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Génesis Y Estructura de La Teoría Generai de Lord Keynes: Kicillof, Axel

Este documento resume una tesis doctoral de 2005 de Axel Kicillof de la Universidad de Buenos Aires sobre la génesis y estructura de la teoría general de John Maynard Keynes. La tesis analiza los conceptos fundamentales de la teoría keynesiana del empleo, el dinero y el capital. Examina los antecedentes clásicos y cómo Keynes criticó la teoría clásica para proponer un nuevo sistema económico que explica el desempleo crónico.
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Génesis Y Estructura de La Teoría Generai de Lord Keynes: Kicillof, Axel

Este documento resume una tesis doctoral de 2005 de Axel Kicillof de la Universidad de Buenos Aires sobre la génesis y estructura de la teoría general de John Maynard Keynes. La tesis analiza los conceptos fundamentales de la teoría keynesiana del empleo, el dinero y el capital. Examina los antecedentes clásicos y cómo Keynes criticó la teoría clásica para proponer un nuevo sistema económico que explica el desempleo crónico.
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Universidad de Buenos Aires

Facultad de.oenctas 'Económicas


Biblioteca "Alfredo L. Palacios"

Génesis y estructura
de la teoría generaI de
Lord Keynes
(Extracto)

Kicillof, Axel

2005

Cita APA:
Kicillof, A, (2005), Génesis yestructura de la teoría general de Lord Keynes,
Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Económicas,
Departamento de Doctorado
Este documento forma parte de la colección de tesis doctorales de la Biblioteca Central "Alfredo L, Palacios",
Su utilización debe ser acompañada por la cita bibliográfica con reconocimiento de la fuente,
Fuente: Biblioteca Digital de la Facultad de Ciencias Económicas -Universidad de Buenos Aires
Tesis Doctoral 001501/1176
Sección V. Conclusión: los conceptos fundamentales
que sostienen el sistema de Keynes.

La respuesta ortodoxa consiste en echarle la


culpa al obrero, por trabajar demasiado
poco y ganar demasiado.

Keynes, Las consecuencias económicas de


Mr. Churchill.

357
Capítulo 1 - Una incursión en los conceptos de dinero y capital.

1.1. Los aportes del sistema de Keynes.

Las Secciones II y III contienen la exposición de los antecedentes que consideramos


más significativos en la construcción del nuevo sistema propuesto en la Teoría General.

La Sección JI contiene nuestras indagaciones sobre el contenido de la teoría clásica. Por


tal, Keynes alude al intento de unificar la tradición ricardiana de principios del siglo
XIX con las nuevas teorías propuestas por los primeros marginalistas, a partir de la
década de 1870. Marshall fue quién aspiró a forjar una síntesis temprana entre las
nuevas ideas y las antiguas, con la intención manifiesta de resaltar la continuidad más
que la ruptura entre las diversas corrientes de la economía inglesa. Se proponía
componer un corpus teórico sin fisuras. Keynes, siguiendo a Marshall sostiene que los
clásicos son "the followers of Ricardo, those that is to say, who adopted and perfected
the theory of the Ricardian economics" (Keynes 1936/1939: 3; 1.1). Los Marshall,
Edgeworth y Pigou, los marginalistas son para Keynes continuadores que mejoraron la
teoría ricardiana.

Los acontecimientos que se desenvuelven en las primeras décadas del siglo XX ponen
en evidencia, al menos para Keynes, la impotencia de la doctrina heredada para
descifrar las causas de los inéditos desarreglos económicos que acompañan la primera
posguerra y que terminan por explotar en la crisis más profunda de la era capitalita. Las
recetas tradicionales se muestran más proclives a profundizar los desajustes que a
señalar en la dirección de una salida novedosa. En suma, para Keynes, la teoría clásica
debe ser abandonada.

En la Sección III recorrimos el camino científico poco convencional por el que Keynes
decide aventurarse para enhebrar su crítica. No se trata simplemente de rechazar la
teoría clásica debido a que sus previsiones no coinciden con los hechos, es decir, a
someterla a "contrastación empírica" observando únicamente el movimiento
cuantitativo de las variables del modelo anterior para comprobar el acierto o desacierto
de sus predicciones. Tampoco se trata de criticar desde una perspectiva moral las
premisas y recomendaciones de la ortodoxia. El recurso crítico que adopta Keynes es,
en cierto modo, original. Su investigación se dirige hacia las raíces históricas del fracaso
de la teoría clásica. Edifica con ese propósito una caracterización de las
transformaciones más profundas de la sociedad que se agitan por detrás de sus
manifestaciones aparentes. Esta perspectiva lo conduce a una conclusión: la teoría
clásica debe abandonarse no porque ser "incorrecta", es decir, incapaz de reflejar una
realidad que es siempre la misma, que es inmutable. Mientras la ortodoxia suele restar
toda importancia a las transformaciones en la sociedad capitalista, Keynes fundamenta
su rechazo del pensamiento económico de la época en la conviccióncontraria'.

1 No es justo ni exacto afirmar que la economía desconoce la existencia de una historia previa al
surgimiento de la sociedad moderna; por el contrario, la admite. En sus desarrollos incluye, desde la
época de Smith, un mítico "estado primitivo y rudo de la sociedad". Del mismo modo, se buscan
materiales para aplicar la teoría moderna al medioevo y la antigüedad. Pero estas referencias al pasado
suelen utilizarse -al igual que el recurso del hombre aislado, un "Robinsón''-- para demostrar que las
formas sociales propias de la sociedad capitalista -la mercancía, el dinero, el capital- estaban ya

358
Lo distintivo de la perspectiva general de Keynes está en su permanente objetivo de
desentrañar el carácter histórico de las doctrinas económicas. Sostiene, por
consiguiente, la existencia de una dinámica de transformación de las formas sociales, a
la que convierte en su objeto de estudio. Desde nuestro punto de vista, este aspecto es
fundamental, porque una vez que la historia ingresa en el campo de las categorías
económicas, la fronteras disciplinares rígidamente establecidas se derrumban; surgen así
novedosos interrogantes acerca de la génesis, la naturaleza y el porvenir de la sociedad
actual. Creemos, además, que este aspecto del pensamiento de Keynes y su conexión
con la génesis de la Teoría General fue generalmente pasado por alto.

En la Sección IV nos ocupamos finalmente del sistema de Keynes, El Primer Tratado de


la teoría clásica, acerca del valor y la distribución, es catalogado como la representación
de una economía no monetaria que, por eso mismo, se encuentra en un estado de plena
ocupación perpetua. El sistema clásico cuenta -tácitarnente- con mecanismos efectivos
que reaccionan ante cualquier perturbación, restaurando el equilibrio de pleno empleo.
Cuenta además con dispositivos que le permiten expandir su capacidad hasta agotar los
recursos empleables. Lo cierto es que el desempleo crónico generalizado -como tal, una
novedad histórica- no había sido considerado un verdadero problema teórico que
ameritar un análisis pormenorizado. La tarea que se propone realizar Keynes es triple:
desnudar esos mecanismos ocultos en los que los clásicos habían depositado
silenciosamente su confianza, desbaratarlos mediante la crítica y, finalmente, sobre
estas ruinas, edificar su propio sistema económico. Hasta la aparición de la Teoría
General sólo se habían presentado bosquejos de la teoría de la ocupación como un todo.
Por eso el trabajo de reunir todo el material desperdigado y de desplegar una potente
crítica contra sus premisas, su método y sus conclusiones debe tomarse como una de las
contribuciones sustantivas de Keynes. Existe innegable mérito en el sólo hecho de
plantear la nueva pregunta; mérito que hay que valorar independientemente de la
calidad de la respuesta que él mismo fue capaz de ofrecer.

Un segundo factor de originalidad debe buscarse en el sistema económico propiamente


dicho. Además de plantear una nueva pregunta, el sistema de Keynes debe ofrecer una
alternativa al método de la teoría clásica. Por analogía o agregación se pretendía
explicar comportamiento del todo como una simple proyección amplificada del
comportamiento conciente y voluntario de las partes o como una mecánica suma de

presentes, aunque con ropajes primitivos, desde el principio mismo de los tiempos. Por otra parte, si bien
se reconoce una historia previa, suele considerarse que con el advenimiento de la sociedad capitalista el
curso de la historia, en 10 fundamental, se ha detenido. Dice Marx al respecto en El Capital: "Los
economistas tienen un modo curioso de proceder. Para ellos, no hay más que dos clases de instituciones:
las artificiales y las naturales. Las instituciones del feudalismo son instituciones artificiales; las de la
burguesía, naturales. En esto se perecen a los teólogos, que clasifican también las religiones en dos
categorías. Toda religión que no sea la suya propia, es invención humana; la suya, en cambio, revelación
divina. Así, habrá podido existir una historia, pero ésta termina al llegar a nuestros días." (Marx
1871/1986: 46'; el subrayado es nuestro). La economía contemporánea, por su parte, suele omitir por
completo estas embarazosas cuestiones que, por otro lado, son poco transcendentes desde el punto de
vista de los fines eminentemente prácticos de la disciplina. Existen, claro está, honrosas excepciones,
entre ellas, por ejemplo, la de Hicks que en su Teoría de la historia económica afirma: "debemos
clasificar los estados de la sociedad, estados económicos de la sociedad, debemos buscar razones
inteligibles por las que un estado deba dar paso a otro. Será una secuencia no totalmente diferente de la de
feudalismo, capitalismo y socialismo de Marx" (Hicks 1969/1984: 7). La economía teórica, se afirma, no
tiene que explicar la historia. La pregunta es ¿puede hacerlo? Nos enfrentamos entonces al alcance de sus
categorías.

359
acciones individuales incondicionadas. Al tomar como su punto de partida las leyes que
regulan el movimiento del sistema como tal, hacen su aparición, una a una, las
restricciones que ese funcionamiento impone sobre la "libre" decisión de los individuos.

El sistema se caracteriza además por haber distinguido, clasificado y, finalmente,


ordenado jerárquicamente los fenómenos relevantes, de una forma completamente
original. Se ofrece así una "secuencia causal": ciertas circunstancias se toman como
invariantes, como dadas; el resto de los elementos relevantes se convierten en las
variables del sistema, que se enlazan mediante las relaciones de causalidad. Keynes
prefiere esta exposición secuencial a la resolución simultánea, que oculta las relaciones
de causa - efecto. La forma de presentación de la Teoría General destaca ciertas
relaciones a las que considera principales, mientras otras se convierten en secundarias.
Para llegar a los valores definitivos de las variables, una vez agotadas todas las
repercusiones, sería necesario repetir la secuencia iterativamente. La virtud de este
modo de montar su sistema está no tanto en la "precisión mecánica del aparato" sino en
que el economista puede ponderar la importancia de los distintos elementos que
intervienen en la realidad compleja, para luego estudiar las desviaciones propias de cada
caso particular.

Por ultimo, la Teoría General incorpora los elementos monetarios en la determinación


del empleo y de los precios mediante su acción sobre la demanda agregada. Se
reconcilia el valor con el dinero. El libro se convierte así en un "study of the forces
which determine changes in the scale of output and employment as a whole" (Keynes
1936/1939: vi; Preface). Al introducir la posibilidad de que una insuficiencia de la
demanda agregada se convierta en la causa de la subutilización de la capacidad
instalada, el sistema de Keynes representa la emancipación de la teoría mainstream del
yugo de la ley de Sayo

Se puede computar, en este plano, un triunfo para Keynes: logró convocar la atención de
los economistas sobre su sistema y sobre su quaesitum. Inmediatamente después de la
publicación de la Teoría General se desató la controversia en torno del nuevo enfoque.
Pero el triunfo de Keynes puede medirse también por los resultados cismáticos que
produjo en el seno de la teoría ortodoxa. Lo que hasta el momento constituía el corpus
prácticamente entero de la economía, la teoría del valor y la distribución, fue
transformado en una rama particular de la economía: la microeconomía, con
pretensiones más humildes que las que anteriormente se le atribuían. Buena parte del
contenido de los Principles of Economics de Marshall -por no decir todo, ya que se
podrían excluir sólo algunos comentarios desperdigados y sólo uno de los seis libros
que lo componen-, que hasta entonces era considerado el Tratado de economía por
antonomasia, caería hoy dentro del dominio de la microeconomía. Lo mismo pasa con
las obras del resto de los más grandes marginalistas.

Antes de Keynes la economía era una sola, pretendía dar cuenta de los fenómenos
económicos mediante un enfoque unitario; después de Keynes se dividió en dos campos
distintos. Prácticamente todos los desarrollos de la teoría clásica, tal como se la conocía
hasta ese momento, fueron recluidos en un compartimiento creado a tal efecto, la
microeconomía. Una ciencia que -según Ricardo, Mill, pero también Marshall, Walras,
Jevons, Menger, etc.- aspiraba a explicar las leyes económicas generales de movimiento
de la sociedad, comenzó a ser tratada como una rama de la economía restringida
únicamente a retratar el comportamiento de los agentes individuales. Todos los

360
elementos que remitían a la sociedad considerada en su conjunto fueron trasladados al
área de incumbencia de una nueva especialidad, la macroeconomía. Pero si la teoría
clásica quedó encorsetada, lo mismo le ocurrió a su "verdugo", la Teoría General. Ella
quedó atrapada, junto con los debates originó, en el otro comportamiento en que la
disciplina se vio dividida. De esta manera, el logro de Keynes fue, como mucho, parcial.
Porque, gracias al nuevo parcelamiento de la teoría económica, a algunas de las
contribuciones que contiene la Teoría General se les quitó el suelo que necesitaban para
fructificar. Nos referimos a la discusión sobre el dinero, el capital y la mercancía. Ni la
microeconomía ni la macroeconomía podían albergarlas. Nos abocaremos a ellas en la
presente Sección.

Nuestra Tesis no se ha dedicado a analizar las diversas reacciones, ya sea favorables u


hostiles con que los economistas respondieron a los reclamos de Keynes 1. Ni bien el
sistema salió al ruedo fue recluido en el terreno de la macroeconomía. Comenzó
entonces la discusión acerca de cada una de las hipótesis que le daban vida. Ahora bien,
¿de qué trató -de qué se trata- el debate? ¿cuáles son las formas habituales para dirimir
los descuerdos? Las incontables controversias giran en tomo a la elección de las
variables dependientes e independientes, versan sobre la forma de las funciones, la
dirección de las relaciones de causalidad e, incluso, sobre el método mismo mediante el
cual se representan las vinculaciones entre los fenómenos. Una vez reconocido el nuevo
campo como un terreno legítimo 'para la investigación, todo fue discutido. Uno de los
objetivos principales de los antagonistas de Keynes se centró en el trabajo de restaurar
los viejos mecanismos que producen el pleno empleo o, en ciertos casos, a idear otros
nuevos. Estas discusiones parten de la base de la aceptación generalizada de "las
preguntas que plantea y, también en grandes líneas, de los elementos que intervienen en
su determinación. Las objeciones que se reconocen como válidas pueden basarse en los
resultados de la investigación empírica, pero también en objeciones acerca de los
supuestos sobre del comportamiento de los agentes, incluido entre ellos el gobierno. La
historia de la macroeconomía no es otra cosa que una apretada sucesión de escaramuzas
de este tipo, en todos los puntos estratégicos. Por otra parte, el debate no es, ni mucho
menos, abstracto: cada nueva solución pretende también explicar los fenómenos del
pasado, distinguiendo los fracasos de los éxitos, estableciendo sus causas. Pero lo que es
fundamentalmente, se pretende derivar de cada nueva contribución un juego de
recomendaciones y propuestas para la acción del Estado. La macroeconomía se apropió
de buena parte de la potencia "política" de la teoría económica. Keynes se quejaba de la
pérdida de "influencia práctica" de la teoría clásica. La aparición de la macroeconomía
logró sin lugar a duda recuperarla. Por lo mismo, no es extraño que gran parte de las
energías y pasiones de los economistas se hayan concentrado prioritariamente en este
debate.

Esta Tesis, empero, se propone principalmente resaltar otras dos discusiones, de distinta
raigambre. Aunque están presentes y ocupan un papel protagónico en la Teoría General
fueron abandonadas casi por completo.

La división entre micro y macroeconomía que caracteriza al pensamiento económico


mainstream privó a esta parte de la teoría de un campo adecuado para su desarrollo.
Keynes criticaba de forma despiadada el desdoblamiento de la teoría clásica en dos

1 En un trabajo anterior La macroeconomía después de Lord Keynes (Kicillof 2004), en que se

reproducían con leves modificaciones y ampliaciones los "antecedentes" examinados en el Plan de Tesis,
expusimos brevemente la historia posterior de estas controversias.

361
Tratados, uno dedicado al valor y el otro al dinero, debido a que contenían explicaciones
contradictorias para los mismos fenómenos. Una consecuencia paradójica de la
aparición de la Teoría General es que la estructura actual de la economía -resultante de
las réplicas de Keynes- reproduce esta antigua separación, sólo que ahora la frontera
corta al objeto de estudio, por así decir, longitudinalmente. Según esta división leyes
que rigen el comportamiento del individuo son distintas y deben ser estudiadas
separadamente de las que se refieren a la sociedad en su conjunto. No hay puente que
una ambas orillas'. El corte que separa a la microeconomía de la macroeconomía no es
otra cosa que la profunda cicatriz que la estocada de Keynes dejó en el rostro de la
teoría clásica.

Esta fractura del corpus teórico es además la manifestación más clara del total abandono
de dos de los aportes que consideramos centrales de la Teoría General. En la Sección
IV nos referimos al primero de ellos: la crítica de Keynes a la teoría clásica, pero
2
especialmente al marginalismo de Marshal1 . En efecto, en el libro de Keynes la
exposición del nuevo sistema se encuentra combinada con la crítica a las inconsistencias
teóricas y lógicas, que manchan a la teoría clásica. Algunas de esas críticas se dirigen
de igual forma a las dos corrientes que la componen: la adhesión a la ley, la defectuosa
concepción del dinero y el supuesto de pleno empleo son característicos de los
ricardianos y los marginalistas. Otro tanto puede decirse de la teoría cuantitativa
clásica del segundo tratado. Pero cuando Keynes cuestiona la construcción del mercado
de trabajo y del mercado de capital las objeciones van dirigidas específicamente a la la
nueva teoría marginalista que, a través de Marshall había intentado reemplazar a la
teoría de la distribución ricardiana con estos nuevos desarrollos. Pero Keynes rechaza
así la teoría clásica de la distribución brindando nuevas explicaciones generales para el
salario, la ganancia y el interés, que además pueden ser aplicadas a situaciones de
desempleo.

El sistema de Keynes es asimilado -aunque, incluso inicialmente, con ciertas


trasformaciones-y se convierte en el punto de partida de la macroeconomía. Pero las
críticas de Keynes al Primer Tratado se descartaron por completo. No cabían en la
macroeconomía pero tampoco en la microeconomía. Se perdía así al menos un tercio del
contenido de la Teoría General.

Hemos pospuesto el tratamiento del segundo debate olvidado hasta llegar a la presente
Sección, dedicada a reunir nuestras conclusiones. Aunque 10 hemos postergado, es éste,
para nosotros, el aporte teórico más trascendente de la Teoría General de Keynes. Pero
es también el que ha sido silenciado de la forma más definitiva.

Sostenemos que en la exposición de la Teoría General conviven tres distintos niveles o


profundidades de análisis. Por un lado, Keynes propone un nuevo sistema económico
para reflejar la determinación del nivel de ocupación de equilibrio -el primer nivel: el
sistema-; despliega al mismo tiempo una crítica dirigida a los aspectos principales de la
teoría clásica que chocan con su propuesta -segundo nivel: la crltica-, Pero existe un
tercer nivel de exposición, ignorado de forma generalizada por los economistas

1 En el último apartado de este capítulo, comprobaremos que la división entre micro y macroeconomía
fue, además de una consecuencia de su crítica, una propuesta que incluyó explícitamente en la Teoría
General. Se imaginaba ya cuál podía ser la fisonomía de la teoría económica luego de digerir -bien o
mal- sus aportes.
2 Expuesta en la Sección V. Capítulo 4.

362
posteriores, de todas las corrientes. Keynes dedica un largo segmento de la obra a un
análisis pormenorizado del capital y del dinero. En esos capítulos se sugieren algunas
modificaciones que atañen a la teoría clásica del valor l .

Corresponde tratar estas cuestiones de índole estrictamente teórica en las conclusiones


porque consideramos que la Teoría General conforma una unidad indivisible, es decir,
que los fundamentos del sistema de Keynes, así como su crítica al pensamiento
tradicional, descansan sobre sus particulares concepciones acerca del capital, el dinero y
el valor. Intentaremos probar que si Keynes se abocó al análisis de los conceptos
fundamentales, introduciendo ciertas disquisiciones en apariencia "metafísicas", es pura
y simplemente porque su sistema económico de determinación de las variables
observables no puede conformarse con las definiciones del capital y del dinero de la
teoría clásica; más bien las rechaza como un cuerpo extraño. Aquél y éstas son
incompatibles. Dicho de otra forma: las afirmaciones clásicas acerca de lo que es el
capital y 10 que es el dinero no encajan con la descripción del comportamiento de las
variables observables que el sistema propone. Creemos que esta es la razón que lleva a
Keynes a aventurarse en una región tan delicada.

Es más, a primera vista, Keynes podría haberse detenido en la representación de los


movimientos de las variables, en la exposición de su sistema, tal corno la
macroeconomía haría más adelante. Pero no lo hizo. De manera que corresponde al
investigador preguntarse el por qué de esta incursión -rnás allá de sus resultados- antes
que perder tiempo en reproches contra Keynes por los resultados obtenidos. Si tenemos
razón al afirmar que el análisis que emprende de las formas económicas elementales -
mercancía, dinero, capital- se explica por la inadecuación de las categorías de la teoría
clásica la contribución de Keynes gana, sin lugar a dudas, un nuevo lugar en la historia
del análisis económico. Veamos.

Desde el surgimiento de la economía política como disciplina separada de las ciencias


morales, las principales corrientes de pensamiento económico se distinguen entre sí
justamente por sus divergencias en el campo de los conceptos elementales, Las disputas
de mayor envergadura entre las distintas doctrinas giraron en tomo de sus explicaciones
distintas acerca de la naturaleza de la mercancía, del dinero y del capital; acerca del
origen del valor y de la ganancia. La mayoría de los historiadores de las doctrinas
económicas reconocen que las diferencias sustanciales entre los marginalistas, los
ricardianos y los marxistas -para nombrar a las escuelas más antiguas y definidas, todas
surgidas a lo largo del siglo XIX- se encuentran en el terreno de las categorías
elementales. Si los conceptos expuestos en la Teoría General fueran sustancialmente
distintos a los de las escuelas anteriores, el aporte de Keynes se elevaría, dejaría de
tratarse únicamente de un sistema dependiente de la teoría clásica para convertirse, con
sus propias notas originales, dando nacimiento de este modo a una verdadera corriente
de pensamiento capaz de disputar con las anteriores en las primeras categorías. Su
alejamiento de la teoría clásica podría considerarse entonces definitivci.

1 En un trabajo anterior Tres Keynes en la teoría general (2002) adelantaba algunas esta hipótesis, aunque
en aquel entonces, en lugar de referirnos a los distintos niveles de la exposición, atribuíamos a Keynes
tres enfoques distintos. Aunque intentábamos hacerlos compatibles entre sí, la relación entre ellos era
tratada de forma incompleta. Nos parece ahora conveniente enfatizar la continuidad en la exposición antes
que las diferencias de perspectiva que conviven en ella.
2 A lo largo de toda la Tesis nos referimos a la relación entre Keynes y la teoría clásica. No tratamos, en
cambio, los desarrollos recientes de la macroeconomía, la microeconomía; tampoco nos referimos a los
modernos intentos por "microfundar" la macroeconomía.

363
Esta última es nuestra propia hipótesis principal. Sostenemos que el aporte más
trascendente de Keynes se encuentra justamente en este intento de avance, en haber
seguido las pistas de su propia representación de las leyes económicas que determinan
las variables más importantes hasta llegar, en un plano de abstracción más elevado, a la
formulación de los interrogantes acerca de la génesis de esos fenómenos observables.
Nuestra Tesis cobra fuerza si logramos demostrar que ese paso que va del sistema a las
categorías elementales no es un capricho de Keynes, un desvarío, sino una exigencia
teórica engendrada por su propia exposición. Debemos probar la unidad que encadena
entre sí a los distintos niveles de análisis presentes en la Teoría General. La conexión
obligada entre el sistema y estas categorías fundamentales.

En el Capítulo 2 que sigue intentaremos mostrar, en primer término, que las


representaciones sobre la naturaleza del dinero y el capital de la teoría clásica, se
proyectan para convertirse en una descripción del comportamiento de ciertos fenómenos
observables en la economía como un todo. Pero este comportamiento de las variables
que se sigue de los fundamentos clásicos se contradicen con el comportamiento de las
variables del sistema económico de Keynes. Este primer paso nos permite comprender
el motivo por el cual deben ser reemplazadas. Luego nos abocaremos a la exposición de
las originales reflexiones de Keynes sobre el capital, el dinero y el valor.

1.2. Breve nota acerca de la trascendencia de esta discusión.

La macroeconomía representa el movimiento de las variables agregadas -es decir, la


dimensión cuantitativa de los fenómenos económicos- a través de relaciones
matemáticas que establecen entre ellas vínculos causales. Una pregunta característica es,
por ejemplo, la siguiente: ¿de qué factores depende el consumo?' La respuesta adopta la
forma de una relación entre la magnitud del consumo corriente y otras variables, por
ejemplo, el ingreso corriente -la conocida función keynesiana. Al establecer esta
relación, la operación analítica es, en realidad, triple. Por un lado, implícitamente o
explícitamente, se descartan ciertos factores que supuestamente no afectan al consumo;
al mismo tiempo se identifican otros elementos que afectan al consumo pero de manera
indirecta, a través de su incidencia sobre el ingreso; y, por último, se aporta una
descripción de laforma particular en que los cambios de la variable aquí independiente
influyen sobre la otra, es decir, la forma de la función -y, por tanto, el signo y pendiente
de sus derivadas para cada punto. ¿Cómo llega el investigador a establecer esta
relación? Aplicando su capacidad para identificar en la experiencia las regularidades
empíricas, es decir, ciertos fenómenos que están asociados entre sí y ocurren en general
de forma simultánea 2 • Observa los complejos fenómenos tal como ocurren de la

1 Aquí no profundizaremos en aspectos epistemológicos del debate. Propondremos únicamente una


hipótesis acerca de las causas del abandono de ciertos aspectos del análisis de Keynes por parte de la
macroeconomía moderna.
2 El comentario de Hegel sobre la causalidad (que citamos en p.245n), se presenta como un inconveniente
difícil de salvar para este método. Cuando en la práctica se observa entre dos fenómenos una relación que
habitualmente se repite, una regular variación conjunta, la mera constatación no autoriza, sin embargo, a
establecer entre ellas una relación causal. En primer lugar se encuentra el problema de la identificación: si
existe una obstinada relación directa o inversa entre ambas variables: ¿cuál es la causa y cuál el efecto?
Pero se presenta otro problema: puede que ambos fenómenos sean consecuencia a su vez de otro, de un

364
realidad, en su caótica apariencia inmediata e intenta establecer las conexiones internas
que existen entre esos fenómenos. La teoría se encarga de representar las regularidades
como "leyes económicas" o tendencias'.

El sistema económico expuesto de la Teoría General, por caso, tiene precisamente esta
forma. A este nivel, las teorías macroeconómicas se limitan únicamente a describir la
realidad, es decir, a establecer una serie de relaciones funcionales entre las variables
observables para "explicar" o "predecir" los fenómenos. La importancia práctica de
estas explicaciones es innegable. Permite conocer cuál será el efecto de los fenómenos
económicos, pero además, como el hombre tiene capacidad para controlar
concientemente alguno de esos factores, o influir sobre ellos, se convierte además en
una guía para tomar decisiones prácticas. El sistema de Keynes -y la macroeconomía-
distingue especialmente aquellos factores que se encuentran bajo el dominio del
gobierno, aportando un "manual de instrucciones" para su política económica.
Mostramos en la Sección III que esos instrumentos no existieron siempre, sino que son
una novedad histórica que cobra realidad a partir de las primeras décadas del siglo XX.
Esto explica, en parte, el surgimiento de la macroeconomía". Pero, al menos en la
versión de Keynes, la teoría no se detiene aquí.

Cuando la teoría económica se limita únicamente a preguntarse acerca de los cambios


en la magnitud de las variables dejando de lado el análisis más profundo sobre la
naturaleza de los fenómenos, es decir, cuando se detiene únicamente en la descripción
de estas relaciones cuantitativas sin preguntarse qué es lo que está midiendo, deja afuera
del campo del campo de la economía un conjunto relevante de preguntas. La teoría
clásica, en su versión de principios de siglo XX, a la que dedicamos esta investigación,
disponía de respuestas para esos interrogantes. En la actualidad muchos de esos
elementos clásicos sobrevivieron en el terreno de la microeconomía, pero la
macroeconomía está privada de ellos.

Concretamente, Keynes pretende explicar cuál es el origen del rendimiento del capital y
cuál la razón por la que el dinero es capaz de "producir" interés. Nuestro argumento
sostiene, como dijimos, que la teoría clásica dispone de estas explicaciones, pero que
éstas no se adecuan a las necesidades del sistema de Keynes. Al encontrarse con esta
situación, se ve forzado, para ser consecuente con sus propias innovaciones, a proponer
un juego de nuevas explicaciones para esas preguntas. El conflicto surge entonces,
justamente, porque las definiciones y explicaciones que suministra la teoría clásica
sobre la naturaleza del capital y el dinero no se ajustan al sistema de Keynes. Si esto es

tercero que es ignorado por la explicación. Contra el recurso "post hoc ergo propter hoc" del empirismo
se levanta la famosa objeción de Hume: "¿cuántas veces tendremos que repetimos que la simple
contemplación de dos objetos o acciones cualesquiera, por relacionados que estén, no pueden darnos idea
alguna de poder ni de conexión entre ellos; que esta idea surge de la repetición de su unión; que la
repetición ni descubre ni ocasiona cosa alguna en los objetos, sino que tiene influencia sólo sobre la
mente?" (Hume 1998: 249). Plantea así el renombrado "problema de la inducción". Hemos reseñado esta
discusión en un trabajo anterior (Kicil1of 2001). Buena parte de la tradición econométrica, tan difundida,
pasa por alto estos antiguos dilemas: observa y saca conclusiones causales de la simple observación.
1 Para una crítica profunda al método de las teorías científicas, ver (Iñigo Carrera 1993: Capítulo 7).
2 Mencionamos entre los factores más importantes: la concentración del capital, la "socialización"
espontánea de las inversiones, el surgimiento de una fuerte organización a escala nacional de la clase
obrera, la caída del patrón oro, la aparición generalizada de bancos centrales, la posibilidad de fijar la
cantidad de dinero y regular por medio de ella la tasa de interés, etc. Son todas formas, producto de un
largo desarrollo, pero que se ven plasmadas de manera más definida a principio de siglo XX. Keynes,
como vimos, detecta estos cambios.

365
así, no es fácil de justificar la actitud de indiferencia con la que se desechó el problema
sin siquiera tratarlo. Ahora bien, podría alzarse una objeción contra nuestro reclamo: si
el problema tiene la vital importancia que nosotros le atribuimos, ¿cómo es posible que
la macroeconomía lo haya ignorado? 0, más bien, ¿cuáles son las consecuencias de este
abandono? Proponemos algunas respuestas para ambas preguntas. Si la macroeconomía
logra sobrevivir sin aventurarse en estos debates, es a fuerza de tomar prestadas las
definiciones para sus categorías del sentido común. En efecto, de esta manera el dinero
y el capital no requieren una explicación teórica o conceptual, sino simplemente una
definición rigurosa que permita distinguir claramente sus elementos a los efectos de su
medición, Así, la concepción del dinero y del capital propia de la teoría
macroeconómica sólo difiere de las del sentido común por el carácter más riguroso de
las definiciones; reposa por completo en la intuición, en el conocimiento inmediato y no
científico a la hora de discernir qué es el capital y porqué arroja una ganancia para su
propietario. Lo mismo hace con el dinero. Se limita a distinguir convencionalmente lo
que se tomará por "dinero" en las funciones matemáticas de lo que no se considerará
dinero. Se desentiende así de los interrogantes que preocuparon a los economistas desde
Adam Smith -y desde mucho antes-, confiando en aquello que "todo el mundo sabe":
Pero, nuevamente: ¿qué es capital? ¿cuál es el origen de la ganancia que deja en manos
de su propietario? ¿qué es el dinero? ¿porqué al entregarlo a préstamo retoma preñado
de un interés? ¿cuál es la fuente del valor de las mercancías?

La microeconomía es, en cambio, la esfera de la teoría económica que retuvo dentro de


sus incumbencias a esas viejas preguntas -rnás o menos explícitamente. Las
explicaciones que brinda hoy coinciden casi por completo -en el contenido, al menos-
con las brindadas por lo que Keynes denomina teoría clásica. Al igual que la teoría
clásica, la microeconomía busca respuestas en la conducta del individuo libre, en su
comportamiento subjetivo, al que considera "racional". Pero aun así, como veremos,
atribuye al capital y al dinero ciertas propiedades y cualidades que los convierten en 10
que a todas luces son. El individuo es la fuente última de los deseos y necesidades, su
conducta puede considerarse "maximizadora", pero si sus deseos se dirigen hacia el
capital y el dinero es por ciertos atributos específicos, por su particular naturaleza. El
deseo por una mercancía surge de su utilidad para el uso, de su capacidad para satisfacer
necesidades humanas. Tiene precio porque es útil pero además no está disponible
libremente, es escasa. Esta explicación general debe contemplar los casos particulares
del dinero y el capital. El billete inconvertible no parece tener utilidad propia y sin
embargo es deseado. El capital no se destina al consumo inmediato y sin embargo es
también deseado. Afirmar que son requeridos por sus rendimientos -en ese caso el
"rendimiento" natural sería el motivo buscado- no es suficiente, en particular si luego se
explica el rendimiento por el hecho de que el capital yel dinero son deseados de un
modo particular: son deseados porque tienen rendimiento pero tienen rendimiento
porque son deseados. La teoría clásica -al igual que Smith, Ricardo, Marx, etc.-
propone sus explicaciones propias, característícas y distintivas para estas preguntas, que
intentan evitar la circularidad y la paradoja. La discusión estaba presente en la obra de
los primeros marginalistas, pero en la actualidad cayó en "desuso". De todos modos,
todo esto entra hoy dentro del campo de la microeconomía.

La macroeconomía, por su parte, como mencionamos, puede prescindir de estas


complejas discusiones limitándose a la descripción del comportamiento de las variables
a través de sus sistemas de ecuaciones. Pero si intenta recurrir a la microeconomía para
buscar sus fundamentos, se encontrará con que la contradicción le estalla en las narices.

366
Keynes, por su parte, intentó escapar de esta nueva doble vida a la que quedaba
condenada la teoría si no resolvía el problema de sus fundamentos, sentando bases
únicas para las explicaciones que remiten a las industrias tomadas por separado y a la
economía considerada como un todo.

Recordemos una vez más, que si la teoría marginalista se convirtió en una nueva
corriente de pensamiento, diferenciada de las ideas de sus precursores mediante un
proceso considerado "revolucionario" por sus fundadores de fines del siglo XIX, no fue
sólo por la nueva descripción que brindó acerca de los movimientos observables de los
fenómenos económicos y sus relaciones recíprocas, o por el método "matemático" que
empleaban, sino especialmente por su capacidad de dar nuevos argumentos acerca de la
naturaleza interna de esos fenómenos. Walras, Menger, Jevons y el mismo Marshall se
dedican a dar la batalla para modificar los fundamentos de la economía. Las contiendas
más duras se ubicaron en su nueva propuesta para la teoría del valor, basada
originalmente en la utilidad marginal y su nueva caracterización de los problemas de la
distribución, especialmente en lo que refiere a la génesis de la ganancial. Subsistían en
cambio, las coincidencias con la economía política previa en lo que respecta, por
ejemplo, a las variaciones del precio de mercado al compás de las fuerzas de la oferta y
la demanda. La diferencia no se encuentra esencialmente en la descripción de los
fenómenos por todos observables, sino en lo que se esconde "por detrás" de esos
fenómenos'. En pocas palabras, la separación entre escuelas remite no al movimiento
aparente del precio, sino a la fuente misma del precio o valor. No sólo a las causas de la
variación en la magnitud del interés y la ganancia, sino a su fuente u origen.

Por último, nos falta mencionar la que consideramos la carencia más peligrosa de una
teoría económica que no indaga en los fundamentos de sus categorías. Existe una
diferencia notoria entre los enfoques que lo hacen y los que no se internan en esta
"escabrosa" empresa, muchas veces despreciándola por su alto nivel de abstracción. Al
dejar de lado estos aspectos conceptuales, la teoría económica carece de elementos para
realizar aportes en una de sus principales áreas de incumbencia, desde su surgimiento
como ciencia. La capacidad que originalmente tuvo la economía -o creyó, al menos,
tener-para desentrañar la naturaleza misma del rendimiento del capital, del interés del
dinero y de la fuente del valor de las mercancías, le permitió aportar a la comprensión
de las condiciones históricas que desembocaron en la aparición del capital, el dinero y la
mercancía; se despejaba por la misma vía el camino para una discusión acerca del
porvenir de la sociedad capitalista. Se pasan por alto no sólo las transformaciones entre
una forma social y otra -antigüedad, feudalismo, capitalismo- sino sobre las distintas
fases del capitalismo. De este modo, a la economía sólo le queda la tarea de observar
cómo las relaciones cuantitativas se modifican en el tiempo, enmendando o
reemplazando las ecuaciones del sistema cada vez que tiene lugar una profunda
transformación en las condiciones económicas. Pero nada puede decir sobre el origen y
la dirección de estas transformaciones.

1 En los primeros marginalistas esta posición puede observarse en su crudeza. Para Marshall,como
vimos, es tan unilateral como una que se funde sólo en las condiciones de oferta.
2 Hay mucho para decir sobre los elementos precisos que convirtieron al marginalismo en una nueva
corriente. Nos alcanza aquí con resaltar este aspecto conceptual, siguiendo por ejemplo, al reconocido
Mark Blaug: "Se supone de ordinario que el término de 'revolución marginal' se refiere al descubrimiento
casi simultáneo, pero completamente independiente, del principio de la utilidad marginal decreciente
como el bloque fundamental de la nueva microeconomía estática, realizado por Jevons, Meger y Walras a
principios del decenio de 1870." (Blaug 1962/1985: 374) .

367
La economía moderna acostumbra desentenderse de estas cuestiones que en un
principio la preocupaban, recurriendo al argumento de la especialidad: son -afirma-
cuestiones "políticas", "institucionales", "históricas", pero no económicas. Sin embargo,
una y otra vez, se contradice con la prohibición que se autoimpone, aplicando sus
"leyes" a tiempos remotos, como si fueran igualmente válidas que en la sociedad actual:
el argumento resulta ser una trampa. Se afirma, por un lado, que la especificidad del
capitalismo no es un problema de la economía; por el otro, se hace como si esas leyes
económicas fueran eternas e inmutables pues provienen de la naturaleza humana, de su
"psicología". Pareciera entonces que la sociedad capitalista no tiene ninguna
especificidad que la distinga de las anteriores: el hombre es en esencia siempre el
mismo, de manera que siempre deben haber existido la mercancía, el dinero y el capital,
aunque, es cierto, bajo formas primitivas. Primero, la economía se abstiene de participar
de la discusión debido a que ciertos factores se escapan de su campo de estudio. Luego
aplica sus leyes irrestrictamente. La imagen final -aunque no el argumento explícito- es
que la sociedad capitalista es la forma "natural" de vida del hombre, y que esos aspectos
"políticos", "institucionales", son sólo secundarios.

Queda entonces la posibilidad de desembarazarse del problema sosteniendo que, en


realidad, los interrogantes sobre los fundamentos forman parte de áreas o especialidades
distintas. Si este fuera el caso, Keynes tiene algo para decir en ambas ramas de la
economía: la micro y la macro. Y aun así, la macroeconomía no se podría liberar de sus
fundamentos: persiste el problema de la conexión obligada entre lo que se afirma en un
área y lo que se dice en la otra.

1.3. La propuesta de Keynes para conservar la teoría clásica:


separar la "micro" de la "macro".

Como mencionamos, Keynes es el responsable de la escisión que hoy caracteriza a la


teoría económica: ni los ricardianos ni los marginalistas que en conjunto forman la
teoría clásica habían aplicado esa separación en sus estudios. Al principio de manera
natural, como producto del proceso desencadenado por la revolución keynesiana, pero
luego de manera decidida y explícita, el mainstream actual acostumbró a separar
tajantemente su objeto de estudio en dos esferas distintas: la microeconomía y la
macroeconomía l . Con el tiempo se fueron convertido en dos campos de desarrollo y

1 La controversia acerca de la incumbencia precisa de ambos campos es objeto de disputa por parte de
algunos investigadores. Sin embargo, cualquier estudiante de economía reconoce claramente cuándo un
problema pertenece al terreno de la microeconomía y cuándo al de la macroeconomía. Esta representación
generalizada, sustentada por los manuales de enseñanza básicos, supone que la microeconomía se ocupa
del comportamiento individual, mientras la macro trata de los grandes "agregados". Adopto aquí esta
definición porque es la más difiundida y asegura que "hablamos de 10 mismo", a pesar de reconocer la
existencia de opiniones más sofisticadas que cuestionan la idea habitual. Frisch es uno de los precursores
de la opinión clásica (Frisch 1933: 172). Pero la división no es tan clara: otros autores ponen el factor
distintivo en otros puntos. Para Woodford la macroeconomía estudia las fluctuaciones (Woodford 1999:
1). De Vroey, en su original artículo "The History of Macroeconomics Viewed Against the Background
of the Marshall- Walras Divide", rechaza por insuficientes las posiciones habituales para proponer una
visión que ubica la diferencia entre la micro y la macroeconomía el grado de complejidad: mientras la
primera estudia modelos de equilibrio general complejos, es decir, que incluyen todos los mercados, la
otra se ocupa de modelos simplificados, "[The macroeconomists, AK] study a few markets, named after
those markets that are deemed the most important real-world markets" (De Vroey 2004: 2).

368
especialización teórica también separados: mientras algunos economistas se dedican a
temas de la macroeconomía, otros se cultivan el estudio de la microeconomía. Otro
tanto ocurrió con la forma en que habitualmente se organiza la enseñanza de la
disciplina. Este cisma ha trascendido además los círculos científicos para penetrar al
lenguaje cotidiano. El recorte operado en ,la teoría económica se ha difundido hasta
convertirse en una distinción de "sentido común" para el individuo de instrucción
media; es empleada por la prensa, los políticos y los académicos de otras ciencias. Todo
el mundo sabe que la macroeconomía es algo distinto de la microeconomía. Como si
fueran simples adjetivos obvios se emplean para catalogar a los problemas económicos
de la sociedad en arreglo a esta división. En fin, con el tiempo, se ha naturalizado. A un
estudiante contemporáneo le cuesta concebir a su campo de estudio como un objeto
único y, probablemente, considere una curiosidad de dudoso valor histórico el hecho de
que hace cincuenta o sesenta años era esa la representación habitual.

La penetración en la forma de ver el mundo de los economistas llega a tal punto que
obligó, hasta cierto punto, a reconstruir la historia del pensamiento económico. Se
reexaminaron en esa clave las ideas de los economistas del pasado. Con esta lente
bifocal divida en micro y macro, los historiadores del presente, han podido distinguir al
Adam Smith microeconomista del Adam Smith macroecnomistas, Se ensayó la misma
operación sobre la obra de David Ricardo, Karl Marx, Alfred Marshall, etc. En fin, el
pensamiento de los economistas de todos los tiempos es apreciado desde la doble
perspectiva que es hoy dominante.

Como pudimos observar en la Sección 11, en el período que nos ocupa, es decir, en la
época en que Keynes escribió, no obstante, esta separación no era tenida en cuenta: el
estudio de los aspectos económicos de la sociedad se encaraba desde una perspectiva
única y no desde dos puntos de vista divergentes o complementarios. 0, mejor dicho, en
aquella época esta división aun no existía. No sería, creo yo, exagerado, tomar a este
ítem como una de las diferencias más significativas entre la teoría clásica y la de
Keynes, o mejor dicho, de la teoría económica tal como fue reformulada después del
episodio keynesiano. La teoría clásica -eiempre en el sentido de Keynes, es decir,
Ricardo, J. S. Mill, Edgeworth, Marshall y Pigou- no dividía su estudio de la sociedad
capitalista en una esfera macroeconómica y otra microeconómica. El comportamiento
del individuo era inseparable del movimiento de la sociedad considerada como un todo.
La teoría clásica pretendía haber encontrado la clave de esta conexión entre lo elemento
y el conjunto completo. De hecho, Keynes sostiene que este es el principal elemento de
la doctrina dellaissez faire formulada por los primeros economistas: demostrar que la
búsqueda del bienestar individual redunda ~aun sin quererlo- en la felicidad del
conjunto. Para demostrarlo, la teoría clásica necesitaba conectar al individuo con el
todo.

No nos interesa aquí analizar los argumentos de los primeros autores que adoptaron la
separación. Nos interesa, en cambio, descubrir la génesis teórica de la distinción entre la
micro y macroeconomía.

Nuestra hipótesis interpretativa es que esta separación puede verse como una respuesta
"defensiva" de la teoría clásica ante la embestida crítica de Keynes. A pesar de haber
calado tan hondo en la conciencia de los economistas actuales, hasta convertirse en una

369
obviedad, en una verdad de Perogrullo y por tanto en un axioma 1 del cuerpo teórico
actual de la teoría económica, sostengo que es en realidad un síntoma, la expresión de
una enfermedad y no su remedio.

Entre los economistas que se han formado bajo estas ideas no es fácil encontrar un
terreno fértil para que la legitimidad de esta división sea considerada nuevamente 2 •
Después de todo, se pone en cuestión una premisa básica de su saber, inculcada desde
los primeros pasos en su formación, cuando la separación está ya consumada. Esta
separación, pese a su jerarquía de verdad incuestionable e incuestionada, es cierto, causa
malestar entre no pocos teóricos: una y otra vez se ha buscado, y más de una vez se ha
creído encontrar el fundamento microeconómico de la macroeconomía. Se ha tratado de
recorrer en camino en ambas direcciones: mientras algunos intentaron elevarse del
individuo al conjunto, otros probaban el camino inverso, excavando en el subsuelo de la
macroeconomía rastreando las raíces microeconómicas. Ahora bien, todos dan por
hecho que tal la división existe, aun cuando adopten ante ella una actitud de crítica o de
insatisfacción. De las tantas soluciones que se ofrecieron, ninguna tuvo la fuerza
suficiente para imponerse como una nueva síntesis dentro del mainstream. Además, la
búsqueda de los microfundamentos se parece más a una restauración de la teoría
clásica, de un intento más por deshacerse de las críticas de Keynes para recobrar las
viejas conclusiones y recomendaciones.

En resumen: muchos aceptan que la división entre macroeconomía y microeconomía es


una fuerte debilidad teórica del mainstream. Estarían aceptando así el carácter ilegítimo
de la división. Llevando el razonamiento a su límite y presuponiendo que el problema
admite una resolución, puede presumirse que, ni bien se encuentre la conexión que
permite elevarse de la micro a la macro o, recíprocamente, que hagan factible el
descenso de la macro a la micro, en ese mismo acto la separación que hoy existe se
habrá disuelto. Se producirá entonces, nuevamente, una reconciliación y el tratamiento
que hoy se les da, como dos esferas separadas se convertirá en una reliquia del pasado.
Si la solución fuera generalmente aceptada, se volverá a la situación previa a la
irrupción de la Teoría General, cuando los programas de enseñanza no se encontraban
divididos en dos áreas desde la primera asignatura. Podrá recordarse entonces, que en
una época la economía se había desdoblado. Será sólo un episodio de medio siglo de
duración, del mismo modo que podemos hoy evocar como anecdótica el período clásico
-alla Keynes, es decir, todo el siglo XIX- en que la economía era una sola. No haría
falta entonces un tratamiento en esferas separadas; el objeto de estudio se habrá unido
nuevamente. Se trata de una mera hipótesis, pero lo cierto es que la diferencia entre la
teoría económica actual con la de los clásicos es indiscutible, porque la teoría clásica no
recurría a esta separación para explicar los procesos económicos.

Podríamos también preguntarnos si esta separación es únicamente un conveniente


enfoque para cada problema particular (habría una "mirada" micro distinta pero
complementaria de la mirada "macro") o si la escisión teórica es un reflejo de una
división real de los problemas que se estudian (no se trata de una mirada, sino que hay

1 Podríamos tomarlo, en realidad, como un meta-axioma, pues su papel es postular una división que
precede incluso al estudio mismo de los problemas económicos. Primero, ex definitione, se divide a la
micro de la macro. Luego se plantean los axiomas de cada uno de los campos.
2 Aquí se aplica, tal vez, la invocación de Keynes al espíritu crítico de sus contemporáneos: "The
difficu1ty líes, not in the new ideas, but in escaping form the old ones, which ramify, for those brought up
as most ofus have been, into every corner of our minds" (Keynes 1936/1939: viii"; Preface)

370
problemas macro y problemas micro, para los que un estudio desde la perspectiva
opuesta es incapaz de aportar respuestas). Es decir, la micro y la macro son dos formas
de abordar un objeto único o, por el contrario, existen en la realidad dos tipos distintos
de objetos que la economía debe investigar. La práctica de los economistas parece
inclinarse hacia la segunda hipótesis, aunque la reflexión suele conducir a la primera.
Después de todo, nadie puede ignorar que -rnás allá de la forma que adopte el tránsito-
los fenómenos macro están compuestos por pequeños hechos micro, del mismo modo
que todo fenómeno micro se inscribe en un proceso macro. La cuestión de fondo podría
sintetizarse del siguiente modo: ¿se trata de dos objetos distintos o, por el contrario, de
dos formas de estudiar el mismo objeto único? El resto de los planteos se deriva de éste:
¿hay que aplicar necesariamente métodos distintos para estudiarlos o hay un método
único? ¿Las leyes macro son de distinta naturaleza que las leyes micro o son todas las
leyes del mismo tipo? ¿Son los fenómenos macro reducibles a fenómenos micro y los
fenómenos micro proyectables al proceso macro y, de ser así, cuál es el procedimiento
correcto para hacerlo? ¿Pueden estudiarse ambas esferas por separado, o hay que tener
siempre en cuenta que se las determinaciones se interpenetran, de manera que dividir los
asuntos conduce a explicaciones incorrectas? Si se aceptara que son dos ramas en la que
ineludiblemente se tiene de bifurcar el conocimiento, el interrogante es: ¿tienen esas
ramas una raíz común en que originalmente se encuentran fusionadas o, en cambio, no
existe tal cosa como "lo económico" a secas sino más bien "lo micro" por un lado y "lo
macro" por el otro?

Por más novedosa e históricamente determinada que sea esta separacion, hay que
aceptar que este mismo tipo de dilemas no son exclusivos de la economía sino que
aquejan también a otras ciencias y son discutidos por la filosofía 1. Pero estas
consideraciones ocupan aquí el lugar de una simple digresión. Nuestro interés apunta,
como dijimos, a la génesis teórica de la separación, cuyo responsable directo es, como
veremos, el autor al que nos dedicamos principalmente en esta Tesis. Sólo nos queda
mostrar, a modo de ilustración, unos pocos ejemplos que reflejan la problemática
separación a la hora de introducirla'.

Un influyente economista como Richard Lipsey, en su exitoso Introducción a la


economía Positiva de 1963 (1977), defiende la conveniencia de esta división en base a a
la presunta diferencia que existe entre el problema de una y otra índole: para
demostrarlo enumera uno a uno los problemas que corresponden a cada materia. No
parece, sin embargo, estar del todo convencido.

No existen límites claros entre la macro y la microeconomía, y quizás el mejor modo de


comprender el alcance de la macroeconomía sea indicar sus principales problemas [... ]
No podemos someter a un juicio de valor, "está bien o está mal" la división entre micro
y macroeconomía no es más que una cuestión de conveniencia. Resulta convincente esta
distinción en parte porque los problemas son diferentes y, en parte, porque difieren los
métodos correspondientes a cada una de las materias. (Lipsey 1963/1977: 510)

Aquí la fundamentación es un tanto ambigua. Se señala una diferencia en los problemas,


lo cual remite más una cuestión de orden que de esencia pero, acto seguido, se

1 Para el caso de la división de la física en macro y microfísica, con leyes y categorías distintas, ver, por
ejemplo (De Gortari 1964: 15 y ss.)
2 Elegimos aquí pasajes de los manuales de enseñanza porque nos propongo ilustrar el modo en que esta
separación penetra en las ideas de los economistas en general, antes que recorrer los debates que los
especialistas sostuvieron sobre la cuestión, que no son pocos.

371
menciona una diferencia de método que parece más relevante naturaleza misma de una
y otra materia. En textos más recientes, como el también célebre Economía de Fischer,
Dombusch y Schmalensee (1989) la separación ya se encuentra consumada y la
justificación requiere menos palabras, se da por obvia 1•

La microeconomía [... ] estudia la conducta económica de los agentes econormcos


individuales -principalmente las economías domésticas y las empresas- y de mercados
e industrias. específicos [... ] la macroeconomía estudia, por el contrario, el
funcionamiento de la economía en su conjunto. Su centro de atención es la producción
total de bienes y servicios y las variaciones del nivel medio de precios. (Fischer et al.
1989: 17)

El tema, aun superficialmente, está ya suficientemente planteado. Regresemos ahora al


flujo de nuestra exposición, donde la habíamos abandonado. Si se observa la fisonomía
de la teoría económica, tal como se presenta hoy en día, podemos afirmar que sin
vacilar, más allá de los intentos de unificación, que de un lado está la microeconomía -
con su ejército de economistas especializados, con problemáticas y publicaciones
propias- y por el otro la macroeconomía -que cuenta también con sus huestes de
expertos, sus revistas, sus controversias. Entre una especialidad y la otra no hay puente
de unión. Advertimos con sorpresa que, al igual que en la época de Keynes, y tal como
sostuvimos a lo largo de la Tesis, ¡la teoría mainstream actual está también dividida en
dos Tratados!2

Keynes se sublevó justamente contra la escisión de la teoría clásica en sus dos tratados
inconsistentes entre sí, contra sus explicaciones distintas y contradictorias. No protestó
sólo contra el hecho de dividir en dos el campo, sino que denunció la imposibilidad de
una integración a partir de los fundamentos de la teoría clásica. En aquel entonces el
Primer Tratado versaba sobre el valor y la distribución y el Segundo Tratado sobre el
dinero. Tal separación no es ahora la fundamental, la que divide el campo de la
economía ah ovo. Pero el esquema se reproduce. La línea divisoria corta ahora a la
realidad transversalmente distinguiendo entre el individuo y el conjunto: el Primer
Tratado del mainstream es la Microeconomía y el segundo Tratado la Macroeconomía..
También entre ellas median diferencias aparentemente insalvables.

¿Fue este un "triunfo" de Keynes? Porque, sin duda, fue un efecto de su incursión
crítica. El ataque de Keynes al divorcio ente el primer y segundo tratado lo llevó a
encarar una tarea novedosa: construir un sistema que refleje el funcionamiento de una
economía monetaria. La integración entre teoría del valor y del dinero permite explicar
el equilibrio con desempleo y abre el camino a la construcción de una teoría más
general que la clásica. Reduce a la teoría clásica a un simple caso particular -particular

1 La distinción no sólo es reconocida como tal por la teoría neoclásica actual, sino que su difusión entre
las corrientes contemporáneas de pensamiento es casi completa: post..keynesianos, monetaristas,
austriacos, evolucionistas, ricardianos, estructuralistas, marxistas, en fin, economistas de las más variadas
extracciones teóricas, salvo contadas excepciones, la adoptan como punto de partida.
2 En realidad, la actual fragmentación en especialidades es mucho más compleja: teoría del dinero, del

crecimiento, del desarrollo, de la organización industrial, agraria, laboral, etc. Hago hincapié en la que,
considero, es la principal separación en lo que respecta a los fundamentos de la teoría. Confirma esta
preponderancia el hecho de que la enseñanza se estructure en base a esta separación en dos troncos y sólo
más adelante, el árbol se ramifique en las restantes materias. En la época de Marshall y Keynes también
existían muchos "temas", pero en esencia el Primer Tratado sobre el valor y la distribución contemplaba
los fenómenos de corto y largo plazo (hoy microeconomía y una combinación entre crecimiento y
desarrollo) y el Segundo Tratado incluía la teoría monetaria y el problema de los ciclos económicos.

372
por sus premisas, pero particular también porque sólo es capaz de adecuarse a una etapa
histórica ya superada.

A monetary economy, we shall fmd, is essentially one in which changing views about
the future are capable of influencing the quantity of employment and not merely its
direction. But our method of analysing the economic behaviour of the present under the
inf1uence of changing ideas about the future is one which depends on the interaction of
supply and demand, and is in this way linked up with our fundamental theory of value.
We are thus led to a more general theory, which includes the classical theory with
which we are familiar, as a special case: (Keynes 1936/1939: 203; N.IS.!I)

No está de más repetir un pasaje en que menciona uno de los propósitos fundamentales
de la obra del que, a esta altura, podemos obtener nuevo provecho.

One ofthe objects ofthe foregoing chapters has been to escape from this double life and
to bring the theory of prices as a whole back to close contact with the theory of value.
The division of economics between the theory of value and distribution on the one hand
and the theory of money on the other hand is, I think, a false division. (Keynes
1936/1939: 293; V.21.!)

El punto de partida de la teoría clásica era el comportamiento individual, estudiado bajo


la premisa de que tal conducta debía sumirse como completamente libre e
incondicionada: con sus restricciones individuales y los precios de mercado, el
individuo decide "maximizando". Para estudiar los fenómenos que ocurren a nivel de la
sociedad en su conjunto se aplicaban los inconducentes métodos de la simple
agregación, la analogía o la sustitución del conjunto por un "representante individual".
La superación de estos métodos es también un carácter que, según Keynes, convierte a
la suya en una teoría más general (ver más arriba el fragmento citado del prólogo a la
edición francesa, p. 256).

Estas apreciaciones críticas sobre la teoría clásica, son las que llevan a Keynes a
abandonarla y a proponer una nueva Teoría General en su reemplazo. Pero parecen ser
también razón suficiente para abandonar buena parte de sus desarrollos: fueron
duramente cuestionados -hasta el momento- el mercado de trabajo, el de capital y su
concepción de dinero. ¿Qué es lo que sugiere hacer Keynes con la teoría clásica,
víctima de todos sus ataques, responsable de agravar muchas de las desgracias de la
sociedad de la época e impotente al momento de reflexionar sobre las posibles salidas
para una sociedad inmersa en su más profunda crisis?

Hay quienes atribuyen a Keynes un enorme poder persuasivo. Él mismo empleó el


sugestivo título Essays on persuation para la publicación de una colección de varios de
sus trabajos del período 1919-1940. Muchos de sus lectores -entre ellos, algunos
calificados intérpretes- se acostumbraron a buscar intenciones ocultas en sus
afirmaciones, algo así como un segundo sentido en sus afirmaciones; le atribuyen
incluso, maliciosamente, la capacidad de falsear algunas de sus opiniones con el
objetivo de lograr la aceptación de otras, en una suerte de operación especulativa
operación de transacción con las víctimas de sus críticas; o de enfatizar sus diferencias
con otros autores, sólo para lograr un efecto'. Se lo considera un verdadero estratega,

1 H. Misky, por ejemplo, le atribuye a Keynes este tipo de conductas: "al interpretar la Teorí General con
objeto de determinar 10 vital y 10 no esencial para la revisión radical que Keynes creía estar formulando,
es necesario, por una parte, mandar las concesiones hechas a lo antiguo -concesiones que fueron o bien

373
maquiavélico prestidigitador del lenguaje y las ideas. Si esto fuera realmente así,
indudablemente su éxito fue completo, al menos al juzgar por la verdadera revolución
en el pensamiento económico a la que la Teoría General dio comienzo. Pero esta
explicación de su triunfo sería también, en la misma línea, la causa de los incontables
desacuerdos e interpretaciones encontradas que su obra motivó, lo que, en cierto modo,
podría considerarse un fracaso, o la contracara de aquél éxito. Me propongo dejar de
lado todas estas especulaciones sobre lo que Keynes realmente quiso decir. Me
abstendré también de calificar de exageradas algunas de sus afirmaciones con la
intención de no darles crédito. En esta clave evaluaremos sus propuestas acerca del
lugar que debe ocupara, después de su Teoría General, la antigua teoría clásica.

Después de dedicarse a demostrar que la teoría clásica es contradictoria entre sus


tratados, luego de reprobar el supuesto de la plena ocupación y la ley de Say, de
rechazar el método que se emplea para pasar del individuo al conjunto, Keynes se ocupa
de mencionar también sus méritos; méritos que ubica íntegramente en el desarrollo del
Primer Tratado. El sistema clásico puede aplicarse a una economía en condiciones de
pleno empleo, siempre y cuando se haga explícito que se trata de una situación
particular. Claro que este caso no tiene importancia práctica, sería un ejercicio mental
inconducente.

If we suppose the volume of output to be given, i.e. to be determined by forces outside


the classical scheme of thought, then there is no objection to be raised against the
classical analysis of the manner in which private self-interest will determine what in
particular is produced, in what proportions the factors of production will be combined to
produce it, and how the value of the final product will be distributed between them.
(Keynes 1936/1939: 379; VI.24.I11)

El interés que tal teoría puede concitar, hechas las salvedades necesarias, parece ser en
extremo limitado, al menos si se confronta el pasaje que reproducimos a continuación,
donde Keynes deja en claro que ese caso especial del pleno empleo, aunque probable,
no se condice con las condiciones del mundo real.

I shall argue that the postulates of the classical theory are applicable to a special case
only and not to the general case, the situation which it assumes being a limiting point of
the possible positions of equilibrium. Moreover, the characteristics of the special case
assumed by the classical theory happen not to be those of the economic society in which
we actually live, with the result that its teaching is misleading and disastrous if we
attempt to apply it to the facts of experience. (Keynes 1936/1939: 33; 1.1)

Esta es la primera posibilidad sugerida por Keynes. Conservar la teoría clásica


recortando su campo de aplicación a un solo caso que, por otro lado, es inexistente.
Debe tenerse además sumo cuidado: nadie debe tomar sus enseñanzas al pie de la letra.
Más adelante le reconoce a la vieja teoría aun más cualidades positivas. Se empieza a

descuidos [... ] o bien hechos conscientemente oportunistas, debidos al deseo de Keynes de acelerar la
adopción de una política adecuada ... " (Minsky 1975/1987: 24). Nosotros mismos podemos contamos
dentro de ese grupo. Ensayamos algunas interpretaciones del prólogo de la Teoría General en base a la
hipótesis de que Keynes concede a los clásicos algunos puntos sólo para predisponer a sus colegas a
admitir otras críticas a las que otorga mayor importancia (Kicillof 2002). En esta Tesis podemos evitar
este tipo de especulaciones, que desvían la cuestión hacia diversas hipótesis sobre sus intenciones ocultas;
pretendemos darle, en definitiva, mayor crédito a la palabra escrita, en suma, al único indicio objetivo
sobre lo que Keynes "quiso decir": lo que efectivamente dijo. Este requisito es el que nos obliga a citarlo
tan a menudo, sobre todo en los pasajes críticos para la interpretación.

374
perfilar entonces una suerte de propuesta para la supervivencia de la teoría clásica, tal
cual existía entonces y a pesar de los durísimos que contra ella se levantan. La
sugerencia de Keynes es la siguiente. Se trata de convertir la explicación completa que
los clásicos habían ofrecido para los procesos económicos de toda índole, como si fuera
general, en una teoría del comportamiento de la empresa individual, mucho más
limitada en sus alcances y propósitos. Este es el paso en el que Keynes "inventa" la
microeconomía: proporciona un refugio en el que conservar el útil "aparato de
pensamiento" clásicos, sin que haga daño. Porque de él no deberán extraerse
conclusiones para "aplicar a la experiencia?'.

Regarded as the theory of the individual firm and of the distribution of the product
resulting from the employment of a given quantity of resources, the classical theory has
made a contribution to economic thinking which cannot be impugned. It is impossible
to think clearly on the subject without this theory as a part of one's apparatus of thought,
(Keynes 1936/1939: 340; V.23.IID

Queda pendiente el problema del defectuoso tratamiento del dinero propio de la teoría
clásica. Keynes estaría dispuesto a conservar el Primer Tratado de la teoría clásica,·
dejarlo que conviva con su propio sistema económico, para el que reserva las
aplicaciones a la realidad práctica. El estudio de la firma aislada puede encararse
prescindiendo de los cambios en las otras ramas y de las cualidades esenciales del
dinero. Los PrincipIes de Marshall, la "biblia" que pretendía tratar todas las cuestiones
económicas deberá ser tratada como un texto de microeconomía. Sus conclusiones de
nada sirven cuando se los enfrenta a las disyuntivas de una economía nacional.

The right dichotomy is, 1 suggest, between the theory of the individual industry or firm
and of the rewards and the distribution between different uses of a given quantity of
resources on the one hand, and the theory of output and employment as a whole on the
other hand. So long as we limit ourselves to the study of the individual industry or firm
on the assumption that the aggregate quantity of employed resources is constant, and,
provisionally, that the conditions of other industries or firms are unchanged, it is true
that we are not concerned with the significant characteristics of money. But as soon as
we pass to the problem of what determines output and employment as a whole, we
require the complete theory of a monetary economy. (Keynes 1936/1939: 293.; V.21.!)

Podríamos afirmar que la propuesta de Keynes fue aceptada, aunque las causas del
divorcio entre la teoría de la firma y la teoría del empleo como un todo no son
mencionadas -las falencias que la Teoría General achaca a la teoría clásica particular-.
Se postula en cambio que la separación es la forma obvia, natural, única para estudiar
los procesos económicos.

Keynes ofrecen también dos alternativas de convivencia más complejas, que a


continuación mencionamos for the sake ofcompleteness. En la primera, la teoría clásica
sería una versión de equilibrio estacionario donde el dinero desaparece simplemente
porque el futuro es idéntico al presente y al pasado"

1 Cabe arriesgar una -tentadora- interpretación suspicaz de esta propuesta de Keynes, como las que
recién rechazábamos: podría pensarse que este "pacto de impunidad" -que consiste en no señalar sus
muchas falencias- funcionaría como una especie de propuesta de intercambio. Si las ideas de Keynes son
acpetadas y, a cambio de ello, la teoría clásica tiene derecho a sobrevivir pacíficamente, pero recluida en
el inofensivo campo de la microeconomía.(ver Kicillof 2004b).
2 Parte de la teoría marginalista del crecimiento parece ubicarse en esta rama.

375
Or, perhaps, we might make our line of division between the theory of stationary
equilibrium and the theory of shifting equilibrium-meaning by the latter the theory of
a system in which changing views about the future are capable of influencing the
present situation. For the importance 01 money essentially flows from its being a link
between the present and the future. We can consider what distribution of resources
between different uses will be consistent with equilibrium under the influence of normal
economic motives in a world in which our views conceming the future are fixed and
reliable in all respects;-with a further division, perhaps, between an economy which is
unchanging and one subject to change, but where all things are foreseen from the
beginning. Or we can pass from this simplified propaedeutic to the problems of the real
world in which our previous expectations are liable to disappointment and expectations
concerning the future affect what we do to-day. It is when we have made this transition
that the peculiar properties of money as a link between the present and the future must
enter into our calculations. But, although the theory of shifting equilibrium must
necessarily be pursued. in terms of a monetary economy, it remains a theory of value
and distribution and not a separate 'theory ofmoney'. (Keynes 1936/1939: 293; V.Z1.!)

Las nuevas sugerencias apuntan todas en la misma dirección. Para conservar el Primer
Tratado, una irreal economía de trueque, habría que eliminar todas las circunstancias
que derivan, según Keynes, en la aparición del dinero. Esto nos lleva a la discusión
sobre las características particulares del dienro, a la que nos abocaremos más adelante,
pero cuya importancia se pone así, nuevamente, de manifiesto 1.

Algunas conclusiones pueden sin duda obtenerse de estas múltiples opciones que
Keynes sugiere. Para que la teoría clásica pueda sobrevivir, antes que nada, hay que
descartar de plano su Segundo Tratado. También se requiere suponer una con recursos
dados y sin dinero, pero -y por- eso implica que el presente debe ser igual al futuro, de
modo que los cambios futuros no pueden reflejarse en las decisiones presentes. Esta
representación puede ser, tal vez, útil para explicar el comportamiento la empresa
individual bajo ciertas condiciones. Pero se destaca más que su realismo, utilidad o
aplicación, el "aparato de pensamiento" que provee.

Acabamos de asimilar a la división propuesta por Keynes al estado actual de la teoría


económica. Sin embargo, la analogía no es estrictamente válida. En primer término,
Keynes no sugiere convertir a la teoría clásica en una teoría microeconómica de la
determinación de los precios. A pesar de que en los Principies 01 Economics de
Marshall se desarrolla una teoría de la firma, pero también una teoría de la demanda,
Keynes propone conservar únicamente la explicación referida a la empresa. Los precios
que se derivan de esta teoría no coinciden con los del mundo real, porque, como vimos
en la Sección IV, ni bien se admite la posibilidad del desempleo de desequilibrio, los
precios en general, pero también los de cada industria pasan a depender del nivel de
demanda efectiva agregada'.

Esto es así porque su teoría de los precios en general, tanto como la que determina la
retribución de los factores de producción, no coincide con la de los clásicos, como
tendremos oportunidad de discutir más adelante. No es difícil ver que para Keynes la
teoría de los precios del Primer Tratado no sólo se contradice con la del Segundo sino
que no explica la determinación de los precios en las condiciones económicas reales.

1 Ver Sección V. Capítulo 4


2 Ver más arriba, Sección IV. 5.4

376
Pero, en segundo lugar, Keynes no piensa que su propio sistema sea asimilable una
teoría macroeconómica sin fundamentos, que sólo describe los movimientos de las
variables y su causalidad. Esa es precisamente la causa que 10 subleva contra los
clásicos: sus premisas, supuestos y fundamentos deben rechazarse. Cuando plantea la
posibilidad de conservar la teoría de la firma, deja de manifiesto que esto es posible
porque no hace falta para eso considerar al dinero. La teoría clásica no tiene una teoría
del dinero. Esto se debe a que desconoce lo que es el dinero en sí, lo que lo distingue del
resto de las mercancías y del capital. Este desconocimiento vicia tanto a la teoría del
dinero del Segundo Tratado como a la teoría del dinero mercancía del Primero. Keynes
deberá sentar los fundamentos para una nueva teoría el dinero completamente distinta
de la de los clásicos, si es que pretende construir sistema que represente a la economía
monetaria.

377
Capítulo 2 - De las variables del sistema a las formas
económicas fundamentales

2.1. La necesidad de un nuevo análisis del capital y el dinero.

El Capítulo 16 de la Teoría General se interna en los difíciles problemas vinculados al


análisis de la naturaleza del capital. En el Capítulo 17 se buscan las particularidades que
hacen del dinero una fuente de interés. La exposición realizada hasta aquí nos permitirá
probar, a continuación, que las investigaciones de Keynes acerca del dinero y el capital
no sólo no pueden ser tomadas como meras especulaciones secundarias y separadas del
resto de la Teoría General; como accesorias notas de color dignas de ser consideradas o
desechadas según la predisposición del lector hacia las interesantes pero poco
trascendentes cuestiones de la teoría abstracta. Intentaremos probar que no son las
fuerzas del capricho ni la petulancia las que empujan a Keynes a internarse en estas
complejas especulaciones, sino que, por el contrario, su necesidad de aventurarse en
este terreno proviene de los interrogantes abiertos por su propio sistema económico de
relaciones causales, con sus factores dados, sus variables dependientes e independientes.
Sin el análisis del dinero y el capital su teoría quedaría inconclusa, trunca.

Sostenemos que existe una imperiosa necesidad, una exigencia no personal, sino de
naturaleza teórica que impulsa a Keynes, arrojándolo a internarse en el análisis del
dinero y el capital, obligándolo a incluir sus conclusiones en la Teoría General. Es
decir, si Keynes mismo no lo hubiera hecho, aun así, para completar la explicación,
habría que emprender la tarea. Ese análisis transita por novedosas rutas, alejadas del
cauce tradicional señalado por sus maestros clásicos y son, por lo mismo, polémicas en
extremo. Polémicas y más vulnerables a la crítica que otras porciones también
sumamente delicadas de su argumento. Es por esto que su inclusión en la Teoría
General se convierte en un enigma digno de ser considerado ¿porqué agregaría Keynes
a sus ya controvertidos aportes estas nuevas piezas de teoría, si no fueran esenciales
para sostener la consistencia del argumento?

Evitaremos a todo precio enredarnos en las habituales especulaciones acerca de las


motivaciones subjetivas del autor. Convengamos, sin embargo, que aquellas muchas
interpretaciones a las que nos referimos más arriba, que asignan a Keynes un
deslumbrante poder persuasivo, que suelen ver en él a un verdadero estratega del
discurso, deberían poder explicarse porqué, cuando su objetivo explícito era convencer
a sus colegas economistas, no optó por evitar estos debates por demás abstractos y
altamente sensibles. ¿Cuál es el motivo que lo lleva a incluir en el libro ciertos aspectos
del desarrollo "desprotegidos", exponiendo así sus puntos débiles? Debían existir, al
menos para Keynes, poderosas razones de peso para hacerlo. De hecho Keynes resalta
su importancia y vinculación con el resto del libro una y otra vez, aunque, a la luz del
debate posterior, con poco éxito. El único modo de evitar las desviaciones que conducen
la discusión al estéril campo de las motivaciones personales, consiste -como 10 hemos
venido haciendo hasta aquí- en circunscribir la argumentación al plano estrictamente
racional, adoptando una explicación eminentemente teórica.

378
Nuestra empresa consiste en demostrar concretamente cuáles son los vínculos
inconmovibles que unen al sistema económico de Keynes expuesto en la sección IV con
su teoría del capital y del dinero.

El primer factor explicativo -seguramente el más visible-- ya fue mencionado en otro


contexto. La teoría clásica confundía sistemáticamente los rendimientos del capital con
los intereses del dinero, fusionándolos. Cuando expusimos su sistema económico
comprobamos que Keynes dispone de dos secuencias causales distintas: una se refiere a
las variables que influyen sobre la tasa de interés y otra distinta a los elementos que
afectan la eficiencia marginal del capital. De este modo puede reflejar el modo en que
realmente se determina el volumen de inversión, que se fija en el punto en que la
eficiencia marginal del capital se reduce hasta alcanzar el nivel de la tasa de interés l . Si
los elementos involucrados en la determinación cuantitativa de cada uno de estos dos
fenómenos difieren es porque el interés y el rendimiento del capital son en su esencia
dos cosas distintas, lo que significa también que provienen de distinta fuente. La teoría
clásica registra un único fenómeno con una única fuente causal donde en realidad
existen dos fenómenos diferentes y dos fuentes distintas. De manera que, aun en el caso
en que Keynes aceptara sin discusión la explicación que brinda la teoría clásica del
interés, se vería forzado a aclarar a cuál de sus dos categorías -interés o eficiencia
marginal- se aplica esa teoría y, en ese caso, todavía le quedaría pendiente el análisis
del otro fenómeno.

Esto nos conduce nuevamente a la discusión acerca del interés en el marco de la teoría
clásica. Deberemos internamos una vez más en el mercado clásico de capital "libre ",
que ya expusimos más arriba 2. Recurriremos para ello nuevamente a la obra de
Marshall. Sin embargo, el énfasis estará ahora puesto en algunos aspectos que habíamos
mencionado sólo superficialmente. Deberemos volver a los Principies 01 Economics a
buscar otros elementos que entonces habíamos pasado por alto. Antes de hacerlo,
podemos aun localizar nuevas causas para la incursión de Keynes en el análisis del
capital y el dinero, que provienen de algunas abiertas contradicciones entre el sistema de
Keynes y la teoría clásica en lo que respecta a las relaciones causales entre las variables
observables.

La teoría clásica sostiene que un incremento en el ahorro -debido a cambios en la


psicología de los ahorristas, de sus expectativas, de su confianza, de su ingreso
exógenamente determinado, o lo que fuera- provoca necesariamente un incremento en
la inversión. El aumento del deseo de ahorrar es la causa yel incremento de la inversión
su consecuencia. En efecto, si en el mercado clásico de capital se desplaza hacia fuera
la curva de oferta, el nivel de ahorro será mayor para cada nivel posible de la tasa de
interés, de modo que cet. par. la tasa de interés debe reducirse induciendo a un
incremento en la demanda de capital, es decir, de la inversión. A partir de esta
representación se llega a la conclusión de que la frugalidad, es decir, los incrementos del
ahorro, son beneficiosos para la actividad económica porque abaratan la retribución que
el dueño de la riqueza exige a cambio de su capital -reduce la remuneración exigida a
cambio del sacrificio de la espera. Si el deseo de ahorrar se incrementa más .y más, la

1 Ese es el comportamiento real de los inversionistas, y f.lo el que expresa la teoría clásica. La
determinación de la inversión en el sistema de Keynes fue expuesta en la Sección IV. 6.3.
2 Originalmente tratamos la determinación de la tasa de interés en los clásicos en la Sección 11. 2.4, luego

expusimos los cambios históricos que afectan la determinación de la inversión en la Sección II!. Capítulo
3 y, por último, las críticas de Keynes al mercado de capital en Sección IV. 4.2.

379
inversión aumenta más y más y el capital se acumula sin pausa. Dejemos hablar a
Marshall.

[S]peaking generally, an increase in the power and the willingness to save will cause the
services of waiting to be pushed constantly further; and will prevent it from obtaining
employment at as high arate of interest as before. That is, the rate of interest will
constantly fall [... ] [T]his growth of capital will increase the national dividendo
(Marshall1890/1948: 542; VI.II.9)

El pasaje habla del crecimiento de capital en el largo plazo, pero puede traducirse al
problema del corto plazo. El incremento de la "propensión a ahorrar" es apreciado por
la teoría clásica como acicate para la ocupación, ya que incentiva la aplicación
productiva del capital "libre" y hace crecer el ingreso nacional. Keynes reconoce la
existencia de este mecanismo clásico, al que describe del siguiente modo.

[I]t is natural to suppose that the act of an individual, by which he enriches himself
without apparently taking anything from anyone else, must also enrich the community
as a whole; so that [... ] an act of individual saving inevitably leads to a parallel act of
investment. (Keynes 1936/1939: 21; I.2.VI)

Pero en el sistema de Keynes el ahorro es considerado un mero residuo del ingreso una
vez que se han tomado las decisiones sobre cuánto consumir. Porque la propensión a
ahorrar para la comunidad como un todo representa siempre una proporción bastante
estable del ingreso. Déjese variar el ingreso agregado y se modificará no la propensión a
ahorrar sino la magnitud del ahorro. Son esas decisiones positivas acerca del nivel del
gasto, tal como se reflejan en la demanda agregada, las que impulsan al sistema hacia el
crecimiento del empleo. El ahorro es pasivo y negativo para la acumulación: por un lado
es un residuo pero además, si se incrementa la propensión a ahorrar el multiplicador
disminuye.

Saving, in fact, is a mere residual. The decisions to consume and the decisions to invest
between them determine incomes. Assuming that the decisions to invest become
effective, they must in doing so either curtail consumption or expand income. Thus the
act of investment in itself cannot help causing the residual or margin, which we call
saving, to increase by a corresponding amount. (Keynes 1936/1939: 64; I.6.I1)

Comparemos la cadena causal clásica con la que surge del sistema de Keynes. Mientras
la teoría clásica argumentaba que un incremento del deseo de ahorrar es expansivo, en
el sistema de Keynes la propensión a ahorrares la contracara de la propensión a
consumir. Lo que está en juego es la proporción del ingreso agregado que se destina al
consumo y la que se destina al ahorro -son, por así decir, complementarios. Cuando en
el sistema de Keynes crece la propensión a ahorrar, cet. par., desciende la proporción
del ingreso que se destina a la demanda corriente bajo la forma de gasto de consumo, lo
que trae como consecuencia una caída del empleo. Es, como se observa, una
representación del mundo invertida con respecto a la imagen de los clásicos. Las
recomendaciones ortodoxas en favor de la austeridad basadas en la teoría clásica, se
convierten en fatales cuando se toma como base para comprender sus consecuencias al
sistema de Keynes. Sólo volverían a tener un papel honorable en las condiciones -en
general inexistentes- de pleno empleo. Contra el sentido común, el ahorro no debe ser
tomado como "la base de la fortuna", sino como una contracción de la demanda
corriente y, como tal, la "base de la miseria".

380
[W]e have seen that, up to the point where full employrnent prevails, the growth of
capital depends not at all on a low propensity to consume but is, on the contrary, held
back by it. (Keynes 1936/1939: 373; VI.24.I)

El mismo factor que en la teoría clásica tiende a abaratar el capital y, por tanto, a estimular el
crecimiento del producto, en la explicación de la Teoría General el resultado inmediato de un
incremento de la voluntad de ahorro no puede ser otro que la caída del empleo.

In any case, however, an individual decision to save does not, in actual fact, involve the
placing of any specific forward order for consumption, but merely the cancellation of a
present order. Thus, since the expectation of consumption is the only raison d'étre of
employrnent, there should be nothing paradoxical in the conclusion that a diminished
propensity to consume has cet. par. a depressing effect on employment. (Keynes
1936/1939: 211; IV.16.I)

Resumimos el segundo factor que explica la incursión a las categorías fundamentales.


Se trata de esta diferencia entre los "modelos": para el sistema de Keynes un aumento
de la propensión a ahorrar no produce mejoras en el empleo, sino todo lo contrario. En
rotunda oposición a los clásicos, la propensión a ahorrar no gobierna la tasa de interés,
ni la eficiencia marginal del capital. El ahorro no es la fuente de la acumulación porque
no se traduce en inversión. El capital no crece simplemente con los ahorros. ¿Qué es el
capital? Es una cuestión que, si se toma en serio el sistema de Keynes, su descripción de
la realidad, sus resultados y recomendaciones es necesario estudiar nuevamente.

The obstacle to a clear understanding is, in these examples, much the same as in many
academic discussions of capital, namely, an inadequate appreciation of the fact that
capital is not a self-subsistent entity existing apart from consumption. On the contrary,
every weakening in the propensity to consume regarded as a permanent habit must
weaken the demand for capital as well as the demand for consumption. (Keynes
1936/1939: 106; III.8.IV)

Como veremos, si para los clásicos la oferta de capital dependía de esta relación era
debido a su explicación acerca de la naturaleza del capital. Esto nos conduce a un nuevo
argumento.

Se presenta una tercera diferencia entre el sistema de Keynes y la teoría clásica que se
deriva de la anterior. Trasladémonos nuevamente al mercado de capital imaginado por
los clásico para suponer esta vez que no cambia autónomamente "the willingness to
save" sino que se produce un incremento de la tasa de interés sin que se modifique la
forma y posición de curva de oferta de capital. La teoría clásica sostiene que, ceteris
paribus, una tasa de interés más alta incentiva el ahorro, al compensar el sacrificio de la
espera. De esta explicación se puede derivar la recomendación de sostener una tasa de
interés elevada con la intención de incentivar el ahorro. Keynes reconoce aquí una
sugerencia habitual de los economistas'.

1 Esta recomendación, tomada aisladamente, es también contradictoria con la teoría cuantitativa clásica.
La mencionamos por que Keynes lo hace. En efecto, la oferta de capital debería subir cuando se
incrementa la tasa de interés, pero esto sólo podría deberse, en la explicación clásica habitual, a un
incremento en la productividad del capital que desplace la curva de demanda hacia fuera, o bien en una
restricción en las condiciones de crédito que -en la terminología de Wicksel1- aleje la tasa de interés de
mercado (de préstamos) de la "natural". Los precios deberían caer impulsando, a la postre, el ajuste.
Agradezco al Lic. Pablo Ceriani que me llamó la atención sobre el punto.

381
The justification for a moderately high rate of interest has been found hitherto in the
necessity of providing a sufficient inducement to save. But we have shown that the
extent of effective saving is necessari1y determined by the scale of investment and that
the scale of investment is promoted by a low rate of interest, provided that we do not
attempt to stimulate it in this way beyond the point which corresponds to fu11
employment. Thus it is to our best advantage to reduce the rate of interest to that point
relatively to the schedule of the marginal efficiency of capital at which there is fu11
employment. (Keynes 1936/1939: 375; VI.24.II)

La relación directa que establecen los clásicos entre tasa de interés y deseo de ahorrar
puede conducir a la ruinosa recomendación de sostener una tasa de interés elevada para
estimular la acumulación de capital. Conocemos ya el efecto -contrario- que en el
sistema de Keynes se deriva de los incrementos en la tasa de interés, también celo par.,
En la Teoría General, más allá de lo que ocurra con la propensión a consumir y a
ahorrar, el efecto necesario de un incremento de la tasa de interés es el contrario al que
pronostica la teoría clásica a través de la pendiente positiva de su curva de oferta de
capital', Para los clásicos, si la curva de ahorro no se modifica, un aumento de la tasa de
interés está necesariamente asociado a un incremento del ahorro. Para el sistema de
Keynes, en cambio, celo par., sin variaciones en la propensión a ahorrar la caída de la
tasa de interés llevará a una reducción del nivel de ahorro.

[A]ggregate saving is govemed by aggregate investment; a rise in the rate of interest


(unless it is offset by a corresponding change in the demand-schedule for investment)
will diminish investment; hence a rise in the rate of interest must have the effect of
reducing incomes to a level at which saving is decreased in the same measure as
investment. Since incomes will decrease by a greater absolute amount than investment,
it is, indeed, true that, when the rate of interest rises, the rate of consumption wil1
decrease. But this does not mean that there will be a wider margin for saving. On the
contrary, saving and spending will both decrease. (Keynes 1936/1939: 111; III.9.I1)

Sumando las dos últimas diferencias, como vemos, con respecto a la explicación de los
clásicos, no sólo se observan comportamientos invertidos en las variables, sino que se
presenta una alteración completa en la dirección de la causalidad: en la primera cita de
Marshall un incremento del ahorro provoca un aumento de la inversión. En Keynes el
ahorro es "pasivo" y se ajusta hasta igualarse al volumen de inversión que surge de la
igualación entre la eficiencia marginal del capital y la tasa de interés. En su sistema la
tasa de interés no afecta sustancialmente a la propensión a consumir, ni a la propensión
a ahorrar ¿De dónde proviene el deseo de ahorrar, si no se debilita con las caídas de la
tasa de interés? ¿Qué es el dinero, porqué arroja interés?

En base a la simple comparación del comportamiento de las variables, se puede


mencionar aun una última diferencia entre el sistema de Keynes y la teoría clásica que,
como veremos, apunta a una cuestión de fondo, es decir, a la explicación de la
naturaleza misma del interés. Para los clásicos la oferta de capital se incrementa con el
incremento de la tasa de interés: en general los hombres están dispuesto a sacrificar una

1 En realidad, como indicamos, al suponer un nivel de ingreso fijo el mercado de capital agregado clásico
pierde sustento, ya que es incapaz por sí de arrojar un nivel para la tasa de interés a través del movimiento
de las curvas. La comparación con el sistema de Keynes introduce entonces algunos presupuestos
ligeramente malintencionados, porque la curva de ahorro depende también del ingreso. Claro que Keynes
tiene razón suficiente para criticar al tratamiento aislado del mercado de capital en un contexto de
equilibrio parcial. Las respuestas contemporáneas a este interrogante deben leerse como reacciones ante
la crítica de Keynes (ver Sección IV. 4.2).

382
mayor proporción del consumo presente a cambio de consumo futuro cuanto mayor sea
la retribución que obtienen al hacerlo, es decir, cuanto más crezca la tasa de interés.
Deberían estar dispuestos en mayor medida a postergar el consumo. En el sistema
económico de Keynes, en cambio, como ya señalamos en otro contexto, la propensión a
consumir y, por tanto, la propensión a ahorrar una parte del ingreso no depende
fuertemente, ni de una forma determinada, de la tasa de interés.

For the classical theory of the rate of interest [... ] it was convenient to suppose that
expenditure on consumption is celo par. negatively sensitive to changes in the rate of
interest, so that any rise in the rate of interest would appreciably diminish consumption,
It has long been recognised, however, that the total effect of changes in the rate of
interest on the readiness to spend on present consumption is complex and uncertain,
being dependent on conflicting tendencies, since sorne of the subjective motives
towards saving will be more easi1y satisfied if the rate of interest rises, whilst others will
be weakened. [... ] The usual type of short-period fluctuation in the rate of interest is not
likely, however, to have much direct influence on spending either way. (Keynes
1936/1939: 93; 111.8.11)

Tanto el comportamiento de las variables como las relaciones que se establecen entre
ellas son sustancialmente distintos para los clásicos y Keynes, lo cual nos conduce
nuevamente a la explicación misma del interés. Para los clásicos una descripción
adecuada de la naturaleza humana debe contemplar un hecho psicológico
incuestionable: el hombre prefiere el consumo presente al consumo futuro. Esta petición
de principios que refiere al instinto mismo del ser humano es para la teoría clásica un
factor esencial a la hora de dar cuenta de la naturaleza del capital y el interés. La Teoría
General cuestiona este supuesto sobre la naturaleza humana. De esta manera, la teoría
clásica del capital se quedaría huérfana de su supuesto fundamental. ¿Porqué se paga
una tasa de interés si el hombre no considera al ahorro un sacrificio, sino que se abstiene
de consumir por otros motivos distintos, tal como se sostiene en la Teoría General? 1

Para Keynes no alcanza con modificar las relaciones funcionales que vinculan los
fenómenos. Debe además rechazar de plano la explicación clásica de las categorías
primeras. La tasa de interés, como vimos, no es ya el factor que equilibra la demanda
con la oferta de capital libre. Pero tampoco se obtiene de ese modo el valor de la
eficiencia marginal del capital. Como dice Keynes, estas "perplejidades" obligan a
cavar más "profundo" internándose en las penumbrosas regiones de los conceptos
fundamentales.

Certain deeper perplexities, which may arise when we try to probe still further into the
whys and wherefores, wi11 be considered in the next chapter [Chapter 17, AK]. (Keynes
1936/1939: 213; IV. 16.1)

A continuación mostraremos que la teoría clásica se había acostumbrado a asociar su


descripción de las fuerzas que operan en mercado de capital "libre" con ciertas
cualidades intrínsecas del capital. Veremos entonces que para los clásicos el capital
debe necesariamente arrojar un interés porque, de otra manera, el ahorro sería nulo; y es
justamente porque es capaz de arrojar un interés sobre su monto original que se lo
demanda. Nos encontramos así con que la determinación del interés que los clásicos
adoptan reposa en sus apreciaciones acerca de la naturaleza del capital. ¿Qué es para los

1 Los trataremos en detalle más abajo, en el apartado 3.1.

383
clásicos el capital? Es una mercancía con dos cualidades específicas: la productividad y
la prospectivovidad', La conveniencia de emplear capital en los procesos productivos,
debido a que posee la cualidad propia de incrementar el volumen la producción -el
capital es productivo- en conjunto con el sacrificio que implica utilizar la riqueza como
capital -el capital es fruto de un sacrificio de consumo presente- son las cualidades que
convierten al capital en un factor de la producción y lo ponen a la par del trabajo
humano como fuente del valor. El capital tiene prospectividad porque es un objeto apto
para depositar la riqueza cuando se decide postergar el consumo. ASÍ, el interés, es
decir, la retribución al capital, es considerada, al igual que los salarios del trabajo, como
un costo real e ineludible presente en toda forma de producción. Dos sacrificios
equiparables por los que el hombre debe atravesar toda vez que desee obtener un
producto: el esfuerzo y la espera. En resumidas cuentas, si los clásicos están en lo cierto
en sus afirmaciones acerca de la naturaleza del capital, Keynes no la tiene y su sistema
no puede sostenerse. El capital arrojaría un interés, cuyo nivel lo fijan las curvas de
oferta y de demanda de capital. Si el capital es y se comporta como dicen los clásicos, y
el dinero es y se comporta como dicen los clásicos, el interés se regiría por las leyes
clásicas, no por las que propone de Keynes.

¿Qué es el capital? ¿Cuál el origen del interés? A pesar de que la controversia cayó en el
olvido, la pregunta que la teoría clásica intentaba contestar en el plano teórico no tenía
nada de novedosa. Era la misma que había atribulado a las corrientes de pensamiento
anteriores a su surgimiento. Bohm-Bawerk, al comienzo de su célebre Capital e interés.
Historia y crítica de las teorías sobre el interés sintetiza el gran misterio de forma
precisa, elocuente y hasta seductora. Paradójicamente, en muchos campos del
conocimiento, es a veces más dificultoso formular la pregunta que ensayar sus posibles
respuestas'.

¿De dónde y por qué obtiene el capitalista este aflujo interminable de bienes, sin
esfuerzo alguno de su parte? Estas palabras encierran el problema teórico del interés
[...] Lo que se trata de explicar es el hecho de que, en la inversión productiva de un
capital, quede en manos del empresario, generalmente, un remanente proporcional sobre
el volumen del capital invertido, remanente que se obtiene por la circunstancia de que el
valor de los bienes creados con ayuda del capital es, ordinariamente, mayor que el valor
de los bienes consumidos en su producción. El problema está en saber por qué existe
este remanente constante de valor o plusvalía (Bóhm-Bawerk 1884/1947: 27 y 101)

Sostenemos que este es el verdadero "problema del capital". La contestación de los


clásicos es consistente con su teoría del valor y de la distribución. Pero hemos visto que
esa respuesta no puede introducirse fácilmente como sustento del sistema económico de
la Teoría General.

Dejemos por un momento de lado al capital para considerar ahora el problema del
dinero, en tanto afecta a la tasa de interés. Es una muestra más de la incompatibilidad
entre el dinero clásico y el que necesita el sistema de Keynes.

1 Traducimos de esta manera los términos que emplea Marshall: "prospectiveness" y "productíveness"
2 Utilizamos a Bühm - Bawerk como contrapunto, primero, pero ser él mismo elegido como adversario
por nuestros autores y, en segundo, lugar porque su obrar revolucionó en gran medida el tratamiento del
interés: "El trabajo [sobre el interés, AK] más destacado del período, la obra que dominó la discusión y
tuvo una influencia formativa hasta en muchos de sus más fieros críticos, es la investigación de Bohm -
Bawerk" (Schumpeter 1954/1982: 1012)

384
En su Segundo Tratado la teoría clásica introducía en la explicación del nivel de la tasa
de interés ciertos fenómenos "monetarios". La teoría clásica del interés del Primer
Tratado lograba, hasta cierto punto, sobrevivir a los accidentes monetarios porque estos
cambios eran considerados como perturbaciones transitorias que desplazaban a la tasa
de interés de su nivel "natural" fijado en el mercado de capital. La tasa de interés de
mercado, finalmente, regresaba al nivel dictado por la intersección entre la oferta y la
demanda genuinas de capital 1. Como quedó de manifiesto, esta explicación fue
rechazada en su conjunto por la Teoría General. En lugar de referirse -implícita o
explícitamente- a dos tasas de interés distintas, el sistema de la Teoría General rompe
con esta explicación diferenciando a la tasa de interés de la eficiencia marginal del
capital. En la Teoría General, la tasa de interés se convierte en el "precio" al que se
igualan la oferta de dinero fijada por el Estado y la preferencia psicológica por la
liquidez.

Es por eso que, para desgracia de Keynes, la comprometida pregunta de Bohm-Bawerk


se duplica: deberá desentrañar el origen del rendimiento del capital y por tanto la
naturaleza del capital como tal. Pero se verá obligado también a realizar la misma
operación analítica con el dinero y la tasa de interés. No podrá servirse, además, en
ninguno de los dos casos de los elementos que suministra la teoría clásica del capital: la
prospectividad y la productividad, ni de los que ofrece la teoría clásica del dinero: la
teoría cuantitativa que regula la cantidad de dinero con valor intrínseco y el precio del
dinero sin valor intrínseco. Todas estas piezas se reflejan en explicaciones distintas y
contradictorias a las que representa su propio sistema sobre el comportamiento de las
variables: cambian los efectos del incremento en la cantidad de dinero, del incremento
del ahorro, de los cambios en la tasa de interés y así sucesivamente.

No es necesario enfatizar aún más la importancia crucial que para Keynes tienen estos
problemas. De hecho, la causa fundamental de la desocupación se identificaba en su
sistema con la insuficiencia de inversión que encontraba su origen precisamente en la
volatilidad de la eficiencia marginal del capital, por un lado, y en las dificultades para
que la tasa de interés se ubique en la posición que garantiza la plena ocupación. Una
teoría que, como la clásica, define a la tasa de interés como un reflejo de la preferencia
psicológica en el tiempo (ver más adelante, p. 388) por un lado, y como un resultado de
la capacidad productiva física del capital, por el otro, impone un límite muy
determinado -psicológico y técnico-material- a sus movimientos que es incompatible
con el sistema de Keynes y con las recomendaciones que de él emanan. ¿Cómo
demostrar sobre esa base que la eficiencia marginal es sumamente cambiante y la tasa
de interés pertinaz? No hay nada ni nadie que en el corto plazo pueda modificar
potentemente -y menos "permanentemente"- la técnica productiva o la psicología del
hombre: el sistema clásico se ve obligado a confiar entonces en las ciegas fuerzas
económicas. El sistema de Keynes exige otros fundamentos.

Analizaremos más adelante, con cuidado las propuestas de Keynes. Pero conviene
previamente dedicarnos una vez más a la exploración de la teoría clásica del interés que
no es otra cosa que un desarrollo de la teoría clásica del capital. En esta oportunidad, a

1 Los intentos más serios para unificar la teoría, como el de Wicksell o el del propio Keynes en el

Treatise, optaban entonces por desdoblar, sino el fenómeno mismo, al menos la categoría de interés. Se
presentaba así una tasa "natural" de interés en oposición y conviviendo con la tasa "de mercado" de
interés. Son intentos primitivos de expresar lo que luego quedará plasmado el). la separación del interés en
dos categorías diferenciadas: tasa de interés del dinero, eficiencia marginal del capital.

385
diferencia de nuestras incursiones anteriores, nos concentraremos sólo en las respuestas
específicas a nuestros nuevos interrogantes, con el propósito de identificar las
consecuencias teóricas que traen sus afirmaciones.

2.2. La teoría clásica del capital, nuevamente.

En los Principles 01 Economics Marshall pretende integrar dos de las respuestas


habituales a la pregunta formulada por Bohm-Bawerk sobre el origen del interés,
1
formando con ellas una única teoría del capital • La clasificación que propone Bohm-
Bawerk de las teorías del capital nos será de suma utilidad para enmarcar el problema
dentro de un debate más amplio. Algunos autores sostuvieron que el capital posee o
bien la capacidad directa de producir, o bien la capacidad de contribuir mediante su uso
al incremento de la producción. Es decir, encuentran en una presunta productividad del
capital el origen del interés'. Por otro lado, ciertos autores abrazaron distintas variantes
de la denominada "teoría de la abstinencia'",

[la teoría de la abstinencia] sostiene que la plusvalía es el equivalente de la


'abstinencia', parte integrante de los costos que contribuye a la formación
del precio. Según ellas, el capitalista, para consagrar su capital a la
producción, tiene que renunciar a disfrutar actualmente de él. Este
aplazamiento de disfrute, esta 'abstinencia', constituye un sacrificio y, como
tal, forma parte integrante de los gastos de producción, debiendo en concepto
de tal ser remunerado. (Bohm-Bawerk 1884/1947: 102)

Marshall identifica dos atributos del capital a los que denomina productividad y
prospectividad. Su demanda y oferta se explican, respectivamente, por estas dos
cualidades inmanentes atribuidas al capital. El capital es prospectivo y productivo. El
capital rinde una ganancia al incrementar la producción física, es productivo, pero en
tanto el capital comienza a rendir utilidad sólo en el futuro, para formar un capital es
necesario actuar previsoramente con prospectividad. Solo los bienes que "producen" y
"postergan consumo" pueden ser capital.

[T]he supply of capital is held back by the prospectiveness of its uses, men's
unreadiness to look forward, while the demand for it comes from its productiveness, in
the broadest sense ofthe term (Marsha111890/1948: 581n; VI.V!. 1)

No abundan en la exposición de Marshall las argumentaciones sobre el origen de estas


capacidades propias del capital. Por el contrario, se recurre para justificarlas al más
llano sentido común (abundan expresiones del tipo "como todo el mundo sabe", tan
habituales en Marshall) para rechazar cualquier objeción a esta caracterización. Se trata
más bien de una argumentación por la negativa, contra-fáctica: si el capital no tuviera
las cualidades que se le atribuyen, el comportamiento del hombre ante el capital no sería

1 En mi reciente trabajo El capital según Lord Keynes (Kicillof 2üÜ4b) expuse previamente algunas de
estas ideas, sólo que refiriéndome únicamente al problema de los rendimientos del capital, de manera
independiente.
2 Entre los precursores de lo que denomina "teorías de la productividad" se encuentran Say y Laurendale.

3 Además de estas Bawerk distingue otras dos explicaciones, la que atribuye el interés del capital al
trabajo del capitalista y la teoría del interés basada en la explotación.

386
el que en efecto se observa. De esta manera, si el capital no permitiera obtener alguna
ganancia cuando se lo aplica, no habría ningún motivo para que se pagara algo por él.
De manera que el capital al ser utilizado permite obtener un incremento en la
producción física. La demanda de capital surge de su productiveness.

Everyone is aware that no payrnent would be offered for the use of capital unless sorne
gain were expected frorn that use; and further that these gains are of rnany kinds. Sorne
borrow to rneet a pressing need, real or irnaginary, and pay others to sacrifice the
present to the future in order that they thernselves rnay sacrifice the future to the present.
(Marshall1890/1948: 580; VI.VI.1)

Destacamos ya la tendencia de Marshall -que Keynes denuncia- a hacer pasar como


obvias sus propias posiciones, aun cuando el problema en cuestión haya sido sometido a
. las más furiosas controversias por parte de los economistas. El mismo razonamiento
sirve para sostener que, evidentemente, nadie ofrecería capital a préstamo si al retomar
no arrojara diferencia igual a la tasa de interés. El capital son bienes con prospectividad
porque son objetos aptos para canalizar el ahorro, la postergación del consumo en la que
el hombre sólo se incurrirá si consigue que esa riqueza retome incrementada.

Everyone knows that people will not lend gratis as a rule; because, even if they have not
thernselves sorne good use to which to tum the capital or its equivalent, they are sure to
be able to find others to whorn its use would be of benefit, and who would pay for the
loan ofit: and they stand out for the best rnarket (Marshall1890/1948: 581; VI.V!.l)

Dejando de lado toda la retórica que pueda empañar la claridad de la exposición,


tenemos ante nosotros una explicación sobre la naturaleza del capital. Es capital aquello
que funciona como medio para incrementar la producción y para posponer el consumo,
en virtud de esos dos atributos es demandado y ofrecido. El interés se convierte en el
equivalente monetario de la productividad física adicional que su empleo provoca y se
convierte necesariamente en la remuneración del ahorrista o prestamista en tanto es una
compensación monetaria de la espera. La existencia del interés queda así ligada a las
cualidades del capital. La tratamos como una teoría del capital porque su propósito es
explicar aquello que convierte a un "objeto" en capital, o que lo habilita para serlo. Si
un bien no fuera productivo no se pagaría interés por él, y si no fuera prospectivo, un
medio para posponer el consumo -trasladar goces al futuro-, no se pediría algo a
cambio de su uso. Así, el interés brota de los caracteres específicos del capital.

La teoría clásica del capital es, en suma, empleando la taxonomía de Bóhm-Bawerk, el


producto de la yuxtaposición entre la teoría de productividad y la teoría de la
abstinencia o, más bien, la espera. La productividad justifica la demanda y la desutilidad
de la espera limita su la oferta: el nivel de equilibrio de la tasa de interés refleja la
anulación entre ambas fuerzas contrapuestas. El interés surge así del conflicto entre el
deseo del hombre por utilizar al capital en la fabricación para incrementar su capacidad
productiva y su deseo de consumir de inmediato el capital, cuando tiene la capacidad de
posponer consumo trasladando goces presentes al futuro. Visto desde este punto de
vista, el interés es el pago que resulta de los deseos opuestos de consumirlo de
inmediato como medio de disfrute y de posponer el consumo para obtener más
adelantes los futuros acrecentados que arroja.

En su versión original -de Senior- la teoría de la abstinencia sostenía que el empleo de


la riqueza acumulada como capital implicaba un evidente sufrimiento para su

387
propietario que de este modo se avenía a posponer su propio disfrute. Este sacrificio lo
autorizaba a obtener una retribución compensatoria: el interés, que se convertía así en
"la indemnización concedida al capitalista por su abstinencia (rewardfor abstinence)"
(Bohm-Bawerk 1884/1947: 290). La palabra abstinencia, sin embargo, tiene obvias
connotaciones morales, difíciles de atribuir a los grandes capitalistas. Es por este matiz
del lenguaje que Marshall rechaza el término abstinencia. Rechaza el término pero,
como vimos, no el contenido de la teoría de la abstinencia. Prefiere llamar "waiting" al
sacrificio que acompaña al acto de posponer el disfrute del consumo presente, es decir,
el sacrificio del ahorro'. El capital en sí es el vehículo para ejercitar esta operación,
debido a su capacidad de satisfacer la prospectiveness de los hombres.

The sacrifice of present pleasure for the sake of future has been called abstinence by
economists. But this term has been misunderstood: for the greatest accumulators of
wealth are very rich persons, sorne of whom live in luxury, and certainly do not practice
abstinence in that sense ofthe term in which it is convertible with abstemiousness ... we
may with advantage avoid its use, and say that the accumulation of wealth is generally
the result of a postponement of enjoyment, or of a waiting for it. Or, in other words
again, it is dependent on man's prospectiveness; that is, bis faculty of realizing the
future (Marsha111890/1948: 233; N.VII.8)

Esta teoría puede extenderse -como lo hace Marshall- a cualquier etapa de la historia.
Cuando el hombre resigna el disfrute actual de su riqueza en pos de encarar una
empresa productiva está engendrando la necesidad del interés. Los bienes que
conforman la riqueza, argumenta Marshall, no serán nunca otorgados en préstamo, pero
tampoco serán empleados por su propio dueño para otra cosa que no sea el consumo
presente, excepto que al cabo de un período se reciba la riqueza original preñada de
interés. La impaciencia, es decir, el rechazo a la espera como tal es una cualidad natural
del hombre.

Everyone is aware that the accumulation of wealth is held in check, and the rate of
interest so far sustained, by the preference which the great mass of humanity have for
present over deferred gratifications, or, in other words, by their unwillingness to "wait."
(Keynes 1936/1939: 242; N.17.V)

De aquí derivamos, como consecuencia lógica, las condiciones para la existencia del
capital y -lo que es lo mismo- para que se pague por su uso un interés. Como dijimos,
sólo pueden utilizarse como capital aquellos bienes que son capaces de brindar cierta
utilidad o producto a lo largo del tiempo, bienes cuyo consumo puede postergarse -
"durables". Si, por el contrario, todos los bienes fueran "perecederos", ninguno podría
funcionar como capital. Marshall denomina a este atributo prospectividad. Nuevamente,
la condición para que los bienes de ese tipo se conviertan efectivamente en capital es
que el hombre los emplee productivamente en lugar de consumirlos en el presente.
Entonces hace su aparición como condición para la existencia del interés una cualidad
"psicológica" del hombre. Se postula que los seres humanos prefieren el consumo

1 La terminología fue propuesta poco antes por Macvane, tal como reconoce el propio Marshal1, "Karl
Marx and his fol1owers have found much amusement in contemplating the accumulations ofwealth which
result from the abstinence of Baron Rothschild, which they contrast with the extravagance of a labourer
who feeds a family of seven on seven shillings a week; and who, living up to his full income, practises no
economic abstinence at all. The argument that it is Waiting rather than Abstinence, which is rewarded by
Interest and is a factor of production, was given by Macvane in the Harvard Journal of Economics for
July, 1887" (Marshall 1890/1948: 233n; IV.VII.S). Es Proudhon -un no marxista- uno de los que más se
mofan del término "abstinencia".

388
presente al consumo futuro, es decir, que "the postponernent of gratifications involves
in general a sacrifice on the part of him who postpones" (Marshall 1890/1948: 587;
VI.VI.3). Siendo esto así, nadie entregará ni empleará por sí mismo para la producción
aquellos bienes con prospectividad gratuitamente. El fenómeno del interés es
psicológico yesos atributos de la naturaleza humana llevan a sostener que por
naturaleza todo bien empleado como medio de producción debió siempre arrojar un
interés -bajo la forma que fuera. Se presenta así una última condición: esos bienes
durables deben ser capaces de "producir" para rendir el interés que compense la
postergación del consumo. Entre los bienes con prospectividad sólo serán utilizados
como capital los que tengan la suficiente productividad como para retribuir la dilación
en el consumo (la espera). El sacrificio del que aporta el capital es la base de esta teoría
del interés. Pero sólo funcionarán como capital los bienes suficientemente productivos.
En el capital se conjugan la naturaleza del hombre y la naturaleza material de los
procesos productivos.

La forma de las preferencias en el tiempo que provienen de la naturaleza humana son


las que dan origen al interés imponiendo así una traba a la acumulación. Mientras la
espera represente un sacrificio, la tasa de interés será por fuerza positiva 1•

2.3. El interés en la teoría clásica del valor: la espera.

Esta teoría del capital basada en la espera o la abstinencia tiene efectos decisivos no
sólo en la teoría del interés, sino en la concepción general de MarshalL La "espera" se
pone a la par del trabajo y se convierten en el "núcleo duro" de su teoría del valor que
queda así enlazada con su teoría de la distribución. Las dos actividades involucradas
necesariamente en toda producción significan para el hombre sendos "sacrificios": la
espera involucrada en el uso de riqueza como capital, por un lado, y los esfuerzos
vinculados al trabajo, por el otro. Ambos están igualmente fundados en la naturaleza
humana. Trabajar y esperar, ambos actos de renuncia exigen una retribución: Por esto,
el salario del trabajo y el interés del capital son para Marshall dos figuras equivalentes,
asociadas a la producción en generaL

[H]human nature being what it is, we are justified in speaking of the interest on capital
as the reward of the sacrifice involved in the waiting for the enjoyment of material
resources, because few people would save much without reward; just as we speak of
wages as the reward of labour, because few people would work hard without reward.
(Marsha111890/1948: 232; IV.VII.8)

Resulta de esta explicación una teoría del capital que rebasa las fronteras históricas del
capitalismo. El esfuerzo del trabajo y la espera del capital son los dos factores
determinantes de toda decisión productiva. Marshall intenta demostrarlo con el ejemplo
de un hipotético hombre aislado.

1 Marshall contempla como posibilidad "lógica" una situación en que los hombres prefieran el consumo
futuro al consumo presente, de manera que la tasa de interés sea negativa. Claro que, también
analíticamente, se puede contemplar una circunstancia en la gente sufra tanta ansiedad por trabajar que
esté dispuesta a pagar por hacerlo, de modo que el salario sería también negativo. Pero, según Marshal1,
estos casos extremos son sólo situaciones hipotéticas que contradicen la naturaleza humana tal como es y
la conocemos (Marsha111890/1948: 232; IV.VIl.8).

389
Robinson Crusoe had to do only with real costs and real satisfactions: and an old-
fashioned peasant family, which bought little and sold litt1e, arranged its investments of
present "effort and waiting" for future benefits on nearly the same lines. (Keynes
1923/1996: 362; V.IV.6)

En última instancia, la necesidad de retribuir el esfuerzo y la espera se convierte en la


base indestructible que está por detrás de la fabricación de todo producto: el esfuerzo y
la espera son los costos teales de todo bien en todo período histórico. Su teoría del valor
afirmaba que el precio normal de toda mercancía tiende a acomodarse precisamente en
la magnitud correspondiente a su costo real. De esta forma el esfuerzo y espera son la
fuente del valor de toda mercancía ya que es precisamente el equivalente a estos dos
factores sumados lo que hay que dar a cambio de todo producto. Vale la pena repetir el
pasaje en el que se cifra toda la teoría clásica del valor.

The exertions of all the different kinds of labour that are directly or indirectly involved
in making it; together with the abstinences or rather the waitings required for saving the
capital used in making it: al1 these efforts and sacrifices together will be called the real
cost of production of the cornmodity. The sums of money that have to be paid for these
efforts and sacrifices will be called either its money cost ofproduction, or, for shortness,
its expenses of production; they are the prices which have to be paid in order to call
forth an adequate supply of the efforts and waitings that are required for making it; or,
in other words, they are its supply price. (Marshall 1890/1948: 339; V.III.2)

Nos topamos nuevamente con el precio de la oferta. La producción de toda mercancía se


regulará de tal modo que, en equilibrio normal, el precio de oferta se iguale al precio de
la demanda. La teoría clásica del interés es una pieza fundamental de la teoría clásica de
la distribución, pero también de su contrapartida, la teoría clásica del valor.

Veamos adónde nos lleva esta teoría del valor. Los Principies 01 Economics contienen
una exposición rigurosa y completa basada en la combinación de estos dos sacrificios
gemelos, el esfuerzo y la espera. No es un aspecto secundario, sino distintivo de su
sistema teórico. Marshall utiliza esta teoría para polemizar con otras explicaciones que
no se encuentran en línea con la suya.

Los autores de la antigüedad y el medioevo condenaban a la usura desde una


perspectiva moral argumentando que el cobro de intereses gravosos perjudicaba al
prestatario pobre y beneficiaban al próspero prestamista. Su desaprobación se fundaba,
sin embargo, según Marshall, en las confusiones provenientes de la ausencia de ideas
claras sobre "the nature of the services which capital renders in production, and for
which interest is the payment" (Marshall 1890/1948: 584;· VI.VI.2). Eran engañosas
justamente porque ignoraban el sacrificio de espera que implica para el prestamista
entregar su riqueza -más allá de que sea rico o no- a otros. Nadie está dispuesto a
sacrificar gratuitamente su consumo presente. Sólo pasando por alto esta verdad y
confundiendo la naturaleza del dinero, podían sostener que el alquiler de un bien era
justo, pero el préstamo de dinero no lo era. El dinero representa capacidad de compra de
bienes y para prestarlo es necesario sacrificarse.

The doctrine of these writers therefore really implied, and in fact it did convey to
people's minds the mischievous fal1acy that-independently of the special
circumstances ofthe borrower and the lender-the loan of money, i.e. of cornmand over

390
things in general, is not a sacrifice on the part of the lender and a benefit to the
borrower, ofthe same kind as the loan of a particular cornmodity. (Marsha111890/1948:
585-586; VI.VI.2)

Ciertas doctrinas del pasado no tuvieron en cuenta la perenne necesidad de retribuir el


sacrificio. Marshall ataca con el mismo argumento a las teorías de su época que
consideran sólo al trabajo y no al trabajo en conjunto con la espera como las fuentes de
la riqueza y el capital, Esas teorías condenan la explotación de los trabajadores
atribuyendo al esfuerzo del trabajo, y sólo a él, el valor íntegro del producto adicional.

They argued that labour always produces a "Surplus" aboye its wages and the wear-and-
tear of capital used in aiding it: and that the wrong done to labour lies in theexploitation
of this surplus by others. But this assumption that the whole of this Surplus is the
produce of labour, already takes for granted what they ultimately profess to prove by it;
they make no attempt to prove it; and it is not true. It is not true that the spinning of yam
in a factory, after allowance has been made for the wear-and-tear of the machinery, is
the product ofthe labour ofthe operatives. It is the product oftheir labour, together with
that of the employer and subordinate managers, and of the capital employed; and that
capital itself is the product of labour and waiting: and therefore the spinning is the
product oflabour ofmany kinds, and ofwaiting. (MarshaII1890/1948: 587; VI.VI.1)

Según Marshall el argumento con el que se condena al interés es lógicamente


impecable, el inconveniente se encuentra en que se apoya en premisas falsas. Si, como
afirmar erróneamente esos autores, el trabajo fuera el único agente de la producción, la
existencia del interés perdería todo sustento, toda "justificación" económica.

If we admit that it is the product of labour alone, and not of labour and waiting, we can
no doubt be compelled by inexorable logic to admit that there is no justification for
Interest, the reward of waiting; for the conclusion is implied in the premiss. Rodbertus
and Marx do indeed boldly claim the authority of Ricardo for their premiss; but it is
rea11y as opposed to his explicit statement and the general tenor of his theory of value,
as it is to cornmon sense (Marsha111890/1948: 587; VI.VI.1)

Marshall utiliza su propia teoría del capital para enfrentar a los defensores de la teoría
de la explotación que hace depender al valor únicamente del trabajo. Si el valor
proviniera sólo de esa fuente, el interés sería un robo al trabajador que crea valor sólo
con su esfuerzo. Pero ni bien se admite que el capitalista -pero también el productor
individual- también atraviesa un sacrificio, se presentan razones que hacen al interés tan
necesario como al salario. Desaparece así la explotación. Para sostener lo contrario hay
que suponer que el empleo de capital es gratuito, lo que ocurriría si la espera no
representara "desutilidad" para el propietario.

[I]f it be true that the postponement of gratifications involves in general a sacrifice on


the part of him who postpones, just as additional effort does on the part of him who
labours; and if it be true that this postponement enables man to use methods of
production of which the first cost is great; but by which the aggregate of enjoyment is
increased, as certainly as it would be by an increase of labour; then it cannot be true that
the value of a thing depends simply on the amount of labour spent on it. Every attempt
to establish this premiss has necessarily assumed implicitly that the service perfonned
by capital is a "free" good, rendered without sacrifice, and therefore needing no interest
as a reward to induce its continuance; and this is the very conclusion which the premiss
is wanted to proveo The strength of Rodbertus, and Marx's sympathies with suffering
must always claim our respect: but what they regarded as the scientific foundation of

391
their practical proposals appears to be little more than a series of arguments in a circle to
the effect that there is no economic justification for interest, while that result has been
all along latent in their premisses; though, in the case of Marx, it was shrouded by
mysterious Hegelian phrases, with which he "coquetted," as he tells us in rus Preface.
(Marshall1890/1948: 587-588; VI.VI.1)

La teoría del interés como retribución al sacrificio de la espera es un arma para combatir
a las teorías del valor basadas en el trabajo. El capital mismo, para Marshall es el
resultado del trabajo acumulado en su producción sumado a la espera acumulada: "The
general fund ofcapital is the product oflabour and waiting" (MarshaII1890/1948: 534;
VI.II.4). Por eso el valor es resultado de los dos sacrificios, el ahorro y la espera. Los
dos deben ser retribuidos. La explotación del trabajo por el capital no puede existir, por
más simpatía que atraiga el sufrimiento de los pobres.

Marshall acusa a Marx y a Rodbertus de interpretar equivocadamente la obra de


Ricardo, amparándose luego en su autoridad 1. La cuestión es, como vemos, sumamente
delicada. Para incluir a Ricardo en lo que luego Keynes denomina teoría clásica
Marshall debe demostrar que, además del trabajo, la espera es para Ricardo uno de los
costos reales de la producción. Su teoría del valor sería una expresión anticipada de la
teoría clásica formulada luego con más precisión por los marginalistas de fin de siglo
XIX, pero en esencia igual, ya que se basaría también en el esfuerzo y la espera. Si
puede probarse que esta es la posición de Ricardo, el rechazo que sus ideas sufrieron por
parte de los primeros marginalistas será injustifico. Para apropiarse de Ricardo es
necesario leer en su obra una teoría del valor basada también en la abstinencia. Esto es
precisamente lo que Marshall intenta.

[I]t seems difficult to imagine how he [Ricardo, AK] could more strongly have
emphasized the fact that Time or Waiting as well as Labour is an element of cost of
production than by occupying his first chapter with this discussion. Unfortunately
however he delighted in short phrases, and he thought that his readers would always
supply for themselves the explanations of which he had given them a hint. (Marshall
1890/1948: 816; App. 1.2)

En resumidas cuentas, la teoría de Marshall sobre la productividad y prospectividad del


capital convierte a la espera en un componente ineludible del costo real de las
mercancías. El esfuerzo junto con la espera son consideradas la fuente del valor de las
mercancías.

Detrás de la determinación del interés en el mercado clásico de capital se encuentra la


teoría clásica del capital tal y como la acabamos de exponer. La teoría del capital se
enlaza con la teoría del valor y se convierte en una de las vigas maestras, en un rasgo
distintivo de la teoría clásica. Como ya dijimos, sus manifestaciones no coinciden con
las del sistema de Keynes, que se verá obligado a sustituirla por su propia teoría del
capital.

2.4. La productividad del capital en la teoría clásica.

1 Expusimos en detalle esta interpretación en la Sección JI. 1.3 YSección JI. 2.1.

392
Marshall mantuvo, por otro lado, una polémica con Bóhm-Bawerk sobre el problema de
la productividad del capital. En el volumen de su obra Capital e Interés dedicado a la
historia crítica de las doctrinas, Bóhm-Bawerk había cuestionado fuertemente a las
teorías que explicaban el interés por medio de un argumento sencillo: el capital es por
naturaleza productivo.

"La idea de que el capital produce por sí mismo su interés es, por lo menos -sea
verdadera o falsa-, una idea clara y simple." (Bohm-Bawerk 1884/1947: 132)

Sin embargo, la expresión "el capital es productivo" es ambigua; admite, al menos,


cuatro interpretaciones distintas. Una lectura de matriz "física o técnica" puede entender
que el capital produce por sí mismo mercancías o bien que con su ayuda pueden
producirse más mercancías que sin ella. Es física porque el capital es productivo en
sentido estrictamente físico, produce "cosas materiales". Pero desde el punto de vista
del valor puede estar implicado que el capital es capaz de producir más valor que el que
podría producirse sin él o bien que el capital puede producir más valor que el que él
mismo representa'. Bóhm-Bawerk critica minuciosamente, una por una, estas posibles
interpretaciones (ver Bohm-Bawerk 1884/1947: 140 y ss.) para proponer finalmente su
propia explicación acerca del origen y naturaleza de la llamada "productividad" del
capital.

El argumento central de la teoría de Bohm-Bawerk es que los procesos se vuelven más


productivos cuanto más se extiendan en el tiempo, es decir, cuánto mayor sea su grado
de "roundaboutnes". Considera a éste un hecho "objetivo" de la producción.

My theory on the contrary, hinges upon the objective fact that fruitful methods of
produetion are "time-robbing" of demand a "sacrifice of time" in the sense (a explained
on page 82) that "they procure us more or better consumption goods, but only at a later
period of time". The remaining steps in the explanation are as follow: Time-robbing,
roundabout methods of production can of course be employed only when one is
provided for the interval with finished present goods (so provided to the very end that
one sha11 not in that interval suffer want). The disposal ofpresent goods beeomes thus a
condition to the employment of more advantageous methods in produetion; hence that
active and intense demand for present goods, the supply of whieh is always limited,
which finally gives rise to an agio upon them; i.e., to interest. (Bohm-Bawerk 1895:
382)

El interés surge porque la producción se incrementa con los métodos de producción más
prolongados. Si se aplica el mismo trabajo directamente e indirectamente, el método
más "roundaboutness'f será el que arroje un producto mayor.

A greater result is obtained by producing goods in roundabout ways than by producing


them directly. Where a good can be produced in either way, we have the faet that, by the
indirect way, a greater product can be got with equallabour, or the same product with
less labour ... That roundabout methods lead to greater results than direct methods is
one of the most important and fundamental propositions in the whole theory of
production. It must be emphatically stated that the only basis of this proposition is the

1 Las cuatro explicaciones combinan la productividad "física" con la de "valor" y la de la producción lisa

y llana, con la que afirma que produce más que los que se aporta "físicamente o en valor".
2 La traducción del término técnico "roundaboutness" presenta ciertas dificultades: podría emplearse las
palabras "prolongados" o "indirectos". Utilizaremos aquí la primera, a la que distinguiremos con
bastardillas.

393
experience of practical life. Economic theory does not and cannot show a prior that it
must be so; but the unanimous experience of all the technique of production says that it
is so. (Bohm-Bawerk 1884/1891: 19-20)

Alcanza con que el hombre valore subjetivamente los bienes futuros a los presentes para
que el interés aparezca. Porque mientras los bienes futuros "valen" menos, los métodos
productivos aportan más, y la diferencia es el interés. Estos dos son los juegos
peculiares de causas que dan origen al interés

The difference between the circumstances of provision in present and future, the partial
underestimate of the future which is characteristic of man, the uncertainty and shortness
oflife (Bohm-Bawerk 1884/1891: 365)

Bohm-Bawerk criticó duramente a sus contemporáneos, entre ellos al propio Marshall


por sus ideas sobre el capital. Sostenía que con llamar "espera" a la vieja abstinencia no
se eludían las debilidades de la explicación.

No creemos equivocamos si decimos que esta doctrina expuesta por el profesor


Marshall es, esencialmente, una teoría de la abstinencia cautelosamente formulada y
terminológicamente mejorada. Coincide plenamente con la teoría de Senior en cuanto a
sus ideas fundamentales. La formación del capital exige por parte del capitalista un
sacrificio real, consistente en el aplazamiento del disfrute, sacrificio que, al igual que el
trabajo, es un elemento independiente de los costes de producción y, por tanto, debe
encontrar en el precio de los bienes una remuneración independiente, al modo y con
arreglo a las leyes (cuidadosamente formuladas por Marshall) conforme a las cuales
influyen los costes en el precio de los bienes" (Bohm-Bawerk 1884/1947: 556)

La espera no es un según Bawerk un "sacrificio" independiente que hay que tener en


cuenta además del trabajo. El hecho de que se valore en menor medida un goce distante
que uno presente -punto en el que coincide- no conduce a la conclusión de que deba
cargarse "algo más" al valor para compensar el sacrificio de la abstinencia (para una
crítica detallada ver Bohm-Bawerk 1895: 560-570,294-306).

Con su propia teoría del interés Bóhm-Bawerk cree haber solucionado las fallas lógicas
de las demás atribuyendo mayor productividad física a los procesos más prolongados,
circunstancia que justificaría posponer el consumo encarando procesos prolongados y
por tanto la aparición del interés, aun cuando no se asociara una "desutilidad" a la
espera.

Si esto ello que piensa el profesor Marshall, la persistencia de una distinta valoración
de los disfrutes presentes y futuros como base del sacrificio de abstinencia compensado
por el interés es, desde su punto de vista, la conditio sine qua non de la existencia del
interés. En cambio, desde nuestro punto de vista no 10 es, puesto que la diferencia de
valoración de los bienes presentes y futuros indudablemente necesario para que exista el
interés, podría conseguirse y se conseguirá siempre mediante la mayor rentabilidad de
los métodos de producción que requieren más tiempo. (Bóhm-Bawerk 1884/1947:
567n).

Exploremos la diferencia entre las teorías de ambos autores. Para Marshall el hecho
natural de que el hombre valore más el disfrute presente que el futuro es el origen del
interés. El argumento sostiene que como hay que pagar algo para utilizar capital, sólo
se eligen los procesos que sean productivos, porque de otro modo no habría con qué

394
pagar el interés. La condición es la valoración negativa de la espera, la elección de
método más productivos el resultado. Para Bawerk la causalidad es inversa: como los
procesos prolongados son técnicamente más productivos, y esta es una verdad natural
indiscutible, el interés siempre ha de existir ya que el producto será mayor que la
"inversión". También en la explicación está involucrada la preferencia por los placeres
presentes; justamente debido a que el valor en utilidad del mismo bien en el futuro es
menor que el actual, la diferencia entre ese valor futuro disminuido y la mayor
producción brindada por el bien al ser utilizado como capital en un método prolongado
es precisamente el interés. (Bohm-Bawerk 1884/1891: 349). Se agrega en esta versión el
hecho de que su existencia no depende sólo del sacrificio de la espera: no se trata de una
teoría de la abstinencia. El resultado, por otra vía, el mismo. Capital e interés son
también categorías eternas de la producción humana.

Interest is not an accidental 'histórico-legal' category, which makes its appearance only
in our individualst and capitalist society, and will vanish with it; but an economic
category, which springs from elementary economic causes, and therefore, without
distinction of social organizations and legislations, makes its appearance wherever there
is an exchange between present and future goods. Indeed, even the lonely economy of a
Crusoe would not be without the basis of the interest phenomenon, the increasing value
of goods and services preparing for the services of the future (Bohm-Bawerk
1884/1891: 371)

Marshall, por su parte, le devuelve la atención a Bawerk, rechazando su teoría de la


mayor productividad atribuida a los métodos más prolongados. Es el fenómeno
psicológico de la aversión a la espera lo que conduce a reclamar un interés, por lo tanto,
los procesos deben ser más productivos. Pero la causa es la existencia necesaria de una
retribución a la espera, y la mayor productividad su consecuencia. En suma, no toda
operación prolongada es más productiva. Esta crítica basta para derrumbar los cimientos
de la explicación de Bohm-Bawerk. Para Marshall los métodos son más productivos
porque por la naturaleza humana están forzados a arrojar interés, para Bohm-Bawerk
arrojan interés porque son más productivos por naturaleza.

Connected with this use of the term capital is a doctrine on which he [Bohm-Bawerk,
AK] lays great stress, viz. that "methods of production which take time are more
productive" (Positive Capital, Book V. ch. IV. p. 261), or again that "every lengthening
of a roundabout process is accompanied by a further increase in the technical result" (lb.
Book 11. ch. 11. p. 84). There are however innumerable processes which take a long time
and are roundabout; but are not productive and therefore are not used; and in fact he
seems to have inverted cause and effect. The true doctrine appears to be that, because
interest has to be paid for, and can be gained by the use of capital; therefore those long
and roundabout methods, which involve much locking up of capital, are avoided unless
they are more productive than others. The faet that many roundabout methods are in
various degrees productive is one of the causes that affect the rate of interest; and the
rate of interest and the extent to which roundabout methods are employed are two of the
elements of the central problem of distribution and exchange that mutually determine
one another. (Marshall1890/1948: 583n; VI.V!.1)

Como vemos, Marshall tiene razón: de las dos cualidades que él encuentra en el capital,
algunos autores se algunos se apoyan más en una y otros más en la otra. Bohm-Bawerk
acusa a Marshall de apoyarse principalmente en la espera, Marshall a Bohm-Bawerk de
atribuir. el interés fundamentalmente a la productividad mayor de los métodos

395
prolongados 1. Entre estas dos explicaciones se agota la teoría clásica del interés.
Veremos ahora lo que Keynes tiene para decir al respecto.

1 No hay duda que la cuestión de la "causa" del interés tiene interés en sí misma. Schumpeter, por
ejemplo, se mofa de los autores que pasan por alto la cuestión: "La crítica de las anteriores explicaciones
del interés por Bohm - Bawerk suscitó una nueva conciencia del problema, Es más o menos verdad que
sobrevivieron todas las teoría del interés. Hasta un teórico de la categoría de Pareto siguió declarando
tranquilamente que el hecho de que un capital (físico) arroje interés no suscita más problemas que el
hecho de que un cerezo dé cerezas. Pero a pesar de esa persistencia disminuyó rápidamente el prestigio de
las simplistas teoría que hasta el momento habían satisfecho a la mayoría de los economistas. Pocos
autores se sintieron con ánimo para seguir sosteniendo que, puesto que se puede producir más trigo con la
ayuda 'de una trilladora que sin ella, el uso de ésta tiene que arrojar un rendimiento o una remuneración
netos." (Schumpeter 1954/1982: 1009-1010) I

396
Capítulo 3 - La rebelión de Keynes contra los fundamentos
clásicos: l. El capital y su rendimiento.

3.1. Primer paso: el fin de la espera.

Nuevos problemas desafían al sistema de Keynes, problemas de naturaleza


profundamente conceptual. La teoría clásica sostiene que el nivel "natural" de la tasa de
interés, más allá de perturbaciones monetarias transitorias, está determinado por un
factor técnico -la productividad marginal- y un factor psicológico -la preferencia en el
tiempo. El capital se distingue por su productividad y prospectividad. De esta manera la
tasa de interés no es, en su esencia, susceptible de ser modificada, excepto a través de
los cambios de origen técnico en la productividad o en las preferencias en el tiempo del
público. La naturaleza del hombre, su innata impaciencia, su aversión a la frugalidad,
obligan, según Marshall, a sumar el sacrificio de la espera al esfuerzo del trabajo cuando
se computan los costos reales que determinan el valor del producto en todo período
histórico. Por otra parte, la innata resistencia a conservar la riqueza, correlato del
disfrute del consumo inmediato, se convierte en una traba inamovible para el descenso
de la tasa de interés: el ahorro se extinguiría y con él la acumulación.

El sistema de Keynes no puede admitir esta teoría del capital preñada de consecuencias
prácticas. Pongamos en juego los conocimientos que traemos de la exposición de su
novedoso sistema 1. A contramano del conocimiento tradicional, la Teoría General
enseña que el interés es un fenómeno monetario, determinado por la relación entre la
oferta de dinero y la curva de preferencia por la liquidez. Intervienen, es cierto, factores
psicológicos en su determinación, pero ligados a la incertidumbre acerca de los valores
futuros de la tasa de interés. Se trata de motivos especulativos. Como vemos, la tasa del
interés propia del dinero no coincide con la explicación clásica que la convierte en la
justa y necesaria retribución al sacrificio de la espera.

It should be obvious that the rate of interest cannot be a retum to saving or waiting as
such. For if aman hoards his savings in cash, he earns no interest, though he saves just
as much as before. On the contrary, the mere definition of the rate of interest tells us in
so many words that the rate of interest is the reward for parting with liquidity for a
specified periodo For the rate of interest is, in itself; nothing more than the inverse
proportion between a sum of money and what can be obtained for parting with control
over the money in exchange for a debt for a stated period of time. (Keynes 1936/1939:
167; IV.13.11)

Pero la teoría clásica tomaba al interés -en general o al de equilibrio a nivel natural- un
fenómeno más bien "real", no monetario -en el mejor de los casos actuaba como una
perturbación transitoria-.La teoría clásica del capital consideraba entonces al acto de
ahorro esencialmente un acto de privación, que implicaba cierta cuota de "sufrimiento".
Posponer el consumo supone una pérdida de utilidad (la diferencia entre la utilidad del
consumo actual y la utilidad menor del consumo postergado) que necesita y merece una
retribución; sin la retribución no habrá espera, el producto íntegro se destinará, por

1 Expuesta en la Sección IV. 6.4.

397
impulsos psicológicos, al consumo. Para Keynes, en cambio, los motivos que llevan al
hombre a no consumir una porción de su ingreso destinándolo al ahorro surgen también
de ciertos rasgos de la psicología humana, pero poco esos motivos poco tienen que ver
con la abnegación.

There are, iri general, eight main motives or objects of a subjective character which lead
individuals to refrain from spending out of their incomes. These eight motives might be
called the motives of Precaution, Foresight, Calculation, Improvement, Independence,
Enterprise, Pride and Avarice; and we could also draw up a corresponding list oí
motives to consumption such as Enjoyment, Shortsightedness, Generosity,
Miscalculation, Ostentation and Extravagance. (Keynes 1936/1939: 108; 111.9.1)

El individuo está dispuesto a ahorrar una parte de su ingreso por múltiples razones. Los
hombres reservan parte de su ingreso para el futuro, acumulan riqueza, atesoran por
precaución, previsión, cálculo, mejoramiento, independencia, orgullo y avaricia. Las
empresas, las instituciones y el gobierno, también destinan una porción de sus ingresos
al ahorro. Los motivos de las instituciones tampoco se parecen a los que propuso la
escuela clásica. Incluyen el motivo empresa (realizar nuevas inversiones), el motivo
liquidez, mejoramiento y prudencia financiera. Según la explicación, el ahorro tendría
lugar aun sin a la consabida "retribución por al espera". Podemos concebir una sociedad
que ahorre más allá del nivel de la tasa de interés, porque esos motivos que Keynes
menciona, implicarían siempre apartar una pare de la riqueza para el porvenir. Hay
valores "positivos" que llevan a la sociedad a ahorrar, no es un sacrificio. De hecho, en
el sistema de Keynes, como sabemos, la propensión a ahorrar se considera relativamente
estable en el corto plazo y, en particular, sus variaciones no obedecen estrictamente a
los cambios en la tasa de interés.

Now the strength of all these motives will vary enormously according to the institutions
and organisation of the economic society which we presume, according to habits formed
by race, education, convention, religion and current morals, according to present hopes
and past experienee, according to the scale and technique of capital equipment, and
according to the prevailing distribution of wealth and the established standards of life.
In the argument of this book, however, we shall not concem ourselves, except in
occasional digressions, with the results of far-reaching socialchanges or with the slow
effects of secular progress. We shall, that is to say, take as given the main background
of subjective motives to saving and to consumption respectively. In so far as the
distribution of wealth is determined by the more or less permanent social structure of
the community, this also can be reckoned a factor, subject only to slow change and over
a long period, which we can take as given in our present context. (Keynes 1936/1939:
108-109; 111.9.1)

Para la teoría clásica un acto de ahorro era equivalente a posponer el consumo


entregando o comprando un bien para que se integre al capital productivo. Este era el
ahorro "real" en el mercado de capital "real". En el sistema de Keynes la decisión de
ahorrar no se traduce necesariamente en la compra de un bien de capital. De ahí que el
ahorro no tenga como contracara automática la inversión.

[T]he act of saving implies, not a substitution for presentconsumption of sorne specific
additional consumption which requires for its preparation just as much immediate
economic activity as would have been required by present consumption equal in value
to the sum saved, but a desire for 'wealth' as such, that is for a potentiality of consuming
an unspecified article at an unspecified time. The absurd, though almost universal, idea

398
that an act of individual saving is just as good for effective demand as an act of
individual consumption, has been fostered by the fallacy, much more specious than the
conclusion derived from it, that an increased desire to hold wealth, being much the same
thing as an increased desire to hold investments, must, by increasing the demand for
investments, provide a stimulus to their production; so that current investment is
promoted by individual saving to the same extent as present consumption is diminished.
(Keynes 1936/1939: 211; IV.16.I)

El ahorro no es simplemente un acto sacrificado de posponer consumo sino que surge


del deseo que no trae desutilidad sino utilidad que conducen a acumular riqueza antes
que a gastarla. Podríamos traducir el rechazo de Keynes a la explicación del interés por
la abstinencia del siguiente modo. La teoría de la espera supone que el impulso básico
del hombre es el de consumir en el presente, y que si un hombre o la sociedad deciden
no destinar toda su riqueza al consumo presente o no dedicar todo su trabajo a los
deleites actuales está necesariamente sacrificándose. Con sus "factores subjetivos"
Keynes pretende mostrar que existen sobradas razones, también atribuidas a la
naturaleza del hombre e igualmente valederas para no consumir hoy o para emplear
trabajo en producir para el futuro. Si los instintos del hombre incluyen además del
intenso deseo por los placeres presentes otros componentes como la precaución, la
previsión, el cálculo, el mejoramiento, la independencia, la empresa, el orgullo y la
avaricia, el hombre por naturaleza tenderá a emplear parte de sus recursos al consumo
futuro. No se trata de un sufrimiento, desutilidad o desplacer, sino de un crisol de
necesidades del hombre que 10 impulsan a proveer para el futuro, a guardar riqueza. Ese
individuo abstracto e aislado que sólo sufre cuando trabaja tanto como cuando no
consume, base de la teoría del valor que se funda en "esfuerzo" y "abstinencia" es
reemplazado por un hombre que, en sociedad, tiene sobrados motivos positivos para
"ahorrar". Además de necesidades que se sacian con el consumo presente, aparecen
otras nuevas que sólo se satisfacen y aplacan con el consumo futuro y esto requiere
abstenerse "gustosamente" de consumir todo el ingreso, la riqueza y el trabajo en el
consumo actual. La demanda de consumo no sólo involucra el presente sino el futuro.
Es, por así decir, una demanda fechada. Pero en la sociedad capitalista ese consumo
deseado pero cuya fecha de ocurrencia es aun indefinida obliga al individuo a conservar
una parte de su riqueza, de poder de compra o disposición sobre las mercancías,
reservándola para el porvenir: ahorrando. 1•

Ahora bien, una vez que se decide atesorar para consumir en alguna fecha futura:
¿cuáles son los medios disponibles para hacerlo? Según la teoría clásica, esencialmente
uno solo: la compra de nuevo capital "libre". Si se entrega dinero a un banco, poco

1 Extendiendo sólo un poco más el argumento, de un golpe, la vida social del hombre, su historia, se
vuelve -podríamos decir- más verosímil: la acumulación de riqueza material, el empleo de instrumentos
de trabajo, la construcción de potentes herramientas para apropiarse de la naturaleza, en fin, aspectos
esenciales que distinguen a la especie humana del resto de las especies animales, aparecen como una
necesidad en sí mismas y no como un producto del doloroso aplazamiento de la única necesidad que de
otro modo se le reconoce al hombre: el placer inmediato y voraz del consumo presente. Porque sobre esa
base, si no existiera la retribución a la espera bajo la forma de interés, la especie humana vería reducida su
actividad, según esta interpretación, paradójica pero precisamente como un tributo que debe pagar a su
propias determinaciones "genéticas", al consumo inmediato de los productos que la naturaleza le brinda y
que puede obtener sin emplear instrumento alguno: la naturaleza específicamente humana es capaz de
convertir al hombre en una bestia.

399
cambia la situación: el banco lo prestará y tomará la forma de capital'. Para Keynes, en
cambio, el deseo de guardar riqueza proveniente de esos motivos puede satisfacerse
mediante la adquisición de un título que represente derechos sobre los ingresos de una
nueva inversión, pero también puede lograrse a través de la compra una inversión vieja.
Con esta observación un acto de ahorro individual no se traduce siempre y
necesariamente en una nueva inversión a nivel social: puede resolverse mediante la
trasferencias de una inversión ya existente. Pero además, puede conservarse riqueza de .
una forma novedosa con respecto a la teoría clásica: la compra de un título de deuda
(bono) o conservando directamente dinero en efectivo. Desde el punto de vista
individual el ahorro puede crecer, sin que crezca consecuentemente la inversión ni se
reduzca la tasa de interés.

Every act of saving involves a 'forced' inevitable transfer of wealth to him who saves,
though he in his turn may suffer from the saving of others. These transfers of wealth do
not require the creation of new wealth--indeed, as we have seen, they may be actively
inimical to it. [...] there is always an alternative to the ownership 01 real capital-assets,
namely the ownership 01 money and debts; so that the prospective yield with which the
producers of new investment have to be content cannot fall below the standard set by
the current rate of interest. And the current rate of interest depends, as we have seen, not
on the strength of the desire to hold wealth, but on the strengths of the desires to hold it
in liquid and in illiquid forms respectively, coupled with the amount of the supply of
wealth in the one form relatively to the supply of it in the other. (Keynes 1936/1939:
212; N.16.I; subrayado AK)

¿Qué diría Keynes de la vieja teoría de la abstinencia? En primer lugar, el ahorro no es


un sacrificio individual que requiera un pago bajo la forma de interés. En segundo lugar
el capital físico no es el objeto en que puede encamar el ahorro; cuando nos referíamos
más arriba a la nueva función que Keynes reconoce al dinero como depósito de valor no
habíamos podido desenvolver las profundas consecuencias de esta perspectiva. Para
Keynes el ahorro no encama en nuevos bienes prospectivos: puede adoptar la forma de
nuevos equipos, de la adquisición de equipos existentes, de dinero en efectivo o de
títulos de deuda que arrojan interés. El ahorro ya no es una curva con pendiente positiva
en el mercado clásico de capital.

No puede pasar desapercibido el efecto que esta ruptura con la teoría clásica acarrea.
Nada parece indicar que al nivel de la sociedad en su conjunto, la decisión de ahorrar
tenga la connotación negativa en la que se funda en la teoría clásica la doctrina del
interés. La oferta de capital no puede explicarse al uso clásico. Se rompe de esta manera
uno de los dos eslabones de la teoría del capital construida sobre su productividad y
prospectividad. El interés no surge de la prospectividad del capital, simplemente porque
la espera no es un sacrificio neto.

Pero para Marshall este era, además, un aspecto distintivo de su teoría del valor
¿Seguirá siendo para Keynes la espera un costo real ineludible en todo proceso
productivo? ¿cuáles son los resultados de este alejamiento de la doctrina clásica en el
campo de la teoría del valor? Esta última pregunta es inevitable: para Marshall
"esfuerzo" y "espera" se habían convertido en el fundamento de todo precio y en la
piedra angular de su diferenciación de otras corrientes de pensamiento económico.

1 Se trata de otra de las representaciones propias de una economía de truque como la del Primer Tratado.
Dicho de otro modo, se dibuja aquí la visión de dinero como "medio" y, por tanto, la verificación de la
ley de Sayo

400
Keynes se deshizo de la espera, pero no del interés y el rendimiento. Sin lugar a dudas,
el capital arroja un rendimiento, así como el dinero arroja una tasa de interés. Nos
ocuparemos, en primer lugar, del origen del rendimiento del capital para luego abordar
la cuestión de la génesis de la tasa de interés y, por tanto, de la naturaleza del dinero.

3.2. Segundo paso: el fin de la productividad del capital.

Keynes se emancipó de la explicación del interés como una retribución necesaria a la


espera. Pero a la teoría clásica del capital todavía le queda uno de sus dos apoyos: el
origen del interés podría encontrarse en la productividad -en cualquiera de las versiones
que mencionamos más arriba'. Evaluemos por tanto, la alternativa de que el interés del
capital provenga de su capacidad para incrementar la producción. La teoría clásica
sostenía que, en equilibrio, la tasa de interés debe igualarse a la productividad del
capital. En el capítulo 11 de la Teoría General se objeta, antes que nada, la definición
clásica de la productividad, a la que se califica de ambigua.

The Marginal Productivity or Yield or Efficiency or Utility of Capital are familiar tenns
which we have all frequentIy used. But it is not easy by searching the literature of
economics to find a clear staternent of what econornists have usually intended by these
terrns. There are at least three ambiguities to clear up. (Keynes 1936/1939: 137-138;
IV.11.!1)

El reclamo que presenta Keynes es razonable. Se supone en general que la


productividad del capital puede calcularse como la variación en la producción física que
resulta del incremento infinitesimal en la cantidad utilizada de capital, dejando el resto
de los factores constantes. Más precisamente, como el cociente entre esas dos
variaciones en las cantidades físicas de producto y de capital. Sin embargo,
adelantándose a la llamada "controversia del capital" Keynes señala las obvias
dificultades de medición pero también conceptuales que esta definición encierra'. Para
obtener una medida de la magnitud "física" del capital total -social pero también de una
empresa- es necesario sumar de bienes no homogéneos. Para hacerlo habría que incluir
en el cómputo el valor de cada uno de ellos, convirtiéndolos de este modo en
magnitudes de igual naturaleza, expresadas en unidades de valor. Se puede así realizar
la suma, pero al costo de invalidar su resultado, porque es justamente ese valor de los
bienes de capital el que se pretende deducir mediante el cálculo de la productividad",
Para calcular la productividad se necesitaría la tasa de interés, pero la deducción de tasa
de interés requiere disponer del valor de la productividad. También se presentan
evidentes problemas para determinar lo que se entiende exactamente por "una unidad de

1 Recordemos la teoría de Bohm-Bawerk que pone énfasis en la mayor productividad de los métodos

productivos prolongados. Esta mayor productividad conduce a los hombres, aun con aversión a la espera,
a entregar su riqueza a la producción. La productividad es el núcleo duro de esta teoría, como lo era la
abstinencia para la de Marshall. Pero ambas se complementan.
2 Según Monza, "fue el problema de la medición del capital el que condujo a la controversia" (Monza
1972: 19)
3 Las otras ambigüedades implícitas en esta definición que menciona Keynes se refieren al problema de la
unidad de medida, es decir, si es una cantidad absoluta o una proporción que pueda compararse con la
tasa de interés y al hecho de que la productividad suele medirse para un solo período, el primero.

401
capital" cuando, como es el caso del capital social, se está aludiendo a un conjunto
heterogéneo de bienes.

There is, to begin with, the ambiguity whether we are concemed with the increment of
physical product per unit of time due to the employment of one more physical unit of
capital, or with the increment of value due to the employrnent of one more value unit of
capita1. The former involves difficulties as to the definition of the physical unit of
capital, which I believe to be both insoluble and unnecessary. It is, of course, possible to
say that ten labourers will raise more wheat from a given area when they are in a
position to make use of certain additional machines; but I know no means of reducing
this to an intelligible arithmetical ratio which does not bring in values. Nevertheless
many discussions of this subject seem to be mainly concemed with the physical
productivity of capital in sorne sense, though the writers fail to make themselves clear.
(Keynes 1936/1939: 138; IV.11.!1)

Conocemos ya la respuesta de Keynes acerca de cómo debe computarse la rentabilidad


del capital; esta solución es por completo distinta de la definición clásica. El concepto
de eficiencia marginal del capital que propone no involucra referencia alguna a la
productividad en términos físicos. Cuando, en su momento, expusimos esta definición,
no era aun momento de derivar las consecuencias teóricas que acarreaba este cambio de
frente 1. El rendimiento futuro esperado en dinero de un equipo de capital durante toda
su vida productiva (los ingresos derivados por las ventas de los productos atribuidos a
su aplicación menos costos de fabricación, prospective yields o annuities', Q1,Q2, ...
Qn) son comparados con su precio actual de oferta, es decir, lo que costaría producir una
nueva unidad del equipo (costo de reposición). La eficiencia marginal está asociada a un
equipo concreto de capital y se calcula como la tasa de descuento que iguala el valor
presente de las anualidades que resultarían del empleo de una unidad adicional con su
precio de oferta. Para que la eficiencia marginal de un equipo de capital sea positiva -
como en efecto debe serlo para atraer inversiones'- es necesario que la suma de las
anualidades que otorga supere a su costo de reposición.

Parece adecuado afirmar entonces que los equipos de capital son "productivos", ya que
el valor total de su producción a lo largo del tiempo supera el valor inicial de la
inversión. Nótese, sin embargo, que la definición excluye desde un principio una idea
de productividad en términos físicos porque todos los montos están computados según
sus precios esperados de compra y venta, no en cantidades físicas de bienes. Aun así,
aparentemente los equipos de capital deben producir a lo largo de su vida útil más valor
que el que cuesta actualmente la producción, lo cual involucra una idea de
"productividad" en valor.

Marshall y Bühm-Bawerk disentían en su apreciación acerca de la productividad del


capital. Para Bohm-Bawerk una mayor productividad en términos físicos era un atributo
técnico indiscutible de todos los métodos que emplean tiempo. Cuanto más largos, más
eficientes. Esta mayor productividad de los métodos prolongados, 'era el núcleo de su
explicación del interés y consideraba capital simplemente a los bienes intermedios

1 La exposición se realiza en la Sección IV. 6.3.


2 En adelante utilizaré el vocablo en inglés "yield'' para referirme a las anualidades en dinero que rinde un
capital a lo largo de su vida. Es un monto, no una tasa. La palabra castellana "rendimiento" la utilizo
como sinónimo de eficiencia marginal del capita, es decir, se trata de una tasa porcentual comprable con
la de interés.
3 y no sólo eso, debe además ser mayor que la tasa de interés.

402
involucrados en esos métodos prolongados más provechosos. Marshall, por su parte,
aceptaba que el empleo de capital debía compensar la pérdida de disfrutes con una
mayor productividad, sólo que esa productividad incrementada no se asocia
necesariamente a toda prolongación en el método de producción. Por eso, lo
fundamental para la existencia de capital es en Marshallla necesidad de una retribución
a la espera, que a su vez obliga a elegir métodos más productivos que posibiliten el pago
del interés. Keynes introduce sus propias ideas en este debate. Se inclina por la posición
de Marshall: no todo proceso productivo es más eficiente por el sólo hecho de ser más
largo. Las secuelas de esta elección son decisivas porque, a diferencia de Marshall,
Keynes no acepta la explicación de la impaciencia.

It is true that sorne lengthy or roundabout processes are physically efficient. But so are
sorne short processes. Lengthy processes are not physically efficient because they are
long. Sorne, probably most, lengthy processes would be physically very inefficient, for
there are such things as spoiling or wasting with time. (Keynes 1936/1939: 214;
IV.16.II)

De este modo, lacónicamente, Keynes corta amarras con la teoría clásica del capital,
que supone que el capital posee a la vez productividad y prospectividad. Si se denomina
capital a los bienes que se emplean en procesos productivos que llevan tiempo, no existe
ninguna determinación física o técnica que asegure que los frutos de ese empleo sean
mayores en términos físicos o de valor. La teoría de Marshall encontraba el fundamento
del interés del capital en el sacrificio de la espera que obligaba a adoptar sólo los
procesos prolongados que fueran productivos para obtener así la diferencia que pagaba
el interés; la teoría de Bawerk sostenía que los procesos productivos largos eran por
fuerza más eficientes y que bastaba entonces que se valoraran relativamente los bienes
futuros para que la diferencia de valor se convirtiera en una ganancia bajo la forma de
interés. El primer argumento ya fue abandonado cuando se cortó el vínculo entre tasa de
interés y el sacrifico de la espera. El segundo se corta ahora: no puede asegurarse de
ningún modo que los procesos largos sean más productivos en sentido alguno.

Los métodos prolongados no son más productivos. ¿Cómo explica Keynes entonces que
se adopten en general métodos que llevan tiempo, si su eficiencia no es necesariamente
mayor? La clave está -nuevamente- en la demanda: los deseos de los hombres no se
limitan sólo consumo al presente, sino que involucran también necesidades futuras.
Como dijimos más arriba (p. 399), las necesidades del hombre están distribuidas en el
tiempo: algunas son presentes, otras llegarán más adelante. Entre las futuras, algunas
tienen una fecha precisa, otras están sujetas a incertidumbre, lo que requiere que el
ahorro tenga lugar bajo la forma general de "riqueza" y no necesariamente mediante la
inversión en un proceso productivo nuevo en particular', Pero 10 cierto es que existen
necesidades futuras conocidas hoy que implican la adopción de procesos prolongados.

1 El hombre ahorra riqueza en general bajo la forma que considere más adecuada para mantener el poder
adquisitivo de su. riqueza a través del tiempo. El ahorro no implica siempre, como dijimos, un deseo
concreto de consumir en una fecha precisa, y menos todavía, el acto de ahorrar es capaz de expresar esa
necesidad fechada con precisión. Es por eso que un acto de ahorro es incapaz de desencadenar el proceso
productivo prolongado que tendrá como resultado el producto deseado en la fecha deseada. Keynes
evalúa la posibilidad fantasiosa de que los hombres, cada vez que ahorran "anuncien" de antemano -al
modo walrasiano- qué y cuándo desearán consumir. Aun en ese caso, si los hombres explicitaran -si
existiese un mecanismo económico que posibilitara hacerlo- tanto el carácter como la fecha futura precisa
de su necesidad de consumo, decíamos, aun en ese caso, no necesariamente el acto de ahorro provocaría
en el presente una inversión equivalente a la reducción del consumo. Puede -como observa Keynes- que

403
Es la producción la que deberá adaptarse al cronograma que establecen estos deseos
fechados. El grado de prolongación de los métodos, es decir, la extensión en el tiempo
de los procesos productivos no trae por sí más eficiencia, sino que se encuentra
condicionada por el momento de entrega establecido por la demanda.

Given the optimum amount of roundaboutness, we shall, of course, select the most
efficient roundabout processes which we can find up to the required aggregate. But the
optimum amount itself should be such as to provide at the appropriate dates for that part
of consumers' demand which it is desired to defer. In optimum conditions, that is to say,
production should be so organised as to produce in the most efficient manner
compatible with delivery at the dates at which consumers' demand is expected to
become effective. It is no use to produce for delivery at a different date from this, even
though the physical output could be increased by changing the date of delivery. (Keynes
1936/1939: 215; IV.16.11)

Con estos elementos arribamos a una conclusión preliminar en la que es necesario


insistir. El "interés" del capital no brota de la necesidad de retribuir la espera, pero
tampoco de la mayor productividad intrínseca de los procesos prolongados. El capital
no es productivo y prospectivo. Keynes abandona así la teoría que atribuye el interés del
capital a cualidades psicológicas propias de la naturaleza humana o técnico - físicas
propias de los métodos productivos.

Por último, los prospective yields que arroja un bien de capital, que lo hacen deseable
son producto necesario no de la capacidad física productiva incrementada, por el simple
hecho de que están nominados en dinero y, además, se trata de estimaciones, de
expectativas. Involucran la previsión que los hombres hagan sobre el valor de los
resultados de aplicar ese nuevo equipo de capital, lo cual no se asemeja en nada a una
fundamentación de la productividad l.

Dos resultados se siguen de este desarrollo, resultados que contradicen la esencia misma
de la teoría clásica. En primer lugar, el capital, conformado por los equipos que
intervienen en los procesos de producción que llevan tiempo no puede considerarse de
ninguna manera un factor de la producción equiparable con el trabajo. Detengámonos
en este punto. Las razones que se esgrimen para convertirlo en un factor de la
producción son generalmente dos. La primera supone que la espera es uno de los
sacrificios ineludibles de la producción, un costo que el hombre en toda época histórica
debe pagar para obtener un producto. Esta situación convierte a los bienes de capital al

no exista el método de producción requerido no coincida en el grado de "prolongación" apropiado.


Supongamos que se anuncia la necesidad de consumir un bien particular en tres años. No necesariamente
el modo de producirlo adecuado implique iniciar su producción hoy -destinando los recursos bajo la
forma de inversión-: "If saving consisted not merely in abstaining from present consumption but in
placing simultaneously a specific order for future consumption, the effect might indeed be different. For
in that case the expectation of sorne future yield from investment would be improved, and the resources
released from preparing for present consumption could be turned over to preparing for the future
consumption.Not that they necessarily would be, even in this case, on a scale equal to the amount of
resources released; since the desired interval of delay might require a method of production so
inconvenientIy 'roundabout' as to have an efficiency well below the current rate of interest, with the result
that the favourable effect on employment of the forward order for consumption would eventuate not at
once but at sorne subsequent date, so that the immediate effect of the saving would sti11 be adverse to
employment." (Keynes 1936/1939: 211; IV.16.I)
1 Nuevamente, debo agradecer el comentario de P. Ceriani sobre este aspecto.

404
igual que al trabajo en un "factor", porque son dos sacrificios o esfuerzos equivalentes.
Para producir el hombre debe superar su tendencia natural a consumir de inmediato y a
dedicarse al ocio: el esfuerzo del trabajo y el sacrificio de la espera son los dos costos
reales de toda producción. La otra explicación le atribuye a los bienes materiales que
constituyen el capital poderes productivos propios, poniéndolo a la misma altura que al
trabajo. Es un factor de la producción porque contribuye a ella materialmente. Trabajo y
capital producen, par a par.

En la Teoría General se presenta a un capital que no es objeto de la abstinencia ni tiene


productividad. El capital, según Keynes, no es capaz de producir por sí mismo y al
destinar ciertos bienes al consumo futuro el hombre no está atravesando, en esencia, un
sacrificio equivalente al del trabajo. Ahorra por motivos distintos y no tiene que recibir
retribución obligadamente.

La conclusión es extraordinaria, aunque ineludible en el desarrollo de Keynes: el capital


no es productivo. No es un factor de la producción. La consecuencia lógica de esta
"degradación" del capital es inevitable. Para Keynes el trabajo, ayudado por el estado de
la técnica y en cierto ambiente natural, es la única fuente de nuevo valor. Podríamos
decir que esta teoría del capital implícita en el sistema de Keynes, en su modelo fáctico,
no concuerda con la de la teoría clásica sino con las "anteriores" doctrinas que
consideraban sólo al trabajo y no a la espera como el único costo real del producto.

Se presenta un problema terminológico en relación a la denominación de las corrientes


de pensamiento a la hora de evaluar la posición de Keynes en perspectiva histórica.
Generalmente se atribuía a Ricardo y a su escuela esta explicación que tomaba al trabajo
como la fuente única del valor. Pero Marshall con su interpretación particular convirtió
a Ricardo en lo que hoy llamaríamos un "neoclásico". Keynes, a lo largo de toda la
Teoría General asume como válida la lectura de Marshall y adopta una clasificación
acorde, como vimos; llama teoría clásica a un corpus en el que incluye tanto a la
producción de Marshall como a la de Ricardo. Pero vemos ahora que la teoría del
capital que se corresponde lógicamente con el sistema que propone lo lleva a rechazar a
la espera como fuente del valor, al capital como factor de la producción y al interés del
capital como un compañero eterno de la producción humana. Keynes sabe que no es el
primero en argumentar que sólo el trabajo produce y aunque hoy nos referiríamos a este
viraje como a un retomo a las ideas de los clásicos y a Ricardo -no en sentido de
Keynes-, la Teoría General -y nosotros en esta Tesis- empleó el rótulo teoría clásica
para englobar a los autores y doctrinas a los que la crítica se dirige. Mal podría a esta
altura de su exposición llamar clásicos a los que hoy conocemos como clásicos. La
solución que encuentra Keynes, difícilmente inteligible para un lector ocasional,
consiste' en denominar "pre-clásica" a esta posición a la que hoy sin dudar y, a pesar de
los reclamos de Marshall, llamaríamos con justeza "clásica" o "ricardiana".

Un capital que no es productivo ni prospectivo no es un factor de la producción. La


abstinencia no es un costo real ni el interés un servicio a la contribución física o de valor
que los equipos realizan.

1 sympathise, therefore, with the pre-classical doctrine that everything is produced by


labour, aided by what used to be called art and is now called technique, by natural
resources which are free or cost a rent according to their scarcity or abundance, and by
the results ofpast labour, embodied in assets, which also command a price according to
their scarcity or abundance. It is preferable to regard labour, including, of course, the

405
personal services of the entrepreneur and his assistants, as the sole factor of production,
operating in a given environment of technique, natural resources, capital equipment and
effective demando (Keynes 1936/1939: 213-214; IV.16.II)

Este pasaje, junto con los que le siguen en el Capítulo 16 de la Teoría General, nos conducen
hacia sorprendentes caminos.

3.3. La teoría del valor de Keynes

Los desarrollos que siguen están inspirados en lo que llevamos dicho acerca de la teoría
del capital de Keynes. La discusión encuentra bases en la exposición de su sistema de
determinación del empleo en conexión con su explicación sobre la "naturaleza" del
capital. Sin embargo, Keynes no desenvuelve las consecuencias últimas de su propia
explicación. Su exposición es, desde este punto de vista, ciertamente enigmática 1• La
mayoría de los economistas más importantes comenzó la exposición de su sistema por
las categorías primeras -mercancía, dinero, capital- para abordar sólo más adelante la
discusión acerca de las conexiones entre los fenómenos observables. Keynes invierte
este orden habitual: luego de exponer su sistema arriba, en los capítulos finales a la
exposición de los fundamentos.

Exploremos brevemente algunos los múltiples corolarios que se derivan de este


desemboque un tanto inesperado y sin duda de profunda significación de la exposición
de Keynes. Los costos reales de la producción según el Primer Tratado de la teoría
clásica estaban constituidos por "esfuerzo y espera", los dos sacrificios que el hombre
debe atravesar para obtener productos útiles, saciando sus necesidades y asegurándose
los deleites y goces que obtiene en el consumo. Marshall insiste en que toda sociedad -
incluso para la solitaria "sociedad" de un Crusoe en su isla- el problema es el mismo:
cómo asignar la espera y el trabajo para obtener satisfacciones presentes y futuras (ver
más arriba la cita de Marshall de la p. 390).

El precio normal de las mercancías se ajusta, en último análisis, a estos costos reales,
reales inevitables, del capital y el trabajo (ver supra p. 390). Pero para Keynes la espera
o su resultado materializado, el capital, no forma parte del cálculo primitivo de costos
reales. Ese lugar lo ocupa exclusivamente el trabajo. Claro que en la Teoría General la
palabra "simpatizo" parece escogida un tanto mezquinamente dado el calibre de la
afirmación que le sigue, además enfatizada: "everything is produced by labour". El
trabajo sería así el costo real único de la producción. ¿Está Keynes realmente
convencido de esto? ¿Es la ambigüedad otra estrategia? Tres factores nos llevan a
afirmar que es posible reconstruir su argumento de Keynes en base a una teoría que
funde el valor sólo en el trabajo. El primer argumento ya fue desarrollado: de hecho los
resultados prácticos de su sistema son contradictorios con una explicación que se base
en la espera como costo inevitable y en la productividad como fuente física de la
rentabilidad. En segundo lugar, la particular elección de unidades para medir sus
variables: "taking an hour's employment of ordinary labour as our unit and weighting an
hour's employment of special labour in proportion to its remuneration". El propio

1 Cabría aquí nuevamente arriesgar como explicación alguno de esos motivos "estratégicos" o "de
persuasión" .

406
Keynes relaciona ambas posiciones. Luego de afirmar que sólo el trabajo es productivo,
aclara:

This partly explains why we have been able to take the unit of labour as the sole
physical unit which we require in our economic system, apart from units of maney and
oftime. (Keynes 1936/1939: 214)

Por último, como veremos, esta explicación no sólo echa nueva luz sobre fragmentos de
otro modo oscuros del libro sino que, sin ella, hay muchas afirmaciones de Keynes que
se volverían directamente absurdas. Por nuestra parte, nos alcanza con mostrar que su
sistema completo admite esta explicación y no la que ofrece la teoría clásica', En el
capítulo final continuaremos reflexionando sobre este asunto. Por el momento alcanza
con mencionar que de este modo Keynes se aproximaría a la teoría que comúnmente se
le atribuye a Ricardo (para él "pre clásica"), lo cual tampoco es tan extraño: de hecho,
en su clasificación no es más que el inspirador de Marshall y el fundador de la escuela
clásica.

Keynes parece adherir así a una explicación del precio de toda mercancía que sólo
refleja el costo relativo de trabajo necesario para producirla. Claro que en la fabricación
de mercancías se utilizan productos del trabajo pasado, los cuales también forman parte
del costo. Al final de este camino hacia los orígenes primeros de la mercancía Marshall
encontraba trabajo y capital, esfuerzo y espera, Keynes encuentra sólo trabajo. El precio
normal de toda mercancía se iguala al costo en trabajo, que medido en unidades-salario
permite establecer la cantidad de unidades-trabajo, es decir, la cantidad de trabajo
"simple" que se requiere para producir cada mercancía. El precio normal debería ser
entonces la expresión en dinero de la cantidad de unidades simples de trabajo que se
emplearon, es decir, cantidad de trabajo multiplicado por el monto de la unidad de
salario.

Si bien esta conclusión se sigue de la lógica del desarrollo que hemos hecho, queda aun
por responder la pregunta acerca del origen del rendimiento del capital, Porque, por más
que se rechacen tanto la explicación de la desutilidad de la espera como la de la
productividad física, la existencia de un retomo superior a la suma invertida en un
equipo de capital, que va a dar a las manos del propietario del equipo, es una verdad
fáctica incontrovertible. Es cierto que si la fuente de ese pago no puede ubicarse en la
natural psicología del hombre, ni en el igualmente natural rendimiento físico de las
máquinas, se disuelve la necesidad de que la eficiencia marginal (lo que los clásicos
llamaban interés) del capital sea por fuerza positivo. La nueva teoría del capital y el
interés de Keynes tiene que explicar, no obstante, cuál es el origen de esa diferencia,
admitiendo que puede ser positiva o negativa. Se nos ofrece entonces una teoría de la
rentabilidad del capital basada en su escasez ("the scarcity theory"), como explicación
alternativa.

It is much preferable to speak of capital as having a yield over the course of its life in
excess of its original cost, than as being productive. For the only reason why an asset
offers a prospect of yielding during its life services having an aggregate value greater
than its initial supply price is because it is scarce. (Keynes 1936/1939: 213; IV.16.II)

1 No revisamos aquí todas las alternativas que se ensayaron para dotar de fundamentos, más o menos

clásicos, al sistema de Keynes. Nuestro problema principal son los que el propio Keynes expuso.

407
Si el capital arroja a lo largo de su vida un ingreso neto en dinero mayor que su costo en
dinero se debe a que es escaso, no a que es productivo, como afirmaba la teoría clásica a
través de Marshall así como de su crítico Bohm-Bawerk, La teoría de la escasez del
capital y su rendimiento es un aporte original de Keynes. Estudiemos, primero, el
problema de la escasez para un producto cualquiera. El argumento es el siguiente: el
único costo real de la producción es el trabajo. Se requiere más o menos trabajo para
producir una mercancía según el estado de la técnica, los productos del trabajo pasado
que se utilizan como capital, los recursos naturales y la demanda. El precio normal de
todos los bienes es en última instancia y cuando la producción no está sujeta a ninguna
restricción, el reflejo de los costos reales de producción, proporcionales a la cantidad de
trabajo requerida para producirlos. Pero si por algún motivo la cantidad producida no
logra satisfacer las necesidades de la demanda se presenta una situación de escasez y el
precio del producto se ubica por encima del que marca la cantidad de trabajo. En el caso
de los "servicios" ocurre lo mismo.

[T]here are aH sorts of reasons why various kinds of services and facilities are scarce
and therefore expensive relatively to the quantity of labour involved. (Keynes
1936/1939: 215; IV.16.11)

Volvamos al capital y a la fuente de su rendimiento sobre el costo. Los activos que se


emplean como capital en procesos productivos prolongados (roundabout) arrojan
durante su vida un total de ingresos (yields) que en términos agregados tienen un valor
mayor a su propio valor original por el solo hecho de ser escasos. La escasez se refleja
en la relación entre el costo de producción de los equipos y el precio de venta de sus
servicios a 10 largo del tiempo. En términos de las categorías keynesianas que estamos
utilizando para medir el rendimiento de los equipos de capital, hay escasez cuando el
costo de reposición es menor que la sumatoria de todas anualidades (sin aplicar todavía
ningún descuento). Pero esa diferencia que origina el rendimiento positivo se debe,
afirma Keynes, exclusivamente a que los bienes de capital son escasos; si la producción
aumenta la eficiencia marginal que "mide" la diferencia deberá disminuir por dos vías:
la demanda incrementada del mismo equipo de capital produce un incremento del precio
de oferta o costo de reposición al tiempo que la mayor oferta futura de aquellos bienes
en cuya producción participa tenderá a reducir sus precios. Para la teoría de Keynes es
la escasez, entendida como un límite en la producción de equipos de capital la que
sostiene la magnitud positiva de la eficiencia marginal de los equipos de capital.
Debemos encontrar los vínculos entre el trabajo necesario para producir los bienes de
capital, su precio y sus yields, todos los factores que determinan conjuntamente el
rendimiento, porque es allí donde interviene la escasez.

Contamos finalmente con los elementos para formular una verdadera teoría keynesiana
del valor, distinta en sus caracteres esenciales de la teoría clásica'. Aunque nos trajeron
a este terreno las preguntas que surgen del sistema de Keynes de determinación del
empleo, nos aventuramos en un tipo de problemas alejados en general de las clásicas
temáticas inspiradas en la Teoría General. Bajo esta interpretación, en la obra puede
encontrarse la materia prima para construir el puente entre el valor, el dinero, el capital

1 En la Conclusión de la Tesis sólo nos referiremos brevemente a los problemas asociados a la "teoría del
valor". En otras publicaciones lo hemos hecho con más detalle (Kicillof 2000, Kicillof 2000b). Las
intrincadas discusiones encerradas en esta cuestión nos alejarían del propósito de la Tesis, aunque,
creemos, no de las discusiones directamente asociadazas a la Teoría General. Este último motivo es el
que justifica su aparición en nuestra exposición. Más adelante nos referiremos a las direcciones que esta
interpretación de Keynes abren para la investigación futura.

408
y finalmente, el nivel de empleo. Exploremos las consecuencias de su teoría del capital
en el plano del valor.

El costo real de los productos está conformado exclusivamente por sus requisitos de
trabajo. El precio de las mercancías, según esta explicación, debería reconocer como
único origen la cantidad de trabajo. Pero queda explicar el modo en que intervienen los
otros tres elementos que determinan el precio de mercado: los recursos naturales, los
equipos de capital que también son productos del trabajo pasado y la demanda. El
primer caso que conviene evaluar es el más sencillo y obvio. Estudiemos las
determinaciones del precio de un bien que con un proceso productivo que no lleva
tiempo y que para su producción no se requieren tampoco otros bienes cuya produccion
lleva tiempo ni el empleo de recursos naturales. Estos productos se venderán,
obviamente, a un precio proporcional al tiempo de trabajo. Ese sería su precio normal.
Este caso se asemeja al célebre "estado primitivo y rudo de la sociedad" imaginado por
Smith en el capítulo 6 de la Riqueza de las naciones.

In that early and rude state of society which precedes both the accumulation of stock
and the appropriation of land, the proportion between the quantities of labour necessary
for acquiring different objects seems to be the only circumstance which can afford any
rule for exchanging them for one another. (Smith 1776/1997: Capítulo 6)

Ricardo intentó ampliar la explicación para el caso de los procesos que necesitan
instrumentos: el precio del producto tenderá a equipararse con el tiempo de trabajo total
que a lo largo del tiempo requiere producirlo. En esta teoría del valor "pre-clásica" en la
que puede incorporarse incluso la existencia de bienes de capital.

Even in that early state to which Adam Smith refers, sorne capital, though possibly
made and accumulated by the hunter himself, would be necessary to enable him to kill
his game. Without sorne weapon, neither the beaver nor the deer could be destroyed,
and therefore the value of these animals would be regulated, not soleIy by the time and
labour necessary to their destruction, but also by the time and labour necessary for
providing the hunter' s capital, the weapon, by the aid of which their destruction was
effected. [...] the same principIe would hoId true, that the exchangeable value of the
commodities produced would be in proportion to the labour bestowed on their
production; not on their immediate production only, but on all those implements or
machines required to give effect to the particular labour to which they were applied.
(Ricardo 1817/1996:,22; IJII)

Se trata del bien conocido principio del valor que sostiene que precio de la mercancía
está regulado por el trabajo requerido directa e indirectamente en su producción.

Volvamos a la teoría del capital de Keynes. ¿Cómo entra a jugar la escasez en esta
explicación? Cuando se presentan ciertas circunstancias especiales en el mercado de un
producto particular que hacen que la demanda sea mayor que la oferta, su precio "de
mercado" crecerá, desviándose hasta ponerse por encima del valor proporcional al
tiempo de trabajo. Keynes denomina escasez a la situación que sostiene al precio en un
nivel superior al de sus costos reales de trabajo. Cuando nos referimos a las mercancías
en general, en condiciones de competencia pura, su precio de escasez es meramente
accidental. Este modo de analizar el movimiento aparente de los precios es compartido
por muchos autores. Ricardo, por ejemplo, establece así la diferencia entre el precio

409
"natural" y el "de mercado", conservando la distinción ya introducida por Smith en el
capítulo 7 de Wealth ofNations.

In making labour the foundation of the value of commodities, and the comparative
quantity of labour which is necessary to their production, the rule which determines the
respective quantities of goods which shall be given in exchange for each other, we must
not be supposed to deny the accidental and temporary deviations of the actual or market
price of commodities from this, their primary and natural price. (Ricardo 1817/1996:
89; IV)

Keynes entiende a la escasez como una insuficiencia en la cantidad producida con


respecto a las necesidades, insuficiencia que se refleja en un incremento del precio del
producto o sus servicios por encima de sus requisitos de trabajo. Tal como sostenía la
escuela ricardiana -a la que Keynes denomina pre-clásica- la escasez así entendida es
un fenómeno sólo transitorio, porque cuando el precio de una mercancía se encuentra
por encima de su valor o precio "natural" se desencadena el proceso de ajuste 1: la
cantidad producida tenderá a incrementarse y el precio a reducirse hasta regresar a su
nivel "natural" o "normal", proporcional al tiempo de trabajo empleado en su
producción.

Es por eso que el precio normal de las mercancía no tiene en cuenta ningún factor de la
escasez. La escasez domina al precio cuando no es posible incrementar la producción; el
precio se incrementa más allá de sus costos reales de producción -aquí sólo trabajo-ien
proporción a la fuerza de la demanda. El caso extremo se presenta con los recursos
útiles que la naturaleza provee en cantidades limitadas. Marshall mismo denomina
precios de escasez al precio que hay que pagar por encima de los costos de producción
cuando la cantidad está limitada.

Let us suppose that a meteoric shower of a few thousand large stones harder than
diamonds fell all in one place; so that they were all picked up at once, and no amount of
search could find any more. These stones, able to cut every material, would
revolutionize many branches of industry; and the owners of them would have a
differential advantage in production, that would afford a large producer's surplus
[... ]Then the price of the services rendered by the stones would have been governed by
the natural scarcity of the aggregate output of their services in relation to the demand
for those services; and the aggregate surplus or rent would most easily be reckoned as
the excess of this scarcity price over the aggregate expenses of working the stones.
(Marshall1890/1948: 423; V.IX.5; subrayado AK)

El precio de los servicios que pueden obtenerse a cambio de un bien cuya producción es
limitada, pero que sin embargo son útiles y por tanto suscitan la existencia de una

1 Adam Smith emplea su luego famosa metáfora de la mano invisible para describir precisamente el
funcionamiento de este mecanismo que guía a la inversión privada de manera de incrementar la
producción de aquellas ramas en las que el precio es mayor al "natural": "Ahora bien, como cualquier
individuo poner todo su empeño en emplear su capital en sostener la industria doméstica, y dirigirla a la
consecución del producto que rinde más valor, resulta que cada uno de ellos colabora de una manera
necesaria en la obtención del ingreso anual máximo para la sociedad. Ninguno se propone, por lo general,
promover el interés público, ni sabe hasta qué punto lo promueve. Cuando prefiere la actividad
económico de su país a la extranjera, únicamente considera su seguridad, y cuando dirige la primera de tal
forma que su producto represente el mayor valor posible, sólo piensa en su ganancia propia; pero en éste
como en otros muchos casos, es conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en
sus intenciones". (Smith 1776/1997: 402)

410
demanda sobre ellos, es un precio de escasez. Marshall denomina renta a la diferencia
entre el precio normal (si no mediaran obstáculos en el incremento de la cantidad) y el
precio de escasez. Esto es lo que ocurre con la tierra: a medida que la demanda aumenta,
en tanto la producción no puede seguirle el tranco, es el precio el que se modifica de
manera permanente.

Land, houses, and live stock are the three fonns of wealth which have been in the first
rank of importance always and everywhere. But land differs from other things in this,
that an increase in its value is often chiefly due to an increase in its scarcity; and is
therefore a measure rather of growing wants, than of growing means of meeting wants.
(Marshall1890/1948: 237; IV.VIL11)

Esto acerca a Keynes a la "antigua" distinción, también de Ricardo, entre los productos
reproducibles y los no reproducibles. El precio de los primeros está regido por el tiempo
de trabajo, el de los segundos, un precio de escasez, por las condiciones que gobiernan
la demanda.

Possessing utility, cornmodities derive their exchangeable value from two sources: from
their scarcity, and from the quantity of labour required to obtain them. There are sorne
cornmodities, the value of which is determined by their scarcity alone. No labour can
increase the quantity of such goods, and therefore their value cannot be lowered by an
increased supply. (... ] Their value is wholly independent of the quantity of labour
originally necessary to produce them, and varies with the varying wealth and
inclinations of those who are desirous to possess them. These commodities, however,
fonn a very small part of the mass of cornmodities claily exchanged in the market. By
far the greatest part of those goods which are the objects of desire, are procured by
labour,. and they may be multiplied, not in one country alone, but in many, almost
without any assignable limit, if we are disposed to bestow the labour necessary to obtain
them. (Ricardo 1817/1996: 12 LI)

Regresemos a Keynes: "everything is produced by labour, aided by what used to be


called art and is now called technique, by natural resources which are free or cost a rent
according to their scarcity or abundance, and by the results of past labour, embodied in
assets, which also command a price according to their scarcity or abundance" (Keynes
1936/1939: 213-214; IV.16.II). En nuestro primer ejemplo intervenía en la producción
de la mercancía únicamente el trabajo. Ahora podemos observar lo que ocurre con un
producto en cuya fabricación se emplean los "servicios" de un recurso natural limitado
absolutamente en cantidad, absolutamente escaso. En su precio hay que computar no
sólo el tiempo de trabajo sino la renta correspondiente a los recursos naturales con
precio de escasez.

Falta aun considerar el último elemento que interviene en el precio, el que nos ha
obligado a dar todo este rodeo: los bienes de capital a los que Keynes trata como
resultados del trabajo pasado capaces de "comandar" también un precio de escasez. Se
trata de la teoría de la escasez del capital. Tiene que existir alguna circunstancia que
mantenga esta condición de escasez en la producción de bienes de capital. Tendríamos
así la explicación del rendimiento del capital entendida como una diferencia entre su
costo de producción en trabajo y la suma de los servicios que brinda. El rendimiento
que se obtiene de ellos es producto de la escasez si esta diferencia surge de una traba
que impida a la cantidad producida aumentar hasta que la suma de las anualidades se
reduzca al valor de su costo de reposición, adoptando la forma de una eficiencia

411
marginal positiva'. El precio de escasez asociado al capital se involucra en los precios
de todos los bienes en cuya producción se emplea capital, que deben reflejar la cantidad
de trabajo requerida para producirlos pero también deben pagar tributo por la escasez
del capital.

Keynes razona del siguiente modo: si esa situación que sostiene la escasez de los
equipos de capital no estuviera presente su cantidad crecería reduciendo el monto de las
anualidades hasta el punto en que la suma de los yields se iguale a su costo de
reposición. La eficiencia marginal del capital sería en ese caso igual a cero, lo que para
la teoría de Keynes es perfectamente posible de concebir porque el capital no es "en sí"
productivo. El efecto sobre el valor es predecible: en ese "mundo" el precio de los
bienes que involucran capital en su producción dependería exclusivamente de la
cantidad de trabajo (y las rentas de los recursos naturales), al igual que lo que ocurre
con los bienes que no precisan capital, tal y como argumentamos más arriba.

[T]he products of capital selling at a price proportioned to the labour, etc., embodied in
them on just the same principIes as govem the prices of consumption-goods into which
capital-charges enter in an insignificant degree. (Keynes 1936/1939: 221; IV. 16.IV)

Para completar su explicación de la rentabilidad del capital Keynes identifica la causa


causans de la mencionada escasez. Los bienes de capital se compran hoy pero rinden un
beneficio futuro: son una forma de "conservar" riqueza.

It is by reason of existence of durable equipment that the economic future is linked to


the presento (Keynes 1936/1939: 146; IV.ll.V)

Pero existe en el sistema económico una forma alternativa -como vimos más arriba p.
399- para almacenar valor en el tiempo. En la Teoría General de Keynes el dinero es
una alternativa a la posesión de bienes de capital. De manera que los equipos
productores compiten en su capacidad de unir el presente con el futuro con el dinero.

For the importance of money essentialIy flows from its being a link between the present
and the future. [o](Keynes 1936/1939: 293; V.21.!)

La oferta de bienes de capital no se incrementa hasta reducir a cero la eficiencia


marginal porque nadie estaría dispuesto a invertir su riqueza actual en un bien de
capital, si su rendimiento no se ubicara por encima de la tasa de interés vigente. La
escasez de los bienes de capital, el origen de su rendimiento, se sostiene y no se
extingue; la condición para que se adquiera un equipo de capital es que los "servicios"
acumulados a lo largo de su vida útil superen a su costo en un valor por lo menos tan
alto como el ingreso en concepto de intereses que puede conseguirse al comprar una
deuda de igual monto.

1 En tanto los equipos de capital son escasos se puede considerar a sus rendimientos también una renta, de
similar característica a la que se obtiene a cambio del uso de los recursos naturales. El propio Marshall era
conciente de esta semejanza, que lo llevó a denominar cuasi - rentas a los retornos de un equipo de
capital: "[T]he term Quasi-rent will be used in the present volume for the income derived form machines
and other appliances for production made by man ... we cannot properIy speak of the interest yielded by a
machine. If we use the term 'interest' at all, it must be in relation not to the machine itself, but to its
money value". (Marsha111890/1948: 74; II.IV.2). Es muy probable que el empleo por parte de Keynes de
la letra Q para referirse a las anualidades de un equipo provenga de esta fuente oculta. El capital arroja
una cuasi - renta de escasez por los motivos que expondremos a continuación.

412
[T]he only reason why an asset offers a prospect of yielding during its life services
having an aggregate value greater than its initial supply price is because it is scarce; and
it is kept scarce because of the competition of the rate of interest on money. If capital
becomes less scarce, the excess yield will diminish, without its having become less
productive-at least in the physical sense. (Keynes 1936/1939: 213; IV. 16.11)

Se resuelve así uno de los dos interrogantes que Keynes debía responder: aquél
relacionado al origen del plus de valor que obtiene el dueño del capital. Pero falta aún
responder la pregunta sobre el origen del interés del dinero. La importancia de esta
última se amplía, a la luz de la teoría de la escasez de capital basada precisamente en la
existencia de la tasa de interés. Porque es la tasa de interés la que pone una traba al
incremento en la producción de los bienes de capital encareciendo sus servicios
mediante un precio de escasez.

We have seen that capital has to be kept scarce enough in the long-period to have a
marginal efficiency which is at least equal to the rate of interest for a period equal to the
life of the capital, as detennined by psychological and institutional conditions. (Keynes
1936/1939: 217; IV.16.3)

La tasa de interés establece el límite que hace escasos a los bienes de capital. De un lado
está su producción restringida y del otro su demanda: de la diferencia surge la escasez y
de la escasez el rendimiento por encima del valor fijado por la cantidad de trabajo que
se requiere para producirlo. La demanda depende a su vez de las expectativas -
expresadas en términos de dinero-, que rigen así a la cambiante eficiencia marginal del
capital.

Apéndice del Capítulo 3. La teoría de la escasez del capital y la


prolongación de los métodos productivos.

Volvamos al problema de la prolongación (roundaboutness) de los procesos


productivos. El argumento de Keynes es el siguiente. El cronograma de la demanda
establece ciertas fechas de entrega deseada para los bienes. Los métodos productivos
deben adaptarse a esos tiempos. Los procesos largos no son -contra lo que afirmaba
Bawerk- más eficientes, sino que pueden conllevar un alto grado de deterioro y
desperdicio.

With a given labour force there is a definite limit to the quantity of labour embodied in
roundabout processes which can be used toadvantage. (Keynes 1936/1939: 213;
IV. 16.I1)

La demanda el factor que fija el límite al grado de prolongación de los métodos y la que
decide en última instancia entre distintos procesos con diferente grado de prolongación.
De manera que, aun cuando el grado de productividad pudiera seguir incrementándose
al implementar métodos más prolongados, la demanda establece la fecha en que el
producto será requerido. Es a través de la escasez y no de la productividad que se fija
entonces rendimiento. La diferencia entre el valor de los servicios y la cantidad de
trabajo se rige por la escasez y no por el rendimiento.

413
The ultimate quantity of value will not increase indefinitely, relatively to the quantity of
labour employed, as the processes adopted become more and more roundabout, even if
their physical efficiency is still increasing. (Keynes 1936/1939: 214; IV.16.11)

Es más, podría incluso suponerse hipotéticamente la posibilidad de que la demanda de


consumo en el futuro crezca de tal modo que, en condiciones de plena ocupación, se
destinen recursos a la inversión hasta el punto de que la eficiencia marginal del capital
se haga negativa. En ese caso, por fuerza, se elegirán procesos prolongados aun siendo
ineficientes.

[A] process become advantageous merely because it was lengthy; in which event we
shouldemploy physicalIy inefficient processes, provided they were sufficiently lengthy
for the gain from postponement to outweigh their inefficiency. (Keynes 1936/1939:
213; IV.16.II)

Keynes puede entonces vanagloriarse por su del teoría del capital que, al ser distinta de
las de la abstinencia y la productividad, permiten contemplar casos en que la eficiencia
marginal es negativa.

A correct theory, therefore, must be reversible so as to be able to cover the eases of the
marginal efficiency of capital corresponding either to a positive or to a negative rate of
interest; and it is, 1 think, only the scarcity theory outlined aboye which is capable of
this. (Keynes 1936/1939: 214-5; IV.16.II)

414
Capítulo 4 - La rebelión de Keynes contra los fundamentos
clásicos: 11. El dinero y su tasa de interés.

4.1. El origen del interés de un dinero sin valor.

La teoría de Keynes sobre el dinero y la tasa de interés es la última estación por la que
atraviesa nuestra investigación. No podemos exagerar la importancia que la demanda de
inversión adquiere en el sistema expuesto en la Teoría General. El peso de la decisión
acerca del volumen de inversión reposa en la magnitud de su rendimiento, medido por
la eficiencia marginal del capital. En el capítulo anterior mostramos que el rendimiento
del capital es producido por la escasez relativa en la que se mantienen los bienes de
capital. Pero esa escasez está provocada precisamente por la "competencia" del
rendimiento de los equipos de capital con la tasa de interés'. La naturaleza y origen de
la tasa de interés del dinero se transforma así en un enigma científico de importancia
mayúscula para Keynes.

Cuando exponíamos la teoría clásica del dinero encontramos que dos eran las funciones
que habitualmente se le reconocían: patrón de precios y medio de circulaciórr', Keynes
critica la omisión una tercera función del dinero: ser depósito de valor.

ünIy in the event of money being used solely for transactions and never as a store of
value, would a different theory become appropriate. (Keynes 1936/1939: 182; N.14.!)

Esta función olvidada por los clásicos estaba presente en las teorías previas del dinero:
es una "antigua" distinción que debe retomarse.

In this connection we can usefully employ the ancient distinction between the use of
money for the transaction of current business and its use as a store of wealth. (Keynes
1936/1939: 168; V.13.!1)

El dinero que Keynes debe introducir en su teoría debe cumplir el papel adicional de ser
depósito de valor o riqueza. De otro modo, no podría expresar la forma real en que se
deciden las inversiones: comparando el rendimiento con la tasa de interés monetaria.

Esta diferencia con los clásicos nos permite explorar el fondo de la cuestión. La teoría
clásica se refería en su Primer Tratado, tanto en la versión de Marshall como en la de
Walras, al dinero como una mercancía más, con valor propio. Funcionaba como
standard 01 value. En el Segundo Tratado se introducía una nueva función del dinero:
ser medio de cambio o de circulación. A su demanda y oferta como simple mercancía se
agregaban ahora la demanda para su función circulatoria y los distintos .controles en su
oferta. La complejidad aumenta porque en su función de medio de circulación, el
dinero-mercancía puede ser reemplazado por simples signos de dinero sin valor

1 Y, por supuesto, es una variable que depende de las expectativas futuras de ventas, es decir, acerca de la
demanda: así que se establecen las anualidades en base a las cuales se calcula la eficiencia marginal del
capital.
2 Ver Sección 111. Capítulo 5.

415
intrínseco. El dilema de la teoría cuantitativa se cifra aquí, porque cuando el dinero
circula directamente en su forma de mercancía son los precios del resto de las
mercancías las que parecen determinar la cantidad de dinero, mientras cuando circula el
papel parece ser la cantidad de dinero la que determina los precios de las mercancías. La
teoría clásica del dinero se enreda en estas paradojas sin poder ordenarlas y
comprenderlas conceptualmente.

Tal como mostramos en la Sección 111 de esta Tesis, la nueva realidad económica le
ahorra a Keynes algunos de los problemas que enfrentaron los clásicos. El abandono
definitivo del patrón oro es la base histórica sobre la que la Teoría General se apoya
para postular ex definitione y sin necesidad de explicaciones posteriores, que la cantidad
de billetes en circulación es fijada por el Estado. No hace falta siquiera mencionar al
oro. En el sistema de Keynes la cantidad de dinero es una variable exógena. Pero el
desarrollo no se detiene -ni puede detenerse- en este punto. La preferencia por la
liquidez del sistema de Keynes tiene en cuenta no sólo la función del dinero como
medio de circulación que da aliento al motivo transacción, sino que además aparece la
función del dinero como depósito de valor -vinculada al motivo precaución y,
especialmente, al motivo especulación. Esta es la primera particularidad del dinero de la
Teoría General que se enfrenta con la representación clásica: los billetes tienen sin
embargo la capacidad de almacenar valor. Pero, además, la centralidad del dinero en la
determinación de la demanda proviene de que, a través de la preferencia especulativa
por la liquidez, mediante el juego de "osos" y "toros" (bulls & bears), fija la tasa de
interés'. La tasa de interés es la recompensa por desprenderse de la liquidez que encama
el dinero. Sea como fuera, el dinero es capaz de retomar a su dueño preñado de interés.
El "dinero sin valor" de Keynes conserva valor y crea valor. ¿Por qué?

4.2. Las cualidades esenciales del dinero.

El capítulo dedicado a investigar "The Essential Properties of Interest and Money" es el


más extenso de la Teoría General. Su contenido, no obstante, fue mayormente
desechado por los economistas posteriores; incluso por aquellos que adoptaron como
propio -en mayor o menor medida- al sistema de Keynes. Las razones para ignorar su
desarrollo -cuando se explicitan- son, creemos, insuficientes'. Los capítulos dedicados
al escrutinio de las categorías fundamentales constituyen un intento explícito de Keynes
para encontrar respuestas a las preguntas que su propio sistema implícitamente formula;
preguntas que la tradición clásica es incapaz de responder en base a sus teoría del
capital, del dinero y del valor. Como hemos argumentado, Keynes debe saber que sin
este desarrollo adicional su enfoque sería incompleto, porque el sistema se refiere al

1 Ver en la Sección IV. 6.4.


2 Joan Robinson sostiene con respecto al capítulo 17: "[W]hen Keynes was writing ... the chapter, he
admitted that he was groping for ideas that were new to him, and 1 do not think that he ever quite
succeeded in seizing them" (Robinson, 1956, p. 138, citado en Asimakopulos, 1991, p.103). A. P. Lerner,
uno de los pocos autores que estudian el tema, comienza sin embargo su artículo admitiendo "Almost
every tribute to the originality, brillance, and importance of Keynes' s General Theory of Employment,
Interest and Money during the fifteen years since its publications, has admitted that it is a badly written
book. Of no part of the book is this more true than of Chapter 17" (Lerner 1952: 172). Kregel se cuenta
también en la breve lista, con su interesante "Mercados e institucioens como aspectos de un sistema de
producción capitalista" (Kregel 1988)

416
comportamiento de ciertos fenómenos que describe empleando categorías económicas
como capital, dinero, interés, rendimiento y valor, pero el contenido de esas categorías
no cuaja con la explicación heredada. Si Keynes no ensayara sus propias respuestas, el
sistema quedaría girando en el vacío, refiriéndose a conceptos cuya naturaleza se
desconoce y no pueden ser completados en base a la teoría clásica.

Es la necesidad de explicar el papel que la tasa de interés del dinero desempeña en el


sistema la que lo impulsa a investigar más a fondo, penetrando en la naturaleza del
dinero. Para Keynes este camino es "natural".

It seems, then, that the rate ofinterest on money plays a peculiar part in setting a limit to
the level of employrnent, since it sets a standard to which the marginal efficiency of a
capital-asset must attain if it is to be newly produced. That this should be so, is, at first
sight, most perplexing. It is natural to enquire wherein the peculiarity of money líes as
distinct from other assets, whether it is only money which has arate of interest, and
what would happen in a non-monetary economy. Until we have answered these
questions, the full significance of our theory will not be clear. (Keynes 1936/1939: 222;
IV.l7.!)

Para los clásicos la tarea de iniciar la explicación del dinero era, por así decir, sencilla.
Su punto de partida consistía en tomar una mercancía cualquiera, cuyo valor venía
proporcionado por las leyes generales y, o bien vestirla de numerario -Walras-, o bien
dejar fijo su valor -Marshall- convirtiéndola de esta manera en el standard of value de
todo el sistema. Cualquier mercancía calificaba para ser la mercancía-dinero. El dinero
nacía de una necesidad analítica -convalidada por la práctica. Pero pronto se "agregaba"
una explicación adicional: dado lo dificultosa que sería la vida en una economía de
trueque, el dinero debe existir. Porque en efecto existe, se afirma que debe existir.
Luego, descriptivamente, se argumentaba que, dado que el dinero debía servir como
standard, algunas mercancías eran más aptas que otras para la tarea: en particular, los
metales preciosos cumplían perfectamente con los requisitos de ser fundibles, divisibles
y de representar mucho valor en poca sustancia material. Presto! El oro es el dinero del
Primer Tratado. De ahí se pasaba al Segundo Tratado: simplemente se agregaba una
nueva función, también "obvia". Como el dinero-mercancía tiene valor por ser él mismo
mercancía, pero expresa el valor de todas las restantes por ser además dinero,
evidentemente, todas las mercancías deben cambiarse primero por oro -de hecho lo
hacen. El oro se pone así en circulación, transformado o, más bien, sazonado al ser un
medio de cambio. Luego se miraba el mundo real para encontrar que el oro puede ser
reemplazado por muchos instrumentos sin valor (intrínseco). Pero como el dinero ya
fue definido y sus funciones explicadas en base al dinero mercancía, por una maniobra
de prestidigitación se lo sustituye en el desarrollo por papeles sin valor.

Aquí el problema de Keynes: su teoría general del dinero debe tomar como inicio al
dinero sin valor intrínseco. Veremos que la exposición no es tan natural y simple: lo que
más resalta, para Keynes, de este dinero fiduciario no son sus dos funciones anteriores,
sino el hecho de que es un medio apto para almacenar valor. Lo que distingue al dinero
es que se elige como almacén de riqueza y que, en la puja por quedarse con él, surge la
tasa de interés sobre las deudas, una recompensa por desprenderse del dinero.

El punto de partida de la exposición se sitúa en donde habíamos dejado el desarrollo en


el capítulo anterior. Tanto los activos de capital como el dinero comparten la propiedad
de arrojar un rendimiento. Como vimos, pero vale la pena destacar, en lugar de

417
comenzar, al uso clásico, con una enumeración de las funciones "observables" que
desempeña el dinero, el interrogante remite directamente al problema su "rendimiento".
Cuando la explicación se inicia por el dinero fiduciario lo primero que salta a la vista es
que esos papeles sellados se convierten en algo muy parecido a los activos físicos, y no
por sus propiedades útiles, que no las tiene. Por otra parte, nada se gana con explicar el
dinero como un dispositivo para facilitar el trueque, porque esto no resuelve el origen de
la tasa de interés del dinero. De modo que Keynes se dirige al nudo central de la
dificultad: el dinero y los activos arrojan un rendimiento, pero ese rendimiento debe
tener distinto origen -el de los equipos de capital es justamente la escasez.

La comparación entre el "rendimiento" del dinero y el del resto de los activos presenta
una complicación: como ambos están expresadas en términos de dinero el rendimiento
puro del dinero se combina con el de los distintos activos. Lo primero que Keynes
necesita hacer para establecer las diferencias entre el dinero y los activos es expresar el
rendimiento de cada activo, incluyendo al del dinero, de forma pura. Recurre entonces a
un ingenioso expediente ideado por P. Sraffa 1• La idea consiste en calcular las tasas de
interés de cada bien en términos 'de sí mismo como la diferencia porcentual entre las
cantidades presentes y futuras que tienen en la actualidad el mismo "valor de cambio".
En su ejemplo, si 100 quarters de trigo valen hoy 10 mismo que 105 quarters de trigo a
ser entregados dentro de año, la tasa anual de interés en términos de trigo del trigo
asciende al 5%. Es la diferencia entre dos cantidades de trigo de igual valor pero
entregadas en distinto momento. Lo mismo puede hacerse con cada activo durable,
incluso con el dinero: su tasa de interés no es más que la diferencia porcentual entre la
cantidad de dinero "spot" y la cantidad de dinero que el mercado otorga dentro de un
año a cambio de esa suma. La tasa de interés del dinero del 5% si debo pagar $ 100 hoy
para obtener $105 dentro de un año.

Thus for every durable cornmodity we have arate of interest in terms of itself;-a wheat-
rate of interest, a copper-rate of interest, a house.. rate of interest, even a steel-plant-rate
ofinterest, (Keynes 1936/1939: 232-233; IV.1?.!)

Cuando para un bien existe en la práctica real un mercado real contratos futuros, su tasa
de interés propia puede calcularse efectivamente en base a la relación entre el precio
"spot" y el precio "futuro" en dinero de los contratos que se negocian (operando de
forma conveniente para que no se involucre en el resultado la tasa de interés del dinero
en que se nominan los precios). Este instrumento de las tasas propias de interés utilizado

1 En el extenso capítulo 17 Keynes incluye como única referencia un artículo en que Sraffa (1932) critica
duramente al libro Price and Production publicado por de F. A. Hayek en 1931. Sraffa cuestiona por
falaz el razonamiento completo de Hayek: su estrategia consiste en establecer, primero, que en una
economía sin dinero no habría perturbaciones en los precios relativos, en la tasa de interés y en el empleo.
Luego se pretende demostrar que una política bancaria que logre mantener constante el producto entre la
cantidad de dinero y su velocidad de circulación haría que el dinero fuera "neutral" es decir, al igual que
en una economía no monetaria, no produciría perturbaciones. La tasa de interés se mantendría a su nivel
"natural". La ingeniosa refutación de Sraffa consiste en mostrar que en una economía no monetaria habría
muchas y no una sola tasa de interés. La tasa natural "real" a la que se refiere Hayek no existe. Habría, de
hecho, tantas tasas de interés como mercancías existan. De esta manera colapsa toda la defensa de Hayek
de su propio "sistema bancario", porque es imposible encontrar una sola tasa de interés natural
equivalente a la de una economía sin dinero. Sraffa señala además -en consonancia con Keynes- que el
problema está en la concepción del dinero, que no tiene en cuenta su función como depósito de valor:
"The money which he contemplates is in effect used purely and simply as a medium of exchange. There
are not debts, no money contracts, no wage agreements, no sticky prices in his suppositions" (Sraffa
1932: 44)

418
para equiparar los rendimientos de todos los activos no tiene gran relevancia para el
desarrollo que sigue, pero permite poner en el mismo plano y hacer comparables a la
eficiencia marginal de los distintos equipos de capital y a la tasa de interés del dinero.
Esto es lo que Keynes necesitaba para distinguirlas entre sí, buscando las propiedades
esenciales del dinero.

So far, therefore, the money-rate of interest has no uniqueness compared with other
rates ofinterest, but is on precisely the same footing. (Keynes 1936/1939: 225; IV.17.!)

Superado este inconveniente previo, es decir, establecida una unidad común que permita
la comparación, se puede ensayar una respuesta para el problema del origen de la tasa
de interés del dinero y señalar sus diferencias de origen con la eficiencia marginal de los
bienes de capital. Aquí comienzan las novedades.

Keynes afirma que la tasa de interés propia de cada bien está conformada formada por
tres "atributos" que los activos -incluido el dinero- poseen en distinto grado: la
capacidad de contribuir a la producción o de dar servicios en un intervalo de tiempo, q
(yield); el deterioro o costos de almacenamiento en que hay que incurrir para
conservarlo, e (costo de almacenamiento); y, por último, su prima de liquidez, l', La
tasa de interés de cada bien en términos de sí mismo se calcula como q - e + l. Los
primeros dos "atributos" estaban -tácitamente- presentes en la definición de eficiencia
marginal del capital. Hace su aparición un nuevo atributo que se convierte en una fuente
principal de la tasa de interés de todos los activos: su liquidez. Cualquier activo, en
principio, podría tener liquidez. Sobre este factor debemos trabajar. Por el momento, la
definición es la que sigue:

[T]he power of disposal over an asset during a period may offer a potential convenience
or security, which is not equal for assets of different kinds, though the assets themselves
are of equal initial value. There is, so to speak, nothing to show for this at the end of the
period in the shape of output; yet it is something for which people are ready to pay
something. The amount (measured in terms of itself) which they are willing to pay for
the potential convenience or security given by this power of disposal (exclusive of yield
or carrying cost attaching to the asset), we shall call its liquidity-premium l. (Keynes
1936/1939: 226; IV.17.!1)

Así, la tasa de interés de los distintos activos surge de la combinación de los tres
factores. Pongamos la cuestión en perspectiva. La teoría clásica también sostenía que la
tasa de interés proviene de ciertos atributos inmanentes del capital: su prospectividad y
su productividad. Ambos son, por así decir, naturales. La naturaleza humana es tal que
el hombre prefiere los goces presentes a los futuros, es por eso que reclama un interés a
cambio de entregar su riqueza posponiendo el consumo. El capital es prospectivo
porque es un medio para postergar el disfrute. La naturaleza técnica de ciertos procesos
que emplean tiempo es tal que al emplear ciertos equipos de capital la cantidad de
producto aumenta. El excedente que es capaz de brindar el capital por ser productivo es
el que se convierte en el interés necesario para que los equipos se utilicen en procesos
"roundabout". En base a esta explicación no puede concebirse ninguna forma de
sociedad humana en la que no exista el capital junto con su interés. De otro modo la
humanidad sólo podría dedicarse a consumir lo que su trabajo inmediato pueda
proveerle sin ayuda de instrumentos de producción.

1 los términos en inglés son carrying cost para el factor e y liquidity-premium para el factor l.

419
La teoría de la escasez del capital de Keynes acepta que en las actuales circunstancias el
capital ofrece un rendimiento a su propietario. Esta situación responde únicamente a que
la producción de bienes de capital es escasa en relación a la demanda de sus servicios.
El rendimiento del capital es un precio que hay que pagar por su escasez. No se origina
en el sacrificio del hombre que espera en lugar de consumir, ni en la mayor
productividad de los procesos largos. Si las condiciones que provocan la escasez se
extinguieran, se extinguiría con ellas el rendimiento del capital, porque al aumentar la
producción y por tanto la cantidad ofrecida de un activo su eficiencia marginal
desciende.

En términos del conjunto de los activos se puede establecer una ley general que tiende a
igualar sus rendimientos (tasas propias de interés), ya que si la tasa de interés de un bien
de capital fuera mayor que las del resto la inversión irá en esa dirección incrementando
la oferta, hasta que el rendimiento se ponga la nivel del resto.

As output increases, own-rates of interest decline to levels at which one asset after
another falls below the standard of profitable production;-until, finally, one or more
own-rates of interest remain at a level which is aboye that of the marginal efficiency of
any asset whatever. (Keynes 1936/1939: 229; IV.17.!1)

Existen así "fuerzas naturales" que tienden primero a igualar y luego a reducir hasta
llegar a cero la tasa de interés propia de todos los activos, siempre y cuando la
producción de todos los activos aumente sin límite. Puede incluso que, antes de que la
tasa de interés de todos los bienes llegue a cero, la economía esté ya funcionando a nivel
de plena ocupación. Pero, en todo caso, todas habrán de reducirse más o menos al
unísono.

Thus with other commodities left to themselves, 'natural forces,, i.e. the ordinary forces
of the market, would tend to bring their rate of interest down until the emergence of full
employrnent. (Keynes 1936/1939: 235; IV.17.!11)

El camino inexorable hacia este equilibrio de pleno empleo puede ser perturbado si se
diera el caso en que la tasa de interés propia de un activo se redujera más lentamente
que las demás o si, directamente, se detuviera en su descenso. Entonces se detendría
también el incremento de la producción de todos los demás. Ese activo, aquel cuya tasa
se niega por algún motivo a descender, ocuparía el mismo papel que ocupa hoy el
dinero en el sistema de la Teoría General.

It is now apparent that our previous statement to the effect that it is the money-rate of
interest which sets a limit to the rate of output, is not strictly correct. We should have
said that it is that asset's rate of interest which declines most slowly as the stock of
assets in general increases, which eventually knocks out the profitable production of
each ofthe others. (Keynes 1936/1939: 229; IV.17.!1)

En el sistema económico existe un activo que, por sus cualidades, tiene una tasa de
interés propia que se resiste a caer, o que cae más lentamente que el resto. Ese activo es
el dinero del sistema y justamente lo que Keynes necesita, pero aun no se ha explicado
el porqué de esta traba.

420
In attributing, therefore, a peculiar significance to the money-rate of interest, we have
been tacitly assuming that the kind of money to which we are accustomed has sorne
special characteristics which lead to its own-rate of interest in terms of itself as standard
being more reluctant to fall as the stock of assets in general increases than the own-rates
of interest of any other assets in tenns of themselves. (Keynes 1936/1939: 229;
IV.1?.!I)

La estrategia de Keynes para encontrar las propiedades esenciales del dinero queda así
delineada. Todos los activos que arrojan un rendimiento fueron puestos en pie de
igualdad. La tasa de interés de todos ellos tiende "naturalmente" a reducirse mediante el
aumento en su producción, por un lado, y la limitación de su demanda, por el otro. El
activo cuya tasa de interés se reduzca a menor velocidad que las restantes es el dinero.
Debemos ahora, en base a la teoría del rendimiento del capital, preguntamos cuáles son
las propiedades del activo cuya tasa de resiste a disminuir. Esa cualidades serán las
propiedades esenciales del dinero. Una vez resulto el enigma, podrán responderse
nuevos interrogantes: la existencia de un activo con estas propiedades es la causa de la
insuficiencia en la inversión, ¿Puede "abolirse" el dinero? Porque si así fuera, la
producción de todos los activos crecería y su rendimiento se reduciría hasta alcanzar el
pleno empleo.

[I]n the absence of money and in the absence-we must, of course, also suppose-of any
other cornmodity with the assumed characteristics of money, the rates of interest would
only reach equilibrium when there is full employment. (Keynes 1936/1939: 235;
IV.1?.!II)

Debemos identificar las características que debe poseer un activo para que su tasa de
interés no se reduzca "naturalmente", como ocurre con las del resto. En primer lugar, el
rendimiento superior de un activo tienen que tender a incrementar su producción.
Luego, el incremento de su producción tiene que generar una abundancia que haga
reducir la demanda que pesa sobre sus servicios y, con esto, reducir su precio de
escasez, así disminuye su yield, q. Pero además, la producción y tenencia incrementada
de un activo tiende a incrementar su costo de almacenamiento, c. El aumento de la
producción y la consiguiente reducción de q y el aumento de e reducen en conjunto el
rendimiento del activo (su tasa de interés propia) que tiende a igualarse al nivel general.
Las condiciones para que el rendimiento de un activo se reduzca cuando se encuentra
por encima del resto son tres.

i. Cuando el rendimiento aumenta su producción debe tender a


incrementarse: la oferta debe ser elástica.
ii. Cuando su producción aumenta la demanda debe caer o al menos ser
estable porque se abaratan los servicios de otros bienes: la elasticidad
de sustitución debe ser distinta de cero.
iii. Su costo de almacenamiento debe incrementarse junto con el aumento
en la tenencia del activo

Si se cumplen estas condiciones la tasa de interés propia de cada bien tiende a reducirse
hasta alcanzar el pleno empleo, en que la oferta de todos los activos deja de ser elástica.
Es decir, se agota la situación de escasez que prima cuando existe un activo cuya tasa no
se reduce.

421
In the case of an ordinary commodity, the inelasticity of the demand for liquid stocks of
it would enable small changes on the demand side to bring its rate of interest up or
down with a rush, whilst the elasticity of its supply would also tend to prevent a high
premium on spot over forward delivery. Thus with other commodities left to
themselves, 'natural forces,' Le. the ordinary forces of the market, would tend to bring
their rate of interest down until the emergence of full ernployment had brought about for
cornmodities generally the inelasticity of supply. (Keynes 1936/1939: 235; IV.1?.!!I)

A esta altura podemos ya deducir analíticamente cuales serán las características del
activo que funciona como dinero. Se trata de un activo que dará siempre un rendimiento
porque será siempre escaso en relación a su demanda. La primera condición que tendría
que satisfacer es que su oferta no pueda aumentar cuando su rendimiento crece. Así se
impide uno de los mecanismos que reducían la tasa de interés propia de cada activo.

[M]oney has, both in the long and in the short period, a zero, or at any rate a very small,
elasticity of production, so far as the power of private enterprise is concemed, as
distinct from the monetary authority;-elasticity of production meaning, in this context,
the response of the quantity of labour applied to producing it to a rise in the quantity of
labour which a unit ofit will command. (Keynes 1936/1939: 230; IV.1?.!II)

La producción es inelástica. Este atributo es necesario y actúa en el sentido adecuado,


pero 10 cierto es que es compartido con los recursos naturales cuya producción es
absolutamente inelástica. Pero hay otra cualidad que contribuye al mismo resultado: la
demanda no debe disminuir cuando aumenta su "precio". Es decir, aunque el valor de
escasez del activo que es dinero sea elevado, su demanda tiene que persistir. Esto pasa
si no se 10 puede reemplazar por otro activo.

[I]t has an elasticity of substitution equal, or nearly equal, to zero which means that as
the exchange value of money rises there is no tendency to substitute sorne other factor
for it;-except, perhaps, to sorne trifling extent, where the rnoney-commodity is also
used in manufacture or the arts. (Keynes 1936/1939: 231; IV.17.!II)

La baja elasticidad de sustitución es el otro factor que contribuye a que su rendimiento


no se reduzca fácilmente. Ahora bien, de dónde puede surgir este deseo inagotable de
dinero.

This fol1ows from the peculiarity of money that its utility is solely derived from its
exchange-value, so that the two rise and fall parí passu, with the result that as the
exchange value of money rises there is no motive or tendency, as in the case of rent-
factors, to substitute sorne other factor for it. (Keynes 1936/1939: 231; IV.1?.!II)

Volveremos luego sobre este punto: la utilidad del dinero proviene sólo de su valor de
cambio. Esta segunda característica sostiene alta la tasa de interés propia del dinero. La
última característica que menciona Keynes, y que contribuye al mismo resultado, es que
su costo de almacenamiento sea reducido.

In this connection the low (or negligible) carrying-costs ofmoney play an essential parto
For if its carrying costs were material, they would offset the effect of expectations as to
the prospective value of money at future dates. The readiness of the public to increase
their stock of money in response to a cornparatively srnal1 stirnulus is due to the
advantages of liquidity (real or supposed) having no offset to contend with in the shape
of carrying-costs mounting steeply with the lapse of time. In the case of a commodity
other than money a modest stock of it may offer sorne convenience to users of the

422
commodity. But even though a larger stock might have sorne attractions as representing
a store of wealth of stable value, this would be offset by its carrying-costs in the shape
of storage, wastage, etc. Hence, after a certain point is reached, there is necessarily a
loss in holding a greater stock. In the case of money, however, this, as we have seen, is
not so,-and for a variety of reasons, namely, those which constitute money as being, in
the estimation of the public, par excellence 'liquid'. (Keynes 1936/1939: 233-234;
IV.17.!II)

Este atributo es fundamental, porque la demanda su tiende a reducirse cuando se


incrementa la tenencia de dinero. En términos generales, puede afirmarse que será
dinero siempre un activo cuya prima de liquidez supere al costo de almacenamiento.

an essential difference between money and aH (or most) other assets that in the case of
money its liquidity-premium much exceeds its carrying cost, whereas in the case of
other assets their carrying cost much exceeds their liquidity-premium. (Keynes
1936/1939: 227; IV.17.!I)

En resumen, el activo que tenga estas tres cualidades en mayor grado será aquel cuya
tasa de interés propia descienda más lentamente a medida que se incrementa la
producción y, por tanto, el que funcione como dinero.

The significance of the money-rate of interest arises, therefore, out of the combination
of the characteristics that, through the working of the liquidity-motive, this rate of
interest may be somewhat unresponsive to a change in the proportion which the quantity
of money bears to other forms of wealth measured in money,and that money has (or
may have) zero (or negligible) elasticities both of production and of substitution. The
first condition means that demand may be predominantly directed to money, the second
that when this occurs labour cannot be employed in producing more money, and the
third that there is no mitigation at any point through sorne other factor being capable, if
it is sufficiently cheap, of doing money's duty equally well. (Keynes 1936/1939: 234;
N.l7.!II)

Pareciera que el dinero inconvertible es el que más fielmente se amolda a la exigencia


de tener baja elasticidad de producción. Sin embargo, este requisito no se cumple en
términos estrictos, ni siquiera cuando el dinero es de papel. La cantidad del activo que
es dinero disponible no depende únicamente de las unidades que haya en existencia,
sino que debe ser computada en términos de poder de compra: es la oferta "real" de
dinero. La oferta real de dinero puede incrementarse aun si no hay emisión, mediante
una caída de los precios. Pero además, la caída del salario reduce la demanda de dinero
para transacciones incrementando la masa disponible para especulación, sin que se
incremente tampoco el volumen de la emisión.

[E]ven though the quantity of money cannot be increased by diverting labour into
producing it, nevertheless an assumption that its effective supply is rigidly fixed would
be inaccurate. In particular, a reduction of the wage-unit wil1 release cash from its other
uses for the satisfaction of the liquidity-motive; whilst, in addition to this, as money-
values fall, the stock of money will bear a higher proportion to the total wealth of the
community. (Keynes 1936/1939: 232; IV.17.!II)

De manera que la cualidad más importante del dinero no es tampoco su oferta "real"
inelástica, sino más bien su demanda difícil de extinguir. No existirán tendencias
naturales a reducir la tasa de interés del activo que funciona como dinero si su costo de
almacenamiento es reducido, pero principalmente, si su liquidez es elevada. La

423
demanda por dinero no se desvía entonces hacia otras formas de riqueza. Esta parece ser
la clave de toda la cuestión.

Unemployment develops, that is to say, because people want the moon;-men cannot be
employed when the object of desire (Le. money) is something which cannot be
produced and the demand for which CatU10t be readily choked off. (Keynes 1936/1939:
236; IV.l7.!II)

4.3. Del dinero que arroja interés al dinero como standard.

Veamos cómo establece Keynes el vínculo de su explicación principal sobre la


naturaleza del dinero con el resto de sus funciones. Todos los bienes durables tienen una
tasa propia de interés, por tanto, todos ellos pueden servir igualmente de standard para
medir la eficiencia marginal del resto de los bienes. Al igual que en el Primer Tratado,
cualquier mercancía (durable) puede desempeñar la función de standard.

Now each of these commodity standards offers liS the same facility as money for
measuring the marginal efficiency of capita1. For we can take any commodity we
choose, e.g. wheat; calculate the wheat-value of the prospective yields of any capital
asset; and the rate of discount which makes the present value of this series of wheat
annuities equal to the present supply price of the asset in terms of wheat gives us the
marginal efficiency of the asset in terms of wheat. (Keynes 1936/1939: 235-236;
IV. 17.!II)

Ahora bien, una mercancía es standard 01 value cuando las deudas y los salarios se
denominan en unidades de ella. Pero el activo que funciona como dinero en términos de
Keynes, no tiene por qué ser también el standard y, a la inversa, el hecho de ser
standard 01 value no convierte ese activo en uno cuya tasa de interés es renuente a caer.
Sin embargo, ambas funciones se realimentan mutuamente. En primer lugar, el dinero
alla Keynes (con tasa de interés dificil de reducir) es proclive a ser elegido además
como standard, porque el hecho de que la tasa de interés no se modifique fácilmente al
incrementarse la cantidad y, por tanto, su precio a futuro guarde una relación más o
menos fija con su precio spot, le da la estabilidad que también necesitan los salarios. Si
tiene además bajos costos de almacenamiento, probablemente reuna todas las
condiciones para ser standard.

[T]he commodity, in terms of which wages are expected to be most sticky, cannot be
one whose elasticity of production is not least, and for which the excess of carrying-
costs over liquidity-premium is not least. In other words, the expectation of a relative
stickiness of wages in terms of money is a corollary of the excess of liquidity-premium
over carrying-costs being greater for money than for any other asset. (Keynes
1936/1939: 238; IV. 17.IV)

Pero, en segundo lugar, el hecho de que los salarios y los contratos sean estables en
términos de dinero le proveen más liquidez a ese activo, y por tanto le dachances de ser
el activo que se transforme en dinero alla Keynes.

[T]he fact that contracts are fixed, and wages are usua11y somewhat stable, in tenns of
money unquestionably plays a large part in attracting to money so high a liquidity-

424
premium. The convenience of holding assets in the same standard as that in which
future liabilities may fall due and in a standard in terms of which the future cost of
living is expected to be relatively stable, is obvious. (Keynes 1936/1939: 236-237;
IV.17.IV)

El efecto es "acumulativo": una función llama a la otra y la alimenta.

Thus we see that the various characteristics, which combine to make the money-rate of
interest significant, interact with one another in a cumulative fashion. The fact that
money has low elasticities of production and substitution and low carrying-costs tends
to raise the expectation that money-wages will be relatively stable; and this expectation
enhances money's liquidity-premium and prevents the exceptional correlation between
the money-rate of interest and the marginal efficiencies of other assets which might, if it
could exist, rob the money-rate of interest of its sting. (Keynes 1936/1939: 238;
IV.17.IV)

Sólo ahora podemos preguntarnos qué activos deberían convertirse en dinero, por
cumplir las características señaladas. Keynes afirma que el oro, la plata y los billetes de
banco son aquellos que cumplen con la característica fundamental (prima de liquidez
elevada y reducido costo de almacenamiento). Además los billetes de banco en forma
estricta, pero el oro y la plata -en un país no productor- cumplen con el requisito de la
elasticidad de producción nula. Queda aún por evaluar la posibilidad de que ningún
activo de los existentes cumpla con la propiedad principal. Esta es para Keynes una
economía no-monetaria.

Consider, for example, an economy in which there is no asset for which the liquidity-
premium is always in excess of the carrying-costs; which is the best definition 1 can
give of a so-called 'non-monetary' economy. (Keynes 1936/1939: 239; IV.17.V)

En ese caso la tierra -con baja elasticidad de producción y sustitución- parece proclive
a convertirse en el activo cuya tasa de interés que cumpla con la característica del
dinero. Como tal, será el dinero, más allá "de cuál se elija como standard ofvalue. Pero
una vez que la tierra se convierte en el dinero, su liquidez aumentará, sumándose a las
otras propiedades.

Esta teoría del dinero lo lleva a Keynes a una arriesgada conclusión. La traba para el
descenso de la tasa de interés no es, como decía Marshall, la preferencia por las
gratificaciones presentes sobre las futuras -las preferencias en el tiempo. Es, en cambio,
la elevada prima de liquidez del activo que ocupa el lugar de dinero que mantiene alta
su tasa de interés.

That the world after several millennia of steady individual saving, is so poor as it is in
accumulated capital-assets, is to be explained, in my opinion, neither by the improvident
propensities of mankind, nor even by the destruction of war, but by the high liquidity-
premiums formerly attaching to the ownership of land and now attaching to money.
(Keynes 1936/1939: 242; IV.17.V)

425
4.4. Breves comentarios sobre las recomendaciones que surgen
de la Teoría General, vista en su conjunto.

Decíamos al principio de nuestra incursión a la teoría del capital y del dinero de Keynes
que estas piezas de su no resultaban sólo necesarias para comprender su sistema
económico completo, haciendo inteligibles algunos aspectos que no conjugan con la
teoría clásica, sino que, además, algunas afirmaciones que aparecen en el libro sólo
cobran sentido en base a estos desarrollos.

En efecto, la exposición de Keynes está acompañada de dos tipos de propuestas con


respecto a la acción del Estado. En primer lugar, se proveen los elementos para un
"manejo científico" (como lo denominaba en el Treatise) de los nuevos instrumentos de
política que las transformaciones históricas del capitalismo habían puesto en manos de
la autoridad. En particular, la caída del patrón oro convirtió, según Keynes, a fijación de
la cantidad de dinero en una decisión del gobierno l. La teoría cuantitativa clásica
afirmaba que los cambios en la cantidad de dinero inconvertible se traducían en cambios
en los precios. A veces -más definidamente en la versión de Wicksell- la transmisión
de la cantidad de dinero a los precios se daba a través de los cambios en las condiciones
de crédito y por tanto en la tasa de interés; pero tarde o temprano la tasa de interés
volvía a su nivel "natural,,2.

La Teoría General muestra que los cambios en la cantidad de dinero afectan antes que
nada a la tasa de interés que es un fenómeno eminentemente "corriente" y monetario',
Son, luego, los cambios en la tasa de interés los que operan como cadena de
transmisión, porque afectan a su vez la demanda de inversión. Y aquí aparece lo más
original de su explicación. Al haberse deshecho del supuesto de la plena ocupación y de
la producción fija, los cambios en el ingreso se convierten en una combinación entre
cambios en los precios y cambios en el volumen de producción. De esta manera la
política monetaria no afecta únicamente precios, sino también cantidades. El gobierno
no tiene como única meta al objetivo clásico de mantener estable el poder adquisitivo
del dinero, sino que además, dispone de un método que le permite intervenir en el nivel
de ocupación -pero veremos que el método no es del todo confiable.

Su Teoría General sirve ofrece argumentos contundentes para abandonar la vieja


aspiración, inspirada en la teoría clásica, de crear empleo a través de la política salarial.
La caracterización de la teoría clásica de la ocupación ve al desempleo como el
resultado de la rigidez de los salarios, que se niegan a colocarse a un nivel compatible
con su productividad marginal básicamente por efecto de la contratación colectiva. Se
propone entonces manejar los salarios nominales o al menos producir las condiciones
para que el salario ajuste hacia su nivel de equilibrio: flexibilizar el salario. Keynes
sostiene que el control efectivo del salario que permitiría una reducción general por
parte del gobierno es una política sólo factible en un estado autoritario, y contraria al
espíritu del laissez faire que tiñe ideológicamente a la teoría clásica. Pero lo que es
peor: no necesariamente produce los efectos deseados. Su incidencia sobre el nivel de
empleo en la Teoría General no puede buscarse en el mercado de trabajo clásico que

1 Sección 111. 5.7


2 Sección II.Capítulo 3
3 Sección IV. 6.4

426
fue criticado y descartado, sino en los efectos sobre la demanda efectiva 1• En último
análisis, los efectos sobre la demanda agregada de una caída del salario nominal -si es
que es posible lograrla- son similares a los incrementos en la cantidad de dinero, porque
la caída de precios que acompaña a la reducción de salarios incrementa los saldos
reales", Así, la política salarial es o bien impotente o bien equiparable a la política
monetaria en sus efectos. Una vez que ambos instrumentos se equiparan en general,
Keynes argumenta que si se desea incrementar la cantidad real de dinero es siempre más
conveniente dirigirla mediante la política monetaria antes que mediante reducciones
salariales, ésta última tiene "efectos colaterales" indeseados 3. La conclusión es
terminante. No existe una fuerza automática que haga caer los salarios nominales
cuando existe desempleo y si la hubiera, no es capaz de modificar directamente los
salarios reales. En segundo lugar, aun si los salarios bajaran su efecto sería ambiguo y,
en el mejor de los casos equiparable a un aumento en la cantidad de dinero que es
siempre preferible. Por último, la política de reducir los salarios nominales por decreto,
además tener asegurada su efectividad, es una intervención autoritaria. En suma, la
rigidez salarial no es la causa del desempleo.

There is, therefore, no ground for the belief that flexible wages policy is capable of
maintaining a state of continues full employment;- any more than for the belief than an
open-market monetary policy is capable, unaided, of achieving this result. The
economic system cannot be made self-adjusting along these lines (Keynes 1936/1939:
267; V.19.I1) .

Claro que la conexión entre los engranajes que van de la cantidad de dinero al nivel de
empleo pueden fallar, y quedar girando en el vacío, en algunos puntos de la maquinaria.
Esto se debe, según Keynes, a que tanto la demanda de dinero -preferencia por la
liquidez- como la demanda de capital -curva de eficiencia marginal-, pero también la
demanda de consumo -propensión marginal a consumir- son todos factores en cuya
determinación intervienen las expectativas acerca del porvenir", De los tres elementos
hay uno que es especialmente sensible, y se convierte en la clave más relevante de las
dificultades. El peso más fuerte del argumento de Keynes está puesto en la enorme
variabilidad que existe en una sociedad como la contemporánea en la que la decisión de
inversión se separó de la gestión de las empresas", Pero, en resumidas cuentas, aunque
los cambios en la cantidad de dinero no se traducen únicamente en cambios
proporcionales en los precios y pueden, eventualmente, estimular el empleo, este
instrumento del Estado no siempre es efectivo. La tasa de interés se resiste a ser
controlada, pero, lo que es peor es que la eficiencia marginal del capital está sometida a
los caprichos de la inversión especulativa: esto no es un problema de la mala fe de los
especuladores, sino la nueva forma en la que se realiza la inversión en un sistema como
el que se configura a partir del siglo XX.

[F]or my own part I aro now somewhat sceptical of the success of a merely monetary
policy directed towards influencing the rate of interest. (Keynes 1936/1939: 164;
IV.12.VIII)

1 ver Sección IV. 4.1.


2 Sección IV. 7.3
3 Hemos dado esta discusión en sección IV salarios nominales vs. política monetaria.
4 Mencionamos estos inconvenientes en la Sección IV. 7.3.
5 Sección 111. Capítulo 3

427
En pocas palabras, no es posible asegurar la efectividad de la política monetaria para la
creación de empleo. Sin embargo, los mismos cambios en la sociedad capitalista dejan
al Estado en posición de intervenir de manera más decisiva. Se puede intentar que la
tasa de interés se coloque en el nivel compatible con el pleno empleo (tasa óptima o
"neutral"), pero queda aun el problema de la decisión privada sobre el volumen de
inversión. Nada asegura que la curva de eficiencia marginal del capital sea estable. De
modo que, incluso si el gobierno consigue reducir la tasa de interés hasta el punto
deseado, la volatilidad de las expectativas sobre los rendimientos futuros del equipo
podrían frustra la aparición de inversión. privada.

In conditions of laissez-faire the avoidance of wide fluctuations in employrnent may,


therefore, prove impossible without a far-reaching change in the psychology of
investment markets such as is no reason to expect. I conclude that the duty of ordering
the current volume of investment cannot safely be left in prívate hands (Keynes
1936/1939: 320; VI.22.I1)

Hasta aquí, estos resultados y recomendaciones provienen genuinamente del sistema de


Keynes, cuya última palabra es que la única garantía de evitar el desempleo de manera
efectiva es que el Estado tome como propia la misión de organizar directamente las
inversiones. Esta intervención más ambiciosa está avalada por lo que Keynes considera
que fueron los cambios "espontáneos" de la sociedad a la vuelta del siglo XX: la
socialización de las inversiones es un resultado -al menos parcial- del curso de la
historia.

I expect to see the State, which is in a position to calculate the marginal efficiency of
capita-goods on long views and on a basis of the general social advantage, taking an
ever greater responsibility for directly organising investment; since I seems likely that
the fluctuations in the market estimation of the marginal efficiency of different types of
capital, calculate on the principles I have described aboye, will be to great to be offset
by any practicable change in the rate of interest. (Keynes 1936/1939: 164; IV.12.VIII)

Esto es· todo lo que el sistema de Keynes es capaz de dar. Sin embargo, como
apreciamos en esta Sección, su incursión en el terreno de las categorías primeras de la
economía política: mercancía, dinero, capital, le, permiten observar con mayor
profundidad los efectos de su propuesta. En otras palabras ¿cuáles son los límites del
capitalismo? ¿cuál es el resultado en el plano del valor de la intervención "masiva" del
Estado? Se conjuga con las propuestas anteriores, un análisis desde un plano más
teórico de estos interrogantes. Vimos que la eficiencia marginal del capital era un
producto del precio de escasez que tenían los bienes de equipo, cuya producción estaba
obstaculizada por la competencia con la tasa de interés del dinero. Pero si el Estado se
aboca a la "organización directa de las inversiones" el estado de escasez del capital se
terminaría. Keynes imagina una situación, digamos, de "corto plazo" -o al menos no de
largo o largísimo plazo- en que el Estado logre aplacar la eficiencia marginal del capital
prácticamente a cero.

[... ] 1 should guess that a properly run community equipped with modem technical
resources, of which the population is not increasing rapidly, ought to be able to bring
down the marginal efficiency of capital in equilibríum approximately to zero within a
single generation; so that we should attain the conditions of a quasi-stationary
community where change and progress would result only fonnchanges in technique,
taste, population and institutions, witb the products of capital selling at a price
proportionate to the labour, etc., embodied in them on just the same principles that

428
govem the prices of consumption.. goods into which capital.. charges enter in an
insignificant degree. (Keynes 1936/1939: 221; IV.16.IV)

La discusión de los capítulos anteriores hace comprensible este pasaje: en el mundo


imaginado por Keynes, todos los bienes tendrán su precio normal establecido por la
cantidad de trabajo incorporado en ellos, tanto los que emplean capital en su producción
como los que no lo requieren. Es el imperio absoluto de la ley "ricardiana" del valor. La
acción del gobierno se convierte entonces en una verdadera reforma de las bases del
capitalismo.

If I am right in supposing it to be comparatively essay to make capital-goods so


abundant that the marginal efficiency of capital is zero, this may be the most sensible
way of gradually getting rid of many of the objectionable features of capitalismo For a
little reflection will show what enormous social changes would result form gradual
disappearance of arate of retum on accumulated wealth. Aman would stilI be free to
accumulate his earned income with a view to spending it in a later date. But this
accumulation would not grow [... ].(Keynes 1936/1939: 221; IV.16.IV)

Deshacerse de las cualidades no deseables del capitalismo: no se trata del fin de la


propiedad privada, ni siquiera de la "sana" empresa. Si trata simplemente de un mundo
en la propiedad de la riqueza acumulada bajo la forma de equipos de capital conserve
valor, pero no arroje un valor adicional. Cubrirán exclusivamente su costo laboral, el
único irreductible según Keynes.

"1 feel sure that the demand for capital is strictly limited in the sense that it would not be
difficult to increase the stock of capital up to the point where its marginal efficiency had
fallen to a very low figure [... ] the aggregate return from durable goods in the course of
their life would, as in the case of short-lived goods, just cover their labour-cost of
production plus an allowance for risk and the cost of skill and supervision" (Keynes
1936/1939: 375; VI.24.I1)

Desaparece la figura más objetable que produjo el capitalismo en su última etapa: el


rentista. El inversionista que lo ignora todo sobre las inversiones -no podría ser de otra
manera- pero se ha convertido en el que tiene en su poder controlar, aunque sin bases
objetivas, el nivel de la inversión y la demanda. Keynes imagina un capitalismo sin
rentabilidad del capital.

Now, though this state of affairs would be quite compatible with sorne measure of
individualism, yet it would mean the euthanasia of the rentier, and, consequently, the
euthanasia of the cumulative oppressive power of the capitalist to exploit the scarcity..
value of capital. Interest to.. day rewards no genuine sacrifice, any more than does the
rent of landa The owner of capital can obtain interest because capital is scarce, just as
the owner of land can obtain rent because land is scarce. But whilst there may be
intrinsic reasons for the scarcity of land, there are no intrinsic reasons for the scarcity of
capital [... ] it will be possible for communal saving through the agency of the State to
be maintained at a level which will allow the growth of capital up to the point where it
ceases to be scarce (Keynes 1936/1939: 376; VI.24.11)

Como afirmábamos en la Introducción, sólo en base a la investigación que realiza


Keynes sobre los fundamentos de la teoría económica lo habilitan para una tarea de una
particular naturaleza: indagar sobre las transformaciones del capitalismo, sobre sus

429
límites históricos, sobre sus nuevas posibilidades. El sistema social se encuentra en
peligro. Las recetas clásicas no hacen más que empeorar el panorama.

It is certain that the world will not much longer tolerate the unemployment which, apart
from brief intervals of excitement, is associated -and, in my opinion, inevitably
associated- with present-day capitalistic individualismo But it may be possible by a right
analysis of the problem to cure the disease whilst preserving efficiency and freedom.
(Keynes 1936/1939: 381; VI.24.III)

Pero el capitalismo individualista puede ser superado. Si el Estado interviene de modo


de terminar con la eficiencia marginal del capital no hará falta que los cambios, también
inevitables se produzcan de forma violenta. En esta alternativa confía Keynes, y cree
estar pisando en firme, está apoyado en su Teoría General tomada en su unidad: su
teoría de la historia, su sistema económico y sus fundamentos sirven de base para sus
apreciaciones.

I see, therefore, the rentier aspect of capitalism as a transitional phase which will
disappear when it has done its work. And with the disappearance of its rentier aspect
much else in it besides will suffer a sea-change. It will be, moreover, a great advantage
of the order of events which I am advocating, that the euthanasia of the rentier, of the
functionless investor, will be nothing sudden, merely a gradual but prolonged
continuance of what we have seen recently in Great Britain, and will need no
revolution. (Keynes 1936/1939: 376; VI.24.II)

4.5. Crítica de la teoría keynesiana del dinero.

Procuramos realizar en los apartados anteriores una exposición lo más fiel y articulada
posible del desarrollo sobre las propiedades esenciales del dinero que trae aporta la
Teoría General. La originalidad de Keynes es indudable: en lugar de enumerar las
funciones del dinero de manera descriptiva, o de asociar al dinero los caracteres propios
de las mercancías que ocupan efectivamente el lugar del dinero, intenta derivar sus
propiedades esenciales de su particular capacidad de a~ojar un rendimiento.

La empresa es sin duda relevante, y creemos que tanto en el propósito como en la forma
se eleva muy por encima de la teoría clásica a la que critica. Sin embargo, no es difícil
señalar algunas debilidades manifiestas de su argumento.

Lo que Keynes prometió resolver es el problema del origen del interés. El primer
acercamiento se realiza recurriendo a la misma explicación que ya había suministrado
para la eficiencia marginal del capital. Cuando se atribuye el rendimiento positivo del
capital a la escasez no parece quedar resuelto el problema del origen de la ganancia. En
un sistema completo de precios el aumento de algún precio debido a la insuficiencia de
la oferta en relación a la demanda implica la disminución de otro: en el caso del capital,
¿de dónde proviene ese "excedente"? Esta es el primer interrogante que no tiene
respuesta: las mercancías que no utilizan capital tienen un valor dado por sus requisitos
de trabajo. Los bienes de capital tienen, por sobre este valor, un adicional de escasez.
No resulta fácil determinar su origen: no podrían simplemente elevarse juntos todos los
precios.

430
El dinero, por su parte, tiene ciertas cualidades que impiden que la brecha de la escasez
se reduzca y con ella su tasa de interés. El principal atributo del activo que funciona
como dinero es la liquidez pues no tiene costo de almacenamiento ni arroja un yield. De
esta forma, la tasa de interés del dinero se convierte en pura prima de liquidez.

El argumento es, sin embargo, circular. Pareciera que un activo es dinero por ser
líquido, pero que su cualidad de ser líquido reposa precisamente en el hecho de que es
dinero. Liquidez y dinero se convierten en sinónimos: poner a una como causa y al otro
como efecto poco aclara. Pero veamos la cosa más de cerca.

La liquidez aparece primero "postulada" como un atributo de todos los activos que
rinden interés. Más adelante, con un lenguaje muy particular, se atribuye al dinero la
"peculiaridad" de que su utilidad se deriva exclusivamente de su valor de cambio. Es
por eso que cuando sube su precio no cae su demanda, 10 cual parece ser otra forma de
explicar la liquidez. Luego la liquidez parece convertirse en la cualidad que transforma
al activo que es dinero en "store of wealth of stable value", lo que se asocia con la
estabilidad de los salarios y las deudas. Pero pronto la relación se invierte: pareciera
entonces que es porque los contratos salariales se denominan en dinero que son estables.
La liquidez explica ahora el standard y el standard, la liquidez.

Cuando Keynes se refiere a una economía no-monetaria 1, la liquidez aparece asociada a


múltiples características de los activos, lo que no hace más que mostrar la vaguedad del
concepto.

In such an economy capital equipments will differ from one another (a) in the variety of
the consumables in the production of which they are capable of assisting, (h) in the
stability of value of their output (in the sense in which the value of bread is more stable
through time than the value of fashionable novelties), and (e) in the rapidity with which
the wealth embodied in them can become 'liquid', in the sense of producing output, the
proceeds of which can be re-embodied if desired in quite a different form, (Keynes
1936/1939: 240; IV.17.V)

En una economía que carece de un activo "netamente" líquido, las decisiones acerca del
modo de almacenar riqueza serían así altamente cambiantes. Sin embargo, sostiene
Keynes, basta con que en cada momento determinado un activo se considere como el
más líquido para que su explicación se aplique también a una economía sin dinero.

There is, clearly, no absolute standard of 'liquidity' but merely a scale of liquidity-a
varying premium of which account has to be taken, in addition to the yield of use and
the carrying-costs, in estimating the comparative attractions of holding different forms
of wealth. The conception of what contributes to 'liquidity' is a partly vague one,
changing from time to time and depending on social practices and institutions. The
order of preference in the minds of owners of wealth in which at any given time they
express their feelings about liquidity is, however, definite and is all we require for our
analysis ofthe behaviour ofthe economic system. (Keynes 1936/1939: 240; IV. 17.V)

El mismo tipo de circularidad que antes señalábamos se presenta con los otros dos
atributos del activo que se convierte en dinero: la elasticidad de producción y
sustitución nulas. En nota al pie se afirma que estas características que son capaces, por

1 En el sentido antes especificado, es decir, que no existe un activo con mayor prima de liquidez que costo
de almacenamiento.

431
ejemplo, de convertir a la tierra en el activo clave, son capaces por sí mismas de
aportarle liquidez.

The attribute of 'liquidity' is by no means independent of the presence of these two


characteristics. For it is unlikely that an asset, of which the supply can be easily
increased or the desire of which can be easily diverted by a change in relative prices,
will posses the attribute of 'liquidity' in the minds of owners of wealth. Money itself
rapidly loses the attribute of 'liquidity' if its future supply is expected to undergo sharp
changes. (Keynes 1936/1939: 241n; IV.17.V)

Finalmente, Keynes explica la naturaleza del rendimiento que en la práctica tiene el


capital en base a la tasa de interés, y la tasa de interés en base a la liquidez. Nadie duda
que el dinero es líquido. Pero Keynes, desde nuestro punto de vista, fracasa en explicar
el fundamento de la liquidez y con ello colapsa su explicación del interés que es igual,
en esencia, a la prima de liquidez que los hombres están dispuestos a pagar debido,
justamente, a que el dinero es líquido.

La vía que ensaya Keynes para resolver el problema de la especificidad del dinero
resulta ser, a la postre, una vía muerta. No hay duda de que el dinero conserva valor:
pero atribuirle todo el peso de la explicación a al atributo de la liquidez, en última
instancia es lo mismo que decir que el dinero es demandado porque conserva valor,
conserva valor porque tiene una prima de liquidez, y como tiene una prima de liquidez,
arroja interés.

432
Capítulo 5 - Breves comentarios sobre la retorme social que se
propone en la Teoría General

Decíamos al principio de nuestra incursión en la teoría del capital y del dinero de


Keynes que estas piezas de la exposición no sólo resultaban necesarias para comprender
su sistema económico completo, haciendo inteligibles algunos aspectos relativos a la
determinación de las variables que no comulgan con la teoría clásica, sino que, además,
ciertas afirmaciones que aparecen en el libro sólo cobran sentido en base a estos
desarrollos.

En efecto, la exposición de Keynes está acompañada de dos tipos de propuestas con


respecto a la acción del Estado. En primer lugar, se proveen los elementos para un
"manejo científico" (como lo denominaba en el Treatise) de los nuevos instrumentos de
política que las transformaciones históricas del capitalismo depositaron en manos de la
autoridad. En particular, la caída del patrón oro convirtió, según Keynes, a fijación de la
cantidad nominal de dinero en una decisión del gobierno'. La teoría cuantitativa clásica
afirmaba que los cambios en la cantidad de dinero inconvertible se traducían siempre en
cambios en los precios. Se afirmaba-más definidamente en la versión de Wicksell- que
la transmisión de las variaciones en la cantidad de dinero a los precios se daba a través
de los cambios en las condiciones del crédito y, por tanto, en la tasa de interés; pero
tarde o temprano la tasa de interés volvía a su nivel "natural'".

La Teoría General muestra que los cambios en la cantidad de dinero afectan, antes que
nada, a la tasa de interés que de este modo se convierte en un fenómeno eminentemente
"corriente" y monetario". Son, luego, los cambios en la tasa de interés los que operan
como cadena de transmisión hacia el ingreso, porque son esos cambios los que
modifican la demanda de inversión. Aquí aparece aquí lo más original de su
explicación. Al haberse deshecho del supuesto de la plena ocupación y de la producción
fija, los cambios en el ingreso se convierten en una combinación entre cambios en los
precios y cambios en el volumen de producción. De esta manera la política monetaria
no afecta únicamente a los precios, sino también a las cantidades. El gobierno no tiene
como su única meta al objetivo clásico de mantener estable el poder adquisitivo del
dinero, sino que dispone además de un método para intervenir en el nivel de ocupación
-aunque el método no es del todo confiable.

La Teoría General ofrece argumentos contundentes para abandonar la vieja aspiración,


inspirada en la teoría clásica, de crear empleo a través de la política salarial. La
caracterización de la teoría clásica de la ocupación ve al desempleo como un resultado
de la rigidez de los salarios; los salarios se resisten a colocarse a un nivel compatible
con la productividad marginal, principalmente por efecto de la contratación colectiva.
La teoría clásica propone entonces manejar los salarios nominales o, al menos producir
las condiciones para que el salario ajuste libremente hacia su nivel de equilibrio: la
receta es entonces flexibilizar el movimiento del salario. En abierta oposición con teoría
clásica, Keynes sostiene que el supuesto control efectivo del salario por parte del
gobierno que permitiría la "necesaria" reducción general, es en realidad una política

1 Sección 111. 5.10


2 Sección 11. Capítulo 3
3 Sección IV. 6.4

433
sólo factible para un estado autoritario, y contraria al espíritu del laissez faire que tiñe
ideológicamente a la teoría clásica. Pero lo que es peor: la reducción salarial no
necesariamente produce los efectos deseados. Su incidencia sobre el nivel de empleo no
puede encontrarse, según la Teoría General, en el mercado de trabajo clásico que fue
criticado y descartado, sino en los efectos de esta variación sobre la demanda agregada 1•
En último análisis, los efectos de una reducción generalizada del salario nominal sobre
la demanda -si fuera posible lograrla- son similares a los incrementos en la cantidad de
dinero, porque la caída de precios que acompaña a la reducción de salarios incrementa
los saldos monetarios, liberando dinero antes empleado para transacciones y dejándolo
disponible para el motivo especulación'. Así, la política salarial es o bien impotente o
bien equiparable a la política monetaria expansiva en sus efectos. Una vez que ambos
instrumentos se equiparan, Keynes argumenta que si se desea incrementar la cantidad de
dinero es siempre más conveniente hacerlo mediante la política monetaria que a través
de reducciones salariales; ésta última opción tiene "efectos colaterales" indeseados', La
conclusión es terminante. No existe una fuerza automática que haga caer los salarios
nominales cuando existe desempleo y, si la hubiera, no sería capaz de modificar
directamente los salarios reales. En segundo lugar, aun si los salarios bajaran, su efecto
sobre el empleo sería ambiguo y, en el mejor de los casos, equiparable a un aumento en
la cantidad de dinero, opción que es siempre preferible. Por último, la política de reducir
los salarios nominales por decreto, además no tener su efectividad asegurada, es una
forma de intervención propia de un estado autoritario, capaz de influir sobre todos los
salarios a la vez by decree. En suma, la rigidez salarial no es la causa del desempleo, ni
la flexibilidad su solución.

There is, therefore, no ground for the belief that flexible wages policy is capable of
maintaining a state of continues full employrnent;- any more than for the belief thanan
open-market monetary policy is capable, unaided, of achieving this resulto The
economic system cannot be made self-adjusting along these lines (Keynes 1936/1939:
267; V.19.11)

Queda entonces la política monetaria como instrumento para incrementar la ocupación.


Sin embargo Keynes demuestra en su sistema que los engranajes que van de la cantidad
de dinero al nivel de empleo pueden estar desconectados. Esto se debe, según Keynes, a
que la demanda de dinero -preferencia por la liquidez- y la demanda de inversión -
curva de eficiencia marginal-, pero también la demanda de consumo -propensión a
consumir- son todos factores en cuya determinación intervienen las expectativas acerca
del porvenir". De los tres elementos hay uno que es especialmente sensible, y se
convierte en la más relevante de las dificultades. El peso más fuerte del argumento de
Keynes está puesto en la enorme inestabilidad que caracteriza a las decisiones de
inversión en una sociedad como la contemporánea, en la que la propiedad se separó de
la gestión de las empresas; la inversión se determina en el variable mercado de títulos de
propiedad sobre las empresas 5. En resumidas cuentas, aunque los cambios en la
cantidad de dinero no se traducen -como afirma la teoría cuantitativa- en cambios
proporcionales en los precios y pueden, eventualmente, estimular el empleo, este
instrumento del Estado no siem.pre es efectivo. La tasa de interés se resiste a ser

1 Sección IV. 4.1


2 Sección IV. 7.3
3 Hemos dado esta discusión en Sección IV. 7.3.
4 Mencionamos estos inconvenientes en la Sección IV. 7.2.
5 Sección 111. Capítulo 3

434
controlada, pero, sobre todo, la eficiencia marginal del capital está sometida a los
caprichos de la inversión especulativa: este no es un problema causado por la avidez de
los especuladores, sino por la nueva forma en la que se realiza la inversión en un
sistema como el que se configura a partir del siglo XX. En estas condiciones la política
monetaria será seguramente insuficiente para remediar la desocupación.

[F]or my own part I am now somewhat sceptical of the success of a merely monetary
policy directed towards influencing the rate of interest. (Keynes 1936/1939: 164;
IV. 12.VIII)

En pocas palabras, no es posible asegurar la efectividad de la política monetaria para la


creación de empleo. Sin embargo, los mismos cambios en la sociedad capitalista dejan
al Estado en posición de intervenir de manera más decisiva. Se puede intentar que la
tasa de interés se coloque en el nivel compatible con el pleno empleo (tasa óptima o
"neutral"), pero queda aun el problema de la decisión privada sobre el volumen de
inversión, que es finalmente la raíz más profunda del problema. Nada asegura que la
curva de eficiencia marginal del capital sea estable o se encuentre en el nivel adecuado.
De modo que, incluso cuando el gobierno consigue reducir la tasa de interés hasta el
punto deseado, la volatilidad de las expectativas sobre los rendimientos futuros de los
bienes de equipo puede frustrar la aparición de inversión privada: la demanda seguirá
siendo insuficiente pese a los logros monetarios. Para el sistema de Keynes, los
problemas más graves no parecen ubicarse ni en la "rigidez salarial" ni en la "trampa de
liquidez". Aun sin recurrir a ellas el carácter incierto del futuro se inmiscuye en las
decisiones de inversión, controlando así la demanda agregada y el nivel de ocupación.

In conditions of laissez-faire the avoidance of wide fluctuations in employment may,


therefore, prove impossible without a far-reaching change in the psychology of
investment markets such as is no reason to expect. I conclude that the duty of ordering
the current volume of investment cannot safely be left in private hands (Keynes
1936/1939: 320; VI.22.I1)

Hasta aquí, estos resultados y recomendaciones provienen genuinamente del sistema


económico de Keynes, cuya última palabra es que la única garantía segura para evitar el
desempleo de manera efectiva es quitar la responsabilidad clave de determinar el
volumen de la inversión de las manos de los privados. El Estado está en condiciones de
asumir la misión de organizar directamente las inversiones. Esta intervención más
ambiciosa' está avalada por lo que Keynes considera que fueron los cambios
"espontáneos" de la sociedad a la vuelta del siglo XX: la "socialización" de las
inversiones es un resultado -al menos parcial- del curso de la historia.

1 expect to see the State, which is in a position to calculate the marginal efficiency of
capita-goods on long views and on a basis of the general social advantage, taking an
ever greater responsibility for directly organising investment; since 1 seems likely that
the fluctuations in the market estimation of the marginal efficiency of different types of
capital, calculate on the princíples 1 have described aboye, will be to great to be offset
by any practicable change in the rate of interest. (Keynes 1936/1939: 164; IV.12.VIII)

Aquí debemos alejarnos del sistema económico de Keynes como tal. Como apreciamos
en esta Sección, su incursión en el terreno de las categorías primeras de la economía
política -mercancía, dinero, capital- el al que permiten comprender los efectos de su
propuesta. En otras palabras ¿cuáles son los límites del capitalismo? ¿cuál es el

435
resultado de una intervención "masiva" del Estado? Para responder estos interrogantes
es necesario abandonar el sistema económico -que dejaría de actuar- y penetrar en el
terreno de los fundamentos de Keynes. La eficiencia marginal del capital aparecía como
resultado del precio de escasez de los bienes de equipo, cuya producción estaba
obstaculizada por la competencia de la tasa de interés del dinero. Si el Estado se aboca a
la "organización directa de las inversiones" la escasez del capital podría superarse.
Keynes imagina una situación -factible y alcanzable en el "corto plazo" de una sola
generación- donde el Estado consigue reducir la eficiencia marginal del capital
prácticamente a cero. ¿Cómo? Mediante la "organización social de las inversiones", es
decir, creando una situación de abundancia del equipo de capital.

[...] 1 should guess that a properly ron cornmunity equipped with modem technicaI
resources, of which the population is not increasing rapidly, ought to be able to bring
down the marginal efficiency of capital in equilibrium approximately to zero within a
single generation; so that we should attain the conditions of a quasi-stationary
cornmunity where change and progress would result only form changes in technique,
taste, population and institutions, with the products of capital selling at a price
proportionate to the labour, etc., embodied in them on just the same principles that
govem the prices of consumption-goods into which capital-chargesenter in an
insignificant degree. (Keynes 1936/1939: 221; IV. 16.IV; subrayado AK)

La discusión de los capítulos anteriores sobre los fundamentos de la Teoría General


hace comprensible este pasaje, de otro modo enigmático: en el mundo imaginado por
Keynes, todos los bienes tendrán su precio normal establecido por la cantidad de trabajo
incorporado en ellos -y la escasez de los recursos naturales-; el tiempo de trabajo regirá
el precio tanto los productos que emplean capital en su producción como el de los que
no lo requieren. Es el imperio absoluto de la ley "ricardiana" del valor. El gobierno se
transforma entonces en un verdadero protagonista no ya de la política monetaria, sino de
la reforma de las bases del capitalismo.

If 1 am right in supposing it to be comparatively easy to make capital-goods so abundant


that the marginal efficiency of capital is zero, this may be the most sensible way of
gradually getting rid of many of the objectionable features of capitalismo For a little
reflection will show what enonnous social changes would result form gradual
disappearance of arate of retum on accumulated wealth. A man would still be free to
accumulate his earned income with a view to spending it in a later date. But this
accumulation would not grow [...].(Keynes 1936/1939: 221; IV. 16.IV)

El objetivo es el de deshacerse de las cualidades no deseables del capitalismo: no se


trata del fin de la propiedad privada, ni siquiera de la extinción del "saludable" espíritu
1
de empresa • Se trata simplemente de un mundo en el que la propiedad de la riqueza
acumulada bajo la forma de equipos de capital conserva valor, pero no arroja un valor
adicional a su propietario. Es el fin del rendimiento debido a la escasez de los equipos
de capital. La venta de sus servicios alcanzaría sólo para cubrir su costo laboral
(incluido el del empresario), el único irreductible, más un tanto para cubrir el riesgo -
que en el agregado se hace cero- según Keynes.

1 Afirma que aun quedará lugar para esta actividad: "Though the rentier would disappear, there would still
be room, nevertheless, for enterprise and skill in the estimation of prospective yields about which
opinions could differ [...]But it is not unlikely that, in such circumstances, the eagerness to obtain a yield
from doubtful investments might be such that they would show in the aggregate a negative net yield."
{Keynes, 1936/1939 #59@220; IV. 16.IV}

436
"1 feel sure that the demand for capital is strictly limited in the sense that it would not be
difficult to increase the stock of capital up to the point where its marginal efficiency had
fallen to a very low figure [... ] the aggregate return from durable goods in the course of
their life would, as in the case of short-lived goods, just cover their labour-cost of
production plus an allowance for risk and the cost of skill and supervision" (Keynes
1936/1939: 375; VI.24.II)

Desaparece la figura más objetable que produjo el capitalismo en su última etapa: el


rentista. El inversionista que ignora todo sobre las inversiones -no podría ser de otra
manera- se ha convertido quien tiene en su poder controlar, aunque sin bases objetivas,
el nivel de la inversión y de la demanda. Keynes imagina un capitalismo sin rentabilidad
del capital.

Now, though this state of affairs would be quite compatible with sorne measure of
individualisrn, yet it would mean the euthanasia of the rentier, and, consequently, the
euthanasia of the cumulative oppressive power of the capitalist to exploit the scarcity-
value of capital. Interest to-day rewards no genuine sacrifice, any more than does the
rent of land. The owner of capital can obtain interest because capital is scarce, just as
the owner of land can obtain rent because land is scarce. But whilst there may be
intrinsic reasons for the scarcity of land, there are no intrinsic reasons for the scarcity of
capital [...] it will be possible for communal saving through the agency of the State to
be maintained at a leve! which will allow the growth of capital up to the point where it
ceases to be scarce (Keynes 1936/1939: 376; VI.24.II)

Como afirmábamos en la Introducción, sólo la investigación que realiza Keynes acerca


de los fundamentos de la teoría económica lo habilita para indagar sobre las
transformaciones del capitalismo, sobre sus límites históricos, sobre sus nuevas
posibilidades. Su diagnóstico es que el sistema social se encuentra en peligro, con el
agravante de que los economistas con sus recetas clásicas no hacen más que empeorar el
panorama.

It is certain that the world wiIl not much longer tolerate the unemployment which, apart
frorn brief intervals of excitement, is associated -and, in my opinion, inevitably
associated- with present-day capitalistic individualismo But it may be possible by a right
analysis of the problem to cure the disease whilst preserving efficiency and freedom.
(Keynes 1936/1939: 381; VI.24.I11)

La teoría de Keynes promete una salida que permite superar la etapa del capitalismo
individualista. Si el Estado interviene de modo de terminar con la eficiencia marginal
del capital no será necesario que los cambios, también inevitables, se produzcan de
forma violenta. En esta alternativa confía Keynes, y cree estar pisando en firme: se
apoya en su Teoría General tomada en su unidad, es decir, considerando su teoría de la
historia, su sistema económico así como los fundamentos teóricos que les sirven de
base. Los cambios ocurrirán de todos modos, sin embargo, Keynes cree ver dos vías
para la transformación: la gradual basada en estas recomendaciones, o la revolucionaria.

1 see, therefore, the rentier aspect of capitalism as a transitional phase which will
disappear when it has done its work. And with the disappearance of its rentier aspect
much else in it besides wil1 suffer a sea-change. It wil1 be, moreover, a great advantage
of the order of events which 1 am advocating, that the euthanasia of the rentier, of the
functionless investor, will be nothing sudden, merely a gradual but prolonged

437
continuance of what we have seen recently in Great Britain, and will need no
revolution. (Keynes 1936/1939: 376; VI.24.II)

438
Capítulo 6 - Reflexiones finales

Como anunciamos en la Introducción, el propósito fundamental de nuestra Tesis


consistió en ofrecer una lectura de la Teoría General enfatizando la unidad interna de la
obra. La mayoría de las interpretaciones rechazan de plano la viabilidad de esta
reconstrucción, aduciendo que no es posible unir las piezas entre sí: el libro estaría
plagado -según la mayor parte de los intérpretes- de inconsistencias e insalvables
defectos lógicos. Considero que fue éste el primer paso por medio del cual los
keynesianos comenzaron a alejarse del legado del propio Keynes. Porque una vez
decretada la incoherencia teórica, queda legítimamente habilitado el camino para
seleccionar algunos trozos sueltos del argumento completo con el objeto de
apropiárselos, sosteniendo que serían sólo ésas las ideas originales de Keynes. El resto
no sería rescatable porque estaría viciado por las fallas de razonamiento. Cada autor
toma así de la Teoría General sólo lo que sirve a sus fines y, sin la imprescindible
discusión, simplemente descarta aquellos desarrollos también presentes en el libro que
no le agradan.

En particular, creemos haber comprobado que el sistema económico propuesto por


Keynes no es compatible con los fundamentos que la teoría clásica tenía para ofrecer.
Es por eso que en la Teoría General no sólo se rechaza el "modelo" de pleno empleo de
los clásicos, sino que se abandonan también sus categorías elementales: capital y dinero.
Sostuvimos también que si Keynes se lanza a la tarea teórica de alto vuelo que consiste
en investigar la naturaleza del capital y las propiedades esenciales del dinero, es porque
está forzado a hacerlo por su propia teoría. No puede tomar las que tiene disponibles y
debe, por tanto, sustituirlas por otras distintas.
\

Por nuestra parte, encontramos que para evaluar críticamente al sistema de Keynes es
necesario, primero, dedicar serios esfuerzos a rearmar su exposición completa. La
crítica no consiste entonces en mostrar lo que le falta, en enfatizar sus defectos
formales, sino en someter a la Teoría General a sus propias y explícitas exigencias.
Keynes se propone hacer compatibles la teoría del valor y la distribución con la teoría
del dinero, construyendo así una economía monetaria; de este modo, pretendía superar
las falencias de marginalistas y ricardianos. Nuestra discusión aspira a determinar si
Keynes efectivamente alcanza este objetivo. Para lograrlo es menester estudiar el
particular modo en que lo intenta: es en base a estos resultados que construye después el
sistema de variables y causalidades con el que describe los fenómenos económicos
observables.

Nuestra hipótesis es que cuando al mainstream le tocó enfrentarse a los aportes


contenidos en la Teoría General, se inclinó -casi unánimemente- por descartar las
partes del desarrollo que se referían a las categorías fundamentales. Fue ésta la porción
de la obra menos explorada, tanto por sus seguidores como por los defensores de la
ortodoxia anterior. Esta omisión obligó a pagar un alto costo. Al despreciar sin mayor
análisis los fundamentos que Keynes ofrecía, la adopción del sistema económico de
determinación del nivel de empleo dejaba a la economía sin esos fundamentos. Pero
tampoco puede recurrirse a los antiguos fundamentos de la teoría clásica que son
incompatibles con el nuevo sistema. Este conflicto se refleja hoy, sostenemos, en la
división de la economía en dos ramas relativamente inconexas: la micro y la
macroeconomía. En el campo de la microeconomía se conservan -aunque con

439
modificaciones- los viejos fundamentos de la teoría clásica aportados esencialmente
por Marshall y Walras. La macroeconomía abandonó, en cambio, la pretensión de
definir el concepto de dinero y el concepto de capital en los que se basan sus
explicaciones acerca del movimiento de las variables. Se dedica entonces,
eminentemente, a la descripción de las relaciones causales que unen los fenómenos.

La última crisis capitalista de principios de la década de 1970 llevó a algunos


economistas a luchar por la restauración de la teoría clásica y a otros a volver a la
Teoría General en busca de nueva inspiración para dar cuenta de los novedosos
episodios económicos. El cisma micro-macro en la economía teórica provocado por la
Teoría General produce cada vez más incomodidad, pero aun no se ha encontrado y
aceptado masivamente una de las tantas soluciones que comenzaron a ensayarse. Peor
aún, buena parte de la discusión rehuye al problema teórico para convertirse
principalmente en un alegato a favor ciertas políticas públicas: el debate está teñido de
necesidades políticas. Aflora otra vez la vieja antinomia: laissez-faire o intervención.

Nuestra Tesis nos lleva a concluir que la necesaria reunificación de la teoría económica
sólo es posible rechazando la división entre la micro y la macroeconomía para rescatar
la olvidada la discusión -más profunda- acerca de la naturaleza de las formas sociales
más simples del capitalismo. Es decir, se hace necesario recobrar el abandonado debate
que efectivamente existió entre los ricardianos, marginalistas y marxistas acerca de la
naturaleza del valor, el dinero y el capital. Keynes, según comprobamos, participó
activamente en esta controversia.

El trabajo de reconstrucción del la teoría de Keynes en su conjunto es un requisito


ineludible para realizar una crítica fundada de la Teoría General. Esa tarea nos condujo
por caminos poco frecuentados. En primer lugar, consideramos indispensable analizar la
génesis de la obra: estudiamos entonces sus antecedentes teóricos e históricos. En
ambos casos nos remitimos al modo en que Keynes se representaba a la teoría clásica
de su época así como a su concepción acerca de las transformaciones del capitalismo a
partir del siglo XX. La investigación nos deparó algunas sorpresas. Podemos ahora, al
final del recorrido, aportar algunas de nuestras apreciaciones sobre sus resultados: hasta
aquí preferimos exponer a Keynes del modo más fiel posible, tal como atestiguan las
asiduas referencias a sus propios textos.

En primer lugar, desde nuestra perspectiva, el propósito de Keynes de enmarcar sus


desarrollo de la teoría económica en un contexto de cambio histórico está correctamente
encaminado. Encontramos que, desde sus primeras obras, sostiene de manera
continuada una representación sobre las grandes etapas del capitalismo. Su hipótesis es
que el mundo estaba atravesando una época de transición entre una edad y otra. Esta
hipótesis le sirvió como clave y telón de fondo para su interpretación de los violentos
cambios que se sucedieron en la superficie de la sociedad durante el primer tercio del
siglo XX: la guerra, las pronunciadas inflaciones de posguerra, la Gran Depresión.
Desde su punto de vista, se trata' de los inevitables síntomas de ese tránsito. Esta
perspectiva general es la que 10 lleva a anudar cada corriente de pensamiento con la
etapa a la que pertenece. El problema no es que la teoría clásica esté bien o mal
construida desde una perspectiva formal, sino que sus premisas, aunque bien podían ser
adecuadas a la etapa anterior, se convirtieron en anacrónicas con el paso de la historia.
De ahí surge el imperativo de comenzar una reforma en el pensamiento económico: la
teoría debe reflejar la nueva situación y acompañar los cambios inevitables, no oponerse

440
a ellos en base al viejo dogma. Hay aquí una percepción del carácter eminentemente
histórico -la historicidad- de la teoría económica,

Sobre este punto tenemos nuestra propia opinión: celebramos el intento de Keynes de
comprender la naturaleza del cambio histórico, así como su tentativa de asociar las
transformaciones de las formas sociales con los cambios en el pensamiento económico.
Pero creemos que su caracterización no está bien encaminada. Si su tesis más fuerte se
refiere al avance de concentración del capital y su reflejo en la fisonomía de la clase
capitalista y de la clase obrera, lo que está ausente allí es la explicación sobre cuál sería
el origen de esta concentración. Por otro lado, los tintes maltusianos que plagan su
concepción -el "problema económico de la humanidad"- merecen también ser
criticados, ya que los cruciales papeles que desempeñan el cambio técnico y el
crecimiento de la población en el esquema se encuentran escasamente fundamentados.
La tarea que Keynes desarrolla en este plano debe ser continuada. Hay aquí algunas
hipótesis fuertes y ambiciosas sobre las grandes etapas de la historia de la humanidad
que requieren un estudio pormenorizado en diálogo con la basta literatura sobre el tema.
Esta es una dirección para investigaciones futuras que se abre ante nuestro trabajo.

También nuestra investigación sobre la teoría clásica, tal como Keynes la describe, nos
llevó a encontrarnos con algunos aspectos habitualmente relegados de su análisis. La
caracterización de Keynes sobre la división del cuerpo teórico en dos tratados
separados, sobre el valor y sobre el dinero es, desde nuestra perspectiva muy
provechosa. Se trata evidentemente de un punto débil, un "talón de Aquiles" de la teoría
clásica, que ordena y organiza la crítica.

Tenemos, sin embargo, algo que decir con respecto a su caracterización de la teoría
clásica como la reunión entre ricardianos y marginalistas. Es cierto que parece tratarse
sólo de una cuestión terminológica. Encierra, sin embargo, importantes discusiones
teóricas. Esta confluencia no es una invención de Keynes, sino que se funda, como
vimos, en la interpretación que Marshall hace de la obra de Ricardo. Según su particular
lectura, Ricardo es un marginalista más. Keynes, por así decir, se aprovecha de esta
fusión forjada por Marshall. Tanto los ricardianos .como los marginalistas tenían serios
problemas con la figura del dinero y consideraban que, en última instancia, la economía
podía representarse como un sistema de trueque, introduciendo al dinero sólo en la etapa
final del análisis. Esta concepción del dinero es además la causa teórica de su adhesión a
la ley de Sayo En este punto Ricardo y Marshall se fusionan y son solidariamente
responsables por el supuesto de plena ocupación y la incapacidad de explicar el
desempleo.

Sin embargo, sostenemos que Marshall fuerza y falsea los argumentos de Ricardo para
convertirlo en un temprano expositor de la teoría del valor basada en el "esfuerzo" y la
"espera". Hoy esa interpretación de Ricardo fue mayormente rechazada, incluso por los
marginalistas que, como Jevons, Walras y Menger, prefieren construir su sistema en
oposición a Ricardo y MilI, en lugar de sumarlos a su propia escuela. De hecho, la
teoría del valor de Ricardo intenta probar que sólo el trabajo -y no el "capital"- es una
fuente del valor de las mercancías.. Si el marginalismo de Marshall puede apropiarse de
Ricardo es porque su teoría era efectivamente defectuosa. El problema principal
aparecía justamente al momento de introducir al "capital" en su expiación de los
precios. Ricardo mantiene una dualidad teórica: afirma, de un lado, que sólo el tiempo
de trabajo requerido para la producción de cada mercancía determina los precios

441
relativos, pero al mismo tiempo reconoce que la duración de los procesos de producción
puede influir en los precios. En síntesis, su "ley del valor" no es compatible con la "ley
de la igualación de las tasas de ganancia?'. Por ese resquicio penetra la crítica posterior.
y es esa misma ambigüedad la que da pie, hasta cierto punto, a la apropiación de
Ricardo que perpetra Marshall.

Esta discusión cobra relevancia en el marco de la Sección V de la Tesis. Otra de las


novedades que hemos expuesto está relacionada con la teoría del dinero y la teoría del
capital de Keynes. Cuando se hace manifiesta la incompatibilidad entre su sistema y los
fundamentos marginalistas que ofrece principalmente Marshall, encontramos que
Keynes afirma que "simpatiza" con la doctrina "pre-clásica" que considera que el
capital no es un factor de producción. Nos atrevimos entonces a ofrecer una arriesgada
interpretación: muchos pasajes de la Teoría General parecen coincidir fuertemente con
las conclusiones que se siguen de la teoría según la cual la única fuente del valor es el
trabajo. Encontramos, no sin sorpresa, que cuando Keynes debe descartar los
fundamentos marginalistas -pues no le sirven de base para sus explicaciones- decide
explorar los fundamentos del otro pilar de la teoría clásica: su fuente ricardiana.

Si antes Marshall trató de convertir a Ricardo en un precursor del marginalismo,


mediante nuestra lectura, Keynes se convierte en un ricardiano. Su particular teoría de
la escasez del capital y de la liquidez del dinero, puestas dentro de la línea de la historia
del análisis económico, podrían leerse como un intento de incluir en la explicación
ricardiana dos problemas que se encuentran, sin duda, defectuosamente resueltos.
Ricardo no había podido solucionar la influencia del "capital" -llama capital a los
instrumentos de producción en general- sobre el valor y, menos todavía, logra dar
cuenta de la génesis del dinero, al que trata, primero, como una mercancía cualquiera
que sirve de patrón de precios y, luego, separadamente, como un medio de circulación.
Así, Keynes, con la carta de presentación de su sistema teórico considerado en su
conjunto, con sus categorías de capital, dinero y valor, ingresa al selecto grupo de los
economistas que intentaron dar cuenta de la especificidad de las formas económicas más
generales de la sociedad capitalista.

Cabe ahora dar nuestra propia visión sobre este intento. Nuevamente, celebramos el
propósito, pero no concordamos con su resultado. En primer lugar, ya hemos criticado
su teoría de la liquidez del dinero como fuente de la tasa de interés. Según nuestra
opinión, su tentativa de introducir directamente al dinero sin valor intrínseco fracasa
estrepitosamente. Lo mismo ocurre con su teoría de la escasez del capital, que es
incapaz de dar cuenta del origen del excedente. La principal falencia de todo el análisis
está en que no alcanza a explicitar la conexión interna entre el valor, el dinero y el
capital, a los que trata de explicar, más bien, a través de sus diferencias recíprocas. En
suma: si bien creemos que la línea de trabajo abierta por Keynes acerca de las categorías
fundamentales de la teoría económica es atendible en su propósitos, no lo es en sus
arribos. Por el contrario, sostenemos que la pregunta debe partir siempre de la forma
más general de la riqueza en la sociedad capitalista y elevarse luego hacia el dinero y el
capital. Este camino más fértil fue el que efectivamente emprendió Marx en su El
Capital. Crítica de la economía política. De todas formas, sabemos que esta discusión,
que sin dudas debe reabrirse, no puede ser saldada en el espacio de esta Tesis.

1 La discusión sobre los problemas de la teoría de Ricardo cuenta con numerosísimas contribuciones. Por
nuestra parte hemos también contribuido a ella. Remitimos a nuestro trabajo (Kicillof 2000b).

442
En estas reflexiones finales nos referimos a algunos aspectos que deseamos destacar de
la Sección II -sobre la teoría clásica-, a otros incluidos en la Sección III -sobre las
transformaciones del capitalismo- y, por último, a la discusión sostenida en la Sección
V -sobre las categorías fundamentales-. Corresponde ahora incluir una apreciación
sobre la Sección IV en la que se expuso el sistema de Keynes. Indudablemente, éste fue
el terreno donde se ubicó el grueso de las disputas teóricas del mainstream a partir de la
publicación de la Teoría General. Nuestra exposición trató de respetar en alto grado la
de Keynes. Algunos elementos destacables, también generalmente descuidados, en los
que hemos trabajado son: el "método de exposición" de la secuencia causal -a nuestro
entender en esencia similar al del equilibrio simultáneo, pero con ciertas virtudes
argumentativas-, la elección de unidades -que se comprende sólo en base a la teoría del
capital de Keynes-, la determinación de los salarios nominales y reales y, por último, su
explicación de las variaciones de los precios.

Finalmente, en esta Tesis no nos hemos ocupado sino marginal e imperfectamente del
estudio de la bibliografía surgida luego de la Teoría General, ni a sus principales
polémicas. En la sección "Antecedentes" del Plan de Tesis nos referimos a los
principales debates que se sucedieron después de 1936 en el campo de la
macroeconomía. Pero consideramos que esa discusión excedía el tema puntual -y aún
así vasto- del que se ocupó este trabajo.

Nuestra Tesis, como acabamos de explicitar, ha tenido un efecto doble en nuestra propia
agenda de investigación. Por un lado, creemos haber contribuido al análisis de la
génesis y estructura de la Teoría General. Pero este estudio ha sido también provechoso
en otro sentido: abrió ante nosotros múltiples campos para futuras investigaciones.

443

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