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Antología Poética Montessori: Versos Creativos

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ANTOLOGÍA POÉTICA

MONTESSORI

El Pájaro Revolucionario

Ordena el cerdo granjero:


“ ¡ Fusilen a todo pájaro ¡ “.
Y suelta por los trigales
su policía de gatos.

Al poco rato le traen


un pajarillo aterrado,
que aún tiene dentro del pico,
un grano que no ha tragado.

“¡ Vas a morir, por ratero ¡”.


“¡ Si soy un pájaro honrado,
de profesión carpintero,
que vivo de mi trabajo ¡ “.

“ ¿ Y por qué robas mi trigo ¿”.


“¡ Lo cobro por mi salario,
que Vd. se negó pagarme,
y aún me debe muchos granos ¡,
y lo mismo está debiendo,
a los sapos hortelanos,
a mi compadre el hornero,
y al minero escarabajo,
a las abejas obreras,
y a todos los que ha estafado.

¡ Vd. hizo su riqueza,


robando a los proletarios ¡ “.
“ ¡ Qué peligro ¡, ¡ Un socialista ¡.
¡ A fusilarlo en el acto ¡”.
“ Preparen, apunten..., ¡ fuego ¡”.
“ ¡Demonios, si hasta los pájaros
en la América Latina,
se hacen revolucionarios ¡”.

1
Ronda de Paz

Contra la muerte y la guerra,


blancas rondas de escolares
envuelven como collares
el globo azul de la tierra.

Son los chiquillos felices


que ignoran las distinciones
de razas y religiones
de credos y de países.

Desprecian el fanatismo
de los hombres inhumanos
que matan a sus hermanos
en nombre del patriotismo.
Un coro de corazones
empapa todos los vientos
de risas y de canciones
de luces y sentimientos.
Y con un amor profundo,
los niños universales
en cadenas musicales
unen los pueblos del mundo.

2
Tengo una sed infinita

Mocita, cuando me miras,


te juro que yo quisiera
beberme de un solo sorbo
tus ojitos de uva negra.

¡Ay! mi gentil gitanilla,


bella y dulce, blanda y buena;
Derrámate al alma mía
como una lluvia de estrellas

Tengo una sed infinita


de niñas verdes y frescas,
quiero un río de ternuras
para anegar mi tristeza
Gitanilla, la mas linda
de las mozas tarijeñas,
voy a tomarte un trago
en esta tarde morena
Por que me han dicho que tu eres
aquella copa soberbia,
donde el Señor ha vertido
toda el alma de esta tierra.

Y he de llevarte a mis labios,


vaso azul de mi bohemia
para morir embriagado
por la dulzura suprema.

3
Viaje al Pasado
A Doña Carmen Alfaro, mi madre

Desde adentro, desde adentro,


desde el fondo de un abismo,
viene corriendo a mi encuentro
un niño que soy yo mismo.
Iluminando el olvido,
con este niño en los brazos,
yo voy haciendo pedazos
los años que ya he vivido.

En el fondo del pasado,


hallo mi casa materna
donde esta mi madre eterna
frente a un Dios crucificado.

Junto al molino coplero


lleno de antiguas fragancias,
sigue jugando mi infancia
con la hija del molinero.

En los vientos pastoriles


desgranan su florilegio,
de canciones infantiles
las campanas del colegio

Y, perforando los años,


desde el abismo profundo
salgo de nuevo a este mundo
lleno de niños extraños.

4
EL CANTOR DE LA RAZA NEGRA

La orquesta sinfónica de pájaros ofrecía su concierto de todas las tardes en el


teatro redondo del cielo, que estaba repleto de luces.
Un pájaro rojo con el copete erizado y con trazas de director, dio la señal
convenida y todos los ejecutantes rompieron a tocar sus instrumentos.
Aquel hermoso teatro por hermosas fuentes y jardines al natura. Nada de lo
pintado artificialmente podía igualar la belleza de aquellos paisajes vivos.
- Necesito un solista par el segundo acto- dijo el pájaro maestro, cuando la última
melodía se perdió en el atardecer.
- Quiero una voz jamás oída y digan de recordarse por todas las generaciones de
pájaros músicos. - Aquí estoy yo! Dijo el canario y comenzó a trinar con toda la
armonía de que era capaz. Pero el maestro lo interrumpió:
- ya se sabe que tu cantas bien pero eres demasiado conocido y yo preciso
alguien nuevo.
- Pues entonces yo sere el solista – dijo el jilquero y lanzó al aire sus gorgeos
mágicos pero el maestro también lo interrumpió:
- Tu eres tan conocido como el canario.
- Yo cantaré - dijo el ruiseñor – Mi voz y mi figura se han lucido el los palacios de
la China de Egipto y del Japón, como lo prueban las historias que sobre mi se han
escrito. Mi linaje de artistas se pierde en la tradición y en los siglos...
- Y por lo mismo no me sirves, porque eres más conocido que nadie
- Entonces canto yo – dijo el tordo – pero su estampa y color hicieron reír a todos
los pájaros.
- Que pretensiones , las de este negro insolente...! dijo el canario.
- Como es posible que tú salvaje, ignorante pretendas rivalizar con nosotros que
somos los príncipes del arte? – le dijo el ruiseñor.
- De donde saliste tú? Que antecedentes ilustres tienes? Quien te conoce en la
sociedad de los artistas? – dijo el jilguero.
- Este pájaro viene de los bosques – explico el maestro – Su linaje es tan oscuro
como sus plumas. Pero un artista no vale por lo que fueron sus antepasados, sino
por lo que es el mismo. De manera que dejémoslo cantar.
- Y por primera vez en la historia, se oyó el canto del tordo. El maestro lo
escuchaba con los ojos cerrados. Cuando terminó de cantar, lo abrazó con las
alas y le dijo emocionado:
- Tú serás el solista Tienes la voz más armoniosa que he conocido...! Eres un
digno cantor de la raza negra.
- Y desde aquella tarde el tordo inicio triunfalmente su carrera artística y llegó a ser
famoso en el mundo entero.

5
TRES MONOS AULLADORES

Tres monos aulladores


Tres monos aulladores
compiten en la selva,
a ver cuál de ellos
aúlla con más fuerza.

Ganará la copa
el mono aullador,
que grite más fuerte
con potente voz.

El mono más grande


se estira orgulloso
y no le sale voz
porque está nervioso.

Presume el mediano
de buen aullador,
al primer intento
le ha entrado la tos.

El tercer monito
aunque es el pequeño,
aullando con fuerza
ha ganado el premio.

6
EL CASTOR

En la rivera del río


vive un bonito castor,
es amigo de los peces
y de un martín pescador.

Junto a la orilla construye


una bella madriguera,
con sus zarpas y su cola
y un gran trozo de madera.

Para poder descansar


cuando el sol sale se acuesta,
se levanta con la luna
después de echarse la siesta.

Curioso peina su pelo,


después de su baño diario,
pero es un castor cualquiera,
guapo, limpio y ordinario.

El camaleón fisgón.
Jugando un camaleón,
espiaba a una la flor
escondiéndose entre piedras
y cambiando de color.

Entre amapolas de rojo,
por las ramas de marrón,
entre las hierbas de verde,
amarillo con el sol.

Pero una tarde cualquiera,


la flor descubrió al fisgón
y se puso tan furiosa
que hasta la espalda le dio.

7
El joven camaleón,
pensó en su comportamiento
y a la flor pidió perdón,
alejándose al momento.

En un trozo de papel

En un trozo de papel 
con un simple lapicero,
yo tracé una escalerita, 
tachonada de luceros. 

Hermosas estrellas de oro. 


De plata no había ninguna. 
Yo quería una escalera 
para subir a la Luna. 

Para subir a la Luna 


y secarle sus ojitos,
no me valen los luceros, 
como humildes peldañitos. 

¿Será porque son dorados 


en un cielo azul añil? 
Sólo sé que no me sirven 
para llegar hasta allí. 

Estrellitas y luceros, 
pintados con mucho amor, 
¡quiero subir a la Luna
y llenarla de color!.
Antonio García Teijeiro

En medio del puerto

En medio del puerto,


con velas y flores, 
navega un velero 
de muchos colores. 

Diviso a una niña 


sentada en la popa: 
su cara es de lino,
de fresa, su boca.

8
Por más que la miro, 
y sigo mirando,
no sé si sus ojos 
son verdes o pardos. 

En medio del puerto,


con velas y flores,
se aleja un velero 
de muchos colores.
Antonio García Teijeiro

El Gato

El Gato ...
¡ Ya no está solo !
se enamoró de otro gato,
y juntos pasan, todo el rato,

....le cantó una canción, 

maullando todo el rato,


mirándole con atención,
con los ojos como plato.

¡ Simpático Gato !

Mariposa
Mariposa del aire, 
qué hermosa eres, 
mariposa del aire 
dorada y verde. 

mariposa del aire, 


¡quédate ahí, ahí, ahí!... 

No te quieres parar, 
pararte no quieres. 

9
Mariposa del aire 
dorada y verde. 

Luz de candil, 
mariposa del aire, 

¡quédate ahí, ahí, ahí!... 


¡Quédate ahí! 

Mariposa, ¿estás ahí?


Federico García Lorca

El Ave

El ave
para cantar
piensa en el mar.
Está enamorada la luna
de la canción encantada
del ave sobre mi cuna...
cuida mis sueños un hada.

Mi ave
es melodía
de cada día.
Alma Velasco

La vaca Llorona

La vaca está triste, 


muge lastimera, 
ni duerme, ni bebe 
ni pasta en la hierba. 

La vaca está triste, 


porque a su chotito 
10
se lo han llevado 
los carniceros 
al mercado. 

Está tan delgada, 


la vaca de Elena, 
que en vez de dar leche, 
da pena.
Gloria Fuentes

Pegasos, lindos pegasos

Pegasos, lindos pegasos,


caballitos de madera...

Yo conocí siendo niño,


la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.

En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.

¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!.
Antonio Machado

11
Los ratones

Juntáronse los ratones


para librarse del gato;
y después de largo rato
de disputas y opiniones,
dijeron que acertarían
en ponerle un cascabel,
que andando el gato con él,
librarse mejor podrían.

Salió un ratón barbicano,


colilargo, hociquirromo
y encrespando el grueso lomo,
dijo al senado romano,
después de hablar culto un rato:

¿Quién de todos ha de ser


el que se atreva a poner
ese cascabel al gato?
Lope de Vega

El lagarto está llorando

El lagarto está llorando.


La lagarta está llorando.
El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.

Han perdido sin querer 


su anillo de desposados. 
¡Ay! su anillito de plomo, 
¡ay! su anillito plomado

Un cielo grande y sin gente


monta en su globo a los pájaros. 
El sol, capitán redondo, 
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son! 


¡Qué viejos son los lagartos! 
¡Ay, cómo lloran y lloran! 
¡Ay, ay, cómo están llorando!
Federico García Lorca

12
La Tarata

La Tarara, sí; 
la Tarara, no; 
la Tarara, niña, 
que la he visto yo. 

Lleva la Tarara 
un vestido verde 
lleno de volantes 
y de cascabeles. 

La Tarara, sí; 
la tarara, no; 
la Tarara, niña, 
que la he visto yo. 

Luce mi Tarara 
su cola de seda 
sobre las retamas 
y la hierbabuena. 

Ay, Tarara loca. 


Mueve la cintura 
para los muchachos
de las aceitunas.
Federico García Lorca

El sapo verde

Ese sapo verde


se esconde y se pierde;
así no lo besa
ninguna princesa.

Porque con un beso


él se hará princeso
o príncipe guapo;
¡y quiere ser sapo!

No quiere reinado,
ni trono dorado,
ni enorme castillo,
ni manto amarillo.

Tampoco lacayos

13
ni tres mil vasallos.
Quiere ver la luna
desde la laguna.

Una madrugada
lo encantó alguna hada;
y así se ha quedado:
sapo y encantado.

Disfruta de todo:
se mete en el lodo
saltándose, solo,
todo el protocolo.

Y le importa un pito
si no está bonito
cazar un insecto;
¡que nadie es perfecto!

¿Su regio dosel?


No se acuerda de él.
¿Su sábana roja?
Prefiere una hoja.

¿Su yelmo y su escudo?


Le gusta ir desnudo.
¿La princesa Eliana?
Él ama a una rana.

A una rana verde


que salta y se pierde
y mira la luna
desde la laguna.
Carmen Gil

La Gallina de los huevos de oro

Érase una Gallina que ponía


un huevo de oro al dueño cada día.

Aun con tanta mala ganancia contento,


quiso el rico avariento
descubrir de una vez la mina de oro,
y hallar en menos tiempo más tesoro.

Mató, abrió el vientre de contado;


pero, después de haberla registrado,
¿Qué sucedió? que muerta la Gallina,

14
perdió su huevo de oro y no halló la mina.

¡Cuántos hay que teniendo lo bastante


enriquecerse quieren al instante,
abrazando proyectos
a veces de tan rápidos efectos
que sólo en pocos meses,
cuando se contemplaban ya marqueses,
contando sus millones,
se vieron en la calle sin calzones.
Félix María Samaniego

El Gallo habanero
En el matinal gallinero 
con el rendimiento caballero,
en torno a su hembra enreda 
el arabesco de su rueda 
sin cesar el gallo habanero;

cual blanco albornoz el plumón 


envuelve su fiero ademán; 
¡por su cresta-fez bermellón 
y el alfanje de su espolón, 
el gallo es un breve sultán!

Junto a la gallina coqueta, 


de pronto su blanca silueta 
fija en soberbia rigidez, 
como el gallo de la veleta 
o el caballo del ajedrez...

Echando atrás el cuello empina; 


¡y en enfático frenesí, 
rasga la matinal neblina, 
sobre el jardín que se ilumina
con su agudo kikirikí!
José Juan Tablada

15
La vaca estudiosa

Había una vez una vaca


en la Quebrada de Humahuaca. 
Como era muy vieja, 
muy vieja, estaba sorda de una oreja. 
Y a pesar de que ya era abuela
un día quiso ir a la escuela. 
Se puso unos zapatos rojos,
guantes de tul y un par de anteojos. 
La vio la maestra asustada
y dijo: - Estas equivocada. 
Y la vaca le respondió:
¿Por qué no puedo estudiar yo? 
La vaca, vestida de blanco,
se acomodó en el primer banco. 
Los chicos tirábamos tiza
y nos moríamos de risa. 
La gente se fue muy curiosa
a ver a la vaca estudiosa. 
La gente llegaba en camiones,
en bicicletas y en aviones. 
Y como el bochinche aumentaba
en la escuela nadie estudiaba. 
La vaca, de pie en un rincón,
rumiaba sola la lección. 
Un día toditos los chicos
se convirtieron en borricos. 
Y en ese lugar de Humahuacala 
única sabia fue la vaca.
María Elena Walsh

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En una cajita de fósforos

En una cajita de fósforos


se pueden guardar muchas cosas.

Un rayo de sol, por ejemplo


(pero hay que encerrarlo muy rápido,
si no, se lo come la sombra)
Un poco de copo de nieve,
quizá una moneda de luna,
botones del traje del viento,
y mucho, muchísimo más.

Les voy a contar un secreto.


En una cajita de fósforos
yo tengo guardada un lagrima,
y nadie, por suerte la ve.
Es claro que ya no me sirve
Es cierto que esta muy gastada.

Lo se, pero qué voy a hacer


tirarla me da mucha lastima.

Tal vez las personas mayores


no entiendan jamas de tesoros
Basura, dirán, cachivaches
no se porqué juntan todo esto.
No importa, que ustedes y yo
igual seguiremos guardando
palitos, pelusas, botones,
tachuelas, virutas de lápiz,
carozos, tapitas, papeles,
piolín, carreteles, trapitos,
hilachas, cascotes y bichos.

En una cajita de fósforos


se pueden guardar muchas cosas.
Las cosas no tienen mamá.
María Elena Walsh

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