El racionalismo
El racionalismo es un movimiento
filosófico surgido
en la Edad
Moderna de
Occidente,
específicamente en
la Europa de los
siglos XVII y XVIII.
Esta corriente sostenía que la razón era el principal
mecanismo humano de adquisición de conocimientos. En
ello se distinguía del empirismo, su corriente contraria, que
establecía la importancia de los sentidos y de la experiencia
como vía hacia el aprendizaje.
El racionalismo defendía el postulado de que el conocimiento humano proviene de
su capacidad para razonar, algo que constituía en sí mismo un cambio
de pensamiento sustancial respecto a las épocas pasadas, donde ese rol lo cumplía
la fe religiosa.
En consecuencia, esta corriente filosófica sólo pudo surgir después de los
importantes cambios culturales que se dieron en Occidente durante
el Renacimiento y el fin de la Edad Media, aunque es posible rastrear sus
antecesores hasta tiempos tan remotos como los de Platón, en la Antigua Grecia.
El pensador francés René Descartes fue el fundador del racionalismo. Era
admirador de la geometría y las matemáticas, las cuales consideraba un modelo a
seguir para toda forma de filosofía.
Descartes aspiraba a convertir la filosofía en una disciplina científica, provista de
un método, dado que, a su parecer, sólo mediante la razón podían hallarse
ciertas verdades universales. Así, en su Discurso del método (1637) propuso sus
cuatro reglas para toda investigación filosófica:
Evidencia. Sólo es verdadero lo que no causa dudas al pensamiento.
Análisis. Entender algo reduciéndolo a sus partes constitutivas.
Deducción. Encontrar las verdades complejas a partir de las simples
conocidas.
Comprobación. Asegurarse de que lo conocido mediante la razón siga estas
cuatro reglas establecidas.
El término “racionalismo” en nuestros días ha adquirido otras connotaciones,
sirviendo para referir a cualquier postura filosófica que otorgue a la razón un lugar
central por encima de la fe, la superstición u otras formas de pensamiento.
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Características del racionalismo
El racionalismo se caracterizó por lo siguiente:
Sostener la razón y el pensamiento como la fuente de todo conocimiento
humano.
Creer en el innatismo: que en el espíritu humano existen ideas
preconcebidas, nacidas con él o puestas allí por Dios.
Prefería el empleo de métodos lógico-deductivos para explicar los
razonamientos empíricos y confirmarlos cuando fuera posible.
Jugó un papel fundamental en el advenimiento del pensamiento laico (y
antirreligioso).
Sus principales defensores provenían de Francia, Alemania y otros países
de la Europa continental, opuestos al empirismo proveniente de Inglaterra.
Representantes del racionalismo
Baruch Spinoza es considerado el padre del pensamiento moderno.
Los principales representantes del racionalismo fueron:
René Descartes (1596-1650). Filósofo, matemático y físico de origen francés,
padre de la geometría analítica y de la filosofía moderna, fue uno de los
grandes nombres de la Revolución científica, cuya obra rompió con la
escolástica que imperaba hasta entonces. Junto a Spinoza y Leibniz conforma
el trío de los más grandes racionalistas de la historia.
Blaise Pascal (1623-1662). Matemático, físico, teólogo, filósofo y escritor
francés, quien no sólo contribuyó teóricamente con las ciencias naturales y la
historia natural, sino prácticamente con todas las ciencias: es uno de los
pioneros en la construcción de calculadoras mecánicas.
Baruch Spinoza (1632-1677). Filósofo judío neerlandés, considerado uno de
los grandes racionalistas del siglo XVII, cuya obra fue hostigada por el
catolicismo y olvidada hasta su redescubrimiento en el siglo XIX. Filósofos
posteriores como Hegel y Schelling lo proclaman como el padre del
pensamiento moderno.
Gottlieb Leibniz (1646-1716). De origen alemán, este matemático, teólogo,
jurista, bibliotecario, político y filósofo fue uno de los grandes pensadores de
su época, al que se le confiere el título de “último genio universal”. Sus
aportes en todas las áreas anteriormente mencionadas son significativos,
tanto que hasta sus detractores lo admiraban profundamente.
Racionalismo y empirismo
Las dos vertientes filosóficas que engendró el escepticismo fueron el
racionalismo, partidario de dar a la racionalidad humana un lugar central en el
aprendizaje, y también el empirismo, que proponía dar ese lugar a la experiencia y
al mundo de los sentidos.
Estos dos modelos se opusieron durante toda la Edad Moderna y constituyeron
los polos filosóficos de Occidente, padres de las escuelas filosóficas posteriores y
clave cada uno, a su manera, en el desarrollo del pensamiento científico como hoy
lo entendemos.
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