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Imagen: Iglesia de Angol, principios siglo XX, salida misa dominical, dibujo de Israel Roa. Fuente: Portada
libro de Víctor Sánchez Aguilera, Angol la ciudad de los confines, 1952.
Editorial
Publicamos en este número una sección del libro de Víctor Sánchez Aguilera relativa a la
historia de la sociedad de Angol desde la década de 1880 a 1940 básicamente, esto es en el
período posterior a la actividad militar del fuerte fundado en 1862.
Nuestra selección tiene como objetivo mostrar el desenvolvimiento de su vida cultural con
especial énfasis en los hombres y mujeres que son destacados por Sánchez Aguilera como
un escritor que observó directamente el desarrollo histórico de esta sociedad. Esta
magnífica obra reúne información sobre la historia de los personajes que dieron vida a la
organización política de la Municipalidad de Angol, los sucesos de la Revolución de 1891,
los Periódicos, las Escuelas y Liceos de hombres y mujeres, el Hospital, la Escuela Normal
y el círculo intelectual del Ateneo. Una serie de actividades que marcaron el perfil de una
sociedad que ejerció un liderazgo significativo a nivel nacional. Luis Iván Inostroza
Córdova, Editor.
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INDICE
1
Víctor Sánchez Aguilera Angol la ciudad de los Confines, Santiago, Talleres de la Imprenta Atenea, 1953.
Extracto pp. 286-423.
5
Municipalidad: alcaldes: 1º don Beltrán Mathieu; 2º don Manuel V. Bunster, 3º don Juan
Antonio de la Concha. Regidores: 1º Juan de dios Segundo Cid; 2º Pedro N. Barros O.; 3º
Simón Moraga, 4º Francisco Domínguez; 5 Camilo F. Menchaca. Suplentes: Daniel
Risopatrón, Ramón Bórquez y Celestino Rivas. Secretario: Tomás Romero H; Tesorero,
José Olegario Cortés; Procurador, Tomás Romero H.
Juzgado de Letras: Juez de Letras Civil y del crimen, don Manuel A. Cruz; secretario Juan
de Dios Segundo Cid; Oficial de Pluma, Juan B. Navarro; Procurador de número, don
Belisario Aravena y Fernando Ibarra; Receptores, Mayor Cuantía, Lorenzo J.; Menor
Cuantía, Francisco J., Zúñiga, instructor Fiscal, Daniel Urbano Bustos; Notario y
Conservador de Bienes Raíces, Juan de Dios 2º Cid; Oficial de Pluma, Viviano Zapata.
Tesorería y Comisaria General del Ejército del Sur: Tesorero, don José Olegario Cortés;
Oficial interventor, don Ramón Bórquez; Supernumerario, Isidro Palma; Oficial 2º,
Custodio Cueto; Oficial 3º, Temístocles Conejeros; Portero, Eleodoro López.
Intendencia General del Ejército del Sur: Intendente, Matías Rioseco; secretario, Exequiel
Arrau; Contador, Abelardo Contreras; Guarda Almacén 1º, J. Agustín Mujica; Ayudante,
teniente José E. Silva; Mayordomo, Luciano Infante.
Administración de Correos: Administrado, José Olegario Cortés; auxiliar, J. Ricardo
Figueroa.
Estado Mayor General del Ejército del Sur: General en jefe, Coronel Gregorio Urrutia;
Ayudante general, Tte. Coronel Modesto M. Ruminot; Primeros Ayudantes, Sargento
Mayor Higinio J. Nieto, Exequiel Villarroel, y Manuel Romero H; Segundos Ayudantes,
Capitanes José Santos Lavín y Manuel Larraín, Tenientes, Jacinto Muñoz, Roberto Urizar y
Juan A. Arce V., Ayudantes de Campo, Sargento Mayor Felipe Urizar Garifas, Teniente
Ismael Guzmán; Cirujano, Juan Kidd; Agregados, tenientes Luis Sanaeta y Pedro Venegas;
Subteniente Severo Santa Cruz.
Oficina Telegráfica: jefe de Oficina, José Santos Ateste; 2º empleado, Heriberto Figueroa;
3º empleado, doña Eulalia Baamonde.
Hospital Militar del Ejército Sur: Cirujano en jefe, Dr., Pedro N. Barros; Cirujano 1º, Dr.
Mauricio Leguiffe; Cirujano 2º, Dr. N. Oreste; Contralor, Juan Francisco Espina;
Practicantes: José Honorio Bórquez y Pedro José Leyton.
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Jueces de subdelegación:
1ª urbana Angol, Exequiel Arrau 2ª Huequén, José Lino Rodríguez
3ª Chiguaihue, Juan N. Mejía s 4ª Tijeral, José Rioseco
5ª Collipulli, Daniel Moncada 6ª Lumaco, Daniel Wall
7ª Purén, Anselmo Urzueta 8ª Curaco, José Cartes
9ª Los Sauces, Salvador Bustos.
Jueces de distritos
1ª Subdelegación, Pantaleón, Florentino Figueroa; Pellomenco, Reinaldo Romero; Deuco,
Juan Alberto Pérez.
2ª Subdelegación, Puente, Bernabé Romero; Molino, José Benito Ovalle A.; Huequén,
Tomás Osses.
3ª Subdelegación, Chiguaihue, Juan Antonio Gacitúa; Lolenco, Manuel J. Olave; Cancura,
Jerónimo Morales.
4ª Subdelegación, Roblería, Carlos Rodríguez; Huelegueico, Juan de la Cruz Vial; Itraque,
Francisco Fernández.
5ª Subdelegación, Collipulli, Ricardo de la Concha; Perasco, Lisandro Anguita.
6ª Subdelegación, Pichi Lumaco, José Leonardo Barra; Ranilco, Juan Barra; Peleco,
Ruperto Hernández; Reñico, Sinforiano Becerra; Imperial, Bernardino Reulí.
7ª Subdelegaci6n, Nahuelco, Manuel J. de la Huerta, Ipinco José del C. Martínez; Caralhue,
José del R. Roca.
8ª Subdelegación, Mininco, Julián Jara; Ñanco, gorgoreo Hernández.
9ª Subdelegación, Moncoles, José Antonio Núñez; Los Sauces, Juan Palma.
Periódicos
La vida lánguida e irregular del periódico El Malleco sometida a los vaivenes de las luchas
y rencillas políticas lugareñas dio oportunidad para la aparición de un periódico en forma El
Eco del Sur, desde el 11 de enero de 1883.
Su fundador y director fue don Dionisio Millán, persona a que prestó importantes
servicios a la ciudad no solo desde las columnas periodísticas, sino en numerosas obras del
progreso local.
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El Eco de1 Sur, que aparecía en la mañana de los jueves y domingos, supo cumplir
durante los años de su corta vida, con los rectos propósitos enunciados en el primer número
por su director: “Respetaré ideas políticas y religiosas. Tomaremos en ellas moderadamente
nuestra parte y combatiendo con franqueza e hidalguía y sin ambages ni rodeos".
Era un periódico bastante noticioso y bien presentado en su impresión.
El último número, 394, apareció el 19 de febrero de 1887. Casi repentinamente
falleció, el 21 del mismo mes, su fundador y mantenedor, señor Millán, que sólo pocos días
antes había tomado participación muy activa en la fundación de la Cruz Roja, que se
organizó ante el temor de la llegada del cólera.
El mismo año 1883, 12 de agosto, apareció una hojita satírica de breve vida: El
Cultrún, seguramente auspiciada e impresa por El Eco del Sur ya que se vendió en su
propia imprenta.
El Cultrún trataba y rebatía en forma humorística y satírica ciertos comentarios
insidiosos de El Malleco, de que no era posible hablar en las páginas serias y mesuradas de
El Eco del Sur.
No hay ejemplares de ese periódico en los Archivos de la Biblioteca Nacional, por
lo que no sabemos durante cuánto tiempo se publicó.
Otro periódico humorístico y satírico del Angol de aquellos tiempos fue El Pichi-
Pillán, del cual tampoco hay número en la Biblioteca Nacional, y de cuya existencia
sabemos por la información aparecida el 24 de marzo de 1886 en El Eco del Sur:
"Acabamos de recibir el primer número de El Pichi-Pillán, Diablillo en idioma araucano,
de formato pequeño, excelente impresión, su lectura amena, chispeante y satírica".
Pertenecía a1 partido "liberal-nacional- radical".
No hay que confundir esta pequeña hoja periodística con otra de igual nombré que
apareció diez años más tarde.
Pero el diario que honró a Angol y a su ilustre director de muchos años, don Pedro
Bernales, fue El Colono cuyo primer número vio la luz pública el domingo 13 de diciembre
de 1885.
Para fundarlo, varios caballeros suscribieron la suma de dinero necesaria para
encargar a Estados Unidos la prensa y materiales. Fueron ellos los señores Manuel Virginio
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Bunster, Manuel A. Cruz, Miguel Angel Urrutia, José Olegario Cortes, Leoncio Arce,
Tomas Romero y Alejandro Larenas.
Redactaron los primeros artículos, además de varios de los nombrados, Carlos
Rowsell, Manuel A. Godomar, el corresponsal en Santiago don J. Arnoldo Márquez, Pedro
Bernales y Temístocles Conejeros M. editorialista, durante varios años, fue el insigne
periodista Miguel Angel Gargari, notable escritor festivo, que adquirió posteriormente en
Santiago fama nacional con sus artículos firmados con el seudónimo de Nadir.
A mediados del año 1886, ya en marcha regular el periódico, se confió su dirección
a don Pedro Bernales.
La personalidad de este distinguido caballero, que con toda razón hemos calificado
de ilustre, da tema para un comentario muy amplio que, desgraciadamente, no podemos
hacer aquí, dada la índole de este trabajo histórico.
Había sido en el Perú, su patria, diputado por Lima y Callao, secretario de la
Cámara, miembro de la Comisión Permanente, miembro de la Municipalidad de Lima, jefe
de varias instituciones bancarias y destacado periodista. Era hijo de una distinguida familia
de Lima, rica en méritos y fortuna.
A1 declararse la guerra, en 1879, don Pedro era director de El Tacora, de Tacna,
ciudad en la cual se había avecindado a1 contraer matrimonio con una hija de ese pueblo, la
señora Elisa Varela vda. de Salcedo, en la cual tuvo cinco hijos, dos hombres y tres
mujeres.
Como buen patriota, el señor Bernales mantuvo su espíritu altivo ante los reveses
que sufrieran los suyos, y desde las columnas de su diario, incitó a la defensa desesperada y
a la guerra de montoneras.
Fue hecho prisionero por los chilenos y, juntamente con otras personalidades
peruanas, entre las cuales se contaron el general don Gonzalo de Lacotera y el distinguido
hombre público don Dionisio Derteano, enviado a Angol, noble corazón de Arauco, donde
los hogares más distinguidos abrieron sus puertas para los caballeros en desgracia. Don
Pedro, según decía muchos años después un periodista, "fue desde entonces un miembro de
todos ellos, altamente estimado por su claro talento y su fina educación".
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Y tanto cariño sintió don Pedro Bernales por la tierra angolina, que al regresar sus
compañeros, ya libres, a la patria, el prefirió quedarse en Angol.
Su vocación periodística encontró acogida en las columnas de El Malleco, hasta que
nació a la vida El Colono, donde, a su vez, colaboraron las personas más distinguidas de la
ciudad y de la región.
"Cualesquiera que Sean las cuestiones que debamos tratar en El Colono, decía
editorialmente, lo haremos siempre con la cultura debida a la sociedad, y con el respeto que
nos merecen las personas y la tolerancia que debemos a las opiniones de los demás".
Los que hemos tenido oportunidad de seguir día a día, y durante muchos años, la
marcha del periódico, hemos podido apreciar que aquellos propósitos fueron honradamente
cumplidos.
A fin de no referirnos en esta parte solo a los comienzos de El Colono, que tan
honda huella dejó en la vida del periodismo chileno, adelantaremos todo lo relacionado con
esta publicación mientras trabajó en él, el señor Bernales.
En sus comienzos aparecía dos veces por semana, y contaba con cuatro redactores, y
corresponsales en Santiago, Collipulli y Traiguén; pero el 1º de enero de 1889 se convirtió
en diario de ocho páginas.
Colaboró entonces como editor don Nemesio Sánchez, que más tarde fundaría El
Colono de Traiguén, que aún existe, y, como colaborador y corresponsal en Santiago, el
distinguido periodista don J, Arnaldo Márquez, que firmaba con el seudónimo de B. de
Zamora.
El Colono es hoy la más rica fuente de información para estudiar la historia de
Angol, a contar desde 1885. Sus informaciones, tanto oficiales como particulares, en nada
desmerecían de las de los mejores diarios nacionales de la época. Cada número traía
también algo del Perú, como si su dueño hubiera querido borrar las diferencias pasadas y
hermanar de nuevo a los chilenos y peruanos.
El mantenimiento de un diario en provincias es un trabajo rudo, y muy bien lo
recordaba un día el señor Bernales a1 reproducir versos de su compatriota el poeta Pedro
Paz Soldán:
"Quién se mete a periodista,
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Entre los colegios particulares, que generalmente tenían corta vida, debemos
recordar el que mantuvo la señora Margarita del Río de Marín, que recibía “señoritas y
niños de primera edad”.
Las escuelas de ese tiempo funcionaban a horas que actualmente nos pueden parecer
curiosas, dadas las condiciones y diferencias de costumbres de hoy.
Durante los meses de septiembre a diciembre, y también marzo, las clases eran de
7,30 a 10,30 y de 12,30 a 15,45; en invierno de 8 a 11 y de 12,30 a 15,30.
En abril de 1884 un grupo de jóvenes encabezados por el Dr. Pedro N. Barros O.,
creó una escuela nocturna para adultos.
Entre los profesores de aquel tiempo hay que destacar a Juan Colipí, gran amigo de
los chilenos y cooperador en la civilización de la Araucanía. El joven Juan estudió en la
Escuela normal de Santiago hasta recibir su título de normalista, pasando después a
regentar una escuela en el sur. Desgraciadamente este destacado mapuche falleció en
agosto de 1885, a la edad de cuarenta años, cuando desempeñaba con eficacia el cargo de
capitán de amigos y lenguaraz.
En octubre de 1886, don Ramón Zúñiga solicitó la autorización gubernativa para
crear un liceo particular en Angol, que tendría hasta 4º año de humanidades y cuyos
exámenes, rendidos ante comisiones universitarias serían válidos.
Sin embargo, este proyecto no alcanzó a realizarse, ya que al año siguiente el
gobierno creó el liceo Fiscal.
Recordemos ahora algo relacionado con la vida social, con los entretenimientos y
manifestaciones culturales.
El grupo selecto, autoridades y elementos militares, llevó siempre una vida amena, a
base de las numerosas tertulias y reuniones familiares que se realizaban.
La Plaza de Armas, con sus retretas militares, era el principal lugar de atracción del
pueblo. Copiamos de El Eco: “Las hermosas angolinas, como las variadas y lindas piezas
que nos tocó la banda, se lucieron con sus galantes parejas, paseando al compás de
graciosas habaneras, acompasados valses y armoniosas y lucidas marchas”.
El 15 de febrero de 1886 el municipio bautizó el principal paseo de la ciudad con el
nombre de “Plaza Vicuña Mackenna”.
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Había fallecido este ilustre hombre público de igual nombre, historiador y cantor de
las recientes glorias de Chile. El país se sintió dolorosamente conmovido con su muerte, y
de inmediato se iniciaron suscripciones para levantarle un monumento.
Para el entretenimiento popular, llegaban periódicamente circos; pero los jefes
militares y autoridades civiles quisieron tener también un recinto estable y serio que
sirviera de teatro y es así como se transformó en sala de conferencias y actos públicos el
Galpón que existía al lado norte de la plaza, donde hoy se encuentra instalado el correo, y
que conocimos, hasta comienzos del presente siglo, con el nombre de Teatro Municipal.
En este local se realizaban actos escolares, bailes y lucidos conciertos en los cuales
el artista principal, gran músico, era “el ciego” don Julio Aravena, porque en realidad era
ciego. Cooperaba con él la señorita María Amelia Larenas, también no vidente, las señoras
Auristela Duvanced de Fuentes, Armelina Alvizú y numerosas señoritas angolinas.
Los caballeros, para sus charlas diarias, tenían ya confortables hoteles, de los cuales
el principal era el Central, de propiedad de don Luis G. Genneville, que inauguró con gran
fiesta el domingo 9 de septiembre de 1883.
Ese día su propietario ofreció a la sociedad de Angol, unas “once”, cuyo menú, por
tratarse de “once”, es curioso reproducir, ya que refleja cómo se comía en aquel tiempo:
Sopas: de sémola; Pescado y mariscos: Róbalo a la vinagrete, Lenguado a la
graniteé; Mayonesa de langostas; Entradas: Mayonesa de gallina, Voul-aunt-vent de
perdices, Filete puré, Boeuf á la mode; Chuletas salsa blanca, Salchichas con repollos,
Estofado con arvejitas nuevas, Pollos saltados; Asados: Pierna de cordero, Pavos calientes,
Pavos fríos rellenos, Chanchitos rellenos, Jamones; Ensaladas: Achicoria, Apio, Beterraga,
Papas; Postres: Crema de vainilla, Torta de chuño, Torta borracha, Torta de pasas, Pasteles
de crema, Pastelillos de manzana, Budín; Té y Café. ¡Todo Gratis…!
También se echaron, en septiembre del año 85, las bases el Club Social. Un grupo
de caballeros se reunió en las oficinas del Banco de Valparaíso, y quedaron encargados de
estudiar su instalación el comandante de Húsares, don Alberto Novoa Gormaz, el Dr. Don
Pedro N. Barros O. y don Leoncio Arce, pero esta institución sólo logró materializar su
proyecto, como veremos más adelante, el 18 de septiembre de 1887.
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Por lo demás, el “ambiente” no podía continuar siendo más sencillo, mejor diremos
bucólico. Leamos el periódico el 14 de octubre de 1883: “Leche. Sabemos que un
entusiasta joven piensa establecer pronto un puesto de vacas lecheras en la Plaza de Armas.
Que cosa más bien pensada, y desde luego podemos asegurar al empresario pingüe
ganancia, amén de los agradecimientos del público”.
Más adelante agregaba: “Después del 18 los chiquillos y chiquillas de las escuelas
han puesto las paredes recién pintadas como ropa de pascua”.
Esto era con respecto al ambiente en la ciudad. En los campos, a parte del trabajo
rudo de los colonos nacionales y extranjeros, que comenzaban a llegar, había sólo una
actividad: el bandalaje, en contra del cual aún no se ponía mano firme. Y en estas
actividades delictuosas no sólo intervinieren elementos civiles, hombres sin Dios ni ley,
sino hasta soldados del ejército acostumbrados a una férrea disciplina.
Contemos un caso: a las 9 de la mañana del 11 de marzo de 1884 salió desde Angol,
con destino a Nueva Imperial, el capitán ayudante del Batallón Biobío, don Juan
Buenaventura Yáñez, llevando $11.000. Lo acompañaban los soldados del Escuadrón de
Carabineros de Angol José María Sandoval y Agapito Guerrero, los cuales habían fraguado
un plan siniestro.
En el lugar llamado Choque-Choque, el soldado Sandoval disparó su carabina
contra el capitán Yáñez. Guerrero arrastró su cadáver a una quebrada vecina y, en seguida,
ambos asesinos, con el dinero y el caballo del jefe muerto regresaron a Angol, donde los
esperaba el soldado Bruno Rosales.
Un consejo de guerra condenó a muerte a los tres nombrados, pena que se cumplió
el 25 del mismo mes, ante una concurrencia superior a dos mil personas.
Este fusilamiento se efectuó en el propio cementerio, situado en una de las lomas
del fundo El Retiro.
A las 8 de la mañana de aquel día una multitud llenaba la Plaza, frente al cuartel.
Todas las tropas, incluyendo cien hombres armados, acompañaron a los condenados, al
mando del sargento mayor señor Couitiño.
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En el lugar del fusilamiento, el jefe ordenó presentar armas y, con voz clara y
sonora dijo: “En nombre de la Nación, el que levante la voz implorando gracia para los
reos, será pasado por las armas”.
Los condenados habían llegado alegres, fumando, riendo y conversando con los
amigos o conocidos que encontraron a su paso.
No bastaron los nueve tiros iniciales para doblegar la robusta contextura de los
delincuentes.
Acto seguido, se hizo desfilar a la tropa frente a los baleados que, yertos y pálidos,
yacían en sus respectivos banquillos.
Como acontece siempre, el pueblo siente una especial adhesión a los ajusticiados y
teje, al respecto, miles de leyendas; pero ninguna igual, en aquel tiempo, a las de Belarmino
Mendoza, el bandido de moda en la Frontera, el de las increíbles audacias, el de disfraces
múltiples, el que no asesinaba ocultándose, sino en pleno camino real, el que burlaba en
forma cinesca a todos sus perseguidores armados.
Uno de los asaltos más comentados de Mendoza fue el que efectuó el 15 de marzo
de 1883, no lejos de Angol, entre Cancura y Lolenco, en el que asesinó a don Jenaro Villar,
respetable caballero que administraba el fundo del señor Matus, en circunstancias que
volvía de Angol, después de hacer unas entregas de trigo.
El señor Villar no era la presa de ese día, sino don José Benito Ovalle Aguirre, a
quien Mendoza había prometido matar; pero, por suerte para el señor Ovalle, éste no pasó
sólo por la quebrada “del Doctor”, sino que en compañía de don Juan Antonio de la Fuente.
El bandido no lo atacó, a pesar de que estaba con fuerte compañía.
Momentos más tarde, fue objeto de sus instintos el señor Villar.
Las persecuciones de Mendoza eran objeto de comentario popular, ya que se
burlaba de todos y de todo; se defendía heroicamente de sus atacantes, los que
invariablemente se veían obligaos a huir.
En cada delincuente aprehendido se creía ver a Mendoza. Si alguien aparecía con
rasgos físicos similares a los del bandido, (como le aconteció a un Carlos Torres), ese era
Mendoza. El que, en medio de una “mona” decía que era amigo del perseguido… “a la
capacha con él”.
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El que más sufría con estas alternativas, era el anciano y honrado padre de
Mendoza, que, un buen día, salió en su busca, premunido de un documento oficial por el
cual se le otorgaba el perdón. Pero, ni su padre logró encontrarlo.
Belarmino Mendoza murió “en su ley”. Lo perseguían los policías de Coyanco y, al
huir de ellos se botó al río Itata, con intención de atravesarlo, pero las balas de sus
perseguidores no le permitieron llegar a la orilla opuesta, y así terminó la leyenda y realidad
de Mendoza, que llenó las mentes afiebradas de los modestos lugareños de entonces,
muchos de ellos inocentes cómplices de sus aventuras y crímenes.
sesenta mil y tantos pesos. Sólo los derechos de alcabala ascendieron a $2.479, sumas que,
en aquellos tiempos, eran consideradas como muy alzadas.
Complemento de la mecanización en los servicios agrícolas y actividades
industriales, fue el establecimiento de fundición del señor Eduardo Brown, otra de las
industrias de ese tiempo fue la cervecería de don Antonio Kind, quien se distinguió por la
calidad de sus productos.
Las casas comerciales más importantes eran las de los señores Manuel Bunster,
Alvizú i Cia. y Saint Jean Ducassou.
Las transacciones bancarias las tenía el Banco José Bunster, que después se trasladó
a Collipulli, y el Banco Valparaíso, que abrió su oficina en Angol el 17 de febrero de 1884.
Como el ferrocarril llegaba solamente hasta Angol, era indispensable establecer un
medio de comunicación más o menos rápido y regular con Collipulli y Traiguén, lo que se
hizo con coches de servicio público.
De Angol a Collipulli salían diariamente a las 8 y 14 horas, respectivamente con un
valor de pasaje de $3 por persona.
Para ir a Traiguén, se disponía de los lunes, miércoles y viernes, con tarifa de $8,
Saliendo de Angol a las 6 de la mañana.
Claro es que los caminos ofrecían todavía numerosos inconvenientes y peligros: un
día el “correo” de Traiguén a Angol tuvo un serio accidente en el estero Leveluán, pues se
le ahogó el caballo y apenas se salvó el individuo con la correspondencia totalmente
mojada.
La Línea del Malleco, sobre todo entre Angol y Huequén, tenía un intenso tránsito,
lo que hizo pensar en el establecimiento de un ferrocarril urbano, ya que este último punto
era llamado “el Viña del Mar angolino”.
El proyecto estuvo muy adelantado a fines de 1885. Se interesaron en el varios
capitalistas apoyados por la municipalidad. Su costo Se calculó en $50.000 que se
financiarían con cien acciones de $500 cada una, de las cuales, en la fecha mencionada, ya
había colocado 80. Sin embargo, el proyecto no se realizó.
Tampoco tuvo éxito, aquel mismo año, el propósito de instalar luz eléctrica en
Angol, empresa que proponía la firma Stewart, “agentes del señor Edison”. Según los
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cálculos de esta firma, los gastos mensuales de este servicio habrían ascendido a la suma de
$ 4.260, con lo que le habría quedado una ganancia liquida anual de $3.024.
Desde su fundación, Angol contaba con un solo templo católico, de los misioneros
franciscanos, por lo que se vio la conveniencia de establecer la Parroquia en un ligar más
central, trabajo al que se dedicó con todo su empeño el párroco Juan de la Cruz Aravena.
Las obras de construcción comenzaron a principios de 1884, con fondos
provenientes de erogaciones de los vecinos y un aporte fiscal. El “Mes de María” del año
siguiente ya se celebró “en la hermosa parroquia que ha levantado nuestro párroco, el
presbítero don Juan de la Cruz Aravena”, decía el nuevo periódico El Colono. Este templo
no tenía la hermosa torre que se levantó años más tarde.
Con respecto a la seguridad pública, hemos visto que los campos se encontraban a
merced de los bandoleros, no alcanzando fácilmente a ellos la acción de la policía urbana,
que primero comandó el señor Quinteros y después don Fabriano Marín.
En 1885 el Estado creó la policía rural, a fin de que resguardara las colonias y
sirviera deferentes puntos del territorio. Fue nombrado jefe de ella el valiente y ya temido
alférez del Escuadrón Húsares don Hernán Trizano, con retención de su cargo en la
mencionada unidad militar. Es aquí cuando comienza la etapa definida de set “Búfalo Bill”
de la Frontera.
La amplitud de los campos de la Araucanía hace necesaria la cooperación del
colono extranjero.
Desde septiembre de 1883 a diciembre de 1885, habrían llegado: 151 españoles, 605
franceses, 1.975 suizos, 950 alemanes, 25 rusos, 7 italianos, 2 belgas, 3 norteamericanos y
8 ingleses.
En Angol eran recibidos por un inmenso gentío, con bandas de músicos y
hospedados provisoriamente en el edificio construido para hospital.
La colección de El Colono del año 1885 contiene interesantes y detallados cuadros
nominales de todos los ciudadanos extranjeros que se establecieron en diferentes lugares de
las futuras provincias de Malleco y Cautín.
Los colonos nacionales sintieron cierto celo ante la llegada de los extranjeros. Dice
El Colono: “Hemos observado que existe en la generalidad de los habitantes del país un
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sentimiento que es una preocupación: se creen humillados cuando manos extrañas poseen
lo que fue propiedad de la nación: les parece que se desmembra la integridad del territorio y
que ellos ya no tienen derecho a que se les consideré con los mismos privilegios que a los
colonos”.
Nos hemos referido al edificio para hospital. Recordemos lo relacionado con la
salubridad.
A parte de las enfermedades corrientes, no había novedades en Chile, con respecto a
epidemias, sino la llegada anual infalible de la viruela, y sobre cuyos estragos sería
interminable hablar en detalle, ya que año a año habría que decir lo mismo.
Sólo variaban las “recetas” para combatirla: un día se recomendaba una onza de
crémor diluido en agua hirviendo; otro, en su primer periodo, un purgante de tintura de
escamonea compuesta; de segundo grado, 30 gramos para las personas grandes, quince para
niños de 6 a 12 años, y 6 gramos para niños menores de 3 años, acompañando a este
purgante un “sudor” de tilo con sauco.
Pero ninguna de estas recetas preconizaba las ventajas del aseo personal.
Si la viruela era esperada anualmente como algo indispensable para el programa de
actividades anuales, no sucedió lo mismo ante el peligro del cólera que, desgraciadamente,
llegó a Angol en agosto de 1887, y de lo cual hablaremos más adelante. Pero nos
referiremos a las medidas que se tomaron ante su probable llegada.
Lo primero: los baños públicos, auspiciados por la autoridad: ramadas junto al río
Picoiquén, al sur del cuartel de policía.
Después, la organización de la primera Cruz Roja de Angol, juntamente con
repartirse pública y gratuitamente los “papelillos del Dr. Castaño”.
Recordamos, como homenaje a la actual Cruz Roja de Angol, los organizadores de
aquella institución precursora y hermana.
A fines de enero de 1886, se constituyó su primer directorio provisorio: presidente,
Dr. Joaquín Chávez Luco; vice-presidente, Julio Murgues; secretario José A. Luco Lynch;
secretario, Dionisio Millán; Tesorero, Félix A. Carvacho; directores: José Gregorio
Argomedo, Emeterio Figueroa, Luis Olmedo, Roberto Siredey, Ramón Zúñiga, Ismael
Guzmán, Pedro J. Ortega, Pedro H. Argomedo, Pedro A. Fuller y Hernán Trizano.
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pertenecían a los señores Manuel González, José Simón, Alejandro Bunster y Domingo
Viviani.
A pesar de que ninguna de ellas estaba atendida por farmacéutico, el “boticario” era
el principal médico de los pobres. El primer profesional titulado en farmacia que llegó a
Angol en junio de 1885, fue don Nicolás Cruzat Luco.
Y, para terminar la exposición relacionada con la vida de Angol antes de la creación
de la provincia de Malleco, digamos algo sobre los progresos de la construcción del
ferrocarril al sur.
En enero de 1884 el Gobierno decidió comenzar la construcción de los sectores de
Renaico a Victoria y de Angol a Traiguén, para lo cual se aceptó la propuesta presentada
por la firma Hillmans y Mayers.
La ceremonia de iniciación de labores se vio honrada con la concurrencia del
presidente de la Republica, don Domingo Santa María, quien llegó a Renaico el 23 de
enero. Su comitiva era selecta y numerosa. El ministro del Interior don José Manuel
Balmaceda, de Relaciones don Aniceto Vergara Albano, de Justicia, Culto e instrucción
Pública don José Ignacio Vergara, ex ministro de Guerra señor Carlos Castellón, los
Generales Maturana, Amunategui y Gana, varios senadores y diputados, los empresarios
señores Hillmann y Mayers, y más de doscientos acompañantes de Santiago, Talca,
Linares, Chillán y otros pueblos.
Amenizaron el acto una banda traída de Linares y la del Batallón Angol, además de
toda la tropa de esta unidad.
Se colocó, en un lugar próximo al río, una piedra cuadrangular de 1.25 m de largo
por 30 cm de alto, y adentro de una cavidad ella se guardó el acta suscrita en esos
momentos, mientras S.E. pronunciaba estas solemnes palabras: “Quedan, señores,
inaugurados los trabajos de la línea férrea entre Renaico y Victoria”.
En la noche de este día se sirvió al presidente, en los comedores del Gran Hotel
Central de Angol, un suntuoso banquete, que fue ofrecido por el Gobernador del Territorio,
general Marco Aurelio Arriagada, hablando a continuación numerosos oradores estacando
la importancia trascendental que tenían, para el progreso del Sur, las obras que se iniciaban:
S.E. el presidente, el Promotor Fiscal don Urbano Bustos, el Intendente de Concepción y ex
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Ministro, don Carlos Castellón, el Secretario de la Intendencia de los Angeles don Ricardo
Ahumada, el Juez letrado don Manuel A. Cruz, el Ministro del Interior señor Balmaceda, el
Promotor Fiscal de los Angeles don Alejandro Fuenzalida, el Sargento Mayor don Manuel
J. Herrera, director General de las Escuelas del Ejercito, el Ministro don Aniceto Vergara
Albano, don José Antonio Vergara, Ministro de la Corte de Apelaciones de Concepción y el
diputado suplente por Angol don Beltrán Mathieu.
Con ceremonias similares a las de Renaico, se efectuó al día siguiente la
inauguración de los trabajos de la línea de Angol a Traiguén. Hicieron uso de la palabra en
esta ocasión los señores Balmaceda, Hillmann y Castellón.
Al dejar el documento en la piedra conmemorativa, el señor Santa María dijo: “Hoy,
como ayer, inauguró, señores, los trabajos del ferrocarril que, partiendo de este punto, se
dirige a Traiguén. El acta que acabo de depositar bajo esta piedra, no es un secreto que
queremos conservar misteriosamente; no: es un mensaje que enviamos a las futuras
generaciones, advirtiéndoles que si ellas emplean los mismos esfuerzos que nosotros ahora,
la Patria continuará siempre próspera, grande y feliz”.
Salvas de artillería rubricaron las hermosas palabras del presidente de la República,
siguiendo a continuación un desfile militar.
Durante dos años, el 84 y el 85, se trabajó activamente en la línea a Collipulli, de
modo que el Año Nuevo de 1886 adquirió un brillo especial para, los habitantes de esa
ciudad, con motivo de inaugurarse ese día el servicio.
A esas fiestas asistieron las autoridades y vecinos más prestigiosos de Angol
encabezados por el comandante don José María del Canto, en representación del general
Gorostiaga, gobernador del Territorio, que no pudo asistir por motivos de salud.
Al destacar la importancia de la obra terminada, se hacía ver que la subdelegación
de Collipulli producía anualmente más trigo que muchos departamentos centrales de la
República, y más de la mitad de la madera que se elaboraba en todo el extenso
departamento de Angol.
El ingeniero que tuvo a su cargo esta sección de la línea fue don Alfredo Krahnass.
Luego comenzaron a movilizarse por tren las cosechas y productos de la región de
Collipulli, pero, lo molesto y lo curioso es que aún en el mes de marzo no había en los
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convoyes coches para pasajeros, con lo que se comprende la firma sacrificada en que éstos
hicieron sus primeros viajes.
Con respecto al ramal Traiguén, fue tanto el empeño y el entusiasmo que los señores
Hillmann y Mayers pusieron en su construcción, que ambos contratistas vivían en carpas,
con sus familias, junto a las faenas.
El 11 de marzo de 1886, el ferrocarril llegó a Los Sauces suceso que fue festejado
con un gran banquete que, en representación de la colonia alemana, ofrecieron a los
contratistas los ciudadanos de esa nacionalidad señores Fernando Von-Delitz y Gustavo
Biel.
En los siete primeros días de explotación, la “locomotora” (así decían) había
conducido más de ocho mil sacos de trigo.
El 20 de enero del año siguiente los rieles llegaron a la estación de Quilquén, y el 15
de enero de 1889 se celebraba solemnemente la entrada oficial de la “locomotora” a
Traiguén.
llevar las cosas con arreglo al derecho y a la ley, ofreciendo garantías a todos en las
franquicias de su régimen administrativo.
“Que se convenza de la situación lamentable en que se encuentra la provincia.
La Frontera está cansada del gobierno militar, y por lo mismo mirará con intima
satisfacción todo acto de la nueva autoridad que tienda a independizar esta sociedad del
antiguo régimen”.
A comienzos del mes mayo fueron nombrados, a propuesta del Intendente, los
siguientes funcionarios: secretario de la intendencia, don Juan de Dios Ibar; comandante de
la policía, don Félix Carvacho; y ayudante de la misma, don Daniel Hermosilla.
La provincia de Malleco, al tiempo de su creación, tenía una población de 54.805
habitantes, de los cuales correspondía 14.312 al departamento de Angol, 21.442 a Collipulli
y 19.121 a Traiguén.
La ciudad de Angol tenía 7.000 habitantes.
Durante el año 87, Angol parecía un aplaza militar en tiempo de guerra: los
movimientos de soldados y llegadas de tropas eran continuos.
Durante el resto del año fue trasladado a Lautaro el Batallón Esmeralda, 7º de Línea,
en cuyo reemplazo vino el 5º, Santiago comandado por el teniente coronel don Gregorio
Silva. También llegó desde Victoria parte del Escuadrón Húsares, con su comandante don
Mateo Marcos Doren, pero luego toda esta unidad fue llevada a Santiago.
Tantos movimientos de tropas terminaron con la instalación definitiva en Angol de
los Batallones Esmeralda y Zapadores, y una compañía y la plana mayor del Regimiento
Cazadores.
El Zapadores, bajo el mando del teniente coronel don Fidel Urrutia, fue
reorganizado concediéndosele la misma dotación de tropa que tenían los batallones de
infantería.
El reemplazo del comandante anterior, don Demetrio Carvallo, dio motivo a una
polémica periodística entre este jefe y su reemplazante, don Fidel Urrutia. Se evitó un duelo
entre ellos por la curiosa circunstancia de que sus padrinos no llegaron a ponerse de
acuerdo sobre las armas que se debía emplear.
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También funcionó el año 87 al Liceo Francés, con tres cursos de humanidades que
seguían los programas d los colegios de Francia, y una cátedra especial de astronomía
elemental.
Por último, la señora Sabina P. de Aravena mantuvo un colegio mixto, en el que se
cursaba hasta el segundo año de humanidades. Los exámenes se rendían en el Liceo de los
Angeles.
Con respecto a la rama de educación primaria, se creó en octubre una escuela mixta
para el barrio de Villa-Alegre, que comenzó a funcionar en marzo de 1888, bajo la
dirección de la señorita Inocencia Sotomayor G.
Para terminar este bosquejo de lo que era Angol al constituirse en capital de la
nueva provincia de Malleco, digamos algo con respecto a la sociabilidad.
El 18 de septiembre de 1887 se efectuó la inauguración del Club Social, institución
que precedía el juez letrado don Manuel A. Cruz, quien ofreció la manifestación en el
banquete de ese día. Además, hicieron uso de la palabra el Intendente don Luis A. Vergara
Correa, don Carlos Sangüesa, don Juan de D. Ibar, don Francisco Ottone y don Abelardo
Duvanced.
El ferrocarril 1888-1890
En la provincia de Malleco se advirtió un considerable resurgimiento en las
actividades comerciales, agrícolas y de toda índole, con motivo del avance de las vías
férreas hasta Traiguén y Victoria y la conclusión de trabajos en el viaducto de Malleco, en
Collipulli. La conclusión de estas importantes obras coincidió con los graves sucesos,
políticos que terminaron con la sangrienta revolución del 91, que en Angol tuvieron
repercusiones dolorosas.
El 5 de mayo del 88 llegó a las puertas de Traiguén la primera locomotora; pero
como los trabajos de detalle y construcción de edificios duraron todo el resto del año, la
inauguración oficial de este sector del ferrocarril se efectuó el 15 de enero del año
siguiente, con la concurrencia del Intendente Vergara Correa y principales autoridades de
Angol.
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Pero cinco días antes (el domingo 13) los victorenses vieron llegar a su pueblo el
primer convoy compuesto de una locomotora y cuatro coches de pasajeros que, habiendo
partido de Collipulli, pasó sobre los tres grandes puentes.
El pueblo en masa, presidido por el subdelegado, agasajó a las visitas. Hubo
banquete, discursos, brindis durante, los cuales se recordó cariñosamente a Lastarria y
Vigenaux.
Y ahora hablemos de la ceremonia que presidió Balmaceda el domingo 20 de
octubre de 1890: la inauguración oficial del viaducto del Malleco, trabajos que habían
durado cuatro años y siete meses, desde comienzos del 86, en el cual trabajaron, más o
menos, 350 obreros, a los cuales se les pagaba 70 centavos diarios con comida. Sólo los
albañiles y carpinteros especializados ganaban $3 y los canteros, “elegidos entre las
eminencias en su ramo, sólo trabajan a trato, muy vigilados, pero con excelentes
condiciones”.
El presidente Llegó a Angol el sábado 25 de octubre a las 8 P.M. lo acompañaba
una comitiva de más de cuatrocientas personas, entre las cuales se contaban sus hijas Elisa
y Julia.
Sirvió para hospedaje el edificio del Liceo de Hombres, ex Banco Bunster.
Al día siguiente Collipulli era “un océano de seres humanos presididos por el
presidente de Chile y el Itmo. Obispo Labarca”, como decía El Colono. Llegaron trenes
especiales procedentes de Angol, Talca, Chillán, Concepción y los Ángeles.
El presidente se presentó al sitio de la inauguración, luciendo su arrogante apostura,
a caballo y con la banda tricolor sobre el pecho.
Al iniciarse la ceremonia junto al puente, hablaron el ingeniero Vigeneaux y el
presidente, procediendo enseguida a la bendición por el obispo Labarca, seguida de un
discurso del presbítero don Ramón Ángel Jara.
Vigeneaux terminó su discurso con las siguientes palabras: “Este gigante que salva
un abismo creado por la naturaleza y une con sus brazos de acero une zonas llenas de
riquezas, sea el monumento en que vean las futuras generaciones que la administración
actual dio a esta patria que tanto amamos obras inmortales”.
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Balmaceda dijo, entre otras cosas: “Por grandes que hayan sido o que pudieran ser
en lo futuro las pruebas a que nos veamos sometidos por el destino o por los
acontecimientos, no he vacilado ni vacilaré un solo instante en el cumplimiento de mis
deberes como primer servidor del Estado”.
“Tengo fe en Dios que ve hasta el fondo de las conciencias”.
“Tengo fe profunda en mis conciudadanos, a los cuales he consagrado todos mis
esfuerzos para engrandecerlos, engrandeciendo a la República”.
“Al inaugurar este monumento del saber y del trabajo, os doy a todos el abrazo del
patriotismo”
“El pabellón chileno es sagrado, y a su sombra podemos todos, gobernantes y
gobernados, unirnos en intima efusión, para bendecir a la Providencia que nos bendice, y
para congratularnos por las conquistas del progreso y del ingenio humano”.
“Este grandioso monumento marcará a las generaciones venideras la época en que
los chilenos sacudieron su tradicional timidez y apatía emprendiendo la obra de un nuevo y
sólido engrandecimiento.
“Quiero en esta hora feliz elevar mis votos a la altura, porque, los chilenos que
vengan en pos de nosotros nos excedan en inteligencia, en actividad y en acierto y, sobre
todo, en energías para hacer el bien y levantar más aun a esta Patria e nuestro corazón y de
nuestros hijos.”
Dos meses más tarde de esta ceremonia solemne estallaba la revolución que costó la
vida a Balmaceda. Las palabras que acabamos de reproducir son el mejor retrato de su
patriotismo inmenso y de su honradez acrisolada.
Sentimos que, dada la índole general de esta obra, no nos sea permitido reproducir
los conceptos magistrales del insigne orador don Ramón Ángel Jara. Su discurso
elocuentísimo se publicó, juntamente con los anteriores, en el diario El Colono.
Terminada la inauguración oficial del viaducto del Malleco, Balmaceda llegó hasta
Victoria, donde, a pesar de la lluvia que se desencadeno esa tarde, fue recibido en forma
clamorosa.
Senador, propietario, don Aniceto Vergara Albano; suplente, don José Bunster;
diputado propietario don Rafael Balmaceda, suplente, don Marcelo Somarriva Undurraga.
No hubo candidatos de oposición.
El nuevo Municipio se eligió el 15 de abril del mismo año, que, al constituirse en
sesión del 7 de mayo, quedó organizado en la siguiente forma:
1er alcalde, don Tomás Romero; 2º alcalde, don Juan Antonio de la Concha, 3er
alcalde, don Alejandro Larenas F.
Regidores, señores José Dolores Osses, Manuel Bunster Villagra, Juan Antonio
Ríos, Salustio Guzmán, Manuel Modesto Ruminot, Félix Urizar Garfias, Manuel González
Lermanda, Francisco Ottone, José Santos Astete, Clodomiro Silva Arriagada, José Benito
Ovalle, Carlos Moraga, Bernardo Concha, Gustavo Hein y Casiano Vallejos.
Secretario procurador fue designado don Manuel del Campo Yávar.
El presupuesto municipal para 1889 ascendió a $25.214,50 y el del año siguiente a
$28.322.
Durante este periodo se colocó asfalto de brea a numerosas aceras de las calles,
cuyo costo, por metro cuadrado, era de $1.30.
Con respecto a las fuerzas militares, en Angol se encontraban tres unidades:
Regimiento Esmeralda, 5º de Línea, Regimiento Cazadores y Batallón Zapadores. Este
último tomó parte activa en la construcción de las vías férreas de la provincia.
En octubre de 1889 se resolvió trasladar a Santiago el Cazadores a Caballo,
viniendo en su lugar, desde Iquique, el Regimiento Cazadores de Yungay, al mando de su
comandante don Alberto Novoa.
Además existía en la ciudad el Batallón Cívico de Angol, formado por cuatro
compañías, y cuyo jefe era don Manuel M. Ruminot.
Un gran amigo de Angol, especialmente de los pobres, dejó esta ciudad el 1º de
marzo de 1888: el cura párroco don Pablo Reyes, que fue reemplazado por don Ismael
Méndez.
Justamente con el fin el año 1889 dejó de funcionar en Angol el Banco José
Bunster, que su dueño decidió trasladar a Collipulli.
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Pasaron varios años antes de que la ciudad volviera a contar con una institución de
esa especie.
Finalizaremos este capítulo recordando algo de ciertas actividades sociales,
culturales o de índole deportiva.
El 18 de septiembre de 1888 e inauguró una nueva institución social, “el Club
Unión”, con esplendido lunch que fue amenizado por la banda del Regimiento Cazadores;
pero este centro no tuvo larga vida, pues fue liquidado en mayo del 91.
Aparte de las reuniones del club, periódicamente se realizaban conciertos en el
Salón de Certámenes, futuro teatro, que estaba ubicado frente a la Plaza, en el lugar que
hoy ocupa el edificio de la intendencia. Los programas, en los que participaban señoritas y
jóvenes, eran dirigidos por el músico ciego don Julio Aravena y por la señora Auristela
Duvanced de Fuentes.
Las principales recreaciones públicas consistían en el paseo a la Plaza, donde se
alternaban con sus retretas las bandas del Esmeralda y Cazadores, la primera de las cuales
contaba con más de cincuenta músicos.
También se inició la práctica de algunos deportes. Los numerosos ciudadanos
vascos construyeron un frontón de pelotas en la Plaza de Villa-Alegre, y a sus partidos
dominicales acudía un numeroso público.
A principios de septiembre de 1889 se organizó un Club de Tiro al Blanco, por
iniciativa de los señores Manuel Modesto Ruminot, regidor y comandante del Batallón
Cívico, y de don diego Miller Almeida. Se formó en esa fecha el primer directorio, que
completaron los señores Augusto Eickenrodt, Juan Ducassou, Carlos E. Moraga, Javier O.
Arrieta y Juan Bautista Faúndez.
De aquel tiempo data también la instalación de los primeros teléfonos, el primero de
los cuales lo costearon algunos particulares con el fin de comunicarse con sus fundos. La
oficina central estaba en casa de don José Antonio Soto Salas. Ya en plena revolución,
febrero del 91, se comunicó la Intendencia con la estación de ferrocarriles, y al mes
siguiente se extendió la línea a Collipulli y Victoria. Todos estos trabajos fueron realizados
por el técnico electricista don Guillermo José Clark.
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perteneciente a don Enrique Whait. En ese local funcionó después, durante muchos años, el
Liceo de Hombres.
Este último colegio secundario fue fundado por decreto supremo fechado el 19 de
diciembre de 1887, y cuyo texto es el siguiente:
“Visto el oficio que precede y teniendo presente el Nº1 del artículo 1 de la ley de 9
de enero de 1879, decreto:
1º- Establecese en la ciudad e Angol un Liceo que funcionará desde 1º de marzo
próximo. Para el año 1888 habrá en este colegio las clases correspondientes a las del curso
preparatorio y primer año de Humanidades.
Este Liceo admitirá únicamente alumnos externos y tendrá la siguiente planta de
empleados: un rector, un inspector, un portero y los profesores que sean necesarios con
arreglo a las disposiciones del Decreto Supremo de 9 de enero de 1879.
Tómese razón, comuníquese e insértese en el Boletín de las Leyes. Balmaceda. P.L
Cuadra”.
Es de imaginar el regocijo que produjo entre los angolinos, y ciudadanos de la
provincia en general, la realización de este anhelo sentido durante muchos años.
El Gobierno concedió la cantidad $4.819,99 a fin de instalar el nuevo colegio, suma
no insignificante si se considera que el presupuesto municipal anual durante aquellos años
no excedía más o menos de $25.000.
El Liceo de Angol inició sus clases, bajo la dirección del Rector don Enrique
Ballacey Cotterau, el 1º de marzo de 1888, y con la concurrencia de 35 alumnos; pero el
número total de matriculado durante ese año fue de 98, entre los cuales figuraban Manuel
Barros Castañón, Angel C. Sepúlveda, Jacinto Ovalle de la Fuente, Fernando Isla Peña,
Francisco Sánchez Aguilera, Eufrasio Conejeros Mendoza, Eduardo Monti Martínez y
Guillermo Concha Unda, personas ésta que tuvieron desatacada figuración más tarde, ya
sea en la región o en el país.
El personal administrativo y docente que atendió el Liceo en sus comienzos fue el
siguiente:
Rector, don Enrique Ballacey Cotterau.
Inspector, don Delfín Sotomayor.
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Profesores.
Aritmética, don Juan F. Faúndez.
Gramática, don Tobías Sepúlveda.
Francés, Geografía descriptiva e Historia Sagrada, don Enrique Ballacey.
Curo preparatorio, don Tobías Sepúlveda.
El rectorado del señor Ballacey fue corto, apenas de dos años, pues falleció el 10 de
diciembre del 89, siendo reemplazado por el abogado y secretario de la Intendencia don
Manuel del Campo Yávar, quien fue, además, un distinguido poeta. A él pertenece la letra
de la delicada canción, “Ay, agüita de mi tierra, que corres limpia y serena”, que se canta
hasta nuestros días.
La dirección del señor Del Campo fue tan corta como la de su antecesor. Era
concuñado del Intendente Vergara Correa, depuesto por la revolución, lo que ocasionó el
cambio del rector a Copiapó.
El Colono decía, al tiempo de su fallecimiento, acaecido en Valparaíso, en 1898.
“Educado, fino, de una conversación chispeante de anécdotas y de frases brillantes, natural
y espontaneo en cuanto hacía, llevando todo el sello de su carácter abierto, entusiasta y
ligero, fácilmente se hacía querer”.
El 1º de febrero de 1890 el Liceo pasó a la casa que dejó el Banco Bunster al ser
trasladado a Collipulli, es decir, el lugar que ocupa hoy al Escuela Anexa a la Normal.
Como reemplazante del señor Del Campo, febrero del 91, fue designado el Dr. Juan
Bautista Faúndez, que había sido profesor durante ocho años en el Instituto Nacional y dos
en el de Angol.
El colegio fue clausurado el 10 de octubre con motivo de los acontecimientos
revolucionarios y reabierto a mediados de febrero de 1892, bajo la dirección del Dr.
Francisco Cuevas.
El Colegio de Santa Ana, dirigido por monjas franciscanas, ha prestado insignes
servicios a la región desde su apertura, el 12 de septiembre de 1889.
Ese día llegaron a Angol, procedentes de Santiago, las madres Sor María del C.
Fuenzalida, sor Concepción del S.C. de Jesús Arias, Sor Margarita de Santa Ana Gottz, Sor
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Mercedes de San José Cañas y Sor Ángela de San Miguel Guajardo, acompañadas de ocho
indiecitas de Nacimiento, que se les unieron en Coigüe, y que fueron la base del alumnado.
Las monjas venían acompañadas de Santiago por el Padre Procurador de Misiones,
Fr. B. Calixto M. en Coigüe, acompañando a las indiecitas, se les unió el Padre Daniel
Cerda.
La recepción que les hizo el pueblo de Angol fue cariñosísima, pues un inmenso
gentío las acompañó hasta el Convento de San Francisco.
El terreno en que se levanta el edificio de este colegio, una manzana, fue comprado
en $1.800 a don Benito Alarcón. Se refaccionó la casa que contenía y se procedió a
construir un oratorio, una cocina y otras dependencias indispensables.
Al día siguiente de la llegada de las monjas se efectuó la solemne bendición de las
nuevas instalaciones por el Prefecto Fr. Antonio de Jesús Márquez, acompañado de ocho
sacerdotes franciscanos.
Fueron padrinos de esta ceremonia don Celestino Rivas y señora (síndica), don
Carlos Moraga y señora, don Ricardo Bunster y señora, don Fidel Neira y señora, don
Santiago García y señora, don Manuel Antonio Jarpa y señora, don Casiano Vallejos y
señora, don Juan Antonio Ríos y señora, la señora Javiera Silva v. de Fuenzalida, la señora
Honoria Alvarez v. de Morner y la señora María Pérez v. de Muñoz.
Las primeras monjas postulantes fueron: la señorita Sinforosa Ríos, ingresada el 12
de septiembre del 89, la señora Carmen Mejías v. de Arévalo, el 1º de enero de 1890, y la
señorita Leonor Benavides, que tomó el hábito el 8 de diciembre de este último año.
Estos son los comienzos del Liceo Santa Ana, que tantos beneficios ha prestado en
más de 60 años a los huérfanos y desamparados de la región.
La revolución del 91
Cuando Balmaceda y su numerosa comitiva vinieron a Angol en octubre de 1890, a
inaugurar el viaducto de Malleco y los ferrocarriles de Traiguén y Victoria hacía tres meses
que aquí se sentía la intranquilidad precursora de la revolución, pues en la segunda
quincena de julio habían sido llevada al Norte las tropas que guarnecían Angol. Sólo quedó
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En seguida se leyó una moción firmada por regidores balmacedistas en que pedían
la eliminación de los señores Juan Antonio del A. Concha y Tomás Romero, opositores, por
haber aceptado recientemente los cargos de Gobernador de Imperial e Intendente de Cautín,
respectivamente. Además, por otros motivos, las de don Felipe Urizar Garfias y de don
Bernardo Concha. Esta moción fue firmada por los regidores Carlos E. Moraga, José
Dolores Osses, Clodomiro Silva Arriagada, Alejandro Larenas Fuenzalida, José Santos
Astete, Francisco Ottone, Manuel M. Ruminot y Casiano Vallejos, con el informe legal
favorable del Procurador Municipal, don Manuel Del Campo Yávar.
Terminada la lectura, don Manuel Bunster Villagra, lleno de indignación, avanzó
hasta la mesa del Intendente esgrimiendo su bastón, golpeando fuertemente la mesa de la
presidencia y pretendiendo aun agredir al mandatario, quien llamó a la fuerza pública,
mientras el señor Bunster pedía ayuda al pueblo agrupado en la barra, incitándolo a que
invadiera la sala.
Felizmente la tropa logró calmar los ánimos y pudieron retirarse los opositores.
Los gobiernistas reanudaron la sesión, aprobaron la eliminación propuesta, dieron
curso a una suspensión para el regidor don Salustio Guzmán, y determinaron que, en
adelante, el número de ediles en ejercicio sería de 11 (el Municipio contaba entonces con
18). Podrían sesionar con un quórum de seis. De hecho, la oposición quedaba liquidada.
Al día siguiente, en una nueva sesión, a la que sólo asistieron los gobiernistas, fue
aclamado como 1º alcalde don Carlos Moraga y se acordó pasara a la justicia ordinaria los
antecedentes de los disturbios provocados el día anterior por los opositores, incluyendo,
como cuerpo del delito, el tintero destrozado por el señor Bunster.
Y así llegó la noche del 6 de enero del 91, al sublevarse la Escuadra, se inició un
periodo de tragedia que duró nueve meses.
En Angol se organizó la 6º División del Ejército que defendería el régimen de
Balmaceda, al mando del coronel Luis Solo Zaldívar, quien tenía como jefe de Estado
Mayor al teniente coronel don Demetrio Guerrero.
El Batallón Zapadores, embarcado el 6 en Talcahuano, logró llegar a Caldera,
burlando la persecución de la Esmeralda. El Regimiento Carabineros de Yungay se
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concentró en Angol, listo para ser enviado al norte, aunque poco después se le mandó a
Temuco.
Se comenzó de inmediato la formación de dos nuevos cuerpos militares: el Batallón
Movilizado Angol y el Escuadrón Húsares de la Frontera. El primero, de 600 plazas, que
tuvo un fin trágico en la batalla de Pozo Almonte, era comandado por el teniente coronel
Manuel Modesto Ruminot, jefe detall, el sargento mayor Manuel Antonio Jarpa Ureta.
El Húsares de la Frontera, de 400 plazas, tuvo como comandante al Intendente de la
provincia, pero su verdadero organizador fue el capitán Hernán Trizano 2º jefe.
Se determinó que esta unidad militar quedaría aquí como resguardo, a fin de vigilar,
los campos y extinguir el bandalaje. Se le dotó de rifles Grass, sables, revólver y bayoneta.
En abril, este cuerpo fue llevado a Concepción.
A fin de evitar actos subversivos, la Intendencia ordenó que después de la 9 de la
noche no podían transitar grupos de más de dos personas.
Los alcaldes de Angol pasaron a ocupar cargos especiales: el 1º, don Carlos E.
Moraga fue nombrado coronel de guardias nacionales y jefe de la Plaza de Valdivia; pero
luego después comandó la torpedera Condell, que en Caldera torpedeo y hundió al
acorazado Blanco Encalada. El 2º alcalde, como hemos dicho, se convirtió en jefe del
Batallón Movilizado de Angol. Y el 3º, don Alejandro Larenas Fuenzalida, asumió el cargo
de Juez de Letras de Angol, por ausencia del propietario.
1º alcalde fue asignado don Francisco Ottone.
El Batallón Movilizado Angol llegó el 1º de febrero a Talcahuano, donde fue
embarcado para el norte. Este cuerpo militar, formado por angolinos en mayor parte, fue la
contribución de sangre que la ciudad ofreció a la causa del presidente Balmaceda. En la
batalla de Pozo Almonte, efectuada el 13 de marzo, resultó totalmente aniquilado,
incluyendo entre los muertos al comandante Ruminot.
La oficialidad del Batallón sacrificado era la siguiente: comandante, teniente
coronel de ejército, don Manuel M. Ruminot; sargento mayor, jefe del detall, Manuel
Antonio Jarpa; sargento mayor, capitán de guardias nacionales Emeterio Figueroa; capitán
ayudante, teniente de ejército Jacinto T. Sánchez, capitán ayudante, subteniente retirado
Demofilo Larenas; subteniente abanderado, de guardias nacionales, Juan Antonio Bizama.
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El Intendente actuó con una "junta de delegados", integrada por los señores Luis W.
Fuenzalida y Alberto Moller.
Entre las medidas tomadas a fin de evitar apresuradas transacciones comerciales, se
resolvió cerrar hasta segunda orden la Notaria y la oficina que tenía en Angol el Banco de
Valparaíso.
Don Tomás Romero llegó el 2 de septiembre. La recepción que le hizo el pueblo fue
calurosísima, sobre todo por tratarse de una persona tan vinculada a la ciudad. Se reunieron
las autoridades, formaron todos los colegios, las banderas ondearon por todas partes y todo
el pueblo demostró regocijo.
"En Angol todo el mundo anda a paso redoblado, rompe la marcha con el pie
izquierdo y le dice a Salvador Vergara (jefe de la Zona Militar) con cariño y con profundo
respeto "mi general".
"Recuerdo que Manuel Bunster, uno de los hombres más estimados y prestigiosos
de la comarca, y uno de los agricultores e industriales más afortunados de la Frontera, al
toparse conmigo a la vuelta de una esquina, se cuadró como un veterano, hizo sonar los
talones, y se llevó la mano derecha un ala del sombrero, mientras me estiraba la izquierda".
Los militares, con las retretas de sus bandas y con sus tertulias sociales, daban un
ambiente amable y alegre a la ciudad y fomentaban la camaradería entre la gente de las
diferentes castas de la sociedad.
Se unían a ellos artistas distinguidos, como el famoso músico ciego Julio Aravena y
las destacadas concertistas en piano y canto señoras Armelina de Alvizú y Auristela
Fuentes v. de Duvanced, y sus numerosas alumnas. Este conjunto artístico ponía a menudo
su nota de belleza en las ceremonias del culto, presididas por dos venerables párrocos: el
presbítero abogado don Ismael Méndez y don Juan de Dios Belmar, ambos de muy grato
recuerdo entre los angolinos, especialmente entre los elementos populares.
El señor Méndez dejó Angol el 3 de enero de 1894, después de doce años de estada
en la ciudad, por haber sido nombrado secretario del Obispado de Concepción.
A fines de julio de 1893 se reunieron en casa del comandante don José Antonio Soto
Salas numerosos caballeros con el objeto de echar las bases de un Club Social, para lo cual
habían reunido$ 10.000.
En esa oportunidad se formó un directorio provisorio compuesto por los señores
Manuel Villamil Blanco Intendente, Jervasio Alarcón, José Olegario 2º Cortés, Manuel
Bunster Villagra, Daniel Sepúlveda, Juan Guillermo Mackay y Celestino Rivas.
La fecha oficial de la fundaci6n fu6 el 14 de junio de 1894.
A fines del siglo, 1900, contaba con 120 accionistas que, a $100, hacían un capital
de $ 12.000, calculándose su haber en $40.000.
En esta última época estaba dirigido por los señores José Antonio Soto Salas,
Alejandro Larenas Fuenzalida, José Miguel Varela V., Vicente Romero, Luis Klapp, José
Olegario Cortes A., Antonio Kind, Víctor M. Vidal y Enrique Bustos Sánchez.
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El mismo ambiente social amigable hizo que en Angol las diferencias causadas por
la Revolución se borraran muy pronto.
Los partidarios de Balmaceda no olvidaron la obra y el recuerdo del mandatario, a
pesar de la derrota, y es así como en las elecciones de 1894 salieron elegidos 28 diputados
balmacedistas.
Este mismo ambiente de respeto político mutuo hizo posible también el soberbio
homenaje que se rindió en Santiago a los restos de Balmaceda el 29 de noviembre de 1896,
y que fue una rehabilitación inmensa a su memoria.
Como palanca indispensable y poderosa, Angol continuó contando durante este
tiempo con los servicios informativos de algunos periódicos.
El 10 de marzo de 1892 apareció un interdiario llamado El Angolino, y que terminó
su vida el 2 de agosto del mismo año con el número 63.
Con los mismos elementos tipográficos del periódico fenecido, vio la luz, a
principios de marzo de 1894, La Voz de Angol, no catalogado en la Biblioteca Nacional.
Fue una de esas hojas de propaganda electoral en favor de las candidaturas conservadoras
de don Ramón E. Santelices y de don Lorenzo de la Maza, para senador y diputado,
respectivamente.
El 16 de noviembre del 97 la imprenta La Antorcha editó el periódico semanal La
Situación, que terminó con el Nº 93, de 23 de septiembre del año siguiente.
En la misma imprenta y durante los primeros meses de 1898, se imprimió El Roto
Angolino, que hizo honor a su nombre de roto, insultando burdamente a personas
respetables de la localidad. Se extinguió por una circunstancia curiosa: su dueño y redactor,
Manuel Jesús Burgos Rodríguez, mecánico de veintidós años de edad, oriundo de
Valparaíso, fue condenado a 61 días de prisión por informalidades relacionadas con la
compostura de una máquina.
Pero en medio de estas publicaciones de vida efímera, siguió imperando, por la
seguridad y seriedad de su marcha, El Colono, del recordado don Pedro Bernales, y a cuyos
orígenes nos referimos en capítulos anteriores.
52
Poco antes de la muerte de don Pedro que, como dijimos, ocurrió el 3 de enero de
1898, don Temístocles Conejeros Mendoza continuó la ruda labor periodística en la
publicación adquirida por él.
Al reaparecer El Colono, su propietario quiso desconectarlo del anterior, y así lo
declaraba en su primer número, de 18 de noviembre de 1897: "Nuestro diario no es el
mismo de igual título que dejó de publicarse a principios de septiembre último, ni siquiera
continuación disimulada de él, sino totalmente distinto. Si hemos escogido su mismo
nombre, ha sido porque hemos adoptado idéntico propósito de aspiraciones y de trabajo y,
como él, pretendemos servir a1 país y especialmente a la Frontera, con mayor esfuerzo
todavía".
Sin embargo, a fines del año 98, el señor Conejeros estimó más beneficioso para su
periódico el considerarlo como continuación del aparecido trece años antes, y es así como
el ejemplar del 10 de enero de 1899 lleva el Nº 3.045.
El 2 de enero de 1894 inauguró sus oficinas en Angol el Banco de Chile, a cargo del
Agente don Guillermo García.
A fines del siglo XIX comenzaron a aficionarse los angolinos por presenciar las
primeras manifestaciones del deporte moderno.
Los vasco-franceses residentes en la ciudad construyeron un frontón de pelotas en
1892. Los días festivos no eran sólo los jugadores los que asistían a ese lugar, sino
numeroso público atraído por la novedad del espectáculo.
Del tiro al blanco hablaremos más adelante, a propósito del Ejército y dificultades
con la República Argentina.
En esta misma época comenzó a practicarse el ciclismo, pero más bien como medio
de esparcimiento y turismo que como simple deporte. El uso de la bicicleta se hacía cada
día más popular, lo que facilitaba la realización de excursiones que a caballo habrían
resultado demasiado largas.
Así, El Colono de 13 de enero de 1896 daba cuenta de un recorrido hecho por los
señores Manuel Cortés Allende y Walter Kraemer a Collipulli, Victoria y Traiguén, hecho
en un día. Salieron de Huequén a las 4 de la madrugada y después de un descanso de tres
horas en Victoria, llegaron a Traiguén a las 6 de la tarde.
53
Las otras elecciones, antes del fin del siglo, se efectuaron el 4 de marzo de 1900.
Senador de esta región fue don Pedro Bannen; y diputados los señores Alfredo Irarrázaval
Zañartu, Miguel A. Urrutia y Miguel Ángel Padilla.
El 25 de junio de 1896 se eligió nuevo presidente de la República, triunfando don
Federico Errázuriz Echaurren sobre su contendor don Vicente Reyes. El señor Errázuriz
asumió el cargo el 18 de septiembre.
Servicios Municipales.
A fines de 1891 se promulgó la nueva Ley de Municipalidades, que dividió el país
en comunas, y que dio a los Municipios facultades muy amplias. También se redujo el
número de regidores.
Aparte de la Junta de alcaldes nombrada por la Revolución, nos referimos
anteriormente a1 Municipio de 18 regidores que asumieron sus cargos el 22 de noviembre
de 1891.
La Municipalidad elegida el 5 de marzo del 94, y constituida el 6 de mayo, quedó
organizada así: 1er alcalde, Juan Antonio Ríos; 2º, Manuel Virginio Bunster; 3º, Modesto
Burgos; regidores, José A. Oliva, Julio A. Sepúlveda, José Olegario 2º Cortés, Alejandro
Larenas F., Manuel Rebolledo y Santiago García. Secretario, Manuel Cortés Allende; y
tesorero, Pedro Filemón Zapata.
AI mes siguientes fueron excluidos, por motivos legales, los regidores Sepúlveda y
Ríos y renunció el señor Larenas Fuenzalida. En las elecciones complementarias efectuadas
en julio, fueron reemplazados por los señores Francisco Ottone, Salustio Garrigó y José
Dolores Osses. Nuevo alcalde fue elegido don José Olegario Cortés.
La última Municipalidad del siglo, nombrada el 4 de marzo de 1900, constituida el 6
de mayo, fue la siguiente: 1er alcalde, Zoilo Contreras; 2º, Miguel Matus; 3º, Enrique
Bustos Sánchez; regidores: José O. 2º Cortés, Manuel A. Jarpa U., Miguel 2º Espinace,
Víctor M. Zagal, Lisandro Anguita y David Riquelme.
El presupuesto municipal, que en 1895 ascendía a $33.897,72 fue de $32.330,19 en
1900.
56
Entre las obras locales más importantes realizadas por el Municipio desde el 92 a1
900, figura el Matadero, instalado en calle Industrias, y que empezó a funcionar el 27 de
octubre de 1894.
A fines del 97 se compraron terrenos para instalar un cementerio municipal, que
durante muchos años fue llamado "Laico". Ese mismo año se cerró el predio adquirido.
En aquella misma época, siendo alcalde don Manuel A. Jarpa, se puso nombre a
calles que no lo tenían, y se cambió a otras. Entre estas últimas figuraron: Lonquimay se
llamó Chorrillos; Cañete, J. F. Vergara; Boroa, Dieciocho; Pinolevi, Rengo; Catrileo,
Covadonga; antigua Tucapel, Prat; y Lumaco es la actual Tucapel.
En octubre de 1896 se encontraban ya muy adelantados los trabajos de construcci6n
de la pila que adornó la Plaza de Armas hasta años muy recientes, con tres fuentes
superpuestas y tres sirenas en su parte inferior. Esta bella construcción la realizó el
marmolista y escultor italiano Luis Barchi.
En varias oportunidades se trató de instalar en Angol el servicio de alumbrado
eléctrico, lo que sólo vino a conseguirse en años avanzados del siglo actual.
En agosto de 1893 el Municipio entró en tratos a1 respecto con la casa A. Goubert,
representada por el ingeniero electricista don G. F. Wieuhottz. Se formaría una sociedad
anónima. Por su parte, la Municipalidad ofrecía $7.000 anuales por 320 "lámparas de diez y
seis velas".
A1 respecto, hubo un incidente curioso: salió a la palestra, con un remitido en El
Colono, el vecino don José Fileas Salinas, dirigente demócrata, quien, en una parte de su
artículo, decía: "Esto no es cierto, porque la I. Corporación aún no se ha pronunciado sobre
este gusto de lujo que viene a absorber todas las entradas del Municipio, cuando la
población reclama el remedio inmediato a otras necesidades de más importancia, como es
el Matadero y el agua potable". Por supuesto que, a1 menos con respecto a lo último, no le
faltaba cierta razón a1 señor Salinas.
El hecho es que, aunque a mediados del año siguiente se comenzaron los trabajos de
instalación, aun los cables, la ciudad no tuvo luz eléctrica en aquella ocasión.
57
Otro servicio público proyectado, pero nunca realizado, fue el, establecimiento de
un ferrocarril urbano, para lo cual se publicó aún en proyecto de contrato por treinta años
con don Manuel Soto Canto.
El puente que comunica la ciudad con el barrio de Villa-Alegre fue desarmado a
principios de octubre de 1894 y su reconstrucción estuvo terminada en junio del año
siguiente, en que también se inició la instalación de un puente sobre el Picoiquén, al
término de la calle Villarrica. Lo construyó don Ventura Alvizú, propietario del predio
vecino, con un aporte de $500 hecho por la Municipalidad.
La planta urbana de la ciudad se amplió a mediados de 1895 con la formación de la
población Bunster, a base de seis manzanas que puso en venta don Manuel Bunster
Villagra. Los compradores de sitios pagaban $30 a1 contado y $5 mensualmente.
La necesidad de contar con puentes firmes, a que hemos aludido más arriba, se
debía principalmente al aumento enorme de las aguas de los ríos durante el periodo
invernal, que en repetidas ocasiones ocasionó catástrofes.
Así, en 1898 un enorme temporal dejó casi destrozados los puentes de Huequén y
Picoiquén. Este último estuvo en inminente peligro de ser arrastrado, lo que también habría
significado la pérdida del de Villa-Alegre, en el que las aguas llegaban a las vigas
transversales. El de Huequén debió ser amarrado por particulares y soldados de la
Compañía de Ingenieros.
Al año siguiente, durante los días 19 y 20 de julio, una enorme inundación que
abarcó toda la zona, adquirió caracteres de catástrofe regional.
En Angol se inundaron las propiedades vecinas al río, como el Molino, el Liceo de
Hombres y la casa del ingeniero don Benjamín Arrieta. Pueblos enteros quedaron poco
menos que en ruinas, sin ferrocarril, sin telégrafo, sin puentes, sin caminos y, lo más
lamentable, también hubo pérdidas de vidas.
Durante esta inundación corrieron una aventura casi trágica dos jóvenes muy
estimados en Angol: los ciudadanos franceses Juan Bta. Guimón y Juan Bta. Leixelard,
quienes, después de haber alcanzado en bote hasta el río Malleco, al regreso tuvieron un
accidente que los dejó cogidos de un árbol en medio del inmenso río, durante quince horas.
Guimón sostenía a su compañero, ya inconsciente, durante el último tiempo.
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Educación (1892-1900)
Hemos hablado en capítulos anteriores sobre los orígenes y primeros tiempos del
Liceo de Hombres: su creación, el 19 de diciembre de 1887; su clausura, el 10 de octubre
del 91; y su reapertura el año siguiente, bajo la dirección del Dr. don Francisco Cuevas.
Entre los nuevos profesores designados el 92 y 93, figuraron tres maestros
distinguidos: don Tomás Guevara, don J. Guillermo Cid Morales y don Agustín H.
Maturana.
El primero, gran historiador, etnólogo y arqueólogo, desempeñó en Angol, además
de sus funciones docentes, cargos administrativos, como el de secretario de la Intendencia
de Malleco y Gobernador del departamento de Mariluán al tiempo de su creación.
Posteriormente fue Rector del Liceo de Temuco y del José Victorino Lastarria, en Santiago.
59
Servicios Policiales
En julio de 1894 fue nombrado comandante de Policía don Demofilo Larenas,
quien, a1 renunciar su cargo a fines de noviembre del mismo año, fue reemplazado por don
Emeterio Figueroa.
Este fin de año se caracterizó por un caos político general en el país, que provocó en
Santiago numerosos cambios de gabinete. Hubo sucesos graves en Valparaíso, Osorno,
Collipulli, etc., por lo que las fuerzas de Policía fueron entregadas a los alcaldes.
La Policía de Angol tenía el siguiente personal: dos jefes: don Emeterio Figueroa y
don Francisco Sánchez Contreras, y 37 individuos de tropa.
El presupuesto anual de esta repartición ascendía, según Memoria de la Intendencia,
a $9.313.
Por Ley de 12 de febrero de 1896, y a contar del 10 de septiembre siguiente, las
Policías pasaron a depender del Ministerio del Interior (Intendentes).
62
por el mismo Decreto se dio el nombre de "Húsares" Nº3, al Regimiento que actualmente
tiene su guarnición en Angol.
Desde comienzos de 1898 la dotación militar de Angol estuvo formada por el
Granaderos, el Guías y la Compañía Arauco. En abril del 96 la ciudad había pasado a ser la
sede de la 4ª Zona Militar, cuyo jefe fue el coronel don Salvador Vergara, el que, a1 ser
designado, en noviembre del 900, comandante de la Zona, en Tacna, fue reemplazado por
el coronel don Vicente Palacios Hurtado.
El 26 de agosto de 1898, a fin de dar a conocer la preparación de las tropas
acantonadas en Angol, se efectuó un gran desfile militar, en el que participaron las tres
unidades de la guarnición y el 6º de Infantería, con un total de 1.300 hombres.
El 29 de noviembre del año siguiente, el presidente de la República don Federico
Errázuriz Echaurren, visitó Angol a fin de inspeccionar los cuarteles, y fue agasajado con
un espléndido banquete por la oficialidad de la guarnición.
Como parte de la preparación bélica, ante el peligro de un conflicto armado con la
Argentina, se organizaron en todo el país clubes de tiro a1 blanco.
El Circulo de Tiro al Blanco de Angol se constituyó el 25 de julio de 1895,
controlado por el siguiente directorio: presidente, don Manuel A. Jarpa; vicepresidente, don
Miguel A. Urrutia; secretario, Dr. Jerónimo Rosa y don Manuel A. Vergara: tesorero, don
Temístocles Conejeros M.; directores, señores Guillermo García C., José Olegario 2º
Cortés, Manuel Bunster Villagra, Agustín Echavarría, Tomás Guevara y Dr. Emilio
Moreno.
Este Círculo instaló su polígono en "Las Obras", al norte del barrio "El Cañón".
En el primer concurso, que fue amenizado por una banda militar, se otorgaron
premios en dinero a los mejores tiradores: $l al que apuntara en la fama y $ 0.50 al que
diera sólo en el blanco.
Fin de Siglo
Sometidas a arbitraje las desavenencias existentes entre Chile y la Argentina, los
espiritas, algo más calmados, se aprestaron para celebrar con regocijo la ida del siglo XIX y
el advenimiento del XX.
65
resultados calificados como "brillantes": se habían abierto 403 cuentas; los depósitos
ascendieron a $61.839,61; y los giros a favor de los imponentes a $20.514.85.
Esta oficina pasó a depender de la de Temuco en mayo de 1910.
En agosto del mismo año el Banco Español de Chile resolvió instalar una sucursal,
la que comenzó a funcionar el 24 de diciembre. Agente de ella fue don Eugenio
Krumenaker, y cajero don Ramón Luco.
Una operación comercial de importancia la constituyó la formación de la Compañía
Molinera El Globo, que se hizo con el propósito de comprar los cinco molinos que
pertenecían a la firma Bunster y Cia., además de otros del país.
Con respecto a la industria, en los tiempos anteriores a 1908 se instalaron tres
establecimientos importantes: la elaboración de maderas de don Cornelio Olsen, la fábrica
de conservas "Miraflores", de don Manuel Cortés Allende, y la curtiduría de los hermanos
Elissonde.
Después de la ida de apreciables fuerzas militares, Angol siguió viviendo de manera
natural. Era un pueblo pequeño, sencillo, pero con muchos atributos de simpatía y belleza:
a pesar de sus calzadas de tierra las calles eran hermosas, con árboles frutales: moreras,
cerezos y nogales, tentación de los niños en la época de la fructificación. Sus noches lucían
todavía la luz opaca de los faroles a parafina, que “el lamparero” encendía presuroso al
anochecer, llevando su escala al hombro. Pero sus días fueron siempre luminosos.
Angol siguió una vida lenta, patriarcal y silenciosa, si se quiere apática. Nada pinta
mejor esta verdadera indolencia que el siguiente comentario de El Colono, en su número
del 5 de abril de 1906: “Otros pueblos de la provincia obtienen ventajas en su progreso ¿Y
Angol? Nada, Nada ¿Por qué? Por la decidía de sus vecinos influyentes, porque aquí nadie
se preocupa de hacer algo bueno por el adelanto local”.
El invierno de 1904 fue especialmente crudo: la lluvia continua de tres meses, abril,
mayo y junio, culminó en os primeros días de julio, con una enorme crecida de los ríos de
la región, que causó catastróficas inundaciones, cuyas consecuencias fueron más o menos
iguales en Mulchén, Traiguén, Temuco, Nueva Imperial y pueblos más pequeños de la
región.
El sábado 2 de julio comenzó a llover furiosamente. A las 9 de la noche las aguas
del Rehue y Picoiquén pasaban sobre el puente, a media noche cubrían la baranda, altura a
la que había alcanzado sólo en la inundación del 19 al 20 de julio de 1899. Al amanecer, el
puente surgía, levantándose de centro y de costado, y a las 8,30 formaba un verdadero arco,
sobre el cual se destacaba el farol prendido.
Al desprenderé de sus cimientos, el puente fue arrastrado 120 metros más abajo,
quedando retenido por los postes y líneas del telégrafo, lo que ocasionó la interrupción de
este servicio.
En los alrededores el puente de Huequén también fue arrastrado por las aguas, lo
mismo que los canales del Molino y Progreso. Resistió el puente ferroviario del Malleco,
pero su terraplén del lado norte quedó totalmente destruido, dejando la línea férrea en el
aire.
Los edificios de Angol vecinos al rio fueron inundados violentamente: en el Molino
Bunster había en bodegas 16.000 fanegas de trigo y 4.000 quintales de harina, los que no
alcanzaron a ser retirados en vista de lo sorpresivo de la catástrofe; el Liceo de Hombres,
situado frente al Molino, vio invadidas igualmente todas sus dependencias, alcanzando el
agua hasta el caballete del edificio; la casa del ingeniero don Javier Arrieta, ubicada al lado
del centro de la ciudad, se desmoronó totalmente, lo mismo que las murallas del Liceo, del
Molino y de la Cárcel. El agua, que subió dos metros más alto que en 1899, alcanzó hasta la
fundición Brown en Villa Alegre, y hasta muy cerca de la Plaza en el sector centro, por lo
que hubo de sacar apresuradamente la caballada del Regimiento Granaderos. Los cuarteles
Freire e Ingenieros sirvieron, de albergue a los numerosos damnificados.
Por suerte hubo que lamentar sólo una desgracia personal: un niño que fue
arrastrado por las aguas mientras pretendía poner a salvo un grupo de animales.
69
Sus reuniones, mientras se instalaba en local propio, se efectuaron en los salones del Hotel
Comercio.
El directorio y oficialidad fueron los siguientes: director, don Pablo A. Fuentes;
secretario, don Enrique Bustos Sánchez; tesorero, don Salvador Amestoy; capitán, don
Gregorio Larenas; ayudante, don Luis Migurars; tenientes 1º a 4º, los señores J. Guillermo
Shanklin, Antonio Muñoz P., José M. González y Juan Frávega, respectivamente; sargentos
1º a 4º, señores Max Schwarzenberg, Miguel Aignerén, Juan Bta. Guimón y Gilberto
Teilleri, respectivamente; maquinista 1º, don Eduardo E. Brown; 2°, don Walter Brown;
cirujanos, doctores Alcibíades Santa Cruz e Israel Bórquez Silva; consejo de disciplina,
señores Antonio Kind, Cristóbal Cresta, Juan Dibar, Luis Klapp director y secretario de la
Compañía.
El domingo 17 de junio se efectuó el bautizo de la bomba a palanca y gallo
adquiridos por la ciudad, ceremonia a la cual asistieron delegaciones de Traiguén y
Concepción. Los festejos del día terminaron con un banquete servido en el local del Teatro.
En febrero de 1909 los diputados por Angol y Traiguén, señores Alfredo Irarrázaval
y Miguel A. Urrutia gestionaron ante el Congreso una ayuda gubernativa para la
adquisición de una bomba a vapor, logrando obtener $ 12.000. La máquina fue encargada a
Inglaterra, y su bendición se efectuó, como parte del programa de las fiestas del
Cincuentenario de la ciudad, el 7 de diciembre de 1912.
El naciente Cuerpo de Bomberos de Angol tuvo un vigoroso impulsor en su
organización definitiva y en su progreso con la llegada a la ciudad, a mediados de
noviembre de 1908, de Armando de Folliot, de cuya personalidad destacada nos
ocuparemos en forma más amplia en la parte siguiente de esta obra. De Folliot ingresó a la
Compañía de Bomberos en enero de 1911.
Entre las obras de ornato de la ciudad, debemos recordar la transformación del
plano de la Plaza de Armas, que se efectuó a iniciativa del 1er alcalde don Agustín 2º Oliva,
asesorado por los señores Antonio Guerra y Temístocles Conejeros, en septiembre de 1905.
El embaldosado de las avenidas se inició en septiembre de 1910, para lo cual el vecindario
ayudó con erogaciones.
71
1os años siguientes de este periodo fueron: don Bartolomé Sepúlveda Onfray (noviembre
de 1908) y don Agustín H. Maturana (diciembre de 1909).
Con respecto a los servicios judiciales, al crearse la Corte de Apelaciones de
Valdivia fue nombrado ministro de ella el Juez de Angol, don Manuel Cortés A. (abril de
1906), siendo reemplazado por el Juez de Puchacay, don Alfredo Dondanelli, que
permaneció durante muchos años en el desempeño de este cargo. Supo granjearse el respeto
y simpatía de todos los ciudadanos, por su corrección y ecuanimidad. Culminó su carrera
como ministro de la Corte Suprema.
Secretarios judiciales fueron: don J. Eulogio Palacios (1906) y don Manuel Concha
C. (1909).
En septiembre de 1911 fue nombrado Promotor Fiscal don Manuel
Oñate Toro, ex Protector de Indígenas, siendo reemplazado en este último cargo por don
Javier Arrieta Sepúlveda.
Don Adolfo Bruna ocupó la vacante de Ingeniero de la Provincia que dejara, en
marzo de 1908, don Javier O. Arrieta.
El Tesorero Fiscal, don Pedro M. del Campo, fue ascendido, en noviembre de 1909,
a otro cargo, reemplazándolo don Braulio Mewes.
En los servicios de correos y telégrafos, Angol era la sede del distrito que
comprendía las provincias de Biobío, Malleco y Cautín. A1 iniciarse el presente siglo era
jefe de esa repartición don Aníbal Carrillo. En octubre de 1901 lo reemplazó don Artemio
Cuevas.
Fue en aquella época cuando se consiguió la instalación de oficina telegráfica en
Renaico, que comenzó a funcionar el 19 de julio de 1902. Sólo el 25 de octubre de 1904
obtuvo este pueblo el título de "villa".
Más adelante fueron jefes de correos y telégrafos don Gregorio Contreras y don
Lautaro Castilla Uribe. En noviembre de 1910 don Lucas Sepúlveda reemplazó, como jefe
del distrito, a don Telésforo Sanzana, que había vuelto nuevamente a Angol.
Con respecto a parlamentarios, don Albedo Irarrázaval Zañartu representaba al
departamento de Angol ante la Cámara de Diputados desde el año 1900. Era una de las
figuras más interesantes y distinguidas del Parlamento. En febrero de 1911 cesó en sus
75
Cambios durante el periodo: mayo de 1907: alcaldes, señores Antonio Muñoz P.,
Manuel A. Jarpa y Juan Frávega. Hubo una elección complementaria en junio, resultando
elegido don Darío Rodríguez en reemplazo del señor Pablo A. Fuentes, fallecido.
Mayo de 1908: alcaldes, don Antonio Muñoz P., don José. Cortés y don Manuel A. Jarpa.
Municipalidad elegida en marzo de 1909, y constituida en mayo: alcaldes, Juan
Frávega, Antonio Muñoz P. y Manuel A. Jarpa; regidores, Pedro Rioseco, Aníbal Soto
Bunster, Carlos de la Maza, José Antonio Mena, Roberto Anguita y José David Riquelme.
Cambios anuales: mayo de 1910: alcaldes, Antonio Muñoz, Aníbal Soto Bunster y Carlos
de la Maza; mayo de 1911: alcaldes, Antonio Muñoz, Juan Frávega y Juan Antonio Mena.
Municipalidad elegida en marzo de 1912 y constituida el 5 de mayo: alcaldes, Antonio
Muñoz, Juan Frávega y Juan Pablo Guzmán; regidores, Rosamel Bravo, Alfredo
Hernández, Manuel Moller, Mariano 2º Muñoz, Agustín 2º Oliva y Pedro Rioseco.
Secretario fue nombrado don Abelardo Barrios Contardo.
El presupuesto municipal que, a principios del siglo ascendía a poco más de $31.000
anuales, llegó en 1912 a $ 43.880.
Con respecto a servicios municipales, en noviembre de 1901 se hizo por primera
vez la numeración de las casas de la ciudad, detalle a1 parecer insignificante, pero que ya le
dio el sello de pueblo grande.
El constante propósito de establecer tranvías que cruzaran ciudad y alcanzaran hasta
Huequén no se vio cristalizado nunca, a pesar de que a fines de 1902 se suscribieron
acciones con tal objeto y, a1 año siguiente, estuvieron contratados en Santiago los carros y
rieles.
Otro problema de larga solución fue el mejoramiento del alumbrado público. En
1901 era atendido este servicio con 172 faroles a parafina. La Municipalidad pagaba $2
mensuales por cada uno al concesionario.
Como en el caso de los tranvías, todos los propósitos para la instalación de luz
eléctrica fracasaron durante este periodo: en 1902 los de la sucesión Vallejos y de don
Manuel Bunster Villagra; en 1905 los de la firma Rivano y Compañía, de Los Angeles, y
de un señor de apellido Paludán; en abril de 1909 lo instalarían los señores Frosini y
Joaquín Alcoholado. Aun se obtuvo de la Municipalidad el permiso necesario para hacer las
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Visitador de Escuelas era, desde 1897, don Temístocles Molina B., quien fue
reemplazado, a fines de 1902, por don Pedro Moreno.
En noviembre de este último año se hizo un censo escolar en el departamento.
Asistían a escuelas públicas 872 niños y 822 niñas; a escuelas particulares, 98 niños y 220
niñas; no asistían a colegios 1.021 niños y 961 niñas. Había un liceo fiscal, uno particular
(el de niñas), 12 escuelas fiscales y 6 particulares.
Otra novedad en la educación primaria, julio de 1911, fue la creación de la Escuela
Superior Nº8, en Villa Alegre, a base de la elemental de mujeres. La señorita Filomena
Morales continuó como directora de ella. Al contraer matrimonio con don Alberto
Larraguibel, jefe de la Estación de los Ferrocarriles, dio, vida al eximio jinete militar
capitán Alberto Larraguibel Morales.
El Visitador de Escuelas don Pedro Moreno fue reemplazado, en agosto de 1904,
por don Darío García; éste, en abril de 1909, por don Pedro J. Alvarado Bórquez, el que, a1
ser designado a Santiago, fue reemplazado, en diciembre de 1909, por don Isaías Venegas.
El último visitador de este periodo fue don Eliseo Sepúlveda, que fue designado para el
cargo el 30 de septiembre de 1912.
Al finalizar este año el Liceo de Hombres contaba sólo con siete cursos, incluyendo
los paralelos: una Preparatoria inferior, dos superiores, dos 1º años de Humanidades, un 2º
y un 3º. Su matrícula total era de, más o menos, 230 alumnos.
El Rector, Dr. Don francisco Cuevas, fue nombrado en julo de 1908 director del
Instituto Comercial de Talca. Lo reemplazó don Ricardo Muñoz Avalos, erudito profesor
que, además, había desempeñado en Angol otras importantes funciones de carácter
administrativo, como la secretaria de la Intendencia.
El Liceo de Hombres, a raíz de la gran inundación que deterioró su edificio ubicado
frente al Molino El Globo, pasó a ocupar el local de la Escuela Superior de Niñas, donde se
mantuvo hasta época muy reciente.
El Liceo de Niñas, fundado por iniciativa particular a fines del siglo anterior, se
convirtió en fiscal en 1903. El Gobierno designó el siguiente profesorado: directora,
señorita Cesárea Kolbach Gálvez; Inspectoras, señoritas Pastorisa Arce y Gregoria Gálvez;
Castellano, señora Laudelina Q. de Maturana; Francés, don Ricardo Muñoz Avalos; Inglés,
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señorita Edith Kinsley; Matemáticas y Religión, señorita Doralisa Beca O.; Historia y
Geografía, señorita Berta Arce; Ramos técnicos, señorita Laura Troncoso; Preparatoria y
Ciencias, señorita Rosalina Merino; Piano, señora Auristela F. v. de Duvanced.
Un establecimiento cuya necesidad se hacía sentir desde largo tiempo, la Escuela
Profesional de Niñas, fue creado en marzo de 1906, y comenzó a funcionar el 9 de julio del
mismo año, bajo la dirección de la señorita Isabel Fuenzalida, y con el siguiente
profesorado: Modas, señorita Isabel Valdivia Cavieres; Sastrería, señorita Leticia Gamboa;
Lencería y Camisería, señorita Ludovina García; Gimnasia e Inspectora, señorita Elena
Muñoz Fariña.
En mayo de 1911 asumió la dirección de la Escuela la señora Laurentina Merino de
Cid.
En junio de 1908 el Gobierno acordó crear en Angol una Escuela Normal de
Preceptoras, pero para ello se hizo necesaria la construcción de un edificio especial, que se
inició, en los terrenos del antiguo Liceo de Hombres, en julio del año siguiente, y que fue
recibido oficialmente el 29 de marzo de 1911.
En junio fue nombrada directora de este colegio la señorita Dorila Águila Pacheco,
antigua profesora de la Escuela Normal de Concepción.
En enero de 1912 fueron nombradas las 70 alumnas que formarían el [Link] curso; y
poco después el profesorado Y personal administrativo, que fue el siguiente: Inspectoras;
señoritas María Concha, Emma Arriagada y Nemecia Carrasco; Castellano, señorita Dorila
Aguila; Matemáticas, señorita Elisa Echeverría; Historia y Geografía, señorita Irene
Maluenda: Economía Doméstica y Agricultura, señorita María Concha: Música y
Gimnasia, señorita Teresa López; Dibujo, señorita Emma Arriagada; Labores, señorita
Mariana Manríquez; Médico e Higiene, Dr. Israel Bórquez Silva; Religión, Fr. Luis Rojas.
En septiembre la señorita Maluenda fue designada para el cargo de sub-directora; y,
el mismo mes, por renuncia del Padre Rojas, fue nombrado como capellán y profesor el
Padre Juan Bautista Aguilar.
La Escuela comenzó a funcionar el 11 de julio.
Bajo otros aspectos de la cultura, nos referiremos ahora a los periódicos que,
además de El Colono, vieron la luz pública en Angol durante este periodo. Ellos fueron: La
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Voz del Pueblo (1901), afecto a la candidatura presidencial de don Pedro Montt; El Heraldo
de la Frontera"(julio de 1901), independiente.
El Colono comenzó a publicar una edición en Traiguén, cuyo primer número
apareció el 12 de febrero de 1906. Su director fue don Nemesio Sánchez, y es el mismo
periódico que, hasta ahora, ha seguido viviendo sin interrupción, independiente al diario
que le dio vida.
También aparecía en Angol una revista mensual publicada por los Padres
Franciscanos: El Misionero Franciscano.
El 14 de abril de 1909 vimos el primer número de un periódico titulado El
Nahuelbuta.
Entre los principales periodistas de esta época debemos recordar, aparte de don
Temístocles Conejeros Mendoza, a don Juan Clímaco Villouta Sanhueza y a don Norberto
Vera Bórquez.
Las actividades literarias tuvieron un despertar a mediados de 1903, con la creación
del Ateneo Angol, que reunió en su seno a las personas amantes del arte.
El directorio que eligieron en junio de aquel año estuvo integrado por los señores
Manuel Oyarzun Lorca, Manuel P. Barría y Temístocles Conejeros, como directores; Luis
E. Brücher, secretario; y Lucas Mellado, tesorero.
Los miembros del Ateneo Angol celebraban interesantes sesiones en el salón de El
Colono.
Era el periodo de éxitos sobresalientes de angolinos que descollaban en las letras y
periodismo nacionales, como Diego Dublé Urrutia y Carlos Silva Vildósola, hijos de
militares que residieron largos tiempo en Angol.
Dublé Urrutia que, a pesar de sus años aun escribe, ha dejado poemas hermosos
relacionados con nuestra tierra; y Silva Vildósola, el hijo de Chiguaihue, se convirtió en
maestro del periodismo.
También nació en tierra angolina Antonio Acevedo Hernández, el auto-didacta que
llegara a convertirse en gran escritor, y cuyas obras dramáticas le han dado relieve
continental.
Dublé Urrutia, en “Amor a la Tierra”, tiene estos hermosos recuerdos:
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¿Qué ser que haya visto la luz en Angol dejará de, sentir emoción al leer estos
versos que pintan en forma magistral “El Amor a la Tierra”?
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En las actividades sociales y mutualistas de Angol hay que ponderar la vida tenaz de
la Sociedad de Artesanos “La Unión”, fundada el 12 de noviembre de 1899, y que ha tenido
una existencia ininterrumpida hasta el día de hoy.
Obtuvo personalidad jurídica por Decreto de fecha 31 de diciembre de 1901.
Sus principales dirigentes, durante aquel tiempo, fueron los señores José María
Cerda, Daniel Osses, Luis A. Díaz, Francisco A. Urrutia, Bartolo Bustos, Juan A. Castro,
Manuel Muñoz, Manuel A. Méndez, Bernardo Miranda, José Blanco, José Santos Castilla y
José Cardenio Castro.
Aparte de la ayuda material mutua, los dirigentes de la Sociedad de Artesanos
trataron de mejorar la cultura de sus asociados mediante la formaci6n de una biblioteca.
Más tarde instalaron escuela nocturna.
El 27 de junio de 1909, en medio de grandes festejos, inauguraron el cómodo
edificio construido por ellos. Presidía entonces la Sociedad don Alfredo Hernández y
seguían colaborando muchos de los socios fundadores, a cuyos nombres habría que agregar
ahora los de los señorees Marcos A. Mejías, J. Demetrio Balmaceda, Darío Morales, Juan
Pablo Guzmán. Francisco Solano Muñoz, Daniel Norambuena, Francisco Martínez,
Domingo Cañizar, Dionisio Silva, Miguel 2º Ruiz, Ramón Solís M., Marcia1 Cerda,
Rodrigo 2º Aguirre, Gregorio Valenzuela, José Luis Ríos, Belisario Anabalón y Juan de D.
González.
Sin duda que hemos mencionado muchos nombres, y seguramente muchos se nos
escaparan; pero la obra modesta y efectiva de estos ciudadanos en pro del bienestar y
cultura del pueblo merecen más de una alabanza.
En 1903 las clases más pudientes de la ciudadanía angolina organizaron una
Sociedad Filarmónica, cuyo directorio lo constituyeron los señores Luis A. Cortés, Agustín
2º Oliva, José Miguel Varela, Aníbal Salvatierra, Guillermo Piola, Eugenio Vidaurre y
Temístocles Conejeros. Sus asociados celebraban a menudo entusiastas tertulias.
Con respecto al Club Social, hemos dicho anteriormente que su edificio fue
consumido por un incendio el 3 de marzo de 1906. Dos años más tarde, el 6 de enero de
1908, la sociedad dejó el local en que se había instalado provisoriamente para ocupar la
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casa comprada al señor don José Antonio Soto Salas, que hasta entonces había ocupado la
Intendencia de la Provincia.
En agosto de 1906 los empleados echaron las bases del "Centro Social Angol", el
que no prosperó.
El 10 de diciembre de 1912 se formó el Centro Social de Empleados. En esa fecha
se formó el primer directorio: presidente, don Teóbaldo Guerrieri; vice, don Armando de
Folliot; secretario, don Carlos A. Cerruti; prosecretario, don Manuel J. Galaz; directores:
señores Carlos Cares, Miguel Ruiz, Julio Campos, Bartolo Bustos, Pedro Sanhueza, Gaspar
Bernales y José Salvago.
El Centro fue inaugurado el 2 de febrero de 1913.
Deportes. A principios del siglo Angol pudo presenciar un espectáculo que no se ha
vuelto a repetir: las corridas de toros, que se efectuaron tres veces durante el mes de
noviembre de 1902.
Las presidió un ciudadano español residente en la ciudad: don Plácido Galván.
Actuaron toreros españoles y chilenos: Sevillano, Señorito, Finito, Serranito, Palomo y el
jefe de la cuadrilla, Antonio López Calderón, considerado como lidiador de fama.
Los toros "bravos" eran proporcionados por el criadero de don Roberto Anguita.
En la tercera presentación se hizo la prueba de "Don Tancredo", o sea la "Estatua
del Comendador": el torero esperaba impasible en la puerta del redondel, adonde acudía el
toro, lo olía o pretendía herirlo. El espectáculo agradó bastante.
El deporte del tiro a1 blanco tuvo siempre alternativas de entusiasmo y decaimiento.
El Intendente don Alejandro Larenas, en los comienzos de su larga administración
provincial, reorganizó, en enero de 1902, el club que había permanecido en receso durante
varios años. Presidió estas actividades don José Miguel Varela.
El fútbol único deporte colectivo de aquel tiempo, tuvo durante los primeros años de
este siglo manifestaciones poco constantes.
En 1905 existía el "Angol F. C. Club", y ese mismo año se creó el "Liceo Foot-Ball
Club", que tuvo como presidente a L. Ernesto Varela: secretario, Oscar Fenner Marín;
tesorero, Carlos Torres: y directores, Teodoro Domínguez, Darío Catalán, Benito Aguayo y
Wilfredo Quezada.
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Estos dos clubes sostuvieron un encuentro el 20 de agosto, que atrajo una gran
concurrencia, ya que, según decía El Colono, "es una novedad".
Arbitró el partido Julio Miranda Jaramillo, y en él ganó el "Angol" por 1 a 0.
A fines del mismo año 1905 se formó el "Obrero F. B. C.".
Pero las organizaciones de carácter serio y definitivo, que se han mantenido hasta
ahora, se efectuaron en 1911, con la creación de los clubes Centenario y Malleco.
El primero de ellos nació a la vida en forma irregular, a mediados de 1910 (de ahí su
nombre); pero el 8 de noviembre del año siguiente se organizó en forma definitiva,
constituido principalmente por tipógrafos. Su organizador y primer presidente fue don
Jorge Moreno Leiva.
El "Malleco Foot-Ball Club" se fundó el 18 de abril de 1911. Sus dirigentes más
activos fueron don Lucas Mellado y don Teodoro Cid Salvo, profesores del Liceo de
Hombres; y los jugadores más destacados, Arturo Méndez y el popular "Chula" Sepúlveda.
El día 7 la ciudad se vio alegrado desde la mañana por las salvas de artillería, el
embanderamiento general y las tocatas marciales de las bandas militares. Más tarde, el
solemne Te-Deum, la concentración de colegios en la Plaza de Armas y la bendición de la
bomba a vapor de la Compañía de Bomberos "José Bunster".
A las 5 de la tarde se efectuó la inauguración del monumento a don José Bunster.
Hizo entrega de él el Intendente Larenas, y lo recibió, a nombre del pueblo, el Dr. don
Israel Bórquez Silva. Don Manuel Bunster Villagra agradeció a nombre de la familia.
En la noche se sirvió un espléndido banquete en el Teatro Municipal.
A1 día siguiente hubo visitas a1 Hospital, almuerzo en el Casino del Regimiento,
carreras de caballos, partidos de fútbol, etc.
diputados don Oscar Chanks y don Eulogio Rojas Mery, perdiéndose el candidato don
Augusto Smitmans.
Las elecciones municipales se efectuaron el 10 de abril y, a1 constituirse el cuerpo
de regidores, el 10 de mayo, se designó como 1er alcalde a don Rosamel Bravo.
También fueron reemplazados, en el mes de mayo, el Prefecto de Policía, don
Onofre Vera, y el secretario de la Intendencia, don Miguel Conejeros, nombrándose en su
lugar a los señores José Dolores Ríos y José Luis Osorio, respectivamente.
Estas autoridades eran combatidas duramente por uno de los bandos políticos en
lucha, cuyo vocero era El Colono. Las oficinas y talleres de este periódico fueron asaltados
en la madrugada del 10 de mano de 1922, empastelando sus tipos y quitando a las máquinas
algunas piezas de vital importancia.
Se creía ver en estos atentados la intervención o complicidad del Intendente, del
Juez y del alcalde. Este último presentó la renuncia de su cargo y fue reemplazado por don
Clodomiro Concha Cerda.
El 17 de junio apareció El Malleco, como segunda época de El Pueblo, destinado a
hacer la defensa de las autoridades y de su causa.
Los incidentes bochornosos culminaron el domingo 10 de diciembre de 1922, en
que se produjeron hechos violentos dentro del Club Social de Angol, con motivo de la
visita hecha a la ciudad por un grupo de parlamentarios liberales.
Se culpaba de estos atentados a1 Intendente Rojas Richard y a1 diputado Chanks.
En abril del año siguiente el señor Rojas fue trasladado a Antofagasta, y poco
después el Gobierno designó en su lugar a don Luis Dávila, de quien La Prensa, de
Traiguén, decía que era "un brillante politiquero".
Tal vez a consecuencia de los sucesos del Club, que produjeron revuelo nacional,
renunció, el nuevo alcalde, señor Concha, y lo sustituyó don Enrique Bustos Sánchez.
La Corte de Apelaciones de Concepción acogió una querella contra el Juez Melo, a
propósito de su actuación en el asalto a El Colono, declarando que no había procedido
legalmente a darse por inhabilitado. Esto sucedió en junio.
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Secretarios municipales: don Manuel González, don José L. Osorio Navarrete, don
Enrique Vergara Betancourt, don Adolfo Arriagada Garretón, don Francisco González, don
Enrique Varela Romo, don Oscar Muñoz Moraga y don Enrique Bustos Collins.
Personalidades y benefactores
Sin duda que una de las personalidades de la vida angolina, en aquellos años, fue
don Manuel Virginio Bunster, propietario de "El Vergel".
El 20 de enero de 1867 se unió en matrimonio, en Nacimiento, con la señorita María
Luisa Onfray, y vinieron a establecerse en Angol, donde el señor Bunster descolló en el
comercio y como proveedor y banquero de pequeños comerciantes. Actuó en el Municipio
y estableció el primer servicio de agua potable en la ciudad. Era hermano de don José. Se
distinguió siempre por sus obras de caridad.
Al adquirir "El Vergel", en un principio de treinta hectáreas, dejó definitivamente
sus negocios en la ciudad. El 20 de enero de 1917 los esposos Bunster celebraron, en medio
del homenaje de todo el pueblo, sus bodas de oro matrimoniales.
En agosto de 1919, don Manuel y esposa resolvieron radicarse definitivamente en
Viña del Mar, para lo cual vendieron su hermosa y valiosa propiedad a la Sociedad
Misionera de la Iglesia Metodista (norteamericana), cuyo presidente sería el Dr. U. C.
Leazenby, y vice Mr. Eyra Bauman, donde fundaron el "Instituto Agrícola Bunster", el 19
de agosto.
Antes de retirarse de Angol, el día 23, recibió el señor Bunster cariñoso homenaje
de la colectividad, entre ellos el obsequio de una hermosa tarjeta de oro y un valioso
pergamino. El, por su parte, dejó cuantiosas donaciones: al Colegio Santa Ana, Estudiantes
Pobres, cárcel, tropas, clubes, etc., y una instalación de rayos X para el Hospital, además de
una buena suma de dinero.
Su estada en Viña del Mar fue muy breve, pues falleció allí el 28 de noviembre del
mismo año 1919. Sus restos llegaron a Angol el 11 de enero, acompañados por
delegaciones de la Municipalidad, Beneficencia y Bomberos, idas especialmente a
buscarlos. Todo el pueblo le rindió un emocionado homenaje.
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En 1917 el cambio bancario estaba a 12 17/32. Una libra esterlina valía $19.15; y el
dólar $4.09.
La Municipalidad no cesaba en su propósito de dotar de luz eléctrica a la ciudad.
Por fin un Decreto Supremo, de 18 de agosto de 1913, aprobó el presupuesto presentado
por los señores Frávega y Oliva, y les otorgó el permiso correspondiente para hacer las
instalaciones.
El 23 de agosto del año siguiente se hizo un ensayo del funcionamiento del servicio,
accionado por motores a vapor, resultando a satisfacción de todos, por lo que la firma
comercial, convertida ahora en “Frávega, Dourthé y Cia.”, recibió las congratulaciones
generales, ya que se trataba de una obra de enorme progreso para la población.
En febrero de 1917 continuaron la explotación de este servicio los señores Agustín
2º Oliva y Luis Cortés Allende.
Por último, desde el 10 de enero de 1922 comenzó a funcionar la planta hidráulica
instalada en el rio Picoiquén, lo que permitió contar con energía eléctrica durante el día y la
noche.
La primera iniciativa con respecto a servicio de alcantarillado para Angol, pertenece
a don Aníbal Soto Bunster, a1 hacerse cargo de la Alcaldía en junio de 1917. Pero sólo diez
años más tarde, noviembre de 1927, fueron aprobados los planos.
La instalación tendría un costo de $1.176.660, de los cuales $565.150 correspondían
al alcantarillado y $661.510 a1 mejoramiento del servicio de agua potable, incluyendo la
instalación de una planta elevadora con capacidad máxima de dos mil metros cúbicos por
día, además de la expropiación de algunos terrenos.
El alcantarillado sanearía una zona de 115 hectáreas, y sus cañerías de cemento
tendrían un largo total de 18.796 metros.
Con respecto a pavimentación de aceras y calzadas, se hizo durante los años 1918 y
1919 el asfalto en numerosas cuadras de aceras, y los trabajos definitivos de pavimentación
de ellas Comenzaron en julio de 1936.
La avenida Huequén, hoy Bernardo O‘Higgins, fue la primera calle que vio
pavimentada con adoquines, su calzada. Estos trabajos se iniciaron a fines de 1918.
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El 6 de diciembre de 1935 formaron su primer Comité Pro Adelanto Local que fue
presidido por el Juez don Roberto Larraín Torres, actuando como secretario don Ruperto
Ross, y como directores los señores Augusto Schuster, Germán Decher Geisse, Federico
Sánchez Santana, Germán M. Muñoz Moraga y Dr. Víctor Petermann Fressard.
Una de las principales labores de esté Comité fue la de avivar la campaña destinada
a devolver a Angol su antigua categoría de capital de provincia.
Contreras y Víctor Sánchez, que continuaron en el colegio, habían llegado a él las señoritas
Elisa Villarroel Vergara y Julia Norero Badilla, y los señores: presbítero don Francisco J.
Cavada, Académico de la Lengua, Francisco Garay Oyarzun, Reinaldo Reinike, Carlos
Salazar Godoy, Alberto Depix Duffau, Héctor Norero Badilla, Oscar Rodríguez Cerda,
Teodoro Cid Salvo, Pedro Fernández Riffo y Enrique Vergara Betancourt.
En 1932, al celebrar el Liceo el 45º aniversario de su fundación, contaba con nueve
cursos de humanidades y tres de Preparatorias.
Otros Rectores de este periodo fueron: don Domingo Maturana, don Héctor Norero
B., don Froilán Rioseco Mellado, don Waldo Retamal Mello y don Leocadio Riquelme
Becerra.
En 1932 también figuraban como profesores: la señorita Inés Zamora Stuardo, la
señora Marta López de Leal, la señorita Berta Rubio Soto, la señorita Edilia Guarda
Urriaga, la señorita Mercedes Sánchez, la señora Laura Troncoso de Bórquez, la señorita
Rosa Conejeros Bennewitz, y los señores Waldo Retamal, Leocadio Riquelme, Rolando
Valdebenito, Horacio Núñez, René Ramírez Garrido, Enrique Sepúlveda Vilugrón,
Anselmo Bravo Pacheco, Efraín Leal Silva, presbítero don Germán Uribe, Lorenzo Castillo
Rodríguez y Luis Osorio Matamala. El portero 1º era don Julián Vásquez.
El Liceo de Niñas, siempre bajo la dirección de la señora Cesárea Kolbach de
Urzúa, tenía en 1913 una matrícula de 180 alumnas, y sus cursos de Humanidades
abarcaban hasta el 3er año.
A principios de marzo de 1928 la señora Kolbach de Urzúa dejó la dirección del
Liceo, y fue reemplazada por la señorita Marta Espinoza Ferrada.
Este mismo año, con motivo de la reforma educacional, fue suprimida la Escuela
Profesional de Niñas, y sus cursos técnicos fueron agregados al Liceo.
En 1934 se construyó el edificio que actualmente ocupa, frente a la Plaza.
Justo es dejar constancia de profesoras del Liceo que dejaron honda huella, desde
aquel tiempo, por su abnegación en las labores profesionales. Entre ellas debemos contar,
aparte de las fundadoras que continuaron, a las señoras Rigoberta Rojas de Contreras,
Victoria Jara de Catalán, Rosalina Merino de del Canto, Auristela Parra de Mendoza,
Graciela Mercado de Benavente, Emilia Sánchez Aguilera de Bosmet, y señoritas Berenice
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Figueroa Zapata, Elena Rodríguez Soto-Aguilar, Emelina Díaz Suárez, Rosa Oñate
Delgado, Elvira Mena Brücher, Lastenia González Floripa.
Con respecto a la Escuela Normal, el 10 de julio de 1915 comenzó a funcionar la
Escuela Anexa, bajo la dirección inmediata de la señorita Ana Flores Vergara.
El 2 de febrero de 1928 se nombró directora de la Normal a la señora Juana Riffo de
Mayorga; pero en septiembre del mismo año se dio una nueva organización a la Escuela,
que desde entonces, y hasta su jubilación en agosto de 1935, quedó a cargo de la señora
Betsabé Hormazábal de Alarcón. Durante este tiempo desempeñó las funciones de
subdirectora la señorita Concepción Calderón.
La señora de Alarcón fue reemplazada por la señora Remedios Bravo Barreira de
Carvacho.
Las escuelas primarias de Angol, en 1921, eran las siguientes:
3 de la 1ª clase: Nº 1 de hombres, Nº 2 y 8 de niñas;
6 de 2ª clase: 3, 4 y 5 de hombres; y 6, 7 y 9 de niñas;
1 de 3ª clase: mixta N°18.
El 27 de abril de 1925 comenzó a funcionar una Escuela Nocturna Municipal para
mujeres.
A1 desaparecer la provincia de Malleco, en 1928, los servicios primarios de Angol
pasaron a depender del Inspector Provincial con sede en Los Angeles. Un Inspector
departamental tenía a su cargo inmediato los departamentos de Mulchén y Angol, con
residencia en aquél.
En 1929 desempeñaba estas últimas funciones don César Pérez Macías; desde 1930,
don Pedro J. Alvarado; y desde septiembre de 1931, don Nabor Cofré Palma, que a1
comenzar el año siguiente estableció su oficina en Angol.
Con respecto a scoutismo, el 9 de septiembre de 1914 se formó la primera Brigada,
denominada "Angol", siendo sus organizadores y primeros mantenedores los señores
Ricardo Muñoz Avalos, Lucas Mellado, Temístocles Conejeros, Eliseo Sepúlveda, mayor
Maximiano de la Fuente, mayor José Luis Avendaño, Armando de Folliot, Dr. Temístocles
Rifo Bustos, Enrique Sánchez Aguilera, Luis M. Martínez González, Enrique Passi Ruiz y
Víctor Sánchez Aguilera.
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don Alfredo del Valle Puga; vice-presidente, don Enrique Sánchez Aguilera; secretario, don
Oscar Urrutia Medina; directores, señores Esteban Guzmán, Antonio Ortega, Emilio Billart,
Luis A. Bobadilla, Santiago Espinace y José 2º Maldonado.
El 2 de octubre de 1922 la ciudad, presidida por el Intendente, hizo un grandioso
recibimiento a1 atleta angolino Benjamín Acevedo Trillat, que en la Olimpiada de Río de
Janeiro se clasificó como campeón latinoamericano en el lanzamiento de la bala,
alcanzando la distancia de 12.27 1/2 metros. La ciudad le obsequió un hermoso laurel de
oro.
Otros atletas destacados de aquel tiempo fueron Elías Catalán y Humberto Scacchi.
El mismo año 22 otro angolino, el capitán Luis Larenas Benavente triunfó en el
concurso hípico de Sao Paolo (Brasil) durante las Fiestas Centenarias. La equitación, el
polo y el paperchase fueron actividades permanentes en una ciudad de espíritu tan militar
como Angol.
El box tenía en 1920 y años siguientes el Centro Caupolicán, cuyo presidente era
Humberto Scacchi. El elemento más destacado en este deporte fue René Valenzuela,
apodado “El Tani”.
La práctica del basquetbol es de fecha relativamente reciente, y sus principales
cultores fueron los miembros de la 2ª Compañía de Bomberos organizada en 1924, siendo
su director deportivo don Federico Sánchez Santana.
La Asociación de Basquetbol se formó a principios de septiembre de 1930. Su
primer directorio lo formaron: Enrique Sánchez Aguilera, presidente; Enrique Scholz, vice;
Manuel Pozo, secretario; Clodomiro Lagos, tesorero; y directores, Federico Sánchez,
Leoncio Salinas, Florentino Castro, Daniel Castro, Exequiel Córdova, Eduardo Lizana y
Eliseo Sepúlveda Aroca. Cada club tuvo un representante en este directorio.
La última rama del deporte que se constituyó fue de ping-pong, cuya Asociación se
formó en junio de 1935. La presidió don Osvaldo Figueroa: don Eduardo Espinoza fue
elegido vice-presidente; y, secretario, tesorero y director, Gerardo Guzmán, Sergio Cortés y
Waldemar Agurto, respectivamente.
El Club de Tiro General Ledesma suspendió sus prácticas a raíz de la recolección de
armas provocada por los sucesos políticos de años anteriores.
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Unidades militares
Desde 1913 hasta enero de 1932 Angol tuvo dos unidades militares, y también
durante la mayor parte de este tiempo fue, asiento de una Brigada de Caballería.
La 4ª Brigada fue organizada por Decreto de 13 de marzo de 1915, y de ella
dependían el Regimentó Húsares y el Batallón de Tren Nº4.
En abril de 1914 se reorganizó la estructura del Ejército. El Batallón de Tren fue
reducido a Compañía y destinado a la ciudad de Victoria. La Brigada de Caballería, que se
denominó 3ª, pasó a tener su sede en Concepción.
La Compañía de Tren, designada ahora con el Nº5, partió de Angol el 10 de junio de
1924. Entre sus comandantes se contaron los mayores Maximiano de la Fuente, Ricardo
Villarroel, Diego Quillén Santana, Víctor Mac-Lean Gabler y Anatolio Sáez Cueto. A1
retirarse de Angol la Compañía era comandada par el capitán Caupolicán Clavel Dinator.
Pero felizmente la misma reorganización militar trajo a Ango1, en 1925, a una de
las baterías del Regimiento de Artillería a Caballo Maturana, que tomó el nombre de Silva
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Renard, Nº3, unidad que poco después se transformó en Grupo. También trajo de nuevo a
Angol la 3ª Brigada de Caballería.
El 18 de septiembre de 1926 la ciudad hizo entrega a1 Grupo Silva Renard de un
valioso estandarte.
La insubordinación de parte de la Escuadra, en septiembre de 1931, que hizo
necesaria la concurrencia a Talcahuano de las unidades militares de Angol, donde tanto el
Regimiento Húsares como el Grupo Silva Renard desenseñaron un papel destacado, con
relieves trágicos para el primero, a lo cual nos referiremos más adelante, determinó el
traslado de la unidad de Artillería a Concepci6n, a donde partió el 8 de enero de 1932. Igual
cosa sucedió con la 3ª Brigada de caballería.
Desde entonces la ciudad de Angol ha continuado guarnecida sólo por el
Regimiento Húsares.
El primer jefe de la Batería Silva Renard fue el capitán René Lardinois, y el
comandante del Grupo en los sucesos de Talcahuano, el teniente coronel don Enrique
Jiménez Gallo.
Comandantes de la 4ª Brigada de Caballería fueron: coroneles Germán Fuenzalida,
Luis A. Cabrera Negrete, Marcos Iturriaga, Benjamín Gutiérrez Vásquez, Rafael Toledo
Tagle, comandante Carlos Oyarzun y comandante José Antonio Villalobos.
Comandantes de la 3ª: teniente coronel Fernando Sepúlveda O., teniente coronel
Arturo Sepúlveda O., coronel Nicasio de Toro, coronel Aníbal Godoy y coronel Roberto
Delgado del Villar.
A1 alejarse de Angol el Grupo Silva Renard, pasó a ocupar el Cuartel Freire el
Regimiento Húsares.
Fueron sus comandantes, desde 1913 a 1936; Enrique Ortiz Wormald, Ambrosio
Acosta, Fernando Sepúlveda O., Nicasio de Toro, Arturo Fuentes Rabé, Roberto Izquierdo,
Rodolfo Oportus, David Fontecilla, Luis Lennon Martínez, Héctor Ovalle Adúnate y
Alfonso Garrido.
En la insubordinación de la Escuadra, a1 Regimiento Húsares correspondió en
Talcahuano un peligroso papel a1 dominar a los insurrectos del Apostadero Naval.
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Sor Sebastianis, que tanto había contribuido a1 progreso del Hospital, abandonó la
ciudad de Angol a principios de 1923.
Finalmente, a fines de octubre de 1930 quedó instalada la sección de Rayos X.
El edificio se hacía estrecho para las actividades y atenciones hospitalarias.
Felizmente en 1935 pudo hacerse la construcción de nuevos pabellones, los que fueron
terminados a mediados de noviembre.
Ya hemos hablado, en otra parte de esta obra, de Sor Hilaria, fallecida el 26 de
diciembre de 1915.
Sor Tecla, otra abnegada monja que durante veinte años sirvió al Hospital de Angol,
cuidando especialmente a los enfermos de viruela y tifus exantemático, falleció en
Cauquenes, víctima de este último mal, en septiembre de 1920.
Durante este tiempo, un grupo escogido de médicos contribuyó a poner a1 Hospital
de Angol en un envidiable estado de eficiencia. Entre ellos debemos recordar a1 Dr.
Alfredo Madrid Daguet, llegado a la ciudad en agosto de 1918, y fallecido prematuramente
el 31 de agosto de 1931. El Dr. Madrid logró conquistarse el cariño de todos los angolinos
por la forma apostólica con que cumplió su ministerio.
Los otros médicos abnegados de este tiempo fueron los doctores Oscar San Martin,
llegado en enero de 1919; Alfredo Demaría, otro apóstol de su profesión, que ejerció el
cargo da medico de ciudad; y Julio Méndez Roa.
En 1914 se presentó por última vez la epidemia de viruela con caracteres
alarmantes. Los primeros casos, que fueron numerosos, se produjeron durante el mes de
junio; pero fue aumentando poco a poco hasta adquirir caracteres graves en septiembre. Fue
la despedida de la viruela como epidemia en Angol.
La Cruz Roja se organizó, por segunda vez, con motivo de otra conmoción nacional:
la movilización de tropas a1 Norte en 1920, con la cooperación y dirección técnica de los
Drs. Alfredo Madrid y Oscar San Martin, y con miras a ser auxiliar del Ejército.
El 26 de agosto se eligió el siguiente directorio: presidenta, señora María de
Sepúlveda; vice-presidenta, señorita Laura Conejeros B.; secretaria, señorita Marina
Conejeros B.; tesorera, señorita Benicia Elgueta; directoras, señoras Isabel Serrano de
Figueroa Unzueta, Clara de Elgueta y Filomena de Larraguibel.
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Con respecto a los servicios policiales, la Policía de Seguridad se mantuvo con este
nombre hasta el 1º de mayo de 1925, en que se formó el Cuerpo de Carabineros de Chile.
En junio del mismo año se constituyó el Grupo Angol, que comprendió toda la
provincia; pero el 5 de marzo de 1928 se dictó el Decreto que creó las Prefecturas.
En julio de 1914 la Policía de Angol contaba con 68 miembros.
En 1921, mes de mayo, fue nombrado Prefecto, en reemplazo de don Onofre Vera,
don José Dolores Ríos, quien fue retirado a raíz de sucesos políticos en julio de 1924,
reasumiendo su cargo en octubre del mismo año, confirmado por la Junta de Gobierno que
presidia el general Altamirano.
Además, fueron Prefectos: don Adán Castro G., en agosto de 1925; don Osvaldo
Pazols, en diciembre de 1925; don Anacleto Vega, en junio de 1927; don Enrique Vargas
Rojas, en el mismo año; don Pedro Améstica, en enero de 1928. Comisarios: don Carlos
Díaz Vargas, en agosto de 1930, y don Carlos Peragallo en septiembre de 1932.
Con respecto a1 nuevo cuerpo de "Carabineros de Chile", creado el 1º de mayo de
1925, debemos dejar constancia de que en mayo de 1927 fue nombrado comandante
general de él el coronel don Fernando Sepúlveda Onfray, distinguido militar hijo de Angol.
por don Ricardo Valdivia, que fue trasladado a la gerencia de Valparaíso el 19 de agosto de
1936.
Durante su larga estada en Angol, el señor Valdivia se distinguió por su entusiasmo
en obras de progreso, de caridad y de bien general.
A fines de 1925 esta oficina bancaria, como todas las del país, debió cerrar sus
puertas durante nueve meses, reabriéndose el 31 de julio de 1926 con el nuevo nombre de
Banco Español-Chile.
En julio de 1927 comenzó a funcionar en Angol una oficina de la Caja de Crédito
Agrario, cuyo primer jefe fue don Domingo Alarcón.
Con respecto a actividades agrícolas, la ciudad, y su región, se han distinguido por
su producción frutícola y lentejera de alta calidad, especial para la exportación.
A fin de explotar en forma más racional estos productos, el 26 de febrero de 1930
los agricultores organizaron dos Cooperativas: una Frutera y otra Lentejera.
La primera de ellas tuvo un capital inicial de $21.300, dividido en 213 acciones de
$ 100 cada una. Fue presidida por don Carlos Bordeu Alemparte, actuando como directores
los señores Temístocles Conejeros M., Elbert E. Reed, Manuel Cortés Cortés y Domingo
Maturana.
La Lentejera tuvo un capital de $105.000, con 350 acciones de $300 cada una,
presidida por don Marco A. Rioseco, asesorado por los consejeros señores Nilo Miranda,
Alfredo Soto Bunster, Alejandro Rivera C. y Carlos Bordeu.
La producción lentejera era entonces de 35 mil quintales.
Durante los días 19, 20 y 21 de abril de 1930 se efectuó la Exposición Frutícola de
Angol, que fue realzada con la presencia del presidente de la República don Carlos Ibáñez
del Campo.
Además de la Exposición misma, con sus secciones de frutas, semillas, horticultura
y apicultura, hubo bailes, juegos populares, iluminaciones, corridas de vacas, etc. Las
fiestas culminaron con un gran banquete que fue servido en el gimnasio del Liceo de
Hombres.
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Sociabilidad. Entretenimientos
Durante este periodo de la vida de Angol nació el Rotary Club, el 15 de mayo de
1927, institución formada con fines altruistas, y que reúne en su seno a los representantes
más destacados de las diversas actividades de un pueblo.
El presidente del primer directorio fue don Domingo Maturana; secretario, don
Ricardo R. Rivas. Otros presidentes fueron: don Luis Cortes Allende, el Dr. don Oscar San
Martin, el Juez don Roberto Larraín y don Germán Decher Geisse.
Hemos visto que los primeros espectáculos de cine eran proporcionados por
compañías que iban de pueblo en pueblo ofreciendo esta novedad.
Las primeras instalaciones permanentes que hubo en Angol las tuvieron los señores
José 2º Maldonado, en 1913, y Reginio del Villar, en septiembre de 1914, concesionarios
del Teatro Municipal.
Don Reginio del Villar, hijo de Angol, fue un hombre popular en tierras propias y
extrañas, pues por sus espectáculos teatrales novedosos llegó a ser considerado como el
primer "ilusionista” de América del Sur.
Durante sus últimos años se radicó en Linares, ciudad de la cual fue 1er alcalde.
Falleció allí el 30 de marzo de 1930.
El cine sonoro se conoció por primera vez en Angol a principios de 1931, con un
equipo Vry que pasó la película "Las alegres coquetas modernas".
En junio del año siguiente, el 18, el empresario del Teatro, don Carlos Guillón,
estrenó un aparato sistema Movietone, con el cual pasó "El poderoso de Mary Dugan".
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Enrique Vergara Betancourt, el senador don Hernán Figueroa Anguita y el Gobernador don
Juan J. Hidalgo.
La Ley entró en vigencia el 15 de abril, y antes de esa fecha, mediados de febrero,
permutaron sus cargos los Gobernadores de Mulchén y Angol, señores Aníbal Soto Bunster
y Juan J. Hidalgo, respectivamente; pero el 15 de abril llegó a asumir las funciones de
Intendente don Florencio Martínez Andreu. Se nombró, secretario interino a don Gonzalo
Tara Bisquert.
Otros funcionarios provinciales fueron:
Abogado Provincial, don Jorge Miranda Smith.
Jefe Provincial de Sanidad, Dr. Julio Méndez Roa.
Ingeniero de Provincia, don Francisco Villalobos.
Dentista Escolar Provincial, don Carlos Mena Brücher.
Agrónomo Provincial, don Baldomero Guardiola.
Prefecto de Carabineros, comandante Aníbal Alvear Godoy.
Ingeniero Provincial de Caminos, don Evaristo Barrios.
Jefe Sanitario Provincial, Dr. Reinaldo Rebolledo.
Jefe Provincial de Identificación, don Luis Carvajal.
Inspector Provincial de Educación, don Pedro J. Alvarado Bórquez
Tesorero Provincial, don Benedicto Fernández.
Veterinario Provincial, don Manuel Kornblit G.
Estos servicios de carácter provincial fueron creándose poco a poco, durante 1937 y
1938.
En las elecciones parlamentarias efectuadas el 7 de marzo de 1937 resultó reelegido
como diputado don José Luis Osorio, activo defensor de los intereses angolinos.
Hasta 1940, otros funcionarios: Secretaria del Juzgado, señora María P. de Herrera,
agosto de 1937; Rector del Liceo, don Leocadio Riquelme Becerra, septiembre de 1937;
Comandante de Húsares, teniente coronel Fernando Carvallo; Secretario municipal, don
Alfredo Canto Ortiz, enero de 1937; el mismo cargo, don Oscar Muñoz Moraga, marzo de
1938; Rector del Liceo, don Manuel Manrique Durán, marzo de 1938; Secretario de la
Intendencia, don Teobaldo Ugarte, mayo de 1938; Secretario municipal, don Juan
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Miranda, Correa, Augusto Silva Acevedo, Francisco Acevedo Trillat, Víctor L. Villouta
Sanhueza, Roberto Melo Fuentealba y Alfredo Rengifo Moller.
Municipalidad constituida el 21 de mayo de 1950: alcalde, Víctor L. Villouta
Sanhueza: regidores, Fabián Morales F., Enrique Rojas Plaza, Néstor Strube Paris, Felidor
Cea Aguayo, Gumersindo Medina Valenzuela, Eduvigis Moraga Muñoz de Sandoval,
Francisco Acevedo Trillat y Nabor Cofré Palma.
Municipalidad constituida el 17 de mayo de 1953: alcalde, Víctor L. Villouta S:
regidores, Eduvigis Moraga M. de Sandoval, Edilberto Cerna, Juan F. Seguel B., Romilio
Sanhueza, Felidor Cea, Alfonso Merino, Fabián Morales F. y Wellington Miranda Correa.
En julio de 1938, a iniciativa del alcalde de la Comuna, se comenzó a formar la
Biblioteca Municipal, con la cooperación de la Unión de Profesores y con fondos
municipales y de funciones a beneficio.
El Presupuesto Municipal en 1953 es el siguiente: Ingresos ordinarios, $6.065.596;
Extraordinarios, $3.109.222; Especiales, $760.
Además de los servicios corrientes en las Municipalidades, la de Angol ha creado,
aparte de un servicio médico veterinario, uno de Bromatología, que está a cargo del
farmacéutico-químico don Francisco Sandoval Pacheco.
La Municipalidad de Angol, cuyo alcalde durante cuatro de los últimos periodos ha
sido don Víctor L. Villouta, ha hermoseado y saneado la ciudad. La Plaza de Armas puede
ser reputada como una de las más hermosas del país.
Las oficinas municipales funcionan en un cómodo edificio, en el cual también se
construye el Teatro Municipal.
Angol se ha modernizado últimamente a raíz de dos sucesos trágicos: los terremotos
del 24 de enero de 1939 y 19 de abril de 1949.
Aunque el primero de los nombrados afectó principalmente a las provincias de
Ñuble y Concepción, los daños ocasionados en Angol fueron cuantiosos, pues el sismo
produjo aún dos muertos, y quedaron 17 personas heridas. Muchas casas quedaron
seriamente deterioradas, algunas inhabitables, como el Liceo de Hombres, la Cárcel, el
Juzgado, el Cuartel de Carabineros, el Hospital, etc.
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En 1948 falleció el diputado por Malleco don José Luis Osorio Navarrete, que
brillantemente defendió los intereses de la provincia.
El señor Osorio era angolino y, después de recibirse de abogado en 1918,
desempeñó aquí cargos públicos importantes, como los de secretario de la Municipalidad,
de la Intendencia y Juez de Policía Local. Además, mantuvo el periódico El Malleco y la
revista literaria Araucanía.
El diputado Osorio se hizo acreedor a la gratitud de Angol, y de Malleco, por su
vigorosa actividad tendiente a restaurar la provincia.
El señor Mejías es un técnico gráfico que llegó a Angol en 1921, donde trabajó,
sucesivamente, en El Colono y El Malleco. Su principal cooperador ha sido el antiguo
periodista don Ruperto Ross.
En octubre de 1947 apareció El Regional, dirigido por el abogado don Humberto
Rivera Vega, que duró cinco años, pues desapareció en noviembre de 1952. En él
colaboraron: el escritor José Elías Bolívar Herrera, Luis Jara Sánchez y Jorge W. Méndez
Espinoza.
Finalmente, el 17 de septiembre de 1952 vio la luz pública otro periódico
denominado El Malleco, cuyo editor propietario es don Héctor Aquevedo Zúñiga, ex
empleado de El Colono en sus últimos años.
En 1946 se formó el Círculo de Periodistas de Angol, cuyo directorio actual es el
siguiente: presidente, don Dagoberto Alarcón F.; vice-presidente, don Enrique Gerias R.;
secretario, don Caupolicán Cerda A.; tesorero, don Leonardo Belmar M.; director, don
Sigifredo Arancibia.
Bajo los auspicios de esta entidad periodística, se fundó, en 1952, el Círculo de
Periodistas y Corresponsales de Malleco, presidido también por don Dagoberto Alarcón F.
Ambas instituciones han colaborado eficazmente en la solución de importantes
problemas locales y de la provincia.
La Asociación de la Cruz Roja de Angol, fundada a iniciativa de la Liga Femenina
de Acción Social, celebró su sesión constitutiva el 22 de junio de 1946, y fue reconocida
oficialmente por el Comité Central de la Cruz Roja Chilena el 20 de agosto de ese año.
La Cruz Roja mantiene un dispensario para la atención de las clases menesterosas;
ha organizado un cuerpo de dadores de sangre y campañas en pro de la salud pública; y
forma personal preparado para actuar en caso de calamidades nacionales.
Su directorio actual es el siguiente: presidenta, señora María Sylvester de Sánchez;
vice-presidenta, señora Fidelia Garriga de Decher; secretaria, señorita Teresa Partarrieu
Navarrete; pro-secretaria, señora Lily Bunster de Brandenberg; tesorera, señorita Elsa
Rodríguez Verdejo; pro-tesorera, señora Olga Brown de Collins; directoras, señoras Olga
Alemparte de Cruz, Eduvigis Moraga de Sandoval, Raquel Bustos de Musre, Cristina
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