Nuestra guerra no fué, evidentemente, una contienda civil más, sino una
verdadera Cruzada; como la calificó entonces nuestro Pontífice reinante;
(…) Jamás se dieron en nuestra Patria en menos tiempo más y mayores
ejemplos de heroísmo y de santidad, (…) Habría que descender a las
persecuciones romanas contra los cristianos para encontrar algo
parecido.
En todo el desarrollo de nuestra Cruzada hay mucho de providencial y de
milagroso. ¿De qué otra forma podríamos calificar la ayuda decisiva que
en tantas vicisitudes recibimos de la protección divina? ¿Cómo explicar
aquel primer legado, providencial e inesperado (…), cuando la inferioridad
de nuestro armamento era patente (…) nos llegó, como llovido del cielo,
en un barco con ocho mil toneladas de armamento, apresado en la
oscuridad de la noche por nuestra Marina de guerra a nuestros
adversarios? Ocho mil toneladas de material (…) que constituían el más
codiciado botín de guerra que pudiéramos soñar (…)
No es una, sino varias las veces que, al correr de nuestra campaña, se
repetían los hechos providenciales que nos favorecían. ¿Y qué pensar de
los desenlaces de las grandes batallas, cuyas crisis victoriosas, sin que
nadie se lo propusiese, se resolvieron siempre en los días de las mayores
solemnidades de nuestra Santa Iglesia?
Sólo el simple enunciado de estos hechos justificaría esta obra de levantar
en este valle ubicado en el centro de nuestra Patria un gran templo al
Señor, que expresase nuestra gratitud y acogiese dignamente los restos de
quienes nos legaron aquellas gestas de santidad y heroísmo.
Mucho fué lo que a España costó aquella gloriosa epopeya de nuestra
liberación (…) pero la lucha del bien con el mal no termina por grande
que sea su victoria. Sería pueril creer que el diablo se someta; inventará
nuevas tretas y disfraces, (…) seguirá maquinando y tomará formas
nuevas, de acuerdo con los tiempos.
La anti España fué vencida y derrotada, pero no está muerta.
Periódicamente la vemos levantar la cabeza en el exterior y en su
soberbia y ceguera pretender envenenar.
La principal virtualidad de nuestra Cruzada de Liberación fue el
habernos devuelto a nuestro ser, que España se haya encontrado de
nuevo a sí misma (…) El genio español surgió en mil manifestaciones (…)
jinetes, artilleros o ingenieros, falangistas, requetés o legionarios. Era el
soldado español en todas sus versiones. Sus sangres se confundían en la
Cruzada heroica, en el común ideal de nuestro Movimiento.
Conforme los días pasaban, el Movimiento calaba en las entrañas de
nuestra Patria. Todo en nuestra Nación se hacía Movimiento. No sólo
marchaba con nuestras banderas victoriosas, sino que nos salía al
encuentro en las poblaciones que liberábamos. (…)
Nuestra Victoria no fué una Victoria parcial, sino una Victoria total y
para todos. No se administró en favor de un grupo ni de una clase, sino en
el de toda la Nación. Fué una Victoria de la unidad del pueblo español,
(…)
Con la Victoria, como sabéis, no acabó nuestra lucha (…) desde el
exterior se intentó la reversión de nuestra Victoria y que dió lugar a que
se exteriorizase la fortaleza de nuestro Movimiento político, al unirnos
como un solo hombre en defensa de nuestra razón (…) Hoy, que hemos
visto la suerte que corrieron en Europa tantas naciones, algunas católicas
como nosotros, (…) y que contra su voluntad cayeron bajo la esclavitud
comunista, podemos comprender mejor la trascendencia de nuestro
Movimiento político y el valor que tiene la permanencia de nuestros
ideales y de nuestra paz interna.
Un defecto de nuestro carácter es dejarnos caer en (…) la laxitud y en la
confianza. En el tiempo que corremos no cabe el descanso después de la
batalla, ya que el enemigo no descansa y gasta sumas ingentes para minar
y destruir nuestros objetivos. Se hace necesaria la tensión de un
Movimiento político que levantado sobre los principios proclamados que
nos son comunes mantenga el fuego sagrado de su defensa.
Hoy sois vosotros, nuestros combatientes, (…) en las actividades más
diversas e importantes de la Patria, (…). Interesa el que mantengáis con
ejemplaridad y pureza de intenciones la hermandad forjada (…) la razón
permanente de nuestro Movimiento, y habréis cumplido el mandato
sagrado de nuestros muertos. No sacrificaron ellos sus preciosas vidas
para que nosotros podamos descansar. Nos exigen montar la guardia fiel
de aquello por lo que murieron; que mantengamos vivas de generación en
generación las lecciones de la Historia para hacer fecunda la sangre que
ellos generosamente derramaron, y que, como decía José Antonio, fuese
la suya la última sangre derramada en contiendas entre españoles.
¡Arriba España!