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Idealismo Alemán y Disrupción de Feuerbach Como Cromóforo de La Condición Social Peruana Desde La Novela en Octubre No Hay Milagros

El documento analiza la filosofía de Hegel sobre la religión y cómo esta se relaciona con la estructura social. Discute la crítica de Feuerbach a Hegel y cómo esto se refleja en la novela "En Octubre no hay Milagros". Feuerbach argumenta que la religión es una alienación del hombre y que la esencia divina en realidad reside en la naturaleza humana. La novela muestra cómo la fe católica es instrumentalizada por la élite para satisfacer necesidades materiales, reflejando la realidad social peruana donde la religión
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Idealismo Alemán y Disrupción de Feuerbach Como Cromóforo de La Condición Social Peruana Desde La Novela en Octubre No Hay Milagros

El documento analiza la filosofía de Hegel sobre la religión y cómo esta se relaciona con la estructura social. Discute la crítica de Feuerbach a Hegel y cómo esto se refleja en la novela "En Octubre no hay Milagros". Feuerbach argumenta que la religión es una alienación del hombre y que la esencia divina en realidad reside en la naturaleza humana. La novela muestra cómo la fe católica es instrumentalizada por la élite para satisfacer necesidades materiales, reflejando la realidad social peruana donde la religión
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Idealismo Alemán y disrupción de Feuerbach como cromóforo de la condición social

peruana desde la novela En Octubre no hay Milagros


Estructura de la Filosofía Hegeliana de la Religión en relación con el estroma social:
Señalaremos la consonancia hegeliana en materia de lo que el filósofo connotó como voluntad
en lo que podemos denominar como la filocalia del sentido de libertad, codificado como la
potestad realizativa que el individuo metaboliza a través de su injerencia de efector social en
cuanto a su hipostásis racional, por lo cual, en ese sentido, podemos establecer que la volición
para Hegel es una halogenación particular del pensamiento, y a partir de ello podemos entrañar
que el criterio de capacidad eleutera en son a la libertad se ve atañido por ser consecuencia
inherente del ejercicio de la conciencia, de esa ecceidad que involucra la hemólsis de la
voluntad humana en torno a la entropía social e histórica, considerándolo como ablución
fundamental incluso del aitión político, puesto que tal dímero es lo que le discierne al constructo
social la formalidad de las realizaciones tangibles o concreta, y para propiciar ese hilemorfismo
entre la concesión individual y la resonancia colectiva, es vital instar su precepción
fenomenológica de la fe religiosa para elucidar lo que tal hierofanía le otorga a ese daimón
denominado Espíritu Objetivo.
Para ingresar a ello, cabe establecer lel tuciorismo objetivista de la historicidad que Hegel atañe
a la anastasis de la libertad espiritual de lo que concierne a la quididad reflexiva del creyente,
término que atañe a la concepción escolástica, en el cual en su obra Fenomenología del
Espíritu desarraiga el cariz del nous intuitivo de la espiritualidad de la abstracción de la eidola
y busca denotar que la entropía fenoménica de la religión ya no halla su totalidad en tal
haustorio de daena meramente ligada al dogmatismo cerrazónico de la kénosis argumentalista
desvaída de conciencia, sino que enraiza tal dimensionalidad en son a la Razón, que no deja de
poseer su auxina religiosa, pero que halla en tal revelación la constancia de elefthería liberadora
del Espíritu Absoluto, en este punto hemos podido dilucidar esta filogenia del pensamiento
hegeliano en la máxima expresión de su vértebra dialéctica y el hálito de la formación de la
autoconciencia, y es este Espíritu Absoluto la unificación de la hendíadis dicotiledónica de lo
que se elucubra en el sistema hegeliano como Espíritu subjetivo y lo que profundizaremos como
Espíritu objetivo, que se encuentra en ese cimbreante de la Euterpe de la subjetividad libre,
proairésica, y el sustrato histórico. En ese sentido, intentar elucubrar a la religión cristiana en el
plano total de su alethéia o verdad sería procurar hallarle el ápice de desocultamiento revelador
como el escabroso menester del absoluto para el Espíritu, y en ese entuerto construir la
racionalidad entelequica, por llamarlo de alguna manera, desde esa inyectiva, ¿no es acaso la
religiosidad la pulsión astringente para intentar procurar un sentido de apokaluptein a la propia
naturaleza de la razón? A partir de esta complexión crítica, la obra En Octubre no hay Milagros,
demuestra la funcionalidad teofánica hacia una potenciación de la subjetividad de la fe como
clamor de la necesidad escabrosa de hallar alivio en la tiranía anemoica de la menesterosidad
utilitaria, en este caso, económica.
Aquí avizoraremos el intento de sentido pragmático de la concepción hegeliana en torno a la
iridiscencia espiritual hacia la estructura colectiva, en el que la problemática del denominado
Espíritu Objetivo yace en torno al factor organizacional como resolución de la condición
humana, y no a lo establecido como lo que el mismo Hegel engrana como “orden social” en
torno a la concesión katortomata del estado de naturaleza Hobbeano que halla su principal
erosión en el vitelo de la subjetividad objetada se sitúa en una metafisis individual que envuelve
la condición de la intersubjetividad, y por lo tanto el sinatroísmo antroposofico del individuo en
sociedad como haxameron de la condición política inextrincable al orden humano, en el cual tal
nomenclaturización de orden involucra una aseidad histórica como hipertimesia ya no de una
consciencia subjetiva, sino una histona común. En tal condición, cabe el escrutinio que
formulamos a partir de lo que Hegel entraña como la teleología de la sociedad, que es que el
espíritu posea la suficiente “ipseidad”, si lo engranamos con el estado del estar del ser desde el
ápside heidehheriano de su propia libertad, y que de este modo esa libertad halle su dríade en la
praxis, es decir, que se realice; sin embargo, ese conato de la ousía del hombre, enraiza su
libertad en su propio carácter hilético de hombre , y es inexorable discernir que el pensamiento
hegeliano, en paralelismo con la corteza de la actualidad, esa libertad hasta qué punto puede
hallar su metanóia, lo que elucida el fermión fundamental de la contradicción como epinastía de
la conciencia hacia el saber en sí del espíritu, y podemos plasmar que esa preocupación
hegeliana engrana en nuestro eje temático la condición social de la intersubjetividad
contradictoria de aisthésis de subjetividades en la creencia cristiana de sociedades laicas como
la nuestra, en la que, a continuación hallará su clarividencia en torno a la disrupción de
Feuerbach en consonancia con la novela En Octubre no hay Milagros.
La melanopsina criticista de Feuerbach hacia el sistema religioso hegeliano en torno a la
tropología de la Novela en octubre no hay Milagros:
En este punto, elucidaremos la plesimorfia de la crítica de Feuerbach hacia la esquicia
hegeliana, partiendo su félsica interpelación hacia lo ya mencionado con anterioridad como “la
idea del absoluto” de Hegel, en el cual en palabras del propio Feuerbach denomina como “el
residuo fantástico de la fe en un creador ultraterreno”, y este puerperio materialista atiza la
colisión etiológica entre la condición divitelina del dialelos de la materia y el espíritu,
denotando que la primera no era producto de la segunda, sino todo lo contrario, el eleatismo
espiritual era la máxima consecuencia de la heterolisis de carne o materia que es el ser humano,
y en este sentido, cabe esa eftihia de la ribosa material en la tesis número cuatro de Marx sobre
Feuerbach que concierne a la autoenajenación religiosa, en la cual se pretende abducir la
epiestía del halo religioso en una docimasia puramente terrenal. A partir de ello, cabe atañir a la
tropología de la familia Colmenares de la novela de Oswaldo Reynoso, que encarna ese peciolo
de instrumentalización de la fe católica hacia el Señor de los Milagros en una érgon que sea
ketastemático o satisfactorio para las necesidades materiales en torno a ese symbebekos
contingente que halla como única beatificación hacia la posibilidad de conversión de su
condición socioeconómica, la apocatástasis religiosa, en lugar de acrisolar el ágathos intrínseco
para emulsificar un progreso o eutenea familiar por su propia industriosidad. de auto-instrucción
como hálito transformado. En este sentido, este arquetipo de familia denota la euríale
sociológica de la realidad laica peruana, en el cual atizado sagazmente por Feuerbach, el
hombre halla su kerigma ocupando el lugar de Dios, desentronizando el alectrión dl hombre
como un medio de la religión, invirtiendo tal filaucía divina de la religión en un utilitarism para
la parenklesis del hombre, denostando el esquema hegeliano como una “teología enmascarada”,
hallando en tal clínamen del “absoluto inmanente” un symploké denunciable sobre la alienación
que conciliadora la institución terrenal de la sociedad y su orden, en son al paralelismo de los
tropos de la novela de Reynoso yace la esciomancia religiosa como parte de la homeomería
jerárquica, en el cual el personaje de Don Manuel, como representación de la plutocracia
privilegiada, que permite el discernimiento en que la prosapia privilegiada preconiza el kleos
creyente para impartir una iatrogenia instrumentalizada de la religión para cierto sector social,
connotando a esta ecdisis sociológica en una taxonomía de fe que se encuentra bifurcada de
acuerdo a la idiosincrasia de cada sector social, lo cual, a mí parecer, permite condensar el
sentido de la hormesis intersubjetiva del dialectismo del amo y el esclavo que el marco
hegeliano enraiza, pero que desde la perspectiva desde mi perspectiva decodificada de
Feuerbach, denota que el peruano es creyente por reacción y no por acción configurado a lo que
en sus palabras significaba “hacer del hombre el sujeto y de Dios el predicado. No atribuir a
Dios el Ser y al hombre solamente la conciencia”. Es por ello que el pensamiento de Feuerbach
se ve entronado en la transición de la teología en antropología, encarando la homoiousian de la
esencia de la divinidad en expresiones de la misma hipostásis del hombre, por lo cual cabe esa
anagnórisis hierofánica y eidética como el sentido de inmanencia de la fe como respuesta o
aloestesia de su propia racionalidad. En este sentido, la aplicabilidad teórica de esta exposición
se enraiza al sustrato de la religiosidad como endergonía fundamental de la condición meta-
óntica del individuo, convirtiendo la acromatopsia de la percepción de Dios como ente en lo que
le sirvió a Heidegger y a Husserl engranar el eósforo de un humanismo objetivado a la fisiología
de la psicagogia de la religión para demostrar que esta es la pulsión mesolímbica máxima del
eco del sufrimiento del hombre por hallar mansedumbre, la cual en la novela En Octubre no hay
Milagros, desplega este queastio en un arpegio social que elucida en el clamor una posibilidad
de desarraigar el crúor de la nihilidad.

Husserl

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