La comprensión lectora
Tal como se ha señalado, el desarrollo de la lectura no solo es relevante por ser uno de los ejes esenciales de la
asignatura de lengua castellana y comunicación, sino que, naturalmente, es fundamental en cuanto a formación
transversal e integral del ser humano. Solé (1998) indica que leer es una experiencia compleja en la que los estudiantes
desarrollan esquemas y adquieren conocimientos, siempre y cuando la lectura se desarrolle en profundidad, no siendo
un mero espectador del contenido del texto, siendo un lector activo, que no solo memorice al momento de abordar un
texto escrito. De tal forma, se va creando un bagaje lector que lo capacita para otras lecturas. Por lo tanto, los
conocimientos previos son trascendentales a la hora de comprender un texto y no existe significado en el texto hasta
que el lector considere que lo haya (Pearson y Tierney, 1984).
A su vez, Anderson y Pearson (1984) proponen que la comprensión lectora es un proceso mediante el cual el
lector no solo comprende, sino que también elabora un significado en su interacción personal con el texto. Es
decir, la connotación del texto no está dada únicamente a partir del emisor, sino que el receptor-lector es quien
completa el texto al momento de ejecutar la lectura. En ese sentido, toda intención que posea el autor no queda
totalmente conformada sin la participación del lector que desarrolla, finalmente, una construcción global.
Por consiguiente, se habla de una transacción entre el lector y el texto, siendo preponderantes los conocimientos previos, las
capacidades y habilidades que tenga el lector, siempre necesarios para la comprensión del texto. En esta complejidad
interactiva, se involucran varios procesos –perceptivos, cognitivos y lingüísticos–, debiendo el lector inferir información en
varios niveles de procesamiento, no solamente en los más básicos, superficiales o explícitos (Núñez y Donoso, 2000).
Dimensiones de la comprensión lectora
Según lo descrito por Condemarín (2001) existen cuatro dimensiones de la competencia lectora; estas son: la precisión, la fluidez,
el auto monitoreo y la comprensión. En la práctica, estas destrezas se encuentran íntimamente relacionadas entre sí y la autora las
define de la siguiente manera:
Precisión: consiste en la habilidad para identificar las palabras de manera correcta, es decir, sin lugar a equívocos
pragmáticos o semánticos. Es decir, desde el conocimiento de los grafemas involucrados en el habla escrita y el
léxico que maneja gracias a la experiencia, el lector opera con precisión. Asociada a esta dimensión, también, se
involucra la capacidad para corregir, en caso que existan errores en el texto o se cometan errores en la lectura
propiamente tal. Por lo tanto, debe existir un manejo correcto del código y una comprensión clara del significado.
Fluidez: corresponde a la habilidad para leer correctamente, con la entonación apropiada a la intención, las pausas indicadas
y no innecesarias, en voz alta, siempre acompañado de una comprensión del significado. De igual forma, se considera la
irrupción de una pausa o dubitación, debido a tener que leer palabras poco conocidas o estructuras oracionales complejas. En
esa línea, también, existe una relación entre la edad y el nivel lector, o sea, el niño es capaz de leer con fluidez aquellos
textos con una legibilidad apropiada para su nivel.
Estrategias de auto monitoreo y auto corrección: todo proceso lector debe ir acompañado de un desarrollo
autónomo de concientización del lenguaje, asociando código, contexto y conocimientos previos. Solo de esa
manera, de constante revisión y corrección de las prácticas lingüísticas, puede alcanzar la comprensión,
considerando la íntima relación entre código sonido-letra impresa y significado. Con esto no solamente se habla
de un conocimiento acabado de la norma gramatical, sino también de la importancia del uso constante y profundo
de la lectura.
Sánchez (1974) distingue cuatro dimensiones en la comprensión de un texto, cada una, a su vez, formada por una
serie de habilidades específicas:
La interpretación (formarse una opinión, obtener la idea central, sacar conclusiones): relacionada con la
comprensión íntegra y profunda del texto, incorporando información y completando el texto con la percepción del
receptor.
La retención (conceptos fundamentales, datos para responder a preguntas específicas, detalles aislados):
habilidad clave para poder cobijar y, luego, usar conocimientos aprendidos. Si el lector no retiene lo que lee,
finalmente, la lectura es completamente inútil.
La organización (establecer secuencias, seguir instrucciones, resumir y generalizar): comprender la estructura del
texto y su aspecto denotativo, con claridad, permite conocer de manera global un texto e interiorizar de mejor
manera la información.
La valoración (captar el sentido de lo que refleja el autor, establecer relaciones causales, separar los hechos de las
opiniones, diferenciar lo verdadero de lo falso): el cómo aquella lectura es percibida de manera interna por el
lector, facilita el aprendizaje de la lectura, toda vez que toma significancia para el sujeto lector.
Niveles de comprensión lectora
Alliende y Condemarín (1986) clasifican en los siguientes niveles los distintos procesos de comprensión que
intervienen en la lectura. Se considera un orden gradual, desde los aspectos más básicos de la comprensión hasta
los más complejos:
Comprensión literal: el lector hace valer dos capacidades fundamentales: reconocer y recordar. Se consignarán
es este nivel preguntas dirigidas al:
• Reconocimiento, la localización y la identificación de elementos.
• Reconocimiento de detalles: nombres, personajes, tiempo, entre otros.
• Reconocimiento de las ideas principales y secundarias.
• Reconocimiento de las relaciones causa-efecto.
• Reconocimiento de los rasgos de los personajes.
• Recuerdo de hechos, épocas y lugares.
• Recuerdo de detalles.
• Recuerdo de las ideas principales y secundarias.
• Recuerdo de las relaciones causa-efecto.
• Recuerdo de los rasgos de los personajes
Reorganización de la información: una nueva ordenación de las ideas e informaciones mediante procesos de
clasificación y síntesis. Se requiere del lector la capacidad de realizar:
• Clasificaciones: categorizar personas, objetos, lugares, etc.
• Bosquejos: reproducir de manera esquemática el texto.
• Resúmenes: condensar el texto.
• Síntesis: refundir diversas ideas, hechos, etc.
Comprensión inferencial: el tercer nivel implica que el lector ha de unir al texto su experiencia personal y realizar
conjeturas e hipótesis:
• La inferencia de detalles adicionales que el lector podría haber añadido.
• La inferencia de las ideas principales, por ejemplo, la inducción de un significado o enseñanza moral a partir
de la idea principal.
• La inferencia de las ideas secundarias que permita determinar el orden en que deben estar si en el texto no
aparecen ordenadas.
• La inferencia de los rasgos de los personajes o de características que no se formulan en el texto.
Lectura crítica o juicio valorativo: conlleva un:
• Juicio sobre la realidad o sobre la fantasía.
• Juicio de valores.
Apreciación lectora: en el quinto nivel se hace referencia al impacto psicológico y estético del texto en el lector. En
este, el lector realiza:
• Inferencias sobre relaciones lógicas: motivos, posibilidades, causas psicológicas y causas físicas.
• Inferencias restringidas al texto sobre: relaciones espaciales y temporales, referencias pronominales,
ambigüedades léxicas y relaciones entre los elementos de la oración.
La razón de la variedad de clasificaciones se debe a que la competencia lectora es un tema que atañe no solo a la sociedad
chilena, sino que está presente en todo el mundo a través de diversos autores e investigaciones, ya que leer permite
desarrollarse íntegramente en la sociedad (Cassany, Luna y Zans, 1994).
Referencias bibliográficas
Alliende, F. & Condemarín, M. (1986). La lectura: teoría, evaluación y desarrollo.
Santiago. Editorial: Andrés Bello.
Anderson, C. & Pearson, D. (1984). A schema- theoric view of basic processes in reading comprehension. En P. D. Pearson (Eds.),
Handbook of reading research (pp. 255-291). Nueva York: Longman.
Cassany, D., Luna, M. & Sanz, G. (1994). Enseñar lengua. Barcelona: Editorial GRAÓ.
Condemarín, M. (2001). El poder de leer. Edición especial para el programa de las 900 escuelas. Santiago: Ministerio de
Educación.
Nivel de comprensión lectora de los primeros medios de colegios particulares subvencionados - Herrera,et al.
Cornejo, J., Sanhueza, S. & Rioseco, M. (2012). Orientaciones para la elaboración de tesis, seminarios
y paper académicos. Talca: Ediciones Universidad Católica del Maule.
Educarchile (2010). Chile en PISA 2009. Recuperado de [Link]
cl/[Link]/Web/[Link]?ID=206472
Hernández, R., Fernández, C. & Baptista, P. (2010). Metodología de la investigación.
México: McGrawHill.
MINEDUC (2012a). Comprensión lectora. Recuperado de [Link] [Link]/[Link]?
id_contenido=20027&id_portal=18&id_ seccion=3364
MINEDUC (2012b). Orientaciones de evaluación diagnóstica, intermedia y final en comprensión lectora.
Recuperado de [Link]
media/doc/[Link]
Núñez, P. & Donoso, P. (2000). Evaluación de la propuesta de enseñanza de la comprensión lectora en los
textos escolares de la Reforma Educacional Chilena: Un estudio exploratorio. Revista Signos, 33(47), 123-
150.
Pearson, D. & Tierney, R. (1984). On becoming a thoughtful readers: Learning to read like a write. En A. C. Purves
y O. S. Niles (Eds.), Becoming readers in a complex society. Eighty – third yearbook of the National Society for
the study of Education (pp. 114-174). Chicago: University of Chicago Press.
PISA (2012). Evaluación de las competencias lectoras para el siglo XXI. Santiago:
Gobierno de Chile.
Rosenblatt, L. (1996). La teoría transaccional de la lectura y la escritura. Buenos Aires:
Asociación Internacional de Lectura. Editorial Lectura y Vida.
Sánchez, B. (1974). Lectura, diagnóstico, enseñanza y recuperación. Buenos Aires:
Editorial Kapelusz.
Solé, I. (1998). Estrategias de la comprensión de lectura. Barcelona: Editorial Greó.
142