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Antología de poesías de amor en español

Este documento presenta una antología de las mejores poesías de amor en lengua española. Incluye poemas de más de 100 poetas de todas las épocas. El autor seleccionó 12 poetas para abrir la antología, incluyendo a Garcilaso, San Juan de la Cruz, Lope de Vega y Pablo Neruda. La antología ofrece los poemas más profundos sobre el amor escritos en español.

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Antología de poesías de amor en español

Este documento presenta una antología de las mejores poesías de amor en lengua española. Incluye poemas de más de 100 poetas de todas las épocas. El autor seleccionó 12 poetas para abrir la antología, incluyendo a Garcilaso, San Juan de la Cruz, Lope de Vega y Pablo Neruda. La antología ofrece los poemas más profundos sobre el amor escritos en español.

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DOSIER DE PRENSA

Título: Antología de las mejores poesías de amor en lengua española


Autor: Luis María Anson
Colección: Fuera de colección
Fecha de publicación: 4 de noviembre de 2020

Departamento de Comunicación de La Esfera de los Libros - Tel. 636 36 93 77

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EL LIBRO

En todo el mundo y en todas las épocas, el amor ha sido y es la médula de la poesía.


En esta magnífica antología, publicada originalmente en 1998 y ahora ampliada y
actualizada con la incorporación de nuevos nombres, Luis María Anson reúne las
mejores poesías de amor en lengua española escritas por más de un centenar de
poetas de todas las épocas hasta la actualidad.

El lector puede abrir este libro, de cuya edición original se llegaron a vender más de
[Link] ejemplares, por cualquier página, con la seguridad de que sentirá el aliento
más hondo de la escritura de los poetas, el mensaje infinito de quienes rindieron sus
letras al amor profundo, a la palabra absorta, al sentimiento insondable, a la carne
que se estremece, al devastado corazón, al alma que tiembla, a la cálida ceniza.

DATOS TÉCNICOS

Título: Antología de las mejores poesías de amor en lengua


española
Autor: Luis María Ansón
Colección: Fuera de colección
Páginas: 576
Fecha de publicación: 4 de noviembre de 2020
Precio: 25,90 euros

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UNAS PALABRAS DEL AUTOR

La literatura es la expresión de la belleza por medio de la palabra. Provoca en


el lector un placer puro, inmediato y desinteresado. En España, ese placer se
ha experimentado en el siglo XVI, sobre todo, con la poesía; en el siglo XVII,
con el teatro; en el siglo XVIII, con el ensayo; en el siglo XIX, con la novela, y
en el XX, con el periodismo.

La inmensa minoría que en España lee y se emociona con la poesía


permanece estable, a pesar del griterío de las redes sociales y la explosión
digital. Cuando creamos en ABC la sección «Y poesía, cada día», se convirtió
en una de las páginas más leídas del periódico.

Renuncié a hablar de periodismo en mi discurso de ingreso en la Real


Academia Española y me adentré temblándome el pulso en la poesía de amor
que seleccioné en las principales lenguas mundiales. Ante la repercusión de
aquel discurso, algunas editoriales se interesaron porque coordinara una
Antología de las mejores poesías de amor en lengua española. Me esforcé
por hacer un trabajo riguroso y científico. El libro alcanzó incontables
ediciones. Al prologar esta Antología renovada, quiero recordar las «palabras
preliminares» que escribí entonces.

Cuando a los pocos días de leer mi discurso de ingreso en la Real Academia


Española, una gran editorial me encargó esta Antología, me di cuenta de que
intentar la tarea encomendada era como encender un candil para iluminar el
sol, como soplar en la dirección del huracán. Lope de Vega escribió que «el
amor fue el inventor de los poemas». El autor de las Rimas sacras, que
respiraba versos por los poros de su entero esqueleto, sabía bien lo que
decía.

En Oriente y en Occidente, en el vasto mundo de la Negritud o en la América


precolombina, en la Grecia clásica o en el antiguo Egipto, entre los esquimales
o los bantúes, entre los escandinavos o los malayos, entre los malgaches o los
hebreos, entre los eslavos o los latinos, entre los árabes o los polinesios, el
amor es la médula absorta de la poesía y también de la canción popular.

Abordé la tarea antológica de la poesía de amor en lengua española,


escogiendo doce grandes poetas que abrieran el libro para evitar al lector la
rutina del orden cronológico que pospone lo mejor a la fecha. No elegí a los

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doce más grandes poetas en lengua española, sino a «doce grandes de la


poesía de amor». Es evidente que a ninguno de los elegidos se les puede
negar esa categoría. Tras ellos, dos centenares de poetas de todas las épocas
completan la Antología.

Garcilaso, San Juan, Lope, Quevedo, Bécquer, Rubén Darío, Juan Ramón,
Lorca, Aleixandre, Alberti, Neruda y Paz fueron los doce poetas que
seleccioné, con la adenda del anónimo «No me mueve mi Dios para
quererte», que no es de San Juan, pero merece serlo. Muchos lectores
habrían efectuado cambios en esta selección. Está claro, por ejemplo, que
Fray Luis o Góngora son, como poetas, superiores a Bécquer. También lo está
que el autor de las Rimas, como poeta de amor, deslumbra en el siglo XIX y
durante muchas generaciones, todavía hoy, sus versos continúan
emocionando a los jóvenes que los citan de memoria.

La elección en la primera parte del libro de seis poetas que pertenecen


literariamente al siglo XX, tiene explicación clara. Por un lado, en el río de la
poesía en lengua española desembocan ya los manantiales iberoamericanos;
por otro lado, la sensibilidad del lector actual sintoniza con los poetas
contemporáneos mejor que con las jarchas o las cantigas de amigo. Entre los
doce nombres elegidos para abrir la Antología, son todos los que están,
aunque no estén todos los que son. Cada lector tiene sus preferencias y
muchos amantes de la poesía, y también algunos críticos, habrían sustituido,
por ejemplo, a Juan Ramón por Antonio Machado o a Octavio Paz por Luis
Cernuda. Hace solo unos meses, yo mismo no hubiera incluido al poeta
mexicano en mi propia selección de «doce grandes de la poesía de amor».
Mantuve con él, durante muchos años, una amistad intensa, que se
cimentaba en la admiración que yo sentía por su inteligencia, su cultura
universal y pasmosa, sus ensayos indelebles. Hasta que no he leído en
conjunto su obra poética, varada en la edición del Círculo de Lectores, no me
había dado cuenta del poeta inmenso que es Octavio Paz.

Tras el temblor literario, y el fulgor, de la primera parte de este libro, el lector


encontrará ya, sujetos al inevitable orden cronológico, muchos de los mejores
poemas de amor en lengua española escritos por cerca de dos centenares de
poetas de todas las épocas. Sé muy bien que faltan numerosas poesías de
amor que merecen figurar en esta Antología. No sobra ninguna. La inmensa
mayoría de los poemas seleccionados se centran en el amor entre el hombre
y la mujer. Algunos se refieren al amor a Dios, al amor a la madre, al amor a la
amistad, al amor a la vida y a la muerte. Cuando de un autor se publican varios

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poemas, estos no guardan orden cronológico. A una buena parte de los


poetas vivos les he solicitado que eligieran ellos sus mejores poemas. En
ocasiones no han coincidido con mi propia selección, pero he respetado la
suya. Sé que faltan, entre los poetas vivos españoles e iberoamericanos,
muchas docenas de nombres. Pido disculpas anticipadas, pero el libro no
podía sobrepasar el número de páginas que tiene. Las ausencias me duelen
porque muchos de los poetas vivos que faltan son amigos personales y,
además, deberían figurar por razones de justicia en esta Antología. Los límites
de espacio son medidas que no cicatrizan nunca en el cuerpo jíbaro de
cualquier esfuerzo antológico serio.

La labor de corrección, llevada a cabo por Carlos A. Moschini, ha sido ingente.


Hemos consultado en las mejores ediciones los diferentes poemas. Hemos
corregido centenares de errores, subsanado docenas de faltas. Aun así, los
eruditos encontrarán sin duda fallos porque las interpretaciones sobre
muchos versos siguen siendo dispares para la crítica literaria. Tampoco
descarto, a pesar del cuidado con que se ha trabajado, que se hayan
deslizado erratas y, lo que es peor, trasposiciones.

En todo caso el esfuerzo ha valido la pena. Aquí está, para el recreo del buen
gusto literario, una Antología muy completa en la que se enredan las mejores
poesías de amor en lengua española. Los enamorados y enamoradas, los
maridos y mujeres, los amantes, los que esperan o viven o recuerdan el amor,
encontrarán en estas páginas la vibración más profunda que a lo largo de los
siglos ha suscitado este sentimiento en los poetas de lengua española. Por
eso, la Antología que ahora presentamos no es solo un libro. Es un tesoro
literario de belleza indeclinable, de emoción en ascuas vivas. El lector puede
abrirlo en cualquier página con la seguridad de que sentirá el aliento más
hondo de la escritura de los poetas, el mensaje infinito de quienes rindieron
sus letras al amor profundo, a la palabra absorta, al sentimiento insondable, a
la carne que se estremece, al devastado corazón, al alma que tiembla, a la
cálida ceniza.

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ÍNDICE DE AUTORES

DOCE GRANDES DE LA POESÍA DE AMOR


Rafael Alberti Juan Ramón Jiménez
Vicente Aleixandre Pablo Neruda
Gustavo Adolfo Bécquer Octavio Paz
Rubén Darío Francisco de Quevedo
Federico García Lorca San Juan de la Cruz
Garcilaso de la Vega Lope de Vega

SIETE SIGLOS DE POESÍA DE AMOR EN LENGUA ESPAÑOLA


Rocío Acebal Hérib Campos Cervera
Delmira Agustini Alfonso Canales
Manuel Alcántara Eduardo Carranza
Baltasar del Alcázar Jorge Carrera Andrade
Francisco de Aldana Emilio Carrere
Dámaso Alonso Pedro de Cartagena
Manuel Altolaguirre Antonio Carvajal
Alfonso Álvarez de Villasandino Rosalía de Castro
Lupercio Leonardo de Argensola Carlos Catena
Juan Arolas Camilo José Cela
Juan Bautista Arriaza Gabriel Celaya
Gastón Baquero Luis Cernuda
Carlos Barral Miguel de Cervantes
Felipe Benítez Reyes Gutierre de Cetina
José Bergamín Ernestina de Champourcín
Francisco Luis Bernárdez Juan Eduardo Cirlot
Francisco Bocanegra Antonio Colinas
Jorge Luis Borges Carolina Coronado
Juan Boscán Costana
Carlos Bousoño Pablo Antonio Cuadra
Manuel Bretón de los Herreros Luis Alberto de Cuenca
Francisco Brines Gerardo Diego
José Manuel Caballero Bonald Enrique Durán
Manuel de Cabral Juan del Enzina
José de Cadalso Patricio de la Escosura
Pedro Calderón de la Barca Joan Escrivá
Luis de Camóes José de Espronceda
Ramón de Campoamor León Felipe

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Ángela Figuera Aymerich Antonio Lucas


Francisco de Figueroa Torcuato Luca de Tena
Alba Flores Alvaro de Luna
Juan Pablo Forner Ignacio de Luzán
Agustín de Foxá Antonio Machado
Antonio Gala Manuel Machado
Luis Gálvez de Montalvo Macías «el Enamorado»
Ángel Ganivet Gómez Manrique
Graciano García Jorge Manrique
Pablo García Baena Eduardo Marquina
Pablo García Casado José Martí
José Luis García Martín Xaime Martínez
Luis García Montero Francisco Martínez de la Rosa
José García Nieto Elena Medel
Eugenio Gerardo Lobo Francisco de Medrano
Juan Gil-Albert Juan Meléndez Valdés
Jaime Gil de Biedma Gabriela Mistral
Pere Gimferrer César Antonio Molina
José Antonio Gómez-Coronado Constantino Molina
Gertrudis Gómez de Avellaneda Ricardo E. Molinari
Luis de Góngora Antón de Montoro
Ángel González Rafael Morales
José Agustín Goytisolo Félix Moyano
Félix Grande Lola Nieto
Jorge Guillén Amado Nervo
Nicolás Guillén Blas de Otero
Miguel Hernández Miguel Otero Silva
Fernando de Herrera Juan Luis Panero
Margarita Hickey Leopoldo Panero
José Hierro Nicanor Parra
Vicente Huidobro José María Pemán
Diego Hurtado de Mendoza Víctor Peña Dacosta
Sara de Ibáñez Joaquín Pérez Azaústre
José Iglesias de la Casa Ramón Pérez de Ayala
Tomás de Iriarte Razón de Amor
Clara Janés Evaristo Ribera Chevremont
Carmen Jodra Dalvo Dionisio Ridruejo
Sor Juana Inés de la Cruz Francisco de Rioja
Rafael Juárez Claudio Rodríguez
Fray Luis de León Alejandro G. Roemmers
José Lezama Lima Fernando de Rojas
Libro de Apolonio Romances
Iñigo López de Mendoza, marqués de Luis Rosales
Santillana Juan Ruiz, arcipreste de Hita

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Ángel de Saavedra, duque de Rivas Andrés Trapiello


Garci Sánchez de Badajoz Miguel de Unamuno
Santa Teresa de Jesús José Ángel Valente
Ángela Segovia Ramón del Valle-Inclán
Don Sem Tob (o Santob) de Carrión César Vallejo
Jaime Siles José María Valverde
José Asunción Silva Gil Vicente
José Somoza Fernando Villalón
Alfonsina Storni Esteban Manuel de Villegas
Cristóbal Suárez de Figueroa Luis Antonio de Villena
Juan de Tassis, conde de Villamediana José Zorrilla
Bartolomé de Torres Naharro

ÍNDICE DE PRIMEROS VERSOS

DOCE GRANDES DE LA POESÍA DE AMOR

A esa luz más brillaron tus ojos Como entre el humo y poderosa llama
fugitivos ¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
A mis soledades voy ¿Cómo nació el amor? Fue ya en otoño
Adónde te escondiste Con casto corazón, con ojos
Ah vastedad de pinos, rumor de olas Con lilas llenas de agua
quebrándose Con un trozo de carbón
Aislada en su esplendor Cuando abre sus piernas Altair
Alta columna de latidos Cuando la mujer está
Amante, todo calla Cuántas veces, Señor, me habéis
Amar, amar, amar, amar siempre, con llamado
todo Cuerpo de mujer, blancas colinas,
Amiga, no te mueras muslos blancos
Amor de mis entrañas, viva muerte Cuerpo feliz que fluye entre mis
Amor, rosa encendida manos
Asomaba a sus ojos una lágrima De lo poco de vida que me resta
¡Ay, Floralba! Soñé que te... ¿Dirélo? De tanto caminar por los alcores
¡Ay voz secreta del amor oscuro! 106 De viajes y dolores yo regresé, amor
Bajo tu clara sombra mío
¡Canción del macho y de la hembra! Déjame sueltas las manos
¡Carne, celeste carne de la mujer! Del verdecido júbilo del cielo
Arcilla Desmayarse, atreverse, estar furioso
Cendal fl otante de leve bruma Desnuda soledad sin gesto ni palabra
Cerrar podrá mis ojos la postrera Despierta, sí, cerrada

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Dichoso el árbol que es apenas Horas, desnudas horas


sensitivo Hoy la tierra y los cielos me sonríen
¡Dies irae, dies illa! Hoy me he tendido junto a una joven
Dime, dime el secreto de tu corazón pura
virgen Inclinado en las tardes tiro mis tristes
Discreta y casta luna redes
Dos cuerpos frente a frente ¡Intelijencia, dame
Durante algunos años fui diferente Juventud, divino tesoro
Efectivamente La cabellera larga es algo triste
El amor conyugal de su marido La noche borra noches en tu rostro
El cisne en la sombra parece de nieve La noche de ojos de caballo que
El dulce lamentar de dos pastores tiemblan en la noche
El labio rojo no es rastro de la aurora La noche no quiere venir
tenaz La princesa está triste... ¿qué tendrá la
El olímpico cisne de nieve princesa?
En crespa tempestad del oro undoso La tierra germinal acepta el beso
En el balcón, un instante Largo espectro de plata conmovida
En esta tarde llueve, y llueve pura Las piquetas de los gallos
En los últimos límites carnales Llénate de mí
En ti estás todo, mar, y sin embargo Lloraba en mis brazos vestida de
En un rincón del salón crepuscular negro
En una noche oscura Los suspiros son aire y van al aire
Era mi corazón un ala viva y turbia Matilde Urrutia, aquí te dejo
Era un aire suave, de pausados giros Me gustas cuando callas porque estás
Eres toda de espumas delgadas y como ausente
ligeras Mira el poder del mundo
Es como una marea, cuando ella clava Mira, la luna es de plata
en mí Míralo. Aquí besándote, lo digo.
Es hielo abrasador, es fuego helado Míralo
Esa color de rosa y de azucena Miro este monte que envejece enero
¡Esa guirnalda! ¡pronto! ¡que me Muere la vida, y vivo yo sin vida
muero! Nadie comprendía el perfume
Escrito está en mi alma vuestro gesto Niña morena y ágil, el sol que hace las
Esforzóse pobre luz frutas
Esta es tu sangre No importan los emblemas
Esta luz, este fuego que devora No le toques ya más
Esta yedra anudada que camina ¡No me admiró tu olvido! Aunque de
Estaba echado yo en la tierra, un día
enfrente No me mueve, mi Dios, para quererte
Este de mis entrañas dulce fruto No sabe qué es amor quien no te ama
Este pichón del Turia que te mando Noche arriba los dos con luna llena
¿Hay arañas carceleras Oh llama de amor viva
Hemos perdido aun este crepúsculo Oh niña entre las rosas, oh presión de
Hemos visto palomas

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Oh, quién muriera por tu amor, Sobre tus pechos de corriente inmóvil
ardiendo Soñé que el brazo de rigor armado
Oh, soñar con tus siempre apetecidas Suelta mi manso, mayoral extraño
Oh tú, mi amor, la de subidos senos Te digo adiós, amor, y no estoy triste
¡Oh vida de mi vida, Cristo santo! Te gustó la ciudad que gota a gota
Ondea el oro en hebras proceloso Te recuerdo como eras en el último
Osar, temer, amar y aborrecerse otoño
Para que los leas con tus ojos grises Tendida y desgarrada
Para que tú me oigas Tendidos en la yerba
Perdonadme: he dormido Tengo miedo a perder la maravilla
Pero otro día toco tu mano. Mano Tengo que hablaros de ella
tibia Tienes ojos oscuros
Podrá nublarse el sol eternamente Tras arder siempre, nunca consumirse
Por una mirada, un mundo Tu aliento es el aliento de las flores
Porque son, niña, tus ojos Tú eras el huracán, y yo la alta
Puedo escribir los versos más tristes Tú me mirarás llorando
esta noche Tú nunca entenderás lo que te quiero
«¿Qué es poesía?», dices mientras Tu voz regó la duna de mi pecho
clavas Tú, en cambio, sí que podrías
«¿Qué hermoso, verde día quererme:
¿Que lloras? Lo comprendo Tú, mi vida, esta noche me has
Qué pura eres de sol o de noche caída borrado
¿Qué tengo yo, que mi amistad Tus ojos son la patria del relámpago y
procuras? de la lágrima
Quien miró y quien no vio Un cuerpo, un cuerpo solo, sólo un
¿Quiénes se amaron como nosotros? cuerpo
Busquemos Un pastorcico solo está penado
Quiero llorar mi pena y te lo digo Una mujer me ha envenenado el alma
¿Recuerdas que querías ser una Unas pocas palabras
Margarita Unos miran despacio
Rizas en ondas ricas del rey Midas Ven, muerte, tan escondida
Rubios, pulidos senos de Amaranta Verde que te quiero verde
Sabes tanto de mí, que yo mismo Verte desnuda es recordar la tierra
quisiera Vino, primero pura
Se equivocó la paloma Volverán las oscuras golondrinas
Se querían Voy por tu cuerpo como por el mundo
Sed de ti me acosa en las noches Y las sombras se abrieron otra vez y
hambrientas mostraron un cuerpo
Si de la muerte rigurosa y fi era 35 Si Y que yo me la llevé al río
de mi baja lira Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
Si yo, por ti, he creado un mundo para Yo me muero de amor —que no sabía
ti Yo no volveré. Y la noch
Sobre la falda tenía

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SIETE SIGLOS DE POESÍA DE AMOR EN LENGUA ESPAÑOLA

A ti, por quien moriría Aun por venir era la hora de yantar
Adonde tú por aire claro vas Aunque quizá todo esto es mentira
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor? Bella zagaleja
¡Ah, Señor! ¡Si tú existes! bendito sea el crupier que lanzó los
Ah, que tú escapes en el instante dados
Ahora, Cristo, bájame los párpados Besas como si fueses a comerme
Ahora estoy de nuevo desnudo Bueno es el mundo, ¡bueno!, ¡bueno!,
Ahora que voy tocando ya la cumbre ¡bueno!
Ahora que ya tus ojos son como sal, y Caminando en las honduras
fértil Canta, me dices. Y yo canto
Ajustada a la sola Cerqué, cercaste
Al fin de la batalla ¡Cima de la delicia!
Al hilo dignifica la hermosura Colinas plateadas
Al pasar de los años Como el oscuro pez del fondo
Al que ingrato me deja, busco Como en la muchedumbre de los
Al tramontar del sol la Ninfa mía besos
Albor. El horizonte Cómo llenarte, soledad
Algo tan sencillo como ponerse de Cómo podría aquí cuando la tarde baja
puntillas para alcanzar una manzana ¿Cómo pude dudar? ¿Cómo he podido
Alguna vez me angustia una certeza Cómo se abría el cuerpo del amor
Amado dueño mío herido
Amarrado a un duro banco Cómo te llamaré para que entiendas
Amor es más que la sabiduría Como el toro he nacido para el luto
Amor oscuro, claro, amor entero Con once heridas mortales
Amor que yo vi Con tan alto poderyo
Amor, amor, amor, la savia suelta Con tu verdad, con tu mentira a solas
Amor, con el poder terrible de una Conducida en su galera
rosa Corriendo van por la vega
Amor, ya cada día es más otoño Cuando contemplo el cielo
Anda libre en el surco, bate el ala en el Cuando de mí no quede sino un árbol
viento Cuando la tierra fría
Ángel de los pisos de soltero Cuando me han preguntado la causa
Anoche, cuando dormía de mi amor
Aprended, flores, de mí Cuando me veas deprimido, ansioso,
Aquel amor que publica malhumorado
Aquel pájaro que vuela por primera Cuando mi corazón empezó a nadar
vez en el caudaloso río de la alegría de las
Aquí está ya el amor más limpias herraduras de agua
Árbol de olvido, tú Cuando nace un hombre
Arder en viva llama, helarme luego Cuando Preciosa el panderete toca
Así es mi vida

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Cuando te veo ahora en tus mejores ¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo
años mío?
Cuerpo de la mujer, río de oro En su oscuro principio
Cuerpo de piedra, cuerpo triste En un viejo país ineficiente
Dama de gran perfección Enclavado en un madero
De sus hermosos ojos dulcemente Enhiesto surtidor de sombra y sueño
De verdes varios, tallada Entonces arrojaba
Del regio firmamento emulemos los Entra en la playa de oro el mar y llena
astros Entre los geranios rosas
Desconozco los ciclos que remueven Era éste tu cuerpo, el cual yo viendo
tu sangre Era la edad lisonjera
Desde mi vieja orilla, desde la fe que Eres, al fin, el nombre de todos los
siento deseos
Deshojar un recuerdo se convierte Es amor fuerza tan fuerte
Desnuda en una queça Es el amor. Tendré que ocultarme o
Después de Ámbito ofrece Vicente huir
libros sumos: Es la mujer un mar todo fortuna
Después de tantos días sin camino y Es la negra cabeza negra pena
sin casa ¿Es tu hija, verdad? La he conocido
Después de todo, todo ha sido nada Escribidme una carta, señor cura
Dicen que me case yo Escribo la palabra libertad
Dientes de flores, cofia de rocío Escucha
Digo: comience el sendero a serpear Ese amor que cada mañana canta
Dios me llega en la voz y en el acento Esquiva como la noche
Diré cómo nacisteis, placeres Ese cuerpo labrado como plata
prohibidos Esta iluminación de la materia
Donde habite el olvido Esta mañana
Dos cuerpos que se acercan y crecen Esta noche en que el corazón me
Duermes como la noche duerme hincha la boca duramente
Dulce vecino de la verde selva Estar enamorado, amigos, es
El amor no es ciencia ni promesa encontrar el nombre justo de la vida
El bello mundo me produce asco Estas que fueron pompa y alegría
El bien irreparable que me hizo tu Este arte sombrío no se ajusta a la vida
belleza Este cuerpo labrado como plata
El ciervo viene herido Esto es cierto: total. Muertos ya,
El desconocido cuerpo y alma
El oír el oler, el tañer, el gustar ¿Estoy despierto? Dime. Tú que sabes
El pensamiento melancólico Estoy en esa edad en la que un
En el descenso oscuro hombre quiere
En el fondo, las risas de mis hijos Extraño ser y extraño amor, tuyo y
En esta cama donde el sueño es llanto mío
En esta frente, Dios, en esta frente Fatiga tanto andar sobre la arena
En lúgubres cipreses Fonte frida, Fonte frida
En París está doña Alda Fortalecido estoy contra tu pecho

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Fuera menos penado si no fuera Las ciudades sin ti no las recuerdo


Gracias, Señor, porque estás Las flores del romero
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Levantan en medio de patio espacioso
¡Yo no sé! Llegando a Pineda
He abierto la ventana. Entra sin hacer Lleva el placer al dolor
ruido «Los faroles de Palacio ya no quieren
He aquí el ciego, que sólo ve la vida en alumbrar
el recuerdo Luchando cuerpo a cuerpo, con la
He aquí, helados cristalinos muerte
Hermosas y vencidas soñáis Lucía es rubia y pálida. Sus quietas
Hombres necios que acusáis Luego del despertar
Impares. Fila 13. Butaca 3. Te espero Lunas, marfi les, instrumentos, rosas
Inútilmente interrogas Madrid es una ciudad de más de un
Irás acaso por aquel camino en el millón de cadáveres (según las últimas
chirriante atardecer estadísticas)
La adelantada fuiste tú en la tierra Maestro —dixo ella—, si amor te
La barca se alejaba tocase
La Barcarola de Los Cuentos de Mal ferida iba la garza
Hoffmann Manuel del Río, natural
La cabeza se vuelve hacia un lado Mañana, mañana clara
La consigna era clara: vomitar Más que el amor que un día me
La dorada basura de los años cediste
La dulce boca, que a gustar convida Me amas como una boca, como un
La estatua que te erijan, poderosa pie, como un río
La falda, los zapatos Me he quedado sin pulso y sin aliento
La fuerza del fuego que alumbra, que Me preguntas qué ha sido de mi vida
ciega Mete las armas, traidora
La inclinación melódica del mar Mi carta, que es feliz, pues va a
La luna da claridad buscaros
La luna mientras duermes te Mi cuerpo estaba allí... nadie lo usaba
acompaña Mi cuerpo se pasea por una habitación
La más bella niña llena de libros
La misma calidad que el sol en tu país Mi espejo, corriente por las noches
La Navidad sin ti, pero contigo Mi infancia son recuerdos
La primavera besaba Mi persona siempre fue
La repentina aparición de tu solo mirar Mi soledad llevo dentro
en el umbral Mi vocación es la espera
La sonrisa apagada y el jardín en la Mientras por competir con tu cabello
sombra Mientras se lanza y gira
La tierra se hace madrastra Mira que cosa tan rara
La vi deidad, y me postré a adorarla Mirar el río hecho de tiempo y agua
La voz, la blanca voz que me llamaba Miras, con ojos luminosos
Largo es el arte; la vida en cambio Moça tan fermosa
corta Moçuela de Bores

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Monstruo de oro, trazo oscuro Por qué se secará tan lenta la ropa por
Musa, tú que conoces qué persisten
Muy graciosa es la doncella por qué travis qué hay de esa oscura
Nada te turbe pregunta
Nadie escuche mi voz y triste acento Porque de llorar
No aurora fue. Ni llanto, ni un instante Por tu pie, la blancura más bailable
No cesará este rayo que me habita Por un sevillano rufo a lo valón
No digas nunca: Ya está aquí el amor Preguntó la muchacha al forastero
No es vino exactamente lo que tú y yo Presa soy de vos solo, y por vos muero
apuramos Puliré mi belleza con los garfi os del
No fueron tus divinos ojos, Ana viento
No me digas Pura, encendida rosa
No quiero más que estar sobre tu Quando la rosa seca
cuerpo Qué cielos estarán viendo, madre
No sé. Sólo me llega, en el venero Qué descansada vida
No tardes, Muerte, que muero ¡Qué espalda tan airosa!
No te tardes que me muero Qué estará haciendo esta hora mi
Nos junta el resplandor en esta andina y dulce Rita
hoguera ¿Qué guardarías en una cajita?
Ocurre a veces Qué importa qué ligera
Ocurre que el olvido antes de serlo Que por mayo era mayo
Oh blancura. ¿Quién puso en nuestras Qué sutil gracia
vidas Qui triste tiene su corazón
¡Oh, esa niña! . Quien de linda se enamora
Oh quién fuese la hortelana Quien dice que la ausencia causa
Oh tú, casa deshabitada olvido
Ojos claros, serenos Quién hubiera tal ventura
Ojos, herido me habéis ¿Quién menoscaba mis bienes?
Pálida está de amores Quisiera abrir mis venas bajo los
Para quién pide el viento de esta tarde durazneros
clemencia Se me va de los dedos la caricia sin
Partiendo de la luz, donde solía causa
Pastora, tus ojos bellos Señora doña Isabel
Pensar en ti es azul, como ir vagando Señores pasajeros buenas tardes
Perdido ando, señora, entre la gente Será el amor vencer tan sólo al cuerpo
Pero no utilices la palabra desprecio Servía en Orán al rey
Pocas cosas más claras me ha ofrecido Si alguna vez sufres —y lo harás—
la vida Si Dios, nuestro Salvador
Poco Si el cielo está sin luces
Por diez años su diáfana existencia fue Si mi pequeño corazón supiera
mía Si sólo fuera porque a todas horas
Por eso, Dios y Señor Si yo te odiara, mi odio te daría
Por la divina primavera Sin ternuras, que entre nosotros
Soledad sabe una copla

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DOSIER DE PRENSA

Solícito el silencio se desliza por la Y ahora vamos a hablar


mesa nocturna Y dejas, Pastor santo
Sólo tu figura Y es que el verdadero amor —nos
Tanta es, niña, mi ternura dicen—nunca jamás
Tarde tranquila, casi Y esto empezó hace mucho. Unimos
¿Te acuerdas?... El arroyo fue la nuestras manos
serpiente buena ¿Y qué es lo que quedó de aquel viejo
Te encuentro hoy especialmente verano
guapa Ya besando unas manos cristalinas
Te me mueres de casta y de sencilla Ya duermen en su tumba las pasiones
Tendida en la madrugada Ya nunca. Sobre un fondo de luz
Tengo estos huesos hechos a las inolvidable
penas Ya que el más alto amor es imposible
Toda en ella encantaba, todo en ella Yo creo exactamente
atraía Yo creo —ya lo he dicho— que la
Todo es nuevo quizá para nosotros muerte
Tony ojos azules campeón de los Yo parto de vos, doncella
juegos Yo quiero ser llorando el hortelano
Trae, Jarifa, trae tu mano Yo sé que existo
Tres cosas me tienen preso Yo soy como las gentes que a mi tierra
Tú fuiste, Cui-Ping-Sing, todo lo claro vinieron
Tú le diste esa ardiente simetría Yo soy el sexo de los condenados
Tú me abandonarás en primavera Yo soy un clown sentimental
Tú me miras, amor, al fi n me miras Yo soy un hombre sincero
Tú me ofreces la vida con tu muerte Yo te estaba esperando
Tú no oprimas mis manos Yo toda me entregué y di
Tú que hueles la ñor de la bella Yo vi unos bellos ojos que hirieron
palabra Yo voy soñando caminos
Tus ojos, bella Flora, soberanos Yoruba soy, lloro en yoruba
Umbrío por la pena, casi bruno Zagala donosa
Un gemido doliente entre la alheña Zagalas del valle
¡Un hijo, un hijo, un hijo! Yo quise un
hijo tuyo
Un mar como tus ojos. Tristemente
Una noche
Una orilla, una malla, unos cabellos
Una vez, érase que era
Unas palabras son inútiles y otras
Véante mis ojos
Ven, muerte, tan escondida
Vi tu cuerpo subir
Vientos del pueblo me llevan
Viudita habías de ser
Vivo sin vivir en mí

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DOSIER DE PRENSA

EL AUTOR

Luis María Anson es un caso excepcional de vocación


periodística. A los trece años publicaba sus primeros
artículos. A los quince dirigía la revista del Colegio del
Pilar. Cursó en Madrid la carrera de Periodismo, que
concluyó con el número uno de su promoción. A los
deicinueve años empezó a escribir en el diario ABC. A
los veinte era colaborador habitual de la célebre
tercera página de este diario, la tribuna entonces más
importante de España. Editorialista durante muchos
años, corresponsal en Hong-Kong, corresponsal de
guerra en Congo, Vietnam, Israel y Camboya, enviado
especial, Anson ha recorrido en trabajo profesional
más de cien países.

Fue director de Blanco y Negro en 1975. Sucedió a Manuel Aznar en el Consejo de


Dirección de La Vanguardia. Nombrado aquel año presidente de la Agencia Efe, la
situó en cuarto lugar entre las grandes agencias internacionales. Trabajó en la radio
y ha dirigido dos programas de televisión: Mirada al mundo y La Prensa en el debate,
por el que fue galardonado con el premio Ondas 1977. En 1979 fue elegido
presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid. En 1981, presidentes de Colegios
de Periodistas de veintidós naciones le eligieron presidente de la Federación
Iberoamericana de Asociaciones de Periodistas.

En 1982, fue nombrado director de ABC y, en 1997, presidente de Televisa Europa,


por lo que decidió dejar la dirección de ABC. En el verano de 1998 fundó La Razón. En
2008 fundó el diario electrónico El Imparcial, del que es presidente.

Profesor y subdirector de la Escuela de Periodismo, en 1996 fue elegido académico


de la Real Academia Española. Es doctor honoris causa por Universidades de México,
Lisboa y Madrid.

En 1991 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y


Humanidades. Anson es el único escritor que ha conseguido, entre más de cien
galardones literarios y periodísticos, los seis grandes premios del periodismo
español: el citado Príncipe de Asturias, el Mariano de Cavia, el Luca de Tena, el Víctor
de la Serna, el González Ruano y el Nacional de Periodismo. Es Premio Nacional de
Literatura por su obra El grito de Oriente.

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