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Random Memories: Fotografía, Memoria e Identidad. Una Aproximación A La Experiencia Detrás de Una Cámara

Este documento es el prólogo de una tesis de grado sobre fotografía, memoria e identidad escrita por Juan Sebastián Infante. Narra cómo el autor descubrió su amor por la fotografía durante un viaje a Buenos Aires donde conoció a Tomás Cortés Rosselot, quien le enseñó técnicas fotográficas, y a Blanka, una chica sueca con quien vivió un romance que le hizo valorar la fotografía como forma de preservar recuerdos.

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Random Memories: Fotografía, Memoria e Identidad. Una Aproximación A La Experiencia Detrás de Una Cámara

Este documento es el prólogo de una tesis de grado sobre fotografía, memoria e identidad escrita por Juan Sebastián Infante. Narra cómo el autor descubrió su amor por la fotografía durante un viaje a Buenos Aires donde conoció a Tomás Cortés Rosselot, quien le enseñó técnicas fotográficas, y a Blanka, una chica sueca con quien vivió un romance que le hizo valorar la fotografía como forma de preservar recuerdos.

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Random Memories: Fotografía, memoria e identidad.

Una aproximación a la experiencia

detrás de una cámara.

Trabajo de grado para optar por el título de Comunicador Social

Presentada por: Juan Sebastián Infante

Dirigida por: Yesid Fernando Hernández

Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de Comunicación y Lenguaje

Comunicación Social

Bogotá D.C

2016
Reglamento de la Pontificia Universidad Javeriana Artículo 23

“La Universidad no se hace responsable por los conceptos emitidos por los alumnos en
sus trabajos de grado, solo velará porque no se publique nada contrario al dogma y la
moral católicos y porque el trabajo no contenga ataques y polémicas puramente
personales, antes bien, se vean en ellas el anhelo de buscar la verdad y la justicia”


A todos y cada uno de los que han sido, son y serán parte de mis memorias. Un trozo de

mi alma está con ustedes y un trazo de las suyas estará conmigo hasta por siempre.


Tabla de contenidos

Prólogo…………………………………………………………………………………….6

Representación y temporalidad en la fotografía…………………………………………15

La fotografía como memoria……...……………………………………………………..20

Fotografía como identidad……………...………………………………………………..26

Random Memories, el producto…..……………………………………………………...33

Conclusiones………..…………………………………………………………………....40

Bibliografía…………….………………………………………………………………...45


Los cosas cambian. Lo que pasó, pasó hace cuarenta años. Ahora tengo sesenta y siete.

Todos los días, el futuro parece un poco más oscuro. Pero el pasado, aún las partes con

más hollín, se vuelven más brillantes.

Watchmen.


Prólogo

Mi padre siempre tuvo delirio de fotógrafo. Desde pequeño existió en mi hogar la

fascinación por capturar momentos. Crecí en un ambiente con cámaras, rollos y tanques

de revelado. Sin embargo, debo confesar que en ese momento, en mi infancia y gran parte

de mi adolescencia, no le tenía el amor que le tengo ahora a la fotografía. Era algo que

podía hacer, pero que no disfrutaba. La veía como una mera reproducción mecánica que

exigía ciertos parámetros técnicos, pero no divisaba aún el valor estético que puede

alcanzar a tener ese clic que marca la obturación. Sin ese valor estético, la fotografía se

reducía a una cantidad de imágenes aleatorias que, más allá de la técnica, no tenían un

significado para mí. En pocas palabras: había forma, pero no contenido.

Ese contenido, el ingrediente inevitable para que un artista empiece a marcar el

tono de su trabajo, lo encontré en un escape. Tras algunos años llenos de historias y

problemas que dieron paso a una crisis personal llena de soledad, impotencia y,

especialmente, de un sentimiento de no saber en dónde estaba parado, sentí la necesidad

de irme. No importaba a dónde y no importaba a qué. No podía seguir igual. Hablé con

mis padres y tras una conversación acerca de la importancia de seguir haciendo algo, de

por lo menos aprovechar ese tiempo que necesitaba para perfeccionar alguna habilidad,

tuve un tiquete de avión para estudiar fotografía en Buenos Aires.

Con una mochila, unas botas y una cámara llegué a Argentina. Arrendé un cuarto

en un hostal y cruce los dedos deseando una purificación en mi vida. Pero las cosas no

pasan sólo porque uno quiere. Mi inicio en Buenos Aires me hizo sentir aún más solo y la

distancia que había entre mi familia, mis amigos y yo desencadenó en una sensación de

sinsentido que me hizo llegar a la profundidad de lo que me estaba pasando. Si bien


necesitaba irme, empecé también a extrañar algunas cosas, a fantasear domingos con mi

familia y viernes con mis amigos.

Si bien es un camino duro, la nostalgia permite reconocer lo que a uno le hace

falta y lo que sobra. El valor de la familia, de los amigos, de los espacios, de la comida,

de un lugar en el mundo al que uno puede considerar propio debe ser aprendido. Por otro

lado, curiosamente, los problemas, los gritos, la soledad y todo lo malo de la cotidianidad

empiezan a perderlo. Todas esas malas circunstancias que en ese entonces marcaban lo

que se podría llamar mi temporada en el abismo empezaron a difuminarse. Extrañaba lo

bueno, no lo malo. Era señal de una creciente salud mental.

Dejar a un lado algunos problemas me ayudó a estar más enfocado en mis

estudios. Con el tiempo me empecé a sentir menos abrumado y, por lo tanto, empecé a

hacer cosas nuevas y esforzarme más en otras en las que ya estaba involucrado. Las

clases de fotografía fueron una de ellas. Empecé a ver una mejora notable en mi técnica y

empecé a encontrarle sentido a muchos aspectos y consejos que hacían que la cámara no

se quedará en la mera reproducción, sino que permitían que el mundo se pudiese ver

mejor a través del lente. Poder mejorar la realidad por medio de un instrumento fue el

primer haz de amor que tuve por la fotografía. Mi nuevo interés me llevó a galerías y a

exposiciones en las que empezaba a ver las fotografías con la mirada de quien quiere

volverse mejor. En una de estas visitas, conocí a una argentina que promocionaba su

tienda de repuestos para cámara. Me hacía falta la tapa de un lente que había perdido, le

pregunté y quedamos en que yo pasaría por la tapa a la casa de un amigo de ella que

seguro la tenía. Así conocí a Tomás.


Tomás Cortés Rosselot es un panameño radicado en Buenos Aires hace ya varios

años. Mientras yo estaba estudiando fotografía, él estudiaba cine y vendía repuestos e

insumos fotográficos para financiar lo que hoy en día es un negocio de rollos artesanales.

Cuando fui por la tapa, Tomás me hizo seguir a su apartamento mientras la buscaba. Las

paredes estaban llenas de fotos y en su sala habían estantes llenos de cámaras análogas.

Sé que lo primero que me impresionó de su trabajo fue la textura. Claro, era fotografía

análoga y tiene sus particularidades. Sin embargo, ver tantas expuestas inevitablemente

me hizo lanzar un par de elogios a su trabajo y a hablar de todo y de nada sobre

fotografía.

Empezamos a salir a tomar fotos juntos y en poco tiempo descubrí que ese método

me hacía sentir que estaba aprendiendo más que en el sitio donde estudiaba. Esperaba con

ansías ese día a la semana en el cual hablábamos de composición, planos, luces y

desenfoques. Tomás fue el mejor maestro de técnica que pude tener. Fue tanto lo que

empecé a recibir, que le propuse pagarle lo que yo pagaba en el Instituto a cambio de más

tiempo juntos.

Tomás es una persona muy importante para mi carrera como fotógrafo. Agradezco

cada uno de sus consejos y enseñanzas porque, a la larga, estas marcaron el inicio de mi

labor como fotógrafo profesional. Sin embargo, lo que más le agradezco es que, sin

darme cuenta, me había preparado para lo que sería mi enamoramiento de la fotografía:

Blanka.

Blanka es una chica sueca que conocí en Buenos Aires. Nos conocimos porque

ella llegó al mismo lugar en donde yo me hospedaba. La historia es sencilla: un día me

desperté, fui a desayunar y ella estaba ahí. El chico conoce a la chica y ahora están juntos


contra el mundo. Y en ese momento, sin duda, era verdad. Vivíamos solos, sin familia y,

aunque teníamos conocidos, no había existido todavía una conexión íntima con alguien.

Sólo nos teníamos a nosotros mismos. Luego de un tiempo decidimos arrendar un espacio

para los dos y comenzamos a ser un nosotros.

Blanka había llegado a Buenos Aires a estudiar español. Estaba en la época de

juventud europea en donde viajan y se toman un tiempo antes de comenzar a hacer otras

cosas. Solíamos ir mucho a cine y una de las cosas que más me gustó de ella era su

capacidad para hablar de películas y darse cuenta de los pequeños detalles. Pocas

personas se quedan hasta que se acaban los créditos. Ella es una de esas. Luego,

caminábamos hasta que no podíamos más. La calle era nuestro segundo hogar.

Cada vez que podíamos, salíamos con una pequeña carpa que habíamos

comprado, íbamos al hostal en el que nos conocimos y preguntábamos por sitios para

conocer. Luego decidíamos y nos íbamos sin pensar ni planear tanto. La vida olía lindo

junto a ella. Todo era simple y todo siempre salía mejor que bien.

Recuerdo todavía el día en que por fin hablamos de lo que iba a pasar luego de

Buenos Aires. Sabíamos que estábamos aplazando esa conversación y era porque en un

principio, hay que aceptarlo, no pensamos que fueran a aparecer tantos sentimientos.

Vivíamos en la ilusión del cada día juntos. Sabíamos que funcionábamos, pero también

sabíamos que nuestro amor tenía una fecha de expiración. Ni ella ni yo nos íbamos a

quedar en Buenos Aires. Es más, el vuelo en el que Blanka iba a volver a Suecia estaba

programado dos semanas antes que el mío. El amor se acababa en esa fecha. Si bien

éramos conscientes de eso desde el principio, lo que comenzó como una sonrisa se


convirtió en un mar de sentimientos con el que ambos debíamos lidiar y al que, hasta esa

noche, habíamos estado evadiendo.

La conversación fue sencilla, pero no por eso fácil. Planteamos las alternativas de

irnos juntos, de que uno fuese al país del otro y hasta de dejar todo y quedarnos. Sin

embargo, esos ataques de amor encontraron obstáculos en el mundo real: por más que me

gustara la idea, no había la más mínima posibilidad de no volver a Bogotá. Estaba a poco

de terminar mi carrera, mis padres habían hecho un esfuerzo descomunal para poder

ayudarme con mis gastos y no tenía la cara para decirles que iba a dejar todo por una

mujer que había conocido. Blanka, por su lado, tenía que volver a sus estudios y arreglar

asuntos privados que definirían su futura vida. Nada que hacer. Sabíamos que luego de

Buenos Aires, no podíamos seguir juntos.

Esa noche no dormí. Luego de comer algo y beber una botella de vino, Blanka se

quedó dormida. No podía dejar de pensar en la falta que me iba a hacer. No podía dejar

de sentir que era posible que en algunos meses iba a cometer el que podía ser el error más

grande de mi vida. Esa sensación nunca la voy a olvidar: ver en un momento lo que más

felicidad ha traído y saber que no es para siempre. La extrañé desde incluso antes de que

no estuviera.

En medio de ese insomnio y en medio de ese corazón a punto de romperse, revise

la memoria de mi cámara. En ese momento quería darme duro en la cabeza, pero resultó

siendo el punto de no retorno que marcaría la relación que hasta hoy en día mantengo con

las imágenes. Mientras me movía de una imagen a otra, me di cuenta que cada una de

ellas sí iba a ser para siempre. Que cada una de ellas no sólo eran los colores y los

aspectos técnicos, sino también un pedacito de espacio y tiempo que representaba no sólo

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la realidad, sino los sentimientos que existían en ese entonces: el amor, la tranquilidad, la

pasión y el estar enamorado de la vida.

Si bien ya tenía una registro fotográfico grande de Blanka, empecé a tomar más y

más fotos. La cámara se volvió una parte esencial de la relación. Siempre con ella al

hombro, salíamos y estaba siempre a la espera de un instante en el cual nada que no fuera

Blanka importara. Quise guardar cada recuerdo, cada gesto, cada actividad y cada una de

esas cosas que sabía que me iban a hacer falta.

El día llegó. Blanka volvió con sus maletas a Suecia. Un poco antes, hablamos de

mantener la relación a pesar de la distancia. Sin embargo, luego de volver del aeropuerto,

sentí el vacío que había dejado en mi vida. Fueron las dos semanas más tristes de mi vida.

Apenas podía domir. Salía a la calle y no podía distraerme. Volver a la que fuera nuestra

habitación era tal vez peor. Mi único consuelo fue ver las fotos para creer que esos

momentos marcaban una pauta acerca de lo que habíamos sido y que eso debía tener

algún sentido para lo que vendría.

Cuando volví a Bogotá, oficialmente llegó a su fin esta primera parte de la

historia. Bogotá, mi ciudad, no tenía historias con Blanka. Las calles no evocaban

momentos. Sin embargo, el vacío seguía. Cada tanto volvía a mirar las fotos y empecé a

abstraer detalles y proyectarlos en la realidad. A Blanka le gustaría este sitio, hubiésemos

podido ir a este otro, a ella le quedaría bien a esta camisa, hubiésemos podido tener

nuestro pedazo de historia también acá…

Esta situación duró cerca de un año. Durante ese tiempo, hablábamos con Blanka

constantemente, pero no era lo mismo. Una parte de ambos se quedó en Argentina.

Incluso, luego de algunos meses, Blanka viajó a Colombia y volvimos a estar juntos.

11


Viajamos, comimos y caminamos por muchos lugares. Sin embargo, seguía sin ser lo

mismo. Nos podíamos prometer un hoy, pero no un mañana. No volvimos a ser la pareja

de enamorados que paseaba por Buenos Aires.

Sin embargo, tras toda esta historia, las fotos siempre quedaron. Aún cuando las

veo, me transporto a ese momento en el que todo estaba bien. Buenos Aires debe haber

cambiado. Blanka ha cambiado. Yo también he cambiado lo mío. Pero en el registro que

tengo somos aún lo que fuimos. Muchas veces me ha pasado que siento que quiero volver

a ese momento en el que fui tan feliz. No soy ingenuo y sé que eso no puede pasar. Sin

embargo, cada vez que veo las fotos, todavía siento lo que sentí. Todavía recuerdo lo que

viví. Todavía quiero lo que tuve.

De toda esa historia se desprendió una preocupación vital que está plasmada en mi

trabajo como fotógrafo. A la larga, todo el trabajo que viene se encargará de desglosar la

siguiente idea y evaluar el sentido que puede tener: las fotos son lo que he sido, lo que he

querido y, ante todo, son el registro de los instantes en los que, por alguna u otra razón,

sentí que tenía al frente todo lo que estaba buscando. Temas como la nostalgia, la mujer,

el amor, la vida y la felicidad son precisamente los que busco retratar. Cada vez que estoy

con mi cámara, eso es lo que estoy buscando. Ese es el contenido que le da sentido a la

forma. Eso es lo especial que quiero mostrar.

Alguna vez escuché que toda historia que merece ser contada inicia con una

mujer. Bueno, esta es la mía. No ha existido una mujer a la que le haya tomado una

fotografía de la cual no haya estado enamorado cinco segundos o cinco años. La obsesión

estética y representativa que tengo es la de estar bien. La de recordar cada cosa que tiene

o ha tenido un significado para mí. Con el tiempo, entendí que la nostalgia no se trata

12


sólo del pasado, sino del presente. Sentir nostalgia significa que hay algo que falta, algo

que se ha olvidado, algo que ya no se tiene. Si esto es así, precisamente esa es su fuerza:

decirme quién soy por medio de quien he sido. Decirme qué me interesa, cuáles han sido

los momentos determinantes de mi vida y, especialmente, ayudarme a tener una guía para

el camino por el que ando.

En esta medida, este trabajo de grado es la exploración de la relación entre

fotógrafo e imagen. Abarcará aspectos teóricos como el del poder de la cámara, el

tiempo, el espacio, la memoria y la identidad. Sin embargo, se dará un especial énfasis en

lo que podría llamarse una fenomenología del fotografiar: ¿Qué está pasando cuándo

tomo fotos? ¿Qué me importa? ¿Por qué me importa? ¿Qué busco retratar? ¿Cómo

percibo y cómo siento cuando encuentro el instante?

Como el oficio del fotógrafo es de por sí un oficio en el que lo subjetivo

comprende todo, en el que son las decisiones de quien está con la cámara en sus manos

las que determinan el producto, considero más que pertinente la primera persona.

Objetivizar, en este caso, sería excluirme a mí mismo de una investigación que me tiene a

mí como el principal objeto de estudio. El modelo más básico de la comunicación

consiste en transmitir un mensaje y, si bien es cierto que el receptor en este caso soy yo,

también considero que existe un receptor al que le parecerá importante entender cuál es

mi estética, qué es lo que digo con una foto, qué es lo que me hace ser el que soy. En este

caso, la comunicación no sólo es la expresión de quién soy como fotógrafo, sino también

la exposición de quién soy como persona. Si, como quiero defender, una fotografía es una

captura de lo que me importa, quiero intentar explicar por qué me importa y cómo lo

busco.

13


Soy Juan Sebastián Infante y soy fotógrafo. El propósito de este trabajo de grado

es explorar la relación entre fotografía, memoria e identidad por medio de mis

experiencias con la cámara. Esta exploración quiere responder a la pregunta acerca de la

importancia del registro de imágenes en la vida de un fotógrafo. Tentativamente, a modo

de hipótesis, inició planteando que cada imagen que he registrado es una parte de mí y

que cuenta cómo he sido en la medida en que soy yo el que toma la decisión de que una

imagen sea de cierta manera y no de otra.

14


Representación y temporalidad en el objeto y en el sujeto

En el libro “De la cultura Kodak a la imagen en red”, Edgar Gómez Cruz, su

autor, explora la ontología de la imagen. En este caso, la reflexión de Gómez Cruz inicia

en los estudios de Bazin acerca de la historia de la imagen debido a que, para Bazin, la

concepción de imagen es la que diferencia la pintura y la fotografía (Gómez, 2012, p 35).

Partiendo de la tesis de que la función ritual de la momificación es la de vencer a la

muerte debido a que “se percibía a la supervivencia como dependiente de la existencia

continuada del cuerpo físico” (Bazin, 1980, p 237), Bazin argumenta que esta función

ritual dio origen a la búsqueda de nuevas representaciones que preservaran la vida como

las pirámides, las estatuas y las pinturas. La anterior idea es de especial interés para este

proyecto en la medida que dirige mi reflexión hacia el problema del realismo y el carácter

representacional.

Es interesante ver cómo la imagen empieza a ser vista como un deposito en el que

se guarda una gran cantidad de información que codifica un mensaje que quiere ser

transmitido. Sin embargo, si bien una estatua o una pintura puede representar a X

personaje, me surge la duda de qué es lo que está representando de ese personaje. En la

línea argumentativa de Gómez Cruz es claro que la representación está entendida como

representación física y es por eso que la preocupación acerca de “lo más parecido” entra a

jugar un papel importante. Esta idea es la que introduce el problema del realismo en el

texto, la obsesión por la precisión y, volviendo al tema de la fotografía, lo que significó

representacionalmente esta nueva técnica.

Libero a las artes plásticas de su obsesión con lo parecido. La pintura era


forzada, como después se vio, a ofrecernos una ilusión y esta ilusión fue
suficientemente considerada como arte. La fotografía y el cine, por el otro

15


lado, son descubrimientos que satisfacen, de una vez y por todas en su
esencia misma, nuestra obsesión por el realismo (Bazin, 1980, p.240)
Si bien esta es una aproximación sensata al problema de la representación, creo que

deja por fuera un asunto que está expresado en la misma formulación: cuando se habla de

vencer a la muerte, no sólo se habla de cuerpo, de lo físico, sino también del tiempo.

Manteniendo en mente que la idea de Bazin está expresada en la dimensión temporal

vida, muerte y lo que se podría llamar post-muerte, es necesario reflexionar acerca la

relación entre tiempo y representación.

Volviendo al ejemplo de los faraones egipcios e introduciendo la dimensión

temporal en la reflexión, es posible afirmar que una estatua representa un espacio de

tiempo general. Con lo anterior, me refiero a que una representación de un faraón en una

escultura intenta sintetizar en sí las acciones, la vida y el legado que resultan de un

espacio de tiempo que puede comprender desde el nacimiento del faraón hasta su muerte.

Considero que es precisamente esta generalidad una prueba adicional de aquel

forzamiento que Bazin habla en la cita anteriormente expuesta. La representación

temporal en artes figurativas como la pintura y la escultura es también un problema.

El anterior problema, cuando es trasladado al campo de la fotografía, cambia. Una

fotografía, una obturación, captura un instante especifico. Un punto en la dimensión

espacio-tiempo que sólo puede ser ese y que nunca más podrá ser. Mientras un escultor o

un pintor pueden representar personajes y acontecimientos que sucedieron tiempo atrás,

el fotógrafo no puede volver a determinado momento. Incluso cuando el tiempo es futuro,

la pintura y la escultura tienen posibilidades creadoras mientras la fotografía no puede

adelantarse a capturar un espacio de tiempo inexistente. Lo anterior permite deducir que

la relación tiempo-fotografía no consiste sólo en el argumento canónico acerca de la


16


captura de un punto espacio-temporal irrepetible, sino que la fotografía sucede en un

punto espacio-temporal siempre presente, jamás pasado y jamás futuro. El tiempo,

entonces, no es sólo un momento, sino que sólo es ese momento.

Por otro lado, la reflexión acerca de la temporalidad de las artes puede también ser

abarcada desde otro ángulo. La idea de una pirámide o una estatua que simboliza el

legado y la vida de un personaje, viéndolo desde el problema del realismo y la

representación, puede ser entendida no sólo como el anhelo de sobrepasar la dimensión

temporal de algo, sino también como el deseo de que eso que es representado no se

distorsione con los años. En otras palabras, pienso que no sólo se trata de que exista una

representación del personaje , sino que esa estatua también sea la guardiana y

comunicadora de su significado. Por ejemplo, una estatua de Gandhi sosteniendo un fusil

sigue siendo una representación de Gandhi, pero no es realista. El sentido de un Gandhi

cargando un fusil en una estatua puede ser crítico o irónico –entre muchas otras cosas-,

pero no puede ser verosímil debido a que Gandhi es considerado como el ejemplo de

pacifismo por excelencia. Sin embargo, si existiese una foto de Gandhi cargando un fusil

por X o Y circunstancia, el problema del fusil se deja de lado porque el problema de la

correspondencia entre representación y realidad no es el principal. La representación

puede ser tildada de inverosímil, pero no de irreal1.

Volviendo a la ontología de la fotografía que expone Gómez Cruz, el autor

identifica una segunda propiedad expuesta desde la tradición: la fotografía “al ser un

proceso mecánico y fotoquímico, no dependía de habilidad humana alguna para alcanzar


1
En este trabajo, por cuestión de espacio y claridad, hay que dejar de lado el problema de la alteración de
la fotografía. Si bien es más que evidente que existen técnicas de alteración y falsificación en las
17


el realismo” (Gómez, 2012, p 36). Esta idea es precisamente uno de los principales

puntos que va a contra argumentar en este proyecto. Si bien Gómez Cruz tampoco

defiende esta idea, su línea argumentativa está construida desde la antropología y la

sociología. De hecho, dedica un capítulo entero a la realización de una etnografía de la

fotografía como practica social de un grupo de fotógrafos de España. Lo anterior exige

que este trabajo tenga un tratamiento distinto por pertinencia temática: la crítica a la idea

de que la fotografía es objetiva que va a ser argumentada desde mi mirada está

enmarcada en el campo de la comunicación y la fenomenología.

Para completar la idea que posteriormente criticaré, hay que añadir que la defensa

de la fotografía empezó con un corte positivista que pregonaba la ilustración, el

cientificismo y la objetividad. Haciendo referencia a la que ha sido llamada función

indexical de la fotografía (Tagg, 1988; Sekula,1982), la idea de que la fotografía permite

una representación fiel a la realidad fotografiada, se pensaba que el fotógrafo no tenía

ningún tipo de influencia en el resultado de la fotografía, una idea que si es analizada

desde cualquier ciencia social resulta difícil, sino imposible, de defender, pero que sin

embargo marcó una gran parte de la historia del pensamiento acerca de la fotografía.

Los estudios sociales acerca de la fotografía han tenido un gran desarrollo durante

los últimos años debido al incremento de cámaras y de un cambio en las dinámicas de la

práctica. Hoy en día, casi cualquier persona tiene acceso a una cámara fotográfica y la

expansión de la tecnología digital ha hecho que los procesos químicos con los que se

realiza el revelado de negativos sean cada vez menos frecuentes.

Adicionalmente, las redes sociales -uno de los principales temas de los que habla

Gómez Cruz en su libro- han también dinamizado las circunstancias en las que la

18


fotografía solía llevarse a cabo. La fotografía solía darse en celebraciones y

acontecimientos importantes, ahora es posible que una simple salida a cenar termine en

una sesión de fotos entre los comensales, del espacio o de la comida misma. En pocas

palabras, la fotografía ya no es sólo un asunto de celebraciones o fechas importantes, sino

que es una práctica de la cotidianidad (Gómez, 2012, p. 19, 21, 24).

Este proyecto, como se mencionó anteriormente, tiene un objetivo más modesto y

personal: entenderme como fotógrafo. Si bien la actualidad ha querido defender que hoy

en día basta con sacar una cámara, ponerla en modo automático y enfocar lo que se

quiere fotografiar, la fotografía, el oficio del fotógrafo no debe ser entendido como una

mera acción mecánica. Cuando hablo de fotografía en este trabajo, hablo de la obra de

arte, del potencial estético y creador que tiene cualquier tipo de trabajo artístico. Sin

embargo, dejando desde un inicio claro este punto, esta investigación se va a centrar en el

fotógrafo, en el que está detrás de la cámara, y no en los objetos fotografiados. Lo

anterior no significa que la fotografía como representación, como captura, no tenga un

valor ni tampoco que se vaya a dejar de lado, pero sí significa que el énfasis va a estar

puesto en el valor que tiene para personas como yo el hecho de estar detrás de esa

cámara, de escoger dicho objeto, de pensar cuál es el mejor ángulo, de decidir centrar la

atención de esa manera y no de otra. Esto último, defiendo yo, es un acto comunicativo

en el cual estoy construyendo un mensaje en un lenguaje de imágenes. De esta manera,

creo yo, es posible darle una nueva perspectiva a la fotografía como estilo de vida y como

comunicación.

19


La fotografía como memoria

Como se dijo en el anterior punto de este trabajo, el carácter representacional es el

punto de partida de los estudios sobre fotografía. La perspectiva propuesta en este trabajo

acerca del carácter representacional –a saber, que una fotografía es una representación no

sólo física del mundo externo, sino una representación de quien está detrás de la cámara-

permite explorar dos ejes temáticos, memoria e identidad, también desde otro lugar.

La primera relación que será considerada es la de fotografía y memoria. Para

iniciar esta reflexión, voy a remitirme a uno de los tantos mitos que Platón, uno de los

padres fundadores del pensamiento occidental, planteó para exponer su pensamiento: el

mito del auriga y los caballos presente en el Fedro y que es considerado como el diálogo

que habla sobre el lenguaje y el amor.

El alma humana es una fuerza compuesta por un auriga y dos caballos. Aunque no

es interés de este escrito aproximarse a cómo es el alma de los dioses, basta decir de ellos

que las tres partes son buenas. En los demás, no ocurre esto. Hay un auriga encargado de

controlar a dos caballos. Uno de los caballos es bueno y hermoso y el otro es todo lo

contrario.

Siguiendo el hilo del mito, y retomando la inmortalidad, es el alma de los dioses

la capaz de estar siempre en las alturas y gobernar el Cosmos. Los caballos del alma

humana, por otro lado, han perdido las alas y han caído hasta encontrar algo sólido para

asentarse. Esto sólido es el cuerpo. Lo mortal es todo aquello que se compone tanto del

alma como del cuerpo.

¿Por qué el alma humana pierde sus alas?:

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El poder natural del ala es levantar lo pesado, llevándolo hacia arriba, hacia
donde mora el linaje de los dioses. En cierta manera, de todo lo que tiene que
ver con el cuerpo, es lo que más unido se encuentra a lo divino. Y lo divino es
bello, sabio, bueno y otras cosas por el estilo. De esto se alimenta y con esto
crece, sobre todo, el plumaje del alma; pero con lo torpe y lo malo y todo lo
que le es contrario, se consume y se acaba (246d-e).
En el mito, aparece la imagen de un séquito de almas, lideradas por la de Zeus,

ordenadas y volando juntas hacía un banquete en lo más alto. Las almas divinas no tienen

problema para alcanzar la cima. Sin embargo, hay algunas a las que les cuesta trabajo.

Estas son las humanas. ¿Por qué les cuesta trabajo? Porque el caballo rebelde tira hacía la

tierra y el auriga es forzado a ir con él.

¿Qué sucede cuando el alma de los dioses alcanza la cima? El piloto del alma, el

entendimiento, representado por el auriga, alcanza a contemplar la verdad. El alma de los

humanos no puede lograr esto. Apenas, con suerte, alcanza a divisar lo que los dioses ven

y, con ganas de ver más, intentan acercarse más a la cima, pero no lo logran y sus alas

terminan partiéndose.

En pocas palabras: el alma pierde sus alas en la medida que se empeña en

contemplar la verdad. Es por eso que el hombre puede tener memoria: porque su alma,

cuando intentaba seguir a las de la divinidad, alcanzo a divisar la divinidad.

Aquellos hombres que tienen la capacidad de hacer uso adecuado de dichos

recordatorios, se acercan a la divino. Ellos dejan atrás las cosas meramente humanas y,

buscando lo divino, se entusiasman. Al contemplar lo bello que existe en este mundo,

recuerdan la belleza que vieron mientras su alma intentaba alcanzar la cima y, de esta

forma, renacen sus alas e intentan de nuevo alzar el vuelo hacía lo divino y

[…] no lográndolo, mira hacia arriba como si fuera un pájaro, olvidado de las
[cosas] de aquí abajo, y dando ocasión a que se le tenga por loco (249d).

21


Aparece en este punto una referencia importante al sentido de la vista. Es el que ve

la belleza de este mundo, el que recuerda la belleza divina, el que se transporta a un sitio

más elevado. En la medida que es mediante ella que recordamos lo visto mientras

nuestras almas seguían a las de los dioses, el sentido de la vista adquiere una

preeminencia sobre los otros.

Dice Platón que aquel hombre que tiene la suerte de encontrarse con un rostro

divino, un rostro que imita bien a la belleza contemplada mientras su alma viajaba con las

de los dioses

Se estremece primero, y le sobreviene algo de los temores de antaño y,


después, lo venera, al mirarlo, como a un dios, y si no tuviera miedo de
parecer muy enloquecido, ofrecería a su amado sacrificios como si fuera la
imagen de un dios. Y es que, en habiéndolo visto, le toma, después del
escalofrío, como un trastorno que le provoca sudores y un inusitado ardor.
Recibiendo, pues, este chorreo de belleza por los ojos, se calienta con un
calor que empapa, por así decirlo, la naturaleza del ala, y, al caldearse, se
ablandan las semillas de la germinación que, cerradas por la aridez, les
impedía florecer; y, además, si el alimento afluye, se esponja el tallo del ala y
echa a nacer desde la raíz, por dentro de la sustancia misma del alma, que
antes, por cierto, estuvo toda alada. Anda, pues, en plena ebullición y
burbujeo, y como esa sensación que tiene los que están echando los dientes
cuando ya van a romper, ese picor y escozor en las encías, así le pasa al alma
del que empieza a echar plumas (251a-c).
Esto, dice Sócrates, es lo más cercano que tiene el hombre cuya alma ya ha caído

en este mundo para recordar lo divino. En otras palabras, el hombre que recuerda es lo

más parecido a un dios que parece poder existir en este mundo porque es el que, así sea

por un momento, contempla las grandes cosas.

En el anterior mito, Platón busca explicar el alma y, en especial, describir el

estado más alto en el que un hombre se puede encontrar respecto a la idea de belleza y

verdad, los dos objetivos platónicos por excelencia. Más allá del pensamiento que hay

22


tras esto –y dado que esto no es un trabajo de filosofía-, creo que es más que importante

resaltar la narrativa en el que está expuesto.

Como es posible ver en la selección de citas, el recordar es una experiencia. De

hecho, la argumentación no responde a una premisa tras otra, sino a una narración acerca

de qué es lo que se siente y cuál es el potencial de este tipo de experiencias. Cuando

Platón plantea la situación de un hombre encontrándose con un rostro divino, ese rostro

divino es un detonante. Verbos como encontrar, entendido como toparse con algo o

alguien, no son científicos ni argumentativos y, por lo tanto, apelan a algo que está fuera

de la razón. Es en este punto en donde es posible hacer una distinción lingüística que es

importante en este trabajo: buscar y encontrar. Tal como quiero plantearla, buscar es un

modo de ser en el mundo. Es estar registrando el mundo con la esperanza de toparse con

aquello que se quiere. Por otro lado, encontrar es el toparse. Es el tener en frente lo que

uno quiere.

Si bien se puede buscar y encontrar, este no es el caso que es interesante para este

trabajo. El caso que quiero destacar es cuando uno simplemente encuentra porque ese

toparse con algo está carente de expectativas. El que encuentra lo que está buscando tiene

un checklist, una lista de requisitos que algo o alguien en el mundo debe cumplir. El que

encuentra sin buscar no tiene idea de por qué lo encontró ni tampoco por qué se fijó en

eso y no en otra cosa. Explorar esa sensación del mero encontrar y preguntarse acerca de

ella permite, en términos de memoria –la misma distinción se hará más adelante cuando

se toque el tema de identidad-, transportarse. Es algo así como un vehículo capaz, en un

segundo, de moverse de la dimensión espacio-temporal presente. Poniendo ejemplos

específicos, estoy pensando en cuando uno encuentra una foto de alguien con quien

23


compartió la vida, de un familiar fallecido, de un viaje que realizó, etc. Si bien no tiene

que ser necesariamente una foto porque puede pasar lo mismo con canciones y objetos,

entre otras cosas, la fotografía tiene la ventaja de retratar tal como fue una parte de esa

experiencia del amar, del crecer o del explorar el mundo. Un objeto conecta a una

experiencia, una fotografía muestra una parte de lo que fue.

Retomando por un segundo la interpretación del mito del auriga y los caballos que

fue propuesta, una fotografía, al hacer recordar por medio de un estímulo lo bello

presente en el mundo, transporta a lo bello que ahora está fuera de él. Se puede decir

luego de esto que el mundo, en este caso, no sólo es una dimensión epistemológica, sino

también espacio-temporal. En otras palabras: no sólo es acerca de la verdad que alguna

vez fue divisada o contemplada, sino también acerca del instante en el que sucedió y

acerca de todo lo que también estaba sucediendo paralelamente.

La anterior reflexión hace evidente una nueva relación necesaria de explorar entre

memoria y experiencia. En el artículo llamado Digital photography: communication,

identity, memory, José van Dick (2008) parte de las nuevas prácticas de fotografía –redes

sociales sociales y fotoblogs, principalmente- para entender el problema de la memoria.

Al igual que Gómez (2012), van Dick parte de una concepción de la relación entre

memoria y fotografía que abarca momentos memorables familiares y la fotografía como

un medio que permite guardar recuerdos para la posteridad. Sin embargo, van Dick va un

paso más allá y, haciendo uso de estudios realizados por otros académicos, explica cómo

el significado de querer retratar la vida familiar crea recuerdos que, además de contener

un evento x o y, construyen las nociones de familia, linaje y, en general, grupos sociales

(van Dick, 2008. p.60).

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Sin embargo, partiendo de las diferencias generacionales en el nivel de la práctica,

específicamente del aumento en el acceso a cámaras y a las nuevas tecnologías de la

información, van Dick expone cómo la importancia que tenía, por ejemplo, retratar un

matrimonio o un viaje familiar es la misma ahora que puede tener una fotografía de

amigos en un día de escuela. En términos más técnicos, van Dick dice que además de la

canónica función de representación familiar con la se relacionó la fotografía en sus

inicios, la noción de auto-representación es ahora también una de las funciones mayores

de la fotografía (van Dick, 2008. p.60).

Con uno de los tanto estudios que cita, van Dick defiende la idea de que hoy en día

las fotos son menos compartidas en un contexto familiar y hogareño y más en ambientes

grupales como escuelas, clubes y casas de amigos. Esto es interesante en la medida que

también este estudio está junto a otro que afirma que los jóvenes describen el valor de

una fotografía en términos de memoria como recuerdos de su vida, pero su

comportamiento dice que el valor de una fotografía es la comunicación social. Este

último fenómeno está también relacionado con nuevas prácticas como los fotoblogs que

intentan mostrar una narrativa de la cotidianidad por medio de imágenes (van Dick, 2008.

p.61). Es por lo anterior que es posible afirmar que, más que objetos o personas, la

fotografía hoy en día se trata de retratar experiencias.

25


Fotografía e identidad.

Retomando un argumento expuesto anteriormente para desarrollarlo mejor,

volvamos al caso de la fotografía que captura un evento memorable. Como se vio

anteriormente, esta fotografía, la intención de ella, es capturar un momento para la

posteridad. Sin embargo, varios estudios sociales acerca de la fotografía permiten

afirmar que el potencial de una captura como estas va mucho más allá del recuerdo y que,

de hecho, paralelamente a la función de la fotografía como memoria, existe también la

función de crear identidad (van Dick, 2008. p.58).

Por medio de la captura y la organización de fotografías, los individuos articulan


sus “conexiones con” y sus “inicios dentro”2 de clanes y grupos, haciendo énfasis
en momentos ritualizados como estar creciendo3. Las cámaras son un parte integral
de la vida familiar, Sontag observó: hogares con niños son al menos el doble de
propensos de tener por lo menos una cámara que hogares en los cuales no hay
niños. La fotografía no refleja simplemente, sino que constituye a la vida familiar y
estructura la noción de pertenencia de un individuo. Un número considerable de
estudios sociológicos y antropológicos han explorado la relación entre capturar,
organizar y presentar fotografías por un lado, y la construcción de familia,
patrimonio y parentesco por el otro (van Dick, 2008. p. 60. Traducción propia.).
Son las conexiones y los inicios de los que habla van Dick los que permiten que

dentro de esta reflexión se retome el tema de la experiencia. Crecer con alguien, crecer en

algún lugar, ser parte de alguna familia, de alguna comunidad o de alguna clase social

específica, en primera instancia, son rasgos de identidad que una fotografía puede

capturar. Sin embargo, nuevamente esto ha cambiado con la introducción de las nuevas

tecnologías y el mayor acceso a las cámaras.


2
Las comillas fueron puestas por mí para intentar mantener el sentido en la lengua castellana. El
original dice “[…] individuals articulate their connections to, and initiation into […]”
3
Las comillas fueron puestas por mí para intentar mantener el sentido en la lengua castellana. El
original dice “[…]ritualized moments of aging and of coming of age”.
26


Aunque van Dick menciona lo anterior, es posible complementar su argumentación

señalando que la práctica de la fotografía en la cotidianidad permite también retratar

rasgos de identidad menos estables –pero no por eso menos importantes- como rasgos

físicos (cortes de pelo, por ejemplo), relaciones no necesariamente de sangre o de

pertenencia social (amigos, parejas sentimentales), gustos y preferencias (estilo de vestir),

actividades (deportes, conciertos, viajes) y lugares frecuentados.

Es por razones como las anteriores que es posible afirmar que las fotografías son:
[…]recordatorios visibles de anteriores apariencias que nos invitan a reflexionar
acerca de lo que ha sido pero, de la misma manera, nos dicen cómo debemos
recordarnos a nosotros mismos como personas jóvenes. Nosotros remodelamos
nuestra imagen propia para que quepa en las imágenes de tiempos pasados. […]
Nosotros usamos estas imágenes no para arreglar la memoria, sino para recorrer
nuestras vivencias pasadas y reflexionar acerca de lo que ha sido, es y será (van
Dick, 2008. p.63).

Para Baudrillard “Como fragmentos de un holograma, cada esquirla contiene el

universo entero” (Baudrillard, 1996). Con esta anterior afirmación es posible reforzar la

idea de identidad en la fotografía que quiero defender y, adicionalmente, permite

introducir la noción de unicidad del instante. Lo anterior se debe a que cada imagen

capturada por medio de una cámara fotográfica, como se dijo anteriormente, corresponde

a un punto en el espacio-tiempo único e irrepetible.

Considero que una fotografía no debe ser sólo pensada como un conjunto de

elementos contenidos en una imagen, sino que debe también incluir una reflexión acerca

de cómo fue posible esa fotografía. Adicionalmente a los aspectos técnicos y artísticos

que están presentes en cada captura, existen elementos emocionales y narrativos que

permitieron que fuese posible. Por ejemplo, nuevamente con el ejemplo que ha sido

utilizado a lo largo de este trabajo, una foto familiar no sólo debe ser apreciada en la
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medida que muestra miembros de una misma familia, sino que también debe ser

apreciada en la medida que el hecho de que cada uno de esos miembros estén ahí

significa que hubo decisiones e historias que la posibilitaron. Si en una fotografía familiar

falta un miembro, sigue siendo una fotografía familiar, pero es distinta. Una fotografía no

sólo es el conjunto de elementos que la compone, sino una historia que comenzó mucho

antes de que se hiciera la obturación. Es posible por el matrimonio en el que fue tomada,

es posible por el encuentro de esos dos seres que se van a comprometer, es posible

porque cada uno de los invitados tenía o hizo lugar en su agenda para poder asistir, es

posible, en pocas palabras, porque un conjunto de hechos y decisiones configuraron que

ese momento fuese de una manera y no de otra. Esa es la unicidad de la experiencia y es

la razón por la cual cada momento tiene una mayor o menor valor.

Asumamos que tenemos una fotografía de una pareja de recién casados con sus

padres y es claro que el valor es distinto si, por ejemplo, los papas de los novios son

amigos de mucho tiempo o si, por el contrario, han tenido conflictos entre ellos. La

fotografía es la misma, pero su historia, la narrativa que la posibilitó, le da un valor

completamente distinto.

Ahora bien, retomando el tema de la identidad, el anterior ejemplo deja claro que

cuando uno quiere pensarse y conocerse a sí mismo, una fotografía tiene el potencial de

ser una captura de un espacio-tiempo que definió ese instante retratado. Ya están

expuestas las razones por las cuales es posible decir que una fotografía tiene una narrativa

que existe antes que ella misma y que la posibilita y, por lo tanto, se puede deducir que

cada individuo presente una imagen fotográfica existe en esa imagen en la medida que

todos los demás elementos presentes también lo están. En síntesis: el ser que está

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representado en una fotografía sólo fue posible porque todo lo demás también fue

posible.

Una reflexión que también debe hacerse en este trabajo es acerca de la fotografía

en términos de identidad en el mundo de hoy. Las redes sociales son un punto

fundamental en este sentido. Por el momento, las redes sociales han sido tratadas a lo

largo de este texto como un dinamizador de cambios en las prácticas fotográficas, sin

embargo no se ha profundizado aún sobre lo que esto significa.

Las redes sociales, se pueden entender como plataformas de comunicación

intersubjetiva. Varias personas deciden compartir sus pensamientos, recuerdos,

posiciones y, en general, cada posible aspecto de la vida externa e interna que pueda ser

transmitido por medio de lenguajes visuales, auditivos o escritos a través de internet.

Desde el registro en cualquier red social, la primero que hay que crear es un perfil,

lo que significa explicitar una identidad. Más allá de la información de registro –nombre,

apellidos, edad-, información acerca de gustos, intereses y creencias es una invitación a

reflexionar sobre uno mismo. Sin embargo, ese es el aspecto individualista de cada ser

humano. Existe también el aspecto intersubjetivo que es el que hay que tratar en este

trabajo.

La identidad, en términos individualistas, se trata de búsquedas, reconocimientos,

interacciones y construcciones acerca de quién soy. Sin embargo, en términos

intersubjetivos, se trata de quién quiero ser ante los demás. Decisiones tan básicas como

una foto de perfil o una actualización de estado quieren dar cuenta a aquellos con los que

estamos conectados, nuestra red social, cómo queremos ser vistos.

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Retomando el tema de la imagen que es el pertinente en este escrito, una foto de

perfil no consiste simplemente en una forma de identificación física, sino de

personalidad. Se trata, en pocas de palabras, de cómo alguien quiere ser reconocido. Una

foto solo, con pareja, con amigos, con familia, de un famoso que no es uno, de un paisaje,

etc., significan distintas cosas y nos expone al mundo de diferentes maneras.

Adicionalmente, redes sociales como Facebook, la más utilizada alrededor del

mundo, cuentan también con la posibilidad de subir fotografías en las que se puede

definir el lugar, quiénes están, el estado emocional, entre muchos otros aspectos. Y es

respecto a estas últimas posibilidades es en donde es posible articular una reflexión más

profunda acerca de la fotografía en las redes sociales.

Cuando subo una foto con mis amigos y la etiqueto, no sólo estoy reconociendo

físicamente rostros o personas, sino que estoy creando vínculos compartidos. Estos

vínculos, como se dijo en otra parte de este texto, son vínculos de relación y, por lo tanto,

de identidad. Adicionalmente, también estoy creando un recuerdo compartido. La

fotografía deja de ser privada y se vuelve una memoria para todos a los que les permito

verla -el acceso a las fotografías por redes sociales es de por sí un tema interesante. Yo

puedo etiquetar a quien quiera, pero eso no significa que deba o que vaya a hacerlo.

Puedo restringir el acceso a ciertas memorias- incluso cuando etiqueto a una persona en

una foto desde mi perfil, permito que sus amigos –que no necesariamente conozco yo-

puedan opinar, juzgar y definir que sienten respecto a la fotografía.

Otro asunto que merece atención es la intención de los usuarios al publicar

fotografías en redes sociales. Si bien hasta este momento se ha defendido el valor de una

fotografía para el individuo en términos de memoria e identidad, las redes sociales han

30


revelado que también hay una función que podría ser llamada reconocimiento. Entiendo

esta función no sólo como el deseo de presentarse a uno mismo a una red social, sino

cómo el deseo de que dicha presentación genere una reacción.

Una de las opciones más interesantes que ha añadido Facebook en los últimos

tiempos son las opciones de evaluar una publicación. Antes sólo contaba con una opción

de me gusta, pero recientemente fueron añadidas las opciones de me encanta (una palabra

que es más fuerte que el mero gustar), me divierte, me asombra, me entristece o me

enfada. Estas opciones son cosas a las que vale la pena dirigir la atención en la medida

que, retomando el ejemplo de las foto con amigos, permite que se explicite que la

experiencia visual de ver una foto no sólo genera reacciones en los que están en ella, sino

también en quienes no son un elemento constitutivo de la imagen.

En conclusión, el papel de la fotografía como una forma de comunicación social

es altamente visible en redes sociales en la medida que se considere como un lenguaje

visual de intercambio de experiencias. Como se ha visto a través de este texto, comunica

nuestros momentos valiosos, rasgos de identidad y, como algo adicional en este tipo de

espacios, la manera en la que quien publica quiere ser reconocido.

Respecto a otra red social, me gustaría destacar Flickr. Estoy de acuerdo con

Gómez Cruz (2012) acerca de que esta red social permite un estudio más profundo en

términos de fotografía, pero, siguiendo el argumento propio recién planteado, puede ser

entendida también como una red social en la cual fotógrafos de todos los tipos quieres

exponer su trabajo y, por lo tanto, la manera en que quieren ser reconocidos en el mundo

en tanto fotógrafos.

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Cuando las imágenes se convierten en lenguajes visuales a través de canales de
comunicación, el valor de una imagen individual decrece mientras el significado
general de la comunicación visual incrementa. Mil imágenes enviadas ahora por
medio de celulares valen una sola palabra: `¡Observa!’ (van Dick, 2008. p.62).

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Random Memories, el producto

Toda la reflexión y el recorrido argumentativo que se ha desarrollado hasta este

momento apunta a justificar la existencia de una fenomenología audiovisual de mi oficio

como fotógrafo. Como parte de este trabajo de grado, además de este escrito, se va a

realizar un cortometraje acerca de un fotógrafo, de sus memorias y vivencias, de la

importancia de la fotografía en la construcción de sí mismo.

La intención, como fue mencionada desde el principio de este escrito, es

mostrarme a mí mismo como fotógrafo y reflexionar acerca de lo que ha significado este

oficio para mí en términos de identidad y memoria. Este cortometraje, además de ser una

muestra audiovisual de mi forma de hacer mi oficio, es lo que he sido, lo que pienso

acerca de lo que he sido y el camino que he recorrido hasta el soy.

En primera instancia, al ser una una reflexión acerca de lo que siento, pienso y

hago mientras estoy detrás de una cámara, es una experiencia en primera persona y, como

tal, la perspectiva de la cámara, de los ojos, es la que debe guiar la narración y el flujo de

las reflexiones.

El guión está construido a partir de una voz en off que está observando sus

recuerdos y el mundo presente. Esta voz se cuenta a sí misma su vida y su cómo llegó a

ser lo que es. Es por lo anterior que el cortometraje puede ser considerado un documental

experiencial de una primera persona que está detrás de una cámara fotográfica.

La realización de este cortometraje puede separarse en dos momentos. El primero

es la realización del guión que consiste, como se afirmó anteriormente, en una voz en off

del protagonista que está reflexionando de manera poética y aforística acerca de sus

recuerdos, experiencias y fotografías. Esta voz representa un personaje mental, no uno

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físico, que está narrando poéticamente lo que está percibiendo. El personaje intenta

desglosar todo lo que ha vivido y está viviendo. En otras palabras, está reflexionando y

retroalimentándose a sí mismo a partir de experiencias y estímulos visuales.

A continuación desarrollaré un exposición de los momentos de la voz en off con

el fin de explicar la intención, el lenguaje que fue escogido en la creación del guión y la

interpretación, influenciada totalmente por este texto, que le doy a las reflexiones

discursivas que van a estar presentes en el cortometraje.

“Dicen en la India que uno muere y nace una sola vez y que morir y nacer no es lo

mismo que llegar e irse”: la referencia a la India es una referencia creada que sirve como

una afirmación que sintetiza la historia de mi experiencia en Buenos Aires contada en la

introducción de este escrito y plantea una distinción lingüística entre palabras que hablan

de vida y muerte. Llegar e irse son planteados como términos biológicos, mientras nacer

y morir son términos que deben ser entendidos como espirituales. Morí en Bogotá y nací

en Buenos Aires.

“Nadie parece haber reclamado absolutamente nada. Nadie lo percibió. Jugaba

inocentemente con la idea de la eterna rayuela, mientras también existía un tajante corte

entre dos mundos que me hacía andar por la vida con un pie sobre cada línea demarcada”:

esta parte está inspirada en el capítulo 7 de Rayuela de Julio Cortázar. Además de ser

una suerte de homenaje, también es una voz que permite hablar del punto que creo que

partió mi vida en dos: Blanka, el símbolo de la mujer que marca el inicio no sólo de una

de mis fijaciones a la hora de tomar fotografías, sino también un símbolo de mi

nacimiento. Las primeras dos frases quieren hacer entender que fue algo inesperado, algo

que simplemente sucedió. El jugar inocentemente es una manera de decir que recién

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empezaba a curiosear los nuevos tiempos que vivía, un regreso a la inocencia en donde

todo era nuevo para mí y dónde no sabía muy bien lo que estaba haciendo. Los dos

mundos, mi vida vieja y nueva, todavía tenían un límite difuso, pero eran distintas y yo

ya lo sabía.

“Hubo algún momento en mi historia imposible de descifrar, en el que la vida,

nuestra vida, élla, la vida de nosotros, escapó sigilosamente de nuestras manos.

Anocheció porque tenía que anochecer. Se fue cuando apenas la estaba viendo llegar”:

esta parte habla de mi separación de Blanka y mi regreso a Bogotá. Es un homenaje a lo

que fue y eso que lo que fue me dejó. También es un momento en el que recuerdo la

impotencia de no poder parar el tiempo, de no poderme quedarme ahí por siempre. Sin

embargo, también es la aceptación de la progresividad del tiempo y de una suerte de

misticismo que me permitió entender que tenía que seguir andando el camino que había

recién comenzado.

“Decidí dejar de buscar y empezar a encontrar, dejar a un lado todo lo que no

fuese mío, salir al mundo a empaparme y ser fiel de mi propio espíritu”: ya con un punto

de inicio marcado, con un conflicto planteado –a saber, el inicio de nuevos tiempos y el

nacimiento y construcción de un nuevo yo-, este parte habla acerca de salir a explorar el

mundo con nuevos ojos, pero no sólo con los ojos que simplemente ven, sino con los ojos

que tienen una manera especial de percibir y que, como tal, también tienen criterios aún

por conocer acerca de dónde se dirigen. En pocas palabras: es la idea de unos ojos que

quieren empezar a entender cómo están viendo y por qué así y no de otra forma.

“En un segundo, eres impenetrable y nada puede tocarte. Al siguiente, sin saber

muy bien por qué, tienes el corazón latiendo y expuesto al aire. Cierras los ojos para

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parpadear y, cuando los abres, ni te imaginas lo que te has perdido. A veces es tarde y, a

veces, demasiado tarde”: esta reflexión es la primera que hablar acerca del oficio de

fotógrafo en sí. Significa que existen ciertos momentos en los cuales, de repente, un

estímulo visual llama la atención y se vuelve un asunto urgente de retratar. También es

una reflexión acerca del tiempo y de la duración de las cosas: el estímulo visual puede

durar un parpadeo o más que eso. No hay ley sobre este asunto. Hay que estar siempre

listo y siempre atento.

“Todas las cosas alegran o enferman dependiendo de la hora del día. En un

momento, todo se alinea y ocurre un instante que nunca más volverá a suceder. Un punto

en el espacio-tiempo, un punto que sólo pudo ocurrir porque todo lo demás estaba

también en él”: esta parte desarrolla más el tema del tiempo y de los estímulos. La

primera frase condensa las corrientes de pensamiento que defienden que uno es el espacio

en el que está en el tiempo presente. No es lo mismo ver una rosa cuando uno está triste

que cuando uno está feliz. La mirada también siente, también es sensible en mayor o

menor proporción dependiendo de lo que uno, como ser humano, está viviendo. Por otro

lado, nuevamente se retoma el problema de la duración, esta vez con un tono que

reconoce que cada momento, sea cual sea, es un estadio de posibilidad entre infinitas

posibilidades y que eso que está frente a los ojos es la suma de infinitas circunstancias,

decisiones y ocurrencias que nunca más van a volver a juntarse de la manera en la que

están juntas en ese preciso instante.

“Llegó el instante decisivo, los gloriosos tiempos del todo o nada: yo no recuerdo

el día en que llegué, pero sí el día en el que nací en este mundo. Ahora eso soy: el que

decide sobre su propia vida. El que quiere estar lleno de sí y sólo de sí”: como

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introducción al final de la reflexión, esta voz pretende dar a conocer la solución al

conflicto que se planteó al inicio del corto: la mirada aprendió a decidir qué quiere mirar

y entra a un momento en el que lo que le interesa no es saber por qué mira lo que mira,

sino contemplar lo que ella apunta para llenarse de sus propias exigencias.

“No quiero que mis memorias sean vulnerables. No voy a dejar que se vayan sin

decir adiós. No voy a cometer dos veces el mismo error. Mis memorias son lo que he

sido, lo que he querido y, ante todo, son el registro de los instantes en los que, por alguna

u otra razón, sentí que tenía al frente todo lo que quería encontrar”: finalmente, esta

declaración final marca un compromiso que ahora tengo cuando estoy detrás de una

cámara: el de no olvidar bajo ninguna circunstancia y el de hacer que cada captura

entendida como recuerdo, como memoria e identidad, retrate de la mejor manera posible

aquello a lo que, así fuera por un momento, valió la pena dirigir la mirada.

La segunda parte fue la planeación de la parte visual del corto. Este proceso

consistió en observar una cantidad enorme de videos y fotos almacenadas por años. Fue

un recorrido de todo el material, sea personal o de trabajo, que conservo por alguna u otra

razón. El esfuerzo de lograr una sincronía entre la imagen y la voz me llevó a estar horas

y horas sentado al frente de una pantalla haciendo una selección. En general, puedo decir

que intente categorizar mi material en temas como amor, viajes, espacios, amigos y

música. Más allá de la la generalidad de los temas, encontré ciertas especificidades sobre

cada uno de ellos a la hora de analizar mi material.

Respecto al amor, el símbolo de la mujer es una constante desde el inicio de mi

trabajo. Como dije en un principio, no hay una mujer a la que le haya tomado una

fotografía de la cual no haya estado enamorado cinco segundos o cinco años. Tengo

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sonrisas, poses, mujeres dormidas, mujeres desconocidas, mujeres arregladas, mujeres

recién despertándose, etc. Es más, este símbolo es el que más está presente en el material

que tengo porque puedo afirmar que las mujeres, el amor, está presente en todas las

demás categorías en las que decidí ordenar mi trabajo.

Los viajes son otro punto importante de mi trabajo. Es el cambio, es la

exploración de un mundo en donde no hay lazos ni compromisos. Cuando uno se va de

un sitio a otro, jamás se va completo ni jamás llega completo. Lo otro es que los viajes

son siempre una salida de la cotidianidad incluso para el que vive viajando.

Parafraseando la famosa frase, creo que puedo decir que uno nunca recorre una carretera

de la misma manera.

Los otros tres temas, espacios, amigos y música, tienen un carácter distinto.

Acerca de los espacios, creo que me atrae más las proyecciones que hago en ellos. Me

gusta fantasear acerca de cómo los utilizaría yo. Los amigos y música, por otro lado, creo

que representan momentos en los cuales se deja atrás el pasado y prima el presente sobre

cualquier otra cosa. En otras palabras, una fiesta, una reunión en casa, un picnic o un

concierto exigen de toda la atención. Si bien cualquier salida a caminar tiene el potencial

de ser una experiencia, la verdad es que no todas lo son. Sin embargo, un concierto

siempre es planeado como algo único, irrepetible, emocionante y siempre hay

expectativa. Tal vez es por lo anterior, por la expectativa respecto a algunas

circunstancias, que surgen experiencias memorables que suelen estar cargadas de una

gran energía.

Como es posible ver, el cortometraje planteado está fundamentado teóricamente

sobre cada uno de los temas planteados en este texto. La memoria y la identidad están

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más que presentes en la planeación y producción del corto y, por lo tanto, cada una de las

reflexiones presentes en este texto pueden ser proyectadas al producto audiovisual que lo

acompaña.

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Conclusiones

El recorrido de este texto parte de la pregunta acerca de la importancia del registro

fotográfico para el fotógrafo mismo. En primera instancia, como se planteó en el capítulo

de representación y temporalidad, se utilizó la ontología de la imagen planteada por

Edgar Gómez Cruz para llegar hasta la imagen fotográfica. De este capítulo hay que

destacar, antes que todo, el papel de la imagen como forma de evadir a la muerte. Los

ejemplos que se utilizaron en este trabajo acerca de esta función fueron la pintura, la

escultura y la fotografía –sin embargo, se puede encontrar en todas las formas de arte

figurativo-.

Sobre la pintura y la escultura y su relación con la representación, se llegó a la conclusión

de que, aunque tuvieron un gran alcance y permitieron a los antiguos cumplir con sus

deseos de vida después de la vida, fallaban por precisión en la medida que eran

aproximaciones a la realidad, pero no tenían la capacidad técnica de reproducir tal como

fue un instante. Debido al anterior límite, la fotografía entró cumplir esta función –la

función indexical- como el arte que, por excelencia, es capaz de capturar cada detalle

presente en lo que quiere representar. En pocas palabras: la fotografía era capaz de

reproducir la realidad tal como fue en ese instante de tiempo.

También relacionado con la temporalidad en la fotografía, se logró concluir que la

fotografía no sólo se trata de la representación de un tiempo presente sino que, sobre

todo, la fotografía sólo se puede realizar en el tiempo. A diferencia de otras formas

expresivas que pueden intentar representar el pasado o el futuro, la fotografía tiene un

límite temporal técnico que podría denominarse presente inmediato.

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En este capítulo también se inició la crítica a la idea defendida desde el positivismo y el

cientificismo de que la fotografía es ajena a la habilidad humana. Por medio de la

introducción de estudios sociales sobre la fotografía, a lo largo de todo este trabajo se

demostró que el papel del ser humano que está detrás de la cámara fotográfica es un

determinante en cada obturación en la medida que es este el que toma decisiones acerca

de lo que merece la pena ser retratado y cómo y, por lo tanto, limita o potencializa los

mensajes visuales que cada fotografía tiene. El papel del ser humano y la habilidad de

este, entonces, son elementos que no pueden ser abstraídos de los estudios de la

fotografía en la medida que son estos los que, finalmente, determinan el contenido que

está más allá de la mera representación.

Otro aspecto a destacar es la transformación en los usos y presencia de la fotografía. Por

medio de un recorrido histórico, se logró rastrear que el uso inicial de la fotografía era la

de retratar momentos rituales y ocasiones especiales como reuniones familiares y tenía

como función hacer un recuerdo. Sin embargo, a medida que la presencia de cámaras

fotográficas se ha ido incrementando a lo largo y ancho del mundo, los usos de esta

técnica empezaron a aumentar también hasta el punto que cualquier situación de la

cotidianidad tiene el potencial de ser una captura fotográfica. En conclusión: a la

fotografía ya no es posible otorgarle únicamente el carácter ritual que solía primar, sino,

por el contrario, la fotografía, hoy en día, se trata de la cotidianidad.

En el capítulo acerca de la memoria y su relación con la fotografía, por medio del mito

del auriga y los caballos expuesto por Platón en el Fedro, se inició con una reflexión

acerca de lo que significa recordar. Este mito ayudó a plantear la importancia de la

experiencia del recordar: a saber, el que recuerda es capaz de divisar las grandes cosas

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nuevamente. Esta experiencia inicia con el encuentro con algo o alguien hermoso que es

capaz de transportarnos al momento en el que volábamos con los dioses por los cielos.

A partir de este mito, inicia una reflexión acerca de qué es lo que recordamos cuando

recordamos. En esta parte del trabajo se profundizó acerca de lo que puede decir una foto

cuando es tratada como recuerdo y, específicamente, se llegó a la conclusión que una

fotografía permite percibir una gran cantidad de engranajes sociales como procedencia,

linaje, relaciones de amistad, lugares visitados, etc.

Nuevamente se plantea una transformación en esta función debido a las nuevas

tecnologías. Por medio de argumentos de autoridad, se hace referencia a un paso que

existió entre fotografías familiares y fotografías auto-representativas y que permitió otro

tipo de memorias no necesariamente colectivas (en el sentido que pueden dejar a un lado

las relaciones sociales, por ejemplo), sino más bien personales.

Tras el capítulo acerca de la memoria, fue posible pasar a hablar de identidad. En esta

parte del trabajo, se profundizó en la idea de que las fotografías nos dicen cómo

deberíamos recordarnos cuando fuimos jóvenes. Desarrollando un paso más allá de lo

expuesto acerca de la memoria, una fotografía, además de permitir percibir el pasado,

puede hacer que nos relacionemos con él. En otras palabras, no sólo se trata de saber que

crecimos en un sitio, sino en percibir cómo fuimos mientras estábamos allá. En esta

medida, una fotografía no sólo nos permite reconocer lo que fuimos, sino también las

transformaciones y las constantes que han sucedido desde ese entonces.

Los ejemplos propuestos en el texto, además de los que fueron denominados rasgos de

origen, fueron los rasgos físicos, los gustos y las actividades. Tener una fotografía en la

que uno se percibe como un ser diferente al que es hoy en día, permite percibir un camino

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que que ha sido recorrido desde ese entonces. El ejemplo canónico de una fotografía de

juventud de alguien que ahora es un gran empresario: el paso de camisetas a corbata. Sin

embargo, más allá de una concepción moralizadora acerca de si usar ahora corbata es una

evolución, el personaje debe reconocerse como un él mismo que también fue y que ha

cambiado.

Adicionalmente, en este capítulo fue posible el desarrollo de un tema que estuvo presente

desde mucho antes: las redes sociales. Utilizando la identidad como algo perceptible en

una fotografía, se introdujo la noción de cómo queremos ser vistos -lo cual también dice

mucho acerca de cómo nos vemos y cómo queremos ser y, por lo tanto, hace parte

también de la identidad- para ser un análisis acerca de la relación existente entre redes

sociales, identidad y fotografía.

Tomando como punto de partida la reflexión acerca de qué es lo que significa una foto de

perfil en una red social, se llegó a concluir que una foto de perfil no sólo se trata acerca

de una representación física, sino de personalidad. Las redes sociales, como plataforma

de comunicación intersubjetiva, son capaces de transmitir mensajes codificados en

lenguaje visual y, en esta medida, una foto de perfil es una forma de comunicar al mundo

la identidad con la cual queremos ser vistos. También se reflexionó acerca de las

reacciones que despiertan estos mensajes visuales y acerca de los vínculos y el papel de

memoria colectiva que pueden nacer a partir de las fotografías publicadas en estos

espacios.

Por último, tras el recorrido reflexivo y teórico realizado a lo largo de todo el trabajo, se

formuló la idea de un producto audiovisual que contemplara cada uno de los puntos

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desarrollados a nivel conceptual y en el cual se explora en lenguaje visual las principales

conclusiones derivadas de esta investigación.

Con respecto a la pregunta realizada en el prólogo, se llegó a la conclusión de que la

fotografía le permite a aquel que está detrás de una cámara fotográfica tener un registro

de experiencias y cambios que han sucedido a través de su vida y, en la medida en que es

él el que toma las fotos, le permite saber cuáles son las cosas que él destaca sobre otras y,

en especial, el material del fotógrafo es una especie de narrativa que, interconectada, le

permite un registro acerca de los momentos que, de alguna u otra forma, lo han llevado a

ser el que es.

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Bibliografía

Baudrillard, Jean. (1996). Videosfera y sujeto fractal. Madrid, España: Editorial Cátedra.

Brea, José Luis. (2010). Las tres eras de la imagen: imagen-materia, film, e-image.

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Cortázar, Julio. (2016). Rayuela. Bogotá, Colombia: Penguin Random House Grupo
Editorial.

Gómez Cruz, Edgar. (2012). De la cultura Kodak a la imagen en red: una etnografía sobre

fotografía digital. Barcelona, España: Editorial UOC.

van Dick, José. (2008). Digital photography: communication, identity, memory.

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