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Misa Crismal 2023 EV

Este documento presenta la homilía de una misa crismal en la que se renuevan las promesas sacerdotales. Se destaca que todos los sacerdotes de la diócesis renovarán sus promesas ante el obispo y el pueblo cristiano. También se realizarán ritos para instituir nuevos acólitos, lectores y diáconos. La homilía exhorta a recibir la renovación del Espíritu Santo.
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Misa Crismal 2023 EV

Este documento presenta la homilía de una misa crismal en la que se renuevan las promesas sacerdotales. Se destaca que todos los sacerdotes de la diócesis renovarán sus promesas ante el obispo y el pueblo cristiano. También se realizarán ritos para instituir nuevos acólitos, lectores y diáconos. La homilía exhorta a recibir la renovación del Espíritu Santo.
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MONICIÓN DE ENTRADA

El Monitor, dice:
Queridos hermanos, nos hemos congregado en esta Santa Iglesia
Concatedral, para celebrar la solemne Misa Crismal; la Eucaristía que nos
une a todos los bautizados miembros de esta diócesis en torno a nuestro
Pastor, Su Excelencia Monseñor Juan de Dios Peña Rojas.

Hoy todo el presbiterio de la Diócesis de El Vigía – San Carlos del Zulia en


presencia del señor obispo y del pueblo cristiano, renovarán las promesas
realizadas el día de su ordenación sacerdotal, como signo de su continua y
necesaria renovación espiritual, para seguir trabajado junto a su pueblo, en
la edificación del Reino de Dios.

Asimismo, aunado a esta Ceremonia Litúrgica tan especial para nuestra


tierra surlaguense, nuestro hermano seminarista Jorge Luis Rodríguez
Ramírez será instituido como acólito, al servicio del altar. Además, seremos
testigos de la colación al Ministerio del Lectorado de los hermanos José
Eliodoro Rojas Plaza y Wilfredo Joseph Rodríguez Molina, al servicio de la
mesa de la Palabra. De igual manera, nos regocijamos en el Señor de la
Vocación por nuestro hermano Carlos Alberto Tren Márquez, que recibe la
Admisión a las Sagradas órdenes del Diaconado y Presbiterado, pidiendo a
Dios que el Espíritu Santo sea el que guíe su caminar día a día, en medio de
la formación a la vida sacerdotal.

Renovemos nuestra fe, en la presencia del Espíritu del Señor en medio de


su asamblea, y dispongámonos a recibir una nueva efusión de sus dones,
recibamos con júbilo a nuestro pastor.
RITOS INICIALES

Empieza la procesión desde la casa cural, con el ritual de costumbre: la cruz procesional y
ciriales, el Diácono o sacerdote que porta el libro de los Evangelios, monaguillos, seminaristas,
el clero de la diócesis, los sacerdotes que portan las ánforas con el aceite de oliva, el Obispo,
maestro de ceremonia y los porta insignias.
Las ánforas son puestas en una mesa preparada en medio de la nave central y permanecen allí
hasta el momento de su consagración.
Cuando llega al presbiterio, el obispo con los ministros hace la debida reverencia, besa el altar
y lo inciensa. Después se dirige con los ministros a la Cátedra o sede principal.

Terminado el canto de entrada, el obispo y los fieles, de pie, se santiguan, mientras el obispo
dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El pueblo responde:
Amén.

SALUDO
El obispo, extendiendo las manos, saluda al pueblo con la siguiente fórmula:
La gracia y la paz de parte de Dios Padre
y de Cristo Jesús, nuestro Salvador,
que nos invita a ser perfectos y a vivir en el amor,
estén con todos ustedes.

El pueblo responde:
Y con tu Espíritu.

ACTO PENITENCIAL
A continuación, se hace el acto penitencial que incluye: una invitación, una pausa en silencio y
una formulación de arrepentimiento.
El obispo invita a los fieles al arrepentimiento:
El Señor Jesús,
que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía,
nos llama ahora a la conversión.
reconozcamos, pues, que somos pecadores
e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
Se hace una breve pausa en silencio.
Después, hacen todos en común la confesión de sus pecados:
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios,
nuestro Señor.

El obispo concluye con la siguiente plegaria:


Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:
Amén.

A continuación, el coro entona el Señor ten piedad, al cual todos acompañan cantando.
Si se ha usado la primera o segunda fórmula del acto penitencial, siguen las invocaciones Señor,
ten piedad.

V. Señor, ten piedad R. Señor, ten piedad.


V. Cristo, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.
V. Señor, ten piedad. R. Cristo, ten piedad.

Inmediatamente se canta el Gloria, el obispo introduce el Himno diciendo:


“Gloria a Dios en el cielo”,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria
te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros,
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre.
Amén.

ORACIÓN COLECTA
Acabado el Gloria, el obispo con las manos juntas canta:
OREMOS
Y todos, junto con el obispo, oran en silencio durante unos momentos.

D
Después, el obispo, con las manos extendidas, dice:
ios y Padre nuestro, que ungiste a tu Unigénito con el Espíritu Santo,
y lo constituiste Cristo y Señor,
concede a quienes participamos ya de su consagración
que seamos en el mundo testigos de su obra redentora.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

El pueblo responde:
Amen.
LITURGIA DE LA PALABRA
MONICIÓN DE LA PRIMERA LECTURA
El Monitor, dice:
En la primera lectura, el profeta se dirige al pueblo de Dios anunciando un año de
gracia del Señor, un año conducido por el Espíritu y que trae la liberación integral
a todos los hombres, en especial a los pobres, los afligidos, los presos, los tristes...
como expresión de la gratuidad y el amor de Dios por ellos. Escuchemos con
atención.

PRIMERA LECTURA (Is 61, 1-3a. 6a. 8b-9).


Ustedes se llamarán: “Sacerdotes del Señor”.

LECTURA DEL LIBRO DEL PROFETA ISAÍAS.


El lector, prosigue:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los que sufren, para vendar los
corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los
prisioneros la libertad; para proclamar el año de gracia del Señor, el día del
desquite de nuestro Dios; para consolar a los afligidos, los afligidos de Sión; para
cambiar su ceniza en corona, su traje de luto en perfume de fiesta, su abatimiento
en cánticos.
Ustedes se llamarán: “Sacerdotes del Señor”, dirán de ustedes: “Ministros de
nuestro Dios”. Les daré su salario fielmente y haré con ellos un pacto perpetuo. Su
estirpe será célebre entre las naciones, y sus vástagos entre los pueblos. Los que
los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor.

El lector concluye cantando.


Palabra de Dios.

El coro y la asamblea responden cantando.


Te alabamos Señor.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 88)


“… lo he ungido con óleo sagrado”

Seguidamente el salmista entona el salmo desde el ambón.


R. CANTARÉ ETERNAMENTE LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR.
El salmista invita al pueblo a invocar la antífona

L. Encontré a David mi siervo


y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso. /R
L. Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre crecerá su poder.
El me invocará:
“Tú eres mi Padre, mi Dios,
mi Roca salvadora.” /R

L. Señor, feliz el pueblo que te alaba


y que a tu luz camina,
que en tu nombre se alegre a todas horas
y al que llena de orgullo tu justicia. /R

MONICIÓN DE LA SEGUNDA LECTURA


El Monitor, dice:
El libro del Apocalipsis exalta a Jesucristo Nuestro Señor, como el Testigo Fiel,
Principio y Fin de la historia, que por su muerte y resurrección nos ha liberado
de una vez y para siempre del pecado, convirtiéndonos en un reino de sacerdotes
para nuestro Dios.

SEGUNDA LECTURA (Apoc 1, 5-8).


“A aquel que nos amó, nos ha librado de nuestros pecados”

LECTURA DEL LIBRO DEL APOCALIPSIS DEL APÓSTOL SAN JUAN.


El lector, prosigue:
Hermanos míos: Gracia y paz a ustedes de parte de Jesucristo, el Testigo fiel, el
Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra.
A aquel que nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha
convertido en un reino, y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A Él la gloria y el
poder por los siglos de los siglos. Amén.
Miren: El viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron.
Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa. Sí. Amén.
Dice Dios: Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el
Todopoderoso.

El lector concluye cantando.


Palabra de Dios.

El coro y la asamblea responden cantando.


Te alabamos Señor.
MONICIÓN AL EVANGELIO
El Monitor, dice:
San Lucas nos relata la presencia del Espíritu Santo al inicio de la predicación de
Jesús, llevando así a la plenitud, las promesas de Dios. Dispongamos nuestro
corazón para acoger la Buena Nueva del Señor.
Sigue el canto antes del evangelio. Mientras tanto, el obispo, pone incienso en el incensario.

Después el diácono (o el con-celebrante que ha de proclamar el evangelio), inclinado ante el


obispo, pide la bendición, diciendo en voz baja:
Padre, dame tu bendición.
El obispo en voz baja, dice:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios,
para que anuncies dignamente su Evangelio;
en el nombre del Padre y del Hijo †
y del Espíritu Santo.
El diácono responde:
Amén.

EVANGELIO (Lc 4, 16 - 21)


“El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido”

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS.


El pueblo responde:
Gloria a ti Señor.
Prosigue el ministro:

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la


sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la
lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje
en que estaba escrito:
“El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los
pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a
los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del
Señor”.
Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los
asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó hablar, diciendo:
“Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que ustedes acaban de
oír”.

El lector concluye cantando.


Palabra del Señor.

El coro y la asamblea responden cantando.


Gloria a ti, Señor Jesús.
Después de ser leído el evangelio, el diacono lleva el Libro de los Evangelios al obispo, éste besa
el evangeliario, diciendo en secreto:
Las palabras del Santo Evangelio borren nuestros pecados.
Si lo juzga oportuno bendice al pueblo con el Evangeliario, enseguida se lo devuelve al diácono
o el ministro, éste lo lleva a un lugar adecuado fuera del altar.

RITO DE PRESENTACIÓN DE LOS CANDIDATOS

Leído el Evangelio el Obispo se sienta en la sede y se pone la mitra. Un diácono o un presbítero


delegado para el caso, llama a los candidatos, diciendo:
Acérquese el que va a ser admitido a las Sagradas Órdenes del Diaconado y
del Presbiterado:
CARLOS ALBERTO TREN MÁRQUEZ, de la Parroquia Cristo Rey de Santa
Elena de Arenales.

El candidatos responde: Presente.

Leído el Evangelio el Obispo se sienta en la sede y se pone la mitra. Un diácono o un presbítero


delegado para el caso, llama a los candidatos, diciendo:
Acérquense los que van a ser instituidos en el Ministerio del Lectorado.
JOSÉ ELIODORO ROJAS PLAZA, de la Parroquia Santísimo Sacramento de
Tucaní.

WILFREDO JOSEPH RODRÍGUEZ MOLINA, de la Parroquia Concatedral San


Carlos Borromeo de San Carlos del Zulia.

Los candidatos responden individualmente: Presente.

Leído el Evangelio el Obispo se sienta en la sede y se pone la mitra. Un diácono o un presbítero


delegado para el caso, llama a los candidatos, diciendo:
Acérquese el que va a ser instituido en el Ministerio del Acolitado.
JORGE LUIS RODRÍGUEZ RAMÍREZ, de la Parroquia Santísimo Sacramento
de Tucaní.

El candidatos responde: Presente.

El sacerdote presentante:
Reverendísimo Padre, estos hijos de la Santa Madre Iglesia, hoy se acercan
libremente para pedir los respectivos ministerios.

El obispo lo acepta con las siguientes palabras:


Con el auxilio de Dios y de Jesucristo nuestro Salvador, en nombre del Romano
Pontífice, los aceptamos y en señal de contento los recibimos con un aplauso.
MONICIÓN A LA HOMILIA
El Monitor, dice:
A continuación, nos disponemos a escuchar atentamente la homilía del Sr.
Obispo. Nos podemos sentar.
Prosigue la Homilía del obispo; basándose en los textos que se leyeron en la Liturgia de la
Palabra, habla al pueblo y a sus presbiterios a conservar la fidelidad en su ministerio e
invitándolos a renovar públicamente sus promesas sacerdotales.

ADMISIÓN A LAS SAGRADAS ÓRDENES


MONITOR:
La Admisión a las Sagradas Ordenes del Diaconado y Presbiterado, es un rito que se
realiza con la finalidad de manifestar públicamente el propósito y deseo, de aquellos
hombres, que se preparan para el ejercicio del sacerdocio ministerial, siendo reconocidos
por la Santa Madre Iglesia en la persona del obispo, entre los candidatos a las Sagradas
Órdenes.
Impulsado por el amor a Cristo y sintiéndose fortalecido por la acción íntima del Espíritu
Santo, este hermano miembro de nuestra comunidad de bautizados, manifiesta
públicamente, su deseo de consagrarse al servicio de Dios y de los hombres.
El examen, es el momento dentro del Rito de la Admisión, en el que el aspirante hace
pública su intención de querer seguir a Jesús en la preparación al Orden del diaconado y
presbiterado, de tal manera, que todos seamos testigos de su renuncia al mundo y su “Sí”
al Señor.

El obispo se dirige a los aspirantes, con estas u otras palabras:


Querido hijo, los pastores y maestros a quienes se encomendó la tarea de tu
formación y todos aquellos que te conocen han dado de ti buen testimonio; yo,
por mi parte, confío plenamente en este su parecer.
Por tanto, te pregunto:

¿Estás dispuesto, pues, a responder a la llamada del Señor, llevando a término tu


preparación de tal forma que llegues a ser apto de recibir, cuando llegue el día, la
ordenación sagrada y ejercer así el ministerio en la Iglesia?

El aspirante, responden:
Sí, estoy dispuesto.

Prosigue el obispo:
¿Estás dispuesto a seguir formando tu espíritu de tal forma que puedas servir
fielmente a Cristo el Señor, y a su cuerpo, que es la Iglesia?

El aspirante, responden:
Sí, estoy dispuesto.
El obispo añade:
La Iglesia recibe con gozo esta tu decisión y Dios que comenzó esta obra buena, él
mismo la lleve a término.

El aspirante, responde:
Amén.

IMPOSICIÓN DE LA SOTANA Y ROQUETE

MONITOR:
A continuación, el aspirante a las Sagradas Órdenes del Diaconado y
Presbiterado, se revestirá con la vestimenta litúrgica propia del Seminarista. En
las celebraciones litúrgicas juega un papel significativo el atuendo, que sirve para
distinguir la diversidad de ministerios. El padre del aspirante lleva en sus manos
la sotana y ayuda a revestir a su hijo.
La sotana: se llama así a la vestidura talar (hasta los talones) de color negro,
significa purificación, es decir, “Ir muriendo al mundo”, quien porta la sotana
muestra ante quienes lo ven que ha decidido libremente renunciar a todo aquello
que le es ocasión de pecado para servir con libertad a Cristo y a su Iglesia.

El aspirante sube al altar con sus padres. La madre lleva el roquete y se lo entrega al obispo,
quien se lo impone. Le da el abrazo en señal de aceptación.

MONITOR:
El roquete, palabra que proviene del latín medieval “recchetum”, a su vez
diminutivo de “roccus”, significa “hábito”. El roquete es como un alba que llega
hasta las rodillas. El roquete simboliza la pureza, alegría y servicio litúrgico.
Simboliza la muestra de la opción por la vocación al sacerdocio ministerial, y del
despojo de todo aquello que pudiera impedir continuar satisfactoriamente con el
proceso formativo.
La sotana y el roquete, no son sólo un signo externo; son un verdadero
compromiso que exige la decisión voluntaria de comprometerse con el Señor, que
es el que llama, y con la comunidad, que exige sinceridad y transparencia de vida.

Al terminar la imposición del roquete, si el tiempo lo permite se realiza un canto.


Luego, el obispo concluye la siguiente oración sobre el admitido:
Escucha, Señor, nuestra plegaria, y dígnate bendecir + a este hijo tuyo que
desea entregarse a ti para el servicio de tu pueblo; para que persevere en su
vocación y, unido con amor sincero a Cristo sacerdote, en el tiempo oportuno
llegue a ser apto para recibir dignamente el ministerio pastoral. Por Jesucristo
nuestro Señor.

Todos responden:
Amén.
El aspirante al ministrio del Lectorado subre sube al altar.

MINISTERIO DEL LECTORADO


MONITOR:
El Ministerio del Lectorado se instituyó en la Iglesia para la proclamación de la palabra
de Dios en las reuniones litúrgicas. El lector, en efecto, en la Misa y en otras acciones
sagradas, enunciará las lecturas tomadas de la Sagrada Escritura (a excepción del
Evangelio que está reservado para el diácono, el sacerdote o el Obispo). Si falta el salmista,
recitará el salmo entre las lecturas; cuando en el momento no haya diácono o cantor
publicará las intenciones de la oración universal.

Unámonos en oración, como iglesia diocesana, junto a nuestro obispo, por estos hermanos
nuestros.

Todos se levantan. El Obispo, sin mitra, invita a los fieles a que oren, diciendo:
Pidamos, queridos hermanos, a Dios Padre
que bendiga a estos siervos suyos,
destinados al oficio de lectores
para que, cumpliendo fielmente el ministerio que se les confía,
proclamen a Jesucristo ante los hombres,
y den así gloria al Padre que está en el cielo.
Y todos oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.

Después del Obispo prosigue:


Oh Dios, fuente de toda luz y origen de toda bondad,
que nos enviaste a tu Hijo único, Palabra de vida,
para que revelara a los hombres
el misterio escondido de tu amor;
bendice + a estos queridos hijos,
elegidos para el ministerio de lectores;
concédeles que, al meditar asiduamente tu palabra,
se sientan penetrados y transformados por ella
y sepan anunciarla, con toda fidelidad, a sus hermanos.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos responden:
Amén.
Cada candidato se acerca al Obispo, que le entrega el libro de la Sagrada Escritura, diciendo:
Recibe el libro de la Sagrada Escritura
y transmite fielmente la Palabra de Dios,
para que sea cada día más viva y eficaz
en el corazón de los hombres.

El Lector responde:
Amén.
Mientras tanto, sobre todo si son muchos los candidatos, puede cantarse el Salmo u otro canto
apropiado.

MINISTERIO DEL ACOLITADO


MONICIÓN
Con el fin de dar a Dios el culto debido y prestar un servicio adecuado al pueblo de Dios,
la Iglesia estableció desde tiempos remotísimos el Ministerio del Acolitado. Es propio de
este ministerio el servicio del altar, ayudar al diácono y al sacerdote en las acciones
litúrgicas, especialmente en la celebración de la Misa.
Además de ello, ayudará a distribuir la sagrada comunión como ministro extraordinario,
según las condiciones establecidas para ello.
En oración, nos unimos al rito de institución de este hermano nuestro.

El Obispo, sin mitra, invita a los fieles a que oren, diciendo:


Pidamos, queridos hermanos, al Señor
que se digne bendecir a este hijo suyo,
que él mismo ha elegido para el ministerio de acólitos,
y que le dé su fuerza
para que se mantenga con fidelidad
en el servicio de la Iglesia.
Y todos oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.

Después el Obispo prosigue:


Padre misericordioso,
que por medio de tu Hijo único
has dado a la Iglesia el pan de vida,
bendice + a este hermano nuestro,
elegido para el ministerio de acólitos;
que tu gracia, Señor,
lo haga asiduo en el servicio del altar,
para que distribuyendo con fidelidad
el pan de vida a sus hermanos,
y creciendo siempre en la fe y en la caridad,
contribuya a la edificación de tu Iglesia.
Por Jesucristo nuestro Señor
/R. Amén.
IMPOSICIÓN DEL ALBA

MONICIÓN
El Alba es el vestido litúrgico que lo acompañará desde ahora y que llevará en
cada celebración litúrgica. Se utilizará sobre todo para el servicio del altar.

BENDICIÓN DEL ALBA


Señor nuestro Jesucristo,
que para llevar a cabo la obra de nuestra redención,
tomaste la naturaleza humana y te revestiste de nuestra misma carne,
bendice † esta alba que este hijo tuyo desea recibir
como señal de su compromiso sacerdotal,
y en respuesta al llamado personal que tú le haces.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos responden:
Amén.

Sus padres le ayudan a revestir.

ENTREGA DEL CÁLIZ

Seguidamente, el candidato se acerca al Obispo, que le entrega el cáliz con vino, diciendo:
Recibe este cáliz lleno de vino
para la celebración de la Eucaristía,
y vive de tal forma
que seas digno de servir
la mesa del Señor y de la Iglesia.

El Acolito responde:
Amén.
RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS SACERDOTALES
MONICIÓN DE LAS PROMESAS SACERDOTALES

El Monitor, dice:
A continuación, el clero del Diócesis de El Vigía San Carlos del Zulia, delante del
Sr. Obispo, Padre y Pastor, y de toda la iglesia diocesana aquí presente, renovarán
las promesas que realizaron el día de su ordenación sacerdotal, unámonos en
oración por todos nuestros sacerdotes.

El Sr. obispo, sentado, se dirige a los presbíteros, con estas palabras:


Amados hijos:
Al celebrar hoy la conmemoración anual del día en que Cristo, nuestro Señor;
comunicó a los Apóstoles y a nosotros, ¿quieren ustedes renovar las promesas que
hicieron el día de su ordenación, ante su obispo y ante el pueblo santo de Dios?

Los presbíteros responden todos al mismo tiempo:


Sí, quiero.

El obispo prosigue:
¿Quieren unirse más íntimamente a nuestro Señor Jesucristo,
modelo de nuestro sacerdocio,
renunciando a sí mismos
y reafirmando los compromisos sagrados
que, impulsados por amor a Cristo
y para servicio de la Iglesia,
hicieron ustedes con alegría
el día de su ordenación sacerdotal?

Los presbíteros responden todos al mismo tiempo:


Sí, quiero.

El obispo:
¿Quieren ser fieles dispensadores de los misterios de Dios,
por medio de la sagrada Eucaristía
y de las demás acciones litúrgicas,
y cumplir fielmente con el sagrado oficio de enseñar,
a ejemplo de Cristo, Cabeza y Pastor,
no movidos por el deseo de los bienes terrenos,
sino impulsados solamente por el bien de los hermanos?

Los presbíteros responden todos al mismo tiempo:


Sí, quiero.
Enseguida el obispo sin mitra, dirigiéndose al pueblo, prosigue con las siguientes peticiones:
Y ustedes, queridos hijos, oren por sus sacerdotes;
que el Señor derrame abundantemente
sobre ellos sus dones celestiales,
para que sean fieles ministros de Cristo, Sumo Sacerdote,
y los conduzca a ustedes hacia él,
que es la fuente única de salvación.

El coro junto al pueblo responden cantado:


Cristo, óyenos; Cristo, escúchanos.

El obispo continúa:
Oren también por mí,
para que sea fiel al ministerio apostólico,
encomendado a mis débiles fuerzas,
y que sea una imagen viva y cada vez más perfecta
de Cristo Sacerdote, buen Pastor,
Maestro y servidor de todos.

El coro junto al pueblo responden cantado:


Cristo, óyenos; Cristo, escúchanos.

El obispo:
El Señor nos conserve a todos en su amor
y nos lleve a todos, pastores y ovejas, a la vida eterna.

El coro junto al pueblo responden cantado:


Amen.

(No se dice el Credo. Se omite la Oración Universal)

LITURGIA DE LA BENDICIÓN DE LOS ÓLEOS


MONICIÓN DE BENDICIÓN

El Monitor, dice:
A continuación, se procede a la presentación del aceite de oliva y de los aromas
para la consagración del Crisma, la unción con el óleo ha estado presente a lo
largo de toda la historia de la salvación, en este momento presenciaremos este
acto solemne de bendición.

Después de la renovación de las promesas sacerdotales, los sacerdotes designados para llevar
los óleos, se dirigen al lugar donde fueron puestas al principio de la celebración, las ánforas con
el aceite de oliva.
En la procesión que se hace desde ese lugar al altar, irán en este orden: precede el diacono que
lleva el vaso con aromas; sigue el presbítero con el óleo de los catecúmenos, luego va otro con el
recipiente del óleo de los enfermos; después de estos, el presbítero, que lleva el óleo para el
Santo Crisma.

Al avanzar la procesión por la iglesia, la schola canta el himno O Redemptor u otro canto
apropiado, respondiendo toda la asamblea.

O REDÉMPTOR

O Redémptor, sume carmen


temet concinéntium.
Arbor feta alma luce
hoc sacrándum próotulit,
fert hoc prona praesens turba
Salvatóri saéculi.
Consecráre tu dignáre,
Rex perénnis patriae,
hoc olívum sígnum vivum
iura contra daémonum.
Ut novétur sexus omnis
unctione chrísmatis;
ut sanétur sauciáta
dignitatis glória.
Lota mente sacro fonte
aufugántur crímina,
uncta fronte sacrosáncta
influunt charísmata.
Corde natus ex Paréntis,
alvum implens Vírginis,
praesta lucem, claude mortem
chrísmatis consórtibus.
Sit haec dies festa nobis
saeculórum saéculis,
sit sacráta digna laude
nc senéscat témpore.

Cuando la procesión llega al altar, el obispo recibe el aceite. El presbítero que lleva el recipiente
para el Sagrado Crisma lo presente al obispo y dice cantando:
OLEO PARA EL SANTO CRISMA.
El obispo lo recibe y lo entrega a uno de los diáconos que le asisten, quien lo lleva a la mesa
preparada para este efecto. De la misma manera proceden quienes llevan las ánforas con el óleo
para los enfermos y con el óleo para los catecúmenos. El Primero dice: ÓLEO DE LOS
ENFERMOS y el segundo dice: ÓLEO DE LOS CATECÚMENOS.
MONICIÓN DEL ÓLEO DE LOS ENFERMOS
El Monitor, dice:
Presentamos al Señor, el aceite que pronto será el Óleo de los enfermos, el cual
será bendecido, y por el cual los sacerdotes, en el Sacramento de la Unción,
ungirán a los hermanos que padecen enfermedades y peligros de muerte, para
fortalecerlos en la fe y devolverles la salud si el Señor así lo quiere.
Es recomendable que en el espacio de silencio, se toque el órgano.

Los delegados para presentar el Óleo, dicen cantado:


ÓLEO DE LOS ENFERMOS
El coro y la asamblea responden cantado:
Demos gracias a Dios.

BENDICIÓN DEL ÓLEO DE LOS ENFERMOS

Estando todo dispuesto, el obispo, de pie, y de cara al pueblo, con las manos extendidas, dice la
siguiente oración:
Dios nuestro, Padre de todo consuelo,
que, por medio de tu Hijo
quisiste curar las dolencias de los enfermos,
atiende benignamente la oración que brota de nuestra fe
y envía desde el cielo tu Santo Espíritu Consolador
sobre este aceite fecundo,
que quisiste que un árbol vigoroso ofreciera
para alivio de nuestro cuerpo;
de manera que, por tu santa bendición, †
se convierta, para todo el que sea ungido con él,
en protección del cuerpo, del alma y del espíritu,
para quitar todo dolor; toda debilidad
y toda enfermedad.
Que sea para nosotros óleo santo,
bendecido por ti, Padre,
en el nombre de Jesucristo, Señor nuestro.
El que vive y reina por los siglos de los siglos.

Todos responden:
Amen.

MONICIÓN DEL ÓLEO DE LOS CATECÚMENOS


El Monitor, dice:
Presentamos al Señor, el aceite que pronto será el óleo de los catecúmenos, el cual
será bendecido y que es utilizado para complementar el bautizo de los hermanos
que se convierte y deciden libremente seguir a Jesucristo en la Iglesia.
Es recomendable que en el espacio de silencio, se toque el órgano.
Los delegados para presentar el Óleo, dicen cantado:
ÓLEO DE LOS CATECÚMENOS
El coro y la asamblea responden cantado:
Demos gracias a Dios.
Es recomendable que en el espacio de silencio, se toque el órgano hasta que el Oleo este frente
al obispo.

BENDICIÓN DEL ÓLEO DE LOS CATECÚMENOS

Terminada la bendición del óleo de los enfermos, el obispo bendice el óleo de los catecúmenos
con la siguiente oración:
Dios nuestro, fuerza y protección de tu pueblo,
que hiciste del aceite un signo de fortaleza,
dígnate a bendecir este óleo, †
y fortalece a los catecúmenos que con él serán ungidos,
para que, al recibir la fuerza y la sabiduría de Dios,
comprendan más profundamente el Evangelio de Cristo,
afronten animosamente las exigencias de la vida cristiana
y, hechos dignos de renacer y vivir en tu iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos responden:
Amen.

MONICIÓN DEL ÓLEO PARA EL SANTO CRISMA


El Monitor, dice:
Presentamos al Señor, el aceite que pronto será el Sagrado Crisma, el cual será
consagrado y con el cual se ungirá a los recién bautizados, los confirmados serán
ungidos con él, significando claramente el efecto del don del Espíritu Santo, se
ungirán también, las manos de los presbíteros y, además, se ungirán los templos y
los altares en su dedicación.
Es recomendable que en el espacio de silencio, se toque el órgano.

Los delegados para presentar el Óleo, dicen cantado:


ÓLEO PARA EL SANTO CRISMA.
El coro y la asamblea responden cantado:
Demos gracias a Dios.

Es recomendable que en el espacio de silencio, se toque el órgano hasta que el Oleo este frente
al obispo.

Al llegar el Óleo para el Santo Crisma frente al obispo, inmediatamente se le la monición de los
perfumes.
MONICIÓN PARA LOS PERFUMES
El Monitor, dice:
Presentamos al Señor también los perfumes que serán agregados al Santo Crisma
y que tienen la Misión de significar el Dulce Aroma de Cristo en los hermanos y
templos que serán consagrados por la Unción de este Sagrado Crisma.

CONSAGRACIÓN DEL CRISMA

Enseguida el obispo, en silencio, derrama perfume en el óleo y elabora el Crisma. Terminado


esto, el obispo exhorta al pueblo, a orar diciendo:
Hermanos muy queridos: pidamos a Dios Padre todopoderoso, que bendiga y
santifique este Crisma para que cuantos sean ungidos externamente con él,
también reciban esta unción interiormente y los haga dignos de la divina
redención.

Entonces el obispo, si lo considera conveniente, sopla sobre el ánfora del Crisma y, con las

D
manos extendidas, pronuncia la oración Consecratoria.

ios nuestro,
autor de todo crecimiento y progreso espiritual
acepta complacido el homenaje de acción de gracias
que, por nuestra voz, te presenta, gozosa, la Iglesia.
Pues, al principio del mundo, tú hiciste brotar de la tierra
árboles que dieran fruto
y que, de entre ellos, surgiera el olivo,
cuyo suavísimo aceite habría de servir para el santo Crisma.

Ya David, presintiendo con espíritu profético


los sacramentos de tu gracia,
anunció que nuestros rostros habrían de quedar ungidos
con aceite en señal de alegría;
y cuando, en tiempos pasados,
fueron purificados los pecados del mundo por el diluvio,
con una rama de olivo, signo de la gracia futura,
la paloma mostró que había vuelto la paz a la tierra.
Lo cual está significado en el tiempo presente
cuando, ya borradas las culpas de todos los delitos
por las aguas bautismales,
la unción con este aceite
llena nuestros rostros de alegría y de paz.
También mandaste a Moisés, tu servidor,
que a su hermano Aarón, una vez purificado con agua,
lo consagrara sacerdote, ungiéndolo con este aceite.
A todo lo cual se le añadió un honor más alto
cuando tu Hijo, Jesucristo, Señor nuestro,
le exigió a Juan que lo bautizara
en las aguas del Jordán.
Porque entonces, al enviar sobre él
el Espíritu Santo en forma de paloma,
y con el testimonio de tu voz,
declaraste tener, en tu Unigénito, toda tu complacencia.
Y así pusiste de manifiesto que en él se cumplía
lo que David había profetizado
al cantar en el salmo que tu Hijo sería ungido
con el óleo de la alegría, entre todos sus compañeros.
Todos los concelebrantes, en silencio, extienden la mano derecha hacia el Crisma, y la
mantienen así hasta el final de la oración.

MONICIÓN
El Monitor, dice:
Ahora los sacerdotes extienden su mano derecha hacia el Crisma.
Prosigue el obispo en compañía de los concelebrantes.

TE SUPLICAMOS, SEÑOR,
QUE SANTIFIQUES CON TU BENDICIÓN † ESTE ÓLEO FECUNDO
Y QUE INFUNDAS EN ÉL LA FUERZA DE TU ESPÍRITU SANTO,
JUNTO CON EL PODER DE CRISTO,
DE QUIEN EL SANTO CRISMA TOMA SU NOMBRE
Y CON EL CUAL UNGISTE A TUS SACERDOTES Y REYES,
A TUS PROFETAS Y MÁRTIRES.

Haz que este Crisma


sea sacramento de vida y perfecta salvación
en favor de quienes nacerán espiritualmente
del agua bautismal,
a fin de que, santificados por esta unción,
y borrada la mancha original,
se hagan templo de tu gloria
y exhalen la fragancia de una vida agradable a ti,
para que así, conforme a la eficacia de tu sacramento,
habiéndoles concedido la dignidad real, sacerdotal y profética,
sean revestidos con el don incorruptible.

Que de esta manera sea Crisma de salvación


para aquellos que hayan renacido
del agua y del Espíritu Santo,
y lo haga participes de la vida eterna
y herederos de la gloria celestial.
Por Jesucristo, nuestro señor.

Todos responden:
Amen.

LITURGIA EUCARÍSTICA
MONICIÓN PRESENTACIÓN DE DONES
El Monitor, dice:
Algunos seminaristas y laicos comprometidos, presentan los dones de pan y vino,
que luego serán el Cuerpo y Sangre de Cristo. Junto a ellos presentemos al Señor
nuestra vida como Iglesia local, que en este día ora por sus presbíteros.
Presentamos también las angustias y esperanzas de todos los hombres nuestros
hermanos.
Acompañamos este momento con un canto.

OFERTORIO

Terminada la bendición de los óleos, éstos son trasladados a la sacristía para ser distribuidos en
las ánforas de cada comunidad parroquial; los fieles designados para ello llevan el pan, el vino
y el agua para la celebración de la Eucaristía.
El Diacono prepara el altar el obispo se acerca al altar, toma la patena con el pan y
manteniéndola un poco elevada sobre el altar dice en secreto:
Bendito seas Señor, Dios del universo, por este pan fruto de la tierra y del
trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te lo
presentamos: ellos serán para nosotros pan y bebida de Salvación.

Deja caer sobre el corporal la patena mientras el pueblo responde:


Bendito seas por siempre Señor.

El Sacerdote, echa vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto:


El agua unida al vino sea signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha
querido compartir nuestra condición humana.
Después el obispo toma el cáliz y manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice en secreto:
Bendito seas Señor, Dios del Universo por este vino, fruto de la vid y del trabajo del
hombre que recibimos de tu generosidad ya ahora te lo presentamos; él será para
nosotros bebida de Salvación.

Después deja caer sobre el corporal el cáliz con el vino mientras el pueblo responde:
Bendito seas por siempre Señor.

Continuación el obispo inclinado la cabeza dice en secreto:


Acepta Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, que sea hoy nuestro
sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios Nuestro.

El obispo, Inciensa las ofrendas y el altar, A continuación, el diacono lo inciensa igual que a los
con-celebrantes al pueblo mientras tanto el obispo se lava las manos diciendo en secreto:
Lava del todo mi delito Señor, limpia mi pecado.

Después de pie en el centro del altar y de cara hacia el pueblo, el obispo con las manos
extendidas dice:
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia,
oremos a Dios Padre todopoderoso.

Pueblo Responde:
El Señor reciba de tus manos
este sacrificio de alabanza y gloria
para nuestro bien
y el de toda su santa iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

T
Luego el obispo, con las manos extendidas dice la oración sobre las ofrendas:
e rogamos, Señor,
que la eficacia de este sacrificio
lave nuestras antiguas culpas,
y nos haga crecer en novedad de vida
y en plenitud de salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
El pueblo responde:
Amen.
PREFACIO
El sacerdocio de Cristo y el ministerio de los sacerdotes.

V. El Señor esté con ustedes. R. Y con tu espíritu.


V. Levantemos el corazón. R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R. Es justo y necesario.

E
n verdad es justo y necesario,
nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Ya que, por la unción del Espíritu Santo,
constituiste a tu Unigénito
Pontífice de la alianza nueva y eterna,
y, en tu designio salvífico,
has querido que su sacerdocio único
se perpetuará en la Iglesia.
En efecto, Cristo no sólo confiere
la dignidad del sacerdocio real
a todo su pueblo santo,
sino que, con especial predilección,
elige a algunos de entre los hermanos,
y mediante la imposición de las manos,
los hace participes de su ministerio de salvación,
a fin de que renueven en su nombre,
el sacrifico redentor,
preparen para tus hijos el banquete pascual,
fomenten la caridad en tu pueblo santo,
lo alimenten con la Palabra,
lo fortifiquen con los sacramentos,
y, consagrado en su vida a ti
y a la salvación de sus hermanos,
se esfuercen por reproducir en sí mismos la imagen de Cristo
y te den un constante testimonio
de fidelidad y de amor.
Por eso, Señor, con todos los ángeles y los santos,
te alabamos, cantamos llenos de alegría:

Santo, Santo, Santo es el Señor,


Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

PLEGARIA EUCARÍSTICA I
CANON ROMANO
El obispo, con las manos extendidas, dice:
CP Padre misericordioso,
te pedimos humildemente por Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor,
Junta las manos y dice:
que aceptes y bendigas
Traza, una sola vez, el signo de la cruz sobre el pan y el vino conjuntamente, diciendo:
estos + dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
Con las manos extendidas, prosigue:
ante todo, por tu Iglesia santa y católica,
para que le concedas la paz, la protejas,
la congregues en la unidad
y la gobiernes en el mundo entero,
con tu servidor el Papa Francisco,
conmigo indigno siervo tuyo,
y todos lo demás Obispos
que, fieles a la verdad,
promueven la fe católica y apostólica.

CONMEMORACIÓN DE LOS VIVOS


C1 Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N:
y de todos los aquí reunidos;
cuya fe y entregas bien conoces;
por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados
y la salvación que esperan,
te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,
este sacrificio de alabanza,
a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

CONMEMORACIÓN DE LOS SANTOS


C2 Reunidos en comunión con toda la Iglesia,
veneramos la memoria, ante todo,
de la gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;
la de su esposo, san José;
la de los santos Apóstoles y mártires
Pedro y Pablo,
Andrés, Santiago y Juan,
[Tomás, Santiago, Felipe,
Bartolomé, Mateo,
Simón y Tadeo;
Lino, Cleto, Clemente,
Sixto, Cornelio, Cipriano,
Lorenzo, Crisógono,
Juan y Pablo,
Cosme y Damián]
y la de todos los santos;
por sus méritos y oraciones
concédenos en toda tu protección.

Con las manos extendidas, prosigue:


CP Acepta, Señor, en tu bondad,
esta ofrenda de tus siervos
y de toda tu familia santa;
ordena en tu paz nuestros días,
líbranos de la condenación eterna
y cuéntanos entre tus elegidos.
Junta las manos.
Por Cristo, nuestro Señor.

El pueblo responde:
Amén.

Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:


CC Bendice y santifica esta ofrenda,
Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti:
que se convierta para nosotros
en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado,
Jesucristo, Nuestro Señor.
Junta las manos.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo
requiere la naturaleza de las mismas palabras.
El cual, la víspera de su Pasión,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos,
Eleva los ojos,
y, elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso,
dando gracias te bendijo,
lo partió,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.
“TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.”
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo
genuflexión.

Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó este cáliz glorioso
en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo,
y lo dio a sus discípulos, diciendo

Se inclina un poco.
“TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.”
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Después dice:
CP Éste es el Misterio de la fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
Después el obispo, con las manos extendidas, dice:
CC Por eso, Padre,
nosotros, tus siervos,
y todo tu pueblo santo,
al celebrar este memorial
de la muerte gloriosa de Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor,
de su santa resurrección del lugar de los muertos
y de su admirable ascensión a los cielos,
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado,
el sacrificio puro, inmaculado y santo:
pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.
Y prosigue:
Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala,
como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.
Inclinado, con las manos juntas, prosigue:
Te pedimos humildemente,
Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel,
para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
al participar aquí de este altar,
Se endereza y se signa, diciendo:
seamos colmados de gracia y bendición.

CONMEMORACIÓN DE LOS DIFUNTOS


C3 Acuérdate también, Señor, de tus hijos N. y N.,
Puede decir el nombre de los difuntos por quien se quiere orar.
que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.
Después, con las manos extendidas, prosigue:
A ellos, Señor,
y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.
Junta las manos.

Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo:


C4 Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
Con las manos extendidas prosigue:
que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea de los santos Apóstoles y mártires
Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé,
[Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro,
Felicidad y Perpetua,
Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,]
y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos,
sino conforme a tu bondad.
Junta las manos y prosigue.
Por Cristo, Señor nuestro.
Y continúa:
CP Por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas,
los llenas de vida,
los bendices
y los repartes entre nosotros.

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva y dice:


CC Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:
Amén.

Después sigue el rito de comunión.


RITO DE LA COMUNIÓN
Una vez dejado el cáliz y la patena, el obispo, con las manos juntas, dice:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones
con el Espíritu Santo que se nos ha dado;
digamos con fe y esperanza:

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:


Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

El obispo, con las manos extendidas, prosigue él solo:


Líbranos de todos los males, Padre,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos.

El pueblo concluye la oración, aclamando:


Tuyo es el reino,
tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el obispo, con las manos extendidas, dice en voz alta:


Señor Jesucristo,
que dijiste a tus apóstoles:
"La paz les dejo, mi paz les doy",
no tengas en cuenta nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.

El obispo, extendiendo y juntando las manos, añade:


La paz del Señor esté siempre con ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.

Luego, el diácono o en su defecto el mismo obispo añade:


En Cristo que nos ha hecho hermanos con su cruz,
dense la paz como signo de reconciliación.
Y todos, según la costumbre del lugar, se dan la paz.

Después, el obispo, toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena, y deja caer una parte del
mismo en el cáliz, diciendo en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
unidos en este cáliz,
sean para nosotros
alimento de vida eterna.

Mientras tanto se canta:


Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
danos la paz.

A continuación, el obispo, con las manos juntas, dice en secreto la siguiente oración:
Señor Jesucristo, que la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre
no sea para mí un motivo de juicio y condenación,
sino que, por tu piedad,
me aproveche para defensa de alma y cuerpo
y como remedio saludable.

El obispo hace genuflexión., toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la
patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade:


Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
El obispo dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.

Después toma el cáliz y dice en secreto:


La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna.
Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.

Cuando el obispo comulga el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.

El diácono y los ministros que distribuyen la Eucaristía observan los mismos ritos. Si se
comulga bajo las dos especies, se observa el rito descrito en su lugar. Cuando el sacerdote
comulga el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.

Acabada la comunión, el diácono, el acólito, o el mismo sacerdote, purifica la patena sobre el


cáliz y también el mismo cáliz, a no ser que se prefiera purificarlo en la credencia después de la
misa. Si el sacerdote hace la purificación, dice en secreto:
Haz, Señor,
que recibamos con un corazón limpio
el alimento que acabamos de tomar,
y que el don que nos haces en esta vida
nos sirva para la eterna.

Después el obispo puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos
de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Luego, de pie en la Cátedra, el obispo dice:


Oremos
Y todos, junto con el obispo oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio
ya se haya hecho antes.

T
e pedimos Señor, Dios todopoderoso,
que, alimentados por tus sacramentos,
merezcamos convertirnos en buen olor de Cristo.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
Todos responden:
Amen.
BENDICIÓN SOLEMNE
V/. El Dios, Padre de misericordia, que en la pasión de su Hijo os ha dado ejemplo
de amor, os conceda, por vuestra entrega a Dios y a los hombres, la mejor de sus
bendiciones.
R/. Amén.

V/. Y que gracias a la muerte temporal de Cristo, que alejó de vosotros la muerte
eterna, obtengáis el don de una vida sin fin.
R/.Amén.

V/. Y así, imitando su ejemplo de humildad, participéis un día en su resurrección


gloriosa.
R/. Amén.

V/. Y la bendición de Dios todopoderoso,


Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
R/. Amén.

Luego el diácono, o el mismo obispo, con las manos juntas, despide al pueblo con una de las
fórmulas siguientes:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.

El pueblo responde:
Demos gracias a Dios.

Seguidamente, el monitor invita al pueblo de Dios a venerar a María Inmaculada Concepción.

MONICIÓN PARA EL CANTO DE LA SALVE REGINA


El Monitor, dice:
Como Iglesia diocesana, poniendo nuestra mirada hacia la imagen de María del
Perpetuo Socorro, Patrona de nuestra diócesis, imploramos su protección,
cantando al unísono la Salve Regina.

El obispo en compañía del clero y todos los presentes, miramos con fervor la imagen de María
Inmaculada. El coro entona la Salve Regina.

El obispo junto con los demás con-celebrantes, besan con veneración el altar, como al
comienzo, y hecha la debida reverencia se retiran a la sacristía, mientras se entona el canto de
despedida.

Se procede entonces a realizar la entrega de la ofrenda “Campaña Compartir” y distribuir los


Santos Oleos entre las comunidades parroquiales asistentes.

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