es directa o no, no existe la

Características de la responsabilidad subsidiaria.


responsabilidad civil Ejemplos:
▪ Responsabilidad civil directa → autor del delito, un funcionario
público.

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▪ Responsabilidad civil subsidiaria → administración a la que


perteneciera el funcionario público.
▪ Responsabilidad civil directa → autor del delito, empleado de
una tienda.
▪ Responsabilidad civil subsidiaria → como el empleado no tenía
dinero para pagar lo que le hacía pagar su castigo, esta
responsabilidad cae sobre el titular de la tienda.
▪ Reparar daños → ajeno al Derecho Penal.
o La responsabilidad civil no presupone la infracción de una
norma:
En la responsabilidad penal sí que se presupone la infracción de una
norma.
¿Dónde están las 8-
10 reglas que
regulan la
responsabilidad civil Un artículo del Código Civil remite a los artículos 109 y siguientes del
derivada de delito? Código Penal. Por remisión del Código Civil, están en el Código Penal.
¿En el Código Penal o
en el Código Civil? →
IMPORTANTE
1. Política Criminal de lege lata: Es desde el punto de vista del
Derecho Positivo (la ley que está) → cómo está regulado el
aborto, etc. Lo tendrían que hacer los jueces o los que
interpretan las leyes. No quiere decir que la Política Criminal

Sentidos de la de lege lata es Derecho Positivo.


Política Criminal Definición: nos referimos a aquellos valores, juicios de valor,
ideas, criterios políticos, sociológicos, etc. que sirven de apoyo
al Derecho Positivo.
Legislación en materia de drogas:
• Legislaciones prohibicionistas.

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• Legislaciones de la permisión: se centran en la


tipificación de drogas que causan graves daños a la
salud.
La Política Criminal de lege lata en materia de drogas, el
legislador acoge el modelo prohibicionista.
Toda Política Criminal de lege lata ha sido antes Política
Criminal de lege ferenda.

2. Política Criminal de lege ferenda: Es desde el punto de vista de


lo que sería la ley deseada, es decir, la ley que nos gustaría que
estuviera o que fuera.
Definición: postulados ideológicos, políticos, religiosos, etc.
que se tienen en cuenta para proponer la reforma del Código
Penal.
Ejemplo: ¿cómo nos parece mejor regular el tráfico de drogas
en nuestro país? → argumentos político-criminales de lege
ferenda.

• Es más liberal.
• También podría haber represión en esta Política Criminal.
o Ejemplo: hacer campañas de información de las
drogas.
• La Política Criminal de un estado democrático debe estar
sometida a límites.
Política criminal en
es modelo de Estado • En un estado democrático se trata de aplicar el Derecho Penal
democrático no lo máximo posible, sino lo mínimo indispensable.
• En un estado democrático puede haber las dos Políticas
Criminales (democrática y totalitaria).
En una Política Criminal democrática o liberal o no totalitaria se tienen
en cuenta:
• La protección de la sociedad.

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Políticas Socio-Criminológicas

• Las libertades individuales y las garantías político-criminales que


resultan de ellas (por ejemplo, la dignidad humana).
La Política Criminal no persigue la consecución de una tasa cero de la
delincuencia, sino la disminución de la tasa de delincuencia hasta
límites soportables de la sociedad no busca la delincuencia cero.
Para tener una delincuencia cero (que serían imposibles) tendríamos
que olvidarnos de las libertades individuales.
1. Racionalidad instrumental (o racionalidad preventiva o
racionalidad consecuencialista): Con ella afirmamos que la
Política Criminal persigue la producción de diferentes
consecuencias, persigue ciertos objetivos. Estas
consecuencias, objetivos son la prevención.
Política Criminal: instrumentos para prevenir delitos en un
futuro. La Política Criminal opera como fundamento.
2. Racionalidad valorativa (o racionalidad principialista): La
lógica de la Política Criminal opera como límite, no como
fundamento, como en la racionalidad instrumental. Límite,
Racionalidad de la porque hay una serie de principios, de juicios de valor que
Política Criminal en hace el legislador que el estado democrático debe tener en
un Estado
cuenta. Medidas efectivas en la búsqueda de ese objetivo,
democrático
pero con límites.
• Ejemplos:
o Principio de legalidad, con su garantía penal: La lucha
contra el delito debe estar sometida a lo que diga la
ley.
o Principio de intervención mínima del Derecho Penal:
Una manifestación penal (utilizar el Derecho Penal)
no útil sería ilegal.
o Principio de humanidad de las penas: Las penas
deben ser respetuosas con dignidad humana.

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Políticas Socio-Criminológicas

o Principio de resocialización: Que el sujeto pueda


rehacer su vida después de la pena.

VI. BIBLIOGRAFIA

Caravaca Llamas, C.: Política Social y asistencia a las víctimas de delitos en España: del
reconocimiento legal a la protección social, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, marzo
2011,

Sanz Mulas, N.: Política Criminal, septiembre 2017

Medina Ariza, J.: Políticas y estrategias de prevención del delito y seguridad ciudadana, octubre 2011

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Políticas Socio-Criminológicas

VII. ACTIVIDADES

¿Verdadero o Falso?

1. Cuando hablamos de que debemos conocer a todos los actores para analizar políticas, ¿de qué
estamos hablando? De Internacionalización del Derecho Penal.

2. ¿A qué policía hacemos referencia cuándo decimos que controla más a los delincuentes? A la
política de puntos calientes

3. Las estrategias secundarias dependen de que no existan mecanismos de evaluación

4. La prevención del delito para la política criminal es controlar razonablemente

5. A la prevención especial le interesa la reincidencia del infractor

6. Cuando hablamos del fenómeno criminal y la legislación, ¿de qué estamos hablando? Del
objeto y método de la política

7. ¿Qué no tiene impacto en los niveles de delincuencia? Dificultad de las leyes

8. ¿Cuál es el mecanismo de control social más importante después de la familia? La escuela

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Políticas Socio-Criminológicas

9. Ateniendo al orden de actuación de las normas, ¿qué medida ocupa el segundo lugar? Medidas
jurídicas penales

RESPUESTAS

1. Verdadero

2. Falso

3. Falso

4. Verdadero

5. Verdadero

6. Verdadero

7. Verdadero

8. Verdadero

9. Falso

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