VERDADES
fundamentales
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TABLA DE CONTENIDO
CLASE 1 LAS SAGRADAS ESCRITURAS: LA REVELACIÓN VERBAL DE DIOS .…….………. 2
I. La revelación de Dios, su forma y propósito …..……….……………….…………………. 2
II. La exclusividad de las Escrituras ……………………………………………….……….…….. 4
CLASE 2 EL DIOS VERDADERO .………………………………………………………..…..…………. 6
I. La persona de Dios …..……….……………….……………………………………….…………. 6
II. La naturaleza de Dios y sus atributos .…….……………………..……………….….…….. 8
CLASE 3 EL CARÁCTER MORAL Y LAS OBRAS DE DIOS .………………………..…..…………. 10
I. Los atributos morales de Dios …..……….………………………………………….…………. 10
II. La obra creadora de Dios y la divina providencia …….………..……………….….…….. 12
III. Los mensajeros de Dios ………………………………………………………………………….. 14
CLASE 4 JESUCRISTO: MANIFESTACIÓN VISIBLE DEL DIOS INVISIBLE .…………………... 16
I. La deidad de Jesucristo …………...……….………………………………………….…………. 16
II. La humanidad de Jesucristo …….………..……………….……………………………..…….. 17
III. La unión de dos naturalezas en Cristo ……………………………………………………….. 18
IV. La excelencia en Cristo …………………………………………………………………………… 20
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LAS SAGRADAS ESCRITURAS: REVELACIÓN VERBAL DE DIOS – CLASE 1
Es la revelación puesta por escrito que Dios ha hecho de sí mismo y de su creación. Es maravilloso comprender
que decidió usar a hombres sometidos a su voluntad para que fueran los autores de las Sagradas Escrituras.
Resulta inspirador estudiar los datos acerca de cómo los escritos de más de 40 hombres que cubren un período
de 1600 años fueron preservados divinamente y hoy los tenemos en la Biblia.
Delimitación de temas: La fuente principal de todas las doctrinas es la Biblia, nuestras Sagradas Escrituras.
Competencia específica: Dar evidencias que la Biblia es en verdad la Palabra de Dios.
Propósito: Comprender la importancia de las Sagradas Escrituras y de su correcta interpretación.
BOSQUEJO DE LA LECCIÓN
I. La revelación de Dios, su forma y su propósito
II. La exclusividad de las Escrituras
OBJETIVO DE LA LECCIÓN
Definir términos relacionados con la inspiración de las Escrituras.
Declarar por qué se necesita una revelación escrita de Dios.
Explicar lo que significan la exclusividad y la autoridad de las Escrituras.
Discutir el lugar de autoridad que deberían tener las Escrituras en la vida de los creyentes y en la iglesia.
PALABRAS CLAVES: (el discípulo deberá buscar su significado como actividad extra clase)
Apocalíptico, autógrafo, autoritario, canon, confiable, corroborar, doctrina, epístola, inspiración, revelación
I. La revelación de Dios, su forma y propósito
a. La necesidad de tener una revelación verbal escrita
Sin la revelación de Dios, el hombre natural no estaría consciente de su condición desesperanzada ni de su
necesidad de ayuda. A fin de comprender por qué se necesita una revelación de Dios, tenemos que conocer el
significado de la palabra ‘revelación’ en relación con Dios. Significa que Dios revela o da a conocer a la gente lo
que de otra manera no podrían conocer acerca de Él y de sus propósitos. Puesto que Dios es grande y amoroso,
y puesto que el hombre necesita ayuda desesperadamente para resolver su problema de pecado, esperaríamos
que Dios le comunicara claramente al hombre lo que Él es y lo que desea que haga el hombre. Aún más sería
muy lógico asegurar que esa revelación estuviera protegida para que la gente pudiera obtener ese conocimiento
sin que se distorsionara de ninguna manera. Por tanto, como se esperaría, Dios hizo provisión para que su
revelación fuera preservada en forma escrita.
b. La inspiración a los autores bíblicos
Definición de la inspiración
Creemos que las Escrituras son la revelación infalible (sin error) de Dios de sí mismo y de sus propósitos en la
vida de los hombres; que fueron redactadas por autores humanos bajo la inspiración del Espíritu Santo. Son la
comunicación escrita de Dios de la verdad divina que puede descubrirse sólo al ser revelada por Dios al hombre.
Al decir ‘Sagradas Escrituras’ nos referimos a los escritos que conocemos como el Antiguo y el Nuevo
Testamento, los 66 libros de la Biblia. Por inspiración queremos describir la operación del Espíritu Santo en la
cual Él guio o supervisó a los autores de las Escrituras en la selección de las ideas y pensamientos que debían
incluir. Fue una influencia especial para una tarea especial. Dios puso en la mente y el corazón de los escritores
de las Escrituras lo que Él quería que expresaran. Escribieron bajo la administración o dirección del Espíritu
Santo. El Espíritu Santo guardó a los escritores de todo error y toda omisión al registrar lo que Dios quería que
dieran a conocer. Con todo, es extraordinario que Dios haya usado la personalidad de los autores humanos para
registrar su revelación. El estilo o vocabulario de cada libro de las Escrituras es característico de su autor y su
carácter humano.
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Por ejemplo, fue de Dios que Lucas creyera necesario investigar lo que habían escrito los testigos oculares de la
vida de Jesús. De esa manera pudo escribirlo todo por orden (Lc 1:14). Con frecuencia Pablo escribía para
contestar preguntas de las iglesias, para dar enseñanzas necesarias en ellas y para dar instrucciones a algunos
creyentes (1 Co 1:10-13, 7:1; Gá 1:6-7; 1Ti 1:3; Flm 10). Pero todo lo que escribió fue hecho mediante la inspiración
del Espíritu Santo.
Dos pasajes del Nuevo Testamento nos dan una valiosa vislumbre del tipo de inspiración que recibieron los
escritores. Pablo dice que “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2Ti 3:16). Pedro dice: “Ninguna profecía de la
Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos
hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2P 1:20-21).
Evidencias de la inspiración
Consideremos la aprobación de Jesús de las Escrituras del Antiguo Testamento, el cumplimiento de la profecía
bíblica y la unidad de los temas bíblicos.
1. Jesús demostró respeto y aprobó el Antiguo Testamento. Indicó su sentir acerca del Antiguo Testamento
de tres maneras. Primero, afirmó que estas Escrituras son eternas (Mt 5:17-18; Lc 10:26; 21:22; Jn 10:35).
Segundo, dijo que las Escrituras hablaban de él (Mt 26:24; Mr 9:12; Lc 18:31; 24:44; Jn 5:39). Tercero,
demostró su aceptación de la autoridad del Antiguo Testamento citándolo (Mt 4:4, 7, 10; 21:13; 26:31).
2. Se han cumplido las profecías bíblicas. El cumplimiento de muchas de sus predicciones con tanta precisión
indica la participación del Espíritu Santo. De ninguna manera esos acontecimientos los hubiera podido prever
ningún hombre inteligente. Sin embargo, muchos ya se han cumplido y otros se cumplirán a su debido
tiempo, por ejemplo, el lugar donde nació en Miqueas 5:2; la traición a Jesús en Salmos 41:9; la Forma de su
muerte en el Salmo 22.
3. La Biblia contiene unidad de temas. Aun cuando fue redactada por unos 40 autores por un período que
abarca cerca de 1600 años, la Biblia presenta un tema sobresaliente: la redención del hombre provista por
Dios mediante el sacrificio de su Hijo, Jesucristo. En las Escrituras no hay sino un solo sistema doctrinal, una
norma moral, un plan de salvación y un plan divino de las edades. Los libros, en lugar de contradecirse unos a
otros y confundir sus temas, se complementan unos a otros en forma armoniosa. Una serie maravillosa de
revelaciones se desenvuelve dramáticamente hasta culminar en el triunfo final sobre el mal.
II. La exclusividad de las Escrituras
Cuando hablamos de la exclusividad de las Escrituras, queremos decir que sólo la Biblia es la revelación
completa de la verdad escrita de Dios.
a. La culminación de la revelación divina
En Juan 16:12-15 vemos que la verdad adicional sería revelada por el Espíritu Santo. Esta verdad incluiría eventos
futuros (“cosas que habrán de venir”), dirección e iluminación (“tomará de lo mío, y os lo hará saber”) y aún
más doctrina (“toda la verdad”) esencial para vivir de manera que le agrade a Dios (“Él me glorificará”). Como
por el año 64 o 65 d.C. ya habían sido escritos los evangelios y varias de las epístolas que circulaban en las
iglesias. Unos 25 o 30 años después, el apóstol Juan recibió el Apocalipsis. El Espíritu Santo, después de capacitar
al apóstol para recibir esta revelación, aparentemente culminó lo que habría de revelarnos.
Ahora que ya tenemos las Escrituras completas, no debemos agregarles ni quitarles nada. Dios reveló
progresivamente su voluntad y propósito a lo largo de un período de 1600 años. Ya no necesitamos más. Dios
ha dicho todo lo que tiene que decirnos sobre sí mismo y su plan para nosotros. Esto significa que la inspiración
del Espíritu Santo que nos produjo la Palabra de Dios en forma escrita ya no está a disposición de nosotros hoy.
Fue dada exclusivamente a los escritores de las Escrituras.
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Podemos ser inspirados por Dios para contribuir al avance de su reino, pero no a su revelación escrita. Después
de leer, estudiar y aplicar la enseñanza de las Escrituras, podemos decir con certeza que en verdad Dios nos ha
hablado clara y consecuentemente y que ha revelado por completo lo que deseaba comunicar. No se necesita
más.
Es importante que reconozcamos que Dios sigue hablando a su iglesia hoy por el don de la profecía, el Espíritu
sigue declarando a los creyentes la mente de Dios. Sin embargo, toda esa profecía, para ser recibida, debe estar
en armonía con la Palabra. Se da para edificar, exhortar y consolar a los creyentes (1Co 14:3). No puede sustituir
ni contradecir ni agregar a la revelación dada en la era apostólica como dirección general para la iglesia.
b. El Canon de las Escrituras
Se denomina ‘canon bíblico’ a la lista de libros que son aceptados por la Iglesia y otras confesiones cristianas
como texto sagrado de inspiración divina. Esa palabra se deriva del griego kanon, lo que significaba
originalmente ‘una caña o vara” y después se usó con el significado de una ‘vara de medir, regla o norma’.
Aplicada a las Escrituras, canon se refiere a los textos que han sido medido de acuerdo con cierto criterio y han
cubierto todos los requisitos para ser aprobados como la revelación inspirada de Dios. La Santa Biblia se
compone exclusivamente de los textos incluidos en los cánones del Antiguo y del Nuevo Testamento.
¿Cómo fueron unidos los muchos escritos de verdad revelada para formar un libro? ¿Cuándo se inició esa obra?
¿Cuál agencia, institución o personas fueron responsables de la formación de la Biblia?
La formación del Antiguo Testamento
A los 39 libros redactados antes de la llegada de Jesucristo les llamamos Canon del Antiguo Testamento. La
evidencia presentada por el historiador judío Josefo (año 95 d.C.) indica que los libros del Antiguo Testamento
fueron compilados bajo la supervisión de Esdras y los miembros de la Gran Sinagoga luego del regreso del exilio
en el siglo V a.C. Los escribas eruditos judíos los clasificaron esos textos en tres categorías —la ley, los profetas
y los escritos (narraciones) —y debían ser considerados por el pueblo de Dios como inspirados divinamente y su
única regla de fe y conducta.
La formación del Nuevo Testamento
Conocemos como Canon del Nuevo Testamento los escritos bíblicos redactados después de la muerte de Jesús
y del inicio de la Iglesia. Cuando junto con ellos circularon también otros tipos de literatura que pretendieron ser
sagrados, con el paso del tiempo la iglesia desarrolló un medio para reconocer las Escrituras divinamente
inspiradas y para darles el lugar debido en la práctica de las comunidades cristianas.
La regla (o canon) para las Escrituras del Nuevo Testamento era como sigue:
1. Debía haber sido escrito o apoyado por un apóstol o discípulo directo de un apóstol.
2. Su mensaje debía armonizar con las enseñanzas de los demás escritos aceptados como revelación de Dios.
3. Su contenido debía ser de tal carácter espiritual que se reconociera su inspiración divina por su efecto sobre
los oyentes y lectores.
4. Debía ser usado y aceptado universalmente por las iglesias como inspirado divinamente.
Desde muy temprano en la existencia de la iglesia, los 27 libros del Nuevo Testamento fueron medidos por este
criterio e informalmente aceptados como inspirados por Dios. Esto se reconoció oficialmente cuando, sobre una
base formal, el Concilio de Hipona (un grupo de líderes de las comunidades cristianas) anunció en el año 393 que
el canon de las Escrituras del Nuevo Testamento eran los 27 libros que se incluyen hoy en el mismo. La última
aprobación dio el Sínodo de Cartago (una conferencia de los obispos supervisores delegados por las
comunidades cristianas) en 419.
Por tanto, el canon del Nuevo Testamento surgió del acuerdo de los creyentes dirigidos por el Espíritu Santo
sobre lo que se hizo evidente a lo largo de los siglos.
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c. La interpretación de las Escrituras
Todas las Escrituras deben ser analizadas e interpretadas a la luz de la enseñanza de la Biblia como un todo y de
manera cristocéntrica, es decir, que también el Antiguo Testamento debe interpretarse desde la perspectiva de
Jesucristo. Si aprendemos y aplicamos este principio, edificaremos nuestra vida cristiana sobre una base sólida.
No nos atrevamos a basar nuestra vida y acciones en algún versículo o texto aislado. Si no seguimos este
principio, experimentaremos serias dificultades.
Dios nos ayuda a comprender las enseñanzas de su Palabra. Su Espíritu Santo no sólo inspiró a los hombres que
escribieron las Escrituras, sino que ilumina la mente de los que las leen. El Espíritu alumbra la mente del creyente
para comprender lo que lee. Sin la ayuda del Espíritu, nadie puede comprender las Escrituras debidamente,
porque el pecado ha oscurecido la mente. Pero cuando el Espíritu Santo mora en el creyente nacido de nuevo,
nos aclara las verdades de la Palabra de Dios y nos ayuda a interpretarlas correctamente (Ro 1:21; Ef 1:18; 1Co
2:6-16; y 1Jn 2:20,27).
d. La autoridad de las Escrituras
¿Qué importancia damos a la Biblia en relación con nuestra vida y voluntad? Las Escrituras, desde el principio
hasta el final, revelan el sentir de Dios en este asunto. Sabemos que deben ser la autoridad final en todo lo que
se refiere a la fe y la conducta (2Ti 3:16-17). Desde muy temprano en su comunicación con la gente, Dios reveló
su voluntad y propósito. También les dio a conocer que esperaba que conocieran sus mandamientos y actuaran
de acuerdo con ellos: “Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás” (Dt 12:32).
Incluso dijo que los probaría para ver si comprendían su palabra y la obedecían (Dt 13:3).
No debemos ser llevados por maravillas, señales, milagros o el simple entretenimiento, ni por lo que nos aleje
de las verdades de la Palabra de Dios. El continuar nuestra relación con Jesucristo consiste en vivir por su
Palabra: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (Jn 15:10). Los mandamientos que
Jesús nos exige cumplir en todo sentido son: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu
alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.” (Lc 10:25-28). Podemos
demostrar nuestro amor a Cristo por nuestra obediencia a su voluntad revelada: “Vosotros sois mis amigos, si
hacéis lo que yo os mando” (Jn 15:14). La Palabra de Dios es verdad (Jn 17:17). Por tanto, debemos tomarla
como nuestra autoridad suprema en lo que toca a nuestra vida personal y la iglesia.
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EL DIOS VERDADERO – CLASE 2
“¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?” (Job 11:7), podemos
contestar: “¡No!” El gran problema que confrontamos en nuestros esfuerzos para comprender a Dios radica en
que el ser finito no puede comprender al Infinito. Fuera de la revelación que tenemos en las Escrituras sobre la
naturaleza y las características o atributos de Dios, no existe forma alguna de conocer el Ser de Dios. Sólo
cuando Él se revela a sí mismo en su naturaleza y características podemos obtener algún conocimiento de su
Ser divino. Por tanto, lo que ha revelado de sí mismo es preciso, pero es sólo una revelación parcial de su
persona.
Delimitación de temas: La comunicación entre Dios y los hombres, el conocimiento sobre los aspectos de Su
persona, naturaleza y características, el estudio de la revelación de Dios en las Escrituras.
Competencia específica: Conocer la revelación especial de Dios en la Biblia para obtener conocimiento de Él.
Propósito: Estudiar acerca de Dios y apreciar el interés de Él por cada uno de nosotros que lo motivó a revelarse
progresivamente a través de los tiempos, llegando al punto culminante de revelación en Su Hijo.
BOSQUEJO DE LA LECCIÓN
I. La persona de Dios
II. La naturaleza de Dios y sus atributos
OBJETIVO DE LA LECCIÓN
Formar y discutir conceptos sobre la persona y los atributos naturales de Dios.
Explicar por qué el conocimiento de los atributos naturales de Dios puede aumentar la fe de una persona.
Apreciar las cualidades de la naturaleza de Dios por los que puede conocer y suplir las necesidades humanas.
PALABRAS CLAVES: (el discípulo deberá buscar su significado como actividad extra clase)
Atributo, inmutable, manifestación, singularidad, materia, soberano, esencia, eternidad, inmaterial, ,
omnipotencia, omnipresencia, omnisciencia, unidad, trinidad, sustancia
I. La persona de Dios
¿Qué sabemos acerca de ese Dios? Examinemos algunos datos que conocemos acerca de nuestro Creador.
a. Dios es el ser original, diferente de nosotros
Dios es la persona original
¿Cuáles son las características esenciales de una persona? Una persona es aquella que tiene la capacidad de
pensar, sentir y decidir. Aunque Dios no tiene cuerpo, tiene inteligencia y la capacidad de pensar, sentir y tener
propósito que lleva a cabo. La Biblia revela que Él se comunica con los seres humanos (Sal 25:14) y la manera en
que éstos responden le afecta (Is 1:14). El piensa (Is 55:8) y toma decisiones (Gn 2:18). Todas estas son
características de un ser personal. Por tanto, Dios es un Ser personal.
No debemos considerar la personalidad del hombre como la norma para medir la personalidad de Dios porque
el modelo original de personalidad se encuentra en Dios, no en el hombre. La personalidad del hombre es similar
al original sólo en algunas características.
Dios es el Espíritu original
¿En qué piensa usted cuando cierra sus ojos y trata de imaginarse cómo es Dios? Dios no tiene forma alguna
porque es espíritu (Jn 4:24) y un espíritu es inmaterial. En Juan 1:18 dice que “a Dios nadie le vio jamás”
¿Qué implica la espiritualidad o la calidad de ser espíritu? Dios posee un ser singular, sustancial, distinto del
mundo (Ef 4:6; Col 1:15-17). Ser singular significa ser único. Ser sustancial significa tener sustancia, o una
naturaleza esencial, tener esencia. Los términos ‘sustancia’ y ‘esencia’ son muy similares cuando se usan en
relación con Dios. Se refieren a todas las cualidades o atributos que componen su naturaleza, los cuales a la vez
forman la base de todas sus manifestaciones externas.
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Este Ser sustancial que es Dios es invisible, inmaterial y no se compone de partes. Dios es una sustancia
espiritual. Jesús dijo: “Un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lc 24:39). Puesto que
Dios no sólo es espíritu en el sentido estricto de la palabra, sino es el Espíritu original, no tiene las limitaciones
en las que pensamos cuando nos referimos a un ser humano o a otros seres espirituales. No tiene ninguna de las
propiedades o características que pertenecen a la materia. El apóstol Pablo lo describe como el “Rey de los
siglos, inmortal, invisible” (1Ti 1:17) y como “Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad,
que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver” (1Ti 6:15-16).
Dios es Uno
Cuando decimos que Dios es uno, nos referimos a tres conceptos: la unidad numérica de Dios; la singularidad
de Dios; y la simplicidad de Dios.
1. La unidad numérica de Dios. Esto se refiere al hecho de que, numéricamente, Dios es un sólo ser. Y puesto
que hay un solo Ser divino, todos los otros seres existen por Él, de Él y para Él. Pablo, en 1 Corintios 8:6, dice:
“Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros
somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él”.
2. La singularidad de Dios. La Biblia enseña que sólo Dios es Dios, por lo tanto, es el único Dios. Versículos
bíblicos, como Deuteronomio 6:4 se refieren a la singularidad de Dios: “El Señor es nuestro Dios; el Señor es
uno.” La palabra hebrea traducida aquí como uno, también puede ser traducida como alguien único, la cual
es mejor traducción: "El SEÑOR nuestro Dios es el único SEÑOR” (NVI). Por tanto, sólo el que llamamos
‘Dios’ desde la Biblia, es el único Dios, el único que merece ser llamado así.
Este es el mensaje de Zacarías 14:9: “En aquel día el SEÑOR será el único Dios, y su nombre será el único
nombre.” Es decir, a nadie más se reconocerá como Dios y a nadie más se llamará ‘Dios’. Esta misma idea es
expresada claramente en Éxodo 15:11: ”¿Quién, SEÑOR, se te compara entre los dioses? ¿Quién se te
compara en grandeza y santidad? Tú, hacedor de maravillas, nos impresionas con tus prodigios.”
La respuesta, por supuesto, es que no hay otro. El Dios revelado en las Escrituras es el único y solo Dios.
3. La simplicidad de Dios. Esto significa el estado de ser libre de divisiones en partes. Dios es Espíritu y como
tal no puede ser dividido. El ser humano, en contraste, está compuesto: es tanto material (corporal) como
inmaterial (espiritual).
b. Dios es triuno
¿Cómo puede Dios ser uno y también triuno? Las palabras ‘triuno’ y ‘trinidad’ contienen los conceptos de unidad
y de tres (tri), de ser tres en la singularidad y la simplicidad de uno.
Al abordar este tema tan importante reconocemos que esta verdad puede ser conocida sólo mediante
revelación. Por tanto, recurrimos a lo que Dios ha revelado en las Escrituras como la base de nuestro estudio de
las siguientes preguntas respecto a la Trinidad.
¿Qué es la Trinidad? Son tres personas en una: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los eruditos que tratan de
describir con precisión estas distinciones en la Deidad usan términos diferentes. La variedad de términos que
usan sugiere que reconocen cuán difícil resulta describir la Trinidad.
En el Dios triuno no hay tres seres individuales que existen uno al lado de otro y a la vez separados
mutuamente. Más bien, existen sólo distinciones propias dentro de la esencia divina. Son de la misma
sustancia, iguales en gloria, poder, majestad y eternidad, y son una sola persona.
¿Cuál es la evidencia que apoya la Trinidad? Aunque la palabra Trinidad no se encuentra en ninguna parte
de la Biblia, la doctrina está revelada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
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El Antiguo Testamento fue escrito en el idioma hebreo. En hebreo, uno de los nombres de Dios, Elohim, está
en la forma plural. Por ejemplo, en Génesis 1:26 dice: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra
imagen, conforme a nuestra semejanza”.
El Nuevo Testamento ofrece una clara revelación de Dios al enviar al Hijo al mundo (Jn 3:16; Gá 4:4; 1Jn 4:9).
También revela tanto al Padre como al Hijo al enviar al Espíritu Santo (Jn 14:26; 15:26; 16:7). En el Nuevo
Testamento observamos que el Padre le habla al Hijo (Mr 1:11; Lc 3:22); el Hijo disfruta de comunión con el
Padre (Mt 11:25- 26; Jn 11:41; 12:27-28); y el Espíritu Santo ora a Dios en los corazones de los creyentes (Ro
8:26-27).
¿Cuáles son las dificultades de la doctrina? ¿Por qué se nos dificulta tanto comprender la enseñanza de la
Trinidad? El ser humano simplemente no puede comprender la enseñanza acerca de la Trinidad basado
únicamente en su conocimiento y experiencia humanos. En nuestra existencia finita (limitada), nunca
podremos comprender lo infinito (aquello que no tiene límite). Pablo describe esta limitación del hombre en
su primera carta a los corintios: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; más entonces veremos cara a cara.
Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.” (1Co 13:12).
II. La naturaleza de Dios y sus atributos
Si Su personalidad comprende la esencia del ser de Dios -Espíritu uno y triuno-, la naturaleza se refiere al
conjunto de características que de forma natural pertenecen al Ser divino.
a. Dios es infinito e ilimitado
La eternidad de Dios
Dios no tiene progenitores, no tiene antepasados. Entonces, ¿cómo o de dónde se originó Dios? Esa pregunta
tiene una respuesta muy sencilla. ¡No tiene origen! Siempre ha existido en eternidad. Por ello podemos decir:
Dios es eterno. En nuestra mente podemos considerar la eternidad como ese estado no sujeto a tiempo, infinito
(sin límite) cuando toda la creación estaba presente sólo en los pensamientos divinos. Pero aquí nuestras mentes
finitas (limitadas) son incapaces de comprender la idea de infinidad, de un estado ilimitado no sujeto al tiempo.
El hecho es que la eternidad es la infinidad de Dios en relación con el tiempo. Él es el único que habita en la
eternidad. El hombre está sujeto al pasado, al presente y al futuro, pero Dios habita solamente en el presente.
Para Dios, tanto el pasado como el futuro son lo mismo que el presente. Dios es eterno en dos maneras:
1. Nunca comenzó su existencia; siempre ha sido (Sal 90:2).
2. Su existencia nunca terminará (Dt 32:40; Sal 102:27). Dios no está sujeto al transcurrir del tiempo, es eterno.
La omnipotencia de Dios
Omnipotencia describe el hecho de que Dios es todopoderoso. ¡Puede hacer todo lo que quiere! Ese poder
absoluto de Dios se nos muestra en las Escrituras en relación con
1. la creación (Gn 1:1) y el sustento de todas las cosas por la palabra de su poder (Heb 1:3);
2. el establecimiento del Reino (Lc 1:35, 37);
3. los milagros (Lc 9:43)
4. la base para nuestra fe (1Co 2:5; 2Co 4:7);
5. el cuidado divino del creyente (1P 1:5).
La omnipresencia de Dios
La omnipresencia de Dios no significa que Dios tiene la misma relación con todos. Él está en la tormenta, pero
no en la misma forma en que lo está con dos de sus hijos que sinceramente oran pidiendo su dirección (Nah 1:3;
Mt 18:20). Tampoco significa que Dios esté en las cosas. Más bien, da a entender que en el mismo instante y en
todo el universo, no haya un lugar físico o espiritual que quedara fuera de la atención y del alcance de Dios.
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La omnisciencia de Dios
Los seres humanos con frecuencia se esfuerzan mucho para descubrir hechos. Al estudiar para obtener
conocimiento, acumulamos hechos, pero parece que mientras más aprendemos, más comprendemos lo poco
que sabemos. Dios no tiene ese problema.
Como consecuencia de su eternidad y omnipresencia, no existe cosa alguna que no fuera del conocimiento del
Señor. El estado de su conciencia es ilimitado.
b. Dios es inmutable
Los seres humanos vivimos en un constante proceso de desarrollo, de cambios innumerables en cualquier área
de nuestro pensamiento, sentimientos, y ejercicio de la voluntad, así como también tenemos faltas que
necesitamos corregir. A cambio, Dios permanece siempre igual en todo aspecto. Él es perfecto, no necesita
desarrollar o cambiar nada en su carácter o sus atributos naturales. Es perfecto en todo sentido.
Puesto que Dios es incambiable, podemos tener confianza absoluta en Él y en Su palabra revelada. Eso nos
permite confrontar todas las situaciones de la vida con confianza, sabiendo que en todas las cosas Él obra para
nuestro bien (Ro 8:28). Quizá usted haya comparado pasajes como Números 23:19 y 1 Samuel 15:29, los cuales
dicen que Dios no cambia de parecer, con otros textos que dicen que se arrepintió o le pesó el haber hecho cierta
cosa (1 Samuel 15:11; Jonás 3:9-10). Esta actitud de Dios no se refiere a algún cambio fundamental en su carácter
o propósito. Siempre le ha indignado el pecado y siempre ha amado al pecador. No existe contradicción alguna
en el mensaje trasmitido. Sencillamente estamos observando que Dios reacciona en respuesta a la acción del
ser humano. Cuando el hombre cambia, por ejemplo, cuando se arrepienta, el trato que Dios le da al hombre
también cambia, pero esto no implica un cambio en la actitud de Dios o una alteración de sus principios.
c. Dios es soberano
Siendo el Dios que existe por sí mismo, no sólo es independiente para sí mismo, sino que también hace que
todas las cosas dependen de Él. Esta propia existencia de Dios encuentra expresión en la auto descripción Yo
Soy (Éx 3:14; Jn 8:58). Únicamente como existente por sí mismo, y como el Único Independiente, puede Dios
darnos la seguridad de que eternamente será el mismo en relación con la creación y con su pueblo. Este
concepto también se conoce como la soberanía de Dios.
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EL CARÁCTER MORAL Y LAS OBRAS DE DIOS – CLASE 3
Cuando los medios de comunicación reportan acerca de alguna tragedia que haya ocurrido a un creyente. ¿acaso
no se pregunta por qué Dios lo permite? Con frecuencia nos llenamos de dudas ante las aparentes injusticias y
comenzamos a cuestionar a Dios. Estudiando las características morales de Dios; veremos que el Dios que nos
creó de ninguna manera pudiera tener una intención otra que buena para con sus criaturas. También
conoceremos que es Él mismo que mantiene activamente su creación y nos provee todo lo necesario para entrar
en su reino. Sin embargo, nos permite tomar nuestras propias decisiones y llevar la responsabilidad de ellas así
como experimentar las consecuencias.
Delimitación de temas: Las características morales de Dios —su amor y santidad— y la forma en que actúa en
el mundo hoy.
Competencia específica: Comprender que todo lo que pasa tiene un propósito. La meta divina consiste en que
estemos preparados para su reino eterno, por lo cual obra activamente para que la alcancemos.
Propósito: Explicar las características morales de Dios y su importancia para sus criaturas.
BOSQUEJO DE LA LECCIÓN
I. Los atributos morales de Dios
II. La obra creadora de Dios y la divina providencia
III. Los mensajeros de Dios
OBJETIVO DE LA LECCIÓN
Amar y apreciar a Dios más todavía como resultado de comprender mejor sus características y sus obras.
Describir la actividad de Dios en la creación, preservación y gobierno soberano del universo.
Explicar razones por las cuales los creyentes en ocasiones sufren en la providencia de Dios, mientras que
aparentemente la impiedad se queda sin castigo.
PALABRAS CLAVES: (el discípulo deberá buscar su significado como actividad extra clase)
Creador, creativo, exaltado, expiación, intervenir, justicia, misericordia, moral, perfección, providencia,
santidad
I. Los atributos del carácter moral de Dios
Estas características son reveladas en el trato de Dios con los seres humanos e incluyen la santidad de Dios y el
amor de Dios. En primer lugar, consideraremos la santidad de Dios.
a. La santidad de Dios
A Dios le interesaba ser conocido entre las naciones por una característica específica. Deseaba que le llamaran
el Santo (Ez 39:7). Así como es imposible que Dios cometa un error intelectual porque lo sabe todo, por su
santidad es imposible que cometa un error moral. La santidad es una característica de Dios que expresa la
perfección de todo lo que es. Es la base de todas sus acciones. Por tanto, todo lo que hace es recto y bueno.
La palabra santidad contiene la idea de separación. El Ser divino perfecto está exaltado, es decir, elevado por
sobre el pueblo pecaminoso y el mal.
La bondad moral de Dios
La bondad de Dios describe que Él es perfectamente bueno en sentido moral. Por tanto, Dios se deleita en la
justicia y la bondad y se separa del mal y lo condena. Dios le pidió a Moisés que señalara límites al monte Sinaí
(Éx 19:12-13; 21-25). Quería que la nación de Israel comprendiera que el pueblo pecaminoso debe ser separado
del Dios santo. En muchas otras referencias del Antiguo Testamento se recalca la santidad de Dios. Is 59:2 y
Habacuc 1:13 enseñan que el pecado separa a Dios del pueblo pecaminoso y separa a ese pueblo pecaminoso
de Dios.
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Job 40:3-5 e Isaías 6:5-7 nos muestran que, si comprendemos verdaderamente la santidad de Dios, también
comprenderemos lo horrible del pecado. Cuando comprendamos la santidad perfecta de Dios, producirá
tristeza por el pecado, confesión de pecados y humildad en todos nosotros.
Las manifestaciones de la perfección moral de Dios
La santidad de Dios se manifiesta en Su rectitud. Esto quiere decir que no sólo lo que Dios es, sino todo lo
que hace corresponde a su bondad moral. Así que ha establecido un gobierno moral en el mundo. Esto
significa que ha dado leyes justas (imparciales y rectas) bajo las cuales debe vivir la gente.
La rectitud de Dios se expresa por su justicia. Su justicia es demostrada por su juicio al pecado. Debido a
que no puede tolerar el pecado, debe castigarlo donde aparece. Administra sus leyes justamente,
recompensa a los que las obedecen y castiga a los que las quebrantan.
La rectitud de Dios exige la santidad en su pueblo. No sólo es un Dios santo, sino que también demanda
que su pueblo sea santo. La santidad, como cualidad de la vida cristiana, es más que la actitud de no hacer lo
malo. También consiste en hacer lo bueno. En acción se expresa por una vida recta y hacer lo que el amor de
Dios nos dirige a hacer por los demás. Produce en nosotros un sentir o interés por los que nos rodean.
Con todo, aunque es perfectamente santo y está separado de los hombres, Dios ha hecho provisión para
terminar con esa separación. De acuerdo con Romanos 5:2 y Efesios 2:13-18, si deseamos acercarnos a Dios,
podemos hacerlo por los méritos de Jesucristo. Y 1 Pedro 3:18 nos dice que todas nuestras impurezas e injusticias
han sido cubiertas por nuestro Salvador para llevarnos a la presencia del Dios santo.
El motivo que conduce a Dios querer armonizar la repulsión del pecado a causa de Su santidad con la gracia
inmerecida que libremente otorga a los pecadores para poder recibirlos en Su presencia, está en la infinitud del
amor de Dios.
b. El amor de Dios
No podemos hacer nada para merecer o ganar el amor de Dios. Nada de lo que pudiéramos decir o hacer
obligaría a Dios a amarnos. Pero amar es parte de Su naturaleza. Ama al mundo. Nos ama a nosotros. Dios
demuestra en formas prácticas lo mucho que nos ama. La benignidad y benevolencia de Dios, Su misericordia,
paciencia y fidelidad, no son atributos separados en Él sino aspectos intrínsecos de Su carácter amoroso.
La benevolencia de Dios en el Antiguo Testamento
En el Antiguo Testamento, con frecuencia se presenta a Dios como guerrero grande y poderoso. Pero esto no
debe distraernos de reconocerlo también como un Dios amoroso.
Su paciencia con los pecadores. Uno de los ejemplos más sorprendentes de su amor lo muestra primero como
un iracundo destructor a punto de castigar a una ciudad impía. Pero no lo hace. ¿Por qué Dios no sigue adelante
con su plan? Porque espera que el arrepentimiento de los pecadores le de la oportunidad de demostrarles Su
misericordia (Jon 3:10; 4:11).
Su benevolencia para con Sus hijos. David, Isaías y Jeremías presentan a Dios como un padre. ¿Cuál
característica de un buen padre los condujo a hacer esta comparación?
Según David, Dios toma en cuenta que Sus criaturas humanas están indefensas y perecederas (Sal 103:13-14).
Isaías considera a Dios como un padre misericordioso (Is 63:16; 64:8).
Jeremías describe a Dios como el padre que, después de castigar a sus hijos desobedientes, tiernamente los
conduce de vuelta a su hogar (Jer 31:7-9).
Su voluntad de escuchar nuestro clamor. Le duele que los hombres sufran las consecuencias de sus errores y
pecados. Mire lo que dice respecto a la destrucción de Jerusalén: “Y busqué entre ellos hombre que hiciese
vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo
hallé” (Ez 22:30). Si hubiera habido una persona justa que intercediera por la caída y que suplicara misericordia,
hubiera perdonado a la ciudad, a sus líderes y al pueblo.
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El ejemplo supremo en el Nuevo Testamento
La evidencia mayor y definitiva del amor de Dios se encuentra en el Nuevo Testamento. Esta demostración
contundente se observa cuando Dios tomó naturaleza humana y vino al mundo a pagar la pena de nuestros
pecados. Cobró la terrible paga del pecado en la muerte de Jesucristo hombre. Proveyó nuestra salvación a un
costo sin medida — su propia vida (Jn 3:16).
Es únicamente por este acto de amor de Dios que el hombre tiene esperanza de salvación y vida eterna. Porque
el Hijo del hombre no vino para condenar sino para rescatarnos (Jn 3:17; Mr 10: 45).
Puesto que Dios nos ama tanto, sabemos que nunca permitirá que nos ocurra algo que no sea para nuestro bien
si le amamos. Podemos confiar plenamente en Su amor sin importar cuáles sean nuestras circunstancias. Su
amor nos libra del temor y sus tormentos (1 Jn 4:18; 2Ti 1:7) aun donde humanamente pudiéramos desesperar.
II. La obra creadora de Dios y la divina providencia
La inalcanzable y singular importancia de Dios para el ser humano se explica contemplando Su obra. Por ella,
Dios se hizo a la vez el creador de vida de la que participamos, como Su sustentador. Sin Él, sencillamente no
existimos. Siendo la obra de Dios la expresión directa de Su persona, por qué el Ser supremo del universo es
importante para nosotros por lo que es a la vez por lo que hace.
a. El Creador de todo
La primera obra de Dios fue la creación del universo (Gn 1 y 2). Por el ejercicio de su poder creador, Dios hizo
que existiera todo el universo visible e invisible. En ello se incluyen los sistemas del universo material (las galaxias
y sistemas planetarios con todos los cuerpos celestiales), y todas las órdenes de seres incluyendo los seres
espirituales, excepto Él mismo. Esta creación se declara con claridad en las Escrituras.
La creación original
El relato bíblico revela una serie de actos creadores que, en conjunto, componen un gran proceso de creación
(Gn 1, 2 y Salmos 33:6). El hecho de la creación tiene significado para nuestras vidas de varias maneras:
La preexistencia del Creador. El conocimiento de que el Creador del universo existía antes de todas las cosas
ha de maravillarnos ante la grandeza y majestad eternas de Dios, así como hacernos comprender nuestra
insignificancia en comparación con Él.
La creación de todo desde la nada. Esto quiere decir que antes de que Dios emprendiera la creación, la única
existencia era la Suya. Por ende, todo lo demás que existe, incluyendo el universo entero y cada átomo en sus
partículas, salió de Dios mismo y no de algún otro elemento preexistente. Aun las cosas ‘artificiales’ creadas por
seres humanos son combinaciones nuevas de diferentes elementos de la naturaleza, pero el Creador de todo
produjo todas las cosas sólo desde sí mismo.
Los derechos del Creador. Su función única como Creador de todas las cosas le confiere a Dios la posición de
ser Señor de toda la creación. Él tiene un merecido derecho sobre sus criaturas. Para el ser humano esto se
manifiesta en la adoración y el servicio obediente al Padre celestial (1Cr 29:11; Ez 18:4).
La nueva creación
La enseñanza bíblica sobre la creación es básica para nuestra fe ya que nunca podríamos esperar y entregarnos
plenamente para salvación eterna a alguien de menor poder que el Creador revelado en las Escrituras. Los actos
creadores de Dios no están limitados a lo que ha hecho en el pasado. Juan 3:3, 2 Corintios 5:17, Gálatas 6:15 y
Salmos 51:10 declaran que Dios purifica los corazones de aquellos que se arrepienten de sus pecados y acuden
a Él en fe. Estos pasajes también nos enseñan que cuando una persona se vuelve a Dios para salvación, nace otra
vez y se convierte en nuestra criatura, o nueva creación. Por tanto, los actos creadores de Dios incluyen la
creación espiritual que ocurre cuando una persona acepta a Jesucristo como Salvador. El día en el que la nueva
creación de Sus hijos abarca a la humanidad, la nueva creación será completa (Ro 8:19-21).
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b. El Sustentador de todo
La divina providencia
En Su soberanía Dios no sólo ha decido dar luz a la creación, sino también a preservar y sostener el universo por
medio de la divina providencia. Esta providencia abarca varios aspectos sin los que ni la vida ni los objetos
mismos pudieran existir.
La preservación (sostenimiento) del universo. Dios cuida o mantiene activamente el universo. Las Escrituras
demuestran que, después de su obra de creación, Dios sigue activamente cuidando todas las cosas (Sal 104). En
ello se incluye a personas y todos los animales (Sal 36:6), así como la protección ulterior de los rectos y justos
(Pr 2:8). Dios no sería soberano sí algo existiera u ocurriera en el universo ajeno a su voluntad y poder. Pasajes
tales como Nehemías 9:6 y Salmos 145:14-16 enseñan que Dios activamente preserva todas las cosas.
Hemos de reconocer que la preservación divina es necesaria porque todo lo que Dios creó, en esencia y acción,
depende absolutamente de Él. La criatura no tiene el poder interno para seguir existiendo sino por la voluntad
de su Creador. Por la palabra de su poder todo el universo es sostenido o mantenido (Heb 1:3).
La previsión y provisión para el futuro. Su providencia no sólo incluye la idea de preservación sino va mucho
más allá. También significa la capacidad que Dios tiene de anticipar cosas, ver el futuro, y planificar por
adelantado. Se refiere a forma en la que Dios dispone de las cosas con el fin de cumplir su propósito máximo en
la creación: el establecimiento de su reino bajo el gobierno de Jesucristo.
Algunos elementos de la providencia de Dios se relacionan con nosotros en lo que hacemos hoy:
Dios se relaciona personalmente con el mundo que ha creado.
El hace que todo en la naturaleza se mueva como se lo ha propuesto.
El capacita e impulsa a las personas a fungir como agentes morales responsables con la libertad de escoger
entre lo bueno y lo malo.
Si el hombre decide aceptar la salvación que Él le ha ofrecido, Dios le ha provisto ya vida eterna con todo el
gozo y el esplendor que concede su majestad.
Propósitos de la providencia
El gobierno de Dios se caracteriza por su interés en nosotros. Muchos pasajes revelan que Dios gobierna con el
propósito de lograr el bienestar de Su pueblo (Sal 84:11). El gobierno de Dios se caracteriza también por Su
interés en el desarrollo mental y moral de su pueblo: El trato de Dios con su pueblo a través de la historia ha
incluido enseñanzas a fin de que comprendan
1. lo que demanda de ellos;
2. que la naturaleza de Él es santa;
3. que el pecado es una ofensa contra Él y
4. que les ofrece el perdón de sus pecados y la reconciliación con El.
El gobierno de Dios tiene como meta principal Su propia gloria (Ef 1:1-14): Todas sus perfecciones se manifiestan
a través de Su gobierno. Esto significa que su divina providencia nos revela las cualidades de Su ser.
La distorsión del plan de Dios. Así como las Escrituras no dejan duda sobre el control soberano que Dios ejerce
sobre la creación, tampoco omite declarar cómo el pecado original del hombre ha afectado a la creación buena.
Indicios son:
Toda la naturaleza y sus habitantes fueron trastornados (Ro 8:22-23)
El reino de Dios se acercó con Jesús, es decir que entre la caída y la llegada del Salvador no era presente en la
tierra (Mt 3:2; Mr 1:15).
La obra de Jesucristo inicia el comienzo del reino de los cielos y el fin del reino de las tinieblas (Jn 12:31-32).
El Espíritu Santo ayuda a los discípulos a terminar el gobierno de Satanás (Jn 16: 8,11)
Dios apunta a una nueva creación bajo el gobierno de Jesucristo sobre una humanidad redimida (Fil 2:10-11).
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¿Por qué un Dios soberano permitiera que las fuerzas del mal tengan poder sobre el mundo?
La facultad de libre elección. El Creador ha dado a su criatura más amada el libre albedrío para que la adoración
y obediencia a Él sea enteramente voluntaria. Esta libertad del ser humano vale más para Dios que cualquier
otra cosa y para preservarla, el Creador aceptó la temporal separación entre sí y el hombre, así como el trastorno
del orden natural del universo. Toda la Biblia tiene como tema principal la restauración de la creación bajo el
gobierno de Dios (Gn 3:15).
III. Los mensajeros de Dios
Para llevar a cabo sus planes, Dios se sirvió y sigue usando a diferentes intermediadores o agentes:
A Jesucristo, encarnación de Su propia persona y la obra hecha por Él en su humanidad.
A los hombres que se le rindan voluntariamente en sumisión. A partir de Jesucristo, todo discípulo que de
verdad sigue y sirve al Maestro.
A los ángeles, enviados por Dios a sus servidores humanos para la trasmisión de mensajes especiales o la
ayuda oportuna donde el desarrollo del plan de Dios lo hace necesario. ¿Quiénes son los ángeles?
a. Los ángeles, criaturas espirituales de Dios
El vocablo ‘ángel’ en los idiomas originales en que se escribió la Biblia significa ‘mensajero’. Debido a que la
palabra se usa en formas diferentes, debemos considerar el contexto en cada caso para determinar su
significado correcto. Por lo general, sin embargo, cuando la Biblia habla de ángeles se refiere a ciertos seres
espirituales y sobrenaturales que, según se demuestra, son mensajeros de Dios especiales.
Las características de los ángeles
Los ángeles son espíritus inmortales. Hebreos 1:14 dice: “¿No son todos espíritus ministradores, enviados
para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?”. Los seres humanos no pueden ser descritos
como espíritus porque poseen una naturaleza compuesta de materia y espíritu. Puesto que los ángeles son
espíritus, no poseen cuerpo físico. Hablando de los ángeles caídos, Efesios 6:12 habla de su naturaleza
incorpórea: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra… huestes espirituales de maldad
en las regiones celestes.”. Como seres de pura espiritualidad, los ángeles son inmortales, pero no disponen de
atributos espirituales reservados a Dios, como por ejemplo la omnipresencia y omnisciencia.
Los ángeles carecen de sexo. Aunque a algunos ángeles se les ha dado nombres masculinos (Gabriel y Miguel),
esto tiene que ver con su función de mensajero que en tiempos bíblicos se ejercía por sexo masculino.
Los ángeles son seres personales. Igual que los seres humanos y Dios mismo, los ángeles demuestran los
aspectos básicos de la personalidad: intelecto (2S 14:20; Lc 4:34), emociones (Lc 15:10; Ap 12:12) y voluntad (2Ti
2:26).
Las limitaciones de los ángeles
Los hombres son criaturas preferidas a los ángeles. A pesar de ser mortales y sin los poderes sobrenaturales
de los ángeles, la Biblia muestra que el servicio a Dios que prestan aquellos seres espirituales incluye su servicio
a los seres humanos. Esta distinción se observa, por ejemplo, en Hebreos 2:16: “Porque ciertamente no socorrió
a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.” De hecho, el hombre es mientras tanto “poco
menor que los ángeles” (Sal 8:4-5), pero en el futuro estará en un nivel más alto (1Co 6:3; Heb 2:7).
La revelación profética vetada a los ángeles. Hablando de los profetas en cuya b0ca Dios puso anuncios que
no eran destinados a ellos y los oyentes de su tiempo, sino que sólo se podían entender luego de la venida del
Espíritu Santo, Pedro agrega que a los ángeles no se les dio esta iluminación.
La evangelización, un privilegio humano. Una distinción muy significativa es que, mientras los ángeles le
sirven a Dios como mensajeros, la proclamación de las buenas nuevas es tarea encomendada exclusivamente a
los discípulos de Cristo (1P 1:12).
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b. El ministerio de los ángeles
Los ángeles adoran a Dios. Entre las descripciones de ángeles reveladas en las Escrituras se encuentran
aquellos que están en la presencia de Dios adorándole (Sal 103:20; 148:2; Is 6:1-7). Elevan sus voces en poderosos
cantos de alabanza, porque Él es digno de recibir su alabanza. Le adoran por lo que es, lo que ha provisto y los
medios que ha usado para lograr la redención. (Compare Apocalipsis 5:9-12 con 5:13-14.)
Los ángeles son espíritus ministradores. Como espíritus ministradores, los ángeles son enviados a servir a los
que heredarán la salvación (Heb 1:14). Observe cómo este servicio angelical fue provisto tanto en tiempos del
Antiguo como del Nuevo Testamento:
Pablo, como preso y bajo circunstancias muy peligrosas, fue consolado por un ángel (Hch 27:23-24).
Felipe fue dirigido en el ministerio por un ángel (Hch 8:26).
Cornelio recibió ayuda de un ángel en su búsqueda de un lugar más satisfactorio ante Dios (Hch 10:3-7).
Pedro fue librado milagrosamente por un ángel (Hch 12:7-10).
Jesús, por lo menos en dos ocasiones registradas, fue fortalecido por los ángeles (Mt 4:11; Lc 22:43).
Eliseo fue protegido del poderoso ejército de Siria por una hueste de ángeles santos (2R 6:8-23).
David reconoció, después de escaparse de Ahimelec (1S 21:10-22:1) que había sido protegido y librado por los
ángeles (Sal 34:7).
Los ángeles son agentes del juicio. Al cumplir la voluntad de Dios, los ángeles también han sido agentes del
juicio castigando a los enemigos de Dios (2Reyes 19:35; Hch 12:23).
Los ángeles involucrados en batallas espirituales. Al comparar Daniel 10:13 con Efesios 310; 6:12 observamos
que las batallas espirituales son continuas en el plano celestial, Estas batallas son libradas por las fuerzas del mal
para hacer caer las mentes y los afectos de los seres humanos, sus almas inmortales, pero que estando en Cristo,
ahora deben ser ganadas por el creyente y la iglesia (Stg 4:7; 1P 5:8) , mientras los ángeles pueden intervenir
para ayudarles.
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JESUCRISTO: MANIFESTACIÓN VISIBLE DEL DIOS INVISIBLE – CLASE 4
Jesús vino al mundo para mostrarnos cómo es el Padre. Es la representación visible del Padre, quien es invisible.
Jesús tiene las características naturales y morales de Dios. Por el milagro de la encarnación, asumió también la
naturaleza y la forma del ser humano. De esa manera les dio expresión a las cualidades de Dios y comunicó éstas
a los seres humanos. Jesús dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14:9).
Delimitación de temas: La enseñanza doctrinal sobre Jesucristo.
Competencia específica: Ser capaz de presentar evidencia bíblica de la deidad y humanidad de Cristo.
Propósito: Exponer la naturaleza y el propósito de la encarnación.
BOSQUEJO DE LA LECCIÓN
I. La deidad de Jesucristo
II. La humanidad de Jesucristo
III. La unión de las dos naturalezas en la persona de Jesucristo
IV. Las obras de Jesucristo
OBJETIVO DE LA LECCIÓN
Conocer y comprender la persona y naturalezas de Cristo
Identificar las obras de Cristo y su significado.
Amar más a Cristo como resultado de conocerle mejor.
PALABRAS CLAVES: (el discípulo deberá buscar su significado como actividad extra clase)
Ascensión, deidad, encarnación, exaltación, humanidad, intercesor, linaje, mediador, mortal, sobrenatural.
I. La deidad de Jesucristo
Consideraremos hechos bíblicos respecto a la deidad de Cristo y la importancia de este aspecto de su persona:
a. Jesucristo tiene los atributos de Dios
Tiene atributos de la naturaleza divina
Jesús es revelado en la Biblia como el eterno Hijo de Dios (Jn 1:1; 1Jn 1:1; Miq 5:2). Ha existido desde siempre,
antes de toda creación y existirá para siempre (Heb 1:11-12; 13:8). Estos pasajes también declaran que Jesucristo
no cambia. Pablo declara que en Jesucristo habita toda la plenitud divina (Col 1:19; 2:9), que es el poder y la
sabiduría de Dios (1Co 1:24). Pablo hace referencia al misterio de Dios, del cual dice que es “Cristo, en quien
están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col 2:2-3). Conocía la naturaleza y el
fin de la presente era (Mt 24 y 25; Mr 13; Lc 21).
Estas características dan clara evidencia de la deidad absoluta de Jesucristo. En este punto es importante señalar
que, durante sus días en la tierra, Jesús cedió algunos de sus derechos al ejercicio independiente de sus
características divinas. Decidió no usar sus poderes divinos a partir del momento de asumir también la
naturaleza humana (Fil 2:6). Luego de reiterar la plena identidad divina de Jesús, se destaca su decisión de
‘vaciarse’, como lo expresa el vocablo griego.
Ejerce derechos divinos
Cristo ejerció derechos divinos que sólo Dios tiene. En los derechos divinos se incluye el recibir la adoración de
los hombres, el perdonar pecados, el tomar autoridad sobre la Palabra de Dios y el derecho a juzgar.
Jesús es objetivo de adoración (Mt 2:11; Jn 5:23; Fil 2:10-11)
Jesús ejerció su derecho de perdonar el pecado, el cual es reservado sólo para Dios (Mr 2:7). No vaciló en
ejercer ese derecho, aun cuando sus enemigos se enojaron (Mt 9:2-6).
Jesús interpreta las Escrituras según el que tiene autoridad sobre ellas (Mt 5:22, 28, 32, 34, 39, 44; Mr 2:27-28)
Todos serán resucitados y sometidos a juicio según su criterio (Mt 25:31-46; Jn 5:21-22).
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b. Jesucristo es declarado ser Dios
Las declaraciones de Jesús sobre su persona
Jesús hizo declaraciones definidas de que era Dios. Ya cerca de la hora de su muerte, apeló a los apóstoles para
que aceptaran estas declaraciones sobre la base de sus obras maravillosas (Jn 14:11).
Les declaró a los judíos que Él y el Padre eran uno (Jn 10:30)
Al ser juzgado ante el concilio, Jesús declaró que era el Hijo de Dios (Lc 22:70-71; Jn 10:36; 19:7)
Aseguró que la salvación se obtenía sólo a través de Él (Jn 10:9)
Dijo que Él era el único acceso al Padre (Jn 14:6).
Dijo que nadie podía hacer nada si no lo capacitaba Él (Jn 15:5)
Durante su ministerio de enseñanza dio testimonio de su preexistencia (Jn 8:58; 17:5).
Instruyó a sus discípulos a que oraran en su nombre (Jn 16:23)
Jesús recibe descripciones y nombres que indican su deidad
Es llamado Hijo de Dios. Los escritores inspirados con frecuencia se refieren a Él como ‘el Hijo de Dios’. Una
voz del cielo en dos ocasiones diferentes lo proclamó como ‘mi Hijo’ (Mt 3:17; 17:5).
Se habla de él como ser Dios. También se cita a Isaías 9:6, donde se iguala con el Padre eterno: ”El niño sería
llamado Emanuel, que significa ‘Dios con nosotros’” (Mt 1:23).
Es presentado como la Palabra de Dios. El apóstol Juan escribió que Jesús era el Verbo -del griego logos, en
latín verbum- que traduce ‘Palabra’. La Palabra de Dios es el pensamiento de Dios convertido en acción; es lo
que dice Dios para crear (Gn 1:3; Col 1:16; Heb 1:2) y expresado en tal forma que los seres humanos lo puedan
comprender. Dios no está separado de su creación, se ha revelado a sí mismo en persona del Hijo. Juan declara
que la Palabra o el Verbo (Jesús) era Dios desde la eternidad (Jn 1:1-2).
Es persona divina en toda la eternidad. La deidad descendió a vivir por un tiempo entre hombres y mujeres
(Juan 1:14), pero agregar una naturaleza humana a su naturaleza de Dios no alteró su personalidad divina. El
apóstol Pablo escribió que estamos “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de
nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tit 2:13).
II. La humanidad de Jesucristo
a. Jesús es el ser humano según el propósito de Dios
Jesús es hombre igual que todos los hombres
• Jesús nació y creció como todo ser humano (Lc 2:6–7, 12 y 52)
• Experimentó las necesidades físicas humanas (Mt 4:2; Jn 4:6; 19:28)
• Experimentó estados de ánimo como todo hombre (Mt 15:32; Lc 22:44; Jn 11:35)
• Fue objeto de tentación (Mt 4:3,5,8)
• Tomó decisiones conscientes. Por ejemplo, decidió rechazar la tentación (Mt 4:4,7,10). También decidió
cumplir su misión a precio de su vida (Mt 16:21; Jn 10:18).
Jesús es como ningún otro hombre
• Fue creado como el primer Adán, sin naturaleza de pecado: “…el santo ser” (Lc 1:35).
• Pero a diferencia de éste, decidió en ejercicio de su libre voluntad humana, permanecer fiel a Dios como lo
muestra su negación de aceptar las propuestas de Satanás y el cumplimiento de la misión recibida a precio
de su vida.
• Con esto, Jesús es el primer y único ser humano que en todo responde al propósito de Dios para la
personalidad humana. Esto lo convierte a un lado en un reto, al otro lado en un modelo (Ef 4:13), porque
también los que creen en él han sido creados de nuevo, regenerado por el Espíritu Santo, con una naturaleza
libre de corrupción (Jn 3:3; 2Co 5:17; Tit 3:5).
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b. Jesús es titulado como hombre
Los títulos aplicados a Jesús también hacen referencia a su humanidad.
• Fue llamado “hijo de David”, e ”hijo de Abraham” (Mt 1:1; Mt 9:27; Lc 18:38)
• Fue comparado con Juan el Bautista, Elías, Jeremías y otros profetas (Mt 16:14)
• Fue llamado ‘Maestro’. Es la forma como la mayoría de las personas habla de Jesús, incluyendo a sus
opositores. Hay más de 50 referencias en los evangelios (Mt 9:11; Mr 10:17; Lc 12:13; Jn 13:14; 20:16)
• Jesús es el “Hijo del Hombre”. Es el título el que Jesús aplica a sí con mayor frecuencia. Esto puede tomarse
como una referencia a su humanidad, pero en realidad representa con claridad el cumplimiento de su obra (y
su reclamo de supremacía absoluta del Señor del universo que le será otorgado (Dn 7:13-14; Lc 9:58).
III. La unión de dos naturalezas en Cristo
¿Cómo fue posible que el Hijo de Dios eterno, quien está en igualdad de posición con el Padre y es de la misma
sustancia del Padre, fuera hecho un ser humano como nosotros? Algunas personas que trataron de explicar la
encarnación subrayaron tanto la humanidad de Jesús que prácticamente negaron su deidad. Otros hicieron lo
opuesto: subrayaron su deidad hasta el punto de casi negar su humanidad. Con el tiempo, los líderes de la iglesia
de los primeros siglos pudieron llegar a una definición de la encarnación que hasta hoy se considera básica para
la fe cristiana acerca de la persona de Jesús.
a. La encarnación
La encarnación se refiere a la unión de la deidad con la humanidad en Jesucristo. Da a entender que el eterno
Hijo de Dios tomó también una naturaleza humana. Con esta acción, Dios obró de una manera totalmente nueva
en el mundo cuando su Hijo “se hizo carne”. Los evangelistas relatan numerosas evidencias de esta doble
naturaleza de la persona divina Jesucristo.
Las características de la encarnación
Jesús se conectó a una línea genealógica. Los evangelios según Mateo y Lucas registran una ascendencia
humana de Cristo. Mateo traza su linaje hasta el rey David y más allá, hasta Abraham el patriarca (Mt 1:1-17).
Tenía dos objetivos en mente:
Presentar a Jesús como parte de la descendencia de David y, por ello, heredero del trono de Israel. De otra
manera, ningún judío lo aceptaría como su Rey o Mesías.
Probar que Jesús, como descendiente de Abraham, era el heredero de la promesa a través del cual todas las
familias de la tierra serían bendecidas (Gn 22:17-18).
Lucas traza el linaje de Jesús aún más allá, hasta Adán, el primer hombre (Lc 3:23-38). De esta manera deja
claramente establecido que la humanidad de Jesús tiene el mismo origen que la de los primeros seres humanos,
es decir, que era creación de Dios directamente, sin intervención de padre o madre humanos.
Jesús experimentó todas las etapas del desarrollo humano. Tanto Lucas como Mateo concuerdan en el
propósito de subrayar el hecho de la experiencia humana de Jesús: el que desde su concepción espiritual creció
dentro de una mujer y que nació de ella en un parto natural (Mt 1:18 -25; Lc 1:35; 2:7).
Como ya explicado, aunque podemos leer que Jesús formó parte de una línea de antepasados humanos, hemos
de tener cuidado y señalar que no tuvo padres humanos naturales. Su concepción fue muy diferente de la de
todos los demás hombres porque su origen era igual al de los primeros hombres. Lucas registra la escena en la
que el ángel le anuncia a María que pronto quedaría embarazada. Su reacción inmediata fue: “¿Cómo será esto?
pues no conozco varón” (Lc 1:34). A su pregunta sobre el embarazo milagroso que le presentaba una situación
aparentemente imposible, el ángel le recordó a María que “nada hay imposible para Dios” (Lc 1:37). La
concepción de Jesús fue única; con todo, su gestación y nacimiento fueron enteramente comunes.
Jesús fue concebido por el poder del Espíritu Santo en la virgen María. En este acto singular, creador, Dios
irrumpió en la cadena de generaciones humanas y surgió un ser sobrenatural
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Los propósitos de la encarnación
La encarnación era un acto necesario por diferentes motivos. Con la encarnación, Dios echó a andar Su plan de
redención en la tierra (Jn 6:50-51): Dios se encarnó para compartir su propia vida eterna con los hombres.
• Para satisfacer al agravio del pecado. La justicia de Dios demandaba el castigo de los pecadores y la muerte
había entrado a la creación por este motivo. Pero solamente la muerte de un hombre sin culpa podía
satisfacer la deuda de pecado que la humanidad tenía con Dios
• Para poder morir. Dios se hizo hombre para poder morir y proveerle al hombre la salvación.
• Para mostrar la humanidad según Su voluntad. Desde la caída de Adán no hubo en la tierra ningún hombre
que fuera tal cómo Dios los había hecho (Ro 3:23). Jesús, en su humanidad, decidió ser este hombre y nos
proveyó el ejemplo apropiado (1Pedro 2: 21- 25). Al examinar sus respuestas a la condición humana, podemos
identificamos con él y reconocer que la meta de la vida cristiana es la semejanza a Cristo (Ro 8:29).
• Para revelarse a la humanidad. Por su encarnación Jesús reveló el Padre a la humanidad en toda su
incomparable excelencia y bondad (Jn 14:7-11). La única manera en que los hombres vieran a Dios era hacerse
humanamente visible y en su ser humano reflejar la identidad de Dios (Jn 1:18).
• Para experimentar la vida humana. Dios se encarnó para ser justo. Algún día toda la humanidad será juzgada
y el único Juez que podrá juzgar a los hombres justamente tiene que comprender qué significa vivir lo que los
hombres vivan (Hebreos 2:17–18)
b. Jesús, el Dios hombre
La unión en un solo ser
Cuando hablamos de la naturaleza humana y la naturaleza divina de Cristo, nos referimos a su ser o realidad
esencial.
En Jesús, todas las cualidades, propiedades o atributos que una persona pueda usar para describir a Dios se
aplican a Él. Por tanto, Él es Dios, no sólo ‘como Él’, sino Dios mismo. Cuando decimos que Jesús tiene una
naturaleza humana, queremos decir que Jesucristo no es sólo Dios que habita en un cuerpo de hombre, sino que
es hombre en cuerpo, alma y espíritu.
No dejó de ser Dios cuando se hizo hombre. No cambió su deidad por su humanidad. Más bien, le agregó una
naturaleza humana a su naturaleza divina. Por tanto, gracias a su encarnación, es tanto Dios como hombre, el
Dios hombre que une la verdadera deidad y la verdadera humanidad en un ser personal divino. Por ello existe
tal comunión de cualidades en Él que podemos referirnos a El apropiadamente ya sea como a Dios o como a
hombre.
La coexistencia de dos naturalezas
Esta unión, también conocida como ‘unión hipostática’ porque se refiere a que una parte de la sustancia de Dios
unió a sí esta completa humanidad, tiene unas características de las cuales tenemos que ser conscientes:
• Las dos naturalezas son inseparables. Desde la encarnación y por toda la eternidad, Jesucristo es Dios
hombre. Juan relata su visión en Apocalipsis 1:17-18: ”No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo,
y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén.”
• Las dos naturalezas son incambiables. Aunque por siempre juntos, ninguna de sus naturalezas cambia. Lo
divino, divino está. Lo humano, humano está.
• Las dos naturalezas son indivisibles. No cambian porque en su sustancia son indivisibles cada una: la divina es
espiritual, y la humana es de cuerpo, alma y espíritu.
• Las dos naturalezas son inconfundibles. Siendo incambiables e indivisibles, tampoco se pueden fusionar ni
mezclar. La divina no toma dominio sobre la humana, ni la humana podría influir a la divina. La santidad, la
entrega a la misión, la voluntad de agradar al Padre y la compasión con los hombres que mostró Jesús, son
manifestación de su naturaleza humana. Es así que somos llamados a imitarle en todo.
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IV. La excelencia de Cristo
a. En su persona
El carácter de Jesús maravilla a la gente hasta hoy. Se admiraron por su comportamiento y actitud bajo todo
tipo de circunstancias. Es tan extraordinario porque no sólo es un carácter que refleja exactamente la forma de
ser de Dios, sino porque al mismo tiempo es el carácter de la perfección humana.
Jesús demostró su amor a Dios. Su santidad era tan notable que uno de sus más allegados declaró que “no hizo
pecado, ni se halló engaño en su boca” (1P 2:22). Sus enemigos no pudieron probar que tuviera pecado (Jn
8:46).
Jesús demostró su amor de muchas maneras. Su espíritu fue de genuina humildad y mansedumbre. Cuando
comenzó su ministerio público, fue motivado por el deseo de servir (Mt 20:28). Como amo y maestro, ilustró el
verdadero significado del servicio (Mr 10:45). Fue amable con el pecaminoso (Jn 8:11), con el que dudaba (Jn
20:29) y con los que lo abandonaron (Lucas 22:61; Juan 21:15).
Ningún ser humano es capaz de observar una conducta semejante desde sí mismo. Jesús no era un ser humano
como todos. Nació sin pecado, pero hubiera podido elegir pecar. Su firme voluntad de agradar a Dios antes que
cualquier otra cosa, es el modelo al que sus discípulos deben seguir.
b. En su misión
El título hebreo Mesías se aplicó con frecuencia a Jesús. La forma griega de ese nombre es Cristo. La traducción
de ambos vocablos se refiere a uno que es ‘ungido’. Aun cuando la definición judía de la persona y obra del
Mesías es muy diferente de la que tenemos de Cristo, comparten la idea de una persona enviada por Dios para
cumplir una misión que traiga la victoria final al plan de Dios. Para poder hacerlo, el Cristo acepta la humillación
hasta los extremos.
Jesucristo acepta la máxima humillación
• Renuncia a usar sus privilegios divinos y encarna en una posición social baja (Lc 2:7; Mr 6:3;)
• Aguanta la burla, el rechazo, la traición incluso de su familia, amigos y seguidores (Lc 4:28; Jn 7:5; )
• Sufre la agresión y finalmente la muerte dolorosa y espiritualmente extrema (Is 53:3; 2Co 5:21)
Todo esto, el Cristo no sólo lo acepta como oveja llevada al matadero (Is 53:7), sino incluso lo busca porque
entiende que sin esta humillación voluntaria la misión no se puede cumplir (Lc 24;46), como lo expresa el apóstol
Pablo: “,,,no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando
forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.“ (Fil 2;6-8).
La excelencia de Cristo se denota en el precio que pagó para poder decir: “Consumado es” (Jn 19:30).
Jesucristo recibe la máxima exaltación
En continuación a su descripción de la humillación sufrida por Jesucristo, Pablo explica en Filipenses 2;9-11: “Por
lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el
nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda
lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”
En su exaltación, Cristo recibió su lugar apropiado como Señor soberano (Hch 2:36; Ef 1:19-23). Jesús Dios
hombre es ahora doblemente Señor: como Dios que siempre era y siempre será, y como el hombre que venció
y recibió todo dominio y majestad. Porque la fe en Él es la condición puesta para la salvación de los seres
humanos, Él comisionó a sus discípulos que difundieran el mensaje de Su gobierno universal en toda la
humanidad (Mt 28:18-20).
Aunque su persona divina humana regresó al lado del Padre, de donde actúa en y por medio de Su iglesia,
dispuso que el Espíritu Santo de Dios continuara la obra en el mundo hasta que fuera completa.
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