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Semántica y gramática en el lenguaje

Este documento presenta una introducción a la semántica. Explica las diferencias entre gramática y semántica, y define la semántica como el estudio de los significados de las palabras y oraciones. Luego discute conceptos clave como el signo lingüístico, las teorías sobre el significado, y cómo el contexto y la pragmática afectan el significado. Finalmente, analiza temas como el significado léxico, las relaciones semánticas entre palabras, y cómo la sintaxis puede cambiar el significado de un enunciado. El documento

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Semántica y gramática en el lenguaje

Este documento presenta una introducción a la semántica. Explica las diferencias entre gramática y semántica, y define la semántica como el estudio de los significados de las palabras y oraciones. Luego discute conceptos clave como el signo lingüístico, las teorías sobre el significado, y cómo el contexto y la pragmática afectan el significado. Finalmente, analiza temas como el significado léxico, las relaciones semánticas entre palabras, y cómo la sintaxis puede cambiar el significado de un enunciado. El documento

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Semántica Lic.

María de los Ángeles Pérez

Semántica

Instituto Superior PT 215 Alfredo Bufano


Profesorado en Lengua y Literatura

Prof. Lic. María de los Ángeles Pérez

1
Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Contenido
La gramática y la semántica 5
Definición de gramática. Partes en que se divide 5
Otra postura: Partes de una Gramática Funcional 5
Definición de Semántica 5
Objetivos de una semántica léxica 6
Unidades básicas: palabras, lexemas, lemas 7
El signo 8
Dos enfoques sobre el signo 9
Arbietrariedad y convención del signo lingüístico 11
Consideraciones filosóficas en torno al lenguaje 12
El poeta, verbo de los hombres. En textos de Leonardo Castellani. Dra Liliana Pinciroli de Caratti 12
Fragmentos de Lingüística y Filosofía de Étienne Gilson 20
La filosofía del lenguaje en Santo Tomás de Aquino. Pbro. Mauricio Beuchot 23
La base cognitiva y comunicativa del lenguaje: Teorías sobre el significado 28
Teorías referencialistas y denotacionalistas 28
Teorías representacionales y mentalistas 30
Teorías convencionalistas y pragmático-sociales 32
La semántica en la lengua en uso:Pragmática 33
Objeto de estudio de la Pragmática 33
Contexto 35
Componentes de la situación comunicativa 35
Las competencias, una reformulación del circuito de la comunicación 36
La Metáfora, Metonimia y Sinécdoque 37
Metáfora 37
Otras figuras del hablar cotidiano: metonimia y sinécdoque 39
Unidad II: Significado léxico 41
El significado: tipos, teorías y definiciones 41
Tipos de significado 42
Significado descriptivo / significado no descriptivo 42
Significado léxico / significado gramatical 45
Significado literal / significado figurado 46
Los diccionarios 46
De la palabra al significado: la semasiología. Los diccionarios semasiológicos 47

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Los diccionarios ideológicos y onomasiológicos 48


Necesidad de actualización de los diccionarios de uso. 50
El orden de las acepciones: procesos cognitivos en juego. 51
El análisis de rasgos semánticos: Producción de definiciones 52
Relaciones semánticas: relaciones de significado entre palabras 54
Relaciones semánticas simples. Palabras opacas y transparentes. La motivación: tipos 54
1. Motivación fonética (onomatopeya) Motivación a través de los sentidos. 55
2. Motivación morfológica 55
3. Motivación semántica 55
Relaciones semánticas complejas 56
Relaciones de semejanza 56
Relaciones de Inclusión o sentido: 58
Relaciones de oposición: 61
Subsistemas semánticos: campo, esfera, asociación y familia semántica 61
Ambigüedad y vaguedad semántica 63
Los cambios en el significado léxico. Causas, procedimientos efectos y extensión del cambio de significado.
La gramaticalización. 64
Regionalismos, extranjerismos, préstamos y calcos, vulgarismos y cultismos 70
Las consecuencias de la globalización: extranjerismos, préstamos y calcos 75
Etimologías 76
El lenguaje en las redes sociales 81
Internet saca lo mejor del idioma 81
Lenguaje inclusivo 84
Unidad 3 92
Semántica léxica y semántica composicional 92
Proposición semántica y contenido proposicional 93
El esquema proposicional: Predicados y argumentos 93
Estructura argumental 95
Papeles o funciones temáticas 95
Verbos de estado 97
Clasificación semántica verbal 98
Tipos de oraciones según el sujeto: pasivas e impersonales 101
La fuerza semántica de la sintaxis: tematización, pasivización y nominalización. 103
Intencionalidad de los enunciados 103

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

El realce de algún elemento constitutivo de un acontecimiento. La tematización 103


La ocultación de algún elemento del acontecimiento. La pasivización y la nominalización 104
UNIDAD 4: Significado del enunciado. 106
Síntesis de la Teoría de la Enunciación de Benveniste 106
Enunciado y enunciación 106
Coherencia y cohesión 107
Cohesión 108
Cohesión referencial y secuencial 109
Cohesión referencial 109
Cohesión secuencial 113
COLOCACIÓN 114
ELEMENTOS TEMÁTICOS Y REMÁTICOS 115
CONECTORES PROPIAMENTE DICHOS 116
Conexión pragmática 120
Macroestructuras 123
La Pragmática en el pensamiento contemporáneo 124
Austin y los predicados realizativos 125
Realizativos frente a constatativos 128
Locutivo/ilocutivo/perlocutivo 129
Searle y la teoría de los actos de habla 130
La teoría de los actos de habla 131
El problema de los actos indirectos 132

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

La gramática y la semántica
Definición de gramática. Partes en que se divide
En su sentido más estricto, la gramática estudia la estructura de las palabras, las formas en que estas
se enlazan y los significados a los que tales combinaciones dan lugar. En este sentido, la gramática
comprende la morfología, que se ocupa de la estructura de las palabras, su constitución interna y sus
variaciones, y la sintaxis, a la que corresponde el análisis de la manera en que se combinan y se disponen
linealmente, así como el de los grupos que forman. La gramática es, pues, una disciplina combinatoria,
centrada, fundamentalmente, en la constitución interna de los mensajes y en el sistema que permite
crearlos e interpretarlos. No son partes de la gramática la semántica, que se ocupa de todo tipo de
significados lingüísticos (no solo de los que corresponden a las expresiones sintácticas), y la pragmática, que
analiza el uso que hacen los hablantes de los recursos idiomáticos. Aun así, las consideraciones pragmáticas
se hacen necesarias en la descripción de numerosos aspectos de la gramática. En un sentido más amplio, la
gramática comprende, además, el análisis de los sonidos del habla, que corresponde a la fonética, y el de su
organización lingüística, que compete a la fonología.

Manual de Gramática de la Real Academia Española.

Otra postura: Partes de una Gramática Funcional


A- Cuando hablamos una lengua determinada utilizamos ciertos sonidos que corresponden a esa
lengua y no a otra. Incluso dentro del español, nuestra lengua materna, hay ciertos sonidos diferentes entre
el español de España y el de Argentina. El estudio de los sonidos de cada lengua y sus reglas de combinación
son descriptos por la fonología.
B- Hablamos con palabras, pero esas palabras necesitan organizarse según ciertas reglas. La parte de
la gramática que se ocupa de las reglas que rigen para estructurar las oraciones se denomina sintaxis. Los
elementos que se organizan en una oración (O) comúnmente son:
• un sintagma nominal (SN) que corresponde a la unión de un determinante (Det.) (artículo la/las,
el/los, un/una/unos/unas) y un sustantivo (Núcleo, N); por ejemplo: La casa; Esa casa; Una casa; Las casas.
• un sintagma verbal (S.V.) formado por un verbo (V) y un sintagma nominal (determinante,
sustantivo, adjetivo). Por ejemplo: Corrió una maratón interminable; Lavó la ropa sucia.
C- Todas las palabras que utilizamos tienen un significado, incluso varias palabras pueden tener el
mismo significado (sinónimos) pero tener una diferencia en el uso concreto. Esos fenómenos del significado
son estudiados por la semántica.
D- Las palabras que utilizamos están formadas por elementos más pequeños que, combinados,
sirven para formarlas. La parte de la gramática que estudia este fenómeno es la morfología (morfo: forma;
logía: ciencia de).

Por ejemplo: libr-o/s


-era
-ería

Gramática para todos. Gómez de Érice y otros.

Definición de Semántica
El término semántica (del griego semantikos, "lo que tiene significado") se refiere a los aspectos del
significado, sentido o interpretación de signos lingüísticos como símbolos, palabras, expresiones o
representaciones formales. En principio cualquier medio de expresión (lenguaje formal o natural) admite
5
Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

una correspondencia entre expresiones de símbolos o palabras y situaciones o conjuntos de cosas que se
encuentran en el mundo físico o abstracto que puede ser descrito por dicho medio de expresión.

Objetivos de una semántica léxica


- Caracterizar el significado de las palabras: Cualquier hablante de español es capaz de ofrecer
definiciones informales de una buena parte de las palabras de su lengua: por tanto, los
significados de estas palabras forman parte del conocimiento implícito que posee sobre uno de
los diferentes niveles que integran la lengua que habla. La caracterización de este conocimiento
interiorizado es siempre una tarea básica de cualquier disciplina lingüística. Por lo que al
significado se refiere, cualquier modelo de descripción semántica debe aspirar a caracterizar de
manera científica en que consiste el significado de las palabras y en qué términos puede
describirse y explicarse. Una manera intuitiva de cumplir este objetivo consiste en hacer un
inventario de las palabras de una lengua e indicar que significan: los diccionarios son el
instrumento de descripción del significado lingüístico que resulta más familiar para los
hablantes. Los diccionarios representan, sin duda, una aproximación interesante a los problemas
que se plantean al tratar de dar cuenta del significado, aunque seguramente no son para una
teoría semántica el modo ideal de explicarlo. En consonancia con lo que se hace en otras
disciplinas, habría que buscar unidades mínimas y procedimientos comunes en la caracterización
del significado léxico.

- Dar cuenta de las relaciones que mantienen las palabras en virtud de su significado: Cualquier
hablante es, igualmente, capaz de establecer diferentes tipos de relaciones intuitivas entre los
significados de muchas palabras: entre joven y adulto, o entre bicicleta y manillar, o entre
caballo y corcel. Estas relaciones son relativamente estables y comunes, y ello permite suponer
que tanto las relaciones que se descubren como la organización del léxico que de ellas se deriva
responden no solo a una estructuración del léxico con realidad psicológica, sino también a algún
tipo de lógica interna que la teoría debe ser capaz de describir y caracterizar.

- Caracterizar los diferentes tipos de significado: Es común pensar que los significados están
esencialmente ligados a la realidad extralingüística a la que se refieren las palabras; y es común
pensar, en consecuencia, que la principal repercusión de una diferencia de significado entre dos
palabras se manifiesta en una diferencia inmediata en el tipo de realidad a la que hacen
referencia. Sin embargo, esto no es siempre así. Por ejemplo, la diferencia entre suspender y
catear no tiene nada que ver con el tipo de resultado al que estas palabras se refieren, y ambas
podrían intercambiarse en una oración sin que ello afectara a la verdad o falsedad de lo que se
dice: He suspendido las matemáticas / He cateado las matemáticas; lo que hace diferentes a
estos dos verbos es fundamentalmente el registro de uso con el que cada uno se asocia:
suspender se relaciona con un registro formal o neutro, mientras que catear evoca
inmediatamente una situación informal y coloquial. De modo semejante, la diferencia de
significado entre las palabras fresa y frutilla no tiene nada que ver con el tipo de entidad
referida, sino con la procedencia geográfica del hablante (digamos, España o Argentina). Y ello
indica que los parámetros de variación del significado son más amplios, e incluyen, entre otros,
factores situacionales, geográficos y sociales. El estudio de estos parámetros de variación debe
también formar parte de las tareas de una teoría semántica.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

- Explicar la variación contextual del significado: Una buena parte de las palabras varía de
manera más o menos acusada en función del contexto lingüístico en que aparezcan. Por
ejemplo, un verbo como abrir significa cosas ligeramente diferentes si lo que se abre es una
botella, un libro, un paraguas, la boca o la sesión inaugural de un congreso. Esta diversidad no
parece suponer ningún problema de uso para los hablantes de una lengua. Lo esperable sería,
por lo tanto, que estas variaciones de significado fueran, en cierto modo, predecibles; y si este es
el caso, la teoría semántica debería explicar cuáles son los principios que las determinan.

- Explicar cómo surgen nuevos significados: Una propiedad sorprendente del significado es su
flexibilidad, que le permite adaptarse siempre a nuevas situaciones. Las palabras van ampliando
sus significados y adquiriendo contenidos nuevos para adaptarse a los cambios de la realidad
que nos circunda. Por ejemplo, hace poco más de 30 años por ratón entendíamos
preferentemente un cierto tipo de roedor, mientras que ahora el significado que a muchos nos
resulta más familiar y más inmediato es el que nos permite relacionar esta palabra con una
cierta clase de dispositivo informático. La creación de nuevos significados a partir de otros ya
existentes no es arbitraria, sino que tiene que tener algunas bases estables; otra de las tareas de
la Semántica es explicar cuáles son los principios generales que determinan las extensiones y los
cambios de significado.
Escandell Vidal, Victoria. Apuntes de semántica léxica. Uned. España: 2007 (Libro electrónico)

Unidades básicas: palabras, lexemas, lemas


Palabra: Unidades en la escritura: una palabra es una cadena de letras que aparece entre dos
espacios. Sin embargo, aunque esto es así en muchos casos, no constituye una caracterización
suficientemente general, ya que el hecho de que ciertas combinaciones se escriban juntas o separadas
depende de convenciones ortográficas que son, en muchos casos, arbitrarias. Por ejemplo, de acuerdo con
este criterio, la forma dámelo es una palabra, pero en la secuencia me lo das hay tres. Cualquier hablante de
español puede reconocer que se trata de las mismas unidades y que no hay razón de peso para darles un
tratamiento diferente en uno y otro caso.
Una caracterización muy conocida que sirve para el español es la de considerar, siguiendo a
Bloomfield, que la palabra es la mínima forma libre: Esto quiere decir que es la menor de las unidades que
se pueden identificar en el discurso. Esta caracterización proporciona resultados adecuados en la mayoría de
los casos, pero resulta problemática cuando se quiere aplicar a palabras como los artículos, las preposiciones
o las conjunciones, que no pueden aparecer solas. Por ello, algunos autores han propuesto maneras de
refinar un poco esta definición. Lyons, por ejemplo, insiste en la noción de cohesión interna como rasgo
definidor de palabra: una palabra puede tener otros componentes menores, pero estos no pueden
reordenarse, ni admiten la interpolación de otras palabras.
Por ejemplo, aunque en la palabra aerotransportadas podamos identificar componentes de
significado menores (aero- trans- porta-d-a-s), estos componentes no admiten ser permutados o
reordenados (*portaerotransadas, * portransaeradas…); y tampoco es posible insertar en medio otras
palabras: no existen formas como * aerotransmercanciaportadas. Cruse, por su parte, señala que las
palabras son las unidades mínimas permutables, con lo que aúna la idea de cohesión interna de Lyons con
la de movilidad sintáctica, sin necesidad de postular la independencia discursiva total. Obviamente, la
movilidad sintáctica es relativa y se ve limitada por las posibilidades combinatorias de las diferentes
categorías gramaticales.
Lexema: Los objetivos que tiene que alcanzar la Semántica requieren, además, el manejo de otras
nociones más específicas. Sabemos que las palabras pueden estar formadas por componentes menores.
Considérense las formas libro, libros, libritos, libraco: cada una de ellas es una palabra diferente; sin
embargo, cualquier hablante de español sabe que desde el punto de vista del significado todas ellas
comparten una misma base: libr-. Esta base, que en el presente caso aporta el núcleo conceptual del
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

significado de cada una de las diferentes palabras anteriores, se denomina lexema. La noción de lexema
representa uno de los conceptos básicos de la Semántica léxica. Los lexemas comparten con las palabras la
propiedad de no admitir interpolaciones internas, pero se distinguen de ellas en que no satisfacen el criterio
de independencia y de movilidad: la mayor parte de los lexemas no puede aparecer aisladamente. Se dice,
entonces, que los lexemas son formas ligadas (por oposición a las palabras, que son formas libres). Los
lexemas pueden ir acompañados por diferentes clases de afijos, que son también formas ligadas: en el caso
de la palabra aerotransportadas, junto al lexema port podemos distinguir los prefijos aero- y trans-, y los
sufijos de participio, de género y de numero - d-a-s.
(Los afijos son secuencias lingüísticas que se anteponen (prefijos), se posponen (sufijos) en una
palabra para modificar su significado).
Lema: Las tareas de definición del significado que acometen los diccionarios convencionales
requieren el manejo de palabras. Sin embargo, no todas las palabras de una lengua aparecen en el
diccionario: figuran libro y libraco, pero no libros o libritos. Cada una de las palabras que se definen en un
diccionario se denomina lema. Los criterios básicos de selección de los lemas son los siguientes: para las
palabras variables en cuanto al género, el masculino singular; para las formas verbales, el infinitivo.
Escandell Vidal, Victoria. Apuntes de semántica léxica. Uned. España: 2007 (Libro electrónico)

El signo
En primer lugar, el signo ofrece datos sobre la realidad representada, es un conjunto de elementos
que están en lugar de otra cosa y que la designan. Esa imagen mental no es el objeto real, sino sólo una
“copia” con algunas características - no todas – de la cosa que existe. El signo, además, es una interpretación
de la realidad representada.
El signo es siempre también una hermenéutica, es decir, la interpretación de algún sentido que tiene
la realidad conocida. Cada vez que pensamos o imaginamos alguna realidad, hacemos una reproducción
mental de la misma, pero bajo el aspecto o la forma en que nuestra mente la percibe, y por tanto
interpretamos las informaciones recibidas. La percepción del ser (sea éste real, pensado o imaginado) inicia
nuestro diálogo con las cosas, y los signos son un modo de apropiarse y de interpretar el mundo.
En conclusión, el signo es un simulacro de la realidad que comienza en nuestra mente. Es correcto
decir, entonces, que el pensamiento, la idea, es un signo, porque está en lugar de otra cosa, de cualquier
ente percibido dentro o fuera de nosotros, o simplemente creado por nuestra fantasía.
Pero también son signos muchos otros objetos construidos con el propósito de estar en lugar de
otras cosas: una foto, la señal vial, un gesto para saludar... y todo aquello que podemos tomar
convencionalmente como signo.
Llegamos a la definición clásica del signo: aliquid stat pro aliquo (algo está en lugar de otra cosa), y
aparece así su dimensión relacional: un objeto presente se relaciona con otro que está ausente. Esa relación,
sin embargo, requiere de alguien que percibe la línea de conexión entre los dos objetos, es decir, alguien que
actualice la realidad del signo. Tenemos entonces este juego de relaciones: “A” está por “B” y esa sustitución
es reconocida por “C”. Lo que equivale a decir que “A” es signo de “B” y lo percibe “C”. Según este esquema
cualquier cosa puede asumir una relación sígnica, con tal que “esté en lugar de...” y “para alguien” al que se
destina.
Otra faceta de la estructura del signo la podemos ilustrar analizando el siguiente ejemplo. Enciendo
mi computadora, introduzco un dispositivo de transmisión de información y me dispongo a escribir. De
pronto la máquina emite un sonido parecido a una alarma. Es la advertencia de que hay un virus; he
percibido un signo y debo tomar las precauciones necesarias. Me pregunto: ¿por qué ese sonido lo capto
como un signo? Porque todo signo tiene -semióticamente- las siguientes tres características.
- Una forma física por la cual se hace perceptible a los sentidos (el sonido de alarma),
- Debe referirse a algo diferente de sí mismo (advierte sobre la presencia de un virus),
- Alguien debe reconocerlo como tal, o sea, como signo (yo capto el significado).

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Hemos de agregar en seguida que esta explicación descarnada de la estructura del signo, no da
cuenta de todo lo que puede efectivamente desencadenar un signo a nivel comunicativo. A menudo, los
signos instauran una red de sentidos que va más allá del simple “reemplazar cosas”, porque la semiosis es un
fenómeno social, y los signos se mueven al interior de contextos, donde existe una constante y compleja
interacción comunicativa.
La realidad de los signos instaura el problema de saber qué condiciones son las que dan lugar al
reconocimiento de los signos, al mecanismo por el cual el sujeto separa los objetos en “simplemente cosas”
y en “cosas signos”.

Dos enfoques sobre el signo


En la historia de la semiótica han surgido varios modos de conceptualizar los elementos que
componen la estructura del signo. Vale la pena presentar las dos corrientes más conocidas en la actualidad.
Los otros intentos teóricos aparecidos posteriormente, de una manera u otra, se derivan o remiten a estas
dos corrientes.

a) La postura lingüística de Ferdinand de Saussure


Los estudios del signo ocuparon un puesto central en la lingüística, por eso no podemos menos que
citar a F. de Saussure (1857-1913), uno de los pioneros que se dedicó a analizar este tema. De él se derivaron
numerosos estudios posteriores.
Para F. de Saussure el signo es una unidad lingüística que tiene dos caras:

• Una sensible llamada Significante. Puede ser acústica (los sonidos de las palabras), o bien
visual (letras de la escritura), pero siempre es algo material.
• Otra es inmaterial: la idea o concepto evocado en nuestra mente, y se llama Significado.
Saussure cita como ejemplo la palabra “árbol”: el significante es la forma física del término, mientras
que el significado es el concepto mental de “árbol”.
El signo, además, hace referencia a alguna cosa, y a esa realidad Saussure la denomina realidad
referencial; es el objeto, la cosa o el fenómeno, al cual se alude mediante el signo. Saussure pensaba que el
referente no integra la estructura del signo y que éste posee sólo una semblanza diádica.

b) El modelo triádico de Charles S. Peirce


Este original pensador (1839-1914), fue uno de los principales exponentes del pragmatismo filosófico
del siglo XIX en Estados Unidos. Seguidor de la tradición filosófica realista, Peirce afirma la dimensión
teórico-cognitiva del actuar humano, y sostiene que nosotros nos movemos en nuestro entorno guiados por
creencias de tipo existencial y pragmático. El rol del pensamiento es organizar y transformar el campo de la
experiencia, para coordinar las acciones humanas. Se trata de un pensamiento pragmático destinado a
captar los efectos y los significados prácticos que puede tener un conocimiento en el obrar del individuo, ya
que “la finalidad de la acción es la de producir algún resultado sensible. Para Peirce el significado está en el
pensamiento, pero no en forma pasiva como una imagen en el espejo, sino activamente, como una acción
por la cual organizamos y transformamos los campos de la experiencia en vista a intervenir en el mundo, a
realizar un proyecto, llevar a cabo algún tipo de acción o comportamiento. Entonces el significado de algo se
configura como el conjunto de implicaciones prácticas que el objeto posee para algún sujeto. Conocer quiere
decir captar esas implicaciones y por tanto su significado.
Esta concepción de los efectos del conocimiento determinará su original modo de considerar
también el operar de los signos. Peirce estudió en profundidad el fenómeno del signo y elaboró su propia
noción, diferente del concepto estructuralista de inspiración saussuriana. Para Peirce el signo es algo que,
bajo cierto aspecto, representa alguna cosa para alguien. Esto significa -en el fondo- que el signo posee una
composición triádica, y en ese cuerpo emergen y se hacen presentes en él, sus tres elementos formales. He
aquí los elementos que, según Peirce, conforman el signo:

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

a. El representamen: es lo que funciona como signo para que alguien lo perciba, o sea,
la cosa que hace de signo, el signo mismo como tal, por ejemplo, las palabras de un idioma que han
sido creadas para ese fin. El representamen está siempre en lugar de otra cosa, es el sustentador o
portador de esa cosa para los que han de verla o considerarla en el signo.
b. El interpretante: es la idea del representamen en la mente del que percibe el signo, o
sea, es un efecto mental causado por el signo (otra idea del signo), apenas se inicia el proceso de
semiosis a través del representamen. En definitiva, el interpretante es otra representación referida
al objeto signo, es un significado de los significantes.
Hay que distinguir entre interpretante inmediato que es simplemente el significado del
signo, su potencial significativo, el interpretante dinámico constituido por el sentido captado por un
sujeto singular, y finalmente el interpretante en sí, formado por la o las interpretaciones que le
otorga al signo el sujeto singular, los nuevos signos de carácter lógico que él va engendrando.
c. El objeto: es aquello a lo que alude el representamen. Dice Peirce: “Este signo está
en lugar de algo, su objeto” -esto es- aquello al que el signo está referido. Nuevamente hay que
recordar que el objeto (igual que el referente), no necesariamente es una cosa concreta, puede
tratarse de ideas, de relaciones o de entes imaginarios y ficticios.
Interesa observar que Peirce define el signo no en relación con el significado de la cosa, sino
remitiéndolo a otro signo, generándose de ese modo una semiosis infinita, porque el interpretante
de una cosa “se convierte a su vez en un signo y así ad infinitum”. En efecto cualquier
representación sígnica -dice Peirce- “no es otra cosa que otra representación”.

Esta tríada del signo puede explicarse con un ejemplo. Si miramos el afiche de un hermoso paisaje (=
un signo), se produce un proceso de semiosis donde:
- El representamen es la imagen del afiche percibida como signo.
- El interpretante es la relación mental que establecemos entre el representamen y su objeto;
en definitiva es la idea del signo del afiche.
- El objeto es el paisaje aludido en el afiche.

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Clasificación de signo en Ícono, Símbolo e Índice


En relación con el objeto, Peirce sostiene que pueden darse tres tipos de signos:
● el índice: señala e indica en forma directa el objeto al cual se refiere, por ejemplo las
calles mojadas son un signo índice de que ha llovido. Las huellas de un caballo sobre
el camino o el pronombre “tú” para indicar la persona con la que se habla. El índice
es indicativo y remite a alguna cosa para señalarla, como sucede con el mercurio de
un termómetro que está para señalar la temperatura o el humo para indicar la
presencia del fuego.
● el símbolo: es y se establece por una convención social, como sucede con los signos
lingüísticos de un idioma. Tienen significado por una ley de convención
arbitrariamente establecida.
● el ícono: es el signo que se relaciona con su objeto por razones de semejanza. Para
Peirce el ícono es una imagen mental, o sea de un representamen que representa a
su objeto al cual se le parece. Es un ícono un cuadro de paisaje, una fotografía o un
diagrama.

Arbietrariedad y convención del signo lingüístico


Saussure sostiene que en los códigos lingüísticos, la relación entre el significante y el significado es
arbitraria, porque no está motivada por el objeto al cual se refiere, sino que está fundada en el consenso
social por el cual los grupos humanos deciden asumir esa asociación. Este fenómeno explica la gran cantidad
de idiomas que hay en el mundo.
Por sí solo un signo no tiene valor, es necesario juzgarlo dentro de un sistema o estructura que es la
lengua. Allí entra en relación con otros signos y se vincula con los demás elementos de todo el sistema
lingüístico.
Saussure niega explícitamente la relevancia del simbolismo fónico; las onomatopeyas y las
exclamaciones son fenómenos marginales y de dudoso valor simbólico. Sin embargo, él mismo atenúa la
arbitrariedad del signo lingüístico: “Sólo una parte de los signos son absolutamente arbitrarios… El signo
puede ser relativamente motivado”. El signo es arbitrario en la medida en que su valor no depende de su
propia sustancia, sino de las oposiciones distintivas que mantiene con otras unidades de la lengua.
Bruzos-Moro, Alberto. Motivación y Convención En La Lengua.
Zecchetto, Victorino. La danza de los signos: Nociones de semiótica general.
Zecchetto, Victorino. Seis semiólogos en busca de un autor.

Consideraciones filosóficas en torno al lenguaje

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El poeta, verbo de los hombres. En textos de Leonardo Castellani. Dra Liliana


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Fragmentos de Lingüística y Filosofía de Étienne Gilson


(…) Es totalmente cierto que el lenguaje expresa el pensamiento, en el sentido de que, a través del lenguaje,
la iniciativa de un pensamiento recurre a otro pensamiento con la esperanza, legítima y normalmente
justificada, de que las palabras dichas y entendidas lo bastante unívocamente como para que el mensaje sea
efectivamente comunicado. La comunicabilidad del pensamiento es un hecho inmenso, indiscutible, y solo
puede realizarse a través del lenguaje; pero todo sugiere que, en el lenguaje, el pensamiento sigue siendo
por naturaleza esencialmente distinto a su medio de comunicación. (…)
Entre palabra y pensamiento “parece interponerse una especie de libertad creadora que se llama espíritu.
Pero entonces nos hallamos en plena metafísica, en un terreno que la lingüística y la gramática bordean
continuamente, en el que quizá llegan a aventurarse por descuido, pero donde nunca permanecen con pleno
agrado.” (p42-43)
“…pero, ¿puede haber lenguaje sin pensamiento? Incluso los lingüistas que aspiran a la perfecta lingüística
de un lenguaje para ellos desnudo de sentido admiten que haría falta por lo menos hacer abstracción del
sentido del lenguaje en cuestión, para que el objeto de su estudio fuese verdaderamente una lengua. Y sin
embargo, del pensamiento que concibe este sentido, precisamente en tanto que lingüistas, no saben nada.
Un problema análogo se plantea a propósito de lo que el lenguaje significa. El mismo eminente lingüista no
duda en afirmar que <<el lenguaje reproduce el mundo>>. (…) Sin embargo, ni él mismo piensa en
imponernos verdaderamente la noción teológica más que filosófica de que el mundo ha sido producida; no
puede, pues, planteársenos la cuestión de reproducirlo. El lenguaje no produce, por lo demás, nada más que
sonidos dotados de sentido. (…)
(…)
…por regla general, no hay analogía alguna entre las palabras y las cosas que aquéllas significan. (…) Hay que
escoger entre tomar los signos como arbitrarios o asignarles un contenido simbólico, y por lo tanto fundado
en una realidad.
Suponiendo que se insista en llamar al signo lingüístico un símbolo, se preguntará de dónde le viene este
poder de simbolizar. Los lingüistas más serios se lo preguntan: ¿Cuál es la fuente de este poder misterioso
que reside en la lengua? ¿Por qué el individuo y la sociedad están, juntos y con la misma necesidad,

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

fundados en la lengua? Porque el lenguaje representa la forma más alta de una facultad que es inherente a
la condición humana, la facultad de simbolizar.
(…)
…esta <<facultad de simbolizar>>, incluso entendida en un sentido muy amplio, como <<la facultad de
representar la realidad por medio de un ‘signo’ como representativo de la realidad, y por lo tanto de
establecer una relación ‘significación’ entre alguna cosa y otra >>.
Tantos esfuerzos por descomponer el pensamiento a través de una descomposición progresiva del lenguaje
en palabras, en monemas, luego en fonemas, y finalmente en letras, coronados por una esperanza
confesada de lograr una ciencia del lenguaje previamente liberado de toda significación, expresan en
definitiva el deseo de crear una ciencia del lenguaje comparable en objetividad y en certeza a las partes más
indiscutiblemente ‘científicas’ de las ciencias de la naturaleza. (p51-55)
(…) El hombre parece que es engendrado por una forma capaz, no solo de hacerle nacer, crecer y
comportarse como todo otro animal, sino también de utilizar un número bastante grande de órganos,
necesarios para la vida y de los que tal forma le provee, para producir una especie de actividad de lujo, si se
le puede llamar así, que es el lenguaje. Los hombres mudos podrían vivir, e incluso, hablando rigurosamente,
formas especies de sociedades embrionarias, como ciertas bandas o grupos de animales salvajes, pero no
como sociedades como las formadas gracias al uso de la palabra. Ahora bien, solamente dentro de estas
sociedades es donde el hombre alcanza la perfección biológica de su especie. Aristóteles no duda de que la
forma propia del hombre, el alma intelectiva o racional, es la causa de la facultad de hablar que el hombre
posee. El alma intelectiva es quien le hace adquirirla para que el hombre pueda realizar plenamente su fin.
(p105-106)
Sobre la palabra y el concepto: Partiendo, como fiel peripatético, de la experiencia sensible, Tomás de
Aquino hace observar que verbum, lo <<dicho>>, o verbo, significa en primer lugar el verbo exterior, dicho o
hablado, que, como es un dato sensible, en este caso una percepción del sentido del oído, llama en primer
lugar la atención, antes y más vivamente de lo que lo hacen las imágenes o ideas simplemente dadas en la
conciencia. Por consiguiente, el primer sentido de la palabra <<verbo>>, dicho o vocablo, significa esta
palabra exterior, proferida, como decían los Estoicos, que hiere los oídos. La reflexión sugiere sin embargo
que este verbo exterior supone otro, el verbo interior, o mental, que puesto que es lo que el verbo exterior
tiene la función de expresar, es a la vez su causa eficiente y su causa final. Su causa final, puesto que, como
acaba de decirse, el verbo vocal lo proferimos para manifestar el verbo interior, que es su sentido y del que
es signo. Su causa eficiente, porque la causa del verbo exterior, proferido para significar lo que le parece
bien, es la voluntad. Así pues, del mismo modo que en el espíritu del artesano preexiste cierta imagen del
objeto exterior que aquél va a producir, así también en el pensamiento del que habla existe una especie de
modelo interior de la palabra que va a proferir al exterior.
Parece, pues, que Tomás de Aquino piensa aquí en la distinción entre lo que el excelente Egger llamaba <<la
palabra interior>> y el lenguaje que se habla, como suele decirse, en voz alta. Hace a este propósito, dos
observaciones importantes (…)
Primeramente, el verbo interior es <<lo que es significado por el verbo exterior>>. Es lo inteligido interior
mismo: verbum interius est ipsum interius intellectum, y ese entendimiento en su acto interior es lo que el
lenguaje hablado y oído manifiesta al exterior. Pero en segundo lugar, lo que el lenguaje hablado manifiesta
así al exterior no es lo que significa. <<El verbo proferido exteriormente significa que es entendido, no el
entender mismo, y respecto a ese entendimiento que es un hábito o potencia, tampoco los significa más en
tanto en cuanto pueden ser también objetos de intelección. El verbo interior es, pues, lo entendido interior
en sí mismo.
Y por ello, lo mismo que en el artesano se consideran tres cosas, a saber, el fin de la artesanía, su modelo y el
objeto mismo una vez producido, lo mismo se encuentra también un triple objeto en el que habla, a saber: lo
que es concebido por el intelecto, y que el verbo exterior proferido tiene la función de significar; y esto es el
verbo proferido sin voz en el secreto del corazón (verbum cordis); luego el modelo (exemplar) de la palabra
exterior que se llama lenguaje interior o verbo interior, y que está hecho a semejanza de la voz; y finalmente, el
verbo proferido al exterior, que se llama verbo de la voz (verbum vocis). Y lo mismo que en el artesano la
intención del fin está primero, seguida por la imaginación de la forma del objeto de artesanía, y al fin llega la
producción de este objeto al ser, así también el verbo del corazón precede en el hablante al verbo que es a

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

imagen de la voz, y el verbo de la voz llega el último. (Tomás de Aquino. Quaestiones disputatae: De veritate, q.
IV. Art. I. Respondeo.)
(…)
Desde la perspectiva de análisis que acabamos de exponer, y que se apoya en el anterior de Aristóteles, De
la interpretación, <<las palabras (voces) son los signos de las intelecciones y las intelecciones son las
similitudes de las cosas. De donde se ve que las palabras (voces) se relacionan con las cosas que hay que
significar, gracias a la mediación de la concepción del intelecto. Por lo tanto, según que una cosa pueda ser
conocida por nosotros por medio del entendimiento, así podrá ser nombrada>>. La intelección del objeto
por la concepción del intelecto es poco más o menos lo que hoy se llama ‘concepto’, pero el uso de esta
palabra puede dar lugar a malentendidos de todas clases, el principal de los cuales es el olvido de este
principio: que lo que Tomás de Aquino llama verbo interior no ‘significa’ el objeto, sino que lo manifiesta por
medio del acto del entendimiento, mientras que la palabra, que en sí es un signo, significa directamente el
objeto que conoce el entendimiento. (p147-153)
Gilson, Etienne. Lingüística y filosofía. Madrid. Gredos: 1974

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La filosofía del lenguaje en Santo Tomás de Aquino. Pbro. Mauricio Beuchot

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Beuchot, Mauricio. La filosofía del lenguaje en Tomás de Aquino. En:


https://philarchive.org/archive/ZABDSA-2 (Consultado el 12 de ago. de 2019)

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

La base cognitiva y comunicativa del lenguaje:


Teorías sobre el significado
Las concepciones del significado son muchas y muy diversas. Para todas ellas, el significado es la
asociación entre la expresión lingüística y otro elemento; las diferencias estriban, precisamente, en el tipo de
elemento con que se relaciona la expresión lingüística. Para simplificar el panorama, podemos agrupar los
diferentes enfoques en tres grandes categorías:

● Referencialistas y denotacionalistas: Enfatizan la relación entre las expresiones lingüísticas


y el mundo.
● Representacionalistas y mentalistas: Enfatizan la relación entre las expresiones lingüísticas
y las representaciones mentales.
● Convencionalistas y pragmático/sociales: Enfatizan la relación entre las expresiones
lingüísticas y el uso que hacemos de ellas.

Teorías referencialistas y denotacionalistas


Las teorías de corte referencialista se centran en la relación entre las expresiones lingüísticas, de un lado, y
los objetos, las entidades y las situaciones del mundo que se describen por medio de la lengua, del otro.
Estos enfoques se denominan referencialistas porque se apoyan en las nociones de referencia y referente. La
referencia es la relación que se crea en un momento concreto entre una expresión lingüística y la entidad o
situación del mundo a la que se conecta; puede verse también como el acto que lleva a cabo un hablante
para aludir a una entidad o situación por medio de una expresión lingüística. El referente, por su parte, es la
entidad o situación particular seleccionada por dicha expresión lingüística. Por ejemplo, cuando yo utilizo la
expresión mi gato me estoy refiriendo a un ser en particular, un ejemplar concreto de gato europeo, de
pelaje gris y ojos verdes, de tres años, que encontramos abandonado en la montaña cuando era un cachorro,
etcétera.

Los enfoques referencialistas comprenden diferentes teorías. Algunas afirman que el significado de una
expresión es aquello a lo que la expresión se refiere, es decir, identifican el significado con el referente. Este
tipo de teorías obtiene buenos resultados con algunas expresiones, como los nombres propios. Comprender
el significado de una expresión como la de (1):
(1) Ramón ahora vive en Bruselas.
implica, entre otras cosas, establecer un vínculo entre el nombre Ramón y la persona a la que me quiero
referir; y, de modo semejante, supone asociar el nombre Bruselas con una determinada ciudad, que es la
actual capital de Bélgica.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Esta manera de entender las cosas, que intenta caracterizar las relaciones entre la lengua y el mundo,
parece funcionar bien cuando se aplica a algunas expresiones, pero tropieza con algunas dificultades cuando
se aplica a otras. Las limitaciones de este enfoque son las siguientes.
En primer lugar, la teoría parece predecir, equivocadamente, que las expresiones que no tengan
referente no tendrán significado. En esta situación se hallan:
● Las expresiones que carecen de contenido descriptivo, es decir:

— las que poseen contenido gramatical, como ahora bien o por lo tanto;
— las que tienen contenido expresivo, como ajá o caramba;
— las que, sin carecer exactamente de contenido descriptivo, no sirven para describir estados de cosas
preexistentes, porque es precisamente la utilización de la expresión en las condiciones adecuadas la que
crea nuevos estados de cosas. A esta categoría pertenecen los llamados predicados realizativos, como Yo os
declaro marido y mujer o Queda inaugurado este pantano.
● Las expresiones que no tienen un referente en la realidad. En esta situación se encuentran:

— las que aluden a entidades abstractas, como la tranquilidad que se respiraba allí o el deseo de
volver a verla)
— las que aluden a seres o acontecimientos imaginarios, como en Luke Skyxvalker regresó al planeta
Tatooine.
El hecho de que no podamos identificar un referente en el mundo real no implica, sin embargo, que las
expresiones anteriores carezcan de significado.
El enfoque referencialista no está, como vemos, exento de problemas. Ahora bien, la identificación
entre el significado de una expresión y su referente representa simplemente una versión posible (y, además,
la más extrema) de las teorías referencialistas. Sin embargo, no es, ni mucho menos, la postura más común
en la actualidad. De hecho, y para hacer frente a las desventajas que acabamos de mencionar, se han ido
proponiendo nuevas distinciones que permiten dar cabida a algunos de los fenómenos que quedaban
excluidos. Por ejemplo, para evitar algunos de los problemas, hay que conceder que el referente no tiene
que ser necesariamente una entidad física. La relación de referencia no puede limitarse, por tanto, a lo que
solemos llamar «el mundo real», sino que puede establecerse también con respecto a mundos imaginarios,
como, por ejemplo, los que creamos cuando hablamos de posibilidades o deseos, o los que se construyen en
los relatos de ciencia-ficción.
Para evitar los escollos que se plantean a propósito de la equiparación (inadecuada) de todas las
expresiones que tengan un mismo referente, resulta necesario establecer algunas distinciones ulteriores,
que permitan refinar el modo de abordar las relaciones entre una expresión y su referente. Para empezar, es
preciso distinguir entre las expresiones que tienen un referente constante, único, que no varía de situación
a situación, como el Océano Atlántico o el Sol, y las expresiones (que constituyen la mayor parte) que tienen
un referente variable, es decir, un referente que cambia en función de las circunstancias en que se emplee
la expresión. Por ejemplo, la expresión el presidente de la comunidad de propietarios no sólo cambia de
referente en función de cuál sea la comunidad concreta que estemos considerando, sino que incluso dentro
de una misma comunidad típicamente lo hace cada año, según quién sea la persona elegida para cada
mandato. Las expresiones con contenido deíctico, como yo, tú, allí, etc., tienen también referente variable.
Para dar cuenta de estas diferencias y a la vez resolver el problema planteado por la no equivalencia de
muchas expresiones correferenciales, el matémático alemán Gottlob Frege propuso una vía de solución.
Frege postuló la necesidad de distinguir entre la referencia de una expresión y su sentido. El sentido viene
determinado por las relaciones que contrae la expresión con otras expresiones dentro del sistema. El
sentido de una expresión es el modo en que dicha expresión presenta al referente, y por ello recibe también
el nombre de modo de presentación. Por ejemplo, en una situación dada, las expresiones la chica de las
gafas y la segunda empezando por la derecha pueden ser correferenciales; sin embargo, la manera de cada
una de presentar o introducir el referente es bien distinta.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

La noción de sentido surge del mundo de las matemáticas. Determinar el sentido de una expresión
puede ser relativamente fácil cuando el sistema al que pertenece es relativamente limitado y está
explícitamente definido; resulta, sin embargo, algo más complicado cuando no se está en condiciones de
tomar en consideración otros modos de presentación diferentes, tal y como ocurre a menudo en el uso
espontáneo de la lengua, de modo que la noción no es fácil de aplicar en los términos en que fue
originalmente propuesta. Por ello, a partir de la noción de sentido de Frege, algunos autores han propuesto
reelaboraciones de tipo cognitivo. En ellas, el sentido es la parte constante del significado, la que no varía
cuando los referentes cambian. Conocer el sentido de una expresión es precisamente lo que permite
identificar el referente adecuado en cada conjunto diferente de circunstancias. Aunque intuitivamente
correcta, esta noción de sentido puede resultar algo vaga e imprecisa.
Para poder caracterizar el contenido estable de una expresión de una manera un poco más objetiva,
algunos autores recurren a nuevos conceptos. Tomemos, por ejemplo, una expresión de referencia variable
como el libro de Semántica. Esta expresión puede utilizarse para hacer referencia a un número diferente de
objetos, entre los que están los diferentes ejemplares de este manual, y también los ejemplares de los
diferentes manuales recomendados en la bibliografía. Pues bien, el conjunto de todos los libros a los que
podemos designar con la expresión libro de Semántica constituye la extensión. La extensión de una
expresión es, por tanto, el conjunto de todas las entidades que pueden constituir el referente de dicha
expresión. Este concepto puede aplicarse también a las expresiones de referente constante, que
presentarán simplemente la particularidad de tener extensiones formadas por un único elemento. La noción
de extensión supone un paso adelante en el nivel de abstracción.
Y todavía se puede dar un paso más, si consideramos no el conjunto de referentes, sino el vínculo que
existe entre dicho conjunto y la expresión: denominamos denotación a la relación que se establece entre
una expresión y su conjunto extensional. La denotación es, por tanto, una relación constante, que no varía
de contexto a contexto y de situación a situación: mientras que la referencia es una relación que se crea en
el acto mismo de utilizar una expresión para aludir una entidad concreta, la denotación es una propiedad
intrínseca de las expresiones.
De este modo, disponemos de nuevas herramientas, más abstractas, para caracterizar las conexiones
entre la lengua y el mundo. Para la mayoría de los enfoques actuales, el de denotación es un concepto clave
en la teoría semántica.

Teorías representacionales y mentalistas


Para las teorías representacionales y mentalistas el significado de una expresión es la representación
mental que asociamos con ella. Por medio de la lengua podemos, efectivamente, referimos al mundo, pero
lo hacemos siempre a través de representaciones internas, que son las que nos permiten establecer el
vínculo entre la lengua y la realidad.
¿Qué es una representación mental? Habitualmente entendemos que una representación es una
imagen mental. Así, a la expresión la torre Eiffel le asociamos inmediatamente una determinada imagen:

El identificar el significado con una imagen mental nos permite «visualizar», obviamente, el significado
de las expresiones que designanres y objetos de la realidad; pero también nos permite representamos
entidades imaginarias (un unicornio, una sirena).
Este enfoque, aun estando muy cerca de la visión que los hablantes tenemos del significado, y, pese al
innegable atractivo que posee, no constituye una base lo suficientemente sólida como para desarrollar una
investigación fundada sobre esta perspectiva. Sus limitaciones son las siguientes. En primer lugar, hay

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

expresiones para las que no resulta fácil producir una imagen mental. Entre las expresiones que se
encuentran en esta situación podemos señalar:
• Las expresiones con contenido gramatical: ¿qué imagen le corresponde a expresiones como también o sin
embargo?
• Las expresiones de contenido abstracto: ¿qué imagen le corresponde a expresiones como La quietud de
aquel lugar me tranquilizaba?
• Las expresiones de contenido expresivo: ¡córcholis!
Por otro lado, las imágenes mentales son representaciones privadas: cada individuo puede
representarse una expresión a su manera. Si esto es así, también el significado de una expresión variará
considerablemente de individuo a individuo. ¿Cuál de estas imágenes asociamos con árbol?

Podríamos esperar que, en función, por ejemplo, del momento, de la procedencia geográfica, de la
experiencia personal o simplemente de las preferencias, diferentes personas elijan diferentes imágenes, o
incluso qué la imagen que un individuo tiene no se corresponda en absoluto con ninguna de las aquí
reproducidas. Esta dificultad afecta a todo tipo de expresiones, desde las más básicas (como los nombres
comunes) a las más abstractas. A partir de representaciones tan dispares, es muy difícil construir una teoría.
La identificación del significado con una imagen mental representa una de las posibles versiones de una
teoría representacionalista del significado. Para salvar las dificultades que acabamos de señalar, se han
propuesto otros enfoques. El más conocido es el que postula que las representaciones mentales no deben
identificarse con imágenes, sino con conceptos. Un concepto es una representación mental que recoge sólo
los rasgos esenciales y constitutivos de una entidad. Gracias a estos rasgos podemos identificar entidades y
relacionar sus propiedades con las de otras entidades semejantes. Los conceptos son, por tanto, mucho más
abstractos que las imágenes mentales. El concepto asociado a una expresión puede identificarse con lo que
en teoría de conjuntos se denomina comprensión o intensión: la comprensión (o intensión) es el conjunto
de rasgos que comparten los elementos pertenecientes a un conjunto. Por ejemplo, consideremos de nuevo
el conjunto formado por todos los libros de Semántica. Podemos definir dicho conjunto por extensión, esto
es, listando uno por uno los diferentes ejemplares que lo constituyen; o podemos hacerlo por comprensión
(o intensión), es decir, expresando las propiedades características que los unen: la de SER LIBROS (y no folletos
o enciclopedias) y la de TRATAR DE SEMÁNTICA (y no de Sintaxis o de Geología).
De este modo, se pueden resolver algunas de las dificultades apuntadas más arriba. De entrada, al
eliminarse la necesidad de que la representación mental tenga componentes visuales, se eliminan en parte
los problemas relacionados con los significados que difícilmente se asocian con imágenes visuales. Y, por
otro lado, al manejarse una noción abstracta que contiene sólo rasgos esenciales, se corrigen los problemas
derivados de la variabilidad inherente a las imágenes mentales: la imagen que cada uno de nosotros asocia a
una expresión puede ser muy diferente; los conceptos, en cambio, tienen la estabilidad cognitiva e
intersubjetiva necesaria para asegurar la categorización y la comunicación entre individuos diferentes.
Por otra parte, para que pudiéramos pensar que la noción de concepto es plenamente operativa,
deberíamos poder definir de manera totalmente precisa y explícita el contenido de cada concepto. A
primera vista, esta tarea no parece difícil: bastaría con proponer, para cada concepto, un conjunto de rasgos
o de criterios necesarios y suficientes. Por ejemplo, para caracterizar el concepto de oro habría que dar los
criterios que permiten distinguir el oro de otros metales. Estos criterios existen y hacen posible una
identificación inequívoca de lo que es oro frente a lo que no lo es. Pero esos criterios los conoce sólo el
experto; el hablante común habitualmente no sabe cuáles son estas propiedades definitorias; y, sin
embargo, ello no quiere decir necesariamente que los hablantes se equivoquen o que usen el término sin
propiedad o sin el debido fundamento. No parece sensato afirmar que sólo quien conoce con precisión los
criterios necesarios y suficientes que definen el oro tiene una representación correcta del concepto y, por lo
tanto, del significado del término oro.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Teorías convencionalistas y pragmático-sociales


Las teorías convencionalistas o pragmático-sociales identifican el significado de una expresión con el uso
que de ella se hace en la actividad lingüística. Este enfoque pone, pues, el énfasis en las relaciones entre las
expresiones y sus usuarios. Por ejemplo, la expresión de (6)a cuenta como una apuesta; la de (6)b, como un
saludo; y la de (6)c como una promesa: (6)
a. Va una cena a que antes de una semana María y Luis están saliendo.
b. ¿Qué tal?
c. No te defraudaré.
Esta manera de abordar el significado se apoya en la idea de que el uso de la lengua está sometido a
convenciones sociales. La existencia de pautas establecidas está muy clara en aquellos casos en los que hay
una institución que «respalda» el contenido asociado a la expresión lingüística, como en el caso de las
fórmulas legales, los bautizos y los matrimonios; son estas instituciones las que determinan el valor de las
expresiones. La situación es menos clara, en cambio, cuando no hay convenciones tan firmes que asientan el
uso. Una expresión como la de (7):
(7) Ya son las 2 h.
puede emplearse para realizar una enorme variedad de actividades lingüísticas: desde informar a advertir,
desde amenazar a consolar, desde felicitar a sugerir... ; los usos son potencialmente ilimitados. El problema
es que ésta es la situación en la que se encuentra la inmensa mayoría de las expresiones, que pueden
realizar actos muy diferentes en ocasiones también diferentes. Ello equivaldría a considerarlas casos de
polisemia múltiple, lo cual supondría, en cierto modo, tener que establecer, para cada expresión, un número
también potencialmente ilimitado (o, al menos, muy amplio) de convenciones de uso, es decir, de
significados. En vez de reducir los significados, los multiplicaríamos.
Hasta aquí este breve repaso a las principales maneras de concebir el significado. Como hemos visto,
todas ellas tienen ventajas, pero también todas ellas presentan inconvenientes. La elección de un modelo u
otro no es independiente de los objetivos de nuestra disciplina; al contrario, la concepción del significado
que decidamos adoptar está ampliamente en función de cuáles sean las metas que perseguimos.
Victoria Escandell Vidal. Fundamentos de Semántica Composicional.

La semántica en la lengua en uso:Pragmática


¿Qué es la pragmática?
La pragmática es una disciplina que toma en consideración los factores extralingüísticos que
determinan el uso del lenguaje, precisamente todos aquellos factores a los que no puede hacer referencia
un estudio puramente gramatical: nociones como las de emisor, destinatario, intención comunicativa,
contexto verbal, situación o conocimiento del mundo van a resultar de capital importancia. Lo que separa a
los diferentes enfoques es la decisión que cada uno de ellos toma acerca de cómo debe interpretarse este
objetivo: para unos, la pragmática ha de centrarse, sobre todo, en la relación del significado gramatical con
el hablante y con los hechos y objetos del mundo que intenta describir; para otros, por ejemplo, debe tratar
de analizar la relación entre la forma de las expresiones y las actitudes de los usuarios.

Objeto de estudio de la Pragmática

o El significado no convencional
Generalmente solemos dar por sentado que las lenguas naturales funcionan como códigos, es decir,
como sistemas que emparejan signos y mensajes de una manera constante: la lengua establece una relación
diádica, convencional y arbitraria entre representaciones fonológicas (significantes) y representaciones
semánticas (significados). También habitualmente partimos de la base de que, cuando nos comunicamos por
medio del lenguaje, lo que hacemos es simplemente codificar información, esto es, elegimos las
representaciones fonológicas que corresponden al contenido semántico que deseamos transmitir.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Estas dos ideas —la de que las lenguas son códigos, y la de que comunicarse consiste en codificar y
descodificar información—, que gozan de extraordinaria popularidad y difusión, pueden resultar útiles en
algunos momentos y para algunos propósitos concretos, pero dibujan sólo un esquema muy simplificado de
la comunicación. La realidad se encarga pronto de demostrar que las cosas no son tan sencillas. La idea de
que la lengua en la comunicación funciona como un código no es adecuada. No hay una correspondencia
biunívoca constante entre representaciones fonológicas e interpretaciones. Y, sin embargo —y en contra de
lo que pudiera esperarse—, esto no constituye necesariamente un obstáculo para la comunicación. De
hecho, contamos siempre con la posibilidad de que haya una cierta separación entre lo que se dice (entre los
significados literales de las palabras que se pronuncian) y lo que se quiere decir (la intención comunicativa
subyacente): por eso hablamos con absoluta naturalidad de leer entre líneas, de la diferencia entre el
espíritu y la letra de un texto; o decimos cosas como cuando dije aquello, lo que quería decir en realidad
era... Hemos desarrollado complejos mecanismos de inferencia que entran en funcionamiento
automáticamente para hacernos recuperar lo que nuestros interlocutores quisieron decir a partir de lo que
realmente dijeron. Estamos usando constantemente estrategias que nos conducen a contextualizarlo todo
de la mejor manera posible para que encaje y tenga sentido.

o Sintaxis y contexto
Examinemos ahora un segundo hecho. Sabemos que existen lenguas que tienen un orden de
palabras en la frase relativamente libre, mientras que otras lenguas lo tienen más bien fijo. En general, la
explicación más extendida que suele darse a este fenómeno se funda en el tipo y en el grado de
caracterización formal de las relaciones de dependencia estructural entre los constituyentes. Se parte del
supuesto de que las lenguas tienen al menos dos maneras de marcar estas relaciones: el orden de palabras y
la morfología (sea por afijación o por medio de adposiciones). Cada lengua decanta sus preferencias hacia
uno de esos procedimientos. Se establece entonces la siguiente correlación: cuanto mejor caracterizadas
estén desde el punto de vista morfológico las relaciones sintácticas, menor necesidad habrá de marcarlas
con el orden de palabras.
Los datos del español y de otras muchas lenguas de orden de palabras relativamente libre, como el
polaco o el húngaro, muestran con claridad que no todas las frases que comparten las mismas condiciones
veritativas resultan adecuadas en los mismos contextos. Veamos un ejemplo muy simple.
a. Juan ama a María
b. A María la ama Juan
c. Juan a María la ama
A primera vista se diría que las frases son equivalentes, ya que describen siempre el mismo estado
de cosas, de modo que no se puede decir que una es verdadera, y las otras son falsas sin incurrir en una
grave contradicción.
Ahora bien, si fueran totalmente equivalentes deberían poder intercambiarse en todos los
contextos; pero esto no es así. En el ejemplo siguiente vemos cómo las continuaciones propuestas varían en
su aceptabilidad de acuerdo con el orden de palabras de la secuencia precedente.

Lo que estos contrastes muestran es que cada uno de los diversos órdenes de palabras trata cada
constituyente oracional de forma diferente desde el punto de vista comunicativo. En cada una de las frases
de (6) hay una parte del contenido informativo que se presenta como un hecho establecido (como un
conocimiento compartido por los interlocutores), mientras que otra parte se introduce como información
«nueva»: en (6a) hablamos de Juan, y la información que aportamos se refiere a si odia o ama a María, o si
es a María a quien ama; en (6b) lo que no se cuestiona es el predicado (que María es amada), y se introduce

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

la información sobre la identidad de la persona que la ama; y en (6c) se da por supuesta una relación entre
Juan y María, y se precisa que es de amor. Esta no es, ni mucho menos, una peculiaridad del español. Las
lenguas de orden de palabras libre presentan este mismo tipo de efectos.
A la vista de todo ello, parece claro que puede hablarse de orden de palabras libre sólo si se adopta
una perspectiva formal. Efectivamente, en español no hay ninguna regla sintáctica que impida ninguno de
los órdenes de (5); sin embargo, el empleo de cada una de las variantes está estrictamente condicionado por
el conocimiento previo de la situación.
En resumen, si contemplamos los hechos desde un punto de vista general, resulta evidente que
incluso algunos aspectos típicamente gramaticales, como el orden de palabras, están determinados por
factores de tipo contextual o situacional, especialmente en lo que se refiere al contraste entre la información
que se presenta como compartida por los interlocutores y la que se considera nueva. La cuestión no puede,
pues, plantearse exclusivamente en términos de corrección gramatical, sino también de adecuación
discursiva. Y, puesto que para explicar los contrastes existentes vuelve a ser necesario recurrir a conceptos
como los de interlocutor, situación, contexto o conocimiento compartido, parece claro que sólo un enfoque
pragmático podrá dar cuenta de manera completa de las condiciones que regulan la elección entre las
diversas variantes.

o Referencia y deíxis
Desde el punto de vista de la comunicación, comprender una frase no consiste simplemente en
recuperar significados, sino también en identificar referentes. No basta con entender las palabras; hay que
saber a qué objetos, hechos o situaciones se refieren. Imaginemos que encontramos un papel en el suelo
con el texto siguiente:
«Te espero mañana donde siempre»
Como hablantes nativos del español, conocemos todas las palabras que aparecen en ese mensaje y
somos capaces de caracterizar su significado sin especiales dificultades. Aun así, y fuera de todo contexto o
situación, nos veremos obligados a admitir que no sabemos a qué se refiere el mensaje, ni cuáles pueden ser
sus implicaciones. Y es que, para poderlo dotar de todo su contenido, nos falta información, al menos, sobre
los siguientes aspectos:
¿quién es el yo que promete esperar?
¿a quién va dirigido el mensaje?
¿cuándo es mañana?
¿dónde es donde siempre?
Sin conocer todos esos datos, no podemos decir que estemos en condiciones de interpretar el
mensaje hasta sus últimas consecuencias. Todas las lenguas tienen formas especiales para codificar
diferentes tipos de elementos de dicha situación: los deícticos.
Entre ellos se encuentran no sólo los pronombres personales de primera y segunda personas en
todas sus formas, los demostrativos, los posesivos, y muchos adverbios de lugar y de tiempo; debemos
contar también los morfemas de tiempo de la flexión verbal y las fórmulas de tratamiento. Además, habría
que añadir todas las formas anafóricas y catafóricas, es decir, aquellas que se usan en el discurso para hacer
referencia a algunas partes del propio discurso.
Una vez más, nos encontramos con que una parte importante de la interpretación de un gran
número de enunciados depende decisivamente de los factores extralingüísticos que configuran el acto
comunicativo: conocer la identidad del emisor o del destinatario y conocer las circunstancias de lugar y
tiempo de emisión se ha convertido en un requisito imprescindible para conseguir una interpretación plena.
Y una vez más, también, resulta evidente que sólo desde una perspectiva pragmática se podrá tener acceso
al tipo de información necesaria para lograr este objetivo.

Contexto
Uno de los elementos que configuran materialmente el acto comunicativo es el entorno, que en
muchos lugares aparece designado como contexto o situación espaciotemporal. Es el soporte físico, el
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

«decorado» en el que se realiza la enunciación. Incluye como factores principales las coordenadas de lugar y
tiempo. Pero representa algo más que un mero escenario. En muchos casos, la situación espaciotemporal es
un factor determinante: las circunstancias que imponen el aquí y el ahora influyen decisivamente en toda
una serie de elecciones gramaticales y quedan reflejadas habitualmente en la misma forma del enunciado; y,
a la vez, constituyen uno de los pilares en que se fundamenta su interpretación.
Es habitual utilizar términos como entorno o contexto para referirse a un concepto sólo
parcialmente coincidente con el que acabamos de definir. Por citar simplemente el caso más conocido para
los lingüistas, recordemos que Coseriu (1967, 313 ss.) habla de contexto extraverbal para referirse al
conjunto de «circunstancias no lingüísticas que se perciben directamente o que son conocidas por el
hablante», es decir, a todo aquello que, física o culturalmente, rodea al acto de enunciación.
Otro término a tener en cuenta es el de contexto verbal o lingüístico (también denominado
cotexto). Darmesteter, por ejemplo, habló de los diversos elementos de una oración que “concurren”, por
su distribución y su colocación, a modificar el significado de las palabras individuales. El contexto
estrictamente verbal no está restringido a lo que precede y sigue inmediatamente, sino que puede abarcar
todo el pasaje, y a veces el libro entero, en que se encuentra la palabra. Esta tendencia es particularmente
notable en la crítica estilística, en donde con frecuencia se reconoce que la significación completa de un
término importante sólo puede captarse a la luz de la obra en su conjunto. Cuando se comienza a leer la
novela La peste, de Camus, la palabra “peste" parece referirse al principio a la enfermedad específica que
devastó la ciudad de Orán por los años de 1940. Al avanzar la lectura percibimos gradualmente que el
término tiene asimismo diversas capas superpuestas de significación simbólica: es una alegoría de la
ocupación alemana de Francia y, en un sentido más amplio, del mal en todos sus aspectos metafísicos y
morales, y todas estas implicaciones continúan ensanchándose y ahondándose hasta la oración final del
libro.

Victoria Escandell Vidal. Introducción a la Pragmática.


Ullmann, Stephen. Semántica: Introducción a la ciencia del significado.

Componentes de la situación comunicativa


Las competencias, una reformulación del circuito de la comunicación
La lingüista francesa, Catherine Kerbrat-Orecchioni, con la idea de captar y reproducir la complejidad
del hecho comunicativo, reformula el circuito de la comunicación verbal de Roman Jakobson de la siguiente
forma:

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Competencias
En primer lugar, debemos preguntarnos ¿qué se entiende por competencias? Son los saberes y
conocimientos que cada uno posee en relación a diversos temas y objetos. Es decir, estamos hablando de las
diferencias en la adquisición de bienes simbólicos y culturales. Las dificultades y facilidades que tenemos
cuando atravesamos por diferentes circunstancias se deben a las competencias que tenemos o que no
tenemos.
La adquisición de competencias es permanente y se lleva a cabo de diferentes maneras que tienen
que ver con:
-hábitos de conducta
-experiencias propias y ajenas
-relaciones sociales, grupales, etc.
Por ejemplo: el código de la lengua es potencialmente común a todos los hablantes, pero algunos lo
hablan mejor que otros, según la situación en que se encuentren y por las que hayan atravesado, ya que el
lenguaje se aprende en situación, es decir, bajo condicionamientos o restricciones que impone la misma
práctica.
Esto significa que no todos tenemos el mismo conocimiento de la lengua ni la misma experiencia, ni
la usamos de la misma manera, ni hablamos y escuchamos del mismo modo. Es decir, algunos, tenemos
mayor o menor conocimiento que otros para la codificación y decodificación de los mensajes.
Analicemos algunas de las competencias que aparecen en el cuadro:

1) COMPETENCIA COMUNICATIVA Y LINGÜÍSTICA


En las situaciones de comunicación los participantes deben tener conocimientos acerca de:
a) Cada participante debe conocer su rol y su status. Ello determina quién, cómo y dónde hablar.
b) Los participantes deben saber dónde se encuentran con relación al espacio y al tiempo. Porque
adquirimos competencias los hablantes manejamos los sistemas de relaciones espacio y tiempo, de manera
tal que nos permiten hablar según el momento y el lugar en el que nos encontramos.
c) Los participantes deben ser capaces de categorizar las situaciones según su nivel de formalidad,
que puede ser íntimo, familiar, formal.
d) Los participantes deben saber qué medio es apropiado para la situación.
e) Los participantes deben ser capaces de utilizar enunciados apropiados al tema y de elegir el tipo
de habla que se corresponda con dicha actitud respecto del tema: irónica, entusiasta, reservada,
sentimental.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

f) Los participantes deben ser capaces de adecuar los enunciados según la especialidad (ocupación,
profesión, actividad) y el dominio (esfera de la actividad, situaciones sociales)
Las competencias lingüísticas son los conocimientos que poseemos de la gramática de la lengua es
decir, sobre la formación de enunciados de la lengua. La competencia comunicativa incluye a la anterior y la
pone en circulación junto con otros saberes o conocimientos de una misma sociedad.
Si hablamos de competencias lingüísticas podemos preguntarnos acerca de las competencias no
lingüísticas, es decir, las paralingüísticas: es el lenguaje que no utiliza palabras sino gestos, miradas, mímica.

2) COMPETENCIA IDEOLOGICA Y CULTURAL


Las competencias culturales reúnen los conocimientos que poseemos con relación al mundo, es
decir, las facilidades o dificultades para leer el universo simbólico.
En la competencia ideológica, además del universo simbólico, llevamos a cabo una serie de
procedimientos que nos permiten la interpretación y la evaluación de dichos objetos. Al conjunto de
actitudes interpretativas y evaluativas las denominamos competencias ideológicas.

3) DETERMINACIONES “PSI”
Las competencias anteriores están atravesadas por un conjunto de determinaciones individuales de
las que tampoco somos demasiados conscientes y que pueden alterar en diferentes sentidos los mensajes.
Son las determinaciones “psi”, esto es, psicológicas, psicoanalíticas, psiquiátricas.
No es una competencia que se adquiere sino una determinación a la que uno está sujeto.

4) RESTRICCIONES DEL UNIVERSO DEL DISCURSO


Para hacer funcionar el modelo de las competencias necesitamos hablar de las restricciones del
universo del discurso. Dichas restricciones operan como filtros en el discurso, en el sentido de que limitan lo
que puede y debe ser dicho según la situación de inscripción de los enunciados. Podemos hablar de
restricciones de género, es decir, de tema, de estilo, de léxico, de tipologías discursivas, que actúan como
filtros.
Globalmente, podemos decir que los tipos de textos son componentes del género y del discurso, es
decir, la conversación, la argumentación. El relato pertenece a la novela, a la crónica. Se trata de una
dimensión textual o lingüística, relacionada con la competencia lingüística.

La Metáfora, Metonimia y Sinécdoque


Metáfora
George Lakoff, escribió que: "Para la mayoría de la gente, la metáfora es un recurso de la
imaginación poética, y los ademanes retóricos, una cuestión de lenguaje extraordinario más que ordinario.
Es más, la metáfora se contempla característicamente como un rasgo sólo del lenguaje, cosa de palabras
más que de pensamiento o acción. Por esta razón, la mayoría de la gente piensa que puede arreglárselas
perfectamente sin metáforas. Nosotros hemos llegado a la conclusión de que la metáfora, por el contrario,
impregna la vida cotidiana, no solamente el lenguaje, sino también el pensamiento y la acción. Nuestro
sistema conceptual ordinario, en términos del cual pensamos y actuamos, es fundamentalmente de
naturaleza metafórica."
De todas las figuras retóricas, la que más fascina es ciertamente la metáfora. Desde sus inicios la
literatura la utilizó abundantemente. Al analizar la naturaleza de la metáfora descubrimos que para
construirla a menudo se recurre a los rasgos semánticos que ofrecen numerosas palabras, para aplicar su
sentido en forma análoga a otra realidad. Se trata de características susceptibles de acomodarse y
relacionarse con diferentes entes o estado de cosas. Decir de un jefe: “Es un molusco”, da lugar a que la
propiedad del término molusco (animal invertebrado de cuerpo blando) sea atribuida a una persona
designándola como carente de firmeza y decisión.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

También en nuestras comunicaciones ordinarias hacemos un uso continuo de metáforas, y casi sin
darnos cuenta saltamos de un significado propio de un término, a otro llamado figurado o metafórico. En
este proceso se produce un cambio semántico del sentido literal de un término o de una frase, por otro. Si
digo, por ejemplo: “Mi negocio marcha viento en popa”, designo la palabra bien o éxito con viento en popa,
que ahora asume un valor metafórico por la semejanza que se establece entre “un negocio que marcha
bien” y un barco a vela que también avanza y “marcha bien” por el mar a causa del viento favorable que
sopla desde popa.
En las metáforas se amplían los significados de los enunciados, de manera que aumentan los valores
contenidos en ellas. Los rasgos de unos términos o unas frases, al relacionarse con los de la imagen
metafórica, expanden sus significaciones. En cierto modo la metáfora es siempre una forma de redundancia,
ya que ella formaliza la relación mediante una comparación. Afirmar de un político que es “un zorro astuto”,
resulta una comparación más impactante que designarlo simplemente como “hombre hábil”.
Es propio, pues, de las metáforas tener una estructura comparativa. En ellas se establecen dos
términos:
Uno que es el ser real (A) y un segundo el ente que funge de comparación metafórica (B), enlazados
ambos a través del verbo “ser”. La fórmula es entonces:
“A se parece tanto a B que:
A es como (o similar a) B”
Véase este ejemplo: Matilde es una paloma, donde Matilde (A) es comparada (como o similar) con
una paloma (B). Hay muchas metáforas que ya se han anclado y establecido en el lenguaje social y que todo
el mundo utiliza, sin necesidad de ser explicadas. Otras veces, en cambio, se crean metáforas ex novo en
discursos y conversaciones de toda clase. Y acá entra a jugar un papel preponderante el contexto
pragmático. Por tanto, sería falso pensar que las metáforas se basan únicamente en la fuerza semántica de
los términos, como si fuese el valor lingüístico el que las genera.
Hay situaciones históricas y culturales que dan origen a nuevas metáforas que luego se difunden
rápidamente. Las nuevas tecnologías electrónicas a veces se usan para metaforizar un hecho, por ejemplo:
“Esa cabeza es un chip”, para aludir a un estudiante inteligente y rápido para entender.
Debemos decir, entonces, que las metáforas funcionan y son comprendidas dentro de un proceso
pragmático, y (…) de acuerdo a ciertos patrones de inferencia que permiten la interpretación correcta de las
mismas. Si digo:
“Juan es una bala”, infiero que es rápido y veloz como una bala. Es una metáfora fácilmente
comprensible. En cambio hay otras que dependen de contextos y usos lingüísticos locales que hacen más
compleja su interpretación. En Argentina es comprensible la metáfora: “Es una persona con mucha polenta”,
pero resulta enigmática en otros países latinoamericanos.
También hay metáforas cuyo rasgo atribuido al objeto real es incompatible con el significado del
término asumido metafóricamente. La frase “Es débil como un crustáceo” recoge una información errada
acerca de los crustáceos, que son artrópodos muy fuertes y resistentes que han sobrevivido a muchos
cataclismos del planeta a lo largo de millones de años.
Es la conclusión que toda metáfora necesita de un adecuado contexto pragmático para ser
correctamente comprendida, dicho de otro modo, ella funciona en relación con la situación de los hablantes,
con las estrategias de inferencias espacio-temporales, con los procesos comunicativos, etc. Excluida del
contexto, la metáfora no puede descifrarse en forma cabal, ya que la decodificación de los términos, no es
sólo cuestión de las propiedades semánticas abstractas y generales consignadas en el diccionario, sino que
depende de los mecanismos pragmáticos vigentes. Los enunciados metafóricos desbordan las reglas y los
espacios semánticos, porque cuando hablamos con el propósito de decir algo con sentido, nos manejamos
con herramientas fiables en un determinado contexto, usamos estrategias de creación o de reconocimiento,
echamos mano a valores de interpretación pragmática, calculamos la vigencia de los principios o categorías
que regulan las conversaciones corrientes, buscamos las propiedades y cualidades de los términos
metafóricos que mejor resultan comprensibles, recurrimos a las comparaciones compatibles con las
situaciones que vivimos, ampliando o restringiendo el valor de la metáfora. Lo normal es que nadie usa una
metáfora en un contexto en que casi nadie las puede comprender.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Si alguien le dijera a un grupo de campesinos del altiplano andino: “Ustedes deben trabajar con la
rapidez de un chip”, si bien se trata de una comparación explícita, seguramente nadie entendería el
significado de chip, porque no están familiarizados con la computación. Si la pretensión de toda metáfora es
comunicar algo, entonces el emisor que la codifica, deberá tomar las precauciones necesarias a fin de utilizar
aquellas formas que inducen a una interpretación clara del enunciado. Otro problema distinto es saber si la
metáfora sólo se construye para explicitar un contenido, o si se busca ocultar y hacer más enigmático un
mensaje.

Otras figuras del hablar cotidiano: metonimia y sinécdoque


La METONIMIA y la SINÉCDOQUE, no solamente favorecen la comunicación, sino que además sirven
a un principio muy querido por todas las lenguas y por la naturaleza del hombre: el de la ECONOMÍA
LINGÜÍSTICA. Según este principio y como cualquier dominio en donde trabaje la economía, los usuarios del
idioma tratamos de obtener el mayor rendimiento de nuestros recursos (en este caso, las palabras), con la
utilización del menor esfuerzo (en este caso, la cantidad de términos); esto podemos hacerlo en virtud de
compartir todos, emisores y receptores, el mismo código, esto es, las mismas convenciones.

LA METONIMIA:
Según la define el diccionario, METONIMIA ES LA FIGURA POR CUAL SE DESIGNA ALGO CON EL
NOMBRE DE OTRA COSA.
De acuerdo con esta definición, algunos la consideran un caso particular de la metáfora, otros la
llaman "metáfora sin fantasía".

Daremos los casos más comunes de metonimia:

1. Se dice el efecto de algo, en lugar de la causa. Por ej.: Respeto sus canas, por eso me callo
(en lugar de: Respeto su edad, por eso me callo); Cecilia es el orgullo de la familia (en lugar
de: Cecilia es causa de orgullo para su familia).

2. Se dice el signo en lugar de la cosa significada. Por ej.: Sean eternos los laureles que supimos
conseguir (en lugar de: Sea eterna la gloria que supimos conseguir - los laureles son signo de
gloria); Tuvieron que aguantar las botas unos cuantos años (en lugar de: Tuvieron que
aguantar a los militares unos cuantos años - las botas recuerdan el uniforme de los
militares-).

3. Se nombra el instrumento y no la persona que lo usa. Por ej.: Guiaba el desfile el tambor
mayor (en lugar de: Guiaba el desfile el maestro y jefe de la banda de tambores; En la
Filarmónica, la segunda flauta no es de Mendoza (en lugar de: En la Filarmónica, el segundo
ejecutante de flauta no es de Mendoza).

4. Se nombra el autor en lugar de sus obras: Varios Chiapasco adornan el despacho (en lugar
de: Varias obras del pintor Chiapasco adornan el despacho); Para mis momentos de ensueño,
Vivaldi o Mozart (en lugar de: Para mis momentos de ensueño, obras musicales de Vivaldi u
obras de Mozart).

5. Se nombra el lugar de origen en vez del objeto: Estaba delicioso el málaga (en lugar de:
Estaba delicioso el vino dulce elaborado con uva de la tierra de Málaga, España); Esa
sustancia terrosa se llamó "magnesia" (Magnesia, en Tesalia, era una antigua región
montañosa de Grecia).

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

6. Se nombra el antecedente en lugar de su consecuente: Vivió largo tiempo en Mendoza (en


lugar de: Falleció…), Fue presidente entre 1999 y 2001 (en lugar de: Tuvo que dejar su
gobierno trunco en 2001).

LA SINÉCDOQUE:
Es una figura que consiste en ampliar o restringir el significado de un término, según los casos que se
verán a continuación:

- el género en lugar de la especie: "Los mortales se emocionan" en lugar de "Los seres humanos se
emocionan "La narración me conmovió" en lugar de "El cuento me conmovió";

- la especie en lugar del género: "Se gana el pan honradamente" en lugar de "Se gana el alimento (el
sustento) honradamente", Todo trabajador tiene derecho a la casa digna" en lugar de "Todo trabajador
tiene derecho a la vivienda digna";

- la parte en lugar del todo: "No tiene un techo seguro" en lugar de "No tiene una vivienda (casa,
morada) segura"; "Con la sequía se perdieron en el sur cerca de mil cabezas de ganado vacuno" en lugar de
"Con la sequía del sur se perdieron cerca de mil ejemplares de ganado vacuno";

-la materia de que está hecha una cosa, en lugar de la cosa misma: "Hoy el bronce guarda su
recuerdo" en lugar de "Hoy estatuas de bronce guardan su recuerdo"; "Con el intenso frío salieron a relucir
las pieles" en lugar de "Con el intenso frío salieron a relucir los abrigos de piel";

- el singular en lugar del plural: "El gallego es exagerado por excelencia" en lugar de "Los gallegos son
exagerados por excelencia"; "El acomedido siempre la saca mal" en lugar de: "Los acomedidos siempre la
sacan mal";

-el plural por el singular: "Los jueces deben obrar con ecuanimidad" en lugar de "El juez debe obrar
con ecuanimidad"; "Los cobardes siempre obran a espaldas de los demás" en lugar de "El cobarde siempre
obra a espaldas de los demás";

- lo abstracto por lo concreto: "La historia afirma" en lugar de "Los historiadores afirman"; "La
juventud es impaciente" en lugar de "Los jóvenes son impacientes";

- el continente por el contenido: "Se tomó dos vasos" en lugar de "Se tomó dos vasos de agua (de
vino, de gaseosa); "Me bebí dos tazas grandes" en lugar de "Me bebí dos tazas grandes de café (de té, de
leche, de jugo)

- un nombre propio (representativo de algo) en lugar del sustantivo común correspondiente: "Es un
Creso de la vida actual" en lugar de "Es un hombre opulento de la vida actual"; "Es como tratar con Al
Capone" en lugar de "Es como tratar con un mafioso".

Zecchetto, Victorino. La danza de los signos: Nociones de semiótica general.


Ramallo de Perotti, M. Dime cómo hablas y te diré quién eres. Actualización lingüística. Documento
de cátedra, Semántica, UNCuyo

Unidad II: Significado léxico

40
Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

El significado: tipos, teorías y definiciones


El “significado” es uno de los términos más ambiguos y más controvertidos de la teoría del lenguaje.
Muchos nuevos usos, implícitos o explícitos, se han añadido a esta formidable fuente de ambigüedad que es
el significado.
Hablando en términos generales, hay dos escuelas de pensamiento en la lingüística actual: la
tendencia “analítica” o “referencial”, que intenta apresar la esencia del significado resolviéndolo en sus
componentes principales, y la tendencia “operacional”, que estudia las palabras en acción y se interesa
menos por lo que es el significado que cómo opera.

1. Definiciones analíticas (referenciales) del significado


El más conocido modelo analítico del significado es el “triángulo básico” de Ogden y Richards 1:

Pensamiento o referencia

Correcto Adecuado

(Simboliza una relación causal) (Refiere a otras relaciones causales)

Símbolo Referente
Representa
(una relación imputada)
Verdadero
Relación natural entre causa y efecto
Relación entre forma y contenido
Indica lo que algo representa para un individuo
La característica esencial de este diagrama es que distingue tres componentes del significado. Según
esta interpretación, no hay relación directa entre las palabras y las cosas que aquellas “representan”: la
palabra “simboliza” un “pensamiento o referencia” que a su vez “refiere” al rasgo o acontecimiento sobre el
que estamos hablando. No hay nada fundamentalmente nuevo en este análisis del significado; los
escolásticos medievales ya sabían que “vox significat median- tibus conceptibus” (la palabra significa
mediante los conceptos).
El triángulo básico ofrece a la vez muy poco y demasiado. Demasiado porque el referente, el rasgo o
acontecimiento no lingüístico en cuanto tal, claramente queda fuera de la provincia lingüística. Un objeto
puedo permanecer inalterado y, sin embargo, el significado de su nombre puede cambiar para nosotros si
hay alguna alteración de nuestra percepción de él, de nuestro conocimiento acerca de él o de nuestro
sentimiento hacia él. El lingüista será, por tanto, lo bastante avisado como para limitar su atención al lado
izquierdo del triángulo, a la conexión entre el “símbolo” y el “pensamiento o referencia”.
Es en este punto donde el esquema de Ogden y Richards no va lo suficientemente lejos. Da cuenta
de cómo actúa la palabra sobre el que escucha, pero parece descuidar el punto de vista del que habla. Para
el oyente, la secuencia de acontecimientos será como se muestra en el triángulo básico: al oír la palabra,
supongamos puerta, pensará en una puerta y así comprenderá lo que el que habla está diciendo. Para este
último, la secuencia será justamente la inversa: pensará, por una razón u otra, en una puerta, y esto le hará
pronunciar la palabra. Hay, por tanto, una relación recíproca y reversible entre el nombre y el sentido: si uno
oye la palabra pensará en la cosa, y si piensa en la cosa dirá la palabra. Es esta relación recíproca y reversible
entre el sonido y el sentido lo que yo propongo llamar el “significado” de la palabra. La elección de los

1
Ogden y Richards. El significado del significado. 1923
41
Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

términos es, por supuesto, de importancia secundaria, mientras sea aceptado el análisis mismo.

2. Definiciones operacionales (contextuales) del significado


En los últimos años ha empezado a tomar forma dentro y fuera de la lingüística una nueva y
enteramente diferente concepción del significado. Recibió su formulación más acentuada y más provocativa
en las Philosophical Investigations, de L. Wittgenstein, que se publicaron póstumamente en 1953. Un cuarto
de siglo antes, P. W. Bridgman había recalcado, en The Logic of Modern Physics, el carácter puramente
operacional de conceptos científicos como “longitud”, “tiempo” o “energía”. “Entendemos por cualquier
concepto”, argüía, “nada más que una serie de operaciones; el concepto es sinónimo con el correspondiente
conjunto de operaciones” . Este modo de acceso, conocido con el nombre de “operacionalismo”, se extendió
de los conceptos científicos a las palabras en general, y fue resumido en la famosa fórmula: “El verdadero
significado de una palabra ha de encontrarse observando lo que un hombre hace con ella, no lo que dice
acerca de ella”. Wittgenstein da un paso más: no dice meramente que podemos establecer el significado de
una palabra observando su uso; afirma audazmente que el significado de una palabra es su uso: “Para un
gran número de casos—aunque no para todos en que empleamos la palabra “significado”, este puede
definirse así: el significado de una palabra es su uso en el lenguaje”.
Wittgenstein utiliza diferentes analogías para mostrar las implicaciones de su fórmula. “El lenguaje—
escribe—es un instrumento. Sus conceptos son instrumentos”. En otra parte desarrolla la semejanza entre
las palabras y las herramientas: “Pensad en los utensilios de una caja de herramientas: hay allí un martillo,
alicates, un serrucho, un destornillador, una regla, un bote de cola, cola, clavos y tornillos. Las funciones de
las palabras son tan diversas como las funciones de estos objetos”.

Tipos de significado
El significado es un concepto complejo y multifacético, y puede enfocarse desde puntos de vista
distintos. Por lo tanto, es frecuente hablar de tipos de significado diferentes, que corresponden a las diversas
vertientes:

Significado descriptivo / significado no descriptivo


El significado descriptivo o denotativo es aquella vertiente del significado de una expresión que nos
permite identificar la realidad extralingüística a la que dicha expresión se refiere. Por ejemplo, es el
conocimiento del significado descriptivo de la palabra gato lo que nos permite etiquetar a ciertos objetos de
la realidad como gatos, y diferenciarlos de otros animales con los que puedan compartir algunas
propiedades; dicho de otro modo, el significado descriptivo impone restricciones sobre la clase de entidades
que pueden englobarse bajo cada expresión.
Gato: animal doméstico o salvaje, de género mamífero, félido y carnívoro.
El significado descriptivo es un significado de naturaleza objetiva, no ligado a un hablante concreto y
a una situación concreta, sino común a todos los hablantes, e invariable (o estable) de una situación a otra.
El significado descriptivo puede negarse e impugnarse cuando la expresión no se adecúa al tipo de objeto al
que pretende referirse.
Pero, junto a su significado denotativo, las palabras pueden tener asociadas otras notas de
contenido, mucho más variables, secundarias e inestables. Hablamos, entonces, de significado no
descriptivo. Por ejemplo, para muchos de los hablantes de una gran ciudad, la palabra gato puede connotar
(esto es, puede estar asociada a ideas.
La connotación de un término es la intención de la palabra y su gran gama de posibilidades de
significación subjetiva, figurada como en el lenguaje poético. Cuando una misma palabra significa cosas
distintas o ideas diferentes, ese es su valor connotativo.

42
Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Las asociaciones connotativas de una palabra pueden ser individuales, pero pueden también
generalizarse entre un grupo extenso de hablantes. En este caso, las connotaciones pasan a formar parte
constitutiva del significado de una palabra.
Acepciones del término gato según la RAE:
gato1.
(Del lat. cattus).
1. m. Mamífero carnívoro de la familia de los Félidos, digitígrado, doméstico, de unos cinco decímetros de largo desde la
cabeza hasta el arranque de la cola, que por sí sola mide dos decímetros aproximadamente. Tiene cabeza redonda, lengua muy
áspera, patas cortas y pelaje espeso, suave, de color blanco, gris, pardo, rojizo o negro. Es muy útil en las casas como cazador de
ratones.
2. m. Bolso o talego en que se guardaba el dinero.
3. m. Dinero que se guardaba en él.
4. m. Instrumento de hierro que sirve para agarrar fuertemente la madera y traerla a donde se pretende. Se usa para echar
aros a las cubas, y en el oficio de portaventanero.
5. m. Máquina compuesta de un engranaje de piñón y cremallera, con un trinquete de seguridad, que sirve para levantar
grandes pesos a poca altura. También se hace con una tuerca y un husillo.
6. m. Trampa para coger ratones.
7. m. Instrumento que consta de seis o más garfios de acero, y servía para reconocer y examinar el alma de los cañones y
demás piezas de artillería.
8. m. coloq. Ladrón, ratero que hurta con astucia y engaño.
9. m. coloq. Hombre sagaz, astuto.
10. m. coloq. Hombre nacido en Madrid.
11. m. Carp. Instrumento de hierro o de madera compuesto de dos planchas con un tornillo que permite aproximarlas de
modo que quede fuertemente sujeta la pieza que se coge entre ambas.
12. m. Zool. Nombre aplicado a todos los félidos en general.
13. m. Arg. y Ur. Baile de movimientos rápidos, de pareja suelta que suele acompañarse de coplas cuya letra coincide con
las distintas figuras.
14. m. Arg. Música que acompaña ese baile.
15. m. C. Rica. Variedad de pastel, cortado rectangularmente, compuesto de dos tapas unidas con miel o conserva.
16. m. El Salv. bíceps braquial.
17. m. despect. coloq. El Salv. y Méx. Servidor (‖ persona que sirve como criado).
~ casero.
1. m. Nic. Ladrón que conoce la casa en la que ha robado.
~ cerval, o ~ clavo.
1. m. Especie de gato cuya cola llega a 35 cm de longitud. Tiene la cabeza gruesa, con pelos largos alrededor de la cara,
pelaje gris, corto, suave y con muchas manchas negras que forman anillos en la cola. Vive en el centro y mediodía de España, trepa a
los árboles y es muy dañino. Su piel se usa en peletería.
~ de agua.
1. m. Especie de ratonera que se pone sobre un lebrillo de agua, donde caen los ratones.
~ de algalia.
1. m. Mamífero vivérrido oriundo de Asia, de un metro de largo desde la cabeza hasta la extremidad de la cola, que mide
cerca de cuatro decímetros, de color gris con fajas transversales negras, estrechas y paralelas, crines cortas en el lomo, y cerca del
ano una especie de bolsa donde el animal segrega la algalia.
~ de Angora.
1. m. gato de pelo muy largo, procedente de Angora, en Asia Menor.
~ de clavo.
1. m. gato cerval.
~ de monte.
1. m. Hond. jaguarundí.
~ marino.
1. m. alitán.
~ montés.
1. m. Especie de gato poco mayor que el doméstico, con pelaje gris rojizo, rayado de bandas negras, y cola leonada con la
punta y dos anillos también negros. Vive en los montes del norte de España.
~ onza.
1. m. Arg. Ocelote.
~ romano.
1. m. El que tiene la piel manchada a listas transversales de color pardo y negro.
~ siamés.
1. m. gato procedente de Asia, de pelo muy corto y color ocre amarillento o gris, con la cara, las orejas y la cola más
oscuras.
cuatro ~s.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

1. m. pl. despect. Poca gente y sin importancia.


ata el ~.
1. loc. sust. m. coloq. Persona rica, avarienta y mísera.
buscar el ~ en el garbanzal.
1. loc. verb. coloq. Empeñarse en una empresa muy difícil.
como ~ boca, o panza, arriba.
1. locs. advs. En actitud de defensa exasperada.
correr como ~ por ascuas, o brasas.
1. locs. verbs. coloqs. Correr con celeridad huyendo de un daño, de un peligro o de un inconveniente.
dar ~ por liebre.
1. loc. verb. coloq. Engañar en la calidad de algo por medio de otra cosa inferior que se le asemeja.
echarle a alguien el ~ a las barbas.
1. loc. verb. coloq. Atreverse con él, insultarle, denostarle o hacer algo que le irrite.
estar algo o alguien para el ~.
1. loc. verb. coloq. Perú. Estar en malas condiciones o en mal estado de salud.
haber ~ encerrado.
1. loc. verb. coloq. Haber causa o razón oculta o secreta, o manejos ocultos.
haber ~ en jaba.
1. loc. verb. Cuba. haber gato encerrado.
hacerse el ~ bravo.
1. loc. verb. coloq. C. Rica. Apoderarse de algo.
hasta los ~s tienen romadizo, o tos.
1. exprs. coloqs. U. para reprender a quienes hacen ostentación de cualidades que no les son propias.
ir como ~ por ascuas.
1. loc. verb. coloq. correr como gato por ascuas.
lavarse a lo ~.
1. loc. verb. coloq. Lavarse sin mojarse apenas y especialmente hacerlo pasándose por la cara un paño mojado.
llevar el ~ al agua.
1. loc. verb. Triunfar en una competencia, salir ganancioso.
2. loc. verb. coloq. Superar una dificultad o arrostrar el riesgo de una empresa.
pasar como ~ por ascuas.
1. loc. verb. coloq. correr como gato por ascuas.
vender ~ por liebre.
1. loc. verb. coloq. dar gato por liebre.

Hay palabras que están especializadas, efectivamente, en la transmisión de significado no


descriptivo: es el caso de las interjecciones, que expresan un estado emotivo de manera semejante a como
lo hacen la risa o el llanto, es decir, sin necesidad de que medie un concepto. Así, cuando un tenista hace
una buena jugada puede exclamar ¡Toma! y de este modo expresa una serie imprecisa de matices de alegría,
satisfacción, ánimo, etc. Podría haber dicho también Estoy contento de haber hecho una buena jugada, o
algo parecido. En el primer caso, la emoción simplemente se exterioriza; en el segundo, la emoción se
transmite en virtud de los significados descriptivos de las palabras utilizadas. El significado no descriptivo es
fundamentalmente subjetivo y no estable.
Una buena parte de las palabras combinan las dos dimensiones descriptiva y no descriptiva. Es
frecuente, por ejemplo, que se combine una vertiente descriptiva y una vertiente valorativa: la palabra
chucho combina el significado descriptivo (<perro>) con un contenido no descriptivo peyorativo. De todos
modos, no siempre es fácil establecer los límites entre ambos tipos de significado. Por ejemplo, si nos
referimos a un caballo como un jamelgo, no es fácil decidir si las propiedades de ser un caballo, ser muy
flaco y estar descuidado, y ser desgarbado son todas ellas descriptivas, o si la idea de ser desgarbado es ya
una faceta evaluativa…
A veces la carga connotativa de un término es tan fuerte que prácticamente suplanta en el uso
corriente al contenido primario. Es en estos casos en que las palabras se impregnan de valoraciones
ideológicas positivas o negativas donde los riesgos de manipulación y de distorsión de creencias y puntos de
vista son mayores; la carga connotativa de ciertas palabras, especialmente de contenido político (fascista,
rojo), las convierte en vehículos que transmiten soterradamente opiniones y emociones para influir en las
ideas del otro.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Pero el significado no descriptivo no se agota en la dimensión valorativa. Las palabras no solo


pueden transmitir actitudes ante la realidad que se nombra; pueden también asociarse a ciertas propiedades
del hablante o de la situación. El uso de determinados términos se relaciona inmediatamente con la
procedencia geográfica de quienes lo usan: si en uno de los ejemplos anteriores en vez de usar la palabra
autobús se hubiera usado colectivo, se habría añadido al significado descriptivo una dimensión no descriptiva
que relaciona el uso de este termino con el español que se habla en muchos países de América (Argentina,
Bolivia, Perú…); y si el término utilizado hubiera sido guagua, la evocación se dirigiría hacia el español de
Canarias o del Caribe. Las palabras evidencian, pues, diferencias dialectales y geográficas (también
denominadas diferencias diatópicas).
De modo semejante, también pueden reconocerse diferencias que se asocian a la extracción social
del hablante: por ejemplo, el uso de la palabra “parné” (en lugar de dinero) evoca un entorno de lengua
vulgar. Estas diferencias reciben el nombre de diferencias diastráticas.

Significado léxico / significado gramatical


Cuando pensamos en el significado de las palabras, la idea central que viene a la mente es la del
significado de sustantivos como mesa, de verbos como andar o de adjetivos como rubio. En ocasiones se ha
dicho que las palabras de estas categorías son palabras <llenas>, en contraste con las llamadas palabras
<vacías> (conjunciones, artículos, etc.). Sin embargo, no solo las llamadas categorías mayores (nombres,
verbos, adjetivos y algunos adverbios) tienen significado; también lo tienen las categorías menores
(determinantes, cuantificadores, conjunciones, interjecciones, adverbios aspectuales y focales), que no son,
en absoluto, palabras <vacías>: tienen significado, aunque es, obviamente, de naturaleza diversa.
La diferencia en el significado de ambos tipos de categorías se suele caracterizar como significado
léxico frente a significado gramatical. De manera informal, puede decirse que las palabras que tienen
significado léxico remiten a conceptos, a partir de los cuales es posible identificar entidades (reales o
imaginarias), actividades y estados, propiedades…, mientras que las expresiones con significado gramatical
indican de manera abstracta el modo en que hay que combinar entre si los conceptos.
Las unidades con significado léxico reúnen una serie de características que las identifican:
- Forman clases abiertas (es decir, clases en las que es posible incorporar nuevos miembros (o
descartar otros) con relativa facilidad. El léxico de una lengua experimenta modificaciones con relativa
rapidez y facilidad. Constantemente estamos incorporando nuevas palabras a nuestro caudal léxico,
mientras que otras pueden ir cayendo en desuso y desapareciendo.
- Poseen contenido descriptivo. Esto significa que permiten identificar tipos de entidades, y se
conectan con el conocimiento enciclopédico (esto es, con el conocimiento general sobre las cosas). Pueden
poseer, asimismo, dimensiones connotativas.
- Se ligan a representaciones conceptuales accesibles a la introspección. Si un hablante sabe usar
una palabra, también puede caracterizar, de manera más o menos precisa, el significado de dicha palabra en
términos conceptuales.
Las unidades con contenido gramatical, en cambio, poseen un conjunto de propiedades opuestas:
- Forman clases cerradas. El paradigma de los artículos, por ejemplo, está formado por un número
limitado y reducido de elementos. Han hecho falta siglos de evolución lingüística para tener un sistema de
artículos como el que tenemos en español, y harían falta otros tantos siglos para modificarlo. En las
categorías gramaticales no se incorporan con facilidad nuevos miembros.
- No poseen contenido descriptivo. La contribución semántica de las palabras con contenido
gramatical no se relaciona con conceptos, ni da acceso al conocimiento general del mundo: en la realidad
extralingüística existen objetos reales a los que podemos llamar mesas, y actividades que podemos
caracterizar como andar; pero no existe ningún tipo de entidad que podamos relacionar con incluso, con que
o con la; las unidades con contenido gramatical tampoco poseen connotaciones. Su contribución consiste en
indicar que procedimiento hay que seguir para combinar los significados conceptuales y construir la
interpretación de la expresión compleja en que aparecen: se trata, por tanto, de un contenido
procedimental.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

- Tienen un significado poco accesible a la introspección. Cualquiera que tenga el español como
lengua materna sabe usar perfectamente los artículos, las conjunciones y los adverbios focales; sin embargo,
no es común que cualquiera sepa explicitar, ni siquiera de modo aproximado, cual es el significado de estas
palabras ni cuáles son sus condiciones de uso gramatical. De hecho, hacen falta muchos conocimientos
especializados para poder hacerlo.

Significado literal / significado figurado


Cualquier hablante acepta sin dificultad que cuando alguien en un día muy caluroso dice Me estoy
derritiendo no está utilizando el verbo derretirse en su sentido literal, sino en sentido figurado. La distinción
entre significado literal y significado figurado es una distinción cotidiana y aparece con profusión en los
diccionarios. Sin embargo, establecer una división estricta entre significado literal y figurado no es tan fácil
como podría parecer a primera vista.
El significado literal es el sentido propio de las palabras o expresiones. Es el que se usa
cuando se mantiene el sentido habitual al que encontramos en el diccionario.
Por ejemplo: Me gusta el helado
El significado figurado es el sentido que se usa cuando las palabras o expresiones se apartan
de su significado habitual y constituyen una expresión metafórica.
Por ejemplo: Me vuelve loca el helado.
Podría pensarse que el significado literal es cronológicamente anterior y primario, y el significado
figurado es siempre una derivación posterior y secundaria de aquel. Pero esta explicación no es satisfactoria
ya que los hablantes no conocen necesariamente los estadios anteriores del idioma y no están en
condiciones de poder determinar qué significado fue primero. Es más, muchas veces los significados
figurados acaban siendo tan importantes como los significados de los que proceden, o pueden llegar incluso
a remplazarlos, de modo que se pierde la conciencia de que un significado era originariamente figurado. Este
es el caso, por ejemplo, del adjetivo tajante, que significa ‘concluyente, determinante, contundente’; hoy
casi nadie es consciente de que se trata de un significado figurado de una palabra que literalmente
significaba ‘cortante’ o ‘afilado’, en gran parte porque se ha perdido el uso general del verbo tajar, del que
procedía.

Ullmann, Stephen. Semántica: Introducción a la ciencia del significado.


Escandell Vidal, Victoria. Apuntes de semántica léxica.

Los diccionarios
Los nuevos diccionarios del español se proponen, precisamente, registrar usos y no solamente
definiciones e información gramatical. Pero para que se pueda hacer un análisis completo y autorizado de
todos los usos de todas las palabras y expresiones del español, tenemos que contar con estudios
dialectológicos y sociolingüísticos completos que abarquen a todas las comunidades de habla hispana y sus
diferentes variedades.
Pese a estas inevitables deficiencias, los diccionarios del español son muy ricos en informaciones
lingüísticas, aparte de darnos definiciones de cada unidad léxica. Debemos distinguir primero entre
diccionarios monolingües y diccionarios bilingües. Los estudiantes de español como segunda lengua utilizan
mucho los diccionarios bilingües, que contienen las equivalencias entre los términos de su lengua v los
españoles. De esta manera, si quieren expresar en español algo que les viene a la mente solo en su lengua,
les bastará con buscar la traducción de esa palabra. Claro que este es terreno resbaladizo, porque las
traducciones son aproximadas, y en el caso de que fueran precisas sucede que hay una serie de matices que
adquieren las palabras según los contextos y que no figuran en el diccionario.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Entre los grandes diccionarios, llenos de información y de calidad lexicográfica se encuentran el


Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (edición 22a. de 2001) y el Diccionario de
uso del español de María Moliner (última edición de IDUS), dos clásicos. Tenemos también los diccionarios
de la serie VOX. (Otros: Diccionario de uso del español actual (S.M.); Diccionario de la lengua española
(Larousse Planeta) y Diccionario Salamanca de la lengua española (Santillana. Universidad de Salamanca).
Como complemento de estos diccionarios, son muy útiles los ideológicos (u onomasiológicos), que
contienen las palabras españolas ordenadas por ideas, tal como suponemos que están asociadas en la mente
de los hablantes.
Por lo tanto, en función de la macroestructura del diccionario se pueden distinguir tres tipos de
ordenación:
- La ordenación sistemática
- La ordenación ideológica y analógica
- La ordenación alfabética
Cada una de estas ordenaciones da como resultado un tipo de diccionario: los diccionarios
onomasiológicos (ordenación sistemática), los ideológicos (ordenación ideológica y analógica) y, por último,
los semasiológicos (ordenación alfabética), que son los más abundantes.

De la palabra al significado: la semasiología. Los diccionarios semasiológicos


La semasiología es una rama de la lexicología que estudia la relación que va desde el objeto a la
palabra; en el diálogo esta función la cumple el receptor, que recibe la palabra del emisor y le atribuye el
significado que corresponda. Es decir, que el receptor adquiere una sustancia de elementos emitida por
alguien y mentalmente le otorga significación. Puede ser entendido como el camino inverso de la
onomasiología. Este concepto es a menudo usado como sinónimo de semántica, es decir, como el estudio
del significado de las palabras.
Centrándonos en el tema de las funciones del diccionario, la más conocida para el usuario es la
función semasiológica. En este caso, partimos del lema para llegar a determinar su significado. Ésta es, sin
duda, la función más utilizada del diccionario, junto con la búsqueda de una palabra, para comprobar su
correcta ortografía. El lema puede estar formado por una palabra o por varias. De ahí que también
pertenezca a la función semasiológica, la búsqueda del significado de expresiones pluriverbales.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Los diccionarios ideológicos y onomasiológicos


La onomasiología es la rama de la lexicología que estudia la relación que va desde el concepto o el
significado (la idea) al significante (la palabra, la forma). En efecto, la onomasiología es la rama de la
lexicología que estudia la relación que va desde el significante partiendo desde un concepto existente en la
realidad, al significado (abstracto o concreto); y responde a la pregunta "¿cómo está expresado X?", donde X
es un concepto (por ejemplo una idea, un objeto, una cualidad, una actividad), y las respuestas a la pregunta
son las diversas palabras usadas para expresar tal concepto.
Los diccionarios ideológicos u onomasiológicos ofrecen más información que los semasiológicos, en
el sentido de que permiten advertir determinadas lagunas que tiene el vocabulario de una lengua. Por otra
parte, sitúan cada palabra en el tema que le corresponde y establecen todas las conexiones posibles entre
una voz y las que, de alguna manera, puedan estar relacionadas con ella. En general, se da por supuesto un
conocimiento práctico de los diccionarios ideológicos, que, en realidad, no es cierto.
Lo más característico de los diccionarios ideológicos es que presentan los materiales léxicos
organizando las palabras por ideas afines. El esquema, aunque con algunas diferencias, suele ser: un cuadro
general de ideas, una parte donde se exponen las palabras agrupadas en torno a un concepto y un índice
alfabético.
Estos diccionarios sirven para buscar palabras de significado conceptualmente próximo. Supóngase
que sabemos, pero no recordamos un término, o que sospechamos que existe cierto término que no
conocemos. Pongamos un ejemplo: sabemos que hay una palabra para designar el recipiente en el que se
lleva agua en una excursión, y no podemos recordarla. Buscamos en un diccionario ideológico a partir de una
palabra del mismo grupo conceptual, en este caso botella, y allí, entre botellín, biberón, termo, frasco y
muchas otras, aparecerá cantimplora, la palabra buscada. Basta con aprender el sistema de clasificación de
ideas usado en el diccionario. Si necesitamos confirmar el significado, recurrimos a la parte alfabética del
mismo diccionario. Véase, entre otros, el Diccionario ideológico de la lengua española de la serie VOX.
El objetivo último de la función onomasiológica de los diccionarios es doble:
a) Ayudar al usuario a ampliar su vocabulario y a mejorar su estilo, con expresiones más
precisas.
b) Definir las relaciones semánticas en torno a las cuales se estructura el contenido del
diccionario.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Diccionario Tematico De Las Cosas Y Sus Partes. KARTEN EDITORA


Buenos Aires, 1984

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Diccionario de ideas afines. Fernando Corripio

Necesidad de actualización de los diccionarios de uso.


El proceso de actualización de un diccionario se centra en las siguientes tareas:
La adición de nuevos artículos o acepciones.
La supresión de artículos o acepciones ya existentes.
La enmienda total o parcial de los artículos.
Para la preparación de cada nueva edición del diccionario académico de la RAE implica la
identificación de nuevas palabras o nuevos significados y la revisión de las palabras que ya figuraban en
ediciones anteriores. Esta revisión se realiza agrupando las palabras según diversos criterios, como el área
temática a la que pertenecen (palabras de la música, palabras de la química...), por sus características
gramaticales (sustantivos, conjunciones, adjetivos invariables…), por su procedencia (extranjerismos,
revisión de etimología…), por el área geográfica en la que se documentan, etc.
Especialmente relevante es la puesta al día del DRAE para que el tratamiento de sus definiciones y
lemas responda a la doctrina que se expone en el resto de las obras académicas publicadas entre dos
ediciones del Diccionario (Gramática, la Ortografía o el Diccionario de americanismos).
Las fuentes documentales del diccionario académico, que se han ido creando y ampliando en
distintas etapas de su historia, son actualmente las siguientes:
El banco de datos del español, que cuenta con más de 400 millones de registros de textos históricos
y actuales de todos los países hispanohablantes.
El fichero histórico de la Academia, con sus más de diez millones de papeletas léxicas y
lexicográficas.
Las obras de referencia y estudios monográficos sobre léxico.
La Unidad Interactiva del DRAE (UNIDRAE), un servicio creado para atender y canalizar las
propuestas y sugerencias externas relacionadas con el Diccionario.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Gracias a estas fuentes y a las mejoras desarrolladas en su forma de consulta y utilización, los
lexicógrafos pueden hoy por hoy obtener los datos precisos para la toma de decisiones de carácter
normativo y para la preparación de las propuestas que posteriormente estudiarán las comisiones
académicas.
- See more at: http://www.rae.es/diccionario-de-la-lengua-espanola/como-se-hace-el-
diccionario#sthash.yIjxWK73.dpuf

El orden de las acepciones: procesos cognitivos en juego.


Un buen diccionario compila el vocabulario de una lengua, y da información de diferente tipo sobre
cada unidad del vocabulario o unidad léxica (o ítem léxico, o lexema). Las informaciones del diccionario son
las siguientes: categoría gramatical, etimología, significado, distribución geográfica y uso.
Primero veamos qué unidades aparecen encabezando los artículos del diccionario. No son siempre
palabras, sino que pueden ser también partes de palabras, como los prefijos o sufijos. También se
encuentran en los diccionarios abreviaturas, por ejemplo cf. o cfr.. abreviatura de confer “comparar” (que se
lee «compárese») o v. abreviatura de véase o véanse, con significado similar al de cf.. También aparecen
siglas, como Otan u OTAN (sigla del nombre Organización del Tratado del Atlántico Norte).
En cuanto a las expresiones formadas por varias palabras, como estirar la pata, por ejemplo, nunca
aparecen encabezando artículos. Estirar la pata se encontrará dentro del artículo correspondiente a pata,
donde, después de las definiciones de pata, se listan todas las frases y locuciones en que aparece tal palabra.
No se encontrará, en cambio, tal expresión en el artículo dedicado a estirar. Y esto es así porque, por regla
general, se prefiere elegir el nombre como palabra ordenatriz, y no el verbo. Esta preferencia se debe a que,
sobre todo en el caso de verbos como estar, hacer, tener, dejar... la lista de frases sería interminable, y
llevaría mucho tiempo y paciencia encontrar la frase que uno busca. Es más sencillo buscar la expresión me
quedé frío bajo el adjetivo frío que bajo el verbo quedar.

El Diccionario de uso del español de María Moliner no es exclusivamente un diccionario para la


interpretación o descifrado de enunciados, sino para el uso, esto es, para el cifrado de mensajes, lo que
significa ante todo que, utilizando términos más técnicos, nos hallamos ante un diccionario que a su carácter
semasiológico, común a la generalidad de los diccionarios alfabéticos monolingües, añade el de
onomasiológico, propio de los también denominados diccionarios ideológicos y de sinónimos.
En el diccionario de María Moliner aparece la siguiente definición:
escatimar 1 tr. Dar de una ↘cosa lo menos posible: ‘Les escatima la comida a los
criados. No escatima los elogios. Escatima hasta el saludo'. => Cicatear, *economizar, en guerar,
escasear, regatear, retacear. → Cicatero, escatimoso, mezquino, roñoso, *tacaño. → Cicatería,
mezquindad, roña, tacañería. → No doler prendas. 2 Dar mal sentido a los ↘dichos o escritos =
* Tergiversar, torcer. 3 (ant.)'* Reconocer, *rastrear o *escudriñar algo.
El artículo consta de tres definiciones, indicadas por números impresos en negrita. Cada una indica
tina acepción del significado de la palabra: hay vocablos con muchas acepciones, a veces relacionadas entre
sí, otras veces no tanto. Una de las tareas más delicadas de quien utiliza el diccionario es buscar la acepción
que le interesa más, y eso depende del contexto en que esté usada o vaya a usarse la palabra.
En la definición del verbo, vemos que admite objeto directo (al principio del artículo se ha indicado,
mediante la abreviatura «tr.», que el verbo es transitivo) y que el objeto directo debe ser una cosa (va
precedida de una flechita: esto es señal de que la cosa en cuestión (comida, elogios, saludos...) es el objeto
directo del verbo). Leída esta definición y sus ejemplos, podemos usar con bastante seguridad la palabra ya
que sabemos cómo se la puede usar.
La primera acepción de escatimar contiene un catálogo de palabras separadas en grupos por una
flecha simple. En cada grupo hay palabras en letras redondas, y otras en letras cursivas. Todas estas palabras
nos interesan, pero mucho más las que van en redondas, porque son las más usadas. Las otras son menos
frecuentes. ¿Por qué nos interesan? Porque son afines, pertenecen a la misma familia etimológica o
semántica, o ambas cosas: algunas nos sonarán mucho, otras menos. Las que van precedidas de un asterisco

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

se encontrarán en otro catálogo de palabras del mismo diccionario: así se forman las redes de que
hablábamos antes: un asterisco lleva a otros, que llevan a otros.
Al comparar el artículo de María Moliner con el de otro diccionario de los grandes, por ejemplo el
VOX (Diccionario general ilustrado de la lengua española), se encuentra lo siguiente:
escatimar (quizá der. del gót. skattjan, evaluar) tr cercenar, escasear [lo que se ha de dar]: -
los alimentos.
Esta definición es mucho más breve y nos da solamente dos equivalencias, una de ellas considerada
poco usual por el diccionario de María Moliner. El Vox es un diccionario más moderno, con mayor cantidad
de palabras, pero menor cantidad de información en cada artículo, y sin duda es más cómodo para una
consulta rápida. Ofrece, en este caso, una etimología que estaba ausente en el Moliner. En lugar de usar
flechas para indicar el objeto directo, se sigue aquí la convención más generalizada de clasificar el verbo
como transitivo.

Diccionario de uso del español. María Moliner

Reyes, Graciela. Cómo escribir bien en español.


Revuelta, Inmaculada. La función onomasiológica en los diccionarios.
http://www.rae.es/diccionario-de-la-lengua-espanola/como-se-hace-el-
diccionario#sthash.yIjxWK73.dpuf

El análisis de rasgos semánticos: Producción de definiciones


El significado lógico-conceptual de cada palabra estaría conformado por el conjunto de sus rasgos
semántico: Los rasgos semánticos son entidades de significado mínima es decir, átomos del significado.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

El análisis de rasgos semánticos es una estrategia para el desarrollo del vocabulario que se basa en el
modo en que el cerebro organiza la información. El análisis de rasgos semánticos trabaja con las semejanzas
y diferencia; que existen entre las palabras incluidas dentro de una categoría contribuyendo a mejorar el
vocabulario y las habilidades clasificatorias de los alumnos y promoviendo su capacidad de establecer
relaciones entre conceptos. Cada uno de los conceptos presentados por las palabras tiene características o
rasgos que lo distinguen de los demás. El procedimiento de comparación empleado en el análisis de rasgos
semánticos ayuda a elucidar estos matices de significación.
Podemos distinguir entre rasgos DE UN LUGAR (que implican un solo objeto al que se refieren) y
rasgos DE DOS LUGARES (o rasgos de relación entre dos o más objetos). También podemos distinguir entre
rasgos de naturaleza CONCEPTUAL, rasgos de naturaleza SINTÁCTICA -que especifican las propiedades de las
palabras para combinarse selectivamente unas con otras y que identifican la naturaleza gramatical de las
mismas- y rasgos de naturaleza PRAGMÁTICA -que especifican la pertenencia de las palabras a registros
particulares, su frecuencia de uso, las connotaciones que las vinculan a determinadas situaciones o
ambientes, la intención comunicativa del hablante-.
Este procedimiento supone la elaboración de un cuadro de doble entrada, tabla o grilla, con el fin de
analizar las similitudes y diferencias entre conceptos relacionados. Se elige un tema o categoría, y en el
costado izquierdo de la tabla se escriben luego, en columna, palabras relativas al tema.
Herramient Corta Pinta Golpea Arrastr Se usa en Se usa en Se usa en Tiene asa o
a a tela madera tierra mango
sierra + - - + - + - +
alicate + - - - - - - +

pincel - + - + + + - +

tenaza + - - - - + - +
pico + - + - - - + +

rastrillo - - - + - - + +

Pittelman y otros.Trabajos con el Vocabulario Buenos Aires, Aique, 1991.

En la grilla sobre Herramientas entraron en la lista las palabras sierra, alicate, pincel, tenaza, pico y
rastrillo. En la línea horizontal superior del cuadro, se escriben rasgos o características propias de una o
varias de las palabras de la columna. En este caso, se anotaron corta, pinta, golpea, arrastra, se usa en tela,
se usa en madera, se usa en tierra y tiene mango. Se analiza luego cada palabra de la columna, rasgo por
rasgo, y en la grilla se van colocando signos más (+) y menos (-) para indicar cuáles de esos rasgos le son
aplicables. Por ejemplo, si se trata de la palabra sierra, se anotará un signo más en los rasgos corta, se lo usa
con madera y tiene mango, y se colocará un menos en pinta, golpea, arrastra, se usa en tela y se usa en
tierra.
El intercambio de ideas que se produce durante la elaboración de la grilla, además de ayudar a
comprender que no hay dos vocablos idénticos, amplía los conocimientos que se tienen sobre las palabras.
La estrategia presenta el vocabulario de una forma clasificada y lógica. La grilla hace visibles las
relaciones entre las palabras y las gradaciones o matices que existen entre los diversos conceptos y en el
interior de cada concepto. Sirve como vehículo para remitir los vocablos nuevos a los conocimientos previos
del analista, ya que organiza gráficamente las relaciones entre la nueva palabra y las que ya forman parte de
su dominio cognitivo.
Romero de Cutropia, Alicia. Palabras bajo la lupa.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Relaciones semánticas: relaciones de


significado entre palabras
En términos generales se pueden establecer dos tipos fundamentales de relaciones semánticas entre
lexemas:
- Las relaciones basadas en el conocimiento del mundo compartido por los participantes en la
situación comunicativa. (De acuerdo con el criterio pragmático)
La relación semántica es un reflejo de las relaciones realmente existentes en la realidad (o en la
interpretación de la realidad, etc.). De manera que la primera condición para que exista una relación
semántica lexemática en un texto es que exista una relación de coherencia entre objetos acciones, etc. de la
realidad que se comunica por medio del lenguaje. Este reflejo no es simple ni directo. La “interpretación de
la realidad” por los grupos socio- culturales que pueden adoptar las relaciones “reales”, existentes antes, o
crear algunas sin correspondencia real. Dentro de este tipo de interpretación socio- cultural encontramos
desde las figuras de ficción sin existencia real, como las “sirenas”, hasta otras de carácter más restringido
como la relación sacerdote – matrimonio en determinadas religiones, tabúes, etc. e incluso el puro juego
lingüístico.
- Las relaciones basadas en la existencia de algún rasgo semántico común. (Criterio semántico)
Hipotéticamente el significado lógico- conceptual (relacionado con los procesos cognitivos de la
mente humana y el pensamiento), puede descomponerse en una configuración de rasgos semánticos
(Análisis componencial).
Los rasgos semánticos son entidades de significado mínimas, átomos del significado. No todos los
rasgos semánticos son del mismo género o naturaleza. Un rasgo como /macho/ expresa una propiedad
poseída por un determinado ser, implica que exista alguien que sea macho; en cambio un rasgo como
/ascendiente/ debe expresar una relación entre dos personas, no puede ser dicho como propiedad de una
persona, es necesario que exista alguien que sea ascendiente respecto de otro.
Las relaciones semánticas entre las palabras se pueden analizar como relaciones entre sus rasgos
semánticos. De esta manera la estructuración del léxico resulta ser la manifestación de una estructura más
profunda que se correlaciona el repertorio de rasgos semánticos que constituyen el trasfondo conceptual del
significado de las palabras de una lengua.
Las relaciones entre palabras pueden ser paradigmáticas (referida a dos palabras tomadas
aisladamente, excluidas dentro de un mismo contexto) o bien sintagmáticas (referida a dos palabras en
tanto que se implican, presentan juntas, en las frases, en la cadena lineal hablada).

Las relaciones semánticas pueden ser simples o complejas:

⮚ Relaciones semánticas simples: Se presentan cuando a un solo significado le corresponde un


significante.
⮚ Relaciones semánticas complejas: Se presentan cuando existen varias posibilidades entre
significado y significante.

Relaciones semánticas simples. Palabras opacas y transparentes. La motivación:


tipos
Todo idioma contiene palabras que son arbitrarias y opacas, sin ninguna conexión entre el sonido y
el sentido, y otras que son al menos en cierto grado motivadas y transparentes. Hay tres aspectos principales
de la motivación que ahora podemos ver más claramente: cómo opera en una lengua particular; cómo
puede cambiar en el transcurso del tiempo; finalmente, cómo varía su radio de acción de una lengua a otra.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Los tipos de motivación


Que muchas palabras son enteramente opacas e inanalizables es un hecho tan evidente de suyo que
apenas requiere ninguna prueba. Aunque muchas palabras son enteramente convencionales, otras son
motivadas de varias maneras. La motivación puede radicar o bien en los sonidos mismos, o bien en la
estructura morfológica de la palabra, o bien en su fondo semántico.
La imagen mental que sigue la palabra advierte sobre su significado. La motivación permite ver otro
significado.

1. Motivación fonética (onomatopeya) Motivación a través de los sentidos.


En el uso de la onomatopeya como artificio estilístico, el efecto se basa no tanto en las palabras
individuales como en una juiciosa combinación y modulación de los valores sonoros, que pueden ser
reforzados por factores tales como la aliteración, el ritmo, la asonancia y la rima. El semántico se interesa
más inmediatamente por la calidad onomatopéyica de las palabras particulares, aunque los dos problemas
son a menudo inseparables. Desde el punto de vista semántico ha de hacerse una distinción entre la
onomatopeya primaria y la secundaria. Su forma primaria es la imitación del sonido mediante el sonido. Aquí
el sonido es verdaderamente un "eco del sentido": el referente mismo es una experiencia acústica que es,
más o menos, rigurosamente imitada por la estructura fonética de la palabra. La primaria se relaciona con el
oído y las secundarias con los demás sentidos.
Ejemplos: Motivación fonológica primaria: susurrar/ chirriar/ balbucear/ tartamudear
Motivación fonológica secundaria: parpadear/ zigzag/ palpar/ coscorrón
Ideófonos: Palabras de origen onomatopeico que incluyen “nombres de ruidos”. Acompañan verbos
o sustantivos que contengan la idea de movimientos bruscos. Tienen la función de reproducir o imitar
sonidos: Los políticos son puro bla bla.

2. Motivación morfológica
Otra gran categoría de palabras está motivada por su estructura morfológica. Una palabra como
preacher [predicador] es transparente porque puede ser analizada en morfemas componentes que tienen
por sí mismos algún significado: el verbo preach [predicar] y el sufijo - er, que forma nombres agentes a
partir de los verbos (speak-er [hablador], read-er [lector], sing-er [cantor], think-er [pensador], etc.).
Las palabras compuestas son motivadas de la misma manera. Cualquiera que conozca sus
componentes comprenderá formaciones como penholder [portaplumas] o penknife [cortaplumas]; con un
poco de imaginación también será capaz de adivinar el significado de pen-friend [aficionado a escribir],
penman [pendolista], o penname [seudónimo]. En muchos casos la conexión entre los dos elementos puede
ser remota u oscura, como por ejemplo en butterfly [mariposa; literalmente, manteca-mosca], kingfisher
[alción; lit., rey-pescador] o lady-bird [cochinilla; lit., dama-pájaro], pero no es menos obvio que tales
palabras están morfológicamente motivadas.
Son los casos de Derivación (se forman palabras agregando prefijos o sufijos), Composición
(yuxtaposición (verbo + complemento: rompeportones), sinopsia (utilizan la preposición “de”: conferencia
de prensa), disyunción (designan un objeto caracterizado: sauce llorón), contraposición (unido por un guión:
coche- bomba)) y Expresiones lexicalizadas (expresiones que se fundieron en una sola palabra).

3. Motivación semántica
Un tercero y último tipo de motivación se basa en factores semánticos. Están motivadas
semánticamente las expresiones metafóricas y metonímicas que llegan a convencionalizarse. Por ejemplo,
banco (“casa de banca”) debe su significado a una metonimia, pues fue en los bancos (“asientos”) en donde
se hicieron las primeras transacciones monetarias (Buitrago y Torijano 1998). O cónyuge, resultado de una
metáfora que ya en el latín comparaba el matrimonio (coniungere: “unir en matrimonio”) con el yugo
(iugum) que une a las bestias de tiro (id.).
Los tres tipos de motivación dan cuenta de una proporción muy considerable del vocabulario:
abarcan todos los términos onomatopéyicos, los derivados, los compuestos y las expresiones figuradas del

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

lenguaje. Solo aquellas palabras que no son motivadas de ninguna de estas maneras pueden calificarse de
convencionales.
Convencionalismo y motivación en el lenguaje
Uno de los descubrimientos más importantes de Saussure fue que la proporción de palabras
transparentes y opacas varía característicamente de una lengua a otra y, a veces, de un período a otro en el
mismo idioma. Incluso previó la posibilidad de que las lenguas pudieran clasificarse algún día sobre este
fundamento, y esbozó una "tipología" rudimentaria basada en la motivación morfológica: distinguió entre
lenguas "lexicológicas", que tienen preferencia por las palabras convencionales, y lenguas "gramaticales",
que favorecen el tipo transparente
Ullmann, Stephen. Semántica: Introducción a la ciencia del significado.
Bruzos-Moro, Alberto. Motivación Y Convención En La Lengua.

Relaciones semánticas complejas: relaciones paradigmáticas de semejanza, de inclusión y


oposición. Relaciones sintagmáticas.
Es posible encontrar en el léxico de la Lengua a la que pertenece una palabra, otras que estén en
relación con la primera. Esta relación puede ser de SEMEJANZA (o afinidad) o bien de DIFERENCIACION (u
oposición); puede ser PARADIGMATICA (referida a dos palabras tomadas aisladamente, excluidas dentro de
un mismo contexto) o bien SINTAGMATICA (referida a dos palabras en tanto que se implican, se presentan
juntas, en las frases, en la cadena lineal hablada).

Relaciones de semejanza
Son relaciones de semejanza entre palabras la sinonimia la homonimia, la polisemia la
hiponimia y la derivación.

❖ Sinonimia

La sinonimia en sentido riguroso no existe, ya que siempre hay algún valor estilístico, emotivo,
social, etc. que diferencia aunque sea ligeramente, a palabras de significado aparentemente igual . Por lo
tanto, hablaremos de sinonimia en sentido amplio y en relación con el significado lógico-conceptual.
Se habla de sinonimia cuando palabras distintas (significantes diferentes) coinciden en el
significado. Por ejemplo: "chiquillo” y “niño”. Se trata de dos palabras que coinciden en sus rasgos
semánticos desde el punto de vista lógico-conceptual. Ambas se refieren a un ser humano, masculino y
pequeño: /+ humano /,/+ varón/,/ - adulto/. Por supuesto, podemos distinguir diferencias en cuanto al uso
y las connotaciones regionales de ambos términos, pero desde el punto de vista lógico-conceptual, los
rasgos semánticos coinciden.
También podría hablarse de sinonimia, aunque no sea en un sentido estricto, cuando las palabras
pueden conmutarse en un mismo contexto sin variar sustancialmente el significado de la frase. Por
ejemplo:
"Juan escribe velozmente”
“Juan escribe rápidamente"

❖ Homonimia
So habla de homonimia cuando un mismo significante tiene significados diferentes. Se trata de
palabras diferentes porque tienen distintas historias etimológicas (canto “modulación de la voz" y canto
"borde”).
Dentro de la homonimia debemos diferenciar entre homófono (se pronuncian iguales: hola y ola) y
homografía (se escriben iguales: llama “animal”, voz americana de origen quechua y llama “masa gaseosa
luminosa y caliente" voz de origen latino: flamma). 

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Estudiar el fenómeno de la homofonía es importante, especialmente para la ortografía, es decir,


para escribir correctamente las palabras. En ese caso hay que asociar el o los significados con los
significantes (cómo se escribe la palabra) y los contextos de uso de las palabras (ejemplos de frases u
oraciones que incluyan el vocablo).
Dentro de los homónimos se suelen diferenciar homógrafos, homófonos y parónimos:

- Homofonía
La homofonía u homonimia parcial es la relación que existe entre palabras que se representan
con formas fonéticamente idénticas. Los homófonos, pues, son aquellas palabras que tienen el mismo
sonido pero diferente significado y ortografía, por ejemplo, Asia/hacia, sabia/savia, basto/vasto,
baya/vaya/valla, ojear/hojear.
También son homófonas las palabras que se diferencian en la escritura por los grafemas <v> y
<b>, como en baca/vaca, al igual que aquellas que se escriben con o sin <h>, por ejemplo,
errado/herrado
- Homografía
La homografía u homonimia absoluta es la relación que existe entre palabras que se representan
con una escritura idéntica. Los homógrafos, entonces, son palabras que comparten la misma escritura,
pero no necesariamente el mismo significado ni la misma categoría léxica.
En los ejemplos que siguen, vemos que canto del gallo/canto de la moneda ambas palabras
comparten la misma categoría: ambos son sustantivos. En tanto que en tomate este mate/no me pidas
que mate ese mosquito la primera palabra subrayada es un sustantivo, mientras
que la segunda es un verbo.
Otros ejemplos son: llama de la vela/ llama del altiplano; el ómnibus para
en esta esquina / para poder ver hay que abrir los ojos; hoy pesqué una carpa en el río/tenemos
que armar la carpa antes de que anochezca; el caballo tiene cuatro patas /las cuatro patas y sus patitos
se fueron a bañar.
El fenómeno de la homografía interesa especialmente para reconocer la acepción que tiene una
palabra en un determinado contexto lingüístico (en una oración o texto).
- Paronimia
La paronimia es la relación existente entre palabras parecidas a nivel fónico, aunque no
idénticas, pero diferentes a nivel gráfico y semántico. Los parónimos son dos palabras que guardan
semejanza en su pronunciación, pero son diferentes en su significado y escritura. También se las podría
clasificar como de cuasi-homónimos, ya que, a diferencia de los homónimos, que tienen la misma forma
fónica, la forma de los parónimos es “casi” igual.
Algunos ejemplos son: antonimia/antinomia; actitud/aptitud; abjurar/adjurar;
absorción/adsorción, absorber/adsorber/absolver; conyugal/conjugar; decena/docena; especia/especie;
prever/proveer; reja/regia; trompa/trompo; vela/velo.

❖ Polisemia
Hablamos de polisemia cuando una misma palabra, reconocida como única por motivos
etimológicos y gramaticales, presenta la posibilidad de tener distintos significados (acepciones) según el
contexto lingüístico (palabras que la rodean) o el contexto (situación comunicativa en la que se presenta),
pero con algún rasgo semántico que permanece.
Por ejemplo “cabeza”, que tiene tres rasgos semánticos básicos: extremidad + superior +
verticalidad, puede presentarse en los siguientes contextos lingüísticos con diferentes acepciones: “Me
duele la cabeza”, “La cabeza del alfiler”, “Está a la cabeza dentro de la tabla de posiciones”, “Tiene cabeza”.
Reconocer el fenómeno de la polisemia, ayuda a desentrañar el significado de las palabras cuando
recurrimos a las claves del cotexto o al diccionario. Se trata de un fenómeno muy interesante para estudiar
por qué permite comprender los usos metafóricos de ciertos vocablos. 

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

❖ Hiponimia
Hablamos de hiponimia cuando el significado de una palabra pertenece a un significado más amplio
representado por otra palabra (hiperónimo). Por ejemplo: narciso “hipónimo” y flor “hiperónimo”.
Dos palabras están en relación de hiponimia cuando el significado de una de ellas es un miembro de
la clase comprendida en él significado de la otra, es decir, cuando el conjunto de rasgos semánticos de una
palabra está totalmente comprendido en el de otra palabra.
Desde el punto de vista lógico, no es otra cosa que el procedimiento aristotélico de clasificación por
género próximo y diferencia específica: el término específico es el hipónimo y el genérico es el hiperónimo.
Cada género comprende muchas especies; cada especie es parte de un género.
Hay una relación inversa entre la amplitud del significado y la precisión. “Flor” incluye a “narciso”,
pero el Significado de “narciso” contiene todos los rasgos semánticos de “flor” más otros; es un vocablo
más preciso, tiene más carga significativa, dice más cosas.
La hiponimia establece una relación jerárquica de inclusión, que permite determinar campos
semánticos y que es muy importante tener en cuenta para el resumen, la síntesis o la confección de
organizadores gráficos de un texto. Permite establecer redes semánticas con un orden jerárquico de
inclusión. 

❖ Derivación
Son palabras derivadas las que tienen un mismo morfema léxico (lexema) o raíz que transmite un
significado de base existente en dos los términos pertenecientes a la misma familia.
La formación de una familia semántica se produce mediar el agregado de lexema de distinta
naturaleza a un lexema original.
Prefijos: delante de la raíz
RAÍZ O TEMA + AFIJOS
Sufijos: después de la raíz

Coseriu distingue las siguientes RELACIONES DE DERIVACIÓN:


a) MODIFICACIÓN: cuando se trata de palabras que pertenecen a una misma clase gramatical.
Por ejemplo: pino, pinito.
b) DESARROLLO: cuando se trata de palabras que pertenecen a diferentes; clases gramaticales.
Por ejemplo: barco, embarcar; nación, nacional, nacionalizar.
c) COMPOSICIÓN: cuando a una palabra se le une otra. Por ejemplo: papeles y cortapapeles;
bosque y guardabosques.
Romero de Cutropia, Alicia. Palabras bajo la lupa.

Relaciones de Inclusión o sentido: hiponimia, hiperonimia, cohiponimia, holonimia y


meronimia
Las de inclusión son seguramente las relaciones entre significados más importantes en la
estructuración del léxico de una lengua. Decimos que hay inclusión cuando el significado de un término está
contenido en el significado de otro. Por ejemplo, un álamo es un tipo de árbol, de modo que en la palabra
álamo esta contenido el significado de árbol; de modo semejante, en el significado de la palabra dedo esta
necesariamente incluido el de la palabra mano. Las relaciones de inclusión se clasifican, como veremos a
continuación, de acuerdo con cual sea la base en que se fundamenta esta dependencia.
La relación entre hipónimo e hiperónimo es, como ya vimos anteriormente, una relación de
semejanza pero también una relación de inclusión ya que el significado del hipónimo está contenido en el
significado de su hiperónimo.

❖ Hiponimia / hiperonimia

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

La hiponimia es la relación que se establece entre el significado de un término más reducido y otro
significado más amplio que queda incluido en el; en otras palabras, el significado del término más general es
una parte constitutiva del significado del mas especifico. Se denomina hiperonimia a la relación inversa, esto
es, a la que se establece entre un significado más general y sus diversas subespecificaciones.
La relación que se establece entre los significados que comparten un mismo elemento común se
denomina co-hiponimia, y los términos correspondientes son co-hipónimos.

La relación de inclusión es típicamente una relación transitiva: si el significado de sauce incluye el de


árbol, y el de árbol incluye el de planta, entonces el significado de sauce incluye el de planta:

La relación básica que define la inclusión es, como hemos dicho, la de “ser un tipo de”. Esta
caracterización funciona bien con los nombres, que representan la categoría en la que las relaciones de
hiponimia se dan con más frecuencia, y también con los adjetivos (entre los nombres de colores, fucsia es un
tipo de rosa) pero debe matizarse un poco en la caso de los verbos. Así, cuando los significados que se
consideran son de naturaleza verbal, la relación de define más bien como “manera particular de”. Por
ejemplo, engullir y devorar indican maneras particulares de tragar:
Tragar: Hacer movimientos voluntarios o involuntarios de tal modo que algo pase de la boca hacia el
estomago
Engullir: Tragar la comida atropelladamente y sin mascarla
Devorar: Tragar con ansia y apresuradamente

❖ Meronimia / holonimia
Las relaciones de inclusión no se limitan a las relaciones marcadas por la relación “ser un tipo de”.
También hay una relación de inclusión, como dijimos, entre dedo y mano, ya que un dedo se caracteriza
como “cada uno de los cinco apéndices articulados en que terminan la mano y el pie”: en este caso, la
inclusión está basada en la relación parte/todo. Se denomina meronimia a la relación de inclusión entre
significados que depende de la relación parte/todo; es decir, a la conexión que se establece entre el
significado de una palabra que indica una parte y el de la que indica su correspondiente todo: es la relación
que liga a dedo y mano (o pie). Se denomina merónimo al termino incluido, y holónimo al término que
incluye: así, dedo es el merónimo y mano, el holónimo.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Las relaciones de meronimia resultan ser bastante más complejas que las de hiponimia. Esto hace
que, desde el punto de vista lingüístico, no resulte fácil proporcionar pruebas concluyentes que permitan
caracterizar de manera inequívoca las relaciones meronímicas, más allá de la idea intuitiva de inclusión del
significado del todo en el de cada una de sus partes. Esto se debe, en gran medida, al hecho de que la
relación entre los componentes de algo y su cohesión con respecto al conjunto pueden ser variadas, y estar
fundamentadas en conexiones diferentes.
En primer lugar, hay que tener en cuenta dos tipos diferentes de relación meronímica. Consideremos
el significado de pie y sus merónimos:

Todos los merónimos representan partes constitutivas del pie, pero no todas ellas tienen el mismo
tipo de cohesión con respecto al conjunto. Podemos decir un pie sin dedos, pero no * un pie sin planta. Esta
diferencia refleja que concebimos algunas parte como partes unidas al conjunto (es el caso de dedo y pie),
mientras que otras las vemos necesariamente como partes integradas en el conjunto (como planta y pie).
Otra distinción relevante es la que podemos establecer entre partes segmentales y partes
sistémicas. Por ejemplo, con respecto al cuerpo humano, la cabeza, el tronco y las extremidades constituyen
partes segmentales porque están dispuestas de modo secuencial con respecto a conjunto. Las arterias y las
venas, o los nervios, en cambio, son partes sistémicas, que no se pueden aislar y delimitar fácilmente y
muestran una unidad funcional.
Las dificultades que acabamos de comentar ponen de relieve la complejidad de los fenómenos de
inclusión basados en la relación parte/todo, y ponen de relieve que no hay una única clase de relación, sino
una amplia gama de posibilidades diferentes. De cualquier forma, no hay que perder de vista que estas
relaciones nos interesan en la medida en que son lingüísticas (y no como mero reflejo de las propiedades de
la realidad extralingüística), de modo que nos interesan en cuanto lexicalizaciones de diferencias
significativas.
En este sentido, es esperable que las lenguas difieran en el número de partes en que presentan
como lexicalmente distintas. Uno de los ejemplos más conocidos es el que tiene que ver con los merónimos
de brazo. De hecho, una tercera parte de las lenguas no lexicaliza la distinción entre brazo y mano.
Igualmente, hay muchas lenguas que no tienen términos diferentes para mano y dedo.
Escandell Vidal, Victoria. Apuntes de semántica léxica.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Relaciones de oposición:
Se establecen cuando el significado de una palabra contiene un rasgo semántico opuesto al
contenido en el significado de otra. Por ejemplo hombre" / “mujer" son incompatibles porque:
hombre: /+humano/, /+adulto/, /+varón/
mujer:/+humano/, /+adulto/, /-varón/
Dentro de las relaciones de oposición entre palabras podemos distinguir tres situaciones diferentes:
complementariedad, antonimia e inversión.

❖ Complementariedad
Cuando una palabra es la negación absoluta de la otra, hablamos de complementariedad. Por
ejemplo: “macho" y “hembra”. La negación de una de las unidades toxicas implica la afirmación de la otra y
viceversa.
Se establece este tipo de relación entre dos términos que abarcan juntos todo el espacio de una
clase, como “vivo” y “muerto".

❖ Antonimia
Se habla de antonimia cuando dos términos indican los dos extremos de una dimensión gradual. Por
ejemplo: “alto" y “bajo“, ”bello" y “feo". 
El carácter de gradualidad que une a los dos elementos se evidencia por el hecho de que podemos
encontrar siempre formulaciones intermedias en la escala de esa dimensión. Por ejemplo, alto, muy alto,
más alto, etc.
Por otra parte, esta relación no va acompañada de una doble implicación, como sucede con la
complementariedad. “No quiero a Luis” no implica “Detesto a Luis”, ya que el autor de este enunciado
puede sentir por Luis una gran indiferencia.

❖ Inversión o reciprocidad
Se habla de inversión o reciprocidad cuando dos palabras representan la misma relación vista desde
dos dilecciones opuestas. Por ejemplo, “comprar “ y “vender”.
“María compró un periódico al diariero” implica que “El diariero vendió un periódico a María”.
Romero de Cutropia, Alicia. Palabras bajo la lupa.

Subsistemas semánticos: campo, esfera, asociación y familia semántica


Las relaciones entre palabras permiten conformar sub-sistemas léxicos. Se trata de distinguir grupos
de palabras dotados de relaciones estructuradas entre sí donde el valer de cada término depende de las
relaciones que este término establece con todos los otros términos participantes del mismo grupo.
Van Dijk explica cómo se estructuran los vocablos de una lengua en la memoria semántica de los
hablantes en forma de conglomerados:
“Sólo somos capaces de retener en la memoria la enorme cantidad de información sobre
circunstancias generales y particulares que necesitamos para nuestro ‘funcionamiento’ cognoscitivo y social,
si las informaciones están más o menos eficazmente estructuradas. Podemos suponer, por ejemplo, que
todo lo que sabemos sobre mesas, sillas y lámparas está almacenado en conexión con nuestro conocimiento
general sobre el mobiliario / los enseres de la casa. Nuestro conocimiento sobre otras personas y sobre las
relaciones sociales funcionan de manera parecida. Por eso, los distintos conceptos que se encuentran en la
memoria semántica forman ciertos conglomerados (clusters) que pueden actualizarse, por ejemplo, en los
tradicionales tests asociativos. Estas estructuras de conglomerados pueden estar articuladas, por lo menos
parcialmente, de manera jerárquica. ”

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Algunas agrupaciones de palabras desde el punto de vista del contenido son: el campo semántico, la
esfera semántica y la asociación semántica:

- Campo semántico
Algunas constelaciones de palabras pueden estar conformadas por campos semánticos, es decir, por
un conjunto de términos que tienen rasgos semánticos comunes y que pueden incluirse en un término
general, abarcativo, denominado hiperónimo, cuyos rasgos semánticos coinciden con aquéllos que son
comunes a los términos del campo semántico.
Veamos un ejemplo de una constelación basada en un campo semántico que gira alrededor de un
sol que es el hiperónimo (en este caso enfermedad) que incluye a todos los otros términos o hipónimos
(gripe, tifus, viruela, etc.).
Tifus

Sarampión Rubeola

Gripe Enfermedad
Paperas Mal de Chagas

- Esfera semántica
Otras constelaciones pueden estar formadas por palabras pertenecientes a una misma esfera
semántica.
Entendemos por esfera semántica el conjunto de términos que se refieren a un mismo concepto,
experiencia, argumento o sector de la actividad.
Le acercamos un ejemplo de una constelación basada en una esfera semántica que gira alrededor de
un sol, que es el término enfermedad. La constelación está formada por palabras relacionadas con el
concepto de enfermedad, aunque no pertenezcan a la misma clase de palabras (pueden ser sustantivos,
adjetivos, verbos, adverbios). En el caso de la esfera semántica no se da una relación jerárquica de inclusión
como en el campo semántico.
Cama Remedio

Médico Inyección
Enfermedad
Enfermero

Ambulancia Mutual

Hospital

- Asociación semántica
También podemos tejer constelaciones a partir de la asociación semántica. Están asociadas
semánticamente las palabras que tienen en común la referencia a una idea, que remiten a un mismo
denominador, que están vinculadas por factores emocionales y/o emotivos y que evocan en un hablante y
un oyente imágenes o sensaciones análogas. Nos internamos en el ámbito de los valores culturales e
ideológicos característicos de determinados grupos o comunidades sociales.
Por ejemplo, la palabra “ciclamato” puede asociarse a cáncer o también a delgadez, por razones
culturales o experiencias previas. Sin embargo, ciclamato, cáncer o delgadez no comparten rasgos
semánticos comunes en su significado de base.
Cuando trabajamos con la técnica del torbellino de ideas, utilizamos la asociación semántica.
Muerte Gastos

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Enfermedad
Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Soledad

Sabor amargo Té con limón

Muerte Mimos

Existen otras agrupaciones léxicas posibles como:


• Familias de palabras.
• Agrupaciones de palabras que comparten un prefijo o sufijo.
• Agrupaciones de palabras que cumplen una misma función sintáctica (sustantivo, adjetivo,
verbo).
• Agrupaciones de palabras con una misma dificultad ortográfica, etc.
Romero de Cutropia, Alicia. Palabras bajo la lupa.

Ambigüedad y vaguedad semántica


Puesto que la polisemia se basa en la relación entre significados, es, lógicamente, un fenómeno
escalar: hay significados más cercanos o más relacionados que otros. De hecho, hay significados que están
tan próximos entre sí que puede resultar difícil decidir si se trata realmente de dos significados diferentes.
Este es el caso de la palabra libro. Libro significa “conjunto de hojas de papel que, encuadernadas, forman un
volumen” y también “obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para
formar volumen”. Los dos significados están relacionados en virtud de la conexión entre soporte y
contenido, pero ¿son suficientemente diferentes como para considerarlos distintos?

Vaguedad semántica
La vaguedad es la falta de precisión en la designación de una palabra. La vaguedad se traduce, a
efectos prácticos, en la dificultad para encontrar límites definidos a la extensión de un término, esto es, en la
dificultad de poder determinar con absoluta precisión si un determinado elemento puede englobarse o no
en dicho termino.
La vaguedad se encuentra en muchas palabras: de alguien que no tiene un solo cabello, podemos
decir que es calvo; pero lo decimos también de quien ha perdido una parte del pelo: ¿cuánto cabello hay
que haber perdido para entrar bajo la etiqueta de calvo? Las ciencias tratan por todos los medios de evitar la
vaguedad de la lengua común, y buscan definiciones precisas de sus nociones básicas, de modo que sea
siempre posible determinar con exactitud cuando una determinada entidad pertenece o no a una clase. Los
textos legales hacen lo mismo; y, sin embargo, incluso en el caso de las cuestiones más rígidamente
reguladas, hay un cierto margen para la discrecionalidad: esto queda patente cada día en los tribunales de
justicia, en los que la interpretación de la extensión de un término puede determinar de manera decisiva la
culpabilidad o la inocencia del procesado.
Ambigüedad semántica
Otro caso de indefinición semántica es la ambigüedad semántica. Muchas palabras tienen más de un
significado o parece que cambian de significado en virtud del contexto en que se utilicen. Las diferencias de
significado son a veces muy notables, como ocurre, por ejemplo, con la palabra planta. Así, una oración
como Este edificio tiene muchas plantas es, en principio, potencialmente ambigua entre tres lecturas
posibles, de acuerdo con el significado que se adscriba a la palabra planta: puede ser que el edificio tenga
muchos pisos, o que en el haya muchos vegetales, o incluso que de él se hayan hecho varios proyectos
arquitectónicos diferentes. En este caso, las diferencias entre los tres significados son muy evidentes, y
seguramente el contexto y la situación extralingüística ayudarían a decidir cuál de los tres sentidos es el que
se quiso comunicar en cada situación concreta. Aunque la mayoría de los hablantes conoce estos tres
significados de planta, no ve relación alguna entre ellos, y cuando utiliza la palabra no es consciente de esta
multiplicidad semántica. Las cosas son más complejas cuando las diferencias entre los significados de una
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

misma forma son más sutiles. Estos datos plantean enseguida una serie de preguntas a las que la teoría
semántica debe dar respuesta: ¿Cómo distinguimos los significados de una palabra? ¿Cómo decidimos si un
significado es diferente de otro, o si ambos están relacionados?

Los cambios en el significado léxico. Causas,


procedimientos efectos y extensión del cambio
de significado. La gramaticalización.
Cambios en el significado léxico
Con el paso del tiempo, las palabras adquieren nuevos significados, o pierden algunas acepciones, o
los significados adquieren rasgos nuevos. El cambio semántico es mucho más rápido y parece mucho menos
previsible que los cambios fónicos o sintácticos, que se van forjando poco a poco y habitualmente requieren
de periodos de tiempo muy largos para instaurarse definitivamente en una comunidad lingüística. Esta
diferencia se debe a la naturaleza flexible y moldeable del significado conceptual, que es capaz de plegarse y
ajustarse a las necesidades comunicativas de los hablantes.

Causas de los cambios de significado


- Una de las causas más comunes del cambio semántico es, obviamente, la de
responder a nuevas necesidades designativas: la producción de nuevos objetos, el descubrimiento
de nuevas realidades o el establecimiento de nuevas pautas de relación social representan
situaciones que favorecen el cambio. Una de las posibilidades para nombrar una nueva realidad es la
acuñación de un término nuevo, por procedimientos como la composición (coche-cama), la
derivación (nacionalizar), o la formación de un acrónimo (Light Amplification by Stimulated Emission
of Radiation > láser), entre otros. Sin embargo, la creación de nuevas palabras afecta solo de manera
indirecta al significado, en el sentido de que no supone el cambio de contenido semántico, sino la
incorporación al léxico de unidades nuevas.
En muchas ocasiones, para designar una entidad nueva se utilizan términos ya existentes, a
los que se dota de una acepción también nueva: en este caso, si se trata de un cambio semántico, ya
que se modifican los contenidos y las redes de relaciones que se establecen entre los significados de
las palabras. Esto es lo que observamos, por ejemplo, con las acepciones que han adquirido en los
últimos años todas palabras comunes que han pasado al ámbito de la informática: además de ratón,
tienen hoy significados nuevos ventana, escritorio, carpeta, archivo, o virus, entre otros. Estos
términos forman parte ya de nuevas series paradigmáticas: en sus nuevas acepciones informáticas,
ventana, por ejemplo, no se contrapone a balcón; escritorio ya no forma parte de la categoría de
“mobiliario de oficina”; y virus deja de pertenecer en exclusiva al ámbito de la biología. La
introducción de nuevos significados puede inducir una reordenacion en cadena de las palabras
integrantes de un campo determinado. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, en el de los vehículos,
tras la invención de los automóviles: carruaje era el término genérico que se empleaba para todo
tipo de “vehículos de tracción animal”; carro era un “carruaje de dos ruedas”; y coche era el
“carruaje de cuatro ruedas”. Con la incorporación de los nuevos vehículos automóviles, carruaje
mantuvo su significado, pero ya no como término genérico, sino restringido a los vehículos tirados
por animales, que dejaban de representar la categoría entera y pasaban a ser solo una subclase;
para la nueva subclase se reutilizaron los otros términos existentes (coche en España, y carro en
América), que, sin perder su significado original, ganaron una nueva acepción.
- Muchos cambios se originan también por necesidades sociales, por ejemplo, para
evitar una palabra tabú. Las palabras tabú son aquellas que en una cultura determinada o en un
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

grupo social determinado se consideran de mal gusto (o de mal agüero) y se evitan, utilizando en su
lugar otros términos, que reciben el nombre de eufemismos. En general, son tabú muchos términos
relacionados con la religión, la muerte, el sexo, o las funciones fisiológicas, y por eso se emplean
eufemismos como pardiez, pasar a mejor vida, acostarse con alguien o ir al baño. Algunos animales
son tabú porque se les atribuye la capacidad de traer mala suerte. Muchas supersticiones antiguas
fueron el origen de las diferentes denominaciones de la comadreja (muy temida por los granjeros)
en diferentes lenguas europeas: son denominaciones que equivalen a novia, joven esposa,
doncellita, cuñada... como forma de neutralizar su peligrosidad. Una forma más moderna de tabú
está representada por lo que hoy llamamos el lenguaje políticamente correcto, con la sustitución de
minusválido por disminuido y luego por discapacitado, o negro por persona de color... Lo que se trata
de evitar con este tipo de sustituciones son las connotaciones negativas. El uso como eufemismo
añade, por consiguiente, un nuevo significado a la forma utilizada con este fin.
- -Tras los cambios de significado se encuentran también necesidades expresivas. En
diferentes lenguas, se ha observado una tendencia a utilizar términos que indican sensaciones
fuertes como intensificadores. Por ejemplo, seguramente las primeras veces que alguien dijo Tengo
un sueño tremendo /horrible /terrible /espantoso, estaba utilizando calificativos del ámbito del
temor con fines expresivos. Actualmente, y sin haber perdido tampoco sus significados originales,
estos adjetivos se entienden meramente como maneras de expresar un grado elevado.

Procedimientos de cambio de significado


Los procedimientos más regulares que dan lugar a cambios de significados son los usos metafóricos,
los usos metonímicos y las elipsis.

1- Una de las principales estrategias que desembocan en cambios de significado es la


metáfora. Una metáfora es una operación cognitiva que proyecta un dominio conceptual sobre
otro.
Consideremos las siguientes afirmaciones:
Sus argumentos son muy sólidos
Su teoría tiene una buena base
Sus hipótesis no se sostienen
Le echó por tierra sus ideas
Su razonamiento se vino abajo
Todas ellas se refieren a conceptos abstractos (teorías, ideas, hipótesis, razonamientos) de
los que se predican propiedades con términos que utilizaríamos normalmente para hablar de
edificios (ser sólido, estar bien fundado, derrumbarse…). Pues bien, todas las oraciones anteriores
son enunciados metafóricos en los que proyectamos un dominio concreto (el de la edificación y sus
propiedades) sobre un dominio abstracto (el de las teorías y los razonamientos). Se establece, por
tanto, una transferencia entre un dominio origen (habitualmente conocido o familiar) y un dominio
meta (más general o menos estructurado) en virtud de una semejanza perceptible o simplemente
construida a tal efecto
No se trata, por tanto, de un tipo especial de significado, sino de un modo de elaborar el
significado que se quiere comunicar. Así pues, cuando la metáfora se examina desde una perspectiva
cognitiva queda de relieve que no es simplemente un recurso ornamental (una figura que adorna y
embellece el texto), sino que representa una manera básica de categorización de la realidad que nos
permite, entre otras cosas, entender asuntos abstractos en términos de realidades más concretas y
aprensibles.
Las metáforas constituyen, en principio, una manera novedosa de enfocar una determinada
entidad o situación. Pero si la metáfora pierde su fuerza y se lexicaliza, el significado del dominio
origen se extiende para dar cabida a las entidades del segundo dominio. De este modo, las
metáforas han constituido siempre una fuente inagotable de cambios en los significados de las
palabras. Es bien conocido el ejemplo del latín MUS (“ratón”), y en particular, su diminutivo

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

MUSCULUS (“ratoncito”): se utilizaron para referirse al bíceps del brazo humano, que al contraerse y
extenderse semejaba el movimiento de un pequeño ratón oculto bajo la piel: de ahí nuestro actual
musculo, que luego generalizó su significado para designar cualquier haz de fibras musculares del
cuerpo. La relación entre las palabras músculo y ratón hoy se ha perdido; sin embargo, la imagen
subyacente (es decir, la de la semejanza perceptiva entre el musculo al moverse y un ratón) sigue
intuitivamente viva, y en algunas zonas del dominio hispánico se utiliza la palabra ratón para
denominar al bíceps.
La semejanza, en el caso anterior, es de tipo perceptivo; en otras ocasiones, la conexión está
basada en una identificación funcional: el término memoria con su significado de “facultad psíquica
por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado” ha servido de base para la transferencia al
ámbito de la informática, dando origen al nuevo sentido de “dispositivo electrónico en el que se
almacenan datos”. El ser humano (su cuerpo y sus capacidades) ha proporcionado numerosos
términos que han experimentado cambios de significado basados en un uso metafórico: manecillas
son las “saetas que en los relojes y en otros instrumentos semejantes sirven para señalar las
unidades de medida correspondientes”; corazón, además del órgano impulsor de la sangre, puede
ser el “centro o el motor de un objeto o de un asunto”; hablamos asimismo, del pie de la colina, de
la boca de un río, o de los pulmones de la ciudad…
Los animales representan también otro ámbito del que se han tomado significados que han
experimentado extensiones debidas a un uso metafórico: grúa (“máquina de levantar pesos”)
procede de grulla, animal con el que guarda relaciones de semejanza; toro es también una “máquina
para elevar carga con dos grandes brazos delanteros” que recuerdan a las astas del toro; en las
oficinas denominan perrito a unas pequeñas máquinas quitagrapas que recuerdan las mandíbulas de
un perro.

2- La metonimia representa otra estrategia fundamental en la extensión y el cambio de


significado. La metonimia se basa en una asociación previa entre dos significados o dos referentes,
que se sienten como contiguos. La metonimia es, pues, el resultado de la proyección no entre dos
dominios diferentes, sino entre dos categorías diferentes que forman parte del mismo dominio
cognitivo.

Las metonimias se clasifican en función de cual sea el tipo de vínculo:


. el continente por el contenido: Le preparó un plato oriental ( plato “alimento que se sirve
en el plato”)
. el autor por la obra: Han robado un picasso ( picasso “cuadro pintado por Picasso”)
. el lugar por su producto: Tomó un buen rioja ( rioja”vino procedente de La Rioja”)
. el artista por el instrumento que maneja: el primer violín de la orquesta ( violín “violinista”)
Cuando la relación se da entre el todo y la parte (o viceversa), la operación cognitiva se
denomina sinécdoque. La sinécdoque se define por la relación de inclusión (es decir, por una
relación meronímica), y no por la de contigüidad. Entre sus clases se encuentran:
. la parte por el todo: Buscamos caras nuevas para este programa ( caras”personas”)
. el todo por la parte: El club recibió la copa
. el género por la especie: Hay que ganarse el pan ( pan “sustento diario”)
. la materia por el objeto: un lienzo (“cuadro pintado sobre lienzo”)

3- La elipsis consiste en la omisión de una parte de una expresión compleja. La elipsis


está basada, por lo tanto, no en relaciones semánticas propiamente dichas, sino en relaciones
sintácticas, es decir, en la contigüidad de términos en una construcción gramatical, y representa un
procedimiento frecuente en la evolución de las lenguas. Por ejemplo, el adjetivo móvil (“que puede
moverse”) era, en principio, un modificador en la expresión teléfono móvil; con la elisión del
sustantivo, móvil se ha acabado interpretando como un nombre y ha incorporado el significado de la
palabra elidida, de manera que hoy móvil tiene ya el significado complejo de “teléfono móvil”.

66
Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

En ocasiones, el significado incorporado al adjetivo tras la elipsis puede incluso acabar


perdiéndose, de manera que el adjetivo pasa a significar lo que antes significaba el sustantivo. Por
ejemplo, AGNUS CORDARIUS (“cordero tardío”) se simplificó en cordero, término que incorporo el
significado del nombre AGNUS (“cordero”); pero hoy en día cordero no significa ya “cordero tardío”,
sino simplemente “hijo de la oveja, de menos de un año”, de modo que ha perdido por completo su
significado original como adjetivo.
En la evolución de muchas palabras se dan sucesivamente diferentes tipos de cambios. Por
ejemplo, en Roma se erigió un templo a la diosa Juno porque había advertido a los romanos de un
peligro y habían conseguido salvarse; el templo se dedicó a “IUNONE MONETA,”Juno la que
advierte”. La denominación popular del templo era simplemente MONETA, con elipsis del nombre
de la diosa. En este templo se instaló luego una ceca, y MONETA se identificó con ceca por
contigüidad. Puesto que el producto de la ceca eran piezas de metal que representaban el dinero, la
palabra MONETA se aplicó a las piezas allí fabricadas (originalmente, NUMMUS) en virtud de la
relación entre el lugar y el producto. De ahí procede, pues, la denominación de moneda con el
significado que hoy usamos.

Efectos del cambio


Como hemos ido viendo en los ejemplos anteriores, en muchas ocasiones el cambio consiste en
añadir acepciones nuevas a una palabra ya existente (como en el caso de virus con su significado biológico
original y el nuevo contenido del campo de la informática): el cambio es, pues, el origen de la polisemia. En
otras ocasiones, el cambio puede limitar o reducir contenidos (como en el caso de carruaje). Y, finalmente, el
cambio puede representar la sustitución completa de un significado por otro (como en el caso de moneda:
“la que advierte” > “pieza metálica de dinero”).
Estas tres posibilidades quedan recogidas en el siguiente gráfico:

Los efectos que se producen en los significados de las palabras suelen caracterizarse en términos
denotacionales, es decir, en relación con la clase de objetos a la que se aplica la palabra. Hay que recordar
que se da una relación inversa entre el tamaño del conjunto designado y la especificidad de los rasgos del
significado, de manera que el término menos específico denota una clase más amplia que el más específico y
viceversa. Pues bien, de acuerdo con estas consideraciones, es posible sistematizar los efectos en tres
categorías:
. Generalización. El significado de una palabra pierde rasgos semánticos, por lo que su aplicación
tiene menos condicionantes y denota, en consecuencia, una clase más amplia (es decir, se amplía su
extensión). Esto es lo que ha sucedido, por ejemplo, con palabras como alarma, que originalmente
significaba “aviso o señal que se da en un ejército o plaza para que se prepare inmediatamente a la defensa
o al combate”, y que ahora se aplica a “aviso o señal de cualquier tipo que advierte de la proximidad de un
peligro”, de modo que el significado original es ahora simplemente un caso particular del significado más
general que ha adquirido.
67
Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

. Especialización. El significado de una palabra gana rasgos semánticos, de modo que se vuelve más
restringido y su ámbito de aplicación se limita. Por ejemplo, la palabra latina LIQUOR hacía referencia a
cualquier clase de líquido; en el español de hoy licor está especializado para designar “bebida alcohólica
obtenida por destilación, maceración o mezcla de diversas sustancias, y compuesta de alcohol, agua, azúcar
y esencias aromáticas variadas”.
Algo parecido está sucediendo en la actualidad, con beber, que cuando aparece sin complemento
tiende a interpretarse con el significado restringido de “beber alcohol”. En este sentido, muchos procesos de
este tipo dan lugar a fenómenos de autohiponimia, de modo que beber tiene la acepción amplia de “ingerir
un líquido”, y la restringida de “consumir habitualmente bebidas alcohólicas”. Algunas palabras han dado
lugar a diferentes acepciones especializadas.
La utilización de una palabra de la lengua común por parte de una disciplina científica o técnica lleva
siempre aparejado un proceso de restricción del significado, que se define de manera más precisa. En estos
casos, el significado especializado no sustituye al original, sino que ambos conviven referidos a niveles de
lengua diferentes. Por ejemplo, la palabra base, que como significado común tiene el de “fundamento o
apoyo principal” se ha especializado en diversos sentidos según el área:
ARQUITECTURA: ”pieza inferior de una columna”.
GEOMETRIA: ”lado o cara horizontal a partir del cual se mide la altura de una figura plana o de un
sólido”.
MATEMATICAS: “número sobre el que se construye un sistema de logaritmos”.
. En otros casos, el resultado del cambio es una mutación del significado, en la que se llegan a
perder los rasgos semánticos del término original. Como resultado de la adición de rasgos de significado más
específicos, es frecuente que las palabras adquieran matices de tipo valorativo, que cuando se extienden
dejan de ser connotaciones y se convierten en parte del contenido descriptivo. La palabra idiota significaba
en griego clásico “individuo, particular”: hoy este significado se ha perdido por completo y solo tenemos el
significado peyorativo; y lo mismo le ha ocurrido a la palabra VILLANUS, originalmente “de casa de campo”, y
hoy se entiende como “ruín, indigno”. La depreciación consiste, por tanto, en un deslizamiento del
significado hacia connotaciones peyorativas, que puede terminar en hacer perder el contenido semántico
original de la palabra. Cuando el significado original se pierde, puede dejar un hueco que la lengua debe
llenar por otro procedimiento. Esto es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con el adjetivo siniestro.
Originalmente se contraponía a diestro -una contraposición que hoy solo está presente en la locución a
diestro y siniestro-; pero, puesto que las aves que volaban por la izquierda eran para los romanos signo de
mal agüero, siniestro se especializo en indicar “funesto”.
No todas las mutaciones de significado se resuelven en notas peyorativas. Muchos términos han
sufrido el proceso inverso de valorización, es decir, se han cargado de connotaciones positivas que han
producido también una mutación del significado. En latín MINISTER (procedente de MINUS, “poco”) era
“siervo doméstico”, un oficio bien alejado del de los ministros de hoy en día. Algo semejante ocurrió con
CANCELLARIUS (“portero”), que se convirtió en canciller, denominación de diversos tipos de cargo de gran
dignidad. Algunas palabras han llegado a conocer los dos procesos a la vez: es el caso del adjetivo
revolucionario. En principio, significa “propio o partidario de la revolución”; luego desarrolla un significado
peyorativo, de “alborotador, turbulento”; y, más recientemente, adquiere uno positivo de “innovador,
puntero”, como en un invento revolucionario.
La extensión del cambio
Un cambio de significado se origina, en principio, en un hablante determinado que, ya sea por
necesidades designativas, sociales o expresivas, hace una elección léxica que se aparta de las convenciones
vigentes. El cambio se consolida cuando el significado nuevo se hace habitual entre un número
relativamente elevado de hablantes de una comunidad. Cuando esto se produce, el resultado es una manera
nueva de designar una realidad (nueva o preexistente) que se incorpora a las convenciones tácitas sobre los
significados.
La extensión de un cambio puede ser más o menos lenta en función de la propia naturaleza del
cambio: la designación de una entidad recién inventada o recién descubierta favorece una propagación muy
rápida, ya que la entidad suele nacer aparejada a su nombre. Cuando subyacen motivaciones de otra clase,

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

la suerte de la innovación es más lenta, ya que está a merced de la aceptación del grupo y de la medida en
que el nuevo uso se sienta útil o adecuado. Recientemente, los medios de comunicación de masas se han
convertido en escaparate y propagadores de muchas innovaciones semánticas y su extensión es actualmente
mucho más rápida que en siglos anteriores. A la mayor difusión de un nuevo significado contribuye, además,
el prestigio social que se atribuye a los medios, y que suele producir una tendencia hacia el contagio
empático de las novedades léxicas.
Gramaticalización
Por gramaticalización se entiende el proceso de cambio por el que una unidad con contenido léxico
(o conceptual) se acaba convirtiendo en una unidad con contenido gramatical. Entre las generalizaciones
más importantes que pueden obtenerse cuando se habla de cambio semántico se encuentran las que se
producen en los cambios que desembocan en la creación de significados gramaticales, ya que muchos
procesos de esta clase parecen seguir patrones regulares que indican que las vías posibles del cambio no son
ilimitadas.
Hay, por ejemplo, una tendencia general a extender los significados de conjunciones y locuciones
espaciales (de contenido más concreto) hacia nuevos valores temporales (que resultan más abstractos). Esto
es lo que ocurre con ante (“frente a”) > ante(s) (“con prioridad en el tiempo”). Del valor temporal es posible
pasar a contenidos aún más abstractos: los valores de anterioridad derivan en significados de preferencia,
como en Antes muerta que sencilla; los de simultaneidad pasan a indicar contraste, como ocurre con
mientras (Cf. Juan llegó mientras María dormía / Juan es tímido, mientras que María es muy abierta); y los
de posterioridad originan significados causales, como POST (“después”) > pues y puesto que, y de
consecuencia, como luego (“después”) > luego (“por consiguiente”).
Otra generalización interesante es la que atañe a los diversos sentidos de los verbos modales, como
poder y deber: son primero formas léxicas plenas que van perdiendo rasgos hasta convertirse en auxiliares.
Dentro de esta categoría, el primer significado que tienen es el de obligación, como en Debes irte ya a
dormir, o el de permiso, como en Puedes quedarte levantado hasta las diez (es decir, los significados
llamados deónticos). El siguiente paso es el desarrollo de significados de conjetura y de suposición, como en
Debe de haberte costado muy caro, o Puede que no haya llegado todavía (significados epistémicos):
Un principio que parece también activo en los procesos de gramaticalización es el de
convencionalización de contenidos implícitos. Cuando se utilizan en contexto, los enunciados tienden a
adquirir valores añadidos como consecuencia de la interacción entre el contenido lingüístico y la información
extralingüística. Si un determinado tipo de relación se hace muy frecuente, puede llegar a estabilizarse y a
convertirse en parte integrante del significado. Esta es seguramente la razón que explica el origen de los
futuros en muchas lenguas.
Así, a partir de la idea de deseo y de voluntad es fácil inferir la realización en el futuro, sobre la base
de que si uno desea hacer algo (y está en condiciones de hacerlo), lo hará. Lo mismo vale para los futuros
que derivan de fórmulas de obligación: si uno tiene la obligación de hacer algo, es sencillo inferir que lo hará
en un momento posterior. Un razonamiento idéntico se aplica a los futuros que proceden de indicadores de
movimiento: el lugar hacia el que uno se dirige se alcanzara en un momento posterior en el tiempo.
También con respecto a estos dos principios parece observarse la unidireccionalidad del cambio: el
paso de lo concreto a lo abstracto siempre precede (o, al menos, no es posterior) al proceso de
convencionalización de contenidos implícitos:
concreto > abstracto >convencionalización de contenidos implícitos
Como decíamos, lo interesante de estas regularidades es que se manifiestan de manera general en
los procesos de cambio estudiados en lenguas muy diversas y no relacionadas genéticamente; no parece,
parece, por tanto, que puedan ser fruto de mero azar, sino que su grado de extensión y de generalidad
apunta hacia la existencia de restricciones precisas de naturaleza cognitiva: los cambios y su direccionalidad
dependen, en último extremo, de cuáles son los mecanismos que determinan la manera en que los humanos
concebimos y categorizamos el mundo, es decir, de cómo está diseñada la mente humana.
Escandell Vidal, Victoria. Apuntes de semántica léxica.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Regionalismos, extranjerismos, préstamos y


calcos, vulgarismos y cultismos
Valor de los regionalismos: refranes y locuciones
Las locuciones son combinaciones fijas y no composicionales de unidades léxicas. Por ejemplo,
combinaciones como tomar el pelo o meter la pata son locuciones. Se dice que una combinación es fija o
estable cuando no admite modificaciones (o admite muy pocas). La necesidad de reproducir las expresiones
fijas “tal como son” explica la hilaridad que nos producen confusiones que seguramente todos recordamos,
como la de estar en el candelabro en lugar de estar en el candelero y otras semejantes. Por ejemplo, la
locución tomar el pelo no admite la sustitución del objeto por otros de significado relacionado: por eso es
imposible * tomar el vello, * tomar el cabello, o *tomar la melena (fuera, por supuesto, de usos creativos y
humorísticos); en cambio, las colocaciones operan, como hemos visto, con clases más o menos extensas de
sinónimos y de unidades con significados relacionados. Y, por otro lado, se dice que una expresión es no
composicional cuando el significado del conjunto no se puede prever a partir de la combinación de sus
partes de acuerdo con las pautas que marca la gramática. Así, el significado de la locución tomar el pelo no
puede deducirse de la combinación de los significados de tomar y el pelo. El significado de estas locuciones
debe, pues, aprenderse de manera individual, es decir, como si se tratara del significado de una unidad
léxica simple. La estabilidad de una combinación es una cuestión de grado, de manera que hay expresiones
más o menos fijas. Para comprobar el grado de fijación de una expresión se pueden realizar diferentes
operaciones de sustitución o de modificación. De acuerdo con estas pruebas, una locución típica:
. No admite la sustitución sinonímica de ninguno de sus componentes: como vimos, no es posible
decir tomar el cabello o coger el pelo, o meter la pierna o introducir la pata sin perder el significado propio
de las respectivas locuciones;
. No admite modificaciones de sus componentes: tomar el pelo rubio o meter la pata derecha ya no
son locuciones, y la única interpretación que reciben es la puramente composicional;
. No admite la coordinación de sus elementos con otros constituyentes ajenos a la locución: no es
posible decir tomar y quedarse con el pelo, o meter la pata y la cabeza sin destruir el significado de la
locución;
. No admite transformaciones que enfaticen sus componentes: por eso no es posible decir Fue tomar
lo que hizo con el pelo ni Lo que hizo con la pata fue meterla; si admite, en cambio, intensificaciones de tipo
adverbial: por eso podemos decir Le tomó bien el pelo o Metió completamente la pata;
. No admite la elisión de una parte; si es posible, en cambio, la sustitución anafórica de toda la
locución: puede decirse, en consecuencia, Juan le tomó el pelo, y María, también, pero resulta extraño Juan
le tomó el pelo y María se lo tomó también;
. No admite el cambio de voz: por ello, se excluyen como locuciones La pata fue metida por Juan, o
El pelo le fue tomado varias veces durante aquella semana. También la no composicionalidad puede verse
como un parámetro en cierto modo graduable. Tomar el pelo, por ejemplo, es una expresión cuyo
significado composicional difícilmente puede relacionarse con el de “burlarse de alguien”.
Muchas locuciones provienen originalmente de extensiones metafóricas y a veces si resultan
parcialmente transparentes para los hablantes. Por ejemplo, expresiones como defender a capa y espada o
costar un ojo de la cara, aunque fijas desde el punto de vista sintáctico (puesto que no admiten
modificaciones ni sustituciones sinonímicas), tienen un significado composicional que los hablantes son
todavía capaces de identificar y de reconocer. Las pruebas anteriores permiten, pues, descubrir diferentes
grados de fijación y de no composicionalidad en las locuciones. Estas dos características pueden, sin
embargo, explotarse con fines expresivos. Por lo que respecta al contenido, muchas locuciones proceden de
la fosilización de expresiones originalmente metafóricas. Pues bien, cuanto más reconocible resulte la
metáfora de base, más fácilmente se admiten las modificaciones (siempre que mantengan, como es lógico,
el proceso metafórico original). Por ejemplo, a partir de una locución como tener la mosca tras la oreja, un
hablante puede crear en un momento dado la expresión tener todo un enjambre de moscas (o de abejas)
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

tras la oreja, para intensificar hiperbólicamente el significado de “estar receloso”: es decir, si alguien dijera
que tiene todo un enjambre tras la oreja seguramente lo que querría comunicar es que está
extraordinariamente receloso. Esta nueva expresión, que ya no es una expresión fija, será interpretable, sin
embargo, de manera no composicional, ya que lo que se pretende comunicar no se deriva de manera directa
de la combinación individual de los diversos constituyentes; la expresión será interpretable en la medida en
que pueda recuperarse su relación con la expresión original tener la mosca tras la oreja. Así pues, este tipo
de sustituciones está limitado por la posibilidad de recuperar parcialmente la relación con la locución
original.
Y por lo que respecta a la forma, parece que otro factor que contribuye también a la posibilidad de
hacer pequeñas modificaciones es el grado de reconocibilidad de la locución original, por ejemplo las pistas
que proporcionan al respecto los demás constituyentes. En general, cuanto más compleja y más
característica sea la estructura de una locución, más posibilidades hay de que resulte interpretable como tal
aunque se hagan en ella pequeñas modificaciones. Esto es lo que ocurre con tener la mosca tras la oreja: su
estructura sintáctica es lo suficientemente característica como para seguir siendo reconocible aunque se
realice en ella alguna pequeña modificación.
Las locuciones suelen clasificarse de acuerdo con su categoría gramatical. Se habla de locuciones
nominales (vacas flacas, sopa boba), adjetivas (corriente y moliente, ligero de cascos), adverbiales (a tontas y
a locas, de higos a brevas), verbales (sacarse la espina, oler a cuerno quemado, cortar el bacalao, no ver tres
en un burro), prepositivas (con objeto de, a base de), y conjuntivas (para que, a fin de que). Con respecto a
las locuciones verbales cabe señalar que tienen típicamente una o varias posiciones de su estructura
argumental fijas (las que corresponden a los elementos que forman la locución), pero tienen también
posiciones libres o vacías, que se rellenan contextualmente. La posición libre puede corresponder al sujeto,
como en rascarse el bolsillo, pasarlas canutas o dar la barrila; al sujeto y al objeto directo, como en meter a
alguien en cintura; al sujeto y al objeto indirecto, como en dorarle la píldora a alguien, cantarle las cuarenta
a alguien; al objeto indirecto, como en no llegarle a alguien la camisa al cuerpo; o a otros constituyentes,
como en tomarla con alguien.

Enunciados fraseológicos o refranes


Es habitual establecer una clase más de expresiones fijas, la de los enunciados fraseológicos, que,
como su propio nombre indica, constituyen ellos mismos enunciados completos, es decir, sin <huecos >
argumentales. Dentro de los enunciados fraseológicos suelen distinguirse las paremias y las formulas
rutinarias. Las paremias son refranes, proverbios o sentencias, como En casa del herrero, cuchillo de palo o
No por mucho madrugar amanece más temprano. Las fórmulas rutinarias son patrones estereotipados de
interacción social, como ¡Parece mentira!, ¡Qué aproveche! o El gusto es mío, que se asocian a situaciones
comunicativas concretas.
Suele decirse que los enunciados fraseológicos tienen un grado de fijación mayor que el de las
locuciones. En realidad, este mayor grado de fijación es, en parte, consecuencia de su propia naturaleza de
unidades completas discursivamente, esto es, unidades que no presentan <huecos> en su estructura
sintáctica: esto hace que apenas admitan modificaciones; y es, sobre todo, resultado de que los enunciados
fraseológicos constituyen ejemplos de citas o de discurso repetido, es decir, de formas establecidas por la
tradición e institucionalizadas por la norma de una comunidad lingüística que deben reproducirse siempre
en sus propios términos.
Las paremias prototípicas se caracterizan habitualmente como expresiones completamente
lexicalizadas, con autonomía sintáctica y discursiva, que expresan verdades de tipo general y que tienen
carácter anónimo. Estas diferentes propiedades no tienen todas el mismo estatuto. Mientras que la fijación
léxica y la autonomía sintáctica y discursiva representan propiedades necesarias, existen numerosos
contraejemplos para los otros dos rasgos. Así, el expresar verdades generales resulta, cuando menos
discutible, y se ve impugnado por el hecho de que dentro del mismo refranero hay expresiones para
justificar una cosa y la contraria: por ejemplo, al refrán En casa del herrero, cuchillo de palo se contrapone
De tal palo, tal astilla; y al que concede que No por mucho madrugar amanece más temprano, se opone el
que recuerda que Al que madruga, Dios le ayuda. En cuanto al carácter anónimo, muchas de las frases

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

hechas que utilizamos como formas de discurso repetido son citas con un autor y una localización
identificables: por ejemplo, la formula Ándeme yo caliente y ríase la gente se la debemos a Góngora.
Escandell Vidal, Victoria. Apuntes de semántica léxica.

Algunos refranes populares


Refranes comunes Explicación
Quien emprende muchas cosas a un
Quien mucho abarca, poco
tiempo, generalmente no desempeña
aprieta
ninguna bien.
En casa de herrero, cuchillo de A veces falta una cosa en el lugar donde
palo. nunca debiera hacer falta.
Hay que saber sobrellevar los problemas
A mal tiempo, buena cara.
de la vida.
Para superar las dificultades, es
A pan duro, diente agudo.
necesario esforzarse.
Cuando hay hambre, no hay pan La necesidad obliga a valorar las cosas
duro. mínimas.
Cuando falta de algo, se valora lo que
A falta de pan, buenas son tortas.
puede reemplazarlo.
Unos nacen con estrella y otros
Es diverso el destino de los hombres.
nacen estrellados.
Es inconveniente hablar más de lo
Por la boca muere el pez.
necesario.
No hay que hacer caso del que habla sin
A palabras necias, oídos sordos.
razón.
Nadie diga: de esta agua no he de Ninguno está libre de que le suceda lo
beber que a otro.
No se debe ofender a Dios, ni desear a
No se debe escupir al cielo.
otros cosas nefastas.
Más ven cuatro ojos que dos. (o Las cosas consultadas y revisadas entre
Cuatro ojos ven más que dos) varios, salen mejor.
Ojos que no ven, corazón que no
No se sufre por lo que no se sabe.
siente.
Conviene que cada uno cuide y vigile su
El ojo del amo engorda el ganado.
empresa o comercio.
Quien tiene tienda, que la atienda
Cada uno debe vigilar bien sus negocios.
(y si no que la venda)
Los que hablan mucho, suelen hacer
Perro que ladra, no muerde.
poco.
A cada chancho (puerco) le llega No hay persona a quien no le llegue la
su San Martín. hora de rendir sus cuentas.
Muchas veces, el éxito depende de la
A quien madruga, Dios lo ayuda.
rapidez.
Al abatido y caído se le juntan todos los
Al perro flaco no le faltan pulgas.
males.
A buen entendedor, pocas La persona inteligente, comprende
palabras bastan. rápido lo que se quiere decir.
Hay que tener paciencia para lograr
A su tiempo maduran las brevas.
algo.
Genio y figura hasta la sepultura. No es fácil cambiar el carácter.
Las flaquezas humanas no son exclusivas
En todas partes se cuecen habas.
de ningún lugar.
Quien siembra vientos, recoge Los malos ejemplos e ideas, tienen
tempestades. funestas consecuencias.
A caballo regalado no se le miran Si algo no cuesta, no se tienen
los dientes. pretensiones.
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Resolver dos problemas con una misma


Matar dos pájaros de un tiro.
acción
Más vale pájaro en mano, que Se aplica a falsas promesas y proyectos
irrealizables, que llevan a olvidar lo
cien volando.
simple pero seguro.
Donde menos se piensa, salta la A veces, cuando menos se espera,
liebre. ocurren las cosas.
Se aplica a quien habla mucho y obra
Mucho ruido y pocas nueces.
poco
El bien hay que hacerlo
Haz bien sin mirar a quien.
desinteresadamente.
Lleva gran ventaja la persona que toma
Hombre prevenido vale por dos.
recaudos.
Se obtienen mayores logros con la
Más vale maña que fuerza. habilidad, destreza y tranquilidad, que
con la fuerza y la violencia.
No hay que despreciar las cosas aunque
Más vale poco que nada.
sean pequeñas
La caridad bien entendida Lo natural es pensar en las necesidades
empieza por casa. propias antes que en las ajenas.
Quien vive desordenadamente,
Quien mal anda, mal acaba.
generalmente termina en un mal final.
En boca cerrada no entran moscas Es a veces muy útil callar.
Si se hace algo con gusto, no molestan
Sarna con gusto no pica.
los sacrificios.
Hay que tratar de superarse
Mal de muchos, consuelo de
individualmente, y no conformarse con
tontos.
lo que a otros también les sucede.
No por mucho madrugar, se A veces, vale más la dedicación y la
amanece más temprano. calidad, que la rapidez.
Si estás con la persona amada, no
Contigo, pan y cebolla.
importa el poder adquisitivo.
Aquí hay gato encerrado. Algo no está claro, y hay que desconfiar.
No dejes para mañana lo que Hay que tratar de vivir el día presente
puedas hacer hoy. realizando los anhelos. 
Dios castiga sin palo y sin
A todos llega la justicia divina.
rebenque.
Siempre llega el momento de rendir
El que las hace, las paga.
cuentas. 
Sentir que no lo tienen en cuenta para
Ser el último orejón del tarro.
nada.
Enfrentar las consecuencias de lo que se
A lo hecho, pecho.
ha hecho.
No hay mal que por bien no A veces, algo negativo trae
venga. consecuencias positivas.

Las consecuencias de la globalización:


extranjerismos, préstamos y calcos

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

En nuestros días, los neologismos proceden mayormente del inglés, y muchos de ellos pertenecen al
campo de la ciencia, la tecnología y los deportes. Cuando aparece un objeto nuevo en el mundo, y lleva
nombre nuevo, generalmente inglés (que a su vez suele inspirarse en uno griego o latino...), como vídeo,
email, fax, en español (y en otras lenguas) se adopta el nombre original, al menos al principio. Luego vienen
las traducciones, que pueden sufrir la triste suerte de no ser adoptadas por nadie, si la palabra original es
más fácil, como pasa con fax, que es solamente la abreviatura de «facsimilar» y por lo tanto palabra nuestra,
latina, aunque nos venga por la conocida ruta del inglés. La aceptabilidad de una traducción no depende de
la autoridad de nadie, sino de que dicha traducción sea adoptada por los hablantes. La palabra whisky se
castellanizó hace ya muchos años, como güisqui, pero esa expresión no suele aparecer en ningún texto, y
mucho menos en los anuncios de whisky. Cada comunidad hispánica ha resuelto esos problemas de manera
distinta, y hay que esperar un poco para que el diccionario registre algún consenso o nos dé una idea de las
tendencias generales, si el consenso no existe.
La lengua está viva, en evolución continua, cambiando minuto a minuto. El diccionario es un registro
lento y no hay otro remedio: nadie puede fotografiar el habla y menos presentar luego la fotografía como la
norma de una lengua. Pero los diccionarios modernos recopilan todas las palabras que actualmente
circulan, sin descartar los neologismos todavía indecisos, y otros términos que quizá sean efímeros, y dejan
al diccionario académico la tarea de consagrar los vocablos que se pueden considerar definitivamente
incorporados a nuestra lengua. La lengua viva queda, así, registrada.
Cuando se dice de una expresión «es un anglicismo» se puede querer decir «palabra inglesa usada
en español» (esté más o menos modificada o castellanizada), o bien que esa palabra o expresión es un
barbarismo, y, como tal, palabra ajena, incorrecta, indeseada, intrusa. Para la mayor parte de la gente, un
anglicismo es algo reprensible. Es mejor distinguir, pues hay anglicismos y anglicismos. Debemos distinguir,
primero, entre préstamos y calcos del inglés. Préstamo es una palabra ajena que se toma prestada. Calco es
una construcción ajena que se replica préstamos y calcos exactamente, violentando los patrones sintácticos
o semánticos del español. Surf y windsurf son préstamos. La expresión correr para alcalde es un calco del
inglés run for mayor.
En el caso del préstamo, el español utiliza vocablos ingleses, surf, emaiL referí, fax, a veces intactos, a
veces modificados en su pronunciación u ortografía, como en estándar, estrés, parking. Hay docenas de
préstamos en el español hablado y escrito: y otro enorme grupo de palabras que comenzaron por ser
préstamos y que hoy nos parecen plenamente españolas y lo son. Si hubiera una palabra española, aceptada
y difundida ya con el mismo significado que la palabra prestada, por supuesto debemos elegir la palabra
española. El anglicismo, en este caso, sería una afectación, o bien una señal de ignorancia de la propia
lengua. Pero si no hay palabra española, o si la palabra española es poco usual, entonces conviene usar el
término inglés, ya que ese será el más conocido y sobre todo el menos ambiguo.
Los préstamos son particularmente útiles en el lenguaje científico, pues la comunidad científica se
entiende en un lenguaje técnico, preciso, unívoco, en el que los anglicismos desempeñan un papel
fundamental. Algunos términos científicos se usan con frecuencia en el lenguaje corriente, manteniendo su
forma extranjera. Todos usamos la palabra inglesa bypass, para referirnos al procedimiento quirúrgico que
consiste en unir dos vasos sanguíneos con un tubito de plástico. No tenemos expresión española disponible.
La regla de oro para usar préstamos es calcular si todos los lectores van a entender la versión hispanizada. Si
no estamos seguros, nos conviene usar la palabra extranjera, subrayada o destacada para hacer notar que es
extranjera, el experto en el tema entenderá y el que no lo sea se orientará mucho mejor que con una
expresión española llena de otros significados en la lengua corriente, y por lo tanto confusa.
El problema de los calcos es más complejo. Lo calcado del inglés puede ser un significado, una
construcción sintáctica, o la manera de realizar un acto de habla. Hay calcos que son meramente
combinaciones desusadas de palabras: estas frases no transgreden las reglas gramaticales del español.
Ejemplos de combinaciones desusadas serian máquina de contestar en lugar de contestador automático, día
de semana en lugar de día de trabajo (va que todos los días son días de semana). En estos casos, el español
no se degenera sino que se adapta a su inevitable coexistencia con la cultura latinoamericana y con una
lengua que está tan extendida que no podemos, aunque queramos, cerrarle a puerta.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

La violencia que hacen los calcos al sistema español es más claras. El inglés eventually quiere decir
'finalmente'; el equivalente castellano indica algo que no es regular o seguro, como en «trabajo eventual»,
pero se usa ahora con el significado de la palabra inglesa, y se dice por ejemplo «eventualmente lo hizo». Ese
es un típico calco semántico. Ejemplos de calcos sintácticos hay docenas, y algunos son chocantes como
llamar para atrás por devolver la llamada, pero otros se cuelan fácilmente en el español y ahí quedan, por
ejemplo resultar en dicho en lugar de dar por resultado («la liberalización de la moneda resulta en un
aumento de la inflación») o está saliendo de Quito el día 2 cuando se quiere decir sale de Quito el día 2.
Reyes, Graciela. Cómo escribir bien en español.

Etimologías
Para poder aprovechar el conocimiento etimológico en toda su amplitud, vamos a abordar su
estudio desde dos puntos de vista, ambos en el eje diacrónico:
- EL DE LA EVOLUCIÓN FONÉTICA DEL VOCABLO.
- EL DE SU CAMBIO DE APLICACIÓN Y DE VALORACIÓN.
LEYES DE CAMBIO FONÉTICO
El niño o adolescente, que no tiene conocimientos del latín que originó su lengua, debe recibir
adaptadas por su profesor las leyes de evolución fonética de las palabras. Así, por ejemplo, el alumno puede
comprender que, del mismo modo que a lo largo del eje temporal evolucionaron los usos y las costumbres,
las palabras empleadas en el vocabulario oral fueron las más expuestas al cambio y, por ende, se
convirtieron en VULGARISMOS, no porque connotaran nociones vulgares, sino porque sufrieron el impacto
del uso cotidiano; en cambio, cuando los términos no fueron utilizados por la lengua oral, sino que
permanecieron inalterables en un lenguaje literario, estamos en presencia de CULTISMOS. Y deben saber
que en el vocabulario que usamos todos los días, a veces, pueden coexistir dos voces derivadas del mismo
término original, uno evolucionado o ‘vulgarismo’, junto a otro, su mellizo, no su gemelo, que no sufrió
ningún cambio exterior desde su origen. Es el caso del vocablo original ‘directum’, que dio nuestros
‘derecho’ y ‘directo’, o el original ‘rapidum’, que dio nuestros ‘raudo’ y ‘rápido’.
Podemos, entonces, explicar que los sonidos antiguos, C, P, T, al ir entre vocales o entre una vocal y
una consonante sonora, se transformaron, respectivamente, en G, B, D, porque las consonantes sordas
primitivas se sonorizaron en contacto con sonidos “sonoros”, por un fenómeno llamado de ASIMILACIÓN
DOBLE. En virtud de esta asimilación o contagio, tenemos:
Catena > CADENA Aqua > AGUA Capra > CABRA
Otra ley dice que los sonidos latinos originales CT y LT dieron CH:
Pectus > PECHO Multum > MUCHO Lactuca > LECHUGA
Una tercera ley indica que los agrupamientos iniciales CL, PL, FL trajeron, respectivamente, al
español LL:
Clamare > LLAMAR Plorare > LLORAR Flamma > LLAMA
Algunas palabras latinas que evolucionaron con vulgarismos y con cultismos
VOZ ORIGINAL VULGARISMO CULTISMO

catena cadena concatenar

aqua agua acuático, acueducto

capra cabra, cabrío caprino, capricornio

pectus pecho pectoral, expectorar

multus mucho, muchedumbre multitud, multiplicar

lacte leche, lechoso lácteo, lactario


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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

lactuca lechuga lactucario

patrem (pater) padre paterno, paternidad

pluvia lluvia pluvial, pluviómetro

flamma llama Flamear, flamígero

factum hecho fáctico, factual

clavem llave clave

Como es dable advertir, los términos son polisémicos; a veces, han adquirido un significado
connotativo, otras, social, otras, conlocativo; pero siempre han conservado el sema irradiador original. A
veces, son intercambiables, otras, no. Así, puedo decir La simpatía es la clave de su éxito y La simpatía es la
llave de su éxito; pero no puedo decir indistintamente Suprime las llaves en ese ejercicio matemático y
*Suprime las claves en ese ejercicio matemático.
ALGUNOS OTROS CAMBIOS FONÉTICOS
• La O latina, breve en su cantidad y tónica, pasó al español como diptongo UE. Ej.: ‘fŏrtem’ >
fuerte (raíz culta en “fortaleza” y “fortificar”); ‘cŏmputum’ > cuento (raíz culta en “computación” y
“computar”).
• La E latina, breve en su cantidad y tónica, pasó al español como diptongo IE. Ej.: ‘tĕrram’ >
tierra (raíz culta en “terrestre” y “enterrar”); ‘hĕrba’ > hierba (raíz culta en “herbario” y “herbívoro”).
• La F inicial se hizo H. Ej.: ‘fabulari’ > hablar (raíz culta en “fabular”, “confabular”); ‘fumum’ >
humo (raíz culta en “fumar”, “fumata” y “fumarola”).
• Las consonantes NN y GN dieron Ñ. Ej.: ‘annum’ > año (raíz culta en “anual”, “bienal”,
“bianual” y “anuario”); ‘designium’ > diseño (raíz culta en “designio”); ‘ligna’ > leña (raíz culta en “lignario” y
“lignificar”).
• La combinación –NE o –NI dio Ñ, así como –LI dio J. Ej: ‘balneum’ > baño (raíz culta en
“balneario” y “balneoterapia”); “filium” > hijo (raíz culta en “filial” y “filicida”).
CAMBIOS DESDE LA APLICACIÓN Y LA VALORACIÓN
Se pueden enfocar desde dos puntos de vista: del alcance y de la valoración.
En cuanto al ALCANCE, diremos que muchas veces los términos RESTRINGEN su significado y otras, lo
AMPLÍAN. En el caso de la RESTRICCIÓN, ella puede ser consecuencia de la especialización de un medio
social, ya vista. Por ejemplo: GREX (grey, rebaño), que designaba a un rebaño de ganado menor, por
reducción y metafóricamente, designa a la congregación de fieles cristianos y también al conjunto de
individuos con la misma raza o de una misma región o nación. HABERE, que era un verbo de segunda
conjugación, cuyo significado era “tener, poseer”, hoy restringe su uso al de verbo auxiliar, utilizado para los
tiempos compuestos de la conjugación; también, en expresiones en que se desea conferir un valor
resultativo a lo dicho: “Ya tengo aprendido el discurso”, por lo tanto, sé el discurso.
En el caso de la EXTENSIÓN, es un proceso menos común que la restricción, porque la mente
humana tiende más a la diferenciación que a la síntesis y más a lo concreto y específico, que a lo abstracto y
general. Encontramos como ejemplo el adjetivo ‘loco’ que, tradicionalmente, designaba a un demente, a
alguien privado de razón; hoy, en cambio, en el lenguaje juvenil, es un vocativo que sirve para dirigirse a
alguien; otro tanto ocurre con el adjetivo ‘flaco’, equivalente a ‘delgado’, que tiene casi el valor de un
indefinido, al decir ‘vino un flaco’.
En lo que concierne a la valoración, los términos pueden haber hecho un DESARROLLO
AMELIORATIVO o un DESARROLLO PEYORATIVO. En el primer caso, su significado ha mejorado respecto del
de su origen. Ello sucedió con ‘ministro’, que originalmente designaba al que servía con las manos; hoy,

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

designa a un funcionario, ya del gobierno, ya del culto. También, el sustantivo ‘mus’, que designaba al ratón,
da en inglés mouse, hoy utilizado en el ámbito de la informática para nombrar el dispositivo electrónico.
En cuanto al DESARROLLO PEYORATIVO, el significado ha empeorado respecto del de su origen. Es
producto de una tendencia pesimista del hombre. Lo advertimos en términos como ‘agonía’, que significa
etimológicamente ‘lucha’ y que hoy se circunscribe a la lucha entre la vida y la muerte. Lo mismo el adjetivo
‘fatal’, que se ligaba al ‘fatum’, esto es, al destino; hoy, se vincula exclusivamente al destino trágico.
Prof. María del R. Ramallo de Perotti. EL JUEGO ETIMOLÓGICO EN EL AULA

Listado de PREFIJOS GRIEGOS

PREFIJO SIGNIFICADO EJEMPLO


a - an sin atípico
acro alto acróbata
ana contra – hacia atrás anacrónico
anfi alrededor – ambos anfiteatro
anti contra antiestético
antropo hombre antropófago
apo fuera o lejos apogeo
archi mando archiduque
arqui preeminencia arquitecto
auto por sí mismo automóvil
biblio libro biblioteca
bio vida biografía
cata hacia abajo, al final catarata
cine – cinemato movimiento cinética
cosmo mundo cosmógrafo
cripto oculto criptografía
cromo color cromático
deca diez decálogo
demo pueblo democracia
dia a través diámetro
dinam fuerza dinámico
em - en dentro embrión
endo interno endogamia
epi encima, junto a epígrafe
eu bien, bueno eufórico
exo fuera exótico
fono sonido fonética
foto luz fotocopia
gastro estómago gastronomía
geo tierra geometría
geronto viejo gerontología
helio sol heliógrafo
hemi medio hemisferio
hidro agua hidrógeno
hiper exceso, superioridad hipérbole
hipo debajo hipotermia
histo tejido histología

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

homo parecido, igual homologar


idio particular, propio idiosincracia
iso igual isósceles
macro grande macrocéfalo
mega- megalo grande megáfono
meso medio mesopotamia
meta cambio, más allá metáfora
micro pequeño microscopio
mono uno, único monógamo
pan todo panteísmo
para junto a, al lado de paradoja
peri alrededor periferia
poli varios polígono
pro delante prólogo
proto prioridad prototipo
sin con simpatía
tele distancia teléfono
teo dios teología

Prefijos Latinos
PREFIJO SIGNIFICA EJEMPLO
ab- abs separación abstracción
ad añadido adjunto
ante delante anteproyecto
bi – bis dos bípedo
circum alrededor circunvalar
cum – com – con con conciudadano
contra contra contrarrestar
des privación desgracia
dis – di separación, negación disolver
equi igual equivalente
ex privación excampeón
extra fuera, más allá extraoficial
in en influir
i – in privado de invertir
Infra debajo infracción
inter entre internacional
intra dentro intramuros
multi muchos multicolor
omni todo omnipotente
per a través perforar
post – pos después posponer
pre delante predicción
pro por promover
re de nuevo recomponer
retro hacia atrás retrovisor
semi medio semirrecta
sin – sine negación sinnúmero
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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

su – sub debajo subterráneo


super – supra sobre suprarrenal
tran – trans a través de transmitir
ultra más allá ultrasonido
vice en lugar de vicepresidente
yuxta junto a yuxtaposición

Sufijos:
-ALGIA: 'dolor'
-ARQUÍA: 'mando'
-ATRA: 'que cuida'
-CARPIO, -CARPO: 'fruto'
-CÉFALO: 'cabeza'
-CIDA, -CIDIO: 'matar'
-COLA: 'cultivar, habitar'
-CRACIA: 'poder'
-CULTURA: 'cultivo'
-DROMO: 'carrera'
-FAGIA, -FAGO: 'comer, devorar'
-FERO: 'llevar, producir'
-FILIA, -FILO: 'afición o amor'
-FOBIA, -FOBO: 'aversión, rechazo'
-FONÍA, -FONO: 'voz, sonido'
-FUGO: 'huir
-GLOTO: 'lengua'
-GRAFÍA, -GRAFO: 'escritura, descripción'
-GRAMA: 'escritura, línea'
-ITIS: 'inflamación'
-LATRÍA, -LATRA: 'adoración'
-LISIS: 'disolución'
-LOGÍA, -LOGO: 'ciencia, tratado; estudioso'
-METRO: 'medida'
-MORFO: 'forma'
-OSTE, -OSTEO, -OSTIO: 'hueso'
-PATÍA: 'afección, enfermedad'
-PEDO: 'pie'
-RAGIA: 'brotar, fluir'
-SCOPIA, -O: 'observar, examinar'
-TECA: 'caja, depósito, conjunto'
-TERAPIA: 'cuidado, curación'
-TERMO: 'caliente, temperatura'
-TROFIA, -TROFO: 'alimento, nutrición'

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

• aumentativos: -ón, -ona, -azo, -ote, -ota. Ej. cabezón


• diminutivos: -ito, -cito/a, -illo. Ej. piecito
• despectivos: -aco, -acho, -astro, -orrio, -uco, -uza, -ejo. Ej. gentuza
• profesión u oficio: -ante, -ero, -ente, -ista, -tor, -ario. Ej. dentista
• sustantivos abstractos: -anza, -ancia, -encia, -dad, -ez, -tad. Ej. Alabanza
• superlativos: -ísimo, -érrimo. Ej. Paupérrimo

El lenguaje en las redes sociales


Internet saca lo mejor del idioma
Los malos textos se ven más porque aflora escritura que antes permanecía en privado. La ortografía
es una carta de presentación
Pablo Linde (1 ENE 2012)
En los foros de discusión de Internet hay un dicho: “Si te quedas sin argumentos, métete con su
ortografía”. Aunque es en realidad una burla hacia quienes no son capaces de razonar contra el fondo de
una polémica y solo pueden arremeter contra la forma, en esta frase también subyace otra realidad: las
redes sociales han convertido a la expresión escrita en la primera carta de presentación de una persona; la
buena ortografía, al pasar del ámbito privado al público, es un rasgo de prestigio social y de credibilidad.
El empresario de Internet Charles Ducombe hizo un análisis de una web en el que descubrió que con
una mala ortografía las ventas podían caer hasta un 50%. “Es porque, cuando se vende o se comunica en
Internet, el 99% del tiempo se usa la palabra escrita”, según declaró a la BBC. Uno de los factores que evalúa
a la hora de contratar personal para sus páginas web es la buena ortografía, que redundará en la credibilidad
del sitio.
Y como las empresas, las personas a través de Facebook, Twitter o los foros también tienen en la
escritura a una importante y cada vez más potente fuente de comunicación que hace que la buena
ortografía sea crucial para ganar respeto en una comunidad virtual.
Según un estudio, las faltas pueden hacer perder a una web el 50% de las ventas
“En este proceso en el que la escritura se convierte en pública, adquiere un valor diferenciador. Si
leemos una opinión bien escrita, otra mal escrita y en ningún caso conocemos al autor, lo normal es hacerle
más caso a la primera. Mucha gente es consciente de esto y hace el esfuerzo en mejorar”, explica Álvaro
Peláez, de la Fundación del Español Urgente (Fundéu). Entre otras labores en esta institución, se encarga de
llevar la cuenta de Twitter, que puso en marcha hace poco más de un año. Hoy tiene más de 75.000
seguidores y una frenética actividad en la que contesta hasta medio centenar de dudas diarias sobre el
lenguaje.
Muchos de los que se acercan a ellos son profesionales que usan el castellano en su trabajo, como
periodistas, editores o traductores. Pero otros son personas que simplemente quieren resolver sus
inquietudes y escribir mejor. “Es frecuente, cuando le resolvemos la duda a algún usuario, que nos cuenten
que han perdido una cena por una apuesta que tenían con un amigo, o que la han ganado”, cuenta Álvaro
Peláez.
Sería ingenuo pensar que Internet es una isla de buena escritura. No hace falta más que navegar
durante unos minutos para encontrar verdaderas agresiones al idioma. En la Red se acuñó hace años el
apelativo hoygan para denominar a aquellos que irrumpían en foros con una ortografía lamentable al tiempo
que una considerable escasez de modales. El palabro viene de la frecuencia en la que se leían frases como:
“Hoygan [en lugar de oigan], necesito alluda urjente con un problema en mi ordenador”.
Algunos símbolos de la Red, como la almohadilla, ya han llegado al papel

80
Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Los hoygan no son más que personas que no escribían bien fuera de Internet y tampoco lo van a
hacer dentro. Igual que la falta de respeto que muestran en la Red suele ser el reflejo del que tienen fuera de
ella. “Hay quien piensa que Internet acaba con la buena ortografía. No es cierto, es que a los que antes
escribían mal, ahora se les ve más. Tú no hablas de la misma forma en una cena con amigos, con tu pareja en
un ambiente más informal o en un artículo para un periódico. Hay contextos. En la Red sucede igual. No es lo
mismo escribir en Facebook para los amigos, que en un correo electrónico que va dirigido a una persona en
concreto, que en Twitter, que está a la luz de todo el que lo quiera leer. La gente suele adaptarse a estos
contextos”, asegura Peláez.
Pone un ejemplo Ricardo Galli, cofundador de Menéame, un agregador de noticias donde se generan
numerosos debates de actualidad en el que las incorrecciones están muy mal vistas: “Mi hija de 14 años
escribe mal en foros y con nosotros escribe bien. O sea, que las reglas las sabe. Sin embargo, en
determinados entornos, si lo hace correctamente se siente excluida”.
Escribir mal entre los chavales es parte del juego de inclusión, es cosa de adolescentes que están por
Tuenti y Facebook”. Esa misma capacidad de adaptación la ve en Menéame, cuyos usuarios son exigentes
con la ortografía: “Hay algunos que me han confesado que han tenido que empezar a escribir mejor para
ganarse el respeto de la comunidad, que es severa a ese respecto desde que nació en un grupo de correos
de gente universitaria que le daba bastante importancia. Pero Internet es neutral, cada uno se expresa bien
o mal en función de cómo sepa hacerlo y de los modelos que siga. Si estás en un grupo abierto en el que
prima la corrección, tenderás a imitarlo; si es cerrado y la costumbre es escribir mal, lo normal es hacer lo
mismo”, explica Galli, quien cree que, pese a todo, en la Red ha aflorado una realidad: “Hay mucha gente
que escribe mal”.
Los mensajes cortos obligan a mejorar la expresividad
Galli pone un ejemplo que le sorprendió: la periodista Ana Pastor, directora de Los desayunos de
TVE. “Se enmendó, pero cuando empezó en Twitter escribía fatal y yo me preguntaba cómo una
comunicadora con miles de seguidores hacía eso”.
El caso de Pastor fue el de adaptación al medio. Ella misma cuenta que cuando llegó a la red social
de los mensajes breves escribía igual que en los SMS. “Tenía la manía de acortar con la letra ka, y en Internet
hacía lo mismo. Unos cuantos me dieron caña, pero lo que realmente me hizo cambiar fue que unos usuarios
ciegos me dijeron que en sus lectores no se entendían bien las palabras escritas con las kas. Desde entonces
decidí cambiar, aunque alguna vez se me escape alguna. Me parece bien que la gente sea exigente con los
periodistas. Cuando escribo mis cosas lo hago como me parece, pero en una red social entiendo que hay que
esforzarse”, cuenta.
Estos procesos y la adaptación al propio medio son naturales, según Darío Villanueva, secretario de
la Real Academia Española (RAE): “No creo que las nuevas tecnologías vayan a producir una hecatombe. El
uso de la lengua va ligado al intelecto de los seres humanos, y porque haya nuevas prácticas no va a acabar.
En estos nuevos medios, el que escribe generalmente lo hace para alguien; no solo puedes escribir más
ágilmente sino que puedes hacerlo llegar más rápido a mucha más gente. Antes mandabas una carta a
Buenos Aires y tardaba un mes en llegar. Hoy haces tuit y miles de personas pueden leerlo en el mundo
entero. En la escritura electrónica hay también posturas de distinción, quien entiende que tiene que cuidar
mucho cómo dice las cosas para que sean más eficaces porque enseguida va a leerlo mucha gente. Si hay un
problema no es de la Red, sino de la educación. “Quien debe enseñar ortografía es la escuela, no Google”,
dicen en la Real Academia Española
Esta misma idea la desarrolla Ariel Torres, editor del diario La Nación, en un artículo recogido en la
web manualdeestilo.com: “Si un chico comete faltas de ortografía atroces es porque no aprendió las reglas
cuando debía aprenderlas, sea por negligencia o por una educación rudimentaria. Al acusar a las nuevas
tecnologías de las faltas de ortografía no hacemos sino deshacernos de una responsabilidad que nos
concierne como adultos. Somos nosotros los que creamos las condiciones para que los chicos no aprendan
ortografía. Podemos echarle la culpa hasta mañana a Internet y los SMS. Es lo mismo. La responsabilidad es
formar a los chicos, no de los chips”.
Su conclusión es que la escritura en Internet goza de muy buena salud y hace una distinción entre las
faltas de ortografía y “las exóticas abreviaturas del chat, los SMS y Twitter”. “La falta de ortografía es

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

ignorancia. En cambio, el texto expeditivo, abreviado y condensado del chat, los SMS y Twitter es la escritura
aplicada exactamente como se debe”, añade.
Twitter, con su inmediatez y sus características peculiares, es uno de los fenómenos que está
condicionando el lenguaje en la Red. La longitud de los mensajes que se pueden enviar, de 140 caracteres,
está dando pie a acortar palabras, pero también a buscar las precisas, a ser ingenioso y evitar la verbosidad
excesiva.
Villanueva explica que los manuscritos medievales estaban llenos de abreviaturas porque el papiro
era muy caro y hacer un libro llevaba mucho tiempo y el idioma evolucionó con ellas sin destruirse. Además,
ve en Twitter ventajas: “Hay una búsqueda del ingenio. Se dice con pocas palabras algo que ilumina una
realidad y no necesariamente cargándose la ortografía. El uso del lenguaje competente es más eficaz que el
incompetente. Si usas frases hechas o con muletillas, no aportas nada. Sucede como con la poesía, que dice
lo que sabemos con combinaciones nuevas”.
Esta misma línea mantiene Mario Tascón, autor del libro Twittergrafía. Abunda en la idea de que las
abreviaturas siempre han formado parte de las distintas tecnologías que han acompañado al idioma. “Estaba
la taquigrafía, antes la imprenta. La letra eñe procede de una abreviatura que servía para comprimir los
renglones de los materiales impresos. Además, encuentras otras que están directamente relacionadas con el
funcionamiento de la aplicación: si quieres que la gente entienda que haces un retuit, pones RT, el
agolpamiento de palabras es necesario para que funcione un hashtag [una etiqueta]”. Además, en su
Twittergrafía cuenta cómo nuevos métodos que cualquier usuario tiene al alcance de su teclado pueden
añadir expresividad. Va desde los emoticonos que ya son universales, como la sonrisa expresada con dos
puntos y el cierre del paréntesis, :), a un corazón, “que todo el mundo entiende”, o a otros más barrocos. Se
pueden hacer verdaderas virguerías usando combinaciones.
Algunos de estos símbolos han llegado al papel impreso. Cada vez es más frecuente encontrar la
almohadilla (#) en un periódico. También ha llegado a la literatura. Agustín Fernández Mallo usa algunos
símbolos en su libro Nocilla dream, lo que puede hacer pensar que más que acabar con los buenos usos de la
lengua escrita la Red puede llegar a enriquecerla.
La periodista Pastor admite que mejoró su expresión en atención a los ciegos
Al fin y al cabo, Internet no es más que una nueva tecnología en la que la escritura cambia como lo
ha hecho a lo largo de la historia: piedra, papiro, imprenta y, ahora, bits. Los apocalípticos siempre han
fallado hasta el momento.
Darío Villanueva recuerda que uno de los primeros agoreros fue Sócrates, que en un texto de Platón
aseguraba que la escritura alfabética era “un mal absoluto”. “También McLuhan cuando publica Galaxia
Gutenberg vaticinaba el fin del libro”, añade. Ni la escritura trajo males ni, de momento, ha llegado el fin del
libro ni Internet se está cargando la escritura pese a las barbaridades que se ven en ocasiones en la pantalla
del ordenador. Todo es más simple que eso. O más difícil: como dijo en una entrevista García Márquez, “lo
primero para escribir bien en Internet es escribir bien”.
Consejos para escribir en Internet
El manual de estilo para nuevos medios, en fase de preparación, pretende mejorar el lenguaje en la
red. Hoy se puede consultar algo así como un borrador gigante en la web www.manualdeestilo.com. Mario
Tascón, director del proyecto, da algunos consejos para escribir en Internet:
-Hay que tener en cuenta que la escritura es pública.
-Internet se ha convertido en un diálogo, es recomendable ser cortés.
-En la medida de lo posible, los textos han de ser breves, el tiempo de los demás es sagrado.
-El idioma es muy rico. Hay muchísimas palabras, hay que buscar las mejores, las que tienen más
precisión, lo que, además, ayuda a la brevedad.
-La escritura es global. No todos los hispanohablantes escribimos de la misma manera. Hay que ser
respetuoso con palabras que se usan en otros lugares de habla hispana. Nuestros interlocutores no siempre
son de nuestro país y puede haber equívocos.
-Hay que saber cambiar de canal. No es lo mismo un correo electrónico, que Twitter que un Wiki,
donde escribe mucha gente.
-Las mayúsculas son como un grito.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

-Se recomienda evitar en lo posible escritos consonánticos, es decir, quitar las vocales de una
palabra para abreviar. Si el acrónimo o la abreviatura pueden tener problemas, los consonánticos más.
Suelen llevar a confusión.
-Hay que usar el diccionario y las abreviaturas normalizadas. El castellano es rico en ellas.
-En los hiperenlaces hay que ser preciso para ayudar a la gente a saber dónde se dirigen, que no van
al vacío del ciberespacio.
-Los enlaces tienen que estar diferenciados tipográficamente para que el lector los advierta. De lo
contrario, pasan desapercibidos.
-Hay que ser consciente de que lo que se escribe lo tienen que leer las máquinas. No es que la gente
deba escribir para Google, pero hay que tenerlo en cuenta.
-Hay que tener mucho cuidado con la escritura de direcciones web o correos porque un fallo las
inutiliza. Hay que tener en cuenta que aquí no se siguen las normas ortográficas o de mayúsculas y
minúsculas.

Fuente: https://elpais.com/sociedad/2012/01/01/vidayartes/1325445994_575981.html (Consultado


5 de agosto de 2019)

Lenguaje inclusivo (Fundación del Español Urgente —Fundéu BBVA—)


El masculino genérico
De acuerdo con el precepto académico, «los sustantivos masculinos no solo se emplean para
referirse a los individuos de ese sexo, sino también, en los contextos apropiados, para designar la clase que
corresponde a todos los individuos de la especie sin distinción de sexos». Gramática, RAE, 2009.
Sucede en cada vez más foros que las mujeres son una mayoría. Esto pasa no solo en reuniones y
encuentros profesionales de muy diversa índole, sino también, por ejemplo, en el deporte femenino, que
cada vez cuenta con más presencia en los medios, o en la composición de los distintos Gobiernos. Muchos
hablantes sienten que, para recoger convenientemente este hecho, el llamado masculino genérico se queda
corto. Esto es, que ante una mayoría, por ejemplo, de ministras lo más adecuado sería hablar de las
ministras del Gobierno, englobando con esta denominación a hombres y mujeres, en lugar de hacerlo al
revés.
La postura académica es clara a este respecto: en español el masculino es el género no marcado.
En gramática un elemento no marcado es:
- el de sentido más general;
- el de distribución más amplia;
- el que se recupera por defecto cuando no hay morfemas específicos.
La Gramática explica que «los sustantivos masculinos no solo se emplean para referirse a los
individuos de ese sexo, sino también, en los contextos apropiados, para designar la clase que corresponde a
todos los individuos de la especie sin distinción de sexos», como en El león es un animal cuyo hábitat hay
que proteger. Por eso, el servicio de consultas de la RAE explica que «los alumnos», en masculino, «es la
única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de
alumnos varones».
La última Gramática académica ofrece principalmente dos motivos en defensa de este masculino
genérico:
-La economía lingüística: se considera que las alternativas, como desdoblar cada apelación en dos
géneros, son un circunloquio innecesario la mayor parte de las veces.
-La concordancia gramatical: ante soluciones como el desdoblamiento sistemático, pasaría a ser
mucho más complicada.
Sin embargo, más allá de recurrir siempre al desdoblamiento, algunas voces piden que, si se habla,
por ejemplo, ante un auditorio con una mayoría de mujeres, se apele a él en femenino, haciendo de este
género el no marcado; pero esta propuesta tiene el problema de que puede acabar obligando al orador a

83
Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

llevar un recuento del número exacto de los hombres y mujeres presentes, y no parece por tanto una
solución muy práctica.
Lo cierto es que, en determinados contextos, algunos hablantes usan de forma esporádica el
femenino genérico: el año pasado, los medios se hacían eco de las palabras del entrenador de la selección
femenina de baloncesto. Sus «jugamos contentas, jugamos tranquilas» causaban asombro en los medios: un
hombre se incluye en un femenino genérico en una muestra de habla tan espontánea como la de un
seleccionador hablando a sus jugadoras. Preguntado por ese femenino, respondía con una lógica que para él
era aplastante: «¡Pero si son todo mujeres y el único hombre soy yo, que ni siquiera juego!».
Tabla resumen

La norma A favor En contra Evolución

Los cambios gramaticales son más lentos y


complicados que los ortográficos o léxicos.
No solo necesitan campañas o detonantes
El masculino es el género no aislados, sino que deben ser cambios
marcado, es decir, que «los generalizados: cuando la mayoría de los
sustantivos masculinos no solo se Se aduce que hablantes en su día a día, con naturalidad,
emplean para referirse a los Economí el empleo entiendan que el femenino es más
individuos de ese sexo, sino a sistemático del adecuado que el masculino en algunas
también, en los contextos lingüístic masculino situaciones y lo empleen así, estaremos
apropiados, para designar la clase a. invisibiliza a ante un fenómeno mayoritario; este uso
que corresponde a todos los las mujeres. del femenino será un consenso tácito en la
individuos de la especie sin mente de los hablantes. Y entonces la
distinción de sexos». Gramática académica, notaria de la lengua,
previsiblemente registrará que el
masculino ya no es la única forma correcta
de referirse a un grupo mixto.

Femenino profesiones
«La presencia de marcas de género en los nombres que designan profesiones o actividades
desempeañadas por mujeres está sujeta a cierta variación. La lengua ha acogido, pues, en ciertos medios
voces como "bedela", "coronela", "edila", "fiscala", "jueza", "médica" o "plomera", pero estas y otras voces
similaes han tenido desigual aceptación, generalmente en función de factores geográficos y sociales, además
de propiamente morfológicos». Gramática, RAE, 2009.
● ¿Cuántos géneros tiene el español?
El género es una propiedad de los nombres y los pronombres que tiene efectos en la concordancia
con los determinantes, los adjetivos, los cuantificadores, etc. Los sustantivos en español solo pueden ser
masculinos o femeninos, pero los demostrativos, los cuantificadores, los artículos y los pronombres
personales pueden ser, además, neutros: esto, eso, aquello; tanto, cuanto, mucho…; lo y ello.
● ¿Existe una correspondencia estricta entre el género y el sexo?
No. El género de los sustantivos no siempre se corresponde con el sexo biológico del referente.
Cuando el sustantivo se refiere a un ser animado, el género puede diferenciar el sexo (león, leona); pero en
el resto de los casos es una propiedad gramatical independiente: la mesa es femenino, el tenedor es
masculino.
● ¿Cómo se marca el género?
Para marcar el género hay distintas posibilidades:
Morfemas: terminaciones como la -a (niña), -esa (abadesa), -isa (poetisa), -ina (heroína), -era
(cocinera), -ana (decana), - óloga (psicóloga), -ada (magistrada), etc.
Raíces distintas: caballo, yegua (son los llamados heterónimos).
84
Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Determinantes y otros elementos concordantes: el artista, la artista (se los conoce como comunes
en cuanto al género).
Además, están los sustantivos ambiguos, que se pueden usar en femenino o masculino
indistintamente (el mar, la mar), y los epicenos, que se refieren a un ser vivo de uno u otro sexo con un único
género, como el mosquito (mosquito macho/hembra).
Existen ciertas correspondencias:
-La mayor parte de los sustantivos acabados en -a son femeninos: taza, silla, niña, pero no faltan
casos como clima, día o mapa.
-La mayoría de los acabados en -o son masculinos: cuaderno o puerto, pero también hay
femeninos como mano.
-Los acabados en consonante o en otras vocales pueden ser masculinos o femeninos.
-Los sustantivos de persona comunes en cuanto al género
-Términos como el cónyuge / la cónyuge distinguen el género por la concordancia y no mediante
desinencias: su cónyuge está enferma/enfermo.

Los problemas se presentan especialmente con aquellos sustantivos comunes que denotan
profesiones, cargos, títulos, empleos o actividades. En la evolución de muchos de estos nombres, el proceso
habitual suele ser que los que tradicionalmente eran masculinos pasen a ser comunes y de ahí a tener una
forma femenina plena, sobre todo aquellos que pertenecen a ámbitos a los que la mujer se ha ido
incorporando paulatinamente (el socio, la socio, la socia; el juez, la juez, la jueza; el obispo, la obispo, la
obispa, y muchos más).
Así pues, muchos de estos sustantivos que antes eran considerados comunes en cuanto al género y
que hacían el masculino en -o presentan hoy el femenino en -a: abogado, árbitro, arquitecto, fontanero,
ministro, etc.
La Gramática académica indica que «... se ha comprobado que la presencia de marcas de género en
los nombres que designan profesiones o actividades desempeñadas por mujeres está sujeta a cierta
variación, a veces solo desde tiempos relativamente recientes. La lengua ha acogido, pues, en ciertos medios
voces como bedela, coronela, edila, fiscala, jueza, médica o plomera, pero estas y otras voces similares han
tenido desigual aceptación en función de factores geográficos y sociales además de propiamente
morfológicos».
En la Fundéu siempre hemos ofrecido la forma plenamente femenina de aquellos cargos y
profesiones que, de acuerdo con la morfología de nuestra lengua, pueden tenerla. Recomendamos, por
ejemplo, pilota, obispa o edila. Y lo hacemos siendo conscientes de que tienen una aceptación irregular.
Sabemos que a muchas personas «les suenan mal», pero también sabemos que el hecho de que una palabra
suene bien o mal no es en sí un criterio lingüístico.
Los hablantes, al final, son quienes siempre deciden. En la Fundéu tratamos de que esa sea una
decisión informada entre opciones gramaticalmente válidas, correctas. Nuestra labor es conseguir que la
gente sepa que puede decir la juez y también la jueza, después ya es cada hablante quien finalmente emplea
una palabra u otra. Las que triunfen, las que mayoritariamente se empleen, serán las que se quedarán y
estarán vivas en el caudal léxico de la lengua; las otras caerán por su propio peso en la evolución del español.

● La escala militar
La Gramática académica indica que «suelen ser comunes en cuanto al género los sustantivos que
designan grados de la escala militar». La RAE no recomienda la soldada, señala que es común emplear las
mujeres soldados y las soldados. En América se documenta comandanta, generala, sargenta, tenienta, etc.
Capitana es más frecuente para la mujer que dirige una nave y un equipo deportivo, y sargenta, por ejemplo,
figura en el Diccionario académico con las acepciones de ‘mujer autoritaria’ y ‘corpulenta’.
● Femeninos y nombres de disciplinas
Muchas personas sienten resistencia a formar determinados femeninos (música, química, jardinera);
los motivos son diversos, pero en ocasiones se señala el hecho de que esas palabras «ya significan otra

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

cosa». Música y química, en efecto, se emplean ya para denominar sendas disciplinas, y una jardinera es un
tipo de macetero. Lingüísticamente, sin embargo, esto no es una objeción; la polisemia es un fenómeno
normal en el léxico, sucede con muchas otras palabras: el frutero, sin ir más lejos, es tanto el señor al que le
compramos la fruta como el cuenco en el que se almacena.
Tabla resumen

La norma Evolución Propuesta

En la Fundéu siempre hemos ofrecido


la forma plenamente femenina de
La lengua ha acogido marcas de aquellos cargos y profesiones que, de
El proceso más habitual es que
género en los nombres que acuerdo con la morfología de nuestra
aquellos sustantivos que
designan profesiones o lengua, pueden tenerla. Somos
tradicionalmente eran masculinos
actividades desempeñadas por conscientes de que las voces
pasen a ser comunes en cuanto al
mujeres desde tiempos resultantes pueden resultar peculiares
género y de ahí a tener una forma
relativamente recientes, pero al principio, pero el hecho de que una
femenina plena, sobre todo en
estas voces han tenido desigual palabra suene bien o mal no es en sí
aquellos que pertenecen a
aceptación en función de un criterio lingüístico. Los hablantes,
ámbitos a los que la mujer se ha
factores geográficos y sociales al final, son quienes siempre deciden.
ido incorporando paulatinamente
además de propiamente Las voces que se empleen
(el socio, la socio, la socia).
morfológicos. mayoritariamente son las que se
quedarán y estarán vivas en el caudal
léxico de la lengua.

La equis, la @, la e

En ocasiones, se ha sugerido como una posible alternativa para no emplear siempre las desinencias del
género masculino sustituir estas por otras «más neutras». Algunas propuestas utilizan la @, la letra «x» e
incluso la vocal «e», pero estas opciones presentan algunos problemas.

Pueden ser admisibles en ciertos contextos como una manifestación verbal creativa y provocadora, como un
recurso gráfico más propio de pancartas y lemas, en los que visualmente puede resultar expresivo, pero se
recomienda no emplearlo en textos generales, ya que además presenta el problema de la imposible
pronunciación de las palabras resultantes.

El hecho de que la @ o la x sirvan precisamente para no marcar ni un género ni otro de forma expresa ha
llevado a que algunas agrupaciones del colectivo LGTB empleen estas opciones para referirse a aquellas
personas que no se sienten identificadas como mujeres o como hombres o que no lo hacen siempre del
mismo modo y que no quieren limitarse a un sistema binario que consideran constrictivo.

Tabla resumen

La norma Dificultades Ámbito de aplicación


Se recomienda no Admisible en ciertos contextos como una
La imposible pronunciación
emplear en textos manifestación creativa o un recurso gráfico, aunque
de las palabras resultantes.
generales. no es propio de la lengua formal.

Síntesis de https://www.fundeu.es

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Fuente: https://www.fundeu.es/lenguaje-inclusivo/ (consultado 5 de ago. de 2019)

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

UNIDAD 3 Clasificación semántica de las palabras

Clases de palabras
Nombre o Sustantivo Designan personas, animales, Abstractos: no designan un objeto real sino una cualidad de los seres reales o que se pueden
cosas , pensamientos, representar como tales (Ej. amor, temor, compasión)
emociones e ideas Concretos: designan seres reales, apreciables por los sentidos del ser humano. (Ej. silla, mesa)
Propios: nombran un determinado ser entre los de su clase.(Pedro, París, El solitario)
Comunes: nombran a todos los seres u objetos de la misma especie.
Individuales: en singular nombran un solo ser u objeto. (árbol, barco)
Colectivos: en singular nombran un grupo formado por varios seres u
objetos. (arboleda, alameda, flota)
Adjetivos Los adjetivos son palabras que Descriptivo: Tienen un significado fijo y dan alguna particularidad al sustantivo que acompañan.
expresan cualidades y Calificativos: otorgan cualidades al sustantivo que modifican. Celoso, bello, lindo
propiedades de los sustantivos. Numerales: aportan datos numéricos y de cantidad.
Éstos pueden expresar Cardinales: uno, dos
Ordinales: primero, segundo
diferentes significados:
Partitivos: mitad, cuarto
Una cualidad, un estado,una Múltiplos: doble, triple
procedencia, una relación. No descriptivos:
Gentilicios: Nacionalidad o procedencia. Peruano, argentino
Pronominales:
Demostrativos: Este, ese, aquel
Posesivos: Mío, tuyo, suyo, nuestro
Indefinidos: Varios, muchos, algunos,
Pronombres Funcionan en la oración Personales:
como los sustantivos. 1ª persona 2ª persona 3ª persona
Singular Plural Singular Plural Singular Plural
Pronombre significa “en
Yo Nosotros Tú Vosotros Él, ella, ello Ellos, ellas
lugar del nombre o Me Nosotras Te Vosotras Le, la, lo, se Les, las, los,
sustantivo”. Mi Nos Ti Os Sí se
Contigo Contigo Ustedes Consigo Sí
Vos Consigo
Usted
Posesivos: Los adjetivos posesivos antes del sustantivo concuerdan en número con el sustantivo; la
primera y segunda persona del plural (nosotros, vosotros) concuerdan también en género.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

mi, mis, tu, tus, su, sus, nuestro, nuestra, nuestros, nuestras, vuestro, vuestra, vuestros, vuestras, su,
sus
Demostrativos: Indican proximidad o lejanía entre el emisor y aquello de lo que se habla.
Esto, eso, aquello
Indefinidos: Se refieren a algo de forma imprecisa mucho, muchos; mucha, muchas poco, pocos;
poca, pocas tanto, tantos; tanta, tantas bastante, bastantes demasiado, demasiados; demasiada,
demasiadas alguno, algunos; alguna, algunas ninguno; ninguna algo, nada
Enfáticos: se introducen en una pregunta o intensifica una oración. Son: qué, cuanto, cuanta,
cuantos, cuantas, quién, cuál, cuáles.
Adverbios Los adverbios son palabras Lugar
que expresan circunstancias Al interrogativo dónde (poético dó) corresponden los demostrativos aquí, ahí, allí, acá,
de diverso tipo: lugar, allá, acullá, cerca, lejos, enfrente, dentro, fuera, arriba, abajo, delante, detrás, encima,
tiempo, modo, cantidad, debajo, junto; aquende, allende, que ya son poco usados, y suso, yuso y ayuso, que lo son
menos todavía, y el relativo donde (poético do).
afirmación, duda, inclusión
Tiempo
Al interrogativo cuándo corresponden los demostrativos hoy, ayer, anteayer, mañana,
ahora, antes, después, entonces. luego, tarde, temprano, presto, pronto, siempre, nunca,
jamás, ya, mientras, aún, todavía, hogaño, antaño y el relativo cuando.
Modo
Al interrogativo cómo corresponden los demostrativos bien, mal, así, apenas, quedo,
recio, duro, despacio, alto, bajo, excepto, salvo, conforme, adrede, aposta, buenamente,
malamente, otros acabados en mente y el relativo como.
Cantidad
Corresponden al interrogativo cuánto o cuán los demostrativos más, mucho, poco, casi,
harto, bastante, tan, tanto, nada, etc., y los relativos cuanto, cuan.
Lugar y tiempo
De los adverbios de lugar y de tiempo salen los llamados de orden, como primeramente,
sucesivamente, últimamente, antes, después y otros que expresan orden con referencia al
espacio o la duración.
Afirmación
Como si, cierto, ciertamente, verdaderamente, también.
Negación
Como no, nunca, jamás, tampoco.
Duda

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Como acaso, quizá o quizás, si.


Conjunciones Palabra invariable que Coordinantes:
encabeza diversos tipos de COPULATIVAS y, e, ni...
oraciones subordinadas o que DISYUNTIVAS o, u, o bien...
une vocablos DISTRIBUTIVAS uno...otro, aquí...allá, ya...ya...
ADVERSATIVAS pero, mas, sino, sin embargo, no obstante...
EXPLICATIVAS es decir, esto es, es más...
Preposiciones Las preposiciones son una clase a, ante, bajo (cabe), con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, ?según, sin,
cerrada de palabras, son
(so) sobre, tras.
invariables. Funciona de enlace
con lo que sigue.
Verbos Palabra que expresa existencia, Los verbos tienen dos partes:
estado o acción del sujeto. Una RAIZ: contiene el significado básico del verbo.
Una DESINENCIA: aporta la información de los accidentes gramaticales (persona,
tiempo, modo y número)
Am ar
R D
Las conjugaciones son las formas del verbo que resultan de la combinación de la raíz con
las desinencias posibles:
Primera conjugación: AMAR
Segunda conjugación: TEMER Verbos modelos
Tercera conjugación: PARTIR
Accidentes gramaticales:
Número: Singular o plural
Persona:
-Primera persona: persona que habla. (Yo, Nosotros)
-Segunda persona: persona que escucha. (Tú, Vos, Ustedes, Vosotros)
-Tercera persona: persona de la que se habla. (Él, Ellos)
- Tiempo:
-Pretérito: Acciones o hechos ocurridos en el pasado.
-Presente: Hechos que están ocurriendo.
-Futuro: Hechos que ocurrirán.
- Modo: Expresa la actitud del hablante.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

- Indicativo: Acción absoluta, segura, objetiva.


- Subjuntivo: Expresa deseo, duda.
- Imperativo: Expresa mandato.

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Semántica Lic. María de los Ángeles
Pérez

Unidad 3
Semántica léxica y semántica
composicional
La Semántica suele caracterizarse como el estudio del significado lingüístico. Esta
definición es básicamente correcta, pero puede inducir a engaño, ya que, informalmente, es
frecuente identificar el significado lingüístico con el significado de las palabras; esto puede
llevar a entender, en consecuencia, que la tarea del semantista se limita a describir y
caracterizar el significado de las unidades básicas, a buscar sus componentes menores (rasgos
semánticos), o a descubrir la organización del léxico en clases (campos semánticos).
Basta reflexionar un poco para darse cuenta de que no sólo las unidades menores son
signos lingüísticos; también lo son otras estructuras mayores, formadas por la combinación de
unidades simples, como los sintagmas y las oraciones; y también los sintagmas y las oraciones
tienen significado. Así, del mismo modo en que podemos caracterizar el significado de una
palabra por medio de una definición, u ofreciendo su equivalente en otra lengua, podemos
hacer algo parecido con las expresiones más complejas, parafraseándolas o traduciéndolas:
(1) Juan vive en Madrid = Juan reside en Madrid = Juan lives in Madrid
(2) A finales de Noviembre = En los últimos días del mes de Noviembre =
In late November
Si esto es así, entonces la Semántica, en cuanto ciencia del significado lingüístico,
tendrá que dar cuenta de todo el significado, independientemente de cuál sea la naturaleza
del signo lingüístico al que se asocie. Para ello, es necesario precisar más la definición algo
vaga de Semántica que recogíamos más arriba, y sustituirla por otra un poco más explícita:
La Semántica es el estudio del significado lingüístico expresado por medio de las
unidades simples y de sus combinaciones.
Dentro de ella podemos distinguir dos ramas diferentes:
- la Semántica léxica, que tiene por objeto las unidades simples, y
- la Semántica composicional, que se ocupa específicamente de las expresiones
complejas.
Una expresión compleja es una unidad lingüística formada por la combinación de
unidades simples de acuerdo con reglas gramaticales. Deben satisfacer la GRAMATICALIDAD.
Incluyen: Oraciones simples,
Combinaciones mayores: oraciones complejas y compuestas.
Combinaciones menores: Sintagmas, palabras flexionadas (lleg-ó, episodio-s),
derivadas (des-humidificador), palabras compuestas (lava-platos).

Sin embargo, generalmente la Semántica gramatical o composicional se ocupa del


significado oracional, pues el significado de una oración se compone a partir del significado de
sus partes más el orden en el que se estructuran. Así, como las palabras denotan clases de
entidades, las oraciones denotan situaciones o eventos. En estas situaciones pueden tomar
parte varios participantes, que se codifican gramaticalmente en los complementos oracionales.
Puede ocurrir obviamente que no haya participantes como en oraciones como lloviznaba. Con
el término función semántica, también papel temático, se hace referencia al papel que
desempeña un participante en la situación denotada por una oración.

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Semántica Lic. María de los Ángeles
Pérez

Proposición semántica y contenido proposicional


En términos generales se dice que una proposición es el significado de una oración.
Este significado tiene una naturaleza compuesta ya que está formado por los significados de
las expresiones componentes (las palabras o construcciones de la oración). La interpretación
de las expresiones compuestas resulta de la interpretación de sus expresiones componentes.
Ejemplo: Los niños estudian en la galería.
Para interpretar esta oración compuesta por construcciones y palabras, interpretamos
primero el significado de los niños (seres humanos que tienen pocos años); en segundo lugar,
estudian (aplican el entendimiento a la adquisición de conocimientos); finalmente, en la
galería (en un corredor normalmente sostenido por columnas). En conclusión: un agente plural
realiza la acción de estudiar en un lugar específico.
La lógica prefiere definir la proposición en términos referenciales o denotativos, es
decir, para la lógica las proposiciones se refieren, remiten a hechos que pueden ser verdaderos
o falsos y por lo tanto las proposiciones pueden ser verdaderas o falsas. Así, la proposición
correspondiente a la oración: El niño está enfermo, puede ser verdadera o falsa. La
proposición será verdadera si lo dicho (El niño está enfermo) coincide con hechos reales.
Se define a la proposición como la unidad correspondiente al significado de la oración
en la teoría lingüística y a la representación conceptual de una oración en un modelo cognitivo
de la comprensión del lenguaje. Esta diferenciación tiene en cuenta la idea de que los
significados son diferentes en cada lengua pero los conceptos tienen una validez interlingual.

El esquema proposicional: Predicados y argumentos


La proposición es una unidad compuesta. Se puede analizar en términos de predicado y
uno o más argumentos. Las cláusulas de la estructura de superficie (en el sentido de oración
con sujeto y predicado) se ordenan y distribuyen internamente mediante una jerarquía de
funciones sintácticas (sujeto, predicado con núcleo verbal, objeto directo, etcétera). Estas
funciones sintácticas son portadoras de significados en la estructura profunda, que
corresponden a la proposición: el núcleo verbal representa, el predicado y los nombres y
construcciones nominales, los argumentos. Las funciones desempeñadas por los sustantivos y
construcciones nominales pueden tener diferentes valores semánticos.
Extensionalmente el predicado está referido a las propiedades o relaciones y los
argumentos, a los individuos, cosas o personas. La proposición como unidad intencional tiene
predicados y argumentos que también son intencionales: el predicado es un concepto de
propiedad o de relación y el argumento, el concepto de un individuo.
- Un predicado de acción puede tener un agente, un objeto o paciente
Mamá abrió la puerta.
agente acción paciente

- Un predicado de estado tiene un paciente como sujeto. (Ser, estar, parecer, semejar)
La puerta está abierta.
paciente predicado

- Un predicado de proceso también tiene un paciente como sujeto.


El niño murió.
paciente proceso

- El sujeto puede ser un experimentante.


Yo recordé la fecha.
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Semántica Lic. María de los Ángeles
Pérez

experimentante proceso paciente

- Un verbo de acción puede tener tres argumentos:


Federico le prestó el libro a Carmen.
agente beneficiario acción paciente beneficiario

En la oración, los predicados generalmente son expresados por verbos y los


argumentos por sustantivos y construcciones nominales. Pero las oraciones son, a veces, muy
complicadas y presentan también adverbios, adjetivos, conectores. Además, en algunas
oportunidades una oración está formada por varias oraciones incluidas o de nivel inferior
(coordinadas y subordinadas).
Las proposiciones (significado de las oraciones y su representación conceptual) pueden
ser manifestadas, representadas, por esquemas proposicionales. Los esquemas están
compuestos por categorías jerarquizadas que a su vez pueden contar con categorías
modificadoras (MOD) que están representadas por adjetivos y adverbios. Para las
circunstancias de tiempo, lugar y otros complementos se utilizan las categorías de
circunstancial (CIRC).

Por ejemplo, en la oración:

Ayer, Juan, inadvertidamente, dio el viejo libro a Pedro en la biblioteca.

La categoría general acción domina al resto de las categorías y determina la naturaleza


del predicado y las categorías de argumento implicadas. Las categorías de circunstancial no son
proposicionales: están fuera de la proposición. Además de acciones hay otras categorías
generales como estado y proceso.
Las proposiciones se refieren a hechos, estados, procesos, suceso. Usamos la noción de
hecho como referente de la proposición, o sea de la realidad a la que remite. Los hechos son
fragmentos de mundos posibles. Estos mundos son combinaciones de algunos estados,
procesos, acciones o eventos y de cierto tiempo, lugar u otras circunstancias.

Estructura argumental
Se denomina ‘estructura argumental’ a la estructura que refleja el número de
argumentos requeridos por una unidad léxica, particularmente un verbo, así como los papeles
temáticos o semánticos que asigna a cada uno de esos argumentos. Por ejemplo, la estructura
argumental de meter podría representarse de la siguiente manera:

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Semántica Lic. María de los Ángeles
Pérez

meter: <1 2 3> (Agente, Tema, Locativo).


Esto quiere decir que el verbo meter requiere tres argumentos (<1 2 3>); al primero de
ellos le asigna el papel de AGENTE, al segundo de TEMA o paciente, en tanto que al tercero le
corresponde el papel de LOCATIVO o UBICACIÓN. Así queda reflejado en el siguiente
enunciado:
Juan Luis (agente) metió las cajas (tema) en el armario (locativo).
Igualmente, la ‘estructura argumental’ de dar en
Juan le dio la botella de colonia a su madre
sería: dar <1 2 3> (Agente, Tema, Receptor).»
[Alcaraz Varó, Enrique / Martínez Linares, María Antonia: Diccionario de lingüística
moderna. Barcelona: Editorial Ariel, 1997, p. 211]

Papeles o funciones temáticas


Los papeles temáticos que se pueden encontrar en las proposiciones son: agente,
causante o instrumento; paciente, tema u objeto; experimentante; beneficiario, entre otros.
• AGENTE: el participante que lleva a cabo la acción: Los jugadores corrieron
durante todo el partido.
• CAUSA: la entidad por la cual sucede un evento: El accidente nos hizo
disminuir la velocidad.
• EXPERIMENTANTE: es el participante que experimenta o percibe un proceso o
un estado emocional: Me duele la cabeza.
• PACIENTE (o TEMA): el participante que se ve afectado o desplazado por la
acción del agente: Los bomberos derribaron la puerta; Cristina lleva las sillas al salón.
• DESTINATARIO: el participante al que se dirige la acción: Los padres siempre
dan buenos consejos a sus hijos.
• BENEFICIARIO: el participante en cuyo beneficio se realiza la acción: Pedro
cocinó una cena muy especial a su mujer.
● INSTRUMENTO: el participante mediante el cual se lleva a cabo el evento: El ladrón
abrió la puerta con una ganzúa.
Otros papeles temáticos son: causante o instrumento; tema u objeto; posesor;
locativo, procedencia y destinatario complemento (esto dependerá de los diferentes autores
que se refieran a este tema).

Cubo de Severino, Liliana (et. al.). Leo pero no comprendo: estrategias de comprensión
lectora.

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Semántica Lic. María de los Ángeles Pérez

Clasificación semántica del verbo

96
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

Verbos de estado
Tipos de predicación
Según la naturaleza del predicado, una oración puede ser atributiva o predicativa.
Cuando el predicado expresa una cualidad del sujeto hablamos de una 'oración atributiva':
Maggie es la mamá de Gabrielita.
Patty está contenta con su trabajo.
La relación semántica entre el sujeto y el predicado en estos casos puede ser ecuativa
o identificativa, puede indicar una relación de inclusión, pertenencia o clasificación del sujeto,
o puede expresar una cualidad del sujeto.
'Oración predicativa', por otra parte, es aquella que expresa un fenómeno o situación
en los que participa el sujeto:
Pablo lee historietas de aventuras.
Guillermo estudió mucho este año.
El verbo puede ejercer una predicación completa o incompleta. Se tiene una
'predicación completa' cuando el verbo expresa por sí solo lo que se desea decir del sujeto:
El árbol floreció.

Función atributiva
Es la función sintáctica que expresa una cualidad, propiedad, estado o circunstancia del
sujeto a través de los verbos copulativos ser, estar y parecer. El atributo complementa al verbo
y al sujeto. Este y el atributo se hallan íntimamente ligados por el verbo. Ejemplos:
Cervantes fue un gran escritor.
Tu hermana está cansada.
Luis es rubio.
Muy altas son esas verjas.
Sus primos están bien.
Su cara parece triste.
• El atributo completa la información del sujeto y del verbo copulativo, y no se
puede eliminar de la oración. Si así fuera, la oración no tendría sentido, sería agramatical.
Ejemplo:
Ese entrenador de fútbol es severo. > *Ese entrenador de fútbol es.
• No es arbitrario que al atributo se le llame así. La palabra “atributo” significa “cada
una de las cualidades o propiedades de un ser”. Esta es la razón característica principal de esta
función sintáctica: atribuir una cualidad, propiedad, estado, circunstancia o condición al sujeto.
Muchas veces se caracteriza al verbo ser como carente de todo contenido léxico ya
que sólo expresa la equivalencia entre dos miembros que relaciona (A es B, A=B) y tiene un
valor identificador. El verbo estar, en cambio, presenta un contenido más o menos preciso de
“estado” con diversas facetas asociadas: localización (Juan está en casa), estado físico o
anímico (Juan está triste), resultado (El vaso está vacío). De esta manera se explica que admita
la sustitución por otros verbos. Se establecería así una menos confusa dicotomía entre el verbo
copulativo ser y el conjunto de verbos (incluido estar) que pueden también construirse con
predicativo: Estoy cansado, Lo vi cansado, Estos días trabajo cansado, Me encuentro cansado,
Me levanto cansado.

Función locativa
Los verbos ser, estar y parecer no siempre funcionan como copulativos o atributivos. A
veces pueden ser predicativos (es decir, no tienen atributo). En su uso predicativo, el verbo
estar significa “situación en el espacio o en el tiempo”; el verbo ser equivale a “ocurrir”,

97
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

“suceder”, “acaecer”, “pasar”, “existir”, “estar en un sitio”; y el verbo “parecer” tiene el


significado de “semejar” o “tener parecido o apariencia”.
Su primo está en la playa.
No estoy para nadie.
La fiesta fue en mayo.
Eso fue el año pasado.
Érase una vez...
Se parece a Iván.

Clasificación semántica verbal


Copulatividad
Estructuras atributivas: concepto de oración copulativa
-oraciones predicativas: el núcleo del predicado es el verbo a efectos sintácticos
(aporta morfemas verbales de temporalidad, modo, aspecto, número y persona; y puede tener
complementos argumentales) y a efectos semánticos (aporta el semantismo fundamental)
-oraciones copulativas: el núcleo del predicado es el atributo (centro léxico semántico);
y el verbo es un enlace o cópula entre el atributo y el sujeto; y aporta los morfemas verbales
El concepto de “verbo copulativo”: existe discrepancia respecto al grado de
“desemantización” de estos verbos.
1. – La mayor parte de los estudios determina que: verbos copulativos son ser, estar
(algunos añaden parecer, semejar –Alcina y Blecua–, quedar –Alarcos–)
2. – Otros consideran que dentro de los verbos copulativos están ser, estar, parecer y
semejar (Alcina y Blecua) y los verbos “pseudo-copulativos”: andar (anda enamorado),
resultar, seguir, hallarse [valor aspectual: duración, desarrollo], ponerse, volverse [estos dos
últimos indican un cambio de estado; valor aspectual: inicio].
Pareces una buena persona /// Juan anda enamorado /Resultó ileso / Sigue enfermo /
Se volvió loca
Los verbos pseudo-copulativos poseen valor aspectual (cosa que ser no), por eso es
conveniente marcar la diferencia entre los dos tipos de verbos; pero, al igual que ser, son
verbos “desemantizados” y aportan los morfemas de tiempo, modo, número, persona...
3. –Existe un tercer grupo de verbos: los “semi o cuasi–atributivos” o “semi o cuasi–
predicativos”:
(1) Llegó cansado / (2) La contemplaba atónito / (3) Consideró inadecuado el
razonamiento
Estos verbos no están “desemantizados” y el predicado nominal es un predicado
secundario, un predicativo (adjunto, según Fdez. Leborans, es decir, lo que para otros son C.C.
de modo –dos primeros ejemplos–; o seleccionado por el verbo –tercer ejemplo–), y no es por
tanto la base léxica del predicado oracional; por lo que no es adecuado considerar estas
estructuras propiamente copulativas.
Estos tres grupos de verbos (copulativos, “pseudo-copulativos” y “semi o cuasi–
atributivos) comparten una característica: una relación de atribución (en todas hay un
predicado nominal, secundario o no). Por ello, podemos hablar de oraciones atributivas en los
tres casos (pero solo serían copulativas las dos primeras: ser, estar…; andar, resultar, seguir…).
“De modo que, si bien las oraciones copulativas son atributivas, no todas las
construcciones atributivas son copulativas; y únicamente deben ser caracterizadas como
copulativas las oraciones que contienen un verbo de significado exclusivamente aspectual o un
verbo copulativo puro. En consecuencia, la determinación de tales verbos como atributivos no
es muy afortunada” (Fernández Leborans, 1999: 2361).

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Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

Transitividad e intransitividad
Las gramáticas tradicionales describen la distribución de los argumentos en términos
de la “transitividad” del predicado con el que están relacionados. Los predicados intransitivos
seleccionan un solo argumento, los transitivos seleccionan dos argumentos y los ditransitivos
tres argumentos. Estos tres tipos de predicados se ilustran a continuación mediante
predicados verbales:
INTRANSITIVOS
a. Juan durmió.
b. Los niños bailan.
c. Llega el tren.
TRANSITIVOS
a. María compró pan.
b. Susana construyó una casa.
c. Los estudiantes saben la respuesta.
DITRANSITIVOS
a. Pedro le mandó un paquete a José.
b. El perro le dio un mordisco al hueso.
El término “ditransitivo” se usa normalmente para predicados que tienen tanto un
objeto directo como un objeto indirecto, además de un sujeto. También hay predicados que
aparecen con un objeto directo y un sintagma preposicional locativo, como

Susana dejó el lápiz en la mesa,

que tienen tres argumentos, pero que tradicionalmente no se consideran


ditransitivos.2
La noción de transitividad describe el número de argumentos que se requieren para
que el significado del predicado sea completo. Por ejemplo, el verbo ditransitivo mandar exige
el individuo que lleva a cabo la acción (Pedro), otro que se someta a la acción (el paquete), y
una persona o lugar que indique el punto final del envío (José). El número de argumentos que
exige un predicado dado es una propiedad léxica del predicado, lo cual significa que el número
de argumentos que se exigirán no es predecible sino a partir del significado de la propia pieza
léxica. La entrada léxica para cada predicado incluye la especificación de la transitividad, a
menudo llamada estructura argumental predicativa o simplemente estructura argumental. La
estructura argumental de una pieza léxica especifica el número de argumentos exigidos. La
estructura argumental de la pieza ha de estar satisfecha cuando ésta se inserta en una
derivación sintáctica, garantizando que el predicado no se usa en estructuras en las que haya
demasiados argumentos o demasiado pocos.
La estructura argumental se expresa en las piezas léxicas en términos de uno o más
papeles semánticos asignados por un predicado dado. Por ejemplo, un verbo ditransitivo como
mandar asigna un papel Agente (el que envía), un Tema o Paciente (la cosa enviada), y una
Meta (el punto final); el verbo intransitivo bailar selecciona un Agente, etc.
a. mandar: Agente, Tema, Meta3
b. bailar: Agente
c. comprar: Agente, Tema
d. saber: Experimentador, Tema
La especificación de estos roles, llamados Papeles Temáticos o papeles θ, indica en
cada entrada léxica tanto el número de argumentos exigidos por un predicado, como el papel
semántico específico que cada argumento tiene en relación con el predicado.»
2
En este autor, los CIRC son considerados un argumento más.
3
Este autor agrega el papel temático Meta en lugar de Paciente.

99
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

[Zagona, Karen: Sintaxis generativa del español. Madrid: Visor Libros, 2002, p. 88-89]

La transitividad
Mientras que toda cláusula tiene sujeto, sólo algunas tienen objeto. Las cláusulas que
contienen un objeto directo se denominan transitivas; las que carecen de objeto directo son
las intransitivas. Tradicionalmente también se clasifica a los verbos en transitivos e
intransitivos. Sin embargo, la separación entre verbos transitivos e intransitivos no es neta. Si
bien hay verbos que no pueden prescindir de su objeto, como obtener, difundir o reconocer,
otros considerados transitivos sí pueden hacerlo. Del mismo modo, mientras que algunos
verbos son siempre intransitivos como ir o crecer, otros, normalmente intransitivos, admiten la
presencia de un objeto. Por eso muchos gramáticos plantean que, en lugar de verbos
transitivos e intransitivos, corresponde hablar de empleos transitivos o intransitivos de los
verbos. Habría, pues, grados de transitividad. Veamos esos casos intermedios:

Intransitividad
Se reconocen dos tipos de verbos intransitivos: los intransitivos propiamente dichos o
inergativos, en los que el sujeto sintáctico coincide con el semántico (trabajar, sonreír,
bostezar) y un segundo grupo, los inacusativos o semideponentes en que el sujeto sintáctico
comparte algunas características con el O.D.
Distinguimos dos tipos de verbos inacusativos: los intransitivos (caer, morir, nacer,
licuar, faltar, sobrar) y aquellos que son neutros en cuanto a la transitividad, los ergativos.
Estos pueden ser tanto transitivos como intransitivos (no pronominales bajar, aumentar,
mejorar, empeorar y pronominales romperse, fundirse, congelarse, enfriarse, ensuciarse).

Pasivización
Las oraciones pasivas son construcciones que reducen la estructura argumental del
predicado semántico al eliminar el argumento externo o degradarlo como SP omisible (el
complemento agente). Por otra parte, el sujeto de la pasiva corresponde al objeto directo de la
activa. Estos cambios van acompañados por una morfología particular. El verbo es sustituido
por su participio precedido por el verbo ser, que forman una perífrasis o frase verbal. Las
relaciones entre una oración activa y su correspondiente pasiva pueden representarse del
siguiente modo:

(7) sujeto [sv verbo + objeto directo]

Los palestinos secuestraron a un funcionario israelí


[sv ser + participio + sujeto] [complemento agente]
Fue secuestrado un funcionario israelí por los palestinos.

100
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

El sujeto puede aparecer también antepuesto al verbo (Un funcionario israelí fue
asesinado por los palestinos). Como vemos, entre la activa y la pasiva median, además de las
diferencias funcionales representadas, una serie de cambios: orden de los constituyentes,
eliminación de marcas de función –a del objeto directo– y aparición de otras –por y ser.

Tipos de oraciones según el sujeto: pasivas e impersonales

1) Oración activa
No es un término apropiado, porque se refiere a oraciones cuyo sujeto puede ser un
agente (verbos de acción); pero también son posibles otros papeles semánticos en la misma
función:

María tiene quince años –> “María”: sujeto con el rol de tema conocido + SV/Pred (V +
CD)

Pedro ha disfrutado de la película –> “Pedro”: sujeto experimentador + SV/Pred (V +


CRég)
Incluso puede tratarse de un sujeto paciente, aunque la estructura de la oración no sea
pasiva:

Pedro sufrió un accidente –> “Pedro”: sujeto con el rol de paciente + SV/Pred (V+ CD)
Así pues, se trata de oraciones transitivas o intransitivas.

2) Oración pasiva perifrástica


Se llama así porque el verbo consiste en una perífrasis pasiva, formada por
Verbo auxiliar: SER + Verbo principal en participio.

Ej. fue localizado

Se construye con DOS ARGUMENTOS


- un sujeto paciente
El niño de mi vecino

- la mayoría de las veces, un complemento agente: SPrep introducido por la


preposición por
por la Guardia Civil
Puede llevar uno o varios ADJUNTOS
en el bosque
de madrugada

¿Cuándo se utiliza esta construcción? Si se desea destacar el PACIENTE en primer lugar


(como argumento principal: es decir, sujeto de la oración), a la vez que nos referimos al
AGENTE de manera explícita.

3) Oración pasiva refleja


En castellano es mucho más frecuente otra construcción, en la que también el
PACIENTE es el protagonista, pero el agente no se expresa, ya sea porque es conocido por los
interlocutores, ya sea porque se prefiere ocultarlo.

101
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

Se construye por medio del morfema SE (no confundir con el pronombre homófono) y
el verbo que corresponda:
se rompieron
ARGUMENTO ÚNICO: SUJETO
Las ventanas
ADJUNTOS
el día de la tormenta

4) Oración impersonal
Sería más apropiado llamarla “oración sin sujeto”. El verbo se conjuga en 3ª persona
del singular, pero no hay un “sujeto omitido” o elíptico, que pudiera hacerse explícito.

4.1) CON UN SOLO ARGUMENTO: COMPLEMENTO DIRECTO


- Verbo haber, que se utiliza siempre en 3ª persona del singular, sea cual sea su
tiempo: hay, hubo, había, habrá.
Hay mucha niebla.
- Verbo hacer, cuando indica una situación atmosférica o climática:
Hace frío y viento.

4.2) SIN ARGUMENTOS


Verbos que señalan un fenómeno natural
Amanece
Ha anochecido
Llueve
Nieva
Tiembla (en Hispanoamérica)
Pueden ir acompañados de uno o varios ADJUNTOS:
Ha llovido mucho en mi pueblo.
Aquí anochece muy temprano.

5) Oración impersonal refleja


También es bastante frecuente en nuestra lengua. No se confunde con la oración
pasiva refleja, aunque ambas utilizan el morfema SE como marca sin valor pronominal.
¿Cómo distinguirlas?
- El verbo aparece en 3ª persona del singular, como en todas las oraciones
impersonales.
Se dice
Se nota
Se habla
- ÚNICO ARGUMENTO: COMPLEMENTO DIRECTO o COMPLEMENTO DE RÉGIMEN.
Muchas veces realiza dicha función una proposición subordinada introducida por la
conjunción que
que estamos saliendo de la crisis.
el cambio de gobierno.
de una revolución pacífica.

¿Con qué intención se utilizan estas oraciones? Desde luego, no se refieren a


fenómenos naturales. El hablante pretende manifestar una opinión general o una postura
colectiva.
Se ha tratado bien a los invitados.
Se los ha tratado bien.

102
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

Se os echa mucho de menos.

Tulio. Manual de gramática

La fuerza semántica de la sintaxis:


tematización, pasivización y
nominalización.
Intencionalidad de los enunciados
El término ‘intencionalidad’ es el ‘significado comunicativo del enunciado’. En una
segunda acepción equivale a la ‘no neutralidad’ del significado de los enunciados (Yus, 2001).
Por ejemplo, no se produce el mismo efecto comunicativo cuando digo “En mi casa mando
yo”, que en “Yo mando en mi casa”. El cambio de orden sintáctico ha generado diferentes
efectos semánticos. En ambas acepciones del término ‘intencionalidad’ estamos haciendo
referencia al significado del enunciado o a alguno de sus aspectos semánticos. De acuerdo con
la intencionalidad del interlocutor, la sintaxis puede ofrecer estrategias para la manipulación
de la información contenida en el enunciado, tanto para resaltar algún dato referido al
acontecimiento o sentimiento al que hace referencia, como para ocultarlo, diluirlo u obviarlo.
Para resaltar la información comentaremos la estrategia sintáctica llamada tematización, y
para ocultarla, la pasivización y la nominalización.

El realce de algún elemento constitutivo de un acontecimiento. La


tematización
La fonética posee varios recursos, como el acento o el tono, para lograr el efecto de
mayor realce de una o varias palabras del enunciado. El acento fonético se consigue dando
mayor intensidad a una unidad léxica sobre las otras, y el tono, mediante la inflexión o cambio
de melodía dentro de una palabra, pasando, por ejemplo, de una curva melódica ascendente a
otra descendente o a otras más complejas, como la ascendente-descendente, etc.
La sintaxis posee igualmente varias estrategias comunicativas como la tematización. El
término ‘tema’ en lingüística tiene varias acepciones. Una de ellas es la de unidad de arranque
de un enunciado. En los ejemplos arriba citados, el tema o unidad de arranque no es el mismo
en «En mi casa mando yo», que en «Yo mando en mi casa». El que la unidad de arranque sea
una u otra tiene varias consecuencias semánticas, entre las que destacamos la de realce
informativo, y no sólo ésa, sino también la asunción de que es la pieza informativa conocida
por los interlocutores, a partir de la cual se ordenará sintácticamente el resto de la
información. Por tanto, tres son, al menos, los rasgos que posee un tema: (a) el realce de una
pieza informativa de un enunciado respecto de las otras, (b) la aceptación de que esa
información es compartida por los interlocutores, y (c) la forzada ordenación sintáctica del
resto de unidades léxicas en concordancia con la unidad de arranque.
A la estrategia comunicativa mediante la cual pasan a posición temática o de arranque
del enunciado, es decir, se convierten en tema algunos constituyentes que no suelen estar en
posición inicial, se la llama tematización, que es uno de los muchos recursos sintácticos de los
que se sirve la intencionalidad, en su acepción número dos, de no-neutralidad. Dicho con otras
palabras, la tematización es un proceso sintáctico mediante el cual pasa a tema, con las
consecuencias antes señaladas, un constituyente que normalmente no asume ese papel en la

103
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

ordenación oracional más frecuente o esperada; esta última ordenación técnicamente se llama
‘no marcada’, frente a la tematización, que sería la “ordenación marcada”. Habrá tematización
siempre que se seleccione como tema y, por tanto, se marque como tal un constituyente que
no sea el sujeto de la oración, como en los ejemplos: “Esa melodía la tocó Sam en Casablanca'
o “Al policía le he mostrado mi pasaporte”.

La ocultación de algún elemento del acontecimiento. La pasivización y


la nominalización

La pasivización, expresada de una forma simple, es la conversión de una estructura


oracional transitiva en una oración pasiva. Desde un punto de vista comunicativo la
pasivización es un proceso organizativo del mensaje que responde a la pérdida de interés
informativo por el agente de la acción y, por tanto, es uno de los muchos recursos empleados
para quitar relevancia al citado agente (Fowler, 1986). Analizada desde la sintaxis, la finalidad
de la pasiva consiste simplemente en cambiar el orden de los dos sintagmas nominales
principales de la oración; el que está a la derecha del verbo, que corresponde a la posición del
objeto directo, pasa a la izquierda, y se apodera de la posición normalmente ocupada por el
sujeto, y el de la izquierda ocupa la posición de la derecha del verbo.
Sin embargo, desde un punto de vista ideológico, el objeto de la pasivización es mucho
más sutil en los textos periodísticos, jurídicos, políticos, etc. Siguiendo a Fowler, la pasiva sirve
para reorientar el relato de algún acontecimiento y permite que se omita parte de la
información que estaba en la oración activa; ello explica, por ejemplo, el que en el lenguaje
periodístico sea una forma empleada en los titulares de prensa. En las aseveraciones de tipo
científico existe igualmente la tendencia a borrar al agente de una acción o a ocultar su
identidad, con el fin de dar mayor relieve al efecto o resultado de la acción, que por supuesto
es más importante que el agente de la misma. Esta tendencia a ocultar o a borrar la identidad
del autor de un logro científico está basada, según Myers, en la universalidad de la ciencia, ya
que cualquier teoría, creencia o afirmación podría ver debilitada su validez científico-técnica
cuando es atribuida a un autor o agente. Al desaparecer la persona, de por sí pasajera, el
descubrimiento científico se acerca a la permanencia. (Un procedimiento de pasivización se
presenta en la oraciones impersonales)
La nominalización, por su parte, es una transformación que reduce a sustantivo toda
una oración. Al convertir toda una oración en un nombre puede obviarse la expresión de la
modalidad, así como el conocimiento de los participantes personales, con lo que su
responsabilidad puede desaparecer o quedar diluida. La nominalización es también un recurso
corriente en los textos científico-técnicos, y su finalidad es presentar de forma resumida, por
medio de un nombre, todo el proceso que se ha descrito previamente por medio de un
predicado verbal largo. Además, en estos cambios, un verbo que significa un ‘proceso’ se
convierte en un nombre que significa un ‘estado’, y una actividad concreta se convierte en un
objeto abstracto. Sin embargo, la forma en que la nominalización elimina algunos datos al igual
que la de la pasiva, no es ingenua. Por ejemplo, la palabra admisión esconde referencias
personales como «yo admito a Vd.» en enunciados como «La admisión de los alumnos se hará
de acuerdo con su expediente académico», ya que omite mucha información importante de la
oración, como pueden ser los participantes (quien hizo qué a quien), el tiempo y el aspecto
verbal, la modalidad etc. Como ha demostrado Roger Fowler en textos que tengan un gran
peso ideológico (los de la prensa, los de política y derecho, etc), la nominalización está cargada
de gran intencionalidad, dado que su objetivo no es otro que el de ocultar la identidad del
autor de la acción y, por tanto, eludir o diluir su responsabilidad.

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Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

UNIDAD 4: Significado del enunciado.


Síntesis de la Teoría de la Enunciación de
Benveniste
Benveniste desarrolla su teoría como una crítica a la concepción instrumental del
lenguaje. Para el lingüista, el lenguaje está en los fundamentos de la propia naturaleza
humana.
Es “en el lenguaje como el hombre se constituye como sujeto, porque el solo lenguaje
funda en realidad, en su modalidad que es la de ser, el concepto de ego”.
El hombre se constituye en su acto de decir: un sujeto hablante dirige su discurso a
otro. Esta condición dialógica es inherente al lenguaje mismo.
Benveniste esgrime tres argumentos para plantear la subjetividad del lenguaje:
1-La polaridad de las personas (yo/tú): el acto de decir funda al sujeto hablante y al
otro en el ejercicio del discurso.
2- La presencia de deícticos que son las “marcas” en el discurso de las relaciones
espaciales y temporales en torno al sujeto (demostrativos, adverbios y adjetivos).

105
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

3- Expresión de la temporalidad: el tiempo presente no puede definirse si no es por


referencia a la instancia de discurso que lo enuncia.
“El lenguaje es pues la posibilidad de la subjetividad por contener siempre las formas
lingüísticas apropiadas a su expresión y el discurso provoca la emergencia de la subjetividad”.
El sujeto hablante del que habla Benveniste no preexiste ni se prolonga más allá del
discurso sino que se constituye en el marco de su actitud discursiva.

Enunciado y enunciación
En todo enunciado, sea éste de la naturaleza y de la extensión que fuere -verbal o no
verbal, una frase o un relato- es posible reconocer siempre dos niveles: el nivel de lo
expresado, la información transmitida, la historia contada esto es, el nivel enuncivo, o bien lo
enunciado; y el nivel enunciativo o la enunciación, es decir, el proceso subyacente por el cual lo
expresado es atribuible a un yo que apela a un tú. Así, en el enunciado en una manifestación
discursiva cualquiera, reconocemos lo enunciado y la enunciación.
El enunciado puede concebirse como una materialidad perceptible realizada con
cualquier sustancia expresiva, ya sea verbal –oral o escrita- o no verbal -gestual, icónica,
sonora, sincrética, etc. El enunciado conlleva dos niveles, de los cuales uno es explícito, lo
enunciado, aquello que es objeto del discurso, y el otro, implícito, la enunciación, presupuesta
por todo enunciado en la medida en que todo discurso proviene de un yo que destina su
alocución a un tú.
El nivel enuncivo, que aquí llamamos "lo enunciado” -sirviéndonos de los matices del
español que nos permiten distinguir entre el enunciado y lo enunciado- puede verse también
como el objeto manifiesto de toda enunciación. Así Greimas (1996) considera que la
enunciación posee la misma estructura que un enunciado, esto es, que se compone de sujeto,
verbo y objeto, siendo el sujeto de la enunciación el yo-tú subyacente a todo enunciado, el
verbo de la enunciación aquél que designa el acto enunciativo, o sea, decir, y el objeto de la
enunciación, el propio enunciado.
En el ejemplo comentado por Greimas, la frase
Estoy enfermo
podemos sacar a luz la cláusula Yo (te) digo que..., la cual subyace a todo enunciado y
además, reconocer el objeto del discurso manifiesto en ese "estoy enfermo”.
Esto implica que habrá una estructura de sujeto/verbo/objeto del enunciado, como así
también, en otro nivel, una estructura de sujeto/verbo/objeto de la enunciación.
María Isabel Filinich. Enunciación. Eudeba

Coherencia y cohesión
La coherencia ha sido marcada como una cualidad inherente a la textualidad, es decir
que hay texto cuando hay coherencia. ¿Qué es la coherencia?
El diccionario etimológico da cuenta de las palabras coherencia y cohesión en relación
al verbo latino haerere que significa ligar, estar unido. Empleadas en el ámbito de la
textualidad, siguen en grandes líneas manteniendo el significado que les otorga el diccionario
de la lengua, es decir, cohesón = adhesión y coherencia = propiedad de algo por la cohesión
(todos los enlaces considerados arriba, son justamente, marcas de cohesión que determinan la
coherencia).
Para algunos autores, la coherencia es "un principio para la interpretación del
discurso". La gramática tradicional y la estructural, al centrarse en el sistema como tal, sin
considerar el funcionamiento real e in situ, el empleo hecho por una persona determinada en
un lugar y circunstancia determinados, tenía un ángulo de visión estrecho para abordar el
estudio de la coherencia. En efecto, la coherencia va mucho más allá de la mera

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Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

gramaticalidad-semanticidad del sistema empleado porque ES UNA CONDICIÓN TAMBIÉN


PRAGMÁTICA DEL USO COMUNICATIVO. Así, por ejemplo, si se dice "La noche está estrellada,
haremos la cabalgata" es considerado un texto coherente, lo que no sucedería, prima facie,
ante la afirmación "la noche está estrellada, no hay naranjas en la heladera" ¿qué ha sucedido
en uno y otro caso? En el primero, la experiencia del mundo que ya se tiene hace recomponer
la situación y sus secuencias; en el segundo, en cambio, se carece de un conocimiento o
circunstancia que haga ligar las dos proposiciones; si ese conocimiento llegara, si la
circunstancia fuera, por ejemplo, estar en una casa y saber que a los moradores de ella les
gusta tomar jugo de naranja cuando la noche está estrellada, el \ y\p texto se vuelve
inmediatamente transparente en su coherencia.\
ES entonces muy importante el conocimiento del mundo para la interpretación del
texto. Así, por ejemplo, las secuencias temporales, de una narración podrían estar
perfectamente expresadas en la gramática pero inaceptablemente enlazadas en el cuadro
configurado que se tiene de las acciones y el orden de sucesividad (del tipo "pelamos la
manzana y la cernimos" frente a "comimos la manzana y la pelamos". Entonces, es también
condición de la coherencia de un texto que todo elemento que vaya apareciendo en él, todo
cambio que se vaya operando, se realice dentro de lo que se espera, según lo que ya se conoce
Es lo que R. De Beaugrande y W. Dressler tratan bajo la denominación de aceptabilidad("lo que
es realmente aceptado en la comunicación") que distinguen de la "gramaticalidad" ("lo que
está estipulado por una gramática abstracta”)
Para que un texto sea coherente/la coherencia tiene que darse semánticamente tanto
entre las oraciones como entre las secuencias y en la totalidad del texto. Para que ello ocurra,
el productor/receptor debe realizar una serie de OPERACIONES COGNITIVAS como la de
identificación, clasificación, jerarquizaron, extrapolación, relación-generalización (por ej.,
relaciones de causa, efecto temporalidad, jerarquizaciones de los conceptos más/menos
abarcativos, subsunciones, asunciones; inferencias de lo dicho o de lo presupuesto, etc.).
Viramonte de Ávalos, Magdalena. La nueva lingüística en la enseñanza media.

Otros autores sobre coherencia –cohesión: La cohesión establece las diferentes


posibilidades en que pueden conectarse entre sí, dentro de una secuencia los componentes de
la superficie textual. La coherencia por su parte, opera en la estructura profunda del discurso.
Es producto de los procesos cognitivos que realizan los usuarios en la puesta en
funcionamiento de los textos. Regula la posibilidad de que sean accesibles entre sí e
interactúan de modo relevante los componentes del Mundo Textual, es decir la configuración
de los conceptos y de las relaciones que subyacen bajo la superficie del texto.
Significado microestructural: coherencia local4
La coherencia local es una propiedad del discurso que puede definirse como las
relaciones semánticas que se establecen entre las oraciones sucesivas de un texto. El
establecimiento de tal coherencia local, según van Dijk y Kintsch (1983) es estratégico.
Los lectores no procesamos una microestructura, es decir, la estructura formada por
dos oraciones completas, sin intentar establecer entre ellas una relación de coherencia. Por el
contrario, intentamos relacionar fragmentos de la nueva oración con elementos de la oración
ya procesada, aplicando estrategias de coherencia local.
Denominamos estrategias de coherencia local o estrategias microestructurales a los
procesos mentales que aplicamos con la finalidad de comprender qué relación semántica existe
entre dos oraciones que aparecen en un texto una a continuación de la otra.
4
En los modelos de la lingüística del texto, especialmente en las reflexiones de Teun Van Dijk, el texto es una unidad
de comunicación que organiza el contenido y las formas en dos tipos de estructuras: la superestructura, que da cuenta
del esquema composicional del texto, y la macroestructura, que da cuenta del contenido semántico del texto. Ahora
bien, este tipo de modelo de representación de la narración que ha tenido una impronta muy importante en los
estudios de la lengua, presenta una importante limitación ya que, para el análisis de los textos, sólo considera la
organización sintáctica y semántica interna, es decir que excluye las condiciones externas de producción.

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Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

En términos generales, puede afirmarse que una secuencia de oraciones es coherente


si tales oraciones denotan hechos que están relacionados en algún mundo posible, tal como se
ha afirmado anteriormente.
Las relaciones entre oraciones o entre constituyentes de oraciones son relaciones de
significado, es decir, relaciones vinculadas con los conceptos que se expresan (relaciones
intensionales5), y relaciones referenciales, es decir, relaciones vinculadas con los objetos que
se denotan (relaciones extensionales). En relación a esto, la cohesión textual se presenta
cuando la relación entre las palabras, oraciones y párrafos del texto, están correctamente
unidas por mecanismos de cohesión (Conectores, Referencia, Pronominalización, etc).
Salvo de Vargas, María Estela. Leo pero no comprendo

Cohesión
La cohesión es la representación sintáctica, semántica y pragmática de los procesos de
conectividad señalados en el texto. Estos elementos pueden estar implícitos o explícitos. En el
primer caso sólo se tratará de enlaces semánticos o pragmáticos, pero que aseguran una
ligazón lingüística significativa. En cuanto a los elementos cohesivos explícitos aparecen en la
superficie textual.

Cohesión referencial y secuencial

Cohesión referencial
Definimos como cohesión referencial a aquella en que un elemento de superficie del
texto remite para su interpretación a otros elementos incluidos en el mismo texto:
El hombre caminaba lentamente. Ni él sabía dónde se dirigía.
él es la forma referencial o referida, el hombre es el elemento de referencia o
referente. El referente puede ser un nombre, un sintagma, un fragmento de oración, una
oración completa o toda una secuencia.
Los ítems referidos pueden ser correferenciales o no. Son correferenciales si existe
identidad referencial entre la forma referida y su referente textual:
Pedro viajó ayer. Él llevó tres valijas, (correferencia)
Esta correferencia no se da en todos los casos:
La corbata del uniforme de Pablo está vieja y arrugada. La mía está nueva.
"La mía" remite a una identidad referencial diferente de la que aparece en el texto
precedente, no correfiere en sentido estricto con el referente textual. Es, sin embargo, un ítem
que conlleva la instrucción de buscar la información, en otra parte. Es decir, cumple con la
condición principal exigida a la referencia.
El problema de la identidad absoluta de la forma referida respecto de su referente
textual es complejo y se presta a discusión. Benveniste (1984) sostiene que el referente se
construye en el desarrollo del texto. El referente representado por un hombre o un SN, va
incorporando nuevos rasgos a medida que el texto avanza, modificándose en cada ocurrencia.
Es decir, el referente se (re)construye en el texto a través de los elementos referidos.

5
En lógica, filosofía del lenguaje y otras disciplinas que estudian los signos y el significado, la intensión de una
expresión es su significado o connotación en contraste con la extensión de la misma, que consiste en las entidades a
las cuales la expresión se aplica. Por ejemplo, mientras que los predicados "presidente de los Estados Unidos" y
"Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos" tienen la misma extensión (refieren a la misma
persona), está claro que no tienen el mismo significado, es decir la misma intensión .

108
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

Distinguimos, entonces, en la cohesión referencial:


a) formas referidas
b) formas iterativas
c) elipsis

a) Son formas referidas, concordantes y libres, aquellas que no


poseen rasgos establecidos convencionalmente por la lengua; su
significación es ocasional y variable; se construye en el discurso mismo y
no está ligada a una sustancia de lengua sino de habla, es decir, a su
referente textual.
1) Son formas concordantes, aquellas que acompañan al nombre determinándolo,
concuerdan con él morfológicamente y constituyen sintagmas nominales. Incluimos aquí los
artículos, los pronombres, demostrativos, posesivos, indefinidos, interrogativos, relativos y los
numerales cardinales y ordinales cuando forman SN.

a) Artículo: determinantes: el, la, los, las indeterminantes: un, una, unos, unas
De un modo general, se puede decir que el artículo indeterminante funciona como
catafórico y el determinante como anafórico. El artículo determinante puede referir también a
elementos que forman parte de los conocimientos generales de los interlocutores (la luna, el
cristianismo, etc. así como a géneros o clases (los chicos son inquietos)) aun cuando no hayan
sido mencionados en el cotexto precedente.
Un dato revelador de la situación del país es el empobrecimiento gradual de la clase
media.
Vimos a un desconocido frente a la puerta de casa Cuando nos acercamos, el hombre
salió corriendo.
b) Pronombres demostrativos
este-a, os-as
tal-es ese-a-as-os
aquel-a, os-as
Tuvimos la colaboración de todo el barrio. Esa colaboración maravillosa de la gente
nos conmovió.
El discurso del presidente fue muy duro. Tal discurso hubiera sido impensable un año
atrás.
c) Pronombres posesivos
mi(s), tu(s), su(s) nuestro-a(s), vuestro-a(s), suyo-a(s)
Jorge no trajo auto. Su auto está con problemas. Los maestros retomaron la lucha. Sus
propuestas no fueron escuchadas.
d) Pronombres indefinidos: algún, ningún, todo, varios, otros, etc.
El parlamento trató la prórroga de las leyes de emergencia. Algunas leyes fueron
sancionadas mientras que para otras leyes se negó el quorum.
e) Pronombres interrogativos ¿qué?, ¿cuál?, ¿cuánto?
Los diputados se reunieron para tratar diversos temas. ¿Qué temas se eligieron?
Vendió libros en la Plaza Pringles. ¿Cuántos libros habrá vendido?
Estaba en duda entre varios colegios. ¿En cuál colegio lo habrá anotado finalmente?
f) Pronombres relativos de cuyo
La lancha chocó contra un árbol cuyas ramas apenas aparecían en la superficie.
g) Numerales cardinales y ordinales

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Semántica Prof. María de los Ángeles
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¿Podrías mandarme los primeros alumnos que lleguen? Necesito dos alumnos para
grabar las entrevistas y cuatro alumnos para desgrabarlas.

2) son formas libres aquellas que no acompañan al nombre dentro de un SN, pero que
son utilizadas para hacer referencia anafórica o catafóricamente a uno o más constituyentes
del universo textual. Se trata de formas pronominales propiamente dichas o pro-formas. Son
los nombres personales de 3o persona, los demostrativos, posesivos, indefinidos,
interrogativos, relativos, los numerales cardinales, ordinales, partitivos y múltiplos y los
pronombres adverbiales.
a) Pronombres personales de 3' persona
él-lo le se ellos-los les se
ella-la ellas-las
ello-lo
Estos pronombres proporcionan instrucciones de conexión respecto del elemento de
referencia con el cual se debe establecer la conexión. Cuando son anafóricos señalan hacia un
determinado SN del contexto precedente. En el caso de que hubiera más de un SN que por
razones de concordancia pudiera constituir el referente, desempeñan un papel importante las
indicaciones referenciales de las predicaciones hechas sobre un elemento, para decidir cuál de
los posibles referentes es el que corresponde:
El juez condenó al coronel a diez años de prisión. Él consideró que esa pena era la que
correspondía a la magnitud del delito.
El juez condenó al coronel a diez años de prisión. Él piensa apelar.
Los chicos de 5o año viajaron. Ellos vuelven a fin de mes.
En este último ejemplo la referencia podría establecerse por medio de elipsis y de
hecho es lo más usual en español:
Los chicos de 5o año viajaron. 0 Vuelven a fin de mes.
b) Pronombres demostrativos este-a-os-as
esto
tal-es
ese-a-os-as
eso
aquel-a-os,as
aquello
Un hombre pasó corriendo. Pensé que no era ese porque no tenía saco.
c) Pronombres posesivos
mío-a(s), tuyo-a(s), suyo-a(s), nuestro-a(s), vuestro-a(s), suyo-a(s) (pueden aparecer
solos o con artículo)
Vino sin paraguas, así que le presté el mío. Le devolví los libros porque todos eran
suyos.
d) Pronombres indefinidos
todo, todos, ninguno, varios, alguien, nada, etc.
Repitió la misma pregunta a todos los alumnos. Ninguno supo responder.
e) Pronombres Interrogativos
¿qué?, ¿cuánto(s)?, ¿cuál(es)?, ¿cuándo?, ¿dónde?
Prácticamente desconocemos el continente africano. ¿Cuántos y cuáles son los países
que lo integran?
f) Pronombres relativos
que, (él, la, los, las) que, cual, (el, la, los, las) cual, quien, donde, cuánto.
Este es un trato al cual yo no estoy acostumbrado.
g) Numerales
Cardinales y ordinales

110
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

Gabriel y dos amigos rindieron bien. Los tres sacaron distinguido.


Enfrente había una hilera de árboles. El primero era un lapacho de flores amarillas.
Múltiplos
Compramos un ventilador en 30 $. En otro negocio valía el doble.
Partitivos
El presupuesto fue distribuido de la siguiente manera; un tercio para mantenimiento y
dos tercios para sueldos.
h) Pronombres adverbiales
Son formas tales como: allí, aquí, acá, donde, ahí, así, etc.
Fue al hospital Español a las seis de la mañana y allí se quedó.
Luciano dice que no puede gastar más de lo que se gana Es una lástima que su mujer
no piense así.

Formas endofóricas y exofóricas – anafóricas y catafóricas


El señalamiento que realizan las formas concordantes y libres es endofórico:

Juan Goytía salió libre. Siempre dije que ese hombre era inocente.
Lejos se veía la estación. Sabía que allí me esperaba
Sin embargo pueden presentarse casos en que señalan exofóricamente:
Ahí está la pelota.
El hombre para conseguir esa libertad que busca tiene que luchar mucho.

También los pronombres personales de 1o y 2o persona son exofóricos porque


remiten a elementos situacionales. La referencia endofórica o cotextual puede ser anafórica o
catafórica, según señale hacia atrás o hacia adelante en el texto:
Conecte el aparato. Colóquelo sobre la madera que desea cortar.
anáfora
...porque trabaja así, moviéndote el piso.
Catáfora

b) Son formas iterativas las que poseen ciertos rasgos


definitorios que les confieren una significación establecida
convencionalmente por el sistema de la lengua. Además de proporcionar
instrucciones de conexión, proveen indicaciones en el nivel de la
referencia. Estas formas poseen ciertos rasgos definitorios que le
confieren una significación establecida convencionalmente por el sistema
de la lengua.

¿Cómo establecen la cohesión textual? Por reiteración. Halliday y Hassan sostienen


que la reiteración es una forma de cohesión que involucra la repetición de un ítem lexical. 6
Realizan una gradación que abarca desde la repetición del mismo ítem, pasando por
sinónimos, cuasisinónimos, hiperónimos y palabras de referencia generalizada. Más adelante
afirman que los límites entre este tipo de cohesión lexical y la cohesión gramatical,
específicamente la referencia, es muy difuso, no están bien demarcados. Considerando este

6
Se denomina isotopía semántica a toda iteración de una unidad lingüística. Es un término relacionado
con la coherencia y extraído de las teorías de Greimas y de Rastier y su Semántica interpretativa.

111
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

aspecto, y teniendo en cuenta la estructura del español, incluimos esta clase de elementos
cohesivos dentro de la cohesión referencial.
Clasificamos las formas iterativas en:
a) repetición del mismo ítem lexical
1. Puede darse con lexema idéntico con o sin cambio de determinante;
Los perros tienen un olfato privilegiado. Por eso los perros son excelentes auxiliares de
la policía.
El maleante disparó un tiro. Ese tiro hirió a la mujer que vendía diarios.
2. Puede darse también como una nominalización de verbos anteriormente
citados o viceversa:
Los andinistas ascendieron mientras había sol.
El ascenso fue dificultoso.

b) sinónimos o cuasi-sinónimos
Sábato cumplió sus 80 años. El escritor de Sobre héroes y tumbas recibió múltiples
muestras de afecto.
Expresiones de este tipo sólo pueden ocurrir en contextos en los que el referente y un
nombre propio sean equivalentes. La comprensión de los cuasi-sinónimos es más efectiva si los
participantes comparten los marcos. Cuando la correferencia es de gran precisión
enciclopédica, se presentar dificultades:
Por ejemplo:
1. Napoleón fue desterrado. El vencido de Waterloo murió en el exilio.
2. Napoleón fue desterrado. El vencedor de Austérlitz murió en el exilio.
3. Napoleón fue desterrado. El propulsor del Código Civil y Penal murió en el
exilio.
La dificultad va aumentando desde la oración 1 a la 3.
c) Hiperónimos
Historia, Matemática y Física son las materias que más, me cuestan.
d) palabras de referencia generalizada
Son casos límite entre un ítem lexical miembro de un conjunto abierto y un ítem
gramatical miembro de un conjunto cerrado. Tienen un significado propio pero no preciso. Es
difícil mostrar sus alcances.
Palabras de referencia generalizada: gente, persona, hombre, mujer, objeto, materia
cosa, asunto, idea, hecho, fenómeno lugar, sitio.

c) La elipsis es una sustitución por 0 (cero): se omite un ítem


lexical, un sintagma o una oración fácilmente recuperable por el contexto
y/o cotexto. Se entiende por elipsis la noción común de que en el texto
"algo se dejó de decir", esto no implica que lo que no se dijo no es
entendido sino al contrario "no dicho" significa "entendido de todos
modos".

El lenguaje funciona en situaciones de uso. Siempre hay a disposición del receptor que
interpreta un texto, gran cantidad de evidencias que proveen las oraciones. Sin embargo es
importante distinguir entre dos clases diferentes de evidencias, a partir de las cuales podemos
deducir lo que no se dijo. Solamente una de ellas está asociada con la elipsis: aquella en la que
hay alguna indicación en la estructura de que algo debe ser repuesto.

112
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Pérez

La elipsis sirve para evitar redundancia en la comunicación, ya que no hace falta decir
lo que el oyente ya sabe. Por otro lado, se utiliza como vehículo de intencionalidad del
hablante.
Hay tres fuentes de recuperación de los elementos elípticos
a) el conocimiento del sistema de la lengua.
b) el cotexto.
c) el contexto.

Cohesión secuencial
La cohesión secuencial incluye los procedimientos lingüísticos que posibilitan que el
texto avance estableciendo relaciones semántico-pragmáticas entre las secuencias que lo
conforman, permitiendo construir el tópico del discurso. Estos procedimientos comprenden
fenómenos de encadenamiento no referenciales.
Entre ellos consideramos:
a) colocación
b) elementos temáticos y remáticos
c) conectores propiamente dichos

COLOCACIÓN
La colocación es un tipo especial de cohesión lexical que se da entre términos que
generalmente concurren en el discurso y que contribuyen a mantener y construir el tema o
asunto.
A comienzos de la próxima semana quedará concluido el escrutinio definitivo de los comicios
realizados el pasado domingo en Tierra del Fuego. Solo entonces las autoridades nacionales fijarán la
fecha del ballotage para designar al gobernador y vice de la provincia. Como resultado de la inusual
demora en contar treinta mil votos, es posible que la segunda vuelta quede postergada para el domingo
22.
Se evidencia aquí que ítems como: escrutinio, comicios, ballotage, votos, segunda
vuelta, pertenecen a un marco que podríamos denominar elecciones. Algunos de estos
lexemas son miembros de conjuntos que establecen una relación semántica reconocible. Su
co-ocurrencia en el texto está en función de esa relación. Ítems como "segunda vuelta", en
cambio, toman su significado por su colocación en el texto, es decir, el entorno determina el
significado del momento o significado textual del ítem y permite la interpretación
correspondiente. Los lexemas se reconocen como pertenecientes al mismo campo semántico,
de modo que la interpretación se produce en relación con marcos de conocimientos
específicos.
Los ítems lexicales entran en relación cohesiva pero no llevan en sí mismos la
indicación de que están funcionando cohesivamente. Sin embargo, es evidente que van
construyendo el tópico de discurso a partir de la relación textual que establecen.
Según Halliday y Hassan es obvio que existe una relación sistemática entre pares de
palabras tales como niño-niña, ordenar-obedecer, etc. Esta relación se establece a partir de un
tipo particular de oposición que Lyons denomina complementariedad. Halliday y Hassan
amplían esta relación a cualquier par o conjunto de ítems que se apoyan unos en otros
estableciendo una relación semántica en el texto. Eso incluye no sólo pares de opuestos de
varias clases, sino también ítems lexicales como los que hemos ubicado en la iteración
(sinónimos, cuasi-sinónimos, hiperónimos, palabras de referencia generalizada). Si bien todos
establecen relaciones semánticas, en las formas iterativas se da el fenómeno de la referencia.
Se trata de ítems que remiten a otros elementos dentro del texto, es decir, conllevan

113
Semántica Prof. María de los Ángeles
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instrucciones de búsqueda. Esto no sucede en la, colocación, precisamente por la idea misma
que implica el concepto de complementariedad.
Es claro que los pares de opuestos y otras relaciones de este tipo no pueden tener el
mismo referente. Mantenemos, sin embargo, la clasificación interna que para la colocación
proponen Halliday y Hassan porque permite una ordenación de los lexemas que entran en
contigüidad semántica, aun cuando como estos mismos autores reconocen, este es un
fenómeno muy complejo y su efecto no siempre es fácil de establecer. Entre los pares de
opuestos tenemos: masculino-femenino, Montescos-Capuletos, padres-hijos, novio-novia, etc.
Padres-hijos; novio-novia; bailarines masculinos y femeninos, constituyen lo que llamamos
pares complementarios. También "Montescos y Capuletos" entran en relación
complementaria, y el marco de conocimiento nos permite reconocerlos como opuestos, aun
cuando no los consideramos antónimos en sentido estricto.
Algunos de los ítems que hemos visto dependen de una relación semántica en el
sistema. Ahora bien, estas relaciones tienen gradaciones, por ejemplo entre "novio" y "novia"
hay una relación más estrecha que entre "novia" y "suegro".
En pares del tipo "sal y pimienta"; "Montescos y Capuletos", el efecto cohesivo no
depende de una relación semántica sistemática sino de su tendencia a aparecer en los mismos
cotextos. Es su proximidad en el discurso lo que provee la fuerza cohesiva. Esto no se limita a
los pares de lexemas, sino que es común a series de palabras que conforman campos
semánticos como en el primer ejemplo (elecciones).
La fuerza cohesiva se sustenta, entonces, en dos tipos de relaciones entre palabras: las
que mantienen en el sistema y las que se establecen en el texto.
El entorno de la colocación se construye dentro del texto y determina el significado del
momento o significado textual del ítem. Un significado que es único para cada instancia
específica.
Veamos el siguiente caso:
La gloria y el drama del T.C.
Aventín ganó en San Lorenzo y se prendió en la lucha por el título. Pero la fiesta no fue:
una víctima enlutó la jornada.
Podemos observar que "gloria" y "drama" están utilizados como pares que no son
antónimos en el sentido tradicional, pero que dan claramente la idea de oposición. Es válido
también, en el caso de los lexemas "se prendió", "la lucha", "el título" lo que ya dijimos acerca
del significado único para cada instancia específica. Reconocemos además que ítems como
"drama", "víctima" y "enlutó" tienden a co-ocurrir. Este caso confirma que el efecto cohesivo
depende tanto de una relación sistemática entre los términos, como de su tendencia a
aparecer en los mismos contextos.

ELEMENTOS TEMÁTICOS Y REMÁTICOS


Estos elementos resultan fundamentales para organizar la progresión temática en la
estructura textual. Se manifiestan en el nivel superficial a través de esquemas que permiten
pasar de información conocida a información nueva.
Los términos tema-rema fueron introducidos por Mathesius (Escuela de Praga, 1939) y
trabajados posteriormente por sus seguidores. La Escuela Lingüística de Praga tiene, como
sabemos, una posición estructuralista, pero orientada ya hacia el funcionalismo. Mathesius,
aun cuando trabaja dentro de los límites de la oración, alude al discurso y a la situación
comunicativa. Define el TEMA como "aquello que es conocido, o al menos obvio, en una
situación dada, y desde lo cual el hablante avanza en su discurso" y el REMA, como "lo que el
hablante establece, dice, en relación con el tema de la emisión". Danés (Escuela de Praga)
propone, en un trabajo de 1970, cinco tipos de progresión temática en los que intenta unir la
perspectiva oracional, -que considera tema a aquello que se toma como base de comunicación
y rema a aquello que se dice sobre el tema- y la perspectiva contextual, que toma el tema

114
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Pérez

como información deducible, presupuesta y rema como información desconocida no


deducible.
El problema en el modelo de Danés es que toma como unidad lingüística a la oración, y
por consiguiente el texto se interpreta como un conjunto de oraciones unidas a través del par
tema-rema. No obstante, se exponen los tipos de progresión propuestos, pero son
considerados un elemento más de cohesión. La progresión temática, refiere al texto como un
todo significativo, es decir, es un concepto que excede el análisis lineal.
Los esquemas de Danés resultan sumamente útiles, pero deberán ser trabajados desde
una perspectiva global para llegar a la conformación del tópico de discurso.
Los cinco tipos de estructura -que clasifica Danés según la ubicación de tema y rema
son los siguientes:
Progresión lineal: el lema de una oración pasa a ser el tema de la siguiente y así
sucesivamente.
La semilla se forma en la planta y contiene un embrión que puede dar lugar a otra
planta. El embrión está protegido por una cubierta o tegumento y además tiene alimento a su
disposición. El tegumento o cubierta puede ser duro o blando.
A => B
B => C
C => D
Progresión con tema constante: a un mismo tema se le van agregando informaciones
nuevas.
Asia tiene 950 m de altura media y en el monte Everest, el mayor del mundo, llega a
8.848 m. Ofrece todas las estructuras y formas de relieve.
A => B
A => C
A=> D
Progresión con tema derivado: se trabaja con un "hipertema", del cual se derivan
temas parciales.
Asia es el más extenso de todos los continentes. Su extremo norte es la península de
Taimir. Su extremo sur es el cabo Buru. Su extremo este es el cabo Dejnev u Oriental. Su
extremo oeste es el cabo Baba.
A1 =>B
A2 => C
A3 =>D
Progresión por desarrollo de un rema subdividido (o desarrollo de las partes de un
rema superordinado).
El cuerpo humano se divide en cabeza, tronco y miembros. La cabeza está formada por
cara y cráneo. El tronco se compone de tórax y abdomen. Los miembros son los superiores y los
inferiores.
A => B
B1=> C
B2=> D
B3=>E
Progresión con salto temático: aquí son posibles todas las combinaciones. En general
se omite un segmento en la cadena de progresión que puede deducirse del cotexto.
La aparición de Juan Ramón Jiménez en la literatura coincide con el triunfo y expansión
del modernismo. Rubén Darío inicia este movimiento desde América (1888).
La vida literaria española de fines y principios de siglo es muy rica.
La generación del 98 (Unamuno, Antonio Machado, Azorín) sienten vivamente la
decadencia española y expresan de modo distinto en sus obras, su dolor, su desencanto, su
rebeldía.

115
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Pérez

Juan Ramón Jiménez se incorpora, inicialmente, al modernismo; luego alcanza


dimensiones propias. Algunas características de este movimiento aparecen en Platero y yo y en
su primera época literaria.

CONECTORES PROPIAMENTE DICHOS


Los conectores propiamente dichos no son cohesivos en sí mismos sino indirectamente
en virtud de su significado específico; tampoco son marcas o señales para llegar al texto
precedente o siguiente (anáfora o catáfora), sino que expresan cierto significado que
presupone la presencia de otros componentes en el discurso.
Cuando describimos a los conectores propiamente dichos como marcas cohesivas,
focalizamos la atención no sólo en las relaciones sintácticas y semánticas que producen, sino
también en las pragmáticas, porque a veces los casos no son muy claros y debe recurrirse al
conocimiento de los hablantes, estableciéndose así una conexión pragmática.
Para algunos interlocutores dos hechos pueden estar ligados entre sí y para otros no.
Dependerá de muchas circunstancias tales como el conocimiento del mundo, sus opiniones,
deseos, etc. Por lo tanto estos conectores instauran relaciones lógico-semánticas y
pragmáticas entre los términos conectados.
Los conectores instauran en el texto relaciones implícitas y explícitas. La conexión
implícita puede establecerse a través de: la yuxtaposición, la contigüidad semántica y la
conexión pragmática.

Conexión implícita
- Yuxtaposición:
La yuxtaposición se da sin partículas. Cabe al lector u oyente construir la coherencia
del texto estableciendo mentalmente las relaciones semánticas o pragmáticas que cohesionan
el texto. En esos casos, un signo de puntuación nos señala, a veces, la ausencia de conectores.
Pero lo peor fue lo que les pasó a los chicos. Dejaron de jugar. ¿Por qué el Emperador
prohibió los globos? -preguntaban a cada rato. Y los jardines y las ciudades ya no eran tan
alegres sin los globos.
- Contigüidad semántica
Los elementos que constituyen el texto presentan ciertos rasgos semánticos que
permiten que el receptor establezca la conexión que crea pertinente:
Señor Director:
"Desde hace varios días mi teléfono 771-2864 ha dejado de funcionar. Telecom dice
que pueden pasar '90' días hasta su reparación. Mi mayor problema: comunicarme con los
padres de muchos niños enfermos. Soy médico pediatra".
- Conexión pragmática
La secuencia de actos de habla puede convertir en coherente lo que aparentemente
presenta una falta de cohesión:
¡Cállate, por favor. Tengo que estudiar! (porque)

Conexión explícita:
El ordenamiento secuencial de oraciones y actos de habla se da también por medio de
conectores explícitos.

Los conectores que conectan oraciones pueden señalar las siguientes relaciones:
a) de adición:
En su acepción más corriente se la considera una simple suma o acumulación de
elementos.
Ejemplo:
- La sangre se sabe el recorrido de memoria y siempre va por los mismos lados.

116
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- Hay unos 9000 glóbulos blancos y ellos andan recorriendo el cuerpo despacito
esperando que el hombre se haga un tajo para salir corriendo para allá y luchar.
Sin embargo, la multiplicidad de funciones se manifiesta excediendo los límites de la
definición anterior. Puede expresar también otros tipos de conexiones:
Ejemplos:
1. Por favor, vaya al kiosco y cómpreme una cerveza.
2. Tomé una pastilla para dormir y me quedé dormida.
3. Dame un tiempo más y te mostraré cómo puede hacerse.
En estos casos puede señalarse un marcado matiz temporal en 1; causal en 2 y
condicional en 3.
Los conectores para señalar estas relaciones son: y - e – ni - que - más -
b) de disyunción:
La relación de disyunción se establece con la condición de que al menos una de las
cláusulas debe ser verdadera. Es generalmente exclusiva:
Voy a ir al cine o voy a tomar sol
Mundo posible /exclusión/ mundo posible
Se requiere que el hablante crea que los hechos son posibles en ese mundo.
La exclusión puede ser accidental (basada en intenciones) necesaria (casado o soltero)
La disyunción exige que las dos circunstancias no existan al mismo tiempo en el mundo
sino en mundos alternativos.
c) de oposición o contraste:
El significado básico de la relación de oposición o contraste es: contrario a lo esperado.
La expectativa puede derivarse del contenido de lo que se está diciendo o del proceso de
comunicación de la situación hablante/oyente. Es decir, de factores internos o externos. Estas
relaciones externas generalmente se expresan con la forma simple: "pero" siempre en posición
inicial.
Ejemplo:
El ministro de Educación, calificó como "importantísima y muy respetable" la opinión
de los rectores de universidades nacionales que se opusieron al arancelamiento, pero señaló
que ellos "no proponen ningún camino y reclaman al Estado que sea el único proveedor de
fondos para las casas de estudios".
El significado de oposición o contraste es expresado por palabras o construcciones:
pero – sino – aunque- tampoco- sin embargo- no obstante- si bien- aun cuando- por más que-
sea lo que fuera- etc. Presentan sucesos inesperados o no deseados.
d) de causa/efecto:
Uno de los criterios que determina este tipo de conexión entre oraciones es la relación
de motivación: Dos circunstancias A y B están ligadas causalmente entre sí cuando A es una
causa o una motivación para B, o porque B es una consecuencia de A.
Esta relación constituye la base para el uso de conectores causales y consecutivos y
significa:
a porque b tanto a que b
Los conectores más utilizados son: porque - ya que - puesto que - dado que - como que
- por consiguiente - pues - etc.
Ejemplo:
“¿Por qué nos alegramos en las bodas y lloramos en los velorios? Porque no somos la
persona involucrada" (Mark Twain).
La relación causal puede revertirse y plantearse en términos de consecuencias.
Ejemplo:
Se produjeron los disturbios porque se conoció el veredicto.
Se conoció un veredicto tal que se produjeron disturbios.
e) de relación témporo-espacial

117
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Estos conectores localizan en el tiempo y en el espacio acciones, estados de cosas en


un mundo posible y establecen también el orden en el que se deben tener en cuenta los
acontecimientos.
La relación temporal puede ser de tres tipos:
a) suceso anterior;
b) tiempo simultáneo;
c) tiempo posterior.
Los conectores, entre otros, son: entonces, luego, a la vez que, en cuanto, apenas,
simultáneamente, previamente, al principio, un poco después, en ese momento, mientras, a
continuación, por último, etc.
La rutina para esta clase de Educación Física es la siguiente. Corran dos vueltas a la
manzana. Luego hagan cien abdominales. Posteriormente, salten la cuerda cincuenta veces.
Por último, hagan ejercicios de elongación para que no se lesionen.
En cuanto a la ubicación espacial, los conectares más usados son: ya en el lugar, en ese
mismo sitio, desde allí, hasta ese lugar, etc.
f) de condición.
Denotan condición o necesidad de que se verifique alguna circunstancia que
generalmente se introduce por intermedio del conector 'si' u otro similar. Si se formaliza: si p
entonces p
Si hay sol entonces salimos
Otros conectares que establecen condición son: si – como - con tal que - siempre que -
como si

118
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

Conexión pragmática
Los conectores sintácticos y semánticos no son paralelos con los pragmáticos. Estos
últimos establecen relaciones entre actos de habla.
Por ejemplo: PERO
Puede señalar el acto de habla: PROTESTAR
A: Entreguen el parcial B: Pero, no terminé todavía.
Otro ejemplo:
O: puede ser usado como una certificación o corrección:
A: ¿Qué querés tomar? ¿Querés vino? ¿O preferís no tomar alcohol todavía?
La disyunción semántica 'o' es diferente de la pragmática, que señala corrección. No es
posible una disyuntiva entre actos de habla. Este conector 'o' en lugar de una disyunción de
circunstancia puede expresar una corrección del acto de habla anterior.
PERO es uno de los conecfores pragmáticos más complejos.(Ver Anexo 3.) Puede
indicar orden, promesa, amenaza, advertencia.
Según van Dijk las funciones de estos conectores tienen que ver con que se hayan
cumplido todas las condiciones contextúales y den pie a la acción del receptor.
Las funciones fundamentales de los conectores pragmáticos son:
especificación
corrección
certificación
conclusivas
Las conclusivas introducen elementos de valor continuativo o de resumen en relación
con los actos de habla, que son concluyentes con respecto de ciertas premisas que pueden
permanecer implícitas pero son aceptadas por todos.
Los conectores más usados son: En verdad, bueno, claro es, ciertamente, para resumir,
resumiendo, para terminar, de este modo, etc.
San Martín es general; general más que sargento; en el pueblo hay sargento de policía;
pero general es más que sargento, más que comisario, ¡bah!, más que gobernador. ¿Y qué es
gobernador? Bueno, eso Shunko ya no sabe.
Shunko. J. ÁBALOS
La importancia de todos los mecanismos de cohesión que hemos visto reside en su
competencia para colaborar en la instauración de una dinámica intratextual. Establecen,
además, las conexiones para desarrollar una progresión temática apropiada que permite
construir el tópico de discurso y crear la coherencia textual.

De Gregorio de Mac, Rébora de Welti. Coherencia y cohesión en el texto. Plus Ultra.


Bs. As. 1992

CONECTORES

119
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

CONTINUIDAD: LA IDEA AVANZA


RELACION CONECTOR VALOR SEMANTICO
ADICION y-e-ni Sé agregan elementos de igual valor
(Operación semántico e importancia lógica. El
de sumar conector equivale al signo + en
palabras) matemática.
también -asimismo -incluso-además -aun -
más aún- es más- inclusive- tanto...como- Aportan a lo ya dicho nuevos
no solo ..sino (que) hasta incluso elementos que permiten mejor
información.
DISYUNCION o-o bien-bien que... bien que-ya... ya... Une dos segmentos incompatibles en
(Obliga a sea... sea-ya sea...ya sea la misma situación. Uno excluye al
elegir) otro porque no pueden darse al
mismo tiempo
DEPENDENCIA Causa:Dado que- ya que- puesto que- ya Sin detener la marcha de la idea
sea- pues central, demuestra que ésta está
Consecuencia: fundamentada.

En consecuencia- por ende- en resumen-


por lo que- por lo tanto- finalmente- en Anuncian un resumen o una
conclusión- luego- por consiguiente- por conclusión sacada de los argumentos,
eso- por Ib cual- o que los hechos hacen inevitable.
así que Pueden considerarse como causales o
consecutivos, según la perspectiva.

Finalidad Encabezan un segmento del


Para- de modo que- para que- así- con el enunciado que indica las razones por
fin de (que)- siempre que- con el las cuales ocurre lo señalado en el
propósito de- como para- para así -con lo otro, las consecuencias que tuvo lo
cual- de manera que- con lo que expresado en el segmento anterior o
el objetivo o finalidad que perseguía
la otra parte del enunciado.
PAUSA: LA IDEA SE DETIENE
RELACION CONECTOR VALOR SEMANTICO
DEPENDENCIA Condición: El conector encabeza una condición
(continúa) Si- con tal que- a condición de que- a que ha de cumplirse para que se realice
menos que- siempre que- si es que- en o sea posible lo expresado en la otra
caso de que parte del
enunciado.
La presencia del conector condicional
genera tres posibles matices
semánticos: relación necesaria,
imposible y contingente. Relación
necesaria: Enunciada la condición, la
consecuencia aparece como cierta.
Relación imposible: La consecuencia es
irrealizable.
Relación contingente: La consecuencia
depende de que se realice la condición;
es realizable o no.
COMPARACIÓN Como- a la manera de- más... que- Una comparación prueba lo que se dice
menos... que- lo mismo que- como si- así si el lector duda, o aclara, si no
también- del mismo modo- así- tal como entiende. Contrapesan dos ideas.
Es decir- o sea- vale decir- mejor dicho- La comparación establece una relación
esto es
de equivalencia entre amabas ideas.

120
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

Cumplen en el lenguaje la función del


signo “=” en matemática.
ORDENACIÓN Mientras tanto- entretanto- Ordenan las acciones en
CRONOLÓGICA luego que- desde que- no bien- relación con el aquí y el ahora
TEMPORAL antes de- hasta el momento en del enunciador- Pueden
que- después de- tan pronto señalarse Transición
como- mientras que- durante- Posterioridad
mientras que- en el momento Anterioridad
en que- toda vez que- siempre simultaneidad
que
FRENO: LA IDEA SE DETIENE
RELACION CONECTOR VALOR SEMANTICO
OPOSICIÓN Por el contrario- al contrario- El conector encabeza la
mientras que- en cambio segunda parte del enunciado
que cumple las expectativas
despertadas en el lector por lo
dicho en la primera. Hay una
oposición total o parcial, o por
lo menos una limitación en lo
que r parecía lógico esperar y lo
que efectivamente ocurre. Los
conectores de oposición y
dependencia tienen valor
argumentativo. Permiten al
hablante fundamentar, aclarar
o reforzar una tesis. Detienen
rotundamente una idea, que
retrocede a un caso no sólo
distinto, sino opuesto al
planteado.
RESTRICCION Pero- empero- sin embargo- La idea se detiene para plantear
mas- no obstante- sino- una objeción expresa o
aunque- en todo caso- a pesar implícita, electiva o posible a lo
de que- sí bien- aun cuando ya dicho. Sirven para cambiar la
línea de argumentación pues
orientan la atención hacia un
foco distinto.

CONECTORES PRAGMÁTICOS: PALABRAS QUE SÓLO ORDENAN EL DISCURSO

TIPO DE ORDENACIÓN CONECTOR VALOR SEMÁNTICO

ENUMERATIVA Primero- en primer tugar- Los enumerativos presentan en


primeramente- por otro lado- forma ordenada los contenidos
por otra parte- en segundo Para comenzar la exposición
lugar- a continuación- luego- Para continuar
después- otro aspecto- por
último- al fin- por fin- en fin Para concluir
RAZON Por una parte- por otra parte Permiten dos argumentos para
BINARIA señalar una tesis. Distinguen
netamente tanto los
argumentos como las adiciones.

121
Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

Macroestructuras
Se reconoce que todo discurso mantiene una unidad temática o un tópico a través de
su desarrollo. Justamente a esa unidad semántica -equivalente a lo que podríamos llamar
resumen del texto- se la ha conceptualizado como macroestructura. Ésta es la representación
abstracta de la estructura global del significado de un texto. La macroestructura está
constituida por las macroproposiciones o ideas fundamentales explícitas e implícitas del texto.
Captar la macroestructura semántica de los discursos orales o escritos es tarea
fundamental, ya que sin su reconocimiento, no se podría resolver satisfactoriamente la
compleja tarea de procesar la información.
La comprensión textual es un proceso estratégico-cognitivo-inferencial en todos los
niveles, desde los correspondientes a las palabras, proposiciones, párrafos hasta los niveles
más globales de la macroestructura. Sin embargo, cuando entendemos un texto, sobre todo de
relativa extensión, no podemos recordar todas las frases que previamente hemos leído y lo
mismo ocurre para el entendimiento cotidiano de sucesos y acciones. De los múltiples detalles
presentes en el texto podemos retener sólo algunos en la memoria a corto plazo. Largas
secuencias semánticas se resumen mediante unas pocas unidades temáticas o
macroproposiciones jerárquicamente estructuradas. Esta información relevante conformaría
un texto base coherente que podrá conservarse en la memoria a largo plazo. Entonces, a partir
de tal texto base, es construida la macroestructura semántica.
Según van Dijk-Kinstch (1983) las macroestructuras representan:
a. Bases semánticas comunes para conectar secuencias muchas veces
aparentemente incoherentes;
b. una estructura semántica relativamente simple que puede ser retenida en la
memoria de corto plazo;
c. un recurso para la organización jerárquica en la memoria episódica;
d. un guía importante para la actualización de los conocimientos en largas
extensiones del discurso, sucesos o acciones;
e. un recurso importante para reactivar algunos detalles semánticos necesarios;
f. una construcción explícita definiendo lo esencial, es decir, propiedades
relevantes del texto. Tal información es necesaria para tareas posteriores
cognitivas posteriores (aprender, anular u omitir, retractar o corregir, planear
acciones, así como para monitorear y controlar el proceso del discurso.)
En el proceso señalado interactúan no sólo la información textual sino también la
contextual y el conocimiento que tiene el lector del mundo.
Asimismo, todo enunciado, junto con un contenido relevante, pone de manifiesto la
intención del autor, es decir, qué acto global ha llevado a cabo, a qué apunta su texto: a
informar, entretener, pedir, aconsejar, polemizar; ésta es la macroestructura pragmática.
Por ejemplo, un formulario que cumplimenta un docente por haber faltado a clase
tiene una intención general o macroacto de habla -justificar su inasistencia-. Dicha intención
constituye la macroestructura prágmática. Lógicamente el contenido del formulario (datos
institucionales, tema circunstancias) es una información relevante -macroestructura
semántica- para concretar la intención textual. Incluso, estos tipos de textos institucionales ya
en su título aúnan la macroestructura semántica y pragmática: sentido básico e
intencionalidad como “Solicitud de licencia”, “Permiso de examen”, etc. Un texto extenso
puede presentar varias intenciones menores -microactos de habla- que suelen preparar la
intención mayor. Así, en una solicitud de empleo, generalmente se reconocen intenciones que
tienden a resaltar aptitudes del solicitante como también de alabanza a la trayectoria de la
entidad empleadora: son actos preparatorios para el pedido explícito de trabajo.

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Semántica Prof. María de los Ángeles
Pérez

Igual que lo que ocurre con las macroestructuras en el nivel semántico, las
macroestructuras pragmáticas desempeñan un papel importante en la elaboración y en la
comprensión del texto.
Lacón de Lucía, Muller de Russo, Prestinoni de Bellora. Leo pero no comprendo

La Pragmática en el pensamiento
contemporáneo
Morris, en 1938, introdujo el término Pragmática para designar el estudio de los signos
en relación con sus intérpretes, es decir, con sus usuarios. Hoy no puede hablarse hoy de una
sola Pragmática, sino de varias dependiendo del punto en que se centre el énfasis la
perspectiva de análisis adoptada. Lo auténticamente interesante de la doctrina de Morris es el
incluir a la Pragmática como uno de los nombres que integran su clásica tricotomía de los
estudios lingüísticos. La Pragmática ocupa, así, un lugar junto a la Semántica y la Sintaxis. Estos
tres niveles constituyen terrenos complementarios que se deslindan por medio de sucesivas
operaciones de abstracción: a la Pragmática le corresponde el grado más bajo, ya que
considera el lenguaje tal y como se manifiesta -esto es, inserto en situaciones comunicativas-;
le sigue luego la Semántica, que hace abstracción de los usuarios y se centra en el estudio de la
relación entre los signos y los objetos que significan; finalmente -y o cuando el grado mayor de
abstracción-, se coloca la Sintaxis, que atiende a las relaciones entre los signos, prescindiendo
de cualquier clase de mención a usuarios o a significados.
La noción de Pragmática ha ido evolucionando. Hoy suele entenderse como el estudio
de los principios que regulan el uso del lenguaje en la comunicación, es decir, la enunciación
de oraciones por parte de hablantes concretos en situaciones de habla también concretas.
A partir de los años '50, las ideas desarrolladas por Austin dentro de la tradición de la
filosofía del lenguaje de la Escuela de Oxford contribuyeron de manera decisiva a que fuera
aumentando paulatinamente el interés por los estudios que se ocupan de analizar la relación
existente entre los enunciados lingüísticos de un lado, y sus usuarios y las condiciones de
enunciación, del otro. Puede decirse que a su esfuerzo se debe, sin duda, el hecho de que hoy
nadie rechace ya la necesidad de abordar seriamente este estudio.
La obra de Searle continúa la línea iniciada por Austin, y constituye, a la vez, el punto
de partida de los estudios pragmáticos de orientación más puramente lingüística. Desde
entonces, el interés por estas cuestiones es creciente entre todos aquellos que se ocupan del
uso efectivo del lenguaje. En este sentido, hay que señalar que también los estudiosos de la
Literatura ven en esta nueva disciplina un valioso instrumento que les ayuda a comprender
mejor los rasgos distintivos de la comunicación literaria.

La Pragmática ’de las condiciones de verdad"


El punto de partida de esta teoría es, en esencia, el siguiente: la verdad de una oración
no puede ser el objeto de la Semántica, porque aquélla está determinada por las condiciones
de la emisión; por tanto, la Pragmática, que se ocupa precisamente de analizar enunciados
concretos en situaciones concretas, si debe atender a cuáles son las condiciones de la situación
comunicativa que determinan la verdad o falsedad de las emisiones.
Esta concepción arranca de Bar-Hillel, quien en 1954 reformuló la tricotomía de Morris
y definió a la Pragmática como la "interpretación de las expresiones indicadoras”. Feldman
(1974) afirma que "Para la mayoría de las oraciones es crucial conocer quién es el hablante
para poder saber su significado”. Las expresiones referenciales son más simples que las

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Pérez

oraciones y son los aspectos más obvios del significado de dichas oraciones. Russell creía que
el significado de esas expresiones está en su referente. Strawson se opone a ello diciendo que
referir no es una propiedad de las expresiones sino del uso que hacemos de ellas:
El rey de Francia es calvo.
Dicho hoy no se refiere a nadie; en 1650 se refería a una persona y en 1750 a otra
diferente.
Por ello, referir no es una propiedad de las expresiones, sino más bien algo que se
puede hacer con ellas; y los referentes de las expresiones referenciales no pueden ser su
significado."
Travis (1981:2) mantiene actualmente esta misma tesis:
"Las palabras, expresiones y oraciones significan cosas y forman, por ello, el dominio
de la Semántica. Pero, en cambio, no tienen las propiedades necesarias para decir que las
cosas son así o no; no llevan en sí la verdad o la falsedad, ni siquiera, las condiciones de
verdad."
Todos estos puntos de vista están apoyando las ideas que defendimos más arriba
sobre el objeto de la Semántica: puesto que verdad no es una noción formal (gramatical), el
establecimiento de las condiciones en que una expresión es verdadera no puede ser una parte
del establecimiento del tipo de significado estudiado por la Semántica.
No puede estudiarse el significado de un enunciado sin tener en cuenta además las
relaciones entre emisor y destinatario, que son cruciales tanto para la elección de las formas
referidas por parte del primero, como para la correcta interpretación del mensaje por parte
del segundo.
El acto de referir se realiza, pues, en función del destinatario y del conocimiento que se
supone que posee: la que puede ser una buena descripción identificativa para un destinatario
concreto en un momento dado, puede no haberlo sido para ese mismo destinatario en un
tiempo anterior; o puede ser inadecuada para que otro interlocutor identifique correctamente
el objeto a que se hace referencia.

Austin y los predicados realizativos


Antes de desarrollar la teoría de Austin hay que hacer dos precisiones:
1) Aunque Austin no habla expresamente de Pragmática, sin embargo, podemos
incluir sus investigaciones en lo que hoy consideramos como tal; y
2) Austin no es propiamente un lingüista, sino un filósofo del lenguaje: no hay
que extrañarse, por tanto, ante el hecho de que su contribución no siga, en principio, los
caminos habituales en el terreno de la Lingüística, aunque haya servido como punto de partida
(especialmente a través de Searle) de toda una corriente lingüística de enorme éxito.
Austin defiende la tesis de que el lenguaje que usamos en nuestra comunicación
ordinaria es una herramienta que el paso del tiempo ha ido puliendo, hasta hacer de ella un
útil perfectamente adaptado a los fines a los que sirve. Se trata de un instrumento empleado
por generaciones y generaciones, que lo han ido ajustando paulatinamente a las necesidades
de cada momento. En este sentido, las distinciones que establece el lenguaje corriente tienen
que considerarse como un buen indicativo de que la sociedad que las establece las considera
necesarias. Las distinciones que ha mantenido el lenguaje ordinario sirven sobre todo para las
cuestiones «prácticas» de la vida; pero no debe despreciarse el hecho de que pueden ser
también un buen punto de partida para la reflexión filosófica, o para elaborar luego
distinciones más precisas y más sutiles.
De otro lado, es especialmente interesante para la lingüística en general, y para
la teoría del significado en particular, el hecho de que Austin se sitúe fuera de la línea en
que solían colocarse los filósofos con respecto a la verdad o la falsedad: para ellos, las

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proposiciones se caracterizan siempre como verdaderas o falsas, y sobre estas nociones


está edificada una buena parte de la lógica y de la filosofía del lenguaje.
Sin embargo, está claro que todas las lenguas tienen una variedad de estructuras
mucho mayor de la que toman en consideración los filósofos cuando se ocupan del lenguaje.
De oraciones como:
a. ¿Cuándo has llegado?
b. ¡Sal de la habitación inmediatamente!
c. ¡Ojalá deje de llover!
no puede decirse que sean ni verdaderas ni falsas: no pueden evaluarse de acuerdo
con su correspondencia o no con la realidad, ya que ninguna de ellas está pretendiendo
reflejar un estado de cosas existente.
Por otro lado, sabemos que el patrón normal para decidir si un enunciado es
verdadero es el de su correspondencia con los hechos. Ahora bien, como Austin señala, «ser
falso no es corresponder a un no- hecho, sino corresponder incorrectamente a un hecho»
(1970, 1,28, n. 24). Tampoco basta con evaluar la verdad de los enunciados de acuerdo con los
hechos que pretenden reflejar. Hay que tomar en consideración, al menos, una variable más:
no sólo ha de tenerse en cuenta el grado de correspondencia con la realidad; es necesario
considerar también el propósito general con que se describe dicha realidad. Queda, así,
perfilado uno de los conceptos que resultarán fundamentales en la teoría pragmática: se trata
de la idea de adecuación del enunciado. No es suficiente con caracterizar un enunciado
diciendo si es verdadero o falso; hay que valorar también su grado de adecuación a las
circunstancias en que se emite. De este modo, se abre la puerta al estudio de toda la ' serie de
variables situacionales que determinan las condiciones de adecuación de los enunciados.
Íntimamente ligada a la convicción de que los enunciados no son sólo verdaderos
o falsos, nace una idea que es, tal vez, una de las más importantes y, sin duda, una de las
que han resultado más fructíferas en sus desarrollos posteriores: se trata de la idea de
que el lenguaje no es exclusivamente descriptivo, ni siquiera por lo que se refiere a los
enunciados formalmente declarativos. La descripción de estados de cosas existentes en el
mundo y la transmisión de información no son las únicas funciones del lenguaje: es decir,
un enunciado puede desempeñar diferentes funciones, una de las cuales —pero no la
única— es describir un estado de cosas. En otras ocasiones puede ser parte importante
del cumplimiento de una acción. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la frase Sí, quiero
dicha en las circunstancias adecuadas: no describe un estado de cosas, sino que realiza
una acción. Los filósofos normalmente se ocupaban del lenguaje tomando sólo en
consideración su faceta descriptiva; con la propuesta de Austin los enunciados no
descriptivos adquieren un lugar propio dentro de la reflexión filosófica.
La distinción entre oración y enunciado
Ser verdaderas o falsas no es una propiedad intrínseca de las oraciones, sino de los
enunciados. Es necesario, entonces, establecer una distinción precisa entre ambos conceptos.
Una oración es un tipo de estructura gramatical, abstracta, no realizada. Un
enunciado, en cambio, es la realización concreta de una oración emitida por un hablante
concreto en unas circunstancias determinadas. Una oración, en cuanto unidad gramatical, sólo
se puede evaluar en términos estrictamente formales (por el orden en que aparecen sus
elementos, por su buena o mala formación, por la complejidad de su estructura, etc.), y no en
términos de verdad o falsedad. Sí pueden utilizarse, en cambio, los conceptos de verdadero o
falso al hablar de enunciados (al menos, de aquellos que pretenden reflejar un hecho).
Palabras y acciones
A partir de aquella primera intuición desarrollada como crítica de la falacia descriptiva,
Austin va construyendo la teoría de los enunciados realizativos (performative utterances). El
enunciado realizativo tiene unas características propias:
i) desde el punto de vista gramatical es una oración declarativa;

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Pérez

ii) va en primera persona de singular del presente de indicativo;


iii) no se trata de una expresión carente de sentido; pero
iv) no puede ser calificada como verdadera o falsa, sino como adecuada o
inadecuada.
Los enunciados realizativos se oponen a los enunciados contatativos, que sí describen
estados de cosas y que, por lo tanto, sí pueden evaluarse en términos de verdad o falsedad.
Como ejemplos de enunciados realizativos, pueden considerarse «expresiones
rituales» como:
a. Le pido disculpas
b. Bautizo este barco con el nombre de Lolita
c. Te apuesto cinco duros a que mañana lloverá
Al emitir uno cualquiera de estos enunciados, el hablante no está meramente
registrando un estado de cosas, transmitiendo una información, o describiendo una acción: la
está haciendo. Por ejemplo, cuando uno dice Le pido disculpas, no está pretendiendo
simplemente informar a su interlocutor de algo que éste ignora; realmente está realizando —
de ahí el nombre de enunciados realizativos— la acción de pedirle disculpas. Es cierto que el
enunciado puede, de hecho, informar a otra persona de cuál es la acción que se está llevando
a cabo; pero esta es sólo una consecuencia secundaria.
Los enunciados realizativos se usan para llevar a cabo diferentes tipos de acciones,
más o menos ritualizadas o convencionalizadas, uno de cuyos episodios principales —si no el
principal— consiste precisamente en pronunciar determinadas palabras. De hecho, es difícil
imaginar una manera de pedir disculpas a alguien que no consista en la expresión a de una
frase semejante a ésta. Y lo mismo ocurre en el caso de una apuesta o de la botadura de un
barco. Ello no significa —claro está— que algunas acciones convencionalizadas no se puedan
realizar sin palabras. Por ejemplo, para apostar a la ruleta no es necesario pronunciar frase
alguna; basta con que uno coloque la ficha en la casilla correspondiente al número por el que
desea apostar.
Precisamente es su carácter de acción, y no de descripción, lo que confiere a los
enunciados realizativos sus propiedades especiales. Puesto que son expresiones no
descriptivas, no pueden considerarse ni verdaderas ni falsas. Y, por formar parte de la
realización de una acción, suelen aparecer en primera persona de singular del presente de
indicativo: sí el enunciado lleva el verbo en pasado o en otra persona gramatical (Le pedí
disculpas; le piden disculpas), la lectura realizativa es prácticamente imposible, de modo que
sólo se obtiene la interpretación descriptiva.
Además de tener propiedades externas diferenciadas, los realizativos poseen también
condiciones especiales de emisión. Austin (1970, 219-220) precisa al respecto que «las
palabras tienen que decirse en las circunstancias apropiadas». En caso contrario, la emisión y
el acto realizado «pueden fracasar de maneras especiales», si fallan de un modo u otro las
convenciones que regulan el cumplimiento de dichas acciones. Por ejemplo, en el caso de Le
pido disculpas, se espera que quien pronuncia este enunciado realmente quiera disculparse;
pero si esto no es así, uno no puede decir en sentido estricto que el enunciado era falso, sino
más bien que la petición fue insincera, que no se dijo albergando los sentimientos requeridos.

Realizativos frente a constatativos


Austin ha caracterizado los enunciados realizativos como aquellos que están ligados a
la ejecución de ciertos tipos de actos convencionales o ritualizados. Frente a los enunciados
constatativos, que describen estados de cosas y se evalúan en términos de verdad o falsedad,
los realizativos sólo pueden considerarse adecuados o inadecuados. En teoría, y sobre el papel,
la distinción puede resultar suficientemente clara; sin embargo, como el propio Austin señala,
en la realidad las cosas son algo más complejas. Para empezar, hay enunciados realizativos que

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no aparecen en primera persona de singular del presente de indicativo:


1) a. Se advierte a los pasajeros que...
b. Por la presente, está usted autorizado a...
2) a. La compañía advierte a los pasajeros que...
b. Por la presente, el Ministerio le concede la autorización que usted solicitó para...
Parece innegable que los enunciados que comienzan como los de (1) y (2) tienen el
mismo derecho que los de (3) a ser considerados realizativos:
3) a. Advierto a los pasajeros que... b. Por la presente le autorizo a...
De otro lado, un gran número de expresiones en primera persona de singular del
presente de indicativo no dan lugar a enunciados realizativos. Tal es el caso, por ejemplo, de
enunciados que describen acciones habituales, como los de (4):
4) a. Yo sólo prometo una cosa cuando sé que puedo cumplirla.
b. Todos los sábados apuesto dos mil pesetas en las carreras
En la misma situación se encuentran los llamados «usos históricos», o narrativos, del
presente:
5) ... y después de aquello, apelo contra la sentencia...
Hay también algunos verbos que simplemente funcionan como indicadores, pero no
dan lugar a enunciados realizativos:
6) a. Me río de ti
b. Cito: «...»
Ninguno de los ejemplos de (6) realiza por sí mismo el acto que describe; simplemente
lo anuncia.
Además, se da el caso de que, incluso verbos típicamente realizativos, como llamar,
dar el nombre de..., etc., tienen usos descriptivos, no ya en otras personas y tiempos
gramaticales, sino también en primera persona de singular del presente:
7) Llamo inflación al exceso de dinero en pos de bienes escasos.
Finalmente, no todos los actos tienen su verbo realizativo correspondiente:
disculparse e insultar son dos tipos de actos; pero, mientras que para llevar a cabo la acción de
disculparse uno debe decir algo parecido a Me disculpo, para insultar a alguien no basta con
decirle Te insulto, sino que hay que proferir directamente ante él los términos injuriosos.
Los ejemplos anteriores han mostrado cómo desde el punto de vista formal o
gramatical resulta difícil mantener siempre la oposición realizativo-constatativo. La distinción
se desdibuja aún más si consideramos que muchos actos se realizan sin que para ello sea
necesaria la utilización del predicado realizativo. Las acciones realizadas al emitir enunciados
como los de (8) pueden equivaler a las de (9); pero en (8) no hay realizativo explícito:
8 a ¡Gire!
) .
b Yo giraría
.
c Usted giró demasiado rápidamente
.
9 a Le ordeno que gire
) .
b Le aconsejo que gire
.
c Le acuso de haber girado demasiado
. deprisa

Una manera de incluir todos los casos dentro de la misma teoría consiste en sugerir,
como hace Austin, que realmente no hay diferencia entre realizativos y constatativos. El
contraste que observamos entre los ejemplos de (8) y los de (9) sólo radica en que los de (9)

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hacen explícito el tipo de acto realizado, mientras que en los de (8) es implícito. Podría decirse,
entonces, que es realizativa toda expresión...
Ahora bien, el propio Austin reconoce que la equiparación se presta a errores. Por un
lado, resulta evidente que no hay una equivalencia absoluta entre enunciados como Estaré allí
y Prometo estar allí: sólo en el primer caso el interlocutor puede preguntar si el enunciado es o
no una promesa; y sólo en el primer caso son igualmente adecuadas respuestas como Sí, lo
prometo, o No, pero me propongo estar allí, o No, pero preveo que podré ir. Además, por otro
lado, no puede decirse que haya una correspondencia constante entre forma lingüística y tipo
de acto realizado, de modo que una misma forma gramatical puede usarse para realizar
acciones muy diferentes entre sí: un imperativo como ¡Hazlo! puede utilizarse para ordenar,
autorizar, sugerir, exigir, pedir, recomendar, advertir...

Locutivo/ilocutivo/perlocutivo
La distinción entre enunciados realizativos y enunciados constatativos, que en
principio estaba bien establecida, parece ahora tambalearse, especialmente por el hecho de
que numerosos enunciados que no se ajustan a las especificaciones de los realizativos,
presentan, sin embargo, muchas de sus características. Ello sugiere la existencia de un cierto
deslizamiento de todos los enunciados hacia el terreno de los realizativos, como si todos ellos
tuvieran algunos elementos comunes. Tales rasgos comunes parecen depender, como ya
dijimos, del carácter de acción que, de una manera u otra, poseen todos los enunciados.
Partiendo de este supuesto,

Austin elabora su famosísima tricotomía: acto locutivo/ilocutivo/perlocutivo.


El acto locutivo es el que realizamos por el mero hecho de «decir algo»; pero el
acto de «decir algo» es en sí mismo una actividad compleja, que comprende, a su vez,
tres tipos de actos diferentes:
i) acto fónico: el de emitir ciertos sonidos; ii) acto fático: el de emitir palabras,
esto es, secuencias de sonidos pertenecientes al léxico de una determinada lengua; y
emitirlas, además, organizadas en una construcción gramatical estructurada de
acuerdo con las reglas de una lengua determinada; y iii) acto rético: el de emitir tales
secuencias con un sentido y una referencia más o menos definidos, es decir, con un
significado determinado.
En consecuencia, el acto locutivo puede definirse como
[...] la emisión de ciertos ruidos, de ciertas palabras en una determinada construcción,
y con un cierto «significado» [...] [Austin, 1962, 138].
El acto ilocutivo es el que se realiza al decir algo (in saying something). Para
saber cuál es el acto ilocutivo realizado en cada momento hay que determinar de qué
manera estamos usando el enunciado:
Es muy diferente que estemos aconsejando, o meramente sugiriendo, o realmente
ordenando, o que estemos prometiendo en sentido estricto o sólo anunciando una vaga
intención. [...]. Constantemente discutimos preguntando si ciertas palabras —un determinado
acto locutivo— tenían la fuerza de una pregunta, o debían haber sido tomadas como una
apreciación, etc. [Austin, 1962, 143-144].
Finalmente, el acto perlocutivo es el que se realiza por haber dicho algo (by
saying something), y se refiere a los efectos producidos:
[...] normalmente, decir algo producirá ciertas consecuencias o efectos sobre los
sentimientos, pensamientos o acciones del auditorio, o de quien emite la expresión, o de otras
personas [Austin, 1962, 146].
La distinción entre estos tipos de actos es sobre todo teórica, ya que los tres se
realizan a la vez y simultáneamente: en cuanto decimos algo, lo estamos haciendo en un

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determinado sentido y estamos produciendo unos determinados efectos. Pero es interesante


distinguirlos porque sus propiedades son diferentes: el acto locutivo posee significado; el acto
ilocutivo posee fuerza) y el acto perlocutivo logra efectos. Y, de hecho, podemos referimos a
ellos como si fueran realidades independientes:
10) a. Me dijo: «Dáselo a ella»
b. Me aconsejó que se lo diera a ella
c. Me convenció de que se lo diera a ella
Con enunciados como (10a) estamos simplemente reproduciendo el acto locutivo de
otra persona; (10b), en cambio, recoge el acto ilocutivo realizado, es decir, la fuerza del
enunciado; y (10c) hace explícito el acto perlocutivo, el efecto logrado.
A partir de esta tricotomía puede reexaminarse el problema de las relaciones entre
enunciados y acciones. Para empezar, el reconocimiento de que todo acto locutivo va
acompañado de actos ilocutivos y perlocutivos ayuda a explicar que incluso los enunciados
menos claramente realizativos tengan propiedades que los acercan a las acciones. De hecho,
pueden observarse bastantes puntos de contacto entre los actos ilocutivos y los enunciados
realizativos, aunque hay diferencias notables. En primer lugar, es diferente el grado de
institucionalización de unos y otros. Además, cuál sea el acto ilocutivo realizado en un
enunciado particular depende decisivamente de toda una serie de factores externos; los
realizativos explícitos, por el contrario, resultan inequívocos en cuanto al tipo de acto ilocutivo
que realizan porque se identifican con él. Ello no quiere decir, por supuesto, que la fuerza
ilocutiva de un determinado enunciado no pueda expresarse de forma explícita: Te aconsejo
que se lo des a ella.

Searle y la teoría de los actos de habla


La idea que sirve de base a toda la teoría de Searle es el supuesto de que...
Hablar una lengua es tomar parte en una forma de conducta (altamente compleja)
gobernada por reglas. Aprender y dominar una lengua es (ínter alia) haber aprendido y
dominado tales reglas [Searle, 1969, 22].
Su hipótesis es, en la práctica, una extensión de las ideas de Austin. Sigue habiendo en
ella una clara identificación entre acción y lenguaje, en el sentido de que el uso del lenguaje en
la comunicación se concibe como un tipo particular de acción. De hecho, el propio Searle
reconoce que la teoría del lenguaje forma parte de una teoría general de la acción, y llega
incluso a afirmar que un estudio de las propiedades exclusivamente formales de una lengua
no tendría sentido si no va acompañado de un estudio sobre el papel que desempeñan tales
formas.
Pero hay, además, en ella un segundo aspecto que no estaba presente en Austin, o al
menos no lo estaba de manera tan nítida: se trata de la idea de que toda la actividad
lingüística —-y no sólo ciertos tipos de actos ritualizados— es convencional, en el sentido de
que está controlada por reglas. Ello dará como resultado una extensión tanto de los principios
que regulan los diferentes tipos de actos, como de las consecuencias que los fallos o las
violaciones de tales principios puedan tener en la interpretación y calificación de los actos a
los que afectan.
La hipótesis de partida se presentará luego de una manera más precisa y detallada:
La forma que tomará esta hipótesis es la de que hablar una lengua consiste en realizar
actos de habla, actos tales como hacer afirmaciones [statements], dar órdenes, plantear
preguntas, hacer promesas, etc., y más abstractamente, actos tales como referir y predicar; y, en
segundo lugar, que estos actos son en general posibles gracias a, y se realizan de acuerdo con,
ciertas reglas para el uso de los elementos lingüísticos [Searle, 1969, 25-26].
El acto de habla —esto es, la emisión de una oración hecha en las condiciones
apropiadas— es la unidad mínima de la comunicación lingüística. Las oraciones (en cuanto

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unidades abstractas, no realizadas) no pueden ser las unidades básicas de la comunicación


humana, porque carecen de la dimensión fundamental para ello: no han sido producidas. La
noción de acto de habla se convierte, de este modo, en el centro de la teoría de Searle.

La teoría de los actos de habla


El uso del lenguaje está regulado por reglas y principios, al igual que ocurre, por
ejemplo, con los reglamentos de un juego. Pero no hay que olvidar que, junto a las reglas
propiamente dichas, deben existir determinadas actitudes por parte de los participantes.
Searle (1969, 43, n. 11) señala a este respecto que...
En la noción de «actuar de acuerdo con las reglas», intento incluir las reglas que hacen
claro cuál es «la meta del juego». Además, pienso que existen algunas reglas cruciales para los
juegos competitivos que no son peculiares de este o aquel juego. Por ejemplo, pienso que es una
regla de los juegos competitivos el que cada parte se comprometa a intentar ganar. Obsérvese a
este respecto que nuestra actitud hacia el equipo o hacia el jugador que deliberadamente pierde
la partida es la misma que hacia el equipo o jugador que hace trampa. En ambos casos se violan
las reglas, aunque las reglas sean de diferentes clases.
De este modo, el lenguaje, o, más apropiadamente, el uso del lenguaje en la
comunicación, está sometido a una serie de reglas —ello no implica que sean conscientes—
que gobiernan cualquier emisión lingüística. Para analizar cualquier tipo de acto ilocutivo,
Searle (1969) propone un modelo que recoge tanto las características formales de la oración
emitida, como las condiciones que deben darse en las circunstancias de emisión para poder
realizar con éxito un determinado tipo de acto.
La distinción propuesta por Austin entre oración y enunciado era un intento de
mantener independientes desde el punto de vista teórico el estudio de las propiedades
puramente lingüísticas, abstractas —entre ellas, por supuesto, el significado—, y las acciones
que pudieran realizarse por medio de emisiones concretas. Como queda patente en el texto
anterior, para Searle, la diferencia que suele establecerse entre semántica y pragmática es
artificial y no debe ser mantenida, ya que, en su opinión, cada uno de los tipos de acto de
habla está convencionalmente asociado con una determinada estructura lingüística.
Ello no significa, sin embargo, que Searle no distinga entre el contenido proposicional y
la fuerza ilocutiva. De hecho, en la producción de un enunciado se puede individualizar tres
tipos de actos diferentes:
I) acto de emisión: emitir palabras, morfemas, oraciones;
II) acto proposicional: referir y predicar; y
III) acto ilocutivo: enunciar, preguntar, mandar, prometer…

De otro lado, el significado de cualquier oración podrá analizarse en dos partes:


I) un indicador proposicional, que es el contenido expresado por la proposición
(en general, la unión de una referencia y una predicación); y
II) un indicador de fuerza ilocutiva, que muestra en qué sentido (con qué
fuerza ilocutiva) debe interpretarse la proposición, y, en suma, cuál es el acto ilocutivo
que está realizando el hablante. Entre los indicadores de fuerza ilocutiva pueden
señalarse la curva de entonación, el énfasis prosódico, el orden de palabras, y, por
supuesto, los predicados realizativos.

A pesar de las dificultades que supone el intentar elaborar una clasificación de los
diferentes actos ilocutivos, Searle (1979, 29) propone una reducción de todos ellos a cinco
categorías principales, de acuerdo con los siguientes argumentos:
No hay [...] un número definido o indefinido de «juegos» o usos del lenguaje. Más bien,
la ilusión de un número ilimitado de usos está engendrada por una enorme falta de claridad

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Semántica Prof. María de los Ángeles
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acerca de lo que constituye los criterios para delimitar un «juego» o uso lingüístico de otro. Si
usamos el fin ilocutivo [illocutionary point] como noción básica, entonces hay un número más
bien limitado de cosas que se hacen con el lenguaje: decimos a la gente cómo son las cosas
(actos asertivos); tratamos de conseguir que hagan cosas (directivos); nos comprometemos a
hacer cosas (compromisivos); expresamos nuestros sentimientos y actitudes (expresivos); y
producimos cambios a través de nuestras emisiones (declaraciones). A menudo, hacemos más
de una de estas cosas a la vez.

Además Searle distingue cuatro tipos de condiciones que gobiernan la adecuación de


los enunciados. Estas condiciones son las siguientes:
a) Condiciones de contenido proposicional: se refieren a las características
significativas de la proposición empleada para llevar a cabo el acto de habla. Si se trata
de advertir a alguien, el contenido proposicional debe basarse en un acontecimiento o
estado futuro; para dar las gracias, en cambio, el contenido proposicional debe
referirse a un acto pasado hecho por el oyente.
b) Condiciones preparatorias: son preparatorias todas aquellas condiciones que
deben darse para que tenga sentido el realizar el acto ilocutivo. Searle lo ejemplifica
diciendo que, al ordenar a alguien que preste atención, es preciso tener sobre esa
persona algún tipo de autoridad, y, además, es necesario que no estuviera prestando
atención antes. Su cumplimiento se presupone por el mero hecho de llevar a cabo ese
acto.
c) Condiciones de sinceridad: estas condiciones se centran en el estado
psicológico del hablante, y expresan lo que el hablante siente, o debe sentir, al realizar
el acto ilo- cutivo. Searle (1969, 72-73) precisa, en este sentido, que...
Esta ley vale independientemente de si el acto es sincero o insincero, esto es,
independientemente de si el hablante tiene o no efectivamente el estado psicológico
expresado. Así, aseverar, afirmar, enunciar que p cuenta como una expresión de
creencia de que p.
d) Condiciones esenciales: son aquellas que caracterizan tipológicamente el
acto realizado. O, dicho de otro modo, la emisión de cierto contenido proposicional en
las condiciones adecuadas, tal y como aparecen expresadas por los otros tipos de
regla, cuenta como la realización del acto que se ha pretendido llevar a cabo.

El problema de los actos indirectos


Ahora bien, hay muchos usos en los que el hablante quiere decir algo ligeramente
distinto de lo que realmente expresa: estos usos reciben el nombre de actos de habla
indirectos.
1) a. ¿Podrías hacerme este favor? b. Me gustaría que
hicieras esto
En (11 a-b) tenemos una interrogativa y una asertiva-desiderativa; sin embargo —-y a
pesar de que reúnen las condiciones formales para ello—, en la mayor parte de los contextos
su emisión no realizará respectivamente los actos ilocutivos de pregunta o de mera expresión
de un deseo: en ambos casos es normal que se interpreten como peticiones. Estamos, pues,
ante un enunciado que realiza un acto ilocutivo diferente del que su forma lingüística haría
prever.
El problema planteado por los actos de habla indirectos es el de cómo le es posible al hablante
decir una cosa y querer ' decir esa cosa y algo más. Y puesto que el significado consiste en parte en la
intención de producir comprensión en el oyente, una gran parte de ese problema es la de cómo le es
posible al oyente el entender el acto de habla indirecto cuando la oración que oye y entiende significa
otra cosa diferente [Searle, 1975, 60].
El propio Searle sugiere una explicación en los siguientes términos:
El hablante comunica al oyente más de lo que dice basándose en la información de fondo
compartida, tanto lingüística como no lingüística, y en los poderes generales de raciocinio e inferencia

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del oyente. [...]. No hace falta suponer la existencia de ningún tipo de postulado conversacional [...], ni
de ningún imperativo oculto u otras ambigüedades similares.
Escandell Vidal, Victoria. Introducción a la Pragmática.

Clasificación semántica de afijos

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