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El Ser Humano Es Un Animal Dialógico: DÍAZ HERNÁNDEZ, Carlos, Soy Amado..., E.c., I, 234. CFR., Ibid., I, 237

El documento discute que el ser humano es un animal dialógico y que el diálogo es fundamental para las relaciones interpersonales. Explica que existen cuatro niveles de conversación humana, desde conversaciones superficiales hasta el diálogo profundo. También ofrece doce pautas para aprender a manejar y resolver conflictos de manera constructiva a través del diálogo y la escucha mutua, como reconocer la igualdad del otro y ser sincero.
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El Ser Humano Es Un Animal Dialógico: DÍAZ HERNÁNDEZ, Carlos, Soy Amado..., E.c., I, 234. CFR., Ibid., I, 237

El documento discute que el ser humano es un animal dialógico y que el diálogo es fundamental para las relaciones interpersonales. Explica que existen cuatro niveles de conversación humana, desde conversaciones superficiales hasta el diálogo profundo. También ofrece doce pautas para aprender a manejar y resolver conflictos de manera constructiva a través del diálogo y la escucha mutua, como reconocer la igualdad del otro y ser sincero.
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EL SER HUMANO ES UN ANIMAL DIALÓGICO

El diálogo es el cauce privilegiado para las relaciones interpersonales. Ser racional


es ser relacional y comunicativo. De hecho, la educación moral exige una educación para
las relaciones y para la comunicación. Las relaciones comunicativas constituyen la médula
de lo específicamente humano.
En cuanto humanos, somos tanto elocuentes como oyentes, comunicativos, y más
específicamente, dialógicos. Nuestra palabra deviene diálogo y acción comunicativa en la
que intervienen múltiples emisiones susceptibles de comprensión. En fin, somos encuentro
conversado, somos conversación y diálogo. Y, como éste es cosa de dos, si hay más de dos,
hay que hacerlo de dos en dos, no todos a la vez. Inclusive, si ser humano es ser racional, y
ser racional es ser comunicativo, entonces ser humano es ser comunicativo. En efecto, lo
humano implica una búsqueda solidaria y cooperativa de la verdad, a tal punto que “verdad
1
que no se busca solidariamente, [...] es menos verdad” .

Es posible distinguir cuatro niveles cualitativos de conversación humana:

1°) La conversación tópica está animada simplemente por la cortesía y la formalidad. Por
ejemplo, los saludos convencionales que intercambiamos diariamente. Así pues, si alguien
pregunta cómo estamos no espera que le expliquemos nuestros problemas.

2°) La conversación sobre el mundo es instrumental, hablamos sobre los otros y sobre lo
real sin compartir explícitamente nuestra intimidad.

3°) La conversación desde sí mismo implica expresar mis ideas, opiniones, decisiones,
sentimientos y deseos, entre otras situaciones personales; es decir, muestro mi intimidad.

4°) La conversación con, exige interacción comunicativa e interpersonal mutua. A este


nivel es al que se le puede llamar diálogo en sentido estricto. Inclusive se muestra lo que
pienso de ti, y el tú además de escuchar responde desde sí mismo y es escuchado. En este
nivel no se excluyen los sentimientos y los argumentos. Desde esta perspectiva, se puede
decir que los sentimientos son pensamientos todavía no formulados explícita y
temáticamente; y que los pensamientos son sentimientos expresables de modo plausible, o
lo que podría ser lo mismo, que los argumentos son sentimientos expresados racionalmente.
Es más, dar la propia palabra es darse uno mismo. Por tanto, cada acción comunicativa es
una autoentrega.

En cualquier caso, son muy importantes estas tres indicaciones: a) que tus palabras sean
mejores que tus silencios; de lo contrario, calla. El silencio es el mejor sepulcro de las
palabras estériles. b) Promete sólo lo que puedas hacer, y haz luego más y mejor de lo que
prometiste. c) Que tú sepas algo bien no quiere decir que los demás sean tontos. d) Quien
2
más sabe, sabe escuchar .

1
DÍAZ HERNÁNDEZ, Carlos, Soy amado..., e.c., I, 234.
2
Cfr., Ibid., I, 237.
Quien mal habla, oye peor. Si cada uno se escuchara más a sí mismo cuando habla,
probablemente hablaría menos; y si escuchara mejor a los demás, aún hablaría menos. A
continuación se ofrecen algunas sugerencias para eludir algunos tropiezos que, manejados
inteligentemente, resultan insignificantes. Cada tropiezo corresponde a un tipo diverso de
interlocutor con el que uno interactúa:

a) Al tipo ideal, valioso, seguro de sí y dispuesto a ayudar, pídele habitualmente su


aportación y dale las gracias.
b) Al buey mudo, que se sitúa al margen de la conversación, pídele su opinión indicándole,
sin exagerar, lo valiosa que nos resulta su experiencia.
c) Al enredoso dile que estarías encantado de discutir el asunto con él en privado.
d) Al pedante, que presume de omnisciencia, dile: «he ahí un punto de vista interesante,
veamos qué piensa el grupo».
e) Contra el problemático, atrinchérate tras la falta de tiempo.
f) Ante el charlatán, observa continua y ostensiblemente el reloj mientras él habla.
g) Al oportunista, que intenta utilizarte, hazle saber con sutileza que te das cuenta de su
actitud.
h) Al manipulador, que pretende ganarse tu apoyo, defínele irrevocablemente tu posición
desde el primer momento.
i) Al prepotente, llámale severamente la atención de una sola vez, pues más vale ponerse
rojo una vez que mil amarillo.
j) Al fanático y al dogmático, dile cada vez que radicalice su postura: «Nada es siempre,...
todo es a veces».
k) Al perezoso, no le permitas apropiarse del fruto del trabajo ajeno.
l) Al distraído, pídele su opinión sobre la última aportación de otro.
m) Al altivo de cuello duro, dile: «Sí, pero...».
3
n) Al payaso del grupo hazle notar públicamente que no toda la función es circo .

No obstante, la comunicación a veces se vuelve conflictiva. Nadie ha dicho que sea fácil
dialogar. Incluso, los conflictos son fértiles si saben manejarse inteligentemente, dejando a
un lado los garrotes y las piedras; es decir, encauzándolos civilizadamente. Lo fácil es
dialogar con interlocutores razonables, con una cabeza de hielo y un corazón de fuego. Por
tanto, si alguien nota que la otra persona no tiene la capacidad para sostener un diálogo
honorable, más vale no comenzar. Con esta finalidad, hay que proponer ahora algunas
pautas que sirvan como faro en la espesa lobreguez de los conflictos.

DOCE PAUTAS PARA APRENDER A MANEJAR Y


RESOLVER CONFLICTOS
1. Primera: Reconoce la igualdad del otro como interlocutor

Reconoce su dignidad personal. Considera que lo que te puede decir será


interesante. Si quieres dialogar en serio no supongas que tu interlocutor nada tiene que

3
Cfr., Ibid., I, 250-252
aportar. Ábrete a la posibilidad de obtener con él un consenso que sea fruto de un diálogo
sincero y respetuoso, plausible para ambos y, tal vez, universalizable. Reconoce su
condición de interlocutor válido, es decir, capaz de participar con palabras, acciones y
argumentos en el mejor de los casos.

Solamente dialoga quien está seriamente interesado en la verdad. Esto implica la


posibilidad de tomar postura con un sí o un no razonables, porque manifestar el propio
disenso es un signo de respeto a sí mismo y al otro. En efecto, el interlocutor no es un
estratega camaleónico ni un oportunista; es decir, no es un Cantinflas resbaloso que utiliza
expresiones lubricadas con vaselina. Quien dialoga en serio está dispuesto a escuchar para
razonar su posición si no lo convencen los argumentos del otro, o para modificarla si le
convencen.

La verdad no es sólo tuya, ni sólo mía. Nadie tiene toda la verdad ni toda la mentira. La
verdad se busca de modo cooperativo. Por ello, hay que respetar las siguientes reglas
dialógicas:

a) Ningún interlocutor debe contradecirse.


b) Cualquier interlocutor que atribuya un predicado B a un sujeto A, debe estar dispuesto a
atribuir B a cualquier sujeto C similar a A, al menos en sus aspectos más relevantes.
c) Los diversos interlocutores deben descartar toda expresión equívoca.
d) Un interlocutor debe afirmar sólo lo que puede probar como verdadero.
f) Ninguno debe cambiar de tema, y quien introduzca un tema distinto debe justificarlo
argumentativamente.
g) Todo interlocutor capaz de lenguaje humano y de acción puede participar en el
procedimiento como interlocutor válido
h) Todo interlocutor válido puede argüir cualquier propuesta.
i) Todo interlocutor válido puede presentar sus propuestas y sus necesidades de manera
comunicativa.
j) Nadie debe impedir que otro interlocutor válido haga valer sus derechos implícitos en las
reglas anteriores mediante coacciones que propicien una comunicación distorsionada
bajo la insignia de la mentira, la desigualdad o la manipulación. Si durante el diálogo
alguno se siente intimidado por el otro, dígaselo y exija que se le permita decir lo que
piensa sin ser interrumpido.
k) Cuando nos equivoquemos hay que reconocer con modestia cuánto ignoramos. Para este
propósito sirve este principio de falibilidad: «Quizá yo esté equivocado y quizá tú tengas
razón; pero, desde luego, ambos podríamos estar equivocados». En lugar de insistir en
que tienes la razón más vale admitir que puedes estar equivocado. También sirve al
respecto el siguiente principio del diálogo racional: «Sin ningún tipo de revancha
personal hay que poner a prueba nuestras razones. Esta actitud crítica forma parte de
nuestra responsabilidad intelectual».

Todos somos falibles, y de hecho algunas veces nos hemos equivocado. Hay que atender a
las siguientes pautas sobre el error:

a) Es imposible evitar todos los errores.


b) Para evitarlos, debemos ser conscientes de la dificultad que eso encierra.
c) Nuestra tarea más honesta no es ocultarlos, sino buscar tales errores, especialmente cada
uno en sí mismo con capacidad autocrítica.
d) Debemos cambiar nuestra actitud ante el error.
e) Hemos de aprender de nuestros propios errores.
f) Hay que aprender a aceptarlos, incluso con gratitud.
g) Necesitamos a los demás para descubrir nuestros errores, y cuanto más diferentes sean
los demás, más los necesitamos para este fin. Que otros hayan elegido un camino
distinto al nuestro, no significa que estén perdidos. No existe un solo camino por el cual
se pueda llegar a la misma meta.
h) La autocrítica es la mejor, pero la crítica que viene de los demás nos es imprescindible.
i) La crítica no es para herir; por ello, debe hacerse con cariño y dirigida a las acciones, no
a la persona.
j) Señala los errores, pero trata con cariño a quien se equivoca.
k) Abre un espacio de libertad para que los demás piensen y se expresen, e incluso, cuando
no estés de acuerdo con una opinión dí, como Voltaire: «No comparto su opinión, pero
defenderé hasta la muerte su derecho a expresarla».
l) Durante el diálogo haz todo lo posible para que tus relaciones sean mejores que antes de
dialogar.

2. Segunda: Confía, sé sincero y creíble, sin estrategias de manipulación instrumental

Para confiar hay que captar los valores de la otra persona, especialmente su
credibilidad, porque «confiar es descansar en ti, sin agobiarme en mí». Hay que evitar el
agobio de la parábola del martillo, según la cual, un hombre necesitaba un martillo para
fijar un clavo en la pared. Así pues, fue a pedírselo prestado al vecino. Pero al tocar la
puerta de a lado, desconfió de su vecino porque, tal vez éste, después le iba a pedir otro
favor en compensación y esto le puso furioso. Por ello, cuando le abrieron la puerta
exclamó: «¡Es el colmo! ¡Métete el martillo donde te quepa, idiota!». Además, evita las
estrategias de manipulación; por ejemplo, si te dejas arrastrar por las opiniones que otros
han manifestado corres el riesgo de malinterpretarlas y de no ser franco y libre en tu propia
postura.

3. Tercera: Conócete a ti mismo

La célebre expresión de Esquilo «gi/gnwske sauto\n4» implica también encontrarse


a sí mismo. La imagen que uno tiene de sí mismo determina el éxito o el fracaso de cada
una de nuestras batallas. Es importante lo que uno sabe acerca de sí mismo, el modo como
uno se percibe y se quiere porque vemos desde lo que sabemos y desde lo que queremos.
Hay que saber mirar y saber mirarse. Al respecto, tendremos que aprender a manejar
artísticamente nuestra cámara fotográfica para que las fotografías de uno mismo poco a
poco vayan mejorando, siendo conscientes que tanto el exceso como el defecto de luz
distorsionan nuestra imagen. Por otra parte, el yo no se deja aprisionar por ninguna
fotografía. Siempre hay matices de expresiones espontáneas que no se alcanzan a capturar
pues no se ha inventado aún una cámara que fotografíe la intimidad del alma. Eso es lo que
hay de descubrir para encontrarse a sí mismo. Sólo entonces uno posee una mansión para
4
ESQUILO, Prometeo (Bibliográfica Española, Madrid 1944) 25, verso 309.
morar con dignidad como un reflejo inconfundible y hum(inum)ano de la
hum(inuman)anidad5.

Para conocerse a sí mismo es necesario el diálogo que ayuda de descubrir lo que uno no
termina de percibir en solitario. No obstante, es absurdo que alguien haga depender su
equilibrio y su paz interior de la expectativa de que los demás cambien, porque es más fácil
calzarse bien el zapato que alfombrar toda la tierra. En efecto, ya que no se puede
complacer a los demás en todo, uno debe buscar únicamente no avergonzarse ante su propia
conciencia.

Hay que ir profundizando en las cuatro facetas del yo: el yo abierto, el yo oculto, el yo
ciego y el yo desconocido. Véase el siguiente gráfico

yo abierto yo ciego

yo oculto yo desconocido

El yo abierto es lo sabido por mí y por los demás. El yo oculto es lo sabido por mí, pero
ignorado por los demás. El yo ciego es lo sabido por los demás, pero desconocido por mí
mismo. Y, el yo desconocido, escapa tanto a mí como a los demás. Para ir conquistando un
ámbito cada vez más consciente acerca de mí mismo resultan útiles los siguientes
principios:
 A mayor ensanchamiento del primer cuadrante, mejor la comunicación
interpersonal.
 Cuánto más pequeño el primer cuadrante, más pobre la comunicación interpersonal.

4. Cuarta: Expresa inteligentemente tus sentimientos

La verdad se mantiene viva cuando habita en un corazón que ama. La inteligencia


razona para proponerse objetivos, para esclarecer el planteamiento de los problemas, para
hacer inteligible su propuesta ante cada interlocutor, para enviar mensajes propositivos.
Lucha contra la comunicación distorsionada y se libera de la susceptibilidad defensiva. Se
dispone a tomar el diálogo en serio, por eso se atreve a perdonar.

Quien expresa inteligentemente sus sentimientos manifiesta lo que le está pasando, sin el
equívoco lenguaje de pedir ayuda con medios errados. De lo contrario, ¿quién estará
obligado a entenderle? En efecto, precisa lo que siente, porque reconoce que nadie es
consciente de lo que siente si no le pone nombre. Así, busca un equilibrio entre los
conceptos y sus sentimientos. No basta con imaginarse un diálogo porque un diálogo sin
expresión está muerto.

5
Cfr., DÍAZ HERNÁNDEZ, Carlos Soy amado..., e. c., I, 55.
El diálogo vivo desborda las palabras. Dicen más las actitudes, las expresiones corporales,
los gestos, las pausas y las caricias. Las expresiones implícitas comunican mucho más que
las palabras, sobre todo ante quien sabe leer lo que hay detrás, en las connotaciones del
lenguaje. Muchas personas van perdiendo paulatinamente el énfasis de las reacciones
emocionales intensas que tenían en la infancia. Contra esa atrofia hay que expresarse con el
rico lenguaje del cuerpo. A veces, incluso, hay que aprender a llorar y a gritar con los hijos
o con los alumnos, no contra ellos.

No obstante, los sentimientos ciegos nos acechan. Por ejemplo: Para seleccionar una
secretaria personal pueden emplearse muchos tests y al final tomar la decisión
frenéticamente con el aleteo del colibrí emocional. Así sucedió en una empresa. La última
pregunta del test era esta: ¿cuánto es dos y dos? Las tres chicas seleccionadas respondieron
respectivamente: «cuatro», «veintidós», y «pueden ser cuatro o veintidós». La primera
respuesta es obvia y muestra una mentalidad simple. La segunda es típica de una persona
prudente que intuye la trampa de la pregunta. Y la tercera muestra flexibilidad, cautela y
capacidad diplomática y conciliadora. Un hombre inteligente hubiera optado por la tercera
chica como secretaria personal. Sin embargo, hay ejecutivos que piensan con el corazón y
resuelven con las hormonas gonádicas. Les gusta preguntar, simulan pedir consejo, gastan
recursos en estudios técnicos; y después, deciden de acuerdo a su gusto o estado de ánimo.
En esta caso, el ejecutivo simplemente resolvió sin dudar: «Me quedo con la rubia de ojos
azules». Los sentimientos inteligentes se protegen de la inconstancia sentimental y del
aleteo frenético del colibrí emocional. José Antonio Marina le ha llamado a esa actitud
«dejar que la inteligencia creadora fecunde el ingenio y que nos guíe a través del laberinto
sentimental».

5. Quinta: Evita los «mensajes-tú» acusativos

Lo malo de decir siempre lo que uno siente es que muchas veces ‘siente’ haberlo
dicho. Así pasa con los «mensajes-tú» acusativos, que son aquéllas advertencias directas
contra el tú, y que son fuentes de nuevos conflictos. Por ejemplo: «¡cállate!», «¡déjame en
paz!», «¡lárgate!», «¡contigo no se puede hablar!», «¡véte a la @$#!», «¡vales pura @$#!».

6. Sexta: Utiliza los «mensajes-yo» autoexpresivos

Estos mensajes son autoexpresiones que ponen de manifiesto el motivo del


problema pero sin herir, sin amenazar o culpabilizar, ni ordenar a la otra persona lo que
debe hacer. Por ejemplo: «¡Juan, hay demasiado ruido y no me puedo concentrar!», «¡Me
siento aturdido con tantos gritos!», «¡Siento que a nadie le importa nuestra familia!», «¡No
te he entendido bien!», «¡Creo que no me he explicado bien!». Habla a título personal,
responsabilizándote de lo que dices y piensas en lugar de esconderte en el colectivo
‘nosotros los hombres’, ‘nosotras las mujeres’, ‘nuestra familia’, o ‘nuestra comunidad.
Utilizar los colectivos equivale a esconderse en los otros para manipular nuestros
sentimientos u opiniones.
7. Séptima: Aprende a escuchar

Muchas veces algunos acuden a ti, no para que les soluciones sus problemas, sino para
que los escuches. ¿Qué no debes hacer?:
 No grites, pues los amplificadores refuerzan la voz, no las razones. En vez de eso,
mejora la calidad de tus argumentos.
 No repliques antes que el otro termine de hablar.
 Mientras hable, escúchale, en lugar de estar pensando en lo que vas a reprocharle.
 No lo sometas ni humilles. Aunque lo hagas callar, eso no implica que lo hayas
convencido.
 No lo ridiculices con sarcasmo ni acentúes sus defectos.
 No armes conflictos con la intención de atraer la atención del otro.
 No condenes su persona ni prejuzgues sus intenciones, más bien reprende sus
acciones.
 Evita las comparaciones; éstas resultan tan inútiles como bañar a un pez.
 No utilices la ley del embudo, que consiste en apropiarse para uno la razón ancha y
conceder a los demás sólo una razón estrecha.
 No incluyas en la discusión problemas pasados ni asuntos ya discutidos y que no
han tenido solución.
 No des golpes bajos.
 Con tu pareja, jamás se vayan a dormir peleados.

¿Qué debes hacer?


 Escuchar con solicitud: incluso hay que saber leer en el tono o timbre del
interlocutor, y sus claves no verbales, es decir, sus posturas, gestos, movimientos y
silencios.
 Deja que termine de exponer su punto de vista aunque te moleste lo que está
diciendo.
 Haz una pausa antes de contestar.
 Antes de responder, haz preguntas para verificar si has entendido el mensaje.
 Delimita el problema y mantente en el tema sin salirte de él. Precisa muy bien las
quejas que tienes contra el otro. Y agrega a cada una el cambio que implica de cada
una de las partes en conflicto.
 Si los ánimos se avivan suspende el diálogo por un tiempo, pero deja la puerta
abierta para continuar una buena relación.
 Cuando escuches al otro, trata de comprender lo que te quiere decir y porqué.
 Es muy útil grabar el diálogo, sobre todo si es una discusión, para analizar con más
objetividad lo que realmente expresamos.
 Reconoce la parte de responsabilidad que tienes en el origen del conflicto y en la
solución que propones.
 Quienes los han visto pelear tienen derecho a verlos reconciliarse.
 Sé discreto, respeta lo que sea confidencial.

8. Octava: Toma una actitud asertiva


Ser asertivo significa combatir el pesimismo sin dejarse derrotar. Las dificultades
son habituales en nuestra vida. Lo que para otros parece un problema o una barrera
insuperable, para un asertivo se convierte en desafío u oportunidad. El asertivo reconoce
que la vida toma forma con los martillazos del sufrimiento sin hacerse la víctima porque se
da cuenta de que hay muchos que sufren más por querer sufrir menos. El asertivo admite
con realismo que vivimos en un mundo imperfecto pero no se deja vencer; más bien
propone soluciones alternativas en las que no haya vencedores y ni vencidos, sino en las
que todos ganen.

9. Novena: Sé franco y veraz

Se puede ser suave en el modo, pero firme en la exigencia. Quien es veraz, reconoce
cuando se ha equivocado. Sabe decir lo oportuno a quien puede entenderlo. Calla aquello
que puede herir. Sin mentir, no revela toda la verdad, reconociendo que el amor es la
medida de la verdad, y que por tanto, sólo hay que decir aquello que se puede expresar con
cariño.

10. Décima: Reconoce con cariño tus límites

La burbuja narcisista es peligrosa. Todos podemos cometer errores en el diálogo.


No reconocer esto puede llevar el riesgo ilusionarse con el mito del dialogante indefectible.
“Una buena manera de descubrir tus propios defectos consiste en observar qué es lo que te
6
irrita de los demás” . Solamente si te quieres como eres, podrás cambiar. Por ejemplo,
aprenderás a ser inteligentemente flexible, en lugar de intransigente. Tú decides si quieres
construir puentes o muros con las piedras que te lanzan los demás. Si sólo sabes decir «yo-
mi-me-conmigo», ¡sal de la cárcel de tu egoísmo!, ¡desciende de tu soberbia torre de
marfil!, pues los peores grupos son los que están compuestos por un solo hombre. La
soberbia nos hace invidentes ante nuestros defectos.

11. Undécima: Da el primer paso para solucionar el conflicto

Toma la iniciativa. Si te has equivocado, díselo al afectado. Asume la


responsabilidad de tus errores sin esconder la mano, ésa es la mejor estrategia; la peor es
culpar a los demás. Si desde el principio muestras un gesto hospitalario eso vale más que
las simples palabras; por ejemplo con la siguiente actitud: «Amigo, no sé quién de los dos
ha tenido la culpa, pero no estoy dispuesto a perder el tiempo en averiguarlo. Si la culpa ha
sido mía, te pido perdón; si ha sido tuya, olvídalo, te perdono».

12. Duodécima: Cada uno de nosotros es más grande que sus errores
6
Ibid., I, 299.
Eres valioso, aun cuando te equivoques. Si has ocasionado algún problema, eso no
te convierte a ti mismo en un problema. Cuando uno engrandece los errores conviene
advertir que el tamaño de la sombra de los árboles depende de la inclinación del sol. Esto
ayuda a evitar el error de aquel hipocondríaco, que se murió la víspera. En fin, si quieres ser
feliz debes saber que el arte de la vida consiste en hacer de la vida una obra de arte, sobre
todo si tus debilidades son la generosidad y el perdón, y si tu ideario se condensa en este
slogan: «ninguno de nosotros será derrotado, juntos venceremos», «todos somos
responsables de todos, y yo más que nadie» (Dostoievsky).

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