Coll - La intervención psicopedagógica
La intervención psicológica en ambientes educativos
Los psicólogos de la educación tienen dos áreas fundamentales de actividad: la enseñanza de la
disciplina en las escuelas de formación del profesorado y en las facultades universitarias de psicología
y ciencias de la educación; y por otra, las tareas de investigación realizadas en los departamentos
universitarios y en los institutos de investigación que se constituyen en la mayor parte de los países
occidentales a partir de 1955.
En los años siguientes a la segunda guerra mundial aparece la figura del psicólogo que trabaja en
contacto directo con las escuelas y los maestros. Ya había indicios de esto, pero lo novedoso fue la
generalización del hecho, la profesionalización del fenómeno y la orientación que toman los servicios
psicológicos dirigidos a la escuela. Mientras que en los años 30 y 40 los escasos servicios existentes
se ocupan prioritariamente de trastornos evolutivos y comportamentales de niños escolarizados en una
perspectiva psiquiátrica, a partir de mediados del siglo asistimos a la creación de servicios
psicológicos con una orientación decididamente educativa. El modelo predominante en el periodo
anterior (clínico-médico) es sustituído progresivamente por un modelo constructivo-educacional.
El contacto directo de los psicólogos educacionales con los problemas cotidianos que plantea la
práctica educativa y la necesidad de abordarlos de manera decidida y eficaz es uno de los factores que
influyeron en la evolución de la disciplina.
G. Mialaret señala tres áreas principales de utilización de nuestra disciplina: la psicopedagogía, la
investigación psicológica y la formación de los enseñantes. Psicopedagogía → una pedagogía que
en sus concepciones generales como en sus métodos y técnicas educativas, se refiere
constantemente a las leyes de la psicología de la educación.
El eje natural-social ordena sobre un contínuo los métodos, contenidos y teorías psicológicas según
su mayor o menor vinculación a una concepción de la psicología como ciencia natural (insistencia en
bases biológicas de la conducta y utilización de metodología de laboratorio) o como ciencia social
(insistencia en las aplicaciones sociales de los conocimientos y utilización preferencial de las
investigaciones de campo). El eje descripción-intervención permite también situarlas sobre un
contínuo delimitado, con la consiguiente elaboración de modelos de naturaleza predictiva, y el estudio
del cambio comportamental, con la consiguiente elaboración de modelos de naturaleza prescriptiva.
Se forman mediante el cruce de ambos ejes, los cuatro cuadrantes que permiten situar la totalidad de
los conocimientos psicológicos independientemente de las diferencias de paradigma y contenido: en
el cuadrante natural-descriptivo coma se sitúa los estudios sobre el tiempo de reacción, la genética
comportamental, la psicología del pensamiento y los correlatos bioquímicos de la conducta; en el
social-descriptivo, la psicometría, la psicología diferencial, la psicología del desarrollo, parte de la
psicología social, etc; en el natural-modificador, la psicofarmacología, la psicología del aprendizaje
que se inspira en los modelos de pavlov skinner la manipulación de metabolismo neuronal coma etc;
por último en el social-modificador encontramos los modelos de aprendizaje social, la terapia o
modificación de conducta, las técnicas de persuasión, la psicoterapias interpretativas, etc
Suponemos que la mayor parte de los contenidos de la psicología de la educación se encuentran
fundamentalmente en los cuadrantes social-modificador y social-descriptivo.
Se plantea que casi toda la psicología contemporánea se ve afectada por un desplazamiento progresivo
desde el Polo natural al social, y desde el polo de descripción hacia el de intervención. El predominio
del cuadrante natural descriptivo está siendo sustituido por el predominio del cuadrante social
modificador.
La implicación cada vez mayor de la psicología en una acción comunitaria ha colocado a los
profesionales de la misma en una serie de situaciones en las que sus roles no están claramente
definidos, de tal manera que las características propias de la historia de la intervención educativa están
en trance de repetirse en buena parte de las especialidades psicológicas.
Recordamos los tres tipos de prevención: la prevención primaria tiene como objetivo eliminar o
disminuir el riesgo de la aparición de trastornos comportamentales elaborando las estrategias
adecuadas para neutralizar los factores que los desencadenan; la secundaria dirigida a lograr el
descubrimiento precoz de los trastornos y a procurar su tratamiento inmediato con el objeto de
impedir su generalización; la terciaria exclusiva a nivel individual y consiste en aplicar los
tratamientos correctivos que permitan a las personas afectadas su reintegración social plena o en el
mayor grado posible.
También se distingue entre intervención enriquecedora, preventiva y correctiva. Las dos últimas
corresponden a la prevención secundaria y terciaria respectivamente. La primera engloba el conjunto
de actuaciones orientadas a favorecer al máximo el nivel de desarrollo en el ser humano, lo que se
concreta en el campo educativo como aquellas actividades que potencian el aprendizaje en la escuela
cómo el desarrollo del individuo escolarizado y el cumplimiento pleno de las metas que la institución
educativa se plantea.
La psicología escolar como profesión
Encontramos una diversidad de funciones que cobren los servicios psicológicos escolares. Toma en
consideración y de forma simultánea casi todas las prácticas actuales en psicología, en educación
coma y en otros campos relacionados. Interviene en la elaboración de orientaciones de competencia y
criterios para el entrenamiento y la práctica. Interviene en las técnicas de evaluación e intervención
tomadas de la psicología clínica, la orientación psicológica y la psicología de las organizaciones; junto
con técnicas y métodos que desafían una fácil categorización.
El proceso de acumulación de funciones de la psicología escolar
Bardon afirma que la evolución de la psicología escolar debe entenderse como un proceso de
acumulación más que como un proceso de desarrollo. La Psicología escolar no ha experimentado un
desarrollo en el sentido de que hayan surgido nuevos planteamientos que hayan superado los previos,
integrando sus elementos básicos. Se ha producido más bien un proceso de acumulación, de adición
de lo nuevo a lo viejo. Entonces la psicología escolar designa una amplia gama de actividades
ejercidas por personas con competencias, objetivos y expectativas diferentes.
(Modelo de la torta) → el conjunto tiene cohesión, puede ser considerado una totalidad, mientras
permanece intacto, pero cuando se separan los pisos, cada uno se identifica por separado con
características diferentes. La psicología escolar conserva su identidad, es reconocible como tal,
mientras las diferentes funciones que incluye se contemplan en su conjunto bajo los símbolos de
Unión de todos ellas: la psicología y la escuela. Cuándo alguna de estas funciones se analiza
independientemente del conjunto, surge la confusión.
En sus orígenes la psicología escolar aparece vinculada al estudio y medida de las diferencias
individuales, al movimiento de los test. El psicólogo escolar era un profesional ocupado en la
administración de test de inteligencia y rendimiento escolar. La administración de test en la escuela
está obviamente relacionada con objetivos de diagnóstico y de tratamiento de los niños que presentan
problemas de ajuste, aprendizaje o comportamiento. Entonces la psicología escolar en sus orígenes
aparece vinculada a la educación especial y constituye funciones básicas que han de desarrollar los
psicólogos escolares la determinación como diagnóstico y tratamiento de los alumnos con necesidades
educativas especiales
El paso siguiente que no es una sustitución del planteamiento anterior, sino la división de nuevas
funciones, está determinado por el concepto de Salud Mental y por el movimiento generado a partir de
él. Se impone la idea de que la psicología escolar no puede limitarse al diagnóstico y tratamiento de
los problemas de aprendizaje escolar, sino que debe asumir también la tarea de atender la salud mental
del alumno, prestando especial atención a los aspectos afectivos como emocionales y relacionales. Se
crean servicios psicológicos que tienen como objetivo prevenir y tratar los problemas psicológicos
que presentan los niños dentro o fuera de las escuelas.
Un tercer capítulo de la acumulación progresiva de funciones tiene su origen en la evolución misma
de la psicología científica, sobre todo en lo que concierne a la psicología del aprendizaje y a la del
desarrollo. Hasta finales de los 50 la psicología de la educación consiste en una simple amalgama de
conocimientos relativos a cómo se desarrollan los alumnos, cómo aprenden y cómo se diferencian
entre sí. El psicólogo escolar debe establecer un puente entre el conocimiento psicológico y la práctica
escolar. De ahí se derivan nuevas funciones para la psicología escolar que se superponen a las ya
mencionadas: el sector investigaciones aplicadas, dar a conocer a los profesores los avances del
conocimiento psicológico como integrar este en la metodología didáctica, etc.
A este grupo de funciones se le agrega una cuarta, la atención excesiva, en muchos casos exclusiva,
que ha estado prestando la psicología escolar a los niños con dificultades de aprendizaje y de
adaptación punto esto ha sido objeto de críticas a partir de los años 60. Se critica la escasa efectividad
a medio y largo plazo de los diagnósticos y de las técnicas terapéuticas habitualmente utilizadas y la
imposibilidad de ocuparse individualmente de cada alumno potencialmente necesitado de atención.
Surgen así en los 70 numerosas propuestas de servicios de psicología escolar que subrayan los
aspectos comunitarios y las intervenciones estructurales en detrimento de las intervenciones
exclusivamente centradas en los individuos. Los casos individuales no pueden ser tratados
independientemente del ámbito educativo en que se manifiestan, por los que las intervenciones del
psicólogo escolar deben dirigirse prioritariamente a incidir sobre dicho contexto. El receptor directo
de las intervenciones no será el niño o no solo él, sino todas las personas e instituciones que
configuran su ambiente educativo: profesores como padres como familia como escuela como
municipio, etc.
La implicación de los psicólogos escolares en una dimensión institucional y comunitaria que
sobrepasa los límites de la escuela lleva a asumir nuevas funciones relacionadas como por ejemplo,
con problemas de delincuencia juvenil, de prevención y rehabilitación del consumo de drogas o
simplemente de dinamización y movilización social.
Este proceso de acumulación de funciones que caracteriza la evolución de la psicología escolar
aparece reflejado en los intentos de precisar de forma analítica las funciones del psicólogo escolar.
El perfil profesional del psicólogo escolar
Aunque la psicología escolar se remonta a principios del siglo, la figura del psicólogo que trabaja en
contacto directo y continuo con la escuela y los profesores no alcanza cierto nivel de generalización y
profesionalización hasta después de la segunda guerra mundial.
En una conferencia, “The Thayer Conference” en 1954 se propuso que los psicólogos escolares
debían asumir las funciones siguientes: valorar e interpretar el desarrollo intelectual, social y
emocional de los niños; ayudar a identificar a los niños excepcionales y colaborar con otros
profesionales en la elaboración y aplicación de programas educativos individuales; desarrollar medios
para facilitar el aprendizaje y el ajuste de todos los niños; potenciar y realizar investigaciones así
como interpretar los resultados de investigaciones aplicables para la solución de problemas escolares;
diagnosticar problemas personales y educacionales y recomendar programas adecuados para su
tratamiento.
En 1964, en ”The Bethesda Conference”, se distinguen cuatro tipos de psicólogos escolares: el
psicólogo clínico tradicional, el psicólogo generalista, el ingeniero en cuestiones humanas y el
especialista en técnicas de cambio comportamental.
Más recientemente, Monroe propone considerar las diversas funciones como un continuo que va
desde el trabajo directo con los niños hasta el trabajo directo con adultos que se encuentran en
contacto con los niños. Identifica cinco categorías diferenciadas de funciones:
- Funciones de orientación, consejo y terapia: el psicólogo trabaja con los niños,
individualmente o en pequeños grupos, con el fin de promover su ajuste y desarrollo personal.
- Funciones de evaluación psicoeducativa: el psicólogo utiliza las colecciones de datos
formales e informales sobre niños considerados individualmente, con el fin de obtener la
información necesaria para tomar decisiones relativas a su derivación, clasificación y
tratamiento.
- Funciones de consulta: el psicólogo trabaja con los padres y profesores con el fin de promover
el ajuste personal y el desarrollo del niño.
- Funciones dirigidas a la institución (inservice): el psicólogo desarrolla tareas con el fin de
incrementar el conocimiento o las habilidades de los profesionales de la institución y cambiar
sus actitudes.
- Funciones de investigación: el psicólogo lleva a cabo una búsqueda sistemática de datos con
el fin de ayudar a tomar decisiones sobre determinados grupos de niños y sus programas
educativos.
Monroe destaca que pocos psicólogos escolares desempeñan simultáneamente estos cinco tipos de
funciones, la mayoría limitan sus actuaciones a dos o tres, y algunos a una sola.
C. Burt propone diferenciar tres tipos de psicólogo escolar, que desempeñan funciones distintas: el
psicólogo cuya tarea prioritaria consiste en estudiar los “niños problema” utilizando técnicas
diagnósticas adecuadas y elaborando informes pertinentes dirigidos a los responsables educativos; el
psicólogo que asume el tratamiento de los trastornos identificados mediante la aplicación de técnicas
terapéuticas; y el psicólogo puede también verse implicado en tareas de organización como
administración e investigación.
Phillips señala que las múltiples aplicaciones posibles de la psicología de la educación pueden
llevarlas a término personas de formación muy diferentes: maestros como grupos de maestros
especializados e incluso los propios padres. En consecuencia, el psicólogo educacional no se
caracteriza por ser el especialista encargado de aplicar conocimientos psicológicos del campo de la
educación, sino por tener un área de responsabilidad muy específica: la identificación, diagnóstico y
tratamiento de los niños con problemas de aprendizaje y ajuste.
El psicólogo escolar sería fundamentalmente un psicólogo clínico que realiza sus tareas en la escuela,
por lo que el éxito de las intervenciones depende de dos cualidades indispensables: su habilidad como
psicólogo clínico y su conocimiento profundo del escenario educativo.
En el “Plan de reforma de la enseñanza Langevin-Wallon” plantea tres grupos de funciones atribuidas
al psicólogo escolar: conocer al niño con el fin de asegurar una escolaridad ajustado a sus
características individuales y evolutivas; participar con los profesores en la valoración y revisión de la
metodología de la enseñanza; y vehicular e incrementar los conocimientos que posibiliten una mejora
adecuación de los programas a las posibilidades intelectuales de los alumnos.
Todos estos modelos muestran la variedad y heterogeneidad de funciones atribuidas al psicólogo
escolar. Muestra también que los propios psicólogos escolares no suelen ponerse de acuerdo cuando
se trata de superar la heterogeneidad procediendo a una restricción de funciones o el establecimiento
de un orden de prioridad en las mismas.
En varias investigaciones se pone de relieve el desfase entre las funciones que los psicólogos
escolares piensan que deben asumir ellos mismos y las expectativas que tienen los profesores al
respecto. Para los profesores el trabajo preventivo consiste en una intervención precoz sobre los casos
individuales, mientras que para los psicólogos requiere intervenciones más globales en la institución
escolar. Esto se debe a la influencia del modelo médico. Las expectativas de los profesores sobre las
funciones de los psicólogos se expresan en términos de evaluación y tratamiento de los niños
individuales que en virtud de su necesidad de atención deben ser “anormales”.
Ejes conceptuales básicos que subyacen a las funciones atribuidas y asumidas por la psicología
escolar
Se pueden advertir como mínimo cuatro ejes que permiten englobar y comprender la totalidad de
funciones atribuidas a la psicología escolar. En primer lugar encontramos un eje que va de lo
estrictamente psicológico a lo abiertamente educativo en cuanto a la naturaleza de los objetivos de
intervención. Se puede acentuar el polo psicológico y priorizar las funciones que giran en torno a
cuestiones como características individuales y evolutivas de los alumnos, sus aptitudes y actitudes
como intereses, etc; o se puede acentuar el Polo pedagógico y darle más importancia a funciones
relacionadas con la metodología de la enseñanza, la revisión y actualización del currículum, la
interacción profesor alumno, la interacción entre alumnos, etc.
En segundo lugar hay un eje denominado de modalidades de intervención. En una punta se sitúa la
modalidad de intervención enriquecedora, actividades que potencian el aprendizaje en la escuela, el
desarrollo del individuo escolarizado y el cumplimiento pleno de las metas que la institución
educativa se plantea; y en el otro, tendríamos las intervenciones correctivas consiste en aplicar los
tratamientos adecuados a los problemas o dificultades de los alumnos que ya han hecho su aparición.
Entre ambos extremos la intervención preventiva, las actividades que persiguen la detección precoz de
trastornos y dificultades y su tratamiento inmediato con el fin de impedir su generalización
El tercer eje es relativo al carácter más o menos directo de las intervenciones sobre el alumno. Cabe
elegir entre un tiempo de intervención directa o inmediata sobre el alumno o bien actuar
preferentemente sobre los agentes educativos como los profesores como tutores, padres, con lo que la
intervención sobre el alumno es más bien indirecta y mediatizada.
Se plantea un cuarto eje quizás no tan obvio como los anteriores, el que se refiere al lugar preferente
de la intervención. En un extremo el énfasis recae en el aula, desplazándose a medida que avanzamos
hacia el otro extremo a la institución escolar, al complejo formado por la familia y la escuela, a la
comunidad escolar, al sistema educativo o incluso a la comunidad en sentido amplio.
Los cuatro ejes se recubren parcialmente pero ninguno es reductible a los demás. En su conjunto
definen un espacio conceptual en el que es posible situar todas las funciones y tareas de la psicología
escolar. El servicio ideal de la psicología escolar sería el que cumpla la totalidad de funciones y tareas
interpretables en los términos del espacio conceptual definido por los cuatro ejes mencionados. Lo
que sucede casi siempre es que se delimita un subespacio en función de una serie de decisiones sobre
a qué extremo se concede prioridad en cada uno de los cuatro ejes mencionados. Depende de las
necesidades más o menos objetivas de la comunidad escolar y de la administración que acoge al
servicio; el tipo de demanda de los usuarios o sea alumnos como a profesores como a padres como
administradores como responsables de política educativa; y también la formación de los psicólogos
escolares que trabajan en el servicio y sus planteamientos teóricos tanto en lo que concierne a los
procesos psicológicos como a los educativos.
Lo que es la psicología escolar en conjunto se concreta en la práctica en modelos de intervención
regionales, distintos y mutuamente excluyentes en la medida en que adoptan cada uno de ellos
prioridades contrapuestas en las funciones y tareas a desarrollar.
Psicología de la educación, psicopedagógica y psicología escolar
Se afirma que el conjunto de intervenciones psicológicas que tienen lugar en torno a la escuela y que
configuran la profesión del psicólogo escolar, desbordan ampliamente las aportaciones que puede
hacer la psicología de la educación como disciplina científica de naturaleza aplicada, exigiendo las
aportaciones de otras disciplinas psicológicas y educativas. La enorme variedad y heterogeneidad de
las funciones que ha ido acumulando la psicología escolar en el transcurso del siglo es un argumento
sólido que apoya con contundencia esta primera tesis.
Por otro lado, si bien es cierto que la psicología escolar no se limita a los conocimientos que le brinda
la psicología de la educación, son precisamente estos los únicos que pueden y deben construir el
núcleo vertebrador de la intervención psicológica en la escuela.
La psicología de la educación aparece hoy como una disciplina al mismo tiempo psicológica y
educativa Con un objetivo de estudio propio: los procesos de cambio provocados o inducidos en las
personas como resultado de la acción educativa, es decir, los aprendizajes que llevan a cabo los seres
humanos como consecuencia de su participación en actividades educativas. Es una disciplina que
aborda su objeto de estudio en una triple perspectiva, con una triple finalidad: proporcionar modelos
explicativos, diseñar procedimientos generales de intervención y articular los conocimientos
anteriores para resolver problemas concretos y particulares.
Los procesos de cambio que se producen en el alumno como resultado de la subsistencia a la escuela
constituyen el único referente compartido por todas las descripciones de tareas de la psicología
escolar. Se subraya la influencia que tienen en estos cambios los factores psicológicos e individuales o
los factores pedagógicos o de influencia educativa. Se puede proponer una modalidad de intervención
enriquecedora o correctiva o preventiva. Es más eficaz actuar directamente sobre el sujeto de estos
procesos de cambio es decir sobre el alumno, o bien que se conseguirá un efecto mayor y más estable
trabajando con los profesores y padres. Los factores que determinan los procesos de cambio se
encuentran sobre todo en el aula, en la familia, en la institución escolar tomada en su conjunto o en la
comunidad de la que forma parte de la escuela.
La psicología de la educación centra sus esfuerzos en estos procesos de cambio y se convierte en un
candidato para desempeñar el papel vertebrador que le atribuimos y que tanto necesita la profesión del
psicólogo escolar. Esto no implica que la psicología escolar reduzca sus funciones a las que se
refieren directamente al aprendizaje de los alumnos y a la situación inmediata de enseñanza y
aprendizaje. Se trata de tomar conciencia de que el aprendizaje escolar y la situación de enseñanza y
aprendizaje deben ser el punto de partida, el referente continuo y el lugar privilegiado de las
intervenciones psicopedagógicas en la escuela y en consecuencia, de la psicología escolar.