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El Crack Del 29 y La Gran Depresión (320 KBPS) .mp3

El crack de 1929 fue la caída más devastadora del mercado de valores en la historia de Estados Unidos, que provocó una fuerte crisis económica conocida como la Gran Depresión. La burbuja especulativa se formó debido a la facilidad de acceso al crédito y la creencia de que los precios de las acciones siempre subirían, pero finalmente estalló en octubre de 1929 con el desplome de los precios, arruinando a muchos inversores y desencadenando una crisis bancaria y una gran recesión económica en todo el

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El Crack Del 29 y La Gran Depresión (320 KBPS) .mp3

El crack de 1929 fue la caída más devastadora del mercado de valores en la historia de Estados Unidos, que provocó una fuerte crisis económica conocida como la Gran Depresión. La burbuja especulativa se formó debido a la facilidad de acceso al crédito y la creencia de que los precios de las acciones siempre subirían, pero finalmente estalló en octubre de 1929 con el desplome de los precios, arruinando a muchos inversores y desencadenando una crisis bancaria y una gran recesión económica en todo el

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El crack del 29 fue la más devastadora caída del mercado de valores en la

historia de la bolsa en Estados Unidos.


Mucha gente se arruinó y lo perdió todo.
A este crack le siguió una fuerte crisis económica, conocida como la
Gran Depresión.
En este vídeo os vamos a contar la historia que creíamos que nunca se iba
a volver a repetir.
Miércoles 23 de octubre de 1929.
Los precios se desploman en el mercado de valores de Nueva York, la bolsa
neoyorquina situada en el número 11 de Wall Street.
Los inversores están sorprendidos y preocupados.
Durante años los precios de las acciones no habían parado de subir.
A ese miércoles le sucedió el jueves negro.
De repente la bolsa de Nueva York se llenó de gente que en vez de comprar
quería vender.
Dicen que hubo gritos, llantos y empujones en el parque.
En las calles aledañas se congregó una gran multitud.
Para entender el crack debemos retroceder una época.
En 1919 los Estados Unidos habían emergido como primera potencia tras la
primera guerra mundial.
Estados Unidos estaba viviendo una etapa de su historia muy gratificante y
placentera que creían duraría para siempre.
Eran los felices años 20.
Las fábricas americanas producían productos para la vieja Europa.
Para costear la guerra el Estado había emitido unos bonos llamados bonos
libertad.
Si pagabas por dichos bonos el Estado te devolvería el precio de los bonos con
intereses.
Por primera vez los ciudadanos vieron que podían obtener rentabilidades
interesantes por sus ahorros.
Así, Charles Mitchell, presidente del National City Bank, viendo que se acababa
de crear un público con tendencia a invertir, decidió sacar al mercado bonos
corporativos o acciones y le dijo a la gente que eran inversiones fiables y con
poco riesgo.
Pronto los bancos empiezan a sacar nuevos productos financieros, abriendo
también el grifo para que la gente acceda al capital.
Por primera vez se instala el compre ahora y pague después.
El acceso al crédito era facilísimo y todo el mundo, desde el director de un
banco hasta un limpiador de zapatos, podía endeudarse y vivir por encima de
sus posibilidades.
En esta expansión de crédito tuvo mucha culpa la recién creada Reserva Federal
en 1922, bajando los tipos de interés a niveles históricamente bajos, hinchando
una burbuja inflacionista e iniciando una borrachera bursátil.
La bolsa, en aquel entonces, era un mercado en el que solo invertían expertos,
muy restringido al público y se acomodaba como un mercado competitivo,
rigiéndose a las leyes de oferta y demanda.
En este punto, el mercado especulativo se abrió a todo el mundo.
Todo el mundo quería su tajada.
Mitchell abrió agencias de corretaje por todo el país.
Eran lugares donde se podía invertir en bolsa, se actualizaban los valores a cada
segundo y era necesario acudir para poder comprar o vender.
Allí se te proporcionaba un papel para dar validez a tu compra o venta y este
debía ser conservado.
Y llegó al alcance de todo tipo de personas en Estados Unidos.
La gente estaba encantada.
Se creó un mercado alcista que parecía que no bajaría nunca.
En los años 20 se llegaban a obtener grandes beneficios con un capital pequeño.
La situación se envelleció aún más por la venta de acciones a crédito.
Si querías comprar acciones, pedías dinero prestado a un tipo de interés muy bajo.
Total, en un mercado alcista, al vender vas a recuperar tu dinero y al final salías
ganando.
El mundo se endeudaba y las agencias permitían un apalancamiento 1 a 10.
Es decir, invertir una suma 10 veces superior a tu capital real.
Se calcula que dos terceras partes de las acciones de Wall Street se compraban con
dinero
prestado.
La bolsa sube o baja rigiéndose por la ley de la oferta y la demanda, es decir, de
lo
que la gente está dispuesta a pagar.
Aquí la demanda crecía sin precedentes.
En vista del gran beneficio que todo el mundo estaba obteniendo, la gente no le
importaba
cuánto pagar por las acciones, siempre y cuando subieran.
Este exceso de demanda provocó que los valores creciesen y creciesen sin control.
Si fuese de la empresa que fuesen, no importaba por qué estaban subiendo, siempre
subían.
Por lo tanto, el precio de las acciones se empezó a inflar, alejándose de sus
valores
reales.
Así es como se crean las burbujas.
Paul Warburg, un banquero estadounidense, lanzó un aviso de la burbuja que se había
creado y avisó de una enorme depresión, pero nadie le quiso escuchar, lo hicieron
callar.
Nadie escuchaba a las personas que querían pisar la realidad y la gente seguía
envuelta
en su sueño americano.
Se continuó invirtiendo mucho y aumentando la burbuja.
Hubo un momento en el que algunos inversores profesionales se dieron cuenta de que
el mercado
se estaba sobrecalentando.
Los más profesionales y astutos se salieron, como Kennedy, el padre del que luego
sería
presidente de los Estados Unidos, llegó a decir, si un limpia bota sabe tanto como
yo
sobre el mercado de valores, tal vez es la hora de que yo lo deje.
Así llegamos al punto máximo y de inflexión de la burbuja, la tendencia de los
valores
Se iba invirtiendo levemente, el mercado se había vuelto más volátil y el malestar
aumentaba.
Toda la burbuja se provocó por un exceso de confianza de los ciudadanos y cuando
esta
confianza cae ya no hay nada que hacer.
Miércoles 23 de octubre de 1929, la bolsa sufrió un gran golpe al bajar en una sola
sesión casi un 7%, aquel día solo fue un augurio de lo que pasaría el día
siguiente,
El fatídico y recordado Jueves Negro de Wall Street, Jueves 24 de octubre de 1929,
se desató
una furia vendedora de manera que en pocos minutos se cursaron órdenes de venta por
un millón de títulos.
Las cotizaciones de esas acciones iban cayendo, se llegaban a ofrecer paquetes de
acciones
a un tercio de su valor, sin encontrar comprador.
Los agentes de bolsa pedían desesperadas garantías para aquellos títulos que con
anterioridad
se habían comprado a crédito, pero obviamente nadie podía cubrirlos.
Empezaron a circular rumores de suicidios, gente tirándose desde rascacielos, y la
gente
de la calle, curiosa, empezó a entrar en las instalaciones.
El pánico fue gigante.
La policía de Nueva York tuvo que tomar posiciones para evitar posibles disturbios.
Ya se había roto la burbuja.
La reacción popular fue, esto no puede estar pasando.
Para el mediodía, los principales jefes de los bancos se reunieron para intentar
solucionar
la situación.
La reunión incluyó a Thomas Lamont, actuando como representante de JP Morgan Chase.
Albert Wiggin, representante de Chase National Bank.
Escojan a Richard Whitney, vicepresidente de la bolsa de Nueva York, para actuar en
su nombre.
Para paliar la debacle, inyectan dinero en una serie de valores que se suponían
fiables.
Los que se conocen como blue chips.
El multimillonario John Rockefeller hace lo mismo con esperanza de que cambie la
tendencia.
Lo consiguieron.
La bolsa empezó a subir.
Una intervención en los valores por parte de gente poderosa había logrado revertir
la sangría de precios.
Invirtieron grandes sumas de dinero para remontar los valores y volver a generar
confianza
en los inversores.
El mercado remontó.
Incluso los periódicos anunciaban.
La crisis de la bolsa ha pasado, pero esta inyección de confianza no fue
suficiente.
Tras una recuperación el viernes y otra pequeña el lunes, llegamos al martes 29 de
octubre
de 1929, conocido como el martes negro.
El índice de la bolsa descendió más que ninguna otra jornada de la bolsa en la
historia
de Nueva York.
Las bajadas continuaron hasta el mes de enero, cuando se tocó fondo.
El gobierno, presidido por el republicano Herbert Hoover, no sabe cómo parar el
golpe.
Consecuencias.
Mucha gente se arruinó.
Los bancos también se arruinan al no poder recuperar el dinero prestado.
Cerraron porque dejaron de ser solventes.
Millones de personas pierden los ahorros guardados en esos mismos bancos.
Tres mil de ellos cerraron en los dos años siguientes.
Después de aquello, la gente guardaba el dinero bajo el colchón.
Muchas fábricas echaron el cierre.
Aumentó el paro significativamente.
Empiezan a aparecer barrios de chabolas por todo el país.
Y como suceden todas las caídas, finalmente terminó llegando a Sudamérica, Europa y
hasta Australia.
Inglaterra se cerró tras sus fronteras y abandonó el patrón oro.
El paro se disparó en Francia e Inglaterra.
El malestar y la crispación social, producto de la crisis económica, se disparó en
Alemania.
Un joven soldado austriaco empezó a abrirse paso como el símbolo de la salvación
económica
y el poderío alemán.
Se llamaba Adolf Hitler.

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