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El Ejercicio de Yoshi

El documento habla sobre la importancia de la repetición en diferentes prácticas y tradiciones. Explica que la repetición de ciertos movimientos o acciones produce cambios sutiles en nuestro estado interno y nos permite acceder a nuevos estados de conciencia. También señala que si bien la repetición es útil, es importante incorporar elementos de contraste y variedad para evitar la rigidez mental.

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El Ejercicio de Yoshi

El documento habla sobre la importancia de la repetición en diferentes prácticas y tradiciones. Explica que la repetición de ciertos movimientos o acciones produce cambios sutiles en nuestro estado interno y nos permite acceder a nuevos estados de conciencia. También señala que si bien la repetición es útil, es importante incorporar elementos de contraste y variedad para evitar la rigidez mental.

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De “El actor invisible” de Yoshi Oida

LA REPETICIÓN

Existe en Japón una tradición Cinto que consiste en caminar por las montañas
con el sólo sustento de un poco de arroz integral. Otra es la de caminar
alrededor de un santuario cien veces. Se cree que si realizamos y
completamos ésas acciones se oirán nuestras plegarias. La base de aquellas
ceremonias es el acto de la repetición; es la repetición lo que nos hace
cambiar.
A pesar de que a veces sentimos que la vida cotidiana es repetitiva, es verdad
también que existen en ella cambios sutiles. Nunca repetimos realmente todo lo
que hacemos en la vida cotidiana, ya que usamos ropas distintas, comemos
diferentes comidas y experimentamos diferentes estados de ánimo. Y no quiero
decir con esto que el tener una vida monótona y sin cambios sea bueno sino
que el hecho de que algunas acciones se repitan produce en nosotros un
efecto importante: pueden modificarnos.
Al meditar, nos sentamos en la misma posición, día tras día. Y en las danzas
africanas, movemos la pelvis (o el esternón) hacia delante y hacia atrás
creando un pulso repetido en la columna, que a su vez hace ondas, y si
continuamos el movimiento se alterará nuestro estado interior. Del mismo
modo, los derviches del Medio Oriente usan los giros continuos para entrar en
una danza-trance. Cada cultura tiene una versión diferente para realizar este
tipo de ejercicios, pero en común todas tienen la repetición. ¿Por qué?
Podría pensarse en la existencia de una energía interna de cada ser humano
que existe junto con la energía física. Nosotros cuidamos nuestro aspecto físico
al cuidar lo que comemos, al tomar vitaminas o al procurarnos un buen
descanso, pero también es muy importante alimentar y cuidar nuestra energía
interna. Nuestro registro y sensibilidad internos son tan necesarios para vivir
como lo es un buen estado del cuerpo. Parece ser que los ejercicios de
movimiento que incluyen repetición cumplen de algún modo con esta función, y
la mayoría de las culturas tienen ejemplos de tales actividades físicas
repetitivas. Esos ejercicios se encuentran generalmente en las prácticas
espirituales de varias tradiciones, aunque sospecho deben ser más antiguos
que las religiones en las cuales las podemos encontrar. Estos ejercicios
surgieron como resultado de la práctica “ensayo-error” buscando una manera
de estimular la energía interior. Al comprobar su efectividad, distintas
tradiciones espirituales decidieron incluir tales acciones en sus prácticas
religiosas. Del mismo modo, podemos encontrar ejercicios que implican
repeticiones de sonidos en muchas religiones, a la manera de mantras o
cantos.
A través de los siglos hemos olvidado la importancia de alimentar los sentidos
internos y por lo tanto perdimos contacto con las actividades físicas que este
trabajo hacía originalmente. Así es como podemos encontrar ejercicios
interiores sólo en tradiciones espirituales, las que han preservado y trasmitido
ese conocimiento. Sin embargo, cada uno de nosotros debería “alimentar” su
energía interna aún sin pertenecer a ninguna tradición religiosa. Los
movimientos repetidos tienen el efecto de estimular nuestra energía interna,
haciéndonos más sensibles y alertas como personas. En el pasado, los monjes
cristianos pasaban parte del día caminando alrededor de los claustros de la

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Abadía de la misma manera que lo hacían en los santuarios Shinto de Japón.
Ya he mencionado la importancia de la columna como conductor de la energía
interna, y de la utilidad de los movimientos repetidos que la incluyan. Aún
cuando la columna no sea el foco de la acción, el efecto de la repetición es muy
poderoso.
Ese poder también ha sido reconocido en áreas que no tienen que ver con la
práctica espiritual. Recuerdo los patrones físicos usados en regímenes políticos
como el fascismo. Los seguidores de tales filosofías políticas aprenden
maneras “especiales” de movimiento (como la marcha “Paso de ganso”) que
implican el elemento repetición. Se practican esos movimientos con regularidad
y de esa manera se confirma el compromiso que cada individuo tiene con el
grupo. Podemos decir que en algún punto este tipo de actividad física es muy
peligrosa ya que sirve para unificar a los seguidores en una sola masa
concentrados en un único objetivo compartido.
Al estar el cuerpo y la mente tan conectados, las acciones físicas rígidas
promueven un pensamiento igualmente inflexible. Por lo que no deberíamos de
asumir que una tradición o filosofía que incluya movimientos repetidos sea
maravillosa automáticamente. La diferencia reside en el hecho que las
tradiciones espirituales usan la repetición con el objetivo de liberar la mente,
mientras que movimientos tales como el fascismo la utilizan para fijarla en un
objetivo elegido.
Es por eso que deberíamos elegir ejercicios que nos eviten la rigidez física ya
que nuestro objetivo es alcanzar la libertad en nuestra mente. Es claro como la
postura “Fascista” implica una postura corporal extremadamente rígida así
como lo es también la caminata tipo Paso de ganso”
Incluso en las artes marciales deberíamos poner cuidado al elegir a nuestro
maestro ya que la ejercitación es muy poderosa. Si estos movimientos no se
nos enseñaran bien, pueden volverse rígidos y automatizados, lo que
contribuiría a la inflexibilidad mental. Del mismo modo, al realizar los ejercicios,
deberíamos concentrarnos en mantener nuestra concentración abierta y fluida
y no estrecha y enfocada en exceso ya que el objetivo del entrenamiento será
el de estimular la libertad del cuerpo y de la mente por lo que deberíamos evitar
cualquier otra cosa que implique lo contrario.
La repetición es una técnica muy útil aunque en la vida cotidiana requiera de un
“desarrollo”. No podríamos hacer la misma cosa día tras día: para mantener el
interés y desarrollarnos necesitamos avanzar de alguna manera. En un
monasterio Zen, se hacen las mismas cosas cada día a la misma hora. Se
medita, se trabaja, se come, se duerme. Esta podría ser una forma de
entrenamiento espiritual pero los actores no somos monjes, y necesitamos
trabajar de diferente manera para poder cambiar y crecer.
Un modo de evitar que la repetición cause rigidez sería la de incorporar un
elemento de contraste y variedad dentro del trabajo. En el Shintoismo se aplica
esta idea alternando períodos de actividad intensa y dinámica con momentos
de calma. De hecho, todos los ejercicios físicos deberían emplear el contraste
para ser efectivos.
Al alternar ejercicios suaves con dinámicos el factor de importancia es la
duración: cuánto tiempo pasamos usando uno de estos acercamientos hasta
que cambiamos al otro. Un bueno maestro sabrá juzgar cuándo es
conveniente extender un ejercicio de intensidad antes de pasar a uno más
calmo. Es un timing que no puede preverse diciendo que una instancia durará

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veinte minutos y la otra diez ya que la duración correcta dependerá de una
serie de factores como el día, las personas y el nivel de experiencia, y será el
maestro quien estando sensible a estas variables determinará la extensión de
las mismas. Si el maestro elige bien, los alumnos se sentirán positivamente
afectados por el ejercicio: pueden llegar a sentir cansancio aunque también
sentirán un cierto placer. Al trabajar solos, la sensación de que el aburrimiento
comienza a instalarse o algo ha durado lo suficiente serán indicadores que
podremos cambiar de ejercicio.
De todos modos, a veces es interesante seguir haciendo el mismo ejercicio una
y otra vez sintiéndonos aburridos ya que a un cierto punto podríamos ir más
allá del aburrimiento y descubrir el ingreso a un nuevo dominio, conociendo por
primera vez algo completamente nuevo- que jamás experimentamos en la vida
cotidiana.-, donde jamás atravesamos la barrera del aburrimiento: si algo se
vuelve difícil o tedioso dejamos de hacerlo. Al estar obligados a trabajar en el
punto de aburrimiento, tenemos la oportunidad de enfrentarnos con un nuevo
espacio, lo cual nos ayuda a desarrollarnos.
En la vida cotidiana de la gente común en Japón, existe muchísima repetición.
El saludo por ejemplo: sus sentimientos hacia las personas se expresan en un
movimiento físico claro: cuánto más respetan a la otra persona más se inclinan.
Puede que por eso muchas tradiciones hayan empleado la inclinación como
símbolo de respeto; indica y refuerza la conexión entre emoción y acción.
Al hacer tales movimientos comenzamos a comprender algo que no puede
explicarse en términos lógicos. Es un tipo de comprensión que no encontramos
en libros o en conversaciones sino solo en el cuerpo. Puede que comporte la
compresión de lo que somos como simples seres humanos.
En muchas religiones nos sentamos durante un lago tiempo, o caminamos
largo rato ganando finalmente algún tipo de visión interna trascendental. Lo que
yo encuentro interesante es la manera en que la visión interna está asistida por
algún tipo de actividad física. Una actividad física buena es aquella que nos
hace cambiar o nos permite comprender mejor, es haciendo la actividad vocal
o física correcta cuando sentimos que nuestra vida es más feliz, o nuestra
mente está más abierta o nuestro registro se vuelve más sensible. De alguna
manera esto implicaría volvernos más fuertes.

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