0% encontró este documento útil (0 votos)
97 vistas4 páginas

Tema: Santidad Y Filiación

Este documento discute el tema de la santidad y la filiación. Explica que la santidad es un regalo divino que consiste en la vida que Jesús nos da a través de su entrega, especialmente a través de los sacramentos como la Eucaristía. Para alcanzar la santidad, debemos conocernos a nosotros mismos, conocer a Jesús a través de las Escrituras, y vivir nuestras vidas cotidianas con el mayor amor posible. La santidad es un camino comunitario que requiere hum

Cargado por

Catalina Vallés
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
97 vistas4 páginas

Tema: Santidad Y Filiación

Este documento discute el tema de la santidad y la filiación. Explica que la santidad es un regalo divino que consiste en la vida que Jesús nos da a través de su entrega, especialmente a través de los sacramentos como la Eucaristía. Para alcanzar la santidad, debemos conocernos a nosotros mismos, conocer a Jesús a través de las Escrituras, y vivir nuestras vidas cotidianas con el mayor amor posible. La santidad es un camino comunitario que requiere hum

Cargado por

Catalina Vallés
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1

TEMA: SANTIDAD Y FILIACIÓN

1Tes 4,3 “Ahora bien. Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación”.

1Tes 5,23 “Que el Dios de la paz los santifique plenamente, y que todo su ser, el espíritu, el alma y el
cuerpo se conserven sin mancha hasta la Venida de Nuestro Señor Jesucristo. 24 Fiel es el que los
llama y es Él quien lo hará”.

Ef 1,4 “..por cuanto nos ha elegido en Él antes de la Creación del mundo, para ser santos e
inmaculados en su presencia, en el amor”.

Mt 5,48 “Sean santos como el Padre es Santo”.

(Mt 5,6 y 7 enseñanzas de Jesús para alcanzar la santidad)

Dios es SANTO, Jesucristo es el “solo Santo”. Y nosotros somos santos porque el Espíritu de Dios
nos santifica.

Pero, ¿qué es la santidad?, ¿en qué consiste?, ¿cómo es que Jesús nos pide que seamos santos como
Dios Padre?

Para nosotros, que hemos sido bautizados en el nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, la
santidad es un regalo divino, es ante todo, la vida que Jesús nos regala con su entrega.

Junto al pozo, Jesús le dijo a la samaritana: “Yo te daré un agua viva que brotará hasta la Vida
eterna” Jn 4,14. La santidad es esa vida que nos mantiene unidos a Cristo.

Esa vida es una sola, es Una y nos mantiene en la unidad. La santidad es una sola, aunque cada uno
está llamado a vivirla según los dones y las gracias que recibe.

Dios nos llama a cada uno para establecer una unión única y personal con Él y si cada uno intenta
vivir esta unión, esta vida, en plenitud, entonces todos los que creemos en Jesucristo y formamos su
Iglesia podemos hacer que esa Vida, esa unión, se mantenga fuerte y sea como una llama eterna
encendida para guiar a los que buscan el sentido de sus vidas en medio a oscuridades que la desafían.

¿Cómo mantenemos esa vida, en nosotros; cómo hacemos para que no se debilite, no se enferme?.
De parte de Jesús, siempre va a estar esa vida ofrecida, sobre todo en los Sacramentos, y en forma
plena, en la Eucaristía.

Jesús nos enseña: “Esta es la Vida Eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu
enviado, Jesucristo” Jn 17,3. Y también: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene Vida
eterna” Jn 6,54. Conocer y hacer comunión en las Sagradas Escrituras son dos conceptos casi
sinónimos. Conocer a Jesús y vivir de su Vida están estrechamente vinculados.

Cristo se entregó en la cruz por nuestros pecados y aceptó la muerte para darnos Vida plena, para que
ya no triunfe en nosotros el dolor, la tristeza y la muerte; para que la enfermedad, el miedo, la
violencia, la soledad no tengan sobre nosotros la última palabra… Y esto se da en cada Eucaristía:
2

cuando comulgamos, la Vida plena y eterna que Dios nos entrega, va alimentado esa vida, nos va
sanado, fortaleciendo, nos defiende de todo lo que nos hace daño, lo que nos da miedo, lo que nos
pone a unos en contra de otros, nos mantiene vivos y unidos. San Pablo enseñaba a los Corintios:
“ya estamos unidos a Él y Él habita en nosotros, pero ahora lo vemos como en un espejo,
confusamente…1Cor 13,12.

Para conocer a Jesús, para preparar los ojos de la fe y ver su rostro, tenemos muchas mediaciones,
muchas maneras. Pero hay algunas que son muy importantes, básicas, son como los primeros
escalones…

En primer lugar, tenemos que conocernos; tengo que conocerme…

Cada uno de nosotros es un hijo de Dios único y es amado por Dios como es, con su historia
personal, con sus debilidades, sus caídas, sus victorias….

Es muy importante que yo conozca, que entienda quién soy, cuál es el verdadero rostro que Dios
Padre ve cuando me mira. De otro modo, no voy a entender este vínculo de unión, de amor íntimo e
intenso que Dios me tiene y que es mi camino personal de santidad.

En segundo lugar, tenemos que empeñar nuestras ganas de conocer a Jesús, a quien queremos seguir
e imitar. ¿Cómo?: Conociendo, comprendiendo y orando el testimonio de su Palabra. No es sólo
leer los Evangelios como si se tratase de la biografía de un ilustre prócer… Es hacer que cada una de
sus palabras “calen” hondo en el corazón hasta que podamos decir convencidos: “Conozco a Jesús,
sé cómo piensa, cómo habla, cómo actúa”…

Entonces, cada vez que nos toca tomar decisiones y actuar para nosotros mismos o para los demás,
podamos escuchar esa voz interior que nos dice: Jesús, en mi lugar, haría esto, diría esto otro,
pensaría de esta manera…. (Discernimiento)

Tal vez nos parezca sencillo proponer la santidad de esta manera o quizás nos desaliente la propuesta
por ser demasiado grande para una vida común y corriente como la que tenemos cada uno de
nosotros.

Sin embargo, el llamado a la santidad es para todos los cristianos…

Algunos podemos pensar que los santos son personas exclusivas, extraordinarias… y nada más
alejado de las enseñanzas de Jesús y del testimonio de los santos…

En estos últimos tiempos de la Iglesia hemos conocido muchos hombres y mujeres, jóvenes y hasta
niños que han sido proclamados santos y beatos. Recientemente, Carlo Acutis y, en Argentina, el
Cura Brochero, Laura Vicuña, Artémides Zatti, Ceferino Namuncurá…. Los hay de todos los países,
de todas las razas, de toda condición social, salidos de los más diversos ambientes… No fueron gente
rara…, muchos de ellos no hicieron nada que no pudiera hacer un simple mortal. Ellos nos enseñan
que se trata de hacer las cosas que hacemos cada día, las pequeñas y ordinarias cosas de todos los
días, con el mayor amor posible.

El Papa Francisco, en su carta sobre la santidad “Gózate y alégrate” nos enseña: “No tenemos que
tener miedo de la santidad. No nos va a quitar las fuerzas, la vida o la alegría, todo lo contrario;
3

porque llegaremos a ser lo que el Padre pensó cuando nos creó y seremos fieles a nuestro propio ser”
(G E 31)

También nos advierte en su carta sobre dos “sutiles enemigos de la santidad” (bastante antiguos y
bastante actuales): el gnosticismo y el pelagianismo.

Para comprender fácilmente estos conceptos podemos recurrir a dos imágenes:

1. El que cree que porque sabe algo o mucho sobre las cosas de Dios, y parece tener todas las
respuestas a todas las preguntas, se siente superior a los demás.

Frente a esta actitud, el Papa Francisco nos dice: “La verdadera sabiduría no se debe desconectar de
la misericordia hacia el prójimo” (G E 46)

2. El que cree que puede exigir el “título de santo” porque se lo ha ganado con sus actitudes,
evitando el contacto con el mundo y encerrándose en una " espiritualidad “personal”,
individual, sin “contaminarse” y sin arriesgarse demasiado. Es la actitud del que se siente
superior a otros porque cumple determinadas normas a “rajatabla”, del que confía en sus
propias fuerzas, en su voluntad.

Pero el Papa nos dice: “No todos pueden todo y, como decía San Agustín: “Dios te invita a hacer lo
que puedas y a pedir lo que no puedas”, y también: “Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras”
(G E 49).

“Para poder ser perfectos como a él le agrada, necesitamos vivir humildemente en su presencia” (GE
51).

“Sin el reconocimiento sincero, humilde y orante de nuestros límites, la gracia no puede actuar….
La gracia, porque supone la naturaleza, no nos hace superhombres de golpe” (GE 49).

Por último, tenemos que tener presente que nadie se hace santo solo y aislado. La santificación es
un camino comunitario, y es en la comunidad donde aprendemos a ser valientes, a no tener miedo
de salir de nuestra zona de confort para ir hacia la humanidad más herida. Es el Espíritu Santo que
permanentemente nos empuja a desinstalarnos, a renovarnos, a reciclarnos y al mismo tiempo estar
atentos también de los pequeños detalles, de los gestos sencillos y humildes, de los encuentros con
Cristo en la oración que van revelando el rostro de Jesús en nosotros.
4

PARA LLEVAR A LA ORACIÓN:

Cada uno recibirá una hoja donde estarán escritas estas palabras

HUMILDAD

ORACIÓN

SERVICIO

VALENTÍA

CONOCIMIENTO DE UNO MISMO

COMUNIÓN CON DIOS

DISCERNIMIENTO

CONOCIMIENTO DE CRISTO

Actividad:

1. Pensá en tu camino personal de amistad y de unión con Dios (santidad) como un camino que
tenés que recorrer…
2. Dibujá ese camino y, según lo que pienses y sientas, colocá las palabras de arriba como si
fuesen tus “etapas” del camino personal, ubicándolas en el orden que sentís que tienen que
tener para vos, a modo de “carteles indicadores” que te van a guiar hacia la meta final: la
unión con Dios.
3. Dialogá con el Señor sobre todo lo que pensaste y sentiste

También podría gustarte