Stamateas, Alejandra
Y cerrada la puerta... : encuentros de intimidad con Dios / Alejandra Stamateas.
- 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Presencia de Dios, 2022.
Libro digital, PDF
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-8463-40-7
1. Espiritualidad Cristiana. I. Título.
CDD 248.4
Y cerrada la puerta...
Encuentros de intimidad con Dios
Alejandra Stamateas
- 1° edición -
Presencia de Dios
José Bonifacio 332, Caballito,
Buenos Aires, Argentina.
Tél.: (54011) 4924-1690
www.presenciadedios.com
Edición: Silvana Freddi
Diseño de tapa y diagramación: Diseño Presencia
No se permite la reproducción parcial o total de este libro, en cualquier
forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, median-
te fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo
y escrito del editor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y
25.446.
ÍNDICE
1
Mi sí es sí; mi no es no 11
2
Mi pensar es como Cristo piensa 14
3
Dios siempre nos dará vida 17
4
Aunque no lo veamos, Él siempre está 20
5
Tu presencia es mi todo 22
6
Transformados por Su gracia 24
7
No me dejes caer en la tentación 26
8
Cristo es mi libertad 29
9
Señor, adonde digas, iré (Parte 1) 31
10
Señor, adonde digas, iré (Parte 2) 34
3
ÍNDICE
11
Señor, ¡aquí estoy! 38
12
Confianza plena 40
13
Jesús nos habla todo el tiempo 43
14
Todo fue hecho por La Palabra 45
15
Lo que no comprendo, lo entenderé después 48
16
Ana, una mujer que derramó su corazón (Parte 1) 50
17
Ana, una mujer que derramó su corazón (Parte 2) 52
18
Ana, una mujer que derramó su corazón (Parte 3) 55
19
Mi mayor deseo eres Tú 58
20
Sus sueños son más grandes que mis deseos 60
21
Las obras de Dios serán manifestadas (Parte 1) 62
22
Las obras de Dios serán manifestadas (Parte 2) 65
4
ÍNDICE
23
Dios es bueno siempre 68
24
Eres Su hijo 71
25
La intimidad con el Señor es lo primero 73
26
Señor, confío en Ti 76
27
Esto también pasará 78
28
Uno con el Señor 80
29
Uno con Su Palabra 83
30
Dios vive en mí 86
31
¿Quién eres? 88
32
¿A quién estás buscando? 90
33
Quiero oírte solamente a Ti 93
34
La Palabra es primero para nosotros 95
5
ÍNDICE
35
El silencio de Dios 97
36
¿Será o no será? 99
37
Un encuentro de amor 102
38
Oración de confianza 104
39
24/7 107
40
En lo peor, suelta lo mejor 110
41
El equilibrio perfecto (Parte 1) 112
42
El equilibrio perfecto (Parte 2) 115
43
El equilibrio perfecto (Parte 3) 118
44
Él intercede por mí 121
45
Mi deseo es Tu deseo 124
46
La bendición es una persona 127
6
ÍNDICE
47
Soy atraído a Ti 130
48
Inteligencia Vs. Sabiduría 132
49
Hoy me rindo a Ti, Espíritu Santo 134
50
Dios escribe mi agenda 136
51
Si Dios avanza, yo también. Si Dios se queda
quieto, yo también 138
52
Hoy me paro en Tus fuerzas 141
53
Solo te disfruto a Ti (Parte 1) 144
54
Solo te disfruto a Ti (Parte 2) 147
55
Él es nuestro todo 149
56
Dios cambiará tu nombre 151
57
Hoy daré a luz 154
58
Ya no doy más vueltas 157
7
ÍNDICE
59
En Tus manos soy transformado 159
60
Atento a Tu voz 161
61
Hablaré “paz” 163
62
Dios no se repite 166
63
¡Está todo bien! 168
64
Mi lámpara continuará encendida 170
65
Dios quiere verte brillar 172
66
Vivir en el espíritu 175
67
Somos transformados, no cambiados (Parte 1) 177
68
Somos transformados, no cambiados (Parte 2) 181
69
Bendigo y soy bendecido 184
70
Yo sé a quién he creído 187
8
ÍNDICE
71
En el silencio, Dios 189
72
Mi sed se sacia solo con Cristo 191
73
Despojándome de mi todo 193
74
Tú, mi única Fuente 196
75
Cien veces más 198
76
Sin relojes 201
77
En el valle y en el llano, Dios 203
78
Solo busco Tu rostro 206
79
Eres mi agua de cada día 208
80
Dijo Dios: “Todo lo mío es tuyo” 211
81
Estoy delante del Trono 213
82
Soy hijo, no esclavo 216
9
ÍNDICE
83
Solo te escucho a Ti 219
84
Dios habló, Dios hará 221
85
Dios crea con Su Palabra 223
86
Escucho Su voz, la declaro y la creo 226
87
Mi fortaleza está en Dios 229
88
Solo Tú eres Dios 231
89
Hoy renuevo mi pacto contigo 234
90
El velo fue quitado 236
10
1
MI SÍ ES SÍ; MI NO ES NO
¿Lo hago o no lo hago? ¿Voy o no voy? Ahora tengo ganas,
después no sé… Comenzamos nuestro día de una manera y, al
poco tiempo, nuestra actitud es otra. Doble ánimo.
Las personas que tienen doble ánimo, o doble alma, siem-
pre viven su vida entre encrucijadas. Esas dos almas luchan
entre sí, se pelean constantemente, proponen opciones dife-
rentes, obligando al individuo a decidir de manera incesante,
al escuchar un poco a un alma y otro poco a la otra. En una
oportunidad, una mujer me preguntó: “Alejandra, ¿qué hago?
¿Sigo soportando a mi pareja y hago como que no pasa nada,
o me divorcio de una vez por todas?”. En estas dos opciones no
hay nada del espíritu, solo hay dos almas aconsejando. “¿Me
voy a vivir a otro país donde tenga más posibilidades de ejercer
mi profesión o me quedo acá, en Argentina, y trabajo de lo que
sea?”. “¿Utilizo el dinero que tengo ahorrado para el cumplea-
ños de quince de mi hija o me compro un auto usado, porque
para uno nuevo no me alcanza?”. Quienes son dominados por
11
y c e r r a da l a p u e rta . . .
el alma viven permanentemente en este tipo de encrucijadas;
pero nosotros creemos que la mejor opción es la del Espíritu.
Los hijos de Dios tenemos que salirnos de la dimensión
del alma y entrar en la dimensión del Espíritu. Ya no podemos
tener doble ánimo y luchar con dos opciones, con dos almas.
No podemos servir al alma y al Espíritu al mismo tiempo, no
podemos tener dos señores en nuestra vida y dejarnos dirigir
por el alma o por el Espíritu Santo, según nos convenga.
El día que recibimos a Jesús en nuestro corazón, le entrega-
mos a Él toda nuestra vida; de manera que esta ya no nos perte-
nece, le pertenece al Señor. Este es el trato que hicimos con Él:
le dimos autoridad para que haga con nosotros lo que Él quiera.
Nuestra alma ya no tiene autoridad sobre nuestra vida, el único
que tiene autoridad es el espíritu. Entonces, cuando venga el
alma a querer tomar el control, podemos echarla y recordarle
que ya no tiene autoridad y que el único que gobierna nuestra
vida es Jesucristo, el Señor.
Necesitamos tener una única mente, la mente de Cristo, y
permitir que solamente ella nos gobierne. Cuando Su mente
esté en nosotros, nuestro sí será sí y nuestro no, no.
12
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al
uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro.
No podéis servir a Dios y a las riquezas (Lucas 16:13).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
13
2
MI PENSAR ES COMO
CRISTO PIENSA
¿Cuánto tiempo dedicas a pensar en los temas que el alma
te propone? Todos los días el alma te sugiere temas en los cuales
meditar. Por ejemplo: “No puedes pagar la cuota del colegio de
los chicos”, “Tu pareja te está engañando”, “Tus finanzas cada
vez están peor”. Y lo hace para que no tengas tiempo de tener
intimidad espiritual con el Señor. Cuanto más lugar le das al
alma, más esta se activa, porque se nutre y crece cada vez que
piensas en los temas que te propone.
Muchas veces, producto de tantos años de escuchar al
alma, creemos que tenemos libertad para decidir lo que quere-
mos, y nos olvidamos de que le hemos entregado esa libertad a
Jesucristo para que Él haga lo que considere mejor con nuestra
vida. Estamos acostumbrados a decidir nosotros dónde ir, qué
hacer, qué decir. Este es el trabajo que todos los días el enemigo
hace sobre nuestra vida.
14
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
La Escritura relata que los discípulos estaban predicando
en nombre de Cristo cuando fueron detenidos y encarcelados.
Cuando los liberaron, un ángel les volvió a decir: “¡Mucha-
chos, sigan predicando de Cristo!”. En otras palabras, les pidió
que hicieran lo mismo que los había llevado a la cárcel. Ellos
obedecieron y, ¿qué ocurrió? ¡Los llevaron presos otra vez! Aun
así, los discípulos no le pusieron condiciones al Señor, no le
dijeron: “Bueno, nosotros salimos a predicar, pero Tú líbranos
de la cárcel”.
En muchas ocasiones, intentamos ponerle condiciones a
Dios y le decimos: “Señor, yo prediqué de Tu Nombre, así que
ahora te pido que me ayudes a pagar los impuestos de mi casa”.
A veces, nuestro servicio es condicional, e incluso, internamen-
te, creemos que Dios nos tiene que recompensar por cada acto
espiritual que realizamos.
A los discípulos volvieron a encarcelarlos. “¡Les advertimos
que no tenían que predicar en ese nombre!”, les dijeron. Pero
ellos respondieron: “Nosotros no obedeceremos al hombre,
sino a Dios. Y, si Él dijo que prediquemos en el nombre de Cris-
to, eso haremos”. No consideraron otras opciones, no pusieron
condiciones. ¡Eso es tener la mente de Cristo! ¡Eso es pensar
como Cristo piensa!
Es por eso que cada día debemos llevar a la Cruz nuestra
propia opinión, nuestra mente. Dios nos pide que le obedezca-
mos a Él, aunque creamos que nuestras opciones son mejores.
El Señor tomará esos pensamientos del alma y los transformará
en los de Él. De manera que, cuando el alma te dé una idea para
15
y c e r r a da l a p u e rta . . .
que te angusties, te amargues y te desesperes, ese pensamiento
no tendrá lugar en tu mente y pensarás como Él piensa. El que
ordena tus pensamientos es el Señor y los ordena en Cristo
Jesús.
ORAMOS JUNTOS:
No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración
y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la
paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus
corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
(Filipenses 4:6-7).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
16
3
DIOS SIEMPRE
NOS DARÁ VIDA
¿Sueles tener pensamientos catastróficos? Necesitas saber
que esa es tu alma intentando dominarte. Tal vez la alimen-
taste durante años, por lo que ahora está fuerte. Sin embargo,
Dios te dice: “No te inquietes por nada”. ¿Qué te inquieta hoy?
¿Deudas, dolores físicos, el cobro de una herencia, un problema
familiar? El Señor te dice: “No te inquietes por nada”. Tal vez
pienses: “¡Pero, ¿cómo no me voy a inquietar?! ¿Qué se supone
que debo hacer?”. Frente a este cuestionamiento, Pablo respon-
dió: “[...] en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus
peticiones a Dios y denle gracias”. ¿Qué significa “presentar
una petición a Dios”? Te lo explicaré de esta manera… ¿Pediste
alguna vez un delivery, por ejemplo, de pizza? Cuando tienes
decidido qué pizza vas a comer, llamas y haces el pedido: “Por
favor, quiero que me envíen una pizza grande de jamón. Clara-
mente, pides la pizza sin emoción, porque sabes que el delivery
te la traerá, esa es su función. El pasaje bíblico dice que, frente
a una necesidad, no debes inquietarte, no tienes que mezclar el
17
y c e r r a da l a p u e rta . . .
alma: el pensamiento catastrófico que estás alimentando desde
hace años. En lugar de eso, presenta tus peticiones a Dios y dale
gracias, no porque el Señor sea tu sirviente y esté obligado a
contestarte, sino porque confías plenamente en Él y ya le diste
autoridad para que Él haga con tu vida lo que Él quiera. Esto
significa que, si el Señor quiere contestar tu petición, lo hará y,
si no quiere responderte de esa manera, lo hará de otra.
Ahora bien, volviendo al ejemplo del delivery, si llamaste a
la pizzería y pediste una pizza, ¿qué crees que te traerán? Pizza,
por supuesto, porque las pizzerías son “la fuente” de las pizzas.
Y si le pediste algo a Dios, ¿qué crees que Él te dará? Necesitas
saber que no siempre te dará lo que le pidas, pero siempre te
dará vida, ¡la vida de Él! Porque Él es la fuente de Vida.
No le pongas emoción a tus pensamientos, no mezcles el
alma porque, en esto, ella no tiene poder, ya que se trata de una
relación espiritual que tienes con un Dios grandioso que sabe
perfectamente qué hacer con tu vida.
18
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Perdida ya toda esperanza, llamé a mi Dios, y él me
respondió; ¡me liberó de la angustia! (Salmo 118:5).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
19
4
AUNQUE NO LO VEAMOS,
ÉL SIEMPRE ESTÁ
En una oportunidad, un domingo, luego de finalizar
el culto, partimos hacia la costa. Yo estaba al volante. Eran
aproximadamente las once de la noche. Antes de salir de casa,
bendijimos al Señor y agradecimos por las vacaciones. Dijimos:
“Señor, Tú nos cuidarás a la salida y a la entrada”. Declaramos
esa palabra que ya está declarada en la eternidad por Dios sobre
todos nosotros (Salmo 121:8). Solo tuvimos que tomar esa
palabra y vivirla, ya que es una promesa que Dios nos dio a
Sus hijos. Nuestra hija mayor ya había llegado al lugar donde
nos íbamos a hospedar. Stefanía, nuestra hija menor, venía
con nosotros en el auto. Cuando llegamos a una ruta que tenía
un carril de cada mano, de golpe, se largó a llover. La ruta se
inundó al instante. Eran las dos de la madrugada, el cielo estaba
cerrado y la lluvia era torrencial. El auto se balanceaba de un
lado a otro. Ni siquiera había banquina para que pudiéramos
detenernos. Pero teníamos que llegar. Me aferré al volante y
seguí manejando. El Señor nos condujo sobre esa palabra que
20
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
Él soltó en la eternidad y que se cumple todos los días de nuestra
vida. Tal vez te preguntes: “¿Por qué no oraron para que dejara
de llover?”, y te aseguro que sí oramos, ¡claro que oramos para
que la lluvia se detuviera!; pero cuanto más orábamos, más
llovía. Cuando finalmente llegamos a destino, el Señor me dijo:
“¿Y? ¿Viste que pudiste manejar a pesar de la lluvia? ¡Cuando
estás en Mis manos, Yo te guío en cualquier circunstancia!”.
Tal vez la respuesta no sea lo que pediste, pero Dios te está
desafiando a algo que aún no experimentaste y ten la seguridad
de que Él está allí, sosteniéndote.
ORAMOS JUNTOS:
En aquel tiempo responderé, dice Jehová, yo responderé a los
cielos, y ellos responderán a la tierra (Oseas 2:21).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
21
5
TU PRESENCIA
ES MI TODO
Cuando era chica y por algún motivo tenía miedo, mi
mamá venía hasta donde yo estaba, y me abrazaba, me tocaba la
cabeza, me daba un beso o me decía palabras tranquilizadoras.
Pero no era ni el abrazo, ni el beso, ni las caricias, ni las palabras
lo que me calmaba y me sacaba el miedo, sino la presencia de
mamá a mi lado.
Hoy, ya grande, sucede lo mismo con el Señor. Lo que nos
quita el miedo no es lo que Dios haga ni la respuesta que Él nos
dé, sino Su presencia. Tenemos una única opción: saber que Él
está, y eso nos tiene que dejar tranquilos. Es cierto que siem-
pre queremos tener una respuesta a lo que le pedimos, y Dios
muchas veces nos la da, pero los caminos del Señor son inson-
dables. La intimidad con Él no tiene que ver con nosotros, sino
con Él; no tiene que ver con lo que nosotros queremos hablar,
sino con escuchar lo que Él tiene para decirnos.
22
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
Lo único seguro que tenemos es Su presencia, lo demás solo
son circunstancias que, así como vienen, se van, y así como em-
pezaron, terminarán. Por eso, si estás atravesando una dificul-
tad, una crisis, no estés pendiente de lo que tu alma te diga ni
de la respuesta de Dios. Recuerda: no son Sus acciones, sino Su
presencia lo que te traerá paz. Si Él está, ¡todo está bien! Amén.
ORAMOS JUNTOS:
Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.
(Éxodo 33:14).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
23
6
TRANSFORMADOS
POR SU GRACIA
Seguramente, en alguna oportunidad, habrás dicho: “Yo sé
cómo soy y sé que no sirvo para nada”. En lugar de este tipo de
afirmaciones, permítele al Señor que te muestre cómo eres para
que luego puedas entregarle esas características o debilidades
que te molestan para que Su gracia te transforme.
Jesús dijo: Por sus frutos [obras] los conoceréis (Mateo 7:16).
Los frutos u obras son las reacciones que tenemos frente a las
circunstancias que se nos presentan en la vida. Esas reacciones
ponen en evidencia las partes más inaceptables de nosotros, por
lo que, luego de “explotar”, nos preguntamos: “¡¿Por qué actúe
así?! ¡¿Por qué dije eso?!”; y, de pronto, nos llenamos de culpa,
de angustia. Es por eso que tenemos que llevar esas respuestas
a la gracia de Dios, que es el amor de Él en acción, para que
Él transforme eso que parece inaceptable en nosotros en algo
aceptable. Porque el amor de Dios lo cambia todo y nos allana
el camino.
24
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
Necesitamos observarnos internamente, pero no para ver
qué área tenemos que mejorar o qué aspecto de nuestra vida
debemos cambiar con esfuerzo, sino para permitirle a Dios que
nos transforme con Su amor y Su belleza.
ORAMOS JUNTOS:
Por sus frutos [obras] los conoceréis (Mateo 7:16).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
25
7
NO ME DEJES CAER
EN LA TENTACIÓN
¿Te pasó estar con alguna persona con la que sientes que saca
lo peor de ti? Reaccionas sin pensar y luego expresas: “¡¿Cómo
pude responder así?! Es que me provocó”. Por eso, hoy te invito
a reflexionar acerca de qué hacer cuando otra persona hace algo
que nos molesta y nos enoja. Veamos…
En primer lugar, no debemos tener miedo a crecer. Cuan-
do alguien nos dice algo que nos molesta y le respondemos con
enfado o lloramos, estamos doblando la apuesta; y, si hacemos
silencio y acumulamos ira, en algún momento estallaremos. El
hecho es que muy probablemente terminaremos enfermándo-
nos. Se trata de lazos que nos atan, que no nos permiten crecer,
por lo que seguimos actuando siempre de la misma manera
(con inmadurez), pero la fe es crecimiento.
Cuando alguien haga algo que no te gusta y te provoque
una reacción, lo primero que tienes que hacer es una invoca-
ción. Apenas la situación ocurra, necesitas orar: “Señor, no me
26
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
dejes caer en la tentación”. Tu tentación puede ser gritarle, res-
ponderle en los mismos términos, pelear, discutir para demos-
trarle a esa persona que está equivocada. Por eso, tu invocación
debe ser: “Señor, no me dejes caer en la tentación”. Tan pronto
como invoques el nombre del Señor, Él estará obrando. Cuan-
do confrontes a tus hijos, a tu pareja o a un familiar y te digan
algo que despierta tu enojo, invoca a Dios: “Señor, no me dejes
caer en la tentación”.
En segundo lugar, debemos pisar terreno desconocido.
Solemos hacer siempre lo mismo, tener las mismas reacciones,
y no nos gusta que nos corrijan. Por eso, es importante que
empieces a practicar algo que nunca llevaste a la práctica. Por
ejemplo, tal vez los días grises siempre te deprimieron, cuando
llueve siempre estás desanimado. Lo que te molesta no es la
circunstancia, sino reaccionar así cada vez que eso sucede. De
alguna manera estás “programado” para esa reacción. Esta es
la razón por la que tienes que crecer y, para ello, necesitas abra-
zarte a la fe y decir: “Sé que Dios está haciendo un trabajo en
mí. No es mi esfuerzo, lo hace Él, y yo confío en el Señor”. ¡Deja
toda tu vida en Sus manos!
Busca en La Palabra una frase y declárala. Repítela hasta
que veas que un nuevo surco, un nuevo camino se abre; y a par-
tir de ahí, no hagas lo que hiciste siempre, lo que nunca te llevó
a obtener un resultado. ¡Atrévete a caminar por un camino
distinto!
En tercer lugar, Dios hará cambios cruciales. Un cambio
crucial es el cambio que llevamos a la Cruz y se lo entregamos
27
y c e r r a da l a p u e rta . . .
al Señor. Sin victimizarnos ni con el objetivo de descargar
nuestro enojo, tenemos que llevar eso que experimentamos a
la Cruz, porque todo lo que pasa por ella se transforma y tiene
una vida nueva. Pasa por la Cruz cada relación de tu vida, cada
palabra que digas, cada momento que tengas que experimen-
tar, para que el Señor haga esos cambios cruciales que necesitas
para no repetir siempre las mismas historias y equivocaciones a
lo largo de toda tu vida. Cada vez que alguien te lastime o haga
algo que no te agrada, pasa tus reacciones por la Cruz para que
el Señor trabaje en ellas.
Si hasta hoy la violencia fue la única manera que tuviste de
reaccionar, si para demostrar que eres el que manda necesitas
gritar y golpear, pasa esa reacción por la Cruz. No tienes por
qué repetir conductas, ya que Dios te dice que, si se las entregas,
Él las transformará y hará un cambio crucial en tu vida.
ORAMOS JUNTOS:
Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera
alguna a hacer lo malo (Salmo 37:8).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
28
8
CRISTO ES MI LIBERTAD
Dicen que cuando un barco está a punto de hundirse, lo
primero que hacen es tirar por la borda la carga pesada. ¿Cuál
es tu carga pesada? ¿Acaso son tus pensamientos que no te
dejan disfrutar de la paz y el gozo? Entrégale tus pensamien-
tos al Señor. Tal vez te preguntes: “¿Cómo se los entrego?”. Es
sencillo: cada vez que venga a tu mente una idea negativa —
un pensamiento de odio, de bronca, de derrota que te quiera
dominar—, envuélvela como un regalo y entrégasela a Dios.
Dile: “Señor, este pensamiento, esta idea, es un regalo que te
quiero hacer. Te entrego todos estos pensamientos que vienen
repetidamente a mi mente”.
Invoca al Señor, porque Él vendrá a ayudarte. No esperes
nada de ti, pero espera todo de Él. El Señor declaró: No se tur-
be vuestro corazón (Juan 14:1). ¿Cuándo se turba el corazón?
Cuando vienen pensamientos negativos que desordenan todo
tu interior. Te habías levantado bien pero, de pronto, esa pe-
queñez te molestó tanto que desordenó todo tu día y tu mundo.
29
y c e r r a da l a p u e rta . . .
¡Invoca al Señor, búscalo a Él y Su orden, Su paz! Si no se lo
entregas como regalo, ese mal pensamiento traerá una mala
emoción y esta, a su vez, te guiará a una mala acción.
Cristo es la libertad de nuestros estados emocionales. Él
nos liberó de estar pendientes de lo que nuestras emociones nos
dictan. Necesitamos dejar de corregir las emociones porque
lograremos mejorarlas por un tiempo pero, tarde o temprano,
surgirán otra vez. Ser libre en Cristo es decirle: “Señor, ya no
me gobiernan mis estados emocionales porque llevo todo a Ti
como un regalo para que hagas la obra”. Estamos vivos para Él
y para la misión que Él nos dio a cada uno de nosotros. ¡Dios
nos está preparando!
ORAMOS JUNTOS:
No se turbe vuestro corazón (Juan 14:1).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
30
9
SEÑOR, ADONDE DIGAS, IRÉ
(PARTE 1)
¿Te gustan los retos? ¿Fuiste desafiado alguna vez? Esta-
mos en una época de muchos desafíos. Desafío es todo cambio
que la vida te imponga o que tú mismo te propongas. Algu-
nos ejemplos de estos podrían ser: poner límites a tus hijos,
empezar a ser independiente, no volver a endeudarte, bajar de
peso, iniciar una alimentación saludable, cambiar de trabajo,
empezar a estudiar una carrera universitaria o hacer un curso,
etcétera. Todos estos son excelentes retos, sin embargo, los que
Dios nos plantea son, por lejos, los más lindos.
El Señor siempre nos desafía. La Biblia narra acerca de un
hombre llamado Abraham. Su primer contacto con Dios fue a
través de un desafío. Dios lo desafió y le dijo: Vete de tu tierra y
de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré
(Génesis 12:1). Abraham era un hombre cuya familia estaba en
una muy buena posición. Tenía tierras, ganado, riquezas; sin
embargo, vivía en un lugar donde había mucha idolatría. En
su familia todos eran idólatras y, por esta razón, lo único que él
31
y c e r r a da l a p u e rta . . .
conocía eran ídolos mudos. Pero, de pronto, Dios le empezó a
hablar. Esta fue la primera diferencia con los ídolos que cono-
cía: un Dios que hablaba y, además, lo desafiaba.
El pasaje de Hebreos 11 declara: Por la fe Abraham, cuando
fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como he-
rencia, obedeció y salió sin saber a dónde iba. Ese fue el desafío
para Abraham. Tal vez el inicio de ese desafío que te propusiste,
en realidad, fue propuesto por Dios. Él te desafió a hacer esa
transformación, ese cambio. ¡El Señor quiere escribir una his-
toria con nosotros!
Él quería escribir la historia del pueblo de Dios empezando
con Abraham, por eso lo llamó a ese desafío. El pasaje de He-
breos nos dice que Abraham fue desafiado a salir de su lugar
conocido, de sus costumbres, de su modo de hacer las cosas.
Todos nos enfrentamos a desafíos y cada uno de ellos es un
llamado de Dios a salir de donde estamos para ir al lugar al
que Él nos quiere llevar. ¿Estás dispuesto a salir de donde estás
para ir al lugar al que Dios te está desafiando a dirigirte? Si no
deseas aceptar el reto, no te preocupes, Dios se va a encargar de
mostrarte las bondades de salir a algo nuevo para que Él pueda
escribir una nueva historia con tu vida. Si estás dispuesto a
aceptar el reto de salir de donde estás, necesitas confiar porque,
cuando salgas, te moverás en espacios, lugares, situaciones y
con personas que te serán desconocidos. Pero siempre, a donde
vayas, irás con el Señor.
32
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Por la fe Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar
que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber
a dónde iba (Hebreos 11:8).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
33
10
SEÑOR, ADONDE DIGAS, IRÉ
(PARTE 2)
¿Qué es confiar en Dios? Confiar implica no necesitar que
Dios te explique todo y, a pesar de no conocer el plan completo,
aceptar el desafío. ¿Aceptas el desafío de salir sin saber adónde
vas? ¿Estás preparado para una locura así? Abraham tenía alre-
dedor de setenta años cuando Dios lo llamó a dejar todo e irse
a un lugar que no sabía cuál era, pero él confió. Es decir, que
aceptó la propuesta sin necesidad de que Dios le explicara todo.
Sabía que el desafío venía de Él y con eso le alcanzó y le sobró.
Abraham tenía que salir de su tierra y de su parentela, lo
cual implica que iba hacia un lugar del que no sabía dónde
quedaba y en el que no conocía a nadie. ¡Eso es un desafío!
Necesitas aprender a confiar porque, si no lo haces, volverás a lo
mismo de antes, o quizás, ni siquiera querrás salir y arriesgarte.
Confía para no aferrarte a lo que ya sabes y conoces.
Vivimos en una cultura que nos impulsa a dudar de todo.
Solemos hacer un análisis negativo de las cosas y dudamos
34
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
que detrás de un buen ofrecimiento haya algo oculto, somos
desconfiados y pensamos que la gente siempre trae algo entre
manos. Dicho de otro modo: preferimos desconfiar a confiar.
La desconfianza se transforma en nuestro escudo protector.
Decimos frases como: “Si desconfío, al menos, nadie me en-
gañará”. Así somos. La cultura nos lleva a ver las situaciones
negativamente y a desconfiar de todo y de todos.
La confianza puede ir en dos direcciones: (1) hacia la huma-
nidad, es decir, confío en otros y confío en mí; o (2) hacia Dios.
Si confío en mí, esa confianza está basada en mis conoci-
mientos, en mis experiencias anteriores, en historia pasada. Por
ejemplo, si un médico cirujano tiene que hacer una operación,
seguramente irá confiado porque ya tiene experiencia, porque
se preparó toda la vida para ser un cirujano y porque, con el
correr de los años, aumentó sus conocimientos y su práctica.
La confianza en nosotros mismos es una confianza basada en
lo que sabemos, lo que hemos vivido y la práctica que hemos
adquirido en la vida. Antes de ser desafiado por Dios, Abraham
tenía mucha confianza en sí mismo. Era un hombre que había
logrado acumular bienes, ganado y tierras. Era un conocedor
y, por eso, se tenía cierta confianza.
Los hijos de Dios estamos llamados a activar la confianza;
pero la confianza divina, no la humana. La confianza divina
es la aceptación de esa realidad divina que está dentro de mí y
que pone a nuestra disposición todo lo que Jesús es. Porque,
si Jesús vive en mí, todo lo que Él es ahora me pertenece. Los
35
y c e r r a da l a p u e rta . . .
recursos abundantes del Señor ahora me pertenecen para ir por
ese desafío.
Es la seguridad interior de que estoy unido a Él, de que Él
vive en mí y yo en Él, de que estamos unidos y esa unidad me
iluminará y alumbrará mi vida, el camino, las decisiones, los
pensamientos, eso que no conozco, eso que me resulta difícil,
eso para lo cual no encuentro respuestas, eso que no sé cómo
va a funcionar, si dará buen resultado o no. Ahora veo la situa-
ción desde otra perspectiva porque sé que Dios es el que está
iluminado, el que me está dando Su sabiduría. Al estar unido
a Él y ser uno en Él, Su carácter es mi carácter, Su sabiduría es
mi sabiduría, Su capacidad es mi capacidad, Su confianza es la
mía, Su belleza es la mía, Su alegría es la mía, Su gozo es el mío.
¿Estás dispuesto a salir? ¿A tener confianza? No en ti, por-
que puedes saber muchas cosas, pero no sabes muchísimas
otras. Lo único que sí sabes es que Dios estará contigo en el
pasado, en el presente y en el futuro. Esa tiene que ser nuestra
única seguridad. Ten confianza, porque el que te desafió fue el
Señor y el que está contigo en unidad es el Cristo que tiene todo
lo que necesitas para ir detrás de ese desafío.
36
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun
allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra (Salmo 139:9-10).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
37
11
SEÑOR, ¡AQUÍ ESTOY!
Tal vez, en este tiempo, te encuentras sin desafíos y no sa-
bes cuál es el camino a seguir. Te animo a que hoy puedas
sentarte con La Palabra y escuches la voz de Dios. Dile: “Se-
ñor, aquí estoy. Sé que quieres escribir una historia de amor
conmigo, sé que anhelas engrandecer mi nombre, porque eso
es lo que le prometiste a Abraham. Sé que deseas que sea de
bendición. Por eso, dame el desafío que tengo que llevar a cabo,
estoy dispuesto”. ¡Es maravilloso tener la disposición y confiar
en Dios, no necesitar saber todo porque, si Él lo dijo, con eso
alcanza! Cuando Dios te desafía, no apoya Su desafío en tus
conocimientos, tus capacidades, tu historia pasada, tus logros
en la vida; a Él no le importa nada de eso porque lo único que
importa es que estemos unidos a Él, en comunión, invocando
Su nombre. Qué lindo es encontrarnos con el Señor, así como
vamos al trabajo o como hacemos las compras o viajamos en
colectivo. Qué maravilloso es estar con Él y hacer silencio para
38
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
que nos hable, o derramar nuestro corazón y contarle todo lo
que nos sucede.
Cuando Cristo te ilumina, tus sueños crecen y se multi-
plican. Por eso, déjate llevar por Él, entrégate en confianza al
Señor. Recuerda que estamos metidos en la vida que es Cristo
y, por eso, tenemos todo lo que Él posee. Nuestra confianza irá
creciendo cada día. Nunca las circunstancias afectarán a Dios,
pero Él sí afecta nuestras circunstancias.
ORAMOS JUNTOS:
Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla,
Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en
su lugar. Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces:
¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu
siervo oye (1 Samuel 3:9-10).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
39
12
CONFIANZA PLENA
Hoy quiero compartirte esta historia… En el monte, en el
momento de la crucifixión, había tres cruces. En el centro, la de
Jesús y, a los costados, las cruces de dos ladrones que, según la
ley de la época, merecían ser crucificados. Uno de los hombres
chantajeó al Señor y le dijo: “Si eres Dios, sálvate y sálvanos a
nosotros. Haz algo, demuéstrame que eres Dios”. A veces, no-
sotros también hacemos eso cuando estamos atravesando una
situación difícil: “Al final, ¿para qué oro tanto? ¡Dios, manifiés-
tate, muéstrame que este desafío es tuyo, que estás conmigo,
que escuchaste mi oración!”. Y, sin darnos cuenta, cuando lo
hacemos somos como ese ladrón de la cruz que quiere chanta-
jear al Señor.
Dios no tiene que demostrarnos nada, Él no tiene que ha-
cer lo que nosotros le decimos ni lo que creemos que tiene que
hacer. El Señor tiene sus objetivos y sabe muy bien lo que está
haciendo con nosotros, si nos contesta una oración o no, si nos
da algo o no. Él tiene Sus objetivos, por eso nos desafía. Nuestra
40
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
confianza debe ser el saber que no nos lo dijo cualquiera, sino
Dios mismo. Entonces, veamos o no la respuesta, seguiremos
confiando.
Jesús no le respondió al ladrón que lo chantajeaba, pero sí
le respondió al otro crucificado que estaba a Su lado cuando le
dijo: “Acuérdate de mí, Señor, cuando entres en Tu Reino”. El
hombre tuvo confianza plena. Confió en un hombre que estaba
siendo crucificado igual que él. ¡Eso sí que es confianza!
Confianza plena significa fe verdadera. Es cuando estás
crucificado con tus problemas y, aun así, sigues creyendo. No
encuentras trabajo, no tienes dinero, no te sanas, tu familia
está destruida... ¿Viviste alguna vez una situación así? ¿Estás
crucificado con tus problemas y sientes que el Señor no te res-
ponde? Parece que ya estás muerto, en las últimas, tocando
fondo. Pero, aun así, ten confianza plena en ese Jesús al que
estás unido dentro de ti, que vive en tu interior, que tiene todos
los recursos y que te los soltará en el momento exacto. No es
que Él te retenga Sus recursos porque es malo o por castigo,
sino que está haciendo crecer tu confianza. ¿Para qué? Para
que nunca más tengas que llevar a un Lot en tu vida como lo
hizo Abraham, para que nunca más tengas que mentir como lo
hizo Abraham cuando aseguró que Sara no era su esposa, para
que nunca más tengas que confiar solo en tus capacidades y
descanses en el Señor.
¿Estás crucificado con tus problemas? ¿Estás a punto de
morir? Debes saber que hay un Jesús que, aunque hoy está cru-
cificado contigo, tiene todo el poder, porque ya resucitó y, al
41
y c e r r a da l a p u e rta . . .
venir a vivir en ti, te trajo todo Su carácter, Su sabiduría, Su
gozo, Su capacidad, Su fidelidad. Hay una voz en tu interior
que empezarás a escuchar más fuertemente que nunca después
de leer esta reflexión. Se trata de una voz que te dice: “¡Confía,
confía, confía!”. En medio de los desafíos que la vida hoy te
hace enfrentar, confía en que Dios está haciéndote salir de un
lugar para llevarte a una tierra de promesa donde fluye leche
y miel. Tu historia la escribe Él contigo y es una historia de
bendición.
ORAMOS JUNTOS:
Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he
confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he
elevado mi alma (Salmo 143:8).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
42
13
JESÚS NOS HABLA
TODO EL TIEMPO
¿Sientes que Dios no te responde? ¿Qué está tan ocupado
con tantas multitudes que no puede ocuparse de ti? Muchas
personas expresan: “Yo no le pregunto nada al Señor porque
Él nunca me responde”. Se acostumbraron a no escucharlo.
Es como cuando dices: “Mi pareja no me habla”. La realidad
es que tu pareja habla, y mucho. El problema es que hay una
interferencia por la cual dejaron de comunicarse y, por esa ra-
zón, no lo escuchas o el otro no te escucha. Pero Dios habla y
lo hace seguido.
La Palabra afirma que Dios no solamente habla seguido,
sino que lo hace de muchas maneras. Dice que antes lo hacía a
través de los profetas, o incluso a través de la naturaleza; y ahora
nos habla por medio de Su Hijo. Es por eso que podemos tener
comunión con Dios: porque el Hijo vive dentro de nosotros y,
desde adentro, nos habla todo el tiempo. Desde el día que le
pedimos a Jesús que entrara en nuestro corazón, ya no hacemos
43
y c e r r a da l a p u e rta . . .
las cosas solos. Él está con nosotros todos los días, porque así lo
ha prometido.
¿Sabías que Dios disfruta de nosotros? Sí, a pesar de que nos
quejamos, lloramos y nos enojamos, Él disfruta de nosotros y
anhela que disfrutemos de Él. Desde que nos levantamos a la
mañana, todo lo que realizamos lo hacemos en compañía de
Él. Y es que estamos mezclados: Él en nosotros y nosotros en Él.
¡Qué maravilloso! Ya no estás solo, ya no estás sola, ahora con-
sultas todo con el Señor, todo lo que piensas hacer se lo cuentas
a Él. Porque a Dios le gusta hablar, la palabra es Su especialidad
y le gusta comunicarse con nosotros a través del Hijo.
ORAMOS JUNTOS:
Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros
antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos
días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A este lo designó
heredero de todo, y por medio de él hizo el universo
(Hebreos 1:1-2).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
44
14
TODO FUE HECHO
POR LA PALABRA
¿Te has preguntado alguna vez quién o qué sostiene tu vida?
¿Sabías que la creación misma es el resultado de una palabra
soltada por Dios? Cristo, La Palabra de Dios, sostiene tu vida
económica, tu cuerpo, tu salud, tu familia, tu pareja, tus amis-
tades, tus negocios, tus compras y tus ventas. ¿Por qué? Porque
La Palabra, que es poderosa, puede sostener toda tu vida. La
estabilidad en nuestra vida está dada por la cantidad de pala-
bras que incorporemos en una relación de intimidad con Él.
Cuanta más Palabra tengamos, más firmes estaremos.
¿En qué áreas de tu vida hay inestabilidad en este tiempo?
Cuanta más Palabra haya en tu vida, más firme estarás. Si te
falta estabilidad es porque necesitas comer más Palabra, para
que entonces Ella sostenga toda tu vida. Quiero compartirte
algunos pasajes para meditar que nos enseñan el poder de La
Palabra:
45
y c e r r a da l a p u e rta . . .
Mateo 8:8 cuenta que el centurión tenía un criado enfer-
mo, por lo cual le mandó a pedir a Jesús que lo sanara. Antes
de que el Señor entrara en su casa, el centurión dijo: Señor, no
merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una
sola palabra, y mi siervo quedará sano. ¡La Palabra sana!
Pedro estaba en la barca cuando vio a Jesús que venía cami-
nando. Le pidió: Si eres tú, mándame que vaya a ti sobre el agua
(Mateo 14:28). La Palabra no solo sana, sino que, ¡también
hace maravillas!
Salmo 33:6 declara: Por la palabra del Señor fueron creados
los cielos, porque La Palabra crea de la nada. Si pensabas que
tu milagro no se iba a dar porque no tenías nada, Dios te dice:
“Dame la nada, porque Yo hago o creo de la nada”.
La Palabra trae gozo y alegría. Jeremías 15:16 declara:
Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue
por gozo y por alegría de mi corazón. Si estás triste, angustiado,
come de La Palabra porque Ella te trae gozo y alegría y sustenta
toda tu vida.
Cuando estuvo frente a Goliat, David ató al gigante con
La Palabra. Dijo: “Hoy el Señor te entregará en mis manos”.
David venció a Goliat porque, antes de luchar, soltó una pala-
bra. Antes de hacer cualquier cosa en tu vida, suelta La Palabra
de Dios porque Ella tiene poder, alegra el espíritu, sana, crea y
produce en tu vida.
Para cada situación que debas enfrentar, el Señor te dará
una palabra. Para esa situación que hoy estás atravesando, Él
te dará una palabra. Anota esto para no olvidarlo: “Para cada
46
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
situación, Él me dará una palabra”. Y mientras escribes, suél-
tala de tu boca como una piedra hacia lo que te oprime y como
pan para tu sustento. La Palabra puede ser una piedra para
todo aquello que te está oprimiendo en este tiempo y, cuando
la sueltes, la opresión se tendrá que ir. Pero, además, La Palabra
también es el pan que te sustenta cuando lo necesitas. Y si hoy
la necesitas, no te demores, suéltala y todo será hecho.
ORAMOS JUNTOS:
El camino de Dios es perfecto; la palabra del Señor es intachable.
Escudo es Dios a los que en él se refugian (Salmo 18:30).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
47
15
LO QUE NO COMPRENDO, LO
ENTENDERÉ DESPUÉS
¿Qué haces cuando sabes que algo de lo que te está suce-
diendo ya no tiene solución? Tal vez sea un error que cometiste,
una mala decisión que tomaste, la pérdida de una persona o de
una oportunidad, algo que ya no puedes recuperar, que ya no
tiene vuelta atrás. Generalmente, cuando nos pasa algo así,
tratamos de buscar algún tipo de solución y decimos: “Algo
tengo que hacer para resolver esto”. Oramos a Dios, le pedimos
un milagro y probamos distintas opciones. A veces, podemos
resolver un 20 % o un 40 % o, tal vez, un 80 % del problema,
pero no el 100 %. Por eso, seguimos probando formas de re-
solver ese error cometido, esa oportunidad perdida. Lo trans-
formamos en un enemigo y empezamos a resistirlo porque nos
enoja que esa situación no tenga salida. Así, comenzamos a
entrar en una guerra con nosotros mismos y con los demás.
Todo se trasforma en una pelea interna y externa. Nos pregun-
tamos: “¿Por qué hice eso?”, “¿Por qué no estuve en el momento
correcto?”, “¿Por qué no le dije lo que le tenía que decir?”, “¿Por
48
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
qué hice una mala inversión?”, etc. Entonces entramos en una
guerra. Todo lo que no sale bien se transforma en un enemigo
que resistimos. Quizás haya muchas resistencias internas en
nuestra mente, pero Jesús siempre viene con Su amor y Su paz a
nuestra vida. “¿Por qué me ocurren ciertas cosas?”, nos pregun-
tamos y, al respecto, Él dijo: “Lo que no comprendes ahora lo
entenderás después”.
Disfruta de Su presencia aunque no entiendas
hacia dónde Él te está guiando.
ORAMOS JUNTOS:
Ahora sé que el Señor salvará a su ungido, que le responderá
desde su santo cielo y con su poder le dará grandes victorias
(Salmo 20:6).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
49
16
ANA, UNA MUJER QUE
DERRAMÓ SU CORAZÓN
(PARTE 1)
Hoy quiero compartirte esta historia. Había un hombre
llamado Elcaná que tenía dos mujeres: Ana y Penina. Penina
era una mujer muy bendecida para la época, porque tenía hijos.
El pacto estaba basado en la descendencia. Es decir que para
esa cultura este se cumplía si había descendencia. Por lo tanto,
si una mujer tenía hijos era porque ella, la pareja o la fami-
lia habían agradado a Dios. Ana padecía las burlas de Penina
constantemente. Todo el tiempo, ella quería hacer sentir mal a
Ana. Se pavoneaba mostrando que tenía hijos y había agradado
al Señor. Ponía en evidencia que Ana no tenía el favor de Dios
porque no tenía hijos.
En una oportunidad, Elcaná, que representa al Señor, le
dijo a Ana: “Te veo triste. ¿No te soy yo, mejor que diez hijos?”.
Estas palabras quedaron dando vueltas en la mente y el corazón
de Ana. “¿No me tienes a mí, Ana? Yo te amo. No te pido que
hagas nada para mí. No tienes que darme hijos. Yo te amo y
quiero que nos disfrutemos”. En un momento, Ana reaccionó.
50
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
Se levantó y fue al templo. Allí hizo lo más sabio que podía
hacer, lo mismo que podemos hacer nosotros frente a las situa-
ciones que no tienen solución: fue y dejó eso que la atormentaba
en las mejores manos.
¿Te animas hoy a hacer lo mismo? Deja esa preocupación
que tienes, esa guerra interna, esa pelea que das con tu mente
todos los días. Abandona eso que te angustia en las mejores
manos. Esa situación tiene que dejar de ser una fuente de amar-
gura para tu vida. Deja de torturarte, de preguntarte: “¿Por
qué me pasa esto?”, “¿Por qué esta respuesta no viene?”, “¿Por
qué siempre sufro por lo mismo?”, “¿Por qué todo es tan com-
plicado?”. ¡Basta! Deja de hacer guerra con esos pensamientos.
A lo que no tiene remedio hoy en tu vida, quítatelo de encima,
porque ya intentaste todo y no hubo manera. Deposítalo en
las manos del Señor. Hoy es el momento justo, no te demores.
ORAMOS JUNTOS:
[…] Elcaná solía darles a Penina y a todos sus hijos e hijas la
porción que les correspondía. Pero a Ana le daba una porción
especial, pues la amaba a pesar de que el Señor la había hecho
estéril (1 Samuel 1:4-5).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
51
17
ANA, UNA MUJER QUE
DERRAMÓ SU CORAZÓN
(PARTE 2)
Seguramente te habrás preguntado qué sucedió con la vida
de Ana. Así continúa la historia de su vida…
Ella se levantó, fue al templo y derramó su corazón: todo
eso que tenía en su interior, las burlas de Penina, su no poder
tener hijos, lo que la cultura le decía — que no era muy espiri-
tual porque, si no tenía descendencia, entonces Dios la estaba
castigando (creencia cultural)—, todo eso que la hacía llorar
y no comer. Ana dejó todo depositado en las manos del Señor.
Haz lo que se llama el homenaje del silencio de la mente.
Si me golpeo la cabeza contra la pared, ¿quién sufre: la pared o
yo? Ya no sigas golpeándote la cabeza contra la pared. Dile no
al resentimiento, a la vergüenza que te provoca esa situación,
a la bronca. No te castigues más con ese pensamiento o esa
situación. No la traigas más a tu mente. No te tortures ni tor-
tures a los que te rodean. Porque las cosas con las que a veces
guerreamos en nuestro interior, como no las podemos soportar,
52
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
también las terminamos guerreando afuera. Así terminamos
peleándonos con medio mundo. Dile NO al enojo, a todas las
fuerzas destructivas que hay en tu interior.
¿Por qué no sales del infierno que construiste en tu mente?
¿Por qué no sales de una vez por todas? Dile un gran SÍ al Señor
y ora: “Sí, Señor, yo creo en Ti, creo que eres un Dios de amor
y quiero disfrutar de Ti. Sé que vas a transformar todos mis
males en una fuente de bendición”.
Ana transformó lo que le ocurría en una ofrenda de amor.
Cada vez que nos abandonamos en el Señor y dejamos todo eso
que nos preocupa en Sus manos, lo que hacemos es transfor-
mar esa situación que nos lastima en una ofrenda de amor para
Él. Ana derramó su corazón delante de Dios.
Te animo a que puedas derramar tu corazón: esa situación
que te viene torturando hace tanto tiempo —si puedes arrodi-
llarte, hazlo—, abandona ese asunto que ya no tiene solución
en las manos del Señor, llévaselo como si fuera un perfume y
derrámalo delante de Él.
53
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
[…] Ana se despidió y se fue a comer. Desde ese momento, su
semblante cambió (1 Samuel 1:18).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
54
18
ANA, UNA MUJER QUE
DERRAMÓ SU CORAZÓN
(PARTE 3)
¿Quieres saber cuál fue el final de esta historia? Mientras es-
taba derramando su corazón, Ana hizo una oración que nunca
había hecho. Ella siempre oraba el imposible, siempre oraba su
dolor, siempre oraba su guerra y su lucha mental; pero, cuando
derramó su corazón, pudo hacer una oración que vino direc-
tamente del Trono y unió su deseo con el deseo de Dios. Le
dijo: “Señor, si me concedieras un hijo para entregártelo... Ya
no quiero un hijo para que sea mi orgullo o para darme cuenta
de que me amas. Ya sé que me amas, porque siempre me diste
la mejor parte, porque siempre me dijiste que me amabas, y yo
no me daba cuenta. Quería algo para sentir que ese amor estaba
en mí, quería que me demostraras con algo que me amabas.
Quería tus promesas y tus bendiciones para mi vida, sin darme
cuenta de que lo tengo todo, porque me diste la mejor parte que
es Tu amor”.
En ese momento, Ana tuvo esa revelación donde su deseo se
mezcló con el deseo de Dios, y el Señor dijo: “Estoy necesitando
55
y c e r r a da l a p u e rta . . .
un profeta para estos tiempos, Ana. ¿Estarías dispuesta?”. Ana
respondió: “¡Claro, Señor! No necesito que me demuestres
nada, pero si necesitas un profeta, ¡yo quiero ser su mamá y
entregártelo a Ti! Lo voy a poder criar muy poco tiempo, pero
no me importa, Señor, porque es para Ti. Yo quiero Tu deseo.
Basta de tratar de comprobar que me amas, de demostrarles a
los demás que tengo Tu bendición y me va bien en la vida por-
que Dios a mí me da todo. ¡Señor, si te tengo a Ti, ya lo tengo
todo! ¡Ahora lo único que tengo que hacer es disfrutarte!”.
Ana se fue del templo y volvió al lado de su amor. Cuenta
la historia que Elcaná se unió a Ana, el Señor se acordó de ella
y dio a luz un hijo al que le puso por nombre Samuel. Ese niño
era el profeta que Dios estaba necesitando. No se trata de lo que
tú y yo queremos, sino de lo que Dios desea. No se trata de lo
que tú y yo soñamos, planificamos, declaramos y oramos, sino
de lo que Dios desea.
Por eso, nuestra oración debería ser: “Señor, que Tu de-
seo se mezcle con el mío. Yo quiero que se haga Tu voluntad”.
Recuerda, no se trata de cuánto tengo de lo que Dios da, sino
cuanto tengo de lo que Dios es. Tenemos el amor del Señor, Él
es amor, esa es la buena parte. Si lo tenemos a Él, lo tenemos
todo. Queremos los deseos de Dios en nuestra vida. Por eso,
cuando vemos que algo no viene, que algo no se da, que las
cosas no salen como imaginamos, es porque Él tiene un deseo
mayor. Y nosotros queremos Su deseo.
56
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Ana concibió y, pasado un año, dio a luz un hijo y le puso por
nombre Samuel, pues dijo: «Al Señor se lo pedí»
(1 Samuel 1:20).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
57
19
MI MAYOR DESEO ERES TÚ
Es común escuchar a las personas decir que tienen un vacío
en sus vidas que no saben cómo llenar. Tienen todo y más de lo
que necesitan, sin embargo, sienten que algo no está del todo
bien. Y así es como dedican sus vidas a llenar ese vacío, pero eso
no es vida. Y no porque los deseos sean malos. De hecho, Dios
mismo dice que Él suplirá los deseos del corazón. Querer tener
una casa no es malo; desear comprar un auto no es malo; traba-
jar por un ascenso no es malo; tener varios títulos no es malo; el
problema es que eso está incompleto. Esta es la razón por la que
es una vida de engaño.
Cuanto más lejos estamos del Señor, más vacío sentimos,
pues más expuestos quedamos a ser atrapados por todos los
deseos que andan por ahí. Decimos: “Quiero cumplir esto”,
“Me lo merezco”, “Trabajo duro para eso”, y otras frases simi-
lares. Quizás te preguntes: ¿Y cómo sé que estoy tratando de
cubrir un vacío que hay en mí? Te das cuenta de que quieres
llenar un vacío cuando no puedes negarte a buscar eso que crees
58
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
que necesitas; sientes el impulso irrefrenable de ir detrás de eso
—reconocimiento, felicitación, etc.—, cueste lo que cueste,
aunque desfallezcas a mitad de camino. Si el Señor no es tu ple-
nitud, buscarás cosas que te hagan creer que sí lo son. Ese es el
gran problema de la satisfacción de tus propios deseos. Esta es
la razón por la que no nos conformamos con mitad de las cosas;
esta es la razón por la que intentamos permanentemente llenar
un vacío, luego otro y después otro.
Parece que conseguir lo que deseas te va a saciar, pero nun-
ca lo hace completamente. ¿Sabes por qué? Porque no fuimos
hechos para lo temporal, para lo incompleto, sino para la eter-
nidad, para lo pleno. No fuimos creados para cosas pequeñas o
parciales ni para satisfacernos con cualquier tontería. ¡Fuimos
hechos para contener la vida de Dios, para que el Cristo ma-
ravilloso, grandioso y todopoderoso viva dentro de nosotros!
ORAMOS JUNTOS:
Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido
hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los
hombres (Juan 1:3-4).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
59
20
SUS SUEÑOS SON MÁS GRANDES
QUE MIS DESEOS
¿Cómo comenzaste hoy tu día? ¿Con pasión y expectativa
de recorrerlo junto al Señor o con ese sentimiento de vacío que
pareciera ser que nada lo llena? ¿Estás atrapado en algún deseo
para satisfacer tu vacío? Quizás digas: “Alejandra, si no hago
eso, me deprimo”. Te invito a reflexionar en lo siguiente: ¿con
qué estás alimentando tus vacíos? En La Biblia todo es por
Cristo y para Cristo, por Él y para Él. Toma nota y recuerda:
necesitas negarte a ti mismo para que entonces Él te conceda
los deseos de tu corazón.
El profeta Isaías oyó la voz del Señor que decía: “¿A quién
enviaré?”. Isaías prestó atención. Tú y yo siempre tenemos que
prestar atención a los deseos de Dios. “¿Quién irá a predicarle a
esa persona? ¿Quién irá a hablarle de Cristo a ese compañero de
trabajo? ¿Quién irá?”. Isaías escuchó y respondió: “Heme aquí,
¡envíame a mí!”. Eso es lo que ocurre cuando los deseos de Dios
te atrapan. El Señor los va a suplir, pero no para llenarte un
vacío. Y te darás cuenta porque tener o no tener lo que deseas
60
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
te dará lo mismo. El Señor suple los deseos de nuestro corazón
porque primero nosotros suplimos los deseos de Él.
Moisés podría haberse quedado en Egipto. Él había sido
formado en la cultura egipcia, conocía el idioma —de hecho,
sabía varios idiomas—. Si hubiera esperado un poco más, qui-
zás hasta habría podido ser faraón. Pero Moisés prefirió irse con
su pueblo y con su Dios. Él prefirió el deseo de Dios al deseo de
reconocimiento que, por un tiempo, podría haberle llenado su
vacío. Moisés nunca fue faraón. Tal vez pienses: “¡Ah, pero qué
desperdicio!”. Tenemos que soñar grande, claro que sí, pero los
sueños de Dios son más grandes que los nuestros y, además, son
completos. Moisés nunca llegó a ser faraón y eso fue lo mejor,
porque Dios no quería que lo fuese. ¡Él quería que fuera un
libertador! Los sueños de Dios siempre son más grandes que los
nuestros. ¡Y el que Dios tiene para ti también lo será!
ORAMOS JUNTOS:
Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo
vuestro corazón (Jeremías 29:13).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
61
21
LAS OBRAS DE DIOS SERÁN
MANIFESTADAS
(PARTE 1)
Todos tenemos preguntas para hacerle al Señor. ¿Le pre-
guntaste cosas a Dios alguna vez? Y, muchas veces, esas pre-
guntas que tenemos vienen también con la respuesta incluida.
Nosotros le preguntamos algo a Él, pero, en realidad, ya nos
respondimos anteriormente algo sobre esa situación.
En la época en la que vivían los discípulos se creía que,
cuando una persona estaba enferma, era porque había pecado
o porque sus padres habían pecado y, por lo tanto, tuvieron un
hijo con alguna enfermedad. Entonces los discípulos fueron a
Jesús con esta teoría y le preguntaron un día: […] Rabí, ¿quién
pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Je-
sús: No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de
Dios se manifiesten en él” (Juan 9:2-3). Para los discípulos, un
caso de ceguera era interesante como para hacer un estudio y
ver qué les iba a responder Jesús acerca de lo que es el pecado.
Nosotros también tenemos nuestros casos de estudio persona-
les. Por ejemplo, decimos: “Este chico no se endereza más, no
62
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
va a salir adelante, porque no tuvo amor”. Siempre queremos
tener una respuesta racional a todo lo que sucede.
Ese hombre ciego era un candidato para la manifestación
poderosa de Dios. Jesús tiró abajo los conceptos religiosos de la
vieja naturaleza que los discípulos tenían. Les respondió: “Es
ciego no porque pecó él ni porque pecaron sus padres”. Los
discípulos se quedaron mudos, no lo podían entender. El Señor
les quitó, de una sola respuesta, toda la teología que ellos venían
sosteniendo desde hacía años. Y agregó: “Esto ocurre para que
las obras de Dios se manifiesten”.
Cada vez que vivencies una situación difícil, como una trai-
ción, levanta la mano y di: “Esto es para que las obras de Dios
se manifiesten”. ¿Hay alguien que está viviendo algo muy bue-
no en estos días? Tal vez pagaste todas tus deudas. Levanta la
mano y di: “Esto es para que las obras de Dios se manifiesten”.
Respuestas simples. No compliquemos las cosas. Nosotros so-
mos de complicar todo. Cada vez que hay una estructura vieja
en tu vida es porque la vieja naturaleza está activada. A todos se
nos despierta la vieja naturaleza, aunque no nos guste. A Pablo
le ocurría también. La vieja naturaleza se nos despierta, quiere
resucitar. Entonces empezamos a dar explicaciones o tenemos
estructuras para todo. Renovemos hoy nuestro entendimiento,
hagamos ayuno de opinión y declaremos: “Todo lo que atra-
viese en este día será para que las obras de Dios se manifiesten”.
63
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio […]
(Proverbios 17:28).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
64
22
LAS OBRAS DE DIOS SERÁN
MANIFESTADAS
(PARTE 2)
¿Te preguntaste cómo terminó la historia del joven ciego
que se encontró con Jesús? Te cuento un poco más…
¿Qué es lo que no podía ver el ciego? A Jesús. ¿Qué es lo
que no podían ver los discípulos? Qué tenían ceguera espiri-
tual. No podían ver a Jesús como el Hijo de Dios que tiene el
poder para transformar cualquier situación. Él vino a abrirnos
la mirada espiritual. Jesús no vino a explicar qué le sucedía al
ciego; Jesús vino a abrirle los ojos al ciego. Pero los discípulos
no tenían visión espiritual para ver que Él tenía el poder para
sanarlo y transformarlo. ¿Qué es lo que no vemos nosotros mu-
chas veces? A Jesús. Por eso, damos tantas explicaciones: “A ti
lo que te pasa es esto… tú lo que tienes es esto… debe ser que te
equivocaste por esto” … ¡basta de explicaciones! Es para que las
obras de Dios se manifiesten.
Cristo vino a liberarnos de nuestras cegueras y nos va a li-
berar. Los discípulos esperaban que Cristo fuera un libertador
65
y c e r r a da l a p u e rta . . .
político y social; que se levantara un día y tomara las armas;
que fuera puesto como gobernador. Esperaban algo así. Pero
Jesús vino a liberarnos de nosotros mismos, de nuestra vieja
naturaleza, de conceptos y parámetros que nos aprisionan. Es
para que las obras de Dios se manifiesten.
¿Sabes qué hizo Jesús? Algo maravilloso: escupió al suelo
donde había polvo, hizo barro con la saliva y le untó los ojos al
ciego. Hizo algo insólito porque Jesús siempre viene a romper
los parámetros.
Nosotros somos barro, pero Él es nuestro alfarero y nos va
a moldear. Él lo está haciendo. El Señor te está moldeando a Su
forma. ¿Y qué es lo primero que va a moldear? La vista espiri-
tual. Porque todos necesitamos la mirada espiritual en las cosas
que nos suceden todos los días. Él tiene que untarnos los ojos a
nosotros, que somos barro, para darnos vista espiritual. ¿Hay
algo de Jesús que no estás viendo en este tiempo en tu vida?
Dile: “Señor, dame de tu colirio, sé mi alfarero, transfórmame,
moldéame, porque yo quiero abrir mi vista espiritual para verte
a Ti y ver las obras que se manifiestan en mi vida”.
66
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el
que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros
(Isaías 64:8).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
67
23
DIOS ES BUENO SIEMPRE
Hoy quiero preguntarte: ¿Dios es bueno siempre o a veces
Él no es tan bueno? Necesitas saber que Dios tiene atributos y
uno de ellos es la bondad. Esto quiere decir que Dios es bueno,
y es bueno siempre, ya que no hay nada que podamos hacer que
haga que Él no sea bueno. Dios es bueno siempre. Entonces, la
pregunta es: “Si Dios siempre es bueno, ¿por qué yo no recibo
de Su bondad?”. Hay gente que cree que está apartada de la
bondad del Señor. Tal vez conozcas a alguien que cree que Dios
no es tan bueno, y esto ocurre quizás porque esa persona ha
pasado situaciones muy difíciles.
Hay una bondad de Dios que se ve cuando le pedimos algo
y Él nos lo otorga. Esa es una manera de relacionarnos con
Dios, y está bien, porque La Palabra asegura que “el que pide re-
cibe”. Sin embargo, también llegan a nuestra vida cosas buenas
que ni siquiera pedimos pero que Dios nos da. Entonces, deci-
mos: “¡Qué bueno es Dios!”. Pero, si toda la vida nos relacioná-
ramos con Él a este nivel (el de la bondad que se puede ver), nos
68
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
acostumbraríamos a que Él siempre nos diera todo lo que le pe-
dimos. Sería algo así como un delivery. Por eso, el Señor quiere
que vayamos más profundamente en nuestra relación con Él,
porque no desea tener una relación en la que uno pide y el otro
da. Esta es la razón por la que nos muestra una bondad que no
se ve a simple vista. Por ejemplo, le pedimos algo a Dios y Él no
nos responde o no lo hace inmediatamente. Unas teólogas del
siglo XIII a esta bondad que no se ve a simple vista la llamaron
“momento de sequedad” o “momento de severidad de Dios”. A
veces Él usa esos momentos de sequedad o de severidad porque
quiere que conozcamos Su amor puro, un amor que va más allá
de lo que puede darnos, un amor que tiene que ver con relacio-
narnos con Él íntimamente. Tal vez pienses: “Bueno, pero a
mí Dios siempre me trata con severidad, a mí siempre me hace
esperar hasta que me da las cosas”. A veces el Señor no nos da
ciertas cosas que le pedimos, pero nos brinda Su gracia para
atravesar esas situaciones. “La gracia es Su bondad en acción”.
¿Alguna vez, cuando miras hacia el pasado, te preguntas:
“¿Cómo pude soportar tanto sufrimiento? ¿Cómo puede lle-
var tanta carga?”? En esas ocasiones no recibiste la respuesta
que esperabas, pero Dios te brindó Su gracia para atravesar la
situación.
Mira hoy tu vida, tu realidad. Detente a observar y, si pue-
des, escribe cómo Su gracia te fue acompañando a cada mo-
mento. Luego dile: “Dios, Tú eres bueno siempre”.
69
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias
sobre todas sus obras (Salmo 145:9).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
70
24
ERES SU HIJO
Cuando Cristo viene a vivir a nuestro corazón, Él quiere
que disfrutemos de Su alegría y de Sus riquezas. Por eso, como
vimos en reflexiones anteriores, Él nos dice: “Despójate de todo
lo tuyo. No me presentes tus virtudes, lo que hiciste o lo que
alcanzaste. ¡Despójate de tus logros y vístete de Mis riquezas!”.
“Todo lo que es mío te pertenece”, asegura el Señor. A
partir del momento en que nos empezamos a relacionar en el
espíritu con Él, Dios nos trata como hijos, no como empleados.
¿Cuál es la diferencia entre un hijo y un empleado? El empleado
trata de agradar al jefe para obtener algo de él. Por ejemplo,
intenta hacer las cosas bien para que le aumente el sueldo o le dé
un puesto mejor. Los hijos, en cambio, saben que todo lo que
es de sus padres les pertenece. Los padres, por nuestra parte,
estamos agradecidos y ansiosos para que nuestros hijos pue-
dan disfrutar de todo lo que tenemos y queremos darles. Así es
nuestro Padre, Él quiere relacionarse con nosotros como hijos,
71
y c e r r a da l a p u e rta . . .
no como empleados. ¡Relaciónate con el Señor como Él quiere:
como Su hijo amado!
ORAMOS JUNTOS:
El Señor está en medio de ti, y te salvará con su poder; por ti
se regocijará y se alegrará; por amor guardará silencio, y con
cánticos se regocijará por ti (Sofonías 3:17).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
72
25
LA INTIMIDAD CON EL SEÑOR
ES LO PRIMERO
Te invito a que hoy puedas responder estas preguntas: ¿A
qué estás aferrado exteriormente porque crees que, si haces mu-
cho, Dios será bueno contigo? ¿O estás aferrado a la relación in-
terna que tienes con Él? Tal vez pienses que es un trabalenguas,
pero te lo explico con este ejemplo:
¿Tomabas leche chocolatada cuando eras chico? ¿Cómo la
preparabas? Yo recuerdo que servía un vaso de leche y luego
ponía una cucharada grande de chocolate en polvo. Entonces,
tomaba mi chocolatada. Claro, lo primero que probaba era el
chocolate que estaba sobre la leche; y, además de ensuciarme,
¡me encantaba! Cuando terminaba con el chocolate, me tenía
que tomar la leche totalmente blanca, sin nada de sabor. La
chocolatada era muy rica al principio, lo que estaba en la super-
ficie, y creía que tenía que tomarme luego la leche sin sabor y de
golpe. Con los años aprendí la manera correcta de prepararla.
Ahora pongo primero el chocolate en el vaso y después, muy de
a poco, voy sirviendo la leche y revolviendo al mismo tiempo,
73
y c e r r a da l a p u e rta . . .
de manera que el chocolate se mezcle con la leche. Nuestra vida
espiritual en ocasiones es tal como yo hacía la leche chocolata-
da cuando era niña. Primero servimos, nos movemos locamen-
te, y después tenemos un tiempo donde nos encontramos con
el Señor. Estamos en la intimidad con Él un ratito en el día y el
resto del tiempo lo pasamos llevando a cabo actividades que no
están mezcladas con Su presencia. Nos tomamos todo el cho-
colate primero y después tenemos que beber la leche sin sabor.
Ahora bien, si nuestra vida tiene como prioridad la intimi-
dad con Dios, esa intensidad de la relación es lo más sabroso,
ya que, cuando se mezcla en todas nuestras actividades diarias,
ella le da sabor a todo. Así, de la intimidad con Él, surgirá la
acción como debe ser. A partir de la intimidad, la acción fluirá
sola.
Dios anhela el hacer interior, porque de este surge el hacer
exterior. Siempre estudiamos la vida de Jesús y todo lo que Él
hizo: las historias, las sanaciones, las prédicas, los milagros.
Pero lo más interesante del Señor no es lo que hacía exterior-
mente, sino lo que ocurría en la intimidad con Su Padre. La
gente ve nuestro hacer, pero lo más importante y lo más in-
teresante de nosotros es nuestra vida íntima con Dios, la cual
nadie conoce. Es esa vida íntima la que nos enriquece y luego
podemos expresar en el hacer. ¡Qué buen momento para entrar
en intimidad con nuestro Padre!
74
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
[...] se postraron [...] y adoraron, y alabaron a Jehová, diciendo:
Porque él es bueno, y su misericordia es para siempre
(2 Crónicas 7:3).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
75
26
SEÑOR, CONFÍO EN TI
¿Estás esperando una respuesta de Dios que no llega y te
preguntas qué más puedes hacer para obtener Su favor? Te invi-
to a que hoy podamos reflexionar sobre qué hacer cuando Dios
no nos responde, cuando sentimos que no escucha nuestra ora-
ción o que no nos da lo que necesitamos. ¿Qué hacer cuando
con otros es muy bueno, pero parece que contigo no? Cuando
no puedes ver la bondad de Dios a simple vista es porque hay
una bondad escondida. Tal vez Él te está dando Su gracia, y ella
te sostiene para esa situación difícil que estás atravesando. O
quizás no tienes trabajo, pero Su gracia te sustenta porque no te
falta nada. A simple vista no está la respuesta del trabajo que le
pediste, pero Su gracia, Su bondad, están presentes.
Cada vez que a simple vista no veas la bondad de Dios, cada
vez que creas que Él no te escucha, cierra los ojos y dile (no de
la boca para afuera, sino de todo corazón): “Señor confío en
Ti. Hoy no veo Tu respuesta, no sé si me darás más adelante lo
que te pedí, porque tal vez tengo que pasar por un proceso en
76
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
el que me vas a enseñar muchas cosas que son mejores y más
profundas que lo que te pedí, pero confío en Ti. Hoy no puedo
ver tu respuesta, pero me estás sosteniendo con Tu gracia, que
es Tu bondad, y por ella me mantengo firme y con expectativas.
¡Señor, confío en Ti!”.
Cuando parezca que el mal y los pensamientos negativos
triunfan, cuando creas que la derrota se acerca, porque los pro-
blemas se agrandan y todo lo desfavorable cobra relevancia,
entrégale tus pensamientos a Dios para que Él los cubra con Su
manto de amor. Cuando venga a tu mente un mal pensamien-
to como “Dios no me quiere”, o “Dios me está castigando”, ora:
“Señor, te envío estas ideas que aparecen en mi mente. Cúbre-
las con un manto de amor”. Busca Sus actos de bondad diarios
y reposa tranquilo en la gracia divina.
ORAMOS JUNTOS:
Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en
misericordia para con todos los que te invocan (Salmo 86:5).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
77
27
ESTO TAMBIÉN PASARÁ
En una oportunidad, mi hija Dámaris oró: “Señor, ¿esta
circunstancia a Ti te preocupa? ¿Te preocupa lo que a mí me
está preocupando?”. A veces nos preocupamos por cosas que
no tienen sentido, nos amargamos y hasta llegamos a generar-
nos una úlcera sin quererlo. Nos enfermamos por cosas que
son temporales. Entonces, necesitamos cambiar el foco. Mi
pregunta tiene que ser: “En esta situación que estoy viviendo,
¿cómo crece Cristo en mí?”. Eso es lo importante. ¿Esta situa-
ción hace que Cristo crezca o hace que Cristo cada vez se achi-
que más dentro de mí? En esta situación, ¿veo a Cristo, estoy
enfocada, enfocado, en lo eterno? Pablo dice que lo temporal
se va a terminar, que tiene fecha de caducidad, lo que significa
que ese problema, esa crisis, también pasará.
Por eso, es tiempo de dejar de analizar cada detalle: “Mira
la cara que me hizo, mira la expresión que tiene”. Incluso nos
ponemos a debatir cosas que salen en la televisión y creemos
78
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
que estamos haciendo un gran debate intelectual pero, en rea-
lidad, estamos hablando de cosas temporales.
En todo tiempo, rodéate de gente que tenga en su boca a
Cristo, que haga crecer a Cristo cada día, que te hable de cosas
eternas. Enfócate en lo eterno. Ese conflicto, ese problema, esa
circunstancia difícil que estás viviendo en esta época va a durar
un tiempo, ¡pero nosotros tenemos al Cristo de la eternidad!
ORAMOS JUNTOS:
Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el
último (Apocalipsis 22:13).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
79
28
UNO CON EL SEÑOR
Cada mañana, al despertar, podemos ser uno con el Señor
o uno con las circunstancias. Es decir que, o nos unimos a Je-
sús, o a las preocupaciones que están envueltas con miedo. El
papel con el que se envuelve la preocupación se llama miedo.
El apóstol Pablo le escribió a Timoteo, que era muy joven, y le
dijo: “Dios no nos ha dado un espíritu de miedo”. Eso significa,
primero, que Dios es un dador. Dios da. A Él, le encanta dar.
Por eso, nos dio a su Hijo. Dios, que es un Dios dador, dentro de
todo el equipamiento que nos dio, nos entregó a nosotros, Sus
hijos, un regalo para enfrentar la vida. Pero, dentro de ese equi-
pamiento, nunca puso como herramienta el miedo. Nos dio
muchísimos elementos, pero el miedo no es una herramienta
que nos haya dado a Sus hijos.
Podemos considerar miles de opciones para resolver con-
flictos. Tú tienes una armadura completa para enfrentar los
conflictos, pero nunca el Señor te dijo: “Usa el miedo para en-
frentar esta situación”. El miedo no es una herramienta divina.
80
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
Y, si no lo es, le pertenece al enemigo. La única y fundamental
arma que tenemos los hijos de Dios para enfrentar las dificul-
tades es Su Palabra.
Cada vez que tú quieras enfrentar un hecho con miedo,
estás usando una herramienta que no viene de parte de Dios.
¿Por qué el enemigo quiere que uses el miedo? Por ejemplo,
tienes que participar en algún evento, o hacer un negocio, y
aparece el miedo. Tú escogiste esa opción. ¿Por qué? Porque el
enemigo tiene como objetivo que no camines en La Palabra,
él quiere distraerte con miedo porque no quiere que avances.
Así hace que pierdas el interés en esa situación que te da tanto
miedo y digas: “¿Viste? En realidad, yo no quería hacer eso. No
importa, lo dejo para más adelante. No tengo tanto apuro”. En-
tonces no avanzas porque el miedo hace que pierdas el interés
en ese proyecto.
El miedo quiere mantenerte lejos de la bendición y que te
pares en la incertidumbre. Pero nosotros no estamos parados
en la incertidumbre, sino en Su Palabra. Y La Palabra de Dios
es seguridad y nos guía, nos dice: “Esto es así”. Lo que el Señor
promete en Su Palabra, Él lo cumple. ¡Gloria al Señor!
81
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
En el día que temo, yo en ti confío (Salmo 56:3).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
82
29
UNO CON SU PALABRA
El miedo y la incertidumbre no son lugares en los que nos
paramos los hijos de Dios. En La Palabra encontrarás la solu-
ción a tu problema. Entonces, ¿qué hacer para combatir ese
miedo que te paraliza y seguir creciendo? Lees La Palabra y di-
ces: “Este pasaje es genial, qué bien que me hizo”. Y ahí mismo
La Palabra se transforma en tu “maestra”, pues te enseñó algo.
Ahora, si es maestra de tu vida, puedes decidir si seguirla o no.
Pero, en este caso, no te sometiste a La Palabra, solo la conside-
ras algo lindo. “¿Sabes lo que aprendí? Que el tiempo es corto”,
expresas y ya está. Tienes un concepto más.
Sométete a La Palabra porque, si no, Ella terminará siendo
un buen consejo y nada más. La lees, la escuchas, te encanta y
te inspira, pero es como cualquier otro libro que leas y te pueda
inspirar o como cualquier frase que encuentres en las redes.
Veamos este ejemplo que luego podrás implementar en
tus circunstancias. Supongamos que tengo una deuda y siento
83
y c e r r a da l a p u e rta . . .
miedo porque es importante y hay un límite de tiempo para
pagarla, pero aún no tengo todo el dinero. La Palabra dice que,
si el Padre nos dio al Hijo, ¿cómo no nos dará con Él todas las
cosas? Si La Palabra es solamente mi maestra, diré: “Qué bue-
no, sí, yo lo creo”; pero, si La Palabra es mi Señor, me someteré y
caminaré en Ella. ¡Dios nos entregó un espíritu de poder, de amor
y de dominio propio!
Todos los días yo sé que estoy sometida a La Palabra hasta
que se cumpla en mi vida porque es Palabra de Dios y se tras-
formó en Señor de mi vida. Entonces, solo me muevo en La
Palabra que es Señor de mi vida.
Las circunstancias quieren ser una contigo, pero tú no te
unirás a ellas, sean lindas o sean feas; solamente te unirás a Su
vida. “Yo soy el Señor de tu vida, soy tu Maestro, pero también
soy tu Señor. No tengas intereses divididos”, dice Dios. Él nos
ha llamado a estar en paz con Él y a ser uno con Él en intimidad.
¿Estás dispuesto, dispuesta, a moverte solo por Su Palabra?
84
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella
gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese (Juan 17:5).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
85
30
DIOS VIVE EN MÍ
¿Te preguntaste alguna vez dónde vive Dios? Dios vive en
nuestro espíritu. Por eso, necesitamos saber cómo relacionar-
nos íntimamente con Él. Tal vez te preguntes cómo tienes que
hacer para que el Señor Jesús, que murió, resucitó y nos trae
la salvación, viva en tu corazón. La respuesta es: pidiéndole
a Jesús que entre en tu corazón, haciéndole un lugar en tu es-
píritu para que entre allí y el Espíritu de Dios viva dentro de
ti. Porque, desde dentro, Él provoca los cambios hacia afuera.
Cuando Jesús se introduce en nuestra vida, le damos permiso
o autorización para que, desde adentro, lleve a cabo la transfor-
mación necesaria. Cuando esto ocurra, todo lo demás (el alma,
el cuerpo e incluso nuestras relaciones interpersonales) tam-
bién será transformado. Si nunca hiciste una oración de entrega
a Jesús, te invito a que ores conmigo: “Señor Jesús, te pido que
vengas a vivir en mi espíritu. Te hago lugar porque quiero Tu
vida, ¡la necesito! Hoy te declaro mi Señor y todo lo que haga a
partir de ahora me va a salir bien. En el nombre de Jesús, amén”.
86
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
Cristo te dará sabiduría para resolver los conflictos y te marcará
el camino por el que debes ir. ¡A partir de hoy disfrutarás de Él!
ORAMOS JUNTOS:
Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios
permanece en él, y él en Dios (1 Juan 4:15).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
87
31
¿QUIÉN ERES?
¿Quién eres? ¿Cómo te ves a ti mismo, a ti misma? Estas
preguntas son muy interesantes y es necesario que podamos
formularlas. ¿Por qué? Porque la gente siempre quiere saber
quién eres. Cuando te presentas en un trabajo, concurres a una
reunión o te unes a un equipo, siempre te preguntan: “¿Quién
eres?”, para ver si la definición que das coincide con lo que están
viendo, si eres algo más de lo que dices, si pueden confiar en ti,
si ocupas un lugar de importancia, si tienes dinero, si te pueden
pedir o dar algo, etc.
Y no solo la gente quiere saberlo, también el enemigo nece-
sita que te definas. ¿Para qué? Para decidir qué ataque efectua-
rá sobre tu vida. El arma que usará para atacarte depende de
cómo te definas a ti mismo. Además, el enemigo necesita que
te definas para confundirte y alejarte de lo que verdaderamente
eres, o modificarte o persuadirte a que seas lo que no eres. Este
es el trabajo que él hace con la identidad. Por eso, hay tantas
88
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
personas con problemas de identidad que no saben quiénes son
ni cómo definirse.
Pero el Señor no necesita que te definas, Él sabe perfecta-
mente quién eres.
¿Sabías que Dios te ve completo, terminado? El Padre te ve
a través de Jesucristo y Él dijo en la cruz: “La obra ya está com-
pleta”. Esta es la razón por la que Dios te ve terminado. Cristo
hizo la obra, lo cual quiere decir que nosotros caminamos en
la eternidad. En Él somos amados, pues somos Sus hijos y no
tenemos que demostrarle nada a nadie. Ahora solo falta que
Cristo siga creciendo dentro de nosotros. Y esa es una tarea
que hace Él, no nosotros. Todo lo que tenemos que hacer es
concederle el lugar para que Él continúe obrando en nosotros.
¿No es algo maravilloso? Dios ya te definió: eres Su hijo amado.
ORAMOS JUNTOS:
Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú;
Yo te engendré hoy (Salmo 2:7).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
89
32
¿A QUIÉN ESTÁS BUSCANDO?
En una oportunidad, Jesús les preguntó a sus discípulos:
“¿Qué buscan? ¿A quién buscan?”. Se lo preguntó a los que
querían saber de Juan y a los soldados romanos que fueron a
buscarlo en Getsemaní para arrestarlo. “¿Qué buscas, a quién
buscas?”. Esta es la pregunta que te hace el Señor. ¿A quién espe-
ras encontrar cuando lo buscas a Él? ¿A un mago al que le dices
qué hacer y él obedece? ¿A un mozo que te sirve lo que pides y,
una vez que lo tienes, te olvidas de él? ¿Estás buscando a alguien
que te dé todo lo que necesitas? ¿Estás buscando a alguien que
te resuelva el problema que te surgió hoy? ¿Buscas, como los
religiosos, un libertador, un líder político? ¿Qué buscas, a quién
buscas? Si estás buscando a Jesús, buscas al Salvador. Si estás
buscando a Jesús, te vas a encontrar con la vida porque Él es “la
vida”.
Hay personas que expresan: “Yo quiero un milagro, nada
más. Si Dios me da mi milagro, no lo molesto más”. A ellos, el
Señor les responde: “Yo te puedo dar el milagro, pero quiero
90
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
que te encuentres conmigo, porque Yo soy el camino, la verdad
y la vida”.
Cuando nos relacionamos, todos pretendemos algo del
otro. Por eso, te pregunto: ¿Qué buscas en Jesús? ¿A quién bus-
cas? Porque lo que busques es lo que vas a valorar.
¿Cómo sabes que valoras mucho algo? Por lo que invier-
tes en eso. ¿Inviertes tiempo en buscar al Señor o en críticas,
chismes y peleas? ¿Inviertes tiempo, fuerzas, ganas, en ir a La
Palabra y buscar del Señor? ¿Inviertes tiempo en tu equipo de
discipulado? ¿Inviertes tus finanzas en eso que buscas? Porque
de acuerdo a lo que inviertas será el valor que le des a eso que
estás buscando.
¿Es valioso Jesús para ti? ¿Estás invirtiendo toda tu vida en
Él o te conformas con cinco minutos de una oración? ¿Estás
aplicando La Palabra en las circunstancias de tu día a día? ¿Es-
tás dedicando tu tiempo en conocer más de Cristo para tener
algo nuevo de Él?
Si inviertes y lo buscas a Él, cuando el Señor te pregun-
te: “¿Qué estás buscando?”, podrás responderle: “Solamente
te busco a Ti. Quiero tener una relación de intimidad y amor
contigo. Todo lo demás no me importa, solamente estar de-
lante de Tu presencia. Porque en Tu presencia hay plenitud de
gozo, delicias a tu diestra para siempre”. ¡Que cada día puedas
buscar más de Él!
91
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida
juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente
con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares
celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las
abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros
en Cristo Jesús (Efesios 2:5-7).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
92
33
QUIERO OÍRTE
SOLAMENTE A TI
¿Cómo escuchamos a Dios? Cuando recibimos a Cristo en
nuestra vida, Él vino y nos habló a nuestro espíritu a través de
una palabra que alguien nos dijo o que un predicador soltó en
televisión o en las redes sociales. Aquello a lo que le prestamos
atención es algo que nos interesa, que nos resulta atractivo. Y
eso es el Evangelio, las buenas nuevas, el mensaje de que el
Señor vino a cambiar nuestra vida, a poner esperanza allí don-
de estábamos, lejos de Dios. De pronto, Él vino a hablarnos a
nuestros oídos naturales un mensaje de buenas noticias, y esas
buenas noticias transformaron totalmente nuestra vida.
A partir del día que recibimos a Jesús en nuestro corazón,
todos nuestros sentidos espirituales están habilitados, abiertos
a la voz de nuestro Dios. De esta manera, con los sentidos del
Espíritu atentos, todos los días tenemos acceso a escuchar la
voz del Señor.
93
y c e r r a da l a p u e rta . . .
Hablar con Él tiene que ser algo natural en nuestra vida,
algo que ocurra siempre, porque Él está dentro de nosotros. Si
abrimos nuestros sentidos espirituales todos los días, tendre-
mos un diálogo con nuestro Dios. ¡Él escuchará nuestra voz y
nosotros la de Él! Te invito a que puedas abrir tu espíritu para
escuchar, y luego dile a Dios: “Señor, quiero escuchar Tu voz
hoy, quiero escuchar lo que tengas para decirme”. Quiero orar
lo que Tú quieres que ore.
ORAMOS JUNTOS:
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre
la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo
(Apocalipsis 3:20).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
94
34
LA PALABRA ES PRIMERO
PARA NOSOTROS
Seguramente has visto en las redes cómo las personas utili-
zan estas plataformas para contactarse, muchas veces, con eno-
jo e ironía. Pareciera ser que se trata de un lugar en el que todo
está permitido, incluso la agresión y el maltrato. Aun muchos
cristianos usan La Palabra para cuestionar, juzgar o responder
algún posteo que consideran no está de acuerdo con lo que ellos
creen. Sin embargo, La Escritura no es una espada para herir a
otro, no es para subir un versículo bíblico en WhatsApp o las
redes sociales con el objetivo de contestarle al otro. Si los demás
están haciendo algo mal, no debemos usar La palabra que Dios
nos da a nosotros para pretender enseñarles, avergonzarlos o
castigarlos.
La Palabra no es una espada para golpear a otros, sino una
espada que penetra en nuestro espíritu y discierne las inten-
ciones. Aunque te hable de otras personas, primero es para ti,
porque tal vez Dios te está advirtiendo de algo.
95
y c e r r a da l a p u e rta . . .
Cuando tenemos emociones naturales muy intensas, como
enojo, angustia o ansiedad, es muy difícil que escuchemos
claramente la voz de Dios porque estas nos tapan los senti-
dos espirituales. Esta es la razón por la que tenemos que lograr
que lo espiritual se anteponga a lo natural. Recién entonces,
cuando nuestros sentidos naturales obedecen y se someten a
los sentidos espirituales, podemos escuchar claramente la voz
del Señor.
ORAMOS JUNTOS:
Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír,
tardo para hablar, tardo para airarse (Santiago 1:19).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
96
35
EL SILENCIO DE DIOS
¿Te encontraste alguna vez con alguien con quien tuviste
que hablar rápidamente porque no disponía de mucho tiempo
para escucharte y prestarte atención? Tal vez te haya pasado
algo así con tu jefe/a, con tu papá o con tu mamá, con un maes-
tro/a. Sientes que hay que hablar con rapidez porque tiene solo
unos minutos para ti y los debes aprovechar. Actualmente, se
enseñan muchas estrategias destinadas a narrar un proyecto,
contar sobre un emprendimiento, y que la gente, en tan solo
dos minutos, decida invertir en él. Hoy no hay tiempo para
expresarse. Sin embargo, Dios te dice: “Yo hago silencio por-
que quiero que te expreses totalmente. Quiero escucharte, me
gusta hablar contigo y respeto lo que estás sintiendo, lo que me
estás diciendo. Por eso, hago silencio, para que puedas volcar
todo lo que tengas que expresar”.
El Señor deja que nos expliquemos con lujo de detalles, que
soltemos delante de Él todo nuestro corazón, todo lo que hay en
nuestro espíritu, todo lo que nuestros sentidos han percibido al
97
y c e r r a da l a p u e rta . . .
leer La Palabra o frente a determinada situación. Su silencio es
un silencio que permite hablar, un silencio sanador.
El silencio de Dios no es vacío. No es que Él no te quiere
escuchar o busca castigarte, y por eso calla. Su silencio es respe-
tuoso. El Señor nos guía y nos levanta con Su voz, pero también
nos guía con Su silencio y nos respeta.
ORAMOS JUNTOS:
Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre
ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos
(Sofonías 3:17).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
98
36
¿SERÁ O NO SERÁ?
Seguramente, en muchas ocasiones, al escuchar la voz de
Dios te habrás preguntado: “¿Cómo sé que es Él quien me ha-
bló? ¿Cómo sé que es Su voz y no es uno de esos ruidos de mi
alma o, tal vez, la voz del enemigo?”.
Diferenciar una voz de otra es muy sencillo: nuestra pro-
pia voz generalmente nos trae inseguridad. Nos preguntamos:
“¿Será o no será?”, “¿Lo hago o no lo hago?”, “¿Lo digo o no lo
digo?”. Nuestra voz siempre tiene algo de inseguridad porque
está cargada con todas nuestras experiencias pasadas y pre-
sentes, nuestras dudas respecto al futuro, nuestros miedos y
vergüenzas.
Por su parte, la voz del enemigo es una voz que nos apura,
que nos exige. Cuando Jesús estaba en el desierto, Satanás in-
tentó apurarlo. “Convierte estas piedras en pan y come”, “Tíra-
te desde el pináculo del templo, que van a venir ángeles y te van
a sostener”, le dijo. La del enemigo es una voz que te empuja,
99
y c e r r a da l a p u e rta . . .
que te lleva a arriesgarte. Es como la voz del maltratador, del
psicópata: no te deja pensar, no te da tiempo para decidir, te im-
pulsa a que tomes una resolución “ya”, de manera inmediata.
“Tienes que comprar eso ahora”, “Casémonos ya”, “Decídete
ahora porque, de lo contrario, te perderás la oportunidad”, así
es la voz del psicópata, del adversario. Pero Dios no te “psicopa-
tea” para apurarte, para llevarte a que te equivoques, para que
te amargues. La voz de Dios nos guía suavemente y se detiene
a escucharnos.
La voz de Dios es paciente. A Samuel lo llamó tres veces an-
tes de que el muchacho le pudiera responder, recién a la cuarta
vez le habló. El Señor te está llamando con paciencia. ¡Dios no
te apura!
Nuestra voz o la del enemigo nos trae inseguridad, nos apu-
ra para que tomemos decisiones “ya”, en este instante. Pero la
voz de Dios es suave y apacible, como la que escuchó Elías en
el monte, un silbo delicado, una voz agradable que viene desde
el espíritu.
La voz de Dios tiene un poder que ninguna otra voz en
este mundo tiene: el poder para transformar tu vida. Por eso,
cuando cada día escuchas Su voz, lo que Él te dice, aunque no
entiendas, aunque no parezca un mensaje completo, aunque
parezca ilógico, te traerá esperanza, bendición y éxito en todo
aquello que anhelas. ¿Te animas a declarar que, a partir de hoy,
todos los días tendrás un diálogo con Su persona? Escucharás
Su voz y Su silencio y, cuando lo hagas, será una experiencia
maravillosa.
100
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Voz de Jehová con potencia; voz de Jehová con gloria
(Salmo 29:4).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
101
37
UN ENCUENTRO DE AMOR
En una oportunidad, los discípulos le pidieron a Jesús que
les enseñara a orar. Creo que todos, en algún momento, quisi-
mos que alguien nos guiara o nos dijera cómo hacerlo. Perso-
nalmente, recuerdo que cuando era chica e iba a la iglesia, escu-
chaba a los adultos orar. Usaban palabras de adultos que yo no
conocía, tenían un vocabulario muy amplio a nivel espiritual.
Yo quería orar como ellos, con expresiones difíciles. Esta es la
razón por la que sentía vergüenza cada vez que tenía que orar
en público. Tenía el concepto de que orar delante de los demás
era orarle a los otros, hacer una oración muy bonita para que
la gente la escuchara y dijeran: “Amén”. Con los años, cuando
entendí lo que en realidad es orar, todo lo que pensaba empezó
a ser transformado.
Orar es tener intimidad con el Padre. Es entrar a Su presen-
cia y correr hacia Su trono. Dios nos acepta a todos en oración,
cualquiera puede orarle porque Él es compasivo. Si hay algo
que nos iguala a todos los seres humanos, es la sangre de Cristo.
102
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
Cuando ores permanece en silencio delante de Dios y deja que
Él te diga por qué y por quién debes orar; Dios lo pondrá en
tu corazón. Ocurre que muchas veces le llevamos al Señor to-
dos nuestros motivos de oración, nuestros miedos y angustias,
los nuevos proyectos, a nuestros hijos, nuestra pareja y demás
familiares. Y apenas entramos en Su presencia, empezamos
a hablar, pero nos olvidamos de escucharlo a Él. Cuando el
Señor nos dice por qué orar, Él nos llena con lo que Él es. De
esta manera, cuando salimos de ese encuentro, comenzamos a
desplegar el mismo Dios que desplegaba Jesús frente a Sus dis-
cípulos. El problema, entonces, es que a veces oramos, pero nos
encontramos con nosotros mismos y no con el Señor. Enton-
ces, cada vez que te encuentres con Él, dile: “Señor, acá estoy,
quiero tener un encuentro de amor Contigo, quiero ser uno
Contigo. Enséñame a administrar Tus secretos”.
ORAMOS JUNTOS:
Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no
le echo fuera (Juan 6:37).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
103
38
ORACIÓN DE CONFIANZA
“Clama a mí y yo te responderé”, declara el Señor. Solemos
buscar que Dios nos resuelva los problemas, pero Él quiere que
lo conozcamos profundamente. Por eso, ¡necesitamos salir del
“nivel yo”! El Señor sabe de lo que tenemos necesidad, pero hay
muchas cosas que nosotros desconocemos de Él y que vendrán
a nuestra vida cuando nos las revele.
El Señor no quiere que solamente nos comuniquemos, Él
anhela que tengamos una experiencia con Él. Pregúntale: “Se-
ñor, ¿me enseñas algo que no conozca de Ti?”. Hay tantas cosas
que ignoramos de Dios. Él es tan grande, tan maravilloso; Él es
eterno y tiene secretos muy guardados que nos quiere enseñar
a los que estamos interesados en conocerlo. Si estás interesado
en la maravilla de Dios, Él te dará revelación y, eso nuevo que
Él te muestre, podrás aplicarlo a tu problema económico, con
tu pareja o con tu jefe.
104
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
¿Te animas a hacer una oración de confianza? Quizás te
preguntes cómo se hace… Veamos… En la oración no necesi-
tas arrastrar a Jesús a tu sufrimiento —“Señor, ven, ¡mira lo que
me está pasando!”—, sino salir de tu circunstancia para estar
con Él. Si no te alejas de tus problemas, fallas y padecimientos
para estar con el Señor, te pierdes a Jesús y te llenas de tu propia
oración. Y orar es, justamente, un encuentro con Él, no contigo
mismo. Oraremos a “nivel Dios”, no a “nivel yo”. Pidámosle
al Señor que nos enseñe algo nuevo de Él para que después
podamos aplicar esa revelación al problema que estamos en-
frentando. Para hacer una oración de confianza necesitamos
conocer profundamente cómo es Dios, Su inmensa ternura,
que Él está vivo, que es omnipresente, infinitamente bueno,
nuestra fortaleza en el día de la angustia, y que conoce a los que
en Él confían.
Nuestra oración no debe estar basada en lo bonita que nos
quedó ni tampoco en los resultados (“ahora que oré de esta
manera, Dios me va a responder”). Tampoco debe basarse en la
insistencia (“como hice ayuno quince días y estuve veinticua-
tro horas pidiendo por este motivo, Dios me va a responder”).
Lo más lindo que tiene la oración es la confianza, saber que una
vez que la hacemos, es recibida por el Señor y, cuando ya está
en Sus manos, Él hace como quiere. ¡Salgamos de nosotros
mismos para descansar en Él!
105
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y
ocultas que tú no conoces (Jeremías 33:3).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
106
39
24/7
Vivir en Cristo significa volverse todo el tiempo al espíritu.
Eso es muy importante, porque, si creemos que la vida espiri-
tual es solamente el devocional que hacemos a la mañana, te-
nemos un problema. La vida con el Señor es “24/7”, todo el día,
todos los días. Necesitamos estar en el espíritu todo el tiempo,
frente a cada tarea que emprendamos y a cada persona con la
que hablemos porque, si no lo hacemos, llegará un momento en
que empezaremos a manejarnos de acuerdo al alma.
Estar en Su presencia de manera continua es un hábito
fundamental. Necesitamos decirle: “Señor, acá estoy. ¿Qué
me quieres mostrar? ¿A qué tengo que estar atento? ¿Qué me
quieres decir? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo te vas a manifestar
hoy?”. En una oportunidad, desayuné con una conductora de
TV y otras dos mujeres organizadoras. Apenas tomé asiento, le
pregunté al Señor: “Bueno, aquí estoy, ¿de qué deseas que ha-
ble?”. Y empezamos a hablar de la vida de Dios. A pesar de no ir
a ninguna iglesia (e incluso de no creer), me hablaron del vacío
107
y c e r r a da l a p u e rta . . .
espiritual. Fue así que les pude predicar de la vida de Cristo. Les
prediqué de manera distinta de la que lo hago otras veces, pero
antes de levantarme me había preparado, había estado con el
Señor y le había pedido que me guiara, que me mostrara qué
hablar. Cuando me levanté, porque ya tenía que ir a abordar
mi vuelo, les dije: “Les dejo la paz del Señor en la mesa” y oré
a Dios: “Señor, que en toda conversación que surja a partir de
ahora entre ellas esté Tu paz. Que nada quite de este lugar Tu
presencia”.
Tener una relación con Dios no significar apartarnos a leer
un devocional o adorar una hora, sino vivir en Su presencia y
permitir ser guiados por Él. ¡Toda nuestra vida está en Él! ¡Qué
hermoso lugar es aquel donde se encuentra nuestra vida, siem-
pre en Su presencia! Siempre estamos en Él, 24/7; por eso, no te
asustes por nada, ya que, si está Él, vas a tener la victoria. Per-
mite que Cristo se exprese, no hagas un esfuerzo en lo natural,
ocúpate de buscarlo a Él. El Señor, como un imán, te atraerá
más y más hacia Él. ¡No te resistas!
108
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, y
andábamos en amistad en la casa de Dios (Salmo 55:14).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
109
40
EN LO PEOR,
SUELTA LO MEJOR
Muchos de nosotros hemos ido cada día con nuestro cán-
taro a recoger un poco de agua del pozo. Intentamos llevar un
poco de agua a nuestras finanzas, a nuestra familia, procu-
rando obtener un poco de alegría, de paz, de gozo. Como la
mujer samaritana, hemos ido al pozo de la religión, al pozo de
nuestros deseos a sacar agua. Pero un día, cuando Jesús vino a
nuestra vida, nos dio una fuente.
Imagina agua del cielo que cae sin límites, una fuente que
brota. Esa es la vida de Dios: una fuente que brota por la eterni-
dad, una fuente que no tiene límites. Esta es la razón por la que
la mujer samaritana dejó el balde con el que recogía agua del
pozo. Ella ahora tenía la fuente, la vida de Dios. Tú y yo tam-
bién tenemos Su vida y eso es lo que expresamos. Todo lo que
tocamos puede tener la vida de Él que nosotros le impartamos.
No es la vida humana, no es ni una caricia ni un consuelo, ¡es
el poder de la vida divina que venció a la muerte y al pecado!
110
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
Necesitamos saber que, si tenemos vida eterna, la vida de
Dios, todo lo demás pierde poder. ¿Por qué? Porque tenemos
el poder de la resurrección que levantó a Cristo de entre los
muertos. Ese poder de la vida es el que actúa en nosotros y el
que podemos impartirle a los demás.
Por eso, empieza a soltar vida, pero no la vida humana,
sino la vida de Dios. Suelta vida de esa Fuente sobre tus hijos,
sobre tu pareja, sobre todas esas cosas que percibes que están en
estado terminal, que cada día que pasa están peor, con menos
fuerza, con menos victoria. ¡Suelta vida en el nombre de Jesús!
¡Libera la vida de Dios, la vida que es el poder de la resurrección
que levantó a Jesucristo de entre los muertos, porque en Él te-
nemos vida, y vida en abundancia!
Dile al Señor: “Gracias, Dios, por la vida eterna que hemos
recibido. Gracias porque esta vida venció al pecado y a la muer-
te. Gracias porque ahora tenemos vida eterna, y esa vida eterna
es para disfrutar Contigo ahora y después.
ORAMOS JUNTOS:
Y cantores y tañedores en ella dirán: todas mis
fuentes están en ti (Salmo 87:7).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
111
41
EL EQUILIBRIO PERFECTO
(PARTE 1)
¿Te pasó que, en algún momento, sientes que estás per-
diendo el eje? ¿Que todo lo que parecía armonioso, de golpe,
comienza a desequilibrarse? Esto suele suceder en las crisis. Y,
en esos tiempos, perdemos el equilibrio que teníamos. Tenías
un trabajo y, de pronto, lo pierdes; tenías salud y, de pronto,
algo te ocurre y te enfermas; tenías ahorros para un propósito y
los tuviste que consumir completamente durante la pandemia.
Cada vez que tenemos una crisis, perdemos el equilibrio que
nos mantenía en nuestro eje. ¿Qué hacemos entonces? Volver a
nuestra Fuente: Dios. Él nos da Su equilibrio.
Filipenses 4:19 declara: “Así que mi Dios les proveerá de
todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que
tiene en Cristo Jesús”. Dios es el que provee, el que equilibra,
el que nos da aquello que nos está faltando. Frente a cualquier
desequilibrio que haya hoy en nuestra vida, por cualquier cri-
sis que sobrevenga, Dios nos va a introducir en Su equilibrio.
A través de Jesús, estaremos en esa Trinidad que trabaja en
112
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
equilibrio. Y tendremos equilibrio, pero no cualquiera, sino el
perfecto.
¿Qué es el equilibrio perfecto? Muchas veces nos esconde-
mos de Dios porque queremos hacer nuestro propio equilibrio,
manejar las cosas a nuestra manera. Como no le preguntamos a
Dios, empezamos a divagar en nuestro pensamiento, creyendo
que ya lo sabemos todo, que ya conocemos lo que el Señor nos
va a decir, lo que Él quiere de nosotros. Mucha gente se queda
con la enseñanza que recibieron antes y la vuelven a repetir. No
escuchan, no contemplan. Es decir que no miran al Señor para
recibir Su respuesta para aprender de Él.
El equilibrio perfecto implica entrar en comunión. Cuan-
do entramos en Él, aunque seamos movidos por circunstancias
difíciles, por desequilibrios temporales, tendremos en nues-
tro interior el equilibrio perfecto, que es la Trinidad. Estamos
contenidos en la Trinidad. Por esa razón, aunque vengan si-
tuaciones difíciles, no perdemos la comunión con el equili-
brio perfecto. Si viene un viento fuerte que nos desequilibra,
entonces tenemos que crecer más, necesitamos tener más de
Cristo, porque en Él tenemos mucho espacio para movernos en
el equilibrio perfecto. Hoy, te pregunto, ¿dónde estás viviendo
tú?
113
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a
las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús (Filipenses 4:19).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
114
42
EL EQUILIBRIO PERFECTO
(PARTE 2)
Vayamos hoy a aguas más profundas… ¿Qué haces cuando
en tu casa o en tu vida hay un desequilibrio? ¿Qué haces si pier-
des el trabajo, si tienes un problema de salud, si aparece un con-
flicto con tus hijos? Muchas veces, frente a un desequilibrio,
optamos por tener una agenda propia. ¿Qué significa “tener
una agenda propia”? Querer lograr el equilibrio por nosotros
mismos. Empezamos a ver qué recursos tenemos, quién nos
puede ayudar, quién nos puede dar una mano en medio de esa
necesidad, de esa crisis.
¿De qué se trata esto de “la agenda propia”? Lo voy a grafi-
car de esta manera: supongamos que trato de mantener el equi-
librio por mis propios medios —es decir, tengo mi agenda pro-
pia— y decido: “Pediré un préstamo en el banco para iniciar mi
emprendimiento”, o “Buscaré el mejor especialista para que me
diagnostique”. Pero, de pronto, viene un problema más fuerte.
¡Y vuelvo a perder el equilibrio que parecía que estaba logran-
do solo, con mi propia agenda! Estábamos a punto de lograrlo
115
y c e r r a da l a p u e rta . . .
y, de pronto, algo, un viento más fuerte, vino y perdimos los
ahorros, se quebró la pareja, nos enfermamos. En definitiva,
perdimos el equilibrio humano, el equilibrio nuestro, y ahora
esa agenda en la que confiábamos queda descartada. Entonces,
le empezamos a pedir al otro que nos ayude, que haga un poco
más, para ver si volvemos a equilibrarnos.
La Palabra de Dios afirma: En el mundo tendréis aflicción.
Esto quiere decir que, mientras estemos en la Tierra, tendre-
mos desequilibrios: emocionales, físicos, económicos. “Siem-
pre a los pobres los tendréis con vosotros”, dijo Jesús, desequi-
librios ecológicos. “En el mundo tendréis aflicción”, declaró; y
luego continuó: “pero confiad, Yo he vencido el desequilibrio
y puedo darles el equilibrio perfecto”. Cuando el Señor viene a
nuestra vida, nos trae el equilibrio perfecto.
Hace unos días, me levanté temprano y me fui a preparar
un café a la cocina. Mientras calentaba el agua, saludé a Dios:
“Hola, Señor, ¿cómo estás?”. Enseguida pensé: “¿Y cómo vas a
estar? ¡Si vives en el mejor lugar del mundo!”. Al instante, Él me
respondió: “Y tú, ¿dónde estás viviendo? ¿Estás viviendo en tu
propio equilibrio diario o estás viviendo en Mí, en el equilibrio
perfecto?”.
¿Estás luchando con tus propias fuerzas?, porque vendrá
un desequilibrio y luego otro. Te equilibrarás en un momen-
to y luego volverás a perderlo, porque estás viviendo según tu
agenda. En cambio, cuando estás en el Señor, en el mejor lugar,
en Su presencia, en comunión con Él, en el equilibrio perfecto,
116
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
disfrutando de Jesús, podrán venir complicaciones y dificulta-
des, pero Él te dará Su equilibrio.
Necesitamos más comunión diaria con el Señor, porque
hay muchas cosas para descubrir de Él, para experimentar en
ese transitar perfecto. Luchamos con los que tenemos alrede-
dor y les decimos: “¡Tú no me ayudas!”, “¡Tú no me escuchas!”,
“¡Tengo que hacer todo solo!”, y estamos agotados. Pero Dios
nos dice: “Sumérgete en Mi equilibrio, metete en Mí, porque
Yo quitaré lo que está demás, lo que molesta, y te supliré eso que
necesitas y está en Mi agenda”. El Señor quiere sorprendernos a
ti y a mí y hacernos ver bendiciones donde no imaginábamos,
bendiciones que no estaban en nuestra agenda, pero sí en la
agenda de Dios. Empieza a verlas, porque están ahí. Dios te las
dio como Él quiso dártelas. Contempla al Señor, deja que Él te
sorprenda.
ORAMOS JUNTOS:
Dios utilizó su poder para darnos todo lo que necesitamos, y para
que vivamos como él quiere. Dios nos dio todo eso cuando nos
hizo conocer a Jesucristo. Por medio de él, nos eligió para que
seamos parte de su reino maravilloso (2 Pedro 1:3).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
117
43
EL EQUILIBRIO PERFECTO
(PARTE 3)
¿Conoces la historia de Sara? Qué mejor que este ejemplo
para finalizar de comprender el tema del equilibrio… El pasaje
de Génesis 18 termina con la escena de Sara riéndose. A su edad
(ya estaba en la menopausia), y como su esposo también era
viejo, pensó: “¿A esta edad voy a tener placer con mi marido y
como resultado voy a dar a luz un hijo?”. La respuesta fue “SÍ”,
porque ahora estaba en el equilibrio perfecto.
Hay cosas que vienen a nuestra vida cuando hay un equi-
librio perfecto, el cual se logra estando en comunión con el
Señor. No lo obtendrás por tu propio esfuerzo —de hecho, ya
te esforzaste, y no lo lograste del todo—, sino porque el Señor
te dice: “Ahora déjame a Mí, acepta Mi agenda, porque te voy
a sorprender”. La bendición llegará en medio de la peor crisis,
cuando hayas perdido dinero o negocios, cuando tengas que
cerrar la persiana del ese local que tanto te costó abrir. El Señor
te sorprenderá, porque Él no deja a ningún hijo desamparado.
Menos a ti, que lo amas.
118
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
Y entonces, como Sara, pensarás: “¿Acaso voy a lograrlo
ahora? Si ahora ya no tengo nada, estoy sola y perdí lo que tan-
to quise”. La pregunta de Sara fue: “¿Acaso voy a tener placer
ahora?”. Y Dios, le respondió: ¿Acaso hay algo imposible para el
Señor?
La respuesta de Dios empieza con la misma palabra que la
pregunta de Sara: acaso. “¿Acaso ahora voy a tener un hijo?”.
“¿Acaso ahora, en el peor momento de mi vida, Dios me va a
bendecir?”, tal vez preguntes, y Dios te responde: “¿Acaso hay
algo imposible para el Señor?” Esta es la pregunta del equilibrio.
Ahora que estás allí en tu casa, que tienes una carencia,
que te está faltando fuerza, entusiasmo, dinero, que estás en
desequilibrio, el Señor te dice: “¿Acaso hay algo imposible para
el Señor?”.
“¿Acaso hay algo imposible para el Señor?”, como dijimos,
es la pregunta que te introduce en el equilibrio. Tal vez pienses:
“Yo estoy acostumbrado a ganarme el dinero con el trabajo y
el esfuerzo propio”, pero Dios te dice: “Déjame sorprenderte”.
O quizás digas: “Yo estoy acostumbrada a tener ciertos gastos,
a funcionar de cierta manera”. ¡Deja que el Señor te sorpren-
da! No te hagas las preguntas que se hizo Sara, preguntas de
desequilibrio; en lugar de eso, pregúntate: “¿Acaso hay algo
imposible para el Señor?”. ¡Esa es la pregunta del equilibrio!
119
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
¿Acaso hay algo imposible para el Señor? El año que viene volveré
a visitarte en esta fecha, y para entonces Sara habrá tenido un
hijo (Génesis 14:18).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
120
44
ÉL INTERCEDE POR MÍ
¿Qué es un deseo? Al hablar de deseo nos referimos algo
que queremos. Es posible que deseemos un objeto, tener una
familia, obtener un puesto de trabajo, lograr un título univer-
sitario, etc. Existen los deseos propios, los deseos de los demás
y los deseos de Dios. Hoy observemos qué sucede con nuestros
deseos…
Me contaron la historia de una mujer que se fue con su
pareja en velero a una isla con playas hermosas. Ella estaba muy
enamorada, había encontrado al hombre de sus sueños, al va-
rón que siempre había esperado. Cuando llegaron a la isla, la
playa estaba vacía. Amarraron el velero y se pusieron a nadar.
Después de un rato, se tiraron a tomar sol en las arenas blancas.
Estaban viviendo un momento maravilloso. La mujer cerró
los ojos y expresó un profundo deseo. Dijo: “Quiero que este
hombre del que estoy enamorada sea totalmente amado, sea
completamente feliz, que la vida le sea sencilla y que a su paso
encuentre comprensión, amor y paz”. Así, con ese clamor y
121
y c e r r a da l a p u e rta . . .
los rayos del sol sobre su rostro, se quedó dormida. Cuando se
despertó estaba sola en la playa. Él se había ido en el velero. Los
deseos de esta mujer habían sido escuchados: él iba a ser feliz,
pero no al lado de ella.
¡Nuestros deseos a veces tienen tanta vanidad! Por eso,
como no sabemos orar como conviene, el Espíritu Santo nos
ayuda en nuestra debilidad intercediendo por nosotros tam-
bién con gemidos. Es decir, Él se hace parecido a nosotros y
gime con nosotros. El Espíritu Santo se une a nosotros —no
somos nosotros los que nos unimos a Él—, se hace uno como
nosotros.
Entonces, nosotros gemimos a Dios y decimos: “Señor,
¿por qué vivir de esta manera?”, y el Espíritu Santo también
gime, pero a diferencia de que Él lo hace de acuerdo al deseo
de Dios.
Quizás tus deseos son reconocibles, fáciles de pedir, y dices:
“Quiero un trabajo”, “Quiero una pareja”, “Quiero una casa”,
pero hay cosas que no sabemos cómo pedirlas. En estos casos, el
Espíritu Santo se transforma en nuestro traductor. Él traduce
todo lo que nosotros no sabemos cómo orar, y lo hace de acuer-
do a la voluntad de Dios. Él es nuestro ayudador.
122
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad;
pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el
Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles
(Romanos 8:26).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
123
45
MI DESEO ES TU DESEO
¿Cómo le estás pidiendo a Dios tus peticiones? Es posible
que ores de este modo: “Señor, quiero una pareja, pero no sé si
lo quiero así o así, no estoy segura de que lo quiera ahora o más
adelante. La verdad es que tengo miedo de volverme a equivo-
car. ¿Qué haré si me confundo otra vez?”. Como no sabes cómo
pedir, el Espíritu Santo, que es el traductor, le dice al Señor:
“Ella quiere llenar su vaso, su vida, con Tu amor. Quiere expe-
rimentar Tu amor.
Tal vez digas: “Señor, tengo una deuda. Ayúdame, porque
la tengo que pagar, aunque después no sé cómo voy a hacer para
seguir adelante porque me voy a quedar sin dinero”. No sabes
pedir como conviene, pero el Espíritu Santo te hace la traduc-
ción y le explica a Dios: “Él te pide de Tu sabiduría”.
O quizás ores: “Señor, quiero un trabajo de pocas horas,
porque estoy cansada”, y el Espíritu Santo traduce: “Ella quiere
124
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
servirte más horas, quiere experimentar Tu eternidad y que el
tiempo le alcance para hacer todo lo que necesita”.
El Espíritu Santo empezará a disponer todas las cosas para
que en ti se siga formando Cristo y lo que Él quiere hacer cre-
cer en tu vida, porque, así como te dio a Cristo, dice Pablo, te
dará con Él todas las cosas. Así, llegará un momento en que
madurarás y tus deseos ya no estarán mezclados con los deseos
de los demás. No dirás: “Quiero eso porque lo tiene el otro”,
“Quiero aquello porque lo vi en aquel” o “A mí me gustaría
tener un millón de seguidores en las redes sociales”. Ahora tus
deseos serán cambiados con los deseos divinos, con la voluntad
de Dios. Entonces orarás: “Señor, no necesito más estima para
sentirme bien, todo lo que necesito es contemplar Tu belleza
y disfrutarte, porque estoy hecha a Tu imagen” o “Señor, no
necesito más paciencia con mis hijos, solo necesito abrirme a
Tu sabiduría divina, porque en ella están todas las respuestas”.
Y llegará un momento en que ya no necesitarás que el Espí-
ritu Santo te traduzca, porque estarás al mismo nivel, hablando
el mismo lenguaje. Ya no necesitarás que el Espíritu Santo diga:
“Señor, lo que quiso decir es tal cosa”, porque tendrás profun-
didad espiritual. Y orarás como Jesús: “Yo quisiera que se haga
esto; pero, Padre, que se haga Tu voluntad y no la mía”. Cuando
puedas orar así, cuando puedas decir: “A mí me gustaría esto,
pero que se haga Tu voluntad, Señor, no la mía. Yo quiero lo
verdadero, lo tuyo, lo que Tú quieres para mí. Quiero que Tus
deseos sean los míos”, entonces Él te dará Sus deseos y, además,
por añadidura, ¡te dará todo lo que tú esperabas!
125
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de
Dios permanece para siempre (Juan 2:17).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
126
46
LA BENDICIÓN
ES UNA PERSONA
La bendición es una persona. Muchas veces nos sucede que,
a pesar de que sabemos que Dios suple nuestras necesidades,
la bendición no llega. Nos preguntamos: “¿Cómo puede ser,
si Dios me lo prometió, si es básico que Él va satisfacer mis
necesidades? ¿Por qué en casa la bendición no fluye? ¿Por qué
me faltan cosas? ¿Por qué me faltan ideas? ¿Por qué me faltan
ganas? ¿Por qué me falta salud? ¿Por qué me faltan fuerzas?”.
Entonces, tenemos que pedirle al Señor que nos muestre la cau-
sa. No necesitamos hacer introspección y pensar qué estaremos
haciendo mal, si somos malos administradores, si estaremos
en pecado, si habremos cometido un error y por eso Dios no
nos ama. No se trata de hacer introspección, sino de darle la
autorización al Señor para que Él nos muestre por qué en casa
la bendición no fluye.
La bendición no es algo que recibimos, sino una PERSO-
NA. La bendición es CRISTO. Ahora bien, ¿de qué depende la
multiplicación? De que vivamos en la bendición. Que el Señor
127
y c e r r a da l a p u e rta . . .
nos multiplique depende de que vivamos en Cristo, que nues-
tro hábitat sea Cristo. Si permanecemos y habitamos en Cristo,
todo lo que Él nos da se multiplica.
“¿Por qué las bendiciones no me llegan?”, te preguntas. ¿No
será que te habrás enfocado demasiado en las bendiciones, al
punto tal que te olvidaste de permanecer en la bendición, que
es Cristo? En una ocasión, una mujer me contaba: “Nosotros
tenemos una casa de fin de semana en el Gran Buenos Aires.
Cuando no había COVID-19 y podíamos congregarnos, nos
volvíamos a Capital el domingo para venir a la iglesia”. Esta fa-
milia entendió todo. Sabían que las bendiciones se multiplican
si permanecemos en la bendición. Ellos podían quedarse en la
casa de fin de semana, pero preferían venir a la casa del Señor y
permanecer en la bendición, que es Cristo.
No vayas detrás de las bendiciones, sino de Él. Y cuando
eres atraído por el Señor, vives en bendición eterna. Ya no habrá
escasez, toda tu vida será tocada por la bendición y la maldi-
ción no te alcanzará. Lo que te atormentaba ya no se volverá
a repetir. No dirás más: “Hoy tengo, mañana no sé”, porque
permanecer en la bendición hace que todas las bendiciones se
multipliquen.
128
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
… porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes
en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus
decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te
bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella
(Deuteronomio 30:16).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
129
47
SOY ATRAÍDO A TI
¿Sabías que las bendiciones nos atraen? No necesitamos ir
en busca de la bendición, pues ella nos atrae. La bendición es
una persona, Cristo, y Él mismo declara en Juan 12:32 que,
cuando fuera levantado de la tierra (cuando lo crucificaran y
luego fuera ascendido), atraería a todos hacia sí. Esto es mara-
villoso: no tenemos que ir detrás de la bendición, solo necesita-
mos permanecer y Él nos atraerá.
¿No te conmueve pensar que, por ejemplo, entre todos tus
compañeros de la primaria y del secundario, tú fuiste atraído
por el Señor? ¿No te conmueve pensar que, entre todas tus ami-
gas y amigos, fuiste atraído por el Señor para que lo conozcas
a Él y recibas Su amor? ¿No te conmueve que, entre todos tus
compañeros de la universidad y de los trabajos donde estuviste,
Dios haya puesto Sus ojos en ti y te haya atraído hacia Él, hacia
Su bendición, hacia Su amor, hacia la salvación? ¡Es conmo-
vedor pensar que tal vez fuiste el único de tu familia al que el
Señor atrajo y se le reveló!
130
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
¿Estás disfrutando de Cristo? ¿Estás disfrutándolo? Dile al
Señor: “No quiero pedirte nada, Señor. Solo quiero estar con-
tigo. Quiero que me atraigas hacia Ti cada día, quiero desear
solamente Tu presencia. Quiero tener cada día más hambre de
Ti y de Tu Palabra”.
ORAMOS JUNTOS:
Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos
atraeré a mí mismo (Juan 12:32).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
131
48
INTELIGENCIA VS. SABIDURÍA
Todas las personas tenemos inteligencia, pero la sabiduría
la supera. La sabiduría no niega tu inteligencia, pero la supera.
Esta es la razón por la que hay gente que es muy inteligente
pero no tiene sabiduría. Necesitamos pedirle a Dios: “Señor,
quiero resolver todos mis asuntos con Tu sabiduría, con la ilu-
minación de Cristo”. Cuando Cristo te ilumina, te libera de tus
perspectivas, de tus limitaciones, de hacer las cosas como a ti te
parece o como la cultura te dice. Cristo te da Su modo. Cristo
mira con Sus ojos a través de ti, y de Él sale sabiduría para que
puedas resolver o reconocer tus áreas oscuras. La luz de Cristo
siempre visita nuestra ignorancia.
Con la inteligencia pensamos cómo podemos resolver
un conflicto, cómo podemos relacionarnos con nuestros hi-
jos adolescentes, cómo podemos salir de esa crisis económi-
ca. Todos pensamos con la inteligencia, pero con la sabiduría
contemplamos La Luz, que es Cristo, y con la contemplación
podemos comprender. ¡Esa es la diferencia entre inteligencia
132
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
y sabiduría! Cuando la luz de Cristo —que es la sabiduría—
está en nuestra mente, esta ilumina un área oscura. Nosotros
contemplamos esa luz y como esa área ahora está iluminada,
entonces sí comprendemos.
Dios te mostrará tus áreas oscuras porque te ama. Él no te
quiere dañar, te las muestra porque te quiere ver crecer, te quie-
re ver brillar. Recibe el amor de Dios y dile: “Señor, ilumina lo
que está oscuro en mi vida, ilumina lo que estoy pasando por
alto. Quiero moverme con sabiduría para poder resolver esa os-
curidad y que nunca más viva esa área de mi vida en tinieblas”.
Cristo es sabiduría y es verdad. Con la Luz, todo se aclara y lo
que no se veía ahora se ve.
ORAMOS JUNTOS:
Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con
inteligencia (Proverbios 3:19).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
133
49
HOY ME RINDO A TI,
ESPÍRITU SANTO
¿Te pasó que hace meses o años que cargas con los mismos
problemas, con las mismas situaciones, con las mismas discu-
siones? Este es el día para decirle al Espíritu Santo: “Me rindo”.
Necesitamos rendirnos. Cuando algo no te esté saliendo, cuan-
do vengas luchando con una situación por mucho tiempo sin
obtener resultados, dile: “Me rindo, Espíritu Santo. Hazlo Tú,
Espíritu Santo. Guíame Tú. Me rindo”.
Tú y yo podemos movernos de dos maneras: en nuestro
“yo” o en el Espíritu. La carne, el yo, tiene sus maneras de hacer
las cosas. Cuando quiere lograr algo, se apoya en la capacidad,
en la inteligencia, en el dinero, en los recursos, en los contactos.
Por ejemplo, supongamos que soy una excelente entrenadora
física y una buena administradora, por lo que decido abrir un
gimnasio. Entonces, empiezo a ejecutar mis ideas: elijo el local,
lo alquilo, compro las máquinas y demás instalaciones, con-
trato otros profesores. Y, después de que hice todo eso, le digo
a Dios: “Señor, te pido que bendigas este gimnasio que estoy
134
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
inaugurando”. ¿Hiciste eso alguna vez? En este ejemplo, no
dependí en absoluto de la guía del Espíritu Santo; en lugar de
Él, dependí de la guía de mi “yo”. El yo nos dice qué tenemos
que hacer y cómo. Constantemente nos da ideas y nos dirige
de acuerdo a su gusto. Depender de la guía del Espíritu Santo
es muy diferente.
Si vives en el Espíritu, dile al Señor: “Señor, lo que yo quiero
es lo que Tú quieres”. Caminar en el Espíritu es rendirnos, es
lo opuesto a lo que el yo quiere, es rendir nuestra voluntad al
Espíritu Santo y confiar en que Él nos va a guiar. Cuando pe-
dimos Su guía, sabemos que el Espíritu Santo nos conducirá a
los propósitos divinos.
ORAMOS JUNTOS:
Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu
(Gálatas 5:25).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
135
50
DIOS ESCRIBE MI AGENDA
Hoy es un excelente día para sincerarnos. ¿Pensaste alguna
vez que a Dios había que ayudarlo un poquito o dijiste: “Dios
haz tu parte y yo la mía”, u oraste: “Por las dudas le voy a decir
a Dios cómo tiene que hacer esto que le estoy pidiendo?”. Y, si
bien La Palabra dice que somos colaboradores de Dios, durante
años y años hemos interpretado mal esta idea.
¿Qué significa eso? Hasta hace poco, yo entendía que ser
colaborador de Dios significaba que ambos estábamos casi en
el mismo nivel. Yo hacía un poquito y Dios hacía otro; es decir,
ambos nos repartíamos el trabajo. Sin embargo, esto no es así.
Ser colaboradores de Dios significa que Él es el que tiene el
propósito y nosotros colaboramos con Él. No es que nosotros
hacemos lo mismo que Él. Él es el que hace, el que decide qué
es lo que nosotros tenemos que hacer. Ser colaborador es de-
cirle: “Señor, estoy a Tu disposición”, es salir de todo egoísmo.
Por años creímos que Dios estaba a nuestra disposición, que
Él tenía que cumplir nuestros anhelos y sueños, que Él nos
136
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
tenía que dar lo que nosotros queríamos. Pero ahora sabemos
que ser colaboradores del Señor implica estar a Su disposición,
atados a Cristo, dispuestos a hacer solamente Su voluntad y no
la nuestra.
Tú y yo podemos tener muchos planes en la vida, pero tiene
que llegar un momento de profundidad espiritual en el que lo
único que cuente ya no sean nuestros planes, sino los propósi-
tos de Dios. ¡Señor, queremos que Tú nos digas cómo servimos
nosotros a Tus propósitos, y no cómo Tú sirves a los nuestros!
ORAMOS JUNTOS:
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para
buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que
anduviésemos en ellas (Efesios 2:10).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
137
51
SI DIOS AVANZA, YO TAMBIÉN.
SI DIOS SE QUEDA QUIETO, YO
TAMBIÉN
Comencemos este día leyendo esta historia:
Andrew Murray, un misionero que estuvo en Sudáfrica,
cuenta que estaba pastoreando una iglesia allí que había empe-
zado de cero. Se congregaban unas tres mil personas. Tenía dos
edificios e institutos bíblicos, y era muy conocido en la ciudad.
Le hacían reportajes y notas para televisión. Su fama iba en au-
mento. Un día, alguien le ofreció pastorear una iglesia pequeña
en el campo. En el pueblo vivían cuatro mil personas, es decir,
casi la misma cantidad de gente que él tenía en su iglesia de la
ciudad. Murray tenía que decidir si se quedaba en la ciudad o se
iba al campo. En ese momento un pastor le escribió para con-
vencerlo de que no aceptara el ofrecimiento. “¡Cómo te vas a ir
al campo! ¿Sabes los problemas, las deudas, que tiene esa gente?
¡Vas a tener que empezar todo de cero! Además, acá tienes tu
casa, tu familia… ¿Dónde van a vivir si te vas al campo?”. Lo
cierto es que Andrew Murray era un experto en dejarse guiar
por el Espíritu Santo, por lo que respondió: “Si Dios me dice
138
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
que me quede, me quedo; pero, si Dios me dice que me vaya, es-
toy listo y dispuesto. No me atrevo a pensar que Dios me vaya a
dejar hacer lo que yo quiera”. ¡Qué maravillosa respuesta! Mu-
chas veces nos levantamos a la mañana y planificamos nuestro
día. Decimos: “Haré esto y aquello. Iré a tal lugar. Hablaré
con tal persona”, ¡y nos olvidamos de que el Espíritu Santo está
ahí para guiarnos! Nuestra oración debe ser: “¡Señor, no me
dejes hacer lo que yo quiero!”. Y, aunque nadie pensó que se
iba a ir, Murray, un hombre que estaba en ascenso, que había
tenido grandes logros ministeriales, se fue con toda su fami-
lia a pastorear la pequeña iglesia del campo. Tiempo después,
explicó que él sabía que Dios lo estaba podando de su fama, la
cual le había traído mucho sufrimiento y problemas físicos,
porque lo había desgastado. Tenía cuarenta y cinco años, pero
parecía un hombre mucho mayor. “Dios me estaba podando
de la fama, porque me la había cargado encima, y no permitía
que el Espíritu Santo lo hiciera”, contó. Murray dejó la iglesia
multitudinaria y se puso a escribir. Escribió libros como nunca
antes. Su oración más frecuente era: “Pido por el poder del
Espíritu en todo mi trabajo, para que no sea hecho en mis pro-
pias fuerzas”. Cada vez que tengas que hacer algo, ora a Dios:
“Señor, guíame. Espíritu Santo, guíame. No quiero hacer nada
en mis propias fuerzas; quiero hacerlo en las fuerzas del Espí-
ritu porque sé que Él tiene la fuerza de un ejército completo”.
Cuando pidas la guía del Espíritu Santo, Su poder caerá sobre
tu vida y harás todo en Su poder. Él te soltará lo que necesites,
porque no irás detrás de tus propósitos, sino del propósito di-
vino. Si necesitas salud, se soltará salud; si necesitas finanzas,
139
y c e r r a da l a p u e rta . . .
se soltarán finanzas; si necesitas sabiduría para desenvolverte,
se soltará sabiduría. Irás a la Cruz y de la Cruz tomarás todo lo
que necesites, porque estarás donde el Espíritu Santo te llevó.
ORAMOS JUNTOS:
Endereza las sendas por donde andas; allana todos tus caminos
(Proverbios 4:26).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
140
52
HOY ME PARO
EN TUS FUERZAS
¿Estás decidiendo y avanzando cada mañana en tus pro-
pias fuerzas? ¿Te animas a cambiar lo que quizás hace tiempo
vienes haciendo y no te permite sentirte pleno y en paz? Cada
mañana podemos optar por manejarnos solos, sin la ayuda del
Espíritu Santo. Sin embargo, cada vez que te rindas delante de
Él y le digas: “Espíritu Santo, necesito que me guíes a tomar
esta decisión, que me guíes cuando tenga que hablar con esta
persona, que me dirijas en esto que tengo que hacer. Espíritu, si
me tienes que restringir, hazlo”; entonces, Él te guiará según el
propósito divino y te proveerá de todo lo que necesites.
El Espíritu Santo muchas veces le dijo a Pablo: “No vas a ir
a predicar ahí”, “No hables, cierra la boca”, “Ahora sí, habla”.
A veces, el Espíritu Santo te dará luz verde para que hagas algo
y, otras veces, te dirá: “No”. En todos los casos tienes que darle
gracias porque, si el Él te guía, todo lo que necesites se va a soltar
sobre tu vida.
141
y c e r r a da l a p u e rta . . .
Andrew Murray cuenta que, en una oportunidad, en In-
glaterra, tuvo que ir a una cárcel a predicarles a doscientos pre-
sos. No eran los presos los que lo habían invitado, pues ellos
no tenían ningún interés en escucharlo. Cuando llegó el mo-
mento de predicar, ellos empezaron a sabotearlo. Comenzaron
a toser, a mirar el reloj, a caminar de un lado a otro, y todo
para que Murray no pudiera predicar. Frente a esto, el pastor
dijo: “Vamos a hacer así, caballeros: yo les daré a ustedes cinco
minutos para toser y, luego, ustedes me darán a mí cinco mi-
nutos para predicar”. Después de que Murray hubo predicado
durante sus primeros cinco minutos, nadie más siguió tosiendo
ni moviéndose. Todos los presos quedaron capturados por el
mensaje de Jesucristo.
Tal vez no conozcas mucho al Espíritu Santo: la tercera per-
sona de la Trinidad. El Espíritu Santo es el Espíritu de Cristo,
el Espíritu de vida que remueve la muerte que tal vez haya en tu
interior. Cuando estás en intimidad, esa vida empieza a crecer
más y más, hasta que se desborda. Es entonces cuando viene el
poder. ¡Durante tanto tiempo luchaste en tus fuerzas, sin saber
que tenías la fuerza del Espíritu, la fuerza de un ejército! Jesús
dijo: “Yo me voy, pero les dejo al Espíritu Santo para que los
acompañe todos los días de su vida”. El Espíritu está dentro de
ti, no tienes que ir a buscarlo a ningún lugar, y cada día puedes
decirle: “Espíritu Santo, guía mis pasos”.
142
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su
amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado
(Romanos 5:5).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
143
53
SOLO TE DISFRUTO A TI
(PARTE 1)
¿Qué es vivir delante de Él, en Su presencia? ¿Te has hecho
esta pregunta alguna vez? Seguramente, sí. Todos, en algún
momento de nuestro caminar con el Señor, nos hicimos esta
pregunta y buscamos y anhelamos vivir en Cristo.
Este no es solo un anhelo nuestro, sino que Dios desea que
vivamos en Su presencia. Este pedido le hizo a Abraham cuan-
do se encontró con él. Estar delante del Señor es disfrutar de Él.
Cuando estamos delante de Su presencia, cuando vivimos en
Su presencia, el Señor nos pide que lo disfrutemos. Y el Señor
me dio una imagen para explicarme lo que es estar en Su pre-
sencia. Me mostró la imagen de una mamá dándole el pecho a
su bebé, alimentándolo. Cuando el bebé es alimentado, mira
directa y únicamente al rostro de la mamá. No observa la gente
a su alrededor, ni el biberón o el pecho, solo el rostro de su ma-
dre. A medida que va creciendo, el niño empieza a diferenciar
lo que es la mamá de lo que es el alimento. Entonces, después
de que supera la etapa del biberón o el pecho, comienza a poner
144
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
la mirada en el plato de comida. Observa la textura, el color y la
cantidad de alimento. Toca el puré, lo mueve por el plato, expe-
rimenta. Pero ahora la comida ya no está asociada al rostro de
la mamá, y el niño empieza a mirar otras cosas, como la gente a
su alrededor que lo acompaña mientras come, la cucharita con
que le dan la comida, el “avioncito” que le hace el papá cuando
le da el puré. Comienza a independizarse de la mamá, entiende
que el alimento es una cosa y la mamá, otra.
Cuando Dios lo invitó a Abraham a estar delante de Él, lo
llamó a disfrutar de una unidad entre ambos. Le dijo: “Abra-
ham, quiero que estés en unión conmigo, que no te independi-
ces de Mí”. Cuando estamos en unión con el Señor, la presencia
y la provisión son una misma cosa. Cuando estamos delante
del rostro del Señor, no hay separación entre presencia y pro-
visión. Esto quiere decir que no podemos separar a Dios de lo
que Él nos da.
La mirada trae incorporada la provisión, tal como le pasa al
bebé cuando toma del pecho de la mamá. En el mundo natural,
hay un momento en que el hijo tiene que ser destetado, pero en
la esfera espiritual no hay destete. En la esfera espiritual necesi-
tamos beber del Señor y alimentarnos de Él todo el tiempo. Él
es la buena tierra, la tierra de la que fluye leche y miel.
El Señor lo invitó a Abraham —y nos invita a nosotros— a
no perder la mirada que ponemos en Él, la unión con Él, eso
que nos sucede cuando nos mezclamos y nos unimos con Él.
“No pierdan eso, estén siempre unidos a Mí”, dice el Señor,
145
y c e r r a da l a p u e rta . . .
“porque Yo y Mi provisión somos lo mismo”. ¿Te animas en este
día a sumergirte en Su presencia?
ORAMOS JUNTOS:
Los ojos de todos se posan en ti, y a su tiempo
les das su alimento (Salmo 145:15).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
146
54
SOLO TE DISFRUTO A TI
(PARTE 2)
En los tiempos que corren, todo sucede velozmente. Vivi-
mos días en los que la mirada pareciera haber pedido su valor.
Hoy tenemos escasez de mirada, hay una desconexión entre los
seres humanos.
Y retomando la reflexión de la parte 1 de este mismo tema,
el Señor me enseñó que, cuando el bebé se independiza, deja de
mirar el rostro que lo alimenta; y no solo eso, sino que, muchas
veces, la persona que le da la comida también deja de mirar al
bebé. Incluso entre padres e hijos hay muy poca mirada. Pero
La Escritura asegura que el Señor tiene Sus ojos puestos en
nuestra vida. “Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Es-
taré contigo todos los días de tu vida”, afirma. ¡Qué maravillo-
so! Esto quiere decir que, si estamos en Él, si estamos en unidad
con Él, nunca habrá desconexión, nunca nos separaremos. “Yo
en Él y Él en mí”, esa unión es maravillosa.
147
y c e r r a da l a p u e rta . . .
“Mi presencia irá contigo cada día”, dice el Señor. Nece-
sitamos vivir conscientes del “cada día”, porque a veces somos
conscientes de muchas cosas —problemas, responsabilidades,
circunstancias del país—, pero tenemos muy poca conciencia
de que Dios está con nosotros cada día. ¿Miras el rostro del Se-
ñor todos los días de tu vida o hay cierta desconexión? Cuando
nos desconectamos y creemos que la provisión no proviene de
Él, empezamos a perseguirla, porque creemos que debemos
ganarla con nuestro esfuerzo. Sin embargo, cuando entende-
mos que el rostro del Señor, que Él mismo es la provisión, ya no
nos desviamos ni nos preocupamos, ya que, si estamos en Él,
tenemos todo.
ORAMOS JUNTOS:
Mi presencia irá contigo, y Yo te daré descanso (Éxodo 33:14).
“Hoy, Señor, te miro solo a Ti y recibo
Tu mirada de amor sobre mi vida”.
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
148
55
ÉL ES NUESTRO TODO
¿Qué significa que Dios sea nuestro todo? ¿Anhelas con
todo tu corazón y toda tu alma que Él lo sea? Dios no solo le
pidió a Abraham que viviera en Su presencia, sino que además
le dijo: “Sé intachable, perfecto”. Pero ¿cómo le hizo este pe-
dido, si ser perfectos es algo que no podemos lograr, aunque
nos esforcemos? ¿Qué quiere decir para el Señor “ser perfecto”?
Que Dios nos diga “sé perfecto” significa que Él se nos añada
en todo, que Él esté en todo, que Él sea el “todo” de nuestra
vida. Es decir, ser perfecto significa estar delante de Él siempre
y, a la vez, que Él se nos añada en todo: relaciones, actividades,
decisiones. Todo tiene que empezar y terminar en Dios.
A veces decimos: “Bueno, pero yo no soy una persona per-
fecta, no llego a la perfección. Invoco, llevo a la Cruz para su
muerte, pero siempre encuentro algo más. ¡No voy a llegar
nunca a la perfección! Además, tampoco tengo una familia
perfecta, ni una pareja perfecta, ni hijos perfectos, ni un trabajo
perfecto... ¿Cómo es que Dios me pide eso?”. La respuesta es: Él
149
y c e r r a da l a p u e rta . . .
es el “factor perfeccionador”. No es que debes ser perfecto, sino
que, si lo tienes a Él, Él es el perfecto. Cuando invitas al Señor a
tu vida y entras en Él, cuando estás delante de Su presencia, in-
cluyes el factor perfeccionador. Eso quiere decir que, al incluir
a Dios en toda tu vida, toda esta se vuelve perfecta, y no porque
te hayas vuelto perfecto tú, sino porque Él sí lo es. Entonces,
todo se enderezará. Tu familia, tu pareja, tus emociones, tu
trabajo, tus hijos, serán perfectos; no porque te esforzaste, ni
porque te sacrificaste para construirlos, ni porque trabajaste
duro, sino porque el Dios perfecto está en ellos. ¡Él es el factor
perfeccionador!
No nos falta un consejo ni una guía, nos falta más Cristo.
Porque cuando Cristo satura nuestra vida, Él es la Luz y, en la
Luz, vemos luz.
ORAMOS JUNTOS:
Por tanto, sean perfectos, así como su Padre
celestial es perfecto (Mateo 5:48).
“Señor, declaro que eres mi factor perfeccionador”.
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
150
56
DIOS CAMBIARÁ
TU NOMBRE
Todas las personas esperamos ser multiplicadas en todas
las áreas de nuestra vida. Y muchas veces probamos diferentes
técnicas para serlo, pero ningún paso a paso nos llevó a esa
multiplicación que estamos esperando (y no me refiero solo a
lo material).
Para ser multiplicados en todo, lo único que debemos hacer
es estar disponibles y permitir que Él obre. Seguramente te
preguntes cómo lo hará. Y comenzará por cambiar tu nombre.
Cuando Dios trató a Abraham, le cambió su nombre.
“Abram” —sin “h”— significa “padre exaltado”. La primera
imagen que viene a mi mente cuando pienso en “padre exal-
tado” es la de un hombre sentado en la cabecera de la mesa,
rodeado de toda su familia. Todos le rinden homenaje y honor,
y dicen: “¡Qué maravilloso lo que ha logrado esta persona en la
vida!”. Ese “padre exaltado” es el yo, lo que en el fondo quería
Abram. Él quería tener un hijo, quería ser un “padre exaltado”.
151
y c e r r a da l a p u e rta . . .
Y no estaba pidiendo algo malo, no me refiero a lo que está bien
o está mal. Su objetivo era tener un hijo. Quizás pienses: “Se-
ñor, te pido que me des una pareja, que me des ese negocio, que
me ayudes a tener creatividad, que me prosperes”, pero todo eso
se reduce al “padre exaltado”. Ahora bien, cuando Dios intervi-
no y le dijo a Abram: “Yo te voy a multiplicar”, lo primero que
hizo fue cambiarle el nombre. Lo llamó “Abraham”, que signi-
fica “padre de multitudes”. Dejó de ser “padre exaltado” para
ser “padre de multitudes”. Cuando decimos “padre exaltado”,
el foco está en el yo. En “padre de multitudes”, en cambio, el
foco no está en el padre, sino en las multitudes. Y las multitudes
son el sueño de Dios; la multiplicación es el sueño de Dios.
Y no solo a Abraham, sino también a su esposa Dios le cam-
bió el nombre. Sara se llamaba “Sarai” que significa “mi prin-
cesa”. El Señor le sacó la “i” y la llamó “Sara” que quiere decir
“princesa”. Ya no sería “mi princesa”, es decir, algo particular,
acotado, específicamente “mío” —otra vez aparece el yo—,
sino que sería “princesa”, algo amplificado. ¡Dios siempre nos
quiere ampliar!
Mientras miremos al yo seremos gente limitada a la esfe-
ra natural pero, cuando Dios nos cambia el nombre, cuando
Él interviene en nuestra vida, nos cambia la identidad y nos
da acceso a la esfera eterna. Ya no tenemos límites, porque es-
tamos en el ámbito donde el Señor actúa, y en todo seremos
multiplicados.
152
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Y le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu
nombre Jacob, sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre
Israel. También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente: crece y
multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de
ti, y reyes saldrán de tus lomos (Génesis 35:10-11).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
153
57
HOY DARÉ A LUZ
Alguien dijo: “La vida tiene dos formas de aplastarnos: re-
chazando nuestros deseos o cumpliéndolos, pero el que solo
quiere lo que Dios quiere, escapa a ambos”. Dile a Dios: “Se-
ñor, solamente quiero Tu voluntad. Deseo que intervengas en
mi vida. Quiero romper todo lo que sea estrechez en mi vida,
quiero dejar de mirar lo que mis ojos naturales miran. Quiero
entrar en Tu intimidad y ver Tu rostro cada día”. ¡Sumérgete
en Su eternidad, en el tiempo eterno, en la esfera del Espíritu!
Cuando estamos en Él, el Señor suelta una semilla. La se-
milla es la voz de Dios, Su Palabra, y se siembra en nuestra vida
para luego, desde allí, crecer y multiplicarse.
Cuando yo tenía quince años, tuvimos la bendición de po-
der viajar con toda mi familia a Europa. Obviamente, fuimos a
Grecia, a visitar el lugar donde había nacido mi papá. Él quería
bajar del avión vestido de traje, así que se había comprado dos:
uno de color marrón y otro de color celeste. Al bajar del avión
154
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
quería mostrar que era un hombre exitoso. Como Abram, que-
ría ser el “padre exaltado”. A veces, con buena intención, para
que se queden tranquilos, queremos mostrar a nuestros fami-
liares los avances que hemos logrado, lo cual se resume a “mi
mundo pequeño”, “lo que me gusta a mí”. Pero el Señor dice:
“Yo tengo otros planes. Quiero que tomes Mi sueño y te mul-
tipliques”. Dios también quería darle a Abraham un hijo, pero
ese hijo era una semilla para multiplicación. Mientras tú y yo
permanezcamos en nuestra fuerza natural, Dios no va a inter-
venir; mientras digamos: “Yo puedo” o “Yo lo voy a lograr”, Él
no va a intervenir.
Dios tiene que tratar al “padre exaltado” en cada uno de
nosotros hasta que solo sea Cristo y el hijo de la promesa nazca.
¿Qué tienes que quitar hoy de tu corazón para que esa palabra
que estás esperando dé a luz?
155
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
Duélete y gime, hija de Sion, como mujer que está de
parto; porque ahora saldrás de la ciudad y morarás en el campo,
y llegarás hasta Babilonia; allí serás librada, allí te redimirá
Jehová de la mano de tus enemigos (Miqueas 4:10).
“Señor, transfórmame en multiplicación”.
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
156
58
YA NO DOY MÁS VUELTAS
Cuando él tenía cien años y Sara noventa, Abraham le dijo
a Dios: “Señor, ¿por qué damos tantas vueltas? Ya no somos
nada, mira la edad que tenemos, ¿cómo vamos a tener un hijo?
¿Por qué, en vez de dar vueltas, no bendices lo que logré con mi
esfuerzo? Ya no quiero esperar más; no quiero estar expectante
por ese hijo que me prometiste y no llega. Bendice lo que hay
y ya está”. Es muchas oportunidades le decimos a Dios frases
semejantes a la de Abraham: “Señor, si no me vas a dar la pareja
que me prometiste, al menos bendice mi soledad para que esté
feliz”. Abraham dijo: “No somos nada”, una frase que solemos
utilizar cuando alguien muere. Y eso fue lo mejor que le pudo
haber dicho, ya que, con esas palabras, le estaba diciendo: “Ya
está, no puedo hacer nada más en mis fuerzas”. “No somos
nada”, ¡qué buena frase para decirle al Señor! Porque cuando
no eres nada, eres el candidato perfecto para que Él te llene de
lo que quiera, para que Él suelte Su voz que es una semilla con el
potencial para multiplicarse en tu vida y en la vida de muchos.
157
y c e r r a da l a p u e rta . . .
“Señor, no soy nada”, dijo, y esa frase activó algo en la vida
de Abraham. Y Dios le respondió: “Voy a bendecir lo que hi-
ciste con tu esfuerzo”. Dios es bendición, Él siempre bendecirá
todo lo que hagas, claro que sí, aun lo que hacemos en nuestro
esfuerzo, pero no es por eso que logramos el hijo de la promesa.
Dios quiere multiplicarte con ese hijo, por eso, cuando Abra-
ham le pidió que bendijera lo que había logrado y dejaran de
dar vueltas, el Señor le respondió: “Sara, tu esposa, es la que te
dará un hijo”. Es decir, le volvió a confirmar lo que iba a hacer
en su vida. Y así será en tu vida y en la mía.
No es tu proyecto, no son tus ganas, no es tu habilidad, no
es tu esfuerzo; ¡es el hijo de la promesa!, y si Dios prometió, Él
cumplirá Su Palabra.
ORAMOS JUNTOS:
Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; en la
misericordia de Dios confío eternamente y para siempre
(Salmo 52:8).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
158
59
EN TUS MANOS SOY
TRANSFORMADO
¿Te animas en este día a ser podado por Dios? ¿A que Él
quite lo que impide Su presencia en tu vida? ¿Sabías que, en
Israel, si los varones no se circuncidaban, no podían ser parte
del pueblo? Hoy también algo tiene que ser quitado de nuestro
corazón. Si nuestro “yo” no está cortado, quitado, no podemos
ser parte del cuerpo de Cristo. Si queremos serlo, el Señor tiene
que circuncidar nuestro corazón. Un corazón circuncidado
es muy diferente a un corazón herido. No es lo mismo estar
circuncidado que estar herido. El animal herido es el más pe-
ligroso, porque ataca a todo el mundo. Del mismo modo, las
personas heridas son personas que, en lugar de hablar victoria,
hablan dolor. ¡Cuántas veces escuchamos a personas cristianas
que, en lugar de hablar la victoria que Dios ha tenido sobre
sus vidas, hablan del dolor que atraviesan! Hasta al dolor lo
toman como un esfuerzo propio y afirman: “Si supieras lo que
yo he vivido, te darías cuenta de que lo que te sucede a ti es una
159
y c e r r a da l a p u e rta . . .
tontería”. El Señor tiene que circuncidar el corazón, pero Él
jamás te deja herido: te deja transformado.
La circuncisión del corazón no la podemos hacer nosotros
por nuestros medios, la tiene que hacer Él. Ya no ponemos más
la confianza en la carne, ya no necesitamos que la gente nos
aplauda, nos reconozca, ya no necesitamos usar nuestro propio
esfuerzo para ser “yo”. La tarea del Señor en este tiempo es, jus-
tamente, circuncidarnos el “yo”. Y una vez que Él circuncida el
corazón, ya no queda más que gloriarse solo en Él.
ORAMOS JUNTOS:
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios,
estos son hijos de Dios (Romanos 8:14).
“Señor, obra en mi corazón, quiero hablar
de tus victorias”.
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
160
60
ATENTO A TU VOZ
Comencemos este día haciéndonos estas preguntas. ¿Te
animas? ¿Cuántos errores hemos cometido a lo largo de nues-
tra vida por no prestar atención? ¿Cuántos accidentes ocurren
por falta de atención? ¿Cuántas cosas perdimos o nos quitaron
por falta de atención? Definitivamente, prestar atención es algo
muy importante. Y esto también aplica a la vida espiritual.
El Señor nos guía, pero tenemos que estar atentos. Prover-
bios 4:20-21 nos exhorta: Hijo mío, está atento a mis palabras;
inclina tu oído a lo que digo. No se aparten de tus ojos; guárdalas
en medio de tu corazón. La Palabra no tiene que apartarse de
nuestros ojos, y debemos guardarla en medio de nuestro cora-
zón. ¿Por qué? El versículo 22 lo explica claramente: Ellas dan
vida a quienes las hallan; son la salud del cuerpo. Esto quiere de-
cir que, cuando leemos La Palabra, (que tiene una voz y siempre
nos habla) necesitamos inclinar nuestro oído para poder escu-
charla. Además, tenemos que mantener nuestros ojos atentos
161
y c e r r a da l a p u e rta . . .
y guardar La Palabra en nuestro corazón, porque ella nos da
vida y salud.
Cuando no le prestamos atención a la vida espiritual, per-
demos la guía del Espíritu Santo, nos desconectamos de esa voz
interior, de esa presencia que nos alumbra. ¿Por qué? Porque
estamos distraídos. Estar firmes en la vida espiritual significa
que necesitamos “afirmar el corazón”, “hacer sencillo el cora-
zón”. Cuando vienen los problemas, no podemos tener un ojo
en el problema y un ojo en el espíritu. Necesitamos ser personas
sinceras, lo cual significa que no hay dos caminos, sino uno
solo: volver al espíritu, al territorio donde está la presencia del
Señor. Y, cuando volvemos a él, quien hace guardia para que el
enemigo no entre es el mismo Espíritu Santo. ¡Él es quien nos
defiende de cualquier enemigo! Por eso, te animo a que hoy
puedas orar esta Palabra.
ORAMOS JUNTOS:
Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad;
afirma mi corazón para que tema tu nombre (Salmo 86:11).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
162
61
HABLARÉ “PAZ”
¿Te ocurrió de darle vueltas y vueltas al mismo asunto y
que nada cambie, que sean los mismos pensamientos los que
anidan en tu mente día tras día? Hoy puedes ponerles un punto
final.
¿Qué podemos hacer para no darle lugar al enemigo en
nuestra vida? Regresar siempre a Dios. Cuando notemos que
volvemos a pensar en el mismo problema y otra vez nos amar-
gamos, corramos rápidamente a Dios y digámosle: “Señor, sé
que estás conmigo y que Tu presencia está en mi vida. Sé que
haces grandes cosas, sé que no estoy solo. ¡Tengo la expectativa
de que viene un gran milagro para mi vida!”. Vuelve siempre
a Dios y adora, alaba, respira La Palabra. Corre hacia donde
está todo bien, donde hay felicidad y gozo, donde hay recursos,
donde nada te falta, donde está la presencia de Él. ¡No le cedas
ni un milímetro de tu tierra al enemigo!
163
y c e r r a da l a p u e rta . . .
La Palabra de Dios, en 2 Reyes 4, narra la historia de la
mujer sunamita. Ella había dado a luz a un hijo, algo que había
deseado por mucho tiempo. Ese niño creció y un día, mientras
estaba con el papá, tuvo un fuerte dolor de cabeza. Frente a
esto, el padre envió a su criado para que lo llevara con la madre.
Lo cierto es que el niño murió en brazos de su mamá. La mujer
puso al nene sobre la cama que le había preparado al profeta en
la azotea y salió a buscar a su marido. Le dijo: Te ruego que me
mandes uno de los criados y una de las asnas, para que yo corra
hacia el hombre de Dios y regrese (2 Reyes 4:22). Él preguntó:
¿Para qué vas a verle hoy? No es luna nueva ni sábado. La mujer,
sin distraerse ni un instante, respondió: Paz.
Ponte en guardia y, cuando alguien te pregunte respecto a
tu problema, no te distraigas, no le des lugar a las voces ajenas,
sino responde: “Paz”. La sunamita se subió al asna y le ordenó
al criado: “Toma la rienda y anda. No te detengas por mí en el
viaje, a menos que yo te lo diga”.
Pase lo que pase, sigue adelante, no te distraigas. No creas
que ya no hay solución, no te detengas, porque ¡el Señor está
haciendo cosas grandes y maravillosas!
164
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios
(Salmo 141:3).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
165
62
DIOS NO SE REPITE
Basilea Schlink, escritora y líder religiosa alemana, dijo: “El
corazón de Dios es como un pozo profundo e inagotable del
cual brota siempre algo diferente para darles a Sus hijos en mo-
mentos de necesidad”. Dios siempre tiene algo diferente. ¿No
te trae expectativa en el espíritu conocer esta parte del Señor?
Él está haciendo algo diferente en tu vida. Él no se repite, no usa
estrategias que usó antes, y va a darte algo nuevo. Por eso, si ves
que el camino de pronto cambia y te preguntas: “¿Qué sucedió
acá? Si la última vez que el Señor me sanó no fue así, si cuando
el Señor me dio la casa no actuó de esta manera”, recuerda que
Él te dice: “Tengo algo diferente para darte”. Viene algo pode-
roso y nuevo de Dios sobre tu vida, ¡espéralo con expectativa!
¡Espera en Él!
166
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Yo sé bien que tú lo puedes todo, que no es posible frustrar
ninguno de tus planes (Job 42:2).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
167
63
¡ESTÁ TODO BIEN!
Existen dos caminos: el camino del amor de Dios y el cami-
no del amor propio. Volvemos a nuestro amor propio cuando
decimos: “Yo lo voy a resolver”, “Yo me voy a mover”, “Me va
a tener que escuchar: le voy a decir lo que se merece”. El amor
propio te pide, te exige, todo el tiempo. En cambio, en el cami-
no de Dios, el Espíritu nos guía con tranquilidad, con amor,
con paz y con bien.
En el camino de Dios tenemos expectativas de que el Señor
nos dará mucho más abundantemente que lo que estábamos
esperando. Estamos en el territorio de Cristo, estamos en Él,
y de acá nadie nos puede arrebatar. Seguramente, la derrota,
la amargura, el dolor, quieren tomar terreno, pero hoy puedes
elegir transitar el camino del amor de Dios, donde está todo
bien, donde hay salud y la bendición sobra y abunda ¿Crees esta
palabra? ¿Crees que está todo bien? Si es así, decláraselo a los
problemas: “¡Está todo bien! ¡Cristo puede con todo!”.
168
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
¡Qué maravilloso es el Cristo que tenemos! Él está traba-
jando en nuestra vida. El Señor no ve solamente el problema
que tienes hoy, Él quiere hacer algo más que eso porque tiene
un propósito grande para cada uno de nosotros.
“Todo lo que hagas te saldrá bien”, toma estas palabras y
recuerda que el problema no es el problema. Pídele al Señor que
ponga un centinela en tu boca. No hables más lo que el enemi-
go te dicta, habla solamente Su Palabra. Dile a Dios: “Señor,
hasta que no llegue a Tu presencia, no voy a hablar con nadie,
solo hablo delante de Ti porque eres el único que puede hacer
el milagro, el único que gobierna mi vida”.
ORAMOS JUNTOS:
Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y
fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le
alabaré (Salmo 28:7).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
169
64
MI LÁMPARA CONTINUARÁ
ENCENDIDA
Seguramente habrás escuchado decir que los hijos de Dios
somos la luz del mundo. Ahora bien, ¿qué es lo que no nos deja
ser luz, lo que apaga nuestra lámpara? Perder el temor de Dios.
Esto es lo que le sucedió al sacerdote Elí. Estar en el templo
le empezó a resultar un acto monótono y automático. Hacía
tantos años que era sacerdote, que estaba ahí, que ya nada le
importaba, pues se había acostumbrado. Había perdido el te-
mor de Dios.
Perder el temor de Dios hace que la luz (el Espíritu Santo),
se apague. Muchas veces, tomamos las cosas de Dios como
actos automáticos. Adoramos, leemos La Palabra y nos conec-
tamos para participar del equipo espiritual, pero lo hacemos
como algo automático, pues no tenemos temor de Dios. La
falta de reverencia a las cosas del Señor, la falta de búsqueda de
Su presencia, el hecho de simplemente cumplir con ritos y to-
mar Sus asuntos como algo común, nos convierte en personas
170
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
que ya no brillan. Ahora somos gente común y corriente, igual
al resto.
La falta de temor de Dios se pone en evidencia cuando las
cosas santas se vuelven comunes, cuando nos da lo mismo ir a la
iglesia que ver una serie o ir al casino. Pero tú y yo estamos ilu-
minados, porque cuidamos que nuestra lámpara no se apague.
Cuando le perdemos el respeto a las cosas santas, a las cosas
de Dios, a lo que Él está soltando, estamos apagando nuestra
luz. Necesitamos recordar que somos sacerdotes y, por lo tanto,
los únicos responsables de que la luz esté encendida. En mu-
chas ocasiones somos los últimos en darnos cuenta de que esa
lámpara se está apagando, pero hoy el Espíritu Santo quiere
decirte que anhela verte encendido, por eso te ha convocado y
estás leyendo este devocional.
ORAMOS JUNTOS:
Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una
colina no puede esconderse (Mateo 5:14).
“Señor, quiero estar encendido”.
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
171
65
DIOS QUIERE VERTE BRILLAR
Efesios 5:8-9 declara: [...] porque en otro tiempo erais tinie-
blas, pero ahora sois luz en el Señor [...]. La Palabra de Dios ase-
gura no que “estábamos” en tinieblas, sino que “éramos” tinie-
blas, y no que “vamos a ser” luz, sino que “somos” luz. ¡Tú y yo
somos la luz de Cristo! No permitas que el enemigo te engañe y
te diga que eres tinieblas. Tal vez te sumergiste en la oscuridad
porque no te habías dado cuenta de que tu luz se estaba apagan-
do, pero no perteneces a ese lugar, ¡eres luz!
Cuando vivías lejos de la presencia de Dios, decías: “Míren-
me, acá estoy. Estudio, trabajo, gano bien, tengo mi auto, tengo
mi casa, me casé, tengo hijos”. Todo nuestro hablar era para
nuestra propia gloria, la gloria del sistema; pero, ahora que so-
mos luz, tenemos a Cristo como nuestra luz. Ahora tenemos
Su gloria, no la nuestra. A nuestra gloria la entregamos en el
altar y el fuego la quemó, murió. Y, cuando hay muerte, hay
resurrección. Resucitamos no en nosotros mejorados, sino en
Cristo, y ahora somos luz. ¡La luz del mundo!
172
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
La Palabra es Cristo, porque la luz es Cristo. Estamos en el
lugar de las lámparas encendidas, estamos en Su gracia, ¡no nos
podemos esconder!
Si hoy te das cuenta de que tu brillo se está perdiendo, ya
sea por descuido, robo o falta de reverencia, dile a Jesús: “Señor,
llevo este descuido a la Cruz. Quémalo, Señor, ¡quiero estar
atento!”.
Dios quiere que brilles. Toma la responsabilidad, como
sacerdote, de mantener la lámpara encendida cada día de tu
vida. Tú eres la luz de alguien que tiene nombre y apellido.
¡Alumbra! Eres la luz de alguien que está desesperado. ¡Alum-
bra! Eres la luz de alguien que está en el reino de las tinieblas.
¡Alumbra! Hay alguien en tu vida, el Señor te dirá su nombre,
para quien eres luz. Cuando lees La Palabra en tu casa, cuando
adoras en tu trabajo, alguien te está mirando. Eres luz para esa
persona, y te meterás en las tinieblas para sacarla de allí, no
para quedarte, pues no perteneces a ese lugar. ¡Eres hijo de la
luz! ¡Gloria a Dios!
173
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
[...] porque en otro tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz
en el Señor [...] (Efesios 5:8-9).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
174
66
VIVIR EN EL ESPÍRITU
Sabemos que en estos últimos tiempos hay un despertar,
un deseo por el mundo espiritual; sin embargo, estar en el espí-
ritu no es lo mismo: es estar con el Señor las 24 horas, desde que
nos levantamos hasta que nos dormimos a la noche. Se trata de
tener intimidad con el Señor en toda ocasión, recordando que
Él es una persona que vive dentro de nosotros con la que pode-
mos hablar; es estar atentos a Su guía y también permanecer en
silencio, disfrutando de Su presencia. Estar en el espíritu es ser
dependiente del Señor.
Estar en el espíritu es invocar a Cristo todo el tiempo, de-
cirle que es precioso, agradecerle por Su presencia en nuestra
vida. Y cuanto más tiempo permanezcas en el espíritu, más
crecerá Cristo y más fuerte te volverás. Si hoy tu anhelo es ser
una persona más segura, firme y sólida, necesitas contactar
con Él, tener intimidad con Su vida. Cuando andamos en el
espíritu, nos transformamos en piedra. Cristo va creciendo y
175
y c e r r a da l a p u e rta . . .
nos transformamos en piedra para ser edificados como Cuerpo
de Cristo. ¿Y cómo es una piedra? Inconmovible, firme y sólida.
Somos el cuerpo de Cristo, estamos en Él, y Él está en noso-
tros. Dependamos completamente de Su amor. Y todo lo que
estaba sin vida, revivirá.
ORAMOS JUNTOS:
Así nos lo ha mandado el Señor: “Te he puesto por luz para las
naciones, a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la
tierra” (Hechos 13:47).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
176
67
SOMOS TRANSFORMADOS,
NO CAMBIADOS
(PARTE 1)
La Palabra de Dios declara que Él nos está transformando
día a día. El Señor nos está transformando para que dejemos
de ser barro y nos convirtamos en piedra. Desde que recibimos
al Señor Jesús en nuestro corazón, empezamos a ser transfor-
mados. En este punto es importante que sepas que “transfor-
mación” no es sinónimo de “cambio”. Un “cambio” es como
un maquillaje que dura solamente un tiempo; pero, cuando
Cristo toma nuestra vida, Él la transforma. Esto quiere decir
que, una vez que somos transformados en piedras preciosas,
nunca más volveremos a ser barro. La transformación es algo
nuevo de Cristo que se añade a nuestra vida, al mismo tiempo que
algo de nuestro “yo” muere.
Un ejemplo de este cambio fue Jacob. En los primeros ca-
pítulos de Génesis, vemos a un Jacob que siempre quería todo
para sí. Así fue como tomó todo lo que le pertenecía a su padre,
todo lo que le pertenecía a su hermano —la primogenitura— y
todo lo que le pertenecía a su suegro. Jacob representa nuestra
177
y c e r r a da l a p u e rta . . .
vieja naturaleza. Hay gente que quiere “sacar tajada” de todo
el mundo. ¿Conoces a alguien así? Estas personas dicen: “Voy
a aprender maneras para conseguir que todo el mundo me dé
lo que necesito”. Él sabía cuándo sonreír, cuándo decir una pa-
labra agradable, cuándo presionar; ¡era un gran manipulador!
Cuando llegamos al capítulo 37, encontramos a un Jacob
que parece haber perdido toda habilidad natural, incapaz de
actuar en lo natural. ¿Qué es lo que le ocurrió para que él, que se
esforzaba y lograba todo, que era creativo, astuto y mentalmen-
te rápido, de pronto, hubiera perdido toda capacidad natural?
En esta etapa, Jacob empezó a perder todo lo que había ganado
con sus propias fuerzas, con su propia habilidad. Lo primero
que perdió fue a Raquel: el amor de su vida. Raquel representa
el esfuerzo propio. A Jacob le había costado mucho trabajo ca-
sarse con ella. Él estaba perdidamente enamorado e hizo todo
lo posible, durante muchos años, hasta que consiguió tenerla.
Pero un día, Raquel se murió; el esfuerzo propio de Jacob mu-
rió, y allí comenzó su verdadero proceso de transformación.
Cuando algo de nuestro propio esfuerzo muere, algo nuevo de
Cristo se añade.
Cuando Jacob perdió a Raquel, se apegó a José, el primero
de los hijos que había tenido con ella. Pero, después de un tiem-
po, José también le fue quitado, pues sus otros hijos le comuni-
caron que había muerto.
Una de las señales de que estamos siendo transformados —
que entramos en el proceso de transformación del Señor— es
cuando, de a poco, vamos perdiendo la ambición por las cosas
178
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
naturales, el interés por ciertas actividades. Ya no suspiramos
por lo que antes suspirábamos y hasta hubiésemos dado la vida,
todo nos da igual. ¿Por qué? Tal vez creas que se debe a que estás
mayor o que te deprimiste, pero no; lo que ocurre es que estás
en el proceso de Dios. El Señor te está transformando, por eso
las fuerzas del alma se están reduciendo. Esto es lo que le suce-
dió a Jacob. Si esto es lo que te está sucediendo a ti, no tengas
miedo porque, junto con el debilitamiento del alma, viene un
crecimiento del espíritu. ¡Y eso es maravilloso! Algo en tu espí-
ritu se empieza a activar porque el Espíritu Santo está haciendo
que todo tu ser se transforme en piedras preciosas. Algo está
transformándose en tu interior, algo superior se está gestando
desde el espíritu. Los hijos de Dios no queremos las cosas del
alma, sino lo que tiene el Espíritu. Jacob había perdido todo,
excepto la presencia de Dios, y esa presencia lo empujaba cada
día a depender más de Él y a abrirse más a Él. Hoy, esa misma
presencia anhela transformar tu espíritu. ¿Lo quieres?
179
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
Llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel porque dijo: Vi a
Dios cara a cara, y fue librada mi alma (Génesis 32:30).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
180
68
SOMOS TRANSFORMADOS,
NO CAMBIADOS
(PARTE 2)
Continuando con la historia de Jacob, sabemos que este
hombre perdió todo, incluso su fuerza natural, y fue allí mismo
cuando reaccionó y empezó a confiar plenamente en que Dios
era su proveedor, su descanso. ¿Cómo llegamos a este punto?
¿Cómo podemos tener plena confianza en que Dios está tra-
bajando en nosotros, depositando aspectos nuevos de Cristo?
Cuando el Señor deja de ser una teoría para ser una experiencia.
Experimentarlo a Él es pasar del oír al ver. Nuestra oración
cada día debería ser: “Dame una experiencia contigo, Señor.
Quiero experimentarte”. ¡Pídele al Señor que te dé una expe-
riencia con Él! Cuando la tengas, irás siendo transformado de
barro a piedra preciosa. Pero no lo fuerces, permite que el Señor
lo haga en ti.
Para que Dios nos transforme, tenemos que salir del “cada
tanto”, el “cuando tengo tiempo”, el “cuando estoy inspirado”,
y buscar una experiencia con Él cada día. El cada día no es una
181
y c e r r a da l a p u e rta . . .
tarea ni un deber. No se trata de que digas: “Tengo que leer La
Palabra”.
Y como se trata de un Dios de amor y fidelidad, la historia
de Jacob no terminó solo en las experiencias en las que dis-
frutaba de la presencia del Señor, sino que recuperó un sueño
natural.
Génesis 45:26 nos cuenta que Jacob pensó que había per-
dido a José, su hijo, pero de pronto sus otros hijos le hicieron
saber que estaba vivo y era señor en toda la tierra de Egipto.
El corazón de Jacob se afligió, porque no les creyó la buena
noticia. Sus otros hijos le dijeron: “Papá, tú creías que tu hijo
estaba muerto, pero no, tu hijo vive, ¡y además es el ministro
de economía de toda la tierra de Egipto!”. La Palabra narra en
Génesis 45:27: Sin embargo, recobró el aliento cuando le conta-
ron lo que José mandaba a decirle, y vio las carretas que José había
enviado para que lo llevaran a Egipto. Jacob volvió a ver a José. El
espíritu de este hombre revivió por el ver, por la experiencia. La
experiencia consiste en pasar del oír al ver y, cuando lo vemos,
nuestro espíritu revive. Un espíritu vivo le cree a Dios en todo,
en lo grande y en lo pequeño, porque ese espíritu arde, pues lo
único que hay en él es Cristo.
Experiencias, intimidad, disfrute de Su presencia y prome-
sas cumplidas. ¡Tenemos un Dios que no nos falla!
182
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
[...] porque en otro tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz en el
Señor [...] (Salmo 139:7-8).
“Señor, dame una experiencia contigo”.
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
183
69
BENDIGO Y SOY BENDECIDO
¿Te gustaría, además de ser una persona bendecida, ser una
persona que bendice? Cuando tenemos poco Cristo, todo es
para nosotros. ¡Incluso, cuando oramos, las oraciones son para
nosotros! “Señor, dame, sáname, prospérame“, pedimos. Y está
bien, porque todos, en algún momento, oramos de esa manera
cuando teníamos poco Cristo. Sin embargo, cuando nos da-
mos cuenta de que estamos siendo transformados por el Señor
es cuando bendecimos a otros. Lo mismo le sucedió a Jacob.
Este hombre quería todo para sí mismo, era egoísta, pero fue
tan grande la transformación que tuvo que comenzó a extender
sus manos para bendecir a los demás. Jacob, en una etapa de
su vida, aprendió a estar satisfecho y a descansar en la provi-
dencia de Dios. A partir de entonces, él pudo ser una persona
que abría sus manos para bendecir a otros. ¿Te gustaría que te
reconocieran por ser una mujer “bendecidora” o un hombre
“bendecidor”?
184
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
Cuando Jacob se enteró de que su hijo estaba vivo, viajó a
Egipto, una tierra en la que había alimentos y abundancia. Allí
se encontró con Faraón, la persona con más autoridad en el
mundo de ese momento. Si Jacob no hubiese sido transforma-
do, probablemente, habría manipulado eficazmente al faraón
para obtener lo que quería. Pero el Señor lo había cambiado y
se presentó delante del hombre más poderoso del mundo y lo
bendijo. ¡Qué maravilloso! Ser mayor o menor en el Reino no
se relaciona con tener finanzas o inteligencia, sino con tener
Cristo. Es mayor el que tiene más Cristo, y el mayor siempre
bendice al menor.
¿Y qué significa bendecir? Ministrarle a Cristo a las per-
sonas. Todos tenemos un mayor y un menor: alguien que nos
bendice y alguien a quien podemos bendecir. Esta es la razón
por la que nuestra oración hoy debe ser: “Señor quiero más de
Ti para poder bendecir a otros”. Y en esa bendición que tú le des
a quienes el Señor te muestre, tú también serás extraordinaria-
mente bendecido. Te animo a que hoy mismo puedas vivir esta
hermosa experiencia.
185
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor
(Hebreos 7:7).
Dile: “Señor, ¿a quién quieres que bendiga hoy?”.
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
186
70
YO SÉ A QUIÉN HE CREÍDO
Hay un momento en nuestra intimidad con el Señor en el
que sabemos que, si Dios quiere darnos una respuesta, lo hará
como Él quiera y le parezca. Todos hemos recibido respuestas
del Señor pero, a medida que nos sumergimos en lo más pro-
fundo de Cristo, ya no buscamos respuestas. Lo buscamos a Él.
En la orilla (en los comienzos), sí las anhelamos pero, cuando
nos metemos un poquito más profundo, ya no.
Mientras el apóstol Pablo estaba en la cárcel, él no buscaba
respuestas. A esa altura de su intimidad con Dios, él no nece-
sitaba una respuesta de por qué, a pesar de haber sido llamado
por Dios y predicar el Evangelio, estaba en una cárcel. Pablo no
pidió una señal, una explicación o un milagro; por el contrario,
él dijo: “Estoy acá y me alegro, porque tengo una experiencia
profunda con el Señor. Yo sé a quién he creído”.
“Yo sé a quién he creído” es la respuesta que damos cuando
estamos en lo profundo de nuestra intimidad con el Señor. Ya
187
y c e r r a da l a p u e rta . . .
no necesitamos una respuesta de Dios, ahora nosotros damos
la respuesta y afirmamos: “No me importa la situación que esté
viviendo, yo sé a quién le he creído”. Cuando podemos dar esa
respuesta estamos en lo profundo de Dios.
Hay respuestas de orilla y respuestas de profundidad. Pa-
blo llegó a dar respuestas de profundidad de Dios. Cuando en
medio de las dificultades podamos responder: “Yo sé a quién he
creído”, cuando venga una crisis en la familia, en la economía
o en la pareja y podamos levantarnos y afirmar: “Yo sé a quién
he creído”, entonces, como Pablo, estaremos sumergidos en las
profundidades del Señor.
ORAMOS JUNTOS:
Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo,
porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para
guardar mi depósito para aquel día (2 Timoteo 1:12).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
188
71
EN EL SILENCIO, DIOS
¿Buscaste alguna vez al Señor permaneciendo en el silen-
cio? Te invito a que hoy tengas una nueva experiencia con Él.
Búscalo estando en silencio. Tal vez te lleve días, o quizás se-
manas, pero, cuando logres estar un tiempo en silencio dis-
frutándolo, contemplándolo, regocijándote en Su eternidad,
simplemente dile: “Te adoro, Señor”, y continúa con lo que
tengas que hacer ese día. Al principio no es fácil, porque nuestra
mente no está acostumbrada a estar en silencio y se desvía, pero
llegará un momento en el que tu espíritu se unirá al silencio de
Dios. Entonces Él te soltará esa palabra que crea. No te darás
cuenta, porque estarás en silencio, contemplándolo a Él, pero,
a lo largo del día, en algún momento, notarás que estás expre-
sando algo de Cristo que no sabías que tenías. Y te preguntarás:
¿De dónde salió esa palabra de sabiduría, esos pasajes bíblicos,
que solté con mi boca? Todo eso nació del momento de silencio
que pasaste con Él. Allí Dios soltó sobre tu espíritu algo que tu
mente no pudo registrar, pero que luego le expresaste a la gente.
189
y c e r r a da l a p u e rta . . .
Un reconocido teólogo afirma: “Cuando el verbo de Dios
crece, cuando Cristo crece, las palabras del hombre disminu-
yen”. Te encontrarás hablando no las palabras que salen de tu
alma, sino palabras del Espíritu. Y la gente las recibirá en su
espíritu.
Cada día debemos ir más profundo para tener así las res-
puestas de la profundidad de Dios, las cuales se encuentran en
la intimidad, en el silencio delante de Dios. Sí, el Señor tam-
bién está en silencio, pero Él va depositando en tu espíritu los
recursos que necesitas: fuerza, sabiduría, gozo, paciencia. Por-
que Él es todo, y todo está dentro de ti. ¡Hay plenitud y delicias
en el silencio de Su presencia!
ORAMOS JUNTOS:
Tus ojos verán al Rey en su hermosura; verán la tierra
que está lejos (Isaías 33:17).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
190
72
MI SED SE SACIA SOLO
CON CRISTO
Todos somos sacerdotes. ¿Cuál es la tarea del sacerdote? Pa-
sar tiempo con el Señor. Nosotros fuimos hechos por Dios para
ser dependientes de Él. No podemos funcionar en forma inde-
pendiente de acuerdo a como Dios nos hizo; por eso, Él quiere
que estemos en comunión con Él. Cuando Sus hijos tenemos
intimidad, Él nos alimenta y nos da de beber. Pero, cuando
perdemos esa intimidad, empezamos a tener sed de Dios y, para
calmarla, en lugar de volvernos a Él, muchas veces, recurrimos
a otros medios. Muchos transitan la vida intentando saciar la
sed de Cristo con otras cosas que no son de Dios. David decía
(y esta es también una oración nuestra): “Mi alma tiene sed de
Ti, me vacío de mí para ser llenado por Ti”.
191
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
así clama por ti, oh Dios, el alma mía (Salmo 42:1).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
192
73
DESPOJÁNDOME DE MI TODO
Hoy quiero compartirte esta historia:
En los tiempos de Jesús había un joven rico que cumplía
con todos los mandamientos, pero era una persona triste. La
Palabra nos cuenta que este joven era muy rico y un día se le
acercó al Señor corriendo y se tiró a sus pies. Algo le estaba
pasando a este hombre rico. Posiblemente había heredado su
riqueza, ya que era muy joven. Por eso, le preguntó a Jesús:
“¿Cómo puedo heredar la vida eterna?”. Es decir, que a él le gus-
taba heredar, pero nada de trabajar. Ya había heredado dinero
y ahora quería heredar la vida. Aquí hay una diferencia impor-
tante que debemos marcar: no estaba preguntándole a Jesús
cómo ser salvo — él creía que era religioso porque cumplía con
todos los ritos—. Él le preguntaba cómo podía tener la pleni-
tud de la vida divina. “¿Cómo puedo hacer para vivir plena-
mente la vida con Dios?”. Esa fue su pregunta. Jesús le replicó:
“¿Sabes cuáles son los mandamientos?”, y se los describió: “No
mates, no cometas adulterio, no hurtes”. “Yo los guardo desde
193
y c e r r a da l a p u e rta . . .
siempre”. “Muy bien”, le dijo Jesús, “pero ¿sabes que con eso no
alcanza? Te falta una cosa, porque en la constitución del Reino
hay otros requisitos”. Y a continuación le pidió: “Vende todo lo
que tienes y dáselo a los pobres”. Doble tarea. Primero, ver todo
lo que tenía (que era muchísimo) y desprenderse de cada una
de sus posesiones. Todos nos desprendimos alguna vez de algo,
pero este joven ¡tenía que desprenderse de todo! Imagínate que
Jesús te diga que vayas y vendas todo lo que tienes. ¿Qué vende-
rías primero? Por ejemplo, el auto. ¿Te duele? Jesús le dijo a este
muchacho rico que fuera y vendiera todo. Pero no solo se tenía
que desprender de todo y venderlo, sino también entregárselo a
los pobres. Un doble desprendimiento: primero vender todo y
después darles el dinero a los pobres. Despojarse no solo mate-
rialmente, sino también emocionalmente. Él debía hacer estos
dos despojos.
¿Qué estaba queriendo decirle Jesús? “Quítate todo de en-
cima y sígueme”. El despojo es morir. Para poder disfrutar de
la plenitud divina, lo primero que debemos hacer es morir. ¿De
cuántas cosas hoy el Señor todavía nos tiene que despojar para
que podamos disfrutar de Su plenitud?
194
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Tus ojos verán al Rey en su hermosura; verán la tierra que está
lejos (Isaías 33:17).
“Pídele al Señor que te indique qué cosas están limitando tu
relación con Él y cómo despojarte de todo ello”.
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
195
74
TÚ, MI ÚNICA FUENTE
Hoy el Señor desea ser tu única fuente. Tal vez creas que
tu fuente es tu pareja. Quizás digas: “Si no fuera por mis hi-
jos, ¿qué sería de mí?”. Entonces tu fuente son tu pareja o tus
hijos y no te das cuenta y repites esa frase. A Dios lo amas, lo
quieres, y es tu fuente espiritual. Lo buscas, lo adoras, pero tu
hijo es el que te ayuda con los trámites. Tu hijo se transformó
en tu fuente para los trámites o para llevarte al médico o para
hacerte compañía. “Si no fuera por este trabajo que tengo, ¿qué
haría?”… el trabajo se transformó en tu fuente. “Yo tengo unos
ahorros que guardo por cualquier eventualidad”… tu fuente es
ese dinero ahorrado para el día que algo te ocurra.
No nos damos cuenta, no somos conscientes, pero tenemos
un fondo ahorrado de cosas, de personas, de situaciones y de
momentos que creemos que son nuestra fuente (no está mal
guardar recursos, pero sí depositar nuestra confianza en ellos).
Y el Señor nos dice: “Quiero ser tu Fuente, tu única Fuente, de
donde provenga todo lo que necesites en la vida”.
196
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
Por eso, hoy tenemos que llevar a la Cruz nuestras otras
fuentes. Seguramente, a cada uno de nosotros, el Espíritu nos
mostrará cuál es esa doble o triple fuente que tenemos. Él es
nuestra única Fuente, de Él dependemos, de Él viene todo. Él
es mi Fuente. David decía: “Todas mis fuentes están en ti”.
Pídele al Espíritu Santo que pueda mostrarte la fuente en
la cual todavía estás confiando: el negocio, la pensión, el bono,
el alquiler que recibes, el dinero guardado (por las dudas), la
pareja… y lleva esas fuentes a la Cruz para su muerte, porque,
cuando hay varias fuentes, se produce un conflicto interno y
eso te entristece. Déjalo ahí en el Altar, a los pies de la Cruz,
y dile: “Señor, quema estas fuentes. Tú eres mi única Fuente,
todo lo que necesito viene de Ti”.
Nuestra Fuente es el Señor. Él es nuestro tesoro. Declárale:
“Señor, eres mi Amado y único tesoro”.
ORAMOS JUNTOS:
Porque contigo está el manantial de la vida; en tu
luz veremos la luz (Salmo 36:9).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
197
75
CIEN VECES MÁS
¿Te sucedió alguna vez que te dispusiste a tener un tiempo
con el Señor y en tu mente apareció la lista completa de todo lo
que tenías que hacer en el día? Entonces, fuiste a ese encuentro
“como rapidito”, para seguir con todas las obligaciones de tu
ajetreada jornada.
Pareciera que, cuando nos disponemos a realizar una bús-
queda profunda del Señor, siempre tenemos algo por delante
para hacer en lo natural. Siempre hay que hacer las compras o
ir al trabajo o realizar un trámite. Siempre hay algo. Entonces
estamos delante de la presencia de Dios —queremos estar—,
pero hay algo que nos habla: “Tienes que hacer aquello, sé rá-
pido”. ¿Estás apurado cuando estás en la presencia del Señor?
El joven rico no comprendió lo que significaba vender todas
sus pertenencias porque se fue antes de que Jesús terminara de
hablar. Él dijo: “No, naturalmente es imposible”. Pero, ¡para
Dios todo es posible! Cuando los discípulos lo escucharon a
198
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
Jesús mencionar que es difícil para un rico entrar en el Reino
de los cielos, les aclaró: “Escúchenme, para el hombre es
imposible, pero para Dios todo es posible. Cualquier persona,
rica o pobre, puede entrar”. Todos tenemos que dejar algo,
todos tenemos que morir. Por eso, para Dios es posible. Los
discípulos lo miraron y le dijeron: “Señor, nosotros dejamos
todo por seguirte”.
¿Cuántas cosas dejaste ahora para leer este devocional? Tu
trabajo, tu agenda, el mate, la cocina, el estudio, el negocio. Los
discípulos preguntaron: “Nosotros dejamos todo por seguirte,
¿qué vamos a recibir?”. Y Jesús les respondió: “Van a tener cien
veces más en la tierra y la vida eterna”. ¡Cien veces más! No una
hora más en el día para que llegues a hacer todo ni una venta
más en el negocio. Cien veces más. Él les respondió: “Ustedes
dejaron todo y van a recibir una recompensa acá y allá. Yo no
me olvido”.
Por eso, cuando entres al Lugar Santo, no te apresures, qué-
date lo que sea necesario para escuchar todo lo que el Señor
tiene para decirte.
199
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en
Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras
(Salmo 73:28).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
200
76
SIN RELOJES
¿Conoces la historia de las bodas de Caná? Jesús fue invita-
do a esa boda y sus hermanos le dijeron: “Vamos a la fiesta”. Él
les contestó: “No voy a ir”; pero después se hizo presente. ¿Sabes
cuándo apareció? El último día de la fiesta. Y ese último día
hizo el milagro de convertir el agua en el mejor vino. ¿Cuándo
lo hizo? El último día.
Los que se quedaron hasta el final de la fiesta disfrutaron del
milagro de Jesús como fuente. Por eso, cuando el Señor está, no
tengas prisa por irte. Disfrútalo como tu única Fuente porque
el que se queda hasta el final recibe el milagro. No te apresures,
lo demás puede esperar. Pero recuerda que, aunque tengas algo
que hacer, después Dios no permitirá que pierdas esa hora y no
puedas ir a trabajar. No te preocupes, Él irrumpirá en el mo-
mento correcto y te declarará todo lo que Él quiera antes de que
hagas lo que necesitas hacer. No te preocupes por la hora. Deja
que el Señor controle el tiempo porque, cuando te sumerges en
la eternidad, todo lo demás se detiene.
201
y c e r r a da l a p u e rta . . .
Si te vas antes de tiempo, tu vida espiritual se transforma
en una vida religiosa. “Bueno, me siento un rato, leo un poco
La Palabra y otro poco el libro y me voy”, dices, pero, en todo
momento tu cabeza estuvo en lo que vendría después y no pu-
diste quedarte hasta el final. Y, si no te quedas hasta el final, te
perderás la presencia del Señor, aquello que se produce en la
eternidad cuando estamos con Él, el milagro. Entonces, vas a
tu trabajo como si no hubieses leído nada, como si no hubieses
orado, como si no hubieses estado en comunión con el Señor;
porque lo único que te importaba era lo que tenías que hacer.
Ahora es un buen momento para llevar nuestro apuro a la
Cruz, porque, cuando estamos delante del Señor, estamos en
la eternidad donde no hay tiempo.
ORAMOS JUNTOS:
Porque el que me halle, hallará la vida, y alcanzará
el favor de Jehová (Proverbios 8:35).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
202
77
EN EL VALLE Y EN
EL LLANO, DIOS
David era sacerdote y rey. No había nadie más ocupado que
él. Tenía que pensar estrategias, armar el ejército, gobernarlo
todo; pero, aun así, él pasaba tiempo con el Señor. Su posición
nunca le quitó su relación y su búsqueda de Dios. A veces tu
posición es tu fuente. Por eso, tus excusas suelen ser: “Tengo
que llegar al trabajo”. Entonces no tienes una búsqueda y no te
quedas hasta el final.
David, que era rey y tenía mucho para hacer, nunca descui-
daba su relación con Dios. El hambre de Cristo lo llevó a tener
experiencias profundas. Él tocaba la eternidad cuando estaba
en la presencia del Señor. Él pudo ver a Jesús, la Cruz. ¿Cómo
pudo haberlo hecho tanto tiempo antes? Porque él tocaba la
eternidad. Le gustaba estar en lo profundo con Dios. Era un
rey con muchas obligaciones, con muchas tareas; pero, estuvie-
ra mal o bien, él siempre buscaba al Señor, tanto en los momen-
tos de éxito como en los momentos de fracaso. Tal vez digas:
“Yo, en mi momento malo, busco a Dios; pero, cuando tengo
203
y c e r r a da l a p u e rta . . .
éxito, cuando estoy contento, cuando las cosas me están yendo
bien, festejo de otro modo”. A veces nos sucede eso. Nos va bien
y no lo buscamos, precisamente, porque nos está yendo bien.
Entonces nos convertimos en religiosos que buscan a Dios solo
cuando les va mal. Pero, en este tiempo, el Señor nos está lle-
nando de éxito porque Él nos ha llevado al Lugar Santísimo y
nos ha dado estrategias, nos ha prosperado, y lo sigue haciendo.
Cuando nos va bien es cuando tenemos que buscar la pre-
sencia. Cuando estamos bien (en lo natural), los médicos re-
comiendan: “Hágase el chequeo todo el tiempo”. No dicen:
“Hágalo cuando está mal”. Nuestra búsqueda de Dios tiene
que ser cuando estamos bien y cuando estamos mal; cuando
estamos en el valle y cuando estamos en el llano. David decía:
“Temprano te buscaré, de madrugada te buscaré”. ¡Se caía de
la cama! Yo aprendí que, si me apuraba, tenía que buscar más
tiempo, más espacio, para estar con Dios. Y la manera de tener
más tiempo era levantándome más temprano cuando Él me lo
pedía. No porque yo lo hubiera determinado: “Me voy a levan-
tar ahora y a hacer un rito de esto”, sino porque Él me lo había
pedido, y podía estar muchas más horas con Él. Yo anhelo bus-
car más al Señor. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,
todo mi ser está pendiente, Señor, de Tu presencia. A veces la
posición nos cautiva.
David quería a Dios. Lo quería a Él, no quería pedirle una
lista de cosas para que en el día le fuera bien. Para David, Dios
no era una victoria más en su vida, era su misma vida. Y esto
204
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
es lo que nos tiene que ocurrir hoy en tu vida y en la mía. En el
valle y en el llano, Dios.
ORAMOS JUNTOS:
Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y
volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su
mujer, y Jehová se acordó de ella (1 Samuel 1:19).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
205
78
SOLO BUSCO TU ROSTRO
¿Experimentaste alguna vez la presencia de Dios? Hoy te
invito a que cierres tus ojos y te pares delante del Trono… Es
hermoso poder vivir la experiencia de mirarlo solo a Él. Si quie-
res, te animo en la búsqueda de Su presencia:
Ya estás delante del Trono… Él está vestido como Rey y tú
tienes las mismas vestiduras que Él tiene. ¡Qué maravilloso!
Disfrútalo ahora. Ahí hay silencio y sonidos. Disfruta de Su
presencia, no te vayas rápido. Disfrútalo hasta que lo veas. Él
está levantando el manto y cubriéndote. Esa es la eternidad.
Nada terrenal te puede tocar porque estás en lo eterno envuelto
en Él. No te apresures cuando estás con Él. Dile: “Señor, no me
voy porque en el último momento también me dirás algo y no
me lo quiero perder”.
A veces, el milagro viene a la última hora, en el último día.
Puedes tener sed de Dios toda la vida y, como en la parábola del
joven rico, vivir sin saciar esa sed o saciarla en otras cosas que no
206
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
son de Él. “Me pongo a trabajar y me olvido de todo, para mí es
lo mejor”… Allí estás haciendo del exterior tu fuente, tu foco,
algo que no es Dios. Y Él te dice: “Muchas fuentes, no; Yo soy
tu única Fuente”. Él es mi única Fuente.
ORAMOS JUNTOS:
¡Refúgiense en el Señor y en su fuerza, busquen siempre su
presencia! (1 Samuel 1:19).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
207
79
ERES MI AGUA DE CADA DÍA
¿Sabías que nuestro espíritu nos envía mensajes cuando te-
nemos sed de Dios? El cuerpo físico, cuando tenemos sed, nos
envía mensajes; nos damos cuenta y bebemos agua. El Espíritu
también nos envía una señal para que podamos darnos cuenta
de nuestra sequedad. ¿Cuál es esa señal? La tristeza. ¿Te pasó
alguna vez que dijiste: “No sé por qué estoy triste”? Te puede ir
todo muy bien alrededor, pero igual tienes esa sensación de que
algo te falta, como algo dulce después de la cena.
Cada vez que experimentas tristeza sin explicación algu-
na es porque el Señor te está diciendo: “Necesitas de mi agua,
necesitas volver a buscarme”. Esa es la señal. ¡Qué maravilloso
que el Espíritu mismo nos avisa de que tenemos necesidad de
Él! Esto no significa que, si estás mal, debes ir a buscar entre tus
antepasados o ver qué sucedió en el día. Si estás triste, tal vez
te estás secando. De la única manera que puedes tener ríos de
agua de vida es buscándolo porque, cuando lo haces, el Espíritu
208
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
Santo empieza a moverse dentro de ti y esos ríos recorren tu ser
para que experimentes la vida divina en tu interior.
Cuando comienzas a beber de Cristo, cuando lo buscas, Él
te llena, te da de Su agua, te da el Espíritu Santo que comienza
a moverse y a hacer algo nuevo dentro de ti. Se mueve tanto,
tanto, tanto, que se desborda. Entonces tú también darás a los
demás de esa misma agua y los que se junten contigo tendrán
vida. Tú tienes vida, la tristeza se va y, además, les das gozo a
los que se te acercan. ¿No es maravilloso? Hay gozo y alegría
porque estamos llenos de las aguas del Espíritu.
David decía: “¿Por qué te turbas, alma mía?”. Él no lo sa-
bía. “¿Por qué te abates dentro de mí?”. David le preguntaba
al alma por qué estaba así. ¿Por qué estás triste? ¿Por qué hace
mucho que no puedes alegrarte? ¿Por qué siempre parece que
un poco de tristeza es el condimento de cada día? Es una señal
del Espíritu que dice: “Quiero que te llenes de mí, quiero que
me busques”. Y cuando vas a Su encuentro, el Espíritu Santo
empieza a moverse.
209
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior
correrán ríos de agua viva (Juan 7:38).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
210
80
DIJO DIOS:
“TODO LO MÍO ES TUYO”
¿Recuerdas la historia del hijo pródigo? Un hombre tenía
dos hijos. Un día, el hijo menor le pidió al padre la parte de la
herencia que le correspondía, porque se quería ir de la casa y
hacer su vida. Esa es la parte de la narración que más conoce-
mos. Ahora bien, además de ese hijo (el hijo pródigo), estaba
el otro hijo, el mayor, que se quedó en la casa. Este hijo estaba
desconforme con la relación que tenía con el padre, porque
cuando su hermano volvió, le hizo una fiesta para celebrar su
regreso. El hermano mayor sintió celos, por lo que le reprochó
al papá: “Le hiciste una fiesta a él, que se fue, que se gastó todo
el dinero, que te trajo un dolor de cabeza, que te hizo angustiar.
Volvió y mataste un becerro gordo, lo vestiste y le diste todos los
gustos... y a mí, que estoy siempre acá, no me cocinaste nunca
ni un becerrito para invitar a mis amigos”. ¡Estaba muy celoso!
Frente a toda esta recriminación, el padre le dijo: “Tú siempre
estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas”.
211
y c e r r a da l a p u e rta . . .
¡Esta es la revelación más grande del corazón de Dios!
Siempre pensamos que lo más grande de Su corazón se mani-
fiesta en la forma en que recibe al hijo pródigo, pero esta es una
revelación más grande todavía porque es la manera en que Dios
quiere que vivamos con Él. ¿Cuál es esa manera? Sabiendo que
Su presencia está siempre con nosotros y que todo lo de Él es
nuestro. Así es como el Señor quiere que vivamos: sabiendo que
todo lo de Él es nuestro.
ORAMOS JUNTOS:
Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis
cosas son tuyas (Lucas 15:31).
“Gracias, Señor, porque todo lo Tuyo es mío”.
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
212
81
ESTOY DELANTE DEL TRONO
La presencia de Dios y Su cuidado en nuestra vida son
constantes. Y esta es una promesa. El Señor se la hizo a Moisés
cuando le dijo: Mi presencia irá contigo (Éxodo 33:14). Tam-
bién se lo prometió a Jacob: [...] te guardaré por dondequiera que
fueres [...], porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he
dicho (Génesis 28:15). Lo que distinguía a Israel de las demás
naciones era que tenían un Dios que siempre vive en nosotros.
¡Tenemos un Dios que camina con nosotros! En el Nuevo Tes-
tamento, Jesús dijo: “Yo vendré y haré morada en ustedes. Estaré
con ustedes hasta el fin”. ¡Qué gran privilegio tenemos los hijos
de Dios de poder vivir cada momento en Su presencia!
“Siempre estaré contigo” es la primera promesa. Y en teoría
sabemos que Dios está con nosotros, lo hemos leído, hemos
aprendido que Él está “en mí”, que hay una unión íntima; sin
embargo, a veces no experimentamos la presencia y sentimos
un vacío, una sequedad. Un día estamos bien con Dios y lo
adoramos, queremos estar en oración, leemos La Palabra, le
213
y c e r r a da l a p u e rta . . .
predicamos a todo el mundo; pero hay otros días en los que sen-
timos que no nos sucede nada y pensamos que Dios se fue, que
no está. Nos preguntamos: “¿Por qué me está pasando esto?”.
Nos ponemos mal, nos angustiamos, nos sentimos secos. ¿Ex-
perimentaste eso alguna vez? Momentos de sequedad aparece-
rán siempre. En ocasiones sentiremos que Dios no nos tiene en
cuenta y nos preguntaremos: “¿Qué habré hecho que Dios se
fue?”. Entonces, ¿qué tenemos que hacer cuando aparecen esos
momentos de sequedad? Veamos:
Lo primero es llevar a la Cruz lo que el Espíritu nos mues-
tre. No tenemos que inventar ni suponer. No se trata de pensar
qué habrás hecho, sino de esperar a que el Espíritu te diga qué
debes llevar a la Cruz. Porque a más Cruz, más presencia. Cada
vez que haya sequedad en tu vida espiritual, cada vez que no
sientas nada, que no puedas experimentar nada, que no seas
siquiera capaz de orar, de estar un minuto delante del Señor,
ve a la Cruz. O quizás el Espíritu no te dijo que llevaras algo a
la Cruz, porque lo que necesitas en ese momento es esperarlo
a Él en el Lugar Santo. Y allí lo adoras, le hablas y le dices lo
hermoso que es estar en Su presencia, alabas Su nombre y lo
esperas. ¡No nos apresuremos a irnos de Su presencia! Al estar
delante de Su Trono, toda soledad, todo temor y toda angustia
se desvanecerán, porque allí siempre hay abundancia de agua,
de paz, de amor, de sanidad y de Su presencia que lo llena todo.
214
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso
(Éxodo 33:14).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
215
82
SOY HIJO, NO ESCLAVO
Seguramente conoces la historia del hijo pródigo. Pero hoy
vamos a referirnos al hijo fiel que permaneció al lado de su pa-
dre. Si bien este joven era hijo, no se sentía como tal; se sentía
esclavo. Y ese es, muchas veces, nuestro problema. No es que
Dios no nos quiere dar las cosas, no es que Dios no nos quiere
dar al Espíritu Santo, no es que nos lo está reteniendo, sino que,
tal vez, tenemos mentalidad de esclavitud. El hijo mayor de
esta historia bíblica tenía todo a su disposición, pero no podía
disfrutar de nada. Quizás digas: “No puedo disfrutar de la vida
cristiana. Tengo un sufrimiento constante que no me permite
experimentar lo que otros están experimentando. Veo que la
gente tiene experiencias con el Señor, que se goza, se alegra,
recibe las bendiciones, pero a mí no me pasa nada de eso”. Y
crees que Dios está reteniéndote Su bendición. Si este es tu caso,
tienes que saber que Dios es un Padre que te dice: “Todo lo Mío
es tuyo”. ¿Qué es lo que ocurre, entonces? El espíritu de esclavi-
tud te ciega, te deja ignorante de las cosas que te pertenecen. El
216
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
espíritu de esclavitud te despoja de todos los privilegios que el
Señor ya te concedió.
La esclavitud te vuelve una persona incrédula al amor, al
poder y a las promesas de Dios. En medio del desierto, el pue-
blo de Israel recibió maná, carne del cielo, y agua; sin embargo,
no dejaron de murmurar contra Dios. Tal vez, de vez en cuan-
do, tú también desconfías de Él. Por eso, lo que necesitamos
es reconocer nuestra incredulidad. ¿Y qué hacemos con ella?
debemos llevarla a la Cruz porque, a cada uno de nosotros, el
Señor nos dice: “Te di Mis promesas, te di Mi Palabra, ¡todas
Mis cosas son tuyas! Pero no me crees. Te falta trabajo, pero no
me crees; te falta dinero, pero no me crees; tienes un problema
de salud, pero no me crees. En lugar de creerme, piensas que
Yo corté las bendiciones”. El Señor no nos escatima las bendi-
ciones, Él siempre fluye, porque es un Padre rico que quiere
soltarnos todas Sus riquezas y nos dice: “Todo lo Mío es tuyo”.
Frente a esta afirmación, es muy probable que te alegres y
pienses: “¡Ah! ¡Entonces Él me va a dar el auto, la casa, el traba-
jo, la salud! ¡Le voy a pedir todo! ¡Quiero todo!”. Seguramente
pensaste en todas las cosas terrenales que deseas tener. Pero lo
que el Señor te está diciendo es que Él te dio todas las riquezas
espirituales. Cuando dice que todas las cosas son nuestras se
refiere a las riquezas espirituales. Estas son la vida de Cristo,
el poder de la resurrección, Su gracia, Su gloria y el Espíritu
Santo que nos guía. ¡Si tenemos eso, tenemos todo lo demás!
¡Si tenemos eso, no necesitamos nada más, porque somos ricos
en Cristo Jesús!
217
y c e r r a da l a p u e rta . . .
Necesitamos llevar a la Cruz nuestra incredulidad para
entonces experimentar una vida plena y disfrutar de todas las
riquezas que el Señor nos da.
ORAMOS JUNTOS:
Ustedes han confiado en Jesucristo, y por eso todos ustedes son
hijos de Dios (Gálatas 3:26).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
218
83
SOLO TE ESCUCHO A TI
¿Anhelas escuchar la voz de Dios? Necesitas conocer Su
lenguaje. Supongamos que escuchamos a dos perros que se la-
dran uno al otro. ¿Puedes traducir lo que se están diciendo? Tal
vez digas: “Se están peleando” o “están jugando”, pero ¿puedes
traducir exactamente el ladrido? Como yo, seguramente no
puedes traducir cada ladrido, pero el otro perro sí entiende
porque ladrar es su idioma. Esos perros se entienden porque
pertenecen al mismo reino y usan el mismo lenguaje. Del mis-
mo modo, los hijos de Dios vivimos en el Reino espiritual,
igual que Él, y por eso podemos escuchar Su voz.
La Palabra de Dios declara que “las palabras son espíritu y
son vida”, y para escuchar esas palabras necesitamos estar en el
Reino espiritual. Si Dios nos habla en el Reino espiritual pala-
bras del Espíritu y nosotros estamos en la carne, no hay manera
de entender lo que el Señor nos dice. Por eso a veces afirmamos:
“A mí Dios no me habla”. Eso es un error, Él siempre habla
y, si no lo escuchamos, no es un problema de quien emite el
219
y c e r r a da l a p u e rta . . .
mensaje, sino de quien lo recibe. Para escuchar la voz de Dios
tenemos que salir de los asuntos del “yo”.
¿Qué es la voz de Dios? La voz de Dios es el poder de Dios.
Cada vez que Él habla, cada vez que suelta una palabra, con esa
palabra se expresa Su poder. Observemos que Génesis narra
que todo fue creado cuando Dios habló. Él dijo: “Sea la luz”,
y fue la luz; “produzca la tierra”, y la tierra empezó a producir;
“produzca la tierra seres viviente”, y la tierra produjo animales.
Todo se creó a partir de la voz de Dios, porque Su voz es una
fuente de poder. ¡Todo lo que necesitamos en nuestra vida es
escuchar Su voz, porque si la escuchamos, tenemos el poder de
esa misma voz! Y al escucharla, tú también crearás y producirás
porque, cuando el Señor habla, las cosas ocurren. ¿Qué estás
necesitando que suceda en tu vida, en tu pareja, en tus hijos? Te
animo a que puedas escuchar solo la voz de Cristo.
ORAMOS JUNTOS:
Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a
un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca (Mateo 7:24).
“Señor, hazme oír Tu voz”.
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
220
84
DIOS HABLÓ, DIOS HARÁ
Todos anhelamos escuchar la voz de Dios; sin embargo,
cuando Él nos habla, comenzamos a dudar: “¿Me habrá habla-
do a mí?”, “¿Será su voz?” Y así es como nos llenamos de duda e
incredulidad. “No, esto no puede ser de Dios. ¡Mira si me va a
hablar a mí!”. Él siempre quiere hablarnos, pues no hace acep-
ción de personas. Él quiere comunicarse con nosotros, quiere
que de Su boca salga Cristo que es el poder de Dios. Por lo cual,
todo lo que dice Cristo es poderoso y se cumple. Cada día, el
Señor quiere darnos guía, decirnos hacia dónde ir, cómo hacer-
lo, qué decir y qué callar, qué orar y por quién orar. El problema
está en que, a veces, no le creemos.
Quizás, Dios te dice: “Yo te voy a bendecir”, pero tú pien-
sas: “Mira las luchas que tengo. ¡No estoy en condiciones de ser
bendecido!”. El Señor ya soltó la palabra y, si el Señor la soltó,
no puedes hacer nada, salvo no creerla. Si Él suelta una palabra
y la crees, esa palabra se va a cumplir, se va a manifestar con
poder en tu vida. Entonces, cada vez que el Señor te diga algo,
221
y c e r r a da l a p u e rta . . .
¡créele! Si lo haces, empezarás a caminar en el poder de esa pa-
labra. Si el Señor te dice que estás sana, empieza a caminar en
la sanidad divina; si el Señor te dice: “Yo te prospero”, aunque
no veas avance alguno, comienza a caminar en la prosperidad
divina; si el Señor te dice: “Voy a reunir a toda tu familia y serán
de bendición”, aunque ninguno en tu casa quiera escuchar de
Dios, camina sobre esa palabra. Porque la palabra es poder y
siempre hace lo que el Señor te dijo que iba a hacer. ¿Te gustaría
ser guiado a cada paso por la voz de Dios? Simplemente cree y
Dios hablará y hará.
ORAMOS JUNTOS:
Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí
una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en
quien tengo complacencia; a él oíd (Mateo 17:5).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
222
85
DIOS CREA CON SU PALABRA
Conversando con las personas, algunas de ellas me comen-
taron: “Alejandra, yo no escucho a Dios, nunca lo escuché.
Tengo tantas voces dentro de mí, que siempre me parece que es
mi mente la que habla. Me cuesta entrar en el Lugar Santísimo,
me cuesta adorar, me cuesta...”. Sin embargo, Dios siempre nos
habla. Si no puedes escuchar la voz de nuestro Amado, es por-
que tienes una relación disfuncional con Él. Si yo estoy casada
hace treinta años y todavía no puedo hablar con mi esposo,
es porque tenemos una relación disfuncional. Lo mismo nos
sucede con el Señor. Cuando no escuchamos la voz de Dios,
algo está fallando en nuestra relación con Él y, como siempre
menciono, el problema no está en el emisor del mensaje, sino
en el receptor. Te lo repito: Dios siempre quiere hablarnos. Él
está hambriento de que escuchemos Su palabra, de que escu-
chemos Su voz. Tenemos un privilegio que no tiene nadie: un
Dios que nos habla, el Espíritu Santo que nos conecta con la
voz del Padre. ¡Qué maravilloso! Y la palabra que Dios suelta
223
y c e r r a da l a p u e rta . . .
no es cualquiera, no es como la palabra que tú o yo podemos
decir. Una promesa de Su boca no es una simple promesa, sino
que es poder, porque es Cristo.
Cuando estaba delante de la tumba de Lázaro, Jesús no ne-
cesitó decir: “Que los huesos de Lázaro se pongan fuertes, que
se sane la piel en estado de descomposición”. Él solamente dijo:
“Ven fuera”. “Ven fuera” fue la palabra que soltó, la voz; y la voz,
que es Cristo, produjo el milagro. Cuando soltamos la palabra,
estamos soltando Cristo en nuestra vida, en nuestra casa, en
nuestras finanzas, en nuestra salud. Esta es la razón por la que
es tan importante que abramos nuestras bocas y soltemos pala-
bras. Al hacerlo, estaremos soltando a Cristo. ¡Comprométete
a escuchar la palabra y creerla! No importa si no ves nada, no te
muevas por las circunstancias, sino por lo que oíste de boca del
Señor, porque eso es lo que Él ya está haciendo. Te invito a que
declares: “Yo camino en lo que Dios está haciendo, en las obras
que Él ya preparó para mí”.
224
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
ORAMOS JUNTOS:
Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto,
vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque
mía es toda la tierra (Éxodo 19:5).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
225
86
ESCUCHO SU VOZ,
LA DECLARO Y LA CREO
Seguramente, si aún no escuchaste la voz de Dios, te estarás
preguntando cómo es. Su voz es irresistible. Una vez que la es-
cuchaste, te vuelves una persona firme, segura, porque ya tienes
la voz, ya sabes que Dios te dijo que haría eso, y esa palabra se
va a cumplir sí o sí.
Los héroes de la fe, Abraham, Moisés, Elías, Eliseo y Pablo,
todos escuchaban la voz de Dios. El acceso a la voz era el poder
y la fortaleza que ellos tenían. Nuestra fortaleza está en que
tenemos acceso a la voz. En esto descansa nuestra bendición:
en que podemos escuchar Su voz y que ella nos guía todos los
días de nuestra vida.
¿Y qué hay que hacer cuando ya tenemos la palabra? Decla-
rarla, perseguirla. Ella te hará invencible, un león frente a todas
las circunstancias de la vida, porque si Dios te dijo algo, si oíste
Su voz, frente a lo que el Señor te dijo, nada puede oponerse.
Al leer La Escritura, vemos que los discípulos escucharon la
226
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
voz y se volvieron arriesgados. Empezaron a predicar a Cristo
y, aunque los encarcelaron, los azotaron, los amenazaron y les
impidieron predicar en el nombre de Jesús, ellos declararon:
“No podemos detenernos, porque escuchamos la voz”.
La voz de Dios te hace una persona arriesgada, irresistible.
“Dios me lo dijo. No estoy viendo nada ahora, pero Él me lo
dijo, y yo le creo a Él”, esta tiene que ser nuestra declaración.
Y cuando venga alguien y nos diga: “Dices que Dios te habló,
pero no se ve que algo haya ocurrido”, reafirmemos nuestra
convicción y respondamos: “No importa que nada haya ocu-
rrido todavía. Dios me habló, yo escuché la voz, y me he vuelto
una persona irresistible y arriesgada, porque sé que estoy cami-
nando en el poder de la voz del Señor”. ¿A quién vas a obedecer:
a la voz de los hombres o a la voz de Dios? ¡El amor de Dios es Su
voz, es el poder, y nosotros caminamos en la voz, en el poder!
Lo espiritual siempre triunfa sobre lo natural. Por eso, no te
guíes más por lo natural. ¡Tienes la voz del Señor!
227
y c e r r a da l a p u e rta . . .
ORAMOS JUNTOS:
Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra
de Dios, y la guardan (Lucas 11:28).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
228
87
MI FORTALEZA ESTÁ EN DIOS
¿Te pasó alguna vez que pediste una cita para hablar con
alguien y tuviste que hacerlo rápido, porque el otro no tenía
tiempo, porque creíste que no tenía tiempo o porque te dijo:
“Cuéntame, tengo dos minutos para escucharte”? Con Dios no
es así, a Él le gusta que nos sentemos a charlar con Él, que nos
tomemos tiempo para estar con Él, para hablar y escucharlo.
A Él le gusta que dejemos todo de lado y estemos solo con Él,
sin prisa, porque anhelamos escuchar Su voz. Cuando estamos
sentados con Él, no hay nada más alrededor. ¡Su voz es tan dul-
ce! No hay apuro, pues toda nuestra atención está en el Señor.
Nos olvidamos de todo porque ese tiempo es exclusivamente
para estar juntos con Él.
Nuestra fortaleza está arraigada en lo que Dios dijo. ¿Escu-
chaste la voz de Dios mientras leías esta reflexión? Si no pudiste
oír la voz, si se te confundieron las voces, llévalas a la Cruz,
porque Dios siempre quiere hablarnos. No permitas que tus
emociones se interpongan porque no estás en el reino de las
229
y c e r r a da l a p u e rta . . .
emociones. Las emociones ya no tienen que manejarte y, si lo
hacen, llévalas a la Cruz. Dile al Señor: “Señor, dejo mis emo-
ciones en la Cruz para su muerte, porque yo solo quiero la voz
que está en el Lugar Santísimo, solo quiero conectarme con Tu
voz”. La voz de Dios es la única voz que tiene poder. Las otras
voces pueden durar un tiempo, tal vez semanas, pero Su voz
perdura para siempre.
ORAMOS JUNTOS:
Hijo mío, atiende a mis consejos; escucha atentamente lo que
digo. No pierdas de vista mis palabras; guárdalas muy dentro de
tu corazón (Proverbios 4:20-21).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
230
88
SOLO TÚ ERES DIOS
Hoy es un día de decisiones. Hay tiempos en los que es-
tamos en la presencia del Señor y es lo más grandioso que nos
puede ocurrir; y tiempos en los que todo lo demás es lo más
maravilloso y absoluto. Esto es lo que hacía el pueblo de Israel
cuando adoraba un poco a Dios y un poco a Baal. A veces, no-
sotros también adoramos un poco a Dios y un poco el trabajo,
un poco a Dios y un poco lo que logramos, un poco a Dios y
un poco lo que tenemos ganas de hacer. Y, de pronto, un día
terminamos creyendo que ese crecimiento exterior es producto
de nuestra capacidad, de nuestra inteligencia, que no necesita-
mos de nadie para seguir adelante, que solos podemos lograr lo
que nos propongamos. Esto es lo que le pasó al pueblo de Israel.
Cuando dejas a Dios y te haces dueño de lo que Él te dio,
cuando dices: “No puedo servir al Señor, no puedo congre-
garme, porque tomé la bendición que vino de parte de Dios y
tengo que sostenerla con mi fuerza. Ahora tengo que trabajar
más y no puedo ir a la iglesia. No me pidan liderar porque
231
y c e r r a da l a p u e rta . . .
tengo mucho que hacer”, estás separando la bendición de Cris-
to. Cada vez que decimos: “Cristo es una cosa y lo que tengo
es otra. Ahora voy detrás de lo que tengo”, entonces el Señor te
entrega. Él te deja en lo que elegiste y te dice: “Escogiste adorar
a otro dios, así que te entrego a ese dios”.
Si expresas frases como: “Es que, si yo no hago esto, el nego-
cio se viene abajo”, “Si yo no estoy en casa, todo se viene abajo”
y te apropiaste, te hiciste dueño, de la bendición que es Cristo,
es momento de llevar esas palabras a la Cruz para su muerte.
Dile a Dios: “Señor, no quiero otros dioses, ¡te quiero solamen-
te a Ti!”. Si en este tiempo estuviste usando más tiempo para
la bendición que Dios te dio que para Él mismo, llévalo a la
Cruz y declara: “No quiero ser entregado por Dios a esos dioses
falsos. Lo llevo a la Cruz para su muerte”. Tal vez tu otro dios
sea tu negocio, tu trabajo, tu familia o tu casa, y ya no tienes
tiempo para adorar al Señor.
Pero siempre estamos a tiempo de reconocer el error y vol-
ver a estar en Su presencia. Nuestra fuerza es reconocer siempre
que todo lo que tenemos viene de Su mano y que todo lo que
Dios hizo, lo hizo Él por Su gloria, por Su gracia, por Su poder.
Esa es la fuerza que tenemos. Cada vez que venga una situación
a tu vida, dale la gloria a Dios. Cada vez que Dios te dé algo,
dile: “Gracias, Señor, porque esto es producto de Tu amor”.
Todo lo que tenemos viene de Él, de Su gracia, de Su amor,
de Su poder, y esta es nuestra fuerza. Cuando te sientas débil,
declara: “Señor, lo que tengo viene de Tu mano. Mi trabajo, mi
negocio, el emprendimiento que empecé, el lugar donde vivo,
232
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
todo vino y seguirá viniendo de Tu mano. ¡Sé que no es por mi
esfuerzo, sino por Tu mano poderosa!
ORAMOS JUNTOS:
—Bien dicho, Maestro —respondió el hombre—. Tienes razón
al decir que Dios es uno solo y que no hay otro fuera de él
(Marcos 12:32).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
233
89
HOY RENUEVO
MI PACTO CONTIGO
¿Te ocurrió alguna vez de querer tomar una decisión y no
saber si optar por A, por B o por C, es decir, estar confundido?
El Señor, en algunas ocasiones, también confundirá tus ideas
personales, tus decisiones, tu voluntad. Tal vez quieres hacer
algo, pero no tienes resultado, y eso se debe a que Dios está con-
fundiendo tus maneras de hacer, porque Él te quiere entregar
algo nuevo. Es posible que sea el Señor que está confundiéndo-
te para que te vuelvas a Él y le pidas que te muestre claramente
qué opción quiere que sigas. Tal vez la confusión que tienes sea
porque el Señor se dio cuenta de que estabas dependiendo poco
de Él, que te apresuraste y empezaste a tomar decisiones por
tu cuenta. Muchas veces nos sucede que no tenemos las ideas
claras, que no sabemos hacia dónde ir ni qué orar, y es Dios el
que nos está confundiendo. Ese espíritu de confusión viene
para que nos volvamos solo a Él y le digamos: “Señor, me voy a
quedar acá, buscando de Ti. No me moveré de aquí, me queda-
ré el tiempo que sea necesario, hasta que me digas cómo tengo
234
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
que hacer, porque sé que me hablarás claramente”. Dios va a
confundir nuestra vieja naturaleza para que nos volvamos a Él
y, cuando nos hable y lo escuchemos, la decisión que tomemos
será llena de luz y de paz, porque Él habrá hablado.
ORAMOS JUNTOS:
Sigan por el camino que el Señor su Dios les ha trazado, para que
vivan, prosperen y disfruten de larga vida en la tierra que van a
poseer (Deuteronomio 5:33).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
235
90
EL VELO FUE QUITADO
Un poco acá, un poco allá… ¿Sentiste alguna vez que te-
nías tu espíritu dividido en dos partes? Muchas veces nuestro
tesoro, lo que nos interesa de la vida, está lejos de Dios. Conse-
guir pareja, tener un trabajo mejor que nos permita un mayor
bienestar o viajar cada tanto, por ejemplo, pueden ser nuestros
tesoros. Como resultado, nuestro tesoro deja de ser Dios. Lo
cierto es que, cuando nos movemos con un corazón que está
lejos de Su presencia, que no está quebrantado, los problemas
se magnifican. Es decir, tenemos un problema insignificante,
pero lo vivimos como una tragedia (porque estamos lejos de Él)
y, si nuestro corazón se aleja de Cristo, la gracia no nos alcanza.
La amargura se hace más grande de lo que es, los problemas
se hacen más graves de lo que en realidad son, las deudas se
multiplican.
Existe la posibilidad, también, de que una mitad de tu teso-
ro esté en Dios y la otra mitad, en otras cosas. Entonces, lees La
Palabra, pero pones de fondo un tema de un cantante famoso
236
Y C E R R A DA L A P U E RTA . . .
que no le canta al Señor. Así, tu corazón está mitad con Dios y
mitad en cualquier parte. Eso, dicen los teólogos, da como re-
sultado una deformidad, un monstruo religioso. En ocasiones
somos monstruos religiosos: en la iglesia somos una persona y
afuera somos otra, porque nuestro tesoro está divido, un poco
en cada lugar. En la iglesia le sonreímos a medio mundo, pero
cuando llegamos a casa maltratamos a nuestra familia. Mitad
acá, mitad allá. Esta mezcla ocurre cuando el corazón no es
puro y, si eso es lo que te sucede, es porque aún hay un velo que
no permite que la luz divina se exprese.
Cualquier persona, cualquier circunstancia, cualquier
tema romántico te lleva a distraerte, a dividirte y, de este modo,
mezclas espíritu con carne. La Palabra de Dios dice en Génesis
6 que, como consecuencia de la unión de los hijos de Dios con
las hijas de los hombres, nacieron gigantes que llenaron la tierra
de maldad. Este pasaje habla de la mezcla de la carne y el espíri-
tu. Los hijos de Dios son el espíritu y las hijas de los hombres, la
carne. Un corazón que está dividido no es puro, está mezclado,
por eso, le obedece un poco a Dios y un poco hace lo que quie-
re. Un corazón dividido es, en definitiva, un corazón que no
está totalmente en Él. Quizás crees que estás firme en las cosas
espirituales, pero, de pronto, alguien te ofrece un trabajo, o
consigues una pareja, por ejemplo, y te olvidas de Dios, porque
ahora tu tesoro está parte allá afuera y parte en Él.
Entonces, podemos tener el corazón lejos de Dios, dividi-
do, o podemos tener el corazón completamente en el Señor. Un
corazón que está totalmente en Él es un corazón puro.
237
y c e r r a da l a p u e rta . . .
Cuando nos volvemos por completo a Dios, el velo es qui-
tado. Ya no hay opresión, no hay oscuridad, no hay tinieblas, y
podemos ver al Señor. ¡Qué lindo es tener todo nuestro corazón
para Él! Tal vez pienses: “Pero, Alejandra, yo tengo que traba-
jar, tengo familia, tengo que pagar deudas”. No importa, haz
todo eso con tu corazón vuelto hacia Dios y no hacia la gente,
las circunstancias o los problemas. Suceda lo que suceda, que
tu corazón esté en el Señor para que Él siga siendo lo primero
en tu vida.
ORAMOS JUNTOS:
Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también
vuestro corazón (Mateo 6:21).
Pon un instrumental y comienza a adorar con lo
que el Espíritu te guíe, y espera en Él hasta ser atraído
por Su presencia…
238