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Metafisica de La Materia Manuel Carreira

Este documento trata sobre la metafísica de la materia no viviente. Explica que aunque la física estudia la materia, la metafísica se ocupa de preguntas sobre la materia que no pueden responderse solo con ecuaciones o medidas experimentales. También presenta al autor y sus credenciales académicas en física y filosofía.
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Metafisica de La Materia Manuel Carreira

Este documento trata sobre la metafísica de la materia no viviente. Explica que aunque la física estudia la materia, la metafísica se ocupa de preguntas sobre la materia que no pueden responderse solo con ecuaciones o medidas experimentales. También presenta al autor y sus credenciales académicas en física y filosofía.
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M e t a f í s i c a de l a m a t e r i a

Núcl eos t emát i cos de Fil osofí a de la Naturaleza,


mat eri a no viviente

Ma n u e l M . a C a r r e i r a

1
Tt-I
M E T A FÍSIC A D E LA M A TER IA puede
parecer un título extraño, pues se da por
supuesto que es la F ísica la que trata de
la materia, mientras la Metafísica se considera
el estudio de abstracciones muy poco ligadas
al mundo material. Sin embargo, es preciso
hacer preguntas a c e rc a de la m ateria
que no pueden responderse con una ecuación
o una medida experimental: éste es el campo
de lo que tradicionalmente se denominaba
“Cosmología'’ o “Filosofía de la Naturaleza”

E l autor. Manuel M * C^rreira, S .J., tiene


la preparación filo só fica y científica para
presentar en cada tem a lo s datos de
la F ísica m ás moderna- y para ver más
allá de esos datos los interrogantes filo ­
sóficos.

Después de su Licenciatura en Filosofía,


hizo su M aster y D octorado de F ísica
en Estados Unidos, obteniendo su título
con una te sis so b re R a y o s C ó sm ico s
dirigida por el P ro feso r C lyd e Cow an,
uno de los descubridores del neutrino.
D esde h ace 3 0 años alterna sem estres
dando c la se s de F ís ic a y A stron om ía
primero en Washington y luego en Cleveland
(John Carroll University) y de Filosofía de
la Naturaleza en la Universidad de Comillas.
E s también colaborador del Observatorio
Vaticano y miembro de su Junta Directiva.
A esta labor une una gran actividad como
conferenciante en España y en Am érica,
siendo invitado a congresos internacionales
sobre Ciencia Filosofía y Teología celebrados
recientemente en R om a Colombia y Méjico,
adem ás de repelidas intervenciones en
las más prestigiosas universidades españolas.

i
I

MANUEL M.a CARREIRA VÉREZ


P U B L IC A C IO N E S

D E LA U N I V E R S ID A D P O N T I F I C I A COMILLAS
M A D R ID

METAFÍSICA
DE LA MATERIA

Núcleos temáticos
de Filosofía de la Naturaleza,
materia no viviente

Serie III: LIBROS DE TEXTO, 27

PEDIDOS:
UPCo S ervicio de publicaciones
c/ Universidad Comillas, 3
28049 Madrid
Teléfono: 915 406 145 • Fax: 917 344 570
E d is o f e r , S.L.
c/ San Vicente Ferrer, 71
28015 Madrid
Teléfono: 915 210 927 • Fax. 915 322 863
oí4Wt*[Link] jy°N r,„CM
M eu sa
ICAI f .CADE
c/ Isaac Peral, s/n; Parcela 10
P L «1NDUCAN» C o m illa S
1 M A 0 «1 6 1
28840 Mejorada del Campo (Madrid)
Teléfono: 916 681 623 • Fax. 916 681 457 2001
IN D IC E

P r ó l o g o ..................................................
9
Pró lo go a la se g u n d a e d i c i ó n .....................................................
11
I. FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA: EL MUNDO DE LA MATE­
RIA NO-VIVIENTE ......................................... 13
II. OBJETIVIDAD DE LOS SENTIDOS................................................... 21
III. ESTRUCTURA ESPACIAL DEL MUNDO ........................................ 35
IV. MOVIMIENTO ....................................................... 51
V. EL TIEMPO ....................................................................... 67
VI. ACTIVIDAD DE LA MATERIA ........................................ 81
VII. CONSTITUCIÓN DE LA MATERIA ................................................ 99
VIII. ORIGEN DEL UNIVERSO..............................................
S B N: 8 4 -8 4 6 8 -0 3 4 -7 115
IX. FUTURO DEL UNIVERSO................................................ 129
C 2001. Ma m 'Ei M ' C arreira V£rez
O 2001. Universidad PovnnctA Comillas X. LÍMITES DEL CONOCIMIENTO............................................ 141
Depósito le g al M -43 158-2001

Diserto de cubierta BfLts R c a o G odos A p é n d ic e s


Compuesto c impreso por JPM G raphic. S L
MATERIALES QUE COMPLEMENTAN LA ASIGNATURA CON
«. Martínez Izquierdo 7 • 2S'i2.s Madrid
DATOS CIENTÍFICOS, HISTÓRICOS O FILOSÓFICOS
Impreso en España - P rin ird m Spatn
APÉNDICE I: EL ESPACIO DE LA RELATIVIDAD 153
APÉNDICE II: DATOS CUANTITATIVOS ........................................ 159
III: ESQUEMA HISTÓRICO DEL DESARROLLO DE LAS
a p é n d ic e
R e s e ñ a * » todo* los derechos E] contenido de esta ohra está prote»d<> por las ley o . que rstahlecen penas
CIENCIAS ...............................................................................................
4 mokas, ademas de las i [Link] tndemnizji iones pordartos y p cn u io "* parj quienes 163
rcpruduieran lotaJ a parcialmente el texto de este libro por cualquier procedimiento electrónico o m ecí mt > B i b l io g r a f ía ..............................................................................................
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PRÓ LO G O

Dentro del contexto de una formación filosófica universitaria, no debe faltar


un estudio sistemático de los problemas relacionados con la estructura y propie­
dades del mundo material. Tal estudio tiene raíces históricas que se remontan a
las épocas más primitivas de la filosofía griega, y ha sido siempre parte del queha­
cer filosófico de la Escolástica medieval y posterior, así como de la mayoría de
las escuelas diversas hasta épocas recientes.
El plan de estudios actual para la carrera universitaria de Filosofía, en Espa­
ña, incluye también a la Filosofía de la Naturaleza como una de las asignaturas
obligadas. Es difícil, sin embargo, encontrar libros que nos proporcionen una
visión actual, sistemática y unificada, de los problemas de tipo filosófico que
brotan de la ciencia moderna, y a los que ésta puede contribuir con una nueva
luz, necesariamente ausente de los tratados de siglos anteriores.
Por esta falta de libros que poder utilizar como base explicativa, me he visto
impulsado, a lo largo de más de 20 años de docencia, a presentar por escrito a
mis alumnos, en forma lo más concisa y clara posible, lo que considero puntos
centrales de una metafísica del mundo material. Este es el sigtiificado de estas
páginas: como indica el subtítulo, se trata de «Núcleos Temáticos», que no
pretenden desarrollar exhaustivamente cada punto, sino más bien dar la base
para un tratamiento más amplio en el aula, y un fondo lógico al que referir las
propias notas, más detalladas, de los alumnos. Por este enfoque, la lectura se­
guida del texto se hará, probablemente, un tanto dura: de no prestar atención al
empleo de cada palabra y a la delimitación de cada idea, se obtendrán impresiones
equivocadas o se creerá haber entendido, con una lectura superficial, lo que exi­
ge mucho pensamiento propio.
Por la misma razón de dar la trama esencial y no los detalles de cada tema,
se ve reducida a meras alusiones la presentación de opiniones históricas, incluso
de autores famosos. Dado suficiente tiempo, sería muy enriquecedora la compa-
10
m e t a f í s i c a d e la m a t e r ia

ración detallada de las opiniones filosóficas según escuelas, autores, períodos i


puntos de vista diversos; lo mismo podría decirse de la génesis de las ideas cien t í
ficas que los filósofos utilizan, consciente o inconscientem ente, en cada época P R Ó L O G O A LA S E G U N D A E D IC I Ó N
Tal labor no es parte del plan del presente libro; al contrario, por decisión expié
cita, he preferido considerar cada problema com o un interrogante al que es posible
dar, en principio, un número de respuestas mutuam ente excluyentes, sin abra
yar el hecho histórico de que tales respuestas hayan sido encontradas en un autor
o en otro. Un análisis lógico de sus contenidos y sus consecuencias nos llevara
a seleccionar una como la más satisfactoria, sin perdernos en detalles de herm e­
néutica o discusión de influjos y evolución ideológica.
Agradezco a mis compañeros de profesorado en la Universidad Comillas, a sí
como a mis alumnos, el haber llamado mi atención a lo que encontraban especial­
mente útil o deficiente: tales reacciones me han ayudado a refinar mis propias
ideas y su presentación hablada y escrita. Con gusto recibiré también los com en­ Casi diez años después de haber llevado a la prensa este trabajo en que se
tarios de todos aquellos que. a través de estas páginas, se sientan atraídos hacia aúnan datos científicos y análisis filosóficos, todavía parece suficientemente útil
el misterio de la materia, entorno y parte de nuestro propio ser. para justificar una nueva edición. No ha habido ningún desarrollo, ni en Física
ni en Filosofía, que obligue a cambiar el temario ni el análisis de las diversas
soluciones propuestas, pero si es posible puntualizar mejor algunos datos y ac­
M anuel M. C arreira vérez , S.J.
tualizar las referencias bibliográficas. Sobre todo he intentado que la lectura sea
un poco más fácil con la inclusión de subtítulos y de un form ato de impresión
más atrayente, además de desarrollar con mayor detalle algunos conceptos me­
nos comunes.
Sigue siendo una presentación de núcleos temáticos, que presuponen labor
propia por parte de un Profesor, y lectura atenta por parte de alumnos o de per­
sonas con interés filosófico en general. Si sirven de semilla capaz de germinar
en nuevas ideas, aunque esas ideas se aparten de las aquí expuestas, me sentiré
satisfecho y dispuesto a aprender de quienes vean con mayor claridad los mu­
chos misterios del mundo que nos rodea.
Universidad Comillas, Madrid - 01/01/01: comienzo de siglo y de milenio.

Manuel M. Carreira V érez, S.J.


I

F IL O S O F ÍA D E LA N A T U R A L E Z A :
E L M U N D O D E LA M A T ER IA N O -V IV IE N T E

INTRODUCCIÓN

Toda la actividad intelectual humana comienza en una interacción con


el mundo que nos rodea, una interacción en que la materia influye en
nuestros órganos sensoriales, estructuras también materiales que sinto­
nizan con las propiedades activas de la materia externa en orden a la
supervivencia y como fuente de posible conocimiento objetivo. Es en el
deseo de conocer objetivamente, de encontrar verdad — una represen­
tación correcta del mundo observable— donde está la raíz de toda ciencia
y filosofía.
La investigación del mundo físico puede realizarse a diversos niveles,
con metodología propia de cada uno y con criterios de certeza adecua­
dos a la metodología empleada. Si buscamos conocer el modo de proce­
der de algún tipo concreto de materia en unas circunstancias limitadas,
y si queremos buscar causas — razones— de orden próximo a lo que
observamos, tenemos ciencia experimental, «ciencia» en el sentido téc­
nico que hoy tiene la palabra. Tal conocimiento se verifica con predic­
ciones que son experimentalmente comprobables y que dan lugar a me­
didas cuantitativas, base de cálculos numéricos más o menos exactos.
Todo lo cual lleva a la formulación generalizada de modos de proceder
de la materia que se presentan como «leyes de la Naturaleza» en un sen­
tido analógico. Todo lo cual se acepta como independiente del observa­
dor o de su entorno cultural, con validez objetiva y universal.
El estudio que no se detiene en causas próximas ni en las medidas
cuantitativas forma un nivel más profundo que el propio del método
empírico de las ciencias de la materia. Se basa en nuestro conocimiento
sensible, ayudado por toda clase de instrumentos, pero no se detiene en
14 METAFÍSICA DE LA MATERIA
FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA EL MUNDO DE LA MATERIA NO-VIVIENTE 15

lo sensible: es una META-FÍSICA de la m ateria, cuya m etodología es el


raciocinio lógico, sin exigir la com probación experim ental de sus deduc­ tantes a partir de condiciones iniciales. Si no son conocidas las condiciones
ciones, ya mencionada como propia de las «Ciencias». Se va «más allá iniciales con exactitud, la aplicación de las leyes no puede dar lugar a
de la Física» según la etim ología original, aunque fuese referida a un predicciones fiables. Si no se conocen las leyes, no es posible pasar de
simple orden de trabajos aristotélicos. una situación primitiva a otra posterior. Como las leyes son descripciones
generalizadas del proceder de la materia, ya presuponen su existencia y
Aunque nuestro tema es común con el de las ciencias experim entales
propiedades. Consecuentemente, no puede aplicarse el método científico
(Física, Química, Biología, Astronom ía...), nuestro estudio se centra en
a problemas que implican la estricta creación o aniquilación de algo
los aspectos y propiedades no-cuantificables de la materia. Cabe la posi­
material. Se podría decir, brevemente, que la ciencia sólo trata de las
bilidad de que algún parám etro actualm ente no-m edible resulte ser obje­
transformaciones de la materia.
to de medida en un futuro más o m enos lejano: al llegar ese momento,
Por el contrario, la Filosofía trata del «qué», «por qué», «para qué», de
dejaría de ser sujeto de la Filosofía.
todo lo existente, material o inmaterial, remontándose a las causas últi­
Es importante insistir en que las ciencias de la materia se auto-defi­ mas y a los niveles más profundos del ser. No es de extrañar que esas
nen por el refrendo experim ental, al m enos POSIBLE en teoría, de sus preguntas sean de enorme dificultad, y que la respuesta, en la mayor
conclusiones. Si tal comprobación por m edidas cuantitativas no es posi­ parte de los casos, no sea completamente satisfactoria, sobre todo para
ble, ni hipotéticam ente, la sugerencia o conclusión deja de ser científica. nuestro instinto de visualizar o imaginar en términos de experiencia
Es, por tanto, incorrecto el uso de la palabra «infinito» para cualquier cotidiana lo que está muy alejado de ella (aunque esta misma incapaci­
parámetro del mundo físico: ninguna medida realizada con un aparato dad nos desafía también en la Física actual de la Relatividad y la Mecá­
finito puede dam os un valor estrictam ente infinito. Solam ente puede nica Cuántica). La falta de refrendo experimental, propia de las cuestio­
aparecer un valor indefinidam ente creciente como un lím ite de un pro­ nes filosóficas, puede dejamos también con la sensación incómoda de
ceso físico para el que no podem os lógicam ente asignar un término. estar haciendo castillos en el aire, sin verdadera certeza.
También es incorrecta la suposición de «otros Universos» si uno define A este respecto es necesario insistir en la unicidad de la verdad, aunque
«Universo» como la totalidad de cuanto existe de orden material, direc­ sea muy difícil encontrarla. No es lícito convertir a la Filosofía en una
ta o indirectamente susceptible de verificación experim ental, al menos lista de opiniones que se describen históricamente y por escuelas, a
por sus efectos pasados o presentes en el entorno observable. «Otro seguir o no según gustos o tradiciones particulares. La «Historia de la
Universo» es, autom áticam ente, pura ficción no-científica si se propone Filosofía» no es Filosofía, como tampoco la «Historia de la Física» es
como solución de un problema. Física. Queremos alcanzar un conocimiento universal y cierto, entre la
Por la exigencia de com probación experim ental cuantificable, cae multitud de posibles soluciones erróneas para cada problema. Esta certe­
fuera del ámbito científico toda la actividad artística, afectiva, social y za puede, en principio, obtenerse por raciocinio lógico, que descarta las
ética del Hombre. No es posible, lógicam ente, esperar que una teoría soluciones que llevan a conclusiones absurdas o que no son compatibles
física explique y prediga la actividad intelectual y volitiva, para la cual con otras posiciones (científicas o filosóficas) indudablemente correctas.
no hay ningún parámetro medible. Ni puede pedirse tam poco que las Si la certeza resulta inalcanzable en un problema, debe briscarse la solu­
ciencias experimentales den las respuestas a preguntas sobre finalidad ción más probable por su coherencia y su fecundidad, no por razones
o razón suficiente del Universo o de sus partes. Son todas éstas pregun­ de escuela o gusto personal.
tas «meta-físicas», más allá de la Física, que no pueden responderse con Para tratar filosóficamente de la materia necesitamos basam os sobre
una fórmula o un número. los datos de la ciencia contemporánea. En ella tenemos que distinguir
Podríamos decir que la ciencia es una respuesta al «cómo» ocurren los verdaderos datos experimentales de su interpretación, teñida muchas
las cosas en el mundo de la materia, con referencia causal solam ente a veces de prejuicios científicos o filosóficos, o distorsionada inconscien­
las causas más inmediatas. Esta respuesta solam ente puede formularse temente por la inexactitud de un lenguaje ambiguo, en que la misma
en el marco d e leyes que describen procesos con modos de proceder cons­ palabra tiene un significado muy diverso para el físico y el filósofo. Tal
16 METAFÍSICA DE LA MATERIA
FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA EL MUNDO DE LA MATERIA NO-VIVIENTF. 17
ambigüedad es obvia en discusiones de m asa, vacío, espacio, azar, etc., y
sus resultados son penosam ente visibles en libros y artículos, escritos cable. Por tener el mismo objeto que ésta, debe basarse en sus datos, y
aun por autores em inentes en sus campos. las conclusiones filosóficas no pueden estar en contradicción con los
El punto de vista histórico, necesario para entender el planteamiento hechos establecidos experimentalmente.
de cada problem a filosófico en el marco conceptual de cada autor, es tan Decía Einstein que todo científico tiene, como base de su trabajo, una
sólo de valor ocasional en esta asignatura. Puede aclarar el significado doble fe1 no-científica: la convicción de que el mundo externo existe, y de
de térm inos de uso com ún, y puede hacer más viva una idea, al presen­ que es posible entenderlo, porque es «ordenado», no arbitrario. Podemos
tarla como propia de un autor conocido: «Espacio New toniano», «Leyes también asumir esa doble afirmación para nuestro estudio, dejando a la
Epistemología la tarea de justificar la doble fe. Quien no tiene certeza de
de Kepler», etc. Pero no es necesaria ni una interpretación de textos ni
la existencia de realidades fuera de su mente, no puede hacer ni Física
una crítica de significados, influencias o tergiversaciones posibles al atri­
ni Filosofía de la Naturaleza.
buir ciertas ideas a determ inados autores. Las posiciones filosóficas,
como tam bién las científicas, se juzgan sólo por sus argum entos, no por
sus autores.
La m etodología de este estudio queda delimitada por estas conside­ El nombre tradicional de este estudio filosófico ha sido COSMO­
raciones. En cada tema, presentarem os lo que la ciencia actual nos ofre­ LOGÍA, estudio del Cosmos, palabra griega que denota lo existente como
ce com o seguro y de aceptación universal, distinguiéndolo de lo más o algo ordenado, capaz de producir un placer estético por la belleza inhe­
menos probable y de lo meram ente hipotético. Tal acervo de datos no es rente a todo orden, material o de carácter lógico. La inteligibilidad de
discutible ni provisional, aunque puedan serlo sus interpretaciones. A las partes y sus relaciones para formar un todo, son la raíz de una belle­
za buscada y apreciada aun en una fórmula.
continuación, indicarem os los problem as que se nos presentan, más allá
En el lenguaje técnico moderno, se da el nombre de Cosmología a la
de las teorías científicas. Tales problem as, en general, podrían tener
rama de la Astrofísica que trata de la estructura y evolución del Univer­
varias soluciones filosóficas; deben éstas escogerse o desecharse por sus
so en su totalidad. Es, por tanto, una ciencia experimental, de observa­
consecuencias lógicas, compatibles o no con otros datos o principios ya
ción y medida, como el resto de la Astrofísica. Por este uso de la pala­
aceptados, en ciencia o en filosofía. La realidad, y su expresión en ideas,
bra, ya consagrado por un sinnúmero de publicaciones sobre el tema, es
no puede encerrar contradicciones.
preferible utilizar para nuestro trabajo el título explícito y descriptivo de
Conviene, finalmente, hacer una distinción clara entre «Filosofía de la
FILOSOFIA DE LA NATURALEZA.
Ciencia» y «Filosofía de la Naturaleza». La prim era trata de la Ciencia,
Sobre la base bien establecida de datos científicos, buscamos una
como actividad intelectual hum ana, para estudiar su m etodología y su
prolongación y una síntesis lógica: por eso queremos saber, prim era­
validez en la búsqueda de conocimiento objetivo acerca del mundo mate­
mente, lo que la Ciencia nos presenta, para no raciocinar en un vacío o
rial. Los procesos de inducción y deducción, la aplicabilidad de leyes, el sobre bases anticuadas o falsas. Trabajo difícil, por la exigencia doble de
estudio de errores y extrapolaciones, son temas de esa filosofía que inten­ conocimiento científico y de seguridad filosófica: no es extraño que haya
ta valorar nuestras ideas relacionadas con el conocim iento de la materia, muy pocos autores que tengan tal maestría y que se atrevan a tocar los
ya sea en Física, Astronomía, o cualquier otra rama de las ciencias experi­ temas fronterizos: siempre se reconoce como limitación obvia la propia
mentales. Es, pues, la Filosofía de la Ciencia, una parte de la Epistemolo­ falta de competencia en muchos campos Pero es en estas zonas limítro­
gía (Teoría del Conocimiento), de carácter subjetivo, ya que trata de lo que fes donde se encuentran los temas más interesantes, por lo que tienen
ocurre en nuestra mente como representación de la realidad extramental. de caminos abiertos a un panorama inagotable.
En cambio, la Filosofía de la Naturaleza trata de esa realidad extramental
en sí misma. Es semejante a las ciencias experim entales en ese respecto: 1 La palabra «fe» no indica aquí «conocimiento adquirido por testimonio de per­
quiere describir lo que hay fuera de nosotros, aunque se limite a propie­ sonas dignas de crédito», ni algo religioso en su origen o contenido, sino una confian­
za o persuasión razonable, aunque sin demostración explícita previa.
dades no medibles, como extensión de la Física, limitada a lo cuantifi-
18 METAFÍSICA DE LA MATERIA
FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA; EL MUNDO DE LA MATERIA NO-VIVIENTE 19
Tratarem os de la N A TU RALEZA. Una abstracción en la que se con ­
densa todo lo que puede im presionar los sentidos, directam ente (mundo ígneo, que todavía llena el espacio con un eco de ondas de radio como un
próxim o, m acroscópico), o indirectam ente, con el auxilio de instru­ llanto de recién nacido. La palabra CREACIÓN se ha hecho parte del voca­
mentos. Incluim os así los objetos más rem otos, por su distancia o su pe- bulario científico, y se calcula la edad del Universo hacia un pasado en
que el Tiempo mismo tiene un comienzo. De sus características, hace casi
queñez, pero también aquellos que no son sensibles por carecer nuestro
20 mil millones de años, se deducen partículas hipotéticas, la densidad
organism o de receptores adecuados, pero que se m anifiestan como ínti­
actual del Universo, y su evolución futura. Mientras tanto, nuevas técni­
m am ente relacionados con lo sensible y sem ejantes a otros fenómenos
cas de observación, desde la superficie terrestre y desde el espacio, ensan­
que sí son perceptibles. No tratarem os del aspecto peculiar de la vida,
chan nuestros horizontes y convierten en objetos ya «normales» los des­
aunque sí de los seres vivos en lo que tienen de base material, común con
critos hace pocos años con términos nuevos en el vocabulario científico:
el resto del U niverso y sujeta a las m ismas leyes y los m ism os procesos. pulsares, hoyos negros, quasares...
Nuestra investigación va dirigida, especialmente, a personas con voca­ La Teoría de la Relatividad Generalizada no es ya sólo una hipótesis
ción filosófica, pero que quieren conocer el U niverso que presenta la elegante, pero sin confirmación experimental: mediciones de una perfec­
Edad Espacial del nuevo Siglo y nuevo M ilenio. Tam bién se dirige a ción casi increíble han confirmado varias de sus predicciones más cru­
aquellos científicos que se ven acuciados por preguntas básicas, m ovi­ ciales, incluso las que chocaban contra la experiencia vulgar y científica
dos por la tendencia natural del hom bre a «filosofar». De hecho, son de siglos pasados. Así sabemos que los fenómenos físicos por los que
científicos la m ayor parte de los autores que publican artículos y libros detectamos el paso del tiempo ocurren más lentamente en un sistema
sobre temas científico-filosóficos, pues muy pocos filósofos se encuentran acelerado; que la masa aumenta hasta miles de veces con la velocidad;
dispuestos a profundizar en datos y teorías científicas. que el espacio se curva en un campo gravitatorio, produciendo distorsio­
V ivim os en una época intelectualm ente privilegiada. Nunca ha sido nes ópticas e imágenes múltiples; que la emisión de ondas gravitatorias
el panoram a del saber tan interesante com o lo es hoy día, por los rápidos roba energía orbital a un pulsar doble. Poco a poco se van recogiendo los
avances de los últim os cien años y por los pasos decisivos que se presien­ datos necesarios para responder a la pregunta sobre la estructura geomé­
ten para la com prensión de Ja m ateria en sus constitutivos más dim i­ trica del Universo, y así saber si vivimos en un espacio Euclídeo o curvo,
nutos y en sus estructuras m ás gigantescas. Podem os enum erar, sucin­ con implicaciones también para el futuro del Cosmos y su expansión.
tam ente, algunos temas: Al mismo tiempo, la Mecánica Cuántica, que tan fecunda y eficaz ha
La constitución atóm ica de la m ateria, objeto de tantas discusiones sido en el desarrollo de la Física de lo pequeño durante este siglo, conti­
seculares, ya no es asunto debatible en Filosofía ni en Física. Hoy se núa siendo algo extraño, aparentemente irreconciliable con la Relati­
trabaja sin cesar en determ inar las fam ilias fundam entales de partículas vidad, y dando lugar a interpretaciones que desafían toda lógica, unas
subatóm icas, barruntando un orden que permita acercam os más al sueño de tipo idealista y otras que implican causalidad instantánea a distan­
de la sencillez o unidad que repita, a la escala ínfim a del «M odelo Están­ cia. Más y más se escucha en los medios científicos la esperanza de un
nuevo avance que cambie nuestra visión del mundo como lo hizo la
dar», el éxito de la clasificación de los elem entos «sim ples» en el Siste­
Relatividad a principios de siglo. Los dos grandes pilares de la Física
ma Periódico. Son ahora las supercuerdas las en tid ades— actualm ente sólo
moderna tal vez lleguen a fundirse con las nuevas ideas de estructura
m atem áticas— que tal vez nos perm itan expresar a la m ateria en sus
de partículas o con las sugerencias de una «Gravedad Cuántica» en que
niveles más profundos. Con el m ismo fin, se busca la Teoría de la Gran
el fondo mismo de espacio-tiempo tiene una estructura granular y es,
Unificación de todas las fuerzas conocidas, a niveles de energía que so­
simultáneamente, base de ondas y vibraciones multidimensionales de
brepasan tan drásticamente las energías de los m ayores aceleradores que
todo tipo, incluso de «nudos» que se detectan como partículas. Lo que
los físicos de partículas tienen que convertirse en cosm ólogos para ir en
sí es cada vez más evidente es que la realidad material, tan asombrosa
busca de sus comprobaciones al com ienzo mismo del Universo.
en lo grande, es aún más misteriosa e inimaginable en lo pequeño, de­
Hace tan sólo 35 años que se detectó, para sorpresa incluso de los que
safiando nuestro mismo concepto de materia.
la predecían, la «radiación del fondo cósm ico», reliquia de un origen
20 METAFÍSICA DE LA MATERIA

Una m irada histórica general al desarrollo de la Ciencia y de la Filo­


sofía de la Naturaleza, nos hace ver la línea de objetividad y racionalidad
que parte de los filósofos griegos y llega hasta nuestros días, bifurcada
en Ciencia como trabajo experim ental, y en raciocinio filosófico. En todo
ello, la cultura de Occidente progresa sobre la base de la distinción indu­ O B J E T IV I D A D D E L O S S E N T ID O S
dable entre sujeto pensante y mundo observable. Y no sólo observable,
sino tam bién com prensible, por estar sujeto a leyes lógicas que impo­
nen un orden detectable, con m ayor o menor claridad, a todos los nive­
les. Com o contraste, las grandes culturas de Oriente, insistiendo en una
identificación mística de sujeto y objeto, en procesos cíclicos, en la unión
de lo contradictorio, han dejado a un lado el estudio científico. Así vemos
Astrología en lugar de Astronomía, recetas m ágicas en lugar de Química
o Medicina, talism anes y «energías» ocultas en lugar de Física. Esta dife­
rencia en el desarrollo cultural, hedía notar por muchos autores, alcan­
za aun a la concepción del Hombre y de la Divinidad, y a la relación de Conocemos al mundo de la materia por su interacción con los senti­
ambos con la materia. La frase bíblica optim ista, siguiendo a cada etapa dos: órganos materiales que reaccionan a las fuerzas propias de la m ate­
creativa del Génesis: «Y vio Dios que era bueno», pone las bases para ria. Toda nuestra actividad cognoscitiva tiene su origen en la sensación,
aceptar en el Cristianism o una Encam ación en que la Divinidad misma o bien como fuente de datos sobre la materia misma, o como medio para
se une indisolublem ente a la materia. En lugar de negarla, rechazarla, o recibir información adquirida por otros observadores. El dicho tradicio­
nal: «Nada hay en la mente que antes no haya estado en los sentidos»,
elim inarla, la ennoblece por encima de toda dignidad im aginable.
sigue siendo verdad. No hay ninguna evidencia convincente de conoci­
De esta M ateria, tan íntim am ente nuestra, nos atrevem os a tratar en
mientos innatos o de iluminaciones de tipo natural que nos den infor­
este estudio.
mación directamente sobre el mundo de la materia.
Como todo instrumento finito, también los sentidos tienen posibili­
dades limitadas de reaccionar ante el mundo externo, tanto desde el
punto de vista cuantitativo como cualitativo. Es claro que no percibimos
objetos de tamaño inferior a un umbral de visibilidad o de extensión,
como tampoco sentimos sonidos débilísimos o sabores diluidos indefi­
nidamente. En el extremo opuesto, encontramos estímulos que sobre­
pasan la capacidad de reacción de cualquier órgano: una luz cegadora,
un ruido ensordecedor. Es lo mismo que ocurre con cualquier aparato
de laboratorio: tiene un rango limitado de sensibilidad.
Cualitativamente, tenemos que aceptar las limitaciones de los senti­
dos, incapaces de informamos directamente sobre ondas de radio o tele­
visión, o sobre campos magnéticos o rayos cósmicos. Los sentidos son
ventanas parciales abiertas a un mundo muy complejo. Tal vez el factor
que más contribuye al avance científico es la capacidad de usar nuevos
instrumentos para abrir nuevas ventanas hacia el mundo, como ha ocu­
rrido en los últimos cien años con el desarrollo de la radioastronomía o
con la puesta en órbita de telescopios de rayos X, ultravioleta o infra-
22 METAFÍSICA DE LA MATERIA
OBJETIVIDAD DE LOS SENTIDOS 23

rojos, indetectables a] ojo hum ano y a los instrum entos que observan a
través de la atm ósfera. y otra de la que guardamos una memoria. ¿En qué sentido es, filosófi­
camente, sostenible su objetividad como fuentes de conocim iento del
La pregunta filosófica que nos concierne al com enzar el estudio de la
mundo externo? Y si nuestra imagen del mundo es muy parcial, puedo
naturaleza puede expresarse de una forma doble: ¿es objetivo nuestro
decir que lo conozco correctamente y que hay un parecido básico entre
conocim iento del m undo externo, o es nuestra sensación tan subjetiva
lo que percibo y los objetos de mi sensación?
que no nos dice nada de lo exterior a nosotros? Suponiendo una respues­
ta que afirm a la objetividad, ¿se parece la materia a la im agen que de
ella nos dan las sensaciones? Com o verem os, las dos preguntas son su­ DATOS CIENTÍFICOS
ficientem ente independientes para no poder contestar autom áticam ente
la segunda en función de la primera. Aun sin entrar en los detalles propios de la Física y la Fisiología,
Un ser hum ano, con el uso normal de todos los sentidos, adquiere la conviene aclarar qué procesos se dan en las diversas sensaciones para
m ayor parte de la inform ación por medio de la vista, en una experiencia poder evaluar su objetividad. Comenzaremos por hablar de la visión,
personal. El oído es m ucho m enos im portante para experim entar la ma­ como proceso de máxima importancia, según hemos indicado antes.
teria en sí m ism a, aunque tiene, en m uchas culturas, una prim acía indis­ El ojo es un receptor de energía en forma de ondas electromagnéti­
cutible com o fuente secundaria de inform ación, recibida de otros (en cas, variaciones cíclicas del campo eléctrico y magnético del espacio,
sociedades donde la escritura es im portante, la vista es también el canal vacío o no. En común con cualquier otra «onda», la luz tiene una distan­
más am plio de inform ación). Los otros sentidos, gusto, olfato y tacto (con cia determinada de cresta a cresta (longitud de onda) y una frecuencia,
sus m últiples funciones de detectar dureza, textura, temperatura, tama­ que indica el número de crestas que pasan un punto dado en cada se­
ño...) son más lim itados, aunque dan una im presión m ayor de certeza gundo. El producto de frecuencia y longitud de onda nos da su veloci­
fiable, aun en contra del testim onio de la vista o del oído. Tal vez sea así dad en un medio determinado.
porque estas sensaciones aparecen m ás com o una reacción propia a la Llamamos luz visible a la que comprende longitudes de onda que van
actividad directa de la materia externa, m ientras que la vista (y el oído, desde 400 milésimas de miera hasta 700, correspondientes a los colores
en m enor grado) parece tener una referencia exclusiva al estím ulo exter­ del violeta al rojo. Longitudes más cortas corresponden, sucesivamente,
no y distante. al ultravioleta, rayos X y rayos gamma, no detectables por nuestro ojo.
Longitudes de onda mayores, también invisibles, corresponden al infra-
rojo, micro-ondas y ondas de radio. Las diferencias son meramente cuan­
titativas, con mayores energías correspondiendo a longitudes de onda
PRO BLEM A DE O BJETIV ID A D VERIFICABLE
más cortas (frecuencias más elevadas).
Al incidir en la córnea (parte externa, curva y transparente del globo
En todo trabajo científico se m anifiesta la objetividad de datos o expe­
ocular), la luz cambia de dirección para dar en la retina una imagen in­
rim entos en la posibilidad de com probación independiente por otros
vertida del objeto fuente de luz. Células foto-sensibles sufren cambios
observadores, en cualquier otro lugar y tiempo. Pero la sensación es inco­
químicos al absorber la energía lumínica, y tales cambios dan lugar a una
municable: nunca podem os saber exactam ente cóm o ve otro sujeto lo que
señal que se propaga por el nervio óptico hasta llegar a la corteza visual
nosotros vemos, (aunque usem os el lenguaje de un m odo unívoco, lla­ del cerebro (parte posterior de la cabeza) Allí se combinan las imágenes
m ando — por ejemplo— verde al color de la hierba fresca, no sé qué es lo de ambos ojos para presentar en forma tri-dimensional (estereoscópica)
verde para otra persona). Menos aún puedo adivinar qué reacción de sabor los objetos del campo visual.
causa un alim ento en una boca distinta de la mía. Esta falta de posible Los datos científicos modernos hacen notar el papel importantísimo
comparación parece relegar las sensaciones al nivel de experiencias tan que tiene el procesado de imagen por el nervio óptico y por el cerebro.
subjetivas como pueden serlo los sueños. Ni siquiera nosotros m ismos Por ejemplo, es posible observar el mundo a través de lentes prismáti-
podemos establecer una comparación exacta entre una sensación actual
24 METAFÍSICA DE LA MATERIA
OBJETIVIDAD DE LOS SENTIDOS 25
cas que hacen que la imagen se forme en la retina sin la inversión que,
norm alm ente, es inherente al proceso visual. En esas cond iciones, el El fenómeno opuesto se da también, aun para el ojo normal. La combi­
sujeto ve las cosas inicialm ente invertidas, pero bastan unos días para nación de imágenes monocromáticas (fotos hechas en blanco y negro en
que el cerebro re-interprete los estím ulos y los haga coherentes con los longitudes de onda distintas) dan lugar a una imagen con colores correc­
otros datos sensoriales que nos indican posiciones de «arriba» y «abajo», tos cuando se combinan con un proyector o con visión estereoscópica.
e incluso con los datos de sensaciones previas. Esto ocurre en nuestra En forma semejante, un disco que gira con segmentos negros sobre fondo
experiencia cotidiana del color: m ientras que una película fotográfica blanco, puede dar lugar a que se vean colores diversos según la velo­
cidad y la intensidad de la iluminación.
reacciona de forma m uy distinta a la luz del día o a lám paras incan­
descentes o fluorescentes (colores rojizos o verdosos cuando se hacen Finalmente, es común la experiencia de «fosfenos», sensaciones lumi­
nosas por estímulos de presión sobre el ojo, ya sea en forma controlada
fotos en esas condiciones con película de luz diurna), el ojo y cerebro
o accidental. Y la estimulación directa del cerebro con pequeños electro­
com pensan tales diferencias de ilum inación para hacem os ver con color
dos puede hacer «ver» con extraordinaria viveza objetos de sensaciones
«norm al» a personas dentro o fuera de casa.
muy lejanas en el tiempo.
El poder de resolución del ojo (finura máxima de detalle discernióle)
Si nos fijamos en los objetos que aparecen en nuestra experiencia
viene lim itado por la naturaleza de la luz como onda y por la separación
visual, debemos prestar atención a aquellos que tiene colores diversos
de células sensibles en la retina. Suele decirse que el tam año angular según las condiciones de observación. Burbujas de jabón, manchas de
m ínim o para el ojo norm al es de un minuto de arco (una treintav a parte aceite sobre el agua, plumas de pavo real, cambian drásticamente de
del diám etro aparente de la Luna o el Sol). Tam años inferiores se perci­ color según el ángulo de incidencia de la luz y la posición del ojo. No es
ben com o puntos sin dim ensiones. posible, por ejemplo, obtener pigmentos verdes y azules de una concha
La resolución del ojo es m áxim a para im ágenes form adas sobre la nacarada en la que vemos esos colores con una viveza tan atrayente.
m ácula, en el eje óptico, donde abundan las células en forma de cono Verdaderamente no puede pensarse que ese color es una propiedad del
que son poco sensibles a la luz, pero tienen sensibilidad al color y «gra­ objeto en sí: depende de las condiciones de observación. La misma exis­
no» m uy fino. Por eso m iram os fijam ente al objeto que querem os obser­ tencia del objeto parece cuestionable cuando observamos espejismos o
var en detalle. En cambio, para objetos de muy débil luminosidad, entran imágenes super-reales producidas con simples espejos cóncavos o con
en ju ego los «bastoncitos», de grano grueso, incapaces de diferenciar métodos holográficos. Proyecciones tridimensionales, sean fijas o en el
colores, pero de enorm e sensibilidad a la cantidad mínima de luz. Por cine, nos hacen reaccionar instintivamente como lo hacemos ante la rea­
eso vem os a las estrellas casi uniformemente blancas, m ientras que con lidad.
un telescopio, o usando película fotográfica, es posible ver que tienen La evidencia visual directa también parece contradecir los datos cientí­
gran variedad de colores. Y objetos de luminosidad m uy débil se perci­ ficos acerca de la estructura de la materia de apariencia más sólida. Ni
ben m ás fácilmente si se miran no de frente, sino un poco fuera del centro siquiera la corroboración táctil es fiable: lo que mis sentidos me dan como
del cam po visual. continuo, impenetrable, sin huecos, es una nube de partículas en movi­
miento a distancias mutuas comparables en escala a las que hay entre
los planetas. Realmente es un desafío a la reacción de «sentido común»
Anomalías visuales que nos hace creer que las cosas son exactamente como las vemos.
El ojo puede recibir la ayuda de instrumentos que recogen gran canti­
dad de luz para hacer visibles objetos muy débiles (telescopio) o muy
Es conocida la limitación frecuente de la percepción crom ática llam a­
pequeños en tamaño angular (telescopio, lupa, microscopio). Mientras
da «Daltonismo», en que colores de tonos rojizos difícilm ente se distin­
lo único que haga el instrumento sea un cambio cuantitativo del estí­
guen de sus correspondientes tonos verdosos. Casos extrem os se dan
mulo, para hacerlo perceptible al ojo, lo dicho hasta aquí es aplicable
raramente en que no hay percepción de color com o tal, sino solam ente
también a esa experiencia sensorial mediatizada por el aparato.
de tonos grises.
26
METAFÍSICA DE LA MATERIA
OBJETIVIDAD DE LOS SENTIDOS 27
Otras sensaciones
receptores específicos de las fosas nasales. El tacto reacciona a presio­
El estím ulo para el oído es tam bién una onda, pero de índole mecáni nes, uniformes o variadas para dar la impresión de textura lisa o áspe­
ca: com presiones y rarefacciones en un m edio m aterial, norm alm ente el ra, a reacciones químicas que afectan a la piel; a diferencias de tempera­
aire. Las frecuencias que son audibles para el oído hum ano en condi­ tura con respecto al órgano (el metal, por su conductividad con respecto
ciones óptim as van desde los 20 a los 20000 ciclos (vibraciones por segun­ a la piel, parece más caliente o más frío que la madera, aun a idéntica
do, H ertzios). D urante la edad adulta hay una pérdida constante de temperatura). Cuando la interacción es destructiva tenemos la sensación
sensibilidad que afecta, sobre todo, a las frecuencias más altas. La «defi­ de dolor, que tiende a enmascarar lo específico del estímulo (sensación
nición» sonora, capacidad de percibir com o diversas dos frecuencias muy equivalente ante un objeto que quema o uno que es extremadamente
próxim as, varía notablem ente de un sujeto a otro, y parece depender en frío).
gran parte de la educación, no sólo de índole m usical sino lingüística Una vez más, la sensibilidad de cada sujeto varía enormemente para
(por ejem plo, la necesidad de distinguir tonos es parte im portante del el gusto y el olfato. Aunque la sensación misma es incomunicable, es
aprendizaje de la lengua china, y la pronunciación correcta de otra lengua lógico pensar que difiere drásticamente cuando el mismo alimento es
apreciado como exquisito por una persona mientras produce repugnancia
depende m uchas veces de una educación para distinguir sonidos que se
consideraban idénticos). y desagrado a otra. Lo mismo puede decirse del olfato, y podemos añadir
que ambos sentidos tienen un componente muy obvio de experiencia o
A sí com o el estím ulo visual es m odificado y com binado en el nervio
condicionamiento a partir de la infancia. Incluso las reacciones táctiles,
óptico y en el cerebro, el estím ulo auditivo lo es tam bién. Pequeñas dife­
sobre todo a la temperatura ambiente, parecen extremadamente subje­
rencias en el tiem po de llegada a am bos oídos, de intensidad y de fase,
tivas y dependientes de la experiencia que condiciona al cuerpo para reac­
nos perm iten localizar la fuente sonora, lateralm ente y en profundidad: cionar a cambios climáticos.
gran núm ero de in vestigacion es para la reproducción m usical de alta En el remo animal se dan, en general, los mismos sentidos en la mayo­
fidelidad se encam inan, precisam ente, a dar la sensación de distancia y ría de los organismos macroscópicos que en el hombre: observamos reac­
disposición de los instrum entos de la orquesta. ciones a estímulos lumínicos, sonoros, químicos. Pero la relativa impor­
M ientras el ojo no puede separar los com ponentes de distintas longi­ tancia de cada sentido es muy diversa: el mundo sensorial de un perro
tudes de onda en un haz de luz, sino que ve un color resultante único, está dominado por el olfato, por ejemplo. También es muy diversa la
el oído sí puede distinguir las diversas frecuencias, aun en algo tan com ­ gama de estímulos aceptables, que se extienden a los ultrasonidos en
plejo com o un pasaje orquestal. A un nivel m ás bajo, en la vida diana, exceso de 40.000 ciclos para un perro, y al ultravioleta para la visión de
podem os distinguir una voz o un sonido que nos interesa contra el fondo las abejas, mientras hay serpientes que encuentran su presa mediante
de ruido de un grupo num eroso («efecto cóctel»). Y podem os ser perfec­ receptores de infra-rojo. Hay también, en algunas especies, sentidos to­
tam ente conscien tes de varios son idos ind epend ientes, con suficiente talmente nuevos: algunos peces pueden detectar directamente campos
atención para notar claram ente si uno de ellos varía, aun m ínimam ente. magnéticos o eléctricos, reaccionando de diversa manera a la presencia
T am bién es notable la gam a de sen sib ilid ad auditiva en térm inos de de materiales conductores o aislantes, sin contacto con ellos. Sentidos
intensidad: la presión sobre el tím pano correspondiente al sonido audible de orientación magnética parecen también ser responsables del compor­
m ás débil es unos 10.000 m illones de veces m enor que la presión atm os­ tamiento de aves migratorias.
La tecnología moderna permite al hombre detectar cualidades mate­
férica norm al. La razón de presión del sonido m ás fuerte al más débil es
riales que no impresionan nuestros sentidos, por mucho que se modifi­
del orden de 10.000 billones.
que su intensidad. Para ello debemos transformar el estímulo en otro
Los dem ás sentidos reaccionan a la presencia inm ediata del objeto,
que sea sensible y que guarde una relación de analogía con el original.
en contacto m ás o m enos íntim o con el órgano sensorial. El gusto reac­
Podemos, por ejemplo, obtener señales acústicas correspondientes a
ciona a la actividad quím ica de cuerpos solubles en la saliva. El olfato
ondas de radio; podemos crear imágenes visibles a partir de rayos X o
reacciona a m oléculas de gases que parecen encajar, según su forma, en
28 METAFÍSICA DE LA MATERIA
OBJETIVIDAD DE LOS SENTIDOS 29

de resonancia magnética de órganos en estudios m édicos. M ientras sea


la objetividad de la sensación haciendo notar que toda la materia está
demostrable la correlación constante entre el estím ulo original y su
compuesta de unidades ínfimas (átomos, en un sentido más o menos
representación sensible, el problem a filosófico no es esencialm ente dis­
moderno), y que tales unidades no son perceptibles por los sentidos ni
tinto.
puede asignarse a ellas color o sabor o cualquier otra cualidad corres­
pondiente a nuestras sensaciones. Esta era ya la postura de los atomistas
¿SON FIABLES NUESTRAS SENSACIONES? griegos, comenzando con Demócrito y siguiendo con Protágoras, Epicuro
y Zenón. En épocas más recientes, Descartes sólo admite la extensión
La interacción estím ulo-órgano sensorial tiene una dependencia clara como realidad física de los cuerpos; Heisenberg representa la actitud de
de ambos extremos de la relación y de las condiciones bajo las que ocurre. la Física actual negando las cualidades sensibles de los átomos.
En forma esquem ática, podem os ind icar las sigu ientes razones para Desde el campo de la psicología experimental, se niega la objetividad
poner en duda la validez objetiva de nuestro conocim iento sensible: de las sensaciones basándose en su dependencia del órgano. La Ley de
Weber y Fechner lleva a Müller a aceptar solamente en los sentidos una ca­
— Algunas sensaciones (gusto, olfato, tacto...) son tan su bjetivas que
pacidad de reaccionar a diversos estímulos de una forma específica para
parece im posible relacionarlas de forma unívoca con el objeto externo.
cada órgano receptor. Podría expresarse esta posición diciendo que el
— Aun las sensaciones de aspecto más objetivo (vista, oído) son estric­
sentido es solamente un indicador de la presencia de un estímulo, pero sin
tamente incom unicables y no pueden com pararse de un sujeto a otro. decim os nada sobre sus cualidades o el mundo extem o del que proviene.
Para el m ismo sujeto, no son tam poco cuantitativam ente comparables Algo semejante parece corresponder a la posición filosófica de Locke: las
o reproducibles con exactitud. cualidades sólo existen como causa (desconocida) en sus sujetos. Lógica­
— Hay una dependencia de la sensación con respecto a condiciones in­ mente, la posición Kantiana, que reduce el carácter espacial de las sensa­
ternas (desorden fisiológico, estím ulos previos de gran intensidad) y ciones a algo innato en el hombre, (como veremos en el tema siguiente)
externas (estím ulo m onocrom ático o ilum inación insuficiente o pe­ comporta también la negación de la cognoscibilidad de aquello que se
culiar). esconde tras el fenómeno, y últimamente, del mismo mundo externo.
— Estímulos inapropiados (un golpe) pueden causar sensaciones no rela­ Finalmente, se niega muchas veces la objetividad de las sensaciones
cionadas con ellos: luz, sonido. por una utilización poco precisa del lenguaje. Esta es la base de preguntas
— Estímulos aplicados directam ente al cerebro (pequeñas corrientes eléc­ como «¿Hay sonido si cae un rayo en el desierto?»; «¿Hay color si nadie
tricas) dan lugar a sensaciones diversas, según la zona del cerebro. lo ve?». Tales objeciones juegan con el significado múltiple de la palabra
Tales sensaciones pueden ser de extraord inaria viveza, sobre todo sonido y color. Para el físico, esos nombres se refieren al estímulo energé­
volviendo a hacer consciente como actual una sensación pasada. tico que va directamente al órgano: una onda electromagnética de una
— C ualidades atribuidas al objeto (color, localización), cam bian según longitud determinada, o una onda mecánica de una cierta frecuencia. En
cambien las condiciones de observación: ánguJo, tipo de luz. cambio, para el fisiólogo, las mismas palabras son indicativas de la reac­
— Se dan objetos cuyas cualidades sensibles cam bian según sea su tam a­ ción en el órgano sensorial. Finalmente, el psicólogo las aplica a la percep­
ción consciente. Basta con determinar el significado de la palabra en la
ño. soluciones coloidales de oro, p or ejem plo, varían de color según
pregunta para tener automáticamente una respuesta inequívoca: la caída
el tamaño de las partículas. La plata finam ente dividida de una im a­
del rayo produce ondas sonoras (sonido físico), que pueden actuar sobre
gen fotográfica, es negra.
el tímpano de alguien dormido dando lugar a una señal (sonido fisio­
— Finalmente, los datos sensoriales son claram ente incom pletos. ¿Pode­
lógico), que no es consciente si el sujeto no se despierta (no hay percep­
mos realm ente afirm ar que conocem os la realidad, apenas vislum ­
ción psicológica).
brada a través de una rendija tan estrecha?
Es también incorrecto decir que la vista nos engaña cuando observa­
Las respuestas negativas dadas a lo largo de la historia pueden agru­ mos un espejismo y creemos que hay una charca en una carretera o en
parse en dos campos. Desde el punto de vista de la Física, se ha negado
30 METAFÍSICA DE LA MATERIA
OBJETIVIDAD DE LOS SENTIDOS 31
el desierto. Lo que la vista m e da es luz reflejada de una superficie leja­
na, pero el dato sensorial no contiene inform ación de la naturaleza de ¿Qué se requiere como mínimo para poder decir que los sentidos son
esa superficie: podría ser un vidrio, o agua, o aire caliente (que es el que objetivos o veraces? La respuesta más directa podría expresarse dicien­
produce el espejism o). Los sentidos no em iten juicios: sim plem ente reci­ do que deben tener la misma relación a su estímulo que la aceptada
ben estím ulos dentro de su capacidad lim itada. como suficiente en los instrumentos científicos: una correlación constan­
te y proporcional entre estímulo y reacción, dentro de los límites de cada
instrumento. Por ejemplo, nos fiamos de un voltímetro como indicador
SOLUCIÓN FILOSÓFICA objetivo de la tensión entre dos contactos de un enchufe eléctrico, si
siempre nos muestra el mismo desplazamiento de la aguja indicadora
cuando mide la misma fuente. O consideramos fiable un termómetro si
Desde un punto de vista pragmático y «a priori», es claro que el papel
siempre marca cero cuando se congela el agua y 100 cuando hierve. No
de los sentidos en el mundo viviente es el de servir a la supervivencia del
pedimos ninguna otra cualidad de semejanza entre la indicación del
individuo y de la especie. Los sentidos m uestran una adaptación evoluti­
instrumento y la realidad medida.
va al ambiente: el ojo hum ano, por ejemplo, tiene su máxima sensibilidad
Nuestros sentidos tienen este grado de objetividad, suficiente para ser
al color amarillo-verdoso en correspondencia con el máximo de intensidad
útiles y para ser fuentes de conocimiento del mundo externo, siempre que
de la radiación solar dentro de la gama de ondas electrom agnéticas. Lo se den unas condiciones claramente lógicas:
mismo se encuentra en otros seres vivientes, con sentidos especializados
según su propio habitat. Debe esperarse, por tanto, que los sentidos sean — deben actuar bajo un estímulo apropiado, cualitativa y cuantitativa­
normalmente fiables: de otro modo, llevarían a la m uerte del individuo y mente (dentro de sus límites de umbral y techo).
la desaparición de la especie. — no deben estar en condiciones que modifiquen su capacidad como
resultado de enfermedad, estímulo excesivo previo, o condicionantes
M ás concretam ente, si los sentidos son órganos m ateriales adaptados
externos que impidan su uso correcto (por ejemplo, con un ojo cubier­
a estím ulos del mundo externo, debe esperarse una cierta sem ejanza o
to, no podré juzgar correctamente la distancia).
conformidad con ese mundo externo para que sea posible la interacción
— el estímulo debe contener la información que se requiere: no es posi­
Lo contrario sería científica y filosóficam ente absurdo: dos cosas que no
ble que el ojo descubra el color verde de un objeto si se ilumina a éste
tienen nada en com ún, no pueden afectarse m utuam ente.
exclusivamente con luz roja.
Puestas estas bases generales, debem os tam bién hacer notar que no — si la información es asequible a varios sentidos, todos deben usarse
es lo m ismo tener una inform ación incom pleta que tener inform ación fal­ conjuntamente. Por ejemplo, no debo juzgar la dureza o peso de un
sa Solam ente se da este paso lógico cuando se afirm a conocer todo, cuan­ objeto solamente por su aspecto visible, sino también por el tacto.
do en realidad sólo se conoce en parte. Y la falsedad sólo puede darse
estrictamente en un juicio, no en una reacción a un estím ulo. Si yo veo Bajo estas condiciones, cuando los sentidos me informan de la existen­
cia de un objeto externo, puedo aceptar este conocimiento como objetivo.
un bulto oscuro a gran distancia, el contenido de mi sensación es sólo
Si el ojo me presenta como fuente de luz un objeto de forma, dimensiones
ése: «bulto oscuro lejano». Si juzgo que ese bulto es una persona determ i­
y color determinados, el objeto existe con esas propiedades. Aunque los
nada, estoy yendo m ás allá de los datos sensoriales inm ediatos, tal vez
átomos del objeto no tengan color individualmente, la estructura macros­
por un proceso de interpretación basado en experiencias previas, que se
cópica — única detectada por el sentido— sí lo tiene, pues es capaz de
utilizan para com plem entar el dato presente. Si la conclusión es equivo­
reflejar o em itir selectivamente ciertas longitudes de onda. Lo mismo
cada, no puedo culpar del engaño a mi sensación, sino a la deducción
puede aplicarse a los demás sentidos.
basada en evidencia insuficiente. M ás im portante todavía es tener esto en ¿Se parece el dato de nuestra sensación al agente externo que la pro­
cuenta cuando los sentidos no m e dicen nada acerca de la realidad a un duce? En general, debemos responder negativamente. Es verdad que los
nivel inaccesible para ellos, por ejem plo, el nivel atóm ico de la constitu­ sonidos de más baja frecuencia se perciben casi tanto como vibraciones
ción de la materia.
32 METAFÍSICA DE LA MATERIA
OBJETIVIDAD DE LOS SENTIDOS 33
de todo el cuerpo como en forma de sonido propiam ente dicho. Pero esto
no ocurre con las frecuencias m edias o altas. Y si es verdad tam bién que datos a sus constitutivos atómicos, aceptan los resultados de observa­
los colores de muchos objetos m uestran una relación entre sus dim ensio­ ciones experimentales sobre cuerpos macroscópicos, e incluso las utili­
nes y la longitud de onda (por ejem plo, el cielo es azul porque las m olé­ zan para inferir las propiedades de esos átomos invisibles. Los resultados
culas del aire son del tam año de la longitud de onda de ese color), como no se presentan como descripciones arbitrarias, sino como verdadera
nuestro ojo no percibe esas dim ensiones ni nos inform a de ellas, es más representación de esos niveles ínfimos de la realidad. Negar la objeti­
correcto aceptar la falta de sem ejanza entre estím ulo y sensación de color. vidad de las sensaciones equivaldría a cerrarse en la ignorancia científica.
Tal vez pudiera decirse que en el tacto, con respecto a la extensión, Esta posición puede propiamente llamarse de un REALISMO MODE­
hay una correspondencia m ás estrecha entre el objeto, cuyas partes inte­ RADO. Evita el optimismo ingenuo de un realismo extremo, que quiere
grantes aparecen en distintos lugares, y la sensación producida por esas afirmar que las cosas son exactamente como las percibimos, ni más ni
menos. Tal posición es incompatible con los conocimientos científicos
partes en diversos centros receptores de la piel. Incluso la visión, en
actuales. Evita también la posición pesimista de un idealismo que se
cuanto manifiesta tam año no puntiform e, corresponde reaccionando con
cierra en sí mismo, negando todo conocimiento objetivo y llevando lógi­
centros receptores diversos a las diversas partes em isoras de luz en el
camente a la imposibilidad de hacer ciencia y aun de ser consecuentes
objeto; sin em bargo, en este caso, no som os conscientes de la estimulación
en nuestro proceder diario.
de centros receptores m últiples, de m odo que esa diversidad no es dato
Sobre la base de nuestra confianza en los sentidos, podemos proce­
sensorial.
der a estudiar ese mundo que se hace nuestro a través de ellos. Ya en la
En términos filosóficos m ás generales podría darse, entre el estímulo actividad sensorial encontramos los aspectos de la realidad que han sido
y la sensación, una correspondencia unívoca, equívoca o analógica. En una centrales durante siglos para el estudio filosófico: características espa­
correspondencia unívoca, el estím ulo y su efecto son del m ism o orden: ciales, extensión; cambio local y cambio cualitativo, con la implicación
una presión produce otra presión correspondiente, por ejem plo. O en un de paso del tiempo y de actividad de la materia. Los mismos temas si­
proceso fotográfico, la distribución de luz y som bras en el objeto puede guen siendo terreno fértil para el estudio propio de la Filosofía de la
ser fielmente imitada por las luces y som bras de la foto. En un proceso de Naturaleza, que quiere ahondar en el conocimiento de lo que parece más
correspondencia equívoca, por el contrario, no hay parecido alguno entre obvio y, en cambio, se muestra cada vez más rico y misterioso: la materia.
el estím ulo y el resultado, de modo que sería im posible deducir el uno del
otro: por ejem plo, del sonido m usical de una radio no puedo inferir la
forma de sus com ponentes electrónicos. En el caso de correspondencia
analógica, hay una sim ilitud parcial. El m ovim iento de una aguja en un
voltímetro, sigue las fluctuaciones del voltaje con una proporcionalidad
de analogía, suficiente para inferir esas variaciones.
El conocim iento sensorial e s analógico: se m antiene una correlación de
proporcionalidad entre estím ulo y sensación dentro de los lím ites de ésta.
No se nos da una im agen del m undo en una representación exacta y del
mismo orden, sino una im agen transform ada, pero de contenido fielm en­
te ajustado al estím ulo. Por eso es posible conocer lo que está fuera de
nosotros, en una serie de inferencias y deducciones que van desde la
actividad más elem ental de la experiencia com ún hasta las observacio­
nes y experim entos m ás avanzados de las ciencias físicas.
Los m ismos científicos que niegan el valor de las sensaciones como
fuente de inform ación sobre los cuerpos, porque no son aplicables sus
III

E S T R U C T U R A E S P A C IA L D E L M U N D O

El primer dato que recibimos de la totalidad de nuestras sensaciones


es el que nos muestra una realidad externa dotada de un carácter espa­
cial que se manifiesta como localización, distancia y extensión. Los obje­
tos que actúan sobre nuestros órganos sensoriales tienen localizaciones
diversas, percibidas por la vista, el oído, el tacto: por esta razón se distin­
guen como diversos aunque se perciban simultáneamente y con estí­
mulos del mismo tipo. La diversidad de lugar original se corresponde
con la diversidad de detector en el órgano: diversas células estimuladas
en la retina o en la piel; diversa intensidad en la excitación sonora de
ambos oídos. La diversidad de lugar en la sensación se traduce en distan­
cia entre los objetos que ella muestra o entre sus partes. Así llegamos
también al concepto de extensión que afirma distancia entre partes de
un objeto único o considerado como uno.
En todos estos casos es básica la constatación de «diversidad de lugar».
La idea misma de lugar, sin embargo, exige una mayor explicación filo­
sófica, pues necesitamos precisar exactamente su contenido si hemos de
entender claramente qué significan distancia y extensión.

LUGAR EXTRÍNSECO E INTRÍNSECO

El concepto más intuitivo y elemental de lugar contiene un sistema


de referencia últimamente anclado en el observador. Sabemos dónde está
algo si podemos referirlo, mediata o inmediatamente, a nuestra propia
posición. A su vez, ésta viene especificada por referencias de un entor­
no inmediato a nosotros, conocido directamente por nuestros sentidos
y percibido como externo a nosotros. Tenemos así el origen del concepto
36 METAFÍSICA DE LA MATERIA
ESTRUCTURA ESPACIAL DEL MUNDO 37
de lugar extrínseco, bien para situam os a nosotros m ism os o para cual­
quier otro cuerpo: el conjunto de cuerpos de situación conocida que nos rencias externas. Lo mismo es aplicable a la extensión, que no es más
permiten describir la posición de otro al que rodean. Es un concepto que una consideración parcial del volumen: cualquier medida del cuerpo
extenso aparece como una propiedad intrínseca a él, lo mismo que su
básicamente de orden cognoscitivo, pragm ático, que p arece perder su
dureza, su color o su masa.
aplicabilidad si no hay referencias conocidas: un astronauta perdido en
Es importante también, en relación con el concepto tradicional de
la negrura del espacio, sin la ayuda de instrum entos especiales, no puede
lugar extrínseco, el hacer notar que el contacto y la inmovilidad no son
saber dónde está. Y el Universo, considerado como la totalidad de cuanto
verificables en el mundo físico al nivel ínfimo de la materia. Ciertamente
existe de orden material, naturalmente no tiene referencia posible exter­
no se da contacto entre cuerpos macroscópicos: la Física nos habla de
na a él, ni está, por lo tanto, en ningún lugar extrínseco.
fuerzas de repulsión que limitan el posible acercamiento de partículas
Sin em bargo, no podem os m enos de sentir la necesidad de afirmar dotadas de carga eléctrica. Tampoco conocemos nada en reposo estricto,
que cualquier cuerpo ocupa un lugar, identificado con su volum en, del ni permite la Física distinguir entre un hipotético reposo absoluto y cual­
cual excluye otro cuerpo cualquiera. Por lo m enos com o abstracción, en quier movimiento uniforme. Solamente una teoría d e continuidad en algo
que ese lugar intrínseco aparece como medida de m agnitud corpórea sin no detectable («vacío físico») podría servir de base para la exigencia filo­
propiedades específicas, este concepto es parte normal de nuestro modo sófica de contacto si se insistiese en ella para justificar el concepto de
de pensar y expresam os: un objeto necesita un lugar m ayor o menor; el lugar extrínseco.
astronauta está «en el espacio» sin referencias conocidas; el Universo Una vez que aceptamos nuestra experiencia del mundo externo como
mismo ocupa un volumen determinado aunque no haya entorno alguno debida a algo dotado de características espaciales, según lo expuesto, se
dentro del cual podamos describir su localización. plantea el problema filosófico de justificar tal experiencia. ¿Qué corres­
El lugar extrínseco se convierte en intrínseco en el lím ite de la super­ ponde a ella en la realidad? ¿Qué corresponde, objetivamente, a nuestra
ficie del cuerpo. Por eso es tradicional la definición de aquel como «super­ afirmación de que hay diversidad de lugar, distancia, dimensiones? Con la
ficies corporis ambicntis, immomlis, prima»: la superficie del cuerpo circun­ pregunta en su forma más amplia: ¿qué es el Espacio?
dante, en contacto inmóvil e inm ediato con el cuerpo que consideram os
localizado. Solam ente si el entorno inm ediato está en m ovim iento (como SOLUCIONES PROPUESTAS
el agua de un río en que nadamos) utilizarem os com o referencia locali-
Las posibles respuestas, encontradas a lo largo de la historia, pueden
zadora otro cuerpo más distante, realm ente inm óvil o considerado como
reducirse lógicamente a varios apartados, según el grado de objetividad
tal en el contexto utilitario en que sirve como apoyo cognoscitivo suficien­
que se asigna al «espacio» como base de explicación del lugar y la dis­
temente estable y conocido. tancia. O, mejor, según la respuesta que se dé a la pregunta ya formu­
Es necesario subrayar el carácter m eram ente d escriptivo del lugar lada: ¿Qué hay en la realidad que fundamente las relaciones de localización y
extrínseco y su valor parcial: supone conocida la localización de otros objetos distancia? Brevemente se pueden indicar las alternativas:
para formar el marco de referencia para el que querem os localizar. Lleva­ — La respuesta más radical la formulan los autores que niegan todo
da a su extrem o lógico, esta necesidad de localización previa nos obliga fundamento objetivo a nuestras sensaciones espaciales. Kant las atribuye
a un proceso sin fin o a un círculo vicioso: cada objeto está localizado exclusivamente a una actividad inconsciente, necesaria e inmutable de
porque le rodean otros objetos ya localizados a su vez, o por otros más, nuestra función cognoscitiva. Si las cosas en sí tienen alguna caracterís­
o por un entorno que incluye al prim ero. Siem pre nos queda la nece­ tica espacial, esta sería incognoscible. Ni el lugar extrínseco ni el intrín­
sidad de conocer localizaciones para establecer una nueva localización. seco, ni la distancia ni la extensión pueden considerarse como realidades
En cambio, el lugar intrínseco parece independiente de ese proceso fuera de nosotros: es nuestra función cognoscitiva sensitiva la que en
indefinido o circular. El volum en ocupado por el cuerpo es el mismo forma automática {forma a priori) pone el sello de espacialidad a nuestras
dondequiera que se encuentre, haya o no otros a su alrededor. Es tam ­ sensaciones externas.
bién independiente del contacto o del m ovim iento, ya que no tiene refe-
METAFÍSICA DE LA MATERIA
ESTRUCTURA ESPACIAL DEL MUNDO 39
— Si se considera, por el contrario, que nuestras percepciones espa­
ciales corresponden exactam ente a una realidad objetiva, tenem os el cognoscibilidad del lugar, o, al menos, considera inseparable esta
-vEspacio Absoluto», explícitam ente propuesto por New ton: según él, todo cognoscibilidad de la realidad de la localización. Las referencias de
cuerpo existe encasillado en una realidad previa e independiente, hom o­ localización pueden darse aun con vacío entre los cuerpos (Tomistas)
génea y físicam ente inerte. Esta corresponde a nuestra im agen inevitable o exigen contacto con algo extenso y continuo (Balmes: «si entre dos
de un «vado» que perm anece aunque desaparezcan los cuerpos; que es cuerpos no hay nada, necesariamente se tocan»). Descartes, haciendo con­
necesario para que estos puedan existir, que no tiene lím ites ni puede sistir la esencia de los cuerpos en su extensión, coincide con estos
menos de darse independientemente de toda otra realidad m aterial. Lla­ autores en exigir el contacto con un cuerpo extenso para que pueda
mado también «espacio im aginario» o «Newtoniano», sirve de receptácu­ estar localizado algo también corpóreo,
b) En cambio Suárez y otros autores consideran que el lugar intrínseco
lo universal y fundam enta las relaciones de distancia entre los cuerpos
tiene la primacía filosófica: un cuerpo está en su lugar con prioridad
reales o posibles. El lugar intrínseco no es sino una parte de ese espacio
lógica respecto a sus posibles relaciones de distancia a otros cuerpos
único, compenetrada con el cuerpo localizado en él.
que le rodean por estar, a su vez, en sus lugares correspondientes. Se
El mismo Universo, considerado en su totalidad, debe ocupar un volu­ acepta, naturalmente, que las referencias extrínsecas son necesarias para
men dentro de un espacio infinito, donde podría en contrarse en otro la cognoscibilidad de la localización, pero no la constituyen: un cuerpo
está localizado realmente por algo que le afecta en su ser accidental
lugar distinto; también podría m overse con m ovim iento real, absoluto,
en form a absoluta. Este «algo» es el fundamento objetivo de las relacio­
sin referencia alguna. New ton, considerando solam ente un espacio tri­
nes de distancia, cuya trama forma el lugar extrínseco.
dim ensional, tiene que afirm ar su infinitud, para no caer en la antigua
paradoja de decir que el espacio se acaba (es limitado) y al m ism o tiempo
Todas las opiniones expuestas, excepto la de Newton, coinciden en
inferir que hay un espacio al m ás allá del límite.
atribuir al «espacio» el carácter abstracto de ser una construcción mental
El lugar extrínseco, por otra parte, no es m ás que el entorno material basada en las localizaciones individuales de los cuerpos existentes o
que sirve de m arco de referencia útil para describir (no constituir o exp li­ posibles. No hay un Ser real, independiente de los cuerpos, que corres­
car filosóficam ente) la posición de un cuerpo, ya que el espacio mismo ponda a nuestra imagen del espacio como receptáculo de la materia.
no es detectable. Como tampoco existe una «Humanidad» como ser real distinto de los
individuos que la componen. A este respecto, es importante distinguir
— Entre el idealism o Kantiano y el realism o total de N ew ton hay una
al «espacio» como concepto filosófico del espacio físico, con propieda­
gama de soluciones interm edias, que coinciden en afirm ar una m ultipli­ des experimentaLmente verificables, como se explicará al fin de este capí­
cidad de realidades m ateriales con carácter espacial, fundando así en algo tulo.
objetivo nuestra persuasión inevitable de que la localización, sobre todo Al estudiar críticamente las diversas posiciones necesitamos confron­
percibida como distancia y extensión, es parte de la realidad externa a tarlas con la necesidad de coherencia lógica en sus presuposiciones y
nosotros, pero captada por su interacción con nuestros sentid os. Las con la necesidad de explicar la experiencia indudable de la diversidad de
diversas opiniones difieren al buscar ese elem ento objetivo: algo prim a­ lugar, la distancia y la extensión. Esto no quiere decir que la solución sea
riamente debido a relaciones con cuerpos circundantes al que vem os loca­ intuitivamente satisfactoria o imaginable: la imaginación no es facultad
lizado, o bien algo absoluto propio de ese cuerpo e independiente en su filosófica, ni puede dam os más que combinaciones de lo que ofrece la
realidad de la existencia de otros cuerpos a su alrededor. experiencia sensible. Pero toda afirmación científica o filosófica exige
coherencia interna y no llevar lógicamente a consecuencias absurdas.
a) La primera solución da im portancia filosófica solam ente al lugar extrín­ Con estos criterios, es posible eliminar algunas teorías y llegar, proba­
seco, que localiza al cuerpo en que nos fijam os al prop orcion ar un blemente, a una posición que se muestra como la única aceptable, aun­
entorno en el que es posible describir su posición por m edidas de dis­ que en temas tan difíciles quede siempre una cierta sensación de falta
tancia. Podem os decir que se reduce el problem a filosófico al de la
40 METAFÍSICA DE LA MATERIA
ESTRUCTURA ESPACIAL DEL MUNDO 41
de claridad. Por otra parte, esta m ism a sensación acom paña hoy a la
mayor parte de los estudios científicos sobre la estructura profunda de ESPACIO ABSOLUTO
la materia.
La propuesta Newtoniana tiene un inmediato atractivo por su corres­
pondencia a nuestra imaginación. Su dificultad lógica se encuentra no
ESPACIALIDAD SUBJETIVA tanto en lo que pueda tener de afirmaciones teológicas inaceptables o en
sus detalles de infinitud y necesidad afirmadas del Espacio, cuanto en el
El punto de vista Kantiano adm ite que nuestros sentidos reaccionan problema básico de querer explicar la diversidad de lugar por un ente único
ante el «noúm eno», aunque es im posible conocer nada de él. El carácter y homogéneo, sin diversidad alguna. Si todos los puntos del Espacio Abso­
espacial que le atribuim os se adscribe únicam ente a nuestra actividad luto son idénticos en todo, la ocupación por el cuerpo de una parte u otra
innata e inconsciente. En esta posición, sin prueba alguna, se im plica que de ese espacio no puede constituir una explicación de que el cuerpo esté
el mundo externo, aunque tiene una interacción con nuestros sentidos, en un lugar o en otro, a no ser que ya se afirme una previa diversidad de lugar
no tiene nada en com ún con ellos, ni siquiera com o capacidad de causar en ese espacio, con lo cual no se ha resuelto el problema, sino que se ha
un conocim iento analógico. Tal afirm ación e s gratuita y fa lta de lógica: toda trasladado a la estructura misma del espacio sin estructura. N o teniendo
interacción supone una com unidad de propiedades, por muy tenue que una razón de la diversidad de lugar, tampoco puede haberla para la dis­
sea el vínculo com ún. En realid ad, la negación de la cognoscibilidad tancia ni para la extensión ni el movimiento.
— al m enos analógica— del m undo externo, destruye la posibilidad de Suponiendo que modificamos la propuesta Newtoniana del espacio
toda ciencia de la m ateria, y lleva lógicam ente a un idealism o total, aun­ absoluto, evitando su eternidad e infinitud y todas sus connotaciones
que Kant no lo sostuviese. C om o decíam os al hablar de la veracidad de teológicas (ya que Newton lo identificaba con la Inmensidad divina),
las sensaciones, nuestra propia supervivencia sería im posible: si no hay todavía podemos encontrar razones para desecharla como explicación
objetiva de la localización. Si ese espacio es totalmente homogéneo en todas
objetividad alguna en los datos de distancia, extensión, m ovim iento local,
sus propiedades, no puede ser razón de diversidad de lugar. Si se supone
toda actividad hum ana sería absurda. En lugar de dar una solución al
una cierta diferencia cualitativa entre sus diversos puntos, de modo que
problema planteado, se h ace totalm ente insoluble y se extiende hasta
su localización se base en algo objetivo, todavía queda sin explicar qué
límites que destruyen toda posibilidad de comprensión filosófica o cientí­
causa que un cuerpo se compenetre con una parte y no con otra del espa­
fica del mundo material.
cio absoluto: es necesario dar una razón de la diversidad de localización
Si quisiésem os m antener la objetividad de la distancia y el m ovim ien­ de los cuerpos aunque se admita diversidad en el espacio-recipiente. ¿Qué
to, nos veríam os obligados a atribuir las diversas distancias (por ejemplo, tienen en común el cuerpo y una parte concreta del espacio para que se
entre ciudades) a una asignación (¿arbitraria, sin causa?) de nuestra dé su compenetración? No se ofrece ninguna explicación, si no es la
«forma a priori», y a ella tam bién se debería el m ovim iento m ás o menos manera imaginativa de visualizar al cuerpo en una casilla espacial concre­
penoso y rápido que nos perm ite recorrerlas. Si el cam bio de localización, ta, pero sin decir por qué la ocupa con preferencia a otra. Tampoco se
propio o de otros objetos, no tiene causa extem a al sujeto cognoscente, sugiere una razón de que una fuerza, actuando sobre un cuerpo para
deberá darse por causas intem as que afecten a la forma innata (¿cuáles? moverlo, le lleve a compenetrarse con otra casilla concreta.
¿por qué?), o sin causa que no sea últim am ente una program ación ini­ Podemos decir que la imaginación nos seduce con una falsa expli­
cial o una forma de causalidad única de Dios. Cualquiera de estas hipó­ cación, superficialmente atrayente, pero sin coherencia lógica, e incapaz
tesis se muestra como inaceptable filosóficam ente e incom patible con el de dar una solución adecuada al problema de la localización, la distancia
trabajo científico. y la extensión. Una vez más nos encontramos con el peligro de pensar
que las cosas son exactamente como nos las imaginamos, sin someter
esas imágenes y sus implicaciones a un examen crítico.
4- METAFÍSICA DE LA Ma t F.H|.\
ESTRUCTURA ESPACIAL DEL MUNDO 43
ESP ACIA LID A D FUNDADA EN LOS CUERPOS
en cuanto a su color, aunque difieran en todo lo demás. Al preguntamos
Las teorías restantes se agrupan bajo el calificativo general de «realis­ cuál es el fundamento de las relaciones de distancia necesarias para la
mo m oderado», porque no niegan la correspondencia básica entre nues­ localización, es obvio que no podemos asignar otra base que la diversi­
tro conocimiento y la realidad extem a, pero tam poco esperan que ésta dad de lugar: ninguna propiedad detectable en los cuerpos se utiliza para
se acomode a nuestra imaginación. En todas ellas se admite que la cognos­ determinar sus posiciones. Pero la diversidad de lugar no tiene, en esta
cibilidad de la localización sólo puede darse por referencias a cuerpos de opinión, más razón de ser que las relaciones de distancia: el círculo vicio­
posición ya conocida; el movimiento es también cognoscible solamente so es patente, pues los cuerpos distan entre sí por estar en lugares diversos, y
como m ovimiento relativo. Este es el único de que puede tratar la Física están en diverso lugar porque distan entre sí.
Si queremos explicar el movimiento por el cambio de relaciones de
con frase de Einstein: «La totalidad de los fenómenos físicos es de tal
distancia a un sistema de referencia extrínseco, debemos recordar el
naturaleza que no da base para la introducción del concepto de 'mo\ -
principio filosófico universal de que todo cambio relativo presupone un
miento absoluto'; o m ás brevem ente, pero con m enor precisión: No hay
cambio absoluto (un cambio que es real porque el mismo objeto en dos
movimiento Absoluto».
momentos sucesivos tiene alguna característica propia distinta). Si las
Es digno de notar que el gran científico reconoce que la negación de relaciones se deben a lo que las cosas son, es obvio que la relación será la
movimiento absoluto sólo puede hacerse «con m enor exactitud», ya que misma mientras los extremos sigan siendo lo que eran. Lo mismo es verdad
no puede darse el salto lógico de su incognoscibilidad física a su no- en matemáticas: el valor de una relación numérica o algebraica no puede
existencia. Esta debe discutirse con argum entos filosóficos independien­ cambiar mientras no cambie absolutamente (es decir, en su valor propio,
tes de una com probación experim ental que, según su m etodología, ten­ independiente de otras referencias) al menos uno de los términos. Por
dría derecho a exigir la Física. tanto es lícito y necesario preguntar qué cambio absoluto ocurre para que
cambie la relación de distancia y podamos afirmar realmente que ha
habido un movimiento. Es claro que no cambia ninguna propiedad medi-
a) Espacialidad relacional ble o simplemente detectable del cuerpo, ni puede decirse sin más que
lo que cambia es su localización, p u es de este cambio tratamos al preguntar
Si se afirma que la localización ES solam ente el conjunto de relaciones en qué consiste. Así nos vemos ante la paradoja de decir que hay cambios
a cuerpos que sirven de referencia, el rigor filosófico nos lleva a pregun­ relativos sin que NADA cambie realmente. Ni siquiera sería esto acepta­
tar por qué estos cuerpos pueden cumplir esa función referencia!. Obvia­ ble en el plano de lo cognoscitivo, pues el conocer el movimiento presu­
pone su realidad ontológica; con mayor razón será insuficiente para explicar
mente, porque su localización ya es conocida, y se percibe su posición y
el que de hecho ha habido un movimiento real.
distancia con respecto al que queremos localizar. Pero esto nos lleva a
Si las relaciones de distancia se hacen depender de una extensión inter­
exigir que cada uno de los puntos de referencia esté localizado previa­
media, tal como sostiene Balmes (que la considera como dato sensorial
mente, tanto en la realidad com o en nuestro conocimiento. Inmediata­
obvio), debemos preguntamos cómo la extensión, que implica distancia
mente caemos en un proceso sin fin, que deja sin explicar la realidad de entre las partes del cuerpo extenso, puede ser razón explicativa de esa
la localización de cada uno, o cóm o obtenemos el m arco de referencia misma distancia. Una vez más se cae en un círculo vicioso: dos cuerpos o
inicial. No hemos avanzado nada en nuestro camino hacia esa respuesta puntos distan entre sí por tener una extensión interpuesta, que es exten­
de la pregunta original: «¿en qué consiste la diversidad de lugar?». sión por tener partes que distan entre sí. Tampoco parece lógico aceptar
Necesitamos también insistir en la utilización de relaciones de distan­ que la distancia-extensión entre dos cuerpos cambie si una fuerza actúa
cia, para las que necesitamos encontrar un fundamento. Toda relación no sobre ella, sino sobre uno de los cuerpos, al que no causa tampoco
se da entre dos extrem os que se consideran bajo un aspecto concreto cambio alguno intrínseco... No hemos explicado realmente nada de lo
(fundamento) para afirmar o negar su similitud, basada en esa propie­ que propusimos como problema filosófico al comienzo de esta discusión.
dad: la pared y una hoja de papel pueden tener la relación de semejanza
44 m e t a f í s i c a d e la m a t e r ia

ESTRUCTURA ESPACIAL DEL MUNDO 45


Todas las teorías que, de alguna m anera, refieren la localización do
un cuerpo (cognoscitiva u ontológica) solam ente a su entorno, caen en el «sabor», etc.). Así como estas propiedades se postulan como razón expli­
proceso circular de exigir la previa localización del sistema de referenci i cativa de comportamientos nuevos de las partículas, la carga localizante
Así se forma una tram a de relaciones que presuponen otras relaciones se postula para explicar satisfactoriamente la realidad de la localización,
sin que se admita nunca base absoluta para ellas, ni en su existencia ni la distancia, la extensión y el movimiento local.
en los cam bios que constituyen el m ovim iento. Es una construcción filo­ Más concretamente: todo aquello que existe en un lugar tiene una carga
sóficam ente insostenible, por mucha utilidad práctica que le asignemos localizante determinada. Este «tener una carga localizante concreta» es lo
en la vida vulgar o en el ám bito de las ciencias experim entales. único real y objetivo que se esconde tras la frase «el cuerpo está en ese
lugar concreto» Las relaciones de distancia a otros cuerpos tienen como
fundamento la diversidad de sus cargas: si éstas son muy distintas, la
b) Espacialidad absoluta distancia es mayor que si son semejantes. El cambio intrínseco de carga
localizante constituye el movimiento local, de carácter absoluto, pero
detectable únicamente como cambio relativo. El Universo tiene una localiza­
La posición de Suárez y sus seguidores obvia estas dificultades afir­
ción de conjunto, resultado de las localizaciones de sus componentes,
mando el carácter absoluto de la localización intrínseca, aunque se con­
como tiene también una masa total como suma de las masas individua­
fiesa abiertam ente su indetectabilidad. Lo único que conocem os son las
les; podría «estar en otro sitio» teniendo una carga localizante distinta,
relaciones de distancia, pero estas se fundan en algo real, absoluto, intrín­
y puede moverse realmente si su carga actual cambia. La expansión que
seco a los cuerpos localizados y que los m odifica en su ser accidental. No afirma de él la Astrofísica, se entiende como cambio de distancias mutuas
se identifica con su esencia, extensión o cualquier otra propiedad sensi­ entre las galaxias, debido a un cambio real en sus cargas localizantes,
ble, pero es la base de objetividad de la extensión y la localización que hacen que son cada vez más distintas.
sensibles a los cuerpos.
El lenguaje de algunos proponentes de esta explicación es ambiguo,
pudiendo dar la im presión de que esa realidad absoluta que afecta al APLICACIONES Y SUGERENCIAS
cuerpo es un resultado de la existencia de otros cuerpos en su entorno,
en cuyo caso volvería a ser necesario explicar previam ente su posición, La extensión de un cuerpo, como «extraposición de partes» se expresa
con toda la falta de lógica que conlleva ese proceso sin fin. Por otra parte, afirmando que las diversas partes del cuerpo extenso tienen cargas locali­
puede parecer que en algún caso se considera que la realidad intrínseca zantes distintas. No es necesario afirmar la continuidad de lo extenso,
propuesta actúa com o una esp ecie de título ju ríd ico o predisposición que podría estar formado de inextensos con diversas localizaciones: la exten­
para que el cuerpo pueda ocupar un espacio determ inado. Tam poco esto sión podría entenderse como una propiedad de conjunto, como lo es el
puede aceptarse, porque presupone la existencia independiente del espa­ color o la dureza, que no se da estrictamente en las partículas compo­
cio a ocupar y porque no establece conexión entre ese «título» y la presen­ nentes del todo. No es correcto concebir la extensión del cuerpo como la
cia real en un sitio determ inado. suma de partes inextensas (objeción frecuente) pues la extensión no tiene
otro contenido que la diversa localización de las partes del cuerpo, sean
En cambio, la afirm ación sin paliativos del carácter absoluto de la loca­
lización no parece llevar a conclusiones ilógicas. Un cuerpo está en un como sean esas partes.
No es esta posición incompatible con la veracidad de nuestros senti­
lugar, ocupa un volum en, solam ente por poseer una m odificación que
dos, pues éstos no nos dicen absolutamente nada de las partes ultra-
le afecta en su realidad intrínseca, aunque sólo accidentalm ente. Con un
microscópicas de que está compuesto un cuerpo sensible: nos muestran
lenguaje que imita el de la Física, podríam os decir que un cuerpo está
solamente la extraposición de partes del conjunto, que es verdaderamente
en un lugar determ inado por tener una «Carga Localizante», conceptual­
extenso si cada parte está en un lugar diverso. Y no es necesario suponer
m ente com parable con otras propiedades («cargas») no directam ente una propiedad de la materia que la hace ser extensa: es sencillamente la
detectables que se asignan a las partículas elem entales (carga de «color»,
46
METAFÍSICA DE LA MATERIA
ESTRUCTURA ESPACIAL DEL MUNDO 47
localización la que tiene carácter real y da, com o consecuencia, una exten­
sión también real. de presión: por ejemplo, el sonido. Tampoco podemos ver un objeto
Esta explicación abre también perspectivas filosóficam ente plausibles como tal sino por los cambios de luminosidad de luces, sombras y colo­
para aceptar afirmaciones de la Física m oderna que presentan a la mate­ res. Parece, pues, aceptable el que solamente los cambios o diferencias
ria com o capaz de com presión indefinida (por tanto, de com penetración de carga espacial tengan efectos físicos, perceptibles por nuestros senti­
varias partículas con idéntica carga localizante estarían en el m ism o sitio) dos directamente o por medio de nuestros instrumentos.
de multilocación (un electrón atraviesa una pantalla por una rendija, pero Es verdad que la posición filosófica más común, a partir de Aristóteles
y de la tradición Escolástica, es la del espacio relaciona!, que solamente da
es afectado por la existencia de otra o varias rendijas próxim as), v de
valor objetivo a la localización con respecto a un marco de referencia
cambios discontinuos de lugar (efecto túnel: la partícula puede no seguir
externo. Sin duda alguna esto es lo que determina la cognoscibilidad de
una trayectoria verificable entre dos puntos). Si la carga localizante de­
lugar y el movimiento, como se ha hecho notar repetidas veces. Pero el
jase de afectar a una realidad material, ésta dejaría de existir en el espa­
problema de la Filosofía de la Naturaleza, contrapuesto al de la Teoría
cio accesible a nuestra observación (caso, tal vez, de un «agujero negro )
del Conocimiento o al de las ciencias experimentales, no es explicar cómo
Dado que la carga es de carácter accidental, no parece absurdo consi­ son cognoscibles las realidades materiales, sino comprendere» qué consis­
derar como posible una existencia «a-espacial», ciertamente no detectable ten, por lo menos a un nivel más profundo que el de la experiencia obvia
directa ni indirectamente, pero cuya afirmación no sería contradictoria y vulgar. Ningún conjunto de relaciones es realmente explicativo por s í mismo:
En tal caso, no podría aceptarse el dicho de S. Agustín: «lo que no esta en necesitamos basar la relación en algo absoluto, aunque esto sea pura­
ningún lugar, no existe», pero sería verdad que no es accesible a com pro­ mente inteligible y no imaginable o reductible a lo que nos dan las sensa­
bación experimental. ciones. La objetividad no se establece por consideraciones de este orden:
Por las razones filosóficas ya expuestas, esta explicación del carácter no determina el conocer al ser, sino al contrario.
espacial del m undo de la m ateria aparece com o preferible; m ás aún,
com o la única que salva la realidad de la distancia, la extensión y el ESPACIO FÍSICO
movimiento sin caer en procesos sin fin o en círculos viciosos. Es verdad
que nos propone la aceptación de algo no sensible en sí para explicar lo Como apéndice a lo dicho acerca del Espacio como concepto filosófico,
que es central en nuestras sensaciones y, en esto, va contra nuestro deseo es necesario aclarar su significado dentro de la Física actual. Mientras
de «imaginar» para entender. Pero tal situación es com ún en la ciencia que Newton aceptaba un espacio real, distinto de la materia, le negaba
toda interacción con los cuerpos contenidos en él. Por ser totalmente
moderna de la materia: no podem os imaginar a las partículas elementales
inerte, los cuerpos podían moverse con perfecta uniformidad en cual­
con los datos de la experiencia m acroscópica, ni podem os imaginar un
quier dirección, indefinidamente. La línea recta marcaba la trayectoria
espacio vacío con propiedades geométricas, ni sabem os realmente qué
ideal, necesariamente seguida en el espacio vacío por un cuerpo abando­
se esconde tras palabras que son m eras etiquetas para un «algo» respon­
nado a sí mismo. Dentro de ese espacio tri-dimensional tenía validez
sable de las interacciones diversas (carga eléctrica, spin, carga de color, etc.).
perfecta la geometría de Euclides. Y la acción de la gravedad, o aun la
Esto es tanto más aplicable a las diversas propiedades de la materia transmisión de la luz debía ocurrir a velocidad infinita, pues ninguna
cuanto más profundizam os en su actividad y en sus com ponentes: no propiedad física del espacio podía condicionar su propagación.
es de extrañar que ocurra cuando se trata de describir la característica Cuando los experimentos de Rómer y Fizeau determinaron la velo­
más común y básica, la espacialidad. cidad finita de la luz y las pruebas de interferencia y difracción probaron
Si bien decimos que la carga espacial no es detectable, lo son sus su carácter ondulatorio, pareció necesario postular un substrato material
efectos. Tampoco es un caso especial en la Física el que así sea: a la («éter») como medio transmisor de las ondas luminosas. El famoso expe­
materia la conocemos por su actividad, que casi siem pre implica detectar rimento de Michelson y Morley en 1887, probando que la velocidad de
diferencias o cambios en una propiedad, y no su valor absoluto. No pode­ la luz era constante para todo observador y que no existía un «viento de
mos detectar una presión uniforme de la atm ósfera, pero sí los cambios
48 metafísi ca 1)1 l..\ M \ | | | ; U
ESTRUCTURA ESPACIAL DEL MUNDO 49
éter» debido al m ovim iento orbital de la Tierra, abrió paso a las ideas de
Einstein que se desarrollaron hasta ofrecer en la T eoría G eneral de h tamente un acontecimiento físico. Esta nueva coordenada, ict, tiene di­
Relatividad de 1916 una nueva concepción del espacio físico y de la gravi­ mensiones d e espacio imaginario: tiempo multiplicado por c (la velocidad
tación. El espacio dejó de ser un m arco pasivo para la actividad de la de la luz) da una distancia, que a su vez es multiplicada por el número
m ateria, y se convirtió en parte necesaria de la tram a m aterial del mundo1 imaginario i (raíz cuadrada de -1). Pero todo esto se aplica a un espacio
Este espacio físico tiene propiedades electrom agnéticas que determinan Euclídeo («plano»), que no tiene interacción con las masas.
la velocidad de la luz; tiene tam bién propiedades geom étricas determi­ En la Relatividad General, por el contrario, la gravedad se explica
nadas por su contenido de m asa, y a su vez, con su geom etría local deter­ como una curvatura del espacio-tiempo, influido por la masa y capaz
de determinar las trayectorias de otras masas en función de su curva­
mina las trayectorias de los cuerpos y de la m ism a luz. Incluso llega a
tura. Es la presencia de masa la que determina las propiedades geomé­
predecirse la estructura total del U niverso, finito e ilim itado, y necesa­
tricas del espacio, mientras afecta también los ritmos físicos utilizables
riam ente evolutivo, en expansión o contracción.
para medir el paso del tiempo. Un espacio que no se ajusta a la geome­
La necesidad de adm itir una geom etría influida por la m asa lleva a la
tría Euclídea tri-dimensional es un espacio «curvo», y esta curvatura sólo
introducción de una cuarta dim ensión espacial indetectable, pero que se puede entenderse como una deformación de las tres dimensiones espa­
m anifiesta en sus efectos sobre órbitas planetarias o rayos de luz. Tam­ ciales detectables hacia otra, ortogonal con ellas, no detectable.
bién tiene el espacio vacío una cierta rigidez que lim ita la velocidad con Desde el punto de vista de la Física, sería perfectamente posible man­
que se propaga la gravitación o cualquier otra señal: nada puede acele­ tener la realidad de sólo tres dimensiones espaciales, aceptando simul­
rarse hasta sobrepasar la velocidad de la luz. Y esta m ism a rigidez termi­ táneamente la existencia de una propiedad desconocida de la materia
na robando energía a cualquier m asa en m ovim iento acelerado, de tal que influye sobre nuestras medidas imitando exactamente los efectos de
modo que todas las órbitas, aun en el vacío perfecto, decaen por radiación una curvatura en la cuarta dimensión. No sería posible distinguir entre
gravitatoria y llevan a la caída de cuerpos en órbita hacia su centro de ambas hipótesis, pero la segunda no obligaría a esfuerzos imaginativos
masa. Todas estas consecuencias, con predicciones num éricas, han sido que son siempre inútiles para representamos ese espacio «arrugado» en
verificadas experim entalm ente. La R elatividad G eneral es el paradigma la cuarta dimensión. La coherencia matemática de las fórmulas favorece,
explicativo utilizad o hoy en toda la ciencia de la A strofísica, especial­ sin embargo, el tratar la geometría del espacio de una forma unificada,
m ente la Cosm ología. y esto es lo que hace la Física actual. Véase el Apéndice l para mas detalles.
La totalidad del espacio físico se describe com o dotada de curv atura, Relacionando el espacio físico con el tema filosófico que tratamos, es
claro que las hipótesis científicas no intentan responder al problema de
de tal modo que el espacio tri-dim ensional se com porta com o una «super­
la localización, distancia y extensión. Ese mismo espacio relativista im­
ficie» de un a hiper-esfera de cuatro dim ensiones. De este m odo puede com­
plica diversidad de lugar y distancia, que necesita explicarse filosófi­
paginarse su volum en finito con la im posibilidad de en contrar un borde
camente: no importa que sea una realidad física indetectable a nuestros
por mucho que se recorra. Ni está este volum en finito d entro de otro volu­
sentidos.
men mayor. A sí com o la superficie terrestre es finita pero ilim itada, y no
Tendremos oportunidad de volver a tratar de este espacio físico vacío,
es parte de una superficie m ayor, as íel volumen tri-dim ensional es fin ito pero
incorrectamente identificado a veces con la NADA, al discutir temas
ilim itado. Su expansión im plica que «se va h acien d o esp acio al expan­ relacionados con la transmisión de fuerzas, continuidad de la materia y
dirse»; lógicamente, tal expansión es posible solam ente para un espacio el origen del Universo. También tiene implicaciones la idea de curvatura
finito, que es tam bién finito en el tiem po: com enzó con la m ateria, y ES espacial en agujeros negros para la posibilidad de movimientos discon­
parte del mundo m aterial. tinuos. Lejos de ser nada, este espacio vacío resulta ser el fondo más
Aunque se habla a veces de la cuarta dim ensión com o «tiem po», no básico de la realidad material, sede de continua actividad y posible consti­
es esto lo que implica el espacio que hem os descrito. Las ecuaciones de tutivo último de la materia.
la Relatividad Especial, restringida a m ovim ientos uniform es, incluyen
al tiempo en una cuarta coordenada necesaria para esp ecificar com ple­

IV

M O V IM IE N T O

El concepto general de cambio, unido al de actividad, es básico para


dar razón de nuestro conocimiento del mundo. Percibimos que nuestro
entorno es cambiante, y nos damos cuenta de que la sensación es un
cambio en algún estado de nuestros órganos; científicamente, la experi­
mentación que nos permite conocer a la materia se basa en interacciones
que de forma más o menos directa afectan a nuestros instrumentos y
producen cambios en algún indicador.
En el lenguaje filosófico más tradicional todo cambio se describe
también como «movimiento»en un sentido analógico. Pero se considera
movimiento estrictamente dicho el «cambio local», fácil de percibir y de
comprender intuitivamente, aunque esconde una profundidad que ya
causó problemas desde los albores de la Filosofía. Nos aparece como el
nexo de unión entre los conceptos de espacio y tiempo, tan básicos para
describir el mundo de nuestra experiencia. De éste movimiento trata el
tema que ahora abordamos.
Para no prejuzgar algunas cuestiones acerca de la naturaleza del movi­
miento, nos limitamos a afirmar que cualquier cambio de lugar, de cual­
quier manera que ocurra, es un movimiento. Utilizando los conceptos
del tema anterior, podremos distinguir entre movimiento relativo, único
detectable y de efectos físicos medibles, y movimiento absoluto. Todo
movimiento relativo implica un cambio absoluto de lugar; todo cambio
absoluto será detectable como cambio relativo con respecto a un entorno
que no cambia simultáneamente de la misma manera. Con un ejemplo
práctico: dos automóviles rodando a la misma velocidad en pistas para­
lelas no muestran movimiento relativo entre sí, aunque tienen movi­
mientos absolutos iguales y también relativos con respecto al terreno.
52 metafísica d e la m a t e r ia
MOVIMIENTO

FÍSICA D EL MOVIM IENTO


Como consecuencia de la primera y tercera ley, se establece la conser­
Físicam en te, el m ovim iento se describe p o r el cam bio esp acial que vación del momento lineal en un sistema aislado. La segunda ley per­
ocurre du ran te un intervalo tem poral. Esta relación espacio/tiem po se de­ mite resolver objeciones para el caso de movimientos de rotación, como
nom ina «velocidad m edia» para cualquier intervalo m edible de tiempo veremos más adelante.
V elocidad, en Física, es una cantidad vectorial, especificada por su mag­ Galileo y Newton afirmaron la equivalencia física de reposo y movi­
nitud y su dirección. Si am bas se m antienen constantes durante el inter­ miento uniforme: todos los experimentos de la mecánica pueden hacer­
valo de tiem po considerado, tenemos un m ovim iento uniforme. Si hay un se por igual en un laboratorio en tierra firme o en un buque que se mueve
cam bio cualquiera, ya sea en la rapidez del m ovim iento o en su dirección a velocidad constante en un mar en calma. El efecto de una fuerza no es
(sentido), tenem os un m ovim iento acelerado. La aceleración se define, de producir el movimiento, sino cambiar el estado del cuerpo; este cambio
m odo p aralelo a la velocidad, com o un cam bio en la velocidad durante un es una aceleración, como indica la segunda ley de Newton.
intervalo de tiempo. Afirmando que los cuerpos son indiferentes al reposo o al movimiento
M ientras que el m ovim iento uniforme es indistinguible del reposo por uniforme (primera ley), Newton recoge y amplía los resultados de expe­
experim ento físico alguno (que se limita siem pre a cam bios relativos), el rimentos de Galileo, apartándose de la concepción Aristotélica del reposo
m ovim iento acelerado tiene efectos físicos de carácter absoluto: da lugar como único estado natural de un cuerpo.
a que aparezcan fu erza s inerciales (com o cuando el arranque repentino La velocidad que siempre especifica a cualquier movimiento es medi­
ble solamente con respecto a algún punto de referencia, más o menos
de un tren causa la caída de bultos, o un pasajero se siente em pujado
arbitrario. Si cambia el punto de referencia o éste se mueve a su vez, la
hacia un lado cuando un autom óvil toma rápidam ente una curva).
velocidad como relación cambia también. Incluso podemos considerar
Tanto la velocidad com o la aceleración pueden considerarse durante
tantas velocidades como puntos de referencia, afirmando también el
intervalos de tiem po cada vez más cortos, tendiendo a un lím ite de tiem ­
reposo con respecto al observador que va unido al móvil, o con respecto
po cero. A sí se form ula el concepto lím ite de velocidad o aceleración
a otro móvil con idéntica velocidad. Solamente en el caso de la luz (todas
«instantánea». N o es posible tom ar literalm ente que el tiem po sea cero, las ondas electromagnéticas) nos exige la Teoría de la Relatividad el
sin caer en absurdos m atem áticos: el cociente de no-cero sobre cero es aceptar que todo observador, sea cual sea su estado de reposo o movi­
infinito, y el de cero sobre cero es indeterm inado. Pero se puede acercar miento uniforme, obtendrá siempre el mismo valor de velocidad en el
a cero tanto cuanto se quiera, llegando así a las form ulaciones del cálculo vacío, c = 300.000 km/s. Es así la velocidad de la luz un absoluto que
diferencial que permiten obtener respuestas dentro del form alism o m ate­ parece incluso negar el concepto de velocidad «con respecto a algo»: si
m ático basado en el concepto de infinitesimales, tanto de espacio como todos los puntos de referencia son equivalentes, será porque no entran
de tiempo, en un paso al lím ite en que una variable tiende continuam ente en la relación.
al valor cero.
Las leyes físicas del m ovim iento son las form uladas por Newton:
DESARROLLO HISTÓRICO
1) Todo cuerpo, dejado a sí m ismo, continúa indefinidam ente en el esta­
do de reposo o movimiento uniforme en que se encuentra. La concepción de la materia de Aristóteles se desarrollaba alrededor
2) Una fuerza actuando sobre un cuerpo causa una aceleración, propor­ de las idea de «lugar natural», que asignaba a cada tipo de materia o
cional a la fuerza y en su misma dirección y sentido. Tanto aceleración «esencia» una posición propia en la estructura del Universo. Los cuerpos
como fuerza son cantidades vectoriales; la relación del cociente fu erza! terrestres se dividían en graves (pesados) y leves. Aquellos debían ocupar
aceleración es la M ASA del cuerpo. los lugares inferiores, mientras los leves estaban hechos para los supe­
3) A toda fuerza que actúa sobre un cuerpo corresponde otra fuerza de riores. Todo cuerpo tendía a su propio lugar, donde permanecía en repo­
igual magnitud, y dirección (sentido) opuesta, actuando sobre otro so mientras no se le forzase a moverse. Por eso se clasificaban los movi-
cuerpo: a toda acción corresponde una reacción.
METAFÍSICA DE LA MATERIA
MOVIMIENTO
55
m ientas com o naturales o forzad os: aquellos eran el resultado automático
de la tendencia al propio lugar (caída de los cuerpos graves hacia el cen ­ y velocidad (mv); en el segundo, la energía cinética (Kmv2). Ambas magni­
tro de la Tierra y ascensión de vapores y fuego) m ientras los movimien­ tudes describen el efecto de la fuerza, y ambas se conservan en la ausen­
tos forzados ocurrían solam ente por aplicación de fuerzas externas a| cia de roces o choques inelásticos. El momento («cantidad de movimien­
cuerpo. Si la fuerza cesaba, el cuerpo debía dejar de m overse, pues d to») se relaciona directamente con el «impulso», mientras que la energía
estado propio de la m ateria terrestre era siem pre el reposo. Solam ente la cinética es equivalente al trabajo realizado, y se expresa en las mismas
m ateria de los cielos («quinta esencia» distinta de los cuatro elem entos unidades que el trabajo o cualquier otra forma de energía, pudiendo
terrenos) tem a, por naturaleza, un eterno m ovim iento circular con giro también transformarse en energía calorífica o eléctrica, por ejemplo.
uniforme. De esta dualidad nació una larga disputa que implicó a filósofos y
físicos, sobre cuál de los conceptos tenía prioridad y sobre si el «ímpetu»
Parte im portante de la idea clásica de m ovim iento es la afirm ación
era proporcional a la velocidad o a su cuadrado. Dado que los filósofos
de su continuidad: es una realización de una potencialidad que sigue existiendo
nunca definieron claramente al ímpetu en términos físicos, la respuesta
com o potencia mientras se convierte en acto. Cualquier interrupción (reposo)
es arbitraria. Pero fijándonos en el conjunto de interacciones de los cuer­
termina a un m ovim iento concreto, aunque pueda darse otro distinto a
pos, en que frecuentemente encontramos choques inelásticos, parece que
continuación. Esta misma idea de continuidad se aplica a espacio, tiempo el momento tiene prioridad porque se conserva siempre y, como magni­
y m ateria, llevando en todos estos casos a la afirmación de divisibilidad tud vectorial, tiene una dirección de la que carece la energía. Por eso
indefinida, al m enos conceptual (sería perfectamente aceptable adm itir la parece reflejar más directamente el influjo de la fuerza. Y se puede decir
imposibilidad real de una división ilimitada). que el efecto específico de una fuerza es «cambiar el momento del cuerpo
sobre el que actúa».

Inercia
MOVIMIENTOS DE ROTACIÓN
La concepción Aristotélica tropezaba con grandes dificultades en el
hecho obvio de experiencia que nos muestra movim ientos que continúan Esta consideración del carácter vectorial de la aceleración y del
cuando ha cesado la fuerza: una flecha despedida del arco continúa en momento es útil también para resolver un problema que surge de la
vuelo; un vehículo sigue adelante cuando se le da un em pujón, incluso inercia de movimientos de rotación. Cada una de las partículas de un
cuesta arriba. Para explicar esto, los escolásticos medievales introdujeron cuerpo que gira está moviéndose en una trayectoria curva, por lo cual
el concepto de «ím petu»: una propiedad com unicada al cuerpo por la su movimiento es acelerado. Sin embargo, si el ritmo de giro no se ve influi­
do por nuevas fuerzas, ese movimiento acelerado continúa indefinida­
acción de la fuerza, que produce la continuación del m ovim iento hasta
mente, a pesar de lo dicho anteriormente en el sentido de que la acelera­
que se desgasta. De esta manera se podría aceptar la inercia de un móvil:
ción cesa cuando desaparece la fuerza que la causa. La solución es posible
los cuerpos no solamente parecen exigir una fuerza para pasar del repo­
si consideramos la suma algebraica de aceleraciones de partículas simé­
so al movimiento, sino también para volver bruscamente del m ovim iento
tricamente dispuestas en relación al eje de giro: sus aceleraciones se
al reposo, o para alterar la velocidad (rapidez y dirección) del m ovim iento
cancelan, y la aceleración total del cuerpo es cero, tanto si hablamos de
que ya poseen
la aceleración lineal como de la angular, hasta que actúe una fuerza.
Considerando el «ímpetu» com o el efecto de una fuerza sobre un El «momento angular», que apunta en la dirección del eje, es distinto
cuerpo, podemos darle dos interpretaciones: o bien calculam os el efecto de cero, y se conserva para un móvil aislado. Así se explica satisfacto­
integral de la fuerza durante el tiempo en que actúa, acelerando al cuer­ riamente el que un planeta, como la Tierra, mantenga su velocidad de
po, o bien nos fijamos en el trabajo realizado por la fuerza actuando a lo rotación indefinidamente. Se da también una inercia en este caso, que es
largo de un camino recorrido en su dirección. En el prim er caso ob te­ la tendencia del cuerpo que gira a mantener inmutable su estado, defi-
nemos el «momento» lineal (cantidad de movim iento), producto de masa
METAFÍSICA DE L a M\TEK|.\
MOVIMIENTO
57
nido por su m om ento lineal y angular, es n ecesario gastar energía lant
para modificar la rapidez del giro (velocidad angular) com o para cam biar MOVILIDAD UNIVERSAL
la dirección en que apunta el eje. Y la fuerza inercial que corresponde ,
la aceleración de un m ovim iento circular se m anifiesta en la d efo rm a­ La aplicación de las ideas básicas de la Física moderna (Relatividad,
ción del cuerpo (ensancham iento ecuatorial de la Tierra). Mecánica Cuántica, Termodinámica) lleva a una concepción de la materia
El principio de inercia, tal com o lo expresa la prim era ley de New ton como inherentemente móvil. Mientras que Aristóteles consideraba que
es una idealización, en cu an to no hay cuerpos aislad o s del resto del el reposo era el único estado natural de los cuerpos, y que Newton afirma
Universo y «abandonados a sí m ism os». Incluso en la ausencia de otros su indiferencia hacia el reposo o el movimiento uniforme, hoy parece
cuerpos, un único planeta girando alrededor del Sol pierde energía por necesario afirmar que el reposo absoluto no puede darse. Todo cambio de
radiación gravitatoria, y su órbita decae. Solam ente se verificaría la ley orden temporal va acompañado, según la Relatividad, por un cambio
con toda exactitud si existiese un sólo cuerpo en m ovim iento uniforme espacial (movimiento): es el reverso de la afirmación obvia de que todo
cambio espacial ocurre con un cambio temporal.
(que sería m ovim iento absoluto y no podría ser objeto de la Física).
En la Mecánica Cuántica, el Principio de Indeterminación nos exige re­
Los autores (físicos o filósofos) que aceptan que todo m ovim iento se
nunciar a una medida exacta de la posición de una partícula: si la incerti­
explica solam ente com o cam bio relativo encuentran un problem a im por­
dumbre de posición es cero, la incertidumbre del momento tiene que ser
tante al tratar de justificar el que aparezcan fuerzas inerciales com o resul­
infinita, y se puede afirmar cualquier velocidad de esa partícula que se
tado de aceleraciones, sobre todo en el caso de un m ovim iento de rota­ supone en reposo ( Áx.Áp=h/2d , en que h es la «constante de Planck»).
ción uniforme: un planeta pierde la forma esférica com o consecuencia Finalmente, la Termodinámica interpreta esta imposibilidad de reposo
de su giro; el agua en un cubo forma una superficie de perfil parabólico. como imposibilidad de alcanzar el «cero absoluto» de temperatura, ni
Si cualquier m ovim iento tiene que ser «con respecto a a lgo» para ser real siquiera en el vacío físico: hay siempre una energía mínima debida a
¿cuál es el punto de referencia del giro de un planeta, y cóm o actúa para fluctuaciones cuánticas, aun de partículas «virtuales», indetectables, pero
causar una deform ación? N ew ton tomaba estos hechos com o prueba de que producen efectos físicos calculables en las partículas reales.
la existencia del esp ad o absoluto, con respecto al cual era real todo movi­
m iento. Mach propuso que el sistem a de grandes m asas del Universo
(galaxias lejanas) era el m arco físico con respecto al cual se da la rotación, CONSIDERACIONES FILOSÓFICAS
sugiriendo algún tipo de reacción de esas masas sobre el móvil, de tal
m odo que los m ismos efectos podrían deberse al giro del cuerpo defor­ Al hablar del espacio, quedó claro que el cambio de lugar solamente
m ado o al giro del Universo a su alrededor. es detectable con relación a algún sistema de referencia, pero que su
C om o es obvio, esta hipótesis no puede com probarse experim ental­ realidad es de carácter absoluto. El móvil se mueve realmente cuando
cambia su carga localizante, que le afecta intrínsecamente en su ser acci­
m ente, ni parece lógico que el aplicar una fuerza de torsión a la cuerda
dental.
de la que se suspende un cubo de agua cause una reacción proveniente
El ritmo de cambio de carga localizante es la velocidad absoluta del móvil,
de galaxias a m illones de años-luz. Todavía es posible postular un «campo
independientemente de toda referencia. Si este ritmo es constante, tene­
inercial>•debido a todas las m asas del U niverso, que se habría producido
mos un movimiento uniforme; si el ritmo varía (en cualquiera de sus
por su existencia y distribución a lo largo de la historia cósm ica, y que
componentes en varias direcciones), tenemos una aceleración. El papel
causaría la reacción local sobre el cuerpo que gira. En esta hipótesis, la
de una fuerza es el imprimir un nuevo ritmo de cambio de carga localizante,
inercia (m asa inerte) sería una propiedad cam biante de cada cuerpo,
sea cual fuere el ritmo original.
debida a su entorno total en un m om ento dado. A pesar de su atractivo Solamente las diferencias de ritmo de cambio tienen efectos físicos, ya se
desde el punto de vista que reconoce efectos físicos m utuos solam ente a trate de diferencias simultáneas en el caso de más de un móvil (velocidad
los m ovim ientos relativos, no ha sido posible incorporar ese «Principio relativa), o de diferencias sucesivas (fuerzas inerciales en el móvil que
de M ach» dentro del m arco de la Relatividad.
58 METAFÍSICA DE LA MATERIA
MOVIMIENTO
59
acelera). N o es necesario invocar ninguna reacción de algo externo al
m óvil para que se justifique la aparición de estas fuerzas inerciales, que muestra que llega antes al mismo punto el haz que tuvo que franquear
son observables en el m óvil, aun aislado. Los efectos m utuos — fuera del una barrera por efecto túnel (porque recorrió un espacio más corto).
m óvil— siguen dependiendo de una diferencia sim ultánea en ritmos de Parece necesario admitir un cambio discontinuo de localización para los
cam bio o en su variación: dos m óviles que se m ueven paralelam ente con fotones, igual que para los electrones en un dispositivo que se basa en
idéntica velocidad se com portan como si estuviesen en reposo relativo este efecto: el diodo de túnel.
aunque am bos sufran idénticas aceleraciones. La respuesta acerca de la discontinuidad esencial del cambio de lugar
Por ser la carga localizante una realidad que no tiene efectos físicos por dependerá de la naturaleza continua o discreta del espacio y del tiempo,
sí m ism a, el móvil es indiferente a cualquier carga y a cualquier ritmo ya que el movimiento implica a ambos. Toda continuidad, con su conse­
constante de variación en ella. Así se expresa el hecho experim ental de cuencia de divisibilidad indefinida, presenta dificultades lógicas muy
serias si se intenta aplicarla a la realidad. Ni es lícito dar el paso de un
la inercia. Cuando una fuerza ha causado un nuevo ritm o de cambio
proceso mental que no tiene un término lógico (multiplicar por V4 u otra
(distinta velocidad y m om ento), se m antiene este ritm o con la misma
fracción) a una divisibilidad real, aunque ésta no sea realizable experi­
indiferencia, sin gasto de energía ni efectos físicos detectables (al menos
mentalmente. En concreto, la divisibilidad espacial presupone una multi­
con la presente tecnología, aunque es pensable que llegue el momento
plicidad de cargas localizantes en algo extenso, de modo que la divisi­
en que pueda verificarse experim en taim en te una variación m ínima en
bilidad indefinida parece exigir la existencia real de un número infinito
alguna propiedad energética del cuerpo) de tales cargas, o la posibilidad de infinitos «valores» distintos entre
Tal vez sea posible encontrar una razón última de la m ovilidad univer­ cualesquiera dos cargas localizantes iniciales. Ambas suposiciones son
sal de la materia en su naturaleza m udable y compuesta. No siendo una difíciles de aceptar: no hay infinitos reales en nada material (como contra­
esencia necesaria ni ontológicam ente sim ple, el cuerpo es intrínseca­ puestos a «infinitos» de orden lógico-matemático, que son realmente lími­
m ente cam biante, no sólo en su estructura y actividad física, sino en los tes de procesos sin término natural).
aspectos m ás profundos de tem poralidad y espacialidad. Con la frase Toda la Física moderna nos inclina a aceptar la discontinuidad básica
de los filósofos pre-socráticos, «Pauta rei» (todo fluye: H eráclito); en len­ de la materia: partículas, intercambios energéticos, procesos cuánticos.
guaje m ás moderno, el «devenir» es propio de la m ateria, y la fijeza espa­ Es verdad que la Teoría de la Relatividad está formulada en términos
cio-tem poral es algo naturalm ente ajeno a ella. de cambios continuos en el espacio-tiempo, pero los investigadores no
A sí nos apartam os de Aristóteles al no preguntar por causas físicas cejan en su empeño de conseguir una «gravedad cuántica» que haga esa
de que un cuerpo se m ueva, sino de que su m ovim iento se’ altere. En formulación compatible con el resto de las interacciones o fuerzas cono­
forma consecuente con nuestra posición acerca de la carga localizante, cidas. Sin que podamos decir todavía que estos conceptos son parte
lo que altera el movimiento es una fuerza actuando sobre el cuerpo, haya demostrada ni aceptada universalmente de la ciencia actual, se sugiere
o no un sistema de referencia, pues el efecto de la fuerza debe darse donde una «distancia de Planck» mínima (~10'33cm) y un «tiempo de Planck»
correspondiente (-lO ^ seg) cuyo cociente es la velocidad de la luz en el
ésta actúa.
vacío, única velocidad absoluta aceptada por la Relatividad. Estos valo­
res mínimos de espacio y tiempo son el resultado de combinar constan­
tes físicas, como la constante de Planck, la de gravitación y la velocidad
¿CONTINUIDAD?
de la luz. A estos valores mínimos se les da significado físico, afirmando
que ningún proceso material puede llevar consigo un cambio local de
¿Es el movimiento necesariam ente continuo? La descripción física del menor intervalo, ni ocurrir en un tiempo más corto, aunque parece que­
■‘efecto túnel» en el mundo m icroscópico se hace aceptando que una partí­ dar siempre, filosóficamente, la posibilidad de considerar una distancia o
cula va de un lugar a otro sin pasar p or el m edio, con un movimiento un tiempo menor.
discontinuo. Experim entalm ente esto da lugar a fenóm en os extraños,
pero indudables: incluso la luz em itida sim ultáneam ente en dos haces
60
METAFÍSICA DE La MATERIA
MOVIMIENTO
61
APORÍAS DE ZENÓN
la anterior. Pero si la velocidad es constante, a menos espacio corres­
Es instructivo el aplicar cuanto se ha dicho sob re el movimiento ponde menos tiempo, y las dos sumas son matemáticamente idénticas,
resolver las clásicas objeciones o «APORIAS» de Zenón de Elea. Como llevando en ambos casos a resultados finitos:
la palabra griega indica, se trata de procesos lógicos sin salida, que c l °
tradicen la noción m isma de movimiento por m ostrar, según Zenón que lím 1(1/2)"= 1
el m ovim iento es absurdo. Son cuatro las aporías, cuyos nom bres indi­
can la situación im aginaria propuesta por Zenón: «Estadio», «Dicoto­ Es digno de notar también, en este contexto, que no es lícito afirmar
m ía», «Aquiles» y «Saeta». automáticamente una correspondencia exacta entre las matemáticas y la
ESTADIO: Un corred or tendrá sim ultáneam ente d iversas velocidades realidad. Una suma infinita nunca puede realizarse, pues nunca se tienen
con respecto a diversos puntos de referencia que, a su vez, están en movi­ todos los sumandos, aunque intuitivamente se vea a qué límite tiende.
miento o en reposo a su alrededor (otros corredores, espectadores). Si se Incluso hay series infinitas que no tienen un límite inequívoco, sino que
llevan a valores diversos según se agrupen sus términos arbitrariamente.
considera que todo m ovim iento está especificado sin am bigüedad por
Recordemos siempre que los conceptos matemáticos son abstracciones
una velocidad única, tal m ovim iento con varias velocidad es simultáneas
es absurdo. de existencia sólo m ental: relaciones de carácter cuantitativo que pueden
intuirse como válidas en una extrapolación en que el concepto mismo
La solución es obvia si distinguimos la velocidad m edible y la abso­
de número deja de ser aplicable unívocamente.
luta, no detectable directam ente. La única posibilidad de determ inar una
Si aceptamos la discontinuidad del espacio y del tiempo, la aporía
velocidad observable la proporciona un punto de referencia con el que inmediatamente queda resuelta: no hay un número infinito de sumandos
se establece una relación del lugar ocupado por el móvil en cada momen­ ni de distancia ni de duración.
to. N aturalm ente, al cam biar un extrem o de la relación, ésta cambia, y hay AQUILES: El gran corredor homérico no puede nunca alcanzar a una
tantas relaciones com o puntos de referencia. Pero si consideram os el torpe tortuga si le concede una ventaja inicial en su carrera. Cuando
m ovim iento com o cambio intrínseco, la velocidad real del móvil es el Aquiles llegue a donde la tortuga estaba, ésta ya se encuentra un poco
ritm o de cam bio de sus cargas localizantes, y este ritm o especifica el más adelante, y así sucesivamente, de modo que nunca coinciden los dos
m ovim iento sin referencia externa. No hay diversas velocidades «abso­ en el mismo punto. También aquí se considera al espacio como infinita­
lutas», y la aporía carece de fuerza. mente divisible, y puede intuirse que Zenón presupone una velocidad
DICOTOMÍA: Para recorrer cualquier distancia A-B es preciso reco­ decreciente de Aquiles o una parada en cada punto ya ocupado por la
rrer prim ero su mitad, luego la mitad de lo que queda, etc. Por tanto tortuga. Pero si en lugar de fijarnos en donde la tortuga ha estado, calcu­
hay que recorrer un número infinito de espacios decrecientes, pero todos lamos dónde va a estar después de un tiempo t, la solución es sencilla: en
de algún valor superior a cero. Ya que se necesita siem pre algún tiempo ese tiempo la tortuga recorrerá un espacio d = v.t, y si la ventaja inicial
para recorrer cualquier distancia, por pequeña que sea, tenemos una era x , basta que Aquiles se mueva con velocidad constante (d+x)/t para
suma de infinitos tiempos, lo cual lleva a un tiempo infinito. Aplicando que la encuentre en esa posición. Es obvio que dos móviles recorrerán
esto al primer intervalo arbitrario, tendríam os que decir que el móvil ni dos espacios distintos en el mismo tiempo si tienen movimientos uni­
siquiera puede ponerse en marcha. formes con distinta velocidad.
Si consideramos al espacio como discontinuo, también negamos la
En esta objeción se cae en la trampa lógica de aceptar que una suma
suposición de que tanto Aquiles como la tortuga pueden avanzar por
de infinitos sumandos de espacio da un espacio finito, mientras se afirma
incrementos arbitrariamente próximos a cero. En tal caso, necesariamente
que una sum a correspondiente de infinitos sum andos de tiempo da un
tienen que coincidir en algún espacio mínimo.
tiempo infinito. Tal situación sólo puede inferirse en el supuesto de una
SAETA: Una saeta despedida del arco y en ruta hacia el blanco o bien
velocidad constantem ente decreciente en proporción al espacio recorrido: de
se mueve donde está o donde no está. Lo primero es contradictorio, pues
esta forma cada fracción de espacio sigue exigiendo el mismo tiempo que
62
metafísica di |\ MV|||i:! .
MOVIM1ENTO 6,

estar en un sitio implica fijeza, que niega el m ovim iento ya supuesto


Lo segundo es absurdo, pues el m óvil no puede hacer nada donde no se minarla, que era el propósito de reducir el intervalo de tiempo. No es
encuentra presente. Por tanto, la saeta no se mueve. factible, ni aun teóricamente, llegar a un tiempo arbitrariamente cercano
Esta es la objeción de m ayor dificultad filosófica, pues ataca al mismo a cero sin perder, como consecuencia, la posibilidad de afirmar una posi­
ción o velocidad del móvil.
concepto de m ovim iento com o un proceso, no una serie de actos. Para
aclarar su form ulación y para resolverla, es n ecesario consid erar por Aceptando la hipótesis de movimiento discontinuo, el intervalo míni­
mo de tiempo es el momento real, ni cero ni divisible en otros menores,
separado al m ovim iento com o cambio continuo y com o resultado de
posibles pasos discretos. con afirm aciones equivalentes para el mínimo intervalo espacial. Un
móvil tiene una localización determinada durante un tiempo de Planck
C om enzarem os por hacer notar una tram pa sem án tica. Preguntar
(o el tiempo mínimo real), y tiene una localización diversa en el intervalo
dónde está el móvil mientras se mueve es, en térm inos filosóficos, pre­
temporal siguiente. Por tanto, se ha movido; no en un tiempo intermedio,
guntar cuál es su carga localizante mientras está cam biando de carga locali­
que no existe, ni en un lugar intermedio, sino «sin tiempo» (recordemos
zante. N aturalm ente no hay una respuesta que no lleve a contradicción
el efecto túnel). El concepto de velocidad instantánea deja de ser aplica­
verbal: sería com o preguntar qué color tiene una cosa m ientras está cam­ ble estrictam ente (aunque hay que hacer notar que los valores de esos
biando de color. Solamente puede afirm arse que en un «instante» dado mínimos de tiempo y espacio son trillones de veces menos que los límites
el color o la carga localizante son tales. Pero esto exige explicar qué es reales de nuestras medidas físicas).
un instante, concepto que ya m encionam os al hablar de la velocidad En esta solución se niega la legitimidad de la aporía tal como se formu­
«instantánea» de un móvil. la: no hay esos «dóndes» de espacio o tiempo en que uno quiere parar
En Física se afirma que es aplicable a la velocidad el proceso m atem á­ al móvil para observarlo mientras se sigue afirmando que se mueve.
tico de «paso al límite», por el cual el intervalo de tiem po tiende a cero Tenemos que renunciar a nuestra imaginación, que siempre pone difi­
en el cocien teds/dt. Ese tiempo arbitrariam ente próxim o a cero es el «ins­ cultades al raciocinio ñlosófico.
tante», pero su duración queda sin especificar. Si se afirma que es real­ A pesar de su antigüedad, las aporías de Zenón siguen siendo terreno
mente cero, no es medible, ni tiene sentido afirm ar posición alguna del fértil para libros filosóficos, precisamente por la dificultad de compaginar
cuerpo en ese instante: lo que no está en un sitio un tiem po distinto de cero, filosofía, matemáticas, física, imaginación y lenguaje abstracto.
no está en esc sitio. Pero si acepto una duración para dt, p or pequeña que Resumiendo, conviene recordar —para discusión posterior al tratar
sea, puedo distinguir diversos m om entos en ese intervalo, y he negado de la estructura de la materia— que el problema de la continuidad del
el concepto de velocidad instantánea. movimiento se basa en la dificultad del mismo concepto de cambio conti­
Por tanto, en el supuesto de la continuidad del m ovim iento, hay que nuo, y en la imposibilidad imaginativa de admitir mínimos indivisibles
decir que el m óvil no «está» nunca en ningún sitio, pues no está en nin­ en cualquier orden (hablando siempre, naturalmente, de divisibilidad
gún espacio determ inado un tiem po distinto de cero. Precisam ente, al teórica, no experimental). Tanto las cantidades de orden extensivo como
las meramente intensivas parecen exigir la posibilidad de cambios infini­
afirm ar el m ovim iento, se excluye toda perm anencia estática. Y, aunque
tesimales, tan pequeños como uno quiera: distancias, volúmenes y super­
parezca absurdo a prim era vista, el m óvil se m ueve donde no está, por­
ficies, valores de temperatura, densidad, energía cinética. Todo esto nos
que nunca está en ningún punto un tiem po m ayor que cero. Lo mismo
parece susceptible de cambio en cualquier escala, porque cualquier ex­
sería aplicable a un cam bio continuo de color, de tem peratura o de cual­
presión numérica que se aplique a uno de estos parámetros siempre
quier otra propiedad de un cuerpo.
puede combinarse, mentalmente, con un concepto de fracción: la mitad
Confirm a la negación de velocidad verdad eram ente instantánea el
de lo que se afirmó originalmente, o cualquier otro valor menor que la
considerar, según la mecánica cuántica, que tam poco el tiem po puede de­
unidad. Esta composición mental es siempre posible en el orden teórico.
terminarse con absoluta precisión, ni puede reducirse su duración arbitra­ Pero en el orden real la Física nos hace ver continuamente mínimos
riamente, sin introducir una im precisión en la energía cinética del móvil de carga eléctrica, valores indivisibles de masa en partículas conocidas,
Como ésta es función de la velocidad, se pierde la posibilidad de deter-
METAFÍSICA DE La MATERIA
MOVIMIENTO
65
intercam bios cuantificados de energía. La longitud esp acial de Planck v
el tiem po m ín im o aso ciad o a ella son exten siones lógicas del mismo consecuentemente una fuerza infinita para alcanzar c por poca que fuese
proceso de interpretación de la realidad en térm inos discontinuos, aun la masa original.
que puede consid erarse su m agnitud com o arbitraria, obtenida por una Experimentalmente se ha comprobado que electrones acelerados a
com binación de constantes físicas que producen la dim ensionalidad co­ cerca de c tienen masa inerte hasta mil veces mayor que en reposo. La
rrecta. P ero el concepto m ism o de discontinuidad no depende de su energía externa que se utiliza para aumentar su energía cinética aparece
valor, y p arece im ponerse en todos los aspectos de la realidad física más y más como masa, y cada vez en menor proporción como velocidad.
T endrem os que recordar esto varias veces m ás al tratar del tiem po y de Así se verifica también la equivalencia relativista E=tn.c2.
la m ateria y su actividad, al m enos com o una posibilidad digna de tener­ Si la velocidad de la luz es una constante absoluta para todo obser­
se en cu en ta filosóficam en te aunque no tenga com p robación experi­ vador con cualquier tipo de movimiento uniforme, las medidas de espacio
m ental. y tiempo deben depender del estado de reposo o movimiento con respecto
a reglas o relojes que se observan, ya que la trayectoria del rayo depende
del punto de observación. Esto lleva a consecuencias como la «contracción
de las longitudes» en la dirección del movimiento y la «dilatación del tiempo»
EL M O V IM IEN T O EN LA TEO R ÍA DE LA RELA TIV ID A D
si se observa un reloj en movimiento: sus ritmos aparecen más lentos
que los del reloj en reposo para el observador. Todos estos efectos son
La dificultad experim ental de distinguir entre el estado de reposo v perfectamente recíprocos, sin implicar modificación real en el móvil, ya que
el de m ovim iento uniform e fue form ulada por G alileo en térm inos de lo es arbitrario decir cuál es el móvil; ni pueden compararse medidas direc­
que era la Física de su tiem po: am bos estados son totalm ente equivalen­ tamente, pues sería necesario parar el movimiento relativo, introduciendo
tes d esde el punto de vista de la M ecánica (Principio de la Relatividad de aceleraciones no permitidas por la Relatividad Especial o Restringida. En
Galileo). Q uedaba, sin em bargo, la posibilidad de que las ondas de la luz, cambio se predice en la Relatividad Generalizada (1916) que tales efectos
a través de un «éter» universal, m ostrasen un cam bio de velocidad en ocurren únicamente en el móvil acelerado de un modo verificable no-simé­
alguna dirección, indicando así el m ovim iento «absoluto» de la Tierra trico.
com o resultado de su órbita alrededor del Sol. Para mantener la afirmación de que nunca se mide una velocidad
Los experim entos de M ichelson y M orley (Cleveland, 1887) destru­ superior a c, es necesario cambiar las reglas de la adición de velocidades:
yeron esta esperanza: la velocidad medida para la luz era la m isma en dos cohetes que se cruzan, cada uno con velocidad (u,v) igual a 0,9 c, no
cualquier dirección, ya se m oviese la Tierra en la dirección de la fuente pueden dar lugar a velocidad relativa superior a c para un observador
lum inosa o alejándose de ella. Este hecho experim ental, aunque históri­ en uno de ellos. El valor observable viene dado por la fórmula:
cam ente no parece haber sido la base de la Teoría Especial de la Rela­
V total= ( U + V )/ (l + U .V ./ C 2 )
tividad de Einstein (1905), quedó explicado por ella e incorporado en sus
bases com o el postulado fundam ental: es im posible distinguir el estado que lleva en el ejemplo dado a calcular una velocidad relativa de 0,99 c.
de reposo del de m ovim iento uniform e por ninguna observación de ca­ En la Relatividad Generalizada, que se utiliza en situaciones en que
rácter físico. La velocidad de la luz (toda onda electrom agnética) en el hay aceleración, sea cual sea su causa, los efectos no son simétricos. Sólo
vacío es constante para cualquier observador en m ovim iento uniforme, en el sistema acelerado aparecen fuerzas inerciales, y en él se dan efectos
y es la velocidad límite: nunca puede darse una m edida experimental de dilatación del tiempo que se discuten en el capítulo siguiente.
que indique un valor superior al de 300.000 km /s ( c ). Ni puede nada
ser acelerado hasta alcanzar tal velocidad, porque cuanto más se acer­
que a ella un m óvil, más difícil será aum entar su velocidad. C om o la
resistencia a la aceleración define el concepto de m asa, es preciso decir
que ésta aumenta con la velocidad, y sería infinita para v = c , exigiendo
V

E L T IE M P O

La percepción del mundo extramental, por su interacción con nuestros


sentidos, nos presenta una variedad de orden espacial, básicamente está­
tica, que hemos descrito como «diversidad de lugar», de la que dependen
los conceptos de distancia y extensión. Una variedad dinámica es también
aspecto siempre presente de nuestras percepciones: las cosas cambian y
son percibidas como cambiantes. Y nuestra consciencia está también en
flujo constante: aun cuando percibimos un objeto como constante en su
ser, tal permanencia se deduce de que actos sucesivos de percepción cons­
ciente lo muestran con las mismas características. Este cambio no-espa-
cial es la base de la experiencia temporal, común a todo nuestro conocer
y de mayor ámbito que el espacio, ya que actos de entender o querer, no
dotados de carácter espacial, sí nos aparecen como ocurriendo «en el
tiempo».
El movimiento (cambio local) implica espacio y tiempo, de tal modo
que su relación es la velocidad. Si a un movimiento determinado se le
supone de ritmo constante (sea o no rectilíneo), un cambio espacial puede
servir como indicación de un cambio temporal, y así tenemos un «reloj»
en sentido amplio. Pero también sirve de reloj un cambio cualquiera,
cualitativo o cuantitativo, sin que intervenga una distancia: el cambio
de una fruta al madurar, el desgaste de una vela encendida, las arrugas
de la vejez, son «relojes» que indican el paso del tiempo. Tampoco hay
movim iento espacial estrictamente dicho en los relojes digitales mo­
dernos.
El concepto de cambio en su sentido general es básico para hablar del
paso del tiempo. Pero si es posible afirmar que todo cambio requiere
tiempo y es indicativo de su paso, no es claro que el tiempo SEA cambio.
Al contrario: taJ afirmación llevaría a consecuencias extrañas: cambios
68
METAFÍSICA DE LA MATERIA EL TIEMPO
69
sim ultán eos de carácter opu esto o de distinto ritm o se identificarían con
tados por aceleraciones, ya sean debidas a campos gravitatorios o a fuer­
el m ism o tiem po. Solam ente podem os decir que hay algo en com ún en
zas de índole mecánica que cambian el movimiento de un reloj cuando
tales cam bios o m ovim ientos: una sucesión de estados reales que no son
nos encontramos ante un sistema no-inercial. En todos estos casos, según
todos pred icables del m óvil com o algo propio de él en cada observación
la Relatividad Generalizada, los ritmos de cambio ocurren más lentamen­
sino que uno corresponde a una observación y otro a otra.
te que en sistemas inerciales, afectando de forma no simétrica e irrever­
Estas consid eraciones elem entales se incorporan en la cuasi-definición sible el «paso del tiempo» medido por tales relojes, sean mecánicos, elec­
tradicional del tiem po: «la num erabilidad de un m ovim iento (cambio) trónicos, atómicos o biológicos.
según un an tes y un después» (num erus motus secundum prius et poste- Es famosa la «Paradoja de los Gemelos» (ya propuesta por Einstein) que
rius). D ecim os que ésta es una cuasi-definición, y no una definición estric­ presenta en forma intuitiva los efectos de la aceleración: un astronauta
ta, porque utiliza conceptos tem porales de «antes» y «después», que presu­ en un cohete que alcanza velocidades próximas a la de la luz puede
ponen conocida la sucesión cronológica. No es satisfactoria la respuesta volver a la Tierra habiendo envejecido solamente 10 años, por ejemplo,
de que tal ord en ación secuencial es de orden abstracto, o basada en un para encontrar que su hermano gemelo que permaneció aquí ha enveje­
orden esp acial: hem os dado ejem plos de relojes que no im plican cam ­ cido 60. No hay verdadera paradoja, porque no hay simetría entre ambos:
bio esp acial, y el principio ordenador abstracto term ina siendo también el que envejece más lentamente es el que ha sufrido fuerzas inerciales
una diferencia tem poral, al m enos de actos cognoscitivos. en su viaje (aunque sí hay un problema físico en decir que la aceleración
Una vez m ás tenem os que distinguir lo que es razón de cognoscibi­ del cohete causa un efecto distinto del atribuible a la aceleración de la
lidad de lo que es una explicación entitativa. Conocem os el paso del tiem­ gravedad terrestre, aun con valores iguales, a = g). Puede admitirse
po p or la conscien cia de cam bios, subjetivos o extra-m entales (que apare­ también que la medida psicológica del tiempo para el astronauta será
cen com o tales en diversos actos cognoscitivos). Pero tales cam bios suponen igualmente menor, por depender los procesos conscientes de la actividad
tiem po: n i lo constituyen (en cuanto es im posible asignar más valor a unos biológica del cerebro.
que a otros com o realidades físicas tem porales) ni lo explican filosófica­ Según la Relatividad, no es posible conseguir un ritmo más rápido
m ente (si un cam bio determ inado fuese explicativo de la temporalidad, (que el observado en reposo) de los procesos físicos por tener una acele­
lo sería solam ente para el objeto cam biante, pero no para el tiem po del ración negativa, ni por ningún otro medio. En el terreno hipotético de
las soluciones matemáticas de ecuaciones relativistas parece posible un
resto de la realidad).
salto temporal hacia el futuro (cambio temporal muy rápido y disconti­
Por estas razones no parece tam poco satisfactorio el distinguir entre
nuo) en campos gravitatorios muy intensos (agujeros negros, si actuasen
un «tiem po psicológico» propio de la consciencia («duración» de Bergson)
como transformadores de coordenadas espacio-temporales), pero no hay
y un tiem po propio de los sucesos en la naturaleza no-consciente, inclu­
razón convincente para dar carácter real a esta posibilidad matemática.
yendo las edades cósm icas previas a la existencia hum ana. La idea de
Todavía tiene menos base la sugerencia de invertir el sentido del tiem­
sucesión o cambio es aplicable por igual en am bos casos, y lo que pueda
po —tiempo que fluye hacia el pasado— en un proceso físico real, por
ofrecerse como explicación filosóficam ente válida para uno debe serlo
el mero argumento de que las ecuaciones que lo describen son simétricas
tam bién para el otro.
con respecto a un cambio de signo en la coordenada temporal: nuestro
simbolismo puede describir a la naturaleza, pero no determina su pro­
ceder.
EL TIEM PO EN FÍSICA Las llamadas «flechas del tiempo» en sentido físico nos dicen que hay
procesos no-reversibles, cuya evolución indica de forma inequívoca un
El concepto de Tiem po físico no es, com o debe serlo en Filosofía, la orden temporal. Así, por ejemplo, la combustión de un trozo de madera
razón de la sucesión en un cambio, sino la sucesión m ism a com o atributo o el derramarse de un vaso de agua. La «flecha termodinámica» se basa en
de la materia y condición de su actividad. El tiempo en sí no es d etec tá b a ­ la entropía (grado de desorden) total de un sistema aislado: tiende
la Física trata solam ente de «relojes» y de sus ritm os. Estos se ven afec­
METAFÍSICA DE LA MATERIA
e l t ie m p o ^

siem pre a crecer, de m odo que es posible pasar espontáneam ente y sin
gasto de energía a una situación de más desorden, pero no a una más instructivo el sistematizar sus coincidencias o paralelismos con el espacio
así como sus diferencias: v '
ordenada. M ás estrictam ente, la entropía debe usarse en su sentido ori­
ginal, com o m edida de la energía no recuperable para realizar trabajo
ESPACIO TIEMPO
es una definición m ucho más concreta que la m ención de «desorden» o
de «inform ación», especialm ente con referencia a la actividad cognos­ Isomórfico (igual en 3 d im en sion es) U nidireccional (del pasado al futuro)
citiva auto-consciente. Manifestado como d istan cia-exten sión M anifestado com o duración

En todo lo dicho de orden físico encontram os indicaciones del paso del Se conoce directamente el «aquí» Se conoce directam ente el «ahora»

tiem po, pero no de su naturaleza. T am poco es más satisfactoria la pro­


ESPACIO - TIEMPO
puesta de red ucir el orden tem poral a orden causal: el pasado puede
actuar en el presente, y éste en el futuro, pero no al revés. En el diagrama Total inactividad física: los cuerpos no cambian en nada medible o físi­
de M inkow ski se dibuja el cono de luz que delim ita el pasado por su camente detectable por cambios de posición o de tiempo (Relatividad).
actividad posible en el ahora, actividad que nunca puede ejercerse a una Un experimento debe ser repetible en cualquier lugar y en cualquier
velocidad superior a c. Del presente diverge el cono de luz que indica la momento sin dar resultados diversos si parámetros físicos detectables
posibilidad de influir en el futuro. Filosóficam ente parece necesario s u ­ permanecen constantes.
brayar que el actuar presupone la existencia, no la determ ina. Para que se — Ambos conceptos sugieren una construcción imaginaria con los atri­
dé el influjo causal es necesario, con prioridad lógica, que exista antes el butos de necesidad absoluta y crecimiento indefinido {Inmensidad,
Eternidad).
agente que su actividad, y no puede presentarse a ésta com o razón de la
previa existencia. — Ambos exigen una respuesta al dilema continuidad-discontinuidad.
— Ambos llevan lógicamente a preguntas de situaciones límite, pero no
Un punto de vista plausible dentro de la Física m oderna es el consi­
exactamente correspondientes: compenetración —contemporaneidad;
d erar al Espacio y el Tiem po com o atributos o parte del m undo m aterial,
multilocación— multitemporalidad; a-espacialidad y a-temporalidad.
de m odo que no se les puede atribuir realidad sino en conexión con la
existencia de la m ateria. Es así necesario decir que «antes» de existir el La característica común más básica, en esta comparación de espacio
Universo no había «antes», porque no había tiempo, com o tam poco había y tiempo, es el carácter relativo de nuestras percepciones: conocemos sola­
espacio. Esta posición es coherente con el m odo en que la Relatividad mente relaciones de distancia o de sucesión. En el caso del tiempo, la existen­
trata am bos parám etros. Tal vez puedan ofrecerse razones en pro y en cia de algo se afirm a o se niega con respecto a la de otro ser, aun no
contra de la existencia «fuera del tiempo» de una realidad finita no material, material (por ejemplo, nuestros actos conscientes). La relación de simul­
com o sería un espíritu creado. No es propio de nuestra investigación el taneidad afirma existencias que pueden percibirse como componentes de
discutirlo. un único acto cognoscitivo, y que son cognoscibles directamente, sin de­
ducción o inferencia intermedia; tales existencias pueden también tener
influjos mutuos inmediatos. En cambio el pasado sólo puede inferirse
ESPA C IO Y TIEM PO (parcialmente) del presente, y el futuro puede deducirse del presente (en
forma incompleta e insegura en muchos casos). Sólo el futuro puede ser
Toda discusión del tiem po va unida a la del espacio, pues am bos se
afectado por el presente: no hay causalidad física hacia el pasado.
manifiestan primariamente por la percepción debncrvimiento, que escam bio
Como toda relación, la relación temporal exige términos y fundamen­
espacio-temporal. Ya queda indicada en el capítulo anterior esta conexión
to, que deben ser reales para que la relación sea real. ¿Cuál es el funda­
íntima, desde el punto de vísta de la Relatividad y la M ecánica Cuántica
mento de la relación temporal? Si dos cosas son contemporáneas, ¿que
(Principio de Indeterm inación), que nos llevó a adm itir la necesidad de
tienen en común? Si no lo son, ¿en qué se diferencian? Cuando decimos que
m ovimiento en la materia y a sugerir una naturaleza discontinua de todas
el tiempo fluye, ¿qué es lo que fluye, y dónde? En su forma filosófica más
estas realidades físicas. Para ahondar en nuestro estudio del tiem po es
72
METAFÍSICA DF. LA MATFKIa

s i s í s i r í :.
E L T IE M P O
73

«•:u"”'Sr
S. nos fijamos en las consecuencias extremas de esta posición subie-
bvista, se ve claramente que no es admisible, además de ser gratuit y
sin pruebas científicas o filosóficas convincentes Tendríamos que decir
La conexión entre m ovim iento-cam bio y tiempo no prueba que el tiempo que ni el mismo sucederse de nacimiento
y muerte sería objetivamente
SEA m ovim iento (que en m uchos casos sólo se da a un nivel m . c S verdadero: tal diferencia temporal (falta de simultaneidad) se debería
p co, tm perceph ble), sino que el m ovim iento implica tiem po, com o es exclusivamente a esa función ciega de nuestro conocer. Ni puede darse
obvio. N o puede en contrarse la naturaleza del tiem po en la esencia de una razón suficiente para el orden temporal de causa y efecto que aparece
las cosas n, en sus propiedades físicas, que no se ven afectadas por el en todos los niveles de nuestra experiencia.
cam bio tem poral. Es necesario buscar un fundam ento de la objetividad Podemos, ciertamente, admitir el elemento subjetivo de la percepción
del tiem po en otro aspecto del m undo cognoscible. del tiempo en nuestros estados psíquicos (duración Bergsoniana) que
llev a consigo el ver como de mayor longitud temporal una experiencia
desagradable que otra placentera de igual duración cronométrica. Pero
RESPUESTAS FILOSÓFICAS es posible insistir, aun en estos casos, en que la sucesión de prioridad y
posterioridad, esencial al tiempo, sigue presente con independencia de
De una m anera sem ejante a la utilizada tratando del Espacio pode­ nuestra voluntad o cualquier otro factor subjetivo.
m os proponer diversas respuestas a la pregunta sobre la objetiv id a d d el
Tiem po: b) Posición Newtoniana: Tiempo Absoluto. Newton establece un
marco temporal objetivo absoluto, que «fluye uniformemente» sin afec­
a) Nos encontram os prim eram ente con la posición Kantiana, que
tar a las cosas del mundo físico ni ser afectado por ellas, dotado de las
busca la razón del carácter temporal no en las cosas en sí, sino en nuc­
características de infinitud y necesidad que llevan a darle un carácter
irás facultades cognoscitivas. Si el espacio se consideraba una . forma a
divino. Si queremos afirm ar un comienzo o un fin del tiempo, estamos
prion.. de la sensibilidad externa, el tiem po sería una ..forma a prior,
necesariamente implicando un tiempo anterior y otro posterior a cual­
de la sensibilidad interna, afectando incluso a nuestros actos conscientes
quier límite. Ni nos es posible imaginar la ausencia de tiempo, aun en
sin referencia exterior. No hay tiempo en la realidad extram ental, o s. la ausencia de todo ser o actividad material. Es la Eternidad divina la
hay algo que tenga carácter tem poral, nos es totalmente incognoscible que sirve de duración universal con la cual coexisten las duraciones fini­
Nuestra función cognoscitiva imprime el sello temporal a todas nuestra- tas de las cosas, de modo que nuestra temporalidad es una partici­
sensaciones, que aparecen ordenadas en una sucesión m eram ente sufyc- pación de simultaneidad con una duración concreta del eterno tiempo
Hm . Com o consecuencia lógica, debe considerarse tam bién ilusorio el de Dios.
m ovimiento, pues sus elementos constitutivos lo son por separado No aparece claro en esta solución Newtoniana qué papel juega la idea
Ya se ha indicado que este punto de vista lleva directam ente a un de cambio («movimiento»), tan central en nuestra descripción y percep­
idealismo radical si el carácter temporal y espacial del m undo no es un ción del tiempo. En Dios no hay cambio, ni se ve qué es lo que «fluye»
refle|o de la realidad extramental, tenemos que decir que nada de lo que en ese flujo eterno propuesto. Tampoco parece lógico explicar el flujo
existe fuera de nosotros nos es cognoscible en m odo alguno, pues la temporal de las cosas por otro flujo paralelo, pero ajeno a ellas. Aunque
actividad del mundo exterior se da solamente por sus cam bios espacio- queramos afirm ar que el cambio temporal de cada ser finito «coexiste»
temporales, y por ellos hay una interacción con nuestro conocer Puede con esa temporalidad divina, ¿qué tienen en común? No es una explica­
insistirse de nuevo en la arbitrariedad de atribuir el carácter temporal ción de lo que hay en el mundo creado el afirmar que algo parecido existe
de la interacción a uno de sus extremos solamente, a la facultad cognosci tn a en su Creador, aunque tal afirmación fuese teológicamente aceptable en
toda interacción exige algo en com ún, y los elementos que se influyen el caso del tiempo. Seguimos necesitando una explicación filosófica de
mutuamente contribuyen al resultado común. ese «antes y después» inherente a todo movimiento, ciertamente presen-
METAFÍSICA l)E LA MATFRI \
B t T IE M P O

75
H f L CflWWfl" ' e' SÜ1 P° ner Una m ayor difícuJtad todavía afirman
dolos del Ser necesario e inm utable. an dad accidental propia de cada cuerpo, de carácter absoluto, cuyos cam­
El punto de vista ahora expuesto tiene una peculiaridad q u e lleva , bios reales dan razón de os cambios relativos, o de las diferencias v
otro grupo de soluciones: presenta al tíem po de las cosas en relación al semejanzas implicadas en las afirmaciones de simultaneidad o sucesión
lem po de Dios. Es esta idea de relación la que se utiliza en las demás Esta «carga temporal» constituiría en el tiempo a la esencia de un objeto
h h ,C^ C,KneS' ^ 3 relaClón causal dc la Física- d<? la que ya hemos haciéndole existir en contemporaneidad con otros seres dotados de carea'
ablado, bien una mera relación extrínseca de orden intuido e n lo s m o v í temporal idéntica, y estableciendo así la posibilidad de interacción física
m íenlos con respecto a nuestro conocim iento o a otros fenóm enos extern o cognoscitiva. Una diferencia de carga temporal, por otra parte sitúan!
nos Es posible hablar, por ejem plo, de cambios en el núcleo de u n a e s tr e a dos o más seres en una relación de aislamiento mutuo, de tal modo que
lia lejana com o coetáneos con la evolución de una célula en la Tierra toda interacción es imposible: aun en el cono de luz de Minkowski el
aunque no se establezca relación causal alguna, ni fuese posible u n in flu pasado influye en el presente porque algo de ese pasado perdura hasta
|o físico mutuo. el presente y es coetáneo con él.
El problema más difícil de resolver en esta hipótesis, que no encon­
c) En la siguiente propuesta se explica la temporalidad por un conjunto trábamos al hablar del espacio, es que esa carga temporal no parece
de relaciones entre los seres temporales. Relaciones de anterioridad-poste- poder mantenerse: no es posible «parar el tiempo», sino que la carga tem­
noridad o de sim ultaneidad, que establecen el orden ya incluido en la poral necesariamente aparece como de naturaleza cambiante. Y este cam­
cuasi-definición con que com enzam os nuestro estudio. bio ¡presupone tiempo'.. Así parece que no hemos avanzado mucho con
respecto a la definición clásica.
¿Cuál es el fundamento de esta relación temporal? Podría pensarse en
responder afirm ando que la duración de las cosas explica su sim ulla- Al hablar del movimiento sugeríamos que la razón última de que todo
neidad, o el que aparezcan ordenadas en un antes-después Pero si la ser material aparezca en movimiento y que se dé la inercia, podría encon­
extensión no podía explicar la diversidad de lugar, que la misma exten­ trarse en la naturaleza compuesta del ser material, finito y mudable. Su
continuo «hacerse» es el carácter temporal que le limita en lo que puede
sión supone, tam poco la duración (opuesta al «m omento» com o la exten­
tener de real como totalidad en cada interacción, así como su carácter
sión es opuesta al «punto») puede ser base explicativa de una sucesión
espacial limita el ámbito a donde esa actividad puede alcanzar. Al no
temporal que también va incluida en su concepto; sería decir que dos suce­
poder intuir la esencia de la materia, sino solamente deducirla por su
sos distan en el tiempo porque hay una duración entre ellos, y que esta
proceder, necesariamente llegamos a un límite explicativo en el que nues­
duración es «distancia temporal» a su vez porque la limitan dos tiempos
distintos. tros conceptos y sus expresiones verbales son inadecuados. Todo filósofo
alcanza esta situación al tratar de muchos problemas, y esto se cumple
Claramente no puede tampoco buscarse la base de la relación tem po­
muy pronto al tratar del tiempo.
ral en ninguna característica perceptible de Jos seres m ateriales, que no
Aun confesando que no es totalmente satisfactoria la hipótesis de una
se ven afectados en nada por el m ero paso del tiem po (aunque la dura­
«carga temporal», sí parece acercarse más a una solución que las otras
ción temporal sí perm ite el que haya cambios que pueden alterar su>
alternativas. Nos da una razón válida para afirmar simultaneidad o suce­
propiedades con algún modo de envejecimiento). Lo único que puede
sión; sugiere también una razón para el nexo causal posible, exigido por la
sugerirse como base para la relación temporal en el ám bito de lo per­
Física; es coherente con la idea básica de que toda relación exige un funda­
ceptible es el cambio o m ovimiento en el sentido Aristotélico Y e s to presu
mento real para ser real, y que el cambio de relación exige un cambio en el
porn la sucesión temporal, como la relación de distancia del lugar extrín­ fundamento.
seco presuponía la previa diversidad de localización de los objetos que
Podríamos sugerir también una relación entre carga temporal y pará­
se pedia localizasen al que consideramos.
metros físicos si suponem os que el Universo comenzó a existir con una
I ara salvaguardar la objetividad de la relación temporal, sin caer en carga temporal finita que luego se desgasta por transformación en otra
circuios viciosos o procesos sin fin, parece necesario postular una reali- realidad dentro de la materia (¿crecimiento de entropía?), o viceversa,
76
MI TA H M i \ |)| I \ \| \ | , ,
el t ie m p o

que aumenta a expensas de la actividad material. Tal especulación debí


ría elaborarse desde el punto de vista de una posible comprobación expe­ ¿Es necesariamente irreversible el tiempo? Aunque a veces hablan los
rimental, que actualmente no parece ni posible ni calculable en términos físicos de una inversión de su flujo, en realidad solamente describen la
de ley física conocida. reversibilidad de procesos indicadores del tiempo, y suponen -g ra tu ita ­
mente— que dos situaciones físicas idénticas en parámetros experimenta­
les son también idénticas en su temporalidad. Se da como el ejemplo más
SUGERENCIAS FÍSICAS ADICIONALES completo el supuesto de un Universo que se contrae después de la ex­
pansión que hoy observamos, y se afirma que durante la contracción el
Si la naturaleza del tiempo es tan misteriosa, resulta casi contradictoria tiempo fluiría hacia el pasado. Tal modo de hablar es totalmente incorrecto,
la pregunta sobre su estructura continua o discontinua. Im aginativa­ tanto en Física como en Filosofía: sigue siendo verdad que la contracción
mente exigimos que el tiempo sea continuo: cualquier interv alo no-cero SIGUE a la expansión, y cada etapa de mayor densidad y temperatura
depende de las condiciones físicas del estado anterior.
es automáticamente divisible sin fin. Pero ya hemos hecho notar al hablar
del movimiento que esta característica de continuidad, analizada en dota Aunque en un momento determinado pudiese un observador decir
que las posiciones y energías de todas las partículas del Universo tienen
lie, no es sino la consecuencia de poder siempre realizar la composición
mental entre los conceptos de «algo» expresado com o cantidad en cual los mismos valores de un momento previo durante la expansión, sus
momentos mecánicos serían opuestos, como serían opuestos los signos mate­
quier medida, y «fracción». Se trata así de un proceso lógico, que no tiene
máticos de los cambios de energía. Ni se puede apelar a ciclos comple­
que tener necesariamente una contrapartida real en el mundo de la mate­
ria del que tratamos. tos de expansión-contracción, como si el tiempo se repitiese cada vez que
en un ciclo se dan las mismas condiciones físicas: seguiría siendo posible
Pero si el tiempo REAL describe y condiciona la actividad de la mate
afirmar que tal situación se da «otra vez más», aunque fuesen físicamente
ria, es aceptable la idea de cuantificación si tenemos razones para afirmar
indistinguibles. No es que la disposición y actividad de seres materiales
que todo proceso físico exige un tiempo mínimo para realizarse, v que
defina un tiempo u otro, sino que la variedad temporal hace posible que
el movimiento o cambio es siempre discontinuo como consecuencia Este
haya situaciones diversas o similares, una vez o muchas sucesivas.
es el sentido del «tiem po de Planck», ya mencionado. Aunque su dura­
Una reversibilidad parcial del tiempo es también inadmisible. Decir
ción se obtiene por una combinación hipotética de constantes que produ­
hoy que voy a ir al pasado donde nunca he estado conlleva la contra­
ce la dimensionalidad correcta, y podría argüirse otro modo de alcanzar
dicción de decir que mi viaje es futuro y pasado a la vez: no he ido aún,
un valor distinto, lo importante desde el punto de vista filosófico es la
pero implico que ya he ido al afirmar que me encontré en una situación
posible existencia de un mínimo de tiempo, y no su valor real, que es
que ya es pretérita. Paradojas de tipo causal son también obvias: un viaje
ciertamente muy inferior a cualquier medida posible.
al pasado resultaría en una modificación de sucesos de los cuales depen­
Ya se ha hecho notar que, en la Física actual, espacio y tiempo apare­
de el presente, que ya tiene características innegables. Ni es aceptable la
cen como íntimamente ligados a la materia y su actividad, de modo que
situación circular en que un viajero temporal, por ejemplo, aprende en
no se puede hablar de ellos si la materia no existe. Como consecuencia,
el futuro cómo construir la máquina que ahora le lleva a ese futuro donde
el tiempo tuvo un comienzo, y no es inteligible un tiempo «'anterior a la
debe aprender a hacerla. Incluso los relatos de ciencia-ficción se ven limi­
Creación'*. Por otra parte, una vez que la materia existe, las leyes físicas
tados por estas paradojas si quieren mantenerse dentro de la racionalidad
no permiten predecir que deje de existir totalmente, aunque su nivel de
y no caer en contradicciones.
actividad quede reducido a fluctuaciones de un vacío próximo al cero
Se menciona, en cam bio, como libre de absurdos lógicos o físicos un
absoluto (como veremos al tratar del fin del Universo). Es necesario, en
viaje al futuro sin regreso al presente: un salto temporal macroscópico en
consecuencia, admitir un tiempo que se extiende en un futuro sin térm i­
la dirección de los saltos temporales ultra-microscópicos del tiempo de
no Solamente una verdadera aniquilación —vuelta a la nada— de todo
pl*nck. Es equivalente esta hipótesis a decir que un ser material podría
lo material, llevaría lógicamente a la cesación del tiempo.
Rustir y encontrarse en su entorno físico hoy, y también dentro de un
METAFISICA i . f la m a tf . h i ,
EL TIEMPO 79

año pero que no podría decirse que existía o actuaba de m odo alc u „ ,
condicione su existencia. Podría darse un cuerpo que no está ni en el
en el tiem po interm edio. Filosóficam ente, podem os expresar esta 1
espacio ni en el tiempo, pero que existe realmente, aunque sin posibili­
sición com o un cam bio intrínseco de carga temporal sin pasar p o r , .,1o',
dad de manifestarse por interacción alguna con el resto del mundo físico.
interm edios. No parece absurda tal posibilidad, y la Física la sugiere muv
La Física utiliza expresiones sugerentes de tal modo de existir dentro
esp ecu lativam en te para algo que se introdujese en un agujero neem
de un agujero negro (la materia que cae dentro del radio de Schwarz-
(teóricam ente posible, sin destruirse, para agujeros negros giratorios tL ,
schild queda «fuera» de nuestro espacio y nuestro tiempo), pero lo único
Kerr). Las ecuaciones de su trayectoria parecen perm itir un cam bio dras-
que realmente se afirma es su inaccesibilidad para cualquier observador
tico de coordenadas a otro espacio y también a otro tiempo. Pero se trata
extemo. La materia oculta en ese «pozo sin fondo» causa la curvatura
más de una deducción abstracta de unas ecuaciones que de una descrío
del espacio que indica qué cantidad de masa hay en el agujero negro, y
ción de un cam bio físico debido a la actuación de alguna fuerza conocida
que afecta a todos los «relojes» en su vecindad hasta el punto de hacerles
Al hablar de situaciones limite como ilustración de las consecuencias parecer parados. En ese sentido, de situación estática para todo proceso
de teorías espaciales, m encionam os la posibilidad de com penetración físico observado desde fuera, el tiempo allí se detiene; no hay cambio. Si
m ultilocación y a-espacialidad. Preguntas sem ejantes pueden formularse uno define el tiempo real por los cambios observables, puede decir enton­
con respecto al tiem po, no con perfecta sim etría sin em bargo, pues el ces que tampoco hay tiempo. Es posible, sin embargo, seguir afirmando
tiem po tiene dirección única. Com o es obvio, a la com penetración puede la existencia simultánea del reloj parado con el sistema físico-temporal
com pararse la contem poraneidad, que es perfectam ente normal v exigida del observador, con lo cual se admite realmente su continuada tempo­
por la posibilidad de interacción.
ralidad.
En cam bio a la m ultilocación no corresponde la multitempora/idad en En la paradoja de los gemelos, se dice que el tiempo es diverso para
forma paralela, pues ésta lleva fácilmente a absurdos y violaciones de la los dos hermanos, aunque ambos experimentan un intervalo con momen­
causalidad : el pasado influye en el futuro, y una presencia en varios tos iniciales y fin ales coincidentes. Durante ese intervalo, es siempre posible
tiem pos tiene en su contra las objeciones ya presentadas contra la rever­ afirmar que cuando uno de los hermanos existe, el otro existe también.
sibilid ad del tiem po, aun parcial. Ni hay argum ento alguno de dato^ Viven, por tanto, simultáneamente, durante un mismo tiempo, aunque su
experim entales que lo sugieran; únicamente podría aducirse en su favor medida por efectos físicos sea diferente.
(caso de demostrarse sin lugar alguno a duda) la precognición de futuros La posibilidad de existencia de la materia fuera de su marco espacio-
libres, afirm ada una y otra vez por investigadores de para-psicología, temporal, dentro del cual actúa normalmente y es perceptible, no tiene
pero todavía no demostrada en forma satisfactoria a juicio de la mayoría consecuencias para las ciencias experimentales ni para la Filosofía de la
de los científicos.
Naturaleza, en cuanto ésta se basa en nuestro conocimiento sensible,
De darse realmente, sería posible decir que la m ente hum ana, cuvas como indicamos al comienzo de nuestro estudio. Pero puede tener inte­
funciones de conocim iento abstracto, consciencia y libre albedrío indi­ rés en el contexto de una discusión completa del Universo, incluyendo
can una naturaleza no-material, podría en circunstancias especiales co n o el problema de su eventual destrucción y de su finalidad, que parece no
cerfu era del marco espacio-temporal propio de la materia que normalmente quedar a salvo sino con la supervivencia humana.
condiciona la actividad mental por la unión con el cerebro En ese senti­ Consideraciones ulteriores desde un punto de vista teológico cristia­
do, se conocerían dos tiempos simultáneamente: el presente del que tiene no deben tener también en cuenta con cuidado la relación «espacio-tiem­
tal experiencia, y el futuro de su conocim iento. Si esto llevaría o no a po-materia» al tratar de la resurrección, que puede formularse en térmi­
dificultades lógico-causales es demasiado especulativo para su discusión nos de existencia del cuerpo «a modo de espíritu»: no debemos permitir que
en estas páginas.
nuestra imaginación o «sentido común» sobre la materia limiten lo que
Finalmente, a la a-espacialidad corresponde la a-tem poralidad. Si se afirma sobre ella. Entre otras cosas, debemos hacer notar que el tiem­
hemos dicho que el marco espacio-temporal es atributo accidental de la po y la eternidad no son cuantitativamente distintos, sino cualitativamente:
materia, que condiciona su actividad, no es necesariamente obvio que lo eterno no tiene duración alguna, corta ni larga; está fuera del tiempo.
82 METAFÍSICA I)F. LA MATFRI \
ACTIVIDAD DE LA MATERIA 83

tTario, de alcance tan mínimo que apenas es medible o calculable: si se


Los efectos descritos en términos de partículas se complementan en
acepta que las partículas elementales del átomo tienen un diámetro nn-
el caso del electromagnetismo y de la gravedad con la emisión de ener­
cero, parece que el alcance de tales fuerzas es de la misma magnitud qm
gía (ondas) cuando la carga eléctrica o masa gravitatoria sufre una ace­
su radio. En realidad, la Física les asigna radio por el proceso inverso,
leración (ondas electromagnéticas y gravitatorias). Tales ondas pueden
determinando la distancia mínima a que dos partículas pueden acercar­
también considerarse como partículas: el «fotón» en el primer caso y» el
se antes de que las fuerzas nucleares se hagan sentir en un proceso de «gravitón» en el segundo (todavía sin comprobación experimental). Y
choque. esta energía emitida tiene interacciones con otras partículas o energías a
El efecto de las cuatro fuerzas y el tipo de materia sobre el que se ejerce quienes alcanza.
su acción es también diverso. La fuerza gravitatoria tiene un efecto univer­
sal de «atracción», en el sentido filosófico de hacer que toda materia tienda
a adquirir idéntica localización. No se ha encontrado nunca el efecto opuesto, INTERACCIONES
de repulsión o de insensibilidad: no hay aislantes para la gravedad ni hay
anti-gravedad. Es necesario admitir que hasta el calor y la luz son afectados La idea de interacción o fuerza, como base explicativa de la actividad
por esta «fuerza» que aparece como verdaderamente universal. de la materia, supone en ésta unas propiedades que solamente son defi­
La fuerza electromagnética tiene, por el contrario, efectos de atracción nibles en forma operacional , precisamente por sus efectos. Esto puede
o repulsión, y actúa sobre parte del mundo material solamente. No afecta parecer, en cierto sentido, tautológico: se postula «algo» como razón
a la luz ni a otras formas de energía; entre las partículas, sólo aquellas suficiente de un comportamiento no explicable en términos de otros
que poseen algo especial, distinto de su masa, que llamamos «carga cía parámetros previamente admitidos. Así fue necesario introducir y acep­
trica», son fuente y objeto de las fuerzas electromagnéticas. Una vez mas, tar el concepto de carga eléctrica cuando se tuvo que justificar una atrac­
el proceso experimental es el inverso: se determina si una partícula tiene ción y repulsión que no era explicable cualitativa ni cuantitativamente
o no una carga eléctrica por su comportamiento en presencia de otras en términos de masa gravitatoria. Lo mismo ha ocurrido una y otra vez
cuya carga se conoce Es posible también encontrar barreras al efecto de cuando nuevos fenómenos exigen nuevas causas: es propio y necesario
esta fuerza, de modo que cuerpos con carga parezcan inmunes a la pre­ en la actividad científica el buscar una razón suficiente de lo que se obser­
sencia de otras cargas (aislados eléctrica o magnéticamente). va y no constatar simplemente unos hechos.
La fuerza nuclear fuerte es solamente atractiva, como la gravedad, En culturas primitivas, incluyendo la cultura bíblica del Antiguo Tes­
pero afecta exclusivamente a un tipo de partícula, generalmente pesada tamento, se buscaba algo no-material como explicación de fenómenos
(«bar ion es»). Hoy se afirma que tal fuerza es la resultante, dentro del astronómicos (alternancia de día y noche por decreto divino, el rayo o
núcleo atómico, de una fuerza más profunda entre partículas más ele­ el arco iris como señales de actitudes de Yahvé; ángeles impulsores de
mentales (•quarks») a las que se asigna otra carga nueva, llamada de los planetas incluso en el medioevo). En la Filosofía clásica, a partir de
"color», que puede darse en tres variedades (mientras hay dos tipos de los griegos, se utilizaba el concepto de fuerza en un sentido elemental,
carga eléctrica y un único tipo de masa). no cuantificable. Se hablaba de «tendencias», aplicando a las cosas ina­
La fuerza nuclear débil no es ni atractiva ni repulsiva, sino transfor­ nimadas un lenguaje propio de los seres vivientes (así en el caso de la
madora. Actúa sobre todas las partículas elementales conocidas, con un tendencia natural de los graves a ocupar el lugar más bajo, o de la
radio de acción tan ínfimo que no es medible sino como un límite supe­ «fuerza viva » equivalente a la energía cinética). En contraposición, los
rior: cuando dos partículas se encuentran dentro de ese limite, hay una atomistas primitivos querían reducir toda la actividad natural a choques
transformación, acompañada de la emisión de otra partícula muy pecu­ entre partículas inertes , desprovistas de fuerzas internas. Podríamos
liar (neutrino) Así el choque de dos protones (partículas pesadas con decir que aun el mismo Newton, proponiendo su «Ley de la Gravi­
carga eléctrica positiva) puede llevar a la transformación de un proton tación Universal», no se atrevía a utilizar claramente el concepto de
en un neutrón, con la emisión del neutrino y de un electrón positivo. fuerza como una realidad intrínseca a la materia: solamente dice que
84 METAFISICA DI LA MAM K| v ACTIVIDAD D I I.A M UI RIA 85

«lodo ocurre com o si los cuerpos se atrajesen » con una fuerza proporcional la materia debe serlo también, aunque se admita el movimiento local
a sus masas. como forma de actividad extrínseca a los cuerpos. Pero esta deducción
En cambio, en la Física moderna, el concepto de fu erza como razón deja de ser válida si la extensión se afirma solamente como una propiedad
intrínseca de actividad es central en nuestra descripción de la materia necesaria y característica del ser material, sin excluir su coexistencia con
Así como en la Teoría de la Relatividad nos aparecía como imposible el otras propiedades activas.
estado de reposo absoluto, también debemos excluir la existencia ¡le maten,i Una posición que reduce la actividad al movimiento (nacida de la falta
inactiva, sin interacción con su entorno, incluyendo en éste al mismo de datos) es claramente incompatible con la Física moderna que nos
espacio físico vacío. De una forma elemental, podemos decir que lo que muestra fenómenos —como la transformación de una partícula en otra o
«no lutce nada « no es parte del mundo material.- o no existe o no es malcría de un par de partículas en energía— que no son explicables en términos
Si no hay efectos comprobables experimentalmente, no hay Física, ni es de choques mecánicos, aunque sí van acompañados de cambios locales.
posible estudiar nada dentro de la metodología científica: afirmación Las mismas atracciones y repulsiones observadas a diversos niveles, y con
importante que volveremos a analizar cuando se trate de deslindar las diversa intensidad, aun entre partículas o cuerpos macroscópicos que no
fronteras de lo cognoscible dentro de cada campo. se encuentran en contacto, exigen también interacciones más complejas que
La formulación exacta y generalizada del modo de proceder de cada simples choques. Tales interacciones son la expresión de «fuerzas» o capa­
constitutivo del mundo material en circunstancias concretas constituí u cidades activas, inherentes a las partículas y parte necesaria de su ser.
la mayor parte de la Ciencia moderna, que no se satisface con un mero Otra postura extrema, más importante dentro del apartado siguiente,
catálogo de hechos, según queda ya subrayado. Siempre se buscan razo­ es la de negar a la materia toda actividad no porque se deje de admitir
nes explicativas, que se basan últimamente en lo que la materia es, en su su existencia, sino porque la acción se atribuye solamente a una potencia
naturaleza, usando el término filosófico que se aplica a la esencia de un divina («armonía pre-establecida » de Malebranche): es Dios quien actúa
ser considerada como raíz y razón suficiente de sus operaciones. sobre un cuerpo como consecuencia de un plan original o con ocasión de
que otro cuerpo exista en una situación determinada (ocasionalismo ). Es
claro que este recurso a la acción divina no es una explicación aceptable
PLANTEAMIENTO FILOSÓFICO mientras sea posible encontrar otra más estrictamente filosófica.
Si hoy no parece posible negar la existencia de propiedades activas,
Los problemas filosóficos relacionados con este tema son clasificables puede caerse en la tentación opuesta y llegar a decir que la materia es
dentro de tres apartados, como respuestas a tres preguntas: ¿Es activa la pura actividad. Como postura filosófica, se atribuye a los llamados «dina-
micistas», cuyos representantes principales son Boscovich y Palmieri.
materia, con una actividad irreductible a mero movim iento local? ¿C om e se
transm ite la actividad de un cuerpo a otro? ¿Q ué leyes rigen la activ id ad ?
Partiendo de una hipótesis de partículas inextensas, y considerando a la
extensión como única razón de pasividad, se afirma que todo lo que es
Dentro de cada pregunta encontraremos otros interrogantes impuestos
la materia es un complejo de actividades de diverso signo e intensidad. Así
por explicaciones científicas o filosóficas de diversas épocas o autores
Boscovich (jesuíta yugoeslavo del s. XVIII) nos propone «centros de
fuerza» inextensos, que a larga distancia causan atracciones (gravedad);
a) Actividad-Pasividad a distancias cortas producen repulsión (impenetrabilidad de los cuerpos);
a distancias microscópicas dan paso a atracción (cohesión de la materia
Entre los filósofos de la antigüedad ya hemos mencionado a los ato­
de orden molecular y atómico); finalmente, a distancias mínimas impiden
mistas, que reducían la actividad de la materia a choques mecánicos entre
el colapso de la materia en un punto por una última repulsión de máxima
partículas elementales moviéndose en un vacío merte (un «no-ente» que intensidad.
existía tan realmente como los entes). Es posible interpretar de modo
Es claro, sin embargo, que todo este proceso se basa en la interacción
parecido la definición cartesiana de la materia como extensión: si ésta es
de unas partículas con otras. Por tanto unas partículas reciben la acti-
la esencia de la materia, al ser la extensión de carácter totalmente pasivo.
86
METAFÍSICA DE LA MATERIA ACTIVIDAD DE LA MATERIA 87

vidad de las otras, en un afectarse mutuamente que no podría darse sin


Aceptando la realidad del vacío físico, dotado de propiedades y parte
una cierta pasividad, que es la receptividad d e influencias externas. De otro
del universo material, podemos decir que dos cuerpos nunca están
modo el concepto de interacción sería contradictorio: no es posible hablar
totalmente aislados: cada uno afecta a ese vacío y es también afectado
por ejemplo, de comunicación por radio si solamente tenemos transmi - por él. Por tanto, la idea primitiva de «acción a distancia» pierde una de
sores, pero no receptores. Es tan sólo desde el punto de vista de aceptar sus condiciones presupuestas generalmente: la «nada» entre los cuerpos
a la extensión como propiedad fundamental que hace pasiva a la mate­ de cuya interacción tratamos. Es, aun así, filosóficamente importante
ria como puede decirse que Boscovich habla de pura actividad al afir­ el subrayar las dificultades conceptuales y físicas de una verdadera
mar que la materia está constituida últimamente por puntos inextensos. acción a distancia en el sentido tradicional, de que un cuerpo pueda
Podemos, por tanto, afirmar el carácter activo-pasivo de todo lo que afectar a otro sin un intercambio de nada material por el espacio que
corresponde al término moderno «materia». Incluso la «pura energía - de los separa.
un fotón, unidad cuántica de energía en la interacción electromagnética, Si consideramos un cambio físico en un cuerpo, como puede ser el
se ve afectada y muestra «pasividad» en un choque con un electrón encender una lámpara, debemos pedir una razón suficiente de que ese
(efecto Compton) o con otro fotón. De modo semejante, el espacio físico cambio se vea acompañado automáticamente por otro cambio en los
vacío es afectado por la presencia de masa (Relatividad Generalizada), cuerpos circundantes: aparecen iluminados. Si nada pasa de la lámpara
y afecta a su vez a masas y rayos de luz que lo cruzan, como ya hemos a los otros cuerpos, ¿por qué se da ese cambio en ellos? Filosóficamente
visto en el tema de la estructura espacial. Es así necesario hablar de sólo cabe una respuesta que ponga la causa en algo que no es propio de
«interacciones» como tema de la Física, y éstas exigen, por su propia los mismos cuerpos: o bien una «programación» previa de la naturaleza
naturaleza, una influencia mutua entre realidades capaces de actividad y inanimada, por la cual tales fenómenos se dan simultáneamente sin influ­
pasividad. jo mutuo (armonía pre-establecida), o se atribuye la actividad a un Ser
El problema filosófico que esto presenta debe tratarse en el tema de nomaterial —Dios— que es la única causa de toda actividad física, ejerci­
la estructura del ser material, donde veremos que hay propuestas (teoría da en un cuerpo «con ocasión» de un cambio en el otro (Ocasionalismo).
Hilemórfica) que sugieren una composición ontológica doble de toda la Estamos de nuevo ante la negación de interacciones físicas reales.
materia, mientras que otro punto de vista considera que tal dualidad Como esto equivale a negar toda propiedad activa de la materia, se
activo-pasiva es aceptable como algo conceptual adecuado para la des­ destruye la razón lógica que fundamenta las ciencias físicas, tendríamos
cripción de una realidad compleja, pero no como expresión de una doble que decir, últimamente, que Dios actúa creando nuevos fenómenos en
estructura de carácter físico. En cualquier hipótesis, queda afirmado el cada caso por razones incognoscibles. Es un retomo a la idea primitiva
proceder dual de la materia, sea cual sea su última causa filosófica. Y que atribuía la salida del sol cada mañana a una nueva decisión de la
este proceder justifica las afirmaciones hechas en temas previos acerca divinidad, a la que era necesario propiciar para que las estaciones y el
de la objetividad de las sensaciones y de las características espacio-tem­ ritmo día-noche no se interrumpiese. Tal punto de vista vuelve inútil
porales del mundo externo, que se deducen precisamente de la interac­ todo intento de estudiar la materia y sus propiedades.
ción del mundo con los órganos sensoriales. Desde el punto de vista físico, es obvio que sin un influjo transm itido
realmente de un cuerpo a otro no hay razón para que se dé una depen­
dencia de la interacción con respecto a la distancia. Y esta dependencia es
b) Transm isión del Influjo perfectamente constatable y medible, con resultados diversos para la
gravedad y electromagnetismo por una parte (disminuye la intensidad
El segundo punto a tratar es el de la transmisión de la actividad, según el cuadrado de la distancia) y para la fuerza nuclear fuerte, que
problema especialmente difícil para aquellas fuerzas que actúan entre decae mucho más bruscamente. Si nada pasa de un cuerpo a otro por el
cuerpos claramente distantes entre sí: la gravedad y la fuerza electro­ espacio intermedio, la distancia a través de ese espacio no debe influir
magnética, ambas de alcance ilimitado. en modo alguno en la interacción.
88 METAFISICA DE LA MATERIA
a c t iv id a d d e la m a t e r ia 89

Es verdad que una metodología estrictamente positivista (que admi­


emisor si no encontrasen el receptor adecuado. De este modo se evita
te sólo lo que es verificable por experimentación directa) puede rechazar
la pérdida neta de energía en una interacción en que ambos cuerpos
la idea de transmisión de un cuerpo a otro, pues lo único observable es
intercambian tales partículas. La masa de la partícula intercambiada es
el efecto en un cuerpo: no puedo observar la luz en tránsito, sino refle­
el factor que determina el radio de acción de cada fuerza: radio ilimitado
jada por algún cuerpo iluminado (aunque éste sea el polvo del aire por
para masa cero (fotón o gravilón), radio muy restringido para masa gran­
donde se propaga). Pero las razones aducidas son suficientes para dese­
de (mesón pi de las fuerzas nucleares). Pero esta base explicativa resulta
char la acción a distancia estrictamente dicha.
inaplicable al gluon, portador de la fuerza de color y de masa cero, aun­
que la fuerza tiene alcance mínimo.
Partículas Transmisoras de Fuerzas Es posible aplicar este modo de transmisión a fuerzas de corto alcance
(nuclear fuerte), pero no parece posible hablar de reabsorción después
Adm itiendo q u e algo material de un cuerpo alcanza al otro para m odi­ de un tiempo indefinidamente largo cuando los cuerpos interaccionan a
f i c a r ^ tenem os todavía dos posibilidades: la emisión de entidades discre­ través de distancias que exigen años (incluso millones de años) para
tas que se intercam bian, tal vez con diversa velocidad según los casos, o cualquier tipo de propagación de efectos físicos aun a la velocidad límite
la modificación de un medio (espacio físico vacío) que, a su vez, actúa sobre de la luz. En cualquier caso, tampoco es filosóficamente muy claro que
otros cuerpos. En el prim er caso tenemos la interacción por intercambio el intercambio de una «partícula»», real o virtual, tenga como consecuen­
de partículas, reales o «virtuales» (explicación cuántica), mientras en el cia el que la localización de dos cuerpos tienda al mismo valor (atracción).
segundo apelam os al concepto de «cam po» (explicación relativista, o se­ Más bien es de esperar, por consideraciones de conservación del momento
mejante a ella). lineal, que tal intercambio conduzca siempre a un mayor distanciamiento
La emisión de partículas reales puede considerarse isotrópica y cons­ (repulsión). Tal vez el mero intercambio sea suficiente para explicar la
tante, que ocurre siem pre y en todas direcciones sin estím ulo externo, o fuerza nuclear débil, que es sólo transformadora de las partículas afec­
bien debida a la presencia d e un receptor y, tal vez, sólo dirigida a él En el tadas.
prim er caso, es de esperar una pérdida de energía de algún tipo por tal
em isión, con la consiguiente debilitación de la fuerza con el paso del Campos de Fuerza
tiempo. Esto no es observado de hecho, ni hay teoría alguna física com ­
probada que lleve a predecir una dism inución de la intensidad de las Finalmente, nos queda la posibilidad de transmisión por medio de
interacciones com o función del tiempo. No hay desgaste, por ejemplo, campos. Así se describe en la Relatividad la atracción gravitatoria: una
de la carga eléctrica del electrón, cuyo valor determ ina las frecuencias masa causa una distorsión del espacio a su alrededor, alterando sus propie­
de la luz emitida por un átom o, si juzgam os sobre la base de la luz de dades geométricas y haciendo que las trayectorias de otros cuerpos o
galaxias lejanísim as (que brillaban hace miles de m illones de años) com ­ rayos de luz sean curvas. Los campos eléctricos y magnéticos aparecen
parada con la de un sistema de átom os idénticos en nuestro laboratorio. también, aun en observaciones macroscópicas, como un cam bio en las
La emisión de partículas reales suscitada por la presencia de un recep­ propiedades del espacio alrededor de las cargas eléctricas que los causan, y
tor y dirigida sólo a él, presupone una interacción previa que perm ita a un este espacio determina el comportamiento de otras cargas que lo pe­
cuerpo reaccionar a la presencia de otro. Tal «enterarse» de esa presencia netran.
es ya una interacción física, si no querem os caer otra vez en la armonía El campo, en todos los casos mencionados, contiene energía, que debe
pre-establecida o el ocasionalismo previam ente descritos. No es un avan­ atribuirse al cuerpo considerado como origen del campo. En situaciones
ce explicativo el transferir la pregunta de cóm o actúa el cuerpo a esa estáticas o de movimiento uniforme (equivalente al reposo desde el
supuesta fase previa. punto de vista físico, como ya se ha dicho repetidamente) esa «atmósfera
La física cuántica utiliza el concepto de «partículas virtuales» porta­ energética»» se mantiene sin gasto de energía; hay, en cambio, pérdida
doras de fuerzas, que serían em itidas y reabsorbidas por el cuerpo de energía a expensas de la energía cinética en el caso de movimientos
METAFÍSICA DE LA MAT|R|A
ACTIVIDAD DE LA MATERIA 91

acelerados. La distorsión espacial tiene que reajustarse continuam ente y


Especulaciones físico-filosóficas
tal reajuste se propaga por el entorno com o ondas de gravitación o elec­
trom agnéticas, que luego actúan sobre otros cuerpos según las caracte­
Volviendo a las hipótesis, mencionadas en temas anteriores, de un
rísticas y lim itaciones propias de cada interacción. Las ondas se trans
espacio y un tiempo discontinuos, tendríamos que expresar aun el con­
m iten con una velocidad determ inada por las propiedades del entorno
cepto de «campo» como el resultado de modificaciones mínimas, pero
(constante dieléctrica, perm eabilidad m agnética, curvatura espacial).
no arbitrariamente próximas a cero, de las propiedades del entorno de un
Si bien la Relatividad es aceptada universalm ente com o la explicación
cuerpo. En tal caso, la acción de un cuerpo pasa a otro por saltos cuán­
correcta de la interacción gravitatoria, el deseo de interpretar las otras
ticos, no a través de un vacío-nada, que no existe, ni por contacto, sino
fuerzas en térm inos geom étricos lleva a postular un espacio de múltiples
por pasos tan contiguos como pueden darse en un espacio granulado:
dim ensiones para acom odar distorsiones diversas (hipótesis de Kaluza-
no hay que salvar distancias de espacio si no hay espacio intermedio porque
Klein). Com o solam ente tres dim ensiones espaciales son verificables ex­ no hay la posibilidad de una entidad localizante intermedia. Tendremos
perim entalm ente, se sugieren otras más de tam año tan reducido («compac-
también que aceptar algún tipo de correspondencia entre la actividad física
tificadas») que no son detectables, pero que explicarían todas las fuerzas. del cuerpo en su entorno y en otros cuerpos y las cargas localizantes de
N o es posible ju zgar adecuadam ente tales hipótesis para distinguir éstos.
su formalism o m atem ático, posiblem ente útil y satisfactorio, de su objeti­ De algún modo los cuerpos se influyen para que las localizaciones
vidad como descripción de propiedades reales de la m ateria. Ni ha sido tiendan al mismo valor o a valores más diversos, dando lugar a atrac­
posible, hasta la fecha, el reducir todas las fuerzas a una formulación ciones o repulsiones. El movimiento por un espacio en que las propie­
unitaria: la descripción cuántica es satisfactoria com o base para la unifica­ dades geométricas son constantes (potencial constante del campo) no
ción del electrom agnetism o con la fuerza nuclear débil (fuerza «electro- exige un gasto energético, como vemos en el caso del movimiento de
débil» de W einberg y Salam ), pero la «superfuerza» que incluiría también cargas eléctricas a lo largo de superficies equipotenciales: el mero cambio
a la fuerza nuclear fuerte no está aún dem ostrada. Ni se consigue una de localización no tiene efectos físicos. Pero el paso de una zona del espacio
«gravedad cuántica», cuya posibilidad incluso llega a ponerse en duda a otra con diversa distorsión sí conlleva un cambio de energía, bien ciné­
Los dos puntales de la Física m oderna, Relatividad y M ecánica Cuántica, tica, bien electromagnética.
siguen sin m ostrar la convergencia buscada por los científicos más em i­ Es claro, por todo lo dicho, que ni la Física ni la Filosofía tienen una
nentes durante m uchos años. explicación unitaria satisfactoria de cómo se dan las diversas interacciones
Una imagen sim plista de la atracción com o debida a un «hoyo» que que determinan la actividad del mundo material y sus transformaciones.
deforma al espacio, y la repulsión a una «colina», tropieza con el hecho Pero debemos insistir en la realidad entitativa del «vacío físico», que se
innegable de que dos partículas con carga eléctrica distinta reaccionan convierte en el medio agente de gran parte, al menos, de dicha actividad.
en modo opuesto a la m isma distorsión del cam po en que penetran. No E insistir también en la conexión entre localización, movimiento y fuerzas,
es posible explicar tal diversidad de com p ortam ien to en térm inos de cuya actividad va acompañada siempre de cambio local y exige tiempos
deformaciones puram ente estáticas. característicos para realizarse.
Tal vez una imagen de vórtices que giran en sentido opuesto o idén­ La tendencia actual de la Física, como veremos al tratar de la estruc­
tico serviría como ayuda a nuestro deseo de representar los fenómenos tura de la materia, va hacia un punto de vista que considera a las partí­
en términos m ecánicos, pero es m ás correcto el aceptar que nuestra im a­ culas y los campos como m anifestaciones del vacío físico fuertem ente
ginación, utilizando solam ente la experiencia m acroscópica, no es útil deformado (partículas) o con variaciones más graduales (cam pos). La
para representar lo más íntim o de la m ateria En cualquier caso, no s in e naturaleza más íntima de este substrato último sería discontinua al nivel
la imagen para la fuerza nuclear débil, ni parece aplicable a i n t e r a c c i o n e s de la longitud de Planck. Toda la actividad de la materia aparece así como
de alcance ilimitado que supondrían rem olinos de tam año cósm ico, ni una serie de distorsiones más o menos intensas y duraderas, que son
es fácil representar efectos de m últiples m asas sobre un punto concreto. compartidas por la realidad material en todas sus formas. Com o verem os
92 METAFÍSICA DE LA MATERIA
ACTIVIDAD DE LA MATERIA 93
más adelante, hay que aceptar la convertibilidad mutua entre partículas
y energía, que es claram ente una indicación de su identidad básica. Así sistema a partir de condiciones iniciales concretas, tiene una doble fuente
se confirm a de nuevo la afirmación de que la materia es esencialmente de posible error: no conocemos exactamente ni esas condiciones iniciales
activo-pasiva, como se argüyó al comenzar este tema. ni la ley que determina sus cambios. En sistemas muy complejos son
cada vez menos fiables las predicciones a largo plazo: este es el sentido
de la moderna teoría del «caos». No es que se niegue un comportamiento
c) Leyes de la Actividad Material
regido por leyes, sino que se afirma una sensibilidad tal a las pequeñas
El tercer punto a discutir trata de las leyes que rigen al actividad mate­ variaciones inevitables al especificar las condiciones iniciales que, con el
rial, que no aparece ante nuestra experiencia como arbitraria o caótica, paso del tiempo, el resultado puede variar drásticamente de lo calculable
sino dotada d e regularidades que permiten el estudio científico y la predic­ con una confianza ingenua en la exactitud de nuestras medidas. A sí se
ción de comportamiento futuro. La ciencia sería im posible de otro modo. puede afirmar que las órbitas de los planetas calculadas para períodos
de muchos millones de años resultan «caóticas»; no podemos estar cier­
La palabra «ley» indica, en general, una norma de comportam iento.
tos de nuestros resultados.
En su sentido primario, estricto, la ley es una norma impuesta a un sujeto
Otra limitación de las leyes físicas concierne su ám bito de aplica-
racional y libre, al que debe determinar m oralmente, no físicamente. De
bilidad. Si la ley debe basarse en observaciones y experimentos, es claro
ahí que su efecto no sea predictible, porque la libertad hace posible el
que será necesario extrapolar sus resultados a situaciones en que la veri­
seguir la ley o no, con la responsabilidad moral subsiguiente, que no es
ficación experimental no se ha dado ni puede, tal vez, darse. Por ejemplo,
imputable a sujetos no libres: no se dan leyes a los anim ales, ni a las
no es posible indagar qué ocurre dentro de un agujero negro, ni podemos
plantas o las piedras.
estar ciertos acerca del comportamiento de la materia en condiciones de
En cambio, las leyes físicas son descripciones generalizadas del proceder de
extrema densidad y temperatura como las sugeridas por el «Big Bang».
la materia, tal como de hecho se observa. Tal proceder, constatado prim e­
Ni siquiera podemos comprobar la ley de la gravedad dentro de un
ro por la experiencia vulgar, se confirma con mayor precisión en la obser­
átomo o en cúmulos de galaxias: más bien extrapolamos su validez a
vación y experimentación científica, y se formula como «ley de la natura­ este caso, infiriendo la presencia de masa invisible para explicar órbitas
leza» cuando la constancia queda bien atestiguada por un proceso de que no serían correctas si se debiesen solamente a la masa visible.
inducción.
Con estas limitaciones, las leyes físicas son fiables y fu en te de conoci­
No es propio de esta investigación, sino de la Filosofía de la Ciencia, miento cierto acerca de la naturaleza material y su comportamiento. Aun
el discutir las condiciones para una inducción válida. Nos bastará indicar así, es necesario recordar de nuevo que el conocer no determina al ser, sino
que, tratando de la m ateria inanimada, estudiam os la realidad desprovis­ al contrario: nuestra incapacidad, pasajera o fundamental, de predecir
ta de indicación alguna de espontaneidad o libertad. Por eso esperamos exactamente el desarrollo futuro de un sistema físico no nos autoriza a
un comportamiento idéntico de cada ser m aterial inanim ado, puesto en negar la existencia de factores que sean razón suficiente de tal evolución,
circunstancias físicamente idénticas. Sobre esta base se puede dar una in­ ni de leyes físicas que la rijan.
ducción válida de un número finito de casos, aunque siem pre se podría Hay tres tipos de leyes utilizadas en la física, que se distinguen por
suponer algún factor desconocido que alterase el resultado en un nuevo la base de su constancia y por su aplicabilidad a casos concretos o a series de
experimento: no nos dice la ley que un nuevo parám etro no llevará a una casos de mayor o menor amplitud. Es importante el distinguir cada uno
modificación de lo que se predice. Pero si el actuar es consecuencia del ser, de esos tipos para darle el valor que le corresponde, tanto como base de
tenemos una base lógica para afirmaciones universales de com portam ien­ predicciones como en su carácter informativo sobre lo que es la natura­
to de un ser concreto, siem pre que exista en las m ismas condiciones. leza material.
Toda ley física se basa en medidas que tienen un margen de error im­
puesto por las limitaciones instrumentales. Com o consecuencia, las pre­ a) El primer tipo de leyes —«leyes dinámicas»— afirma procederes fijos
dicciones de estados futuros como consecuencia de la evolución de un y universales de algún tipo de materia basándose en multitud de obser­
94 METAFÍSICA DE LA MATERIA 95
ACTIVIDAD DE LA MATERIA

vaciones y experim entos que siempre han mostrado el mismo com porta­
predicción de tal resultado. Solamente cuando se habla de un núm ero
miento, sin excepciones. Tales leyes dan lugar a predicciones ciertas para
enorme de casos espero que cualquier irregularidad de frecuencia term i­
nuevos casos concretos. Por ejemplo, la ley de conservación del momento
ne diluyéndose en la uniformidad que permite el cálculo de probabili­
lineal y del momento angular; la ley de conservación de masa-energía,
dades.
de carga eléctrica neta. Las leyes de comportamiento de la materia ma­
Las leyes probabilísticas nunca me dicen qué ocurrirá en un nuevo caso,
croscópica sometida a la gravedad, a las fuerzas electrom agnéticas; las
por muchos que sean ya conocidos. Independientemente de la consta­
leyes de las reacciones químicas más básicas, las de evolución de sistemas
tación de la historia previa del sistema, si una m oneda ha salido cruz
termodinámicos, son también de este tipo. Podemos decir, en general,
cuatro veces seguidas, todavía tengo igual probabilidad de que salga cara
que toda la ciencia y sus aplicaciones tecnológicas en el mundo macros­
o cruz la quinta tirada.
cópico utilizan leyes que no admiten excepción y cuya fiabilidad predic-
tiva es innegable. La base de todas ellas se encuentra en un conocimiento
c) Muy parecidas a las leyes probabilísticas son las «leyes estadísticas»,
satisfactorio de los factores que influyen en el proceder de la materia en el
y ambos nombres se usan frecuentemente como equivalentes. Más co­
sistema considerado.
rrecto es decir que las leyes estadísticas desconocen o no consideran los
factores que determinan los diversos resultados: simplemente, se supone
b) Leyes probabilísticas
que el proceder constatado durante un tiempo suficientem ente largo
Cuando este conocimiento no es completo, pero se da un conocimiento
(historia) es base fiable para predecir el comportamiento futuro. Así pro­
parcial, o se establecen relaciones con factores que no influyen en el resul­
ceden, por ejemplo, las compañías de seguros al determinar sus primas
tado, podemos hacer solam ente predicciones que no son aplicables a para accidentes de automóvil, para seguros de vida en cada grupo de
casos concretos, sino a números más o m enos amplios de casos. Esto da edad concreta, etcétera. Una vez más, no es posible predecir lo que ocurre
lugar a «leyes probabilísticas», cuyo ejemplo físico más común es la lev en cada caso individual, pero sí se puede indicar un porcentaje para un
que relaciona la temperatura y el volumen de un gas con su presión, número de casos comparable al que sirve de base en los estudios esta­
atribuyendo ésta a los choques elásticos de billones de m oléculas contra dísticos del pasado.
las paredes del recipiente. Aunque no podemos seguir a cada partícula En un ejemplo físico, antes de conocer las razones intrínsecas de la des­
en su trayectoria (conocim iento im perfecto) vem os que no hay razón integración de un núcleo se puede establecer cuál es su vida media, obser­
física para esperar una preferencia por m ovim ientos en una dirección vando cómo decae la actividad de una muestra conocida a lo largo del
determinada (factor que no influye). Si todas las direcciones son igual­ tiempo. Tal vida media no me permite decir qué átomo va a desintegrarse
mente probables, se puede deducir una presión uniforme en todo el gas. antes, ni es aplicable a un número pequeño de átomos, pero es fiable para calcu­
Si el número de partículas por unidad de volumen es m ayor habrá más lar el porcentaje remanente después de un tiempo dado en función de esa
choques, y más presión. Lo mismo ocurre si la energía cinética (tem pe­ vida media. Si yo observo, por ejemplo, dos átomos de C14, cuya vida
ratura) es mayor. media es de un poco más de 5000 años, puede darse el caso de que uno
En el caso de un ejemplo más sencillo, no hay razón físic a para que se desintegre en unos segundos, y otro en un siglo, o que ambos existan
una cara de un dado bien construido caiga hacia abajo con m ás frecuencia sin cambio durante mil años. Solamente en el caso de miles de átom os es
que las otras. Lo mismo puede decirse de las dos caras de una moneda, de esperar que la mitad se desintegren en ese período de tiempo: este es
por eso se afirma la probabilidad de que la mitad de las tiradas salga el significado de «vida media».
cara, y la otra mitad cruz. Pero esta predicción no se hace con confianza
si el número de tiradas es pequeño en el contexto del número de posibili­
dades: si tiro el dado 12 veces, me sorprenderá mucho que cada cara, del
1 al 6, salga exactamente 2 veces. Será menos sorprendente que obtenga
6 veces cara y 6 cruz, aunque tampoco pondría mucha confianza en una
96 METAFISICA DE LA MATERIA 97
ACTIVIDAD DE LA MATERIA

d) Causalidad - Azar En un intento de salvar la total objetividad científica de esta interpre­


tación probabilística, se llega a afirmar que todos los resultados posi­
M ientras que las leyes dinám icas no presentan ningún problema filo­ bles de hecho ocurren en múltiples universos, que se ramifican del univer­
sófico, se arguye que el comportam iento probabilístico o estadístico en so observable para acomodar los resultados no constatables: si al lanzar
el cam po de la microfísica es una indicación de que allí no rige la causa­ un dado obtengo en número concreto, los otros cinco números deben
lidad, sino el azar. Esta palabra no describe ninguna realidad de orden físi­ ocurrir en cinco universos no observables (universos m últiples de
co, sino meram ente la ausencia de correlación entre fenóm enos o pará­ Everett). El hecho que produce tal desdoblamiento de la realidad es el
metros: no hay conexión demostrable entre mi selección de un átomo «colapso de la onda» causado por la observación: mientras no se observa,
para observarlo y los procesos que pueden llevar a que se desintegre el sistema no tiene ningún valor real. El experimento ideal del «g alo de
antes o después. Schroedinger» lleva a decir que un sistema macroscópico — el gato— no
Lo m ismo ocurre en el m undo m acroscópico: no hay correlación está ni vivo ni muerto mientras no se observa, pues su estado depende
entre el que yo observe un espacio determ inado en el cristal de una de un fenómeno aleatorio microscópico (la desintegración de un átomo
ventana y el que una gota de lluvia caiga en él. Pero la gota cae siguien­ radioactivo).
do una trayectoria impuesta por leyes mecánicas perfectam ente deter- Tomada en su formulación más fuerte, la negación de causalidad mina
minísticas, aunque yo no pueda, en la práctica, conocer los factores que los mismos fundam entos del trabajo científico, que siempre intenta determ i­
influyen en su caída con precisión suficiente para predecir el punto de nar las causas de los fenómenos observados, hasta el punto de postular
su impacto. El azar es más una función de mi ignorancia que de las nuevas propiedades de la materia como razón suficiente para com por­
cosas en sí, o el resultado de querer establecer relaciones entre sucesos no tamientos no explicados por propiedades ya aceptadas. Más aún: se
relacionados física o lógicamente: mi observación y un hecho del mundo afirma un desarrollo determinístico de la ecuación de onda, que permite
material. calcular exactamente las probabilidades de cada posible resultado. Tal
El Principio de lncertidurnbre de Heisenberg se formuló originalmente regularidad exige una causa en el sistema en sí, pues el azar no explica la
con referencia a nuestra incapacidad de conocer al mismo tiempo y exacta­ constancia ni la certeza: sólo una causa actuando de un modo fijo puede
mente los parámetros conjugados de la naturaleza: posición y momento dar lugar a un comportamiento constante, a cualquier nivel que éste se
lineal, energía y duración de un proceso. Pero se convierte en una afir­ observe. Incluso es lógico volver el argumento de la relación entre lo
mación de falta objetiva de causalidad y determinación a nivel micros­ macroscópico y lo microscópico para argüir que las leyes dinám icas en
cópico cuando se enuncia como Principio de Indeterminación: no puedo el mundo de lo grande, bien comprobadas, exigen un comportam iento
fijo en el mundo de lo pequeño.
predecir qué ocurrirá porque la materia no tiene un proceder fijo , regido
por una ley determinística. Debemos también considerar que la única razón suficiente para negar
La falta de cognoscibilidad podía atribuirse a la perturbación que todo un proceder fijo y constante de la materia, a cualquier nivel, sería el pos­
expenmento causa en el sistema observado; la forma posterior afirma una tular algún tipo de «libre albedrío» o espontaneidad quasi-vital para la m ate­
variabilidad objetiva «sin causa», que imposibilita la predicción indepen­ ria noviviente. Esto es totalmente arbitrario y sin base alguna experimental
o teórica.
dientemente de perturbación alguna. Una vez negada la causalidad en el ám ­
bito de la microfísica, se puede dar el paso a afirmar lo mismo del mundo igualmente arbitrario y sin base es afirmar la multiplicidad de resulta­
macrofísico, por ser los fenómenos de éste un mero resultado de un gran dos en universos inobservables: no es proceder científico el apelar a lo que
caefuera de la comprobación experimental, aun en principio. Ni es más satis­
número de factores microfísicos. Por tanto, sólo una ley probabilística
factorio el recurrir a la observación para determinar la realidad: el trabajo
puede aceptarse para cualquier predicción científica. La base de la predic­
científico descubre la realidad, no la crea. Esto es aún más claro cuando hoy
ción es la «■ecuación de onda», interpretada probabilísticamente (interpre­
tación de Copenhague) para obtener valores ciertos de probabilidad para observamos los resultados de procesos ocurridos en un pasado lejano: no
cada resultado posible. hay razón alguna aceptable para admitir una acción retroactiva por la que
98 METAFÍSICA DE LA MATERIA

nuestra observación actual determine lo que ocurrió, por ejemplo, en los


comienzos del universo.
La imposibilidad de predecir exactamente el comportamiento de partí­
culas está correctamente fundada en nuestra incapacidad de observarlas C O N S T IT U C IÓ N D E LA M A T E R IA
sin introducir una perturbación en las condiciones iniciales de que parte
la predicción. Objetivamente, es plausible también el afirm ar que s/ toda
materia está necesariamente en movimiento, tales condiciones iniciales son
inobservables con la exactitud arbitrariamente fina que sería necesaria
para predecir en detalle el comportamiento futuro de cualquier sistema
microscópico. Pero la incapacidad de predecir no prueba la falta de determi­
nación intrínseca.

El mundo que nos rodea muestra una enorme variedad en sus formas
y en sus propiedades, dentro de una cierta uniformidad que se muestra
también en las interacciones que diversos cuerpos tienen entre sí. Todos
los seres materiales tiene algo en común, y sin embargo, hay grandes
diferencias. El deseo de comprender a la naturaleza lleva espontánea­
mente al esfuerzo de reducir la variedad observada a un número lo más
reducido posible de elementos diversos: sin una síntesis, más o menos
amplia, no es posible hacer ciencia ni filosofía. Nos es necesario, por lo
tanto, intentar llegar lo más profundamente posible a la misma esencia
de la materia, para descubrir qué ES por debajo de todas sus manifesta­
ciones tan variadas, y así encontrar el fondo de unidad bajo su asom ­
brosa multiplicidad.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA

La constitución de la materia debe estudiarse, primeramente, en térmi­


nos físicos. ¿Es posible encontrar un tipo de cuerpo sencillo — «elemen­
to»— que sea el componente universal de toda la materia, cam biando
solamente en sus propiedades accidentales como resultado de variacio­
nes en densidad, temperatura, etc.? Los antiguos filósofos, descono­
ciendo los detalles de la materia, buscaban este elemento básico en el agua
(Tales de Mileto) o en el aire (Anaximeno) o en el fuego (Heráclito). Como
ejemplo de su razonamiento, se juzgaba que todos los líquidos son, bási­
camente, agua más o menos condensada. El agua se evapora, dando
lugar a los gases, que son sem ejantes entre sí. Y al formar hielo, el agua
100 METAFÍSICA DE LA MATERIA 101
CONSTITUCIÓN DE LA MATERIA

parece convertirse en cristal de roca (el hielo en griego se llamaba TEORÍA H1LEMÓRFICA
«crystallos»), del cual se obtiene arena y diversos tipos de m ateriales
sólidos. Correspondiendo a estas hipótesis físicas, existían también sugeren­
Anaximandro, m ás especulativamente, propuso como el constitutivo cias de orden filosófico, encaminadas a explicar la transformación de unas
último de la materia un algo indefinido — «apeiron»— , no identificable sustancias en otras. El concepto común d e cambio exigía una cierta perma­
con ninguna sustancia conocida. Una vez más, por condensaciones y nencia a través de la alteración, para que el cambio no fuese una simple
rarefacciones y cambios de temperatura este elemento Cínico daría lugar destrucción total, seguida de la creación de algo nuevo. Pero no habría
a la multiplicidad de seres materiales que observamos. cambio real si no dejase de ser algo de lo que era y comenzase a ser algo
A m ediados del siglo V a.C. Empédocles propuso cuatro elementos que no era. Así llegamos a la idea de una «materia prima», común a todos
básicos, de cuyas combinaciones sería posible obtener toda la realidad los seres materiales y que se mantiene a través de todas sus transforma­
material: agua, aire, tierra y fuego primordiales, no identificados exacta­ ciones, y una «forma sustancial» que se pierde en cada cambio para ser
mente con las realidades de ese nombre en la vida diaria. Platón y Aristó­ sustituida por otra correspondiente al nuevo ser.
teles aceptaron esta idea, con variaciones propias de cada uno. Platón Los nombres sugieren la comparación con el trabajo de un alfarero: el
atribuía diversas formas geométricas a cada elemento, y suponía que se barro es la materia prima común a todas sus obras, pero cada una es espe­
podían transformar unos en otros, dando así pie al desarrollo posterior cificada por la forma que se da a ese barro, y es posible cambiar de objeto
de la alquimia (que buscaba, por ejemplo, cambiar metales comunes en con sólo el cambio de forma. En este ejemplo, se trata de «forma accidental»,
oro mediante la alteración de sus proporciones de fuego). que no afecta las propiedades básicas del barro; en la teoría del cambio
Mientras estas hipótesis m anejaban los conceptos de elem entos de sustancial, la forma es la fuente de las propiedades q u e determinan la iden­
materia continua e indefinidamente divisible, también en el s.V a.C apa­ tidad de una nueva sustancia. Podría decirse que la materia es MATERIA
rece la primera teoría de composición basada en unidades indivisibles por tener materia prima, fuente de su extensión y otras propiedades no-
— «átomos»— de varias sustancias esencialmente comunes, pero de dife­ específicas; es TAL materia por la forma sustancial, puramente activa y
rente tamaño y forma. El número de formas posibles podría ser infinito razón de actividad.
(Demócrito y Leucipo) o finito (Epicuro, [Link] a.C.). Los átom os serían Unida a la materia prima se consideraba la propiedad de «cantidad»,
duros e impenetrables, chocando entre sí en un continuo movimiento manifestada en la extensión, pero no totalmente idéntica a ella. En térm i­
dentro de un vacío que era un no-Ser, pero que era tan real como el Ser. nos de continuidad estructural, parecía inexplicable que dos trozos de
Estas ideas, puramente especulativas y sin el apoyo de una metodo­ plata, por ejemplo, tuviesen las mismas propiedades (la misma esencia),
logía experimental, no condujeron a un desarrollo verdaderamente cien­ pero diverso peso y tamaño, o que se diesen expansiones y contracciones
tífico que podamos identificar como Física en el sentido moderno: era del mismo trozo por cambios de temperatura. Para explicar tales cam ­
demasiado ambicioso para aquella época el deseo de com prender de un bios, que no afectaban ni a la materia prima ni a la forma sustancial, se
golpe toda la estructura de la materia. Pero tuvieron consecuencias sobre proponía la existencia real de una propiedad accidental de la que depen­
todo para la Química hasta casi la época moderna, por ser el punto de dían esos aspectos medibles cuantitativamente (la «cantidad»), mediante
partida de gran cantidad de experimentos semi-mágicos que, sin conse­ la cual era también posible que el cuerpo tuviese cualidades sensibles: color,
guir ninguno de los fines buscados (elixir de la vida, piedra filosofal), lleva­ forma, etc.
ron a aislar e identificar varios de los elementos de nuestro Sistema Perió­ Esta teoría filosófica se formuló bajo el nombre de Hilemorfismo, de
dico, así como reactivos ácidos y básicos. las raíces griegas «hule» (materia-madera) y «morfé» (forma). Parecía útil
especialmente para explicar transformaciones drásticas como la de un
trozo de madera en ceniza y humo al quemarse, o la de una materia no-
viviente en parte de un ser viviente en el caso de los alimentos. En todo
ello se veía un cambio de propiedades que parecía inexplicable en térm i­
102 METAFÍSICA DE LA MATERIA CONSTITUCIÓN DE LA MATERIA 103

nos del núm ero y posición estructural de ingredientes ya existentes, de los compuestos a partir de los componentes (como en el caso de la
especialm ente cuando era necesario dar una razón del nuevo modo de combustión), e incluso prever la existencia y propiedades de nuevos
existir propio de la materia viviente. elementos desconocidos y luego encontrados experimentalmente.
La interacción física que producía el cambio debía destruir la «forma- Así llegamos, en un recorrido que sólo puede apreciarse correcta­
previa, y producir la nueva forma «extrayéndola» de la capacidad o mente en un curso sobre Historia de la Ciencia, a lo que hoy se presenta
potencia de la materia prima: algo definido como pura actividad tenía que como la estructura de la materia a diversos niveles:
obtenerse de una realidad totalmente pasiva. Ni la materia prima ni la
forma sustancial podían tener propiedad alguna de por sí, ni existencia — Todas las reacciones químicas (incluyendo las biológicas) se deben a
independiente: solam ente en su unión se daba un ser real, verdadera interacciones entre 92 cuerpos «simples», los elementos del Sistema
materia con propiedades y actividades que la identificaban como un ser Periódico ya formulado en el s. XIX. Cada uno de éstos cuerpos está
concreto. A esta entidad resultante y existente en el mundo observable compuesto de átomos, que son las unidades mínimas con las propie­
se la denominaba «materia segunda», especificada por su form a, pero capaz dades características de cada elemento.
de transformaciones no sólo accidentales, sino esenciales. Con la termino­ — Los átomos difieren entre sí por su masa y por el número de cargas
logía científica actual, se podría hablar de una ley de conservación de la eléctricas. Este número está relacionado con su actividad química.
materia prima a través de todas las vicisitudes de la actividad material — A partir de los experimentos de Rutherford, a principios del siglo XX,
mientras las formas se destruyen y se renuevan. sabemos que las cargas positivas de cada átomo (protones) se encuen­
Es posible pensar que esta teoría es de orden abstracto y casi sim bóli­ tran en un volumen muy reducido, el núcleo, que contiene también
casi toda la masa del átomo. Las cargas negativas (electrones) están
co, y que se refiere a diversos modos de considerar aspectos parciales
distribuidas por un volumen un billón de veces mayor, y apenas con­
de la realidad. Sin embargo sus proponentes filosóficos (y más tarde
tribuyen a la masa. El átomo es casi totalmente espacio vacío. Los
también teológicos) han insistido en afirm ar que representa una com po­
electrones periféricos son los que tienen las funciones de formar m olé­
sición real, entitativa, de todo ser material en su nivel más profundo.
culas o enlaces químicos por atracción electromagnética.
— Cada elemento es lo que es por el número de cargas positivas en el
núcleo, pero hay también partículas pesadas sin carga (neutrones) que
DESARROLLO CIENTÍFICO
contribuyen a su estabilidad y modifican ligeramente sus propieda­
des, dando lugar a «isótopos» de muchos elementos al variar el número
La teoría de los cuatro elementos y de la composición de materia y
de neutrones.
forma se mantuvo, prácticamente sin alternativa, hasta el desarrollo de
— Es posible transformar a un elemento en otro mediante procesos, natu­
la Química a partir del s. XVII. Las leyes de combinaciones químicas en
rales o artificiales, que dan lugar a un cambio en el número de pro­
proporciones constantes o m últiples llevaron a un revivir de la teoría
tones del núcleo. Se da un transmutación nuclear en ese caso, semejante
atómica, cada cuerpo simple (elemento químico) podía sólo dividirse
a la buscada por la alquimia de siglos anteriores.
hasta un tamaño mínimo, que era la última unidad de actividad en las
— Todas las propiedades de la materia de nuestra experiencia son expli­
reacciones. Unido esto a la identificación del calor con la energía cinética
cables en términos de número y estructuración de conjuntos de átom os
de las partículas de un cuerpo (gas, líquido o sólido), se pudo interpretar
o de las partículas que los forman. Todos los cambios de propiedades
la contracción o expansión producida por cambios de temperatura con
son igualmente explicables en esos términos. Incluso en los seres vi­
el resultado de menor o mayor agitación de esas partículas y el efecto
vientes, cada átomo sigue comportándose física y químicam ente, de
de sus choques. No era preciso recurrir a una «cantidad» distinta de la manera idéntica a como lo hacía antes de ser parte del ser vivo.
esencia de los cuerpos o de su movimiento.
Con el desarrollo de la Física, identificando la carga eléctrica y la masa A esta descripción, aplicable a los seres m ateriales en su estado
propia de cada átomo, se hizo posible también predecir las propiedades normal, debemos añadir las indicaciones de estructuras y propiedades
104 METAFÍSICA DE LA MATERIA CONSTITUCIÓN DE I.A MATERIA 105

que solam ente se m anifiestan en condiciones peculiares, especialm ente PROBLEMÁTICA FILOSÓFICA
en choques de alta energía, bien producidos naturalmente (rayos cósmicos)
o en el laboratorio. En esos casos se encuentran numerosas partículas Con esta base de datos de las ciencias actuales podemos ya formular
nuevas, que no forman parte de la materia como constitutivos normales, las preguntas metafísicas que recogen, en parte, las preocupaciones de
y que tienen una existencia muy efímera. Cientos de tales partículas están los filósofos primitivos, presentes todavía en los problemas de nuestro
clasificadas en tres familias principales: bariones, mesones y leptones. El tiempo. Reduciremos a tres las formulaciones que nacen del tema:
trabajo m ás importante de la física en los últimos 50 años ha sido el de
reducir tal multiplicidad a un esquema que permita encontrar orden y a) ¿Hay diferencias esenciales entre los diversos cuerpos de la naturaleza novi-
vicnte?
tal vez, unidad en tantos componentes aparentemente «inútiles» de la
b) Los elementos más básicos de la materia ¿tienen una naturaleza ontoló-
realidad material. Como decíamos al comenzar este tema, la ciencia exige
gicamente simple o compuesta?
simplicidad en sus explicaciones.
c) ¿Qué significa para la comprensión de la materia la equivalencia de masa y
Durante los últimos años se ha llegado a una teoría que perm ite expli­
energía?
car todas las partículas elementales como agrupadas en leptones (electro­
nes y neutrinos, en tres «generaciones») y «quarks» (también en tres gene­ Finalmente, por su relación con lo anterior, tanto histórica como con­
raciones). Los quarks son indetectables directamente, y componen los ceptualmente:
bariones y mesones que responden a la interacción nuclear fuerte. Exis­
d) ¿ Es la materia indefinidamente divisible (continua) o hay que aceptar compo­
ten en tres tipos distintos (tres «colores») para cada una de dos variedades nentes últimos indivisibles?
posibles en cada generación («sabores»). En total, 18 quarks y 6 leptones
son los constitutivos de la materia, más otro número igual para la «anti­ En todos estos problemas debemos distinguir cuidadosamente lo que
materia'. Todavía deben añadirse las partículas portadoras de campos, se puede considerar demostrado, experimentalmente o por deducción
especialmente el fotón y el gluón, no formadas por las anteriores, y posi­ lógica, de lo que es plausible o simplemente posible, pero no demostrado
blemente el gravitón, nunca detectado todavía. o necesario.
Es claro que la explicación de la estructura material dista mucho toda­
vía de la sencillez que intuitivamente deseamos. Se han propuesto otros a) Diferencias Esenciales
esquemas de unificación de partículas en términos de otras más básicas
(«rishones», en dos variedades o tres, «supercuerdas»), pero no es posible Una diferencia, entre varias realidades que comparamos, puede ser
saber cuál de estas hipótesis llegará a dar fruto en forma experim en­ esencial o accidental. En nuestro contexto, llamaremos accidentales aque­
talmente verificable. llas diferencias que pueden explicarse adecuadamente por un cambio en
Lo que sí podemos afirmar, como trasfondo de toda la variedad des­ el número o disposición estructural de componentes del cuerpo. Si tal
crita, es que todas las partículas tienen en común el ser totalmente trans­ explicación es claramente insuficiente, deberemos aceptar que se da una
formables en energía, y el poder sintetizarse a partir, por ejem plo, de la diferencia esencial, y que ningún cambio en el núm ero o posición de
energía cinética de un choque. Esta propiedad nos indica la unidad básica partículas, por ejemplo, dará lugar a que se transforme un tipo de m ate­
de toda la materia, entendida en el sentido ya explicado de «todo aquello ria en el otro que consideramos. De encontrarse cambios esenciales en
que muestra alguna interacción por alguna de las cuatro fuerzas de la el mundo físico, su explicación exigiría postular que la materia es esen­
física». cialmente compuesta.
Cambios químicos solían considerarse esenciales: cuando el Cloro (gas
corrosivo) y el Sodio (metal, conductor de la electricidad) se combinan
para formar sal común (sólido cristalino, transparente, no conductor,
soluble en el agua) da la impresión de que algo totalmente nuevo ha
106 METAFÍSICA DE LA MATERIA
CONSTITUCIÓN DE LA MATERIA 107

com enzado a existir, con propiedades incluso opuestas a las de sus com ­
Todavía es indicación de una identidad básica el hecho de que todas
ponentes, y que no podrían atribuirse a simple reestructuración de las
las partículas conocidas pueden obtenerse de pura energía y son todas
partículas originales, o a un cambio en su número. Sin embargo, hoy se
también transformables en ella (rayos gamma). Como no parece aplicable
explican todos los cambios como debidos a la interacción de los átomos
a la pura energía la composición hilemórfica, al menos en su forma tradi­
en la molécula de cloruro sódico. Los átomos mismos permanecen inalte­ cional, no puede exigirse lógicamente que posean tal composición las
rados, siendo capaces de las reacciones nucleares o radioactividad que realidades materiales (partículas de cualquier tipo) que se transforman
les son propias.
en ella.
Esto es también verdad en el caso de incorporación de una sustancia Las razones de orden puramente filosófico para afirmar la composi­
a un organismo vivo: los átomos pueden seguirse en sus funciones den­ ción real de toda materia son de dos tipos: la necesidad de dos princi­
tro de cada órgano por sus propiedades que aún m uestran, lo mismo pios distintos (acto y potencia ) como raíces de la actividad y pasividad, y
que antes de ser asimilados. No hay, por tanto, razón alguna para afirmar la exigencia de algún tipo de dualidad para que la esencia, de por sí ilimi­
que ocurren cambios sustanciales en estos casos. tada, se encuentre realizada en diversos individuos de la misma natura­
Si la química, aun biológica, no da base para una composición hile- leza específica. Veamos su fuerza probativa dentro de la argumentación
mórfica que se propone para explicar cambios esenciales, tampoco tene­ filosófica.
mos que invocar tal teoría para transformaciones nucleares: un elemento En el orden conceptual, es verdad que se distinguen actividad y pasi­
se transforma en otro solamente por cambiar el número de protones en vidad como dos categorías opuestas, pero esto no prueba necesariamente
su núcleo, y sus nuevas propiedades pueden predecirse como conse­ una composición real. Es posible hablar de capacidades activas y pasivas
cuencia de la nueva distribución de cargas electrónicas a que el número del espíritu humano, por ejemplo, sin deducir de su existencia que el
atómico da lugar. espíritu es también compuesto. Tal vez sea suficiente afirmar que todo
A nivel subatómico son también consecuencia de la nueva estructu­ lo que es finito es susceptible de cambio, de algún tipo de «crecimiento»,
ración de quarks los cambios protón-neutrón y viceversa. Sin embargo que es un aspecto pasivo, mientras tiene también actividad propia. Natu­
debemos aceptar la transformación de un tipo de quark en otro por la ralmente, esto sería aplicable a toda materia, simple o compuesta.
interacción nuclear débil; en tal caso, no conocemos ninguna estructura El argumento tomado de la «individualización» de la esencia en muchos
más básica que permita de nuevo atribuir el cambio a reorganización de seres de la misma especie tampoco es convincente como prueba de com ­
número o disposición de partículas más elementales. Lo mismo habría posición real, aunque, una vez más, nos encontremos con dos conceptos
que decir si los quarks y leptones son mutuamente transformables: aun­ que se combinan en abstracto. Tan difícil es explicar la multiplicidad de
que se han propuesto pre-quarks u otros elem entos más básicos para seres idénticos (por ejemplo, electrones) si son compuestos como si son
todas las partículas, no hay nada aceptado generalmente ni, menos aún, simples: las partes de que se compondrían son también idénticas, y lo
apoyado por datos experimentales. es su unión y el resultado de ella.
Por todo lo dicho no es demostrable la composición real de los seres
materiales a ningún nivel. Como la teoría que propone tal estructura no
b) Naturaleza Simple o Compuesta está exenta de dificultades muy serias desde el punto de vista filosófico,
la presentamos solamente como un intento de gran interés e influjo histó­
Hemos visto que los argumentos para la composición esencial de la rico, pero que no nos dice nada verdaderamente nuevo acerca de la
materia, en términos de un elem ento permanente (materia prima) y otro materia.
cambiante (forma sustancial), no son válidos a la luz de la ciencia moder­
na aplicada al caso de los cambios químicos, biológicos o nucleares. Sola­
mente en el caso de la transformación de partículas nos encontrábamos
con algo distinto.
108
METAFÍSICA DE LA MATERIA CONSTITUCIÓN DE LA MATERIA 109

c) Equivalencia Masa-Energía En las teorías modernas de estructura subatómica se afirma la acti­


vidad incesante de este vacío, donde pares de partículas y antipartículas
En el concepto tradicional de materia se distinguía entre sus propie­ estarían constantemente formándose y destruyéndose al nivel de las
dades esenciales (masa, fuerzas) y las propiedades accidentales como son dimensiones de Planck, con duraciones también del orden del tiempo
la temperatura, energía cinética o potencial, etc. Estas se podrían variar mínimo de Planck. La interacción del vacío así descrito se invoca como
m ás o menos arbitrariamente sin que la materia dejase de ser lo que era. razón de un pequeño cambio en los niveles de energía del átom o de
A sí se establecía una diferencia insalvable entre «partículas» (im penetra­ hidrógeno comparados con los que predice la simple interacción elec­
bles, dotadas de masa y fuente de fuerzas diversas), y energía, que siem ­ tromagnética del núcleo y el electrón (efecto Lamb).
pre debía ser una propiedad de tales partículas y no tendría entidad propia. También es coherente con este punto de vista la constatación de que
En la física moderna hay que adm itir la dualidad onda-corpúsculo a los electrones no tienen «individualidad» propia: son indistinguibles, y
todos los niveles del mundo microscópico, desde los electrones hasta los los cálculos de niveles de energía en sistemas de varios electrones deben
átomos. Ya hemos mencionado en un tema anterior el fenómeno de di­ tratarlos como tales para predecir los valores observados experim ental­
fracción e interferencia de partículas, solam ente explicable por su carác­ mente. Se podría utilizar una comparación sencilla con rem olinos u
ter de onda capaz de seguir dos trayectorias sim ultáneam ente, de un ondas en el agua del océano: no parece posible decir que una ola es otra
modo semejante a como lo hace una perturbación electromagnética del y no la misma, si comporta el mismo movimiento de las mismas molé­
vacío (luz). Por otra parte, un fotón de suficiente energía puede arran­ culas de agua. La distinción entre partículas y ondas, entre partículas y
car electrones de un átomo en un choque partícula-partícula, inexplicable energía, pierde también su fuerza en esta concepción.
en términos de ondas. No es posible distinguir entre ambas realidades Podría pensarse que estamos introduciendo, sin pretenderlo, una
de una forma tajante: según el experim ento que se proponga, se obser­ composición hilemórfica más universal y profunda que la ya rechazada,
vará uno u otro aspecto. con el vacío físico en el papel de «materia prima», y sus distorsiones
Einstein llevó esta dualidad a su extremo lógico afirmando que pares actuando como «forma sustancial», capaz de producir toda la variedad
de partícula y antipartícula se convierten totalmente en energía al encon­ observada en la materia aunque su constitutivo último sea único. No hay
trarse, mientras que un rayo gamma de suficiente energía da lugar espon­ dificultad en conceder una cierta semejanza entre ambas explicaciones,
táneamente a la aparición del par de partículas correspondiente. Tal con­ pero las diferencias filosóficas son más im portantes que su parecido
vertibilidad mutua arguye contra el carácter «accidental» de la energía: superficial: el vacío físico ES una realidad material existente, capaz de
un accidente no puede convertirse en una sustancia, ni viceversa. No es actividad y pasividad. No es el «ser incompleto», sin existencia propia,
simplemente la conversión de la «masa», que se define operativam ente mera pasividad, que se proponía como la materia prima del hilem or-
como un aspecto medible de la materia (masa = fuerza/aceleración), en otra fismo.
propiedad semejante (energía cinética o calor), sino la «materialización» del Más bien debería describirse como la «materia segunda» del alfarero,
fotón o el fenómeno opuesto, como hemos dicho. Hay una identidad bá­ el «barro primordial» del que se forma toda la materia observable, no
sica en todas las manifestaciones de la materia; incluso la gravedad actúa por cambios sustanciales sino m eramente accidentales. Al hablar así,
por igual sobre partículas y energía. tenemos un único componente físico de toda la realidad material, cono­
Ante estos datos de la ciencia actual, parece necesario rehacer nuestra cido no directamente en sí mismo, sino en sus variaciones locales, de un
imagen del mundo físico, que se aleja más y m ás de nuestras intuiciones modo análogo a como conocemos por nuestro oído las variaciones de
basadas en la experiencia m acroscópica vulgar. Com o sugeríam os al presión del aire, pero no la presión atmosférica constante.
hablar de la actividad de la materia, parece que hay un substrato último Sin duda alguna nos queda mucho por descubrir para entender la ma­
que se nos manifiesta, ya como partículas, ya como ondas o campos de teria en los simples términos soñados por los filósofos griegos de hace
energía. Tal sería el «vacío físico», capaz de distorsiones varias y de muchos siglos. El campo más activo de la física de hoy se encuentra pre­
mayor o menor actividad, concentrada o difusa. cisamente en esta búsqueda de unidad en la m ultiplicidad, intentando
110 METAFÍSICA DE LA MATERIA CONSTITUCIÓN DE LA MATERIA 111

reducir a una formulación unitaria todas las interacciones, y buscando Usando estos conceptos, es obvio que una realidad extensa es divisi­
algún esquem a que perm ita ver a todas las partículas «elem entales» ble, en el sentido propuesto, si tiene diversas localizaciones para sus partes.
como resultado de una o dos entidades verdaderamente últim as. No es Cualquier división, real o meramente designativa, implica Lina menor dife­
posible predecir ni cuándo ni cómo llegará a su fin este esfuerzo. Se han rencia de localización en las partes que en el todo. M ientras haya una
propuesto nuevos laboratorios gigantes para alcanzar energías cada vez diferente carga localizante en los extremos, será posible hablar de divisi­
mayores, que tal vez permitan encontrar estructura en los quarks y lep- bilidad. Solamente cuando toda la realidad material considerada tenga
tones como antes se encontró en el átomo y el protón, pero el esfuerzo una localización única, siendo inextensa, pierde sentido el afirm ar que en
económico y científico se agiganta, posiblemente más allá de lo que hoy ella pueden aún designarse partes menores.
parece factible sin tener pistas seguras para el trabajo. Si la carga localizante se considera discreta, en el mismo sentido que
lo es la carga eléctrica, en cada cuerpo extenso habrá un núm ero fin ito
de tales cargas. Cuando el proceso de división alcance una fracción del
d) D ivisibilidad de la Materia cuerpo en que solamente hay dos cargas localizantes, la divisibilidad
queda restringida a la separación de tales cargas (unidas a las dos últi­
Tal vez la pregunta m ás discutida, al hablar de la estructura de la mas partes reales). No es posible hablar de una divisibilidad indefinida
materia, sea la de su posible continuidad o discontinuidad básica. Ya sin postular un número inagotable (infinito) de cargas localizantes en
hemos visto que desde la antigüedad se encuentran ambas opiniones: cualquier trozo de materia, por pequeño que sea. Tal multitud infinita
Aristóteles y sus seguidores hasta nuestros días defendiendo la conti­ lleva a verdaderos absurdos lógicos: o hay infinitos mayores que otros,
nuidad, con su consecuencia de divisibilidad indefinida, y los atomistas o todos los cuerpos tienen el mismo número de cargas localizantes, y,
sosteniendo la discontinuidad, con últim as partículas indivisibles, a como consecuencia, la misma extensión y dimensiones. Podría argüirse
pesar de tener forma y tamaño que hace posible distinguir los diversos también que una multitud infinita de localizaciones diversas corresponde
elementos. a tamaño infinito, y a exigir que todos los cuerpos estén compenetrados,
No es problema el afirm ar la indivisibilidad por razones de «dureza» al ocupar todos el mismo volumen infinito.
o por necesitarse una cantidad mínima de materia para que pueda existir Suele afirmarse que tales consecuencias ilógicas contra una multitud
de hecho y tener la actividad propia de ella: tales razones son plausi­ infinita de partes no son aplicables a partes «posibles», pero no realizadas
bles, y pueden admitirse al m ismo tiempo que se afirma que esas partí­ de hecho como tales partes, y se aduce el ejemplo de la serie infinita de
culas indivisibles son extensas. La indivisibilidad discutida generalmente fracciones de razón 1/2 cuya suma tiende a la unidad. Pero en el caso
es la que se basa solam ente en el aspecto espacial: m ientras algo tenga que describimos las partes, para ser tales desde el punto de vista de la
algún tamaño, será posible considerar que en ello se dan tamaños parcia­ extensión, necesitan tener cada una un «algo» real, distinto, previo a toda
les. Por eso es preferible enunciar la pregunta de esta sección de forma designación o división, que es lo que llamamos «carga localizante». Las
más explícita: ¿es posible siempre designar dimensiones menores en cualquier partes son posibles como tales solamente si tienen ya, de hecho, cargas
partícula elemental? Si se responde afirm ativam ente, se sostiene que la localizantes distintas. Como consecuencia, una multitud infinita de partes
materia es siempre continua; si se niega, se considera a la materia como posibles exige una multitud infinita de cargas localizantes reales, ya
básicamente discontinua, compuesta de unidades inextensas. presentes en el cuerpo extenso, y las objeciones indicadas siguen siendo
Ya hemos visto, en el tema correspondiente al espacio, que la idea de válidas.
extensión se explica como el resultado de una extraposición de partes, Si se considera la carga localizante como de carácter intensivo, como
cuya razón hemos encontrado de forma lógica en la «carga localizante» la temperatura, parece que sería posible considerar su divisibilidad inde­
distinta para cada una de las partes del objeto extenso. Es una aplica­ finida, de modo que varíe de un punto a otro de una manera continua,
ción del análisis llevado a cabo sobre la idea de lugar y de distancia como pero sin que sus fracciones lleguen nunca a ser mínimos de valor abso­
debida a esa diversidad de lugar, real y objetiva. luto. Aun así, es claro que cada punto tiene una localización diversa del
112 METAFÍSICA DE LA MATERIA CONSTITUC1ÓN DE LA MATERIA 113

contiguo por una diferencia real, por mínima que sea, y la infinitud de tura material es discontinua, se dan fuerzas de repulsión que no actúan
puntos contiguos nos lleva otra vez a los absurdos antes indicados. Ni solamente sobre el punto de contacto, y la presión se ejerce sobre un área
es satisfactorio afirm ar que la diferencia es «infinitamente pequeña», y que finita. Razonamientos semejantes permiten también solucionar dificul­
la sum a de infinitos infinitesimales es finita: aun concediendo el paso tades geométricas propuestas contra la discontinuidad real: ejem plos
de la abstracción matemática a la realidad, si la diferencia es verdadera­ conocidos son el que dos círculos concéntricos tendrían el mismo número
m ente infinitesim al, no puede ser todavía menor, y llegamos una vez de puntos reales, o que la diagonal de un cuadrado sería igual a su lado.
más a algo ya indivisible, aun conceptualmente. La Geometría trata de abstracciones y conceptos que no tienen por qué
Hem os indicado previamente que la ciencia actual sugiere mínimos verificarse exactamente en la materia.
de espacio y e tiempo, en una estructura material últimamente discon­ ¿Qué ES la materia, visto todo lo anterior? Podemos solamente des­
tinua. Pero se podría decir que tales mínimos todavía tienen un valor cribirla a diversos niveles de estructura y de actividad, utilizando esta
no-cero, y permiten asignar valores menores, aunque no se encuentren misma actividad para definirla, como se indicó en el tema anterior. Ni
realidades ni procesos que no exijan, por lo menos, esas magnitudes de masa ni extensión parecen ser necesarias para tener partículas reales;
Planck. No es el tamaño de Planck una prueba de que la extensión misma tampoco podemos insistir en una posición determinada ni única en el
se basa en lo inextenso ni tampoco en la continuidad. espacio, como nos indican los datos experimentales acerca de la interfe­
Podemos, en cambio, aceptar como una indicación de la estructura rencia de electrones y el efecto túnel. Tampoco es posible exigir la impe­
discontinua de la materia los datos y cálculos que consideran al electrón netrabilidad, tan obvia como característica macroscópica. No solam ente
y otros leptones como carentes de diámetro real. Experimentos de cho­ es la materia ordinaria una nube tenue de partículas separadas por gran­
ques a muy alta energía exigen el tratar a tales partículas como punti- des espacios vacíos, sino que en algunas situaciones descritas en la Astro­
formes para obtener resultados de acuerdo con lo observado. Las partí­ física nos vemos obligados a aceptar que se dan densidades de hasta mil
culas compuestas de quarks sí muestran un diámetro no-cero, pero sus millones de toneladas por centímetro cúbico, equivalentes a encerrar la
elementos internos podrían ser también inextensos. masa de medio millón de Tierras en un radio de 10 kms.
Ni es éste el límite absoluto: en el colapso total que da lugar a un «agu­
jero negro», cualquier cantidad de materia desaparece del mundo obser­
DIFICULTADES - CONSECUENCIAS vable para contraerse, teóricamente, sin límite, hacia radio cero. En tales
circunstancias, se dice que la materia desaparecida queda fuera del espa­
Queda ya subrayada en varias ocasiones la falta de una síntesis satis­ cio y del tiempo, sin más actividad pensable que el causar la distorsión
factoria entre Relatividad y Mecánica Cuántica, entre partículas y ondas, espacial que identificamos con su campo gravitatorio. Ningún observa­
entre campos continuos y saltos discontinuos de energía. Tal vez una dor ni instrumento puede introducirse en el volumen m arcado por el
estructura granular, incluso del vacío físico, sea lo más acorde con la radio de Schwarzschild para decim os qué ocurre tras ese «horizonte de
ciencia actual, al mismo tiempo que satisface los argumentos filosóficos sucesos»: sería un viaje inútil, pues ninguna señal puede salir al exterior
que se han expuesto en favor de la divisibilidad limitada. del espacio cerrado sobre sí mismo donde pueden perderse hasta m illo­
Como última consideración sobre el problema, puede utilizarse el con­ nes de estrellas. Tales «monstruos» son ya parte ineludible de la ciencia
cepto de discontinuidad para insistir en que las figuras y operaciones actual, y se confirma más y más su existencia en los núcleos de galaxias
matemáticas son abstracciones de la realidad, y no tienen que aplicarse y como resultado final de la evolución de estrellas de gran masa.
exactamente a ella. Por ejem plo, la hipótesis de una esfera perfecta y
continua, descansando sobre un plano igualmente perfecto y continuo,
lleva a predecir una presión infinita en el punto de contacto, por tener
éste un área cero Ai no darse realmente esferas ni planos perfectos, la
situación no presentará dificultades reales: además de que toda estruc­
V III

O R IG E N D E L U N IV E R S O

El problema del origen del Universo debe delimitarse cuidadosamente


para no confundir el significado que la palabra «origen» tiene en el con­
texto científico y en el ámbito filosófico. Intimamente unida a la cues­
tión de origen está también la pregunta acerca de la posible infinitud
espacial y temporal del conjunto material que se describe con esa palabra.
Recordemos que «Universo» debe significar, en este contexto, todo y
sólo aquello que es parte de lo accesible a nuestros experimentos, al menos en
principio, o directamente o por sus efectos en lo obseroable en alguna medida
cuantitativa. No es lícito incluir en su contenido ni otros «universos» que
de ningún modo influyen en la materia que estudiamos, aunque se pos­
tulen como permitidos por soluciones matemáticas formales, ni reali­
dades como el pensamiento que no tienen comprobación cuantitativa ni
son expresables como consecuencia de una de las cuatro interacciones.
Una vez delimitado así el contenido del término, es claro que el Uni­
verso presenta a nuestra observación estructuras de diversos niveles, que
evolucionan como sistemas físicos según leyes que indican la uniformidad
de la materia y su actividad en todo lo conocido. Por tanto es lícito, como
punto de partida, el afirmar la cognoscibilidad de los fenómenos obser­
vables aun a enormes distancias basándonos en lo observable en nuestro
entorno: no se encuentra indicio alguno de la existencia de objetos hechos
de otro tipo de «materia» que tenga propiedades totalmente nuevas y
arbitrariamente distintas. Al contrario: el análisis de la luz emitida por
galaxias a distancias enormes, observada después de miles de millones
de años de su emisión, claramente muestra que los mismos elementos
que usamos en nuestros laboratorios han producido las mismas energías
de acuerdo con las mismas leyes físicas.
116 METAFÍSICA DE LA MATERIA ORIGEN DEL UNIVERSO ir

El siguiente paso se enuncia como necesario para el trabajo científico definitiva que una evolución futura parecía impensable. El relato bíblico
sobre la totalidad del Universo: asumimos que el entorno accesible a nuestra del Génesis utiliza una descripción semejante, aunque afirmando clara­
observación es representativo de todo lo que existe. No nos encontram os en mente la total independencia de Dios con respecto a la materia y su con­
un rincón peculiar, porque no hay — al menos en grandes escalas— rinco­ trol completo sobre ella.
nes m ás peculiares que los demás. Esta homogeneidad del Universo va Contrapuesta a la infinitud temporal (eternidad) se aceptaba la fm itu d
unida a su «isotropía»: no hay direcciones especiales. Por tanto, cualquier espacial y se intentaba resolver el problema de sus lím ites con alguna
observador, dondequiera que se encuentre, debe obtener una imagen igual esfera imaginaria que encerraba todo lo observable, tal vez con un espa­
del Universo que le rodea dentro de su radio de acción. Este «Principio cio vacío sin límite a su alrededor. Sin una idea clara de fuerzas y estruc­
Cosmológico» es metodológicamente conveniente y aun necesario, si bien turas cósmicas, parecía aceptable un Universo finito, limitado y estático.
no estrictam ente demostrable, pero se apoya en la observación de zonas Pero ya Newton se vio obligado a admitir que una masa finita, som eti­
amplias del cielo en todas las direcciones, que siem pre m uestran las da a fuerzas gravitatorias en un Universo estático, llevaría a una con­
mismas estructuras y componentes. Como consecuencia se exige que el tracción catastrófica hacia el centro de masa. Esto le llevó a suponer una
Universo no tenga «bordes»: de tenerlos, las zonas límite serían distintas masa infinita, sin centro ni bordes, evitando así el colapso hacia un punto
de las centrales en el panorama observable en direcciones opuestas. concreto.
Si a lo dicho se añade la hipótesis de que el Universo debe ser igual Por otra parte, según la Ley de Gravitación propuesta por el mismo
para todo observador también en todo tiempo, tenemos el llamado (por Newton, una masa infinita daría lugar a un potencial infinito en cada
sus proponentes) «Principio Cosmológico Perfecto», que niega todo límite punto, con lo cual no podría haber las diferencias de potencial necesarias
temporal y toda evolución de conjunto, aunque admita la evolución local para que existan fuerzas gravitatorias netas. Tampoco sería estable la
de sistemas de tamaño reducido en comparación con la totalidad, como distribución de masas: aun con infinitas masas en todas direcciones, las
serían estrellas y aun galaxias enteras. Este punto de vista necesariamen­ concentraciones locales o desequilibrios transitorios llevarían al colapso
te niega un comienzo o un fin del Universo: debe ser eterno e inmutable a por lo menos en ámbitos parciales. No es posible afirmar la validez de
pesar de todos los procesos locales de cambio, que incluyen la formación las leyes físicas y admitir un Universo estático simultáneamente.
y muerte de estrellas en tiempos físicamente calculables. La consideración física de las estrellas como sistemas finitos produc­
Las consecuencias físicas de aceptar sim ultáneam ente las afirm acio­ tores de energía también presentaba una doble paradoja: un número infi­
nes de cada Principio Cosmológico deben formar la base de un raciocinio nito de estrellas, homogéneamente distribuidas por el espacio, y de dura­
que tiene implicaciones filosóficas importantes con respecto a la estruc­ ción ilimitada, debía producir una bóveda celeste tan brillante de noche
tura total del cosmos, su origen y su evolución futura. No es suficiente como la misma superficie del Sol (paradoja de Olbers). Y no era posible
proponer hipótesis más o menos plausibles pero sin base experimental: tampoco admitir que un sistema finito mantuviese la producción de ener­
lo que el Universo es hoy depende de lo que fue en el pasado, y su futu­ gía indefinidamente; en realidad, hasta el descubrimiento de la energía
ro depende también de las condiciones actuales y del proceder de la nuclear, las reacciones químicas solamente podían explicar para las estre­
materia según las leyes físicas que lo rigen. llas una duración máxima de unos millones de años, claramente inferior
a las edades geológicas que indican la existencia de vida en la Tierra (con
exigencia de radiación solar) durante miles de millones de años.
DESARROLLO HISTÓRICO En 1916 Einstein propuso en su Teoría General de la Relatividad un
modelo de Universo fin ito pero ilimitado, y en expansión o contracción,
Los sistemas filosóficos más antiguos, sin datos científicos en que apo­ no estático. En términos geométricos se describe el espacio observable tri­
yarse, admitían una existencia eterna para la materia, al menos en un esta­ dimensional como la cuasi-superficie de una hiperesfera de 4 dimensiones,
do caótico. La acción de dioses (nacidos de esa misma materia) produciría que tiene volumen finito pero no presenta bordes, cum pliendo el princi­
por etapas diversas las estructuras hoy existentes, tal vez en forma ya tan pio de homogeneidad espacial, aunque evoluciona en el tiempo. Es, en
118
m e t a f ís ic a d e la m a t e r ia ORIGEN DEL UNIVERSO 119

una dim ensión más, un m odelo análogo al de la Tierra esférica, con su­ Con diversas formulaciones matemáticas y diversos «m odelos» de
perficie finita, pero sin límites o bordes, por tratarse de una superficie evolución, esta hipótesis se ha ido afianzando cada vez más, a pesar de
curva cerrada. que muchos cosmólogos se resistían a aceptar un «comienzo» total del
Porque los datos experim entales de su tiempo no apoyaban este Universo que implica preguntas meta-físicas acerca de la razón de su
modelo, Einstein introdujo una fuerza repulsiva hipotética («Constante existencia. Por tal actitud y por dificultades originales de compaginar
Cosmológica») cuyo papel sería el contrarrestar a la gravedad a grandes edades con cálculos de evolución estelar, Hoyle, Bondi y Gold propu­
distancias, para permitir un Universo estático. Pronto se demostró mate­ sieron en 1948 su Teoría del Estado Estacionario o de la Creación Continua,
m áticamente (por Friedman) que aun así, el equilibrio estático era ines­ basada en el Principio Cosmológico Perfecto, que aceptaba la expansión
table, y que cualquier perturbación en la distribución de masas debería pero sin cambio de densidad, por mantenerse ésta constante gracias a la
llevar a la expansión o contracción. aparición espontánea de nueva materia que compensa el aum ento de
El refrendo experimental a las ideas originales de Einstein lo aportó volumen.
el descubrimiento de Hubble, a fines de la década de 1920-30, de que Tanto desde el punto de vista físico como filosófico, ambas alternati­
todas las galaxias fuera del «Grupo Local» muestran un efecto Doppler vas exigen un comienzo de materia (creación), bien en un solo acto en el
en su espectro que tiene una interpretación obvia como indicativo de una pasado, bien en multitud de actos en forma continua a través del tiempo.
velocidad de alejam iento proporcional a su distancia del observador. Pero en este segundo caso, el Universo como totalidad podría ser eterno,
Unido al postulado de hom ogeneidad del Universo, este alejam iento al menos en cuanto los datos experim entales no serían prueba de un
implica una expansión uniforme del espacio, que arrastra consigo a las comienzo.
galaxias, de forma que ninguna es el centro. Las galaxias se comportan
como motas de polvo en la superficie de un globo que se hincha: desde
cada una se observaría por igual que todas las demás se alejan, tanto DATOS EXPERIMENTALES
más rápidamente cuanto mayor es su distancia original.
Esta interpretación lleva consigo, claramente, el afirm ar que las etapas La comprobación experimental que permite distinguir entre el mo­
anteriores del Universo eran de m ayor densidad y temperatura, con volu­ delo estático y el evolutivo se concreta en tres predicciones opuestas.
men cada vez menor según vamos hacia el pasado. Cuando toda la masa Según el modelo de Creación Continua:
se encontrase arbitrariamente próxima a volumen cero, y a temperatura
— No hubo una fase primitiva de alta temperatura y densidad; el espacio
y densidad también elevada en proporción inversa, tendríam os un co­ debe contener solamente radiación atribuible a las estrellas.
mienzo explosivo de la expansión. Esto es lo que se indica con el nombre
— La abundancia relativa de los diversos elementos debe explicarse sola­
de la «Gran Explosión», o «Big Bang», con el nombre inglés que ya se ha mente en términos de evolución estelar: no hubo una etapa de síntesis
hecho común.
nuclear previa a las estrellas.
Es posible, determinando numéricamente la relación velocidad-dis­ — No debe encontrarse ningún tipo de objeto astronómico en el pasado
tancia (constante de Hubble), el asignar una edad al Universo desde ese lejano (visible a gran distancia) que no se encuentre igualmente en el
comienzo explosivo. Todavía hay una incertidum bre entre valores de 55 presente (visible en nuestro entorno cercano).
kms y 100 kms por segundo por cada m illón de parsecs de distancia
(parsec=3.26 años-luz), que corresponden a edades entre 20 y 10 eones Las predicciones son exactamente opuestas para el m odelo evolutivo
(eón = 1000 millones de años). Medidas recientes, sobre todo con obser­ del Big Bang.
vaciones realizadas desde órbita terrestre (Telescopio Hubble) han redu­ En 1965 Penzias y Wilson detectaron una radiación de fondo, en forma
cido el margen de error hacia un valor aproxim ado de 70 km por segun­ de ondas de radio, que llena todo el espacio con ondas correspondientes
do por millón de parsecs y una edad desde el Big Bang de 14 eones a una temperatura de 3 Kelvin (grados medidos a partir del cero abso­
aproximadamente. luto), tal como se esperaba del Big Bang. La abundancia de Helio en
120 METAFÍSICA DE LA MATERIA ORIGEN DEL UNIVERSO 12 1

estrellas jóvenes y muy antiguas resultó ser casi idéntica, demostrando Al afirmar que el Universo tuvo un comienzo, la Cosmología cientí­
así que ese Helio no era producto de la evolución estelar, sino de una fica nos dice que la aplicación de las leyes físicas a etapas previas del
fase de alta temperatura previa a la formación de estrellas. La misma Universo lleva a unas condiciones extremas, en donde no podem os a-
proporción de Helio se encontró igualm ente en nubes intergalácticas, vanzar con seguridad aplicando nuestros conocimientos actuales. Pare­
donde no ha habido estrellas. Y el Deuterio (hidrógeno pesado), que no ce fundada la descripción de procesos físicos a partir de la primera m illo­
se forma sino que se destruye en las estrellas, existe también en la pro­ nésima de segundo; tal vez sería posible hablar de cuando la materia
porción esperada según la física de la Gran Explosión. Finalm ente, el había existido solamente una billonésima de segundo. Pero el deseo de
descubrimiento de quasares a gran distancia, pero no en las zonas rela­ descubrir el estado más primitivo posible del Universo nos em puja hacia
tivamente cercanas del espacio, indicó claram ente una evolución del un tiempo cero, con consecuencias absurdas: llegará la densidad a valo­
Universo, pasando por diversas fases con procesos distintos en cada res infinitos y también la temperatura, negando la posible aplicación de
etapa. nuestras ecuaciones en una situación de «singularidad».
Por estas pruebas experimentales, corroboradas más y más en años Físicamente puede evitarse tal situación si se acepta la aplicabilidad
recientes, puede decirse, en palabras de Yakov Zeldovich, que la Teoría del espacio mínimo y el tiempo mínimo de Planck: nunca habría un radio
de la Gran Explosión «es parte tan firm e de la ciencia moderna como puede cero para la materia, ni un tiempo cero. Debemos también hacer notar
serlo la Mecánica de Neivton»: no hay una alternativa científica. Es inelu­ que todo proceso físico exige algún tiempo para ocurrir: en un tiempo
dible admitir que el Universo ha tenido un comienzo de alta densidad y estrictamente cero no ocurre nada, ni es posible, por tanto, hablar de evo­
temperatura, y que evoluciona. Otros detalles son cuestionables física­ lución.
mente, pero no tienen importancia filosófica. Desde un punto de vista esclusivamente m atem ático, Stephen
Hawking ha desarrollado una solución de las ecuaciones que describen
al Universo que no lleva a una singularidad ni en su comienzo ni en los
CONDICIONES INICIALES agujeros negros, incluyendo el que se produciría en un colapso total. Para
ello, hace uso de una variable —«tiempo imaginario»— que es equivalente
Todavía se han dado intentos, más o menos elaborados, de negar un a negar un comienzo. Sin embargo, Hawking mismo concede que en el
comienzo postulando una fase previa, de contracción, de duración ilimi­ tiempo real sí hubo un comienzo, y esto es lo único que puede tomarse en
tada («infinita»). Al darse las condiciones de altísima temperatura y den­ cuenta al hablar de la evolución del Universo real. No es extraño que una
sidad del Big Bang, toda huella de esa hipotética fase anterior quedaría ecuación nos ofrezca soluciones formales, sin contenido, al mismo tiempo
destruida, y nos sería siem pre im posible el saber nada de ella. En un que otras que describen fenómenos físicos, y la selección se hace aplican­
«Universo cíclico» se afirma su eternidad por fases alternas de contrac­ do la lógica del mundo real.
ción y expansión, sin un verdadero comienzo ni final. El afán científico de buscar las condiciones más primitivas posibles, que
Estas teorías deben juzgarse por su valor dentro de la metodología cientí­ es el significado de buscar un «comienzo», se manifiesta actualm ente en
fica, pues se proponen como tales. Con este criterio, debe decirse que no los esfuerzos de conseguir una síntesis de todas las interacciones de la
tiene valor alguno una hipótesis no verificable, como la de la contracción materia, que se mostrarían como una fuerza única en las condiciones de
previa en un tiempo infinito. Ni es físicamente afirmable tal proceso: en máxima densidad y temperatura de los momentos próximos al tiempo
un tiempo infinito en el pasado: la densidad sería cero, y a partir de cero de Planck. No es posible en esta asignatura el detallar las diversas Teorías
no puede darse contracción. Se hace necesario afirm ar valor no-cero en de Gran Unificación, que se elaboran desde diversos puntos de vista y
un tiempo fin ito, con lo que llegam os una vez m ás a un com ienzo. La predicen nuevas partículas o formas de materia sin comprobación expe­
hipótesis del Universo cíclico tiene, además, obstáculos insuperables, rimental hasta la fecha, incluyendo «defectos del espacio», como las llama­
tanto teóricos como experimentales, según veremos al hablar del fin del das «cuerdas cósmicas» (volúmenes de spacio vacío con diversas propie­
Universo. dades, geométricas y una densidad de energía que aparece como masa
12 2 METAFISICA DE LA MATERIA
ORIGEN DEL UNIVERSO 123

gravitatoria). Los datos más recientes de la distribución de la radiación


sobrepasa por completo los esquemas físicos, y que ni siquiera aparece,
de fondo, medida por el satélite COBE, nos indican que se confirma clara­
con certeza, en los filósofos más eminentes de la antigüedad, como ya
m ente la existencia del Big Bang, pero que no reciben apoyo las hipóte­
se ha indicado.
sis de defectos espaciales.
Los cambios más o menos profundos, en la estructura de la materia
Gran parte de los intentos de conseguir una descripción del comien­
ya existente, se producen por la aplicación de energías cada vez más
zo físico del Universo se origina en el deseo de evitar la indicación exac­
elevadas al acercamos más a su esencia íntima, hasta el punto que nin­
ta de su estado en el primer momento: las «condiciones iniciales». Se quiere
gún acelerador de partículas pensable nos permitiría, por ejem plo, de­
que toda posible condición inicial sea igualm ente válida para llegar, por
mostrar directamente la «Superfuerza» de las Teorías de Gran Unificación.
evolución calculable, al estado actual. De esta manera no habría nada
En un sentido analógico, casi metafórico, podríamos concluir que para
especificado más o menos arbitrariam ente para justificar lo que hoy se
que la materia comience a existir totalmente se requiere una energía
observa, y no sería este Universo algo «especial» dentro del infinito abani­ estrictamente infinita. Pero no de orden físico, porque éste presupone la
co de posibilidades.
materia; necesitamos un agente no material, de infinito Poder: un Creador.
Es claro, sin embargo, que este proceder es ilusorio: ningún sistema Sólo así podemos dar una razón suficiente de que ALGO material
físico puede describirse en su evolución sino a partir de condiciones iniciales exista, no como transformación de una realidad ya existente, sino como
concretas, y por la aplicación de le\/es existentes como resultado de propiedades totalmente nuevo, sin origen físico. Esto es así tanto si se trata de una
también concretas de la materia. Aun en los esfuerzos de dar una descrip­ creación de toda la realidad material en un solo acto, o si hablamos de la
ción completamente general del comienzo, es preciso aceptar una materia creación de un solo átomo de hidrógeno (Hoyle) en la teoría del Estado
regida por las cuatro interacciones, con relaciones determ inadas entre Estacionario. No se evita el comienzo radical de la materia por esparcir
sus diversas intensidades y radio de acción, con valores de densidad v tal comienzo a través del espacio-tiempo.
temperatura que condicionan su unidad o diversificación. Si no se afirma Pero el concepto de creación no depende de un comienzo en el tiempo.
NADA como punto de partida, no puede deducirse nada. Todo lo que no tiene en sí mismo la razón suficiente de existir debe reci­
bir de otro la existencia, aunque esta existencia no estuviese ligada a un
tiempo determinado. En términos filosóficos, lo que es contingente, exige
CONSIDERACIONES FILOSÓFICAS una causa que, últimamente, tiene que ser necesaria por su misma esen­
cia, para no caer en una cadena infinita de causas intermedias, todas las
Así llegamos, con estas consideraciones previas, a la pregunta más cuales son insuficientes para explicar lo que se busca mientras sean aún
estrictamente filosófica, expresada por J.A. W heeler con la frase: «¿Por contingentes.
qué existe algo, en lugar de nada?». ¿Cuál es la razón última de que exista ¿Qué significa la contingencia, y cómo se percibe? El ser contingente
la materia, y de que exista así, con las propiedades que tiene? No puede podría no existir, porque su esencia no exige la existencia de un modo único.
dar una respuesta ningún tipo de ecuación o cálculo cuantitativo: no se V esta falta de necesidad lógica se muestra en el hecho de la mutabilidad:
trata de una pregunta «científica» en el sentido restringido del término. lo que cambia, puede ser de diversas maneras, con lo cual m uestra clara­
El primer paso hacia la respuesta puede tom ar como punto de partida mente que su modo de existir no está determinado por la esencia. Pero
el comienzo temporal del Universo: se afirm a un paso de NADA a su si no puede existir sino con un modo concreto de hacerlo, y éste no fluye
existencia. En el modo de hablar de la Relatividad, con Espacio y Tiem­ de su mismo SER, debe determinarse por algo extrínseco el que exista de
po como atributos de la materia, no es posible ni siquiera postular un tal modo, y que EXISTA simplemente. Brevemente: lo que es mudable es
espacio vacío (Newtoniano) que existiese previam ente para que en él contingente, y todo ser contingente exige como causa suficiente última un ser
apareciese la materia o energía más primitiva. Este paso, de la NADA necesario.
más absoluta a la existencia de la materia en todas sus formas, solamente Que la materia es esencialmente mudable no es discutible: toda acti­
nos es posible describirlo con la palabra «Creación»: un concepto que vidad, interacción, por la cual solamente podemos definir a la materia,
124 METAFÍSICA DE LA MATERIA ORIGEN DEL UNIVERSO 125

im plica y produce cambio. Así llegam os a la afirm ación del Universo Autores que quieren evitar las consecuencias filosófico-teológicas que
com o contingente, y, por tanto, creado, porque tiene que recibir su exis­
hemos descrito acuden a hipótesis de una «creación» equívoca, sin Crea­
tencia de un Ser no material. Tal afirmación es independiente del tiem­
dor, en que el Universo aparece espontáneamente por una fluctuación
po, y es igualmente aplicable aun en el caso hipotético de un Universo cuántica del espacio vacío, como se acepta que aparecen pares de partículas
eterno. Por eso es poco profunda, y falta de contenido filosófico, la afir­ y antipartículas, al menos «virtuales». A esto se añade frecuentemente la
m ación de Hawking al decir que si el Universo no tuvo comienzo, no es afirmación de que en un tiempo indefinidamente amplio todas las posibi­
necesario exigir un Creador.
lidades se realizan de hecho, y así no es necesario explicar el que este
Todavía es posible ahondar más en el concepto de contingencia desde Universo tenga tales características concretas: es uno de una multitud
el punto de vista de las condiciones iniciales. El acto de creación, porque infinita en que se dan todas las variaciones de parámetros posibles.
determina a un ser que puede tener toda una variedad de m odos de Este razonamiento se basa en una afirmación implícita equivocada,
existir, ha de determinar todas las propiedades con las cuales de hecho pues da por aceptada la existencia (sin explicación alguna) de un vacío
comienza. No es posible decir «Hágase el Universo» y que éste comience físico que ya hemos visto repetidamente ES materia, y que tiene deter­
a existir con tal cantidad de materia y no otra, con tal temperatura y no minadas propiedades y leyes que se invocan para afirmar la aparición
otra, con tales fuerzas y características y no otras: no hay razón suficiente de los pares de partículas. El equiparar la NADA a ese vacío, para decir
para ello en un acto creativo «en general». luego que el Universo aparece espontáneamente de la nada, es un juego
Como dice Wheeler: «mutabilidad implica ajustabilidad; el Universo tuvo de palabras totalmente equívoco. Tan difícil es explicar la existencia de
que ser ajustado en su prim er momento para comenzar con las propie­ ese vacío físico con sus energías y sus modos concretos de actuar como
dades correctas para dar lugar a la vida inteligente». Aun sin incluir esta puede serlo el explicar que las partículas se produzcan independiente­
última afirmación como parte del raciocinio, la necesidad de una elección mente de él.
de propiedades entre el abanico ilim itado de posibilidades se sigue lógi­ Tampoco es metodológicamente correcto el afirmar, sin prueba ni
camente de lo que es el acto creativo de algo que por sí mismo es NADA. posible comprobación, que se dan infinitos universos con todas las pro­
piedades posibles. Es un subterfugio comparable al de pedir que se den
CREACIÓN - ¿AZAR? realmente todos los valores posibles en una tirada de dados, para que
las probabilidades que indica el cálculo matemático se realicen, cada una
También es posible argüir que la elección de parámetros iniciales a en un universo distinto.
partir de un número ilimitado de posibilidades exige un conocimiento de
todas esas posibilidades, y una razón para elegir una concreta para reali­
¿INFINITUD ESPACIAL?
zarla. Así se llega a la afirmación de una inteligencia infinita, que actúa
libremente (un ser personal) con un fin para crear: todo el que actúa Para terminar este tema, debemos volver a tratar de la posibilidad de
inteligentemente lo hace con alguna finalidad. No tiene sentido hablar dimensiones de valor infinito dentro del Universo real. Ya hemos indi­
de un «Creador no-personal» ni de una «naturaleza» personificada en senti­ cado las paradojas físicas que se siguen de postular una masa infinita
do metafórico, que termina siendo el m ism o universo m aterial cuyo junto con una duración infinita en el pasado. Prescindiendo de ésta, cabe
origen se busca. Ni puede ser la creación el resultado de un «azar» sin solucionar la paradoja de Olbers, e incluso la paradoja gravitatoria, afir­
contenido real, ni en el hecho mismo de comenzar a existir ni en la deter­ mando que el Universo no ha dado tiempo suficiente para que la luz o
minación de condiciones y parámetros iniciales. El azar, como se expli­ la fuerza gravitatoria de las regiones más distantes haya viajado hasta
có al tratar de las leyes físicas, no es una forma de la m ateria, ni una un observador. Y se aduce como consecuencia necesaria de la falta de
fuerza, ni un agente al que pueda atribuirse un fenómeno: no tiene otro masa crítica en un Universo Einsteniano el que sea espacialmente infinito,
contenido que el negar relaciones reales de influjo mutuo entre hechos por tener curvatura negativa o nula correspondiente a superficies que no
que se quieren considerar conjuntamente. se cierran sobre sí mismas.
126
ME TAFÍ SI CA DI I \ M A l l Ki \ ORIGEN DEL UNIVERSO 127

Estas representaciones geom étricas no son sino explicaciones intui­ pesados. Todos estos, hasta el hierro inclusive, son el resultado normal
tivas de lo que significan técnicamente los térm inos utilizados. Pero su de reacciones nucleares durante la evolución de estrellas de gran masa,
única consecuencia dem ostrable es la expansión de algo finito hacia un que luego explotan y permiten durante breves m inutos la síntesis de
tamaño indefinidam ente creciente (curvatura negativa), o hacia un tama­ otros átomos desde el hierro hasta el uranio (que son mucho menos
ño m áximo al que se acerca el Universo asintóticam ente, sin alcanzarlo abundantes). De todos estos materiales se forman nuevas estrellas, tal
nunca en un tiempo finito (curvatura nula, geometría plana). Lo que «s vez acompañadas de planetas; el Sol y su familia de planetas y satélites
realmente infinito no puede crecer en modo alguno.
se condensaron hace casi 5 eones a partir de una nube cósmica ya enri­
Es conveniente repetir una vez m ás el principio m etodológico de que quecida con los productos de dos o más generaciones previas de estre­
solam ente debem os afirm ar lo que es exp erim en taba, y ningún experi­ llas en nuestra zona de la Vía Láctea. Procesos semejantes se han detec­
m ento — o cálculo apoyado en datos experim entales— puede llevar a tado, al menos como discos de gas y polvo, alrededor de otras estrellas
valores infinitos de ningún parámetro físico. Al contrario: el que aparezcan relativamente cercanas y de reciente formación.
infinitudes en una teoría es indicio suficiente de su falta de aplicabilidad El juego de fuerzas en la nube solar, con el predominio local de la
al universo real, como lo m uestran claram ente los esfuerzos ya men­ condensación gravitatoria o de la expansión resultante de la temperatura
cionados por evitar cualquier situación de «singularidad». Si som os con­ y la presión de gases expulsados por el Sol primitivo, determinaron la
secuentes con la exactitud exigida en el lenguaje científico, el término composición de los planetas y sus propiedades físicas como función de
«infinito» debe dejar de utilizarse: solam ente puede hablarse de un creci­ la distancia al Sol. Y aunque no podemos demostrar cuantitativamente
miento ilimitado de alguna propiedad medible, en procesos que no tienen cómo se formó cada planeta, sus diferencias cualitativas reciben una
una razón de cesar en su aplicación (por ejem plo, la contracción de la explicación satisfactoria por procesos físicos conocidos.
materia que cae en un agujero negro). Queda, sin embargo, la pregunta más profunda acerca de toda esta
evolución cósmica en su relación a la formación de la Tierra como morada
EVOLUCIÓN HASTA EL PRESENTE de la vida, y del Hombre concretamente. De esto trataremos en el tema
siguiente.
La evolución del Universo a partir de su creación ha dado lugar, por
etapas aún no bien comprendidas, a la formación de galaxias en cúmulos
y supercúmulos, con generaciones de estrellas que se han sucedido du­
rante unos 10 a 15 eones. Se calcula el núm ero de galaxias observables
en unos 100 mil m illones, con un núm ero sem ejante de estrellas en cada
galaxia. Y se llega a decir que el núm ero de partículas elem entales en el
Universo sería del orden de 10*°, con una masa total de 1053 gramos.
Estas cifras, naturalmente, se refieren al Universo observable, extrapo­
lando su densidad a todo el volumen alcanzable por nuestros instru­
mentos. Cabe la posibilidad de que haya todavía regiones más distantes
que lleguen a conocerse con nuevas técnicas, aunque los m edios hoy
utilizados serían capaces de detectar quasares a distancias m ayores. Pero
se daría un limite impuesto por el tiempo necesario para que la luz reco­
rra distancias ya tan grandes que la edad del Universo podría ser insufi­
ciente para el viaje.
A partir de la nube de H y He de la Gran Explosión, se formaron
galaxias y estrellas que con su evolución produjeron los elem entos más
IX
F U T U R O D E L U N IV E R S O

Como todo sistema físico en evolución, el Universo permite calcular


sus propiedades futuras a partir de las condiciones actuales y de las leyes
físicas aplicables a la materia. Esto no tiene especial importancia desde
el punto de vista filosófico, sino en cuanto tal evolución puede llevar a
un fin o término su misma existencia o la existencia de realidades que
dependen de un estado particular de organización de la materia, como
son los vivientes, incluido el Hombre.
Por la transformación del Sol en Gigante Roja, debida al agotamiento
del Hidrógeno en su núcleo, la Tierra sufrirá un aumento progresivo de
temperatura que puede hacerla inadecuada para la vida en unos 500
millones de años, un tiempo comparable al que han tenido hasta el pre­
sente los organismos pluricelulares. Otros planetas más alejados del Sol
serían durante algún tiempo posiblemente habitables, pero todo el siste­
ma solar está llamado a sufrir cambios drásticos que terminarán con el
apagarse del Sol dentro de unos 5 eones más.
Otras estrellas evolucionarán de manera semejante, mientras el Uni­
verso prosigue su expansión. En todos los procesos físicos se da una
conversión de diversas energías en energía térmica irrecuperable, con el
consiguiente aumento global de «entropía», medida del desorden o de
la energía degradada y no recuperable para realizar nuevos procesos de
estructuración de la materia.
130
METAFÍSICA DE LA MATERIA FUTURO DEL UNIVERSO 13 1

ALTERN A TIV A S: EXPAN SIÓN - CON TRACCIÓN casi el 90% del total: lo que es observable sería como una espuma de algo
mucho más masivo y determinante del comportamiento del Universo.
D esde el punto de vista de la Cosm ología científica, el futuro del Se han propuesto como componentes de la masa que falta neutrinos con
Universo debe discutirse en términos de su expansión, que nos presen­ masa, «defectos» causados en la misma estructura del espacio por «cam­
ta con dos posibilidades: o bien la velocidad de expansión es suficiente bios de fase» en los primeros instantes, y partículas hipotéticas.
para que la gravedad nunca frene por completo el alejam iento mutuo Todas estas opciones son indiferentes filosóficamente: en ningún caso
de los cúm ulos de galaxias, o la expansión cesará para dar lugar a una se sugiere que la masa deba superar a la crítica, con lo que la predicción
fase de contracción, que debe llevar a toda la m ateria del Universo a del futuro del Universo sigue siendo su expansión nunca totalm ente
concentrarse en un solo punto. Cada una de estas alternativas puede, frenada, en concordancia también con todos los datos experim entales
teóricamente, ram ificarse con detalles más o menos acordes con las leyes obtenidos hasta el presente. El posible descubrimiento reciente de un
de la física o con suposiciones varias. aumento de velocidad en la expansión como función del tiempo (atribui­
El factor determinante de la evolución futura es la relación entre la do a la Constante Cosmológica de Einstein) haría aún más definitiva la
velocidad de alejam iento como función de la distancia (constante de predicción de un Universo abierto.
Hubble), y la densidad del Universo (que determina la atracción gravi- Sin embargo, por razones de preferencia teórica y filosófica, hay auto­
tatoria que causa una deceleración o frenado progresivo del movimiento res que insisten en afirmar que el Universo tendrá masa superior a la críti­
de las galaxias). N inguno de estos parám etros es conocido con suficiente ca, y que su expansión se convertirá en contracción y colapso, que, gene­
exactitud para obtener una predicción cierta del comportam iento futuro. ralmente, se afirma también será seguido de otra Gran Explosión en una
Ya se ha indicado que el valor de la constante de Hubble se debate serie eterna de ciclos. Así se quiere evitar el problema del origen (como
todavía con opiniones y medidas que la hacen oscilar entre 55 y 100 kms/ ya hemos indicado) y de un fin de desintegración total que parece dema­
s/Mpc. La densidad inferida de la m ateria visible es solam ente una déci­ siado pesimista y sin sentido.
ma parte de la que se obtiene de los movimientos de estrellas en el campo Debemos admitir el carácter provisional de nuestras medidas: siempre
gravitatorio de una galaxia, o de las galaxias individuales en los cúmu­ cabe la posibilidad de que se descubran nuevas formas de materia y de
los. Es necesario aceptar la existencia de gran cantidad de «materia oscura•> que nuevas teorías exijan una densidad mayor que la crítica. Pero aun
no directamente detectable y de composición desconocida. Lo mismo se en tal caso, las leyes conocidas de la Física nos llevan a predecir que el
deduce de las irregularidades de la radiación cósm ica encontradas por colapso de las galaxias en la fase de contracción dará lugar a un gigantes­
el satélite COBE: exigen materia oscura para dar lugar a la formación de co agujero negro, del cual ninguna ley permite que baya un rebote explosivo.
galaxias y cúmulos en el tiempo que media entre el Big Bang y la apari­ No se da una vez más la situación del Big Bang: en éste, era el espacio
ción de los quasares más primitivos. mismo el que se expandía, llevando consigo a la energía y las partículas
Aun con esa masa adicional inferida por cálculos gravitatorios, la de la nube incandescente primitiva. No había un espacio circundante,
densidad del Universo solam ente sería, como m áxim o, un 20% de la dentro del cual pudiese formarse el horizonte de sucesos de un agujero
densidad crítica, que produce una expansión indefinida hacia un tamaño negro.
límite que nunca se alcanza. Tal densidad (de unos tres átom os de H por En cambio, al final de un colapso de todas las galaxias, sí se formaría
metro cúbico) corresponde al m odelo geom étrico de espacio «plano», ese horizonte de sucesos, separando el volumen donde se contrajeron
mientras que la densidad menor de nuestros datos experim entales lleva las galaxias de un espacio exterior donde todavía se darían energías y
a predecir una expansión a tamaño siempre creciente sin lím ite, en un partículas no arrastradas por las fuerzas gravitatorias que frenaron a las
espacio también «abierto» pero de curvatura negativa. galaxias. En tal situación, los límites impuestos por la Teoría de la Rela­
Teorías actuales de unificación de fuerzas y de un Big Bang inflacio­ tividad a las trayectorias de masa y de luz dentro del radio de Schwarz-
nario exigen que la densidad real sea exactam ente igual a la crítica, para schild siguen siendo válidas; no puede darse una erupción de materia
lo cual sería preciso que existiese una cantidad de masa desconocida de para un nuevo Big Bang.
132 METAFÍSICA DE LA MATERIA
FUTURO DEL UNIVERSO 133
Todavía se insiste en que no sabem os cómo se com portaría la m ate­
Así llegamos, desde los datos de la Astrofísica, a una pregunta sobre
ria en un colapso total como el descrito, y que puede haber nuevos fenó­
la finalidad del Universo, desde su origen (para buscar la razón de que
m enos o leyes que den lugar a un Universo cíclico, que se renueve inde­
tenga las características que tiene), hasta su fin, para buscar una respues­
finidam ente, sin que se dé nunca un verdadero principio ni un fin de su
ta a su aparente futilidad. Como pregunta sobre un aspecto no medible,
existencia y actividad. Si se admite como hipótesis tal sucesión de ciclos
ni sujeto a comprobación experimental, debe tratarse filosóficam ente en
todavía es necesario aplicar las leyes físicas a sus parám etros, y el resul­ la meta-física.
tado niega la infinitud que se intenta justificar.
Diversos autores (Cárter, Gale, Wheeler...) han insistido en años re-
En cada ciclo, la evolución de las estrellas transforma masa en ener­ dentes sobre el finísimo ajuste de propiedades iniciales del Universo,
gía, y ésta no sufre el colapso en la fase de contracción, por tener una necesario para que en él se haya podido dar la vida inteligente. Este es
velocidad mayor (c, la velocidad constante de la luz) que la de alejam ien­ el significado del «Principio Antrópico», en sus diversas formulaciones.
to de las galaxias. Por tanto, cada ciclo tendrá una m ayor razón de ener­ En su forma más restringida, el Principio Antrópico Débil es casi tau­
gía a masa, llevando a una m ayor duración del ciclo, según cálculos ya tológico: ya que la vida inteligente existe, el Universo tiene que tener las
presentados por Tolman hace casi 70 años. Com o consecuencia, solam en­ condiciones que la hacen posible. Es solamente la constatación de un
te es compatible con el valor actual de la entropía un número fin ito de ciclo> hecho, pero sin dar una razón de que ocurra así. No añade nada a nuestra
en el pasado, y el Universo terminaría con un ciclo incom pleto de tal concepción del Universo, ni tiene contenido estrictamente filosófico, aun­
equilibrio entre energía y masa que su volumen crecería asinfóticam ente que subraya algo importante: solam ente un conjunto de propiedades
al valor máximo predicho para la densidad crítica. muy específicas permitirán que la vida inteligente exista en un Univer­
Así pues, todo lo que es científicam ente dem ostrable nos indica una so sujeto a leyes físicas coherentes.
evolución del Universo hacia la destrucción de todas las estructuras que El Principio Antrópico Fuerte incluye una afirmación defin alidad ya pre­
hoy observamos: galaxias, estrellas y planetas term inarán com o una sente en el primer instante, por la cual se crea al Universo con las carac­
colección de cuerpos fríos y oscuros en un espacio cada vez más vacío. terísticas necesarias para que su evolución hasta el nivel de vida inteli­
Pero la Física no puede predecir el que la materia cese de existir, como tam­ gente sea posible. La base científica de tal afirmación se halla en el cálculo
poco puede explicar el que com ience; y m ientras la m ateria existe, se de las consecuencias que seguirían a cualquier cambio apreciable en los
dará, como mínimo, la pura actividad cuántica del vad o físico, acercán­ parámetros iniciales: masa total del Universo, valores de las constantes
dose más y más al cero absoluto de tem peratura, sin alcanzarlo nunca. que especifican la intensidad relativa de las diversas interacciones, etc.
Tal afirmación conlleva el aceptar la existencia de espacio y tiempo liga­ En cada caso se arguye que la evolución de la materia así modificada
dos a esa materia, aunque no haya ningún observador que constate sus impediría la formación de estrellas de suficiente duración, o la síntesis
valores, como tampoco lo había en las fases más prim itivas y anteriores de los elementos pesados requeridos para formar un planeta donde la
a la evolución estelar. vida pueda darse y desarrollarse suficientemente, o la existencia de ma-
cromoléculas estables como las que requiere la actividad biológica. Inclu­
so puede añadirse que las propiedades concretas de la Tierra (m asa,
FIN Y FINALIDAD: PRINCIPIO AN TRÓPICO
distancia al Sol, inclinación de su eje de rotación, núcleo de hierro líquido,
Esta «muerte del Universo» produce, lógicamente, una sen sad ón nega­ tectónica de placas, mareas de intensidad suficiente por la presencia de
tiva, de futilidad y de absurdo: ¿qué razón sufíd ente puede darse que la Luna...) son factores muy poco probables en términos astronóm icos,
justifique la existencia y evolución durante tanto tiem po de tantas m ara­ pero de gran importancia para que la vida inteligente se haya desarro­
villas, si todo termina deshadéndose en ese final desolador? N o se res­ llado de hecho.
ponde adecuadamente haciendo notar que la duración futura es toda­ Como consecuencia de tantas variables «ajustadas» con gran precisión
vía incomprensiblemente larga: todo lo que termina es igualm ente pobre y con un margen muy pequeño aceptable de cambio, existe el Hombre
como explicación. (entendido simplemente como «animal racional»).
134 METAFÍSICA DE LA MATERIA f u t u r o d e l u n iv e r s o 135

Así se deduce la finalidad del Universo de los resultados calculables Una vez más es necesario hacer notar que la afirmación de finalidad
de variar apreciablem ente sus parám etros: cualesquiera que sean las no es propiamente parte de la Física, pues no se trata de algo m edible ni
dem ás consecuencias, aparece como denom inador común el que la vida demostrable experimentalmente. Ni siquiera puede incluirse tal finalidad
inteligente no se daría. No es posible dar otra razón suficiente de tal en un cálculo matemático, ni puede usarse el Principio Antrópico como
conjunto de coincidencias sino el que la existencia del Hombre está pre­ base predictiva para nuevos experimentos u observaciones. Por tanto, no
vista y buscada al determinar cómo será el Universo: la vida inteligente estamos ante un principio científico en el sentido normal de la palabra. Esto
es la razón explicativa de que exista y tenga las propiedades que tiene, no quiere decir que sea una afirmación ilegítima o inútil dentro del ám ­
y toda la evolución desde el Big Bang se justifica porque lleva finalmen­ bito filosófico; al contrario, muestra claramente que los científicos son
te a la aparición del Hombre. personas que no se satisfacen con sólo las respuestas al «cómo» de las cosas,
Podríamos usar como ilustración de este argum ento un ejem plo de sino que comparten el deseo universal de saber «por qué» y «para qué».
nuestra tecnología. Si viésemos una fábrica automática que produce toda Partiendo de la afirmación explicada en el tema anterior, acerca de la
clase de objetos, incluyendo ordenadores electrónicos de gran potencia, necesidad de una razón motivadora para toda actividad inteligente, es
podríamos preguntam os qué efecto tendría un cambio en los diversos claro que debe afirmarse que el Creador tuvo que buscar un fin al crear
mandos de la cabina de control. Si el modificar cualquier ajuste tuviese y elegir un conjunto determinado de propiedades para el Universo que
siempre como resultado el que no se produjesen ordenadores ni ningu­ de hecho creó. Tal fin tiene que corresponder a la máxima estructuración
na cosa de complejidad com parable o de funcionam iento equivalente, y máximo nivel de actividad de que es capaz la materia, que ocurre en
tendríamos la certeza de que los ajustes originales estaban hechos para el nivel de inteligencia con base orgánica. Esta es la condición que más
que los ordenadores se produjesen. Es posible negar la fuerza proba ti va estrictamente determina las propiedades iniciales.
del raciocinio en lógica estricta, pero sin duda que el argum ento refleja La exigencia de posibilidad de vida inteligente no significa que tan
la manera de pensar más común y obvia. sólo aquí en la Tierra se haya dado de hecho: más bien es natural pensar
Aun autores que evitan el recurso a un Creador, como Wheeler, se que las condiciones que hicieron posible su existencia en un planeta
ven forzados a buscar un autor de los ajustes iniciales. Proponiendo el permitirán que también aparezca en otros, aunque no tengamos datos
Principio Antrópico «participatorio», aduce como razón de que el Univer­ suficientes sobre planeta alguno fuera del sistema solar. Pero es verdad
so haya comenzado con las características que hicieron posible el futuro que la opinión científica ha evolucionado en los últimos 20 años en el
desarrollo de la vida inteligente el que esta misma inteligencia, como «ob­ sentido de considerar cada vez más difícil el que se haya dado en otros
servador cuántico» hace REAL al Universo, con una especie de influjo no lugares el conjunto de condiciones que se dieron en nuestro planeta, y
especificado hacia el pasado. No puede darse ningún m ecanism o físico que influyeron decisivamente en su habitabilidad y en el desarrollo de
para tal influjo; solamente se afirma que, para ser REAL, cualquier Uni­ la vida hasta el Hombre.
verso debe ser conocido de hecho por algún observador inteligente, Y Solamente, en estudios de meteoritos (recogidos en la Antártida y de
como la selección de condiciones iniciales requiere un agente, se busca composición que indica su procedencia de Marte), se sugiere la existencia
éste no en un Creador om nipotente y conocedor de lo que crea, sino en en ese planeta de microbios hace más de 3.600 m illones de años, sin
un efecto de tipo mágico, inconsciente, del acto de observar a la materia evolución subsiguiente hacia formas más complejas. Y los múltiples siste­
miles de millones de años más tarde. La existencia de este tipo de obser­ mas planetarios descubiertos indirectamente en años recientes alrede­
vador puede '-justificar» la existencia del Universo y su ajuste inicial de dor de estrellas relativamente cercanas todavía no han indicado la exis­
parámetros, pero roza el absurdo el atribuirle la existencia misma de lo tencia de planetas habitables, en parte por la dificultad técnica de detectar
que es previo y necesario para la suya propia: el círculo vicioso es claro. cuerpos de masa comparable a la terrestre, pero también por la presencia
Y no se resuelve la objeción obvia de que la evolución futura de ese de planetas gigantes cerca de la estrella, con efectos incom patibles con
mismo Universo llevará a la destrucción de todas las estructuras, inclui­ la estabilidad orbital de planetas terrestres en la zona de temperaturas
adecuadas.
das las estructuras orgánicas que encierran la inteligencia.
136
METAFÍSICA DE LA Ma TERI.a FUTURO DEL UNIVERSO 137

EL H OM BRE EN EL FUTURO
de ser en el Hombre: la evolución material ha sido necesaria para que
esta nueva realidad exista, y una vez que existe, puede perdurar indefi­
El Principio Antrópico, afirmando la finalidad del Universo que cul­ nidamente porque no es parte de la materia que se desmorona.
m ina en el H om bre, deja todavía sin resolver el gran interrogante de su Cuanto queda dicho no es una prueba convincente de la supervivencia
evolución en el futuro: ¿para qué vale que exista la inteligencia, si todo va a del alma humana, sino una indicación de su posibilidad y de que en tal
destruirse cuando el Universo no tenga condiciones para la vida? Cuanto supervivencia se encontraría una solución para que el Universo no apa­
m ayor es el grado de organización y el nivel de vida que se alcanza, más rezca como absurdo y sin razón suficiente. En tratados de Filosofía del
absurdo parece el que todo se destruya. Tanto en un Universo cíclico Hombre se deben buscar los argumentos más detallados que corroboran
como en una única evolución, carece de sentido el hacer algo maravilloso estas indicaciones.
para luego deshacerlo inútilmente. No es este proceder el que se espera La conexión entre la finalidad del Universo, sus propiedades físicas
de una Inteligencia que crea con infinito poder y con la cuidadosa selec­ y la existencia del Hombre nos ha llevado a consideraciones que exce­
ción de lo que va a existir. den los límites iniciales de esta asignatura, definida como Filosofía de la
Para poder superar este contrasentido no nos basta el considerar la Materia no-viviente. No es posible siempre aislar el hecho de la vida,
futura evolución de la materia, cuyo destino físico no deja lugar a dudas enraizada en la materia y sus interacciones, del estudio de la materia
Pero es posible am pliar nuestra base de inferencias lógicas si tenemos misma; la vida como tal, y especialmente como sede de la consciencia y
en cuenta que en el Hombre aparece un nuevo nivel de actividad que la inteligencia, nos lleva a consideraciones útiles al hablar de los datos
no es reductible a las interacciones de la materia. de nuestras sensaciones, del tiempo, de las relaciones entre leyes físicas
El pensamiento abstracto, la consciencia, la actividad espontánea v y nuestro conocimiento de la realidad extramental. Ya hemos visto que
libre, no son realidades cuantificables ni expresables en térm inos de en diversos problemas se proponen soluciones de sesgo idealista, hacien­
fuerzas y partículas. Se dan en un ser viviente m aterial, y van acom pa­ do depender el estado real de un sistema del hecho de su observación,
ñadas de actividad físico-química a diversos niveles, pero no puede esta­ buscando otros «Universos» para dar realidad a los cálculos de probabi­
blecerse una correlación entre el contenido de un pensam iento o el valor lidades, haciendo depender la misma existencia del Universo observable
ético-moral de una decisión y ningún parám etro material. Por eso es legí­ de una «causalidad hacia el pasado» de nuestra existencia y observación
timo e inevitable el aceptar un nuevo origen para toda esa actividad actual.
específica del Hombre: una realidad no-m aterial que llam am os ><espíritu En todos estos casos se insiste en la inseparabilidad del acto de obser­
humano», o alma. No en el sentido de algo aprisionado en la materia o var y el hecho observado, de modo que el observador se convierte en
yuxtapuesto a ella com o un jin ete sobre su m ontura (dualism o Carte­ «participante» (Wheeler), con una interacción que desdibuja los límites
siano), sino como parte de un todo que m uestra su composición dual por entre objetividad y subjetividad. Y sin embargo, el trabajo científico busca
la diversidad de funciones, con m utuas influencias, pero con resultados constantemente la separación de ambos campos, exigiendo que los resul­
inconfundibles y propios de cada parte. Es la extensión del m odo cientí­ tados sean independientes del observador, sustituyendo al hom bre por
fico de razonar, común a todo argum ento lógico: si los factores de un aparatos automáticos y sin consciencia propia, cuyos resultados se com ­
orden determinado no bastan para una explicación, es necesario admitir prueban mucho más tarde de que haya tenido lugar el experim ento u
que otros factores distintos son responsables de lo que es un hecho inne­ observación. No se inventan nuevas partículas: se descubren. Lo m ismo
gable. es aplicable a todos los nuevos datos astronómicos, sean éstos los paisa­
Una vez que se acepta esta nueva realidad no-m aterial, responsable jes de un satélite de Júpiter o los quasares más lejanos y prim itivos.
de la actividad consciente y libre del Hom bre, queda abierta filosófica­ Cualesquiera que sean las opiniones filosóficas y las afirm aciones más o
mente la posibilidad de su supervivencia aunque la m ateria pierda su menos teóricas y simbólicas de los diversos científicos al hablar de temas
estructuración, o en la muerte individual, o en la destrucción última del difíciles como los mencionados, todo su quehacer real y su com porta­
cosmos Así puede salvarse de la futilidad el Universo que tiene su razón miento práctico es un testimonio constante en favor de la separación enti-
METAFÍSICA DF. LA MATERIA
FUTURO DEL UNIVERSO 139

tativa entre lo subjetivo y lo extram ental; sólo esto se considera objeto


¿INVERSION TEMPORAL?
de la ciencia experim ental estrictam ente dicha.
Es un dato en favor de lo expuesto el constante rechazo por la prác­
Finalmente, al hablar del futuro en un Universo con masa superior a
tica totalidad del mundo científico de todas las afirm aciones de la parap­
la crítica, se dice a veces que se daría una inversión del tiempo durante
sicología acerca de la capacidad de influir en la materia por medios subje­
el período de contracción. Stephen Hawking menciona la expansión
tivos, tanto en la predicción de resultados aleatorios como en la telekinesia
como una de las «flechas del Tiempo» que hacen que el tiempo vaya siem ­
o en la telepatía, con sus im plicaciones de transm isión de señales sin
pre del pasado al futuro, y no al revés (las otras serían: el aumento de
dependencia del espacio o de una onda detectable. No es propio de este
entropía, la desintegración de mesones K, la propagación de ondas elec­
estudio el discutir la posible verificación de tales afirm aciones, pero sí
tromagnéticas, y la memoria del pasado y no del futuro). Sin detenem os
es correcto hacer notar que si se adm ite que el observador puede deter­
en una discusión del valor de estas afirmaciones — muy cuestionables
m inar el estado de un sistema con el acto de observación, no sería lógico
filosóficamente— es posible hacer notar que en un proceso de contrac­
negar, por ejem plo, que el m ismo observador pueda determ inar que
ción sigue siendo verdad que cada momento de mayor densidad es poste­
núm ero de un dado de hecho saldrá en la tirada.
rior al anterior de densidad menor, y qrie sus parámetros son calculables
Volviendo a las im plicaciones del Principio Antrópico para el origen a partir del estado previo: no hay inversión temporal alguna.
del Universo, si reafirm am os la necesidad de una Causa necesaria para Incluso los estados físicos no se repiten en todas las escalas: las ga­
todo lo que es contingente, es claro que el Hom bre, tan contingente y laxias que se aproximan mutuamente tienen ya distinta composición
perecedero, no dará origen al Universo del cual procede, ni podrá deter­ estelar que cuando se separaban; la densidad de radiación en el espacio
minar en modo alguno sus características iniciales. No hay causalidad y su relación a la masa total es también distinta e irreversible; la misma
hacia el pasado (recordemos el cono de luz de M inkow ski), ni se adm ite tal contracción afecta de distinta manera a las masas galácticas y a sus entor­
influjo como explicación para ningún proceso físico aun con respecto a nos, y el estado final tampoco es simétrico con la primera explosión. Es
periodos de tiempo mínimos. físicamente sin sentido el hablar de volver al pasado, tanto en sistemas
Tampoco existe «el Hombre» en abstracto, sino una m ultitud de seres de la microfísica como en el caso de la macrofísica y del Cosmos en su
inteligentes concretos, todos con igual derecho a determ inar el pasado, totalidad evolutiva, aunque las ecuaciones que lo describen tengan solu­
desde el Hombre de las cavernas hasta Einstein. De conocer que es nece­ ciones matemáticas meramente form ales invirtiendo el signo de la varia­
sario hacerlo, cada uno podría cam biar las condiciones iniciales en for­ ble «tiempo». La Matemática es un lenguaje conciso y maravilloso para
ma caprichosa y contradictoria, según sus diferentes puntos de vista. Si expresar relaciones cuantitativas, pero es solamente un lenguaje, cuyo
se hace de un modo automático, inconsciente, se niega consecuentemente significado ha sido elegido artificialmente y que no puede im poner un
el papel de la consciencia que se quiere subrayar. El acto de observ ar modo de actuar a la materia.
también puede atribuirse a los anim ales, o a un instrum ento. No es posi­
ble dar una razón lógica de una alternativa en preferencia a otra, pues
ningún físico acepta que mi actividad subjetiva tenga consecuencias
sobre la realidad material externa a mí. Cuando nuestra consciencia no
influye en el presente físico ni en un pasado de hace unos m inutos, no
tiene sentido decir que lo ha hecho en el Universo desconocido de hace
miles de millones de años.
"1

L ÍM IT E S D E L C O N O C IM I E N T O

Al terminar el temario de la Filosofía de la Naturaleza, en que una y


otra vez nos hemos encontrado con problemas que no tienen una solu­
ción intuitiva y satisfactoria, es lógico que nos preguntemos hasta dónde
es posible avanzar con nuestra experimentación y raciocinio. ¿Podremos
algún día llegar a entender a la materia y toda su actividad? ¿Estaremos
siempre intentando en vano llegar al fondo de su estructura y de su
esencia? Parece que debemos responder de algún modo que sitúe nuestro
esfuerzo en el contexto de lo posible y del desarrollo histórico del saber.

DESARROLLO DEL CONOCIMIENTO

Sin pretender en unas pocas líneas sustituir a un tratado de Teoría


del Conocimiento, conviene volver a nuestro tema inicial para ampliar
sus puntos de vista. Todo nuestro conocimiento se origina por la interac­
ción con el mundo externo, mediante las sensaciones. Así alcanzam os
los primeros datos de una experiencia vulgar que conforma nuestra ima­
gen del mundo extramental, con inferencias espontáneas y raciocinios
implícitos, que nos permiten ir clasificando la realidad y su com porta­
miento con etiquetas mentales para algo que tiene una serie de interaccio­
nes conocidas por su constancia: una piedra, el fuego, el agua... Cuando
conocemos el comportamiento de un objeto y sus características obvias,
«sabemos lo que es».
Así nace nuestro bagaje elemental de conceptos aplicables al mundo
de la materia. Y también nace, de forma sim ultánea y espontánea, la
convicción de que hay procederes fijos que nos perm iten predecir el
desarrollo inmediato de un sistema sencillo: una roca que yo suelto de
142
M E T A F Í S I C A D E LA M A T E R IA L ÍM IT E S D E L C O N O C IM IE N T O 143

mi m ano, se caerá; el fuego aplicado a una m adera, la convertirá en ceni­


COMPRENDER - IMAGINAR
za; el azúcar se disolverá en el agua.
Cuando esta experiencia personal se completa con la transmisión de Nuestra dependencia cognoscitiva de los sentidos nos lleva a utilizar
inform ación obtenida por otras personas fidedignas (o sea «dignas de ic­ imágenes del mundo macroscópico de nivel humano para expresar lo que
e n el sentido m eram ente humano, de aceptar conocim ientos por testi­ la materia es a todos los niveles. Así hablamos de «partículas», como un
m onio ajeno), es posible am pliar nuestra imagen del mundo externo con límite no perceptible de los gránulos más pequeños detectados por la
la experiencia de un sinnúmero de observadores de todos los tiempos v vista o el tacto; hablamos de «ondas» con la imagen visual de la super­
lugares: así se da sólo en el Hom bre el fenóm eno de la transmisión de ficie del agua o de los movimientos de una cuerda; decimos que la electri­
cultura, que cada vez nos da una base más am plia para conocer con cidad «fluye» como si se tratase de un líquido, y seguimos refiriéndonos
m ayor extensión y profundidad. Con la frase de New ton: «Si podemos a los niveles de energía de un átomo en términos de «órbitas» de un siste­
alcanzar más lejos con nuestra m irada, es porque estam os sobre los hom­ ma planetario en miniatura.
bros de gigantes que nos precedieron». Todas estas imágenes son representaciones parciales de la realidad, y
Cuando la experiencia «vulgar» que hemos descrito se refina y hace nos vemos obligados por los avances científicos a insistir en que no
más exacta por la aplicación de la medida y la constatación repelida c pueden ser tomadas como totalmente apropiadas: son analógicas, con
independiente, nace la Ciencia en su sentido actual. Pero la ciencia no es validez limitada tal vez a un tipo de experimento, o a un punto de vista
una mera acumulación de datos, por muchos que éstos sean; solamente muy particular. Insistiendo en aplicarlas de un modo general, nos encon­
es ciencia en cuanto intenta dar una síntesis inteligible con relaciones tramos con contradicciones entre el comportamiento esperado y la reali­
lógicas entre diversos hechos, las propiedades de la materia, y procederes dad experimental. Las cosas, al menos en el mundo de la microfísica, no
constantes determinables y calculables. son exactamente como nos las imaginamos.
A sí se desarrollan «modelos» de estructuras y de evolución, y «teorías >• Al profundizar todavía más en el estudio de la materia nos encontra­
que explican, a algún nivel, los hechos observados m ientras permiten mos empujados a admitir lo inimaginable: nuestra experiencia sensorial
inferir otros nuevos y aún desconocidos. Todo esto requiere luego un no sirve para representar lo que la realidad es, sino de una manera tan
refrendo experimental, que reforzará la teoría o tal vez obligará a modifi­ imperfecta que resulta casi equívoca. Una «cuarta dim ensión» espacial
carla o abandonarla por completo. choca contra todos nuestros esfuerzos de visualización; el «giro» de una
En todo este proceso es el proceder de la materia lo que utilizamos partícula elemental no tiene sentido cuando se afirma que no tiene radio
como indicación de lo que ES: el actuar flu y e del ser. Por tanto, utilizamos alguno; la materia «desaparecida» en un agujero negro nos deja totalmente
definiciones operativas, que nos indican cómo reconocer algo material por perplejos al intentar localizarla; el «efecto túnel» desafía todas nuestras
una serie más o menos compleja de experim entos en que deben mani­ intuiciones de lo que es el movimiento.
festarse las propiedades exclusivas de lo que buscam os. Pensemos en Una y otra vez tenemos que refugiamos en palabras sim bólicas o en
los procesos de análisis químico o en la determ inación de partículas en ecuaciones matemáticas que describen algo fuera de nuestra experiencia:
un experimento nuclear, donde la identidad se infiere de medidas por la ecuación de onda de Schródinger para una «probabilidad», el «color» y
las cuales se calcula la masa y la carga eléctrica por las trayectorias deja­ el «sabor» de un quark; la diferencia entre neutrino y antineutrino...
das en cámaras de chispas o de niebla bajo la acción de cam pos eléctri­ También nos hemos encontrado con limitaciones sem ejantes en los
cos y magnéticos. conceptos filosóficos: ¿qué ES la carga localizante?; ¿el Tiem po?; ¿la m is­
ma materia? En cada caso nuestro deseo de una respuesta clara y expre-
sable en términos conocidos nos lleva a la frustración: querem os conocer
«cosas», y se nos dan conceptos apenas inteligibles.
Para explicar algo, recurrim os siem pre a lo ya conocido. Pero este
proceso necesariam ente es limitado, porque no podem os conocer a la
1^4
METAFÍSICA DE LA MATERIA l ím it e s d e l c o n o c im ie n t o 145

m ateria intuitivam ente, como conocem os la verdad de una identidad Al hablar de los sentidos hemos insistido en el carácter parcial de sus
m atem ática; sólo la conocem os por su proceder y por analogías. Y como
datos: son ventanas limitadas abiertas a un mundo donde hay mucho
nada nos es m ejor conocido en el orden extram ental que la misma m ate­
más que lo que ellos captan, aun sólo por comparación con lo que perci­
ria, no será nunca posible explicar su esencia en térm inos más intuitivos ben otros animales o nuestros instrumentos. Pero toda nuestra ciencia
o im aginables. Podrem os llegar, tal vez, a unos elem entos básicos de es limitada en un modo semejante: únicamente puede tratar de los aspec­
todas las partículas, que reduzcan su m ultiplicidad actual a dos o tres
tos más «materiales» de la materia. Lo que no es cuantificable cae fuera
com ponentes, con sus interacciones unificadas en una superfuerza de de su área: una y otra vez hemos hecho notar tal limitación al tratar de
expresión m atem ática sencilla, pero seguirá eludiéndonos la com pren­ los diverso temas: tiempo, espacio, finalidad....
sión de lo que son esos sillares básicos y de la razón última de su com por­ Si ahora incluimos a la realidad del Hombre como parte del Univer­
tamiento y sus propiedades. so, con toda la riqueza de fenómenos de conocimiento y actividad libre,
es claro que la ciencia experimental no es suficiente para explicar ni si­
quiera el propio quehacer científico. Conceptos abstractos, sin propiedades
LÍM ITES DE LA CIENCIA FÍSICA materiales; las intuiciones y las grandes síntesis como la Relatividad y
la Mecánica Cuántica o las ecuaciones de Maxwell; las geometrías no-
Hemos visto también cómo la Física tiene un límite infranqueable en Euclídeas y toda la Matemática pura, son realidades intangibles y tan
el misterio de la creación de la m ateria: no solam ente se encuentra, como ajenas a una explicación materialista como una sinfonía musical o un
siempre, sin respuesta a las preguntas de finalidad y razón suficiente, poema lírico. Recordemos que materia es «todo \j sólo lo que tiene una acti­
sino que el «cómo» de la Creación deja de ser tratable com o proceso físico vidad explicable por las cuatro interacciones». Y no es posible dar razón de
al no tener un estado inicial ni leyes aplicables a la NADA. Tam bién aquí la existencia ni del valor de lo que hemos mencionado por ningún tipo
se da un límite absoluto a lo que puede ser descrito o entendido en forma de atracción o transformación atribuíble a esas fuerzas.
intuitiva.
Otros límites de la Física en su propio cam po son el resultado de la
¿QUÉ ES EL HOMBRE?
estricta aplicación de sus leyes: no podem os saber cómo es AHORA un
objeto distante, porque toda la inform ación que nos llega ha necesitado El Hombre es materia, sí. La materia de nuestro cuerpo se remonta al
un tiempo para cubrir la distancia que nos separa: en 1987 nos llegó la Big Bang, cuando el hidrógeno, tan abundante en nuestro organismo,
noticia de la explosión de una estrella que se destruyó hace 170.000 años, formó parte ya de la nube primitiva e incandescente de hace 14 mil mi­
y que habíamos observado durante m uchos años sin sospechar que ya llones de años. Otros elementos más pesados tienen su genealogía en
no existía. Las regiones m ás distantes del Universo pueden ser también estrellas de gran masa, previas al Sol y formadas durante eones en el
inobservables, porque su luz aún no ha tenido tiempo de alcanzar nues­ remolino de astros de la Vía Láctea. Es ceniza de estrellas lo que formó
tros instrumentos. Ni es cognoscible lo que ocurre en un agujero negro, al planeta Tierra y se depuró durante miles de millones de años más para
ni lo que tuvo lugar en el Universo antes de que se hiciese transparente. llegar a ser la estructura más asombrosa de la materia. Si una sola célula
En todos estos casos, nuestros cálculos son lógicos y plausibles, pero sus es más compleja que todas las galaxias, ¿qué debe decirse solamente del
inferencias no pueden comprobarse directam ente. cerebro humano, con más de 10.000 millones de neuronas entrelazadas
Todavía más en general tenemos que aceptar que no conocem os di­ en forma indescriptible? Verdaderamente es la obra maestra de estruc­
rectamente el pasado ni el futuro, sino solam ente el presente, aunque turación de la materia, la culminación de incontables pasos evolutivos
este presente sea la información que ahora nos llega desde épocas pa­ que aún no comprendemos.
sadas: los datos previos ya no son recuperables, y cualquier recons­ Se ha insistido a lo largo de la historia del pensamiento —en monismos
trucción hacia atrás o predicción del futuro es siem pre incom pleta e opuestos— en reducir a la realidad total, incluido el Hombre, o bien a algo
insegura. inmaterial (idealism o) o a pura materia y sus fuerzas (materialismos de
14 6 METAFÍSICA DE LA MATERI, LÍMITES DEL CONOCIMIENTO 147

diversos tipos). En particular, al intentar explicar la inteligencia como para tal postura si examinamos lo que es el proceder propio de la mate­
resultado de procesos evolutivos, se habla de la consciencia y el pensa­ ria y lo que es propio de la inteligencia. Nada puede «emerger» de don­
m iento com o un «epifenóm eno» de la m ateria, fruto solam ente de su mayor de no existe, ni en un nivel elemental. Hemos aceptado que la extensión,
grado de complejidad en el cerebro del Hombre. A su vez se atribuye este por ejemplo, sea una propiedad de conjunto aplicable a la materia, aun­
desarrollo del cerebro a presiones de adaptación al entorno, con factores que cada una de las partículas últimas sean inextensas, pero en ambos
coadyuvantes como la postura bípeda y la utilización de las manos con casos se da una raíz común: la ocupación de lugar. En cambio no es posi­
capacidad prensil, m ientras la estructura de la laringe perm itiría el desa­ ble afirmar ningún tipo de mínima consciencia o inteligencia para un elec­
rrollo de un lenguaje articulado y con él un m ayor desarrollo de los lóbu­ trón o un átomo, y por muchos que se reúnan en el cerebro, no podrán
los anteriores del cerebro. En forma m ás general se habla de que la inteli­ constituir un todo inteligente.
gencia «emerge» espontáneam ente de la materia cuando ésta alcanza un Dentro del campo de la informática se habla más y más de la Inteli­
grado suficiente de complejidad en el sistema nervioso, concretamente gencia Artificial como de algo ya existente y de desarrollo previsible hasta
cuando el cerebro llega a una masa suficiente con neuronas interconec­ niveles que sobrepasen el entendimiento humano. Con un lenguaje an­
tadas en una trama más elaborada que la de ningún circuito electrónico. tropomórfico, se menciona la «memoria» de ordenadores, a pesar de que
Dejando aparte los idealismos, que apenas tienen seguidores, es ne­ la memoria, estrictamente, es una función de la consciencia, y de que lo
cesario aclarar ideas y afirm aciones de tipo reduccionista-m aterialista, único que se da en el ordenador es un almacén de señales magnéticas
como las expuestas. Prim eram ente, no es correcto afirm ar sin más que equivalente a las señales gráficas de papeles escritos en un fichero. Con
el mayor tam año del cerebro es una consecuencia directa de la postura el mismo tipo de lenguaje, se habla de ordenadores que ganan partidas
bípeda (no es aplicable el argum ento a las aves), ni se debe exclusiva­ de ajedrez como si fuesen más inteligentes que sus contrincantes huma­
mente a ella (el pulpo lo tiene más desarrollado que m uchos vertebrados nos: lo único que puede decirse con exactitud es que tienen un progra­
bípedos). Tampoco es claro que haya una relación causal entre la capa­ ma formulado por un operador inteligente, y que se ejecuta en forma
cidad de m anipulación y la masa encefálica, ni entre la posibilidad de inconsciente y ciega por una máquina muy rápida. No hay, pues, inteli­
sonidos articulados y el cerebro: una ardilla o un m acaco puede mani­ gencia artificial en grado alguno, como no hay consciencia artificial ni ini­
pular objetos mucho m ejor que el perro o el delfín, y una cotorra puede ciativa ni intuición abstracta.
articular sonidos suficientem ente para «hablar» en forma inteligible en Con respecto al futuro desarrollo de los ordenadores es lógico decir
muchos idiomas, pero sin saber lo que dice. que lo que ahora no tienen en grado alguno no lo tendrán tampoco por
Tampoco es demostrable que la cantidad de tejido cerebral tenga una mucho que se aumente el número de transistores y la velocidad de sus
relación directa con la inteligencia: no solam ente no se verifica esto entre señales o la complejidad de sus conexiones. En este sentido se expresa
los diversos individuos de la humanidad (hay casos de inteligencia extra­ Roger Penrose en su libro «La Nueva Mente del Emperador»: no hay Inte­
ordinaria en sujetos hidrocefálicos) sino que hay especies en el mundo ligencia artificial, ni es de esperar que la haya nunca.
animal de una m ayor masa encefálica, incluso con m ayor núm ero de Se han hecho afirmaciones opuestas basadas en la capacidad de una
circunvoluciones de la corteza cerebral que en el H om bre (por ejemplo, corriente eléctrica para producir imágenes con contenido de información,
el delfín). Mientras que estos anim ales son <•inteligentes» en el sentido por ejemplo en un televisor. No es esto más indicio de inteligencia que
analógico en que lo es un perro, que puede ser enseñado una serie de el que la com en te eléctrica produzca las palabras de un texto en una
respuestas a estímulos diversos, no dan indicación alguna de pensamiento máquina de escribir moderna: en ambos casos son señales controladas
abstracto ni de sensibilidad artística o de conceptos de ética, todo lo cual por un operador consciente e inteligente las que convierten una mezcla
es propio de la inteligencia estricta del Hombre. al azar de puntos oscuros y brillantes en algo inteligible para otro obser­
El «emergentismo» de la inteligencia por proceso evolutivo cae en la vador humano, no para la máquina misma.
petición de principio de dar por supuesto que no hay otra realidad que la Lo mismo hay que hacer notar con respecto al ejemplo tan abusado
materia y su estructuración. Com o ya se ha indicado, no hay base alguna de la posible impresión de un texto literario por monos actuando al azar
148 METAFÍSICA DE LA MATERIA
LÍMITES DEL CONOCIMIENTO 14 9

durante suficiente tiempo con máquinas de escribir, o incluso respecto a datos, ni siquiera para calcular una probabilidad con visos de valor cien­
la impresión automática de todos los textos posibles con un conjunto de
tífico.
símbolos de un alfabeto dado: el que el resultado tenga sentido (conte­ Menos científica todavía es la afirmación de que la vida evolucionará
nido de información) se debe a un previo proceso consciente de inven­ sin falta hacia la inteligencia «porque la inteligencia tiene valor obvio para la
ción de símbolos, desarrollo de un lenguaje con palabras y sintaxis deter­ supervivencia». Se da aquí una suposición clara de que la materia por sí
minadas, y a la lectura de esos símbolos impresos por un lector consciente misma tiene lo necesario para producir consciencia e inteligencia: ya
y fam iliarizado con ellos. No solamente es sin sentido lo que la máquina hemos visto que esto no es ni demostrable ni plausible. Y si la materia
hace para la misma máquina, sino que lo sería para un lector sólo de no puede dar lo que no posee, no vale afirmar el valor de supervivencia:
español, por ejemplo, lo que estuviese escrito en hebreo. también sería muy valioso el ser invisible a voluntad, pero no se ha dado
Dentro de los organismos vivientes, incluido el Hombre, se da un ninguna evolución que lo consiga, aunque un mimetismo más o menos
paralelismo con los ordenadores electrónicos a un nivel inferior al de la perfecto lleve a resultados parecidos en algunos casos, como lleva el
inteligencia y la actividad libre: el instinto en todas sus formas, que no instinto a una imitación del proceder inteligente.
implica aprendizaje, pero que puede tener funciones verdaderamente De darse vida inteligente en otros mundos se seguiría, una vez más,
admirables y de apariencia «inteligente», sobre todo en el uso de mate­ la presencia de una dualidad espíritu-materia, que corresponde a la defi­
riales como ayudas o instrumentos. Incluso un tipo de aprendizaje no nición del ser humano, «animal racional». Todo lo dicho con respecto a la
comunicativo sino de mera imitación se encuentra de forma innata, ins­ especie humana sería aplicable a estos otros seres hipotéticos, cualquie­
tintiva, a diversos niveles de la vida terrestre. Recordemos la habilidad ra que fuese su forma o su metabolismo.
de una araña tejiendo su tela, o de los diversos pájaros al hacer sus nidos, El último comentario sobre el lugar del Hombre en el Universo nos
las marmotas que utilizan piedras para romper las conchas de almejas; induce a considerar el papel de los diversos niveles de estructura en la
el «enseñar» a volar o nadar a las crías. En todos estos casos hay una determinación de lo que es posible según las leyes físicas. Todas las cé­
* programación genética» interna, que se desarrolla inconscientemente, lulas vivientes son aproximadamente del mismo tamaño: no parece posi­
desde los primeros movimientos para alimentarse al nacer hasta los com­ ble reducirlas sin que dejen de ser viables. La complejidad del cerebro
portamientos complejos mencionados y otros muchos que podrían adu­ exige, por tanto, un organismo de suficiente volumen para albergar miles
cirse. de millones de neuronas: no puede darse inteligencia en un insecto o un
En el caso del Hombre apenas actúan estos programas genéticos si ratón. Por otra parte, cuando el volumen del cuerpo excede un límite
no es para las funciones fisiológicas necesarias para la super\'ivencía Lo impuesto por la gravedad, los miembros necesarios para la locomoción
que es específicamente humano debe aprenderse por transm isión cultu­ tienen que ser más de dos, y muy robustos, con la consecuente dificultad
ral, y varía según las culturas de distintos lugares y tiempos. Por eso, de tener miembros manipulativos de fácil uso.
mientras es posible afirmar que los animales inferiores al hombre tienen Los biólogos que estudian el metabolismo como función de la masa
comportamientos explicables por sola programación semejante a la de de cada animal pueden también argüir convincentemente en el sentido
un robot muy complejo, la actividad intelectual y consciente exige un de que el Hombre, a mitad de la escala entre los cúmulos de galaxias y
nuevo principio de otro orden. el núcleo atómico, es en muchas maneras la obra cumbre de la Creación,
Todo lo expuesto tiene importancia cuando se plantea la pregunta de en que la materia se eleva sobre sí misma y, unida al espíritu, llega a
la posible existencia de otros seres inteligentes en otros planetas dentro conocerse y conocer el Universo en que se encuentra. En ese conoci­
de la inmensidad del Universo. Ya se ha indicado que la materia es la miento y en la libertad que lo acompaña, reside nuestra grandeza.
misma y se rige por las mismas leyes en todo el cosmos, y que la vida es
posible siempre que se den las condiciones adecuadas para la formación
de macromoléculas de suficiente complejidad y actividad química. Pero
de su posibilidad no es posible pasar a afirmar su realidad: no tenemos
A p é n d ic e s

MATERIALES QUE COMPLEMENTAN


LA ASIGNATURA CON DATOS
CIENTÍFICOS, HISTÓRICOS
O FILOSÓFICOS
A p é n d ic e I

E L E S P A C IO D E LA R E L A T IV ID A D

A pesar de que la Física moderna ha rechazado el espacio absoluto


ocupado por un «éter» dotado de propiedades mecánicas (experimento
de Michelson y Morley, Cleveland 1887), se incluye en la descripción de
la totalidad material un «espacio vacío» con propiedades electrom agné­
ticas y geométricas, que no se identifica con la NADA. Por su constante
dieléctrica y su permeabilidad magnética determina la velocidad c de
todas las ondas de carácter electromagnético. Por sus propiedades geo­
métricas, función de su contenido de masa, determina las órbitas de
cuerpos en movimiento e incluso las trayectorias de la luz.
En la Mecánica de Newton se daba por supuesto que el espacio tenía
una estructura descrita correctamente por la Geometría tridimensional
de Euclides, y esta misma suposición se aplicaba al espacio lleno de éter:
sería posible construir en él toda clase de figuras planas euclídeas en
cualquier orientación que se eligiese. En la Teoría Generalizada de la
Relatividad se afirma, por el contrario, que la presencia de masa «arruga»
al espacio, de modo que ya no es posible trazar en él líneas rectas, planos,
etc. Esta deformación es más intensa en la vecindad de masas mayores,
y disminuye con la distancia. Así se geometriza la fuerza de la gravedad,
que deja de ser una fuerza en el sentido primitivo.
Las predicciones de la Relatividad difieren de los cálculos de Newton
para órbitas y trayectorias de la luz, aunque en cantidades mínimas. En
1919 se comprobó la desviación de rayos de luz casi tangentes al Sol
durante un eclipse total; la órbita de Mercurio recibió una explicación
correcta de su avance del perihelio (punto de la órbita más próximo al
Sol) en 43" de arco por siglo. Más recientemente, se midió el retraso de
ondas de radar reflejadas de Mercurio cuando éste se encuentra en el
lado opuesto del Sol, y se han conseguido imágenes múltiples y distor-
154
METAFÍSICA DE LA MATERIA
EL ESPACIO DE LA RELATIVIDAD 155

sionadas de galaxias y quasares por efecto de «lente gravitatoria» En


— se puede construir un cuadrado midiendo sucesivamente cuantro seg­
todos estos casos las medidas han dado la razón a Einstein, sin que haya
mentos rectos iguales que forman ángulos rectos entre sí.
nada que se oponga a su explicación geométrica.
— la razón de la circunferencia al diámetro es n, y la del área del círculo
El que un espacio tridim ensional presente las características propias al cuadrado del radio es también n.
de superficies curvas en cortes de diversa orientación exige adm itir que
— la circunferencia es siempre directamente proporcional al radio.
el espacio es curvo. Para ello es necesario adm itir una cuarta dimensión
más, espacial también y perpendicular a las otras tres, pero no detectable
Todas estas afirmaciones dejan de cumplirse si el espacio bidimen-
ni im aginable, que perm ite tam bién concebir un Universo finito pero sional es curvo, deformándose hacia una tercera dimensión perpendi­
ilim itado y sin un espacio «más allá», porque no tiene bordes. cular a las otras dos, ya sea la curvatura positiva (como en un superficie
En esta concepción el espacio (y el Tiem po) están íntim am ente ligados esférica) o negativa (silla de montar). La curvatura positiva da lugar a
a la m ateria, y no puede hablarse de espacio anterior o posterior a la espacios finitos pero ilim itados: la superficie terrestre es un ejem plo;
materia. Es más correcto decir que el espacio ES m ateria, e incluso identi­ curvaturas negativas, en que dos radios se encuentran en lados opuestos
ficar a las partículas y la energía con las deform aciones del espacio. de la superficie curva, pueden ser finitas (un toroide de revolución) o
«infinitas» (sin área limitada, como una silla de montar extendida inde­
finidamente).
ESPACIOS FÍSICO -M ATEM ÁTICO S Un espacio tridimensional exige tres números para determinar la posi­
ción de un punto con respecto al origen. Será plano, aun con tres di­
Para entender m ejor estos conceptos conviene recordar que el lenguaje mensiones, si en cualquier orientación se pueden dar espacios bidimen-
de la Física y la M atem ática no siem pre coincide con el lenguaje ordi­ sionales en que se verifica la geometría de Euclides plana, y si en su
nario: volumen se cumple también la geometría equivalente de cuerpos sóli­
Se llama «espacio» de una dim ensión a una representación matemática dos. En cambio tendremos un espacio tridimensional curvo si ocurre lo
de la realidad o de uno de sus aspectos en que la posición de un punto contrario. Si el espacio curvo no es isotrópico, una orientación nos dará
queda determ inada por un solo núm ero, que m ide la distancia de un propiedades distintas de otra.
origen dado. La curvatura tridimensional puede también ser positiva o negativa,
A sí el espacio de una dim ensión será «p lan o» si existe sólo en esa siempre exigiendo una dimensión espacial más, perpendicular a las otras
dimensión; curvo si exige para existir una dim ensión más, perpendicular tres, para existir. La curvatura positiva perm ite un volumen tridim en­
a la primera (a lo largo de la cual se definían las posiciones). Com o en sional finito pero ilimitado, sin bordes: es la cuasi-superficie de una hiper-
este caso la distancia se mide a lo largo de una curva, la recta ya no es el esfera inimaginable.
camino más corto entre dos puntos: no hay rectas. En la Relatividad Restringida, el espacio es plano, sin distorsiones de­
En un espacio de dos dim ensiones se requieren y bastan dos números bidas a la presencia de masa, aunque aparece una cuarta coordenada que
para marcar la posición de un punto con respecto a ejes que se cruzan contiene al tiempo multiplicado por la velocidad de la luz y el número
(generalmente en ángulo recto: coordenadas cartesianas en un plano). imaginario I (raíz cuadrada de -1) con lo cual tenemos dimensionalidad de
Así tenemos una superficie que será un espacio plano si en él se cumple espacio no real, que sirve para situar «sucesos» en el espacio-tiempo:
la geometría Euclídea:
coordenadas: x, y, z, i c t ; invariante: ds2= dx2 + dy2 + dz2 - c V
— la distancia más corta entre dos puntos es una recta.
— por un punto exterior a una recta puede trazarse una y sólo una recta En cambio, en la Relatividad Generalizada, el espacio se curva, y el
que jam ás corta a la primera (paralela a ella). radio de una esfera, como el Sol, sería distinto medido directam ente y
— la suma de los ángulos interiores de un triángulo es igual a dos rectos. calculado por su superficie:
1S6 IS 7
METAFÍSICA DE LA MATERIA EL ESPACIO DE LA RELATIVIDAD

Exceso de radio = Rmedldo - Ral|aibdo = GM /3c* (Rcalculad0 = necesarios para explicar los m ovim ientos de estrellas y la producción
variable de enormes energías en el centro de quasares y muchas galaxias,
de tal m anera que el radio m edido para el Sol sería 0,5 km más largo incluyendo la Vía Láctea.
Para cualquier cam po gravitatorio, tanto Nevvtoniano como Relati­ La materia que desaparece en un agujero negro debe, en teoría, con­
vista, se calcula una velocidad necesaria para que un cuerpo lanzado tinuar indefinidamente su proceso de contracción (no observable). Pero
radialm ente desde la superficie nunca vuelva a caer sobre la masa esfé­ la «radiación de Haivking» por efecto túnel perm ite la lentísima evapora­
rica que atrae al proyectil: es la velocidad de escape, dada por la fórmula ción del agujero negro: con la masa de una m ontaña, un mini-agujero
negro hipotético (de tamaño nuclear) se evaporaría en unos 15 eones
v = V (2GM/R) para masa M dentro de radio R (edad actual del Universo). Una descripción equivalente explica este
proceso como el resultado de la formación espontánea de pares de partí­
Si la velocidad de escape llega a ser la de la luz, v = c, la luz misma culas y antipartículas a partir de la energía del campo gravitatorio del
no puede salir definitivam ente del cam po gravitatorio, y en el caso Nevv­ agujero negro.
toniano, no puede verse a una distancia ilim itada. Pero en la Relatividad Si uno de los componentes del par cae al agujero, el otro sale despe­
ocurre algo distinto: se forma un «horizonte de sucesos» determ inado por dido hacia fuera, llevando una parte de la energía (y, por tanto, de la
el radio que corresponde a esa velocidad de escape (radio de Schwarz- masa) que formaba el agujero negro. Así termina por perderse toda su
schild), masa en un proceso tan lento que la edad actual del Universo es total­
mente insignificante cuando se trata de m asas superiores a la del Sol.
Rs = Rtch w n rzsch ild = 2G M /c2 Especulaciones físico-matemáticas han dado pie a afirmaciones de que
la entrada en un agujero negro giratorio (tipo Kerr) podría realizarse sin
y nada de lo que ocurre dentro de ese radio es observable desde fuera, destrucción de la materia, aun macroscópica, que desaparecería de nues­
porque todos los rayos lum inosos originados en el interior tienen trayec­ tro entorno espacio-temporal para aparecer posiblemente en otro espacio
torias que se cierran sobre sí m ism as. Este es el concepto de «agujero y tiempo. Tales «agujeros de gusano» conectarían regiones muy distantes
negro» en que el horizonte de sucesos es com o una m em brana sem i­ entre sí por un atajo a través de la cuarta dimensión, perm itiendo viajes
permeable, que perm ite la entrada de materia y radiación sin lím ite, pero a otros sistemas planetarios en forma casi instantánea. El análisis cientí­
no la salida. En términos de este radio de Schw arzschild, la curvatura fico y matemático en forma rigurosa permite concluir que tales sugeren­
del espacio a una distancia r del centro viene dada por cias no corresponden a la realidad.

Rc u n Atura
„ = V r3 '/ R s

de modo que, por ejem plo, el radio de curvatura del espacio-tiem po en


la superficie terrestre, debido a la masa de la Tierra, es com parable a la
distancia Tierra-Sol. El radio de un agujero negro con la masa de la Tierra
sería solam ente de 2 cm, m ientras que para el Sol, R = 3 km.
Agujeros negros se deben form ar naturalm ente al final de la evolu­
ción de estrellas de gran masa (20 veces la del Sol o m ás), cuando el
núcleo de la estrella, sin fuentes ya de energía que contrarresten su grave­
dad, excede 3 m asas solares. Varios casos m uy probables son ya conoci­
dos en sistemas de estrellas dobles. Agujeros negros con m asa equiva­
lente a m illones o aun m iles de m illones de veces la del Sol parecen
a p é n d i c e II

D A T O S C U A N T IT A T IV O S

Los sistemas de medidas para cualquier m agnitud dependen de la


selección arbitraria de unidades, con las cuales se comparan los objetos
o propiedades de ellos que queremos medir. En el mundo científico ac­
tual se usa el sistema internacional, S I, basado en el metro, el kilogramo y
el segundo (mks). Todavía se encuentran muchas veces las unidades del
sistema centímetrogramo-segundo, (cgs), y algunas unidades especializadas
derivadas de ambos. En Astronomía se hace necesario recurrir a unida­
des enormemente mayores, sobre todo para expresar distancias; en este
caso se habla de «tiempo de viaje» calculado para la velocidad máxima
del Universo, la velocidad de la luz en el vacío: la unidad correspondiente
es el año-luz, equivalente a unos 10 billones de kilómetros (1013 km).
Las cifras excesivamente grandes o pequeñas, que suelen redondearse
o por conveniencia o por márgenes de error inherentes a su determ i­
nación, se hacen más manejables con la notación exponencial, usando
potencias de 10, en que el exponente indica el número de ceros que siguen
al 1 (potencias positivas) o que le preceden al escribir decim ales (poten­
cias negativas). Así:

100.000.000 = 10"; 60.000 = 6 x 104; 0,00001 = 1 0 5; 0,002 = 2 x W 3

Utilizando esta notación, es instructivo dar valores importantes del


mundo físico:

Radio de la Tierra:6,37 x 103 km Circunferencia: 4 x 104 km


Masa " " " 5,97 x 102J kg Densidad (agua=l): 5,5
Distancia al Sol: 1,5 x 10" km Velocidad orbital: 30 km/seg.
160
METAFÍSICA DE LA MATERIA d a t o s c u a n t it a t iv o s 16 1

A proxim adam ente, el radio del Sol es un poco más de 100 veces el y ese es el orden de magnitud de una longitud de onda de luz visible.
terrestre, mientras el de la Luna es V4 del de la Tierra. Entre el Sol y la Rayos X tienen longitudes de onda hasta 50.000 veces más cortas, mien­
Tierra se podrían colocar 100 soles. El volumen del Sol es 1,3 millones tras las ondas de radio llegan a decenas de km de cresta a cresta.
de veces el de la Tierra, pero su masa es solam ente unas 330.000 veces El tamaño típico de un átomo, medido por la órbita de sus electrones
más: su densidad es por tanto, m ucho menor (1,4 veces la del agua como más externos, es de un radio de una 10.000-m illonésim a de metro. La
térm ino medio, aunque alcanza más de 10 veces la del plom o en los gases masa del átomo está casi exclusivamente en el núcleo, con una densidad
supercalientes de su núcleo a 15 millones de grados).
de 1015 veces la del agua y un radio de una mil-billonésima de metro. La
D esde el Sol a la Tierra, la luz tarda 8 minutos. Del Sol a Plutón, (el materia llamada «sólida» es tan vacía que si fuese posible poner en con­
planeta más lejano), 5 horas y m edia. Desde la estrella más cercana, Alfa tacto los núcleos de todos los átomos que forman la Tierra, su radio sería
del Centauro, 4,3 años: la estrella está a 4,3 años-luz, más de 40 billones solamente de 200 m. Es la situación que ocurre en «estrellas neutrónicas»,
de kms.
resultado de la evolución de estrellas de gran masa: una masa compa­
El sistema solar se encuentra a unos 2/3 del radio del gran remolino rable a la del Sol se encuentra en una esfera de 10 a 20 km de radio, con
de estrellas que llamam os la Vía Láctea, nuestra Galaxia. Su diám etro es densidad central como la del núcleo.
de unos 100.000 años-luz, y contiene más de 100.000 m illones de estrellas La producción de energía de una estrella como el Sol se debe a la
equivalentes al Sol. El Sol arrastra a los planetas en su órbita alrededor conversión nuclear de H a He, con pérdida de masa. El Sol brilla con
del núcleo de la Galaxia, dando una vuelta en unos 250 m illones de años. una potencia de 400 cuatrillones de watios, perdiendo cada segundo 4
A 2,24 m illones de años-luz está la galaxia de A ndróm eda, un 50' millones de toneladas de masa. Las estrellas más brillantes alcanzan una
mayor que la Vía Láctea, y nuestra vecina más cercana de tamaño com pa­ luminosidad de un millón de veces la del Sol, aunque su masa es sólo
rable. Al alcance de nuestros telescopios actuales hay unas 10" galaxias, unas 60 veces más, por lo cual se agotan mucho más rápidamente. Las
estructuradas en grandes cúm ulos y super-cúm ulos, con m iles de ga­ estrellas más débiles, con masa de apenas un 10% de la del Sol, brillan
laxias en filam entos o burbujas de unos 300 m illones de años-luz como 100 mil veces m enos, pero duran tiempos enorm em ente más largos.
dimensión típica. Estas son las más abundantes, aunque es difícil verlas por ser de tan débil
El radio del Universo conocido es del orden lO-^km, unos 101" años- luminosidad.
luz. Su masa, alrededor de lO^kg, con una densidad equivalente a casi En el Sistema Solar conocemos 9 planetas y más de 50 satélites, ade­
un gramo en un volumen igual al de la Tierra, aunque se sospecha que hay más de m illares de otros cuerpos m enores en órbitas independientes
mucha más masa oscura y aún desconocida en su composición. (asteroides, cometas, etc). No es posible todavía detectar planetas directa­
Como ayuda im aginativa para dam os cuenta de qué enorm em ente mente alrededor de ninguna otra estrella, aunque se infiere su existencia
vacío de masa visible es el Universo, podem os utilizar la siguiente com ­ en varios casos por las perturbaciones que su gravedad causa en el movi­
paración a escala: miento de una estrella visible. Así se admite ya un total de más de 30
Si el Sol tuviese una décima de milím etro de diám etro (m enos que un planetas extra-solares alrededor de estrellas en un radio de 50 años-luz;
punto ortográfico en esta página), parece muy probable la existencia de planetas alrededor de una mayoría
— la distancia Tierra-Sol sería 1 centím etro de las estrellas en general.
— " a la estrella m ás próxim a 2 km
— el diámetro de la Vía Láctea 60.000 km
— la distancia a Andrómeda 1.5 m illones de km
— el radio del Universo observable 50.000

En el mundo de lo pequeño, una bacteria tiene aproxim adam ente un


tamaño de 3 millonésimas de m etro (mieras). Un virus es 30 veces menor,
A p é n d ic e I II

E S Q U E M A H IS T Ó R IC O
D E L D E S A R R O L L O D E LA S C IE N C IA S

Mitos: respuesta primitiva al problem a del origen y form ación del


Universo y del hombre. Rasgos comunes:
— Sustrato caótico preexistente.
— Generaciones de dioses que luchan entre sí.
— Formación del universo material y del hombre a partir de los des­
pojos de los vencidos.

Así: mito babilónico (Código de Ham m urabi, 1750 a.C.), Teogonia


griega de Hesíodo, Epopeya escandinava del Edda.
Desmitificación: religiosa, en el pueblo judío. Trascendencia divina.
Científica, en Grecia. La pregunta acerca del origen del Universo da
paso a la pregunta de su constitución material y funcionamiento físico.

DESARROLLO DE LA ASTRONOMÍA

La ciencia más antigua y de interés más universal. Nos fijamos en tres


actitudes distintas de los pueblos euroasiáticos que han influido en la
cultura occidental.
A siria-Babilonia: determinación del mes lunar. Años de doce o trece
meses lunares. Observación cuidadosa de los m ovim ientos de los pla­
netas, dándoles significados astrológicos. Existen tablas del siglo Vil a.C.
Caldea: continúa la tradición asiría, pero sin subrayar lo astrológico.
Determinan las constelaciones recorridas por la Luna. Calculan eclipses.
Función religiosa, sin contenido de ciencia natural. D esaparece en el
siglo I.
164 METAFÍSICA DE LA MATERIA ESQUEMA HISTÓRICO DEL DESARROLLO DE LAS CIENCIAS 165

Egipto: la astronom ía como auxiliar de la geometría y la ingeniería — Demócrito: sugiere que la Vía Láctea es una banda de innumera­
Año conocido en su duración exacta. Relojes de sol. Constelaciones, al­ bles estrellas.
gunas que coinciden con las que hoy usam os. Explican la reaparición — Platón: insiste en la esfericidad de la Tierra y en el movim iento
diaria del Sol en el Este m ediante un viaje nocturno por un canal subte­ circular de todos los astros por razones puramente filosóficas, de perfec­
rráneo de O este a Este. ción. Su discípulo Eudoxo propone el prim er modelo astronómico deta­
H ebreos: rechazan la astronomía, conocida solamente como astrología llado: un sistema de esferas múltiples con movimientos ajustados para
de origen caldeo. M undo como encerrado en una burbuja, rodeado de producir los fenómenos observados en el movimiento de los planetas (27
agua. esferas).
G recia: origen de la astronom ía como ciencia, en la que las obser­ — Aristóteles da realidad a esas esferas e introduce otras (55 en total).
vaciones sirven de base para explicaciones físico-matem áticas. Se propo­ Da razones filosóficas y experimentales para probar que la Tierra es esfé­
nen m odelos cada vez más refinados para dar cuenta de los fenómenos rica. Introduce las ideas de «movimiento natural» e incorruptibilidad.
observables. Contemporáneo de Aristóteles (siglo IV a.C.), Heráclides del Ponto
— Tales de M ileto (c. 625 a.C.). Según Aristóteles, sostuvo que todo perfecciona las ideas de Eudoxo y Filolao, introduciendo la rotación de
está hecho de agua, en la que la Tierra flota. la Tierra y haciendo al Sol el centro de las esferas de Mercurio y Venus
Tiene la importancia de buscar un principio único, posiblem ente veri- (algo semejante a lo propuesto por Ticho Brahe siglos después).
ficable por experim entación. Considera todo lo existente com o un orga­
nismo. Su problem a: obtener la variedad observable a base de un ele­
mento único. ESCUELA DE ALEJANDRÍA
— Anaximandro: propone la forma cilindrica para la Tierra para expli­
car el cambio aparente de altura de las estrellas ai viajar de Norte a Sur. — Aristarco (siglo III a.C.): mide el tamaño de la Luna con relación a
En física, propone un principio único que es lo indeterm inado, que puede la Tierra, y su distancia en diámetros terrestres. Primer intento de medir
luego sufrir un proceso de diferenciación. también la distancia al Sol. Sistema heliocéntrico.
— Anaximeno (siglo VI a.C., com o el anterior). Propone al aire como — Eratóstenes (siglo III a.C.): primera medida real y muy exacta del
principio único, diferenciable por condensación y rarefacción. diámetro de la Tierra (arco de círculo entre Asuán y Alejandría).
— Pitágoras (Samos, siglo VI a.C.). Probablem ente el primero que sos­ — Hiparco (siglo II a.C.): el astrónomo más famoso de antes de la era
tuvo que la Tierra es esférica, y que el lucero vespertino y el m atutino son cristiana. Desarrolló la trigonometría, hizo observaciones numerosas y
el mismo. La escuela pitagórica subraya las relaciones matemáticas, divini­ exactas, construyó un observatorio e instrumentos con los cuales midió
zando los números, a partir de los intervalos m usicales. Sistema astronó­ las posiciones de 850 estrellas, dejando así el primer catálogo celeste de
mico basado en esferas y m ovim ientos circulares de los planetas contra el valor científico. Inventó la clasificación en magnitudes; descubrió la pre­
fondo de las estrellas fijas. Los miembros más notables de la escuela son: cesión de los equinocios; obtuvo con gran exactitud la distancia y tamaño
— Parménides: afirma que la Luna brilla con luz reflejada, no propia. de la Luna. Inventa el sistema de ciclos y epiciclos para explicar los
— Anaxágoras (siglo V a.C.): el Sol es una esfera de fuego; la Luna, movimientos aparentes de los planetas.
de tierra. Da una explicación de los eclipses de sol y luna. — Tolom eo (siglo II era C.): el ultimo gran astrónomo griego. Com­
— Filolao (siglo V a.C.): da el gran paso de sugerir un m ovim iento de piló el saber astronóm ico griego en los 13 volúm enes del Almagesto.
la Tierra para explicar el giro aparente diurno de la esfera de las estrellas. Perfeccionó las observaciones y sistema de Hiparco, introduciendo órbi­
Propone la existencia de un fuego central, siem pre invisible para nosotros tas excéntricas. Su sistema perdura hasta Copérnico.
por ocultarlo la Anti-Tierra. Así obtiene el núm ero perfecto de cuerpos En los 13 siglos que siguen a la m uerte de Tolomeo, los únicos que
astronóm icos (10, contando la esfera de las estrellas fijas com o uno) continúan las observaciones astronóm icas son los árabes e indios. Estos,
Música de las esferas que manifiesta la armonía del cosmos. a partir del año 300, consiguen medir también con exactitud la distancia
166 METAFÍSICA DE LA MATERIA
E S Q U E M A H I S T Ó R I C O D E L D E S A R R O L L O D E L A S C IE N C IA S 167
a la Luna, pero su desarrollo científico es sobre todo m atem ático. Lo-;
árabes actúan como transmisores de la cultura antigua a la Europa me­ rrollo del álgebra, en que Diofante llega a usar letras como símbolos de
dieval, retinando al m ismo tiempo el sistema de Tolom eo. Pero es tam­ cantidades desconocidas. Pero el declinar de la cultura greco-romana
bién la matem ática el campo en que sus contribuciones son m ás im por­ impide su desarrollo ulterior.
tantes. India y China: a partir del siglo V a.C. se desarrollan el álgebra y la
aritmética, con símbolos para extracciones de raíces, números negativos
e irracionales, librándose así de métodos puramente geométricos. A los
DESARROLLO DE LA CIEN CIA: M A TEM ÁTICAS indios debemos nuestro sistema de numeración, lenguaje im portantí­
simo en el desarrollo de la matemática. Los avances de indios y chinos
Grecia: la matemática toma sobre todo el camino de la geometría, debi­
llegan a Europa a través de los árabes:
do a la falta de un lenguaje sim bólico para las operaciones aritm éticas y
— Alkarismi (Mohamed ibn Musa abu Djefar al-Khwarizmi, siglo IX).
algebraicas (no hay sím bolos para el cero, o núm eros negativos, o canti­
Su tratado de álgebra se llama Al-gebr al-muqabala, o sea, «transposición
dades mayores que 10.000).
y simplificación», indicando así las operaciones principales del álgebra.
— Pitágoras: relaciones num éricas en la m úsica. Teorema de su nom­
Introduce en Europa la numeración india. Plantea y resuelve la ecuación
bre para los lados de un triángulo rectángulo.
de segundo grado con dos raíces. De su nombre y del de su obra vienen
— Platón: su insistencia en las «formas» com o la verdadera realidad
las palabras álgebra, algoritmo y guarismo.
realza el valor de la geometría.
— Alkaizami (siglo XI): se plantea el método de resolver ecuaciones
— Eudoxo, su discípulo, desarrolló muchos de los teorem as que des­
cúbicas. A partir de este siglo, la mayoría de los autores árabes no hace
pués recogió Euclides (prim er director de la Escuela de Alejandría),
sino repetir.
— Euclides (siglo III a.C.): recoge el saber m atem ático de su tiempo,
La obra de Alkarismi fue traducida por Leonardo de Pisa en el siglo
presentándolo en forma lógica, a base de axiom as y deducciones. La
XII, y así se introduce el álgebra en Europa.
geometría euclídea es todavía la base de lo que se estudia hoy día a nivel
A partir del escolasticismo se separan la filosofía y la ciencia, quedan­
elemental. En álgebra consigue la solución de ecuaciones de segundo y
do el m étodo matemático para ésta y desarrollándose una filosofía de la
tercer grado por m edios geom étricos. Teorem a de la existencia de infi­
naturaleza como rama de la metafísica. Sus pasos más importantes se
nitos núm eros prim os. Eratóstenes inventó su «criba» para hallar los mencionan en el esquema siguiente.
números primos.
— Arquím edes (siglo III-I1 a.C.): originó la geom etría diferencial y el
cálculo de volúmenes por un m étodo sem ejante al cálculo integral. Halló DESARROLLO DE LA FÍSICA
el área de un segmento de parábola. Fam oso por su principio de hid ros­ Y FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA
ta tica. Ya hemos mencionado los esfuerzos de Tales, Anaximandro y Anaxi-
— Apolonio de Pérgamo (siglo II a.C.): investigó las secciones cónicas, meno para encontrar un constituyente o principio único de toda la varie­
llegando a dar las ecuaciones de esas curvas (expresadas en lenguaje dad de las cosas materiales. Una tendencia más filosófica que física se
geométrico). encuentra en Jenófanes (siglo Vl-V a.C.): la variedad se reduce a la uni­
— H iparco (siglo II a.C.): prim era tabla de funciones trigonométricas dad gracias al LOCOS, principio ordenador mental. Las cosas son porque
(senos). son inteligibles. Su contemporáneo Heráclito toma como su divisa el fluir
Durante nuestra era se desarrolla la trigonometría esférica (siglo I); de todo lo aparente, indicio de su falsedad, contrapuesta a la perm a­
por m étodos geom étricos se extraen raíces cuadradas y cúbicas, se co­ nencia y unidad del Logos. Afirmó un proceso cíclico universal.
mienza el estudio de progresiones aritméticas y geométricas y se formula — Parménides (siglo V a.C.): le preocupó el problema del ser y no-
el problem a de encontrar soluciones con núm eros enteros para ecua­ ser, y la posibilidad del cambio. La experiencia de los sentidos es enga­
ciones diversas (Diofante, siglo III-IV). Este fue un com ienzo de desa­ ñosa al presentar el cambio como real. La realidad racional es una.
16 8
METAFÍSICA DE LA MATERIA ESQUEMA HISTÓRICO DEL DESARROLLO DE LAS CIENCIAS 169

— Zenón, su discípulo, presentó como argum entos contra la realidad mo, porque todo cuanto existe tiene que ser macizo, continuo, nunca
del cambio sus fam osas «aporías» contra el m ovim iento local.
inextenso.
— Escuela Atom ística: de una forma m ás o m enos elaborada, sostie­ Abandonó la descripción matemática de los fenómenos, insistiendo
ne que todos los seres m ateriales se com ponen de elem entos mínimos en cambio en el método deductivo. Esta actitud es exagerada por muchos
indivisibles.
escolásticos, a través de los cuales el aristotelism o fue una barrera a
— Empédocles (siglo V a.C.): probablemente el originador de la doctri­ nuevas ideas.
na de los cuatro elem entos: aire/ agua, tierra y fuego. Todos los cam ­
bios resultan del juego de dos fuerzas: am or y odio.
— Pitágoras y sus discípulos, al identificar los núm eros con puntos DESARROLLO CIENTÍFICO DE LA EDAD MEDIA
matemáticos, introducen también una especie de atom ism o ideal.
— Leucipo (siglo V a.C.) es el fundador del Atom ism o físico. El uni­ A partir de los siglos XI y XII se desarrolla la Escolástica, que en las
verso se compone de un núm ero infinito de elem entos cuantitativam ente nuevas Universidades presenta la visión científico-filosófica de Aristó­
distintos. teles. En astronomía/ el sistema de Tolomeo se da por indudablemente
— Demócrito, su discípulo (siglo IV a.C.), continúa esta teoría atómica, cierto; en física, el hilemorfísmo se hace casi dogma, así como la concep­
sistematizándola. Los átom os se distinguen entre sí por cualidades pura­ ción finalista y cualitativa del mundo.
mente mecánicas: tamaño, peso, forma y velocidad; su m ovim iento es Roger Bacon y Alberto Magno (ambos siglo XIII) son los represen­
posible por estar rodeados de vacío (no-ser). Las cualidades sensibles de tantes casi únicos de un interés por las ciencias experim entales, opuesto
los cuerpos son solam ente algo subjetivo, pues en la realidad sólo existen al dogmatismo de los seguidores e intérpretes de Aristóteles. Bacon cons­
las cualidades ya m encionadas de los átomos. truyó lentes de aumento, estudió las propiedades de la luz, inventó una
— Platón, centrando su interés en el mundo de las ideas — «formas'— , forma de pólvora y catalogó los errores del calendario juliano. Alberto
influyó positivamente en el desarrollo de la m atem ática, pero su despre­ Magno estudió los metales y elementos inorgánicos, observó el cometa
cio por el mundo sensible im posibilita las ciencias experim entales. de 1240, y, en general, insistió en el estudio experimental.
— Aristóteles fue un gran observador y científico, al m ism o tiempo En el siglo XIV la «Escuela del ímpetus» modifica la parte más débil
que filósofo. Su filosofía de la naturaleza se basa en la dualidad materia- de la física aristotélica: el movimiento de proyectiles y caída de los cuer­
forma. Esta forma no es algo abstracto, como para Platón, sino como un pos. Juan Buridan, Alberto de Sajonia y Nicolás de Oresm es proponen
constitutivo físico de las cosas m ismas. Este teoría Hilem órfica es acep­ un concepto precursor del momento (masa x velocidad) de la física mo­
tada más tarde por la Escolástica, perdurando hasta nuestras días. derna: un cuerpo puesto en movimiento continúa en movimiento cuando
Aceptó los cuatro elem entos de Em pédocles, pero añade un nuevo la fuerza motriz ya ha dejado de actuar porque ha recibido un «ímpetu»
elemento de m ayor perfección, inm utable e incorruptible, del cual están —cualidad interna— proporcional a la cantidad de materia del cuerpo
formados los astros. Explica los fenóm enos n aturales por tendencias (factor masa del momento).
innatas, un poco antropom órficam ente, ya que para él la prim acía en
el orden causal la tiene la causa final. A sí, los cuerpos pesados caen EL RENACIMIENTO: REVOLUCIÓN CIENTÍFICA
por su tendencia a buscar su «lugar natural», que es abajo; la caída
acelerada muestra el «gozo» de los cuerpos al acercarse a su lugar na­ El gran cambio de la atmósfera científica comienza con la obra astro­
tural. Los astros se mueven en círculos, porque el círculo es el m ovi­ nómica de Nicolás Copémico (1473-1543). Usando todos los datos expe­
m iento natural de los cuerpos supraterrestres. Com o los cuerpos pesa­ rimentales de Tolom eo y los árabes, formula un sistema heliocéntrico
dos — «graves»— tienen como estado natural el reposo, un m ovim iento para obtener una representación matemáticamente más sencilla de los
continuo exige una fuerza continua. N iega la posibilidad del vacío, movimientos de los planetas. Así elimina los epiciclos; pero su sistema
hacia el que la naturaleza siente una repulsión innata; niega el atorrus- no es más exacto que el de Tolom eo en la representación de los fenó­
METAFÍSICA DE LA MATERIA ESQUEMA HISTÓRICO DEL DESARROLLO DE LAS CIENCIAS 171

m enos, porque m antiene todavía las esferas y el m ovim iento circular El segundo campo en que Galileo trabajó, como resultado de su con­
Más que por sus aportaciones al cálculo exacto de órbitas, el sistema de dena por la Inquisición, fue la mecánica, y aquí sus contribuciones teóri­
C opém ico tiene im portancia filosófica por cam biar el punto de vista cas revisten la mayor importancia. Demuestra que el espacio recorrido
tradicional: ahora la Tierra es un planeta más, probablem ente hecho de por un cuerpo en movimiento acelerado (caída libre) es proporcional al
la misma materia que los otros. Y el universo debe ser inconcebiblemente cuadrado del tiempo. Prueba también — contra Aristóteles— que cuerpos
vasto, pues la órbita de la Tierra alrededor del Sol no produce ningún de diverso peso caen a la misma velocidad, y que los fenóm enos mecá­
cam bio apreciable de perspectiva en la posición de las estrellas. nicos ocurren exactamente del mismo modo en un laboratorio en repo­
Tycho Brahe (1546-1601) fue un gran astrónom o experim ental. En la so o en movimiento uniforme. Prueba también la continuación del movi­
isla de Hven, en Dinamarca, tuvo a su disposición el prim er observatorio miento en la ausencia de roce, y da los conceptos exactos de velocidad y
astronóm ico de Occidente, equipado con los instrum entos más exactos, aceleración.
m uchos diseñados o perfeccionados por él. Propuso un sistem a del Con Galileo comienza la física matemática, cuantitativa. Expresando
mundo en el que la Tierra es todavía el centro, pero todos los demás las leyes físicas en forma m atem ática, se hace posible el cálculo y la
planetas giran alrededor del Sol, que los arrastra en su órbita alrededor predicción y comprobación rigurosa de hipótesis. Este es el camino que
de la Tierra. La gran contribución de Tycho fue el dar sus cuadernos de llevará a los grandes triunfos de Newton, nacido el mismo año en que
observaciones cuidadosas a su colaborador y sucesor Kepler. muere Galileo.
Johann Kepler (1571-1630) utilizó todos los datos de Tycho para probar Antes de Newton, Rene Descartes (1596-1650) propuso una razón
el sistema heliocéntrico de C opém ico. Eliminó definitivam ente las esfe­ mecánica del movimiento de los planetas: van arrastrados por un torbe­
ras, hablando en cambio de las órbitas planetarias. Y formula las leyes llino del éter, materia continua que llena el universo. Cada planeta es/
del movimiento de los planetas: a su vez, centro de un torbellino secundario que causa la rotación del
planeta y sus satélites, y causa también la fuerza de la gravedad.
1. Las órbitas son elipses (venciendo al fin la obsesión del círculo).
Esta teoría no permite deducir las leyes de Kepler. Descartes aporta
2. El radio del planeta al Sol cubre áreas iguales en tiempos iguales.
una contribución mucho más valiosa con su desarrollo de la geometría
3. Los períodos orbitales al cuadrado son proporcionales a las distancias planeta-
analítica.
Sol a l cubo.
El holandés Christian Huygens (1629-1695) propone también la exis­
Aunque Kepler no sabe a qué se debe el m ovim iento de los planetas tencia del éter para explicar la propagación de la luz, a la que considera
alrededor del Sol, ya afirma que del Sol procede la causa de ese m ovi­ una vibración mecánica del éter.
miento, tal vez como una fuerza magnética. Isaac Newton (1642-1727) es la gran figura de la física clásica. En su
Galileo (1569-1642): es el sím bolo de la lucha entre las ideas m oder­ obra «Philosophiae Naturalis Principia Mathematica» presentó las leyes
nas y el apego ciego a la autoridad tradicional aristotélica. Sus contribu­ del movimiento y su aplicación al sistema solar:
ciones científicas son dobles: en astronom ía fue el prim ero en aplicar el
telescopio a la observación del cielo. Inm ediatam ente, descubre los cráte­ 1. Todo cuerpo continúa en su estado de reposo o movimiento en línea recta
res y montañas de la Luna y las m anchas del Sol, destruyendo el mito mientras una fuerza no produzca un cambio en ese estado.
de la «quinta esencia» e incorruptibilidad de los cuerpos celestes. Al 2. El cambio de movimiento (aceleración) es proporcional a la fu erza, y ocurre
descubrir los satélites de Júpiter, muestra que hay astros que no giran en la dirección en que la fuerza actúa.
alrededor de la Tierra. Las fases de Venus indican su órbita alrededor 3. A cada acción corresponde una reacción igual y en dirección opuesta.
del Sol. Estos datos van directamente contra la filosofía natural de Aristó­ 4. Ley de la gravitación universal: todo ocurre en la naturaleza como si
teles y sus seguidores. Galileo sufrió persecución sobre todo por ense­ los cuerpos se atrajesen con una fuerza que es directamente propor­
ñar el movimiento de rotación de la Tierra, aunque sus argum entos no cional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cua­
son científicam ente válidos. drado de la distancia.
172
METAFÍSICA DE LA MATERIA
ESQUEMA HISTÓRICO DEL DESARROLLO DE LAS CIENCIAS 173
Así se explica por fin el m ovim iento de los planetas y la caída de los
bución uniforme de la energía en un futuro más o menos lejano, con la
cuerpos. Newton dem uestra que las leyes de Kepler son una consecuen­
consecuencia de que el universo no podría ya sufrir cambio alguno
cia necesaria de su ley de gravitación. Y se sienta la base para predecir
(muerte térmica).
con exactitud la posición y m ovim iento de todos los astros.
En el campo de la electricidad y magnetismo. Oersted (1820) y Fara-
N ew ton contribuyó también de forma im portantísim a a la hidrodiná­
day (1831) establecen la equivalencia de ambas fuerzas. Hertz descubre
mica, la óptica, la astronom ía experim ental (inventó el telescopio reflec­
la naturaleza electromagnética de las ondas luminosas. Maxweil las ana­
tor y descom puso la luz blanca con un prism a).
liza como vibraciones de los campos eléctrico y magnético, y extiende
esta concepción a todas las vibraciones del éter que se transmiten con la
EL U N IV ERSO DE LA FÍSICA CLÁSICA velocidad de la luz (medida en 1675 por Rómer). Así, los fenóm enos
electromagnéticos y la luz quedan incorporados al campo de la mecá­
A raíz de los trabajos de Newton, la M ecánica se convierte en ejem­ nica.
plo y m odelo de toda la ciencia. Un fenóm eno se considera satisfactoria­ Esta situación, aparentemente tan satisfactoria, encuentra su expre­
mente explicado si puede reducirse a fuerzas y m ovim ientos regidos por sión más explícita en la afirmación de Laplace: un entendimiento sufi­
las leyes de Newton. Y éstas prueban su exactitud con los cálculos de la cientemente vasto, que pudiese conocer en un momento dado las masas,
órbita del cometa de H alley (1682), cuyo retom o en 1758 dem ostró la posiciones y velocidades de todas las partículas del universo, conocería
aplicación de la m ecánica celeste aun a cuerpos gaseosos; el descubri­ necesariamente toda la historia futura y pasada del cosmos. Los únicos
miento de Urano (Herschel, 1781), una vez más de acuerdo con las leyes elementos independientes son: espacio, tiempo, masa y movimiento.
de Kepler y N ew ton; N eptuno, encontrado en 1846 según las predic­ El espacio es algo real, absoluto, marco cierto e inmutable de cuanto
ciones de LeVem er y Adam s; el paralaje estelar, verificado por Bessel ocurre. El tiempo, aunque para Newton era igualmente absoluto, para
(1838) y que finalmente prueba la rotación de la Tierra alrededor del Sol otros pierde su importancia: un tiempo sólo puede designarse por las
y, al mismo tiempo, las dim ensiones increíblem ente vastas del universo coordenadas de todas las partículas del universo en un momento dado.
estelar. Un sentido de satisfacción pervade la ciencia de esta época: hay Si esas coordenadas vuelven a darse exactamente, el tiempo vuelve a ser
un camino seguro para entender el universo, sin recurrir a agentes miste­ el mismo. Así puede darse un universo cíclico, en el que hasta la irrever­
riosos más allá de la com probación experim ental. sibilidad y entropía pueden vencerse por el tratamiento estadístico, que
La visión m ecanicista se extiende incluso a la term odinám ica y a la prevé que todas las combinaciones de partículas son posibles, incluso
electricidad. Thompson (1798) abandona la idea del calor como un fluido, las que repiten combinaciones anteriores. Lo único que queda por hacer
basado en el fenóm eno de la producción de calor por fricción. Joule esta­ es perfeccionar más las medidas: añadir otro decimal.
blece la equivalencia entre trabajo m ecánico y energía térm ica. Y se for­
mulan las leyes de la termodinámica:
LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA MODERNA
1. En un sistema cerrado (térmicamente aislado) la energía total es constante
(suma de energía mecánica, potencial y calorífica).
El experim ento de M ichelson y Morley, que se proponía detectar el
2. M ientras que el trabajo mecánico puede convertirse totalm ente en calor, es «viento de éter» debido al movimiento de la Tierra, dio un resultado nulo.
imposible convertir el calor totalmente en trabajo: los procesos naturales son Para asombro de todos los físicos, la velocidad de la luz mantuvo exacta­
irreversibles, y la entropía siem pre aumenta. mente el mismo valor cuando la Tierra se movía hacia los rayos lumino­
3. Es imposible por medio de un número fin ito de procesos físico s reducir la sos y cuando se alejaba de ellos. Todos los intentos de explicar este resul­
temperatura de un sistema al cero absoluto (entropía cero). tado en términos de la mecánica clásica resultaron fallidos o artificiales.
Estas leyes presentan una dificultad aparentem ente insoluble contra En 1905, Einstein propuso una solución radical: descartar el éter y
la concepción puram ente mecánica del universo, pues predicen la distri­ aceptar como dato básico experimental la constancia de la velocidad de
la luz en el vad o. Esto lleva lógicamente a la variabilidad de las medidas Esto implica la imposibilidad de predecir exactam ente el resultado de
de espacio y tiempo, según el observador se encuentre en reposo o en cualquier experimento con partículas subatómicas: nunca podemos saber
m ovim iento uniforme con respecto al objeto m edido. Es la Teoría de la con exactitud los necesarios parámetros.
Relatividad Restringida. Su contenido general puede resum irse en la afir Una nueva física, la física cuántica, se desarrolla durante los años
mación de que es absolutam ente im posible por ningún experim ento físi­ veinte, por autores como Heisenberg, Schródinger y Dirac. Al mismo
co el distinguir entre el estado de reposo y el de m ovim iento uniforme tiempo, la aparente sencillez del átomo da lugar a una complicada serie
y que la velocidad de la luz en el vacío es constante y un lím ite absoluto de partículas «elementales». Es la situación rica, pero desconcertante, de
Consecuencias: aum ento de masa con la velocidad, contracción de hoy.
longitudes en la dirección del m ovim iento, dilatación del tiempo, equi­
valencia de masa y energía. Todos los efectos son perfectam ente recí­
EL UNIVERSO DE LA FÍSICA Y ASTRONOMIA DE HOY
procos y, en consecuencia, aparentes para cada observador en determ i­
nado m arco de referencia. Al mismo tiempo que la física tema que renunciar a describir los cons­
En 1916, Emstein am plía su concepción para incluir m ovim ientos ace­ titutivos mínimos de la materia en términos asequibles a la imaginación
lerados, y llega a una identificación de gravedad y aceleración. En lugar y experiencia m acroscópica, la astronom ía revelaba m agnitudes más
de una fuerza de atracción universal, Einstein propone una interpreta­ abrumadoras y empequeñecedoras para el orgullo humano. El Sol deja
ción geométrica de la gravedad: la presencia de masa produce una dis­ de ser centro de nada más importante que su pequeño cortejo de plane­
torsión del espacio tridim ensional (hacia una cuarta dim ensión), de tal tas. Se encuentra en un brazo de la Vía Láctea, a 30.000 años-luz del cen­
modo que los cuerpos tienen que seguir curvas llam adas geodésicas, tro, perdido entre 100.000 millones de estrellas semejantes. La misma Vía
equivalentes a-la recta en un espacio euclídeo. Láctea/ que Herschel consideraba ser todo el Universo, queda reducida
Com probaciones experim entales (vida media del m esón, masa de a una de las más de 100.000 m illones de galaxias. Recientemente/ el
partículas aceleradas en el ciclotrón, desviación aparente de estrellas descubrimiento de quasares y la radiación de fondo nos permiten creer
cerca del limbo solar, enrojecim iento de la luz em itida en un campo que vemos los límites espaciales y temporales del Universo, presentán­
gravitatorio) forzaron la aceptación de la teoría en contra de todo «sen­ donos con el problema filosófico de su finitud.
tido común» e incapacidad im aginativa de representam os espacios La filosofía de la Naturaleza quedó durante esta revolución científica
curvos. casi al margen de los nuevos conceptos y teorías. Los filósofos escolásti­
Simultáneamente, a partir de 1900, otras ideas revolucionarias hacen cos, en su mayoría, consideraron los nuevos datos más como dificulta­
su aparición en el campo de la física nuclear. Max Planck dem ostró que des que resolver desde el punto de vista aristotélico que como base sobre
la radiación luminosa es emitida por los átom os en unidades indivisibles, la que formular nuevas preguntas y posibles respuestas. Entre los cientí­
cada una un «quantum» de energía. Einstein lo confirm a con la explica­ ficos, una gran parte desdeña las cuestiones filosóficas, y con el positi­
ción del fenómeno fotoeléctrico. Y Bohr lo aplica a las órbitas posibles vismo lógico convierte en credo la negativa de pensar o aceptar ni un
para los electrones que giran alrededor del núcleo atóm ico. Así se destru­ concepto que no sea experim entalm ente verificable. Para esta escuela,
ye la idea clásica de continuidad, con su aceptación implícita de la posibi­ no tiene sentido preguntarse qué son las cosas, sino solam ente cómo fun­
lidad de medidas cada vez más refinadas, sin límite. cionan y cómo pueden darse reglas que perm itan predecir resultados
La implicación de la teoría cuántica la explícita H eisenberg con su experimentales.
principio de indeterminación. Es una propiedad necesaria de todo ex­ La mayor actividad filosófica se dirige hacia la epistem ología, el estu­
perimento el que la incertidumbre de posición y la incertidum bre en el dio del conocer científico, sus fronteras y su validez. Es la Filosofía de la
valor del momento están relacionadas por la fórmula: Ciencia, en pleno auge en nuestros días.
Sin embargo, el deseo innato de saber qué son las cosas es básico en
Ax Ap > h / 2 n (h: constante de Planck). Igualmente AE . At > h/2n toda investigación científica, y los más grandes físicos se han pronun-
176
M E T A F Í S I C A D E LA M A T E R IA

ciad o abiertam ente en este sentido de buscar la realidad objetiva no


S° e,CdÓn de reglaS >' ^ Para exper,mentar con éxito B IB L IO G R A F ÍA
"E l interés por el porm enor es bueno y necesario, pero lo que en defi-
ruhva querem os saber es cómo es la realidad.» Heisenberg
«Que debem os com enzar por lo pequeño cuando querem os mejorar
lo grande, es sin duda, un excelente principio en el campo de la conduc
ta practica; e incluso en la propia ciencia puede resultar este cam ino
correcto en no pocos tramos del mismo, con tal que no se pierda de vista
la coherencia universal de la totalidad... Pero el positivism o en su forma
actual incurre en el error de m enospreciar el gran nexo general de las
cosas, dejando conscientem ente en la niebla —quizá ahora hava exage­
rado con mi crítica— o, al m enos, no anim ando a nadie a pensar en
aquél.» Id. r
«Según los positivistas... el mundo se divide en dos sectores- el de lo Como se indicó en la Introducción, no debe confundirse la Filosofía de
que puede decirse con claridad y el de aquello sobre lo que debe guar­ la Naturaleza ni con la Filosofía de la Ciencia ni con la Historia de la Filosofía
darse silencio. Pero no hay filosofía tan sin sentido com o ésta. Porque o la Historia de la Ciencia, aunque ambas materias sean útiles para una
no hay apenas nada que pueda expresarse con claridad. Si se elimina mejor comprensión de los temas. En el ambiente intelectual moderno se
todo lo que es oscuro, probablem ente sólo quedarán algunas tautologías rehuye frecuentemente la discusión frontal de los problemas, sustituyén­
carentes por com pleto de interés.» Id. dola por una visión descriptiva del desarrollo de las ideas por escuelas
«El prefijo «meta» significa pura y sim plem ente que se trata de cues­ o autores, con la implicación de que no hay verdad o que no es cognos­
tiones que vienen después, es decir, cuestiones que versan sobre los cible; se discute más bien la metodología que el contenido. En su forma
fundamentos de la disciplina correspondiente. ¿Por qué, pues, no se ha extrema, esta actitud es estéril para el avance científico en cualquier cam ­
de poder investigar lo que hay más allá de la física?»... «No debe olvi­ po; lo es muy especialm ente en la Filosofía, ya en peligro — por su pro­
darse jam ás ese estrato profundo en el que habita la verdad.» Id. (Diálo­ pia naturaleza— de perderse en palabrería.
gos sobre la Física Atómica, BAC. M adrid, 1972.) Por este clima intelectual, y por la dificultad de encontrar autores que
se sientan capaces de unir ciencias físicas y raciocinio filosófico, no es
fácil indicar libros directamente útiles para los temas que se han expuesto
en este tratado. Los títulos que aquí se indican, tanto de libros como de
artículos, son generalmente sólo de interés parcial, y sus puntos de vis­
ta deben contrastarse con los argumentos lógicos presentados en cada
tema.

Libros en español de mayor amplitud:

ARTIGAS, M ., Filosofía de la N aturaleza, 4 ed., EUNSA, Pamplona.


AUBERT, J.M ., Filosofía de la Naturaleza, 6 ed., H erder, Barcelona 1987
BUTTERFIELD, H., Los Orígenes de la Ciencia M oderna, Taurus, Madrid 1971.
CAPEK, M., Impacto Filosófico de la Física Contem poránea, Tecnos, Madrid 1965.
GOÑ1 ARREGU1, F , La Cara Oculta del M undo Físico, Gredos, Madrid 1974.
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1
METAFÍSICA DE La MATERIA 179
BIBLIOGRAFIA

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PO PPER, K y EC C LES, J., El Yo y su Cerebro, Labor, Barcelona 1993. po científico, desde la sociología hasta la astrofísica, con autores de re­
PRIESTLY,) B , El Hombre y el Tiempo, Aguilar, Madrid 1969 nombre.
RU SSELL, B., El Análisis de la Materia, Taurus, Madrid 1969. Una selección de artículos recientes de temas astronóm icos y físicos:
SA N C U IN E T l, J.J., El Origen del Universo, EDU CA, Buenos A ires 1 9 9 4 .
WELZSÁCKER, C.F. von, La Imagen Física del Mundo, BAC, M adrid 1 9 7 4 . De M UN D O C IEN TÍFIC O : (RBA Revistas, Barcelona):
— La Importancia de la Ciencia, Labor, Barcelona 1968. N.° extra, Abril 2001: El N acim iento del Cosm os (diversos autores).
N.° 34: El Big Bang Hoy.
N.° 57: La Formación del Universo.
Libros de divulgación científica dirigidos a lectores de nivel universi­
tario se encuentran en gran núm ero en varias editoriales: De SC RIPTA TH EO LO G IC A
Enero-Agosto 87: Física y Creación.
A LIAN ZA U N IV E R S ID A D , M adrid:
ASIM OV, I., El Universo, 1975. De SILLA R :
FRJTSCH , H., Los Q uarks, la Materia Prima de Nuestro Universo, 1982. Julio-Sept. 81, 82, 83: El U niverso Según la N ueva A stronom ía (3 partes).
G EROCH , R., La Relatividad General (de la A a la B), 1985.
N A R L IK A R , )., Fenómenos Violentos en el Universo, 1987. De IN V ESTIG A C IÓ N Y CIEN CIA:
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— De Los Atomos a Los Quarks, 1985. Sept. 96, no. 240, HAWK1NG, S.W . y PENROSE, R., La N aturaleza del Espacio y el
Tiempo.
M arzo 96, no. 234, M U KERJEE, M., Explicación de Todo.
Entre las revistas en español que son de carácter científico fiable des­
Dic. 94, no. 219, Vida en el U niverso (diversos autores).
taca /NI ESTIGACIÓN Y CIENCIA, versión casi completa de SCIENTIFIC
Abril 93, no. 199, SAN Z, J.L., y M A RTIN EZ G LZ ., E., Radiación Cósm ica del Fon­
AM ERICAN publicada dos meses después del correspondiente original do de M icroondas.
en inglés También es de buen nivel M UNDO CIEN TÍFICO, versión de Ene. 93, no. 196, FREEDM A N, W .L., Velocidad de Expansión y Tam año del Universo.

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