0% encontró este documento útil (0 votos)
341 vistas10 páginas

DESTINADA

El documento presenta el inicio de una historia de ficción sobre una joven llamada Madi que se muda a Londres para estudiar. En el primer capítulo, Madi se despide de su nana y aborda un vuelo, para luego llegar a su departamento en Londres y descubrir una habitación secreta con armas.

Cargado por

Nicte Bacilio
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
341 vistas10 páginas

DESTINADA

El documento presenta el inicio de una historia de ficción sobre una joven llamada Madi que se muda a Londres para estudiar. En el primer capítulo, Madi se despide de su nana y aborda un vuelo, para luego llegar a su departamento en Londres y descubrir una habitación secreta con armas.

Cargado por

Nicte Bacilio
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

DESTINADA

Nicte-ha Bacilio
Prologo
No todas las historias de terror son reales, a veces incluso podemos tener al monstruo dentro de
nosotros sin darnos cuenta.

El viento corre a dirección opuesta de mi ocasionando que mi cabello se ondee en el. Mis manos
están llenas de sangre, mi rostro solo tiene un leve salpicado y mi ropa se torno de un color
carmín bastante llamativo.

La gente pasa ignorándome por completo, algunos me temen, otros ni si quiera se inmutan en
callar. Murmuros son lo único que se escucha en esta oscura noche; la satisfacción de haber
manchado mis manos con alguien que de verdad vale la pena es totalmente satisfactorio, jamás
había experimentado este tipo de sensaciones pero sin duda lo volvería a repetir.

Matar no es malo, mentir si. Hablar con la verdad es saber aceptar lo que hiciste u ocasionaste,
pero nunca le mientas a alguien que ya es experta en eso.

Mi vida siempre ha sido ha base de mentiras, es hora de saber la verdad. Con sangre y muerte.

Bienvenidos a Destinada.
CAPITULO 1

¿Estoy nerviosa?, Si. 

¿Quiero irme?, No.

— ¿Llevas todo, hija?— pregunta mi nana entregándome mi mochila.

Estamos en el aeropuerto solo ella y yo, mis padres ni se molestaron en venir.

―Si nana— afirme —Supongo que llevo todo.

— ¿Llevas pasta de dientes?

—Si.

— ¿Calzones extra?

— ¿Llevas condones?

— ¡Ay nana!, ¿Que preguntas son esas?, No, no llevo condones.— Solté una risa —Pues si voy a
estudiar, no ha andar follando.

—Okey, pero no lo grites, me pondrás en vergüenza.

—Ahora resulta.

Pasajeros del vuelo 19 con destino a Londres

—En mi hora nana, tengo que irme.

—Ay mi niña, creciste demasiado rápido— una lágrima rodó por su mejilla —Trata de llamarme
todos los días, cuídate mucho corazón y recuerda nuestras reglas.

—Claro que las recuerdo nana.―limpie con mi pulgar su lágrima.

Como olvidarlas.

•Utilizar un arma por necesidad.


•Siempre defender a los míos.
•Ser sigilosa.
•La manipulación debe ser nuestra primera estrategia.
•Primero yo, luego el resto.

―Bien mi niña, te extrañare demasiado― se limpio una lagrima ―Te amo mucho.

Me dio en mi punto débil, ella.

―Yo también te amo nana.― la abrace ―Siempre seremos tu y yo contra el mundo.


Con todo el dolor de mi corazón me di la vuelta y comencé a caminar hacia donde se encontraba
la entrada para subir el avión.

Al abordarlo, el llanto no se contuvo por más tiempos y llore como una niña chiquita.

Me duele separarme de lo que más quiero, no soporto el hecho de tener que viajar a miles de
kilómetros lejos de ella. Ya no iré a despertarla por las noches para que me acompañe al baño
porque aun me da miedo, o  que me cuente sus historias con sus miles de novios que tuvo en la
adolescencia.

Duele... y mucho.

Mis padres nunca se han preocupado por mí en lo mas mínimo, siempre ha estado mi nana.
Siempre ha sido ella.

Miro por la pequeña ventanilla asombrándome por el hermoso cielo azul en el que estoy
volando. Irme a Londres no es nada fácil, metí diecisiete años de mi vida en tan solo dos maletas
y una mochila.

El calor me está matando, ya no soporto los gritos del niño que tengo al lado y muy ahora se me
ocurre sacar mi teléfono, pude haberlo hecho desde que subí.

―Ña, ña, ña― balbucea el niño a mi lado.

Es tan irritante.

― ¿Qué quieres?

―Dame eso― ordena señalando mi celular.

―No te lo voy a dar, es mío.

― ¡Pero lo quiero!― manotea haciéndome enfurecer aun mas.

―Mi amor, deja de molestar a la muchacha.―Habla esta vez la madre.

¡Por fin se da cuenta de algo!

Saco mis audífonos ignorando al engendro que tengo a mi lado que no para de sacarme la
lengua y abrir los ojos repetidas veces.

Pongo música en mi teléfono, me acuesto en la cabecera del sillón olvidándome de todo y de


todos.

****

Londres es un lugar demasiado turístico para mi gusto. Muy turístico. El gélido aire golpea mi
cuerpo erizándome la piel por completo, el avión ya aterrizo y solo falta que me entreguen mis
maletas correspondientes.

Al salir del aeropuerto me encuentro con un clima bastante desastroso pero sin duda es algo
mejor de lo que había en donde vivía. La agencia de coches ya envió un auto a mi dirección, solo
queda esperar.

Después de casi diez minutos el coche llego. Subí mis maletas y me dirigí hacia mi
departamento, el cual tiene casi unos dieciséis años que no estoy allí.
Al llegar el portero de aproximadamente unos sesenta y dos años, cabello canoso, de estatura
promedio y frondoso de cuerpo me recibe con una gran sonrisa, Samuel.

― ¡Pequeña!, ¡has crecido demasiado!― se acerco a mi rodeándome con sus brazos.

―Yo también te extrañe Sam― le correspondí el abrazo.

Samuel me conoce desde muy pequeña, tenía tres años cuando lo conocí. Mis padres me
regalaron este departamento por mi cumpleaños número tres, no sabían en que gastar su dinero
así que pensaron que lo más sensato era regalarle un departamento que abarca todo el último
piso de este gran edificio.

―Te llego correspondencia― carraspeo la garganta ―Tu padre me llamo para decirme que te
recibiera en buenas condiciones y estuviera a tu disposición en todo momento.

Claro, el gran Carlos Regond, siempre queriendo que salga todo bien incluyendo a otras
personas.

―Gracias Sam― murmure ― Te veo luego, iré a alojarme y en un rato bajo.

―Cualquier cosa me llamas y aquí estoy para ayudarte Madi.

Asentí con la cabeza.

Subí por el elevador hacia el último piso. Al entrar se me corta la respiración de tantos recuerdos
que están en mi mente.

― ¡Papa! ¿Ya casi llegamos?― pregunte con impaciencia.

―Ya casi pequeña, ya casi.

Mama y papa dijeron que me darían una sorpresa por mi cumpleaños. Es extraño, no se a
donde vamos.

Me quedo contando las gotas de lluvia que se encuentran en los cristales del coche. Es de noche
y no logro observar bien lo que pasa a mí alrededor, tengo mucho sueño y papa solo me ha
mandado a llamar sin decirme nada. Ahora no sé ni a donde me llevan.

― ¡Llegamos!― exclamo mi papi estacionando el coche en una especie de edificio.

― ¿Dónde estamos papi?

―Ven cariño― me extendió la mano ―Te enseñare tu regalo.

Entramos al despacho y nos encontramos con un señor regordete que solo le sonríe y asiente
con la cabeza.

¿Qué le pasa?

Subimos en un cuadro gigante que se mueve hacia arriba y me está mareando muchísimo. De
repente se escucha solo un ¡Tin!

Salimos de ese cubículo y entramos a un cuarto, está demasiado oscuro y no puedo ver nada.

― ¡Sorpresa!― grito papa asustándome.


Encendió las luces y por fin pude ver de lo que se trataba.

― ¿Qué es esto papi?

― Es un departamento, pequeña.― suspiro ―Sera tu hogar dentro de unos años cuando


vengas a estudiar aquí a Londres.

― ¿Un departamento?

―Es una habitación en la cual te podrás quedar dentro de unos años cuando seas mayor de
edad, aquí te alojaras y vivirás por un tiempo mientras estudias la universidad, cariño― hablo
esta vez mama.

Sigo sin entender.

― Papi― lo llame ― ¿Puedo quedarme?

― Claro que no, al menos por ahora.

Mama me tomo de la mano y me llevo de nuevo hacia el cuadro grande donde nos subimos
hace un momento. El estomago se me revuelve y tengo ganas de vomitar estando dentro de
esta cosa.

Mama se agacha hacia mí y me da un pequeño beso en mi cabeza.

―Te queremos mucho, nunca lo olvides―susurro papa dándome un pequeño abrazo.

Veo que mintieron.

Una pequeña escandalosa lágrima cae por mi mejilla, la limpio con mi mano restándole
importancia. No estoy segura de en qué momento se alejaron de mi, pero de lo que si hay
seguridad es que no necesito a nadie más que a mi abuelita Rosa, mi nana.

Dejo las maletas en la sala y voy directo hacia la habitación. Es grande, muy grande.

La cama tiene pinta de ser cómoda, frente a ella está un gran ventanal con vista hacia la ciudad,
esto es demasiado genial. Frente a la cama se encuentra un sillón color hueso como la mayoría
de las cosas que se encuentran aquí. La tele es de un tamaño normal, lo que me llama mucho la
atención es lo que se encuentra al lado de mi cama, es un buro. No cualquier buro, me dirijo
hacia él y meto la mano por debajo de este encontrándome una llave.

¿Qué abre esta llave?

Tomo el teléfono que esta sobre el buro y marco el número de recepción. Después del tercer tono
contesta.

― ¿Si Madi?― hablo Sam por el otro lado del teléfono.

―Sam, tengo cierta curiosidad de algo que se encuentra en mi habitación.

― ¿Ya la encontraste?

Se a lo que se refiere.

―Sí, no fue muy difícil a decir verdad.


―Al lado de tu tele se encuentra un librero.

―Ajam.― me dirijo hacia este ―Ya estoy frente a él.

―Okey, muévelo hacia el lado derecho.

¿Lado derecho? ¿Cuál es el lado derecho?

―Sam.

― ¿Qué pasa?

― ¿Cuál es el lado derecho?

― Supuse que pasaría algo así, busca a sus lados un cuadro de un barco.

― ¡Ya!― exclame señalando el cuadro.

― Empújalo de ese lado.

Obedecí lo que me dijo y lo empuje con todas mis fuerzas haciendo que se moviera, dejando a la
vista una especie de caja fuerte del tamaño de una puerta un poco más pequeña que el librero.

―Mete la llave en la cerradura― hablo de nuevo.

Colgué y preste más atención a lo que tengo frente a mí. Metí la llave y la caja se abrió
mostrándome un cuarto secreto.

Oh. Por. Dios.

Dentro de este cuarto se encuentran armas, entre esas están: una pistola umarex hk usp balin
cal. 4,5, la otra es una glock 9mm, seis cuchillos artesanales, tres dagas y una maravillosa katana
de aproximadamente 77 cm. No solo es eso, mi atención se detiene en un arco de color azul con
algunos detalles en el centro de este y en las puntas de un blanco casi gris, las flechas son del
mismo color que el arco solo que las plumas son totalmente blancas.

Es una habitación acogedora pero muy segura. Las paredes están cubiertas con un tipo de
mármol de madera, en la primera pared se encuentran las armas, en la segunda los cuchillos, en
la tercera las dagas y en la última pared esta el aro con aproximadamente veinte flechas.

Entre al cuarto y lo primero que mis manos tocaron fue el esplendido arco que ya hacía tiempo
que no tocaba uno de ellos. Se siente frio contra mis manos por lo que supongo que, dentro de
aquí se encuentra una ventilación. Alzo la cabeza y sí, hay un pequeño agujero que da con el aire
del baño.

Salgo de ahí y cierro la puerta con llave. Acomodo de nuevo el librero dejándolo en su lugar de
antes. Voy hacia la sala y empiezo a desempacar acomodando todo en los armarios de la
habitación. Luego de terminar entro al baño y me doy una ducha rápida para poder continuar
con los pendientes que tengo que hacer.

Ya bañada y arreglada, tomo las llaves del coche bajando en el elevador hacia recepción.

― ¿Ya te vas pequeña?― pegunto Sam saludándome de lejos.

― Solo saldré por unas cosas, tal vez regrese por la noche o puede ser que más temprano.
Asintió con la cabeza como respuesta.

Conduje hasta en supermercado. Al llegar compre todo lo que necesitaba, incluso hasta lo que
no. Mucha gente se me quedaba viendo pero eso ya era algo cotidiano, siempre me alagaban por
tener un cuerpo envidiable―según ellas―. Mi cuerpo es de lo más normal, solo que hay algunos
detalles en el que si resaltan de más, pero solo es eso. Nunca me he creído superior a los demás
por eso o incluso por la belleza, nadie debería de sentirse así.

Estando en el supermercado, ―mientras compraba― muchas chicas me lanzaban miradas de


envidia y rechazo, no tengo la menor idea del porque lo hacías pero no me afecto en lo absoluto.
El que algunas personas sean inseguras no les da el derecho de rechazar sin motivo alguno a una
persona solo porque es bonita, segura o inteligente. Tampoco está mal el ser insegura, ―yo lo he
llegado a ser― pero cada quien puede cambiar ese pensamiento malo en uno positivo.

Primero comenzar por no comparase con nadie. Cada quien tiene su propio brillo.

Segundo. Empiecen a amarse tal y como son.

Tercero y última. No intentes cambiar algo de ti por alguien más, si vas a cambiar que sea por ti,
porque quieres sentirte bien contigo misma.

Ya había comprado todo lo que necesitaba, ahora solo quedaba comprar mi cena.

¿Pizza?, Si.

Al llegar a mi departamento fui hacia la cocina para empezar a cenar, Sam me ayudo a subir
todas las compras y solo quedaba cenar.

¡Dios! Hace tiempo que no comía pizza. Supongo que es lo que más comeré de ahora en
adelante. Al terminar me fui hacia mi habitación y me puse mi ropa para dormir, que solo
consistía en un short holgado y una blusa de tirantes, nada más.

Me metí a mi cama, y si, es demasiado cómoda como lo había presentido. Arrope mi cuerpo con
la cobija acomodándome para dormir tranquila.

De todos modos, no sabía que desde ese instante el infierno había comenzado a asecharme de la
manera más sangrienta.
CAPITULO 2
Me despierto debido al sol que se cuela por mi ventana. Definitivamente no fue buena idea dejar
los vidrios sin cubrir, no cerré las cortinas.

Las sabanas están pegadas a mi cuerpo debido al sudor que tengo en cima. En la madrugada
comenzó a hacer mucho calor, no tenia encendido el aire acondicionado y por la flojera que
tenia y el cansancio no me pare a prenderlo.

Hoy es mi primer día en la Universidad y ya me estoy arrepintiendo de estar aquí.

Me levanto de la cama y me dirijo al baño, tomo una ducha caliente. Me visto de vaqueros
negros, un top blanco que deja al descubierto mi ombligo y resalta mis pechos, para terminar
con el atuendo calzo uno tenis grises. Ato mi cabello en una coleta alta dejando que pequeñas
hebras caigan en mi frente, me pinto los labios y enchino mis pestañas.

Supongo que ya estoy lista.

Tomo mi mochila y hecho todo lo que necesito. Bajo por el elevador a recepción encontrándome
con mi gran amigo Sam.

― ¡Pequeña!, ¿madrugaste?― pregunto con curiosidad.

―Si Sam, madrugue.―suspire ―La verdad es que no pude dormir un poco por el calor.

― ¡Ah!― rio― Lo que pasa es que debido a que nadie ha entrado en mucho tiempo a tu
departamento, el aire acondicionado se descompuso y hasta la fecha no lo han arreglado.

― Ya entiendo.― saque mi teléfono― En la tarde pasare a compra uno nuevo ya solo me ayudas
a instalarlo.

―Si pequeña, yo te ayudo.

Me despedí de el yendo al auto. Puse música y conduje hasta la Universidad.

No es como me lo imaginaba, es mucho mejor. El instituto está dividido en tres secciones, el


área de los salones, el campus y las albercas. La entrada me recibe con un gran arco de
enredadera de plantas verdes y muy frondosas.

También podría gustarte