0% encontró este documento útil (0 votos)
149 vistas4 páginas

Principios Herméticos: Vibración y Polaridad

Este documento presenta tres principios herméticos: 1) El principio de vibración, que establece que todo está en constante movimiento y vibración; 2) El principio de polaridad, que señala que todo tiene dos polos opuestos que son lo mismo en naturaleza pero diferentes en grado; y 3) El principio de ritmo, que indica que todo oscila entre los dos polos identificados en el principio de polaridad.

Cargado por

Estela Alvarez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
149 vistas4 páginas

Principios Herméticos: Vibración y Polaridad

Este documento presenta tres principios herméticos: 1) El principio de vibración, que establece que todo está en constante movimiento y vibración; 2) El principio de polaridad, que señala que todo tiene dos polos opuestos que son lo mismo en naturaleza pero diferentes en grado; y 3) El principio de ritmo, que indica que todo oscila entre los dos polos identificados en el principio de polaridad.

Cargado por

Estela Alvarez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

3.

El principio de vibración
«Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.»
El Kybalion.

Este principio encierra la verdad de que todo está en movimiento, de que nada permanece
inmóvil, cosas ambas que confirma por su parte la ciencia moderna, y cada nuevo
descubrimiento lo verifica y comprueba. Y, a pesar de todo, este principio hermético fue
enunciado cientos de años ha por los Maestros del antiguo Egipto. Este principio explica las
diferencias entre las diversas manifestaciones de la materia, de la fuerza, de la mente y aun del
mismo espíritu, las que no son sino el resultado de los varios estados vibratorios. Desde el
TODO, que es puro espíritu, hasta la más grosera forma de materia, todo está en vibración:
cuanto más alta es esta, tanto más elevada es su posición en la escala. La vibración del
espíritu es de una intensidad infinita; tanto, que prácticamente puede considerarse como si
estuviera en reposo, de igual manera que una rueda que gira rapidísimamente parece que está
sin movimiento. Y en el otro extremo de la escala hay formas de materia densísima, cuya
vibración es tan débil que parece también estar en reposo. Entre ambos polos hay millones de
millones de grados de intensidad vibratoria. Desde el corpúsculo y el electrón, desde el átomo y
la molécula hasta el astro y los Universos, todo está en vibración. Y esto es igualmente cierto
en lo que respecta a los estados o planos de la energía o fuerza (la que no es más que un
determinado estado vibratorio), y a los planos mentales y espirituales. Una perfecta
comprensión de este principio habilita al estudiante hermético a controlar sus propias
vibraciones mentales, así como las de los demás. Los Maestros también emplean este principio
para conquistar los fenómenos naturales. «El que comprenda el principio vibratorio ha
alcanzado el cetro del poder», ha dicho uno de los más antiguos escritores.

4. El principio de polaridad
«Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los
antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado;
los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden
reconciliarse.»
El Kybalion.

Este principio encierra la verdad de que todo es dual; todo tiene dos polos; todo su par de
opuestos, afirmaciones que son de otros tantos axiomas herméticos. Explica y dilucida las
antiguas paradojas que han dejado perplejos a tantísimos investigadores, y que literalmente
decían: «La tesis y la antítesis son idénticas en naturaleza, difiriendo sólo en grado»; «los
opuestos son idénticos en realidad, diferenciándose en su gradación»; «los pares de opuestos
pueden conciliarse, los extremos se tocan»; «todo es y no es al mismo tiempo», «toda verdad
no es sino media verdad»; «toda verdad es medio falsa», etc. Este principio explica que en
cada cosa hay dos polos, dos aspectos, y que los «opuestos» no son, en realidad, sino los dos
extremos de la misma cosa, consistiendo la diferencia, simplemente, en diversos grados entre
ambos. El calor y el frío, aunque opuestos, son realmente la misma cosa, consistiendo la
diferencia, simplemente, en diversos grados de aquella. Mirad un termómetro y tratad de
averiguar donde empieza el calor y donde termina el frío. No hay nada que sea calor absoluto
en realidad, indicando simplemente ambos términos, frío y calor, diversos grados de la misma
cosa, y que ésta se manifiesta en esos opuestos no es más que los polos de eso que se llama
Calor, o sea la manifestación del principio de polaridad que nos ocupa. El mismo principio se
manifiesta en la «luz» y la «oscuridad», las que, en resumen, no son sino la misma cosa,
siendo ocasionada la diferencia por la diversidad de grado entre los dos polos del fenómeno.
¿Dónde termina la oscuridad y dónde empieza la luz? ¿Cuál es la diferencia entre grande y
pequeño? ¿Cuál entre duro y blando? ¿Cuál entre blanco y negro? ¿Cuál entre alto y bajo?
¿Cuál entre positivo y negativo? El principio de polaridad explica esta paradoja. El mismo
principio opera de idéntica manera en el plano mental. Tomemos, por ejemplo, el amor y el
odio, dos estados mentales completamente distintos aparentemente, y notaremos que hay
muchos grados entre ambos; tantos, que las palabras que nosotros usamos para designarlos,
«agradable» y «desagradable», se esfuman una en la otra, hasta tal punto que muchas veces
somos incapaces de afirmar si una cosa nos causa placer o disgusto. Todas no son más que
gradaciones de una misma cosa, como lo comprenderéis claramente por poco que meditéis
sobre ello. Y aun más que esto, es posible cambiar o transmutar las vibraciones de odio por
vibraciones de amor, en la propia mente y en la mente de los demás, lo que es considerado
como lo más importante por los hermetistas. Muchos de los que leéis estas páginas habréis
tenido experiencias en vosotros mismos y en los demás de la rápida e involuntaria transición
del amor en odio y recíprocamente. Y ahora comprenderéis la posibilidad de efectuar esto por
medio del poder de la voluntad, de acuerdo con las fórmulas herméticas. El «Bien» y el «Mal»
no son sino los polos de una misma y sola cosa, y el hermetista comprende y conoce
perfectamente el arte de transmutar el mal en el bien aplicando inteligentemente el principio de
polaridad. En una palabra, el «arte de polarizar» se convierte en una fase de la alquimia
mental, conocida y practicada por los antiguos y modernos Maestros herméticos. La perfecta
comprensión de este principio capacita para cambiar la propia polaridad, así como la de los
demás, si uno se toma el tiempo y estudia lo necesario para dominar este arte.

5. El principio de ritmo
«Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y
desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es
la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.»
El Kybalion.

Este principio encierra la verdad de que todo se manifiesta en un determinado movimiento de


ida y vuelta; un flujo y reflujo, una oscilación de péndulo entre los dos polos que existen de
acuerdo con el principio de polaridad, descrito un momento ha. Hay siempre una acción y una
reacción, un avance y un retroceso, una ascensión y un descenso. Y esta ley rige para todo;
soles, mundos, animales, mente, energía, materia. Esta ley lo mismo se manifiesta en la
creación como en la destrucción de los mundos, en el progreso como en la decadencia de las
naciones, en la vida, en las cosas todas, y, finalmente, en los estados mentales del hombre, y
es con frecuencia a esto último que creen los hermetistas que este principio es el más
importante. Los hermetistas han descubierto este principio, encontrándolo de aplicación
universal, y han asimismo descubierto ciertos métodos para escapar a sus efectos, mediante el
empleo de las fórmulas y métodos apropiados. Emplean para ello la ley mental de
neutralización. No pueden anular el principio o impedir que opere, pero han aprendido a eludir
sus efectos hasta un cierto grado, grado que depende del dominio que se tenga de dicho
principio. Saben como usarlo, en vez de ser usados por él. En este y en otros parecidos
métodos consiste la ciencia hermética. El Maestro se polariza a sí mismo en el punto donde
desea quedarse, y entonces neutraliza la oscilación rítmica pendular que tendería a arrastrarlo
hacia el otro polo. Todos los que han adquirido cierto grado de dominio sobre sí mismos
ejecutan esto hasta cierto punto, consciente o inconscientemente, pero el Maestro lo efectúa
conscientemente, y por el solo poder de su voluntad alcanza un grado tal de estabilidad y
firmeza mental casi imposible de concebir por esa inmensa muchedumbre que va y viene en un
continuado movimiento ondulatorio, impulsada por ese principio de ritmo. Este, así como el de
la polaridad, ha sido cuidadosamente estudiado por los hermetistas, y los métodos de
contrabalancearlos, neutralizarlos y emplearlos, forman una de las partes más importantes de
la alquimia mental hermética.

6. El principio de causa y efecto


«Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la
suerte no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de
casualidad, pero nada escapa a la Ley.»
El Kybalion.

Este principio encierra la verdad de que todo efecto tiene su causa, y toda causa su efecto.
Afirma que nada ocurre casualmente y que todo ocurre conforme a la Ley.
La suerte es una palabra vana, y si bien existen muchos planos de causas y efectos,
dominando los superiores a los inferiores, aun así ninguno escapa totalmente a la Ley. Los
hermetistas conocen los medios y los métodos por los cuales se pude ascender más allá del
plano ordinario de causas y efectos, hasta cierto grado, y alcanzando mentalmente el plano
superior se convierten en causas en vez de efectos. Las muchedumbres se dejan llevar,
arrastradas por el medio ambiente que las envuelve o por los deseos y voluntades de los
demás, si éstos son superiores a las de ellas. La herencia, las sugestiones y otras múltiples
causas externas las empujan como autómatas en el gran escenario de la vida. Pero los
Maestros, habiendo alcanzado el plano superior, dominan sus modalidades, sus caracteres,
sus cualidades y poderes, así como el medio ambiente que los rodea, convirtiéndose de esta
manera en dirigentes, en vez de ser los dirigidos.
Ayudan a las masas y a los individuos a divertirse en el juego de la vida, en vez de ser ellos los
jugadores o los autómatas movidos por ajenas voluntades. Utilizan el principio, en vez de ser
sus instrumentos. Los Maestros obedecen a la causalidad de los planos superiores en que se
encuentran, pero prestan su colaboración para regular y regir en su propio plano. En lo dicho
está condensado un valiosísimo conocimiento hermético: que el que sea capaz de leer entre
líneas lo descubra, es nuestro deseo.

7. El principio de generación
«La generación existe por doquier; todo tiene su principio masculino y femenino; la generación
se manifiesta en todos los planos.»
El Kybalion.

Este principio encierra la verdad de que la generación se manifiesta en todo, estando siempre
en acción los principios masculino y femenino. Esto es verdad, no solamente en el plano físico,
sino también en el mental y en el espiritual. En el mundo físico este principio se manifiesta
como «sexo», y en los planos superiores toma formas más elevadas, pero el principio subsiste
siempre el mismo. Ninguna creación física, mental o espiritual, es posible sin este principio. La
comprensión del mismo ilumina muchos de los problemas que tanto han confundido la mente
de los hombres. Este principio creador obra siempre en el sentido de «generar», «regenerar» y
«crear». Cada ser contiene en sí mismo los dos elementos de este principio. Si deseáis
conocer la filosofía de la creación, generación y regeneración mental y espiritual, debéis
estudiar este principio hermético, pues él contiene la solución de muchos de los misterios de la
vida. Os advertimos que este principio nada tiene que ver con las perniciosas y degradantes
teorías, enseñanzas y prácticas, que se anuncian con llamativos títulos, las que no son más
que una prostitución del gran principio natural de generación. Tales teorías y prácticas no son
más que la resurrección de las antiguas doctrinas fálicas, que sólo pueden producir la ruina de
la mente, del alma y del cuerpo, y la Filosofía Hermética siempre ha alcanzado su verbo de
protesta contra esas licencias y perversiones de los principios naturales. Si lo que deseáis son
tales enseñanzas, debéis irlas a buscar a otra parte: el hermetismo nada contiene sobre ellas.
Para el puro todas las cosas son puras; para el ruin todas son ruines.

También podría gustarte