0% encontró este documento útil (0 votos)
91 vistas17 páginas

Afirmación del sentido de sí en mujeres

Este documento presenta el prólogo escrito por Lázaro Cárdenas Batel, gobernador de Michoacán, para el libro "El sentido de sí" de Rubí de María Gómez Campos. Cárdenas felicita a Gómez Campos por su trabajo que aporta una perspectiva importante a la historia de México que no había sido abordada. Argumenta que la lucha por la igualdad de género debe ir más allá de la subversión de roles e incluir una transformación cultural profunda.

Cargado por

Ximena Cobos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
91 vistas17 páginas

Afirmación del sentido de sí en mujeres

Este documento presenta el prólogo escrito por Lázaro Cárdenas Batel, gobernador de Michoacán, para el libro "El sentido de sí" de Rubí de María Gómez Campos. Cárdenas felicita a Gómez Campos por su trabajo que aporta una perspectiva importante a la historia de México que no había sido abordada. Argumenta que la lucha por la igualdad de género debe ir más allá de la subversión de roles e incluir una transformación cultural profunda.

Cargado por

Ximena Cobos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Rubí de María Gómez Campos, El sentido de sí, México,

Instituto Michoacano de la Mujer, Siglo XXI, 2004, 212 pp.

LÁZARO CÁRDENAS BATEL


Gobernador Constitucional del Estado de Michoacán

Felicito a Rubí porque siempre tiene el cuidado y la inteligencia de bus-


car equilibrios, y la felicito por su trabajo pues se trata de una aportación
muy importante al conocimiento de la Historia de nuestro país, desde
una perspectiva que no ha sido hasta este momento abordada con toda la
relevancia que merece.
El proceso de afirmación del sentido de sí, como lo llama Rubí, de la
autoconciencia de las mujeres, se nutre también de otras luchas. Ella pone
el ejemplo de la lucha abolicionista en el siglo XIX, en los Estados Uni-
dos, cómo muchas mujeres a la luz de esta lucha identificaron su propia
condición y situación de sojuzgamiento y subordinación. Mucho más re-
cientemente, ha sido la lucha en la que muchos de los que ahí estamos
nos ha tocado participar y que tiene que ver con la lucha por los cambios
democráticos, por la justicia social plena en nuestro país. Muchas muje-
res que no venían de la militancia feminista y que no tenían antecedente
alguno en este terreno —que colaboraron y colaboran hoy—, cobraron
conciencias de lo decisivo de esta participación y del perfil que deberían
necesariamente aportar.
Muchos, mujeres y hombres también, no todos y todas, pero si mu-
chos afortunadamente, comprendimos que nuestra lucha no podría ser
totalmente consecuente si no incluía la perspectiva específica de las mu-
jeres. Que una sociedad no podría ser verdaderamente democrática sin la
inclusión y el aporte central de las mujeres en todos los ámbitos de la
vida. Que la distorsión histórica que arrastramos en México y en el Mun-
do —donde de la complementariedad natural y necesaria se dio paso a la
subordinación— no es compatible; es decir, esta distorsión histórica no

DEVENIRES VI, 11 (2005): 155-171


Reseñas

es compatible con el equilibrio y la libertad que son la condición para


construir una República de iguales que debe ser, desde mi punto de vista,
nuestro objetivo.
Ese aprendizaje, esa afirmación y esto que por ser un proceso cultural
va mucho más allá de la simple voluntad de un gobierno y de las decisio-
nes institucionales, lo vivimos todos los días en nuestra gestión de go-
bierno en Michoacán; que lo diga Rubí que además es Directora del Insti-
tuto Michoacano de la Mujer.
Yo puedo decir que nuestro gobierno está comprometido de verdad,
es consecuente con la causa de las mujeres; tomamos una serie de medi-
das en este sentido y sí hemos podido implementar una serie de acciones
positivas es porque recuperamos parte de lo que se ha hecho desde la
sociedad, porque recuperamos una lucha que se ha dado desde la socie-
dad y que han dado muchas mujeres, incluida por supuesto Rubí. Nues-
tro Gabinete está integrado por un número importante de mujeres en
áreas sustantivas; todos los miembros del Gabinete, hombres y mujeres,
tienen la instrucción de ser sensibles y de ser consecuentes, aunque a
veces no basta con las instrucciones. Que tenemos una directora del Ins-
tituto Michoacano de la Mujer que sabe de su tema y que tiene un compromi-
so fuera de duda. Sin embargo, a pesar de esto, por tratarse de un proceso
de carácter cultural las cosas no son sencillas ni en el caso de los hom-
bres, ni en el caso tampoco de las mujeres, incluso de aquellas que han
militado por mucho tiempo en la causa del Feminismo. Por ejemplo, en
Michoacán había quien no entendía por qué Rubí invitaba a algunos hom-
bres a trabajar en el Instituto Michoacano de la Mujer, creyendo que debía de
ser un espacio reservado a las mujeres.
Yo quiero hacer algunas reflexiones a las que nos obliga el texto de
Rubí. Cada vez las mujeres tienen mayor conciencia de la importancia de
su participación en todos los ámbitos de la vida, económica, política y
social tanto en nuestro país como en el mundo. Han ido adquiriendo un
sentido de sí. Lo que indudablemente ha sido una gran aportación de las
causas feministas de las últimas décadas. Parte de este proceso, su mayor
visibilidad, aunque todavía desigual, no deja de ser significativamente
importante. Cada vez hay más mujeres en los espacios públicos, en las

156
Reseñas

empresas privadas, en las instituciones académicas y científicas, en las


organizaciones civiles. Por eso, como se dice en el libro, escribir la histo-
ria de estas mujeres o que ellas mismas lo hagan constituye un acto sub-
versivo; es construir con su misma presencia otra forma de ser, para decirlo en
palabras de Rosario Castellanos.
El libro nos coloca de lleno en el terreno cultural, refiriéndose con ello
a una construcción históricamente determinada de las relaciones huma-
nas y en particular de la relación entre los géneros, por eso deseo anotar
aquí una primera reflexión. Desde la lógica de un gobierno de izquierda,
de un gobierno moderno, no basta con impulsar políticas o acciones afir-
mativas tendientes a disminuir la desigualdad. Se trata de ir más allá y no
sólo de subvertir, pues la intención, así lo ha expresado el movimiento
feminista, no es la de intercambiar roles, sino de trascender y construir
una nueva sociedad basada en el respeto a la pluralidad, la tolerancia y la
libertad.
Aquí radica la diferencia no únicamente frente a posiciones de dere-
chas, sino a posiciones de la izquierda conservadora. Por eso creo que la
gran aportación que podemos construir colectivamente, mujeres y go-
bierno, tiene que ver con el impulso a una gran transformación cultural,
que además de lograr la igualdad nos convierta en ciudadanos con plenos
derechos, independientemente de la raza, la edad, el sexo, la preferencia
sexual, la religión. Este cambio cultural sólo puede estar ligado a una
visión laica que asuma sin hipocresías ni cálculos políticos el debate de
las causas de justicia, enarboladas hoy por amplios sectores de la socie-
dad que tradicionalmente no han tenido el acceso al poder porque son la
otredad, aquella que es condenada porque es diferente y porque cuestio-
na la base de una civilización patriarcal.
Yo diría, parafraseando el libro, que la sociedad toda, los hombres y
mujeres debemos de adquirir un sentido de sí, porque este cambio no
sólo atañe a las mujeres; es una tarea también de los hombres, una tarea
de todos porque la cultura patriarcal no tiene sexo, está igualmente pre-
sente en la conciencia masculina y en la femenina. Se trata entonces de
construir otra cosa, una nueva sociedad basada en el equilibrio que per-
mita regenerar el tejido social deteriorado, lo cual se puede lograr con un

157
Reseñas

proyecto económico, social y profundo. Pero no solamente esto, porque


el daño de la distorsión histórica es profundo y serio, afecta las relaciones
sociales entre los individuos y la comunidad —de ahí tanta violencia que
se observa—; de ahí la necesidad de una perspectiva integral que haga de
la política pública algo más que la simple dotación de servicios, el com-
bate a la pobreza, la igualdad en el salario y el acceso a los espacios de
poder. Me permito citar una reflexión que hacia Clara Jusidman como
Secretaria de Desarrollo Social del Distrito Federal que, a mi juicio, sigue
siendo extraordinariamente vigente: “a veces debiera uno pensar que es-
tamos en una postguerra porque realmente enfrentamos el deterioro de
las relaciones sociales derivadas de una caída tan fuerte del ingreso que
se ha traducido en altos niveles de violencia, inseguridad, frustraciones y
de ilegalidad”.
Bajo estas condiciones socioeconómicas, los hombres han sufrido tam-
bién porque no han podido cumplir con su rol de proveedores. Muchos de
ellos están enfrentando problemas serios de su propia identidad y, en un
momento dado, también de violencia. Por lo que sería útil aplicar una
política dirigida a ellos mediante la cual se pudiera tratar su violencia y
las causas que la generan para ayudarles a superarla y a vivir de otra ma-
nera. Estoy convencido que nuestra perspectiva, como lo dice el libro,
tiene que abarcar también la construcción de otra masculinidad y eso
pasa por muchos factores, en primer lugar la educación fundamental en el
hogar y en la escuela. Desde pequeños los niños deben aprender a rela-
cionarse con respeto e igualdad, deben practicar y aprender el valor de la
identidad a partir de sus vivencias diarias y sus relaciones cotidianas.
Considero fundamental que conozcan las historias que se relatan en este
libro de Nahui Olin, Gabriela Mistral, Concha Michel, Antonieta Rivas
Mercado y de muchas otras mujeres que han plagado con sus acciones
nuestra historia, pero que están ausentes en nuestras páginas.
También hay que trastocar las relaciones tradicionales al interior de la
familia y por supuesto del conjunto de la sociedad. Para avanzar en esta
perspectiva de equidad es necesario cambiar la actual división sexual del
trabajo, pues remite todo lo relativo a la vida cotidiana, la sexualidad,
la maternidad y la crianza infantil, al ámbito de lo privado. La ausencia de

158
Reseñas

hombres en el cuidado de los hijos y en el trabajo doméstico es propor-


cionalmente inversa a la ausencia de mujeres en los puestos públicos y en
la política. Este desequilibrio atenta negativamente contra toda la socie-
dad, dificulta el proceso de democratización y pervierte la forma en que
se hace política. Sólo si hombres y mujeres compartimos equitativamente
las responsabilidades políticas, el concepto de democracia podrá alcan-
zar su sentido verdadero. Las personas, independientemente de su sexo,
podrán participar como iguales y no idénticas en la toma de decisiones
políticas y sobre su vida. Así la sociedad será otra. De esta forma, las
parejas serán parejas.
Muchos son los temas que podemos abordar desde la izquierda, y yo
creo que desde ningún sector de la geometría política puede asumirse una
perspectiva de nuestra idea democrática, sólo causas que tienen que ver
con la vida de las mujeres o sus familias, con las familias encabezadas por
ellas y en muchas de las cuales son las principales de proveedoras. Por eso
coincido con Rubí que el cambio cultural tiene que ver con lo más pro-
fundo de nuestras conciencias y de nuestra convicción como seres huma-
nos, está relacionado también con el reconocimiento de la crisis, del pa-
radigma civilizatorio con más de dos mil años que para erigirse y cons-
truir su poder destruyó a la diosa femenina, y con ello el equilibrio, que
confinó a las mujeres —como lo ha analizado Marcela Lagarde— a deter-
minados cautiverios.
Una vieja amiga me decía hace poco, a propósito del Código Da Vinci,
que la tradición occidental las ha condenado o a ser vírgenes como María
o pecadoras como María Magdalena; no hay matices y eso es lo que hay
que trastocar. Al igual que los hombres, las mujeres son diversas, distin-
tas, diferentes, a veces hasta opuestas: son la expresión misma de la plu-
ralidad y nuestra riqueza como sociedad.
Cuando Rubí nos recuerda que la pérdida de “El sentido de sí”, es el
olvido del significado de las mujeres, y con ello de la humanidad misma,
nos está diciendo que la carencia es de todos y hay que subsanarla. Por
eso estamos comprometidos en la construcción de un México, en el que
sin distinción alguna todos quepamos, en el que tengamos derecho a vivir
con justicia y dignidad.

159
Reseñas

Yo le agradezco mucho a Rubí que colabore en el Gobierno del Esta-


do de Michoacán y, al mismo tiempo, que siga escribiendo, que sea siem-
pre consecuente con su lucha de muchos años. Finalmente quiero decir
que me gustó lo siguiente: en las primeras páginas de su libro nos damos
cuenta que se lo dedica a su hija y a su madre, pero antes le agradece a
Teo, su marido, lo cual es muy buena entrada para quienes queremos
comenzar a leer ese libro. Yo la felicito muy sinceramente.

PATRICIA ESPINOSA TORRES


Presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres

Mientras leía el libro El sentido de sí, no pude evitar hacer un símil entre la
Revolución Mexicana como momento histórico clave de nuestra nación,
a partir del cual Rubí sitúa la evolución del movimiento de las mujeres, y
la Revolución particular que las mujeres hemos protagonizado a partir de
las ruinas de éste y otros movimientos sociales de alcance mundial: Re-
voluciones, guerras... cuesta... la de las mujeres, si tomamos como cierto
que el pasado y actual siglo fue y es “de las mujeres”, que lleva más de
100 años y ha costado innumerables generaciones de mujeres, su memo-
ria y su identidad.
Entre ambos movimientos, la diferencia más clara son sus efectos y el
terreno en el que se han llevado a cabo: nuestra revolución, nuestro “le-
vantamiento” por conquistar nuevos espacios, ha sido pacífica, desde
cientos de espacios, el entorno del hogar, de lo privado, hacia lo público.
La lucha de las mujeres, sus movimientos y sus organizaciones, ha
contribuido en el siglo pasado y en el presente, a transformar conciencias
y costumbres construidas a partir de un paradigma en el que las mujeres
somos objetos de uso, consumo —y abuso en muchos casos— de los
hombres. Nuestra lucha, y así lo plantea la autora, conforme a su evolu-
ción ha dejado de ser reactiva para ser hoy activo protagonismo hacia una
sociedad que está preparada para romper ese paradigma de sumisión fe-
menina.

160
Reseñas

El sentido de sí es un ejercicio importante de recuperar la memoria his-


tórica del movimiento de las mujeres en toda su amplitud, es una revisión
profunda de la historia del feminismo en México y su aportación, en la
visión de Rubí de María Gómez.
El sentido de sí, al cual yo agregaría, misma —concediéndome cierta
licencia por esta única ocasión—, se trata de la búsqueda de una identi-
dad propia, no emergente como algunos pudieran pensar o quisieran pen-
sar; se trata del ser mujer, no a partir de lo masculino ni de la conquista de
lo masculino; se trata de encontrar en ese espíritu subversivo que hoy nos
permitimos ser, lo que significa verdaderamente Lo Femenino.
El sentido de sí explora a fondo la filosofía mexicana que da forma a la
cultura. Esa creación que se va imponiendo como parte de la identidad
nacional, el espíritu machista y patriarcal. Es este tipo de análisis el que
permite encontrar los sustentos de los esquemas que se siguen reprodu-
ciendo. Es una obra a partir de la cual podemos reflexionar, hacernos y
responder como responsabilidad de las y los lectores, las siguientes pre-
guntas:
— ¿A dónde queremos llegar las mexicanas?
— ¿Cuáles son los elementos que conforman nuestra identidad?
— ¿Cómo podemos incorporar las diferencias que existen entre las mujeres en
nuestro país en torno a un proyecto común y a una identidad común?

La reflexión para alcanzar las respuestas a estas cuestiones, debe mante-


nerse como condición indispensable para reencontrar la identidad y defi-
nirla nosotras mismas, como en los ejemplos expuestos de María Antonieta
Rivas Mercado, de Gabriela Mistral, Nahui Olin y Concha Michel.
Rubí de María, nos ofrece la base siempre indispensable de la historia,
para no condenarnos a repetirla. Nos invita a buscar la identidad de las
mujeres, de lo femenino, en la propia identidad cultural de México, del
país desde un punto de vista filosófico que trataba y aún trata de redefinirse
a sí mismo en el contexto de la modernidad.
En esta búsqueda, que nos plantea la autora, de la identidad, surgen
mujeres rebeldes, subversivas, que no se conformaban con el papel que
la sociedad les asignaba, que en distintos campos comenzaron a destacar,

161
Reseñas

apartándose así del esquema preestablecido. Es la búsqueda de la identi-


dad personal de estas mujeres, contexto de búsqueda de identidad nacio-
nal, lo que las hace destacar y las coloca como un ejemplo, como una
nueva pauta a seguir, una primera ruptura con los patrones tradicionales.
El sentido de sí, nos brinda una revisión puntual del entorno en el que
las mujeres hemos vivido, su Pensamiento e Imagen: El espíritu del feminismo
en México y la Cultura y filosofía mexicanas. A partir de ambas, se desglosa el
devenir de la construcción de la identidad de las mexicanas.
Del primer capítulo, de este espíritu, destaco:

El desarrollo del espíritu del feminismo, consiste en una ubicación social de las
mujeres a partir de sus acciones y prácticas políticas culturales, que se desarro-
llaban en correspondencia con el nivel de desarrollo político de la época: A
partir de la Revolución Mexicana y el surgimiento de las primeras movilizaciones
feministas en el mundo.

Y del segundo, Filosofía de la Cultura y sentido de Sí, la forma como aborda


La identidad femenina desde el proceso de cambio que hemos vivido las
mujeres, su impacto en las relaciones entre hombres y mujeres, en los
roles y en las relaciones familiares. Es a través de esta parte que vemos un
estudio del desarrollo social a través de las mujeres, como un estudio
histórico y sociológico.

Feministas, políticas y artistas, la identidad femenina se construye a través del


canto, el arte, la cultura y la poesía... la autonomía.

Me detengo un poco más en la primera parte del libro, en donde, de una


manera amplia y bien documentada, la autora nos proporciona una visión
sobre el entorno sociocultural, los problemas y hasta la hostilidad que
vivieron las mujeres al hacer valer sus derechos. La autora aborda el tema
desde una visión crítica de la sociedad, desde la transformación cultural
derivada de las luchas sociales —en este caso de la lucha encabezada por
el movimiento de mujeres como Nahui Olin, Antonieta Rivas Mercado,
Gabriela Mistral y Concha Michel—, dando origen a una visión que rei-
vindica el papel de las mujeres. En Filosofía de la Cultura y Sentido de Sí

162
Reseñas

rinde un homenaje a las mujeres que nos antecedieron, que como dice la
autora,

[...] mujeres destacadas que lograron descubrir no sólo un sentido de sí ante sí y


para sí mismas, sino para la historia y la cultura de las mujeres mexicanas.

La historia de estas cuatro mujeres, da origen a lo que la autora denomina


conciencia feminista en México, ya que es a través de la vida de estas
mujeres que la autora nos ejemplifica parte del momento histórico, cultu-
ral y político que vivimos las mujeres.
Aquí, quiero resaltar la importancia del análisis histórico y de rescatar
la historia desde una perspectiva femenina, a partir de la visión, las vi-
vencias e historias cotidianas que las mujeres construimos a diario:

Un análisis histórico que no incluya la perspectiva de género se revelaría como


insuficiente para abordar el problema que nos ocupa, puesto que todas las for-
mas de participación cultural femenina que identifiquemos conservarían el gra-
do de acciones complementarias y de apoyo al protagonismo indiscutible de los
hombres.

En esta evolución cultural femenina, será indispensable hacer visible,


como la autora lo hace, la lucha de las mujeres por su condición, autode-
terminación, aspiración y en especial por atreverse a romper paradigmas
y barreras sociales. Como bien se trata a lo largo del libro, el cambio de
paradigmas y la verdadera transformación cultural están implícitos en el
comportamiento cotidiano de hombres y mujeres que posibilite un desa-
rrollo equitativo.
Antes de terminar, quiero hacer una última reflexión. Lo que está plas-
mado aquí, este profundo estudio de relación entre cultura, filosofía e
identidad femenina servirá a las nuevas generaciones para pensar que
esta lucha del feminismo, y de tantas mujeres que nos han antecedido, ha
sido una valiosa contribución para que las jóvenes de hoy y las niñas del
mañana partan de un peldaño más alto del que nosotras empezamos:

[…] que a través de las luchas y de las imágenes y conceptos que se hacían de la
mujer, así como las propias definiciones teórico-prácticas que las mujeres hicie-

163
Reseñas

ron de sí mismas, proyect(en) lo que indudablemente se consolida como un


sentido de sí.

Rubí, muchas Felicidades, y espero que disfruten el libro tanto como yo.
Muchas Gracias.

A PROPÓSITO DE TAREAS ABIERTAS

ARALIA LÓPEZ GONZÁLEZ


UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA - IZTAPALAPA

La lucha de las mujeres por reconocerse y ser reconocidas en su humani-


dad ha sido especialmente larga, y nada indica por ahora que no seguirá
siéndolo. En cuanto a su reflexión escrita de carácter feminista, tiene en
su haber ya más de doscientos años en el mundo, lo que ha venido a
fundamentar un legado capaz de constituir una tradición intelectual fe-
menina, la misma que otorgó legitimidad en México a los esfuerzos por
institucionalizar académicamente los estudios sobre la mujer, hoy llama-
dos estudios de género, a partir de la década de los años ochenta en el
pasado siglo. En relación con esta lucha, con este legado intelectual y con
este esfuerzo por la institucionalización, las mujeres latinoamericanas no
se quedaron atrás de las europeas y de las norteamericanas. En particular,
en el caso de las mexicanas, tenemos el enorme privilegio de un nombre
fundamental en cuanto a un linaje de pensamiento femenino como es el
de Sor Juan Inés de la Cruz (1651-1695) y, sin temor al anacronismo
histórico, también fundadora de lo que mucho después sería el pensa-
miento feminista. Baste para demostrarlo evocar solamente su famosa
Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, donde despliega en germen una perspec-
tiva feminista que, sin embargo, no vino a tener continuidad sino hasta
los primeros años del siglo XX. Pero aún así, imposible sería negar la
excepcionalidad anticipatoria de Sor Juana en cuanto al discurso de géne-
ro que fundamenta la reflexión feminista de las mujeres mexicanas.

164
Reseñas

Y hablando de recuperación de los legados intelectuales de mujeres,


las feministas mexicanas han venido trabajando en ello en forma cons-
tante, a partir de 1980, en el seno institucional de El Colegio de México,
de la UNAM, de la UAM, ahora de la Universidad de la Ciudad de México, de
algunas universidades estatales y más recientemente de los Institutos de
la Mujer. Prueba de esto es también el libro que hoy presentamos de la
Maestra en Filosofía Rubí de María Gómez Campos, con el título de El
sentido de sí, editado por el Instituto Michoacano de la Mujer y por Siglo
XXI. No quiero esconder el entusiasmo que me provocó la lectura de este
libro en el cual, desde la perspectiva feminista no restringida de la Filoso-
fía de la Cultura y también de la existencia, se lee y resignifica dentro del
contexto sociohistórico y cultural mexicano y latinoamericano, de la pri-
mera mitad del siglo XX, la obra y el pensamiento de cuatro mujeres
paradigmáticas: las mexicanas Nahui Olin (Carmen Mondragón, 1893-
1978), Concha Michel (1899-1990), Antonieta Rivas Mercado (1900-
1931), y la chilena Gabriela Mistral (1889-1957). En este libro se trata
del desarrollo de la autoconciencia o “sentido de sí” de la mujer mexicana
coincidentemente con el estado histórico, político y cultural de la socie-
dad en los albores de la revolución y en sus posteriores transformaciones
posrevolucionarias, coincidiendo también con la emergencia de la filoso-
fía de la cultura en el país, Filosofía Mexicana o de lo mexicano, de la cual
fueron padres fundadores José Vasconcelos (1882-1959) y Samuel Ra-
mos (1897-1959). De este último recordemos solamente sus famosos tí-
tulos El perfil del hombre y la cultura en México de 1934 y Hacia un nuevo
humanismo de 1940. Ambos pensadores se insertan en el humanismo espi-
ritualista que caracterizó a la Generación del Ateneo, en la que junto con
Vasconcelos se destacaron Antonio Caso y Alfonso Reyes con sus pro-
puestas educativas para superar las limitaciones sociohistóricas y cultu-
rales del mexicano. La autora también considera en la orientación
mexicanista de la filosofía, años después, a Emilio Uranga y a Octavio
Paz.
Gómez Campos realiza en su libro una significativa tarea de articula-
ción y síntesis para —sin ignorar la singularidad y autonomía del pensa-
miento femenino y feminista que surge en esta época— relacionarlo con

165
Reseñas

las circunstancias nacionales y nacionalistas del momento, mostrando así


la organicidad y coherencia de la cultura mexicana en su totalidad, en la
cual una gran parte de las mujeres participaron dejando, no obstante, el
testimonio de la problematicidad social y cultural específica de su género,
junto con su particular perspectiva de los problemas nacionales. Labor de
rescate del pensamiento femenino y feminista, y labor de integración cul-
tural y nacional al mismo tiempo. Pero considerando sólo lo cultural fe-
menino, para caracterizar el trabajo de Gómez Campos, tal como lo hace
en el prólogo el eminente profesor Federico Álvarez:

Ella ha respondido al llamado imperioso de escribir como mujer, adoptando


una nueva perspectiva en el análisis de la actividad cultural femenina en México,
e intentando trazar una rama al menos de su genealogía acudiendo a la reflexión
filosófica y al “acercamiento a la propia capacidad discursiva de las mujeres”,
lejos de los códigos predefinidos por la cultura masculina. (p. xiii).

Esa “nueva perspectiva” a la que se refiere Álvarez, atendiendo a la in-


evitable brevedad de mi participación en este evento, la centraré exclusi-
vamente en unos pocos aspectos que destaca Gómez Campos en su libro.
Primero que nada, el que constata que quienes leen a las mujeres del
pasado y del presente lo hacen casi siempre no explorando un pensamien-
to, sino un anecdotario; mejor si es escandaloso o con imágenes
estereotipadas que comprueban prejuicios o ideologías excluyentes. Así
lo dice la autora:

Debido al carácter de exclusión que como cultura específica las mujeres sufren,
su escritura no se ha tomado en su sentido comunicativo sino en el orden de la
representación. Su discurso todavía a veces no es recibido como expresión de
una subjetividad autónoma, sino como un simple medio de autoidentificación.
No es aceptado como medio de comunicación sino más bien de transmisión y
reproducción de imágenes [...] sin ser reconocido o integrado como parte del
discurso teórico o intelectual del momento [...] una forma de expresión de la
humanidad misma, debido a una reducción previa del ser de la mujer a la leyen-
da. (Introducción, p. 10)

En segundo lugar, Gómez Campos plantea así las tesis e hipótesis que
orientan su investigación:

166
Reseñas

La realización del “sentido de sí” de las mujeres, concebida como la síntesis del
cuerpo y el espíritu, como la capacidad discursiva de darse un destino o descu-
brir ante sí misma y los otros su propia humanidad, acrecienta el valor de lo
humano al reconocer la dualidad de cuerpo y lenguaje que constituye a cada
género y asimismo a la especie. [...] A partir de esta tesis, la hipótesis que susten-
ta este trabajo es la idea de que existe una relación entre el discurso diferencialista
del pensamiento feminista mexicano y la situación pluricultural que debe en-
frentar el México moderno. El feminismo mexicano se concibe así, en el contex-
to diferencialista del México revolucionario, como un sincretismo entre la aspi-
ración social a la modernidad y la afirmación de la tradición cultural que sostie-
nen las mexicanas de este periodo, que se expresa en un rechazo crítico a una
modernidad que se pretende imponer al desarrollo cultural de México. (Ibíd., pp.
11 y 12)

En esta cita, Gómez Campos plantea ya un elemento diferencial del pen-


samiento feminista mexicano de la época, en contraste con el feminismo
internacional de carácter liberal e igualitario de entonces. Esta perspecti-
va diferencialista, sin embargo, se anticipa y entronca con el feminismo
italiano de la actualidad, así como con otras corrientes del feminismo que
han venido a rescatar la diferencia sexual, biológica y cultural de las mu-
jeres, como una categoría de análisis determinante y reivindicativa den-
tro del discurso social del presente. A lo largo de su trabajo, la investiga-
dora muestra el carácter precursor del feminismo mexicano en ese perio-
do, tanto como en el pensamiento de la modernidad y en el de la
posmodernidad, al apelar a un feminismo que reivindica la diferencia sin
que esto implique pérdida de autonomía; todo lo contrario, las mexicanas
estudiadas al reivindicar la diferencia sexual, pero ajena a desigualdades
sociales y culturales de género construidas con base en la ideología sexista,
planteaban un pensamiento de la diversidad cultural también considera-
da por la Filosofía de lo mexicano, aunque introduciendo la problemática
de género no considerada, esa sí, por dicha filosofía en esa etapa.
En tercer lugar, asumiendo este aspecto diferencialista en cuanto al
desarrollo de la autoconciencia del ser mujer de las mexicanas, o desarro-
llo del “sentido de sí” en cuanto constitutivo de una subjetividad reflexi-
va y autónoma como seres humanos, independientemente de la tradicio-
nal subordinación a las que estaban sometidas en la sociedad patriarcal,
Gómez Campos destaca en el discurso de estas cuatro mujeres que anali-

167
Reseñas

za —en las que Gabriela Mistral tiene que ver por su relación con
Vasconcelos que le pide la realización de una antología de lecturas para la
educación de las jóvenes mexicanas—, la significación determinante que
le dieron al carácter reproductivo de la mujer, a la maternidad en definiti-
va, que reivindicaron en tanto valor social y cultural como no lo hizo
entonces el feminismo de la igualdad en las grandes capitales mundiales.
Reivindicación que hoy no sólo encontramos en las feministas italianas,
sino también en la filósofa española Celia Amorós, y en esa primera y
paradigmática filósofa del feminismo mexicano que fue y es la reciente-
mente fallecida Graciela Hierro, cuya ausencia extraño por lo menos en la
bibliografía del libro de Gómez Campos, aunque seguramente está consi-
derada por ella en cuanto a la “tarea abierta” que menciona en la Introduc-
ción; tarea que supone la consolidación del “sentido de sí” de las mujeres
mexicanas en el siglo XXI, para elaborar una teoría emancipatoria de las
mismas. Entonces aparecerán sin duda dos filósofas mexicanas: Rosario
Castellanos, más conocida como poeta y novelista, y Graciela Hierro, así
como la atención a la literatura de las escritoras mexicanas, en la cual me
permito sugerir que Gómez Campos encontrará mucho material filosófi-
co y emancipatorio para la elaboración de la teoría que nos adelanta, en el
sentido amplio que ella utiliza el término “filosófico” en su libro, con el
fin de caracterizar algunos elementos del pensamiento femenino y femi-
nista de las cuatro mujeres precursoras que estudia en El sentido de sí.
En cuanto al tema de la maternidad, siguiendo una muy grata mención
para mí que hace Gómez Campos del filósofo español contemporáneo
Eugenio Trías, y siguiendo también la línea que ella argumenta sobre la
represión cultural que Occidente ha hecho del orden materno —o la ley
de la madre como yo le llamo en contradicción y contraste con la privile-
giada ley del padre—, este filósofo viene a cuento porque estudia una
nueva racionalidad como alternativa a la occidental que denomina “lógi-
ca del límite”, en la que “límite” implica considerar al ser humano como
un ser en falta y con falta. Es en esa lógica donde podríamos situar la
reflexión femenina diferencialista y la razón que recupera al orden mater-
no excluido de la cultura patriarcal de Occidente, especialmente en su
desarrollo iluminista o ilustrado. En el principio de uno de los libros de
Trías, La memoria perdida de las cosas de 1978, el filósofo alude a la contra-

168
Reseñas

dicción en el deseo fáustico entre lo determinado (masculino) y lo inde-


terminado (femenino), entre la razón y quizás podríamos decir que el
corazón. Trías se refiere a un pasaje de Fausto de Goethe (1749-1832), en
el cual el protagonista indaga sobre la dirección a la que lo conduciría
ciertos sombríos corredores. Mefistófeles le contesta que no le gustaría
descubrirle tan alto misterio, aunque le anticipa lo siguiente: “Hay unas
diosas que reinan altivas en soledad, sin tener en torno suyo ni lugar ni
tiempo; hablar de ellas produce confusión. ¡Son las Madres!”
Trías nos dice que Fausto, por primera vez en todo el poema, parece
asustarse y retrocede, exclamando de forma angustiada y evocadora: “¡Las
Madres! ¡Las Madres! ¡Qué extraño suena!” Sin duda se trata de un tiem-
po y espacio sin referencias, abismal, principio liminar y de dispersión
—dice Trías—, en el cual la individualidad y sus acciones quedan anona-
dadas. Una nada en la que sin embargo, Fausto “espera encontrar el todo”,
algo así —agrega Trías— donde se teje y desteje la legalidad de todo lo
vivo y existente: madre engendradora, madre conservadora, madre
transformadora y destructora, territorio paradójico. Pues bien, Gómez
Campos, de la mano de Nahui Olin, Michel, Rivas Mercado y Mistral, se
introdujo en este territorio que los filósofos de la mexicanidad presintie-
ron sin atreverse a entrar, lo que sí hizo Trías y no gratuitamente lo men-
ciona la investigadora.
Tal como lo afirma Gómez Campos, “el feminismo mexicano tiene su
propia historia” (p. 193), sin dejar de tener relación con la ruptura cultu-
ral que supuso la Revolución Mexicana y el desarrollo de la Filosofía de la
mexicanidad también relacionada con dicha ruptura. Pero en un enrique-
cedor giro intelectual, deslindándose de cualquier planteamiento
esencialista, ella plantea a modo de conclusión entre otras, lo que sigue:

Estamos de acuerdo con Marcela Lagarde en reconocer que en principio, las


mujeres viven en una condición de reclusión y de cautiverio, pero si no conside-
ramos que hay formas creativas en que las mujeres sobreviven en la opresión,
hablamos de una teoría que no prevé una solución al problema de la mujer. La
condición femenina no debe confundirse con la esencia femenina. Una teoría
que todo lo ve en términos de opresión y sufrimiento para las mujeres es una
teoría reificadora de la dominación. En este sentido, la política del feminismo
que hemos caracterizado como no separatista, la sociedad en que emergió, como

169
Reseñas

tradicionalista; y la cultura diferencialista que sustenta a ambas, nos permiten afir-


mar que éstas han sido algunas de las maneras en que las mujeres de principios
del siglo XX sobrevivieron creativamente a su propia opresión. (p. 200)

Y recuperar lo que hay de gozo y alternativas creativas en esa “condi-


ción” del “estar” femenino, no esencialista por naturaleza en un abstracto
“ser”, ofrece también una alternativa de reflexión para cierto estanca-
miento actual teórico-crítico y político de los movimientos feministas en
América Latina, e igualmente en México. Quizás lo dicho por Gómez
Campos explicaría, independientemente de otras consideraciones estéti-
cas, el éxito mundial que obtuvo la novela Como agua para chocolate (1989)
de Laura Esquivel, en la que se representa literariamente las luces y las
sombras del orden materno, con su peculiar erotismo nutricio y agónica
sexualidad genital siempre dependiente del patriarcado dominante. Femi-
nismo en tensión entre la tradición y la innovación, entre la tradición y la
modernidad, como puede apreciarse según la investigación de Gómez
Campos plasmada en su libro, así como en la filosofía y literatura nacio-
nalista de la época y quizás, todavía, en la del presente. Su trabajo de-
muestra la importancia de construir el conocimiento de acuerdo con la
propia realidad, de acuerdo también con la necesidad de esclarecer las
circunstancias concretas de nuestros países, para no pensar ni gobernar
dándole la espalda a nuestra historia y cultura.
En la dimensión de la ética, importantísima para Gómez Campos como
se desprende de su libro, quiero recordar el texto de La ética del placer
(2001) de Graciela Hierro, donde se dice lo siguiente:

La ética elaborada a partir del feminismo incluye el valor fundamental de la


experiencia de la vida femenina, tal como las mujeres elegimos vivirla, en la
medida que podemos elegir, muchas veces en verdad no eligiendo. Por ello es
necesario escuchar a las mujeres cuando hablan de su propia experiencia, para
comprender y aprender la sabiduría acumulada. (p. 129)

Pero antes, Hierro ya había afirmado:

Somos herederas del amor y de la inteligencia materna, así como de la hostili-


dad. Las respuestas agresivas más fuertes, tal como las amorosas más profun-

170
Reseñas

das, se refieren a las madres. De allí surgen los relatos de las rupturas con ella y
se levanta el sufrimiento, primera herida de separación que nos anuncia la últi-
ma, “a perpetuidad”, que es la muerte. (p. 13)

Hierro, siguiendo a María Zambrano, habla de la razón apasionada que


Trías aborda con otro nombre en su libro Tratado de la pasión (1979). Ra-
zón apasionada que tiene una rica tradición intelectual en España y asi-
mismo en América Latina y el Caribe. También Gómez Campos está des-
cubriéndonos en su libro esta ética y razón apasionadas en mujeres como
Nahui Olin, Michel, Rivas Mercado y Mistral, pero a partir igualmente de
un cierto matiz apasionado de la tradición intelectual mexicana, aunque
ahora más claramente en una vertiente femenina y feminista diferencialista,
pero no separatista o excluyente. En El sentido de sí la autora nos deja
cuestiones abiertas para seguir pensándolas, lo que entre muchos otros es
también un aporte de este libro en el cual se recupera la memoria afectiva
del pasado, no sólo de las mujeres sino también la de los hombres; memo-
ria afectiva y sensual que, como sabemos, ha sido saqueada por la moder-
nidad y sigue siéndolo por la posmodernidad, despreciando su trascen-
dente legado.
Rubí de María Gómez Campos ha escrito un libro que da voz a expe-
riencias y preguntas sumergidas, que tiene además que leerse varias veces
porque está preñado de ideas, propuestas, sugerencias y afirmaciones para
ser reflexionadas cuidadosamente. Reconozco que no he podido mostrar
aquí su complejidad. Pero lo que quiero destacar es que el libro de Gómez
Campos que hoy he tenido el privilegio de presentar, es una obra que
tanto las feministas como hombres y mujeres de otra filiación intelectual,
tendremos que leer y reflexionar despacio y con suma atención; sobre
todo que tendremos que considerarlo desde ahora para entender el desa-
rrollo de la cultura mexicana y, dentro de ella, el aporte que han hecho las
mujeres desde los inicios del siglo XX. Entre esos aportes y el no menos
importante, el de introducir la dimensión del cuerpo en la reflexión filo-
sófica y cultural. Esto es imprescindible, como lo demuestra Gómez Cam-
pos, para recuperar no sólo el desarrollo del “sentido de sí” de las mujeres
mexicanas, sino también el de nuestra misma cultura en el devenir de su
diversidad y totalidad.

171

También podría gustarte