ACSP02. Clase2
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Además, trataremos de dar cuenta de algunos de los debates y discusiones que tienen los y las
especialistas que se dedican a investigar el proceso de conquista y colonización y analizar
críticamente los modos en que tradicionalmente se enseña este contenido en la escuela.
Por otra parte, en esta clase comenzaremos a abordar cómo se conformó el orden colonial.
Exploraremos diversas dimensiones a partir de las cuales se estructuró el dominio colonizador.
distinguiendo diferentes etapas o momentos del período colonial. De esta manera, contribuiremos a
pensar la existencia de periodizaciones internas y algunas categorías o conceptos para abordar la
temporalidad.
Sin embargo, el alcance de este simbolismo va más allá de las Américas y de los
descendientes de quienes fueron más directamente afectados. La llegada de Colón a
América simboliza una reconfiguración histórica de dimensión mundial. La fusión de
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las historias de los nativos americanos y de los europeos en una sola historia marcó
el comienzo del fin de estadios aislados del drama humano. Los parámetros
continentales y subcontinentales de la lucha y las acciones humanas, de los logros y
fracasos, se extendieron a un escenario de poder y confirmación mundial. […]
Asimismo, el año 1492 simboliza los albores de un ascenso mundial sin parangón de
la civilización europea, sus inventos científicos, su poder y su influencia cultural no
alcanzaban a eclipsar a los de las civilizaciones que habían desarrollado sus propias
‘edades de oro’ en Asia, África, el Medio Oriente y las Américas. La civilización y el
poder humanos tenían dimensiones continentales o subcontinentales, la vida en alta
mar se desarrollaba en estrecha relación con las masas de tierra, Occidente no era
necesariamente superior o dominante. Después de 1492, la civilización europea
comenzó su escalada hacia un dominio único desde el punto de vista
intercontinental e incluso mundial y emprendió la transición hacia el capitalismo,
cuyas transformaciones y vínculos económicos cruzaron varios océanos y
continentes”.
Stern, S. (1992). “Paradigmas de la conquista: Historia, historiografía y política”. En Boletín del
Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. E. Ravignani”. Tercera Serie. Núm. 6, pp. 7-8.
Para preguntarse
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A propósito de la conmemoración del Día del respeto a la diversidad cultural
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Primario: [Link]
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primeros contactos entre europeos y americanos. Los otros dos nombres paradigmáticos de la
conquista española son los de Hernán Cortés y Francisco Pizarro, porque se trató de los jefes de las
expediciones que lograron imponer la autoridad europea sobre los dos grandes Estados indígenas
que existían al momento de su llegada. Cortés entró en contacto con los aztecas de Mesoamérica en
1519 y Pizarro con los incas de la región andina en América del Sur en 1532. Además, numerosas
regiones de América habitadas por una pluralidad enorme de comunidades indígenas tuvieron sus
primeros contactos con colonizadores europeos en distintos lugares y momentos. Es decir que la
conquista y colonización de América por parte de España fue un proceso que se desplegó a lo
largo de un tiempo muy amplio y no se trató de un acontecimiento concretado de una sola vez en
1492.
La noción de proceso
Las explicaciones que historiadores/as han generado para entender la conquista española de
América son variadas. Sin embargo, hay un elemento que subyace al conjunto de los intentos que se
han realizado por interpretarla. Hay un aspecto que han resaltado muchos/as investigadores/as
cuando se formularon la siguiente pregunta: ¿de qué modo los expedicionarios que partieron en
algunos barcos (no se trató de una gran flota en ninguno de los viajes iniciales) y pertrechados con
algunos armamentos (no se trató de un ejército profesional en ninguno de los primeros viajes)
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lograron, tras un viaje de miles de kilómetros, internarse en un territorio que ignoraban y doblegar,
en algunos casos, a sociedades muy complejas o Estados muy poderosos? Ese aspecto o elemento
que está presente en muchas explicaciones es la idea de una superioridad cultural. En efecto, un
enorme número de textos de historia explicativos de la conquista expresan de forma explícita y
abierta, o solapada y sutil, que los españoles lograron conquistar y colonizar gran parte del
continente americano debido a la portación de alguna forma de superioridad sobre los indígenas
americanos.
Algunos/as historiadores/as realizaron una operación intelectual por la cual tomaron distancia de
las crónicas de los protagonistas, evitando las adjetivaciones y procurando realizar una lectura
desapasionada de la conquista. Sin embargo, en el momento de explicar las causas de la imposición
del dominio español, recurrieron a argumentos organizados en torno a alguna forma de
superioridad cultural. Así fue que se planteó el predominio en el terreno militar (superioridad de los
armamentos, capacidad estratégica y táctica para los enfrentamientos), algún atributo de la
personalidad de los protagonistas (mayor audacia de los europeos, mayor capacidad de interpretar
signos que ofrecieran pistas sobre las debilidades del otro) y/o, fundamentalmente, la diferencia del
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legado de un proceso civilizatorio que se remontaba a la antigüedad clásica occidental que se
impuso sobre integrantes de culturas ágrafas y “menos desarrolladas”.
En las últimas décadas, sobre todo en vísperas de la conmemoración en 1992 del V centenario del
primer viaje de Colón, desde algunos centros académicos se le dio impulso a una visión que intentó
relativizar y matizar la violencia y el sometimiento político, militar, económico, cultural y social que
inauguró la conquista española en el continente americano. Esa perspectiva se sintetizó en la
acuñación del término “encuentro” para hacer referencia a la invasión. Es decir, desde este punto
de vista, en 1492 no se habría producido el inicio de la conquista y la colonización sino el “primer
encuentro entre culturas diversas”.
Existen, también, explicaciones que han enfatizado o resaltado otros elementos y factores como los
determinantes. Concretamente se trata del reconocimiento de que, en el momento en que se
produjo la invasión liderada por Cortés en México y la que encabezó Pizarro en Perú, ambos
Estados, el inca y el azteca, estaban atravesando períodos difíciles caracterizados por profundos
conflictos internos. En efecto, en su trayecto desde la costa atlántica hasta la ciudad de
Tenochtitlán, Cortés pudo capitalizar el apoyo de numerosas comunidades sometidas al poder de
los mexicas/aztecas que contribuyeron a facilitar el camino de los conquistadores hacia el centro
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político del Estado indígena. Por su parte, la entrada de Pizarro en el territorio del Tawantinsuyu
coincidió con un momento de enfrentamientos internos entre aspirantes a la sucesión del fallecido
líder Huayna Cápac. Se trató, entonces, de un contexto de vulnerabilidad del Estado incaico
originado por una crisis sucesoria que impedía la generación de una resistencia firme a los invasores
españoles. La consideración de estos factores relativiza el argumento de la superioridad “natural” o
“esencial” de los europeos sobre los americanos. En cambio, se señala que ciertas contingencias
coadyuvaron al desenlace del sometimiento y la colonización.
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nosotros para definir el proceso en el que se inscribe el acontecimiento de aquel
encuentro.
Es importante estar prevenidos frente a las lecturas que buscan en los datos del
pasado una confirmación de lo que sabemos que terminó ocurriendo y derivando
en el presente. Por otra parte, es importante señalar que en los primeros años de la
conquista de los grandes Estados indígenas existieron acontecimientos y situaciones
que hicieron zozobrar la pretensión española de asentar un dominio duradero. En
efecto, luego de su entrada en Tenochtitlán, Cortés y sus seguidores afrontaron la
denominada “Noche triste” (el término con el que pasó a la posteridad aquel
acontecimiento está consustanciado con la perspectiva de los conquistadores) en la
que los integrantes de la sociedad mexica/azteca intervinieron en defensa de sus
tierras y recursos contra los conquistadores. Por su parte, tras la prisión de
Atahualpa, Pizarro y los conquistadores del Perú vieron peligrar sus pretensiones
colonialistas cuando Manco Inca organizó hombres y recursos en la fundación de un
Estado neoinca al norte del Cuzco. Es decir que, durante el desenvolvimiento del
proceso de conquista, sus protagonistas no tenían certezas acerca del desenlace
que nosotros sí conocemos.
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conformación de valores, símbolos y modos de representación de los fenómenos sociales y
naturales. Además, todos los habitantes de las colonias estuvieron sometidos al régimen de
monopolio comercial que implicaba un rígido control de los puertos, rutas y mercados
autorizados para los intercambios.
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Es importante considerar que los procesos históricos, las épocas del pasado, las
culturas, los modos de ser, estar y vincularse que tienen los y las integrantes de las
sociedades carecen de características inmutables que las definan porque se van
haciendo y transformando en el devenir del tiempo. Por otra parte, además, las
explicaciones de esos procesos, épocas, culturas y modos de ser, estar y vincularse
también son dinámicas y atraviesan cambios. El conocimiento que tenemos
disponible actualmente sobre el dominio español de los pueblos indígenas es
mucho más amplio que hace unas décadas atrás y sigue generando controversias
entre los y las especialistas.
La conquista “privada”
Como advertimos anteriormente, la Corona firmó una serie de acuerdos con el navegante Cristóbal
Colón, acuerdos que recibieron el nombre de Capitulaciones. Se trataba de un contrato entre un
Estado o reino y un individuo particular por el cual se establecían y distribuían funciones, roles,
prerrogativas, responsabilidades y beneficios. Acuerdos similares firmaron los conquistadores
Hernán Cortés y Francisco Pizarro y muchos otros expedicionarios y navegantes que ofrecían sus
servicios a la corte para ampliar las exploraciones y los dominios coloniales.
Desde la perspectiva de los integrantes de la corte, estos acuerdos fueron muy provechosos en las
primeras décadas del dominio sobre el continente americano debido a que les permitían delegar los
riesgos de las empresas exploradoras en individuos privados que actuaban “en su nombre”. Aunque
los contratos obligaban a los reyes a ceder beneficios económicos y políticos a los expedicionarios,
siempre incluían especificaciones sobre el patrocinio que la Corona hacía de los viajes y, por
consiguiente, sobre la jurisdicción soberana que tendría sobre los territorios descubiertos. La mayor
parte de los acuerdos que empezaron a firmarse a partir del siglo XVI recibieron el nombre de
contratos de encomienda.
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La encomienda era un contrato entre tres partes (Corona, conquistador e
indígenas), pero firmados solamente por las dos primeras. La Corona y un particular
—que se convertiría en encomendero— acordaban una distribución de roles,
funciones y potestades.
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algunos de ellos a desobedecer el poder formal de la corte y erigirse en portadores de soberanía
privada sobre los territorios americanos que controlaban.
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convicciones religiosas y la sensibilidad frente a los tratos recibidos por los indios
intervino con crónicas, relatos y fundamentaciones del modo en que debía
enderezarse el rumbo de la presencia española en América. Es decir: Las Casas no
cuestionaba la validez ni el derecho castellano y eclesiástico a asentarse en el
“nuevo” continente y “tutelar” a sus habitantes originarios, pero sí se enfrentó a
quienes consideraban que podía explotarse a los indígenas como si se tratara de
“bestias inhumanas”. A partir de su intervención se originó un profundo debate
teórico, jurídico y filosófico sobre la encomienda y la legalidad de la colonización. Su
principal adversario fue el clérigo Juan Ginés de Sepúlveda, quien consentía y
defendía el papel que estaban ejerciendo los encomenderos como agentes
“civilizadores” y legítimos representantes de la Corona. Los argumentos de Las Casas
fueron uno de los elementos que incidieron en la definición y el inicio de una nueva
etapa en la colonización española de América que dejaría de estar marcada por la
lógica de la conquista privada para pasar a estar organizada en torno a las
instituciones de un Estado colonial.
Algunas conclusiones
En esta clase comenzamos reflexionando sobre el significado y las causas de la conquista y
colonización de América. Vimos, por un lado, que para comprender el proceso de la conquista de
América es necesario ampliar la escala temporal y espacial. Es decir, la comprensión de las causas se
puede realizar en la medida en que se miren alternativamente los procesos políticos, económicos y
culturales que se venían desplegando en Europa, así como aquellos que estaban atravesando las
sociedades americanas en un período que excede en muchos años al primer viaje de Colón tanto
hacia atrás como hacia adelante.
Por otra parte, si bien existe un consenso generalizado en torno a la trascendencia de este proceso
histórico pudimos apreciar, a lo largo de esta clase, que existen diversas perspectivas y posiciones
en relación con su explicación y caracterización. La legitimación de las acciones impulsadas por la
Corona española comenzó en el mismo momento en que se producían los acontecimientos políticos
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y militares. El discurso religioso avalado por la propia sede romana de la iglesia cristiana cumplió un
papel esencial construyendo sentidos en torno a la idea de una superioridad natural de la cultura
europea en relación con los indígenas americanos. Sin embargo, en el terreno de la historiografía
también se han desplegado interpretaciones basadas en argumentos que le daban sustento y
respaldo a la idea de un “grado más alto de desarrollo civilizatorio” de los colonizadores expresado
de diversas maneras. Sobre la base de ese señalamiento varios/as historiadores/as, sin justificar
abiertamente el sometimiento, intentan entender las razones de la conquista presentando algunos
hechos como inevitables. Otras perspectivas, en cambio, intentaron abordar el proceso atendiendo
a las contingencias y sin dar por sentada la existencia de supuestos atributos de la cultura europea
que explicaran por sí mismos la conquista.
Sumado a esto, en esta clase pudimos reflexionar respecto de que el período colonial que se inició
con el primer viaje de Colón en 1492, y que se extendió por mucho tiempo, no fue uniforme,
inmutable o estático. Por el contrario: a lo largo de los siglos que duró la presencia dominadora de
España en América se produjeron cambios, transformaciones y movimientos en los modos y las
estrategias de poder. En la próxima clase continuaremos analizando qué transformaciones se
desarrollaron en el orden colonial luego de esta primera etapa de conquista “privada” y las
consecuencias políticas, económicas y sociales que estas transformaciones acarrearon en el espacio
americano.
Actividades
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en Europa, las características de los primeros contactos, las razones de la
conquista. Su recorrido y lectura les permitirá imaginar y comprender el
contexto de la conquista y enriquecer las ideas para abordar la enseñanza de
estos temas en la escuela.
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documento. Al mismo tiempo, la lectura de documentos o fuentes primarias
contribuye a la construcción de una conciencia histórica capaz de identificar algunas
diferencias fundamentales entre los modos de expresarse, los valores y las ideas que
circulan en diferentes épocas. Las fuentes primarias que se presentan en esta clase
están relacionadas con esos propósitos.
Material de lectura
● Kogan, N. (2016). Dossier de fuentes y recursos para la comprensión de la Conquista de
América. Especialización en Enseñanza de las Ciencias sociales en la escuela primaria.
Buenos Aires: Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.
Bibliografía de referencia
● Barnadas, J. M. (1990). “La Iglesia en la Hispanoamérica colonial”. En Leslie Bethell. Historia
de América Latina. Barcelona, Cambridge University Press-Editorial Crítica, HAL, tomo 2, pp.
185-207.
● Elliott, J. H. (1990). “La conquista española y las colonias de América”. En Leslie Bethell (ed.).
Historia de América Latina. Barcelona, Cambridge University Press-Editorial Crítica, Tomo 1,
pp.125-169.
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● Stern, S. (1992). “Paradigmas de la conquista: Historia, historiografía y política”. En Boletín
del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. E. Ravignani”. Tercera Serie. Núm. 6, pp.
7-8.
● Todorov, T. (1992). La conquista de América. El problema del otro. México, Siglo XXI. Cap. 2:
“Conquistar”, pp. 59-136.
Créditos
Autor: Nicolás Kogan. Reelaboración: Daniela Neil.
Área de Ciencias Sociales, INFD (2022). Clase Nro. 2: La conquista de América: diversas perspectivas y
explicaciones. La conformación de un orden colonial (parte 1). La enseñanza de la historia de los pueblos
originarios, la conquista y la resistencia. Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Nación.
Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0
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