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Glosario de Utilitarismo y Asociacionismo

Este documento contiene definiciones de varios términos relacionados con el utilitarismo de John Stuart Mill, incluyendo asociacionismo, Bentham, consecuencialismo, corrección-incorrección, cristianos y otros.

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JOHN STUART MILL. EL UTILITARISMO.

GLOSARIO

ASOCIACIONISMO (Associationism): El uso del concepto de “asociación de ideas” en psicología es muy


antiguo y se remonta a Aristóteles (384-322 a. C.), quien distinguió dos formas fundamentales de
asociación: por semejanza y por contigüidad. Aunque también en la Edad Media este tema fue tratado,
fueron los filósofos modernos los que, a partir del siglo XVII, lograron que el concepto psicológico de
“asociación” alcanzara madurez para constituir una teoría filosófica denominada “asociacionismo”. Así,
Hume (1711-1776) afirma que hay un principio de conexión entre los diferentes pensamientos o ideas de
la mente, y que aparecen en la memoria con cierto método y regularidad. También Hartley (1705-1757)
investigó los procesos psicológicos y los explicó en base a uniones o asociaciones de las sensaciones.
Además, puso de relieve que en el curso de los procesos de asociación se forman ideas complejas
relacionadas con actividades morales como la benevolencia y la simpatía. James Mill (1773-1836), padre
de J.S.Mill, basándose en ideas de Bentham y Hartley, trató de demostrar que todos los mecanismos
psíquicos son explicables a base de asociaciones y disociaciones de ciertos elementos básicos de tipo
sensible, y de acuerdo con las leyes de la asociación. La ley principal es la de contigüidad en el espacio y
en el tiempo. La psicología de J.S.Mill es netamente asociacionista, como la de Hartley, Bentham y J.Mill:
los hechos psíquicos son producidos por las impresiones originadas en la experiencia y, a partir de ésta,
se producen fuertes conexiones entre ideas que determinarán no sólo las ciencias físicas sino también las
ciencias morales. En el texto que nos ocupa, J.S.Mill da por supuesto su asociacionismo e insiste en que
la tarea moral de la educación y de la opinión pública consiste en establecer asociaciones indisolubles
entre la felicidad de cada individuo y la felicidad de toda la sociedad.

BENTHAM, Jeremy (1748-1832): Nació en Londres y estudió en Oxford. Es considerado uno de los
principales representantes del “radicalismo filosófico” inglés, que defendía la libertad de expresión y las
profundas reformas jurídicas y educativas. Fundó en 1824 la Westminster Review. Es considerado el
fundador del utilitarismo al formular como primer ley moral el principio del interés, según el cual, los seres
humanos se rigen buscando el placer y evitando el dolor. Placer y dolor son los “dos maestros soberanos”
que la naturaleza ha impuesto en el ser humano. El principio del interés es equivalente al principio de la
felicidad, pero no ha de aplicarse solamente a la esfera individual, sino a toda la sociedad. Este principio
debe asegurar la mayor cantidad posible de felicidad a la mayor cantidad posible de individuos. El principio
de utilidad, según Bentham, afirma que debemos promover el placer, el bien o la felicidad, y evitar el dolor,
el mal y la desdicha. Para elegir lo correcto es necesario establecer un cálculo de los placeres según los
siguientes criterios: su intensidad, su duración, su mayor o menor posibilidad, su proximidad o alejamiento,
su fecundidad, su pureza y su alcance, esto es, el número de personas afectadas. Se puede calificar a la
ética de Bentham de hedonismo social o colectivo. La influencia ejercida por Bentham en su época fue
más política que filosófica y sus opiniones contribuyeron a fijar las ideas de algunos constitucionalistas
europeos en las primeras décadas del siglo XIX. Entre estas influencias puede citarse la ejercida sobre
algunos delegados de las Cortes de Cádiz de 1812. J.S. Mill, conocedor de primera mano de la obra de
Bentham, es seguidor de muchos de los planteamientos políticos, educativos y éticos defendidos por éste.
J.S.Mill sigue la tradición utilitarista basada en el principio de la utilidad pero añadirá una importante
clasificación de los placeres atendiendo a su calidad y no sólo a su cantidad.

CONSECUENCIALISMO (Consequentialism): El consecuencialismo constituye una forma de teoría ética


que afirma que una acción es moralmente correcta si las consecuencias de tal acción son más
beneficiosas que perjudiciales. Así, la corrección de una acción se determina exclusivamente analizando
sus consecuencias. Esta teoría excluye, por tanto, la consideración de la motivación o de la intención del
agente. El término “consecuencialismo” comenzó a utilizarse a partir de 1960, y desde entonces muchos
autores consideran al utilitarismo un tipo de consecuencialismo, ya que considera que una acción es
moralmente correcta si las consecuencias de tal acción son más beneficiosas que perjudiciales para todos
o para la mayoría de los individuos. El utilitarismo afirma que en el ser humano hay una combinación de
tendencias egoístas y altruistas, pero ocurre que, como nuestra vida privada está tan entrelazada con la
vida pública, cuando perseguimos intereses egoístas estamos, al mismo tiempo, defendiendo los intereses
de otros. De esta manera nuestras acciones buscan tanto consecuencias beneficiosas para nosotros y
como para los demás.

CORRECCIÓN-INCORRECCIÓN (Rightness-Wrongness): El término “corrección” significa rectitud moral,


conformidad con reglas; el término “incorrección” significa la desviación respecto a las reglas. Estos
términos se predican de las acciones, por lo tanto, éstas serán correctas o incorrectas dependiendo de su
conformidad con las reglas morales establecidas, que en el caso del utilitarismo se resumen en el principio
de la mayor felicidad o utilidad. La ética utilitarista constituye una ética material que considera que el bien
solamente puede hallarse incorporado en realidades concretas. Así ocurre cuando se dice que lo bueno es
lo delectable, o lo conveniente, o lo correcto, o lo útil para la vida. Por otra parte, con la utilización de los
términos “correcto-incorrecto” se pretende evitar las nociones de “bien-mal”, “bueno-malo”, que están
cargadas, en la tradición filosófica, de connotaciones religiosas. En el texto, J.S.Mill afirma que lo que hace
que una conducta sea correcta es que persiga no la felicidad del agente, sino la de todos los afectados.
Además, lo que hace que una conducta sea correcta no son las cualidades de su agente: acciones
correctas pueden proceder de personas no virtuosas y acciones condenables pueden proceder de
personas dignas de elogio. Sin embargo, la mejor prueba de que se posee un buen carácter es realizar
acciones correctas.

CRISTIANOS (Christian): El cristianismo constituye una religión revelada, es decir, manifestada por Dios al
hombre en un momento histórico determinado, y que desde sus orígenes, ha sido institucionalizada. Como
ocurre en otras religiones, se trata de un conjunto de creencias fundadas en una tradición que comporta la
revelación de Dios al hombre y, además la encarnación de Dios en Jesucristo. En el cristianismo es
importante la predicación del amor y de la salvación del hombre. En el texto que nos ocupa, J.S.Mill cita
expresamente la regla de oro de Jesús de Nazaret, en la que encuentra todo el espíritu de la ética
utilitarista: “Ama al prójimo como a ti mismo”. Por otra parte, J.S.Mill responde a la crítica que se hace al
utilitarismo de ser una ética atea: si es verdad la creencia de que Dios desea, por encima de todo, la
felicidad de sus criaturas, el utilitarismo no sólo no es una ética atea, sino que es más profundamente
religiosa que otras. J.S.Mill considera que, para la correcta aplicación del principio utilitarista, sería
necesario incluir, además de ideas de los epicúreos, elementos cristianos y estoicos.

CRITERIO MORAL (Moral Standard): Constituye la característica mediante la cual una acción es
reconocida como buena o mala, correcta o incorrecta. Estableciendo un criterio, se distinguen las acciones
que pueden ser aprobadas o que pueden ser desaprobadas. El utilitarismo establece la utilidad como
criterio para distinguir las acciones correctas de las incorrectas, y para este objetivo analiza las
consecuencias beneficiosas o perniciosas de las acciones para el mayor número de personas. J.S.Mill
establece así el criterio del utilitarismo lo constituyen las reglas y preceptos de la conducta humana
mediante la observación de los cuales puede asegurarse una existencia libre de dolor y rica en goces, por
lo que respecta tanto a la cantidad como a la calidad, para todos los seres humanos.

DIGNIDAD (Dignity): Constituye una cualidad que todos los seres humanos poseen, que guarda relación
con sus facultades más elevadas y que, por ser una parte esencial de la felicidad, todo lo que se le oponga
no será más que un objeto momentáneo de deseo. La dignidad humana obliga a preferir los placeres más
elevados. J.S.Mill también utiliza el concepto de “auto-respeto” o “Selfrespect” al referirse a la dignidad, y
lo entiende como un sentimiento de exaltación o degradación personal que funciona independientemente
de la opinión de los demás, e incluso contra ella.

EPICURO (341-270 a. C.): Nació en Samos. Se estableció en Atenas donde fundó su escuela, llamada el
Jardín, famosa por las enseñanzas del maestro y por el cultivo de la amistad en la que participaban tanto
hombres como mujeres. Las enseñanzas de Epicuro partían de una doble necesidad: por una parte, la de
eliminar el miedo, para lo cual afirmaba que los dioses existen pero están más allá del alcance del ser
humano y son indiferentes a los destinos de los hombres; por otra parte, la de deshacerse del miedo a la
muerte, para lo cual sostenía que cuando se está muerto no hay sensación alguna. Así, el fin de la vida es
la felicidad, que se consigue cuando se alcanza la autarquía, es decir, la autosuficiencia, y, por medio de
ella, la ataraxia, estado de ausencia de temor, de dolor, de preocupación y de pena. El sabio debe suprimir
los obstáculos que se oponen a la felicidad y cultivar las verdaderas necesidades del ser humano,
necesidades tanto materiales como espirituales o afectivas. El sabio ha de buscar el placer cultivando la
salud del cuerpo y ejercitando las facultades de la mente con la filosofía. Epicuro afirma que la felicidad
consiste en vivir conforme al placer sereno y duradero, material y espiritual. Epicuro recomienda no
ocuparse de los asuntos políticos que alteran el ánimo y originan muchos problemas.

Nuestro autor, J.S.Mill se considera heredero de la tradición iniciada por Epicuro al afirmar que el
fundamento de la moralidad es la felicidad que proporcionan nuestras acciones, que buscan el placer y la
utilidad, y que consideramos universalizables. Sin embargo, contrariamente a Epicuro, se interesó y
participó, tan activamente como pudo, en la vida política de su tiempo.

ESTOICOS (Stoic): El estoicismo es una escuela filosófica griega y grecorromana, iniciada en el siglo III a.
C. y continuada hasta el siglo II d. C. Algunos de sus más destacados representantes son Zenón de Citio,
Posidonio, Séneca, Epicteto y Marco Aurelio. La ética del estoicismo se basa en la felicidad, pero ésta no
consiste en el placer, sino en el ejercicio constante de la virtud, en la autosuficiencia que permite a los
hombres desasirse de los bienes externos. El primer imperativo ético es vivir conforme a la naturaleza, es
decir, conforme a la razón, pues lo natural es racional. La felicidad se alcanza aceptando el destino y
luchando contra las pasiones que nos intranquilizan. La resignación defendida por los estoicos no les
impidió ejercer una crítica social y política, y abogar por reformas basadas en sus ideales cosmopolitas.

J.S.Mill considera que, para la correcta aplicación del principio utilitarista, sería necesario incluir, además
de ideas de los epicúreos, algunos elementos estoicos y cristianos.

FELICIDAD (Happiness): La felicidad consiste en la posesión de algún bien o de un bien supremo. En la


ética utilitarista el bien perseguido solamente puede hallarse incorporado en realidades concretas y así
ocurre cuando se dice que lo bueno es lo delectable, lo correcto o lo útil para la vida. En el texto, J.S.Mill
entiende por felicidad, el placer y la ausencia de dolor; por infelicidad, el dolor y la falta de placer. La
finalidad de la vida humana no es otra que lograr la felicidad, es decir, conseguir los bienes que satisfacen
nuestros deseos materiales y espirituales. El criterio utilitarista no lo constituye la mayor felicidad del propio
agente, sino la mayor cantidad total de felicidad; no es, por lo tanto, un hedonismo egoísta sino un
hedonismo universalista. Una vida feliz es aquella que cuenta con numerosos y duraderos momentos de
elevado goce, con muchos y variados placeres, y con pocos y transitorios dolores; una vida feliz es aquella
en la que predomina el activo sobre el pasivo, sin esperar de ella más de lo que puede dar. Una de las
piezas clave para la consecución de la felicidad personal es la búsqueda de la propia excelencia por parte
del ser humano, aspecto éste no destacado por Bentham.

Merece mencionarse la conocida como “paradoja de la felicidad”: Para ser feliz, un agente debe aspirar a
cosas que no sean su propia felicidad; sólo apuntando hacia otra cosa puede alcanzarse la felicidad.
Mientras que en su Autobiografía J.S.Mill reconoce que las reflexiones de Carlyle y Goethe respecto a la
importancia de la renuncia para ser feliz, le ayudaron a salir de su primera crisis, en El Utilitarismo critica
este planteamiento ya que ningún sacrificio, en sí mismo, es un bien.

INTERÉS (Interest): El concepto de “interés” es muy amplio y se refiere a todo aquello a lo que nos
orientamos y que procuramos. Se habla de intereses vitales, sociales, económicos, etc. Este concepto
tiene importancia en la ética y se basa, por una parte, en el principio de búsqueda del placer y de evitación
del dolor y, en segundo lugar, en la estimación de que hay una coincidencia entre los intereses del
individuo y los intereses de la comunidad. De esta manera, los beneficios individuales contribuyen
armónicamente al bienestar de toda la sociedad. J.S. Mill interpreta, en numerosas ocasiones, la “felicidad”
como sinónimo de “intereses”: la felicidad podría denominarse, en términos prácticos, intereses
individuales y colectivos.

LIBERTAD (Liberty): El término de “libertad” tiene muchos sentidos: puede entenderse como posibilidad
de autodeterminación, capacidad de elección, acto voluntario, liberación de y para algo, etc.
La libertad personal consiste en la autonomía y la independencia del individuo respecto de las presiones o
coacciones procedentes de la sociedad o del estado. La libertad política consiste en la autonomía y la
independencia de los individuos respecto de la posibilidad efectiva de participar en los asuntos de la
comunidad y dirigir su destino.

J.S. Mill en su obra Sobre la libertad (1859) trata fundamentalmente de la libertad social o civil, cuya forma
esencial es la libertad de pensamiento, que carece de relieve social sin la libertad de expresión, y que se
concreta socialmente como libertad de asociación. Estas libertades necesitan ser reguladas, pero nunca
para disminuirlas sino para reforzarlas. El Estado no debe limitar estas libertades ni con el pretexto de la
protección de los individuos: se trata de establecer los límites de la acción del Estado en relación con las
libertades del individuo en cuanto actor social. J.S. Mill, parte de una idea netamente liberal y de una clara
defensa de la individualidad, que no del individualismo.

MOTIVO (Motive): Con carácter general, motivo suele significar causa o razón por la cual algo sucede o se
realiza. La motivación es el conjunto de factores que regulan la conducta. J.S.Mill afirma que la mayor
parte de las acciones las realizamos por motivos distintos a un supuesto sentimiento del deber. El motivo
no tiene nada que ver con la moralidad de la acción, aunque sí con el mérito del agente. La ética utilitarista
analiza las consecuencias de la acción moral y no los motivos que la produjeron.

PLACER (Pleasure): Con carácter general, puede afirmarse que el placer consiste en la satisfacción de
necesidades, en la ausencia de malestar y en la existencia de bienestar, en cierta sensación de euforia,
del cuerpo, de la mente, o de ambos. Es un tanto problemática la frecuente distinción entre placeres
corporales o físicos y placeres psíquicos, mentales o espirituales, ya que no es siempre fácil distinguir
entre unos y otros: el placer corporal en los organismos biológicos relativamente desarrollados presupone
un “sentimiento” de ese placer, sentimiento que es psíquico y no físico; y por otro lado, no hay placer
puramente psíquico o mental en el sentido de ser totalmente independiente de los estados físicos del
organismo.

Esta dificultad está presente en el utilitarismo de J.S.Mill cuando insiste en distinguir tipos de placeres.
Según él, ninguna finalidad es más elevada, ningún objeto más noble que el placer, pero asigna a los
valores del intelecto, de los sentimientos, de la imaginación y de los sentimientos morales un valor mucho
más elevado que el de los placeres de la pura sensación. Esta superioridad de los placeres mentales
sobre los corporales se basa en la mayor persistencia, seguridad, menor costo, etc. de los primeros.

Esta introducción del criterio de calidad de los placeres marca una clara diferencia con Bentham, para
quien los placeres eran considerados teniendo en cuenta su suma aritmética. J.S.Mill afirma que, entre dos
placeres, si hay uno al que todos o casi todos los que lo han experimentado conceden decidida
preferencia, ése es el placer más deseable. Y añade que pocas criaturas humanas consentirían en
convertirse en un animal inferior ante la promesa del completo disfrute de los placeres de una bestia.

La tradición ética basada en el uso racional de los placeres se conoce como tradición ética hedonista y
J.S.Mill es heredero de la misma proponiendo un hedonismo universalista.

RENUNCIACIÓN (Renunciation-Entsagen): La renunciación o renuncia consiste en la dejación voluntaria


de algo que se posee o del derecho que se tiene a ello.

El sentido de este término en el texto de J.S.Mill es el mismo que abnegación (Self-devotion), sacrificio o
auto-renuncia. J.S.Mill reconoce en los seres humanos la capacidad de sacrificarse por los demás,
renunciando a la propia felicidad en aras de la felicidad general, pero niega que el sacrificio sea, en sí
mismo, un bien. El hedonismo de J.S.Mill no es tanto altruista como universalista.

TRANSCENCENTALISTAS (Transcendentalist): El transcendentalismo es una corriente norteamericana


representada por autores como Ralph Waldo Emerson (1803-1882) y Theodor Parker (1817-1862) que
defendía la superioridad del espíritu y la evidencia inmediata de las verdades morales y religiosas: el ser
humano posee facultades morales que le conducen a la justicia y al derecho, y facultades religiosas que le
encaminan a Dios. La verdad suprema, según ellos, se encuentra en el alma y puede ser descubierta
mediante la luz interna.

En el texto, J.S.Mill se refiere a los transcendentalistas cuando afirma que no sólo éstos pueden defender
la abnegación o la autorenuncia; también el utilitarista puede ser abnegado y sacrificarse cuando se busca
incrementar la suma total de felicidad, pero niega rotundamente que el sacrificio sea un bien en sí mismo.

UTILIDAD (Utility): En general, se llama “útil” a todo lo que puede servir para algo, y útiles pueden ser
ciertas cosas, pero también ciertas acciones. El concepto de utilidad desempeña un papel importante en la
economía y en la ética.

Algunas teorías éticas, especialmente el utilitarismo, giran en torno al concepto de utilidad y estiman que lo
útil es lo placentero, ya que todo lo que satisface una necesidad o un deseo tiene que producir
forzosamente algún placer. Si se considera lo útil como un valor, puede servir para fomentar valores
considerados como “superiores”.

J.S.Mill afirma que el fundamento moral es la utilidad: las acciones son correctas en la medida en que
tienden a promover la felicidad, y son incorrectas en la medida en que tienden a producir infelicidad.
Utilidad, por tanto, no es algo distinto de felicidad, de interés o de placer en un sentido más amplio que en
el que suele entenderse. El principio de la utilidad recomienda, en primer lugar, que las leyes o
organizaciones sociales armonicen en lo posible la felicidad o los intereses de cada individuo con los
intereses del conjunto, y, en segundo lugar, que la educación y la opinión pública utilicen el gran poder que
tienen en la formación humana para establecer en todos los individuos una asociación indisoluble entre su
propia felicidad y el bien del conjunto. La teoría ética de la utilidad defiende el placer y la liberación del
dolor, y en esto consiste aquello que se denomina felicidad.

UTILITARISMO (Utilitarianism): J.S. Mill afirma haber sido el primero en poner en circulación el término
“utilitarista” (Utilitarian), tomado de una alusión pasajera de Galt, para referirse a la Sociedad Utilitarista de
fundó en su juventud. Sin embargo, algunos estudios señalan que Bentham ya había usado el término
“utilitarista” en un texto escrito en 1780 y publicado póstumamente.

El utilitarismo es la concepción según la cual el valor supremo de la acción humana es el de la utilidad, por
lo que lo valioso coincide con lo útil. Es necesario reservar el nombre de utilitarismo para un grupo de
teorías filosóficas y éticas surgidas en la época moderna y evitar con esto caer en una concepción vulgar
del mismo y equipararlo, erróneamente, a una teoría del egoísmo o a una teoría del mero placer sensual.
Se requieren muchos siglos de cultura para forjar a un utilitarista como J.S.Mill. Es recomendable, por
tanto, restringir el término de “utilitarismo” a la corriente que surgió en Inglaterra a finales del siglo XVIII
representada, fundamentalmente, por Jeremy Bentham, James Mill y el hijo de éste, John Stuart Mill.

El utilitarismo inglés tiene como precedente a Helvétius (1715-1771), quien aplicó el empirismo de Locke
(1632-1704) a las cuestiones morales y políticas. Helvétius afirmaba que la vida del ser humano está
dominada por el deseo de felicidad y por la voluntad de evitar el dolor, y mantenía la importancia de la
educación de los seres humanos para contribuir a su progreso y a su felicidad.

El utilitarismo inglés fue llamado a menudo “radicalismo filosófico” (Philosophical Radicalism) y fue
Bentham quien promovió esta corriente a través de la Westminster Review, publicación que defendía
abiertamente una política liberal y democrática. Para Bentham la base de la reforma de la sociedad es el
reconocimiento de que la naturaleza nos ha colocado bajo el dominio de dos maestros soberanos, el
placer y el dolor, y que lo correcto e incorrecto se establece teniendo en cuenta qué acciones tienden a
aumentar o disminuir la felicidad del individuo y de la sociedad.

J.S. Mill tiene muy en cuenta las ideas arriba mencionadas pero destacó el carácter cualitativo, y no sólo
cuantitativo de los placeres: algunas clases de placer son más deseables y valiosas que otras, y los
placeres del intelecto, de la imaginación y de los sentimientos morales son superiores a los placeres de la
sensación. De esta manera, J.S. Mill acaba con el malentendido que relaciona el utilitarismo con la
búsqueda individual y egoísta de placeres materiales, y subraya que su utilitarismo promueve la búsqueda
universal, e incluso altruista, de todo tipo de placeres y, especialmente, de los más elevados. En el texto
que nos ocupa J.S. Mill se dedica a contestar a las distintas objeciones que pueden hacerse al utilitarismo.

Recientemente algunos autores como J.J.C. Smart han querido desarrollar y fundamentar la ética
utilitarista. Así, es frecuente distinguir entre el utilitarismo de los actos (Act Utilitarianism), que mantiene
que lo correcto o incorrecto de una acción debe juzgarse por las consecuencias, buenas o malas, útiles o
no, de tal acción, y el utilitarismo de la regla (Rule Utilitarianism), que defiende que lo correcto o incorrecto
de una acción debe juzgarse en virtud del tipo de reglas en que pueda encuadrarse, siendo un acto
correcto si la regla en la que se encuadra es útil. J.S.Mill combina ambos tipos de utilitarismo.

También se han realizado otras distinciones dentro del utilitarismo: 1. Utilitarismo hedonista, según el cual
la corrección de una acción depende totalmente de la cantidad de placer que produce y de la cantidad de
dolor que evita. El utilitarismo de Bentham sería hedonista, pero no el de J.S.Mill, quien al considerar unos
placeres más elevados que otros, hace entrar en juego el criterio de calidad de los placeres, cosa que
complica, o imposibilita, la suma de los placeres.

2. Utilitarismo de la preferencia, según el cual, la corrección de una acción depende, directa o


indirectamente, de la satisfacción de las preferencias o inclinaciones de los individuos. Cuantos más
individuos obtengan lo que quieren, mejor. J.S.Mill, participaría de este tipo de utilitarismo, combinando las
nociones de satisfacción suficiente y satisfacción máxima.

3. Utilitarismo positivo, que recomienda la promoción o maximización de los valores basados en la utilidad.

4. Utilitarismo negativo, que recomienda la reducción o minimización de los valores contrarios a la utilidad.
J.S.Mill defiende más abiertamente el primero que el segundo.

5. Utilitarismo indirecto o restrictivo, que afirma que un agente tenderá a actuar correctamente cuando se
desarrollen en él actitudes, hábitos y principios correctos, y no tanto cuando calcule el valor de las
consecuencias antes de decidirse a actuar. Se denomina indirecto porque se basa en las acciones sólo
indirectamente. Podemos decir que J.S.Mill no es partidario de este tipo de utilitarismo, a pesar de su
enérgica defensa de la necesaria educación de los sentimientos morales de los individuos.

6. Utilitarismo idealista, que afirma que la maximización del placer o de la felicidad no es la única finalidad
de la moral, y que lo que es preciso fomentar son los valores basados en la experiencia estética y la
amistad. Algunos autores consideran a J.S.Mill como un utilitarista “semi-idealista”.

7. Utilitarismo teológico, que, aceptando la existencia un Dios bueno, considera que éste desea la felicidad
de sus criaturas, y que su deseo es una orden para nosotros. J.S.Mill, educado en la tradición ilustrada,
crítica y agnóstica, no defendería este utilitarismo y, sin embargo, en el texto que nos ocupa se encarga de
afirmar con rotundidad que el utilitarismo por él mantenido no es necesariamente ateo y desarrolla la idea
fundamental del utilitarismo teológico.

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