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Jiri Moskala El Libro de Daniel y La Tes

El autor describe su experiencia como estudiante adventista enfrentando la crítica histórica en la universidad. Al estudiar el libro de Daniel, un respetado profesor presentó la tesis macabea, argumentando que el libro no fue escrito por Daniel sino después, causando una crisis de fe en el autor. A pesar de la amabilidad del profesor, el autor se sintió en conflicto entre lo enseñado en la iglesia y la universidad, buscando sinceramente la verdad con determinación de aceptarla.

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Jiri Moskala El Libro de Daniel y La Tes

El autor describe su experiencia como estudiante adventista enfrentando la crítica histórica en la universidad. Al estudiar el libro de Daniel, un respetado profesor presentó la tesis macabea, argumentando que el libro no fue escrito por Daniel sino después, causando una crisis de fe en el autor. A pesar de la amabilidad del profesor, el autor se sintió en conflicto entre lo enseñado en la iglesia y la universidad, buscando sinceramente la verdad con determinación de aceptarla.

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El libro dE daniEl y la tEsis macabEa

EL LIBRO DE DANIEL Y
LA TESIS MACABEA:
MI PEREGRINAJE PERSONAL

 JÎRÍ MOSKALA
ANDREWS UNIVERSITY
DIDAJÉ 1, NO. 2 (2013)
BERRIEN SPRINGS, MICHIGAN, EE.UU.
3
rEsumEn

“El libro de Daniel y la tesis macabea: Mi peregrinaje personal”.— El autor,


un reconocido teólogo en el mundo cristiano protestante, nos narra cuán dura
y difícil fue su experiencia como adventista del séptimo día al estudiar en aulas
escépticas. Pese a los duros conlictos a los que se enfrentaba en aquel entonces,
Moskala nos invita a tener seguridad, conianza y esperanza en la Palabra de
Dios revelado en el libro de Daniel. “Gracias, Señor, por tu mensaje hermoso y
defendible que nos dejaste a través del profeta Daniel. Y también porque tú ver-
daderamente me sostuviste de mi mano derecha, como prometiste, y me dijiste,
‘No temas, yo te ayudo’” (Is 41:13).

Palabras clave: Daniel - Tesis macabea - Alta crítica - Antíoco IV Epífanes

abstract

“he Book of Daniel and the Maccabean hesis: My Personal Journey.”— he


author, a renowned theologian in the Christian Protestant milieu, tells how hard
and diicult it was his experience as a Seventh-day Adventist to study in skeptical
classrooms. Despite the harsh conlicts that he faced at the time, Moskala invites
us to have security, trust and hope in the Word of God revealed in the Book of
Daniel. “hank you, Lord, for the beautiful and defensible message you let us
through the prophet Daniel. And also because you truly held me on my right
hand, as promised, and said, ‘Do not fear, I will help you’ “(Isaiah 41:13).

Keywords: Daniel - Maccabean hesis - High Criticism - Antiochus IV Epiphanes

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El libro dE daniEl y la tEsis macabEa:
mi pErEgrinajE pErsonal
La oveja negra

Nací siete años después del in de la Segunda Guerra Mundial


en lo que ahora se llama República Checa. En los primeros años del siglo
XV, el reformador y mártir Juan Huss la llamó Bohemia; cuando nací la
llamaron Checoslovaquia. La República Checa difícilmente está aislada;
comparte límites con Alemania, Polonia, Hungría, Eslovaquia y Austria.
La mayoría de los americanos recordarán que los ejércitos de Hitler inva-
dieron mi país el 1 de octubre de 1938. Más tarde fue el turno de la Unión
Soviética; el 21 de agosto de 1968 los ejércitos aliados de Varsovia aniqui-
laron los intentos de Alexander Dubcek de darle un aspecto humano al
comunismo checo.
Por providencia de Dios nací en una familia adventista del sép-
timo día. Dos años antes de mi nacimiento, mis padres se habían con-
vertido del catolicismo romano al adventismo. Su decisión no fue hecha
a la ligera; demandó real dedicación a Dios y a su Santa Palabra. A los
siete años, cuando comencé a ir a la escuela, todos los niños tenían que
asistir a clases seis días a la semana. Fue muy difícil (aun peligroso) no
ir a la escuela en sábado. Mis padres me enseñaron que obedecer a Dios
es más importante que obedecer a las autoridades humanas. ¡Ni un sá-
bado asistí a la escuela! Muy a menudo fui puesto en ridículo, motivo de
risas, e incluso a veces castigado por mis ausencias semanales. Los niños
frecuentemente no querían jugar conmigo debido a mi reputación como
creyente. Era una “oveja negra”. La escuela para mí era un terror psico-
lógico que se intensiicaba los viernes y los lunes cuando muy a menudo
era interrogado, tenía pruebas especiales y exámenes. Desde mi niñez
en adelante tuve que luchar por mi fe. Esto fue una buena escuela para
aprender la obediencia a Dios y a sus mandamientos. Yo no era el único;
no solo en Checoslovaquia sino a través de toda Europa, miles de niños
adventistas habían tenido la misma experiencia que yo. La mayoría per-

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jiří moskala

manecieron ieles a Dios aun cuando tuvieron un “lavado de cerebro”


con la teoría de la evolución —presentada no como una teoría sino como
un hecho. Permanecieron ieles debido a que habían conocido a Dios. A
menudo, para consternación de los profesores, ¡eran los mejores alumnos
en la escuela! Generalmente es así cuando la juventud reconoce que son
hijos e hijas del Rey. Y no solo un rey, ¡sino el Rey del Universo!

¿Problemas de ubicación?

En 1972, cuando tenía 20 años, me matriculé en nuestro Semi-


nario Teológico Adventista que había sido abierto en 1969, solo un año
después de lo que los checoslovacos, que habían vivido varios inviernos
comunistas, llamaban la “Primavera de Praga”. Sin embargo, el “invier-
no” volvió pronto. A mediados de 1973 el gobierno comunista cerró el
Seminario Adventista. ¿Qué iba a hacer yo? La junta (comité ejecutivo)
de nuestra Unión decidió que debería asistir a una Facultad Protestan-
te. Por consiguiente, me matriculé en la Facultad de Teología Evangélica
Komenius, en Praga (en 1990 cambió su nombre a Facultad de Teología
Protestante de la Universidad Charles). Amigos, miembros de iglesia, me
aconsejaron: “¡Esté alerta! ¡Ten cuidado! ¡Sé crítico!” No me tomó mucho
tiempo darme cuenta que mi educación previa no me había preparado
suicientemente para determinar cómo evaluar y criticar lo que estaba
encontrando.
La primera charla brillante que escuché apoyaba la sencillez del
canon bíblico. Aquellos que transmitieron la Biblia, ¿habrían escogido los
libros correctos entre una amplia selección disponible? Y qué de los otros
libros: ¿deberían algunos de ellos haber sido incluidos en el canon? La
segunda charla trató sobre la inspiración de la Biblia —o más bien, la no
inspiración de la Biblia. ¡La Biblia, se me dijo más tarde, no es la Palabra
de Dios, pero usted puede encontrar la Palabra de Dios en la Biblia! El
texto bíblico solo puede llegar a ser la Palabra de Dios existencialmen-
te para una persona. Esto me dejó con preguntas cruciales: si no puedo
tomar seriamente la Biblia porque contiene, como airmaba el profesor,
muchas contradicciones, errores históricos, falta de unidad en el mensaje
y en los tiempos bíblicos “ellos” pensaban y hablaban diferente, entonces
¿puedo coniar en ella y tomarla como una guía para mi vida?

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El libro dE daniEl y la tEsis macabEa

Daniel: La versión revisada

Fue una gran alegría cuando al in estábamos estudiando el libro


de Daniel. Desde mis primeros años, mi padre —un gran contador de his-
torias— me había contado acerca de las profecías de ese libro. Me incliné
hacia delante ansiosamente mientras Jan Heller, el profesor de Antiguo
Testamento más respetado en mi país, subió al podio. El libro de Daniel,
dijo, no fue escrito por el profeta Daniel, sino por un escritor desconoci-
do en el II siglo AC, durante el tiempo de las guerras macabeas cuando
Antíoco IV Epífanes reinaba y oprimía a Israel. El Dr. Heller apoyaba
sus aseveraciones con argumentos convincentes: errores históricos en el
libro (mientras más alejado de la era macabea, más grandes los errores);
el uso de los idiomas arameo y griego; enseñanzas acerca de los ángeles
y la resurrección; pseudónimos (nombres icticios de presuntos autores)
del libro; y, de acuerdo con algunos textos extrabíblicos, Nabonido, y no
Nabucodonosor, tuvo una enfermedad mental.
Luego, nos dijo que Daniel 9 no habla acerca del Mesías, Jesucris-
to, sino acerca de Ciro u Onías III, y de Antíoco IV como siendo el anti-
cristo. Su charla, que incluía la llamada Tesis Macabea, era impresionante
y estaba bien documentada.
La clase del Dr. Heller creó una agitación en mi mente. Todo lo
que yo había pensado que estaba seguro ahora parecía derrumbarse. Sus
argumentos no solo persuadían; Heller mismo era un cristiano amab-
le, sincero y educado con una actitud cortés hacia los creyentes que no
compartían sus puntos de vista. Bajo el comunismo, los cristianos checos
tendían a apoyarse mutuamente, cualquiera haya sido su confesión reli-
giosa; sabían que signiicaba luchar por su fe. El profesor Heller, llegué a
creer, quería ayudarnos a nosotros los estudiantes a obtener una mejor
comprensión de la Biblia. Quería ayudarnos a construir una fe madura.
Nos trataba tan cortésmente como si fuéramos sus hijos e hijas. ¿Cómo
iba a reaccionar yo ante tal profesor, amable y estimado? Los problemas
del libro de Daniel, tal como él los presentó, me llevaron a una crisis de
fe. Yo no tenía respuestas a sus argumentos.

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jiří moskala

Opiniones de mal sabor

Yo tenía veintiún años y estaba ansioso por conocer la verdad.


¿Quién estaba en lo correcto? ¿Mi profesor o mi iglesia? ¿O la respuesta
correcta no era ni la una ni la otra? Cuando recuerdo aquellos días de
crisis personal, agradezco a Dios por la terapia de shock del Dr. Heller.
He encontrado que podemos crecer en nuestra fe más rápido cuando ex-
perimentamos una crisis de fe, y buscamos a Dios sinceramente con la
determinación de aceptar la verdad cualquiera sea el costo. Eso nos hu-
milla y nos conduce a una investigación honesta de la Palabra de Dios.
Reconocí que si mi profesor estaba en lo correcto, yo estaba en problemas
con las creencias de la iglesia —especialmente con las profecías en el libro
de Daniel. Si el Dr. Heller estaba en lo correcto, mi padre había estado
equivocado al presentar las historias del libro de Daniel como eventos
históricos, porque deberían haber sido vistas solamente como “cuentos
de hadas” o de las “cortes”, de acuerdo a los eruditos histórico-críticos.
Además, las profecías no eran realmente predicciones, sino solo historia
escrita después que los eventos tuvieron lugar [vaticinia ex eventu]. Nue-
vamente, las implicancias eran transparentes: las explicaciones adventis-
tas del libro de Daniel no eran verdaderas. Consecuentemente, el corazón
del mensaje adventista se quebraría y las explicaciones proféticas necesi-
tarían una reinterpretación. Nuestra misión como movimiento profético
colapsaría.

Lecciones de historia

Gracias al Señor, a pesar de mi confusión, yo no estaba listo, yo


no estaba listo para izar una bandera blanca o al menos no rendirme sin
una batalla. Y esto quería decir que debía estudiar por mí mismo, mucho
más profundamente que nunca antes. Y me dije a mí mismo: “No seas
selectivo ni apresurado en tu juicio. Sé paciente, no saques demasiado
rápido tus conclusiones. Tienes que estudiar este asunto más cuidado-
samente. ¡Aprende a vivir con tus interrogantes! Vas a tener que orar y
estudiar duramente, y cuando tengas toda la información posible desde
ambos lados, tomarás tu decisión”. Pensaba que si nuestra interpretación
profética estaba correcta, entonces Dios me daría una buena respuesta

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El libro dE daniEl y la tEsis macabEa

para el Dr. Heller. Además, yo no debía simplemente confrontar a mi pro-


fesor con la verdad, sino más bien hablarle con amor, respeto y cortesía.
Tendría que enfrentar sus argumentos con sus armas y en su idioma, para
que pudiese ver la fuerza y honestidad de mi posición.
Yo tenía que aprender, sin embargo, que presentar la verdad no
es así de simple, porque nuestras presuposiciones ilosóicas —los len-
tes que ponemos en nuestros ojos espirituales, es decir, la forma en que
nos aproximamos a las Escrituras mismas— deben tratarse. A menudo, el
problema real no es la incredulidad sino la hermenéutica de aquellos que
dicen creer en el mensaje bíblico. Especialmente signiicativo es el pro-
blema de entender la historia. Pero cuán a menudo he escuchado, “¡Lo
que es importante es el mensaje, no la historia!” ¿Podemos realmente te-
ner un verdadero mensaje sin estar basados en la historia? Considere la
resurrección de Cristo. ¿Es un hecho histórico o solamente una hermosa
creencia? Jesús vino en la carne, exactamente en el momento señalado.
Resucitó en la historia y este hecho es nuestra única esperanza de vida
eterna. La historia de la salvación es una historia real (ver 1 Co 15:12-20).
Separar la fe de la historia es para mí como el neo-docetismo o el
neo platonismo. Tratar de encontrar en alguna parte de la narrativa bíbli-
ca un núcleo histórico y rechazar el resto es como un efecto “cebolla”. Us-
ted saca diferentes capas de la cebolla para llegar al corazón de ella, pero
después de sacar todas las capas descubre que no hay un corazón porque
una cebolla está solamente compuesta de varias capas. Construir nuestra
teología solo sobre la proclamación o la fe es muy peligroso, podría ser
que al inal no quede nada. Es como hacer de la teología una ilosofía que
está construida sobre ideas llamativas que no tienen relevancia en la vida
física ni en la historia.

Zapatos doctorales

Después que recibí mi título de Maestría en Teología en 1979,


trabajé como pastor por seis grandiosos años. Pero siempre la imagen y
argumentos de mi amable profesor de Antiguo Testamento, Jan Heller,
permanecieron en mí. Creo que fue el Espíritu Santo que me impulsó a
ir al in a él con un pedido: ¿Estaría él dispuesto a ser mi profesor guía y
aceptarme en un programa doctoral? Ahora, usted puede darse cuenta

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jiří moskala

que ningún adventista en mi país había alguna vez buscado matricular-


se en estudios doctorales relacionados a Teología. Yo había determinado
que si tenía que escribir mi tesis algún día, buscaría ser el testigo de Dios
por la verdad. Eso signiicaba para mí que debía escoger un tópico enri-
quecedor no solo para nuestra comunidad adventista, sino especialmente
para mis muchos amigos protestantes. Por supuesto, el Dr. Heller pregun-
tó cuál sería. Yo cortésmente pedí escribir una tesis acerca de la fecha y
del autor del libro de Daniel y hacer una exégesis del pasaje clave de ese
libro —las 70 semanas de Daniel 9:24-27.
Tuvimos una larga y agradable conversación. Heller explicó que
hay un claro consenso entre los eruditos del Antiguo Testamento acerca
del autor del libro de Daniel, y que yo no podría obtener nada signiica-
tivamente nuevo para discutir. No desanimado con su respuesta, la cual
esperaba, le dije que nuevos hallazgos en este campo de estudio indicaban
que el autor del libro de Daniel debería ser investigado cuidadosamente
una vez más (voy a ahorrarle la molestia de un detallado informe de nues-
tra larga conversación). La respuesta de Heller incluía su erudición y su
cortesía: “Si yo estuviera en sus zapatos, no lo haría porque es una pérdida
de tiempo. Pero usted es joven; inténtelo y veremos. Si usted descubre algo
nuevo y valioso, y si sus argumentos son sólidos, lo apoyaré y usted puede
obtener su doctorado en teología. Si no, tendrá que elegir otro tópico”.
Acepté su desafío. Era vital para mí y un asunto de sí o no: O
probaba que Daniel era el autor del libro de Daniel o no tendría argu-
mentos valiosos, y debería aceptar las consecuencias. Quería ser honesto.
No quería ser un pastor ni un miembro de una comunidad de fe que no
podía defender sus creencias.

Argumentos irrefutables

Trabajé duro. En ese momento yo era un pastor de tiempo com-


pleto y profesor de algunas horas en nuestro seminario. Primero reuní
todos los argumentos a favor de la Tesis Macabea, los analicé y los evalué.
Finalmente los dividí en cinco categorías o grupos:

1. Argumentos históricos (supuestos errores históricos [el 605


AC Nabucodonosor no estaba en Jerusalén; Jeremías 25 y Daniel 1:1 es-

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El libro dE daniEl y la tEsis macabEa

tán en contradicción; de acuerdo a la Oración de Nabonido, fue Naboni-


do y no Nabucodonosor el que estuvo loco; Belsasar como el último rey
de Babilonia; la no historicidad de Darío el Medo], la posición de Daniel
en el Canon Hebreo, y la tardía evidencia literaria para el uso de Daniel).
2. Argumentos lingüísticos (el uso del término kasdim; el he-
breo y arameo del libro de Daniel entendidos como de un origen tardío;
palabras persas en Daniel; palabras griegas en el libro; aparición de dos
idiomas en Daniel).
3. Argumentos teológicos (angelología desarrollada; creencia en
la resurrección; el hecho que se evite el nombre de Jehová; hábitos de
ayuno y oración).
4. Argumentos literarios (uso apocalíptico de pseudónimo; ori-
gen tardío del género apocalíptico).
5. Argumentos exegéticos (demostración del esquema de cuatro
imperios mundiales; secuencia de los cuatro imperios mundiales; cuerno
pequeño como Antíoco IV Epífanes; el capítulo 11 y las guerras macabeas).

Después de algún tiempo presenté una parte de mi primer y cru-


cial capítulo al profesor Heller. Era acerca de todas los supuestos erro-
res históricos en el libro de Daniel. Él escuchó cuidadosamente, me hizo
varias preguntas difíciles y después que le hube leído todo lo que había
preparado, hizo una pausa. Esperé su reacción y veredicto. “Jiři, hizo un
buen trabajo. No puedo refutar sus argumentos”. Sus palabras eran como
una melodía a mis oídos. Continuó: “Pero [yo temía mucho esta palabra]
hay también otros argumentos a favor de la Tesis Macabea, especialmente
argumentos lingüísticos. Si usted me convence contra ellos, entonces yo
lo apoyaré”. Cuán feliz y aliviado estaba. Sabía que Dios estaba obrando.
Varios meses más tarde presenté la segunda parte del primer ca-
pítulo tratando la lingüística. Había investigado todos los asuntos sobre el
término kasdim, hebreo y persa, palabras griegas y arameo en el libro de
Daniel y Heller estaba satisfecho. Ahora me animó a estudiar todos estos
puntos en profundidad y a escribir sobre el asunto. Él estaba activamente
involucrado en la escritura de mi tesis y me aconsejó muy perspicazmen-
te. Añadió: “Cuando los eruditos histórico-críticos trabajan con un texto
bíblico destruyen, usted construye”.
Luego siguieron partes adicionales de este capítulo crucial acerca

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jiří moskala

de los argumentos teológicos, literarios y exegéticos de la tesis macabea.


Este análisis y evaluación concluyó el primer gran capítulo de mi tesis. En
seguida vino el capítulo acerca de la unidad del libro de Daniel. Heller me
dijo que esta era la mejor parte de mi tesis. El tercer capítulo examinó los
argumentos a favor de la tesis exílica (o tesis persa, como yo la llamé), por-
que hay muchos argumentos positivos para la autoría del libro de Daniel
en el siglo VI AC (i.e., el alto uso del libro de Daniel en Qumrán, algunos
argumentos exegéticos y evidencias extrabíblicas que atestiguan de la ve-
racidad de los eventos históricos descritos en el libro de Daniel, etc.).
El último capítulo de mi tesis trataba de la profecía de las 70 se-
manas y demostraba que esta profecía tiene que ser vista como una pre-
dicción acerca del Mesías, Jesucristo, y no acerca de algunas personas del
período macabeo.

La decisión erudita

El profesor Meter Pokorny, el mejor erudito del Nuevo Testamen-


to en mi país, se oponía a mi tesis. Yo estaba ansioso de saber qué pensa-
ría después que hubiera leído mi tesis. Aunque él no estaba de acuerdo
con mi posición inal, apoyó mi tesis. Él todavía pensaba que era posible
que alguien hubiera compuesto el libro en tiempos de los macabeos. Me
dijo: “El simple hecho de que usted reúna todos los argumentos de la Te-
sis Macabea y que los analice y evalúe es muy signiicativo; y este trabajo
es suiciente para darle su título de doctorado puesto que ha hecho mu-
cho más”. Yo estaba alborozado. El mejor erudito del Nuevo Testamento
en mi país estaba de acuerdo en que mi tesis era sólida, aunque no estaba
de acuerdo completamente con mis puntos de vista. Daniel 6:27 dice que
Dios “rescató a Daniel del poder de los leones”. Yo sé que es imposible
rescatar a Daniel de la “cueva de la crítica” argumentando, pero los ar-
gumentos son importantes. Por supuesto, el cambio real puede lograrse
solamente por el Espíritu Santo.

“Una adición extremadamente valiosa”

Argumentar a favor de Daniel como autor del libro de Daniel en


una Facultad protestante y mostrar su aplicación cristocéntrica, no era

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El libro dE daniEl y la tEsis macabEa

fácil. Recibí mi grado doctoral en 1990. Dios me dio una victoria abru-
madora porque el profesor Heller cambió su modo de pensar —señal de
la grandeza de un profesor. Mi tesis y discusiones personales lo ayudaron
a ver este asunto desde una perspectiva diferente. Hoy, él cree que el libro
de Daniel no fue escrito en el siglo segundo. Sin embargo, él preferiría el
siglo quinto o cuarto para esa tarea y no el sexto debido a la transmisión
oral del texto, aun cuando esto se apoya sobre una presuposición no pro-
bada, como él mismo admite. Hoy él abiertamente dice que hay dos pun-
tos de vista sobre la autoría del libro de Daniel. Una es la Tesis Macabea, y
la otra la Tesis Persa (o exílica) que dice que el profeta Daniel o alguien de
su círculo escribió el libro (como su pupilo o escriba). Él siempre asocia
mi nombre con el segundo punto de vista.
En el prefacio de mi tesis, que fue publicada en 1995, él escri-
bió: “El trabajo del Dr. Moskala es una adición extremadamente valiosa a
nuestra literatura teológica” y “no debería ser pasada por alto por alguien
que desea tratar en profundidad con el libro de Daniel”. En uno de sus ar-
tículos escribió acerca de mi tesis: “Me gustaría decirlo de este modo: Jiří
Moskala, en su trabajo excepcional, probó que no necesitamos creer en la
tesis macabea. Él presentó una alternativa. Una alternativa excepcional.
Es tan valiosa que quien quiera estudiar el libro de Daniel en el futuro,
tiene que considerar seria y responsablemente su tesis”.
A eso yo puedo decir, “Gracias, Señor, por tu mensaje hermoso y
defendible que nos dejaste a través del profeta Daniel”. Y también porque
tú verdaderamente me sostuviste de mi mano derecha, como prometiste,
y me dijiste, ‘No temas, yo te ayudo’ (ver Is 41:13).
Daniel está sobre una base sólida. Hoy, yo creo que si un creyen-
te escoge tomar la posición que el libro de Daniel fue escrito en el siglo
sexto AC. por el profeta Daniel o su pupilo, esta persona tendría buenos
argumentos para este punto de vista y sería intelectualmente honesto.
A Dios solamente sea la gloría. Soli Deo Gloria.

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