Bestiario
JULIO CORTÁZAR
Acerca del libro
Bestiario es una obra escrita por el argentino Julio Cortázar, publicada en el año 1951. Se
trata de un libro compuesto por 8 cuentos cortos, los cuales abordan temáticas como el
amor, la muerte, el miedo, los prejuicios sociales, el abuso y la injusticia, entre otros.
Algunos cuentos están cargados de fantasía, ya que en ellos se introducen personajes,
situaciones y elementos irreales creados por el autor, mientras que otros presentan una
dosis de realismo y se inspiran en historias reales.
Cabe destacar la habilidad de Cortázar para construir sus relatos, los cuales atrapan
fuertemente al lector y causan sensaciones que van desde el asombro hasta el suspenso.
Resumen de los cuentos
Casa tomada
Un hombre que vive con su hermana cuenta cómo transcurren los días en la que alguna vez
fue la casa de sus padres. Ambos son mayores, solteros y han decidido permanecer allí a
pesar de la antigüedad del lugar.
Estos conviven en la más grata armonía y comparten los quehaceres diarios. La mayor
distracción de Irene, la hermana, consiste en tejer mientras que la pasión de él es la lectura.
A medida que el hombre relata los días que pasan, también describe detalladamente cada
rincón de la casa.
El tiempo transcurre en medio de su sagrada rutina, pero la tranquilidad es interrumpida
cuando la parte trasera de la casa es tomada por algo o alguien desconocido.
Ahora sin acceso a una parte de la casa, esta ya no les parece tan grande, pero aún así
continúan realizando sus actividades habituales, tratando de ver el lado positivo de la
situación. Poco a poco, diversas partes de la casa comienzan también a ser tomadas.
Una noche, nuevos ruidos les confirma al par de hermanos que toda la casa ha sido tomada
y, con tiempo apenas para correr, ambos terminan en la calle solo con la ropa que llevaban
puesta. La última acción del narrador consiste en cerrar la casa por fuera y tirar la llave por
la alcantarilla.
Carta a una señorita en París
Andreé es una joven que se encuentra en Francia y que deja a su amigo, el narrador,
encargado del cuidado de su apartamento. Este le escribe una carta donde le confiesa que
no se atreve a mover ningún objeto para no alterar el perfecto orden del lugar y donde
también le habla sobre un hecho muy particular que le viene sucediendo desde hace un
tiempo: vomita conejos blancos.
Explica que estos curiosos episodios ocurren cada 4, 5 o incluso 6 semanas, y que en su
casa tenía una rutina establecida, ya que una vez que el conejito salía de su boca, lo
alimentaba con las hojas de un árbol de trébol sembrado por él mismo y que poco antes de
la llegada de un nuevo animalito, el anterior era regalado.
Pero esta cíclica rutina era imposible de llevar a cabo en el apartamento de Andreé, donde
viviría aproximadamente 4 meses. De hecho, había vomitado uno justo antes de instalarse
en el apartamento y aunque decidió que lo mataría, no pudo hacerlo.
Pronto su situación se torna más complicada debido a que vomitó varios conejitos, no solo
blancos sino también grises y negros. De pronto tenía 10 conejitos y a todos los ocultaba en
el armario durante el día, arreglándoselas de cualquier manera para que Sara, la doméstica,
no se percatara de lo que ocurría.
De noche el panorama cambiaba, ya que los conejitos eran liberados para ser alimentados.
Esto sin embargo afectaba a su “creador”, quien cada vez se sentía más agotado y
desanimado por tener que rechazar invitaciones de sus amigos.
A pesar de los esfuerzos del hombre, los conejitos, que ya eran 11 y estaban más grandes,
habían roto algunas cosas de la casa. Estas eran reparadas por él en la medida de lo
posible, pero pronto los animales causaron serios estragos en el lugar y el narrador finaliza
su carta explicándole a Andreé que no es culpable de todo, que hizo lo que pudo por
reparar los daños causados.
Lejana
Este cuento muestra las vivencias que Alina Reyes plasma en lo que parece ser su diario. A
través de sus escritos expresa algunas de sus experiencias, además de historias y
ocurrencias que llegan a su mente cargadas de fantasía, con un estilo único y original.
Una de ellas es la imagen recurrente de una mujer que siente como una especie de “otro
yo” lejano; y aunque no la conoce, sabe que vive en Budapest, que sufre, que pasa frío, que
es golpeada y ultrajada. Aunque parece extraño, siente cariño y ternura por ella.
El encuentro con esta mujer en un frío puente es una escena habitual en la mente de Alina,
y la vislumbra con mayor claridad a medida que transcurren los días. Ella sabe que un día
se mirarán.
Tiempo después, cuando Alina se casa con su prometido Luis María, viajan a Budapest
para pasar su luna de miel. La emoción de ella por estar cada vez más cerca del encuentro
con “su lejana” parecería ser más grande que la propia velada con su esposo.
Ya en Budapest, Alina sale del hotel a recorrer las calles, dejándose llevar por su instinto y
curiosidad. En medio de su caminata cruza el puente y es allí donde conoce a la mujer que
ha estado en su mente durante tanto tiempo. Esta es delgada, tiene pelo negro, viste
harapos y lleva unos zapatos rotos. Al verse ambas se funden en un abrazo tan intenso que
por un momento todo lo demás deja de existir.
De pronto Alina comienza a sentir un frío inclemente y a ver cómo la nieve entra por la
rotura de sus zapatos. También siente las dolencias de su cuerpo, producto de los golpes y
el cansancio. De pronto se da cuenta de que sus vidas se han intercambiado y observa
cómo aquella mujer (una Alina muy linda) cruza nuevamente el puente, esta vez de regreso
a su hotel.
Ómnibus
Tras culminar su jornada, Clara toma el ómnibus para reunirse con su amiga en Retiro y
pasar un rato agradable. Una vez que parte, comienza a notar que todos la observan de
manera fija y un poco imprudente, lo cual la hace sentir extraña y terriblemente incómoda.
Todos los que van a bordo, a excepción de Clara, el chofer y el guarda, llevan diferentes
ramos de flores en la mano, ya que el ómnibus hace una de sus paradas en el cementerio.
De esta manera comprende que la razón por la que ninguno le quita la mirada de encima es
porque no lleva flores.
Para mitigar un poco la tensión que siente, Clara intenta detenerse en algunos detalles de
las ventanillas y los asientos, pero esto no resulta muy exitoso, ya que sabe que las miradas
siguen puestas en ella. Los minutos le parecen horas y solo le queda esperar a que todas
las personas lleguen a su destino, cosa que desea con todas sus fuerzas.
Un joven de aspecto agradable asciende al ómnibus y Clara, al verlo, no puede evitar
sentirse identificada con él, pues el chico tampoco lleva flores y al parecer se dirige hacia el
mismo destino que ella.
Casi de manera instantánea, todas las miradas que previamente habían detallado a Clara
de pies a cabeza se posan ahora sobre el nuevo pasajero, quien se torna un poco nervioso
al darse cuenta de lo que ocurre. Ella lo mira desde su asiento, conmovida por su situación
pero al mismo tiempo aliviada por no ser la única “rara” del ómnibus.
Al cabo de un rato, los pasajeros con destino al cementerio llegan a su destino y mientras
descienden del ómnibus, el chico se sienta al lado de Clara. Tímidamente ambos
comienzan a entablar una conversación.
A pesar de que el número de pasajeros se ha reducido solo a ellos dos, el chofer y el
guarda no apartan sus miradas de ellos. Esta situación provoca una especie de
compañerismo entre ambos, quienes quieren llegar a Retiro de una vez por todas.
Las miradas de aquellos hombres, el tráfico y la tensión del ambiente mismo hicieron que la
espera fuera interminable, por lo que los chicos crearon una especie de plan para bajar
rápidamente del ómnibus una vez que llegaran a Retiro.
Luego de memorizar muy bien cada movimiento, logran bajar del ómnibus dejando todo
aquello atrás. Ahora en su destino se ven rodeados de muchas personas. El chico compra
dos ramos de flores, le entrega uno a Clara y él se queda con el otro. Ambos siguen su
camino sintiéndose felices.
Cefalea
Este cuento relata la exigente rutina llevada a cabo por un grupo de personas, entre ellos
Leonor, El Chango y el narrador, quienes se encuentran en una granja en las afueras de
Buenos Aires y se dedican al cuidado de las “mancuspias”, un animal que requiere un trato
sumamente especial.
El itinerario en la granja comienza muy temprano, así que día a día estas personas se
encargan de alimentar a las mancuspias, bañarlas y mantenerlas en perfecto estado;
actividades muy importantes debido a que en cierta época del año serían vendidas, con la
esperanza de obtener una buena cantidad de dinero.
Sin embargo, el narrador confiesa reiteradas veces que ninguno se siente bien, pero que no
pueden detenerse, ya que las mancuspias mueren si dejan de ser atendidas tan solo un día.
Los animales son mantenidos en jaulas debido a que transmiten cefalea, una enfermedad
precedida de aflicciones que las personas deben evitar a toda costa. Sin embargo, las
jaulas no parecen ser suficientes, ya que de algún modo los síntomas se han apoderado de
ellos en ocasiones.
A medida que transcurren los días, el cansancio y el agotamiento van ganando mayor
terreno; todo esto acompañado de mareos, alucinaciones y extrañas sensaciones producto
de la cefalea.
Un día, Leonor y El Chango roban un caballo y se escapan de la granja, dejando al resto
aislado y con pocas previsiones para las mancuspias. Estas comienzan a morir en
inexplicables circunstancias, cosa que desespera al grupo de cuidadores.
A pesar de hacer todo lo posible para evitarlo, la cefalea se apodera de ellos y ahora con las
mancuspias muriendo, la situación parece no tener vuelta atrás. Tratan de mantenerse
serenos dentro de la casa, pero les es imposible no escuchar el ruido de las mancuspias
que están ahora muriendo de hambre.
Circe
Delia Mañara es una joven a la que se le han muerto sus dos novios anteriores: Rolo y
Héctor. El primero por una contusión producto de una caída y el último a causa de suicidio.
Sus vecinos no pueden evitar sentir desconfianza de ella, ya que sospechan que es la
causante de la muerte de ambos chicos, lo cual es un rumor que corre por todo el
vecindario.
Todo eso provoca enojo en Mario, un chico trabajador que está enamorado de Delia y que,
a pesar de todo el trauma y dolor que ha dejado la muerte de los otros, es correspondido
por ella.
Delia tiene una extraña conexión con los animales; le encanta preparar bombones, licores y
también disfruta de tocar el piano. Cada día trabaja en crear nuevos sabores y mezclar
diferentes ingredientes para obtener novedosas combinaciones.
Al igual que a sus novios anteriores, Delia le da de probar a Mario sus preparaciones. Casi
siempre hace que deguste sus bombones o licores con los ojos cerrados, para que adivine
el “ingrediente secreto”. Por otra parte, la familia de Mario no se encuentra muy contenta
con esta relación por la nefasta aura de muerte y luto que envuelve a Delia.
De todos modos, Mario decide llevar las cosas al siguiente nivel y le propone matrimonio a
Delia. Aparentemente las cosas marchan bien hasta que este comienza a recibir frecuentes
mensajes anónimos que le advierten que sea cuidadoso, para que no tenga el mismo
destino que Rolo y Héctor.
Al principio Mario intenta ignorar los mensajes, pero al enterarse de que Delia también los
recibe decide hablar con su futuro suegro, ya que le preocupa que esta situación pudiera
afectar a su prometida. Sin embargo, el señor Mañara le dice a Mario que su hija es más
dura de lo que él piensa. Esto hace que Mario se sienta un poco perturbado.
Una noche durante su visita, Delia le ofrece a Mario uno de sus bombones; pero él, tal vez
por instinto, no se lo lleva a la boca de una vez sino que lo parte suavemente con sus
dedos. De esta manera ve que el relleno está compuesto de cucarachas trituradas.
Al ser descubierta, Delia comienza a llorar y Mario, para callarla, la sujeta fuertemente por el
cuello; mientras siente que sus padres presencian la grotesca escena desde la cocina.
Después de unos minutos Mario la suelta, sintiendo lástima por ella y por toda su familia.
Las puertas del cielo
La historia inicia cuando Marcelo recibe la noticia de que su amiga Celina ha fallecido a
causa de una tuberculosis. De inmediato se dirige a la que era su casa para acompañar a
Mauro, el esposo de Celina y también su amigo, y brindarle apoyo durante el funeral.
Mientras intenta procesar el hecho de que Celina no estaría más en sus vidas, Marcelo
recuerda los viejos tiempos: cuándo conoció a la pareja y cómo ella tuvo que acoplarse a su
nueva vida casera; pues antes de conocer a Mauro trabajaba como prostituta en un bar.
Era inevitable no recordar aquellas noches en las que salían los 3, junto con su
personalidad alegre, alborotada y siempre dispuesta a festejar. Aunque no le disgustaba su
nuevo estilo de vida, Celina seguía amando el tango, las multitudes, los bailes, la vida
nocturna y lo disfrutaba aún más cuando salían de farra.
Los días transcurren y Mauro se siente terriblemente desconsolado, así que Marcelo decide
invitarlo a un bar para distraerlo. Este accede sintiendo que todo le da igual.
Ya en el lugar y después de algunos tragos, el recuerdo de Celina está más vivo que nunca.
Al rato conocen a una chica que se sienta junto a ellos en la mesa e intenta animar a Mauro,
sin demasiado éxito. De hecho, es prácticamente ignorada.
Durante el desarrollo de un show artístico en el bar, Marcelo y Mauro se concentran
vagamente en la multitud, en el baile y en cada movimiento. En un determinado momento
notan la “presencia” de Celina en su más pura esencia, sumergida en un paraíso de
felicidad en medio del tango, la gente, el humo y los aplausos; lo que para ella era sin duda
las puertas del cielo, su propio cielo.
Ambos la vieron, pero fue Mauro quien se levantó de la mesa y se dirigió hacia la pista en
busca de su amada Celina. Por el contrario, Marcelo permaneció quieto, sabiendo que su
amigo jamás la encontraría.
Bestiario
Una joven llamada Isabel es enviada a la casa de unos familiares, los Funes, a pasar las
vacaciones de verano. El lugar donde vivían era enorme, lleno de vegetación y de muchos
espacios agradables. Y aunque a su familia le preocupaba el tigre que allá habitaba, tenían
la confianza de que estaría en buenas manos. También sabían lo bien que se sentirían
todos, en especial su primo Nino, quien era un chico solitario.
Ya en el hogar de los Funes, Isabel fue ubicada en una hermosa y amplia habitación para
ella sola. Al principio se sentía algo extraña, pero con el transcurso de los días fue
recorriendo varias zonas de la casa mientras se divertía en compañía de su primo y recibía
mimos de la tía Rema, a quien quería muchísimo.
A pesar de estar feliz, había días en los que se sentía un poco aprisionada. Esto se debía a
que ninguno podía estar libremente por toda la casa, ya que el tigre transitaba cada espacio
de manera independiente, a pesar de que sus movimientos eran controlados y supervisados
por el capataz; de manera que cuando el tigre se encontraba en algún área de la casa o el
jardín, ellos debían trasladarse a un sitio fuera de su alcance.
Para mitigar un poco el aburrimiento durante su “encierro” en las horas de circulación del
tigre, los chicos se dedicaban a cuidar un formicario de hormigas. También improvisaban
algunos experimentos y realizaban estudios de su comportamiento.
Aparte del tigre, Isabel percibía que había algo que hacía infeliz a su tía Rema, ya que en
ocasiones la veía triste y temerosa. La quería mucho y le daba pesar verla así. Poco a poco
se dio cuenta de que su tío Nene maltrataba a su tía Rema y que él era el causante de su
tristeza. De alguna manera quiso ayudarla, pero estaba de manos atadas al no conocer
mucho de la situación.
Los días pasaban entre la rutina del juego y el cumplimiento de las normas de traslado por
el tigre. De alguna manera Isabel se sintió tan acoplada al itinerario que hasta el capataz
confiaba en ella, ya que conocía los movimientos del tigre y hasta podía saber en qué lugar
se encontraría.
Un día después del almuerzo, Isabel asegura que el tigre se encuentra en el estudio de
Nene, así que este se retira a la biblioteca a leer, sin saber que allí es donde se encuentra
realmente el felino. Aunque todos intentan entrar en el lugar para rescatarlo, Nene no puede
salvarse de su destino fatal. Rema, por su parte, permanece inmóvil pero con un gran
sentimiento de agradecimiento hacia Isabel