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Cartas entre Sampedro y Kant sobre ética

Este documento presenta un diálogo ficticio en forma de cartas entre Ramón Sampedro e Immanuel Kant sobre el tema de la eutanasia. Ramón Sampedro era un hombre tetrapléjico que defendió su derecho a una muerte digna, mientras que Kant fue un filósofo que desarrolló una teoría ética basada en el deber y la razón práctica. En la primera carta, Ramón expresa su perspectiva sobre la importancia de la voluntad individual, mientras que Kant responde que la ética debe ser universal y rac
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Cartas entre Sampedro y Kant sobre ética

Este documento presenta un diálogo ficticio en forma de cartas entre Ramón Sampedro e Immanuel Kant sobre el tema de la eutanasia. Ramón Sampedro era un hombre tetrapléjico que defendió su derecho a una muerte digna, mientras que Kant fue un filósofo que desarrolló una teoría ética basada en el deber y la razón práctica. En la primera carta, Ramón expresa su perspectiva sobre la importancia de la voluntad individual, mientras que Kant responde que la ética debe ser universal y rac
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Boletín trimestral de Bioética

Volumen 7, número 3 • Julio - septiembre de 2015

Cartas desde el infierno, respuestas


desde la Ilustración. Un epistolario entre
Ramón Sampedro e Immanuel Kant
Boletín trimestral de Bioética
Volumen 7, número 3 • Julio - septiembre de 2015

Boletín trimestral
de Bioética
Bolet ín trimestral de Bioét ica de la Universidad CES

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Volumen 7, número 3 • Jul io - sept iembre de 2015

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Bolet ín trimestral de Bioét ica de la Universidad CES

Boletín trimestral de Bioética


ISSN 2145-3373
Facultad de Medicina y Departamento de Humanidades / Universidad CES
Grupo de investigación ETICES
Volumen 7, número 3
Julio a septiembre de 2015
Fax: 268 28 76

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Francisco Luis Ochoa J. Médico. Magíster en Epidemiología.
Mauricio Taborda A. Filósofo. Magíster en Filosofía. Candidato a Doctor en Filosofía.
John Wilson Osorio. Historiador. Especialista en Educación. Magíster en Administración.
Santiago Henao. Médico Veterinario. Doctor en Bioética.
Rodrigo Posada Bernal. Economista Industrial. Magíster en Ciencias de la Administración.
Sara Múnera Orozco. Fisioterapeuta. Graduate Student Assistant en University of Pittsburgh.

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Volumen 7, número 3 • Jul io - sept iembre de 2015

Cartas desde el infierno, respuestas


desde la Ilustración. Un epistolario entre
Ramón Sampedro e Immanuel Kant
Clara Cossio Uribe1
Resultaría osado y ambicioso de mi parte, incluso irrespetuoso si
se quiere, poner en mi voz la palabra de los autores arriba inti-
tulados con el fin de establecer un diálogo entre ambos. Pero a
manera de actividad reflexiva y como ejercicio argumentativo, doy
inicio ahora a este apasionante recorrido de lo que, en mi fanta-
sía, sería un intercambio epistolar entre estos personajes.

A manera de contextualización, vale la pena recordar que Ramón


Sampedro fue un marino coruñés nacido en el siglo pasado,
quien padeció durante treinta años una condición de tetraplejía
a raíz de un accidente sufrido en una playa local. Durante este
tiempo interpuso múltiples demandas a varias instancias jurí-
dicas buscando reivindicar su derecho a lo que él llamó, una
muerte digna. A lo largo de esas tres décadas su solicitud tuvo
un importante despliegue mediático que le permitió mantener
una nutrida correspondencia con el ciudadano de a pie, autorida-
des eclesiásticas, personajes de la vida pública local, miembros
de los servicios de salud y pacientes con condiciones similares,
entre otros. La mayor parte de estas cartas se concentran en su
libro Cartas desde el infierno, obra que dio origen a este ejercicio
reflexivo.

1
Psiquiatra. Estudiante de la maestría en Bioética de la Universidad CES.

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Bolet ín trimestral de Bioét ica de la Universidad CES

Por otro lado, Immanuel Kant, funda- Pues bien, en cuanto a lo que nos atañe,
dor de la filosofía del criticismo y uno de creo que sólo el análisis que hace el indi-
los pensadores más importantes de la viduo a partir de sus circunstancias puede
Modernidad, expone su teoría ética en tres determinar el concepto de su propia dig-
importantes obras: Fundamentación de la nidad. Sólo la conciencia personal puede
Metafísica de las costumbres (en la cual me aceptar como digna y tolerable una circuns-
apoyo para desarrollar este “intercambio tancia dolorosa que otra consideraría irra-
epistolar”), Crítica de la razón práctica y cional, indigna e insoportable.
Metafísica de las costumbres.
Toda persona tiene el derecho de recha-
En uso de las facultades literarias que zar cualquier análisis que le sea impuesto
ofrece la bioética narrativa (de la cual pre- por otra conciencia, tanto personal como
tende hacer parte este texto) y en aras colectiva –teocrática o democrática-. La per-
del respeto riguroso a la propiedad inte- sona sólo puede ser regida por su concien-
lectual, aclaro que para la elaboración de cia. Regirse por la conciencia significa algo
este epistolario se tomaron citas textuales más que la libertad de pensar. Regirse por la
de las obras enunciadas, con el fin único conciencia lleva implícito el derecho a que la
de ilustrar una argumentación filosófica y voluntad sea escrupulosamente respetada.
profunda frente al tema de la eutanasia y Sólo tendrá el justo límite que le impone el
con la ambiciosa pretensión de contribuir derecho de otra conciencia a disfrutar de
a la reflexión concienzuda y respetuosa la misma libertad. No puede haber ningún
del mismo. Sin más preámbulo entonces, impedimento para la libertad de obrar en
demos inicio a este propósito. conciencia, dentro de los límites éticos de la
igualdad.
Admiradísimo Señor Kant:
Ha llegado a mis manos una de sus obras Yo reclamo ante la justicia un derecho que
“Fundamentación de la metafísica de las considero está implícitamente garantizado
costumbres”, regalo que me ha hecho un en la norma ética y moral del Estado (Cons-
amigo filósofo, con la intención de…, en fin, titución). Pienso que la muerte no hay que
no sé qué intención. Había tenido la oportu- pedirla a gritos. Hay que pedirla. Y los que
nidad de leerle en mis años juveniles pero tienen el poder (y que yo mismo les he dado)
ahora lo hago de otra manera. Encuentro en de garantizarme que mis derechos y liber-
su obra asuntos que creía ya reflexionados tades, sean reales y efectivos, lo que deben
y resueltos pero que ahora vuelvo a pensar. juzgar es si lo que yo planteo es o no racio-
Veo, por ejemplo, que para usted la concien- nal. Si es racional, entonces hay derecho.
cia humana no es receptiva, sino que opera Por ahora lo dejo así, sé que tendrá mucho
mediante formas o leyes. que decirme, ansioso de leer sus palabras y
con el más sincero respeto, Ramón.
Pues bien, amigo mío, si me permite ****
llamarlo así, empiezan nuestras diferen-
cias, para mí la voluntad moral y ética de los Bienquisto Ramón
hombres, debe prevalecer sobre las teorías Agradezco su gesto e interés en la cues-
y las leyes. Entiendo que propone que toda tión. Lamento la condición en la que ahora se
ética debe ser formal, universal y racional, encuentra y espero pueda encontrar sereni-
válida para todos, vacía de contenido y que dad y sosiego en estos tiempos de angustia.
no persiga ningún fin (a diferencia de sus
antecesores Aristóteles y Epicuro quiénes Mucho hay de pasión en su misiva, algo de
privilegiaron la felicidad y el placer, respec- verdad en sus juicios. Examinemos ahora el
tivamente). ¿”Cómo doto de contenido mi asunto. Para no redundar en algunos temas
ética?” me pregunto. tratados por usted y que creo han quedado

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Volumen 7, número 3 • Jul io - sept iembre de 2015

"...para mí la voluntad moral


y ética de los hombres,
debe prevalecer sobre
las teorías y las leyes".

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Bolet ín trimestral de Bioét ica de la Universidad CES

bien expuestos frente a la ética que propongo, gica, una ética del deber. Todo hombre actúa
me voy a detener específicamente en lo que moralmente cuando lo hace por deber. El
usted llama “regirse por la conciencia”. Verá deber es la necesidad de una acción por res-
que tenemos más puntos de encuentro que peto a la ley. Es el sometimiento a la ley por
de desencuentro en dicha visión. respeto a ella. De ahí que toda acción que
se realiza por respeto al deber obedeciendo
Creo que la conducta moral del hombre se al imperativo categórico es entonces una
manifiesta en la conciencia de lo que se debe acción moralmente correcta.
hacer y en la obligatoriedad de practicar ese
deber. La conducta moral del hombre, la Ahora bien, acerca de los deberes con
moralidad, también se comprende por prin- nosotros mismos, reflexionémoslo frente al
cipios a priori. La ley moral tiene la forma de suicidio. Conservar cada cual su vida es un
imperativo categórico, de mandato incondi- deber, y además todos tenemos una inme-
cionado: “obra de tal manera que la máxima diata inclinación a hacerlo así. Mas, por eso
de tu acción pueda valer al propio tiempo mismo, el cuidado angustioso que la mayor
como norma universal de conducta”, escri- parte de los hombres pone en ello no tiene
bía yo algunos años ha. un valor o interior y la máxima que rige ese
cuidado carece de un contenido moral. Con-
Sin la conciencia del deber no nos es servan su vida conformemente al deber, sí;
dable ningún hecho moral. Sin la conciencia pero no por deber. En cambio, cuando las
de dignidad ajena, no es dable ningún hecho adversidades y una pena sin consuelo han
de justicia. Deber y dignidad ajena condicio- arrebatado a un hombre todo gusto por la
nan entonces la experiencia moral. Verá que vida, si éste infeliz, con ánimo entero y sin-
anuncio insistentemente “el deber”, es que tiendo más indignación que apocamiento o
sí, lo que propongo es una ética deontoló- desaliento (lo cual creo, es su caso) y aún

"Creo que la conducta moral del


hombre se manifiesta en la conciencia
de lo que se debe hacer y en la
obligatoriedad de practicar ese deber".

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Volumen 8, número 1 • Enero - marzo de 2016

deseando la muerte, conserva su vida, sin respuestas ajustadas al derecho humano.


amarla, sólo por deber y no por indignación o Sólo la razón, desde sus propias e íntimas
miedo, entonces su máxima sí tiene un con- circunstancias, dispone de todos los ele-
tenido moral. Siendo así, termino entonces mentos para hacer un juicio de valor justo
concluyendo, Ramón, lo lamento, no creo y equilibrado. Sólo el sentido de la digni-
que su máxima tenga contenido moral. dad personal puede juzgar si es preferible
renunciar o no a la vida. Sólo la razón perso-
En espera de su contestación, Immanuel Kant. nal puede decir cuando dispone de la liber-
tad y la felicidad necesaria para vivir. Estoy
**** convencido que la razón puede entender la
Distinguido profesor inmoralidad, pero nunca justificarla. Cuando
Magistral exposición la de su filosofía el derecho a la vida se impone como un
moral. Estoy de acuerdo con usted en cuanto deber, cuando se penaliza ejercer el derecho
a que lo bueno es la buena voluntad, el deseo a liberarse del dolor absurdo que conlleva
de hacer siempre las cosas de la forma ade- la existencia de una vida completamente
cuada, el deber es un fin en sí mismo. En ese deteriorada, entonces el derecho se ha con-
sentido me pregunto, ¿la vida es sagrada o vertido en absurdo, y las voluntades perso-
es un don valioso? nales que lo fundamentan, normativizan e
imponen, unas tiranías. Creo que no es más
Se debe proteger la vida, pero este deber digna de ejemplaridad su aceptación de las
cede frente al consentimiento informado de dificultades que la voluntad mía que nadie
una persona que desea morir de forma digna me imponga el deber de soportarlas.
cuando padece una enfermedad incurable.
Considero que a interrogantes de carácter Ahora, frente al suicidio, ¿tiene la per-
personal, sólo la razón personal puede dar sona derecho a renunciar a su vida? Desde

"Cuando el derecho a la vida se impone como un deber,


cuando se penaliza ejercer el derecho a liberarse del dolor
absurdo que conlleva la existencia de una vida completamente
deteriorada, entonces el derecho se ha convertido en absurdo,
y las voluntades personales que lo fundamentan, normativizan
e imponen, unas tiranías".

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Bolet ín trimestral de Bioét ica de la Universidad CES

el instante en que adquiere una conciencia jetivos en pos de la ley moral, es la libertad
ética, categóricamente, sí. Primero, porque negativa. Acatar dicha ley, decir “sí” a su
está capacitada para hacer un juicio de vigencia, es el sentido positivo de la libertad.
valor sobre el sentido de la vida como un
todo genérico y de sus entrelazados dere- Ahora, en cuanto a la autonomía de la
chos personales y colectivos. Y segundo, razón, argumento tan resaltado por usted,
porque comprende el valor de su vida indivi- puedo decirle que, en virtud de dicha auto-
dual y las consecuencias de renunciar a ella nomía, cada cual juzga así mismo su com-
conscientemente. portamiento tomando como módulo la ley
moral: es a la vez juez y parte. Todo hombre
Así, la muerte como un acto de libertad, es un fin en sí: tiene valor, no precio, es una
es una reflexión exclusivamente personal y persona moral. La persona moral no es
aunque la comprensión, aceptación y tole- dada de manera natural, se va formando en
rancia social puedan servir como puntos su carácter al adquirir hábitos de autonomía
de referencia, no deben ser determinantes al servicio de la ley. La persona se pone a
a la hora de ejercer un derecho que es del sí mismo su ideal reconociendo por único
individuo. límite el derecho de otros a desenvolverse
también libremente. La plena conformidad
En una verdadera cultura de la vida, el dere- entre autonomía y ley moral solo es dable
cho a la muerte como un acto de libertad de a Dios. Al hombre le es propia únicamente
conciencia es la conducta moral positiva. la moralidad, cuya meta es el supremo bien.
Cuando la muerte se provoca para liberarse Que es la unión de virtud y felicidad. El ideal
del sufrimiento producido por una enferme- de justicia exige que el virtuoso sea feliz,
dad incurable o circunstancia dramática, pero el hombre mismo no tiene la capacidad
es la vida misma la que busca el equilibrio de efectuarlo.
que exhibe la naturaleza. Es la razón que se
impone al instinto. En cuanto al imperativo categórico, de
éste se derivan los imperativos del deber:
Con respecto al sentido de la vida, cada “Obra como si la máxima de tu acción
individuo es un ser único. Como ser racio- debiera tomarse, por tu voluntad, ley uni-
nal tiene derecho a hacer sus propios juicios versal de la naturaleza”. Entonces usted,
de valor y determinar hasta qué límites de mi apreciado Ramón, que por una serie de
degradación física –o sufrimiento racional- desgracias lindantes con la desesperación,
está dispuesto a soportar para conservarla. siente desapego de la vida, tiene aún bas-
Con esto concluyo mi misiva, en espera de tante razón para preguntarse si no será
sus letras, si no es que una mano amiga contrario al deber para consigo mismo el
llega antes a mi vida… quitarse la vida. Examine si la máxima de
Con aprecio, Ramón. su acción puede tornarse ley universal de la
naturaleza. Su máxima, empero, es: hágome
**** por egoísmo un principio de abreviar mi vida,
Considerado Ramón cuanto ésta, en su largo planeo, me ofrece
Uno de los ingredientes de la ley moral más males que agrado.
es la libertad. El hombre en cuanto ejecuta
un acto ético es libre, pues solo él decide si Trátase ahora de saber si tal principio del
acepta o no obrar de tal modo que su con- egoísmo puede ser una ley universal. Pero
ducta pueda ser digna a los ojos de todos. pronto vemos que una naturaleza cuya ley
Esta libertad tiene cara positiva y negativa. fuese destruir la vida misma, por la misma
Cuando decide su conducta con indepen- sensación cuya determinación es atizar el
dencia de todo posible objeto particular, es fomento de la vida, sería contradictoria y
decir cuando dice “no” a los intereses sub- no podría subsistir. Por lo tanto, aquella

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Volumen 7, número 3 • Jul io - sept iembre de 2015

"El hombre en cuanto ejecuta un


acto ético es libre, pues solo él
decide si acepta o no obrar de tal
modo que su conducta pueda ser
digna a los ojos de todos".

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Bolet ín trimestral de Bioét ica de la Universidad CES

No entiendo ese empeño de la especie humana de protegerse tanto


a sí misma que llega a los absurdos de querer proteger la vida de
los demás individuos de su especie en contra de la voluntad racional
de éstos. ¡Es una forma de esclavitud!...en su momento abolieron
la esclavitud de los cuerpos pero, al parecer, le tienen mucho más
miedo a la libertad de la conciencia.

máxima no puede realizarse como ley natural Respetado Immanuel


universal y, por consiguiente, contradice por Me pregunta usted, en tono angustioso,
completo al principio supremo de todo deber. por los otros. A su pregunta le respondo
con argumentos entendidos precisamente,
Por otro lado hay otra trama que me de alguna de sus obras. La buena voluntad
inquieta. ¿Ha pensado usted en las perso- no es buena por lo que efectúe o realice: es
nas, esos otros que piensa, solicita, desea, buena solo por el querer, es decir, es buena
involucrar en la ejecución de su acto? Por su en sí misma. El concepto de buena voluntad
estado actual, entiendo que dependerá por lleva en su entraña la idea del deber, de exi-
completo, de lo que usted llama “una mano gencia interna. ¿Conoce o tiene usted cer-
amiga” para terminar con su vida. ¿Ha con- teza de la exigencia interna de esos “otros”?
siderado usted, mi agobiado Ramón, en lo Ni en el mundo, ni, en general, tampoco
que esto representa para la vida moral de fuera del mundo, es posible pensar nada que
quienes lo asistan? Ramón, la humanidad y pueda considerarse como bueno sin restric-
la persona son un fin, no un medio. ción, a no ser tan solo una buena voluntad.
Es la buena voluntad la indispensable condi-
Cavilando por su respuesta, Immanuel Kant. ción que nos hace dignos de ser felices.

****

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Volumen 7, número 3 • Jul io - sept iembre de 2015

"Anteponer el interés colectivo a lo personal podría


tener fundamento en circunstancias excepcionales de
emergencia, pero no se debe convertir en una costumbre
totalitaria que anule la conciencia personal".

No entiendo ese empeño de la especie La duda ya no está en saber si la eutana-


humana de protegerse tanto a sí misma que sia, como un acto racional, debe o no ser un
llega a los absurdos de querer proteger la derecho personal cuyo juez es la conciencia.
vida de los demás individuos de su especie en La incertidumbre radica en si alguien puede
contra de la voluntad racional de éstos. ¡Es obligarnos a vivir en la sinrazón. Anteponer
una forma de esclavitud!...en su momento el interés colectivo a lo personal podría tener
abolieron la esclavitud de los cuerpos pero, fundamento en circunstancias excepciona-
al parecer, le tienen mucho más miedo a les de emergencia, pero no se debe conver-
la libertad de la conciencia. Creo que para tir en una costumbre totalitaria que anule
tolerar la eutanasia, o el derecho a morir la conciencia personal. En la normalidad,
con dignidad, se necesita amar de verdad este principio predominante debe mante-
las personas y a la vida, y tener un profundo nerse dentro de los principios de una razón
sentido de la bondad. Está muy bien que la evolutiva –constitucional-. Libertad, justicia,
gente preste ayuda a quien se la pida, pero igualdad. Como bien dijeron los jueces de la
proteger a alguien en contra de sus deseos Audiencia de Barcelona: vivir es un derecho
es absolutamente inmoral. pero no una obligación.

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Bolet ín trimestral de Bioét ica de la Universidad CES

Me despido ahora con eterno agradeci-


miento por sus reflexiones; esperando encon-
trar, precisamente, una “mano amiga”, y
que ésta, sea mi última contestación a tan
estimado profesor. Hasta siempre… Ramón
Sampedro.

Infinitas las posibilidades de discusión


entre estos hombres y la postura que
ambos representan. Limitadas nues-
tras certezas frente al tema. Este es un
asunto en el que entran en juego algunos
de los nudos éticos, jurídicos y sociales
más importantes: el alcance de nuestro
derecho a controlar nuestros cuerpos,
la concepción que tengamos de digni-
dad humana y de calidad de vida, nuestra
manera de interpretar la vida y la muerte,
la distinción entre matar y dejar morir, las
consecuencias potenciales de los cambios
jurídicos y médicos, entre otros.

Hay que llevar esta discusión a un plano


de mayor refinamiento. Más allá de la
situación jurídica local, la reflexión sobre
eutanasia formula preguntas de impor-
tancia fundamental para todos los miem-
bros de la sociedad; este es un debate
impostergable. La muerte, como la enfer-
medad, puede ser menos atemorizadora
si se reflexiona sobre ella.

Un Estado como el nuestro, que promulga


el ejercicio legítimo de los derechos del
individuo y se ufana de legislar desde una
perspectiva laica y pluralista, debe perse-
guir no solo el cumplimiento de la norma,
sino también el ejercicio reflexivo y ético
desde múltiples sectores de la sociedad
(educativo, religioso, sector salud, socie-
dad civil, entre otros…) que en última ins-
tancia, le den nociones y fundamente al
individuo para construir, definir y hacer
valer, de manera respetuosa y coherente,
su voluntad moral y ética frente a sí mismo
y frente a la sociedad.

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Bibliografía

• Sampedro, R. (2005). Cartas desde el infierno.


Ed. Planeta, Barcelona.

• Kant, I. (2004). Fundamentación de la Metafísica


de las Costumbres. Ed Porrúa, México.

• Gracia, D (2004). Como arqueros al blanco. Estudios


de bioética. Editorial Triacastela, Madrid.

• Keown, J. (2004). La eutanasia examinada. perspectivas éticas,


clínicas y legales. Ed Fondo de Cultura Económica, México

• Küng, H, Jens, W. (2010). Morir con dignidad. Un alegato


a favor de la responsabilidad. Ed Minima Trotta.

• Álvarez del Río, A. (2005). Práctica y ética de la eutanasia.


Ed Fondo de Cultura Económica, México.

• Heath, I. (2008). Ayudar a morir. Ed Katz, Madrid.


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del Conocimiento de la Universidad CES.
Departamento de Humanidades

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