La Ciencia Como Práctica Social: Bases para Situar El Examen Del Capítulo
La Ciencia Como Práctica Social: Bases para Situar El Examen Del Capítulo
Capítulo
1 Estos conceptos han cobrado auge en la teoría de la organización y la gestión del conocimiento (cfr.
Polanyi, 1964; Nonaka y Takeuchi, 1995), campo en el que se utilizan para describir los modos en que
se crea y se transfiere el conocimiento al interior de las organizaciones. Podemos encontrar otros
antecedentes en la psicología del desarrollo: en particular Jean Piaget (1976) dedica una obra al estudio
de los procesos (y la psicogénesis) que conducen la “toma de conciencia” sobre saberes prácticos o
conductuales. En el mismo caso —aunque desde concepciones más conductistas— se ubican los
estudios sobre “aprendizaje implícito”.
2 Las dificultades para extraer esas reglas y tornarlas explícitas no derivan sólo ni principalmente del nivel
cognitivo que demanda la competencia en cuestión, sino del grado de apertura y masividad de los
procesos involucrados en ella. Así, por ejemplo, resulta más sencillo diseñar sistemas expertos para jugar
ajedrez, dado que pueden simularse por medio de programas de computación serial y jerárquica, que
simular el comportamiento de escape de una cucaracha, que supone un procesamiento distribuido y
una arquitectura de subsunción dependiente del contexto (cfr. Clark, 1997).
4 PARTE UNO Introducción epistemológica
Siguiendo con la analogía del arte podemos reconocer que un artista no es al-
guien que trabaja desde la mera espontaneidad intuitiva. Para decirlo de modo más
preciso, no caben dudas de que esa espontaneidad —en caso de admitirse— debe
ser “alimentada” con saberes que provienen de múltiples ámbitos y experiencias.
Edgar Allan Poe escribió un pequeño ensayo destinado a examinar el “método”
que sigue el escritor en la producción de su obra.3 Analiza en retrospectiva los
pasos que lo guiaron en la composición de uno de sus poemas más difundidos:
El cuervo. Según sus propias palabras el propósito de su ensayo era demostrar que
“ningún punto de la composición podía atribuirse a la intuición ni al azar”, sino
que había avanzado “paso a paso, con la misma exactitud y lógica rigurosa propias
de un problema matemático” (Poe,1986: 2).
Luego de iniciar una descripción detallada y extensa de esos pasos (ubicando
primero el tema, en segundo término el efecto que se proponía producir y, a
partir de ello, la progresiva elección de aditamentos particulares como el tono, la
elección de ciertas palabras clave, la extensión del trabajo, entre otros) nos dice:
4 En ese recorrido pueden citarse obras tan dispares y distantes como el Discurso del método de Descartes,
el Novum Organum de Bacon, la Teoría de la investigación de Dewey, la Lógica de la investigación científica
de Popper o el Tratado contra el método de Feyerabend, entre muchas otras.
5 La epistemología es la rama de la filosofía que se dedica al estudio del conocimiento científico.
6 Así se expresa el mismo Lakatos al dar cuenta de los objetivos que persigue con su concepción de
las “reconstrucciones racionales”: “Se intentará mostrar que: a) la filosofía de la ciencia proporciona
metodologías normativas, con cuyos términos el historiador reconstruye ‘la historia interna’ y aporta,
6 PARTE UNO Introducción epistemológica
Jurgen Habermas para quien la tarea de una ciencia crítica se dirige al examen
reconstructivo de las condiciones de posibilidad de la disciplina o de su objeto.
El enfoque que adoptaré aquí sostiene entonces que el aporte que hace una
disciplina reconstructiva es al menos de dos tipos:
APORTES DISCIPLINA a. Por una parte contribuye a la explicitación de los procesos y las lógicas
RECONSTRUCTIVA subyacentes a un cierto saber hacer (no es lo mismo saber caminar que
tener un conocimiento consciente, discursivo —incluso operacional— del
acto de caminar).
b. Como consecuencia de lo anterior permite revisar críticamente esa práctica:
de modo tal que no sólo se extrae un conocimiento que está en sí (implíci-
to o de hecho) para transformarlo en conocimiento para sí (explícito o de
derecho), sino que además crea condiciones para expandir, optimizar o
mejorar el saber práctico.
de este modo, una explicación racional del desarrollo del conocimiento objetivo; b) dos metodologías
rivales pueden ser evaluadas con ayuda de la historia (normativamente interpretada); c) cualquier
reconstrucción racional de la historia necesita ser complementada con una ‘historia externa’ empírica
(socio-psicológica)” (cfr. Lakatos, 1993: 1).
CAPÍTULO I La ciencia como práctica social 7
Ahora bien, lo primero que puede objetarse a este comentario es que no cumple
con los dos criterios básicos requeridos en todo sistema clasificatorio, como son la
exclusión mutua y la conjunta exhaustividad: la estadística requiere la clasificación;
a su vez las estadísticas no son un método, sino una técnica, y además pueden
ser usadas para contrastar una hipótesis conforme lo estipula el método hipotético
deductivo (aunque en este caso no queda claro si a eso se refieren los aquí llama-
dos “métodos definitorios”). Por otra parte, pero por las mismas razones, se mezclan
7 El término se emparenta también con la llamada “teoría crítica”, que inaugura la escuela de Fráncfort,
conforme con la cual el examen del conocimiento es indisociable del examen de la vida social.
8 PARTE UNO Introducción epistemológica
nociones de todo tipo: las técnicas particulares (como la estadística), con procedi-
mientos de validación generales (como el método hipotético-deductivo), con las
definiciones indicadoras (involucradas en los procedimientos de medición).
Contra la concepción que postula la existencia de un método de la ciencia
se alzan también otras voces. Por ejemplo, las que promueven una línea divisoria
entre los llamados “métodos cualitativos” y “métodos cuantitativos”; división que
desliza la idea de una correspondencia entre uno y otro método, con las “ciencias
blandas” y las “ciencias duras”, respectivamente. Según esta concepción cada una
de estas orientaciones presentaría rasgos diferenciables que las harían no sólo dis-
tintas, sino incluso antagónicas en aspectos clave del método.8
Sin desconocer estos debates y perspectivas la posición que adoptaré en esta
obra, asume la existencia de “un” método de la ciencia sin más.
Desde esta concepción se diferencia el método —como método general— de
las técnicas particulares con las que cada disciplina se aproxima a su objeto de
estudio: hay tantas técnicas como disciplinas o estrategias investigativas imagina-
bles. En cambio, el concepto de método de investigación científica se aplicaría a los
procedimientos invariantes que se siguen para producir cualquier conocimiento
que forme parte de la ciencia —y no de la magia, de la religión, del arte o de la
filosofía—.
De acuerdo con esta concepción, y pese a todo, las diversas ciencias, sean
formales, de la naturaleza, sociales o gramatológicas (del discurso), son ciencias
y como tales comparten dos dimensiones metodológicas esenciales: vocación de
descubrimiento y esfuerzo de validación (Samaja, 2000: 24).
En síntesis, lo que quiero enfatizar es que la distinción no sólo es terminológi-
ca; es decir, no sólo se reduce a precisar que lo que para unos es “método” para
otros son “técnicas”, sino que tiene, por el contrario, una trascendencia algo mayor
desde el momento en que se propone la posibilidad de un examen crítico (reflexi-
vo-reconstructivo) del quehacer científico —tal como lo hemos precisado en el
apartado anterior—.
Ese examen se realiza bajo el supuesto de que es posible identificar componen-
tes y funciones invariantes, connaturales a toda producción de conocimiento con
vocación científica.
Desde esta perspectiva la ciencia como práctica social y el producto que genera,
o sea el conocimiento científico, pueden ser examinados atendiendo sus condiciones
de posibilidad en múltiples dimensiones:
8 Para una presentación exhaustiva de esta confrontación de métodos pueden consultarse Cook y
Reischardt (1986), Bericat (1998) y Valles (1998). No obstante, en esta misma obra volveremos con mayor
detalle sobre este asunto en el capítulo dedicado a los “diseños de investigación”.
CAPÍTULO I La ciencia como práctica social 9
9 Ontología es la rama de la filosofía que se dedica al estudio del “ser”. El término onto remite a “ente”: ente
es todo aquello que tiene ser. Se pregunta por ejemplo, ¿en qué consiste el “ser” y qué tipo de entidades
o seres pueden reconocerse?
10 PARTE UNO Introducción epistemológica
a. Condiciones histórico-sociales
10 Por distintos “planos” de la vida social entiendo módulos de sociabilidad diferentes como la familia, la
comunidad, el Estado y el mercado. Cada uno de los cuales, si bien se integra y se realiza a través de los otros,
mantiene también vínculos problemáticos y, en algunos aspectos, antagónicos. En cambio, por distintos
“sectores” aludo a diferenciaciones al interior de cada uno de esos módulos, por ejemplo, a las diferencias
de clases al interior del mercado, a las diferencias de poder político al interior del Estado, a las diferencias de
jerarquías y roles al interior de las familias y las comunidades.
11 El concepto de “modo de producción” fue introducido por la tradición marxista. Se trata de un concepto
que refiere, fundamentalmente, a las determinaciones económicas que caracterizan a una sociedad
(se desagrega a su vez en otras dimensiones como las de fuerzas productivas y relaciones sociales de
producción). Con base en este concepto el marxismo caracteriza las diferentes fases de la organización
social. En una acepción más amplia el concepto incluye aspectos jurídico-políticos e ideológicos de esas
sociedades (cfr. Marx, 1971; Marx y Engels, 1958).
12 PARTE UNO Introducción epistemológica
Sin necesidad de ir tan lejos lo que pretendo ilustrar, a partir de este esque-
ma, es que ese contexto más amplio impregna la vida de las propias instituciones
científicas y la de los sujetos involucrados en éstas. De tal modo que lo que sean
capaces de pensar, producir y generar en términos científicos pueda repercutir, en
alguna medida, en los valores y contextos de su época y de su más amplia cultura.
Cada época histórica y cada posicionamiento social en esa época histórica hacen
emerger cierto tipo de problemas y cierto tipo de modelos para responder a ellos.
Esta concepción se contrapone a otras que proclaman el carácter ahistórico y
universal de la ciencia. De acuerdo con ellas la ciencia sería la práctica más globaliza-
da —y más precozmente globalizada— de nuestras sociedades contemporáneas y
esa globalización no sería otra que la “globalización de la razón” o, directamente, del
método científico. De tal modo que no habría para esta práctica patria ni particula-
rismos ni diferencias de estilo entre investigadores de diversas regiones del planeta.
Esta comprensión, un tanto ingenua, concibe a los seres humanos que hacen
ciencia despojados de todo sesgo apasionado, de toda ideología, de todo matiz
particularista. Si bien es cierto que la ciencia se caracteriza por un modo peculiar
de producción de conocimiento que autoriza, como lo hemos sugerido antes, a
hablar de método científico, también es cierto que se concretiza de múltiples ma-
neras. En especial los modelos y los problemas científicos que derivan de ellos varían
considerablemente (aun al interior de una misma disciplina) entre una y otra épo-
ca histórica, y entre unos y otros ámbitos de investigación.
Se ha demostrado que, al igual que en muchos otros asuntos también globa-
lizados, son las grandes metrópolis las que marcan el curso de la ciencia hegemó-
nica. Son esos referentes centrales no sólo los que manejan la mayor cantidad de
fondos destinados a investigación, sino los que sitúan el alcance, la naturaleza y los
modos de plantear los problemas y los asuntos a investigar (cfr. Varsavsky, 1975).12
Si un investigador de la periferia pretende innovar con problemas, o con modos
de plantear viejos problemas, no le resultará igualmente sencillo instalar “su asunto”
en el contexto de la ciencia (o de su especialidad) a escala global: los medios de am-
plificación con los que cuenta son mucho más débiles. Esta debilidad no se debe sólo
ni principalmente a la falta de medios tecnológicos para difundir sus ideas. Se debe
más bien, a la insuficiente repercusión y significancia que suele encontrar en los mo-
delos hegemónicos de base (en especial si su propuesta es realmente innovadora).
Puesto que estos modelos se arraigan en estructuras de la praxis social, dichas
innovaciones suelen quedar vinculadas a particularismos o perspectivismos loca-
les —cuando surgen de investigaciones de la periferia—, o alcanzar repercusión
global —cuando surgen en las metrópolis centrales: sencillamente porque en esas
b. Condiciones institucionales
El segundo nivel del diagrama hace referencia al contexto institucional más especí-
fico en el que se produce y reproduce la ciencia. Este contexto institucional no sólo
está inmerso e impregnado del contexto social más amplio, sino que además esos
ámbitos científicos impregnan los contextos sociales y tienen resonancia en ellos.
Esa doble vía se ilustra en el diagrama con flechas que evocan la mutua determina-
ción entre tales niveles. La ciencia instituye y promueve valores, y modela represen-
taciones sociales en múltiples ámbitos de la vida humana desde los relatos sobre
el origen del universo, las razones de los trastornos afectivos, o la manipulación
genética —entre infinidad de otras cuestiones—. En las sociedades contemporá-
neas los conocimientos y los modelos que desarrolla la ciencia retornan sobre las
comunidades como mitologías arropadas con lenguaje tipo científico.15
13 Entre las tesis que defiende en su modelo de las “reconstrucciones racionales” “cualquier reconstrucción
racional de la historia necesita ser complementada por una ‘historia externa’ empírica (socio-psicológica)”.
De cualquier modo Lakatos atribuye una autonomía racional a la “historia interna” que es, hasta cierto
punto, independiente de las contingencias de la historia externa (cfr. Lakatos, 1993). Como se advierte,
asumo aquí una posición más enfática que la de Lakatos en la vinculación de ambos procesos; es decir,
el de la historia social más amplia y el del desarrollo del propio conocimiento científico. Sin embargo,
pretendo también evitar las vinculaciones directas entre ambas dimensiones por dos razones: a. porque
no invocaremos entre la historia social y la historia de la ciencia una relación “utilitaria”, sino más bien una
relación simbólico-representacional y, eventualmente, funcional entre una y otra; b. porque reconoceremos
no sólo que el desarrollo del pensamiento (incluido el pensamiento científico) guarda autonomía relativa
respecto al desarrollo sociohistórico, sino que además puede impactarlo y direccionarlo en alguna medida,
tal como quedó expresado en nuestro esquema principal al situar un doble direccionamiento entre el
contexto histórico social y el contexto de la producción científica.
14 “Un elemento crucial en los planteamientos de Fleck son las presuposiciones de que el ‘estilo de
pensamiento’ [de los investigadores científicos] surge de un compromiso no racional con imágenes
primitivas o metáforas, derivadas necesariamente de nociones populares, que son reformadas por la
comunidad científica para producir conceptos cuyos significados más específicos sirven mejor a las
propuestas particulares del ‘colectivo de pensamiento’ ” (Atienza, Blanco e Iranzo, 1994).
15 Un trabajo pionero sobre esta metabolización representacional del conocimiento científico es el que
S. Moscovici dedicó al estudio de las representaciones sobre el psicoanálisis (Moscovici, 1961).
14 PARTE UNO Introducción epistemológica
16 Se podrían considerar aquí también los llamados “colegios invisibles” entendidos como comunidades de
investigadores, que se crean a partir de las mutuas referencias y de la colaboración en las producciones
escritas. La disciplina encargada de identificar estas comunidades que resultan precisamente del análisis
de las publicaciones científicas es la sociobibliometría (cfr. Price, 1973; López-López, 1996; Peiró; 1981).
17 Entendido el término competencia en sus dos acepciones: como capacidad para hacer o ejecutar una
tarea y como competición o disputa.
18 Quizá en el mismo sentido en que ocurre con una producción artística y su camino de consagración
como “obra de arte”.
CAPÍTULO I La ciencia como práctica social 15
que lo recibe. Deberá mostrarse coherente con marcos teóricos y matrices epis-
témicas validadas y no confrontar intereses o concepciones ya consagradas. De
modo que puede suceder (y ha sucedido) que aun cuando ciertos hechos o ha-
llazgos parezcan no confirmar una cierta hipótesis científica, esa hipótesis puede
llegar a cobrar fuerza de ley si satisface todas las condiciones que hemos indicado.
O, viceversa, puede ser el caso de que diversos hallazgos parezcan validar una pre-
sunción hipotética, pese a lo cual ésta no termine de consagrarse por resistencia de
las comunidades de su época (volveré sobre este asunto más adelante).
Los conflictos y tensiones en las comunidades científicas son inter e intraco-
munitarios. Las tensiones y competencias entre comunidades se dan por confron-
tación de paradigmas y marcos epistémicos, generalmente antagónicos.
En cambio, los conflictos al interior de las comunidades suponen juegos de
poder o rivalidades por prestigio entre sus miembros. Además, los miembros inte-
grados a esas comunidades asumen la tarea de custodiar las tradiciones y los para-
digmas consagrados. Si un investigador se conduce contra ellos puede ser víctima
no sólo de fuertes resistencias, sino también de la expulsión o el rechazo.
En síntesis, lo que estamos definiendo como cultura científica puede ser ca-
racterizado por cierto tipo de “rituales” de consagración de sus miembros y por
modalidades específicas de preservación de sus tradiciones.
Finalmente, es importante señalar que el medio privilegiado a través del cual se
produce y reproduce la ciencia es la escritura.
La escritura no es un aditamento del conocimiento científico, es su medio na-
tural de existencia que se desarrolla a través de diversos géneros: artículos científi-
cos, tratados, tesis, incluso comunicaciones en eventos científicos.
De la misma manera que un ser humano no se integra plenamente a ninguna
sociedad humana si no domina su lengua, un investigador científico no logrará
insertarse genuinamente en ninguna comunidad de investigadores si no domina
el arte de la escritura científica. Pero además, así como en la cultura humana las
tradiciones existen por la propagación oral de saberes y prácticas ancestrales, en
la vida de las comunidades disciplinarias los conocimientos existen a través de su
difusión escrita. Ello permite que en esas comunidades científicas participen suje-
tos no sólo alejados en el espacio, sino también en el tiempo: todos ellos “existen”
a través de sus obras y producciones escritas.
Como síntesis de lo dicho hasta aquí resulta posible reconocer que historia
social, contextos institucionales, técnicas y prácticas, modelos representacionales son
aristas que delinean eso que hemos llamado práctica científica.
El investigador, a sabiendas o no, está determinado por todas estas cuestiones (y
determinándolas, a su vez) a la hora de llevar adelante un trabajo de investigación.
16 PARTE UNO Introducción epistemológica
• el proceso productivo, y
• el producto que ese proceso genera.
metodológico, tanto para aquellos que postulan la primacía de las hipótesis (como
lo hace la tradición hipotético-deductiva), como en el llamado paradigma cualita-
tivo según el cual las hipótesis se encuentran al final de ese proceso.
En todos los casos se trata de explicitar las condiciones bajo las cuales “lo em-
pírico” puede ser derivado de “lo conceptual/teórico”; o, viceversa, “lo conceptual/
teórico” integrarse con “lo empírico”.19
Estos criterios básicos se pueden especificar un poco más considerando, en el
caso del conocimiento científico:
19 Estos criterios coinciden también con las teorizaciones que se han dado sobre la explicación científica,
como es el caso del llamado “modelo de cobertura legal” —de Hempel y Popper— en todas sus variantes:
el “nomológico-deductivo”, el de la “explicación estadística”, el “estadístico-deductivo” y el “estadístico-
inductivo”, todos los cuales han sido motivo de revisiones y críticas a la luz de las limitaciones que
presentan. Para una revisión del “modelo de cobertura legal”, véase Hempel (1962 y 1979).
18 PARTE UNO Introducción epistemológica
En lo que respecta al carácter “regular”, interesa señalar que este requisito vale
tanto en el ámbito de las ciencias sociales como en el de las ciencias naturales.
Así, por ejemplo, un antropólogo puede interesarse en los rasgos regulares que
caracterizan a una comunidad: sus rituales idiosincráticos, el tipo de jerarquías so-
ciales que reconoce, el modo en que se diferencian las funciones y los papeles de
género, entre muchos otros. En este caso, y considerando a esa comunidad como
el “universo de referencia”, el estudioso buscará identificar “lo regular” al interior de
dicha microcultura.
De igual modo podría interesarse en regularidades de alcance mayor, como
ocurre cuando se investigan los rasgos invariantes de la cultura en general. Por
ejemplo, la investigación antropológica revela que el “tabú del incesto” es un ras-
go regular de la cultura humana, aun cuando ese tabú puede particularizarse de
modo diverso en distintas culturas.
Ahora bien, la constatación de estas presuntas regularidades se estima en el
marco de alguna experiencia empíricamente constatable. Se trata siempre de pre-
sunciones que se adoptan en referencia a algún tipo de experiencia u observación
de hechos: sea que estas experiencias u observaciones hayan motivado tales pre-
sunciones o hipótesis, sea que las hipótesis hayan precedido a (y guiado la búsque-
da de) aquello observable.
Así, por ejemplo, si se señala una regularidad hipotética como la siguiente:
20 La región del mundo real puede ser tan variada como “el psiquismo humano”, “el sistema planetario”,
“los cuentos de hadas” o “el comportamiento evolutivo de las especies”.
CAPÍTULO I La ciencia como práctica social 19
ejemplo se trata de precisar de qué modo se entenderá el acto perceptivo, para qué
tipo de sujetos, bajo qué condiciones de experiencia.
Como puede también advertirse, estas operaciones se integran con modelos
teóricos que trascienden los hechos. Como señala Kant, el investigador encuentra
en la experiencia lo que antes ha puesto en ella. Y esto que ha puesto son sus
modelos, expresados en las operaciones (o esquemas) por medio de las cuales los
hechos son producidos o leídos. De ahí que pueda luego “interpretar los resulta-
dos” como si se hubieran deducido de esos modelos y teorías (cfr. Piaget, 1967)
adscribiéndole en ese marco su carácter necesario.
Es por esa razón que las operaciones que se realizan para obtener la evidencia
que se busca deben poder ser comunicables; deben tener carácter público, sujeto
a la revisión y a la crítica. Usualmente se dice que esos procedimientos deben
ser replicables o reproducibles por cualquier otro investigador. Pero en un sentido
muy amplio lo que esta exigencia expresa es que deben poder ser inteligibles para
cualquiera que acceda a ese código operacional, entre otras cosas porque esas
operaciones deben integrarse coherente y sistemáticamente con el cuerpo teórico
que ilumina tanto la búsqueda como las respuestas encontradas.
El lector atento habrá advertido que existe una manifiesta contradicción entre
esta doble exigencia del conocimiento científico: los hechos son siempre experien-
cias particulares en el aquí y ahora de un presente actual, mientras que la postula-
ción de regularidades necesarias se refiere a un universal atemporal.
Una manera de definir el carácter lógicamente necesario de una proposición
es decir que es verdadera en cualquier mundo posible. Más allá de esta fórmula
un tanto extraña, desde el punto de vista lógico sólo son necesariamente verdade-
ros los enunciados tautológicos como, por ejemplo: “Los solteros son adultos no
casados”. Un rasgo de estas proposiciones es que el predicado no hace más que
desplegar lo que ya está contenido en el sujeto; es decir, no se necesita “salir” al
mundo para constatar si la fórmula es verdadera, ya que su verdad está implícita
en el propio enunciado. De modo que, esa tautología vale en cualquier mundo
posible precisamente porque su verdad no surge de lo que efectivamente ocurre
en cualquiera de esos mundos.
En la investigación científica, en cambio, los conocimientos no se adquieren
por meros exámenes proposicionales y reflexivos, sino que buscan constatar o ex-
traer la verdad de los fenómenos investigados. Si se dice “Todo a es b” no se habla
de ningún a, sino de todos y cualquier a. Pero si esa afirmación resulta de un tra-
bajo de investigación científica se debió haber contactado con algún (o algunos) a
en particular, en el marco de una experiencia concreta a partir de la cual se postula
la potencial relación (necesaria) entre entes del tipo a y atributos del tipo b. El nexo
entre a y b no surge de los propios enunciados, sino de una conexión, un vínculo21
que el investigador atribuye a los hechos mismos.
Como puede advertirse, aquí se abre un sinnúmero de cuestiones a la hora de
validar este tipo de conocimientos: ¿cómo garantizar que aquello que se relaciona
22 Interesa señalar, además, que tal como ocurre en toda reflexión filosófica estos debates se traducen (o
se expresan) en controversias que trascienden por mucho los devaneos especulativos. Según como se
asuman estas cuestiones se consagra o se degradan programas y tradiciones investigativas, se rechazan
o se aceptan potenciales hallazgos científicos, se financian o no se financian trabajos de investigación.
Y, de modo más amplio, las posiciones epistemológicas suelen ser solidarias con concepciones éticas,
políticas e ideológicas que repercuten en múltiples dimensiones de la vida social.
CAPÍTULO I La ciencia como práctica social 21
Estos modelos tienen la misma racionalidad que esa historia formativa. Así
como las garras del león se adaptan con eficacia al terreno porque han sido mol-
deadas por una historia coevolutiva del animal y su medio, así las formas y los
contenidos de nuestro intelecto han sido moldeados por la historia de nuestra vida
social.
La naturaleza de los problemas que podamos plantearnos —aun en el área de
la investigación científica— y los modelos y teorías que tengamos para resolverlos,
surgen de esa historia y no pueden ir más allá de ésta. Pero precisamente por eso
la objetividad no está “fuera” del sujeto, sino también en él como su razón consti-
tutiva y formativa.23
Ese proceso conceptivo no se clausura ni se cierra, en el mismo sentido en que
no se clausura ni se cierra el ciclo de la vida. La teoría evolutiva nos recuerda que cada
logro adaptativo no debe concebirse como una “solución óptima”, sino simplemente
como una “solución vitalmente viable”.
Análogamente los hallazgos de la ciencia no deben pensarse como un “resulta-
do final”, conforme al cual se accede a una verdad definitiva, sino como resultados
eficaces que resuelven ciertos problemas a partir de los cuales se instalan y se van
perfilando otros.
En el siguiente capítulo profundizaré en la noción de modelo y su lugar en el
proceso de investigación.