Antología de poesías de amor en español
Antología de poesías de amor en español
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DOSIER DE PRENSA
EL LIBRO
El lector puede abrir este libro, de cuya edición original se llegaron a vender más de
[Link] ejemplares, por cualquier página, con la seguridad de que sentirá el aliento
más hondo de la escritura de los poetas, el mensaje infinito de quienes rindieron sus
letras al amor profundo, a la palabra absorta, al sentimiento insondable, a la carne
que se estremece, al devastado corazón, al alma que tiembla, a la cálida ceniza.
DATOS TÉCNICOS
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Garcilaso, San Juan, Lope, Quevedo, Bécquer, Rubén Darío, Juan Ramón,
Lorca, Aleixandre, Alberti, Neruda y Paz fueron los doce poetas que
seleccioné, con la adenda del anónimo «No me mueve mi Dios para
quererte», que no es de San Juan, pero merece serlo. Muchos lectores
habrían efectuado cambios en esta selección. Está claro, por ejemplo, que
Fray Luis o Góngora son, como poetas, superiores a Bécquer. También lo está
que el autor de las Rimas, como poeta de amor, deslumbra en el siglo XIX y
durante muchas generaciones, todavía hoy, sus versos continúan
emocionando a los jóvenes que los citan de memoria.
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En todo caso el esfuerzo ha valido la pena. Aquí está, para el recreo del buen
gusto literario, una Antología muy completa en la que se enredan las mejores
poesías de amor en lengua española. Los enamorados y enamoradas, los
maridos y mujeres, los amantes, los que esperan o viven o recuerdan el amor,
encontrarán en estas páginas la vibración más profunda que a lo largo de los
siglos ha suscitado este sentimiento en los poetas de lengua española. Por
eso, la Antología que ahora presentamos no es solo un libro. Es un tesoro
literario de belleza indeclinable, de emoción en ascuas vivas. El lector puede
abrirlo en cualquier página con la seguridad de que sentirá el aliento más
hondo de la escritura de los poetas, el mensaje infinito de quienes rindieron
sus letras al amor profundo, a la palabra absorta, al sentimiento insondable, a
la carne que se estremece, al devastado corazón, al alma que tiembla, a la
cálida ceniza.
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ÍNDICE DE AUTORES
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A esa luz más brillaron tus ojos Como entre el humo y poderosa llama
fugitivos ¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
A mis soledades voy ¿Cómo nació el amor? Fue ya en otoño
Adónde te escondiste Con casto corazón, con ojos
Ah vastedad de pinos, rumor de olas Con lilas llenas de agua
quebrándose Con un trozo de carbón
Aislada en su esplendor Cuando abre sus piernas Altair
Alta columna de latidos Cuando la mujer está
Amante, todo calla Cuántas veces, Señor, me habéis
Amar, amar, amar, amar siempre, con llamado
todo Cuerpo de mujer, blancas colinas,
Amiga, no te mueras muslos blancos
Amor de mis entrañas, viva muerte Cuerpo feliz que fluye entre mis
Amor, rosa encendida manos
Asomaba a sus ojos una lágrima De lo poco de vida que me resta
¡Ay, Floralba! Soñé que te... ¿Dirélo? De tanto caminar por los alcores
¡Ay voz secreta del amor oscuro! 106 De viajes y dolores yo regresé, amor
Bajo tu clara sombra mío
¡Canción del macho y de la hembra! Déjame sueltas las manos
¡Carne, celeste carne de la mujer! Del verdecido júbilo del cielo
Arcilla Desmayarse, atreverse, estar furioso
Cendal fl otante de leve bruma Desnuda soledad sin gesto ni palabra
Cerrar podrá mis ojos la postrera Despierta, sí, cerrada
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Oh, quién muriera por tu amor, Sobre tus pechos de corriente inmóvil
ardiendo Soñé que el brazo de rigor armado
Oh, soñar con tus siempre apetecidas Suelta mi manso, mayoral extraño
Oh tú, mi amor, la de subidos senos Te digo adiós, amor, y no estoy triste
¡Oh vida de mi vida, Cristo santo! Te gustó la ciudad que gota a gota
Ondea el oro en hebras proceloso Te recuerdo como eras en el último
Osar, temer, amar y aborrecerse otoño
Para que los leas con tus ojos grises Tendida y desgarrada
Para que tú me oigas Tendidos en la yerba
Perdonadme: he dormido Tengo miedo a perder la maravilla
Pero otro día toco tu mano. Mano Tengo que hablaros de ella
tibia Tienes ojos oscuros
Podrá nublarse el sol eternamente Tras arder siempre, nunca consumirse
Por una mirada, un mundo Tu aliento es el aliento de las flores
Porque son, niña, tus ojos Tú eras el huracán, y yo la alta
Puedo escribir los versos más tristes Tú me mirarás llorando
esta noche Tú nunca entenderás lo que te quiero
«¿Qué es poesía?», dices mientras Tu voz regó la duna de mi pecho
clavas Tú, en cambio, sí que podrías
«¿Qué hermoso, verde día quererme:
¿Que lloras? Lo comprendo Tú, mi vida, esta noche me has
Qué pura eres de sol o de noche caída borrado
¿Qué tengo yo, que mi amistad Tus ojos son la patria del relámpago y
procuras? de la lágrima
Quien miró y quien no vio Un cuerpo, un cuerpo solo, sólo un
¿Quiénes se amaron como nosotros? cuerpo
Busquemos Un pastorcico solo está penado
Quiero llorar mi pena y te lo digo Una mujer me ha envenenado el alma
¿Recuerdas que querías ser una Unas pocas palabras
Margarita Unos miran despacio
Rizas en ondas ricas del rey Midas Ven, muerte, tan escondida
Rubios, pulidos senos de Amaranta Verde que te quiero verde
Sabes tanto de mí, que yo mismo Verte desnuda es recordar la tierra
quisiera Vino, primero pura
Se equivocó la paloma Volverán las oscuras golondrinas
Se querían Voy por tu cuerpo como por el mundo
Sed de ti me acosa en las noches Y las sombras se abrieron otra vez y
hambrientas mostraron un cuerpo
Si de la muerte rigurosa y fi era 35 Si Y que yo me la llevé al río
de mi baja lira Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
Si yo, por ti, he creado un mundo para Yo me muero de amor —que no sabía
ti Yo no volveré. Y la noch
Sobre la falda tenía
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A ti, por quien moriría Aun por venir era la hora de yantar
Adonde tú por aire claro vas Aunque quizá todo esto es mentira
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor? Bella zagaleja
¡Ah, Señor! ¡Si tú existes! bendito sea el crupier que lanzó los
Ah, que tú escapes en el instante dados
Ahora, Cristo, bájame los párpados Besas como si fueses a comerme
Ahora estoy de nuevo desnudo Bueno es el mundo, ¡bueno!, ¡bueno!,
Ahora que voy tocando ya la cumbre ¡bueno!
Ahora que ya tus ojos son como sal, y Caminando en las honduras
fértil Canta, me dices. Y yo canto
Ajustada a la sola Cerqué, cercaste
Al fin de la batalla ¡Cima de la delicia!
Al hilo dignifica la hermosura Colinas plateadas
Al pasar de los años Como el oscuro pez del fondo
Al que ingrato me deja, busco Como en la muchedumbre de los
Al tramontar del sol la Ninfa mía besos
Albor. El horizonte Cómo llenarte, soledad
Algo tan sencillo como ponerse de Cómo podría aquí cuando la tarde baja
puntillas para alcanzar una manzana ¿Cómo pude dudar? ¿Cómo he podido
Alguna vez me angustia una certeza Cómo se abría el cuerpo del amor
Amado dueño mío herido
Amarrado a un duro banco Cómo te llamaré para que entiendas
Amor es más que la sabiduría Como el toro he nacido para el luto
Amor oscuro, claro, amor entero Con once heridas mortales
Amor que yo vi Con tan alto poderyo
Amor, amor, amor, la savia suelta Con tu verdad, con tu mentira a solas
Amor, con el poder terrible de una Conducida en su galera
rosa Corriendo van por la vega
Amor, ya cada día es más otoño Cuando contemplo el cielo
Anda libre en el surco, bate el ala en el Cuando de mí no quede sino un árbol
viento Cuando la tierra fría
Ángel de los pisos de soltero Cuando me han preguntado la causa
Anoche, cuando dormía de mi amor
Aprended, flores, de mí Cuando me veas deprimido, ansioso,
Aquel amor que publica malhumorado
Aquel pájaro que vuela por primera Cuando mi corazón empezó a nadar
vez en el caudaloso río de la alegría de las
Aquí está ya el amor más limpias herraduras de agua
Árbol de olvido, tú Cuando nace un hombre
Arder en viva llama, helarme luego Cuando Preciosa el panderete toca
Así es mi vida
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Cuando te veo ahora en tus mejores ¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo
años mío?
Cuerpo de la mujer, río de oro En su oscuro principio
Cuerpo de piedra, cuerpo triste En un viejo país ineficiente
Dama de gran perfección Enclavado en un madero
De sus hermosos ojos dulcemente Enhiesto surtidor de sombra y sueño
De verdes varios, tallada Entonces arrojaba
Del regio firmamento emulemos los Entra en la playa de oro el mar y llena
astros Entre los geranios rosas
Desconozco los ciclos que remueven Era éste tu cuerpo, el cual yo viendo
tu sangre Era la edad lisonjera
Desde mi vieja orilla, desde la fe que Eres, al fin, el nombre de todos los
siento deseos
Deshojar un recuerdo se convierte Es amor fuerza tan fuerte
Desnuda en una queça Es el amor. Tendré que ocultarme o
Después de Ámbito ofrece Vicente huir
libros sumos: Es la mujer un mar todo fortuna
Después de tantos días sin camino y Es la negra cabeza negra pena
sin casa ¿Es tu hija, verdad? La he conocido
Después de todo, todo ha sido nada Escribidme una carta, señor cura
Dicen que me case yo Escribo la palabra libertad
Dientes de flores, cofia de rocío Escucha
Digo: comience el sendero a serpear Ese amor que cada mañana canta
Dios me llega en la voz y en el acento Esquiva como la noche
Diré cómo nacisteis, placeres Ese cuerpo labrado como plata
prohibidos Esta iluminación de la materia
Donde habite el olvido Esta mañana
Dos cuerpos que se acercan y crecen Esta noche en que el corazón me
Duermes como la noche duerme hincha la boca duramente
Dulce vecino de la verde selva Estar enamorado, amigos, es
El amor no es ciencia ni promesa encontrar el nombre justo de la vida
El bello mundo me produce asco Estas que fueron pompa y alegría
El bien irreparable que me hizo tu Este arte sombrío no se ajusta a la vida
belleza Este cuerpo labrado como plata
El ciervo viene herido Esto es cierto: total. Muertos ya,
El desconocido cuerpo y alma
El oír el oler, el tañer, el gustar ¿Estoy despierto? Dime. Tú que sabes
El pensamiento melancólico Estoy en esa edad en la que un
En el descenso oscuro hombre quiere
En el fondo, las risas de mis hijos Extraño ser y extraño amor, tuyo y
En esta cama donde el sueño es llanto mío
En esta frente, Dios, en esta frente Fatiga tanto andar sobre la arena
En lúgubres cipreses Fonte frida, Fonte frida
En París está doña Alda Fortalecido estoy contra tu pecho
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Monstruo de oro, trazo oscuro Por qué se secará tan lenta la ropa por
Musa, tú que conoces qué persisten
Muy graciosa es la doncella por qué travis qué hay de esa oscura
Nada te turbe pregunta
Nadie escuche mi voz y triste acento Porque de llorar
No aurora fue. Ni llanto, ni un instante Por tu pie, la blancura más bailable
No cesará este rayo que me habita Por un sevillano rufo a lo valón
No digas nunca: Ya está aquí el amor Preguntó la muchacha al forastero
No es vino exactamente lo que tú y yo Presa soy de vos solo, y por vos muero
apuramos Puliré mi belleza con los garfi os del
No fueron tus divinos ojos, Ana viento
No me digas Pura, encendida rosa
No quiero más que estar sobre tu Quando la rosa seca
cuerpo Qué cielos estarán viendo, madre
No sé. Sólo me llega, en el venero Qué descansada vida
No tardes, Muerte, que muero ¡Qué espalda tan airosa!
No te tardes que me muero Qué estará haciendo esta hora mi
Nos junta el resplandor en esta andina y dulce Rita
hoguera ¿Qué guardarías en una cajita?
Ocurre a veces Qué importa qué ligera
Ocurre que el olvido antes de serlo Que por mayo era mayo
Oh blancura. ¿Quién puso en nuestras Qué sutil gracia
vidas Qui triste tiene su corazón
¡Oh, esa niña! . Quien de linda se enamora
Oh quién fuese la hortelana Quien dice que la ausencia causa
Oh tú, casa deshabitada olvido
Ojos claros, serenos Quién hubiera tal ventura
Ojos, herido me habéis ¿Quién menoscaba mis bienes?
Pálida está de amores Quisiera abrir mis venas bajo los
Para quién pide el viento de esta tarde durazneros
clemencia Se me va de los dedos la caricia sin
Partiendo de la luz, donde solía causa
Pastora, tus ojos bellos Señora doña Isabel
Pensar en ti es azul, como ir vagando Señores pasajeros buenas tardes
Perdido ando, señora, entre la gente Será el amor vencer tan sólo al cuerpo
Pero no utilices la palabra desprecio Servía en Orán al rey
Pocas cosas más claras me ha ofrecido Si alguna vez sufres —y lo harás—
la vida Si Dios, nuestro Salvador
Poco Si el cielo está sin luces
Por diez años su diáfana existencia fue Si mi pequeño corazón supiera
mía Si sólo fuera porque a todas horas
Por eso, Dios y Señor Si yo te odiara, mi odio te daría
Por la divina primavera Sin ternuras, que entre nosotros
Soledad sabe una copla
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