San Telmo Confesor
15 de Abril Siglo XIII
Una de las familias nobles que vivía en Frómista, Palencia, España, en el siglo XII eran los
Gundisalvi, descendientes de los González, cristianos y con una buena posición económica.
En esa familia nació Pedro González Telmo, más conocido como San Telmo confesor, en la
Villa de Frómista, cerca de Palencia, España, el 9 de Marzo de 1185. Fue un Sacerdote
Dominico de la Orden de Predicadores, asceta, confesor real y predicador.
Fue bautizado en la Iglesia de San Martín en Frómista y su educación comenzó en la propia
familia aprendiendo las primeras letras, las oraciones y los rudimentos de la fe cristiana.
Esa formación se complementó en la escuela monástica de los benedictinos. Allí estudió la
Gramática, Dialéctica y Retórica, y después la Aritmética, Geometría, Astronomía y
Música.
Pedro fue enviado a la recién constituida Universidad de Palencia, tanto por su fama, su
proximidad geográfica, como porque el obispo de la ciudad, Tello Téllez de Meneses, era
tío suyo. En ese tiempo ya se enseñaba allí la Teología.
La formación estaba orientada hacia el ministerio pastoral. Sus bases en Teología, Biblia y
Leyes lo capacitaban para ejercer en la Iglesia Catedral, donde trabajó con otros clérigos.
Pedro era un “mancebo gentil y gracioso, de recio temple y muy dado a la ostentación”. Un
eclesiástico fastuoso y presumido hasta que un día de Navidad, el Señor se sirvió de un
hecho para hacerlo cambiar de ruta como hizo cambiar a Saulo en Pablo, camino de
Damasco.
Pedro también iba montado en un brioso caballo cuando, tratando de hacer una de sus
gracias ante el público para llamar la atención, el caballo de un salto lo derribó bruscamente
y cayó sobre un lodazal manchando sus vistosos vestidos de rica seda que vestía
vanidosamente.
Se avergonzó al verse hecho una calamidad ante toda aquella gente que reía, se burlaba y
hacía chascarrillos a su costa. Allí mismo decidió cambiar de vida. Hacia el año 1220,
acudió presuroso a la puerta del convento de religiosos dominicos que había en la ciudad y
pidió ser admitido a la Orden tomando el nombre de Fray Telmo.
Desde el principio se adaptó perfectamente a las reglas de la vida religiosa cumpliéndolas
con escrupulosidad. Con gran gozo de su alma hizo el noviciado y emitió los votos
religiosos. Se propuso imitar a santo Domingo, especialmente en la oración y la predicación
allí donde sus superiores le enviaran. Nació así el predicador itinerante que fue durante toda
su vida.
Pasados cuatro o cinco años, salió de la ciudad para predicar en otras partes. Recorrió la
diócesis de Palencia y otras de Castilla, León, Navarra, País Vasco, Aragón y Cataluña.
Predicaba en ambientes populares y en otros más reducidos y selectos. Los temas de
predicación eran los normales de la época, una mezcla de cuestiones apocalípticas y
adoctrinamiento moral de los oyentes para lograr el arrepentimiento y alentar a la práctica
de las virtudes cristianas, temer y amar a Dios.
Su fama llegó hasta la Corte del rey Fernando III, quien quiso que lo acompañara en sus
campañas de reconquista en Andalucía como confesor suyo y para el servicio religioso y
pastoral de sus soldados.
Era una guerra alentada y bendecida por los Papas, que concedieron indulgencias de
cruzada. Creían cumplir así la voluntad de Dios. El Rey esperaba que sus sermones
mejoraran cristianamente a su ejército y que sus devotas oraciones ayudaran a conseguir la
victoria.
Cuando las conquistas de Jaén y Córdoba estuvieron consolidadas, dejó la vida castrense
para dedicarse otra vez a las misiones populares en Asturias, Galicia y norte de Portugal.
En Galicia se identificó plenamente con el carácter del pueblo gallego. Especialmente allí
dejó el recuerdo imborrable de su predicación, de sus virtudes y de sus milagros. Fue la
etapa más fecunda y mejor conocida de su vida.
Santiago de Compostela era ya un concurridísimo centro de peregrinación y por ello un
sitio ideal para el ministerio de la predicación a nacionales y extranjeros. Santo Domingo se
cuenta entre los peregrinos y no desaprovechó la ocasión para fundar allí el Convento de
Bonaval, después llamado de Santo Domingo.
Sus compañeros en ese tiempo fueron Pedro de las Marinas y Miguel González, ambos con
fama de santos por aquellos lugares. Era costumbre que fueran frailes experimentados. En
las temporadas largas de predicación se albergaban en los hospitales para pobres y
peregrinos o en las casas de los sacerdotes con cura de almas.
Poco a poco se fue alejando de Santiago en dirección Sur. Sin proponérselo, se dirigió a su
destino final; la diócesis y ciudad de Tuy. Al fin se asentó en Tuy, donde murió agotado y
lleno de méritos el 15 de Abril de 1246, lunes de la segunda semana de Pascua, cuando
intentaba peregrinar a la tumba del Apóstol Santiago en Compostela.
Su tumba en la Catedral de Tuy obró infinitos milagros, y en la memoria popular este gran
taumaturgo se permite aún la ostentación eléctrica de los resplandores con los que el santo
se hace presente cuando corren peligro los que navegan.
Es patrono de la ciudad de Tuy y de la Diócesis de Tuy-Vigo, en donde se celebra su fiesta
el lunes de la segunda semana de pascua. En el año 1254 el Papa Inocencio IV lo beatificó,
y el 13 de Diciembre de 1741 el Papa Benedicto XIV confirmó su culto.
La Iglesia Católica celebra la Festividad del Beato Telmo el Confesor el 15 de Abril.
Vocabulario Bíblico Teológico Hebreo-Griego-Latino
Predicación: proviene del latín praedicatio: acto de predicar. En la liturgia es la explicación
de la Palabra de Dios. Doctrina que se predica o enseñanza que se da con ella.