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TROVAS CASTELLANAS
/
TROVAS
CASTELLANAS
D. ANTONIO ARNAO
DE LÀ ACADEMIA ESPADOLA
Esta obra es propiedad de su autor.
MADRID
MEDINA Y NAVARRO , EDITORES
Imprenta de la Biblioteca de Instrucción y Recreo.—Madrid, Rubio, 25. Calle del Rubio, núm. 25
Á LA SEÑORA
DONA MANUELA JIMENEZ DE VELA
SN TESTIMONIO DE CARIÑO Y CONSIDERACION
dedica este recuerdo
ANTONIO ARNAO
AL LECTOR.
Sicut passer solitarius in tecto.
En vano suelen mirar con desden los no
bles hechizos de la poesía aquellas decadentes
generaciones que los califican de fútiles qui
meras de la juventud. Otras generaciones
juveniles, que les suceden en el círculo de la
vida, se aplacen en sus primores, y gozan con
su celestial lenguaje. Por mas que el am
biente deletéreo de los placeres insensatos,
de las luchas fratricidas, de los intereses
materiales, pretenda sofocar en gérmen las
flores de la imaginación y los frutos del en
tendimiento, aquellas y éstos podrán brotar
con más óménos vigor, pero brotarán siem-
VIII IX
pre en el campo de la belleza. Aun pres sual y utilitario; y sin embargo nuevos poe
cindiendo de las personas [Link], si bien en tas aparecen en su civilización, otros salen
corto número, tienen el privilegio de con del olvido, y las colecciones poéticas, publi
servar en edad madura el amor á las ilusio cadas con lujo y gusto artístico por inteligen
nes generosas de los verdes años, puede con tes editores, se multiplican de un modo asom
tarse constantemente con una generación de broso: señal inequívoca de que siempre hay
jóvenes de ambos sexos que se deleitan es lectores apasionados que les dispensan el
cuchando el idioma delicado de la poesía, y merecido aprecio.
que siempre leen y aprenden las composi Á esta clase de lectores, que también exis
ciones de los poetas contemporáneos con el ten en nuestra patria, aunque trabajada por
mismo gusto con que, en análogas condicio toda clase de dolores, me dirijo con el pre
nes, leian y aprendían los hoy descreidos sente libro, como lo he hecho con los que,
las inspiraciones de Zorrilla y Espronceda. de índole parecida, he publicado anterior
Pensar otra cosa es desconocer que la poesía mente. Si vale algo, él se abrirá camino, él
es de todos los tiempos, y juzgar por la pro hallará eco en ciertos corazones. Si no lo
pia tibieza del estado de todos los corazones, vale, á nadie más que á mi falta de inspira
muchos de los cuales están muy distantes de ción echaré la culpa de la poca benevolencia
sentirla. Ved sino, como comprobación de con que será tratado. Y no tengo que en
mi aserto, lo que está pasando en Francia. carecer cuánto me agradaria lo primero y
Por grandes calamidades y devastaciones ha deploraria lo segundo, pues harto fácil es que
atravesado; la idolatría de los bienes mate todos lo supongan. Amante de las bellas
riales tiene allí su imperio; la literatura en artes, y en particular de la poesía, norte y
general marcha en ella por un camino sen origen de todas ellas, nunca he escrito en
X xi
verso por pasatiempo, sino por vocación. El lista. ¡Dios les dé buena fortuna! ¡Ojalá
título de poeta, desdeñado en apariencia por despues de tantos afanes sean escuchadas y
algunos que no pueden conquistarlo, seria estimadas, para no verme en el triste caso
para mí preferible á todos los dictados de las de decir que he cantado sicut passer solita
grandezas humanas, por conseguir los cuales rius in tecto !
derraman muchos su sangre, no perdonando
sacrificios ni áun crímenes. Si después de
perseverantes esfuerzos no lo consigo, me
resignaré con mi suerte; y en vez de com
partir con los afortunados la pública estima
ción , me limitaré á enviarles mi sincero
aplauso desde la oscuridad de mi hogar
modesto.
Réstame añadir, para terminar, que en
estas Trovas Castellanas he agrupado poe
sías de cortas dimensiones, por lo general, en
que alternan tres caracteres, á saber: el de la
aptitud lírica en las que han sido escritas
para música, el de los lieder alemanes que
he pretendido imitar en otras, y el de cen
sura satírica contra defectos hoy comunes,
que anima á las demas, pertenecientes al
género que muchos han dado en llamar rea
TROVAS CASTELLANAS.
PRELUDIO.
Almas llenas de ilusiones
Que en el embate del mundo
Sentís con placer profundo
Del trovador las canciones;
Vosotras que todavía,
Cual de misterioso aroma,
Gozáis del celeste idioma
De la dulce poesía;
Vosotras que, con secreta
Felicidad inefable,
Ansiáis que á solas os hable
La noble voz del poeta;
— -14 — — 18 —
Prestad el oido atento,
Y, aunque con tosco laúd, 1
Os hablaré de virtud,
Y de amor y sentimiento. GRATA ILUSION.
Estas páginas sencillas ¿Oís? ¿Oís? Por la región del viento
Que mi cariño os promete, Canto de amor á resonar comienza;
Son humilde ramillete Brilla ante el alma rutilante aurora
De menudas florecillas Y en mundo ignoto de placer despierta.
Ledo perfume por doquier respira,
Que, en un jardín ideal Puego divino su esperanza alienta,
Escogidas por mi mano, Y alado coro en invisible vuelo
Calman el dolor tirano Por la azulada inmensidad la eleva.
Con perfume celestial.
¡ Grata ilusión! Tus delicadas manos
Si no os parecieren bellas, Roban al arpa, que celeste suena,
No les mostréis faz airada; Blanda modulación que al mundo trae
Que vuestra pura mirada La remembranza del Edén risueña.
Puede reposar en ellas. ¿Eres ángel? Tu frente me lo dice.
¿Eres mujer? Tu acento lo revela.
Pues si no son peregrinas, Mujer ó ángel, canta, y vuele el alma
Cual otras muy seductoras, Léjos, léjos, muy léjos de la tierra.
Tampoco esconden traidoras,
Entre sus tallos, espinas.
— 16 —
— 17 —
Podrás ver en mi semblante
II Leda risa, ó tristes lágrimas.
Si ántes me has dado al olvido,
INVOCACION NOCTURNA.
Mi partida será amarga,
Porque á despecho de todo
Cierra mis ojos, benigno sueño:
Dejará de verte el alma;
Tus leves alas toquen mi sien,
Pero vagará en mis labios
Y al blando influjo de tu beleño
Muda risa involuntaria
Mi mente goce de nuevo Edén.
Viendo que, al fin, de la vida
Bajo tu imperio mi afan acabe;
Sacudo la odiosa carga.
Y cuando el alma quiera sentir
Alce mi dueño su voz suave Si fiel siempre me has querido,
Y al escucharla torne á vivir. Mi partida será grata,
Deten ¡oh noche! tu raudo vuelo: Porque iré á pedir al cielo
La azul esfera ven á velar; Que su recinto nos abra;
Pero verás cuál mis ojos
Y ampara al triste que en este suelo
Dicha en tu sombra puede gozar. Llanto silencioso baña
Porque tendré que dejarte
Para emprender mi jornada.
III
RISA y LLANTO.
Cuando al anunciar mi muerte
Vibre la fatal campana,
2
— 18 — — 19
IV V
EL RECUERDO. LA GOTA DE ROCÍO.
Tortolilla que vagando Como en el cáliz de la fresca rosa
Vas por monte y valle umbroso, La perla del rocío,
Con arrullo lento y blando, Así en tu puro corazón ¡oh hermosa!
Dulce alivio á gran dolor; Descansa el amor mió.
¿Lloras muerto al tierno esposo?
¿Has perdido ya su amor? ¡Nunca al rayo del sol, para su daño,
La gota se evapore!
Yo he probado así las iras ¡ Nunca mi fe, por fiero desengaño,
De pesar acerbo y crudo: Desvanecida llore!
Cual en vano ardor suspiras
He gemido en soledad;
Pero nunca en mal tan rudo
Pude ¡ triste! ver piedad. VI
Pues tu tono lastimero EL MENSAJE.
Me recuerda mi gemido,
Cual hermana tuya quiero Quise mandar un mensaje
Compartir tu afan cruel: A la que mi pecho amó,
Hoy tu gozo aquí perdido Sintiendo por cruda pena
Muda llora mi alma fiel. Transido mi corazón;
— 20 — — 21 —
Mas ella partió tan léjos, Cien arpas de etéreo son,
Tan léjos de aquí partió, Y en las alas de aquel canto
Que llamarla fuera en vano Mi mensaje reposó.
Con doliente, humana voz. Y sentí que por los aires
Mandarle un mensaje quise, Resonaba su clamor,
Prenda fiel de casto amor, Léjos, muy léjos, más léjos
Y ansiando estaba que un genio Que cuanto el alma soñó.
Se lo llevara veloz. Vi que al fin llegó el mensaje
En una cándida nube A la angélica mansión,
Lo envié con ciego ardor, Y en mi pecho desde entonces
Mas pronto la vi deshecha Conversamos ella y yo.
Por la roja luz del sol.
Después lo tomó la alondra
Que subir, subir logró,
Mas faltándole las alas VII
Dióle muerte el mar feroz.
Al verla clamé llorando: LA NIÑA MUERTA.
a ¿No hay un ángel volador
Que dar mi mensaje quiera Á las puertas de oro y rosa
Con celeste compasión?» Que hay al entrar en la vida
¡Ay! entonces vago el viento Llamaste ayer, niña hermosa,
Ledamente palpitó Con voz de placer henchida.
Con tan dulces, blandas notas, Entonces, vertiendo llanto,
Que calmaron mi dolor. Te saludé en ledo canto
En grato acorde tanian De ventura,
— 23 —
- 22 —
Y envidiando
Como al alba que, en oriente-
Tu ventura verdadera,
Clara y pura,
Mas llorando,
Manda al mísero que gime
Con el arpa dolorida
Con su rayo refulgente
Te saludé en tu postrera
Paz sublime.
Despedida.
Mas se cerraron tus ojos:
Tu mirada ya no brilla...
¿Do están los colores rojos
VIII
Que ostentaba tu mejilla?
Hoy, paloma, lloro al verte
VOZ DEL POETA.
Porque vino á ti la muerte
Silenciosa;
Arde en mi noble pecho
Te dió una palma triunfante;
La sed de la victoria:
Y amorosa,
Sueños de eterna gloria
Cual por mandato divino,
Me asaltan en tropel.
Te abrió en el cielo radiante
Siento la viva llama
Tu camino.
Del entusiasmo ardiente:
Dad á mi altiva frente
Sonaron tristes lamentos
Corona de laurel.
De otras almas cual la mia,
Y en la región de los vientos
Y tú, brilla entre nubes
Vagos himnos de alegría.
De resplandor divino,
Pero dije: «tucorona
Norte de mi camino,
Pureza y triunfo pregona;»
— 24 — — 28 —
Celeste inspiración.
El hálito del genio X
Module mi armonía:
Tuya es el arpa mia; YO TE AMARÉ.
Tuyo mi corazón.
Siempre mi pecho, de amores herido,
Dulce señora, tu esclavo será;
Nunca la sombra del pérfido olvido
IX Torpe del alma borrarte podrá.
Logre mi anhelo
LA PRIMERA AZUCENA. Desden, ó consuelo,
Siempre guiado por vivida fe,
Toma esta azucena pura, ¡ Yo te amaré!
Primicia de Abril ri'ente,
Como sencillo presente Noble firmeza mi labio te jura;
Que te rinde mi ternura. Tuyo se rinde mi fiel corazón;
Casto emblema de ventura, Dicha, contento, celeste ventura,
Sobre ti la dicha invoca; Sólo en tu nombre verá mi pasión.
Su beldad al alma toca Quiere mi suerte
Y á un cielo de amor la exalta; Que en vida y en muerte
Sólo á su mérito falta... Férvido clame postrado á tu pié:
i Un ósculo de tu boca! ¡ Yo te amaré!
— 26 — .27 —
XI XII
PENSAMIENTOS DE AMOR. LA CAMPANA DE LA AGONÍA
Yo pienso en ti cuando el orien te viste Oh fatal campana,
Rosado albor; Del dolor hermana,
Yo pienso en ti cuando el ocaso triste ¿Tocas ya por mí?
La luz perdió. Di por cuál creyente
Lenta, lentamente
Al ver brotar la purpurina rosa Vibras hoy así.
Del fresco Abril,
Al ver brillar la estrella fulgorosa, Si tu voz sonora
Yo pienso en ti. Es para el que llora
Voz de libertad,
Si miro al sol en la región serena Grave tu lamento
Del cielo azul, Cunda por el viento,
Si miro al mar que acompasado suena, Nuncio de piedad.
Allí estás tú.
Si la fe de un alma,
¡Oh! ¡Vuelve ámí! Que tu despecho quede Si su eterna palma
Vengado ya. Dice tu clamor,
Piedad, mi bien, porque mi amor no puede Canta en son de gloria
Morir jamás. Cantos de victoria,
Suena sin dolor.
— 28 — — 29 —
Si el postrero sueño Por su seno el pecho mió
De mi casto dueño Fuego siente discurrir,
Quieres predecir, Y en sublime desvarío
Di con voz de llanto: Me parece ya morir.
«Iía,y un ángel santo
Cerca de partir». Nunca temas que vencida
Mude fácil mi pasión:
Y si al alma mia, Miéntras guarde aliento y vida
Toque de agonía, Fiel será mi corazón.
Llamas por su bien,
Haz que alegre y pura, Al rigor de adversa suerte
Rota su clausura, Nunca el alma rendiré;
Vuele al santo Edén. Que no espanta, ni la muerte,
Al que es mártir de su fe.
XIII XIV
ELLA . LA TRUCHA.
Cuando miro aquellos ojos, Por manso, puro arroyo,
Gloria, templo del amor, Envidia del cristal,
Y en sus puros labios rojos La suelta y ágil trucha
Casta risa de candor; Vagando alegre está.
— 30 — — 31 —
Con mil diversos giros Cautiva viene á ser...
Cruzando sin cesar, ¡De muchos corazones
Sus tímidas hermanas Imagen muda y bel!
En torno suyo van.
El gozo fué con ellas,
Con ellas á morar.
Del claro arroyo al margen XV
Sentado el pescador,
Flexible caña tiende LA SERENATA.
Que el agua bel copió.
Y astuto el pez, al verla, Á la luz de triste luna,
Con giro más veloz Faro del pesar,
Se aparta de ella, y huye El rigor de mi fortuna
Del cebo tentador; Quiero lamentar.
Pues teme bailar la muerte
Do engaño torpe bailó. Todo en paz con blando sueño
Duerme en derredor:
El vil traidor entonces, Sólo yo, mi dulce dueño,
Ansiando al ñn vencer, Velo con dolor.
La clara linfa mueve
Con ciego afan cruel. Bardo soy que busca errante
Turbada ya la triste Lauros para ti,
Que impura el agua ve, Pues quedé tu esclavo amante
De aquel tirano al punto Luego que te vi.
— 32 —
Tú quizá, gentil señora, - Ardió el cénit al rayo
Miéntras peno yo, Del sol de mediodía,
Soñarás que fiel te adora Y abrió la flor el cáliz
Quien infiel nació. Bañado en rojas tintas.
Sus galas y primores
Mas... ¿te miro en la ventana ? Mostrando siempre altiva,
¡ Ya piedad logré! Sin ver que el sol la mata,
Tú que fuiste ayer tirana Del sol el fuego aspira.
Premias hoy mi fe.
Cayó la tarde triste;
Y á par la rosa erguida,
Sin savia ya sus hojas,
Cayó también marchita.
XVI Ni el aura, ni la fuente
Su muerta faz animan.._
LA ROSA.
¡ De vanas perfecciones
Imágen dolorida!
Gentil capullo tierno,
Con perlas matutinas,
Nació la pura rosa
Rayando el claro dia.
Frescura le da el agua,
La mece blanda brisa,
Las aves la saludan
Con trovas peregrinas.
— 34 — — 3Ü —
¡Oh! Brotad, cual pura fuente
Que el sediento ansioso ve;
XVII
Dando al alma blandamente
Nuevo aliento, nueva fe.
ELOGIO DE LAS LÁGRIMAS. Y cayendo en el camino
Que recorre mi dolor,
Hoy mi pecho, ya no ansia Sed, cual símbolo divino
Dicha vana cual ayer, De consuelo, paz y amor...
Ni la ardiente fantasía ¡Cada lágrima una flor!
Falsa gloria quiere ver.
De la vida los favores
Fruto acerbo sólo dan:
Los deleites seductores XVIII
Que mitigan nuestro afan...
¡ En las lágrimas están! EL PESCADOR.
Á suprema bienandanza Surcando leve el agua
Mi alma el vuelo remontó, Que bulle en manso hervor,
Mas herida en su esperanza Mi barca el mar pasea
Hondo abismo presto vió. Después que raya el sol.
Los placeres de la tierra En gran tropel los peces
No calmaron su pesar: Cruzan en derredor,
Con la fiera suerte en guerra Sin ver que hacerles siervos
Sólo pudo suspirar... Tan sólo busco yo.
¡ Y en las lágrimas gozar! La vasta red echando,
— 36 — — 37 —
Voy por doquier veloz; Busca á mi Leonora,
Y alegre canto y rio Dile mi tormento.
Del largo remo al son. Y si ves que suspira con pena,
Recordando mi amor y mi fe,
Así en el mar del mundo Torna á darme en mi triste cadena
De ti bogando en pos, La esperanza que muerta lloré.
Dejar sabré en mis redes
Preso tu corazón. Ella fué mi vida,
Por mas que cruda esquives Ella mi ventura,
Oh hermosa, tanto amor, Paz del alma herida,
Ciega burlar no esperes Sol tras noche oscura.
Red que el amor tendió. Si mi cuerpo este hierro quebranta,
Mas piensa que si logro No es que anhelo del mundo gozar:
Rendir tu infiel pasión, Quiero sólo volar á su planta,
Siempre seré tu esclavo, Y á su planta de amor espirar.
Dueño temido, no.
XX
XIX AL PARTIR Á LA CAZA
EL CAUTIVO. Venid, camaradas,
Llegad en tropel:
Garza voladora, La caza nos brinda
Hiende rauda el viento, Su vivo placer.
— 39 —
— 38 —
Mirad. ¡ Cuál suspira
El alba en oriente
Con hondo pesar
Dorada se ve;
La bella que adora
Penetra su rayo
Mi pecho leal!
Del bosque á través;
Lamenta mi muerte
La trompa resuena;
Que teme en su afan,
Piafa el corcel;
Sin ver que mi brazo
La osada jauría
Guardarme sabrá.
Se inquieta también...
Quien pudo en batallas
Venid á la lucha,
Con gloria lidiar,
Gozosos corred.
Las ñeras abate,
Serena la faz.
¿Oís? Ya las ñeras
Volad, cazadores.
Con sordo rugir
La rienda soltad.
Retarnos parecen
Á intrépida lid.
Con ira insensata ¡ Adiós! Mi caballo
Nos llaman allí, Me arrastra veloz
Do el triunfo, señora,
Sin ver que se atraen
Destino infeliz. Me aguarda en tu honor
Sus garras agucen, De nuevo mañana,
Ansiosas de herir; Con tierna pasión,
Mortífera bala Verásme, y seremos
Les marque su fin... Felices los dos.
Valor, compañeros, La ñera que ruge
Sin tregua venid. Con hórrida voz
— 40 — — 41 —
Sin vida á tu planta Léjos del mundo que llora sus penas,
Pondré vencedor. Hondo silencio reinando en redor,
¡Adiós, alma mia! Tornen al alma las horas serenas,
No llores. ¡Adiós! Libre pudiendo vivir sin dolor.
Hoy ante el cielo que grato sonríe
Clara nos guie
XXI La fe del amor.
BARCAROLA.
Brillan las nubes en nácar y en oro XXII
Sol esplendente se ve despuntar...
Leda conmigo, que ciego te adoro, INVOCACION Á LA PRIMAVERA.
Surcas las ondas que rizan la mar.
Ella te brinda con plácido acento Nieve y escarcha
Puro contento, No reinan ya:
Ventura sin par. Cierzo en su marcha
Rápido va.
Aves marinas de cándida pluma Brotan del viento
Vuelan en torno con vivo placer; Susurrador
Peces dorados, hendiendo la espuma, Ténue concento,
Siguen la barca, tus oios por ver. Blando calor.
Brisa ligera tu labio acaricia, Gentil primavera,
Casta delicia Que pronto he de ver;
Queriendo tener. Feliz mensajera
— 42 - — 43 —
De vida y placer; ¡ Oh si mi mente
Despliega tu manto Viera en tu faz,
De limpio zafir: Iris elemente,
Y el orbe, á tu encanto Nuncio de paz!
Volviendo á latir, Yo en la alegría.
Podrá vivir. Bien que perdí,
Tierno alzaría
Tal como ufana Himnos á ti.
Sale del mar Mas ¡ ay! si á tu hechizo
Alba galana, Revive la flor
Júbilo á dar, Que invierno deshizo
Vas anunciando Con soplo traidor,
Nuevo arrebol, No así puedes tarda
Céfiro blando, La dicha volver
Nítido sol. Al triste que aguarda,
Tus tiernos favores Cual sumo placer...
Tornando á verter, ¡La muerte ver!
Alfombra de flores
Extiende doquier.
Tu luz se derrame
XXIII
Por monte y pensil:
La alondra te aclame MECIENDO LA CUNA.
Cual reina gentil
Honor de Abril. Pasó la luz del claro dia...
Reposa todo en tierra y mar.
— 44 _ — 45 —
Descansa tú, paloma mia, Hallaba en tu belleza
Que yo sabré por ti velar. Mi fe, mi luz, mi sol.
Mas ¡ayfmurió el encanto:
Visiones mil de azul y rosa Murió con él mi error;
Tu mente halaguen, caro bien; Y sólo sé decirte:
Y en esa pura faz hermosa, ¡Adiós, ingrata, adiós!
Las dulces hadas besos den.
Aquí me tienes solo
Tocó tu. sien feliz beleño Con luto y aflicción,
Y ya te miro en paz dormir... Mirando ya la muerte
¡ Oh tierno amor! la vida es sueño Sin vano afan, ni horror.
Y estar despierto es ¡ay! morir. Perdido al alma tuya,
Mi dicha se acabó:
Huyó con la esperanza
La paz del corazón.
XXIV Sumido estoy en noche
De eterno desamor:
HUYO DF. TI. Pues no has de darme pago,
¡ Adiós, infiel, adiós!
En ti con alma y vida
Cifré sublime amor, Mas ¡ah! si no es quimera,
Sin ver que tú burlabas Ni pérfida ilusión,
Mi tierna fiel pasión. Parece que me llama
Poniendo en ti los ojos, Tu acento seductor.
Del pecho muda voz, Tal vez mi triste queja
— 48 — 47 —
Volando á ti llegó, Deleite al alma y paz brindó.
Y al fin de mí te dueles Mas, entre nubes, torpe olvido
Con blanda compasión. Su encanto y luz logró vencer...
¡ Postrer engaño mió, Oh tú, ilusión, al pecho herido
Apártate veloz! Permite en sueños dichas ver.
Ingrata más que hermosa,
¡Adiós por siempre, adiós!
XXVI
NOCHE DE ESTÍO.
XXV
Ya subiendo va la luna:
EL LUCERO. Ya refleja en la laguna:
Susurrando
Con mudo afan á ti me postro, Corre el viento,
Gentil lucero, al ver tu albor, Y á su blando
Pues copias puro el bello rostro Movimiento
Que en mí despierta casto amor. Gime el bosque secular;
Mas enlutando el claro cielo Miéntras lejos vaga suena
Tormenta oscura sube ya... La apacible cantilena
¡También tu luz do hallé consuelo Del que boga
Mi pecho fiel morir verá? Por los mares
Así pasó la gloria mia. Cuando ahoga
Así fugaz mi bien pasó: Sus pesares
Cual vivo sol brillando un dia De los remos al sonar.
— 48 — — 49 —
Ven al valle donde en calma Al alma triste
Venturosa mira el alma Que sola está
Claro cielo Profunda pena
Tachonado, Rindió fatal.
Como velo De amor un tiempo
Preparado Creyó gozar:
De una virgen al amor. Sus breves glorias
Aquí, rotas sus cadenas, Murieron ya.
Y olvidada de sus penas,
De ilusiones Burló el ingrato
Corra henchida Mi amor leal...
Las regiones Mas ¡oh! ¿qué miro?
De la vida, ¡Es él! ¡Piedad!
De una vida sin dolor. La fe en sus ojos
Se ve brillar...
Suspira tierno
Con hondo afan...
XXVII Al seno mió
Torna quizá...
MARGARITA. ¡Oh Dios! ¡Me adora!
¿Será verdad?
Adiós, ensueños,
Dejadme en paz: ¡Quimera vana!
Pasó mi dicha, ¡Volví á soñar!
También pasad. Traidor ha sido;
4
4
- SO — — SI —
Traidor será. El rayo vi cruzar:
¡Y el alma mia Torrentes son los rios,
Te quiere más, Los valles ancha mar.
Y á ti, cual nunca, ¡ Oh Tú que el mundo hiciste!
Sus ayes van! Aplaca tal furor:
Ni premio busco, Haz ver al hombre triste
Ni tú lo das: El iris, luz de amor.
Mi sino manda...
¡Sin pago amar! El gran clamor del alma
Adiós, ensueños, Subir á Dios sabrá,
Dejadme en paz: Que al éter puro en calma
Pasó mi dicha, Su limpio azul dará.
También pasad. Gozoso el claro cielo,
Su sol verá lucir
Haciendo al bajo suelo
Fecundo ardor sentir.
XXVIII Así también un dia
Turbó el dolor mi sér,
LA MAÑANA TEMPESTDOSA
Mas nunca al alma mia
Podrá la paz volver.
Tormenta de hondo seno
Cruzando va veloz:
Se sienten aire y trueno
Bramar en ronca voz.
Los nimbos más umbríos
82 — — 83 —
La fe que sagrada
XXIX Nos une en un ser.
Del alto hemisferio
AMOR Y MISTERIO. Los astros brillantes,
Tan dulce misterio
Tu amor es mi vida, Sabrán comprender.
Tu enojo mi muerte,
Y esclava rendida Amor ignorado
Mi ciega pasión. Es bello rocío
En ti su esperanza Que en cáliz dorado
Me muestra la suerte: La rosa guardó:
No temas mudanza Amor que no evita
De un fiel corazón. Del mundo el desvío,
Es flor que marchita
La luna en el cielo Su aroma perdió.
Pausada camina,
Con faz de consuelo
Que dicha nos da.
Asómate, y pura XXX
Su luz peregrina
De casta ventura EL LLANTO.
Testigo será. '
Desciende al pecho mió
Á humana mirada Oh llanto bienhechor,
Velemos amantes Cual lluvia de rocío
— 84 — — 88 —
Que baña mustia flor.
En paz vivir contento
XXXI
Le fué negado ya,
Que el dardo de un tormento
Clavado en él está. EL GAITERO.
Si en vano dicha pido,
Si el gozo sombra fué, Pobre sin amparo,
Llorando el bien perdido Viejo sin hogar,
Consuelo al fin tendré. Cruzo por la tierra
Siempre en soledad.
Cual astro de mi suerte Mas miéntras mi gaita
Á mí se apareció Pueda yo tocar,
La hermosa que la muerte Miéntras mis pesares
Traidora me robó. Cante á su compás,
Su cándido semblante Duro pan siquiera
Ya más no puedo ver, No me faltará.
Y el alma, siempre amante,
Lo encuentra por doquier. Fui dichoso un tiempo
Si breve fué mi gloria, Rápido y fugaz:
Eterna es mi pasión: ¡ Era mi risueña
Llorando su memoria, Fresca mocedad!
Descansa el corazón. Hoy no tengo triste
Dónde reposar:
Nadie me consuela,
Nadie ve mi afan.
— Be — 87 —
sólo Dios que es padre Como antorcha del amor.
Premio me dará. Calla la fuente,
Duerme la brisa:
Mas la tosca gaita Yo solamente
Siento resonar Velo por ti.
Dulce y tierna, como A tu gótica ventana
No sonó jamás. Sal ufana,
Á su son triscando Que trovando estoy aquí.
Los mozos están,
Y en tanto que al cielo Con el cuerpo alanceado
Miro con piedad, De la guerra al fin torné,
Una voz me dice: Do pensando en ti he lidiado
«Deja de llorar». Por mi patria y por mi fe.
¡ Es la Providencia Huérfana el alma
Que me atiende ya! Vuelve á llamarte:
Su última palma
Quiere lograr.
Ya no busco más victoria,
XXXIT Ni más gloria
Que en tu seno reposar.
AL PIÉ DE SU VENTANA.
Pues traspasa los cristales
Á través de blanca nube De tu lámpara el fulgor,
Desparciendo puro albor, Es que fiel y tierna sales
Al cénit la luna sube A premiar á tu cantor.
— S8 - — S9 —
Mas una sombra Delicias inmortales
Se une á la tuya: Tu premio allí serán.
Que otro te nombra
Pienso sentir. Esclavo de las penas,
Goza de él, que yo me ausento Esclavo del dolor,
Do mi acento Me oprimen las cadenas
Nunca más habrás de oir. Del mundo engañador.
Pues tengo que perderte,
Acábeme el pesar:
Anhelo ver la muerte
Benigna á mí llegar.
XXXIII Y entonces, quebrantada
Su cárcel triste aquí,
ÚLTIMO ADIOS. El alma libertada
Podrá volar á ti.
¡Adiós, amada mia!
¡Llegó tu ñn mortal!
La Virgen te abre pía
Su seno maternal. XXXIV
Consuela tu amargura,
Y alegre al cielo vé, Sü IMAGEN.
Que en él corona pura
Tendrá tu pura fe. Doliente, bella imágen,
Y en pos de acerbos males, Que vienes del Edén,
De llanto y crudo afan, Los ojos no te miran
- 60 — — 61 —
Y el alma en sí te ve.
XXXV
La sombra débil eres
De aquella prenda fiel SU MEMORIA.
Que muerte despiadada
Robó á mi tierna fe. Símbolo santo en la vida,
Si tornas para alivio Nace gentil la azucena,
De amor en su viudez, De casto perfume llena,
Los cielos te bendigan, De limpio color vestida;
Memoria de mi bien. Pero cuando más erguida
Si tornas porque piensas Goza de justa victoria,
Que acaso te olvidé, Celoso el sol de su gloria
En este pecho herido Le abrasa la frente pura,
Tu nombre puedes ver. Dejando de su hermosura
Doquiera que me encuentre, Triste, efímera memoria.
Doquiera te hallaré,
Cual norte que me guia En belleza y en candor
Con pura nitidez. Gentil azucena fuiste,
No sepa ya mi labio Y un breve imperio tuviste
Más nombre de mujer: En el jardín del amor.
Lo mismo que hoy te adoro, Mas aunque el dardo traidor
Mañana te amaré. Te hirió de la muerte fiera,
No temas que nunca muera
Tu memoria idolatrada,
Pues nos dejaste grabada
Memoria imperecedera.
— 62 — — 63 —
Recobra su cetro rudo:
XXXVI Ella es juez en ese dia...
¡Ay del que ofenderla pudo!
LA VERDAD.
Siendo del justo delicia,
Y al par sufriendo la guerra XXXVII
Del error y la malicia,
Cautiva está en injusticia AMOR INMORTAL.
La verdad sobre la tierra.
Tú de mi vida
Mas pronto llega la muerte Casta ilusión
Que con brazo entero y fuerte Que en grato sueño
Su vil servidumbre acaba, La mente vió,
Y aquella que fuera esclava Mira mis penas,
En reina al fin se convierte. Oye mi voz,
Pues vengo á darte
¿En dónde el error osado Postrer adiós.
Su infamia entonces sepulta?
¿En dónde el sabio malvado El mar me llama
Su rostro entonces oculta, Con ronco hervor:
Su rostro estigmatizado? Hoy por sus ondas
Huiré veloz.
De los buenos firme escudo, Mas nunca olvide
La verdad, severa y fria, Tu corazón
— 64 - — 66 —
Que en ti se cifra
Mi eterno amor. XXXVIII
EL ARROTO Y TÚ.
Con hondo duelo
Veré otro sol; Brota el arroyo en la peña,
Verás con pena Y en hebras mil desatado
La fresca flor. Baja desde el monte al prado
Doquier sabremos Que su raudal no desdeña.
Sufrir los dos; Y apenas la flor pequeña
Si tú pesares, Baña con su linfa pura,
Tormentos yo. La perdida galanura
Devuelve á sus mustias hojas
Triste la muerte Que perfumadas y rojas
De mí va en pos, Brillan con nueva hermosura..
Mas nunca al alma
Dará pavor. Así arroyo tú, nacido
Tendré tan sólo Del amor en la alta cumbre,
Cruda aflicción Desciendes con mansedumbre
Al ver que pierdo Al valle en que peno herido.
Tu puro amor. Mi corazón, abatido
De la suerte á los rigores,
Colmas en dulces favores;
Y mi vida, ayer desierto,
Es hoy ya vergel, cubierto
De encantos, galas y flores.
5
66 — — 67 —
Y al fin tus lágrimas
XXXIX Quiere enjugar.
De tu infortunio no más te duelas:
EL MENSAJERO. La dicha santa que ardiente anhelas
En ti solícita
Envuelto en nubes el sol moría, Viene á morar.»
Y el alma triste le despedía
Con melancólica Dijo; y al punto que al alto cielo
Voz de dolor; Con giro fácil tornaba el vuelo,
Pues, como el cielo sin luz ni encanto, Latió con júbilo
Ella quedaba, vertiendo llanto, Mi corazón;
Sumida en lúgubre Y, cual las flores enseco estío,
Noche de horror. Mi ansioso pecho sintió el rocío
De la dulcísima
Cuando en la pena de su tormento Resignación.
Sintió gozoso gemir el viento
Perfume etéreo
Trayendo á mí;
Y un paraninfo del almo coro, XL
De bellas alas de rosa y oro,
Con voz angélica su voz.
Me dijo así:
Ya se acompañe con ebúrneas teclas,
«Alza tus ojos, alma doliente, Ya con la flébil arpa,
Al sol que eterno brilla en oriente Al oirla cantar siento una cosa
— 68 — — 69 —
Que no siento jamás cuando otra canta.. Mentiras y verdades son los sueños:
Paréceme que un ser de altas regiones Lo del ósculo es falso, hermana mia
Escucho en su palabra, Mas lo del brillo de tus ojos, cierto.
Y que más que al placer de los sentidos
Á indefinibles sentimientos habla.
Gozo porque con plácido lenguaje
Su canto me arrebata,
XLII
Pero siento á la vez ánsia y tristeza
Que sin querer conmueven mis entrañas.
EL RECALO EN SUS DIAS.
Y es que en su voz hay algo que palpita,
Algo que llora y clama,
Que no tiene la música en sus notas, Hermosura peregrina,
Ni es tampoco del músico.—¡Es el alma! Hija de Albion la nublada,
Y al Manzanares llegada
Que un ángel ver se imagina;
XLI Hoy que el cielo amor te ofrece
Porque tu santa patrona
MENTIRA Y VERDAD. Bella ostenta la corona
Que su virtud ennoblece;
Soñé que adormecido en tu regazo
Sellabas en mi frente casto beso: En este risueño dia,
Soñé que conturbado abrí mis ojos Cuando á tu delicia atento
Viendo en los tuyos fulgurar el cielo. Dulce te regala el viento
La realidad y la ilusión se enlazan: Con aromas y armonía;
— 70 — — 71 —
Permite que, sin aliño, Tu mano, pues, la reciba:
Mi cariño, que es muy grande, Riégala con tierno llanto,
Una sola flor te mande, Porque flor que vale tanto
Símbolo fiel del cariño. Se llama, y es, siempreviva.
No es la fresca, altiva rosa,,
Que luce del sol al rayo,
Ni el rojo clavel de Mayo, XLIII
Ni la camelia pomposa;
CONSUELO.
Pues tan arrogantes flores
Niña bella
Que almas sin pasión prefieren,
Sin ventura,
Aunque brillan mucho, mueren
Que suspiras con dolor;
De su vida en los albores.
Blanca estrella
De hermosura,
Yo te mando una flor triste,
Blanco lirio de candor;
Modesta como ninguna,
Que resiste á la fortuna,
Gime y ora
Y al crudo tiempo resiste:
Bajo el duelo
De tu acerba soledad;
La que después de la muerte,.
Pues quien llora
Cual memoria duradera,
Mira al cielo
Cubre la mansión postrera
Donde habita la piedad»
Que nos depara la suerte.
— 72 — — 73 -
¡Qué hermoso está el valle que oculto florece
Guardado por montes de enhiesta cerviz,
XLIV Y al fin de la tarde dormirse parece
Con ledo abandono y en sueño feliz!
AL CAER LA TARDE.
¿No veis cómo al nido los pájaros vuelan?
Mirad á lo lejos el vasto occidente ¿No oís el murmullo del claro raudal?
Poblado de nubes de vario color, ¿No halláis que apacibles el alma consuelan
Brillante cortejo del sol esplendente Los vagos rumores del aura estival?
Que apaga en los mares su vivo fulgor.
¡ Oh sol de poniente! Pareces ahora
Miradlo teñido de verde esmeralda Cadáver en lecho de grana y tisú.
Con ráfagas sueltas de rojo carmín, Cual dulce esperanza, muy bella es la aurora:
Y á trechos manchado de azul y de gualda, Cual triste recuerdo, más bello eres tú.
Y á trechos con cintas de rosa y jazmín.
¡ Cuán rico está el cielo con esa belleza,
Memoria del dia que acaba de arder, XLV
En tales momentos de dulce tristeza EL MODELO.
Que inundan el alma de etéreo placer!
Artista, si á tu mágica paleta
¡Cuán lleno de encanto se ostenta el paisaje Pides tonos y luces y colores
Que el último rayo refleja del sol, Para pintar el célico semblante
Del sol que las copas del fresco boscaje Del ángel que en la tierra guarda al hombre;
Con orlas circunda de claro arrebol! No demandes al alba su destello,
— Tí — . — 7Í5 —
Ni su beldad á las preciadas flores, Miras cumplirse bella ilusión;
Ni busques en la ardiente fantasía Y con su mano tu amante esposo
El sublime ideal que desconoces. Te entrega noble su corazón.
¿Quieres modelo? Mírala. Su rostro
Copia fiel, si es posible que lo copies; El, que es tu egida, dulce te espera
Pues ella es en bondad y en hermosura Bajo del techo de nuevo hogar,
Ángel sin alas, de mujer con nombre. Donde te llama cual compañera,
Donde señora vas á reinar.
Rica en virtudes y en altos dones,
XLVI Oye su acento, vé de él en pos:
Te dan tus padres sus bendiciones,
EPITALAMIO. Vivida gracia te manda Dios.
Guárdete el cielo cándida y pura, Tu amor sagrado, como rocío
Guárdete y vierta próvido en ti Caiga en su pecho para su bien;
Dichas sin cuento, tierna ventura, Y en los embates del mundo impío
La paz que el mundo no tiene en sí. Casto en tus brazos halle un Edén.
Plácido valle, pensil de flores, Nunca entibiada su fe vehemente
Sobre la tierra huelles de hoy más: Turbe el hechizo de tu bondad:
Astros y cielo con sus fulgores Nunca esas rosas que ornan tu frente
La senda alumbren por donde vas. Pierdan el brillo de su beldad.
Hoy ante el ara, cual sueño hermoso, Y cuando el tiempo gozoso gire,
— 76 — — 77 —
Cuando le sientas pasar veloz,
En otras almas tu alma se mire XLVI1I
Que «¡Madre!» digan con santa voz.
EL ARTISTA Y TÚ.
Cuando contemplo á solas
XLVII Alguna ingente mole
De ese mármol precioso
SU NOMBRE.
Que en los palacios amontona el hombre,
Me siento avasallado
¿Veis el nardo y la azucena? Por mil meditaciones,
¿Veis la cándida paloma? Soñando en las bellezas
¿Veis el alba cuando asoma? Que su seno glacial avaro esconde.
¿Veis la mar dormir serena? Allí están los sublimes
Contornos multiformes
¿Oís el laúd divino? De estatuas peregrinas,
¿Oís la voz del ambiente? Ángeles, santos, náyades y dioses.
¿Oís el son de la fuente? Con ávida mirada
¿Oís del pájaro el trino? La mente quiere entonces
Verlos en forma viva,
Toda beldad y armonía Sin que su ardiente anhelo nunca logre.
Se vuelve sombra y agravio Y es que allí muertas yacen
Cuando las compara el labio Tan bellas creaciones,
Con el nombre de María. Aguardando que el genio
Con su cincel del fondo las evoque.
— 78 — — 79 —
Así en el pecho mío, Y así prorumpe con blahdo acento:
Sin ser mármol ni bronce, «Cañé la palma del santo amor:
Tu amor fecundo ansiando, Ignotos astros me dan asiento,
El germen yace de ínclitas acciones. Y al pecho infunden celeste ardor.
Tan tierno arcano sondar no sabe
La débil mente del que es mortal:
XLIX Luégo que al mundo tu vida acabe
Verás el reino cerrado al mal.»
SU APARICION.
Así en la triste nocturna calma
En densa noche de horror y espanto, Me dice aquella que fué mi bien:
Siguiendo á solas oculto imán, Su voz piadosa conoce el alma:
Los senos cruzo del Campo Santo Su rostro bello los ojos ven.
Do caras prendas durmiendo están.
Después la santa despliega el vuelo,
De pronto un alba la sombra enciende Nacárea estela dejando en pos:
De aquella oscura, fatal mansión; La noche torna, se cierra el cielo,
Y de un sepulcro, cual sueño, asciende Y yo me postro rogando á Dios.
Fantasma ledo, gentil visión.
Parece virgen de aspecto humano:
Su frente irradia fulgor de paz:
Ostenta un lirio su blanca mano:
Circunda un velo su pura faz.
— 80 — — 81 —
Timorato hubo que dijo
L (Porque en tierra él se postraba)
Que era pujo de buen tono,
-EN LA IGLESIA. Que era moda simple y vana,
Que era afan de distinguirse;
De hinojos sobre una silla, T por último, en sustancia,
Y en su respaldo apoyada, Que no era estar recogida,
Con artística postura Ni siquiera arrodillada.
Llena de estudio y de gracia,
Te vi devota en la iglesia,
Más esbelta que una estatua;
LI
Y como el labio movías
Parecióme que rezabas. LECCION.
Juzgué la silla en su punto,
Pues, aunque estorba y no agrada, Gloria y poder ansió tu fantasía,
Sobre ser muy duro el mármol, Y en vez de lauros encontróse abrojos:
Por algo se estila en Francia. Perdiste ya la paz y la alegría;
Pero pensando sin duda Y, al mirarte burlado,
Que no es ñoñez y antigualla Sólo sirven tus ojos
Arrodillarse en el suelo, . Para llorar tu engañó noche y dia.
Si la devoción no es falsa; Cuando así te contemplo,
Y olvidando que la seda ícaro no soñado
Que en limpias calles arrastras Que hoy ante mí la realidad ofrece,
No debe rozar del templo Pongo freno á mis ánsias, y tu ejemplo
Las losas desaseadas; Muda lección del cielo me parece.
6 •
82 — — 83 —
» Aunque en oriente raye la aurora
Y el sol derrame vivo fulgor,
LII
No les saluda su voz canora
Con melodiosos píos de amor.
LA MUERTE DEL PAJARILLO.
»Aunque mi diestra su cárcel abra,
«Calló su trino ledo y sonoro: Y aunque le excite libre á volar,
Su vista inmóvil sin luz está: Ni ya se cuida de mi palabra,
Ya no aletea con plumas de oro, Ni ya en mis hombros viene á posar.
Y á mi reclamo no acude ya.
»¡Oh pajarillo! ¡ Cuán honda pena
»Al que en alegre, fácil gorjeo, Me oprime al verte yaciendo así!
Tras mí venia siempre veloz, ¡ Que desconsuelo mi vida llena
Hoy en su jaula rígido veo Desde el instante que te perdí!
Sin que me llame su amiga voz.
»Crudos dolores sufrió mi pecho;
»Lacias, del hierro penden colgadas La muerte he visto sin aflicción;
Gon muda pena, su muerte al ver, Mas con angustia y á mi despecho
Las verdes hojas, al valle hurtadas, Hoy débil llora mi corazón.
Que le brindaron sustento ayer.
»Y es que en ti, acaso, yo no veia,
»En vaso limpio vertió mi mano Sólo de un ave la realidad,
Agua de un fresco, claro raudal; Sino el amigo, la compañía
Y el agua espera, y espera en vano, Que consolaba mi soledad.»
Bañar sus alas con su cristal.
— 84 —
— 85 —
Dijo así un rudo, viejo soldado,
Cómo puede un blondo rizo
Que en cien batallas sangre vertió
Servir de negro dogal.
Y por su rostro, ya demacrado,
Lágrima acerba lenta rodó.
LIV
Lili
UNO DE MUCHOS.
EL RIZO.
Es procaz y atrevido,
Idolatra en la ciencia,
Cuando aquel rizo le diste,
En más de un club perora,
Prenda de fidelidad,
Revoltoso en las Cortes cabildea.
El se imaginó que nunca
Duda, como buen sabio,
Le serias desleal.
De vulgares creencias;
Lo miraba estremecido,
Y de Hegel y Krausse,
Lo besaba sin cesar,
Sin entenderlos, el saber pondera.
Ya al pecho se lo ponia,
En moral y costumbres
O lo acariciaba ya.
Es observante á medias,
Pero pasaron los tiempos
Pues lo que más le gusta
Para no volver jamás,
Es la moral universal que sueña.
Y con ellos tu constancia
Cultamente sensible,
También hubo de pasar.
Del error se lamenta;
Hoy el pobre desdichado
Y, el fanastismo odiando,
Comprende en su soledad
Habla mal de los curas y la Iglesia
— 87 -
— 86 —
El matar, ó morir, en noble duelo.
En ñn, es un modelo
Y aunque en artes y ciencias
De ilustración completa,
Brilla á veces su ingenio,
Que sólo verdad juzga
Tímido y apocado
La eterna evolución de la materia.
De religión nos habla y de misterios.
Y así no se descubre
En ñn, es todo un tipo
Si el Viatico encuentra,
De oscuro retroceso,
Mas lo hace muy atento
Que piensa que Dios justo
Con ricos .. y mujeres sin vergüenza..
Castiga al malo y recompensa al bueno.
Y así no hace fortuna;
II I Y al propio tiempo el necio,
LV Dando la mano al pobre,
Huye, cual de un ladrón,... del usurero.
OTRO DE POCOS.
Es inocente y simple,
Habla siempre con miedo,
LVI
Y á vedadas regiones
Nunca levanta audaz el pensamiento.
LA SOMBRA.
Trabaja el muy menguado
Por echarla de recto,
Cuando el pálido albor de la luna
Y si bien da lo suyo,
Melancólico brilla en el Duero,
Hace escrúpulo, en todo, de lo ajeno.
Tierno canto, de amor mensajero,
Contra la suerte adversa
Lleva el aura con blando rumor;
Muestra valor y aliento,
Y en los aires, cual ser misterioso,
Mas dice que es salvaje
— 88 — — 89 —
Blanca sombra flotante se mece Sólo al viento se oyó suspirar.
Que llamar á su seno parece Y á la luz que la aurora risueña
Al amante, nocturno cantor. Por el éter azul derramaba,
La corriente un cadáver llevaba
Donde el brillo del astro riela, Para darle sepulcro en la mar.
Leve toca la linfa azulada,
Y brindándole ignota morada
Se entreabre el dormido cristal:
LVII
«Ven (al bardo la pérfida dice),
Un palacio te espera, bien mió»;
LO QUE ESrERA EL ALMA.
Y del agua en el fondo sombrío
Desparece cual sueño ideal. Ya de tu juventud el astro asoma:
Ya claro resplandece:
«¡Tú respiras y amándome vives!» Abre tu casto pecho de paloma
Clama el bardo con hondo lamento; Al vago bien que su esplendor te ofrece.
Y acallando del arpa el concento
Ciego quiere su huella seguir. En ese fuego celestial que ostenta
Hado infausto le arrastra consigo: Ve la mente adormida
Se abre el agua y le acoge serena, La misteriosa llama que le alienta
Y en las ondas, sin duelo ni pena, Para cruzar el campo de la vida.
Casta vuelve la luna á lucir.
Sigue la tuya en paz, de sus fulgores
Ya no más en la noche apacible Al rayo purpurino;
Resonó su cantar amoroso: Mas teme cauta las fragantes flores
Mudo el valle tornó á su reposo: Que el linde bordarán de tu camino.
— 90 — — 91 —
Placeres son de seductor encanto
Por que el mortal delira; LVIII
Y pérfidos aveces cuestan llanto,
Y á veces dejan sombras y mentira. LÉJOS DE ELLA.
Quizá sólo hallarás espinas rudas Ya veo cruzar por los aires
Que tu planta destrocen, La negra veloz golondrina:
Áridas rocas de verdor desnudas, ¿Por qué, al reparar que se ausenta,
Lágrimas que los míseros conocen. Mi mente delira?
Ya veo la palma á lo léjos
Tal vez dirás al verte subyugada Mecer su penacho abatida:
Por el dolor profundo: ¿Por qué al contemplarla tan sola,
«¿Qué espero ya, qué espero infortunada, Mi pecho palpita?
Presa en los hierros del ingrato mundo?» Ya veo la humilde violeta
Yacer en la yerba escondida:
«¡Triunfar!» yo te respondo. El alma pura ¿Por qué, al recibir su perfume,
.No se rinde en la tierra: Mi alma suspira?
Sobre la nube del dolor oscura Tú, ingrata, que nunca supiste
Brilla la patria donde el bien se encierra. Calmar mis tristezas benigna,
Tú sabes que siempre te adoro,
[Link] tus ojos. ¿Ves? Tras de ese cielo Mas fiera lo olvidas.
La virtud goza en calma: Y olvidas que yo, como el ave,
Para el mártir que pena en este suelo Volar á tu lado querría;
Tiene allí Dios inmarcesible palma. - Que sólo quedé, como el árbol,
Viviendo sin vida;
— 93 —
— 92 —
Si acaso abrigo le diste;
Que guardo, cual flor, en el alma
Pues hay premios para el triste
Esencia de amor peregrina.
Que sólo el triste ha de hallar.
¡Y en tierra lejana entre tanto
De mí no te cuidas!
Ya en tu mirada lo leo:
Tu corazón afligido
Sublime prenda ha perdido,
Prenda de inmenso valer;
LIX
Y en la infinita tristeza
PARTIR PARA NO VOLVER.
Que dolorosa lo embarga,
Prorumpes con voz amarga:
Tú que triste y solitario ¡Partirpara no volver!
Viertes lágrimas de duelo,
¿ Por qué no elevas al cielo
Mirada tierna de amor? Asi pasa todo, hermano;
¿Quién en tu seno lia vertido Todo el tiempo lo devora:
Copa de inmensa amargura? Verás las hojas que ahora
¿Quién de tu esperanza pura Mueven deleitable son,
Nublar pudo el resplandor? Allá en el cansado otoño
Ser loca presa del viento,
¿Piensas que en la senda estéril Y su raudo movimiento
De esta fatigosa vida Te oprimirá el corazón.
No halla el alma dolorida
Quien la pueda consolar? Entónces tu fiel memoria
Rechaza tan fiera duda, Donde está la imagen triste
— 94 — — 93 —
Del amigo que perdiste, Entonces el alma tuya,
Y que ya no ha de tornar, Sintiendo ferviente anhelo,
Verá en tu pecho su nombre Querrá desplegar su vuelo
Grabado en signos ardientes: Y á otra morada subir.
¡Qué lágrimas tan dolientes Al verse, cual siempre, atada,
Te hará entonces derramar! Padecerá pena impía:
Aguarda: ya vendrá el dia
Tú dirás: «¡ Amarga suerte En que ceses de gemir.
La de los séres que penan
Viendo que los encadenan Vendrá, sí. Del desvalido
Lazos que no han de romper! Dios mitiga los dolores,
¡ Mísero el que todavía Dejándole los fulgores
Llora en la prisión atado! De eterna esperanza ver.
¡Venturoso el que ha logrado Hermano, sigue tu ruta;
Partir para no volver'. Firme en su palabra espera,
Y Él te otorgue cuando quiera
Partir para no volver.
Verás cuál las aves huyen,
Alzando tiernos cantares,
Para cruzar de los mares
LX
La dilatada extensión;
Para buscar diligentes, TUS OJOS.
En lejano suelo, abrigo
Contra el invierno enemigo Bellos, muy bellos son tus labios rojos
Contra el helado aquilón. Pero no tanto cual tus grandes ojos
— 97 -
— 96 —
Cuando, invisible, mano clemente,
Cuyas negras pupilas,
Socorro á darme próvida vino;
Plácidas y tranquilas
Y con el iris bello y riente
Más que las noches de Estambul sin luna,
Trazando el arco de inmenso puente,
Parecen hondo abismo
Le abrió camino.
Que, en insondable centro,
De mi destino esconde la fortuna:
Mi imágen tienen donde estoy yo mismo;
Y debo estar tan dentro
LXII
Que, si me busco fuera, no me encuentro.
TROVA DE TROVAS.
LXI
Entre risa y flores vienes
EL PUENTE ETÉREO. Á este mundo seductor,
En cuyas puertas te aguardan
Miéntras bramaba tormenta umbría,
La esperanza y la ilusión.
Mi aciago sino me daba espanto:
Deten un punto tus pasos,
Lluvia á torrentes ella vertía,
Y oye la solemne voz
Y él en mi pecho brotar hacia
Que sale'de un pecho docto
Raudal de llanto.
En la ciencia del dolor:
Oré, pidiendo que Dios me oyera, AL NIÑO.
Mas mi plegaria, desde este suelo,
«Niño, la grata hermosura
Puente no hallaba, ruta certera,
Que tanto al mortal ufana,
Por donde fácil pasar pudiera
Flor de efímera frescura,
De tierra á cielo;
7
— 98 - — 99 -
Muere con la noche oscura, Que el pecho en volcan convierte
Aunque nace en la mañana. Cuando sus fulgores ama,
»¡ Ay de ti si en la belleza Si encuentra muerte tu fama
Tu bien cifras anhelante! Ántes que llegue tu muerte ?»
Marchitando su pureza,
al viejo.
La vejez, que pronto empieza,
Surcos hará en tu semblante. «Viejo, la altiva opulencia,
»¿Qué dirá tu fe perdida Por mas que al mortal deslumbre
Cuando en su cristal la fuente Con su nítida apariencia,
Te haga ver estremecida Lleva consigo la herencia
Faltos tus ojos de vida, De villana servidumbre.
Las canas sobre tu frente?» »¡Ay, si á celado tesoro
Tu ánimo rindes al cabo,
AL JOVEN. De su nobleza en desdoro!
«Joven, la terrena gloria Tendrá la cadena de oro,
No es de otra gloria trasunto: Pero al ñn será su esclavo.
Es una dicha ilusoria; »¿Qué servirá que amontones
Es del mundo en la memoria Con vil codicia oro y plata.
Luz que brilla y muere al punto. Ciego en locas ambiciones,
»¡ Triste el que en afan deshecho Si la suerte en sus traiciones
Por ceñir sus lauros lidia! Una vez te lo arrebata?»
Aquel acoge en su pecho
Un áspid que está en acecho: Triste llamarás mi trova:
El áspid se llama Envidia. No la llames triste, no,
»¿Qué pensarás de esa llama Que hay para estos desengaños
— 100 —
Bálsamo consolador. — 101 —
Hay algo que nunca muere, Irás bien acompañada:
Y es el alma, hija de Dios: Justo es que te sigan muerta
Ella goza en otro mundo Cual viva ;oh falsa!
De bienes que eternos son.
LXIV
LXIII LA DICHA.
TRES AMANTES. Peregrino que vas á la ventura
Buscando por un valle de amargura
Anoche vi que tres muertos Consuelo celestial,
Llamaron á tu ventana: ¿Ignoras que la dicha que le pides
¿Quizá sus blancos sudarios Morar no pudo entre las fieras lides
Miedo te daban? De este vivir mortal?
Sin duda á saber venían
Cómo de amantes te hallabas: Fija está en tu mirada macilenta
¿Si esperarán que otro hermano La postrer esperanza que te alienta
Con ellos vaya? De lograr su favor;
Cuentan que una reina hermosa Pero la buscas por doquier sin fruto,
Murió en brazos de fantasmas: Y entre tanto, con lágrimas, tributo
¿Temes que por fin te alcance Pagas triste al dolor.
Suerte tan mala?
Cuando te lleven en hombros Ella es ángel de paz. Hija del cielo,
Tendió á nosotros apacible vuelo
— 103 —
— 102 —
Flores y flores aliña,
Y aposentóse aquí;
Permite que tu cabeza
Mas cuando vió la miserable tierra
Con esa guirnalda ciña.»
Fatigada de crímenes y guerra,
Tornó al cielo. Héla allí.
Mas tus ojos levantaste,
Y, arrojándola de intento,
Desdeñosa te alejaste.
|Ay cuán mal, cuán mal pagaste
LXV
La pasión que por ti siento!
LA GUIRNALDA.
Sin escucharme piadosa,
Tu ñero desden me mata.
Sentada ayer, de la fuente
¿Por qué, suerte veleidosa,
Junto al florecido borde,
Por qué ha de nacer hermosa
Contemplabas la corriente
La mujer que nace ingrata?
Que murmuraba doliente
Con el son del aura acorde.
De bellas rosas tenias
Rica porción en la falda; LXVI
Las mejores preferías
EL SOLDADO VIEJO.
Y descuidada tejías
Airosa y gentil guirnalda.
Aquel hombre endurecido
Por las iras de la guerra,
Yo te dije: «hermosa niña,
De cuyo rudo carácter
La que con tanta destreza
- 104 — — 108 —
Nadie amansó la fiereza; El murmullo suave ■
Aquel que jamás podia De las alas de un hada misteriosa
Sufrir la menor ofensa, Que cruza en vuelo grave
Ni en el cuerpo, ni en el alma, Por la región del viento silenciosa?
Ni imaginarlo siquiera;
Ese es hoy humilde esclavo, Dale el céfiro asiento,
León sin garras, ni fuerzas, Su labio espira aroma de azucena,
Que, agudo dolor sintiendo Cual música es su acento,
Y no exhalando una queja, Cual sueño grato su beldad serena.
Sirve de débil juguete...
Á una nietecilla tierna ¡Feliz el que sus ojos,
Que en sus rodillas montada Llenos de luz y de clemencia mire,
Su cano bigote mesa. Cuando al hollar abrojos
En la senda de amor, gima y delire!
Con dicha inesperada
Los abrojos verá tornarse flores,
LXVII Y la mujer amada
Le dará el galardón de sus favores.
LA HADA DE LA NOCHE.
¿Habéis tal vez oido
Cuando vierte la luna luz de plata
Sobre el lago dormido
Que su faz melancólica retrata,
— 106 — 107 —
LXVIII
LXIX
NO LO DIGAS.
AL PARTIR..
No me digas que me quieres
Cállatelo por piedad, Pues ya te aguarda por insigne suerte
Que mata un placer inmenso La patria lid á que esforzado vas,
Más que un inmenso pesar. Donde tal vez encontrarás la muerte,
Tanto tiempo he deseado Donde insepulto acaso quedarás;
Saberlo en mi ardiente afan,
Que el pensamiento de oirlo Pues noble escuchas el clarín guerrero
Miedo, de gozo, me da; Y de las trompas el marcial clamor,
Pues como el líquido hirviente Dame el abrazo de amistad, postrero,
Rompe el vaso de cristal, Y oye los votos del fraterno amor.
Así tal júbilo baria
Mi corazón estallar. Si en el peligro del combate ardiente
Pero... nada importa, dilo; Vaga tristeza despertara en ti,
Repítelo más y más, Por presentarse á tu abrasada mente
Que será muy dulce muerte Las caras prendas que dejaste aquí;
Morir de felicidad.
No su recuerdo, para ti angustioso,
Amengüe el brio de tu honor leal;
Y siempre al alma el entusiasmo honroso
Guie cual norte de su fe inmortal.
— 109 —
— 108 — Pues corazones muy duros,
Si en los azares de la lucha horrenda Y como hierro inflexibles,
Fuese tu sino con valor morir, Su libertad encadenan
Piensa que el bueno, como patria ofrenda, Cuando más ufanos rien.
Su vida ante el deber ha de rendir.
Rosa era bella: abrigaba
Sobre tu nombre lucirá la gloria, Un alma pura de virgen,
Sobre tus hijos lucirá también; Mas era por su desdicha
Y cuando evoquen tu feliz memoria Como el mármol insensible.
Verán el héroe donde el padre ven. En su pecho de diamante,
Que blasonaba de libre,
Mas si por dicha de la lid volvieres Se estrellaban los suspiros
Lleno de lauros que ganaste allí, De amadores infelices.
¡Con cuánto gozo abrazarás los seres, ¡ Cuántas penas y tormentos
Las caras prendas que dejaste aquí! Miraba en torno impasible,
De corazones que ardían
Por su belleza sublime!
«¿Yo amar! exclamaba Rosa:
LXX ¿Yo al hombre ingrato rendirme!
La que nació para dueño
ESQUIVEZ Y CASTIGO. Mal á dueño alguno sirve.»
En esto halló en su camino
Niña cuya edad temprana Un gentil mancebo humilde
Cuenta diez y seis abriles, Á quien no traspasó el dardo
En ser al amor esquiva De aquella beldad temible.
Nunca vanagloria cifre;
— no — — MI —
Con recóndito despecho LXXI
Sintió Rosa el alma abrirse
Y de ella por vez primera UN PROBLEMA.
Salieron suspiros tristes.
«¡ Y esto permiten los cielos!
Lo que pasó por la hermosa
No habrá lengua que lo explique, ¿Y así pagas mis desvelos
Y por otra me has dejado?
Pero sus azules ojos
No imagines que son celos:
Perdieron el puro tinte;
De sus mejillas y labios No los mereces, malvado.
Se apagaron los carmines;
Lloró Rosa, y todavía íGoza de tu nueva palma;
Las almas amantes dicen Goza venturoso en calma
Que donde cayó su llanto De ese amor que es tu delicia:
Brotó, en maravilla insigne, Ya te arranqué de mi alma:
La amorosa siempreviva No hay en el mundo justicia.
Que en él su vida recibe.
»¡ Mal haya, amén, el instante
Niña cuya edad temprana En que, escuchándote amante,
Cuenta diez y seis abriles, Labré yo mi propio daño,
En ser al amor esquina Para que falso, inconstante,
Nunca vanagloria cifre. Me dieses tal desengaño!
Y si en cadenas de flores
Desdeña altiva rendirse, »Mas no pienses, alma fiera,
Tema, que acaso en su suerte Que hablo así porque te quiera:
La suerte de Rosa mire. No lo pienses loco y necio,
— 112 — — 113 —
Que aunque odiarte más quisiera, »Cuando te oigo algún suspiro
Como te amé, te desprecio. Se desgarra el alma mia;
Con tu sonrisa, deliro;
»Y no sueñes enmendarte Si en calma dormir te miro
Y á mí volver con vil arte Á besos te comería.
Para engañarme otro dia:
Primero que perdonarte, »Tú no sabes ¡oh inocente!
Primero me moriria.» Cuán inmensa es la ternura
Que por ti mi pecho siente,
Así, arrasados los ojos, Y cuál mi abrasada mente
De llorar sin tregua rojos, Sólo sueña en tu ventura.
Escribe una hermosa dama.
Y yo dudo: sus enojos »Ni sabes, hermoso dueño,
¿Son por que aborrece, ó ama? Que me subyugas y encantas;
Y que en mi amoroso empeño
El mundo juzgo pequeño
Para ponerlo á tus plantas.
LXXII
UNA PREGUNTA.
»Duerme en paz, que yo á tu lado
Velo, forjando ilusiones
«Gloria de Dios, boca de oro, En tu porvenir rosado;
Dulce alivio de mis males, Pidiendo al cielo sagrado
Serafín en quien adoro, Para ti sus bendiciones.»
No hay en el mundo tesoro
Que valga lo que tú vales. Así escucho un blando acento
8
i
— 114 — — 11S —
De inmaculada pureza, Cuidándola cual la madre
De inefable sentimiento; Cuida al párvulo inocente.
Y digo cuando lo siento: Y cuando salta del lecho,
¿Quién habla con tal terneza? Y cuando á su lecho vuelve,
Con un beso la saluda
Que paga un arrullo feble.
Y ya las plumas le alisa,
LXXIII Ya le hace gentil copete,
Ya le ata listón airoso,
EL PRIMER DOLOR. Como su esperanza, verde.
Pero un dia ¡oh triste dia!
Pura como fresco lirio Va á saludarla cual siempre,
Que aromatiza el ambiente, Y la encuentra inmóvil, muda,
Bella como la mañana Rígida, helada, yacente.
Que va despuntando alegre, Llámala anegada en llanto,
La gallarda Rosalía Ruégale que le conteste,
Venturosa vive y crece, Mas ni abre el amante pico,
Lenta al Edén caminando Ni sus caricias devuelve.
De su edad adolescente. Lo que pasa á Rosalía,
Todas sus dichas más puras, Lo que atribulada siente,
Todos sus castos placeres, No sabe explicarlo el labio,
Cifra una tórtola blanca Mas el alma lo comprende.
Que en amor cautiva tiene. Pues al elevar al cielo
Y con tanto afan la vela, Sus claros ojos celestes,
Que ni sosiega, ni duerme, Con rayos de luz brillando
— 116 — — 117 —
Que entre lágrimas se pierden,
Dijérase que la triste LXXV
Piensa en silencio elocuente:
«Sé que en el mundo hay desdichas^ MUERTE Y VIDA.
El primer dolor me hiere».
Y es que en su espíritu absorto Miéntras cruzabas la vida,
Denso velo ve romperse, Salió la muerte á tu encuentro;
Y halla tras él la primera Y, como por tierra el árbol,
Revelación de la muerte. Caíste herido en el lecho.
Viendo apagarse la llama
Que iluminaba tu ingenio,
LXXIV Tomaron negras tristezas
En tu corazón asiento.
LA PIEDAD. De pronto, como las nubes
Rompe el sol que está muriendo,
Con un pesar, la azucena Rompió un rayo de esperanza
Tuvo tan hondo quebranto, Las tinieblas de tu pecho.
Que su rocío por llanto Y en aspiración ardiente,
Prestóle el alba con pena. De fe inextinguible lleno,
De vida y fragancia llena, Entre lágrimas humildes
Irguióse otra vez la flor Las manos alzaste al cielo.
Á su influjo bienhechor, Llamaste, y fuiste escuchado;
Mostrando que la piedad Lo que anhelabas te dieron;
Realza más la beldad Tornó el gozo á tu alma noble;
Y es bálsamo del dolor. La salud tornó á tu cuerpo. •
— 118 — — 119 —
Rayó tu segunda vida; Pero luego al hondo abismo
Y, al volver á ella de nuevo, Muerto cayó por el crudo
Muda quedando la ciencia, Desengaño.
Del milagro habló el acento.
Ten gratitud, y publica
Que á quien debes tus consuelos:
LXXVII
Es consuelo de afligidos
Y salud de los enfermos. EL REGRESO DEL SOLDADO.
Tras seis años de ausente
Torna el soldado,
LXXVI Y anhelante á la aldea
Mueve sus pasos.
LA GARZA. Ya el sol se pone,
Ya tristemente alumbra
Gallarda con su copete, Su frente noble.
La tierna garza atrevida Pensando va en su amada
Sube al cielo, Que ñel le llora,
Mas de pronto la acomete Pensando en que muy pronto
Fiero milano, y sin vida Será su esposa.
Viene al suelo. ¡ Ay del soldado!
Más le hubiera valido
Tal, ufano de sí mismo, Morir lidiando.
Mi amor elevarse pudo
Por su daño; ¿Qué anuncia esa campana
— 120 — 121 —
Tocando á fiesta? Mas es tan grande
¿Y esa turba gozosa La pena que le mata,
Yendo á la iglesia? Que muerto cae.
¡Ay Dios! ¡ Cuán triste
La campana le suena
Con su repique!
LXXVIII
«Vuelve atras, buen soldado,
(Dícele un niño); UNO Y OTRO.
Ya es de otro más dichoso
La que has querido.» Cuando el incrédulo muere,
Y á estas palabras, Parece reptil infame
Le parece que siente Que se arrastra por la tierra
Hielo en el alma. De donde no puede alzarse.
Mas cuando el creyente espira,
Es de noche ¡qué noche Noble se asemeja al ave
Tan pavorosa! Que busca por las alturas
Negro está el cielo; el aire Las regiones que la atraen.
Su rostro azota.
Retumba el trueno;
Brilla el lampo; rebrama LXXIX
La mar muy léjos.
El mancebo olvidado EL ENGAÑO.
Cruza las breñas:
Desdeñando la vida, Luciendo altiva sus frescas hojas
Vuelve á la guerra. Verdes y agudas como el laurel;
— 122 — — 123 —
Mostrando en grupos sus flores rojas Ya de oriente al cielo sube
La hermosa adelfa se alza cruel. Negro horror que espanto. da.
Tal su ocaso halló mi vida...
Cruel, pues ella que ser presume Tal su noche vi venir...
Lo más preciado que existe aquí, Hoy mi voz, de llanto henchida
Sólo desparce mortal perfume, Quiere al mundo adiós decir.
Con vil engaño mintiendo así.
Poco vives, gloria humana;
Así un incauto, de gozo lleno, Dicha infiel, la muerte das;
Que su fragancia dulce aspiró, Sois tan sólo sombra vana;
Bebió en sus flores letal veneno Viento y humo sois no más.
Donde sin culpa su fin halló. Fe en vosotras tuve un dia,
Viva luz de fiel pasión:
Halló la muerte; y el alma mia Hoy en pago al alma mia
Que el vano mundo conoce ya, Luto queda, no ilusión.
Vió que es adelfa la ciencia impía:
Brindando néctar, veneno da. Es querer el propio daño
Siempre ansiar mentido bien:
Vénse aquí dolor y engaño;
Dicha y gloria no se ven.
LXXX
Oh vosotras, tiernas almas,
MUERTE DEL POETA.
No soñéis en triunfos, no:
Yendo en pos de lauro y palmas
Ya velado en densa nube Crudo afan tendréis cual yo.
Triste el sol muriendo está...
— 128 —
— 124 —
Ese tropel de alegres golondrinas
Mas... ¿por qué tan hondo duelo?
Que, buscando otra tierra, el mar trasponen
Harto aquí sin paz lloré:
Esas hojas marchitas que á la rosa
Ya la mente, ansiando el cielo,
Arranca el cierzo con furioso choque;
Vuela en alas de otra fe.
No son lo que parecen á tus ojos
Sacudiendo su desmayo,
De lágrimas henchidos hasta el borde:
Rauda siéntese subir
No son aves, ni flores deshojadas,
Más que el ave, más que el rayo
Sino tus fugitivas ilusiones.
De una nube en otra al ir.
Cubra el éter velo umbrío...
Ronco el trueno, brame ya...
LXXXII
Nada teme el pecho mió;
Libre al fin del mundo está.
COMO ALGUNOS.
Voz que gozo blanda inspira
De otra patria viene á mí:
E-s verdad que, por flaqueza
Nace un sol que nunca espira...
Propia de hombre, alguna vez
¡Dulce muerte, vivo en tí!
Comete infidelidades
Que no sabe su mujer.
Es verdad que en sus negocios,
LXXXI Buscando el propio interes,
Sólo atiende á la ganancia
AVES Y FLORES.
Donde quiera que la ve.
Es verdad que en opiniones
Esas blancas palomas que en bandada
Varía con rapidez,
Del nido, que es su hogar, huyen veloces;
— 126 — — 127 —
Pues sabe que en este siglo Es ligera y temeraria;
Hoy no es lo mismo que ayer. Y, amable con los extraños,
Y por último es muy cierto Á los propios desagrada.
Que no tiene mucha fe, Y si bien débil escucha
Porque sin ser religioso Galanteos de palabra,
Muy bueno se puede ser. Como esposa no se duele
Mas todas estas faltillas De ninguna grave falta.
Son tolerables en él, Mas todos estos lunares
Pues no cabe duda alguna No son puntos de importancia,
De que es un hombre de bien. Y nadie dudar podría
Que es intachable y honrada.
LXXXIII
LXXXIV
COMO ALGUNAS.
SIN CONSUELO.
Vive esclava de las mollas
Áun no siendo muy sensatas, Detras de la tormenta abrasadora
Y por seguirlas en todo Baja la lluvia, el campo á refrescar;
Su fortuna está mermada. Detras de los relámpagos ardientes
Como con severas leyes Luce el iris, heraldo de la paz.
La sociedad la avasalla, Detras del polvoroso torbellino
Le es imposible cuidarse Húmeda brisa viene de la mar;
De sus hijos, ni su casa. Detras de tus tenaces infortunios...
Mujer de mundo, en sus juicios Nada; no hay más allá.
.... . S ..
— 128 —
— 129 -
Humo, sombra, ilusión, fué mi alegría
LXXXV
Para mí nada existe.
JUICIO ERRÓNEO.
¡Siempre la misma soledad! En vano
Tiendo en redor los ojos:
Sierva tiene á la fortuna:
Ven sólo por doquier árido llano,
Brota el oro de sus manos,
Mudo campo de abrojos.
Los placeres le acompañan,
Ignora lo que es trabajo.
Llegué del poderoso á los umbrales
Si imagina algún deseo
Á exhalar mi lamento,
Al punto lo ve colmado;
Pero escuchar no supo de mis males
Mas ya no sueña deleites,
El desmayado acento.
Que está de deleites harto.
Todo, en ñn, cuanto codicia
Busqué anhelante la deidad celeste
La suerte le da otro tanto;
Que aquí amistad se nombra,
Y el mundo dice: «¡Dichoso!»
Pero al tocar la fimbria de su veste
Y yo digo: «¡Desdichado!»
Hallé que era una sombra.
Llamé al amor de quien lograr ansiaba
LXXXVI Inefable consuelo,
Pero no respondió, porque moraba
EN EL DESAMPARO. Léjos de aqueste suelo.
Y el mísero clamó: — Va el alma mia
¡Amarga soledad! Ya nada ansio
Peregrinando triste:
De cuanto amé en mi daño:
9
— 130 — — 13í —
Para llamarle compañero mió No le puede, en verdad, enaltecer;
Bástame el desengaño. Mas es fuerza encumbrarle nuevamente
Porque... ¡habla tan bien!
Mas ¿quién aquí suspira? En mi tristeza
Blanda voz sentir creo:
Una mujer de sin igual belleza
Entre la sombra veo. LXXXVIII
¿Quién eres tú cuyo semblante amigo [Link] DOS HERMANAS.
Me infunde bienandanza?
—¿Quién ha de ser! Quien siempe va contigo Ambas eran muy gentiles;
Tu hermana la Esperanza. Eran bellas una y otra;
Hijas las dos parecían
De amor sin mancha ni sombra.
Rubia, con azules ojos,
Ideal y vaporosa,
LXXXVII
Sello celestial tenia
La mayor en su persona.
RAZON SUPREMA.
Morena, con negros rizos,
Hechicera y seductora,
Triste, muy triste huella de su paso La menor era en su aspecto
Dejó al cruzar la senda del poder, Beldad de terrena forma.
Pues cometió injusticias y desmanes Juntas marchaban un dia,
Naturales en él. Dando envidia por hermosas,
Laxo en moral, la ciencia del gobierno Cuando un anciano mendigo
■
— 132 — — 133 —
Les pidió santa limosna. ¿Para siempre partiste
Exhalando un ¡ay! doliente, Dejándonos del mal en las cadenas?
Y en voz de pena muy honda, ¿Qué será de nosotros desdichados,
«Ampáreos Dios» Ja segunda Si ya no ven los ojos,
Dijo al pobre cariñosa. Por tinieblas cercados,
Pero en tanto la primera, De tus ojos de amor los resplandores?
Sin una palabra sola, Herirán nuestra planta los abrojos;
Púsole el óbolo ansiado No brotarán sobre la tierra flores.
En la mano temblorosa.
«¿Quiénes son, exclamé entonces, Bajo tu imperio, sin dolor ni luto,
Esas dos nobles matronas? Felices los mortales
Una llora con el triste, Del bien gozaban el sabroso fruto;
Otra consuela al que llora». Pero, llamando al crimen desleales,
Y el mendigo respondióme: En su delirio insano
«Dos hermanas que se nombran: A impiedad y ambición abrigo dieron;
Aquella, la Compasión, Y en la sangre del padre y del hermano
Ésta, la Misericordia». Tu inmaculada túnica tiñeron.
Y huiste á no volver, hasta que muera
Esta generación ingrata y loca;
LXXXIX
Mas pronto, airada y fiera,
Se hundirá en el abismo
LA PAZ.
Como turbio raudal de roca en roca,
Virgen ¿en dónde moras tú que fuiste Como peñón que rueda por sí mismo.
Lenitivo y consuelo de las penas? Entonces ¡ay! desengañado el mundo,
— 134 — — 138 —
Evocará tus gracias peregrinas; Las líneas diferentes.
Y tornarás, mas con dolor profundo, Baña después el cielo
A reinar y gemir sobre ruinas. Que anima y esclarece,
Y su lucero, al verla,
Como vencido, muere.
Más clara por instantes,
XC Las nubecillas leves
Con orlas festonea
LA VENIDA DEL DIA. Que plata ser parecen.
Ya salen de la sombra
La noche todavía Las cumbres eminentes,
Lóbrega e! mundo envuelve, Las torres atrevidas,
Y sólo alguna estrella Las enramadas verdes,
Luce con rayo tenue. Los blancos caseríos,
Mas llega ya la hora; Los ocultos vergeles,
Y el dia que amanece, Y hasta las hondas simas
Por ver este hemisferio, La claridad desciende;
Á más andar se viene. Miéntras que por los aires
Sobre el confin lejano Aquella luz riente
Del apartado oriente, La aurora á toda priesa
Vago claror confuso Aviva y enrojece;
Pálida zona extiende. De modo que sus rayos
Del alba que despunta, Hasta el cénit ascienden,
La tibia luz alegre Sutil, dorado velo
Marca del horizonte Tendido por el éter.
— 136 — — 137 —
Y el foco de que parten
Incendio es ya que hierve XCI
Cuyas purpúreas llamas
Alcanzan á occidente: LA VENIDA DE LA NOCHE
Volcan esplendoroso,
Más inflamado siempre , El cielo es todo lumbre,
Que cielo, mar y tierra Dorada gasa el aire;
Cual vasta hoguera prende; Fulgura el firmamento,
Hasta que desparciendo Magnífica es la tarde.
Del disco refulgente El sol baja al ocaso
Llamas de grana y oro Con disco centellante
Que por doquiera vierte, Que en púrpura encendida
Vivísimas centellas Recama los celajes.
Que ardiendo resplandecen Algunas sueltas nubes
Y los mortales ojos Con él van á juntarse,
Ya resistir no pueden; Cortejo anticipado
Vida del universo De honores funerales.
Y asombro de la mente, A breve rato, en ellas
Coronando aquel cráter, Vela su noble imagen,
El astro rey magnífico aparece. Antes que al horizonte
Con presto giro alcance;
Así, tras noche de paganas sombras, Y al ver cuán apacible
Brilló sobre el mortal fulgor celeste; Se oculta en sus encajes,
Y al fin la redención, cual sol divino, Perdiendo va la esfera
Vertió en la humanidad su luz ardiente. Su brillo rutilante.
— 138 — — 139 —
Por ñn tras de las cumbres Los campos y ciudades
Se esconde en paso grave, Que cual en vago sueño
Rayos en pos dejando Principian á borrarse.
Que de occidente parten. Y tanto se confunden,
Los vividos fulgores Y tanto se deshacen,
Que grana fueron ántes Que al ñn se desvanecen
Cárdenos y apagados Tras lúgubres cendales.
Comienzan á tornarse; La noche misteriosa,
Y aquel luciente foco, Viéndose ya triunfante,
Que fuera inmensurable, Tiende por las alturas
Á muy pequeña zona Su velo impenetrable.
Se ciñe por instantes, Y es tan profundo el caos,
Haciendo que el espacio La oscuridad tan grande
Su resplandor apague, Que, á consolar al mundo ,
Y en grados insensibles La blanca luna por oriente sale.
Para morir, desmaye.
Crepúsculo sin vida Así á los pueblos, tras hermoso dia,
Muestra su luz menguante, La noche del error miro acercarse,
Que en claridad confusa i Ay de ellos, si la fe no se levanta
Por ñn viene á trocarse, Á disipar las sombras en que yacen!
Dando á las sombras paso
Que en frente de ella nacen,
Y, poco á poco, oscuras
El cielo todo invaden.
Ya apenas se divisan
— 140 — — 141 —
Que en su dicha lisonjera
XCII Viva por ti;
EL FUEGO DEL ALMA. Puedes hallar quien suspire
Noche y dia por tu amor,
En tu pálida hermosura Y al ver tus ojos delire
Tus ojos cual noche son; Con vivo ardor;
Mas ¡ay! en ellos fulgura
Viva llama que arde pura Puedes hallar quien te traiga
Dentro de tu corazón. Ofrendas de eterna fe,
Y, de amor herido, caiga
Con amoroso desmayo Muerto á tu pié.
Pueda yo verla brillar
Dulce como sol en Mayo; Mas para serte constante,
No con el fulgor del rayo Premies ó no su pasión,
Que luce para matar. Y aunque rindas á otro amante
Tu corazón;
XCIII
FIDELIDAD.
Puedes hallar quien te quiera
Con tan noble frenesí,
142 — — 143 —
Tan sólo hay uno en la tierra, Como á la rosa desolada y mustia
Y ese soy yo. La lluvia del rocío.
Grata serás como el cantar lejano
De las aves del cielo,
XCIV
Cuando después del bienhechor verano
DULCE MEMORIA.
Parten de nuestro suelo.
Si alguna vez, abandonada, y llena Serás como la llama peregrina
De angustia el alma mia, Que baña el horizonte
Sucumbe al peso de enemiga pena Cuando en hermosa tarde que declina
Y acaba mi alegría; Muere el sol tras el monte.
Si después que la suerte bondadosa Serás lo mismo que en nocturna calma
Me colma de ventura, Remota melodía
Rueda por mis mejillas afanosa Que, después de cesar, sigue en el alma
Lágrima de amargura; Sonando todavía.
Entonces, cuando el grito de mi acento Vive ¡oh memoria! en el recinto estrecho
Mi desdicha revele, Donde casto amor arde,
Tú serás ¡ oh memoria de un momento! Y no te olvide yo mientras mi pecho
Quien mi dolor consuele. Vital aliento guarde.
Y entre las ansias de mi acerba angustia
Serás al pecho mió
— 144 — 145 —
XCV XCVI
EL LAGO. NUBE DE VERANO.
Entre las breñas ásperas de un monte En abrasada siesta
De aquella ruda, vasta cordillera Dormido yace el viento;
Que al ñn del horizonte Muéstrase turbio el éter;
Con noble majestad se alza severa, El sol arde en los cielos.
Hay un lago escondido, Caliginoso el aire,
Limpido, azul, sereno, transparente, Deja sentir su peso;
Por nadie conocido, Los árboles pardean
Á la vez que patente Mustios y polvorientos.
Al purpurino sol, Cuyas centellas Allá por Mediodía
Retrata ñel en su cerúleo velo, Lenta elevarse veo
Á las claras estrellas, En cúmulos hinchados
Á la cándida luna, Nube de vasto seno.
Y á cuantos esplendores tiene el cielo. Trepando poco á poco
¡Ay! ese lago en calma, Su manto va extendiendo,
Que jamás ofendió mirada alguna, Y al fin el sol oculta,
Es ¡oh virgen! la imágen de tu alma Y entolda el firmamento.
En santa soledad al mundo muerta, Después se trueca en nimbo
Pero á la luz divina siempre abierta. De cuyo oscuro centro
Rojas, fugaces chispas,
Salen de tiempo en tiempo.
10
— 146 — — 147 —
Cálidas y anchas gotas Reina pavor inmenso;
Se estrellan contra el suelo. Las gentes aterradas
Polvo sutil en torno Á Dios alzan su ruego.
Alzando al choque recio. Mas ya no están furiosos
Borrasca muy lejana Los rudos elementos;
Se acerca por momentos, El agua es menos fuerte,
Y con granizo envuelta Los lampos brillan ménos.
La lluvia va cayendo. Varias opacas nubes
Relámpagos más vivos Rompen su manto denso
De cárdenos reflejos Dejando ver tras ellas
El denegrido ambiente De luz algún reflejo.
Tornan en mar de fuego. El vendaval amaina
Rápido luce el rayo Sus ímpetus violentos,
Con resplandor siniestro, Y en lluvia, ya menuda,
Y ya en profunda noche Sopla aireeillo fresco
Ronco retumba el trueno Que amables perfumaron
Cuyo fragor creciente, Tomillos y romeros,
Zumbando por los ecos, Miéntras la esfera, en parte,
Parece que hace al mundo Luce su azul intenso.
Temblar en sus cimientos. Y la tormenta corre
El huracán arranca Con presuroso vuelo;
Los centenarios cedros, Y más y más se aparta;
Y bajan de los montes Y, cada vez más lejos,
Torrentes con estruendo. Sólo se escucha apénas
Todo es horror y espanto: Leve rumor incierto;
— 148 — — 149 —
Y el sol en triunfo sale,
Y en pos el iris bello. XCVIII
Los árboles gotean,
Verdor mostrando nuevo; LA FLOR SIN ESPINAS.
Los pajarillos cantan,
Su pluma sacudiendo. El que en florida pradera
Collados y vergeles Coge la rosa brillante
Parecen más risueños, Que peregrino perfume
Y al fin son cielo y tierra Plácida en torno desparce;
Reposo, paz, silencio. Y, para que gocen otros
De aquel aroma inefable,
Sin temor de que sus manos
Crudas espinas desgarren,
Con las suyas las arranca,
XCVII
Áun á costa de su sangre,
1MÁGEN TRISTE. Hasta que el tallo escabroso
Deja igual, limpio y suave;
Bajo quebradas sierras eminentes, Ése es como el noble sabio
Bajo uniformes valles extendidos, Que, entre vigilias y afanes,
Cruzan de fuego y aire las corrientes La ciencia que ilustra al mundo
Que rompen en volcanes encendidos. Purga de errores falaces,
Así dentro de muchos corazones, Para que luégo otros hombres
Aunque en falaz quietud á veces calla, En su posesión alcancen,
Oculto el fuego está de las pasiones, Flor de beldad exquisita,
Que difunde la muerte cuando estalla Libre de espinas, punzantes.
— lbl —
— ISO —
XCIX C
EL ÁRBOL MISTERIOSO.
ÚLTIMA TROVA.
En un lugar escarpado
Hermosa cual ninguna
De muy difícil acceso.
Hay un árbol, embeleso Que oyes mi canto,
Viendo brillar la luna
Del corazón afanado.
Sobre los dos;
El que á su sombra se vea, Por la límpida gota
De tierno llanto
Tras larga, ruda fatiga,
Que en tus párpados brota
Como por virtud amiga
Con nuevo encanto,
Logrará cuanto desea.
Páguete Dios.
Tiene amarga la raíz,
Cada dulce sonrisa
Pero tiene dulae el fruto
Del alma p¡¿£a
Que al hombre rinde en tributo
Que en tu labio divisa
Para que viva feliz.
Mi pecho fiel,
Ese árbol, que en su inconstancia Es á mi amor ardiente
Muchos mortales no ven, De más ventura
Es, en la ruta del bien, Que cuanta gloria ostente
La noble Perseverancia. Con su hermosura
Rico laurel.
i
— 182 —
Vuelve casta y serena,
Vuelve á tu lecho,
Pues el premio á mi pena
Ya recibí:
Duerme, que mis suspiros NOTAS.
De amor deshecho,
Con abrasados giros
Desde mi pecho
Vuelan á ti. Pág. 19.—Er. mensaje.—Esta poesía, acomodada
á música escrita y publicada, es traducción libre de
Por el cielo aparece una composición inglesa de Miss A. Procter.
La rubia aurora, Pág. 26.— Pensamientos de amor.—Tanto esta
Y al mirar cómo crece trova como las tituladas: «La campana de la agonía,
Su resplandor, La trucha, La serenata, La rosa, Elogio de las lágri
Parto porque lo pides, mas, El pescador, Al partir á la caza, Barcarola, In
Noble señora; vocación á la primavera, Meciéndola cuna, Huyo de ti,
Parto, mas nunca olvides El lucero, Margarita, La mañana tempestuosa, Amor y
Cuánto te adora misterio, El llanto, El gaitero, Último adiós, Su imá-
Tu trovador. gen y Su aparición,» con leves variantes hechas en al
gunas de ellas, fueron también escritas para adaptarlas
á música compuesta, y forman parte de la colección de
FIN. Melodías del célebre F. Schubert, que con letra mia,
ya original, ya imitada, ya traducida, publica el dis
tinguido artista y celoso editor D. Antonio Romero y
Andía.
— it5í —
Pág. 28.—Ella.—Acomodada á música de Mozart,
y traducida con poca alteración, de una letra italiana
cuyo autor ignoro.
Pág. 74,—Epitalamio.—Fué escrito para celebrar
las bodas de la tierna poetisa murciana Doña Purifica
ción Perez Gayá, arrebatada después repentinamente INDICE
á la vida, en edad de 23 años, cuando más favorecida
estaba por acendrada bondad, belleza superior, clarí
simo talento y felicidad conyugal.
Pág. 82.—La muerte del pajarillo.—Excep PAGS.
tuando un solo pormenor de ficción poética, todo lo Al lector............................................................................................ vii
Preludio................................................................................................ 13
demas de esta trova es copia de la verdad, pero copia
I. Grata ilusión............................................................. 15
pálida y sin vida de la maravillosa avecilla á que se II. Invocación nocturna.................................................. 16
III. Risa y llanto............................................................... 16
refiere.
IV. El recuerdo.................................................................. 18
Pág, 96.—El puente etéreo.—Juzgando por re
V. La gota de roclo......................................................... 19
miniscencia vaga y confusa, me parece que la idea VI. El mensaje................................................................... 19
fundamental de esta poesía se halla en otra de Víctor VII. La niña muerta........................................................... 21
VIII. Voz del poetó............................................................... 23
Hugo, cuyo título no recuerdo. Así al menos lo creo. IX. La primera azucena................................................... 24
Pág. 144,—El lago.—Inspirada por una preciosa X. Yo te amaré................................................................ 25
comparación que hay en la obra titulada Nuestra Se XI. Pensamientos de amor............................................... 26
XII. La campana de la agonía........................................... 27
ñora de Lourdes, de Mr. Enrique Lasserre. XIII. Ella............................................................................... 28
XIV. La trucha.............................................. 29
XV. La serenata.................................................................. 31
XVI. La rosa....................................................................... 32
XVII. Elogio de las lágrimas.............................................. 34
XVIII. El pescador................................................................. 35
156 — 157 —
PÁGS. PÁGS.
XIX. El cautivo................................................................... 56 Ll. Lección....................................................................... 81
XX. Al partir á la caza...................................................... 37 LII. La muerte del pajarillo............................................. 82
XXI. Barcarola............................................................. 40 LUI. El rizo...’.................................................................. 84
XXII. Invocación á la primavera......................................... 41 LIV. Uno de muchos.......................................................... 85
XXIII. Meciendo la cuna. ..................................................... 43 LV. Otro de pocos............................................................. 86
XXIV. Huyo de ti.................................................................... 44 LVI. La sombra.................................................................. 87
XXV. El lucero...................................................................... 46 LVII. Lo que espera el alma.............................................. 89
XXVI. Noche de estío............................................................ 47 LVIII. Léjos de ella................................................................ 91
XXVII. Margarita.................................................................... 48 LIX. Partir para no volver................................................. 92
XXVIII. La mañana tempestuosa............................................ 30 LX. Tus ojos...................................................................... 95
XXIX. Amor y misterio......................................................... 52 LXI. El puente etéreo........................................................ 96
XXX. El llanto...................................................................... 55 LXII. Trova de trovas.......................................................... 97
XXXI. El gaitero.................................................................... 55 LXIIl. Tres amantes.............................................................. 100
XXXII. Al pié de su ventana.................................................. 56 LXIV. La dicha...................................................................... 101
XXXIII. Último adiós................................................................ 58 LXV. La guirnalda.............................................................. 102
XXXIV. Su imágen................................................................... 59 LXVI. El soldado viejo......................................................... 105
XXXV. Su memoria................................................................ 61 LXVII. La hada de la noche.................................................. 104
XXXVI. La verdad.................................................................... 62 LXVIII. No lo digas................................................................. 106
XXXVII. Amor inmortal............................................................ 63 LXIX. Al partir...................................................................... 107
XXXVIII. El arroyo y tú............................................................ 65 LXX. Esquivez y castigo..................................................... 108
XXXIX. El mensajero.............................................................. 66 LXXI. Un problema............................................................... 111
XL. Su voz......................................................................... 67 LXXII. Una pregunta............................................................. 112
XLI. Mentira y verdad............................................... 68 LXXIII. El primer dolor.......................................................... 114
XL1I. El regalo en sus dias.................................................. 69 LXXIV. La piedad................................................................... 116
XL1II. Consuelo..................................................................... H LXXV. Muerte y vida.............................................................. 117
XLIV. Al caer la tarde.......................... 72 LXXVI. La garza..................................................................... 118
XLV. El modelo.................................................................... 73 LXXVII. El regreso del soldado............................................... 119
XLVI. Epitalamio............................................................ 74 LXXVI,I. Uno y otro.................................................................. 121
XLVII. Su nombre.................................................................. 76 LXX1X. El engaño................................................................. 121
XLVIII. El artista y tú............................................................. 77 LXXX. Muerte del poeta........................................................ 122
XLIX. Su aparición............................................................... 78 LXXXI. Aves y flores.............................................................. 124
L. En la iglesia................................................................ 80 LXXXII. Como algunos............................................................ 125
— 188
PAG8.
LXXXIII. Como algunas............................................................ &&
LXXXIV. Sin consuelo............................................................... 127
OBRAS EN VERSO
LXXXV. Juicio erróneo............................................................
LXXXVI. En el desamparo........................................................ 12$ DEL MISMO AUTOR.
LXXXVII. Razón suprema..........................................................
LXXXVIII. Las dos hermanas....................................................... 131
LXXXIX. La paz......................................................................... 452 CASA EDITORIAL DE MEDINA Y NAVARRO
XC. La venida del dia....................................................... 134
XCI. La venida de la noche................................................ *37 RUBIO, 25, MADRID.
XCII. El fuego del alma.......................................................
XCIII. Fidelidad..................................................................... 140 HIMNOS Y QUEJAS, poesías religiosas y profanas, con un prólogo de
XCIV. Dulce memoria. ......................................................... ^42 D. José Selgas y Carrasco.
XCV. El lago......................................................................... 144 MELANCOLÍAS , rimas y cántigas.—Segunda edición.
XCVI. Nube de verano..........................................................
ECOS DEL TÁDER , cantos poéticos.—Segunda edición.
XCVII. lmágen triste................................................. ^4®
XCVIII. La flor sin espinas...................................................... 44® DON RODRIGO, drama lírico, premiado con el accésit por la Acade
XCIX. El árbol misterioso..................................................... 130 mia Española.
C. Última trova................................................................ 131 LA CAMPAÑA DE ÁFRICA, poema, igualmente premiado por la citada
corporación.
EL CAUDILLO DE LOS CIENTO, novela, con un prólogo de Don
Juan Eugenio Harlzenbusch.—Segunda edición.
LAS SIETE PALABRAS, paráfrasis, aprobada por la Autoridad Ecle
siástica. (Aunque incluida esta obra en La voz del Creyente, se halla
también impresa por separado.)
LA VOZ DEL CREYENTE, poesías católicas. (Censuradas con elogio
y aprobadas por la misma Autoridad.)
I (