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Resumen Introducción al Acompañamiento Terapéutico Año 2020
UNIDAD 1
La institucionalización de la locura – Amico
Cap. 1 Recuperación histórica del tratamiento de la salud mental
¿A que nos referimos cuando hablamos de salud o de enfermedad mental?
Al termino salud corresponde construirlo y reconstruirlo junto a las practicas. Es por eso que prefiero definir
a la salud como:
Salud: máximo bienestar posible en cada momento histórico y circunstancia determinada producto de la
interacción permanente de transformación reciproca entre el sujeto social y su realidad.
El que una persona sea considerada como enferma, no solo depende de alteraciones de su
personalidad, sino también de las actitudes de la sociedad con este tipo de alteraciones.
Desde esta perspectiva un mismo comportamiento puede ser evaluado de distintas formas según el
contexto social en que emerge.
Podemos describir los procesos psicológicos asociados con la salud mental o la enfermedad mental de
diversas formas según los diferentes modelos psicológicos y médicos:
La aproximación medica dominante hasta fines del siglo XVI, explicaba que los desordenes mentales
eran explicados a partir de los trastornos producidos en el cerebro por desequilibrios humorales (esta
teoría indica que el cuerpo esta compuesto por 4 fluidos: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra)
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Leer en libro Código de ética
Leer en libro Derechos de las personas con discapacidad
Legalidades del acompañamiento Terapéutico – Dragotto.
Definiciones y conceptos que nos permitan reflexionar acerca de la historia recién y la actualidad del
acompañamiento terapéutico en nuestro país.
En este recorrido vamos a poder observar el arribo a instancias formales de legalización de la profesión de
acompañante terapéutico que constituye una etapa avanzada de un proceso que ha transcurrido por otras
instancias y momentos de construcción de una legitimidad que se pone en juego a diario en cada
acompañamiento.
Podemos decir que hay legalidades en plural, ellas son las clínicas, las históricas, las institucionales, las
académicas y las formales
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Definiciones extraídas de el diccionario de la real academia española
Ley:
1) es un preconcepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en
consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados.
2) En el régimen constitucional, disposición votada por las cortes y sancionadas por el jefe de estado
3) Estatuto o condición establecida para un acto particular. Como sucede en las leyes de una justa, de
un certamen, del juego también lealtad, fidelidad y amor.
Lo Legal:
1) Es prescripto por la ley y conforme a ella
2) Perteneciente o relativo al derecho
3) Veridico, puntual, fiel y recto de cumplimiento de las funciones de su cargo,
4) Legal o formal en su comportamiento.
Licito:
1) Es justo, permitido, según justicia y razón
2) Que es la ley o calidad debida.
Legitimo:
1) Es conforme a las leyes
2) Licito, justo y,
3) Cierto, genuino y verdadero en cualquier línea
La palabra en acto: la legalidad clínica
Como sucede en toda actividad humana, en el acompañamiento terapéutico los fenómenos del
lenguaje son determinantes en sus efectos y en la constitución de los modos vinculares que caracterizan
al encuentro at- paciente.
Una primera observación bastante obvia que podemos tener en cuenta es que por medio de la palabra
alcanzamos un grado de legitimidad y legalidad.
Empezando por la palabra del terapeuta cuando nombra e indica el acompañamiento terapéutico, esa
palabra autorizada por la transferencia otorga legalidad y legitimidad al at, a su lugar y a su trabajo.
Esa palabra establece un campo y un orden para el desarrollo del vinculo paciente- at.
El acompañante en su labor con el paciente, sigue la indicación del terapeuta y los esclarecimientos
subsiguientes van excluyendo la licitud de esa relación pares tales como imagos sociales que acuden al
espacio psíquico-vincular del paciente o de sus familiares para responder a lo inquietante de esa presencia
del tratamiento que interrumpe lo cotidiano.
La palabra del paciente, cuando acepta al at, convalida y ratifica la legitimidad de la inclusión del
acompañante. De hecho, el acompañante informado a pasado a se un requisito ineludible para la
implementación de los distintos dispositivos de tratamiento a partir de la sancion de las leyes de salud
mental.
El acompañante empeña su palabra al ofrecer su saber-hacer al servicio del tratamiento del paciente,
adecuando sus acciones e intervenciones a la estrategia terapéutica, a la subjetividad singular del paciente
y al contexto en el que lleva a cabo el acompañamento.
La escritura y el encuentro. Construcción de una legalidad histórica.
Si nos enfocamos ahora en el AT como profesión inscripta en el orden social debemos remitirnos al
orden del lenguaje, pero señalando que es otra dimensión de la palabra la que ha contribuido a la
conquista progresiva de la legalidad para esta praxis. Nos referimos a la capacidad de dar cuenta de una
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práctica a través de la escritura. Dar cuenta de los hallazgos, de los logros, pero también de las
incertidumbres, las vacilaciones y los errores que sólo retrospectivamente pueden evaluarse y que, al ser
escritos, pueden compartirse y ser discutidos con otros colegas, distantes en el espacio o en el tiempo.
La aparición del libro ACOMPAÑANTES TERAPEUTICOS Y PACIENTES PSICOTICOS, constituyo un
hito en tal sentido. Sentíamos que la existencia de ese libro nos reforzaba en nuestra identidad y nos
permitía defender y apoyar nuestro quehacer ante distintos interlocutores.
La fundación de AATRA en mayo de 2003, permitió consolidar los encuentros de colegas, trabajar
proyectos en pos de objetivos consensuados e intercambiar experiencias con equipos y profesionales del
exterior.
No podemos dejar de explicitar el papel fundamental del primer presidente Federico Manson, en el
crecimiento de la asociación y en los logros alcanzados. Su figura carismática y convocante, sus aportes
teóricos, así como su compromiso y dedicación de tiempo completo a trabajar en y por el acompañamiento
terapéutico lo han convertido en un ícono de esta profesión y nos ha dejado a nosotros con la alegría de
haber compartido la tarea con él y con la añoranza de su temprana partida.
Legalidad social: formación oficial y leyes para la profesión:
Etapas o pasos en los que se ha llevado a cabo el proceso de legitimización del at:
1) Invención (fines de los ’60, comienzos de los ’70)
2) Periodo de experimentación, innovación creativa y logro de experiencia en el incipiente rol de a.t.
3) Primeras descripciones de la experiencia e intentos de teorización. (1978-1994)
4) Expansión y diseminación de experiencias. Primeras instancias de formación.
5) Encuentros de [Link]. y toma de conciencia de la expansión (1999- ).
6) Consolidación de las formaciones (cursos)
7) Primeras formaciones oficiales.
8) Primera carrera universitaria. (San Juan 2001)
9) Reconocimiento social de la eficacia clínica del recurso y requerimiento por parte de médicos,
psicólogos y terapeutas, que lleva a:
10) Reconocimiento y cobertura por obras sociales y seguros de salud.
11) Creación de AATRA primera entidad de alcance nacional orientada a “velar por las normas del
ejercicio profesional relativas al AT y propender a la jerarquización del nivel académico de los
títulos, así como del ejercicio de esta profesión” (2003).
12) Congresos nacionales e internacionales. Incremento de publicaciones, artículos presentaciones en
congresos.
13) Leyes de ejercicio profesional. (provincias de San Juan y San Luis)
14) Sanción del código de ética de AATRA (2010)
15) Inclusión explícita del AT en las leyes provinciales y nacionales de salud mental (2010)
Fue en la Universidad Católica de Cuyo, provincia de San Juan, donde por primera vez se dictó la
tecnicatura en AT, carrera que cuenta ya con varias promociones de egresados.
La sanción en el mes de octubre de 2010 de la Ley de Salud Mental de la provincia de Córdoba fue un
logro importante para todo un colectivo de personas e instituciones quienes se constituyeron como Mesa
Permanente de Salud Mental y Derechos Humanos.
La promulgación de la Ley Nacional de Salud Mental 26.657 a fines de 2010 es un acontecimiento
histórico para el campo de la Salud Mental y para la comunidad toda. Esta ley, como la de la provincia
de Córdoba, integra el enfoque de Derechos Humanos de los ciudadanos y establece el marco regulatorio
para una política de Salud Mental Nacional. Promueve nuevos recursos terapéuticos y de rehabilitación
priorizando la estrategia de Atención Primaria de la Salud y los abordajes comunitarios. Establece límites
a las internaciones involuntarias por vía judicial y habilita a los equipos interdisciplinarios junto al paciente
y/o sus representantes a decidir el alta de una internación.
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Normas éticas de la profesión: asumir una responsabilidad profesional ante los colegas y
la sociedad.
Entre sus principales disposiciones el Código de Ética establece que:
• Los acompañantes terapéuticos se comprometen a hacer propios los principios establecidos por la
Declaración Universal de los Derechos Humanos. Asimismo, guardarán el debido respeto a los
derechos fundamentales, la dignidad y el valor de todas las personas, y no participarán en
prácticas discriminatorias. Respetarán el derecho de los individuos a la privacidad,
confidencialidad, autodeterminación y autonomía.
• Los acompañantes terapéuticos se comprometen a asumir niveles elevados de idoneidad en su
trabajo. Asimismo, Reconocen las fronteras de sus competencias particulares y las limitaciones de
su pericia. Proveerán solamente aquellos servicios y técnicas para las que están habilitados por su
formación académica, capacitación o experiencia.
• Los acompañantes terapéuticos se mantendrán actualizados en el conocimiento científico y
profesional, relacionado con su ejercicio, reconociendo la necesidad de una educación continua.
• El acompañante terapéutico asistirá a pacientes, previa solicitud de un profesional o de un familiar;
en este último caso estará obligado a consultar a quien trate al paciente, para orientar la tarea de
acompañamiento y a supervisar la tarea con un director de tratamiento o coordinador de equipo de
salud. Se abstendrá de intervenir en aquellos casos en los que no hubiere terapeuta, coordinador o
profesional a cargo del tratamiento, en el entendimiento que el ejercicio profesional del
acompañamiento terapéutico constituye una labor auxiliar y complementaria en los dispositivos
asistenciales.
Es responsabilidad inherente al ejercicio profesional del acompañante terapéutico:
a) La actualización periódica y permanente de sus conocimientos como garantía de responsabilidad e
idoneidad que contribuya al prestigio de la práctica.
b) La supervisión del trabajo realizado con periodicidad.
c) Se sugiere que el acompañante pase por la experiencia de la psicoterapia personal como garantía
del servicio que se brinda.
Recorrido histórico de los procesos de salud mental en Argentina, surgimiento en historia
del at – Frank y Banszczyk
Introducción:
El acompañante terapéutico es un rol que se crea en Argentina en la década de 1960, que en la actualidad
va encontrando marcos teóricos propios, pero que siguen en constante construcción, en paralelo va
logrando inserciones académicas y leyes de regulación profesional del AT.
En los principios de la historia de la salud mental, inicios de las creaciones de los manicomios.
Principales características del modelo asilar-manicomial utilizadas para conceptualizar al sujeto: centro
de la incapacidad, en una delimitación del objeto restringida a la dimensión individual, la racionalidad
científica como criterio para la exclusión, fundándose en una concepción ética basada en la beneficencia y
una concepción patologizante que se ha centrado principalmente en los emergentes negativos asociados
al proceso.
En el SVIII en la aldea colonial existía un hospital llamado San Martín. En el existía lo que se conocía de
forma trivial “el loquero” que no era más que una simple enfermería con no más de 15 camas y un
número insignificante de médicos que tenían más buena voluntad que conocimientos.
En ese mismo siglo (XVIII) dicho hospital pasa a llamarse santa catalina y tiene una transformación y
comienza a recibir “dementes” enviados desde el cabildo.
Luego un siglo mas tarde (XIX) destinaron a dicha residencia para la internación de incurables, locos y
contagiosos, quienes quedaban a cargo de un capataz.
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En el cuarto siglo de esta época nuevos paradigmas comienzan a estar en vigencia de la mano de
Rivadavia con el comienzo de una nueva camada de médicos egresados de la Escuela de Medicina de la
Universidad de Buenos Aires quienes tenían como mentor a Pinel. Así nace la primera tesis de
psiquiatría que surge de esta nueva forma de pensar y tratar la locura, con el título de La Manía Aguda.
Fue la primera tesis que representa las aspiraciones de los nuevos facultativos de generar cambios
en la situación de alienados. Dicha tesis se inspira en las enseñanzas de Pinel.
Eliseo Cantòn presenta un proyecto de ley en el cual se solicita la creación de la primera colonia
nacional de alienados (manicomio), otorgando el rol de director del proyecto al Dr. Domingo Cabred,
médico alienista y profesor de patología mental de la Universidad de Buenos Aires.
El método adoptado, preveía un sistema de admisión que permitiera clasificar desde el inicio el ingreso de
pacientes. “La primera sección es la de admisión, donde a su ingreso serán examinados y clasificados los
anormales, antes de ser distribuidos en las secciones que les corresponda”. (Cabred)
Durante la etapa asistencialista el medico alienista recibía apoyo de una numerosa cantidad de
personal que colaboraba con las tareas de limpieza y cuidado general, pero que no tenían a cargo ninguna
de las responsabilidades asistenciales.
Los asilos y los hospitales regionales no tenían como base el fin terapéutico, sino que funcionaban al
estilo de depósito y aislamiento de los sujetos, ya que muchos de ellos desbordaron las posibilidades
de tratamiento con que contaba la psiquiatría por entonces, poniéndose cada vez más en evidencia las
principales dificultades que la acompañarán desde entonces: el efecto iatrogénico que producirá la
institucionalización prolongada de estas instituciones concebidas bajo un régimen custodial.
Primeras críticas al sistema manicomial, surgimiento de las practicas preventivas,
comunitarias e inicio de la transformación de enfermedad mental a salud mental.
En el siglo XX comienza a gestarse las primeras críticas al sistema asilar-manicomial de tipo alienista
y empieza a entrar en auge el paradigma del higienismo, teniendo un fuerte impacto en el pensamiento
sanitario ya que, enfocada sobre el ambiente y los colectivos sociales, proponían la adopción cada vez
mayor de medidas profilácticas y preventivas, y en el fomento de las conductas que debían ser adoptadas
en el ámbito doméstico para prevenir la transmisión de enfermedades.
A principios de la década del 40, se da lugar a pensar otro tipo de tratamiento para los sujetos que
tenían algún padecimiento a nivel mental, con las primeras experiencias relacionadas con la adopción
de prácticas preventivas y en la intervención de profesionales de la Salud Mental para resolver situaciones
de crisis en el plano personal, grupal e institucional.
El Movimiento de Higiene Mental se aleja cada vez más de la psiquiatría pesada, para imponer la
presencia activa de un nuevo tipo de especialistas en todos los núcleos de la vida social.
Este alejamiento fue dando paso al movimiento de la salud mental, lo que constituye un nuevo cambio
significativo que se produjo en un período posterior a la posguerra
La OMS propuso una definición de salud que aspiraba a trascender la dimensión puramente biológica al
describirla como: “un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente ausencia
de enfermedad”.
Esta definición permitió legitimar la labor de psiquiatras, psicoanalistas, y psicólogos habilitando nuevas
profesiones y gestando la constitución de la salud mental.
Creación de nuevas instituciones, que posibilitan nuevas terapéuticas
En 1957, se crea el Instituto Nacional de Salud Mental, cuya dirección se confió a psiquiatras que
encarnaban las tendencias más progresistas, y que tenía como principio establecer las políticas en la
materia, fue así que Mauricio Goldenberg, como autoridad entonces a cargo del área desarrolló el Plan
Nacional de Salud Mental, que se constituyó en uno de los primeros antecedentes programáticos de estas
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características, y que tomaba como uno de sus principales antecedentes la experiencia desarrollada bajo
su liderazgo en el Hospital Evita de la Provincia de Buenos Aires.
En la misma época se crea la comisión Asesora Nacional en Salud Mental.
Surgimiento del acompañamiento terapéutico
El acompañamiento terapéutico (AT) nace coincidentemente en esta época a mediados de la década de
los ‘60 en Argentina, si bien algunos autores mencionan antecedentes de este rol en países europeos a
principios del siglo XX.
Emerge del campo de los tratamientos en salud mental, en un contexto de auge de nuevas teorías y de
búsqueda de herramientas terapéuticas para abordar patologías que anteriormente se consideraban
intratables o condenadas al confinamiento asilar, en una etapa caracterizada por la aparición de recursos
alternativos tales como el hospital de día o las comunidades terapéuticas.
Posicionamiento ideológico del AT
El acompañamiento terapéutico nace en un intento de evitar la internación psiquiátrica o haciendo que
la misma sea mas acotada. Aparece como respuesta a la dificultad que presentan algunos sujetos para ser
abordados terapéuticamente con los dispositivos clásicos, pacientes graves, crónicos, impulsivos.
El A.T. como agente de salud, se inscribe en la corriente que busca restituir la posibilidad de diálogo con
la sinrazón.
El trabajo del A.T. es fundamentalmente asistencial. Surgió como una necesidad clínica en relación a
pacientes con quienes los abordajes terapéuticos clásicos fracasaban.
Un recorrido
según Rossi “se produce un movimiento de apertura y transformación en el tratamiento de pacientes que
llegaban a la clínica psiquiátrica, que tiene como influencias fundamentales al psicoanálisis, la psiquiatría
social y la antipsiquiatría, y que se acentúa hacia la segunda mitad del siglo XX, cuando se suma el
importante desarrollo que tuvo la psicofarmacología. Este panorama de cambios ofrece otras posibilidades
para la implementación de dispositivos de atención ambulatorios, y para abordajes inter o
multidisciplinarios...”
Fue en una “clínica aventurada” como la denominan Kuras Mauer, S. y Resnizky, S. de equipos de
abordaje múltiple donde surge el rol. En ese contexto el Dr. Eduardo Kalina, en el marco del trabajo con
otros y en la búsqueda de recursos terapéuticos para situaciones complejas implementó en su clínica un
rol al que denominó, amigo calificado, el cual era ejercido por estudiantes de psicología.
Del amigo calificado al acompañante terapéutico
Fue sustituida por la de Acompañante Terapéutico, este cambio de denominación, implicó un cambio en el
rol...: “con esto se acentúa el aspecto terapéutico por sobre la amistad...” Ante la necesidad de trabajar
desde un abordaje múltiple, se incluyó esta función para la atención de pacientes en crisis, o en casos que
presentan una interrupción de tratamientos, y su fracaso, de manera recurrente.
El acompañamiento tuvo un desarrollo en el ámbito privado como recurso auxiliar ligado a las prácticas
“psi” marcando una diferencia con el desarrollo del rol en otros países como Brasil en donde la represión
fue menos severa y el acompañamiento siguió desarrollándose de la mano de las políticas públicas y los
procesos de desmanicomialización.
Momento de la expansión del acompañamiento terapéutico
El acompañamiento terapéutico se implementaba con mayor naturalidad en la asistencia de
personas con diagnósticos de psicosis y en la recuperación de las adicciones, en este momento se
comienza a insertar en nuevas áreas como: en enfermedades orgánicas crónicas o terminales,
psicología perinatal, en discapacidad- diversidad, en vejez, en discapacidad física adquirida, trastornos
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neurológicos, vulnerabilidad social, entre otros. También se empiezan a conformar áreas de
especialización como el acompañamiento judicial y el acompañamiento escolar.
Comienzo de las inserciones académicas
En esta etapa comienzan a desarrollarse jornadas, encuentros de intercambio y los primeros congresos de
acompañamiento terapéutico.
Este periodo que se perfiló como una etapa de construcción y definición del rol, Kuras Mauer S, y
Resnizky S. lo llamaron “etapa de conceptualización”. Momento de crecimiento y consolidación, la
práctica clínica fue dejando sus huellas, tendiendo, redes, entrando tímidamente primero y con más vigor
después a las instituciones asistenciales y luego a la universidad.
Creación de la primera asociación argentina de ATS y sus repercusiones
AATRA es una institución que surge formalmente en 2003 como concretización del proceso de
afianzamiento, crecimiento y progresiva oficialización del acompañamiento terapéutico en nuestro
país. Tiene, entre otros, los siguientes objetivos: Fomentar y coordinar actividades científicas vinculadas
con el Acompañamiento Terapéutico; propender a la jerarquizaron del nivel académico de los títulos y del
ejercicio de esta profesión; fomentar y organizar congresos y conferencias; velar por las normas de la ética
profesional; trabajar por el mejoramiento de las condiciones laborales de los acompañantes terapéuticos;
organizar cursos de postgrado; propender al intercambio de información, tanto técnica como científica, en
colaboración con organismos nacionales, provinciales, municipales y/o internacionales. Desde su
fundación contó con referentes y filiales a lo largo y ancho del país.
La sucesión de congresos nacionales e internacionales organizados por AATRA, marcó un lugar de
intercambio de acompañantes y de teorización de la práctica a través de los escritos presentados.
En esta etapa se consolida el rol del acompañante en los dispositivos asistenciales, las obras
sociales empiezan a reconocen la prestación de acompañamiento terapéutico, lo que favorece su
indicación en los tratamientos.
A este momento Kuras Mauer, S. y Resnizky, S. (2011) lo llamaron de “Institucionalización”, un
momento de filiación y expansión del territorio del acompañamiento.
Comienzo de la creación de leyes de regulación profesional y tecnicaturas universitarias
A la última etapa Kuras Mauer, S. y Resnizky, S. (2011) la denominan “Legalidad”, momento en el cual
empiezan a sancionarse leyes nacionales y provinciales de salud mental acordes al modelo
propuesto en el acompañamiento terapéutico, además de la sanción de leyes específicas de
ejercicio profesional permitiendo el ingreso de los acompañantes a la salud pública.
Hechos importantes:
• Sancion del código de ética profesional aprobado por la AATRA que brindo un marco de referencia
de ética profesional de un rol en construcción.
• Sancion de la ley de salud mental numero 26657, si bien no menciona al at, se infiere el lugar del
rol en el cambio de paradigma propuesto.
• Sancion de la ley provincial número 9848 de protección integral de la salud mental en Córdoba
A falta de una ley nacional que reglamente el acompañamiento terapéutico algunas provincias
sancionaron leyes de ejercicio profesional de la profesión de acompañante terapéutico y ellas
fueron:
1) San juan
2) San Luis
3) Rio negro
4) Catamarca
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6) Neuquén
7) Santa cruz
8) Tierra del fuego
9) Tucumán
10) Santa Fe
11) Córdoba
La institucionalización y su legalización fue llevando al acompañamiento a la universidad convirtiéndose en
una Carrera de Técnico Universitario con un título de validez nacional otorgado por el Ministerio de
Educación de la Nación.
La apertura de Carreras de Técnico en Acompañamiento Terapéutico en las Universidades Públicas fue un
hecho que tuvo un impacto incalculable. La Universidad Nacional se sumó a esta iniciativa y en los últimos
años abrió la Carrera de Técnico Universitario en Acompañamiento Terapéutico en las sedes de Córdoba
(UNC).
Un rol en construcción
Bustos, sostiene que el acompañamiento es “... un Rol en Construcción...”. El acompañamiento que
surgió como una función que desarrollaban diferentes agentes en nuestro país se fue desarrollando como
un rol que se va construyendo a partir de las diferentes demandas y tensiones que lo confrontan.
“...Formamos parte de una cultura donde la fragmentación se ha convertido en un universo y el universo
en algo irrelevante.
La filiación y la pertenencia son elementos claves en constitución de la identidad profesional.
Entender al acompañamiento como “un rol en construcción” nos remite a reformular periódicamente la
vigencia y el sentido de nuestros puntos de referencia, resistiendo los modos prototípicos de pensar al
dispositivo del acompañamiento terapéutico, ir en la búsqueda de nuevas construcciones teóricas para ir al
encuentro de los nuevos desafíos que se presentan.
Cuando las etiquetas se tornan invisibles – Filidoro
El real biológico torna invisible la acción de etiquetamiento, permitiendo que el “pensamiento sindrómico”
se mueva sin obstáculos mostrando la documentación que supuestamente lo autoriza a desentenderse de
toda pregunta...
Pensamiento sindrómico: aquel a partir del cual se produce esa operación de nombrar al otro de manera
de dejarlo captado en una imagen y una práctica social. A ese pensamiento que emerge del modelo
relacional en el que cada fenómeno tiene su causa (o su multiplicidad de causas) que lo explican.
Preguntarnos porque x persona, que tiene síndrome de Down, no aprende determinadas actividades como
el sistema de numeración es una manera de cuestionar los etiquetamientos, es desafiar el cálculo, es
pensar en términos de niños en lugar de hacerlo en términos de síndromes, es dar lugar a esa medida
imposible de lo incalculable, de lo imprevisible. Y para poder hacer semejante cosa debemos comenzar
por abandonar el pensamiento relacional para pensar en términos de complejidad.
Pensar en términos de Complejidad implica:
1) abandonar ese modelo de pensamiento en el que lo fenoménico se nos presenta a la manera de un
dato que puede ser clasificado y ordenado por su correspondencia con una causa. Se trata de un
pensamiento en el que la naturaleza biológica del déficit torna invisibles los procesos subjetivos y
socio-culturales que han intervenido en la vida de esos niños, de donde se confiere al Síndrome de
Down o a la sordera o a la parálisis cerebral, toda la responsabilidad por las dificultades que se
encuentran en su desarrollo y en su educación.
2) pensar en términos de dimensiones: esto es, concebir nuestro recorte de la realidad, a la manera
de una unidad heterogénea, como un sistema compuesto por elementos que no son separables,
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que no pueden pensarse independientemente unos de otros, que no pueden estudiarse en forma
aislada.
Ninguna de las dimensiones pensada de manera aislada puede ser ubicada en
el lugar de causa. La causa, en todo caso, se encuentra en el funcionamiento del
sistema en su totalidad.
Hay que saber escuchar, hay que saber mirar. Mariana tiene razón: los prejuicios nos ensordecen la
mirada y nos nublan la escucha.
La interdisciplina: un modelo para pensar la clínica
¿Cuál es el desafío de la clínica disciplinaria? El desafío consiste en hacer posible que la clínica
interdisciplinaria se constituya de manera efectiva y real en instrumento necesario para escuchar al niño,
escuchar a los padres, escuchar a las escuelas, renunciando a la demanda de respuestas rápidas,
eficaces, simples, eficientes, prolijas, ordenadas, clasificables.
El trabajo interdisciplinario no deviene automáticamente de una declaración bienintencionada. La
interdisciplina es un proceso, está siempre en construcción. Los equipos interdisciplinarios no lo son de
una vez y para siempre.
La Interdisciplina reclama el estudio de problemas concebidos como Sistemas Complejos. La relación
entre:
a) la posibilidad de renunciar a pensar en términos de síndromes / etiquetas;
b) el pasaje al pensamiento de la Complejidad y c) la Clínica Interdisciplinaria, reviste carácter de
necesidad.
Al final todo fue igual pero diferente
¿Pero cómo? ¿Al final hizo la permanencia? Sí, llegamos a la misma conclusión, pero por motivos muy
diferentes... Se trata de la diferencia entre quedar captada por una práctica social ejecutada
automáticamente a partir de su pertenencia al grupo que la define (niños con Síndrome de Down), a
quedar representada en una trama familiar que, no importa cuán difícil o dolorosa sea, la define en
términos de lo singular de un proceso de filiación y subjetivación.
¿Qué hubiese pasado si Catalina hubiese entrado en la serie Down de nenes que hacen permanencia en
preescolar? No es posible responder a esta pregunta y por ello mismo, la inquietud que nos produce debe
perdurar en nosotros para ayudarnos a sostener las preguntas, otras, todas, que los padres nos traen a la
consulta. La incógnita debe perdurar para ayudarnos a no desechar preguntas imponiéndoles respuestas
anticipadas ni atribuyéndolas a la “negación de los padres que no quieren ver el problema de su hijo”.
La intervención clínica permitió que el síndrome perdiera su lugar de causa, y ello independientemente
de que Catalina portará el cromosoma extra a lo largo de toda su vida.
La Interdisciplina permite construir preguntas allí donde el pensamiento relacional, causal y lineal,
anticipa una respuesta. Porque la intervención clínica interdisciplinaria supone la integración e
interpelación de los discursos disciplinarios en la delimitación de los problemas.
Una conclusión:
Sólo cuando reemplacemos el modelo interactivo (genoma / fenotipo) por el modelo de la complejidad, que
ubica al genotipo y a la experiencia (la historia, el acontecimiento) como dimensiones heterogéneas de un
mismo nivel lógico, es que estaremos en condiciones de salvar al niño de un destino prefabricado por ese
nombre / síndrome que lo nombra y al nombrarlo, lo constituye en el encierro.
La dimensión de cambio en la conceptualización del acompañamiento terapéutico – María Giraudo
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La historia del acompañamiento terapéutico esta signada por constantes intentos de conceptualización.
Desde la caracterización como agente de salud pasando por el recurso clínico hasta llegar a concebirlo
como dispositivo.
Las dificultades en relación a las visibilidades e invisibilidades que se producen al conceptualizar esta
practica han encontrado en la noción de dispositivo, una inscripción que a la vez que conceptualiza,
posibilita alojar sus variaciones sin poner en cuestión el concepto mismo.
Los dispositivos, entendidos como “la disposición de una serie de practicas y mecanismos con el
objetivo de hacer frente a una urgencia y conseguir un efecto”, responden a una demanda socio
histórica.
El proceso de historización permite no solo visibilizar los cambios, sino también identificar líneas de
continuidad.
La comprensión de la dinámica entre cambio y continuidad es fundamental para realizar una lectura del
modo en que cada dispositivo va insertándose en el terreno de lo social.
En su origen el acompañamiento se remonta a una práctica que, fue teorizándose al compás de
experiencias que inauguraron este nuevo campo de saber.
Desde sus inicios, se configuro como una practica compleja de múltiples dimensiones articuladas y
aun actualmente su noción está en construcción.
El acompañamiento también es una especie de madeja compuesta de fibras heterogéneas, disparejas.
Tiene por delante la posibilidad de transformarse en algo nuevo.
La reflexión constante sobre el devenir del at es fundamental para entender la complejidad de variables
que articulan este dispositivo.
Se observa que el at en la última década tuvo grandes cambios en relación con la inserción social de este
y a la construcción de saberes entorno al mismo. Estos cambios se enmarcan en las transformaciones
inherentes al campo de la subjetividad, que propulsaron modificaciones en la clínica y en estrategias
terapéuticas, lo que implico encontrar en el acompañamiento un valioso recurso en consonancia con
teorías que cuestionan el aislamiento de los sujetos como forma de abordar la salud mental.
En los espacios de formación se produjeron dos modificaciones principalmente en el
incremento de la oferta en formación general y específica y también la diversificación de trayectos
educativos e intereses de quienes concurren a formarse o incluso ejercen como at.
Paralelamente a esto se produjo una especificidad en la construcción de saberes sobre el
acompañamiento, lo que aumentó significativamente el cuerpo teórico en cantidad y en relación a
la diversidad de teorías que dan lugar a una multiplicidad de miradas sobre este campo.
Pulice dice que se reproduce cierta confrontación entre una orientación clínica sostenida en la
estandarización y generalización de los conocimientos, los métodos y los objetivos terapéuticos,
por un lago y del otro aquello que desde Freud denominamos una clínica del caso por caso.
Aquí el cambio no se manifiesta en la modalidad que adquiere el dispositivo, sino que aparece en
relación al tipo de subjetividad, vinculada al sostenimiento de la marginalidad y la pasividad, que
se promueve desde la posición del acompañante.
El acompañante se convierte en una estrategia preestablecida que como dice Dozza sostiene una
postura psiquiatrizante por mas que se este con el paciente en la vida cotidiana.
Todos estas transformaciones dificultan la diferenciación entre las transformaciones inherentes a
lo sociohistórico y las que modifican aquellos aspectos que lo definen como tal. En este contexto
y partiendo de la noción de que todo dispositivo gestando en lo social es histórico y responde a
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Resumen Introducción al Acompañamiento Terapéutico Año 2020
una determinada demanda, al decir de Foucault: “por dispositivo entiendo una especie de
formación que tuvo por función mayor responder a una emergencia en un determinado momento.
Susana Kuras postula “la historia del acompañamiento fue construyendo un cuerpo teórico, una
técnica, instituciones asistenciales, espacios de formación y leyes que regulan su ejercicio.
Tres dimensiones implicadas en los cambios mencionados cuyo descernimiento resulta
esclarecedor para comprender que es el AT, estas dimensiones son:
1) los cambios inherentes a todo dispositivo inserto en lo social.
2) La particularidad específica del acompañamiento de modificarse en función de la
singularidad de cada estrategia (encuadre y ámbitos de inserción)
3) La inclusión del acompañamiento en prácticas clínicas cuyas líneas teóricas difieren y/o se
contraponen a los sustentos teóricos en los que se originó.
Resulta fundamental conocer la diferenciación postulada por Bleichmar entre producción de la
subjetividad y constitución psíquica
• La producción de la subjetividad es de orden social, histórico y político. Esta alude a los
modos en que cada sociedad determina las formas con las cuales el sujeto se constituye
como sujeto social y se inserta en el mundo en el que le toca vivir.
• La constitución del psiquismo intenta cercar un conjunto de variables que implican cierta
universalidad, cuya permanencia se sostiene más allá de ciertos cambios en la producción
de sujetos históricos.
Estos aspectos tal como especifica Bleichmar, son aquellos que están en relación a la
constitución del psiquismo y se enmarcan en una concepción de sujeto entendido como producto
del contacto humanizante con el otro y determinado por su inconsciente. Es decir que la
concepción del sujeto producido socialmente y la concepción de la salud que, de esta deriva, son
fundamentales para que un acompañamiento devenga terapéutico.
Roudinesco plantea “la era de la individualidad sustituyo a si a la de la subjetividad. Es la
inexistencia del sujeto la que determina no solo las prescripciones psicofarmacológicas actuales
sino también las conductas ligadas al sufrimiento psíquico.
El at corre riesgo de convertirse en un objeto más de consumo y ser utilizado para la
normalización subjetiva.
Dozza plantea que el at al ser un campo relativamente joven se trabaja desde una precariedad
teórica, que provoca que las intervenciones se encuentran polarizadas entre intervenir desde la
institución y la espontaneidad cotidiana o la utilización de esquemas teóricos de referencia
convierten la practica en la trasnpolacion de estos encuadres de la vida cotidiana.
Aquí el acompañante puede convertirse en una especie de pseudo- analista ambulante o
reproducir dinámicas pedagógista como por ejemple el entrenamiento de habilidades sociales.
Como conclusión podemos decir que más allá de las transformaciones históricas del dispositivo,
las intervenciones cobran sentido terapéutico cuando en primer lugar se realizan en relación al
sujeto que es siempre entendido como producto del vinculo con el otro y determinado por su
inconsciente.
Acompañar terapéuticamente implica posicionarse en un entramado en el que se conjugan
saberes, experiencias, situaciones y modalidades vinculares que conforman un espacio-sostén
para habilitar la emergencia del sujeto
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Comprender y sostener la complejidad del acompañamiento es fundamental para evitar reducirlo
a una técnica de intervención que prefijada es posible reproducir en cada caso.
Acompañando acompañantes – Dragotto
Los acompañantes terapéuticos ingresan, posterior al trauma y previa a cualquier retoño. Cada uno de sus
acompañados padece múltiples segregaciones y aislamientos.
¿Cómo podría María sostener su incipiente autoafirmación sin la instancia tercera que significa la at ante la
hermana que todo lo puede, entre María y su hermana?
El espacio habilitado posibilita un respiro y la expansión del precario yo de la paciente. La retirada de la at
dejaría a María de nuevo sola esperando que la maleza vuelva a cerrarse en torno de ella. María puede
disfrutar y hacer en el terreno desmalezado, pero no puede desmalezar sola ese lugar. Se trata de
mantener abierto el espacio y para eso es necesario un tercero inserto en lo cotidiano de su vida y de
asegurarle a María la presencia de ese tercero, aun cuando su at pueda retirarse y dejar su lugar a un
nuevo at.
La indicación de un AT, trabajo en equipo y supervisión
¿En que nos fijamos al sugerir un at para un terapeuta que lo solicita? ¿Cómo es el proceso que se
desarrolla desde el pedido inicial hasta el primer encuentro del at con el paciente?
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El proceso comienza con una ocurrencia en el pensamiento del terapeuta, al estilo de “Acá hace falta un
a.t.”, “¿Por qué no probar?”, o “...necesito alguien que contenga (o acompañe) al paciente entre sesiones”.
Incluso podríamos afirmar que el proceso de inclusión de un a.t. comienza con la preocupación del
terapeuta por lo que el paciente pueda hacer en el lapso de tiempo que transcurre de una consulta a la
siguiente.
Esto incluye la noción de riesgo, pero también la de déficit o la de desvalimiento. Es decir, no sólo lo que el
paciente puede hacer (por ejemplo un intento de suicidio) sino aquello que difícilmente lleve a cabo sin el
acompañamiento de alguien cercano y comprometido con su mejoría.
Una vez que la idea de buscar un a.t. se ha presentado, también aparecen los temores y fantasías.
Volviendo al proceso de indicación y puesta en marcha de un acompañamiento terapéutico, diremos que
durante el mismo se produce un despliegue de fantasías, inquietudes y expectativas de toda índole en
cada uno de los participantes del dispositivo, desde el momento mismo de la indicación formulada por el
terapeuta.
En el servicio de AT, comienza el proceso de análisis de la demanda inicial de acompañamiento
terapéutico a partir de la cual se convoca a los acompañantes que en función de su experiencia previa y
disponibilidad actual puedan incluirse en el dispositivo que se constituye para el trabajo con ese paciente.
Es recomendable que la presentación del at al paciente sea hecha por el terapeuta en el ámbito donde
habitualmente transcurre el tratamiento (en el consultorio, en el hospital, etc.), de esta manera se refuerza
la ligazón del equipo ante el paciente y su grupo familiar y se posibilita un pasaje transferencial en acto de
la alianza terapéutica hacia la persona del at.
Hacer equipo
Hacer equipo es una tarea primordial del at principalmente al principio de un caso.
Lo que no es tan frecuente es encontrar referencias a las resistencias que pueden aparecer en el
acompañante a formar equipo con el terapeuta, lo cual, en nuestra experiencia, constituye una
observación clínica no menos frecuente.
7 escuchar empáticamente, reforzar el quehacer del at, marcar los errores o dificultades y al mismo tiempo
estar atento al “hacer equipo” del at y el terapeuta.
“Si el supervisor o coordinador se suma a pensar que el problema está afuera no favorecerá el trabajo en
equipo” ... ¿Cuál es el “afuera” al que nos referimos? De alguna manera, podríamos decir que, en los
dispositivos con acompañamiento terapéutico, permanentemente se arman y desarman díadas y grupos
que delimitan campos en los que se configura un adentro y un afuera.
Podemos pensar esos agrupamientos como fenómenos transferenciales y vinculares, con fuertes
componentes imaginarios, probablemente con carácter defensivo ante la angustia que genera la
cotidianeidad de la locura.
Muchas veces no sabemos qué hacer con esos sentimientos y sensaciones que entran en conflicto con
nuestros ideales y nuestra vocación asistencial. Entonces negamos o rechazamos esas vivencias, o bien
necesitamos buscar culpables a quienes culpar de la situación (proyección). Estas situaciones son
frecuentes en el sistema familiar del paciente y la inmersión del acompañante en la cotidianeidad de esa
familia produce que comience a experimentarlas.
el dispositivo de AT cobra toda su importancia con cada una de sus instancias constituyentes: formación,
trabajo en equipo, análisis personal, supervisión.
El dispositivo de AT trabaja captar la complejidad de las situaciones de la vida cotidiana del paciente,
registrando nuestras percepciones acerca del paciente, del lugar donde habita, de las relaciones con sus
otros cercanos y, al mismo tiempo, tomar nota de nuestras reacciones transferenciales.
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El problema no es que pensamos durante un acompañamiento, sino que hacemos con eso. el espacio de
supervisión, podrá ayudar a comprender lo que se genera en la situación de AT y que el acompañante
registra como obstáculo, redireccionando las intervenciones, la comunicación y el trabajo del at a los
espacios pertinente.
En los últimos años hemos presenciado l aparición y consolidación de la función del coordinador.
Pensamos que distintos factores han influido en la aparición de esta función en los dispositivos con AT.
Tenemos la tendencia creciente a nivel mundial de favorecer los abordajes ambulatorios en desmedro de
los dispositivos de internación, producto de los beneficios comprobados de los abordajes en la comunidad,
de las recomendaciones de organismos nacionales e internacionales y de los cambios políticos y científico
que condujeron a la caída del modelo asilar, entre los que podemos mencionar el surgimiento de teorías,
dispositivos y roles para el trabajo comunitario en salud mental, los avances en la psicofarmacología, la
expansión del ideario progresista antimanicomial y la consolidación de un campo de salud mental producto
de la recuperación de la experiencia de décadas de prácticas en la comunidad que integran el enfoque de
derechos humanos al trabajo cotidiano en el tratamiento de los problemas de salud mental.
Con el tiempo, y la consolidación de experiencia creciente en este campo, asistimos al surgimiento y
expansión de equipos específicos de AT, equipos especializados que receptan la demanda por parte de
los profesionales y/o las familias y seleccionan acompañantes que formaran equipo con los terapeutas
para el trabajo en los tratamientos.
La inclusión de un coordinador en un dispositivo de AT, anteriormente, parecía reservada para las
internaciones domiciliarias, modalidades de AT de gran intensidad en las que se pretende cubrir la mayor
parte del día del paciente con la presencia de acompañantes. Una estrategia como esa, requiere la
articulación de varios [Link]., la organización de horarios, turnos, indicaciones, todo lo cual impone la
necesidad de un coordinador que centralice la información y la comunicación del equipo de acompañantes
con la familia y el terapeuta.
El supervisor sería un profesional con experiencia en AT, externo al equipo tratante, a quien el at o el
equipo acude para exponer el caso en el que están trabajando, la estrategia, las intervenciones, las
dificultades, de manera puntual o sistemática. Este también puede aportar otras lecturas acerca del caso
clínico, sugerir intervenciones, material bibliográfico o colaborar a repensar la estrategia del acompañante.
El coordinador es parte del equipo de at que interviene en el caso. Aun cuando pueda no conocer
personalmente al paciente, es quien, como mencionamos más arriba, opera como un intermediario entre el
terapeuta y los at, entre la familia y los at. Por lo tanto está involucrado, es parte del sistema equipo
terapéutico; pero con una función discriminada, con mayor distancia, que precisamente le permite
funcionar como un facilitador que descomprime y hace circular las demandas en momentos en que estas
se condensan y se concentran sobre algún at, poniendo en riesgo la continuidad del dispositivo.
Desde el año 2008 fuimos modificando nuestro modo de trabajo que por entonces consistía en la
supervisión de [Link]. a la implementación de coordinaciones de los acompañamientos. Antes de esa fecha
nuestro trabajo consistía en receptar pedidos de acompañamiento terapéutico que formulaban terapeutas
o instituciones que conocían de nuestro trabajo.
A partir del análisis de la demanda se buscaba el o los a.t. para que tomaran el caso, se los ponía en
contacto con el terapeuta y/o institución y se ofrecía el espacio de supervisión (individual o grupal). Luego
quedaba a consideración del a.t. con que frecuencia supervisaba su trabajo, aunque se recomendaba una
frecuencia semanal. En cambio, al introducir la función del coordinador, el dispositivo cambia. Ya no hay
acompañamiento sin coordinador.
Cada pedido de AT, independientemente de la modalidad que adquiera el dispositivo, deviene en la
asignación de un equipo que puede estar conformado en su mínima expresión por un a.t. y un
coordinador, o por varios [Link]. y un coordinador.
Una vez que el acompañamiento comienza el coordinador se reúne periódicamente con los [Link]. a evaluar
conjuntamente la marcha del mismo y trabajar las dificultades que van surgiendo.
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El congreso internacional del acompañante terapéutico enumero las funciones del coordinador de dicho
campo:
✓ El coordinador funciona como punto de terceridad por fuera de la relación at – paciente, cortando la
vertiente imaginaria de esa relación.
✓ Para el a.t, es el otro a quien recurrir para salirse de la escena y volver a jugarla.
✓ Es a quien recurrir cuando la angustia queda del lado del acompañante.
✓ El coordinador será quien articula la instancia del tratamiento con el AT.
✓ Centraliza la información del equipo hacia quien dirige la cura y de quien dirige el tratamiento hacia
el equipo.
✓ Funciona como articulador entre las distintas instancias de un tratamiento (por ej. neurólogo –
psiquiatra – clínico)
✓ Mantiene una visión unificada del día a día del paciente.
✓ Centraliza la información.
✓ Se sostiene como referencia para el desarrollo del acompañamiento.
✓ Su disposición se caracteriza por sostener una tensión expectante.
✓ Constituye una presencia organizativa en las reuniones de equipo.
✓ No sabe (sostiene una posición de no saber) que abre a preguntas
✓ Aporta una versión del caso construida con los retazos de los acompañantes, más otros discursos
del tratamiento.
En el año 1994 altomano y Azpillaga afirman que:
La coordinación implica:
1) el planteo de objetivos junto con el terapeuta y el diseño de la estrategia junto con los acompañantes;
2) la comunicación permanente con todos los miembros del equipo (...);
3) el contacto con la familia y el paciente en lo concerniente a cuestiones administrativas;
4) la recepción de cuestionamientos dirigidos al acompañamiento en su conjunto o a un at en particular;
5) sostener la legalidad del tratamiento desde el lugar de amortiguador de los embates, para los
acompañantes abordados en forma individual, al restablecer el carácter de grupo frente a la amenaza de
fragmentación.
Llamamos supervisión a la función que se ejerce sobre la tarea del equipo de acompañantes.
Existen algunas observaciones que marcan dificultades inherentes a la función del coordinador en los
dispositivos con at. Estas se trata de simples observaciones de obstáculos encontrados en la tarea que
muchas veces conducen a callejones sin salida en los equipos y que aún requieren de mayor
procesamiento y conceptualización pero que, creemos, podrán ser reconocidos por otros colegas y ser
discutidos en adelante.
Entre estas dificultados podemos mencionar:
• La distancia respecto al caso: el coordinador trabaja con los acompañantes, escucha las
demandas de las familias, recepta inquietudes del terapeuta, pero no opera directamente con el
paciente. Esto implica que las intervenciones del coordinador van a estar dirigidas únicamente a los
acompañantes.
Esta distancia inherente a la función es al mismo tiempo una característica definitoria y puede
constituir una dificultad ya que si el coordinador no tiene claro que trabaja con distintas versiones
del caso y que su rol es de mediador y facilitador corre el riesgo de quedar atrapado en el tironeo
de las demandas de los distintos actores.
El coordinador podría posicionarse ante lo acompañantes como:
✓ El patrón: La mirada de amo preocupado en “que la cosa marche”. Aquí lo único que le preocupa
al coordinador es que el caso siga adelante “sin problemas”: sin quejas de la familia o el terapeuta,
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sin actings de los pacientes. Con una imagen de eficacia y simplicidad, opera acallando
complejidades, minimizando dificultades “menores”, no funcionando como lugar de escucha
empática y comprometida con los a.t. Promueve en el at sentimientos que oscilan entre cierta
tranquilidad de que la cosa marcha y sentirse parte de un equipo eficaz, pero si ante las dificultades
no hay un registro de escucha comprometida desde la coordinación, esto se trastocara en
sensación de ser utilizado “como engranaje que sirve mientras funcione” promoviendo una actitud
cínica a partir de sentimientos de abandono y de no ser escuchado.
✓ El profesor: Caracterizado por el apego al saber. Si el coordinador habla desde un lugar de saber
(discurso universitario) sus señalamientos serán del orden de “esto está bien, esto está mal”,
promoviendo en sus coordinados momentos de fascinación (“¡cuánto que sabe!! yo no sé nada…”),
y consecuentemente inhibición o incluso rivalidad y hasta odio. Aquí el acompañamiento pierde la
riqueza de la singularidad y la novedad del acontecimiento que pueda emerger en el encuentro de
paciente a.t. por estar pendiente de las coordenadas del saber, lo escrito y la teoría.
✓ El padre / la madre: imagos clásicas de referencia en la dinámica transferencial de los equipos. El
coordinador puede intentar desarticularlas con sus intervenciones. También promueve sentimientos
ambivalentes de amor /odio. Algo de esto siempre está presente. No es un espacio de
psicoanálisis, es un espacio laboral, pero las tensiones de las demandas se perciben.
✓ El experto: figura icónica de la posmodernidad, combina elementos del profesor, el amo, el padre.
Sabe por estudio y por experiencia, pero a diferencia del analista que debe poner en suspenso el
saber, aquí, la experiencia del experto seria garantía de que si el no experto hace lo que el experto
dice que tiene que hacer, entonces va a ser exitoso… Niega el acontecimiento y la singularidad de
cada acompañamiento terapéutico. Promoverá un a.t. inseguro y dependiente.
La supervisión del acompañamiento terapéutico
¿Existe en otros campos de la terapéutica la supervisión tal como se la concibe en psicoanálisis? ¿Es ése
el modelo pertinente para el AT? ¿Cuáles son las modalidades en que se lleva a cabo la supervisión
clínica actualmente en acompañamiento terapéutico?
En el psicoanálisis y en la psicología clínica la demanda de supervisión generalmente parte del
supervisando.
En el campo del psicoanálisis se ha trabajado mucho para conceptualizar en términos teórico-técnicos el
por qué, el cómo y el cuándo de la supervisión como parte del ejercicio profesional.
Jorge Canestri afirma que:
La supervisión es un ámbito que llega lo más cerca posible de la realidad privada de la situación
analítica.
El supervisor tiene ventaja debido a la posición que ocupa, en relación con el objeto en psicoanálisis
clínico que está formado no solo por el material del paciente sino también por la situación y la relación
analítica.
En el caso del AT, necesariamente se presentifica en la supervisión no sólo el paciente sino los vínculos y
otros significativos que interactúan con el AT y también el equipo terapéutico en sus interrelaciones,
dinámica y comunicación.
Demás esta destacar que el supervisor de AT no supervisa el equipo pero se encuentra dentro del trabajo
del at.
Donald Meltzer comenta su experiencia en cuanto a la supervisión analítica:
Se espera que (la supervisión) sea una experiencia de alimentación y no de alimentación forzada. Hay
que presentarle lo que uno tiene para ofrecer al supervisando y que este seleccione lo que le viene bien.
Uno debe evitar cualquier imposición de ideas de uno, ceñirse al material clínico y no desplazarse a
consideraciones teóricas. El supervisando debe traer el material cuidadosamente preparado. (…)Para mí
es importante tener una imagen visual de cómo es el paciente y cómo se comporta, porque eso me da la
posibilidad de participar imaginativamente en la situación analítica que sucede. Así la supervisión es muy
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disfrutable. Es como un general detrás de la línea de acción: uno está ahí con la imaginación, pero no se
lleva el peso de las ansiedades o las emociones que van directamente al terapeuta. (…) Depende del
supervisor ser tan no amenazante que los supervisados puedan traer fácilmente material honesto.
En el at la experiencia de la supervisión no suele ser tan placida, en un setting abierto donde los
elementos del encuadre no brindan el amparo que implica estar en la casa propia.
La experiencia de la psicoterapia personal es indispensable para sostener el lugar de acompañamiento
terapéutico.
Tanto la terapia personal como la supervisión están explícitamente indicados en el código de ética
profesional de AATRA como espacio necesarios en el quehacer profesional del at.
Mauer, Moscona y Resnisky han teorizado y trabajado en torno a la tarea de supervisión en psicoanálisis.
La supervisión es un espacio de revisión de los puntos ciegos del analista, sus resistencias
inconscientes, sus ideologías, su ética; es un lugar de cotejo y reformulación de las teorías en
relación con la clínica.... Un ámbito de resonancia apto para la transmisión y aprehensión del
psicoanálisis y su práctica.
La función analítica es producto de la tolerancia al dolor psíquico, de la capacidad de escucha, del
ejercicio de la decisión y de la responsabilidad que acarrea. Sin embargo, puede perderse u
opacarse hasta el límite de la anulación.
El supervisor como función tercera opera también en la mente del analista como mediador
simbólico. A veces su presencia virtual ya modifica el campo.
El espacio de supervisión de la tarea del acompañante también se ofrece como una alternativa
para rescatarse de situaciones de especularidad con los pacientes (…) El encuentro con otro
signado como supervisor, favorece una mediación simbólica, cuando se instala en el vínculo con el
paciente una configuración dual imaginaria. (…) En este sentido, el espacio de supervisión es un
encuadre protector de otro encuadre que es el de la realidad clínica.
La principal función de la supervisión es contribuir a sostener el rol del AT en su riqueza y su especificidad
junto al paciente.
Ante ese entramado de relaciones concretas y virtuales se corre el riesgo que el AT “pierda de vista” a su
paciente por estar demasiado pendiente de:
1) las indicaciones del terapeuta;
2) los señalamientos de su analista;
3) la sugerencias del supervisor y
4) las lecturas teórico técnicas recientes o más influyentes en el acompañante.
Aspectos que hacen obstáculo al cumplimiento de las relaciones técnicas para los analistas en formación:
1) los conflictos que en ese momento elaborábamos en el análisis personal.
2) La teoría que en ese momento revisábamos en los seminario.
3) La teoría que suponíamos sustentaba nuestro superior.
4) Aspectos del paciente destacados en supervisiones anteriores
5) El deseo de que el paciente permaneciera en análisis para poder cumplir el requisito curricular.
La Supervisión Clínica en AT se fundamenta en dos pilares: la teoría psicoanalítica y la experiencia clínica.
El at al estar inmerso en la cotidianeidad, el trabajar con material transferencial fuerte y contra
transferencial intenso, hace necesaria la existencia de este espacio para poder cuidarse, cuidar la labor,
trabajar mejor, etc. Las funciones de un at son tan comprometidas que necesita de un tercero que ayude a
afinar los modos de intervenciones con los pacientes.
Un supervisor debería reunir los siguientes requisitos:
1) Una amplia formación, conocer de at
2) Experiencia como at
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3) Un reconocimiento del supervisado hacia la función del supervisor.
Modalidades más frecuentes de supervisión:
1) Institucionales o particulares
2) Individuales o grupales
Acompañamiento terapéutico
“El acompañamiento terapéutico es un dispositivo que permite diseñar una estrategia adecuada a la
singularidad de cada paciente, dependiendo de la situación que el sujeto esté atravesando. Para ello el
acompañante terapéutico se insertará en la vida cotidiana del acompañado, donde este se encuentre
compartiendo con él “su mundo”, su cotidianeidad. Trabaja siempre inserto en un equipo terapéutico
colaborando, siguiendo y expandiendo la estrategia del terapeuta. Entre las múltiples funciones que puede
cumplir un acompañante terapéutico, se destacan las de contención y socialización, en tanto y en cuanto
su trabajo parte de un posicionamiento epistemológico e ideológico que entiende que las personas
aquejadas de patología mental son parte de la sociedad y su tratamiento debe realizarse, siempre que sea
posible, prescindiendo del aislamiento. Contención a través de un vínculo que posibilita que el sujeto no
sea segregado de la trama social y relacional a la que pertenece. Es una apuesta a la emergencia de la
subjetividad a través del desarrollo de un vínculo que contemple la alteridad”.
El término acompañar deriva del vocablo latino Cumpanis, el cual designaba a los compañeros que se
reunían para elaborar una materia prima, el pan.
La inclusión de un acompañante toma sentido a partir del lugar que le hace el terapeuta que conduce el
tratamiento.
La inserción del acompañante siempre un “para que” y ese “para que” se basa en una estrategia
terapéutica basada en la evaluación y comprensión que el equipo terapéutico tiene de la problemática del
paciente y de sus síntomas de acuerdo al marco teórico de referencia.
El acompañante nunca trabaja solo sino que lo hace siguiendo las consignas de un terapeuta o profesional
a cargo en el marco de un equipo interdisciplinario.
El otro elemento es que la misma se inserta en la vida cotidiana del acompañado, ingresa en el mundo
real, representacional y relación del sujeto que acompaña. Interviene en la misma de modo tal de
posibilitar cambios que tiendan a una mejor calidad de vida. Es por ello que las herramientas e
intervenciones de los acompañantes no apuntan tanto a la conflictiva intrapsiquica del acompañado, la
cual es competencia del analista, sino que priorizan los aspectos relacionales y de participación en el
espacio social público.
La psicoterapia personal y la supervisión son aspectos fundamentales del dispositivo. La referencia al
trípode de la formación clínica es esencial en el at.
Inserciones:
El at se fue ampliando a diversas patologías y diversos contextos.
En la actualidad se incluye en los diferentes momento vitales, es un recuso que se inserta en las
estrategias del tratamiento ante distintas problemáticas, crisis o trastornos en cada una de las etapas de la
vida del sujeto, es por ello que en nuestra practica fuimos observando que hay diferencias en la teoría y en
la técnica del abordaje de cada una de ellas.
El acompañamiento0 al vinculo temprano acompaña al vinculo ayudando a la madre a registrar,
decodificar las necesidades del bebe y a que ella pueda brindarle esa asistencia fundante del psiquismo
humano.
Este tipo de acompañamiento contiene a la madre para que cumpla su rol, contribuyendo a que esa mujer
no sea desplazada sustituida, destituida de su posibilidad de ejercer ese rol.
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La intervención con niños desde su nacimiento, impone cierta adecuación en el manejo de tiempo,
flexibilidad y creatividad por parte del acompañante.
Mauer, Resnisky dijeron que pensar en la infancia presupone situarla tomando en cuanta múltiple
entrecruzamientos que la determinan: el estado de indefensión del niño en etapas tempranas de la vida, la
dependencia del aparo y sostén parental, las condiciones del contexto sociocultural en el que niño está
alojado.
La inclusión del at en la infancia responde a una concepción del funcionamiento psíquico, atravesado por
una perspectiva de neo génesis. Este último término enfatiza un modo de pensar, en el que el peso del
determinismo queda relativizado, abriendo la posibilidad de recomposición, de hacerle lugar a algo inédito,
de articulación de nuevos puentes simbólicos.
El espacio de acompañamiento puede estar poblado por títeres, cuentos, juegos, fabulas, que colaboran
en mediar, organizar al niño, interlocutores de este espacio intermedio que hay que crear entre los niños y
sus acompañantes en el marco de una terapia que generalmente incluye a la familia.
En el trabajo con adolescentes es fundamental ayudarlos a trazar algún borde para evitar los desbordes
constantes de las patologías autodestructivas más acuciantes como la bulimia, la anorexia, el alcoholismo,
las conductas violentas y otras adicciones.
Debido a la necesidad de autoafirmación, dicho sujeto se niega a aceptar ayuda externa y mucho mas a
solicitarla aun cuando piense que puede venirle bien
Para el adolescente, la valoración que del haga su grupo de pares el mostrarse con un acompañante
puede constituir una herida narcisista insoportable para el joven y verse expuesto a la burla despiadada de
sus compañeros.
En la adultez los pedidos de acompañamientos más frecuentes se orientan en la depresión. En algunas
circunstancias los adultos encuentran que el devenir no fue lo que ellos esperaban cuando erqan jóvenes,
esto puede desencadenar duelos en la vida adulta. En este caso es importante tener una comprensión
global de sujeto, no recortar los síntomas del contexto que este atravesando sin que se convierta en
justificación.
En esta misma franja etaria muchas veces se hace necesario acompañar a personas con diagnósticos
previos de discapacidad.
En la vejez el desvalimiento del sujeto mayor, por la precarización de los vínculos que la modernidad
impone, sumados a que por motivos antes expuestos se ha extendido la expectativa de vida de las
personas, aun cuando sus funciones físicas y mentales estén deterioradas. La mayor demanda en esta
área es a causa de demencias, el Parkinson pero también la soledad va deviniendo en perdida de
facultades cognitivas y afectivas, de la ausencia de vínculos naturales de socialización.
Para una mejor exposición los presentamos ordenados según la problemática que abordan y según el
ámbito según se solicita e acompañamiento o en el cual se desempeña la tarea, entendiendo que estas
son clasificaciones que tienen como finalidad facilitar la presentación pero que en la práctica no se
excluyen mutuamente, sino que aparecen interrelacionadas.
La condición de un diagnostico o una circunstancia vital no conllevan la necesidad de incluir una estrategia
de acompañamiento.
Según la problemática a abordad podemos distinguir los campos referidos a:
Salud mental: en esta área se refiere a todas aquellas problemáticas que tradicionalmente han
sido abordadas terapéuticamente por la psiquiatría y la psicología, enfatizando lo dicho
anteriormente respecto a que el acompañante trabaja en aquellos casos que ofrecen una mayor
dificultad en el tratamiento, ya sea por las dificultades de simbolización de estos pacientes, el déficit
en el control de impulsos, la falta de contención familiar o social adeudada
Adicciones,
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Discapacidad-diversidad: esta es una de las áreas más amplias en la inserción de
acompañantes, tanto la discapacidad mental, los trastornos severos del desarrollo como la
discapacidad física adquirida. Colaborando en la formación de apoyos que permitan al sujeto una
mayor autonomía e independencia del medio ambiente. En todo grupo familiar en el que hay un
miembro que padece una discapacidad- diversidad (congénita o adquirida) se instauran
modalidades vinculares. Es frecuente observar la sobre protección al sujeto, así como la dedicación
casi exclusiva a su cuidado de algún miedo de la familia. Esta situación suele desembocar en
sentimientos de ambivalencias estados de tensión y estados depresivos. La inserción de una
acompañante puede colaborar a descomprimir los vínculos familiares permitiendo que tanto el
paciente como sus familiares experimenten momentos en que otros se hacen cargo y que pueden
tener espacios y tiempos separados el uno del otro.
Trastornos neurológicos y Demencias: estos constituyen un amplio campo de trabajo para los at
y las consultas para este tipo de casos son cada vez más frecuentes. Las demencias en general
requieren la realización de ejercicios y tareas cotidianamente para estimular cognitivamente al
paciente o requieren atención domiciliaria, ejercicios físicas, caminatas, etc. Consideramos que la
atención y la promoción de la subjetividad de los sujetos acompañados es necesaria en situaciones
de derrumbe y perdidas identitarias.
Pacientes con Enfermedades orgánicas crónicas o en estado terminal: aborda lo subjetivo de
la enfermedad siguiendo las consignas de psicólogos y psiquiatras ampliando estrategias en lo
cotidiano en todo lo referido a la situación y adherencia al tratamiento así como la aceptación de la
enfermedad. Campise sintetiza el rol del at diciendo que se puede acompañar a cada persona que
va a morir ayudándolo en un contacto que no elimina la muerte sino que pone al paciente en
relación con esta, como en el nacimiento.
Vulnerabilidad social
Situaciones vinculares judicializadas: este ámbito aborda a familias que por diversos motivos se
encuentran en proceso de Re vinculación dispuestos por tribunales de familia. La implementación
del at tiene que ver con promover un espacio más cotidianos para estos encuentros con la
intención de evitar una mayor judicialización de la conflictiva familiar. La inserción del at en este
ámbito permite que las visitas se lleven a cabo en lugares como el domicilio de uno de los padres o
algún lugar público. Dado que la familia que se acompañan generalmente atraviesa por situaciones
conflictivas, signadas por acontecimientos de violencia física y/o simbólica en la que se ha
producido un avasallamiento subjetivo de los niños. Su función específica implica acompañar el
vínculo en resguardo de la integridad física y psíquica del acompañado.
Problemáticas escolares: estas requieren un at para abordar terapéuticamente a niños o
adolescentes y brindarle la posibilidad de sostener la escolaridad, anticipando, conteniendo,
planificando. La demanda de las estrategias del acompañamiento tiene que ver con problemáticas
de socialización o conductuales, trastornos de conflictiva psíquica que interfieren en el procesos
educativo. Los at se insertan en los distintos niveles educativas para alojar al acompañado en un
dispositivo que le permita apuntalar a construir condiciones psíquicas y vinculares que posibiliten el
aprendizaje.
Momentos e indicaciones
La etapa diagnostica aporta información invalorable que acerca de la dinámica familiar, las interacciones,
el lugar de residencia del paciente, su modo de actuar y comunicarse. Puede recorrer los laberintos
productores de subjetividad del acompañado en la interacción con su mundo. El equipo accede de esta
manera a información que no tendría en otras circunstancias lo cual permite contar con más elementos
para pensar un diagnostico situacional y una estrategia terapéutica.
Durante el proceso terapéutico puede suceder que irrumpan situaciones de crisis agudas de personas que
hasta el momento eran tratadas con estrategias básicas.
En estas situaciones la instrumentación de un at puede contribuir al sostenimiento del sujeto y del
tratamiento, durante el proceso terapéutico de las personas en tratamiento prolongados, la inclusión de la
figura del at le permite sostenerse en la trama social, alojando su padecimiento de manera de evitar
internaciones y otras intervenciones que lo aíslen y estigmaticen.
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Resumen Introducción al Acompañamiento Terapéutico Año 2020
Otra situación en la que el AT ha demostrado su utilidad es en el proceso de externación de personas que
han necesitado de una internación psiquiátrica. El pasaje brusco del ámbito controlado y aislado de la
internación al afuera de la institución suele plantear una exigencia inmanejable para quien tiene un frágil
aparato psíquico y a quien los vínculos cercanos no pudieron sostener adecuadamente. El sujeto sale de
alta y al salir vuelve al medio donde se encontraba antes de la internación.
La inclusión de un acompañante, colabora a construir puentes con el afuera, anticipar situaciones
angustiantes, elaborar las ansiedades inherentes a esta situación y a que tanto el paciente como su familia
se preparen mejor para el momento de la salida; favorece la reinserción social y la búsqueda de un lugar
donde vivir y hasta un trabajo, siendo menor el índice de reinternación”
Modalidades de acompañamiento terapéutico
El acompañamiento se inserta en una institución acorde a una estrategia de un equipo. El ingreso a la
institución incluye el atravesamiento de las pautas instituyentes e instituidas que se convertirán no solo en
un telón de fondo sino que forma parte de la escena en la que el acompañamiento sucede.
En la institución pueden insertarse con el fin a acompañar un sujeto a partir de la demanda del equipo
sosteniendo una estrategia desde la particularidad del caso, llamaremos a estos acompañamientos,
individuales.
Estrategias grupales de acompañamiento. La función del acompañante en un grupo es en definitiva
acompañar al grupo a los fines de que se pueda desarrollar la tarea propuesta. La mirada del
acompañante estará atenta a la dinámica grupal, teniendo disponibilidad para trabajar con un miembro de
manera puntual, si esto fuera necesario.
El acompañamiento también se desarrolla ambulatoriamente es decir fuera de la institución,
acompañando al sujeto en su vida cotidiana. En un acompañamiento puede intervenir un acompañante o
varios acompañantes de acuerdo a la posibilidad vincular, y de la cantidad de horas a cubrir.
Se realiza una internación domiciliaria, estableciendo turnos rotativos de acompañantes que abarcan las
24 horas del día, o las horas diurnas o las horas nocturnas, según la estrategia planteada. Es una
estrategia que se implementa en casos de alto riesgo de auto o hetero agresión.
El dispositivo de acompañamiento permite incluir a la familia en caso que la indicación así lo indique a
través de abordajes familiares.
Acompañamiento terapéutico situacional, es una intervención terapéutica que se propone en forma
sincronizada y conjunta con los profesionales que evalúan o asisten a las familias en consulta. Se trata de
una inclusión en el contexto familiar con objetivos acotados a explorar, detectar y/o ayudar a modificar
dificultades que hacen obstáculo en la interacción entre sus miembros.
No tiene contornos que puedan definirse a priori, su singularidad consiste en que el acompañante tiene
como interlocutores distintos miembros de la familia.
Bustos definió el acompañamiento dual implica trabajar con dos acompañantes al mismo tiempo y en la
misma escena.
La técnica apunta a que sea la familia quien configure el campo de acción; son los asistidos quienes
realizan la elección sobre a quién comunicar sus vivencias; no determinamos previamente el familiar con el
cual cada uno va a trabajar.
El acompañante desde la empatía, puede aportar una sensación de auxilio, trabaja a partir del
reconocimiento del otro como semejante y diferente.
La posibilidad del acompañante de incorporase en la vida cotidiana, permiten trabajar terapéuticamente
desde la diversidad y la singularidad, favoreciendo una mayor eficacia clínica.
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Resumen Introducción al Acompañamiento Terapéutico Año 2020
El acompañamiento terapéutico como dispositivo implica la condición de insertase en la vastedad de vida
cotidiana del otro.
Existen 3 elementos definitorios del rol: el trabajo en equipo, lo vincular y lo cotidiano.
En primer lugar el trabajo en equipo responde a la herencia del at en argentina surgido como un rol
auxiliar, el acompañante nunca trabaja solo, se incluirá en una estrategia terapéutica a partir del lugar que
le hace quien dirige el tratamiento. El AT es pensado en los últimos años como un “dispositivo”, incluyendo
así la complejidad de aspectos, actores y escenarios que lo constituyen.
El vínculo que se establece es el fundamento de esta clínica particular, es la herramienta y el aspecto
central del acompañar.
En la vida cotidiana el at se inserta en la cotidianeidad del paciente donde este se encuentre ya sea una
institución, su casa u otro lugar. Este aspecto del rol es propio del acompañamiento terapéutico marcando
un campo propio, distinto de los demás miembros del equipo terapéutico.
El acompañante se inserta en la vida cotidiana para hacer otras cosas, para tomarla como campo de
trabajo, abordando no solo el sujeto singular sino también el mundo que lo rodea, su mundo material y su
mundo de relaciones.
Si entendemos al sujeto siguiendo a Najmanovich “no como una sumatoria de capacidades,
propiedades o constituyentes elementales sino como una organización emergente El sujeto adviene como
tal en la trama relacional de su sociedad, el trabajo del at en la vida cotidiana implica el trabajo con la
subjetividad del otro.
Isidoro Berenstein, devenimos sujetos a través del vínculo con los otros, el otro tiene un lugar primordial
en el proceso de constitución psíquica y de subjetivación, por lo tanto podríamos decir que “Somos en la
medida que somos con otros”.
Ana Quiroga define vida cotidiana como “… la manifestación inmediata, en un tiempo, con un ritmo, en
un espacio, de las complejas relaciones sociales que regulan la vida de los hombres en una época
histórica determinada… se manifiesta en un conjunto de hechos, actos, objetos, relaciones y actividades
que se nos presentan como acciones, un mundo en movimiento”
Ana Quiroga manifiesta que, “La vida cotidiana se manifiesta como un conjunto heterogéneo y
multitudinario de hechos, actos, objetos, relaciones, actividades, que se nos presentan en forma
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Resumen Introducción al Acompañamiento Terapéutico Año 2020
"dramática", es decir, como acción … La conforman la familia que constituimos, la revista que leemos, la
televisión, el cine, el teatro, la casa que habitamos, etc. Se organiza alrededor de la experiencia de la
acción del aquí de mi cuerpo y del ahora de mi presente, un mundo subjetivo, social, compartido, que yo
experimento y que vivo con otros… La forma que adquiere día tras día nuestra historia individual… Implica
reiteraciones de acciones vitales, en una distribución diaria del tiempo. La cotidianidad es espacio, tiempo
y ritmo. … es predominantemente experiencia de acción, mecanismo irreflexivo, no es consciente. …Los
hechos se aceptan como partes de un todo conocido, autoevidente. “como que simplemente es”
Canales Cerón, refiere que “En la esfera de los eventos cotidianos todo ocurre con la evidencia de lo
sabido: no hay acontecimiento o irrupción de sentido a interpretar. El sujeto observa y se observa en
medio de un mundo sabido, donde todo ocurre según lo previsto. Mundo de la obviedad. Hay dos modos
de indicar lo obvio: como lo que no se ve y como lo que se da por visto… En ese fluido de normalidad la
conciencia observadora ni pregunta ni interpreta. Todo ya está situado en su lugar y entre ellos, el sujeto
transcurre sin hacerse presente como el que soporta todas las distinciones que estructuran esa realidad
Ana Quiroga refiere que esta valoración de lo cotidiano como autoevidente e incuestionable se realiza
a través de un mecanismo de la ideología dominante. Encubre lo cotidiano lo muestra como “la realidad”.
La ideología naturaliza lo social, universaliza lo particular y a temporaliza lo histórico. La vida cotidiana se
vuelve de orden natural, universal, inmodificable.
Sin embargo la autora, “plantea que es posible interpelar los hechos, problematizarlos. Desmitificar, al
romper el velo de la familiaridad se produce una distancia que permite que el sujeto sea cognoscente.” Es
interesante como platea desde la psicología social la posibilidad de realizar una crítica a la cotidianidad.
Dice, Primero experimentándola viviéndola, segundo establecer una ruptura con lo familiar.
La vivencia que tiene el acompañante de la cotidianidad es muy intensa, penetrante, solemos decir de
trinchera. Por ello incluimos dentro del andamiaje del acompañamiento terapéutico tanto la coordinación
de los acompañantes, como las supervisiones y la terapia personal del propio at.
Leonel Dozza plantea …“intervenir en los contextos comunitario y domiciliario impone un cambio
paradigmático en la práctica clínica, y a su vez conceptualizaciones acordes con esta otra estructura que
es la Clínica de lo Cotidiano.”
El acompañante, puede con su presencia hacer una ruptura con lo natural, lo obvio, lo familiar, puede
preguntar, interpelar algunos aspectos de esa realidad y de los vínculos. Su simple presencia
desnaturaliza, pone evidencia, saca al otro de ese ritmo de la rutina del mundo en movimiento
La cotidianidad es ese espacio, tiempo y ritmo. Los acompañantes trabajamos en el espacio, Dice
Palombini “Concibiendo al cuerpo como espacio, al mismo tiempo exterior e interior, con el cual el hombre
se encontraría parcialmente identificado aunque indisolublemente vinculado, Bollnow considera de forma
análoga la relación del hombre con su casa, a la cual toma como una expresión parcial de la totalidad de la
persona incidiendo sobre sus determinaciones y teniendo el poder de transformarla.”
La vivencia subjetiva del tiempo el acompañante entra en esa vivencia cotidiana del tiempo del otro, tan
disímil como variable, ajustada o desajustada. La vivencia del tiempo sin tiempo de las instituciones
totales, del tiempo detenido de la psicosis, el tiempo acelerado o a veces saltando , no solo en las distintas
patologías sino también en las distintas circunstancias que nos toca vivir, el tiempo a veces se nos pasa
volando a veces lento, eterno
Los Ritmos de lo cotidiano, la rutina, repetición acompasada de hechos movimientos tres dimensiones de
la cotidianeidad, tres dimensiones del rol del acompañante terapéutico en la vida cotidiana.
Si la vida cotidiana es acción, detenerse a reflexionar, a planificar, a observar y observarse implica un
movimiento en la relación del sujeto con sí mismo y con el mundo que lo rodea.
El trabajo como acompañante en lo cotidiano presenta algunos riesgos entre ellos está la posibilidad de
que los acompañamientos prolongados este mundo compartido se vuelve cotidiano para el acompañante,
el acompañante puede ingresar en este mundo irreflexivo que se resiste al cambio y dejar de ver. El
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sistema absorbe de manera tal que su presencia que se vuelve natural y no devela sentidos con el riesgo
de dejar de ser terapéutico.
Acerca de los ideales en la práctica del acompañamiento psicoterapéutico
Objetividad, neutralidad y verdad son algunos significantes en nombre de los cuales se han desarrollado
diversas prácticas en diferentes épocas.
El acompañamiento terapéutico, en tanto práctica humana, tiene un carácter social, es decir que responde
en sus orígenes a una determinada coyuntura que permite su emergencia (que podemos situar en
Argentina en la década de 1960) y se desarrolla asimismo como un "campo" que si bien contiene sus
especificidades, no se reduce a una cuestión técnica aislada y neutral sino que se inserta en la trama de
un marco de referencias más amplio de teorías y prácticas sociales.
Parece difícil entonces concebir las prácticas que inciden sobre los sujetos como algo ajeno a diversos
ideales de cultura. Una determinada teorización vigente que se posiciona como una de las opciones
posibles entre otros conocimientos, y que constituye un determinado saber dentro de una trama de
saberes en conflicto por el poder, no es algo ajeno a la cuestión de los ideales.
¿Cuáles son los ideales en una función aparentemente técnica? ¿Cuál es la problematización que amerita
su uso en las prácticas terapéuticas?
Consideramos a los ideales como una cierta orientación previa que marca la dirección hacia la cual algo se
realizaría adecuadamente, es decir que se trata de aquello que un agente se empeña en realizar en
función de determinados modelos subjetivos.
El problema parece situarse en la imposibilidad de establecer una diferenciación entre los ideales del
agente de la práctica y lo que el acompañado puede realizar a partir de su subjetividad, sus posibilidades y
sus propios ideales.
El problema de anteponer la subjetividad propia a la del paciente es algo que ha sido extensamente
desarrollado por el psicoanálisis. En "Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico" Freud (1979)
advierte sobre la importancia de realizar un análisis personal a los fines de no proyectar aspectos
inconscientes sobre el analizado, así como para desplegar una escucha que no resulte limitada por las
propias resistencias.
Lacan (1981) pone en cuestión que, según él considera, en algunas corrientes se emplea el propio yo
(también utiliza las expresiones: sistema de mundo, masa ideacional y referencias culturales) como
medida de la realidad a la cual los pacientes deberían adaptarse.
En una relación terapéutica no solo pueden influir aspectos inconscientes, sino que además los ideales
pueden ser utilizados en forma consciente y deliberada.
El acompañamiento no consiste en una suerte de corrección moral basada en determinados parámetros
hegemónicos acerca de cuáles son las mejores formas de sentir, pensar o vivir.
También puede ser que se olvide la dimensión subjetiva, cuando la obligación de permanecer despierto, o
abstinente al consumo de sustancias no obedece a ninguna consideración acerca de cómo esto pudiera
estar funcionando como estabilizante en una determinada estructura psíquica sino que responde
puramente al deber ser.
Ahora bien ¿Es posible una práctica del acompañamiento terapéutico que sea neutral, que haga del
acompañante terapéutico un agente "neutro"?
Es posible que en una práctica analítica, se logre no poner en juego preferencias personales, así como no
adjuntar deseos propios, abstención asociada a lo que Lacan (2006) llamó "el deseo del analista".
La práctica del acompañamiento terapéutico, sin embargo, difiere considerablemente de la escucha
analítica. Se inserta generalmente en un dispositivo con una determinada función a veces preconfigurada
por los lineamientos terapéuticos generales, que como ya se ha consignado, pueden ser de tipos diversos
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y responder a diferentes ideologías subyacentes. El acompañante además suele permanecer con el
acompañado durante lapsos de tiempo y frecuencias considerables, en el medio físico y social habitual del
paciente, con una implicación a veces escasa por parte del mismo. Suele, también, tender a viabilizar o no
determinados desarrollos prácticos orientados a los más diversos fines, por ejemplo a la concreción de
derechos humanos, o bien a la normalización de conductas conforme a requerimientos institucionales .
La neutralidad práctica implicaría la existencia de un punto exacto dentro de la diversidad de lo social que
estaría exento de toda tendencia, de todo saber previo, de toda teoría. La neutralidad indicaría la ausencia
de todo ideal de lo que consideramos un acompañamiento terapéutico, de todo marco de referencia.
Neutral podría ser una roca que sin tiempo ni gravedad flotara por el espacio. Lo que caracteriza al hombre
no es la neutralidad sino la subjetividad, de modo que toda intervención va a estar atravesada por esta
dimensión.
El acompañante terapéutico, agente de una praxis actual cuyo origen se remonta a una determinada
demanda histórica y social, parecen no poder concebirse como agentes neutrales. ¿Esto implica que no
hay otra opción que una suerte de práctica mecánica en cuanto dirigida solamente por los ideales a los
que el acompañante terapéutico suscribe? ¿O bien por el contrario, que se debe procurar una máxima
neutralidad, al punto de que cuando, por ejemplo, un paciente intente terminar con su vida no se profiera
un sí ni un no, sino que se haga silencio creyendo que de esa forma no se emite significante alguno?
La adhesión a determinados ideales de la praxis no puede ser evitada, así como tampoco es menester que
sea negada, esto es, simular una neutralidad inexistente. De lo que se trataría en todo caso es que dicha
adhesión no implique por sus formulaciones mismas la obturación de la dimensión subjetiva de las
personas.
El paradigma que se adopta al desarrollar un acompañamiento psicoterapéutico carece de neutralidad en
cuanto se basa justamente en una determinada interpretación del conflicto humano. Esta interpretación,
este molde previo de la praxis, al incluir la dimensión de lo singular como elemento fundamental, hace del
paciente un “ser humano” y de la palabra (o el lenguaje en sus diferentes formas) una manifestación
subjetiva.
El acompañamiento terapéutico como dispositivo
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Dispositivos de frontera
Lo vincular:
La noción de vinculo que tal como lo entendemos esta liado a la lógica de dos y a la idea de devenir.
Enrique Pichón Riviere desarrollo la idea de vinculo. Willy y Madeleine Baranger hablaron de la situación
analítica como campo dinámico. Estos mismos autores definieron el concepto de ANALISIS entendiendo a
este como el encuentro profundo de dos subjetividades intensamente comprometidas en la tarea de
promover las transformaciones psíquicas del analizando.
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El acompañamiento terapéutico como instancia de subjetivación
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Manifiesto anti-asistencialista – Dozza
Se entiende por asistencialismo todas aquellas actitudes, intervenciones, acciones, formas de encuadrar
y llevar a cabo determinadas actividades etcétera, en las que los profesionales tienden a atender, cuidar,
organizar o apoyar a los usuarios más allá de sus necesidades, e incluso en detrimento de sus
necesidades fundamentales de desarrollo personal.
Esta dinámica genera un tipo de vínculo fundamentalmente paternalista-dependiente, en el cual los
profesionales se posicionan como portadores de aquello que los usuarios supuestamente necesitan a la
vez que los usuarios quedan relegados a ocupar el lugar de sujeto pasivo y demandante, o sea: el lugar
del déficit y la dependencia.
El asistencialismo vendría a “denunciar” el hecho de que los profesionales no creen en las capacidades
potenciales y actuales de los usuarios, por más que en el ámbito discursivo se defiendan teorías
“modernas”, “democráticas” y de exaltación de sus capacidades y competencias.
El asistencialismo y lo asistencial
Lo contrario del asistencialismo es el abandono.
Sobre todo usuarios muy regresivos, desorganizados o en situación de crisis psicopatológica y psicosocial,
pueden necesitar diferentes grados de apoyo asistencial, tales como: que se les llame diariamente por
teléfono para despertarles y motivarles para que acudan al Centro, intervenir activamente en todo lo
relacionado con sus asuntos personales disponiendo para ello de acompañamientos y apoyos destinados
a asegurar, mediante una actitud activa y asertiva, una cobertura mínima de sus necesidades básicas.
Este apoyo asistencial táctico también puede operar como facilitador de la vinculación con usuarios que
presentan graves dificultades en este sentido.
Por lo tanto, un alto grado de apoyo asistencial no es necesariamente asistencialismo, siempre que dicho
apoyo asistencial esté en relación con la situación y necesidades del usuario.
Sobre todo, dicho apoyo asistencial necesario no será asistencialismo si está encuadrado desde una
estrategia rehabilitadora, lo cual implica la intención estratégica de ir retirando los apoyos asistenciales en
la medida en que el usuario pueda tramitar dicha retirada.
En términos esquemáticos: en el asistencialismo se asiste para luego seguir asistiendo; mientras que
desde la perspectiva de la recuperación, si se asiste, se asiste tácticamente para luego poder rehabilitar o
promover experiencias de recuperación.
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El principal apoyo que se le puede brindar a un usuario es la confianza en su capacidad para recuperarse.
Decir que, si el asistencialismo refleja la falta de confianza en el usuario, el abandono sería mas bien la
negación de esta falta de confianza, lo cual puede manifestarse bajo la forma de “pseudo confianza
desproporcionada”.
Ser o no ser es la cuestión
El Asistencialismo es un fenómeno “universal”.
Si bien es cierto que diferentes equipos pueden manifestar diferentes grados de asistencialismo, resulta
más productivo pensar que lo que puede llegar a diferenciar unos de otros, es en qué medida cada equipo
dispone de herramientas que les facilite percatarse de sus acciones asistencialistas, dado que este darse
cuenta es lo que luego posibilita desmarcarse de ello.
Algunos efectos del asistencialismo:
Podemos destacar que existe una relación entre el asistencialismo y el sentimiento de culpa.
El sentimiento de culpa es un modo especifico de ansiedad que por lo general nos cuesta tolerar; de ahí
que ante este dolor psíquico nuestra mente utilice una serie de defensas, como pueden ser la negación, la
racionalización y la proyección (“el otro es culpable”).
Cabe destacar que el sentimiento de culpa también opera como favorecedor de mecanismos mentales y
relacionales sanos; es algo que nos ayuda a cuidar nuestras relaciones afectivas y hacernos “mejores
personas”.
Sin el sentimiento de culpa la vida social seria imposible de sobrellevar.
El sentimiento de culpa también ocurre de forma individual.
En la salud mental, el sentimiento de culpa impulsa los mecanismos de reparación en el individuo, es
decir: la necesidad de hacer algo para reparar el daño que hicimos o sentimos haberle hecho al otro o a
nosotros mismos.
Podría decirse que haga lo que haga, todo ser humano lleva consigo un monto de sentimiento de culpa y
(en la salud) de alguna forma, a modo de reparación, necesita aportar algo a sí mismo, a sus seres
queridos y a la sociedad en general. Esta aportación personal produce entonces una reducción de la
ansiedad culposa, un mayor bienestar y en general una mejoría en las relaciones interpersonales del
sujeto.
Resulta fundamental brindar oportunidades para que usuarios y familiares hagan su aportación y participen
activamente en su proceso de recuperación.
Las fuentes del asistencialismo
El asistencialismo es un fenómeno vincular que consiste en dar una respuesta asistencialista a una
demanda que también lo es.
El asistencialismo deriva de varias fuentes que podrían clasificarse, en cuatro dimensiones, a saber:
1) La dimensión Personal:
Algunos profesionales pueden presentar una mayor tendencia o predisposición al
asistencialismo, lo cual puede deberse a:
a) Falta de formación específica en rehabilitación de personas con enfermedad mental.
b) Experiencias profesionales previas en recursos más asistenciales, como pueden ser los
Servicios de Ayuda a Domicilio, Centros para personas con retraso mental o algún tipo de
invalidez física, Samur Social, etc. En estos casos, las principales acciones correctoras son
la formación específica en rehabilitación y la supervisión.
c) La estructura de personalidad y “estilo” derivados de la historia personal del profesional; una
mayor dificultad para tolerar la frustración, así como la tensión derivada de las demandas
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asistencialistas (por parte de familiares, otros profesionales). La dificultad para contener la
ansiedad propia suele fomentar una mayor tendencia a la (sobre)actuación. En estos casos
también son fundamentales la formación y supervisión, aunque en algunos casos no son
suficientes. Si ello es así, habría que valorar la conveniencia de una psicoterapia personal o
bien que ese profesional se dedicara a una labor más acorde con su perfil.
2) La Grupal:
La “cultura” del equipo, la filosofía de rehabilitación con la que opera, el marco
teórico desde el cual fundamenta su práctica, las líneas y
filosofía de trabajo que marca el director, etcétera, también van a influir en el grado de
actuaciones asistencialistas.
En esta dimensión, las actuaciones de cada profesional se entienden desde el
contexto grupal en que está inserto. Ello se evidencia en el hecho observable, en muchos
casos, de que un mismo profesional puede trabajar de formas muy distintas según el
equipo en que esté.
Desde una perspectiva intergrupal, cabe tener en cuenta la presión que otros
equipos y grupos pueden ejercer sobre el equipo mediante quejas y demandas asistencialistas.
3) La Institucional:
ahora corresponde señalar que dicha “cultura” se va construyendo en función de las idiosincrasias
de los miembros del equipo en función de las “culturas” de las instituciones con las que se
relaciona.
4) La Cultural:
En esta dimensión incluimos los valores culturales vigentes.
Era en que la noción de proceso (en el tiempo) pierde fuerza, lo cual se ve incrementado
además, por la exigencia de eficiencia, eficacia y calidad. Todos estos valores culturales tienden
fomentar en los equipos la necesidad de asegurar resultados rápidos. El asistencialismo sería un
intento fallido de dar cuenta de estas exigencias y valores culturales. Es decir, si los profesionales
hacen la gestión y el trámite por el usuario, queda contabilizado el resultado, lo mismo que si se le
limpia la casa, se le dice cómo tiene que vestirse, etc.
Asistencialismo y análisis de la demanda
Hay demandas más objetivables y otras más subjetivas, “demandas fantasmas” dichas por “voces sin
boca”.
Como ejemplo de “voces sin boca” podríamos mencionar el caso del equipo de una planta de psiquiatría
que afirmaba que la institución no les permitía a los profesionales realizar actividades externas con los
pacientes. simplemente “estaba dicho”, era así porque siempre había sido así.
Un servicio de tipo más asistencial, como puede ser la Ayuda a Domicilio, debe de tener en cuenta la
cuestión de la demanda.
Siempre que haya una demanda de tipo asistencial, resulta fundamental hacer un análisis de la demanda
En el asistencialismo no hay análisis de la demanda, de modo que el profesional tiende a dar aquello que
el otro demanda. Esta dinámica promueve una dependencia crónica, en el sentido de que el usuario
aprende a formular sus necesidades psicosociales y su dolor psíquico en términos de demanda
asistencial.
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Algunas conceptualizaciones sobre el at con adolescentes
Pensar el rol del acompañante con pacientes adolescentes, requiere especificaciones teórico clínicas
que den cuenta de las particularidades propias de este momento vital, a partir de las cuales se posibilite
construir estrategias de intervención específicas.
Es por ello que la construcción de una noción de adolescencia que incluya la complejidad de esta etapa de
límites etarios indeterminados, se torna fundamental para teorizar modos de intervención que aborden y
contengan la llamada conflictiva evolutiva diferenciándola de aspectos psicopatológicos.
Se propone pensar la adolescencia como una puesta en desorden, diferenciándola de desorganización,
que promueve la emergencia de nuevas organizaciones.
Postular la adolescencia como momento de producción de subjetividad, partir de la interconexión de lo
intra, inter y transubjetivo, implica superar la mirada del adolescente como alguien que padece cambios
físicos ligados a determinado momento evolutivo, en pos de concebirlo como un sujeto activo que realiza
un trabajo de historización, con la finalidad de elaborar su propio proyecto identificatorio.
La adolescencia se caracteriza por diversos procesos que imponen una exigencia de trabajo psíquico.
Constituye un momento de anudamiento biológico, psíquico y social, en el que el sujeto sufre cambios y
transformaciones que requieren ser metabolizados y significados psíquicamente.
Piera Aulagnier sostiene que la tarea que le compete al adolescente es la de historiarse, trabajo simbólico
necesario para arribar a la adultez, en tanto posibilita un pensar propio que permite reconocerse y
diferenciarse.
El proyecto identificatorio, es llevado a cabo por el yo e implica la construcción de la propia historia
pasando de modelos parentales (yo infantil) a la creación de la autobiografía.
Proyecto Identificatorio: enunciados sucesivos por los cuales el sujeto define su anhelo identificatorio, es
decir su ideal. El “proyecto” es lo que, en la escena de lo consciente, se manifiesta como efecto de
mecanismos inconscientes propios de la identificación.
Para construirlo, el adolescente deberá investir el pasado para crear un proyecto futuro, tiempo inédito
pero enlazado al hilo de la genealogía. Puesto que,” El pasado contiene todos los cimientos que le sirven
al sujeto para la construcción de su edificio identificatorio y de su mundo relacional.”
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La elaboración del pasado infantil que realiza el yo del adolescente genera un proceso de reordenamiento
psíquico que hace de este periodo una puesta en desorden de la que emergen nuevas organizaciones.
Kancyper dijo que la adolescencia es un punto de llegada en un momento en el que es posible
comprender retroactivamente traumas e inscripciones infantiles, que con posterioridad cobran efectos
patógenos. Y como punto de partida, implica la reorganización del aparato psíquico a partir del
reordenamiento identificatorio necesario para la construcción de la identidad.
En este proceso, la reorganización de las identificaciones cobra especial relevancia, puesto que será la
disolución de lazos afectivos con objetos primarios (desidentificación) la que posibilitará nuevas
identificaciones exogámicas.
Además, el tiempo intermedio entre la desligazón libidinal y el hallazgo de nuevos objetos, permite
comprender el incremento del narcisismo, el autoerotismo y el paso al acto como modo de taponar la
sensación de vacío propios de los adolescentes.
En el armado del proyecto identificatorio, Piera Aulagnier postula que interviene un fondo de
memoria, definido como conjunto de representaciones infantiles conservadas, que aporta dos funciones al
yo en su trabajo de historiador. Por una parte, garantiza un registro identificatorio que posibilita que el
sujeto se referencie a un sistema genealógico, para conservar la mismidad y continuidad del yo en un
trasfondo de permanente cambio. Y por otra construye un capital fantasmático como reservorio de
improntas afectivas producidas a partir del encuentro con otros, a las cuales el sujeto recurrirá para
realizar nuevos investimentos.
En este Interjuego identificatorio, signado por contradicciones y ambivalencias, la presencia del otro
operará como sostén y organizador, ya que “es por la historia de la relación con sus objetos como el yo se
construye la suya propia”
En la adolescencia, el vínculo con los otros propicia la revisión del proyecto identificatorio y lo
complejiza, posibilitando que no sólo se adecue a la estructura deseante sino también a la trama vincular.
Para logarlo, el adolescente requiere puntos de permanencia estables y plásticos a la vez, como condición
para que dicho proceso de cambio no implique la desestructuración del yo. Ya que cuando los trabajos
adolescentes, involucrados en el armado del proyecto identificatorio, son obstaculizados inter o
intersubjetivamente es común la aparición de patologías.
Reflexiones sobre la clínica del acompañamiento terapéutico con adolescentes.
La adolescencia es acompañar a pacientes que atraviesan este momento vital reviste complejidades que
exigen teorizaciones específicas al respecto.
Como punto de partida se propone que el acompañamiento terapéutico con adolescentes requiere la
construcción de un dispositivo de trabajo en el que la discriminación de aspectos evolutivos, de otros
elementos que constituyen rasgos psicopatológicos, es una tarea constante.
La importancia clínica de esta diferenciación es crucial, puesto que permite establecer modos de
intervención específicos que apuntan a que el acompañamiento terapéutico se constituya como un espacio
que aloje el despliegue de ambivalencias y transgresiones inherentes a la conflictiva adolescente, pero que
al mismo tiempo promueva el trabajo terapéutico en relación a lo psicopatológico.
Es por ello, que la pregunta sobre lo que es esperable en este proceso debe circular constantemente para
quienes emprenden la tarea de acompañar adolescentes. Ya que, en éstos, a diferencia de otros
pacientes, manifestaciones como la trasgresión del encuadre, el oposicionismo, las ambivalencias
afectivas, entre otras, constituyen un motivo de alerta cuando no son expresados.
Acompañar la construcción del proyecto identificatorio requiere que el acompañante pueda incluir y no
minimizar las urgencias y dramatismo propios de los adolescentes.
Se podría pensar al acompañamiento terapéutico como un espacio transicional, que propicia la circulación,
el movimiento y la presencia del acompañante como un aliado que, sin ser cómplice, represente otro
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significativo cuyas intervenciones apunten a generar cambios en la relación dinámica entre las realidades
intrapsíquica e intersubjetiva.
El acompañante terapéutico se vinculará con la lógica adolescente y no desde la lógica
adolescente,
Esto requiere conocer, comprender e incluir códigos y modismos de los pacientes, sin que ello implique
apropiarse de los mismos. Interjuego vincular en el que, abstinencia y asimetría de rol mediante, estar
como par sin ser un par propicia el trabajo terapéutico.
Es por ello que, teniendo en cuenta que “El desasimiento de la autoridad parental y fraterna es una
operación necesaria pero también angustiante para el desarrollo humano, y puede ser denegado cuando
en el vínculo padres e hijos prevalecen relaciones de objeto de tipo narcisistas y/o pigmaliónico, en los
cuales el otro no es considerado ni diferente ni separado” la presencia del acompañante como un otro que
sostiene la diferencia de la brecha generacional, favorece condiciones que dan lugar a la emergencia de la
necesaria confrontación para la construcción de la identidad.
Asimismo, la dimensión de lo vincular y fundamentalmente el lugar que ocupa el otro en relación a la tarea
identificatoria en la adolescencia, otorgan un matiz singular y complejo a la dinámica transferencial. Es así
que, la inestabilidad propia de los adolescentes promueve un despliegue transferencial que se caracteriza
por ser masivo y ambivalente, ya que por un lado el acompañante será un modelo identificatorio, pero a la
vez representa algo del mundo adulto-parental del que el adolescente busca desasirse.
Dicha situación coloca al acompañante terapéutico en una difícil posición, ya que deberá sostener los
vaivenes afectivos que en él despliega el paciente. Movimiento pendular en el que, sin razón aparente,
pasa de ser requerido y valorado a ser blanco de hostilidades.
La condición misma de la adolescencia la constituye como un momento privilegiado para la primacía del
acto, es por ello que uno de los objetivos en el acompañamiento con adolescentes es sostener la
posibilidad de pensar. Para lo cual se torna necesario acudir a elementos intermedios y traducir de
diversos modos la tendencia a la acción.
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Resumen Introducción al Acompañamiento Terapéutico Año 2020
En esta tarea, así como en el trabajo con niños el juego cobra un papel preponderante, películas, música,
libros, revistas, se convierten en un recurso de gran valor para el acompañamiento; en tanto representan
un espacio intermedio que posibilita hablar de la intimidad y realizar intervenciones mediadas que evitan
que el paciente las viva como persecutorias.
La inclusión de dichos recursos también posibilitará la creación de condiciones de simbolización, función
primordial al acompañar adolescentes, en tanto la confusión e incertidumbre inherentes a esta etapa de la
vida, afecta la capacidad de pensar y trasmitir lo pensado y genera dificultad respecto a qué y cómo
comprender e interpretar lo percibido.
La importancia de estos recursos se haya en que posibilitan simbolizar y metaforizar una conflictiva que no
puede ser puesta en palabras. Esto implica, por un lado, la creación de un espacio de figurabilidad para los
cambios que atraviesa el paciente y, por otro, la apertura de un escenario para la elaboración de aquello
que se presenta como un obstáculo en la construcción de la propia identidad.
Acompañar el proceso de construcción del proyecto identificatorio implica lidiar con obstáculos propios de
un momento de duelo e incertidumbre que, recurrentemente, posicionan al acompañante terapéutico ante
situaciones de difícil resolución. Pero también posibilita acompañar una oportunidad inédita de procesos
de reescritura identificante.
En estos casos acompañar es promover condiciones de simbolización historizante, que permitan a los
pacientes reelaborar formas rígidas de interpretar su historia hasta entonces escrita.
Acompañar en la tarea de escritura de la propia historia es intervenir en una actividad constructiva.
El rol del Acompañamiento Terapéutico Perinatal
Este es un acompañamiento que trata de construir un vínculo de apego seguro entre ambos, madre/bebé.
Acompañar el proceso de materialización, donde en algunos momentos el acompañante se identifica con
el bebé poniéndose en ese lugar para que la madre pueda decodificar sus necesidades en un lenguaje
más familiar, y en otros momentos identificándonos con la madre que nos permite vivenciar los
sentimientos, preocupaciones, deseos, temores frente a este bebé y desde ahí poder intervenir.
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acompañamiento terapéutico en los tiempos de estructuración psíquica
El acompañamiento terapéutico en la infancia plantea alternativas significativamente distintas al abordaje.
Se inscribe entre las múltiples modalidades de “auxilio ajeno” con que se proporciona al niño alivio
psíquico.
Pensar en la infancia presupone situarla tomando en cuenta los múltiples entrecruzamientos que la
determinan. Ellos son:
1. El estado de indefensión del niño en etapas tempranas de la vida.
2. La dependencia del amparo y sostén parental.
3. Las condiciones del contexto sociocultural en el que el niño está alojado.
El desamparo humano da al otro un lugar y una función primordial. Para pensar en la estructuración
subjetiva necesitamos del otro primordial. El semejante posee un carácter constitutivo de la vida psíquica
que es a la vez fundacional y traumático.
En el comienzo de la vida, la función simbólica materna es la que ejerce la actividad representacional.
Las discursividades propias de la infancia nos determinan para armar dispositivos clínicos acordes a sus
recursos y lenguajes predominantes.
La inclusión de acompañamiento terapéutico en la infancia responde a una concepción del funcionamiento
psíquico, atravesado por una perspectiva de neogénesis.
Neogénesis: modo de pensar, en el que el peso del determinismo queda relativizado, abriendo a la
posibilidad de recomposición, de hacerle lugar a algo inédito, de “articulación de nuevos puentes
simbólicos”. Se trata de “generar nuevos modos de producción simbólica que posibiliten la fundación y
recomposición de los aspectos fallidos del funcionamiento psíquico con el objeto de disminuir el
sufrimiento e incrementar la potencialidad de pensar”.
Anna Freud realizo el siguiente aporte: en el contacto con el niño los profesionales carecemos de criterios
consensuados en torno a la complejidad y severidad del padecimiento del niño. Situar el problema por el
que se consulta, no es sencillo.
La misma autora también propone el criterio integral de evaluación clínica que agrupa seis categorías
diagnósticas:
1. A pesar de los trastornos manifiestos de la conducta diaria, el crecimiento de la personalidad del
niño es esencialmente saludable y su padecimiento cae dentro de la amplia gama de las
“variaciones de lo normal”.
2. Las formaciones patológicas existentes (síntomas) son de naturaleza transitoria y pueden
clasificarse como productos secundarios de las tensiones del crecimiento.
3. Existen regresiones permanentes de los impulsos hacia puntos de fijación previamente
establecidos que conducen a conflictos del tipo neurótico y dan lugar a las neurosis infantiles y a
los trastornos del carácter.
4. Existen regresiones de los impulsos como en el caso anterior, más que regresiones simultáneas
del yo y superyó que conducen a trastornos de infantilismo, condiciones limítrofes, delincuencia o
psicosis.
5. Existen deficiencias primarias de naturaleza orgánica o privaciones tempranas que distorsionan el
desarrollo y la estructuración, y producen personalidades retardadas, defectuosas y atípicas.
6. Existen procesos destructivos (de origen orgánico, tóxico o psíquico, de origen conocido o
desconocido) que han interrumpido el crecimiento mental o están a punto de hacerlo.
La evaluación de un niño, dice Anna Freud “está constituida por datos de diverso valor y que se refieren a
campos y capas diferentes de la personalidad infantil.
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La articulación de datos de naturaleza estructural, dinámica y genética, y también la economía pulsional,
hacen al perfil “metapsicológico” de un niño. Este perfil debe ser contextuado en relación con un entorno
familiar determinado, que facilita en mayor o menor medida la integración del niño.
Un perfil tendrá sentido si lo pensamos como un referente, un modo de organizar el material clínico, con el
objetivo de situarnos frente al problema por el que se nos consulta. También resulta ser una herramienta
útil si tenemos en cuenta la heterogeneidad de profesiones que conviven en el tratamiento de niños.
Dentro del paradigma de la complejidad, la metáfora de la red permite atravesar clausuras disciplinarias y
acercarse al conocimiento, siempre desde otro ángulo, para abordar la relación sujeto-vínculo- cultura.
La interdisciplina se produce con discursos distintos que se ligan cada uno con su transferencia de trabajo,
pero sin recubrirse ni yuxtaponerse. Uno de sus valores más preciados es articular lo diverso con el texto
propio, tomando en cuenta las múltiples encrucijadas que desafían la consistencia productiva de las
distintas perspectivas y especialidades.
Apuntalar a la familia
El psiquismo infantil necesita modelar a miedos, fobias o modos de sostén para acotar la angustia que lo
excede. Las manifestaciones sintomáticas revelan un trabajo elaborativo, el de transformar la angustia en
miedo.
“El adulto puede actuar impidiendo que una conmoción desmorone categorías (en el niño) o altere su
construcción”9 Se refiere a aquellas categorías que hacen a la estructuración psíquica y a la producción
subjetiva: Ausencia-presencia, posible-imposible, permitido-prohibido, animado-inanimado son algunas de
ellas. Frente a situaciones de alto impacto emocional en el niño, puede ocurrir que se produzca una
desorganización de categorías adquiridas en las primeras etapas de constitución del aparato psíquico.
¿Autismo o Esquizofrenia infantil?
Tustin alude a los niños autistas como “prematuros psicológicos” que funcionan encapsulados en su
propia caparazón protectora y a los niños esquizofrénicos, los denomina “confuso-enmarañados”.
El niño autista la evita con la mirada, en el contacto, mientras que el niño esquizofrénico se muestra
confundido con ella.
El terror de los niños autistas está enlazado a la aniquilación vivida como amenaza de no ser (agujero
negro).
La ausencia de disponibilidad mental de la madre en los comienzos de la vida es una de las marcas
determinantes de psicosis en la infancia. “Se trata de una tragedia común a la madre y al niño” dice Tustin.
Esto nos advierte sobre el riesgo de endosar linealmente responsabilidades, como si se tratara de
voluntades intencionalmente despreocupadas. A falta de interacciones emocionales satisfactorias, la
contaminación del vínculo temprano con frecuencia está enlazada a fenómenos depresivos intensos en
Duelos sin metabolizar, vínculos muy interferidos de las madres con sus propios padres, dificultades serias
de pareja son algunas de las situaciones que dejan a las madres “de cuerpo presente, pero sin cabeza”.
Desconectadas, “en otra”, “colgadas” son algunas de las expresiones con las que los chicos se refieren al
infortunio emocional padecido. Sin resto para investir la relación materno-filial, este déficit de libidinización
tiene fuertes efectos en la constitución psíquica del niño.
Respetar la distancia y el timing que la contratransferencia nos va planteando, suele resultar útil frente a la
enorme impotencia que produce no entender al niño.
La destreza motriz con la que se manejaba Nicolás para encajar elementos sueltos es característica en
niños autistas, quienes pueden pasar largos períodos de tiempo dedicados atenta y ágilmente a
maniobrarlos.
Con frecuencia, nos encontramos en la clínica con estructuras psicóticas en la infancia que alojan en sí un
“bolsillo autístico”, una especie de núcleo encapsulado, generando un cuadro mixto 12. La autora refiere,
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además, que las barreras autísticas pueden derrumbarse frente a la irrupción de estímulos estreso
génicos. En esos estados, el terror del niño es a enloquecer, a dejar de ser.
La falta de amparo parental deja al niño más expuesto al desvalimiento. Las cicatrices de la infancia son
secuelas del destino de las vivencias traumáticas.
“La disponibilidad de representaciones es el recurso necesario para enfrentar situaciones de peligro. A
mayor auxilio representacional, mejores posibilidades de simbolización.”
Al no encontrar un “sentido de ser” (Tustin), ni un soporte suficiente que los proteja en su indefensión,
buscan autogenerar mecanismos de protección. Desarrollar caparazones duras en las que refugiarse de
las amenazas que los acosan al costo de la retracción y desconexión del mundo exterior.
La dirección en la que se orienta un equipo terapéutico es la de instaurar una “envoltura-sostén”
alternativa.
La angustia que producen panoramas emocionales tan desoladores, pueden llevarnos a imaginar
evoluciones demasiado auspiciosas.
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UNIDAD 4:
Acompañamiento terapéutico grupal
Los dispositivos de AT Grupal se ajustan a las necesidades de las instituciones por lo que van adoptando
diferentes modalidades en los distintos lugares.
Entonces, al hablar del AT Grupal no nos referimos a un campo homogéneo; bajo ese nombre se inscriben
experiencias disímiles.
Es frecuente encontrar en instituciones de salud mental actividades grupales al estilo de talleres que
son coordinados por técnicos y que tienen como objetivo, entre otros, transmitir una técnica o un saber a
un grupo. Se trata de talleres centrados en una tarea, donde el grupo de asistentes suele ser estable y
se acuerda un tiempo de trabajo conjunto que permita el desarrollo de los objetivos propuestos.
Son los profesionales a cargo del tratamiento quienes hacen la derivación para el taller, generándose un
espacio de intercambio entre ambas instancias.
Los talleres proponen un encuadre de trabajo que los miembros deben respetar para participar del mismo.
Estos espacios cuentan con un coordinador o técnico que lleva adelante la propuesta del taller, en algunas
instituciones cuentan, además, con coordinadores terapéuticos y en muchos casos se incorporan
acompañantes terapéuticos.
Los acompañantes tienen aquí un lugar diferente al de acompañar a quien coordina el taller a desarrollar la
tarea programada. El a.t. tiene en el dispositivo del taller un lugar y una función de acuerdo con su rol.
Una variante de esta modalidad1 es la inserción de acompañantes en grupos terapéuticos o en espacios
grupales de promoción de la salud en instituciones públicas.
Graciela Bustos Sostiene que el acompañante ingresa a estos grupos en dos modalidades distintas: (1)
como apoyatura al sujeto que ingresa a un grupo y que requiere acompañamiento para transitar esta
experiencia.
Por otro lado (2) el acompañante terapéutico como parte del equipo de coordinación para realizar
contención en momentos de desborde dentro del espacio grupal o sostener la participación de sujetos con
marcado déficit. Al respecto, Graciela Bustos dice: “La incorporación del A. T. al equipo de coordinación de
este grupo, permitió desplegar un trabajo dentro y fuera del espacio grupal que garantizara la contención
de aquellos pacientes que presentaban mayores dificultades, tomando la iniciativa y apoyando al sujeto
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para que logre comprender las consignas y realizar la tarea o contener un desborde o una crisis imprevista
durante la sesión. Esto ayuda al paciente con cierto déficit de comunicación a habitar un espacio social, lo
que favorece su proceso de recuperación.”
Talleres coordinados por acompañantes.
Son talleres institucionales en los que las actividades propuestas se convierten en excusas para el logro
de otros objetivos, por lo general tendientes al trabajo con lo vincular, con lo social.
Esto permite que los talleres tengan encuadres flexibles que dan lugar al seguimiento de:
1. el devenir del proceso del grupo;
2. el proceso de cada uno de sus miembros y
3. el proceso de los acompañantes, trabajando desde la singularidad.
Si bien los at planifican una actividad es posible que tengan que dar lugar aquello que surge como
emergente en la dinámica grupal.
Como la actividad que nomina al taller no es el objetivo principal puede modificarse sin perder la esencia
del dispositivo que apunta a la interacción entre los miembros del grupo, a la vinculación de los pacientes,
entre otros.
Como en todo dispositivo terapéutico, es muy importante pautar el encuadre, el rol de los acompañantes,
los días y horas de encuentro, las actividades propuestas, el trabajo en grupo y el respeto por los
compañeros del grupo.
Rivarola coordinador del programa “Rampa, espacio de acomañamiento y rehabilitación” sostiene que “Los
llamados talleres son actividades-estímulo, actividades-excusas, que hacen de objetos intermediarios para
posibilitar al paciente, diferentes modos de expresión de lo que siente y experimenta, y que a veces no
puede nombrar, así como también posibilitar el establecimiento de algún vínculo, poner en juego algo del
orden del lazo social, por precario que sea.”
La propuesta de los talleres va variando de acuerdo con los intereses de los pacientes y las habilidades de
los acompañantes.
Una característica distintiva de “La Rampa” es que su propuesta se dirige a pacientes internados.
“La dinámica particular que presentan los grupos que participan de las actividades es que cambian día tras
día. Los participantes nunca son los mismos.
Se establecieron algunas pautas para los at, como la de no leer las historias clínicas de los participantes
hasta después de los primeros encuentros, promoviendo de esta manera que la relación se establezca por
fuera de los preconceptos y prejuicios que el conocimiento de un diagnóstico y una historia pudiera
ocasionar.
Comparando las dos modalidades comentadas hasta ahora, podemos decir que si bien ambas situaciones
son acompañamientos en grupo, la modalidad de cada una es diferente y las funciones del acompañante
se modifican en relación al dispositivo.
Otras modalidades de at grupal
El dispositivo recreo proponen lugares de encuentro en espacios públicos para que los acompañantes que
circulan por la ciudad puedan concurrir con sus pacientes y allí encontrarse con otros acompañantes y
otros pacientes.
Su coordinador refiere que “Recreo porta el sentido político del acompañamiento. La actividad de los
coordinadores va en línea con la promoción de la integración de los participantes en un dispositivo que
tiende a borrar las etiquetas con las que uno llega (...) es una función ligada a la constitución de un
espacio que opere de soporte para el establecimiento del lazo.”
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Los acompañantes se insertan en el dispositivo con el fin de acompañar a un grupo, se establece un
encuadre de trabajo con el sujeto de acuerdo a lo objetivos planteados por el equipo tratante.
Todo aquello que favorezca la posibilidad de estar y compartir con otros. Así el acompañante en un grupo,
tiene una mirada en los sujetos que conforman este grupo y promueve un espacio en el cual el sujeto
pueda desplegar su subjetividad dentro del mismo.
A diferencia de los acompañamientos individuales en los que se diseña una estrategia para un paciente en
el marco de un trabajo en equipo, en los dispositivos grupales muchas veces no hay una derivación y un
trabajo conjunto con los terapeutas tratantes.
Escribiendo una historia
En los últimos congresos organizados por la AATRA se presentaron trabajos con distintas miradas y
experiencias sobre esta temática, lo que demuestra una necesidad compartida de pensar la práctica, de
inscribirla, de buscar anclajes teóricos que nos permitan articular la experiencia.
Susana Kuras de Mauer y Silvia Resnizky sostienen que “los acompañamientos grupales son viables y
resultan de utilidad en determinadas patologías y para algunas actividades en especial” y también que “la
idea de promover acompañamientos grupales coincide con la ideología de trabajo que propone acercarse
a ayudar a un paciente y su familia con la convicción de que no debe quedar aislado y recluido”.
Pulice y Rossi en 1994 incluyen dentro del grupo de tratamientos que tienen como referencia el marco
institucional, a la modalidad grupal: “se trabaje con un grupo de pacientes en actividades internas a la
institución o salidas con uno o más acompañantes terapéuticos”,
En 2004 se llevó a cabo una jornada en Córdoba la cual conto con la presencia de Silvia Resnizky. En esta
jornada se llevó a cabo una supervisión abierta de la experiencia de AT Grupal. Teníamos la necesidad de
compartir con otros en un intento de poner palabras, abrir interrogantes y buscar algunas respuestas.
Al año siguiente, S. Kuras y S. Resnizky retoman lo trabajado conjuntamente en un apartado dedicado al
AT Grupal: “El acompañamiento terapéutico grupal es una práctica frecuente en instituciones asistenciales.
Ante la dispersión de los agrupamientos y la pérdida de referentes y vínculos de sostén, el grupo aparece
como un espacio privilegiado de subjetivación que permite movilizar las potencialidades y ser promotor de
resiliencia.” (...) “En el caso de los acompañamientos grupales el grupo cumple con la función de sostén y
apuntalamiento psíquico y genera una red de apoyo y un ámbito de pertenencia. Favorece el intercambio
horizontal, el pensamiento y el juego”.
Refieren, asimismo, que las intervenciones del acompañante terapéutico deberán propiciar las condiciones
para que se realice la tarea que el grupo se ha propuesto, interviniendo en el caso que se produzcan
conflictos o interrupciones que impidan la concreción de las propuestas; así como favorecer el armado de
una trama vincular cuando se dan vínculos radiales con el acompañante.
A partir que el AT Grupal se va insertando en la sociedad surge la necesidad de incluir en la formación de
los futuros acompañantes contenidos que los habiliten para estas prácticas, que les den más elementos de
lectura de los procesos grupales e individuales dentro de un grupo.
Constansa Gigante se pregunta“¿Se puede hablar de Acompañamiento Terapéutico grupal? Si es así,
¿sería acompañamiento a un grupo, en un grupo?, ¿cuál sería su especificidad?”
Y responde con algunas ideas que nos orientan:
“Creo que el AT es posible en los grupos, y no solo posible sino valioso. Digo en un grupo porque el
acompañante se inserta en el mismo, interactúa, participa, y la manera específica en que lo hace (la
especificidad está dada por su formación), puede propiciar que el Acompañamiento Terapéutico
acontezca... Esto requiere pensar el acompañamiento no como una tarea sino como una función (...) en
los acompañamientos en un grupo, es también tarea del acompañante (además de posibilitar el despliegue
individual del sujeto) velar por la supervivencia del grupo. Es decir, favorecer una dinámica de interacción,
propiciar la participación, generar pertenencia, posibilitar el desarrollo de la tarea (...) podría decir que lo
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Resumen Introducción al Acompañamiento Terapéutico Año 2020
que se acompaña es el desarrollo del proceso grupal. Cada uno de los miembros del grupo evoluciona en
sus posibilidades de “ser y hacer con otros”, lo que lleva al crecimiento y desarrollo del grupo.”
María Eugenia Rossi (2010) describe el Dispositivo de AT que se implementa en la Clínica Clara del Mar,
de la ciudad de Mar del Plata, en el Taller de estimulación de las Funciones Cognitivas. Propone que en el
dispositivo:
“...la posición del AT por fuera del discurso amo, absoluto, completo, acabado, propicia esta lógica del
encuentro donde al ubicarse como un otro chiquito, incompleto, barrado, par, permite acotar lo infinito del
goce. Uno más que mediatiza, que intercede participando como par y sirviendo como soporte para que
algo del orden de la invención y creación emerja: el AT como alguien mediatizando, haciendo
monigotadas, intercediendo de alguna manera, permitiendo acotar el goce.”
Esta misma autora refiere que utilizar lo lúdico, la invención y la creatividad constituye una senda para
construir algo distinto.
Graciela Bustos (2010) afirma que “El grupo es parte de las redes sociales que les permiten a las personas
con padecimiento psíquico sostenerse en la vida cotidiana. Acompañar a estas personas y atenuar los
síntomas de su sufrimiento, es parte de la tarea del acompañamiento Terapéutico. El grupo permite
reconstruir apoyos para el psiquismo; dar lugar a la singularidad, albergar esa particular forma de ser y de
vincularse con el mundo; respetar sus tiempos, su delirio, su manía, su tristeza, sin que le demanden estar
bien para ser aceptado y tolerado en el espacio grupal.”
El dispositivo grupal, es un “espacio privilegiado para el encuentro entre sujetos que, atravesados por la
crisis, necesitan de los otros para recuperar recursos, rescatar potencialidades, pensar y sentir en un
entramado, en una red tejida en la intersubjetividad; un lugar con los otros frente a la ausencia de lugar en
una sociedad colapsada; una escucha compartida para significar el sin sentido”.
El AT Grupal como modalidad específica del AT, puede constituirse en un potente promotor de encuentros
que contribuyan a que las personas aquejadas por la enfermedad mental, por segregaciones sociales, por
discapacidades y estigmatizaciones se redescubran en los vínculos y las miradas con otros, semejantes, y
puedan devenir nuevos sujetos en esos vínculos.
Acompañamiento dual, familias complejas – Graciela bustos
Para comprender este trabajo es necesario partir de ciertos conceptos teóricos y realizar algunos
planteamientos previos respecto sobre varios temas:
• Grupo primario: es aquel en el que el individuo adquiere un nombre, aprende a amar y ser amado,
comprende significados, descubre quién es basado en sus características psicofísicas, asume roles
de conducta, crea hábitos, se comunica y establece patrones para sus relaciones afectivas. La
familia es un sistema intermediario entre la sociedad y el individuo, es el portador inicial de un
discurso que determina la inscripción histórico-social y el mediador del contrato social que para que
cada persona sea reconocida como miembro de determinada cultura.
• Familias disfuncionales: grupo primario conflictuado. La palabra disfuncional dice que la familia
‘no funciona’, es decir, no cumple labores atribuidas por la sociedad.
• Grupos secundarios: el individuo integra otros grupos de pertenencia y referencia que inciden en
la producción de nuevas identificaciones manteniendo el apuntalamiento del psiquismo. Son grupos
sociales donde la interacción es más formal, con una regularidad establecida por la estructura
institucional. Se forma por la conciencia de intereses y necesidades. Estos grupos sociales
permiten adquirir habilidades para sobrevivir, valores, creencias.
• Matrices de Aprendizaje: modalidad con la que cada sujeto organiza y significa el universo de su
experiencia; su universo de conocimiento. Socialmente determinada incluye no sólo aspectos
conceptuales, sino también emocionales, afectivos y esquemas de acción. Es una estructura
abierta, en movimiento, susceptible de modificaciones. El sujeto tiene necesita saber, explorar lo
real buscando gratificación. La madre y la familia significan la experiencia. Se van gestando
modelos internos más permisivos y favorecedores del encuentro sujeto-realidad; o más represivos
y empobrecedores de esta relación. Las matrices de aprendizaje emergen en la familia, donde se
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reconocerán o desconocerán las necesidades del niño, legalizando unas descalificando otras. Se
significan así la experiencia y sus procesos de aprendizaje.
• La noción de psiquismo abierto: plantea que el psiquismo se constituye a partir de una matriz
grupal – la familia o grupo primario - desarrollándose las primeras configuraciones vinculares. Se va
a constituir así la identidad personal. El aparato psíquico requiere para su formación tanto de la
función de continente como la de corte. Por otra parte está abierto a diferentes situaciones de la
vida, es decir que no queda instituido de una vez para siempre, sino que es susceptible de
modificaciones significativas en la historia del sujeto, en un proceso permanente de
instituido/instituyente
• La estructura vincular no es estática, como tampoco lo es la construcción de la subjetividad. Los
lugares y funciones vínculares sufren alteraciones como también el desarrollo del propio psiquismo.
La noción de subjetividad, acorde con un sujeto en permanente construcción, está ligada a lo que
la Dra. Janine Puget (1998) llama psiquismo abierto. Es una subjetividad en la que cada irrupción
del otro, cada avasallamiento, cada dominación, enfrenta a una puesta a prueba que reclama una
nueva apropiación para poder ser y pertenecer.
Los sujeto consultantes vienen por lo general de contextos familiares con problemáticas muy complejas y
la mayoría de estas familias son altamente conflictivas; no pueden contener a sus miembros, muestran
dificultades en su socialización y, frecuentemente, ello está acompañado por fenómenos como el
alcoholismo, drogadicción, violencia, agresividad, que naturalmente afectan el crecimiento y desarrollo de
sus integrantes. Además, también es bastante común que estén atravesados por problemáticas sociales
como el desempleo, la falta de vivienda o acceso a la educación.
Se requiere de una gran flexibilidad en el trabajo con estas familias, encuadres menos estructurados para
encontrar formas de aproximación a la dinámica familiar y estabilizar un tratamiento posible, utilizando el
recurso del acompañamiento terapéutico como enlace con el equipo tratante.
El hospital público está atravesado por un Interjuego dialectico entre el campo de la clínica y el campo
psicosocial.
Las problemáticas de muchas familias tienen su origen en la realidad material y social que atraviesan:
desempleo, problemas laborales, falta de acceso a la vivienda o al sistema educativo, violencia social,
entre otros. Estas situaciones generan malestar, inciden en la subjetividad y condicionan las posibilidades
de contención familiar y recuperación del sujeto.
Habitualmente se solicita intervención del A.T. desde el equipo tratante, integrado por psicólogos,
psiquiatras, trabajadores sociales, enfermeros, quienes conocen al paciente y a su entorno familiar; ellos
han realizado previamente entrevistas y, en algunos casos, visitas domiciliarias.
Se sugiere la inclusión de un A.T. para garantizar se sostenga el tratamiento investigando otros posibles
apoyos vinculares, los cuales sólo desde la intervención institucional no se pueden visualizar. El objetivo
es ayudar a la persona en crisis para superar este momento logrando la estabilización por un tratamiento.
Los acompañamientos duales se inscriben en el marco de las intervenciones múltiples familiares las
cuales nacieron trabajando en familias muy demandantes, con problemas internos de larga data, sin
adherencia al tratamiento y depositación de todas sus dificultades en uno solo de sus miembros.
El acompañamiento dual implica trabajar con dos acompañantes al mismo tiempo y en la misma escena.
Ambos sostienen el mismo encuadre temporal y espacial, llegan juntos y se van juntos; deben ser muy
flexible, tolerantes, esperar que la familia haga los primeros movimientos, deben mantenerse expectantes,
dispuestos a la escucha y evitar cualquier tipo de intervención directiva.
El primer objetivo era neutralizar la hostilidad primaria de los vínculos familiares; generando un espacio
propio y de escucha diferenciado para cada uno de los integrantes del grupo familiar.
En la supervisión semanal analizamos los distintos registros que tienen los A.T sobre las demandas que
reciben y con quien se sienten más cómodos a la hora de escuchar, contener, realizar tareas respetamos
siempre la elección que realizan los sujetos asistidos; es importante que entre los A.T. exista un código
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común para intervenir si es necesario, esto lleva unos días de puesta en práctica y ajuste. La consigna es
que se debe seguir al que tomo la iniciativa y luego de terminado el acompañamiento se discute y se
revisan los acuerdos y desacuerdos que puedan surgir. Es fundamental un clima de confianza entre los
A.T.
Acordamos con Kuras y Resnizky (2011) que estas intervenciones no tienen contornos que puedan
definirse a priori, y es desde el interior del dispositivo de donde surgen las propuestas. “Se trata de una
inclusión en el contexto familiar con objetivos acotados a explorar, detectar, y/o ayudar a modificar,
dificultades que hacen obstáculo en la interacción entre sus miembros”.
Desde esta perspectiva consideramos al A.T. como un soporte social para que emerja el sujeto y tengan
lugar algunos procesos subjetivadores. Solo así es posible generar un espacio donde el vínculo sujeto-A.T.
dé lugar a la autonomía, la creatividad, la ensoñación. El sujeto se convierte en protagonista, puede
transformar sus condiciones vitales, trabajar la disposición al cambio y la posibilidad de innovar. El A.T.
apuntala y suplementa a un otro que busca emerger como sujeto, crea y sostiene espacios para que esto
acontezca.
Familia donde predomina el encierro endogámico:
El principio de realidad se ha ido perdiendo, las familias se han ido alejando de sus espacios sociales, se
aíslan creando normas propias, las cuales los alejan de las convenciones habituales. Los A.T se incluyen
en este contexto como portadores de las normas sociales, y - como puente con el exterior - ayudan a
retomar el contacto perdido, restableciendo vínculos.
Leonel Dozza (2014) nos habla de la “transferencia familiar” y puntúa la desmesura de la función
materna con el menoscabo de la función paterna.
Familia expulsiva, fragmentada:
El trabajo de las A.T permite al paciente salir de su encierro, adherir al tratamiento y expresar su deseo de
vivir en familia.
A través de visitas domiciliarias, llamados telefónicos y citaciones intentan vincular familia con equipo
tratante. Ello da por resultado que ésta adquiriera cierta conciencia sobre la enfermedad del hijo, a la vez
que la necesidad del tratamiento continuo, con preocupación por encontrar una vivienda digna.
El dispositivo de Acompañamiento Terapéutico Dual nos ha permitido trabajar con las familias
logrando encontrar espacios donde todos sean escuchados. Ello genera que desciendan las ansiedades y
se puedan pensar alternativas de cuidado menos costosas para todo el grupo familiar y también para el
equipo tratante, el cual a veces se siente ante un frontón, mientras percibe a la familia, muchas veces,
como un obstáculo insalvable.
Los acompañantes no solo habilitan un lugar para el que sufre sino también para su familia, trabajando de
modo simultaneo con ambos; porque son éstos, su entorno más próximo, quienes contendrán al paciente
cuando los A. T. finalice su tarea.
Acompañamiento familiar situacional:
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Indigestión psíquica: efecto de violencia que impacta atacando la capacidad de pensar. (bion)
Acompañamiento terapéutico espontaneo
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Ahora bien, esta modalidad como se lleva a cabo cuenta con características diferenciales y únicas por
estar delimitadas por la institución y las particularidades del rol del AT, en el ATE.
La intervención en este momento de la Internación propiamente dicha, requiere del AT de una
consideración que es la de contextualizar la crisis por la cual el paciente ingresa al hospital, siendo él, en
algunas ocasiones, incapaz de entender o consentir la misma. Pues aquí entran en cuestión diferentes
características del encuadre del ATE.
En primer lugar, la disponibilidad, es decir, estar disponibles para ir al encuentro con el otro, que es un otro
que necesita ser escuchado desde un lugar diferente, no desde la medicalización que tapona su síntoma,
ni desde una critica a su delirio o un perjuicio de su locura individual, sino desde una escucha abierta a su
pesar, a su realidad, sin presupuestos teóricos, ni un rol asistencialista o distante, sino desde una
disponibilidad al lazo, a reforzar su lazo con otro, el AT.
En segundo lugar, el enganche como una reacción, que consiste en que determinado paciente nos llega
de un modo particular, nos conmueve, nos interesamos particularmente por lo que nos cuenta, nos saca
del lugar y de la actitud profesional. Consideramos el acompañamiento como un prestarse al enganche,
haciendo lugar a la locura, que se despliegue de su decir.
Otra característica refiere al vínculo. En la modalidad de ATE se posibilita, a través de sucesivos
encuentros, sin la presentación previa del rol, el devenir de una mutua elección entre acompañante y
paciente.
Estos objetivos básicamente están relacionados con posibilitar al paciente una escucha y a partir de esto,
facilitar el entendimiento de la hospitalización, tratando de abordarla como un espacio terapéutico y no de
castigo. Así como también, que el paciente pueda hablar de su internación, buscar y encontrar juntos el
porqué; reconocer las mejorías a lo largo de las semanas de internación; hablar de lo que le pasa respecto
a los efectos de la medicación; lo que siente ahí dentro, hablar de quien o quienes son los que lo esperan
afuera.
Desde esta modalidad, se trabaja con el equipo para la elaboración de objetivos específicos y estrategias
terapéuticas posteriormente al encuentro con el paciente, luego del “enganche”, sobre todo en aquellos
cuya internación es más extendida, por distintos motivos.
Criterios de intervención vincular - Eduardo cossi.
El objetivo de esta unidad es que se reconozca, el lugar y la importancia que ocupan, las contribuciones
del modelo conductual y cognitivo comportamental de la psicología y las áreas de habilidades sociales, de
comunicación, de resolución de conflictos y de toma de decisiones.
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Modelo Cognitivo Integrativo del Acompañamiento Terapéutico – Tolosa
Kalina llamo Amigo Calificado al agente de salud que se desempeñaba en tratamientos convencionales
que fracasaban o eran insuficientes. Estos términos pasaron a denominar una estrategia alternativa que se
aplicaba cuando la internación clásica y la medicación no alcanzaban para los fines terapéuticos
propuestos.
La denominación de at hace referencia a un recurso clínico especializado que opera desde un abordaje
psicoterapéutico inserto en un equipo profesional, desde una experiencia intersubjetiva, donde su función
se genera en el espacio transicional del vínculo.
Se postula al acompañante como un otro, un testigo–soporte que apuntala y suplementa, como un prójimo
cercano favorecedor del proceso resiliente del individuo.
El 85% de la bibliografía consultada:
• posee un marco teórico psicoanalítico de referencia, el 15 % restante se reparte en enfoques
psicosociales e integrativos.
• Un factor común es la presencia de un director o supervisor de tratamiento.
• Se utiliza el vocablo acompañante como una propiedad terapéutica en sí misma
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Desde el modelo cognitivo–integrativo se da relevancia de la función Auxiliar Terapéutico (AXT) al
desempeño de este agente de salud, lo cual revaloriza y especifica aún más su función como un medio
para alcanzar un fin en el marco de un plan de tratamiento.
¿Por qué se denomina cognitivo?
Debe decirse que, en términos generales, se concibe que el cambio que se busca con todo plan
terapéutico ocurra en los procesos cognitivos, los cuales son entendidos como mecanismos
representacionales involucrados en la perturbación y en la generación de alternativas en el sistema de
procesamiento de las experiencias vividas.
Según Beck, el postulado central del modelo cognitivo supone que las perturbaciones psicológicas
tendrían como factor común una distorsión del pensamiento, que influiría en el estado de ánimo y en la
conducta de las personas.
Keegan afirma: Los modelos cognitivos, más allá de sus diferencias epistemológicas o teóricas, conciben
al hombre como constructor de significados.
Aron Beck denominó psicoterapia-cognitiva al corpus de conocimientos que estaba desarrollando,
mientras que Albert Ellis, a quien también se considera como unos de los pioneros de este modelo,
denominó terapia racional a su gesta teórica.
Beck, Rush, Shaw y Emery denominaron esquemas a los patrones cognitivos relativamente estables que
conforman la base de la regularidad de las interpretaciones de la realidad.
La asunción de la capacidad atribucional de las personas, que tiene como objetivo controlar los sistemas
psicológicos que permanecen en una retroalimentación permanente.
Los esquemas son un continuo que van desde lo activo a lo inactivo y de lo modificable a lo inmodificable.
Los esquemas que están siempre activos son los hipervalentes, mientras que los latentes se activan en
situaciones particulares.
Primero adquieren un fuerte matiz de adaptación al intentar que la persona superviva psicológica y
físicamente.
Los autores sostienen que los contenidos de los esquemas son las creencias, conformadas por la relación
entre los esquemas y la realidad. Las creencias son todo aquello en lo que se cree, son operaciones
internas de los esquemas que permiten dar sentido al mundo y que se construyen y generalizan a través
de la experiencia. Existen diferentes tipos de creencias:
a) nucleares (aquellas que forman el self del individuo, que son difíciles de cambiar, que dan el sentido de
identidad y que conforman la idiosincrasia),
b) periféricas (relacionadas con aspectos más secundarios, son más fáciles de cambiar y tienen una
menor relevancia que las nucleares).
Denominó pensamientos automáticos a aquellos pensamientos que aparecen en el fluir del pensamiento
normal y que condicionan su dirección o curso.
Una característica distintiva de estos pensamientos es que son reconocidos más fácilmente por la
persona, mientras que las creencias, cuanto más nucleares son, menos reconocimiento tienen.
El AT trabajará a nivel de los pensamientos automáticos, con énfasis en las creencias periféricas, pero
fundamentalmente en las consecuencias emocionales y conductuales de estos procesos subyacentes.
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¿a que se llama interrogativo?
Como respuesta esta pregunta Tolosa considera que el AT se enmarca en una perspectiva integrativa
porque se concibe que el abordaje terapéutico debe estar basado en principios generales, donde la
organización de los diseños de intervención no se ajusta a un cuerpo teórico hermético, sino que se
sostienen en hipótesis que atienden al conjunto de variables genéricas que componen la demanda y que
pueden adaptarse de forma particular a cada paciente.
este modelo cognitivo-integrativo, se entiende que la relación que se establece entre el AT y el paciente se
configura en el marco del empirismo colaborativo, que supone un vínculo que ambos integrantes
consolidan como parte de un equipo que trabaja en forma conjunta en la búsqueda del cambio planificado.
El siguiente grafico muestra un esquema general de como se compone el modelo cognitivo-integrativo del
at.
Al pensar este modelo como un sistema, un cambio producido en cualquiera de las áreas funcionales
influirá de cierta manera en las restantes.
La neurofuncionalidad brinda el sustrato, en primera instancia y luego se retroalimenta positivamente.
Se mostro que la psicoterapia produce cambios en las tasas metabólicas neuronales, a nivel neuroquímico
y estimulación de la plasticidad neuronal. Al ser la psicoterapia un proceso equiparable a la exposición
crónica a un estímulo controlado, parte de sus efectos sobre el comportamiento pueden explicarse a través
de un proceso de aprendizaje, que hallan su sustrato en los mecanismos moleculares de la memoria y el
aprendizaje.
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Este sistema del modelo conceptual cognitivo–integrativo de la función del AT se encuentra enmarcado en
dos procesos permanentes:
a) La psicoeducación, que se encuentra en los distintos momentos del plan terapéutico, mejorando el
conocimiento sobre la enfermedad y los recursos para afrontarla y
b) las tareas terapéuticas, donde el AT cobra un gran protagonismo en la ejecución de las actividades
planeadas en el dispositivo terapéutico.