Semántica y gramática en el lenguaje
Semántica y gramática en el lenguaje
Semántica
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
Contenido
La gramática y la semántica 5
Definición de gramática. Partes en que se divide 5
Otra postura: Partes de una Gramática Funcional 5
Definición de Semántica 5
Objetivos de una semántica léxica 6
Unidades básicas: palabras, lexemas, lemas 7
El signo 8
Dos enfoques sobre el signo 9
Arbietrariedad y convención del signo lingüístico 11
Consideraciones filosóficas en torno al lenguaje 12
El poeta, verbo de los hombres. En textos de Leonardo Castellani. Dra Liliana Pinciroli de Caratti 12
Fragmentos de Lingüística y Filosofía de Étienne Gilson 20
La filosofía del lenguaje en Santo Tomás de Aquino. Pbro. Mauricio Beuchot 23
La base cognitiva y comunicativa del lenguaje: Teorías sobre el significado 28
Teorías referencialistas y denotacionalistas 28
Teorías representacionales y mentalistas 30
Teorías convencionalistas y pragmático-sociales 32
La semántica en la lengua en uso:Pragmática 33
Objeto de estudio de la Pragmática 33
Contexto 35
Componentes de la situación comunicativa 35
Las competencias, una reformulación del circuito de la comunicación 36
La Metáfora, Metonimia y Sinécdoque 37
Metáfora 37
Otras figuras del hablar cotidiano: metonimia y sinécdoque 39
Unidad II: Significado léxico 41
El significado: tipos, teorías y definiciones 41
Tipos de significado 42
Significado descriptivo / significado no descriptivo 42
Significado léxico / significado gramatical 45
Significado literal / significado figurado 46
Los diccionarios 46
De la palabra al significado: la semasiología. Los diccionarios semasiológicos 47
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La gramática y la semántica
Definición de gramática. Partes en que se divide
En su sentido más estricto, la gramática estudia la estructura de las palabras, las formas en que estas
se enlazan y los significados a los que tales combinaciones dan lugar. En este sentido, la gramática
comprende la morfología, que se ocupa de la estructura de las palabras, su constitución interna y sus
variaciones, y la sintaxis, a la que corresponde el análisis de la manera en que se combinan y se disponen
linealmente, así como el de los grupos que forman. La gramática es, pues, una disciplina combinatoria,
centrada, fundamentalmente, en la constitución interna de los mensajes y en el sistema que permite
crearlos e interpretarlos. No son partes de la gramática la semántica, que se ocupa de todo tipo de
significados lingüísticos (no solo de los que corresponden a las expresiones sintácticas), y la pragmática, que
analiza el uso que hacen los hablantes de los recursos idiomáticos. Aun así, las consideraciones pragmáticas
se hacen necesarias en la descripción de numerosos aspectos de la gramática. En un sentido más amplio, la
gramática comprende, además, el análisis de los sonidos del habla, que corresponde a la fonética, y el de su
organización lingüística, que compete a la fonología.
Definición de Semántica
El término semántica (del griego semantikos, "lo que tiene significado") se refiere a los aspectos del
significado, sentido o interpretación de signos lingüísticos como símbolos, palabras, expresiones o
representaciones formales. En principio cualquier medio de expresión (lenguaje formal o natural) admite
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una correspondencia entre expresiones de símbolos o palabras y situaciones o conjuntos de cosas que se
encuentran en el mundo físico o abstracto que puede ser descrito por dicho medio de expresión.
- Dar cuenta de las relaciones que mantienen las palabras en virtud de su significado: Cualquier
hablante es, igualmente, capaz de establecer diferentes tipos de relaciones intuitivas entre los
significados de muchas palabras: entre joven y adulto, o entre bicicleta y manillar, o entre
caballo y corcel. Estas relaciones son relativamente estables y comunes, y ello permite suponer
que tanto las relaciones que se descubren como la organización del léxico que de ellas se deriva
responden no solo a una estructuración del léxico con realidad psicológica, sino también a algún
tipo de lógica interna que la teoría debe ser capaz de describir y caracterizar.
- Caracterizar los diferentes tipos de significado: Es común pensar que los significados están
esencialmente ligados a la realidad extralingüística a la que se refieren las palabras; y es común
pensar, en consecuencia, que la principal repercusión de una diferencia de significado entre dos
palabras se manifiesta en una diferencia inmediata en el tipo de realidad a la que hacen
referencia. Sin embargo, esto no es siempre así. Por ejemplo, la diferencia entre suspender y
catear no tiene nada que ver con el tipo de resultado al que estas palabras se refieren, y ambas
podrían intercambiarse en una oración sin que ello afectara a la verdad o falsedad de lo que se
dice: He suspendido las matemáticas / He cateado las matemáticas; lo que hace diferentes a
estos dos verbos es fundamentalmente el registro de uso con el que cada uno se asocia:
suspender se relaciona con un registro formal o neutro, mientras que catear evoca
inmediatamente una situación informal y coloquial. De modo semejante, la diferencia de
significado entre las palabras fresa y frutilla no tiene nada que ver con el tipo de entidad
referida, sino con la procedencia geográfica del hablante (digamos, España o Argentina). Y ello
indica que los parámetros de variación del significado son más amplios, e incluyen, entre otros,
factores situacionales, geográficos y sociales. El estudio de estos parámetros de variación debe
también formar parte de las tareas de una teoría semántica.
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- Explicar la variación contextual del significado: Una buena parte de las palabras varía de
manera más o menos acusada en función del contexto lingüístico en que aparezcan. Por
ejemplo, un verbo como abrir significa cosas ligeramente diferentes si lo que se abre es una
botella, un libro, un paraguas, la boca o la sesión inaugural de un congreso. Esta diversidad no
parece suponer ningún problema de uso para los hablantes de una lengua. Lo esperable sería,
por lo tanto, que estas variaciones de significado fueran, en cierto modo, predecibles; y si este es
el caso, la teoría semántica debería explicar cuáles son los principios que las determinan.
- Explicar cómo surgen nuevos significados: Una propiedad sorprendente del significado es su
flexibilidad, que le permite adaptarse siempre a nuevas situaciones. Las palabras van ampliando
sus significados y adquiriendo contenidos nuevos para adaptarse a los cambios de la realidad
que nos circunda. Por ejemplo, hace poco más de 30 años por ratón entendíamos
preferentemente un cierto tipo de roedor, mientras que ahora el significado que a muchos nos
resulta más familiar y más inmediato es el que nos permite relacionar esta palabra con una
cierta clase de dispositivo informático. La creación de nuevos significados a partir de otros ya
existentes no es arbitraria, sino que tiene que tener algunas bases estables; otra de las tareas de
la Semántica es explicar cuáles son los principios generales que determinan las extensiones y los
cambios de significado.
Escandell Vidal, Victoria. Apuntes de semántica léxica. Uned. España: 2007 (Libro electrónico)
significado de cada una de las diferentes palabras anteriores, se denomina lexema. La noción de lexema
representa uno de los conceptos básicos de la Semántica léxica. Los lexemas comparten con las palabras la
propiedad de no admitir interpolaciones internas, pero se distinguen de ellas en que no satisfacen el criterio
de independencia y de movilidad: la mayor parte de los lexemas no puede aparecer aisladamente. Se dice,
entonces, que los lexemas son formas ligadas (por oposición a las palabras, que son formas libres). Los
lexemas pueden ir acompañados por diferentes clases de afijos, que son también formas ligadas: en el caso
de la palabra aerotransportadas, junto al lexema port podemos distinguir los prefijos aero- y trans-, y los
sufijos de participio, de género y de numero - d-a-s.
(Los afijos son secuencias lingüísticas que se anteponen (prefijos), se posponen (sufijos) en una
palabra para modificar su significado).
Lema: Las tareas de definición del significado que acometen los diccionarios convencionales
requieren el manejo de palabras. Sin embargo, no todas las palabras de una lengua aparecen en el
diccionario: figuran libro y libraco, pero no libros o libritos. Cada una de las palabras que se definen en un
diccionario se denomina lema. Los criterios básicos de selección de los lemas son los siguientes: para las
palabras variables en cuanto al género, el masculino singular; para las formas verbales, el infinitivo.
Escandell Vidal, Victoria. Apuntes de semántica léxica. Uned. España: 2007 (Libro electrónico)
El signo
En primer lugar, el signo ofrece datos sobre la realidad representada, es un conjunto de elementos
que están en lugar de otra cosa y que la designan. Esa imagen mental no es el objeto real, sino sólo una
“copia” con algunas características - no todas – de la cosa que existe. El signo, además, es una interpretación
de la realidad representada.
El signo es siempre también una hermenéutica, es decir, la interpretación de algún sentido que tiene
la realidad conocida. Cada vez que pensamos o imaginamos alguna realidad, hacemos una reproducción
mental de la misma, pero bajo el aspecto o la forma en que nuestra mente la percibe, y por tanto
interpretamos las informaciones recibidas. La percepción del ser (sea éste real, pensado o imaginado) inicia
nuestro diálogo con las cosas, y los signos son un modo de apropiarse y de interpretar el mundo.
En conclusión, el signo es un simulacro de la realidad que comienza en nuestra mente. Es correcto
decir, entonces, que el pensamiento, la idea, es un signo, porque está en lugar de otra cosa, de cualquier
ente percibido dentro o fuera de nosotros, o simplemente creado por nuestra fantasía.
Pero también son signos muchos otros objetos construidos con el propósito de estar en lugar de
otras cosas: una foto, la señal vial, un gesto para saludar... y todo aquello que podemos tomar
convencionalmente como signo.
Llegamos a la definición clásica del signo: aliquid stat pro aliquo (algo está en lugar de otra cosa), y
aparece así su dimensión relacional: un objeto presente se relaciona con otro que está ausente. Esa relación,
sin embargo, requiere de alguien que percibe la línea de conexión entre los dos objetos, es decir, alguien que
actualice la realidad del signo. Tenemos entonces este juego de relaciones: “A” está por “B” y esa sustitución
es reconocida por “C”. Lo que equivale a decir que “A” es signo de “B” y lo percibe “C”. Según este esquema
cualquier cosa puede asumir una relación sígnica, con tal que “esté en lugar de...” y “para alguien” al que se
destina.
Otra faceta de la estructura del signo la podemos ilustrar analizando el siguiente ejemplo. Enciendo
mi computadora, introduzco un dispositivo de transmisión de información y me dispongo a escribir. De
pronto la máquina emite un sonido parecido a una alarma. Es la advertencia de que hay un virus; he
percibido un signo y debo tomar las precauciones necesarias. Me pregunto: ¿por qué ese sonido lo capto
como un signo? Porque todo signo tiene -semióticamente- las siguientes tres características.
- Una forma física por la cual se hace perceptible a los sentidos (el sonido de alarma),
- Debe referirse a algo diferente de sí mismo (advierte sobre la presencia de un virus),
- Alguien debe reconocerlo como tal, o sea, como signo (yo capto el significado).
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Hemos de agregar en seguida que esta explicación descarnada de la estructura del signo, no da
cuenta de todo lo que puede efectivamente desencadenar un signo a nivel comunicativo. A menudo, los
signos instauran una red de sentidos que va más allá del simple “reemplazar cosas”, porque la semiosis es un
fenómeno social, y los signos se mueven al interior de contextos, donde existe una constante y compleja
interacción comunicativa.
La realidad de los signos instaura el problema de saber qué condiciones son las que dan lugar al
reconocimiento de los signos, al mecanismo por el cual el sujeto separa los objetos en “simplemente cosas”
y en “cosas signos”.
• Una sensible llamada Significante. Puede ser acústica (los sonidos de las palabras), o bien
visual (letras de la escritura), pero siempre es algo material.
• Otra es inmaterial: la idea o concepto evocado en nuestra mente, y se llama Significado.
Saussure cita como ejemplo la palabra “árbol”: el significante es la forma física del término, mientras
que el significado es el concepto mental de “árbol”.
El signo, además, hace referencia a alguna cosa, y a esa realidad Saussure la denomina realidad
referencial; es el objeto, la cosa o el fenómeno, al cual se alude mediante el signo. Saussure pensaba que el
referente no integra la estructura del signo y que éste posee sólo una semblanza diádica.
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a. El representamen: es lo que funciona como signo para que alguien lo perciba, o sea,
la cosa que hace de signo, el signo mismo como tal, por ejemplo, las palabras de un idioma que han
sido creadas para ese fin. El representamen está siempre en lugar de otra cosa, es el sustentador o
portador de esa cosa para los que han de verla o considerarla en el signo.
b. El interpretante: es la idea del representamen en la mente del que percibe el signo, o
sea, es un efecto mental causado por el signo (otra idea del signo), apenas se inicia el proceso de
semiosis a través del representamen. En definitiva, el interpretante es otra representación referida
al objeto signo, es un significado de los significantes.
Hay que distinguir entre interpretante inmediato que es simplemente el significado del
signo, su potencial significativo, el interpretante dinámico constituido por el sentido captado por un
sujeto singular, y finalmente el interpretante en sí, formado por la o las interpretaciones que le
otorga al signo el sujeto singular, los nuevos signos de carácter lógico que él va engendrando.
c. El objeto: es aquello a lo que alude el representamen. Dice Peirce: “Este signo está
en lugar de algo, su objeto” -esto es- aquello al que el signo está referido. Nuevamente hay que
recordar que el objeto (igual que el referente), no necesariamente es una cosa concreta, puede
tratarse de ideas, de relaciones o de entes imaginarios y ficticios.
Interesa observar que Peirce define el signo no en relación con el significado de la cosa, sino
remitiéndolo a otro signo, generándose de ese modo una semiosis infinita, porque el interpretante
de una cosa “se convierte a su vez en un signo y así ad infinitum”. En efecto cualquier
representación sígnica -dice Peirce- “no es otra cosa que otra representación”.
Esta tríada del signo puede explicarse con un ejemplo. Si miramos el afiche de un hermoso paisaje (=
un signo), se produce un proceso de semiosis donde:
- El representamen es la imagen del afiche percibida como signo.
- El interpretante es la relación mental que establecemos entre el representamen y su objeto;
en definitiva es la idea del signo del afiche.
- El objeto es el paisaje aludido en el afiche.
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fundados en la lengua? Porque el lenguaje representa la forma más alta de una facultad que es inherente a
la condición humana, la facultad de simbolizar.
(…)
…esta <<facultad de simbolizar>>, incluso entendida en un sentido muy amplio, como <<la facultad de
representar la realidad por medio de un ‘signo’ como representativo de la realidad, y por lo tanto de
establecer una relación ‘significación’ entre alguna cosa y otra >>.
Tantos esfuerzos por descomponer el pensamiento a través de una descomposición progresiva del lenguaje
en palabras, en monemas, luego en fonemas, y finalmente en letras, coronados por una esperanza
confesada de lograr una ciencia del lenguaje previamente liberado de toda significación, expresan en
definitiva el deseo de crear una ciencia del lenguaje comparable en objetividad y en certeza a las partes más
indiscutiblemente ‘científicas’ de las ciencias de la naturaleza. (p51-55)
(…) El hombre parece que es engendrado por una forma capaz, no solo de hacerle nacer, crecer y
comportarse como todo otro animal, sino también de utilizar un número bastante grande de órganos,
necesarios para la vida y de los que tal forma le provee, para producir una especie de actividad de lujo, si se
le puede llamar así, que es el lenguaje. Los hombres mudos podrían vivir, e incluso, hablando rigurosamente,
formas especies de sociedades embrionarias, como ciertas bandas o grupos de animales salvajes, pero no
como sociedades como las formadas gracias al uso de la palabra. Ahora bien, solamente dentro de estas
sociedades es donde el hombre alcanza la perfección biológica de su especie. Aristóteles no duda de que la
forma propia del hombre, el alma intelectiva o racional, es la causa de la facultad de hablar que el hombre
posee. El alma intelectiva es quien le hace adquirirla para que el hombre pueda realizar plenamente su fin.
(p105-106)
Sobre la palabra y el concepto: Partiendo, como fiel peripatético, de la experiencia sensible, Tomás de
Aquino hace observar que verbum, lo <<dicho>>, o verbo, significa en primer lugar el verbo exterior, dicho o
hablado, que, como es un dato sensible, en este caso una percepción del sentido del oído, llama en primer
lugar la atención, antes y más vivamente de lo que lo hacen las imágenes o ideas simplemente dadas en la
conciencia. Por consiguiente, el primer sentido de la palabra <<verbo>>, dicho o vocablo, significa esta
palabra exterior, proferida, como decían los Estoicos, que hiere los oídos. La reflexión sugiere sin embargo
que este verbo exterior supone otro, el verbo interior, o mental, que puesto que es lo que el verbo exterior
tiene la función de expresar, es a la vez su causa eficiente y su causa final. Su causa final, puesto que, como
acaba de decirse, el verbo vocal lo proferimos para manifestar el verbo interior, que es su sentido y del que
es signo. Su causa eficiente, porque la causa del verbo exterior, proferido para significar lo que le parece
bien, es la voluntad. Así pues, del mismo modo que en el espíritu del artesano preexiste cierta imagen del
objeto exterior que aquél va a producir, así también en el pensamiento del que habla existe una especie de
modelo interior de la palabra que va a proferir al exterior.
Parece, pues, que Tomás de Aquino piensa aquí en la distinción entre lo que el excelente Egger llamaba <<la
palabra interior>> y el lenguaje que se habla, como suele decirse, en voz alta. Hace a este propósito, dos
observaciones importantes (…)
Primeramente, el verbo interior es <<lo que es significado por el verbo exterior>>. Es lo inteligido interior
mismo: verbum interius est ipsum interius intellectum, y ese entendimiento en su acto interior es lo que el
lenguaje hablado y oído manifiesta al exterior. Pero en segundo lugar, lo que el lenguaje hablado manifiesta
así al exterior no es lo que significa. <<El verbo proferido exteriormente significa que es entendido, no el
entender mismo, y respecto a ese entendimiento que es un hábito o potencia, tampoco los significa más en
tanto en cuanto pueden ser también objetos de intelección. El verbo interior es, pues, lo entendido interior
en sí mismo.
Y por ello, lo mismo que en el artesano se consideran tres cosas, a saber, el fin de la artesanía, su modelo y el
objeto mismo una vez producido, lo mismo se encuentra también un triple objeto en el que habla, a saber: lo
que es concebido por el intelecto, y que el verbo exterior proferido tiene la función de significar; y esto es el
verbo proferido sin voz en el secreto del corazón (verbum cordis); luego el modelo (exemplar) de la palabra
exterior que se llama lenguaje interior o verbo interior, y que está hecho a semejanza de la voz; y finalmente, el
verbo proferido al exterior, que se llama verbo de la voz (verbum vocis). Y lo mismo que en el artesano la
intención del fin está primero, seguida por la imaginación de la forma del objeto de artesanía, y al fin llega la
producción de este objeto al ser, así también el verbo del corazón precede en el hablante al verbo que es a
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imagen de la voz, y el verbo de la voz llega el último. (Tomás de Aquino. Quaestiones disputatae: De veritate, q.
IV. Art. I. Respondeo.)
(…)
Desde la perspectiva de análisis que acabamos de exponer, y que se apoya en el anterior de Aristóteles, De
la interpretación, <<las palabras (voces) son los signos de las intelecciones y las intelecciones son las
similitudes de las cosas. De donde se ve que las palabras (voces) se relacionan con las cosas que hay que
significar, gracias a la mediación de la concepción del intelecto. Por lo tanto, según que una cosa pueda ser
conocida por nosotros por medio del entendimiento, así podrá ser nombrada>>. La intelección del objeto
por la concepción del intelecto es poco más o menos lo que hoy se llama ‘concepto’, pero el uso de esta
palabra puede dar lugar a malentendidos de todas clases, el principal de los cuales es el olvido de este
principio: que lo que Tomás de Aquino llama verbo interior no ‘significa’ el objeto, sino que lo manifiesta por
medio del acto del entendimiento, mientras que la palabra, que en sí es un signo, significa directamente el
objeto que conoce el entendimiento. (p147-153)
Gilson, Etienne. Lingüística y filosofía. Madrid. Gredos: 1974
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Los enfoques referencialistas comprenden diferentes teorías. Algunas afirman que el significado de una
expresión es aquello a lo que la expresión se refiere, es decir, identifican el significado con el referente. Este
tipo de teorías obtiene buenos resultados con algunas expresiones, como los nombres propios. Comprender
el significado de una expresión como la de (1):
(1) Ramón ahora vive en Bruselas.
implica, entre otras cosas, establecer un vínculo entre el nombre Ramón y la persona a la que me quiero
referir; y, de modo semejante, supone asociar el nombre Bruselas con una determinada ciudad, que es la
actual capital de Bélgica.
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Esta manera de entender las cosas, que intenta caracterizar las relaciones entre la lengua y el mundo,
parece funcionar bien cuando se aplica a algunas expresiones, pero tropieza con algunas dificultades cuando
se aplica a otras. Las limitaciones de este enfoque son las siguientes.
En primer lugar, la teoría parece predecir, equivocadamente, que las expresiones que no tengan
referente no tendrán significado. En esta situación se hallan:
● Las expresiones que carecen de contenido descriptivo, es decir:
— las que poseen contenido gramatical, como ahora bien o por lo tanto;
— las que tienen contenido expresivo, como ajá o caramba;
— las que, sin carecer exactamente de contenido descriptivo, no sirven para describir estados de cosas
preexistentes, porque es precisamente la utilización de la expresión en las condiciones adecuadas la que
crea nuevos estados de cosas. A esta categoría pertenecen los llamados predicados realizativos, como Yo os
declaro marido y mujer o Queda inaugurado este pantano.
● Las expresiones que no tienen un referente en la realidad. En esta situación se encuentran:
— las que aluden a entidades abstractas, como la tranquilidad que se respiraba allí o el deseo de
volver a verla)
— las que aluden a seres o acontecimientos imaginarios, como en Luke Skyxvalker regresó al planeta
Tatooine.
El hecho de que no podamos identificar un referente en el mundo real no implica, sin embargo, que las
expresiones anteriores carezcan de significado.
El enfoque referencialista no está, como vemos, exento de problemas. Ahora bien, la identificación
entre el significado de una expresión y su referente representa simplemente una versión posible (y, además,
la más extrema) de las teorías referencialistas. Sin embargo, no es, ni mucho menos, la postura más común
en la actualidad. De hecho, y para hacer frente a las desventajas que acabamos de mencionar, se han ido
proponiendo nuevas distinciones que permiten dar cabida a algunos de los fenómenos que quedaban
excluidos. Por ejemplo, para evitar algunos de los problemas, hay que conceder que el referente no tiene
que ser necesariamente una entidad física. La relación de referencia no puede limitarse, por tanto, a lo que
solemos llamar «el mundo real», sino que puede establecerse también con respecto a mundos imaginarios,
como, por ejemplo, los que creamos cuando hablamos de posibilidades o deseos, o los que se construyen en
los relatos de ciencia-ficción.
Para evitar los escollos que se plantean a propósito de la equiparación (inadecuada) de todas las
expresiones que tengan un mismo referente, resulta necesario establecer algunas distinciones ulteriores,
que permitan refinar el modo de abordar las relaciones entre una expresión y su referente. Para empezar, es
preciso distinguir entre las expresiones que tienen un referente constante, único, que no varía de situación
a situación, como el Océano Atlántico o el Sol, y las expresiones (que constituyen la mayor parte) que tienen
un referente variable, es decir, un referente que cambia en función de las circunstancias en que se emplee
la expresión. Por ejemplo, la expresión el presidente de la comunidad de propietarios no sólo cambia de
referente en función de cuál sea la comunidad concreta que estemos considerando, sino que incluso dentro
de una misma comunidad típicamente lo hace cada año, según quién sea la persona elegida para cada
mandato. Las expresiones con contenido deíctico, como yo, tú, allí, etc., tienen también referente variable.
Para dar cuenta de estas diferencias y a la vez resolver el problema planteado por la no equivalencia de
muchas expresiones correferenciales, el matémático alemán Gottlob Frege propuso una vía de solución.
Frege postuló la necesidad de distinguir entre la referencia de una expresión y su sentido. El sentido viene
determinado por las relaciones que contrae la expresión con otras expresiones dentro del sistema. El
sentido de una expresión es el modo en que dicha expresión presenta al referente, y por ello recibe también
el nombre de modo de presentación. Por ejemplo, en una situación dada, las expresiones la chica de las
gafas y la segunda empezando por la derecha pueden ser correferenciales; sin embargo, la manera de cada
una de presentar o introducir el referente es bien distinta.
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La noción de sentido surge del mundo de las matemáticas. Determinar el sentido de una expresión
puede ser relativamente fácil cuando el sistema al que pertenece es relativamente limitado y está
explícitamente definido; resulta, sin embargo, algo más complicado cuando no se está en condiciones de
tomar en consideración otros modos de presentación diferentes, tal y como ocurre a menudo en el uso
espontáneo de la lengua, de modo que la noción no es fácil de aplicar en los términos en que fue
originalmente propuesta. Por ello, a partir de la noción de sentido de Frege, algunos autores han propuesto
reelaboraciones de tipo cognitivo. En ellas, el sentido es la parte constante del significado, la que no varía
cuando los referentes cambian. Conocer el sentido de una expresión es precisamente lo que permite
identificar el referente adecuado en cada conjunto diferente de circunstancias. Aunque intuitivamente
correcta, esta noción de sentido puede resultar algo vaga e imprecisa.
Para poder caracterizar el contenido estable de una expresión de una manera un poco más objetiva,
algunos autores recurren a nuevos conceptos. Tomemos, por ejemplo, una expresión de referencia variable
como el libro de Semántica. Esta expresión puede utilizarse para hacer referencia a un número diferente de
objetos, entre los que están los diferentes ejemplares de este manual, y también los ejemplares de los
diferentes manuales recomendados en la bibliografía. Pues bien, el conjunto de todos los libros a los que
podemos designar con la expresión libro de Semántica constituye la extensión. La extensión de una
expresión es, por tanto, el conjunto de todas las entidades que pueden constituir el referente de dicha
expresión. Este concepto puede aplicarse también a las expresiones de referente constante, que
presentarán simplemente la particularidad de tener extensiones formadas por un único elemento. La noción
de extensión supone un paso adelante en el nivel de abstracción.
Y todavía se puede dar un paso más, si consideramos no el conjunto de referentes, sino el vínculo que
existe entre dicho conjunto y la expresión: denominamos denotación a la relación que se establece entre
una expresión y su conjunto extensional. La denotación es, por tanto, una relación constante, que no varía
de contexto a contexto y de situación a situación: mientras que la referencia es una relación que se crea en
el acto mismo de utilizar una expresión para aludir una entidad concreta, la denotación es una propiedad
intrínseca de las expresiones.
De este modo, disponemos de nuevas herramientas, más abstractas, para caracterizar las conexiones
entre la lengua y el mundo. Para la mayoría de los enfoques actuales, el de denotación es un concepto clave
en la teoría semántica.
El identificar el significado con una imagen mental nos permite «visualizar», obviamente, el significado
de las expresiones que designanres y objetos de la realidad; pero también nos permite representamos
entidades imaginarias (un unicornio, una sirena).
Este enfoque, aun estando muy cerca de la visión que los hablantes tenemos del significado, y, pese al
innegable atractivo que posee, no constituye una base lo suficientemente sólida como para desarrollar una
investigación fundada sobre esta perspectiva. Sus limitaciones son las siguientes. En primer lugar, hay
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expresiones para las que no resulta fácil producir una imagen mental. Entre las expresiones que se
encuentran en esta situación podemos señalar:
• Las expresiones con contenido gramatical: ¿qué imagen le corresponde a expresiones como también o sin
embargo?
• Las expresiones de contenido abstracto: ¿qué imagen le corresponde a expresiones como La quietud de
aquel lugar me tranquilizaba?
• Las expresiones de contenido expresivo: ¡córcholis!
Por otro lado, las imágenes mentales son representaciones privadas: cada individuo puede
representarse una expresión a su manera. Si esto es así, también el significado de una expresión variará
considerablemente de individuo a individuo. ¿Cuál de estas imágenes asociamos con árbol?
Podríamos esperar que, en función, por ejemplo, del momento, de la procedencia geográfica, de la
experiencia personal o simplemente de las preferencias, diferentes personas elijan diferentes imágenes, o
incluso qué la imagen que un individuo tiene no se corresponda en absoluto con ninguna de las aquí
reproducidas. Esta dificultad afecta a todo tipo de expresiones, desde las más básicas (como los nombres
comunes) a las más abstractas. A partir de representaciones tan dispares, es muy difícil construir una teoría.
La identificación del significado con una imagen mental representa una de las posibles versiones de una
teoría representacionalista del significado. Para salvar las dificultades que acabamos de señalar, se han
propuesto otros enfoques. El más conocido es el que postula que las representaciones mentales no deben
identificarse con imágenes, sino con conceptos. Un concepto es una representación mental que recoge sólo
los rasgos esenciales y constitutivos de una entidad. Gracias a estos rasgos podemos identificar entidades y
relacionar sus propiedades con las de otras entidades semejantes. Los conceptos son, por tanto, mucho más
abstractos que las imágenes mentales. El concepto asociado a una expresión puede identificarse con lo que
en teoría de conjuntos se denomina comprensión o intensión: la comprensión (o intensión) es el conjunto
de rasgos que comparten los elementos pertenecientes a un conjunto. Por ejemplo, consideremos de nuevo
el conjunto formado por todos los libros de Semántica. Podemos definir dicho conjunto por extensión, esto
es, listando uno por uno los diferentes ejemplares que lo constituyen; o podemos hacerlo por comprensión
(o intensión), es decir, expresando las propiedades características que los unen: la de SER LIBROS (y no folletos
o enciclopedias) y la de TRATAR DE SEMÁNTICA (y no de Sintaxis o de Geología).
De este modo, se pueden resolver algunas de las dificultades apuntadas más arriba. De entrada, al
eliminarse la necesidad de que la representación mental tenga componentes visuales, se eliminan en parte
los problemas relacionados con los significados que difícilmente se asocian con imágenes visuales. Y, por
otro lado, al manejarse una noción abstracta que contiene sólo rasgos esenciales, se corrigen los problemas
derivados de la variabilidad inherente a las imágenes mentales: la imagen que cada uno de nosotros asocia a
una expresión puede ser muy diferente; los conceptos, en cambio, tienen la estabilidad cognitiva e
intersubjetiva necesaria para asegurar la categorización y la comunicación entre individuos diferentes.
Por otra parte, para que pudiéramos pensar que la noción de concepto es plenamente operativa,
deberíamos poder definir de manera totalmente precisa y explícita el contenido de cada concepto. A
primera vista, esta tarea no parece difícil: bastaría con proponer, para cada concepto, un conjunto de rasgos
o de criterios necesarios y suficientes. Por ejemplo, para caracterizar el concepto de oro habría que dar los
criterios que permiten distinguir el oro de otros metales. Estos criterios existen y hacen posible una
identificación inequívoca de lo que es oro frente a lo que no lo es. Pero esos criterios los conoce sólo el
experto; el hablante común habitualmente no sabe cuáles son estas propiedades definitorias; y, sin
embargo, ello no quiere decir necesariamente que los hablantes se equivoquen o que usen el término sin
propiedad o sin el debido fundamento. No parece sensato afirmar que sólo quien conoce con precisión los
criterios necesarios y suficientes que definen el oro tiene una representación correcta del concepto y, por lo
tanto, del significado del término oro.
31
Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
o El significado no convencional
Generalmente solemos dar por sentado que las lenguas naturales funcionan como códigos, es decir,
como sistemas que emparejan signos y mensajes de una manera constante: la lengua establece una relación
diádica, convencional y arbitraria entre representaciones fonológicas (significantes) y representaciones
semánticas (significados). También habitualmente partimos de la base de que, cuando nos comunicamos por
medio del lenguaje, lo que hacemos es simplemente codificar información, esto es, elegimos las
representaciones fonológicas que corresponden al contenido semántico que deseamos transmitir.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
Estas dos ideas —la de que las lenguas son códigos, y la de que comunicarse consiste en codificar y
descodificar información—, que gozan de extraordinaria popularidad y difusión, pueden resultar útiles en
algunos momentos y para algunos propósitos concretos, pero dibujan sólo un esquema muy simplificado de
la comunicación. La realidad se encarga pronto de demostrar que las cosas no son tan sencillas. La idea de
que la lengua en la comunicación funciona como un código no es adecuada. No hay una correspondencia
biunívoca constante entre representaciones fonológicas e interpretaciones. Y, sin embargo —y en contra de
lo que pudiera esperarse—, esto no constituye necesariamente un obstáculo para la comunicación. De
hecho, contamos siempre con la posibilidad de que haya una cierta separación entre lo que se dice (entre los
significados literales de las palabras que se pronuncian) y lo que se quiere decir (la intención comunicativa
subyacente): por eso hablamos con absoluta naturalidad de leer entre líneas, de la diferencia entre el
espíritu y la letra de un texto; o decimos cosas como cuando dije aquello, lo que quería decir en realidad
era... Hemos desarrollado complejos mecanismos de inferencia que entran en funcionamiento
automáticamente para hacernos recuperar lo que nuestros interlocutores quisieron decir a partir de lo que
realmente dijeron. Estamos usando constantemente estrategias que nos conducen a contextualizarlo todo
de la mejor manera posible para que encaje y tenga sentido.
o Sintaxis y contexto
Examinemos ahora un segundo hecho. Sabemos que existen lenguas que tienen un orden de
palabras en la frase relativamente libre, mientras que otras lenguas lo tienen más bien fijo. En general, la
explicación más extendida que suele darse a este fenómeno se funda en el tipo y en el grado de
caracterización formal de las relaciones de dependencia estructural entre los constituyentes. Se parte del
supuesto de que las lenguas tienen al menos dos maneras de marcar estas relaciones: el orden de palabras y
la morfología (sea por afijación o por medio de adposiciones). Cada lengua decanta sus preferencias hacia
uno de esos procedimientos. Se establece entonces la siguiente correlación: cuanto mejor caracterizadas
estén desde el punto de vista morfológico las relaciones sintácticas, menor necesidad habrá de marcarlas
con el orden de palabras.
Los datos del español y de otras muchas lenguas de orden de palabras relativamente libre, como el
polaco o el húngaro, muestran con claridad que no todas las frases que comparten las mismas condiciones
veritativas resultan adecuadas en los mismos contextos. Veamos un ejemplo muy simple.
a. Juan ama a María
b. A María la ama Juan
c. Juan a María la ama
A primera vista se diría que las frases son equivalentes, ya que describen siempre el mismo estado
de cosas, de modo que no se puede decir que una es verdadera, y las otras son falsas sin incurrir en una
grave contradicción.
Ahora bien, si fueran totalmente equivalentes deberían poder intercambiarse en todos los
contextos; pero esto no es así. En el ejemplo siguiente vemos cómo las continuaciones propuestas varían en
su aceptabilidad de acuerdo con el orden de palabras de la secuencia precedente.
Lo que estos contrastes muestran es que cada uno de los diversos órdenes de palabras trata cada
constituyente oracional de forma diferente desde el punto de vista comunicativo. En cada una de las frases
de (6) hay una parte del contenido informativo que se presenta como un hecho establecido (como un
conocimiento compartido por los interlocutores), mientras que otra parte se introduce como información
«nueva»: en (6a) hablamos de Juan, y la información que aportamos se refiere a si odia o ama a María, o si
es a María a quien ama; en (6b) lo que no se cuestiona es el predicado (que María es amada), y se introduce
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
la información sobre la identidad de la persona que la ama; y en (6c) se da por supuesta una relación entre
Juan y María, y se precisa que es de amor. Esta no es, ni mucho menos, una peculiaridad del español. Las
lenguas de orden de palabras libre presentan este mismo tipo de efectos.
A la vista de todo ello, parece claro que puede hablarse de orden de palabras libre sólo si se adopta
una perspectiva formal. Efectivamente, en español no hay ninguna regla sintáctica que impida ninguno de
los órdenes de (5); sin embargo, el empleo de cada una de las variantes está estrictamente condicionado por
el conocimiento previo de la situación.
En resumen, si contemplamos los hechos desde un punto de vista general, resulta evidente que
incluso algunos aspectos típicamente gramaticales, como el orden de palabras, están determinados por
factores de tipo contextual o situacional, especialmente en lo que se refiere al contraste entre la información
que se presenta como compartida por los interlocutores y la que se considera nueva. La cuestión no puede,
pues, plantearse exclusivamente en términos de corrección gramatical, sino también de adecuación
discursiva. Y, puesto que para explicar los contrastes existentes vuelve a ser necesario recurrir a conceptos
como los de interlocutor, situación, contexto o conocimiento compartido, parece claro que sólo un enfoque
pragmático podrá dar cuenta de manera completa de las condiciones que regulan la elección entre las
diversas variantes.
o Referencia y deíxis
Desde el punto de vista de la comunicación, comprender una frase no consiste simplemente en
recuperar significados, sino también en identificar referentes. No basta con entender las palabras; hay que
saber a qué objetos, hechos o situaciones se refieren. Imaginemos que encontramos un papel en el suelo
con el texto siguiente:
«Te espero mañana donde siempre»
Como hablantes nativos del español, conocemos todas las palabras que aparecen en ese mensaje y
somos capaces de caracterizar su significado sin especiales dificultades. Aun así, y fuera de todo contexto o
situación, nos veremos obligados a admitir que no sabemos a qué se refiere el mensaje, ni cuáles pueden ser
sus implicaciones. Y es que, para poderlo dotar de todo su contenido, nos falta información, al menos, sobre
los siguientes aspectos:
¿quién es el yo que promete esperar?
¿a quién va dirigido el mensaje?
¿cuándo es mañana?
¿dónde es donde siempre?
Sin conocer todos esos datos, no podemos decir que estemos en condiciones de interpretar el
mensaje hasta sus últimas consecuencias. Todas las lenguas tienen formas especiales para codificar
diferentes tipos de elementos de dicha situación: los deícticos.
Entre ellos se encuentran no sólo los pronombres personales de primera y segunda personas en
todas sus formas, los demostrativos, los posesivos, y muchos adverbios de lugar y de tiempo; debemos
contar también los morfemas de tiempo de la flexión verbal y las fórmulas de tratamiento. Además, habría
que añadir todas las formas anafóricas y catafóricas, es decir, aquellas que se usan en el discurso para hacer
referencia a algunas partes del propio discurso.
Una vez más, nos encontramos con que una parte importante de la interpretación de un gran
número de enunciados depende decisivamente de los factores extralingüísticos que configuran el acto
comunicativo: conocer la identidad del emisor o del destinatario y conocer las circunstancias de lugar y
tiempo de emisión se ha convertido en un requisito imprescindible para conseguir una interpretación plena.
Y una vez más, también, resulta evidente que sólo desde una perspectiva pragmática se podrá tener acceso
al tipo de información necesaria para lograr este objetivo.
Contexto
Uno de los elementos que configuran materialmente el acto comunicativo es el entorno, que en
muchos lugares aparece designado como contexto o situación espaciotemporal. Es el soporte físico, el
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
«decorado» en el que se realiza la enunciación. Incluye como factores principales las coordenadas de lugar y
tiempo. Pero representa algo más que un mero escenario. En muchos casos, la situación espaciotemporal es
un factor determinante: las circunstancias que imponen el aquí y el ahora influyen decisivamente en toda
una serie de elecciones gramaticales y quedan reflejadas habitualmente en la misma forma del enunciado; y,
a la vez, constituyen uno de los pilares en que se fundamenta su interpretación.
Es habitual utilizar términos como entorno o contexto para referirse a un concepto sólo
parcialmente coincidente con el que acabamos de definir. Por citar simplemente el caso más conocido para
los lingüistas, recordemos que Coseriu (1967, 313 ss.) habla de contexto extraverbal para referirse al
conjunto de «circunstancias no lingüísticas que se perciben directamente o que son conocidas por el
hablante», es decir, a todo aquello que, física o culturalmente, rodea al acto de enunciación.
Otro término a tener en cuenta es el de contexto verbal o lingüístico (también denominado
cotexto). Darmesteter, por ejemplo, habló de los diversos elementos de una oración que “concurren”, por
su distribución y su colocación, a modificar el significado de las palabras individuales. El contexto
estrictamente verbal no está restringido a lo que precede y sigue inmediatamente, sino que puede abarcar
todo el pasaje, y a veces el libro entero, en que se encuentra la palabra. Esta tendencia es particularmente
notable en la crítica estilística, en donde con frecuencia se reconoce que la significación completa de un
término importante sólo puede captarse a la luz de la obra en su conjunto. Cuando se comienza a leer la
novela La peste, de Camus, la palabra “peste" parece referirse al principio a la enfermedad específica que
devastó la ciudad de Orán por los años de 1940. Al avanzar la lectura percibimos gradualmente que el
término tiene asimismo diversas capas superpuestas de significación simbólica: es una alegoría de la
ocupación alemana de Francia y, en un sentido más amplio, del mal en todos sus aspectos metafísicos y
morales, y todas estas implicaciones continúan ensanchándose y ahondándose hasta la oración final del
libro.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
Competencias
En primer lugar, debemos preguntarnos ¿qué se entiende por competencias? Son los saberes y
conocimientos que cada uno posee en relación a diversos temas y objetos. Es decir, estamos hablando de las
diferencias en la adquisición de bienes simbólicos y culturales. Las dificultades y facilidades que tenemos
cuando atravesamos por diferentes circunstancias se deben a las competencias que tenemos o que no
tenemos.
La adquisición de competencias es permanente y se lleva a cabo de diferentes maneras que tienen
que ver con:
-hábitos de conducta
-experiencias propias y ajenas
-relaciones sociales, grupales, etc.
Por ejemplo: el código de la lengua es potencialmente común a todos los hablantes, pero algunos lo
hablan mejor que otros, según la situación en que se encuentren y por las que hayan atravesado, ya que el
lenguaje se aprende en situación, es decir, bajo condicionamientos o restricciones que impone la misma
práctica.
Esto significa que no todos tenemos el mismo conocimiento de la lengua ni la misma experiencia, ni
la usamos de la misma manera, ni hablamos y escuchamos del mismo modo. Es decir, algunos, tenemos
mayor o menor conocimiento que otros para la codificación y decodificación de los mensajes.
Analicemos algunas de las competencias que aparecen en el cuadro:
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
f) Los participantes deben ser capaces de adecuar los enunciados según la especialidad (ocupación,
profesión, actividad) y el dominio (esfera de la actividad, situaciones sociales)
Las competencias lingüísticas son los conocimientos que poseemos de la gramática de la lengua es
decir, sobre la formación de enunciados de la lengua. La competencia comunicativa incluye a la anterior y la
pone en circulación junto con otros saberes o conocimientos de una misma sociedad.
Si hablamos de competencias lingüísticas podemos preguntarnos acerca de las competencias no
lingüísticas, es decir, las paralingüísticas: es el lenguaje que no utiliza palabras sino gestos, miradas, mímica.
3) DETERMINACIONES “PSI”
Las competencias anteriores están atravesadas por un conjunto de determinaciones individuales de
las que tampoco somos demasiados conscientes y que pueden alterar en diferentes sentidos los mensajes.
Son las determinaciones “psi”, esto es, psicológicas, psicoanalíticas, psiquiátricas.
No es una competencia que se adquiere sino una determinación a la que uno está sujeto.
También en nuestras comunicaciones ordinarias hacemos un uso continuo de metáforas, y casi sin
darnos cuenta saltamos de un significado propio de un término, a otro llamado figurado o metafórico. En
este proceso se produce un cambio semántico del sentido literal de un término o de una frase, por otro. Si
digo, por ejemplo: “Mi negocio marcha viento en popa”, designo la palabra bien o éxito con viento en popa,
que ahora asume un valor metafórico por la semejanza que se establece entre “un negocio que marcha
bien” y un barco a vela que también avanza y “marcha bien” por el mar a causa del viento favorable que
sopla desde popa.
En las metáforas se amplían los significados de los enunciados, de manera que aumentan los valores
contenidos en ellas. Los rasgos de unos términos o unas frases, al relacionarse con los de la imagen
metafórica, expanden sus significaciones. En cierto modo la metáfora es siempre una forma de redundancia,
ya que ella formaliza la relación mediante una comparación. Afirmar de un político que es “un zorro astuto”,
resulta una comparación más impactante que designarlo simplemente como “hombre hábil”.
Es propio, pues, de las metáforas tener una estructura comparativa. En ellas se establecen dos
términos:
Uno que es el ser real (A) y un segundo el ente que funge de comparación metafórica (B), enlazados
ambos a través del verbo “ser”. La fórmula es entonces:
“A se parece tanto a B que:
A es como (o similar a) B”
Véase este ejemplo: Matilde es una paloma, donde Matilde (A) es comparada (como o similar) con
una paloma (B). Hay muchas metáforas que ya se han anclado y establecido en el lenguaje social y que todo
el mundo utiliza, sin necesidad de ser explicadas. Otras veces, en cambio, se crean metáforas ex novo en
discursos y conversaciones de toda clase. Y acá entra a jugar un papel preponderante el contexto
pragmático. Por tanto, sería falso pensar que las metáforas se basan únicamente en la fuerza semántica de
los términos, como si fuese el valor lingüístico el que las genera.
Hay situaciones históricas y culturales que dan origen a nuevas metáforas que luego se difunden
rápidamente. Las nuevas tecnologías electrónicas a veces se usan para metaforizar un hecho, por ejemplo:
“Esa cabeza es un chip”, para aludir a un estudiante inteligente y rápido para entender.
Debemos decir, entonces, que las metáforas funcionan y son comprendidas dentro de un proceso
pragmático, y (…) de acuerdo a ciertos patrones de inferencia que permiten la interpretación correcta de las
mismas. Si digo:
“Juan es una bala”, infiero que es rápido y veloz como una bala. Es una metáfora fácilmente
comprensible. En cambio hay otras que dependen de contextos y usos lingüísticos locales que hacen más
compleja su interpretación. En Argentina es comprensible la metáfora: “Es una persona con mucha polenta”,
pero resulta enigmática en otros países latinoamericanos.
También hay metáforas cuyo rasgo atribuido al objeto real es incompatible con el significado del
término asumido metafóricamente. La frase “Es débil como un crustáceo” recoge una información errada
acerca de los crustáceos, que son artrópodos muy fuertes y resistentes que han sobrevivido a muchos
cataclismos del planeta a lo largo de millones de años.
Es la conclusión que toda metáfora necesita de un adecuado contexto pragmático para ser
correctamente comprendida, dicho de otro modo, ella funciona en relación con la situación de los hablantes,
con las estrategias de inferencias espacio-temporales, con los procesos comunicativos, etc. Excluida del
contexto, la metáfora no puede descifrarse en forma cabal, ya que la decodificación de los términos, no es
sólo cuestión de las propiedades semánticas abstractas y generales consignadas en el diccionario, sino que
depende de los mecanismos pragmáticos vigentes. Los enunciados metafóricos desbordan las reglas y los
espacios semánticos, porque cuando hablamos con el propósito de decir algo con sentido, nos manejamos
con herramientas fiables en un determinado contexto, usamos estrategias de creación o de reconocimiento,
echamos mano a valores de interpretación pragmática, calculamos la vigencia de los principios o categorías
que regulan las conversaciones corrientes, buscamos las propiedades y cualidades de los términos
metafóricos que mejor resultan comprensibles, recurrimos a las comparaciones compatibles con las
situaciones que vivimos, ampliando o restringiendo el valor de la metáfora. Lo normal es que nadie usa una
metáfora en un contexto en que casi nadie las puede comprender.
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Si alguien le dijera a un grupo de campesinos del altiplano andino: “Ustedes deben trabajar con la
rapidez de un chip”, si bien se trata de una comparación explícita, seguramente nadie entendería el
significado de chip, porque no están familiarizados con la computación. Si la pretensión de toda metáfora es
comunicar algo, entonces el emisor que la codifica, deberá tomar las precauciones necesarias a fin de utilizar
aquellas formas que inducen a una interpretación clara del enunciado. Otro problema distinto es saber si la
metáfora sólo se construye para explicitar un contenido, o si se busca ocultar y hacer más enigmático un
mensaje.
LA METONIMIA:
Según la define el diccionario, METONIMIA ES LA FIGURA POR CUAL SE DESIGNA ALGO CON EL
NOMBRE DE OTRA COSA.
De acuerdo con esta definición, algunos la consideran un caso particular de la metáfora, otros la
llaman "metáfora sin fantasía".
1. Se dice el efecto de algo, en lugar de la causa. Por ej.: Respeto sus canas, por eso me callo
(en lugar de: Respeto su edad, por eso me callo); Cecilia es el orgullo de la familia (en lugar
de: Cecilia es causa de orgullo para su familia).
2. Se dice el signo en lugar de la cosa significada. Por ej.: Sean eternos los laureles que supimos
conseguir (en lugar de: Sea eterna la gloria que supimos conseguir - los laureles son signo de
gloria); Tuvieron que aguantar las botas unos cuantos años (en lugar de: Tuvieron que
aguantar a los militares unos cuantos años - las botas recuerdan el uniforme de los
militares-).
3. Se nombra el instrumento y no la persona que lo usa. Por ej.: Guiaba el desfile el tambor
mayor (en lugar de: Guiaba el desfile el maestro y jefe de la banda de tambores; En la
Filarmónica, la segunda flauta no es de Mendoza (en lugar de: En la Filarmónica, el segundo
ejecutante de flauta no es de Mendoza).
4. Se nombra el autor en lugar de sus obras: Varios Chiapasco adornan el despacho (en lugar
de: Varias obras del pintor Chiapasco adornan el despacho); Para mis momentos de ensueño,
Vivaldi o Mozart (en lugar de: Para mis momentos de ensueño, obras musicales de Vivaldi u
obras de Mozart).
5. Se nombra el lugar de origen en vez del objeto: Estaba delicioso el málaga (en lugar de:
Estaba delicioso el vino dulce elaborado con uva de la tierra de Málaga, España); Esa
sustancia terrosa se llamó "magnesia" (Magnesia, en Tesalia, era una antigua región
montañosa de Grecia).
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LA SINÉCDOQUE:
Es una figura que consiste en ampliar o restringir el significado de un término, según los casos que se
verán a continuación:
- el género en lugar de la especie: "Los mortales se emocionan" en lugar de "Los seres humanos se
emocionan "La narración me conmovió" en lugar de "El cuento me conmovió";
- la especie en lugar del género: "Se gana el pan honradamente" en lugar de "Se gana el alimento (el
sustento) honradamente", Todo trabajador tiene derecho a la casa digna" en lugar de "Todo trabajador
tiene derecho a la vivienda digna";
- la parte en lugar del todo: "No tiene un techo seguro" en lugar de "No tiene una vivienda (casa,
morada) segura"; "Con la sequía se perdieron en el sur cerca de mil cabezas de ganado vacuno" en lugar de
"Con la sequía del sur se perdieron cerca de mil ejemplares de ganado vacuno";
-la materia de que está hecha una cosa, en lugar de la cosa misma: "Hoy el bronce guarda su
recuerdo" en lugar de "Hoy estatuas de bronce guardan su recuerdo"; "Con el intenso frío salieron a relucir
las pieles" en lugar de "Con el intenso frío salieron a relucir los abrigos de piel";
- el singular en lugar del plural: "El gallego es exagerado por excelencia" en lugar de "Los gallegos son
exagerados por excelencia"; "El acomedido siempre la saca mal" en lugar de: "Los acomedidos siempre la
sacan mal";
-el plural por el singular: "Los jueces deben obrar con ecuanimidad" en lugar de "El juez debe obrar
con ecuanimidad"; "Los cobardes siempre obran a espaldas de los demás" en lugar de "El cobarde siempre
obra a espaldas de los demás";
- lo abstracto por lo concreto: "La historia afirma" en lugar de "Los historiadores afirman"; "La
juventud es impaciente" en lugar de "Los jóvenes son impacientes";
- el continente por el contenido: "Se tomó dos vasos" en lugar de "Se tomó dos vasos de agua (de
vino, de gaseosa); "Me bebí dos tazas grandes" en lugar de "Me bebí dos tazas grandes de café (de té, de
leche, de jugo)
- un nombre propio (representativo de algo) en lugar del sustantivo común correspondiente: "Es un
Creso de la vida actual" en lugar de "Es un hombre opulento de la vida actual"; "Es como tratar con Al
Capone" en lugar de "Es como tratar con un mafioso".
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Pensamiento o referencia
Correcto Adecuado
Símbolo Referente
Representa
(una relación imputada)
Verdadero
Relación natural entre causa y efecto
Relación entre forma y contenido
Indica lo que algo representa para un individuo
La característica esencial de este diagrama es que distingue tres componentes del significado. Según
esta interpretación, no hay relación directa entre las palabras y las cosas que aquellas “representan”: la
palabra “simboliza” un “pensamiento o referencia” que a su vez “refiere” al rasgo o acontecimiento sobre el
que estamos hablando. No hay nada fundamentalmente nuevo en este análisis del significado; los
escolásticos medievales ya sabían que “vox significat median- tibus conceptibus” (la palabra significa
mediante los conceptos).
El triángulo básico ofrece a la vez muy poco y demasiado. Demasiado porque el referente, el rasgo o
acontecimiento no lingüístico en cuanto tal, claramente queda fuera de la provincia lingüística. Un objeto
puedo permanecer inalterado y, sin embargo, el significado de su nombre puede cambiar para nosotros si
hay alguna alteración de nuestra percepción de él, de nuestro conocimiento acerca de él o de nuestro
sentimiento hacia él. El lingüista será, por tanto, lo bastante avisado como para limitar su atención al lado
izquierdo del triángulo, a la conexión entre el “símbolo” y el “pensamiento o referencia”.
Es en este punto donde el esquema de Ogden y Richards no va lo suficientemente lejos. Da cuenta
de cómo actúa la palabra sobre el que escucha, pero parece descuidar el punto de vista del que habla. Para
el oyente, la secuencia de acontecimientos será como se muestra en el triángulo básico: al oír la palabra,
supongamos puerta, pensará en una puerta y así comprenderá lo que el que habla está diciendo. Para este
último, la secuencia será justamente la inversa: pensará, por una razón u otra, en una puerta, y esto le hará
pronunciar la palabra. Hay, por tanto, una relación recíproca y reversible entre el nombre y el sentido: si uno
oye la palabra pensará en la cosa, y si piensa en la cosa dirá la palabra. Es esta relación recíproca y reversible
entre el sonido y el sentido lo que yo propongo llamar el “significado” de la palabra. La elección de los
1
Ogden y Richards. El significado del significado. 1923
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términos es, por supuesto, de importancia secundaria, mientras sea aceptado el análisis mismo.
Tipos de significado
El significado es un concepto complejo y multifacético, y puede enfocarse desde puntos de vista
distintos. Por lo tanto, es frecuente hablar de tipos de significado diferentes, que corresponden a las diversas
vertientes:
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Las asociaciones connotativas de una palabra pueden ser individuales, pero pueden también
generalizarse entre un grupo extenso de hablantes. En este caso, las connotaciones pasan a formar parte
constitutiva del significado de una palabra.
Acepciones del término gato según la RAE:
gato1.
(Del lat. cattus).
1. m. Mamífero carnívoro de la familia de los Félidos, digitígrado, doméstico, de unos cinco decímetros de largo desde la
cabeza hasta el arranque de la cola, que por sí sola mide dos decímetros aproximadamente. Tiene cabeza redonda, lengua muy
áspera, patas cortas y pelaje espeso, suave, de color blanco, gris, pardo, rojizo o negro. Es muy útil en las casas como cazador de
ratones.
2. m. Bolso o talego en que se guardaba el dinero.
3. m. Dinero que se guardaba en él.
4. m. Instrumento de hierro que sirve para agarrar fuertemente la madera y traerla a donde se pretende. Se usa para echar
aros a las cubas, y en el oficio de portaventanero.
5. m. Máquina compuesta de un engranaje de piñón y cremallera, con un trinquete de seguridad, que sirve para levantar
grandes pesos a poca altura. También se hace con una tuerca y un husillo.
6. m. Trampa para coger ratones.
7. m. Instrumento que consta de seis o más garfios de acero, y servía para reconocer y examinar el alma de los cañones y
demás piezas de artillería.
8. m. coloq. Ladrón, ratero que hurta con astucia y engaño.
9. m. coloq. Hombre sagaz, astuto.
10. m. coloq. Hombre nacido en Madrid.
11. m. Carp. Instrumento de hierro o de madera compuesto de dos planchas con un tornillo que permite aproximarlas de
modo que quede fuertemente sujeta la pieza que se coge entre ambas.
12. m. Zool. Nombre aplicado a todos los félidos en general.
13. m. Arg. y Ur. Baile de movimientos rápidos, de pareja suelta que suele acompañarse de coplas cuya letra coincide con
las distintas figuras.
14. m. Arg. Música que acompaña ese baile.
15. m. C. Rica. Variedad de pastel, cortado rectangularmente, compuesto de dos tapas unidas con miel o conserva.
16. m. El Salv. bíceps braquial.
17. m. despect. coloq. El Salv. y Méx. Servidor (‖ persona que sirve como criado).
~ casero.
1. m. Nic. Ladrón que conoce la casa en la que ha robado.
~ cerval, o ~ clavo.
1. m. Especie de gato cuya cola llega a 35 cm de longitud. Tiene la cabeza gruesa, con pelos largos alrededor de la cara,
pelaje gris, corto, suave y con muchas manchas negras que forman anillos en la cola. Vive en el centro y mediodía de España, trepa a
los árboles y es muy dañino. Su piel se usa en peletería.
~ de agua.
1. m. Especie de ratonera que se pone sobre un lebrillo de agua, donde caen los ratones.
~ de algalia.
1. m. Mamífero vivérrido oriundo de Asia, de un metro de largo desde la cabeza hasta la extremidad de la cola, que mide
cerca de cuatro decímetros, de color gris con fajas transversales negras, estrechas y paralelas, crines cortas en el lomo, y cerca del
ano una especie de bolsa donde el animal segrega la algalia.
~ de Angora.
1. m. gato de pelo muy largo, procedente de Angora, en Asia Menor.
~ de clavo.
1. m. gato cerval.
~ de monte.
1. m. Hond. jaguarundí.
~ marino.
1. m. alitán.
~ montés.
1. m. Especie de gato poco mayor que el doméstico, con pelaje gris rojizo, rayado de bandas negras, y cola leonada con la
punta y dos anillos también negros. Vive en los montes del norte de España.
~ onza.
1. m. Arg. Ocelote.
~ romano.
1. m. El que tiene la piel manchada a listas transversales de color pardo y negro.
~ siamés.
1. m. gato procedente de Asia, de pelo muy corto y color ocre amarillento o gris, con la cara, las orejas y la cola más
oscuras.
cuatro ~s.
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- Tienen un significado poco accesible a la introspección. Cualquiera que tenga el español como
lengua materna sabe usar perfectamente los artículos, las conjunciones y los adverbios focales; sin embargo,
no es común que cualquiera sepa explicitar, ni siquiera de modo aproximado, cual es el significado de estas
palabras ni cuáles son sus condiciones de uso gramatical. De hecho, hacen falta muchos conocimientos
especializados para poder hacerlo.
Los diccionarios
Los nuevos diccionarios del español se proponen, precisamente, registrar usos y no solamente
definiciones e información gramatical. Pero para que se pueda hacer un análisis completo y autorizado de
todos los usos de todas las palabras y expresiones del español, tenemos que contar con estudios
dialectológicos y sociolingüísticos completos que abarquen a todas las comunidades de habla hispana y sus
diferentes variedades.
Pese a estas inevitables deficiencias, los diccionarios del español son muy ricos en informaciones
lingüísticas, aparte de darnos definiciones de cada unidad léxica. Debemos distinguir primero entre
diccionarios monolingües y diccionarios bilingües. Los estudiantes de español como segunda lengua utilizan
mucho los diccionarios bilingües, que contienen las equivalencias entre los términos de su lengua v los
españoles. De esta manera, si quieren expresar en español algo que les viene a la mente solo en su lengua,
les bastará con buscar la traducción de esa palabra. Claro que este es terreno resbaladizo, porque las
traducciones son aproximadas, y en el caso de que fueran precisas sucede que hay una serie de matices que
adquieren las palabras según los contextos y que no figuran en el diccionario.
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Gracias a estas fuentes y a las mejoras desarrolladas en su forma de consulta y utilización, los
lexicógrafos pueden hoy por hoy obtener los datos precisos para la toma de decisiones de carácter
normativo y para la preparación de las propuestas que posteriormente estudiarán las comisiones
académicas.
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diccionario#sthash.yIjxWK73.dpuf
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se encontrarán en otro catálogo de palabras del mismo diccionario: así se forman las redes de que
hablábamos antes: un asterisco lleva a otros, que llevan a otros.
Al comparar el artículo de María Moliner con el de otro diccionario de los grandes, por ejemplo el
VOX (Diccionario general ilustrado de la lengua española), se encuentra lo siguiente:
escatimar (quizá der. del gót. skattjan, evaluar) tr cercenar, escasear [lo que se ha de dar]: -
los alimentos.
Esta definición es mucho más breve y nos da solamente dos equivalencias, una de ellas considerada
poco usual por el diccionario de María Moliner. El Vox es un diccionario más moderno, con mayor cantidad
de palabras, pero menor cantidad de información en cada artículo, y sin duda es más cómodo para una
consulta rápida. Ofrece, en este caso, una etimología que estaba ausente en el Moliner. En lugar de usar
flechas para indicar el objeto directo, se sigue aquí la convención más generalizada de clasificar el verbo
como transitivo.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
El análisis de rasgos semánticos es una estrategia para el desarrollo del vocabulario que se basa en el
modo en que el cerebro organiza la información. El análisis de rasgos semánticos trabaja con las semejanzas
y diferencia; que existen entre las palabras incluidas dentro de una categoría contribuyendo a mejorar el
vocabulario y las habilidades clasificatorias de los alumnos y promoviendo su capacidad de establecer
relaciones entre conceptos. Cada uno de los conceptos presentados por las palabras tiene características o
rasgos que lo distinguen de los demás. El procedimiento de comparación empleado en el análisis de rasgos
semánticos ayuda a elucidar estos matices de significación.
Podemos distinguir entre rasgos DE UN LUGAR (que implican un solo objeto al que se refieren) y
rasgos DE DOS LUGARES (o rasgos de relación entre dos o más objetos). También podemos distinguir entre
rasgos de naturaleza CONCEPTUAL, rasgos de naturaleza SINTÁCTICA -que especifican las propiedades de las
palabras para combinarse selectivamente unas con otras y que identifican la naturaleza gramatical de las
mismas- y rasgos de naturaleza PRAGMÁTICA -que especifican la pertenencia de las palabras a registros
particulares, su frecuencia de uso, las connotaciones que las vinculan a determinadas situaciones o
ambientes, la intención comunicativa del hablante-.
Este procedimiento supone la elaboración de un cuadro de doble entrada, tabla o grilla, con el fin de
analizar las similitudes y diferencias entre conceptos relacionados. Se elige un tema o categoría, y en el
costado izquierdo de la tabla se escriben luego, en columna, palabras relativas al tema.
Herramient Corta Pinta Golpea Arrastr Se usa en Se usa en Se usa en Tiene asa o
a a tela madera tierra mango
sierra + - - + - + - +
alicate + - - - - - - +
pincel - + - + + + - +
tenaza + - - - - + - +
pico + - + - - - + +
rastrillo - - - + - - + +
En la grilla sobre Herramientas entraron en la lista las palabras sierra, alicate, pincel, tenaza, pico y
rastrillo. En la línea horizontal superior del cuadro, se escriben rasgos o características propias de una o
varias de las palabras de la columna. En este caso, se anotaron corta, pinta, golpea, arrastra, se usa en tela,
se usa en madera, se usa en tierra y tiene mango. Se analiza luego cada palabra de la columna, rasgo por
rasgo, y en la grilla se van colocando signos más (+) y menos (-) para indicar cuáles de esos rasgos le son
aplicables. Por ejemplo, si se trata de la palabra sierra, se anotará un signo más en los rasgos corta, se lo usa
con madera y tiene mango, y se colocará un menos en pinta, golpea, arrastra, se usa en tela y se usa en
tierra.
El intercambio de ideas que se produce durante la elaboración de la grilla, además de ayudar a
comprender que no hay dos vocablos idénticos, amplía los conocimientos que se tienen sobre las palabras.
La estrategia presenta el vocabulario de una forma clasificada y lógica. La grilla hace visibles las
relaciones entre las palabras y las gradaciones o matices que existen entre los diversos conceptos y en el
interior de cada concepto. Sirve como vehículo para remitir los vocablos nuevos a los conocimientos previos
del analista, ya que organiza gráficamente las relaciones entre la nueva palabra y las que ya forman parte de
su dominio cognitivo.
Romero de Cutropia, Alicia. Palabras bajo la lupa.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
2. Motivación morfológica
Otra gran categoría de palabras está motivada por su estructura morfológica. Una palabra como
preacher [predicador] es transparente porque puede ser analizada en morfemas componentes que tienen
por sí mismos algún significado: el verbo preach [predicar] y el sufijo - er, que forma nombres agentes a
partir de los verbos (speak-er [hablador], read-er [lector], sing-er [cantor], think-er [pensador], etc.).
Las palabras compuestas son motivadas de la misma manera. Cualquiera que conozca sus
componentes comprenderá formaciones como penholder [portaplumas] o penknife [cortaplumas]; con un
poco de imaginación también será capaz de adivinar el significado de pen-friend [aficionado a escribir],
penman [pendolista], o penname [seudónimo]. En muchos casos la conexión entre los dos elementos puede
ser remota u oscura, como por ejemplo en butterfly [mariposa; literalmente, manteca-mosca], kingfisher
[alción; lit., rey-pescador] o lady-bird [cochinilla; lit., dama-pájaro], pero no es menos obvio que tales
palabras están morfológicamente motivadas.
Son los casos de Derivación (se forman palabras agregando prefijos o sufijos), Composición
(yuxtaposición (verbo + complemento: rompeportones), sinopsia (utilizan la preposición “de”: conferencia
de prensa), disyunción (designan un objeto caracterizado: sauce llorón), contraposición (unido por un guión:
coche- bomba)) y Expresiones lexicalizadas (expresiones que se fundieron en una sola palabra).
3. Motivación semántica
Un tercero y último tipo de motivación se basa en factores semánticos. Están motivadas
semánticamente las expresiones metafóricas y metonímicas que llegan a convencionalizarse. Por ejemplo,
banco (“casa de banca”) debe su significado a una metonimia, pues fue en los bancos (“asientos”) en donde
se hicieron las primeras transacciones monetarias (Buitrago y Torijano 1998). O cónyuge, resultado de una
metáfora que ya en el latín comparaba el matrimonio (coniungere: “unir en matrimonio”) con el yugo
(iugum) que une a las bestias de tiro (id.).
Los tres tipos de motivación dan cuenta de una proporción muy considerable del vocabulario:
abarcan todos los términos onomatopéyicos, los derivados, los compuestos y las expresiones figuradas del
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
lenguaje. Solo aquellas palabras que no son motivadas de ninguna de estas maneras pueden calificarse de
convencionales.
Convencionalismo y motivación en el lenguaje
Uno de los descubrimientos más importantes de Saussure fue que la proporción de palabras
transparentes y opacas varía característicamente de una lengua a otra y, a veces, de un período a otro en el
mismo idioma. Incluso previó la posibilidad de que las lenguas pudieran clasificarse algún día sobre este
fundamento, y esbozó una "tipología" rudimentaria basada en la motivación morfológica: distinguió entre
lenguas "lexicológicas", que tienen preferencia por las palabras convencionales, y lenguas "gramaticales",
que favorecen el tipo transparente
Ullmann, Stephen. Semántica: Introducción a la ciencia del significado.
Bruzos-Moro, Alberto. Motivación Y Convención En La Lengua.
Relaciones de semejanza
Son relaciones de semejanza entre palabras la sinonimia la homonimia, la polisemia la
hiponimia y la derivación.
❖ Sinonimia
La sinonimia en sentido riguroso no existe, ya que siempre hay algún valor estilístico, emotivo,
social, etc. que diferencia aunque sea ligeramente, a palabras de significado aparentemente igual . Por lo
tanto, hablaremos de sinonimia en sentido amplio y en relación con el significado lógico-conceptual.
Se habla de sinonimia cuando palabras distintas (significantes diferentes) coinciden en el
significado. Por ejemplo: "chiquillo” y “niño”. Se trata de dos palabras que coinciden en sus rasgos
semánticos desde el punto de vista lógico-conceptual. Ambas se refieren a un ser humano, masculino y
pequeño: /+ humano /,/+ varón/,/ - adulto/. Por supuesto, podemos distinguir diferencias en cuanto al uso
y las connotaciones regionales de ambos términos, pero desde el punto de vista lógico-conceptual, los
rasgos semánticos coinciden.
También podría hablarse de sinonimia, aunque no sea en un sentido estricto, cuando las palabras
pueden conmutarse en un mismo contexto sin variar sustancialmente el significado de la frase. Por
ejemplo:
"Juan escribe velozmente”
“Juan escribe rápidamente"
❖ Homonimia
So habla de homonimia cuando un mismo significante tiene significados diferentes. Se trata de
palabras diferentes porque tienen distintas historias etimológicas (canto “modulación de la voz" y canto
"borde”).
Dentro de la homonimia debemos diferenciar entre homófono (se pronuncian iguales: hola y ola) y
homografía (se escriben iguales: llama “animal”, voz americana de origen quechua y llama “masa gaseosa
luminosa y caliente" voz de origen latino: flamma).
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
- Homofonía
La homofonía u homonimia parcial es la relación que existe entre palabras que se representan
con formas fonéticamente idénticas. Los homófonos, pues, son aquellas palabras que tienen el mismo
sonido pero diferente significado y ortografía, por ejemplo, Asia/hacia, sabia/savia, basto/vasto,
baya/vaya/valla, ojear/hojear.
También son homófonas las palabras que se diferencian en la escritura por los grafemas <v> y
<b>, como en baca/vaca, al igual que aquellas que se escriben con o sin <h>, por ejemplo,
errado/herrado
- Homografía
La homografía u homonimia absoluta es la relación que existe entre palabras que se representan
con una escritura idéntica. Los homógrafos, entonces, son palabras que comparten la misma escritura,
pero no necesariamente el mismo significado ni la misma categoría léxica.
En los ejemplos que siguen, vemos que canto del gallo/canto de la moneda ambas palabras
comparten la misma categoría: ambos son sustantivos. En tanto que en tomate este mate/no me pidas
que mate ese mosquito la primera palabra subrayada es un sustantivo, mientras
que la segunda es un verbo.
Otros ejemplos son: llama de la vela/ llama del altiplano; el ómnibus para
en esta esquina / para poder ver hay que abrir los ojos; hoy pesqué una carpa en el río/tenemos
que armar la carpa antes de que anochezca; el caballo tiene cuatro patas /las cuatro patas y sus patitos
se fueron a bañar.
El fenómeno de la homografía interesa especialmente para reconocer la acepción que tiene una
palabra en un determinado contexto lingüístico (en una oración o texto).
- Paronimia
La paronimia es la relación existente entre palabras parecidas a nivel fónico, aunque no
idénticas, pero diferentes a nivel gráfico y semántico. Los parónimos son dos palabras que guardan
semejanza en su pronunciación, pero son diferentes en su significado y escritura. También se las podría
clasificar como de cuasi-homónimos, ya que, a diferencia de los homónimos, que tienen la misma forma
fónica, la forma de los parónimos es “casi” igual.
Algunos ejemplos son: antonimia/antinomia; actitud/aptitud; abjurar/adjurar;
absorción/adsorción, absorber/adsorber/absolver; conyugal/conjugar; decena/docena; especia/especie;
prever/proveer; reja/regia; trompa/trompo; vela/velo.
❖ Polisemia
Hablamos de polisemia cuando una misma palabra, reconocida como única por motivos
etimológicos y gramaticales, presenta la posibilidad de tener distintos significados (acepciones) según el
contexto lingüístico (palabras que la rodean) o el contexto (situación comunicativa en la que se presenta),
pero con algún rasgo semántico que permanece.
Por ejemplo “cabeza”, que tiene tres rasgos semánticos básicos: extremidad + superior +
verticalidad, puede presentarse en los siguientes contextos lingüísticos con diferentes acepciones: “Me
duele la cabeza”, “La cabeza del alfiler”, “Está a la cabeza dentro de la tabla de posiciones”, “Tiene cabeza”.
Reconocer el fenómeno de la polisemia, ayuda a desentrañar el significado de las palabras cuando
recurrimos a las claves del cotexto o al diccionario. Se trata de un fenómeno muy interesante para estudiar
por qué permite comprender los usos metafóricos de ciertos vocablos.
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❖ Hiponimia
Hablamos de hiponimia cuando el significado de una palabra pertenece a un significado más amplio
representado por otra palabra (hiperónimo). Por ejemplo: narciso “hipónimo” y flor “hiperónimo”.
Dos palabras están en relación de hiponimia cuando el significado de una de ellas es un miembro de
la clase comprendida en él significado de la otra, es decir, cuando el conjunto de rasgos semánticos de una
palabra está totalmente comprendido en el de otra palabra.
Desde el punto de vista lógico, no es otra cosa que el procedimiento aristotélico de clasificación por
género próximo y diferencia específica: el término específico es el hipónimo y el genérico es el hiperónimo.
Cada género comprende muchas especies; cada especie es parte de un género.
Hay una relación inversa entre la amplitud del significado y la precisión. “Flor” incluye a “narciso”,
pero el Significado de “narciso” contiene todos los rasgos semánticos de “flor” más otros; es un vocablo
más preciso, tiene más carga significativa, dice más cosas.
La hiponimia establece una relación jerárquica de inclusión, que permite determinar campos
semánticos y que es muy importante tener en cuenta para el resumen, la síntesis o la confección de
organizadores gráficos de un texto. Permite establecer redes semánticas con un orden jerárquico de
inclusión.
❖ Derivación
Son palabras derivadas las que tienen un mismo morfema léxico (lexema) o raíz que transmite un
significado de base existente en dos los términos pertenecientes a la misma familia.
La formación de una familia semántica se produce mediar el agregado de lexema de distinta
naturaleza a un lexema original.
Prefijos: delante de la raíz
RAÍZ O TEMA + AFIJOS
Sufijos: después de la raíz
❖ Hiponimia / hiperonimia
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
La hiponimia es la relación que se establece entre el significado de un término más reducido y otro
significado más amplio que queda incluido en el; en otras palabras, el significado del término más general es
una parte constitutiva del significado del mas especifico. Se denomina hiperonimia a la relación inversa, esto
es, a la que se establece entre un significado más general y sus diversas subespecificaciones.
La relación que se establece entre los significados que comparten un mismo elemento común se
denomina co-hiponimia, y los términos correspondientes son co-hipónimos.
La relación básica que define la inclusión es, como hemos dicho, la de “ser un tipo de”. Esta
caracterización funciona bien con los nombres, que representan la categoría en la que las relaciones de
hiponimia se dan con más frecuencia, y también con los adjetivos (entre los nombres de colores, fucsia es un
tipo de rosa) pero debe matizarse un poco en la caso de los verbos. Así, cuando los significados que se
consideran son de naturaleza verbal, la relación de define más bien como “manera particular de”. Por
ejemplo, engullir y devorar indican maneras particulares de tragar:
Tragar: Hacer movimientos voluntarios o involuntarios de tal modo que algo pase de la boca hacia el
estomago
Engullir: Tragar la comida atropelladamente y sin mascarla
Devorar: Tragar con ansia y apresuradamente
❖ Meronimia / holonimia
Las relaciones de inclusión no se limitan a las relaciones marcadas por la relación “ser un tipo de”.
También hay una relación de inclusión, como dijimos, entre dedo y mano, ya que un dedo se caracteriza
como “cada uno de los cinco apéndices articulados en que terminan la mano y el pie”: en este caso, la
inclusión está basada en la relación parte/todo. Se denomina meronimia a la relación de inclusión entre
significados que depende de la relación parte/todo; es decir, a la conexión que se establece entre el
significado de una palabra que indica una parte y el de la que indica su correspondiente todo: es la relación
que liga a dedo y mano (o pie). Se denomina merónimo al termino incluido, y holónimo al término que
incluye: así, dedo es el merónimo y mano, el holónimo.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
Las relaciones de meronimia resultan ser bastante más complejas que las de hiponimia. Esto hace
que, desde el punto de vista lingüístico, no resulte fácil proporcionar pruebas concluyentes que permitan
caracterizar de manera inequívoca las relaciones meronímicas, más allá de la idea intuitiva de inclusión del
significado del todo en el de cada una de sus partes. Esto se debe, en gran medida, al hecho de que la
relación entre los componentes de algo y su cohesión con respecto al conjunto pueden ser variadas, y estar
fundamentadas en conexiones diferentes.
En primer lugar, hay que tener en cuenta dos tipos diferentes de relación meronímica. Consideremos
el significado de pie y sus merónimos:
Todos los merónimos representan partes constitutivas del pie, pero no todas ellas tienen el mismo
tipo de cohesión con respecto al conjunto. Podemos decir un pie sin dedos, pero no * un pie sin planta. Esta
diferencia refleja que concebimos algunas parte como partes unidas al conjunto (es el caso de dedo y pie),
mientras que otras las vemos necesariamente como partes integradas en el conjunto (como planta y pie).
Otra distinción relevante es la que podemos establecer entre partes segmentales y partes
sistémicas. Por ejemplo, con respecto al cuerpo humano, la cabeza, el tronco y las extremidades constituyen
partes segmentales porque están dispuestas de modo secuencial con respecto a conjunto. Las arterias y las
venas, o los nervios, en cambio, son partes sistémicas, que no se pueden aislar y delimitar fácilmente y
muestran una unidad funcional.
Las dificultades que acabamos de comentar ponen de relieve la complejidad de los fenómenos de
inclusión basados en la relación parte/todo, y ponen de relieve que no hay una única clase de relación, sino
una amplia gama de posibilidades diferentes. De cualquier forma, no hay que perder de vista que estas
relaciones nos interesan en la medida en que son lingüísticas (y no como mero reflejo de las propiedades de
la realidad extralingüística), de modo que nos interesan en cuanto lexicalizaciones de diferencias
significativas.
En este sentido, es esperable que las lenguas difieran en el número de partes en que presentan
como lexicalmente distintas. Uno de los ejemplos más conocidos es el que tiene que ver con los merónimos
de brazo. De hecho, una tercera parte de las lenguas no lexicaliza la distinción entre brazo y mano.
Igualmente, hay muchas lenguas que no tienen términos diferentes para mano y dedo.
Escandell Vidal, Victoria. Apuntes de semántica léxica.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
Relaciones de oposición:
Se establecen cuando el significado de una palabra contiene un rasgo semántico opuesto al
contenido en el significado de otra. Por ejemplo hombre" / “mujer" son incompatibles porque:
hombre: /+humano/, /+adulto/, /+varón/
mujer:/+humano/, /+adulto/, /-varón/
Dentro de las relaciones de oposición entre palabras podemos distinguir tres situaciones diferentes:
complementariedad, antonimia e inversión.
❖ Complementariedad
Cuando una palabra es la negación absoluta de la otra, hablamos de complementariedad. Por
ejemplo: “macho" y “hembra”. La negación de una de las unidades toxicas implica la afirmación de la otra y
viceversa.
Se establece este tipo de relación entre dos términos que abarcan juntos todo el espacio de una
clase, como “vivo” y “muerto".
❖ Antonimia
Se habla de antonimia cuando dos términos indican los dos extremos de una dimensión gradual. Por
ejemplo: “alto" y “bajo“, ”bello" y “feo".
El carácter de gradualidad que une a los dos elementos se evidencia por el hecho de que podemos
encontrar siempre formulaciones intermedias en la escala de esa dimensión. Por ejemplo, alto, muy alto,
más alto, etc.
Por otra parte, esta relación no va acompañada de una doble implicación, como sucede con la
complementariedad. “No quiero a Luis” no implica “Detesto a Luis”, ya que el autor de este enunciado
puede sentir por Luis una gran indiferencia.
❖ Inversión o reciprocidad
Se habla de inversión o reciprocidad cuando dos palabras representan la misma relación vista desde
dos dilecciones opuestas. Por ejemplo, “comprar “ y “vender”.
“María compró un periódico al diariero” implica que “El diariero vendió un periódico a María”.
Romero de Cutropia, Alicia. Palabras bajo la lupa.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
Algunas agrupaciones de palabras desde el punto de vista del contenido son: el campo semántico, la
esfera semántica y la asociación semántica:
- Campo semántico
Algunas constelaciones de palabras pueden estar conformadas por campos semánticos, es decir, por
un conjunto de términos que tienen rasgos semánticos comunes y que pueden incluirse en un término
general, abarcativo, denominado hiperónimo, cuyos rasgos semánticos coinciden con aquéllos que son
comunes a los términos del campo semántico.
Veamos un ejemplo de una constelación basada en un campo semántico que gira alrededor de un
sol que es el hiperónimo (en este caso enfermedad) que incluye a todos los otros términos o hipónimos
(gripe, tifus, viruela, etc.).
Tifus
Sarampión Rubeola
Gripe Enfermedad
Paperas Mal de Chagas
- Esfera semántica
Otras constelaciones pueden estar formadas por palabras pertenecientes a una misma esfera
semántica.
Entendemos por esfera semántica el conjunto de términos que se refieren a un mismo concepto,
experiencia, argumento o sector de la actividad.
Le acercamos un ejemplo de una constelación basada en una esfera semántica que gira alrededor de
un sol, que es el término enfermedad. La constelación está formada por palabras relacionadas con el
concepto de enfermedad, aunque no pertenezcan a la misma clase de palabras (pueden ser sustantivos,
adjetivos, verbos, adverbios). En el caso de la esfera semántica no se da una relación jerárquica de inclusión
como en el campo semántico.
Cama Remedio
Médico Inyección
Enfermedad
Enfermero
Ambulancia Mutual
Hospital
- Asociación semántica
También podemos tejer constelaciones a partir de la asociación semántica. Están asociadas
semánticamente las palabras que tienen en común la referencia a una idea, que remiten a un mismo
denominador, que están vinculadas por factores emocionales y/o emotivos y que evocan en un hablante y
un oyente imágenes o sensaciones análogas. Nos internamos en el ámbito de los valores culturales e
ideológicos característicos de determinados grupos o comunidades sociales.
Por ejemplo, la palabra “ciclamato” puede asociarse a cáncer o también a delgadez, por razones
culturales o experiencias previas. Sin embargo, ciclamato, cáncer o delgadez no comparten rasgos
semánticos comunes en su significado de base.
Cuando trabajamos con la técnica del torbellino de ideas, utilizamos la asociación semántica.
Muerte Gastos
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Enfermedad
Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
Soledad
Muerte Mimos
Vaguedad semántica
La vaguedad es la falta de precisión en la designación de una palabra. La vaguedad se traduce, a
efectos prácticos, en la dificultad para encontrar límites definidos a la extensión de un término, esto es, en la
dificultad de poder determinar con absoluta precisión si un determinado elemento puede englobarse o no
en dicho termino.
La vaguedad se encuentra en muchas palabras: de alguien que no tiene un solo cabello, podemos
decir que es calvo; pero lo decimos también de quien ha perdido una parte del pelo: ¿cuánto cabello hay
que haber perdido para entrar bajo la etiqueta de calvo? Las ciencias tratan por todos los medios de evitar la
vaguedad de la lengua común, y buscan definiciones precisas de sus nociones básicas, de modo que sea
siempre posible determinar con exactitud cuando una determinada entidad pertenece o no a una clase. Los
textos legales hacen lo mismo; y, sin embargo, incluso en el caso de las cuestiones más rígidamente
reguladas, hay un cierto margen para la discrecionalidad: esto queda patente cada día en los tribunales de
justicia, en los que la interpretación de la extensión de un término puede determinar de manera decisiva la
culpabilidad o la inocencia del procesado.
Ambigüedad semántica
Otro caso de indefinición semántica es la ambigüedad semántica. Muchas palabras tienen más de un
significado o parece que cambian de significado en virtud del contexto en que se utilicen. Las diferencias de
significado son a veces muy notables, como ocurre, por ejemplo, con la palabra planta. Así, una oración
como Este edificio tiene muchas plantas es, en principio, potencialmente ambigua entre tres lecturas
posibles, de acuerdo con el significado que se adscriba a la palabra planta: puede ser que el edificio tenga
muchos pisos, o que en el haya muchos vegetales, o incluso que de él se hayan hecho varios proyectos
arquitectónicos diferentes. En este caso, las diferencias entre los tres significados son muy evidentes, y
seguramente el contexto y la situación extralingüística ayudarían a decidir cuál de los tres sentidos es el que
se quiso comunicar en cada situación concreta. Aunque la mayoría de los hablantes conoce estos tres
significados de planta, no ve relación alguna entre ellos, y cuando utiliza la palabra no es consciente de esta
multiplicidad semántica. Las cosas son más complejas cuando las diferencias entre los significados de una
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
misma forma son más sutiles. Estos datos plantean enseguida una serie de preguntas a las que la teoría
semántica debe dar respuesta: ¿Cómo distinguimos los significados de una palabra? ¿Cómo decidimos si un
significado es diferente de otro, o si ambos están relacionados?
grupo social determinado se consideran de mal gusto (o de mal agüero) y se evitan, utilizando en su
lugar otros términos, que reciben el nombre de eufemismos. En general, son tabú muchos términos
relacionados con la religión, la muerte, el sexo, o las funciones fisiológicas, y por eso se emplean
eufemismos como pardiez, pasar a mejor vida, acostarse con alguien o ir al baño. Algunos animales
son tabú porque se les atribuye la capacidad de traer mala suerte. Muchas supersticiones antiguas
fueron el origen de las diferentes denominaciones de la comadreja (muy temida por los granjeros)
en diferentes lenguas europeas: son denominaciones que equivalen a novia, joven esposa,
doncellita, cuñada... como forma de neutralizar su peligrosidad. Una forma más moderna de tabú
está representada por lo que hoy llamamos el lenguaje políticamente correcto, con la sustitución de
minusválido por disminuido y luego por discapacitado, o negro por persona de color... Lo que se trata
de evitar con este tipo de sustituciones son las connotaciones negativas. El uso como eufemismo
añade, por consiguiente, un nuevo significado a la forma utilizada con este fin.
- -Tras los cambios de significado se encuentran también necesidades expresivas. En
diferentes lenguas, se ha observado una tendencia a utilizar términos que indican sensaciones
fuertes como intensificadores. Por ejemplo, seguramente las primeras veces que alguien dijo Tengo
un sueño tremendo /horrible /terrible /espantoso, estaba utilizando calificativos del ámbito del
temor con fines expresivos. Actualmente, y sin haber perdido tampoco sus significados originales,
estos adjetivos se entienden meramente como maneras de expresar un grado elevado.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
MUSCULUS (“ratoncito”): se utilizaron para referirse al bíceps del brazo humano, que al contraerse y
extenderse semejaba el movimiento de un pequeño ratón oculto bajo la piel: de ahí nuestro actual
musculo, que luego generalizó su significado para designar cualquier haz de fibras musculares del
cuerpo. La relación entre las palabras músculo y ratón hoy se ha perdido; sin embargo, la imagen
subyacente (es decir, la de la semejanza perceptiva entre el musculo al moverse y un ratón) sigue
intuitivamente viva, y en algunas zonas del dominio hispánico se utiliza la palabra ratón para
denominar al bíceps.
La semejanza, en el caso anterior, es de tipo perceptivo; en otras ocasiones, la conexión está
basada en una identificación funcional: el término memoria con su significado de “facultad psíquica
por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado” ha servido de base para la transferencia al
ámbito de la informática, dando origen al nuevo sentido de “dispositivo electrónico en el que se
almacenan datos”. El ser humano (su cuerpo y sus capacidades) ha proporcionado numerosos
términos que han experimentado cambios de significado basados en un uso metafórico: manecillas
son las “saetas que en los relojes y en otros instrumentos semejantes sirven para señalar las
unidades de medida correspondientes”; corazón, además del órgano impulsor de la sangre, puede
ser el “centro o el motor de un objeto o de un asunto”; hablamos asimismo, del pie de la colina, de
la boca de un río, o de los pulmones de la ciudad…
Los animales representan también otro ámbito del que se han tomado significados que han
experimentado extensiones debidas a un uso metafórico: grúa (“máquina de levantar pesos”)
procede de grulla, animal con el que guarda relaciones de semejanza; toro es también una “máquina
para elevar carga con dos grandes brazos delanteros” que recuerdan a las astas del toro; en las
oficinas denominan perrito a unas pequeñas máquinas quitagrapas que recuerdan las mandíbulas de
un perro.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
Los efectos que se producen en los significados de las palabras suelen caracterizarse en términos
denotacionales, es decir, en relación con la clase de objetos a la que se aplica la palabra. Hay que recordar
que se da una relación inversa entre el tamaño del conjunto designado y la especificidad de los rasgos del
significado, de manera que el término menos específico denota una clase más amplia que el más específico y
viceversa. Pues bien, de acuerdo con estas consideraciones, es posible sistematizar los efectos en tres
categorías:
. Generalización. El significado de una palabra pierde rasgos semánticos, por lo que su aplicación
tiene menos condicionantes y denota, en consecuencia, una clase más amplia (es decir, se amplía su
extensión). Esto es lo que ha sucedido, por ejemplo, con palabras como alarma, que originalmente
significaba “aviso o señal que se da en un ejército o plaza para que se prepare inmediatamente a la defensa
o al combate”, y que ahora se aplica a “aviso o señal de cualquier tipo que advierte de la proximidad de un
peligro”, de modo que el significado original es ahora simplemente un caso particular del significado más
general que ha adquirido.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
. Especialización. El significado de una palabra gana rasgos semánticos, de modo que se vuelve más
restringido y su ámbito de aplicación se limita. Por ejemplo, la palabra latina LIQUOR hacía referencia a
cualquier clase de líquido; en el español de hoy licor está especializado para designar “bebida alcohólica
obtenida por destilación, maceración o mezcla de diversas sustancias, y compuesta de alcohol, agua, azúcar
y esencias aromáticas variadas”.
Algo parecido está sucediendo en la actualidad, con beber, que cuando aparece sin complemento
tiende a interpretarse con el significado restringido de “beber alcohol”. En este sentido, muchos procesos de
este tipo dan lugar a fenómenos de autohiponimia, de modo que beber tiene la acepción amplia de “ingerir
un líquido”, y la restringida de “consumir habitualmente bebidas alcohólicas”. Algunas palabras han dado
lugar a diferentes acepciones especializadas.
La utilización de una palabra de la lengua común por parte de una disciplina científica o técnica lleva
siempre aparejado un proceso de restricción del significado, que se define de manera más precisa. En estos
casos, el significado especializado no sustituye al original, sino que ambos conviven referidos a niveles de
lengua diferentes. Por ejemplo, la palabra base, que como significado común tiene el de “fundamento o
apoyo principal” se ha especializado en diversos sentidos según el área:
ARQUITECTURA: ”pieza inferior de una columna”.
GEOMETRIA: ”lado o cara horizontal a partir del cual se mide la altura de una figura plana o de un
sólido”.
MATEMATICAS: “número sobre el que se construye un sistema de logaritmos”.
. En otros casos, el resultado del cambio es una mutación del significado, en la que se llegan a
perder los rasgos semánticos del término original. Como resultado de la adición de rasgos de significado más
específicos, es frecuente que las palabras adquieran matices de tipo valorativo, que cuando se extienden
dejan de ser connotaciones y se convierten en parte del contenido descriptivo. La palabra idiota significaba
en griego clásico “individuo, particular”: hoy este significado se ha perdido por completo y solo tenemos el
significado peyorativo; y lo mismo le ha ocurrido a la palabra VILLANUS, originalmente “de casa de campo”, y
hoy se entiende como “ruín, indigno”. La depreciación consiste, por tanto, en un deslizamiento del
significado hacia connotaciones peyorativas, que puede terminar en hacer perder el contenido semántico
original de la palabra. Cuando el significado original se pierde, puede dejar un hueco que la lengua debe
llenar por otro procedimiento. Esto es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con el adjetivo siniestro.
Originalmente se contraponía a diestro -una contraposición que hoy solo está presente en la locución a
diestro y siniestro-; pero, puesto que las aves que volaban por la izquierda eran para los romanos signo de
mal agüero, siniestro se especializo en indicar “funesto”.
No todas las mutaciones de significado se resuelven en notas peyorativas. Muchos términos han
sufrido el proceso inverso de valorización, es decir, se han cargado de connotaciones positivas que han
producido también una mutación del significado. En latín MINISTER (procedente de MINUS, “poco”) era
“siervo doméstico”, un oficio bien alejado del de los ministros de hoy en día. Algo semejante ocurrió con
CANCELLARIUS (“portero”), que se convirtió en canciller, denominación de diversos tipos de cargo de gran
dignidad. Algunas palabras han llegado a conocer los dos procesos a la vez: es el caso del adjetivo
revolucionario. En principio, significa “propio o partidario de la revolución”; luego desarrolla un significado
peyorativo, de “alborotador, turbulento”; y, más recientemente, adquiere uno positivo de “innovador,
puntero”, como en un invento revolucionario.
La extensión del cambio
Un cambio de significado se origina, en principio, en un hablante determinado que, ya sea por
necesidades designativas, sociales o expresivas, hace una elección léxica que se aparta de las convenciones
vigentes. El cambio se consolida cuando el significado nuevo se hace habitual entre un número
relativamente elevado de hablantes de una comunidad. Cuando esto se produce, el resultado es una manera
nueva de designar una realidad (nueva o preexistente) que se incorpora a las convenciones tácitas sobre los
significados.
La extensión de un cambio puede ser más o menos lenta en función de la propia naturaleza del
cambio: la designación de una entidad recién inventada o recién descubierta favorece una propagación muy
rápida, ya que la entidad suele nacer aparejada a su nombre. Cuando subyacen motivaciones de otra clase,
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
la suerte de la innovación es más lenta, ya que está a merced de la aceptación del grupo y de la medida en
que el nuevo uso se sienta útil o adecuado. Recientemente, los medios de comunicación de masas se han
convertido en escaparate y propagadores de muchas innovaciones semánticas y su extensión es actualmente
mucho más rápida que en siglos anteriores. A la mayor difusión de un nuevo significado contribuye, además,
el prestigio social que se atribuye a los medios, y que suele producir una tendencia hacia el contagio
empático de las novedades léxicas.
Gramaticalización
Por gramaticalización se entiende el proceso de cambio por el que una unidad con contenido léxico
(o conceptual) se acaba convirtiendo en una unidad con contenido gramatical. Entre las generalizaciones
más importantes que pueden obtenerse cuando se habla de cambio semántico se encuentran las que se
producen en los cambios que desembocan en la creación de significados gramaticales, ya que muchos
procesos de esta clase parecen seguir patrones regulares que indican que las vías posibles del cambio no son
ilimitadas.
Hay, por ejemplo, una tendencia general a extender los significados de conjunciones y locuciones
espaciales (de contenido más concreto) hacia nuevos valores temporales (que resultan más abstractos). Esto
es lo que ocurre con ante (“frente a”) > ante(s) (“con prioridad en el tiempo”). Del valor temporal es posible
pasar a contenidos aún más abstractos: los valores de anterioridad derivan en significados de preferencia,
como en Antes muerta que sencilla; los de simultaneidad pasan a indicar contraste, como ocurre con
mientras (Cf. Juan llegó mientras María dormía / Juan es tímido, mientras que María es muy abierta); y los
de posterioridad originan significados causales, como POST (“después”) > pues y puesto que, y de
consecuencia, como luego (“después”) > luego (“por consiguiente”).
Otra generalización interesante es la que atañe a los diversos sentidos de los verbos modales, como
poder y deber: son primero formas léxicas plenas que van perdiendo rasgos hasta convertirse en auxiliares.
Dentro de esta categoría, el primer significado que tienen es el de obligación, como en Debes irte ya a
dormir, o el de permiso, como en Puedes quedarte levantado hasta las diez (es decir, los significados
llamados deónticos). El siguiente paso es el desarrollo de significados de conjetura y de suposición, como en
Debe de haberte costado muy caro, o Puede que no haya llegado todavía (significados epistémicos):
Un principio que parece también activo en los procesos de gramaticalización es el de
convencionalización de contenidos implícitos. Cuando se utilizan en contexto, los enunciados tienden a
adquirir valores añadidos como consecuencia de la interacción entre el contenido lingüístico y la información
extralingüística. Si un determinado tipo de relación se hace muy frecuente, puede llegar a estabilizarse y a
convertirse en parte integrante del significado. Esta es seguramente la razón que explica el origen de los
futuros en muchas lenguas.
Así, a partir de la idea de deseo y de voluntad es fácil inferir la realización en el futuro, sobre la base
de que si uno desea hacer algo (y está en condiciones de hacerlo), lo hará. Lo mismo vale para los futuros
que derivan de fórmulas de obligación: si uno tiene la obligación de hacer algo, es sencillo inferir que lo hará
en un momento posterior. Un razonamiento idéntico se aplica a los futuros que proceden de indicadores de
movimiento: el lugar hacia el que uno se dirige se alcanzara en un momento posterior en el tiempo.
También con respecto a estos dos principios parece observarse la unidireccionalidad del cambio: el
paso de lo concreto a lo abstracto siempre precede (o, al menos, no es posterior) al proceso de
convencionalización de contenidos implícitos:
concreto > abstracto >convencionalización de contenidos implícitos
Como decíamos, lo interesante de estas regularidades es que se manifiestan de manera general en
los procesos de cambio estudiados en lenguas muy diversas y no relacionadas genéticamente; no parece,
parece, por tanto, que puedan ser fruto de mero azar, sino que su grado de extensión y de generalidad
apunta hacia la existencia de restricciones precisas de naturaleza cognitiva: los cambios y su direccionalidad
dependen, en último extremo, de cuáles son los mecanismos que determinan la manera en que los humanos
concebimos y categorizamos el mundo, es decir, de cómo está diseñada la mente humana.
Escandell Vidal, Victoria. Apuntes de semántica léxica.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
tras la oreja, para intensificar hiperbólicamente el significado de “estar receloso”: es decir, si alguien dijera
que tiene todo un enjambre tras la oreja seguramente lo que querría comunicar es que está
extraordinariamente receloso. Esta nueva expresión, que ya no es una expresión fija, será interpretable, sin
embargo, de manera no composicional, ya que lo que se pretende comunicar no se deriva de manera directa
de la combinación individual de los diversos constituyentes; la expresión será interpretable en la medida en
que pueda recuperarse su relación con la expresión original tener la mosca tras la oreja. Así pues, este tipo
de sustituciones está limitado por la posibilidad de recuperar parcialmente la relación con la locución
original.
Y por lo que respecta a la forma, parece que otro factor que contribuye también a la posibilidad de
hacer pequeñas modificaciones es el grado de reconocibilidad de la locución original, por ejemplo las pistas
que proporcionan al respecto los demás constituyentes. En general, cuanto más compleja y más
característica sea la estructura de una locución, más posibilidades hay de que resulte interpretable como tal
aunque se hagan en ella pequeñas modificaciones. Esto es lo que ocurre con tener la mosca tras la oreja: su
estructura sintáctica es lo suficientemente característica como para seguir siendo reconocible aunque se
realice en ella alguna pequeña modificación.
Las locuciones suelen clasificarse de acuerdo con su categoría gramatical. Se habla de locuciones
nominales (vacas flacas, sopa boba), adjetivas (corriente y moliente, ligero de cascos), adverbiales (a tontas y
a locas, de higos a brevas), verbales (sacarse la espina, oler a cuerno quemado, cortar el bacalao, no ver tres
en un burro), prepositivas (con objeto de, a base de), y conjuntivas (para que, a fin de que). Con respecto a
las locuciones verbales cabe señalar que tienen típicamente una o varias posiciones de su estructura
argumental fijas (las que corresponden a los elementos que forman la locución), pero tienen también
posiciones libres o vacías, que se rellenan contextualmente. La posición libre puede corresponder al sujeto,
como en rascarse el bolsillo, pasarlas canutas o dar la barrila; al sujeto y al objeto directo, como en meter a
alguien en cintura; al sujeto y al objeto indirecto, como en dorarle la píldora a alguien, cantarle las cuarenta
a alguien; al objeto indirecto, como en no llegarle a alguien la camisa al cuerpo; o a otros constituyentes,
como en tomarla con alguien.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
hechas que utilizamos como formas de discurso repetido son citas con un autor y una localización
identificables: por ejemplo, la formula Ándeme yo caliente y ríase la gente se la debemos a Góngora.
Escandell Vidal, Victoria. Apuntes de semántica léxica.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
En nuestros días, los neologismos proceden mayormente del inglés, y muchos de ellos pertenecen al
campo de la ciencia, la tecnología y los deportes. Cuando aparece un objeto nuevo en el mundo, y lleva
nombre nuevo, generalmente inglés (que a su vez suele inspirarse en uno griego o latino...), como vídeo,
email, fax, en español (y en otras lenguas) se adopta el nombre original, al menos al principio. Luego vienen
las traducciones, que pueden sufrir la triste suerte de no ser adoptadas por nadie, si la palabra original es
más fácil, como pasa con fax, que es solamente la abreviatura de «facsimilar» y por lo tanto palabra nuestra,
latina, aunque nos venga por la conocida ruta del inglés. La aceptabilidad de una traducción no depende de
la autoridad de nadie, sino de que dicha traducción sea adoptada por los hablantes. La palabra whisky se
castellanizó hace ya muchos años, como güisqui, pero esa expresión no suele aparecer en ningún texto, y
mucho menos en los anuncios de whisky. Cada comunidad hispánica ha resuelto esos problemas de manera
distinta, y hay que esperar un poco para que el diccionario registre algún consenso o nos dé una idea de las
tendencias generales, si el consenso no existe.
La lengua está viva, en evolución continua, cambiando minuto a minuto. El diccionario es un registro
lento y no hay otro remedio: nadie puede fotografiar el habla y menos presentar luego la fotografía como la
norma de una lengua. Pero los diccionarios modernos recopilan todas las palabras que actualmente
circulan, sin descartar los neologismos todavía indecisos, y otros términos que quizá sean efímeros, y dejan
al diccionario académico la tarea de consagrar los vocablos que se pueden considerar definitivamente
incorporados a nuestra lengua. La lengua viva queda, así, registrada.
Cuando se dice de una expresión «es un anglicismo» se puede querer decir «palabra inglesa usada
en español» (esté más o menos modificada o castellanizada), o bien que esa palabra o expresión es un
barbarismo, y, como tal, palabra ajena, incorrecta, indeseada, intrusa. Para la mayor parte de la gente, un
anglicismo es algo reprensible. Es mejor distinguir, pues hay anglicismos y anglicismos. Debemos distinguir,
primero, entre préstamos y calcos del inglés. Préstamo es una palabra ajena que se toma prestada. Calco es
una construcción ajena que se replica préstamos y calcos exactamente, violentando los patrones sintácticos
o semánticos del español. Surf y windsurf son préstamos. La expresión correr para alcalde es un calco del
inglés run for mayor.
En el caso del préstamo, el español utiliza vocablos ingleses, surf, emaiL referí, fax, a veces intactos, a
veces modificados en su pronunciación u ortografía, como en estándar, estrés, parking. Hay docenas de
préstamos en el español hablado y escrito: y otro enorme grupo de palabras que comenzaron por ser
préstamos y que hoy nos parecen plenamente españolas y lo son. Si hubiera una palabra española, aceptada
y difundida ya con el mismo significado que la palabra prestada, por supuesto debemos elegir la palabra
española. El anglicismo, en este caso, sería una afectación, o bien una señal de ignorancia de la propia
lengua. Pero si no hay palabra española, o si la palabra española es poco usual, entonces conviene usar el
término inglés, ya que ese será el más conocido y sobre todo el menos ambiguo.
Los préstamos son particularmente útiles en el lenguaje científico, pues la comunidad científica se
entiende en un lenguaje técnico, preciso, unívoco, en el que los anglicismos desempeñan un papel
fundamental. Algunos términos científicos se usan con frecuencia en el lenguaje corriente, manteniendo su
forma extranjera. Todos usamos la palabra inglesa bypass, para referirnos al procedimiento quirúrgico que
consiste en unir dos vasos sanguíneos con un tubito de plástico. No tenemos expresión española disponible.
La regla de oro para usar préstamos es calcular si todos los lectores van a entender la versión hispanizada. Si
no estamos seguros, nos conviene usar la palabra extranjera, subrayada o destacada para hacer notar que es
extranjera, el experto en el tema entenderá y el que no lo sea se orientará mucho mejor que con una
expresión española llena de otros significados en la lengua corriente, y por lo tanto confusa.
El problema de los calcos es más complejo. Lo calcado del inglés puede ser un significado, una
construcción sintáctica, o la manera de realizar un acto de habla. Hay calcos que son meramente
combinaciones desusadas de palabras: estas frases no transgreden las reglas gramaticales del español.
Ejemplos de combinaciones desusadas serian máquina de contestar en lugar de contestador automático, día
de semana en lugar de día de trabajo (va que todos los días son días de semana). En estos casos, el español
no se degenera sino que se adapta a su inevitable coexistencia con la cultura latinoamericana y con una
lengua que está tan extendida que no podemos, aunque queramos, cerrarle a puerta.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
La violencia que hacen los calcos al sistema español es más claras. El inglés eventually quiere decir
'finalmente'; el equivalente castellano indica algo que no es regular o seguro, como en «trabajo eventual»,
pero se usa ahora con el significado de la palabra inglesa, y se dice por ejemplo «eventualmente lo hizo». Ese
es un típico calco semántico. Ejemplos de calcos sintácticos hay docenas, y algunos son chocantes como
llamar para atrás por devolver la llamada, pero otros se cuelan fácilmente en el español y ahí quedan, por
ejemplo resultar en dicho en lugar de dar por resultado («la liberalización de la moneda resulta en un
aumento de la inflación») o está saliendo de Quito el día 2 cuando se quiere decir sale de Quito el día 2.
Reyes, Graciela. Cómo escribir bien en español.
Etimologías
Para poder aprovechar el conocimiento etimológico en toda su amplitud, vamos a abordar su
estudio desde dos puntos de vista, ambos en el eje diacrónico:
- EL DE LA EVOLUCIÓN FONÉTICA DEL VOCABLO.
- EL DE SU CAMBIO DE APLICACIÓN Y DE VALORACIÓN.
LEYES DE CAMBIO FONÉTICO
El niño o adolescente, que no tiene conocimientos del latín que originó su lengua, debe recibir
adaptadas por su profesor las leyes de evolución fonética de las palabras. Así, por ejemplo, el alumno puede
comprender que, del mismo modo que a lo largo del eje temporal evolucionaron los usos y las costumbres,
las palabras empleadas en el vocabulario oral fueron las más expuestas al cambio y, por ende, se
convirtieron en VULGARISMOS, no porque connotaran nociones vulgares, sino porque sufrieron el impacto
del uso cotidiano; en cambio, cuando los términos no fueron utilizados por la lengua oral, sino que
permanecieron inalterables en un lenguaje literario, estamos en presencia de CULTISMOS. Y deben saber
que en el vocabulario que usamos todos los días, a veces, pueden coexistir dos voces derivadas del mismo
término original, uno evolucionado o ‘vulgarismo’, junto a otro, su mellizo, no su gemelo, que no sufrió
ningún cambio exterior desde su origen. Es el caso del vocablo original ‘directum’, que dio nuestros
‘derecho’ y ‘directo’, o el original ‘rapidum’, que dio nuestros ‘raudo’ y ‘rápido’.
Podemos, entonces, explicar que los sonidos antiguos, C, P, T, al ir entre vocales o entre una vocal y
una consonante sonora, se transformaron, respectivamente, en G, B, D, porque las consonantes sordas
primitivas se sonorizaron en contacto con sonidos “sonoros”, por un fenómeno llamado de ASIMILACIÓN
DOBLE. En virtud de esta asimilación o contagio, tenemos:
Catena > CADENA Aqua > AGUA Capra > CABRA
Otra ley dice que los sonidos latinos originales CT y LT dieron CH:
Pectus > PECHO Multum > MUCHO Lactuca > LECHUGA
Una tercera ley indica que los agrupamientos iniciales CL, PL, FL trajeron, respectivamente, al
español LL:
Clamare > LLAMAR Plorare > LLORAR Flamma > LLAMA
Algunas palabras latinas que evolucionaron con vulgarismos y con cultismos
VOZ ORIGINAL VULGARISMO CULTISMO
Como es dable advertir, los términos son polisémicos; a veces, han adquirido un significado
connotativo, otras, social, otras, conlocativo; pero siempre han conservado el sema irradiador original. A
veces, son intercambiables, otras, no. Así, puedo decir La simpatía es la clave de su éxito y La simpatía es la
llave de su éxito; pero no puedo decir indistintamente Suprime las llaves en ese ejercicio matemático y
*Suprime las claves en ese ejercicio matemático.
ALGUNOS OTROS CAMBIOS FONÉTICOS
• La O latina, breve en su cantidad y tónica, pasó al español como diptongo UE. Ej.: ‘fŏrtem’ >
fuerte (raíz culta en “fortaleza” y “fortificar”); ‘cŏmputum’ > cuento (raíz culta en “computación” y
“computar”).
• La E latina, breve en su cantidad y tónica, pasó al español como diptongo IE. Ej.: ‘tĕrram’ >
tierra (raíz culta en “terrestre” y “enterrar”); ‘hĕrba’ > hierba (raíz culta en “herbario” y “herbívoro”).
• La F inicial se hizo H. Ej.: ‘fabulari’ > hablar (raíz culta en “fabular”, “confabular”); ‘fumum’ >
humo (raíz culta en “fumar”, “fumata” y “fumarola”).
• Las consonantes NN y GN dieron Ñ. Ej.: ‘annum’ > año (raíz culta en “anual”, “bienal”,
“bianual” y “anuario”); ‘designium’ > diseño (raíz culta en “designio”); ‘ligna’ > leña (raíz culta en “lignario” y
“lignificar”).
• La combinación –NE o –NI dio Ñ, así como –LI dio J. Ej: ‘balneum’ > baño (raíz culta en
“balneario” y “balneoterapia”); “filium” > hijo (raíz culta en “filial” y “filicida”).
CAMBIOS DESDE LA APLICACIÓN Y LA VALORACIÓN
Se pueden enfocar desde dos puntos de vista: del alcance y de la valoración.
En cuanto al ALCANCE, diremos que muchas veces los términos RESTRINGEN su significado y otras, lo
AMPLÍAN. En el caso de la RESTRICCIÓN, ella puede ser consecuencia de la especialización de un medio
social, ya vista. Por ejemplo: GREX (grey, rebaño), que designaba a un rebaño de ganado menor, por
reducción y metafóricamente, designa a la congregación de fieles cristianos y también al conjunto de
individuos con la misma raza o de una misma región o nación. HABERE, que era un verbo de segunda
conjugación, cuyo significado era “tener, poseer”, hoy restringe su uso al de verbo auxiliar, utilizado para los
tiempos compuestos de la conjugación; también, en expresiones en que se desea conferir un valor
resultativo a lo dicho: “Ya tengo aprendido el discurso”, por lo tanto, sé el discurso.
En el caso de la EXTENSIÓN, es un proceso menos común que la restricción, porque la mente
humana tiende más a la diferenciación que a la síntesis y más a lo concreto y específico, que a lo abstracto y
general. Encontramos como ejemplo el adjetivo ‘loco’ que, tradicionalmente, designaba a un demente, a
alguien privado de razón; hoy, en cambio, en el lenguaje juvenil, es un vocativo que sirve para dirigirse a
alguien; otro tanto ocurre con el adjetivo ‘flaco’, equivalente a ‘delgado’, que tiene casi el valor de un
indefinido, al decir ‘vino un flaco’.
En lo que concierne a la valoración, los términos pueden haber hecho un DESARROLLO
AMELIORATIVO o un DESARROLLO PEYORATIVO. En el primer caso, su significado ha mejorado respecto del
de su origen. Ello sucedió con ‘ministro’, que originalmente designaba al que servía con las manos; hoy,
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designa a un funcionario, ya del gobierno, ya del culto. También, el sustantivo ‘mus’, que designaba al ratón,
da en inglés mouse, hoy utilizado en el ámbito de la informática para nombrar el dispositivo electrónico.
En cuanto al DESARROLLO PEYORATIVO, el significado ha empeorado respecto del de su origen. Es
producto de una tendencia pesimista del hombre. Lo advertimos en términos como ‘agonía’, que significa
etimológicamente ‘lucha’ y que hoy se circunscribe a la lucha entre la vida y la muerte. Lo mismo el adjetivo
‘fatal’, que se ligaba al ‘fatum’, esto es, al destino; hoy, se vincula exclusivamente al destino trágico.
Prof. María del R. Ramallo de Perotti. EL JUEGO ETIMOLÓGICO EN EL AULA
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Prefijos Latinos
PREFIJO SIGNIFICA EJEMPLO
ab- abs separación abstracción
ad añadido adjunto
ante delante anteproyecto
bi – bis dos bípedo
circum alrededor circunvalar
cum – com – con con conciudadano
contra contra contrarrestar
des privación desgracia
dis – di separación, negación disolver
equi igual equivalente
ex privación excampeón
extra fuera, más allá extraoficial
in en influir
i – in privado de invertir
Infra debajo infracción
inter entre internacional
intra dentro intramuros
multi muchos multicolor
omni todo omnipotente
per a través perforar
post – pos después posponer
pre delante predicción
pro por promover
re de nuevo recomponer
retro hacia atrás retrovisor
semi medio semirrecta
sin – sine negación sinnúmero
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Sufijos:
-ALGIA: 'dolor'
-ARQUÍA: 'mando'
-ATRA: 'que cuida'
-CARPIO, -CARPO: 'fruto'
-CÉFALO: 'cabeza'
-CIDA, -CIDIO: 'matar'
-COLA: 'cultivar, habitar'
-CRACIA: 'poder'
-CULTURA: 'cultivo'
-DROMO: 'carrera'
-FAGIA, -FAGO: 'comer, devorar'
-FERO: 'llevar, producir'
-FILIA, -FILO: 'afición o amor'
-FOBIA, -FOBO: 'aversión, rechazo'
-FONÍA, -FONO: 'voz, sonido'
-FUGO: 'huir
-GLOTO: 'lengua'
-GRAFÍA, -GRAFO: 'escritura, descripción'
-GRAMA: 'escritura, línea'
-ITIS: 'inflamación'
-LATRÍA, -LATRA: 'adoración'
-LISIS: 'disolución'
-LOGÍA, -LOGO: 'ciencia, tratado; estudioso'
-METRO: 'medida'
-MORFO: 'forma'
-OSTE, -OSTEO, -OSTIO: 'hueso'
-PATÍA: 'afección, enfermedad'
-PEDO: 'pie'
-RAGIA: 'brotar, fluir'
-SCOPIA, -O: 'observar, examinar'
-TECA: 'caja, depósito, conjunto'
-TERAPIA: 'cuidado, curación'
-TERMO: 'caliente, temperatura'
-TROFIA, -TROFO: 'alimento, nutrición'
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Los hoygan no son más que personas que no escribían bien fuera de Internet y tampoco lo van a
hacer dentro. Igual que la falta de respeto que muestran en la Red suele ser el reflejo del que tienen fuera de
ella. “Hay quien piensa que Internet acaba con la buena ortografía. No es cierto, es que a los que antes
escribían mal, ahora se les ve más. Tú no hablas de la misma forma en una cena con amigos, con tu pareja en
un ambiente más informal o en un artículo para un periódico. Hay contextos. En la Red sucede igual. No es lo
mismo escribir en Facebook para los amigos, que en un correo electrónico que va dirigido a una persona en
concreto, que en Twitter, que está a la luz de todo el que lo quiera leer. La gente suele adaptarse a estos
contextos”, asegura Peláez.
Pone un ejemplo Ricardo Galli, cofundador de Menéame, un agregador de noticias donde se generan
numerosos debates de actualidad en el que las incorrecciones están muy mal vistas: “Mi hija de 14 años
escribe mal en foros y con nosotros escribe bien. O sea, que las reglas las sabe. Sin embargo, en
determinados entornos, si lo hace correctamente se siente excluida”.
Escribir mal entre los chavales es parte del juego de inclusión, es cosa de adolescentes que están por
Tuenti y Facebook”. Esa misma capacidad de adaptación la ve en Menéame, cuyos usuarios son exigentes
con la ortografía: “Hay algunos que me han confesado que han tenido que empezar a escribir mejor para
ganarse el respeto de la comunidad, que es severa a ese respecto desde que nació en un grupo de correos
de gente universitaria que le daba bastante importancia. Pero Internet es neutral, cada uno se expresa bien
o mal en función de cómo sepa hacerlo y de los modelos que siga. Si estás en un grupo abierto en el que
prima la corrección, tenderás a imitarlo; si es cerrado y la costumbre es escribir mal, lo normal es hacer lo
mismo”, explica Galli, quien cree que, pese a todo, en la Red ha aflorado una realidad: “Hay mucha gente
que escribe mal”.
Los mensajes cortos obligan a mejorar la expresividad
Galli pone un ejemplo que le sorprendió: la periodista Ana Pastor, directora de Los desayunos de
TVE. “Se enmendó, pero cuando empezó en Twitter escribía fatal y yo me preguntaba cómo una
comunicadora con miles de seguidores hacía eso”.
El caso de Pastor fue el de adaptación al medio. Ella misma cuenta que cuando llegó a la red social
de los mensajes breves escribía igual que en los SMS. “Tenía la manía de acortar con la letra ka, y en Internet
hacía lo mismo. Unos cuantos me dieron caña, pero lo que realmente me hizo cambiar fue que unos usuarios
ciegos me dijeron que en sus lectores no se entendían bien las palabras escritas con las kas. Desde entonces
decidí cambiar, aunque alguna vez se me escape alguna. Me parece bien que la gente sea exigente con los
periodistas. Cuando escribo mis cosas lo hago como me parece, pero en una red social entiendo que hay que
esforzarse”, cuenta.
Estos procesos y la adaptación al propio medio son naturales, según Darío Villanueva, secretario de
la Real Academia Española (RAE): “No creo que las nuevas tecnologías vayan a producir una hecatombe. El
uso de la lengua va ligado al intelecto de los seres humanos, y porque haya nuevas prácticas no va a acabar.
En estos nuevos medios, el que escribe generalmente lo hace para alguien; no solo puedes escribir más
ágilmente sino que puedes hacerlo llegar más rápido a mucha más gente. Antes mandabas una carta a
Buenos Aires y tardaba un mes en llegar. Hoy haces tuit y miles de personas pueden leerlo en el mundo
entero. En la escritura electrónica hay también posturas de distinción, quien entiende que tiene que cuidar
mucho cómo dice las cosas para que sean más eficaces porque enseguida va a leerlo mucha gente. Si hay un
problema no es de la Red, sino de la educación. “Quien debe enseñar ortografía es la escuela, no Google”,
dicen en la Real Academia Española
Esta misma idea la desarrolla Ariel Torres, editor del diario La Nación, en un artículo recogido en la
web manualdeestilo.com: “Si un chico comete faltas de ortografía atroces es porque no aprendió las reglas
cuando debía aprenderlas, sea por negligencia o por una educación rudimentaria. Al acusar a las nuevas
tecnologías de las faltas de ortografía no hacemos sino deshacernos de una responsabilidad que nos
concierne como adultos. Somos nosotros los que creamos las condiciones para que los chicos no aprendan
ortografía. Podemos echarle la culpa hasta mañana a Internet y los SMS. Es lo mismo. La responsabilidad es
formar a los chicos, no de los chips”.
Su conclusión es que la escritura en Internet goza de muy buena salud y hace una distinción entre las
faltas de ortografía y “las exóticas abreviaturas del chat, los SMS y Twitter”. “La falta de ortografía es
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ignorancia. En cambio, el texto expeditivo, abreviado y condensado del chat, los SMS y Twitter es la escritura
aplicada exactamente como se debe”, añade.
Twitter, con su inmediatez y sus características peculiares, es uno de los fenómenos que está
condicionando el lenguaje en la Red. La longitud de los mensajes que se pueden enviar, de 140 caracteres,
está dando pie a acortar palabras, pero también a buscar las precisas, a ser ingenioso y evitar la verbosidad
excesiva.
Villanueva explica que los manuscritos medievales estaban llenos de abreviaturas porque el papiro
era muy caro y hacer un libro llevaba mucho tiempo y el idioma evolucionó con ellas sin destruirse. Además,
ve en Twitter ventajas: “Hay una búsqueda del ingenio. Se dice con pocas palabras algo que ilumina una
realidad y no necesariamente cargándose la ortografía. El uso del lenguaje competente es más eficaz que el
incompetente. Si usas frases hechas o con muletillas, no aportas nada. Sucede como con la poesía, que dice
lo que sabemos con combinaciones nuevas”.
Esta misma línea mantiene Mario Tascón, autor del libro Twittergrafía. Abunda en la idea de que las
abreviaturas siempre han formado parte de las distintas tecnologías que han acompañado al idioma. “Estaba
la taquigrafía, antes la imprenta. La letra eñe procede de una abreviatura que servía para comprimir los
renglones de los materiales impresos. Además, encuentras otras que están directamente relacionadas con el
funcionamiento de la aplicación: si quieres que la gente entienda que haces un retuit, pones RT, el
agolpamiento de palabras es necesario para que funcione un hashtag [una etiqueta]”. Además, en su
Twittergrafía cuenta cómo nuevos métodos que cualquier usuario tiene al alcance de su teclado pueden
añadir expresividad. Va desde los emoticonos que ya son universales, como la sonrisa expresada con dos
puntos y el cierre del paréntesis, :), a un corazón, “que todo el mundo entiende”, o a otros más barrocos. Se
pueden hacer verdaderas virguerías usando combinaciones.
Algunos de estos símbolos han llegado al papel impreso. Cada vez es más frecuente encontrar la
almohadilla (#) en un periódico. También ha llegado a la literatura. Agustín Fernández Mallo usa algunos
símbolos en su libro Nocilla dream, lo que puede hacer pensar que más que acabar con los buenos usos de la
lengua escrita la Red puede llegar a enriquecerla.
La periodista Pastor admite que mejoró su expresión en atención a los ciegos
Al fin y al cabo, Internet no es más que una nueva tecnología en la que la escritura cambia como lo
ha hecho a lo largo de la historia: piedra, papiro, imprenta y, ahora, bits. Los apocalípticos siempre han
fallado hasta el momento.
Darío Villanueva recuerda que uno de los primeros agoreros fue Sócrates, que en un texto de Platón
aseguraba que la escritura alfabética era “un mal absoluto”. “También McLuhan cuando publica Galaxia
Gutenberg vaticinaba el fin del libro”, añade. Ni la escritura trajo males ni, de momento, ha llegado el fin del
libro ni Internet se está cargando la escritura pese a las barbaridades que se ven en ocasiones en la pantalla
del ordenador. Todo es más simple que eso. O más difícil: como dijo en una entrevista García Márquez, “lo
primero para escribir bien en Internet es escribir bien”.
Consejos para escribir en Internet
El manual de estilo para nuevos medios, en fase de preparación, pretende mejorar el lenguaje en la
red. Hoy se puede consultar algo así como un borrador gigante en la web www.manualdeestilo.com. Mario
Tascón, director del proyecto, da algunos consejos para escribir en Internet:
-Hay que tener en cuenta que la escritura es pública.
-Internet se ha convertido en un diálogo, es recomendable ser cortés.
-En la medida de lo posible, los textos han de ser breves, el tiempo de los demás es sagrado.
-El idioma es muy rico. Hay muchísimas palabras, hay que buscar las mejores, las que tienen más
precisión, lo que, además, ayuda a la brevedad.
-La escritura es global. No todos los hispanohablantes escribimos de la misma manera. Hay que ser
respetuoso con palabras que se usan en otros lugares de habla hispana. Nuestros interlocutores no siempre
son de nuestro país y puede haber equívocos.
-Hay que saber cambiar de canal. No es lo mismo un correo electrónico, que Twitter que un Wiki,
donde escribe mucha gente.
-Las mayúsculas son como un grito.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
-Se recomienda evitar en lo posible escritos consonánticos, es decir, quitar las vocales de una
palabra para abreviar. Si el acrónimo o la abreviatura pueden tener problemas, los consonánticos más.
Suelen llevar a confusión.
-Hay que usar el diccionario y las abreviaturas normalizadas. El castellano es rico en ellas.
-En los hiperenlaces hay que ser preciso para ayudar a la gente a saber dónde se dirigen, que no van
al vacío del ciberespacio.
-Los enlaces tienen que estar diferenciados tipográficamente para que el lector los advierta. De lo
contrario, pasan desapercibidos.
-Hay que ser consciente de que lo que se escribe lo tienen que leer las máquinas. No es que la gente
deba escribir para Google, pero hay que tenerlo en cuenta.
-Hay que tener mucho cuidado con la escritura de direcciones web o correos porque un fallo las
inutiliza. Hay que tener en cuenta que aquí no se siguen las normas ortográficas o de mayúsculas y
minúsculas.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
llevar un recuento del número exacto de los hombres y mujeres presentes, y no parece por tanto una
solución muy práctica.
Lo cierto es que, en determinados contextos, algunos hablantes usan de forma esporádica el
femenino genérico: el año pasado, los medios se hacían eco de las palabras del entrenador de la selección
femenina de baloncesto. Sus «jugamos contentas, jugamos tranquilas» causaban asombro en los medios: un
hombre se incluye en un femenino genérico en una muestra de habla tan espontánea como la de un
seleccionador hablando a sus jugadoras. Preguntado por ese femenino, respondía con una lógica que para él
era aplastante: «¡Pero si son todo mujeres y el único hombre soy yo, que ni siquiera juego!».
Tabla resumen
Femenino profesiones
«La presencia de marcas de género en los nombres que designan profesiones o actividades
desempeañadas por mujeres está sujeta a cierta variación. La lengua ha acogido, pues, en ciertos medios
voces como "bedela", "coronela", "edila", "fiscala", "jueza", "médica" o "plomera", pero estas y otras voces
similaes han tenido desigual aceptación, generalmente en función de factores geográficos y sociales, además
de propiamente morfológicos». Gramática, RAE, 2009.
● ¿Cuántos géneros tiene el español?
El género es una propiedad de los nombres y los pronombres que tiene efectos en la concordancia
con los determinantes, los adjetivos, los cuantificadores, etc. Los sustantivos en español solo pueden ser
masculinos o femeninos, pero los demostrativos, los cuantificadores, los artículos y los pronombres
personales pueden ser, además, neutros: esto, eso, aquello; tanto, cuanto, mucho…; lo y ello.
● ¿Existe una correspondencia estricta entre el género y el sexo?
No. El género de los sustantivos no siempre se corresponde con el sexo biológico del referente.
Cuando el sustantivo se refiere a un ser animado, el género puede diferenciar el sexo (león, leona); pero en
el resto de los casos es una propiedad gramatical independiente: la mesa es femenino, el tenedor es
masculino.
● ¿Cómo se marca el género?
Para marcar el género hay distintas posibilidades:
Morfemas: terminaciones como la -a (niña), -esa (abadesa), -isa (poetisa), -ina (heroína), -era
(cocinera), -ana (decana), - óloga (psicóloga), -ada (magistrada), etc.
Raíces distintas: caballo, yegua (son los llamados heterónimos).
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
Determinantes y otros elementos concordantes: el artista, la artista (se los conoce como comunes
en cuanto al género).
Además, están los sustantivos ambiguos, que se pueden usar en femenino o masculino
indistintamente (el mar, la mar), y los epicenos, que se refieren a un ser vivo de uno u otro sexo con un único
género, como el mosquito (mosquito macho/hembra).
Existen ciertas correspondencias:
-La mayor parte de los sustantivos acabados en -a son femeninos: taza, silla, niña, pero no faltan
casos como clima, día o mapa.
-La mayoría de los acabados en -o son masculinos: cuaderno o puerto, pero también hay
femeninos como mano.
-Los acabados en consonante o en otras vocales pueden ser masculinos o femeninos.
-Los sustantivos de persona comunes en cuanto al género
-Términos como el cónyuge / la cónyuge distinguen el género por la concordancia y no mediante
desinencias: su cónyuge está enferma/enfermo.
Los problemas se presentan especialmente con aquellos sustantivos comunes que denotan
profesiones, cargos, títulos, empleos o actividades. En la evolución de muchos de estos nombres, el proceso
habitual suele ser que los que tradicionalmente eran masculinos pasen a ser comunes y de ahí a tener una
forma femenina plena, sobre todo aquellos que pertenecen a ámbitos a los que la mujer se ha ido
incorporando paulatinamente (el socio, la socio, la socia; el juez, la juez, la jueza; el obispo, la obispo, la
obispa, y muchos más).
Así pues, muchos de estos sustantivos que antes eran considerados comunes en cuanto al género y
que hacían el masculino en -o presentan hoy el femenino en -a: abogado, árbitro, arquitecto, fontanero,
ministro, etc.
La Gramática académica indica que «... se ha comprobado que la presencia de marcas de género en
los nombres que designan profesiones o actividades desempeñadas por mujeres está sujeta a cierta
variación, a veces solo desde tiempos relativamente recientes. La lengua ha acogido, pues, en ciertos medios
voces como bedela, coronela, edila, fiscala, jueza, médica o plomera, pero estas y otras voces similares han
tenido desigual aceptación en función de factores geográficos y sociales además de propiamente
morfológicos».
En la Fundéu siempre hemos ofrecido la forma plenamente femenina de aquellos cargos y
profesiones que, de acuerdo con la morfología de nuestra lengua, pueden tenerla. Recomendamos, por
ejemplo, pilota, obispa o edila. Y lo hacemos siendo conscientes de que tienen una aceptación irregular.
Sabemos que a muchas personas «les suenan mal», pero también sabemos que el hecho de que una palabra
suene bien o mal no es en sí un criterio lingüístico.
Los hablantes, al final, son quienes siempre deciden. En la Fundéu tratamos de que esa sea una
decisión informada entre opciones gramaticalmente válidas, correctas. Nuestra labor es conseguir que la
gente sepa que puede decir la juez y también la jueza, después ya es cada hablante quien finalmente emplea
una palabra u otra. Las que triunfen, las que mayoritariamente se empleen, serán las que se quedarán y
estarán vivas en el caudal léxico de la lengua; las otras caerán por su propio peso en la evolución del español.
● La escala militar
La Gramática académica indica que «suelen ser comunes en cuanto al género los sustantivos que
designan grados de la escala militar». La RAE no recomienda la soldada, señala que es común emplear las
mujeres soldados y las soldados. En América se documenta comandanta, generala, sargenta, tenienta, etc.
Capitana es más frecuente para la mujer que dirige una nave y un equipo deportivo, y sargenta, por ejemplo,
figura en el Diccionario académico con las acepciones de ‘mujer autoritaria’ y ‘corpulenta’.
● Femeninos y nombres de disciplinas
Muchas personas sienten resistencia a formar determinados femeninos (música, química, jardinera);
los motivos son diversos, pero en ocasiones se señala el hecho de que esas palabras «ya significan otra
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
cosa». Música y química, en efecto, se emplean ya para denominar sendas disciplinas, y una jardinera es un
tipo de macetero. Lingüísticamente, sin embargo, esto no es una objeción; la polisemia es un fenómeno
normal en el léxico, sucede con muchas otras palabras: el frutero, sin ir más lejos, es tanto el señor al que le
compramos la fruta como el cuenco en el que se almacena.
Tabla resumen
La equis, la @, la e
En ocasiones, se ha sugerido como una posible alternativa para no emplear siempre las desinencias del
género masculino sustituir estas por otras «más neutras». Algunas propuestas utilizan la @, la letra «x» e
incluso la vocal «e», pero estas opciones presentan algunos problemas.
Pueden ser admisibles en ciertos contextos como una manifestación verbal creativa y provocadora, como un
recurso gráfico más propio de pancartas y lemas, en los que visualmente puede resultar expresivo, pero se
recomienda no emplearlo en textos generales, ya que además presenta el problema de la imposible
pronunciación de las palabras resultantes.
El hecho de que la @ o la x sirvan precisamente para no marcar ni un género ni otro de forma expresa ha
llevado a que algunas agrupaciones del colectivo LGTB empleen estas opciones para referirse a aquellas
personas que no se sienten identificadas como mujeres o como hombres o que no lo hacen siempre del
mismo modo y que no quieren limitarse a un sistema binario que consideran constrictivo.
Tabla resumen
Síntesis de https://www.fundeu.es
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
Clases de palabras
Nombre o Sustantivo Designan personas, animales, Abstractos: no designan un objeto real sino una cualidad de los seres reales o que se pueden
cosas , pensamientos, representar como tales (Ej. amor, temor, compasión)
emociones e ideas Concretos: designan seres reales, apreciables por los sentidos del ser humano. (Ej. silla, mesa)
Propios: nombran un determinado ser entre los de su clase.(Pedro, París, El solitario)
Comunes: nombran a todos los seres u objetos de la misma especie.
Individuales: en singular nombran un solo ser u objeto. (árbol, barco)
Colectivos: en singular nombran un grupo formado por varios seres u
objetos. (arboleda, alameda, flota)
Adjetivos Los adjetivos son palabras que Descriptivo: Tienen un significado fijo y dan alguna particularidad al sustantivo que acompañan.
expresan cualidades y Calificativos: otorgan cualidades al sustantivo que modifican. Celoso, bello, lindo
propiedades de los sustantivos. Numerales: aportan datos numéricos y de cantidad.
Éstos pueden expresar Cardinales: uno, dos
Ordinales: primero, segundo
diferentes significados:
Partitivos: mitad, cuarto
Una cualidad, un estado,una Múltiplos: doble, triple
procedencia, una relación. No descriptivos:
Gentilicios: Nacionalidad o procedencia. Peruano, argentino
Pronominales:
Demostrativos: Este, ese, aquel
Posesivos: Mío, tuyo, suyo, nuestro
Indefinidos: Varios, muchos, algunos,
Pronombres Funcionan en la oración Personales:
como los sustantivos. 1ª persona 2ª persona 3ª persona
Singular Plural Singular Plural Singular Plural
Pronombre significa “en
Yo Nosotros Tú Vosotros Él, ella, ello Ellos, ellas
lugar del nombre o Me Nosotras Te Vosotras Le, la, lo, se Les, las, los,
sustantivo”. Mi Nos Ti Os Sí se
Contigo Contigo Ustedes Consigo Sí
Vos Consigo
Usted
Posesivos: Los adjetivos posesivos antes del sustantivo concuerdan en número con el sustantivo; la
primera y segunda persona del plural (nosotros, vosotros) concuerdan también en género.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez
mi, mis, tu, tus, su, sus, nuestro, nuestra, nuestros, nuestras, vuestro, vuestra, vuestros, vuestras, su,
sus
Demostrativos: Indican proximidad o lejanía entre el emisor y aquello de lo que se habla.
Esto, eso, aquello
Indefinidos: Se refieren a algo de forma imprecisa mucho, muchos; mucha, muchas poco, pocos;
poca, pocas tanto, tantos; tanta, tantas bastante, bastantes demasiado, demasiados; demasiada,
demasiadas alguno, algunos; alguna, algunas ninguno; ninguna algo, nada
Enfáticos: se introducen en una pregunta o intensifica una oración. Son: qué, cuanto, cuanta,
cuantos, cuantas, quién, cuál, cuáles.
Adverbios Los adverbios son palabras Lugar
que expresan circunstancias Al interrogativo dónde (poético dó) corresponden los demostrativos aquí, ahí, allí, acá,
de diverso tipo: lugar, allá, acullá, cerca, lejos, enfrente, dentro, fuera, arriba, abajo, delante, detrás, encima,
tiempo, modo, cantidad, debajo, junto; aquende, allende, que ya son poco usados, y suso, yuso y ayuso, que lo son
menos todavía, y el relativo donde (poético do).
afirmación, duda, inclusión
Tiempo
Al interrogativo cuándo corresponden los demostrativos hoy, ayer, anteayer, mañana,
ahora, antes, después, entonces. luego, tarde, temprano, presto, pronto, siempre, nunca,
jamás, ya, mientras, aún, todavía, hogaño, antaño y el relativo cuando.
Modo
Al interrogativo cómo corresponden los demostrativos bien, mal, así, apenas, quedo,
recio, duro, despacio, alto, bajo, excepto, salvo, conforme, adrede, aposta, buenamente,
malamente, otros acabados en mente y el relativo como.
Cantidad
Corresponden al interrogativo cuánto o cuán los demostrativos más, mucho, poco, casi,
harto, bastante, tan, tanto, nada, etc., y los relativos cuanto, cuan.
Lugar y tiempo
De los adverbios de lugar y de tiempo salen los llamados de orden, como primeramente,
sucesivamente, últimamente, antes, después y otros que expresan orden con referencia al
espacio o la duración.
Afirmación
Como si, cierto, ciertamente, verdaderamente, también.
Negación
Como no, nunca, jamás, tampoco.
Duda
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Unidad 3
Semántica léxica y semántica
composicional
La Semántica suele caracterizarse como el estudio del significado lingüístico. Esta
definición es básicamente correcta, pero puede inducir a engaño, ya que, informalmente, es
frecuente identificar el significado lingüístico con el significado de las palabras; esto puede
llevar a entender, en consecuencia, que la tarea del semantista se limita a describir y
caracterizar el significado de las unidades básicas, a buscar sus componentes menores (rasgos
semánticos), o a descubrir la organización del léxico en clases (campos semánticos).
Basta reflexionar un poco para darse cuenta de que no sólo las unidades menores son
signos lingüísticos; también lo son otras estructuras mayores, formadas por la combinación de
unidades simples, como los sintagmas y las oraciones; y también los sintagmas y las oraciones
tienen significado. Así, del mismo modo en que podemos caracterizar el significado de una
palabra por medio de una definición, u ofreciendo su equivalente en otra lengua, podemos
hacer algo parecido con las expresiones más complejas, parafraseándolas o traduciéndolas:
(1) Juan vive en Madrid = Juan reside en Madrid = Juan lives in Madrid
(2) A finales de Noviembre = En los últimos días del mes de Noviembre =
In late November
Si esto es así, entonces la Semántica, en cuanto ciencia del significado lingüístico,
tendrá que dar cuenta de todo el significado, independientemente de cuál sea la naturaleza
del signo lingüístico al que se asocie. Para ello, es necesario precisar más la definición algo
vaga de Semántica que recogíamos más arriba, y sustituirla por otra un poco más explícita:
La Semántica es el estudio del significado lingüístico expresado por medio de las
unidades simples y de sus combinaciones.
Dentro de ella podemos distinguir dos ramas diferentes:
- la Semántica léxica, que tiene por objeto las unidades simples, y
- la Semántica composicional, que se ocupa específicamente de las expresiones
complejas.
Una expresión compleja es una unidad lingüística formada por la combinación de
unidades simples de acuerdo con reglas gramaticales. Deben satisfacer la GRAMATICALIDAD.
Incluyen: Oraciones simples,
Combinaciones mayores: oraciones complejas y compuestas.
Combinaciones menores: Sintagmas, palabras flexionadas (lleg-ó, episodio-s),
derivadas (des-humidificador), palabras compuestas (lava-platos).
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Semántica Lic. María de los Ángeles
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- Un predicado de estado tiene un paciente como sujeto. (Ser, estar, parecer, semejar)
La puerta está abierta.
paciente predicado
Estructura argumental
Se denomina ‘estructura argumental’ a la estructura que refleja el número de
argumentos requeridos por una unidad léxica, particularmente un verbo, así como los papeles
temáticos o semánticos que asigna a cada uno de esos argumentos. Por ejemplo, la estructura
argumental de meter podría representarse de la siguiente manera:
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Cubo de Severino, Liliana (et. al.). Leo pero no comprendo: estrategias de comprensión
lectora.
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Verbos de estado
Tipos de predicación
Según la naturaleza del predicado, una oración puede ser atributiva o predicativa.
Cuando el predicado expresa una cualidad del sujeto hablamos de una 'oración atributiva':
Maggie es la mamá de Gabrielita.
Patty está contenta con su trabajo.
La relación semántica entre el sujeto y el predicado en estos casos puede ser ecuativa
o identificativa, puede indicar una relación de inclusión, pertenencia o clasificación del sujeto,
o puede expresar una cualidad del sujeto.
'Oración predicativa', por otra parte, es aquella que expresa un fenómeno o situación
en los que participa el sujeto:
Pablo lee historietas de aventuras.
Guillermo estudió mucho este año.
El verbo puede ejercer una predicación completa o incompleta. Se tiene una
'predicación completa' cuando el verbo expresa por sí solo lo que se desea decir del sujeto:
El árbol floreció.
Función atributiva
Es la función sintáctica que expresa una cualidad, propiedad, estado o circunstancia del
sujeto a través de los verbos copulativos ser, estar y parecer. El atributo complementa al verbo
y al sujeto. Este y el atributo se hallan íntimamente ligados por el verbo. Ejemplos:
Cervantes fue un gran escritor.
Tu hermana está cansada.
Luis es rubio.
Muy altas son esas verjas.
Sus primos están bien.
Su cara parece triste.
• El atributo completa la información del sujeto y del verbo copulativo, y no se
puede eliminar de la oración. Si así fuera, la oración no tendría sentido, sería agramatical.
Ejemplo:
Ese entrenador de fútbol es severo. > *Ese entrenador de fútbol es.
• No es arbitrario que al atributo se le llame así. La palabra “atributo” significa “cada
una de las cualidades o propiedades de un ser”. Esta es la razón característica principal de esta
función sintáctica: atribuir una cualidad, propiedad, estado, circunstancia o condición al sujeto.
Muchas veces se caracteriza al verbo ser como carente de todo contenido léxico ya
que sólo expresa la equivalencia entre dos miembros que relaciona (A es B, A=B) y tiene un
valor identificador. El verbo estar, en cambio, presenta un contenido más o menos preciso de
“estado” con diversas facetas asociadas: localización (Juan está en casa), estado físico o
anímico (Juan está triste), resultado (El vaso está vacío). De esta manera se explica que admita
la sustitución por otros verbos. Se establecería así una menos confusa dicotomía entre el verbo
copulativo ser y el conjunto de verbos (incluido estar) que pueden también construirse con
predicativo: Estoy cansado, Lo vi cansado, Estos días trabajo cansado, Me encuentro cansado,
Me levanto cansado.
Función locativa
Los verbos ser, estar y parecer no siempre funcionan como copulativos o atributivos. A
veces pueden ser predicativos (es decir, no tienen atributo). En su uso predicativo, el verbo
estar significa “situación en el espacio o en el tiempo”; el verbo ser equivale a “ocurrir”,
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Transitividad e intransitividad
Las gramáticas tradicionales describen la distribución de los argumentos en términos
de la “transitividad” del predicado con el que están relacionados. Los predicados intransitivos
seleccionan un solo argumento, los transitivos seleccionan dos argumentos y los ditransitivos
tres argumentos. Estos tres tipos de predicados se ilustran a continuación mediante
predicados verbales:
INTRANSITIVOS
a. Juan durmió.
b. Los niños bailan.
c. Llega el tren.
TRANSITIVOS
a. María compró pan.
b. Susana construyó una casa.
c. Los estudiantes saben la respuesta.
DITRANSITIVOS
a. Pedro le mandó un paquete a José.
b. El perro le dio un mordisco al hueso.
El término “ditransitivo” se usa normalmente para predicados que tienen tanto un
objeto directo como un objeto indirecto, además de un sujeto. También hay predicados que
aparecen con un objeto directo y un sintagma preposicional locativo, como
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[Zagona, Karen: Sintaxis generativa del español. Madrid: Visor Libros, 2002, p. 88-89]
La transitividad
Mientras que toda cláusula tiene sujeto, sólo algunas tienen objeto. Las cláusulas que
contienen un objeto directo se denominan transitivas; las que carecen de objeto directo son
las intransitivas. Tradicionalmente también se clasifica a los verbos en transitivos e
intransitivos. Sin embargo, la separación entre verbos transitivos e intransitivos no es neta. Si
bien hay verbos que no pueden prescindir de su objeto, como obtener, difundir o reconocer,
otros considerados transitivos sí pueden hacerlo. Del mismo modo, mientras que algunos
verbos son siempre intransitivos como ir o crecer, otros, normalmente intransitivos, admiten la
presencia de un objeto. Por eso muchos gramáticos plantean que, en lugar de verbos
transitivos e intransitivos, corresponde hablar de empleos transitivos o intransitivos de los
verbos. Habría, pues, grados de transitividad. Veamos esos casos intermedios:
Intransitividad
Se reconocen dos tipos de verbos intransitivos: los intransitivos propiamente dichos o
inergativos, en los que el sujeto sintáctico coincide con el semántico (trabajar, sonreír,
bostezar) y un segundo grupo, los inacusativos o semideponentes en que el sujeto sintáctico
comparte algunas características con el O.D.
Distinguimos dos tipos de verbos inacusativos: los intransitivos (caer, morir, nacer,
licuar, faltar, sobrar) y aquellos que son neutros en cuanto a la transitividad, los ergativos.
Estos pueden ser tanto transitivos como intransitivos (no pronominales bajar, aumentar,
mejorar, empeorar y pronominales romperse, fundirse, congelarse, enfriarse, ensuciarse).
Pasivización
Las oraciones pasivas son construcciones que reducen la estructura argumental del
predicado semántico al eliminar el argumento externo o degradarlo como SP omisible (el
complemento agente). Por otra parte, el sujeto de la pasiva corresponde al objeto directo de la
activa. Estos cambios van acompañados por una morfología particular. El verbo es sustituido
por su participio precedido por el verbo ser, que forman una perífrasis o frase verbal. Las
relaciones entre una oración activa y su correspondiente pasiva pueden representarse del
siguiente modo:
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El sujeto puede aparecer también antepuesto al verbo (Un funcionario israelí fue
asesinado por los palestinos). Como vemos, entre la activa y la pasiva median, además de las
diferencias funcionales representadas, una serie de cambios: orden de los constituyentes,
eliminación de marcas de función –a del objeto directo– y aparición de otras –por y ser.
1) Oración activa
No es un término apropiado, porque se refiere a oraciones cuyo sujeto puede ser un
agente (verbos de acción); pero también son posibles otros papeles semánticos en la misma
función:
María tiene quince años –> “María”: sujeto con el rol de tema conocido + SV/Pred (V +
CD)
Pedro sufrió un accidente –> “Pedro”: sujeto con el rol de paciente + SV/Pred (V+ CD)
Así pues, se trata de oraciones transitivas o intransitivas.
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Se construye por medio del morfema SE (no confundir con el pronombre homófono) y
el verbo que corresponda:
se rompieron
ARGUMENTO ÚNICO: SUJETO
Las ventanas
ADJUNTOS
el día de la tormenta
4) Oración impersonal
Sería más apropiado llamarla “oración sin sujeto”. El verbo se conjuga en 3ª persona
del singular, pero no hay un “sujeto omitido” o elíptico, que pudiera hacerse explícito.
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ordenación oracional más frecuente o esperada; esta última ordenación técnicamente se llama
‘no marcada’, frente a la tematización, que sería la “ordenación marcada”. Habrá tematización
siempre que se seleccione como tema y, por tanto, se marque como tal un constituyente que
no sea el sujeto de la oración, como en los ejemplos: “Esa melodía la tocó Sam en Casablanca'
o “Al policía le he mostrado mi pasaporte”.
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Enunciado y enunciación
En todo enunciado, sea éste de la naturaleza y de la extensión que fuere -verbal o no
verbal, una frase o un relato- es posible reconocer siempre dos niveles: el nivel de lo
expresado, la información transmitida, la historia contada esto es, el nivel enuncivo, o bien lo
enunciado; y el nivel enunciativo o la enunciación, es decir, el proceso subyacente por el cual lo
expresado es atribuible a un yo que apela a un tú. Así, en el enunciado en una manifestación
discursiva cualquiera, reconocemos lo enunciado y la enunciación.
El enunciado puede concebirse como una materialidad perceptible realizada con
cualquier sustancia expresiva, ya sea verbal –oral o escrita- o no verbal -gestual, icónica,
sonora, sincrética, etc. El enunciado conlleva dos niveles, de los cuales uno es explícito, lo
enunciado, aquello que es objeto del discurso, y el otro, implícito, la enunciación, presupuesta
por todo enunciado en la medida en que todo discurso proviene de un yo que destina su
alocución a un tú.
El nivel enuncivo, que aquí llamamos "lo enunciado” -sirviéndonos de los matices del
español que nos permiten distinguir entre el enunciado y lo enunciado- puede verse también
como el objeto manifiesto de toda enunciación. Así Greimas (1996) considera que la
enunciación posee la misma estructura que un enunciado, esto es, que se compone de sujeto,
verbo y objeto, siendo el sujeto de la enunciación el yo-tú subyacente a todo enunciado, el
verbo de la enunciación aquél que designa el acto enunciativo, o sea, decir, y el objeto de la
enunciación, el propio enunciado.
En el ejemplo comentado por Greimas, la frase
Estoy enfermo
podemos sacar a luz la cláusula Yo (te) digo que..., la cual subyace a todo enunciado y
además, reconocer el objeto del discurso manifiesto en ese "estoy enfermo”.
Esto implica que habrá una estructura de sujeto/verbo/objeto del enunciado, como así
también, en otro nivel, una estructura de sujeto/verbo/objeto de la enunciación.
María Isabel Filinich. Enunciación. Eudeba
Coherencia y cohesión
La coherencia ha sido marcada como una cualidad inherente a la textualidad, es decir
que hay texto cuando hay coherencia. ¿Qué es la coherencia?
El diccionario etimológico da cuenta de las palabras coherencia y cohesión en relación
al verbo latino haerere que significa ligar, estar unido. Empleadas en el ámbito de la
textualidad, siguen en grandes líneas manteniendo el significado que les otorga el diccionario
de la lengua, es decir, cohesón = adhesión y coherencia = propiedad de algo por la cohesión
(todos los enlaces considerados arriba, son justamente, marcas de cohesión que determinan la
coherencia).
Para algunos autores, la coherencia es "un principio para la interpretación del
discurso". La gramática tradicional y la estructural, al centrarse en el sistema como tal, sin
considerar el funcionamiento real e in situ, el empleo hecho por una persona determinada en
un lugar y circunstancia determinados, tenía un ángulo de visión estrecho para abordar el
estudio de la coherencia. En efecto, la coherencia va mucho más allá de la mera
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Cohesión
La cohesión es la representación sintáctica, semántica y pragmática de los procesos de
conectividad señalados en el texto. Estos elementos pueden estar implícitos o explícitos. En el
primer caso sólo se tratará de enlaces semánticos o pragmáticos, pero que aseguran una
ligazón lingüística significativa. En cuanto a los elementos cohesivos explícitos aparecen en la
superficie textual.
Cohesión referencial
Definimos como cohesión referencial a aquella en que un elemento de superficie del
texto remite para su interpretación a otros elementos incluidos en el mismo texto:
El hombre caminaba lentamente. Ni él sabía dónde se dirigía.
él es la forma referencial o referida, el hombre es el elemento de referencia o
referente. El referente puede ser un nombre, un sintagma, un fragmento de oración, una
oración completa o toda una secuencia.
Los ítems referidos pueden ser correferenciales o no. Son correferenciales si existe
identidad referencial entre la forma referida y su referente textual:
Pedro viajó ayer. Él llevó tres valijas, (correferencia)
Esta correferencia no se da en todos los casos:
La corbata del uniforme de Pablo está vieja y arrugada. La mía está nueva.
"La mía" remite a una identidad referencial diferente de la que aparece en el texto
precedente, no correfiere en sentido estricto con el referente textual. Es, sin embargo, un ítem
que conlleva la instrucción de buscar la información, en otra parte. Es decir, cumple con la
condición principal exigida a la referencia.
El problema de la identidad absoluta de la forma referida respecto de su referente
textual es complejo y se presta a discusión. Benveniste (1984) sostiene que el referente se
construye en el desarrollo del texto. El referente representado por un hombre o un SN, va
incorporando nuevos rasgos a medida que el texto avanza, modificándose en cada ocurrencia.
Es decir, el referente se (re)construye en el texto a través de los elementos referidos.
5
En lógica, filosofía del lenguaje y otras disciplinas que estudian los signos y el significado, la intensión de una
expresión es su significado o connotación en contraste con la extensión de la misma, que consiste en las entidades a
las cuales la expresión se aplica. Por ejemplo, mientras que los predicados "presidente de los Estados Unidos" y
"Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos" tienen la misma extensión (refieren a la misma
persona), está claro que no tienen el mismo significado, es decir la misma intensión .
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a) Artículo: determinantes: el, la, los, las indeterminantes: un, una, unos, unas
De un modo general, se puede decir que el artículo indeterminante funciona como
catafórico y el determinante como anafórico. El artículo determinante puede referir también a
elementos que forman parte de los conocimientos generales de los interlocutores (la luna, el
cristianismo, etc. así como a géneros o clases (los chicos son inquietos)) aun cuando no hayan
sido mencionados en el cotexto precedente.
Un dato revelador de la situación del país es el empobrecimiento gradual de la clase
media.
Vimos a un desconocido frente a la puerta de casa Cuando nos acercamos, el hombre
salió corriendo.
b) Pronombres demostrativos
este-a, os-as
tal-es ese-a-as-os
aquel-a, os-as
Tuvimos la colaboración de todo el barrio. Esa colaboración maravillosa de la gente
nos conmovió.
El discurso del presidente fue muy duro. Tal discurso hubiera sido impensable un año
atrás.
c) Pronombres posesivos
mi(s), tu(s), su(s) nuestro-a(s), vuestro-a(s), suyo-a(s)
Jorge no trajo auto. Su auto está con problemas. Los maestros retomaron la lucha. Sus
propuestas no fueron escuchadas.
d) Pronombres indefinidos: algún, ningún, todo, varios, otros, etc.
El parlamento trató la prórroga de las leyes de emergencia. Algunas leyes fueron
sancionadas mientras que para otras leyes se negó el quorum.
e) Pronombres interrogativos ¿qué?, ¿cuál?, ¿cuánto?
Los diputados se reunieron para tratar diversos temas. ¿Qué temas se eligieron?
Vendió libros en la Plaza Pringles. ¿Cuántos libros habrá vendido?
Estaba en duda entre varios colegios. ¿En cuál colegio lo habrá anotado finalmente?
f) Pronombres relativos de cuyo
La lancha chocó contra un árbol cuyas ramas apenas aparecían en la superficie.
g) Numerales cardinales y ordinales
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¿Podrías mandarme los primeros alumnos que lleguen? Necesito dos alumnos para
grabar las entrevistas y cuatro alumnos para desgrabarlas.
2) son formas libres aquellas que no acompañan al nombre dentro de un SN, pero que
son utilizadas para hacer referencia anafórica o catafóricamente a uno o más constituyentes
del universo textual. Se trata de formas pronominales propiamente dichas o pro-formas. Son
los nombres personales de 3o persona, los demostrativos, posesivos, indefinidos,
interrogativos, relativos, los numerales cardinales, ordinales, partitivos y múltiplos y los
pronombres adverbiales.
a) Pronombres personales de 3' persona
él-lo le se ellos-los les se
ella-la ellas-las
ello-lo
Estos pronombres proporcionan instrucciones de conexión respecto del elemento de
referencia con el cual se debe establecer la conexión. Cuando son anafóricos señalan hacia un
determinado SN del contexto precedente. En el caso de que hubiera más de un SN que por
razones de concordancia pudiera constituir el referente, desempeñan un papel importante las
indicaciones referenciales de las predicaciones hechas sobre un elemento, para decidir cuál de
los posibles referentes es el que corresponde:
El juez condenó al coronel a diez años de prisión. Él consideró que esa pena era la que
correspondía a la magnitud del delito.
El juez condenó al coronel a diez años de prisión. Él piensa apelar.
Los chicos de 5o año viajaron. Ellos vuelven a fin de mes.
En este último ejemplo la referencia podría establecerse por medio de elipsis y de
hecho es lo más usual en español:
Los chicos de 5o año viajaron. 0 Vuelven a fin de mes.
b) Pronombres demostrativos este-a-os-as
esto
tal-es
ese-a-os-as
eso
aquel-a-os,as
aquello
Un hombre pasó corriendo. Pensé que no era ese porque no tenía saco.
c) Pronombres posesivos
mío-a(s), tuyo-a(s), suyo-a(s), nuestro-a(s), vuestro-a(s), suyo-a(s) (pueden aparecer
solos o con artículo)
Vino sin paraguas, así que le presté el mío. Le devolví los libros porque todos eran
suyos.
d) Pronombres indefinidos
todo, todos, ninguno, varios, alguien, nada, etc.
Repitió la misma pregunta a todos los alumnos. Ninguno supo responder.
e) Pronombres Interrogativos
¿qué?, ¿cuánto(s)?, ¿cuál(es)?, ¿cuándo?, ¿dónde?
Prácticamente desconocemos el continente africano. ¿Cuántos y cuáles son los países
que lo integran?
f) Pronombres relativos
que, (él, la, los, las) que, cual, (el, la, los, las) cual, quien, donde, cuánto.
Este es un trato al cual yo no estoy acostumbrado.
g) Numerales
Cardinales y ordinales
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Juan Goytía salió libre. Siempre dije que ese hombre era inocente.
Lejos se veía la estación. Sabía que allí me esperaba
Sin embargo pueden presentarse casos en que señalan exofóricamente:
Ahí está la pelota.
El hombre para conseguir esa libertad que busca tiene que luchar mucho.
6
Se denomina isotopía semántica a toda iteración de una unidad lingüística. Es un término relacionado
con la coherencia y extraído de las teorías de Greimas y de Rastier y su Semántica interpretativa.
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aspecto, y teniendo en cuenta la estructura del español, incluimos esta clase de elementos
cohesivos dentro de la cohesión referencial.
Clasificamos las formas iterativas en:
a) repetición del mismo ítem lexical
1. Puede darse con lexema idéntico con o sin cambio de determinante;
Los perros tienen un olfato privilegiado. Por eso los perros son excelentes auxiliares de
la policía.
El maleante disparó un tiro. Ese tiro hirió a la mujer que vendía diarios.
2. Puede darse también como una nominalización de verbos anteriormente
citados o viceversa:
Los andinistas ascendieron mientras había sol.
El ascenso fue dificultoso.
b) sinónimos o cuasi-sinónimos
Sábato cumplió sus 80 años. El escritor de Sobre héroes y tumbas recibió múltiples
muestras de afecto.
Expresiones de este tipo sólo pueden ocurrir en contextos en los que el referente y un
nombre propio sean equivalentes. La comprensión de los cuasi-sinónimos es más efectiva si los
participantes comparten los marcos. Cuando la correferencia es de gran precisión
enciclopédica, se presentar dificultades:
Por ejemplo:
1. Napoleón fue desterrado. El vencido de Waterloo murió en el exilio.
2. Napoleón fue desterrado. El vencedor de Austérlitz murió en el exilio.
3. Napoleón fue desterrado. El propulsor del Código Civil y Penal murió en el
exilio.
La dificultad va aumentando desde la oración 1 a la 3.
c) Hiperónimos
Historia, Matemática y Física son las materias que más, me cuestan.
d) palabras de referencia generalizada
Son casos límite entre un ítem lexical miembro de un conjunto abierto y un ítem
gramatical miembro de un conjunto cerrado. Tienen un significado propio pero no preciso. Es
difícil mostrar sus alcances.
Palabras de referencia generalizada: gente, persona, hombre, mujer, objeto, materia
cosa, asunto, idea, hecho, fenómeno lugar, sitio.
El lenguaje funciona en situaciones de uso. Siempre hay a disposición del receptor que
interpreta un texto, gran cantidad de evidencias que proveen las oraciones. Sin embargo es
importante distinguir entre dos clases diferentes de evidencias, a partir de las cuales podemos
deducir lo que no se dijo. Solamente una de ellas está asociada con la elipsis: aquella en la que
hay alguna indicación en la estructura de que algo debe ser repuesto.
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La elipsis sirve para evitar redundancia en la comunicación, ya que no hace falta decir
lo que el oyente ya sabe. Por otro lado, se utiliza como vehículo de intencionalidad del
hablante.
Hay tres fuentes de recuperación de los elementos elípticos
a) el conocimiento del sistema de la lengua.
b) el cotexto.
c) el contexto.
Cohesión secuencial
La cohesión secuencial incluye los procedimientos lingüísticos que posibilitan que el
texto avance estableciendo relaciones semántico-pragmáticas entre las secuencias que lo
conforman, permitiendo construir el tópico del discurso. Estos procedimientos comprenden
fenómenos de encadenamiento no referenciales.
Entre ellos consideramos:
a) colocación
b) elementos temáticos y remáticos
c) conectores propiamente dichos
COLOCACIÓN
La colocación es un tipo especial de cohesión lexical que se da entre términos que
generalmente concurren en el discurso y que contribuyen a mantener y construir el tema o
asunto.
A comienzos de la próxima semana quedará concluido el escrutinio definitivo de los comicios
realizados el pasado domingo en Tierra del Fuego. Solo entonces las autoridades nacionales fijarán la
fecha del ballotage para designar al gobernador y vice de la provincia. Como resultado de la inusual
demora en contar treinta mil votos, es posible que la segunda vuelta quede postergada para el domingo
22.
Se evidencia aquí que ítems como: escrutinio, comicios, ballotage, votos, segunda
vuelta, pertenecen a un marco que podríamos denominar elecciones. Algunos de estos
lexemas son miembros de conjuntos que establecen una relación semántica reconocible. Su
co-ocurrencia en el texto está en función de esa relación. Ítems como "segunda vuelta", en
cambio, toman su significado por su colocación en el texto, es decir, el entorno determina el
significado del momento o significado textual del ítem y permite la interpretación
correspondiente. Los lexemas se reconocen como pertenecientes al mismo campo semántico,
de modo que la interpretación se produce en relación con marcos de conocimientos
específicos.
Los ítems lexicales entran en relación cohesiva pero no llevan en sí mismos la
indicación de que están funcionando cohesivamente. Sin embargo, es evidente que van
construyendo el tópico de discurso a partir de la relación textual que establecen.
Según Halliday y Hassan es obvio que existe una relación sistemática entre pares de
palabras tales como niño-niña, ordenar-obedecer, etc. Esta relación se establece a partir de un
tipo particular de oposición que Lyons denomina complementariedad. Halliday y Hassan
amplían esta relación a cualquier par o conjunto de ítems que se apoyan unos en otros
estableciendo una relación semántica en el texto. Eso incluye no sólo pares de opuestos de
varias clases, sino también ítems lexicales como los que hemos ubicado en la iteración
(sinónimos, cuasi-sinónimos, hiperónimos, palabras de referencia generalizada). Si bien todos
establecen relaciones semánticas, en las formas iterativas se da el fenómeno de la referencia.
Se trata de ítems que remiten a otros elementos dentro del texto, es decir, conllevan
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instrucciones de búsqueda. Esto no sucede en la, colocación, precisamente por la idea misma
que implica el concepto de complementariedad.
Es claro que los pares de opuestos y otras relaciones de este tipo no pueden tener el
mismo referente. Mantenemos, sin embargo, la clasificación interna que para la colocación
proponen Halliday y Hassan porque permite una ordenación de los lexemas que entran en
contigüidad semántica, aun cuando como estos mismos autores reconocen, este es un
fenómeno muy complejo y su efecto no siempre es fácil de establecer. Entre los pares de
opuestos tenemos: masculino-femenino, Montescos-Capuletos, padres-hijos, novio-novia, etc.
Padres-hijos; novio-novia; bailarines masculinos y femeninos, constituyen lo que llamamos
pares complementarios. También "Montescos y Capuletos" entran en relación
complementaria, y el marco de conocimiento nos permite reconocerlos como opuestos, aun
cuando no los consideramos antónimos en sentido estricto.
Algunos de los ítems que hemos visto dependen de una relación semántica en el
sistema. Ahora bien, estas relaciones tienen gradaciones, por ejemplo entre "novio" y "novia"
hay una relación más estrecha que entre "novia" y "suegro".
En pares del tipo "sal y pimienta"; "Montescos y Capuletos", el efecto cohesivo no
depende de una relación semántica sistemática sino de su tendencia a aparecer en los mismos
cotextos. Es su proximidad en el discurso lo que provee la fuerza cohesiva. Esto no se limita a
los pares de lexemas, sino que es común a series de palabras que conforman campos
semánticos como en el primer ejemplo (elecciones).
La fuerza cohesiva se sustenta, entonces, en dos tipos de relaciones entre palabras: las
que mantienen en el sistema y las que se establecen en el texto.
El entorno de la colocación se construye dentro del texto y determina el significado del
momento o significado textual del ítem. Un significado que es único para cada instancia
específica.
Veamos el siguiente caso:
La gloria y el drama del T.C.
Aventín ganó en San Lorenzo y se prendió en la lucha por el título. Pero la fiesta no fue:
una víctima enlutó la jornada.
Podemos observar que "gloria" y "drama" están utilizados como pares que no son
antónimos en el sentido tradicional, pero que dan claramente la idea de oposición. Es válido
también, en el caso de los lexemas "se prendió", "la lucha", "el título" lo que ya dijimos acerca
del significado único para cada instancia específica. Reconocemos además que ítems como
"drama", "víctima" y "enlutó" tienden a co-ocurrir. Este caso confirma que el efecto cohesivo
depende tanto de una relación sistemática entre los términos, como de su tendencia a
aparecer en los mismos contextos.
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Conexión implícita
- Yuxtaposición:
La yuxtaposición se da sin partículas. Cabe al lector u oyente construir la coherencia
del texto estableciendo mentalmente las relaciones semánticas o pragmáticas que cohesionan
el texto. En esos casos, un signo de puntuación nos señala, a veces, la ausencia de conectores.
Pero lo peor fue lo que les pasó a los chicos. Dejaron de jugar. ¿Por qué el Emperador
prohibió los globos? -preguntaban a cada rato. Y los jardines y las ciudades ya no eran tan
alegres sin los globos.
- Contigüidad semántica
Los elementos que constituyen el texto presentan ciertos rasgos semánticos que
permiten que el receptor establezca la conexión que crea pertinente:
Señor Director:
"Desde hace varios días mi teléfono 771-2864 ha dejado de funcionar. Telecom dice
que pueden pasar '90' días hasta su reparación. Mi mayor problema: comunicarme con los
padres de muchos niños enfermos. Soy médico pediatra".
- Conexión pragmática
La secuencia de actos de habla puede convertir en coherente lo que aparentemente
presenta una falta de cohesión:
¡Cállate, por favor. Tengo que estudiar! (porque)
Conexión explícita:
El ordenamiento secuencial de oraciones y actos de habla se da también por medio de
conectores explícitos.
Los conectores que conectan oraciones pueden señalar las siguientes relaciones:
a) de adición:
En su acepción más corriente se la considera una simple suma o acumulación de
elementos.
Ejemplo:
- La sangre se sabe el recorrido de memoria y siempre va por los mismos lados.
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- Hay unos 9000 glóbulos blancos y ellos andan recorriendo el cuerpo despacito
esperando que el hombre se haga un tajo para salir corriendo para allá y luchar.
Sin embargo, la multiplicidad de funciones se manifiesta excediendo los límites de la
definición anterior. Puede expresar también otros tipos de conexiones:
Ejemplos:
1. Por favor, vaya al kiosco y cómpreme una cerveza.
2. Tomé una pastilla para dormir y me quedé dormida.
3. Dame un tiempo más y te mostraré cómo puede hacerse.
En estos casos puede señalarse un marcado matiz temporal en 1; causal en 2 y
condicional en 3.
Los conectores para señalar estas relaciones son: y - e – ni - que - más -
b) de disyunción:
La relación de disyunción se establece con la condición de que al menos una de las
cláusulas debe ser verdadera. Es generalmente exclusiva:
Voy a ir al cine o voy a tomar sol
Mundo posible /exclusión/ mundo posible
Se requiere que el hablante crea que los hechos son posibles en ese mundo.
La exclusión puede ser accidental (basada en intenciones) necesaria (casado o soltero)
La disyunción exige que las dos circunstancias no existan al mismo tiempo en el mundo
sino en mundos alternativos.
c) de oposición o contraste:
El significado básico de la relación de oposición o contraste es: contrario a lo esperado.
La expectativa puede derivarse del contenido de lo que se está diciendo o del proceso de
comunicación de la situación hablante/oyente. Es decir, de factores internos o externos. Estas
relaciones externas generalmente se expresan con la forma simple: "pero" siempre en posición
inicial.
Ejemplo:
El ministro de Educación, calificó como "importantísima y muy respetable" la opinión
de los rectores de universidades nacionales que se opusieron al arancelamiento, pero señaló
que ellos "no proponen ningún camino y reclaman al Estado que sea el único proveedor de
fondos para las casas de estudios".
El significado de oposición o contraste es expresado por palabras o construcciones:
pero – sino – aunque- tampoco- sin embargo- no obstante- si bien- aun cuando- por más que-
sea lo que fuera- etc. Presentan sucesos inesperados o no deseados.
d) de causa/efecto:
Uno de los criterios que determina este tipo de conexión entre oraciones es la relación
de motivación: Dos circunstancias A y B están ligadas causalmente entre sí cuando A es una
causa o una motivación para B, o porque B es una consecuencia de A.
Esta relación constituye la base para el uso de conectores causales y consecutivos y
significa:
a porque b tanto a que b
Los conectores más utilizados son: porque - ya que - puesto que - dado que - como que
- por consiguiente - pues - etc.
Ejemplo:
“¿Por qué nos alegramos en las bodas y lloramos en los velorios? Porque no somos la
persona involucrada" (Mark Twain).
La relación causal puede revertirse y plantearse en términos de consecuencias.
Ejemplo:
Se produjeron los disturbios porque se conoció el veredicto.
Se conoció un veredicto tal que se produjeron disturbios.
e) de relación témporo-espacial
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Conexión pragmática
Los conectores sintácticos y semánticos no son paralelos con los pragmáticos. Estos
últimos establecen relaciones entre actos de habla.
Por ejemplo: PERO
Puede señalar el acto de habla: PROTESTAR
A: Entreguen el parcial B: Pero, no terminé todavía.
Otro ejemplo:
O: puede ser usado como una certificación o corrección:
A: ¿Qué querés tomar? ¿Querés vino? ¿O preferís no tomar alcohol todavía?
La disyunción semántica 'o' es diferente de la pragmática, que señala corrección. No es
posible una disyuntiva entre actos de habla. Este conector 'o' en lugar de una disyunción de
circunstancia puede expresar una corrección del acto de habla anterior.
PERO es uno de los conecfores pragmáticos más complejos.(Ver Anexo 3.) Puede
indicar orden, promesa, amenaza, advertencia.
Según van Dijk las funciones de estos conectores tienen que ver con que se hayan
cumplido todas las condiciones contextúales y den pie a la acción del receptor.
Las funciones fundamentales de los conectores pragmáticos son:
especificación
corrección
certificación
conclusivas
Las conclusivas introducen elementos de valor continuativo o de resumen en relación
con los actos de habla, que son concluyentes con respecto de ciertas premisas que pueden
permanecer implícitas pero son aceptadas por todos.
Los conectores más usados son: En verdad, bueno, claro es, ciertamente, para resumir,
resumiendo, para terminar, de este modo, etc.
San Martín es general; general más que sargento; en el pueblo hay sargento de policía;
pero general es más que sargento, más que comisario, ¡bah!, más que gobernador. ¿Y qué es
gobernador? Bueno, eso Shunko ya no sabe.
Shunko. J. ÁBALOS
La importancia de todos los mecanismos de cohesión que hemos visto reside en su
competencia para colaborar en la instauración de una dinámica intratextual. Establecen,
además, las conexiones para desarrollar una progresión temática apropiada que permite
construir el tópico de discurso y crear la coherencia textual.
CONECTORES
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Macroestructuras
Se reconoce que todo discurso mantiene una unidad temática o un tópico a través de
su desarrollo. Justamente a esa unidad semántica -equivalente a lo que podríamos llamar
resumen del texto- se la ha conceptualizado como macroestructura. Ésta es la representación
abstracta de la estructura global del significado de un texto. La macroestructura está
constituida por las macroproposiciones o ideas fundamentales explícitas e implícitas del texto.
Captar la macroestructura semántica de los discursos orales o escritos es tarea
fundamental, ya que sin su reconocimiento, no se podría resolver satisfactoriamente la
compleja tarea de procesar la información.
La comprensión textual es un proceso estratégico-cognitivo-inferencial en todos los
niveles, desde los correspondientes a las palabras, proposiciones, párrafos hasta los niveles
más globales de la macroestructura. Sin embargo, cuando entendemos un texto, sobre todo de
relativa extensión, no podemos recordar todas las frases que previamente hemos leído y lo
mismo ocurre para el entendimiento cotidiano de sucesos y acciones. De los múltiples detalles
presentes en el texto podemos retener sólo algunos en la memoria a corto plazo. Largas
secuencias semánticas se resumen mediante unas pocas unidades temáticas o
macroproposiciones jerárquicamente estructuradas. Esta información relevante conformaría
un texto base coherente que podrá conservarse en la memoria a largo plazo. Entonces, a partir
de tal texto base, es construida la macroestructura semántica.
Según van Dijk-Kinstch (1983) las macroestructuras representan:
a. Bases semánticas comunes para conectar secuencias muchas veces
aparentemente incoherentes;
b. una estructura semántica relativamente simple que puede ser retenida en la
memoria de corto plazo;
c. un recurso para la organización jerárquica en la memoria episódica;
d. un guía importante para la actualización de los conocimientos en largas
extensiones del discurso, sucesos o acciones;
e. un recurso importante para reactivar algunos detalles semánticos necesarios;
f. una construcción explícita definiendo lo esencial, es decir, propiedades
relevantes del texto. Tal información es necesaria para tareas posteriores
cognitivas posteriores (aprender, anular u omitir, retractar o corregir, planear
acciones, así como para monitorear y controlar el proceso del discurso.)
En el proceso señalado interactúan no sólo la información textual sino también la
contextual y el conocimiento que tiene el lector del mundo.
Asimismo, todo enunciado, junto con un contenido relevante, pone de manifiesto la
intención del autor, es decir, qué acto global ha llevado a cabo, a qué apunta su texto: a
informar, entretener, pedir, aconsejar, polemizar; ésta es la macroestructura pragmática.
Por ejemplo, un formulario que cumplimenta un docente por haber faltado a clase
tiene una intención general o macroacto de habla -justificar su inasistencia-. Dicha intención
constituye la macroestructura prágmática. Lógicamente el contenido del formulario (datos
institucionales, tema circunstancias) es una información relevante -macroestructura
semántica- para concretar la intención textual. Incluso, estos tipos de textos institucionales ya
en su título aúnan la macroestructura semántica y pragmática: sentido básico e
intencionalidad como “Solicitud de licencia”, “Permiso de examen”, etc. Un texto extenso
puede presentar varias intenciones menores -microactos de habla- que suelen preparar la
intención mayor. Así, en una solicitud de empleo, generalmente se reconocen intenciones que
tienden a resaltar aptitudes del solicitante como también de alabanza a la trayectoria de la
entidad empleadora: son actos preparatorios para el pedido explícito de trabajo.
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Igual que lo que ocurre con las macroestructuras en el nivel semántico, las
macroestructuras pragmáticas desempeñan un papel importante en la elaboración y en la
comprensión del texto.
Lacón de Lucía, Muller de Russo, Prestinoni de Bellora. Leo pero no comprendo
La Pragmática en el pensamiento
contemporáneo
Morris, en 1938, introdujo el término Pragmática para designar el estudio de los signos
en relación con sus intérpretes, es decir, con sus usuarios. Hoy no puede hablarse hoy de una
sola Pragmática, sino de varias dependiendo del punto en que se centre el énfasis la
perspectiva de análisis adoptada. Lo auténticamente interesante de la doctrina de Morris es el
incluir a la Pragmática como uno de los nombres que integran su clásica tricotomía de los
estudios lingüísticos. La Pragmática ocupa, así, un lugar junto a la Semántica y la Sintaxis. Estos
tres niveles constituyen terrenos complementarios que se deslindan por medio de sucesivas
operaciones de abstracción: a la Pragmática le corresponde el grado más bajo, ya que
considera el lenguaje tal y como se manifiesta -esto es, inserto en situaciones comunicativas-;
le sigue luego la Semántica, que hace abstracción de los usuarios y se centra en el estudio de la
relación entre los signos y los objetos que significan; finalmente -y o cuando el grado mayor de
abstracción-, se coloca la Sintaxis, que atiende a las relaciones entre los signos, prescindiendo
de cualquier clase de mención a usuarios o a significados.
La noción de Pragmática ha ido evolucionando. Hoy suele entenderse como el estudio
de los principios que regulan el uso del lenguaje en la comunicación, es decir, la enunciación
de oraciones por parte de hablantes concretos en situaciones de habla también concretas.
A partir de los años '50, las ideas desarrolladas por Austin dentro de la tradición de la
filosofía del lenguaje de la Escuela de Oxford contribuyeron de manera decisiva a que fuera
aumentando paulatinamente el interés por los estudios que se ocupan de analizar la relación
existente entre los enunciados lingüísticos de un lado, y sus usuarios y las condiciones de
enunciación, del otro. Puede decirse que a su esfuerzo se debe, sin duda, el hecho de que hoy
nadie rechace ya la necesidad de abordar seriamente este estudio.
La obra de Searle continúa la línea iniciada por Austin, y constituye, a la vez, el punto
de partida de los estudios pragmáticos de orientación más puramente lingüística. Desde
entonces, el interés por estas cuestiones es creciente entre todos aquellos que se ocupan del
uso efectivo del lenguaje. En este sentido, hay que señalar que también los estudiosos de la
Literatura ven en esta nueva disciplina un valioso instrumento que les ayuda a comprender
mejor los rasgos distintivos de la comunicación literaria.
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oraciones y son los aspectos más obvios del significado de dichas oraciones. Russell creía que
el significado de esas expresiones está en su referente. Strawson se opone a ello diciendo que
referir no es una propiedad de las expresiones sino del uso que hacemos de ellas:
El rey de Francia es calvo.
Dicho hoy no se refiere a nadie; en 1650 se refería a una persona y en 1750 a otra
diferente.
Por ello, referir no es una propiedad de las expresiones, sino más bien algo que se
puede hacer con ellas; y los referentes de las expresiones referenciales no pueden ser su
significado."
Travis (1981:2) mantiene actualmente esta misma tesis:
"Las palabras, expresiones y oraciones significan cosas y forman, por ello, el dominio
de la Semántica. Pero, en cambio, no tienen las propiedades necesarias para decir que las
cosas son así o no; no llevan en sí la verdad o la falsedad, ni siquiera, las condiciones de
verdad."
Todos estos puntos de vista están apoyando las ideas que defendimos más arriba
sobre el objeto de la Semántica: puesto que verdad no es una noción formal (gramatical), el
establecimiento de las condiciones en que una expresión es verdadera no puede ser una parte
del establecimiento del tipo de significado estudiado por la Semántica.
No puede estudiarse el significado de un enunciado sin tener en cuenta además las
relaciones entre emisor y destinatario, que son cruciales tanto para la elección de las formas
referidas por parte del primero, como para la correcta interpretación del mensaje por parte
del segundo.
El acto de referir se realiza, pues, en función del destinatario y del conocimiento que se
supone que posee: la que puede ser una buena descripción identificativa para un destinatario
concreto en un momento dado, puede no haberlo sido para ese mismo destinatario en un
tiempo anterior; o puede ser inadecuada para que otro interlocutor identifique correctamente
el objeto a que se hace referencia.
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Una manera de incluir todos los casos dentro de la misma teoría consiste en sugerir,
como hace Austin, que realmente no hay diferencia entre realizativos y constatativos. El
contraste que observamos entre los ejemplos de (8) y los de (9) sólo radica en que los de (9)
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hacen explícito el tipo de acto realizado, mientras que en los de (8) es implícito. Podría decirse,
entonces, que es realizativa toda expresión...
Ahora bien, el propio Austin reconoce que la equiparación se presta a errores. Por un
lado, resulta evidente que no hay una equivalencia absoluta entre enunciados como Estaré allí
y Prometo estar allí: sólo en el primer caso el interlocutor puede preguntar si el enunciado es o
no una promesa; y sólo en el primer caso son igualmente adecuadas respuestas como Sí, lo
prometo, o No, pero me propongo estar allí, o No, pero preveo que podré ir. Además, por otro
lado, no puede decirse que haya una correspondencia constante entre forma lingüística y tipo
de acto realizado, de modo que una misma forma gramatical puede usarse para realizar
acciones muy diferentes entre sí: un imperativo como ¡Hazlo! puede utilizarse para ordenar,
autorizar, sugerir, exigir, pedir, recomendar, advertir...
Locutivo/ilocutivo/perlocutivo
La distinción entre enunciados realizativos y enunciados constatativos, que en
principio estaba bien establecida, parece ahora tambalearse, especialmente por el hecho de
que numerosos enunciados que no se ajustan a las especificaciones de los realizativos,
presentan, sin embargo, muchas de sus características. Ello sugiere la existencia de un cierto
deslizamiento de todos los enunciados hacia el terreno de los realizativos, como si todos ellos
tuvieran algunos elementos comunes. Tales rasgos comunes parecen depender, como ya
dijimos, del carácter de acción que, de una manera u otra, poseen todos los enunciados.
Partiendo de este supuesto,
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A pesar de las dificultades que supone el intentar elaborar una clasificación de los
diferentes actos ilocutivos, Searle (1979, 29) propone una reducción de todos ellos a cinco
categorías principales, de acuerdo con los siguientes argumentos:
No hay [...] un número definido o indefinido de «juegos» o usos del lenguaje. Más bien,
la ilusión de un número ilimitado de usos está engendrada por una enorme falta de claridad
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acerca de lo que constituye los criterios para delimitar un «juego» o uso lingüístico de otro. Si
usamos el fin ilocutivo [illocutionary point] como noción básica, entonces hay un número más
bien limitado de cosas que se hacen con el lenguaje: decimos a la gente cómo son las cosas
(actos asertivos); tratamos de conseguir que hagan cosas (directivos); nos comprometemos a
hacer cosas (compromisivos); expresamos nuestros sentimientos y actitudes (expresivos); y
producimos cambios a través de nuestras emisiones (declaraciones). A menudo, hacemos más
de una de estas cosas a la vez.
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del oyente. [...]. No hace falta suponer la existencia de ningún tipo de postulado conversacional [...], ni
de ningún imperativo oculto u otras ambigüedades similares.
Escandell Vidal, Victoria. Introducción a la Pragmática.
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