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Mujeres y Participación Comunitaria

El resumen es el siguiente: 1) La investigación examina la influencia de la participación comunitaria en la vida cotidiana de las mujeres del barrio Juan Pablo II en Tucumán, Argentina. 2) La participación comunitaria produce cambios en el espacio, tiempo y ritmo de la vida cotidiana de estas mujeres, fortaleciendo su identidad y protagonismo en la comunidad. 3) Además, la participación influye positivamente en las áreas de la vida cotidiana como la familia y el trabajo, y contribuye a la construcción colectiva de la

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Mujeres y Participación Comunitaria

El resumen es el siguiente: 1) La investigación examina la influencia de la participación comunitaria en la vida cotidiana de las mujeres del barrio Juan Pablo II en Tucumán, Argentina. 2) La participación comunitaria produce cambios en el espacio, tiempo y ritmo de la vida cotidiana de estas mujeres, fortaleciendo su identidad y protagonismo en la comunidad. 3) Además, la participación influye positivamente en las áreas de la vida cotidiana como la familia y el trabajo, y contribuye a la construcción colectiva de la

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE TUCUMÁN.

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

MAESTRIA EN PSICOLOGIA SOCIAL

TESIS DE MAESTRIA.

Título:

LA VIDA COTIDIANA DE MUJERES EN RELACION A LA


PARTICIPACION COMUNITARIA.

(Un estudio realizado en el barrio Juan Pablo II: “El Sifón”)

Tesista:

Lic. Sara García Rodríguez

Directora:

Lic. Psic. Mirtha E. Costas

San Miguel de Tucumán (Argentina)- 2022.

1
AGRADECIMIENTOS.

Comienzo estos agradecimientos con el principio, cuando mi directora de tesis me dijo en


el primer día de nuestra reunión (al comentarle mis inquietudes acerca del tema), que
pensara qué relación tenía el asunto conmigo, con mi historia.
A partir de ahí comenzó un largo viaje entre Tucumán y Madrid que finaliza con la entrega
de este trabajo.
Al volver a mi lugar de origen, las historias de estas mujeres, su recuerdo y sus frases,
resonaban en mi cabeza cada cierto tiempo acompañando mi práctica profesional en España
con otras mujeres migrantes y solicitantes de asilo con las que trabajo en mi ciudad. Me
tomé el tiempo para poder volver a ellas y profundizar en lo que querían decir, no pudiendo
hacerlo antes, puesto que las cosas llegan cuando una puede abordarlas.
Me pregunto si ese tiempo no ha sido una forma de “permanecer” de alguna forma en
Tucumán...Ahora toca despedirse y agradecer, en primer lugar, a las mujeres de este
trabajo, por su generosidad, su ejemplo, su lucha. Por abrirme las puertas de su casa
ofreciéndome lo “poco” que tenían, que era mucho…A ellas y a todas las mujeres de los
barrios populares y de las zonas rurales en las que he trabajado durante mi estancia en la
provincia. Me reaparecen en sueños y en otras mujeres que recibo en mi país intentando
acoger con la misma generosidad con la que me recibieron a mí.

A Marce, por abrirme las puertas a este grupo de mujeres y permitir mi intrusión en sus
vidas y reuniones. A mi directora de tesis, por acompañar el proceso dejando la libertad
suficiente para permitir que fluyera mi propia creación. También por no abandonar la idea
de que la podría terminar, incluso, cuando yo misma estaba cerca de renunciar.
A Josefina, Marilú, Paula Boldrini y Vicky por su disponibilidad para reunirse conmigo,
responder dudas, leer fragmentos de la tesis y darme orientaciones que han posibilitado un
coral de pensamiento entre mujeres dentro de la psicología social, facilitando resonancias
en mis ideas que espero se hayan plasmado de alguna manera en este trabajo.

Gracias a la Maestría de Psicología Social, que me incomodó tanto como me cautivó,


construyendo una particular forma de ver el mundo y la realidad social que me acompaña,
aun, en estas latitudes.
2
Gracias a mis grupos sostén de amigas en Tucumán y en Madrid, sin ellas no existirían
debates, posiciones, ideas, conflictos, creatividad y, por supuesto, la contención necesaria
para seguir con la tarea de la tesis y de la vida.

Y por supuesto, agradezco principalmente a la mujer más importante de mi vida: a mi


madre, a sus formas de ayuda mutua y contención hacia otras mujeres. Ella me ha enseñado
la verdadera comprensión de construir salud en colectivo, espero no olvidarlo.

3
INDICE.

RESUMEN………………………………………. Pag 8

CAPITULO 1: INTRODUCCION GENERAL……………………Pag 10

1.1 Introducción y fundamentos de la investigación.

1.2 Antecedentes.

1.3 Relevancia social y académica.

1.4 Objeto de estudio, planteo del problema y objetivos.

1.5 Metodología y técnicas empleadas.

1.6 Epistemología.

1.7 Relevancia social y académica.

CAPITULO 2: MARCO TEORICO…………………………………Pag 24

2.1 Aportes desde la Psicología Social

2.1.1 Condiciones concretas de existencia: condición de género y de clase.

2.1.2 Vida cotidiana y crítica de la vida cotidiana.

2.2 La comunidad, la participación comunitaria y el poder.

2.3 Una mirada desde el Feminismo decolonial.

2.4 Aportes desde la Salud mental colectiva.

4
CAPITULO 3: ORDEN SOCIO HISTÓRICO…………………Pag 35

3.1 Patriarcado, colonización y capitalismo.

3.1.1 Colonización y capitalismo.

3.1.2 Patriarcado y colonización.

3.2 Capitalismo y desigualdades sociales en América Latina y en Argentina.

3.3 Contexto socio histórico en Tucumán.

3.3.1 Ingenios azucareros

3.3.2 Cierre de ingenios y operativo Tucumán.

3.3.3 El golpe de Estado de 1976 y dictadura.

3.3.4 Los años 90 en Tucumán.

3.3.5 La crisis del 2001.

3.3.6 Modificaciones en el territorio: el surgimiento de los asentamientos humanos


(Barrio Juan Pablo II, “El Sifón”).

CAPITULO 4: VIDA COTIDIANA EN RELACION A LA PARTICIPACION


COMUNITARIA DE LAS MUJERES DEL BARRIO DE “EL SIFÓN”
………………………………………………………Pag 65

4.1 Motivos para la participación.

4.2 La participación como salida del “encierro” que supone el hogar. La participación,
los cambios en la vida cotidiana y su influencia en la identidad.

4.2.1 Participación comunitaria, salida del hogar y efectos en la identidad.

4.2.1.1 Aproximaciones teóricas de lo público y lo privado.

5
4.2.1.2 Politizar lo cotidiano.

4.3 Participación comunitaria y efectos en la identidad.

4.3.1 El concepto de identidad desde la psicología social.

4.3.1.1 Contexto sociohistórico e identidad.

4.3.1.2 La identidad construida con otras en el hacer cotidiano.

4.4 Participación comunitaria y vida cotidiana.

4.4.1 Aproximaciones teóricas al concepto de participación comunitaria.

4.4.2 Condiciones concretas de existencia. Comprensión del espacio/tiempo/ritmo en las


mujeres del barrio de “El Sifón”.

4.4.2.1 Participación, territorio y género. Lo público y lo privado. Lo personal y lo


político.

4.4.2.2 Participación comunitaria y vida cotidiana: tiempo y ritmo.

4.5 Participación comunitaria y crítica de la vida cotidiana.

4.5.1 Participación comunitaria. Contradicciones.

4.6 Participación y su influencia en las áreas de la vida cotidiana.

4.6.1 La participación como trabajo.

4.6.2 “No hay tiempo libre”: articulación entre participación- trabajo y tiempo libre.

6
4.6.3 Participación y familia.

4.6.3.1 Contexto socio histórico y familias de El Sifón.


4.6.3.2 “La familia aprende”. Participación y aprendizaje familiar.

CAPITULO 5: PARTICIPACION COMUNITARIA Y SALUD MENTAL


COLECTIVA……………………………………………. Pag 133

5.1 Género y salud mental en mujeres de sectores populares.

5.2 Participación comunitaria y construcción salud mental colectiva.

5.3 Grupo sostén del psiquismo.

5.4 Salud colectiva y saberes profanos. El saber de lo cotidiano, los cuidados y el


reconocimiento social de la tarea.

5.5 Salud, participación y reparación de la historia personal.

5.6 Lo religioso en relación a la participación comunitaria.

CAPITULO 6: CONCLUSIONES…………………………………….Pag 157

BIBLIOGRAFIA …………………………………………………Pag 169

7
RESUMEN
El objeto de esta investigación es “la influencia de la participación comunitaria en la vida
cotidiana de las mujeres del barrio Juan Pablo II (El Sifón)”.

Lo que motivó mi trabajo fue el accionar de estas mujeres en los distintos espacios en sus
comunidades en busca de dar o reclamar respuestas a las problemáticas que las atañen en el
transcurso del tiempo comprendido entre el 2015 y el 2018.

El principal interrogante que atravesó la investigación se centró en como la vida cotidiana


de las mujeres de sectores populares se organiza y se transforma en relación a esta
participación comunitaria y como estos cambios influyen en su subjetividad y en la
construcción de salud elaborada en colectivo.

Los objetivos propuestos se cumplieron en la indagación, siendo el general:

 Lograr conocimiento científico acerca de la vida cotidiana de mujeres del grupo


“Familias en acción frente a la acción colectiva y participación en sus comunidades.

Para responder a este objetivo se comprobó que la vida cotidiana se modifica en relación
con el espacio, tiempo y ritmo, produciendo efectos de fortalecimiento subjetivo y
transformaciones en la identidad, así como también en las áreas de la vida cotidiana a través
de una crítica y un posicionamiento activo y protagónico en su quehacer diario. También se
advirtieron importantes efectos en la construcción de salud colectiva y en la salud mental de
las propias participantes de los procesos.

El marco teórico se encuadra en la teoría de la Psicología Social de Enrique Pichón-Rivière


(1971) y la concepción de sujeto situado en sus condiciones concretas de existencia. Se
tomó como concepto central el estudio de la vida cotidiana entendida como la expresión
inmediata de un tiempo, un ritmo y un espacio concreto que, mediado por la subjetividad en
unas relaciones sociales concretas, regulan la vida de las personas en un contexto socio
histórico determinado (Quiroga y Racedo, 2007).

Se trabajó tomando concepciones de teorías feministas desde en una perspectiva decolonial


y una epistemología consecuente y concordante, que considerase la historia de las mujeres
en una diversidad de lugares, tiempos, clases sociales, etnias y sexualidades. En concreto,

8
se articuló la particularidad de las mujeres estudiadas en su condición de habitantes de
barrios populares en la región del Noroeste Argentino.

El diseño de la investigación es de tipo cualitativo participativo y las técnicas usadas: la


observación participante, las entrevistas semi estructuradas y en profundidad y el grupo
focal.

Para analizar los datos se usó el método comparativo constante.

Las conclusiones son resultado del trabajo realizado, quedando abiertos interrogantes para
futuras investigaciones.

9
CAPITULO 1:
INTRODUCCION GENERAL

10
CAPITULO 1: INTRODUCCION GENERAL

Introducción y fundamentos de la investigación.


La presente tesis se encuentra encuadrada entre los años 2015 al 2018 en la formación de la
Maestría en Psicología Social (orientada a grupos e instituciones) de la Universidad
Nacional de Tucumán. En concreto, realicé el trabajo de campo y las entrevistas a lo largo
del 2017-2018, escribiendo después el trabajo.

Mi interés por la participación comunitaria de las mujeres en sectores populares guarda


relación con el descubrimiento particular de la especificidad de la psicología comunitaria y
la relación con las políticas públicas que se llevaron a cabo en la provincia de Tucumán
durante ese periodo.

Llegue a Tucumán en el año 2011 (soy oriunda de Madrid, España) y a lo largo de mi


estancia en el país trabajé en programas sociales del Ministerio de Desarrollo Social en los
cuales pude observar el protagonismo que toman algunas de las mujeres en los distintos
espacios de participación comunitaria. Mi inquietud comenzó con mi trabajo en los
comedores infantiles surgidos a raíz de las ollas populares que emergieron durante la crisis
del 2001 en Argentina. En estos comedores, pude observar el posicionamiento activo que
toman las mujeres de sectores populares ante la resolución de las emergencias sociales
acaecidas en sus comunidades. Ello permitió cuestionarme la relación que esta
participación guarda con sus estrategias de supervivencia y con las tareas asociadas al rol
asignado como mujeres y como madres.

A lo largo de las distintas experiencias que tuve en el trabajo comunitario, pude observar
las contradicciones generadas en estos espacios de participación donde, la posibilidad de
salir a lo público, muchas veces, está ligada con la reproducción del tradicional rol asignado
a la mujer. Al mismo tiempo, esta “salida” permite ciertos cuestionamientos de género
posibilitadores de futuras brechas de ruptura con lo establecido. Estas contradicciones
forman parte de algunas cuestiones que analizo a lo largo de esta tesis.

La organización entre ellas posibilita adoptar posiciones críticas en relación a su condición


de clase y de género, facilitando la ocurrencia de actitudes de solidaridad, así como
posicionamientos subjetivos emancipadores y en pos de generar salud mental colectiva.

11
La ordenación del presente trabajo consta de 6 capítulos con la conclusión incluida, que
abarcan la complejidad de la investigación del proceso social a estudiar.

En el capítulo 1 fundamento la investigación, al tiempo que realizo un breve análisis de


diversos estudios que apuntan sobre el tema a tratar. También realizo una breve descripción
de lo metodológico y de las técnicas empleadas.

En el capítulo 2 encuadro el marco teórico de la Psicología Social tomada desde Enrique


Pichón Rivière, Ana Quiroga y Josefina Racedo. Considerando al sujeto en sus condiciones
concretas de existencia, tomo la subjetividad, también, según esta concepción,
entendiéndola desde la vida cotidiana y la crítica de la misma. También trabajo la
concepción de comunidad y de participación, sobre todo desde las reflexiones de Maritza
Montero. Desde los feminismos, he priorizado autoras con un enfoque decolonial, y en
relación a la salud, he tomado como eje la salud mental y su construcción colectiva.

En el capítulo 3 hago un repaso del orden socio histórico y cómo éste influye en la
subjetividad de las mujeres estudiadas. Parto del origen de las desigualdades entre hombres
y mujeres, el nacimiento del capitalismo de la mano de la colonización en América Latina,
y voy concretando en las transformaciones socio-territoriales que dan origen a la intensa
migración del campo a la ciudad, formando los barrios populares alrededor de San Miguel
de Tucumán. También analizo cómo estos rasgos del pasado rural, permanecen en las
formas de vida actual de las mujeres que forman parte de este trabajo.

En el capítulo 4 voy respondiendo a las principales preguntas que motivan esta tesis,
extrayendo categorías analizadas en relación a la participación y su influencia en la
cotidianeidad, los efectos en la identidad, los cambios producidos en las áreas de la vida
cotidiana y la crítica planteada a raíz de la salida al ámbito de lo público.

En el capítulo 5 analizo la construcción de salud desde estos espacios de participación y


como ésta influye en la salud mental de las mujeres que han sido parte de esta
investigación.

En el capítulo 6 resumo las conclusiones del trabajo y hago una reflexión final sobre el
mismo.

12
1.2 Antecedentes.
En relación con los antecedentes a esta tesis, realizo una breve síntesis de otras
investigaciones en el contexto del noroeste argentino realizadas desde el mismo marco
teórico, así como de otras latitudes de Latinoamérica y desde otros cuadros de análisis.
Incluyo también el aporte complementario que se pretende con la presente tesis.

Los principales trabajos que he tomado como antecedentes son: Pascual, Liliana (2012):
“La valoración que las mujeres les atribuyen a sus actividades en la vida cotidiana” (un
estudio realizado en el Barrio Campo Contreras, en la ciudad de Santiago del Estero). En
este trabajo, se realiza una reflexión que gira en torno al análisis de la influencia del
contexto socio cultural en las representaciones sociales que las mujeres del Barrio Campo
Contreras tienen de sus actividades cotidianas. La autora analiza el contexto socio histórico
y la incidencia de las prácticas de clientelismo político en la subjetividad de estas mujeres.
También aborda el enfoque de género desde la socialización de los roles y las
contradicciones encontradas, así como en la identidad construida en el hacer de la
participación grupal.

El siguiente trabajo es de Costas, Mirtha (2013): “Construcción de la representación social


de la participación en la zona Este de Tucumán”. Aquí la investigación indaga acerca de la
configuración de las representaciones sociales sobre la participación social de personas que
integraron Organizaciones Sociales Comunitarias en el periodo 2001-2006 en la zona de
Lastenia, Departamento Cruz Alta de la Provincia de Tucumán.

En cuanto al trabajo de Castillo (2015) “De pobrezas y persistencias…un estudio de caso


sobre la pobreza urbana en el Gran San Miguel de Tucumán (Argentina) en los inicios del
siglo XXI”. Se analizan las contradicciones en el propio proceso de participación, así como
en la representación del mismo en las voces de los propios protagonistas.

Asimismo, se considera el de Paura y Zibecchi (2013) “Mujeres, ámbito comunitario y


cuidado: consideraciones para el estudio de relaciones en transformación”. Esta
investigación se centra en el crecimiento poblacional y la consecuente expansión de la
pobreza y de los barrios populares en la ciudad de San Miguel de Tucumán. Concretamente
se centra en el barrio Juan Pablo II, lugar donde se centra la presente tesis.

13
El trabajo de Echavarría y Wigdor (2013). “Frente a la crisis neoliberal, las mujeres se
organizan: la experiencia de participación comunitaria de las mujeres de sectores populares
en la Argentina”. El trabajo se centra en cómo se proveen los cuidados a nivel comunitario
en los sectores populares de Buenos Aires. Para este análisis, toma en cuenta las
organizaciones sociales comunitarias y el lugar que ocupan las políticas sociales en esta
cuestión, también analiza el lugar que ocupan las mujeres en estos procesos, así como su
incidencia en la subjetividad.

El proyecto de Federico y Salvia (1997) “Vida familiar y subjetividad en mujeres de


sectores populares participantes de movimientos político-comunitarios” analiza la
participación de mujeres de sectores populares de Rosario (Argentina), frente a la crisis
neoliberal de los años 90; estudia la redefinición de esta participación frente a la paulatina
disminución del Estado.

El trabajo de Bravo y Pita (2007) “Historias de luchas, resistencias y representaciones” se


basa en la información de la investigación “Trabajo doméstico y participación político-
comunitaria femenina” y habla de la vida familiar en relación a la participación de las
mujeres en sus comunidades y cómo la desigualdad de género se manifiesta en los hogares
en relación a la salida de éstas a lo público. Se analizan los cambios en la subjetividad, así
como las transformaciones de roles en la vida doméstica y afectiva.

Por otro lado, el trabajo de Massolo (1994 – 1995) “Los medios y los modos. Participación
política y acción colectiva de las mujeres” reúne varios artículos donde se plasma la historia
de luchas y resistencias ejercidas por mujeres en distintas zonas de Argentina. El estudio
abarca mujeres de diversos orígenes sociales que, a lo largo de la historia del país, se han
situado como sujetos políticos.

El de Gutiérrez (2004) “Pobres…como siempre”. Se trata de una compilación de


investigaciones del PIEM (Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer) donde se
cuestiona la dicotomía del espacio privado vs espacio público en lo que a la participación
política de las mujeres se refiere, mostrando distintos modos de hacer política desde
espacios de acción colectiva de mujeres en México. El trabajo de Gutiérrez nos acerca a la

14
compleja dimensión de la pobreza en los núcleos urbanos de Argentina, pudiendo extender
sus conclusiones a otros lugares de Latinoamérica. La autora toma la visión del fenómeno,
no solo desde un lugar carenciado sino también desde las posibilidades de sus protagonistas
para elaborar estrategias.

Por último, el trabajo de Pérez (2007) “Lo personal es político: Una lectura de lo público y
lo privado”, realiza una revisión histórica de la división entre lo público y lo privado y de
su distinción dicotómica, para posteriormente analizar la consigna feminista de “lo personal
es político” y la reformulación de ambos conceptos a partir de esta reivindicación.

En la presente tesis me dispuse a analizar la participación y su incidencia en las mujeres


que forman parte del trabajo. Con la intención de complementar y añadir otras cuestiones
académicas sobre los antecedentes revisados, en esta investigación analizo la salida de lo
que estas mujeres califican como el “encierro” que les supone el hogar y lo que la entrada
en el mundo de lo público les genera a nivel subjetivo a raíz de los cambios que se dan en
lo cotidiano. Tengo en cuenta la posición como mujeres de barrios populares, así como la
incidencia en lo subjetivo de las opresiones y estigmas que viven por tener este origen.

Tomando como parte del análisis las múltiples violencias que sufren, paso a considerar los
procesos de transformación de su vida cotidiana derivados de los espacios que comparten,
como lugares donde se construye salud en colectivo.

1.3 Relevancia social y académica.

En cuanto a la relevancia social, considero importante añadir a los trabajos ya realizados en


este asunto, un enfoque de salud como construcción colectiva y de cómo ésta repercute a
nivel subjetivo. Se analizan los procesos en los que las mujeres se posicionan activamente
en la construcción de espacios de encuentro y de participación, permitiendo la posibilidad
de compartir el sufrimiento individual y elaborar un quehacer colectivo con él.

La idea de lo común resulta de la elaboración entre y desde todas/os, reconociendo que las
personas somos capaces de producir salud, especialmente si es con otras/os.

15
1.4 Objeto de estudio, planteo del problema y objetivos.

La indagación de este trabajo se centra en las mujeres del grupo llamado “Familias en
Acción”: red colectiva de mujeres que organiza y enfrenta las necesidades de su
comunidad, conquistando espacios públicos y formales de participación, así como también
creando nuevos modos de hacer política.

Numerosos interrogantes me surgieron a raíz de estas experiencias, siendo ellas el germen


de este trabajo. Dichos interrogantes fueron: ¿Qué rol ocupan estas mujeres en su
comunidad y qué les supone a nivel subjetivo ese posicionamiento activo en búsqueda de
respuestas a las problemáticas barriales? ¿Cómo influye y como se manifiesta en su vida
cotidiana el pasaje de la vivencia de las problemáticas vistas como una “cuestión individual
y/o familiar a problematizarlas junto a otras como una cuestión colectiva? ¿Qué efectos
tiene la participación social en ellas? ¿Qué las motiva a ello? ¿De qué forma influye en la
participación el hecho de que sean mujeres de sectores populares? ¿Podrían estas
experiencias ser consideradas en el campo de la salud mental?

Para ir acercándome a las posibles respuestas, contacté con mujeres que participan desde
hace varios años en el barrio tucumano llamado “El Sifón”. Dichas mujeres se organizan en
torno a problemáticas que emergen en sus barrios tratando de buscar respuestas a diversas
cuestiones como: la venta y el consumo de drogas en sus barrios y lo que de ello se deriva,
la desnutrición de niñas/os y jóvenes, la construcción de espacios de encuentro para madres
e hijas/os consumidoras/es de pasta base, la generación de espacios de formación para el
empleo de jóvenes y mujeres etc.

Su participación y acción colectiva se da en comedores infantiles, merenderos,


agrupaciones como la “Hermandad de los barrios contra la droga”, “Familias en acción”,
“Centros integradores comunitarios” (CIC), S.U.M (actividades dirigidas a otras mujeres en
un salón de usos múltiples) y experiencias de participación independientes.

Elegí para este estudio el Barrio Juan Pablo II (El Sifón), ubicado en el Gran San Miguel de
Tucumán, ciudad que atravesó un acelerado crecimiento de su población, al tiempo que se
extendía la pobreza a principios del siglo XXI. Esta zona se caracteriza por ser un área de
pobreza crítica que originalmente formaba parte de la periferia de San Miguel de Tucumán

16
y que, por su antigüedad, quedó incorporada a la trama urbana, aunque continúa disociada
en función de la posibilidad de acceder a ciertos equipamientos, infraestructura y servicios
urbanos (Del Castillo, 2015).

Las principales problemáticas de su población, están vinculadas a sus condiciones de vida y


a la dificultad para la inserción en el ámbito laboral y, por lo tanto, en otros sectores de lo
social. También el estigma que recae sobre sus habitantes, siendo una de las mayores
problemáticas del barrio, la venta y el consumo de drogas, en especial de pasta base
(comúnmente llamada “paco”).

El objeto de estudio para Pichon-Rivière (1971) es el sujeto concreto, históricamente


determinado al que estudiamos en sus relaciones concretas. La realidad es una unidad de lo
múltiple, estudiamos entonces un proceso con contradicciones y en constante movimiento,
que en este caso será la vida cotidiana de mujeres en relación a la participación comunitaria
en sus barrios.

Objetivo general:

 Lograr conocimiento científico acerca de la vida cotidiana de mujeres del grupo


“Familias en acción” frente a la acción colectiva y participación en sus
comunidades.

Objetivos específicos:

 Indagar la influencia del contexto sociocultural en la subjetividad de mujeres del


grupo “Familias en acción”.

 Profundizar en el conocimiento de la construcción de la subjetividad de mujeres del


grupo “Familias en acción” en términos de salud mental.

1.5 Metodología y técnicas empleadas.

Por las características de esta investigación, la metodología que escogí fue de tipo
cualitativa, ya que la consideré la más apropiada para poder contextualizar según las

17
características del entorno donde ocurren los hechos, dando profundidad y flexibilidad al
estudio y permitiendo la convivencia con los actores sociales a indagar. A través de lo
cualitativo, trabajé la profundidad por medio de un análisis intensivo en el contexto
particular del asentamiento humano concreto, donde los significados tienen su
particularidad, así como las acciones sociales que en ella se dan.

Mediante el análisis cualitativo pude introducirme en estos procesos, entender las


relaciones que acontecen en él, así como las acciones que emergen y sus significados;
entendiendo que el sentido no es único, sino que está relacionado con el contexto particular
que estamos estudiando.

El método utilizado fue el materialismo dialéctico, a través del cual se considera que el
cambio y la transformación orientan la organización, tanto del psiquismo, como de la
realidad social. Esto quiere decir, que se origina desde una práctica social donde emergen
interrogantes que nos invitan a investigar y a formular una teoría que después deberá ser
confrontada de nuevo con esa práctica para ratificarse. Esto nos lleva al inter juego
dialéctico entre teoría y práctica (praxis), no existiendo la validez de la una sin la otra.

Desde esta metodología estudié el acontecimiento en movimiento, la lucha de contrarios y


el desarrollo en proceso, tomando como campo de análisis la vida cotidiana.

Traté de poner en valor el saber de la experiencia de las mujeres que iba entrevistando
tratando de no atraparlas en mis propias concepciones, para hacer un intento de
descolonización del propio pensamiento, descentrando el lugar de enunciación.

Consideré el método comparativo constante (de Glaser y Strauss) como el apropiado para
la concepción filosófica utilizada, ya que con él se genera teoría desde los datos, es decir, se
crean explicaciones desde los hechos. Esta teoría propone construir supuestos, conceptos,
hipótesis y proposiciones partiendo directamente de los datos obtenidos en el campo de
estudio, y no de supuestos a priori, de otras investigaciones o de marcos teóricos existentes
(Glaser y Strauss, 1967).

Al focalizar el presente estudio en la acción colectiva de un grupo de mujeres, se puede


considerar que el uso de esta metodología es acertado, ya que es útil para utilizar en campos

18
que conciernen a temas relacionados con la conducta humana dentro de diferentes
organizaciones, grupos y otras configuraciones sociales.

La aportación más relevante de esta teoría hace referencia a su poder explicativo en


relación a las diferentes conductas humanas dentro de un determinado campo de estudio. La
emergencia de significados desde los datos, hace de esta teoría una metodología adecuada
para el conocimiento de un determinado fenómeno social; así como favorece el desarrollo
de respuestas respecto a lo que está ocurriendo y el por qué (Giménez, 2007).

Las técnicas utilizadas fueron: la observación participante y sistemática asistiendo a las


reuniones de los grupos de participación de las mujeres, 6 entrevistas semiestructuradas y
en profundidad, un grupo focal y registros audiovisuales.

La observación participante la planteé desde una posición donde lo subjetivo de la persona


que observa, formara parte de los análisis realizados, desde un lugar también analizable. Al
considerar imposible observar sin implicar la subjetividad (puesto que de alguna manera
siempre formamos parte de la realidad que estamos estudiando), elegí una temática que me
“tocara” en la medida justa, sin llegar a “quemarme”, pero que tampoco me fuera tan lejana
que me resultara indiferente.

Para ello, la reflexión que realicé durante la observación participante me permitió entrenar
una actitud de humildad y curiosidad permanente frente a los hechos que estudiaba,
contrastando teoría y praxis, sin olvidar que la una sin la otra solo llevaría a sesgos en lo
investigado.

Realicé seis entrevistas abiertas, semiestructuradas y en profundidad con registros de


audio (grabaciones de voz para el posterior análisis). También hice un tiempo oportuno de
trabajo de campo y de asistencia como observadora participante a las reuniones semanales
que el grupo mantenía, así como a otros espacios de participación de las mujeres, lo cual
me permitió generar cierto vínculo habilitante con ellas y con sus historias.

En la entrevista abierta busqué crear un ambiente de seguridad y cercanía tal que permitiera
la expresión libre de ideas, recuerdos, reflexiones, formas de ver y sentir la realidad, así
como una recuperación de sus vivencias personales. Desde esta forma de entrevista (abierta

19
y flexible) busqué acceder a la realidad de las personas entrevistadas a través de un
lenguaje que se acercara lo más posible a una conversación y no a un interrogatorio
cerrado. Con este tipo de entrevista buscaba acercarme a la comprensión que las
entrevistadas tenían respecto de sus vidas y experiencias junto a las que, unido a la
observación participante y al trabajo de campo realizados, poder abordar el universo
simbólico cotidiano de estas mujeres.

Es por ello que realicé entrevistas semiestructuradas con un guion abierto, donde, si bien
había una pauta de preguntas iguales para todas las entrevistadas, cabía la posibilidad de
elaborar nuevas a partir de la propia situación de entrevista y de lo que de ella surgiera. De
esta manera, se daba la libertad tanto a la entrevistada de expresar lo que quisiera, como a
la entrevistadora de aprovechar un mayor conocimiento de la realidad social y de la
representación simbólica de la interrogada, con la intención de comprender las formas y
maneras de pensar y sentir su realidad.

Esta técnica se construye generando nuevas preguntas que surgen de la información que se
va articulando con las respuestas en el contexto de la entrevista, convirtiéndose en un
proceso dialógico donde se busca analizar los aspectos más auténticos que emergen de la
entrevistada.

Asimismo, trabajé a través de las reuniones grupales semanales que el grupo de mujeres de
“familias en acción” mantenían entre sí, para conocer su realidad en el ambiente natural y
cotidiano, así como también las acompañaba a las actividades comunitarias que realizaban
derivadas de este grupo o de otros espacios de participación que tenían en el barrio.

En estos acompañamientos, a través de la observación participante y de la inmersión en el


contexto dinámico de su cotidianeidad, buscaba aprender cómo transcurre la vida social en
la que viven, así como entender la conducta que emerge de la misma.

Realicé también una experiencia de grupo focal con mujeres que conformaban un
merendero para la infancia del barrio, para así elaborar grupalmente su realidad y sus
experiencias de participación. El grupo se compuso para discutir en torno a unos ejes
temáticos organizados alrededor del asunto en cuestión, para su posterior sistematización y
análisis.

20
Para la realización de este grupo elegí a las mujeres del merendero “Caritas de esperanza”,
integrado por 5 mujeres encargadas de preparar la merienda a la infancia del barrio, tarea
que realizaban sin dependencia económica del Estado.

Korman (1986) se refiere al grupo focal como una reunión de personas que han sido
seleccionadas por las/os investigadoras/es para debatir acerca del tema concreto que atañe a
la investigación.

En la presente investigación, esta experiencia se asemejó a una conversación grupal, donde


planteé preguntas en torno al tema objeto de investigación. Realicé primero un guion
basado en las categorías que me habían ido surgiendo de la recolección de datos del trabajo
de campo y de las entrevistas individuales; ello me permitió un posterior análisis de las
experiencias vividas por estas mujeres, abordando sus conocimientos y sus puntos de vista
y, generando en el transcurso del grupo, resonancias entre las entrevistadas para establecer
similitudes y diferencias en mi análisis.

A través de esta técnica, buscaba crear conversaciones focalizadas donde poder escuchar
opiniones, conocimientos, actitudes y pensamientos que captaran los significados de lo que
se dice desde el colectivo social a estudiar, y en relación a la experiencia de participación.

1.6 Epistemología.

La epistemología es convergente, lo cual quiere decir que tomo en cuenta los aportes de
distintas disciplinas que confluyen a la hora de aproximarnos al objeto de estudio. Éstas
parten de la psicología social como disciplina central con autores como Pichón Rivière,
Ana Quiroga y Josefina Racedo.

Para la explicación del orden socio histórico y su influencia en la subjetividad, tomo


algunos análisis de las feministas comunitarias y decoloniales como la antropóloga Rita
Laura Segato, así como las investigaciones de Silvia Federici acerca de las mujeres, el
cuerpo y la acumulación originaria en el Nuevo Mundo. Tengo en cuenta también a
urbanistas como Ana Falú para entender, a través de estas autoras, los significados que le
otorgan a lo público y a lo privado.

21
Elijo conceptos clave de participación comunitaria desde Maritza Montero y desde la
psicología social, para analizar la construcción de salud mental colectiva, incluyendo
autores como Ana Quiroga o Martin Correa-Urquiza con el concepto de saberes profanos,
así como también a Javier Segura con sus reflexiones en salud comunitaria.

La psicología comunitaria la analizo desde Maritza Montero y Ana Ferullo con su


comprensión de comunidad y las distintas formas de participación y poder que en ella se
dan.

Los análisis de la vida cotidiana los hago principalmente desde la psicología social con
Josefina Racedo en relación a las áreas de ésta y la crítica de la vida cotidiana en
comunidades campesinas, Pichon-Rivière y Ana Quiroga, con su psicología de la vida
cotidiana tomando algo de Lefebvre en sus estudios sobre la crítica de la vida cotidiana, el
trabajo y el esparcimiento en ella, y Heller en los análisis de la estructura de la misma y la
vida cotidiana en la ciudad.

Entiendo la realidad como compleja y diversa, no pudiendo ser abarcada en su totalidad


desde una disciplina única, pues se reduciría demasiado el objeto para su estudio y se
entraría a valorar al mismo desde la falsa ilusión de abarcar su totalidad. Por lo que, la
realidad es multicausal, y es por ello que he ampliado el prisma, teniendo en cuenta la
multiplicidad de disciplinas que explican lo humano desde una perspectiva social. Para ello,
puse el foco en las múltiples causas de lo subjetivo, ubicando el acontecer psicológico en la
extensión de lo social, para evitar así recortar al sujeto de su entorno y poder entender su
conducta y su individualidad en ese mundo que habita y por el que es habitado.

Respondiendo a uno de los objetivos específicos, he realizado un análisis extenso de la


participación de estas mujeres en relación a la salud mental como algo que se construye en
común. Tomando el enfoque en salud mental colectiva desde la propia psicología social y
desde salubristas como Javier Segura o filósofos como Correa Urquiza, he entendido el
saber de las experiencias de las mujeres como un conocimiento más y como protagonistas
de sus propios análisis. He tomado en cuenta los saberes que se producen en el encuentro
con las personas objeto del estudio, en sus condiciones concretas de existencia y siempre en
constante movimiento.

22
1.7 Relevancia social y académica.

Considero relevante la investigación tanto a nivel social como académico en tanto aporta y
visibiliza la lucha de mujeres de sectores populares, no siempre vistas como sujetos con un
discurso válido por el lugar social que ocupan.

La tesis se inscribe con la intención, no de “dar voz” a estas mujeres (que no cesan en gritar
y denunciar lo que ocurre en sus barrios), sino con la idea de “abrir los oídos” al ámbito
académico para que sean tomadas en cuenta como sujetos políticos posibilitadores de
generar salud en sus comunidades.

De ahí que la relevancia académica se centre en proporcionar una visión de salud como
construcción colectiva, que permita a las personas del ámbito académico acercarse a los
barrios y a las personas que protagonizan estos procesos desde un lugar de escucha,
aprendizaje e intercambio, sabiendo que el saber no solo está en los libros, ni en las
universidades sino también en las experiencias cotidianas de estas mujeres, con sus
contradicciones y sus capacidades.

23
CAPITULO 2:
MARCO TEORICO

24
CAPITULO 2: MARCO TEORICO

2.1 Aportes desde la Psicología Social

2.1.1 Condiciones concretas de existencia: condición de género y de clase.

La concepción de sujeto que tomo es la de Pichon-Rivière (1973): “ser de necesidades que


sólo se satisfacen socialmente en relaciones que lo determinan” (p. 32), por lo que, a lo
largo de este trabajo, hablaré de mujeres concretas en sus condiciones de vida, inmersas en
un contexto sociocultural particular, dentro de un orden socio histórico dado. Mujeres de
origen mayoritariamente rural (del interior de la provincia de Tucumán) migradas a la
ciudad y que actualmente residen en el barrio Juan Pablo II (popularmente llamado: “El
Sifón”) ubicado en el Gran San Miguel de Tucumán, provincia del Noroeste Argentino.

Ana Quiroga hace referencia a las condiciones concretas de existencia y al tipo y


desarrollo de las relaciones que el ser humano establece con la naturaleza: el qué se
produce y cómo se produce, tomando en cuenta que las relaciones sociales en las que se da
esa producción, van a construir su psiquismo y la forma de interpretarse a sí mismas/os, al
mundo y a la realidad que las/os rodea, así como también, los sentimientos y emociones, las
necesidades, las maneras de establecer vínculos con otras/os, las formas de amar, de ejercer
y entender la sexualidad, de actuar en relación a la vida y a la muerte, las representaciones
acerca de las tareas y roles asignados a cada género etc. (Quiroga y Racedo, 2007).

Para esta tesis he trabajado con mujeres del Noroeste Argentino, pertenecientes a un sector
popular de San Miguel de Tucumán, ciudad intermedia que a mediados del siglo XX
incrementó su población, al tiempo que crecía la pobreza debido a las consecuencias de las
políticas económicas neoliberales que afectaron al proceso de la agroindustria azucarera,
eje central de la economía de la provincia. Estas poblaciones fueron estableciéndose a las
afueras de las grandes ciudades constituyendo grandes núcleos de población que formaron
los asentamientos informales de las periferias.

Es importante mencionar aquí el concepto de “marginalidad”. Éste comienza a usarse en


Latinoamérica cuando se forman dichos núcleos de población, tomando el concepto de
margen en relación a su hábitat y a la calidad del mismo.

25
Desde la visión urbanístico-ecologista se entiende el concepto de marginación como una
segregación que pasa por lo residencial, y atraviesa varias esferas como la del trabajo, la
capacidad de consumo, los derechos, las instituciones, la posibilidad de participar en las
decisiones políticas, en los beneficios del desarrollo de un país, la posibilidad de escalar en
la estratificación social etc.

Surge así la crítica a este término de autores como Quijano (1966), quien identifica las
formas de su uso con la condición social de los habitantes de estos sectores. Según este
autor, la “marginalidad” se empezó a considerar como una condición global que
homogeneizaba a su población, considerándola como externa al resto de la sociedad.

En este trabajo, entiendo a la población de las villas como inserta en la sociedad global,
puesto que, aun ocupando posiciones desfavorables respecto de otros colectivos, no está por
fuera de la formación económico-social del país.

Advierto los espacios alternativos que ocupan, cómo se vinculan con otros sectores
sociales, así como el papel que juegan y la capacidad para transformar las relaciones y su
contexto social, abandonando las ideas dualistas de “marginalidad” vs “integración”, para
poder avanzar en la comprensión de las prácticas y estrategias que ponen en marcha.

De esta visión, entiendo la exclusión únicamente de un modo territorial, puesto que voy
demostrando a lo largo de este trabajo, la capacidad de participación activa de las mujeres
en cuestión, no considerándolas como un todo homogéneo y diagramadas de ningún sector
supuesto productor, para comprender así, los procesos de transformación social de estas
mujeres, sea cual sea su situación concreta.

En esta tesis subrayo la capacidad de actuar (tanto individual como colectivamente) por
parte de las mujeres protagonistas a la hora de influir y cambiar hechos sociales y políticas
públicas, entendiendo también que tales estructuras inciden, condicionando la propia
capacidad de los sujetos.

Se observa, cómo las poblaciones “excluidas” también se articulan con el sistema global en
distintos niveles (económico, político, jurídico, social y cultural), aunque también con sus
particularidades.

26
En este trabajo, ubico a las mujeres que forman parte, en relación a su condición de género
y a su posición de clase. Para ello es importante tener en cuenta que, aunque apenas formen
parte del sistema productivo, desempeñan un papel fundamental en lo reproductivo.

Considero de vital importancia introducir en estos análisis la visión de Silvia Federici en


relación al capitalismo y el trabajo oculto de la reproducción de la vida que realizan las
mujeres, analizando la importancia que tiene en la propia producción, aunque a lo largo de
la historia de la humanidad haya existido entre ambos un distinto grado de visibilidad y
valor.

Sería importante tomar aquí la condición de clase de las mujeres que forman parte de esta
investigación, tomando la definición clásica del marxismo en relación a las clases sociales
que las define Lenin (1919) como “seres humanos que se diferencian y se relacionan entre
sí por el lugar que ocupan en el sistema de producción social e históricamente determinado”
(p 413). Esto quiere decir que tal lugar es cambiante según el momento histórico y las
características propias donde se desarrollen las relaciones que en él se dan.

Las mujeres del barrio de El Sifón, apenas poseen ninguna propiedad legal puesto que
muchas de ellas se encuentran ocupando territorios (algunos de ellos cedidos
posteriormente por el Estado a través de políticas públicas); por supuesto, no disponen de
medios de producción, y, ni tan siquiera están insertas en el mercado laboral regular, sino
que sobreviven con pequeños trabajos alternativos de subsistencia, sumado a las escasas
subvenciones que reciben del Estado. Todo ello implica una forma particular de
relacionarse en el ámbito en el que viven, definiendo su posición de clase en relación a
otras que ocupan un lugar cualitativamente mejor.

2.1.2 Vida cotidiana y crítica de la vida cotidiana.

La vida cotidiana según Quiroga y Racedo, (1981) “es el espacio y el tiempo en que se
manifiestan de forma inmediata y directa las relaciones que los hombres establecen entre sí
y con la naturaleza en función de sus necesidades, configurándose así sus condiciones
concretas de existencia” (p. 19). Estas relaciones sociales que se dan en la cotidianeidad
siempre corresponden a una época histórica determinada.

27
En el presente trabajo, la vida cotidiana se compone de un espacio: una villa, el cual
constituye el escenario topográfico y simbólico de estas mujeres. En dicho escenario,
emergen identidades llenas de contradicciones, donde los límites habitacionales no solo son
físicos, sino también imaginarios y simbólicos. Esto se manifiesta especialmente en el
territorio donde se desarrolla la presente investigación: Barrio El Sifón.

Este territorio está compuesto por las mujeres que lo habitan, que con la trama cotidiana
que construyen, le dan sentido. Aquí se presentan las actividades diarias de forma
“dramática”, teniendo las acciones su propio ritmo, según el contexto donde se manifiestan
los hechos y las relaciones entre ellas. La vida cotidiana es donde se realiza la producción y
reproducción de las relaciones sociales que originan las distintas subjetividades históricas.

Lo cotidiano tiene un tiempo cíclico que se repite en el día a día dentro de un tiempo
histórico. También hay un ritmo fijo, repetitivo y regular que ofrece particularidades en
cada contexto y territorio. Dentro de ese tiempo y ese ritmo existe una praxis diaria que
puede ser, repetitiva o inventiva (creativa). La primera, reproduce el mundo, le da
estabilidad utilizando la unidad inmediata de pensamiento y acción propia de la
cotidianidad; mientras que la segunda permite la transformación del mismo, promoviendo
cierto distanciamiento del mundo que nos rodea y facilitando la posibilidad de crítica
(Lefebvre, 1961).

La cotidianidad, parafraseando a Lefebvre (1981), es la vida del ser humano que va del
trabajo a la familia, al ocio y a otros ámbitos. Es lo que se hace y se rehace en ellos, no sólo
las actividades especializadas, sino también los deseos, las capacidades y posibilidades del
ser humano en esas esferas, sus relaciones con los bienes y con los otros, sus ritmos, su
tiempo y sus espacios, sus conflictos.

Se define a la psicología social como crítica de la vida cotidiana porque comprende a los
sujetos en sus condiciones concretas de existencia. La investigación en lo cotidiano hace
posible que se pueda revelar de qué manera los sujetos mantienen y reproducen las
relaciones sociales que sostienen el sistema en el que viven. Como dice Barrós (2015), la
vida cotidiana es la forma en la que se desarrolla cada día nuestra historia individual.

28
2.2 La comunidad, la participación comunitaria y el poder.

En los análisis de esta tesis tomo el término “comunidad” desde Maritza Montero (2007),
entendiéndolo como un vocablo polisémico y complejo que designa la cualidad de lo
común que se extiende a varias personas perteneciendo al conjunto. También puede
explicarse como aquello que implica a las personas que se agrupan en él por los aspectos o
intereses compartidos. Para ella, la comunidad supone relaciones, interacciones del hacer,
del conocer y del sentir por el hecho de compartir esos aspectos comunes.

En torno a las mujeres que participan en el barrio El Sifón, estas relaciones se dan en un
ámbito social en el cual se han desarrollado histórica y culturalmente determinados
intereses o necesidades. Estos afectan en mayor o menor grado al conjunto de personas que
se reconocen como parte de la comunidad, desarrollando una identidad social de esa
historia compartida y construyendo un sentido de comunidad definido (aunque con
distinciones) entre las/os componentes de ese grupo social que se identifica en un
“nosotras/os”.

Participación comunitaria según Montero (2004) es “un proceso organizado, colectivo,


libre, incluyente, en el cual hay una variedad de actores, actividades y de grados de
compromiso, que está orientado por valores y objetivos compartidos, en cuya consecución
se producen transformaciones comunitarias e individuales” (p. 109). En el proceso de
participar, los miembros desarrollan capacidades, herramientas y recursos para tomar una
posición activa en el control de sus vidas y poder fortalecerse de forma conjunta, teniendo
repercusiones tanto a nivel individual como colectivo.

El fin de la participación es poder incidir a través de las decisiones del colectivo en el


conjunto de la vida social de la comunidad en cuestión. Por supuesto, no siempre ocurre
esto puesto que existen numerosas vertientes en los procesos de participación que hacen
que varíe el poder, la eficacia, la autonomía, la capacidad de decisión y el protagonismo en
esta posibilidad real y efectiva de influir y transformar lo social.

Al analizar la participación que las mujeres de El Sifón tienen en sus comunidades, se verá
como ésta no es medible en términos absolutos, sino que forma parte de un continuo donde
existen distintos grados de participación, también en función de distintos momentos donde

29
el poder para tomar decisiones ha ido variando según el contexto histórico y político. Estas
formas pueden ser complejas y contradictorias, además de tener múltiples dimensiones y
tensiones que iré analizando en este trabajo.

2.3 Una mirada desde el Feminismo decolonial.

Siendo el sujeto político por excelencia el hombre blanco occidental, las mujeres han
ocupado siempre un lugar secundario relegado a lo doméstico-privado que sustentaba la
labor pública masculina. Esta ecuación las ha dejado alejadas de la posibilidad de ciertos
ejercicios de ciudadanía, quedándose como las encargadas de proveer de los cuidados y del
bienestar de los demás. Estas tareas se han infravalorado en pos de un supuesto bien
colectivo, resultando siempre inapropiada la combinación de ambos mundos en un
equitativo sistema de valores.

En este marco teórico intento ajustar la lectura al contexto y origen de las mujeres que
forman parte de esta investigación. Para ello, tomo los feminismos como campo teórico y,
dentro del amplio abanico que los alberga, hablo de feminismo decolonial, considerándolo
como el más apropiado para entender a las mujeres del contexto en cuestión.

Comienzo con una breve exposición de las dos tendencias feministas hegemónicas más
conocidas y sus postulados:

El feminismo de la diferencia reivindica las diferencias de género en cuanto a la


construcción social de los hombres y de las mujeres, rechazando la idea de la necesidad de
entrar en el mundo de los varones y de equipararse con ellos.

Para ellas, se obtiene la condición de ciudadanía a través de la diferencia respecto del


modelo legitimado del sujeto. Las feministas de la diferencia, abogan por el desarrollo de la
diferencia genérica femenina en los distintos órdenes simbólicos.

El feminismo de la igualdad, sin embargo, propone esta equiparación con el mundo


masculino en igualdad de oportunidades y derechos. Las feministas de la igualdad postulan
que tarde o tempano seremos iguales ante la ley del patriarcado y centra su campo de lucha

30
en el ámbito de los derechos y leyes que fuercen a corregir estas desigualdades para lograr
igualarnos.

Los debates entre ambas posturas pueden ser considerados dentro de la lógica binaria
liberal-patriarcal donde se hacen necesariamente dicotómicos los conceptos de justicia vs
cuidados, igualdad vs diferencia, público vs privado, hombre vs mujer, naturaleza vs cultura
etc. entendiendo así la asignación de cada uno de los géneros a uno u otro lado de la
dicotomía: al hombre le corresponde lo público, la justicia, la producción, la cultura, la
razón…mientras que a la mujer sus opuestos. Todo ello entreteje la trama cultural y
simbólica del patriarcado (Abu, 2012).

Se han intentado superar estas dicotomías en el presente trabajo, pretendiendo comprender


otra lógica alejada del orden patriarcal de la modernidad a través de un marco teórico
feminista que comprende las transiciones o situaciones intermediarias entre el orden
colonial moderno y el orden pre-intrusión colonial que aún perduran en América Latina y
desde donde he intentado analizar la participación de estas mujeres en sus comunidades.

Para ello, conviene alejarse de los feminismos eurocéntricos hegemónicos, no


considerándolos tan adecuados para estos análisis, puesto que en ellos se elabora el sujeto
“mujer” por excelencia (blanca, clase media, heterosexual) en el cual no se encuentran estas
mujeres incluidas. Este feminismo se construye dentro del contexto del nacimiento del
mundo moderno, pues nace en la Ilustración, donde Europa proclama su dominio sobre el
mundo y a través de él, la cimentación de la otredad en contraposición al Yo occidental.

Por lo tanto, tomaré la idea de un feminismo autónomo, alejado de las instituciones y de los
intentos de cooptación del mismo por parte del Estado, descentrando los lugares habituales
de enunciación del sujeto universal mujer y de la dependencia intelectual eurocéntrica, para
centrarnos en un feminismo comunitario producido desde los márgenes de las propias
regiones de donde son estas mujeres, donde se construyen teorías propias, autogestionadas,
decoloniales, cuestionando el saber-poder y a sus instituciones.

Las feministas decoloniales van a decir que más que sistemas distintos de opresión se trata
de una misma matriz de poder que articula diferentes formatos en que se expresa dicha
sujeción, por lo que no es posible separarlas, ya que son interdependientes.

31
Desde este feminismo se retoma la idea de la comunidad repensando la autonomía desde lo
colectivo, desde las redes comunales y los lazos sociales con otras, muchas veces criticados
desde otros feminismos como consecuencias de la opresión de la mujer. Se trata aquí de
poner en valor el territorio de los afectos y cuidados como resistencia al mundo capitalista y
a las formas instaladas desde la colonialidad, para así politizar lo cotidiano y volver a mirar
desde el prisma de lo colectivo, desechando la complicidad con el relato moderno que
oprime a las mujeres en cuestión (Segato, 2016).

La genealogía del feminismo que tendré en cuenta para este trabajo, proviene del
feminismo autónomo de América Latina de los años 90 que se opone a la creciente
institucionalización de la agenda feminista en Europa y Norteamérica y a la extensión de
este discurso con los procesos de globalización al resto de los lugares del planeta. Tomo en
este trabajo principalmente la tesis de la autora Rita Laura Segato, así como conceptos del
feminismo comunitario.

Según Rita L. Segato (2016), si bien el patriarcado existía con una baja intensidad, fue la
colonización la que lo agravó, logrando imponer su propio sistema con sus propias reglas.
Esta autora llega a la conclusión de que existen evidencias irrefutables sobre formas de
patriarcado previas al proceso colonial, encontrando en los mitos de todos los pueblos un
episodio común situado en la constitución del mismo, donde se describe la derrota y el
disciplinamiento de una o varias mujeres.

El feminismo comunitario define su acción como el retorno a la comunidad para recuperar


los vínculos y redes comunitarias que surgen en lo local, el arraigo a la tierra, los afectos,
los cuidados y, por lo general, los aspectos contrapuestos al proyecto capitalista que
desarraiga, individualiza, desplaza y violenta la vida.

Se trata de poner en el centro la vida como valor en sí mismo. Este feminismo es un


movimiento social que trata de realizar aportes desde un pensamiento circular que permita
superar formas de conocimiento fragmentario, lineal, androcéntrico y colonizador de modos
de vida diferentes, así como de la naturaleza.

En este marco teórico, por lo tanto, se busca introducir desde los márgenes -tanto físicos
como simbólicos- la intención de hacer otras formas de política donde la vida se ponga en

32
el centro, con sus relaciones, sus reciprocidades y sus lazos comunales, haciendo política de
lo cotidiano como forma de resistencia al orden imperante.

Tomo este marco teórico decolonial y comunitario, puesto que nos acerca en mayor
medida a las mujeres investigadas. Ellas son las llamadas “negras”, “morochas” y
“trigueñas” descendientes visibles de los campesinos indígenas o pertenecientes al
mestizaje. Éstas, aunque desconozco si han hecho el camino hacia la identidad indígena,
son también excluidas por su color, rasgos y procedencia, convirtiéndolas también en
otredades por ser mujeres no blancas y villeras.

2.4 Aportes desde la Salud Mental Colectiva.

En la presente tesis, analizo la salud mental construida colectivamente por las mujeres que
forman parte de este trabajo tomando la participación como un componente de la misma.
Considero distintas visiones y formas de construir salud desde lo común, tomando lo grupal
como elemento posibilitador de la misma y analizando cómo repercute en lo individual y
subjetivo.

A través de la participación se genera una forma de interacción particular con el mundo y


con las demás personas, destinada a conocerlo de una forma más consciente y crítica. Ello
permite la posibilidad de tomar protagonismo junto con otras personas en dicha realidad,
entendiendo este ejercicio como componente para la salud. Tomar parte conlleva una
actitud activa del sujeto, que se implica en una acción o toma de decisión, es un
movimiento que nos saca de nuestra mismidad para poder pensar y actuar en lo colectivo.

Por lo tanto, un sujeto es sano en la medida en que puede modificar la realidad y


modificarse, en tanto puede realizar una lectura de la misma, siendo consciente de su
historia (Pichon-Rivière, 1982).

Considero como relevante el concepto de saberes profanos de Correa-Urquiza (2015),


entendido como las narrativas propias y experienciales que, a pesar de ser veladas y
minimizadas en cuanto a su relevancia, son activos en salud y producen efectos positivos en
las personas.

33
Se entiende la salud y la enfermedad no como absolutos, sino como pares dicotómicos de
una dialéctica constante entre el sujeto y sus condiciones concretas de existencia. Ambas se
construyen y se deconstruyen en la vida cotidiana de las personas en constante relación con
el contexto que las rodea, así como en las formas de percibirlas y significarlas (Quiroga,
2004).

Por ello hablamos de salud mental, como dice Quiroga (2004) como un “hacer y deshacer
social que tiene como escenario la vida cotidiana. Esa construcción social, en términos de
crecimiento, está indisolublemente ligada al desarrollo de un proyecto colectivo en el que
pueda inscribirse, para cada una/o de nosotras/os un proyecto personal, nuestros anhelos
como sujetos” (p. 21). Desde esta perspectiva, se toma el contexto del sujeto como
facilitador u obstaculizador de procesos de salud tanto individuales como colectivos,
existiendo, por lo tanto, estructuras sociales que promueven la salud mental, y otras que,
por omisión, la dificultan, llegando a provocar la alienación en los sujetos.

El contexto estudiado en esta tesis, es un ejemplo de entorno obstaculizador de las


necesidades de las personas que lo habitan; emergen por ello, numerosas problemáticas
sociales que provocan rupturas en el tejido social, como son el extendido consumo de pasta
base entre la población más joven y la violencia en multiplicidad de formas. Si a todo ello
le sumamos los constantes azotes de la crisis a las que están sometidas estas poblaciones,
encontramos pocas o nulas posibilidades de satisfacción de las necesidades humanas.

Tomo del psicoanálisis el concepto de reparación de Melanie Klein (1975) para explicar el
proceso reparador que experimentan las mujeres desde la historia personal a través de lo
colectivo.

En resumen, la salud colectiva nace de una necesidad de pensar al sujeto, no como objeto
de intervenciones y saberes técnicos y científicos, sino como sujeto activo y constructor de
procesos terapéuticos tanto individuales como colectivos. La idea de lo común resulta de la
elaboración entre y desde todas/os, reconociendo que las personas somos también capaces
de producir salud, especialmente si es con otras (Pié, 2016).

34
CAPITULO 3:

ORDEN SOCIO HISTÓRICO.

35
CAPITULO 3: ORDEN SOCIO HISTÓRICO.

3.1 Patriarcado, colonización y capitalismo.

3.1.1 Colonización y capitalismo.

Para entender el orden socio histórico en el cual emergen las mujeres que forman parte de
este trabajo, parto de la comprensión del sistema patriarcal y su particular engranaje en los
pueblos colonizados de América, así como su articulación con el capitalismo. También
analizo cómo la ideología dominante que emerge de esta conquista, influye en la particular
percepción de un “nosotras/os” desde la otredad en las mujeres investigadas.

La expansión colonial y la conquista de América fueron factores clave en la acumulación


originaria del capitalismo y el origen de la división sexual y racial del trabajo que perdura
hasta nuestros días.

Para la transición del feudalismo al capitalismo, la conquista de América fue clave; según
el concepto de “acumulación primitiva” de Marx, el capitalismo pudo desarrollarse gracias
a una concentración previa de capital y trabajo, separando los medios de producción de las
personas trabajadoras para el enriquecimiento de las clases dominantes europeas, quienes se
beneficiaron del saqueo de las Américas, así como del trabajo esclavo y de la servidumbre
de los pueblos originarios de dichas tierras (Federici, 2004).

El sistema capitalista se constituyó, y aun hoy se mantiene por el saqueo de dichas tierras y
la explotación de personas y recursos materiales de los dominios colonizados, para ello fue
necesario constituir una ideología que legitimara dichos actos y que aún se sostiene en
Occidente y en el mundo entero. Esta tiene que ver con la idea de que las personas que
habitaban las tierras colonizadas eran de una condición inferior a las invasoras,
minusvalorando sus formas de vida y justificando el saqueo de sus tierras y la violencia
contra ellas. Para ello se creó la idea de “raza”, que construía un discurso racista donde todo
lo no-blanco pasaba a ser considerado como peligroso, salvaje y por debajo de lo humano,
imponiendo la centralidad en el sujeto blanco, varón y occidental.

En el capitalismo, la fuerza de trabajo se vende a cambio de salario para que la persona


trabajadora subsista; regla básica de este sistema es que exista una cantidad sobrante de

36
personas para generar la competencia necesaria, de modo que el empresariado pueda
reemplazar al personal trabajador, que siempre tendrá una necesidad vital de trabajo para
poder subsistir. De esa manera, la persona contratante podrá poner el precio a la plusvalía
extraída de cada trabajador/a, siendo este ejército permanente de desempleados/as necesario
para el buen funcionamiento del sistema de producción capitalista.

Con la división racial y sexual del trabajo, entendemos que la fuerza de trabajo de cada
persona no tiene siempre el mismo valor, sino que éste varía en función de las atribuciones
raciales o de género que se le designen según el lugar que ocupe en la jerarquía de la
humanidad.

La explotación de las mujeres ha sido un aspecto esencial en el proceso de acumulación


capitalista ya que éstas han sido las que han puesto su fuerza de trabajo no sólo en lo
productivo sino también en relación a lo reproductivo, es decir aquellos trabajos que se
realizan para sostener la vida, trabajos que han sido negados como tal, asociándolos a
“labores” o “tareas” que debían realizar las mujeres por el hecho de serlo. Es por ello que el
trabajo no pagado de las mujeres en el hogar ha sido el pilar sobre el que se constituyó la
explotación de las/os trabajadoras/es asalariadas/os, así como el secreto de su productividad
(Dalla Costa, 1972).

En este sentido, las mujeres que han sido parte de esta investigación, se encuentran
desposeídas de cualquier propiedad (vivienda, medios de producción etc.) y se dedican
únicamente a las desvalorizadas tareas del hogar y de los cuidados, ya sea de forma gratuita
en su propio hogar o a cambio de una pequeña retribución económica en los sectores
informales.

La clasificación social de la población mundial se sustenta sobre la idea de las diferencias


de raza que expresa la dominación colonial. La categorización de las diferencias entre
las/os conquistada/os y las/os conquistadoras/es se explica a través de una supuesta
estructura biológica que ubica a unos en una situación natural de diferencia en relación a
la/os otra/os. Basadas en esta idea, surgen nuevas identidades sociales y categorías raciales
en el continente: indias/os, negras/os, mestizas/os etc. Estas nuevas identidades generan
nuevas relaciones de dominación y sumisión, adjudicando jerarquías y lugares sociales ante

37
la imposición de la dominación colonial. Estas formas de organización social dieron paso a
la modernidad. (Quijano, 2000).

De esta forma, todo lo demás pasaba a formar parte de la otredad, siempre diferente de lo
“normal”, teniendo que ser civilizado o directamente exterminado. Se miraba al “otro”
como lo bárbaro, relacionándolo con el Diablo debiendo ser convertido y cristianizado.

Como S. Federici (2004) afirma:

“el nuevo horror que los españoles sintieron por las poblaciones
aborígenes a partir de la década de 1550 no puede ser así
fácilmente atribuido a un choque cultural, sino que debe ser
considerado como una respuesta inherente a la lógica de la
colonización que, inevitablemente, necesita deshumanizar y
temer a aquellos a quienes quiere esclavizar” (p. 297).

3.1.2 Patriarcado y colonización.

Conjugo aquí la noción de patriarcado con el capitalismo y el colonialismo. Este concepto


hace referencia a la explotación y violencia que sitúa al hombre por encima de la mujer en
un sistema de valoración mundial, combinando ese sexismo también con el racismo. Este
sistema lejos de desaparecer, se alimenta en el actual momento histórico, constituyéndose
así un patriarcado capitalista. El mismo, por lo tanto, es opresivo y jerárquico y sitúa al
hombre (y todo lo asociado a él), sobre la mujer, organizando también la distribución de las
riquezas a nivel mundial. Es de carácter universal y se uniformiza a raíz de la colonización
de América y de la constitución del mundo en un sistema centro-periferia.

Según Segato (2016), la intervención colonial en América Latina produjo la relación de la


mujer con el ámbito privado, al mismo tiempo que se desvalorizaban ambas y de todos los
aspectos de la vida comunal previos a la colonial modernidad. Este tránsito se inició en la
conquista y prosiguió con la administración del Estado constituido por las élites criollas,
interviniendo en las formas de organización interpersonales y de género de los pueblos
originarios, así como en sus patrones de vida comunitaria.

38
En muchas ocasiones históricas, las mujeres han tomado un papel principal devolviendo la
politicidad a lo cotidiano, a lo personal, al papel de la maternidad, como, por ejemplo, las
mujeres de las villas de este trabajo. Ellas revalorizaron lo común desde su accionar
cotidiano como modo de sobrevivir a una estructura social que las niega en sus necesidades
más básicas. Estas formas de politizar la vida, poniendo los cuidados en el centro, remiten a
formas de organización que, alejándose de la competencia, se asientan en el apoyo mutuo,
potenciando formas que resisten al patriarcado exacerbado con el colonialismo, así como al
capitalismo individualista vigente hoy en día.

Los análisis de Segato (2013) relacionan el patriarcado con la colonial-modernidad,


diferenciando el mundo pre-intrusión colonial (o Mundo Aldea) del Mundo Estado
Moderno y distinguiendo intensidades de patriarcado diferentes en uno y en otro. Postula
que la colonización y la intromisión del mundo moderno en América Latina provocaron lo
que desde el feminismo comunitario se calificó como “entronque de patriarcados”,
agravando la situación de las mujeres en el mundo colonizado por medio de la destrucción
del tejido comunitario y del valor político de la función que éstas tenían en la sociedad pre
colonial.

Para entender el contexto específico del que parten las mujeres con las que he trabajado,
considero esencial comprender la historia pre intrusión colonial, así como la colonización.
Para ello, tomo como necesarias las propuestas teóricas que articulan la idea de raza, clase
y sexualidad centrada en la dominación colonial sobre los territorios de América Latina. Es
importante entender la imbricación de los sistemas de dominación que operan sobre las
mujeres estudiadas en este trabajo en cuanto al sexismo, racismo, heterosexualidad,
patriarcado y capital.

En relación a las mujeres originarias y su lugar en la sociedad pre colonial, estas tenían un
reconocimiento social: si bien no era igualitario al de los hombres, sí era complementario a
éste, valorando el mundo de lo cotidiano y de lo familiar como contribuyente a lo colectivo.

A raíz de la colonización, acontece un cruce de patriarcados que provocó que un idioma


que ya era jerárquico (el del patriarcado ancestral), en articulación con el discurso
igualitario de la modernidad, se transformara en un orden aún más jerárquico y

39
desarraigado. El hombre no blanco imitó la violencia del colono, ejerciéndola en su propio
mundo debido a la transformación de las normas, a los cambios en el sentido de las
relaciones y la modificación de estructuras, que se llevaron a cabo en la invasión colonial
(Segato, 2016).

De ahí se deriva lo que Julieta Paredes (2010) denomina “entronque de patriarcados” entre
los hombres invasores y los hombres indígenas, generando una articulación cómplice contra
las mujeres y llevando a la realidad de la situación patriarcal actual. Los unos trajeron su
propio patriarcado que se entroncó con el local de baja intensidad y, combinando ambos, se
afinaron formas agravadas de opresión para las mujeres locales.

Para Segato (2016), los factores que influyeron en ello fueron principalmente éstos:

 Los hombres indígenas, al estar situados como intermediarios con la administración


del hombre blanco les supuso un acrecentamiento de su posición masculina.

 La eliminación de los hombres originarios de la vida comunitaria en contraposición


a la administración y poder del colono.

 La universalización y el incremento de la esfera pública, habitada antiguamente por


los hombres originarios, junto con el simultáneo desmoronamiento y privatización
de la doméstica.

 La castración de estos hombres frente al hombre blanco opresor en relación al


mundo público, agravó las condiciones del patriarcado arcaico.

 La transformación de un sistema binario a uno dual que acontece con la


universalización de uno de los dos términos constituido como público, en oposición
al otro, privado.

Me centro en este último factor para explicar la transformación del mundo dual de los
pueblos originarios hacia una estructura binaria colonial y sus consecuencias en el
patriarcado. Para ello, parto de la descripción de lo que identifica al mundo dual de los
pueblos originarios. Este mundo se caracteriza por el mundo de lo múltiple, comunitario y
también jerárquico, pero de diferente manera, puesto que el mundo del hombre y el de la

40
mujer- aunque también relacionados diferencialmente con lo público y con lo doméstico-
forman parte de esferas complementarias y recíprocas. Es decir, ninguno de los dos mundos
somete al otro, sino que uno completa al otro.

En la estructura binaria introducida en la modernidad colonial reinaba el mundo del uno,


existiendo ambos de forma suplementaria. El hombre como ser humano universal (blanco y
heterosexual) y lo Otro, lo diferente, manifestado en formas feminizadas, no blancas,
marginales y, por lo tanto, deficitarias. El otro, ha de eliminar sus diferencias para ajustarse
al equivalente universal, para poder formar parte del mundo y ser tenido en cuenta en sus
enunciados.

Es a raíz de la transformación en un sistema binario, que el espacio público de dominio


masculino del mundo comunitario muda al dominio universal, modificando cualquier lugar
de enunciación de lo político a una única esfera: la del Estado, eliminando de toda
politicidad lo personal y lo doméstico.

Asimismo, la iglesia como institución oficial dentro del nuevo estado nacional, marcó las
pautas a seguir en la conquista y en el gobierno del mundo colonizado. Junto a las armas
fueron las sagradas escrituras y la expansión de la doctrina social católica, transformando el
espacio de lo femenino y las nociones relacionadas con el cuerpo y la sexualidad de la
mujer. Según Federici (2004), el cuerpo de la mujer fue identificado como algo posible de
ser corrompido y de generar corrupción, transformando la sexualidad en algo peligroso. Se
introdujo así una moral, que reducía el cuerpo de la mujer a un mero objeto, introduciendo
la culpa y el pecado, representando en ellas las ideas de pureza y de tentación. A partir de
entonces, quedaron calificadas como el “sexo débil”, sospechosas de cometer actos alejados
de la “racionalidad”, equiparando ésta con el cumplimiento diligente del orden de la fe
cristiana.

Todas estas transformaciones simbólicas facilitaron el tránsito entre patriarcados,


acentuando las violencias hacia las otredades como forma de disciplinamiento hacia lo
disidente que se atreve a ser. Con esta situación las mujeres perdieron su legitimidad
política.

41
3.2 Capitalismo y desigualdades sociales en América Latina y en Argentina.

La situación actual en América Latina tiene su origen en la colonización, en las luchas por
la independencia, en las formas de dependencia posteriores que se han ido desarrollando, en
la explotación económica y dominación política y en las características del Estado. Todo
ello provocó las inmensas desigualdades estructurales que se viven hoy en el continente,
teniendo en cuenta siempre las diferencias entre los procesos históricos de cada país.

La caída del muro de Berlín y el final de la Guerra Fría en 1989, dio comienzo al nuevo
paradigma de la globalización, donde la libre circulación de capital amplió nuevos espacios
de comercio, generando procesos de reconversión de territorios e industrias que tuvieron
repercusiones sobre las poblaciones locales.

Este proceso de no regulación del capital, hicieron globales los mercados, las finanzas, la
información, la comunicación, los valores culturales etc., creando un proceso de
internacionalización del capital que trajo cambios socio-económicos, políticos y culturales,
muchas veces, con consecuencias negativas para los países del sur en términos de
desigualdad.

Los países del norte, generaron políticas de mayor proteccionismo y barreras a los
movimientos migratorios, mientras presionaban a los países del sur a través del Consenso
de Washington (1989) y de organismos internacionales, a realizar políticas de privatización,
desnacionalizando empresas de servicios públicos, desregulando la propiedad común de la
tierra, “flexibilizando” el trabajo, achicando el Estado y desmantelando el bienestar.

En América Latina la globalización agravó las desigualdades que ya existían,


produciéndose una mayor concentración de la riqueza en pocas manos y un aumento de la
pobreza. A raíz de esta transformación neoliberal, cada vez más población en el continente
fue quedando relegada a un segundo plano en el proceso productivo. Esta población fue
desplazada a una mayor precariedad con los trabajos informales y el desempleo,
llevándolos a una falta de cobertura de derechos básicos.

Estas transformaciones estructurales también conllevaron cambios a nivel territorial


visibles en el barrio de las mujeres que han formado parte de esta tesis. Estos cambios

42
ocurrieron debido a la venta del suelo rural a manos privadas, lo cual provocó la migración
del campo a la ciudad, expulsando a muchos trabajadores rurales cuando la actividad
agrícola desarrollada no lograba competir, ni industrial ni tecnológicamente, en un mercado
globalizado. Esto provocó el crecimiento sin planificación de los barrios populares
autogestionados desde las personas recién migradas, creando cinturones de pobreza
alrededor de las metrópolis, donde aún hasta hoy, conviven familias en espacios insalubres,
sin equipamientos y con riesgos de inundación.

Dichas poblaciones, -que ya se encontraban previamente en posiciones de mayor


subordinación por motivos relacionados con su origen étnico, procedencia y/o género-
vieron cómo su situación empeoraba ante la imposibilidad de subsistencia en el medio
rural, teniendo que migrar a las ciudades para intentar vender, de alguna forma, su fuerza de
trabajo.

Una sociedad asalariada es aquella en la cual las personas que reciben salarios (siendo la
mayor parte de la población de un país), obtienen por medio de la venta de su fuerza de
trabajo sus ingresos, su estatus, su protección social, su valor en la sociedad e incluso, su
identidad, permitiéndose a través del empleo, las posibilidades de acceso al ocio, a la
cultura, a la educación etc. (Castel, 1999 citado en Álvarez Leguizamón, 2007).

En América Latina, no existe una gran cantidad de población asalariada y la que lo está, no
se encuentra con la protección social con la que se encuentran en Europa. En concreto, en
Argentina, la ocurrencia del trabajo precario e informal, acentúa las formas de
discriminación de estas poblaciones al acceso a los derechos más básicos, caracterizando
estas dinámicas con un fuerte contenido de segregación étnica (Álvarez Leguizamón,
2006).

En Argentina, los altos índices de desocupación se deben, en su mayor parte, a las políticas
privatizadoras de lo público y, por lo tanto, dependientes del capital extranjero que han
provocado la destrucción de las fuerzas productivas propias como la industria textil y
metalúrgica (Spiguel, 2002).

Este sector informal se encuentra realizando trabajos de subsistencia o dentro de una


economía semi clandestina, y si además son mujeres, las posibilidades de inserción en

43
cualquier mercado formal se minimizan hasta el punto de quedar desprotegidas de cualquier
garantía social, lo cual las hace en muchas ocasiones, dependientes de sus maridos y
expuestas a múltiples formas de violencia.

Según Álvarez Leguizamón (2007), existen formas de reproducir la desigualdad que tienen
que ver con procesos interrelacionados de carácter socio-histórico, estructural, contextual y
discursivo que perpetúan las jerarquías sociales a lo largo del tiempo. En estas categorías
sociales, los sectores subordinados por su clase, etnia y/o género, se encuentran en una
relación de interdependencia con otros grupos sociales, aunque manteniendo una posición
supeditada. De aquí extraemos una explicación acerca de las relaciones de dominación de
clase, entendiendo que las diferencias de poder entre estos grupos sociales no provocan la
exclusión de unos, sino que existen entre ellos vínculos de interdependencia desde lo local
hasta lo global. Estas jerarquías se potencian a raíz de las dificultades para acceder a un
empleo asalariado, derechos básicos, bienes, servicios y formas de ciudadanía civil, social y
política.

Por lo tanto, las personas desocupadas son clase obrera que, debido a las políticas de
“flexibilización” laboral y a las privatizaciones de la industria, sobreviven a través de
“changas” y subsidios. Las relaciones que determinan estos grupos sociales tienen
características objetivas, según el lugar social que ocupan, y su correlato en lo subjetivo,
que estará ligado a sus costumbres, a su forma de pensar, atribuir valores y vivir (Spiguel,
2002).

La condición de clase precede a nuestra existencia, puesto que partimos de un país, de un


lugar concreto, de un barrio, de una familia...Nuestro origen social nos condiciona, aunque
en las acciones cotidianas se trate de recrearlo y mejorarlo.

Las clases sociales no son compartimentos estancos, sino que son aspectos interconectados
en un todo único, éstas actúan entre ellas a veces en cooperación y otras en conflicto.

Desde una visión marxista, el lugar que se ocupa en las clases sociales se define por la
actividad productiva y tiene 3 rasgos principales:

44
1) Las relaciones de propiedad; esto es el lugar que se ocupa en relación a los medios
de producción en cuanto a las relaciones de propiedad con estos medios, si se poseen o no,
si se regulan por parte del Estado y de qué manera etc.

Según Spiguel (2004), cuando decimos propiedad también hablamos de su negación, la no


propiedad. A lo largo de la historia han existido distintas formas de apropiación y de
desposesión. Una de ellas se dio en la colonización donde los pueblos originarios fueron
desposeídos de sus tierras por los grandes terratenientes y convertidos en obreros rurales o
campesinos pobres. En la actualidad, y debido a los distintos procesos de acumulación de
capital, buena parte de esta población se encuentra despojada de cualquier propiedad, y
muchas/os de ellas/os se ubican en América Latina, en los asentamientos humanos de la
periferia de las grandes ciudades del continente.

Actualmente, la formación económico-social mayoritaria en Argentina y en el resto del


mundo es el capitalismo, donde la forma de propiedad privada es absoluta, es decir, cada
persona es dueña de lo que tiene y las clases dominantes monopolizan los grandes medios
de producción, las tierras y el dinero para comprar dichos medios, mientras que los
desposeídos tienen como único recurso su propia capacidad de trabajar (fuerza de trabajo)
susceptible de ser vendida a las personas poseedoras del capital a cambio de un salario.

Es la necesidad material la que obliga a estas clases a trabajar para otras, quienes generarán
la plusvalía, esto es, un valor excedente del trabajo que se queda la persona capitalista
dueña de los medios y de la materia prima.

Aun así, no todas las personas pueden vender su fuerza de trabajo en el sistema capitalista,
puesto que una gran masa queda desocupada, ello es una condición necesaria para que el
sistema se sostenga con bajos salarios y trabajadoras/es que los soporten. A esto Marx lo
llama el “ejército industrial de reserva”, resultado y salvaguarda del funcionamiento del
sistema capitalista.

La desocupación y la subocupación de los sectores empobrecidos es el criterio determinante


de la situación de pobreza en la que viven, por ejemplo, las mujeres que forman parte de
este trabajo. Es decir, el origen de su situación se encuentra en el plano de la producción, no

45
del consumo, y se debe a la no incorporación o a la incorporación informal al mercado
laboral.

2) El proceso de trabajo y el rol que se desempeña en este proceso; es decir, el lugar


que ocupan las personas y por el cual se diferencian y se relacionan entre sí en la
organización social del trabajo.

Las relaciones que se establecen en el proceso de trabajo cambian incluso en el mismo


sistema capitalista. Actualmente, las clases dominantes no forman parte de la dirección del
trabajo productivo, sino que poseen el monopolio de las compañías a través de sus
acciones, regido por la lógica del capital financiero que se invierte en el mundo
globalizado.

En la sociedad de hoy, existe una gran diversidad en cuanto al rol que se ocupa en el
proceso de trabajo, aunque todas las personas (de una forma u otra, en mejores o en peores
condiciones) venden su fuerza de trabajo por un salario o, como las mujeres que forman
parte de esta investigación, combinan ingresos de actividades informales con eventuales
trabajos asalariados.

3) El modo y la proporción en la que cada grupo humano se apropia de la parte de


riqueza social de la que puede disponer.

Las relaciones de producción, conforman grupos humanos que se relacionan entre sí de


múltiples formas según el propio acto productivo. También en la vida social y cotidiana se
manifiestan estas relaciones, por ejemplo, en la lucha política, en el terreno cultural e
ideológico, en las costumbres, en los patrones de consumo, en las formas de ver y entender
el mundo etc. Desde la perspectiva marxista, el comportamiento está relacionado con la
estructura social y atraviesa y condiciona la existencia de los individuos.

En este conflicto de clases, resulta importante considerar que las estructuras sociales
provocan grandes desigualdades, al estar regidas por una minoría dominante que acapara
los medios de producción y por una mayoría que sólo cuenta con su fuerza de trabajo para
subsistir.

46
3.3 Contexto socio histórico en Tucumán.

El objetivo de este apartado es poder ubicar y visualizar como el contexto socio histórico
forma parte de la constitución de lo subjetivo de las mujeres del barrio El Sifón, así como
sus prácticas cotidianas.

3.3.1 Ingenios azucareros

A finales del siglo XIX, la agroindustria azucarera era la principal actividad económica de
la provincia, (aspecto que continúa siendo actualmente). En ella participaban personas
trabajadoras nativas (muchas de ellas venidas de provincias aledañas) e inmigrantes que
habían sido llamados a poblar las tierras “desocupadas” de la argentina, facilitando la mano
de obra que permitía la obtención de los latifundistas del poder económico del país.

En este periodo, el mercado de trabajo en Tucumán se crea, entre otros motivos, a partir de
la migración regional de mano de obra que llegó de las provincias vecinas de Santiago del
Estero, La Rioja y Catamarca; familias enteras que llegaron en el periodo de la zafra para
trabajar y cuya fuerza de trabajo garantizaba la acumulación originaria del capital, así como
de las/os indígenas y cosechadoras/es en los propios lugares, que se regían bajo la papeleta
de conchabos y las leyes contra el vagabundaje (Rosenzvaig, 1987). Estas leyes
disciplinares daban al patrón una autoridad policial haciendo que las personas empleadas
estuvieran a sus órdenes, así como también quienes no la poseyeran, podían ser acusadas de
vagancia e incurrir en una pena cuyo castigo era prestar servicios a los ejércitos durante
varios años.

La fase artesanal de la agroindustria azucarera presentaba numerosas deficiencias a nivel


tecnológico y en relación a las condiciones laborales de la mano de obra (trabajo infantil,
mortalidad temprana etc.). Con la llegada del ferrocarril en 1876, se produjeron
transformaciones de tipo político, económico y tecnológico, pasando de esta fase artesanal,
a la creación del ingenio moderno, y con ello, a la formación de la clase obrera en la
provincia (Rosenzvaig, 1987). El ferrocarril ayudó al impulso de esta industria,
abasteciendo el consumo nacional y posibilitando el desarrollo de un mercado interno
también facilitado por la implementación de aranceles aduaneros que protegían dicha
industria de la competencia extranjera. A raíz de ello, se produjeron cambios sociales,

47
llevando en 1893 a una guerra civil por la liquidación de la oficina de conchabo bajo una
orden gubernamental a pesar de la resistencia de diputados y senadores propietarios de las
tierras.

A medida que la industria fue creciendo en la provincia, el número de ingenios fue


disminuyendo provocando una monopolización de los recursos en manos de una oligarquía
con lazos cercanos al poder político. Este aumento en la actividad productiva causa
sucesivas crisis de superproducción en los inicios del s. XX, provocando las primeras
huelgas por mejora de salarios, condiciones y servicios para las personas trabajadoras.

En 1920 se promulga una ley que establece un salario mínimo y una determinación de 8h
de jornada de trabajo. En 1924 queda prohibido el empleo a menores de 12 años y las
mujeres mayores de 18 no podrían trabajar más de 8h diarias.

Con el peronismo se logran este tipo de protecciones, permitiendo la organización de las


personas trabajadoras y creándose en 1944, la FOTIA (Federación Obrera de Trabajadores
de la Industria Azucarera), que fue la base del movimiento sindical en la provincia,
obteniendo convenios colectivos y mejoras para el personal empleado. Por lo que partir de
entonces, la FOTIA vertebraría las luchas sindicales de Tucumán, permitiendo el arraigo
del peronismo en la provincia hasta la última dictadura.

Las mujeres trabajaban muchas veces con sus esposos en las tareas de campo, pelando caña
o cosiendo las bolsas donde se guardaba el azúcar. El trabajo de éstas no estaba valorado ni
era visibilizado, por lo que apenas se remuneraba, y cuando se pagaba, se hacía muy debajo
del debido valor (Mercado, 2008).

Con el golpe de estado de 1955 y el derrocamiento de Perón, ya la industria azucarera no


era rentable, por lo que, comenzaron los intentos de desmantelamiento, así como también,
se manifestaron los intereses contradictorios entre personas trabajadoras. También, la
FOTIA fue intervenida y sus dirigentes detenidos.

En 1960, Tucumán sufrió una de sus crisis de superproducción más acentuadas, atrasando
los pagos de salarios a las personas trabajadoras, así como incrementando las deudas de los

48
ingenios para con los estados. Esto ocurre en el final de gobierno de Illia, produciéndose en
1966 otro golpe de estado nacional y una ola de huelgas en la provincia.

A mediados del siglo XX las relaciones entre obreros y dueños de ingenios eran de carácter
capitalista, manteniéndose aun resquicios de formas de coacción social a través de un
paternalismo encubridor de las relaciones de explotación entre obreros y patrones. Todos
estos datos históricos permiten la comprensión de las luchas obreras que vendrían a
posteriori a raíz de los cambios impuestos en las posteriores dictaduras que significaron el
menoscabo en las condiciones de vida de las personas trabajadoras, sino la supresión de sus
puestos de trabajo (Nassif, 2015).

3.3.2 Cierre de ingenios y operativo Tucumán.

En 1966 asumió el poder un gobierno de facto a cargo de Onganía, quien suspende la


actividad política, prohibiendo también los partidos. Comenzaron una serie de políticas de
racionalización y diversificación de la industria local, englobadas en el llamado “Operativo
Tucumán” que se iniciaron en la provincia con el cierre de once ingenios considerados poco
rentables, instalando en su lugar, fábricas y empresas con otras finalidades. El cierre de
dichos ingenios provocó el primer gran éxodo de población tucumana hacia los centros
urbanos de otras ciudades.

Esta década se caracterizó por el cierre de 11 de los 27 ingenios existentes, considerados


como no productivos, y la eliminación de más de 50.000 puestos de trabajo. Sólo en la
agro-industria se generó una crisis social de grandes proporciones junto con altos niveles de
conflictividad obrera.

Este proceso agravó la crisis que ya existía, produciéndose altas cuotas de personas
desempleadas. Para ello, se pusieron medidas de trabajos transitorios y planes para
estimular el desarrollo de otro tipo de cultivos, pero estas medidas no fueron suficientes
para parar la migración, generándose un caldo de cultivo de prácticas clientelares
originadas en la colocación, por parte de dirigentes gremiales, de personas trabajadoras en
estos empleos que ofrecía el gobierno.

49
3.3.3 El golpe de Estado de 1976 y dictadura.

La década previa a la dictadura iniciada en 1976 se caracterizó por la violencia y asesinatos


de dirigentes políticos y sindicales, secuestros de personal empresarial y policías, así como
también movilizaciones obreras y estudiantiles, como el Tucumanazo.

Se fueron conformando así, organizaciones político militares en resistencia a la dictadura


de Onganía, como fueron los Montoneros, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el
Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) etc. Tras el mando de Onganía, se sucedieron
otros dos dictadores: Levingston (1970) y Lanusse (1971), este último permitió que Perón
volviese del exilio, aunque no presentarse a las elecciones.

La muerte de Perón en 1974, dejó a María Estela Martínez de Perón en el gobierno,


mientras operaban en el país grupos parapoliciales como la Alianza Anticomunista
Argentina (Triple A) y grupos guerrilleros clandestinos.

Con María Estela Martínez gobernando, en 1975 se firmó un decreto que permitía al
ejército perseguir y eliminar la acción “subversiva” en la provincia de Tucumán, lo cual
facilitó que los grupos paramilitares se enfrentaran a las organizaciones político militares
antes mencionadas, generando un clima de enfrentamientos violentos, secuestros y
asesinatos en la provincia llamado “Operativo Independencia”.

Este operativo fue un ensayo de la política anticomunista que se ideaba desde el Estado y
que posteriormente se implementaría en el resto del país.

Concretamente en Tucumán existía un movimiento obrero combativo donde se habían


realizado importantes huelgas, paros y tucumanazos desde el cierre de los 11 ingenios en el
1966. También se había instalado un foco guerrillero donde el Ejército Revolucionario del
Pueblo (ERP) quería actuar desde el monte tucumano, para así establecer una “zona
liberada” que promoviera la colaboración de los pobladores, provocando el enfrentamiento
abierto con las Fuerzas Armadas y el imperialismo norteamericano. Así, la guerra de
guerrillas se transformaría en una guerra de liberación nacional que comprometería a todos
los sectores de la sociedad.

50
Como dice Ferri (2018), este “foco subversivo” en el monte de Tucumán motivó uno de los
mayores operativos militares en la historia del país. Aunque lo que verdaderamente
amenazaba los intereses de la burguesía nacional era el movimiento obrero combativo que
ya no cedía ante los gobiernos burgueses disfrazados de populares.

El Operativo Independencia fue un ensayo para erradicar la subversión e implementar sin


obstáculos, una política económica de desindustrialización con el objetivo de fortalecer el
poder de los grandes propietarios.

En la provincia, se puso en el poder al general Antonio Bussi, imponiendo el terror,


persiguiendo y reprimiendo cualquier forma de participación política. Numerosos
estudiantes, sindicalistas, intelectuales y profesionales fueron secuestrados, torturados y
desaparecidos, prohibiendo cualquier forma de organización popular y política, censurando
la libre expresión y cerrando carreras de la Universidad Nacional de Tucumán consideradas
como subversivas.

A nivel nacional, el 24 de marzo de 1976 la Junta Militar-entre ellos Rafael Videla, Emilio
Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti- tomaron el poder y anunciaron el inicio del
Proceso de Reorganización Nacional justificándolo con la inestabilidad política, económica
y la extrema violencia. Para ello, las Fuerzas Armadas en el poder, suprimieron los focos de
subversión para implementar una política económica que beneficiaría, sobre todo, a los
grandes propietarios.

Para ello, impusieron un programa de gobierno basado en la represión y el terrorismo de


Estado, así como en la censura, el secuestro y la tortura. En Tucumán hubo 656 personas
desaparecidas, siendo la mayoría de ellas, obreras de la industria azucarera. Según Bugeau
(2006), ex secretario de Derechos Humanos de la Provincia y titular del Observatorio de
Derechos Humanos de la CTA, el terrorismo de Estado fue apoyado por empresarios
azucareros quienes buscaban eliminar a las personas que lideraban la subversión
(especialmente personas dirigentes de la FOTIA consideradas una amenaza), en pos de
obtener mayores beneficios económicos en el proyecto transnacional llevado a cabo en la
dictadura.

51
En 1982 la Junta Militar-que atravesaba conflictos y una creciente oposición social y
política que presionaba con el llamado a elecciones- tomó la decisión de comenzar una
guerra en las Islas Malvinas con el fin de recuperar las de manos de los ingleses y como
forma de unificar e intentar crear respaldo en la ciudadanía. Para ello, ocupó Stanley,
capital de las islas, con la esperanza de que Gran Bretaña no reaccionara a la invasión, pero
éstos, junto con Irlanda, dieron su respuesta y en menos de tres meses se expulsó a las
fuerzas armadas argentinas de las islas.

La victoria británica aceleró la caída de la dictadura argentina, precipitando la salida del


Gobierno militar del poder; renunció Galtieri y en diciembre de 1983, se convocaron las
elecciones democráticas, poniendo fin a más de siete años de dictadura.

3.3.4 Los años 90 en Tucumán.

Al inicio de los años 90, con el gobierno de Carlos Menem se puso fin en Argentina al
“Estado de bienestar”, donde el Estado intervenía en la dinamización de la economía y la
distribución de la renta, facilitando el acceso a la educación, sanidad y a un sistema de
seguridad social para la población. En esta década, se inicia un periodo de ajuste fiscal,
libre comercio y privatización de lo público, concentrando aún más el capital en pocas
manos.

Durante la década de los 90, el Fondo Monetario Internacional (FMI) tomaba al país como
modelo de implementación exitoso de las políticas de ajuste bajo el paraguas del ya
mencionado Consenso de Washington. Cavallo, el ministro de economía de entonces,
impulsó el Plan de Convertibilidad, con el objetivo de terminar con la hiperinflación. Para
ello realizó un cambio de tipo fijo, conocido como el 1 a 1, mientras que abría al país al
comercio y a la financiación extranjera, permitiendo usar el dólar para todo tipo de
transacciones económicas, así como también prohibiendo que el Banco Central financiase
políticas fiscales expansivas que incrementasen la producción y el empleo a través de una
disminución de los impuestos y un aumento del gasto público.

52
Esta política provocó una sensación de enriquecimiento pudiendo, con la convertibilidad
del peso, adquirir artículos de importación extranjeros, facilitar el ascenso social hacia la
clase media y generar la percepción de que el país formaba parte del llamado “Primer
Mundo” (Armony y Armony, 2005. Citado por Ozarow, Levey y Wylde, 2016).

Las consecuencias de estas políticas provocaron el abaratamiento de las importaciones,


deteriorando así la industria nacional e incentivando las compras al exterior frente a la
producción local. Todo ello provocó un fuerte aumento del desempleo y transformaciones
socio territoriales en la provincia de Tucumán.

Durante este periodo se logró implementar el modelo ideado por el denominado Consenso
de Washington. Este consenso implicaba políticas económicas que reducían el déficit
público a través de la reducción del gasto social, la privatización de empresas públicas, la
liberalización del comercio y los mercados internacionales, la reducción de las condiciones
para que la inversión extranjera entrara en el país y la no regularización de los mercados
laborales internos.

Todo ello respondía a un consenso entre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el


Banco Mundial (BM) de supuesta necesidad para reducir la deuda externa. Este consenso
estableció un conjunto de medidas económicas neoliberales que a la larga empeoró las
condiciones de vida de la mayoría de la población de Argentina.

En concreto en Tucumán, estas políticas vinieron de la mano de Ramón Ortega (1991-


1995) y Antonio Domingo Bussi (1995-1999) que fueron quienes llevaron a cabo
privatizaciones en la provincia; después Julio Miranda asumió el gobierno desde 1999 hasta
el 2003 ante un panorama de inestabilidad económica y conflictividad social.

Las políticas llevadas a cabo durante este periodo provocaron una transformación en la
producción agrícola de la provincia, pasando de ser una provincia azucarera y cerealera a
una especializada en el cultivo del limón, llegando a exportar la mayor parte de su
producción al resto del país y a nivel mundial. Es entonces cuando grupos extranjeros
accionaron sobre las empresas citrícolas tucumanas, convirtiendo la actividad rentable en
los mercados internacionales y reduciendo sus beneficios, cada vez, a un menor número de
personas. Se producen entonces cambios en la propiedad de la tierra, pasando a reducirse el

53
número de propietarios mientras que aumentaba la inversión de capital internacional. Esta
privatización de lo público generó masas de personas desocupadas y la expulsión de la
mano de obra en la actividad agrícola tradicional lo que provocó una migración masiva del
campo a la ciudad.

El pasaje de suelo rural a manos privadas transformó también el territorio según Cusa
(2015):

“originando discontinuidades espaciales, sociales y cualitativas,


propias de la globalización, que se tradujeron en fragmentos
habitacionales en buena medida inconexos, pobremente
equipados y ambientalmente degradados, como es el caso de los
asentamientos precarios, en la periferia menos apta para ser
urbanizada, con riesgos de inundación y proximidad al vertedero
de residuos” (p. 19).

El crecimiento informal de los asentamientos humanos produjo las llamadas villas


emergencia como única posibilidad de acceso a las tierras urbanas por parte de la población
popular recién migrada.

Según Cusa (2015), estos flujos migratorios de las zonas rurales a las urbanas generaron
espacios de pobreza, al mismo tiempo que se reducía la intervención del Estado en la
responsabilidad sobre la población. Ello provocó que los municipios tuvieran que asumir
funciones relacionadas con la administración de la asistencia social y económica de la
población, así como de los suministros de equipamiento, infraestructura y servicios de estos
territorios.

3.3.5 La crisis del 2001.

En la segunda mitad del s. XX América Latina sufrió una crisis de deuda externa;
concretamente en Argentina el modelo neoliberal se impuso como política económica,
afectando al tejido social existente.

54
La Convertibilidad generó problemas económicos a largo plazo que derivaron en una
industria nacional poco competitiva, la pérdida de mercados en el extranjero y el
endeudamiento (Ozarow, Levey y Wylde, 2016). El colapso de esta situación desembocaría
a finales del año 2000, cuando comenzó una crisis política a raíz de que el vicepresidente
Carlos Álvarez renunciara a su cargo, tras denunciar que el presidente Fernando de la Rúa
había sobornado a diputados del Congreso con motivo de una votación para la reforma
laboral. Entonces el gobierno argentino solicitó al FMI el desembolso de fondos para
fortalecer la economía del país haciendo que los mercados internacionales perdieran la
confianza en el país.

A partir de este momento se decretó el llamado Corralito, medida que impuso la


bancarización forzosa de la economía, mediante la prohibición de extraer más de 250 pesos
en efectivo de los bancos. Comenzaron entonces las huelgas generales, los saqueos
alimentarios, los cacerolazos y los “piquetes”, como protesta ante el desempleo y la
pobreza.

Como respuesta ante la situación, De la Rúa declaró el “estado de sitio” el 19 de diciembre,


pero ello no contuvo el estallido de la calle quienes aunaban en un solo grito la demanda
colectiva del “¡que se vayan todos!”.

Las consecuencias de dos décadas de políticas neoliberales junto con una democracia
delegada tras una dictadura militar, fue un sistema corrompido bajo la administración de
Menem y la subsecuente crisis de representación (Armony y Armony, 2005).

Las protestas fueron reprimidas hasta que finalmente De la Rúa tuvo que renunciar,
abandonando la Casa Rosada en helicóptero. La inestabilidad política y económica derivó a
que en diciembre del 2001 cuatro presidentes distintos asumieran el poder, dimitiendo
posteriormente y produciendo el mayor impago de la deuda externa de la historia
internacional. Finalmente Duhalde asumió el poder, quedando al mando hasta el 2003.

A lo largo de este periodo en el país ocurrieron auténticas experiencias de autogestión y


democracia participativa: experiencias de trueque, asambleas y ollas populares, ocupación y
recuperación de fábricas etc.

55
En concreto en Tucumán, el desempleo y el incremento de la pobreza extendida sobre todo
desde los años 90, generaron un agravamiento del problema de desnutrición infantil que,
aun ocurriendo en el país en general, fue especialmente acentuado en la provincia de
Tucumán.

Medwid (2008), afirmaba que en el año 2002 Tucumán, la provincia más pequeña de la
Argentina, se hacía visible en el contexto nacional e internacional a partir de titulares como
“los chicos del país pasan hambre”, “Detectan unos 11790 chicos desnutridos en Tucumán”
o “Desnutrición infantil extrema en Villa Quinteros, sur de Tucumán”.

En esta provincia el 45,9% de la población vivía en la pobreza y el 13,6% en la indigencia


según datos del Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales.
El hambre resultaba un fenómeno nuevo y se evidenciaba como problema estructural y
masivo, siendo a partir de entonces cuando emergieron las ollas populares como
experiencia organizativa liderada por mujeres de sectores populares. Estos espacios fueron
cambiando el perfil hasta convertirse en comedores infantiles financiados a través de
distintos fondos y políticas públicas de asistencia alimentaria, lo cual implicó también
muchas críticas por el uso político de la pobreza desde las prácticas clientelares.

A partir del 2007, disminuyó el fenómeno y, aunque los comedores no desaparecen del
paisaje territorial, algunos se transformaron en centros de cuidado y nutrición o
reorientaron su labor.

Según datos del INDEC, en mayo del 2002, la brecha entre el ingreso promedio del 10% de
hogares más ricos, con respecto al 10% de hogares más pobres, era de 26 veces.

Otro dato relevante es el aumento en los niveles de pobreza en Argentina, llegando en el


2002 a un porcentaje del 57,5 de la población viviendo por debajo de la línea de pobreza,
siendo en el 2003 más del 50% de los pobres menor a 22 años.

Además, acompañaban a la pobreza todo tipo de precariedades: desocupación y


subocupación, reducción de ingresos y la expansión de puestos de trabajo precarios,
inestables y sin cobertura social.

56
El problema de acceso a los alimentos en el llamado “granero del mundo” fue (y continúa
siendo), objeto de numerosas acciones que han ido surgiendo ante las necesidades
alimentarias, dando respuesta desde programas sociales junto con organizaciones civiles.

Desde finales de los años 80 se dio la implementación de estas políticas asistenciales a


través de programas alimentarios (copa de leche, comedores infantiles etc.), que coexistían
y en ocasiones emergían gracias a las iniciativas populares surgidas por parte de las
mujeres.

En este proceso se pueden señalar dos momentos: el primero que va desde el 2000 al 2001
y el segundo que va desde el 2001 hasta la actualidad. En el primero destacan las ollas
populares antes mencionadas producto de la crisis económica gestada en los años 90 y de la
emergencia social y alimentaria derivada de aquella y en un segundo momento, los
programas sociales que partían de esas mismas experiencias barriales y que facilitaron la
salida de la crisis con la emergencia de los movimientos de base piquetera y la redefinición
de los componentes participativos y comunitarios de las políticas sociales desde el 2003
(Santarsiero, 2013).

Consideré estos comedores como espacios político-sociales, donde no sólo se daba


respuesta a una necesidad alimentaria, sino donde también se gestaba politicidad barrial,
ayuda mutua, autogestión, relaciones sociales, vínculos políticos, redes, recursos estatales y
reivindicaciones. Todo ello ha sido analizado a lo largo de esta tesis con las mujeres que
han sido parte de esta investigación y las repercusiones que tuvieron, y aún tienen, estas
experiencias en su vida cotidiana.

Paralelo al problema de la desnutrición infantil, en el 2002 surgió en el país el consumo de


“paco” (pasta base) tras la crisis económica e institucional. Según Eugenio Nadra,
coordinador del consejo científico de Sedronar en el 2006:

"los narcotraficantes se dieron cuenta de que, con la


devaluación del peso respecto al dólar, la gente ya no tenía
dinero para pagarles y decidieron aprovechar los restos de la
fabricación de la cocaína y venderla justamente en los
alrededores de las cocinas, los laboratorios clandestinos donde
se elabora la cocaína” (El País, s/n).

57
La pasta base es una droga muy económica, altamente adictiva y con un efecto inmediato,
que se instaló en los barrios populares donde la realidad del día a día ofrece pocas
perspectivas de futuro. Es por ello que en Argentina se la llama “la droga de los pobres”
aumentando su consumo en un 200% en tan solo cuatro años, se estima que los
consumidores de esta sustancia oscilan entre los 30.000 y los 70.000.

Los datos de la Secretaría de Programación de la Drogadicción y la Lucha contra el


Narcotráfico estiman que ya hay menores que muestran síntomas de adicción a la pasta de
cocaína entre los 10 y los 11 años. Estudios del Sedronar realizados en 2015, indican que el
1,6% de la población escolar alguna vez consumió paco en Argentina, una cifra que se
elevó en 2016 en la ciudad de Buenos Aires hasta el 2%.

3.3.6 Modificaciones en el territorio: el surgimiento de los asentamientos humanos (Barrio


Juan Pablo II).

El territorio es un concepto teórico y metodológico que explica y describe el desarrollo


espacial de las relaciones sociales que se establecen entre los seres humanos en el ámbito
cultural, social, político y económico. El territorio tiene función de estructuración de
identidades, ofreciendo cierta seguridad y sentido de pertenencia, aunque sus límites sean
móviles.

Según la concepción eurocéntrica y colonial, el territorio es un espacio apropiado y


transformado por el ser humano. A diferencia del concepto de espacio, aquel está

58
culturalmente significado y definido tanto simbólica como instrumentalmente, por lo que,
se caracteriza por ser el resultado del trabajo y de la representación asociada al espacio en
cuestión. Es en el territorio donde se ponen en juego los campos y las relaciones de poder
(Giménez, 2000 citado por D´ Arterio, 2015).

A partir de la colonización se impone la concepción del territorio como espacio de


extracción de recursos naturales y de dominación, entendiendo la civilización en
contraposición a la idea de lo salvaje o natural, que ha de ser dominado por el hombre
blanco.

Los pueblos originarios entienden el territorio de forma orgánica y natural, eliminando la


visión material y la demarcación limitante acuñada desde la concepción de propiedad
privada del mundo occidental. Su cosmovisión tiene que ver con la significación del
territorio como un lugar colectivo legado de sus ancestros, entendiéndose a ellas/os
mismas/os como parte del universo (D’ Arterio, 2015).

A partir de la colonización, el conflicto sobre los territorios de América Latina fue una
constante disputa entre estas visiones, primando la concepción colonizadora del espacio
como un lugar de extracción y explotación cada vez más masiva, movida hoy por intereses
económicos desde los gobiernos y empresas multinacionales extranjeras.

Las sucesivas crisis socio-económicas en Argentina, tuvieron su momento álgido en los


años 90, periodo donde el paradigma neoliberal se implementó como modelo,
reorganizando el Estado. Las consecuencias pudieron verse reflejadas en el tejido social y
en la trama urbana, aumentando la extensión territorial de las grandes ciudades al mismo
tiempo que se fragmentaba socio espacialmente la población. Se cartografiaba de esta
manera la sociedad argentina, diagramando un sector que quedaba perjudicado por la
implementación del nuevo paradigma. Estas transformaciones estructurales generaron
mutaciones territoriales incrementándose las desigualdades en las áreas urbanas, lo que
conllevó a una dinámica homogeneizadora, pero con diferencias regionales, según las
características propias de cada zona. Todo ello provocó contradicciones a nivel local: por
un lado, la constitución de las villas o asentamientos humanos, mientras que, en el otro
extremo, la auto segregación de conjuntos vallados de iniciativa privada, ofertados a través

59
de la promesa de “seguridad y tranquilidad” en los countries (D’ Arterio, 2015). Las
ciudades comenzaron a expresar sus desigualdades sociales a través de esta delimitación
territorial materializada en las villas y su contraparte, la periferia, donde viven las rentas
altas y exclusivas. Estas situaciones se debieron a la progresiva reducción del Estado en la
producción de suelo urbanizable en el periodo comprendido entre los años 80 y 90.

Al mismo tiempo, la expulsión de la mano de obra provocó una fuerte migración del campo
a la ciudad, sin posibilidad de que esta última pudiera absorber el crecimiento poblacional
como consecuencia de los cambios económicos y tecnológicos dados en el sector. Ello
llevó al aumento de los asentamientos irregulares y autogestionados desde la extrema
pobreza, que escapaban de cualquier planificación formal, encontrándose en la periferia de
la ciudad menos idónea para la urbanización, cercana a vertederos y bajo el riesgo de
constantes inundaciones (D’Arterio, 2015).

En las ciudades se iban ido instalando estos lugares con leyes propias regidas desde la
oportunidad de ocupar territorios para la vida, sin planificación ni gestión estatal. Este
proceso marcó notables desigualdades territoriales y sociales, que dieron lugar a fragmentos
de terrenos cada vez más habitados, pero escasamente equipados, en ambientes degradados
a las afueras de la ciudad, que obligaban a la población a vivir en condiciones concretas de
existencia marcadas por la insalubridad y pobreza extrema:

I: “Era una casilla de madera. Me habré quedado con mi hermana ahí seis meses. Después
conozco a un muchacho, me quedo embarazada, y no teníamos dónde vivir. No me llevaba
bien con mi cuñado, porque era golpeador. Era cerca del año 1978. Entonces buscamos
lona, cortamos palos del medio del monte, de la parte de atrás del Hospital Obarrio.
Hemos hecho horcones y cosido las lonas, las envolvimos y las pintamos con cal. Con
chapas de cartón hemos techado la casa, y con una Gillette cortamos la puerta, a la que
después levantamos con un pedazo de caña. Si nos hacía calor, cortábamos la ventana,
para que entrara aire. Mi yacusi (se ríe) eran los tarros de lata de aceite. Las camas eran
de horqueta, y a veces el colchón era un trapo viejo. Dentro de todo éramos felices; a veces
no teníamos qué ponerle al hijo, y lo dejábamos desnudito hasta que se secaba la ropa.
Muchas veces he añorado el campo, porque éramos más inocentes y me hubiera gustado
criarlos a los hijos allí.”

60
La intensa migración del campo a la ciudad obligó a la población activa a buscar
alternativas; como consecuencia, se produjo un desmembramiento de familias, yéndose la
población joven y adulta a las ciudades en busca de supervivencia, quedando la infancia al
cuidado de las personas mayores, el vecindario y la familia extensa.

R: “Yo llegué con 12 años sin saber que era de acá, yo vivía en otro lugar y un día
descubrí que mi madre era en realidad mi madrastra. Ella era del campo y se vino al Sifón,
yo cuando llegué a los 12 años los vecinos me decían que me habían sostenido de bebe en
ese lugar, ahí descubro que yo había nacido acá”

Conocer el origen rural de las mujeres estudiadas es importante a la hora de entender como
empiezan a construirse los asentamientos humanos, así como también, comprender su
manera de habitar el barrio. Cabe pensar que conservan estas prácticas y formas de vida
procedentes de ese pasado campesino e indígena donde la solidaridad y la ayuda mutua
forman parte de la noción de convivencia en torno a un mismo territorio. Representaciones
del territorio sin fronteras de propiedad limitantes y alejadas de la concepción colonial y
capitalista del mismo, puesto que, según Spiguel (2002), las personas campesinas de las
zonas rurales fueron y son, en su mayor parte pueblos indígenas que, como tal, fueron
despojadas de sus tierras por los grandes terratenientes desde la colonización. De ahí que la
causa de la desigualdad en la que las personas descendientes de los pueblos originarios
viven, tenga relación con la usurpación de sus tierras, la posterior explotación por parte de
la clase terrateniente y los sucesivos desplazamientos derivados del sistema económico-
social.

Ello ayuda a pensar la cotidianeidad en el barrio, la forma de concebir el territorio en el que


viven y los vínculos de solidaridad que en él se construyen:

E: “porque yo no crié solamente a mi hijo, yo crie vario´ hijo´…na´ má´ que no están
conmigo…yo he llegado a tene´ 14 hijo´ en la casa, yo de una cama grande lo hacía dormí´
8 o 9 en la misma cama...de otra familia, sobrino, aparte de mi marido, familia mía...”

Podemos vincular estas formas dadas en lo cotidiano, a los comportamientos de las familias
extensas de las zonas rurales del norte de Argentina, donde es habitual la coexistencia de
varias unidades familiares en una misma vivienda. Incluso cuando otro núcleo familiar está

61
por conformarse, éste lo hace bajo el cobijo del grupo originario tanto en la construcción de
la vivienda como en la proporción del territorio para la misma. Estas formas de vinculación,
manifiestan una gran cooperación y ayuda ente los miembros, que se extiende a otros
ámbitos de la comunidad, entre vecinas/os, configurando subjetividades individuales y
colectivas (Racedo, 1988). Se puede ver algo de estos rasgos en los comentarios de E. en la
descripción de formas de actuar en el barrio:

E: “yo tenía una casita prefabricada, después de la que se me había quemado, estaba con
palos adentro para que no se lo caiga y de las tormentas que venían era la única que se
quedaba parada, que no se le volaba los techos, entonce´ lo´ vecino´ se venían a casa, mi
marido se tenía que levanta´ de la cama a dale la cama a lo hijo de otro pa´ que duerman
porque no tenían…quedaban sin techo e ir al otro día, levantame, ir a la municipalidad a
pedirle por chapa, por alimento pa´ esa gente que no tenía.”

Asimismo, los efectos de la globalización tuvieron consecuencias en las formas de


construcción del territorio en términos culturales y sociales, provocando desarraigo y
fragmentación social. Estos procesos de migración masiva provocaron la separación de
familias y la producción de una nueva vida en un espacio por construir, donde la
precariedad y el deterioro de la calidad de vida de las personas migradas eran notables en
términos de salubridad y bienestar.

Según Bidaseca (2002), estas personas, en la búsqueda de un lugar, se aglomeran en los


márgenes de las ciudades donde se producen y reproducen bolsones de pobreza extrema
que Augé (1996) caracteriza como “espacios residuales en los que se encuentran los
desarraigados y desempleados de orígenes diversos” (p. 106).

Las llamadas “villas miseria” son nombradas así por Bernardo Verbitsky, que, en 1957 en
su novela “Villa miseria también es América”, menciona de esta forma a las urbanizaciones
pobres de las ciudades argentinas. Esta designación acentúa la particularidad de la
estructura de estos espacios, a diferencia del carácter transitorio que evocaba la
denominación acuñada hasta ese entonces como “barrios de emergencia” (Cervio, 2016).
Por lo que, las popularmente llamadas “villas”, son un tipo de asentamiento urbano precario

62
que se ha ido extendiendo en territorio y población a lo largo de los años, convirtiéndose en
parte del propio tejido urbano de las grandes ciudades del país.

A partir de este momento, tanto los ámbitos de gestión como académicos, comenzaron a
apropiarse del término para definir los asentamientos ilegales, donde se instalaban las
familias que migraban en busca de trabajo provenientes del interior de las propias ciudades,
de otras provincias o de países limítrofes. Para estas familias, la usurpación de estas tierras
fiscales era la única salida a la dificultad habitacional ante a la imposibilidad de inserción
en el trabajo formal productivo. Estos territorios fueron sufriendo de hacinamiento,
viviendo su población, sin unos mínimos de habitabilidad, infraestructuras, salubridad e
higiene.

La legitimidad de las condiciones de existencia en las que viven las mujeres del barrio de El
Sifón, viene dada por los poderes dominantes, quienes mantienen barrios enteros en
situaciones de atraso residencial y habitacional, conservando unas condiciones de vida no
dignas para sus poblaciones, mientras que, en otras áreas de la propia ciudad, se da un
contraste que hace reflexionar por el llamativo injusto reparto de la riqueza.

La ciudad de San Miguel de Tucumán y sus márgenes se han convertido, como también lo
percibe Rosenzvaig (1997), en el refugio de los expulsados por la caña que migraron hacia
la urbanidad más próxima improvisando verdaderas “ciudades miseria”.

El contexto habitacional del Barrio Juan Pablo II fue uno de los barrios populares
generados a lo largo del siglo XX en las áreas periféricas de la ciudad. El Estado hizo su
aparición a través de políticas públicas, logrando satisfacer algunas de las necesidades
básicas de sus poblaciones, aunque no llegando a materializar la profunda transformación
de la realidad social que, aun hasta hoy, anhelan sus vecinas/os. Este barrio se fue
conformando alrededor de los años 60 en la periferia de la ciudad por personas de otros
barrios y por las que tuvieron que migrar desde los ingenios:

C: “Yo me mudé a este barrio (al Sifón) cuando tenía 7 años. Yo era del Colmenar. Del
Colmenar nos mudamos con mi hermana y mi hermanito. Viví acá desde los 7 hasta los 21
y después me mudé de nuevo, ya con mi marido al barrio 11 de enero, porque recién

63
empezaba el barrio y conseguí una posibilidad de mudarme ahí, a empeza´ nosotros y
entonce´ después volvimos el año pasado.”

El espacio en el que se desarrolla la acción de las mujeres con las que he trabajado,
popularmente llamado “El Sifón”, es una zona que se caracteriza por ser un área de pobreza
crítica. Se encuentra emplazado en la zona noroeste de la ciudad, paralelo al trazado de las
vías del ferrocarril Belgrano (límite norte). Originalmente el asentamiento formaba parte de
la periferia de San Miguel de Tucumán, y aunque por su antigüedad quedó incorporado a la
trama urbana, continúa disociado en función de la accesibilidad a ciertos equipamientos,
infraestructura y servicios urbanos. Las viviendas tienen distintos grados de precariedad,
teniendo la mayoría de los hogares, alguna carencia relacionada con el material de las
construcciones, con la disposición de excretas o con el agua. Pocas de estas viviendas
llegan a una calidad constructiva satisfactoria (apenas alcanzan las condiciones básicas) y
gran parte de ellas posee una disposición insuficiente que apenas cubre las necesidades
mínimas. El barrio cuenta con acceso a la electricidad y agua corriente, sin embargo, en
relación a este último servicio, las conexiones domiciliares han sido realizadas por los
propios vecinos, situación que provoca permanentes interrupciones del suministro, pérdidas
de agua en las calles y falta de tensión de la red (Del Castillo, 2015).

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CAPITULO 4:

VIDA COTIDIANA EN RELACION A LA


PARTICIPACION COMUNITARIA DE LAS
MUJERES DEL BARRIO DE “EL SIFÓN”.

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CAPITULO 4: VIDA COTIDIANA EN RELACION A LA PARTICIPACION
COMUNITARIA DE LAS MUJERES DEL BARRIO “EL SIFÓN”.

Adentrándonos en las principales preguntas que surgen de este planteamiento de tesis, y en


base al trabajo de campo y a las entrevistas realizadas, reagrupo aspectos armando los que
se repiten en lo observado y en lo relatado por las mujeres que han formado parte de este
trabajo, en relación a los efectos de la participación comunitaria en su vida cotidiana. En
función de eso se suceden categorías que dan respuesta a los interrogantes planteados en el
planteamiento de esta investigación. Estos eran: ¿Qué rol ocupan estas mujeres en su
comunidad? ¿Cómo influye y como se manifiesta en su vida cotidiana el pasaje de la
vivencia de las problemáticas vistas como una “cuestión individual y/o familiar a
problematizarlas junto a otras como una cuestión colectiva? ¿Qué efectos tiene la
participación social en ellas? ¿Qué las motiva a ello? ¿Podrían estas experiencias ser
consideradas en el campo de la salud mental?

Respondiendo al planteamiento principal que surge en esta tesis acerca de:

¿Cómo influye la participación comunitaria en la vida cotidiana y en la subjetividad


de las mujeres del barrio El Sifón?

Elaboro estas cinco categorías generales:

 Los motivos para la participación.

 La participación como salida del “encierro” que supone el hogar. La participación,


los cambios en la vida cotidiana y su influencia en la identidad.

 La participación como trabajo y su articulación con el tiempo libre.

 La participación y el aprendizaje familiar.

 La participación como construcción de salud mental colectiva.

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¿Cuándo comienza la participación y por qué?

B: “Yo comencé hace 16 años (en el año 2000), por mi hijo que consume comencé a ir a la
plaza al ver que había madres que se juntaban ahí por el tema del consumo de sus hijos.”

(…)

E: “Yo he decidió porque…una por la necesida´ mía también...por ayuda´ a mis hijo´,
ayuda´ a mi marido...ayudar otra gente...me ha surgido ma´ que nada para ayuda a otras
familias que no tenían”

(…)

I: “Empezó por una necesidad propia, tenía muchos hijo´ y no había trabajo así que iba a
buscar restos que sobraban en Mercado de Abasto y de ahí le traía a mis hijo´ y el de al
lado también tenía hambre y le daba de come´ también, si no alcanzaba para nosotras, las
mamas, nos hacíamos unos mates (…) Después le dije a otras mamas ‘si vamos todas
vamos a ir mejor’. Con la R íbamos al Mercado de Abasto a buscar lo que les sobrara y
con una lavadora antigua hicimos una olla” (…) “Si, con las ollas populares en el 2000,
con la desnutrición…era una cuestión de sobrevivir… juntar y entre todas da´ de come´ a
los hijo´” (…)

S: “Empezamos porque hay muchos chicos que no tienen digamos que son...que no tienen a
vece´ ni para come´...para hacer mate cocido...y hay chicos que venían para acá, para
pedi´ mate cocido”

4.1 Motivos para la participación.

La principal motivación que impulsó la participación de las mujeres del grupo es la


necesidad. Ésta propiciaba el encuentro con otras en la resolución de sus necesidades
materiales y de supervivencia debido a la desnutrición de sus hijas/os en épocas de crisis.
Es en esta situación donde las carencias ya habituales en contextos de pobreza, se
agravaban sumado a la situación de consumo de pasta base de sus hijas/os, y la ausencia de

67
respuesta por parte del Estado en relación a la salud y a las problemáticas derivadas de esta
situación.

Tomo la concepción de vida cotidiana de la psicología social en la que el sujeto no solo es


producido por su contexto, sino que también participa de él como productor a través de su
práctica cotidiana. Encontramos que la relación que se da entre éste y su entorno es
dialéctica, siendo esta la de una estructura-estructurante dada por medio de la interacción
con otras/os, siendo el sujeto, en términos de Pichon-Rivière (1971) “un ser de necesidades
que sólo se satisfacen socialmente en relaciones que lo determinan” (p.63).

Según este autor, es la necesidad, como tensión interna, la que provoca en el sujeto la
realización de un conjunto de operaciones materiales y simbólicas que determinan su
conducta y que provocan que éste, con su accionar, encuentre la manera de satisfacerla.
Con esta acción se producen simultáneamente dos efectos: la transformación en el contexto
y en la persona que protagoniza la acción a través del aprendizaje de la realidad,
direccionando un acto sobre su contexto inmediato. Se resuelve entonces la contradicción
de la tensión antes mencionada entre lo interno y el mundo exterior. Entendemos aquí la
necesidad como lo que moviliza al sujeto en el encuentro y en el vínculo con otros, con la
intención de resolver dichas necesidades transformando la realidad y a sí mismas/os en ella.

El contexto social de las mujeres que forman parte de esta investigación, produjo el
encuentro con otras para la resolución de necesidades de diversa índole. De ahí que muchas
de ellas (especialmente las más mayores) comenzaran su compromiso con la comunidad
desde la búsqueda de estrategias colectivas frente a una situación de emergencia y de
necesidad.

Las mujeres del barrio El Sifón, no sólo se movilizaron ante la situación de necesidad de
sus hijas/os, sino también ante necesidades propias y de los demás miembros de su
comunidad.

El rol como mujeres cuidadoras, propiciaba esta búsqueda de supervivencia donde no se


buscaba sólo la resolución de las necesidades propias, sino que se colectivizaban las
problemáticas, socializando la maternidad también para responder a las necesidades de
otras/os hijas/os de otras madres.

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Socializar la maternidad tiene que ver con resignificar y ampliar las concepciones de lo que
simboliza ser madre y ser mujer, especialmente en los sectores populares. Estos
desplazamientos de sentidos están atravesados por tensiones surgidas de las inscripciones
de nuevos significados en los modos de ser de las mujeres-madres producto de la lucha
colectiva por la supervivencia y el bienestar de sus hijas/os (Morales, 2017).

Esta socialización permite resignificar la maternidad como acción colectiva al incluir a


las/os hijas/os no biológicos a la práctica cotidiana de la misma, posibilitando su
politización y permitiéndolas, con ello, encontrar nuevos sentidos y proyectos de vida. A
través de este ejercicio, se van configurando nuevas subjetividades por medio del pasaje de
la lucha por la/el hija/o de una, a las/os hijas/os de todas/os, para posteriormente ampliar
sus reivindicaciones a otros derechos. La participación de las mujeres en sus comunidades
hace extender la maternidad, no solo a otras/os hijas/os, sino también a otras esferas de la
comunidad.

Estos procesos de reconfiguración subjetivos devienen de la implicación en acciones


colectivas, en procesos de lucha política contingente, donde nuevas identidades emergen de
la resultante de esta dialéctica. La resignificación del lugar materno, modifica las
representaciones sobre la maternidad, pasando de lo íntimo del hogar a posicionamientos
cuestionadores del orden social y del lugar que ocupan en él.

En especial en periodos críticos de dificultad económica, las mujeres han sabido emplear
estrategias de supervivencia, donde no existía la opción de no compartir lo poco que se
tenía. En la vida cotidiana de entonces, la urgencia de las necesidades más básicas se hacía
manifiesta en la reproducción de la vida en base a las redes vinculares protagonizadas por
ellas, muchas veces desde la socialización de la maternidad.

El contexto social ha ido influyendo de distintas maneras en las relaciones sociales y en la


cotidianeidad, convirtiéndose en algunos momentos, en auténticas redes de apoyo y
subsistencia para la propia vida y para la de sus hijas/os. Centradas mayoritariamente en la

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reproducción de la vida, han sostenido, alimentado y dado respuestas a problemáticas de
salud de las/os hijas/os de las grandes crisis del país.

Aun así, no solo las necesidades materiales motivaron el vínculo con otras, aun siendo esta
la principal causa; también encontramos mujeres que buscan sostén, justicia, dignidad, y
cambio social.

R: “Fue por el tema de nuestros hijos aditos´, no teníamos la contención que


necesitábamos, mi marido e hijos no me daban la contención que necesitaba, entonces I me
invitó a participar del grupo”

(…)

A: “Yo siempre me he puesto a pensar por qué pienso como pienso y por qu hago lo que
hago y tiene que ver con la historia de vida que uno tiene” (…) “O sea tiene que ser por
una cuestión más de justicia por tu par, por tu pueblo, por tu vecino, por tu dignidad de
pobre, por tu dignidad que venís queriendo sostene´ de generación en generación…”

(…)

C: “Colaborar a la sociedad...de lograr que se quieran, se valoren y se sientan capaces de


hace´...en realidad yo creo que lo mío es porque mi mamá no se valora, no se
libera...entonce´ yo siento que lo que no logro con ella, lo puedo lograr con otras mujere´.
Entonces eso...verlas que pueden hacerlo, a mí me hace bien...”

Los motivos para participar son:

 las necesidades ante la emergencia en épocas de crisis debido al ejercicio del rol
como madres garantes de la supervivencia familiar.

Otras necesidades propias y de la comunidad como son las de sostén, justicia, dignidad y
cambio social.

70
¿Qué genera la participación? ¿Cómo era la vida antes? ¿Cómo sería la vida sin estas
actividades?

B: “Yo no era más que una empleada doméstica, era de mi casa, de estar metida adentro
con mis cosas y nunca pensé que me llevaría a donde me llevó” (…) “yo al principio me
daba vergüenza hablar, me daba miedo así hablale a la prensa y gritar en la plaza…y esto
me ha hecho aprender muchísimo, antes lloraba mucho, era sumisa y callada, me daba
vergüenza habla´ con mi patrona. Si ella me decía de tomar un café yo me ponía nerviosa
por si no lo tomaba bien y ahora entro en la casa de gobierno…jamás he pensado de
habla´ con ese tipo de gente, salir en La Gaceta, llamar a periodistas para que así me
reciban a un chico en el Obarrio, de viaja´ así a otras provincias, de encontrarse con otras
mamas”

(…)

C: “Yo me encierro y a pesar de que tengo ese dialogo y que hablo con todo el mundo,
pero el habla´ con todo el mundo es solamente en los grupos. Después yo soy muy cerrada,
si voy a lugares que no conozco también soy más reservada hasta que entro en
confianza...entonce´ es como que arme mis lugarcitos porque después de eso me
dedico...yo tambien soy igual...estoy en mi casa, atiendo a mis hijos, limpio...entonce´ yo lo
necesito para sali´ de todas las rutinas, necesito esos espacios. En casa también lo puedo
hace´ pero el estar con otras personas me sirve, pero yo soy la que las arma a todos, yo
doy la posibilidad...pero no me veo sin hacer.” (…) “Pero ese era mi mundo: estar en
casa, preparando chicos y no tenía otra comunicación con demás personas y cuando se da
lo de la fundación es cuando yo empiezo a salir de mi casa a ir a aprender a hacer cosas y
a dedicarme a esto...”

(…)

R: “Él me tenía encerrada acá (…) Me he notado un cambio…ahora voy de aquí para
allá”

(…)

71
L: yo venir del trabajo y quedame´ en mi casa, en cambio ya tengo un trabajo ya me baño y
ya vengo para acá a ve´ que hacemo´...

Entrevistadora: ¿Sería más para adentro la vida?

L: si

Hermana: más encerrada

S: ¿cómo sería la vida...? Se me hace que sería la vida de antes cuando tenía problema con
mi hijo

Hermana: es que esto te cambia mucho

S: digamo´ que la vida de antes era encerrarme, rezar, llorar...

Hermana: y pensar en el hijo noma´...

S: pero no…cambio mucho...

L: los chicos (del comedor) te hacen cambia´ mucho la vida…el renegá, reírse con ellos...

S: Te despabilan mucho a veces vos estás pensando en cosas y llegan ellos y ya te


despabilas, te olvidás…

L: como que tenes problema y ya venís para acá y los chicos te hacen olvidar por lo
menos...una hora dos horas...de tus problemas

S: te cambia mucho los chicos, cambia mucho…yo estaba muy vaga…y bueno, nosotras
tenemo´ que ver cuando llega ese día, tenemo´ la responsabilidad de ver que hace pa los
chicos...que se le va a dá...y bueno tenemo´ que pensá de dónde vamo´ a sacá y ya
empezamo´ a joderla a la I, pero ya cambian los días, los horarios porque estamos
sabiendo de que tenemo´ que prepara las cosas, de que ya se vienen los chico´...y a vece´
uno de renegá con los hijos ajenos se despabila...

(…)

72
E: “Y hoy en el día por supuesto…hoy en el día ma´ que uno ya tiene un montón de
experiencia, yo me siento capacitada con toda la experiencia que yo he aprendido, yo me
siento capacitada de enfrentalo´ a cualquier gobierno...Porque yo antes era ‘ee...sumisa,
¿me da? ¿O no me da?’ hasta que he aprendio´ un día y he dicho...’yo te voy a prendé
goma si ustede´ no me dan! … Las cosas pa´ la gente, ¡están! ¡Está´ la chapa, está la
mercadería!, ¿qué quieren hace política ustede?’ Mire, yo he incentivao carro desde el
barrio, ‘¡mira mañana vamo´ y vamo´ a quema´ goma y hasta que no le entregue la chapa
a la gente, yo no voy a descansa´!, ¿ustedes quieren?’ ‘¡sí, si E, vamo! ´ y empezaba a
prendé goma. Si prendía a la mañana, a la tarde los camione´ ya empezaba a trae´ las
cosa´”

4.2 La participación como salida del “encierro” que supone el hogar. La participación,
los cambios en la vida cotidiana y su influencia en la identidad.

La influencia de la participación de las mujeres del grupo de “familias en acción” permitió


un proceso de profunda transformación de sus identidades. La casa, significada como un
“encierro”, como la no socialización, la vida dedicada a los cuidados del hogar, del marido
y de las/os hijas/os. Esta salida al mundo público, las posicionó en lugares nuevos de
valoración social, ejerciendo un importante efecto en lo subjetivo.

A partir de esta “salida del hogar” al mundo público, las mujeres que forman parte de esta
investigación interrogaron y problematizaron sus condiciones de vida, dando lugar al
desarrollo de una participación cada vez más compleja y contradictoria, conllevando
también una profunda transformación en su identidad.

4.2.1 Participación comunitaria, salida del hogar y efectos en la identidad.

4.2.1.1 Aproximaciones teóricas de lo público y lo privado.

A raíz de su participación, lo público adquiere nuevas significaciones, politizando lo


cotidiano, aspecto que se refleja en el propio territorio donde habitan.

73
Trato las dimensiones de lo público y lo privado desde los análisis de Nora Rabotnikof en
las facetas del significado asociados tradicionalmente a la vida pública y a la privada, como
también introduciré a Rita Laura Segato con sus análisis de la politicidad existente en el
mundo privado o doméstico previo a la colonización, reconociendo rasgos indígenas y
comunales persistentes en estas mujeres y en su politización de lo cotidiano.

Según Rabotnikof (1998), algunos de los sentidos tradicionalmente asociados a lo público y


lo privado, tienen que ver con la interioridad y la exterioridad, también ligadas a la idea de
la casa y de la calle. Para esta autora, el “adentro” es un espacio asociado a lo familiar, a lo
oculto a la mirada de los demás. De ahí se desprenden acciones que culturalmente se
identifican con tareas relacionadas con el cuidado del cuerpo, la reproducción de la vida, la
primera socialización etc. Este escenario estable y con poca movilidad puede producir
también, cierta sensación de “encierro” o aprisionamiento del propio rol que en él se ejerce,
sobre todo para las mujeres, tradicionalmente garantes de la reproducción de la vida y los
cuidados. La casa produce subjetividades y estampa figuras bajo relaciones íntimas de
códigos compartidos. El exterior, sin embargo, está abierto al cambio y a la posibilidad, se
despliega a la luz del día y a la mirada de los demás, aunque también éste sea producido
desde lo proporcionado por el espacio interior. La calle es el territorio de lo discontinuo, de
la interacción con las otras personas, de lo fortuito y, por lo tanto, abre posibilidades a lo
desconocido.

El adentro y el hacia afuera de la casa configuran actitudes cotidianas, rutinas y conductas


de una forma dialéctica. Ambos constituyen lo subjetivo tanto individual como colectivo y
los dos son espacios de sociabilidad y de interacción con las demás.

Según Segato (2016), las comunidades indígenas previas a la colonización consideraban el


espacio doméstico como dotado de politicidad, no siendo exclusivo de ésta la esfera de lo
público y de sus actividades. Sin embargo, con la colonización, cuando lo público
masculino se tornó universal se alteraron los valores, permaneciendo las otredades en los
márgenes. De esta manera, el espacio doméstico se vuelve privado, íntimo y todo lo que en
él sucede, desvalorizado. Ello da lugar a formas de victimización agravadas, también por el
traspaso de la violencia de las guerras a los hogares sin el amparo protector de la mirada
comunitaria sobre el mundo familiar. Lo doméstico se encierra en sí mismo y se pierde el

74
control protector que la comunidad ejercía. Desaparece así el valor y prestigio de las
mujeres y de sus actividades y la capacidad de su accionar en lo colectivo.

Tras esta nueva situación, las mujeres pierden su legitimidad política. Si bien en el periodo
previo existían jerarquías y géneros designados para cada espacio público/privado, ambos
formaban parte de la vida comunal y por lo tanto la política, como espacio de decisiones
colectivas, atravesaba ambas esferas entendiéndolas como las dos caras de una misma
moneda.

Desde el feminismo comunitario con Julieta Paredes, tomo la concepción del entronque de
patriarcados entre los hombres colonizadores y los indígenas.

Julieta Paredes (2010) denomina “entronque de patriarcados” entre los hombres invasores y
los hombres indígenas, a la articulación cómplice contra las mujeres que lleva a la realidad
de la situación patriarcal actual. Los unos trajeron su propio patriarcado que se entronco
con el local de baja intensidad y combinando ambos, se afinaron formas agravadas de
opresión para las mujeres locales. Este cruce de patriarcados provocó que un idioma que ya
era jerárquico (el del patriarcado ancestral), en articulación con el discurso igualitario de la
modernidad, se transformara en un orden aún más jerárquico y desarraigado.

4.2.1.2 Politizar lo cotidiano.

Las mujeres del barrio El Sifón, conservan rasgos de formas comunales de politicidad de un
pasado indígena manifestándolo en la participación en sus comunidades, donde
revalorizaban lo íntimo y privado, posicionándolo en la esfera de lo público.

La vida doméstica y la vida pública formaba parte de lo mismo, haciendo de lo personal y


cotidiano algo político que, aun hoy, se expresa en el territorio en forma de comedores
infantiles donde hay desnutrición de hijas/os, o espacios de formación y de ocio saludable
para jóvenes, donde hay desempleo y consumo de drogas. Con estos espacios (resultado de
la acción de las mujeres), se visibilizaba el papel activo de éstas en sus comunidades,
quienes, a su vez, desdibujaban la línea entre lo público y lo privado, aspecto que también
repercutía en la construcción de sus identidades de una forma dialéctica.

75
En concreto, para las mujeres que participaban en el barrio El Sifón, la salida a lo público
conllevó grandes desafíos para sus vidas personales y riesgos de distinto tipo y gravedad.
Estas mujeres, con su acción colectiva, utilizaron la vida “privada” como una vía para salir
al mundo público; lo mismo que las relegaba a un segundo plano en su ejercicio de
ciudadanía, es lo que las convirtió en sujeto político y protagónico de las necesidades de sus
barrios y comunidades. El rol reproductor que se ha asignado a las mujeres culturalmente a
lo largo de la historia, es el que las posibilitó convertirse en agentes sociales de sus
comunidades.

Ante la ausencia del Estado, las mujeres han salido de sus hogares en numerosas ocasiones
de crisis históricas. Estas salidas a lo público se realizaron en un contexto local y conocido
por su similitud al del hogar, donde se desplegaban las redes comunitarias y vecinales
construidas en su día a día. El saber acumulado de estas mujeres sobre el territorio y las
personas que habitan en él, las permitió crear formas de organización útiles para las
necesidades concretas del contexto, creando una manera diferente de hacer política a través
de estrategias de supervivencia colectivas y redes de apoyo mutuo con las que enfrentaron
necesidades comunes; éstas formas también sirvieron para denunciar violencias
institucionales vividas por la población de sus barrios. La acción colectiva introdujo nuevas
formas de hacer política desde lo cotidiano, instituyendo prácticas informales que
ensancharon la concepción de lo que se consideraba de interés público o competencia de las
instituciones.
Las mujeres que forman parte de esta investigación, desde su lugar, ejercieron presiones y
demandaron recursos públicos para los barrios “olvidados” en los que residen. Ejerciendo
influencia sobre otras personas, fueron compartiendo los saberes aprendidos en el camino,
posicionándose en un lugar alejado de la subordinación.

4.3 Participación comunitaria y efectos en la identidad.

4.3.1 El concepto de identidad desde la psicología social.

Tomo las ideas de Josefina Racedo (2000) y su concepción de la identidad en contradicción


y lucha a partir de posiciones subordinadas sobre las que las clases sociales dominantes

76
instalan sus valores, negando la identidad propia donde convergen diversidades ocultas y
desvalorizadas desde posiciones hegemónicas. La identidad descrita por la autora, es:

“el resultado de un proceso de construcción continua, durante el


cual diversos elementos contradictorios no solo se unen, sino que
se mantienen en tensión y lucha. En este proceso hay cambio y
continuidad y se va conformando, tanto en cada individuo como
en lo colectivo, una totalidad de elementos que le permiten, a la
comunidad y a cada uno de sus miembros, identificarse a la vez
que diferenciarse” (p. 184).
En este proceso existen elementos objetivos y subjetivos, practicas materiales y simbólicas,
costumbres arcaicas y experiencias modernas, que se construyen en una dialéctica que les
da sentido. Estos componentes identitarios, tienen un origen común indígena que ha sido
subordinado y reprimido; de ahí la concepción de la identidad “en lucha” de estos
componentes por ser reconocidos.

La identidad argentina es compleja, y presenta múltiples contradicciones, ya que este


pasado indígena convive con rasgos criollos e inmigrantes, bajo una identidad impuesta que
desvaloriza ese pasado, enalteciendo lo de afuera en detrimento de lo propio. Es por eso
que se cataloga “en resistencia y lucha”, puesto que conviven elementos impuestos por el
dominador y adheridos como propios, en conjunto con aspectos que se expresan en
resistencia contra estos.

Tamayo y Wildner (2005), en sus análisis de las identidades urbanas perciben la identidad
como algo que no puede ser uniforme e inmóvil, sino que comprende procesos que generan
choques, contradicciones y conflicto en la identidad que se manifiesta, al mismo tiempo
que también en su proceso interno, haciendo que ésta mude a lo largo del tiempo.
Asimismo, la identidad colectiva comprende relaciones afectivas donde existen tensiones y
disputas que generan procesos autorreflexivos a la hora de definirse individual y
colectivamente.

4.3.1.1 Contexto sociohistórico e identidad.

Las personas campesinas de las zonas rurales fueron y son, en su mayor parte pueblos
indígenas que, como tal, fueron despojados de sus tierras por los grandes terratenientes
desde la colonización. De ahí que la causa de la desigualdad en la que las personas

77
descendientes de los pueblos originarios viven, tenga relación con la usurpación de sus
tierras, la posterior explotación por parte de la clase terrateniente y los sucesivos
desplazamientos derivados del sistema económico-social (Spiguel, 2002).

Las mujeres que forman parte de este trabajo, tienen un origen rural, la mayoría de ellas
emigraron del campo a la gran ciudad (San Miguel de Tucumán), cuando la situación
laboral en estas zonas obligaba a muchas personas a buscar mejores horizontes de vida:

I: “Mirábamos desde el cerro la ciudad, que era el gran sueño del campesino para salir
adelante. Uno, desde el cerro, se hace su propio sueño. A los 17 años, mi hermana, a la
que hacía mucho tiempo que no veía, me busca y me dice: 'vamos a mi barrio'. Cuando
veníamos en el colectivo, yo miraba casas preciosas y me preguntaba: "¿cuál es la mía?".
Pero resulta que entramos al barrio y empezamos a ver ranchitos y ranchitos, y se me
empezaba a bajar la moral.”

Como podemos percibir en este relato, la esperanza de mejora en la ciudad era la


expectativa de las personas que migraban desde el interior; ilusiones que pronto se vieron
truncadas al descubrir las nuevas condiciones de vida y la dificultad para insertarse en el
campo laboral y social de la gran ciudad. El desamparo que esperaba a estas poblaciones
tan solo pudo apaciguarse con la ayuda de otras personas que las antecedían, creando
ámbitos de recepción y apoyo mutuo que también permitían conservar algo del lugar de
origen “perdido”. Según Racedo (1981), la adaptación activa tiene que ver con poder
integrar lo viejo con lo novedoso, pudiendo ser esto también cuestionado y sabiendo que
esta situación no está exenta de contradicciones.

Esta adaptación más saludable, permitió conservar lo propio del pasado, los vínculos y las
formas de vida que trajeron consigo mismas/os y adaptarlas a un nuevo entorno, que trajo
también nuevas maneras de vivir y de vincularse.

Aun así, debemos tener en cuenta que los rasgos culturales de estas poblaciones no se
erradicaron puesto que estas características están en constante movimiento y
transformación.

78
Conocer el origen rural de las mujeres del barrio El Sifón, es importante a la hora de
entender como empezaron a construirse los barrios populares, así como también
comprender su manera de habitar el barrio. Cabe pensar que conservaban estas prácticas y
formas de vida procedentes de ese pasado campesino e indígena donde la solidaridad y la
ayuda mutua forman parte de la noción de convivencia en torno a un mismo territorio.
Representaciones del territorio sin fronteras de propiedad, limitantes y alejadas de la
concepción colonial y capitalista del mismo.

Las múltiples discriminaciones con las que estas mujeres vivían a efectos de ciudadanía en
general (en el ámbito laboral, educativo y social), compone una identidad llena de estigmas
que dificulta poder alcanzar un mayor nivel de bienestar. Es por ello, que las acciones de
las mujeres en este sentido, generaron importantes procesos de construcción de identidades
como sujetos sociales y políticos, redefiniendo las categorías y las adjudicaciones entre
géneros de lo público y privado. Éstas, elaboraron estrategias de respuesta colectiva frente a
las crisis que se desarrollan en el plano de las relaciones sociales, poniendo en evidencia las
contradicciones del sistema y enfrentando los intereses de las distintas clases de forma
evidente y antagónica. Las crisis las situó en un lugar de alta vulnerabilidad y frustración,
donde existía la posibilidad de quedar paralizadas frente al terror de la incertidumbre. Aun
así, ellas se posicionaron en un lugar protagónico marcando un antes y un después en la
memoria social, alternando así el desarrollo de los acontecimientos.

Habría que pensar acerca de las características particulares que tienen las personas
residentes en los barrios populares, donde se carece de derechos básicos para la vida como
es el acceso al agua, a una vivienda digna, alimentación de calidad etc. Sería importante
preguntarnos cómo se constituyen las lógicas internas de este ámbito, en donde las personas
se encuentran en una constante búsqueda de supervivencia tanto individual como colectiva.

El espacio del barrio “El Sifón” es un espacio limitado cargado de significados plurales,
incluso, en ocasiones, contradictorios: a veces el barrio les daba identidad y pertenencia,
otras, era un lugar de donde querer “huir”. Esta polisemia territorial coexistía en la vida
cotidiana de las mujeres con las que trabajé, donde, en ocasiones, surgía la vergüenza desde
la mirada del “afuera” y, en otras, el orgullo de clase reflejado en la identidad villera.

79
M: “Los de atrás somos los marginados, los de la villa”

“El Sifón” era percibido por las mujeres que lo habitan, como un lugar limitado del que no
se sale con facilidad, incluso para realizar cualquier actividad puntual, pudiendo parecer el
resto de la ciudad un espacio donde sentirse ajena. Se podría decir que existía un límite
circunscrito en lo simbólico, tanto para la persona que entra del “afuera”, como para la que
sale de la villa o del barrio que, en ocasiones, podía revelar una distancia entre un
“nosotras/os” y un “ellas/os”.

Según Guber (1984):

“La identidad villera se funda en dos características –la pobreza


y la inmoralidad/ilegalidad– en virtud de las cuales el villero se
concibe a sí mismo y a sus relaciones con el sistema social
global; por su parte, en función de ambas, el no villero dirige su
interacción con el estigmatizado. En la reproducción de su
articulación subordinada con otros sectores del sistema social,
tiene gran relevancia la construcción de una identidad basada en
estigmas acuñados por los sectores hegemónicos” (p. 124).
Estas identidades sociales son resultado de complejos y conflictivos procesos de auto
atribución y de designación desde las/os otras/os en el ámbito de lo simbólico. Las mujeres
(y el resto de habitantes del barrio) eran conscientes de que cuando alguien dice que vive
allí, la mirada hacia quien lo enuncia cambia a una posición subordinada donde se conjuga
la ecuación pobreza=delincuencia=estigma, poniendo en cuestión lo racial (“negros
villeros”), lo moral (“vagos que viven de planes sociales”, “prostitutas”) y lo legal
(“delincuentes” y “drogones”).

Esto provocaba que las personas habitantes de las villas, se encontraran socialmente
significadas en un estatus por debajo de otros sectores, generando un imaginario social
muchas veces desvalorizado en su totalidad. La villa es un lugar “peligroso”, “sucio”,
“caótico” y “sin ley”, también es un lugar del que sentirse avergonzada/o y, como
contrapartida a ello, también orgullosa/o. Es por eso que, las personas habitantes de barrios
populares, portan elementos de subordinación, pero también otros en resistencia a los
dominantes. Por un lado, en estas mujeres se observaban características desvalorizadoras
hacia sí mismas, catalogándose con adjetivos y rasgos apropiados de los discursos que

80
vienen de los sectores dominantes a través de la historia, a la vez que también exaltaban
con orgullo lo propio.

A: “o sea tiene que ser por una cuestión más de justicia por tu par, por tu pueblo, por tu
vecino, por tu dignidad de pobre, por tu dignidad que venís queriendo sostené de
generación en generación...”

Según la Cámara s.f citado en Racedo (2000):

“La oligarquía terrateniente necesitó que lo ‘nuestro’ siguiera


caracterizándose como salvaje, bárbaro, ignorante, atrasado, sin
historia ni cultura. Tales atributos fueron sucesivamente o
simultáneamente adjudicados al indio, al gaucho, al negro, al
gringo inmigrante. Hoy caen sobre las espaldas de los ‘cabecitas
negras’ o simplemente ‘negritos’, que robustos patovicas
impiden ingresar a las discos, donde son evaluados con las
mismas pautas discriminatorias que en América rigen desde
finales del siglo XV” (p. 188).
Según Racedo (2000), en la identidad confluyen ambas cuestiones de forma contradictoria:
los aspectos asimilados desde lo dominante y los que se encuentran en lucha contra estos,
que vienen de la identidad sumergida de indígenas, criollos e inmigrantes.

Las relaciones sociales dadas en este hábitat, generaban una cultura propia, donde residen
rasgos heredados de los lugares de origen rural combinado con lo moderno y lo influido por
los medios de comunicación masiva. Surgen entonces formas de entender la vida que
adoptan aspectos del individualismo capitalista mezclados con la solidaridad como forma
de sobrevivir a una realidad devastada.

4.3.1.2 La identidad construida con otras en el hacer cotidiano.

A raíz de las experiencias realizadas, las mujeres gestaron intentos de dar respuesta
colectiva para minimizar el desajuste entre las necesidades y la falta de respuestas sociales
frente a estas demandas; ello provocó un impacto en la vida cotidiana, creando resonancias
y subjetivaciones colectivas donde también hubo tensiones, luchas, conflictos y
contradicciones.

81
Las mujeres con las que he trabajado, con su papel activo en la creación de estrategias de
supervivencia, definían su identidad mientras entretejían relaciones en sus barrios con sus
acciones hacia el exterior, posicionándose en lugares nuevos y desconocidos.

Según Massolo (1995), la forma de hacer política tradicional, impidió valorar los modos
“informales” de hacer política. Estas formas han ensanchado la comprensión de lo político,
instaurando otras posibilidades desde lo cotidiano, donde las mujeres han podido participar
y protagonizar procesos, ejerciendo presiones a los poderes públicos, demandando recursos,
negociando, influyendo y resistiendo a la vez que iban aprendiendo nuevas capacidades y
habilidades de liderazgo y prestigio, posibilitando un cambio de posicionamiento subjetivo.

Los cambios producidos en la comunidad, gracias a la participación de estas mujeres en su


barrio, también produjeron profundas mutaciones en sus identidades individuales y
colectivas, donde sucedieron experiencias fortalecedoras de su autoestima y valoración
social, así como también emergieron liderazgos personalistas o acusaciones de recibir
ayudas y ser las “punteras políticas” del barrio 1 convirtiéndose en objeto de sospecha y
denuncias por parte de algunos miembros de la comunidad.

I: “La gente confunde la militancia social y el ser puntero”

Por lo que, estas prácticas generaron, tanto a nivel subjetivo como colectivo, nuevas
identidades. Ellas se definían de manera distinta según los diferentes momentos de su
actividad en relación a la participación en sus comunidades, nombrándose como “madres
de todo el barrio”, “políticas sanas”, “militantes sociales” etc. Estas denominaciones
variaban en función de la identificación con otras en el proceso de construcción de un
“nosotras”, o según la designación que otras personas hacían de su participación en la
comunidad.

I: “Soy la mama de todo barrio”

(…)

1
dícese de los caudillos de los barrios populares, que usualmente funcionan como apéndice del Estado en
cuanto al poder territorial y el clientelismo político.

82
B: “si, si…yo me considero ya política desde el día que fui con las otras madres a salir a la
calle…por supuesto una política sana…algo que uno pide, y lo obliga que se haga …y una
vez que uno sale a la calle a pedir ya es política por supuesto sin la bandera, pero uno ya
es un político, ya vendría a ser una persona pública porque ya salir a la calle y empezar a
exigir cosas...empezamos a ser personas públicas”.

Estas identidades sociales también se fueron transformando a lo largo del proceso en el cual
las mujeres desarrollaron su participación. Esta historia compartida fue cambiando desde
sus inicios hasta el momento en el que se realiza esta investigación. En ella, se inscribieron
diversas maneras de concebir y sentir la comunidad en la que viven, puesto que, este
sentimiento, se fue construyendo también en base a su práctica cotidiana en el barrio,
generando a veces contradicciones en este sentir, donde existieron paralelamente la
vergüenza y el orgullo.

La identidad social y el sentido de comunidad otorgado por sus miembros en los distintos
momentos de la historia compartida, son aspectos que la definen y que la caracterizan, a
veces, más allá de las propias relaciones de interacción que en ella se dan. Es decir, que, en
ocasiones, los sentidos otorgados a una misma comunidad se van modificando a lo largo
del proceso que ocurre en ella, incluso llegando a traspasar la frontera del propio espacio
físico, permeando en la sociedad hasta modificar nociones y sensibilidades hacia ella. Estas
representaciones han tenido mucho que ver con la participación de las mujeres en sus
barrios y la dignificación que estas le han otorgado al mismo en momentos de lucha y
demandas sociales frente a las crisis.

La identidad de las mujeres que participan en el barrio El Sifón, vivió transformaciones a


raíz de su participación, la salida del hogar las puso en un lugar de visibilidad, donde su
acción era valorada por otras personas, repercutiendo en la visión que tenían sobre si
mismas.

Aun así, la participación las permitió salir de las únicas categorías posibles que englobaban
sus identidades, siendo estas las de “mujeres villeras” y “madres/amas de casa”. Es a raíz
de la participación en colectivo, cuando resignificaron con orgullo su origen popular, al
mismo tiempo que se convirtieron en las madres de una comunidad entera, socializando y

83
politizando los cuidados. La identidad entonces se transformó, desde un lugar vergonzante
que, cuestionado y colectivizado, se reinterpretó hasta ser convertido en elemento de
orgullo de clase y de comunidad; así como también, el rol de madre y ama de casa,
entendido desde una visión desvalorizada por su aspecto intimista y privado, pasó a ser
revalorizado por su politización.

La propia participación facilitó una identidad donde todas fueron reconocidas como
mujeres de un barrio popular en lucha por la salud en sus barrios y por la mejora de sus
condiciones de vida.

La comunidad es un lugar de encuentro donde emerge la conciencia de un “nosotras/os”. La


historia social compartida hace que se vaya construyendo una identidad común, un sentido
de comunidad que aporta a la identidad individual. Ésta, a pesar de generar seguridad y
pertenencia, es cambiante a lo largo de la vida y en el día a día, sitúa a las personas en
distintos lugares en cuanto a sus relaciones, adscribiendo múltiples identidades en distintos
momentos vitales.

I: “No hay que parar las reuniones. Tenemos que ver quiénes somos la Hermandad de los
Barrios, ¿qué queremos? Hay que accionar, luchar juntos para que haya dispositivos
también en La Antena y en otros barrios.” (…) “que sea algo formal la reunión, sino nos
ven como unos pocos boludos que se juntan para quejarse” (…) “uno solo no, muchos sí
podemos”

La particular situación descrita en este fragmento de estudio, situó a las mujeres del barrio
El Sifón” en una compleja trama de relaciones basadas en la creciente necesidad material y
la búsqueda de satisfacción de la misma, lo que las llevó a relacionarse con otras para
cubrir dichas necesidades, produciendo y reproduciendo la vida cotidiana y constituyendo
una forma de organizarse basada en la ayuda mutua. Esta organización se basó en el
traspaso de información útil, en el apoyo emocional ante situaciones de adversidad, en el
acompañamiento de otras madres a la hora de tener que facilitar el acceso de sus hijas/os a
instituciones de salud para la recuperación de adicciones de estas/os, en facilitar espacios
físicos, recursos materiales y alimenticios en casos de emergencia social, en la
incorporación de nuevas madres en el grupo o reunión con otras agrupaciones para generar

84
estrategias de incidencia política etc. A su vez, algunas de estas mismas mujeres
participaban de espacios de merenderos para la infancia y adolescencia, centros de cuidado
y nutrición infantil, espacios de formación para el empleo de mujeres y jóvenes, espacios de
contención para otras madres con hijas/os con problemas de consumo etc.

4.4 Participación comunitaria y vida cotidiana.

4.4.1 Aproximaciones teóricas al concepto de participación comunitaria.

En este trabajo identifico a la comunidad, no necesariamente por el territorio compartido -


aunque las mujeres que forman parte de este trabajo, sí lo comparten- sino como dice Heller
(1988), por los procesos de opresión, transformación y liberación que experimentan las
personas que pertenecen a él y como por ello, han desarrollado formas de adaptación y
resistencia similares. Es por ello por lo que se resalta la importancia de entender la
comunidad como un sentimiento y no como un lugar, aunque sí es necesaria la interrelación
frecuente entre sus miembros, su cohesión y la creación de un espacio tanto físico como
simbólico en común.

Al mismo tiempo, se debe entender a ésta como algo móvil, en constante cambio,
contradicción y desarrollo, resaltando los constantes procesos de transformación que en ella
se dan. Este aspecto dinámico hace que entendamos a la comunidad como un fenómeno
social, siempre cambiante, al igual que las personas que forman parte de ella.

Para Montero (2004), la comunidad está formada por individuos que comparten saberes,
sentimientos, necesidades y anhelos para el común, favoreciendo así a cada uno de sus
miembros. Estas expectativas compartidas están socialmente construidas y parten de
problemáticas comunes que le dan un sentido al propio grupo que interactúa en pos de dar
respuesta a sus necesidades. Emerge así un sentido de comunidad relacionado con una
identidad social comunitaria. Para esta autora, la comunidad es definida como “un grupo en
constante transformación y evolución (su tamaño puede variar), que en su interrelación
genera un sentido de pertenencia e identidad social, tomando sus integrantes conciencia de
sí como grupo, y fortaleciéndose como unidad y potencialidad social” (p 207).

85
La comunidad, por lo tanto, es un grupo social con una historia, una cultura y una forma de
organización común, que comparte intereses, necesidades y frecuencia en las relaciones, lo
cual facilita el conocimiento entre sus miembros, el afecto (y el desafecto) entre ellas/os, el
traspaso de información útil y la acción en búsqueda de esos intereses.

Para que exista comunidad tiene que haber relaciones habituales entre sus miembros,
cohesión y conciencia acerca de las circunstancias que comparten y que inscriben en ella
una cultura común, por las que se definen y a través de las que interactúan sus miembros.
Ese lenguaje compartido, se construye a través de la interrelación entre los individuos que
la componen, aportando significados comunes que ayudan a identificarse con los demás.

Aun así, la comunidad no es un espacio homogéneo, sino que está en constante


transformación al compás de los acontecimientos que en ella se dan. Debido a la dialéctica
que caracteriza su funcionamiento, hay que tener presente que, igual que la comunidad se
construye, también pueden ocurrir tensiones y situaciones conflictivas que lleven a su
destrucción, puesto que ésta no se da para siempre, ni se da continuamente de la misma
forma. Las relaciones internas que acontecen en ella, así como lo externo, pueden conllevar
divisiones, incluso hasta llegar a perder del sentido de comunidad, aspecto esencial para la
constitución de la misma.

Para Maritza Montero (2004), identidad comunitaria sería el “desde dónde”, “dónde
estamos, con quién y cuándo, son circunstancias que contribuyen, a veces de manera
indeleble, a fijar en cada uno de nosotros, a la vez que, con acentos y signos individuales de
manera reconocible, las marcas sociales (p. 97)

Las características que definen a una comunidad son:

- La cohesión, expresada en la solidaridad, en las redes de apoyo mutuo frente a


adversidades o momentos de necesidad.

- El conocimiento entre las personas que lo componen y el trato frecuente que se da


entre ellas lleva a saber sobre la vida del vecino/a, de su procedencia, de su origen familiar
etc…

86
- La conciencia de que comparten circunstancias de vida similares, que, aunque
existiendo múltiples diferencias, existe cierta unidad en esa diversidad.

- El sentido de comunidad, rasgo esencial que se define como el sentido de los


miembros a la hora de pertenecer, relacionado con el valor que se dan entre ellos y al
propio grupo y la esperanza común en cuanto a que las necesidades de todas/os serán
resueltas en el hacer común (McMillan y McMillan y Chavis s.f citado en Montero, 2004).

4.4.2 Condiciones concretas de existencia. Comprensión del espacio/tiempo/ritmo en las


mujeres del barrio “El Sifón”.

Definiremos la cotidianidad Según Quiroga (1998) como:


“el espacio y el tiempo en que se manifiestan, de forma
inmediata, las relaciones que los hombres establecen entre sí y
con la naturaleza, en función de sus necesidades, configurándose
así sus condiciones concretas de existencia. La cotidianidad es la
manifestación inmediata, de un tiempo y un ritmo, en un
espacio, de las complejas relaciones que regulan la vida de los
hombres en una época histórica determinada” (p. 70).

Para comprender a las mujeres que emergen de estas condiciones concretas de existencia,
así como los cambios producidos en su vida cotidiana y la influencia de la participación en
ellas, creo necesario comprender el espacio en el que éstas se movían (tanto el origen como
el surgimiento del mismo) y las transformaciones ocurridas en el a raíz de su participación.
Para entender también el tiempo y el ritmo de la vida que estas mujeres tenían en su
cotidianidad, considero relevante a la investigación, su concepción sobre el territorio,
puesto que éste realiza aportes importantes a su identidad, así como también es en él y en
sus habitantes, sobre el que inciden sus prácticas de participación cotidianas.

87
4.4.2.1 Participación, territorio y género. Lo público y lo privado. Lo personal y lo
político.

Según Lefevre (1972), el espacio de la vida cotidiana es el de las prácticas de los actores,
que se encuentra cargado de significados, así como también está delimitado. El espacio
delimita y es transformado por las personas que lo constituyen, el hábitat particular
estudiado forma parte de la ecología interna de las mujeres que lo habitan, dándole éstas
significados particulares, puesto que es en él donde transcurren sus experiencias cotidianas.

Incorporo aquí la idea de ‘límite’ como una forma de recortar las acciones cotidianas de las
mujeres en el propio barrio y los ámbitos de significación asociados a la experiencia que
ellas mismas tienen de los diferentes fragmentos del territorio. Esta forma de espacialidad
de la vida cotidiana podemos verla en la forma de significar las distintas zonas del propio
barrio, cuando por ejemplo B calificaba al CIC (Centro Integrador Comunitario) como
“lugar politizado” o cuando diagramaban “la parte de arriba” del barrio como la más
próspera - con mayor intervención de programas del Estado y, por ello, mayores servicios e
infraestructuras- y “la de abajo”, como la parte más empobrecida. En la concepción del
territorio que habitan se encuentra entrelazada la incidencia de las políticas clientelares en
él, (su forma de responder a ellas, las asimilaciones, contradicciones y resistencias), así
como los logros obtenidos. Todo ello influía en la trama vincular de la comunidad que las
rodea, interpelando su posición en el hábitat que construían y en la división de espacios en
el barrio que ello generaba.

En torno a esto, es notoria la distinción entre la zona del CIC (centro integrador
comunitario) y del SUM (salón de usos múltiples) asociando referentes a uno u otro lugar
88
en cuanto a la gestión de las distintas zonas del barrio. Esta organización del territorio
generaba secciones y divisiones, a veces vigilancia y control entre ellas, fidelidades,
traiciones y, en general, formas de control social que coartaban la independencia y, por lo
tanto, afectaban a la participación autónoma.

C: “Entonces como que yo también mucho eso logre… que las chicas de acá vayan al CIC
y las otras vengan al SUM. Porque total, enseño las mismas cosas en los dos lados, pero
me pasó que andaba I un día...no sé, mostrando el SUM a unas personas del gobierno y se
encuentra con las chicas de la Bombilla, con 3 chicas, y les dice ‘¡ay si mira donde me
vengo a encontrar a ustedes!, no sé qué hacen acá!’ Entonces si te da eso como que ellas
sienten que tienen. Que el grupo de allá tiene que ser allá y para colmo suman puntos
porque si acá tenés 20 y la L tiene 8 dicen ‘ah no, a la I le va mejor, le bajemo´ ayuda a la
I’ y si tiene 20 la L y ella tiene 8, ‘ah no le demo´ ayuda a la L’

Es esa la rivalidad que hay, pero esa es la rivalidad política que tienen ellas...Yo por eso
no me meto en esa, yo estoy aparte. Lo mío es mío, me gusta brindar mi tiempo, me brindo
a mí mi tiempo y nada más. Doy mi tiempo de 3 de la tarde a 6 de la tarde para quien le
gusta y vuelvo”.

Para Fanlú (2009) la confluencia entre hábitat y género relaciona el espacio con los
procesos sociales, económicos y políticos. El hábitat manifiesta la expresión de las
relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres en el territorio, al mismo tiempo que
éste incide en dichas relaciones. Los distintos roles que la sociedad asigna a hombres y
mujeres se traducen en necesidades y vivencias diferenciadas del hábitat en el que se vive.

El hábitat de las mujeres del barrio de El Sifón, nos revela la relación entre el espacio que
habitan y sus experiencias cotidianas. Como dice Massolo (1991):

“el enfoque de género en el estudio de las estructuras urbanas,


especialmente de los hábitats populares, nos revela la
interacción fluida entre el hacia afuera y el hacia adentro de la
vivienda, así como los núcleos de opresión y desigualdad de las
mujeres, coexistiendo con la segregación y desigualdad social en
el espacio urbano. El estudio de los sistemas de género en la
urbe permite entender procesos de jerarquización sexual que
están anclados en esencialismos biológicos, y apreciar que la
construcción del espacio urbano está más orientada a mantener a
89
las mujeres en los espacios destinados a los roles familiares que
a promover su incorporación a la sociedad en general” (p. 80).
En el barrio El Sifón, lo privado se entremezcla con lo público manifestando la ausencia de
separación de ambas en el hábitat, donde las mujeres ejercían sus luchas cotidianas por la
supervivencia. Las fronteras entre el ámbito privado y familiar y lo público colectivo se
difunden, manifestándose en el propio territorio que habitan.

Las mujeres que forman parte de este trabajo, han construido y reconvertido el espacio en el
que residen desde el momento en el que llegaron al mismo, habitándolo y convirtiéndose
ellas mismas en las principales transformadoras de su propio territorio.

I: “El barrio primero eran pasillitos. Después, primero en los años 80 y luego en el 2001
han empezado a medir los terrenos, hasta que llegó el P.R.O.M.E.B.A (Programa de
Mejoramiento Barrial), en el 2006. Pero lo que yo veo ahora es que la gente no le da valor
a lo que ha conseguido. Porque conseguir terreno es algo hermoso, ¿no? (…) Los cambios
en el barrio han sido muy importantes”.

Las actividades y las luchas realizadas por las mujeres del barrio El Sifón, tuvieron su
incidencia en la configuración del territorio a la hora de obtener mejoras en el mismo a
través de la adquisición de bienes y servicios por medio de fondos públicos. Ello hacía que
las mujeres, en muchas ocasiones, fueran las mediadoras entre las necesidades cotidianas
colectivas y la materialización de los recursos debido a su rol como garantes del hogar.
Todos estos procesos de cambio se podían ver en el territorio, donde aparte de pasillos
estrechos donde se consume pasta base, también se encontraban plazas abiertas que
habilitaban el encuentro, iluminación, espacios para jóvenes, comedores, centros de
cuidado y lugares de juego para la infancia. Estos cambios, influyeron en la vida de las
personas del barrio, así como también, de forma dialéctica, en las mujeres que lo
intervenían. Las transformaciones en el territorio generaban en ellas el pasaje de la
vergüenza de vivir en un barrio significado como “marginal”, al orgullo, gracias a que, por
medio de su incidencia, comenzó a haber estructura física habitable, espacios de salud,
formación y creatividad para la infancia, adolescencia y para mujeres.

90
La posibilidad de una proyección para el espacio que habitan, provocó en ellas la
identificación con el territorio y la apropiación del mismo, pasando de ser un espacio ajeno
ocupado, a uno construido entre todas.

I: “Los cambios en el barrio han sido muy importantes. Porque usted sale del rancho y sale
de la marginalidad. Ya dice: ‘vivo en El Sifón, que antes era una villa, y hoy es un barrio’.
Hoy tenemos pavimento, estamos haciendo la plaza. La droga, que ha llegado en el año
2000, cuando no teníamos qué comer, está. Pero no se va a ir si no luchamos entre todos.
Pero lo que la gente quiere es trabajar, hacer cosas. Yo he conseguido en Buenos Aires
una radio y tengo para un taller de costura, pero teníamos el terreno y lo han usurpado.
Una vecina se va a Catamarca y la casa que deja cuesta $20.000. Para algunos es el vuelto
de un café. Para nosotros, sería el lugar ideal para la sede del centro vecinal. Tenemos
talleres de murga, teatro, y está todo amontonado. El grupo (de teatro) se llama ‘Saliendo
del pozo’. Ahora estamos haciendo ‘Almacén de mi barrio’ y ‘Las tejedoras’. Son
creaciones colectivas.”

En “El Sifón” donde se enlazan crisis sociales y carencias materiales estructurales, generó
un trabajo ininterrumpido, donde las mismas desplegaban estrategias de supervivencia y
redes colectivas para organizar la salida a dichas situaciones. Ello hacía de estas actividades
(búsqueda de recursos, gestión de comedores infantiles, denuncia de sus condiciones de
vida etc.), su trabajo político y personal y, en ocasiones, su indiferenciación entre el adentro
y el hacia afuera de sus hogares, tanto en términos físicos como simbólicos.

S: “Pero tampoco me pueden veni´ ello´ (el Ministerio de Desarrollo Social) a deci´ que no
puedo pone´ mate cocido a una persona, si yo cuando no tengo el merendero a mí me
vienen a pedi´ a veces la Fani a las 3-4 de la mañana me viene a golpea la puerta
pidiéndome guiso...yo me he levantado y le he dado, le he calentado y le he dado, yo
cuando tengo le doy...”

Sin embargo, esta aparente indiscriminación en ocasiones resultaba contradictoria, puesto


que sí que existía en términos de actividades dirigidas hacia el “afuera” del hogar, tratando
el interior, a veces, como un “encierro” para sí mismas. Éste se lo relacionaba con la falta

91
de actividades socializadoras y de contención con otras o de acciones posibilitadoras de una
autonomía personal alejada de las tareas domésticas y de cuidados.

C: “En realidad lo mío, mi ‘motorcito’ es ver que las mujeres salgan de la casa. O sea, yo
trato de ser distinto de lo que veo en la muje´. Todas las mujeres, en especial las de barrio,
vos vas a ver que o son `chusmas´, o sea o se dedican a juntase para sacarle el cuero a
otra´ o directamente se dedican a estar encerrada en la casa porque el marido no les deja
o porque se encargan de los hijo´, viven por los hijo´, se sacrifican por los hijo´ pero no
ven que son capaces de hacer algo (…) Y bueno, yo me abuso de eso, yo sí veo a mis hijo´
pero yo vivo saliendo, saliendo…entonces yo pretendo que se den cuenta de eso, que se den
cuenta de que pueden hacer cosas, que hagan lo que les gusta y bueno eso es lo que me
lleva a mí a continuar.”

4.4.2.2 Participación comunitaria y vida cotidiana: tiempo y ritmo.

La vida cotidiana y las formas de producción que se establecen en un determinado lugar, en


un particular momento histórico, definen el ritmo y el tiempo que caracteriza a sus
habitantes. En concreto, el ritmo del barrio Juan Pablo II, tiene una dinámica propia que
confluye en una temporalidad que dista mucho de lo que marca el reloj. La falta de
empleo y las formas de trabajo informal (más relacionadas con la supervivencia), generan
un transcurrir del tiempo distinto, alejado de los horarios prefijados en otras zonas de la
ciudad, dando lugar también a formas de relación particulares entre el vecindario. Es por
debajo de esta cotidianidad, donde subyacen las relaciones establecidas entre las mujeres en
el contexto particular y en el momento histórico en el que se realiza esta investigación.

92
Las mujeres y el contexto estudiado ofrecían un ritmo donde se combinaban las actividades
rutinarias con las creativas, permitiendo tanto la naturalización como la crítica de la
realidad vivida. Veamos como describe una jornada diaria una de ellas:

C: “Me levanto muy temprano porque mi marido trabaja de noche. Él se va a las 9.30 de la
noche y yo me acuesto a esa hora o a las 10. Me levanto 6 de la mañana todos los
días…mis días son de 6 de la mañana a 9.30 de la noche. Yo a las 6 de la mañana saco la
basura, lavo los platos, acomodo...a las 9 casi siempre hay algún taller acá en el SUM o en
cualquier lugar, a las 11 vuelvo, cocino, a las 3 ya salgo a otro lado, vuelvo a las
6...Entonces mi rutina es esa…9,30 me duermo porque no paro en todo el día...”

Como podemos observar, las mujeres con las que he trabajado, establecían su rutina diaria
en función de poder cumplir con las tareas domésticas y la atención a sus maridos de forma
simultánea con las actividades derivadas de la propia participación. Es decir, la carga
horaria se duplicaba en el caso de las mujeres con pareja, puesto que se sumaban los
horarios de atención a sus maridos en el trabajo doméstico y el ajuste de estos horarios a los
de la participación:

L: “Yo tengo pareja. Yo salgo de aquí y ya me voy hace las compras para dale de come´
porque al otro día ya se levanta temprano, se va a trabaja´ y llega a la comida...pero ya
tengo yo el ritmo y las horas para hacer todo...” (…) “Porque él trabaja todo el día, el
hasta las 6-7 él no está en la casa…entonces yo tengo vía libre. Todo…hasta la 8 que ya
viene él y ya me voy, hago las compras, cocino, ya le doy de come´ y ya se va el de vuelta a
la cama y así, hasta el otro día...”

(…)

C: “Lo que si hago es que el mes de enero que mi marido tiene vacaciones yo no trabajo ni
gratis ni, aunque me lo paguen. Yo me tomo vacaciones en enero, me desenchufo de todas,
¿por qué? Porque siento que no es justo, él trabaja todo el año, yo trabajo todo el año, los
chicos van a la escuela todo el año y si tengo la posibilidad de estar un mes así no
hagamo´ nada, no vayamo´ a ningún lado es nuestro mes. Entonces, de verda´ enero no me
levanto a las 6 de la mañana, ni me voy a dormir a las 9 de la noche. Pa´ mi enero lo
respetamos, no hay quejas, enero para mi es sagrado. Ya febrero el vuelve a trabajar y yo

93
retomo, entonces ya vuelvo a mi tallercito y en marzo, cuando los chicos empiezan las
clases, recién yo retomo toda esa rutina: entro, salgo, entro, salgo hasta diciembre.
diciembre termino y enero sagrado. O sea, es como que yo tengo planificado todo eso y lo
respeto...las chicas de acá no querían que yo descanse en enero. Ellas pretendían segui´ y
yo dije ‘bueno no sé, lo lamento’ no hay posibilidad de que yo le diga que voy en enero”.

A su vez, el contexto de crisis y emergencias sociales constantes en el que vivían, generaba


en ellas un particular mundo subjetivo y, a la vez, un universo compartido que caracterizaba
las formas de vida en los barrios populares, constituyendo una particular manera de
formular los proyectos de vida a través de las metas socialmente disponibles. Estos
objetivos eran cortoplacistas, no pudiendo planificar un proyecto a largo plazo puesto que
no existía una satisfacción de necesidades básicas e inmediatas que permitiera tal
proyección. Las mujeres de El Sifón planificaban en períodos de tiempo inmediato, incluso
llegando a tener que generar estrategias para conseguir el alimento para la próxima comida.
Esta forma de vida, caracteriza lo subjetivo, donde no existe la posibilidad de guardar
dinero para invertir en planes futuros que serán inciertos y difíciles de sostener. Todo ello
implica una vivencia del tiempo en lo inmediato, lo cual influye en la forma de concebir el
mundo y a sí mismas en él.

La participación y lo que se generaba, les permitía una proyección para ellas y sus
comunidades. La salida de la emergencia de la crisis que implicaba la resolución de las
necesidades en el aquí y ahora se sustituía por la posibilidad de planificar un futuro para las
mujeres y los jóvenes el propio barrio y para la comunidad en general.

I: “Además, desde el programa Vida, con Desarrollo Social, estamos incluyendo dos
chicos en la Universidad. Dibujan a la perfección, les gusta el dibujo, la pintura, y van a la
Facultad de Artes. Han encontrado por esa vía su modo de expresarse…Al chico lo sacás
media hora de la esquina y tiene un poder…una gana´ de hace´ algo...Ellos se mueren por
demostrar que no son los delincuentes de ´El Sifón´.”

94
4.5 Participación comunitaria y crítica de la vida cotidiana.

Para que los miembros singulares de una sociedad puedan reproducir la misma, es preciso
que se reproduzcan a sí en tanto que individuos. La vida cotidiana es el conjunto de las
actividades que caracterizan las reproducciones particulares creadoras de la posibilidad
global y permanente de la reproducción social. No hay sociedad que pueda existir sin la
reproducción particular y no hay ser humano particular que pueda existir sin su propia
autorreproducción. En toda sociedad hay pues una vida cotidiana: sin ella no hay sociedad.
Lo que nos obliga al mismo tiempo a concluir, que todo ser humano (cualquiera que sea el
lugar que ocupe en la división social del trabajo) tiene una vida cotidiana (Heller, 1987).

El sujeto es pues, un particular que condensa en su ser la singularidad y la generalidad


universal de su especie, por lo que su comportamiento es producto de ambas, que se
manifiestan mudamente en la vida cotidiana. El sujeto conforma su mundo y a sí mismo de
forma dialéctica, transformándose al tiempo que transforma su realidad. Haciendo
consciente dicha práctica, genera una autoconsciencia del yo y de la especie, forjando una
distancia respecto de sí y, en consecuencia, respecto de sus circunstancias particulares.

Por lo tanto, no practica sólo las actividades que le permiten sobrevivir mejor a su entorno
inmediato (como el animal) sino que también elige dentro de su escala de valores a partir de
las abstracciones propias de la especie y del sistema de exigencias y creencias de su grupo
social, imprimiendo en su vida cotidiana su propia individualidad.

El individuo forja esa relación entre especificidad y particularidad, dando por hecho las
funciones de la vida cotidiana, estableciéndose una muda unidad entre ambas. El sujeto,
gracias a las exigencias éticas, somete su particularidad a lo específico, permitiendo
configurar la conducción de su vida y motivando su individualidad a una actitud que adopta
libremente ante la vida, la sociedad y sus relaciones con otras personas (Heller, 1987).

La vida cotidiana está cargada de elecciones también desde el punto de vista moral, cuanto
más importante es la moralidad y el riesgo en una decisión, tanto se eleva ésta por encima
de la cotidianidad. Es aquí cuando se rompe la muda coexistencia ente particularidad y
especificidad, eligiendo las acciones específicamente humanas y elevándose por encima de
lo cotidiano (Heller, 1985).

95
Llamamos naturalización de la vida cotidiana al efecto que se produce cuando las
personas interpretan la realidad de una única manera, como si las cosas que ocurren en ella
no pudieran ser de otra forma, convirtiendo la vida en algo que está dado por supuesto y
que no se puede modificar. La naturalización es parte del proceso de comprender y conocer
el contexto. Cotidianamente se naturalizan hechos como intento de explicar la compleja
realidad y llegar a aceptar los sucesos extraños para hacerlos admisibles y aptos para
nuestra comprensión. La naturalización de la vida cotidiana o familiaridad acrítica son
mecanismos que mantienen ciertas estructuras y modos de vida, a la vez que sostienen la
permanencia o el estatus social.

¿Cómo se puede quebrar esta naturalidad que no se critica en el transcurso del día a día?
¿Cómo poder desnaturalizar lo que viene dado en la cotidianidad como algo imposible de
cambiar? ¿Puede darse desde el sujeto otra forma de dirigirse en el mundo aparentemente
incuestionable?

Mediante la problematización y la desnaturalización podemos cuestionar estas formas


invisibles de conocer la realidad e introducir nuevas formas de comprensión, con distintas
concepciones del mundo y de la realidad cotidiana, combinando acción con reflexión.
Como decía Paulo Freire (1985) la problematización conlleva la revelación de las
contradicciones y nuevas posibilidades de pensar y actuar de manera diferente. Este
pedagogo introdujo el concepto de “problematización”, oponiéndolo al modelo de
educación "bancaria" consistente en absorber y guardar pasivamente conocimientos ya
estructurados. Para él, problematizar era analizar críticamente el mundo "en el que y con el
que" se está.

Para que esta ruptura pueda ocurrir, muchas veces ha de suceder una situación de crisis,
donde la realidad cotidiana confronta al sujeto a nivel individual y/o colectivo. Estas
situaciones de crisis sociales se trasladan a lo subjetivo, pudiendo provocar la
desestructuración por la dificultad de enfrentarse a las exigencias de la nueva situación.
Asimismo, pueden ser una ocasión privilegiada para el develamiento de lo que está dado
como obvio.

96
La participación de las mujeres del grupo de “familias en acción” permitía una crítica de su
vida cotidiana, desnaturalizando roles asociados a ellas como mujeres, problematizando las
situaciones de pobreza en las que están inmersas e identificando las formas clientelares con
las que intentaban ser cooptadas por el gobierno, mostrando también contradicciones en
este ámbito.

Las mujeres con las que he trabajado en esta investigación empezaban a participar
motivadas por la situación que se vive en sus comunidades. Para ello, compartían y
cuestionaban sus condiciones de vida, rompiendo con silencios inmovilizadores y pasando
a una acción transformadora de si y de su entorno que continúa más allá de la situación de
crisis.

Las crisis vividas por las mujeres que forman parte de este trabajo, posibilitaban posiciones
distantes y reflexivas que permitían problematizar y comprender desde otra óptica lo que
nunca había sido cuestionado.

C: “Me ha costado entender esa parte, la entendí creo hace un año recién porque es como
que te crías en un ambiente donde también crees que todo eso es normal y llega un
momento...Bueno yo creo que hice un ‘click’, de decir ‘no es normal lo que pasa’ y cuando
me doy cuenta que no es normal yo era la que estaba en contra de todo eso...”

Ellas han vivido las crisis del país en distintos niveles y momentos históricos, viéndose
afectadas en mayor medida que las de cualquier otro sector social. Para ello, han
aprovechado el difícil contexto para adoptar una actitud de análisis permitiendo una
reflexión crítica y colectiva de los sucesos que las acontecían y de cómo éstos afectaban a
sus hijas/os, a ellas y a su comunidad, demarcando una posición activa frente a ellos en lo
que a su accionar se refiere.

M: “¡Pedimos ayuda! que los policías no vayan a retirar la plata a los transas. Mi hijo no
se ahorcó con una piola, se colgó con un alambre. No tengo paz, ni ahora ni antes la tenía.
Tengo más hijos y nietos… ¡por favor hagan algo! Nosotros somos los de la villa, los
negros y se ríen de nuestro dolor. Que haya centros y equipos en cada barrio para brindar
asistencia a nuestros chicos. Que se cumpla el petitorio”

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Paulo Freire (1971) introduce el concepto de concientización, entendiéndolo como un
proceso de carácter liberador y de movilización de la conciencia. Esta forma de conciencia
supone una forma de conocer la realidad más comprometida con la sociedad en la que se
vive, adoptando un rol reflexivo en los acontecimientos y activo en la acción de
construcción cotidiana de una realidad más justa para todas/os. Según él, la toma de
conciencia permite darse cuenta de la situación de opresión y emprender una movilización
transformadora de carácter liberador; adoptando una posición política como ciudadana/o
consciente. Ello comporta un proceso de producción de conocimiento que conduce a
revelar causas, a establecer conexiones, a levantar el velo de la ignorancia que hace que se
conserve intacto el estado de cosas, es decir conlleva un proceso de desideologización.

Este proceso no es sencillo y está lleno de contradicciones, así como de presiones externas
tanto culturales como represivas de las clases dominantes.

En el caso de las mujeres que forman parte de este trabajo, se observó esta elevación
respecto de la vida cotidiana, permitiendo la extrañación respecto de la misma,
fraccionando la muda unidad anteriormente mencionada y posibilitando desnaturalizar
ciertas situaciones dadas en su contexto social. Esto permite generar una relación
consciente con lo específicamente humano y como veremos más adelante, transformar su
realidad transformándose a sí mismas.

A: “Y lo peor de todo es ve´ el dolor ajeno, la pobreza, el todo...pero a la misma vez como
que vuelve todo eso ahora actualmente...muchas veces cuando veo cosa´ así, es como el
dolor, la tristeza que una siente. Una que sí es posible, otra que te da bronca la injusticia
de que vo´ sabe´ que vo´ sola no va a poder, de que dos, tres loco´ no van a poder, de que
así seas 10 o 15 no van a podé…O sea, si no hay realmente un cambio de fondo, un cambio
donde realmente se piense pal pobre porque la pobreza no solo la he vivido yo, la ha vivío
mi vieja, la ha vivío mi abuela, viene de generación en generación… ¡Y cada vez se va
destruyendo más! Porque mi prima que ya se drogaba con poxiran y hoy hemo´ pasado a
tené la´ peores droga...y que a mi prima nosotros la hemos podido salva´, la hemos podido
sacá del poxiran y en ese tiempo se podía…Nosotro´ hemo´ sacado varios chicos del
poxiran, pero hoy con esto del PACO y este tipo de drogas es como mucho más difícil,
mucho más complicado…”

98
Desde sus inicios en la participación buscando soluciones para estas problemáticas, han
vivido distintos intentos de cooptación enmarcados en el clientelismo político. Estos
mecanismos se han ido construyendo desde el principio de sus formas organizativas y
participativas, a través de las cuales algunas de estas mujeres, ingresaron en la escena
política y en la gestión pública. Estos mecanismos informales de cooptación trataban de
acallar y desmantelar la acción de la comunidad organizada, aunque no siempre lo
lograban.

Ante esta situación, encontré un proceso de aprendizaje de la realidad que posibilitaba la


identificación y crítica sobre estas formas de hacer política de las que fueron objeto.

E: “El Estado no te ayudaba, te ayudaba y a la vez había quien se quedaba con la ayuda
del Estado…¿Entendés cómo viene la mano? Se lo quedaron igual, despue´ pa´ tapar la
boca me llamaron de la Fundación de la Evangelina Salazar que también era su año de
gobernadora de Ortega, querían que yo me calle, que no diga nada de que me ofrecían
trabajo en la casa de gobierno sea para que limpie o para que haga café para las oficinas.
Le digo: ‘yo no soy una vendida, perdón´, le digo. `Si yo quiero tene´ trabajo lo busco yo,
pero yo no me voy a vendé por nadie, y menos por la salud´’”

También cuestionaron su rol como mujeres cuidadoras y garantes del hogar y aunque en
este aspecto, existían muchas contradicciones en ellas, se observó cierta crítica y resistencia
a quedar atrapadas en la totalidad de la equivalencia mujer=ama de casa, sobre todo, en las
entrevistadas más jóvenes:

C: “Y bueno es eso, entonces ella tiene ese ideal de familia que tiene que se´ la muje´,
desvivirse por el marido y por los hijo´ y por la casa y se ha dejado...no sabe valorarse
ella, entonces bueno yo trato de que…yo hago todo lo contrario...todo hago para afuera.”

También pudieron ejercer esa crítica, problematizando y cuestionando la exclusividad de


las labores de cuidados adjudicadas al género mujer y extendiendo dicha responsabilidad al
resto de la familia, identificando así el machismo y la violencia hacia las mujeres a la hora
de no cumplir con el rol adjudicado a su género:

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C: “Y estos chicos en general están acostumbrados a que la casa se mantenga por mí, o
sea la que hace todo aquí en la casa soy yo…yo trato de que entiendan de que no lo hago
siempre eso de no esta´ en todo el día y no pueden estar acostumbrado´ a que siempre este
yo, entonces tienen que dedicarse. Que todos colaboremos, incluso todos están grandes
aquí: ` ¡levantá la mesa, lava´ lo platos...´ ¡Tampoco es todo yo!”

(…)

E: “Pero la comida tenía que tenerla ella, para el marido en la casa…más allá que la lleve
en el comedor, era como que la iba a llevarla a escondida´ para que el marido no se entere
...muchas situaciones pasaban así...Ese machismo que tenían, como, pero...`andá a traé la
comida y volvé rápido´ y si se demoraba…cobraba...así era…entonces me decía ‘si vo
quere´ yo te lavo la olla mañana tempranito bien se vaya mi marido a trabajá’”

El rol de la mujer como principal cuidadora de las/os hijas/os pareciera naturalizarse, y


aunque sí cuestionaban la ausencia de ejercicio de paternidad realizado por sus maridos, no
siempre cometían acciones concretas que corresponsabilizaran a estos en dicho ejercicio.
No obstante, cabe mencionar que algunas de ellas decidieron separarse por este y otros
motivos.

B: “Porque la mujer…y bueno porque al ser la madre es como que la que más entiende, la
que más siente el dolor…como la que lleva todo adelante en la casa ...es como que en este
caso, somos las mamas las que ponemos el pecho...porque con el papa es como que
tenemos un padre ausente en la mayoría de las veces, tenemos un papa en la culpa:
‘porque vos sos la madre, porque vos no hiciste nada’...en lavarse las manos y decir
‘bueno ella es la madre y yo no estoy en la casa y tengo que trabaja’, pero también es el
papa y él también tiene que lleva´ un poco el dolor y tiene que no apartarse. En algunos
papas, en que creen que van a solucionar el problema diciendo ‘bueno, hoy me voy a
queda´ con mi hijo, vamos hacer un asado, vamos a tomar un vino y vamo´ a compartir y
después me voy.’ y el hijo queda…Se tomo un vino, pero él no se toma un vino, se macha y
se pone molesto...se va a tomar uno, se va a tomar otro y va a seguir y a seguir. Es como
que eso no ayuda…el padre tiene que sentarse a conversa´ con su hijo a ayudalo, a hablálo
a enseñarle algo bueno de que lo que él ha vivido porque en ese tiempo había cosas

100
buenas, no había droga, si el alcohol siempre existió y todas esas cosas, pero no los
llevaba a estas vidas que los está llevando hoy a estos jóvenes porque es muy triste esto… y
bueno, eso es lo que yo pienso, que el padre se pone muy ausente”

(…)

R: “Yo siempre fui la madre y el padre…por ma´ que lo he tenio´ al marido es como
anulado como padre, siempre fui yo la ma´ responsable de todos”

(…)

I: “Si a nuestro marido no se le mueve una ¡hace de cuenta que tenés un hijo ma´!”

Los procesos de concientización y desnaturalización son formas de criticar la realidad. No


es posible desnaturalizar un estereotipo de género, una creencia infundada o cualquier
hábito cotidiano justificado por el hecho de que “así son las cosas y así han sido siempre”,
si previamente no se ha hecho un proceso crítico de análisis y discusión profundo. Para
llegar a este proceso, la participación y todo lo que de ella se ha derivado, ha sido de vital
importancia en sus vidas:

A: “Bueno ella ha dado una clase magistral de lo que era el género y hemos quedao todas
patas pa´ arriba. Y yo ni hablá...yo la había traído pa´ las mujere´… ¡y me lo he terminao´
chupando yo! Claro. Y yo digo ¡está loco! Entonce yo empiezo a rebobiná y empiezo a
pensa´ y digo ‘¡la concha de la lora!’ y me acordaba de cuando iba al secundario que
compraba una cosa, compraba la otra, venia, cocinaba y que sé yo…el mandato que yo
siempre tenía…o sea el tipo tenía que labura´ nada ma´...entonce´ digo yo: ‘¡la puta
madre!’ ¡A partir d eso se me ha empezao´ a hace un desconche la vida a mí! Claro porque
imaginá, viene alguien y te dice: ‘no es tan así’…”

En este proceso de análisis crítico, se han de develar los mecanismos de poder


interiorizados a la hora de comprender y justificar la realidad muchas veces injusta. Esto

101
supone desarrollar una perspectiva crítica, observadora y problematizadora de los
acontecimientos y circunstancias que nos rodean a través del diálogo y reflexión con
otras/os.

N: “Como madres que el gobierno sepa que estamos en pie, que no queremos que se
mueran más hijos. No tenemos que dejarnos de mover”

En muchos de los testimonios y, a pesar de las contradicciones encontradas en las mujeres


que fueron entrevistadas, se desplegaban diversas críticas al machismo que viven, a la
instrumentalización de los gobiernos, a la corrupción y, en general, al orden social que las
perjudicaba.

M: “Son en esos barrios ricos donde se llevan el dinero de la droga y en los pobres donde
mandan vender a los pobres y matarse entre ellos”.

Las ideas sobre la subordinación de la mujer, así como las de “las razas superiores” y las
clases sociales dirigentes, son propias de una ideología del imperialismo del siglo XX que,
en sus distintas variantes, llegan hasta el racismo y machismo extremo.

En los sectores populares el “mandato natural” de la maternidad en la mujer que rige el


discurso patriarcal dominante, se acentúa y agrava en relación a las mujeres de sectores
medios y altos, debido a la desventaja de la situación económica y social. La escasez de
recursos materiales y simbólicos provoca una mayor aceptación del aparente único destino
que se impone como objetivo y proyecto de vida para muchas de estas mujeres.

El carácter transformador que propone la psicología social al primar la crítica de la vida


cotidiana sobre otros aspectos, es el hecho de que, al sumergirse en esta cotidianidad, se
pueda operar y transformar las relaciones atribuidas desde lo hegemónico, obstaculizando
la reproducción de los propios lugares de opresión.

Para ello, primero, se hace necesaria la crítica desde los sujetos protagonistas que
componen día a día su vida, interrogar la ecuación impuesta que ocupan diariamente con su
rol como mujeres=madres=cuidadoras, para esperar una posible transformación de su lugar
social en el mundo, pudiendo reivindicar, en algún momento, la corresponsabilidad de los
hombres y del resto de la sociedad en los cuidados.

102
A través de la participación, pudieron realizar formas de ejercer la crítica de lo cotidiano,
llegando a conveniencias superiores a través de la política. Como dice Quiroga (2012), es
en ella donde se producen las más importantes transformaciones en la vida de las personas.

E: “En el 2008 me empezaron a invitar, querían que vaya a un encuentro. Y ¡mira lo que
es la vida! Dice mi hija: ‘vamo´ mama que dormimos en escuela, vamo´ a dormir en el
piso’… ‘ay hija como voy a dormi´ en el piso!’ yo no entendía nada de lo que era el
encuentro de mujeres...En el 2009 viene el encuentro de mujere´ acá a Tucumán, ¿qué no?
Mi hija me dice ‘mama, ¿podemo´ ir a la marcha de la muje´?’ y si viera de hermoso que
es...estoy fascinada…comimo´ y nos vamo´ a la plaza Urquiza... ¡Cuando llego allá, venía
tantísima mujer por dios y digo ‘¡hija! ¡Donde han estao´ metida toda esta!’ ¿me
entende´? ¡No entendía nada! Larga la marcha y empiezan a cantar, los cantos, los
cantos... ¿yo? lloraba. Desde la plaza Urquiza hasta la maternidad ese día he llorao´ hasta
que ha terminao´ la marcha.

Entrevistadora: ¿Por qué lloraba? ¿Por qué le emocionaba tanto?

E: no se…un sentimiento que decía ‘justicia por fulana, justicia por la Marita Verón,
justicia por…’ y yo decía: ‘tantas cosas que pasan y yo no sé nunca nada...?’

Entrevistadora: De cuestión de mujer

E: De genero…Tantas cosas que pasan y yo no sé nada, ¿tantas cosas que pasan y yo no


sé...? Me decía yo…sola me hacía la pregunta. ¿Por qué si se puede, no estoy yo aquí? Al
otro día de la marcha era el cierre... ‘Me dice: ¿mama que qué será que vamo´ a ir al
cierre?’ me dice mi hija ‘Ah, no ¡vamo´ hija!’ le digo… ¡Me voy al cierre!

Empezá a cantar los cánticos (y da palmadas), sale Paraná...le digo: ‘A Paraná nos
vamo´...’

103
4.5.1 Participación comunitaria. Contradicciones.

Según la definición de participación de Maritza Montero (2004), de participación


comunitaria decimos que esta es “un proceso organizado, colectivo, libre, incluyente, en el
cual hay una variedad de actores, actividades y de grados de compromiso, que está
orientado por valores y objetivos compartidos, en cuya consecución se producen
transformaciones comunitarias e individuales” (p. 109).

Hernández Aristu (1994) señala tres dimensiones de la participación: ser, tener y tomar.

- “Ser parte” se refiere al lazo social que une a las personas individuales con los espacios
colectivos de los cuales forma parte durante el curso de su vida y que conforman de su
identidad.

- “Tener parte” hace referencia al lugar que se otorga y desde el cual se realizan los
intercambios con las/os demás.

- “Tomar parte” se refiere al hacer y tiene que ver con tomar una actitud activa e implicada
en una acción o toma de decisión que se asume a lo colectivo.

La participación ha tenido numerosos enfoques y definiciones en base a aspectos clave que


en ella se dan, como puede ser la toma de decisiones. Este criterio ha sido tomado muy en
cuenta para determinar, incluso, si existía participación, según si se daba o no, la
implicación de la comunidad en las decisiones colectivas. En la actualidad, se tiene en

104
cuenta que la participación se da de una forma gradual, entendiéndola como un proceso
progresivo donde están involucrados numerosos aprendizajes.

Aun así, es importante tener en cuenta que muchos procesos alejados de la participación,
pueden llamarse como tal, siendo en realidad formas de manipulación de una comunidad
para intereses alejados de la misma. De ahí derivamos en aspectos mencionados
anteriormente en este trabajo, como son la cooptación y las prácticas clientelares o
populistas, en las cuales los agentes externos designan a personas de la comunidad para
llevar a cabo la administración y gestión de recursos, generando relaciones de poder en el
seno de la propia comunidad y formas de acción predeterminadas desde núcleos de poder
ajenos.

Como explica esta mujer que participaba en el barrio con talleres de manualidades para el
autoempleo de mujeres.

C: “No, como que yo siento que es otra cosa. O sea, cuando empecé aquí lo único que hice
es pedirle permiso a L que tenía la llave para que me dé la posibilidad de darme un lugar
en cierto horario para que yo me junte con mujere´ que quieran hace´ manualidades.
Entonces yo, cuando viene y me dice ‘ah porque la L’ lo que se acostumbra acá es que la L
tiene tal cosa, la I recibe tal plan y no te avisa y toda esa historia…Entonces yo les
explique a todas: `es que yo no tengo nada que ver con L…yo voy en cierto horario y hago
las manualidades y me vuelvo a mi casa…no tengo nada que ver con L´.

Cuando I me habla para que vaya al CIC es lo mismo...es como que yo sentí que me dio un
espacio...yo no siento que ninguna de las dos me manda ni tienen nada sobre mí.”

Algunas de las mujeres de esta tesis, en ocasiones han habitado las contradicciones de una
participación manipulada y otra nacida y organizada desde la misma comunidad,
remarcando la capacidad de aprendizaje y la posibilidad de lidiar entre ambas para la
consecución de los intereses de la comunidad.

I: “Una no tiene que andar con un político solo, una anda con el que trabaje para la
comunidad y traiga las cosa´” (…) “La gente confunde la militancia social y el ser
puntero”.

105
Esta demanda de necesidades las introdujo en un engranaje donde establecieron lazos con
la política de turno, sosteniendo las formas clientelares provenientes del Estado, a la vez
que generaban estrategias de supervivencia y lidiaban con estas prácticas gubernamentales.

A lo largo de la trayectoria de estos quehaceres políticos, surgieron contradicciones frente a


los intereses suscitados en estas prácticas por parte de los gobiernos de turno. Ello provoca
que establecieran un vínculo con el estado, políticas sociales mediante, donde las mismas
mujeres que instituían nuevas formas de hacer política, eran, a veces también, cooptadas
por formas viciadas, donde el clientelismo político impone sus normas.

I: “Pasa que a esas las han separado. Porque las han dado un bolsón a una por aquí, otra
cosa a otra por allá y las han callado”

Estas prácticas, muchas veces, generaron rupturas en la confianza entre miembros del
propio barrio e incluso pasividad a la hora de participar.

C: “Pero yo voy en representación al grupo de mujeres, nunca voy en representación mía,


o de I o de L…a eso es a lo que voy...No tengo ningún drama de que ellas hagan, incluso si
te pones a ver, como yo estoy en dos lugares, las chicas de abajo viven hablando pestes de
I, que I consigue soluciones, que consigue ayuda, consigue alimentos, que consigue
zapatilla´. Pero todo es para este lado o sea toda la familia de ella nada ma´, es lo que se
dice… que yo no sé si será verda´ o no será verda´, pero es lo que se dice…Y después lo
que es L, no sé muy bien cuál es el tema con la municipalidad, pero también L consigue
cosas y es solamente para las personas que conoce, o sea está muy desunido el barrio en
ese sentido.”

(…)

S: “Uno solo, que un día venia un chico y decía ‘sí, sí a ustedes le dan’ y yo le he dicho ‘a
nosotras no nos da nadie, a vece´ nos colabora doña I y si no tenemos, sacamos del bolsillo
de nosotro´, a nosotro´ nadie nos da nada, ni el gobierno...’ le digo...Y de ahí han dejao´ el
comentario, pero eso porque le ha escuchao´ a los padre´ o alguien que ha hablao´…yo le
digo: ‘a nosotros no nos da nadie, nosotros le sacamos del bolsillo pa´ darle´ a ustede´ y

106
eso deben estar ustedes agradecido´ porque nadie le saca del bolsillo para dale cosas a
ustede´’ le digo (…) Hasta el momento no tenemo´ ayuda de nadie, de ahí no se han sentio´
ma´ comentario de los chicos…”

Ferullo (2002) diferencia la participación crítica de la que no lo es, en tanto busca un


“aprendizaje que brinde a los sujetos la posibilidad de una mayor incidencia deliberada en
el rumbo de sus vidas personales y/o comunitarias, niveles crecientes de conciencia,
capacidad autogestiva y organizativa, posibilidad de asumir compromisos y
responsabilidades” (p. 199).

Por lo que, como hemos podido describir, la participación es un proceso complejo y


contradictorio, atravesado por múltiples tensiones donde el poder ocupa un lugar
importante. En la participación existen diversos niveles de decisión y de compromiso e
influyen factores subjetivos, características del propio grupo, aspectos de las instituciones,
de la comunidad y de la estructura social.

De Sousa, Ignacio, Maza, Belkis, & Palacios, Yaurelys. (2012) señalan cuatro niveles de
participación según la capacidad de poder en la toma de decisiones:

1º) Información: es el nivel más básico puesto que solo se basa en informar a la comunidad
de las decisiones que ya se han tomado. A partir de ahí, solamente podrán participar en las
acciones que se deriven de estas, decisiones que ya han sido tomadas por otras personas.

2º) Consulta: se le pregunta a la comunidad sobre un determinado asunto y ésta puede


expresar sus opiniones e intereses para ser o no tomados en cuenta en la propuesta final.

3º) Decisión: la comunidad participa de forma activa en propuestas para la decisión final,
donde a veces, algunos miembros pueden interceder en la elaboración de disposiciones
iniciales.

4º) Autogestión: siendo el nivel más elevado que puede tener la participación, tiene que ver
con que las comunidades administren ámbitos de la vida en común. En colectivo
determinan los objetivos y la forma de implementarlos, así como los recursos sin necesidad
de dar cuenta a ninguna autoridad externa.

107
Las mujeres del barrio El Sifón, iniciaron su participación en el barrio movidas por una
necesidad propia, siendo a partir de entonces, cuando comenzaba su organización. Esta
acción de agruparse con otras por una misma causa, generó y contribuyó paulatinamente a
su constitución como sujetos reflexivos y críticos con el orden establecido, al mismo
tiempo que se dio en ellas, procesos de aprendizaje y ayuda mutua.

B: “si, si…yo me considero ya política desde el día que fui con las otras madres a salir a la
calle…por supuesto una política sana…algo que uno pide, y lo obliga que se haga…y una
ve´ que uno sale a la calle a pedir, ya es política, por supuesto sin la bandera…pero uno ya
es un político, ya vendría a ser una persona pública porque ya salir a la calle y empeza´ a
exigir cosas...empezamos a ser personas públicas.”

A medida que la incidencia de estas mujeres en sus barrios avanzaba, y tras los ejercicios
de cooptación de parte del Estado, comenzaron a darse algunas situaciones donde el
concepto de participación no podría entenderse como tal, puesto que eran las políticas
gubernamentales de turno las que decidían las acciones a realizar en el barrio, así como
también, quienes las desempeñaban, incluso, introduciendo el pago económico a las
participantes encubierto con la idea de la participación comunitaria o contraprestación.

R: “Si yo he buscado el lugar del comedor es para no sentirme sola, para conversa´ con el
grupo, desde que han empezado a paga´ empezaron las peleas y yo le dije a I: ‘a mí no me
importa si me pagan o no, yo quiero tranquilidad’. Desde que empezaron a pagar hay
habladurías de que si esta va, que si esta no va…”

Estas controversias hicieron que aprendieran a lidiar con políticas de patronazgo y, muchas
veces, cayendo en relaciones asimétricas, reprodujeron el ejercicio de poder de las prácticas
clientelares.

B: “Íbamos todos los lunes a la plaza y empezamo´ a organizanos´ en las madres de la


esperanza, armamos una fundación y todo, pero después nos separamo´ en dos bandos (las
madres del pañuelo negro y las de la esperanza) porque las de la Costanera no les
gustaban los manejos que tenía la presidenta de la fundación nuestra”

108
Para María Teresa Sirvent (1999) hay dos formas de participación: la real y la simbólica.
En la real se incide “efectivamente sobre los procesos de la vida institucional y sobre la
naturaleza de las decisiones”; la participación simbólica, sin embargo, genera en los
individuos y grupos la “ilusión de un poder inexistente, es el como si de la participación”
(p. 129). La actitud crítica en la participación es crucial para que el individuo y el colectivo
tomen un lugar protagónico apropiándose de la realidad y movilizándose para cambiarla.
Las prácticas anteriormente descritas generan un efecto contrario, posicionándose el sujeto
en un lugar pasivo, además de provocar rupturas en las relaciones que se dan en la propia
comunidad.

Por lo que, la participación y la salida del hogar genera:

- socialización, ocupar otros roles, desarrollar otras habilidades y aprendizajes, la


transformación a posicionamientos activos y protagónicos en lo personal y en lo
político alejados de la sumisión.

- la politización de lo cotidiano que a su vez produce transformaciones en el territorio


que habitan y de forma dialéctica, cambios en su identidad.

- un reconocimiento de lo político desde lo personal y doméstico, que genera una


revalorización tanto de su lugar como mujeres/amas de casa/madres como de su
origen popular al pasar de la vergüenza de vivir en un barrio significado como
“marginal” al orgullo por la incidencia lograda en él.

- la alteración del espacio, el tiempo y el ritmo de su vida cotidiana. El espacio es


transformado por su acción colectiva y su incidencia en las políticas públicas,
construyendo lugares nuevos para la comunidad y mejorando la habitabilidad en el
barrio. En cuanto al tiempo y al ritmo, la introducción de la participación y sus
repercusiones suma actividades a las tareas que ya tienen, restando inevitablemente
tiempo a otras y produciendo efectos y respuestas en el ámbito familiar y del tiempo
libre.

109
- sobrecarga de tareas, al sumar los horarios de atención a sus maridos e hijas/os en el
trabajo doméstico y el ajuste de estos horarios a los de la participación.

- una proyección en el tiempo, salir del corto plazo para poder proyectar un futuro
para ellas, el barrio y sus convivientes.

- la problematización de sus condiciones de vida en relación al contexto de pobreza


en el que viven, a las formas de política que las atañen y a su rol como mujeres,
suponiendo importantes transformaciones de si y de su entorno.

- contradicciones de una participación manipulada y otra nacida y organizada desde la


misma comunidad, por las injerencias del estado en sus prácticas organizativas.

¿Qué relación tiene la participación con el trabajo? ¿Qué actividades hacen en su tiempo
libre?

4.6 Participación y su influencia en las áreas de la vida cotidiana.

En la vida cotidiana se distinguen tres áreas de emergencia y desarrollo del destino de las
necesidades humanas: trabajo, vida familiar y tiempo libre. El resultado de lo manifiesto en
el día a día tiene que ver con el interjuego entre estas áreas articuladas entre sí, de forma
particular en cada contexto y momento histórico. En este apartado expongo los resultados
de la participación de las mujeres en las áreas de su vida cotidiana, entendiendo como se
articulan entre ellas a raíz de ésta.

4.6.1 La participación como trabajo.

C: Si, sí…y lo del comedor también lo tomo como que es un trabajo. El comedor de la
Cartujana. Y bueno lo de acá (El Sifón) yo lo tomo como que estoy a dos cuadras, que voy
y vuelvo. El comedor estoy todo el día, me voy a las 3 de la tarde y vuelvo a las 8 de la

110
noche. Porque empiezo a las 3, salgo a las 6 y los colectivos ya pierdo todo el día” (…)
“Ehh bueno he dejado todo. El único trabajo que estoy haciendo ahora es cuidar a una
señora los Domingos porque también hice un curso en la fundación de cuidador, de
auxiliar y estoy trabajando con una señora que tiene demencia senil. La cuido solamente
los Domingos, yo trabajaba mucho toda la semana de lunes a viernes cuidando a esta
señora y el año pasado decidí en marzo o abril, dejar de trabajar para dedicarme a las
artesanías y perfeccioname´ con la porcelana porque si quería dedicarme a enseñale´ a las
chicas, necesitaba mejorar (…) Yo he tenido muchos trabajos…he limpiao´ jardincito,
estuve de ordenanza en un jardincito, estuve de mucama en un sanatorio regional, después
atendía en una panadería, atendía negocios...en realida´ nunca paro…o sea, me dan la
posibilidad de que si puedo ir a atende´ el negocio de enfrente lo hago. Digamos que
aprendí a decir ‘no’ porque quería empezar a dedicame´ a las artesanías el año pasado,
pero en realidad era muy activa.

(…)

R: “cuando no llegamos al mes ayuda el plato de comida” (…) “Lo mismo, aunque tenga
voy a colaborar, a limpiar” (…) “yo voy al comedor de hace mucho, yo sé que tengo mi
plato ganado.”

(…)

S: “Yo antes cuando trabajaba ahí en la fundación también ya los últimos meses del año se
empezó a ve´ mucho los chicos en el comedor...Yo estoy en la fundación Juan XXIII que es
un comedor...pero hay más cantidad de chicos y aquí en el merendero cada ve´ más chicos
aparecen. Como que hay más pobreza…”

Entrevistadora: ¿Tienen trabajo? ¿Reciben algún plan?

L: en el merendero no...no recibimo´ plata del merendero…

Hermana: no nos dan.

S: asignación universal si

Hermana: yo del progresar y de la asignación

111
S: yo trabajaba...hasta el año pasao, que no me han llamao hasta el momento en la
fundación donde trabaja ella (el comedor). De hace 10 años trabajo ahí yo...pero hasta el
momento no me han llamao no se…Se me hace que voy a tener que demandalo´ porque...
(rie)

Entrevistadora: ¿y ahí reciben un dinero no?

S: si, pero en negro. Ese comedo´ pertenece a la Municipalida´…

L: nos hacen trabaja´ en negro y…y antes lo llevaba la iglesia de la Mercé. Somo´ la
únicas que seguimo´ ahí porque vienen, están un rato y se van…

S: Nosotra´ somo la únicas viejas que hace 10 años que estamos...que aguantamo´ ahí.

(…)

E: “Yo me sentía bien, me sentía útil pa´ esa gente, me sentía muy útil y a la vez
decía…abandonaba mi casa, abandonaba mi marido y abandonaba mis hijos porque a
veces tenía que ir a buscar la leña, mi marido venia de trabaja´, por supuesto que no tenía
que come´ porque a veces yo le llevaba un poco de fideo hervido para el también y yo
cuando andaba, andaba con mis hijos”

“No, ese año no trabajaba...yo empecé a trabaja´ en el año 92. He trabajado 14 año´ para
el mismo patrón. Te estoy hablando del año 89. Era una crisis tremenda…Mi marido, él me
decía ¿y vo´ va´ a trabaja´? Y le decía si voy a trabaja´. Y me dedique a trabaja´ para
ayudalo´ a él, pero es como que ya no me sentía más útil y digo…bueno, ya he dejado lo
comedore´...ya he dejado mucho…yo me sentía que había hecho mucho y bueno, ahora voy
a empeza´ a trabaja´, voy a ve´ por mis hijos, son chicos. Los quiero hace estudia´, los
abandonaba mucho también para trabaja´ porque me salía a la mañana y volvía a la
noche. Trabajaba en casa de familia…” (…) “Digamo´ me he proyectado bien en la vida,
cuando he querido ir a trabaja´, he dejado mucho, he dejado comedore, he dejado
mucho…”

(…)

112
A: “Y después empieza a surgir las necesidades personales e individuales y empiezan a
prioriza´ por sus necesidade´ y es como que el que está a la par, vos sabes que es verdá,
que es necesario que vos resolvá lo tuyo y muchas vece´ lo individual está por sobre lo
grupal... ¿por qué? porque no hay necesidades resueltas... O sea mientras el trabajo, que
es lo que te dignifica como persona, no está resuelto y siempre va a termina´ quebrando
cualquier cosa que vo´ queras hace´...ya sea grupo, ya sea pareja, ya sea lo que vo´ quera´,
ya sea familia...” (…) “para mí el trabajo es resolve´, no solo que te dignifica como
persona, sino que resolve´ necesidade´ personales...pero el trabajo comunitario, que bueno
uno le llama trabajo pero es más una convicción, la forma de que ideológicamente miras
de una forma diferente las cosas, por ejemplo, hay gente que bueno logran combinar esas
dos cosa…”

Cuando en general se habla de las personas en situación de pobreza, a pesar de la


complejidad de la problemática, suele simplificarse y uniformarse a la idea de carencia, de
“la falta de” o de la “imposibilidad para” ser y desarrollarse. La pobreza es entendida como
falta de capacidad, moralidad o cultura, negando las causas estructurales y sociales que
ocasionan y perpetúan el fenómeno. Por lo que, el descrédito en estos barrios y en la gente
que allí vive, acentúa sus desigualdades impidiendo hasta optar por un puesto de trabajo
digno.
Los numerosos estigmas que se asocian a los sectores populares, como el barrio del Sifón,
suelen relacionar estos lugares como poco productivos, con personas que viven únicamente
de planes sociales y con escasa o nula motivación para salir del asistencialismo. Sin
embargo, y a pesar de que es un lugar donde hay gran cantidad de personas desempleadas,
existen numerosas personas trabajando en empleos no formales, buscando incesantemente
changuitas para sobrevivir al día, trabajando en la albañilería, en el reciclamiento de
productos desechados, venta ambulante o con pequeños negocios de comida y talleres
familiares. Por lo que, el sector popular, lejos de los prejuicios que acarrea, muchas veces
realiza las jornadas más largas en el tiempo y más duras en condiciones, trabajando a
cualquier edad, ya sea ésta temprana o avanzada.
Los trabajos desempeñados por las mujeres que han sido parte de esta investigación, fueron
múltiples, tanto en la esfera productiva como en la reproductiva: desde negocios de comida
en su propio domicilio, venta ambulante, limpieza o cuidados.

113
Ellas han sido las principales impulsoras de numerosas estrategias de supervivencia;
definiendo estas como el conjunto de acciones que realizan las personas de bajos recursos
económicos, no insertadas en el mercado laboral formal, para acceder a bienes útiles para la
vida de tipo económico, interpersonal, cultural etc. Estas estrategias, muchas veces se basan
en la construcción de redes de intercambio cotidiano basadas en la ayuda mutua y en la
reciprocidad entre personas y familias del propio barrio que se encuentran en situaciones de
carencia similares (Gutiérrez, 2007).

En este apartado realizo la diferenciación entre empleo remunerado y trabajo, incluyendo


en este último todas las tareas que implican un esfuerzo para la producción de bienes y
servicios que respondan a las necesidades humanas, incluyendo los cuidados (labor a la que
las mujeres estudiadas dedican la mayor parte de su tiempo). Como dice Quiroga (1998), el
trabajo es un proceso de creación, de transformación, de diseño y realización humana. Es
una actividad de intercambio entre los seres humanos y la naturaleza, que produce valores
de uso para la satisfacción de necesidades humanas. El trabajo atiende a dimensiones de lo
psicofísico e implica un orden simbólico que se da implícito en el intercambio social entre
los seres humanos entre sí y con su medio. Cuando el trabajo es libre y creativo es posible
reconocerse en él, puesto que permite proyectarnos en lo realizado e internalizar el proceso-
producto, realizando aportes a nuestra identidad, reflejándonos en el proceso realizado;
cuando en éste podemos poner algo de nosotras/os, obtenemos valor, autoestima y fortaleza
subjetiva, también se reparan heridas y aspectos dañados recomponiendo rupturas y
fragmentaciones del yo.

El trabajo ha sido diferente históricamente, persistiendo aún hoy esta división sexual entre
los hombres y las mujeres. Esta segmentación, reserva principalmente la esfera pública para
ellos, quedando lo doméstico asignado a las mujeres. Aun cuando estas pudieron
incorporarse al ámbito laboral, siguieron cargando doblemente con de las tareas del hogar.
Habría que tener en cuenta la desvalorización de las tareas de reproducción de la vida a las
que las mujeres del barrio de “El Sifón” han dedicado sus vidas de forma gratuita e
invisible, considerándose éstas como lo “natural” e implícito por su condición de mujeres.
Estos trabajos de cuidados, muchas veces han estado excluidos de la posibilidad de

114
remuneración, sobre todo cuando han acontecido en el seno de la familia, encubiertos con
el “amor de madre” y de “buena esposa”.

Según el Instituto Social y Político de la Mujer, las mujeres que trabajan fuera de sus casas
un promedio de 8 horas luego continúan trabajando en sus hogares 4 horas más, por lo que
se realiza una tarea laboral continua de aproximadamente 12 horas, siendo remuneradas tan
sólo 8. De esta manera, el trabajo no remunerado es el que consume la mayor cantidad de
tiempo productivo de las mujeres en sus tareas como amas de casa, madres, cuidado de
familiares y ancianos.

Para las mujeres con las que he trabajado, la participación era entendida como un trabajo,
puesto que ésta las vinculaba con el mundo, las permitía relacionarse con otras personas,
salir del aislamiento y satisfacer sus necesidades al tiempo que resolvían las de la
comunidad, reflejando algo de sí mismas en la tarea realizada; incluso, para algunas de
ellas, fue una estrategia de supervivencia al posibilitar algún pequeño ingreso económico,
de alimento o una posible proyección laboral ante un mercado de trabajo inaccesible para
ellas.

Otras mujeres entrevistadas tuvieron que alejarse de la participación puesto que ésta les
quitaba tiempo para buscar empleo, por lo que sí hacían distinción entre participación y
trabajo, tan solo en relación a la remuneración, sintiendo la obligación de dejar lo que les
gustaba hacer en sus comunidades, para emplearse en trabajos pagados y obtener ingresos
que ayuden al sustento de la familia.

A: “Yo en lo de los asentamientos he descuidado mucho mi vida, así que dije ‘hasta acá
llega’ ya querían armar comedo´ y no sé qué cosa y yo digo ‘no’. Yo cuando me he dao´
cuenta que mi hijo iba mal en la escuela y ¡no tenía zapatilla! Yo trabajaba cuidando unas
mellicitas a la mañana, volvía de ahí, iba al asentamiento, de ahí venía para acá me
bañaba, me iba a la escuela a estudia´ a la noche, después volvía, retiraba a mi hijo, volvía
o sea…era mucho descuido. Entonce´ ahí me cae la ficha cuando lo veo a mi hijo sin la
zapatilla, todo descuidado, despue´ el andaba mal...yo digo ‘no...yo hasta acá llegue’ Yo
me dedico a mi hijo ya y a mi casa, vos ponete´ a ve´ que uno pelea por todo´ ellos...por la
tierra, por la casa, que se yo... ¡y nosotros no tenemos nada! Nosotros seguimos viviendo

115
en la misma miseria, no tenemo´ ni baño, no tenemos nada …Yo lo bancaba a él (esposo)
porque era necesario que estuviera ahí, ¡pero a la misma vez alguien se tenía que hace´
cargo de nuestro hijo! Y bueno, al tiempo él se cansa también y deja...”

A raíz de las crisis sociales que provocaron su salida al mundo público, las mujeres
comenzaron a desplegar, en las tareas de participación, aspectos de sí mismas que ni
siquiera conocían. Esta actividad les aportaba una nueva identidad alejada de la
invisibilidad a la que habían estado siempre relegadas.

B: “Yo era de mi casa, de estar metida adentro con mis cosas (…) yo al principio me daba
vergüenza hablar, me daba miedo así hablale´ a la prensa y gritar en la plaza. Y esto me
ha hecho aprender muchísimo, antes lloraba mucho, era sumisa y callada, me daba
vergüenza habla´ con mi patrona. Si ella me decía de tomar un café yo me ponía nerviosa
por si no lo tomaba bien y ahora entro en la casa de gobierno (…) jamás he pensado de
hablar con ese tipo de gente, salir en La Gaceta, llamar a periodistas para que así me
reciban a un chico en el Obarrio, de viajar así a otras provincias, de encontrarse con otras
mamas”

Al mismo tiempo y para algunas de ellas, la responsabilidad adjudicada por la comunidad y


asumida por ellas mismas, se convirtió en un compromiso con tintes de obligatoriedad.

I: “Soy la responsable de lo bueno y de lo malo, pero más de lo malo porque no hay


reconocimiento, la gente lo toma como que sos responsable”

Se pueden identificar contradicciones y confusiones como respuesta a los mecanismos de


cooptación del Estado ejercidos a través de la remuneración (a modo de contraprestación
comunitaria) por parte de referentes barriales. En estos casos, emergían conflictos entre las
mujeres, puesto que la tarea se confundía dejando de ser entendida como participación y
pasando a ser tomada como un empleo.

R: “Si yo he buscado el lugar del comedor es para no sentirme sola, para conversar con el
grupo, desde que han empezado a paga´ empezaron las peleas y yo le dije a I: ‘a mí no me
importa si me pagan o no, yo quiero tranquilidad’. Desde que empezaron a paga´ hay

116
habladurías de que si esta va, que si esta no va…Pero yo siempre lo hice de corazón lo del
comedor”

La vida cotidiana es la reproducción de las singularidades, para reproducirse a sí mismas,


las personas deben efectuar un trabajo. Existen, y han existido siempre, estratos sociales de
no trabajadores que por su posición económica y social se han podido permitir no trabajar,
pero para la mayoría, sobre todo para los estratos económico-sociales más bajos, el trabajo
es una parte inevitable de la vida cotidiana. El trabajo ha sido prácticamente siempre el
elemento que protagonizaba la vida cotidiana, alrededor del trabajo estaban organizadas el
resto de las actividades, de hecho, estas actividades dependen del tiempo que queda según
sea la intensidad del trabajo, el tiempo que ocupa etc. (Heller, 1967).

Las mujeres que forman parte de esta investigación, dedicaban la mayor parte de su tiempo
al trabajo, ya sea remunerado o no, ya sea dirigido hacia otras personas a través de la
participación o hacia sus familiares, resultando difícil dejar un tiempo liberado para ellas,
para su propio cuidado o disfrute.

Por lo que, la participación, era tomada como un trabajo de distintas formas: por las
consecuencias materiales que acarreaba (contraprestación), por la responsabilidad que
conllevaba (convirtiéndose a veces en una obligación o en un lugar de valoración social) y
por lo personal que en estas actividades se depositaba, dejando algo de sí mismas en ella.

4.6.2 “No hay tiempo libre”: articulación entre participación- trabajo y tiempo libre.

En lo opuesto al trabajo se encuentra el tiempo libre. Para Quiroga (1981), éste tiene
connotaciones históricas y sociales, implicando un tiempo para la distensión, alejado de la
obligatoriedad del trabajo y de la producción. El tiempo libre es un tiempo propio, que nos
pertenece en mayor medida que el tiempo que se vende para la producción de nuestra vida.

A veces este tiempo puede ser compartido con la familia, pero diferenciaremos uno de otro
en relación a la posibilidad de la libertad que ofrece el tiempo autónomo, especialmente
para las mujeres que forman parte de esta tesis. Para ellas, el tiempo en el hogar y familiar

117
estaba cargado de exigencias de cuidados y de atención. Asumiendo el rol adjudicado como
mujeres, tenían implícito el trabajo doméstico, lo que las alejaba de la libertad de elección
que ofrece el tiempo propio, algo que sí encontraban en la participación.

C: “Por ejemplo Magali el otro día, no sé porque me había retado mi hija...no me acuerdo
porque ha sido la discusión…el tema es que me contesta que yo la dejaba sola, entonces yo
me sentí tan herida porque si yo estoy toda la mañana, le preparo todo, le cocino, me voy
al taller y vuelvo a las 6 de la tarde, o sea…y siempre están con mi marido porque él
trabaja de noche. Entonces esta todo el día y yo puedo salir durante el día, entonces me
enojé porque claro, que me conteste eso es como que me hirió en el corazón… que me diga
‘no estas nunca’ (…) “Entonces cuando me dice eso de que la dejo sola, me digo ‘bueno o
dejo de ir a las cosas que me gustan (que no lo iba a hacer) o llega y fíjate lo que estoy
haciendo’ ...era como que ella no estaba consciente de lo que yo iba a hacer…Entonces la
he llevado a que vea lo que hacía, que vea que yo no estoy sentada tomando mate sino que
estoy continuamente…Yo no paro”

Como dice Heller (1967), “un importante factor de la libertad humana consiste en qué es lo
que el hombre puede querer, hacia lo cual puede dirigir su voluntad capaz de actuar” (p.
183). Las mujeres en cuestión, a pesar de que es la necesidad lo que motiva su
participación, descubren en estas actividades un lugar donde encontrarse con otras,
distenderse y desplegar aspectos distintos de sí mismas. Ello las hace emprenderse en
continuas acciones en sus comunidades dentro de su tiempo libre. Estas actividades incluso
son valoradas como una salida del lugar de trabajo obligado que representa el hogar y la
familia, dedicándose al fin, un espacio para ellas mismas.

R: “En el grupo me podía desahogar, es un lugar donde todo queda entre nosotras. Ahí he
aprendido a darme ese espacio que era para mí. Algo para mí, para mí”

Las mujeres que han formado parte de esta investigación, no disponían de la posibilidad de
un trabajo donde poder proyectar algo de sí mismas puesto que apenas podían obtener
empleos y, cuando lo hacían, era en trabajos domésticos u otros empleos donde les era
difícil apropiarse del producto de su trabajo o desplegar en el nada con lo que identificarse.
La mayor parte del trabajo que las ocupaba era en el propio hogar, siendo éste un trabajo

118
exigido, invisible y poco valorado. Es por ello por lo que el tiempo libre no es entendido
como un lugar donde disfrutar del costo psíquico y físico del trabajo a través de la
gratificación, sino que se convierte en un espacio de búsqueda de reconocimiento social, de
valoración propia, de identidad.

C: “Entonces es eso. Yo creo que es motor que me da a mí la posibilidad de hace´, incluso


ayer fui a un taller de una chica que hacía porcelana fría. Yo trabajo la porcelana fría
pero no me animo a hacer muñecos o personajes porque no me animo a hacer
caras...entonces he conseguido una chica que enseñaba y me fui ayer a aprender y les
contaba a las chicas que estaban conmigo que yo enseñaba a las chicas a hacer cositas
fáciles...verduritas. Y me dice a ver: ` ¿cuánto cobras?’…’nada’. Entonces me dice ‘lo que
yo no entiendo es porque vos no cobrás.’ Y le digo que no era eso lo que me llenaba a mí
...yo con salir y ver que me sirve lo que yo hago, yo estoy bien. Sí he cobrado en la
fundación por algún taller, pero los de acá es así sin cobrar.”

(…)

B: “capaz que no se, capaz que no existiría la B esa, seguramente que no...si no hubiera
sido esa gente que había salido a la plaza y yo unirme a ellos, no hubiese sido la B que esta
hoy parada y que está conociendo a personas y que está hablando con mucha gente que
jamás he pensado hablar …trato de seguir siendo la misma ¿no? Peor mejorada…de ser la
persona esa pobre, humilde...por ahí ‘la carmelita descalza’ como me han llegado a
decí...me importa sentirme bien, estar feliz y poder sacar a mi familia adelante y ayuda´ a
las personas que realmente lo necesitan”

(…)

A: “Y así. Eran reuniones generales y cada comisión decía que había conseguido, entonce´
salía estupendo todo y cuando salía todo hermoso las mujeres se veían ahí, se veían en esa
tarea que se había concretado y era como satisfatorio para todos porque todos habíamo
hecho algo y ahí, yo he aprendido que sí que teníamo´ ese manejo de pode´ organisá..de
una manera democrática y participativa de todos, que todas puedan opiná que todas
podamo´ organisá y que todas podamos sentí de que esa tarea era de todas y eso daba una
gratificación muy grande no solo para mí sino para todas las chicas..”

119
No siendo el tiempo libre una posibilidad antagónica al trabajo, ocupa el lugar del propio
trabajo, en el cual hay satisfacción y realización, pero también responsabilidad,
obligatoriedad y exigencia.

I: “La gente no valora lo que uno hace, la gente se cree que una está obligada a resolvelo´
todo”

Aun así, estas actividades no se sustituían por el trabajo en el hogar, sino que se sumaban a
él puesto que el trabajo no cesaba ni fuera de la casa con la participación, ni dentro de ella
en su rol como mujeres. Todo ello generaba que el tiempo libre, entendido como un tiempo
de libertad, juego, goce y autonomía, no exista como tal o aparezca solo en pequeños
momentos del día.

A: “Claro, para mí era natural salí, entra´ y a veces hace´ capacitación, pero obviamente
que yo no era que ‘¡oh guau que liberal era!’ porque yo tenía que carga´ el changuito,
cocina´ antes que me vaya, yo iba al colegio a dejalo´ al crio en un lado que me lo cuiden,
pasaba por el supe, compraba las cosas para cocia´, desde el colegio venía, me ponía a
cocina´...Ale llegaba como a las 12 de la noche, comíamo´…que se yo, o sea también era
triple mi laburo. O sea, yo tenía que encargarme no de descuida´ mi lugar como mujer y
hace lo que yo quería hace´… pero para eso no tenía que descuidar esto porque si no…
¿sabes qué? Me colgaba…mi mama más que nada...”

(…)

C: “En mi tiempo libre modelo, hago invenciones, me vas a ver con el celular buscando
ideas y las elaboro para ve´ que tal salen para ve´ que errores tengo y después mando las
imágenes para las otras chicas. También veo televisión, que es muy pocas veces (…) Si, yo
me doy mis tiempos...sí, sino tengo gana de lavar los platos...todos se ríen porque yo digo
que yo limpio o lavo cuando el señor me da permiso...o sea cuando yo tengo ganas de
hacelo, lo hago...si necesito mi espacio, ni tengo ganas de hacer nada, o ganas de
acostarme o ganas de llevar a los chicos al parque del Obarrio que está hermoso. O sea, si
yo tengo ganas de que salgamos con los chicos, salimos ...no se si lograre tener un trabajo
con horarios como que yo siempre los he cumplido, pero me gusta yo darme mis tiempos
(…) Sí, sí ...pero en el momento que yo tengo gana... (ríe) claro no tengo horario fijo para

120
hace´ las cosas de mi casa, no los tengo, si tengo ganas de lavar a las 11 de la noche lavo
a las 11 de la noche, si sé que tengo que hacer actividad todo el día y me tengo que
levantar a las 4 de la mañana lo hago y después me duermo…o sea yo me doy mis tiempos,
no reniego de eso.”

(…)

L: “Yo tengo martes a la tarde y (rie) jueve a la tarde.

Entrevistadora: Tiempo libre, libre para ustedes…que hacen lo que quieren

Todas: Nunca. No...

M: porque todos los días, siempre hay que limpiar, cocinar, lavar...nosotras limpiamo´ a la
mañana y a la tarde

Entrevistadora: ¿Siempre alguna tarea por hacer y con el merendero más...?

S: Si, casi tiempo libre nunca hay.

M: Sino tenemo´ merendero, tenemo´ la limpieza en la casa.

Entrevistadora: ¿Un poco como que el merendero podría ser el tiempo libre?

S: No porque lo mismo los días que hay merendero tenemo´ que limpiar. La diferencia que
el merendero hay un momento que tenemo´ que serví a los chicos, que hace´ las cosas para
los chicos ...pero si lo mismo hay que limpia y hay que hace´ las cosa… ¡Ni el sábado ni el
domingo! (ríe)

Por lo que, la participación en relación al trabajo y al tiempo libre:

-La participación es tomada como un trabajo debido a:

 la contraprestación, “el plato de comida ganado” o las posibilidades para el


autoempleo que genera.

121
 la posibilidad de desplegar algo de sí mismas en las tareas que realizan, de ahí que
ocupen su tiempo libre en ello.

 la responsabilidad derivada en la obligatoriedad que la participación supone.

-La participación sumada a las tareas domésticas no deja tiempo libre:

 por la sobrecarga de tareas que se suman a las actividades realizadas desde su rol
como mujeres y madres cuidadoras.

¿Cómo influye la participación en la familia?

4.6.3 Participación y familia.

C: En un tiempo si lo había (la Magali era bebe creo) que hacían arte decorativo. Yo
sentía que no quería que haga eso…porque quiero anotame´ y me anoto, pero él se tenía
que queda´ con la Magali, yo no pensaba hacer arte decorativo con la Maga bebe. Era
chiquita mi hija y no había drama yo iba ...pero no había pasao ni un mes y justo cuando
yo tenía que sali´ a arte decorativo él se iba a buscar plata, se acordaba de la madre, se
iba a la hermana o justo ya no estaba, no llegaba y ya no podía ir...

Entonces venia el reclamo:

122
- ‘vos sabes que yo tengo que ir y vos no estabas’ ...

- ‘pero hubieras ido!’

Yo no te digo que no, pero es obvio si ...te lo hace encubierto, no te dice no vayas, ¡pero no
está! Entonces vos te das cuenta de que claro. Es como que... ¿ves? al construirse todo se
lo hablo y se solucionó el problema.”

Entrevistadora: ¿El reclama también o no reclama?

C: Si y si reclama oídos sordos…”

(…)

Entrevistadora: “O sea porque no está en casa ¿una puede como salir un poquito más…?

L: si, pero bueno no es tanto de que le esté sirviendo porque sabe que también hago esto. Y
si le gusta bien y sino también, lo mismo lo hago…si no le gusta…”

(…)

S: “Por ahí las chinitas bien se van los dema´ y dicen ‘para mí no me haces café y le haces
para hijo ajeno’ (ríe) Ellos por ahí le dicen a mi mama...porque ellos por ahí le dicen
‘mama’ a mi mama… ‘mama: para nosotros no nos hace café y para hijo ajeno va hace’

(…)

I: “Él (su hijo) me decía: `los otros son más importantes que yo´

(…)

123
E: “Mi marido, él apoyaba el comedo´, apoyaba los hijos…pero yo nunca he sido apoyada
como se por mis hermanas...mi madre, que en ese año también vivía...no he sido apoyada
por ellas.

Entrevistadora: ¿No les gustaba? ¿Por qué?

E: no…no les gustaba porque capa´ que ellos tenían para come´...no tenían ese sufrimiento
de no tene´. ...ellos tenían, entonce´ nunca te entendían que vó no tenías.”

(…)

B: “Pero ellos han aprendio´ que la lucha mía no solo era para ellos sino para otros
jóvenes también…ellos viendo de que uno se brinda a otras personas es como que sienten
esos celos y después es como que ellos también empiezan a aprende´ a decir ‘bueno no si
tampoco nos lleva el apunte, bueno vamo´ a buscarlo en otro lao´ y allí es donde ellos
también van aprendiendo”

(…)

Entrevistadora: “¿Pero en tu casa les parecía bien que tu fueras a hacer estas
actividades?

A: No…se enojaban, se enojaban. Se enojaba mi mama, se enojaba mucho...Porque decía


que yo andaba boludeando con tontera en ve´ de ocupáme de mi hijo, porque no me
ocupo…que, si yo me he casado, porque no me ocupo de mi marido…o cosa así ¿ve´?... Y
ha cambiado porque yo le he discutío y porque ella me acompañaba.”

4.6.3.1 Contexto socio histórico y familias de El Sifón.

La unidad familiar es según Torrado (1982):


“un grupo de personas que interactúan en forma cotidiana,
regular y permanente, a fin de asegurar mancomunadamente el
logro de los siguientes objetivos: su reproducción biológica, la
124
preservación de su vida, el cumplimiento de todas aquellas
prácticas, económicas y no económicas, indispensables para la
optimización de sus condiciones materiales y no materiales de
existencia” (pág. 8).

Según este mismo autor, las familias pertenecientes a sectores populares utilizan estrategias
de vida, materializadas en acciones que lies posibilitan reproducirse biológicamente,
perpetuarse y desarrollar actividades para mejorar las condiciones materiales y no
materiales de existencia del grupo familiar como conjunto, y de las individualidades que lo
componen.

En este sentido, la organización familiar funciona como un colectivo que sobrevive y se


reproduce socialmente en conjunto, configurándose acciones bajo ciertas condiciones y
negociaciones, donde existen asimetrías tanto de género (hombre por encima de la mujer)
como de generación (padres por encima de hijas/os).

Las familias que actúan en conjunto para sobrevivir al contexto desfavorecedor, amplían
sus redes a todo el barrio, constituyendo una forma particular de cotidianeidad, donde los
vínculos de solidaridad que en él se construyen, nos remite a una ayuda mutua constante en
búsqueda de la supervivencia de toda la comunidad.

E: “Porque yo no crie solamente a mi hijo, yo crie vario´ hijo´, na´ más que no están
conmigo…yo he llegado a tené´ 14 hijo´ en la casa, yo de una cama grande lo hacía dormi´
8 o 9 en la misma cama...de otra familia, sobrino, aparte de mi marido, familia mía...”

Podemos vincular estas formas dadas en lo cotidiano, a los comportamientos de las familias
extensas de las zonas rurales del norte de Argentina, donde es habitual la coexistencia de
varias unidades familiares en una misma vivienda. Incluso cuando otro núcleo familiar está
por conformarse, éste lo hace bajo el cobijo del grupo originario, tanto en la construcción
de la vivienda como en la proporción del territorio para la misma. Estas formas de
vinculación, manifiestan una gran cooperación y ayuda ente los miembros, que se extiende
a otros ámbitos de la comunidad, entre vecinas/os, configurando subjetividades individuales
y colectivas (Racedo, 1988).

125
Se pueden ver algo de estos rasgos en los comentarios de E. en la descripción de formas de
actuar en el barrio:

E: “Yo tenía una casita prefabricada, después de la que se me había quemado, estaba con
palos adentro para que no se lo caiga y de las tormentas que venían era la única que se
quedaba parada, que no se le volaba los techos, entonce´ lo vecino´ se venían a casa, mi
marido se tenía que levantá´ de la cama a dale la casa a lo hijo de otro pa´ que duerman
porque no tenían…quedaban sin techo…E ir al otro día, levantáme´, ir a la municipalidad
a pedile´ por chapa, por alimento pa´ esa gente que no tenía”.

4.6.3.2 “La familia aprende”. Participación y aprendizaje familiar.

La división sexual del trabajo tiene sus orígenes en el ámbito de la familia y se trata de la
separación entre las tareas en la esfera pública (considerada exclusiva para los hombres) y
las de la esfera privada o doméstica, para las mujeres. Aun cuando se dio la incorporación
de éstas al ámbito laboral, seguían cargando con el peso del trabajo en el hogar y recibiendo
salarios menores que las posicionaba en un lugar de eterna dependencia, sobre todo en
ámbitos donde la pobreza se agudiza. Estos roles establecidos por el sistema patriarcal,
colocan a la mujer en un rol inferior al masculino, infravalorando los cuidados y las tareas
de reproducción de la vida asumidas por ellas.

La participación de las mujeres del grupo, provocó movimientos en la familia como


organización, especialmente en relación al tiempo y al espacio ocupado por la mujer en el
hogar. Ello supuso resistencias en el resto de miembros, sobre todo en los inicios, y
especialmente en los maridos, hijos varones y madres, que reprochaban a las mujeres en
cuestión, la falta de atención a los cuidados de los miembros de la familia, no cumpliendo
con el rol como mujeres y madres.

B: “Si, si, si, Bueno eso también…por ahí en la casa, este…la manipulación o el mezquino
de los hijos…de ‘qué te va a ir hacé ahí si acá también tené pa´ hacé’. Y uno ha hecho

126
mucho y no lo han sabido escuchar...entonce´ es la forma de hacelo que ellos también nos
escuchen y ellos viendo de que uno se brinda a otras personas es como que sienten esos
celos”

Dentro de los roles familiares y las desigualdades que se observan, pude ver como a raíz de
la participación de las madres, son las hijas las que colaboraban en las tareas del hogar que
la madre no podía realizar, reproduciendo el rol de éstas en el hogar.

S: “Yo aquí en mi casa. Ella, la chinita, ella limpia…cuando estoy, ya limpio yo, y cuando
están ellas también, cuando me agarra la guapera yo limpio entero así que no hay
problema…y en la cocina, cocina la flaquita (su hija), cocino yo…de los platos ya se
encargan de lava´ ellas y la ropa la lavo yo y así…pero bueno yo no salgo tanto así que...”

Para Marcús (2006):


“las mujeres en su rol doméstico, se reconstituyen a sí mismas
físicamente y se reproducen a sí mismas en tanto madres en la
generación siguiente. De este modo contribuyen a la
perpetuación de sus propios roles sociales y a la posición que
ocupan en la jerarquía de los sexos” (p. 9).

Aun así, la participación de las mujeres posibilitó cambios en la familia, así como en el
modelo de mujer pre establecido, facilitando aprendizajes por parte del resto de los
miembros.

Para Pastor (1994), el género es una construcción social y cultural que se reproduce en
instituciones, como por ejemplo la familia; es en estas instituciones donde se marca la
diferencia entre “lo masculino” y “lo femenino” y el rol asociado a cada género, por lo que,
la relación entre ambos sexos, se construye y se modifica constantemente permitiendo la
posibilidad de cambios, siendo una relación histórica y socialmente dinámica.

A raíz de la participación de las mujeres del barrio de “El Sifón”, se estructuraron procesos
de cambio en las relaciones familiares y en la construcción de la subjetividad de las
mismas. Las actividades de participación de éstas, tendían a ser coartadas, debido a las

127
desigualdades relacionales y jerárquicas que existen entre los géneros en el hogar. Su
participación en los inicios, se presentaba como una lucha por obtener y satisfacer
necesidades a favor de la familia, lo cual apela a valores y normas socialmente aprobadas
(dentro del rol femenino tradicional), y permitía, desde el espacio doméstico familiar, la
integración de estas mujeres a espacios públicos. Más adelante y a medida que las mujeres
iban logrando protagonismo, surgían las resistencias en los miembros de la familia, puesto
que se introducían cambios en su subjetividad ampliándose el campo de sus relaciones
sociales, adquiriendo valoración personal y alterando roles en el terreno doméstico (aunque
esto último nunca es descuidado del todo), por las propias contradicciones que en ellas
habitaban.

C: “Mi mama tiene 50 años, me tuvo a mí a los 16, o sea somos como hermanas más o
menos...tiene 6 hijo´ y su entorno está dedicado a mi papá. Lo que sentimos nosotro´ es que
esta todo primero mi papá y después venimos nosotro´ por detrás y después a lo último,
muy a lo último, está ella…O sea, ella se deja todo, para todos y por eso ella no sabe lo
que ella quiere, no sabe lo que le gusta ni nada...primero está pensando en lo que le gusta
a mi papa, lo que le´ gusta a nosotros, lo que le gusta a todo el mundo y no piensa en ella y
piensa que tiene que esta´ la comida y yo he buscado no hace´ lo mismo. Ella ni por
casualidad lo deja sin come´ a mi papa...la ropa tiene que estar limpia, planchada,
entonce´ como que está, en ese sentido, sumergida en su mundo (…) Y bueno es eso,
entonces ella tiene ese ideal de familia que tiene que ser la muje´, desvivirse por el marido
y por los hijo´ y por la casa y se ha dejado…No sabe valorarse ella, entonce´ bueno yo
trato de que...y yo hago todo lo contrario...todo hago para afuera. Y lo que hago con los
talleres es eso, demostrale´ a las mujere´ que pueden. No te digo que no mantengan la casa
porque yo también lavo, también limpio, también cocino, pero también que se dediquen a
ellas...no pueden no saber que quieren hace´ (…) Ella defiende a nuestros maridos, no a
nosotras...nosotras somos ‘malas mujeres’, si ella se llega a enterar de que no le he
cocinado hoy…me mata…O sea, te dice de todo...’que ¡cómo vas hace´ eso!, ¡si vos sabes
que él trabaja, que se cansa! ¡vos tenías que haberle tenido la comida!’ Y le digo ‘bueno
yo no estoy jugando...´.

128
La participación de las mujeres del barrio donde realicé mi investigación, incorporaba
experiencias de rupturas con un patrón tradicional de comportamiento social, lo cual generó
cambios y conflictos en la vida cotidiana. A partir de esto, se abría una posibilidad de
construir una identidad diferente y alejada de las dominaciones culturales, las jerarquías
entre los sexos y el papel de la mujer como exclusivamente reproductora. Su salida a lo
público implicó numerosas críticas, no solo en la familia, sino también dentro de su
comunidad por el hecho de moverse de su rol. Ello las situó en lugares visibles donde
fueron juzgadas y, en muchas ocasiones, presionadas para volver a su rol en el interior del
hogar. Como dice Juliano (2017), lo estigmatizable se corresponde con lo que perjudica el
orden de la convivencia y cuestiona los roles instituidos, siendo los comportamientos
reprobables, no por la conducta en sí, sino por que quien la hace, menoscaba con ello el
orden jerárquico establecido.

C: “Si, pero bueno, lo que pasa con las chicas por ejemplo…ellas quieren ir a los talleres,
pero estaban acostumbradas a otro ritmo y entonces también les cuesta porque empiezan
las quejas o del marido o de los chicos”.

Considero el poder en la participación de las mujeres que formaron parte de este trabajo, no
solo a nivel político y de clase, sino también a nivel de relaciones humanas, por ejemplo,
entre una mujer y su marido o entre una madre y una hija. Tomo el poder como algo
siempre presente en las relaciones- en la medida en la que se intenta dirigir la conducta del
otro- considerando éstas como móviles y reversibles; así como también intentar complejizar
las relaciones de poder, entendiéndolas como un entramado que se da en una red de
relaciones múltiples donde éste circula: marido sobre esposa, madre sobre hija, hijas/os
sobre madre.

En Foucault (1992), para que se dé una relación de poder, tiene que haber sujetos que sean
en cierto modo libres, puesto que, si existiese una de ambas partes completamente sometida
a la otra, no existiría tal relación. Para este autor, siempre que hay ejercicio de poder, hay
posibilidades de resistencia, si no existieran estas posibilidades no habría relaciones de
poder. Las relaciones de poder pueden ejercerse entre individuos, en las relaciones
familiares, en los grupos humanos, en las instituciones, en la política etc.

129
C: “En cambio yo en mi caso es distinto, nosotros fuimos sin hijos sin nada a empezar una
familia...empezamos de a poquito todo y las revistas que me he comprado y después ya los
talleres de la fundación...entonces de a poquito se lo iba permitiendo y es lo que está
ahora. Entonces no hay forma de que se queje (ríe)” (…) “Si es eso, es construirlo,
hablalo´ y se lo tiene que entende´...como a ellos le gustan las actividades se los apoya y a
mí que me deje hacer lo mío.”

En este punto, entiendo el poder como la lucha entre fuerzas opuestas, donde cada una tiene
la intención de doblegar a la contraria e imponer unos intereses sobre otros en relaciones
desiguales. Comprendiendo también el concepto de poder en relación a la posibilidad de
hacer, de crear y, por lo tanto, de ser, a la hora de construir o incidir, tanto en el contexto
social como a nivel subjetivo.

En cuanto a la concepción de poder como forma de dominación en relaciones de


desigualdad, podemos encontrar que, en las mujeres del barrio El Sifón, aparecían múltiples
formas de resistencias cotidianas, donde surgían contrapoderes opuestos a las ideas o
prácticas a las que estaban sometidas desde su lugar como mujeres.

Existe una correlación entre la participación y el ejercicio de poder, asumiendo las


tensiones que se ponen en juego entre los procesos instituidos e instituyentes a la hora de
criticar el poder para desestabilizarlo e introducir algo nuevo.

C: “La familia aprende, sí a ser apoyo…Yo creo que, si mi marido ve que me hace bien, yo
creo que también él está conforme con eso...yo creo que no hay ese egoísmo de ver que me
gusta y que me ponga excusas…”

Por lo que, desde que las mujeres salieron del hogar y lo politizaron, incurrieron en
cambios objetivos y subjetivos, abriendo nuevos campos de relaciones sociales donde se
reestructuraba su vida y su contexto más cercano. Esta participación también era
contradictoria puesto que, en muchas ocasiones, no permitía la movilidad en relación a su
rol de género. Algunas de las políticas públicas en las que su participación derivó,
significaron el empleo de su tiempo libre sin una remuneración formal, además de

130
reproducir el papel domestico de la mujer. Ejemplo que podemos ver en la transformación
de las ollas populares iniciadas en el 2000 por las mujeres del barrio, en comedores
infantiles y posteriormente en centros de cuidado y nutrición infantil. Estos centros
encabezados por ellas, si bien las permitía el acceso a alimentos para sus familias o a
alguna contraprestación económica, las imposibilitaba moverse de su rol como mujeres
cuidadoras, dificultando la posibilidad de dejar a sus hijas/os en espacios de cuidados
infantiles con personal remunerado, para poder ellas ocupar ese tiempo en un empleo o en
formación que pudiera facilitar su independencia económica, entre otras cosas.

Aquí hacemos la distinción entre los intereses que movilizaban la acción de las mujeres en
cuestión. Estos se pueden diferenciar entre los intereses prácticos de género y los
estratégicos; los primeros responden a cubrir necesidades insatisfechas (desnutrición,
habitabilidad, problemas de consumo de los jóvenes etc.), mientras que lo estratégicos
responderían a acciones que buscan la igualdad entre hombres y mujeres, alterando la
posición de subordinación de la mujer con respecto al hombre.

Aunque la participación de las mujeres de este trabajo, en sus inicios, no buscara en sí


misma modificar las estructuras de desigualdad del sistema patriarcal, con la propia acción
de la salida del aislamiento, la búsqueda de soluciones colectivas y la politización de lo
cotidiano generaron rupturas con el orden establecido que posibilitó la reflexión sobre su
rol de género. Esta crítica de su cotidianeidad, al compartir situaciones de opresión y
violencia machista, fue un primer paso para la consecución posterior de la acción en pro de
intereses estratégicos de género al que, algunas de ellas, iban accediendo paulatinamente
introduciéndose en organizaciones feministas o acudiendo a los encuentros nacionales de
mujeres.

E: “He aprendió mucha´ cosa´ de cómo se pude defende´ una mujer si es


maltratada...digamo´ como que yo me siento útil y yo he aprendio´ mucha´ cosas que yo no
sabía, yo me siento ma´ útil por aprende´ mucha cosa y yo creo que todavía me queda
mucho por aprendé...a mí me ha tocado con familiares muy de cerca que le han matado, la
han violado, la han hecho un montón de cosas, ahora han violado a una sobrina...y bueno
he andao´ en la marcha con ellos, como que yo me siento útil en decí: ‘bueno chicos,
hagamo´ esto’...de que capá que yo antes no lo hacía y decía ‘ná…la han violado a una

131
chica...la han matado a esta muje´ y andaba pensando...`bueno...porque no lo demandan o
que lo metan en la cárcel´...¡No! gritemo´, gritemo´ a lo´ cuatro vientos! La han matado,
¡que pague! ¿La han violado? ¡Que pague el violador! No se podemo´ queda´ ya callada
con tanto daño...antes te pegaban y no hacía nada, agacha´ la cabeza y deja´ que te peguen
¡y no decía nada! Y yo conozco a mujere´ que la agarraban a palo y nadie se… y ni le
decía `oye porque no va y demanda´…´o decían: ‘no, ¡qué voy a í´ a demandá! ¡me van a
mete´ presa, o lo van a mete´ preso a él y cuando salga me va a mata´!’ Aunque sigue ese
miedo hoy, no creas que no está el miedo… ¿pero sabes qué? Están aprendiendo a habla´
má´ las mujeres...antes se callaban...yo tenía a mis hermanas que las mataban a palos,
pero nunca se han atrevío´ a demandalo a él, ¡jamás!”

Por lo que, en relación a la participación y la familia:

 La familia muestra resistencias ante la “salida” del hogar de las mujeres y el empleo
de su tiempo en actividades que no son exclusivas de la casa o de los cuidados a sus
miembros.

 Ante la resistencia de las mujeres a renunciar a la participación, la familia se


reorganiza y aprende de la nueva situación.

 Las hijas colaboran en las tareas del hogar que la madre no puede realizar por la
participación, reproduciendo el rol de las mujeres en el hogar.

 Se generan rupturas con el orden establecido que posibilitan la reflexión sobre su rol
de género en la familia, también con contradicciones.

132
CAPITULO 5:

PARTICIPACION COMUNITARIA Y SALUD


MENTAL COLECTIVA.

133
CAPITULO 5: PARTICIPACION COMUNITARIA Y SALUD MENTAL
COLECTIVA.

5.1 Género y salud mental en mujeres de sectores populares.

La producción de sufrimiento y malestar es un proceso que emerge de lo social, de la


interacción del sujeto con el mundo; enmarcado en un contexto socio histórico donde los
determinantes económicos, ambientales y sociales en los que estas mujeres viven inmersas,
son, en buena parte, productores de su sufrimiento. Las condiciones de vida en los
asentamientos humanos, donde la pobreza extrema, el histórico abandono y desamparo por
parte de las instituciones, la corrupción policial, la escasez de recursos materiales y
simbólicos, la violencia estructural y el gran estigma que recae sobre las personas que allí
viven, ligadas a las exiguas salidas que existen de la miseria, plantean un panorama del que
es difícil mejorar. La venta y el consumo de pasta base, forma parte del paisaje cotidiano y
de la trayectoria de vida de muchas/os de las/os jóvenes (incluso niñas/os del barrio), ligado
al consumo abusivo de alcohol por parte de personas adultas (mayoritariamente hombres).
La frustración en cualquier futuro sustentable donde se puedan generar proyectos de vida
personales y colectivos por fuera de estas condiciones de existencia es casi una ilusión.

Las mujeres de contextos populares del norte argentino padecen (muchas veces de una
forma naturalizada), pautas y prácticas culturales opresoras y estigmatizantes por su género
y por su origen de clase. Además de ser mujeres en un contexto cultural especialmente
difícil para el género femenino, son mujeres pobres, lo cual hace que carguen con una doble
o triple opresión, si añadimos el estigma por su origen campesino y sus rasgos originarios.

El rol como mujer y madre que portan, les implica cumplir con una función materna que
responde a cuidados hacia otras personas en un sentido sexual (en relación a su cónyuge),
nutricional y afectivo. Este trabajo diario tiende a repetirse y a no valorarse, puesto que
reproduce la vida, siendo señalado solamente cuando no se realiza o se ejecuta mal. Todo
ello genera un anticiparse a las necesidades ajenas, postergando o incluso olvidándose de
las propias.

134
Como dice Burin (2010):

“todas estas prestaciones yoicas son las requeridas para la


función materna, así como los rasgos de postergación de sus
necesidades y de propiciar el crecimiento del otro con la
convicción de que, en tanto se posiciona subjetivamente como
ayudante del cónyuge, obtiene su confirmación narcisista y de
satisfacción de un ideal social (el ideal maternal)” (p. 16).
Según esta autora, el rol doméstico es más susceptible de generar estados depresivos debido
a las características del mismo: ser el único posible para ellas, no encontrar apenas fuente
de gratificación debido a la infravaloración social que se le otorga, generar aislamiento etc.
Todo ello conlleva un tipo singular de malestar, derivado de un trabajo frustrante por la
dificultad para proyectarse al futuro. Esto se acentúa en los sectores populares donde se
dificulta la incorporación de las mujeres a cualquier otro tipo de empleo formal, y aun
cuando lo hacen, continúan acarreando la carga física y mental del trabajo doméstico. Por
estos motivos, estas mujeres viven unas condiciones de opresión en sus vidas cotidianas
mayores que otras de otros sectores sociales, algo que repercute de forma manifiesta en su
salud.

Estas condiciones de vida, generan crisis personales, sentimientos de “terror de


inexistencia” y anonimización, construyéndose una identidad desvalorizada y una
subjetividad empobrecida (Romero, 2012). La cotidianeidad de estas mujeres, por lo tanto,
es generadora de vulnerabilidad, descubriéndose problemáticas asociadas como un mayor
uso de psicofármacos, trastornos psicosomáticos, una tendencia a la dependencia de
reconocimiento, vivencias de vacío, tristeza, abatimiento, desvalorización, culpa, depresión
etc.

R: “Yo antes me encerraba mucho acá, vivía angustiada. Después me di cuenta de que los
problemas siempre están, pero ya no es tanto porque una ahora lo habla. Yo aprendí a
habla´, a tener menos violencia. Antes me medicaba ¿cómo es? de eso del psiquiatra,
ahora tengo que volve´, pero estoy mejo´...”

(…)

135
C: “Y bueno…sé de una que sé que le han encontrao´ tumores en…no se si en realidad
tiene cáncer en sí, pero sé que tiene tumores. Pero ella le hace falta juntarse con las
chicas, se olvida de lo que tiene...a veces, aunque se siente mal lo mismo está yendo.
Entonces eso, logran llega´ y deja´ las cosa´ que tienen que hacer y entre todas se
contienen…y a la que no le hace bien se desaparece un tiempo y después vuelve y las que
no están bien en el grupo por X motivo se van...siempre hay alguna que va y que le
pregunta que le pasó…si está bien, si sigue la enfermedad. Si...si, sí ...la verdad es que yo
siento que sí. Por lo menos se olvidan un rato de lo que tienen, se olvidan de eso” (…) “Mi
mama ahora tiene fibromialgia y bueno con la fibromialgia te duele todo y no saben que es
lo que tenés y vas a 500 médicos y tomas 500 remedios. Entonces vivís pendiente del
hospital, un día se levanta con ánimos, otro sin ánimos, un día se le caen las cosas…
entonces es como que es muy complicada la vida de ella y sin embargo lo mismo, o sea
prefiere primero todos los otros y después ella...no hay caso...el día que ella entienda
(espero que lo entienda) de que tiene que cambiar…” (…)“Porque después terminas como
mi mama enferma por 500 cosas y no ha vivido nada ...entonces eso...porque ella ha dado
todo por sus hijos´ y después tampoco ha podido estar...” (…) “Si, es como que de a poco
espero que llegue a darse cuenta…incluso nosotros le venimo´ diciendo de que toda´ la´
enfermedades que tiene son dramas, o sea todo lo que ella viene cargando es todo lo que
ella tiene encima. Mi mama sigue yendo a 500 médicos y ya sabe que es fibromialgia que
son dolores que están en esa enfermedad, pero ella dice que tiene no sé qué cosa en la
columna. Yo el otro día le decía que busque una actividad…”

(…)

A: “Así empezó ella a acompañarme en todo lo que yo andaba y así también la he sacado
a ella de la casa porque ella era una mujé que venía del trabajo y se sentaba al frente de la
tele y cocinaba y cocinaba y cocinaba…y no, no era una mujé que salía y bueno no salía
porque estaba muy gorda, porque ya le dolían las piernas, porque ya tenía millone´ de
enfermedades...Por una cosa o por la otra, porque tenía que estar con mi papa, no sé
cuándo eramo´ chicos vivían peleando y bueno y yo la veía y después yo he ido
aprendiendo de que ella estaba muy metida en la casa y que yo había hecho otra

136
experiencia, yo desde chica había aprendido a hace´ un montone´ de cosas…y aun estando
con hijo´ lo seguía haciendo entonce´ yo no entendía porque ella seguía sentada ahí!”

Las mujeres con las que he trabajado, han desempeñado este rol a lo largo de su vida,
creando con la maternidad, los cimientos de su posición como sujetos sociales y psíquicos,
generando en la crianza su único sentido de vida. El haber visto como sus hijas/os se
desnutrían en épocas de crisis o consumían pasta base de forma adictiva, las sumergió en un
malestar aun mayor del que solo pudieron salir a través de la participación con otras.

B: “Sí, en mi caso…cuando uno empieza en todo esto es como que a uno lo destruye en la
parte… de nosotros ¿has visto? porque una dice ‘¿y como sigo adelante?’ en el trastorno
ese de la madre porque llega un momento en el que ella dice: ‘no sé cómo hacer y eso da a
toda la parte vital ¿no es cierto? Porque una dice ‘¿en qué está fallando?, algo está
fallando y empezamo´ a pedi´ cómo hace´…me quito la vida...te va trastornando ¿no es
cierto? De una mama que se va a poner a consumi´ con su propio hijo y es porque algo
está fallando porque si no, no pensaríamos así. Yo pienso que toda, toda mama que tiene
su hijo con consumo y todo eso, toda mama ha tomado la decisión de quitarse la vida…lo
ha pensado…muchas veces, muchas veces…yo lo he pensado muchas veces, yo he tenido
intento de suicidio…he tenido…me ahorque una vez, y cuando iba en bicicleta yo he tenido
un accidente de tránsito, yo iba enloquecida y era como que no me importaba la vida ya y
no me importó frenar ni nada, seguí adelante y me dije: `ya va a frenar´ y me dije:` ya lo
voy a pasar´ y no…no fue así, el auto iba mucho más rápido que yo y me chocó...y es como
que he vuelto a nacer, ha sido a dos días de mi cumpleaños…para mí…volví a nace´ ahí y
ahí toque fondo…porque más antes yo estaba con un intento de suicidio de que me iba a
largar de un sexto piso...son muchas cosas que a uno se le cruzan...¿cómo hago?, ¿cómo
paro esto?, ¿qué pasa? Porque pensamos que, si uno se quita la vida, esto va a acabar y no
es así…” (…) “Con lo que yo hago ahora, eso me ha dado muchísima fuerza y me da
mucha´ gana´ de segui´, por ahí no hace falta de que yo persiga a mi hijo ni nada, que noto
el cambio, esta hermoso, lo veo ahora y no lo puedo creer…”

137
¿Qué efectos tiene la participación en la salud?

C: “Si bueno, las ayuda a sali´ de las enfermedade´, alguna tiene diabetes y demás…las
ayuda a eso a sali´ de las enfermedades, a olvidarse un rato de las enfermedade´”

(…)

E: “Yo he vuelto a ese comedo´ porque era salud… para salí de la casa…porque yo
andaba muy enferma es que vuelvo a un comedor”.

(…)

R: “yo antes me encerraba mucho acá, vivía angustiada. Después me di cuenta de que los
problemas siempre están, pero ya no es tanto porque una ahora lo habla. Yo aprendí a
habla´, a tene´ menos violencia. Antes me medicaba ¿Cómo es? De eso del psiquiatra,
ahora tengo que volve´, pero estoy mejor”.

“Cuando quede viuda me aferre al comedor…Eso te llena”

“Yo escapo de mi casa para estar bien”

” Si no yo creo que estaría en el loquero, aquí vivía atormentada. Ya estuve en el hospicio


de El Carmen varias veces por eso de la depresión”

(…)

Entrevistadora: ¿A ustedes les hace bien esto que hacen?

Todas.: sí…

Entrevistadora: ¿En qué sentido les hace bien?

L: en que ver la carita de los niños cuando uno les da un juguete, sea lo que sea ellos
esperan

Hermana: De ayudalo´ a los chicos

L: Y a veces los padres no tienen...

Entrevistadora: ¿Y con cosas de salud?


138
S: si...ellos me distraen mucho a mí, a veces cuando me entran los bajones como se
dice...yo con los chicos me siento bien ... y a vece uno de renega´ con los hijos ajenos se
despabila…

(…)

B: “Para mi volví a nace´ ahí y ahí toque fondo porque más antes yo estaba con un intento
de suicidio de que me iba a larga´ de un sexto piso...son muchas cosas que a uno se le
cruzan… ¿cómo hago, como paro esto, que pasa? Porque pensamos que, si uno se quita la
vida, esto va a acabar y no es así (…) Con lo que yo hago ahora, eso me ha dado
muchísima fuerza y me da muchas ganas de segui´”

5.2 Participación comunitaria y construcción de salud mental colectiva.

El orden sociohistórico forma parte de la construcción de los procesos psíquicos en una


dialéctica entre el sujeto y el contexto, por lo que este orden, también está implicado en las
conductas que expresan salud mental y patología en un momento histórico y en un contexto
particular dado. El individuo no es solo un producto de su contexto (aunque no se lo puede
entender fuera de esta relación que condiciona la vida psíquica) sino que también es
productor del mismo por medio de una praxis. Se da una dialéctica entre sujeto y contexto
que supone una “estructura vincular” de carácter tanto intra e intersubjetiva La salud no
solo depende del sujeto y de sus procesos biológicos internos, sino que en ella influyen las

139
tramas vinculares en un sentido posibilitador u obstaculizador de la integración de un
sujeto, tanto en sí mismo como en otros/as. Un sujeto sano es un sujeto con posibilidad para
elaborar, aprender y reparar gestando proyectos vitales con otras/os en el escenario de la
vida cotidiana, tanto en lo que hace a lo intra como a lo intersubjetivo (Quiroga, 2012).

Las mujeres que han sido parte de este trabajo, construyeron salud mental entre ellas
mediante la ayuda mutua y los espacios de cuidados colectivos generados grupalmente, así
como con la participación en sí misma, colectivizando el dolor individual y generando una
subjetividad basada en la participación social, que las posicionaba como sujetos sociales y
políticos* 2

Es imposible desvincular el contexto de estas mujeres como condición principal de su


malestar; obligadas a permanecer en el habitualmente poco valorado ámbito de lo privado,
relacionan la salida del espacio doméstico como condición misma para “estar bien”.

Pichón Riviére describe la salud mental como una adaptación activa a la realidad, cuestión
que implica una relación con el mundo en términos de aprendizaje, transformación mutua y
recíproca en función de las necesidades. Esta adaptación activa implicaría al sujeto en la
autoría de su propia existencia en un mundo material, social e histórico desde una posición
crítica y creativa, siendo la salud mental la capacidad para poder entender y resolver las
contradicciones internas y las que resultan del propio contexto como ser social, histórico y
de necesidades (Quiroga, 2011).

Tanto la salud como la enfermedad son parte de la vida de las personas, a veces una prima
sobre la otra, pero ambas son pares dicotómicos de una dialéctica constante entre el sujeto y
sus condiciones concretas de existencia. Las dos se construyen y se deconstruyen en la vida
cotidiana de las personas en constante relación con el contexto que las rodea, así como en
las formas de percibirlas y significarlas. Podemos encontrar numerosos ejemplos en la
historia de vida de estas mujeres, donde la salud y la enfermedad se combinan en una lucha
de contrarios, donde cada una de ellas prima en un momento, al mismo tiempo que es

2
Entendemos sujeto político como un sujeto en constante construcción a partir de
estrategias y mecanismos que le permitan disponerse a la realidad, y mejorar y transformar
la suya propia (Heller, 1991).

140
susceptible de transformarse en su opuesto, encarnando una dialéctica entre aspectos sanos
y patológicos.

Si pensamos desde la salud colectiva y desde la visión de que ésta se produce entre las
personas-concibiendo lo que tienen en común y lo que hay de individual en ese común-
podemos entender los espacios compartidos por estas mujeres como lugares donde se
construye salud, tanto a partir de la posibilidad de compartir el sufrimiento individual.

C: “Es como que yo siento que es mutuo que yo ayudo a las mujeres y que ellas me ayudan
a mi” (…) “Creo que escuchar la vida de las otras mujere´…eso creo me hizo el `click´,
darme cuenta lo que estaba viviendo mi familia. Pero esto ha sido hace un año, yo con las
mujeres estoy hace 4 o 5 años haciendo cosas…entonce´ como que yo veía la vida de las
otras chicas que viven igual y yo le decía: ‘mira que mi mama hace lo mismo, pero para mí
no está bien’. Entonces como que eso ha llegado a decirme ´no, no van las cosas así, tengo
que buscar las formas yo de yo sentirme bien’ porque bueno yo ya no me sentía bien…”
(…) “Es como que en un momento sienten el apoyo de todas, no sé cómo explicarlo...”

(…)

B: “En el otro grupo, por ejemplo, yo me siento muy contenida. Por ahí me pasa algo y
siento que nos estamos mandando mensajes y es como que nos aliviamos el dolor el
sufrimiento que estamos pasando”

La salud mental se construye y se desarrolla puesto que contiene, es sostén recíproco,


facilita la elaboración, la reparación y la simbolización ante situaciones de fragmentación,
aislamiento, opresión y violencias cotidianas. Es un hacer y deshacer como actores
protagonistas en el escenario de la vida cotidiana. Esta construcción social se desarrolla
junto con un proyecto colectivo en el que cada quien pueda inscribirse y realizarse de forma
personal (Quiroga, 2012).

La emergencia de las crisis sociales vividas por estas mujeres, ha posibilitado la


oportunidad de otorgarle a sus vidas un sentido de trascendencia, así como de dejar en el
mundo algo de lo propio. Con su accionar han prevenido fragmentaciones del yo,
combatiendo en conjunto el horizonte que las amenazaba con una actitud de interrogación y

141
reflexión crítica, apropiándose de la realidad, movilizando su accionar en conjunto para
modificarla y creando espacios de encuentro y creatividad comunitaria que respondían a sus
necesidades.

B: “A mí la lucha me dio esas gana´ de vivi´…al principio me quería llevar a casa a la


gente (jóvenes con consumo) pero me dijeron que no, que era mejor ir a la plaza con las
otras madres” (…) “Ayudar a otras mamás me enseñó a aprender a seguir viviendo”

Para Pichón Rivière (1972) “la necesidad, que compromete al sujeto como totalidad,
aparece como la condición interna del desarrollo de la vida psíquica, condición interna de la
dialéctica, de la contradicción no polar entre sujeto y naturaleza, entre sujeto y mundo
externo. Es en este proceso dialéctico, en esta contradicción en la que el sujeto es
producido” (p. 3). La hipótesis que marca el punto de partida es la existencia de una
relación dialéctica entre el sujeto y el mundo. El motor de esa relación es la necesidad, a
partir de lo cual el hombre es entendido como una construcción histórico-social resultante
de una praxis (De Quiroga, 1989). El sujeto, por lo tanto, es a la vez productor y producido
en una relación dialéctica con el mundo donde construye, deconstruye y reconstruye su
mundo interno y externo en contacto con su contexto (Rivière y Quiroga, 1972).

Desde esta perspectiva, estos mismos autores entienden la salud del sujeto como una
“adaptación activa a la realidad”, esta dialéctica provocaría la transformación del sujeto
que, modificando el medio, se transformaría a sí mismo en una espiral, abriendo y
flexibilizando estructuras rígidas y estereotipadas, facilitando así procesos de salud desde lo
común (Pichón Rivière, 1981).

¿Qué significa el espacio grupal? ¿Cómo se sienten en él?

C: “Creo que casi ninguna lo hace para trabajo, para lo que yo quería, que busquen
consegui´ plata de lo que hacen. La mayoría lo usa más para poder salir de la casa,
distraese, que también esta bueno, pero es para eso…o sea lo que ellas buscan es eso, la
contención entre todas.” (…) “Claro yo lo hacía por gusto, por aprende´. Bueno yo allá lo
que lograba era grupo de contención más que otra cosa.”

142
(…)

N: “Yo ahí descargo, que una a veces no tiene con quien”.

(…)

R: “En el grupo me podía desahogar, es un lugar donde todo queda entre nosotras. Ahí he
aprendido a darme ese espacio que era para mí. Algo para mí, para mí…”

(…)

B: “Y después familias en acción, que también me gusta mucho porque el grupo ese ha
sido un grupo muy contenido y el grupo de personas que están muy sufridas nos hemo´
tratado de contener y empezar a escuchar a la de al lado es como algo que se ha aprendido
ahí”

(…)

A: “y que hoy por hoy decimo ‘che nos juntamo´ para tal cosa?’ y toodas estamos. Porque
vos sabes que si podés contar con estas personas, si te dicen ‘¿vamo´ para allá?, ¡vamo´!”
si te dicen ‘colabora para esto’, te colaboran para esto...

5.3 Grupo sostén del psiquismo.

Pichón Rivière define al grupo como “un conjunto restringido de personas que ligadas por
constantes de tiempo y espacio y articuladas por su mutua representación interna se
propone, en forma explícita o implícita, una tarea que constituye su finalidad, interactuando
a través de complejos mecanismos de asunción y adjudicación de roles”

La tarea explícita del grupo de Familias en Acción estaba relacionada con acciones
colectivas que buscaban la recuperación de los jóvenes con problemas de consumo en su
barrio u otras acciones y actividades con tareas distintas relacionadas con la salud, la
nutrición, la resolución de necesidades, el mejoramiento barrial y la proyección a futuro de
las personas en su comunidad.

143
La tarea implícita del grupo, tenía que ver con la contención que sus componentes
necesitaban y con la posibilidad de tener un espacio de sostén para ellas, ya que como
madres y como mujeres de sectores populares, dedicaban su vida al cuidado de los demás,
careciendo muchas veces de un lugar de sostén para ellas. La mayoría de estas madres
tenían a sus hijos con problemas de consumo y, muchas veces, se hacían cargo también de
los problemas de alcoholismo de sus maridos, del cuidado de sus nietos, de las tareas del
hogar y de las labores comunitarias dedicadas al cuidado. Otra tarea implícita que se
desarrollaba era la socialización de la maternidad, puesto que entre ellas también se
ayudaban en la crianza de sus hijas/os y en la resolución con otras madres de las
dificultades y de las contradicciones que se iban encontrando en esta tarea.

Los espacios grupales que conformaban, funcionaban como espacios para ellas, para su
descarga y sostén. Por lo que, estos espacios cumplían con esa doble función explícita: la
de la organización `hacia el afuera grupal´ en la lucha por mejorar esas condiciones en su
comunidad y el ‘hacia adentro’ con la contención y el sostén que entre ellas se brindan,
factor indispensable para poder fortalecerse entre ellas, continuar con la tarea explicitada
del grupo y con “la lucha” (como ellas muchas veces la significaban).

El grupo hace la función de sostén o función materna, en la que actúa como espacio
simbólico y social donde el sujeto se reconoce a sí mismo de una forma integrada, ante la
posible amenaza de desintegración que se vive, especialmente en las situaciones de crisis.
Los distintos grupos en los que ellas desarrollaban su día a día, funcionaban como sostén
psíquico y espacio en el que depositar formas primitivas de la personalidad que acarrean
temores y vulnerabilidades. De ahí que el grupo posibilite que los sujetos que interactúan,
puedan tener procesos internos más evolucionados y complejos, siendo éste un espacio de
intercambio simbólico de las fantasías y ansiedades donde se despliega la ilusión de la
completud y de la indiscriminación con el otro.

M: “C tiene miedo a las reuniones… eso le pasa” (…) “¿y qué vamos a hacer con el
miedo?”

R: “Para eso estamos nosotras, para enfrentar el miedo”

144
La temática del grupo nos devuelve necesariamente a la problemática del sujeto siendo
muchas veces esta temática, la cantidad de responsabilidades de cuidado hacia otras
personas que estas mujeres tenían, ello nos remite a las problemáticas como mujeres en
situación de pobreza, doblemente oprimidas por su condición de género y clase.

C: “No puedo más, el cuerpo a veces no me alcanza para todo, no tengo ayuda, estoy sola
haciéndome cargo de todos ellos”.

De hecho, en el ámbito grupal se reproduce la vida cotidiana. Las vicisitudes y crisis de esa
cotidianidad, determinan las formas de encontrarse e interactuar con el otro, así como de
significar la situación grupal y de relacionarse con el objeto de conocimiento. En el ámbito
grupal que compartían, esto se manifiesta en la dificultad de que todas las integrantes
pudieran sostener el espacio cada martes, puesto que se encontraban con una sobrecarga de
tareas que las impedía, en muchas ocasiones, hacerse cargo de espacios que ellas
significaban como lugares “para fortalecerse ellas”, considerando así al espacio grupal.

En estos encuentros, sucedían también, posibilidades de vincularse en una mutua


interrelación con otras, con procesos de comunicación y aprendizaje a partir de las propias
experiencias y saberes que se compartían en relación a las adicciones, la crianza de sus
hijas/os, en su posición como madres, en relación a sus maridos y a la violencia que muchas
de ellas sufrían etc.

La tensión interna manifestada como una necesidad, posibilita una serie de operaciones
materiales y simbólicas que, a través de la conducta, determinan una acción que promueve
la satisfacción de dicha necesidad. Esta acción transforma el contexto y a la persona que la
lleva a cabo de forma que se da un aprendizaje. Ocurre entonces en el grupo, una doble
función instituyente: del grupo en el sujeto y del sujeto en el grupo, posibilitando que de la
confrontación entre lo intrasubjetivo y lo intersubjetivo resulte una dialéctica abierta de
trayectoria espiralada, evitando el circuito cerrado y estereotipado. Es en esta resultante de
la interacción interna y externa que se situará el grupo como un espacio común de salud
(Pichón, 1985).

En este proceso de interacción e internalización mutua es en el que emerge la concepción


de un “nosotras”, donde la experiencia grupal se convierte en pertenencia, proceso en el que

145
se internalizan a las otras participantes permitiendo una identidad grupal e individual. La
realización de la tarea grupal, por lo tanto, exige que las/os integrantes reconozcan esas
necesidades y objetivos como comunes. Es decir que el otro aparezca intrincado en su
propia necesidad, compartiéndola o desde necesidades complementarias.

5.4 Salud colectiva y saberes profanos. El saber de lo cotidiano, los cuidados y el


reconocimiento social de la tarea.

La salud colectiva nace de una necesidad de pensar al sujeto, no como objeto de


intervenciones y saberes técnicos y científicos, sino como sujeto activo y constructor de
procesos terapéuticos tanto individuales como colectivos. La idea de lo común resulta de la
elaboración entre y desde todas/os, reconociendo que la salud no sólo se construye entre
batas blancas y laboratorios científicos, sino que todas las personas somos también capaces
de producir salud, especialmente si es con otras personas. La salud también puede ser
elaborada por fuera de lo técnico y profesional, siendo las personas capaces tanto de
producir salud desde lo común, como de construir espacios con efectos terapéuticos. Como
dice Martínez (1998), el conocimiento en el campo de la salud mental ha estado
históricamente centrado en los saberes expertos que han construido un soliloquio vertical,
dejando a un lado la producción de conocimiento respecto a la experiencia subjetivada y
negando otros lugares de enunciación en salud: la articulada desde los propios sujetos. Así,
las personas mantienen y ponen en práctica un conocimiento activo que produce resultados
en el plano de la efectividad.

Las acciones y violencias simbólicas que se ejercen sobre las mujeres y los sujetos “pobres”
o “vulnerables”, no tienen que ver con una operación de violencia explícita, sino con un
tipo de coacción sutil en el plano de las relaciones cotidianas por parte de profesionales
técnicos que intervienen bajo un supuesto saber que ellas no tienen, políticos que tan solo
acuden a los barrios en periodos pre electorales, medios de comunicación que cultivan el
estigma y, como consecuencia de ello también, ciertos sectores de la sociedad.

Estas mujeres, a partir de su entorno local y cotidiano -que es donde tenían más
posibilidades de construir acción participativa- intentaron subvertir estas violencias llegado

146
a establecer relaciones de fuerza y presión con los poderes públicos, haciendo valer su
saber experiencial ante profesionales, impugnando políticas públicas y decisiones,
resistiendo, negociando y ejerciendo influencias. Aprendieron a hacer política local, a la
vez que adquirían autoestima personal, habilidades de ciudadanía, prestigio y
reconocimiento social.

Teniendo en cuenta las múltiples violencias en las que vivían inmersas, podemos valorar y
entender los procesos de transformación subjetiva apreciados en estos espacios de
fortalecimiento colectivo, así como considerarlos parte indispensable en la construcción de
salud en común, permitiendo su salida de la exclusividad de los territorios invisibles del
ámbito doméstico a lugares de prestigio social:

E: “Para mí, un orgullo…yo me siento orgullosa…orgullosa por lo que he brindado y lo


que me han brindado porque lo poco que me han brindado yo lo brinde y lo poco que yo he
tenido, lo brindé también…porque brinde no solamente cosas materiales, brinde
cariño...porque no es solamente brindá´ materiales, brinde cariño, afecto...y recibí también
muchas cosas de otras personas digamo´…brindé afecto que por ahí sí recuerdan lo que yo
hice…entonces yo me siento orgullosa porque me dicen: ‘¿vo´ te acorda´? De cuando vó
hacia tal cosa, ¿te acordá cuando vó cocinaba así? ´

(…)

R: “yo salgo y me saludan todos”

(…)

S: “Algunos chicos como que se apoyan en uno y vienen para que uno le de cariño…
Entrevistadora: Y eso a ustedes les hace sentir… ¿cómo?
L: Bien. Porque nos vienen a buscá a nosotros...
Entrevistadora: La gente del barrio ¿valoran lo que ustedes hacen? O la gente en general
de afuera, ¿también?
S: hay mucha gente que si nos felicita ‘que qué bueno que haya eso pa´ los chico’ o a veces
por Facebook ...y así...y a vece nos llevamo´ a los chicos de paseo así, y a vece vamo´ a
pedir la autorización a los padres y ello´ están contentos, nos felicitan de que haiga algo

147
pa´ los chicos. Nunca participan ¿no? Pero cuando vamo´ a habla´...todo bien.”

En los espacios construidos por estas mujeres, se ponía en práctica un conocimiento activo
que producía resultados efectivos y saberes propios desde sus experiencias cotidianas,
desde donde pensaban los problemas y las alternativas a estos problemas en común,
generando prácticas e ideando procesos de cambio personales y colectivos.

En los grupos construían aprendizajes y articulaban un saber propio que se colectivizaba,


como dice Martín Correa-Urquiza (2014):
“los saberes profanos son en relación a un sentido particular de
aquel que lo enuncia, un sentido que se manifiesta por un lado
en lo relativo a los procesos simbólicos de elaboración y/o
interpretación de los acontecimientos que lo rodean y, por otro,
en los aspectos prácticos/específicos en los que el sujeto toma
decisiones y actúa en relación a lo que cree/sabe/piensa
conveniente para su mejor/estar” (p.86).

Estos, son saberes que han existido siempre, tanto en la reflexión teórica como en la
experiencia de la práctica, al mismo tiempo son saberes que no se constituyen como
certezas impuestas sobre otras, sino que surgen a la hora de superar dificultades y articular
capacidades y herramientas que posibiliten sobrellevar la situación. Estas prácticas
conjugan conocimientos experienciales que conforman estos saberes.

R: “En el grupo se identificaba con lo mismo que decían las otras, me ayudo a sacar, me
aliviaba…Me daba cuenta de que me hacía bien, se ordenaban muchas cosas desde que
empecé a ir. Aprendí a poner límites a mis hijas, enseñar lo que aprendía en el grupo a
otras madres” (…) “El grupo me ha ayudado a acompañar a otras personas. He aprendido
a ayuda, a dar respuesta a otras”

Los procesos de aprendizaje de las mujeres que participaban en el barrio de “El Sifón”, se
elaboraban en conjunto, poniendo en valor los saberes profanos y, haciendo conscientes las
múltiples opresiones bajo las que se encontraban, ello posibilitaba la conciencia y, a veces,
la ruptura con algunos vínculos de dominación que las sometían, generando así
fortalecimiento subjetivo en colectivo. También aprendían a acompañarse entre ellas, a

148
prestar sostén a otras madres que lo necesitaban, a transmitirse información útil sobre la
problemática de desnutrición o de adicción de sus hijas/os etc.

Desde esta concepción, entendemos la salud no solo como un proceso intrapsíquico sino
como un proceso abierto que se construye de vínculos interpersonales y relaciones sociales,
para lo cual es preciso repolitizar los problemas de salud y colectivizar el sufrimiento tal y
como hacen las mujeres protagonistas de esta tesis.

Las mujeres que forman parte de este estudio, así como las comunidades que habitan las
villas, han recibido constantes discursos desvalorizantes desde los sectores hegemónicos,
con los consecuentes efectos devastadores que la estigmatización acarrea. Pero tan
importante es lo que se dice como lo que se oculta en el discurso dominante, siendo el
silencio deslegitimador de la posibilidad de otros discursos alternativos. Lo que no aparece
y lo que no se dice, no existe. De ahí la importancia de la labor que las mujeres en cuestión
realizaron a la hora de reivindicar y alzar la voz para poder introducir su verdad y ser así
reconocidas y legitimadas. Esta acción se producía saliendo del lugar nombrado por los
otros, para alzar la propia voz y visibilizar lo que ocurre en la cotidianeidad de las villas
miseria donde desarrollan sus vidas y sus quehaceres diarios. Ellas hablaban y denunciaban
la falta de derechos a las que son sometidas las personas que allí viven, buscando respuestas
que parten desde abajo, desde lo personal, desde la ayuda mutua y desde lo autogestionado
hasta llenar las calles con un solo grito, generando comunidad y rearmando tejido social.

Es esta capacidad la que ha de ser reconocida desde los lugares de saber-poder


profesionales, para poder actuar en función de estas premisas y combinar estas narrativas
con las que emanan del mundo académico. Esta capacidad no solo habla de ofrecer
resistencia por parte de las clases oprimidas, sino también de cómo estas pueden orientarse
hacia acciones no conformistas e incluso transformadoras desde la unidad más mínima de
la experiencia vital tomada en la vida cotidiana.

Por lo que, estas mujeres ponían en el centro de sus comunidades (entre otras cuestiones),
un mecanismo de cuidados colectivos, al mismo tiempo que desarrollaban formas de
cuidado entre ellas y hacia el resto de la comunidad, interpelando a la política institucional.

149
Entendiendo al grupo como espacio privilegiado para construir esta salud en colectivo, las
mujeres que han colaborado en este trabajo, aparte de colectivizar los cuidados, legitimaban
un espacio semanal de construcción e intercambio de estos saberes profanos que, como
diría Freire (1970) se producen, sobre todo, porque es el resultado de una elaboración
compartida que tiene lugar en la comunidad, generada desde la misma instancia de grupo
que forman los participantes en su hacer cotidiano. El saber es producto de lo que cada una
de estas mujeres trae en su mochila de conocimiento a través de las experiencias vividas
como madres, como mujeres y como habitantes de una villa miseria y de la producción de
significaciones compartidas que se dan en cada encuentro grupal. Cada reunión grupal es
un espacio para compartir reflexiones, malestares y hablar sobre todo aquello que
generalmente no hablan o no pueden hablar.

5.5 Salud, participación y reparación de la historia personal.

C: “Colaborar a la sociedad. De logra´ que se quieran, se valoren y se sientan capaces de


hace´...en realidad, yo creo que lo mío es porque mi mamá no se valora, no se libera
...entonces yo siento que lo que no logro con ella, lo puedo logra´ con otras mujeres.
Entonces eso…verlas que pueden hacelo, a mí me hace bien…” (…) “Yo he logrado tener
un valor, yo he logrado aprende´ a que podía enseñar mis cosas, enseñar lo que sabía
hacer...entonces yo espero que algún día, alguna de todas las mujeres que han ido dando
vueltas también haga lo mismo, enseñarle a otras y devolver lo que ha aprendido. Entonces
eso es lo mío...” (…) “Ella, mi mama, tiene una relación muy enfermiza con mi papa,
entonces nada, no hay caso, no se logra cambiar eso ...a mí me ha costado entender que no
lo iba a logra´ cambia´ entonces bueno...si yo no lo puedo cambia´, pero puedo cambia´ la
vida de otras personas, lo hago” (…) “Y vos decís, pero ¿porque permite eso? Entonces yo
directamente me dedique a conversar con otras mujeres, a enseñarle cosas a las mujeres, a
veces viene mi mama, a veces no...a veces siempre termino hablando de mi mama…pero es
eso, ver que sí pueden cambiar…Incluso cuando yo veo que te cuentan que ha pasado esto,
ha pasado aquello ...que se han separado ...entonce´ vos estas contenta porque decís ‘ves,
se puede’”.
150
(…)

R: “Hago todo lo que hago pensando en mi hijo…Uno se aferra a ellos por no tener a su
hijo” (…) “Se me refleja mi hijo en ellos porque está encerrado”.

(…)

S:” Sí, sí porque yo veía muchos chicos que andan así, que tienen problemas de adiccione´
que andaban en la calle sin lavar, sin comé´...y yo los veía y yo pensaba en mi hijo con ese
problema y es feo...”

(…)

L: “Es como reemplazar a tu hijo...como que vó´ lo ve a tu hijo que capaz que el día de
mañana sea así…adito...entoncé no queré que le pase a lo demás chicos y…bueno una
quiere sacálo a ellos a flote” (…) “Mis hijo´ tienen 11 años y la otrita 3 y la otra 16...y
claro como que yo los veo reflejada en los chicos...digamo´ en el hijo de ella sí...yo lo veo
mucho reflejado en los míos...y cuando te piden un trozo de pan y uno tiene que dale …”

(…)

A: “Yo siempre me he puesto a pensar porque pienso como pienso y porque hago lo que
hago y tiene que ver con la historia de vida que uno tiene…”

“Para mí, el compromiso…y bueno por todo lo que yo te he contado de mi historia de vida,
de lo de mis padres. Era como pode´ entiende´…no sé cómo explicártelo en palabras. Era
como…a vé…no se si reparo, no sé si reparo es la palabra, pero...era como reconstruí algo
que yo creía destruido. Porque qué se yo…vo´ veías chicos de barrio y que vos también
fuiste chica y que te has crecido en ese barrio...no sé, yo encontraba en esa institución en
ese grupo que queríamo´ hacelo crecé y que siga creciendo y esa utopía de queré resolvé
lo´ problema y las necesidade´ de todo el mundo, y de que nuestro barrio sea un

151
paraíso…más o menos así, era como poder construir algo que todo el mundo pensaba que
estaba destruido. Yo pienso que esa era una herramienta, la institución...era una
herramienta para nosotro´ para poder seguí construyendo y que se puedan seguí
reparando cosa que vos creía que tu infancia ha estao´ destruida” (…) “Pues yo creo que
esto que tus convicciones, lo de tu anhelo de que las cosas cambien, de generá conciencia
en las personas. De que puedan mirar la realidad de otra forma es posible sin necesida´ de
que te paguen por eso...o sea tiene que ser por una cuestión más de justicia por tu par, por
tu pueblo, por tu vecino, por tu dignidad de pobre, por tu dignidad que venís queriendo
sostené´ de generación en generación…”

(…)

E: “Por sé´ mujer, pero creo que no me ha volteado. Si no me ha volteado antes, no me ha


volteado ahora…Pasé por muchísimas cosá´…Padecí manoseo, padecí...sin madre, sin
padre...me ha criao´ una tía, los hijos eran unos abusadore´...paseee...creo que como
muje´, pase por tanta´ cosa en la vida...tanta´… porque yo me crié aparte de mis hermanas
...abuso…no me daban de comé…también que capaz que todo eso me ha llevado a todo
esto…a los comedore…”

Desde el psicoanálisis el concepto de reparación introducido por M. Klein (1937) nos habla
de un mecanismo intrapsíquico del sujeto en relación a sus objetos internos. Utilizo este
concepto para dar explicación al proceso de salud que realizaron estas mujeres en lo
simbólico a la hora de generar acciones hacia otras/os hijas/os, así como también en cuanto
a la lucha por la justicia social en la prevención de que estas/os futuras/os hijas/os de su
comunidad se viesen dañadas/os como lo han sido las/os propias/os. También se observa
esta reparación personal en relación a las opresiones y violencias vividas por otras mujeres
de sus comunidades.

Cuando se habla de reparación se asume que algo tuvo que romperse, destruirse, perderse o
dañarse, etimológicamente “reparar” deriva del latín “reparare” y significa “disponer de
nuevo”. Las mujeres que ha colaborado en este trabajo, colectivizaron el sufrimiento

152
individual como madres ante las problemáticas de desnutrición, adicciones y falta de
proyecto de futuro de sus hijas/os, así como también como mujeres ante la violencia
machista vivida en sus hogares. Estas vivencias tenían repercusión en ellas a modo de daño
psíquico, siendo en la elaboración conjunta y en el pasaje de lo privado a lo público, lo que
permitió restituir algo de la trama que las lastimó.

La participación y la lucha por la justicia social actúa aquí como acto reparador en sí
mismo, un hecho que, aunque nunca las devuelve al estado previo, si ayuda a generar un
orden distinto, provocando cambios en el contexto social que favorecen el reordenamiento
psíquico de aquello que las sucedió. Esta posibilidad de reestablecer algo de lo dañado por
las condiciones propias del orden social, es lo que facilita el inicio de una reparación y un
reposicionamiento subjetivo, permitiéndolas disponer de una existencia más digna.

La reparación es simbólica porque no se recupera lo que se ha perdido sino lo que


representa. No se puede reparar todo el daño sufrido, pero sí se puede reconstruir otra cosa,
algo diferente y novedoso (Laplanche, 1984). La reparación, por lo tanto, es simbólica y
subjetiva puesto que es un proceso íntimo y singular, donde la propia persona lo resignifica
y lo transforma (Dayeh, 2004).

La reparación también ocurre por medio del diálogo que establecían con algunos sectores
de la sociedad a través de charlas en universidades, mesas de reuniones con políticos, con
profesionales, medios de comunicación etc. en las que utilizaban el lenguaje como forma de
comunicación hacia una sociedad, esperando que existiera un otro que escuche y de sentido
a las palabras para que fuera así su dolor reconocido.

5.6 Lo religioso en relación a la participación comunitaria.

La religiosidad atraviesa a las mujeres participantes de este trabajo en relación a su


identidad desde lo popular, donde lo religioso se inserta en matrices culturales y
significados compartidos. En esta particular religiosidad se entremezclan la multiplicidad
de concepciones de lo trascendente o sobrenatural en relación a las necesidades y

153
problemas que las afectan cotidianamente. Podría entenderse lo religioso en ellas como un
recurso simbólico o una estrategia de supervivencia ante las dificultades diarias que
experimentan en su vida.

B: “Ayuda muchísimo, aunque uno no lo crea, la parte espiritual ayuda muchísimo en


estar bien, en sentirse más cómodo, en confiar en Dios, porque uno confía en el…entrega
el dolor...y si he visto que si se da” (…) “Es muy bueno aunque sea por ahí voy en el
colectivo y siento esa fuerza y rezo y es como que me pasa…solo ese acto de decir: señor te
entrego ese dolor que me está pasando o que es lo que está sucediendo y rezar un padre
nuestro, un Ave María en el colectivo o donde vaya es como que me mejora y quedo
tranquila y pasa…”

Estas expresiones de religiosidad se manifestaban como solicitudes a resolver, ayudándolas


a hacer frente a sus necesidades cotidianas y, en algunas ocasiones, incluso, dotando de
sentido sus vidas permanentemente amenazadas. Ello otorgaba cierta resistencia simbólica
ante la posibilidad de que se produjeran transformaciones en su realidad.

M: “Dios no me dejes caer, si yo caigo, caen todos”

En algunas de ellas podía observarse algún tipo de relación entre la participación y la


cuestión religiosa, pero no es algo que constituya una categoría en sí misma ya que no les
sucede a otras.

R: “Por ejemplo el ayudar a otros, vengo bien, cumplo con el haber ayudado, siento como
que he hecho la obra buena, Dios me va a recompensar”

(…)

M: “Le pedía a Dios que me ayude y que me de fuerza. No quiero ser de esas mujeres que
se quedan en casa (…) Dios decía que tenía que liberar a los cautivos, que no tenía que
quedarse en la oración”

Lo que sí puede categorizarse con una mayor frecuencia es la fortaleza que lo sagrado o lo
religioso les otorgaba para poder continuar con su particular lucha:

R: “lo religioso a mí me contiene para no bajar los brazos”

154
(…)

B: “Fe en Dios para que me de fuerza”

Pude ver en algunas de ellas, un creer en Dios sin pertenecer a los mandatos institucionales
de la iglesia, expresando el pluralismo religioso derivado de las manifestaciones religiosas
entremezcladas de las culturas indígenas, católicas y otras expresiones culturales. De hecho,
en varias de ellas pude observar una crítica a las instituciones y la clara separación de su
participación en la comunidad con la cuestión religiosa.

E: “No, no por el hecho de que era católica, porque siempre le he pedido a Dios que me
ayude en todo lo que yo hago y dale´ a Dios gracias por todo lo que me ha brindado, lo
que me brinda. Y sí, yo le doy gracia´ a Dios, pero digamo´ no soy…como te podría
deci´...yo deje de ir a la Iglesia y me dedico a otra cosa pero a ser más útil.”

(…)

M: “Una vez me confesé y nunca más fui porque no me gustó lo que me dijo el cura”

Como dice Ameigeiras (2008):

“debemos considerar la existencia de una religiosidad imbuida


de un carácter mítico-simbólico que hace clara referencia al
predominio de un ámbito de significación de importantes
consecuencias en los comportamientos y actividades de los
sujetos. Más que aparecer como autónoma de la matriz cultural,
esta religiosidad se conforma como un soporte fundamental para
la elaboración de respuestas ante los múltiples interrogantes de
la existencia. Más que responder a “normas” preestablecidas o a
controles y/o pertenencias institucionales, se corresponde con
una actitud profundamente vital y existencial donde se
recomponen legados y apreciaciones a partir de una singular
perspectiva de lo sagrado.” (p. 25)

155
Por lo que, la participación tiene efectos en la salud en tanto:

 relacionan la salida del espacio doméstico como condición misma para “estar bien”.

 construyen salud mental entre ellas mediante la ayuda mutua y los espacios de
cuidados colectivos generados grupalmente y hacia la propia comunidad a través de
la participación.

 generan una subjetividad basada en la participación comunitaria, posicionándose


como sujetos sociales y políticos donde su accionar es, muchas veces, reconocido y
valorado.

 colectivizan el dolor individual generando espacios de contención y sostén entre


ellas, donde se identifican con los problemas de las demás y aprenden a resolver en
grupo situaciones de conflicto en la maternidad, problemáticas familiares,
violencias y otras derivadas de la participación.

 ponen en práctica y revalorizan saberes propios desde sus experiencias cotidianas.

 la participación y la resolución de necesidades de las/os hijas/os de otras/os y/o


prestar apoyo a otras mujeres favorece la reparación de un pasado traumático en la
propia historia, así como también el diálogo social permite que su dolor sea
visibilizado y reconocido.

156
CAPITULO 6:

CONCLUSIONES.

157
CAPITULO 6: CONCLUSIONES.

La elección de la temática de este trabajo parte de mi experiencia personal y profesional en


Tucumán, Argentina. En él, pude conocer la vida cotidiana de las personas que habitan los
barrios populares, así como las problemáticas que las asedian. A raíz de mi trabajo como
técnica social en diversas políticas públicas de la provincia pude indagar en las de las
mujeres que protagonizaban espacios de comedores infantiles, centros de cuidado y
nutrición infantil y otros lugares donde se tejían redes y se construía barrio.

Mis inquietudes emergieron del trabajo con mujeres de asentamientos humanos o “villas”
de Tucumán, preguntándome por el origen de estas mujeres y de su vida cotidiana, el por
qué ellas protagonizaban esos espacios, así como su historia y la conexión con su presente.

Ante estas preguntas surgió en mi la necesidad de responderlas con una doble intención:
conocer a fondo para comprender la realidad de estas mujeres y transmitir lo averiguado, no
para darles voz (puesto que ellas mismas ya hacen sonar sus propias voces) sino con la
intención de proporcionar “oídos” al mundo académico, a través de sus conocimientos y de
sus historias de resistencia y lucha, navegando siempre entre contradicciones.

El momento histórico en el que se centra este trabajo es en el periodo comprendido a lo


largo del 2017 aunque es desde el 2011 que conozco y comienzo a preguntarme por la vida
cotidiana de las mujeres de sectores populares. Su desarrollo ha variado desde entonces

158
hasta hoy, esperando que este trabajo sirva para poder entender el pasado y con ello, la
actualidad de las mismas.
Entendiendo su pasado comprendí como las sucesivas crisis que afectaron al país,
provocaron su salida al ámbito de lo público en busca de subsistencia. Sus formas de
organización y participación respondieron a la asunción de responsabilidades de un Estado
que abandona su lugar como garante de los derechos más básicos en los sectores populares.

El proceso de internacionalización del capital ocurrido en los años 90, trajo cambios socio-
económicos, políticos y culturales muchas veces con consecuencias negativas para los
países del sur en términos de desigualdad. Los países del norte, generaron políticas de
mayor proteccionismo y barreras a los movimientos migratorios, mientras presionaban a los
países del sur a través del Consenso de Washington (1989) y de organismos
internacionales, a realizar políticas de privatización, desnacionalizando empresas de
servicios públicos, desregulando la propiedad común de la tierra, “flexibilizando” el
trabajo, achicando el Estado y desmantelando el bienestar.

En Argentina los altos índices de desocupación se deben en su mayor parte a estas políticas
privatizadoras de lo público y, por lo tanto, dependientes del capital extranjero que han
provocado la destrucción de las fuerzas productivas propias (Spiguel, 2002).

Este sector de trabajo informal caracteriza los barrios populares, donde su población se
encuentra realizando trabajos de subsistencia o dentro de una economía semi clandestina, y
si además son mujeres, las posibilidades de inserción en cualquier mercado formal se
minimizan hasta el punto de quedar desprotegidas de cualquier garantía social, lo cual las
hace, en muchas ocasiones, dependientes de sus maridos y expuestas a múltiples formas de
violencia.

Tanto las mujeres como el resto de las/los habitantes de las comúnmente denominadas
“villas”, cargan con las etiquetas y prejuicios de personas peligrosas y faltas de cultura, de
ser vagos/as, de no trabajar y de aprovecharse de las subvenciones del Estado. Son
descalificados/as y deslegitimados/as en sus identidades sociales, no pueden ser nada más
allá que “negros/as villeros/as”, y solo esa etiqueta les desautoriza en todos los ámbitos.

159
Ante esto, las mujeres de los sectores populares como las del barrio El Sifón, salen de los
espacios de marginación de donde siempre han sido relegadas, tanto territorial como
simbólicamente, para irrumpir en la comunidad y mantener un diálogo con la sociedad. Lo
hacen a través de actividades en el ámbito de lo público donde visibilizan las problemáticas
que viven en sus villas: la venta de droga, el consumo de jóvenes y niñas/os, la relación del
narcotráfico con los lugares de poder y las instituciones del Estado, la desnutrición, la falta
de futuro etc. posibilitando así colectivizar su dolor y reclamar justicia social. Realizan
charlas en universidades, entrevistas en prensa, convocan manifestaciones, viajan a otras
provincias para reunirse con agrupaciones de madres y exigen derechos tan variados como
la atención humanizada a pacientes de las villas con problemas de consumo, el
cumplimiento de la ley de salud mental, también alimentos, materiales para tener un techo
donde vivir, alumbrado público para sus barrios, espacios de autoempleo y/o formación
para mujeres y jóvenes etc. Ellas vinculan la inseguridad y el estigma de “peligrosidad” con
el problema de venta y consumo de pasta base en las villas y no con las personas que las
habitan.

En particular las mujeres (por el lugar asignado socialmente), asumen la responsabilidad de


garantizar la supervivencia en épocas de agravamiento de problemáticas sociales donde se
hace inevitable la ruptura del tejido social como consecuencia de estas situaciones. Ante el
desamparo, ocurre una proyección de la función materna hacia la acción política: la
maternidad se socializa, convirtiéndose estos espacios en lugares donde no solo se busca la
supervivencia de sus propias/os hijas/os y de su núcleo familiar, sino que también se
procura porque las necesidades de las/os demás estén cubiertas. Algo que recuerda al lema
de las madres de la plaza de mayo con el “No queremos a nuestro hijo solo. Queremos a

160
todos los hijos de todas las madres”.

Las mujeres que forman parte de este trabajo, a partir de su entorno local y cotidiano, es
donde han tenido más posibilidades de construir acción participativa, llegando a establecer
relaciones de fuerza y presión con los poderes públicos, demandando recursos, impugnando
políticas públicas y decisiones, resistiendo, negociando y ejerciendo influencias, han
aprendido a hacer política local, a la vez que adquirían autoestima personal, habilidades de
ciudadanía, prestigio y reconocimiento social. Con ello han generado alianzas con
profesionales afines, participando en el entramado social en distintos niveles y en el debate
de la salud pública.

Las prácticas políticas ejercidas por ellas, han generado, tanto a nivel subjetivo como
colectivo, nuevas identidades, permitiendo posicionamientos distintos en ambos niveles y
construyendo contrahegemonía desde la disidencia. Al mismo tiempo, sus modos de hacer
política han sido muchas veces cooptados y capitalizados por la cultura política dominante,
creando contradicciones, asimilaciones y resistencias al poder hegemónico.

Muchos de los procesos iniciados de forma espontánea (como las ollas populares en el
2000) terminaron siendo políticas públicas, condensando en personalismos algunos de los
procesos colectivos y provocando efectos contrarios a los que emergieron de forma natural
y horizontal en las épocas de crisis. Esta injerencia del Estado en las dinámicas
participativas y en las prácticas espontáneas y horizontales del propio grupo, generó
algunos conflictos, recelos y rupturas con la comunidad, aunque no ha llegado a disolver su
lucha y continúan avanzando en el día a día entre las contradicciones que habitan. Aun así,
y a pesar de estas contradicciones, las formas originarias de participación y de hacer
política de estas mujeres, distan mucho de los procedimientos institucionales de la política
tradicional, poniendo los cuidados, la ayuda mutua y la subsistencia cotidiana en el centro
de la vida.

Cabe destacar que, al mismo tiempo que los roles de madre y ama de casa descalificaron a
las mujeres para ingresar con plenos derechos e igualdad de oportunidades en las

161
instituciones del poder político formal, son los que las han permitido incorporarse y actuar
en la vida pública social y política, por medio de sus iniciativas y prácticas de acción
colectiva, conformando sistemas de acción solidaria y constituyéndose así mismas como
sujetos sociales, políticos y protagonistas de sus propias necesidades y de las de la
comunidad.

En los propios ámbitos cotidianos-en especial en el barrio que funciona como una natural
extensión de la esfera doméstica-construyen identidades colectivas, espacios de salud y
aprendizajes de vida donde comparten el conocimiento colectivo en relación a diversos
temas que las atañen: salud de sus hijos en relación al consumo, la administración de lo
cotidiano y la posibilidad de aprovecharse del juego de poder de la política tradicional.

Las mujeres que han formado parte de esta investigación arrastran tras de sí múltiples
historias de pobreza con el consecuente efecto de pérdidas de sostén, de significaciones, y
de formas de vida comunitaria debido a este movimiento del campo a la ciudad, sumado a
la triple opresión que viven en el lugar desde el cual son ubicadas en el mundo social por su
162
condición de género, por su posición de clase y por su origen rural.
Es por ello que estas mujeres no solo construyen salud en sus comunidades, sino que
generan espacios de salud para ellas, funcionando el grupo de reunión como sostén vincular
ante las crisis subjetivas vividas y los cambios en su entorno cercano, como consecuencia
de su salida al mundo público. En este grupo, las mujeres encuentran la contención que no
tienen en otros ámbitos, habilitando un espacio de cuidados para ellas, que dedican su vida
a los cuidados de las/os demás. Por lo que, ellas generan un espacio, no solo para dar
respuesta a las necesidades del barrio, sino también para ellas, construyendo a través de la
participación y de su propio espacio grupal, salud en colectivo.

Como resultado de la investigación realizada destaco en las conclusiones estos ítems:

 En cuanto a las motivaciones para participar:

-La principal motivación que impulsa a la participación de las mujeres del grupo es la
necesidad. Ésta propicia el encuentro con otras en la resolución de sus necesidades
materiales y de supervivencia debido a la desnutrición de sus hijas/os en épocas de crisis
donde las carencias ya habituales en contextos de pobreza, se agravan y ante la situación de

163
consumo de pasta base de sus hijas/os y la ausencia de respuesta por parte del Estado en
relación a la salud y a las problemáticas derivadas de esta situación.

-Aun así, no solo las necesidades materiales motivan el vínculo con otras, aun siendo esta la
principal motivación, también encontramos mujeres que buscan sostén, justicia, dignidad
y cambio social.

 En relación a la salida del hogar y efectos en la identidad, la participación


genera:

- socialización, ocupar otros roles, desarrollar otras habilidades y aprendizajes, la


transformación a posicionamientos activos y protagónicos en lo personal y en lo
político alejados de la sumisión.

- la politización de lo cotidiano que a su vez produce transformaciones en el territorio


que habitan y de forma dialéctica, cambios en su identidad.

- un reconocimiento de lo político desde lo personal y doméstico, que genera una


revalorización tanto de su lugar como mujeres/amas de casa/madres como de su
origen popular al pasar de la vergüenza de vivir en un barrio significado como
“marginal” al orgullo por la incidencia lograda en él.

- la alteración del espacio, el tiempo y el ritmo de su vida cotidiana. El espacio es


transformado por su acción colectiva y su incidencia en las políticas públicas,
construyendo lugares nuevos para la comunidad y mejorando la habitabilidad en el
barrio. En cuanto al tiempo y al ritmo, la introducción de la participación y sus
repercusiones suma actividades a las tareas que ya tienen, restando inevitablemente
tiempo a otras y produciendo efectos y respuestas en el ámbito familiar y del tiempo
libre.

- sobrecarga de tareas, al sumar los horarios de atención a sus maridos e hijas/os en el


trabajo doméstico y el ajuste de estos horarios a los de la participación.

164
- una proyección en el tiempo, salir del corto plazo para poder proyectar un futuro
para ellas, el barrio y sus convivientes.

- la problematización de sus condiciones de vida en relación al contexto de pobreza


en el que viven, a las formas de política que las atañen y a su rol como mujeres,
suponiendo importantes transformaciones de si y de su entorno.

- contradicciones de una participación manipulada y otra nacida y organizada desde la


misma comunidad, por las injerencias del estado en sus prácticas organizativas.

 Participación comunitaria y consecuencias en las áreas de la vida cotidiana:


trabajo, tiempo libre y familia.

-La participación es tomada como un trabajo debido a:

 la contraprestación, “el plato de comida ganado” o las posibilidades para el


autoempleo que genera.

 la posibilidad de desplegar algo de sí mismas en las tareas que realizan, de ahí que
ocupen su tiempo libre en ello.

 la responsabilidad derivada en la obligatoriedad que la participación supone.

-La participación sumada a las tareas domésticas no deja tiempo libre:

 por la sobrecarga de tareas que se suman a las actividades realizadas desde su rol
como mujeres y madres cuidadoras.

165
-La participación en relación a la familia:

 La familia muestra resistencias ante la “salida” del hogar de las mujeres y el empleo
de su tiempo en actividades que no son exclusivas de la casa o de los cuidados a sus
miembros.

 Ante la resistencia de las mujeres a renunciar a la participación, la familia se


reorganiza y aprende de la nueva situación.

 Las hijas colaboran en las tareas del hogar que la madre no puede realizar por la
participación, reproduciendo el rol de las mujeres en el hogar.

 Se generan rupturas con el orden establecido que posibilitan la reflexión sobre su rol
de género en la familia, también con contradicciones.

 Participación comunitaria y construcción de salud mental colectiva. La


participación tiene efectos en la salud en tanto:

- relacionan la salida del espacio doméstico como condición misma para “estar bien”.

- construyen salud mental entre ellas mediante la ayuda mutua y los espacios de
cuidados colectivos generados grupalmente y hacia la propia comunidad a través de
la participación.

- generan una subjetividad basada en la participación comunitaria, posicionándose


como sujetos sociales y políticos donde su accionar es, muchas veces, reconocido y
valorado.

- colectivizan el dolor individual generando espacios de contención y sostén entre


ellas, donde se identifican con los problemas de las demás y aprenden a resolver en

166
grupo situaciones de conflicto en la maternidad, problemáticas familiares,
violencias y otras derivadas de la participación.

- ponen en práctica y revalorizan saberes propios desde sus experiencias cotidianas.

- la participación y la resolución de necesidades de las/os hijas/os de otras/os y/o


prestar apoyo a otras mujeres favorece la reparación de un pasado traumático en la
propia historia, así como también el diálogo social permite que su dolor sea
visibilizado y reconocido.

Este trabajo trata de conservar (en la medida de lo posible), la forma en la que las mujeres
con las que he trabajado, se expresan, revalorizando el lenguaje periférico propio de los
saberes alejados de los núcleos de poder. He tratado de mantener conceptos y expresiones,
tonos y acentos minusvalorados desde el lenguaje “oficial” como expresiones de
ignorancia, vulgaridad o incultura, reconociendo estas formas de lenguaje como expresión
de diversidad de gramáticas propias y ortografías libres que, contextualizadas, se hacen
correctas. Realizo esta acción deliberadamente en defensa de la lingüística social que
entiende la lengua como el proceso social que influye en el uso de la misma, así como la
historia y la cultura en la que se desenvuelven las/os hablantes.

Numerosos interrogantes quedan abiertos para profundizar en futuros trabajos, entre ellos,
conocer el desarrollo de la participación de estas mujeres en la actualidad para profundizar
en el posible pasaje de los intereses prácticos de género a los estratégicos. También podría
profundizarse sobre las dinámicas de poder y de contra poder ejercido en el juego político
que se desarrolla en el barrio en torno a estas mujeres, así como sus formas de hacer
política en contraposición y resistencia a la política institucional.

A modo de cierre confesaré que, a lo largo de mi acompañamiento en sus actividades, me


resultaba difícil identificarlas con las historias de su pasado. Relacionar a esa B. que temía
“tomar mal el café delante de su patrona” con esa mujer dicharachera, llena de energía, que
se presentaba frente a autoridades institucionales confiada en las actividades que realiza,

167
que propone e invita con el desparpajo y la seguridad de alguien que sabe que lo que hace
día a día le sirve a ella y a los demás. Más difícil aun me parecía imaginar que éste, era el
mismo cuerpo que aquel que tembloroso tomaba café con miedo a la posible torpeza de no
llegar a estar a “la altura” de la propuesta de su patrona. En aquel entonces este otro cuerpo
(así como los de sus compañeras), movía sus manos con soltura, hablaba alto, gritaba en la
plaza y no sentía vergüenza de explicar en una entrevista lo que desde hace 16 años venía
dándole sentido a su vida.

Esta tesis confía en la creencia de que la auténtica transformación social vendrá de la mano
de la socialización de los cuidados, trasladar lo asociado a la mujer al mundo (es decir, lo
que hacen estas mujeres en sus comunidades), sería la única forma de transformarlo.

Para finalizar este trabajo apelo de nuevo al concepto de “la rebeldía como medicina”
donde el sufrimiento se colectiviza y, compartiendo las impresiones de Segura (2018):
“creo firmemente que la rebeldía, articulada de forma colectiva,
frente a las condiciones de vida que son un riesgo para la salud,
es la mejor medicina. Aunque no se consigan revertir los
aspectos más duros de estas condiciones de vida, la propia lucha
es una medicina.” (p. 57)

Como dice B: “A mí la lucha me dio esas ganas de vivir…”

168
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