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Reseña Descriptiva de La Introducción A Volverse Público

Boris Groys introduce su perspectiva no estética para analizar el arte. Argumenta que la mirada estética ha subordinado a los artistas a los espectadores y que el arte ya no debe analizarse desde la perspectiva del consumidor sino del productor. También señala que en la actualidad todos somos productores de imágenes públicas debido a los medios visuales y que el arte contemporáneo debe estudiarse en términos de poética más que de estética. Finalmente cuestiona la capacidad de la sociología para explicar el arte dado que este incluye

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Temas abordados

  • cultura visual,
  • efecto de visibilidad,
  • interés público,
  • mercantilización del arte,
  • campo del arte,
  • Boris Groys,
  • valor del arte,
  • producción del Yo,
  • sociedad,
  • Volverse Público
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Reseña Descriptiva de La Introducción A Volverse Público

Boris Groys introduce su perspectiva no estética para analizar el arte. Argumenta que la mirada estética ha subordinado a los artistas a los espectadores y que el arte ya no debe analizarse desde la perspectiva del consumidor sino del productor. También señala que en la actualidad todos somos productores de imágenes públicas debido a los medios visuales y que el arte contemporáneo debe estudiarse en términos de poética más que de estética. Finalmente cuestiona la capacidad de la sociología para explicar el arte dado que este incluye

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  • Boris Groys,
  • valor del arte,
  • producción del Yo,
  • sociedad,
  • Volverse Público

Reseña descriptiva de la introducción a Volverse Público

Josefina Coloma

Boris Groys, en la introducción a su libro Volverse Público, para comenzar se propone escribir
sobre el arte de una manera no-estética (manera en la que ahondará más adelante), ya que la
reflexión estética ha sido el canon en la historia; la gran tradición de los discursos acerca del arte.

Para introducir su punto de vista, el autor define primero la estética como la actitud del espectador,
o consumidor de arte (nótese la referencia al consumismo), que le exige al mismo la experiencia
sensible/estética. Nos cuenta, también, de los tipos distintos de estética, y que mediante lo bello y lo
sublime, pero también desde el displacer y lo desagradable, se pretende llegar a provocar el goce
estético. Sin embargo, para que se pueda experimentar este goce, afirma Groys: “el espectador debe
estar educado estéticamente […] En otras palabras, la actitud estética presupone la subordinación de
la producción artística al consumo artístico y, por lo tanto, la subordinación de la teoría estética a la
sociología” (2014, p.10). Hay, por tanto, una jerarquía ideológica en la que el receptor es el amo y
el artista el esclavo.

Habla, luego, de los temas a tratar exigidos al teatro; antes de índole religioso y de intereses del
poder político, y ahora en su mayoría temas de interés público, lo que ha llevado a la llamada
“politización del arte”. Esta se ha tomado erróneamente como contraria a la “estetización del arte”,
cuando en realidad una corriente puede potenciar a la otra, siempre y cuando la primera se enfoque
en hacer sus contenidos atractivos (o repulsivos) para el espectador. Finalmente, según Groys, “el
arte funciona como propaganda política que se vuelve superflua en cuanto alcanza su cometido”
(2014, p.12). El anterior, explica, es un ejemplo de las consecuencias negativas de introducir una
mirada estética a las artes, ya que, ni la estética ni la política necesitan del arte, sino que su aspecto
sublime solo puede ser experienciado cuando se vive sin intermediarios. No fue Groys el primero en
afirmar esta postura, sino Kant y los artistas del romanticismo, que postulaban que “el mundo real,
no el arte, es el objeto legítimo de la actitud estética y también de las actitudes científicas y éticas”
(Groys, 2014, p.12) Por tanto, el estudio de las artes serviría solo para educar el gusto y
posteriormente lanzarse a la experiencia estética de la vida misma. Al fin, el discurso estético
termina desvalorizando el arte.

En el párrafo siguiente, Groys se explica el dominio del discurso estético en la modernidad por sus
inicios, cuando había más espectadores que artistas, y siendo así, no había razón para preguntarse
por los motivos de producción de arte (producían para ganarse la vida), pero sí para preguntarse
sobre la recepción y la capacidad de éste de educar la sensibilidad estética. Entonces, la división
entre espectadores y artistas estaba claramente establecida socialmente, pero esta visión dicotómica,
explica Groys, se empieza a desarmar a comienzos del siglo 20, partiendo con el veloz avance de
los medios visuales, que se volverían un ágora para lo internacional y la política. Una política en la
que ya no es necesaria la presencia inmediata ni en vivo, sino la creación de una imagen para los
medios visuales; una imagen pública. Además, el fácil acceso a cámaras digitales y al internet, ha
provocado que haya más productores de imágenes que espectadores de las mismas. Así, hoy en día
la estética ha perdido su previa relevancia social. En cambio, hoy, asevera Groys (2014):

[…] no son solo los artistas profesionales, sino también todos nosotros los que tenemos que
aprender a vivir en un estado de exposición mediática, produciendo personas artificiales,
dobles o avatares con un doble propósito: por un lado, situarnos en los medios visuales, y
por otro, proteger nuestros cuerpos biológicos de la mirada mediática (p.15).

Así pues, ahora el aspecto político del arte tiene menos que ver con la reacción del espectador y más
con la toma de decisiones que llevan a su emergencia. Por este motivo se explica que, para Groys,
el arte contemporáneo deba ser analizado en términos de poética, es decir, desde la perspectiva del
productor, en vez de la del consumidor de arte (la estética).

Siguiendo con la línea de evolución de la mirada del arte, el autor nos cuenta que el desplazamiento
de la tradición poética y técnica a la estética y hermenéutica fue reciente, y que a su posterior
inversión le dio inicio la vanguardia histórica con sus exponentes, que devolvieron la mirada hacia
una renovada poética; la autopoética, y la producción del Yo público. Aquí, Groys nos ilustra las
diferencias del arte de dichos vanguardistas, quienes no tenían ningún interés en complacer al
público, producirles un estado de shock, infringir tabúes ni sorprender.

En su lugar, demostraron las condiciones mínimas para producir un efecto de visibilidad, a


partir del grado cero de la forma y el sentido. Estas obras son la encarnación visible de la
nada o, lo que es lo mismo, de la pura subjetividad […] le otorgan forma visible a una
subjetividad que ha sido vaciada (Groys, 2014, p.16).

Todo esto, para Groys, simboliza un nuevo comienzo, en el que el interés del artista por lo externo
se traslada hacia la construcción autopoética de su propio Yo. Hoy en día, esto podría ser
interpretado como una forma comercial de producción de la imagen, ya que todo lo público es una
mercancía y/o posible interés de algún inversionista. Es por este motivo que se puede tomar
fácilmente un gesto autopoético como un gesto mercantilizador del Yo, que encubre sus ambiciones
sociales y monetarias.
A raíz de este análisis, Groys se pregunta por el valor de su interpretación, que parece ser nulo,
puesto que en los tiempos actuales dominados por el mercado, todo puede ser interpretado como un
efecto de éste, y “lo que sirve como explicación para todo, deja de explicar lo particular” (Groys,
2014, p.17).

Luego nos habla el autor de lo inevitable del arte, ya que este existía antes del capitalismo y del
mercado del arte, y que cuando ellos dejen de existir, el arte seguirá, ya que viene de una tradición
que no está definida por el mercado.

Y como último punto de su introducción, Groys abre la pregunta del valor de la sociología en el
análisis teórico del arte. Explica que su concepción del mismo no acepta por completo el cambio
moderno del arte mimético al no-mimético, ya que lo ve como un reflejo de una realidad previa.
“Sin embargo, el arte no puede explicarse completamente como una manifestación del marco
cultural y social ‘real’, porque los campos de los que emerge y en los que circula son también
artificiales” (Groys, 2014, p.18), con esto se refiere a que estos campos se forman de personas
públicas creadas de manera artística, y que por lo tanto son también creaciones artísticas. La vida
“real”, explica, está conformada por personas vivas, por lo que los sujetos de la actitud estética
también, y hasta aquí llega el análisis sociológico. Pero es distinto si se aborda el arte desde una
visión poética, pues, como sabemos, el creador siempre está muerto, o ausente.

Desde su mirada, no hay una clara diferencia entre los vivos y los muertos, ya que ambos se
representan por personas artificiales, y además sus obras suelen compartir los mismos espacios,
tanto en museos como en el internet.

Por otro lado, afirma, los artistas suelen rechazar la aceptación de sus contemporáneos, por lo que
deciden dirigirse a un mundo futuro imaginario, con sus nuevas generaciones. “Y es en este sentido
que el campo del arte representa y expande la noción de sociedad, porque incluye no solo a los
vivos sino también a los muertos e incluso a los que todavía no nacieron” (Groys, 2014, p.19). Para
finalizar, así es como se explica la insuficiencia del análisis sociológico del arte para Groys, ya que
esta es una ciencia de los vivos por sobre los muertos, y en cambio, el arte crea una forma moderna
de superar esta predilección y proponer cierta igualdad entre los vivos y los muertos.

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