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Acerca de Este Libro

Este documento presenta un resumen de tres párrafos del prólogo de la traducción de Las mil y una noches de D. G. A. Aguado de Lozar. Explica que se trata de una obra muy antigua de origen desconocido que ha sido traducida a muchos idiomas. Además, señala que en esta edición se han tratado de corregir algunos aspectos del lenguaje y escenas que podrían ofender la moral o la decencia, especialmente para lectores jóvenes.

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Este documento presenta un resumen de tres párrafos del prólogo de la traducción de Las mil y una noches de D. G. A. Aguado de Lozar. Explica que se trata de una obra muy antigua de origen desconocido que ha sido traducida a muchos idiomas. Además, señala que en esta edición se han tratado de corregir algunos aspectos del lenguaje y escenas que podrían ofender la moral o la decencia, especialmente para lectores jóvenes.

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LIBRERIA
GATOLIGA

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322310

LAS

MIL Y UNA NOCHES

[M -53221
París. - Tip. GARNIER HERMANOS. 6, rue des Saints-Pères.

#
LAS

MIL Y UNA NOCHES

CUENTOS ÁRABES

TRADUCIDOS, REVISADOS, ARREGLADOS

ESPECIALMENTE DEDICADOS

Á LOS JÓVENES DE AMBOS SEXOS

POR

D. G. A. AGUADO DE LOZAR
1
111
DÉCIMA EDICION

PARIS

LIBRERÍA DE GARNIER HERMANOS

6, RUE DES SAINTS-PÈRES, 6

1893
PRÓLOGO

DOS PALABRAS AL LECTOR

El libro que publicamos no es nuevo es un libro muy


antiguo ; y su antigüedad es tan remota, como descono-
cido su primitivo y verdadero orígen.
Á pesar de no tener ningun objeto moral ni filosófico ,
los CUENTOS ÁRABES fueron recibidos con particular favor
en Europa desde su aparicion . Semejantes á esos monu-
mentos colosales hijos del genio y del poder del hombre
que, por su solidez y duracion , desafían á los siglos y ven
pasar bajo su sombra, sin sufrir menoscabo, un sinnú-

mero de generaciones con sus usos, lenguaje y costum-


bres diferentes ; así las MIL Y UNA NOCHES , atravesando las
numerosas revoluciones ocurridas en la República de las
Letras , han sabido resistir y sobreponerse á los caprichos
de la moda y del gusto literario , incluso el Romanticismo
que tan en boga estuvo durante largo tiempo, y han con-
servado siempre el mismo interes y atractivo que inspira-
ron desde que fueron conocidas .
VIII PRÓLOGO

No hay libre ia particular, por modesta que sea , en la


que no se vea figurar este libro al lado de esas obras clá-

sicas y monumentales que son el orgullo del saber u-

mano ; y las ediciones que se han hecho de estos Cuentos,


son casi tan numerosas como las de la obra inmortal de

nuestro Príncipe de los Ingenios . » Mientras que hay


una multitud de obras utilísimas y de raro mérito que son

desconocidas fuera del país en que sus autores las han


producido , las Mil y una Noches han tenido el privilegio
de verse traducidas en todos los idiomas europeos , y lo
que es más aun, han merecido el llamar la atencion de
muchos sabios , de várias Academias, y de otros cuerpos

científicos que, en medio de sus graves é importantes ta-


reas literarias , no se han desdeñado de ocuparse en hacer
estudios serios para inquirir y averiguar el orígen y pater-
nidad de estos Cuentos.
No siendo nuestro ánimo el detenernos á examinar

quién ha sido su verdadero autor, ni el país en donde se


publicaron primero ; exámen que exigiria una larga discu-
sion científica y una erudicion que nosotros no tenemos ;
dejamos al juicio de críticos competentes el deslin-
dar si los Cuentos árabes, denominados Las Mil y una
Noches, tuvieron por cuna la India ó la antigua Persia ,
la China ó el Egipto ; pero si nos viésemos obligados á
tener que exponer nuestra opinion ó juicio crítico , en
vista de lo que han escrito sobre esta materia Masudi ,
Hammer, Langles , Galland , el Baron de Sacy y otros mu-
PRÓLOGO IX

chos sabios y hombres eruditos, no vacilaríamos en ase-


gurar que todas las probabilidades están en favor de que
este parto del ingenio oriental tuvo lugar, ó bien en la
India, ó bien en la Persia ; que desde uno de estos dos
países las << Mil y una Noches » pasaron á la China, y que
desde el Celeste Imperio, siguiendo el camino del Asia , emi-
graron al África en tiempos en que la literatura árabe se
hallaba mas floreciente ; que se aclimataron , por decir así,
en Egipto, en donde echaron mas profundas raíces , enri-
queciéndose y engalanándose , ó disfrazándose si se quiere ,
en esta larga emigracion , con ropajes nuevos y en térmi-
nos tales que hoy dia es imposible el descubrir si su autor
primitivo fué árabe ó chino , persa ó indio.
Sea de esto lo que quiera , cuando en una edad mas pro-
vecta hemos vuelto á leer estos « Cuentos » , nos ha llamado
la atencion no solo el cambio y la diversidad de las Historias

que hemos hallado en las diferentes ediciones que hemos


consultado, sino sobre todo y muy particularmente el
desaliño del lenguaje, impropio y hasta incoherente mu-

chas veces ; la repugnante desnudez de ciertos hechos, y


la pintura con colores demasiado vivos, sin sombras de
ninguna especie , de algunos usos y costumbres propios de
aquellos países ; pintura que, á veces, lastima el pudor, y
ofende la moral y la decencia ; y si cuadros de esta natu-
raleza no pueden considerarse en rigor, atendido el carác-
ter de la obra y los lugares en que se representan las

escenas, como un lunar ó un defecto, no dejan , sin em-


PRÓLOGO

bargo , de ofrecer algunos inconvenientes ; porque, siendo


leido generalmente este libro en nuestros primeros años
cuando apenas empieza á desarrollarse nuestra inteligen-
cia, y leido sin reflexion ni criterio , sino por puro pasa-
tiempo, cautiva de tal modo nuestra imaginacion , y se
graban tan profundamente en nuestra memoria ciertos
episodios, que su recuerdo nos acompaña durante nuestra
vida ; y hasta suele influir algunas veces en nuestro modo
de obrar ó de pensar, sin que nosotros mismos nos aper-
cibamos de ello .

En la presente edicion hemos tratado de remediar, en lo


posible, estos inconvenientes cubriendo con un ligero velo
la desnudez ofensiva de algunas imágenes , pintando con
colores ménos vivos algunas escenas , é intercalando , de
vez en cuando , algunas máximas morales, cuando el
asunto lo ha permitido.
Hemos hecho la narracion de estos « Cuentos » en un
estilo ménos desaliñado é incorrecto, más lógico y racional,
atribuyendo á cada personaje un lenguaje más en armonía
con la clase á que pertenece, porque nos ha parecido que
un príncipe , un ministro, un mercader , un artesano ó un
hombre del pueblo no deben expresarse todos de la misma
manera y en iguales términos.
Con el fin de dar mayor rapidez á la accion, hemos su-
primido las digresiones insípidas y fastidiosas : la repeti-
cion de descripciones que nada nuevo ni original ofrecen ;
así como tambien hemos suprimido la division y fraccio-
PRÓLOGO ΧΙ

namiento de las Historias , en Noches ó cuartos de hora ;


division que les quita una gran parte de su interes con in-
terrupciones tan repetidas que no sirven más que para
hacer el libro más voluminoso , y privan al lector del placer
de seguir el hilo de la narracion , retardando , sin ningun
objeto, el darle á conocer el desenlace de la intriga, que
es precisamente lo que más se desea .
No existiendo en español esas combinaciones de muchas
consonantes reunidas , cuya difícil pronunciacion se ignora
generalmente, hemos salvado esta dificultad modificando.
ligeramente los nombres de algunos personnajes cuya pro-
nunciacion bárbara muy pocos ó ninguno habrian sabido
adivinar, sustituyéndolos con nombres más adecuados á
la pronunciacion de nuestra hermosa lengua ; sustitucion
que, sin disminuir en lo más mínimo el interes de la accion ,
facilita y hace más agradable la lectura ; como por ejem-
plo, en vez de <<α Scheznarda » y « Schariar » , hemos escrito
Gerenarda y Chabriar .
Y en fin, sin quitar á ciertos episodios en que inter-
vienen los Genios , los Magos y las Hadas nada de lo pro-

digioso y sobrenatural, presentamos estos episodios de


una manera más lógica y más conforme con la razon , aun
en el órden de lo maravilloso .

Así, pues, esta nueva edicion dedicada más particular-


mente á los jóvenes de corta edad , se diferenciará de las
demas que se han publicado hasta ahora, en que no se
hallará en ella nada que sea ofensivo á la moral , ni haga
XII PRÓLOGO

cubrir de rubor las mejillas de las jóvenes que nos lean ,


despertando en ellas prematuramente las pasiones vivas
de nuestra primera edad. Sabemos que en medio de la
relajacion de costumbres, y á pesar del sibaritismo y del
positivismo que nos han traido el progreso y la civiliza-
cion del siglo en que vivimos , todavía hay honrados pa-
dres de familia que desean ver conservar á sus hijos su
inocencia el más largo tiempo posible . Para estos padres
de familia, la lectura de las « Mil y una Noches » con su
pintura de las costumbres de Oriente , podria ofrecer al-
gunos inconvenientes ; pero con las precauciones que
hemos tomado , con el espurgo que hemos hecho , podrán
poner nuestro libro en manos de sus hijos sin riesgo ni in-
conveniento

Este es el principal objeto que nos hemos propuesto con


la revision y nueva redaccion de estos « Cuentos . » El que
se reconozca nuestra laudable intencion , será para nos-
otros nuestra más halagüeña recompensa .

Paris 1º de Julio de 1880.

G. A. AGUADO DE LOZAR.
10/ /~
01
1/0
0
CUENTOS ARABES

En uno de los cuatro mayores imperios que han existido


en lo antiguo, reinó un monarca poderoso de la dinastía
de los Sasanídas que despues de haber extendido sus
dominios mas allá del Gánges , en la India, y llegado hasta.
las fronteras de la China, murió, segun refieren las cró-
nicas del antiguo imperio persa , que es el grande imperio
que nos referimos , lleno de gloria y poderío, amado de
sus vasallos, y temido de sus enemigos, habiendo sido
el monarca mas admirable de su época, tanto por su valor,
como por su sabiduría.
De los dos hijos que tenia, el mayor, llamado Chabriar,
subió al trono ; pero amando entrañablemente á su her..
CUENTOS ÁRABES

mano menor , quiso darle muestras de su cariño compar-


tiendo con él la herencia de su padre, y le cedió la Gran
Tartaria, haciéndole rey de ella.
Chazenan, que así se llamaba este hermano querido,
pasó, pues, á tomar posesion de su reino y estableció su
corte en Samarcanda .
Pasados algunos años, léjos de entibiarse en Chabriar
el cariño que profesaba á su hermano Chazenan , se avivó
con la ausencia y sintió grandes deseos de verle, y con
este objeto le envió una solemne embajada rogándole que
viniese .
Apenas tuvo conocimiento el rey de la Gran Tartaria de
los deseos de su hermano , cuando se apresuró á satisfa-
cerlos ; y despues de haber reunido los ricos presentes que
pensaba ofrecerle y puesto órden para el gobierno del
reino durante su ausencia , estableció fuera de la ciudad su
campamento con el fin de emprender su viaje al dia si-
guiente. No quiso , sin embargo , pasar aquella última
noche sin volver á abrazar á su esposa á la que amaba
tiernamente, y regocijándose interiormente del placer que
iba á causar á aquella con su visita inesperada , se volvió
á su palacio secretamente y se encaminó á los aposentos
de su esposa á quien pensaba encontrar triste y llorando
por su ausencia. Grande fué , pues, su sorpresa al hallarla
en compañía de un oficial de la corte platicando fami-
liarmente con él .
Pasado el primer estupor que le causó este descubri-
miento , arrebatado por la ira , se arrojó sobre los delin-
cuentes , y les quitó la vida , volviéndose en seguida al
campamento sin dar á nadie cuenta de este suceso .
La infidelidad de su esposa le causó un pesar tan hondo
que nada podia distraerle de su melancolía . Así fué que
cuando llegó á la corte de su hermano en donde fué reci-
bido con gran pompa y con todo género de honores y de
obsequios , el sultan no pudo ménos de notar el velo de
tristeza que á Chazenan cubria sin poder atinar la causa
de ello.
Un dia en que el sultan Chabriar habia partido con toda
CUENTOS ÁRABES

su corte para una cacería dispuesta en honor de su her-


mano , á la que este no quiso asistir pretextando hallarse
enfermo, pero en realidad para entregarse mas á su sabor
á las tristes reflexiones que su desgracia le sugeria ; ha .
llándose asomado á una de las ventanas del palacio que
habitaba , vió salir al jardin , por una puerta secreta, á la
sultana esposa de su hermano , seguida de otras muchas
mujeres , y ocultándose para observar lo que hacian sin
que de ellas fuese visto , pudo convencerse de que la misma
desgracia de que él habia sido víctima , la misma ó mayor
cabia á su hermano el sultan.
La vista de las escenas que presenció , de tal manera
cambiaron sus pensamientos , que, al volver el sultan
Chabriar de la cacería, le encontró transformado , alegre y
risueño .
Un cambio tan repentino de talante , sin una causa
ostensible , debia llamar naturalmente la atencion del sul-
tan, como ántes la habia llamado su melancolía ; y deseoso
de saber la causa que habia producido la una y el otro ,
rogó cariñosamente á su hermano que se la dijera . Resistió
cuanto le fué posible el rey de Tartaria el satisfacer la
curiosidad de su hermano el sultan ; pero en vista de los
repetidos ruegos é instancias de este, se vió obligado
á ceder, y aunque con repugnancia, le contó lo que le
habia sucedido con su esposa en Samarcanda la noche de
su salida.
Aprobó el sultan lo ejecutado por su hermano con los
dos culpables. « No extraño tu gran pesar, le dijo , era la
causa muy legítima ; pero , alabado sea Dios que te ha en-
viado el consuelo , y como no dudo que este sea tambien
fundado , y aun extraordinario, te ruego que me lo comu-
niques, haciendo de mí una entera confianza . »
Mucho mas árduo y delicado era el satisfacer en este
punto la curiosidad del sultan , y Chazenan se resistió á
complacer á su hermano diciéndole que como le interesaba
mas de cerca, temia que su confidencia le causaria mayor
pena que la que él habia experimentado . Esta negativa no
hizo mas que avivar los deseos del sultan , de modo que el
4 CUENTOS ÁRABES

rey de la Gran Tartaria se vió obligado á ceder, y le refirió


lo que habia presenciado en el jardin mientras él estaba
cazando , terminando su relacion con algunas reflexiones
propias para calmar la irritacion que le causó la conductal
de su esposa la sultana, y aconsejándole que se consolara
como él se habia consolado en vista de esa ligereza y
liviandad que parece ser inherente al sexo frágil.
Chabriar, sin embargo , no dió entero crédito á la nar-
racion de su hermano, sin ver por sus propios ojos si era
verdad lo que el rey de Tartaria le habia contado , pues
abrigaba la esperanza de que , tal vez , se habria enga-
ñado .
Para conseguir este objeto , hizo preparar otra nueva
cacería para la que partieron ostensiblemente con toda la
corte los dos príncipes ; pero llegada la noche se volvieron
secretamente y disfrazados á palacio . Amaneció el dia si-
guiente, y el sultan Chabriar pudo convencerse de que su
hermano no se habia engañado , puesto que la sultana y
sus mujeres repitieron en el jardin las mismas escenas que
el rey de la Gran Tartaria habia observado .
El desengaño que recibió de la desenvoltura é infidelidad
de la sultana agriaron su ánimo de tal manera, que re-
solvió vengarse no solo de aquella, sino de todas las mu-
jeres, de un modo nunca visto hasta entónces. Pasando al
aposento de la sultana infiel, mandó cortarle la cabeza en
su presencia, é hizo morir ahogadas á todas las otras mu-
jeres de su séquito . En seguida, juró por la barba del Pro-
feta que ninguna de sus otras esposas volveria á serle
infiel, y adoptó para ello un medio muy seguro y eficaz ,
muy propio de las costumbres del serrallo, y de la bar-
barie de aquellos tiempos .
Resolvió desposarse cada dia con una mujer distinta, y
al siguiente dia de la boda hacerle perder la vida, encar-
gando á su gran visir la ejecucion de este proceder inhu-
mano y sanguinario.
El gran visir , á fuer de buen musulman y de vasallo
sumiso y obediente , cumplia cada mañana con la órden
sanguinaria de su despótico dueño , sin atreverse á hacer
CUENTOS ÁRABES 5

la menor observacion , y las desgraciadas jóvenes que


tenian el honor de ser sultanas un dia, perdian su vida al
siguiente .
Cuando se conoció este proceder bárbaro, la conster-
nacion fué general en la ciudad y en el imperio ; porque
ninguno podia contar segura la vida de las doncellas que
hubiese en su familia, y temblaba de recibir á cada mo-
mento la órden del sultan para que se las llevasen.
El gran visir tenia dos hijas hermosísimas en extremo .
La mayor, llamada Gerenarda, reunia á su belleza una
instruccion nada comun para aquellos tiempos ; tenia una
gran memoria, y sobre todo , estaba dotada de un corazon
noble, y animada de los mas generosos sentimientos .
Al ver la afliccion general que causaba el inhumano pro-
ceder del sultan , formó la resolucion heróica de sacrifi-
carse , y concibió el arriesgado proyecto de hacer cambiar
el ánimo del sultan , contando para lograr su objeto , no
solo con los recursos de su sin par hermosura y de su in-
genio, sino excitando tambien la curiosidad de aquel , por
medio de historias y de cuentos á que, sabía , era muy
aficionado .
Resuelta, pues , á poner en ejecucion su proyecto , Gere-
narda dijo un dia al gran visir : — « Padre, tengo que
pediros una gracia . Siempre que lo que me pidas sea
justo , le respondió el gran visir , sabes que no me negaré á
concedértelo. - Vos mismo juzgaréis . Quiero poner un
término á la afliccion general y á los temores de todas las
doncellas, haciendo cambiar de ánimo al sultan . — Lau-
dable es tu proyecto , hija mia , ¿ pero cómo intentas con-
seguirlo, porque yo creo que el mal no tiene remedio ?
¿ Cómo ? Siendo esposa del sultan . » Horrorizado se quedó
el gran visir al oir á su hija , y empezó á hacerle re-
flexiones de todo género para disuadirla de semejante
proyecto. Inútiles y vanos fueron sus esfuerzos ; Gerenarda
permaneció firme en su deseo . « Si logro mi objeto,
dijo , habré hecho un gran servicio á la humanidad y á mi
patria . ― No lo conseguirás, ¡ infeliz ! Te sucederá lo que
al borrico. ¿ Y qué le sucedió ? preguntó la heróica jóven.
CUENTOS ÁRABES

Te lo contaré en breves palabras, » le respondió el gran


visir, que se expresó en estos términos.

EL ASNO, EL BUEY Y EL LABRADOR

FÁBULA

Un labrador muy rico que , ademas de ser dueño de


heredades inmensas y de rebaños numerosos de ganado
de toda especie, habia recibido del cielo, como Salomon,
el don de entender el lenguaje de los animales , pero con
la condicion de no descubrirselo á nadie, so pena de per-
der la vida, pasando un dia por delante de un establo en
que se hallaban juntos un borrico y un buey , se detuvo á
escuchar el coloquio que entre sí tenian .
Lamentábase el buey de lo mucho que á él le hacian tra-
bajar y de lo mal que le cuidaban , mientras que á ti , le
decia al borrico , te tratan con cariño , y no te emplean
mas que para llevar á nuestro amo al mercado . - « Τύ
tienes la culpa , le respondió su compañero ; te llaman
el Tonto, y á fe mia que bien mereces ese nombre tú y
todos los de tu especie . ¿ Por qué no haces uso de los me-
dios que te ha dado la naturaleza para defenderte ? Mira,
cuando quieran uncirte al arado , pega cornadas, da bra-
midos fuertes, échate en el suelo , hazte el malo , y verás
como te tratan mejor y te dejan tranquilo . » El buey
escuchó los consejos del asno, y prometió seguirlos .
En efecto , cuando vino el gañan á buscarle para llevarle
á trabajar, el buey empezó á patear, á pegar cornadas, y
por último , bramando, se arrojó por tierra . El gañan
al ver esto fué á dar cuenta al amo de lo que sucedia , y el
amo le mandó entonces que, en vez de llevar al buey, se
llevase al borrico, encargándole que le hiciese trabajar y
le zurrase de firme.
Hízolo así el mozo de labor, y cuando por la noche
volvió á traer á la cuadra al borrico , el pobre animal
CUENTOS ÁRABES 7

apenas podia tenerse en pié, cansado de trabajar, y que-


brantados los huesos con los palos que habia recibido .
En cuanto llegó se echó en el suelo gimiendo y suspi-
rando. << Yo me tengo la culpa de lo que me sucede ,
se decia á sí mismo ; ¿ qué necesidad tenia yo de mez-
clarme en lo que no me incumbia ? Yo vivia tranquilo , era
querido , bien tratado, y todo me sonreia, y ahora, por
mi imprudencia, estoy expuesto á perder la vida ! .... »
Al llegar aquí de su narracion , el gran visir , dirigién-
dose á su hija : < Merecerias, le dijo , que te trataran
como al asno ; quieres emprender la cura de un mal irre-
mediable , llevar a cabo una empresa imposible, y te
expones á perder la vida . »
La generosa jóven, inquebrantable en su resolucion, le
contestó que estaba decidida á intentar la prueba , y que
ningun peligro la arredraria . - « Está visto, le dijo su
padre entonces, que será preciso hacer contigo lo que
el rico labrador hizo con su mujer. -¿Y qué hizo ? preguntó
Gerenarda. - Escucha, que no he acabado el cuento . »

EL GALLO, EL PERRO Y LA MUJER DEL LABRADOR

Al ver el labrador el estado en que habia vuelto el asno,


quiso saber lo que iba á decir á su compañero, y se puso
á escuchar á la puerta del establo , en compañía de su
mujer, y oyó que el borrico le preguntaba al buey lo que
pensaba hacer al dia siguiente. - « Seguiré practicando
tu consejo, le respondió el buey. - Harás muy bien, le
dijo el asno, con refinada malicia, puesto que tan bien te
ha ido ; solo veo en ello un ligero inconveniente . Al entrar
en la cuadra he oido decir al amo que ya que no puedes
trabajar, que te lleven al matadero, y aprovechen tu carne
ántes que enflaquezcas. - ¡ Cáspita ! eso no, replicó el
buey, en ese caso ya estoy bueno. » Y en seguida se puso
de pié y dió un bramido de alegría.
Al oir el labrador al asno, y al ver el maravilloso efecto
8 CUENTOS ÁRABES

que su astucia habia producido , se echó á reir á carcajada


tendida. La mujer quiso saber el motivo de esta risa, pero
como su marido no podia revelar el secreto don que poseia
sin perder la vida , se negó á decírselo . Ella entonces ,
prorumpió en amargo llanto , pateó , se arrancó el cabello ,
y juró que si no se lo decia no volveria á juntarse mas
con él. Como la amaba con ternura, el labrador se ape-
sadumbró profundamente al ver á su mujer en tal estado ,
y la rogó que no se empeñase en saber lo que no podia
decirle, á cuyo ruego se unieron los de sus hijos y parien-
tes. Nada, sin embargo, pudo vencer la terquedad de la
mujer curiosa que permaneció llorando en un rincon del
cuarto noche y dia. El labrador no sabía qué partido tomar,
y se sentó cabizbajo y pensativo delante de la puerta de
un corral en donde estaba solazándose un gallo con sus
gallinas. El perro fiel que guardaba la casa , al ver la alga-
rabía del gallo : - « ¿Cómo te atreves á recrearte así, le
dijo , cuando nuestro amo se encuentra tan afligido
y sin saber qué hacer para salir del apuro en que se
encuentra? - Pues qué le ha sucedido ? le preguntó el
gallo. --- Que nuestra ama se ha encerrado en un cuarto ,
está llorando , y se empeña en que su marido le descubra
un secreto que no puede este decirle sin perder la vida ;
mas como quiere tanto á su mujer, me temo que se deje
ablandar por los lloros de su esposa , y ya ves entonces la
desgracia que á todos nos sucederia. - Pues mira , si no es
mas que eso, le contestó el gallo , nuestro amo puede salir
de su apuro fácilmente . Que coja una buena vara de acebo ,
que se encierre en su cuarto con su mujer, y que le mida
bien con la vara las costillas. »
Atento el afligido labrador al coloquio del perro y del
gallo , no bien hubo oido á este , se levantó , agarró un
vergajo, y encerrándose con su mujer, de tal manera la
subó el coleto que, cesando en sus lloros , se puso , al fin ,
de rodillas rogando por Dios á su marido que la perdonara,
que ya no queria saber por qué se reia, ni se lo volveria
á preguntar en toda su vida.
Como á esta mujer terca é imprudente deberia yo
CUENTOS ÁRABES

tratarte, dijo el visir á su hija. - Padre , haced lo que


queráis conmigo, porque yo estoy resuelta á ser esposa
del sultan , aunque me cueste la vida . Ni las historias
que acabáis de contarme, ni otras aun mas tristes me
harán cambiar en mi designio, y si el cariño que me pro-
fesáis os impide el llevarme al palacio del sultan, yo.
misma iré á ofrecerme. >>
En vista de la firme resolucion de su hija , y forzado
por ella, con el corazon lleno de amargura , el gran visir
anunció al dia siguiente al sultan que aquella misma
noche le presentaria á su hija . Admirado se quedó este
al considerar el sacrificio que el visir le hacía , pero no
cambió por eso de propósito , ántes bien le dijo : - << Ten
entendido , visir , que al entregarte mañana á tu hija , será
para que le quites la vida , y ¡ ay de ti si no cumples mis
órdenes, porque te juro que lo pagarás con tu cabeza !
- Señor, le contestó el gran visir, aunque
mi corazon
se desgarre, vuestras órdenes serán cumplidas . »
En seguida fué á anunciar á su hija que el sultan la
aceptaba por esposa aquella noche , y Gerenarda se prepa-
ró para el gran sacrificio . Antes de salir para palacio lla-
mó á su hermana menor y le dijo : « Querida Diznarda ,
es preciso que me prestes tu auxilio para una grande
empresa no te asustes ni aflijas por lo que voy á decirte .
Esta noche voy á ser la esposa del sultan . Cuando esté
en su presencia le pediré que te deje pasar la noche en el
aposento inmediato, y espero que me lo concederá . Una
hora antes de despuntar la aurora , entrarás en la cámara
nupcial y me dirás : Querida hermana , si estás despierta ,
te ruego que mientras amanece , me cuentes alguna de
esas historias tan bonitas que tú sabes. Entonces yo
empezaré á referirte un cuento , y trataré de excitar la
curiosidad del sultan ; y espero que por este medio tan
sencillo conseguiré librar al pueblo del azote cruel con
que se ve afligido . » Diznarda , que así se llamaba la her-
mana menor, ofreció cumplir puntualmente con el encargo
que Gerenarda le hacía, y esta fué conducida á palacio por
el gran visir, el cual se retiró con el corazon afligido .
1.
10 CUENTOS ARABES

Al alzar el velo de su nueva esposa , el sultan vió que


-
Gerenarda tenia el rostro cubierto de lágrimas.

Evily

< ¿ Por qué lloras ? le dijo.- Señor, le respondió la jóven,


tengo una hermana á quien amo con la mayor ternura ,
y desearia que pudiese pasar esta última noche junto á
mí para conversar con ella. Os ruego que no me neguéis
este consuelo . » El sultan consintió en lo que Gerenarda
ie pedia, y su hermana Diznarda se instaló en la pieza.
contigua, separada del cuarto nupcial por una cortina.
CUENTOS ÁRABES 11

Cuando Diznarda creyó que el alba se acercaba , diri-


giéndose á su hermana le dijo : « Querida Gerenarda ,
mientras que amanece, cuéntame alguna historia bonita . >
Sin responder directamente á su hermana, la efímera
esposa del sultan pidió permiso á este para acceder á lo
que su hermana le pedia, y obtenido , empezó diciendo :

EL MERCADER Y EL GENIO

Señor : Un mercader que poseia grandes caudales ,


así en mercancías como en esclavos , joyas y dinero , tuvo
necesidad de hacer un viaje para arreglar algunos
asuntos de su comercio, y como tenia que atravesar un
gran desierto, al volverse á su casa, hizo una gran pro-
vision de dátiles y galleta para su alimento .
Agobiado por los ardores del sol y sediento, divisando
unos árboles no léjos del camino, se fué á poner á su
sombra para descansar y tomar alimento, y sacando
del zurron que llevaba los dátiles y la galleta, se
puso á comerlos, arrojando los huesos á derecha é iz-
quierda.
Concluido este frugal refrigerio, y despues de echarse
un buen trago de agua cristalina del manantial que entre
aquellos árboles corria, hechas las abluciones de costum-
bre , como buen musulman , se puso de rodillas para
recitar sus rezos.
Hallábase todavía en esta postura , cuando se le apa-
reció un Genio de estatura colosal y de horrible aspecto ,
el cual , dirigiéndose hácia él con semblante amenazador ,
y armado con un descomunal alfanje : - « Vas á morir
ahora mismo, le dijo , porque acabas de matar á mi hijo ; » y
agarrándole por los cabellos y arrojándole por tierra, alzó
el alfanje para cortarle la cabeza . Asustado el mercader
con la horrible aparicion del monstruo, y temblando de
miedo , exclamó : - « ¡ Señor ! ¿ qué mal os he hecho yo ,
para que me tratéis de esta manera ? Yo no he podido
12 CUENTOS ÁRABES

matar á vuestro hijo , puesto que ni le conozco, ni nunca


le he visto. - No acabas de comer dátiles y de arrojar

los huesos ? Eso es cierto . - Pues mi hijo que pasaba


cerca de ti en esos momentos ha recibido uno de los
huesos que tirabas, en un ojo, y de resultas del golpe
ha muerto . Así, justo es que tú mueras. - ¡ Misericordia,
señor ! exclamó el mercader, si yo le he muerto ha sido
involuntariamente y sin saberlo ; pero ya que me quitéis
la vida, dejadme siquiera vivir el tiempo necesario para
despedirme de mi mujer y de mis hijos , hacer testamento y
arreglar mis asuntos . Si me lo concedéis os juro por el Dios
del cielo que volveré despues á este sitio para que hagáis de
mí lo que queráis . -- Si te concedo un plazo , ¿ cumplirás
tu promesa ?.- Pongo á Dios por testigo de que la cum-
pliré. Y cuánto tiempo necesitas para arreglar tus nego-
CUENTOS ÁRABES 13
cios ? Un año por lo menos. Pues bien , te lo concedo, »
dijo el Genio, dejando al mercader libre .
Luego que el monstruo desapareció, el mercader volvió
á continuar su camino y llegó á su casa atribulado y triste .
Habiéndole preguntado su mujer la causa de su tristeza,
refirió á su familia lo que le habia sucedido , el juramento
que habia hecho, y el corto tiempo que le quedaba de
vida . Al oir tan lamentable historia, la mujer y los hijos
prorumpieron en lamentos , y en toda la casa no se oian
mas que llantos y gemidos, acompañados con ruegos
para que no volviese á semejante sitio ..
El mercader, sin embargo , empezó á poner órden en
sus cosas, pagó sus deudas , dió libertad á sus esclavos ,
de su familia
y llegado , deo fatal , despidiéndose , por última vez,
el término
sus deudos y amigos que no querian
dejarle marchar, volvió á ponerse en camino , despues

ANDREW -EEST.LU

de haber hecho á todos regalos magníficos, y llegó al sitio


convenido el mismo dia en que se cumplia el año, y se
14 CUENTOS ÁRABES

sentó al pié del manantial, esperando con resignacion la


venida del Genio.
Al llegar aquí, Gerenarda suspendió su narracion , al ver
que despuntaba el dia, hora en que el sultan Chabriar se
levantaba para hacer sus oraciones y asistir al consejo .
- « ¡ Oh, qué historia tan interesante ! exclamó Diznarda.-
Pues todavía es mas interesante lo que falta, le contestó
su hermana ; y si el sultan se digna concederme un dia
mas de vida, esta noche acabaré de contártela. » El sultan ,
que queria saber lo que el Genio habia hecho con el
mercader, no vió ningun inconveniente en aplazar por
una noche mas la muerte de su nueva esposa, y accedió
á lo que Gerenarda le pedia. Levantóse, pues, hizo sus
oraciones, y se fué al consejo en donde el gran visir le
estaba esperando , mas muerto que vivo , para recibir
á su desgraciada hija y conducirla al suplicio .
Su sorpresa y su alegría no tuvieron límites , cuando
vió que el sultan se puso á despachar los negocios del
imperio , sin darle la órden fatal consabida ; y cuando se
divulgó esta noticia en la corte y en la ciudad , fué pro-
fundo y general el regocijo que causó , é infinitas las
bendiciones que á Gerenarda dirigian .
Á la proximidad del alba de la mañana siguiente,
Diznarda repitió á su hermana el ruego de la víspera, y
Gerenarda, sin pedir esta vez permiso al sultan para
proseguir el cuento , anudó el hilo de su historia en estos
términos :

EL GENIO Y LOS TRES VIEJOS

Aguardando se hallaba el atribulado mercader la


llegada del Genio , y el fin de su vida con ella , cuando
vió venir á un anciano respetable , acompañado de
una cierva, el cual, despues de saludarle , le preguntó
qué era lo que venia á hacer en aquel sitio, al parecer,
delicioso , pero en realidad muy temible por ser frecuen-
CUENTOS ÁRABES 15

tado por los malos espíritus. El mercader le contó lo que


le habia sucedido, y el juramento solemne que habia
hecho. « Suceso terrible es ese , le dijo el anciano , y
mas terrible todavía, el que no podáis eludir el cum-
plimiento del sagrado juramento que habéis hecho. Voy á
quedarme aquí, para presenciar vuestra entrevista con el
Genio. »
Mientras estaba hablando , se presentó otro viejo
seguido por dos perros negros al que le refirieron el
motivo de hallarse el mercader en aquel sitio . El recien
venido decidió el quedarse tambien para ver lo que iba
á suceder, y lo mismo hizo otro tercer anciano que llegó
poco despues.
En esto, descubrióse á lo léjos una especie de nubarron
negro á manera de torbellino de arena levantado por el
viento , que se fué disipando poco a poco segun se iba
aproximando, hasta que apareció, en fin , el terrible Genio
armado con su cuchilla.
Acercándose al pobre mercader y agarrándole por un
brazo, le dijo : « Ha llegado tu hora, te voy á matar como
tú mataste á mi hijo ? »
Cuando el viejo que traia la cierva vió que el Genio
iba á matar al mercader, se arrojó á sus piés llorando y
exclamó : « I Príncipe de los Genios ! os ruego que
suspendáis vuestra justicia, y ántes de descargar el golpe,
me escuchéis un momento . Os contaré mi historia, que es
muy maravillosa, y la de esta cierva que llevo conmigo .
¿ Si la encontráis mas sorprendente que la de este
desgraciado mercader , le perdonaréis el crímen que
involuntariamente ha cometido, y le haréis gracia de la
vida ? » El Genio detuvo el brazo, y reflexionando un
momento : « Consiento en oir tu historia , y ... despues
veremos, le dijo.
Gerenarda suspendió su narracion al ver que era de
dia, y dirigiéndose al sultan : ― « Señor, le dijo, ya es
hora de que os levantéis para ir al consejo ; si lo tenéis
á bien , mañana concluiré la historia del anciano y de la
cierva. »
>
16 CUENTOS ÁRABES

El sultan, sin responder, se levantó y se salió del


aposento, pero no dió la órden consabida.

HISTORIA DEL ANCIANO Y DE LA CIERVA

Á la hora acostumbrada de la mañana siguiente ,


Diznarda rogó á su hermana que prosiguiese la historia
comenzada, y Gerenarda hízolo así.
Dirigiéndose al Genio, el anciano le dijo : Esta cierva
que veis aquí, señor, es prima mia, y ademas es mi
esposa . Cuando me casé con ella no tenia mas que doce
años, y por la edad , yo podia ser su padre.
Deseando tener hijos , compré una esclava que no tardó
en darme uno ; pero mi mujer , dominada por los celos ,
concibió un odio mortal contra la madre y el niño .
Este tenia ya diez años , cuando me vi precisado á
ausentarme , dejando bien recomendados á mi esposa así
á mi hijo , como á su madre . Durante mi ausencia , que
fué larga, mi mujer que se habia dedicado á la magia ,
para vengarse de aquellos inocentes, transformó en vaca
á la esclava , y á nuestro hijo en becerro , y se los entregó
á un labrador , arrendatario mio.
Cuando yo volví de mi viaje , mi mujer me dijo que el
niño se habia perdido , y que la esclava se habia muerto
de pena . Mucho me afligí con tal noticia, y durante ocho
meses no dejé de hacer diligencias para buscar al niño .
Cuando llegaron las fiestas del Bairan , le dije al labrador ,
que, como digo , era colono mio , que me enviase la vaca
mas gorda que tuviese , para sacrificarla, y el labrador me
envió la misma que mi mujer le habia entregado .
En el momento de ir á darle muerte, empezó á mugir
de un modo tan extraño , y á mirarme de una manera
tan particular, que no me sentí con ánimo de quitarle
la vida mi mujer que sabía bien que aquella vaca era ia
esclava que ella aborrecía, insistió para que se la matase,
y yo, por complacerla, se la entregué al colono para que
CUENTOS ÁRABES 17

fuese él quien hiciese el sacrificio . Mueita por él la vaca,


á pesar de las lágrimas que por sus ojos veia , cosa , á la

ANDREW DEST.LEO

verdad fenomenal y extraordinaria , se encontró que su


gordura era aparente, y que no tenia mas que el pellejo y
los huesos. Entónces mandé al labrador que me trajese un
becerro en vez de vaca , y el hombre me trajo á mi propio
hijo. Al verme, el animal empezó á hacerme caricias , se
arrojó á mis piés , me los lamia , y me miraba de tal modo ,
que yo me sentí muy conmovido, y en vez de matarle
mandé que le llevasen al establo . Mi mujer se enfureció
y queria que en el momento se hiciese con él lo que se
habia hecho con la vaca, pero yo resistí, y para apaci-
guarla le ofrecí que al año próximo le sacrificaria.
Al dia siguiente vino el labrador á verme y me dijo que
teria que confiarme un gran secreto . - << Tengo una
hija, me dijo, que posee la magia, y con su arte ha
descubierto que la vaca sacrificada era vuestra esclava, y
18 CUENTOS ÁRABES

que el becerro es vuestro hijo, los cuales han sido meta-


morfoseados en estos animales, por arte de vuestra
esposa que es tambien hechicera, y los aborrecia. »
Ya podéis juzgar , ¡ oh Genio ! cuál sería mi dolor y mi
sorpresa al oir esto . Fuí corriendo al establo en que
estaba el becerro, y aunque el pobre animal no podia
corresponder del mismo modo á mis caricias , recibió las
mias de tal manera que me convencí de que, en efecto, era
mi hijo. En esto vino la hija del labrador, y yo la pre-
gunté, ansioso , si no podria devolver á mi hijo su forma
primitiva, ofreciendo colmarla de riquezas . Ella me con-
testó que podria hacerlo bajo dos condiciones : la primera
es que me daréis á vuestro hijo por esposo ; la segunda ,
que me entregaréis á la que así le ha metamorfoseado
para que yo la castigue . Accedí sin restriccion á la pri-
mera ; y en cuanto á la segunda ofrecí entregarle á mi
mujer con tal de que no le quitase la vida.
Tomando entonces la jóven un vaso lleno de agua,
pronunció sobre él, en tono bajo , algunas palabras caba-
lísticas, y dirigiéndose al becerro exclamó : - « Si tú has
sido criado por el Supremo Hacedor en la forma que
hoy tienes , permanece en ella ; pero si eres hombre, y
estás en ese estado por arte de hechicería , te mando que
recobres tu forma primitiva por virtud y voluntad del
Ser Omnipotente. En seguida derramó el vaso de agua
sobre el becerro , y en aquel mismo instante, despoján-
dose este de su piel, me encontré con mi hijo entre mis
brazos . Acto contínuo transformó á mi mujer en esta
cierva que aquí veis, la cual, por no ser un animal repug-
nante, puede habitar así en medio de la familia.
Mi hijo, que se ha quedado viudo , debe volver de un
viaje , y yo he salido á esperarle en compañía de mi
mujer. ¿ No os parece maravillosa mi historia ? le preguntó
el anciano al Genio. - Sí, por cierto , le respondió este, y
en gracia de ella , perdono al mercader una tercera parte
de su pena. ―― Pues escuchad la mia, le interrumpió e
anciano de los perros negros , y veréis que no es ménos
sorprendente, y estoy cierto que me concederéis , por
CUENTOS ÁRABES 19

ella, otra tercera parte de perdon para el infeliz mer-


cader . Te la concederé, le contestó el Genio, siempre
que tu historia sea mas maravillosa que la de la cierva .
Gerenarda suspendió su narracion , porque ya habia
amanecido ; el sultan se marchó , y á la mañana siguiente ,
á ruego del sultan mismo , la continuó de esta manera :

HISTORIA DEL VIEJO Y DE LOS DOS PERROS NEGROS

Habéis de saber, Gran Príncipe de los Genios , co-


menzó diciendo el viejo , que nosotros somos tres her-
manos estos dos perros que aquí están , y yo el tercero .
Al morir nuestro padre, nos dejó por herencia á cada
uno mil zequies, y los tres nos hicimos mercaderes .
Poco despues de abrir mi hermano mayor su tienda,
quiso traficar en país extranjero, y emprendió un viaje,
llevándose muchos géneros . Un año hacía que estaba
ausente, cuando al abrir una mañana mi tienda , se pre-
sentó un pordiosero . « Dios os socorra, hermano, le
dije. - Y á ti tambien , me contestó , añadiendo : ¡ Qué !
¡ ya no me conoces ? » Le miré con atencion , y vi que
era mi hermano el ausente . En seguida le hice entrar en
mi casa, le di vestidos nuevos , y le pregunté lo que le
habia sucedido . « No te hablaré de mis desgracias , me
contestó , porque son tantas y tan grandes las que me han
sucedido , que nunca acabaria de contarlas , y tú no las
creerias. Yo no insistí, y como habia prosperado en mi
comercio , le di mil zequíes para que volviese á abrir su
tienda , como así lo hizo.
Á mi hermano segundo le entró tambien el deseo de ir
á comerciar en el extranjero , cuyo proyecto puso en
ejecucion á pesar de nuestras súplicas para que no se
fuera ; y al cabo de un año volvió tan pobre y arruinado
como el primero. Hice lo mismo con él y le di tambien
otros mil zequíes, con lo cual pudo seguir su comercio.
Sin que les sirviese de escarmiento lo que les habia
20 CUENTOS ÁRABES

sucedido, mis dos hermanos quisieron que los tres juntos


fuésemos á traficar en los países extranjeros. Yo me
negué al principio, pero al fin accedí á sus deseos . Com-
prámos mercancías , con mi dinero , porque ellos me
confesaron que no tenian un zequí ; y como yo era posee-
dor de seis mil zequíes les di mil á cada uno, guardé
otros mil para mí, y los tres mil restantes los escondí en
paraje seguro para remediar cualquier accidente que pu-
diera sucedernos .
Partimos cargados de mercancías, y tuvimos tal suerte
que en el puerto á que arribámos las vendimos con un be-
neficio de mil por ciento. En seguida comprámos géneros
de aquel país para venderlos en el nuestro , y fletámos un
barco por nuestra cuenta .
Estando un dia á la orilla del mar, se acercó á mí una
jóven pobremente vestida, pero de una hermosura sin
igual, y besándome la mano, me rogó que la permitiese
embarcarse en nuestro buque. Yo , no solo consentí en
ello, sino que su hermosura y su porte me cautivaron de
tal modo , que me casé con ella ; y á los pocos dias nos
hicimos á la vela.
Las bellas prendas que descubrí en mi esposa aumenta-
ron mi cariño por ella ; pero mis hermanos , envidiosos de
nuestra dicha, nos arrojaron al mar una noche, mientras
estábamos durmiendo . Felizmente que mi esposa era una
hada, y no solo se salvó , sino que me salvó tambien á mí
de una muerte cierta . - << Ya ves, me dijo , que no te he
pagado mal el beneficio que me hiciste. Soy hada que
habito á las orillas del mar, y el disfraz que me puse fué
para probar tu bondad , y estoy muy satisfecha . Ahora
voy á sumergir el barco en que navegan tus hermanos para
castigarlos por su ingratitud . » Yo le rogué que les perdo-
nara la vida, y conseguí aplacarla con mis ruegos . Me
transportó á mi casa , y desapareció en seguida.
Despues de abrir las puertas de la tienda fuí á buscar
el dinero al sitio en que lo habia escondido, y al pasar por
el patio me encontré en él estos dos perros negros, que
vinieron muy sumisos á lamerme las manos. Pensando
CUENTOS ÁRABES 21

estaba de dónde habrian venido aquellos perros , cuando


se presentó mi esposa y me dijo que sus hermanas que
eran tambien hadas como ella , habian hecho naufragar el
buque en que iban mis hermanos, y metamorfoseado á
estos en perros , en castigo de su ingratitud y de su per-
fidia, añadiendo que durante diez años vivirian de esta
manera.
Pasados algunos dias conmigo , volvió á desaparecer
diciéndome antes el sitio en que la encontraria. Se han
cumplido ya los diez años, y ahora voy á buscar á mi
esposa al sitio indicado llevando conmigo á mis hermanos
los perros.
¿No te parece, ¡ oh poderoso Genio ! bien maravillosa
mi historia y digna de que me concedas otra tercera parte
de perdon para este desgraciado mercader ?- Sí por cierto,
le contestó el Genio , y te concedo lo que solicitas.- Pues
yo espero que á mí me otorgarás la ora tercera parte
del perdon que el mercader necesita para no perder la
vida, se acercó diciendo el anciano que llegó el postrero ,
cuando hayas oido mi historia que es todavía mas sorpren
dente. - Te lo prometo, le contestó el Genio , si lo que
dices es cierto . - Gerenarda se interrumpió porque vió
que era de dia, y el sultan le dijo que oiria á la mañana.
siguiente la historia del tercer viejo.
Llegada la hora acostumbrada, Chabriar le dijo : -
Cuéntame, pues , la historia prometida . - Señor, con-
testó Gerenarda , yo no he podido saber nunca lo que el
tercer anciano dijo al Genio, solo sé que este quedó muy
complacido, que perdonó al mercader, y desapareció en
seguida . El mercader se volvió á su casa despues de dar
las mas expresivas gracias á sus libertadores , y estos
prosiguieron su camino . En cambio de esta historia que
ignoro, si lo permitís , Señor, os contaré la del pescador
que es muy interesante . El sultan accedió á ello , y
Gerenarda empezó diciendo :
22 CUENTOS ÁRABES

HISTORIA DEL PESCADOR Y DEL GENIO REBELDE

Habia en otro tiempo un pescador tan pobre que apénas


podia subvenir con el producto de su pesca á la manuten-
cion de su mujer y de tres hijos que tenia . Acostumbraba
echar cuatro redadas por dia . Tuvo tan poca suerte un
dia , que al retirar las redes la primera vez, solo encontró
en ellas yerbajos, lodo y arena . En la segunda redada
solo sacó el esqueleto de un borrico ; en la tercera, con-
chas y guijarros . Al ver su mala suerte , y creyendo que la
pesca que habia hecho significaba la proximidad de su
muerte, dirigió una plegaria al cielo . - « ¡ Señor ! exclamó ,
¡ misericordia ! Haz que la mar me sea propicia como lo
fué á Moises. » Volvió á echar por cuarta vez las redes , y
esta vez sacó una gran copa de cobre cerrada con un gran
sello.
Creyendo que contendria ricas joyas y dinero, rompió
como pudo el sello y levantó la tapadera, quedando muy
sorprendido al ver que no habia nada dentro . Estaba mi-
rándola con la mayor atencion, cuando notó que empe-
zaba á salir del fondo de ella un vapor espeso que casi le
cegó, y le obligó á retroceder. Elevándose este vapor en
lo alto , se condensó y tomó la forma de un Genio mons-
truoso y gigantesco . El pobre pescador quiso huir, pero
el miedo le paralizó el uso de las piernas. E! Genio, en-
tretanto, exclamó : - « i¡ Salomon ! gran profeta de Dios ,
perdóname, que ya no me opondré mas á tu voluntad y
haré cuanto me ordenes ¹ . » Repuesto el pescador del

1 Es creencia entre los musulmanes que Dios dió á Salomon no


solo el don de hacer milagros, sino que le dotó de una ciencia extraor-
dinaria. Segun su tradicion y creencia, Salomon tenia poder sobre los
ángeles buenos y malos, á quienes mandaba. Se hacía llevar en alas
de los vientos, por todas las esferas, y se paseaba entre los astros .
Conocia el lenguaje de los animales terrestres , de los volátiles , de los
peces, de los vegetales y de los minerales. Conversaba con ellos , y
se servia de los pájaros para enviar mensajes á la reina de Sabá di-
ciéndole que viniese á verle.
CUENTOS ARABES 23

primer susto , al oir nombrar á Salomon : - « ¿ Qué estás


diciendo, espíritu soberbio, replicó ; no sabes que Salo-
mon murió hace mas de mil ochocientos años ? - Háblame
con mas respeto , le replicó el Genio si no quieres que te
quite la vida.- Es decir que en pago de haberte puesto en
libertad quieres matarme . ¡ Pues vaya una recompensa !
pronto has olvidado el beneficio . Eso no impedirá el
que mueras á mis manos, le contestó el Genio , y la única
gracia que te haré, será la de que elijas el género de
muerte . -¿Pues en qué he podido yo ofenderte ? preguntó
el atribulado pescador. En nada , le respondió el mons-
truo ; pero es preciso que mueras , para que cumpla yo
el juramento que he hecho , porque has de saber que yo
soy uno de esos espíritus maléficos que se revelaron con-
tra Dios . Todos los Genios , ménos Secar y yo , prestaron
obediencia al Gran Profeta Salomon , y él entónces mandó
aprisionarme y llevarme ante su trono. Habiéndome orde-
nado jurarle fidelidad , me negué á ello , y Salomon , para
castigarme, me hizo encerrar en esa copa que tú has
abierto y la cerró con su sello, arrojándola en seguida á lo
profundo del mar. Pasado el primer siglo de mi encierro ,
juré que al que me librase le haria inmensamente rico :
al segundo siglo ofrecí dar á mi libertador todos los tesoros
de la tierra : al tercero, prometí hacerle rey y prolongar los
dias de su vida . Cansado ya de esperar durante otros mu-
chos siglos, y viendo que nadie venia á abrirme las puertas
de mi encierro, desesperado al fin , juré por el Dios del
cielo que al que me pusiese en libertad le quitaria la
vida. Este hombre has sido tú . Ya ves que no puedo faltar
á mi juramento . Es preciso que mueras . »
Grande fué la angustia del pescador al oir expresarse al
Genio maléfico de semejante manera. Lloró , rogó , se
echó á los piés del monstruo , le hizo presente que tenia
mujer y tres hijos, le representó su ingratitud é injusticia,
pero inútilmente, porque el Genio permaneció iracundo
é inflexible .
Viéndose perdido , el peligro le aguzó el ingenio, y se le
ocurrió una idea para ver si con ella podia engañar al
24 CUENTOS ARABES

Genio , valiéndose de una estratagema : - « Ya que no puedo


librarme de mi mala suerte, dijo , me someto á la voluntad
de Dios ; pero antes de morir, quisiera que me dijeras la
verdad sobre una duda que tengo . ―― Te prometo decir-
tela ; habla. - ¿Es verdad que estabas dentro de esa copa ?
Sí. - Pues no te creo, porque no es posible que un
gigante como tú pueda caber en un recinto tan pequeño ;
cuando uno solo de los dedos de tu mano lo llena . Lo
creeré solo viéndolo . - Pues, por Dios , te juro que
dentro estaba, y para que te convenzas de que digo verdad ,
vas ahora mismo á verlo . »
En seguida el colosal cuerpo del Genio empezó á eva-
porarse y se fué introduciendo poco a poco en el fondo de
la copa. Cuando el pescador, que miraba atento, vió entrar
la última partícula de vapor , y que el Genio le dijo : -
« ¿ Me creerás ahora ? » sin responder , se apresuró á cerrar
la copa con la tapadera . Al verse encerrado de nuevo , el
Genio se enfureció, é hizo un grande esfuerzo para salir
de la copa , pero no pudo conseguirlo porque el sello de
Salomon que el pescador habia vuelto á ajustar se lo im-
pedia recurrió entónces á la súplica diciendo al pesca-
dor que le abriese la copa y no tuviese miedo , que no le
haria ningun daño , y que todo lo que habia pasado habia
sido una broma. - « Ya me guardaré bien de dejarte
salir, maldito Genio, le contestó el pescador, porque eres
un infame que pagas con la muerte al que te hace un
servicio . Voy á arrojar la copa al mar, y á avisar á todos
mis compañeros que no vengan á pescar á este sitio, y que
si llegan a sacar alguna vez la copa la vuelvan á arrojar
inmediatamente si no quieren verse perdidos ; y mientras
acabo de cerrarla bien para que no te escapes, te voy á
contar la historia del rey leproso y de su médico que... »
Pero , Señor, es ya de dia, se interrumpió diciendo Gere-
narda, y si lo permitis, concluiré la historia del pescador
mañana . El sultan Chabriar consintió en ello , y á la hora
acostumbrada la sultana prosiguió en estos términos :
CUENTOS ÁRABES 25

EL REY LEPROSO Y LA CABEZA DEL MÉDICO EXTRANJERO

En uno de los distritos de la antigua Persia, reinaba en


otro tiempo un soberano de orígen griego que padecia la
horrible enfermedad de la lepra . Inútiles habian sido cuan-
tos remedios habian hecho con él los médicos mas famo-
sos del reino para librarle de esa plaga. Un médico
extranjero que andaba viajando para instruirse y perfec-
cionarse en su ciencia, llegó á la corte de este rey , y
habiendo oido hablar del mal que el monarca padecia, dijo
que él le curaria. Súpolo el rey, y le mandó venir á su
presencia. « Si me libras de esta enfermedad , le dijo ,
te daré honores y riqueza . - Señor , le contestó el mé-
dico, yo me comprometo á curaros , si V. M. hace lo que
yo le ordene . » El rey ofreció hacerlo . El médico se fué
á su alojamiento , mandó construir una maza cuyo mango
estaba hueco y con hendiduras de trecho en trecho . Ha-
biéndolo rellenado de ciertas drogas , volvió á ver al rey y

le dijo : << Señor, montad á caballo é id á la plaza á
jugar al mallo con vuestros cortesanos , y despedid la
bola con esta maza , teniéndola bien empuñada ; agilaos
mucho y transpirad . Cuando con el calor de vuestra mano
se hayan recalentado las drogas medicinales que he puesto
dentro del mango de la maza, y sus emanaciones pene-
trado por los poros de vuestro cuerpo , volveréis á palacio ,
tomaréis un bañɔ friccionado , y os acostaréis en se-
guida ; y mañana os encontraréis enteramente curado . »
Hizo el rey todo lo ordenado por el médico , y cuando se
levantó al dia siguiente se encontró completamente limpio
y sano, con gran contento y admiracion suya y de los corte-
sanos, por lo cual recompensó generosamente al médico ,
le sentó á su mesa, honra muy rara y de gran precio en
aquellos tiempos, señalándole ademas una pension de mil
zequíes al mes .
Tenia este rey un gran visir que era hombre de malos
sentimientos , envidioso , avaro, y celoso de la privanza y
2
26 CUENTOS ÁRABES

del favor que el rey dispensaba al médico, resolvió


perder á este , atemorizando al rey , á quien le dijo un dia :
-Señor,tened cuidado con ese médico extranjero, por-
que he llegado á saber que ha sido enviado aquí por vues-
tros enemigos para quitaros la vida , y repartirse despues
vuestro reino , exterminando toda vuestra dinastía. - No
lo creo , visir, le contestó el rey ; ya ves como en vez de
hacerme ningun mal , me ha curado de la enfermedad que
me afligia, y nunca olvidaré este servicio . Cierto es,
Señor, que os ha librado de ese mal, pero ¿ quién sabe ,
replicó el envidioso visir , si no ha hecho eso con el objeto
de ganar la confianza de V. M. para poder daros mas á su
sabor la muerte ? »
Estos y otros discursos semejantes , mas ó ménos insi-
diosos, no hicieron gran mella en el ánimo del rey los pri-
meros dias ; pero á fuerza de repetirselos , el visir consiguió
infundirle la sospecha y la desconfianza . Aprovechando estas
disposiciones del príncipe, el visir le dijo un dia : -
« Vuelvo a repetir á V. M. lo que le tengo dicho : este
médico es un espía , y lo que deberia hacerse con él , es
prenderle y cortarle la cabeza . » El rey tuvo la debilidad de
dar crédito á las calumniosas insinuaciones del visir, y
cedió á sus consejos pérfidos . Mandó llamar al médico, y
cuando estuvo en su presencia le dijo : « ¿ Sabes para qué
te he mandado venir ? Señor, lo ignoro . - Pues bien,
te lo voy á decir : he llegado á saber que eres un emisario
de mis enemigos , y que el verdadero objeto de tu venida
á mi corte es el de quitarme la vida ; así, he determinado
que te corten la cabeza . » El médico se arrojó á los piés
del rey, protestó de su inocencia , recordó al monarca el
servicio que le habia hecho dándole la salud, lloró , se
lamentó y pidió clemencia ; pero el rey, sin hacer caso de
los lamentos del médico , mandó al verdugo , que estaba
allí presente, que le cortara la cabeza. Ya se disponia este
á descargar el golpe , cuando el médico , que estaba de ro-
dillas y con los ojos vendados, dirigió al rey la palabra
diciéndole : << Ya que no queréis , Señor, revocar esa
incicua sentencia de muerte, permitidme, al ménos , el que
CUENTOS ÁRABES 27

vaya á mi casa para hacer testamento , escribir á mi familia ,


y arreglar mis papeles . Tengo algunos libros preciosos que
quiero repartir entre mis amigos, y en particular uno que
quiero regalar á V. M. , porque es una joya preciosísima,
puesto que, entre las infinitas curiosidades que contiene,
la mas maravillosa es la de que cuando me hayan cortado
la cabeza , poniéndola en una bandeja y abriendo V. M. el
libro á la página décima, y leyendo lo que allí está escrito,
mi cabeza responderá á las preguntas que le hicieren . »
El rey, deseoso de ver este prodigio , accedió á lo que el
médico le pedia y mandó que le llevasen á su casa, y que
despues que hubiese arreglado sus negocios, volviesen
á traerle .
Mientras tanto , se extendió la noticia por la corte del
prodigio que iba á verificarse con la muerte del médico , y
todos los cortesanos ylas personas mas notables acudieron
á palacio para ser testigos .
Volvieron á traer al médico , el cual, postrándose de
nuevo ante las gradas del trono , teniendo en sus manos un
gran libro : « Señor, le dijo , tomad este libro , hojeadlo
bien, y despues que hayan cortado mi cabeza , mandad que
la pongan en una gran bandeja , leed lo escrito en la página
décima, y preguntad en seguida lo que queráis ; la cabeza
os responderá inmediatamente . Pero vuelvo , Señor , á
implorar de nuevo vuestra clemencia , jurándoos que estoy
inocente . Son inútiles tus ruegos, porque aunque
fueras inocente , como dices, por solo ver el prodigio de
oir hablar á tu cabeza , mandaria que te la cortaran . » En
seguida tomó el libro de manos del médico , y mandó al
verdugo que cumpliera con su oficio.
Separada la cabeza del tronco , fué colocada en una
bandeja . En seguida , con grande asombro de todos los pre-
sentes, se estancó la sangre, abrió los ojos, y dijo : -
Abra V. M. el libro . » El rey así lo hizo , y como las hojas
estaban muy adheridas unas á otras, el rey empezó á des-
pegarlas sirviéndose de los dedos humedecidos con saliva.
Llegó á la décima página. - « Aquí no hay nada escrito ,
dijo. Prosiga V. M. hojeando el libro y hallará la
28 CUENTOS ÁRABES

maravilla, replicó la cabeza. » - Continuó el rey despe-


gando las hojas con la punta de los dedos, y, al despegar
la hoja vigésima, se sintió acometido de repente de una
convulsion horrible , se le turbó la vista y cayó del trono
exhalando ayes y gemidos Cuando la cabeza del médico
vió que el rey estaba próximo á espirar, por efecto del
veneno sutil y activo de que estaban impregnadas las
hojas del famoso libro , exclamó con voz terrible :
i
< ¡Tirano! Así concluyen los príncipes ingratos que, abu-
sando de la autoridad , pagan con injusticias los ser-
vicios que se les hacen . Mas tarde , ó mas temprano , Dios
los castiga. » Pronunciadas estas palabras , cerró los ojos y
cesó de hablar, y el rey exhaló el último suspiro.
• Así pereció ese rey desagradecido haciendo con su mé-
dico lo que tú querias hacer conmigo, continuó diciendo el
pescador al Genio encerrado en la copa . Si hubiera escucha-
do sus ruegos y le hubiera perdonado , él no habria per-
dido la vida,'y lo mismo te sucede á ti , que obraste de igual
modo conmigo ; por eso te voy á arrojar al mar para que
estés allí por los siglos de los siglos. - Amigo mio , res-
pondió el Genio con voz dolorida , te ruego que no ha-
gas tal, porque te juro , si me sacas de aquí, no solo no
hacerte daño, sino que te enseñaré un medio muy fácil de
hacerte pronto rico . »
El deseo de salir de la miseria en que estaba , y los
nuevos juramentos y promesas que le hizo el Genio , le de-
cidieron , al fin, á abrir la copa . Tan luego como el Genio
se vió libre, dándole un puntapié la arrojó al mar, y diri-
giéndose al pescador le dijo : - Nada temas , coge tus
redes y ven conmigo . » Obedeció el pescador..... Señor ,
mañana , si gustáis , acabaré de contaros esta historia
peregrina, dijo al sultan su esposa , porque ahora, ya es
de dia. El sultan, cuya curiosidad era cada vez mayor,
se dijo para sí que bien podia alargar la vida de la sul-
tana por algunos dias mas, sin quebrantar su juramento,
porque tiempo le quedaba para cumplirlo, y desde este
dia, ya no era Diznarda la que rogaba á su hermana que
prosiguiese la historia comenzada, sino el sultan mismo.
CUENTOS ÁRABES 29

Así, no repetiremos en lo sucesivo el ruego de Diznarda , ni


la órden del sultan , sino que continuaremos las historias
segun la sultana las iba refiriendo.

HISTORIA DE LOS CUATRO PESCADOS FRITOS

Decia, Señor, continuó Gerenarda al dia siguiente, que


el Genio mandó al pescador que le siguiese. El pescador
le siguió hasta llegar á las orillas de un lago situado entre
cuatro montañas, y en cuyas aguas cristalinas veíanse
-
juguetear una multitud de peces. « Echa tus redes , le
dijo el Genio al pescador. Este las echó y sacó cuatro
peces de diferentes colores, esto es, el uno blanco , el otro
encarnardo , el otro azul , y el otro amarillo . Como nunca los
habia visto semejantes , se quedó sorprendido mirándolos,
y pensando que podria venderlos á buen precio. — ‹ Llé-
vaselos al sultan, le dijo el Genio, y te dará mas dinero.
por ellos, del que tú has visto en tu vida. Podrás venir
á pescar á este sitio cuando quieras , añadió ; pero te
advierto quo no eches tus redes mas que una vez cada
dia, porque de lo contrário podria sucederte algun contra-
tiempo . » Dando en seguida una patada en el suelo , la
tierra se abrió, y el Genio desapareció, hundiéndose por
el boquete abierto.
En seguida fué el pescador á palacio y presentó al sultan
los cuatro peces : el sultan se admiró al verlos . Y creyendo
que serian tan gratos al paladar como lo eran á la vista ,
mandó que se los sirviesen fritos , y dió cuatrocientos
zequíes al pescador, el cual no cabia en sí de contento al
verse con tanto dinero. La cocinera del sultan , que le
habia sido enviada por el emperador de los griegos , des-
pues de haberlos escamado , los echó en la sarten , y
cuando ya estaban fritos de un lado , al darles la vuelta se
abrió una de las paredes de la cocina, y entró por la aber-
tura una majestuosa dama vestida con un rico traje egipcio,
y adornada con joyas de inestimable precio. Traia en la
80 CUENTOS ARABES

mano una varilla, y acercándose á la sarten en que esta-


ban friéndose los peces, los tocó con ella diciendo al
mismo tiempo : - « ; Pescaditos ! ¿ cumplís con vuestro
deber ? » Habiendo repetido esta pregunta por dos veces ,
los cuatro peces levantaron juntos la cabeza y respon-
dieron : « Sí, cumplimos ; si còntáis , arreglamos
cuentas ; si pagáis, pagamos ; si huís, vencemos, y que-
damos contentos . »
Grande fué el susto de la cocinera al presenciar este
prodigio, y cuando se recobró de él y fué á ver los peces ,

WORRY CEB CAT

los encontró carbonizados . Echóse la infeliz á llorar y


lamentarse por temor de la cólera del sultan que no querria
CUENTOS ÁRABES 81

creer lo que habia sucedido , y en esto llegó el visir á


buscar los peces. - « Por qué lloras ? » le dijo ; y la
cocinera le contó lo ocurrido. El visir no le dió gran
crédito, y quiso ver por sí mismo si el prodigio se repetia.
Ofreció disculpar á la cocinera con el sultan , y mandó á
llamar inmediatamente al pescador encargándole que tra-
jese otros cuatro peces iguales . El pescador fué al lago ,
echó las redes, y sacó otros cuatro pescados como los del
dia anterior y se los llevó al visir que le dió otros cuatro-
cientos zequíes . Mientras la cocinera los preparaba , él se
ocultó en un rincon de la cocina , y cuando los peces
estaban en la sarten medio fritos , volvió á aparecer la
dama , hizo la misma pregunta á los pescados , y estos
dieron la misma respuesta. Al retirarse, volcó la sarten, y
los peces cayeron en medio de las ascuas y se volvieron
carbon. Al presenciar lo sucedido , el visir exclamó : -
Esto es demasiado extraordinario y sorprendente para
que deje de informar al sultan , y ahora mismo voy á
ponerlo en su conocimiento. »
Cuando el visir le contó lo que él mismo habia visto,
el , sultan quiso cerciorarse de que el tal prodigio era
cierto . Volvieron á llamar al pescador y le mandaron que
trajese otros cuatro peces como los anteriores. Trájolos
al dia siguiente, y recibió por ellos otros cuatrocientos
zequíes . Al verse tan rico, ya no decia que el Genio encer-
rado en la copa fuese maléfico , sino muy benéfico , y se
alegraba de haberle sacado de ella.
Llevaron los aperos de cocina para freir los peces en el
gabinete mismo del sultan , haciendo el visir de cocinero .
Cuando estaban á medio freir, se abrió una de las paredes
del gabinete y apareció, no la dama, sino un negro de
colosal estatura vestido con el traje de esclavo . Se acercó
á la sarten y con una varita verde que traia en la mano
tocó á los peces y les hizo la misma pregunta que la dama,
dando los pescados la misma respuesta . Volcó la sarten ,
echó los pescados en la lumbre, y se marchó por donde
habia venido .
« Estos pescados y estas apariciones, dijo el sultan,
32 CUENTOS ÁRABES

muy inquieto y pensativo, encierran algun misterio que yo


quiero aclarar á toda costa. Manda venir al pescador que
los ha traido. D
» Cuando el pescador estuvo en su presencia :
— « ¿ En qué sitio has cogido esos peces ? le preguntó el
sultan. -- Señor, respondió el pescador, en un estanque
que está entre cuatro colinas al pié de esa gran montaña
que se ve desde las ventanas del palacio. - ¿Conoces
tú ese estanque ? le preguntó el sultan á su visir. -
Señor , contestó este, nunca he visto estanque ninguno
en esos parajes , á pesar de que suelo ir á ellos con fre-
cuencia para cazar . Pues quiero ir yo mismo á verlo,
dijo el sultan . » Y en seguida mandó á los cortesanos que
le acompañasen , y guiados por el pescador se pusieron
en camino .
Al bajar la montaña, el sultan y su comitiva descubrie-
ron, con general sorpresa, una llanura inmensa en medio
de la cual se veian reflejar las cristalinas aguas del estanque
pobladas de innumerables peces de colores distintos .
No poca admiracion causó al sultan , así los variados
colores de los peces como el que ninguno de los que le
acompañaban tuviese noticia de la existencia de semejante
estanque ; y como se habia propuesto descubrir el misterio
que encerraban estas maravillas, mandó acampar en aquel
sitio.
Llegada la noche, hizo venir á su tienda al gran visir
y le dijo que decidido como estaba á averiguar el enigma
de la historia de los cuatro peces , iba á montar á caballo
y recorrer la llanura sin escolta ninguna , pero que como
deseaba que su ausencia estuviese secreta , era preciso que
se quedase él en su tienda para recibir á los cortesanos y
decirles que el sultan estaba ocupado, ó indispuesto.
El visir le hizo algunas observaciones, pero inútilmente ,
sobre los riesgos que podria correr, y el sultan montó á
caballo y se alejó secretamente del campamento.....
Ya amanece, señor, dijo la sultana interrumpiendo el
cuento . Si os agrada el escuchar esta maravillosa historia,
la proseguiré mañana á la hora acostumbrada ; y en efecto,
así lo hizo diciendo :
CUENTOS ÁRABES 33

HISTORIA DEL REY DE LAS ISLAS NEGRAS

Caminó el sultan toda la noche por aquella llanura, y


cuando empezó á despunter el dia, se encontró á las inme-
diaciones de un grandioso palacio ó mas bien fortaleza de
mármol blanco , y cuyas paredes estaban cubiertas con
chapas de acero bruñido que , con la luz del sol , despedian
reflejos como los del cristal de un espejo . Por tres de sus
fachadas , el palacio se hallaba rodeado de un frondoso y
espacioso parque en el que se divisaban jardines deliciosos
cubiertos de plantas y flores raras , y espaciosos verjeles
plantados de árboles frutales cargados de frutas exqui-
sitas.
Un enjambre de pájaros , cuyo plumaje de colores vivos
y distintos recreaba la vista y el oído con sus gorjeos
y armonioso canto , poblaba aquel lugar ameno y de
delicias, sin que pudiesen alejarse de él, por hallarse libre-
mente aprisionados por las mallas de una inmensa red de
seda y oro tendida por encima de las copas de los
árboles , que sin impedirles el revolotear por todas partes ,
les impedia el abandonar aquel sitio.
Acercóse al palacio, cuyas puertas estaban abiertas ,
y viendo que á sus llamadas nadie respondia , pene-
tró en su interior. Despues de atravesar el vestíbulo y
un gran patio que encontró desiertos, se aventuró á
pasar adelante , y recorrió varios aposentos adornados
con un lujo verdaderamente oriental. Admirado de tanta
magnificencia , siguió recorriendo estancias , y entró
en un gran salon mas lujoso todavía , en el que se veian
ricas telas de brocado, alfombras y colgaduras hermosas
traidas de la Meca ; en cada uno de los cuatro ángulos del
salon habia un leon de oro macizo cuyos ojos estaban figu-
rados con esmeraldas y rubies , los cuales arrojaban por
sus bocas un agua cristalina que , al salir de ellas , se con-
vertia en un arroyo de perlas que iban á juntarse con
34 CUENTOS ÁRABES

las aguas de un surtidor que habia en medio del salon ,


cuyo chorro llegaba hasta el techo , y al caer en una
inmensa concha, se convertian sus gotas en diamantes y
piedras preciosas de todo género.
Extasiado estaba el sultan contemplando tanla mara-
villa, y admirado de no haber encontrado alma viviente en
ningun aposento, cuando llegó á sus oídos una voz lasti-
mera que decia : « ¡ Ay infeliz de mí, cuan desgraciado
soy! Oh fortuna inconstante ! ya que me has privado de
la dicha que gozaba , ¿ por qué no has puesto fin á mi vida ? »
Avivada la curiosidad del sultan , y ansioso de saber quién
se lamentaba de tal modo , abrió una de las puertas del
salon y entró en otro , adornado todavía con mayor riqueza,
en el que habia un trono de oro y de marfil , y sentado
en él un jóven de bella apariencia.
Se acercó el sultan y le hizo una reverencia , á cuyo
saludo correspondió el jóven diciendo : - « Dispensad
que no me levante para recibiros como merecéis, pero
me es imposible el hacerlo. » Y al expresarse así, levantó
el rico manto de brocado con que estaba cubierto , y el
sultan vió , con asombro, que aquel jóven era hombre de
medio cuerpo arriba , y de medio cuerpo abajo piedra de
mármol negro .
Compadecido el sultan del triste estado en que aquel
Jóven se hallaba, y pensando que quizas tuviese alguna
conexion con los misteriosos pescadillos , acercándose al
trono, tomó la mano al jóven y le dijo : - Vuestro in-
fortunio me conmueve ; contadme vuestra historia , y
estad seguro de que si yo puedo seros útil , trataré de
aliviar vuestras penas . - Aunque el relatar mi historia es
renovar mis tormentos , no quiero negarme à vuestra sú-
plica , contestó el jóven medio-piedra , y empezó diciendo :
<< Sabed que mi padre Mahamud era rey del Estado de
las Islas Negras , que son las cuatro colinas que rodean
hoy un estanque que al venir aquí habréis visto, el cual
era ántes la capital del reino , y las colinas eran islas .
Cuando murió el rey mi padre , subí al trono, y aunque
muy jóven , me casé con una princesa que era prima mia,
CUENTOS ÁRABES 35

con la cual viví feliz durante algunos años . Un dia que mi


esposa se hallaba en el baño , me sentí con ganas de dor-
mir, y me recosté en un divan . Dos esclavas vinieron en
seguida á colocarse á mi lado para velar mi sueño arma-
das con grandes abanicos para espantar las moscas que
quisiesen perturbarlo , y refrescar el aire . Creyéndome
dormido , empezaron á conversar en voz baja . ¿ No
es verdad, decia la una, que la reina hace mal en no
amar á un príncipe tan gallardo y tan bueno como este ?
- ¿ Y por qué se ausenta todas las noches y le deja
solo en el lecho, sin que el príncipe se queje ? - El rey no
puede quejarse, porque ignora estas ausencias , respondió
la primera. Todas las noches , al tiempo de acostarse , la
reina le hace beber una copa de un licor muy agradable
en el que ha echado un narcótico : este brebaje le sepulta
en un profundo sueño , y mientras le dura al rey este
sueño letárgico, la reina hace sus excursiones . Cuando
vuelve , despierta ella misma al príncipe haciéndole res-
pirar ciertas sales ; de modo que al abrir los ojos la en-
cuentra siempre á su lado . Ya podéis figuraros qué
sentimientos me asaltarian al oir esta conversacion de las
dos esclavas ; sin embargo , pude dominarme, y al poco
rato hice como que me despertaba.
» Aquella misma noche, la reina, segun costumbre , me
presentó la copa con el licor consabido , yo la tomé, pero
en vez de beberlo, lo arrojé con disimulo por una ven-
tana, y devolví á la reina la copa vacía , para que no sos-
pechara nada. En seguida nos acostámos , y cuando ella
me creyó bien aletargado , se levantó con precaucion , se
vistió, y dijo en voz alta al marcharse : Duerme ; y
¡ ojalá no llegues nunca á despertarte !
Tan luego como salió mi mujer, yo me apresuré á le-
vantarme ; tomé mi alfanje y la fuí siguiendo con precau-
cion paso á paso .
» Las puertas cerradas se abrian sin ruido al pronunciar
ella ciertas palabras mágicas . Atravesó el jardin , y llegó á
un bosquecillo sombreado por espesos emparrados : para
evitar el que me viese, yo di un pequeño rodeo, y cuando
CUENTOS ÁRABES
86
é
llegu adon de ella estaba , á pesar de la oscuridad de la
noche , la descubrí acompañada de un hombre con quien
conversaba muy familiarmente .
> Me puse á escuchar , y oí que le decia :
No merezco reconvencion ; ya sabéis la razon que
me impide ser mas diligente . Mas si todas las pruebas de
cariño que os he dado no bastan, dispuestae stoy á daros
otras mayores : sabéis lo que puedo , mandad . Si lo deseáis,
ántes que el sol alumbre , cambiaré este palacio en espan-
tosas ruinas habitadas por buhos y cuervos. ¿ Quereis que
trasporte estas murallas al monte Cáucaso y fuera del
mundo habitado? pues pronunciad una sola palabra.
» Mientras se expresaba así la reina , dieron la vuelta,
pasando por delante de mí. Tenia el alfanje preparado, y
como el hombre venia por el lado en que yo estaba , le di
una cuchillada , y cayó en tierra mal herido . Creí haberle
muerto y me retiré sin darme á conocer á la reina , á quien
perdoné por ser mi prima .
» Al atravesar el jardin, oi que la reina daba grandes
gritos, por lo que, viendo su dolor, me alegré de haberla
dejado con vida.
» Volví á mi aposento y me acosté, satisfecho de mi obra,
y á la mañana siguiente la reina estaba acostada á mi lado .
» Yo me levanté , me vestí, y me fuí al consejo , y cuando
volví, se me presentó la reina vestida de luto y con los
cabellos en desórden . Señor, me dijo , suplico á V. M.
que no extrañe verme asi ; tristes noticias que acabo de
recibir, son la causa del dolor que experimento . - ¿Qué
- La muerte de la
noticias son, señora? le pregunté .
reina mi madre , la del rey mi padre, muerto en una
batalla , y la de mi hermano que ha caido en un precipicio .
Me alegré que así disfrazara la causa de su afliccion,
pues era prueba de que no sospechaba fuese yo el mata-
dor de su amante. Señora, es justísimo vuestro dolor,
y os acompaño en él, esperando que la razon y el tiempo
cicatrizarán vuestro tormento , le dije.
» La reina permaneció un año en su habitacion entregad
á las lágrimas, al cabo del cual tomó mi licencia para " ons-
CUENTOS ÁRABES 37

tuir un sepulcro en palacio , donde, segun dijo , queria


pisar el resto de su vida. Se la concedi , y mandó edificar
in alcázar con una cúpula que se ve desde aquí, al que
lamó Palacio de las lágrimas ».
» Luego que estuvo terminado , hizo conducir á él secre-
timente el cuerpo de su amante, á quien , á pesar de su
magia, ni pudo curar, ni conservarle la vida, ni aun devol-
verle el habla.
» La reina iba con mucha frecuencia al Palacio de las
lágrimas.
» Quise saber lo que allí hacía, y un dia me oculté en el
palacio . Cuando llegó mi esposa á la tumba de su amante,
empezó á llorar y á lamentarse , exclamando : - ¡ Oh
tumba, tú has destruido la ternura con que yo era amada !
¡ Has venido á ser depositaria del tesoro mas precioso de
la tierra !
» Estas exclamaciones me indignaron , porque habéis de
saber, señor, que el hombre que la reina lloraba era no
un jóven príncipe gallardo , sino un horrible negro esclavo .
¡ Caprichos de mujer enamorada ! No pude contenerme
entónces, y saliendo de repente del escondrijo en que
estaba , exclamé tambien diciendo : Oh tumba ! ¡ por
qué no te has tragado á un tiempo á la mujer pérfida é
infiel y al horrible amante !
» Levantóse entónces la reina hecha una furia, y enca-
rándose conmigo : - i Infame ! me dijo , tú eres la causa
de mi dolor y todavía vienes á insultar á una amante deses-
perada. Bien sabía que eras tú quien habia privado de la
vida al ídolo de mi amor, y harto he disimulado . - Y
fuí, sí, le repliqué encolerizado , quien castigó á ese mons-
truo, y contigo debiera haber hecho otro tanto . Al mis-
mo tiempo desenvainé mi alfanje , pero ella léjos de inti-
midarse, cruzándose los brazos , con sonrisa sarcástica me
-
dijo Modera tu ira , y al mismo tiempo pronuncio
ciertas palabras cabalísticas, añadiendo : - Por la virtud
de mi arte mágica , quiero y mando que la mitad de tu
cuerpo se convierta en mármol .
Luego que la indigna maga me transformó, por medio
3
38 CUENTOS ARABES

de otro encanto , me trasladó á este sitio , se apoderó de


mis tesoros y convirtió la capital de mis Estados en el
estanque que habéis visto, y en peces á mis vasallos . Los
cuatro colores de peces que contiene , significan las cuatro
clases de habitantes que habia en mis Estados ; los blancos
eran musulmanes, los encarnados persas , los azules cris-
tianos y los amarillos judíos : los cuatro cerros eran las
cuatro islas que daban nombre á este reino . Todo esto lo
supe despues por la misma maga, para colmo de mi
afliccion. Pero no paró en esto su venganza, sino que todos
los dias viene á flagelarme cruelmente administrándome
cien azotes sobre mis espaldas desnudas , y desgarra mis
carnes. Terminada la flagelacion, cura mis llagas, no por
compasion, sino para que pueda sufrir el mismo martirio
al dia sigiuente, y en seguida me cubre con este manto de
brocado para mayor escarnio. »
Al llegar aquí el jóven rey de las Islas Negras, se le
oprimió el corazon , y el sultan se enterneció . Poco des-
pues exclamó el infortunado rey : << Dios poderoso ! yo
me someto á vuestros juicios , y confío en que vuestra
infinita bondad me recompensará . »
Vuelto el sultan de su estupor, exclamó : - << ¡ Oh príncipe
digno de compasion ! nada me ha conmovido tanto como
oir vuestra historia , y los autores que la escriban, ten-
drán la ventaja de referir el hecho mas extraordinario del
mundo . Solo falta la venganza , y de esa yo me encargo. »
En efecto , hablaron sobre el particular, y despues de
declarar el sultan quién era y el motivo de su presencia
en aquel sitio , enteró al jóven rey del modo que pensaba
vengarle . Tomadas sus disposiciones , el sultan se fué á
descansar algunas horas, y á la aurora del dia siguiente ,
cambiando de traje, se trasladó al Palacio de las Lágri-
mas, y esperó la venida de la reina maga . Esta , despues
de haber flagelado á su desgraciado esposo , como de
costumbre, sin tener cuenta de sus lamentos y lágrimas ,
no tardó en presentarse.
Al ver en aquel lugar á un hombre á quien no conocia ,
se quedó sorprendida, y adelantándose el sultan le dijo :
CUENTOS ÁRABES 39

« Te admira el verme aquí porque no me conoces .


Sabe, pues, que soy el Genio soberano y protector de
estos lugares, y que ya estoy cansado de oir los lamentos
de tu esposo , á quien tan horriblemente martirizas , y las
quejas de los habitantes de este reino que tú has meta-
morfoseado en peces , por medio de tus encantos . He
decidido poner fin á tus hechicerías, y que todo vuelva á
su primitivo estado . Así, si no quieres perecer á mis ma-
nos, te mando que inmediatamente vayas á desencantar á
tu esposo . Si obedeces , serás recompensada. Estoy
dispuesta á hacer lo que mandáis. ¿ Queréis que le resta-
blezca en su primitivo estado ? contestó la reina . - Sí. »
Ella tomó entonces una taza con agua, y articuló unas
palabras ; el agua hirvió como si estuviera al fuego ; en
seguida marchó donde estaba el jóven rey, y le roció con
dicha agua diciendo : « Si el Criador te formó como
estás , ó si está enojado contra ti , permanece en ese estado ;
pero si estás en él por mi encanto , recobra tu verdadera
forma. >> En el momento se levantó el príncipe vuelto
á su primitivo estado, dando gracias a Dios muy regoci-
-
jado . La maga continuó : « Véte de este palacio , y si
aprecias la vida no vuelvas á él jamas . »
El rey , cediendo á la necesidad , salió y se fué á esperar
al sultan , cuyos planes comenzaban á realizarse tan feliz-
mente.
La maga volvió al Palacio de las Lágrimas y le dijo al
sultan : - << Ya está hecho lo que me habéis ordenado . »
El sultan continuó en tono brusco : — « Lo que has
hecho no basta. - ¿ Qué queréis decir ? repuso ella . -
¡ Desventurada ! continuó el sultan , hablo de las cuatro islas
y de sus habitantes que has hecho desaparecer con tus
encantos. Todos los dias levantan la cabeza los peces del
estanque maldiciéndonos . Vé, ponlo todo en su primitivo
estado, y á tu vuelta recibirás la merecida recompensa .
Vuelo á ejecutar lo que me mandáis . » ―― En seguida
partió, y cuando hubo llegado al estanque , tomó un poco
de agua é hizo una aspersion ..... Pero ya es tarde para
acabar hoy esta historia, dijo , interrumpiéndose , la sul-
40 CUENTOS ÁRABES

tana. Con el beneplácito del sultan concluiré de referirla


mañana.

FIN DE LA HISTORIA DEL PESCADOR Y DEL REY DE LAS


ISLAS NEGRAS.

Á la mañana siguiente á la hora acostumbrada, la hija


del gran visir continuó diciendo : - Hecha la asper-
sion y pronunciadas algunas palabras , desaparecieron el
estanque y los peces, y reapareció la ciudad, capital del
reino, en su antiguo brillo y esplendor . Los peces multi-
colores se transformaron en hombres, mujeres y niños
pertenecientes á las cuatro razas de habitantes del reino,
mahometanos , persas, judíos y cristianos, los cuales, al
volver á sus tiendas y casas , encontraron todas las cosas
en el mismo ser y estado que tenian cuando fueron trans-
formados.
La comitiva del sultan , acampada á las inmediaciones
del estanque , se quedó atónita y asombrada al hallarse de
repente en medio de la gran plaza de una ciudad tan flo-
reciente y tan poblada.
Tan luego como la reina hechicera obró este prodigioso
cambio , se apresuró á volver al Palacio de las Lágrimas
para recibir la recompensa que el fingido Genio le habia
prometido. - « Ya estáis obedecido , le dijo . Acércate , »
le contestó el sultan . Ella se acercó sin la menor des-
confianza ; y el sultan , que tenia ya su alfanje desenvai-
nado, agarrándola con una mano , descargó sobre su ca-
beza una cuchillada tan tremenda , que se la partió en
dos mitades, cayendo exánime la reina, sin haber podido
defenderse , ni pronunciado una sola palabra. En seguida
se fué á buscar al príncipe de las Islas Negras que impa-
ciente le esperaba. - « Príncipe , le dijo abrazándole , ya
no tenéis nada que temer. Vuestra implacable enemiga ya
no existe. En lo sucesivo podéis vivir tranquilo en vuestra
capital, á ménos que no queráis honrar la mia, que está
vecina, donde se os recibirá segun merecéis . ¡ Oh mo-
CUENTOS ÁRABES 41
2
narca á quien se lo debo todo ! ¿ Creéis estar cerca de
vuestra capital ? -
- Sí , replicó el sultan, como que no
dista mas que cuatro horas. - Un año de viaje hay, con-
testó el jóven rey . No dudo habréis venido en el tiempo
que decís, pues mi capital estaba encantada, pero desde
que ha dejado de estarlo ha cambiado todo . No por eso
dejaré de seguiros aunque fuerais al fin del mundo . Quiero
acompañaros , y abandono mi reino sin pena alguna . »
Sorprendido quedó el sultan , pues no podia compren-
der estuviese tan lejos de sus Estados , pero el príncipe le
convenció, sin que le quedase duda. << Nada importa ,
replicó el sultan , el trabajo de volver á mis Estados , pues
quedo recompensado con haber hallado un hijo ; porque
ya que me hacéis el honor de acompañarme, y yo no tengo
hijos , os adopto y nombro mi heredero . »
El sultan y el príncipe se abrazaron con ternura ; y ya
no se pensó mas que en los preparativos del viaje, con
gran pesar de sus vasallos que recibieron de su mano uno
de sus parientes mas cercanos por rey .
Finalmente, se pusieron en marcha con cien camellos
cargados de riquezas, siguiéndolos cincuenta caballeros
bien montados y equipados . Tuvieron un viaje feliz y
cuando el sultan , que habia enviado emisarios para dar
aviso de su llegada, estuvo cerca de la capital, salieron á
recibirle varios oficiales quienes le noticiaron que no ocur-
ria novedad en su imperio . Los habitantes celebraron su
vuelta con grandes fiestas que duraron muchos dias .
Al siguiente de su llegada, el sultan contó á su corte
cuanto le habia pasado , y les participó la adopcion hecha
del rey de las cuatro Islas Negras, que todos aceptaron .
En cuanto al pescador, causa primordial de la libertad
del príncipe, le colmó el sultan de bienes, con los que pasó
feliz el resto de sus dias con su familia .
Aquí terminó la sultana la historia del Genio y el pes-
cador. Diznarda y el sultan manifestaron á la sultana que
estaban muy complacidos , á lo que ella respondió que
sabía otro cuento mas bonito todavía , el que empezaria á
contar la mañana siguiente , si el sultan se dignaba oirlo.
42 CUENTOS ÁRABES

HISTORIA DE LOS TRES KALANDORES HIJOS DE REY, Y DE LAS


TRES DAMAS DE BAGDAD

Señor, empezó diciendo Gerenarda á la mañana si-


guiente, en el reinado del kalifa Harun Alraschid, habia
en Bagdad un mandadero , especie de mozo de cordel,
que, á pesar de su humilde condicion , era hombre de in-
genio , y de jovial humor . Un dia que se hallaba en el
mercado esperando quien le ocupase en su oficio, se
acercó á él una dama con el rostro cubierto con un velo ,
y le dijo que la siguiese . El mandadero la siguió , y la
dama se detuvo ante una puerta á la que llamó , saliendo
á abrir un venerable anciano al que la dama dió algun
dinero . Sin hablar una palabra, el anciano se retiró y
volvió á salir al poco tiempo con una ánfora de vino que
la dama mandó colocar en su capacha al mandadero .
Despues se paró en la tienda de un vendedor de frutas
y de flores , compró várias clases de unas y otras , así como
de ensaladas ; y al pasar por una carnicería hizo que la
pesasen una arroba de carne sin hueso, completando sus
provisiones con algunas especias finas de la India , aguas
aromáticas, y todo género de pastelería ; con lo cual se
llenó la capacha del mandadero .
Seguida por este , llegó delante de un palacio, cuyas
puertas eran de ébano y marfil, y dió en ellas un gol-
pecito .
No tardaron en abrir, y se presentó otra dama de una
чermosura tan grande, que, al verla , causó tal emocion al
pobre mandadero , que no faltó muy poco para le dejar
caer la capacha con las provisiones al suelo . La dama que
le habia empleado , notó la impresion que habia producido
en él la hermosura de la portera , y se distrajo hasta el
extremo de olvidarse que estaba la puerta abierta.
- « ¿ Por qué no entras, hermana ? dijo la dama que la
abrió . ¿ No ves que ese hombre está muy cargado ? »
Entraron los tres, y despues de atravesar un pórtico
CUENTOS ÁRABES 43

suntuoso, pasaron por un patio rodeado de una galería


enrejada que comunicaba con várias habitaciones , ador-
nadas con esplendor . En el fondo del patio habia un
estrado , con un trono de ámbar sostenido por columnas
guarnecidas con diamantes y perlas , y revestido de raso
encarnado , bordado de oro . En el centro dėl patio habia
un estanque, rodeado de mármol y lleno de agua que se
deslizaba abundante por la boca de un leon dorado .
El mandadero, á pesar de su cansancio , estaba absorto
de lo que veía ; y lo que llamó mas su atencion fué una
tercera dama , que aun le pareció mas hermosa que las dos
primeras , sentada en el trono , del cual bajó para recibir á
aquellas así que las vió . Por el respeto con que la trata-
ban, creyó que debia ser la principal, y así era . Esta se
llamaba Zobeida, la que abrió Sofía , y Amina la que habia
ido por provisiones, la cual se habia quitado el velo al
entrar en la casa .
Zobeida dijo á las otras dos : - Hermanas, ¿ no veis que
ese buen hombre viene muy fatigado ? » Entónces Amina y
Sofía descargaron al mandadero , y pusieron la capacha en
el suelo . La desocuparon , y Amina pagó con esplendidez
al hombre, el cual, en vez de retirarse , permaneció inmó-
vil en el mismo sitio . Zobeida creyó que estaba descan-
sando , pero viendo su detencion, le dijo : -- « ¿ Qué
esperáis ? ¿no os han pagado bien vuestro trabajo ? her-
mana, dá algo mas á ese hombre para que se vaya con-
-
tento . Señora, respondió el mandadero , no me detengo
por eso ; mi trabajo lo han pagado con demasía . Veo mi
imprudencia de haber permanecido aquí , lo que espero me
perdonen, habiendo sido motivo de ello la extrañeza que
me causa el no ver ningun hombre con tres damas tan
hermosas. La sociedad de mujeres solas es tan desabrida
como la de hombres solos . » A estas palabras añadió otros
chistes en prueba de lo que decia, sin olvidar el dicho de
Bagdad : « que no se está bien en mesa donde no haya
cuatro personas, » y terminó diciendo que ya que eran
tres, necesitaban una cuarta .
Riéronse las damas , y Zobeida le dijo en tono grave : -
44 CUENTOS ÁRABES

« Amigo, sois un poco indiscreto , pero aunque no debia, os


diré que somos tres hermanas , que arreglamos nuestros
negocios sin dar cuentas á nadie de ellos ; porque como
dice un autor célebre : « El que revela su secreto ya no es
› dueño de él . » Si no puedes guardar tu secreto , ¿ cómo lo
han de guardar los extraños ?
- Señoras , dijo el mandadero, desde luego juzgué que
erais personas de grandes prendas, y no me he equivocado .
Aunque de condicion humilde, no he dejado de leer algu-
nos libros científicos, y me permitirán decirles que yo he
aprendido una máxima que dice : « No ocultemos nuestro
secreto, sino á personas indiscretas , ó á los necios ,
> porque abusarán ; mas los prudentes lo sabrán guardar. »
El secreto en mí , está como en habitacion cuya llave fuese
perdida , y la puerta estuviera sellada . »
Zobeida reconoció talento en el mandadero, pero pre-
sumiendo que queria disfrutar del banquete que iban á
tener, replicó sonriendo : -- << Sabéis que vamos á regalar-
nos, pero tampoco ignoráis los gastos que hemos hecho ;
por lo que no será justo que seáis de la partida sin poner
nada. » Sofía conforme con el parecer de su hermana dijo :
-<< Amigo, ¿ no habéis
oido el proverbio que dice : « El que
» algo pone, parte tiene , y el que no , con ello se retira ? »
El mandadero se hubiera visto en el caso de retirarse , si
<< Amina , tomando su defensa, no hubiese dicho á sus her-
manas : « Os suplico permitáis se quede con nosotras ,
pues tiene buena disposicion para divertirnos . Os aseguro
que, sin su ligereza y buenos oficios, no hubiera podido
comprar tanto en tan corto tiempo . » El hombre quiso
entonces devolver el dinero que le habian dado y Zobeida
se lo mandó guardar, diciéndole : - « Lo que sale de
nuestras manos en pago de servicios , no vuelve á ellas .
Amigo , añadió , si consentimos en que os quedéis , no es
solo con la condicion del secreto, sino de que observaréis
las reglas de la decencia y del decoro . » En tanto, la gra-
ciosa Amina preparaba la mesa y la cubria con exquisitos
manjares. En seguida se sentaron á ella las tres damas , é
hicieron sentar tambien al mandadero.
CUENTOS ÁRABES 45

Servido el primer plato , Amina echó de beber y bebi


la primera , segun costumbre árabe . Luego sirvió á sus
hermanas que bebieron una tras de otra , y por último
presentó la cuarta copa al mandadero, el que besó la
mano de Amina al recibirla , entonando una cancion enca-
minada á decir que el vino recibia mas exquisito gusto
viniendo de su mano. Las damas se regocijaron y cantaron
tambien, y durante la comida reinó una franca alegría.
El dia tocaba á su término cuando dijo Sofía al manda-
dero :- << Ya es tiempo de que os retiréis . »— Este, no re-
solviéndose á dejarlas , replicó : ― « ¿Adónde queréis que
vaya en el estado en que estoy ? Con lo que he bebido no
encontraré el camino de mi morada. Consentid en que
duerma en cualquier paraje de esta casa hasta mañana . »
Despues de haberse consultado entre sí las hermanas ,
Zobeida dijo por fin al mandadero : « Te concedemos
esa nueva gracia, á condicion de que has de ser mudo
respecto á lo que nos veas hacer, porque podria cos-
tarte muy caro el hacer preguntas indiscretas ; levántate ,
añadió , y lee lo que está escrito sobre aquella puerta. »
El mandadero se levantó , aunque no sin trabajo , y leyó
en alta voz las palabras siguientes escritas con letras de
oro El que pregunta lo que no le importa, oye lo que
no quiere. » - Al volver á su asiento , exclamó : - < Se-
ñoras , os juro que mi boca será muda, y mis ojos serán
ciegos . - Está bien , » dijó Zobeida.
Entrada ya la noche , Sofía encendió una multitud de
lámparas y bujías perfumadas que, al par que alumbraban
la estancia , la aromatizaban con un perfume delicioso .
En seguida, Amina volvió á cubrir la mesa con nuevos
manjares y exquisitos vinos , para la cena, y las tres her-
manas, con el mandadero, despues de haberse sentado,
se disponian á hacer honor al festin ; cuando oyeron lla-
mar á la puerta de la calle , á la que acudió presurosa
Sofia para ver quién era. - « Hermanas, volvi diciendo
al poco tiempo , creo que se nos presenta una buena oca-
sion para divertirnos esta noche. Los que han llamado
son tres kalandores , ó derviches persas , segun sus trajes
46 CUENTOS ÁRABES

lo demuestran , que acaban de llegar á Bagdad , y nos rue-


gan les demos hospitalidad por esta noche. Me ha lla-
mado la atencion , al examinarlos , el que los tres son tuer-
tos del ojo derecho y tienen afeitadas la barba , la cabeza y
las cejas. Yo creo que podemos recibirlos sin inconve-
niente, pues dicen que se marcharán en cuanto amanezca . »
Puestas de acuerdo las otras dos hermanas, consin-
tieron en recibir à tales peregrinos , y Sofía no tardó en
presentarse con los tres kalandores , los cuales , al entrar ,
hicieron á las damas un cortés saludo y profundas reve-
rencias . Estas les correspondieron convidándolos á que se
sentasen con ellas á la mesa .
Concluida la cena , queriendo los recien llegados mani-
festar su agradecimiento por el buen recibimiento que se
les habia hecho, preguntaron á las damas si no tendrian
algunos instrumentos de música con que poder darles un
concierto . « Sí, contestó Sofia. » - · Acto contínuo se
levantó, y fué á buscar un laúd , un tam- tam ó tamboril
turco y una flauta que puso en mano de los extranjeros .
Estos, despues de habérselos repartido y acordado, em-
pezaron á tocar una cancion muy popular que las damas
conocian , y aun la acompañaron con sus voces . Despues
de esta sonata , los kalandores tocaron otras várias , los
cantos se repitieron ; y cuando , excitados todos por la
música acompañada por las libaciones que se hacian de
exquisitos vinos , la animacion era general , grande el bu-
llicio , se oyeron dar fuertes y repetidos golpes á la puerta .
La música cesó , y Sofía salió á informarse de la causa de
aquel ruido .
Pero, como ya es de dia, se interrumpió la sultana , y
añadió : << Mañana os diré , señor , quiénes eran los
que llamaban á una hora tan avanzada de la noche. »
A la hora acostumbrada , en efecto, la sultana Gere-
narda anudó su historia diciendo : Habéis de saber ,
señor , que el kalifa Harun Alraschid acostumbraba salir
disfrazado por la noche para recorrer la ciudad , con el
fin de informarse por sí mismo de lo que pasaba en ella ,
y observar si sus órdenes eran cumplidas. Acompañado
CUENTOS ÁRABES 47

aquella noche por Giafar, su gran visir , y por Mesrour ,


jefe de los eunucos , vestidos los tres con trajes de mer-
caderes, hacía su ronda acostumbrada por las calles de la
ciudad, cuando al pasar por delante de la casa de las
tres hermanas oyó la música y el ruido que allí se hacía ,
y quiso saber la causa de tanta algazara . Por órden suya,
el visir Giafar llamó , y cuando la hermosa Sofía abrió la
puerta, al ver una dama de tal porte , se inclinó respetuo-
samente, y le dijo : ― « Señora , somos unos mercaderes
del Mosul que hemos llegado hoy mismo á Bagdad . Des-
pues de haber depositado nuestras mercancías en los
almacenes , hemos salido á dar una vuelta por la ciudad ,
y nos hemos extraviado . Al pasar por delante de esta casa ,
los ecos de vuestra música han llegado á nuestros oídos ,
y como nos sería imposible el atinar á estas horas con
nuestro alojamiento, nos hemos decidido á pedir la hospi-
talidad á los habitantes de ella, por esta sola noche, supo-
niendo que nuestra presencia no los incomodaria, y que
nos permitirian el pasarla aunque sea en el vestíbulo . »
Mientras Giafar hablaba, Sofía examinó con la mayor
atencion á los tres hombres, cuyo porte y maneras no le
parecieron sospechosos , puesto que , sin cerrarles la puerta ,
les dijo que no siendo ella el ama de la casa , iba á pre-
venir á esta, y les rogó esperasen un momento .
Puesta en conocimiento de sus dos hermanas la de-
manda de los tres mercaderes, Zobcida y Amina, mediante
el buen informe de Sofía, creyeron que podrian conce-
derles lo que no habian negado al mozo de cordel , y á
los tres kalandores. Sofía , pues, volvió á buscarlos , y los
introdujo en el salon , y Zobeida , despues de hacerles leer
la sentencia escrita sobre la puerta, les exigió la promesa
bajo juramento , de que no harian ninguna pregunta directa
ó indirecta sobre lo que vieran ú oyeran . Los fingidos
mercaderes prestaron el juramento que se les exigia, y
tomaron parte en el festin , aceptando las pastas , los dulces
y las copas que se les ofrecieron . El kalifa, en medio de
la alegría general que reinaba , estaba admirado de la her .
mosura de las damas, de la riqueza y del buen gusto de
48 CUENTOS ÁRABES

los adornos de la casa, lo cual hacía un singular contraste


con el aspecto del ébrio mandadero, y de los tres kalan-
dores , tuertos todos ellos del ojo derecho . De buena gana
habria hecho algunas preguntas sobre cosas tan raras ;
pero , acordándose del juramento que habia prestado , se
contuvo.
Acabada la cena, continuaron las canciones ; y los tres
tuertos se pusieron á bailar segun el uso de su país , lo
cual divirtió mucho á las damas y á los recien venidos.
Cuando los kalandores concluyeron su danza , Zobeida
dijo á sus hermanas que era preciso hacer lo que tenian
por costumbre. En seguida , Amina y Sofía quitaron la
mesa y renovaron las bujías , ayudadas por el mandadero
algo mas despabilado, merced á un sueñecillo que habia
echado . Amina colocó un sillon en medio de la estancia, y
Zobeida vino á sentarse en él . Despues , seguida por el man-
dadero, se entró en uno de los cuartos , y volvió á salir
armada con un látigo que entregó á su hermana, mién-
tras que el mandadero traía dos perras sujetas con una
cadena de hierro . Bastaba verlas para conocer los malos
tratamientos de que eran objeto . Zobeida , dando un gran
suspiro exclamó : - « i¡ Cumplamos con nuestro deber !
Mandó que le acercasen una de las perras y comenzó á
darle sendos latigazos hasta que casi le faltaron las fuer-
zas. Cuando cesó de castigarla , la perra y ella se miraron
de un modo tan particular y tan tierno, que una y otra
empezaron á derramar lágrimas abundantes . Zobeida
enjugó las de la perra con su propio pañuelo , la acarició
y besó, y en seguida mandó que le trajesen la otra perra
á la que maltrató , acarició y besó lo mismo que á la pri-
mera. Amina se llevó en seguida á los pobres animales
al cuarto de donde los habia traido . << Hermana , dijo
entónces Sofía, vuelve á ocupar tu sitio para que yo pueda
cumplir tambien con mi deber . » — Zobeida se levantó y
fué á sentarse en el estrado , mientras que Amina sacando
de una caja de cedro, con guarniciones de oru, un magní-
fico laúd, lo puso en manos de Sofía, la cual, despues de
haberlo templado , cantó una cancion alusiva á los tor-
CUENTOS ÁRABES 49

mentos de la ausencia, con una melodía y un tono tan


expresivos , que todos los circunstantes se sintieron con-
movidos. Amina, á su vez , tomó el instrumento , ocupar do
el lugar de Sofía , y cantó tambien otra cancion alusiva
8 al mismo asunto , pero de un modo tan apasionado y ve-
hemente que, al final de la última estrofa , le faltaron las
fuerzas , y cayó al suelo , sin sentido . Zobeida y Sofía se
apresuraron á socorrerla , le desabrocharon el vestido, y
los hombres, que se habian acercado para ayudarlas á
levantarla del suelo, vieron con asombro y horror que
tenía llenos de llagas y de cicatrices el cuello , la garganta,
las espaldas, todas las partes , en fin, del cuerpo que ha-
bian sido descubiertas .
Los kalandores y los tres falsos mercaderes estaban
asombrados al presenciar semejantes escenas.-« ¡ Mas nos
hubiera valido, decian los primeros , haber pasado la
noche fuera de esta casa , que haber entrado en ella para
ser testigos de espectáculos de esta naturaleza ! - ¿ Qué
significa todo esto ? les preguntó , por lo bajo , el kalifa .
- Señor, no lo sabemos, le respondió en el mismo tono
uno de ellos . Somos forasteros , y hacía muy poco que
habíamos entrado aquí, cuando habéis llegado . » La mis-
ma pregunta hicieron entónces al mandadero , que con-
testó se hallaba tan ignorante como ellos . El kalifa queria
á toda costa saber la significacion de todo lo que habia
visto, é iba ya á quebrantar el juramento que habia pres-
tado de guardar silencio , si el prudente visir no le hubiese
hecho algunas reflexiones , y logrado el contenerle. Los
tuertos, por su parte, tampoco quisieron dirigir pregunta
alguna, y por último se convino entre todos que fuese el
mozo de cordel el que se arriesgase á hablar el primero.
Zobeida que habia observado la animacion y los cuchi-
cheos de sus huéspedes , luego que Amina recobró sus
sentidos , se acercó á ellos y les preguntó cuál era el mo-
tivo de la discusion que entre si tenian . - « Señora, res-
pondió el mandadero , estos señores os ruegan por mi
conducto que les expliquéis las cosas tan extrañas que
hemos presenciado , porque dicen que no lo entienden,
50 CUENTOS ÁRABES

y yo, por mi parte, tampoco lo entiendo. ¿Es cierto lo


que dice este hombre ? les preguntó con altivez Zobeida .
Cierto es, respondieron todos ellos. - Ántes de per-
mitiros el permanecer en nuestra compañía, replicó cada
vez mas encolerizada Zobeida , os exigimos , y vosotros
prestasteis el juramento de no hacer pregunta alguna
para indagar las cosas que vieseis ó que oyeseis . Os hemos
agasajado en cuanto nos ha sido posible , por nuestra
parte, y vosotros , por la vuestra, faltáis indignamente á
vuestro juramento. Pues bien , tened entendido , que en
vista de vuestra conducta , no habrá perdon para vos-
otros. » Y al terminar sus últimas palabras dió tres fuertes
palmadas, y exclamó : - « ¡ Venid pronto ! >>
En el mismo instante se abrió la puerta de uno de los
cuartos que comunicaban con la sala del festin , y salieron
por ella siete robustos esclavos negros armados con cu-
chillas, se apoderaron de los siete curiosos, y los echaron
á tierra para cortarles las cabezas .
Tan repentino é inesperado fué el ataque , y tan grandes
el terror y la sorpresa , que antes de que pudieran defen-
derse, el mandadero , los tuertos , el kalifa y los que le
acompañaban, se vieron en el suelo y con los alfanjes de
los negros sobre sus cabezas . Al kalifa le pesó entonces
no haber seguido los consejos de prudencia de su visir
Giafar que le habia dicho que dominase su curiosidad
impaciente por aquella noche , y que al dia siguiente tan
pronto como saliesen de la casa haria prender á los habi-
tantes de ella , y llevándolos ante su presencia los interro-
garia á su sabor , obligándolos á aclarar los misteriosos
hechos que habian visto .
Ya iban los esclavos á descargar el golpe fatal sobre
los indiscretos huéspedes , cuando Zobeida , haciéndoles
seña de que se detuvieran : -- « Aguardad , les dijo ; ántes
de que mueran , quiero saber quiénes son estos hombres
que se han conducido de tan mala manera. » Aprove-
chándose de esta suspension , el mandadero empezó á
gritar : G Señora , exclamó , no es justo que pague por
el que es culpable un inocente. Estos malditos tuertos
CUENTOS ÁRABES 51

tienen la culpa de lo que sucede , porque, en todos los


países , los tuertos , los cojos y los bizcos han sidɔ siem-
pre aves de mal agüero . » Á pesar de su enojo , Zobeida se
sonrió al oir la exclamacion del mandadero , pero , sin
prestar atencion á sus lamentos , se dirigió á los otros
huéspedes, y les dijo : - « Quiero saber quiénes sóis , por-
que al ver el modo que habéis tenido de portaros con
nosotras no debéis ser gente honrada y bien nacida . »
Despechado el kalifa de verse en aquella situacion , y su
vida á merced del capricho de una mujer ofendida , le dijo
á Giafar que declarase quién era. El visir le contestó :
<< Nos sucede lo que merecemos . » Ya iba, sin embargo, á
hablar, cuando Zobeida encarándose con los tres kalan-
dores : << ¿Sois hermanos los tres , les preguntó , y tuer-
tos de nacimiento ? ― No lo somos, señora , por los vín-
culos del parentesco, aun cuando lo seamos por nuestra
profesion, respondió uno de ellos , y la pérdida de mi ojo
derecho, añadió , yo la debo á un suceso extraordinario
digno de ser conocido . » Los otros dos respondieron, poco
mas ó ménos , de la misma manera , y el que habló pri-
mero añadió : - << Sabed , señora , que no somos gente
de baja esfera , sino que los tres somos príncipes , hijos
de reyes bien conocidos en el mundo . »
Al oir estas palabras, Zobeida mitigó un tanto su ira, y
mandó á los esclavos que los dejasen libres , pero que per-
maneciesen en la estancia sin perderlos de vista. « Con-
tadnos, pues, vuestra historia , añadió , y el objeto que
tuvisteis al venir á esta casa , y veremos si vuestras razo-
nes son admisibles . » No bien oyć el mandadero estas pala-
bras , cuando se apresuró á hablar el primero diciendo :
<< Señora, mi historia es bien sencilla mi padre fué man-
dadero , y yo seguí su ejemplo . Me hallaba esta mañana,
como de costumbre, en el mercado esperando que alguno
me ocupase , cuando vuestra hermana , la señora Amina,
me mandó que la siguiera . Obedecí , y pasámos por varios
puestos y tiendas comprando comestibles que yo puse en
mi capacha, y cuando esta estuvo llena vinimos á esta casa
en la que me permitió vuestra bondad quedarme , y sen-
52 CUENTOS ÁRABES

tarme á la mesa , honra y favor que no olvidaré en toda


mi vida. Lo demas , ya lo sabéis , y sin la maldita curiosi-
dad de estos tuertos..... - Marcha de aquí, le inter-
rumpió Zobeida, y guárdate de volverte á presentar en
nuestra presencia . - Permitidme el quedar algunos mo-
mentos mas para oir la historia de estos señores , ya que
ellos han oido la mia ; en cuanto la concluyan me largaré,
y no me volveréis á ver el pelo . » Zobeida consintió , y el
mandadero se fué á sentar en un rincon llorando y sus-
pirando de gozo por verse libre del peligro de muerte que
habia corrido .
Mientras tanto , uno de los tres príncipes tuertos , empezó
la narracion de las aventuras de su vida en estos térmi-
nos..... Pero dejemos , señor , esta historia para mañana ,
dijo la sultana Gerenarda , porque ahora ya es de dia.

HISTORIA DEL PRIMER KALANDOR TUERTO, HIJO DE REY

Á la hora acostumbrada de la mañana siguiente , la


sultana empezó diciendo : Tomando la palabra el ka-
landor : « Señora , dijo , dirigiéndose á Zobeida : el rey mi
padre tenia un hermano que reinaba en un país vecino y
á cuya corte iba yo á pasar algunas temporadas en com-
pañía de un hijo suyo , primo mio , de quien me habia
hecho muy amigo . La última vez que estuve á verle, me
recibió con muestras de mayor cariño . Una noche que
estábamos cenando solos , me dijo el príncipe mi primo :
Tengo que comunicarte una cosa reservada , pero solo
lo haré si me juras que guardarás el secreto . » Yo se lo
prometí sin restriccion ninguna . Entónces me dijo que
durante mi última ausencia habia mandado construir un
palacio subterráneo que era una maravilla, y que queria
que lo viera. « Espérame aquí un momento , añadió , que
pronto vuelvo. » En efecto, salió, y al poco rato volvió
acompañado por una bellísima jóven vestida con un traje
riquísimo . Nos sentámos de nuevo á la mesa, y prolongá-
CUENTOS ÁRABES 53

mos la velada fumando y bebiendo . Ya muy avanzada la


noche, el príncipe nos dijo á la dama y á mí : « Vamos á
ver el palacio secreto . » Y los tres nos encaminános hácia
cierto sitio ocupado por algunas tumbas . Se detuvo delante
de una de ellas , y haciendo uso de una piqueta con que
se habia provisto , quitó la losa del sepulcro, y descubrió
una trampa con una argolla de hierro . El príncipe , tirando
de esta argolla , alzó la trampa, y apareció una escalera . --
« Señora, dijo entónces á la jóven que nos acompañaba ,
podéis bajar, pues por aquí iremos al sitio que sabéis . »
La dama , sin responder una palabra , empezó á bajar los
escalones , el príncipe hizo otro tanto , y yo me disponia á
seguirlos, cuando volviéndose de repente hácia mí , me
dijo : -α Primo, te estoy muy agradecido ; te recomiendo
el secreto , y te ruego te vuelvas por donde has venido : »
y sin esperar mi respuesta, dejó caer la trampa, y desa-
pareció de mi vista . Pasada mi primer sorpresa , quise
abrir la trampa, pero me fué imposible porque mi primo
a habia sujetado por dentro . Entónces me volví á palacio
y me acosté, pero sin poder dormir, y pensando en la
aventura original que me parecia un sueño , hijo de los
vapores del vino . Al dia siguiente , á la hora acostumbrada ,
quise saber si el príncipe mi primo me recibiria , pero me
respondieron que habia pasado la noche fuera de pala-
cio, y que no habia vuelto todavía . Entónces conocí que
no hahia soñado , y que era una realidad la desaparicion
de mi primo . El rey mi tio , que se hallaba en este mo-
ménto ausente , á quien yo no quise decir nada, por no
faltar á mi juramento, cuando volvió hizo practicar las
mayores diligencias , para saber en dónde estaba, ó lo que
le habia sucedido al príncipe ; pero todo inútilmente. A pe-
sar de la afliccion en que le veía, creí prudente el no pro-
longar mi ausencia por mas tiempo en su corte, y regresé
á los Estados de mi padre. Al llegar á la capital y dirigirme
a palacio, me vi rodeado por una fuerte escolta, lo que me
sorprendió, y mas cuando el oficial que la mandaba , acer-
cándose á mí me dijo : « Príncipe, el gran visir , acla-
mado por el ejército , ha subido al trono que ocupaba
54 CUENTOS ÁRABES

vuestro padre, el cual ya no existe, y yo tengo órden de


conduciros á su presencia . » Cuando me tuvo delante de sí el
rebelde usurpador se arrojó furioso sobre mí, y con su pro-
pia mano me arrancó el ojo derecho , en venganza de que
yo, involuntariamente habia sido causa de que tambien él
fuese tuerto , porque estando yo un dia en la azotea del
palacio divirtiéndome en tirar á los pájaros con la ballesta ,
en ocasion que el gran visir se hallaba tambien en la azotea
de su casa, situada no léjos del palacio, una de mis flechas
se extravio, y fué à clavarse en su ojo derecho . Cuando yo
supe este accidente , me apresuré á pedirle mil perdones ,
y á manifestarle mi sentimiento : á pesar de esto , desde
entónces me odiaba , guardando contra mí el mas pro-
fundo resentimiento . No contento con haberme arrancado
el ojo, hizo meterme en una jaula de hierro , y mandó que
me llevasen á un bosque no léjos de la ciudad , que me
quitasen allí la vida , y dejasen expuesto mi cadáver á la
voracidad de las fieras y aves de rapiña . Felizmente los
encargados de ejecutar esta órden inicua , eran antiguos
servidores de mi padre, y me tenian algun cariño ; así fué
que, compadecidos de mi desgraciada suerte, al llegar al
sitio de la ejecucion , me sacaron de la janla , y en vez de
cortarme la cabeza , me dijeron : « Príncipe, huid y salid
inmediatamente del reino si queréis conservar vuestra
vida, y que nosotros no perdamos la nuestra . » Les di
gracias con la mayor efusion, y seguí su consejo dirigién-
dome á los Estados de mi tio .
Cuando llegué á su capital , le encontré muy desconsolado
por la desaparicion del príncipe, y su afliccion se aumentó
cuando le participé la muerte del rey mi padre, y lo que
me habia sucedido . Yo creí entonces que debia reve-
larle lo que sabía sobre la desaparicion de mi primo.
Despues de haberme escuchado muy atentamente :
< Lo que me cuentas , dijo, me da algunas esperanzas de
encontrar al príncipe. Tuve noticia de que hacía construir
una tumba, y conozco el sitio . Iremos los dos solos ,
para no divulgar el secreto , y trataremos de saber lo que
le ha sucedido . » En efecto , por la noche salímos de pala-
CUENTOS ÁRABES 55

cio disfrazados , y con sus indicaciones y las mias, no


tardamos en descubrir la bóveda sepulcral, y la trampa

ta,

con la argolla de hierro . Nos costó mucho trabajo el


abrirla, pero, al fin , lo conseguímos. Al bajar la escalera
sentímos un olor nauseabundo, y cuando llegámos al fin
de ella entrámos en un salon embovedado en cuyo centro
habia un estrado, y sobre él dos lechos . Innumerables
56 CUENTOS ÁRABES

provisiones de boca se veían esparcidas por el suelo. El


rey subió los escalones del estrado y descorrió las cor-
tinas del lecho , y vimos con asombro el cuerpo inanimado
del príncipe , pero ennegrecido y carbonizado como un
tizon . El de la dama que le habia seguido , que estaba en el
otro lecho, se encontraba lo mismo . Lo que mas me admiró
en medio del horror que me causó la vista de semejante
espectáculo , fué el ver que el rey mi tio , léjos de entre-
garse á las demostraciones del dolor que debia causarle
el triste fin de su hijo, se descalzó una babucha, y des-
pues de haber escupido sobre el rostro del príncipe ,
azotó con ella sus mejillas , exclamando al mismo tiempo
con indignacion : « Has recibido en este mundo el
castigo que merecias en el otro , tu castigo durará eter-
namente. Y volviéndose á mí me dijo : - < El príncipe ,
de acuerdo con su hermana , conspiraba contra mí con el
objeto de arrojarme del trono, y aun de quitarme la vida,
si me resistia. Yo llegué á tener conocimiento de sus pla-
nes, y le hice algunas reconvenciones, pero temerosos él
y su hermana de que yo los castigase segun lo merecian,
bajo pretexto de construir una tumba , hizo edificar este
recinto, y vinieron á sepultarse en él para sustraerse del
castigo que temian . »
Salímos de aquel fúnebre sitio , cerrámos la trampa y
tapiámos la entrada de la tumba , como mejor pudimos .
Empezaba á amanecer , y al llegar á palacio , oímos un ruido
confuso de sonidos bélicos causados por la proximidad
de un numeroso ejército conducido por el visir traidor
que habia destronado á mi padre y habia invadido el reino
de mi tio . Á los pocos dias embistió la capital ; el rey mi
tio , á la cabeza de las pequeñas fuerzas que pudo reunir,
se defendió cuanto pudo , y murió heróicamente . Yo com-
batí á su lado, y logré salvar la vida despues que la
ciudad se rindió , haciéndome afeitar la barba y el cabello
y disfrazándome con el traje de kalandor . Así pude salir
de la ciudad y del reino sin ser conocido, y marchando
noche y dia, he podido llegar á los dominios del poderoso
Comendador de los Creyentes , el ilustre Harun Alras-
CUENTOS ÁRABES 57

chid , siendo mi intencion la de arrojarme á sus piés y


contarle mis cuitas.
Al entrar por las puertas de esta ciudad, me encontré
con este otro kalandor que me dijo , que tambien él acababa
de llegar, y estando hablándonos, se nos acercó otro com-
pañero que nos saludó y nos dijo que venía de países
extraños. En vista de que todos tres llegábamos al mismo
tiempo y quizas con el mismo objeto , convenímos en vivir
reunidos, y empezámos á reccrrer la ciudad para buscar
alojamiento , cuando tuvimos la honra de entrar en esta
casa en donde hemos sido tratados con tanta generosidad
y cortesanía, de lo cual , yo por mi parte, estoy suma-
mente agradecido.
-« Está bien, dijo Zobeida ; podéis marcharos cuando
gustéis. - Señora, replicó el kalandor, espero que no
me negaréis lo que habéis concedido á ese mandadero, y
me permitiréis oir la historia de mis compañeros . » Zo-
beida hizo un ademan afirmativo , y el príncipe tuerto fué
á sentarse á un lado del estrado .
En seguida, dió principio á su historia el segundo ka-
landor, en estos términos :

HISTORIA DEL SEGUNDO KALANDOR TUERTO, HIJO DE REY

« Para que sepáis , señora , por qué serie de aventuras


llegué á perder mi ojo derecho , será preciso que os refiera
mi historia desde los primeros años de mi vida. Sabed ,
pues, que yo nací príncipe , y que el rey mi padre, desde
mi mas tierna infancia , trató de cultivar mi entendimiento
dándome los mejores maestros en ciencias y artes, así de
su reino como del extranjero .
Fueron tan sorprendentes los adelantos que hice , que,
á pesar de mis cortos años , la fama de mi talento y saber
sc extendió hasta el interior de las Indias, cuyo emperador
quiso conocerme personalmente, y con este objeto envió
una solemne embajada al rey mi padre, cargada con ricos
58 CUENTOS ÁRABES

presentes , para rogarle me permitiera ir á verle. Mi padre


accedió al ruego del emperador, y yo marché acompañado
por los embajadores y escoltado por cincuenta jinetes .
Ya llevábamos unos cuantos meses de camino , cuando , al
atravesar un desierto , vimos á lo léjos una gran polvoreda ,
y poco despues distinguímos una numerosa tropa de
árabes beduinos , ladrones del desierto , que se dirigian
hácia nosotros. Como éramos muy inferiores en número ,
y no podíamos resistirios por la fuerza, tratámos de librar-
nos de ellos con buenas razones, haciéndoles presente
nuestra calidad de embajadores . Inútiles fueron nuestros
esfuerzos , y al cabo tuvimos que venir á las manos. En el
combate perecieron los embajadores , la mayor parte de
los jinetes de la escolta, y yo caí herido . Pude levantarme
y huir, y los ladrones beduinos , ansiosos de repartirse el
botin, no se cuidaron de perseguirme.
Caminé todo el dia, y la noche la pasé en una gruta que
encontré en donde pude curar mi herida que, por fortuna,
no era grave . Continué caminando durante mas de un mes ,
sin mas alimento que algunas raíces y frutas silvestres , y
llegué á una gran ciudad , de agradable aspecto , y me
entré en la primera tienda que encontré con el objeto de
saber el país en que me hallaba . El dueño que era un
sastre, al ver mi juventud y mis maneras, me recibió con
afabilidad, y en vista de ello , yo me decidí á contarle lo que
me habia sucedido , diciéndole quién era. - « Guardaos
-
- de decir á nadie lo que acabáis de referirme, me dijo , por-
que si llegase á saberlo el príncipe que reina aquí, que
es enemigo de vuestro padre, os jugaria una mala partida .
Todos vuestros conocimientos, y las ciencias que sabéis,
no os servirán de nada en este país, porque no encontra-
réis ocasion de hacer uso de ellos, y si sabéis algun oficio,
lo mejor será que os dediquéis á ejercerlo. » - Yo le
contesté que no habia aprendido ninguno . ― « Pues en-
tónces, lo mejor que podéis hacer es ir á cortar leña al
monte que no está léjos y traerla á vender á la ciudad , lo
cual os dará lo suficiente para ganar la vida hasta que se
os proporcione la ocasion de volver á vuestra tierra . »
CUENTOS ÁRABES 59
Á pesar de lo penoso y duro que debia sern.e el nuevo
oficio , seguí el consejo del buen sastre, el cual no solo me
albergó en su casa, sino que me proveyó de vestido ade-
cuado y de las herramientas necesarias para el corte y
acarreo de la leña .
Al cabo de un año que viví de esta manera , no solo
gané mi sustento, sino que tuve con que devolver al sastre
los desembolsos que habia hecho para equiparme.
Un dia que me hallaba ocupado en derribar á hachazos
un árbol grueso , descubrí al borde de sus raíces una
placa con una argolla de hierro. Tiré de esta argolla, y
apareció á mi vista una escalera por la que me decidí á
bajar, y me encontré en un salon embovedado sostenido
por columnas de pórfiro , en el que reinaba la misma cla-
ridad que sobre la tierra, cosa que me admiró . Di algunos
pasos, y vi venir hácia mí una hermosa dama que se
quedó tan sorprendida como yo al vernos mútuamente :
« ¿ Sois Genio ú hombre ? » me preguntó.- « Hombre
soy, le respondí. Entónces ella continuó : << Me
admira el veros en este lugar , que habito hace muchos
años , en donde jamas, hasta ahora, ha entrado alma
viviente . » Despues de echar una ojeada á mi alrededor y
visto la riqueza y el lujo mas que oriental de aquella
estancia, le expliqué el cómo la habia descubierto , le
conté mis aventuras , y le dije quién era. La hermosa
dama correspondió á mi confianza, refiriéndome á su vez
las suyas. Soy la hija , me dijo , del grande Epitamáros,
rey de la Isla del Ébano . Iba á casarme con un principe ,
pariente mio , cuando fuí robada por un Genio que me
trasladó á este palacio encantado adonde viene á verme
cada seis dias . Si se me antoja algo , no tengo mas que
tocar un talisman que me ha dejado , y al momento tengo
lo que deseo . El Genio ha estado ayer aquí, por consi-
guiente, durante cinco dias, si os agrada este sitio, podéis
permanecer en él y hacerme compañía , y yo trataré de
agasajaros lo mejor que me será posible . » Yo no vacilé
en aceptar una proposicion tan halagüeña ; y la princesa,
entónces, me hizo vestir uno de los requísimos trajes que
60 CUENTOS ÁRABES

allí habia, y despues de tomar un baño nos sentámos á la


mesa que encontrámos cubierta de exquisitos manjares , y
vinos excelentes, servido todo por manos invisibles . Des-
pues de comer y de beber copiosamente, trastornada mi
cabeza con los vapores del vino, y deseando sacar á la
princesa de aquel sitio, le propuse que se viniese conmigo
á respirar el aire libre y á gozar de la verdadera luz del

ANDREW.DEST

sol ; pero ella, sonriéndose , no aceptó mi proposicion por


temor del Genio. Echándola yo entónces de valiente, le
dije que no tenia por qué temerle , porque , si llegaba á
presentarse, pelearia con él y le venceria, aunque me
costase la vida, y en prueba de que no temia, me
levanté, agarré el talisman, y lo arrojé con violencia al
CUENTOS ÁRABES 61
suelo en donde se hizo mil pedazos. « ¡ Qué habéis
hecho, desgraciado ! » exclamó la princesa . Apénas fué
roto el talisman, cuando se oyó un tremendo ruido , acom-
pañado de relámpagos , seguidos de espesas tinieblas , y
todo el palacio se conmovió como si fuera á desplomarse.
La princesa gritó entónces : « i¡ Huid , príncipe, si queréis
salvar la mida ! » vi cabeza se despejó de repente, y
entónces conocí, aunque tarde, la imprudencia que habia
cometido .
Aturdido , y sin saber casi lo que hacía, me despojé del
rico traje que vestia y volví á ponerme el mio, subí apre-
suradamente la escalera , y salí del subterráneo , cerrando
su entrada con la placa de hierro que cubrí con tierra ;
pero fué tan grande la turbacion y el terror que se apo-
deraron de mí, que en la precipitacion de mi fuga me
dejé olvidados en la escalera mis zuecos y mi hacha.
Cuando entró el Genio en el palacio subterráneo , le
dijo encolerizado á la princesa : « ¿ Por qué me has
llamado ? Yo no os he llamado , contestó ella , sino que
al ir á buscar un frasco de esencias , al pasar junto al talis-
man me resbalé , caí sobre él y se rompió¡ Impostora !
exclamó el Genio, ¿ por qué mientes de esa manera ?
¿ Piensas engañarme así ? ¿ de quién son , añadió , estos
Zuecos y esta hacha ? » La princesa no supo qué res-
ponder, y el Genio empezó á maltratarla cruelmente .
Al entrar en casa , el sastre se mostró muy gozoso de
verme y me dijo :-« Ya me tenía inquieto vuestra ausen-
cia, porque si acaso habéis contado á otros lo que á
mí me habéis referido, y ha llegado á oídos del príncipe,
me temia que , descubierto vuestro nacimiento , y sabiendo
quién sois, hubiera mandado prenderos ó quitaros la vida.
Yo le di gracias por el interes y cariño que me manifes-
taba, pero no le dije nada de lo que me habia sucedido .
A la mañana siguiente, muy temprano, el sastre entró en
mi cuarto y me dijo que un hombre anciano habia encon-
trado en el monte mis zuecos y mi hacha, y que queria
entregármelos él mismo. Al oir esto , sentí correr por
todo mi cuerpo un sudor frio, se me mudó el color, y se
62 CUENTOS ARABES

apoderó de todos mis miembros un temblor general . El


sastre me preguntó qué tenía, y ántes de que pudiera
responderle entró en el aposento el fingido viejo, que no
era otro que el Genio. robador y carcelero de la princesa

it

ANDREW BEST.LELOLA.

del Ebano. Dirigiéndose á mí , y mostrándome mis zuecos


y mi hacha ¿ Son tuyos, me dijo, estos objetos ? »
Sin esperar mi respuesta, me agarró por la cintura, y me
elevó por los aires á una altura inmensa . Yo me desvanecí,
y cuando recobré el sentido me encontré en el palacio de
CUENTOS ÁRABES 63

la princesa desgraciada del Ébano , á quien vi tendida en


el suelo , con el rostro bañado en lágrimas, y cubierta de
heridas . El corazon se me partió de dolor al verla en tal
estado, recordando que habia sido yo, con mi petulancia
y aturdimiento, la causa de su desventura. -- « ¿ Conoces
á este hombre ? le preguntó el Genio . - Nunca le he
visto hasta ahora , respondió - Pues toma esta cimitarra
y córtale la cabeza , replicó el Genio . ¿ Cómo queréis
que haga eso, si con la sangre que he perdido estoy tan
débil , que ni aun puedo moverme ? - ¿ Conoces á esta
mujer? me preguntó á mí en seguida el Genio . No la
conozco, respondí ; y esta es la primera vez que la veo .
Pues toma la cimitarra y córtale la cabeza . ---- Señor,
le contesté con firmeza, haced de mí lo que gustéis , pero
yo no ejecutaré un acto de tal barbarie con una mujer
indefensa que está próxima á exhalar el último suspiro. »
El Genio se enfureció, y agarrando la cuchilla , cortó la
mano derecha á la infeliz princesa que espiró pocos mo-
mentos despues . Volviéndose á mí en seguida : « Lo
mismo deberia hacer contigo, me dijo, pero no te mataré.
Voy solamente á transformarte en perro, ó en gato , ó
en mico , ó en ave de rapiña. Elige. » Yo me arrojé á sus
piés y le dije : — « ¡ Oh poderoso Faramud, nieto de Eblis ,
príncipe de los Genios , perdonadme ! ¡ Sed generoso y mag-
nánimo conmigo ! » Por toda respuesta , el Genio me
asió por el medio del cuerpo , y me transportó á la cima
de una elevada montaña , y allí, tomando un puñado de
tierra,y pronunciando sobre ella unas palabras cabalísticas ,
la esparció , soplando , sobre mi cabeza, diciendo al mismo
tiempo : - «< Deja la figura de hombre, y toma la de
mico . » La metamorfósis se verificó en el acto ; el Genio
desapareció, y yo me encontré solo, sin saber en qué país
me hallaba.
Bajé al llano, y despues de andar errante por bosques
y por valles durante un mes, llegué á las orillas del mar.
Descubrí no léjos de la costa un buque al que traté de
abordar sirviéndome del tronco de un árbol que encontré
en la playa , sobre el que me monté armado con dos ramas
CUENTOS ARABES
64
CUENTOS ÁRABES 65

de árboles de las que me servia á manera de remos para


navegar. Mientras que yo me iba acercando al buque, los
pasajeros y la tripulacion me miraban desde la cubierta.
con una viva curiosidad , que se cambió en asombro al
verme trepar al buque por una amarra que encontré col-
gando en uno de los costados. Luego que me vi en medio
de ellos , como no podia hablar, empecé á hacerles señas,
pero no logré el que me entendieran , y algunos de ellos.
supersticiosos, interpretando mi venida al buque como un
presagio de mal agüero , querian matarme ó arrojarme al
mar, lo que al fin habrian ejecutado si el capitan , á quien
logré interesar en mi favor con mis monadas y caricias ,
no me hubiera tomado hajo su proteccion . Al cabo de
unos cuantos dias , arribámos con felicidad al puerto de
una gran ciudad que era la capital de un Estado poderoso .
Tan pronto como anclámos , vinieron á bordo muchas
gentes con objetos diferentes , y el sultan , al saber el
arribo del buque, envió á él uno de sus oficiales
encargado de hacer escribir en un gran libro á todos los
pasajeros algunos renglones . « Sabréis nos dijo , que hace
pocos dias que ha muerto de repente uno de los visires
del sultan que escribia de una manera admirable , y nuestro
amo ha hecho juramento de no proveer su plaza sino
en un hombre que sepa escribir como el visir difunto . »
Al oir esta explicacion , todos se apresuraron á dar mues-
tras de su talento caligráfico , esperando obtener la prefe-
rencia. Yo salté sobre la mesa en que estaban los escritos
de los pasajeros que creyeron al pronto que yo iba á
desgarrarlos, y empezaron á gritar, muy alarmados ; pero
sin hacer caso de sus gritos , que se cambiaron en asom-
bro despues, tomé la pluma y escribí, á mí vez , varios
renglones en todas las formas y caractéres de letras cono-
cidas entonces en Oriente . El oficial partió , y presentó al
sultan el libro, y despues de dar una rápida ojeada por los
escritos de los pasajeros, se detuvo en mirar lo que yo
habia escrito, y exclamó : « Id al buque y traedme inme-
diatamente al que ha escrito estos renglones , montado
sobre uno de mis mejores caballos y vestido con una
4.
66 CUENTOS ÁRABES

túnica de brocado , haciéndole escoltar por un piquete


de honor. - Señor, le dijeron los oficiales de servicio ,
el que ha escrito esos renglones no es un hombre , sino
un mico. » - El sultan creyó que se burlaban , y se irritó
al oirles hablar de esta manera ; pero cuando se con-
venció de que era cierto lo que decian, mas admirado
todavía, confirmó la órden precedente .
No tardó en esparcirse por la ciudad la noticia de que
el sultan iba á nombrar visir á un mono que escribia
admirablemente , y la carrera que debia yo seguir desde
el puerto al palacio del sultan se cubrió de un inmenso
gentfo apiñado en calles, balcones y azoteas, ansioso de
ver al futuro visir-mico .
Los oficiales volvieron á bordo , me cubrieron con ri-
cos vestidos, me montaron sobre un soberbio caballo
lujosamente enjaezado , y me condujeron al palacio en la
forma que el sultan lo habia dicho .
Cuando me hallé en presencia del sultan , poniéndome
las manos sobre la cabeza , é inclinándome hasta el suelo ,
le hice las reverencias de costumbre, como si fuera un
hombre que no ignorase el acatamiento que se le debia,
lo cual llenó de asombro al sultan y á los cortesanos que
le rodeaban. Despues de la audiencia , le sirvieron la co-
mida al sultan que me hizo sentar con él á la mesa, cre-
ciendo de punto su admiracion al ver como yo comia
y bebía . Despues de comer me preguntó por señas , si
yo sabía jugar al ajedrez, y habiéndole hecho compren-
der que sí, mandó traer un tablero, y jugámos tres par-
tidas , de las cuales , el sultan me ganó la primera , y yo
las dos postreras . Esto le lastimó un poco en su amor
propio, y yo, para disipar su enfado , tomé una pluma y
escribí unos versos en los que decia que habiéndose batido
lealmente dos ejércitos durante todo el dia, con el mayor
denuedo y valentía, por la tarde hicieron las paces , y
pasaron la noche juntos en el mismo campo de batalla,
con la mayor fraternidad y alegría.
Cada vez mas maravillado el sultan de la habilidad y
talento que yo descubria, no quiso ser solo á gozar del
CUENTOS ÁRABES 67

placer que le causaban estos descubrimientos , y mandó á


buscar á la princesa su hija, á la que, por su hermosura
singular llamaban «BELDAD OLÍMPICA. »La princesa no tardó
en presentarse acompañada por su eunuco y sus esclavas .
Venía con el rostro descubierto , pero al entrar en el ga-
binete del sultan se lo cubrió inmediatamente con el velo.
<< ¿ Por qué me privas , hija mia , le dijo el sultan , del
placer de ver tu semblante divino cuando aquí no hay mas
hombre que yo , tu eunuco y las esclavas de tu servicio?
― Padre, os engañáis , replicó la princesa ; aquí hay un
hombre extranjero . Hija , tú deliras ; aquí no hay mas
extranjero que este mono, cuyo talento me admira, y pre-
cisamente te he mandado venir para que veas este pro-
digio. Pues sabed , señor , que ese que creéis mono es
un príncipe , hijo de un rey poderoso , el cual, por arte má-
gico de un Genio , nieto de Eblis , ha sido transformado en
mono , despues de haber muerto á la princesa Aurora , hija
de Epitamáros, rey de la Isla del Ébano . » Atónito se
quedó el sultan al oir hablar á su hija de esta manera .
¡ Pues cómo sabes tú esas cosas , le preguntó ? Ya re-
cordaréis aquella anciana respetable, contestó la princesa ,
que me disteis por aya en los primeros años de mi infan-
cia . Aquella mujer era una hechicera y me enseñó el
arte de la magia y de los signos cabalísticos ; de modo
que si quisiera podria trasladar vuestra capital al medio
del Océano ó á las montañas del Cáucaso . Conozco á
todos los Genios, y el poder de cada uno de ellos, y estoy
enterada de todas sus fechorías . Por eso así que entré
aquí reconocí al príncipe oculto bajo la piel de un mico .
Hija , tu saber me sorprende , no creía que fueses tan
entendida . - Estas cosas son buenas para saberse , pero
no para hacer alarde de ellas, respondió Beldad Olímpica.
-Pues entonces, replicó el sultan , haz, si tienes poder
para ello , que el príncipe recobre su forma primitiva, le
dijo el sultan y te le daré por esposo. Voy á compla-
ceros al momento . » La princesa salió en seguida y volvió
al poco rato trayendo en su mano una especie de cuchillo
sobre cuya hoja de finísimo acero habia grabadas diferen-
889
68 CUENTOS ÁRABES

tes figuras y signos cabalísticos . Nos hizo bajar á un verjel


reservado del palacio , situado á orillas de un rio, acom-
pañados solo por el jefe de los eunucos y un esclavo . Allí
trazó con el cuchillo mágico un gran círculo , dibujó en él
varios jeroglíficos , y pronunció ciertas palabras que nos-
otros no entendimos . Poniéndose en seguida en medio
del círculo, hizo un conjuro y exclamó : ― " ¡Ven á mi
presencia ! » - - Inmediatamente sentimos estremecerse la
tierra, un negro nubarron veló la luz del sol por algunos
momentos, y cuando se disiparon las tinieblas, vimos apa-
recer al Genio en forma de un leon monstruoso cuya sola
vista hacía erizar los peios . Al verle , exclamó la princesa :
¡Monstruo ! ¡ cómo te atreves á presentarte delante de
mí de esa manera ! ¿ crees , por ventura , intimidarme ? ——
¿Y tú, replicó el Genio , por qué faltas al pacto que hemos he-
cho de no perturbarnos uno al otro? » y se abalanzó hácia
Beldad Olímpica con las garras levantadas y su enorme
boca abierta en ademan de devorarla . La princesa que
estaba ya prevenida , ántes que el leon se acercase á ella ,
se arrancó uno de sus cabellos , lo convirtió en alfanje y
cortó al monstruo la cabeza, la cual una vez separada
del cuerpo se transformó en escorpion , y Beldad Olímpica
tomó la forma de una serpiente colosal , trabándose entre
los dos reptiles una encarnizada pelea . Viéndose malpa-
rado el escorpion, se convirtió en gavilan , y ella en águila
negra. Continuaron peleando por los aires, y los perdimos
de vista ; pero al poco rato se abrió la tierra y por su
grieta vimos salir un horrible gato negro con el pelo erizado
y dando furiosos maullidos . En pos de él salió tambien
un perro lobero . Viéndose tan acosado el gato , se subió á
un granado y se transformó en gusanillo , yendo á ocultarse
en una de las granadas que el árbol tenía, la cual empezó
á hincharse y á tomar tan enormes dimensiones, que al
fin se rebentó , y todos los granos se esparcieron por el
suelo. El perro - lobo se transformó entonces en gallo y
empezó á picotear y á comerse los granos esparcidos.
Cuando creyó habérselos comido todos y venía hacia nos-
otros cacareando y con las alas extendidas, vió un grano
CUENTOS ÁRABES 69

que habia quedado á la orilla del rio y se avalanzó á co-


merlo, pero el grano se deslizó y cayó al rio en donde se
transformó en pececillo ; entónces el gallo se arrojó tam-
bien al agua y se convirtió en otro pez mayor. A poco
rato oímos unos desaforados gritos y. vimos aparecer dos
dragones horribles que, asidos uno al otro , hacian esfuerzos
para aniquilarse, arrojándose mútuamente torbellinos de
humo y fuego por la boca, y cubriendo con espantosas
llamas todo su cuerpo . Uno de estos dragones infernales
se desasió del otro , al ver que no podia vencerle, y vino
hácia nosotros. Indudablemente habríamos perecido todos
abrasados por el fuego que nos arrojaba el monstruo , si
el otro dragon no hubiera acudido á socorrernos ; pero
por pronto que lo hizo, no pudo evitar el que al sultan se
le chamuscara toda la barba , que el jefe de los eunucos
fuera quemado vivo, y que yo recibiera un chispazo en el
ojo derecho .
La lucha entre los dos dragones se hizo entónces mas
encarnizada, pero no tardámos en oir gritos de triunfo
dados por Beldad Olímpica que se nos apareció en su
forma natural, y vimos á sus piés un monton de cenizas
ennegrecidas . « He vencido al Genio , nos dijo, peleando
con él en los cuatro elementos de la Tierra , el Aire, el Agua
y el Fuego, y le he hecho conocer que era mas fuerte y
que sabía mas que él ; pero esta victoria me cuesta la vida ,
porque estoy penetrada por el fuego que no tardará en
consumirme. Tráeme pronto, le dijo al esclavo que ha-
bia quedado ileso , una copa con agua . » El esclavo obe-
deció, y la princesa , tomando la copa , sopló sobre el agua
que contenia , pronunció algunas palabras cabalísticas y la
derramó en seguida sobre mi cabeza diciendo : ― « Si
eres hombre , y no mono , vuelve á tomar tu forma pri-
mitiva . » En el acto desapareció la piel de mico que me
cubria, y yo recobré mi forma verdadera, pero sin el ojo
derecho . Yo me arrojé á sus piés para manifestarle mi
agradecimiento y ratificar la promesa que el sultan su
padre le habia hecho de que sería su esposo , pero ella me
- Principe, esta union no podrá realizarse ,
contestó :
70 CUENTOS ARABES

porque me quedan pocos instantes de vida. Si hubiera


podido comerme aquel grano de la granada que cayó al
rio, no habria tenido necesidad de recurrir al fuego para
vencer al Genio ; pero no he podido evitar el que este pene-
trase en mis entrañas : me está abrasando , y me quedan
ya pocos momentos de vida . »D El sultan y yo nos quedámos
aterrados al oir hablar así á la princesa , la cual empezó á
dar gritos desgarradores . - « ¡ Socorredme ! exclamaba ,
¡ que me abraso ! » y al poco rato exhaló su último suspiro
en medio de horribles convulsiones , y su hermoso cuerpo
quedó reducido , como el del Genio, á otro monton de
cenizas.
Es imposible el expresaros el dolor que el sultan y yo
experimentámos al ver perecer á la princesa de un modo
tan desastroso . Hubo un luto general en la ciudad cuando
se divulgó la noticia de la muerte de Beldad Olímpica,
como si cada uno hubiese perdido una hermana ó una
hija. El sultan cayó enfermo de pena , y á los pocos dias
me mandó á llamar y me dijo : << Príncipe, antes de
vuestra venida yo era feliz , y ningun contratiempo turbaba
mi felicidad ; pero desde que entrasteis en este palacio ,
entró con vos la desgracia, y habéis sido la causa de la
muerte de mi querida hija . Alejaos de aquí inmediata-
mente, salid de mis Estados , y que no os vuelva á ver mas
en mi vida, porque si permanecéis aquí mas largo tiempo ,
creo que se consumaria mi completa ruina . » Conformán-
dome con la órden del sultan , salí del palacio en seguida ,
deplorando mi fatal destino que me habia hecho ser la
causa de la muerte de dos princesas tan hermosas , dignas
de mejor suerte me hice afeitar la barba y el cabello , y
vistiendo este traje que llevo , me encaminé á los Estados
del ilustre Jefe de los Creyentes, el magnánimo Harun Al-
raschid, con intencion de darle cuenta de mis aventuras ,
y rogarle me facilite los medios de volver al reino de mi
padre . Al entrar en esta ciudad me encontré con mis dos
compañeros y recibimos la hospitalidad en vuestra casa
del modo que sabéis .
— << Está bien , le dijo Zobeida . Podéis marcharos cuando
CUENTOS ÁRABES 71

gustéis , ó quedaros á oir la historia de los otros hués-


pedes . » Aprovechándose de este permiso , el segundo ka-
landor fué á sentarse al lado del primero para escuchar
la historia del tercero que tomó la palabra y empezó di-
ciendo ⚫

HISTORIA DEL TERCER KALANDOR TUERTO , HIJO DE REY


« Mi historia, señoras , difiere de la de mis compañeros de


desgracia , porque si la pérdida de su ojo derecho la deben
á un accidente ajeno é independiente de su voluntad, yo
debo el haberme quedado tuerto á una desgracia volun-
taria, hija de mi imprudencia .
Me llamo Agib , y soy hijo de un rey llamado Casib .
Muerto éste, le heredé y fijé mi residencia en la misma
ciudad , que está situada á orillas del mar, y tiene un
hermoso puerto, con un arsenal capaz de armar ciento
cincuenta navíos de guerra. Se componia mi reino de vá-
rias provincias en tierra firme, y gran número de islas
grandes, situadas en su mayor parte á la vista de mi capital.
Visité primero las provincias, luego hice armar mi es-
cuadra y fuí á ver mis islas, para darme á conocer á mis
vasallos . Al poco tiempo hice e otro viaje por mar ; y mi
u decidí hacer descubri-
aficion á viajar creció tanto , q
mientos mas allá de mis islas . Al efecto hice equipar diez
navíos , me embarqué, y nos hicimos á la vela . Nuestro
viaje fué feliz durante cuarenta dias , mas la noche del
cuarenta y uno , se volvió el viento contrário , y estuvimos
á punto de naufragar . Al amanecer se disiparon las nubes,
calmando el temporal, y arribámos á una isla donde des-
cansámos dos dias, y de nuevo nos lanzámos al mar.
A los diez dias de navegacion , esperábamos ver tierra,
cuando, el dia décimo , un marinero nos dijo desde el
palo mayor, que á derecha é izquierda no habia mas que
mar y cielo ; pero que delante de él por el lado de pro
creía notar un objeto muy negro.
72 CUENTOS ARABES

Á estas palabras el piloto arrojó el turbante contra la


cubierta, y mesándose los cabellos exclamó :- « ¡Señor!
¡Estamos perdidos ! Nadie puede escapar del peligro, y

RO

mi experiencia es nula para poder librarnos de él. Yo le


hice que se explicara , y él me contestó : - «
< La tempesta
que hemos sufrido ha extraviado nuestro rumbo de tal
modo , que mañana nos encontraremos al pié de ese bulto
CUENTOS ARABES 73

negro , que es la montaña negra del iman , que desde


ahora atrae nuestra fiota , á causa del hierro que entra en
la construccion de los navíos . Cuando lleguemos á deter-
minada distancia, la fuerza del iman atraerá los clavos , y
los navíos se sumergirán ; en la cima hay una cúpula de
bronce sostenida por columnas del mismo metal ; sobre
ella hay un caballo con un jinete tambien de bronce ; el
jinete tiene en el pecho una placa de plomo con letras
talismánicas . Es tradicion que aquella estatua es la causa
de la pérdida de tantas embarcaciones y que no dejará
de ser fatal á todo el que por desgracia se le acerque,
hasta que sea destruida.
El piloto volvió á lamentarse , yo mismo creí llegada mi
última hora, y cada uno se ocupó en tomar las medidas
mas convenientes para su salvacion .
Al otro dia vimos la montaña con toda claridad , hacién-
dola mas horrible el espanto de que estábamos poseidos .
Al mediodía empezó á realizarse el pronóstico del piloto ;
los clavos y demas hierros se escaparon con estruendo
yendo á pegarse á la montaña. Los navíos se sumergieron .
Todos se ahogaron, pero Dios se apiadó de mí y permitió
que me salvase en una tabla, que impelida por el viento
me trasportó al pié de la montaña sin lesion alguna . Fué
tal mi suerte, que abordé á un sitio donde habia gradas
para subir á la cima.
Trepé como pude por aquella escalera, y llegué á la
cúspide con muchísimo trabajo y exposicion de mi vida, y
poniéndome debajo de la cúpula , despues de haber dado
gracias a Dios que me habia salvado de tan gran peligro,
me quedé dormido .
Durante mi sueño se me apareció un venerable anciano
- « Escucha, Agib : Debajo de la tierra en
que me dijo :
que estás recostado hay ocultos un arco de bronce y tres
flechas de plomo , fabricadas bajo la influencia de ciertas
constelaciones . Despierta y remueve la tierra, y cuando
hayas encontrado el arco y las tres flechas, dispáralas con-
tra el hombre montado sobre el caballo . Á la tercera fle-
cha el hombre rodará hasta la mar, y el caballo caerá
5
74 CUENTOS ARABES

por tierra. Entiérralo en el mismo sitio en que hayas en-


contrado el arco y las flechas . Entónces verás alborotarse
el mar y llegarán sus olas hasta aquí, pero al mismo
tiempo arribará una embarcacion conducida por un hom-
bre de bronce ; embárcate en ella sin temor , y el hombre
te conducirá á un país desde el cual podrás regresar fácil-
mente á tu reino ; pero guárdate de pronunciar, ni una
sola vez, el nombre de Dios , bajo ningun pretexto . » Me
desperté en seguida é hice lo que el anciano me habia in-
dicado , y todo sucedió segun y conforme me lo habia
predicho. Disparé las tres flechas, cayeron el caballero y
el caballo que enterré en seguida ; apareció la lancha con el
remero de bronce, y yo me embarqué en ella sin proferir
una sola palabra, guardando el mas profundo silencio du-
rante la travesía. El décimo dia de nuestra muda navega-
cion se presentaron á mi vista unas islas que por su confi-
guracion se me figuraron ser las mias, y olvidando la
recomendacion del anciano, y poseido de alegría, sin
poderme contener , exclamé : « ¡ Loado y bendito seáis ,
Dios mio Apénas habia proferido estas palabras,
cuando la embarcacion y el hombre de bronce que la tri-
pulaba se hundieron en el mar, y yo me encontré luchando
con las olas, sin saber hácia qué lado dirigirme. Ya iban
faltándome las fuerzas , y próximo á perder la vida, cuando ,
empujado por una fuerte oleada , me encontré tendido en
una playa. Recobrando el ánimo , me levanté en seguida y
eché á correr para librarme de la resaca de las olas, ale-
jándome de la orilla del mar. Despues de haber secado mis
vestidos al sol, me interné tierra adentro y me convencí
de que me hallaba en una isla desierta , pero poblada de ár-
boles frutales silvestres . En esto vi dirigirse hácia la costa
un buque, y como no sabía si eran amigos ó enemigos ,
juzgué prudente el ocultarme subiéndome á un árbol
muy frondoso, y observé que los recien llegados se diri-
gieron al pié del árbol en que yo estaba encaramado, re-
movieron la tierra , y levantando una trampa de hierro que
ocultaba la entrada de un subterráneo, empezaron á traer
á él algunos muebles y una multitud de provisiones de
CUENTOS ÁRABES 75

boca. Luego , desembarcó un anciano apoyado sobre el


brazo de un jóven, y los dos se dirigieron al subterráneo . A
poco rato volvió á salir el anciano solo ; los esclavos cerraron
la entrada del subterráneo y todos se embarcaron . Cuando
vi que el buque se habia alejado de la costa , bajé del árbol ,
levanté la trampa y vi una escalera de piedra por la que me
decidí á bajar, y no tardé en hallarme en una lujosa habita-
cion y al jóven que acompañaba al anciano , sentado en un
sofá y abanicándose. Á la luz de una gran lámpara que ilu-
minaba la estancia, vi pintado en el rostro del jóven el terror
que mi aparicion le habia causado . « Tranquilizaos , le
dije, que no os haré ningun daño . Soy un rey desgraciado
que solo he venido aquí movido por la curiosidad , para saber
por qué os han dejado sepultado vivo en este subterráneo ,
y ver si yo puedo seros útil en algo . » Al oirme hablar de
esta manera, el jóven recobró su ánimo , y con voz cari-
ñosa me dijo : - Príncipe, venid á sentaros á mi lado , y
satisfaceré vuestra curiosidad . Mi padre, continuó diciendo,
despues que yo me hube sentado, es un rico joyero , dueño
de una inmensa fortuna. Hacía algunos años que se habia
casado sin tener sucesion , cuando una noche estando dur
miendo se le apareció un Genio que le dijo : Tus ora-
ciones han sido escuchadas. Tendrás un hijo, pero vivirá
pocos años. » En efecto , poco tiempo despues mi madre
le anunció que se hallaba embarazada , y me dió á luz á su
tiempo . Mi nacimiento, á pesar del pronóstico del Genio,
no dejó por eso de causar la mayor alegría á mis padres
y ser motivo de regocijo para toda la familia . Inquieto m
padre por lo que el Genio le habia anunciado sobre la cor-
tedad de mi vida, consultó á los astrólogos , y estos á los
astros. << Tu hijo, le respondieron aquellos , vivirá sano
» y salvo hasta la edad de quince años . Cumplidos sus tres
» lustros correrá su vida un gran peligro del que le será muy
⚫ difícil el librarse , y perecerá á manos del príncipe Agib
» cincuenta dias despues que este haya derribado la estatua
> ecuestre de la montaña del iman . Si puede librarse del prín-
» cipe Agib, vivirá largos años . Esto dicen los astros . » En
este año cumplo los quince de mi edad , y habiendo sabido
76 CUENTOS ÁRABES

mi padre que la estatua ha sido derribada, inquieto y lleno


de terror, se ha apresurado á traerme á este subterráneo
que habia hecho construir de antemano para que pase
oculto en él los cincuenta dias de peligro que los astró-
logos le han anunciado, con la esperanza de que el prín-
cipe Agib no vendrá á buscarme aquí para matarme . Ya
han pasado diez dias desde que la estatua ha sido derri-
bada , y solo faltan unos cuarenta para terminarse ese
plazo fatal. Al fin de ellos volverá mi padre á buscarme. »
Mientras el jóven estaba hablando , yo me burlaba in-
teriormento de las predicciones astrológicas , porque tan
léjos estaba mi ánimo de hacerle el menor mal, que cuando
acabó de referirme su historia traté de animarle diciéndole
que tuviese confianza en Dios de que no le sucederia ningun
daño, y ofreci acompañarle y servirle hasta el regreso de
su padre, esperando que este me permitiria embarcarme
en su buque para volver á mis Estados. El jóven aceptó
mi compañía y mis servicios sin la menor desconfianza , y
se mostró muy contento . Pasámos juntos treinta y nueve
dias durante los cuales nos cobrámos mutuamente un
verdadero cariño , habiéndome guardado bien de decirle
que yo era ese príncipe Agib tan temido que debia ma-
tarle . Amaneció el dia cuadragésimo en el que se cum-
plian los cincuenta dias de crisis anunciados, sin que
durante este tiempo nos hubiese sucedido ningun incidente
desagradable ; el jóven se despertó muy contento , quiso
tomar un baño y ponerse despues un rico traje para reci-
bir á su padre . Tomado el baño , se volvió á la cama para
enjugarse y descansar un rato , y me rogó que le trajese
un melon con azúcar para refrescarse . Escogí uno entre
los muchos que aun nos quedaban y lo puse en una
salvilla, pero no encontrando á mano ningun cuchillo le
pregunté al jóven si sabía dónde habia alguno . -- « Sí,
me contestó ; lo encontraréis en esta rinconera que está
sobre la cabecera de mi cama. » Sin dejar la salvilla con
el melon que tenia en una mano , alargué la otra para
coger el cuchillo , encaramándome sobre la cama : al
bajarme, se me enredó un pié entre las colgaduras del
CUENTOS ARABES 77

lecho, pegué un resbalon y caí, teniendo el cuchillo en la


mano, sobre el cuerpo del jóven cuyo pecho traspasé , par-
tiéndole el corazon y causándole una muerte instantánea .
Me es imposible el pintaros el dolor y la desesperacion
que se apoderaron de mí en presencia de semejante
catástrofe . Maldije mi destino , me mesé los cabellos, ras
gué mis vestidos, me arrastré por el suelo golpeándome
é invocando la muerte con gritos descompasados . Pasado
este primer acceso de dolor , el sentimiento natural de la
conservacion me hizo pensar en el peligro que corria si
cuando el padre de la víctima y sus esclavos volviesen , me
encontraban en aquel lugar. Salí del subterráneo cuya
entrada cerré, y á poco rato divisé un bajel que no tardé
en reconocer por el del padre del jóven . Sin perder un
momento trepé al mismo árbol que me habia servido de
refugio la primera vez, y me oculté entre su frondoso
follaje.
Desembarcaron el joyero y sus gentes, y al ver remo-
vida la tierra que cubria la entrada del subterráneo , se
les mudó el color ; pero esto no fué nada comparado con
la emocion que sintieron al ver el cuerpo del inocente man-
cebo traspasado por el cuchillo que yo no tuve valor de
arrancar . Renúncio á pintaros , señora , las escenas des-
garradoras que yo presencié . Los esclavos no menos con-
movidos que el desgraciado padre , sacaron á este des-
mayado del subterráneo , y le llevaron á bordo , adonde
trasladaron tambien el cadáver del jóven , y despues de
haber transportado la mayor parte de los muebles y de
las provisiones que aun quedaban , se embarcaron todos ,
y zarparon . Yo quedé solo en la isla en la que pasé un
mes , manteniéndome con los restos de algunas provisio-
nes que dejaron abandonadas, y con frutas silvestres, y
bajándome á dormir por la noche al subterráneo .
Mientras tanto , empecé á notar que el mar se retiraba
por un lado y dejaba á descubierto una lengua de tierra
que comunicaba con el continente , y aunque con agua
hasta la cintura, me arriesgué á atravesarla y llegué á una
extensa playa . Me interné tierra adentro , y no tardé en
78 CUENTOS ARABES

divisar una gran luminaria á la que me dirigí. Cuando me


hallaba ya cerca, conocí mi error, pues lo que yo habia
creido ser una hoguera, era un palacio de cobre rojo

bruñido sobre el que reverberaban los rayos del sol .


Estando parado mirándolo, vi venir hácia mí diez jóvenes
gallardos acompañados por un anciano, y tuertos todos
CUENTOS ÁRABES 79

ellos del ojo derecho ; particularidad que me sorprendió.


Se acercaron á mí y me saludaron , preguntándome el
objeto de mi venida. Yo les contesté refiriéndoles mis
venturas , cuyo relato les causó la mayor sorpresa , y
en seguida me convidaron a entrar en el palacio con
ellos.
Despues de atravesar el vestíbulo, llegámos á un gran
salon en el que habia diez pequeños divanes forrados de
raso azul , y otro mayor en el centro en el que se sentó
el anciano . Cada uno de los jóvenes se sentó en su divan ,
y á mi me dijeron que me sentase sobre la alfombra , en-
cargándome al mismo tiempo que no hiciera pregunta
ninguna sobre lo que oyera ó viera. El anciano nos sirvió
la cena y nos dió á cada uno una escudilla de vino . Cuando
acabámos de cenar, trajo diez almohadones azules y otras
tantas vasijas llenas de ceniza y hollin que entregó á cada
uno de aquellos . Poniéndose de rodillas sobre los almoha-
dones , los jóvenes se cubrieron con la ceniza y el hollin
el rostro y la cabeza , empezaron á llorar y golpearse el
pecho diciendo : α i He aquí el fruto de nuestra ociosi-
dad У de nuestros excesos ! » repitiendo esta extraña ope-
racion durante una gran parte de la noche . Despues , el
anciano les trajo palanganas y agua clara, se lavaron el
rostro y la cabeza, cambiaron de vestido y quedaron como
nuevos. Yo estaba impaciente por saber qué significaba
todo aquello, pero no me atreví á hacer pregunta alguna.
Al ver todas las noches repetirse tan singular espectáculo,
uno de los dias que salímos á paseo, aguijoneado por la
curiosidad, me decidí á romper el silencio, y les rogué
que me explicaran lo que significaba todo aquello . - << Si
no lo hacemos , es por vuestro bien , me contestó uno de
los jóvenes. » Yo le repliqué que aun cuando fuera en mi
daño, queria saberlo. Entónces, viendo mi empeño y
decision, tomaron un carnero , le degollaron y me cubrie-
ron con su pellejo ; me dieron un cuchillo y me dijeron :
- << Cuando nos hayamos retirado vendrá un Zoc blanco,
que creyendo que sois un verdadero carnero os apresará
con sus garras y os llevará á la cumbre de una montaña
80 CUENTOS ÁRABES

para devoraros. Sin embargo, no tengáis miedo ; cuando


os sintáis en tierra, romped con este cuchillo el pellejo,
presentaos á la vista del Zoc y os dejará libre. Entónces
bajad de la montaña y caminad hacia el oriente hasta que
encontréis un palacio inmenso revestido con placas de
oro y guarnecido con perlas. Entrad sin vacilar en ese
palacio, cuyas puertas encontraréis abiertas, y allí veréis
las maravillas que todos nosotros hemos visto . Nada mas
os decimos por ahora, hasta que volváis á vernos . » Al
poco rato de haberse retirado los diez tuertos , sentí que
me elevaban por el aire , y luego que me ponian en tierra ;
entónces rasgando el pellejo de carnero con el cuchillo ,
salí del zurron, y al verme el Zoc huyó despavorido. Eché
á andar en seguida, y bien pronto descubrí el palacio que
me habian descrito . Entré en un gran patio en donde habia
noventa y nueve puertas de madera de sándalo y aloés ,
y una puerta de oro que conducian á otros tantos apo-
sentos . En el fondo del patio habia otra puerta abierta
por la que me entré, y me hallé en un salon ricamente
adornado en el que me encontré con cuarenta damas de
una hermosura divina , vestidas con trajes de brocado y
prendidas con joyas de un valor infinito, las cuales al
verme salieron á mi encuentro y exclamaron todas : -
• ¡ Bien venido seáis ! Hace tiempo , continuó una de ellas ,
que esperábamos á un caballero , y susponiendo que sois
vos el que aguardamos con impaciencia , desde este mo-
mento somos vuestras esclavas dispuestas á obedeceros y
á serviros. >>
Yo estaba atónito de todo lo que veía, y no sabía qué
decir ; mientras tanto , las damas me rodearon , me condu-
jeron á un baño perfumado , me presentaron ricos vestidos
y me sirvieron una comida compuesta de manjares y vinos
exquisitos ; y por la noche me llevaron á un cuarto en
donde habia un lecho con colchones de pluma en el que
dormí mucho mejor que sobre la alfombra de los diez tuer-
tos . Al dia siguiente vinieron las damas vestidas con nue-
vos trajes , á saber cómo habia pasado la noche, y repitie-
ron sus obsequios. Un año estuve viviendo en este palacio
CUENTOS ÁRABES 81

en medio de infinitas delicias, rodeado de lujo , de riqueza,


y gozando de toda clase de placeres lícitos .
Al finalizarse el año , un dia se me presentaron las damas
vestidas de luto, y llorando me dijeron : « Principe, nos
es forzoso el ausentarnos por espacio de cuarenta dias
para cumplir con ciertos deberes de que no podemos pres-
cindir. Nos aflige esta separacion porque tememos no
volveros á ver. Para que podáis distraeros durante nuestra
ausencia y hacer ménos penosa vuestra soledad , os deja-
mos las llaves de las cien puertas, en cuyas estancias
encontraréis cosas maravillosas que os distraerán ; pero
os recomendamos encarecidamente que no abráis la puerta
de oro, pues si la abrís , estad seguro que no volveremos
á vernos jamas . Refrenad vuestra curiosidad , porque en
ello estriba vuestra dicha no cometáis esa imprudencia,
y dadnos el consuelo de volveros á encontrar aquí á nues-
tro regreso. Bien podríamos llevarnos esa llave , pero seria
hacer agravio à vuestra discrecion ; á Dios , príncipe, y
no olvidéis nuestra recomendacion . »
La ausencia de las hermosas damas me causó una tris-
teza extraordinaria , y para disiparla y distraerme , resolví
desde el dia siguiente dar principio á la visita de las ma-
ravillas que encerraba aquel palacio encantado , en las que
no habia fijado lo bastante mi atencion segun lo distraido
y obsequiado que habia estado durante el año por las
damas . Tomé el manojo de llaves que me habian dejado
y abrí una de las cien puertas . Admirado y absorto me
quedé al hallarme en un verjel cuyos árboles frutales
ostentaban en sus ramas las frutas mas raras . Diríase , al
ver la simetría, el órden , la abundancia que allí reinaban,
que era el paraíso terrenal que habitaron nuestros prime-
ros padres . Por mi gusto , no habria salido nunca de allí ,
pero me recordé que tenia otras estancias que ver, y al
fin cerré la puerta de la entrada, y abrí la mas inmediata ..
Esta daba paso á un jardin en el que se veían cuadros y
platabendas de las flores mas raras , cuya variedad de
matices y perfumes encantaban la vista y el olfato . Todas
las flores que se cultivan en los distintos países de climas
5.
82 CUENTOS ÁRABES
diferentes se hallaban allí reunidas, lo mismo que en el
verjel las frutas . Encantado salí de este jardin maravilloso.

cuya puerta cerré. Al dia siguiente abrí otra puerta y vi


una grandiosa pajarera en la que revoloteaban y alegra-
CUENTOS ÁRABES 83

ban el aire con sus gorjeos y canto los ruiseñores , los


canarios, los jilgueros , las alondras, y otra multitud de
pájaros de formas y plumaje variado que me eran desco-
nocidos. Si el verjel y el jardin estaban bien cuidados, la
pajarera no estaba ménos limpia y aseada, pero yo no
percibí en estos sitios , ni aun huellas de persona humana.
Abrí la cuarta puerta y entré en un gran patio en el que
habia otras cuarenta puertas de otras tantas estancias que
fuí visitando sucesivamente , en las que encontré aglome-
radas cuantas riquezas puedan imaginarse . Perlas de todos
colores y tamaños , diamantes , rubíes , esmeraldas y otras
piedras preciosas ; barras de plata y oro , telas de brocado ,
tesoros , en fin, incalculables ; y yo salí de allí atónito y
maravillado .
Continué visitando en los dias siguientes los otros cuar-
tos , hallando en todos ellos miles de preciosidades que me
sería imposible el describir , y en esto invertí treinta y
nueve dias . No me faltaba que ver mas que la estancia
cerrada con la puerta de oro , pero me acordé de la reco-
mendacion de las damas , y me propuse observarla . Este
propósito, por desgracia para mí, no me duró mucho
tiempo, porque al dia siguiente, aguijoneado por la curio-
sidad , tomé la llave y abrí la puerta vedada . Apénas habia
pasado el umbral , cuando sentí un olor aromático tan
fuerte que casi me asfixió , haciéndome caer por tierra.
Este accidente debia haberme sido de un saludable aviso
para no pasar mas adelante ; pero lo desprecié, y levan-
tándome repuesto ya de mi primera sensacion , avancé
algunos pasos mas y me encontré en una espaciosa estan-
cia cuyo pavimento estaba alfombrado con azafran , ilu-
minada con una infinidad de bujías perfumadas colocadas
en candelabros de oro macizo , y con lámparas llenas de
esencias aromáticas . En el fondo de la pieza distingui un
soberbio caballo negro que al verme dió un relincho atroz,
y empezó á golpear la tierra con sus manos. Al acercarme
á él vi que estaba ensillado y embridado , y que la silla y
el bocado eran de oro macizo con preciosos arabescos .
En su pesebre, que era de oro tambien , habia en un lado
84 CUENTOS ARABES

una gran provision de cebada perlada mezclada con anis ,


y en el otro agua rosada. Queriendo examinarle á la cla-
ridad del sol , le tomé por la brida y le saqué al patio , y
como soy muy aficionado á la equitacion , y hacía tanto
tiempo que estaba encerrado en el palacio , tuve la mala
idea de montar el caballo y salir á dar un paseo por el
campo con ánimo de volverme en seguida para prepa-
rarme á recibir a las damas que debian llegar al dia
siguiente . No bien me sintió en la silla el animal , cuando
dió un relincho atroz , y emprendió una corrida tan vertigi-
rosa que mas bien volaba que corria . Saltaba zanjas y
precipicios espantosos , subia y bajaba montañas escarpa-
das con la velocidad del rayo , y por mas que yo le refre-
naba, no lograba contenerle, y apénas podia mantener-
me en la silla. Llegámos de esta manera á la cima de
una elevada montaña á cuyo frente habia otra igual, y
entre las dos un profundo barranco. Yo cerré los ojos, me
así fuertemente à las crines , y el caballo desbocado pegó
un brinco y se plantó en la otra montaña . La sacudida que
yo recibí fué tan fuerte, que caí por tierra, y el caballo al
despedirme, me dió un latigazo en el rostro con la cola y
me sacó el ojo derecho . El golpe de la caída y el dolor del
ojo me hicieron perder conocimiento , y cuando recobré el
sentido me hallé rodeado por los diez jóvenes tuertos y á
las puertas de su palacio . Sin dejarme entrar en él me
dijeron : — • Lo que os sucede , lo mismo nos ha sucedido
á todos ; pero no podéis quedaros aquí, porque no hay
plaza vacante. Id á Bagdad, y allí encontraréis la persona
que fijará vuestro destino . » En seguida emprendí la mar-
cha, según las indicaciones que me dieron, y para cami-
nar con mayor seguridad y ménos riesgo , me hice afeitar
la barba y el cabello , y me vestí con el traje en que me
veis. A las puertas de la ciudad encontré á mis dos com-
pañeros , y al dirigirnos á buscar posada acertámos á pasa.
por delante de vuestro palacio en donde os habéis dignado
darnos una hospitalidad tan espléndida .
Cuando concluyó de hablar el tercer kalandor tuerto ,
le dijo Zobeida : - << Podéis iros los tres . Permitid ,
CUENTOS ÁRABES 85

señora, le suplicó uno de ellos , que oigamos la historia


de esos tres mercaderes, y oida que sea nos iremos. »
Dirigiéndose entónces Zobeida al kalifa y á sus dos com-
añeros : --- < Hablad vosotros ahora , les dijo . Tomando
entonces la palabra el visir Giafar en nombre de los tres ,
empezó diciendo : — « Señora , nosotros no tenemos historias
naravillosas que contar ; somos simplemente tres mer-
aderes de Mosul que traficamos juntos en sederías , telas
y otros géneros . Hoy llegámos á esta ciudad , y despues
de dejar nuestras mercancías en los almacenes, nos fuimos
a cenar con otros mercaderes paisanos y amigos nuestros .
Al fin de la cena, se armó una disputa entre ellos , y nos-
otros temerosos de que al ruido y á los gritos acudiese una
patrulla que nos llevase presos, salimos de la casa, sin
saber adónde iríamos, cuando la música que oímos al
pasar por delante de la vuestra , nos animó á llamar para
pedir hospitalidad en ella. Vuestra generosa bondad nos
la concedió , y por ello os estamos muy agradecidos. »
Cuando el visir concluyó de hablar, Zobeida se quedó un
momento suspensa, como reflexionando lo que haria.
Al fin dirigiéndose á todos les dijo : - « Estáis libres, pero
salid de aquí inmediatamente. » Cuya órden, por el tono
con que fué dada, y apoyada por la presencia de los es-
clavos negros, no admitia réplica ; por lo cual los fingidos
mercaderes , los kalandores tuertos y el demandadero se
apresuraron á cumplirla.
Una vez en la calle , y cerrada la puerta , el kalifa pre-
guntó á los kalandores dónde iban á concluir la noche.
- Señor , no lo sabemos, respondieron . - Pues en
ese caso venid con nosotros , » les dijo el kalifa, y acer-
cándose á Giafar le mandó que se los llevase á su casa , y
que al dia siguiente se los presentase en la audiencia , ha-
ciendo al mismo tiempo venir á su presencia á Zobeida y á
sus dos hermanas , pues queria á toda costa averiguar
quiénes eran, y lo que significaban las cosas extraordina-
rias que habia visto en su casa.
El visir Giafar cumplió las órdenes que habia recibido ;
hospedó á los tres tuertos , é hizo venir á las tres herma-
86 CUENTOS ÁRABES

nas á la audiencia . Cuando los kalandores y las damas


fueron introducidas en la sala del trono , el sultan , diri-
giéndose á las damas les dijo : - « Sabed, señoras , que
os halláis en presencia de Harun Alraschid, quinto ka-
lifa de los Abbasidas , representante del profeta . Anoche
me introduje en vuestra casa disfrazado de mercader ;
pero no os alarméis , ni temáis nada , creyendo haberme
ofendido ; al contrário , todo lo he olvidado , y estoy satis-
fecho de vuestro comportamiento , á pesar de haber fal-
tado nosostros á lo que habíamos prometido . Si os he
mandado venir , no ha sido para castigaros , sino para que
me digáis quiénes sois, por qué habéis tratado tan cruel-
mente á aquellas dos perras, llorando despues con ellas
y enjugando sus lágrimas, y por qué una de vosotras
tiene el cuerpo cubierto de cicatrices. »
Levantándose Zobeida y haciéndo una profunda reve-
rencia empezó á hablar en estos términos :

HISTORIA DE ZOBEIDA, DE SUS HERMANAS , Y DE LAS PERRAS


NEGRAS

¡ llustre Comendador de los Creyentes ! la historia


que voy á referiros , es una de las mas maravillosas de
cuantas podáis haber oido. Las dos perras negras que
habéis visto, son hermanas mias de padre y de madre
como lo son tambien de padre solamente, pero de madres
diferentes, Sofía y Amina, aquí presentes.
Cuando murió nuestro padre repartimos la herencia ;
mis dos hermanas se quedaron conmigo, y Sofía y Amina
se fueron á vivir con su madre . Al poco tiempo se casaron
mis dos hermanas mayores, pero fueron tan desgraciadas
con sus maridos que, despues de haber perdido toda su
fortuna y recibido malos tratamientos , vinieron á refu-
giarse á mi casa en donde las recibí con el mayor cariño .
Yo me habia dedicado á la cria de gusanos de seda , У Dios
bendijo de tal manera mi industria, que en pocos años me
CUENTOS ÁRABES 87

hallé con un capital tan respetable , que me resolví á


extender mi comercio hasta las Indias. Con este objeto em-
prendí un viaje á Basora, llevándome á mis hermanas
conmigo. En Basora fleté un barco que cargué de mercan-
cías y nos hicimos á la vela surcando el golfo Pérsico , y
al salir de él hicin ɔs rumbo hacia las Indias . Al cabo de
veinte dias de navegacion arribámos al puerto de una
gran ciudad , en el que anclámos, y sin esperar á que mis
hermanas estuviesen listas , yo desembarqué y me dirigí á
la cuidad. Al llegar á sus puertas vi un peloton de hombres
armados con picas , cuyo aspecto me causó algun miedo ,
pero observando que no se movian, me acerqué á ellos, y
reconocí que eran hombres de piedra.
Entré en la ciudad , y en todas las calles y plazas
por donde pasé, encontré una multitud de hombres , de
mujeres y niños , de todas clases y condiciones , pero
petrificados todos ellos . Al llegar á una gran plaza mayor
que las demas , vi un suntuoso edificio de mármol con
puertas chapeadas de oro , que por su grandioso aspecto ,
y por los guardias que estaban á su entrada , juzgué que
sería la residencia del soberano de aquella ciudad , y no
me equivoqué porque, habiendo entrado en él, atravesé
un gran patio lleno de oficiales, de cortesanos y de per-
sonas distinguiuas , pero petrificados igualmente. Subí á
las habitaciones, y me quedé asombrada del lujo y la
riqueza que reinaba en ellas . Por todas partes no se veía
mas que oro, piedras preciosas , alfombras de damasco , y
ricas telas de brocado y seda de la India . Al extremo de
una galería baja habia un jardincito que separaba el gran
palacio de otro mas pequeño y rodeado por unas verjas de
oro macizo . Por su aspecto , conocí que debia ser la habi-
tacion de la reina, y la curiosidad me incitó á entrar en
él . Allí encontré muchos eunucos y esclavas , y en una ha-
bitacion en la que competian la elegancia , el lujo y la
riqueza hallé á la princesa recostada en un divan , con un
traje riquísimo y prendida con joyas de inestimable valor ,
entre ellas un magnífico collar de perlas gruesas como
avellanas que le daba tres vueltas al rededor de la gar-
88 CUENTOS ÁRABES

ganta y remataba con caídas sobre el seno formadas por


esmeraldas y rubies de un precio incalculable . Distin-
guíase de las demas mujeres que la rodeaban, no solo por
la riqueza de su traje y adornos , sino porque tenia ademas.
una corona de oro en la cabeza cuajada de brillantes , de
rubíes , de perlas y de otras piedras preciosas . Me detuve
gran rato examinando aquella estatua de piedra cubierta
con tanta riqueza . Pero aun me causó mayor admiracion
lo que vi en la sala del trono . Era esta una pieza espaciosa
amueblada con con mayor riqueza y magnificencia que
cuantas habia visto . En el testero de la sala habia una
estrada formada por tres gradas cubierta con alfombras de
oro recamado , y sobre esta estrada un trono de oro som-
breado por un dosel sostenido por columnas de oro tam-
bien, y en uno y otras engastadas una multitud de perlas y
piedras preciosas . A los costados habia unos magníficos
candelabros del mismo metal, primorosamente labrados .
Extasiada estaba yo contemplando estas maravillas,
cuando me hirió la vista un resplandor particular que al
pronto no sabía de dónde procedia . Empecé à examinar
todo mas atentamente, y vi que era la luz que proyectaba
un diamante, cual no habrá otro igual en el mundo,
puesto que su grosor era mayor que la de un huevo de
avestruz , el cual se hallaba engastado en el respaldo del
trono entre este y el dosel . El brillo de la luz que arro-
jaba, deslumbraba, y no podia mirársele medio minuto
seguido.
Embelesada en admirar tales maravillas , llegó la noche
sin que yo me apercibiera de ello , y cuando quise salir del
palacio para volver á mi navío, no pude atinar con el
camino por donde habia venido ; de modo que me decidi
á recostarme en uno de los divanes , pasar la noche en el
palacio , y esperar, para salir de él, á que fuese de dia.
En aquella soledad poblada de seres petrificados, mi
ánimo no estaba tranquilo , y no podia conciliar el sueño .
Sería como la una de la noche, cuando en medio del pro-
fundo silencio que reinaba llegó á mis oídos el sonido de
una voz que recitaba por alto los versículos del Alcoran .
CUENTOS ARABES 89

En seguida me levanté, y guiada por el eco de esta voz


llegué á una especie de oratorio en el que vi sentado sobre
un cojin y delante de un reclinatorio á un joven de ga-
llarda presencia con el libro del Alcoran abierto sobre un
pupitre .

Al ruido que hice al entrar, el jóven volvió la cabeza , y


se levantó en seguida al verme . Pasada su primera sor-
presa¿Quién sois, señora, me preguntó, y qué
venís á buscar á una ciudad de tanta desventura como
esta, cuyos moradores han sido convertidos en piedra ? »
Yo le dije quién era, el objeto de mi viaje y la sorpresa
y admiracion que me habian causado las cosas verdadera-
mente extraordinarias que habia visto . Le rogué que me
90 CUENTOS ÁRABES

dijera quién era él, y cómo se encontraba en medio de


aquella ciudad en donde no reinaba mas que la muerte .
- « Voy á satisfaceros, contestó , y haciéndome sentar á
su lado me dijo : Esta ciudad , señora, era la capital
de un reino poderoso, que se hallaba muy rica y flore-
ciente ; pero así el rey mi padre , como todos sus habitantes
eran idolatras y paganos que adoraban al Fuego y á un
dolo llamado Nardun , antiguo rey de los gigantes que se
revelaron contra Dios ; y ademas , eran magos . Yo tuve
la dicha de que cuidase de mi niñez una anciana musul-
Lana que me enseñó desde mi infancia á leer el Alcoran , y el
culto del verdadero Dios . - << Príncipe , me decia, no hay
mas que un solo Dios verdadero ; guardaos de tributar
» culto , ni adorar á Dioses falsos » .Compadecido Dios mi-
sericordioso de los errores de este pueblo , quiso traerle
á verdadero conocimiento , y hará tres años y algunos
meses que se dejó oir una voz atronadora y misteriosa
que decia : « ¡ Habitantes de esta ciudad , abandonad el
culto del falso Dios Nardun, y del Fuego , y reconoced y
» adorad al Dios único y verdadero ! » Durante tres años
consecutivos estuvieron oyéndose estas palabras ; pero
los habitantes cuyo corazon estaba empedernido , las des-
preciaron y persistieron en su idolatría, y ninguno quiso
convertirse. Al fin de los tres años , la voz cesó de oirse ,
y un dia se sintió una conmocion general , y mis padres , su
corte y los habitantes de la ciudad se encontraron cam-
biados en estatuas de piedra como habréis visto . Solo
yo fuí preservado de este tremendo castigo , por la miseri-
cordia divina , y conservé mi naturaleza ; y desde entónces ,
estoy viviendo en esta horrible soledad , adorando á Dios
con mayor fervor, y pidiéndole me saque de ella lo mas
pronto posible. Al veros , hermosa señora, añadió el
príncipe, he creido que sois enviada por la Providencia
para ser el instrumento de mi salvacion. » Yo le confirmé
en esta idea, y le ofrecí conducirle à Bagdad y hospedarle
en mi casa hasta que el kalifa Harun Alraschid decidiese
de su suerte . El principe aceptó mi ofrecimiento , y pa-
sámos el resto de la noche en hacer los preparativos de
CUENTOS ÁRABES 91

viaje, empaquetando las cosas mas preciosas que debíamos.


llevarnos.

Así que amaneció nos fuimos á bordo, y presenté el


príncipe al capitan del buque y á mis hermanas que esta-
ban muy inquietas por mi ausencia, y les conté lo que me
-t
habia sucedido . En seguida empezámos á llevar á tierra
las mercancías que yo habia traido, y á reemplazarlas por
las preciosidades que en el palacio habia ; sin olvidarnos.
92 CUENTOS ÁRABES

del portentoso diamante que me regaló el príncipe . Cargado


el buque con cuanto nos fué posible , nos hicimos á la vela ,
y navegámos muchos dias sin tener accidente de ninguna
especie. Durante este tiempo, el príncipe se enamoró de
mí, me ofreció su mano , que yo acepté , y convinimos en
que tan pronto como llegásemos á Bagdad nos casaríamos .
Envidiosas mis dos hermanas del cariño que me manifes-
taba el príncipe , y del brillante porvenir que me aguar-
daba, sobornaron á algunos marineros, y con su ayuda
nos arrojaron una noche al mar, mientras estábamos dur-
miendo. El desgraciado príncipe que no sabía nadar, se
ahogó, y yo gracias á la amplitud de mis vestidos pude
sostenerme flotando sobre las olas algun tiempo , y remol-
cada por ellas hasta la orilla , llegué á hacer pié, y pude
salvar mi vida. Al dia siguiente, despues de haber secado
al sol mis vestidos, me senté á la sombra de un árbol ,
y estaba pensando en lo que haria , cuando vi venir arras-
trándose por tierra una serpiente alada y en pos de ella
otra mucho mayor, tambien alada, que tenia asida por la
cola á la primera , y hacía esfuerzos por tragársela . Léjos
de intimidarme la vista de tan monstruosos reptiles, cogí
una enorme piedra y la lancé con tal tino sobre la segunda
serpiente , que le aplasté la cabeza . Libre la primera ser-
piente, tomó su vuelo , y desapareció de mi vista. Despues
de este incidente, yo me quedé dormida , y al desper-
tarme vi á mi lado á una negra de bellas formas y sem-
blante risueño que me dijo :
- << Yo soy la serpiente que acabáis de librar de su
mortal enemigo aplastándole la cabeza ; y he querido , á
fuer de agradecida , recompensaros el gran servicio que
me habéis hecho. He sabido la infame accion que vuestras
hermanas , envidiosas é ingratas, han cometido con vos y
con el príncipe, y he querido castigarlas como merecian.
Aquí las tenéis, añadió, señalando á las dos perras negras
que traía sujetas con una cadena de hierro , las he con-
vertido en estos animales inmundos . Pero esto no es bas-
tante castigo para su perfidia , y quiero y os mando que
cuando estéis en vuestra casa de Bagdad , adonde voy á
CUENTOS ÁRABES 93

trasladaros en seguida , les deis cada noche cien latigazos ;


en inteligencia que si no lo hiciereis, seréis vos misma
transformada en perra . En cuanto al cargamento del
buque, lo hallaréis todo en vuestra casa de Bagdad , á
la cual , auxiliada por mis hermanas las hadas, lo hemos
trasladado, echando despues el buque á pique . » > Dichas
estas palabras que me dejaron sorprendida , me agarró por
la cintura, y sin soltar las perras, me encontré , sin saber
cómo , en el patio de mi casa; y en las estancias contiguas ,
depositadas todas las riquezas que habíamos recogido en
la ciudad de los hombres de piedra . En seguida, la negra
me entregó uno de sus rizos y me dijo : Tomad estos
cabellos, y si alguna vez necesitáis mi auxilio quemad dos
de ellos y estaré á vuestro lado para protegeros . » Dicho
esto , desapareció de mi vista. Desde entónces soy inmen-
samente rica, pero con la amargura de tener que castigar
á mis hermanas como la negra hada me lo ha prescrito :
¡ tarea dolorosa que me parte el corazon , y me hace der-
ramar lágrimas infinitas !
En cuanto á la historia de mi hermana Sofía, es muy
sencilla ; ó por mejos decir, no tiene historia. Muerto
nuestro padre, recogió la parte de herencia que la cor-
respondia, y se fué á vivir con su madre, y cuando esta
murió, se vino á vivir conmigo . La historia de Amina
os la contará ella misma. Levantándose esta, y tomando
la palabra , se expresó en los términos siguientes :

HISTORIA DE AMINA

¡ Poderoso kalifa ! empezó diciendo : No repetiré lo


que mi hermana acaba de referiros, concretándome solo á
decir que al poco tiempo de estar viviendo con mi madre,
esta me casó con un jóven muy rico que tuve la desgracia
de perder á los dos meses de casada ; y como mi marido
me amaba tiernamente me dejó por su heredera , y me
encontré dueña de una fortuna de mas de cien mil zequíes .
Pasado el año de luto, me mandé hacer unos ricos vesti-
dos de á mil zequíes cada uno, y empecé á gozar de mi
94 CUENTOS ÁRABES

riqueza. Yo no sé cómo llegó á oídos del hijo de un gran


príncipe la fama de mi hermosura , ni cómo logró verme :
solo diré que, prendado de mí, quiso que fuese su esposa ,
lo que consiguió valiéndose de su nodriza para atraerme á
su palacio bajo el pretexto de que fuese madrina de boda.
de una de sus hijas. Cuando entré en el palacio acompa-
ñada por algunas de mis esclavas, y vestida con un rico
traje y aderezo , salió á recibirme una hermosa jóven lu
josamente vestida : yo creí que era la novia, pero ella me
desengañó diciéndome que un hermano suyo, altamente
enamorado de mí, queria tomarme por esposa , y con este
objeto se habian valido de aquella estratagema para que
el príncipe mismo pudiese hablarme y verme . Despues de
pedirme mil perdones , dió una palmada , se abrió inme-
diatamente una puerta, y se presentó un gallardo jóven
que, arrojándose á mis piés, me habló de su amor, y me
pintó su pasion con los colores mas vivos , rogándome ,
por último , que consintiera en hacerle feliz otorgándole
mi mano. Yo me hallaba tan sorprendida , tan aturdida ,
y tan poco dueña de mí misma , con lo que veía y oía, que
no sabía ni qué responder, ni qué resolucion tomar ; é
interpretando el príncipe esta irresolucion y este silencio
mios , como un consentimiento á sus deseos , hizo entrar á
un cadí y á unos testigos que estaban prevenidos , exten-
dió este la partida de nuestro casamiento, nos dió la
bendicion nupcial, y yo me encontré casada por segunda
vez, sin saber cómo , ni de qué manera ; habiéndome que-
dado , desde la noche misma de esta boda improvisada , en
casa de mi esposo el príncipe.
Un dia que necesitaba cierta tela para hacerme un ves-
tido , le pedí permiso á mi esposo para salir á comprarla
yo misma. El príncipe me lo concedió , pero con la condi-
cion de que no habia de hablar á ningun hombre. Salí
acompañada por algunas esclavas y por la nodriza del
príncipe que me dijo ::— « Señora, si no queréis molestaros
en andar recorriendo tiendas , yo os llevaré á la de un
mercader que es de mi país que las tiene muy primoro-
sas, y estoy segura que encontraréis en ella cosa de vuestro
CUENTOS ÁRABES 95

gusto. Como yo no tenía interes en ir á tienda determi-


nada, fuí á la que me propuso la nodriza ; y en efecto ,
el mercader me hizo ver las telas mas ricas de la India y
de otros países , entre las que yo escogi una lindísima que
me agradó infinito . Díjele á la nodriza que preguntase
al mercader el preci.— « ¿ Por qué no se lo preguntáis vos
-
misma, señora ? me dijo . Porque mi esposo me ha
prohibido el dirigir la palabra á ningun hombre , » la con-
testé. La nodriza entónces preguntó al mercader cuánto
queria por la tela. « No se la venderé por todo el oro del
mundo, contestó , pero se la regalaré si me permite darle
un beso. Yo me indigné al oir semejante pretension ,
y me levanté para marcharme ; pero la nedriza trató de
calmarme ; y tales cosas me dijo , que , unidas al gran deseo
que yo tenía de llevarme la tela , consentí en otorgar lo
que el mercader me pedia . Alcé el velo, y volviendo el
rostro le presenté una de mis mejillas, pero el mercader ,
en vez de darme un beso, me dió en ella un terrible
mordisco que hizo saltar la sangre del carrillo , y huyó en
seguida, cerrando la tienda apresuradamente .
Yo di un grito, y la fuerza del dolor me hizo perder el
sentido. Cuando lo recobré , las esclavas me condujeron á
casa, y allí echándose á mis piés la nodriza bañada en
llanto , me suplicó que la perdonara por haber sido la
causa involuntaria de semejante conflicto, y procuró con-
solarme ofreciendo curarme con un remedio que ella sa-
bía , de modo que al cabo de un par de dias no quedaria
lesion ninguna en la mejilla . Yo no le dije nada , y le dejé
que me aplicara su remedio .
Cuando llegó mi esposo y me vió con la cara vendada,
me preguntó qué tenía ; yo le respondí que al pasar junto
á mí un hombre cargado con un haz de leña me habia
rozado el carrillo . Mi marido se encolerizó y juró que
al dia siguiente haria prender á todos los leñadores y les
impondria un severo castigo. « No hagáis tal cosa, le
dije, porque no son culpables ; la verdad es que yo me
resbalé, y al caer, me herí el rostro con un pedazo de
vidrio que habia en el suelo . » Aun cuando yo no me
96 CUENTOS ÁRABES

sentia muy culpable y solo tenía que acusarme de un


exceso de ligereza , no queria, sin embargo , confesar la
verdad del hecho, porque creia que era faltar al decoro , y
rebajarse demasiado el hacer semejante confesion à un
inarido. Al ver mis reticencias , y sospechando el príncipe
que mi herida tenía por orígen quizas una falta mas grave ,
exclamó enfurecido : ― « Veo que me estáis engañando ,
y harta paciencia he tenido escuchando vuestras mentiras ,
pero yo no soy hombre que tolero el que se me engañe
impunemente . » Mandó venir á tres esclavos , les ordenó
que me tendiesen por tierra, que dividiesen mi cuerpo en
dos pedazos y lo arrojasen al Tígris para que sirviese de
pasto á los peces , añadiendo porque este es el
castigo que merecen las que así faltan á la fe prometida y
se burlan de mi cariño. Los esclavos obedecieron , y yo
iba á recibir el golpe fatal cuando arrojándose á sus piés
su nodriza : Hijo mio, le dijo, sollozando , no manci-
lléis vuestra reputacion, ni perdáis la estimacion de los.
hombres dando á vuestro enojo un desahogo tan san-
griento ! Acordaos que os he amamantado á mis pechos, y
por la leche que os he dado , os suplico que le perdonéis la
vida, porque ella está inocente, y si alguna hay culpable,
esa soy yo. Estas y otras muchas cosas le dijo con las
que consiguió calmar el enojo de mi esposo , el cual
exclamó : - « Pues bien, le perdono la vida por amor
vuestro ; pero quiero que reciba un castigo que le recuerde
su falta toda la vida. » Por su órden dos de los esclavos
me sujetaron por los piés y la cabeza, y el tercero me
flageló con un junco flexible, arrancándome con cada
golpe pedazos de carne y cútis, y haciendo de mi cuerpo.
una llaga viva. Despues mandó que me llevasen fuera de
su palacio . Estuve luchando con la muerte durante cuatro
meses, asistida por la vieja nodriza . Cuando pude ya
andar quise volverme á mi casa, pero no encontré mas
que el solar, porque mi esposo, en el parosismo de su
furor, habia mandado no solo derribarla , sino arrasar tam-
bien todas las otras casas que habia en la misma calle .
Entónces me fuí á casa de mi hermana Zobeida con quien
CUENTOS ÁRABES 97

se habia ido tambien á vivir mi hermana Sofía, y desde


entónces vivimos las tres reunidas. Yo me he encargado
del gobierno de la casa, y por distraerme, voy yo misma
al mercado á comprar las provisiones . Aunque curada de
los golpes de la flagelacion , las cicatrices no han desapa-
recido como habéis visto . Lo demas que anoche ocurrió,
ya lo sabéis , ¡ oh ilustre kalifa !
Habiendo terminado Amina su historia, y satisfecha
la curiosidad del kalifa : - « Quisiera , le dijo á Zobeida ,
que hicieseis venir al hada, porque tengo algo que pe-
dirle. - Señor, me será fácil el complaceros, porque
el rizo que me dejó , lo llevo siempre conmigo. Mandad
que traigan lumbre y quemaré algunos de sus cabellos . »
Trajeron algunas ascuas en una pebetera, y Zobeida puso
sobre ellas unos cuantos pelos . En cuanto se consumie-
ron, se sintió una fuerte sacudida en la estancia, y acto
contínuo se presentó el hada en forma de una bella ma-
trona ricamente vestida. « ¿ Para qué me llamáis , dijo á
Zobeida ; y vos , qué me queréis, Comendador de los Cre-
yentes ? Desearia, hermosa hada, le contestó el kalifa,
que hicieseis recuperar á las hermanas de estas damas su
forma primitiva, perdonándolas, en gracia del castigo que
han sufrido y si os fuera posible , que hicieseis desapa-
recer las cicatrices del bello cuerpo de la hermosa Amina ,
reservándome yo el castigar como merece al hombre in-
humano que la ha tratado de una manera tan bárbara , y
que ademas ha cometido la injusticia de privarla de sus
bienes, derribando su casa y haciéndose dueño quizas de
su riqueza ; admirándome de que no haya llegado á mi
noticia un hecho de esta naturaleza . - lustre kalifa , voy
à complaceros , respondió el hada ; mandad que traigan
las perras. » Cuando estas estuvieron en la sala de la au-
diencia , el hada sacó de su faltriquera una preciosa caja
formada de un topacio , y tomando con sus dedos unos
pocos de los polvos sonrosados que la caja contenia, los
puso en un platillo de oro , dijo unas cuantas palabras
mágicas, y los esparció sobre las cabezas de las dos per-
ras negras , exclamando : - « ¡ Recobrad vuestra forma
98 CUENTOS ÁRABES

primitiva, y volved á ser mujeres ! » Las perras dieron


un gran brinco, desaparecieron sus pieles negras , y Zo-
beida se encontró en sus brazos con sus dos hermanas ,
que la estrechaban cariñosamente . En seguida el hada
p dió una taza de agua , mezcló en ella unos pocos de
polvos , dijo algunas palabras cabalistas , y roció con esta
agua á Amina, cuyas cicatrices desaparecieron entera-
mente.
Volviéndose entónces al kalifa le dijo : « ¡ Comendador
de los Creyentes ! por consideracion y respeto á Vuestra
Majestad, Amina no ha querido nombrar al príncipe su
esposo que la trató tan cruelmente . Sabed, pues, que
este esposo cruel es vuestro propio hijo el príncipe Amin,
casado secretamente con ella ; » y esto dicho , desapa-
reció .
El kalifa Harun Alraschid tuvo un gran disgusto al oir
estas palabras ; hizo venir inmediatamente al príncipe su
hijo, y cuando se presentó , le reprendió de una manera muy
severa. El príncipe , que estaba ya pesaroso de haber obrado
con tanta crueldad con Amina , se arrojó á sus piés, y la
rogó que le perdonase, cuyo perdon le fué otorgado en el
acto por la bondadosa Amina.
Por su parte, el kalifa que se habia enamorado de la
hermosura y del talento de Zobeida , le ofreció su corazon
y su mano, y se casó con ella. Á cada uno de los tres ka-
landores tuertos los hizo grandes dignatarios del imperio,
les dió un soberbio palacio , y los casó con las otras tres
hermanas de Zobeida .
El sultan Chabriar, mas embelesado cada dia con las
interesantes historias que la jóven sultana le referia , y
cada dia mas prendado de su hermosura , de su discre-
cion é ingenio , iba olvidando, poco a poco, su terrible
juramento ; y ya no era la hermosa Diznarda la que rogaba
á su hermana que les contase alguna historia nueva, sino
el sultan mismo .
Terminadas las historias de Zobeida y de los kalandores,
la sultana Gerenarda empezó á contar la de las tres Man-
zanas en la forma siguiente .
CUENTOS ÁRABES 99

HISTORIA DE LAS TRES MANZANAS Y DE LA MUJER HECHA


PEDAZOS

Una de las noches en que el kalifa Harun Alraschid ,


acompañado por su gran visir , y el jefe de los eunucos ,
recorria, segun costumbre , las calles de Bagdad para en
terarse por sí mismo si se observaban las leyes , y saber si
se administraba bien la justicia , encontró á un hombre ya
entrado en años que, llevando en una mano un cesto
vacío, sostenia con la otra unas redes cargadas sobre su
cabeza. - « Este hombre tiene trazas de no ser muy
afortunado , » dijo el kalifa, al verle, y mandó al visir Gia-
far que se informase de su suerte. « ¿ Quién eres, buen
hombre? » le preguntó Giafar acercándose á él . « Un
pobre pescador , le contestó , pero de tan poca ventura
que, despues de haber estado pescando todo el dia ,
no he podido coger ni un pez siquiera ; y lo peor es que
tengo mujer é hijos pequeños , y no cuento para mante-
nerlos con mas recursos que los de mi oficio. » Compade-
cido el kalifa le dijo : ¿ Quieres volver á echar las redes
y te daremos por lo que saques cien zequíes ? » El pesca-
dor aceptó el ofrecimiento , y seguido por el kalifa y sus
acompañantes se dirigió nuevamente al rio . Echó sus redes.
diciéndose á sí mismo : « Estos señores tienen buena
trazas , y creo que no me engañarán ; pero aun cuando
no me dieran mas que la centésima parte de lo que me
han ofrecido, quedaria contento . Cuando las retiró , vino
enredado en ellas un cofre bastante pesado, con el cual
cargó el jefe de los eunucos ; y despues de haber entre-
gado al pescador los cien zequíes prometidos , el kalifa
regresó á palacio .
Abierto el cofre en su presencia, encontraron un cesto
de hojas de palmera muy sujeto y liado con cordeles ;
dentro de él un envoltorio formado con vestidos de una
mujer y el cuerpo de esta hecho pedazos. Horrorizado sel
quedó el kalifa á la vista de estos despojos sangrientos ,
100 CUENTOS ÁRABES

y altamente encolerizado , dirigiéndose al visir Giafar,


exclamó i Cómo ! ¿es posible que se cometan en Bag-

dad crímenes de esta especia, y que tu vigilancia se halle


tan adormecida ? tres dias te doy de término para que ave-
rigües quién es el asesino de esta mujer, y si no consigues
descubrirle, te mandaré ahorcar , y contigo á cincuenta de
tus deudos y parientes. El visir Giafar se retiró á su
casa confuso y angustiado . « ¿ Cómo es posible , se
decia , que pueda descubrirse en tan corto tiempo al ase-
sino de esta mujer , en una ciudad tan populosa como
esta ? fácil me sería el hacer ahorcar à cualquiera de los
criminales que están presos , haciéndole pasar por el ver-
dadero delincuente ; pero esto lo rechaza mi probidad y
CUENTOS ÁRABES 101

mi conciencia, y mas prefiero morir, que recurrir á seme-


jante superchería. » Sin dejar de lamentarse , y sin grandes
esperanzas de conseguir su objeto , hizo llamar, sin embar-
go , á todos los cadíes, á los ulemas y á los altos y bajos ma-
gistrados y empleados de justicia y de policía , les refirió lo
que ocurria y les encargó que hiciesen cuantas pesquisas
les fuese posible para descubrir al autor del crímen .
Todos ellos se pusieron en campaña , pero cuantos medios
emplearon no dieron ningun resultado . Pasados los tres
dias, el kalifa hizo venir al atribulado Giafar , y tan pronto
como le vió le dijo : << ¿ Quién es el asesino ? Señor
respondió Giafar, prosternándose hasta el suelo , no ha
podido descubrirse por mas diligencias que se han he-
cho. » El kalifa se encolerizó , y sin querer escuchar
ninguna de las razones que el pobre visir le exponia,
mandó á sus guardias que se le llevasen y le hiciesen
ahorcar delante de las puertas del palacio, juntamente con
cincuenta Barmecidas, parientes de Giafar.
Mientras se levantaban los patíbulos , se prendian á los
cincuenta miembros de aquella ilustre familia , y se hacian
los demas preparativos para la ejecucion , un pregonero
recorria las calles de la ciudad gritando :-« Quien quiera
ver ahorcar al gran visir Giafar , y á cincuenta de sus
deudos , los Barmecidas , acuda á la gran plaza de palacio .
Así lo ha ordenado la justicia de nuestro soberano kaliſa ,
en merecido castigo de su mala administracion y negli
gencia . D
Terminados todos los preparativos, hallábanse los des-
graciados pacientes en frente del lugar en que debian per-
der la vida, é iban á ponerles ya el dogal al cuello , cuando
un jóven de figura distinguida y bien vestido , abriéndose
paso por en medio de la multitud apiñada del pueblo que
habia acudido á la plaza , se llegó hasta donde estaba el
visir Giafar, y arrojándose á sus piés , besándole respetuo -
samente la mano , le dijo : << Ilustre visir , jefe de los
emires, padre y bienhechor de los pobres y de los desva
lidos, dejad ese puesto que no debéis ocupar, porque
estáis inocente del crímen por que se os quiere quitar la
6.
102 CUENTOS ÁRABES

vida. Ese puesto lo debo ocupar yo que soy el que ha


muerto y descuartizado á la mujer que se ha encontrado en
el rio. »
Mientras estaba hablando el jóven, se habia acercad ›
al gran visir un respetable anciano que á su vez exclamó :
- « No creáis , señor, lo que ese jóven acaba de deciros .
El verdadero matador de la dama he sido yo , y yo soy
quien debe sufrir el castigo. Absorto se quedó Giafar a:
oir estas dos confesiones sin saber á cuál de ellas dar cré-
lito, y de acuerdo con el alto funcionario encargado por el
kalifa de hacer ejecutar la justicia, se decidió llevar al jóven
y al anciano á la presencia del Comendador de los Creyen-
tes, para que, oidas sus declaraciones , decidiese lo que
deberia hacerse . Acompañólos Giafar, y cuando estuvieron
en presencia de aquel : « Soberano kalifa, dijo el gran
visir, aquí están estos dos hombres que se confiesan am-
bos ser los autores de la muerte y del descuartizamiento
de la dama encontrada en el rio . » El kalifa les pregunto
cuál de los dos era el que habia cometido aquel crímen .
- Os juro que soy yo , exclamó el jóven, y que nadie
ha sido cómplice conmigo.
- No le creáis, señor, replicó
el anciano ; es la desesperacion la que le hace hablar de
esa manera : el verdadero asesino he sido yo. Puesto
que no hay medio de saber cuál de los dos es el verda-
dero reo, llevadlos ambos á dos , dijo el kalifa al visir
Giafar, y haced que los ahorquen al mismo tiempo . » Al
oir estas palabras el jóven exclamó de nuevo con vehe-
-
mencia : « ¡ Juro por Dios vivo y omnipotente, criador
de los cielos y de la tierra , que fuí yo quien mató la dama ,
la hizo pedazos y la arrojó al Tígris ! y si no digo verdad,
añadió , renúncio á tener parte con los justos en el dia
del Juicio. » En presencia de tan tremendo juramento ,
el kalifa titubeó , y al ver que el anciano nada replicaba ,
le dijo al jóyen : « ¡ Desgraciado ! qué motivos tuviste.
para cometer un crímen tan horrendo ? ¿ por qué estás
tan desesperado que vienes tú mismo á buscar la muerte?
Señor, contestó el jóven , lo que ha ocnrrido entre esa
mujer y yo es tan extraordinario , que sería muy útil el que
CUENTOS ÁRABES 103

los hombres lo supieran. - Cuéntamelo , » le dijo el


kalifa . El jóven obedeció, y empezó su narracion de esta
manera :
¡ Soberano Jefe de los Creyentes ! Yo soy un merca-
der de ricas telas que tengo mi tienda en una de las calles
principales ; hace once años que me casé con una prima
mia, hija de este anciano que es hermano de mi padre .
Durante este tiempo , mi esposa me ha dado tres hijos , y
nunca he tenido ningun motivo de queja contra ella, por-
que era juiciosa , razonable , de muy buenas costumbres ,
y no pensaba mas que en agradarme ; así, yo la amaba
tiernamente, y me esmeraba en complacerla y satisfacer
sus caprichos razonables .
Hará unos dos meses que enfe mó y yo la asistí con
tanto cariño y esmero me era dable , proporcionándole
todos los medios posibles para su pronta curacion . Cuando
se sintió mejor, me dijo un dia que tenía grandes deseos
de comer manzanas, y que este antojo era tan vehemente
que estaba persuadida de que le sucederia una desgracia si
no lo satisfacia, al paso que satisfaciéndolo , creía que se
hallaria completamente buena y restablecida .
Deseoso de procurarle la satifaccion que tanto anhelaba,
salí inmediatamente á buscar las manzanas y recorrí todos
los mercados y huertas de la ciudad y de las inmediacio-
nes , sin poder encontrarlas . Un jardinero me dijo que era
inútil el buscarlas en Bagdad , y que solo las encontraria
en Balsora en el jardin del kalifa. Decidido á satisfacer el
antojo de mi esposa , despues de decirle lo que pasaba,
le anuncié que iba á marchar á Balsora á buscarle las
manzanas ; y en efecto , al dia siguiente emprendí mi viaje,
y lo hice con tanta velocidad que al cabo de quince dias
estaba ya de vuelta , trayendo las únicas tres manzanas que
habia en el jardin y por las que pagué al jardinero tres
zequíes de oro . Se las presenté á mi esposa que las recibió
con mucha frialdad porque el antojo de comerlas le habia
pasado ya, y las puso sobre una mesita al lado de su cama .
Pocos dias despues de mi regreso de Ralsora , hallán-
dome en mi tienda, vi pasar á un negro esclavo con ula
104 CUENTOS ÁRABES

manzana en la mano . Esto me sorprendió porque sabía


que no habia manzanas en Bagdad : le llamé y le pregunté
adónde habia cogido la que llevaba en la mano .
« Es un regalo de mi amada , me contestó sonriéndose
maliciosamente. Hoy he estado á verla y la he encontrado
algo mala. Le pregunté quién le habia dado tres manzanas
que tenía junto á la cabecera de su cama , y me dijo que
el bueno de su marido, el cual habia hecho un viaje de
quince dias para ir á buscarlas. Hemos comido juntos ,
añadió, y al marcharme me ha regalado esta que veis. >>
Ya podéis figuraros, señor , cómo me quedaria al oir lo que
el esclavo me habia contado . Cerré la tienda inmediata-
mente, me fuí á casa y entré en el aposento de mi esposa,
y dirigiendo la vista al sitio en donde estaban las manzanas ,
no vi mas que dos. Le pregunté á mi esposa qué habia
hecho con la otra, y ella dirigiendo entonces la vista con
indiferencia al sitio en que estaban las otras dos, me con-
testó con aire displicente, « que no sabía lo que se habia
hecho de ella . » No dudando entonces que fuese cierto lo
que el esclavo me habia contado, arrebatado por los celos ,
ciego de cólera y arrastrado por el deseo de venganza, me
arrojé sobre ella y le clavé en la garganta el puñal que
llevaba conmigo . En seguida la descuarticé , envolví sus
miembros en un saco hecho con sus propias ropas, los
metí en un cofre, cargué con él y lo arrojé al Tígris.
Cuando volví, encontré á mi hijo mayor sentado á la
puerta de casa llorando . Así que me vió vino corriendo
hácia mí, y me dijo : « Papá , esta mañana he cogido, sin
que mamá lo viese , una de las tres manzanas que tú le
trajiste. Estando jugando en la calle con otros niños , pasó
un negro esclavo y me la quitó . Yo me eché á llorar y le
supliqué que me la devolviera diciéndole que era de mi
mamá que estaba mala , y que tú habias hecho un viaje de
quince dias para traérsela ; pero él , en vez de devolvér-
mela , me dió de golpes , y echó á correr, y yo le perdí de
vista. Yo no me he atrevido à decírselo á mamá , porque
no se enfadara y se pusiera peor. Te estaba esperando
para contártelo y para suplicarte que no se lo digas a
CUENTOS ÁRABES 105

mamá. » Lo que yo experimenté en aquel momento , al


oir hablar á mi hijo , es imposible el que yo os lo pueda
expresar, señor, solo sé que yo tambien me puse á llorar
amargamente y á maldecir la precipitacion con que habia
obrado , culpando mi necia credulidad y tomando como
cierta la fábula que el esclavo habia inventado para va-
nagloriarse ; fábula forjada con las palabras que mi hijo le
habia dicho para que le devolviera la manzana . En este
momento llegó mi tio que venia á ver á su hija , y yo le
conté todo lo que habia pasado y el buen anciano , léjos
de hacerme las justas reconvenciones que yo merecia, se
puso á llorar conmigo la pérdida de una hija adorada . Esta
es, ¡ oh ilustre kalifa ! la verdad del hecho . Ahora aquí es-
toy dispuesto á recibir el castigo que merece mi crímen.
El kalifa, despues que el jóven acabó de hablar, se
quedó absorto largo rato , fuertemente impresionado con
lo que acababa de oir. Luego dirigiéndose al visir Giafar le
dijo « La accion de este jóven es disculpable á los ojos
de Dios , y muy excusable ante los hombres ; el verdadero
culpable , causante de este asesinato , es el esclavo , y él
solo debe ser el castigado . Tres dias te doy de término
para buscarle é imponerle el condigno castigo . Pasado este
término, si no lo has conseguido, morirás en su lugar. >
Con profundo dolor en su corazon y lágrimas en los
ojos, se retiró Giafar de la presencia del kalifa, persuadido
de que no le quedaban ya mas que tres dias de vida , por-
que teniendo por imposible, sin un milagro del cielo , el
encontrar el esclavo robador de la manzana, en una po-
blacion en donde habia muchos miles de esclavos negros
que se le parecian , tuvo por cosa inútil y tiempo perdido
el hacer ninguna diligencia para hallarle. Así, dió parte á
su familia de la sentencia del kalifa , se despidió de sus
deudos y amigos é hizo su testamento , pasando esos tres
dias de agonía en lloros y lamentos . Al tercer dia vino á
su casa un oficial del palacio con órden del kalifa para que
se presentase inmediatamente con el esclavo delincuente ,
y el visir Giafar dando por llegada su última hora , en me-
dio de lágrimas y sollozos, empezó á despedirse de su
106 CUENTOS ÁRABES

esposa y de sus hijos . Al abrazar á su hija menor, que


era una jovencita de diez años , á la que amaba con
cierta preferencia, notó que tenia un gran bulto en el
Beno.-
.— « ¿ Qué tienes abí, hija mia, que abulta tanto y que
huele tan bien ? » le preguntó el visir. - « Una manzana
muy hermosa con el nombre de nuestro amo y señor el
kalifa, que me la ha vendido nuestro esclavo Rian por dos
zequíes . Al oir expresarse á la niña de este modo,
Giafar dió un grito de sorpresa y alegría , y se apresuró á
sacar la manzana del seno de su hija . En seguida mandó
venir al esclavo Rian , y con semblante severo le dijo :
-<< ¡ Malvado ! ¿de dónde has sacado esta manzana ? » á
cuya pregunta le respondió el esclavo diciendo : - « Señor ,
os juro que ni la he robado en vuestra casa, ni en los
jardines del kalifa, sino que pasando el otro dia por una
calle en donde estaban jugando unos chicos , se la quité á
uno de ellos que me dijo que era de su madre que estaba
enferma, y que su padre se la habia traido de muy lejos.
Yo no se la quise devolver á pesar de sus lloros , y ayer
se la he vendido á vuestra hija menor por dos zequíes . »
Oida esta declaracion del esclavo , Giafar se apresuró á
llevarle delanted el kalifa á quien le dijo : ¡ Comendador
de los Creyentes ! aquí tenéis al robador de la manzana
que ha sido causa de la muerte de esa inocente y desgra-
ciada mujer ; » y en seguida le refirió lo que el esclavo le
habia dicho y el modo providencial como habia descu-
bierto el cuerpo del delito y el delincuente .
El kalifa se quedó admirado y sorprendido, y apenas
podia creer lo que veía y oía , pero arrugando el entrecejo
le dijo á Giafar : - Puesto que tu esclavo ha sido el cau-
sante de que esa mujer perdiese la vida, justo será que
pague con la suya su delito . » Giafar, sin embargo, se
arrojó á los piés del kalifa , le hizo presente que la muerte
del esclavo no resucitaria á la mujer, ni aliviaria la pena
de su afligido marido , y en fin , tantas y tales cosas le dijo ,
y tanto le rogó que á lo ménos le perdonase la vida , que
el kalifa consintió en ello mandando imponerle solamente
un severo castigo .
CUENTOS ÁRABES 107

Queriendo al mismo tiempo consolar al jóven y hacerle


olvidar en lo posible la pérdida de su esposa querida , le
casó con una de sus mas hermosas odaliscas, le colmó de
bienes y le conservó particular cariño durante su vida .
Como no habia amanecido todavía cuando la sultana
Gerenarda concluyó de contar la historia de las tres
manzanas y de la mujer descuartizada, empezó á referir
al sultan Chabriar otra no ménos interesante , en estos
términos .

HISTORIA DEL JOROBADO MUERTO

Habia en otro tiempo en Kachsgar, capital de un Estado


de la Gran Tartaria, situado entre la Rusia y el Celeste
Imperio , un sastre muy afamado que tenía una mujer her
nosísima á la que amaba con delirio , de la que era corres-
pondido. Un dia que estaba trabajando en su tienda obrador
vino á plantarse delante de la puerta un jorobadito que
cantaba con una voz muy melodiosa coplillas muy alegres ,
acompañándose con un tamboril ó especie de pandereta.
Tanto le gustaron al sastre las canciones del jorobadillo
que, queriendo que su mujer las oyera y se divirtiera,
rogó al jorobado que entrara en la casa y le convidó á
cenar con ellos .
Estando comiendo un pescado que tenía muchas espi-
nas , se le atravesó una de ellas en la garganta al pobre
cantor ambulante, en términos que le ahogó, por mas
esfuerzos que el sastre y su mujer hicieron para extraér-
sela. Al verse con un cadáver en la casa, el pobre sastre
exclamó : - « Somos perdidos, porque si la justicia lo
sabe creerá que somos nosotros los que hemos muerto á
este hombre, y nos llevará presus. » La mujer , mas ani
mosa que el marido, acordándose que al lado de la casa
vivia un médico judío , le dijo : - Llevemos á este hombre
á casa de nuestro vecino . Y en efecto , agarràndole cada
uno por un brazo cargaron con el muerto, y llevándole
108 CUENTOS ÁRABES

arrastrando como mejor pudieron , llamaron á la puerta


del médico . Bajó en seguida una criada á ver quién era , y
el sastre le dijo : -« Vuélvete á subir y dile á tu amo que
hay aquí un enfermo que necesita prontos auxilios ; toma ,
dale esta moneda, añadió , para que no crea que es cosa
de juego . La criada volvió á subir para avisar á su amo
de lo que ocurria, y entregándole la moneda de plata le
dijo : -
— « Señor , abajo hay unas buenas gentes con un
enfermo, para que le veáis, y le recetéis algun remedio . »
El médico judío que estaba cenando tambien con su mujer ,
se levantó inmediatamente de la mesa; y mandando á la
criada que bajase á alumbrarle , sin esperar á que en-
cendiese la luz , se dirigió á la escalera apresuradamente
muy contento al verse pagado de antemano, y con la es-
peranza de encontrar un enfermo pudiente . Mientras tanto,
el sastre y su mujer subieron al jorobado á la mitad de la
escalera, le dejaron allí, y se retiraron á su casa cor-
riendo. Como la escalera era estrecha, y el médico la ba-
jaba á oscuras y de priesa, tropezó con el cadáver, y el
vivo y el muerto cayeron rodando hasta el portal .
Cuando llegó la criada con la luz y el médico judío se
encontró al lado de un cadáver que estaba todavía caliente,
creyendo que habia muerto el jorobado á consecuencia
de la caída, empezó á arrancarse los cabellos y á invocar
á Moises, á Abraham y á todos los profetas del Viejo Tes-
tamento . - Ay de mí ! exclamaba ; estoy perdido , si
no me socorre la burra de Balaam , porque con mi preci-
pitacion he sido causa de la muerte de este hombre, y
me castigarán como asesino. » Al oir sus exclamaciones ,
bajó su mujer á saber lo que ocurria, y viendo al joroba-
dillo muerto, empezó tambien á lamentarse á gritos . -
i Silencio , mujer ! le dijo el judío , algun tanto repuesto ;
dejémonos de lamentaciones , y veamos el modo mejor
de deshacernos de este muerto , echándole á otra puerta. »
Despues de un momento de reflexion , se le ocurrió á la
mujer la idea de subirle á la azotea y hacerle pasar por el
cañon de una gran chimenea de la casa contigua que era
la de un traficante por mayor de grasas y de aceites , pro-
CUENTOS ÁRABES 109

veedor del sultan . El marido aprobó la idea, y entre él,


su mujer y la criada cargaron con el muerto, le subieron
á la terraza, y sujetándole con una soga por debajo de
los brazos , le dejaron escurrir por la chimenea con tan
buena suerte, que quedó de pié derecho arrimado á la
pared, como si estuviera vivo .
Al entrar en su almacen el mercader, y al encontrarse
en él con aquella persona extraña , creyó que era un la-
dron, y en vez de amedrentarse cogió un garrote y dió
tan fuerte golpe al jorobado que, perdiendo el equilibrio,
rodó por tierra en donde el mercader continuó dándole
garrotazos . Viendo que ni se quejaba ni hacía ningun
movimiento , cesó de golpearle y se acercó á él . Grande fué
su terror cuando se apercibió que estaba muerto . -« ¡Por
Alá ! exclamaba ; me he dejado arrastrar por la cólera , y
he muerto á este hombre al primer garrotazo que le he
dado . Si se encuentra su cadáver en mi casa soy perdido ,
porque la justicia me castigará como asesino. » Decidido
á desembarazarse de él, cubrió con un paño negro el
cuerpo del jorobado, cargó con él á cuestas, y salió de su
casa echando pestes y maldiciones . - « ¡ Maldito jorobado,
decia, perro contrahecho , mas valdria que me hubieras
robado todos mis aceites y no te hubiese encontrado
aquí cuando yo he venido ; así no me veria en el compro-
miso en que me has puesto ! » De esta manera llegó á la
esquina de una calle , y arrimando el cuerpo del jorobado
contra la puerta de una tienda , se marchó á su casa á paso
acelerado, y sin volver atras la cabeza.
Sucedió que un mercader cristiano , que habia pasado la
noche en una francachela con algunos amigos , se reti-
raba á su casa muy de priesa, temeroso de encontrarse el
el camino con algunos musulmanes devotos de los que
van á las mezquitas á decir sus primeras oraciones , por-
que ya era cerca del amanecer ; pero ocurriéndole hacer
cierta diligencia precisa, aunque no limpia, se arrimó
contra la puerta de una tienda que estaba en la esquina
de una calle sin reparar en que allí habia un hombre.
cuando vió al jorobado , creyó que era algun malhechor que
7
110 CUENTOS ÁRABES

queria robarle, y dándole un gran puñetazo en la cabeza ,


exclamó :- ¡ Ah bribon ! ¿ esas tenemos ? » Con la fuerza
del golpe, el cuerpo del jorobado se le echó encima, y
el mercader que estaba algo achispado con los humos del
banquete, sobrecogido de miedo empezó á golpear al
-
muerto y á gritar : ¡ Socorro ! ¡ ladrones ! ¡ que me
D
asesinan ! » A sus gritos acudió una patrulla, y encontrán-
dose con un cristiano vivo y un musulman muerto , y
dando por sentado que el cristiano era el homicida se
llevó al mercader preso.
Instruida la causa por el juez competente , como no
habia mas testigos que el presunto agresor y el muerto, y
el mercader no podia negar que le habia dado fuertes
puñetazos en la cabeza ; dando por supuesto el juez que
estos golpes habian originado la muerte del jorobado ,
sentenció al pobre cristiano á morir en una horca, fun-
dándose ademas en la circunstancia agravante de ser el
jorobadillo uno de los bufones predilectos del sultan .
Ya iban á colgar al mercader, cuando el proveedor de
aceites del sultan se presentó al juez que presidía la eje-
cucion gritando : « ¡ Deteneos, deteneos ! no vayáis á
quitar la vida á un inocente, cuando el culpable soy yo !
porque yo soy quien mató de un garrotazo á ese ladron
jorobeta, al hallarle escondido en mi almacen de aceite, y
le llevé despues de muerto á la esquina de la tienda en
donde le encontró este buen hombre. » En vista de
esta confesion pública y espontánea de un hombre que se
declaraba reo de la muerte de aquel jorobadillo , el juez
dijc al verdugo : - « Suelta y deja libre á ese cristiano,
puesto que es inocente , y ahorca en su lugar al verdadero
delincuente. » El verdugo se apoderó del proveedor y em-
pezó á hacer los preparativos necesarios para la ejecucion ,
cuando se oyó en medio de la plaza la voz de un hombre
que gritaba : « No matéis á ese por un crímen que no
ha cometido. El que ha muerto al jorobado he sido yo ,
y aun cuando sea judío, no quiero que el Dios de Abraham
me reconvenga por haber permitido que se derrame la
sangre de un inocente. En seguida, acercándose al juez
CUENTOS ÁRABES 111

el médico judío , le refirió lo que le habia sucedido con el


enfermo jorobado , y el cómo le habia introducido en el
almacen del proveedor despues de estar muerto .
Habiendo escuchado el juez con la mayor atencion y
no menor sorpresa la detallada relacion del médico , y no
dudando que fuese el verdadero matador del bufon del
sultan, como este habia mandado que se ahorcase sin
remision al que resultase ser el homicida, ordenó al eje-
cutor de la justicia que desempeñase sus funciones con
el médico . Pero cuando ya iba á cumplir con lo que el
juez habia dispuesto , se presentó el sastre llorando , y
dirigiéndose al juez le dijo : « Señor juez, habéis estado
á punto de sacrificar á tres personas inocentes pensando
castigar un crímen que ninguna de ellas ha cometido, por-
que nadie puede matar á un hombre que ya está muerto .
Sabed, señor juez, que ese jorobadillo , cuya muerte se
pretende castigar, vino á cantar delante de mi tienda ; yo
le hice entrar en mi casa para que mi mujer le oyera, y
despues le convidámos á cenar con nosotros . Estando
comiendo un pescado se le atravesó en la garganta una
gruesa espina que no pudo él arrojar, ni nosotros sacár--
sela, y de cuyas resultas murió ahogado . No queriendo
cargar con la responsabilidad de una muerte que nosotros
no habíamos cometido , entre mi mujer y yo le llevámos
á casa de este médico judío , que es nuestro vecino , y le
dejámos al pié de la escalera , diciendo á la criada que era
un enfermo que necesitaba algun remedio , y dándole una
moneda de plata para su amo para pagar su receta . Esta
es la verdad del cuento ; de modo que si en la muerte de
ese jorobado hay algun delincuente , aunque bien inocen-
temente, ese seré yo , por haberle convidado á sentarse
á mi mesa. »
Al oir la relacion del sastre , el juez se quedó perplejo,
y no atreviéndose á mandar que le ahorcasen, porque en
realidad no era culpable del crímen de homicidio , resolvió
llevar á los cuatro hombres á la presencia del sultan , así
como tambien el cuerpo del delito , esto es , el jorobado
inuerto. Cuando todos estuvieron en la sala de audiencia
442 CUENTOS ÁRABES

el juez se prosternó ante el principe y le refirió las cuatro


historias de los presuntos reos . El sultan al oirlas no pudo
contener su admiracion , y exclamó dirigiéndose á los cir-
cunstantes : « ¿ Habéis oido nunca cosa mas asombrosa
que lo que ha sucedido con mi pobre jorobeta ? Para que
no se olvide esta muerte singular, y los errores á que ha
dado lugar exponiéndose á castigar á personas inocentes
por imputarles un asesinato que no habian cometido ,
quiero que mi cronista escriba esta peregrina historia
en los anales de mi reinado para que sirva de instruccion
y enseñanza á los venideros. »
Postrándose entonces el mercader cristiano á los piés
del príncipe le dijo : • Soberano señor , sí encontráis
extraordinaria la historia de vuestro jorobado bufon, yo
odria contar á Vuestra Majestad otra mas portentosa to-
davía , si os dignáis oirla . Pues cuéntamela , » le con-
testó el sultan. Entónces el mercader cristiano empezó
su narracion en estos términos

HISTORIA DEL JÓVEN MERCADER MANCO

Al empezar, señor , á contaros la historia que os dignáis


permitirme el referiros , debo advertir á Vuestra Majestad
que yo no soy vasallo suyo , ni he nacido en ninguna de
las dependencias de su reino. Soy egipcio, natural del
Cairo , copto y cristiano . Mi padre era corredor de mer-
cancías : al morir me dejó un razonable caudal, y yo seguí
la misma profesion . Hallándome un dia en una de las hos-
terías en que se reunian los traficantes en granos , se paró
delante de la puerta un jóven decentemente vestido y mon-
tado en un asno. Haciéndome señas de que me acercase
á él, sacó un taleguillo lleno de ajonjolí , y mostrándomelo
me preguntó á cómo pagarian la medida grande de aquella
semilla igual á la de la muestra. Yo le respondí , despues
de haberla examinado, que se podria vender á razon de
cien drachas de plata.. << Pues si podéis vendérmela á
CUENTOS ÁRABES 113

ese precio, llegaos al khan que está cerca de la Puerta de


la Victoria, y allí me encontraréis . » Dichas estas palabras,
se marchó dejándome el taleguillo con la muestra del
ajonjolí . Habiéndoselo enseñado á varios mercaderes ,
estos me ofrecieron pagarlo á ciento diez dracmas de
plata la gran medida. Me fuí en seguida á buscar al jóven
que encontré en el punto que me habia indicado , hice
medir el ajonjolí que tenía en el almacen, y como resultó
haber ciento cincuenta medidas, las vendi al precio con-
venido con el jóven, esto es , en cinco mil dracmas de
plata , guardando para mí las diez dracmas de beneficio.
De esa cantidad, me dijo el jóven, os corresponden qui-
nientas dracmas por vuestro corretaje , que podéis des-
contar desde luego de las cinco mil dracmas. Y en cuanto
á las cuatro mil y quinientas que me quedan, como no
las necesito por ahora, os ruego que las conservéis en
vuestro poder hasta que yo vuelva á pedíroslas .
Al cabo de algunos meses se presentó el jóven muy
ricamente vestido ; yo me apresuré á entregarle el dinero ,
pero él no quiso recibirlo, diciéndome que no urgia, y
habiéndole convidado á que se apease y entrase á tomar
un bocado conmigo, consintió en ello . Mientras que mis
esclavos preparaban el banquete con que yo queria obse-
quiarle, estuvimos hablando de cosas indiferentes . Puestos
á la mesa , advertí, con no poca sorpresa, que el jóven no
se servia, para comer , mas que de la mano izquierda, y
atribuyéndolo á grosería ó desprecio, no pude contener
mi curiosidad , y le pregunté por qué motivo no hacía uso
de su mano derecha.
- « No toméis á mal la pregunta que os hago , le dije
cuando nos quedámos solos despues que los criados le-
vantaron la mesa , porque me ha llamado la atencion el
ver que, durante la comida , no habéis empleado mas que
la mano izquierda. » Dando un gran suspiro, el jóven me
contestó : - << Sin duda os ha chocado el que yo haya co-
mido con la mano izquierda solamente , pero mirad , añadió ,
sacando el brazo derecho que hasta entonces habia tenido
oculto debajo de sus vestidos. Ya veis que no puedo ser-
114 CUENTOS ÁRABES

virme de la mano derecha puesto que no la tengo. » Y en


efecto, yo vi con el mayor asombro que la tenía cortada ;
y preguntándole și la habia perdido por algun accidente ,
derramando algunas lágrimas y ruborizándose algun tanto ,
me dijo Voy á contaros mi historia y el motivo de
haber perdido mi mano derecha . Sabed , pues , que yo soy
de Bagdad, hijo de un padre acaudalado y de familia
distinguida, el cual, al morir, me dejó una gran fortuna .
Como yo habia oido hablar de las grandes maravillas del
Cairo y del Egipto , cuando me encontré dueño de mis
acciones, determiné hacer un viaje á esos países , y para
que esta excursion no fuese exclusivamente de recreo,
y me procurase algunos beneficios con que compensar
los gastos del camino, compré en Bagdad ricas telas y
otras mercancías que llevé conmigo al Cairo cargadas en
camellos. Al llegar á esta ciudad fuí á hospedarme al khan
llamado de Mesrour, alquilé una habitacion con su almacen
correspondiente , y coloqué en él todo mi cargamento .
Arreglado este, me vestí con aseo , y mientras que mis
esclavos volvian del mercado con los víveres que habian
ido á comprar, y preparaban la comida , salí á dar una
vuelta por la ciudad para orientarme, y visité el castillo ,
várias mezquitas y otros monumentos públicos dignos
de ser vistos.
Al dia siguiente escogi algunas telas ricas de las que
habia traido, y las hice llevar por mis esclavos á la Lonja
de los Circasianos para hacerlas ver á los mercaderes, y
saber lo que me darian por ellas .
Tan pronto como las descubrí me vi rodeado por aque-
llos , pero, con gran sorpresa mia, no cubria los gastos de
su compra y conduccion el precio que me ofrecian por
llas. Yo me incomodé y me quejé de este menosprecio
á los corredores, los cuales me dijeron que si queria dis-
tribuir mis telas y mercancías entre diferentes mercaderes
que ofreciesen suficientes garantías, para que las vendie-
sen en comision por mi cuenta , serian vendidas con
mayor estimacion, y en vez de perder, realizaria muy
buenos beneficios . Yo seguí este consejo, reparti mis géne
CUENTOS ÁRABES . 115

ros entre varios mercaderes que me indicaron como los:


mas honrados y solventes, con condicion de que, dos :
veces por semana, arreglaríamos la cuenta, y me entre-
garian el importe de lo que hubiesen vendido, pasado el
primer mes de la entrega.
Arreglados mis negocios de esta manera, ya no tuve
que pensar mas que en divertirme, y pasar el tiempo lo
mas agradablemente posible. Pasado el mes de la entrega
de los géneros , empecé á recoger el fruto de la combi-
nacion hecha, y los dias de cobranza volvia al khan car-
gado de dinero . 5
Un dia que estaba sentado en la tienda de uno de los
depositarios de mis telas, entró en ella una dama al parecer
muy distinguida, ricamente vestida, y acompañada por
una esclava negra muy bien puesta . Si su aire y maneras
me cautivaron desde luego , haciendo nacer en mí el
deseo de conocerla , el eco de su voz melodiosa me causó
una profunda emocion ; de modo que yo no apartaba la
vista de ella. Yo no sé si la dama conoció el interes con
que yo la miraba , y si no le pesaba de ello , porque bien
fuese casualidad ó deliberado intento, al hacer cierto mo-
vimiento se separó por un momento el velo que encubria
su rostro, y dejó ver dos ojos negros y rasgados cuyas
miradas enardecian y despedian fuego .
Entre las ricas telas que el mercader le mostró , eligió
una cuyo fondo era un recamado de oro de lo mas fino
y primoroso, y habiendo preguntado al mercader cuánto
queria por ella, este le contestó que mil doscientas drac-
mas de plata . « Está bien, le dijo la dama ; voy á lle-
varme la tela, y mañana sin falta os enviaré ese dinero .
- Señora, replicó el mercader, con mucho gusto os
dejaria llevar la tela al fiado , como lo he hecho otras
veces , pero hoy me es imposible el hacerlo, porque esta
tela no es mia, sino de este jóven mercader á quien hoy
mismo tengo que entregarle el dinero . Ofendida la dama
por la desconfianza que mostraba el mercader : - « Ahí
tenéis vuestra tela, exclamó con enojo, arrojándola al
suelo, y que Dios os confunda á vos y á todos los de
116 CUENTOS ARABES

vuestra especie, porque todos sois de la misma ralea, y


no sabéis distinguir de personas ni tratar á cada cual
segun se merece . »
Dichas estas palabras, se levantó y se disponia á salir
de la tienda . Al verla marchar tan enojada , sentí que mi
corazon se interesaba por ella, y levantándome yo tam-
bien, le dije : « Señora , deteneos y calmad vuestro
enojo, que quizas hallaremos medio de contentar á todos
y que os llevéis la tela . » La dama se detuvo y volviéndo-
me yo al mercader le dije : - « Supuesto que queréis mil
y doscientas dracmas de plata por esta tela mia, yo os
doy las doscientas dracmas por vuestro beneficio . Dejad
que esta dama se lleve la tela, y os firmaré un recibo de
su importe, del que os remboisaréis con la venta de las
otras mercancías que me pertenecen . » El comerciante se
convino, y yo le firmé el recibo. En seguida , tomando la
tela y presentándosela á la dama le dije : - • Podéis
llevárosla, señora ; y en cuanto al pago de su importe, me
lo podréis enviar mañana ú otro dia ; y aun si me lo per-
mitís, os la ofreceré como regalo en memoria mia. -
Ese obsequio no lo admito , me contestó la dama ; pero no
olvidaré nunca la cortesanía y generosidad con que os
habéis portado conmigo ; ¡ que Dios os la premie , aumente
vuestra fortuna y os conceda largos años de vida ! »
Estas palabras me animaron á suplicarle que me permi-
tiese ver su rostro y que con semejante favor me daria
por bien recompensado. La dama accedió á mis deseos, y
alzando su velo me dejó ver un semblante divino , cual
nunca habia visto . Su hermosura me cautivó de tal modo
que me quedé absorto sin poder expresar todo lo que mi
corazon sentia , y habria estado mirándola largo rato , si
ella no se hubiese apresurado á echarse el velo por temor
de que alguno entrase en la tienda y la viese. En seguida,
tomando la tela y dándosela á la negra esclava, se mar-
chó , sin volver á dirigir la palabra al mercader. Yo le pre-
gunté á este si conocia aquella dama, y me contestó que
sí ; añadiendo que era hija de un emir que , al morir, le
dejó inmensas riquezas.
CUENTOS ÁRABES 117

Aquella noche no pude cerrar los ojos pensando en la


belleza de la dama . Al dia siguiente me vesti con mayor
esmero , y con la esperanza de volver á verla me fuí á la
tienda del mercader. Al poco rato llegó la dama vestida
( con un traje mas rico que el de la víspera , y encarándose
conmigo me dijo : - << Ya veis que soy puntual en cum-
plir lo que ayer os ofrecí. Vengo expresamente á traeros
el dinero de la tela que tan generosamente me cedisteis
sin saber quién soy ni conocerme , cuyo noble proceder no
se borrará nunca de mi mente . » Yo le contesté que no
valia la pena de haberse tomado tal molestia , pues la
cobranza del tal dinero no me urgia ; y aprovechando la
ocasion de hablar con ella me arriesgué á manifestarle la
impresion profunda que su belleza me habia producido ;
pero no bien oyó mis primeras palabras, cuando se levantó
y se marchó precipitadamente .
Yo me quedé muy desconsolado , y despidiéndome del
mercader al poco rato , salí á dar una vuelta por la ciudad
para distraer mi pena . Ya habia recorrido várias calles
sin objeto , cuando sentí que me tiraban del vestido , y vol-
viendo la cabeza para ver quién era , me encontré, con no
poca alegría y sorpresa, con la esclava negra que acom-
pañaba á la dama , la que , despues de saludarme me dijo :
« Mi ama, que es aquella señora que habéis visto en la
tienda del mercader, desea hablaros . Os ruego que os
toméis la pena de venir conmigo . » Seguí con mucho
gusto á la esclava hasta la tienda de un joyero en la que
estaba su ama , la cual haciéndome sentar á su lado me
dijo « No extrañéis que me haya levantado con tanta
precipitacion cuando empezasteis á hablarme de vuestro
cariño en la tienda del mercader , pues lo hice porque
no se apercibiera del placer que tenía en oiros . »> Despues
de un rato de conversacion , me dió permiso para que
fuese á verla á su casa cuyas señas me indicó .
Dos dias despues, me perfumé y me puse el mejor traje
que tenía, alquilé un asno bien enjaezado y me dirigí á la
casa de la dama, habiéndome provisto con una bolsa en
que puse cincuenta zequies , por lo que pudiera ocurrirme.
7.
118 CUENTOS ÁRABES

Tan pronto como llamé á la puerta vinieron dos esclavas


blancas á abrirla, y al verme me dijeron : - < Entrad ,
señor , que nuestra ama espera vuestra visita con impa-
ciencia. Despues de atravesar el vestíbulo y un patio en
cuyo centro habia una fuente de mármol y un cenador
magnífico separado por una verja de metal dorado, de un
delicioso jardin y de un verjel en los que las flores mas
raras y las frutas mas exquisitas competian entre sí , y
recreaban la vista , amenizado este verdadero paraíso con
el gorjeo y los trinos de mil diversos pajarillos , y con el
suave murmullo de otra fuente en cuya concha iban á
reunirse los chorros espumosos de un agua cristalina que
cuatro dragones alados arrojaban por boca y por narices ;
las esclavas me condujeron á un salon espacioso cuya
magnificencia y riquísimos adornos me dieron una alta
idea de su dueño .
Al poco rato de encontrarme en él, entró la dama rica-
mente vestida , la cual me pareció aun mas hermosa con
el traje de casa que vestia que con los que la vi en la tienda
del mercader . Nos sentámos en un sofá, y estuvimos con-
versando largo rato con mutua satisfaccion ; despues nos
sirvieron la comida compuesta de los manjares mas deli-
cados y exquisitos . Terminada que fué continuámos
conversando ; las esclavas entonaron algunas canciones ,
y en fin, cuando por la noche me retiré, salí mas enamo-
rado que nunca de la dama , y decidido á casarme con ella.
Al marcharme, puse con disimulo debajo de los almoha-
dones del sofá la bolsa que llevaba con las cincuenta
monedas de oro , y cada vez que iba á visitarla dejaba
otra bolsa con igual número de monedas . Sucedió que
como mis visitas eran bastante frecuentes , llegó dia en
que, sin apercibirme de ello , me encontré sin recursos
de ninguna especie , porque los mercaderes me habian
entregado ya todo el importe de las telas que habia depo-
sitado en sus tiendas . Desesperado , y sin saber qué partido
tomar llegué á una gran plaza en que habia un gentio
inmenso . Mezclándome con la multitud , me hallé al lado
de un caballero que llevaba colgado del arzon de la silla
CUENTOS ÁRABES 119

del caballo que montaba un saco de tela entreabierto , del


que pendian unos cordones de seda que yo me imaginé
serian los de alguna bolsa que contuviese dinero . Tentado
por mi crítica situacion , y sin darme cuenta de mi mala
accion, aproveché un momento en que el caballero tenía
vuelta la cabeza , y sujetando el saco con una mano saqué
con la otra la bolsa que habia dentro. Sin embargo, por
pronto que lo hice, se apercibió de ello el caballero, y me
dió tan fuerte golpe con su maza en la cabeza , que me
derribó á tierra sin sentido . << ¡ Es un ladron ! » les dijo
á las gentes que acudieron á socorrerme . En esto acudió
un cadí con algunos oficiales de justicia , y enterado de lo
que ocurria , y no pudiendo yo negar el robo porque la
bolsa se hallaba oculta entre mis vestidos, y tenía el
número de monedas indicado por el caballero , despues
de devolvérsela á este, mandó que me cortasen la mano
derecha. En el acto fué ejecutada esta terrible sentencia;
yo quedé desvanecido con la fuerza del dolor, y con la
sangre que perdia. Compadecidos de mí algunos de los
circunstantes , se apresuraron á socorrerme llevándome á
una casa inmediata en donde me curaron , vendaron mi
brazo, y me entregaron la mano cortada envuelta en un
lienzo . El caballero mismo vino á la casa y me dijo :
Estoy persuadido de que no sois un ladron de profesion,
y que solo alguna imperiosa necesidad es la que os ha
arrastrado á cometer esa villana accion . Tomad esa bolsa ,
causa de vuestra desgracia , y remediaos con ella . » Dicho
esto , se marchó, dejándome la bolsa que contenia unos
treinta zequíes .
Algo repuesto con los cordiales que me dieron , salí de
la casa con ánimo de irme á mi posada ; pero reflexio-
nando que allí no podrian darme los auxilios que necesi-
taba, me decidí á ir á casa de mi futura esposa . Al verme
pálido y tan desmayado me preguntó qué tenía. Yo le
respondí que ademas de un fuerte dolor de cabeza, un
tumor que me habia salido en el brazo derecho no me
dejaba respirar apénas . Toma un poco de vino, >>
me dijo ella presentándome una copa . Yo acepté y cogi la
120 CUENTOS ARABES

copa con la mano izquierda ; y mientras bebia el vino, alzo


ella el vestido con que yo cubria mi brazo derecho , para
ver el tumor de que le habia hablado , y vió con horror que
me faltaba la mano.

Al hacer este descubrimiento, se puso á llorar amarga-


mente, y fué tan grande el pesar que le causó , que desde
aquel dia ya no volvió á estar buena . - Estoy cierta,
exclamaba sollozando, que te ha sucedido esa desgracia por
amor mio aunque tú no me lo digas , y es tan intenso y
vivo el dolor que experimento, que em me quitará la vida.
Pero antes de morir, quiero poner en ejecucion el pensa-
miento que tenía hace largo tiempo . » Al dia siguiente
mandó á llamar á un cadí y á varios testigos y me nombró
heredero universal de todos sus bienes . Cuando se mar-
chó el cadí, despues de haber extendido el testamento y el
acta de donacion , en toda regla , abrió un gran cofre , y
yo vi, con no poca sorpresa , reunidas en su fondo todas
CUENTOS ÁRABES 121

las bolsas que habia ido dejando en cada una de mis visitas .
Mostrándomelas me dijo : « Aquí están todas intactas
y completas, pues yo no he tocado á ninguna de ellas.
Tuyas son , y puedes llevártelas, si gustas , desde este
momento. Esta es la llave del cofre. » Yo no quise tomarla,
pero ella insistió , añadiendo : - « Esto no es nada, y no
vale la pena de hablar de ello . » Al cabo de tres semanas
el sentimiento de verme manco la llevó á la eternidad , y
yo me hallé posesor de su inmensa riqueza , de la que
formaba parte el ajonjolí que me habéis vendido.
Ahí tenéis , pues , la razon de servirme solo de la mano
izquierda, y el motivo de haber perdido la mano derecha .
Cuando acabó de hablar el mercader cristiano , el emir de
Kachsgar se levantó muy enojado y exclamó : « ¡Perro
cristiano ! ¿ es esa la historia que me dijiste ser mas in-
teresante y divertida que la de mi pobre jorobado ? No sé
como he tenido paciencia para haberte escuchado tanto
tiempo pero ya que así has abusado de mi credulidad ,
expiarás en la horca tu osadía, y la muerte de mi querido
bufon. »
Al oir estas terribles palabras, se arrojó á los piés del
emir su proveedor de aceite , y con lágrimas en los ojos
le dijo : « Señor , os ruego que suspendáis los efectos de
vuestro enojo , y me escuchéis la historia que voy á con-
taros, que de seguro os parecerá mas interesante que la
que acaba de referir ese mercader cristiano ; y si la en-
contráis tan chistosa como yo , espero que le perdonaréis
la vida. » El emir reflexionó un momento y al fin dijo :
• Consiento en ello , oigamos tu historia ; » y el proveedor
empezó á referirla en los términos siguientes :

HISTORIA DEL HOMBRE SIN PULGARES

Hace unos cuantos dias que asistí á la boda de la hija


de un amigo mio, persona de calidad , y despues de las
ceremonias de costumbre nos sentámos todos los convi-
122 CUENTOS ÁRABES

dados á la mesa. Entre los exquisitos manjares que nos


sirvieron, habia uno aderezado con ajos . Se nos distri-
buyó á cada uno nuestra porcion, y todos la comimos
excepto uno de los convidados que se abstuvo de tocar á
ella . Ofendido el padre de la novia porque creía que era
desaire que aquel convidado le hacía, le instó repetidas
veces para que la comiese. Cediendo á estas instancias , el
convidado le dijo : - « Si tenéis empeño en ello, comeré
este manjar con tal que me permitáis lavarme en seguida
las manos cuarenta veces con álcali , otras cuarenta veces
con ceniza , y otras tantas con javon . » Aunque este triple
lavatorio ne dejó de causarle extrañeza, le contestó que
no tenía inconveniente, y mandó á los criados que pre-
parasen lo necesario para que se lavase , segun deseaba ,
aquel huésped . El convidado entónces , aunque con una
repugnancia visible, empezó á comer el guisado con la
nano derecha, y todos notámos con asombro que le fal-
taba el dedo pulgar de ella ; falta que nadie habia reparado
basta aquel momento . La rareza de su lavatorio, su repug-
nancia á comer el manjar guisado con ajos, y la falta de
su dedo pulgar excitaron en todos una gran curiosidad , y
el dueño de la casa le preguntó por qué accidente habia
perdido aquel dedo , rogándole que, si no tenía inconve-
niente, nos lo refiriese . - « Os complaceré satisfaciendo
vuestra curiosidad , le contestó , pero sabed que no es solo
el pulgar de la mano derecha el que me falta, sino tambien
I de la izquierda, así como los pulgares de ambos piés . >
En esto acabó de comer su porcion , se levantó de la mesa ,
y despues de haber hecho sus abluciones de manos ciento
veinte veces , con álcali , con javon y con ceniza, volvió á
sentarse, y empezó su narracion de esta manera :
Habéis de saber , señores, que yo soy hijo de un mer-
cader de Bagdad que tenía fama de ser muy rico , pero al
mismo tiempo muy aficionado á los placeres ; de modo que
á su muerte me encontré con mas deudas que bienes, y
solo logré reponer algun tanto mi hacienda á fuerza de
trabajo y de economía . Un dia en que apénas acababa
de abrir mi tienda, se detuvo delante de ella una dama
CUENTOS ÁRABES 123

montada en una mula ricamente enjaeza la, acompañada


por un eunuco y dos esclavos .
Al apearse , oí que el eunuco le decia : — « Ya veis , señora ,
que no hay nadie en el mercado, y sin abrirse todavía la
mayor parte de las tiendas, y si me hubieseis creido no
tendriais ahora la molestia de esperar. » La dama miró á
derecha é izquierda, y no viendo , en efecto , abierta mas
tienda que la mia , me rogó que le permitiese descansar
en ella mientras las otras se abrian , á lo cual yo me
presté gustoso ofreciéndole un asiento . Como no habia
mas que sus esclavos y yo , alzó su velo para respirar mas
libremente , y yo quedé deslumbrado al ver su hermosura
peregrina.
Deseando congraciarme con ella, le dije que si no queria
molestarse yo iria á buscar las telas que deseaba comprar
y se las traeria para que eligiese , porque yo , señora,
añadí, empiezo ahora el comercio, y no poseo todavía
fondos suficientes para tener en mi almacen telas de tanto
precio . La dama aceptó mi oferta, y despues de haber
elegido las que mas le agradaron , cuyo valor ascendia á
cinco mil dracmas de plata, se las entregó al eunuco , vol-
vió á montar en su mula y se se marchó
ma sin pagarme . Solo

cuando la perdí de vista conocí el gran yerro que habia


cometido, pues ofuscado con su hermosura y embelesado
en mirarla, ni aun se me ocurrió el preguntarle quién era ,
ni en dónde vivia . Como yo solo era responsable del pago
de las telas que habia tomado en las tiendas de mis com-
pañeros , pedí á estos que me diesen un plazo para satis-
facer su importe, diciéndoles que la compradora era per-
sona de calidad . Ántes de finalizarse el plazo que me
habian concedido , volvió la dama con el mismo séquito,
me entregó las cinco mil dracmas de plata , eligió nuevas
telas por valor de mil zequíes de oro, y se marchó sin
pagarlas y ་ sin decirme quién era, como la vez primera .
Al cabo de ocho dias volvió , con no poco contento mio.-
« Aquí os traigo vuestro dinero , me dijo ; contadlo , y
mir ad si las monedas son de buena ley. » Luego me
hizo várias preguntas, y entre ellas la de si estaba casado
124 CUENTOS ÁRABES.

ó soltero . Mientras que el eunuco y yo contábamos el .


dinero, me dijo este despacito : — « Veo que aniáis á mi
ama, y sois un mentecato en no decirselo , porque ella
tambien está enamorada de vos, y la compra de las telas
no es mas que un pretexto para venir á veros ; de modo
que si queréis, en vuestra mano está el casaros con ella.

Yo le contesté confesando que, en efecto, estaba muy


enamorado de ella , pero que no me habia atrevido á de-
círselo. Acabado de contar el dinero, el eunuco le dijo :
« Señora, está corriente. » Al oir estas palabras que era
la contraseña convenida con su eunuco, la dama se le-
vantó, y al marcharse me dijo que ya me enviaria el
eunuco, y que por mi parte no tenía que hacer mas que
lo que él me dijese.
CUENTOS ÁRABES 125

Quedé gozosísimo y esperando con impaciencia al eu-


nuco, el cual volvió pasados unos dias , y me dijo :
◄ Sois el mas afortunado de todos los mortales . Sabed
que mi ama es la dama favorita de la sultana Zobeida , y la
encargada de hacer todas sus compras. Como está tan
prendada de vos , se lo ha declarado á la sultana y le ha
pedido el permiso para casarse. La esposa del kalifa se lo
ha concedido, pero antes quiere ver al novio para juzgar
por sí misma si la eleccion es buena, quiere veros , y si le
agradáis, como es de esperar, costeará todos los gastos de
la boda , y dará un buen dote á su favorita. Así, pensadlo
bien, y si estáis resuelto , hallaos esta noche en la mezquita
que está á orillas del rio , y os llevaremos á palacio ; mas
como no entran hombres en los aposentos de las damas de
la servidumbre, será preciso tomar ciertas precauciones
para introducios . Por vuestra parte no tenéis mas que
hacer que dejar obrar, y guardar el mas profundo silencio,
porque os va en ello la vida. » Yo le respondí que estaba
dispuesto y decidido á seguirle y á hacer lo que me dijese.
Al anochecer me fuí á la mezquita en la que me quedé
solo , y á poco rato llegó una barca tripulada por eunucos
remeros, en la que venía la dama. Los eunucos desembar-
caron unos cuantos cofres y los llevaron á la mezquita , re-
tirándose en seguida . Cuando estuvimos solos, la dama me
mandó meter dentro de un cofre grande que cerró con
llave, y los esclavos volvieron á llevarse los cofres á bordo
de la chalupa.
Llegados á las puertas del palacio del kalifa, el oficial de
guardia quiso registrar los cofres ántes de dejarlos pasar ,
pero la dama supo darle tan buenas razones, que , después
de haber abierto algunos, consiguió que aquel en que yo
iba pasase sin abrirlo . Mientras tanto, yo no las tenía todas
conmigo , y pasé muy mal rato ; pero mi angustia fué mayor,
cando habiendo llevado los cofres al cuarto de la mujer
el kalifa, se presentó este , y quiso ver las telas y mer-
Dancías que contenian . Durante el coloquio que se enta-
bló entre el kalifa y la dama me daban sudores de muerte,
, ya me pesaba haber sido tan condescendiente exponiendo
126 CUENTOS ARABES

mi vida de aquella manera. Al fin , despues de haber exa


minado algunas ricas telas que la dama le presentó lla-

mándole la atencion sobre sus bordados, dibujos y colores


con una prolijidad estudiada, para ganar tiempo , el ka-
lifa se retiró, y yo pude salir de mi encierro.
Mi futura me hizo subir á un cuarto en donde pasé la
noche, y al dia siguiente vino á decirme que iba á presen-
tarme á la sultana ; me instruyó sobre el modo de pre-
sentarme en su presencia, y hasta me indicó las respuestas
que debia dar á las preguntas que me hiciese. Luego me
condujo á un salon muy espacioso en el que habia un
trono. Los adornos de este salon eran de una riqueza sor-
prendente : allí me dejó solo, y al poco rato empezaron á
entrar en él veinte esclavas uniformemente vestidas ; des-
pues de estas venian otras veinte damas mas ricamente
CUENTOS ARABES 127

vestidas, y por último , entró la sultana Zobeida y se sentó


en el trono , habiéndose colocado á uno de sus lados su
dama favorita. Era tan majestuoso el aire de la sultana,
el traje que vestia tan rico , y de tanto valor las joyas y
pedrerías que llevaba encima, que el verla solo deslum-
braba, é imponia. Rodeado por las damas y esclavas d › su
servidumbre formadas en dos filas, me hicieron seña de
que me acercase. Así lo hice prosternándome á los piés de
la princesa.
La sultana, despues de haberme examinado con aten-
cion un momento, me mandó levantar y se dignó hacerme
várias preguntas relativas á mi nombre, á mi familia y á
unis bienes . Sin duda debieron agradarle mi aspecto y
mis respuestas, porque en seguida me dijo : « Estoy
contenta de la eleccion de mi hija, porque así llamaba á
su dama predilecta ; la apruebo y doy mi consentimiento ,
y esta misma noche hablaré de ella al kalifa . Mientras se
hacen los preparativos para vuestra boda, permaneceréis
en palacio , y seréis cuidado debidamente. »
Zobeida habló al kalifa que no solo aprobó la boda de
li favorita de su esposa , sino que le dió una crecida can-
tidad de dinero . Pasados algunos dias empleados en los
preparativos, extendido el contrato, y cumplidas todas las
formalidades , hubo grandes fiestas en palacio, bailes y
conciertos, y por último un suntuoso banquete.
Entre los apetitosos manjares que pusieron en la mesa,
habia uno aderezado con ajos. Yo le encontré tan exquisito ,
que comí de él con demasía, y al levantarme de la mesa ,
por una distraccion imperdonable , se me olvidó el enjua-
garme la boca , y el lavarme las manos (1).
Cuando , acabado el festin , se retiraron las damas com-
pañeras de mi esposa y despues de habernos conducido á
nuestro aposento quedámos los dos solos, yo me acerqué

(1 ) Los árabes y los turcos en aquella época no usaban tenedores


para coger os manjares, y solo hacian uso de los dedos . Lo mismo
si.uen haciendo todavía los árabes de las tribus que habitan en el
Sinaí, en la Palestina y en otros desiertos.
CUENTOS ÁRABES
128

RAS
CUENTOS ÁRABES 129

á ella, pero en vez de ser recibido tan cariñosamente como


era de esperar, me dió un fuerte empellon y empezó á
gritar desaforadamente . Yo me quedé atónito sin saber á
qué atribuir semejante despego . Mientras tanto , al oir los
gritos de mi esposa acudieron sus compañeras temerosas de
que nos hubiese sucedido algun accidente . - << ¡ Quitadme
de aquí á este grosero , sucio é insolente ! exclamó. -¿Pues
en qué puedo yo haberos ofendido , señora ? pregunté á
mi esposa. ¡ Cómo volvió á exclamar ella ; ¿ os atre-
véis á preguntarlo todavía ? Sois un puerco , un malcriado ;
habéis comido un guisado con ajos , y no os habéis enjua-
gado la boca ni lavado las manos ; pero yo os enseñaré
el respeto que se me debe para que otra vez, al acercaros
á mí, no vengáis impregnado de un olor tan pestífero que
irrita mis nervios y me hace sufrir horribles accidentes . »
Y dirigiéndose á las damas les dijo : ― « Sujetadme á ese
asqueroso, y echadle al suelo . » Y mientras sus com-
pañeras me tiraron al suelo y me tenian asido por brazos
y piernas , armándose mi esposa con un látigo me flageló
con él á su sabor hasta que le faltaron las fuerzas .
Pero no se dió por satisfecho su enojo con este castigo,
sino que mandó que me llevasen ante el cadí encargado
de las justicias , para que me hiciese cortar la mano con
que habia comido el sabroso guisado . Las damas , sin
embargo, procuraron calmar la irritacion de mi esposa , в
intercedieron por mí ; mas ella no se tuvo aun por sa-
tisfecha. ― Quiero , dijo, que aprenda á ser limpio, y
que le queden recuerdos indelebles de su desaseo. »
Sus compañeras volvieron á insistir para que me perdo-
nase, y al fin, consiguieron llevársela , dejándome tendido
por el suelo , lleno de cardenales , y maldiciendo todos los
guisados de ajos pasados , futuros y presentes, y haciendo
propósito de no volverlos á probar en mi vida ; y si me
veia precisado á comerlos , lavarme en seguida las manos
tres veces con sustancias diferentes .
Diez dias pasé curándome de mis cardenales, sin ver
mas que à una esclava vieja que me traía la comida, la
cual, preguntándole por mi esposa , me dijo que estaba
180 CUENTOS ÁRABES

en cama de resultas del pestífero olor del ajo que yo le


habia hecho respirar, añadiendo que ya estaba mejor, y
que en cuanto se levantase vendria á verme. A pesar del
rigor con que me habia tratado, yo la compadecí á causa
de la extremada sensibilidad de sus nervios , y continuaba
amándola .
Al fin , se presentó en mi cuarto una mañana y me dijo :
- Demasiado buena soy en venir á veros , despues de
lo que me habéis hecho sufrir con vuestro desaseo ; pero
no me reconciliaré completamente con vos , ni olvidaré .
la ofensa que me hicisteis acercándoos á mí sin haberos
lavado las manos despues de haber comido el guisado con
ajos, sin imponeros el condigno castigo que vuestra falta
merece. » Dichas estas palabras, llamó á sus compa-
ñeras , les mandó que me ligaran fuertemente, y cogiendo
una navaja de afeitar, me fué cortando ella misma los
pulgares de las manos y los piés .
Yo me desmayé por la fuerza del dolor que me causaron
estas operaciones sangrientas las damas me socorrieron.
haciéndome beber un cordial, atajaron la sangre y me ven-
daron despues de haber puesto en las heridas el admi-
rable bálsamo de la Meca que trajeron de la botica del
kalifa, y con el cual me hallé curado en pocos dias . Desde
entonces no he vuelto á probar guisado aderezado con
ajos, y he vivido con mi esposa en la mejor armonía , olvi-
dando ambos á dos todo lo ocurrido . Hace pocos meses
cayó gravemente enferma, y aunque yo la asistí con el
mayor esmero, no pudo salvársele la vida. Hubiera podido
volverme á casar y vivir cómodamente en Bagdad , pero
preferí gozar de mi libertad y recorrer vários países tra-
ficando en el comercio . Hé ahí, pues, señores , terminó
diciendo el mercader convidado , por qué me faltan los pul-
gares, y por qué me hallo en esta ciudad .
Cuando el proveedor acabó de hablar , el emir de Kachs
gar le dijo : — « Tu historia no deja de ser extraordinaria ;
pero no puede competir con la de mi jorobado . » Entonces
se prosternó ánte el emir el médico judío y le dijo :- « Si
os dignáis , señor, escuchar una que yo puedo referiros,
CUENTOS ÁRABES 131

la encontraréis quizas mas maravillosa. - Cuéntala , pues,


y veremos, » le contestó el emir.
Obtenida la vénia, el médico judío empezó su narracion
en estos términos :

HISTORIA DEL JÓVEN MANCO DEL MOSUL

Hallándome ejerciendo mi profesion en Damasco en


donde gozaba de cierta nombradía , vino á buscarme u
dia un esclavo para que fuese á visitar á un enfermo en
casa del gobernador de la ciudad . Acudí al llamamiento y
encontré, en efecto , á un jóven de muy bella presencia,
pero muy demacrado y abatido por el mal. Le pedí la
mano para tomarle el pulso, y me alargó el brazo izquierdo ,
lo que no dejó de chocarme ; pero lo atribuí á ignorancia ,
y nada dije. Receté lo que me pareció conveniente , y me
retiré . Continué visitándole, y siempre que le pulsaba ,
siempre me daba el brazo izquierdo . Cuando ya conceptué
que estaba bueno, le dije que podia ir al baño , y salir á
tomar un poco el aire libre, y el gobernador, que se ha-
llaba presente, para mostrarme su agradecimiento , me
anunció que me nombraba médico del Hospital general, y
médico de cámara suyo y de toda su familia ; me regaló
un traje riquísimo , y me dijo que siempre habria puesto
un asiento para mí en su mesa .
El jóven, por su parte, me dió tambien várias muestras
de agradecimiento . Un dia que le acompañé al baño , me
quedé sorprendido al ver que le faltaba la manoderecha ; el
-
jóven lo notó y me dijo : « ¿ Os admira el ver que me falta
la mano derecha ? pues ya os contaré el cómo la he perdi-
do. Y en efecto , otro dia que comimos juntos y salimos
despues á dar un paseo : - « Voy á referiros una historia
singular, me dijo . Nos sentámos á la sombra de un árbol,
y el jóven empezó á referirme su historia diciéndome : -
Sabed que yo soy del Mosul, hijo de una de las familias
mas distinguidas . Mi abuelo tuvo diez hijos, casados todos
132 CUENTOS ARABES

hoy dia, y nueve vivos, pero todos ellos sin sucesion, ex-
cepto mi padre de quien yo soy el único hijo. Inútil el
deciros que se esmeró en darme una brillante educacion
en relacion con la clase á que pertenecia.
Cuando ya salí de la adolescencia , y acabé mi educa-
cion, me senti con deseos de viajar y ver otros países , y
un dia en que mis tios y mi padre se hallaban reunidos ,
empezaron á hablar de la hermosura y riqueza de dife-

rentes países, y últimamente del Egipto. « Por mucho
que se diga de otras tierras, exclamó mi padre, no hay
ninguna como la de Egipto, y el que no ha visto este
país, no ha visto lo que hay mas bello en el mundo . Su
suelo es de oro, es decir, de una fertilidad prodigiosa ;
sus mujeres cautivan con su hermosura y sus maneras
finas ; ¡ y el Nilo ! ¡ hay nada mas admirable que ese cau-
daloso rio cuyas aguas son tan deliciosas, y cuyo limo
abona las tierras y las hace producir, casi sin cultura ,
abundantísimas cosechas ? » Mi padre continuó enume-
rando otras muchas excelencias del país de las Pirámides,
y yo quedé tan entusiasmado con lo que él dijo, y con
lo que aun añadió y corroboró uno de mis tios , que no
tuve ya mas pensamiento que el de ir á admirar todas
esas maravillas.
Impresionados tambien mis tios con la pintura que mi
padre les habia hecho del Egipto , resolvieron ir á verlo,
y empezaron á hacer los preparativos del viaje, despues
de haber obtenido de mi padre la promesa de que los
acompañaria. Yo lo supe , y creyendo que se me presen-
taba una ocasion oportuna para satisfacer mis deseos ,
rogué á mi padre que me llevase consigo . Mi padre se
negó á ello diciéndome : « Eres demasiado jóven to-
davía para soportar las fatigas de ese largo y penoso
camino ; ademas de que estoy persuadido de que te per-
derias en Egipto . En fin, añadió, al ver mis ruegos é in-
sistencia, como ensayo , te permitiré que vayas hasta
Damasco adonde te dejaremos hasta nuestra vuelta . »
Todos mis tios eran ricos mercaderes , y con el fin de
hacer el viaje mas fructuoso se proveyeron de aquellas
CUENTOS ARABES 133

mercancías cuya venta juzgaron que les sería fácil y lucra


tiva, y á mí me prepararon tambien una gran pacotilla de

géneros que en Damasco tendrian buena salida . Llegámos


á esta hermosa ciudad, y mis tios se ocuparon de la venta
8
134 CUENTOS ÁRABES

de mis mercancías sobre las que realicé un beneficio de


quinientos por ciento ; de modo que cuando se marcha-
ron para continuar su viaje á Egipto , yo me hallé posesor
de una crecida suma de dinero que me permitia vivir hol-
gadamente. Alquilé una linda casita , la hice amueblar con
decencia, compré algunos esclavos para mi servicio ,
y pasaba el tiempo en recorrer la ciudad y visitar lo mas
digno de verse que hay en ella.
Un dia que me hallaba sentado delante del umbral de
mi puerta tomando el fresco y fumando mi pipa , se acercó
á mí una dama vestida con rico traje , y al parecer de
porte distinguido.
Me preguntó si vendia telas , y sin aguardar mi res-
puesta, se entró en la casa . Yo me levanté y entré en pos
de ella , cerré la puerta de la calle y la conduje al salon en
donde le rogué que tomase asiento. Entonces se quitó el
velo y me dijo : - << No son telas lo que necesito ; vengo
solo por veros y conversar un rato en vuestra compañía. »>
Yo quedé deslumbrado con su singular belleza , y desean-
do que prolongase su visita, di órden á mis criados para
que preparasen una colacion , y le rogué que aceptase
este pequeño obsequio como muestra del gran placer que
me causaba su visita. La dama consintió en ello , y pasá-
mos una gran parte de la noche hablando de cosas indi-
ferentes mientras nos regalábamos con exquisitos dulces
pastelillos y vinos. Su conversacion era tan agradable, y
su hermosura tan perfecta que, cuando se marchó , sentí
que me hallaba completamente enamorado de ella.
En los dias siguientes repitió sus visitas , y en uno de
ellos me dijo : « Si me lo permitís , voy á traer con-
migo una de mis amigas mas jóven y mas hermosa que
yo , la cual , por lo que yo le he hablado de vos , desea
conoceros . Estoy segura de que en cuanto la veáis, haréis
bien poco caso de mí. - Señora, le contesté, me agra-
viáis con lo que estáis diciendo . Vuestros hechizos se han
apoderado de mi corazon de tal manera, que es imposible
el que yo pueda amar á otra mujer mas que á vos .
Cuidado con lo que estáis diciendo me replicó, porque
GUENTOS ÁRABES 135

al presentaros á mi amiga voy á exponer vuestro amor á


una ruda prueba . Sea como quiera , dentro de tres dias
vendremos despues de puesto el sol ; tened dispuesta una
buena colacion para obsequiarla como merece. » Yo hice
adornar la sala con mayor elegancia para recibir á las dos
amigas, y mandé preparar una buena cena, contando con
pasar una noche agradable al lado de ellas .
Vinieron el dia indicado , y cuando se quitó el velo la
amiga de la primera dama , quedé ciego , deslumbrado al
ver una hermosura tan perfecta , y sobre todo, unos ojos
que despedian fuego y abrasaban el corazon con sus mi-
radas . Di gracias á una y otra por la honra que me hacian,
y por el placer que me procuraban con su venida , excu-
sándome de no recibirlas tan dignamente como merecian .
« La que debe daros gracias soy yo , dijo la recien
venida, por haberos dignado recibirme ; pero dejémonos
de cumplidos, y tratemos de pasar la noche lo mas alegre-
mente posible. » En seguida nos sentámos á la mesa, y
durante la cena , yo no cesé de mirarla, y ella correspondia
á mis miradas con otras no ménos expresivas, las cuales,
unidas á la excitacion producida por los vapores del vino ,
concluyeron por enardecer mi corazon de tal manera , que
á los postres , ya no guardé miramiento ninguno , y me
declaré abiertamente enamorado de ella . La primera dama
no pudo mirar con sangre fria mi desden , y sus celos
irritados trataron de vengarse de su rival de una manera
bien cruel. Habiéndonos ofrecido una copa de vino gene-
roso, se levantó en seguida de la mesa bajo un pretexto
frívolo, y nos dejó solos á su amiga y á mí, diciéndonos
que pronto volvia . No hacía diez minutos que se habia
ausentado , cuando la dama que se habia quedado con-
migo cambió de repente de color, le dió un desmayo con
convulsiones horribles, y mientras que yo la sostenia en
mis brazos y llamaba gritando á mis criados para que me
ayudasen á auxiliarla , exhaló en ellos su último
suspiro.
Cuando entraron mis criados les pregunté por la otra
dama, y me dijeron que se habia marchado hacía ya rato ;
136 CUENTOS ÁRABES

de modo que yo me encontré en la situacion mas crítica


y embarazosa que puede imaginarse, y empecé á sospe-
char que la pobre dama habia sido víctima de los celos de
su amiga, la cual echó con disimulo un veneno muy
activo en la última copa de vino que le dió , privándole
de esta manera de la vida. No sabiendo qué hacer para
desembarazarme de aquel cadáver sin peligro , se me ocur-
rió la idea de ocultarle haciéndole enterrar en el patio de
la casa, en el que mis criados, levantando una de las
losas de mármol de su pavimento, abrieron apresurada-
mente una zanja profunda , le colocaron en ella, y vol-
vieron á poner la losa encima. Hecho esto , tomé todo el
dinero que tenía , y despues de ponerme un traje de ca.
mino cerré todos los cuartos , y luego la puerta de la
calle, y me fuí á ver al dueño de la casa , que era un
joyero ; le pagué los alquileres vencidos y un año mas ,
adelantado , entregándole al mismo tiempo las llaves de la
casa y diciéndole que me la guardase hasta mi regreso de
un viaje que me veía obligado á hacer para arreglar un
negocio imprevisto y urgente . Inmediatamente me puse
en camino acompañado por mis criados, y me dirigí al
Cairo en donde encontré á mis tios, los cuales se sor-
prendieron al verme, y extrañaron que hubiese salido de
Damasco sin permiso de mi padre. Yo les di algunas ra-
zones que tuvieron por buenas, y como habian vendido ya
sus mercancías , y visto lo mas notable del Egipto, empe-
zaron á hacer sus preparativos para regresar á Mosul.
Entonces yo me oculté, porque no queria marcharme
sin haber recorrido la tierra de los Faraones, y por mas
diligencias que hicieron para buscarme , no pudieron ha-
llarme y se resolvieron á marcharse . Durante tres años
permanecí en Egipto , y al cabo de ellos me volví á Da-
masco yendo á apearme á casa del joyero á quien yo habia
tenido cuidado de enviar puntualmente el importe de los
alquileres . El joyero se alegró mucho de verme sano y
bueno, y me entregó las llaves de mi casa en la que en-
contré todas las cosas segun y conforme yo las habia
dejado cuando me ausentó. Al arreglar y limpiar el salon
CUENTOS ÁRABES 137

en donde habia cenado con las damas, se encontró debajo


de un divan un magnífico collar de perlas que yo reconoci
al momento ser el que llevaba puesto al cuello la dama
envenenada . Su vista me enterneció , y el recuerdo de su
trágico fin me hizo derramar algunas lágrimas .
Sucedió que, como habia hecho tantos gastos con mi
viaje y residencia en Egipto , un dia me hallé escaso de
dinero, y se me ocurrió el vender el collar para salir de
apuros. Se lo llevé á un joyero judío el cual solo me ofre-
ció por él unos cien zequíes, sin embargo de que valia
veinte veces mas, como confesó él mismo . Por no andar
recorriendo otras joyerías consentí en cedérselo por ese
precio . El judío entónces, entrándose en la trastienda bajo
el pretexto de que iba á buscar el dinero , se fué á buscar
á un empleado de justicia al que le dijo : « que le ha-
bian robado un collar de perlas que valía dos mil zequíes :
que el ladron habia tenido la osadía de venir á ofrecer-
selo en venta, y que como no conocia el valor de la joya
y no le habia costado ningun trabajo el adquirirla, se con-
tentaba con cien zequíes que él le habia ofrecido . Venid
conmigo , añadió , y encontraréis al ladron en mi tienda. »
El juez vino , en efecto , á la tienda , me preguntó si el
collar era mio, y si era verdad que yo lo queria vender
por cien zequíes . Yo le contesté afirmativamente . Entónces
mandó prenderme , me llevaron al pilorí ó poste de la ver-
güenza, y ordenó que me diesen de palos hasta que con-
fesase que el collar no era mio , y que lo habia robado .
La fuerza del dolor y el temor de perder la vida en
aquel suplicio me determinaron á decir una mentira, y
tuve la debilidad de confesar lo que el joyero judío queria
para apropiarse el collar, esto es, que se lo habia robado,
prefiriendo mas bien hacer esta falsa confesion que no
descubrir el modo con que aquella joya habia venido á mi
poder, y creyendo que hecha esta declaracion, y despues
de los palos que habia recibido me dejarian libre. Por
desgracia no fué así , porque hecha tal confesion , el juez
mandó que me cortasen la mano derecha , lo cual fué
ejecutado en el acto mismo .
8.
138 CUENTOS ÁRABES

Esta ocurrencia hizo gran ruido en Damasco y llegó á


oídos del gobernador, el cual quiso ver el collar . Tan
pronto como lo tuvo entre sus manos mandó que me lle-
vasen á su presencia , y tres dias despues de mi desgracia,
y á pesar del estado en que me hallaba, fuí conducido
entre soldados á la casa del gobernador. Cuando estuve en
su presencia, encarándose conmigo, y examinándome
atentamente, les preguntó á mis acusadores si era yo el
que habia querido vender el collar por cien zequíes . Ha-
biéndole respondido que sí, « pues estoy seguro, replicó ,
que no es este jóven el que ha robado el collar ; y extraño
nucho que se le haya tratado con tanto rigor, y obrado
con tanta ligereza é injusticia . »
Alentado con la benevolencia del gobernador , me decidi
á decirle la verdad , bien para recuperar mi honra y lavar
la afrenta que habia sufrido ; ó bien para morir, si se me
encontraba culpable de un crímen que yo no habia come-
tido, y que solo procedia de galantería ; así, exclamé : —
« Señor, os juro por lo mas sagrado que yo soy inocente,
y estoy persuadido , ademas, de que el collar no ha perte-
necido nunca á mi acusador, cuya alevosía y avaricia es
causa de mi desgracia ; pues aunque dije que yo lo habia
robado , cuando estaba atado al pilori , esta falsa confesion
contrária á mi conciencia me la arrancó la fuerza del do-
lor, unida á que yo no podia decir públicamente de qué
manera habia venido esa joya á mi poder ; pero si tenéis
la bondad de escucharme, à vos os la explicaré. - Lo
que acabáis de decir me basta para adivinar lo restante,
para que se os haga en parte la justicia que merecéis, y
se os dé la reparacion que se os debe . » Y dirigiéndose
á los encargados de administrar justicia : « Llevaos á ese
falso acusador, les dijo , y hacedle sufrir el mismo su-
plicio que ha hecho padecer á este jóven cuya inocencia
me es patente. »
En seguida mandó despejar la sala , y quedándose solo
conmigo me dijo : - « Hijo mio , contadme de qué modo
vino á parar á vuestras manos este collar , no me ocultéis
nada, y nada temáis . » Despues que le hube referido mi-
CUENTOS ÁRABES 139

nuciosamente la trágica aventura , el gobernador, alzando


las manos al cielo exclamó — « ¡ Dios todopoderoso ! im-
comprensibles son vuestros juicios , y debemos acatarlos
sin murmurar . Así, recibo con resignacion el golpe que
me acabáis de dar , » y encarándose conmigo añadió :
- << Despues de haber oido la causa de vuestra desgracia
que siento mucho no haber podido remediar, os voy á
referir la mia : Sabed que yo soy , ó mas bien era , el padre
de esas dos damas de quienes me acabáis de hablar. La
mayor era la primera que tuvo la desvergüenza de ir á
veros. La casé en el Cairo, y al poco tiempo enviudó ; pero
cuando volvió de Egipto en donde habia adquirido muy
malas costumbres y mucha desenvoltura, pervirtió á su
hermana segunda, y la arrastró á su perdicion , haciéndola
despues víctima de sus celos . Al dia siguiente de su des-
aparicion le pregunté á su hermana por ella , y me respon-
dió llorando que su hermana se habia puesto el dia ante-
rior uno de sus mas ricos vestidos y el collar de perlas,
y que habia salido de casa , sin haberla vuelto á ver mas.
Yo la hice buscar por toda la ciudad , pero inútilmente , y
su hermana, arrepentida sin duda de su arrebato de celos
y de haber causado su muerte, no cesó desde ese dia de
afligirse y de llorar , en términos que llegó á enfermar de
pena, y á los pocos meses murió . Pero , hijo mio , añadió ,
ya que ambos á dos somos desgraciados por una misma
causa , unámonos y tratemos de hacer mas llevaderas
nuestras penas . Todavía me queda una hija menor mas
hermosa y de mejor índole que sus dos hermanas , os la
doy por esposa , y á mi muerte seréis mi único heredero . >
Yo me arrojé á sus piés para manifestarle cuán grande
era mi agradecimiento por tan extraordinaria bondad.
Al dia siguiente hizo venir al cadí y á los testigos nece-
sarios , y despues de extendido el contrato y cumplido con
todas las formalidades legales , se celebró la boda con la
sola asistencia de los miembros de su familia , y sin apa-
rato ni ostentacion .
Al poco tiempo recibí noticias de mis tios que me anun-
ciaban la muerte de mi padre y me instaban para que
140 CUENTOS ÁRABES

fuese á Mosul á recoger la herencia, lo que no tuve por


conveniente hacer, por no separarme de mi esposa y del
gobernador, y me contenté con enviar á mis tios los po-
deres necesarios para encautarse de la herencia paterna
en nombre mio.
Al joyero judío, despues de haberle hecho sufrir el
justo castigo que su falsa delacion merecia, le fueron con-
fiscados todos sus bienes en mi favor, y vivo en Damasco
como veis , gozando de la mayor consideracion .
Así terminó de contarme su historia mi jóven enfermo ,
dijo el médico judío , añadiendo : << Espero , señor, que
la habéis hallado bastante interesante y digna de vuestra
-
atencion. Tu historia , le contestó el emir de Kachsgar ,
no deja de ser extraordinaria , pero no puede compararse
con la del jorobado, por lo divertida y original ; y si la
que va á referir ahora el sastre no es mas maravillosa y
mas chistosa, á todos cuatro os mando empalar.
Tomando el sastre la palabra, se prosternó á los piés
del emir y le dijo : « Espero, señor , que no llevaréis
adelante vuestro enojo despues que os hayáis dignado oir
la historia que voy á contaros , porque estoy seguro de
que la encontraréis mas interesante y chistosa que la de
vuestro jorobado ; y sin mas preámbulos empezó di-
ciendo :

HISTORIA DEL JOVEN COJO DE BAGDAD

Hace pocos dias asistí á un banquete que daba uno de


mis amigos. Cuando todos los convidados nos hallábamos
reunidos, y esperando que volviera el dueño de la casa
que habia salido momentáneamente , entró acompañado
por un jóven de muy buena presencia y bien vestido ,
pero cojo, al cual recibimos todos cortesmente . Iba á sen-
tarse en el sofá, pero , al fijar la vista en uno de los convi-
dados, retrocedió y se dirigió hácia la puerta.— « ¿ Adónde
vais ? le dijo nuestro huésped ; & queréis marcharos sin
CUENTOS ÁRABES 141

honrar con vuestra asistencia el banquete que he prepa

rado para obsequiaros a vos y á estos amigos ? eso no lo


permitiré. - Señor mio, le contestó el jóven , os ruego
142 CUENTOS ÁRABES

que me dejéis marchar, porque me es imposible el so-


portar la vista, ni estar en donde se halle ese mulato que
tiene el alma mas negra todavía que su cuerpo , y que es
causa de todas mis desdichas , inclusa mi cojera. » Todos
nosotros dirigímos la vista al convidado que el jóven seña-
laba con su brazo , el cual era un barbero que se hallaba
sentado en un rincon de la sala con la cabeza baja, y
guardaba el mas profundo silencio .
Uniendo nuestros ruegos á los del amo de la casa para
que se quedase, y nos dijese los motivos que tenía para
aborrecer al barbero de aquella manera , el jóven forastero ,
cediendo á nuestras instancias, vino á sentarse al fin en
medio de nosotros, pero con la espalda vuelta al rapa-
-
bárbas , por no verle, y nos dijo lo siguiente : — Sabed ,
señores, que yo soy hijo único . Mi padre que era muy
rico y gozaba de gran prestigio y autoridad , á pesar de
no haber querido desempeñar nunca ningun cargo público ,
al morir, me dejó una pingüe herencia. Yo me hallaba
disfrutando tranquilamente de mis bienes, sin derrocharlos
ni verme atormentado por pasion de ninguna especie,
cuando hallándome un dia admirando un magnífico tiesto
de flores rarísimas que estaba colocado sobre el antepecho
de una ventana , se abrio de repente la celosía de esta y
se ofreció á mi vista el rostro mas peregrino de una jóven,
hermosa sin comparacion , la cual se puso á regar las
flores. Yo me quedé embelesado mirándola, y sentí en mi
corazon una emocion cual nunca habia experimentado, y
las centelleantes miradas de sus ojos , brillantes como
uceros, y negros como azabache, acabaron de cautivarme.
Así es que regresé á mi casa con el corazon abrasado .
Volví al dia siguiente al mismo sitio , y continué rondando
la calle ; pero por mas diligencias que hice , no pude con-
seguir volver á ver aquel rostro divino , cuya momentánea
aparicion me habia hecho perder el sosiego de que antes
gozaba. La pasion que me inspiró aquella jóven era tan
vehemente qne la infructuosidad de mis pasos y la pena
de no poderla ver me hizo caer enfermo con una calentura
que me devoraba, y mis parientes se alarmaron, con tanto.
CUENTOS ARABES 143

mas motivo , por cuanto yo no queria decirles la causa de


un mal tan repentino y tan grave.
Una vieja amiga de la casa , al saber que yo estaba en-
fermo, entró un dia á verme ; me estuvo examinando aten-
tamente largo rato , y aprovechando un momento en que
mis parientes nos dejaron solos , acercándose á la cabecera
de mi cama, me dijo : --« Hijo mio , conozco de qué procede
vuestro mal , por mas que os empeñéis en callarlo . Estáis
enfermo de amor, y es inútil que á mi me lo ocultéis , por-
que tengo bastantes años y experiencia para adivinarlo .
Pero, animaos, porque con tal que me digáis quién es la
dama de quien os habéis enamorado , yo puedo curaros . »
Yo di un gran suspiro, mas no le contesté nada , pero
tales fueron las cosas que me dijo la buena mujer, que al
fin le referí todo lo que habia pasado , añadiendo : « Si
lográis proporcionarme la dicha de volver á ver aquella
beldad , y de que pueda declararle la ardiente pasion que
me ha inspirado, podéis contar con mi eterno agradeci-
miento . » Por las señas que le habia dado de la calle y la
casa, la anciana me dijo que la jóven que yo amaba era
la hija del primer cadí, cuya bermosura, en efecto , tenía
gran fama, pero que era persona muy adusta, que se com-
placia en agravar el mal que sus encantos causaban . Esto
no obstante, añadió, voy desde ahora mismo á trabajar
para que consigáis vuestros deseos.
Despues de várias visitas que me hizo en las que me dió
pocas esperanzas de obtener lo que tanto anhelaba, lo cual
agravó mi mal en términos que los médicos me desahucia-
ron, vino un dia y me dijo despacito al oído : << Ya podéis
pensar en las albricias que tenéis que darme, por las bue-
nas nuevas que os traigo . » Estas palabras fueron como
un bálsamo milagroso que calmó instantáneamente el
ardorque me devoraba . En seguida, la buena mujer empezó
á contarme todos los pasos que habia dado , las veces que
habia hablado á la hija del cadí, y lo inexorable que se
habia mostrado siempre hasta que, por último, pintándole
la situacion en que me hallaba, habia consentido en que
fuese á verla y hablarle.
144 CUENTOS ÁRABES
- << Cuando le dije , añadióla anciana , que estabais en
peligro de muerte , se conmovió , y cambió de color ;
¿pero es cierto, me preguntó , que esté tan enfermo de
> amor por mí , y en ese caso creéis que la esperanza de
» verme y hablarme le salvará la vida? Creo que sí,
» señora, le contesté . - Pues bien, replicó suspirando ,
» hacedle confiar en que me verá . Si su estado se lo per-
» mite, decidle que venga el viernes próximo á la oracion
» del mediodía . Que observe cuando salga mi padre de casa ,
» y durante está en la mezquita podrá hablarme, y mar-
charse ántes que vuelva . » Hoy es mártes, prosiguió
diciéndome la buena mujer , y de aquí al viérnes podéis
recuperaros algun tanto y estar en disposicion de ir á
ver á vuestro adorado tormento . » Segun me estaba
haciendo su relacion , yo sentia en todo mi ser un bien-
estar extraordinario, de modo que cuando acabó de
hablarme, casi podia decir que me hallaba curado . Mi
mejoría fué tan repentina y tan visible, que todos se que-
daron admirados y lá atribuyeron á milagro . Al marcharse
la vieja le puse en la mano una bolsa llena de monedas
de oro. « Tomadla , le dije , que con mas gusto os la doy,
que no á esos médicos ignorantes que no han sabido cu-
rarme, ni aun adivinar la enfermedad que padecia. »
El viérnes por la mañana volvió la buena mujer cuando
empezaba á vestirme con uno de mis mas ricos trajes, y
me preguntó si no pensaba ir antes al baño . Yo le contesté
que no tendria tiempo para llegar á la cita á la hora se-
ñalada, y que me haria solo afeitar la cabeza y arreglar
la barba, para lo cual mandé á uno de mis esclavos que
fuese á traerme un barbero. El esclavo volvió y me trajo
á ese maldito rapabárbas que ahí veis.
Despues de saludarme, « se conoce en vuestro sem-
blante, me dijo , que no os encontráis muy bueno. Como
yo he traido mis lancetas y mis navajas , me diréis si
queréis que os afeite ó que os sangre. » Le contesté que
acababa de padecer una grande enfermedad , pero que ya
estaba curado , y que le habia hecho venir solo para afei-
tarme . Entonces empezó á ensartar una cáfila de bendi
CUENTOS ÁRABES 145

ciones, de deseos de larga vida , de prosperidades ... Yo le


interrumpí diciéndole que se dejase de cumplidos , y ne

gastasemos el tiempo en palabras que no tenía lugar de


escucharle. Él entónces empezó á desliar su estuche con
una flema que me desesperaba ; despues se puso á suavizar
sus navajas, y cuando acabó esta operacion en la que
empléo largo rato, en vez de echar agua caliente en la
vacía, sacó un astrolabio y se salió al patio de la casa.
Allí estuvo no poco tiempo tambien, midiendo la altura
del sol y haciendo cálculos ; y cuando volvió á entrar en
mi cuarto me dijo con la mayor gravedad : - ( Creo que o
alegraréis de saber que hoy es el viernes décimoctavo de
la luna de Safar del año seiscientos cincuenta y tres de la
retirada de nuestro Profeta desde la Meca á Medina ; y del
año 7320 de la época del grande Yskander que tenía dos
146 CUENTOS ÁRABES

astas. Tambien tendréis gusto en saber que la conjuncion


de Marte y de Mercurio indica que no podiais haber ele-
gido mejor dia que el de hoy, ni hora mas propicia que
la presente para afeitaros ; pero al mismo tiempo no debo
ocultaros que esta misma conjuncion me anuncia que en
este dia corréis un gran peligro , no de muerte, pero sí
de un grave accidente ó mal que os durará toda la vida .
Debéis , pues , agradecerme el que os dé este aviso para
que estéis precavido , y tratéis de evitarlo . »
Ya debéis suponer, señores , atendida la disposicion de
ánimo en que yo estaba , y la priesa que tenía , lo enojosa
que me sería semejante charla . Así le respondí con en-
fado : ---- « Dejad para otro dia vuestros pronósticos y avisos ;
yo no os he llamado sino para que me afeitéis , hacedlo
pronto, ó marchaos , que no faltan barberos ménos char-
latanes en el barrio . » En vez de poner manos á la obra,
me replicó con una flema capaz de hacer perder la pa ·
ciencia á un Santo :- << Hacéis muy mal en incomodaros ;
sabed que hay muy pocos barberos que me igualen, y en
todo Bagdad no encontraréis uno tan hábil como yo , que
ademas de ser barbero soy médico aventajado , químico
distinguido , astrólogo afamado que nunca yerra en sus
cálculos, retórico perfecto, lógico sutil , profundo matemá-
tico en todos los ramos de esta ciencia , é historiador
notable que sabe de memoria los sucesos grandes y peque-
ños de todos los países y de todos los reinados presentes
y pasados . Ademas, soy legista y poeta , é ingeniero hidráu-
lico , y pocas cosas hay ocultas para mí en la naturaleza ;
y vuestro difunto padre sabía bien lo mucho que yo valia ,
y por eso me estimaba y me elogiaba en todas partes ,
citándome como modelo de ciencia y de saber. Por eso
yo, como hombre agradecido , y en recuerdo de la amistad
que me profesaba, quiero tomaros bajo mi proteccion y
preservaros de cuantas desventuras os anuncien los as-
tros. Al oir semejantes baladronadas, á pesar de mi
enojo é impaciencia, no pude ménos de echarme á reir
á carcajadas y le dije : - « ¿ Acabaréis con vuestras bachi-
llerías, charlatan insoportable, y queréis afeitarme ? »
CUENTOS ÁRABES 147

Léjos de incomodarse, me contestó : ·- Señor, extraño


mucho que me llaméis charlatan cuando tengo la reputa-
cion de ser un hombre muy callado. Yo tenía seis her-
manos, añadió , cuyos nombres y oficios fué relatando , y
aquellos sí que eran habladores insoportables , miéntras
que yo soy muy conciso y lacónico en lo poco que hablo. »
Poneos en mi lugar, señores, prosiguió diciendo el
jóven cojo : yo no sabía ya qué partido tomar con ese
hombre al ver que el tiempo se pasaba y que no me afei-
taba.-- << Dale tres monedas de oro á este barbero, le dije
á uno de mis esclavos que se vaya y que me deje en
paz , pues ya no quiero afeitarme. » Al oir esto exclamó :
« Yo no he venido aquí á buscaros, sois vos el que ha
enviado á llamarme ; y os juro á fe de musulman que no
me marcharé hasta que os haya afeitado . No es culpa mia
si no sabéis apreciar lo que yo valgo . De bien distinta
manera se conducia conmigo vuestro padre que pasaba
las horas enteras escuchándome como á un oráculo . »
Al ver que con enfadarme no conseguia nada, traté de
hablarle con dulzura , rogándole por Dios que me afeitara,
y diciéndole que á las doce en punto tenía que ir á una
casa en que mis amigos me esperaban para tratar de un
negocio importante . Al oirme se echó á reir, tomó el
astrolabio , salió á medir la altura del sol , y volvió di-
ciendo que aun faltaban tres horas, y que tenía tiempo
suficiente. Yo no pude ya aguantar mas, me levanté muy

encolerizado , y exclamé : « Ó afeitadme ó marchaos . »
Cuando vió que me enfadaba de véras , tomó al fin la
navaja y empezó á rasurarme la cabeza , pero no tardó
en dejarla para volver á consultar el astrolabio . Si
me quisierais decir qué negocio es ese que tanto os urge,
quizas pudiera yo daros un consejo saludable, » me dijo al
volver á afeitarme. Yo le contesté que tenía que asistir á
un banquete que algunos de mis amigos daban para cele -
brar mi restablecimiento . Entónces exclamó : << Y en
verdad que yo tambien he convidado á algunos amigos
para que vengan á comer hoy conmigo , y todavía no he
comprado lo necesario . » Temeroso de que me dejase á
148 CUENTOS ÁRABES

medio rasurar y se marchase al mercado , le dije : « Aca-


bad pronto de afeitarme que yo os daré los víveres que os
hagan falta. Y en seguida mandé á mis esclavos que le

trajeran un cordero, seis capones y otra porcion de man-


jares, con cuatro grandes ánforas de vino, con lo cual
podia regalar á veinte convidados. Me dió las gracias ;
CUENTOS ÁRABES 149

pero en vez de continuar afeitándome dejó la navaja y


se puso á examinar los comestibles con la mayor calma.
Yo me desesperaba , pateaba , pero no hacía caso . Despues
de haber examinado todo , « veo , me dijo , que sois tan
generoso como vuestro padre , y Dios os bendiga por
vuestra generosidad . Yo , á la verdad , á pesar de mi cien-
cia, y de mis conocimientos ilimitados, no cuento para
vivir con mas recursos que los que me procura la gene-
rosidad de mis parroquianos ; pero vivo contento como
Zantut-Alí que da friegas á los que se bañan ; como Bu- Mazor
que vende cañamones tostados ; como Zegri - Kaler que
vende yerbas medicinales ; como Kaleb-Assan el que riega
las calles, los cuales siempre están cantando y bailando, y
para que veáis lo divertidos que son estos ganapanes, os
voy á cantar la cancion favorita de Zantut- Alí y mos-
traros su baile . « Llévete el diablo con tu cancion y tu
baile , le interrumpí, maldito barbero acabad de afeitar-
me y dejaos de canciones y de bailes , » pero sin hacer
caso de mis imprecaciones , se puso á bailar acompañando
su danza con un cántico . Cuando acabó su cancion me
dijo : Sois muy vivo de genio y os acaloráis fácilmente ,
lo cual podrá perjudicaros . En vez de ir á esa reunion
deberiais venir á comer con nosotros , y estoy seguro de
que os divertiriais y pasariais un buen rato . Con
gusto aceptaria vuestro convite, le respondí, pero me es
imposible hoy, porque estoy comprometido en otra parte ,
y no puedo faltar . Será otro dia ; pero acabad de afei-
tarme. - Pues ya que no queréis venir conmigo , me
replicó , me permitiréis que yo os acompañe , porque os
puede sobrevenir en el camino algun accidente grave y
seros mis auxilios necesarios. Voy á llevar á casa lo que
me habéis dado y al momento vuelvo para acabar de
afeitaros, y en seguida acompañaros . » Yo insistí para
que acabara de rasurarme antes de marcharse, y al fin lo
pude conseguir . En cuanto salió, me vestí apresurada-
mente, dando gracias a Dios de verme desembarazado
de ese maldito rapabárbas , y me dirigí con pasos acele-
rados á la casa de la dama, cuando al doblar la esquina
150 CUENTOS ÁRABES

de una calle volví á ver al charlatan barbero que me estaba


acechando y seguia mis pasos.
Llegué, al fin , delante de la casa del cadí, cuya puerta
me abrió la buena vieja, y me entré en ella precipitada-
mente. Hacía muy pocos momentos que estaba en con-
versacion con la dama que me habia hechizado , cuando
llegó su padre, y mandó dar de palos á uno de sus escla-
vos por no sé qué falta . Yo me oculté inmediatamente
metiéndome en un cofre vacío que habia en el cuarto en
que estábamos . El pobre apaleado daba unos gritos tan
fuertes que se oían en la calle, y el barbero , que se habia
sentado en un poyo que habia en frente de la casa ,
creyendo que era yo al que apaleaban y el que gritaba ,
deseoso de socorrerme , se echó á correr á mi casa , armó
á todos mis criados con garrotes y volvió con ellos
á la casa del cadí cuya puerta empezaron á forzar . Al
ruido y á la gritería acudió el cadí y abrió la puerta para
informarse de lo que pasaba , y preguntó á la turba, qué
era lo que buscaba. Tan pronto como abrió la puerta,
mis criados y el barbero, sin darle lugar á hablar , ni
ménos responderle, ni respetarle, le atropellaron, y en-
traron en la casa gritando : « ¡ Perro cadí, malvado !
¿ Qué has hecho de nuestro amo ? » Registraron todos los
cuartos y rincones, abrieron todos los armarios y baúles ,
y al descubrirme el barbero en el que yo estaba oculto ,
sin darme lugar á que saliera de él, cargó con el baúl á
cuestas, se salió de la casa y emprendió el camino de la
mia, seguido de mis esclavos y de la turba de pilletes del
barrio . Por desgracia , el baúl era viejo, y con el peso de
mi cuerpo se desclavó el fondo y se hundió , y yo caí en
medio de la calle , rompiéndome al caer una pierna .
Á pesar de mi fractura y del dolor que sentí , me levanté
como pude y eché á andar con la ligereza que me permitia
mi estado, para librarme de toda aquella chusma , y sobre
todo del maldito barbero que venía tras de mí importu-
nándome con sus consejos , y diciéndome que me habia su-
cedido aquella desgracia por no haber querido escucharle,
ponderándome el servicio que acababa de hacerme librán-
CUENTOS ÁRABES 151

dome de los palos del cadí , y sacándome de la casa sano y


salvo . Para verme libre de la turba de desharrapados
que continuaba siguiéndome, les arrojé un puñado de
monedas de oro y plata, y mientras se entretenian en
cogerlas, yo apreté el paso, y al llegar en frente de la
puerta de un khan , me metí corriendo en él y rogué al
dueño que no dejara entrar al maldito barbero . Luego me
trasladé secretamente á mi casa á la que venía todos los
dias ese malhadado rapabárbas con intencion de burlar la
vigilancia de mis criados á quienes yo habia dado órden
de no dejarle pasar los umbrales . Cuando ya me restablecí
y pude andar solo, conociendo que no podia continuar
viviendo en Bagdad sin ser objeto de curiosidad y de bur-
las , porque el barbero charlatan contaba á todo el mundo
lo ocurrido , atribuyéndose el mérito de haberme salvado ;
tanto por el ridículo en que me habia puesto la aventura
del baúl, como por librarme de las importunidades del
causante de mi desgracia, cuya vista sola me horripilaba ,
determiné marcharme à viajar por países remotos , y fijar
mi residencia en aquel que mas me agradase . Con este
objeto vendí todos mis bienes , reuní un gran capital y
partí muy contento de verme libre de mi perseguidor.
Ya podéis considerar , señores , cuán grande habrá sido
mi disgusto y mi angustia al encontrarme con este hombre
en medio de vosotros , en un país tan remoto , despues de
haber hecho el sacrificio de separarme de mis parientes ,
de abandonar mi patria, y perdido mis mas halagueñas
esperanzas . No extrañéis , pues, que me retire sin tener
la satisfaccion de acompañaros , para ir á ocultarme en el
rincon mas ignorado del mundo en donde la vista de mi
perseguidor no me haga mas intolerable mi desgracia.
Dichas estas palabras , el jóven cojo se levantó y se salió
de la sala con harto sentimiento de todos los convidados
y del amo de la casa.
Luego que se marchó volvimos todos la vista hácia el
barbero que durante la relacion del jóven habia permane-
cido silencioso y cabizbajo , y le dijimos que siendo cierto
lo que acabábamos de oir, seguramente era muy culpable
152 CUENTOS ÁRABES

la conducta observada con el jóven á quien habia hecho


desgraciado . Alzando entónces la cabeza : - En cuanto á
ser verdad lo que se os ha referido, nos contestó , el silencio
que he guardado os lo debe probar, puesto que nada he
contradicho , ni protestado ; pero sí sostengo que he hecho
bien en obrar segun he obrado , porque sin mi socorro ,
Dios sabe lo que le habria sucedido , y debe darse por
muy contento de haberse salvado de una desgracia mayor
á costa de un solo miembro lisiado . Yo sí que me expuse
á un peligro bien grande al sacarle de una casa en la que,
segun mi creencia, le estaban maltratando ; pero hé ahí lo
que se gana con servir á ingratos . Me acusa de ser un
hablador, y eso es calumniarme, porque precisamente de
siete hermanos que éramos, yo soy el mas callado y el que
tiene mas talento, y el mas ilustrado ; y para que os con-
venzáis de ello y me hagáis la justicia que merezco , os
referiré mi historia en pocas palabras mientras nos sirven
la comida. Escuchadme . »

HISTORIA DEL BARBERO SILENCIOSO

Muy atento estuvo el emir de Kachsgar oyendo la histo-


ria del jóven cojo contada por el sastre , el cual, animado
con la buena disposicion que el emir mostraba , prosiguió
refiriendo la historia del barbero contada por él mismo :
- En el glorioso reinado del kalifa Mostanser- Billah , el jus-
ticiero y el magnífico , nos dijo el rapabárbas , habia una
cuadrilla de salteadores de caminos formada por diez ban-
didos que cometian toda clase de maldades á las inme-
diaciones de Bagdad . Súpolo el kalifa , y dió las órdenes
mas apremiantes al visir encargado de la seguridad pública
para que fuesen aprendidos antes de las fiestas del Bairan
y se los trajesen vivos ó muertos. El visir tomó sus dis-
posiciones y consiguió , en efecto , el que todos ellos fuesen
presos el dia mismo en que empezaban aquellas fiestas.
Yo me hallaba aquel dia á orillas del Tigris, y viendo em-
CUENTOS ÁRABES 153

barcarse en una lancha á diez hombres bien vestidos


acompañados por una escolta que tomé por una guardia
de honor, y creyendo que iban á dar un paseo por el rio,
ne entré tambien en la lancha sin que nadie se opusiese
á ello.
La barca siguió la corriente del rio y se detuvo ante el
alcázar del kalifa. Entónces me apercibí de la imprudencia
que habia cometido , porque cuando al desembarcar quise
retirarme, no me lo permitieron, y fuí conducido atado
con los diez bandidos á la presencia del kalifa , el cual tan
pronto como nos vió , mandó que se nos castigara como
merecíamos . - « Cortad la cabeza á esos diez malvados, »
exclamó, cuya órden se dispuso á ejecutar el verdugo
poniéndonos á todos en fila. Yo tuve la dicha de formar
el último, y esto me salvó la vida, porque habiendo deca-
pitado á los diez salteadores, al llegar á mí , se detuvo el
ejecutor de la justicia. Al notarlo el kalifa le preguntó por
qué no proseguia su obra. - « ¿ No te he mandado que
cortes las cabezas á esos diez malhechores, por qué dejas á
ese vivo? - Comendador de los Creyentes , le contestó el
verdugo , he ejecutado la órden que Vuestra Majestad me
ha dado. Ahí están en el suelo las diez cabezas cortadas , y
los diez cuerpos muertos . » Cuando el kalifa se cercioró
de que era cierto lo que aquel decia, me miró con mayor
atencion, y no encontrándome una fisonomía de bandido ,
me preguntó quién era , y cómo me hallaba en compañía
de aquella gente. Yo le contesté refiriéndole lo que me
habia sucedido y el error que habia cometido tomando á
aquellos bandidos por personas distinguidas que iban á
dar un paseo de recreo . El kalifa se sonrió al oirme , y ad-
miró mi discrecion y mi silencio, muy al contrário de ese
jóven que acaba de marcharse que pretende que yo soy un
hablador sempiterno . Yo le dije : No extrañe Vuestra Majes-
tad el que yo haya permanecido sin chistar en una ocasion
en que cualquier otro habria hablado por los codos y gri-
tado por salvar su vida , porque hago del silencio una pro-
fesion particular, y es mi virtud favorita ; así es que me
Ilaman El barbero silencioso para distinguirme de los
154 CUENTOS ÁRABES

otros barberos, y sobre todo, de mis seis hermanos que


hablaban sin cesar, y sin tino .
Volviendo á sonreirse el kalifa me dijo que se alegraba
me hubiesen distinguido con un dictado del que tan buen
uso estaba haciendo , y añadió : «¿ Qué clase de hombres
eran vuestros hermanos ? ¿ se os parecian en algo ? »
— « De ninguna manera, señor, le contesté, ni en lo mo-
ral , ni en lo físico. El uno era jorobado , el otro cojo y
desdentado , el tercero era tuerto, el cuarto ciego , el quinto
tenía unas orejas muy grandes, y el sexto los labios hen-
didos . Les sucedieron unas aventuras tan originales , que si
Vuestra Majestad me permitiera el contárselas, le divertiria
el oirlas. » Y como me pareció que el kalifa estaba de buen
humor, y que se prestaba á escucharme, sin esperar su
permiso, empecé á referírselas de esta manera :

HISTORIA DEL HERMANO JOROBADO DEL BARBERO

Mi hermano mayor, señor , se llamaba Bak- Buk el joro-


bado, y era sastre. Cuando acabó su aprendizaje , alquiló
una tienda en frente de una tahona . Un dia que la tahonera
se asomó á la ventana, la vió mi hermano y se enamoró
de ella. La tahonera , que era una mujer muy hermosa,
se apercibió de la impresion que habia producido en el
jorobado, y se propuso divertirse con él . Se asomó otro
dia á la ventana y miró á mi hermano con semblante
risueño, cuya mirada le enardeció de tal manera que em-
pezó á hacer muecas y guiños tan expresivos que la
ahonera se vió precisada á retirarse de la ventana por
no poder contener la risa que le causaban los ademanes
tan grotescos del pobre jorobado . Como era muy avara, y
ademas tenía una índole perversa, se habia propuesto no
solo divertirse, sino sacar todo el partido posible de la pa-
sion que habia inspirado á su vecino . Un dia se presentó
en la tienda de mi hermano una muchacha esclava que
tenía, con una pieza de tela y le dijo que su ama deseaba
CUENTOS ÁRABES 155

que le hiciera un vestido igual á otro usado que le traía


para modelo . Mi hermano, lleno de gozo , encargó á la
muchacha que dijera á su ama que iba á dejar todo lo de-
mas que tenía que hacer, y á poner manos á la obra in-
mediatamente. Y en efecto, se dió tal priesa á trabajar,
que al dia siguiente cuando vino la esclava á saber como
iba el vestido de su ama, se lo entregó ya concluido y le

LEVILLY.

dijo :- Estoy yo demasiado interesado en servir y com-


placer á tu ama para que me hubiera olvidado de su en-
cargo, porque lo que deseo es darle gusto , á fin de que en
lo sucesivo no se valga mas que de mí para hacerse sus
ropas. La chica se llevó el vestido , y de allí á dos horas
volvió con una pieza de tela de raso y le dijo á mi her-
mano « Mi ama me ha encargado que os salude muy
156 CUENTOS ÁRABES

afectuosamente en su nombre , y que os diga que está muy


contenta de vuestro trabajo . Se ha probado el vestido y le
sienta á las mil maravillas ; pero no quiere ponérselo sino
con pantalones nuevos. Aquí os traigo esta tela de seda
para que le hagáis un par de pantalones con ella , lo mas
pronto que os sea posible. »
-
<< Puedes decir á tu ama que hoy mismo estarán he-
chos , y á la noche podrás venir á buscarlos ántes de cerrar
la tienda, » le contestó Bak-Buk . Aquel dia la tahonera se
asomó á la ventana várias veces y dirigió algunas miradas
risueñas al mentecato de mi hermano que , léjos de conocer
que se burlaban de él , creia que aquellas demostraciones
de la taimada tahonera eran hijas de cariño . La esclava no
dejó de venir por los pantalones y se los llevó , pero sin
traerle el importe de las hechuras de estos y del vestido ,
ni aun de los forros que habia puesto . De modo que el po-
bre hombre, como no habia trabajado mas que para su
vecina de enfrente durante tres dias, no habia ganado ni
aun para comer, y yo tuve que darle algunos cuartos
para que comprara víveres.
Al dia siguiente en cuanto abrió la tienda se presentó la
muchacha y le dijo : - « Mi ama que os mira con buenos
ojos, le ha alabado tanto vuestra habilidad á su marido que
este quiere que le hagáis tambien alguna obra , y creo que
hariais bien en venir conmigo á la tahona . » Bak- Buk entu-
siasmado , y tomando por buen agüero tantas idas y venidas
de la criadita de la tahonera , no vaciló en irse con ella en
seguida . El tahonero le recibió muy bien , y sacando una
pieza de lienzo le dijo : -« Necesito un par de docenas de
camisas ; creo que con esta tela hay mas que lo suficiente
para hacerlas , lleváosla , y si algo sobra, me lo devolve-
réis. » Mi hermano se puso en seguida á trabajar y empleó
ocho ó diez dias en hacer las camisas . Cuando estuvieron
acabadas fué á llevárselas, y el tahonero le dió otra pieza de
lienzo para que le hiciera calzoncillos , invirtiendo en este
trabajo otros cuatro á cinco dias . Al hacer la entrega , el ta-
honero le preguntó cuánto era le que se le debia , y Bak-Buk
le contestó que se contentaria con veinte dracmas de plata,
CUENTOS ÁRABES 157
aun cuando las hechuras valian doble . El tahonero fué á
sacar el dinero para pagarle , pero mientras tanto la mu-
chachuela esclava , que tenía la leccion bien aprendida , hizo
señas muy significativas á mi hermano, y el mentecato
se negó á recibirlo á pesar de la falta que le hacía para
comer, pues yo habia tenido que mantenerle durante esos
dias, y aun darle dinero para comprar hilo y los forros
del vestido , y dijo al tahonero : « Vecino , eso no urge , ya
arreglaremos cuentas otro dia . » El tahonero se guardó su
dinero y replicó : - « Bueno como gustéis , pero á lo menos
hacednos el gusto de veniros á cenar con nosotros esta
noche . D Mi hermano aceptó el convite, y como ya era
tarde cuando se levantaron de la mesa , el tahonero le dijo
que podia quedarse á dormir aquella noche en la tahona ,
y ayudarle en sus faenas . Bak - Buk á quien los vapores del
vino que le habian hecho beber en demasía , y la vista de la
tahonera habian trastornado la cabeza , consintió en lo que
le proponian , y se acostó en la cama del mozo de la tahona
que se habia despedido aquel dia.
Á eso de média noche y cuando se hallaba soñando que
se le aparecia la tahonera , entró el marido de esta y le
despertó diciéndole : « Vecino , se ha puesto mala la mula ,
y no puedo continuar trabajando, y como tengo una gran
molienda que hacer, venía á suplicaros que tuvieseis la
bondad de ayudarme para salir de este apuro. - Con mu-
cho gusto, le respondió mi hermano ; decidme lo que tengo
que hacer, y estoy pronto á complaceros . - Poca cosa,
le dijo el tahonero, nada mas que dar unas cuantas vuel-
tas á la piedra . » En seguida , poniéndole los arreos de la
mula enferma, y sujetándole bien por la cintura y los
hombros con unas correas : - « ¡ Anda Pulida ! » exclamó ,
descargando al mismo tiempo un fuerte latigazo sobre las
espaldas del necio jorobado que no pudo ménos de que-
jarse de tal procedimiento . El tahonero se excusó dicién-
dole que lo habia hecho inadvertidamente para darle
ánimo y hacerle arrancar, creyendo que era la mula, la
cual era algo rehacia y remolona , y necesitaba aquel estí-
mulo. Bak- Buk se conformó con aquella explicacion , y
158 CUENTOS ÁRABES

continuó dando vueltas. Despues de haber dado diez ó


doce, se paró para descansar y tomar aliento, pero bien
pronto volvió á sentir sobre su joroba el látigo del taho-
nero, y el « ¡ Anda Pulida ! » y cada vez que se paraba le
sucedia lo mismo . En fin, despues de haberle tenido hasta
el amanecer, dando vueltas á la tahona, y de haberle apli-
cado sendos latigazos , acompañados del « i¡ Anda Pulida ! »
el tahonero se retiró , y me le dejó atado . Al cabo de algun
tiempo vino la muchacha esclava que le desató y le pidió
mil perdones en nombre de su ama, que estaba muy afli-
gida, le dijo la taimada , por la burla y el mal trato que le
habia hecho sufrir su marido . Mi hermano no le contestó
nada, se salió de la tahona cabizbajo y mohino , conociendo,
aunque tarde, la pesada broma con que se habian burlado
de él la tahonera y su marido .
El sultan se rió muchas veces con la historia del jorobado
Bak-Buk, y cuando la acabé me dijo : — « Puedes mar-
charte ; pero ántes te daran algo en mi nombre para con-
solarte de la congoja que has debido pasar, al hallarte entre
esa gente. C Señor, le contesté , permitidme que no re-
ciba nada hasta que haya contado á Vuestra Majestad las
historias de mis otros hermanos, que son muy divertidas . »
Viendo que el kalifa se sonreia y no me contestaba , to-
mando su silencio por aquiescencia, empecé á referir la
historia de mi segundo hermano en estos términos :

HISTORIA DEL HERMANO SEGUNDO DEL BARBERO

Un dia que mi hermano Bakbará estaba en el paseo, se


le acercó una vieja hien vestida , y despues de saludarle le
dijo con cierto misterio : « Si queréis venir conmigo os
llevaré á una casa en donde seréis bien recibido y obse-
quiado por una gran señora mas hermosa que la luz del dia .
Solo os encargo una cosa , que seáis cuerdo , muy callado ,
y muy condescendiente ; y para que veáis que no os en-
gaño, no tenéis mas que seguirme. »
CUENTOS ÁRABES 159

Despues de algunas explicaciones , Bakbará se decidió á


seguir á la vieja que le llevó á un palacio grandioso á
cuyas puertas estaban agrupados una multidud de esclavos
y criados de servicio . Estos quisieron oponerse á la entrada
de mi hermano, pero la vieja les dijo algunas palabras, y
le dejaron pasar. Despues de haber atravesado un de-
licioso jardin, entraron en un salon cuyos adornos , ricas
alfombras, suntuosos candelabros y otros muebles de gran
valor dejaron admirado á mi hermano que en su vida se
habia encontrado en medio de tantos primores. La vieja
le mandó sentarse en un sofá , y volvió á recomendarle la
discrecion y el decoro , y sobre todo , la condescendencia ,
añadiendo que á la señora que iba á venir no le gustaba
que se la contradijese . Mientras Bakbará, absorto y lleno
de gozo, estaba contemplando aquellas maravillas, entró
en el salon una comparsa de jóvenes esclavas alegres y
festivas, y en medio de ellas una jóven de una hermosura
singular, cuyo traje y riquísimos adornos indicaban ser el
ama. Acercándose á él le dijo con semblante risueño :
« Tengo mucho gusto en veros , y os deseo toda suerte de
felicidades . - Ninguna puede ser mayor, le contestó
mi hermano , que la de hallarme en vuestra presencia . »
En seguida sirvieron una colacion compuesta de pastas.
finas, de frutas y de exquisitos dulces, acompañada de
excelentes vinos y licores . La señora se divertia mucho en
ver comer á mi hermano , que era tambien mellado como
he dicho , y hacía señas á sus esclavas que se reían á carca-
jadas . Como estaba sentado en frente de la señora, y veía
el semblante risueño con que esta le miraba, el mente-
cato creía que era por hallarse enamorada. Acabada la
colacion, y levantada la mesa, siguieron bebiendo y brin-
dando ; las esclavas cantaron y bailaron al son de varios
instrumentos, y mi hermano, por dar gusto á la dama, á
pesar de su cojera , bailó tambien, lo cual la divirtió en
extremo. Luego le mandó sentarse á su lado , empezó á
hacerle caricias y á darle palmaditas en los hombros y en
la cara, y cuando mas embelesado estaba con estas demos-
traciones , le pegó un gran bofeton que resonó en toda la
CUENTOS ARABES
160
CUENTOS ÁRABES 161

sala en medio de las risotadas de las esclavas , las cuales


por congratularse con su ama empezaron á retozar tam-
bien con él pellizcándole la una, dándole papirotazos la
otra, estirándole las orejas y haciéndole otras mil travesu-
ras que pasaban de chanzas.
Al recibir tan tremendo bofeton , Bakbará se levantó
algo amoscado , pero la vieja le hizo señas recordándole
la recomendacion de ser paciente, y esto bastó para que
volviése á sentarse y continuase recibiendo con semblante
risueño las maliciosas caricias de la jóven y las travesuras
de sus esclavas. —— « Creo , le dijo la señora , que sois un
hombre muy amable, y me alegro mucho de hallar en vos
tanta mansedumbre y docilidad á mis caprichillos , con
el solo fin de agradarme , y quiero manifestaros cuánto os
lo agradezco . Hizo una seña , y las esclavas trajeron al
punto un pebetero de plata lleno de esencias y perfumes , y
un aguamanil lleno de agua de rosa , y quemando los
unos, y derramando la otra sobre mi hermano , le pusie-
ron como cuerpo embalsamado, perfumándole á las mil
maravillas.
En seguida mandó la señora que le llevaran fuera é hi-
cieran con él lo que sabian , y le volvieran á traer . Bak-
bará se levantó y preguntó á la vieja qué iban á hacer
con él . La vieja le contestó que la señora queria ver cómo
le sentaria el traje de mujer, y que iban á vestirle y á cor-
tarle las barbas y el bigote, y á teñirle las cejas para que la
ilusion fuese mas completa . - «< En cuanto á vestirme de
mujer y á pintarme la cara , no tengo inconveniente , re-
plicó mi hermano , pero eso de cortarme la barba y el bi-
-
gote, no lo permitiré . Si os oponéis al capricho de la
señora, volvió á decirle la vieja , os expondréis á echarlo
todo á perder, y no obtendréis la recompensa que os
aguarda. En fin , tanto le dijo que Bakbará se dejó
hacer.
Luego que estuvo pintado y disfrazado de mujer, le
volvieron á traer al salon en que estaba la dama , la cual ,
al verle con aquel grotesco disfraz fué tal la risa que se
apoderó de ella que tuvo que tenderse en un sofá, y otro
162 CUENTOS ÁRABES

tanto, poco mas ó ménos , hicieron las esclavas . Repuesta un


poco la jóven de su acceso de hilaridad, le dijo al imbécil
de mi hermano : - Habéis sido tan condescendiente con
todos mis caprichos , que sería verdaderamente una ingrata
si no os amara con todo mi corazon ; pero es preciso que
hagáis dodavía alguna cosa mas por amor mio , es decir,
que bailéis con ese traje. » Entusiasmado Bakbará con estas
palabras, se puso á bailar en medio de un corro que forma-
ron la dama y sus esclavas que no dejaron de reirse á carcaja-
das. Despues de haber bailado largo rato, se arrojaron sobre
él como por via de broma , y le aplicaron tantos papiro-
tazos , pellizcos, y bofetadas que , molido y malparado, cayó
al suelo , casi sin sentido . Una esclava le trajo una copa de
vino , y la vieja ayudándole á levantarse le dijo al oído :
< Habéis conquistado completamente el corazon de mi
ama; pero como esta, cuando ha bebido algo mas de lo
regular, como sucede hoy, tiene caprichos raros , quiere
que juguéis con ella al escondite y que corráis tras ella
hasta que la alcancéis . Así, es preciso que os despojéis de
esos vestidos para que podáis correr mas libremente y
consigáis alcanzarla con mayor facilidad , con lo cual ha-
bréis llegado al término de vuestros deseos y obtenido un
triunfo completo . » El crédulo de mi hermano dió oídos
á las palabras de la vieja , y se dejó desnudar por las es-
clavas que le dejaron poco menos que su madre le parió .
La dama se despojó tambien de una parte de sus ropas y
echó á correr, siguiéndola mi hermano . Despues de haberle
hecho dar algunas vueltas y revueltas por salas y corre-
dores , en medio de las risotadas y del palmoteo de las
esclavas , al dar la vuelta á un pasillo oscuro , la dama desa-
pareció ; Bakbará vió á lo léjos una luz , corrió hácia ella,
y atravesó una puerta que se cerró tan pronto como él
la pasó, encontrándose el infeliz en medio de la calle con
un asombro difícil de expresar. No fué menor el que causó
á los vecinos y transeuntes el ver á un hombre en paños
menores con la cara pintarrajada y sin barba ni bigotes.
Tomándole por un escapado de la casa de dementes , le
montaron sobre un asno , y acompañado por una turba de
CUENTOS ÁRABES 163

muchachos, le pasearon por várias calles de la ciudad en


medio de silbidos , de risas y palmoteo general .
Para colmo de desgracia, al pasar por delante de la casa
del cadí, quiso este informarse de la causa de aquella gri-
tería, creyendo fuese algun motin de la plebe ; y algunos
de los que acompañaban á mi hermano le dijeron que le
habian visto salir por una puerta falsa de la habitacion de
las mujeres del gran visir, y esto bastó para que el cadí
mandase que le dieran cien azotes, y le echasen despues
fuera de la ciudad , prohibiéndole el volver á entrar en
ella.
Hé aquí, señor, le dije al kalifa Mostanser, la triste aven-
tura que le sucedió á mi segundo hermano que ignoraba
el que las mujeres de nuestros grandes señores se divier-
ten muchas veces á expensas de la credulidad de algunos
jóvenes mentecatos á quienes su fatuidad les conduce á
caer en semejantes lazos.
Pero aun es mas curiosa la historia de mis otros her-
manos, proseguí diciendo al kalifa, la cual os voy á re-
ferir.

HISTORIA DEL TERCER HERMANO DEL BARBERO SILENCIOSO

Mi tercer hermano , que era ciego y se veía reducido á


pedir limosna para ganar su vida, llamó un dia á la puerta
de una casa : « ¿ Quién llama ? » le gritaron de dentro , y
en vez de responder, volvió á llamar segunda vez, y volvie-
ron á preguntar tambien : — « ¿ Quién llama ? » Por tercera
vez volvió á llamar, sin responder, y entonces bajó el amo
de la casa á abrir la puerta. Al ver á mi hermano, le
dijo < Sois ciego ? - Por mi desgracia, contestó mi
-
hermano . Pues alargad la mano . Así lo hizo el ciego
creyendo que le iban á dar algo ; pero el amo de la casa
tomándosela le fué guiando hasta subirle al primer piso, y
allí le dijo : - « ¿ Qué se os ofrece, hermano ? - Que me
déis una limosna por el amor de Dios . Pues, buen

72
164 CUENTOS ÁRABES

hombre, le contestó , lo mas que yo puedo hacer por vos .


es rogar á Dios que os vuelva la vista. - Pues eso podiais
habérmelo dicho abajo sin necesidad de hacerme subir las
-
escaleras . Y vos podiais tambien haberme respondido
cuando os preguntaba quién llamaba y no haberme hecho
á mí bajarlas . Conque así, id con Dios y que él os ampare.
- Pues ya que no me dáis nada, ayudadme á lo ménos á
bajar las escaleras y ponedme en la calle . - Delante te-
néis la puerta de la escalera, y abierta está la de la calle.
Podéis bajarla solo, y marcharos. » Mi hermano empezó á
bajar á tientas la escalera , pero como no la conocia bien,
se resbaló y cayó rodando hasta el portal habiéndose las-
timado bastante. Se levantó como pudo y salió á la calle
quejándose en el momento en que pasaban otros dos ciegos
camaradas suyos , que habiéndole conocido por la voz se pa-
raron á preguntarle por qué se quejaba . Despues de contar-
les lo que le habia sucedido, les rogó que le acompañaran
hasta su casa, porque no habiendo recogido nada aquel
dia necesitaba tomar algun dinero del que tenía en depó-
sito para atender á sus necesidades . El dueño de la casa
que era un grandísimo bribon y se habia asomado á la
ventana para ver salir al ciego , al oir lo que este habia
dicho á sus compañeros les fué siguiendo y se introdujo
en el zaquizamí en que vivia mi hermano, el cual, despues
que sus camaradas se sentaron , les dijo que era preciso
el cerrar bien la puerta y registrar el cuarto para cercio-
rarse que no habia en el aposento ninguna persona extraña.
Grande fué el apuro en que se vió el intruso en aquel
momento, porque los tres ciegos , despues de haberse
asegurado que la puerta estaba bien cerrada , empezaron
á sondear el cuarto con sus palos ; pero habiendo visto
una soga colgando del techo , se agarró á ella, y se man-
tuvo suspendido en el aire mientras los ciegos registraban
el cuarto .
Luego que los ciegos volvieron á sentarse se dejó des-
colgar y fué á colocarse muy despacito al lado de mi her-
mano, el cual creyendo estar solo con los ciegos , les dijo :
-« Hermanos , ya recordaréis que la última vez que contá-
CUENTOS ÁRABES 165

mos el dinero que vamos recogiendo de limosnas, del que


me habéis hecho depositario, habia diez mil dracmas, y
que las pusimos en diez sacos de á mil dracmas. Aquí están
los diez sacos intactos ; » y metiendo la mano debajo de
unos trastos viejos y cacharros rotos, trajo sobre la mesa

los diez sacos. « 1 cadios , añadió , y por su peso co-


noceréis que están cabales , ó si queréis volveremos á
contarlos. D Los ciegos despues de haber palpado los sa-
cos, le contestaron que no habia necesidad y que tenian
plena confianza en su honradez . Abriendo entónces uno
166 CUENTOS ÁRABES

de los sacos tomó diez dracmas , y cada uno de los otros


ciegos tomó otro tanto.
Vueltos á colocar los sacos en su lugar, los dos ciegos
dijeron á mi hermano que por aquel dia no tenía nece-
sidad de gastar nada para comer, porque ellos tenian
con que satisfacer el hambre , gracias á la caridad de las
almas sensibles ; y acto contínuo sacaron de sus zurrones
pan , queso, un trozo de carnero , nueces y algunas otras
frioleras, y mi hermano fué á buscar una botella de vino
que tenía escondida en un rincon del cuarto , y se pusieron
á comer. El bribon intruso , sentado cerca de mi her-
mano se iba engullendo los mejores pedazos , pero aun-
que esto lo hacía sin ruido y sin casi menearse, como los
ciegos tienen el oído muy fino , no tardaron en aperci-
birse del que hacía el ladron al masticar los alimentos, y
uno de ellos exclamó : - « ¡ Hermanos , estamos perdidos !
aquí hay algun intruso entre nosotros , » y alargando la
mano agarró por un brazo al intruso , se echó encima de
él y empezó á gritar « ¡ Ladrones ! ¡ ladrones ! » dándole al
mismo tiempo sendos puñetazos . Los otros ciegos empe-
zaron á gritar tambien y á dar de palos al intruso que por
su parte se defendia muy bien, desvolviendo los garro-
tazos á los pobres ciegos con mayor seguridad y acierto
que estos, y gritando aun mas fuerte que ellos « ¡ La-
drones ¡ ladrones ! » El ruido de los garrotes y la gritería
llamaron la atencion de los vecinos que acudieron pre-
surosos , echaron la puerta abajo, y se encontraron con
aquella descomunal pelea . Preguntándoles el motivo de
ella, mi hermano les dijo : -<< Señores , aquí hay un ladron
que se ha introducido en mi casa para robarnos los pocos
cuartos que tenemos . » El ladron , fingiéndose tambien
ciego, se apresuró á replicar : - « Señores , este es un
embustero, los ladrones son ellos que no me quieren dar
la parte que me corresponde del dinero reunido , porque os
juro por Dios y por nuestro kalifa que yo estoy asociado
con ellos . Como los vecinos no podian saber quién
decia la verdad , determinaron llevarlos á todos ante el
juez del distrito .
CUENTOS ÁRABES 167

Cuando estuvieron en presencia de este magistrado , el


bribon del intruso apresurándose á hablar ántes que los
ciegos le dijo : « Señor juez, puesto que estáis encargado
de administrar justicia en nombre del kalifa , á quien
Dios conceda larga vida , os confesaré que todos cuatro
somos criminales ; pero debo advertiros que estamos
ligados bajo juramento á no declarar nuestro crímen sino
á fuerza de palos . Mandad que nos apaleen , empezando
por mí el primero, y sabréis como abren los ojos los cie-
gos. » Mi hermano y los otros ciegos quisieron hablar,
pero no se lo permitieron . El juez mandó atar al pilorí al
fingido ciego, y que le apalearan de firme. Resistió sin
chistar los veinte ó treinta primeros palos que le dieron , y
aparentando entónces que no podia sufrir mas, abrió los
ojos y pidió misericordia , rogando al juez que mandase
suspender el suplicio . Al ver el magistrado que el paciente
habia abierto los ojos y le miraba cara á cara , se quedó sor-
-
prendido , y exclamó : — ༦« ¡ Ah gran bribon ! ¿ qué milagro
es ese ? ― Señor , le contestó el fingido ciego , si prometéis
perdonarme, y me dais ese anillo que lleváis en el dedo , os
aclararé este misterio , y os revelaré un secreto importan-
tísimo . » El juez prometió perdonarle, y le entregó el anillo ,
y el ladron le dijo entónces : Sabed, señor juez , que
todos cuatro vemos tan claro como vos mismo , pero nos
hemos asociado y convenido en fingirnos ciegos , no solo
para vivir holgadamente á expensas de las gentes carita-
tivas, sino para poder entrar libremente en las casas y
robar lo que podamos . De este modo hemos reunido ya
diez mil dracmas de plata que tenemos en diez talegos en
casa de uno de mis compañeros . Hoy les he pedido las
dos mil quinientas dracmas que me correspondian , dicién-
doles que me queria separar de la asociacion y cambiar
de género de vida, y ellos entónces, en vez de darme mi
dinero , han empezado á apalearme, y quizas me habrían
muerto , si los vecinos no hubieran acudido . Así espero ,
señor juez, de vuestra rectitud y justicia que mandaréis
entregarme las dos mil quinientas dracmas que me perte-
necen ; y para comprobar la verdad de lo que os digo , y
168 CUENTOS ÁRABES

para que veáis otros milagros como el mio , no tenéis ma


que mandar aplicar á mis desleales compañeros una buena
tanda de palos como los que yo he recibido . Ya veréis
entonces como abren los ojos y cantan clarito . D
Mi hermano y sus dos compañeros, pusieron el grito en
el cielo , protestaron contra las imposturas de aquel hombre
que no conocian, pero no fueron oidos . El juez , esperando
que tambien abririan los ojos y harian confesiones impor-
tantes , mandó atarles al pilorí y darles doscientos palos
á cada uno . Mientras los apaleaban , ordenó á sus agentes
que fuesen á buscar los diez sacos del dinero á casa de
mi hermano , y cuando se los trajeron , entregó las dos
mil quinientas dracmas al verdadero ladron y falso ciego,
y se guardó para sí lo restante. Viendo que por mas palos
que les daban los verdaderos ciegos no recuperaban la
vista, se compadeció , al fin , de ellos , y sin dar cuenta á
la autoridad superior , á la que habria tenido que en-
tregar entonces el dinero que se habia apropiado, mandó
que los llevasen fuera de la ciudad , con prohibicion de
volver mas á ella. Cuando supe la desgracia de mi her-
mano, le fuí á buscar, y le introduje disfrazado en la
ciudad, llevándomele á mi casa en donde estuve mante-
niéndole mucho tiempo y curándole de las heridas de los
palos que habia recibido.
Así acabé la historia de mi tercer hermano , y todavía
estaba riéndose el kalifa con la aventura de los ciegos y
del astuto ladron que se burló de la credulidad del juez
robándole el anillo , cuando sin mas preámbulo empecé
á contarle la historia de mi cuarto hermano en los tér-
minos siguientes :

HISTORIA DEL CARNICERO , HERMANO CUARTO DEL BARBERO

Un dia que mi cuarto hermano, llamado Alcuz , que era


carnicero, y tuerto por mas señas, se hallaba en su tienda,
vino un anciano respetable , le tomó diez libras de carne
y le pagó en monedas nuevas.
CUENTOS ÁRABES 169

A partir de aquel dia , durante un año seguido , estuvo


viniendo el anciano todos los dias á tomarle igual cantidad

KEVILLY

de carne, pagándole siempre con monedas nuevas que


mi hermano fué poniendo en un cajon aparte.
Habiéndosele proporcionado á Alcuz una ocasion favo-
rable para comprar un gran rebaño de carneros venta-
josamente, quiso echar mano de aquel dinero para pagar-.
los, yyal
al abri
abrir el cajon se quedó medio muerto de asombro
al hallar, en vez de monedas nuevas relucientes, hojas de
álamo blanco, enteramente secas. Permitidme con este
motivo , señor , le dije al kalifa, que le hable de una habi-.
lidad particular que tenía mi hermano para enseñar á
topar entre sí á los carneros y moruecos , á cuya lucha,
como á la de gallos hoy dia, eran muy aficionados los
señores de aquel tiempo , lo cual le habia hecho adquirir
muchas buenas relaciones entre la gente de alto copete .
10
170 CUENTOS ÁRABES

Pues como iba diciendo , al verse Alcuz chasqueado de


aquel modo , empezó á echar imprecaciones , á golpearse
la cabeza y hacer otras demostraciones de desesperacion
que llamaron la atencion de sus vecinos y de los tran-
seuntes que acudieron á saber qué desgracia le habia
sucedido, y cuando les contó lo que le pasaba y les enseñó
las hojas secas , todos ellos quedaron tan admirados como
él mismo . -« ¡ Maldito viejo ! exclamaba llorando mi her-
mano, si te presentaras aquí en este momento, á pesar
de tu barba blanca y tu aire respetable é hipócrita, te
arrancaria los hígados . » Apénas acababa de proferir esta
imprecacion y amenaza , cuando hete aquí al anciano que
desembocaba por la calle. En cuanto mi hermano le vió ,
echó á correr hácia él , y agarrándole por el cuello :
« i¡ Favor, musulmanes, favor ! » empezó á decir á gritos ,
y contó á la gente que se habia reunido lo que ya habia
contado á sus vecinos. El viejo le dejó hablar cuanto
quiso , y á su vez , sin inmutarse le replicó con sangre
fria : - « En lugar de injuriarme, y afrentarme delante
de tanta gente, mas os valdria el que me desagraviaseis
-
y no me forzaseis á causaros una gran pesadumbre.
¿ Qué tenéis que decir contra mí, gran bribon ? le replicó
mi hermano, ¿ no era la carne buena ? yo soy un hombre
honrado, y nada temo . - ¿ Conque es decir que que-
réis que descubra vuestra infame superchería ? pues
bien ; sabed todos los que estáis presentes , añadió el viejo
en el mismo tono , que este hombre, en vez de carne de
carnero , nos vende carne humana , y de ello podréis cer-
cioraros yendo ahora mismo á su trastienda en la que
encontraréis colgado y desollado un hombre muerto . »
Hacía poco, en efecto, que Alcuz habia degollado un
carnero y le habia colgado en la trastienda . Las gentes
reunidas alarmadas con lo que el anciano les decia, sin
hacer caso de las protestas de mi hermano, y de asegurar
que aquel hombre mentia, acudieron presurosas á la car-
nicería, entraron en la trastienda y se encontraron con el
cuerpo de un hombre recien muerto colgado de una escar-
pia. Ála vista del cadáver todos se horrorizaron, prorum-
CUENTOS ÁRABES 171

pieron en gritos y en injurias, y avalanzándose á mi her-


mano le maltrataba cada cual como mejor podia, y hasta
el bribon del anciano le dió una fuerte puñada en un ojo
que se lo hizo reventar, dejándole tuerto .
Debo deciros , señor, que el aparente viejo , con su
barba blanca, era un mágico consumado que habia hecho
aparecer, á los ojos del vulgo alucinado, como el cadáver
de un hombre lo que en realidad era un carnero , así como
habia engañado á mi hermano dándole como monedas
nuevas y corrientes lo que no era en realidad mas que
hojas de álamo blanco .
Despues de haberle maltratado á su sabor, el popu-
lacho llevó al pobre Alcuz ante el cadí de su distrito , á
quien el mágico dijo : « Este hombre que os traemos,
que es un carnicero , nos vende carne humana por carne
de vaca ó de carnero , y aquí tenéis la prueba de su delito , D
y descubriendo el cadáver aparente del hombre que tam-
bien habian llevado como prueba del delito , añadió :
Para satisfaccion de la vindicta pública , esperamos que
hagáis con él un ejemplar castigo . » El cadí quedó horro-
rizado al oir lo que decian y casi rehusaba el creerlo.
Escuchó á mi hermano, pero le pareció tan poco natural ,
y tan inverosímil lo de la transformacion de las monedas
en hojas secas, que no quiso darle crédito , y lo atribuyó
á fábula inventada para eximirse del castigo de muerte
que su horrendo crímen merecia. Para librarle la vida le
valieron entónces las buenas relaciones que habia adqui-
rido con su habilidad en la cria de moruecos destinados
al topamiento ; pero no pudieron evitar el que le aplicasen
quinientos palos , y fuese paseado por toda la ciudad mon-
tado en un camello cojo con el rostro vuelto hacia la cola
y á son de pregonero . En seguida , le sacaron fuera de la
ciudad con prohibicion de volver á entrar en ella.
Yo llegué á saber en dónde se habia refugiado para
curarse de las llagas que le habian hecho los palos reci-
bidos, fuí á buscarle, me contó su desgracia , y yo me le
traje secretamente á la ciudad, socorriéndole segun mis
medios me lo permitian.
172 CUENTOS ÁRABES

El kalifa no se mostró tan risueño oyendo esta historia


como la de los ciegos , y volvio á repetir que me diesen
algo y que me fuese ; pero yo , haciendo como que no le
habia oido : << Ya veis, ¡ oh ilustre Comendador de los
Greyentes ! exclamé, que no soy tan hablador como algunos
dicen, sino, al contrário , muy lacónico y conciso en mis
dichos ; y ya que os habéis dignado permitirme el con-
taros la historia de mis cuatro hermanos, dignaos escuchar
las de los otros dos que voy á referiros, con las cuales
podéis mandar formar un libro digno de figurar en vuestra
biblioteca. » Así, para abreviar, empezaré diciendo lo si-
guiente :

HISTORIA DEL QUINTO HERMANO DEL BARBERO , LLAMADO


EL DESOREJADO

Mi quinto hermano se llamaba Alnaskar y tenia unas


orejas tan grandes como las del rey Midas, por lo cual le
llamaban por burla el « DESOREJADO . » Era holgazan y
perezoso por naturaleza, y mientras vivió nuestro padre,
era por el dia cerero, y por la noche pordiosero . Es decir
que pasaba el dia recorriendo las calles y las plazas , y por
la noche no se avergonzaba de ir á mendigar, y con lo que
recogia de limosna vivia al dia siguiente . Cuando murió
nuestro padre nos dejó setecientas dracmas, tocándonos á
cada uno de nosotros ciento . Como en su vida se habia visto
con tanto dinero reunido , no sabia en qué emplearlo,
pero , al fin , se resolvió á traficar en artículos de porcelana
y de cristal ; compró en una fábrica un surtido de vasos ,
de botellas y de otros objetos , los colocó en una gran
banasta, alquiló una tiendecita y se instaló en ella . Mién-
tras estaba esperando á que los compradores vinieran,
dirigió la vista á su banasta y empezó á hacer la cuenta
de la huevera, en un soliloquio en voz bastante alta para
que los vecinos le oyeran : « Aquí tengo , se decia á sí
mismo, una banasta llena de objetos de cristal y porcelana
que me han costado cien dracmas de plata que es todo el
CUENTOS ÁRABES 173
caudal que yo poseo. Vendiendo todos estos platos, jarras ,
vasos y botellas al por menor, doblaré mi capital . Con las

doscientas dracmas del producto de venta , volveré à com-


prar en fábrica, al por mayor, otros artículos : los venderé
al por menor con una ganancia de ciento por ciento . Re-
petiré esta operacion diferentes veces . Cuando haya reu-
nido algunos miles de zequíes , entónces traficaré al por
mayor y serán mayores mis ganancias. Me haré joyero.
diamantista ; traficaré en perlas, en rubíes y ganaré mu-
chos miles de zequíes. Entónces compraré un palacio, lo
19
174 CUENTOS ÁRABES

adornaré con lujo, compraré viñas y heredades , montaré


hermosos caballos, y me haré acompañar por un séquito
de esclavos lujosamente vestidos ; daré fiestas y comidas ,
y, en fin, meteré tanto ruido y haré tan gran papel con mi
boato y mis riquezas , que seré la admiracion de la ciudad
por mi esplendidez y magnificencia. Todo esto llegará á
oídos del gran visir que deseará conocerme y ser mi
amigo. Yo iré entónces á verle montado en un soberbio
caballo enjaezado con arneses guarnecidos de perlas y
diamantes , y escoltado por numerosos esclavos ricamente
vestidos, los cuales le presentarán en mi nombre una
bandeja de oro con dos grandes bolsas llenas de zequíes ,
y una alfombra de la Meca . Maravillado el gran visir de tanta
suntuosidad y riqueza, me ofrecerá por esposa á su hija ,
que será de una hermosura perfecta, y yo la aceptaré . Se
celebrarán los desposorios con la misma magnificencia
que si fueran los de un príncipe . Habrá grandes fiestas de
toda especie, banquetes y saraos , y mandaré arrojár al
pueblo un saco de monedas de oro y plata , y mi mujer será
conducida á mi casa con un séquito brillantísimo . Sin
embargo, para hacerle comprender el respeto y sumision
con que debe tratarme, yo me mostraré grave y desde-
ñoso con ella , y la noche de nuestra boda , en vez de ir á
su aposento , la pasaré fumando y bebiendo con algunos
amigos . Al dia siguiente vendrá su madre á saber cómo
le ha ido , y ella se quejará de mi desden , y estará muy
afligida . Su madre entónces vendrá á hablarme y á recon-
venirme por el desden é indiferencia con que he tratado á
su hija ; pero yo la despediré sin escucharla ; de allí á
poco volverá trayendo á mi esposa por la mano, y arroján-
dose ambas á mis piés bañadas en llanto , me rogarán que
deponga mi ceño y que me muestre amable, pero yo per-
maneceré inflexible . Volverán á suplicarme de nuevo y me
presentarán unos dulces y una copa de vino, rogándome
mi esposa que no la desaire por mas tiempo , y que tome
por su amor aquellas golosinas. Aparentando yo serme
molestas aquellas demostraciones de cariño , alargaré la
pierna para rechazar á mi mujer, le daré de este modo un
CUENTOS ÁRABES 175

fuerte empellon con el pié que la hará rodar por el suelo...>


y el embelesado Alnaskar hizo el ademan tan á lo vivo ,
que tomando como realidad las ilusiones de su pobre
cerebro, y sin reparar que lo que tenía delante de sí no
era la hija del gran visir sino la canasta con su hacienda,
le dió un fuerte puntapié y ... ¡ Pumm ! ¡ Pumm ! la echó
á rodar por el suelo . Al ruido que hizo al caer, y á las
carcajadas que daban los vecinos que le habian estado
escuchando , mi hermano volvió en sí, desaparecieron sus
ilusiones, y se encontró con la triste realidad, esto es
nechos mil pedazos todos los objetos que la banasta con-
tenia. « Sois un orgulloso y un hombre de mal corazon ,
y merecéis lo que os ha sucedido , le dijeron los vecinos,
en medio de sus risotadas ; ¿ no os avergonzáis de tratar
de una manera tan brutal á una esposa recien casada , tan
jóven y tan hermosa que no os habia dado ningun motivo
de queja ? » y otro vecino añadió : « Si yo fuera el
gran visir, padre de vuestra esposa , mandaria que os die-
sen cien palos y os paseasen por la ciudad montado en un
camello sarnoso . » Alnaskar , mientras tanto , viéndose
hecho el blanco de las burletas de sus vecinos y con su
hacienda perdida , se desesperaba, se daba golpes en el
pecho , desgarraba sus vestidos y lloraba .
Debo deciros, se interrumpió el barbero , que al llegar
á esta parte de la historia de mi hermano el desorejado,
el kalifa Mostanser Billah dió tambien una carcajada , y
yo proseguí diciendo :
Entre los transeuntes que se detenian á preguntar la
causa del quebranto de mi hermano, cuando los vecinos
les contaban lo que habia pasado , los unos se reían y
y burlaban, otros , al contrário , le compadecian . De este
número fué una dama montada en una mula ricamente
enjaezada, acompañada por eunucos y esclavos , que en-
terada de la desgracia del pobre desorejado mandó á uno
de sus eunucos que le diera todo el dinero que llevaba
consigo.
El eunuco sacó una bolsa grande y se la entregó á mi
hermano, el cual, enjugando su llanto , se prosternó en
176 CUENTOS ÁRABES

tierra para dar gracias á la generosa dama y besó la franja


de su vestido. Contando despues el dinero que habia en la
bolsa, encontró quinientas monedas de oro . Loco de ale-
gría, acabó de arrojar á la calle los restos de la porcelana
y del vidriado , cerró la tienda, y se fué á su casa. Una vieja
que habia presenciado la entrega de la bolsa , fué siguiendo
á mi hermano hasta su casa, y llamó á la puerta ; cuando
este salió á ver quién llamaba , la vieja le dijo : — « Mi
buen señor, estoy muy lejos de mi casa, va á ser la hora
de la oracion de mediodía, y os ruego que me deis un
poco de agua para hacer antes mis abluciones . En-
trad, buena mujer, le contestó mi hermano, ahí tenéis
la tinaja y un jarro , tomad la que necesitéis . » La vieja
entró en el portal, hizo sus abluciones y su oracion, y
cuando acabó fué á dar gracias á Alnaskar , se prosternó
delante de él , le besó la mano y le dijo : « Dios os
recompense, mi buen señor, y os conceda una larga vida
llena de felicidades . » Mi hermano, al ver tales demos-
traciones y al oir semejantes palabras, creyó que la vieja
le pedia una limosna , y como, á pesar de todo , tenía buen
corazon, y ademas rebosaba de gozo al verse dueño de un
caudal tan grande , sacó una moneda de oro y se la pre-
sentó á la vieja, pero esta, en vez de aceptarla, se mostró
muy enfadada. — « Si pensáis que yo soy una pordiosera ,
os engañáis , le dijo : yo tengo un ama á quien he criado que
me quiere mucho , que es muy rica , y no me deja carecer
de nada ; así, guardad vuestra moneda . Pero ya que ha-
béis sido tan bueno y generoso conmigo , yo quiero mos-
trarme agradecida, y si gustáis acompañarme os llevaré á
casa de mi ama, y como parecéis una persona bien aco-
modada y yo le diré lo bien que os habéis portado con-
migo, puede ser que consigáis interesar su corazon y que se
decida á tomaros por marido . » El bobalicon de mi her-
mano, que siempre estaba haciendo castillos en el aire,
creyó que la fortuna se le habia entrado por la casa, y
podria hacer un casamiento brillante. Guardó sus monedas
en un cinto que se sujetó á la cintura, y consintió en
acompañar á la vieja. Esta le llevó á una casa de buena apa-
CUENTOS ÁRABES 177

riencia á cuya puerta llamó y salió á abrir una esclava


griega . Despues de haber atravesado un patio, la vieja le
hizo entrar en un salon muy bien adornado adonde no
tardó en venir una jóven hermosa y ricamente vestida que
le recibió muy cortesmente, le hizo sentarse á su lado y
conversó con él algun rato . Dejándole en el salon la jóven
salió diciéndole que al momento volvia . Mientras Alnas-
kar estaba distraido mirando los ricos muebles y otras
preciosidades de la estancia, se abrió sin ruido una puerta
secreta á espaldas del sitio en que estaba sentado , y
apareció un negro fornido armado con una cimitarra, el

cual arrojándose sobre Alnaskar, le despojó de sus ves-


tidos y le quitó el cinto en que tenía las monedas. Dán-
178 CUENTOS ÁRABES

dole en seguida unos cuantos cintarazos de plano con la


cimitarra, que le hicieron perder el sentido , y creyéndole
muerto, le llevó á la rastra, ayudado por la esclava , á un
rincon del patio en que habia una trampa, y le echó por
ella. Cuando mi hermano volvió en sí, se encontró en un
subterráneo en medio de algunos esqueletos y cadáveres de
hombres asesinados. Empezó á registrar aquel horrible
sitio y halló arrimada á la pared una escalera de mano ;
esperó que fuera de noche, y cuando ya no se oía ningun
ruido en la casa , se encaramó hasta donde estaba la
trampa, la alzó poquito á poco , se salió del subterráneo
y se escondió detras de uno de los pilares que habia en
el patio , y aguardó hasta el amanecer. Luego que abrieron
la puerta de la calle, aprovechando un momento favorable,
salió de aquella ladronera y se volvió á su casa , pensando
en el modo de vengarse . Pasados ocho dias , cuando ya se
sintió recuperado y fuerte, metió en un saco una cantidad
grande de pedazos de vidrio , se disfrazó de vieja, y pro-
‫اجرام‬ visto de un puñal y de un hacha , se encaminó á la calle de
la casa maldita y no tardó en ver venir á la pícara vieja
que le habia llevado á ella engañado . Acercándosele con
el velo echado sobre el rostro , y fingiendo una voz de
mujer, enseñándole el saco le dijo : « Mi buena anciana,
yo soy una forastera que acabo de llegar á esta ciudad en
donde no conozco á nadie, traigo conmigo en este saco
quinientas monedas de oro que quisiera saber si son de
buena ley, y si me pudierais proporcionar un pesillo , os
lo agradeceria infinito . — No podiais caer en mejor parte,
le respondió la vieja, porque precisamente tengo un hijo
que es cambista, y si queréis venir conmigo, os llevaré á
su casa , y él os dirá si las monedas son buenas. » Mi
'hermano siguió á la vieja que le llevó á la casa consabida
cuya puerta abrió la misma esclava griega, y le introdujo
en la misma sala en donde le dejó diciéndole que iba á
avisar á su hijo . Pasados unos cuantos minutos vino el
negro , y le dijo : « Seguidme , buena vieja y traed el
dinero . Mi hermano echó á andar detras del negro, y
sacando el hacha que llevaba oculta debajo del vestido, al
CUENTOS ÁRABES 179

atravesar el pasillo que conducia al patio , le tiró un tajo


por detras con tan buen tino que le derribó la cabeza
por el suelo . Al ruido que el cuerpo del negro hizo al
caer acudió la esclava , creyendo que era la vieja ; mi
hermano la agarró y le cortó la cabeza. Cogió las dos
cabezas y arrastrando los cuerpos hasta donde estab
la trampa, la abrió y arrojó unas y otros al subterráneo .
La vieja vino tambien á ver lo que ocurria, y agarrándola
Alnaskar por un brazo , y encarándose con ella le dijo :
-¿Me reconoces, malvada ? - Señor, le respondió ella
mirándole fijamente y temblando , yo no recuerdo haberos
visto nunca en mi vida. - ¡ Ah ! ¿ ya no te acuerdas de
aquel en cuya casa entraste para hacer tus abluciones
y que trajiste aquí engañado para robarle y quitarle la
vida ? » La vieja, entónces dió un grito y se arrojó á sus
piés pidiendo misericordia , pero Alnaskar hizo con ella lo
mismo que habia hecho con la esclava y el negro. Ya no
le faltaba mas que la jóven que encontró escondida en un
cuarto . Al ver entrar á mi hermano se arrojó á sus piés
y le dijo : « Señor, perdonadme la vida porque yo soy
inocente, hace tres años que estoy aquí encerrada , llo-
rando noche y dia. Soy la mujer de un honrado mercader,
y esa maldita vieja me trajo aquí engañada , lo mismo que
á vos y á otros desgraciados , y desde entónces ella y el
negro me obligan á servir de reclamo á sus víctimas .
¿Y qué hacéis de las inmensas riquezas que el negro debe
haber reunido ? le preguntó mi hermano, que tuvo la
debilidad de escuchar á la jóven y perdonarle la vida .
Venid conmigo y lo veréis, » le respondió la joven , y
llevándole á un cuarto muy espacioso , mi hermano se
quedó asombrado al verlo lleno de una multitud de cofres
atestados de monedas de oro y plata y de joyas riquísi-
mas. - << Podéis llevaros todo esto , y seréis inmensa-
mente rico ; id á buscar los hombres y los carros nece-
sarios para trasladar á vuestra casa estas riquezas , andad ,
y no perdáis tiempo . » El simplon de Alnaskar salió gozo .
sísimo de la casa , fué á la suya para quitarse el traje de
mujer , y buscó los hombres y los carros que creyó sufi-
180 CUENTOS ÁRABES

cientes para transportar los tesoros que habia visto . Cuando


llegó á la casa de la jóven, la encontró enteramente
abierta y desierta , y vacíos los cofres en que estaban el
dinero y las joyas, viéndose así burlado. Por no per-
derlo todo, mandó cargar con los muebles mas preciosos
y llevarlos á su casa, con los cuales habia mas que sufi-
ciente para indemnizarse de las quinientas monedas de oro
que le habian robado .
Al marcharse dejó la puerta abierta : esta circunstancia
y aquel trasiego de muebles repentino llamó la atencion
de los vecinos que fueron á dar parte al cadí del barrio
de lo que ocurria. El cadí hizo venir á Alnaskar y le pre-
guntó lo que significaba aquella mudanza , y mi hermano
le contó entonces todo lo que le habia ocurrido , diciendo
que se habia apropiado aquellos muebles para indemni-
zarse del robo de sus quinientas monedas . El cadí le con-
testó que no tenía derecho para hacerlo ; mandó á sus de-
pendientes que trajesen los muebles á su casa , reteniendo
mientras tanto á mi hermano preso , y cuando le vinieron
á dar parte que todo se hallaba en su guardamuébles ,
dándole algunas monedas de plata, le mandó salir de la
ciudad, y no volver á ella, bajo pena de la vida . Mi her-
mano fué conducido por los agentes del cadí fuera de las
puertas, y se quedó rondando por sus inmediaciones, espe-
rando á que fuese de noche para ver si podia volver á
entrar furtivamente, pero tuvo la desgracia de caer en
manos de una cuadrilla de rateros que le quitaron hasta
la camisa . Se refugió en una choza de pastores , y uno de
ellos vino á avisarme al dia siguiente . Yo le llevé un
vestido , logré que le alzaran el destierro , y le socorrí como
me fué posible .
Ya no me falta, señor , mas que contaros la historia de
mi sexto hermano , que es muy divertida , continué dicién -
dole al kalifa, y para no ser prolijo os diré que se llamaba
Sakabak, y tenía los labios hendidos.
CUENTOS ÁRABES 181

HISTORIA DEL SEXTO HERMANO DEL BARBENO

Cuando cogió los cien dracmas que le correspondieron


de la herencia, se dió tan buena maña para hacerlos valer ,
que llegó á reunir un capital respetable , pero la quiebra
de un banquero , en cuyo poder habia depositado sus fon-
dos , le redujo á la indigencia . Sabía congratularse de tal
modo con las gentes grandes y pequeñas , que era bien
recibido en todas partes y obtenia socorros abundantes . Un
dia pasaba por delante de un gran palacio por cuyas puer-
tas abiertas se veía un extenso patio en el que habia
muchos criados y esclavos . Habiendo entrado á preguntar
de quién era aquel edificio : « ¿ De dónde venís, buen
hombre , le contestaron , que no sabéis que aquí vive un
Barmecida? » Entónces Sakabak preguntó si el señor le
daria algun socorro . « Entrad á pedírselo vos mismo , »
le respondieron , « que el señor es generoso y no os dejará
salir con las manos vacías . » Uno de los criados le con-
dujo hasta el aposento en que se hallaba el Barmecida
que era un hombre de una presencia grave y respetable ,
el cual al verle le dijo : « ¿ Qué se os ofrece, buen hombre ?
Señor, le contestó mi hermano , soy un desgraciado
que ha perdido toda su fortuna por la bancarota de un
banquero, y sabiendo cuán magnánimo y generoso sois ,
vengo á solicitar de vuestra alta bondad algun auxilio . »
Admirado el Barmecida de las maneras y del lenguaje de
Sakabak, llevándose sus dos manos cruzadas al pecho ,
exclamó Es posible que estando yo en Bagdad, haya
un hombre de vuestras prendas en tan gran necesidad ! »
Al ver tales demostraciones, mi hermano creyó que iba á
darle una prueba de su liberalidad , y empezó á desearle
toda suerte de prosperidades y de larga vida . — « ¿ Habéis
comido? » le preguntó el Barmecida.-« Señor , le contestó
mi hermano , estoy en ayunas todavía. » El Barmecida
volvió á hacer nuevas demostraciones de asombro y de
11
182 CUENTOS ARABES

interes, añadiendo : « Pues no se dirá que habiendo acu-


dido á mí, yo os he abandonado, pobre hombre, en se-
mejante conflicto . ¡ Hola ! Ali - Babek, exclamó , traednos el
aguamaníl y la aljofaiņa para lavarnos las manos , y ser- ·
vidnos la comida . Á pesar de no haber acudido nadie
al llamamiento , el Barmecida hizo el ademan de lavarse
las manos , y luego se sentó á la mesa , diciendo á mi her-
nano que hiciera otro tanto . Juzgando Sakabak que el
señor era hombre bromista, y sabiendo ademas que los
pobres tienen que conformarse con los caprichos de los
ricos, si quieren sacar algun partido, hizo tambien la de-
mostracion de lavarse y enjugarse las manos como aquel
le decia, y se sentó con él á la mesa.
En seguida, exclamó : « ¡ Vamos ! traed pronto la comida ,
y no nos hagáis esperar, que este pobre hombre debe estar
desfallecido ; y despues de una pausa y como si la co-
mida hubiese sido servida, figuró que se hacía plato y
dijo á mi hermano : « Servios vos mismo y comed sin
cumplido . ¿ Encontráis buena esta sopa de rakaut ? y
este pan, ¿ qué os parece ? » Bien que la sopa y el pan
fuesen tan ilusorios como lo habian sido el agua y el agua-
maníl , el Barmecida se llevaba la mano á la boca y hacía
como que comia, y mi hermano que era hombre jovial
le remedaba á las mil maravillas . « La sopa está bien
sazonada, le contestó , y el pan es muy sabroso y bien
cocido. ― ¡ Oh ! yo lo creo , como que tengo una esclava
panadera que me costó quinientos zequíes . Vamos , tomad
ahora un buen trozo de carnero , no andéis con ceremo-
nias ni cumplidos , y comed como si estuvieseis en vues-
tra propia casa. ― Así lo hago , señor. ¡ Hola! Ali-Ba-
bek, servidnos ahora un guisado agridulce cuya salsa esté
hecha con vinagre, miel , pasas , garbanzos é higos secos , y
traednos despues un plato de perdices . » El guisado y las
perdices vinieron lo mismo que habian venido la sopa y
el carnero, y el Barmecida seguia masticando el aire , y
Sakabak le imitaba llevando , ó mas bien figurando llevarse
bocados á la boca y meneando sus mandíbulas. - « ¿ Qué
os parece de este cabrito asado con cotufas ? y ¿ este man-
CUENTOS ÁRABES 183

jar blanco ? estoy seguro que nunca lo habréis comido tan


bueno . ¡ Excelente, señor, exquisito ! -- Me alegro que
lo encontréis de vuestro gusto . ¡ Oh ! tengo una cocinera
que la he pagado un poco cara, pero que sabe hacer guisos
y platos admirables . » Otros muchos platos fué nom-
brando y ponderando el Barmecida , figurando comer de
todos ellos y haciendo comer á su huésped. Despues
mandó que trajesen los postres que se compusieron de
pastas, de frutas y dulces secos y en almíbar. « Se me
figura que no habéis comido lo bastante, dijo á mi hermano
el Barmecida, para un hombre que se hallaba en ayunas
todavía. - Al contrário, señor, le respondió Sakabak, os
aseguro que nunca he comido en mi vida unos manjares
tan delicados , ni tan abundantes, así es que tengo el
estómago repleto y no podré volver á comer en dos dias.
Espero, sin embargo , que aun habrá sitio en él para
este melocoton y esta pera . - Haciendo un esfuerzo , los
comeré por complaceros, y figurando como que los mon-
daba y partia en pedacitos se los fué engullendo . — « Va-
mos, tomad alguna cosita mas , » le dijo el Barmecida.
- << Señor, me es imposible, porque estoy que reviento , y
es preciso confesar que vuestra mesa es espléndida , y
que no la tiene mejor un príncipe. - Vaya, pues tomad
ahora estas pastillas, que están hechas con ámbar, canela
y clavillo , nuez moscada , jengibre y el jugo de yerbas
finas cuyo aroma se percibe , que son muy buenas para
facilitar la digestion , » le dijo alargando la mano como si
realmente le diera alguna cosa . Mi hermano hizo ademan
de tomar de su mano las pastillas y se las llevó á la boca
diciendo : Son, en efecto , deliciosas y tienen un
gusto muy delicado y exquisito. » En seguida mandó al
invisible Ali-Babek que trajese los vinos (1 ) .
Cuando estos estuvieron en la mesa tan aparentes como
los manjares de la comida imaginaria, el Barmecida hizo.
como si echase vino en una copa y se la alargó á mi her-

(1) Los orientales, pero en especial los musulmanes . no beben hasta


despues de haber comido.
184 CUENTOS ÁRABES

mano diciéndole : -- < Vamos, ahora , una copita de


Chipre. - Señor, os ruego que me excuséis y me per-
mitiréis que no beba vino, porque , como no estoy acos-
tumbrado , temo que se me suba á la cabeza y sea causa
de que haga alguna cosa indigna de vuestro respeto . —
No temáis eso, mi buen amigo ; imitadme á mí, ademas
que, despues de lo que habéis comido , segun decís, es
indispensable el que bebáis unas cuantas copas de buen
vino. - Por daros gusto beberé, pero yo no respondo de
lo que suceda despues . El Barmecida llevó repetidas
veces á la boca su mano en ademan de apurar una copa,
y mi hermano le imitó . Fingiendo despues que se le iba
la cabeza y haciéndose el borracho , se levantó de la mesa
dando algunos traspiés , se acercó al Barmecida y le pegó
un puñetazo en la cabeza echándole á rodar el turbante
por el suelo. - « ¡ Qué hacéis, buen hombre ! exclamó el
Barmecida , ¿ os habéis vuelto loco ? » Mi hermano que iba
-
ȧ repetir el golpe se contuvo y le respondió : « Señor,
os habéis dignado recibir á este esclavo y humilde servidor
vuestro , con extraordinaria bondad ; y no contento con
haberle sentado à vuestra mesa, y haberle obsequiado
con un banquete en el que han figurado los manjares mas
deliciosos , y las frutas y dulces mas exquisitos , habéis
querido llevar mas adelante vuestro obsequio haciéndole
beber excelentes vinos, á pesar de que ya os dije que se
me subirian á la cabeza, y serian causa de que os faltase
al respeto que os debo , como así ha sucedido , y por lo
cual os ruego que me perdonéis . »
Mi hermano esperaba por lo ménos que el señor Bar-
mecida le echase una buena reprimenda, y aun se temia
no mandase á sus criados que le diesen una buena paliza ;
pero léjos de eso, cuando acabó su perorata, el Barme-
cida se echó á reir á carcajada tendida y exclamó : « ¡ Bravo !
amigo mio, mucho tiempo hace que andaba buscando un
hombre de vuestro temple ; y ya que habéis tenido la
paciencia de continuar la broma que os he dado , y habéis
sabido acomodaros tan bien á mis caprichos, no tan solo
os perdono el desacato que habéis cometido conmigo, sino
CUENTOS ÁRABES 185

que en adelante esta casa será la vuestra , y desde hoy


quedáis á mi servicio ; y mientras tanto, vamos ahora á
comer de véras. » El Barmecida dió dos palmadas é inme-
diatamente se presentó el verdadero Alí-Babek que les
sirvió una comida regalada, real y verdadera , y tal cual
habia sido la imaginaria ; y despues de comer, mandó que
le diesen un vestido nuevo . Prendado el señor Barmecida
del ingenio y disposicion de mi hermano, y habiendo
fallecido poco despues el administrador de sus bienes,
confió á Sakabak la gerencia de ellos y el gobierno de su
casa . Mi hermano estuvo desempeñando estos cargos du-
rante veinte y cuatro años con plena satisfaccion del señor
Barmecida ; pero habiendo muerto este de repente sin
hacer testamento, y sin dejar herederos directos , todos
sus bienes fueron confiscados en favor del kalifa , y con
ellos los ahorros que mi hermano habia hecho ; de modo
que como ya era viejo y no podia trabajar, yo me vi obli-
gado á sostenerle .
Despues que acabé de contar al kalifa Mostanser- Billah
las historias de mis seis hermanos, el príncipe , sin dejar
de reirse , me dijo : ― « Con razon os han dado el título
de « Callado, y nadie podrá decir lo contrário , des-
pues de haberos oido . Sin embargo, por razones que
yo me sé, os mando que toméis lo que os van á dar y que
salgáis de la ciudad inmediatamente, cuidándoos de que
yo no vuelva á oir hablar de vos en mi vida . » Siéndome
preciso obedecer, continuó diciéndonos el barbero , des-
pues de haber recibido una bolsa con trescientas dracmas
fuí á mi casa, recogí lo mas precioso que tenía, y me
marché. Durante algunos años he recorrido varios países
extranjeros , y en uno de ellos supe que el kalifa Mostanser
habia fallecido . Entónces me volví á Bagdad , encontré á
todos mis hermanos muertos, y á pocos dias de mi llegada
fué cuando tuve ocasion de hacer al jóven cojo que habéis
visto el importante servicio que os he dicho , así como ha-
béis oido tambien que léjos de agradecérmelo ha preferido
desterrarse de su patria y huir de mí, por no mostrarme la
gratitud que me debe . Yo que le he tomado gran cariño ,
186 CUENTOS ÁRABES

cuando supe que se habia marchado, aunque ignoraba


adónde , me puse inmediatamente en camino para buscarle
y librarle de nuevos peligros. Hoy le he encontrado aquí
cuando ménos lo esperaba, y ya habéis visto cómo me ha
recibido. Nosotros le dijimos al barbero , añadió el sas-
tre, que no faltaba razon al jóven cojo para quejarse de su
charla, y tacharle de hablador y entrometido , pero , en
fin, le dejámos que participase con nosotros del festin que
nuestro amigo nos habia preparado, y estuvimos á la mesa
hasta la hora de la oracion de la tarde en la que cada uno
de los convidados se fué á sus negocios . Yo me vine á mi
tienda y me puse á trabajar, y entonces fué cuando se
presentó el jorobadillo, algo alumbrado , y se paró á cantar
delante de mi puerta . Yo le convidé á cenar con nosotros,
y al engullirse un trozo de pescado sin reparar que tenia
espinas, una de ellas se le atravesó en la garganta, y mi
mujer y yo no pudimos sacársela por mas esfuerzos que
hicimos, y se nos quedó muerto entre los brazos . Á mi
mujer se le ocurrió el llevar el cadáver á casa de nuestro
vecino el médico judío, y así lo hicimos engañando á la
criada. El médico se lo endosó al proveedor, dejándole
escurrir por el cañon de la chimenea ; y el proveedor cargó
con el cuerpo del incómodo huésped y lo plantó en la calle
arrimándole contra la puerta de una tienda en donde se en-
contró con él este mercader cristiano á quien se le atribuyó
haberle muerto . Esta es, señor , terminó diciendo el sas-
tre, la relacion verídica de todo lo ocurrido , y esperamos
todos que, en vuestra justicia , conocerá nuestra ino-
cencia, y no nos impondrá ninguna pena por un acci-
dente tan imprevisto en el que ninguna culpabilidad
tenemos .
El emir de Kachsgar, manifestando un semblante ri-
sueño , dirigiéndose al sastre y á sus compañeros les dijo .
<< Confieso, señores , que las historias que me habéis
referido me han divertido infinito, especialmente las aven-
turas del barbero y sus hermanos , y ántes de dejaros
marchar, y de que se dé sepultura á mi pobre jorobado,
quisiera conocer á ese barbero silencioso ; y puesto que
CUENTOS ÁRABES 187

se halla en mi capital actualmente , ántes que se marcha


en seguimiento del cojo , id á buscarle y traédmele . »
El sastre que era quien le conocia personalmente , sa-
lió inmediatamente, acompañado por unos guardias er
busca del barbero, de cuya morada le fué fácil el infor-
marse por medio del amigo que habia dado el convite . Al
cabo de una hora el sastre y los guardias estaban ya de
vuelta en palacio seguidos del barbero que era un anciano
de unos noventa años con las cejas y la barba blancas como
la nieve, las orejas aplastadas y caidas , las mejillas hun-
didas , la boca huérfana de dientes , y tenía una nariz ato-
matada y larguísima . Al ver figura tan extraña, el emir no
pudo contener la risa, y moderándola un poco le dijo :
« Hombre callado , me han informado de que sabiais
cuentos prodigiosos , y desearia que me refirieseis algu-
nos. - Gran señor, le contestó el barbero , despues de
haber hecho una profunda reverencia, dejando ahora los
cuentos que yo pueda saber , y que referiré con gusto á
Vuestra Majestad en otro momento , ántes que todo , le su-
plico que me permita informarme por qué se hallan aquí en
vuestra presencia esos cuatro individuos, y sobre todo , el
cadáver de ese jorobado que veo allí tendido en el suelo. »
El emir no pudo ménos de extrañar la curiosidad original
del barbero, y su llaneza : pero esa misma originalidad
le causó risa. - « ¿Qué os importa todo eso ? le preguntó.
- Señor, replicó el barbero , me importa el preguntarlo
y el saberlo para que se sepa que yo no soy grande habla-
dor, como muchos suponen, sin razon ni justicia, solo por
calumniarme, y movidos por la envidia de mi capacidad y
de los grandes conocimientos que poseo, sino que soy
muy lacónico en mis relaciones y discursos, muy sobrio
de palabras , y muy amigo de guardar silencio , por cuyas
altas prendas y cualidades me han dado el epíteto de
<< CALLADO » los unos , y los otros me llaman « EL SILENCIOS«
BARBERO. D
Esta perorata mereció una nueva carcajada del emir, el
cual mandó , sin embargo , que le contasen la historia del
jorobado y la causa de su muerte. « Esa historia es pe-
188 CUENTOS ÁRABES

regrina, dijo el barbero, despues de haberla oido , pero


como aquí puede haber habido algun engaño , permitidme
que reconozca yo á ese jorobado de cerca » ; y esto di-
ciendo, se acercó al cadáver, se sentó en el suelo y co-
giéndole la cabeza y poniéndola encima de sus rodillas ,
empezó á examinarle atentamente . Al cabo de unmomento,
dando una estrepitosa carcajada, exclamó : « Verdadera-
mente si hay alguna historia digna de figurar en los anales
del reinado glorioso de un príncipe , y de que sea escrita
con caractéres de oro , es la de este jorobado . Sabed, señor,
añadió, que este hombre no está muerto. » El emir y
todos los circunstantes al verle reir tan destempladamente ,
y al oir lo que decia, le tomaron por un bufon ó por un
hombre enteramente chocho que no sabía lo que se decia ;
pero el barbero, sin cuidarse del concepto que les merecia,
prosiguió riendo y añadió « ¡ Que me quemen vivo si no
os pruebo ahora mismo lo que digo ! » Acto contínuo , sacó
un estuche lleno de pequeños frasquitos, y derramando
unas cuantas gotas de lo que contenia uno de ellos sobre

el cuello del jorobado , empezó á darle friegas : luego sacó


otro estuche con varios instrumentos, abrió con uno de
CUENTOS ÁRABES 189

ellos la boca del jorobado , le puso un hierro muy bruñido


entre los dientes para impedir que volviese á cerrarla, é
introduciendo en su garganta unas tenacillas de oro y
acero , extrajo de ella un trozo de pescado en el que ha -
bia una grande espina . Despues, volvió á frotarle la gar-
ganta y las sienes, y con pasmo y admiracion general, á
poco rato, el jorobado , dando un fuerte estornudo, estiró
los brazos y las piernas, abrió los ojos y dió otras señales
de vida.
El emir y todos los circunstantes, incluso el médico judío,
no podian disimular el asombro y admiracion que les ha-
bia cansado la resurreccion de aquel hombre á quien du-

rante una noche entera, y una gran parte del dia , todos
habian tenido por muerto, y sin que él hubiese dado el
menor indicio de que aun vivia, en medio de tantas subi-
11.
190 CUENTOS ÁRABES

das y bajadas, llevadas y traidas ; y no fué menor la admi


racion que les causó la habilidad del barbero para ejecu-
tar aquella delicada operacion ; así fué que todos empeza-
ron á mirarle con gran deferencia y como á hombre de
mucho mérito, á pesar de su charlatanismo.
El emir mandó que se escribiese la historia del jorobado
bufon, juntamente con la del barbero ; y para que el
sastre, el médico, el proveedor y el mercader cristiano
olvidasen el susto que les habia hecho pasar la aventura
del supuesto jorobado muerto, les quedara un agrada-
ble recuerdo de ella, mandó que se les diese á cada uno
una bolsa con cien rupías y un magnífico vestido y en
cuanto al barbero, prendado de su habilidad y talento, le
tomó á su servicio.
Algunos meses hacía ya que la discreta y hermosa sul-
tana Gerenarda, esposa del sultan Chabriar, habia empezado

á contar á este las maravillosas historias que acabamos de


referir, sin que el sultan hubiese pensado en tratar á su
jóven esposa como habia tratado á las que, ántes que ella
CUENTOS ARABES 191

habian ocupado el tálamo imperial. Bien léjos de abrigar


semejante pensamiento , habia resuelto en su interior con-
servarla siempre á su lado , derogando el bárbaro y san-
guinario decreto que habia costado la vida á tantas jóvenes
hermosas dignas de mejor suerte ; y si no lo habia hecho
ya , era porque estaba esperando una ocasion oportuna
para manifestar su soberana voluntad . Mientras tanto ,
prendado cada vez mas del ingenio y discrecion de la
sultana, y excitada en el mas alto grado su curiosidad ,
oía cada dia con mayor gusto las historias que aquella le
contaba, y era él mismo , y no la diligente Diznarda quien
le rogaba que continuase las empezadas , ó que le refiriese
Otras nuevas .
Animada la sultana con las buenas disposiciones de
ánimo de su esposo el sultan , despues de haber concluido
la historia del jorobado , la del barbero silencioso y sus
hermanos , empezó á referir la no ménos interesante del
célebre marino Simbad, en los términos siguientes :

HISTORIA DE SIMBAD EL MARINO Y DE SUS VIAJES

Durante el kalifato de Harun Alraschid , un pobre mozo


de cordel llamado Humbad , abrumado un dia muy calo-
roso con el peso de la carga que llevaba , se paró á des-
cansar un momento sentándose en un banco de piedra
que habia á la entrada de un gran palacio . Mientras estaba
reposándose llegaron á sus oídos los ecos de una música
armoniosa, y su olfato fué halagado con el aromático olor
de sabrosos manjares . « ¡ Válgame Dios ! exclamó en voz
alta, enjugándose con la manga de su camisa el copioso
sudor que corria por su rostro, cuán desigual es la suerte
de los hombres ; mientras que el dueño de esta casa pasa
su vida en medio de goces y deleites refinados , yo , pobre
de mí, me veo obligado á sudar el quilo para ganar algu-
nas dracmas de plata que apénas me bastan para atender
al sustento de mi mujer y de mis hijos. En seguida pre-
192 CUENTOS ÁRABES

guntó á uno de los numerosos esclavos que entraban y


salian , quién era el venturoso dueño de aquel palacio .
« Debéis de ser forastero , le respondió el esclavo , cuando
ignoráis que esta es la morada del señor Simbad, el fa-
moso marino que ha recorrido todos los mares conoci-
dos. » Ya iba á continuar su camino con la carga, cuando
salió un criado de la casa y acercándose á él le dijo que
su amo, el señor Simbad , deseaba hablarle, y le rogaba que
entrase . Admirado se quedó el pobre mozo de cordel con
semejante mensaje . Siguió al criado , despues de haber
dejado su carga en el patio, y entró en un gran salon ri-
camente adornado en el que se hallaban numerosas per-
sonas sentadas á una mesa cubierta de abundantes man-
jares , y á cuya cabecera, en el puesto de honor, se veía
sentado un respetable anciano con una hermosa barba
blanca. Al ver la turbacion del pobre hombre , el anciano se
levantó, y tomándole por la mano le hizo sentar á la mesa ,
él mismo le sirvió algunos manjares, excitándole á que
los comiera sin empacho , y mientras los estaba comiendo ,
le dijo : « Al pasar cerca de aquella ventana , he oido vues-
tra exclamacion y vuestras amargas quejas, comparando
vuestra suerte con la mia : no creáis por eso , que yo me
muestre agraviado , porque sin duda os figuráis que yo
he adquirido lo que tengo y las comodidades de que gozo,
sin trabajo ; léjos de eso , he pasado muchas penalidades ,
y corrido muchos riesgos, y puedo aseguraros que mis
afanes han sido tan grandes, y mis aventuras son tan
extraordinarias , que de seguro , si muchos las supieran
no serian tan codiciosos , y moderarian su impaciencia
por correr los mares para adquirir riquezas. Y para que no
creáis que hay exageracion en lo que os digo , añadió di-
rigiéndose á todos los circunstantes, os las referiré ma-
ñana . En seguida mandó que le diesen al mozo de cordel
Humbad una bolsa con cien dracmas de plata, encargándole
que volviese al dia siguiente para oir la historia de sus
aventuras y viajes .
CUENTOS ÁRABES 193

RELACION DEL PRIMER VIAJE DE SIMBAD EL MARINO

Reunidos todos ios convidados , incluso el mandadero


Humbad, en el salon de Simbad , á la hora que este les in-
'dicó , despues de haber comido , empezó la relacion de sus
viajes diciéndoles : - Sabed, señores , que hallándome
dueño de una gran fortuna á la muerte de mis padres,
empecé á gozar de la vida con el ímpetu y la inexperien-
cia propios de mis pocos años , pasando el tiempo en
francachelas y placeres costosos , creyendo que mi riqueza
sería inagotable . Sin embargo, en medio de mi vida des-
arreglada, bien pronto me apercibí que mi fortuna dismi-
nuía á vista de ojo , y que yo habia cometido una grave
falta no dedicándome á nada, en vez de hacer fructificar
mis capitales . Entónces me acordé de lo que dice Salomon ,
« que la peor de todas las desgracias es la de verse pobre
en la vejez , siendo preferible el hallarse en el sepulcro que
en pobreza, en sus últimos años , y traté de emplear
mejor el tiempo útil que aun me quedaba , dedicándome al
comercio marítimo .Reuní todos mis fondos, compré mercan-
cías convenientes á mi objeto, despues de haberme informa-
do bien de personas competentes, y me embarqué con ellas
en Balsora en un buque que iba á hacerse á la vela para
las Indias orientales . Despues de unos dias de navegacion
feliz, fuimos sorprendidos por una calma- chicha , y á poca
distancia del buque descubrimos una especie de islote cu-
bierto de musgo verdoso y suave . Como no sabíamos qué
hacer á bordo , algunos pasajeros y yo quisimos ir á pasar
unas cuantas horas en aquel sitio que nos pareció delicioso ,
y comer allí, para lo cual llevámos provisiones y leña para
encender lumbre. Cuando mas descuidados nos hallábamos ,
el islote se conmovió de repente , y en seguida desapareció
de la superficie del mar, quedando todos nosotros luchando
con las olas . El capitan envió una embarcacion inmediata.
mente, pero no pudo recoger á todos : yo me así fuerte-
194 CUENTOS ÁRABES

mente á uno de los leños que habíamos traido del buque, y


me dirigí hácia él nadando ; pero habiéndose levantado en
este momento una fuerte brisa, el buque se alejó, y yo
quedé flotando en medio del mar, y sin mas auxilio que el
del leño á que estaba asido . Un dia y una noche pasé de
esta manera, y ya daba mi vida por perdida, cuando, ar-
rastrado por la corriente y el flujo, me encontré sobre la
playa de una isla frondosa. A pesar de lo agotadas que se
hallaban mis fuerzas, cobré ánimo , é internándome un
poco, llegué á la entrada de una gruta en cuyas inmedia-
ciones habia algunas yeguas pastando.n

No pudiendo ya tenerme en pie, me senté bajo un


árbol, y al poco rato salieron de la gruta varios hombres
que se sorprendieron al verme, y me preguntaron quién
era. Yo les conté lo que me habia sucedido , y ellos me
CUENTOS ÁRABES 195

! dijeron que eran palafreneros del rey Mirahjio, señor de


en aquella y de otras islas, y que todos los años , en la época
de la monta, traían las yeguas del rey á pastar á aquellos
parajes . En seguida me dieron de comer , y á los pocos
dias me llevaron á la capital y me presentaron al rey, el
cual me preguntó quién era y por qué habia venido á sus
Estados . Despues que le hube contado mi historia, el rey
me agasajó y mandó que se me proveyera de todo lo que
necesitara. Su capital tenía un puerto espacioso y seguro á
cuyo fondeadero venian á anclar buques de todas las na-
ciones, y se hacía en él un tráfico muy lucrativo . Un dia
que yo estaba paseándome á la orilla del mar, me acerqué
á examinar los fardos que estaban descargando de un
buque que acababa de llegar, y vi estampados en algunos
de ellos, con la mayor sorpresa , mi nombre y mi marca
de comercio. Me acerqué al capitan , á quien reconocí en
seguida por ser el del buque en que yo venía, aunque él
no me reconoció, y le pregunté de quién eran aquellos
fardos. « Son, me respondió , de un mercader llamado
Simbad que tomé á bordo de mi buque en Balsora , el cual
murió ahogado un dia en que, detenido el barco por una
calma- chicha , él y otros pasajeros.bajaron á un islote á
pasar el dia y á comer allí ; pero resultó que lo que todos
creimos que era en verdad , por su apariencia , tierra firme ,
no era en realidad sino una monstruosa y colosal ballena
que se habia dormido á flor de agua y sobre cuyo lomo
encendieron lumbre ; así fué que en cuanto el monstruo
sintió el calor del fuego , se despertó y se sumergió . Yo
envié inmediatamente una lancha para recoger á los pasa-
jeros , pero no pudo recoger á todos , y uno de los que pe-
recieron fué Simbad . Estas mercancías eran suyas , yo voy
á venderlas y á guardar su producto para entregárselo,
cuando vuelva á Balsora, á su familia . » Habiéndole yo
dicho que ese Simbad que él creía muerto , era yo mismo, me
trató de impostor , asegurando que él mismo me habia visto
perecer con sus propios ojos , y empezó á injuriarme. Feliz-
mente que en esto llegaron algunos marineros y pasajeros
del buque que me reconocieron. Entónces el capitan me

31
196 CUENTOS ÁRABES

pidió mil perdones y me entregó los fardos que me per-


tenecian. Saqué de ellos algunas de las mercancías mas
preciosas que traía, y se las regalé al rey, el cual, por su
parte, me correspondió con ricos presentes, despues de
haberse informado de dónde me venian aquellos géneros ,
y de haberle yo referido la llegada al puerto del buque en
que me habia embarcado , y del que me separé, como ántes
le habia dicho , para ir á pasar algunas horas sobre el mus-
goso lomo de una colosal ballena dormida á flor de agua,
que todos habíamos creido ser una isla de tierra firme .
En seguida me ocupé de vender mis mercancías, lo que
efectué con muy buenos beneficios, y compré productos
del país , muy rico en maderas finas, canela, aloés y espe-
cias de todo género . Cuando el buque estuvo ya con el
cargamento completo , volví á embarcarme en él y llegué
felizmente á Balsora en donde, con la venta de los géneros
que traía, realicé un capital de mas de cien mil zequíes .
Mi familia me recibió con muestras de la mayor alegría y
yo resolví descansar de mis fatigas fijándome en aquella
ciudad, y gezar moderadamente de lo que habia adquirido .
Compré una hermosa casa que amueblé con lujo , y escla-
vos de ambos sexos para que me sirvesen, y en fin , nada
omití para mi comodidad .
Haciendo aquí una pausa Simbad para que los músicos
y las cantarinas ejecutasen una melodía , y un baile las
bailarinas, los convidados siguieron comiendo y bebiendo ,
y al fin del banquete les dijo : « Señores, os ruego que
volváis mañana para que oigáis la continuacion de mis
aventuras, puesto que lo que os he referido no es nada en
comparacion de lo que tengo que contaros . »
En efecto , al dia siguiente todos concurrieron á la cita,
incluso el mozo de cordel Humbad que se habia mandado
hacer un traje nuevo.
Al final de los postres , Simbad tomó la palabra y se
explicó en estos términos :
CUENTOS ÁRABES 197

AVENTURAS DEL SEGUNDO VIAJE DE SIMBAD EL MARINO

Cansado de la vida demasiado cómoda y monótona que


hacía en Balsora, volvió á apoderarse de mí la pasion de los
viajes marítimos y del tráfico . Entónces me asocié con
otros mercaderes cuya honradez me era conocida, compré
mercancías adecuadas , y nos embarcamos en un hermoso
buque fletado exclusivamente por nuestra cuenta . En las
islas que íbamos encontrando cambiábamos nuestros géne-
ros por otros del país y realizábamos cuantiosos beneficios .
Un dia abordámos á una isla frondosísima cubierta de
árboles frutales , pero enteramente desierta. Mientras el
buque completaba su aguada, algunos pasajeros bajámos
á tierra, y yo llevé conmigo lo necesario para comer
en un sitio tan ameno . En efecto , despues de haberme
paseado un rato admirando la frondosidad de aquellos
verjeles, me senté al pié de un árbol á orillas de un
arroyuelo de agua cristalina , saqué mis provisiones é hice
una deliciosa comida . En seguida me recosté contra el
tronco del árbol y me quedé dormido . Yo no puedo deci-
ros cuánto duró mi sueño , solo sí que cuando me desperté
y dirigí la vista al mar hácia el punto en que habia dejado
el buque, este habia desaparecido , así como tampoco di-
visé á ninguno de los pasajeros que habian bajado á tierra
conmigo.
Al verme así solo y abandonado en aquella isla desierta ,
prorumpí en gritos y lamentos, y me pesó mil veces el
haber emprendido este segundo viaje cuando ninguna ne-
cesidad tenía de hacerlo . Por último , me convencí de que
mis lamentaciones eran inútiles, y tardío mi arrepenti-
miento, y resignándome con la voluntad de Dios , car-
gando con las provisiones que me quedaban todavía, me
puse en camino hacia el interior para explorar la isla y
ver si descubria señales de algun viviente. Desde la copa
de un árbol á que me subí, divisé á lo léjos una enorme
198 CUENTOS ARABES

mole blanca y reluciente en una pradera. Me bajé del


árbol y me dirigí hácia aquel sitio , y cuando me hallaba.
examinándola, se anubló el sol de repente. Yo alcé la vista
entonces y vi sobre mi cabeza un enorme pajarraco que,
á vuelo tendido, vino á posarse sobre aquella masa y cu-
brirla con sus alas.

Segun lo que yo pude colegir del exámen que habia


hecho, esta mole que parecia de mármol blanco muy
bruñido , era ovalada y tendria sobre unos cincuenta pasos
de circunferencia ; yo intenté subirme encima, pero me
fué imposible por lo escurridiza que era . Sobrecogido al
aspecto de aquella ave colosal, me guarecí debajo de la
tal mole, y pensando en lo que sería y lo que aquel pajar-
raco vendria á hacer encima de ella, me acordé de lo que
habia oido contar á los marineros, y saqué en limpio que
el avechucho era un roc, y lo que yo habia tomado por una
mole de piedra , era uno de sus huevos , y el roc lo estaba
incubando. Entónces me vino la idea de que el roc podria
servirme para sacarme de la isla , y como una de sus patas ,
CUENTOS ÁRABES 199

que eran tan gruesas como el tronco de un árbol , la tenía


delante de mí , deshice mi turbante, y con su tela y mi
pañuelo me sujeté lo mejor que pude á esta pata, con la
esperanza de que cuando el pájaro se levantase me lle-
varia consigo. En esta operacion pasé toda la noche sin
que el roc se apercibiese de mi presencia, ni notase des-
pues el peso de mi cuerpo . Luego que amaneció y el sol
empezó á calentar, el ave se remontó, y yo con ella , dió
unas cuantas vueltas en el aire y se dejó caer casi á plomo
en tierra, yo me apresuré entónces á deshacer el nudo
corredizo con que estaba sujeto á su garra , y vi que el roc
estaba luchando con una enorme serpiente que al fin lo-
gró agarrar con su pico y volvió á remontarse con ella.
Tendiendo la vista á mi alrededor, me encontré en un
valle muy profundo rodeado por todas partes de rocas
inaccesibles de una prodigiosa altura , y conjeturé que me
hallaba en una especie de tumba y en mucho peor situa-
cion que la que tenía en la isla de donde el roc me habia
sacado, y me conceptué perdido . Cobrando un poco de
ánimo, despues de haber comido algunas de las provi-
siones que me quedaban , empecé á recorrer el valle para
buscar alguna salida , y me apercibí que iba caminando
sobre diamantes . Me recordé entónces de lo que habia
oido contar á los marineros sobre el « valle de los dia-
mantes , » cuya relacion habia tenido por una fábula cuando
la habia oido. Sin detenerme á coger ninguno llegué á un
punto en que se aumentaron mis congojas á la vista
de un ejército de serpientes tan enormes que algunas de
ellas hubieran podido engullirse un elefante, las cuales se
retiraban á sus nidos en las hendiduras de las rocas
durante el dia , para librarse del pico de los rocos y de
otras aves de rapiña . Entre tanto me sorprendió la noche
que pasé despierto en una especie de gruta oyendo sin
cesar sus espantosos silbidos y el ruido que metian con
sus colas, y temiendo á cada momento que alguna de
ellas viniese á sorprenderme , á pesar de una especie de
parapeto que hice con algunas piedras á la entrada de la
gruta. Cuando amaneció, las serpientes empezaron á reti-
200 CUENTOS ÁRABES

rarse á sus guaridas, yo me arriesgué á salir de mi


cueva y continué mi exploracion del valle de los dia-
mantes, caminando siempre sobre ellos cansado ya de
andar sin encontrar salida , me senté para tomar aliento y
comer el resto de mis provisiones , cuando empezaron á
caer sobre mí y á mis inmediaciones gruesos tasajos de
carne fresca como llovidos del cielo . Alcé la vista y vi
caer otros nuevos trozos en diferentes parajes . Al pronto
me quedé atónito , pero no tardé en adivinar lo que era .
Habéis de saber, señorés , continuó diciendo Simbad á
sus huéspedes, que como el valle de los diamantes es
inaccesible, los cazadores ó pescadores de estas piedras
preciosas han imaginado un medio muy ingenioso y sen-
cillo para cogerlas. Las altas cumbres que circundan el
valle estan pobladas de águilas de un tamaño colosal : en
tiempo de la cria de estas aves, los mercaderes acuden á
aquellas regiones , matan unos cuantos bueyes y carneros
y lanzan su carne al valle . Las águilas se arrojan sobre
estos trozos de carne y los llevan á sus nidos para alimentar
á sus hijuelos, y como , al caer sobre los diamantes la
carne fresca, se adhieren á ella siempre mayor o menor
número de ellos , los mercaderes, que están en acecho ,
acuden presurosos al nido, espantan al águila y cogen los
diamantes que encuentran pegados á la carne, ántes que
se la engullan los polluelos. Yo habia oido ya referir esto ,
pero no le habia dado crédito ; mas al verme en presencia
de un hecho incontestable, se me ocurrió al momento la
idea de que las águilas podrian ser un instrumento para
mi salvacion, valiéndome de ellas , como me valí del roc ,
para salir de la isla desierta. Cobré ánimo, escogi unos
trozos gruesos de carne , y los puse á cubierto, y en se-
guida empecé á recoger diamantes y á meterlos en el saco
en que tenía las provisiones , y me lo sujeté bien á la cintura
cuando estuvo lleno . Luego , me fuí cubriendo el cuerpo
con los pedazos de carne, empleando todos los medios de
que disponia para sujetarlos bien , y en seguida me eché
en el suelo , habiendo puesto ántes á mi alrededor otros
trozos de carne sueltos. Al poco rato acudieron várias
CUENTOS ÁRABES 201
i águilas al cebo, y una de las mayores hizo su presa sobre
mí y me transportó en sus garras al nido .
El mercader á quien pertenecia este nido , porque cada
cual tenía el suyo , luego que vió llegar al águila con su
enorme presa, acudió presuroso, la espantó , y al ir á
reconocer los trozos de carne, se encontró conmigo . En-
tónces , muy enfurecido , empezó á gritar, á insultarme ,
llamándome ladron y dándome otros dicterios ; pero yo
lėjos de incomodarme le dije : « Calmaos , buen hombre, y
no os desconsoléis , porque tan distante estoy de pensar
en robaros , como vos habéis creido , que ahora mismo voy
á daros mas diamantes de los que la casualidad pudiera
daros á vos y á los demas mercaderes, » y le mostré el
saco que tenía lleno . A los gritos que dió , y al verme
salir del nido , acudieron los otros cazadores de diamantes .
Yo les conté lo que me habia sucedido y del medio que
me habia valido para salvar mi vida , y ellos entónces mas
humanizados despues de haberme oido, cuando se reti-
raron por la noche me llevaron consigo al punto en que
habitaban todos reunidos . Allí volví á contarles mi historia
y les enseñé los diamantes que habia recogido, ofreciendo
la mitad de ellos al mercader á quien pertenecia el nido
adonde me llevó el águila ; pero él , teniendo en cuenta los
riesgos que yo habia corrido , no quiso aceptar mi oferta ,
y solo tomó unos cuantos , diciéndome que con la venta
de aquellos y los que ya habia recogido tenía mas que
suficiente para pasar cómodamente la vida.
Terminada la pesca de diamantes, marchámos todos
juntos, nos embarcamos y fuimos recorriendo los puertos
de várias islas , entre ellos la de Roca en la que se cria el
árbol que destila el alcanfor, que es tan frondoso y corpu-
lento , que á su sombra pueden ponerse cómodamente cien
hombres . Tambien se cria en esa isla el rinoceronte que
es el enemigo del elefante con el que pelea, y muchas
veces le hiere metiéndole por el vientre el asta que tiene
encima de la nariz ; y sucede que cuando el elefante ha
sucumbido , viene el roc y , apresándole con las garras,
se lo lleva al nido para dar de comer á sus hijuelos.

32
24
202 CUENTOS ÁRABES

En fin , despues de haber traficado en todos esos puer


los y realizado cuantiosos beneficios , llegámos á Balsora,
desde donde yo me trasladé á Bagdad, viniendo mucho
Imas rico de este viaje que del primero .
Despues de haberme reposado algun tiempo de mis
fatigas , gozando de todas las comodidades y delicias de la
vida, me cansé de aquella ociosidad , y volví á sentirme
dominado por la pasion de los viajes y del tráfico , y em-
prendí mi tercera excursion , cuyas aventuras os ruego
que vengáis á oir mañana . Los convidados se despidieron ,
y Simbad mandó dar otras cien dracmas á Humbad , reco-
mendándole que no faltara al dia siguiente.

RELACION DEL TERCER VIAJE DE SIMBAD EL MARINO

Puntuales estuvieron todos los convidados en hallarse


reunidos al dia siguiente, á la hora convenida, en casa de
Simbad, y este empezó á referirles las aventuras de su
tercer viaje diciéndoles : -Trasladadas á Balsora las mer-
cancías que debia llevar conmigo , allí me embarqué
con otros comerciantes conocidos. Un dia nos asaltó
una tempestad tan horrorosa , que perdimos completa-
mente nuestro derrotero, y fuimos arrojados á las costas
de una isla habitada por unos salvajes enanos cubiertos
enteramente de un espeso vello , los cuales no tardaron en
rodear nuestro barco y subir en seguida á bordo con la
agilidad de una ardilla . Algunos pasajeros querian oponer
resistencia y defenderse , pero el capitan se opuso á ello,
diciéndonos que si lo hacíamos , todos seríamos víctimas ,
porque la menor injuria que se hiciese á estos salvajes ,
bastaria para que acudiesen muchos miles de las otras
islas contiguas , y aunque pigmeos , nos veríamos todos
arrollados por ellos. Despues de habernos hecho desem-
barcar en otra isla , nos dejaron allí, y se llevaron el buque
con todos los víveres y mercancías . Nosotros entonces nos
internámos tierra adentro, alimentándonos con algunas
CUENTOS ÁRABES 203

frutas silvestres y raíces. Habiendo descubierto á lo léjos


un grande edificio , nos dirigímos á él, y vimos que era
un palacio cuyas puertas de ébano estaban entreabiertas .
Las empujámos y entrámos en un gran patio . No encon-
trando á nadie, pasámos á un aposento espacioso en el que
apercibimos , á manera de osario , un monton de calaveras,
de esqueletos y de huesos humanos , á cuya vista se nos
Jheló la sangre en las venas . Estando contemplando aquellos
lúgubres despojos , se abrió con grande estrépito una
puerta y vimos aparecer un negro disforme, tan alto como
una palmera , que tenía un ojo solo en medio de la frente,
pero tan reluciente, que, mas bien que ojo , parecia una
enorme ascua de fuego . Los dientes eran tan largos y
puntiagudos como los de un javali , y tenía el labio inferior
tan caido , que le cubria la barba y le llegaba al pecho .
Las orejas eran parecidas á las de los elefantes , y le caían
sobre las hombros ; y las uñas de sus dedos largas y
encorvadas como las de las aves de rapiña . Nosotros nos
quedámos yertos al aspecto de un monstruo tan horrendo ,
y sin atrevernos á hacer el menor movimiento . Despues
de habernos estado examinando algun tiempo con la mayor
atencion, alargó la mano y me agarró por el pescuezo . Yo
creí llegada mi última hora, y mil veces me pesó en aquel
momento el haber emprendido este viaje ; pero ya no ha-
bia remedio . Despues de haberme palpado por todo el
cuerpo , me soltó, alargó otra vez la mano é hizo la misma
operacion con todos mis compañeros . Por último , agarró
al capitan, que era el mas grueso y corpulento , y metién-
dole un asador á lo largo del cuerpo , encendió en seguida
una grande hoguera , le asó , vivo todavía, y se lo comió
sin dejar mas que los huesos . Bebió despues un gran
cántaro de vino , se tendió á la larga delante de la puerta
del aposento, y se quedó dormido.
Nosotros pasámos la noche en medio de congojas terri-
bles, y sin atrevernos á despegar los labios, ni hacer el
menor movimiento . Al amanecer se despertó el gigante,
se levantó y se salió fuera del palacio , dejándonos encer-
rados. Entonces pudimos hablar v comunicarnos nuestros
204 CUENTOS ÁRABES

mutuos pensamientos. Todos convinímos en que era pre-


ciso tratar de librarnos de aquel monstruo á toda costa

y riesgo de la vida, y despues de haber discutido dife-


rentes proyectos, adoptámos, en fin, el que nos pareció
de mas fácil ejecucion , atendida la escasez de medios de
que disponíamos . Á la caída de la tarde volvió el negro
coloso , encendió la hoguera, agarró á otro de mis desgra-
ciados compañeros , le atravesó el asador por el cuerpo , y
despues de haberle asado se lo comió . En seguida se bebió
CUENTOS ÁRABES 205

otro cántaro de vino , se tendió á la larga, como el dia an-


terior, y se quedó profundamente dormido . Armándonos
entónces cada uno de nosotros con un asador , lo enroje-
cimos al fuego , y cuando estuvo bien candente, todos á
una se lo clavámos al mismo tiempo en el ojo . El gigante.
dió un alarido tan tremendo que hizo estremecer el edi-
ficio, se levantó y extendió los brazos para cogernos,
pero como le habíamos reventado el ojo y no veía, andaba
á tientas , de modo que nos fué fácil librarnos de sus
uñas , salir del edificio y dirigirnos corriendo hacia la playa
en la que habíamos visto una multitud de leños arrojados
por el mar. Así que llegámos empezámos á reunir made-
ros , y sujetándolos con ramas de árboles y raíces , cons-
truímos con ellos unas balsas capaces de sostener dos ó
tres personas cada una . Tan pronto como estuvo concluida
la primera, otros dos compañeros y yo la botámos al agua
y nos colocámos encima , y lo mismo hacian los demas,
segun iban concluyendo las suyas . Ya nos creíamos libres
del monstruo , y dábamos gracias a Dios entregándonos á
su providencia, cuando le vimos venir acompañado por
otros gigantes que le sostenian y le servian de lazarillo , y
seguido por otra turba de esos monstruos . Á la vista del
peligro que corríamos , redoblámos nuestros esfuerzos
para alejarnos de la orilla . Los gigantes uniojunos , tan
pronto como nos divisaron dieron terribles alaridos , agar-
raron unas piedras enormes y se lanzaron al mar para
perseguirnos ; mas viendo que no podian alcanzarnos ,
empezaron á tirarnos las piedras , por desgracia , con tan
buen tino , que, yendo á caer sobre las balsas , como estas
estaban tan mal hechas , y los peñascos eran tan enormes ,
no pudieron resistir esta gigantesca pedrea ; se separaron
los maderos, y todos los que iban en ellas perecieron aho-
gados los unos , y aplastados los otros por las piedras .
Felizmente como la balsa en que yo iba habia sido la pri-
mera que se habia botado al agua y habíamos tomado una
gran delantera , no nos alcanzó ninguna de las piedras , y
los gigantes, despues de haber echado á pique todas las
demas, se volvieron á tierra, y no nos persiguieron .
12
206 CUENTOS ÁRABES

Mis dos compañeros y yo pasámos un dia y una noche


en alta mar siendo el juguete de las olas y del viento , y
con la ansiedad que era consiguiente, por la incertidumbre
de nuestra suerte . Al fin , al otro dia , abordámos á una isla
en donde encontramos frutas excelentes con las que pu-
dimos reparar algo nuestras fuerzas ; y como nos hallá
bamos tan rendidos y faltos de sueño, nos quedámos pro-
fundamente dormidos á la orilla del mar . Nuestro sueño
no tardó mucho en ser interrumpido por los lamentables
gritos que daba uno de mis dos compañeros, y por el olor
fétido que exhalaba y el ruido espantoso que hacía una
monstruosa serpiente que, habiéndose acercado á nos-
otros, mientras que estábamos dormidos, habia apresado
á aquel infeliz y le tenía entre sus colmillos

Un poco repuestos del pavor que nos causó tan hor-


rible espectáculo, mi compañero y yo hicimos algunos
esfuerzos para librar á nuestro compañero, pero no lo
conseguímos, y tuvimos el dolor de verle engullir por la
serpiente despues de haberle sacudido contra el suelo vá-
v
rias veces y machacádole los huesos con sus horribles
mandíbulas .
Alejándonos de aquel sitio fatal con el corazon lleno de
pena, determinámos el pasar la noche del dia siguiente en
CUENTOS ÁRABES 207

un árbol muy corpulento y muy alto que no estaba muy


lėjos. Empezábamos á conciliar el sueño , cuando oímoɛ
los silbidos de la serpiente que, habiendo olfateado dónde
estábamos , venía á buscar su nueva presa . Cuando lleg
al pié del árbol , se enderezó sobre su cola, metió su
cabeza por entre las ramas, y empezó á subir al árbol,
enroscándose en el tronco . Mi compañero , que se habia co
locado algo mas bajo que yo, quiso trepar hasta donde yo
estaba, pero con tan mala suerte que, apresándole la ser-
piente por un pié , se lo llevó , é hizo con él lo mismo que
el dia anterior habia hecho con nuestro compañero.
Fué tan profunda y dolorosa la impresion que me causó
el desastroso fin que habia presenciado de mis dos com-
pañeros , que, cuando al amanecer me bajé del árbol,
estaba decidido á concluir con mi vida, y con este objeto
me dirigí á la orilla del mar para arrojarme en él . Al ir á
ejecutar mi proyecto, divisé , no muy lejos de la costa , un
navío, y el instinto de la conservacion y la esperanza de
salvar la vida me obligaron á detenerme . Empecé á gritar
y á hacer señales con mi turbante, y habiéndome visto
desde bordo, el capitan mandó una lancha á recogerme.
Llegado al buque conté las aventuras que me habian su-
cedido, el cómo me habia librado del gigante antropófago ,
y de la serpiente, y el cómo habia abordado á aquella isla.
Todos me hicieron la mas cordial acogida , me dieron de
comer, y el capitan , al ver el mal estado de mis vestidos,
me regaló uno de los suyos .
Despues de algunos dias de navegacion , llegámos á la
isla de Salahat y anclámos en su puerto, y los pasajeros
empezaron á descargar sus géneros para cambiarlos ó ven-
derlos . Entónces , llamándome aparte el capitan me dijo :
« Puesto que no tenéis en que ocuparos , os voy á entregar
ciertos fardos que traigo á bordo, que no son mios , para
que vendáis las mercancías que contienen , y esto os pro-
curará algunos recursos , mediante el corretaje que yo os
abonaré. » Yo acepté el encargo, muy gustoso, y le di las
gracias por ello . Al hacerme la entrega de los fardos , el
dependiente encargado de la contabilidad preguntó al ca-
208 CUENTOS ÁRABES

pitan bajo qué nombre debia anotarlos, y el capitan le


contestó : Registradlos bajó el nombre de Simbad el

marino . Al oirme nombrar, me quedé suspenso , y fijando


mi vista sobre el capitan con mayor atencion que la que
habia hecho hasta entónces, le reconocí por el capitan del
buque en que emprendí mi segundo viaje, el cual me ha-
bia abandonado en la isla desierta á la que bajé para comer.
Encarándome entónces con él, le dije : Capitan , no
decís que se llama Simbad el dueño de esos fardos ?
Sí, me contestó ; así se llamaba, y era de Bagdad . Se em-
barcó en mi buque en Balsora, y un dia en que atracámos
á una isla para hacer aguada, bajó á tierra con otros
pasajeros. Concluida la operacion, me hice á la vela y no
advertímos que no habia vuelto á bordo con los otros pa-
sajeros sino algunas horas despues, cuando ya nos era
CUENTOS ÁRABES 209

imposible el volver a aquella isla para recogerle por tenor


el viento contrário. Como desde entónces no he vuelto á
tener mas noticias de él, creo que habrá perecido , y ahora
voy á vender sus mercancías para entregar su producto á
su familia cuando vuelva á Balsora. H ¿ De modo que le
creéis muerto ? le pregunté. - Sí, por cierto, me contestó.
- Pues estáis en un error muy grande, le repliqué yo.
Abrid los ojos, miradme bien , y sabed que ese mismo
Simbad, que creéis ya en la eternidad, está muy vivo y
sano , que lo tenéis delante de vuestra vista, en fin , que
ese Simbad, abandonado por vos, soy yo. »

A,

c
ra
he El capitan se quedó atónito al oirme hablar de esta ma-
me miró y remiró con la mayor atencion , y despues
de un largo exámen, al fin me reconoció ; no siendo
extraño que no me hubiese reconocido antes , lo uno por po
lo cambiado que me hallaba , como á mí me sucedió con
él, y lo otro por la creencia en que estaba de que habia
perecido. - ¿Alabado sea Dios ! exclamó entonces, dán-
dome un estrecho abrazo ; no podéis figuraros cuán grande
es mi satisfaccion en volveros á ver. Aquí tenéis todos
vuestros géneros intactos, disponed de ellos como gus-
12.
210 CUENTOS ÁRABES

téis . Despues de manifestar al capitan mi agradeci-


miento por su comportamiento y honradez, me incauté
de mis mercancías que en seguida cambié muy ventajosa-
mente por productos del país. Desde la isla de Salahat to-
cámos en otras várias , traficando en todas ellas , y durante
esta larga navegacion tuve ocasion de ver cosas muy ra-
ras , entre ellas una tortuga monstrua que tendria sobre
unos veinte codos de largo, y alta en proporcion ; un pes-
cado que se parecia á una vaca ; otro que se asemejaba á
un camello , y una multitud de peces voladores de extraor-
dinaria magnitud .
Como en todos los puertos en que habíamos tocado ha-
bia traficado , vendiendo ó trocando mis géneros , y rea-
lizado siempre cuantiosos beneficios , cuando desembarqué
en Balsora eran tan grandes las riquezas que traía , que yo
mismo ignoraba á cuánto ascendian . De Balsora me trasladé
á Bagdad, repartí una parte de mis ganancias con los ne-
cesitados, compré nuevas fincas , y volví á gozar otra vez
del descanso y de los placeres de la vida.
Sin embargo, el deseo de viajar nuevamente volvió á ser
en breve mi pesadilla , y dejándome dominar por esa in-
clinacion, dispuse todo lo conveniente para surcar los
mares por cuarta vez, siendo las aventuras de este cuarto
viaje no méos extraordinarias que las de los viajes pre-
cedentes, las cuales os referiré mañana si tenéis gusto en
oirlas.

AVENTURAS DEL CUARTO VIAJE DE SIMBAD EL MARINO

Al dia siguiente , concluida la comida, Simbad empezó á


referir á sus huéspedes las aventuras de su cuarta excur-
sion marítima de la manera siguiente : Esta vez , se-
ñores , les dijo , emprendí mi viaje por tierra hasta Persia,
y allí me embarqué en uno de sus puertos . A los pocos
dias de navegacion , hallándonos no muy distantes de una
isla, fuimos sorprendidos por una deshecha tormenta, y
CUENTOS ÁRABES 211

nuestro buque, á pesar de cuantas precauciones habia


tomado el capitan, con los mástiles tronzados , desgarradas
las velas, roto el timon, é impelido por el huracan, fué á
estrellarse contra un arrecife , se abrió por diferentes
partes, y se hundió con todo el cargamento .

VIL

Muchos de los pasajeros perecieron ahogados , otros pu-


dimos salvarnos asiéndonos á los tablones y maderos des-
quiciados del buque, y ayudados por la corriente y por el
viento que soplaba por la parte del mar, conseguímos llegar
á tierra, agotadas nuestras fuerzas y casi exánimes . Aquella
noche la pasámos en el sitio mismo en que nos habia ar-
rojado el mar y sin tomar ningun alimento, y al dia si-
212 CUENTOS ÁRABES

guiente, sacando fuerzas de flaqueza, nos internámos en


la isla. Despues de algunas horas de marcha descubrímos
una especie de aldea ; su vista nos reanimó, y nos dirigí-
mos á ella . Cuando estábamos cerca, nos vimos rodeados
por una multitud de negros que, por lo que nosotros po-
díamos colegir de sus ademanes y gestos , hacian entre sí
una especie de reparto ó sorteo de todos nosotros, lo cual
tomámos , equivocadamente, por señal de buen agüero .
En efecto , luego que los negros se pusieron entre sí de
acuerdo, nos fueron llevando , por grupos, á sus chozas, y
allí, haciéndonos sentar, nos presentaron cierto manjar
blanco aderezado con yerbas, convidándonos , por señas ,
á que lo comiésemosos . Mis compañeros de infortunio que
hacian su primer viaje, é ignoraban las costumbres de los
negros, como estaban hambrientos , se avalanzaron á él y
se lo comieron ; pero yo que me desconfiaba algo de esta
hospitalidad tan benévola , no quise probar de aquel man-
jar, y solo tomé unos cuantos bocados de arroz cocido con
el agua y el aceite de coco que nos trajeron en seguida .
Bien pronto conocí que no eran infundados mis recelos ,
porque en cuanto el manjar blanco empezó á surtir sus
efectos , mis compañeros comenzaron á dar señales de
idiotismo completo .
Aquellos negros , señores, continuó Simbad, eran an-
tropófagos, aunque no crueles. Á fin de que las víctimas
que debian devorar no conociesen la suerte que las espe-
raba, las atontecian dándoles á comer aquellas yerbas ,
las cuales les hacian perder el sentido . Luego las cebaban ,
por decir así, con arroz, maíz y algunas frutas , y cuando se
habian puesto bien gordas, las mataban y se las comian.
Como yo me habia abstenido de comer aquel manjar
fatal y conservaba mi conocimiento, presentia la suerte de
mis compañeros y la mia , y este presentimiento me hacía
enflaquecer, de modo que los negros al ver que yo , léjos
de estar gordo, no tenía mas que el pellejo y los huesos,
me llegaron á mirar con tal desprecio, que casi no repara-
ban en mí, y me dejaban en libertad completa.
Un dia que todos los negros válidos de aquella ranchería
CUENTOS ÁRABES 213

partieron para una expedicion lejana, y no quedaron en ella


mas que algunos viejos, me decidí á aprovechar esta oca-
sion para escaparme . Uno de los viejos que me vió alejarme
demasiado , empezó á gritarme para que volviera, pero lo
que yo hice fué apretar el paso y correr cuanto pude hasta
perderle de vista.
Siete dias estuve caminando y alimentándome con co-
cos y otras frutas que abundaban en la isla . Al octavo
llegué á las orillas del mar á un paraje en que apercibí
algunos hombres blancos ocupados en cosechar clavillo ,
pimienta y otras especias finas . Me acerqué á ellos sin
recelo, y cuando les conté lo que me habia sucedido y de
dónde venía , como ellos sabian que los negros de aquella
isla eran antropófagos, se quedaron admirados de que yo
hubiese salvado la vida . Permanecí con ellos mientras es-
tuvieron en la isla , y les ayudé á recoger su cosecha de
especias. Luego nos embarcámos , y despues de algunos
dias de navegacion fuimos á desembarcar á la isla de donde
ellos habian venido, y me presentaron al rey, el cual se
dignó escuchar mis aventuras , mandó que se me proveyera
de todo lo que necesitase , y me dió vestidos nuevos . El
rey me tomó tanto cariño , y llegué á estar en tan gran
privanza con él, que todos empezaron á tratarme con mu-
cha deferencia y á querer ser amigos mios .
Entre las cosas raras que me llamaron la atencion mién-
tras residí en aquella isla , una de ellas fué la de ver montar
á todos á caballo , en pelo, sin silla , bridas , ni estribos .
Hablé de ello al rey que, despues de haberme escuchado.
atentamente la descripcion que le hice de los arreos de
montar, me dijo : « Amigo Simbad , todo eso debe ser muy
bueno , pero aquí es enteramente desconocido . » Sin de-
cirle nada me fuí á casa de un carpintero y conseguí, á
fuerza de explicaciones, que me hiciese el armazon de una
silla, la llevé á mi casa y rellenándola con lana y con pe-
lote la forré en seguida con una piel de carnero, y por
encima puse una tela bordada . Luego fuí á casa de un her-
rero y le mandé hacer un bocado y unos estribos de
hierro, y despues de haberle puesto las bridas y las cor-
214 CUENTOS ÁRABES

reas, mandé llevarlo todo al palacio del rey , ensillé uno de


sus caballos , y montando yo primero , luego hice montar al
rey el cual quedó tan contento de esta nueva invencion que
me manifestó su agradecimiento haciéndome ricos pre-
sentes. Los ministros, los cortesanos y las personas nota-
bles de la isla quisieron tener tambien sus arreos de mon-
tar ; se los hice, y esto me valió regalos magníficos .
De allí á poco me dijo el rey un dia : « Simbad,
tengo una gracia que pedirte , y espero que me la conce-
das. Como es mucho lo que te quiero, desearia que te
quedases en este país, y me parece que el mejor medio
para que te fijes en él y no pienses en regresar al tuyo, es
el de que te cases con una mujer de esta tierra. » Como
yo debia tantos favores al rey, no me atreví á negarme á
satisfacer su deseo, y acepté por esposa una de las damas
mas hermosas y distinguidas de la corte , que era ademas
muy rica. Así fué que la boda, á la que se dignó asistir el
rey, se celebró con gran magnificencia . Durante algun
tiempo , viví con mi esposa muy feliz , pero sin abandonar
por eso el pensamiento secreto que abrigaba de volverme
á mi país.
Un dia que fuí á ver á uno de mis numerosos amigos,
le encontré sumido en el mas profundo dolor á consecuen-
cia de la muerte de su mujer, que iban á enterrar. Como
por via de consuelo le dije : ¡Que Dios os conceda
largos años de vida para llorar á vuestra esposa ! -¡ Ay,
pobre de mí ! me contestó, ¿ cómo es posible que yo pueda
obtener la gracia que me deseáis cuando ya no me quedan
sino unas cuantas horas de vida ? ¿ no sabéis que hoy mis-
mo me van á enterrar con mi mujer ? » Yo creí que el
dolor de haber perdido á su esposa le habia trastornado el
juicio, pero no tardé mucho en cambiar de opinion cuando
supe que, segun la costumbre inmemorial del país, á la
que todos se someten sin excepcion , y sin oponer resis-
tencia, el consorte que sobrevive es enterrado vivo con
el que ha fallecido . Aun no habia acabado de reponerme
de la sorpresa que me habia causado el conocimiento de
costumbre tan bárbara, cuando llegaron los parientes y
CUENTOS ÁRABES 215

demas personas que venian para asistir al doble entierro de


la muerta y del vivo, y el fúnebre convoy se puso en mar-
cha despues de haber amortajado á la mujer con el mas
rico de sus vestidos, adornándola con todas sus joyas y
preseas, y colocado el cadáver en un ataúd descubierto .
Nos encaminámos todos á un cerro muy elevado en cuya
cima habia un pozo muy profundo cubierto con una gruesa
piedra . Habiendo levantado esta , bajaron al fondo del pozo
el cadáver de la mujer, y en seguida trajeron otro ataúd
en el que habia siete panes y un cántaro con agua. El ma-
rido se despidió de todos los circunstantes, se colocó en el
ataúd, y fué descendido en seguida al pozo sepulcral, del
nismo modo que lo habia sido el cadáver de la mujer,
volviendo á cerrarlo con la piedra, y sin que ninguno de
los asistentes se mostrase ni sorprendido ni conmovido ..

Yo traté de hacer comprender á algunos lo bárbaro de


una costumbre tan inhumana , y contra naturaleza , pero
todos, y hasta el mismo rey, escucharon mis observaciones
con la mayor extrañeza . -- « Es una ley, me dijo el prín-
cipe , de la que yo mismo no puedo eximirme, y los
extranjeros casados y domiciliados en esta isla están su-
etos á ella.
Desde este dia no viví ya tranquilo , y la menor indispo-
216 CUENTOS ÁRABES

sicion de mi esposa me causaba las mas vivas congojas,


presentándome la horrible perspectiva de una muerte
cierta y desastrosa , ¡ la de ser enterrado vivo ! si, por des-
gracia, llegaba á fallecer ántes que yo . Inútil es el deciros
que con este motivo mis deseos de regresar á mi patria,
y de escaparme, se hicieron mucho mas vivos. No se pasó
mucho tiempo sin ver cambiados mis fundados temores
en espantosa realidad . Mi mujer enfermó gravemente, y
por mas esfuerzos que hice para salvarla no pude conse-
guirlo . Vinieron los parientes, hicieron con su cadáver lo
mismo que habian hecho con el de la mujer de mi amigo ;
y, quieras que no quieras , nos llevaron al cerro del enter-
ramiento, y despues de haber depositado en el pozo el
ataúd de mi mujer me colocaron en el mio, á pesar de
mis súplicas , ruegos y protestas ; de modo que, sin lograr
hacer valer mi calidad de extranjero , me bajaron al pozo ,
y cerraron su boca con la piedra.
El olor fétido que exhalaban los cadáveres allí deposi-
tados era insoportable, y capaz por sí solo de privar á
cualquiera de la vida ; pero el instinto de la conserva-
cion fué en mí mucho mas poderoso . Tapándome las na-
rices, y deteniendo la respiracion cuanto podia, cogí mis
siete panes y el cántaro del agua, y me alejé á tientas ,
cuanto me fué posible , del sitio en que habia amon-
tonados mayor número de cadáveres . Con este escaso
alimento fuí prolongando mi agonía durante unos dias,
lamentándome sin cesar por mi infausta suerte y desgar-
rado mi corazon por el aguijon punzante de un tardío
arrepentimiento de haber dejado m casa y las comodi-
dades que tenía en ella .
Ya habia consumido mis escasas provisiones y esperaba
resignado la muerte, cuando vi abrir la boca de la sima ,
y como me habia acostumbrado á la oscuridad y distin-
guia los objetos , vi descolgar primero un muerto, y luego
un vivo. Entónces renació en mí el amor de la vida y me
sugirió una resolucion desesperada. Me armé con una
gruesa tibia , y ántes que la persona viva , que era una
mujer, hubiese salido del ataúd, me arrojé sobre ella y
CUENTOS ÁRABES 217

le di unos cuantos golpes con el hueso en la cabeza con


los que quedó aturdida , y ..... para decir verdad , abrevié
por este medio su agonía ..... Con los siete panes y el
> agua que encontré en su ataúd pude sustentarme algunos
dias mas. Hice otro tanto con un hombre, y luego con
otras várias personas que fueron bajando sucesivamente,
y por este medio fuí prolongando mi existencia.
Casi me habia acostumbrado ya á este triste género de
vida, cuando un dia sentí cierto ruido como de pisadas, y
uí resollar. Armándome con la tibia de que me habia ser-
vido para poner término breve á la agonía de las personas
enterradas vivas, me dirigí hácia el sitio de donde venía el
ruido , y pude distinguir confusamente una especie de
bulto que, al acercarme á él , echó á huir delante de mí.
Yo le fuí siguiendo , guiado por el ruido que hacía al mar-
char, y despues de haber andado muy largo trecho , con
no poca sorpresa mia, divisé á lo léjos un punto luminoso
como una estrella , el cual se iba agrandando segun me
aproximaba á él, y me encontré con que lo que yo habia
creido ser una luz fija, era la claridad del sol que entraba
por la bendidura de una roca que estaba á las orillas del
mar en una playa desierta . Este descubrimiento debido á la
entrada en el subterráneo mortuorio de un animal desco-
nocido que quizas vendria á buscar su comida entre los
cadáveres , me devolvió la esperanza perdida . Pasé por la
abertura, aunque desgarrándome algo el vestido y las car-
nes, y me prosterné en tierra para dar gracias a Dios de
haberme restituido tan milagrosamente al aire libre y á la
luz del dia. Examiné la posicion del cerro y vi con satis-
faccion que estaba situado entre la ciudad У el mar, pero
que no tenía ninguna comunicacion con aquella, y que
por todas partes era inaccesible . Luego me volví al subter-
ráneo al punto en que estaban los cadáveres , recogí á
tientas cuantas joyas, diamantes y perlas me cayeron bajc
las manos, y con las vestiduras y las piezas de tela que
encontré hice unos cuantos lios que fuí trasladando á la
playa con los panes y el agua que habia recogido , y alli
pasé unos cuantos dias hast que a fin divisé un navío
13
218 CUENTOS ÁRABES

que navegaba á lo largo de la costa , el cual habiendo


apercibido las señales que yo hacía destacó una lancha
para recogerme.
Afortunadamente, el capitan y todas las gentes de á
bordo eran extranjeros y no conocian la lengua en que yo
les hablaba , lo cual me evitó el entrar en explicaciones
detalladas , y no impidió el que me tratasen bien . El buque
fué haciendo escala en várias islas de aquel archipiélago ,
entre ellas la llamada de las Campanas , cuyos habitantes
se alimentan con carne humana, cuando pueden tenerla ;
la de Serendib y la de Kelu , cuyo rey es riquísimo . En
todas ellas trafiqué con los diamantes y perlas que habia
recogido en el pozo de los muertos, y realicé cuantiosos
beneficios ; hice ricos regalos al capitan y á la tripulacion ,
y desembarqué, al fin , felizmente en Balsora, desde donde
me trasladé á Bagdad . Aumenté mi hacienda con la com-
pra de nuevas posesiones, socorrí á muchos necesitados ,
y volví á hacer el mismo género de vida que hacía cuando
emprendí este cuarto viaje cuyas aventuras acabo de
referiros.
Así terminó Simbad su relacion convidando á sus hués-
pedes , incluso el mozo de cordel Humbad que, con las
bolsas de zequíes que habia recibido del generoso marino ,
se habia rejuvenecido , para que acudiesen al dia siguiente
á oir, despues de comer, los no ménos portentosos acon-
tecimientos que le sucedieron en el quinto viaje que em-
prendió.

RELACION DEL QUINTO VIAJE DE SIMBAD EL MARINO

Tres meses no se habian pasado todavía desde mi re-


greso de la cuarta expedicion , empezó diciendo Simbad á
sus huéspedes , cuando acosado , nuevamente por los deseos
de viajar , hice todos los preparativos necesarios para una
quinta excursion . No queriendo depender de ningun ca-
pitan, compré en Balsora un buque que acababan de cons-
CUENTOS ÁRABES 219

truir, lo equipé, hice embarcar en él las mercancías que


habia traido de Bagdad y de otros puntos, y tomando á
bordo algunos pasajeros nos hicimos á la vela con un
tiempo magnífico . Despues de unos cuantos dias de nave-
gacion, atracámos á una isla desierta para refrescar la
aguada, y mientras las gentes de la tripulacion se ocupa-
ban en esta faena, algunos pasajeros quisieron bajar á
tierra, y yo los acompañé . La isla era abundante en árboles
frutales , y parecia un verjel, é internándonos un poco en
ella, encontrámos un huevo de roc igual al que yo hab'a
visto en uno de mis viajes anteriores , pero con la particu-
laridad de que este estaba completamente incubado , y el
polluelo del roc asonaba la cabeza por una hendidura que
habia hecho en el cascaron . Yo les expliqué á los pasa-
jeros qué clase de ave era el roc , y ellos deseosos de
gustar su carne, rompieron á hachazos el cascaron del
huevo , á pesar de mis observaciones , sacaron el polluelo
nonato, le asaron, y nos le comimos, aun cuando yo hu-
biera preferido que no se hubiese tocado al huevo . Al poco
rato, aparecieron en el horizonte dos grandes nubar-
rones que oscurecian el sol, y al llegar al sitio en que nos
encontrábamos, vimos que eran los padres del polluelo ,
los cuales hallando su huevo hecho pedazos, y desapa-
recida su cria , empezaron á dar unos horribles graznidos ,
y luego se retiraron . Nosotros nos embarcamos en se-
guida , y empezábamos á navegar , cuando , no sin sorpresa,
vimos volver á las dos aves trayendo cada una en las gar-
ras un enorme peñasco . Dirigieron su vuelo sobre nuestra
embarcacion , y cerniéndose perpendicularmente sobre
ella, una de las aves soltó su peñasco el cual vino á caer
al costado del buque, gracias á la virada que el piloto
pudo dar á tiempo , y evitar el golpe. Al caer el peñasco ,
fué tan fuerte la sacudida que el navío recibió con la mon-
taña de espuma y de agua que produjo su caída en el mar ,
que el piloto no pudo gobernar, y el segundo peñasco , que
el otro roc dejó escapar de sus garras , vino á caer en el
medio del buque, lo abrió y lo hizo zozobrar. De los pasa-
jeros y tripulantes , unos perecieron aplastados por la
220 CUENTOS ÁRABES

peña, otros se ahogaron , y algunos consiguieron arrivar á


la isla desierta, asiéndose á los restos flotantes del navío.
Yo no lo pude conseguir, á pesar de todos mis esfuerzos,
y estuve flotando sobre un madero durante dos dias, hasta
que el tercero, y cuando ya empezaban á flaquearme las.
fuerzas, y daba mi vida por perdida , llegó á pasar no léjos
de mí una embarcacion que me vió y me recogió.

Conté á todos los que iban a bordo la aventura que me


habia sucedido , y rogué al capitan del buque que me
desembarcase en aquel punto que creyese mas á propó-
sito para que yo pudiese regresar á mi país , en lo cual
consintió. Entre los pasajeros que iban en el buque, uno
de ellos me cobró particular cariño . Cuando desembar-
cámos en el puerto de una gran ciudad, en el que se hacía
un importantísimo comercio, me llevó consigo á su posada ,
CUENTOS ÁRABES 221

y despues de descansar algunos dias, me recomendó á


una compañía de traficantes en cocos , los cuales me lle-
varon consigo . Fuimos á un espeso bosque cuyos árboles
eran en la mayor parte cocoteros , y al entrar en él nos
vimos asaltados por un enjambre de monas y de micos :
empezámos á perseguirlos , y ellos entónces se subieron
á los árboles , que era precisamente lo que nosotros que-
ríamos. En seguida, llenando de piedras los sacos que
traíamos, armámos una pedrea en regla contra las monas
y los micos , y estos animales, para defenderse, en cambio
de nuestros guijarros nos apedreaban con los cocos que
arrancaban de los árboles en que estaban subidos . Reci-
bíamos algunos cocotazos, pero eran bien compensados
con la abundante cosecha de cocos que á tan poca costa
hacíamos , cosecha que nos hubiera sido imposible el rea-
lizar sin el auxilio de nuestros monos enemigos.
Recogida nuestra provision de cocos, nos volvímos
á la ciudad en donde yo vendí los mios . Por algun tiempo
continué haciendo lo mismo , y llegué á reunir una can-
tidad bastante crecida . Seguí haciendo acopio de cocos y
me embarqué con un gran cargamento de ellos para ir á
la isla de la Pimienta y á la de Camarí en donde abunda
la mejor madera de aloé , y cuyos habitantes se abstienen
religiosamente de beber vino , y no toleran que haya en la
isla ningun lupanar. Allí cambié mi cargamento de cocos
por aquellos dos productos, y me trasladé á la isla en que
se hacía la pesca de las perlas . Tomé buzos pescadores
por mi cuenta, y tuve la suerte de que me pescaran mu-
chas y muy gruesas, embarcándome por último para Bal-
sora adonde llegué felizmente , y desde allí me trasladé á
Bagdad en cuya ciudad vendí la pimienta, la madera de
aloé y las perlas. Segun mi costumbre , distribuí una
parte de mis ganancias , y aumenté mis riquezas.
Procuré descansar de mis fatigas , pero no tardé en has-
tiarme de la vida cómoda y tranquila que hacía , y empu-
jado por el deseo de recorrer nuevos mares y de traficar en
países desconocidos , pronto empecé á tomar disposiciones
para satisfacer mi capricho . Las aventuras de este mi sexto
222 CUENTOS ÁRABES

viaje, terminó diciendo Simbad , os las referiré mañana , si


queréis tomaros la molestia de venir á oirlas y á acompa-
ñarme á la mesa.

RELACION DEL SEXTO VIAJE DE SIMBAD EL MARINO

Esta vez , empezó diciendo á sus huéspedes Simbad , en


lugar de embarcarme en Balsora , me fuí por tierra hasta la
Persia , recorrí una parte de ella y de la India , y , al fin,
me embarqué en uno de los puertos de este país, en un
buque que se disponia para emprender una larga navega-
cion . Larga fué, en efecto , y desastrosa , puesto que al
cabo de unos cuantos meses que empleámos surcando por
mares desconocidos, nos hallámos un dia, despues de ha-
ber sufrido una horrible tormenta , con nuestro rumbo
perdido, y sin que el capitan supiese á punto fijo el sitio
en que nos encontrábamos . Esta incertidumbre no tardó
mucho tiempo en desaparecer, y con ella la esperanza de
salvarnos ; porque arrastrado nuestro navío por una cor-
riente irresistible, é incapaz de obedecer al timon , fué á
estrellarse contra las rocas de una isla que teníamos en
frente de nosotros . Aunque abierto por várias partes, á
consecuencia del choque, felizmente no se sumergió , y
quedó encallado en medio de los peñascos, lo cual no solo
nos permitió salvar por el pronto la vida , sino sacar y
llevar á tierra los víveres y las mercancías .
Al reconocer la playa en que habíamos desembarcado ,
el capitan, rasgándose los vestidos , golpeandose el pecho ,
y haciendo otras demostraciones de dolor , exclamó :
« Ya podemos empezar á abrir nuestras sepulturas , y dis-
ponernos á morir, porque ninguno de nosotros volverá á
salir del funesto lugar en que nos encontramos , y tendre-
mos la misma suerte de los que , ántes que nosotros,
han sido arrojados á este sitio fatal . Tended la vista , añadió ,
á vuestro alrededor , y veréis la prueba de lo que os
digo.
CUENTOS ÁRABES 223

Entónces examinámos con mayor atencion el terreno, y


vimos con terror varios esqueletos, muchos huesos hu-
manos esparcidos por la playa , y un sinnúmero de cajas
y de fardos llenos de mercancías. Á nuestro frente habia
una montaña de granito , cortada á pico, de una altura
prodigiosa é inaccesible, la cual , por su configuracion , pa-
recida á la de una média luna, avanzaba sus dos cuernos
hasta dentro del mar , y formaba la especie de ensenada ó
concha en que nos hallábamos encerrados . Un torrente
impetuoso, abriéndose paso por una de las fractuosidades.
de la montaña , caía con estruendo sobre la playa y se
convertia en rio caudaloso , cuyas aguas, por una anoma-
lía singular, en vez de ir á reunirse con las del mar, volvian
á entrarse en la montaña por una enorme cavidad sub-
terránea. Una gran parte de las piedras de aquella mon-
taña eran de cristal de roca , de rubíes , de topacios y de
otras piedras preciosas ; y por una de sus grietas manaba
una especie de resina que, corriendo hacia el mar, servia
de alimento á ciertos pescados , los cuales se la tragaban
con ansia, y al dia siguiente la devolvian convertida en
ámbar gris arrojado sobre las arenas de la playa por las
olas del mar. Como veis , señores, continuó Simbad , nos
encontrábamos en medio de riquezas innumerables , pero
sin poder utilizarlas . Despues de habernos hecho cargo
de nuestra situacion , y abrigando la esperanza de ver pa-
sar algun buque en que pudiésemos salvarnos , procedimos
á hacer la distribucion de víveres por partes iguales . Esto
hizo vivir á mis compañeros mas ó ménos tiempo , segun
su temperamento y su voracidad . Los que murieron pri-
mero fueron sepultados por los sobrevivientes , y yo tuve
el dolor de enterrar al último que quedaba . Aquí debo
deciros que si yo sobreviví fué porque, aleccionado por
la experiencia de mis anteriores viajes, tuve la precaucion
de hacer exclusivamente de comestibles uno de mis far-
dos, y de rotularlo como géneros de tráfico ; cuyo secreto
me guardé muy bien de revelar á nadie.
Cuando ya quedé enteramente solo , y me convencí de
la imposibilidad de salvarme Dor mar, porque ningun na
224 CUENTOS ARABES

vío podia abordar sin peligro á aquellos temibles parajes ,


empecé á cavar mi fosa, con ánimo de extenderme en ella
cuando hubiese comido mi último bocado , á fin de no
quedar enteramente insepulto, puesto que no habria nadie
que me enterrase ; estando ocupándome en esta triste
faena, Dios me inspiró la idea de ir á examinar con mayor
tencion el rio que desaparecia por la boca subterránea
de la montaña . Entónces reflexioné que sus aguas debiendo
ir necesariamente á salir por alguna otra parte , yo podria
arriesgarme á seguir el curso de estas aguas, y puesto
que, al fin y al cabo , mi muerte era inevitable, debia
serme indiferente ó morir extenuado por el hambre
sufriendo las congojas de una larga agonía, ó morir aho-
gado . Hechas estas reflexiones me puse inmediatamente
á construir una balsa con los muchos materiales de
todo género que abundaban en la playa . Escogí todo lo
mas rico que encontré en telas y joyería entre las innu-
merables mercancías , é hice con ellas unos fardos chatos .
Amarré y sujeté todo á la balsa, y colocándome en medio
con las provisiones que me quedaban todavía , poniéndome
en manos de la Divina Providencia , me entregué á la cor-
riente de las aguas introduciéndome por la boca de la ca-
verna. Luego que la rebasé quedé en una completa oscuri-
dad. Seguí caminando arrastrado por la corriente durante
cuatro dias sin que me hubiese sucedido ningun grave
accidente ; pero el quinto dia , á pesar de las precauciones
que tomaba de ir sondeando el terreno á derecha é iz-
quierda con dos remos de que me habia provisto , no pude
evitar el que mi cabeza recibiese un fuerte golpe contra
una piedra saliente de la bóveda , golpe que me hizo caer
de espaldas en la balsa y perder el sentido . Yo no puedo
deciros cuánto tiempo duró mi desvanecimiento ; solo sé
que, cuando volví en mí, me encontré á las orillas de un
caudaloso rio, rodeado de un grupo de negros que me
contemplaban con asombro, y me hablaban en una lengua
que yo no entendia.
Arrebatado de gozo, sintiendo renacer mis fuerzas , me
levanté y exclamé en alta voz : << Invoca á la Omnipo-
CUENTOS ÁRABES 225

tencia, y acudirá en tu auxilio . No pienses en otra cosa,


y confía que durante tu sueño Dios cambiará tu suerte de
mala en buena. » Como yo habia recitado estos versículos
del Alcoran en árabe, uno de los negros que entendia esta
lengua se acercó á mí y me dijo : - Hermano , nada
temas ; nosotros habitamos en esta campiña y somos la-
bradores. Al acercarnos al rio hemos visto tu balsa , la
hemos detenido y amarrado á la orilla, y creyéndote
muerto, te hemos sacado á tierra . ¿ De dónde vienes , y
cómo te hallas en este rio ? » Yo les conté en pocas pala-
bras lo que me habia sucedido , y enterados los otros ne-
gros de lo que yo les decia, por medio del que nos servia
de intérprete , se quedaron admirados, y se apresuraron á

ofrecerme algunos alimentos. Luego me dijeron que iban


á present rme al rey, y haciéndome montar en un caballo
13.
226 CUENTOS ÁRABES

que trajeron , y cargando sobre sus cabezas los fardos de


mi balsa, nos pusimos en camino para la ciudad de Seren-
dib, que era la capital de aquella isla .
Despues de dos dias de marcha , llegámos á ella felizmente,
é inmediatamente me condujeron al palacio del rey, el cual
me recibió con agrado, oyó mi historia con complacencia ,
y mandó que se me asistiera con todo lo que necesitase .
Yo le mostré los rubies, las demas piedras preciosas y las
ricas telas que traía, y le rogué que escogiese aquello que
fuese de su mayor agrado. El rey se quedó maravillado de
ver tanta riqueza , pero no quiso aceptar nada de lo que yo
le ofrecia. Te doy las gracias , Simbad , me dijo son-
riéndose, por los presentes que quieres hacerme ; pero
léjos de pensar en disminuir los bienes que Dios te ha dado ,
pienso , al contrário, en aumentártelos , para que lleves
recuerdos agradables cuando salgas de mi reino . Os diré
con este motivo , prosiguió Simbad, que la isla de Seren-
dib está situada bajo la línea equinoccial, y que allí son
iguales en toda estacion las noches y los dias . Hay en
medio de ella una montaña que pasa por ser la mas ele-
vada del mundo, cuya cresta se descubre desde el mar á
muchas leguas de distancia . En esta montaña hay minas
de rubies y minerales de todas especies ; y en los valles
que están á su falda se encuentran diamantes y otras pie-
dras preciosas ; en las costas de la isla se pescan innume-
rables perlas . Segun la tradicion del país , en esta montaña
fué en donde Dios colocó á Adan y á Eva cuando los ex-
pulsó del Paraíso .
Despues de haber hecho por devocion la peregrinacion
á esta montaña, y visto lo mas notable de la ciudad y de
la isla , comencé à ocuparme de mis preparativos de mar-
cha, y me fuí á despedir del rey. El príncipe mandó
entónces que me trajesen los regalos que tena prepa-
rados para mí, y me entregó él mismo una carta autógrafa
para nuestro kalifa Harun Alraschid , acompañada de
riquísimos presentes entre los que llamaban la atencion
mas particularmente, una copa de pié y medio de altura
hecha de un solo rubí , guarnecida con numerosas perlas
CUENTOS ÁRABES 227

redondas del peso de média dracma cada una ; una piel de


serpiente con escamas muy gruesas que tiene la virtud de
preservar de toda enfermedad epidémica ó contagiosa al
que se recueste sobre ella ; otras várias preciosidades , y
ademas una esclava de una hermosura sorprendente,
cuyos trajes estaban enriquecidos con joyas, perlas , dia-
mantes , rubies y esmeraldas de un valor fabuloso . Me em-
barqué, y salí con viento próspero de la isla.
Durante esta navegacion no experimenté contratiempo
ninguno ; llegué á Balsora felizmente, me trasladé á Bag-
dad , y al dia siguiente de mi llegada me presenté en pa-
lacio para cumplir el encargo que traía , y me hice anun-
ciar como un enviado del rey de Serendib .
El kalifa me recibió en seguida , y yo postrándome ante
su trono, despues de expresarle en una corta arenga el
objeto de mi visita , le entregué la carta del rey, y le pre-
senté la esclava y los presentes de que era portador.
Tan luego como el kalifa hubo leido la carta y héchose
cargo de todo lo demas , al ver la magnificencia de semejan-
tes dones , se quedó maravillado , y me preguntó si era cierto
lo que se decia sobre las grandes y fabulosas riquezas que
poseía el rey de Serendib, como en cierto modo lo indi-
caban los regalos que yo le habia ofrecido en su nombre.
Yo le contesté : « Señor, puedo asegurar á Vuestra Majes-
tad que en nada se exagera cuanto se diga respecto á sus
riquezas y poderío, porque yo mismo lo he visto . El rey de
Serendib habita en un palacio cuya techumbre es de oro
macizo en la cual se hallan engastados cien mil rubies que
brillan como estrellas al resplandor del sol , y deslumbran
y casi ciegan al que los mira. La magnificencia y las ri-
quezas del interior del palacio no pueden describirse , por-
que sobrepujan, por lo maravilloso , á cuanto la imagina-
cion sea capaz de concebir . Cuando el rey sale en pú-
blico, es conducido en un trono de oro guarnecido de
esmeraldas , rubíes y perlas, colocado sobre un camello
blanco como la nieve , cuyas gualdrapas y jaeces no tienen
precio. Le precede una escolta de mil elefantes sobre los
que van montados diez mil soldados de la guardia vesti-
228 CUENTOS ÁRABES

dos con telas de brocado y armados con lanzas de oro


guarnecidas de rubíes. A sus dos lados y detras , marchan
sus cortesanos , sus ministros , con trajes que admiran y
deslunbran por su magnificencia, y cierra esta brillante
comitiva otra escolta de mil elefantes , como la que le pre-
cede . Entre las innumerables joyas que encierra su tesoro
se ven mil coronas de oro cuajadas de diamantes y de pre-
ciosa pedrería . Todo esto , ilustre Comendador de los
Creyentes, yo mismo lo he visto ; pues bien , señor , añadi ,
á pesar de esas inmensas riquezas y otras que omito ;
á pesar de ese fastuoso poderío, permítame Vuestra Ma-
jestad el decirle que el rey de Serendib no es un tirano ,
sino un príncipe muy sabio y muy justo al mismo tiempo ,
y que sus vasallos viven contentisimos y felices bajo su
cetro; y es tan grande el amor á la justicia que ha infun-
dido en el ánimo de sus vasallos el ejemplo del rey, que
todos ellos cumplen con sus respectivas obligaciones , sin
que haya necesidad de tribunales , ni de jueces, ni en la
capital, ni en los demas pueblos de sus Estados flore-
cientes . D ―― El kalifa me estuvo escuchando con la mayor
atencion , y me dijo : « Creo que sea verdad cuanto
acabas de referirme, porque, segun se expresa en su carta ,
se echa de ver que es un príncipe lleno de sabiduría . »
Despues me hizo un magnífico regalo y me despidió que-
dando sumamente complacido .
Yo me retiré á mi casa , empecé á poner órden en mis
negocios y á clasificar mis inmensas riquezas , decidido
esta vez á poner término á mis viajes , y á pasar tranquilo
el resto de mis dias. Mi propósito, sin embargo , no pudo
tener efecto, por la razon que os diré mañana si os dignáis
venir á comer conmigo .

RELACION DEL SÉTIMO Y ÚLTIMO VIAJE DE SIMBAD EL MARINO

Reunidos al dia siguiente en la sala del festin todos los


convidados, luego que hubieron comido , empezó Simbad
CUENTOS ÁRABES 229

á referirles las aventuras de su último viaje en los términos


siguientes : -- Ayer os dije , señores, que cumplida mi
mision con el kalifa y entrado en mi casa , no pensaba
volver á salir de ella para correr nuevos riesgos en viajes
marítimos . Y, en efecto , me hallaba gozando de las rique-
zas adquiridas , y olvidando los peligros de muerte en que
tantas veces me habia visto , cuando se presentó un dia en
mi casa un oficial de palacio con una órden del kalifa para
que fuese á verle. Me apresuré á vestirme y me dirigi á la
morada del Comendador de los Creyentes . Cuando estuve
en su presencia, el soberano me dijo : « Simbad,
quiero que vayas á llevar mi respuesta al rey de Serendib
con los presentes que le envío, en justa correspondencia
de los que tú me trajiste. Todo está ya dispuesto , y desde
luego puedes ponerte en camino . » Bien hubiera que-
rido evitar este viaje, pero me fué imposible el conse-
guirlo ; de modo que, aunque á pesar mio , tuve que con-
> formarme con los deseos y la voluntad del kalifa, el cual ,
al entregarme su carta autógrafa, me entregó una bolsa
con mil zequies que yo no queria recibir, pero que el ka-
lifa se empeñó en que los aceptara para subvenir, me dijo ,
á los gastos de la travesía.
Me embarqué en Balsora y arrivé á Serendib con una
navegacion felicísima ; tan pronto como el rey tuvo noticia
de mi llegada me recibió en seguida : « Mucho gusto
tengo en volver á verte, Simbad, me dijo ; y muchas veces
me he acordado de ti , despues de tu partida, y espero
que esta vez permanecerás mas largo tiempo en mis Esta-
dos. » Yo le di gracias por tanta benevolencia, le presenté
la carta del kalifa y los regalos que le traía de su parte ,
los cuales consistian en una cama completa de brocado
estimada en dos mil zequíes ; en cien vestidos de las telas
mas ricas y mas finas del Cairo, Suez, Kufa y Alejandría ;
en otras camas no ménos ricas de diferentes hechuras ; en
una copa de ágata de una sola pieza con bajos relieves en
el fondo , cuyo cáliz tenía medio pié de diámetro , y en una
mesa riquísima que , segun tradicion , habia pertenecido
al gran Profeta Salomon.
230 CUENTOS ÁRABES

Despues de haber examinado estos objetos, y leido la


carta del kalife, el rey se mostró muy satisfecho de que

el Comendador de los Greyentes correspondiese así á la


amistad que él le habia manifestado . Por complacerle, per-
maneci algun tiempo en Serendib, y por último me em-
barqué con la esperanza de regresar pronto á Bagdad, y
no volverme á poner mas en camino ; pero el cielo lo ha-
bia dispuesto de otra manera.k at the th
A los pocos dias de nuestra navegacion fuimos asaltados
en alta mar por un Luque corsario que se apoderó sin di-
ficultad del nuestro por no hallarse en estado de defensa ,
CUENTOS ÁRABES 231

y los piratas nos hicieron esclavos á todos . Despojándonos


de nuetros vestidos , y haciéndonos cubrir con otros viejos ,
nos llevaron á una grande isla , y allí nos vendieron . A mí
me compró un rico mercader que traficaba en marfil . Me
preguntó si yo sabía manejar el arco y las flechas, y si
era buen tirador , y habiéndole contestado que , durante
mi juventud , era muy diestro, me proveyó de estas armas
y me llevó á un bosque distante algunas leguas. Nos in-
ternámos en él, y al llegar á cierto sitio , apeándonos del
elefante en que habíamos venido , señalándome un árbol
me dijo : << Por aquí pasan muchos elefantes , súbete á
ese árbol ; cuando los tengas á tiro dispara tus flechas y
mata los que puedas , viniéndome á avisar en seguida . »
Dicho esto , me dejó víveres para algunos dias , y se volvió
á la ciudad.
Yo pasé toda la noche en acecho encaramado en mi ár-
bol, y al amanecer del dia siguiente vi venir hácia el paraje
en que yo estaba un rebaño de elefantes , grandes y peque-
ños; hice mi puntería, y tuve la suerte de matar uno de los
mayores. Los otros, al ver caer á su compañero , huyeron
despavoridos . Cuando se alejaron, me bajé del árbol y
fuí á avisar á mi amo , el cual volvió conmigo al sitio en
que estaba el elefante muerto , y entre los dos le enterrámos
para dar lugar á la putrefaccion , y poder recoger mas fá-
cilmente los colmillos .
Dos meses y medio pasé en esta cacería , durante los
cuales todos los dias mataba uno ó dos elefantes desde
diferentes sitios . Una mañana vi venir á estos animales
en mucho mayor número , pero en vez de atravesar el
bosque como tenian de costumbre, se dirigieron al árbol
en que yo estaba subido , lo rodearon , y levantando sus
trompas empezaron á mirarme con ojos enfurecidos . Yo
me sobrecogí de tal manera con semejante espectáculo, que
las flechas y el arco se me escaparon de las manos . Uno
de estos colosales cuadrúpedos , que era el mayor y venía
á la cabeza del rebaño , rodeó el árbol con su trompa , le
pegó una fuerte sacudida , lo desarraigó , y el árbol y yo
caimos en tierra . Entónces creí que habia llegado el fin de


232 CUENTOS 13ABES

mi vida. Grande fué mi sorpresa cuando vi que el elefante


alargando su trompa me cogió con ella y me colocó sobre

su lomo, y poniéndose al frente de sus compañeros echó


á andar á trote largo seguido por aquellos. Despues de
haber caminado todo el dia , yendo yo mas muerto que
vivo, atravesámos un desfiladero y llegámos á un valle.
profundo rodeado de altas montañas . Los elefantes se
pararon ; el que me llevaba encima me agarró con su
trompa y me puso en tierra . Yo creí que iba á aplastarme
con sus pezuñas ó á atravesarme el cuerpo con uno de
sus colmillos, pero, con no ménos asombro mio , se retiró,
los otros le siguieron y me dejaron ileso . Yo no sé cómo
pasé la noche, solo recuerdo que cuando amaneció al dia
siguiente examinando el sitio en que me hallaba, vi que
era un verdadero osario ó cementerio lleno de esqueletos
de elefantes , de huesos y colmillos amontonados en aquel
lugar desde quizas mas de un siglo. Entéuces admiré el
CUENTOS ÁRABES 233

Instinto de estos animales que, al verse perseguidos y


diezmados por mí, y adivinando que esta persecucion era
hija del deseo de procurarse sus colmillos , me habian
traido á aquel paraje en donde podria saciar mi codicial
con los despojos de los muertos, dejando de perseguir á
los vivos.
Inmediatamente me puse en camino para participar á mi
amo este descubrimiento , y llegué á la ciudad , sin contra-
tiempo , despues de tres dias de camino . Durante este
intervalo mi amo habia ido al bosque, y al ver el árbol
desarraigado , y mi arco y mis flechas por tierra, me habia
creido muerto ; de modo que su sorpresa y su alegría fue-
ron grandes cuando le conté lo que me habia sucedido, y
el descubrimiento que habia hecho.
Al dia siguiente montámos cada uno en un camello y
nos fuimos al cementerio elefantino , volviéndonos el mismo
dia á la ciudad con un rico cargamento de colmillos , y lo
mismo continuámos haciendo los dias siguientes , hasta
que todos sus almacenes estuvieron llenos . Como este
descubrimiento no podia estar oculto durante mucho
tiempo , los otros traficantes en marfil empezaron á hacer
lo mismo. Entónces mi amo me dijo : — « Hermano, por-
que ya no quiero trataros como esclavo despues del des-
cubrimiento que habéis hecho con el cual me habéis en-
riquecido , en nombre de Dios os doy la libertad , y deseo
que él os alargue la vida y os colme de toda suerte de
bienes . Espero que así lo hará al ver que en vez de per-
der la vida en esa caza peligrosa en la que tantos otros
esclavos la han perdido , no solo os la ha preservado, sino
que os ha favorecido con tan señalado beneficio , sirvién-
dose de vos para enriquecernos á todos por medio de ese
descubrimiento , prueba innegable de lo mucho que os
quiere . Y tened entendido , añadió , que yo no me limito
solo á daros libertad , sino que mi intencion es la de com-
partir con vos el fruto de los peligros que habéis corrido . »
C
Yo le respondí diciéndole que le deseaba toda suerte
de prosperidades , y que me tenía por bien retribuido por
los servicios que le habia hecho, con recobrar mi liber-
234 CUENTOS ARABES

tad, y con que me proporcionase los medios necesarios


para regresar á mi país ; pero él volvió á repetirme que
no se contentaba con hacer eso solo .
Desde ese día , haciéndome cambiar de vestidos , me
sentó á su mesa y me trató como á un amigo . Cuando
llegó la estacion de los vientos favorables , y los navíos
mercantes volvieron á la isla, mi amo hizo cargar uno de
ellos con marfil exclusivamente por mi cuenta, añadiendo
ademas otros ricos presentes. Nos despedimos abrazán-
donos, y yo me hice á la vela . Nuestra navegacion fué
feliz , así es que , despues de haber hecho escala en dife-
rentes puertos en los que vendí ó troqué una parte de mi
cargamento por otras mercancías , desembarqué en Bal-
sora y me trasladé á Bagdad. Tan pronto como lle-
gué me fuí á presentar al kalifa, le di cuenta de haber
desempeñado mi mision cerca del rey de Serendib ; le
referí las aventuras que me habian sucedido , y le ofrecí
unos cuantos colmillos de elefante de los mas escogidos.
El kalifa que , al ver lo mucho que se retardaba mi re-
greso , creyó que me habria sucedido alguna desgracia en
la que hubiese perdido la vida , mostró mucha satisfaccion
de verme. Mi aventura y otras que le referí de mis viajes
anteriores le parecieron tan peregrinas , que mandó á uno
de sus secretarios que las hiciese escribir con caractéres
de oro en los anales de su reinado , y me hizo un rico re-
galo en recompensa de mis fatigas .
En seguida me ocupé de vender mis mercancías , arreglé
todos mis asuntos é hice propósito firme de no volver á
emprender ya ningun otro viaje, y acabar el resto de mis
dias gozando con tranquilidad de las riquezas que Dios me
habia dado, y haciendo de ellas el mejor uso posible.
Así terminó Simbad la serie de sus aventuras , y diri-
giéndose particularmente al mozo de cordel : - Ya véis ,
amigo Humbad , le dijo , que yo no he adquirido lo que
tengo, holgando, ni por herencia, sino á costa de muchos
trabajos, riesgos y fatigas, y de haber estado expuesto
mil veces á perder la vida. Es verdad que otros han hecho
y sufrido tanto ó mas que yo quizas , sin que sus esfuer-
CUENTOS ÁRABES 235

zos hayan tenido el mismo feliz éxito ; pero estos son


arcanos de la Divina Providencia que debemos respetar ,
porque son para nosotros incomprensibles . Sírvaos, sin
embargo, de gobierno lo que acabáis de oir para no juzgar
solo por apariencias en lo sucesivo , pues ya conoceréis
que, despues de tanto como yo he sufrido , justo es el que
disfrute con regalo de los bienes tan costosamente adqui-
ridos . »
Humbad se levantó y besándole la mano le dijo : « Os
confieso , señor, que he sido injusto y ligero al quejarme
de mi suerte con la amargura que lo hice, y que mis pa-
decimientos no pueden compararse en manera alguna con
los vuestros . ¡ Que Dios prolongue vuestra vida largos
años para que podáis gozar en paz, y como merecéis , del
fruto de una fortuna tan bien adquirida ! »
Simbad despidió al pobre mozo de cordel dándole esta
vez una bolsa con cien zequíes y un traje nuevo . Le en-
cargó que viniese todos los dias á sentarse á su mesa , y
le hizo tomar otro oficio ; y el antiguo y pobre mozo de
cordel Humbad fué, en lo sucesivo, uno de los amigos de
Simbad el marino .
Terminada la relacion de estas maravillosas aventuras
que el sultan Chabriar habia escuchado con el mayor in-
teres, su esposa la sultana Gerenarda le dijo : • Voy ȧ
referiros ahora, señor, un episodio muy divertido del rei-
nado del ilustre kalifa que acabamos de nombrar, y estoy
cierto que no lo encontraréis indigno de vuestra atencion . »
-
El sultan hizo una ademan que indicaba su aquies-
cencia, y Gerenarda empezó á hablar en estos términos.

HISTORIA DE ABOU-HASSAN, EL DORMIDO DESPIERTO

Durante el reinado del kalifa Harun Alraschid , hubo en


Bagdad un jóven llamado Abou-Hassan , hijo único de un
opulento mercader que, al morir, le dejó una herencia
muy considerable en metálico y er mercancías . El jóven,
236 CUENTOS ÁRABES

que no se sentia con inclinacion al comercio , realizó las


mercancías, y del capital reunido hizo dos partes iguales :
una de ellas la empleó en comprar bienes raices y casas
en la ciudad , cuyas rentas le produjesen lo suficiente para
vivir cómodamente, proponiéndose no tocar á estas rentas
mientras tuviese dinero, y la otra parte la destinó á sus
recreaciones y placeres , á los cuales se entregó con rienda
suelta, en compañía de otros jóvenes de su edad que él ,
en su inexperiencia del mundo , creía que eran sus ami-
gos . Se dió tan buena maña en gastar, y fué tan grande el
número de fiestas y de francachelas espléndidas con que
los obsequió que , al cabo de tres años, se encontró con
que su capital habia desaparecido , y entónces vió tambien
desaparecer con su último zequí el último de sus amigos ,
que dejaron de serlo en cuanto dejó de darles bailes ,
refrescos y banquetes.
Este desengaño le hizo abrir los ojos ; y despues de
una prueba que quiso hacer con cada uno de los jóvenes
que le adulaban mientras él los obsequiaba , y le hacian
mil protestas de amistad y cariño ; prueba dolorosa , por-
que no halló entre ellos ninguno que viniese en su auxilio ,
y.aun hasta hubo algunos cuya ingratitud y desfachatez
llegó al extremo de decirle que no le conocian ; Abou-
Hassan se retiró á su casa con el corazon ulcerado por
tanta ingratitud, é hizo el solemne juramento , no solo de
no volver á ver ni hablar á semejantes libertinos , sino de
no volver jamas á sentar á su mesa á ningun habitante de
Bagdad ; pero como era de carácter jovial , muy generoso ,
y no queria hallarse solo á la hora de la comida , se pro-
puso convidar á comer y dar hospitalidad , por una sola
vez , á uno de los forasteros que diariamente llegan á la
gran ciudad . Con este intento todas las tardes se iba á
apostar á la entrada del puente, y se llevaba consigo á su
casa á un viajero.
Una tarde que se hallaba en el sitio acostumbrado en
que solia ponerse , vió venir à un hombre, que por su traje
parecia mercader de Mosul , seguido de un esclavo . Se
acercó á él, y saludándole cortesmente , le rogó que le
CUENTES ÁRABES 237

hiciese el obsequio de venir á pasar á su casa aquella


noche y cenar con él . Un convite de esta naturaleza no
dejó de causar extrañeza al forastero , el cual , despues de
haber examinado atentamente al sugeto que se lo hacía, se
decidió á aceptarlo deseoso de saber qué clase de hombre.
era aquel . Seguido por su esclavo , se dirigió en compañía
de Abou-Hassan á la casa de este.
Ya sabéis , señor , prosiguió la sultana Gerenarda , que el
kalifa Harun Alraschid acostumbraba recorrer la ciudad

y sus cercanías unas veces de noche , otras de dia, para


informarse por sí mismo lo que ocurria en ella , y cómo
2
ɛe hacía la administracion de justicia , encubriendo su
238 CUENTOS ARABES

alta personalidad y jerarquía bajo disfraces diferentes ; y


aquella tarde Abou-Hassan tuvo la suerte de encontrarse
con el kalifa , vestido con traje de mercader extranjero , y
llevárselo consigo .
El convite que ofrecia á sus improvisados huéspedes
Abou-Hassan no era suntuoso por la variedad y el número
de manjares ; pero los cuatro platos de que se componia
eran abundantes, finos y suculentos , y sobre todo muy
bien aderezados , porque tenía una esclava excelente co-
cinera ; seguíanle despues ricas frutas secas y del tiempo ,
y pastas exquisitas , como postres, y luego se terminaba
la cena con el aromático café y vinos generosos escogidos .
La cena de aquella noche se componia de un capon y
cuatro pollos asados , un sábalo y dos salmonetes , un so-
lomillo de venado en adobo , y un plato de perdices en
escabeche, y el kalifa , á quien con la correría que habia
hecho por las afueras de la ciudad , se le habia avivado el
apetito, hizo honor á todos estos manjares, con gran satis-
faccion de su huésped. Mientras estuvieron satisfaciendo
el hambre, guardaron uno y otro un silencio casi com-
pleto ; pero cuando trajeron los postres y les vinos se
desliaron las lenguas. Abou - Hassan tomó una copa, se
sirvió á sí mismo , segun la costumbre árabe, el primero,
y en seguida presentando otra copa al kalifa le dijo : « Ya
sabéis, señor, que el gallo nunca bebe sin que llame á las
gallinas para que beban con él ; brindo por vuestra salud,
y os ruego que sigais mi ejemplo . Yo no sé cuál es vuestro
modo de pensar ; por mi parte yo soy de parecer que el
hombre que aborrece el vino, y se abstiene de beberlo
echándolo dejuicioso, es mas bien un necio . Dejemos, pues,
á esos hombres con su sobriedad y con su ceño , no los
imitemos nosotros , bebamos , y ¡ viva la alegría ! » El kalifa
se echó á reir, y alargando su copa , contestó : « A fe mia
que sois un hombre honrado , y me place en extremo vuestro
genio ; llenádmela hasta el borde, porque ese vino debe
ser excelente, pues estoy seguro que un hombre como
vos sabe elegir las cosas buenas . »
A estas jovialidades siguieron otras muchas, lo cual no
CUENTOS ÁRABES 239

impidió el que Abou-Hassan contase á su convidado lo


que le habia sucedido con sus amigos, y el propósito que
habia hecho, en virtud del cual tenía el placer de verle
sentado á su mesa . El supuesto mercader alabó su cor-
dura, que otros jóvenes libertinos como él, le dijo , no
hubieran tenido, y luego añadió : « Me habéis obsequiado
con tan buena cordialidad y esplendidez que os estoy muy
agradecido , y quisiera daros muestras de mi agradeci-
miento . Aunque extranjero , os diré que tengo algunos
conocidos en la ciudad, y estoy relacionado con personas
de valimiento en la corte del kalifa. ¿ No tenéis algun nego-
cio pendiente cuyo buen despacho os interese, ó no deseáis
obtener alguna cosa que pueda contruibuir á completar
vuestra dicha ? Decídmelo con franqueza , abridme vuestro
corazon , y ya veréis que no abusaré de vuestra confianza.-
Estoy persuadido , le contestó Abou-Hassan , que no me
hacéis esos ofrecimientos por puro cumplido , porque me
parecéis hombre formal y de buenos sentimientos ade-
mas, vuestra compañía y conversacion me han agradado
infinito , y sin el propósito que he hecho de no dar hospi-
talidad mas que por una sola vez á los forasteros , tendria
sumo placer en volver á recibiros en mi casa ; pero como
probablemente no volveremos á vernos mas en nuestra
vida, despues de daros gracias por los deseos que mos-
tráis de manifestarme vuestro agradecimiento haciéndome
algun servicio , os diré que como no tengo ningunos ne-
gocios entre manos que me quiten el sueño, y como no
soy ambicioso , ni tengo pesares, ni nada deseo, vivo con-
tento con mi suerte, gozando en paz de lo que Dios me ha
dado , pasando mi vida, como véis, tranquila y alegre-
mente . Sin embargo , repuso el kalifa , es imposible el
que, á pesar de esa felicidad que os envidio, no abriguéis
algun deseo, ó no apetezcáis la satisfaccion de algun ca-
pricho. Si me lo hicieseis conocer , creed que yo emplearia
todo mi valimiento para que consiguieseis vuestro objeto.
Ya que tanto insistís , le respondió Abou - Hassan , si he
de hablaros con franqueza , os diré que hay una ligera
nubecilla que perturba algunas veces la serenidad de mi
240 CUENTOS ARABES

cielo, pero sin que llegue á oscurecerlo por eso . Quizas


no sabréis, siendo extranjero, que la ciudad de Bagdad
está dividida en barrios, y en cada uno de ellos hay una
mezquita con un iman encargado de recitar las oraciones
públicas y leer el Alcoran al pueblo . El iman de este barrio
es un viejo que con apariencias de santidad es un hipó-
crita refinado ; este falso santon se ha agregado otros
cuatro viejos tan hipócritas como él, y forman una especie
de consejo ó Sanhedrin en el que se ocupan en inventar
chismes y calumnias de toda especie , sembrando la dis-
cordia entre los vecinos del barrio y perturbando la paz
de las familias ; y os confieso que la maldad de estos hom-
bres me inquieta y me aflige . Estoy seguro que si nuestro
amado kalifa lo supiera nos haria pronta justicia poniendo
un merecido correctivo á la maledicencia y perversidad de
estos hipócritas viejos. Y, os vais á reir de mi capricho ,
quisiera ser, aunque no fuera mas que veinte y cuatro ho-
ras, Comendador de los Creyentes, para mandar castigar
á estos viejos como se merecen. - Vuestro deseo es muy
laudable, le contestó el fingilo mercader, y como decís
muy bien, yo tambien estoy persuadido de que si la con-
ducta de ese iman y de sus consejeros llegase á conoci-
miento del kalifa, se apresuraria á hacer justicia , y aun
quizas á satisfacer vuestro deseo confiriéndoos su suprema
autoridad por ese tiempo , siquiera para saber el uso que
hariais de ella. Os prometo que yo hablaré sobre este par-
ticular con mis amigos. - Ya veo que os estáis burlando
de mí, dijo Abou - Hassan, y á la verdad, que lo merezco .
Así, pues , dejemos esto y no hablemos mas de ello . Apu-
remos el vino que aun queda en las botellas У retirémonos
á descansar porque ya es tarde, y vos debéis estar fati-
gado del camino . Solo vuelvo á recomendaros que mañana
cuando os marchéis , si yo no estoy levantado , tengáis
cuidado de no dejar la puerta de la casa abierta. Os
deseo , pues , una buena noche y que Dios prospere vues-
tros negocios y os guie por buen camino. »
- « No creáis que me burlo, le replicó el kalifa ; eso
sería corresponder de una manera indigna la generosa
CUENTOS ÁRABES 241

hospitalidad que me habéis ofrecido , ni tampoco se bur-


laria el kalifa ; pero tenéis razon , dejemos esto, echemos.

el último trago , y vamos á recogernos. » Tomando en-


tonces la botella, y bebiendo el primero « Permitidme,
le dijo á Abou- Hassan, que yo os sirva esta última vez, ya
que toda la noche me habéis estado vos sirviendo ; D y al
alargarle la copa llena , echó en ella con disimulo , y sin
que aquel lo viera , unos polvos que siempre llevaba con-
sigo. A muy poco de haber apurado su copa Abou - Hassan
en honor de su huésped, el narcótico produjo sus efec-
tos : dejó caer su cabeza sobre la mesa y se quedó pro-
fundamente dormido . Carga con este hombre, le dijo:
el kalifa al esclavo que acababa de cenar y entraba con el
14
242 CUENTOS ÁRABES

aguanianil y la aljofaina , y toma bien las señas de la


casa para que le vuelvas á traer cuando yo te lo mande ; »
y seguido por el esclavo con Abou-Hassan á cuestas,
salió de la casa dejando intencionalmente la puerta
abierta ; se dirigió á palacio, y entró por una puerta se-
creta . Pasando á sus aposentos en los que le estaban
esperando los empleados y oficiales de servicio , les
ordenó que desnudasen á aquel hombre, y le acostasen
en su propio lecho . En seguida mandó á llamar al gran
visir Giafar y á todos los empleados de palacio y personas
de su servidumbre, y les dijo : « Cuando despierte este
hombre se le respetará y obedecerá como á mí mismo, se
le tratará del mismo modo que si fuera el verdadero
kalifa ; se harán con él las mismas ceremonias que con-
migo, y se cumplirán puntualmente las órdenes que diere.
Tú, Mesrour, le dijo al jefe de los eunucos, despues de
despertarme á la hora acostumbrada, vendrás á ocupar tu
puesto cerca de su persona , y cuidarás de que todo se
practique segun mis deseos. » Todos se inclinaron respe-
tuosamente en señal de obediencia , y el kalifa se retiró á
descansar á otro aposento hasta que amaneciese. Á la hora
acostumbrada se levantó , hizo sus oraciones matinales y
vino á ocultarse detras de una celosía colocada en el
cuarto en que continuaba Abou -Hassan durmiendo , en
un sitio conveniente , desde donde podia ver y oir todo
sin ser visto .
Todos los que por sus funciones debian estar presentes
en la cámara del kalifa á la hora en que este se levantaba ,
se colocaron en sus respectivos puestos , y uno de los
oficiales aplicó á las narices del dormido una esponja
empapada en vinagre fuerte . Abou-Hassan se estremeció y
estornudó, abriendo á médias los ojos . Otro de los oficiales
se acercó al lecho y le dijo : • Comendador de los
Creyentes, despertaos que ya se acerca el dia, y es hora
de que os levantéis para hacer la oracion de la mañana
ántes que salga el sol , y asistáis al consejo . » Abou-
Hassan abrió entónces los ojos y su asombro fué indes-
criptible al hallarse en aquel lecho , en un aposento tan
CUENTOS ÁRADES 243

suntuoso y rodeado de una multitud de personajes , de


oficiales y eunucos ricamente vestidos ; y su asombro
creció de punto al ver á la cabecera de la cama puesto
sobre un almohadon de tisú bordado con perlas , un tur-
bante de kalifa .
Mientras tanto, los ayudas de cámara se apoderaron de
él y empezaron á vestirle con un riquísimo traje de Comen-
dador de los Creyenles , cuyo título le daban todos al ha-
blarle. Palpándose por todo su cuerpo , para saber si
estaba dormido ó despierto , Abou - Hassan se decia á sí
mismo por lo bajo : « ¡ Bueno ! 1 conque soy Comendador
de los Creyentes ! ¡ soy kalifa ! pues, ¡ alabado sea Dios !
Pero eso no es posible : esta es una ilusion , es un sueño
hijo de la conversacion que tuve anoche con mi huésped.
Sin embargo, los que duermen no oyen, ni ven , ni entien-
den, y yo oigo á los que me hablan , veo á todas estas
gentes que me rodean , y entiendo lo que me dicen ; ¿ qué
significa todo esto ? ¿ en dónde estoy ? ¿ de quién es este
palacio en que me encuentro ? ¿ quiénes son estas gentes ?
¿ Me habré yo vuelto loco ó estaré dormido ó despierto y
en mi cabal juicio ? » El kalifa , que desde su escondite
habia oido este soliloquio y observaba todos los ademanes
de asombro que Abou-Hassan hacía , estaba sumamente
complacido y se divertia infinito . Cuando acabaron de
vestirle, entraron las damas de palacio á hacerle su aca-
tamiento , y Mesrour le dijo : « Jefe de los Creyentes ,
como os habéis levantado hoy tan tarde, se ha pasado la
hora de la oracion ; pero es la de ir al consejo en cuya sala
están esperándoos el gran visir , vuestros generales y mi-
nistros . ¿ Con quién habláis , le preguntó Abou- Hassan ,
y á quién llamáis Jefe de los Creyentes, y quién sois vos ?
-- Señor , le contestó Mesrour , hablo con Vuestra Majestad
que sois el vicario y el representante en la tierra de nues-
tro gran Profeta , y Mesrour , vuestro humilde esclavo que
tiene la honra de serviros hace ya tantos años , no lo ha
olvidado . Sin duda , señor, que alguna molesta pesadilla
ha turbado esta noche vuestro sueño . » Al oir hablar al
jefe de los eunucos de esta manera , fué tan grande la
244 CUENTOS ÁRABES

risa que se apoderó del supuesto kalifa , que , sin poderse


contener, se dejó caer sobre un divan riéndose á carcajada
tendida. Otro tanto habria hecho el verdadero kalifa si no
le hubiera contenido el temor de ver frustrada la diversion
que se habia propuesto tener aquel dia.
Luego que le pasó este acceso de hilaridad , Abou-
Hassan se puso en pié y mandó acercarse á un eunuco
jovenzuelo, y le dijo : « ¿ Quién soy yo , negrillo ?— Señor,
le contestó el jóven eunuco , Vuestra Majestad es el Cau-
dillo de los Creyentes , nuestro amo y vicario del Profeta .
- Mientes , ¡ cara de tizon ! eres un embustero , » le replicó
Abou-Hassan. Encarándose con una de las damas que es-
taba cerca de él , le alargó la mano diciéndole : « Mordedme
en ese dedo . » La dama obedeció y le mordió tan á lo vivo
que Abou- Hassan se apresuró á retirar la mano pronta-
mente , diciéndose á sí mismo : « Verdaderamente que no
estoy dormido, y encarándose con la dama : « Os ruego ,
le dijo , que no me ocultéis la verdad : ¿ soy yo ciertamente
el Caudillo de los Creyentes ? -Señor, le contestó la dama,
todos extrañamos que Vuestra Majestad nos haga hoy
preguntas de esta especie. Sin duda es porque quiere
divertirse . Pues tambien vos mentís , y sois una embus-
tera, le replicó el falso kalifa . Yo sé muy bien quién soy. »
Todas estas escenas y estos dichos divertian en extremo al
verdadero kalifa , que cada vez estaba mas contento de ver
lo bien que conseguia el objeto que se habia propuesto.
Habiendo vuelto á recordarle Mesrour que era la hora
del consejo, se dejó conducir, precedido por este, con
todo el ceremonial acostumbrado , á la sala del trono . Al
entrar en ella fué aclamado por todos los ministros, gene-
rales y demas dignatarios presentes que gritaban : «¡ Dios
conceda larga vida al Caudillo de los Creyentes y le dé fe-
lices dias ! » Entónces Abou- Hassan exclamó : « i¡ Dios
mio ! ¡ qué portento ! ¡ ayer era Abou -Hassan el Pródigo
Libertino , y hoy soy el kalifa de Bagdad ! » Desde este
momento, al oir tales aclamaciones ; al ver las muestras
de respeto que le prodigaban ; al hallarse rodeado de tanta
magnificencia , Abou-Hassan tomó su papel por lo serio,
CUENTOS ARABES 245

se creva kaifa de véres . Se revistió de gravedad y subió


al trono ayudado por Mesrour y otro oficial superior, y se
sentó en el con tanta dignidad como lo pudiera hacer el
mismo kalifa, el cual, saliendo de su escondite , se tras-
ladó á un gabinete contiguo á la sala del consejo desde
donde podia oir y ver, sin ser visto, todo lo que en él se
hacía y se decia .
Despies que cesaron las aclamaciones y los vitores , se
adelantó el gran visir Giafar, y haciendo ante el trono las
acostumbradas reverencias y prosternaciones , y pronun-
ciando las palabras de la salutacion exigida por la etiqueta :

Caudillo de los Creyentes , le dijo : los emires .


los valíes y demas personas que tienen asiento en la sala-
del consejo , piden permiso á Vestra Majestad pars
14.
246 CUENTOS ÁRABES

entrar á ofrecerle sus homenajes y respetos . » Conce-


dido el permiso por el fingido kalifa, y terminadas todas
las demas ceremonias , volvió á presentarse ante el trono
el gran visir, y empezó á dar cuenta de varios asuntos , de
poca importancia, si se quiere, los cuales fueron resueltos
por Abou-Hassan con sumo criterio y singular acierto ,
con no poca admiracion del kalifa y de todos los presentes
que no podian m.énos de alabar su buen sentido y su
despejo.
Luego que el gran visir concluyó su despacho, le ordenó
Abou-Hassan que mandase venir al jefe superior de la jus-
ticia, y cuando este estuvo en su presencia : « Id , le dijo , á la
mezquita de tal barrio . En ella encontraréis al iman acom-
pañado de cuatro viejos con barba blanca apoderaos de-
ellos y mandad dar cien palos á cada uno de los viejos , y
cuatrocientos al iman . Despues haréis que los monten
sobre un dromedario , con el rostro vuelto hácia la cola, y
que los paseen por las calles del barrio á son de prego-
nero con un cartel que diga : « Este es el castigo que
manda dar el kalifa á los que se entrometen en lo que no
les incumbe, y á los calumniadores y chismosos que per-
turban la paz de las familias . » Les haréis mudar de domi-
cilio á otro barrio ; y cuando hayáis ejecutado esta órden,
vendréis á darme cuenta . » El magistrado se inclinó, llevó
la mano á su cabeza en señal de obediencia, y partió á dar
cumplimiento á la órden del supuesto kalifa.
Volviendo á dirigirse al gran visir le dijo Abou - Hassan :
α Disponed que mi tesorero tome una bolsa del tesoro
con mil zequíes ; que vaya á casa de un tal Abou-Hassan ,
conocido en el barrio por el Pródigo Libertino, y que
entregue ese dinero á la madre de este . Cuando esta
órden se halle ejecutada, vendréis á decírmelo . >» El gran
visir partió despues de haber hecho las demostraciones
acostumbradas de obediencia. Terminada la audiencia y el
consejo, Abou- Hassan bajó del trono con el mismo cere-
monial con que habia subido á él, aclamado nuevamente
por todos los presentes , y rodeado de las mismas demos-
traciones de respeto .
CUENTOS ÁRABES 217

Al dirigirse, precedido por Mesrour, á los aposentos


interiores , manifestó deseos de satisfacer una necesidad
urgente, y los ayudas de cámara se apresuraron á ponerle
un ropaje particular, abrieron un garinete , le condujeron
á él, y ántes de entrar le pusieron en las manos un cal-
zado especial de seda y oro. Abou- Hassan lo tomó, y no
sabiendo el uso que debia hacer de él, se lo metió en una
de las mangas del ropon ú hopalanda que le habian puesto ,
que eran muy anchas . Mucho trabajo les costó á Mesrour
y á los que acompañaban á Hassan el no prorumpir en
una solemne carcajada y guardar su gravedad en este
momento ; pero el temor de disgustar al kalifa y de ver
concluida la fiesta los contuvo , y Mesrour le explicó el
modo de servirse de aquel calzado . Cuando contaron al
kalifa lo que habia ocurrido dió una gran carcajada y se
trasladó á otro sitio conveniente para seguir observando
las acciones, y oyendo las palabras de su representante.
Luego que Abou- Hassan salió del retrete , fué conducido
á un salon en donde se hallaba ya dispuesta la mesa,
cubierta de exquisitos manjares . Al entrar en él , un coro
de voces é instrumentos saludó su entrada. En la mesa
habia siete platos cubiertos , de oro macizo primorosa-
mente cincelado en los que estaban los manjares , y e
resto de la vajilla era de una riqueza que deslumbraba ,
así como los adornos del salon en el que por todas partes
se veía brillar el oro , la plata , las ricas telas , y otras pre-
ciosidades . Siete jóvenes muy hermosas, con abanicos en
las manos , rodeaban la mesa y refrescaban el aire . Abou-
Hassan se sentó é hizo señas á las jóvenes para que se
acercasen y preguntó á cada una de ellas cómo se llamaba.
Segun le iban diciendo los lindos nombres con que eran
designadas, tales como Cuello de alabastro , Placer de los
ojos, Delicias del corazon y otros semejantes , el efímero
kalifa les hacía un cumplido adecuado al nombre que
llevaban ; cumplido ó requiebro que denotaba su ingenio.
Cuando cesó de comer, un ujier gritó : « El kalifa desea
pasar á la sala de los postres . » Inmediatamente se pre-
sentaron varios eunucos con todo lo necesario para
248 CUENTOS ÁRABES
lavarse las manos . Terminado el lavatorio , se abrieron las
puertas de otro salon contiguo mas ricamente adornado

1:

que el primero, en el que habia otra mesa cubierta de


frutas, dulces secos y almibarados de toda clase, colocado
todo en fuentes , salvillas , platos y azafates de oro. Otro
coro de música saludó là entrada de Abou- Hassan en esta
estancia, y otras siete jóvenes de mayor hermosura, ves-
tidas con ricos trajes de hechuras y colores variados, se
hallaban situadas al rededor de la mesa . Abou- Hassan
hizo con estas lo mismo que con las primeras . Despues de
haberse estado recreando en mirarlas largo rato , les
mandó acercarse, les preguntó sus nombres, y segun se
lo iban diciendo , él les ofrecia una fruta ó un dulce y les
CUENTOS ÁRABES 249

hacía un cumplido lisonjero y adecuado á sus respectivos


nombres « Comed esta manzana por amor mio , dijo á la
que se llamaba Cadena de los corazones , y haced que sean
mas ligeras las cadenas con que me habéis aprisionado
desde el momento que os he visto . » Á la que se llamaba
Tormento del alma , al ofrecerle un melocoton almiba-
rado : « Comed esta fruta en mi nombre , le dijo, y tratad
de endulzar los tormentos que mi corazon padece desde
que os ha mirado . » Y así, por este estilo fué obsequiando
á todas las demas .
Concluidos los postres , se levantó y fué llevado pr
Mesrour á otro salon mas suntuosamente adornado que
los anteriores . Otro coro de música entonó una deliciosa
sinfonía á su entrada , y otras siete jóvenes rodeaban la
mesa que habia en medio , cargada con pastas finas, turro-
nes, mazapanes y almendradas excitantes para provocar
la sed. Entre las bandejas de oro en que estaban todas
estas golosinas , brillaban siete frascos de plata cincelada ,
rodeados cada uno de siete copas de cristal de roca primo
rosamente labradas .
Si grande admiracion habian causado á Abou-Hassan la
magnificencia y la riqueza de los salones en que antes
habia estado, su admiracion fué mucho mayor al entrar
en este y contemplar todos los objetos que le rodeaban.
La brillante comitiva que le acompañaba , compuesta de
eunucos, de oficiales , de damas y de empleados de toda
clase vestidos con ricos uniformes y ropones bordados ;
los diferentes coros de música que encontraba en cada
uno de los salones por donde pasaba ; las mesas en que se
habia sentado ; los deliciosos manjares que habia gustado ,
realzadas todas estas cosas con la vista de las hermosas
jóvenes que le rodeaban ; y las muestras de respeto que
todos le prodigaban, le tenian absorto y asombrado. -
« Es imposible el que yo esté soñando , se decia á sí mis-
mo , porque para sueño , mucho dura : pero no, esto
debe ser una realidad . Yo estoy despierto y no dormido,
y la prueba de ello es el que como y bebo, discurro y
hablo, y ejerzo todas mis facultades físicas y espirituales.
250 CUENTOS ÁRABES

Sin duda que yo debo haber sido transformado ..... Pero


no nos devanemos los sesos en averiguarlo . Dejémoslo á
la voluntad de Dios , y mientras esto dure vamos disfru-
tando . »
Luego que se hubo sentado á la mesa se puso á mirar
atentamente á las jóvenes que le rodeaban y las encontró
mucho mas hermosas que todas las que habia visto ántes :
« ¿ Cómo os llamáis ? le preguntó á la que estaba mas
cerca de él. Collar de perlas , le contestó la jóven, —
« Á fe mia , le dijo Abou - Hassan , que no podian haberos
dado nombre mas adecuado , aunque á decir verdad , aña-
dió , el collar de vuestra enana dentadura aventaja en
brillantez y hermosura á las mas bellas perlas del mundo .
Pues, Collar de perlas, ya que tal es vuestro nombre ,
hacedme el obsequio de echarme de beber. » Así se apre-
suró á hacerlo la jóven, presentándole una copa llena de
vino exquisito .
Despues de haber bebido , Abou - Hassan fué ofreciendo
á cada una de las jóvenes diferentes golosinas, y pregun-
tándoles sus nombres. « Vuestros hermosos ojos, dijo á la
que le contestó que se llamaba Lucero del alba , tienen mas
brillo que la estrella cuyo nombre lleváis . Imitad á vues-
tra compañera ; servidme de beber. » Lo mismo fué ha-
ciendo con todas las demas , no sin gran satisfaccion del
kalifa que estaba muy contento de haber encontrado un
hombre tan jovial y que no carecia de ingenio, cuyas pa-
labras, acciones y gestos tanto le habian divertido .
Cuando Abou-Hassan concluyó de beber tantas copas de
vinos diferentes como jóvenes habia, á las cuales hizo
brindar con él, la que se llamaba Collar de perlas tomó
una copa y la llenó de un vino preparado de antemano
con los polvos narcóticos del kalifa, y presentándosela á
Hassan le dijo : « Comendador de los Creyentes , ruego á
Vuestra Majestad que por amor mio, y por el interes que
tomo en la conservacion de vuestra salud y vuestra vida ,
bebáis esta copa mientras que voy á cantar una cancion
que he compuesto hoy mismo en honor vuestro, la que os
ruego os dignéis escuchar. · Con mucho gusto os concedo
CUENTOS ÁRABES 251

lo que me pedís , le contestó Abou -Hassan, tomando la copa


de mano de la jóven .
Acompañándose con un laúd , Collar de perlas cantó una
cancion con tanta maestría y expresion , que Abou-Hassan
entusiasmado, y para hacerle honor , se bebió de un trago
todo el licor que la copa contenia, y quiso que se la vol-
viesen á llenar ; mas apénas habia soltado la copa de la
mano, cuando se le cerraron los ojos , espiró en sus labios
la palabra, y dejándose caer de espaldas en el sillon en
que estaba sentado , se quedó profundamente dormido .
Su kalifato de veinte y cuatro horas habia concluido, des-
pues de haber visto sus deseos cumplidos .
Harun Alraschid , á quien los dichos y hechos de Abou-
Hassan le habia procurado una diversion y un placer mu-
cho mayores de lo que él se habia prometido , salió del
paraje en que se hallaba oculto , mandó que le quitasen el
traje de kalifa, y que le pusiesen sus vestidos, y haciendo
venir al mismo esclavo que habia traido á Abou - Hassan
á palacio, le ordenó que le volviese á llevar á su domi-
cilio, le colocase en su lecho con sumo cuidado , y que al
retirarse dejase la puerta de la casa abierta. Todo lo cual
fué ejecutado por el esclavo puntualmente.
La eficacia del narcótico hizo dormir á Abou- Hassin
hasta muy entrado el dia siguiente, y al despertarse y
verse en su propia casa , se quedó sorprendido . Empezó á
gritar , llamando á Collar de perlas, á Lucero del alba , á
Resplandor del dia y á las otras jóvenes de cuyos nombres
se acordaba. Al oir sus desaforados gritos acudió su
madre : « ¿ Qué tienes, hijo mio ? le preguntó cariño-
samente, ¿ qué te ha sucedido que ayer no has parecido
por casa en todo el dia ? » Abou -Hassan levantó la cabeza,
y mirando á su madre con desden y ceño : « ¿ Qué estas
diciendo, vieja chocha, y á quién llamas tu hijo ? - Pues
á ti, le contestó su madre , ¡ no eres tú mi hijo Abou-
Hassan? - ¡Yo hijo tuyo , horrible vieja ! No sabes que
soy el Comendador de los Creyentes ; el vicario del Profeta
en la tierra ? - Déjate de tonterías , hijo mio , y no digas
esas cosas ; si los vecinos te oyeran, creerian que habias
252 CUENTOS ARABES

perdido el juicio. La loca eres tú, y yo no estoy de-


mente como crees. Te repito que yo soy el kalifa , el Co-
mendador de los Creventes y vicario del Profeta . »

Este diálogo se prolongo largo tiempo entre la mader


y el hijo ; pero al ver aquella que no lograba convencerle
de que era su hijo Abou - Hassan y de que se hallaba en su
casa y no en el palacio del kalifa, dejó de insistir y mu-
dando de conversacion le dijo : « Como ayer has estado ༢༠
ausente todo el dia , ignoras lo que ha ocurrido en el bar-
rio . Sábete que el magistrado encargado de administrar
justicia ha venido á la mezquita , ha mandado dar cua-
trocientos palos al iman, y ciento á cada uno de los cuatro
viejos maldicientes que son sus consejeros , y despues los
ha hecho pasear por las calles del barrio sobre un drome-
CUENTOS ÁRABES 253 .

dario, con gran satisfaccion de todos los vecinos , por


mandato especial del kalifa ; pero lo que no te causará
menor satisfaccion será el saber tambien que el kalifa , á
quien Dios conserve largos años la vida, me ha enviado
por su tesorero una bolsa con mil zequíes. »
Estas dos noticias con los detalles que su madre le
daba , léjos de calmar la irritacion de Abou - Hassan y di-
sipar sus dudas, no hicieron mas que confirmarle en la
idea de que el era el verdadero kalifa , al recordar que
habian sido por órden suya castigados el iman y sus ad
lateres, y entregado á su madre aquel dinero ; así, enca-
rándose con ella : « ¿ Te convencerás ahora, vieja embus-
tera, le dijo , de que yo no soy tu hijo Abou- Hassan , sino
el verdadero Comendador de los Creyentes , cuando sepas
que he sido yo quien ha mandado castigar á esos hipó-
critas calumniadores , y entremetidos chismosos ; y que
los mil zequíes que has recibido te han sido entregados
por órden mia ? »
La buena mujer que no podia adivinar ni remotamente
lo que le habia sucedido á Abou- Hassan , al ver la insis-
tencia con que este sostenía que no era su hijo , sino el
Comendador de los Creyentes, ya no dudó que habia per-
dido el juicio , y empezó á llorar amargamente. A sus ge-
midos, y á los gritos amenazadores de aquel , acudieron los
vecinos , los cuales oyéndole desvariar y seguir soste-
niendo que ni aquella mujer era su madre , ni él era su
hijo sino el kalifa y vicario del Profeta, y sobre todo , al
ver que habia agarrado un palo y amenazaba con él á su
madre y á ellos mismos, teniéndole ya por loco rematado
se echaron sobre él y quitándole el garrote le sujetaron
los brazos y las piernas con fuertes cordeles, y le llevaron
á la casa de dementes . Allí le encerraron en una jaula de
hierro , habiéndole aplicado ántes el loquero mayor cin-
cuenta zurriagazos que le dejaron las espaldas en carne
viva,
Á pesar de los malos tratamientos de que era objeto
por parte de los loqueros , Abou - Hassan continuaba soste-
niendo que él era el verdadero kalifa, y los amenazaba con
15
254 CUENTOS ÁRABES

un severo castigo . Cuando su desconsolada madre venía á


verle : « No te conozco , vieja, le decia , yo no soy tu hijo ;

d
de modo que esta persistencia tan tenaz era causa e que
se ensañasen con él los loqueros, le aplicasen sendos zur-
riagazos , y le repitiesen sin cesar : « Vuelve en tu juicio ,
confiesa que eres Abou - Hassan el Libertino, y no el Co-
mendador de los Creyentes. » Y el infeliz les respondia :
No estoy loco, y vuestros consejos no me hacen falta ;
pero si hubiera de perder el juicio , nada contribuiria mas
á ello, que los malos tratamientos que usáis conmigo. »
Tres semanas estuvo viviendo en esta horrible situacion ,
durante las cuales eran infinitas las reflexiones que se
hacía sobre el estado en que se hallaba . « Si yo fuera
CUENTOS ÁRABES 255

realmente, se decia, Caudillo de los Creyentes , ¿ cómo y


por qué me habrian abandonado Giafar, Mesrour y tantos
emires y oficiales que se postraban á mis piés ? ¿ Cómo no
acudirian á librarme de la lamentable situacion en que me
veo ? ¿Luego todas aquellas grandezas , aquella autoridad
y aquellos homenajes de que me he visto rodeado , no han
sido mas que un sueño , y todo eso solo se ha pasado en
mi mente mientras estaba durmiendo …… .... debo creerlo así.
Sin embargo, el castigo que mandé dar á los cuatro viejos
hipócritas y al iman , y los mil zequíes traidos á mi madre,
por mi órden, yo no lo he soñado , puesto que son hechos
positivos , innegables. Esto es lo que yo no comprendo
ni alcanzo á descifrarlo. Solo Dios sabe lo que me ha
sucedido . »
Los malos tratamientos que continuaba recibiendo , y el
ver que nadie venía á librarle fueron borrando en su mente ,
poco a poco , las imágenes vivas que conservaba de su
grandeza de un dia , y al fin se convenció de que no era
lo que habia creido . Reconoció á su madre y le pidió per-
don, y lo mismo á los vecinos por lo que los habia inju-
riado , y por el escándalo que habia dado ; y despues de
haberse cerciorado el director del hospital de que habia
recobrado su cabal juicio , le permitió salir del estableci-
miento y regresar á su casa en compañía de su madre que
lloraba de gozo al verle ya curado . « ¿ Quieres saber
cuál es mi opinion , le dijo , sobre la horrible enfermedad
que has padecido ? pues sabe que yo lo atribuyo á la
influencia de los espíritus malos , porque recuerdo que la
noche que cenaste con aquel mercader del Mosul, cuando
se marchó por la mañana dejó la puerta abierta , y los
espíritus infernales se aprovecharon de esta ocasion para
entrar, se apoderaron de ti, y te inspiraron esas extrava-
gancias. - A fe mia, que tenéis razon , madre, y que esa
debe haber sido la causa principal de todas mis ilusiones
y de mis quebrantos , » le contestó Abou -Hassan .
Despues de haber pasado algun tiempo reponiéndose
del mal trato que le habian dado en el hospital, y de los
malos y escasos alimentos que le habian suministrado ,
256 CUENTOS ÁRABES

cuando se sintió con sus fuerzas recuperadas y su salud


restablecida , empezó á fastidiarse de pasar las noches
solo, y volvió á emprender el mismo género de vida que
ántes ; es decir , que á la caída de la tarde iba á sentarse
á la cabeza del puente para convidar á cenar con él á uno
de los forasteros que llegasen á la ciudad .
Ya hacía algunos dias que lo ejecutaba así , cuando una
tarde vió venir á lo léjos al kalifa Harun Alraschid dis-
frazado como la vez primera, y acompañado por el mismo
esclavo . « Allí viene, se dijo, el mercader causa de mis
infortunios , y para no encontrarse con él , se levantó , y
se puso á mirar el rio vuelto de espaldas al camino . Esta
precaucion no le sirvió para que el kalifa, que queria sa-
ber lo que le habia pasado despues de su reinado de un
dia, no se acercase á él y le saludase muy cortesmente.
« No os conozco , le dijo Abou -Hassan bruscamente ; de-
jadme en paz, y seguid vuestro camino . » El kalifa insistió ,
y fueron tantas las demostraciones de amistad que le hizo
y las protestas de interes , que al fin , despues de un largo
coloquio en el que Abou - Hassan le contó los malos trata-
mientos que habia recibido en el hospital de dementes, y
le mostró las cicatrices aun frescas que se los recordaban ,
consintió, por último , en llevársele á cenar una segunda
vez. Durante la cena Abou -Hassan le refirió mas por ex-
tenso el sueño que habia tenido , creyéndose kalifa, cuya
ilusion le habia costado ser reputado como loco y encer-
rado en una jaula de hierro, atribuyendo esta ilusion á la
influencia de los malos espíritus por quienes, le dijo, habia
estado dominado , y de quienes habia sido el juguete du-
rante ese tiempo , y esto por vuestra culpa, añadió , por
que al marcharos dejasteis la puerta abierta .
Bien que el kalifa sabía perfectamente á qué atenerse y
habia presenciado las escenas que Abou- Hassan le referia ,
no le oyó por eso sin menor interes, y se mostró suma-
mente pesaroso de haber sido la causa involuntaria de
sus infortunios ; y compadecido realmente en su interior ,
determinó indemnizarle largamente por todo lo que habia
sufrido. « Amigo mio , le dijo al fin de la cena, creed que.
CUENTOS ÁRABES 257

tengo un verdadero sentimiento de que mi olvido en


cerrar la puerta os haya traido tan deplorables conse-
cuencias ; pero yo os prometo reparar ese descuido y hace-
ros olvidar todo lo que habéis sufrido. Brindemos ahora
por el buen éxito de mi proyecto. » Y alargando al cré-
dulo Hassan la copa llena de vino en la que habia puesto
los polvos consabidos , este se la bebió en honor de su
convidado, y el narcótico surtió immediatamente sus efec-
tos. El esclavo volvió á cargar con el dormido, lo llevó á
palacio y le dejó acostado en la cama del kalifa.
Todos los empleados del palacio recibieron las órdenes
convenientes sobre lo que habian de hacer al dia si-

guiente , y Harun Alraschid se fué á acostar encargando


que le despertaran á la hora acostumbrada .
258 CUENTOS ARABES

Colocado en su puesto de observacion , á la mañana si-


guiente mandó que despertasen á Abou - Hassan, el cual ,
al abrir los ojos , y al verse en aquel lecho rodeado por
las mismas personas que ántes habia visto , exclamó en
alta voz : « ¡ Ay infeliz de mí ! ya ha vuelto el espíritu
infernal á apoderarse de mis sentidos ; pero esta vez no
quiero dar crédito á lo que oiga y vea. » Cerró los ojos y
se volvió del otro lado . Cadena de los corazones y Collar
de perlas se acercaron al lecho , y agarrándole por un
brazo le dijeron : « Comendador de los Creyentes , levan-
taos , y no durmáis tan largo tiempo , pues ya está muy
avanzado el dia ; así , no extrañaréis que, usando del per-
miso que nos habéis concedido , nos acerquemos á vuestra
sagrada persona, y os ayudemos á vestiros . » El dormido.
despierto volvió á abrir los ojos, y rechazando á las dos
jóvenes Visiones de Lucifer ! exclamó , retiraos y de-
jadme tranquilo . Yo no soy Comendador de los Creyentes ,
sino Abou-Hassan llamado el Pródigo y el Libertino , y por
haber creido una vez vuestras embusterías, me he visto
encerrado como una fiera en una jaula de hierro, y he
recibido muchos miles de latigazos de que mis espaldas
dan todavía señales evidentes . De todo ello ha sido causa
un maldito mercader del Mosul que llevé una noche á
cenar conmigo que, al marcharse, dejó la puerta de mi
casa abierta, y por mas que digáis lo contrário , no os
creeré ni haré caso de vuestras zalamerías . » Las dos jó-
venes, reprimiendo la risa que les causaban estas y otras
palabras que Abou -Hassan decia : « Señor, le contes-
taron, no comprendemos nada de lo que Vuestra Majestad
dice ; solo sabemos que , desde anoche que se acostó , ha
estado durmiendo hasta ahora ; y en prueba de que lo que
le decimos es verdad, le recordaremos lo que hizo ayer
durante el dia. Mandó castigar á un iman y á unos viejos
por su maledicencia é hipocresía : envió un regalo de mil
zequíes á la madre de ese Abou-Hassan que acabáis de
nombrar, y que no conocemos ; asistió al consejo en el que
resolvió varios negocios con el acierto y la justicia con que
lo hace siempre , y por la noche nos hizo el honor de
CUENTOS ÁRABES 259

sentarnos á su mesa . Así, pues , volvemos á rogar á Vuestra


Majestad que se levante, porque los negocios del Estado
lo exigen. » Y agarrándole cada una por un brazo, le saca-
ron casi por fuerza del lecho y empezaron á vestirle el
traje de kalifa al ruido de una música armoniosa , y de las
salutaciones de los oficiales y cortesanos presentes .
« ¡ Bueno ! ¡ bueno ! murmuraba entretanto Abou-
Hassan ; si os diera oídos me hariais creer que los borricos
vuelan, y acabaria de perder el juicio . Sois todas unas
locas y embusteras ; y á fe mia que es lástima, porque
sois muy bonitas. Aunque me pellizquen ó me muerdan
para saber si estoy dormido ó despierto , no por eso vol-
veré ya á creer que soy el kalifa . Yo sé quién soy , y todas
vuestras embusterías no me harán cambiar de opinion , ni
me volverán á trastornar el sentido , haciéndome la ilusion
de que soy el Caudillo de los Creyentes. Confieso , sin
embargo, que no comprendo lo que me sucede , ni el
cómo yo me encuentro en este sitio ; y que no atino á
saber á punto fijo si estoy despierto ó dormido . » Todas
estas palabras que el kalifa oia , y el aire asombrado de
Hassan , le divertian en extremo. Lucero del alba y sus
compañeras hacian vanos esfuerzos y protestas para con-
vencerle de que él era , no lo que se creia, sino el verda-
dero Comendador de los Creyentes, y lo mismo le asegura-
ban el gran visir Giafar y el eunuco Mesrour, pero no lo
conseguian . - Ya vemos , señor, le dijo Ramillete de
flores, que Vuestra Majestad quiere chancearse y diver-
tirse esta mañana, lo cual indica que el largo sueño que ha
hecho le ha puesto de buen humor, y como nuestro
deber es el de contribuir á sus placeres, vamos á hacer lo
posible para cumplirlo ; » y formando todas las jóvenes
corro al rededor de Abou-Hassan , empezaron á cantar y
á bailar al son de una estrepitosa música, y otro tanto
hicieron el gran visir, los eunucos y todos los oficiales
y cortesanos présentes. Abou-Hassan siguió mirándolos
un momento, y arrastrado por aquella música estrepitosa
y por aquella danza tan descabellada ; fascinado por una
especie de vértigo , se despojó del traje que le habian
260 CUENTOS ÁRABES

puesto, arrojó al suelo el turbante de kalifa , se quedó en


paños menores y empezó á cantar y á bailar con todos
los demas dando saltos tan descomunales, haciendo con-
torsiones y figuras tan grotescas que el kalifa , al verle
bailar de aquel modo , se destornillaba de risa , y apre-
tándose los ijares se dejó caer en un sofá . En fin , domi-
nándose un tanto , abrió la celosía y exclamó : « ¡ Por
Dios, Abou-Hassan , cesa de bailar si no quieres que me
muera de risa ! »
Al oir su voz, cesaron las danzas y los instrumentos , y
reinó un profundo silencio. Abou - Hassan dirigió la vista
hácia el punto de donde se habia oido la voz y vió salir
de su escondite al kalifa á quien reconoció en seguida por
el mercader con quien habia cenado dos veces . Entónces
cayó la venda de sus ojos y se disiparon las tinieblas que
oscurecian su razon . Conoció que estaba despierto y no
dormido , adivinó una gran parte del enigma, y que no era
un sueño lo que le habia sucedido . Sin embargo , léjos de
cortarse á la vista del kalifa , mirándole cara á cara :
<< ¡ Tate, tate ! exclarnó ! ¿ Conque sois vos el mercader
del Mosul ? ¡ Cómo ! ¡ despues de haberos burlado de mi
dos veces, de haberme hecho perder el juicio, y ser la
causa de los malos tratamientos que he sufrido , de los
que dan todavía un doloroso testimonio todos los miem-
bros de mi cuerpo , os quejáis de que yo os hago morir
de risa, cuando soy yo el verdadero paciente ! C Tienes
razon, Abou- Hassan, le contestó el kalifa , sin dejar de
reirse ; pero ten entendido que al obrar como he obrado
proporcionándote la satisfaccion del deseo que me mos-
traste de ser durante veinte y cuatro horas kalifa , nunca
creí que la diversion que me esperaba tener con tu trans-
formacion repentina , te habia de causar los padecimientos
que has sufrido ; pero , en desagravio de ellos , estoy pronto
á concederte lo que me pidas .
- < Comendador de los Creyentes , le contestó Abou-
Hassan, la sola cosa que deseo es saber, para la tranqui-
lidad de mi turbado cerebro , el cómo hicísteis para tras-
tornarme el juicio de tal modo , y qué objeto os llevasteis
CUENTOS ÁRABES 261

en ello. El de que pudieses realizar tu deseo de casti-


gar á los viejos hipócritas y murmuradores, le respondió
Harun Alraschid, divirtiéndome al mismo tiempo en ver
el uso que harias de mi suprema autoridad , y la manera
que tendrias de conducirte al encontrarte transformado
1 en kalifa. »
En seguida le explicó el medio de que se habia valido ;
le dijo la costumbre que tenía de disfrazarse y recorrer
la ciudad para informarse por sí mismo de cómo se admi-
nistraba la justicia y se observaban las leyes ; le recordó
su encuentro en el puente , y lo que le llamó la atencion
el extraño convite que le hizo ; y finalmente despues de
decirle lo mucho que se habia complacido con su compor-
tamiento : «< He sabido , añadió , tus quebrantos y padeci-
mientos, y quiero resarcirte de ellos, en cuanto me sea
posible . Así, te repito que me pidas lo que quieras , que
juro por Dios el concedértelo . Desde este dia eres mi
hermano , » le dijo por último , abrazándole al mismo
tiempo. « Ilustre y magnánimo Comendador de los
Creyentes , le contestó Abou- Hassan, por grandes que
hayan sido mis padecimientos , los doy por bien sufridos y
los olvido , y me tengo por bien recompensado al saber
que hayan podido contribuir al solaz y complacencia de
mi señor y dueño . Y ya que me otorga la libertad de
pedirle alguna gracia , le diré que como yo no tengo apego
á las riquezas y el interes no me domina , contando con lo
necesario para vivir tranquilo , el solo favor que le ruego
me conceda es el de permitirme acercar á su sagrada
persona para ser el humilde servidor y admirador de
su grandeza. D
Este desinteres de Abou-Hassan hizo realzar su mérito
y su estimacion en el ánimo del kalifa , el cual le dijo :
<< No solo te concedo lo que me pides , sino que desde
este dia vivirás en palacio , te sentarás á mi mesa y ten-
drás acceso cerca de mi persona á cualquier hora y en
cualquier paraje en que me encuentre. »
En seguida mandó á las damas de palacio que le vistie-
ran con uno de sus traies mas ricos, y á su tesorero
15.
262 CUENTOS ÁRABES

particular que le entregara una bolsa con mil monedas de


oro, volvió á abrazarle luego que estuvo vestido , y pasó á
la sala del consejo .
Abou-Hassan se aprovechó de este momento para
regresar á su casa, refirió á su madre todo lo que le
habia sucedido , explicándole que no habia sido un sueño
ó un acceso de demencia, sino que realmente habia sido
kalifa durante veinte y cuatro horas, y habia ejercido
realmente la autoridad suprema , como Comendador de los
Creyentes .
No tardó en divulgarse por la ciudad y hasta por las
provincias del imperio la notícia de este episodio con
todos los detalles ocurridos , y el favor de que gozaba
Abou- Hassan. Los vecinos y el director del hospital de
locos acompañado por todos los loqueros vinieron á
pedirle perdon por los malos tratamientos que le habian
hecho sufrir, creyendo de buena fe que estaba verdadera-
mente loco ; y le felicitaron despues por la brillante
posicion que ocupaba en palacio al lado del kalifa.
Terminada la relacion de este curioso y divertido episo-
dio del reinado de Harun Alraschid , que el sultan Chabriar
habia escuchado con suma complacencia : « Voy á contaros
ahora , señor , le dijo la sultana Gerenarda , otro no ménos
divertido que el que acabo de referiros, que demuestra la
jovialidad y la agudeza de ingenio de nuestro protago-
nista Abou- Hassan ; » y, acto continuo , empezó á anudar
el hilo de su historia en estos términos :

HISTORIA DE LOS MUERTOS RESUCITADOS ABOU - HASSAN Y


SU ESPOSA NUZAT- ULADAT.

La privanza del antiguo « Dormido - Despierto » con el


kalifa Harun Alraschid crecia de dia en dia . Le acompa-
ñaba á todas partes, y hasta la sultana Zobeida , á quien el
kalifa le habia presentado contándole la aventura ocur-
rida, le recibia familiarmente y se complacia en oir sus
CUENTOS ÁRABES 263

chistes . Tenía la princesa una dama favorita llamada


Nuzat-Uladat, y habia notado que cuando Abou-Hassan
acompañaba al kalifa, la miraba con mucha atencion y
ella se ponia muy encendida . Habló de ello al kalifa , y
determinaron unirlos . La boda se efectuó , pues, con
mutua satisfaccion, fué muy espléndida , hubo grandes
fiestas en palacio , y la feliz pareja , terminados los rego-
cijos , se retiró á gozar las delicias de la luna de miel á la
suntuosa habitacion que habian preparado para ellos,
colmados uno y otra de los ricos regalos que el kalifa y su
esposa Zobeida les habian hecho .
Abou-Hassan se encontró con una esposa que tenía el
mismo carácter que él ; era alegre y divertida , y no carecia
de ingenio ; de modo que pasaban su vida en una felicidad
contínua . Como eran muy gastadores y no se privaban de
cuanto podia procurarles algun placer, llegó un dia en
que sus prodigalidades tuvieron término , porque se encon-
traron sin un zequí en su gaveta ; y siendo tantos y tan
repetidos los favores que cada uno , por su parte, habia
recibido del kalifa, y de su esposa Zobeida, que no se
atrevian, á pesar de su privanza , á hablarles de la apu-
rada situacion en que se hallaban , ni ménos pedirles
dinero.
Discurriendo sobre los medios de salir del apuro :
<< Querida mia, exclamó Abou -Hassan , dándose una pal-
mada en la frente, me ocurre una excelente idea para
salir del ahogo en que nos vemos ; pero es menester que
tú me secundes para llevarla á efecto con buen éxito ; de
ese modo, ni yo tendré que molestar al kalifa, ni tú á tu
ama Zobeida. Dispuesta estoy á secundarte, si la idea
es buena, le contestó Nuzat-Uladat. Veamos qué idea e ;
esa . ― Es menester que nos muramos ambos ... --- Mué .
? rete tú si quieres , se apresuró á interrumpirle su esposa,
que yo por mi parte no soy tan vieja , ni estoy tan can .
sada de la vida para que desee perderla así de repente
solo porque no tenga dinero.- Mujer, déjame explicarme,
le replicó Abou- Hassan ; no se trata de que nos muramos
de véras, sino de mentirijillas , aparentando que nos
261 CUENTOS ÁRABES

hemos muerto. Mira, prosiguió diciendo , yo me moriré


primero, y despues que me hayas amortajado , irás con
el vestido desgarrado , suelto y desgreñado el cabello,
llorando y sollozando, y haciendo las demostraciones de
dolor acostumbradas en semejantes casos, á ver á la
princesa, que se compadecerá de ti y te dará por lo menos
cien monedas de oro , para los gastos del entierro . En
seguida te mueres tú , yo te amortajo y voy á ver al kalifa
que no dejará de darme otro tanto por lo ménos, y de
este modo nos remediaremos. » Despues de estas explica-
ciones , Nuzat-Uladat consintió en secundar á su marido ,
y aprobó su idea por completo, y añadió : « mucho me
equivocaré, si el kalifa y la princesa Zobeida no van á des-
tornillarse de risa cuando descubran nuestra fingida
muerte. Inmediatamente marido y mujer empezaron á
poner en ejecucion su proyecto . Abou- Hassan se despojó
de sus vestidos , se tendió en el suelo sobre una alfombra
con los piés vueltos hácia la Meca, y su mujer le envolvió
en un sudario , le cubrió el rostro con un velo de muselina
que no le impidiese el respirar, y le acabó de cubrir con
el turbante.
En seguida se despeinó , se desaliñó el vestido, empezó
á sollozar y á dar gritos y alaridos, y en esta disposicion
se dirigió á las habitaciones de Zobeida á cuyos piés se
arrojó, con los ojos arrasados de lágrimas , haciendo como
que se arrancaba los cabellos , golpeándose el pecho , y
dando muestras de hallarse poseida del dolor mas acerbo.
" ¿ Qué es eso, Nuzat ? ¿ qué desgracia te ha sucedido
para que te aflijas de esa manera ? le preguntó la princesa.
- Señora, le contestó Nuzat con sollozos y palabras cor-
tadas , la mayor que podia sucederme ... mi pobre Abou-
Hassan , el esposo querido que me disteis , ¡ ya... ya no
existe !..... Y la fingida viuda redobló sus lamentos . -
• ¡Cómo exclamó atónita la princesa ; ¡ Abou - Hassan, un
hombre tan jóven , tan robusto y lleno de vida , ha muer-
to !... Esta muerte tan temprana me sorprende , tu just
dolor me aflige , y de todo corazon te compadezco ; >> y tanto
la princesa como las damas de su séquito que conocian al
CUENTOS ARABES 265

supuesto difunto y le estimaban por su jovialidad y por


sus chistes, derramaron algunas lágrimas y tomaron parte

en el dolor que aparentaba tan á lo vivo Nuzat. Despues de


un momento de silencio y de lágrimas en desahogo del ver-
dadero dolor que todas sentian : « Nuzat , le dijo la sultana
Zobeida, modera los excesos de tu afliccion y no te entre-
gues á la desesperacion : el golpe es cruel , sin duda , pero
ya que Dios lo ha dispuesto así, debemos conformarnos
con su voluntad . Yo no te abandonaré. Mientras tanto
toma, añadió alargándole un bolsillo con cien monedas
de oro, véte , á velar á tu esposo y emplea ese dinero en
que se le hagan unos funerales dignos de su mérito , y
amortájale con la pieza de brocado que van a darte ahora
mismo . Nuzat-Uladat volvió á arrojarse á los piés de Zo-
beida, le besó la franja del vestido , y le dió gracias con
266 CUENTOS ÁRABES

palabras entrecortadas por lágrimas y suspiros. Tomó la


pieza de rica tela que le trajeron , y se marchó sollozando
exteriormente, pero interiormente riéndose .
Luego que llegó á su aposento, cerrando la puerta con
llave para no ser sorprendidos : Levántate, Abou-Hassan ,
le dijo á su marido, que ahora me toca á mí el hacer la
muerta ; » y al mismo tiempo le enseñó la bolsa con las cien
monedas de oro y la pieza de tela que habia recibido para
amortajarle, y que servirá, añadió , para hacerme un
vestido.

El aparente muerto se levantó de un brinco, y Nuzat-


Uladat ocupó el lugar de su marido. Despues de haberla
envuelto en el mismo sudario, y cubierto su cuerpo con
un espeso velo, se rasgó una parte del vestido , se des-
CUENTOS ARABES 267

compuso la barba y deshizo el turbante , y se dirigió á las


habitaciones del kalifa, sollozando y golpeándose el pecho .
« ¿ Qué desgracia te ha sucedido , Abou- Hassan ? » Le pre-
guntó Harun Alraschid , al verle de aquella manera.
• Señor, le contestó Hassan , llevándose el pañuelo á los
ojos para enjugar las lágrimas que no vertia, la mayor
que pudiera acontecerme . La mujer que Vuestra Majestad
me habia dado por esposa ..... Nuzat - Uladat... ¡ Ay , des-
graciado de mí ! ... ¡ acabo de perderla ! ... » Al oir esta
noticia, el kalifa se mostró muy conmovido : « ¡ Dios tenga
misericordia de ella ! Zobeida y yo te la habíamos dado
para que fueras feliz con ella, porque era muy buena . Su
temprana muerte me causa verdadera pena , y estoy cierto
que su ama no lo sentirá ménos ; » y el kalifa se enjugó
una lágrima verdadera provocada por su enternecimiento .
El gran visir Giafar, Mesrour y los cortesanos que rodea-
ban al kalifa, se enternecieron todos y acompañaron en
su dolor al supuesto viudo . « No te aflijas ni descon-
sueles en demasía , le dijo el kalifa ; llévate á Abou- Hassan
contigo, añadió dirigiéndose á su tesorero que estaba allí
presente, dale una pieza de brocado para que amortaje
con ella á la difunta , y una bolsa con cien monedas de
oro para que le haga las exequias que su mujer merece . »
Abou-Hassan se arrojó á los piés del kalifa , le dió las gra-
cias sollozando , y siguió al tesorero que le entregó la pieza
de tela y el dinero .
En seguida se fué riendo á su aposento y felicitándose
á sí mismo por el buen éxito que habia tenido su estra-
tagema, y tan luego como abrió la puerta , salió á su en-
cuentro Nuzat, y le preguntó si habia conseguido engañar
al kalifa, como ella habia engañado á Zobeida. << Mira, »
fué la respuesta de Abou-Hassan, enseñándole la pieza de
brocado y la bolsa con las monedas , « en lugar de uno,
añadió, ya tienes tela para hacerte dos vestidos . »
Considerando el kalifa que su esposa la princesa Zo-
beida debia hallarse muy afligida por la muerte de su
dama favorita, luego que despachó los negocios del Estado
y se concluyó el consejo , acompañado por Mesrour pasó
268 CUENTOS ARABES

á las habitaciones de su esposa para consolarla y darle el


pésame, y la encontró, en efecto, muy afectada y triste.
<< Señora, le dijo al entrar , la vida Dios nos la da y nos
la quita, y debemos resignarnos con los decretos de su
Providencia. No necesito deciros la pena que me ha cau-
sado el imprevisto y temprano fallecimiento de vuestra
favorita, por eso en cuanto he sabido este triste aconte-
cimiento me he apresurado á venir á veros para manifes-
taros la gran parte que tomo en vuestra justa pena, y con-
solaros en cuanto me sea posible. Era una jóven muy apre-
ciable en todos conceptos, y merecia que se la quisiera . »
La princesa se quedó muy sorprendida de oir hablar al
kalifa de esta manera : « Pero , Comendador de los Creyen-
tes, exclamó , ¿ de quién estáis hablando que yo no os
entiendo ? Cierto que estoy muy apesadumbrada , pero no
por la muerte de Nuzat-Uladat , que está muy sana y viva ,
aunque afligida, sino por la de su marido, el bueno de
Abou-Hassan cuya jovialidad y chistes tanto me divertian ;
y extraño mucho que , siendo como era vuestro favorito por
el que aparentabais tener grande afecto y cariño, os mos-
tréis tan indiferente por su muerte. » El kalifa no pudo
contener la risa al oir expresarse á Zobeida de este modo.
Y dirigiéndose á Mesrour : « ¿ Qué te parece de lo que
dice la princesa ? » y volviéndose hácia esta, añadió : « Se-
ñora, no derraméis lágrimas inútiles por la muerte de una
persona que se halla sana y buena. Llorad, si queréis, á
vuestra esclava favorita, pero no os aflijáis por el falleci-
miento de su marido, que, os repito, está vivo, y muy
vivo . » La princesa se sintió algo ofendida de la contesta-
cion desabrida del kalifa , y le replicó en el mismo tono :
« Comendador de los Creyentes , no permita Dios que per-
manezcáis mas tiempo en ese error, porque vuestra insis-
tencia me haria creer que habiais perdido el juicio . O³
repito que el muerto es Abou-Hassan y que .... Pues yo
os afirmo, la interrumpió el kalifa con viveza , que Abou-
Hassan está vivo, y no comprendo vuestro empeño en
sostener lo contrário de lo que mis propios ojos han visto .
Mesrour, añadió , encarándose con el eunuco , vé inme-
CUENTOS ÁRABES 269

diatamente á ver cuál de los dos es el difunto , y tráenos


pronto la respuesta . » Mesrour partió , y el kalifa se sentó
en un sofá esperando que el eunuco volviera.
Mientras que Harun Alraschid y Zobeida altercaban
sobre cuál de los dos esposos era el muerto , Abou - Hassan
que habia previsto gran parte de lo que iba á suceder , se
habia puesto en acecho , y al ver venir á Mesrour con di-
reccion á su aposento ¡ pronto ! ¡ pronto ! Nuzat, ex-
clamó, hazte la muerta. » Su mujer se tendió inmediata-
mente en el suelo , la envolvió en el sudario , la cubrió
con la tela de brocado que habia recibido del kalifa, y se
sentó á su lado dando sollozos y suspiros . Apénas habia
acabado estos preparativos, cuando Mesrour abrió la
puerta que estaba solo entornada y entró en el aposento .
A la vista de aquel aparato fúnebre y de las muestras de
dolor de Abou- Hassan , á quien queria, se conmovió algun
tanto , si bien sintiendo cierta complacencia de que la
muerta fuese Nuzat-Uladat, y de que tuviese razon su amo
el kalifa. Despues de haber dicho algunas palabras de
consuelo al supuesto viudo , le rogó que no hiciese levan-
tar el cuerpo de la difunta hasta que él volviese, porque
queria asistir á su entierro y darle esta última prueba de
afecto .
Díjole, al mismo tiempo, que él habia venido á ver por
sus propios ojos , por órden del kalifa , cuál de los esposos
era el fallecido, porque la sultana Zobeida se empeñaba
en sostener que el difunto erais vos , y que vuestra esposa
estaba viva. « Siento , añadió , no poder quedarme mas
tiempo para acompañaros en vuestro justo dolor, pues me
voy corriendo á dar cuenta á mi amo de lo que estoy
viendo . » Abou-Hassan le dió gracias con sollozos y pala-
bras entrecortadas por amargos ayes y suspiros , y le
acompañó hasta fuera del aposento . Cuando le vió ale-
jarse : « Vamos , exclamó , ya hemos representado una
segunda escena de esta comedia, pero creo que no será
la última . Ponte tú ahora de centinela, dijo a su mujer,
y da la voz de alarma cuando veas venir al enemigo. >>
Tan pronto como Mesrour entró en el aposento en que
270 CUENTOS ÁRABES

estaban el kali'a y la princesa altercando todavía sobre


cuál de los dos esposos era el fallecido , & habla, le dijo
el kalifa, ¿ cuál es el muerto , el marido ó la mujer ? -
Comendador de los Creyentes respondió Mesrour, acabo
de ver con mis propios ojos, y tocado con mis manos el
cuerpo inanimado de mi hermana Nuzat- Uladat tendido
en el suelo y amortajado con la pieza de brocado que dis-
teis á Abou-Hassan , y á este sumido en el mayor dolor...
¿ Os convencéis ahora , señora , le interrumpió el kalifa ,
de la razon que yo tenía asegurándoos que vuestra esclava
Nuzat era la que habia fallecido ? Pues yo sostengo , le
replicó Zobeida, lo que antes os he dicho . El muerto es
Abou-Hassan , y este esclavo es un necio , y no sabe lo que
se dice. - Señora , se aventuró á contestar Mesrour, yo
aseguro á Vuestra Majestad que... - Calla, le interrum-
pió Zobeida, muy encolerizada , porque yo no he de creer
nada de lo que tú digas . » Hizo venir á todas las esclavas
y damas de su servicio, las cuales refirieron todas lo que
ellas habian visto , es decir, á Nuzat-Uladat desconsolada y
llorando amargamente la muerte de su marido , en cuya
afliccion la habian acompañado , añadiendo que por órden
de su ama le habian dado una bolsa con cien monedas de
oro para los funerales y una pieza de tela para amorta-
jarle. - « ¿ Lo oyes, miserable esclavo ? eres un impos-
tor, » volvió á decir Zobeida , cada vez mas irritada , á Mes-
rour, que con sus ademanes protestaba que era cierto lo
que habia dicho . Encarándose con el kalifa , le dijo : « Ya
veis si yo tenía razon en asegurar que Abou - Hassan era
el muerto. ― Pues yo tambien la tenía en afirmar lo con-
trário , y estoy tan seguro de que Nuzat- Uladat no existe
que apostaria cualquier cosa por sostener que Abou - Hassan
no es el muerto . Y yo sostengo que él es difunto , y en
prueba de ello acepto vuestra apuesta, y no tengo incon-
veniente en apostar mi Palacio de Pinturas , que es lo que
mas estimo , contra lo que vos queráis. Contra mi
Jardin de las Delicias, le contestó el kalifa . - Queda
hecha la apuesta, dijo Zobeida , pero me permitiréis que
yo envíe tambien una persona de mi confianza á averiguar
CUENTOS ARABES 271

lo cierto , pues de lo que ha dicho ese esclavo , nada creo .


Mareka, añadió , llamando á una mujer anciana que habia
sido su nodriza : vé al aposento de Nuzat , infórmate quién
ha muerto , y vuelve á decirnoslo . »
La vieja Mareka partió , y tan pronto como Nuzat la vió
venir avisó á su marido . Abou Hassan se tendió en el suelo,
su mujer le envolvió apresuradamente en la mortaja, le
cubrió con la pieza de brocado y el turbante y se sentó á
su cabecera, toda desgreñada y con el vestido descom-
puesto . Cuando la nodriza entró en el cuarto , al ver este
espectáculo , y á Nuzat llorando y gimiendo , alzó las manos
al cielo y exclamó : « ¡ Querida Nuzat ! no vengo á aumen-
tar vuestro quebranto , en el cual tomo una gran parte.
Doy gracias al cielo de encontraros con vida, porque ha-
béis de saber que el negro Mesrour ha tenido la desfacha-
tez de asegurar al kalifa y á nuestra ama Zobeida, que
erais vos la que habia muerto , lo cual le ha causado una
gran pena, y me ha enviado á que yo os vea por mí misma.
¡ Mas valiera que fuese yo la muerta , así no me veria
en la triste situacion en que me encuentro ! » le contestó la
fingida viuda . La nodriza , mientras tanto , se acercó al di-
funto , y alzando un poco el turbante para ver un lado de
su rostro , « ¡ pobre Abou -Hassan ! exclamó ; ¡ Dios tenga
misericordia de ti, y te reciba en su paraíso ! »
« Mucho siento no poder acompañaros , hija mia ; pero
me es imposible . Me vuelvo corriendo á dar á nuestra
querida ama la buena notícia de que os he visto viva para
tranquilizarla y aliviarle la pena que le ha causado la im-
postura del jefe de los eunucos . » Luego que se marchó ,
el muerto se levantó , la viuda se enjugó el llanto, y am-
bos á dos se echaron á reir de haber desempeñado tan
bien esta segunda escena .
La nodriza Mareka dió cuenta de lo que habia visto
á su ama Zobeida que oyó con la mayor complacencia su
relacion y se la hizo repetir delante del kalifa. Mesrour,
que habia esperado ver confirmado cuanto él habia dicho
con el informe de la nodriza, se quedó atónito al escu-
charla, y no pudiendo contenerse : « ¡ Vieja chocha ! ex-
272 CUENTOS ÁRABES

clamó, todo lo que estás diciendo es una solemne mentira ;


porque yo he visto con mis propios ojos á Nuzat-Uladat
muerta. www El embustero eres tú , ¡ cara de soleta ! le re-
plicó Mareka , y el descarado, puesto que te atreves á sós-
tener que Nuzat ha muerto , cuando yo acabo de dejarla
ahora mismo sollozando por la muerte de su marido .
Mas te valiera callar, vieja Mareka , porque chocheas, y no
se te puede dar crédito , » volvió á replicar Mesrour.
La princesa Zobeida se dió por ofendida de los insultos
que el jefe de los eunucos dirigia á su nodriza , y salió á
su defensa ; y sin la intervencion del kalifa que no cesaba
de reirse al ver á Mesrour y á Mareka como dos gallos de
combate, diciéndose mil injurias , y amenazándose con sus
puños , la contienda se habria terminado por vias de
hecho.
Al kalifa, á pesar de la risa que le causaba el altercado
del jefe de los eunucos y de la nodriza, no habia dejado
de llamarle la atencion las contradicciones y afirmaciones
que advertia , y estaba su ánimo perplejo sin poder atinar
enigma semejante . Al fin , dejando de reirse, se levantó y
dijo á la princesa : Señora , está visto que no llegaremos
á saber la verdad , ni cuál de los dos esposos es el verda-
dero muerto , si nos atenemos á lo que estos digan , y para
salir de dudas, lo mejor es el que vayamos á verlo por
nosotros mismos . Eso me place , » contestó Zobeida .
Y seguidos por toda la comitiva, se dirigieron á la habita-
cion de los supuestos muertos.
Cuando Nuzat- Uladat vió venir al kalifa y á Zobeida :
¡ Estamos perdidos ! exclamó . - No lo temas , le con-
testó Abou- Hassan ; al contrário , verás como finaliza la
comedia con satisfaccion general , y en beneficio nuestro.
Hagamos ambos á dos los muertos . ¡ Ea ! amortajémonos
pronto lo mejor que podamos ántes que lleguen . »
En efecto, se echaron los dos en el suelo con los piés
vueltos hácia la Meca , se envolvieron en sus sudarios cu-
briéndose con las telas de brocado que habian recibido, y
esperaron la llegada de los príncipes.
Cuando estos entraron en la estancia y vieron los su-
CUENTOS ÁRABES 273

puestos cadáveres en el suelo , con todo su aparato fune-


bre, se quedaron sorprendidos La princesa Zobeida fué
la primera á romper el silencio . « Ya veis , exclamó , que
yo tenía razon ; asegurando que Abou- Hassan habia
muerto ; por consiguiente , he ganado la apuesta, y vuestro
Jardin de las Delicias me pertenece desde este momento .
Señora, quien la ha ganado he sido yo, le contestó el
kalifa, y debo considerar ya como mio vuestro Museo de
Pinturas. » Uno y otra , apoyados con el testimonio de
Mesrour y de los cortesanos, de la nodriza Mareka y de las
damas de servicio , sostenian su opinion con tenacidad y
viveza ; y como era imposible el averiguar positivamente
cuál de los dos esposos era el que habia fallecido primero ,
el kalifa exclamó : « No llegaremos nunca, señora , á po-
nernos de acuerdo sobre si fué Abou- Hassan ó Nuzat -
Uladat el primero de los fallecidos , y ¡ vive Dios ! exclamó ,
que daria mil monedas de oro al que me lo dijera con toda
certeza . » No bien habia acabado de pronunciar estas pa-
labras cuando alzando la cabeza Abou -Hassan , descubrien-
dose el rostro y alargando la mano : « ¡ Vengan ! » exclamó ;
< Comendador de los Creyentes , añadió en seguida arro-
jándose á sus piés despues de haberse desenvuelto del
ropaje con que estaba cubierto, yo he sido el que se ha
muerto el primero, y la princesa Zobeida ha ganado la
apuesta , pero me debéis las mil monedas de oro que habéis
prometido dar al que os lo dijera . » Nuzat-Uladat, por su
parte, se levantó tambien y se fué á postrar á los piés de
Zobeida. Pero así esta , como todas las mujeres que se ha-
llaban presentes , al ver resucitar á los fingidos muertos , pe-
garon un chillido horroroso , y retrocedieron despavoridas.
El kalifa , léjos de sobrecogerse al oir la voz de Hassan , y
verle levantarse sano y bueno , se echó á reir á carcajada
tendida , y dijo al Muerto - resucitado : « ¡ Vaya ! está visto ,
Abou- Hassan, que tú te has empeñado en hacerme á mi
morir de risa. ¿ Qué idea has tenido en sobrecogernos á
Zobeida y á mí de esta manera con tu muerte fingida ? -
Comendador de los Creyentes , le respondió el resucitado ,
voy á decíroslo franca y brevemente . Ya sabéis, señor,
274 CUENTOS ÁRABES

que siempre me ha gustado darme buena vida , y mi esposa ,


que tiene el mismo carácter que yo y los mismos gustos ,
ha secundado mi inclinacion natural en todos conceptos .
De esto ha resultado que en pocos meses , á pesar de vues-
tra generosidad y de la munificencia de la princesa , des-
pues de haber pagado los gastos que habiamos hecho con
nuestra vida alegre, nos encontrámos sin tener un solo
zequí en nuestros bolsillos . No queriendo yo ir á pedir
nada á mi madre, á la que sabéis que he cedido mis bienes
desde que vivo en palacio , ni atreviéndonos Nuzat y yo á
declarar á Vuestra Majestad y á la princesa Zobeida la si-
tuacion en que nos encontrábamos , despues de haber
discurrido sobre una multitud de proyectos , para salir de
este apuro , y de proponernos ser mas cuerdos en lo suce-
*
sivo, me ocurrió la idea de que representásemos la come-
dia del Muerto- resucitado , esperando que la benevolencia
de Vuestras Majestades nos lo perdonarian, y que si nues-
tra fingida muerte podia causarles alguna pesadumbre mo-
mentánea , nuestra resurreccion verdadera os alegraria y
os divertiria. »
« ¡ Ah , malvada ! decia mientras tanto Zobeida á Nuzat-
Uladat, ¡ qué susto me has dado , y qué pena me has hecho
pasar creyendo que habias muerto, como me lo aseguraba
el kalifa ! pero todo te lo perdono por el placer que me
causa el verte viva. »
Despues de haber oido las francas explicaciones de
Abou- Hassan, el kalifa y la misma princesa Zobeida , pa-
sada su sorpresa, no pudieron ménos de reirse de la ocur-
rencia de Abou-Hassan , y de celebrar la agudeza de su
ingenio . El kalifa dijo á los dos resucitados que le siguiesen
para recibir las mil monedas de oro prometidas ; pero
Zobeida se opuso á ello , diciendo : « Comendador de los
Creyentes , dad ese dinero á Abou-Hassan que es á quien
se lo debéis , que yo , por mi parte, voy á dar otras mil mo-
redas de oro á Nuzat-Uladat, por el placer que me causa
el verla viva, y guardemos cada cual nuestro Jardin y
Museo. >>
La resurreccion de Abou - Hassan y de Nuzat- Uladat fué
CUENTOS ÁRABES 275

muy celebrada en palacio . Uno y otra conservaron su fa-


vor y privanza con el kalifa y su esposa Zobeida y vivieron
argos años disfrutando de una vida cómoda y divertida,
merced á las larguezas de los príncipes ..
La historia de Abou- Hassan el Dormido- Despierto, y el
Muerto-Resucitado , causaron tanto placer al sultan de las
Indias que sintió el que se hubiese concluido tan pronto ,
y así se lo manifestó á la sultana Gerenarda . « Señor , le
dijo esta, ya que tanto os ha complacido el oir este epi-
sodio del reinado del kalifa Harun Alraschid , voy á refe-
riros otro no ménos interesante por el cual veréis que si su
carácter vivo é impetuoso le hacía cometer algunas veces
injusticias, su corazon magnánimo y su amor á la justicia
sabian repararlas con abundantes creces . Os oiré con
gusto , le respondió el sultan Chabriar, y Gerenarda em-
pezó á referir en los términos siguientes :

LA HISTORIA DE GANEM , LLAMADO EL ESCLAVO DE AMOR , Y DE


LA FAVORITA TORMENTO DEL ALMA

Hubo en otro tiempo en Damasco un mercader llamado


Abu -Ayub que , al morir, dejó un inmenso caudal á su
viuda y á sus dos hijos llamados el uno Ganem , á quien
apellidaron despues el Esclavo de amor, y una hija llamada
Encanto del corazon . Como el padre de Ganem hacía con-
tínuos viajes á las provincias y países extranjeros para
vender sus mercancías , su hijo quiso imitarle y determinó
ir á Bagdad para cuya ciudad se hallaban rotulados y dis-
puestos una multitud de fardos que se encontraron en los
almacenes á la muerte de Ayub. Dispuesto todo lo nece-
sario para emprender este largo viaje, no sin gran disgusto
de su madre, Ganem se puso en camino con sus fardos ,
incorporándose á una caravana de otros mercaderes que
iban al mismo punto , y llegó sin novedad á Bagdad.
Alquiló una casa lujosamente amueblada, se instaló en
ella con sus esclavos, y en seguida se fué á la Lonja de los
276 CUENTOS ÁRABES

mercaderes , y en pocos dias consiguió vender la mayor


parte de sus géneros muy ventajosamente. Un dia que se
dirigió al mercado , halló todas las tiendas cerradas , con
motivo de la muerte de un rico mercader cuyas exequias
iban á celebrarse. En efecto, no tardó en llegar la fúnebre
comitiva á la que se incorporó Ganem y la siguió hasta el
paraje en que debia ser enterrado el cadáver , paraje que
estaba fuera de la ciudad, y en donde encontró muchas
tiendas levantadas para recibir á los concurrentes al en-
tierro y servirles la comida de costumbre en honor del di-
funto . Ganem quiso retirarse, pero no se lo permitieron ,
y tuvo que quedarse para tomar parte en el banquete mor-
tuorio. Como habia dejado la casa sola en poder de los
esclavos , y tenía en ella los cuantiosos productos de la
venta de sus géneros , el temor de que fuese robado le
tenía muy inquieto ; así, en cuanto vió una ocasion favo-
rable, se levantó de la mesa y se puso en camino para
regresar á la ciudad ; pero le sucedió que , como no cono-
cia bien el terreno , se extravió , tardó mucho tiempo en
volver á encontrar el camino, y para colmo de desgracia ,
cuando llegó á las puertas de la ciudad , las halló cerradas .
Buscando algun sitio en donde pasar la noche , no hallando
otro mas conveniente que el de un gran cementerio que se
extendia á lo largo de las murallas, se resolvió á guare-
cerse en él ; abrió la puerta , entró en aquel extenso campo
y fué á sentarse al pié de una gran palmera . Ya muy avan-
zada la noche, sin haber podido conciliar el sueño por la
inquietud que le causaba el hallarse fuera de su casa , sin-
tió abrir la puerta del cementario , y vió venir, hácia el
sitio en que él estaba, á tres hombres que, por sus trajes,
parecian ser esclavos . Uno de ellos , con una hacha de
viento encendida , precedia á los otros dos que traian
sobre sus hombros un cofre ó ataúd de cinco á seis piés
de largo . No habiendo otro sitio en que ocultarse, se su-
bió inmediatamente á la palmera y se puso à observar lo
que era aquello. Los que traian el cofre lo pusieron en el
suelo y el del hacha les dijo : - « Cumplamos con las
órdenes de nuestra ama. » Inmediatamente comenzaron
CUENTOS ÁRABES 277

los tres á abrir una fosa, bajaron á ella el cofre , lo cubrieron


con tierra y se marcharon . Luego que estuvieron fue:a del

cementerio se bajó Canem de la palmera, y movida su


curiosidad por las palabras que habia oido, quiso saber lo
que el cofre encerraba . Estando la tierra acabada de remo-
ver, le fué fácil llegar hasta el cofre, pero se encontró con
que estaba cerrado con un fuerte candado, lo cual avivó
aun mas su curiosidad . Armándose con un gran guijarro
consiguió desquiciar la tapa, y cuando se creia encontrar
con algun saco de dinero, alhajas ú objetos de valor, se
encontró con el cuerpo de una mujer ricamente vestida
con un traje de brocado, y adornada con joyas de grandí-
simo valor, entre ellas un collar de gruesas perlas , y bra-
zaletes de brillantes y esmeraldas . Su sorpresa fué grande
al conocer que esta mujer no estaba muerta ; é impulsado,
16
278 CUENTOS ÁRABES

tanto por los nobles sentimientos de su corazon , como


por la impresion que su mucha hermosura le habia cau-
sado , haciendo esfuerzos inauditos consiguió sacarla del
cofre y la tendió sobre la yerba . Al recibir la frescura del
ambiente la dama abrió los ojos , como si se despertara ,
se los restregó , dió un fuerte estornudo y exclamó : « Flor
de jazmin, Ramo de coral, & en dónde estáis ? » Viendo
que nadie le respondia , se incorporó , dirigió una mirada
á su alrededor , y al verse en un cementerio prorumpió
con voz sobresaltada : « ¿ Qué es esto ? ¿ Nos hallamos ya
en el dia del Juicio final , y resucitan los muertos ? » Ga-
nem , á quien ella no habia visto todavía, se le acercó y le
dijo respetuosamente : « Señora, grande es el gozo que me
cabe por haberme encontrado en este sitio y haber podido
tributaros los auxilios que vuestra situacion necesitaba ;
y en seguida para quitar todo recelo á la dama é inspirarle
confianza, le dijo quién era, el motivo de hallarse en
aquel paraje, y le refirió la venida de los esclavos con
todos los demas detalles . Despues de haberle escuchado
atentamente , la dama, que se habia cubierto el rostro con
el velo al acercársele Ganem : - « Doy gracias a Dios , le
dijo , de que se haya servido de un sugeto tan honrado
para librarme de la muerte . Pero ya que habéis empezado
la obra de mi salvacion, es necesario que la completéis
sacándome de este lugar secretamente, y que me llevéis
á vuestra casa en donde ya os contaré quién soy ; y tened
entendido que no servís á una ingrata : mas como yo no
puedo ir á pié porque mi traje llamaria demasiado la
atencion , el medio mas seguro es el de que me hagáis
transportar encerrada en este mismo cofre ; id, pues , á la
ciudad y alquilad una acémila adecuada. » Despues de ha-
ber colocado á la dama en el cofre , cerrándolo con las pre-
cauciones necesarias, Ganem fué corriendo á la ciudad y
volvió en seguida con un macho , cuyo conductor le ayudó
á cargar sobre él el cofre . Llegado sin ningun tropiezo á
su casa, lo hizo colocar por sus esclavos en su cuarto , lo
destapó y ayudó á salir de este encierro á la dama.
El aposento de Ganem , aunque muy bien alhajado , llamó
CUENTOS ÁRABES 279

ménos la atencion de la dama , que el respeto, las maneras


finas Ꭹ la gallarda presencia de su libertador. Despues de
haberse sentado en el sofá , se quitó el velo para darle
una prueba de lo agradecida que le estaba, y alargán-
doselo á Ganem , le dijo : « Leed lo que está escrito en él ;
así sabréis quién soy, y con este motivo os contaré mi
historia. » Ganem tomó el velo y leyó estas palabras bor-
dadas con letras de oro : « Soy vuestra , y vos sois mio ,
¡ oh descendiente del tio del Profeta ! » Este descendiente
era Harun Alraschid que descendia de Abbas , tio de
Mahoma.
Luego que Ganem las leyó se le mudó el color y ex-
clamó : « ¡ Ah señora ! no conozco todo el misterio que
esas palabras encierran , pero sí comprendo que habiéndoos
dado la vida , yo recibo la muerte, porque, sin ofenderos ,
os confesaré que desde que os vi os entregué mi corazon
con la esperanza de que mis desvelos , mis obsequios y mi
amor ardiente me hiciesen un dia obtener el vuestro . Ya
conozco que esto es imposible, y que mi desventura no
tiene remedio. » Sin mostrarse ofendida la dama por esta
declaracion , y haciéndose la desentendida : « Sabréis , le
dijo, que me llamo Tormento del alma, nombre que me
dieron al llevarme al palacío del kalifa en donde me he
criado desde niña. Segun me fuí desarrollando , el Comen-
dador de los creyentes se aficionó á mí de tal manera que
me hizo poner en una habitacion aparte , me dió veinte
esclavas y otros tantos eunucos para servirme, y fuí tra-
tada como una princesa . Aunque el kalifa ama á su esposa
Zobeida y le guarda todas las consideraciones posibles ,
no por eso dejó de causarle celos esta predileccion y
afecto del kalifa , y puso en juego todos los medios que
pudo para deshacerse de mí ; pero hasta ahora yo habia
conseguido frustrar todas sus asechanzas. Aprovechando
la ocasion que le ha ofrecido la ausencia del kalifa , ha
podido ganar sin duda á alguna de mis esclavas que me
habrá suministrado ese narcótico, y le ha facilitado el me-
dio de enterrarme viva ; de modo que , sin vuestro auxi-
lio , á estas horas habria perdido la vida . Es preciso , pues ,
280 CUENTOS ÁRABES

añadió , que tanto por vuestra propia seguridad , como por


la mia, guardéis el mas profundo secreto sobre esta aven-
tura, porque si la celosa Zobeida llegase á saber el ser-
vicio que me habéis hecho , no estarian seguras nuestras
vidas. Cuando regrese de su expedicion militar el kalifa ,
ya hallaremos medio de poner en su conocimiento lo
ocurrido . »
« Os doy gracias , señora , por la confianza que me dis-
pensáis , le contestó Ganem. Por lo que á mi toca, podéis
estar tranquila y segura de que no faltaré á ella. Respecto
á mis esclavos, si les ha llamado la atencion la manera de
introduciros en casa , como no saben quién sois, ni de
dónde os he traido, y no es posible que lo adivinen , cree-
rán que sois una esclava que he comprado, y que os he
introducido en casa de ese modo para que no se enterasen
los vecinos y que ellos mismos no os viesen . Mientras
estéis aquí, yo os serviré con el mayor esmero , y cuando
vuestro augusto dueño haya regresado y os haya vengado
de la celosa Zobeida , llamándoos á su lado , solo os ruego
que no borréis de vuestra memoria al infeliz Ganem que
tuvo la dicha de salvaros , y la desventura de quedar con
el corazon aprisionado á vuestros encantos , al veros . »
Para mayor precaucion , Ganem no permitia entrar á sus
esclavos en el cuarto en que estaba Tormento, pero como
no siempre podia él prestarle sus servicios, se fué al mer-
cado y compró dos esclavas para que la sirvieran . Comian
juntos, y Ganem se retiraba por la noche á otro aposento .
Así estuvieron viviendo en esta intimidad respetuosa y
fraternal hasta que regresó el kalifa , al que salió á recibir
Zobeida vestida de luto con todas sus mujeres , como
muestra del dolor que le habia causado, le dijo , la muerte
de su esclava predilecta, en cuyo honor, añadió , habia
hecho construir un mausoleo . El kalifa Harun Alraschin
se afectó muchísimo al recibir la noticia de la muerte
prematura de Tormento del alma, y quiso ir él mismo á
rendirle un tributo de doloroso recuerdo . Despues de
orar un momento al pié del mausoleo, mandó á llamar á
los ulemas y ministros de la religion y les ordenó que
CUENTOS ÁRABES 281

hiciesen exequias solemnes por su favorita. Durante un


mes, por mañana y tarde , vestido de luto y acompañado
por Giafar, Mesrour y demas jefes de palacio , venía á
asistir á las oraciones que los ministros recitaban y á la
lectura que hacian los ulemas de los versículos de
Alcoran .
Estas demostraciones fúnebres dieron lugar á que se
extendiese por la ciudad la muerte de Tormento, y cuando
llegó á oídos de Ganem : « Señora , le dijo á esta , os creen
realmente muerta ; ¡ ojalá quisieseis serviros de este error
para hacerme el hombre mas feliz , dignándoos unir vues-
tra suerte á la mia. Nos iríamos á vivir léjos de aquí y
reinariais sobre mi corazon eternamente , pero , ¡ ah !
¿ adónde me conduce mi desvarío , que me hace olvidar
que habéis nacido para hacer la felicidad del príncipe mas
poderoso de la tierra , y de que solo el kalifa Harun Alras-
chid es digno de poseeros ? Aunque consintieseis en ser
mia, yo no deberia permitirlo , sino tener presente que << lo
que se ha hecho para el amo , el esclavo no debe tocar á
ello . » La hermosa Tormento no era insensible á estos
apasionados discursos, y se mostraba muy conmovida ,
pero guardaba silencio , limitándose á recomendar que se
tomasen todas las precauciones posibles para evitar el
que Zobeida llegase á saber que no habia muerto .
Un dia que el kalifa se hallaba descansando y que dos
esclavas velaban su sueño , una de ellas llamada Aurora
de la mañana dijo en voz baja á su compañera Estrella
vespertina : « ¡ Hay grandes novedades ! y cuando se des-
pierte nuestro amo y señor y yo se las comunique se ha
de regocijar mucho al saberlas . Tormento del alma no ha
muerto vive y goza de salud completa. - ¡ Oh cielos !
exclamó en alta voz Estrella vespertina sin poder conte-
nerse. ¡ Cómo es posible que la sin par hermosa , la
hechicera Tormento respire todavía ? » Su exclamacion
hizo despertar al kalifa que les preguntó por qué habian
interrumpido su sueño . « Señor, ruego á Vuestra Majes-
tad que me perdone , porque ha sido tan vehemente el
arrebato de júbilo que he sentido al oir que Tormento del
16.
282 CUENTOS ARABES

alma vivia todavía, que no he sido dueña de mi misma , »


le contestó Estrella vespertina . « Pues si no ha muerto ,
¿ qué es de ella ? ¿ en dónde está ? » preguntó ansioso el
kalifa . - Caudillo de los Creyentes , respondió Aurora
de la mañana , anoche recibí por manos de un descono-
cido una carta sin firma , pero cuya letra es de Tormento,
rogándome que la pusiese en vuestras manos ; y en ella
me cuenta su pavorosa historia y el modo milagroso de
haber salvado su vida. Esperaba que Vuestra Majestad
hubiese tomado algunos momentos de reposo que tanto
necesita para... G Dame, dame esa carta pronto , le inter-
rumpió el kalifa , y has hecho muy mal en no habérmela
entregado tan luego como la recibiste. »
Harun Alraschid leyó con avidez la carta de su esclava
favorita en la que esta relatada muy por extenso todo lo que
le habia sucedido , y realzaba, quizas demasiado vivamente,
los servicios que Ganem le habia hecho . Naturalmente
arrebatado y celoso, en vez de hacer alto en la inhumani-
dad y superchería de Zobeida , Harun Alraschid no vió
mas que la infidelidad de su adorada Tormento á quien
juzgó culpable . « ¡ Cómo ! exclamó encendido en ira ;
¡ mientras que yo paso las noches lamentándome de su
pérdida , ella paga mi cariño viviendo y solazándose con un
jóven mercader bajo el pretexto de haberle salvado la vida ,
y tiene todavía la desvergüenza de decírmelo ! .... ¡ Giafar !
gritó, levantándose con ímpetu ; toma cuatrocientos hom-
bres de mi guardia , le dijo al gran visir , cuando se pre-
sentó , infórmate dónde vive un comerciante de Damasco
llamado Ganem, hijo de Abu-Ayub, apodérate de su per-
sona, cárgale de cadenas y traéle á mi presencia, en com-
pañía de mi esclava Tormento que vive con él hace cua-
tro meses. En seguida harás arrasar la casa hasta los
cimientos. >
Cuando Tormento del alma vió venir á Giafar con todo
aquel aparato , ¡ Ganem ! exclamó , ¡ estamos perdidos !
vienen á prendernos . No hay que perder tiempo , salvaos
vos á lo ménos , hacedlo por amor mio . Tomad el vestido
de uno de vuestros esclavos , frotaos el rostro y los brazos
CUENTOS ÁRABES 283

con hollin, y poneos sobre la cabeza esta vajilla . Creerán


que sois un pinche ó criado del fondista y os dejarán
pasar, y si os preguntasen al salir, por el dueño de la
casa, decid sin titubear, que está aquí adentro . Haced lo
que os digo, y no paséis pena por mi, que yo me arre-
glaré. » Aunque con repugnancia, por dejarla abandonada ,
Ganem hizo lo que le dijo Tormento, y el ardid le salió tan
bien que hasta el mismo Giafar , con quien se encontró
al salir, se apartó á un lado para dejarle pasar, y los demas
hicieron lo mismo.
Mientras que los soldados de Giafar, despues de haber
rodeado la casa, la registraban minuciosamente , el gran
visir entró en el aposento en que estaba la favorita del

kalifa, la cual , al verle, se adelantó hácia él y le dijo


Señor, dispuesta estoy á conformarme con la voluntad
284 CUENTOS ARABES

del Comendador de los Creyentes , y á recibir la muerte.


-Señora, le contestó Giafar, inclinándose hasta el suelo,
guárdeme Dios de haceros ningun daño , y no permita que
os toque ni á uno de vuestros cabellos ninguna mano pro-
fana. No tengo órden mas que para conduciros á palacio ,
y llevarme al mismo tiempo á ese jóven mercader que
vive en esta casa . Marchemos cuando gustéis , le con-
testó Tormento del alma . En cuanto al mercader de quien
habláis , á quien debo la vida, hace mas de un mes que
partió para Damasco adonde le llamaban sus negocios
comerciales. Al marcharse me dejó encomendados estos
cofres, y yo le prometí el guardárselos hasta su vuelta . Os
ruego , por lo tanto , que los hagáis llevar á palacio y poner
á buen recaudo , á fin de que á su regreso yo pueda entre-
gárselos y cumplir la palabra que le he dado . Se hará
como lo deseáis, » le contestó Giafar, é inmediatamente
mandó llevar los cofres á palacio con órden de que se los
entregasen á Mesrour.
Despues de haber tomado las disposiciones necesarias
para el inmediato derribo de la casa , el gran visir se di-
rigió á palacio con Tormento seguida por las dos esclavas
que la servian. En cuanto á los esclavos de Ganem, como
nadie reparó en ellos , se marchó cada uno por su lado.
« Comendador de los Creyentes , dijo Giafar al kalifa,
cuando llegó á palacio , se hallan cumplidas vuestras órde-
nes : la casa ha sido demolida , y aquí os traigo á vuestra
esclava. En cuanto al jóven mercader, no ha sido posible el
hallarle, porque parece que se marchó á Damasco hace ya
mas de un mes . >> Despechado por ver que Ganem se le
habia escapado, y fijo en la idea de que su esclava predi-
lecta era culpable, el kalifa no quiso verla ni oirla , y man-
dó á Mesrour que la encerrase en uno de los calabozos de
la torre.
En seguida , dando rienda suelta á la ira que le domi-
naba y á los deseos de venganza, tomó la pluma y escribió
de su propio puño y letra á su primo el rey de Siria, Maho-
med Zenebí, que era su tributario , diciéndole que tan pronto
como recibiera su carta , hiciese prender á Ganem, hijo de
CUENTOS ÁRABES 285

Abu-Ayub , comerciante de Damasco , que durante tres


dias mandase que le dieran cien palos y le paseasen por la
ciudad á son de pregonero , y en seguida que se le enviase
bien escoltado ; que hiciese saquear su casa y despues ar-
rasarla, y que si tuviere padre ó madre , hijos ó hermanos,
que fuesen todos ellos expuestos á la vergüenza durante
tres dias , y expulsados de Damasco con prohibicion de
que nadie les diese asilo, sin incurrir en las penas mas
severas.
Luego que Mahomed Zenebí se enteró de lo que el ka-
lifa le ordenaba , aunque con gran sentimiento y repug-
nancia por su parte, tomó las disposiciones necesarias
para ejecutar sus órdenes ; y la desgraciada madre de
Ganem y su hija Encanto del corazon que lloraban hacía
tiempo por la pérdida de su hijo y hermano, á quien ellas
creian muerto , porquo Ganem , desde que salió de Damasco ,
no habia enviado á su madre noticias de su existencia,
fueron expulsadas de su casa ; esta fué completamente sa-
queada por la soldadesca y el populacho que se repartie-
ron entre sí las ricas telas , las alhajas, los muebles , y el
dinero que encontraron , todo en abundancia , y la casa fué
despues arrasada. Las dos pobres mujeres, despojadas
de sus vestidos y cubiertas con un saco de tela grosera,
fueron paseadas por toda la ciudad con los piés descalzos ,
y conducidas fuera de ella á tres leguas de distancia , y
abandonadas allí en el mas lamentable estado , sin que se
les hubiese dicho el motivo de haber sido objeto de trata-
mientos tan bárbaros .
No sabiendo qué hacer, y careciendo de lo mas necesa-
rio para su existencia , se decidieron á dirigirse hácia
Bagdad , mendigando, con la esperanza de saber en aque-
lla ciudad alguna noticia de Ganem . El camino era bien
largo, y penoso, pues tenian que pasar por Alepo , atrave-
sar el Eufrátes , la Mesopotamia y el Mosul ; pero con la
ayuda de Dios y con los auxilios de las gentes caritativas
que encontraban, que, al ver la juventud y la hermosura
extraordinaria de Encanto del corazon, se compadecian de
ellas y las socorrian , continuaron caminando dia y noche
286 CUENTOS ÁRABES

sin detenerse mas que lo preciso para el necesario des-


canso .
El rey Zenebí que, como hemos dicho, era tributario y
pariente del kalifa que le habia dado el reino de la Siria ,
tan luego como hizo ejecutar todo cuanto en la carta le
ordenaba, le mandó un correo extraordinario participán-
dole el haber sido cumplimentadas sus órdenes, excepto
en lo concerniente á Ganem, á quien no se habia encon-
trado , le decia , y á quien su madre y hermana lloraban
como muerto.
Esta desaparicion del jóven mercader y la ignorancia
de su paradero exasperaban á Harun Alraschid y traian su
ánimo inquieto y turbado | or no poder vengarse del que él
creia culpable, y alimentaba su irritacion contra Tormento
del alma, la cual continuaba encerrada en la torre, la-
mentándose dia y noche de su suerte desgraciada ; y sobre
todo , de haber sido causa de la de su salvador . « ¡ Oh
Ganem ! exclamaba sollozando en el silencio y la oscuri-
dad de su encierro , ¡ qué es de ti, desgraciado Ganem !
¡ Ay infeliz de mí ! yo he sido la causa de tu desgracia .
Mas te hubiera valido haberme dejado morir en la tumba
en que los celos de Zobeida me habian sepultado , en vez
de haberme salvado ; y bien amargo es el fruto que has
recogido de tu abnegacion y tus desvelos, y del respeto y
consideracion que siempre me has guardado mirándome
como una persona sagrada. El kalifa que deberia recom-
pensarte por el servicio que me hiciste y por la conducta
noble y generosa que has usado conmigo , te persigue de
muerte, y te ves precisado á huir, perdiendo todos tus
bienes, para librar tu vida..... ¡ Ah kalifa ! ¡ kalifa injusto
y bárbaro ! ¿ qué disculpa daréis el dia en que os encon-
tréis con Ganem ante el tribunal del Juez Supremo , y
cuando los ángeles os acusen de vuestra injusticia y tira-
nía, y den testimonio de la verdad , proclamando su ino-
cencia ? De nada os servirá entónces ese poder absoluto
y tiránico que estáis ahora ejerciendo , que hace temblar
al mundo ; el justo , el inocente serán vengados , y vos
seréis terriblemente castigado . » - Los sollozos y las lágri-
CUENTOS ÁRABES 287

mas le impidieron el proseguir quejándose. Su voz calló ,


pero continuaron sus gemidos y su llanto .
Así como acostumbraba Harun Alraschid recorrer la
ciudad para informarse de lo que ocurria en ella , así tam-
bien solia recorrer solo el palacio . En una de estas rondas ,
al llegar una tarde á la torre en que estaba encerrada su
antigua esclava favorita, oyó hablar, y siendo naturalmente
curioso se paró delante de la puerta del cuarto en que se
oia la voz, y se puso á escuchar atentamente. Muy luego
reconoció la voz de Tormento del alma, y no perdió nin
guna de sus palabras. Lo que la oyó decir respecto á la
noble conducta observada por Ganem le causó tal impre-
sion, que no pudo dormir ni descansar aquella noche un
solo instante , reflexionando sobre todo lo ocurrido ; y
como él se preciaba de ser equitativo y justo , llegó á
temer que, dejándose dominar por un arrebato de celos y
de ira, no hubiese faltado à la justicia de la que siempre se
mostraba tan celoso , en el caso de que fuese cierto lo
que habia oido decir á su tan querida esclava . Con el fin
de aclarar un asunto que tanto le importaba, á la mañana
siguiente mandó á Mesrour que le trajese á Tormento del
alma, mandato que se apresuró á cumplir el jefe de los
eunucos con el mayor placer, porque profesaba particu-
lar afecto á la pobre encerrada , y sentia en el alma verla
tan desgraciada .
Tan luego como Tormento se halló en presencia del
kalifa, se arrojó á sus plantas con el rostro bañado en
lágrimas y permaneció en esta postura sin proferir una
sola palabra. El kalifa , sin mandarla levantar , le dijo :
« Tormento, parece que me acusas de injusto. ¿ Quién es
el que , á pesar de las consideraciones y respeto que me
ha guardado , en vez de ser recompensado, se halla en
una situacion lamentable ? Habla , explícame lo que ha
pasado, y sé franca . Ya sabes que si soy justiciero, tam-
bien soy bondadoso . » La jóven, que por lo que le decia
el kalifa conoció que la habia oido quejarse, y que su
irritacion se habia calmado : « Comendador de los Creyen-
tes, le contestó, si he podido pronunciar alguna palabra
288 CUENTOS ARABES

que no sea del agrado de Vuestra Majestad , le ruego que me


la perdone, porque mi ánimo no ha sido el ofenderle en
nada. Os diré , sin embargo, que la persona cuya inocen-
cia y desventura deseáis conocer, es Ganem , hijo de
Abu-Ayub, mercader de Damasco . Él fué quien me salvó
la vida ; él quien me ha dado asilo en su casa y me ha pro-
porcionado cuanto me ha sido necesario . Presumo que
desde que me vió tuvo la idea de ser mi esposo, si he de
juzgar por el desvelo y el esmero con que se afanaba en
servirme y agradarme ; pero tambien debo hacerle la jus-
ticia que merece y confesaros que desde el momento en
que supo que yo os pertenecia, me miró como una cosa
sagrada , repitiendo continuamente : « ¡ Ah señora ! al
esclavo le está prohibido lo que pertenece al amo. » Desde
ese momento, os repito, su abnegacion y su virtud no se
desmintieron un solo instante ; continuó sirviéndome y
agasajándome con el mismo esmero que ántes , y su con-
ducta estuvo siempre conforme con sus palabras. Sin em-
bargo, ya sabéis , Caudillo de los Creyentes , como le
habéis tratado, y sabéis tambien que de tamaña injusticia
tendréis que dar cuenta un dia ante el tribunal de Dios . >>
Sin mostrarse ofendido Harun Alraschid por un lenguaje
tan osado, replicó : - « ¿Es cierto lo que me dices ?
¿ puedo fiarme en las seguridades que me das de la con-
ducta observada por Ganem ? Sí, contestó con vehe-
mencia la jóven ; podéis fiaros , porque os juro por lo mas
sagrado, que no faltaria á la verdad ; y para daros una
prueba de mi sinceridad voy á haceros una confesion que
quizas no os será agradable el oirla , y por ella os pido
perdon de antemano . Sabed que la noble conducta de
Ganem, sus atenciones y desvelos , y el servicio que me
habia prestado, enternecieron mi corazon, y llegué á
amarle á pesar de que él lo conoció , y de que me amaba
con pasion, léjos de aprovecharse de mi debilidad, supo
refrenarse repitiendo sin cesar : « Lo que es del amo
está prohibido al esclavo . >>
Esta franca declaracion que hubiera enojado á cualquier
otro soberano , léjos de irritar á Harun Alraschid, acabó
CUENTOS ÁRABES 289

de desenojarle y le calmó completamente. Mandó levantar


á Tormento del alma , y haciéndola sentar á su lado :
- α Cuéntame, le dijo, todo lo que ha pasado , desde el
principio hasta el fin ; no me ocultes nada, y sobre todo ,
dime la verdad. » La jóven predilecta le refirió entonces
todo cuanto habia ocurrido desde que Ganem la libró de la
muerte en el cementerio hasta el momento de su fuga , á
la que le confesó haber sido ella la que le habia obligado ,
y el cómo la habia ejecutado . Cuando concluyó , le dijo el
kalifa :- « Creo que sea verdad cuanto acabas de refe-
rirme ; pero ¿ por qué has tardado tanto tiempo en hacerme
saber tu paradero ? - Señor , le respondió Tormento, por
precaucion , Ganem salia muy poco de casa é ignorábamos
vuestro regreso . Despues , cuando lo supimos y yo me
decidí á escribir á Aurora de la mañana, tardó muchos
dias sin poder encontrar una ocasion oportuna para entre-

garle mi carta . Basta, Tormento , le interrumpió el
kalifa ; con lo que me has dicho quedo satisfecho , y
conozco que procedí muy de ligero ; pero quiero enmen-
dar mi yerro, indemnizando á ese jóven mercader por
todo lo que ha sufrido , y recompensarle por el servicio
que te hizo y el respeto con que te trató por considera-
cion à mi persona . Así, atendiendo á la ingenua confesion
que me has hecho , te le doy por esposo. La jóven se
arrojó nuevamente á los piés del kalifa para darle gracias
por tan singular beneficio y despues se retiró á su antiguo
aposento, en donde tuvo la satisfaccion de hallar intactos
los cofres de Ganem que Mesrour habia hecho llevar allí.
Sus esclavas y eunucos la recibieron con muestras de la
mayor alegría , é igual satisfaccion manifestaron de volver
á verla sus otras compañeras .
Mientras tanto , el kalifa habia mandado al gran visir que
hiciese publicar en Bagdad y en todas las provincias del
imperio el indulto de Ganem , hijo de Abou -Ayub, mer-
cader de Damasco , y la órden de que se presentase á
recibir las recompensas que sus servicios merecian. Á
pesar de la publicacion de este bando imperial y de las
diligencias que se hicieron para encontrar á Ganem, ni
17
290 CUENTOS ÁRABES

este se presentó , ni nadie supo dar razon de su paradero .


Entonces Tormento del alma pidió permiso al kalifa para
buscarle ella misma, y habiéndoselo concedido , tomó una
bolsa con mil monedas de oro , y montada en una mula de
las caballerizas del kalifa y acompañada por dos eunucos ,
salió de palacio , recorrió várias mezquitas distribuyendo
copiosas limosnas á los necesitados y santones, encargán-
doles que rogasen á Dios por el buen éxito de su empresa ,
y se dirigió á casa del síndico de los mercaderes, que era
un hombre muy caritativo, y empleaba la mayor parte de
sus ganancias en socorrer á los extranjeros necesitados ,
albergándolos en su propia casa.
Tan luego como vió á Tormento del alma delante de la
puerta, conociendo que era una dama de palacio , le hizo
un rendido acatamiento , é informado por ella del objeto
de su venida que era el de entregarle otras mil monedas
de oro para auxiliar á las personas que él creyese dignas ,
exclamó : « Señora , no podiais venir en mejor ocasion ,
porque ayer precisamente encontré dos pobres mujeres
que llegaban á Bagdad de lejas tierras ; venian tan exte-
nuadas , que solo el verlas movia á compasion , y aunque
cubiertas de andrajos, me parecieron personas distinguidas ,
ó por lo menos que no pertenecian á esa clase de pobres
que estoy acostumbrado á ver todos los dias . Esto me
bastó para traérmelas á casa, encargando á mi mujer que
cuidase de ellas. Si queréis tomaros la pena de apearos,
las podréis ver y socorrerlas vos misma informándoos de
quiénes son , pues, por no molestarlas, no hemos querido
hasta ahora hacerles ninguna pregunta. » Sin saber por
qué, Tormento se sintió impulsada á hacer lo que el síndico
le decia. Bajó de la mula , é introducida en el aposento en
que estaban las dos infelices, se sintió conmovida al
verlas, y les rogó con palabras afectuosas que le contasen
u historia y la causa de la desgracia en que se veian ;
desgracia, añadió , que ella estaba dispuesta á aliviar en
cuanto le fuera posible.
« Señora, le contestó la mas anciana, sumamente en-
ternecida vuestro generoso ofrecimiento me consueia,
CUENTOS ÁRABES 291

porque me hace ver que el cielo , de quien nos creíamos


abandonadas , no nos ha desamparado por completo.
Venimos de Damasco de donde hemos sido expulsadas con
la mayor ignominia, despues de habernos saqueado y arra-
sado nuestra casa , sin que sepamos por qué motivo . Solo
hemos podido colegir que todas nuestras desventuras pro-
ceden de una esclava favorita del kalifa , llamada Tormento
del alma, que dicen fué seducida por Ganem , hijo de Abou-
Ayub y mio, y cuya muerte lloramos mi hija y yo amarga-
mente . » Al oir estas palabras , Tormento no pudo con-
tener sus lágrimas , y exclamó : - « Señora, esa esclava
favorita del kalifa , á quien atribuís la causa de vuestras des-
dichas, soy yo misma que estoy dispuesta á compensároslas
y hacéroslas mas llevaderas . Ignoro yo misma el para-
dero de Ganem, y no sé si existe ; pero sabed que ha sido
reconocida y proclamada su inocencia y que el kalifa ha
hecho publicar un edicto en todas las provincias del im-
perio, no solo indultándole de un crímen que no habia
cometido , sino mandando que se presente para recibir la
recompensa del servicio que me hizo salvándome la vida ;
siendo una de las recompensas la de recibir mi mano que
el kalifa le otorga. Así, señora, añadió , abrazando cariño-
samente á la madre de Ganem , porque eran ella y su hija
las dos mujeres que habia recogido el síndico cuando lle-
gaban á Bagdad , podéis considerarme desde este momento
como esposa de Ganem é hija vuestra. » Sorprendida, se
quedó la madre de Ganem al oir estas palabras, y no supo
qué responder. Despues que Tormento la tuvo largo rato
abrazada , enjugó sus lágrimas , é hizo igual demostracion
de cariño con Encanto del corazon : « Cesad de afligiros,
señoras , y enjugad vuestro llanto , les dijo , que ya encon-
traremos á Ganem, y mientras tanto sabed que de cuanto
poseia aquí nada se ha perdido ; todo está en mi aposento,
en el palacio del kalifa, que tiene tantos deseos como nos .
otras mismas de ver á Ganem .
El síndico de los mercaderes, que habia salido á sus que-
haceres , volvió á entrar en el aposento en que estaban las
mujeres, y le dijo á Tormento : - << Señora, al atravesar la
292 CUENTOS ÁRABES

calle, me he encontrado con un desgraciado que le lleva-


ban al hospital amarrado con cuerdas sobre un camello ,
pues su debilidad era tan grande que ni aun podia soste-
nerse solo . Me dió compasion el verle , y mirándole con
atencion , me pareció que su fisonomía no me era descono-
cida . Esta circunstancia y el triste estado en que se
hallaba me decidieron á traerle á casa en donde será mejor
asistido que en el hospital, mediante vuestro generoso
auxilio . Le he hecho algunas preguntas acerca de su si-
tuacion y familia , pero solo me ha respondido con ayes y
gemidos , y en vista de su estado no he querido insistir .
Vos que sois tan generosa y tan caritativa , podriais entrar
á verle , y tal vez con vos se mostraria mas expansivo . »
Tormento siguió al síndico al cuarto en que habia puesto
al enfermo, y así que entró y le vió , le dió un vuelco el
corazon . Estuvo mirándole largo rato atentamente , y
creyó reconocer á Ganem , pero se hallaba el infeliz tan
demacrado , tan desfigurado y tan diferente de como ella
le habia visto , que dudaba fuese el mismo. Con el corazon
palpitante exclamó , al fin :-« ¡ Ganem ! ¡ Ganem ! ¿ sois vos
el que estoy viendo, ó es una ilusion de mi deseo ? » Al
ver que el enfermo continuaba con los ojos cerrados y no la
respondia, volvió á hablarle de nuevo diciéndole : — « ¡ Ah !
sin duda que mis ojos me engañan , pues de otro modo ,
Ganem, el hijo de Abou -Ayub , oiria la voz de Tormento del
alma y le responderia. » Al nombre de Tormento , el en-
fermo, que era en efecto Ganem , abrió los ojos , y haciendo
un esfuerzo , exclamó , mirando á la jóven que estaba de pié
á la cabecera del lecho : -« ¡ Ah ! señora ; ¿ sois vos la que
me habla , ó ... » no pudo proseguir y se quedó desmayado .
Merced á los auxilios que le prodigaron , volvió en sí, y no
viendo ya á Tormento á quien el síndico habia rogado
que saliese fuera del aposento, empezó á lamentarse to-
mando por una ilusion lo que habia visto y oido .- < No es
una ilusion , no es un sueño, le dijo el síndico ; ya volve-
réis á ver á esa dama tan pronto como vuestro estado lo
permita . Por el momento , calmaos y tratad de recobrar las
fuerzas perdidas. >
CUENTOS ÁRABES 293

Cuando Tormento dijo á la madre de Ganem que el


extranjero enfermo era su hijo, fué tan profunda la emo-
cion que le causó esta noticia , que la hizo perder el
sentido ...
Señor, dijo Gerenarda al sultan Chabriar, son indescrip-
tibles las escenas de ternura y de júbilo que pasaron entre
estas cuatro personas tan milagrosa y providencialmente
reunidas. Tormento del alma, despues de haber encargado
al síndico que proveyese de cuanto necesitasen á Ganem y
á su madre y hermana, mandase hacerles un equipo
lujoso, dió cuenta al kalifa Harun Alraschid de todo lo
que le habia ocurrido en casa del síndico de los merca-
deres . < Mucho me alegro , le dijo el kalifa , que tus ges-
tiones hayan tenido éxito tan satisfactorio . En cuanto su
estado se lo permita, quiero ver á Ganem y á su familia ;
te renuevo mi promesa de que serás su esposa , y te declaro
que desde este momento dejas de ser mi esclava, y eres
libre . »
El gozo de verse reunidos, y la perspectiva de volver á
encontrarse en la situacion que antes tenian , contribuyó
eficazmente para que Ganem y su familia recuperasen su
salud y sus fuerzas perdidas en muy pocos dias, y para
que Encanto del corazon volviese á recobrar su sin par
hermosura .
Cuando se presentaron ante el kalifa conducidos por el
gran visir , Harun Alraschid quiso oir de boca del mismo
Ganem todos los pormenores de su encuentro con Tor-
mento del alma en el cementerio , y las demas aventuras
que le habian sucedido . Ganem hizo su relacion en un len-
guaje y en unos términos que agradaron mucho al kalifa,
tanto mas cuanto que los minuciosos detalles que dió
coincidian por su exactitud con lo que antes le habia con-
tado su esclava favorita. Mandó que le diesen un rico ves-
tido y le dijo que deseaba verle permanecer en su corte .
- < Caudillo de los Creyentes , le respondió Ganem , incli-
nándose hasta tocar el suelo con la frente , el esclavo no
tiene mas voluntad que la de su amo y señor, y su mayor
dicha debe ser la de complacenie Esta respuesta y la
294 CUENTOS ÁRABES

gillarda presencia del jóven agradaron en extremo á Ha-


run Alraschid. Fijando en seguida la vista en la madre de
Ganem y en la hermana Encanto del corazon , y mirando
á esta con particular atencion , quedó sorprendido de su
grande hermosura . Despues de haberla estado contem-
plando largo rato con muestras de grande admiracion :
<< Siento en el alma, le dijo encarándose con ella , el
haber sido causa de las vejaciones y penas que habéis su-
frido ; pero ya que ha sido grande el quebranto, será mayor
la reparacion. Quiero que seáis mi esposa . De este modo
seréis vengada de Zobeida, causa primera y orígen de
vuestras desventuras ; y vos , señora , añadió , dirigiéndose
á la madre de Ganem, todavía sois jóven y de buen pa-
recer. Os entrego á Giafar , y espero que no rehusaréis ser
la esposa de mi gran visir . Tú, Tormento del alma, per-
teneces á Ganem . Todas estas personas se postraron de
nuevo á los piés del kalifa y le dieron gracias con la mayor
efusion . Encanto del corazon le dijo. C « Señor, con ser
solo vuestra esclava me tendré por feliz . - No , le contestó
Harun Alraschid , quiero que seas mi esposa. De este modo
castigaré á Zobeida. »
En seguida mandó venir al gran Mufti y al cadí de pala-
cío para extender las actas correspondientes y cumplir to-
das las formalidades requeridas por la ley para la celebra-
cion de este triple casamiento , y ordenó á uno de sus
secretarios que consignase esta historia en los anales de su
reinado , que es de donde se ha tomado , y el público la ha
llegado á saber, así como otras aventuras no ménos origi-
nales ocurridas á este ilustre kalifa, que me propongo re-
ferir á Vuestra Majestad .

EPISODIOS DEL REINADO DEL KALIFA HARUN ALRASCHID

Ya sabéis , señor, empezó diciendo Gerenarda al sultan


Chabriar, despues de terminada la historia de Ganem , que
el Comendador de los Creyentes Harun Alraschid tenia la
CUENTOS ÁRABES 295

costumbre de recorrer la ciudad de Bagdad y sus inme-


diaciones, bajo diferentes disfraces. Uno de esos dias en
que, despues de haber atravesado el Eufrátes en un bar-
quichuelo , se volvia á la ciudad pasando por el puente ,
apercibió en uno de sus extremos á un anciano ciego que
pedia limosna. El kalifa se le acercó , y le puso en la mano
una moneda de oro . Al recibirla y darle las gracias , el
ciego retuvo la mano del kalifa, y le rogó que le diera un
bofeton , añadiendo que , si no lo hacía así, no recibiria su
limosna. Atónito se quedó el kalifa al oir la exigencia del
ciego . Buen hombre , le dijo , yo no puedo acceder á lo
que me pides, porque eso sería ultrajarte en vez de favo-
recerte, y quitaria todo su mérito á mi limosna . - Pues
si no lo hacéis así , contestó el pordiosero , guardad vuestro
dinero, porque yo no puedo recibirlo sin faltar al jura-
mento solemne que he hecho de imponerme este castigo,
bien leve, á la verdad , para lo que merezco. »
Por no estar mas tiempo detenido , y avivada su curio-
sidad por otra parte , Harun Alraschid tocó ligeramente la
mejilla del ciego, que le soltó en seguida, renovando sus
gracias y bendiciones . Luego que hubo andado algunos
pasos le dijo á Giafar : — « Preciso es que sea muy grave el
motivo que induce á ese hombre á tener una exigencia tan
original con las personas que le socorren, y desearia sa-
berlo . Vuélvete y dile que mañana se presente en palacio
á la hora de la audiencia . » Hízolo así el gran visir despues
de haber dado al ciego otra moneda de oro acompañada
con un bofetoncillo . Los dos observadores continuaron su
camino, y al pasar por una plaza vieron apiñada una mul-
titud de gente que estaba mirando á un jóven montado en
una yegua á la que hacía galopar al rededor de la plaza,
pero maltratándola al mismo tiempo atrozmente con látigo
y con espuelas. Disgustado al ver la inhumanidad con que
aquel jóven trataba al pobre animal, el kalifa preguntó por
qué hacía aquello, pero nadie supo responderle, solo le
dijeron que todos los dias , á la misma hora , hacía ejecutar
á la yegua aquel fatigoso ejercicio . « Pues yo quiero sa-
berlo, le dijo al gran visir, añadiendo , mándale presentarse
296 CUENTOS ÁRABES

mañana en palacio à la misma hora que el ciego. » Cum-


plida por Giafar esta órden , siguieron su camino, y al llegar
cerca de palacio llamó la atencion del kalifa una suntuosa
casa recien construida . Quiso saber á quién pertenecia
aquel edificio, y le dijeron que á Cojia- Hassan -Alhabal el
cordelero, hombre á quien todos habian visto ejercer este
modesto oficio y vivir en la mayor pobreza , pero que de
la noche á la mañana la fortuna le habia sonreido de tal
manera que en el dia era inmensamente rico. « Quiero
saber de dónde le ha venido á ese hombre su riqueza , le
dijo á Giafar. Dale órden de que mañana se presente en
palacio á la misma hora que el ciego del puente y el
jóven de la yegua. »
Introducidos al dia siguiente los tres citados por Giafar
en la sala de audiencia, hechas por ellos las debibas.
demostraciones de respeto, el kalifa , dirigiéndose al ciego
pordiosero, le preguntó cómo se llamaba , y cuál era el
motivo que le inducia á pedir limosna de un modo tan
poco en armonía con la caridad misma ; modo que hacía
escandalizar á todas las personas que le socorrian .
Algo atemorizado el ciego por las palabras del kalifa
dichas en un tono que indicaban cierto descontento , vol-
vió á postrarse de nuevo y respondió : -- « Señor , mi nom-
bre es Babá - Abdalá , y pido humildemente perdon á
Vuestra Majestad por el disgusto que le he causado ayer,
forzándole á ejecutar un acto tan poco conforme con sus
nobles y caritativos sentimientos ; pero cuando sepa el
motivo por que me he impuesto yo mismo este afṛentoso
castigo , conocerá que es bien leve para lo que mi modo de
obrar merecia ; y puesto que deseáis saber este motivo ,
voy á obedecer á Vuestra Majestad , y á referírselo. >>

HISTORIA DEL CIEGO BABA-ABDALÁ, EL CODICIOSO

Comendador de los Creyentes , empezó diciendo el


ciego pordiosero , he nacido en Bagdad en donde, con la
CUENTOS ÁRABES 297

herencia que mis padres me dejaron y mi industria , llegué


å tener un caudal regular y fui dueño de ochenta camellos
( que alquilaba á los mercaderes de las caravanas que se
dirigian á los diferentes puntos de vuestro dilatado impe-
rio, y ganaba mucho dinero .
Un dia que volvia de retorno con mi recua vacía, me
detuve en un paraje ameno para hacer pastar á mis ca-
mellos , y yo me senté al pié de un árbol no léjos de una
fuente. Al poco rato llegó un dervis , y despues de haber-
nos saludado , sacámos nuestras provisiones y nos pusimos
á comer fraternalmente . Luego que concluímos, mi-
rando el dervis mi numerosa recua, me dijo que él co-
nocia un sitio no léjos del en que estábamos en donde
habia un tesoro de tan inmensas riquezas que , despues de
haber cargado mis ochenta camellos con oro y joyería ,
aun quedarian bastante para cargar otros doscientos.
Arrebatado de gozo me arrojé al cuello del dervis y le su-
pliqué que me enseñara el sitio , ofreciendo darle un ca-
mello cargado en agradecimiento . El dervis no se escan-
dalizó por mi mezquino ofrecimiento, porque conoció
que la codicia me hacía perder el buen sentido ; solo
me respondió :: — « Hermano , ya debéis conocer que vues-
tra oferta no guarda proporcion con el servicio que me
pedís . Yo podria guardar mi secreto y aprovecharme
solo del tesoro , però para que veáis que os quiero bien, y
deseo hacer vuestra fortuna , voy á proponeros un medio
para que todos quedemos contentos . Iremos al lugar
donde está el tesoro , y cargaremos los ochenta came-
llos ; vos me daréis cuarenta y os quedaréis con otros
cuarenta , y despues nos separaremos, siguiendo cada uno.
su camino . » Esta proposicion tan justa y razonable me
pareció á mí muy dura, sin reflexionar que si yo le daba
cuarenta camellos, él me procuraba riquezas bastantes para
comprar dos mil si quisiera. En fin , aunque con dolor de
corazon, accedí á ello para no tener que arrepentirme
despues, de haber desperdiciado la ocasion de hacerme
rico.
Reuní mis camellos y nos dirigímos á un valle profundo,
17.
298 CUENTOS ÁRABES

circunvalado por unas montañas escarpadas y altísimas,


en el que entrámos atravesando un desfiladero tan estre-
cho que solo un camello podia pasar de frente. El dervis
hizo un haz de leña con las ramas secas que recogió en
el valle, lo colocó sobre un trozo de roca saliente y le
prendió fuego por medio de unos polvos aromáticos que
echó encima pronunciando al mismo tiempo ciertas pala-
bras que yo no pude comprender, y cuando la hoguera

DY

estu vo bien encendida con , no poca sorpresa mia, eltrozo de


roca giró como si fuera una puerta con goznes, y apareció
CUENTOS ÁRABES 299

á nuestra vista el mas suntuoso palacio que la imagina-


cion pueda figurarse ; obra mas bien hecha por uno ó
muchos genios que no por mano de hombres .
Entrámos en su recinto, y lo primero que se ofreció
á mi vista deslumbrada, fueron unos montones de oro
sobre los que mi codicia se arrojó como un águila sobre
su presa, y empecé á llenar los sacos que llevaba . El
dervis hizo otro tanto ; pero habiendo notado que elegia,
con preferencia al oro , las piedras preciosas y joyas de
toda especie que abundaban , yo imité su ejemplo . Cuandc
los camellos estuvieron cargados , antes de cerrar la en-
trada del palacio , el dervis metió la mano en uno de los
jarrones de oro que allí habia , y sacó de él una cajita de
madera de sándalo que , segun me hizo ver , contenia una
pomada, y se la guardó en el bolsillo . Luego volvió á
cerrar el palacio sirviéndose del mismo medio empleado
para abrirlo . Despues nos repartímos los ochenta camellos,
salímos del valle, y emprendímos nuestra marcha cada
uno por su lado .
No bien habia andado unos cien pasos cuando, por el
espíritu de la codicia mas desenfrenada , empecé á arre-
pentirme de haberle dejado mis cuarenta camellos , sobre
todo con la preciosa carga que llevaban , y resolví el qui-
társelos por buenas ó por malas. - << El dervis no necesita
esas riquezas , me decia á mí mismo , conoce el tesoro en
donde podrá tomar otras tantas cuando tenga gana . » Hice
parar mis camellos, y me volví atras corriendo y gritando
al dervis para que se detuviera . Habiendo oido mis gritos
y viéndome venir , se detuvo. Cuando llegué le dije : -
" Querido dervis, he reflexionado que siendo un hombre
tan poco acostumbrado á los trabajos de la vida del mundo ,
os ibais á ver en el mayor embarazo para la conduccion de
los cuarenta camellos . Si me queréis creer, quedaos con
treinta solamente, y aun así estoy cierto que os veréis en
los mayores apuros para guiarlos y cuidarlos . Creo
que tenéis razon , me respondió el dervis, os confieso que
no habia reflexionado en ello . Escogez los diez que mas
os acomoden, lleváoslos , y Dios os guarde .
300 CUENTOS ÁRABES

Separé diez camellos que incorporé con los mios ; pero


léjos de darme por satisfecho con esta adquisicion , mi co-
dicia se inflamó al ver la condescendencia que habia en-
contrado en el dervis ; volví otra vez atras y le hice poco
mas ó ménos el mismo razonamiento , exponiéndole la di-
ficultad que tendria para gobernar los camellos , y me
llevé otros diez . No me di por contento , y semejante al
hidrópico que cuanto mas bebe se halla mas sediento , así
mi codicia aumentaba en proporcion de la condescen-
dencia y facilidad con que el dervis me cedia los camellos
que le iba pidiendo bajo aquel especioso pretexto. Por
último , cuando ya me cedió los diez únicos que le queda-
ban , y volví á hallarme dueño de los ochenta camellos
cargados con oro y pedrería , cuyo valor me haria el hom-
bre mas rico de la tierra, el dervis, al entregarme los
últimos , me dijo : << Haced buen uso de estas riquezas ,
y acordaos que Dios que os las ha dado lo mismo puede
privaros de ellas , si no las empleáis en socorrer á los ne-
cesitados á quienes deja al parecer en desamparo para
ejercitar con ellos la caridad de los ricos , y hacerse me-
recedores, por este medio, de una recompensa mayor y
eterna en el paraíso . » ¡ Ah ! mi codicia era tan extraordi-
naria y habia ofuscado de tal modo mi entendimiento y
mi razon , que en lo que ménos pensaba era en aprove-
charme de aquellos buenos consejos, así es que , al darle
gracias por la cesion de mis camellos , y al despedirme de
él, me acordé de aquella cajita que le habia visto guar-
dar con tanto esmero y presumiendo , que debia tener
alguna virtud maravillosa la pomada que contenia, le
rogué que me la diera , porque « un santo hombre como
vos , le dije , que ha renunciado á las vanidades y afeites
del mundo, no necesita pomadas de ninguna especie ; »
resuelto en mi interior á quitársela por fuerza en el caso
que no me la diese buenamente.
Léjos de rehusarme lo que le pedia, el dervis sacó la
cajita del bolsillo y me la presentó diciéndome : - «< To-
mazla, hermano mio , y que no sirva el negárosla de mo-
tivo para que quedéis descontento , y si algo mas puedo
CUENTOS ÁRABES 301

hacer por vos, no tenéis mas que decírmelo, pues dis-


puesto estoy á complaceros. »
Cuando tuve la cajita entre mis manos la abrí, y mi-
rando la especie de mantequilla que contenia, le dije : -
« Puesto que es tan grande vuestra bondad y condescen-
dencia, os ruego que me digáis qué virtud especial tiene

esta mantequilla. Una muy maravillosa, me contestó el


dervis . Frotando con ella el ojo izquierdo y cerrando el
302 CUENTOS ÁRABES

derecho se ven distintamente todos los tesoros ocultos en


las entrañas de la tierra ; pero frotando el ojo derecho se
pierde completamente la vista . » - Yo creí que el dervis
me engañaba, y quise hacer la experiencia por mí mismo.
Le entregué la cajita y le dije que, como él debia entender
esas cosas mucho mejor que yo , le rogaba que me frotase
con la pomada el ojo izquierdo .
El dervis hizo lo que yo le pedia, y en efecto , apénas
me hubo frotado el ojo con la pomada cuando aparecieron
á mi vista tantos y tan diversos tesoros, tantas riquezas
sepultadas y escondidas , que yo me quedé asombrado , y
mi codicia se encendió de nuevo y llegó á su último paro-
sismo. No me cansaba de contemplar riquezas tan infini-
tas, pero como me era preciso tener cerrado y cubierto con
la mano el ojo derecho, y esto me fatigaba , creyendo que
con los dos ojos veria aun muchos mas tesoros de los que
veía con uno solo , rogué al dervis que me frotase con la
pomada el ojo derecho . - Ya os he dicho, me contestó,
que si aplicáis la pomada al ojo derecho , perderéis la vista.
¡ Bah ! le repliqué yo , eso lo decís para intimidarme,
pero yo no lo creo . » Entonces el dervis , tomando á Dios
por testigo de que me decia la verdad , cedió á mis ins-
tancias. Yo cerré el ojo izquierdo , el dervis me frotó con
la pomada el derecho , y cuando los abri, ¡ ah ! ya no ví mas
que una densa niebla que oscurecia mi vista, y me hallé
completamente ciego.
Aunque tarde, conocí que el miserable deseo de rique-
zas me habia perdido y maldije mi desmesurada codicia.
Me arrojé á los piés del dervis. - « Hermano, le dije , vos
que sois tan bueno, tan generoso y compasivo , entre los
muchos secretos que conocéis debéis saber alguno que
me devuelva la vista ; ¡ empleadlo y haced esa caridad
conmigo ! - ¡ Desventurado ! me respondió, no os pre-
vine de antemano, y no hice todos mis esfuerzos para
preservaros de vuestra desdicha ? desdicha ocasionada por
vuestra insaciable codicia. Conozco , sí , muchos secretos ,
como habéis podido ver en el tiempo que hemos estado
reunidos ; pero no sé ninguno capaz de devolveros la vista.
CUENTOS ÁRABES 303

Vuestra desgracia la tenéis bien merecida , puesto que la


ceguedad de vuestro corazon y de vuestro entendimiento
os ha acarreado la de la vista. Volveos á Dios y pedidle mi-
sericordia, porque él solo es el que puede hacérosla reco-
brar. Os habia colmado de riquezas que erais indigno de
poseer, y os las ha quitado por el mal uso que vuestra co-
dicia habria hecho de ellas . Yo las repartiré ahora entre
personas verdaderamente necesitadas y agradecidas . >>
En seguida reunió mis ochenta camellos y prosiguió con
ellos su camino , dejándome solo y desamparado sin atender
á mis gritos y ruegos para que me llevase consigo . Así pasé
toda la noche atormentado por un tardío arrepentimiento ,
y allí habria quizás perecido , si unos viajeros que pasa-
ron al dia siguiente con direccion á Bagdad , compadecidos
de mí, no me hubiesen recogido.
Desde entónces, reducido á mendigar mi sustento , hice
juramento de no recibir ninguna limosna si no iba acompa-
ñada de un bofeton al mismo tiempo, como castigo , bien
leve á la verdad , de mi desmesurada é insaciable codi-
cia y de mi odioso y criminal proceder. Hé ahí, Comen-
dador de los Creyentes , el motivo de una conducta que ha
debido pareceros tan extraña , y me ha hecho incurrir ayer
en vuestro desagrado, por lo cual os pido perdon humil-
demente. - « Babá-Abdalá , le dijo el kalifa cuando el ciego
concluyó su relacion , tu modo de conducirte con el dervis
merecia seguramente un severo castigo , y Dios te lo ha
impuesto , quitándote la vista . No quiero , sin embargo, que
continúes pidiendo limosna de una manera que escandaliza
á las personas caritativas . Te señalo una pension de cua-
tro dracmas de plata diarias , de mi bolsillo particular ,
mientras vivas, las cuales mi gran visir cuidará de entre-
garte. Tu pecado de avaricia es grave ; pero ya que lo has
conocido, podrás continuar en secreto pidiendo á Dios mi-
sericordia, é imponiéndote la expiacion y el castigo que tu
conciencia te dicte . » Elciego Abdalá se postró de nuevo ante
el trono del kalifa para darle las gracias por su munificen-
cia, y se retiró alabando á Dios y bendiciendo al Comen-
dador de los Creyentes .
304 CUENTOS ÁRABES

Dirigiendo en seguida la palabra al jóven de la yegua ,


maltratada, citado por Giafar, el kalifa le preguntó cómo
se llamaba y qué motivos tenía para tratar de la mala ma-
nera que él habia presenciado á la yegua que montaba .
- « Tu aspecto no es el de un hombre bárbaro y cruel, le
dijo, lo que me induce á creer que, al ejercitar á tu yegua
de una manera tan poco conforme con lo que general-
mente se practica, debes tener alguna razon plausible
para ello, y como deseo saberla , espero que me la digas
sin temor y con llaneza. » - El jóven se postró hasta
tocar el suelo con la frente, y sin poder disimular su cor-
tedad y embarazo , le respondió diciendo : « Comendador
de los Creyentes , confieso que el trato que doy á mi yegua,
hace algun tiempo, es inusitado y cruel á primera vista ;
pero cuando haya puesto en conocimiento de Vuestra Ma-
jestad los motivos que me impulsan á obrar de esta ma-
nera, espero que conocerá que no lo hago por perversidad
de corazon y de malos sentimientos , sino que tengo so-
brada razon para ello , como podréis juzgar despues de
haber oido la extraña aventura de mi vida desgraciada ,
que voy á referiros .

HISTORIA DE SIDI - NOMAN , EL HOMBRE- PERRO

No soy de noble alcurnia y me llamo Sidi- Noman , empezó


diciendo el jóven de la yegua, sino hijo de padres hon-
rados que al morir me dejaron , con su honradez , un
caudal suficiente para vivir con desahogo, y sin ser gra-
voso á ninguno de mis parientes . Sin ambicion y sin cos
tumbres ruinosas, lo único que me faltaba para comple-
tar la dicha de que gozaba era una mujer en quien
depositar mi cariño , compartiendo con ella mis comod : -
dades y mis bienes . Aceptada por mí una jóven hija de
buenos padres , que me propusieron algunos amigos ,
cuando me la entregaron en mi casa con las formalidades
de costumbre y se quitó el velo , me encontré con que me
CUENTOS ARABES 305

habia caido en suerte una mujer que no era ni contrahe-


cha, ni mal parecida, y me di por muy satisfecho al ver
que no me habian engañado con sus informes las personas
que habian arreglado mi casamiento .
Cuando , pasadas las fiestas de la boda , quedámos solos
é hicimos juntos la primer comida, vi con la mayor sor-
presa que mi mujer empezó á comer el primer plato que
nos sirvieron, que era arroz , no con la cuchara que todos
empleamos , sino sirviéndose de un palillo ó mondadiéntes,
como el que usan los chinos , con el cual solo tomaba un
granito cada vez . Admirado de semejante modo de comer,
le hice algunas observaciones cariñosas.— « Querida Zelima ,
le dije, pues así se llama ¿ por qué coméis con esa parsimo-
nia ? ¿ lo hacéis por economía , ó porque queréis contar los
granos de arroz que tomáis para comer siempre el mismo
número? Si lo hacéis por ahorrar , ó para darme á enten-
der que no sea pródigo , no necesitáis imponeros esa pri-
vacion, porque, gracias á Dios, tenemos mas que lo sufi-
ciente para vivir con comodidad , y yo no soy pródigo , ni
gastador. Así, pues, comed como yo hago y no os impon-
gáis esa privacion . En vez de responderme, continuó
tomando grano por grano el arroz , con mayor lentitud to-
davía ; y de los otros manjares que nos sirvieron , ni
siquiera los probó , limitándose á meter su palillo en la
salsa y llevárselo á la boca con una migajita de pan que
un gorrion hubiera podido tragar. Por no disgustarla, yo
no volví á hacerle ninguna otra observacion , y atribuí su
modo de obrar á cortedad , por no estar acostumbrada á
comer delante de hombres, y ménos en presencia de un
marido ante quien , tal vez, le habian recomendado con
exageracion que fuese sobria y contenida .
Al ver que en los dias siguientes su parsimonia conti-
nuaba, á pesar de mis amonestaciones cariñosas, como
era imposible el que una persona pudiese vivir con solo
una o dos docenas de granos de arroz, empecé á ca-
vilar sobre un fenómeno tan particular, y á estar inquieto
y desasosegado , proponiéndome vigilar á mi esposa , sin
volverle á hacer ninguna observacion . Una noche en que
306 CUENTOS ÁRABES

esta cavilacion me tenía desvelado, creyéndome ella pro-


fundamente dormido , se levantó muy despacito , se vis-
tió sin hacer el menor ruido y se salió del aposento. Yo
salté del lecho , me puse un ropon apresuradamente, y me
fuí en su seguimiento . Mi mujer se salió de casa dejando
la puerta abierta, y se dirigió à un cementerio contiguo .
Yo me encaramé sobre la tapia, y gracias á la claridad de
la luna , pude distinguir á mi mujer al borde de una se-
pultura en compañía de una bruja entre las dos remo-
vieron la tierra y sacaron un cadáver recien enterrado , y
la bruja, con sus uñas aceradas como las garras de un tigre ,
empezó á arrancar pedazos de carne del cadáver y á dár-
selos á mi mujer que los devoraba y saboreaba con el
mismo placer y la misma avidez que hubiera podido hacer
una hiena .
Horrorizado me quedé al presenciar tan repugnante
espectáculo , y estuve á punto de caerme de la tapia en
que estaba subido . Luego que concluyeron su hedionda
comida, volvieron á echar en la fosa los restos del cadáver
y le cubrieron con tierra. Yo me apresuré entónces á vol-
ver á casa y me acosté. Mi mujer llegó al poco tiempo , se
desnudó, y metió en el lecho con las mismas precauciones ,
y luego se quedó profundamente dormida.
Yo no pude volver á conciliar el sueño me repugnaba
hallarme al lado de una mujer á quien habia visto hacer una
comida tan sacrilega, y en cuanto amaneció me salí de casa,
y me fuí á pasear á los jardines pensando en los medios
que adoptaria para hacer cambiar á mi mujer de vida . Des-
eché los violentos, y me decidí por los persuasivos . Sen-
tados á la mesa, y al ver que mi mujer sacó su palillo y
empezó á comer los granos de arroz uno á uno : - < Querida
mia , le dije , ya te manifesté desde el primer dia el disgusto
que me causaba el verte comer de esa manera , ó por mejor
decir, el ver que no comias . ¿ No son variados y de tu gusto
los platos que nos sirven ? pues manda que hagan los que
mas te agraden , y no continúes causándome el mismo
sentimiento . Dime, querida, ¿ no es preferible cualquiera
de estos manjares á la carne de muerto que ? ... » No pude
CUENTOS ÁRABES 307

concluir ; apénas Zelima me oyó pronunciar estas últimas


palabras se levantó con ímpetu de la mesa , con el rostro
encendido por la cólera y los ojos centelleantes , tomó
una copa llena de agua, echó en ella unos polvos rojos que
sacó de su bolsillo, pronunció no sé qué conjuro, y arro-
jándomela al rostro , exclamó con furia : Miserable !
recibe el castigo que merece tu curiosidad indiscreta.
¡ Conviértete en perro ! »

No bien me sentí rociado por el agua, cuando me en-


contré transformado en mastin. Todo esto sucedió en mé-
nos tiempo que el que yo empleo en referirlo, y mi mujer,
308 CUENTOS ÁRABES

acto continuo , agarró un látigo y empezó á maltratarme.


Al ruido y á los aullidos que yo daba , acudieron los cria-
dos , los cuales , armándose tambien con palos , me sacudian
sendos garrotazos , de modo que no sé cómo no perdi la
vida. Acosado por todas partes , y viendo una de las ven-
tanas del comedor abierta, salté por ella, me arrojé á la
calle y eché á correr despavorido , magullado y aullando
con la fuerza de los dolores que me causaban los palos y
latigazos que habia recibido.
Viéndome perseguido por otros perros que acudieron á
mis lastimeros ladridos , para librarme de sus mordiscos
me refugié en la tienda de un panadero , el cual los
ahuyentó ,y yo me cobijé debajo del mostrador. El panadero
era hombre de buen corazon , me acarició , y como estaba
almorzando me echó un mendrugo de pan . La paliza que
habia sufrido en mi casa, los mordiscos de los otros
perros y las carreras que habia dado , me habian quitado
completamente el apetito ; pero para mostrarme agrade-
cido al panadero le miré de un modo particular , menée la
cola é hice otras demostraciones que le agradaron mucho,
y volvió á acariciarme sonriéndose. Luego comí el zoquete
de pan muy despacito , y cuando acabé de comerlo volví
á mirarle como para solicitar su proteccion ; él lo com-
prendió así y me la concedió indicándome con la mano un
sitio en la tienda en donde no podia estorbarle , y yo me
apresuré á tomar posesion de él inmediatamente . Como
yo me mostraba muy sumiso y le seguia á todas partes ,
se aficionó á mí de tal manera que no almorzaba ni comia
sin dejar de darme una buena racion .
Ya hacía tiempo que vivia en aquella casa bien tratado
por el panadero , cuando un dia entró una mujer á com-
prar pan y dió en pago una moneda de plata. El panadero
la miró y dijo que era falsa. La mujer sostenia que era
buena, y despues de un altercado entre los dos : « Es tan
claramente falsa , exclamó el panadero , que hasta mi perro
la distinguiria aunque estuviese mezclada con otras mo-
nedas buenas. « Ven acá, Rojillo , » me dijo , porque este era
el nombre que me habia puesto. Al oirme llamar, salté de
CUENTOS ÁRABES 309
un brinco sobre el mostrador, y el panadero mezclando la
moneda falsa con otras de buena ley me dijo : « Mira,
Rojillo, no hay aquí una moneda falsa ? » Yo me puse á
examinar las monedas, aparté las buenas con la pata , y
cogiendo la falsa con los dientes se la presenté . Tanto mi
amo como la mujer se quedaron admirados de mi habili-
dad y de la prontitud con que habia sabido distinguir la
moneda falsa de las buenas, cosa que no esperaban , pues
si el panadero habia invocado mi testimonio habia sido
solo por divertirse y embromar á la mujer.
Cuando el panadero contó á sus vecinos y parroquianos
lo que habia sucedido , todos quisieron ver mi habilidad
por sí mismos . Traian monedas buenas entre las que
mezclaban algunas falsas , y yo separaba las unas de las
otras al momento . Mi inteligencia en monedas no tardó en
extenderse no solo por el barrio , sino por toda la ciudad,
de cuyos puntos mas remotos venian á comprar pan solo
por ver al « Perro sabio del Panadero . » Esta curiosidad
le procuraba un consumo tan grande que no podia dar
abasto á todos los pedidos , á pesar de haber multiplicado
el número de sus hornadas ; así es que decia á todos que
yo era para él una mina, y me mimaba y me regalaba , no
como á perro, sino como si fuera su hijo .
Cierto dia se presentó una mujer á comprar pan y puso
sobre el mostrador seis monedas de plata entre las cuales
habia una falsa . Yo separé las cinco buenas y poniendo la
pata sobre la falsa , levanté la cabeza y la miré . « Sí,
sí, esa es la falsa , exclamó la mujer, no te has equivo-
cado . » Luego se quedó mirándome y examinándome de
un modo particular y expresivo, y me hizo señas de que
la siguiese. Pagó su pan y se marchó . Sin dejar de mirarla,
yo no me moví del mostrador, pero al ver que ella volvia
repetidas veces la cabeza y continuaba haciéndome señas
para que la siguiese , aprovechando un momento en que
el panadero habia entrado en la trastienda, salté del mos-
trador y eché á correr detras de la mujer . Llegámos á su
casa y al abrir la puerta me dijo : « Entra, entra , que no
te pesará el haberme seguido . »
310 CUENTOS ÁRABES

Volvió á cerrar la puerta y me llevó á un aposento en


que habia una jóven de singular belleza y muy bien ves-
tida : — « Hija mia , le dijo la mujer , aquí te traigo el perro
sabio del panadero del que hemos hablado várias veces .
Examínalo bien, porque, como te he dicho, yo presumo
que este perro encierra algun misterio , y mira si por me-
dio de tus conocimientos mágicos puedes descubrirlo . »
Al oir estas palabras de la buena mujer, yo me planté
delante de la jóven , y me puse á mirarla fijamente, y ella
por su parte estuvo examinándome largo rato con la
mayor atencion , y luego dijo á la mujer : « Madre , no os
habiais engañado . Es un hombre transformado en perro
por arte de hechicería. » Yo le dirigí entónces miradas
expresivas y suplicantes acompañadas con un movimiento .
de cabeza , y me tendí á sus piés meneando la cola : la
jóven me comprendió y se compadeció de mí. Tomando
una copa llena de agua puso en ella unos polvos blancos
que sacó de un estuche, y despues de haber pronunciado
algunas palabras para mí ininteligibles , metió la mano en
la copa, me roció todo el cuerpo con el agua que contenia
y exclamó : « i¡ Si has nacido perro, quédate perro ; pero
si has nacido hombre , recobra tu forma primitiva ! » En el
acto me sentí transformado y aparecí tal cual yo era .
Arrojándome á los piés de la jóven en seguida para darle
las gracias por el beneficio que acababa de dispensarme,
le dije que dispusiera de mí como de un esclavo que le
pertenecia, asegurándole de mi eterno agradecimiento .
Me mandó levantar, y me rogó que le contase mi historia .
Así lo hice, diciéndole quién era, y refiriéndole todo lo
que me habia ocurrido con mi mujer hasta el momento de
mi transformacion , sin omitir el mal trato que despues me
hizo sufrir . « Sidi- Noman, me dijo la jóven, despues
de haber escuchado todas mis aventuras, no hablemos
del beneficio que acabo de haceros , ni de vuestro agrade.
cimiento ; la satisfaccion de haber podido favorecer á un
hombre honrado como vos es para mí bastante recom-
pensa ; pero hablemos de Zelima, vuestra esposa , á quien
conozco y sé que es maga como yo , porque tuvimos la
CUENTOS ÁRABES 311

misma maestra. Sin embargo, nunca hemos sido amigas,


porque no congeniamos, pues mientras que ella emplea

sus conocimientos mágicos en hacer todo el mal que


puede, yo empleo la escasa ciencia que poseo en hacer todo
el bien que me es posible ; así no me admira su perfidia.
Pero volviendo á lo que os interesa , os diré que lo que acabo
de hacer por vos, no es bastante, y quiero completar la
obra. Deshecho el encanto por cuyo medio os habia excluido
de la sociedad de los seres racionales , es preciso que la
castiguéis como merece, y con este objeto voy á sumi-
nistraros los medios . Esperad un momento, y quedaos
con mi madre. »
312 CUENTOS ÁRABES

La jóven se entró en un gabinete contiguo y cerró la


puerta. Despues de unos veinte minutos, volvió á salir
trayendo en la mano un frasquito lleno de líquido.- « Sidi-
Noman, me dijo , acabo de saber que Zelima está fuera de
casa en este momento ; que aparenta hallarse muy des .
consolada por vuestra ausencia y dice que la última vez
que estabais comiendo juntos os recordasteis de un nego-
cio urgente que habiais olvidado , y salisteis á evacuarlo
inmediatamente que con la priesa que llevabais se os
olvidó cerrar la puerta , y que habiendo entrado hasta el
comedor un enorme perro , ella se asustó , llamó á los
criados , y entre todos le hicieron salir á palos de la casa.
Tomad este frasquito , añadió , idos á vuestra casa inme-
diatamente y aguardad á que vuestra esposa vuelva. Así
que la sintáis llamar, bajaos al patio y salidle al encuentro .
Al veros cuando ménos lo espera, se asustará y os vol-
verá la espalda para huir. En este momento arrojad sobre
ella el líquido del frasquito y decid al mismo tiempo :
< Recibe el castigo que tu perfidia merece , » y no os asom-
bréis de lo que despues veáis . » Todo sucedió como mi
jóven bienhechora me habia dicho . Al presentarme delante
de Zelina, esta dió un grito y quiso huir, yo le arrojé
encima el líquido del frasquito y pronuncié las palabras
cabalísticas, y vi transformarse á mi mujer en una yegua .
Repuesto del asombro que esta transformacion me causó, la
agarré por las crines , y á pesar de su resistencia , la llevé
á la caballeriza , y poniéndole una fuerte cabezada la su-
jeté al pesebre, tomé un látigo y le sacudí otros tantos
latigazos como ella me habia dado, despues de metamorfo-
searme en perro. Todos los dias, como habéis visto ayer,
¡ oh ilustre kalifa ! le aplico igual castigo, y me atrevɔ á
esperar que Vuestra Majestad no encontrará reprensible mi
conducta , sino que juzgará que aun merece ser tratada con
mayor rigor una mujer sacrílega y antropófaga que se ali-
menta con la carne de los muertos , y que comete con su
marido la infamia que habéis oido .
El jóven cesó de hablar, y despues de unos momentos
de reflexion, el kalifa Harun Alraschid le dijo : « Sidi-
CUENTOS ARABES 313

Noman, la doble infamia cometida por tu mujer no tiene


excusa, y es muy merecedora de castigo . No repruebo el

que hasta ahora le has impuesto ; pero si deseo el que te


hagas cargo de que debe ser grande la pena que experi-
mente al verse reducida á la condicion de animal irracio-
nal ; y quisiera que te contentases con dejarle purgar su
crimen en ese triste estado , sin agravar mas su pena , y,
si no conociera la terquedad y el carácter vengativo de las
mujeres, sobre todo , si son magas , aun te diria que vol-
vieses á ver á tu jóven libertadora, para rogarle que hiciese
cesar el encanto, y recobrara tu mujer su ser primitivo ;
pero me temo que entónces su venganza sería todavía
mas terrible . >>
Encarándose en seguida con el tercer citado por el gran
visir Giafar, nombrado Cojia-Hassan, le dijo : « Al pasar
ayer por delante del palacio que acabas de edificar, me
18
314 CUENTOS ÁRABES

llamó la atencion de tal manera su magnificencia, que


quise saber de quién era . Me dijeron que te pertenecia,
añadiéndome otros detalles sobre tu antiguo oficio y po-
breza, y elogiando el buen uso que hacias de tu riqueza
improvisada, que nadie sabía cómo la habias adquirido.
Estas particularidades han excitado mi curiosidad, y te he
mandado venir para que la satisfagas y tenga ocasion de
alabar á la Divina Providencia al conocer los recónditos
medios de que se ha valido para favorecerte . Así , nada
temas, háblame con sinceridad y llaneza , no como si ha-
blaras al kalifa, sino á un amigo. »
Alentado Cojia - Hassan con este exordio benevolo , se
explicó en estos términos :

HISTORIA DE COJIA- HASSAN- ALHABAL, EL CORDELERO

Comendador de los Creyentes , empezó diciendo,


ántes de contaros por qué medios honrosos he llegado á
adquirir los bienes que poseo , debo hablaros de dos ami-
gos , dos filósofos , que son á quienes , despues de Dios ,
que es el primer autor de todo bien , soy deudor de la
dichosa situacion en que me veo . Estos dos amigos, que
se llaman Sadí el uno, y Saad el otro , tienen distintas
opiniones respecto á la riqueza y al modo de adquirirla.
Sadí es de opinion que el hombre no puede ser dichoso
en este mundo si no es dueño de grandes haberes que le
permitan vivir con toda comodidad y entera indepen-
dencia. Saad, por el contrário, sin negar que los bienes
sean necesarios para los usos de la vida, sostiene que la
verdadera felicidad del hombre no se halla sino en la
virtud , sin que esta tenga otra relacion con las riquezas
mas que la necesaria para atender á las necesidades de
la existencia.
Respecto al modo de adquirirlas , Sadí sostiene que los
pobres no llegan á ser ricos sino porque no pueden reu-
nir un capital suficiente que , empleándolo en fomentar
CUENTOS ÁRABES 315

su industria , les haga salir de su estrechez , y cree que si


pudiesen reunir la suma necesaria é hiciesen buen uso de
ella , llegarian á ser no solo ricos sino poderosísimos.
Saad afirma que no es el dinero un medio tan seguro
como su amigo cree para que un pobre pueda enrique-
cerse ; y en apoyo de su opinion cita varios casos en los
que se ha visto enriquecerse á muchos pobres por una
circunstancia fortuita, ó por un acontecimiento impre-
visto . Para convenceros de cuán equivocado estáis, le re-
plicó Sadí un dia , quiero hacer la experiencia entregando
una cantidad suficiente á algun artesano honrado , y veréis
probada la opinion que sostengo .
Poco tiempo despues llegaron á pasar los dos amigos.
por la calle en que yo trabajaba en mi oficio de cordelero ,
y al verme , Saad le dijo á su amigo : « Si estáis en el
mismo propósito de que me hablasteis el otro dia , hé ahí
un hombre con quien podriais tentar vuestra experiencia.
Tiene trazas de ser honrado , y á pesar de que hace mu-
cho tiempo que le veo trabajando noche y dia , su pelaje
indica que no prospera . — Léjos de cambiar de opinion ,
le contestó Sadí , siempre llevo conmigo una cantidad su-
ficiente para hacer la prueba , y solo espero una coyun-
tura oportuna para que la presenciaseis vos mismo. »
Habiéndose acercado á mí, me preguntaron cómo me
llamaba, y si el producto de mi industria me producia lo
suficiente para vivir con desahogo y hacer algunos ahorros .
Yo satisfice á todas sus preguntas cortesmente , hacién-
doles ver la imposibilidad no solo de hacer ahorros , sino
los apuros en que muchos dias me veía para mantener á
mi mujer y mis cinco hijos, siquiera fuese con pan y con
legumbres , y que , cuando lo conseguia , alababa á Dios ,
y me daba por contento. « Pues bien, Hassan , me dijo,
Sadí, ¿ creéis que con doscientas monedas de oro podriais
prosperar de tal modo que llegaseis á ser uno de los mas
acaudalados de vuestro oficio ? Señor, le contesté,
como me parecéis una persona incapaz de burlaros de mi
pobreza, os diré esto sin vanagloria, que con una cantidad
mucho menor tendria lo bastante para llegar á ser no uno
316 CUENTOS ÁRABES

de los mas ricos de mi oficio , sino mas que todos ellos


juntos . -- Pues bien, Hassan, me dijo el generoso Sadí ,
metiendo la mano en el bolsillo y sacando una bolsa :
aquí tenéis doscientas monedas de oro . Empleadlas bien
y que Dios os dé su bendicion ; estad seguro de que tanto
mi amigo Saad como yo tendremos una gran satisfaccion
en saber que hemos contribuido á haceros mas dichoso de
lo que hoy dia sois . »
El júbilo me enajenó de tal modo que no pude encon-
trar palabras con que dar gracias á mi bienhechor , solo al
tomar con una mano la bolsa, con la otra cogi su vestido
y lo besé .
Despues que se retiraron los dos amigos , empecé á pen-
sar en dónde guardaria aquel dinero con seguridad, y
creyendo que en ninguna parte estaria mejor que entre
los pliegues de mi turbante, despues de haber sacado diez
monedas de la bolsa para las necesidades mas urgentes ,
sin que mi mujer ni mis hijos lo viesen , coloqué en el
turbante las restantes . Al dia siguiente compré una buena
provision de cáñamo, y como hacía ya muchos meses que
mi familia no probaba la carne , compré un buen trozo para
comer y cenar. Muy contento me volvia á casa trayendo
la carne en la mano , cuando un gavilan hambriento se
arrojó sobre mí é hizo presa en el trozo de carne . En la
lucha que emprendí con el ave de rapiña para defenderme
y hacerle soltar la carne , me pegó un aletazo en el tur-
bante y me lo hizo caer al suelo . No bien lo hubo visto
caer el milano , soltó la carne que yo tenía todavía en la
mano y se arrojó sobre el turbante ; lo apresó con sus
garras antes que yo hubiera podido bajarme á cogerlo y
se remontó por los aires, sin que hubiésemos logrado
hacérselo soltar con los gritos y pedradas que le tiraron
algunas personas que acudieron y presenciaron este es-
pectáculo . Volví á casa con el corazón traspasado de pena
no solo por ver malogradas mis esperanzas con la pérdida
de aquel dinero, sino mas afligido aun por lo que pensaria
mi bienhechor que no querria creer lo que me habia suce-
dido. Cuando acabé de gastar las diez monedas que habia
CUENTOS ÁRABES 319

Sadí, como era natural, me hizo algunas observaciones


atribuyendo á mi desarreglo el uso que yo habia hecho de
sus dádivas. - « No siento, me dijo, la pérdida de las
cuatrocientas monedas que os di para sacaros de vuestra
pobreza, porque lo hice por amor de Dios ; si de algo me
arrepiento, es de haberme dirigido á vos mas bien que á
otro que las hubiese utilizado mejor. Sin embargo , aña-
dió , dirigiéndose á Saad , no renuncio por eso á sostener
mi opinion y á continuar la prueba ; pero , por el momento,
sois libre de hacer lo que gustéis para sostener la vuestra ,
haciéndome ver que puede mejorarse la situacion de un
menesteroso por otro medio que por el del dinero , del
modo que yo lo entiendo , y buscadme otra persona que
no sea un Hassan . » Yo escuché sin responder y con la
cabeza baja las justas quejas y sospechas de Sadí ; y Saad
que tenía en la mano un grueso pedazo de plomo que.
acababa de recoger en la calle , enseñándoselo á Sadí le
dijo : -- << Ya habéis visto como he recogido à vuestros
piés este pedazo de plomo , voy á dárselo á Hassan , y
veréis lo que le vale. » Tomé, por cortesía , el plomo que
Saad me presentaba, y me lo metí en la cintura ; los dos
amigos se marcharon , y yo seguí trabajando .
Al desnudarme por la noche sentí caer al suelo el regalo
de Saad del que no habia vuelto á acordarme, lo recogi y
lo puse al lado del hogar . Hacía muy poco que nos había-
mos acostado , cuando oímos llamar á la puerta ; me levanté
á ver quién era y me encontré con la mujer de un pesca-
dor vecino nuestro , el cual, segun la mujer me dijo , al
arreglar sus redes, habia visto que le faltaban algunos
plomos, y como ya estaban todas las tiendas cerradas y su
marido tenía que marcharse ántes de amanecer , venía á
saber si por casualidad tendria yo algun pedazo de plomo
y queria dárselo, con lo cual le haria un gran servicio .
Yo me acordé entónces del que me habia entregado Saad,
lo busqué á tientas y se lo entregué . La mujer del pesca-
dor se marchó contentísima , diciéndome : - << Vecino,
es tan grande el servicio que nos hacéis que, en agradeci-
miento , prometo traeros todo el pescado que saque mi
320 CUENTOS ÁRABES

marido en la primera redada, y estoy segura de que él


atificará mi promesa. En efecto, al dia siguiente, por la

6117

tarde, cuando me hallaba trabajando, y habia olvidado ya


el pedazo de plomo que habia dado á la mujer del pesca-
dor, vi venir á este con un pez enorme en la mano :
Vecino, me dijo al acercarse á mí, vengo á cumplir lo
que mi mujer os ofreció anoche por el gran servicio que
me prestasteis dándome el plomo que necesitaba para
CUENTOS ÁRABES 317

apartado, volví á quedar tan pobre y desgraciado como


ántes.*
Al cabo de seis meses, los dos amigos volvieron á pasar
por mi barrio y vinieron á ver si mi posicion habia me-
jorado . Se acercaron á mí y me preguntaron en qué estado
iban mis negocios . Yo les conté lo que me habia sucedido
con el milano , lamentándome de que sus esperanzas como
las mias se hubiesen visto defraudadas de un modo tan

impensado ; pero Sadí no quiso creerme, y me hizo recon-


venciones amargas . « Os burláis de mí, me dijo, in-
18
318 CUENTOS ÁRABES

ventando semejante fábula : los milanos no sacian su


hambre con turbantes , pero vos habéis obrado como todos
los de vuestra clase : miéntras les dura el dinero no se
cuidan mas que de comer y beber bien , sin pensar en
mañana . » --Yo protesté apoyando la verdad de mi aven-
tura con el testimonio de todas las gentes del barrio , y
Saad tomó mi defensa refiriendo otros casos semejantes
acaecidos con milanos . En fin , decidido el generoso Sadi
á proseguir su prueba para convencer á su amigo , sacó
otras doscientas monedas y me las entregó , recomendán-
dome que las pusiera en paraje seguro de donde los
milanos no se las llevaran .
Luego que los dos amigos se marcharon , no sin que yo
les hubiese manifestado mi agradecimiento , aprovechando
un momento en que mi mujer y mis hijos estaban fuera
de casa, entré en ella, puse aparte diez monedas de oro ,
envolví las restantes en un trapo, y como no tenía arca
ni armario, me ocurrió el meterlas en el fondo de una
vasija que habia en un rincon del cuarto en la que mi
mujer iba echando el salvado . Cerré la puerta y me mar-
ché en seguida á comprar cáñamo y algunas provisiones.
Durante mi ausencia vino mi mujer acompañada por un
vendedor de tierra de la que emplean para el baño y otros
usos , y como no tenía dinero para comprar la que le hacía
falta, el vendedor de tierra se la cedió en cambio de la
tinajilla de salvado . Poco despues volví cargado con mi
cáñamo, y no viendo la vasija en el sitio en que la habia
dejado , le pregunté á mi mujer por ella , la cual me contó
el cambio que acababa de hacer . No quiero molestaros en
expresar aquí el dolor que se apoderó de mi alma, ni la
desesperacion de mi mujer cuando supo lo que la vasija
encerraba . Nuestra mutua pena fué muy viva, y la mia
era mayor al pensar en mis bienhechores, sin saber lo
que les diria cuando se presentasen y viesen frustradas
sus esperanzas . Este momento llegó , y cuando los ví venir
estuve á punto de huir y de ocultarme ; en fin , como mi
conciencia nada me acusaba, me decidí á esperar su lle-
gada y contarles sencillamente lo que habia pasado.
CUENTOS ÁRABES 321

componer mis redes . He hecho una pesca abundante ; pero


en la primera redada solo he sacado este pez y aquí os
lo traigo. Si mas hubiera cogido , mas os hubiera traido . »
Despues de darle gracias por el regalo , cogí el pez y se lo
llevé á mi mujer para que lo aderezase y nos sirviese de
cena. Al escamarle y limpiarle, mi mujer encontró en su
vientre un pedazo de vidrio redondo de buen tamaño , y
se lo dió al riño menor para que jugase con sus her-
manos . Los chicos empezaron á pasárselo de mano en
mano, y cuando por la noche encendió la lámpara, vieron
que el pedazo de vidrio relumbraba como si fuera un
ascua , lo cual les hizo dar gritos de alegría ; y era tan
grande la zambra que armaban entre sí por arrebatárselo
unos á otros , que me llamó la atencion y les pregunté por
qué se disputaban.— « Papá , me contestó el mayor, es por
un pedazo de vidrio que mamá ha dado á mi hermanito ,
que alumbra como si fuera la lámpara . » Le dije que me
lo trajera, y vi , en efecto, que relumbraba, y que en la
oscuridad despedia una luz mas viva que la de la misma
lámpara, la cual mandé apagar, y poniendo el trozo de
vídrio encima de la chimenea, nos encontrámos tan bien
ó mejor alumbrados que con la misma lámpara . Entónces
dije para entre mí : « al fin , el regalo de Saad algo nos
vale, porque con este vidrio podremos alumbrarnos y
ahorraremos el aceite. »
El ruido que habian hecho los chicos y las voces que
mi mujer y yo habíamos dado para hacerles callar , llama-
ron la atencion de un judío joyero vecino nuestro que
vivia pared por medio, y su mujer vino á la mañana si-
guiente á informarse del motivo de aquella vocinglería, y
á quejarse. << Ya sabéis , vecina , lo que son los mucha-
chos ; cualquier cosa les hace reir , ó llorar, ó alborotarse.
Mirad, le dijo mi mujer enseñándole el pedazo de vidrio,
todo ha sido por este vidrio que yo encontré ayer en el
vientre de un pescado , y que yo les di para que se divir-
tieran , el cual alumbra como si fuera un candil . Os ruego
que perdonéis, que ya cuidaré yo de que no alboroten
tanto . Como ni mi pobre mujer ni yo no habíamos te-
322 CUENTOS ÁRABES

nido nunca diamantes en la mano, estábamos muy lejos


de pensar que fuese una piedra preciosa de grandísimo
valor la encontrada en el vientre del pescado, y creíamos
que no era realmente sino un pedazo de vidrio sin ningun
valor ni importancia ; pero la mujer del judío joyero , que
estaba acostumbrada á manejar las piedras preciosas de
todas clases, conoció al momento lo que era el pedazo de
vidrio que mi mujer le enseñaba. Lo examinó con la mayor
atencion y calculó, poco mas ó ménos , los quilates que
pesaba, y devolviéndoselo á mi mujer le dijo que si que-
ria venderle aquel pedazo de vidrio que á ella no le servia
para nada , le daria por él diez dracmas de plata . << Como
yo tengo otro pedazo de vidrio muy parecido á este , aña-
ió, con el que suelo adornarme, me servirá para hacer
juego. »
Al oir los chicos hablar de la venta de su juguete em-
pezaron á gritar, chillar y armaron un alboroto tan grande ,
que para hacerles callar tuvo su madre que volvérselo á
dar. La judía habló á su marido del diamante, y al dia
siguiente volvió á ver á mi mujer y le dijo que si al fin
se decidia á vender el pedazo de vidrio que le habia en-
señado , le daria por él diez monedas de oro . Aunque esta
oferta le pareció á mi mujer muy aceptable, no se decidió
sin embargo á dárselo sin hablarme. Cuando volví de mi
trabajo encontré todavía en mi casa á la mujer del joyero
que al verme me dijo : - << Vecino, tengo antojo por ese
pedazo de vidrio que habéis encontrado en el vientre del
pescado, y sí me lo queréis vender os daré veinte monedas
de oro. Yo no respondí al pronto , y me puse á reflexio-
nar lo que debia de hacer, y la judía para decidirme volvió
á decirme : << Vamos, vecino , vendédmelo y os daré
cincuenta monedas de oro . » La facilidad con que la judía
habia aumentado su oferta , me llamó la atencion , y me
acordé en aquel momento de lo que Saad me habia dicho
al darme el pedazo de plomo ; entónces le contesté :
<< Vecina , estáis muy distante de llegar al precio en que
yo estimo ese pedazo de vidrio . Pues , vamos , os daré
cien monedas de oro , aunque no sé si mi marido lo apro-
CUENTOS ÁRABES 323

bará. -— Vecina , le contesté , si os queréis llevar ese pedazo


de vidrio me daréis no cien monedas de oro sino cien
mil , aun cuando estoy persuadido , añadí , que vale mucho
mas. » Esto lo dije yo solo por decir, estando muy lejos
de pensar que el tal pedazo de vidrio pudiese tener seme-
jante valor. La judía, sin embargo , que habia recibido de
su marido el encargo de comprar el diamante y de cerrar
el trato á toda costa , fué aumentando sus ofrecimientos
hasta la cantidad de cincuenta mil monedas de oro , lo que,
sin dejar de sorprenderme, sirvió para mantenerme firme
en el precio que le habia pedido. « Vecino , me dijo en-
tónces la mujer del joyero , no puedo comprometerme á
ofreceros una cantidad tan crecida sin el consentimiento
de mi marido. Cuando venga esta noche le hablaré , verá
el pedazo de vidrio y se decidirá . Solo os pediré , mién-
tras tanto, que esperéis hasta la noche, y no lo enseñéis
á nadie . » Así se lo prometi.
Al anochecer vino el judío joyero , y después de haber
examinado el diamante y visto los resplandores que des-
pedia, me ofreció otras veinte mil monedas mas ; pero al
ver que yo me mantenía firme en querer las cien mil , el
temor de que fuese á enseñárselo á otros joyeros le deci-
dió á comprarlo y me dijo : « Vecino Hassan , no tengo en
casa en este momento las cien mil monedas de oro , pero
mañana las completaré queda cerrado el trato , y por el
momento aquí tenéis, en arras, dos bolsas con mil mone-
das de oro cada una. »
Al dia siguiente me trajo las noventa y ocho mil res-
tantes y yo le entregué el pedazo de vidrio . Al verme mas
rico de lo que nunca hubiera podido imaginarme, mi pri-
mer impulso fué el de dar gracias a Dios y alabarle por
la liberalidad con que me habia favorecido ; luego quise
ir á arrojarme á los piés de los dos amigos para mostrarles
mi agradecimiento , pero no pude hacerlo por ignorar
cómo se llamaban ni en dónde vivian . Pensando despues
fen el cómo haria fructificar un capital tan crecido , me
decidí por emplearlo en el tráfico de la cordelería que era
lo que mas conocia. Al dia siguiente fura ver a todos los
324 CUENTOS ARABES

Crabajadores de mi oficio , les ajusté para que trabajasen


por mi cuenta, les hice adelantos de material v de dinero ;

compré un solar é hice construir en él un espacioso edi-


ficio con grandes almacenes y demas dependencias, y á
pesar de que vendia todos los productos de la cordelería,
en sus diferentes ramos, mas baratos que los otros corde-
leros, realizaba cada dia grandes beneficios ; de modo que
á los pocos meses doblé mi capital.
Pasando un dia los dos amigos por mi antigua morada,
é informados por los vecinos de mi brillante posicion , y
del sitio en que vivia, vinieron á verme. Yo los recibí con
un placer indecible y los conduje al salon haciéndoles
sentar en el puesto de honor. En seguida les referí todo lo
ocurrido con el plomo , el pescado y el pedazo de vidrio.
Sadí, que continuaba aferrado en su opinion y estaba per-
suadido que era una fábula lo que yo le habia contado
sobre la pérdida de sus cuatrocientas monedas, y que
atribuia á ellas mi prosperidad , despues de haberme es-
cuchado me dijo : Cojia- Hassan, la aventura del pes
cado y del diamante me parece tan increíble como el robo
de vuestro turbante por el milano, y el cambio de vuestra
vasija de salvado por tierra para el baño . En fin, sea
como quiera, me alegro en el alma de que hayáis dejado
CUENTOS ÁRABES 325

de ser pobre y que seáis rico , cabiéndome la satisfaccion


de haber contribuido á ello . »
Sin insistir mas sobre este asunto , y deseoso de mani-
festarles mi agradecimiento , rogué á los dos amigos que
me hiciesen la honra de quedarse á cenar conmigo y de
acompañarme al dia siguiente á una casita de campo que
habia comprado para que fuesen á recrearse á ella mis
hijos. Aceptado por ellos mi doble convite, mientras mi
mujer y mis criados preparaban el banquete, les hice los
honores de mi nueva casa enseñándoles todas sus depen-
dencias ; y durante y despues de la cena , les obsequié
con una comparsa de músicos y bailarinas, y con diver-
siones de diferentes especies .
Al dia siguiente fuímos por agua á mi quinta , que estaba
á orillas del rio . Paseándonos por el parque, llegámos á
un bosque muy espeso en el que mis hijos andaban á
caza de nidos , y habiendo divisado uno en la copa de un
árbol muy alto , el esclavo que los acompañaba se subió á
cogerlo y se lo trajo , llamándoles la atencion sobre la par-
ticularidad de estar hecho en un turbante . Cuando lo
cogió mi hijo mayor vino corriendo adonde nosotros está-
bamos , exclamando : « ¡ Papá ! ¡ papá ! mira, un nido en un
turbante. » Lo tomé en mis manos , y reconociéndolo con
atencion, vi que era el propio turbante que me habia arre-
batado el milano . Grande fué mi admiracion al hacer este
descubrimiento, y encarándome con los dos amigos : -
« Señores , les dije , ¿ será bastante fiel vuestra memoria
para recordaros del color y de la forma del turbante que
yo tenía puesto cuando me disteis las primeras dos-
cientas monedas ? -No creo , me respondió Saad , que mi
amigo Sadi haya fijado mas atencion que yo en ello ; pero
nos convenceremos de que, en efecto , ese es el mismo
que teniais puesto aquel dia, si se encuentran en él las
ciento noventa monedas. De ello no me cabe la menor
duda, y ahora mismo vamos á verlo. » Deshecho el tur-
bante, se hallaron , en efecto , las monedas de oro en uno
de sus pliegues segun yo las habia puesto , metidas en la
bolsa que Sadí me dió y reconoció por suya. En presencia
19
326 CUENTOS ARABES

de un hecho tan evidente , Sadí no pudo ménos de confe-


sar que la primera dádiva no habia podido contribuir á

mi riqueza , pero que estaba persuadido de que las otras


doscientas monedas que me habia dado habian tenido
mucha parte en ella. Yo me contenté con responderle que
le habia dicho la verdad, y que si me retractara , le diria
una mentira .
Habiendo pasado todo el dia en la quinta, despues de
CUENTOS ÁRABES 327

puesto el sol nos volvimos á caballo á Bagdad, adonde


entrámos algo tarde , y sucedió que el esclavo encargado
de la caballeriza , creyendo que no vendríamos aquella
noche , habia olvidado proveerse de pienso para los caba-
llos , y como ya estaban cerrados los almacenes de granos ,
salió corriendo á recorrer las tiendecillas del barrio para
buscar algo que darles de comer, y encontró en una de
ellas una tinajilla llena de salvado que compró y se la
trajo. Al sacar el salvado notó que en el fondo habia un
envoltorio bastante pesado , y sin atreverse á desliarlo me
lo envió para que yo lo reconociese. Figuraos , señor,
¡ cuál sería mi asombro al reconocer que aquel envoltorio
era el que yo habia hecho con trapos para guardar en él
lás ciento noventa monedas de oro de la segunda dádiva
de Sadí ! Lleno de gozo con semejante hallazgo , exclamé :
¡ Señores, y bienhechores mios ! Dios no ha querido que
os separaseis de mí sin que os fueseis convencidos de la
verdad de cuanto os he contado . Hé aquí, dije á Sadí, las
otras ciento noventa monedas que vuestra generosidad
me dió . Ya veis que tampoco han podido contribuir á en-
riquecerme. » Mandé traer la tinajilla que reconocí en
seguida, y lo mismo la reconoció mi mujer cuando se la
llevaron para que la viese.
En presencia de esta evidencia incontestable, Sadí dijo
á Saad : « Cedo en mi opinion , y reconozco que el dinero
solo no es siempre un medio seguro para enriquecerse . »
Aquella noche la pasaron tambien los dos amigos en mi
casa, teniendo yo especial satisfaccion en obsequiarlos . De
acuerdo con Sadí, que no quiso volver á recoger su dinero ,
distribuímos entre familias necesitadas las trescientas
ochenta monedas de oro tan providencialmente halladas ,
y desde ese dia continuamos viéndonos y profesándonos
cariñosa amistad.
El kalifa Harun Alraschid oyó con visible satisfaccion la
historia del cordelero Hassan , y cuando este acabó de ha-
blar le dijo : << Hace ya mucho tiempo que no he oido
nada que me haya causado tanto placer como la relacion
de los portentosos caminos por doua la Providencia te
328 CUENTOS ÁRABES

condujo para hacerte feliz . Á ti te toca ahora el corres-


ponder dignamente y darle gracias por los beneficios reci-
bidos . Tengo al mismo tiempo particular satisfaccion en
anunciarte que el diamante que te ha procurado la fortuna
se halla en mi joyero ; y para que no quede ninguna sombra
de duda en el ánimo de Sadí , y que vea por sí mismo la
excelencia de esta joya que miro como la mas preciosa y
digna de admiracion de cuantas poseo , quiero que te pre-
sentes con Sadí y con Saad al guardajóyas de mi tesoro para
que se lo haga ver , y se acabe de convencer de que , en
efecto , el dinero no es siempre el medio mas eficaz y seguro
para que un menesteroso adquiera grandes riquezas en
poco tiempo . Tambien quiero que le cuentes al tesorero
guardajóyas tu historia para que la mande escribir y se
conserve unida al portentoso diamante. »
Dichas estas palabras, el kalifa se levantó y Sidí-Noman ,
Cojia-Hassan y el ciego Abdalá se retiraron.
No fué tampoco menor el placer con que el sultan Cha-
briar escuchó estos interesantes episodios del reinado del
famoso kalifa, y la sultana Gerenarda ofreció contarle al
dia siguiente otras historias no ménos interesantes.

HISTORIA DEL PRÍNCIPE FIRUZ- KHAN Y DEL CABALLO DEL INDIO

En uno de los dias en que se celebran en Persia grandes


fiestas con motivo del Nevruz , ó dia de Año Nuevo , se
presentó ante el shah de Persia un Indio conduciendo un
caballo ricamente enjaezado , hecho de una materia desco-
nocida, pero tan bien acabado , que solo al tocarle se
conocia que no era un animal de carne y hueso . - « Señor,
dijo el Indio postrándose ante el soberano, aunque han sido
muchas las cosas maravillosas que se han presentado á
Vuestra Majestad, estoy cierto y me atrevo á asegurar
que ninguna llega á igualar con este portentoso caballo ,
que os ruego examinéis con atencion . » El shah dirigió la
vista al animal y dijo al Indio : No veo en ese caballo
CUENTOS ÁRABES 329

nada de extraordinario, mas que la buena ejecucion del


artista que lo ha hecho, y eso cualquiera otro podria ha-

cerlo. Eso es cierto , señor , replicó el Indio, si no aten-


déis mas que á la ejecucion exterior ; pero sabed que con
este caballo yo ú otro cualquiera que sepa manejarle'
podemos remontarnos por los aires é ir adónde queramos,
330 CUENTOS ÁRABES

y si gustáis verlo haré un viaje de ida y vuelta al punto


que me ordenéis . Si es verdad lo que dices, contestó el
soberano, tendré gusto en ver semejante maravilla . Id á
un bosque de palmeras que está á seis leguas de aquí,
y traedme, como prueba de que habéis estado en él , un
ramo de palma fresco . » El Indio montó sobre su caballo ,
tocó un resorte que estaba oculto entre las crines del cuello
y empezó á remontarse , con asombro del shah y de todas
as demas gentes que se quedaron mirándole con la boca.
abierta , y no tardó en desaparecer de su vista . No habia
transcurrido média hora cuando vieron volver al Indio
trayendo en la mano un ramo de palmera que puso á
los piés del shah en medio de las aclamaciones del inmenso
gentío que habia acudido á presenciar aquel portento en la
gran llanada de Chiraz en la que se celebraban las fiestas .
En vista de una prueba tan concluyente, el shah de
Persia que era muy aficionado á caballos, y que calculó
en su mente lo muy útil que podria serle este para sus
expediciones militares y otros fines políticos , preguntó al
Indio si queria cedérselo . El Indio le contestó que estaba
pronto á acceder á sus deseos siempre que le diese en
cambio lo que le pidiera. << Pide lo que quieras , le dijo
el shah, que dispuesto estoy á concedértelo . ¿ Quieres
que te ceda en feudo una de las grandes ciudades ó pro-
vincias de mi dilatado imperio para que la administres y
gobiernes como soberano durante tu vida ? ¿ Prefieres re-
cibir un millon de talentos ? Elige . -- Señor, contestó el
Indio, doy gracias á Vuestra Majestad por la esplendidez
de las ofertas que me hace ; pero permitidme que no las
acepte y que le diga que yo no he fabricado este caballo ,
y que su inventor me le cedió bajo dos condiciones : una
la de darle mi hija por esposa, y la otra que no me des-
haria de él sino haciendo un cambio ventajoso y parecido
al mio . Así, señor , yo no puedo poner á Vuestra Majestad
en posesion de este caballo , á ménos que no se digne darme
por esposa á su hija la princesa Mirza . » Grande fué el
escándalo que causó á los cortesanos la osada exigencia
del Indio, y el príncipe Firuz - Khan , heredero presuntivo
CUENTOS ÁRABES 331

del trono, no pudiendo contener su ira , se levantó y dijo


al rey su padre : - « Señor, ¿ cómo habéis podido escuchar
con paciencia la insolente demanda de este hombre ? Es-
pero que Vuestra Majestad no accederá á ella, y no permi-
tirá que se mancille nuestra noble prosapia con el borron
de semejante alianza. ― Muy laudables son tus senti-
mientos y tu cclo por conservar preclaro el esplendor de
nuestra dinastía, y me agrada el oirte hablar de esa ma-
nera , le respondió su padre , pero tambien debo decirte ,
hijo mio, que no has reflexionado bien en todas las ven-
tajas que la posesion de este prodigioso caballo podria
traernos, y que si su dueño lo cede á alguno de nuestros
enemigos , podria hacernos por su medio un daño inmenso.
No quiero decir por eso que yo esté pronto á otorgar lo que
me pide. Pero como esto necesita reflexion , mientras tanto
sería muy útil el que tú mismo lo probases , si su dueño no
tiene inconveniente. - Léjos de eso , estoy pronto á dar al
príncipe , repuso el Indio , las explicaciones necesarias para
que sepa servirse de él y dirigirle. » El príncipe Firuz-
Khan, que era un jóven gallardo é intrépido , saltó sobre la
silla, y sin esperar á recibir las indicaciones necesarias ,
tocó el resorte como habia visto hacer al Indio, y el ca-
ballo se elevó con la rapidez dei rayo y desapareció en el
horizonte , en medio de la zozobra é inquietud general ,
porque temian que, no habiéndose enterado del modo de
manejar el caballo, llegase á perder la vida , siendo tanto
mas fundados estos temores cuando , habiendo preguntado
el shah al Indio si su hijo corria algun peligro , este le
respondió que no respondia de la vida del príncipe,
puesto que su viveza y arrojo no le habian dado lugar á
que le explicara el modo de manejarle para darle direc-
cion, ó subir ó bajar segun le conviniese .
En efecto, cuando el príncipe llegó á cierta altura , y
que el caballo subia y subia siempre, conoció su ligereza,
y la imprudencia que habia cometido ; quiso hacerle des-
cender , ya refrenándole , ya apretando los estribos, ya sir-
viéndose del resorte, pero cuanto mas tocaba á este, tanto
mas se elevaba el caballo . En esto se hizo de noche ; de
332 CUENTOS ARABES

modo que se creyó perdido . En fin , á fuerza de palpar por


todas partes el cuerpo del animal , encontró una clavija en
el lado opuesto del cuello, y le dió vueltas en cuanto la
tocó no tardó en apercibirse que el caballo descendia, y
que por último, se posaba sobre la azotea de un palacio de
grandioso aspecto . El príncipe Firuz se apeó entonces, y
aunque débil y rendido por no haber tomado alimento en
todo el dia, se puso á reconocer en medio de la oscuridad
el paraje en que se hallaba, y encontró abierta la puerta
de una escalera . Sin titubear ni pararse á reflexionar si iba
á encontrarse con amigos ó . enemigos , empezó á bajarla
á tientas, y se halló en un aposento débilmente alumbrado
desde el cual pasó á otro en donde habia una veintena de
eunucos negros armados, tendidos sobre divanes, pero
todos dormidos. Á la vista de estos hombres y de los
adornos de los aposentos , el príncipe juzgó que debia
hallarse en el palacio de alguna reina ó princesa por lo
ménos, como , en efecto , así era. Atravesando este salon de
puntillas, y decidido á averiguar lo cierto , continuó pa-
sando por otros salones desiertos hasta que llegó á un
aposento cuya puerta estaba entreabierta y se encontró en
presencia de várias esclavas dormidas en unos lechos á
flor del suelo, y á una jóven, dormida tambien , en otro
lecho mucho mas elavado y riquísimo.
Á la luz de una lámpara perfumada cubierta con una
gasa, que difundia un suave resplandor en todo el apo-
sento, se puso á contemplar á aquella jóven cuya sor-
prendente y extraordinaria hermosura le causó una impre-
sion tan profunda , que su corazon , que hasta entonces
habia conservado su libertad é independencia , á la vista de
aquella mujer , acababa de perderla. Impulsado por la
fuerza del amor que le inspiraba aquella beldad dormida,
y sin ser dueño de sí mismo , se dejó caer de rodillas al
pié del lecho , y al bajarse rozó ligeramente una de las ma-
nos de la princesa que pendia del lecho. Á este suave con-
tacto la princesa abrió los ojos , vió al príncipe en aquella
postura respetuosa, y se sobresaltó algun tanto . Sin em-
bargo, pasado el primer momento de estupor, la vista de
CUENTOS ÁRABES 333

un jóven tan gallardo , su aire distinguido , y el rico traje


que vestia la tranquilizaron . El príncipe aprovechando este
momento, inclinando su cabeza hasta tocar la alfombr
con su frente, exclamó : « Señora, por una aventura
de las mas extraordinarias , veis à vuestros piés al prín-
cipe heredero de la corona de Persia que , hallándose ayer
en su corte al lado de su padre , se encuentra hoy en un
país desconocido y quizas expuesto á perecer, si no os dig
náis concederle vuestra proteccion , la que espero no
me negaréis , porque no es posible que se abriguen sen-
timientos inhumanos bajo un rostro tan divino que los
ángeles envidiarian . »
La princesa á quien Firuz-Khan hablaba era la hija del
sultan de Bengala, la cual , repuesta de su primer asombro
y del rubor que le causaba la presencia del jóven , le res-
pondió con voz afable : - Tranquilizaos, príncipe , que no
os halláis en país bárbaro , sino en los Estados del sultan
de Bengala, y en el palacio de la princesa su hija . Aquí
recibiréis la hospitalidad que os es debida . Pero me mara-
villa lo que me decís , pues no comprendo cómo, hallándoos
ayer en la corte de Persia , habéis podido estar hoy en la
de Bengala, ni cómo habéis podido introduciros hasta mi
aposento ; y aunque el deseo de saber estas cosas excita
ini curiosidad en el mas alto grado , considerando que no
habéis podido hacer ese largo viaje sin grandísima fatiga ,
y que necesitáis descanso , refreno mi curiosidad por el
momento. Id á descansar, y mañana me referiréis la
aventura que os ha sucedido . »
Las esclavas que se habian despertado á las primeras
palabras pronunciadas por el príncipe Firuz , le llevaron ,
por órden de la princesa , á uno de los aposentos del pala-
cio en donde habia un suntuoso lecho, y despues de
haberle servido algunos manjares que comió con buen
apetito, le dejaron allí , y él se acostó , quedando en breve
dormido. No le sucedió así á la princesa , que no pudo vol-
ver á conciliar el sueño , pensando en la gallardía del prin-
cipe y en el modo extraordinario de su presentacion . Así
que amaneció se levantó, se hizo vestir y adornar por sus
19
334 CUENTOS ARABES

esclavas con sus mas ricos trajes y preseas, y en cuanto


supo que el príncipe se hallaba tambien vestido, le hizo
saber que deseaba verle .
En esta entrevista, el príncipe de Persia refirió todo lo
ocurrido en la llanada de Chiraz ; le habló de las fiestas
del Nevruz , de la presentacion del portentoso caballo del
Indio ; de la imprudencia é imprevision que él habia co-
metido arriesgándose á montar en él sin haberse enterado
del modo de manejarle y dirigirle ; del peligro que habia
corrido de perder la vida, y de su descenso, en fin , á la
terraza del palacio . Luego le contó que al reconocer el
sitio en que se hallaba habia encontrado abierta la puerta de
la azotea , su bajada á los aposentos y su llegada , guiado por
el resplandor de la luz , hasta su presencia, y por último ter-
minó diciendo : « Doy por bien empleados, ¡ oh princesa !
los riesgos que he corrido , y bendigo al cielo por haberme
conducido á este palacio , pues aunque, cuando entré en
él , mi corazon se hallaba libre y hoy dia vuestros encantos
le han aprisionado , me tengo por muy feliz en ser esclavo
vuestro, porque desde que os vi os hicisteis dueña y se-
ñora de todo mi albedrío , siendo mi mayor dicha la de
amaros , complaceros y serviros . » La princesa se sonrojó
al oir estas últimas palabras del príncipe, y le respondió
diciéndole que debia atribuir sus deseos y protestas de ser
su esclavo mas bien á galantería y agradecimiento por el
recibimiento que le habia hecho , que á verdadero cariño ;
<< porque en cuanto à vuestro corazon , añadió poniéndose
muy encendida, estoy persuadida que no habéis estado
hasta ahora sin disponer de él , y que le habréis ofrecido
ya á alguna otra princesa mas digna ; y si eso es así, sen-
tiria que le fueseis infiel por causa mia. » El príncipe
Firuz le juró y protestó que , al salir de Persia , su corazon
estaba enteramente libre, añadiendo que ella era la primer
mujer á quien de véras habia ama lo.
La princesa de Bengala estaba convencida de la sinceri-
dad del príncipe Firuz, y este por su parte, aunque la
princesa no se hubiese explicado claramente , no dudó
tampoco, por la manera con que fué escuchado y por el
CUENTOS ÁRABES 335

tono con que pronunció sus palabras, que los senti-


mientos de la princesa le eran favorables . Pasados algunos
dias, á pesar del encanto que gozaba de estar al lado de la
princesa de Bengala , y de sentirse amado, el príncipe de
Persia, considerando lo muy afligido que deberia hallarse
su padre con su desaparicion , mostró deseos de volver á
su patria, lo uno para tranquilizarle, y lo otro para referirle
las aventuras de su viaje aéreo , y pedirle su permiso para
casarse con la princesa de Bengala ; pero esta le rogó que
se quedase aun algun tiempo siquiera para ver lo mas
notable de la corte de Bengala , y presentarse al sultan su
padre. El príncipe le contestó que tendría el mayor pla-
cer en ir á ofrecerle sus respetos y homenaje, pero que
en la situacion en que se hallaba le sería imposible el ha-
cerlo , porque ya conocéis vos misma , añadió , que yo
no puedo presentarme en la corte y ante tan gran monarca
como un aventurero , y sin el séquito correspondiente á
mi elevada jerarquía . En cuanto llegue á la corte de mi
padre y le hable de mis deseos de ser esposo vuestro, como
siempre me ha dicho que no violentaria mi voluntad , de-
jando á mi albedrío la eleccion de esposa, no me negará
su consentimiento . Obtenido este , volveré inmediatamente
á Bengala con la comitiva correspondiente á mi rango , me
presentaré al sultan vuestro padre , y le pediré vuestra
mano . Pero ya que deseáis que retarde algunos dias mas
el momento de mi marcha, consiento con el mayor placer
en retardar el instante de nuestra separacion momentánea ,
tanto por la dicha que experimento estando á vuestro lado,
como por complaceros y agradaros. » Durante estos dias,
pasados en honestas diversiones, en músicas, cacerías en
el parque de palacio en el que abundaban los corzos , los
gamos , las cabras monteses y otros animales de montería
inofensivos, propios del país de Bengala, el príncipo
Firuz - Khan referia á la princesa de Bengala las grandezas
del reino de Persia, la magnificencia de sus palacios, el
poderío de sus fuerzas militares , la riqueza de sus sátra-
pas . Estas relaciones apasionadas excitaron vivamente la
curiosidad de la princesa de Bengala é hicieron nacer en
336 CUENTOS ÁRABES

ella grandes deseos de ir á verlas , los cuales , unidos al temor


de que el príncipe de quien estaba tiernamente apasionada,
llegase á olvidarla si se separaba de su lado , la decidieron
á consentir en hacer un viaje en compañía suya á la corte
de Persia, sirviéndose del maravilloso caballo , en vista
de la velocidad con que se caminaba , y de que el prín-
cipe habia aprendido perfectamente á manejarle .
Fijado el dia de esta secreta excursion, el príncipe Firuz-
Khan y la princesa de Bengala subieron muy de mañana
á la terraza del palacio en donde estaba el caballo , mon-
taron sobre él y emprendieron su marcha. Tan pronto
como el príncipe hizo jugar el resorte , el animal se re-
montó hendiendo los aires y atravesando el espacio con
una velocidad tan extraordinaria , que al cabo de dos horas
de marcha el príncipe Firuz distinguió la capital de Persia ;
pero, en vez de hacer descender el caballo en la llanada
de Chiraz ó en el palacio del shab , le hizo bajar en el
patio de uno de los palacios ó quintas de recreo que estaba
á corta distancia de la capital . Despues de haber instalado
á la princesa en una de sus mas suntuosas habitaciones,
У hecho venir algunas esclavas para que la sirviesen , dando
las órdenes oportunas para que nada le faltara, mandó
traer un caballo , montó en él, y se dirigió á escape á la
ciudad , en donde los habitantes y transeuntes de las calles
por donde pasaba , al verle, prorumpian en aclamaciones
entusiastas. Llegó á palacio en ocasion que el shah estaba
dando audiencia , y así que vió entrar á su hijo en el salon
del trono, bajó precipitadamente de él y se arrojó en sus
brazos , en medio de los plácemes y vítores de todos los
cortesanos. Pasado este transporte de júbilo general , el
príncipe refirió á su padre todas las aventuras que le ha-
bian sucedido , su estancia en el palacio de la princesa de
Bengala , el amor que le habia cobrado al que la princesa
habia correspondido, y terminó por último pidiendo á su
padre la vénia para desposarla , indicando el sitio en que
la habia dejado .
El shah , enajenado de gozo al volver á ver á su hijo
ɛano y salvo , cuando ya le creía muerto y por cuya pér-
CUENTOS ÁRABES 337

dida él y toda la corte vestian luto , exclamó volviendo á


abrazarle : — << No solo te concedo el permiso para que
te cases con la princesa de Bengala, sino que quiero ir yo
mismo con toda mi corte á anunciárselo y á traerla á pa-
lacio con los honores y distinciones que le corresponden. »
En seguida mandó á los cortesanos que dejasen el luto y
se vistiesen de gala , y dió las órdenes oportunas para la
solemne recepcion que debia hacerse á la princesa . Hizo
venir al mismo tiempo al Indio dueño del caballo á quien
habia mandado prender. « Toma tu caballo, le dijo , sal
inmediatamente de mis Estados, y no vuelvas á presentarte
jamás ante mi vista si quieres conservar tu cabeza , que
habria mandado cortarte, si el príncipe no hubiera re-
gresado. »
Despechado el Indio al verse burlado en sus esperanzas ,
juró el vengarse impidiendo el casamiento del príncipe de
Persia con la princesa de Bengala . Mientras en la ciudad
se hacian los preparativos para la recepcion solemne de
la princesa y sus desposorios con el príncipe , el Indio
tomó un caballo y se dirigió á escape á la quinta en que
estaba la princesa ; dijo á los empleados de la casa que
venía á hablar á la princesa de parte del príncipe y á re-
coger su caballo . Como las gentes de servicio le conocian
no pusieron dificultad ninguna para dejarle entrar . Cuando
se halló en presencia de la princesa de Bengala le dijo :
Señora, toda la corte con el shah y el príncipe
vuestro futuro esposo á la cabeza, os espera en la gran
plaza de palacio en donde han decidido recibiros con la
mayor solemnidad posible ; y á fin de que vuestra entrada
en la ciudad sea mas sorprendente , que todo el pueblo
pueda veros y se regocije , el shah y el príncipe desean
que vuestra aparicion se verifique sobre mi caballo , con-
duciéndoos del mismo modo que el príncipe Firuz os ha
conducido, y con este objeto me han enviado aquí. Dis-
poneos pues , señora, para partir inmediatamente y colmar
de gozo á la corte y al pueblo que está ansioso de veros
para aclamaros, y regocijarse con vuestra dicha . » Como
se cree fácilmente lo que se desea, y por otra parte la
338 CUENTOS ÁRABES

princesa sabía que el Indio era el dueño del famoso caballo,


y no podia presumir ni adivinar su alevosía , dió oídos á lo
que le decia . Así, arregló su vestido y su tocado , y bajando
al patio en donde estaba el caballo , acompañada por el
Indio, este la ayudó á montar, montó en seguida él mismo ,
tocó el resorte, y el caballo se lanzó por los aires á carrera
tendida. En aquel misino momento salian de la ciudad el
shah y el príncipe Firuz seguidos por toda la corte y va-
rios escuadrones de caba'lería, y se dirigian al palacio de
recreo. Pero ¡ cuál no fué su asombro y su desesperacion
al ver pasar al Indio sobre sus cabezas llevándose su presa !
Miles de imprecaciones y amenazas saludaron al Indio , el
cual riéndose de todas ellas prosiguió su camino por los
aires y no se detuvo hasta salir del reino de Persia, y entrar
en el de Cachemira . Al llegar por la tarde cerca de la capi-
tal, hizo descender su caballo en un bosque frondoso para
que la princesa descansara y tomase algun alimento .
Indecible era la pena que sentia la princesa al hallarse
á merced de su indigno robador, despues de haber visto
desvanecerse, en el momento mismo de ir á realizarse sus
mas lisonjeras esperanzas . Queria huir , pero le era im-
posible , porque el Indio no se separaba de su lado , y ade-
más, ni sabía en dónde se hallaba , ni á qué parte dirigirse .
Estando pensando en el partido que deberia tomar, oyó
el ruido de las pisadas de un peloton de caballos que pa-
saba por allí cerca, y empezó á gritar con todas sus fuerzas .
A sus gritos acudieron los transeuntes, que no eran nada
ménos que el sultan de Cachemira que volvia de una
cacería con sus monteros y otras personas de su comi-
tiva . Cuando le preguntaron al Indio , quién era y por qué
causa gritaba aquella mujer, respondió con altivez, que
« aquella mujer era la suya , y que nadie tenía que mez-
clarse en sus desavenencias con ella. » Dirigiéndose la
princesa, sin saber quién era , al que parecia ser el jefe :
« No le creáis, señor, replicó, es un miserable impostor,
un malvado que, por medio de un engaño, me ha traido
aquí en ese caballo , robándome en el momento mismo en
que iba á desposarme con el príncipe de Persia. Quien-
CUENTOS ÁRABES 339

quiera que seáis , señor, ya que Dios os ha enviado en mi


auxilio, socorredme , y seréis bien recompensado . Yo soy
la princesa Fátima , hija del sultan de Bengala. » El sultan
de Cachemira no necesitó oir mas ; y sin escuchar lo que
el Indio iba á replicar mandó á sus gentes que se apode-
rasen de él y le cortasen la cabeza ; órden que fué ejecu-
tada con tanta mas facilidad , por cuanto el Indio no tenía
armas para defenderse .
En seguida hizo montar á la princesa en un caballo , la
condujo á su palacio , la instaló en una de sus mejores
habitaciones, le dió un crecido número de eunucos para
su guardia y de esclavas para su servicio, y al retirarse
le dijo : - Princesa , despues de las emociones por que
habéis pasado , necesitáis descanso . Mañana cuando estéis
mas tranquila, me referiréis la extraña aventura que os ha
sucedido y yo os diré mi pensamiento . » La princesa , que
al verse libre del poder del Indio creyó haberse salvado
del peligro que la amenazaba, cayó en otro mayor, porque
el sultan de Cachemira, ciegamente prendado de su hermo-
sura, habia determinado tomarsela por mujer , y con este
objeto habia dado las órdenes convenientes para celebrar
su boda tan pronto como la princesa hubiese descansado ;
y con este fin se empezaron á hacer en la corte todos los

preparativos necesarios .
Al dia siguiente, cuando llegaron á conocimiento de la
princesa de Bengala las intenciones del sultan , y vió
desaparecer las esperanzas que habia concebido de que
su libertador se apresuraria á enviarla á su prometido
esposo tan luego como le hubiese contado su historia ;
decidida á no faltar á la fe jurada al príncipe Firuz, deter-
minó fingirse loca : empezó á decir palabras incoherentes ,
á hacer mil extravagancias, y cuando el sultan , á quien
avisaron de lo que ocurria , vino á verla , redobló sus
ademanes grotescos , quiso arrojarse sobre él y morderle ;
gritó, cantó, bailó y lloró á un mismo tiempo . El sultan
se quedó muy desconsolado al verla en aquel estado ,
pero creyó que aquel rapto de demencia era pasajero y de-
bido á las fuertes emociones que la princesa habia reci-
340 CUENTOS ÁRABES

bido , y se retiró con la esperanza de que , pas los algunos


dias, se calmaría y recobraría su razon . Viendo que léjos de
disminuir el mal de la princesa iba en aumento, mandó á
llamar á los médicos mas famosos, no solo de la corte , sino
de todo el reino , para que visitasen á la princesa , y viesen
si su mal tenía remedio . Los médicos entraron á ver á la
princesa y trataron de examinarla de cerca ; pero esta que
sabía que si les dejaba aproximar y tomarle el pulso cual-
quiera de ellos conoceria que su locura era fingida , tan
pronto como los veía entrar en su aposento , se ponia furio-
sa, les sacaba la lengua , hacía ademan de morderlos y ara-
ñarlos , de modo que ninguno de ellos osaba llevar las cosas
al extremo, y se contentaban con observarla de léjos , ó
por la ventanilla de un gabinete contiguo á su aposento .
« Y ¿ qué hacía mientras tanto el príncipe de Persia?
preguntó el sultan Chabriar . El príncipe Firuz - Khan ,
le contestó la sultana Gerenarda , cuando vió pasar sobre
su cabeza al Indio montado en el caballo llevándose robada
á la que era objeto de su cariño , se retiró desesperado á
palacio , y despues de meditar varios proyectos , se resol-
vió á ir en persecucion del robador para castigarle y liber-
tar á la princesa, cuya pérdida le era insoportable. Con el
fin de lograr mejor su designio , se vistió con un traje de
dervis, y desde el dia siguiente empezó á recorrer ciuda-
des y provincias . En una de ellas llegó á sus oídos , aun-
que adulterada é imperfecta , la aventura del Indio y su
caballo, y la locura de una princesa encontrada por el
sultan de Cachemira , cuyas noticias fueron suficientes
para decidirle á pasar á aquel reino . Tan pronto como
entró en él, empezó á recoger noticias é informes que no
le dejaron la menor duda de que la princesa demente de
quien se hablaba era la de Bengala . Llegado que hubo á la
capital, allí adquirió nuevos detalles que le confirmaron en
su idea, y supo que el sultan recibia con agrado á todos
los médicos que venian á ofrecerle los conocimientos de
su ciencia para curar á la princesa . Sin vacilar, dejó el
traje de dervis y tomó el de médico , y cubriendo la mitad
de su rostro con una gran barba postiza , se dirigió al pala-
CUENTOS ÁRABES 341

cio del sultan , y se hizo anunciar como médico extranjero .


El sultan le recibió inmediatamente, y en breves palabras
le explicó lo penado que se hallaba por no haberse logrado
hasta entonces el curar á la princesa á causa de los arre-
batos de cólera que le causaba solo la vista de los médi-
cos ; y en seguida le.condujo al gabinete desde cuya ven-
tanilla vió que la presunta loca , bañada en copioso llanto,
estaba cantando, y acompañándose con un laúd una
cancion en la que se lamentaba de su infausta suerte, y de
verse separada del objeto de su cariño . Despues de haberla
observado largo rato , conoció que la demencia era fingida,
y le dijo a sultan : « Señor, por los síntomas que pre-
senta el género de locura de la princesa, tengo la convic .
cion de que no es incurable , y aun casi podria añadir la
seguridad de que la curaria viéndola y hablándole mas
de cerca, porque yo poseo específicos admirables con los
que he logrado devolver la razon á personas reputadas
incurables por mis compañeros . » — Gozosísimo el sultan
de oir hablar al aparente médico en tales términos, mandó
que le introdujesen en el aposento de la pobre demente ,
y le encargó que despues de haberla visto viniese á darle
cuenta del resultado de su visita .
Tan luego como el príncipe Firuz entró en el cuarto de
la princesa Fátima , tomándole esta por un médico verda-
dero, se levantó furiosa , y le amenazó con el laúd , dicién-
dle al mismo tiempo mil injurias é improperios con pala-
bras incoherentes. El fingido médico , sin atemorizarse , le
hizo algunas señas sin que nadie las viese, y le dijo al
mismo tiempo : - << Calmaos, princesa, que yo no vengo á
haceros ningun daño , sino á libraros del mal que padecéis .
Permitid que me acerque á vos y que os tome el pulso . »
Las señas que la princesa habia observado , y el eco de la
voz le impresionaron : fijó con mayor atencion su vista
sobre el titulado médico, y sin reconocerle enteramente
bajo aquel disfraz , atravesó por su mente una sospecha.
Con el fin de aclarar lo que le parecia un misterio , sin
proferir una palabra , arrojó el laúd al suelo, y tendió su
brazo hacia el médico . Este se aproximó, le tomó la mano ,
342 CUENTOS ÁRABES

y mientras aparentaba estarla pulsando le dijo de una


manera casi imperceptible : -- << Reconocedme , amada
Fátima , soy vuestro esposo el príncipe de Persia que he
tomado este disfraz para libraros , lo que espero conse .
guir en breve. » Cuando la fingida loca reconoció al prín-
cipe, el gozo le embargó el uso de la palabra ; se dejó
caer sobre un divan , y aparentó quedar privada de sentido.
El príncipe Firuz, bajo el pretexto de sccorrerla , se acercó
mas á ella y le refirió en breves palabras la resolucion que
habia tomado de abandonarlo todo para venir á buscarla ;
sus penosos viajes y el cómo habia llegado á descubrir
en donde estaba , exponiéndole por último los medios de
que pensaba valerse para sacarla del poder del sultan de
Cachemira . Cuando la princesa abriendo los ojos hizo
como que volvia en sí de su desmayo, el fingido médico.
le dijo en alta voz : « Animaos , princesa, que vuestro mal
desaparecerá en breve ; voy á recetaros una pocion cal-
mante que os ruego toméis con confianza ; y si lo permi-
tís , ya volveré á veros . » Nada le respondió la princesa,
pero sus ojos le dieron á entender bien lo que sentia.
El príncipe Firuz confirmó al sultan de Cachemira en la
esperanza que tenía de curarla . - « He ordenado, le dijo ,
que le den una bebida específica que calmará la irritacion
de sus nervios, y me ha prometido tomarla. » Al dia si-
guiente quiso el sultan acompañar al médico en la visita ,
y encontró á la princesa enteramente transformada, cau-
sándole no ménos admiracion el sosiego y afabilidad con
que recibia y escuchaba al médico , el cual desde este
momento ganó enteramente la confianza del sultan , que le
reputó por el mas sabio Esculapio de su tiempo .
Al salir del aposento de la princesa , el príncipe que
deseaba saber lo que habia hecho el sultan del caballo del
Indio, porque pensaba servirse de él para salvar á su
querida enferma, le preguntó por qué rara aventura habia
venido sola al reino de Cachemira una princesa de Ben-
gala . El sultan le refirió entonces con todos sus pormenores
el encuentro de la princesa en el bosque con el Indio que
la habia robado trayéndola , segun ella le dijo , en un ca-
CUENTOS ÁRABES 343

ballo mágico ó encantado, el cual habia mandado reco-


ger y encerrar en su guardamuébles como un objeto de
gran precio, pero sin servirse de él porque nadie sabía el
modo de manejarle . - Esa particularidad de haber
sido transportada la princesa, segun me decís , en un ca-
ballo encantado , le hizo observar el príncipe médico, me
indica que la demencia procede tambien de encantamiento
ó hechizo desprendido del caballo ; y ahora sí que puedo
asegurar á Vuestra Majestad que la curaré por completo,
y le haré recobrar su razon , deshaciendo el hechizo.
Para ello es indispensable que mande colocar Vuestra
Majestad ese hechizado caballo en medio de la plaza de
palacio, que se pongan á su alrededor cien braserillos
con lumbre, y que la princesa monte sobre la silla vestida
con el traje y las joyas que tenía puestas el dia de su
rapto, y las que Vuestra Majestad quiera añadir. Como el
desencanto que se verificará por medio de las esencias y
perfumes antimágicos que yo poseo, y el recobro de la
razon de la princesa será un acto maravilloso que dejará
atónitos á todos los espectadores , si gustáis , podréis per-
mitir que la corte y el pueblo lo presencien , porque
para todos será un motivo de asombro y admiracion seme-
jante prodigio. El crédulo sultan que lo que deseaba era
ver á la princesa de Bengala, de quien estaba enamorado
perdido, en su sana razon y cabal juicio, para realizar su
propósito de casarse con ella , dió completo asenso á cuanto
le dijo el falso médico, y al dia siguiente por la mañana
todo se preparó segun este lo habia prescrito. Colocado
el sultan en una estrada levantada en un lado de la plaza
rodeado de su corte y de su guardia, y traido el caballo en
medio de ella , puestos los braserillos en su torno, despues
que todos los preparativos estuvieron concluidos , se pre-
sentó la princesa Fátima ricamente vestida y cubierta de
joyas, acompañada por las mujeres de su servicio , las
cuales la ayudaron á montar sobre el caballo . Luego que
estuvo bien colocada en la silla , el príncipe médico dió
tres vueltas al rededor del caballo pronunciando palabras
que nadie entendia , y echando al mismo tiempo en cada
344 CUENTOS ÁRABES

braserillo unos saquitos llenos de polvos aromáticos y


esencias que , al quemarse , difundian por. toda la plaza un
perfume exquisito . Cuando la combustion de estos polvos
estaba en su mayor incremento , y el caballo , la princesa
y él se hallaban envueltos en una espesa nube de humo
que, cual opaca y densa niebla, los ocultaba á la vista de
todos , el príncipe Firuz saltó sobre el caballo , afianzó
con un brazo á la princesa y tocó el resorte de subida .
El animal se puso inmediatamente en movimiento ,
elevándose con rapidez sobre la espesa nube de humo
que le envolvia , apareció á la vista de los espectadores
admirados , llevando sobre sus lomos á la princesa y al
príncipe. Al pasar por encima de la estrada en donde
estaba el sultan, el fingido médico exclamó : « ¡ Sultan de
Cachemira ! cuando , en vez de conceder generosamente
tu proteccion á una princesa que haya implorado tu am-
paro , quieras casarte con ella , procura conquistar antes
corazon, y obtener su consentimiento . Yo no soy médico :
soy Firuz-Khan, príncipe heredero del trono de Persia. >
Dichas estas palabras que todos oyeron, volvió á tocar el
resorte, el caballo se elevó á mayor altura, tomó el rumbo
de Persia y desapareció de la vista.
El aquel mismo dia llegó el príncipe con su amada com-
pañera á Chiraz , yendo á apearse esta vez al palacio del
shah , siendo recibidos por este y por todos los cortesanos
y habitantes de la capital con indecibles muestras de
júbilo y alegría. El shah mandó hacer inmediatamente
todos los preparativos para el himeneo de su hijo y la
princesa, y los desposorios se celebraron con la mayor
ostentacion, acompañados de suntuosas fiestas y regoci-
jos públicos, en los que tomó parte todo el pueblo. En
seguida el shah envió una solemne embajada al sultan de
Bengala dándole cuenta de todo lo ocurrido , y rogándole
que aprobara y ratificara con su consentimiento el enlace
de la princesa su hija con el príncipe heredero . El sultan
no solo lo aprobó , sino que se manifestó muy lisonjeado
de una alianza que le honraba en tan alto grado y le era
tan ventajosa, y envió ricos presentes al shah y á los prín-
CUENTOS ÁRABES 345

cipes , que fueron muy felices, tuvieron muchos hijos , y


reinaron pacíficamente despues de la muerte del shah .
Cuenta la crónica que el caballo del Indio, depositado en
el tesoro de los reyes de Persia, se conservaba todavía en
tiempo de Darío, pero que fué destruido por los soldados
de Alejandro, cuando este conquistador venció á aquel
desgraciado rey, y se apoderó de su reino.
Al ver la sultana Gerenarda la gran complacencia con
que su esposo el sultan Chabriar habia escuchado la histo-
ria que acababa de referirle, le ofreció contarle otra mas
maravillosa á la mañana siguiente.

HISTORIA DE ALADINO Y DE LA LAMPARA MARAVILLOSA

En efecto, á la hora acostumbrada empezó diciendo :


En la capital de un reino tributario del Celeste Imperio, se
hallaban un dia jugando unos jovenzuelos en una de sus
346 CUENTOS ÁRABES

plazuelas, en ocasion que pasó por allí un mago consumado


que acababa de llegar de lejanas tierras. Se paró á obser-
var á los chicuelos , y fijó su atencion particularmente
sobre uno de ellos : por los informes que tomó , supo que
era huérfano de padre y que se llamaba Aladino . Al dia
siguiente volvió al mismo sitio, y haciendo señas al jóven
para que se le acercara : « ¿ No eres tú, le preguntó , el
hijo de Chin- Fu el sastre ? Sí, señor, pero mi padre hace
ya mucho tiempo que murió , » le contestó el chicuelo .
El mago entonces le tomó en sus brazos , le acarició tier-
namente, y derramando algunas lágrimas que lo mismo
podian expresar su gozo que su pena , exclamó : « ¡ Hijo
inio , abraza á tu tio ! ¡ yo soy hermano de tu padre ! ...
No extrañes que derrame lágrimas , pues si me causa gozó
el verte, tambien me aflige sobremanera la noticia de su
muerte, precisamente cuando yo he hecho un largo viaje
solamente por verle y abrazarle, y darle pruebas del
cariño que siempre le he tenido ; pero como tú eres un
verdadero retrato de mi pobre hermano , el verte me con-
suela. » El mozalbete, que no habia oido nunca decir á sus
padres que tuviese ningun pariente tan cercano , estaba
admirado de las palabras del improvisado tio y de sus
caricias, y no sabía ni qué pensar, ni qué decirle. Despues
que el mago se hubo informado de algunas otras particula-
ridades respecto á su situacion, y tomado las señas de la
casa en que vivia, sacando su bolsa y dando al chico algu-
nas monedas de oro , le dijo : Toma, lleva á tu madre
este dinero y dile que mañana iré á verla y á comer con
vosotros . Aladino se fué á casa corriendo , contó á su
madre el encuentro que habia tenido con su tio , y todo lo
que este le habia dicho, entregándole las monedas de oro
para que preparara la comida el dia siguiente.
No quedó ménos sorprendida que su hijo la buena
mujer que nunca habia oido decir á su marido que tuviese
ningun hermano en el extranjero . Sin embargo , como
aquel debia venir al dia siguiente, arregló la casa lo mejor
que pudo para recibirle, y preparó una abundante comida.
Á la hora indicada llegó el supuesto cuñado acompañado
CUENTOS ÁRABES 347

por un mandadero que traía una canasta llena de comesti-


bles y botellas de vino. Despues de saludar á la viuda le
dijo : - « Hermana, enseñadme el sitio en qué mi her-
mano acostumbraba sentarse ; » y cuando aquella se lo in-
dicó, se prosternó y lo besó con muestras de respeto y
enternecimiento , y derramando algunas lágrimas exclamó :
/८
/
3

¡ Pobre, hermano mio ! ¡ cuán desgraciado he sido en


no haber llegado á tiempo para volver á abrazarte antes de
tu muerte ! pero ya que estoy privado de ver tu misma
persona, me complazco y consuelo en mirarte en la per-
sona de tu hijo que tanto se te parece . Esta semejanza,
hermana mia, añadió, dirigiéndose á la viuda que lloraba
al ver aquellas demostraciones de cariño , es la que me lla-
mó ayer la atencion al ver á mi sobrino jugando con los
otros jovenzuelos. Mientras comian le dijo á su cu-
348 CUENTOS ÁRADES

nada que no debia causarle extrañeza el no haberle visto


durante su casamiento, porque hacía cuarenta años que
habia salido de su país y habia pasado todo este tiempo
viajando por la India, la Persia, el Turkestan, la Arabia y
otros países, y últimamente el África de donde ahora venía ;
despues habló de la colocacion de Aladino prometiendo
montarle una tienda de ricas telas para que se dedicara al
comercio. Al dia siguiente volvió á buscar al sobrino que
él se habia elegido para sus particulares fines, le llevó á
una tienda de ropas hechas y le vistió de nuevo , yendo á
pasear despues con él á los jardines . El mancebo estaba
loco de contento con las muestras de cariño que le daba
su tio y los regalos que le hacia ; y otro tanto le sucedia á

la pobre viuda de Chin-Fu , que empezaba á creer que el


mago era verdaderamente kermano de su marido .
CUENTOS ÁRABES 349

¡ Generoso pariente ! le decia , ¡ cómo podré yo paga-


ros todo lo que hacéis por mi pobre hijo ! »
El mago no dejaba ningun dia sin venir á buscar á su
sobrino y llevárselo consigo , festejándole de mil maneras.
Un dia se lo llevó á pasear por los jardines extramúros :
despues de haberlos recorrido, continuó su paseo por la
campiña, y no tardaron en hallarse tio y sobrino al pié de
una montaña , en donde se sentaron para descansar un
rato y comer unos pasteles y algunas frutas que el mago
sacó de un taleguillo que llevaba colgado á la cintura.
Aladino que se sentia cansado porque nunca habia andado
tanto en su vida, y aquel sitio le era desconocido , le pre-
guntó á su tio adónde iban . « Voy á llevarte á que veas
un jardin mucho mas delicioso que todos los que has
visto , le contestó su tio . En seguida se volvieron á
poner en camino y llegaron á un valle encajado entre dos
altas montañas , que era precisamente el sitio adonde el
mago queria atraer á su sobrino para la ejecucion del
grandioso proyecto que le habia hecho venir á aquel país
desde los confines del África. « Vas á ver cosas mara-
villosas que ningun mortal ha visto , le dijo el mago , al
llegar á aquel paraje . Reune algunas ramas y yerbas secas
para hacer una hoguera, añadió , mientras que yo preparo
lo necesario para encender el fuego . El jóven obedeció ,
y no tardó mucho en formar dos ó tres hacecillos á los
que el mago prendió fuego , echando despues sobre él
unas pastillas que sacó de una caja, pronunciando al
mismo tiempo ciertas palabras que Aladino no entendió,
pero vió sus efectos . La llama se arremolinó , se conmovió
algun tanto la tierra, y apareció en el sitio en que estaba
la hoguera una losa de jaspe negro con una argolla de oro
en el medio . Aladino tuvo miedo y quiso echar á correr ,
pero asiéndole el mago por un brazo : - Nada temas ,
hijo mio, sábete que debajo de esa losa hay oculto un
tesoro que nadie mas que tú puede tocar, y que cuando
llegues á poseerlo , serás mas rico que todos los potenta-
dos de la tierra. Pero es preciso que me obedezcas y
hagas lo que te diga . » Animado Aladino con el aliciente
20
350 * CUENTOS ÁRABES

de ser tan rico como su tio le decia , ofreció hacer todo lo


que le mandase. << Levanta esa losa, que yo no puedo

tocar, y al agarrar el anillo pronuncia los nombres de tu


padre y de tu abuelo . » Hizolo así el jóven, y á pesar de
su magnitud y su espesor levantó la losa con la misma .
facilidad que si fuera de pluma, y apareció una escalera
que conducia á un subterráneo . — « Hijo mio, le dijo
entónces el mago, pon bien la atencion en lo que voy á
CUENTOS ÁRABES 351

decirte, y ejecutalo puntualmente : baja por esa escalera,


y al fin de ella despues de pasar por una puerta abierta,
te hallarás en un subterráneo embovedado dividido en tres
estancias diferentes. En cada una de ellas verás cuatro
jarrones de bronce llenos de monedas de oro ; pero guár-
date de tocar á ninguno de ellos . Recogerás tus vestidos
ántes de entrar en la primera estancia, y tendrás cuidado
de que no rocen las paredes porque, si llegas á rozarlas
con tu ropa, perderás la vida . Al fin de la tercera estancia
encontrarás un verjel de árboles frutales cargados de
frutas de todas especies ; atraviésalo, sin detenerte, por
una senda que te llevará al pié de una escalera. Súbela y
te encontrarás en una plataforma en la que verás una lám-

para encendida colocada en un nicho. Coge esa lámpara ,


apágala, arroja la mecha y el aceite , y póntela en el
352 CUENTOS ARABES

seno . Al volver por el jardin , si las frutas te agradan


puedes coger las que quieras sin ningun inconveniente. »
Al terminar estas palabras , el mago se quitó el anillo que
llevaba en el dedo y se lo puso á Aladino diciéndole que
era un talisman que le preservaria de todo contratiempo ,
si observaba puntualmente cuanto acababa de decirle ,
añadiendo que cuando volviera con la lámpara serian
inmensamente ricos .
Aladino, que era intrépido, se lanzó por la escalera, y
encontró todo segun se lo habia explicado su tio . Al
volver á pasar por el jardin , despues de haber metido la
lámpara en el seno , se paró á mirar las frutas que osten -
taban los árboles, cuyas extraordinarias formas y colores
nunca habia visto : las habia blancas, lisas y transparentes ,
encarnadas de diferentes matices , verdes , azules , ama-
rillas , y de otra multitud de colores mas ó ménos subi-
dos ; pero es el caso que las frutas blancas eran perlas ;
las transparentes , diamantes ; rubies las encarnadas de
color subido ; zafiros , las amarillas ; las verdes , esmeral-
das ; las moradas , amatistas ; y las de otros colores eran
otras tantas piedras preciosas de diferentes especies . Ala-
dino, que no conocia el mérito ni el valor de estas
piedras-frutas , habria preferido que fuesen melocoto-
nes , brevas ó camuesas ; pero como relumbraban tanto,
y hacian unos visos tan bonitos , siquiera para jugar con
ellas con los otros muchachos de su edad , fué cogiendo
algunas de cada árbol y llenándose los bolsillos con cuan-
tas cupieron en ellos , de modo que llegó á la entrada del
subterráneo repleto como una colmena, é ignorante de la
gran riqueza que llevaba encima.
Luego que asomó la cabeza á la entrada de la escalera
en donde el mago le estaba esperando ya con alguna
impaciencia : « Tio, le dijo Aladino , dadme la mano
para ayudarme á salir , pues como abultan tanto estas
frutas que traigo en los bolsillos, en la cintura y en el
pecho, no me dejan salir por esta abertura tan estrecha.
- Dame primero la lámpara , hijo mio , le contestó el mago .
No, no , la lámpara no es la que me estorba, además
CUENTOS ARABES 353

que la tengo metida en el pecho, le replicó Aladino ;


ayudadme primero á sálir, que ya os la daré luego. » El
mago no quiso alargarle la mano sin que antes no le diera
la lámpara, y el joven que no queria deshacerse de las
piedras bonitas que se habia metido en el pecho , junta-
mente con la lámpara, se empeñó en no dársela hasta
que estuviese fuera .

En vista de la terquedad del jóven, el mago se enfure-


ció, y desesperado de no conseguir su objeto, echó unas
cuantas pastillas en el fuego que todavía estaba vivo y pro-
nunció unas cuantas palabras mágicas . En el acto mismo
20.
354 CUENTOS ARABES

la losa que cerraba la entrada del subterráneo vino à


colccarse por sí misma en su sitio , se cubrió de tierra y
volvió á quedar tal como estaba á la llegada del mago
y de Aladino , el cual apénas tuvo tiempo de agacharse
para no ser aplastado por la piedra ; pero quedó enter-
rado vivo .
Habéis de saber, señor, prosiguió diciendo Gerenarda .
que el falso hermano de Chin-Fu era un sabio africano
que desde su juventud se habia dedicado á los estudios
mágicos ; y á fuerza de registrar manuscritos árabes y
caldeos, de hacer observaciones y experiencias , habia
llegado á descubrir que en cierta parte del Celeste
Imperio había oculta una lámpara construida por el rey de
los Genios hacía muchos siglos , la cual daria sumo poder
é incalculables riquezas al que se apoderase de ella . Con
este objeto , despues de reunidos todos los datos necesa-
rios y hecho mil cálculos geodésicos y cabalísticos , habia
emprendido tan largo viaje , y llegado al sitio privilegiado
en que se ocultaba la lámpara. Le estaba prohibido el
entrar en aquel sitio y el tomar la lámpara por sí mismo ,
y era preciso que un jovenzuelo de tres á cuatro lustros
entrase á cogerla y se la pusiera á él en la mano . Y hẻ
aquí por qué, habiendo encontrado á Aladino y parecién-
dole que reunia todas las condiciones necesarias al objeto ,
le habia elegido para servirse de él, y una vez obtenida la
lámpara maravillosa , sacrificarle en seguida . Ya hemos
visto como la inocente terquedad del jóven frustró todos
sus proyectos. Así, desesperado de ver malogradas todas
sus fatigas, y no pudiendo obtener el precioso talisman en
los términos que se requerian , despues de haber dejado se-
pultado vivo al jóven, volvió á emprender aquel mismo dia
el camino para su tierra . El despecho y la ira que le causó
la negativa de Aladino de darle el objeto anhelado , por
cuya posesion habia hecho grandes sacrificios , le cegaron
de tal manera, que se olvidó de que al bajar al subterráneo
le habia entregado su propio anillo , talisman precioso que
fué el que salvó al jóven la vida .
Cuando Aladino se encontró encerrado en aquel subter-
CUENTOS ÁRABES 355

ráneo, al ver que por mas esfuerzos que hizo no pudo


levantar la piedra que lo encubria , bajó la escalerilla para
ver si por el jardin ó por la plataforma encontraba salida ,
pero halló cerrada la puerta que daba entrada á las tres
habitaciones . Entónces empezó á llorar amargamente , y se
sentó al pié de la escalera . Tres dias pasó de esta manera,
sin comer ni beber ; y cuando ya se persuadió que su
muerte era inevitable , debilitado por aquella abstinencia,
y resignado con la voluntad de Dios , levantando las ma-
nos al cielo exclamó « ¡ No hay fuerza ni poder mas
que en Dios, que es grande y omnipotente ! D Al elevar
las manos , tocó en la bóveda de la escalera con el anillo
del mago que tenia puesto en un dedo, é inmediatamente
se produjo un gran resplandor , y vió delante de si un
Genio de una figura horrible que con voz atronadora le
dijo : « ¿ Qué me quieres ? ¿ qué me ordenas ? Manda á tu
esclavo del anillo ; que está pronto á obedecerte . »
Aladino no estaba acostumbrado á semejantes apari-
ciones, y en cualquiera otra circunstancia, á la sola vista
del Genio se habria muerto de miedo ; pero como el pe-
1.gro de muerte agranda el ánimo , preocupado con la idea
de salvar la vida, respondió sin titubear : « Que me siques
de aquí inmediatamente, si tienes poder para ello . »
El Genio desapareció , el jóven sintió una fuerte conmo-
cion en su cuerpo , y sin saber cómo , se encontró fuera del
subterráneo en el sitio mismo en que el mago habia ence-
dido la hoguera. Inmediatamente se puso en camino para
su casa adonde llegó extenuado , y mientras la buena mu-
jer, loca de alegría al volverá ver á su hijo , le daba de comer ,
este le contó lo que le habia sucedido con su tio , y en se-
guida se acostó . Á la mañana siguiente, cuando se despertó ,
le pidió de comer á su madre ; y como esta le dijese que lo
último que habia en casa se lo habia dado ayer y que iba á
vender un poco de algodon hilado para comprar algunos
comestibles , su hijo le dijo que sería mejor vender la
lámpara que él habia traido. La madre la cogió , y paral
que tuviese mejor vista quiso limpiarla ántes un poco.
Apenas habia empezado á frotarla con arenilla, cuando
356 CUENTOS ÁRABES

salió de debajo de tierra un Genio horrible y colosal que


con voz bronca exclamó : ¿Qué quieres ? Habla , que

ispuesto estoy á servirte como esclavo, á ti y á todos los


que tengan la lámpara en la mano ; y no solo yo, sino
todos los esclavos de la lámpara . Al ver la pobre mujer
aparecer aquella horrenda figura cayó al suelo sin sentido ;
pero Aladino, á quien esta aparicion , despues de la que
bubia tenido en el subterráneo , no le causó miedo , se
CUENTOS ÁRABES 357

apresuró á coger la lámpara que su madre habia dejado


escapar de las manos , y contestó al Genio : « Tengo ham -
bre , tráeme de comer. » El Genio desapareció, pero no
tardó en volver á aparecer trayendo una gran bandeja
cargada de exquisitos manjares, una gran botella de vin
y un pan blanquísimo servido todo en platos , fuentes y
salvillas de plata . Colocó la bandeja sobre la mesa y desa-
pareció. Cuando volvió en sí la viuda de Chin-Fu , y vió
todo aquel aparato, se quedó absorta, sin comprender de
dónde habia venido todo aquello, y se lo preguntó á su
hijo . Este le dijo que se lo habia traido un Genio . « Yo
no sé lo que son Genios, hijo mio, dijo la pobre mujer,
porque nunca he conocido mas que el mio, el de tu pa-
dre y el de los vecinos, que unos lo tienen malo y otros
bueno ; pero, por lo que me dices, creo que esos avechu-
chos son espíritus infernales, gente dañina y maléfica con
la que no es bueno tener comercio , y que lo que debias
hacer sería arrojar esa lámpara y ese anillo al rio . — Al
contrário , madre, replicó su hijo , debemos guardar estos
objetos , pues ya veis lo útiles que me han sido para sal-
varme la vida sacándome del subterráneo en donde me dejó
sepultado vivo el bribon de mi supuesto tio , y ahora para
darnos de comer. - Haz lo que quieras, hijo mio ; pero
yo por mi parte te aseguro que no volveré á tocar esa
lámpara en mi vida . »
Con los manjares que les trajo el Genio, á los que á
pesar del susto que le causó su aparicion , y de su mal
concepto , hizo honor con buen apetito la madre de Ala-
dino, tuvieron para comer ella y su hijo algunos dias, y
cuando se acabaron , Aladino se resolvió á ir á vender una
de las fuentes de plata, y con este objeto se dirigió á un
platero judío que habia en el barrio , el cual , aprovechán-
dose de la ignorancia del jóven, que ni sabía siquiera si la
fuente era ó no de plata verdadera, y estaba muy lejos de
conocer lo que valia, le dió una moneda de oro por ella,
con la cual se volvió muy contento á su casa , y se la en-
tregó a su madre. Cuando este dinerilo se gastó , volvió
á llevar al judío otra salvilla , y recibió otra moneda de
358 CUENTOS ARABES

oro, y sucesivamente le fué llevando los platos y demas


piezas de la vajilla traida por el Genio. Concluidos estos

recursos, como Aladino no habia aprendido ningun oficio,


ni ganaba nada , recurrió á la lámpara , la frotó , y volvió á
aparecerse el Genio á quien mandó que le trajera qué co-
mer ; y el Genio obedeció trayéndole nuevos manjares
servidos en otra vajilla igual á la de la vez primera . Con-
cluidos los manjares, cogió una fuente y salió para llevár-
CUENTOS ÁRABES 359
sela al platero judío . Al pasar por delante de la tienda de
otro platero , este, que era un hombre honrado y de con-
ciencia, y habia notado las idas y venidas del jóven á casa
del judío , le llamó y le preguntó si iba á vender alguna
alhaja á aquel platero ; Aladino le enseñó la fuente que
llevaba, que era igual , le dijo , á otras doce que le habia ya
vendido . El platero la ensayó y reconoció que era de
plata finísima . Cuando el jóven le dijo lo que el judío le
habia dado , se quedó escandalizado ; y despues de explicar
á Aladino lo que era un marco de plata, y lo que valia,
pesó la bandeja y le entregó sesenta y cinco monedas de
oro, diciéndole que aquel era su valor verdadero , y que
si lo dudaba fuese á informarse de otros plateros que no
fueran judíos , y si ellos le daban mas, tambien él se lo daria .
Con el dinero que le produjo la venta de esta segunda
vajilla, la madre y el hijo tuvieron para vivir algunos años
sobriamente , sin pensar Aladino mas que en pasearse , y
procurarse diversiones honestas con algunos amigos . Á
pesar de que en la lámpara tenía una mina inagotable ,
nunca abusó de su virtud maravillosa para atesorar rique-
zas; y aparte su holgazanería y su poca aficion à dedicarse
á oficio ni ocupacion de ninguna clase , ni contrajo vicios ,
ni malas costumbres , ni volvió á jugar con los pilluelos
de la calle. Al contrário, frecuentando las tiendas , las
joyerías, los paseos y establecimientos públicos , adquirió
algunas relaciones con gentes instruidas, y con su roce
aprendió buenos modales . Al ver comprar y vender joyas ,
llegó á conocer tambien que aquellas frutas que habia
recogido en el jardin del subterráneo , que él y su madre
habian tenido por pedazos de vidrio de colores , y que
como cosas de poco valor las habian despreciado , metién-
dolas en un saco que habian puesto en un rincon del
cuarto, sin volverse á acordar de ellas , eran piedras pre-
ciosas de inestimable valor, mucho mejores y de mayor
mérito que todas las que él veía vender á los joyeros.
Al pasar un dia cerca de una casa de baños , oyó pre-
gonar en alta voz un bando para que los habitantes de
las calles por donde debia pasar la princesa Baldramina,
860 CUENTOS ÁRABES

bija del sultan , á su ida y vuelta del bañc , cerrasen sus


tiendas y sus puertas mientras pasaba, y que los tran-

seuntes se alejasen . Este bando excito la curiosidad de


nuestro paseante que quiso ver á la princesa, y en vez de
retirarse como hacian los demas, se metió en la casa de
baños y se ocultó detras de una puerta. La princesa no
tardó en llegar escoltada por una brillante comitiva de
pajes, oficiales , eunucos y esclavas . Traía el rostro cu-
bierto, pero, al entrar en el establecimiento de baños , se
CUENTOS ÁRABES 361

alzó el velo, y Aladino , que la estaba mirando por las jun-


turas de la puerta, al verla quedó deslumbrado, y sintió
en su corazon una especie de dolor desconocido , y una
emocion extraña que nunca habia experimentado y que
él no sabía definir. Como hasta entónces no habia visto al
descubierto mas rostro de mujer que el de su madre, al
ver el de la princesa, su corazon , adormecido, y vírgen
de todo afecto amoroso, se despertó al sentirse traspasado
por el dardo de amor que los hermosos ojos de la princesa
le habian lanzado .
Volvió á su casa triste , desazonado sin saber por qué, y
su distraccion era tal cuando se puso á comer, que apé-
nas probaba bocado. Al verle en aquel estado, su madre se
alarmó y le preguntó si le habia sucedido alguna desgra
cia. Él le dijo que no, y le refirió lo que le haoia pasado ,
y lo que habia sentido al ver en la casa de baños á la hija
del sultan. Despues de haberle escuchado atentamente :
Hijo mio, le dijo la madre, lo que tienes es el mal de
amor es, que te has enamorado de la princesa Baldra-
mina , y esta es una gran desgracia ; mas espero que
eso te pasará y que pronto recobrarás tu tranquilidad
ordinaria.
Aquella noche la pasó Aladino con el mayor desasosiego ,
pensando en lo que le habia dicho su madre respecto á su
malestar. Cuando á la mañana siguiente vino la buena
mujer á saber cómo habia pasado la noche, Aladino le
dijo : - « Madre, conozco , en efecto, que estoy loca-
mente enamorado de la princesa , que mi pasion crece por
momentos y es tan vehemente, que no podré vivir ni ser
feliz si no me caso con ella : y así, estoy decidido á pe-
dírsela al sultan. » Cuando la viuda de Chin-Fu oyó hablar
á su hijo en tales términos : « ¡ Dios mio ! exclamó, tú
has perdido el juicio, hijo mio , ¡ casarte tú con la hija de
nuestro sultan ! esos malditos Genios te han trastornado
la mollera hasta el extremo de hacerte olvidar que eres
hijo de un pobre sastre, que no tienes oficio, ni beneficio,
ni sobre qué caerte muerto, y que aun cuando lo tuvieras,
e30 no bastaria, porque, para hacer olvidar tu baja pro-
21
362 CUENTOS ÁRABES

cedencia, sería preciso que fueras inmensamente rico para


- Todo eso que me
que el sultan te aceptara por yerno .
decís , madre, es muy cierto, y ya me lo he dicho yo á mí
mismo ; pero como yo no puedo vivir sin la princesa , os
repito que estoy resuelto á pedírsela al sultan en casa-
miento. --- Vamos , hijo, no delires y déjate de tonterías :
¿ quién quieres que se atreva á ir á hablar al sultan de
una pretension semejante sin exponerse á que le man-
Jaran á remar en las galeras ? ademas, que ya sabes que
adie puede ir á hablar al sultan sin llevarle un rico pre-
sente, y todo lo que tú podrias ofrecerle serian algunas
libras de algodon del que yo hilo . Te repito , hijo mio , que
no pienses mas en eso, que deseches ideas tan extrava-
gantes, y te vayas á dar un paseo para distraerte. → -Ya
os he dicho, madre, que he pensado en todos esos incon-
venientes , y previsto otros mayores ; pero no por eso estoy
ménos decidido á llevar adelante mi intento : así , si amáis
á vuestro hijo y no queréis verle morir de pena , es pre-
ciso que vayáis vos misma á presentar mi peticion al
sultan y... - Misericordia, Dios mio ! exclamó la pobre
mujer, dejando caer la rueca al suelo é interrumpiendo á
su hijo, yo ir á presentarme al sultan con semejante
embajada ! si lo hiciera, de seguro que me mandaria en-
cerrar en una jaula de locos ; y entonces quién te cui-
daria ? »
Por no ser prolija, dijo la sultana Gerenarda, no repetiré
los coloquios que tuvieron la madre y el hijo , no solo en
aquel dia, sino en los siguientes ; así, me limitaré á decir
que al ver que Aladino no desistia de su empeño , que ni
comia , ni bebia, ni dormia , y temerosa de que llegase á
perder la vida, consintió, por último , en hacer lo que
aquel deseaba, esto es, se decidió , aunque temblando y
muerta de miedo , á ir á ver al sultan . Aladino , entónces ,
abrazándola cariñosamente, le dijo : « Puesto que es
costumbre, cuando se va á ver al sultan, el ofrecerle algun
⚫egalo para que escuche con benevolencia, le llevaréis las
frutas que yo traje del jardin del subterráneo, que nos-
otros habíamos creido que eran de vidrio de colores , y
CUENTOS ÁRABES 363

son piedras preciosas de un valor extraordinario, y tales,


que no se encuentran semejantes en ninguna joyería,
segun lo que yo he visto : Estoy cierto que el sultan apre-
ciará el presente, porque son joyas dignas de un soberano.
Traed, añadió, esa sopera de porcelana que está en el
vasal, y las colocaré en ella.
!!

ia odmi

Maravilloso era el efecto que producian semejantes pe-


drerías , y la madre y el hijo se quedaron ellos mismos
sorprendidos al ver los reflejos y vislumbres que hacian
en los que antes no habian reparado, pues como Aladino
cuando las cogió era un niño, y las consideró como ju-
guetes para divertirse con los otros chicuelos de su edad,
no habia vuelto á tocarlas , ni casi à acordarse de ellas.
364 CUENTOS ARABES

Aunque á la vista de la hermosura del regalo, la buena


mujer creyó que el sultan la acogeria y escucharia bené-
volamente , temia que, al llegar á exponerle el objeto prin-
cipal de su visita , ó ella no se atreviese á decírselo , ó si
se lo decia, el sultan frunciese el entrecejo y la despidiese
malamente . En fin, sobreponiéndose á todos sus temores ,
despues de haberse hecho un traje nuevo, envolvió la
sopera con las joyas en un paño fino, y se fué à palacio
muy temprano . Luego que abrieron el salon en que el
sultan daba audiencia , se entró en él y se colocó en un
sitio bastante aparente para que el sultan la viera. Des-
pues de haber dado cuenta el gran visir de diferentes
asuntos , y oido el sultan á un crecido número de perso-
nas, se retiró á las habitaciones interiores, y los ujieres
hicieron salir las gentes ; de modo que la madre de Ala-
dino se volvió á casa sin haber desempeñado su mision .
Al verla venir su hijo cargada con la sopera temió que no
hubiese querido el sultan recibirla, pero su madre se
apresuró á tranquilizarle diciéndole : - « Hijo mio, he
visto al sultan , y estoy ségura de que tambien él me ha
visto ; pero estaba tan ocupado en escuchar á tantos
como le hablaban, que no sé como tenia paciencia . Al fin,
yo creo que se fastidió , porque, sin que nadie le dijera
nada, se levantó y se marchó , sin que yo hubiera podido
hablarle. Pero no tengas pena, que ya volveré mañana. »
En efecto, la buena mujer volvió , no una, sino muchas
veces ; se colocaba siempre en un sitio aparente , pero de
nada le servia, pues como ignoraba los usos de palacio, y
no habia presentado memorial, ni hecho inscribir su nom-
bre en las listas de audiencia, nunca le llegaba su turno,
de modo que su asistencia á la audiencia no habria tenido
jamas ningun resultado, si el sultan realmente no hubiese
reparado en ella. « Me llama la atencion , le dijo un
dia al gran visir, la persistencia con que una mujer, con
un envoltorio en la mano, viene todos los dias á la au-
diencia ; ¿ sabes á lo que viene ? - Probablemente á que-
jarse de que le han vendido alguna harina averiada, ó
algun queso enmo hecido, pues ya sabéis , señor, lo que
CUENTOS ÁRABES 365

son las mujeres del pueblo que dan importancia á las


cosas mas pequeñas , le contestó el gran visir. Pues si
vuelve á presentarse, hazla acercarse , que quiero saber
lo que tiene que pedirme, » le dijo el sultan.
Cuando al dia siguiente apercibió el sultan á la madre
de Aladino : -< Mira , le dijo al gran visir, allí está la mujer
de quien te hablé ayer ; mándala que se acerque . » El
gran visir transmitió la órden á un ujier, el cual hizo seña
á la viuda de Chin-Fu para que se aproximase á hablar al
sultan . Hízolo así la pobre mujer, toda confusa y tem-
blando ; sin embargo , como había visto en tantos dias
que habia asistido á la audiencia las ceremonias y genu-
flexiones que hacian todos los que hablaban al sultan ,
hizo lo mismo que ellos, y despues de haberse inclinado
en la última genuflexion hasta tocar la frente con la al-
fombra que cubria las gradas del trono, permaneció en
aquella humilde y respetuosa postura aguardando á que le
hablara el sultan, el cual, despues de haberle mandado
levantarse, le preguntó qué negocio era el que la traía á
su presencia.
La madre de Aladino se levantó, y con una desenvol-
tura que no era de esperar de su falta de educacion y
anterior timidez , le contestó : - « ¡ Poderoso monarca !
ántes de exponeros el extraño é increíble motivo que me
ha traido ante vuestro sublime trono , os ruego que me
perdonéis mi atrevimiento , por no llamar insolencia de la
peticion que vengo á haceros. » Este exordio , y el tono.
con que habia sido pronunciado llamaron la atencion del
sultan y le hicieron presumir que se trataba de algun
negocio grave del que no convenia que todos se enterasen .
Así, mandó despejar la sala para que la mujer pudiese
explicarse con mayor libertad y ménos empacho , y no
quedaron en ella mas que el gran visir y algunos conse-
jeros íntimos. Animada la madre de Aladino con esta
muestra de benevolencia del sultan , volvió á tomar la pa-
labra diciendo : - « Y dado el caso , señor, que encontréis
ofensiva ó injuriosa la demanda que voy á presentaros,
ruego á Vuestra Majestad que no se dé por ofendido , y
366 CUENTOS ÁRABES

que en todo caso se digne indultarme de antemano y


concederme su gracia. - Sea lo que quiera lo que tengas

AAA

que decirme, le contestó el sultan , desde luego te lo per-


dono ; habla, pues, con toda libertad, y nada temas . »
La madre de Aladino refirió entónces, á su manera , el
cómo su hijo habia visto á la princesa Baldramina , la ve-
hemente pasion que le habia inspirado y sus deseos de
CUENTOS ÁRABES 867

casarse con ella . Expuso algunas de las muchas reflexiones


que ella habia hecho á su hijo sobre un proyecto tan in-
sensato, atendida su humilde condicion y pobreza, y ter-
minó diciendo que en vista del empeño de su hijo de que
viniese á pedir para él la mano de la princesa, temerosa
de algun desman ó atropello por su parte, se habia
atrevido á dar un paso tan osado , por lo cual volvia á
solicitar su perdon y el de su hijo por semejante atrevi-
miento. Léjos de encolerizarse, el sultan la escuchó con
mucho agrado y benevolencia, y sonriéndose le preguntó
qué era lo que traía en aquel bulto tan cubierto. « Se-
ñor, le contestó la madre del enamorado mancebo, es un
pequeño presente que mi hijo Aladino envía á Vuestra
Majestad para la princesa , D y tomando la sopera que habia
puesto en una de las gradas del trono, le quitó el paño
con que estaba envuelta y se la presentó al sultan , aña-
diendo : - << Aunque sean cosas de escaso valor , indignas
de vuestra magnificencia, os ruego , señor , que os dignéis
admitirlas . La buena mujer hablaba así, porque á pesar
de lo que su hijo le habia dicho sobre el valor de aquellas
piedras , como en su vida habia visto piedra preciosa de
ninguna especie, no le habia dado grande asenso, y es-
taba muy lejos de apreciar lo que valían.
Cuando el sultan tomó en sus manos la sopera y vió lo
que contenia, su sorpresa no tuvo límites . Se quedó asom-
brado al ver aquella coleccion de diamantes, de esme-
raldas, de rubies, de un tamaño , hermosura y brillantez
cual nunca habia visto, pues á pesar de que su tesoro
estaba bien provisto de joyas , estas , aunque de mucho
valor, no podian competir con las que la madre de Aladino
le ofrecia . << ¡ Mirad, mirad ! les dijo al gran visir y á los
consejeros íntimos : ¿ habéis visto jamas en vuestra vida
unas joyas de tanto valor y mérito ? Me parece que bien
puedo darle la princesa mi hija por esposa al que le ofrece
un presente de esta naturaleza . » Cuando el gran visir y
los consejeros se acercaron á ver las piedras de la sopera,
no quedaron ménos admirados de su grande hermosura y
extraordinario valcr , pero el gran visir á quien el sultan
368 CUENTOS ARABES

habia dado á entender que accederia gustoso al casamiento


de la princesa Baldramina con su hijo, temeroso de que
sus esperanzas se frustrasen, se acercó al sultan y le dijo,
que siendo el casamiento de la princesa un negocio de
Estado de grande importancia que debia pensarse mucho
y discutirse, le rogaba que lo aplazase por tres meses ,
pues estaba seguro de que su hijo podria ofrecer á la prin
cesa un regalo mayor que el del hijo de aquella mujer que
nadie conocia . El sultan accedió á lo que el gran visir le
pedia y respondió á la madre de Aladino : - « Vuélvete á
tu casa, buena mujer, y dile á tu hijo que acepto el regalo
y consiento en la demanda que en su nombre me has
hecho, otorgándole la mano de la princesa ; pero como es
necesario que vaya provista de un ajuar correspondiente
á su elevada jerarquía , el casamiento no podrá verificarse
hasta dentro de tres meses. »
Loca de alegría volvió á su casa la viuda de Chin-Fu , y
no fué menor el gozo de Aladino cuando su madre le refi-
rió todos los pormenores de su entrevista con el sultan y
la respuesta de este , consintiendo en darle á su hija la
princesa por esposa, al cabo de tres meses.
Dos meses iban transcurridos no sin grande impaciencia
del jóven enamorado, que contaba las horas y los dias ,
cuando saliendo un dia su madre á hacer algunas compras
en un barrio distante, vió que empezaban á adornar las
casas los vecinos, y que recorrian las calles músicos
danzantes . Habiendo preguntado el motivo de aquellos re-
gocijos : - « ¿De dónde venís, buena mujer , que no sabéis
que se casa esta noche el hijo del gran visir con la prin-
cesa Baldramina , hija de nuestro sultan ? » En efecto , el
gran visir habia maniobrado tan diestramente durante este
tiempo, que habia conseguido hacer olvidar al sultan la
promesa que habia hecho á la madre de Aladino , y dar su
consentimiento para que la princesa se casara con su hijo.
Tan luego como la buena mujer recibió esta noticia , que
otros le confirmaron , se apresuró á volver á su casa
adonde llegó muy azorada, entró precipitadamente en el
cuarto de Aladino y exclamó : « ¡Hijo mio, todo se ha
CUENTOS ARABES 369

perdido para ti ! el hijo del gran visir se casa esta noche en


palacio con la princesa Baldramina. » Al oir estas palabras ,

Aladino se quedó inmóvil, aterrado , como herido del rayo ;


pero reponiéndose en seguida , se levantó, y aguijoneado
por los celos se dispuso á obrar enérgicamente ; en vez de
desfogar su pena en quejas y baldones contra el sultan ,
que así faltaba á su palabra, ni contra el visir y su hijo,
se limitó á decir : < Madre, el hijo del gran visir no
pasará esta noche tan agradablemente como se la prome-
tia. Cogió la lámpara prodigiosa, la frotó y apareció en
seguida el Genio, el cual le répitió las • palabras sacra-
mentales de « ¿ Qué me quieres ? Habla : aquí me tienes
dispuesto á obedecerte como esclavo, á ti y á todos los que
engan la lámpara en la mano. Yo y todos los demas es-
21.
370 CUENTOS ÁRABES

clavos de la lámpara. - Quiero, le contestó Aladino ,


que esta noche en cuanto se acueste el hijo del gran visir
con la princesa Baldramina , me los traigas aquí á entram-
bos en su lecho . Serás obedecido , » le dijo el Genic , y
desapareció. Despues de cenar, segun costumbre, la ma-
dre de Aladino se retiró á su cuarto, y él se quedó en ei
suyo esperando la venida del Genio .
Mientras tanto , todo era fiesta y alegría en el palacio del
sultan en donde se celebraban los desposorios de su hija
la princesa con el hijo del gran visir, el cual así como su
padre rebosaban de gozo , y se tenian por muy venturosos
con un enlace que les hacía emparentar con el soberano y
los colocaba en una posicion tan ventajosa y elevada . Des-
pues de las ceremonias rituales , de la suntuosa cena ,
baile, refrescos y otras diversiones en las que tomaron
parte todos los visires, los altos funcionarios , y demas
cortesanos, el afortunado hijo del gran visir fué conducido
á la cámara nupcial á la que no tardó en llegar la princesa
acompañada por su madre la sultana y por todas sus es-
clavas . Cuando estas empezaron á desnudarla , ella hizo
alguna resistencia , pero vencida esta por las observaciones
y caricias de su madre , se dejó meter en el lecho , la abrazó
tiernamente y se retiró con toda la servidumbre dejando
solos á los recien casados . No bien habia tomado puesto
en el lecho el venturoso novio, cuando los dos esposos
sintieron que la cama se conmovia , que desaparecia del
cuarto en que estaba y era trasladada á otra parte . Natu
ralmente se quedaron pasmados sin atraverse á hacer el
menor movimiento, y sin saber cómo , se encontraron en
un aposento pobre y desconocido . Luego que el Genio
despositó el lecho con los novios en el cuarto de Aladino :
-
<< Ya estás obedecido , le dijo el Genio : ¿ qué mandas
á tu esclavo? ―― Lleva ese hombre à la letrina y déjale
allí hasta mañana que vendrás á buscarle . » El Genio sacó
de la cama al hijo del gran visir, le llevó al lugar que
Aladino le habia indicado , y dándole un resoplido sobre el
pecho le dejó arrimado á la pared , inmovilizado y sin habla.
Todo esto se pasó en ménos tiempo del que se necesita para
CUENTOS ÁRABES 371

contarlo, con grande asombro de la hija del sultan y del


venturoso novio, que ni veian al Genio, ni al hijo de Chin-
Fu, ni oian lo que el Genio y él hablaban .
Cuando el Genio desapareció , Aladino que , atendido el
estado en que la princesa se hallaba, sobrecogida y para-
lizada, hubiera podido prevalerse de su situacion para
empañar su honor, sobreponiéndose á los deseos que su
ardiente pasion le inspiraba, se acercó á ella y le dijo : -
<< Princesa, tranquilizaos y no temáis nada . Aquí estáis
tan segura como en el palacio de vuestro padre, y nadie
se permitirá el menor desman contra vuestra persona sa-
grada. Lo que he hecho, añadió , ha sido para impedir el
que llegase á poseeros un rival á quien vuestro padre os
ha entregado , faltando á la palabra que me habia dado.
En seguida , sin despojarse de sus vestiduras , se recostó
en el lecho en el mismo sitio que pocos minutos antes
ocupaba el hijo del gran visir , pero poniendo ántes , entre
la princesa y él , su sable desenvainado, como para indi-
carle que sería reo de muerte si se propasaba á mancillarla.
Y satisfecho con haber defraudado de este modo las espe-
ranzas del venturoso novio , se durmió al poco rato . No
le sucedió otro tanto á la princesa que sin hacer grande
atencion á lo que Aladino le decia , ni aun comprenderlo ,
porque ignoraba lo que habia pasado , sobrecogida y medio
muerta de miedo , pasó la noche mas mala que en su vida
habia pasado ; pero si se considera el lugar y estado en
que el Genio habia dejado al hijo del gran visir, es de
presumir que este venturoso novio no la pasaria mas
agradablemente.
Al romper el alba volvió á aparecer el Genio segun
Aladino se lo habia mandado y le dijo : - < Aquí me tienes.
¿ Qué ordenas á tu esclavo ? - Vuelve á poner al hijo del
gran visir en esta cama, le contestó Aladinó , y llévala al
mismo sitio de donde la trajiste. » Recogió su sable y la
cama con los novios desapareció del cuarto . Apénas la
acababa de colocar el Genio en su lugar, cuando anuncia-
ron la llegada del sultan que venía á informarse cómo ha-
bia pasado la princesa su primera noche de boda, y el
372 CUENTOS ÁRABES

dichoso novio que no habia tenido ni aun tiempo de re-


ponerse, yerto de frio como estaba , aloir que el sultan

se acercaba, saltó corriendo del lecho y se metió en su


cuarto . El sultan se acercó a su hija y se quedó asom-
brado al verla con el rostro demudado y los ojos desenca-
jados , y que nada le respondia al preguntarle sonriéndose
cómo habia pasado la noche ; pero atribuyendo este silen-
io y aquellos síntomas á un exceso de rubor, no quiso
CUENTOS ÁRABES 373

molestarla con nuevas preguntas, y despues de acariciarla,


se salió del cuarto y se fué al de la sultana á la que contó
el estado en que habia hallado á la princesa, y el silencio
que habia guardado , encargándole que fuese ella misma
á verla é informarse. Hízolo así la sultana, no sin decir
ántes al sultan : << Señor, todo eso no son mas que me-
indres de recien casada , y pocas son las novias que no
hacen otro tanto al dia siguiente de la boda , pero ya veréis ,
dentro de unos cuantos dias , cuán diferente se halla . >>>
Cuando entró en el aposento de su hija , la encontró toda-
vía en la cama, la abrazó y besó , pero al ver que la prin-
cesa no le decia nada , y al notar , al mirarla con mayor
atencion, que estaba abatida y desencajada : « Hija mia,
le dijo, ¿ qué motivos tienes para corresponder tan mal á
mis caricias y á las del sultan tu padre ? ¿ te ha sucedido
alguna cosa extraordinaria que no proceda de las circuns .
tancias en que te hallas ? dimelo sin rodeos , y sácame de
la inquietud en que me pone el verte . »
La princesa, dando un profundo suspiro mezclado con
algunas lágrimas, rompió al fin su silencio y exclamó :
< Perdóname, madre querida , si tan mal correspondo á
tu cariño y al de mi padre ; pero estoy tan atónita y
tengo mi espíritu tan preocupado con los extraordinarios
acontecimientos de esta noche pasada , que ni acierto á
hablar, ni sé lo que me pasa. » En seguida le refirió todo
lo ocurrido la traslacion del lecho á un lugar descono-
cido , la desaparicion de su esposo , la aparicion de un
jóven á quien nunca habia visto , el cual le dijo unas pala-
bras que ella no comprendió , y despues de haber puesto
un sable entre ambos se recostó á su lado , y últimamente
la reaparicon de su esposo y la traslacion de la cama .
Despues de haberla escuchado atentamente, la sultana le
contestó : - « Has hecho bien , hija mia, en no hablar á
tu padre ni á nadie de esos acontecimientos extraordina-
rios, porque ó habrian creido que habias perdido el juicio ,
ó se habrian reido á carcajadas . Vaya, sosiégate, desecha
de tu imaginacion esas visiones fantásticas , y prepárate
para tomar parte y alegrar con tu presencia las fiestas que
374 CUENTOS ÁRABES

hoy debe haber para celebrar tu fausto enlace . » La prin-


cesa le aseguró que no eran visiones, que preguntara á
su esposo, y le diria lo mismo . Bien, bien , le contestó
su madre, ya sabré yo lo que ha pasado . Con este objeto
mandó á llamar al hijo del gran visir , y así que le vió le
dijo : « Hijo mio , estás tú tambien alucinado como tu
esposa ? El jóven que se reputaba altamente honrado
con su alianza, y que , por otra parte , su amor propio se
resentia de confesar que habia pasado la noche en paños
menores, en un lugar inmundo , le contestó muy sereno :
« Señora, ¿ por qué me hacéis esa pregunta tan rara?
- Esa respuesta me basta, le contestó la sultana , sonrién-
dose, y no necesito saber mas : ya veo que tú tienes mas
juicio que ella . »
Prosiguieron durante aquel dia las fiestas en palacio ,
pero la princesa, por mas que hizo la sultana su madre ,
que no se separó de su lado , para distraerla y animarla,
se mostró siempre muy abatida y preocupada , y aunque el
hijo del gran visir no lo estaba ménos , despues de la mala
noche que habia pasado , su ambicion le hacía disimular
cuanto podia para mostrarse risueño y muy contento.
Cuando llegó la noche, Aladino , que queria impedir que
los novios se juntasen , volvió á ordenar al Genio que se
los trajese tan pronto como se acostasen, y el Genio volvió
á trasladar el lecho a su aposento , llevó al feliz esposo al
mismo sitio de la noche anterior, y por la mañana trans-
portó otra vez la cama á palacio , con los recien casados .
despues de haber tenido otra vez la princesa á Aladino
por compañero de cama .
Al dia siguiente quiso el sultan informarse si su hija
habia pasado mejor que la primera la noche segunda de
casada, y halló á la princesa mas desasosegada y abatida
que el dia precedente . ¿ Estás de mejor humor que
ayer? le dijo, al acariciarla ; » la princesa nada le res-
pondió . Entonces el sultan, presumiendo que algo de
extraordinario le habia pasado y que ella se lo ocultaba ,
deseoso de saberlo , aparentó una gran cólera , y sacando
el sable exclamó : « ¡ Ó me dices lo que te ha sucedido, ó,
CUENTOS ÁRABES 375

si no, en este momento te mato ! » Profundamente impre-


sionada la princesa, mas bien que amedrentada por el
enojo de su padre, rompió, al fin , el silencio, y con los
ojos bañados en lágrimas, despues de pedirle perdon
por no habérselo dicho antes , le refirió minuciosamente
cuanto le habia pasado en las dos noches de casada. El sul-
tan que la amaba entrañablemente se enterneció al ver su
quebranto , y le dijo : — « Si me hubieras contado ayer lo
que ahora acabas de contarme , hubiera tomado las provi-
dencias convenientes para que no se hubiese repetido
semejante escándalo . Pero tranquilízate , y ten entendido
que yo no te he casado para hacerte desgraciada, sino
muy al contrário , y si te he dado por esposo al hijo del
gran visir es porque creía que serías con él muy di-
chosa. » Volviendo á acariciarla y á recomendarle que se
tranquilizara, hizo llamar inmediatamente al gran visir, y
le preguntó si su hijo no le habia dicho algo de lo que la
princesa le habia contado ; habiéndole respondido que no :
« Pues interrógale , le dijo , porque yo quiero saber la
verdad , aunque estoy persuadido que la princesa no me
ha engañado . » El gran visir fué incontinenti en busca de
su hijo , el cual apremiado por su padre para que no le
ocultara nada de lo ocurrido le contestó : « Todo lo que
la princesa ha contado al sultan es la pura verdad ; pero lo
" que no ha podido decirle , es el mal trato que yo he reci-
bido, pues no solo he sido arrebatado del lado de mi es-
posa, sino encerrado en un lugar poco limpio , sin mas
abrigo que mi túnica interior, y en donde he pasado esas
dos noches sin poder moverme, ni aun gritar , y tiritando.
de frio así, padre, os declaro que á pesar del grande
honor que me habia cabido de ser esposo de la princesa
Baldramina, y de las ventajas que podria traerme una
alianza tan encumbrada , renuncio generosamente su
mano, y os ruego que hagáis lo posible para que quede
anulada una union que tan malparado me ha dejado ;
pues prefiero morir, mas bien que continuar sufriendo ve-
jaciones tan húmillantes , y creo que la princesa será de
mi mismo parecer. »
376 CUENTOS ÁRABES

La desmedida ambicion del gran visir tuvo que cejar, y


renunciar á sus sueños dorados, en vista de la determi-
nacion de su hijo de no volver á reunirse mas con la prin-
cesa ; y ni aun se atrevió á decirle que esperase algunos
dias mas á ver si aquella extraña persecucion cesaba . Así
se fué en seguida á ver al sultan , y despues de decirle que
era cierto cuanto la princesa le habia contado, añadiendo
lo que á su hijo le habia sucedido , le rogó que se tuviese
por nulo el casamiento , supuesto que no habia llegado á
consumarse, y permitiese á su hijo salir de palacio y vol-
ver á su casa. Hecho cargo el sultan de circunstancias tan
extraordinarias , accedió al ruego del gran visir, y dió
órden para que cesasen todas las fiestas y regocijos que se
hacian con motivo de semejante enlace ; providencia que
dió lugar á que se hiciesen mil comentarios sobre un acon-
tecimiento tan inesperado , sin que nadie pudiese atinar la
verdadera causa , ni saber mas sino que el hijo del gran
visir habia salido de palacio.
Entretanto Aladino , que era el único que tenía la clave
del enigma, libre de su rival, dejó transcurrir los tres
meses que el sultan fijó á su madre para el casamiento de
la princesa Baldramina , y el mismo dia en que se cumplia
este plazo , volvió la viuda del pobre sastre Chin-Fu á
presentarse en palacio. Luego que el sultan la vió mandó
que se le acercara, y le preguntó qué era lo que queria.
- « Señor, le contestó la buena mujer, vengo á recor-
dar á Vuestra Majestad que hoy termina el plazo que se
dignó fijar para resolver la peticion que tuve la honra de
hacerle en nombre de mi hijo Aladino . »
Olvidado tenía ya el sultan á este y á su madre , pues
al fijar los tres meses , solo lo hizo impulsado por una
parte , por la admiracion que le habia causado el rico
presente que aquella le trajo , y creyendo por otra, que no
volveria á molestarle mas con una demanda tan extrava-
gante. Sin embargo, como la promesa era tan formal, se
quedó perplejo, y ántes de contestar á la buena mujer
consultó al gran visir sobre lo que deberia responderle .
El gran visir le dijo : 1k Señor, hay un medio muy sencillo
CUENTOS ÁRABES 377

de desembarazarse de esta importunidad , sin que Vuestra


Majestad falte á su palabra, ni tampoco pueda quejarse
Aladino . Exijale Vuestra Majestad un dote tan crecido para
la princesa que por mucha que sea su riqueza no alcance
á cubrirlo de este modo se verá obligado á desistir de su
pretension tan altamente ridícula. » El sultan tomó el con-
sejo de su visir, y dirigiéndose á la madre de Aladino le
dijo. G « Buena mujer, los soberanos deben mirar como
un punto de honor el cumplir sus promesas, y yo estoy
pronto á cumplir la que os hice . Decid á vuestro hijo que
consiento en otorgarle la mano de mi hija la princesa
Baldramina siempre que pueda presentarle un dote cor-
respondiente á su elevada jerarquía , y este consistirá
en cincuenta bandejas de oro llenas de piedras pre-
ciosas iguales á las que antes me trajisteis , las cuales
serán traidas por cincuenta esclavos negros escoltados
por otros cincuenta esclavos blancos lujosamente vestidos
todos ellos . » Oida esta respuesta del sultan , la madre de
Aladino se retiró muy afligida , porque no sabía de dónde
habia de sacar su hijo un regalo de tal naturaleza , y así se
lo manisfestó aconsejándole que haria mucho mejor en
-
quitarse semejante capricho de la cabeza . — « El sultan
me ha dicho, añadió , que aguardaria á que le llevase tu res-
puesta, pero me parece que llegará á ser muy viejo antes.
que yo se la lleve . - No tanto como creéis, » se limitó á
contestar Aladino , y entrándose en su cuarto en seguida ,
tomó la lámpara y la frotó . El Genio se presentó y le dijo

las palabras consabidas . « Escucha, le contestó Aladino,
el sultan exige para darme á su hija, que le presente cin-
cuenta bandejas de oro llenas de pedrería , llevadas por
otros tantos esclavos negros escoltados por igual número
de esclavos blancos, todos ricamente vestidos. Quiero ,
pues, que mañana temprano me traigas todo cuanto te he
――
expresado y el sultan desea. Amo y señor, le contestó
el Genio, yo y los demas esclavos de la lámpara vamos á
recoger esas joyas al Jardin de las Maravillas , » y desapa-
reció en seguida. Al dia siguiente apareció acompañado de
los cien esclavos , mitad blancos y mitad negros, cargados
378 CUENTOS ÁRABES
con las cincuenta bandejas de oro llenas de perlas, dia-
mantes, esmeraldas, topacios y rubies, los cuales no solo
ocupaban toda la casa, sino gran parte de la calle . Al vol-
ver la madre de Aladino de la compra, se quedó asombrada
de ver aquella gente, y en cuanto entró en casa le dijo su
hijo :: - Madre, dejad á un lado esa cesta y poneos el ves-

tido nuevo para ir á presentar al sultan el dote de la rrin-


cesa que os ha pedido . » La buena mujer se atavió, y se
CUENTOS ÁRABES 379

puso á la cabeza de todos aquellos esclavos que, por su ga-


llarda presencia , y por los ricos trajes que vestian , eran la
admiracion de cuantos los veian, y muchos los tomaban
por príncipes orientales. Cuando llegaron á palacio , se
formó la guardia para recibirlos , y los criados del sultan
creyendo que eran reyes , al ver sus dalmáticas y mantos
de tela de brocado, y sus cinturones ó fajas cuajados de
perlas y diamantes, se postraban ante ellos y les besaban
las franjas de sus vestidos, á pesar de que los esclavos
les decian : « No somos príncipes , sino esclavos ; nues-
tro amo vendrá cuando la hora sea llegada. »
Prevenido el sultan de su venida , mandó que fuesen
introducidos en la sala del trono. Los esclavos entraron
formados en dos filas, y se fueron colocando con el mayor
órden formando un semicírculo en frente del sultan que es-
taba admirado al ver los ricos trajes de aquellos esclavos
con los que no admitian comparacion , por su inferioridad,
J los de sus mas elevados cortesanos. Adelantándose en
seguida la viuda de Chin- Fu hasta las gradas del trono :
― << Señor , dijo al sultan , vengo á ofrecer á Vuestra Ma-
jestad estos presentes que mi hijo Aladino envía para la
princesa Baldramina, que , aun cuando sean inferiores al
rango de la princesa y á lo que ella se merece , espera
que se dignará aceptarlos , puesto que son conformes á los
deseos que Vuestra Majestad misma habia manifestado . »
Los esclavos quitaron entónces los paños de tela de oro
y perlas con que estaban cubiertas las bandejas y descu-
brieron á los ojos del sultan y de los cortesanos los tesoros
que encerraban . El sultan , sin responder á la arenga de la
pobre mujer, que apénas escuchó , se quedó atónito , des-
lumbrado en presencia de una magnificencia tan extraor-
dinaria, y encarándose con el gran visir , le dijo :- « ¿ Has
visto nunca joyas de tan inestimable valor ? ¿ no te parece
que es digno de poseer la mano de la princesa, mi hija, el
que me envía tal regalo ? » El gran visir, aunque lleno de
envidia y muy penado de que un extraño á quien nadie
conocia fuese preferido á su hijo , en vista de lo maravilloso
del regalo y de las disposiciones del ánimo del sultan , no
380 CUENTOS ÁRABES

se atrevió á hacerle observacion de ninguna clase, antes


bien le contestó diciendo : « Señor, léjos de conceptuar
que quien hace á Vuestra Majestad un regalo de esta na-
turaleza, sea indigno de obtener la mano de la princesa
Baldramina, aun diria que era acreedor á mayor recom-
pensa, si no estuviera persuadido de que la posesion de la
princesa , y el honor de vuestra alianza son cosas que no
pueden pagarse con todos los tesoros de la tierra. » En
vista de esta respuesta del gran visir apoyada por todos
los cortesanos , el sultan , dirigiéndose á la madre de Ala-
dino , le dijo : <«< Buena mujer, id á anunciar á vuestro
hijo que quedo aguardándole con impaciencia para reci-
birle en mis brazos . » En seguida mandó llevar las ban-
dejas á la habitacion de su hija adonde pasó él mismo
para examinar las joyas mas de cerca.
Con el corazon rebosando júbilo y alegría al considerar
la encumbrada posicion que iba á tener su hijo, casándose
con la princesa, llegó la buena mujer á su casa y participó
á Aladino la respuesta del sultan . Su hijo, que la estaba
esperando ya con impaciencia , se apresuró á invocar al
Genio al que le dijo así que se presentó : - « Te he lla-
mado porque tengo que ir á presentarme al sultan , y
quiero ántes ir al baño . Mientras estoy en él, me prepara-
rás un traje espléndido y cual ningun soberano haya ves-
tido hasta el dia : me traerás un caballo que, por sus
formas y estampa, aventaje al mejor que tenga el sultan
en sus caballerizas , y cuyos jaeces deslumbren por la
riqueza. Quiero ir acompañado por cincuenta esclavos tan
bien ó mas ricamente vestidos que los que llevaron el
regalo á la princesa ; dos palafreneros que marchen lle-
vando una doble brida del caballo, y seis pajes . Necesito
doce bolsas con mil monedas de oro cada una, y seis
esclavas y dos eunucos para que sirvan á mi madre.
¿ Quieres alguna cosa mas ? le preguntó el Genio.- Por
ahora esto es todo lo que necesito , » le respondió Aladino .
No bien hubo acabado de hablar cuando se sintió
transportado á un baño deliciosísimo en donde fué desnu-
dado por manos invisibles , frotado con esencias y perfu-
CUENTOS ÁRABES 381

mes exquisitos, y bañado sucesivamente en aguas de tem


peraturas á grados distintos, segun se usa en Oriente.

Al salir del baño , las mismas manos invisibles le revistie-


ron de un traje cuya riqueza es indescriptible. Baste decir
que con el valor de las piedras preciosas de que estaba
cuajado su turbante, podria comprarse un reino . Trasladado.
á su casa de la misma manera, encontró en ella el caballo
y los esclavos y pajes que habia pedido. De las doce
382 CUENTOS ÁRABES

bolsas que el Genio le presentó , entregó seis á su madre ,


diciéndole : Tomad , madre, este dinero para vuestro
gasto, y no os fatiguéis en hilar mas algodon . Estas escla-
vas son para vuestro servicio, y para vuestro uso estos
vestidos . » Cuando salió del baño estaba tan cambiado y
mostraba tal gallardía, que su propia madre no le conoció .
Despues de arreglado el órden de su marcha, mentó á
caballo precedido y seguido por los cincuenta esclavos , y
rodeado por sus pajes á quienes habia entregado las otras
seis bolsas con órden de ir arrojando las monedas de oro
al pueblo por todo el camino . Al ver pasar una comitiva
tan brillante, y á aquel gallardo jóven tan ricamente ves-
tido y montado en un caballo tan soberbio, y al ver arro-
jar tan abundantes monedas de oro al pueblo, todos los
que le veian le tomaban por un príncipe , y se proster-
naban á su paso . De esta manera, aclamado y vitoreado
por el inmenso gentío que le seguia, llegó á palacio en
donde fué recibido con las mayores muestras de respeto ,
y sin hacerle esperar ni un minuto fué conducido por los
altos funcionarios de palacio á presencia del sultan que le
estaba esperando , el cual, al verle entrar en la sala, bajó
las gradas del trono, y sin dar lugar á que se postrase, le
estrechó en sus brazos dándole la bienvenida y llamán-
dole hijo.
Al contemplar su gallarda presencia, tan distinta de lo
que él se habia figurado segun el retrato que le habia
hecho la madre de Aladino , el sultan no se cansaba de
mirarle y admirarle , y lo mismo les sucedia á todos los
cortesanos . Luego que le hubo abrazado, el sultan le hizo
subir las gradas del trono y sentarse á su lado , á pesar de
aresistencia de Aladino que tomando la palabra le dijo :
- < Señor, por complacer á Vuestra Majestad , admito
Los honores que se digna dispensarme ; pero no olvido
por eso que nací siendo su esclavo , que conozco la gran-
deza de su poder, y no ignoro la gran distancia que média
entre el esplendor de su alta jerarquía y lo humilde de
mi nacimiento . Si me atreví á elevar mis ojos hasta la
princesa, cuyos hechizos me han cautivado en términos
CUENTOS ÁRABES 383

de que, si no viera cumplidos mis deseos , perderia la vida,


pido á Vuestra Majestad perdon de mi osadía . — Hijo
mio, le contestó el sultan , volviendo á abrazarle , tu vida
me es desde este momento mas preciosa que todas tus
riquezas y las mias reunidas. En seguida el sultan ,
apoyado en el brazo de Aladino, le llevó á un magnífico
salon en el que habia preparado un gran banquete, y co-
mió solo con él en presencia del gran visir y de los corte-
sanos para quienes habia preparadas otras mesas .
Terminada la comida, el sultan mandó extender por el
ministro á quien correspondia el contrato matrimonial,
y le preguntó á Aladino si queria quedarse en palacio para
celebrar los desposorios aquel mismo dia ; á lo que este le
contestó diciéndole que, á pesar del anhelo que tenía por
gozar de su dicha, le rogaba que le permitiese diferir su
union con la princesa hasta que hubiese hecho construir
un palacio digno de elia para recibirla en él segun mere-
cia , para lo cual , añadió , os ruego que me concedáis un
terreno conveniente . « Elige el sitio que mejor te parezca,
y toma todo el terreno que necesites , le contestó el sul-
tan, pero no olvides que ansio verte casado cuanto antes
con mi hija. »
Aladino se despidió del sultan que quedó prendado de
él, con las mismas demostraciones de cariño , salió de
palacio con los mismos honores con que habia sido reci-
bido, y volvió á su casa con su brillante comitiva en medio
de una apiñada muchedumbre compuesta de toda clase de
gentes que no se cansaban de mirarle, le aclamaban y le
bendecian por sus liberalidades nunca vistas . Luego que
llegó á su casa tomó la maravillosa lámpara , la frotó , y
apareció inmediatamente el Genio . « ¿ Qué me quieres?
le dijo . Que me construyas un palacio en un sitio apa-
rente desde las ventanas del palacio del sultan , con todas
sus dependencias, su parque, sus jardines, y amueblado
con suntuosidad y riqueza ; que tenga en lo alto una
azotea cubierta con una cúpula de pórfido sostenida por
columnas de oro y plata guarnecidas con diamantes y
perlas, y que se halle cerrada por unas celosías cuyas
384 CUENTOS ÁRABES

traviesas sean de oro bruñido , y adornadas con rubies ,


esmeraldas y perlas ; que las caballerizas se hallen pro-
vistas de excelentes caballos de las mejores razas cono-
cidas , con un tren completo de montería ; y que el guarda-
arnes sea correspondiente á todo lo demas por su magni-
ficencia, sin faltar en él palanquines, parasoles y literas .
Ademas, quiero que haya en el palacio un tesoro con mil
bolsas de monedas de oro que contengan cada una desde
ciento hasta mil monedas . En fin , que nada falte en él para
el servicio de la princesa mi esposa y el mio . En cuanto
al sitio, la arquitectura y embellecimiento exterior del
edificio , lo dejo á tu idea y capricho. Tan pronto como lo
hayas concluido me lo avisarás y tendrás dispuesta una
alfombra de terciopelo de seda carmesi con franjas y fle-
cos de oro rematados por perlas para tenderla desde la
puerta principal del palacio hasta la puerta del palacio del
sultan, para que atraviese por ella la princesa al venir á
mi casa . Amo y señor, yo y los demas esclavos de la
lámpara haremos cuanto nos ordenas, le respondió el
Genio .
Al dia siguiente , en un terreno elevado que se veía per-
fectamente desde las ventanas del gabinete del sultan , se
vieron trabajando miles de albañiles , carpinteros, herreros,
У de los demas oficios, los cuales , con admiracion general ,
edificaron un palacio mucho mas grandioso y magnífico
que el del sultan mismo , en ménos de quince dias, ador-
nado y provisto por dentro con muebles tan preciosos y
tan raros que para describirlos solo se necesitaria un
libro. Cuando ya no faltó nada en él de cuanto Aladino
habia pedido al Genio , se presentó este y le dijo : - << Señor
y amo, está concluido y amueblado el palacio con todo
cuanto has pedido ; vas á verlo para saber si estás contento
y si tus deseos han sido satisfechos. » - Aladino, trasla-
dado al interior del palacio por el Genio, recorrió todas las
habitaciones y vió que nada faltaba en ellas ; que la azotea
ó galería-mirador era una verdadera maravilla de incal-
culable valor por su riqueza.
Vuelto á traer á su casa por el Genio , Aladino hizo todos
CUENTOS ÁRABES 385

los preparativos necesarios para trasladarse públicamente


á su nueva residencia. Dispuso que su madre se vistiera

con uno de los trajes mas ricos que le habian traido las
esclavas, y que fuese á palacio para acompañar á la prin-
22
386 $ CUENTOS ÁRABES

cesa por la noche cuando esta determinase pasar al palacio


de su esposo, y él, montando á caballo , atravesó la ciudad
con su brillante séquito , haciendo sus pajes otra igual
distribucion de monedas de oro al pueblo , durante el
tránsito. La madre, acompañada por sus esclavas , fué á
palacio en donde la princesa la recibió con las mayores
muestras de cariño , haciéndola sentar á su lado y obse-
quiándola con un espléndido almuerzo . Por la noche , des-
pues de haberse terminado todas las ceremonias de los
desposorios y servido un suntuoso banquete en el pa-
lacio del sultan , la princesa se despidió de sus padres, no
sin enternecerse y derramar algunas lágrimas por una y
otra parte, y se encaminó á la residencia de su esposo
que se habia adelantado y la estaba esperando á la puerta
del palacio para recibirla.
Precedida por las numerosas cuadrillas de músicos que
habian estado tocando todo el dia en la plaza del palacio,
por cien esclavos y eunucos, y rodeada por los visires y
demas altos funcionarios , llevando á su lado á la madre de
Aladino, salió del palacio del sultan y emprendió su mar-
cha por la magnífica alfombra tendida por el Genio entre
los dos palacios , los cuales se hallaban brillantemente
iluminados , así como todas las casas de las calles por donde
debia pasar la comitiva , á la que acompañaba una escolta
formada por mil pajes y eunucos y otros criados del sultan ,
llevando cada uno de ellos un hacha de viento encendida,
cuyos resplandores unidos á los de las iluminaciones de
los dos palacios y de las casas del tránsito , hacian que no
se echase de ménos la luz del dia . Al recibirla Aladino á
la entrada del palacio en medio de sus numerosos servi-
dores , le tomó la mano y le dijo : - « Adorable princesa ,
si mi temeraria osadía ha podido desagradaros aspirando
á poseer vuestra mano, os ruego que me la perdonéis y
que no me culpéis á mí, sino al poder de vuestros atracti-
vos, y de vuestros divinos ojos que me cautivaron el
corazon y me hicieron vuestro esclavo desde el momento
que los vi. ». La princesa, sin quitarse el velo, lo cual
impedia el ver el rubor de su rostro, y al mismo tiempo
CUENTOS ÁRABES 387

el gozo que sus ojos descubrian al examinar la gallardía


de Aladino , le contestó con acento enternecido :
<< Príncipe, y señor mio , si al entregaros mi mano cumplo
con la voluntad de mi padre el sultan , creed que este cum-
plimiento , léjos de serme violento , es para mi corazon muy
grato y lisonjero desde el momento que os he visto . »
Esta amable respuesta de la princesa colmó de alegría á
Aladino , el cual la condujo á un salon en donde se ha-
llaba dispuesta la mesa para la cena con los manjares mas
delicados y exquisitos . Así estos , como la riquísima vajilla
de oro en que eran servidos , la brillante iluminacion y los
adornos del salon y de los demas aposentos , y los coros de
una armoniosa música que se oian, causaron el mayor asom-
bro y admiracion á la princesa que no pudo ménos de excla-
mar : - « Yo habia creido que no habia nada mas her-
moso ni mas rico que el palacio del sultan mi padre , y lo
que en él se encierra ; pero confieso , al ver lo que aquí
veo, que todo aquello es muy inferior á esto . »
Concluida la cena, entraron cuadrillas de músicos y
bailarines de ambos sexos que ejecutaron danzas primo-
rosísimas de diferentes especies, en las que tomaron parte
muchos de los concurrentes hasta una hora muy avanzada
de la noche en que Aladino condujo á la princesa á su
aposento..
Al dia siguiente Aladino montó á caballo , y con su sé-
quito acostumbrado se fué al palacio del sultan para
rogarle que se dignase honrarle viniendo á comer con él
á su palacio con todos sus cortesanos y ministros , cuyo
convite aceptó el sultan, deseoso tambien de ver á su
hija y saber cómo se encontraba en su nueva residencia .
Cuando vió el palacio mas de cerca se quedó asombrado
de su grandioso aspecto, pero su admiracion no tuvo lími-
tes cuando entró en su recinto , prorumpiendo en exclama-
ciones de sorpresa en cada salon que recorria ; pero sobre
todo al subir al mirador , al ver las columnas de oro macizo
que sostenian la cúpula, al examinar las persianas ó celo-
sías del mismo metal guarnecidas de tantas perlas , dia-
mantes y rubies y otras piedras preciosas, no pudo ménos
388 CUENTOS ÁRABES

de decir al gran visir que no se separaba de su lado :


¿ Es posible que haya en el mundo una maravilla mayor
que esta? No lo creo, y estoy seguro que no hay en todo
el universo ningun soberano, por rico y poderoso que sea,
que tenga un palacio cuyas columnas y manpostería , en
vez de ser de mármol , de jaspe ó de granito, sean de oro
macizo, y cuyas ventanas y celosías se hallen tachonadas
y guarnecidas de un número tan asombroso de diamantes ,
Esmeraldas y rubies . »
En fin, despues de haber recorrido todo el palacio , una
gran parte del parque y los jardines ; visitado las caballe-
rizas y demas dependencias, y sobre todo abrazado á su
hija á la que encontró muy gozosa y satisfecha , Aladino
le condujo al salon del banquete en donde habia dispues-
tas dos mesas en la una comió el sultan teniendo á su
derecha á su yerno , y á su izquierda al gran visir, y en
la otra tomaron asiento todos los demas cortesanos y mi-
nistros. Los manjares que sirvieron y los vinos fueron de
lo mas raro, sabroso y exquisito , y el sultan y los demas
convidados quedaron contentísimos y confesaron que
nunca habian comido platos tan bien aderezados , ni bebido
vinos tan deliciosos , no siendo menor su admiracion
al contemplar la vajilla de oro en que todo era servido ,
y los aparadores guarnecidos de jarrones, de botellas y
copas del mismo metal y otras vasijas en las que se veian
embutidas las perlas, las esmeraldas, los topacios y
rubies .
Encantado salió el sultan del palacio de Aladino , felici-
tándose de haberle dado su hija, y tenerle por yerno .
Aladino , por su parte , se hacía cada dia mas popular y
querido por toda clase de gentes . Al sultan y á los magna-
tes los convidaba á menudo y les hacía toda clase de
obsequios ; y á las gentes del pueblo las socorria con abun-
dantes limosnas , de modo que todos le alababan y le ben-
decian , con tanto mas motivo que , ademas de sus largue-
zas, siempre se mostró afable y llano con todos , y jamas
abusó de su poder, riquezas y valimiento para humillar á
nadie ni causarle el menor perjuicio.
CUENTOS ÁRABES 389

Así vivió algunos años gozando de una dicha no inter-


rumpida ; pero como en este mundo la felicidad no dura
siempre, ni llega nunca á ser completa, sucedió que el
mago á quien era deudor, aunque no por la voluntad de
este, de su encumbramiento , no pudiendo desechar el
pesar que le causaba haber perdido la ocasion de hacerse
dueño de la maravillosa lámpara , quiso saber un dia cuál
habia sido la suerte de aquel sobrino postizo que habia
elegido para servirse de él como instrumento para conse-
guir sus fines ; pues aunque presumia que habria perecido
en el subterráneo en que le sepultó , no tenía la certidum-
bre del hecho de su muerte . Con el fin de adquirirla, tomó
sus compases, tiró sus líneas, hizo sus cálculos nigromán-
tico-cabalísticos , y sacó en limpio que Aladino vivia, que
era dueño de la lámpara maravillosa , y que á ella debia la
riqueza y la elevada posicion que tenía . « ¡ Ah miserable
hijo del sastrezuelo ! exclamó entonces lleno de ira ; ¡ tú
has descubierto el poder de la lámpara y te has servido
de él para engrandecerte ! ¡ deja , deja , que no te durará
mucho tiempo tu dicha, y yo haré que vuelvas á caer en
la miserable condicion de tu estado primitivo ! » Inconti-
nenti se puso en camino y llegó, no sin penalidades y
trabajos , á la capital del reino en que vivia muy tranquilo
y feliz Aladino, y despues de haber descansado y tomado
los informes convenientes se dirigió al palacio en que
aquel habitaba, y al ver su magnificencia , no dudó que su
construccion fuese obra del Genio esclavo de la lámpara.
Pensando en el modo como se apoderaria de esta, le
ocurrió la idea de mandar fabricar unas cuantas lámparas
de hechuras muy bonitas, y colocándolas en una cesta
empezó á recorrer las calles de la ciudad gritando : « ¿ Quién
quiere cambiar lámparas viejas por lámparas nuevas ? »
Los pilluelos y los vagos de las calles por donde pasaba.
le tomaron por un loco estrafalario y le seguian burlándose
de él, y diciéndole mil chanzonetas ; pero el mago , sin ha-
cerles caso, continuaba su camino gritando siempre : -
• ¿ Quién quiere cambiar lámparas viejas por lámparas
nuevas ? » Cuando llegó delante del palacio de Aladino era
440
$90 CUENTOS ÁRABES

tan numerosa la pillería que le acompañaba y tan grandes


las risotadas y la vocinglería, que habiendo oido aquel

DIS

alboroto la princesa, quiso saber el motivo que lo causa-


ba . Una esclava que salió á informarse volvió muy luego
riéndose tambien à carcajadas y le dijo á su ama :
« Señora, es un hombre que trae en una cesta unas lám-
paras muy bonitas ; todos creen que está loco , porque
nuevas ; peroel
ras pregonando nadie le hace caso, ytoejas por lámpa-
va cambio de lámparas viejas por lámpa-
se rien de él. »
Al oir esto , otra esclava exclamó : << Pues si la señora
lo permite, tambien nosotras podríamos reirnos y saber
si es verdad lo que ofrece, porque justamente ayer he
visto en un rincon del cuarto del señor una lámpara roñosa
que se la podríamos dar en cambio de una nueva. » La
CUENTOS ÁRABES 391

princesa, por reirse tambien y por pasatiempo , consintió


en que se hiciera el cambio de la lámpara ; la esclava fué
á buscarla , y salió á ofrecérsela al mago, el cual , al verla,
no dudando que, á pesar de su exterior sucio, fuese la que
él buscaba , la tomó, y presentando á la esclava la cesta
en que traía las lámparas nuevas : - Elige la que mas
te guste, » le dijo . La esclava eligió , en efecto , la que mas
le agradó, en medio de una risotada general, y se fué muy
contenta á enseñar á su ama el cambio que habia hecho ,
cambio que fué muy celebrado por ella y por todas las
demas esclavas . El mago se volvió á su casa muy de priesa ,
aunque sin dejar de pregonar, por no infundir sospechas,
el cambio de las lámparas nuevas por viejas. Tan luego
como entró en su cuarto , cerró bien la puerta, sacó la
lámpara del seno y la frotó . En el acto se apareció el Genio
y le dijo : ― ¿ Qué me ordenas ? Habla , y yo y todos
los esclavos de la lámpara te obedeceremos . El mago le
contestó con imperio : ― << Te mando que tú y los demas
esclavos de la lámpara transportéis esta noche el palacio
que habéis construido para Aladino , con todos sus habi-
tantes y cuanto encierra dentro, al Africa , y que me
transportéis á mí al mismo tiempo . » El Genio desapare-
ció sin replicar, y el mago se salió al campo y estuvo espe-
rando oculto en un lugar desierto á que llegara la noche.
Å la mitad de ella sintió que le transportaban y se encon-
tró en Africa en el paraje que habia indicado al Genio, á
las puertas de un palacio que no tardó en reconocer por el
de Aladino , el cual habia sido transportado por el Genio y
los esclavos de la lámpara.
Hemos dicho que el palacio de Aladino estaba cons-
truido en un terreno elevado que se descubria desde las
ventanas del cuarto del sultan ; así es que la primera
cosa que este hacía luego que se levantaba , era el asomarse
á la ventana para recrearse con la vista de aquel sun-
tuoso edificio en que habitaba su hija . ¿ Cuál no fué su
sorpresa al mirar, segun acostumbraba , hácia aquel sitio,
y no ver mas que el vacío ? — « ¿ Estoy yo ciego ? » se dijo,
y mandó á llamar inmediatamente al gran visir. Cuando
392 CUENTOS ARABES

este se presentó : - << Mira bien , le dijo el sultan , ¿ ves


tú el palacio de Aladino ? Señor, yo no veo mas que el
sitio , el palacio ha desaparecido ; » y aprovechando esta
ocasion para desahogar su envidia, y vengarse de la pena
secreta que le habia causado ver frustradas sus ambicio-
sas esperanzas con la ruptura del casamiento de su hijo ,
añadió : ― << Ya os habia yo dicho , señor , que ese pala-
cio y esas fabulosas riquezas de Aladino eran obra de
magia y encantamiento ; así todo se ha ido como habia
venido. Lo único sensible es la desaparicion de la prin-
cesa, y el no saber lo que Aladino habrá hecho de ella. »
Este insidioso discurso bastó para irritar la cuerda sensi-
ble del amor paterno . El sultan se enfureció, y ciego de
cólera, sin reflexionar en lo mas mínimo, sabiendo que
Aladino habia salido el dia anterior para una cacería , dió
órden que le fuesen á buscar inmediatamente y le tra-
jesen con buena escolta á palacio cargado de cadenas .
En cuanto traigan á ese impostor, á ese malvado ,
exclamó, quiero que le corten la cabeza . » Inmediata-
mente salió un destacamento de la guardia en busca de
Aladino, el cual se volvia de la partida de caza, muy igno-
rante y ajeno de lo que habia sucedido . Cuando ya muy
cerca de la ciudad se encontró con el destacamento , el
oficial que lo mandaba , se acercó á él y le dijo : — « Prin-
cipe Aladino , porque así le llamaban desde su casa-
miento con la princesa , - tengo órden de prenderos , con
gran sentimiento mio , y llevaros sujeto con una cadena al
palacio del sultan . - Pues complid con la órden que
habéis recibido, » le respondió Aladino , apeándose del
raballo .
Apénas hubo entrado en la ciudad y los habitantes le
vieron conducir de aquella manera, se extendió la noticia
con la velocidad del rayo de que el sultan habia mandado
prender al príncipe Aladino é iban á cortarle la cabeza.
Como por su afabilidad , por su generosidad y por su valor
y gallardía se habia granjeado las simpatías y el afecto
general, y todos le querian mas que al sultan mismo , no
dudaron que este queria hacer con él una tropelía, y
CUENTOS ÁRABES 303

armándose cada cual como pudo , unos con espadas, otros


con lanzas y picas, otros con azadones, guadañas y

barras de hierro, acudieron en tropel al palacio del sultan


y lo invadieron por las cuatro esquinas. El ataque habia
sido tan repentino é imprevisto que la guardia no pudo
impedirlo. Mientras tanto, Aladino, aherrojado en uno de
los patios del palacio, se disponia á recibir la muerte sin
saber por qué delito, pues el sultan ni habia querido
394 CUENTOS ÁRABES

verle ni oirle ; cuando llegó el gran visir azorado y


exclamó : « Señor, os ruego que mandéis suspender la
ejecucion el palacio está invadido por el pueblo amoti-
nado, sin que vuestra guardia haya podido impedirlo, y si
llega á penetrar hasta aquí serán fatales las consecuen -
cias, y vuestra misma sagrada persona correrá un gran
peligro. Al oir expresarse al gran visir en tales térmi-
nos , y al llegar al mismo tiempo á sus oídos los gritos de
los amotinados que se iban aumentando y ganando ter-
reno por momentos , el sultan que se habia puesto en un
balcon para presenciar la decapitacion de su yerno, se
sobrecogió y mandó ponerle en libertad, lo cual sabido
por los invasores del palacio , desistieron de su empresa
y se fueron retirando poco á poco.
Luego que Aladino se vió libre , levantó la cabeza y
viendo al sultan asomado al balcon , le dirigió la palabra
en alta voz exclamando : « Señor, os ruego que me digáis
en qué he podido ofenderos y cuál es mi delito para haber
merecido que me tratéis de esta manera . ¡ Cómo !
i
¿ ignoras lo que has hecho ? ¡ gran bellaco ! ¡ encantador,
embustero ! ¡ adónde está tu palacio , y adónde has lle-
vado á la princesa mi hija ? » le contestó el sultan encen-
dido en ira. « Sube á decírmelo , añadió , si quieres conser-
var la vida . » Habiendo subido Aladino á las habitaciones
del sultan , este le hizo asomarse á las ventanas y volvió á
preguntarle adónde habia llevado á la princesa y lo que
habia hecho del palacio . Aladino se quedó absorto y
mudo de sorpresa no viendo. de su palacio mas que el
sitio que ocupaba, y sin saber cómo habia desaparecido .
En vista de su silencio, el sultan volvió á decirle :
Habla ! ¿ en dónde está tu palacio ? ¿ qué ha sido de
mi hija ? - Señor, le contestó , al fin , Aladino ; yo mismo
lo ignoro y estoy tan sorprendido como Vuestra Majestad
misma ; le ruego, sin embargo , que me permita hacer las
diligencias necesarias para averiguar el paradero de una
-
y otro, concediéndome el tiempo suficiente . Cuarenta
dias te doy de término, le respondió el sultan ; si pasado
este plazo no me presentas sana y salva á la princesa, que
CUENTOS ARABE 395

es para mí mas estimable y preciosa que todos los pala-


.
cios del universo, te mando degollar irremisiblemente ; y
ten entendido que no te servirá el huir para librarte del
justo castigo que mereces, porque yo sabré encontrarte
en cualquier rincon del mundo en que te ocultes , por recón-
dito que sea. » Aladino salió del palacio cabizbajo y pen-
sativo , y los cortesanos que encontraba á su paso , que
siempre le habian manifestado mucho aprecio y res-
peto , se alejaban al verle y le volvian la espalda como
si no le conocieran , y ni uno solo se le acercó á decirle la
menor palabra de consuelo .
3
Luego que salió del palacio, afectado su ánimo con un
acontecimiento tan extraordinario é imprevisto, sin saber
lo que se hacía ni lo que decia , empezó á recorrer las
calles preguntando á cuantos encontraba en dónde estaba
su palacio y la princesa . Al verle las gentes en aquella dis-
posicion, y al oirle hacer tales preguntas, creian que habia
perdido el juicio y le compadecian . Así anduvo vagando
por la ciudad durante tres dias sin casi tomar alimento ,
al cabo de los cuales viendo que nadie le daba razon, y
conociendo que le era imposible el vivir ya en una ciudad
en la que habia representado un papel tan distinguido, y
ocupado una posicion tan elevada ; sintiendo, por otra parte,
la imposibilidad de encontrar lo que buscaba, ni adivinar
lo que habia sucedido , creyó que no le quedaba mas re-
curso que quitarse la vida . Absorto con estos encontrados
pensamientos, y sin saber por dónde caminaba , tropezó
con una piedra y cayó al suelo, pero al caer , el instinto
natural le hizo extender los brazos para precaverse, y su
mano derecha topó con otra gran piedra causándole el golpe
un dolur muy vivo ; pero como llevaba puesto en uno de
los dedos de esta mano el anillo que el mago le habia en
tregado al bajar al subterráneo y que le habia servido ya
para salir de aquel lugar ;' anillo de cuya virtud nunca mas
habia vuelto á servirse, el tal anillo se rozó fuertemente
contra la piedra ; de modo que aun sin acabar de levan-
tarse del suelo, Aladino se encontró en presencia del Genio
que le dijo : « ¿ Qué me quieres ? Aquí me tienes dispuesto
396 CUENTOS ÁRABES

á obedecerte yo y los esclavos del anillo . Esta inespe-


rada aparicion hizo recobrar ánimo á Aladino que le res-
pondió : ― « ¡ Genio ! quiero que me muestres el sitio er
que está mi palacio , y que tú y los demas esclavos del
anillo lo transportéis del sitio en donde se halle al sitio en
donde lo mandé construir. Lo que me pides yo no pued
hacerlo ; eso pertenece exclusivamente á los esclavos de
la lámpara, y yo no soy mas que esclavo del anillo .
Pues entonces , transpórtame al sitio en que el palacio se
encuentra y ponme delante de sus puertas. » Dicho y
hecho . El Genio lo asió por la cintura, y en un abrir y
cerrar de ojos se encontró al pié de un suntuoso edificio
que, á pesar de la oscuridad de la noche, Aladino reco-
noció inmediatamente ser el palacio suyo . Con el ánimo
ya mas tranquilo y rebosando su corazon del gozo que le
infundia la esperanza de volver á ver á su amada princesa,
se sentó al pie de un árbol para aguardar á que fuese de
dia, y se quedó dormido . Cuando se levantaron por la ma-
ñana las esclavas, una de ellas vió á Aladino que se estaba
paseando debajo de las ventanas del cuarto de la princesa,
le reconoció y fué corriendo á avisar á su señora. La
princesa se levantó en seguida , abrió las celosías y se
asomó á la ventana. Al ruido que hizo , levantó la cabeza
Aladino y reconoció á su esposa , y el gozo que uno y otro
sintieron al volver á verse fué indecible. Una esclava bajó
á abrir la puerta falsa del palacio por la que entró Aladino
y no tardó en hallarse en los brazos de su esposa que
le recibió en ellos con lágrimas de gozo y enterneci-
miento .
Despues de pasados estos momentos de expansion cari-
nosa, Aladino preguntó á la princesa si estaba en el mismo
sitio en que él la dejó al irse á caza, en un rincon del
cuarto , una lámpara antigua y roñosa ; á cuya pregunta le
contestó su esposa refiriéndole el cambio hecho , por bro-
ma y pasatiempo, de aquella lámpara vieja por otra nueva,
añadiendo que al dia siguiente de aquel cambio se habia
encontrado con su palacio transportado al Africa por un
mago viejo y asqueroso que todos los dias venía á hacerle
CUENTOS ÁRABES 397

una visita, á requerirla de amores , manifestándole sas


deseos de casarse con ella y diciéndole que tú ya no exis-

L
AB

tias, porque mi padre el sultan habia mandado que te


cortaran la cabeza . Yo no le hago caso ni le escucho, y
aunque él, á pesar de mi desden, añadió la princesa, me
ha tratado hasta ahora con el mayor respeto , como me
tiene en su poder, estaba recelosa de que, al fin , llegase á
cometer conmigo alguna tropelía ; pero ahora, estando tú
á mi lado , nada temo . » Aladino preguntó á su esposa lo
que el mago africano habia hecho con la lámpara. « La lleva
23
398 CUENTOS ÁRABES

siempre consigo muy guardada en el pecho , » le contestó


aquella. Despues de unos momentos de reflexion . Aladino
le dijo á la princesa : « Es preciso que nos libremos de
las importunidades de ese mago perverso , y que yo recu-
pere esa lámpara de que él se ha hecho dueño por un
descuido imperdonable mio, y creo que he encontrado el
medio de conseguir mi objeto ; pero es indispensable que,
para realizar mi pensamiento , me secundéis por vuestra
parte, haciendo lo que ya os diré . Por el momento voy á
la ciudad cercana , pero estaré pronto de vuelta aunque
con traje diferente . Mandad á una esclava que esté vigi-
lante para abrirme la puerta secreta en cuanto llegue . » Y
en seguida salió para ir á la ciudad que estaba á corta
distancia .
Despues de haber cambiado en una ropería el rico traje
que aun llevaba por otro mas modesto para no llamar la
atencion, se fué al mercado de los drogueros y se proveyó
de ciertos polvos por los que le hicieron pagar una mo-
neda de oro. Inmediatamente se volvió al palacio, y confe-
renció con la princesa explicándole cuál era su proyecto .
<<< Aunque os cueste repugnancia el recibir á ese mal-
vado, le dijo, es necesario que os hagáis violencia , y que
aparentéis lo contrário . Ademas , le convidaréis á comer,
pero diciéndo e que, como no tenéis mas vinos que los de
vuestro país , deseariais probar los de esta tierra. Proba-
blemente, lisonjeado con vuestro buen recibimiento y con
vuestro convite , se apresurará á traeros el vino que deseáis.
Tomad estos polvos y echadlos en la copa en que acos-
tumbráis beber y mandad á una esclava inteligente que la
ponga aparte y os la traiga cuando se la pidáis . La lle-
naréis con el vino del mago, y por via de obsequio se la
ofreceréis en cambio de la suya , habiendo tenido ántes
cuidado de preguntarle si lleva la lámpara consigo . La prin-
cesa ofreció hacer cuanto Aladino le habia dicho , y lo
primero fué el cambiar el vestido desaliñado que llevaba
por otro de los ricos que tenía.
Cuando llegó el mago á la hora acostumbrada de su
visita, se quedó admirado de ver á la princesa tan enga-
CUENTOS ÁRABES 399
anada y prendida, y mas aun del agrado y afabilidad con
que le recibia . Despues de haberle hecho sentarse á su lado

en el sofá, dirigiéndole una mirada capaz de enardecer y


enloquecer á cualquier mago por africano que fuese : -
Sin duda os admira, le dijo, el hallarme hoy tan distinta
de como hasta ahora me habéis visto , pero no lo extrañéis ,
porque, como soy de un carácter tan opuesto á la melan-
colía, he reflexionado que una vez muerto mi esposo Ala-
dino, como mis lágrimas, por abundantes que fuesen, no
le resucitarian , yo no debia continuar afligiéndome mas
tiempo por un mal que no tiene remedio, y he resuelto
desde hoy cambiar de vida. Para inaugurar este cambio
quisiera que me acompañaseis á la mesa ; pero tengo un
400 CUENTOS ÁRABES

capricho y deseo satisfacerlo . Nunca he bebido vino de


esta tierra de África, y si me pudieseis proporcionar
algunas botellas , os lo agradeceria infinito . » Apénas
hubo oido el mago el deseo expresado por la princesa,
se levantó presuroso diciéndole : - « Amada princesa ,
bendigo al cielo por haber tenido la idea de conservar un
centenar de botellas de un vino escogido que reservo
desde hace muchos años para celebrar los acontecimientos
venturosos é importantes que puedan ocurrirme, y como
ninguno puede ser para mí mas feliz ni importante que él
de merecer vuestro cariño , voy á buscar yo mismo У á
escoger, por el pronto, una docena de botellas de ese vino
para tener el gusto de ofrecéroslas . Siento que os mo-
lestéis en ir vos mismo á buscarlas , le dijo la princesa ,
por contentar ese capricho mio . ― Es preciso que vaya
yo mismo, porque nadie sabe en dónde están , ni cómo
ha de abrir la puerta. En ese caso , haced lo que os
parezca ; solo os encargo que no tardéis en volver , para
que pueda gozar mas largo tiempo de vuestra compañía . »
Tan pronto como el mago se marchó , la princesa echó
ella misma, en una copa que eligió , los polvos que le ha-
bia dado Aladino y la puso en el aparador mostrándosela
á la esclava que le servia de beber, encargándole que se
la trajese llena de vino al hacerle cierta seña convenida.
A poco llegó el mago acompañado por un esclavo que traía
un cesto con las botellas del famoso vino , y en seguida
la princesa y él se sentaron á la mesa , colocándose uno
en frente de otro , pero de tal modo que el mago tenía á su
espalda el aparador. - « Danos de beber, dijo la princesa
á su esclava, despues de haber comido de algunos platos ,
y brindemos ; » y luego que gustó el vino exclamó : --
<< Razon teniais , amigo mio , en alabar vuestro vino , porque
en mi vida lo he bebido tan exquisito . » Cuando llegó el
turno á los postres , como durante la comida la princesa
habia hecho várias firezas al mago sirviéndole algunos
bocados escogidos , acompañados con miradas expresivas,
el mago, á pesar de su magia, tenía medio trastornado el
magin, y contaba como cosa segura el logro de la dicha
CUENTOS ÁRABES 401

que apetecia « Dame otra copa llena de e vinc tan


exquisito que no me canso de beber, y sirve otra igual á
nuestro huésped , » dijo la princesa á la esclava haciéndole
al mismo tiempo la seña convenida. La esclava llenó la
copa en que estaban los polvos y se la entregó á la prin-
cesa, y luego presentó otra igualmente llena de vino al
mago . Encarándose con este y mirándole de una manera
expresiva : « Yo no sé , le dijo la princesa , cuál sea el
uso de esta tierra, en materia de brindis, pero sea el que
quiera, deseo hagamos hoy como se hace en la mia, esto
es , que cuando se está comiendo con personas que bien se
quieren, estas cambian sus copas entre sí en señal de
cariño ; así, espero que me hagáis la fineza de tomar
mi copa y que me deis la vuestra , » y al mismo tiempo
le alargó la que tenía en la mano . Este nuevo obsequio tan
expresivo por parte de la princesa acabó por hacer perder
al mago su chabeta , y apresurándose á tomar la copa que
la princesa le ofrecia , alargándole la suya al mismo tiempo,
despues de un brindis caluroso y entusiasta , se la bebió
de un trago en honor de « Su amada princesa, » excla-
mando que en su vida el vino le habia parecido tan deli-
cioso néctar .
La princesa Baldramina que estaba ya cansada de la
prolongacion del papel violento que representaba, y fasti-
iada de la enojosa charla y ridícula galantería de su com-
pañero de mesa , permaneció con la copa en la mano ha-
ciendo como que bebia y saboreaba el vino , pero sin se-
parar su vista del rostro del mago , y no tardó en aperci-
bir que se le cambiaba el color , se le turbaba la vista
y que, por último, caía de espaldas sobre su asiento en
medio de convulsiones terribles . Aladino , que estaba espe-
rando con ansia el efecto de sus polvos , advertido por las
esclavas del resultado final de la comida , no tardó en
entrar en el salon del convite . Viendo al mago tendido y
sin movimiento , rogó á la princesa que se alejara por
algunos momentos con todas sus esclavas, y cuando quedó
solo, se arrojó sobre el cuerpo inanimado del mago , y
rasgándole sus vestidos le sacó la lámpara del pecho . En
402 CUENTOS ÁRABES

seguida la frotó y apareció el Genio diciéndole las pala-


bras consabidas :::—
- « Quiero , le contestó Aladino , que tú
y los demas esclavos de la lámpara volváis á llevar este pa-
lacio al mismo sitio en que lo construisteis y de donde lo
habéis traido. Tus órdenes serán cumplidas , » res-
pondió el Genio , y desapareció . Á muy poco se sintieron
dos ligeras conmociones, y el palacio se encontró en el
sitio en que habia sido edificado. Cuando á la mañana si-
guiente el sultan dirigió , segun costumbre , sus miradas
desconsoladas al sitio de donde habia desaparecido su hija ,
creyó que estaba soñando al volver á ver el edificio , y
para cerciorarse de que no era una ilusión lo que se ofre-
cia á su vista, montó á caballo inmediatamente sin mas
escolta que un paje y se dirigió á escape al palacio de
Aladino . Este , que presumia lo que iba á suceder, se habia
levantado muy temprano , y en cuanto divisó á lo léjos al
sultan , bajó á recibirle á la puerta y tenerle el estribo .
Sin detenerse , subió precipitadamente la escalera , corrió
á la habitacion de la princesa que apénas acababa de ves-
tirse, y la estrechó en sus brazos . Recibido por ella con
las mismas muestras de cariño , despues de calmados los
primeros transportes del gozo que padre é hija sentian al
volver á verse, el sultan quiso saber de la boca misma de
la princesa lo que le habia sucedido , pues « me figuro, le
dijo, que aunque no se te advierte ningun cambio en el
rostro, no habrás dejado de padecer infinito . » La prin-
cesa le contestó que aparte la pena y afliccion que sentia
de verse separada de su padre y esposo , por lo demas no
habia sufrido ninguna violencia, ni mal tratamiento ; y en
seguida le refirió sucíntamente el engaño del mago , dis-
frazado de lampista, que sus esclavas habian reconocido ;
la traslacion del palacio al África por arte de hechicería,
la llegada de Aladino , con cuya presencia ella cobró ánimo ,
la muerte del mago y la reinstalacion del palacio en su
sitio, debida á la intervencion de su esposo . El sultan
estaba atónito oyendo ocurrencias tan extraordinarias, y
inostraba alguna duda en creer lo que la princesa le decia ,
la cual, para convencerle , le condujo á la sala del festin
CUENTOS ÁRABES 403

en donde estaba todavía la mesa puesta y el cuerpo del


mago livido y horrible de ver, tendido por el suelo .
. Á la vista de una prueba tan convincente, y persuadido
de la inocencia de Aladino , sintiendo en su interior la in-
justicia del rigor con que le habia tratado , encarándose
con él le dijo : << Confieso que el amor que profeso á
mi hija y el dolor que me causó su desaparicion , creyén-
dola perdida para siempre, me cegaron hasta el extremo
de cometer contigo una gran tropelía, y me alegro que
el amor que el pueblo te tiene haya contribuido á salvarte
la vida ; porque ahora conozco que si la hubieras perdido ,
víctima de un arrebato de mi ira , entónces sí que ya no
habria yo tenido el inefable placer de volver á abrazar
á mi hija, en justo castigo de la injusticia cometida con-
tigo . Te ruego, pues , añadió , abrazándole, que perdones
mi arrebato , y que todo lo olvides . - Señor , le contestó
Aladino , vuestro dolor era muy justo , y excusable vues-
tro proceder el causante de todo el mal era ese mago
cuya doblez y perversidad os referiré otro dia. »
Para celebrar el regreso de la princesa Baldramina y la
reaparicion del palacio de Aladino , mandó el sultan que se
celebraran regocijos públicos por espacio de diez dias,
durante los cuales hubo danzas por las calles , músicas,
fuegos de artificio, mástiles de cucaña, juegos de saltim-
bánquis, que abundan en la China , grandes iluminaciones ,
y otras diversiones de diferentes especies . Aladino sacó de
su tesoro diez bolsas de monedas de oro y otras tantas de
plata de á mil monedas cada una , y sus pajes y esclavos
las arrojaron al pueblo durante aquellos diez dias , con
cuya liberalidad pública , y otras privadas que hacía , acabó
de conquistar el afecto general en términos que le querian
mas que al sultan mismo . El cuerpo del mago africano fué
llevado á un paraje desierto y abandonado allí para que
los buitres , los cuervos , las águilas y demas aves carní-
voras hiciesen presa en él, y les sirviese de pasto durante
algunos dias .
Desde entónces los dos esposos no volvieron á experi-
mentar ningun contratiempo de trascendencia , sino el
404 CUENTOS ÁRABES

sentimiento que les causó la muerte del sultan , cuyo trono


heredó la princesa Baldramina, por no haber dejado su
‫ב‬
‫י‬

padre hijos varones . Al subir al solio compartio su poder


con su esposa Aladino , y los dos reinaron muchos años ,
habiendo dejado una posteridad numerosa, y cuya dinastía
se conserva todavía. Ántes de salir de su palacio Aladino
para trasladarse al del sultan con su esposa, cuando esta
tomó posesion del trono, mandó construir secretamente un
CUENTOS ÁRABES 405

nicho, encerró la Lámpara maravillosa y el Anillo en una


caja de oro guarnecida de rubies, y sellada con tres sellos ,
y la metió en el nicho que cerró con una puerta de
bronce . Despues de haberlo sellado con otros tres sellos
diferentes, hizo tapiar y cubrir aquel sitio con piedras de
manpostería, y en seguida arrojó al rio la llave de la caja
en que estaban custodiados la Lámpara maravillosa y el
Anillo , metida esta llave en una cajita tambien de oro y cu-
bierta con otra de plomo bien soldada en la cual puso con
la llave del candado del nicho en que ocultó la lámpara i
un pergamino en que estaba escrita su historia, la de
aquellos dos objetos , y su poder maravilloso . Es tradicion
en aquel reino, que aquel que encuentre esta caja y des-
cubra el nicho en que se hallan encerrados la « Prodi-
giosa Lámpara y el Anillo , » llegará á ser emperador de
la China. Hasta ahora, por mas que se ha sondeado el rio
no ha podido en contrarse .
Con una complacencia extraordinaria estuvo oyendo el
sultan de las Indias la interesante historia de Aladino, y
no pudo ménos de alabar su virtud y su desprendimiento ,
lo cual no debia esperarse en un jóven que, salido de la
ínfima clase del pueblo, y teniendo en su mano unos ele-
mentos de poder y de riqueza tan extraordinarios , no solo
no abusó de ellos , sino que jamas los empleó mas que
para un fin laudable, un noble objeto bastante temerario.
si se quiere , atendida su humilde condicion , cual era el de
casarse con la princesa Baldramina, hija de su soberano,
pero que, aparte este capricho ó este ardiente deseo nacido
de la pasion que le inspiró la vista de la princesa para
cuyo obsequio hizo uso de los prodigiosos medios de que
disponia , él y su madre vivieron siempre muy modesta-
mente, hasta el extremo de continuar vistiéndose una y
otro con el producto del algodon hilado que aquella
vendia.
La sultana Gerenarda cuyo imperio sobre el sultan Cha-
briar aumentaba cada dia, despues de terminada esta
historia, continuó refiriéndole otras no ménos interesantes,
á la mañana siguiente, despertada, no ya por su her-
.32
406 CUENTOS ÁRABES

mana Diznarda, sino por el sultan mismo, empezó á con-


tar la que nosotros referiremos .

HISTORIA DEL PRINCIPE CODODAC , DE SUS HERMANOS, Y DE


LA PRINCESA DE DERYABAR.

Los anales del reino de Deyarbekir refieren que hubo


en otro tiempo un soberano que en medio de su riqueza y
poder, se veía afligido por la pena de no tener hijos , y
que rogaba á Dios todos los dias que completara su dicha
concediéndole algunos herederos . Una noche se le apare-
ció en sueños un anciano venerable que le dijo : « Tus
plegarias han sido escuchadas . Levántate , véte á tu jardin ,
toma una granada bien madura , y haciendo tres genu-
flexiones, é invocando el nombre de Dios, come algunos
granos de ella, y á su tiempo verás cumplidos tus deseos. >
-El rey se despertó, y en cuanto amaneció, despues de
haber recitado sus oraciones matinales, se acordó del
sueño que habia tenido . Saliéndose al jardin escogió una
granada, la abrió , y eligiendo siete granos de los que le
parecieron mejores, se los comió invocando el nombre
de Alá y de su Profeta, haciendo al mismo tiempo las
genuflexiones que el anciano le habia dicho . En seguida
pasó á visitar su harem , eligió siete esclavas de las que
mejor le parecieron, y elevándolas al rango de reinas, se
casó con ellas . Al cabo de algunos meses se descubrieron
síntomas de embarazo en todas estas mujeres, excepto en
una de ellas llamada Pirozé . Esta aparente esterilidad de
la sétima reina le causó tal aversion al rey que resol-
vió separarla de su vista y la envió á Samaria en donde
reinaba un primo suyo, á quien escribió diciéndole el
motivo de aquel destierro, pero encargándole que la tra-
tara bien y que, si resultaba hallarse encinta , le partici-
pase su alumbramiento .
Al llegar á aquel país la reina Pirozé, ya se habian ma-
nifestado los síntomas de embarazo, y en efecto, á su
debido tiempo dió á luz un robusto y hermoso niño . E
CUENTOS ÁRABES 407

rey de Samaria se apresuró á poner en conocimiento del


de Deyarbekir este feliz suceso , y su primo le contestó
anunciándole que sus otras seis mujeres le habian dado
tambien un príncipe cada una, y le rogaba que por el
momento guardase al hijo de Pirozé, le pusiese por nom-
bre Cododac , y le hiciese educar con esmero . Ejecutólo así
el rey de Samaria, el cual cobró particular afecto á su so-
bri no , y este recibió la educacion mas brillante y com-
pleta que podia darse á un príncipe en aquella época .
Cuando el jóven príncipe , despues de haber adquirido
una gran destreza en todos los ejercicios guerreros , se
sentia con suficiente valor , vió con impaciencia que pasa-
ban los años de su juventud sin que su padre le llamara.
Aburrido y casi avergonzado de aquella ociosidad , manifestó
á la reina Pirozé los deseos que tenía de ir á conocer al rey
su padre, á lo que aquella le contestó que era preciso
esperar á que el rey le mandase á llamar. « No , madre
mia, le contestó Cododac, harto he esperado ya ; estoy
decidido á presentarme en la corte de Harran y á darme á
conocer, no como hijo del rey, sino como un simple
caballero ; y cuando por mis acciones me haya granjeado
su afecto y estimacion , entónces le diré quién soy. » No
pudiendo su madre calmar por mas tiempo la impaciencia
de Cododac, consintió en que partiera ; pero como temian
que el rey su tio se opondria á su marcha, si llegaba á sa-
berla, dispusieron secretamente el viaje, y pretextando ir
á caza salió un dia Cododac montado en un brioso caballo
blanco, enjaezado ricamente, y armado él con una bien .
templada cimitarra cuya empuñadura era de un solo topa-
cio guarnecido de perlas, y con su arco , su escudo, y su
carcaj bien provisto de flechas.
Despues de un largo camino , durante el cual no dejaron
de sucederle algunas pequeñas aventuras, llegó al fin á
la ciudad de Harran , que era la capital del reino de Deyar
bekir, en donde su gallarda presencia y lujosos atavíos
no dejaron de llamar la atencion de algunas personas dis-
tinguidas de la corte con quienes se relacionó , las cuales
e procuraron el honor de ser presentado al rey su padre
408 CUENTOS ÁRABES

á quien Cododac dijo que era hijo de un enlir de Egipto ;


añadiendo , que deseoso de instruirse viajando por países

extranjeros, al llegar á sus Estados , habia sabido que se


hallaba en guerra con algunos de sus enemigos, y esta
noticia le habia decidido á venir á ofrecerle sus servi-
cios . Prendado el rey de su bella presencia, y movido tal
vez por la fuerza secreta de la sangre, no solo le admitió,
sino que le dió un grado elevado en el ejército, y le agre-
gó al número de sus cortesanos . En los diferentes encuen-
tros que el ejército del rey su padre tuvo con sus enemi-
gos, Cododac se distinguió de tal manera con actos de
CUENTOS ÁRABES 409

valor y con consejos de prudencia, que, al mismo tiempo


que se adquirió el aprecio general de todos los jefes y
oficiales , supo ganar tambien el amor de los soldados ,
los cuales tenian una confianza ciega en él . Acabada la
guerra, el rey su padre, cuyo afecto por Cododac se habia
aumentado extraordinariamente, viendo que á su valor
reunia un juicio sano y una sabiduría poco comun en per-
sonas de su edad , le confió la tutela, por decir así, de los
príncipes sus hijos, á los cuales puso bajo su direccion ;
y de este modo , Cododac , sin que ellos lo supieran , se
halló ser el ayo , el jefe y tutor de sus propios hermanos .
Estos, sin embargo, que ya veian con sumo desagrado
la privanza y el afecto de que era objeto Cododac , y esta-
ban envidiosos y resentidos de la deferencia y amistad.
que los ministros y los cortesanos le manifestaban , no
pudieron llevar con resignacion esta nueva prueba de
confianza del rey, ni ménos soportar el yugo que aquel les
imponia, poniéndolos bajo las órdenes de un extranjero ,
como ellos le llamaban . - << ¡ Cómo ! exclamaba el uno ,
¿ no es bastante la privanza que este extranjero ha adqui-
rido con nuestro padre , con detrimento de nuestro pres-
tigio , sino que aun tengamos que sufrir la humillacion de
hallarnos bajo su dependencia? Eso no debemos su-
frirlo, respondia el otro , es preciso que á toda costa nos
deshagamos de este advenedizo . - Hermanos mios , dijo
un tercero , nosotros no debemos obrar ostensiblemente
contra este intruso , ni ménos aun empañar nuestras
manos en su sangre , porque esto nos granjearia el enojo
de nuestro padre y la animadversion general ; debemos
obrar de otro modo para perderle ó hacerle expulsar, por
lo ménos , del reino . Bajo el pretexto de ir á caza , le pe-
diremos permiso para ausentarnos un dia, y nos oculta-
remos en alguna aldea . Al notar nuestra ausencia prolon-
gada durante algunos dias, el rey se alarmará , y viendo
que no volvemos hará severos cargos á este extranjero
por su descuido en guardarnos ; y si no manda que le maten
le desterrará por lo menos de este modo nos veremos
libres de él. Los otros hermanos adoptaron el parecer
110 CUENTOS ÁRABES

de este , y al dia siguiente le pidieron permiso á Codoacd


para ir á cazar á un pueblecillo inmediato nada mas que
hasta la caída de la tarde, permiso que les fué concedido
por aquel sin la menor dificultad ni sombra de sospecha
del complot. Sus hermanos partieron, pero no volvieron ,
segun habian prometido, y el rey, no viéndolos , preguntó á
Cododac en dónde estaban sus hijos . - « Señor, le
contestó este, hace tres dias que me pidieron permiso
para ir á cazar á un bosque inmediato , y como me ofre-
cieron el regresar por la noche, no tuve dificultad en
concedérselo para una ausencia tan corta. Viendo que no
volvian he hecho algunas diligencias para saber en dónde
estaban, y no he podido averiguar su paradero ; pero si
me lo permitis, yo mismo saldré á buscarlos , y como no
pueden haberse alejado á una gran distancia, espero
que los encontraré en breve. » El rey se encolerizó mucho ,
hizo severas reconvenciones á Cododac por su descuido en
no haber acompañado á los príncipes, y le mandó que
saliera inmediatamente en su busca , amenazándole con
quitarle la vida si los príncipes no parecian .
Acto contínuo, muy afligido su carazon , tanto por la
incalificable ausencia de sus hermanos á quienes queria
con singular afecto, como por la pena del rey su padre y
por las palabras que le habia dicho , se ciñó sus armas ,
montó á caballo y empezó á recorrer todos los bosques
y pueblos de las inmediaciones preguntando en todas
partes por los príncipes. Viendo que nadie le daba razon
de ellos , se fué alejando en su busca hasta los confines
del reino, y se encontró en una inmensa explanada en la
que distinguió á lo léjos un gran palacio de mármol ne-
gro, ó mas bien una fortaleza con sus torreones y otras
defensas . Se dirigió hácia aquel edificio , y cuando ya se
hallaba cerca oyó una voz suave que le decia : < ¡ Oh
jóven imprudente ! aléjate inmediatamente de este sitio
fatal si no quieres ser víctima del monstruo que lo habi-
ta. » Cododac levantó la cabeza y vió á una jóven asol-
mada á una ventana , con los cabellos destrenzados y ves-
tida con el mayor desaliño . Léjos de alejarse, se aproximó
CUENTOS ÁRABES 411

mas de cerca , y dirigiéndole la palabra le dijo : - « ¿ Quién


sois, señora, y por qué estáis en este sitio ? Estoy, le
contestó la jóven , porque al pasar ayer por esta llanura
fuí sorprendida por un negro colosal, un verdadero mons-
truo, dueño de esta fortaleza, que , atacando y matando á
todos los que me acompañaban , me condujo á este hor-
rible palacio en donde tiene aprisionados una multitud de
desgraciados que va matando y devorando sucesivamente.
Sin embargo, añadió sollozando, la muerte que espero,
no es mi mayor desventura, sino la de verme expuesta á
sufrir los nefandos y brutales instintos de un monstruo
semejante ; pero ántes que sucumbir á sus deseos , estoy
resuelta á quitarme yo misma la vida . Os repito , pues ,
que os alejéis inmediatamente , ántes que vuelva el mons-
truo que ha ido en persecucion de unos viajeros que descu-
brió en la llanura. » En efecto, apénas acababa de decir
estas palabras la jóven asomada á la ventana, cuando apa-
reció una especie de gigante que venía en direccion del
castillo ; léjos de huir , Cododac que tenía el corazon ani-
moso, á pesar del asombro que le causó á primera vista
un enemigo de aquella especie , le esperó y se dispuso á
recibirle, requiriendo sus armas y afirmándose en los
estribos . Al verle solo, y pareciéndole un enemigo poco
temible, el negro le intimó que se rindiera y le perdona-
ria la vida ; mas viendo que no le obedecia , sacó su desco-
munal alfanje y le asestó un tajo que , á haberle alcanzado ,
le habria dividido el cuerpo por el medio . Cododac que
sabía manejar su caballo con maestría, le hizo dar un rebote
hácia un lado, agachando el cuerpo al mismo tiempo, y
evitó el terrible golpe, y antes que el negro hubiese vuelto
á alzar el brazo , de un reves de su cimitarra se lo cortó ,
y el alfange y el brazo cayeron al suelo adonde no tardó
en seguirle tambien el negro que con la fuerza del dolor
habia perdido los estribos . Cododac saltando del caballo
con presteza se arrojó sobre el negro antes de que pudiera
levantarse , le atravesó el pecho con su daga y despues
le cortó la cabeza . La jóven , que habia presenciado este
descomural combate con una ansiedad indecible , exclamó
412 CUENTOS ÁRABES

entónces : -α« i¡ Príncipe ! pues en vista de vuestro denuedo


y valentia no puedo dudar de que lo seáis, acabad la obra
que tan bien habéis empezado . El monstruo tiene en los
bolsillos las llaves de esta fortaleza , tomadlas, y sacadme
de este encierro. » Hízolo así Cododac , y despues de haber
abierto la primera puerta entró en un gran patio en el que
ya encontró á la jóven dama que quiso arrojarse á sus
piés en muestra de su agradecimiento , lo que él no permi-
tió ; y fijando su vista en ella mas de cerca, se sintió su
corazon conmovido con la impresion que le causó su
grande hermosura, á pesar del desaliño en que la veía : de
modo que pudiera decirse que , al darle libertad , quedó él
prisionero de sus encantos y hechizos.
Unos lastimeros ayes que salian del interior del patio
llamaron su atencion , y dirigiéndose hácia aquel sitio
halló en los subterráneos del castillo mas de cien prisio-
neros con las manos atadas y sujetos á las paredes con
cadenas de hierro . Estos desgraciados al sentir abrir la
puerta de sus mazmorras redoblaron sus lamentos creyen-
do que era el monstruoso negro que venía á traerles su
comida y á llevarse á uno de ellos , segun acostumbraba,
para su alimento . En presencia de estos desventurados ,
Cododac se enterneció y se apresuró á calmar su ansiedad
diciéndoles : - « Cesad en vuestros lamentos , que yo no
vengo á haceros ningun daño , sino á devolveros la liber-
tad que habiais perdido , y á libraros de la muerte. Sabed
que el negro antropófago ya no existe . Yo acabo de ven-
cerle y de cortarle la cabeza. » Al oir estas palabras los
prisioneros prorumpieron en exclamaciones de gozo y
de alegría, bendiciendo á su libertador. Este, ayudado por
la dama, empezó á desligarlos y á romper sus cadenas, en
cuya tarea le secundaban tambien los prisioneros mismos
segun y conforme iban quedando libres . En seguida, todos
se arrojaron á los piés de Cododac besándole las manos y
el vestido , y colmándole de bendiciones . Pero i¡ cuál no fué
su sorpresa cuando al subir al patio y verlos á la luz
de dia, reconoció , entre los prisioneros que acababa de
librar de la muerte. á sus propios hermanos ! Á todos
CUENTOS ÁRABES 413

ellos los abrazó tiernamente y ellos , al parecer , corres-


pondieron á sus demostraciones de cariño . - « Prín-
cipes, les dijo, la alegría que yo siento al volveros á ha-
llar, solo puede compararse con el dolor que ha causado á
vuestro padre el rey vuestra ausencia , y al gozo que sentirá
al volver á veros . No es menor el mio , y bendigo al cielo por
haberme conducido á este sitio , andando en vuestra busca ,
y haber llegado á tiempo de preservaros de la funesta suerte
que os esperaba en este castillo . » Despues pasaron todos á
inspeccionar las habitaciones del palacio en las que encon-
traron riquezas incalculables en géneros y mercancías de
toda especie ; joyas y sacos de monedas de oro y plata y
abundantísimos víveres ; despojos todos de los desgracia-
dos viajeros que habian caido en poder del negro y habian
sido sus víctimas . Muchos de los prisioneros reconocieron
sus mercancías que Cododac les devolvió , y las restantes,
las repartió entre todos los demas despues de haber
elegido algunas joyas y telas preciosas para la dama cau-
tiva. En las caballerizas encontraron camellos y drome-
darios, y tambien los caballos que montaban los príncipes
de Deyarbekir . Los viajeros prisioneros contentísimos de
haber recobrado no solo su libertad sino sus mercancías,
y adquirido otras nuevas , merced á la generosidad y
desprendimiento de su libertador, continuaron la marcha
cada cual para su destino , no sin haberse postrado de
nuevo ante aquel y dádole muestras de su agradecimiento .
Luego que aquellos hubieron marchado, Cododac dijo
á la dama cautiva : « Y vos , señora, ¿ adónde queréis
que os conduzca ? Quiero acompañaros hasta el lugar
á que os dirigiais cuando fuisteis sorprendida por el ne-
gro, y no dudo que estos príncipes se prestarán tam-
bien á acompañaros conmigo . - Príncipe, le contestó la
dama , eso sería abusar de vuestra magnanimidad y dis-
traeros de vuestro principal objeto . Ademas, despues del
gran servicio que me habéis hecho , sería una mujer digna
del mayor desprecio , si os ocultara la verdad , y no os
dijera quién soy . Sabed pues que soy la princesa Zoraida ,
hija del rey de la grande isla de Deryabar . Mi padre ya no
414 CUENTOS ÁRABES

existe por haber sido destronado y asesinado por un


traidor infame á quien habia educado y adoptado por
hijo . Este jóven ingrato , que era hijo de una esclava , se
enamoró de mí, y tuvo la osadía de pedir mi mano al
rey mi padre . No habiendo consentido este en un enlace
tan desigual y poco conforme con sus miras políticas, en
razon de que, no teniendo hijos varones , yo era su here-
dera ; á pesar de lo mucho que queria á aquel jóven , á
quien verdaderamente miraba como hijo , este juró ven-
garse, y poniéndose á la cabeza de algunos descontentos ,
invadió una noche el palacio de su bienhechor, le sor-
prendió y le quitó la vida en recompensa de todo lo que
le debia, haciéndose proclamar por rey de la isla . El gran
visir, reuniendo en medio de aquella confusion algunos
oficiales fieles, me sacó de palacio y me salvó de caer en
poder del asesino de mi padre, haciéndome embarcar en
uno de los buques que habia en el puerto . Al cabo de algu-
nos dias de navegacion desembarcámos en tierra firme
con ánimo de dirigirnos á las córtes de varios soberanos
que eran aliados y amigos de mi padre para pedirles auxilio
contra el usurpador ; y al atravesar esta llanada fuimos
sorprendidos por el monstruo de que nos habéis librado
á mí y á estos príncipes , y ya os dije que en el combate , el
gran visir y todos los que me acompañaban perecieron . >>
Luego que la princesa de Deryabar concluyó su lasti-
mosa historia, le dijo Cododac : — « Princesa , puesto que
no tenéis un punto determinado adonde dirigiros, en
vuestra mano está el que os retiréis á un asilo en el que
seréis respetada y tratada con las consideraciones debidas
á vuestra desgracia y jerarquía . Estos príncipes os ofrecen
ese asilo en la corte del rey de Harran , su padre ; acep-
tadlo, y si me creéis digno de ser esclavo vuestro , dignaos
aceptar al mismo tiempo el ofrecimiento que os hago de
ser esposo vuestro , ante estos mismos príncipes . » La
princesa, con el rostro cubierto de rubor, no respondió
limitándose á alargar su mano al enamorado Cododac , á
quien dirigió al mismo tiempo una tierna mirada en la que
iba expresado su consentimiento . El casamiento se verificó
CUENTOS ÁRABES 415

en seguida en presencia de los príncipes sus hermanos , y


fué celebrado con un banquete improvisado con los ricos y
abundantes manjares y exquisitos vinos que encontraron.
en el castillo y servido por algunos esclavos del negro , á
quienes Cododac dió libertad y algunos vestidos y dinero.
Al fin de la comida Cododac les dijo á sus hermanos :
« Príncipes , no quiero ocultaros por mas tiempo el deciros
quién soy. Ved en mí á vuestro hermano el príncipe
Cododac, hijo del rey de Deyarbekir y de la reina Pirozė,
criado en la corte de nuestro tio el rey de Samaria . » Al
oir esta declaracion los príncipes se quedaron sorpren-
didos , pero repuestos de esta sorpresa felicitaron á su
hermano, le abrazaron , y le manifestaron exteriormente
gran satisfaccion y contento , aun cuando en su interior
este descubrimiento no sirvió mas que para aumentar el
aborrecimiento que antes le tenian .
Al dia siguiente, despues de haber cargado en algunos
camellos las provisiones y demas cosas necesarias para el
camino, acompañados por los esclavos libertos del negro ,
emprendieron su marcha hácia la corte de Harran . Los
hermanos de Cododac, mientras tanto , cuyo aborreci-
miento, como hemos dicho , se aumentó desde que él les
declaró quién era , olvidando el beneficio que acababa de
hacerles salvándoles la vida, se confabularon entre sí y
resolvieron el quitársela á él ántes de llegar á la capital del
reino, porque se decian : « Si nuestro padre llega á saber que
es hijo suyo, y su combate con el negro , así como nuestra
escapatoria, que nos hubiera costado la vida sin su auxilio,
todo esto servirá para aumentar el cariño que ya le tiene ,
y le declarará por heredero del trono , en perjuicio nues-
tro. » Puestos de acuerdo para asesinarle, entraron una
noche en la tienda de Cododac , le sorprendieron durante
1 su sueño, y le dieron de puñaladas en presencia de su es-
posa la princesa . Cometido este horrible fratricidio , se pu-
sieron inmediatamente en camino y llegaron á Harran en
donde fueron recibidos por su padre con los brazos abiertos
y lágrimas de gozo al volver á verlos cuando ya creía ha-
berlos perdido para siempre. Ellos le dijeron que, movidos
416 CUENTOS ÁRABES

por la curiosidad y deseo de viajar, habian andado recor-


riendo algunas ciudades vecinas , y que respecto á su ayo
extranjero , ni habian oido hablar de él , ni le habian visto ;
y nada dijeron de su cautividad en el castillo del negro .
Fácil es comprender cuál sería el dolor y la desespera-
cion de la princesa Zoraida en presencia de su esposo
cubierto de heridas . Gritaba , lloraba, se arrancaba los ca-
bellos , y pedia auxilio á gritos , culpándose á sí misma
de ser la causa de la muerte del príncipe ; pero al ver que
nadie acudia, y notando que á pesar de sus numerosas
heridas todavía respiraba, le envolvió lo mejor que pudo
para detener en lo posible la efusion de sangre , y salió
corriendo como loca para ir á buscar un médico ó cirujano
á un pueblo inmediato que se veía. Tuvo la suerte de
encontrarle, pero cuando llegó á la tienda acompañada
'por el facultativo , Cododac no se hallaba ya en ella.
Mirando con atencion por todas partes, y examinando el
terreno , al descubrir rastros de sangre y huellas de ani-
males, tuvieron por cosa cierta que Cododac habia sido
arrebatado y devorado por alguna fiera atraida por el olor
de sangre . La afliccion de la princesa no conoció límites
entónces, y el médico compadecido de su dolor, aun sin
saber quién era, la instó para que se volviese con él al
pueblo y la recibió en su casa , prodigándole toda suerte
de consuelos . Viendo que su dolor no se calmaba , al cabo
de algunos dias le dijo : << Señora, os ruego que no os
aflijáis de esa manera , y sobre todo que me digáis quién
sois y cuáles las desgracias que os han sucedido . Sabién-
dolo , quizas yo podré seros de alguna utilidad con mis con-
sejos y servicios . » Agradecida la princesa á la buena volun-
tad del médico , se decidió , al fin , á decirle quién era y lo
que le habia sucedido . Despues de haberla escuchado atenta-
mente : « Me parece , señora , le dijo , que no debéis aban-
donaros exclusivamente á vuestro justo dolor, sino que
debéis sobreponeros á él para cumplir con los deberes
que vuestra condicion de esposa os impone, tratando de ven-
gar á vuestro esposo por medio del castigo de sus ase-
sinos. El rey de Harran es tan bondadoso como justiciero .
CUENTOS ÁRABES 417

No dudo que os escuchará, y cuando le deis cuenta del


proceder de sus hijos con el príncipe Cododac os dará

satisfaccion cumplida y os hará justicia, y mas llegando


a saber que vuestro esposo era su hijo . Yo os acompañaré
y serviré de escudero . » La princesa adoptó el parecer
del médico , y ambos se pusieron en camino .
Mientras tanto , la reina Pirozé, no pudiendo vivir au-
sente de su hijo, y sabiendo lo muy querido que este se
hallaba en la corte del rey su padre , aun ignorando que
aquel gallardo mancebo era el príncipe Cododac , su hijo ,
se decidió á venir á Harran con ánimo de hacer cesar su
incógnito . Cuando el rey llegó á saberlo por boca de la
418 CUENTOS ÁRABES

reina Pirozé, fué muy grande su sentimiento por no ha-


berle vuelto á ver desde que salió en busca de sus her-
manos, y mandó hacer las mayores pesquisas en todo el
reino para que se le buscase y averiguase su paradero ,
pero todo inútilmente , lo cual aumentó su desconsuelo .
La princesa Zoraida llegó acompañada por el médico á
la ciudad de Harran , y el dueño de la casa en donde se
hospedaron les contó que toda la corte estaba muy con-
movida por un acontecimiento extraordinario que ocurria .
El rey , les dijo , tenía un hijo que se llamaba Cododac
el cual ha estado viviendo en la corte de incógnito ; pero
su valor, su gallardía y demas bellas prendas le habian
conquistado el afecto no solo del rey , sino del ejército ,
de los cortesanos y de cuantos le conocian . Este príncipe
ha desaparecido , y cuando ha llegado su madre la reina
Pirozé y ha sabido por ella que aquel gallardo jóven era
su hijo el príncipe Cododac , ha mandado buscarle por
todo el reino, pero nadie ha podido dar razon de su para-
dero por mas diligencias que se han hecho. De modo que
se cree que habrá muerto , y su pérdida tiene al rey incon-
solable. Estas noticias, confirmadas por otras personas
de la ciudad con quienes habló el acompañante de la prin-
cesa, hicieron resolver á esta á presentarse á la reina
Pirozė ; pero para conseguir esta entrevista , era preciso
tomar algunas precauciones y obrar con mucha prudencia,
por temor de que si los hermanos del príncipe Cododac
llegaban á saber que su esposa estaba en la ciudad, y cuál
era el objeto de su venida, no tratasen de impedirlo , aun
cometiendo otro nuevo crímen.
Esperando, pues, una coyuntura favorable, un dia que
el médico pasaba por una calle , vió venir á una dama mon-
tada en una mula cuyos arreos estaban guarnecidos de
oro, perlas y rubies, rodeada por otras mujeres montadas
tan bien en otras cabalgaduras ricamente enjaezadas y
escoltadas por una brillante comitiva. Las gentes se pros→
ternatan al pasar aquella dama , y la saludaban con mues-
tras de simpatía y del mayor respeto . El médico hizo como
los demas , y despues de haber pasado , preguntó quién
CUENTOS ÁRABES 419

era aquella dama. Habiéndole contestado que era la reina


Pirozė, madre del príncipe Cododac, el médico marchó en
pos de la comitiva. Llegada esta á una mezquita , la reina
se apeó , mandó distribuir muchas limosnas y se entró en
la mezquita para asistir á las rogativas que el rey habia
mandado hacer para que Dios le devolviese al príncipe, à
cuyas oraciones asistia un numeroso pueblo que deseaba
tanto como el rey la vuelta de aquel príncipe á quien pro-
fesaba particular afecto. Atravesando el médico con mucha
dificultad el apiñado gentío , consiguió acercarse á uno
de los eunucos de la escolta á quien le preguntó si no
habria algun medio de hablar á la reina Pirozé , para co-
municarle un importante secreto . El eunuco le contestó
que era imposible el hablar á la reina , porque no recibia
á nadie, y « por importante que sea vuestro secreto , si
no tiene alguna relacion con el príncipe Cododac, añadió ,
es inútil el hablarle de ello. -- Pues precisamente de lo
que se trata, replicó el médico , es del hijo de la reina.
En ese caso, cuando la reina salga , seguidnos á palacio , y
no esperaréis mucho tiempo para ser recibido . » Hízolo
así el médico , y en efecto , en cuanto la reina Pirozé en-
tró en sus aposentos y el eunuco le dijo que un descono-
cido deseaba hablarle para comunicarle un secreto impor-
tante, segun él decia, relativo al príncipe Cododac, mandó
que le hiciesen entrar en seguida.
Luego que el escudero de la princesa Zoraida estuvo en
presencia de la reina Pirozé , despues de haber hecho las
genuflexiones acostumbradas de respeto , le refirió muy
minuciosamente todo lo ocurrido en el castillo del negro,
el combate de Cododac con este monstruo , cuyo resultado
habia sido el dar la libertad á todos los prisioneros encer-
rados en el castillo , entre los que encontró á sus herma-
nos, su casamiento con la princesa de Deryabar , y el
agradecimiento de aquellos asesinándole en recompensa
de haberles salvado la vida. Cuando llegó á este punto de
su relacion el médico , la reina Pirozé cayó desmayada en
un sofá, y al recobrar sus sentidos , luego que aquel ter-
minó su relacion, exclamó : — « Id á decir á la princesa
420 CUENTOS ÁRABES

Zoraida que el rey la reconocerá por hija y vengará la


muerte de su esposo, nuestro hijo querido . » Luego que
el médico marchó, la reina continuó sollozando y lamen-
tando la suerte desgraciada de su pobre hijo, culpándose á
sí misma de haberle dejado separarse de su lado. En esto
llegó el rey, y la reina le contó todo lo que el acompa-
ñante de la princesa acababa de referirle, terminando por
pedirle justicia contra los asesinos . - ¡ Señora, le inter-
rumpió el rey con vehemencia, os juro que recibirán el
condigno castigo ! » Y lleno de enojo y dando señales de
una cólera mal reprimida , se levantó precipitadamente y

se fué á la sala del trono en donde le estaban esperando


el gran visir y los demas miembros del consejo y algunos
CUENTOS ÁRABES 421

cortesanos que no pudieron ménos de estremecerse y de


temblar al ver el talante del rey y su enojo terrible .
« Acércate, visir , D dijo el monarca luego que se
sentó en su trono . El gran visir obedeció y el rey pro-
siguió diciendo : —— « Toma quinientos hombres de mi
guardia , véte con ellos á prender á los príncipes , mis
hijos, inmediatamente, y enciérralos en la torre que sirve
de prision á los asesinos . Cuando hayas cumplido con mi
órden vendrás á decírmelo . » El visir se prosternó , llevó
su mano á la cabeza en señal de obediencia , y partió en
seguida á ejecutar la órden que habia recibido ; órden
que hizo palidecer á cuantos la habian oido .
El gran visir no tardó mucho en volver , y así que el
rey le vió entrar en la sala , exclamó : « ¿ Quedan presos
y bien custodiados los príncipes ? - Sí , señor, le contestó
el gran visir. Vuestras órdenes han sido cumplidas. -
Otra tengo que darte, le interrumpió el rey : Vén con-
migo . En seguida pasó al aposento de la reina Pirozé
para preguntarle en qué casa estaba alojada la princesa,
y luego que lo supo por las esclavas que habian oido la
relacion del médico , mandó al gran visir que fuese á bus-
carla á aquella casa y la condujese á palacio con una
escolta de honor y con el séquito correspondiente á su
elevada jerarquía como esposa de su hijo el príncipe
Cododac ..El gran visir se apresuró á cumplir con esta
órden del rey con mayor placer que la anterior : montó
inmediatamente á caballo , y seguido por los emires , los
generales y altos funcionarios y empleados de palacio , fué
en busca de la princesa á la que hizo montar en una mula
de las caballerizas del rey enjaezada con gualdrapas y
demas arreos bordados con oro y perlas . Al ver pasar
aquella brillante comitiva , y al saber que aquella dama
era la esposa del príncipe Cododac, todos se prosternaban
y la aclamaban con entusiastas vítores. El rey la recibió al
pié de la escalera y la condujo al aposento de la reina
Pirozé, la cual la recibió en sus brazos derramando lágri-
mas amargas por la muerte de su hijo , á las que volvió á
mezclar las suyas la princesa con visible enternecimiento
24
422 CUENTOS ÁRABES

del rey á vista de la hermosa y desconsolada viuda del


príncipe. Calmadas algun tanto las emociones del vivo

dolor que causaba en estas tres personas la pérdida del


príncipe Cododac , la princesa Zoraida volvió á contar
minuciosamente á los padres de este todos los episodios
ocurridos en el castillo del negro ; los de su casamiento,
su viaje y el asesinato del príncipe , cuya relacion volvió á
renovar sus dolores, y terminó pidiendo justicia al rey
contra los asesinos de su esposo . - « Os juro, señora,
le contestó el rey, que esos hermanos desleaies é ingratos
serán castigados como merecen ; pero para que el pueblo ,
al ver su justo castigo , no crea que es un acto de crueldad
y despotismo ; para que no murmure ó se subleve, es ne-
CUENTOS ÁRABES 423

cesario el proclamar ántes la muerte de mi hijo el príncipe


Cododac, á quien tanto admira y quiere , y que sepa de
qué modo ha perecido. Quiero, ademas, añadió , que se le
tributen los honores fúnebres que le son debidos, y que
se construya un sepulcro digno de él , realzado con su
estatua, á pesar de que no tengamos sus preciosos res-
tos. Despues de abrazar cariñosamente á la princesa de
Deryabar y decirle que la reconocia por hija, la instaló
en las habitaciones que habia hecho preparar para ella en
palacio , con el número de esclavas y eunucos necesarios
para su servicio .
El gran visir, por su parte , se ocupó inmediatamente
de la construccion del monumento sepulcral en honor del
príncipe, y tan pronto como estuvo concluido , empeza-
ron á tributarse á Cododac los honores que le correspon-
dian . En el dia señalado para las exequias, el rey, acom-
pañado por todos sus ministros, se dirigió al sitio en que
se habia elevado el monumento en una extensa explanada ,
en la que se hallaba ya un inmenso gentío que habia acu-
dido de la ciudad y de otros pueblos para rogar por el
príncipe y presenciar las ceremonias fúnebres . El rey con
los señores principales de su corte , se colocó en una
strada cubierta con alfombras de terciopelo negro sem-
bradas con lágrimas de plata bordadas , y con otros emble-
mas, y luego que estuvo colocado, ó mas bien postrado en
el suelo , empezó á desfilar su guardia de á caballo delante
del monumento. Dió dos vueltas alrededor con el mayor
silencio, y al dar la tercera , al pasar delante del frontis-
picio cada uno de los guardias exclamó en alta voz : -
« ¡ Oh noble príncipe ! si el filo de nuestros alfanjes y el
esfuerzo de nuestros brazos pudieran volverte á la vida ,
gustosos los emplearíamos ; ¡ pero el Rey de los reyes
mandó cortar el hilo de tus dias al ángel de la muerte , y
el ángel de la muerte ha obedecido ! ¡ Sírvante de con-
suelo en la tumba las muestras de nuestro dolor y senti-
miento por haberte perdido ! »D
En pcs de la guardia se presentaron cien ancianos vene-
rables montados en mulas negras , llevando sobre sus ca-
424 CUENTOS ÁRABES

bezas descubiertas el libro del Alcoran . Estos eran unos


solitarios cenobitas que vivian en un desierto lejano , y
no se presentaban en público mas que para asistir á last
exequias de los reyes de Deyarbekir y de sus príncipes.
Despues de dadas silenciosamente tres vueltas al rededor
del sepulcro , uno de ellos exclamó : ¡ Oh príncipe,
hijo de reyes ! ¡ si con nuestras oraciones ó con nuestro
saber pudiéramos volverte à la vida , dispuestos estamos
todos á emplear unas y otro , y aun á barrer con nuestras
barbas la mansion en que habitas ! pero ¡ qué podemos
hacer por ti , cuando el Supremo Hacedor te ha borrado
del número de los vivientes ! ..... i¡ Recibe nuestro dolor,
y séate la tierra ligera ! »
Luego que estos anacoretas se alejaron , se acercaron al
sepulcro cien jóvenes doncellas de singular hermosura,
todas vestidas de blanco con el rostro descubierto, mon-
tadas en hacaneas tambien blancas como el armiño, y
llevando en sus manos un cestillo cubierto con un paño
de brocado guarnecido de perlas , lleno de rosas desho-
jadas, de jazmines y azucenas. Despues de haber dado las
tres vueltas , á la tercera descubrieron el cestillo , y arro-
jando las flores sobre el monumento exclamaron : « i Oh
príncipe gallardo ! ¡ de qué podemos servirte ya nosotrag
ahora que habitas en regiones mas felices ! ¡ si con nues-
tra juventud y con nuestra ternura pudiéramos volverte á
la vida, gustosas te la ofreceríamos, y nuestra mayor
dicha sería la de ser tus esclavas ! ¡ recibe nuestros suspi-
ros como muestras de dolor por tu temprana muerte ! »
Cuando se retiraron las doncellas, se levantó el rey,
dió igualmente las tres vueltas , seguido de todos sus cor-
tesanos , y postrándose al pié del monumer.to exclamó con
los ojos humedecidos por las lágrimas : « ¡ Oh mi querido
hijo es posible que te haya perdido para siempre !... >
No pudo decir mas, porque el dolor que sentia le cortaba
las palabras. Durante nueve dias continuaron haciéndose
rogativas y recitando oraciones en todas las mezquitas ; y
el rey dispuso que terminado este novenario fuesen deca-
pitados los príncipes asesinos de su hermano.
CUENTOS ÁRABES 425

En este intervalo se recibieron noticias de que varios


de los príncipes vecinos , enemigos del rey, habian pasado
la frontera y se dirigian á la capital con un poderoso
ejército . El rey de Harran reunió inmediatamente cuantas
fuerzas le fué posible, se puso á su cabeza y salió á com-
batirlos . No tardaron en avistarse los dos ejércitos , é
inmediatamente se trabó una encarnizada pelea . En esta
ocasion fué cuando se hizo más sensible la pérdida de
Cododac, porque la suerte del combate se mostró várias
veces incierta presentándose alternativamente favorable y
adversa entre los dos ejércitos, hasta que , por la tarde, se
decidió en fin en favor de los enemigos , viéndose preci-
sado el rey de Harran á replegar sus tropas y á dar órden
para la retirada hácia la capital en donde debia encontrar
nuevo refuerzo de tropas frescas. Ya habia empezado el
ejército de Deyarbekir á ejecutar su movimiento de reti-
rada defensivo , cuando el ejército invasor se vió atacado ,
por uno de sus flancos , por un cuerpo numeroso de
caballería . Si grande fué la sorpresa de los príncipes inva-
sores que veian escapárseles , con este impetuoso é impre-
visto ataque, el fruto de las ventajas que habian obtenido ,
no fué menor la del rey de Harran y de sus tropas que no
podian adivinar quiénes eran aquellos auxiliares ; pero lo
que mas les llamaba la atencion era el ver la gallardía y
el valor que desplegaba el jefe que los mandaba, á cuyo
arrojo nada resistia ; de modo que, reanimado el ejército
del rey de Harran con aquel socorro imprevisto , volvió á
tomar la ofensiva , y los enemigos , atacados de frente y
flanqueados por aquel cuerpo de caballería, no tardaron
en verse derrotados, y emprendieron, no ya una bien
ordenada retirada, sino una desordenada huída , dejando
en el campo de batalla un considerable número de muer-
tos y heridos , abandonando sus tiendas y un botin
inmenso . El rey quiso saber á quién era deudor de una
victoria tan completa y se dirigió en persona, seguido
por los generales y jefes del ejército, hácia el punto en
que se hallaba el brioso caudillo de aquel cuerpo auxi-
liar, para manifestarle su agradecimiento, el cual , por su
24.
426 CUENTOS ÁRABES

parte, despues de haber dado la última carga al enemigo ,


venía tambien á ver al rey, y le salió al encuentro .
Cuando se hallaron cerca uno y otro , el rey y los que le
acompañaban se quedaron parados, mudos de asombro y
alegría, al reconocer en aquel denodado guerrero al prín-
cipe Cododac á quien todos lloraban creyéndole muerto .
El príncipe, al ver al rey, se apeó del caballo, y acercán-
dose á él respetuosamente le dijo : << Señor, sin duda
os admira el verme vivo cuando quizas me teniais por
muerto ; y en efecto , lo estaria, si no me hubiese salvado
por un milagro de la Providencia que me reservaba , sin
duda, para tener la dicha de prestaros algun servicio
contra vuestros enemigos . » El rey que se habia apeado
tambien , no le dejó continuar , y estrechándole entre sus
brazos exclamó « ¡ Hijo mio ! ¡ es posible que vuelva á
tener la dicha de verte cuando te lloraba perdido para
siempre !... Todo lo sé, hijo mio , continuó, despues de
tenerle largo rato abrazado . Sí , ya sé la ingratitud con
que pagaron tus hermanos el servicio que les hiciste sal-
vándoles la vida ; pero mañana quedarás vengado . Vamos
ahora á consolar á tu afligida madre y á celebrar con ella
la doble satisfaccion qne tendrá al volver á verte y saber
que la victoria que hemos alcanzado es obra tuya . - - Per-
mitid , señor , que os haga una pregunta , le dijo Cododac .
¿ Cómo habéis sabido lo ocurrido en el castillo del
negro ? ¿ os lo ha confesado alguno de mis hermanos im-
pulsado por su arrepentimiento ? No , hijo mio , le
contestó el rey , todo lo hemos sabido por tu esposa la
princesa de Deryabar, que está en palacio , y que ha venido
sola á pedirnos justicia contra tus asesinos . » Cuando
Cododac supo que la princesa estaba con su madre , su
gozo no tuvo límites : « Vamos , vamos á verlas y á
enjugar sus lágrimas, » exclamó .
Entretanto, se habia extendido por el ejército la noticia
de que el jefe de aquellos guerreros que tanto habia con-
tribuido á darles la victoria era el príncipe Cododac, y el
entusiasmo que esta noticia produjo fué frenético . Por
todas partes no se oian mas que gritos de « ¡ Viva el prín-
CUENTOS ÁRABES 427

cipe Cododac ! ¡ Viva el salvador del ejército ! » y todos á


porfía querian verle, prosternarse ante él y besarle el
vestido .
El rey con toda su corte, llevando al príncipe á su dere-
cha, emprendieron su marcha para la capital, seguidos del
ejército que iba cantando himnos en honor del príncipe.
Al llegar cerca de la ciudad encontraron á todos sus habi-
tantes que habian salido á recibirle con palmas y laureles,
habiéndose redoblado la alegría del pueblo cuando supo
que Cododac vivia, que le vió al lado del rey , y que á él
era debida la derrota de los enemigos. La reina Pirozé У
la princesa Zoraida se desmayaron de gozo al recibir á
Cododac en sus brazos , siendo general la alegría que
causó en la corte y en la ciudad la resurreccion y regreso
del príncipe .
Luego que se calmaron los transportes de júbilo , y en-
jugadas las lágrimas de gozo que la vista de Cododac
hizo derramar al rey y á las dos princesas ; lágrimas bien
diferentes de las que antes habian vertido , desearon saber
por qué milagro se hallaba todavía con vida ; y Cododac
les contó « que habiendo pasado un rico labrador por
delante de la tienda en que su esposa le dejó , al verla
abierta, y al oir gemidos , entró á saber quién se quejaba
de aquella manera . Viéndome acribillado de heridas, solo
y abandonado , me cargó sobre sus hombros , y colocán-
dome lo mejor que pudo en su mula , me llevó á su casa ,
en donde , gracias á ciertas yerbas medicinales que aplicó
á mis heridas , me encontré curado en mucho menos
tiempo del que podia esperarse, segun el número de
puñaladas que habia recibido y del estado en que me
hallaba . Cuando ya estuve completamente restablecido,
y recuperé todas mis fuerzas, me dispuse para partir ;
pero habiendo llegado la noticia de la invasion de los
príncipes vecinos, antiguos enemigos de mi padre , en-
tónces me di á conocer, dije quién era , provoqué el ardor
bélico de la juventud de los pueblos que recorrí, y conse-
guí reunir un cuerpo respetable de caballería á cuyo
frente me puse encaminándome hacia el punto en que se
428 CUENTOS ARABES

hallaba el enemigo, y tuve la dicha de llegar por su


flanco izquierdo en ocasion que estaba batiéndose con
nuestro ejército, y contribuir á darle un buen escar-
miento. >>
Cuando Cododac acabó de referir su historia, el rey su
padre exclamó ::- - Demos gracias á Dios y alabémosle
por haber conservado á Cododac la vida ; pero al mismo
tiempo hagamos justicia, y perezcan sus asesinos ! » Co-
dodac, cuyo corazon era magnánimo, se arrojó entonces á
los piés del rey, y le rogó que perdonara á sus hermanos la
vida , como él los perdonaba, á cuya súplica accedió el
rey y mandó que trajesen de la prision á los príncipes,
los cuales al ver á Cododac se prosternaron todos á sus
plantas para pedirle perdon , pero él los levantó y los
abrazó á todos ellos cariñosamente, quitándoles él mismo

as cadenas, como ántes habia hecho en el calabozo del


castillo del negro .
Estos nobles y generosos sentimientos del príncipe arran-
CUENTOS ARABES 429

caron lágrimas de enternecimiento al rey y al pueblo , que


no se cansaba de vitorearle con entusiasmo indescrip-
tible .
Al dia siguiente , el rey convocó el consejo , el senado y
á los notables del pueblo, y declaró solemnemente al
príncipe Cododac, su hijo y de la reina Pirozé, por su
único sucesor al trono y heredero . Colmó de honores y
riquezas al médico que habia acompañado á la princesa
Zoraida, y al labrador que habia recogido al príncipe ; y
durante diez dias hubo grandes fiestas, así en la corte
como en todo el reino, para celebrar los faustos aconteci-
mientos de la derrota de los enemigos, del regreso del
príncipe Cododac y de su reconocimiento por heredero
presuntivo .
Al acabar esta historia que el sultan Chabriar habia
escuchado con no ménos atencion que la precedente, la
sultana Gerenarda le dijo : « Voy á referiros, señor, el
cómo una esclava fiel é inteligente exterminó una nume-
rosa cuadrilla de bandidos.

HISTORIA DE ALÍ BABA, DE LA ESCLAVA MORJIANA T DE


CUARENTA BANDOLEROS

En una ciudad de Persia , no léjos de la frontera de


vuestros Estados , empezó diciendo la jóven sultana al
dia siguiente , vivian dos hermanos cuyos nombres eran
Casim y Ali Babá . Cuando su padre murió les dejó muy
pocos bienes, pero Casim tuvo la suerte de casarse cor
una mujer que, poco despues de casada, heredó de un
pariente lejano una tienda surtida de ricos géneros, y
algunas fincas ; de modo que Casim se encontró al frente
de uno de los mayores establecimientos comerciales de la
ciudad, y llegó á ser un hombre rico é importante.
Alí Babá se casó tambien con una mujer pobre, pero
que no llegó á tener ninguna herencia , de modo que no
contaba para vivir y sostener á su familia con mas recur-
430 CUENTOS ÁRABES

scs que los que le procuraba la venta de las cargas de


leña que iba á cortar á un bosque distante algunas leguas
de la ciudad, y que traía á vender á ella en tres borricos ,
que era todo lo que poseía.
Un dia en que , despues de haber hecho la corta de
leña suficiente , iba á cargar con ella á sus tres asnos ,
divisó á lo léjos una gran polvoreda producida por un
peloton de hombres á caballo que se dirigian hacia el
punto en que él se hallaba . Aun cuando en la ciudad ni
en toda la comarca no se hablase de robos , ni de fechorías
de bandoleros , y que él , por su parte, no tuviese nada
capaz de excitar la codicia de estos, Alí Babá , sin em-
bargo, tuvo miedo , y no sabiendo lo que sería aquella
gente, creyó por mas prudente el ocultarse y dejarlos
pasar; con este objeto se subió á un árbol muy frondoso
y muy alto que habia al pié de una roca, metiéndose
entre su espeso follaje que le ponia á cubierto de toda
mirada in discreta. Apenas habia acabado de cobijarse
bien , cuando los hombres de á caballo , robustos todos y
bien armados , llegaron al pié del peñasco y se apearon .
Ali Babá contó hasta cuarenta, y no dudó ya por su
traza y equipo , que fuesen ladrones , pues cada cual traía
una maleta llena , al parecer, segun lo que pesaba , de al-
hajas ó dinero . Uno de ellos , que Ali Babá suponia ser el
capitan , como, en efecto , lo era, se acercó á la roca que
estaba junto al árbol en que él se habia guarecido , y pro-
nunció estas palabras : « SÉSAME , ábrete ( 1 ) . »
La roca se abrió al punto , y cuando el capitan y los
demas bandidos hubieron entrado por su abertura se vol.
vió á cerrar. Los ladrones permanecieron algun tiempo
dentro durante el cual Alí Babá no quiso dejar su sitio .
Por fin la roca volvió á abrirse y salieron los cuarenta
ladrones ; y el capitan la hizo volver á cerrarse diciendo :
◄ SÉSAME , CIÉRIATE ; » palabras que Alí Babá oyó perfecta-

(1 ) Conservamos la palabra Sésame, cuya verdadera significacion


es Aljonjolí ó Alegría , por ser la palabra que generalmente se em-
plea en los cuentos de Hadas. encantos y hechicerías .
CUENTOS ÁRABES 431

mente. Todos volvieron entónces à montar á caballo , y el


capitan , viendo que estaban prontos, se puso á la cabeza,
y emprendieron la marcha.
Alí Babá los estuvo observando hasta perderlos de vista,
y como se acordaba de las palabras de que se habia
servido el capitan de los bandidos para hacer abrir y cer-
rar el peñasco , quiso ver si , repitiéndolas él, producirian.
el mismo efecto . Así fué que bajó del árbol, y pasando por
entre los arbustos, se acercó á la 4 peña y dijo : « SÉSAME,
ÁBRETE, y la peña se abrió. Quedóse Alí Babá atónito al
ver un sitio claro y espacioso, ahuecado en bóveda, que

recibia la luz por una abertura en lo alto del peñasco. Vió


gran cantidad de víveres, fardos de ricas mercaderías, oro
432 CUENTOS ÁRABES

y plata á montones y en grandes sacos puestos unos


sobre otros. Ali Babá no perdió tiempo en contemplar
tantas riquezas ; ántes bien se encaminó á los talegos de
oro y fué sacando algunos de ellos en varios viajes hasta
juntar lo bastante para cargar sus tres asnos . En seguida
cubrió los saquillos con alguna leña , y presentándose de-
lante de la roca dijo : « SÉSAME , CIERRATE, » y la peña se
cerró . Tomó entonces el camino de la ciudad y pronto
llegó á su casa ; condujo sus asnos á un patio y se puso á
descargar los talegos , contando á su mujer todo el suceso
y recomendándole que no revelase á nadie el secreto . La
mujer se regocijó con su marido por su buena fortuna, y
cavaron un hoyo para enterrar en él el oro . Pero la mujer,
curiosa, quiso saber cuánto habria ; y á pesar de que el
marido le dijo que no sería prudente, ella insistió y le
dijo : « Voy pues á buscar prestada una medida , en tanto
que cavas el hoyo. » Salió la mujer para ir á casa de
Casim , su cuñado , y no hallándole , rogó á su mujer que le
prestara una medida . La cuñada, que conocia la pobreza
de Ali Babá, con la curiosidad de saber qué clase de grano
queria medir , tuvo la idea de ensebar el fondo de la
medida y se la trajo, diciéndole que sentia haberla hecho
esperar. Vuelve á su casa la mujer de Alí Babá, mide el
oro, y queda satisfecha del crecido número de medidas ; y
en tanto que su marido lo enterraba , va á devolver la
medida á su cuñada , sin reparar en que una de las mo-
nedas habia quedado adherida . Apenas hubo vuelto la
espalda la mujer de Ali Babá, la de Casim miró la medida,
y se quedó asombrada al ver pegada una moneda de oro.
Cuando su marido llegó al anochecer de su tienda :
<< Casim, le dijo, tú te crees rico , pero te engañas ; Ali
Babá lo es infinitamente mas que tú no cuenta el dinero ,
sino que lo mide á celemines, » y le explicó en seguida
el enigma, enseñándole la moneda de orɔ.
Envidioso Casim de la prosperidad de su hermano , fué
á la mañana siguiente á casa de este , acercósele y
le dijo : « Alí Babá, tú haces el menesteroso , y cuentas el
oro por medidas ; D y dicho esto le enseñó la moneda
CUENTOS ÁRABES 433

que habia quedado adherida . Conoció entónces Ali Babá


que Casim y su mujer poseian su secreto ; por tanto se lo
confesó todo y hasta le dijo las palabras que le facilitarian
la entrada y salida de la cueva. Casim partió á la madru-
gada con diez mulas cargadas de grandes cofres , y
tomando el camino que le habia sido indicado por su her-
mano, no tardó en llegar al peñasco . Presentóse delante
y exclamó : « SÉSAME , ÁBRETE ; » al punto se abrió el pe-
ñasco, y volvió á cerrarse así que él hubo entrado . Casim
se quedó asombrado al ver mucho mayor número de
riquezas de las que habia esperado encontrar ; tomando
tantos sacos como puede llevar, los arrima contra la
puerta de entrada ; pero preocupada y ofuscada su ima-
ginacion con la codicia que le inspiraba tanto oro, olvida.
enteramente la palabra mágica para que la roca se abra,
y en vez de decir Sésame, empieza á gritar : Trigo, cen-
teno, cebada, y otros muchos cereales y semillas , todo inú-
tilmente, porque la roca permanece cerrada. Mientras
tanto, volvieron los bandidos cerca de média noche, y á
cierta distancia de la cueva encontraron las mulas de
Casim que andaban dispersas al rededor del peñasco car-
gadas con grandes cofres . Sobresaltados con esta novedad
y no sabiendo á quién perteneciesen las mulas , algunos
de ellos se ponen á hacer pesquisas en las inmediaciones
de la peña, mientras que el capitan y los demas se llegan
á ella, sable en mano, y pronunciando las palabras, se
entran en la cueva . Casim, que habia oido el ruido de los
caballos desde lo interior de la cueva , no dudó de su ine-
vitable muerte ; resuelto, no obstante , á escaparse de las
manos de los ladrones y salvarse , se mantuvo pronto á
echar á correr así que se abriese la puerta . Cuando el
capitan pronunció las palabras « SESAME, ÁBRETE , » la
puerta se abrió y Casim salió tan velozmente que derribó
al capitan ; pero no logra escapar de las manos de los
demas que le cogen al instante y le quitan en el acto la
vida . Hecho esto, lo primero que hicieron los ladrones fué
entrar en la cueva , en donde encontraron los sacós que
Casim habia traido á la puerta para cargarlos en sus mu-
25
434 CUENTOS ÁRABES

as. Convinieron en hacer cuatro cuartos del cadáver de


Casim y colgarlos dos por cada lado de la parte de

adentro de la puerta, para aterrar á quien emprendiese


en lo sucesivo igual tentativa . Llevada a cabo esta deter-
minacion, montaron á caballo y partieron á hacer sus
correrías por los caminos frecuentados por las caravanas .
Mientras tanto , la mujer de Casim se sobresaltó cuando
vió que era noche cerrada y que su marido no habia
vuelto . Fuése á casa de Alí Babá y le dijo : «༥ Cuñado , ya
sabéis que Casim salió para ir al bosque y todavía no ha
vuelto , au es de noche , y temo que le haya sucedido
alguna desgracia. Alí Babá le dijo que estuviese sin cui-
dado, pues que Casim no volveria á la ciudad hasta muy
de noche. Alí Babá , que temia realmente que le hubiese
sucedido algun percance â su hermano partió al instante
CUENTOS ÁRABES 435

con sus tres asnos á informarse de lo que habia ocur-


rido á Casim ; se encaminó á la peña y se estremeció al
notar algunas gotas de sangre á sus inmediaciones .
Cuando hubo pronunciado las palabras , y la peña se abrió ,
se quedó horrorizado á la vista del cuerpo de su hermano
descuartizado . Internóse en la cueva , en donde halló con
que hacer dos lios de los miembros , que cargó sobre un
asno, tapándolos con leña , y sobre los otros dos puso
sacos llenos de oro , que cubrió tambien con leña, como
la primera vez ; y diciendo á la puerta que se cerrase, se
marchó para la ciudad.
Al llegar á su casa , hizo entrar en el patio los dos asnos
cargados de oro dejando á su mujer el encargo de aliviarlos
del peso que traian ; y condujo el otro á casa de su cuñada.
Alí Babá llamó á la puerta , que le abrió Morjiana, esclava
fiel é inteligente , y cuando hubo entrado en el patio, des-
cargó lá leña y los dos lios , y llevando á un lado á Mor-
jiana , le dijo : « Lo primero que te pido es un secreto in-
violable : aquí tienes el cuerpo de tu amo en estos dos
lios ; se trata de enterrarle como si hubiese fallecido de
muerte natural. Vé y di á tu señora que quiero hablarle ,
y atiende á lo que le voy á decir . >>>
Morjiana avisó á su ama, y Alí Babá , que la seguia, en-
tró y dijo á la mujer de Casim : « Cuñada, tenéis motivo
para afligiros ; pero el mal está hecho y ya no tiene reme-
dio . Con todo , si algo puede consolaros , os ofrezco to-
maros por esposa, asegurándoos que vuestra cuñada no
tendrá celos y que viviremos juntos muy felices . En todo
caso es preciso procurar que se crea que mi hermano ha
fallecido de muerte natural ; y soy de parecer que de-
jemos esto al cuidado de Morjiana . D» Á la mañana siguiente
Morjiana fué á casa de un boticario y pidió una esencia
que suele ser eficaz en las enfermedades mas desahucia-
das. ¡ Ay de mí ! dijo suspirando al entregársela el bo-
ticario, mucho me temo que este remedio no haga buen
efecto . ¡ Ah , qué buen amo voy á perder ! » Por otra
parte , como durante todo el dia Alí Babá y su mujer fueron
y vinieron repetidas veces con semblante muy triste á
CUENTOS ÁRABES
436
casa de Casim , no extrañaron los vecinos al oir por la no-
che los gritos lamentosos de la viuda y de Morjiana , que

daban á entender como Casim habia dejado de vivir. Mor-


jiana, que sabia que habia en la plaza un zapatero remen-
don que abria su tienda muy temprano, fué á verle, y
poniéndole una moneda de oro en la mano, le dijo : « Babá
Mustafa, tomad lo necesario para coser, y venid conmigo ,
permitiéndome primero que os vende los ojos . » Babá
Mustafá cedió, y Morjiana, despues de haberle vendado.
los ojos , le llevó á casa de su ama, y no volvió á quitarle
la venda hasta que entraron en el cuarto en que se hallaba
traido
el para que Babá
cadáver. las piezasleque
cosais Mustafá, dijo la esclava,
esclava , os he
os he,
veis aquí ; despachad,
pues, y cuando hayáis concluido, os daré otra moneda
CUENTOS ÁRABES 437

No tardó en hacerlo así el remendon , y despues que


nubo concluido , Morjiana le entregó la moneda volviendo
á vendarle los ojos y le acompañó hasta dejarle en su
tienda. Poco despues trajo el carpintero el ataúd ; y
cuando hubieron colocado el cuerpo dentro y clavado la
tapa , cuatro vecinos tomaron el ataúd en hombros , y si-
guiendo al iman , lo llevaron al cementerio . Alí Babá iba
detras con algunos vecinos formados de dos en dos . Así
la horrible muerte de Casim quedó tan oculta que ni se
tuvo de ella la menor sospecha.
Tres ó cuatro dias despues , Ali Babá trasladó sus mue-
bles á casa de la viuda de su hermano ; pero tuvo cuidado
de no llevar el dinero tomado de los ladrones sino de
noche. Esta mudanza de casa dió á conocer su nuevo en-
lace con su cuñada ; y como esta clase de casamientos son
muy comunes en aquella religion y en aquel país , nadie
lo extrañó . Volvieron los ladrones á visitar su cueva á la
hora de costumbre , y se sobresaltaron al no hallar el
cuerpo de Casim, aumentándose su estrañeza cuando ad-
virtieron que tambien habian disminuido los talegos de
oro. « Estamos descubiertos y perdidos , dijo el capitan,
si no tratamos de poner pronto remedio ; el ladron que
sorprendimos tuvo el secreto para abrir la puerta ; pero
debia tener un cómplice, lo que prueba de una manera
positiva la desaparicion de su cuerpo y la disminucion de
los saquillos de oro : pues bien, muerto el uno , es pre-
ciso que el otro tambien perezca . » La propuesta del
capitan fué aprobada por todos los salteadores . Pero
ante todas cosas, añadió , es menester elegir uno de vo-
sotros que vaya á la ciudad y haga lo posible para des-
cubrir si se habla del asesinato de alguno , saber quién era
y en dónde vivia ; esto es lo primero que nos importa
saber . Pero á fin de evitar que el que se ofrezca se equi-
voque ó nos engañe, dándonos informes falsos , ¿ no os pa-
rece que, en tal caso, padezca la pena de muerte ? » Sin
aguardar á que sus compañeros diesen sus votos , uno de
los bandidos dió dos pasos hácia adelante y dijo : « Soy
del mismo parecer, y gustoso me encargo de la empresa. ›
438 CUENTOS ÁRABES

Aquel ladron , despues de haber recibido grandes elogios


del capitan y de los demas bandidos , partió para la ciudad
y al amanecer llegó á la tienda de Babá Mustafá , que estaba
siempre abierta mucho ántes que las otras . Saludóle el
ladron y le dijo : « Buen hombre, muy temprano empe-
záis vuestro trabajo ; me parece imposible que podáis ver
á la edad que tenéis . » « ¡ Cómo , no ! replicó Babá Mus-
tafá, aunque me veis tan viejo , tengo una excelente
vista ; y no os cabrá duda de ello , cuando sepáis que no
hace mucho tiempo que cosí á un muerto en un sitio
donde no habia tanta claridad como aquí. » Bastó esta
explicacion para persuadir al ladron que habia descubierto
lo que habia venido á buscar ; y así fué que , sacando una
moneda de oro y poniéndosela en la mano al remendon ,
le dijo : « Hacedme el favor de enseñarme la casa en que
cosisteis al muerto. - Cualquier gana que tuviera de
serviros , no me sería posible hacer lo que me pedís ,
puesto que me lleváron á la casa con los ojos vendados y
del mismo modo volví á salir de ella. »
<< Pues bien, repuso el ladron , os vendaré los ojos ,
venid, aquí tenéis otra moneda . » Al decir estas palabras
le puso otra moneda en la mano . Las monedas tentaron
á Babá Mustafá , y se puso en marcha al lado del ladron .
Despues de haber caminado largo rato , se paró , y dijo :
« Me parece que entré aquí. » En efecto , se hallaban
delante de la casa de Casim, donde habitaba á la sazon
Alí Babá y en la puerta el ladron hizo una señal con un
pedazo de yeso . Poco despues Morjiana observó la señal
que el ladron habia hecho, y temiendo que sucediese una
desgracia, tomó yeso é hizo una marca igual en las puertas
de dos ó tres casas mas arriba y mas abajo .
Entretanto el ladron se habia reunido con sus compa-
ñeros y les habia referido el feliz éxito de su viaje . Con-
vinieron en que el capitan fuese á la ciudad , con el com-
pañero que les habia traido tan buena noticia , á reconocer
la casa y ver quién la habitaba, para recapacitar el partido
que convendria tomar. Llegaron pues á la ciudad sin ser
sospechados, y cuando se hallaban delante de una de las
CUENTOS ARABES 439

casas, enseñó al capitan la señal en la puerta, diciéndole


que aquella era la casa de Ali Babá , pero notando el capi

tan que la puerta inmediata estaba señalada igualmente y


en el mismo sitio, se lo advirtió á su guia , preguntándole
si era aquella ó la primera . El capitan , que vió su intento
frustrado , se fué á juntar con la gavilla y les participó
como su viaje habia sido sin fruto : el guia , en consecuen-
cia, fué sentenciado á muerte y degollado en el acto . Muy
pronto se presentó otro bandido , y su ofrecimiento fué
admitido por unanimidad ; partió , llegó á la ciudad , ganó
440 CUENTOS ARABES

á Babá Mustafá y se hizo enseñar la casa de Alí Babá . Hizo


en la puerta una señal encarnada en un sitio ménos apa-
rente ; pero de allí á poco , salió Morjiana, como el dia
anterior, y al volver notó la marca , que no se encubrió á
su vista penetrante ; y en seguida fué á poner una marca
igual en las puertas de los vecinos. Al llegar el capitan y
el ladron á la calle en que vivia Alí Babá, se encontraron
con la misma dificultad que la vez primera , quedando así
frustrado otra vez su plan . Volvieron al peñasco , en donde
el ladron, por haber ocasionado la equivocacion , sufrió el
castigo á que voluntariamente se habia sujetado . El capitan ,
viendo que su gavilla se habia disminuido de dos valientes ,
se encargó él mismo de la empresa ; en seguida se fué á
la ciudad , y obtuvo que Babá Mustafá le hiciese el mismo
servicio que á los dos primeros ; y habiendo llegado de-
lante de la casa de Alí Babá, no se entretuvo en hacer
señales en la puerta, sino que la examinó con mucha
atencion, paseándose repetidas veces por delante de ella ,
de modo que era imposible el equivocarse .
Satisfecho de su expedicion , volvióse al bosque para
asegurar á los bandidos que nada ya podia impedirles
tomar plena venganza del daño que se les habia hecho.
Mandó en seguida algunos ladrones á las poblaciones
del contorno para comprar diez y nueve mulas Ꭹ treinta y
ocho botijas grandes para llevar aceite, una llena y las
demas vacías . En dos ó tres dias lo hubieron reunido
todo , y el capitan cargó sus diez y nueve mulas con treinta
y siete botijas, conteniendo cada una un ladron , y una
İlena de aceite. Estando todo dispuesto para la marcha, el
capitan se encaminó con sus mulas á la ciudad adonde
llegó cuando era ya bien de noche . Fué en derechura á la
casa de Alí Babá y encarándose con él, le dijo : « Señor,
traigo el aceite que veis desde muy lejos para venderlo
mañana en el mercado , y á estas horas no sé dónde hos-
pedarme. Os ruego, pues, que me hagáis la fineza de
dejarme pasar la noche en vuestra casa . » Alí Babá , creyendo
que el viajero era verdaderamente un mercader de aceite,
le dijo : Seáis bien venido : entrad, » y le hizo lugar
CUENTOS ARABES 441

para que entrara con sus mulas . Mandó Alí Babá à Mor-
jiana que dispusiese prontamente la cena, y una cama
para el huésped ; hizo compañía al fingido mercader, y no
le dejó hasta que hubo concluido de cenar. « Sois el
dueño aquí, le dijo al retirarse, nada hay en esta casa
que no esté à vuestra disposicion . » Volviéndose entonces
húcia la esclava : « Morjiana, le dijo, te aviso que ma-
ñana voy al baño ántes del amanecer ; ten cuidado que la
ropa esté lista y entrégasela á Abdalá (que era el nombre
de su esclavo), y no dejes de tenerme un caldo para la
vuelta . >>
Entretanto el capitan de bandidos habia salido al patio,
y empezando á recorrer la primera botija hasta la última,
dijo á cada ladron : « Cuando yo tire piedrecitas desde
el cuarto que me han dado , no dejéis de salir de la bo-
tija . Hecho esto se volvió á la cocina , y Morjiana tomó
una luz y le condujo al aposento que le estaba dispuesto.
Morjiana no olvidó las órdenes de su amo : preparó la
ropa y se la entregó á Abdalá , puso en seguida la olla en
el fuego , pero desgraciadamente la lámpara se le apagó .
No habia en casa mas aceite, ni velas tampoco , pero Mor-
jiana, siempre lista en inventar ardides para salir de los
mayores apuros , tomó la jarra de aceite y bajó al patio
para sacar aceite de una de las botijas del fingido merca-
der. Mas, al acercarse á la primera , oyó una voz que pre-
guntó : « ¿ Es hora ? » Comprendió al momento el peligro
en que se hallaban Alí Babá y su familia, como tambien
ella misma, y la necesidad de emplear los medios de evi-
tarlo ; y respondió á la preguita : « Todavía no , pero
pronto lo será . »
Entonces se llegó á la botija inmediata, en la que le
hicieron igual pregunta , y ella dió la idéntica respuesta,
como tambien en todas las demas hasta la última, que
tenía aceite .
Conoció Morjiana que su amo , en vez de alojar en su
casa á un mercader de aceite , habia alojado á treinta y
siete ladrones con su capitan, el fingido mercader.
Llenó, sin embargo, la jarra de aceite y se volvió á la
25.
442 CUENTOS ÁRABES

cocina, tomó una gran caldera, la llevó al patio , llenóla


de aceite y la puso en el fuego . No tardó el aceite en
hervir, y entonces cogió Morjiana la caldera, la llevó al
patio y derramó en cada botija bastante aceite hirviendo
para sofocar á los que estaban dentro y quitarles la vida .
Ejecutada esta accion digna del valor de Morjiana, esta se

volvió á la cocina, cerró la puerta y apagó la lámpara,


determinada á no acostarse hasta ver lo que sucederia. Al
cabo de un cuarto de hora, el capitan de los ladrones
CUENTOS ARABES 443

abrió la ventana y empezó á hacer la señal convenida


tirando piedrecitas , muchas de las cuales cayeron sobre
las botijas . Mas , viendo que su gente no se ponia en
movimiento, volvió á tirar piedrecitas ; pero ningun la-
dron respondió á la señal . Bajó al patio muy azorado y
acercándose á la primera botija, percibió un olor de aceite
caliente ; de lo que sacó en conclusion que su plan habia
sido descubierto . Recorrió todas las otras botijas sucesi-
vamente y halló que toda su gente habia sufrido igual
suerte furioso de haber errado el golpe , forzó la cerra-
dura de una puerta que daba á la huerta, y se salvó
por los jardines . Mientras tanto, Alí Babá fué al baño
ántes del amanecer, acompañado de su esclavo , y sin sa-
ber nada de lo que habia ocurrido en su casa durante la
noche. Al volver, Morjiana le dijo que mirara en las botijas
para ver si habia aceite dentro . Hízolo así Alí Babá , re-
corriéndolas todas desde la primera hasta la última, y vió
con espanto que habia un cadáver en cada una de ellas
ménos en la última que tenía aceite . Al descubrir tanto
cadáver se quedó inmóvil, clavando la vista, ya en las
botijas, ya en Morjiana , sin poder pronunciar una palabra.
Cuando hubo recobrado la voz, exclamó : « ¿ Qué significa
esto, Morjiana ? ¿ Qué se ha hecho el mercader? » La es-
clava le refirió entónces como , notando la señal hecha en
la puerta, habia tomado la precaucion de señalar las puer-
tas de los vecinos de la misma manera y como habia
espiado las acciones del mercader de aceite , como tambien
por qué casualidad habia podido salvarle del peligro inmi-
nente que corria. Alí Babá , hecho cargo del gran servicio
que le debia, le dijo :
<< Te debo la vida , y para empezar á darte una prueba de
mi reconocimiento , desde hoy te doy la libertad y estos
diez mil zequíes , entre tanto que recibes otro testimonio
de mi aprecio . Estoy persuadido que esos hombres eran
los cuarenta ladrones , y que lo único que nos queda que
hacer es enterrarlos secretamente : á eso voy á trabajar
con Abdalá . ›
Mientras que Alí Babá tomaba estas disposiciones, el
444 CUENTOS ÁRABES

capitan de los ladrones habia vuelto al bosque sumamente


apesadumbrado . ¿ En dónde estáis , valerosa gente ?
exclamó . ¿ Cuándo tendré otra gavilla tan atrevida como
vosotros ? ¡ Mas lo que no pude lograr con tan poderoso
auxilio , lo haré yo solo ; yo sabré vengarme ! Tomada
esta resolucion, el capitan fué á la mañana siguiente á la
ciudad, y se alojó en una venta adonde trasladó muchas
telas finísimas ; y en seguida alquiló la tienda que hacía
frente á la que habia pertenecido á Casim y que se hallaba
ocupada , de poco tiempo á aquella parte, por el hijo de
Alí Babá . El salteador, que habia tomado el nombre de
Cojia Husan , se esmeró en mostrarse afable con el hijo de
Alí Babá ; y este, que no podia obsequiarle en su casa
como estaba deseando , comunicó su intento á su padre,
quien, para complacer á su hijo , convidó á Cojia Husan á
comer con ellos en su casa , y dió órden á Morjiana que
tuviese preparada una buena comida . Hízolo así Morjiana ,
pero con repugnancia, y le entró la curiosidad de conocer
al nuevo amigo de su amo . Así fué que cuando hubo aca-
bado de preparar la comida y Abdalá dispuso la mesa , le
ayudó á llevar los platos. Al observar á Cojia Husan le re-
conoció al instante por el capitan de los salteadores, y
examinándole atentamente echó de ver un puñal, que
llevaba escondido debajo del vestido . « Ya comprendo ,
dijo para sí ; este malvado es el peor enemigo de mi
amo ; quiere asesinarle, pero yo se lo estorbaré. » En se-
guida se fué á la cocina , se vistió con un traje de baila-
rina , se ciñó á la cintura una cadena de plata , de la que
pendia un puñal cuyo mango era del mismo metal, y se
cubrió el rostro con una máscara. Dijo á Abdalá que tomase
su pandero y que la siguiese al comedor . Abdalá cogió el
pandero y empezó á tocarlo, acompañándose con la voz , y
Morjiana bailó várias danzas con agilidad y maestría .
Despues de haber bailado largo rato sacó el puñal, y fué
presentándolo , ya como para herir, ya fingiendo clavár-
selo en el pecho. Finalmente, tomó el pandero de Abdalá
con la mano izquierda, teniendo el puñal en la derecha y
fué á presentárselo primero á Ali Babá , á manera de las bai-
CUENTOS ÁRABES 445

larinas de profesion que imploran así la generosidad de


los espectadores . Ali Babá echó una moneda de oro en el

pandero de Morjiana , en lo que le imitó su hijo . Cojia


Husan sacó tambien la bolsa para hacerle un regalo, y
mientras estaba metiendo en ella la mano, Morjiana se
arrojó sobre él y le clavó el puñal en el corazon . Alí Babá
y su hijo, despavoridos con esta accion , dieron un grito.
i Desdichada ! exclamó Alí Babá, ¿ qué has hecho ? ¿ Te
has empeñado en perderme con mi familia ? - No es
para perderos lo que he hecho, respondió Morjiana ,
sino para salvaros. » Y abriendo el vestido de Cojia Husan
446 QUENTOS ÁRABES

y enseñando á su amo el puñal con que estaba armado :


« Mirad , le dijo , á qué temible enemigo agasajabais ;
fijad bien la vista en él y reconoceréis al fingido mercader
de aceite y al capitan de los bandidos del bosque . Cuando
entró , yo le reconocí á pesar de su disfraz y malicié sus
perversas intenciones . Ya veis que no me he equivo-
cado. Alí Babá la abrazó . « Morjiana , le dijo , te di la
libertad, y ahora te hago mi nuera . » Pocos dias despues
Ali Babá celebró las bodas de su hijo y de Morjiana con
gran solemnidad , y se abstuvo de volver á la cueva de
los ladrones por mucho tiempo despues del casamiento .
Pero al cabo del año montó en su caballo y cuando llegó
al peñasco pronunció las palabras : « SÉSAME , Ábrete, »
y la roca se abrió de par en par. Entró en la cueva y juzgó
por el estado en que halló todo que nadie habia vuelto á
entrar allí desde la muerte de los cuarenta ladrones , no
cabiéndole ya duda que él solo poseia el secreto y que el
tesoro estaba á su disposicion . Llenó entonces la maleta
con el oro que su caballo podia llevar y regresó á la ciudad .
Desde entónces Alí Babá y su hijo , á quien llevó á la
cueva y enseñó el secreto, que fué trasmitido á su poste-
ridad, aprovechándose de su fortuna con moderacion ,
vivieron con mucha esplendidez , y honrados como los
primeros personajes de la ciudad .

H'STORIA DE LOS DOS MERCADERES DE BAGDAD Y EL TARRO


DE ACEITUNAS

Á la hora acostumbrada de la mañana siguiente á en la


que terminó de contar la historia de los cuarenta ladrones,
despues de dar los buenos dias al sultan Chabriar, voy á
referiros , señor, le dijo la sultana Gerenarda , otro de los
infinitos episodios del reinado del ilustre kalifa de quien
anteriormente hemos tenido ocasion de hablar .
Habia en Bagdad , empezó diciendo, un mercader llamado
Alí Cogia que, engolfado en los negocios de su tráfico, y
CUENTOS ÁRABES 447

siendo ya de una edad regular , no habia hecho todavía la


peregrinacion de la Meca á que está obligado todo buen
musulman. Una noche se le apareció en sueños un anciano
de aspecto severo , y mirándole con ceño le reconvino
por no haber cumplido con aquella obligacion . Esta apari-
cion, que volvió á repetirse otras dos veces , turbó comple-
tamente la tranquilidad de que Alí Cogia gozaba , y le
decidió á emprender aquel viaje. Arreglados todos sus
negocios y hechos todos sus preparativos , despues de
haber puesto aparte el dinero necesario para subvenir á
los gastos del viaje, se encontró con que le sobraban unas
mil monedas de oro . Y como no queria llevarlas consigo
y no tenía ningun lugar seguro en donde dejarlas , por
haber alquilado su tienda y la casa, le ocurrió la idea de
ponerlas en el fondo de una vasija que acabó de llenar
con aceitunas, y pasó á casa de otro comerciante amigo
suyo que gozaba de gran reputacion de honradez , para
rogarle que le hiciese el favor de guardar aquel tarro de
aceitunas hasta la vuelta de su peregrinacion . - << Tomad
la llave del almacen , le dijo el comerciante su amigo, y
poned vuestro tarro de aceitunas en el sitio que mas os
acomode , que nadie lo tocará y allí lo encontraréis cuando
volváis. » Hízolo así Alí Cogia , el cual , despues de
haberse despedido de sus parientes y demas amigos, em-
prendió su caminata agregándose á una númerosa cara-
vana que partia para la Ciudad Santa con dos camellos
cargados de géneros escogidos que pensaba vender en la
Meca, adonde llegó con toda felicidad .
Despues de cumplidas las ceremonias de la peregrina-
cion y visitado el célebre santuario musulman , desenfardó
sus géneros y los expuso en un bazar para venderlos ó
cambiarlos. Como eran mercancías escogidas , no dejabant
de llamar la atencion, y entre las infinitas personas que
se paraban á mirarlas oyó decir á dos de ellas : - « Si
este mercader supiese la estimacion que tienen estas mer-
cancías en el Cairo , no se detendria á venderlas aquí en
donde pocos beneficios obtendrá , mientras que allí podría
cuadruplicar su capital. » Estas palabras y otras seme-
448 CUENTOS ÁRABES

jantes que hablaban entre sí las muchas gentes que se de-


tenian delante de su bazar, le decidieron á volver a enfar-

dar sus géneros y á trasladarse al Cairo. Su determina-


cion no le pesó, porque , en efectu, apénas llegó y presentó
sus géneros en el mercado los despachó con una ganan-
cia de trescientos por 1 ciento. Este buen resultado le
decidió á aprovechar la ocasion de hallarse en Egipto para
visitar este hermoso país ; y uniéndose con otros merca-
deres pasó despues á Persia, al Mosul, y recorrió otros
países , siempre traficando, de modo que en todos estos
viajes invirtió siele años.
Luego que llegó á Bagdad y se instaló en una posada
mientras el inquilino que habitaba su casa la desocupaba ,
se fué á ver á su amigo el comerciante en cuyo poder
CUENTOS ÁRABES 449

habia dejado el tarro de aceitunas con las mil monedas de


oro . El comerciante le felicitó por su feliz regreso, se
manifestó muy contento de volverle á ver, y entregándole
la llave del almacen le dijo que hallaria su tarro en el
mismo sitio en que él lo habia dejado. Alí Cogia, despues
de dar las gracias á su amigo , recogió su vasija y se fué
á su posada. Luego que llegó , destapó el tarro , vació las
aceitunas, que estaban todavía muy frescas y comibles,
cosa que le admiró , pero ... lo que le admiró mucho mas
todavía fué el que las monedas habian desaparecido .
Sucedió que muy poco antes de llegar á Bagdad Alí
Cogia, hallándose su amigo el comerciante cenando una
noche con toda su familia , recayó la conversacion sobre
aceitunas. « En verdad , dijo su mujer, que hace
mucho tiempo que no las he probado y que de buena
gana comeria algunas . - Mujer , le contestó su marido , tu
deseo es fácil de contentar, porque , á propósito de acei-
tunas , ahora recuerdo que debe haber un gran tarro en el
almacen que me dejó allí Alí Cogia al marcharse , para que
se lo guardase hasta su vuelta ; pero como han pasado
tantos años ya , desde que se marchó y no hemos vuelto ȧ
tener mas noticias de él que la de haber pasado á Egipto,
es de suponer que se habrá muerto . Así, mira , dame una
luz y un plato para bajar al almacen y traeré algunas de
esas aceitunas , y las comeremos . Guárdate bien de
tocar á esas aceitunas , le contestó la mujer, ya sabes que
lo que se nos confía en depósito es una cosa sagrada que
debemos conservar intacta hasta que nos la vengan á
reclamar. Alí Cogia podrá llegar de un dia á otro , y si no
encuentra su tarro como él lo dejó , ¿ qué pensará de ti ?
No, no , por mi parte ya se me quitó la gana de comer
aceitunas. Deja el tarro como está , y no toques á él , por-
que de lo contrário nos podrá sobrevenir alguna desgra-
cia. » Á pesar de estas y de otras juiciosas razones que la
mujer añadió, al ver que su marido persistia en su idea,
no pudo lograr el hacerle desistir de ella , y el comer-
ciante tomando el plato y la luz se fué al almacen ,
destapó el tarro y se encontró con que las aceitunas esta-
450 CUENTOS ÁRABES

ban podridas como le habia dicho su mujer . Con el


objeto de ver si las del fondo estaban mejores, y encon-
traba algunas buenas, vació el tarro, y al vaciarlo empe-
zaron á caer las monedas. Á la vista del oro se inflamó su
codicia ; volvió á poner las aceitunas y las monedas en el
tarro, lo tapó, y subió á la habitacion en que estaban
cenando y dijo á su mujer, que , en efecto, las aceitunas.

estaban todas podridas y no se podian comer. - < Ya


te lo decia yo , le contestó esta, y mejor habria sido que
CUENTOS ARABES 451

no hubieses tocado al tarro . ¡ Dios quiera que no sea esto


causa de alguna desgracia ! »
Al dia siguiente , sin decir nada á su mujer, el comer-
ciante se fué al mercado , compró aceitunas suficientes
para rellenar el tarro , y sacando las mil monedas de oro
y las aceitunas pasadas, las reemplazó con las frescas , lo
volvió á tapar segun estaba ántes , y lo colocó en el mismo
sitio en que Alí Cogia lo dejó , felicitándose interiormente
de haber adquirido aquel dinero á tan poca costa.
La pérdida de mil monedas de oro era demasiado
grande para que Alí Cogia se conformase con ella y
dejase de reclamar ; así, pasado el primer momento de
estupor que le causó el no hallarlas en la vasija , no du-
dando que su amigo el comerciante era el que las habia
sustraido, despues de bien mirado y remirado el tarro y
asegurádose de que era el mismo que él dejó , volvió á
poner dentro las aceitunas y se fué con él muy azorado á
casa del comerciante infiel , el cual, presumiendo lo que
iba á suceder, esperaba su venida , y tenía preparadas sus
― « Amigo mio , le dijo Alí Cogia, no extra-
respuestas .
ñéis que vuelva tan pronto á veros vengo á a deciros que
en el tarro de aceitunas que confié à vuestra amistad y
honradez habia puesto mil monedas de oro , y que si bien
el tarro es el mismo que yo dejé , las mil monedas han
desaparecido . Si por haberos hallado en algun apuro
comercial habéis echado mano de ellas para salvar vuestro
crédito , las doy por bien empleadas, y solo os rogaré, en
ese caso, que me hagáis un reconocimiento de esta canti-
dad para devolvérmela cuando vuestras circunstancias
-
os lo permitan . Me sorprende lo que me decís , le
contestó su amigo el mercader. Cuando me trajisteis el
tarro me dijisteis que tenía aceitunas, y lo colocasteis vos
mismo en el sitio que mas os agradó de mi almacen .
Allí se ha estado desde entónces, sin que yo lo haya
tocado , ni aun tenido la curiosidad de mirarlo siquiera.
Así, dejadme en paz , y no hagáis pararse á las gentes
delante de mi tienda para oir unas reclamaciones tan ne-
cias . Sentiria tener que apelar á la intervencion de la
452 CUENTOS ARABES

justicia, le replicó Alí Cogia, y valerme de medios que


hacen poco favor å las gentes honradas , y sobre todo á
mercaderes como nosotros que tenemos necesidad de
conservar nuestra reputacion ilesa ; así, amigo mio , re-
flexionadlo bien, y arreglemos este negocio amistosa-
mente. » El mercader, que no tenía intencion de devolver
aquel dinero y estaba decidido á apropiárselo , volvió á
repetir á Alí Cogia que le dejara en paz , y que hiciera lo
que quisiera , añadiendo que tomaba por testigos , de la
afrenta que le hacía , á los muchos transeuntes y vecinos
que estaban escuchando la contienda . - « Esa afrenta os
la acarreáis vos mismo , exclamó Alí Cogia, os cito á com-
parecer delante del cadí , y veremos si ante la ley de Dios
os atrevéis á negar el hecho . - Vamos, pues, respondió
el mercader, que eso es lo que yo deseo . »
Comparecieron , en efecto, uno y otro ante el tribunal
del cadí, el cual despues de oidas á ambas partes y en
vista de que no habia testigos presenciales, preguntó al
mercader si estaba pronto á prestar el juramento que la
ley exige en tales casos, y el mercader respondió que
estaba dispuesto á jurar no solo que no habia sustraido
las monedas que le reclamaba Alí Cogia, sino que ni aun
habia tocado , ni visto el tarro siquiera. Prestado el jura-
mento por el mercader infiel , el cadí le descargó de la
demanda, y Alí Cogia se retiró despues de haber protes-
tado contra la sentencia absolutoria del cadí, declarando
que elevaria su queja al kalifa, esperando que este le
haria mejor justicia .
Mientras que el mercader infiel y perjuro se volvia á su
casa muy ufano y contento de hallarse dueño de un cau-
dal tan mal, pero á tan poca costa adquirido, Alí Cogia
volvió á la suya y redactó el memorial que debia entregar
al Comendador de los Creyentes, exponiendo el hecho
con todos sus precedentes ; y al dia siguiente, cuando el
kalifa iba á la mezquita, se lo entregó al oficial encargado
de recoger los memoriales al paso . Al volver de la oracion ,
el kalifa acostumbraba leer ó hacerse dar cuenta de todos
los memoriales que se habian recogido, y el de Alí Cogia
CUENTOS ÁRABES 453

lo leyó él mismo . Por la tarde, salió , segun acostumbraba ,


á recorrer la ciudad disfrazado , en compañía del gran
visir Giafar y del jefe de los eunucos Mesrour, y cuando
por la noche se volvia á palacio , al pasar por delante de
una casa de modesta apariencia oyó una gran gritería de
muchachos que estaban jugando al claro de la luna en el
corral . Le llamó la atencion el que á aquella hora no
estuviesen acostados ya, y como era naturalmente muy
curioso quiso saber el motivo de aquella vocinglería .
« Vamos á jugar á los caballos, gritaban los unos.
« A las cuatro esquinas , » decian los otros, y todos vocife-
raban á la vez nombrando diferentes juegos. « No , no,
exclamó el mayorcito de ellos, vamos á jugar al cadí, y
veréis como nos divertimos . » Los otros chicos se avinie-
ron ; en seguida , colocaron en medio del corral un tonel
desvencijado sobre el que se subió el chico que habia
propuesto el juego, y les dijo : << Yo haré de cadí , tú
harás de mercader ladron , y tú de Alí Cogia . » Ya iba á
retirarse el kalifa Harun Alraschid , que sentado en un
poyo que habia cerca de la puerta del corral se habia
puesto á mirar por una de sus rendijas lo que los chicos
hacian, cuando al oir el nombre de Alí Cogia , se acordó
del memorial que habia leido aquella misma mañana , y
entonces se detuvo y continuó mirando ; y lo mismo hizo
Giafar. Distribuidos los papeles que cada chico debia
representar, el que hacía de juez, dirigiéndose al presunto
Alí Cogia : « ¿ Qué tienes que pedir ? le preguntó al
que representaba el papel de Alí Cogia. Señor, con-
testó el muchacho , hace siete años que puse mil monedas.
de oro en un tarro, las cubrí con aceitunas, y entregué el
tarro á este mercader para que me lo guardara en su
almacen ; cuando he vuelto de un largo viaje , he reco
gido el tarro , y al vaciarlo no he encontrado las monedas
de oro. Se las he reclamado á este mercader , y me las
niega. ¿ Qué respondes tú á eso ? le dijo al chico que
hacia de mercader. - Yo digo que no he visto semejantes
monedas, ni tocado al tarro de aceitunas que Alí Cogia
me dejó, y estoy pronto á prestar juramento. G Espera,
454 CUENTOS ÁRABES

espera, le replicó el fingido cadí . Á ver , dijo , dirigiéndose


á otro chico que hacía como de ujier, que traigan el
tarro con las aceitunas y que vengan dos aceituneros . » El
muchacho agarró un cacharro roto que habia en un rin-
con del corral , metió dentro de él algunas chinas para
representar las aceitunas, y se lo presentó al supuesto
cadí, y otros dos muchachos dijeron que ellos eran acei-
tuneros. El chicuelo miró el tarro , hizo el ademan de tomar
una aceituna y comérsela , y exclamó . — « ¡ Son exce-
lentes ! » Dirigiéndose despues á los supuestos aceitune-
ros les mandó que reconociesen aquellas aceitunas, y
declarasen cuánto tiempo podian conservarse sanas y
buenas para poderse comer. Los dos muchachos miraron
el cacharro y dijeron que aquellas aceitunas eran frescas.
- « Os engañáis, les dijo el fingido cadí, estas aceitunas
tienen siete años por lo menos ; ahí está Alí Cogia que las
puso en el tarro ántes de marcharse á viajar . — Eso es im-
posible, señor, replicaron los chicos que hacian de peritos ;
por bien aderezadas y cuidadas que estén ninguna acei-
tuna puede conservarse sana mas allá de dos años , y si no ,
preguntádselo á todos los demas mercaderes , y ya veréis
si decimos verdad . El muchacho que hacía de mercader
acusado por Ali, quiso hablar para contradecir el testimo-
nio de los aceituneros ; pero el cadí no se lo permitió , y
exclamó : « ¡ Cállate ! ¡ eres un ladron ! » y en seguida
mandó que le ahorcaran . Entónces los otros chicos se
apoderaron de él en medió de un palmoteo general y de
risotadas y chillidos sin fin , haciendo como que le iban á
ahorcar.
Debo advertiros , señor , dijo la sultana Gerenarda al sultan,
que el negocio de Alí Gogia y del mercader habia llamado
mucho la atencion en todo el barrio , y aun fuera de él ;
que cada uno daba su parecer, y que los chicos no hacian
mas que repetir lo que habian oido decir á unos y á otros.
Harun Alraschid se levantó y dijo al gran visir, que
habia estado tanıbien muy atento escuchando :-- « ¿ Qué te
parece del fallo de este tribunal ? — Señor, le contestó
Giafar, estoy admirado de la cordura y buen juicio de un
CUENTOS ÁRABES 455

niño de tan poca edad , y dudo que en una causa seme-


jante ningun juez pueda fallar mejor . - Pues sábete , le
dijo el kalifa, que el verdadero Alí Cogia me ha presentado
esta mañnaa un memorial sobre este asunto que tendré

que fallar . Toma bien las señas de esta casa, añadió , y


mañana tráeme á la hora de la audiencia al niño que ha
hecho de cadí para que haga de verdadero juez en mi
"presencia, y resuelva este negocio. Haz venir al cadí para
456 CUENTOS ÁRABES

que aprenda mejor á administrar justicia , y preven á Alí


Cogia que se presente con el tarro de aceitunas, y á dos ó
tres mercaderes de este género . »
El gran visir fué al dia siguiente á la casa en donde los
chicos estaban jugando la noche anterior, y habiendo pre-
guntado á los dueños si tenian hijos , estos le contestaron
que sí y se los presentaron . Cuando el gran visir reconoció
al que habia hecho de cadí y declaró que se lo iba á llevar
por orden del kalifa , los padres se sobresaltaron , pero
Giafar los tranquilizó asegurándoles que si el Comendador
de los Creyentes deseaba ver al niño , no era para ha-
cerle ningun mal . Entonces le pusieron un traje limpio,
У el niño se fué con Giafar. Naturalmente al verse en pa-
lacio , el chicuelo se atemorizó, pero Harun Alraschid le
dijo : « Acércate, hijo mio , no tengas miedo . ¿ No eras tú
el que jugando anoche con otros niños hacias el papel de
cadí ? - Sí, señor, le respondió el niño algo mas alen-
tado . ← Pues bien , ahora vas á juzgar de véras el negocio
de Alí Cogia y del mercader infiel que sustrajo del tarro de
aceitunas las mil monedas de oro que Alí le confió . Anoche
yo te vi y te oí, y estoy muy contento de ti . Vén á sentarte
junto á mí . » El kalifa tomó al niño por la mano , le hizo
sentar á su lado en el trono, y cuando los interesados se
presentaron les dijo : << Que cada uno de vosotros
exponga sus razones , este niño las escuchará, y fallará
vuestra causa, y si en algo falta, yo lo supliré. »
Alí Cogia se adelantó y repitió lo que antes habia
expuesto ante el cadí, á lo que el mercader contestó sos-
teniendo lo mismo que anteriormente habia dicho , esto
es, que no habia tocado al tarro , ni por consiguiente
visto ni aceitunas, ni monedas , y que estaba pronto á
renovar su juramento . - « Poco á poco , le dijo el niño ,
espera ; quiero ver ántes el tarro con las aceitunas y que
las vean tambien dos aceituneros . » Al oir esto , Alí Cogia
puso el tarro á les piés del kalifa , y lo destapó . El kalifa
miró las aceitunas, tomó una y dió otra al niño , y despues
de haberlas probado : - « ¿ Qué te parecen ? le pruguntó .
Excelentes, señor, le contestó el niño. En seguida pa-
CUENTOS ÁRABES 457

saron el tarro á los aceituneros citados como peritos, los


cuales declararon sin titubear que aquellas aceitunas eran
frescas de aquel mismo año . « Debéis equivocaros, les
dijo el niño , porque esas aceitunas fueron puestas en ese
tarro por Alí Cogia hace siete años . Señor , exclama-
ron los aceituneros , que las reconozcan todos los merca-
deres de este artículo , y si no dicen lo mismo que nos-
otros , mandad que nos corten las cabezas . No hay aceitunas
por buenas que sean y por bien aderezadas que estén por
persona inteligente que puedan conservarse sin podrirse
al cabo de dos años . Así, nos sostenemos en nuestros
dichos. El mercader infiel empezó á alegar algunas
razones para desmentir la declaracion de los peritos ;
pero el niño esta vez no le interrumpió , ni mandó que le
ahorcaran como habia hecho la noche precedente . Se puso
á mirar al kalifa fijamente , como para decirle : Eso á vos
solo corresponde el hacerlo. »
Harun Alraschid, convencido de la mala fe del mercader ,
mandó que le entregaran á los ejecutores de la justicia . Al-
gunos momentos ántes de ser ahorcado , confesó el robo , y
declaró el sitio en que habia escondido las mil monedas .
Estas fueron entregadas á Alí Cogia , el cual hizo un magní-
fico regalo al niño que habia sabido fallar mejor que el
cadí. Este fué muy severamente reprendido ; y despues
de abrazar al niño, el kalifa mandó que le condujesen á su
casa dándole una bolsa con cien monedas de oro , y que
declarasen á sus padres que la educacion del niño corria
por su cuenta en lo sucesivo .
No habiendo amanecido todavía al acabar de referir
esta curiosa anécdota , la sultana Gerenarda empezó á
contar una maravillosa historia titulada :

HISTORIA DE LAS HERMANAS ENVIDIOSAS , DEL PÁJARO QUE


HABLA Y DEL ÁRBOL QUE CANTA

Reinó en otro tiempo en Persia un sultan llamado


Khosru Shah , empezó diciendo la sultana Gerenarda, que ,
26
458 CUENTOS ARABES

lo mismo que el kalifa Harun Alraschid , acostumbraba sa-


lir por la ciudad disfrazado para saber lo que pasaba . Al
llegar una noche en un barrio extraviado , delante de una
casa de mezquina apariencia, cuya puerta estaba entor-
nada, oyó hablar algo fuerte y se detuvo á escuchar. Por
algunas palabras que percibió conoció que eran tres her-
manas que estaban platicando sobre un asunto que es

generalmente el sueño dorado de todas las jóvenes,


solteras. -Yo, decia una de las hermanas , quisiera ca-
CUENTOS ÁRABES 459

sarme con el jefe de la panadería del sultan , porque así co-


meria de ese pan tan blanco y esponjoso que llaman , « Pan
del sultan , » que á mí me gusta tanto . ― Pues yo, dijo la
otra, mejor quisiera que fuese mi marido el cocinero mayor
y jefe de la repostería, pues entónces me hartaria de comer
exquisitos manjares y excelentes pasteles y empanadas .
Hermanas mias, dijo la tercera, yo no me contento con
tan poco ; aspiro á cosa mas alta. Lo que yo quiero es ser
la mujer del sultan . » Sus dos hermanas se echaron á reir ,
y continuaron conversando, sin reparar que la puerta no
estaba cerrada , y que las estaban escuchando . Cayeron
tan en graciaal sultan las pretensiones de estas tres her-
manas que, ¡ caprichos de sultan ! - se propuso rea-
lizarlas, con tanto mas motivo , cuanto que habiendo
examinado atentamente á la que habia expresado su ambi-
cioso deseo de ser sultana, vió que era la mas jóven de
las tres hermanas y que su hermosura era extraordinaria.
- << Toma las señas de esta casa , le dijo al gran visir que
le acompañaba , y mañana conduce á esas jóvenes á pala-
cio , y haz venir tambien al cocinero mayor y al jefe de la
panadería. >> El gran visir cumplió con las órdenes reci-
bidas, y cuando las tres hermanas comparecieron ante el
trono del sultan , muy turbadas y atemorizadas, porque no
sabian para qué las habian llamado , el sultan Khosru les.
dijo : << No temáis nada , pues no os he mandado venir
para haceros ningun daño , sino , al contrário , para realizar
vuestro sueño dorado . » Al oir al sultan expresarse de este
modo , las jóvenes se tranquilizaron , pero se pusieron mas
encendidas que la grana. El sultan continuó : « Conozco
cuáles son vuestros deseos y voy á satisfacerlos . Tú que
quieres ser esposa del sultan , prosiguió dirigiéndose á la
menor de las hermanas, lo serás desde mañana ; y vos-
otras os casaréis al mismo tiempo con los hombres que
deseabais . Ahí los tenéis ; miradlos . » La hermana menor,
mas despejada que sus dos hermanas mayores , se arrojó
toda ruborizada á los piés del trono , exclamando : -
« Señor, yo no soy digna de un honor tan alto ; por muy
dichosa y honrada me tendré con ser solo vuestra es-
460 CUENTOS ÁRABES

clava. » Este despejo, unido á su hermosura singular , aca-


baron de cautivar el corazon del sultan que le dijo :
« No, quiero que se cumplan los deseos de cada una de
vosotras ; tú serás mi esposa, y vosotras lo seréis de los
jefes de mi repostería y panadería. En efecto, las tres
hermanas pasaron aquella noche en palacio, y al dia si-
guiente se celebraron sus bodas , pero con la diferencia
que era consiguiente, siendo la de la hermana menor
acompañada de la pompa y regocijos acostumbrados en
10- los casamientos de los sultanes .
Sus dos hermanas mayores , muy contentas durante
los primeros dias de la « Luna de miel , » no tardaron en
ser atormentadas por el gusano de la envidia al ver á su
hermana menor en tan encumbrada posicion ; y á pesar
del cariño con que esta las recibia y las agasajaba, juraron
el vengarse, ¡ cómo si en algo las hubiera ofendido ! y no
perdonar medio ninguno para hacerle perder el afecto
del sultan y ser repudiada por este. La empresa era algo
difícil, y todos sus criminales deseos habrian quedado sin
efecto, si el próximo alumbramiento de la jóven sultana
no les hubiera suministrado una ocasion propicia para
llevar á cabo sus inicuos proyectos . Cuando se anunció
que la sultana se hallaba encinta, sus dos hermanas fue-
ron á felicitarla , y aparentando con la mayor hipocresía
un cariño é interés que estaban muy lejos de tenerle, ob-
tuvieron la gracia de asistirla en su alumbramiento . La
sultana dió á luz un hermoso y robusto príncipe , y las dos
hermanas envidiosas, á quienes este suceso acrecentó su
rabiosa envidia, envolvieron al recien nacido en unas
mantillas viejas, le pusieron en un cesto de mimbres , y
le arrojaron al canal que pasaba por debajo de las habita-
ciones de la sultana, sustituyéndole con un perrillo muerto.
Cuando al sultan le anunciaron lo que su esposa habia
dado á luz y se lo presentaron , su pena y su indignacion
fueron tan grandes , que, sin la intervencion del gran visir
que le dijo que no podia con justicia hacer responsable á
la sultana de las aberraciones de la naturaleza , los efectos
• de aquella indignacion le habrian sido muy funestos .
CUENTOS ÁRABES 461

Mientras tanto , el intendente del palacio y de los bos-


ques y jardines del sultan , que se hallaba paseando á ori-
llas del canal, vió venir arrastrado por la corriente aquel
cestillo del que le pareció salir algunos gemidos . Llamó á
uno de los jardineros el cual por su órden recogió el ces-
tillo y se lo trajo, y grande fué su asombro al hallar en él
un niño recien nacido . Corriendo se marchó á su casa , y
presentándoselo á su esposa le dijo : « Mujer, ya que Dios

no nos ha dado hijos , nos os envia. Aquí tienes este niño,


manda á buscar una nodriza, y cúidale como si fuera nuestro
26.
462 CUENTOS ÁRABES

propio hijo. El intendente no quiso hacer investigaciones


sobre la procedencia de aquel niño . Sabía que la sultana
estaba de parto, habia visto de qué parte venía el cestillo ,
:
y se dijo para entre sí : - « ¡ Misterios de palacio que á mí
no me incumbe averiguar ! Lo mas prudente y lo mejor , es
guardar silencio. >>
Al año siguiente la sultana volvió á dar á luz otro ro-
busto príncipe , siendo asistida tambien por sus hermanas
que hicieron con este niño los mismo que con el primero,
y presentaron al sultan un gatito muerto , diciéndole que
era lo que habia dado á luz la sultana.
Esta vez tambien las reflexiones del gran visir pudieron
calmar la irritacion del sultan contra su esposa ; pero al
año siguiente en que esta dió á luz una hermosa niña que
fué sustituida por las envidiosas hermanas por un pedazo
de carne corrompida, é hicieron creer que era una mola ,
la irritacion del sultan ya no conoció límites . Mandó que
arrojaran al rio metida en un saco á la sultana . - << Una
mujer, exclamó , que da á luz monstruosidades semejantes,
es el oprobio de su sexo é indigna de vivir . » El gran vi-
sir, sin embargo, pudo obtener que no le quitaran la vida.
<< Los tres alumbramientos de la sultana, le dijo , no son
crímenes que merezcan castigo . Á otras mujeres les su-
cede lo mismo, y mas que culpables , por aberraciones de
esta naturaleza, son dignas de compasion . Vuestra Ma-
jestad puede abstenerse de ver á la sultana ; puede repu-
diarla, pero no es justo el quitarle la vida por una des-
gracia que, de seguro , nadie la siente mas que ella misma. »
Estas y otras razones calmaron algun tanto al sultan ,
dándole á conocer la injusticia que cometería condenando
á muerte á la sultana solamente por haber dado á luz
tan fenomenales fetos. ¡ Que viva , pues, exclamó ,
pero que viva en una contínua afrenta ! Manda construir
una barraca á la puerta de la mezquita principal , con una
sola ventana que estará siempre abierta ; que se encierre
dentro á la sultana , y que todos los que vayan á la oracion
la escupan por esa ventana , bajo pena de un severo cas-
tigo si no lo hicieren. Aunque con sentimiento, el visir
CUENTOS ÁRABES 463

tuvo que ejecutar la órden del sultan que no admitió nin-


guna réplica, y las dos hermanas envidiosas se fueron á
su casa muy contentas, por haber conseguido su objeto ,
y regocijándose de haber humillado á su hermana aun
mucho mas de lo que ellas se habian propuesto .
El príncipe y la princesa habrian quizás perecido si nc
hubiesen sido recogidos los cestillos , en que fueron arro-
jados al canal , por los jardineros que se los llevaron al
intendente de palacio , el cual presumiendo que tenian
igual procedencia que el primer niño que él habia reco-
gido , los adoptó y les dió una educacion brillantísima.
Habiendo muerto su mujer , suplicó al sultan de Persia
que le permitiese retirarse á descansar de sus largos ser-
vicios ; y, concedido el retiro , compró una magnífica quinta
no muy lejos de la ciudad y se fué á vivir allí con los tres
principes que le tenian por padre . No hacía mucho tiempo
que estaba viviendo en la casa de campo cuando fué sor-
prendido por una muerte repentina sin haber podido decir
á sus hijos adoptivos, segun pensaba hacerlo , cuál era su
verdadero orígen . Los tres hijos del sultan á quienes habia
puesto por nombre Bahaman y Perviz, y Parizada á la prin-
cesa, que no habian conocido mas padre que al inten-
dente, lloraron su muerte amargamente ; pero contentos
con los cuantiosos bienes que les habia dejado , se propu-
sieron el continuar viviendo reunidos, y no pensaron en ir
á presentarse en la corte, en donde les habria sido fácil el
obtener brillantes puestos .
Un dia que los dos hermanos habian ido á caza y se
hallaba sola la princesa Parizada , se presentó delante de
la habitacion una mujer anciana y suplicó que le permi-
tieran entrar para decir sus oraciones , cuyo permiso no
solo le fué concedido , sino que la princesa mandó que le
sirviesen despues una colacion compuesta de frutas, dul-
ces y pastas finas. Agradecida la devota musulmana á la
buena acogida que le habia hecho la princesa , preguntán-
dole esta qué le parecia la casa y el jardin : - « Señora,
esta casa no tendria igual en el mundo , le respondió , si pu-
dieseis reunir en ella tres cosas maravillosas : un pájaro
464 CUENTOS ÁRABES

que habla llamado Bulbuzar , que tiene ademas la propie-


dad de atraer á todos los pájaros de las inmediaciones ,
que le acompañan con sus trinos y gorjeos ; un árbol que
canta, cuyas hojas son otras tantas voces que forman un
concierto armonioso ; y un agua dorada, de la cual bastan
unas cuantas gotas para hacer brotar un chorro que se
eleva á una altura prodigiosa y vuelve á caer convertido

en una cascada dorada, pero sin perderse una sola gota.


Mucho os agradezco , mi buena madre, le dijo la prin-
CUENTOS ÁRABES 465

cesa, que me hayáis dado á conocer la existencia de cosas


tan maravillosas de las que nunca habia oido hablar ; y os
agradeceria mucho mas si quisieseis decirme el lugar en
que se hallan y el modo de procurármelas . - Esas tres
cosas maravillosas de que acabo de hablaros , le contestó
la buena anciana , se hallan todas en un mismo paraje
que está situado en los confines de este reino de Persia
hácia la India . Para llegar á aquel paraje no hay mas que
seguir la carretera que pasa por delante de esta casa , y al
cabo de veinte dias justos de marcha preguntar, al pri-
mero que se encuentre , en dónde está el pájaro que ha-
bla, el árbol que canta , y el agua dorada , y él lo dira . »
La princesa Parizada , volvió á agasajar á la buena mujer,
y esta se marchó al poco rato , despues de haber dadɔ á
la princesa otras indicaciones .
Cuando volvieron sus hermanos de la caza, en vez de
encontrarla alegre y risueña , como de ordinario , notaron
que estaba triste y preocupada , y el príncipe Bahaman le
preguntó qué tenía, y si alguno la habia agraviado .
<< Hermano, le contestó la princesa, estoy pensando en lo
que me ha dicho esta mañana una devota musulmana. Me
ha hablado de tres cosas maravillosas que si las pudiera
tener, esta quinta sería la mas preciosa del mundo ; » y
en seguida les contó á sus hermanos lo que le habia refe-
rido la anciana.-< Hermana, le dijo el príncipe Bahaman,
despues de haberla escuchado, ya sabes que nuestros
deseos son los tuyos, y puesto que anhelas el poseer esas
tres preciosidades , y que esa buena mujer te ha indicado
el sitio en donde se hallan , mañana mismo voy á em-
prender la marcha para ir á buscarlas. » El príncipe
Perviz hizo entónces presente á su hermano que siendo
el jefe de la familia no convenia que fuese él mismo á
correr los riesgos de ese viaje ; que debia quedarse con
su hermana, y que á él era á quien correspondia el ir á
buscar el pájaro , el árbol y el agua . Sin embargo , todas
sus reflexiones y las de la princesa Parizada fueron vanas,
y aquel dia lo pasaron los tres hermanos haciendo los
preparativos del viaje .
466 CUENTOS ÁRABES

Á la mañana siguiente , el príncipe Bahaman montó en


un brioso caballo armado de punta en blanco , y al despe-
dirse de sus hermanos, que aun insistian para que no
hiciese aquel viaje , les dijo , despues de abrazarlos tierna-
mente : - << Es inútil cuanto me digáis porque no desistiré
de mi proyecto, y espero que no me sucederá ningun
accidente desagradable y que volveré bueno y sano ; pero
como no pueden preverse todos los acontecimientos que
puedan ocurrirme, para que sepáis si vivo ó muero, voy
á dejaros este puñal ; toma , hermana, dijo , alargán-
doselo metido en su vaina ; de vez en cuando sácalo de la
vaina. Mientras que veas que la hoja está limpia y brillante ,
es señal de que estoy bueno y sano ; pero si algun dia
ves que la hoja está empañada y chorrea sangre, eso indi-
cará que he dejado de existir . » Enseguida picó de espuelas
y emprendió su marcha á trote largo siguiendo rectamente
la carretera segun las señas que la princesa Parizada le
habia indicado .
Al cabo de veinte dias de marcha , sin haberse detenido
en ninguna parte, llegó á los confines de la Persia cerca
de una montaña, y mirando á derecha é izquierda descubrió
á su falda no léjos de la calzada , sentado á la sombra de
un árbol, un hombre muy anciano cuyas cejas y bigote le
cubrian toda la cara ; la barba le llegaba hasta el suelo ,
y los cabellos le arrastraban. Tenía cubierto el cuerpo con
una especie de saco hecho de estera, y sobre la cabeza
un sombrero de paja muy grande cuyas alas á manera de
parasol le caian por los lados . Este anciano era un santon
musulman que se habia retirado del mundo hacía muchos
años, y vivia solitario en aquel paraje , ocupado en alabar
á Dios y en hacer penitencia. El príncipe , siguiendo las
instrucciones que su hermana Parizada le habia dado , se
apeó del caballo , y acercándose al dervis le saludó cor-
tesmente. El dervis le contestó, pero el príncipe no pudo
entender ni una sola palabra . « Buen dervis, le dijo
entonces, veo que vuestras cejas y vuestro bigote os cu-
bren de tal manera el rostro , que os impiden hasta el
habla, si me lo permitis os los arreglaré, y os despejaré
CUENTOS ÁRABES 467

los ojos y la boca. » El dervis no contestó , pero tampoco


so resistencia, y el príncipe Bahaman , sacando unas
tijeras del estuche que llevaba, le cortó el bigote y las
cejas, y apareció el rostro del buen hombre fresco y son-
rosador Mi buen padre, le dijo entónces el príncipe

sabed que yo vengo de muy lejos en busca de un pájar


que habla, de un árbol que cana y de una agua dorada
458 CUENTOS ARABES

Me han dicho que esas tres cosas maravillosas están por


estas inmediaciones ; y como creo que vos no ignoráis en
dónde se hallan, os ruego que me indiquéis el camino que
debo seguir para encontrarlas y no extraviarme . » Al oir
estas palabras, al dervis se le cambió el color y no res-
pondió nada ; pero el príncipe Bahaman volvió á insistir
para que le dijera lo que le preguntaba. En vista de esta
insistencia le contestó el anciano : < Conozco el camino
que deseáis saber, pero la simpatía que me inspiráis ; y el
agradecimiento que os debo por el servicio que acabáis
de prestarme me hacen vacilar el complaceros , porque
quisiera evitaros los grandes riesgos que corre vuestra
vida, empeñándoos en seguir vuestro camino, y yo desea-
ria mejor que os volvieseis á vuestra casa . Sabed que otros
caballeros que no tenian menor valor del que vos demos-
tráis ,despreciando mis consejos, emprendieron la conquista
de esas tres maravillas que buscáis , pero ni uno de ellos ha
vuelto , y todos perecieron . Así , reflexionadlo bien, y no
seáis temerario.- Sean los que quieran los riesgos que haya
que correr, le replicó el príncipe , estoy decidido á arrostrar-
los . Pues en ese caso , ya que no queréis escucharme, le
dijo el anciano, tomad esta bola ; cuando estéis á caballo
echadla á rodar , seguidla y no os paréis hasta que ella
se pare. Entónces os apearéis , dejaréis en aquel sitio
vuestro caballo , y emprenderéis á pié la subida de una
montaña. Si conseguís llegar hasta la cumbre bueno y
sano , cosa que lo dudo, allí encontraréis el pájaro que
habla, encerrado en una jaula ; tomadlo, y él os dirá en
dónde están el árbol que canta y el agua dorada . Tan
pronto como empezaréis á subir tendréis que luchar con
una multitud de enemigos invisibles , que os injuriarán , os
provocarán, os amenazarán y harán todo lo posible para
impediros el subir hasta la cumbre : no os acobardéis ,
continuad impávido vuestra marcha , pero guardãos de
mirar atras, porque en el momento en que volváis la
cabeza, quedaréis convertido en piedra negra, como lo han
sido los infinitos caballeros que os han precedido . A otros.
muchos mas peligros estáis expuesto , de los que no os
CUENTOS ÁRABES 469
quiero hablar para no desanimaros , volviendo á repetiros
que hariais mucho mejor en regresar á vuestra casa , que no
en proseguir una empresa tan llena de riesgos y peligro. »
El príncipe Bahaman dió gracias al buen dervis por sus
consejos y advertencias pero, decidido como estaba á llevar

adelante su proyecto , montó á caballo , cogió la bola que le


dió el anciano y la echó al suelo . La bola empezó á rodar
27
470 CUENTOS ÁRABES

con tanta velocidad que el príncipe tuvo que seguir cor-


riendo á escape, para no perderla de vista hasta que al
fin se paró al pié de una montaña árida y escarpada , cu-
bierta de piedras negras . El príncipe se apeó , echó las
riendas sobre el cuello de su caballo, y empezó á subirla :
apénas habia dado algunos pasos, cuando oyó á su alre-
dedor y muy cerca de si una multitud de voces que decian :
- {{ Adónde va ese mancebo atolondrado ?-— ¿ Qué viene
á buscar aquí ese necio orgulloso ? ¡ No le dejéis pasar !
gritaban otras voces . ¡ Matadle ! ¡ cortadle las piernas !
Vean al currutaco presuntuoso que piensa que no hay
mas que alargar la mano para coger el pájaro que habla ,
el agua de oro y el árbol del concierto ! » A pesar de
estas voces y otras muchas que no repetimos , seguia
subiendo la montaña ; pero segun iba adelantando en su
camino la gritería iba tambien en aumento , de modo que
al llegar á cierta altura , las amenazas , los dicterios , las
risotadas y la befa llegaron á tal extremo que le hicieron
titubear y perder el aliento ; se aturdió y le empezaron á
flaquear las piernas ; entónces olvidando la recomendacion
del dervis se volvió para retirarse y bajar la montaña cor-
riendo , mas apénas habia vuelto la cabeza cuando se
halló convertido en piedra negra, lo mismo que su caballo.
La princesa Parizada que, desde la partida del príncipe
Bahaman, llevaba sujeto á la cintura el puñal que aquel le
dió al partir, y lo desenvainaba muchas veces al dia , se
quedó muda y aterrorizada , cuando al desenvainarlo por
última vez, el dia vigésimo por la tarde , vió que la hoja,
tersa y limpia hasta entónces, estaba chorreando sangre.
Á los gemidos y lamentos que dió al recibir por este me-
dio la noticia de la muerte del príncipe Bahaman , acudió
su hermano el príncipe Perviz que no se quedó ménos
aterrorizado y afligido que la princesa al ver el puñal
ensangrentado . Aquella se lamentaba amargamente de
haber sido ella la causa de la muerte del príncipe , y le
pesaba mil veces de haber hablado de lo que la beata mu-
sulmana le dijo, y , sobre todo , de haber manifestado el
capricho de poseer aquellas tres maravillas . El príncipe
CUENTOS ÁRABES 471

Perviz , sin dejar de sentir tanto como su hermana la


muerte del príncipe Bahaman á quien amaba tiernamente ,
dejando á un lado lamentaciones inútiles , se resolvió en el
acto á ir á vengar la muerte de su hermano , y conquistar
al mismo tiempo los tres objetos portentosos ansiados por
su hermana Parizada , sin que las súplicas y las lágrimas de
esta consiguiesen el hacerle desistir de su resolucion . En
seguida, hizo sus preparativos de viaje , y al despedirse de
su hermana le entregó un espejo y le dijo : - « Mira
todos los dias este espejo , y me verás en él mientras esté
vivo ; cuando dejes de verme, será señal de que he
muerto. No repetiremos lo que antes hemos referido ,
limitándonos á decir que el príncipe Perviz siguió el mismo
camino que su hermano Bahaman , que encontró al dervis
en el mismo sitio , que este trató de disuadirle de prose-
guir su camino , y que por último, no logrando conven-
cerle, le dió los mismos consejos é hizo las mismas adver-
tencias, y le entregó otra bola para que le sirviese de
guia.
El jóven príncipe llegó á la falda de la montaña encan-
tada, se apeó y empezó á subirla. Apénas habia andado
unos cien pasos, cuando oyó detras de sí y á corta dis-
tancia una voz que le gritaba : « Aguarda, petulante
mancebo , que allá voy á castigar como mereces tu osadía. »
Este insulto le causó una impresion tan viva que le hizo
olvidarse de las advertencias y consejos del anciano dervis .
Arrebatado por la ira, desenvainó su alfanje y se volvió
con ánimo de arrojarse sobre el insolente que le insul-
taba de aquella manera y vengar su afrenta ; pero, sin
tener tiempo de ver que nadie le seguia , quedaron meta-
morfoseados en piedras negras él y su caballo .
En el mismo momento en que se obraba esta metamor-
fósis , la princesa Parizada estaba mirando el espejo en
el que aparecia brillante y luminosa la gallarda imágen del
príncipe, cuando esta imágen desapareció de repente vol-
viéndose opaco el espejo . La princesa dió un grito , el
espejo se le escapó de las manos , y se hizo mil pedazos
al caer al suelo . Siendo este un síntoma que le anunciaba
472 CUENTOS ÁRABES

la muerte de su segundo hermano, la jóven princesa no


vaciló en llevar á cabo un proyecto que habia meditado ,
en el caso que sucediese esta desgracia . En vez de entre-
garse á los transportes de dolor que le causaban la muerte
de sus dos hermanos , y de pasar el tiempo en derramar
lágrimas inútiles que no los resucitarian , se ocupó inme-
diatamente en hacer los preparativos para el viaje que se
habia propuesto emprender á fin de averiguar cómo y de
qué manera habian perecido aquellos , recoger sus restos
mortales, vengarlos si era posible , y ver al mismo tiempo
si ella podia obtener lo que sus dos hermanos no habian
conseguido ; empresas todas bien difíciles ; pero, cuando
una mujer se propone con voluntad decidida el conseguir
ó el hacer una cosa cualquiera , hay nada que le haga
desistir de su empeño ?... Al dia siguiente , vistiéndose con
un traje de caballero , y armada como un guerrero , despues
de haber encargado del gobierno de la casa á su nodriza
y dicho á sus esclavos que volveria dentro de pocos dias ,
montó en un brioso caballo , y emprendió su marcha por
el mismo camino que sus hermanos habian seguido ..
Á los veinte dias de marcha encontró al anciano dervis
en el mismo sitio , y le dijo cuál era el objeto de su venida.
El dervis que , á pesar de su disfraz , conoció que era mujer,
le dijo : << Señora, si me admira vuestro esfuerzo va-
ronil no por eso me causa ménos interes y compasion el
veros empeñada en una empresa tan ardua en la que han
perecido tantos valientes caballeros , y últimamente vues-
tros dos hermanos , los cuales transformados en piedra
solo podrian volver á recobrar su ser primitivo haciéndoos
dueña del pájaro maravilloso cuya conquista la veo para
vos imposible. Imposible ó fácil , le replicó la prin-
cesa , ahora que sé del modo que mis hermanos han pere-
cido, y en dónde se hallan, y que vos me decís que hacién-
dome dueña del pájaro que habla podria restituirles la
vida , eso solo bastaria para decidirme á emprender su
conquista, si no estuviese ya bien decidida . Así os ruego,
buen padre, que me expliquéis en qué consisten los peli-
gros que tengo que afrontar para conseguir mi objeto , y
CUENTOS ÁRABES 473

que me indiquéis el camino que debo seguir para llegar á


la montaña de las piedras negras. » El dervis le hizo

las mismas explicaciones que había hecho a sus hermanos


y á cuantos los habian precedido y le dió los mismos con- ,
sejos. Despues de haberle oido atentamente, la princesa
le preguntó si no podria evitarse el oir las amenazas é
insultos de esos enemigos invisibles por medio de algun 1
artificio, como, por ejemplo, tapándose bien los oídos.-
«.Señora, no lo sé, le contestó el anciano anacoreta, é
474 CUENTOS ÁRABES

ignoro si algun caballero ha empleado ese artificio ; solo


puedo deciros que de todos cuantos he visto marchar á
esa conquista, no he visto volver á ninguno . Podéis en-
sayar ese medio , si gustáis , pero yo os aconsejo que lo
mas prudente y lo mejor es el que os volváis por donde
habéis venido y no os expongáis á perder la vida . » Las
amonestaciones del anciano fueron inútiles. La princesa
tomó la bola que este le entregó , le dió las gracias por
todo , montó á caballo y no se apeó hasta llegar á la falda
de la montaña adonde la bola la condujo . Abandonando
las bridas del caballo , sacó unos algodones que llevaba
prevenidos y se rellenó bien los oídos con ellos, y tomada
esta precaucion emprendió la subida de la montaña con
ánimo esforzado , bien decidida á no hacer caso de cuanto
pudiera oir , ni , sobre todo , á retroceder ni volver la
cabeza .
En cuanto dió los primeros pasos empezó una furibunda
gritería, insultos y chocarrerías alusivas á su sexo y al
traje que vestia . Algunas de estas palabras llegaba á per-
cibir la princesa , pero no por eso se detenia en su marcha .
<< Injuriadme cuanto queráis , decid cuanto se os ocurra,
y amenazadme á vuestro placer, exclamaba , que ni vues-
tros insultos me ofenden , ni vuestras amenazas me inti-
midan , » y proseguia su camino . No sin fatiga y angustia
llegó, al fin, á la cresta de la montaña que era una gran
planicie en cuyo centro habia un árbol muy frondoso , y
colgada de una de sus ramas una jaula de oro guarnecida
de perlas, esmeraldas y rubíes, y encerrado en ella un
hermosísimo pájaro con un penacho en la cabeza y un
plumaje de colores vivos y relucientes visos . Al llegar á
aquel paraje redoblaron los insultos, las amenazas y la
gritería, y hasta el pájaro mismo se unió á los enemigos
invisibles y gritó con voz aguda y fuerte muy superior á
10 que debia esperarse de su tamaño : << ¡ Retírate ,
no te acerques á mí , si en algo estimas tu vida ! » Léjos
de intimidarse con semejantes amenazas que la princesa
oyó perfectamente, tan luego como se halló en la planicie
de la cumbre y divisó la jaula, redobló el paso y poniendo
CUENTOS ÁRABES 475

la mano encima exclamó : ¡ Pájaro hablador, eres mi


prisionero ! ahora que te tengo en mi poder no te dejaré
en mi vida . » En el acto cesaron todas las voces y reinó
el mas profundo silencio , y mientras que la animosa prin-
cesa Parizada se destapaba los oídos , cambiando el pájaro
de voz le dijo : « Señora, no os deis por agraviada de
que haya unido mi voz á las de los que os injuriaban y
amenazaban para impediros el llegar á este sitio , y defen-
derme al mismo tiempo , porque, aunque encerrado en
esta jaula, me hallo muy bien avenido con mi suerte ;
pero ya que esta es la de ser toda mi vida esclavo , prefiero
el serlo de una princesa tan animosa como vos , mas bien
que de otro cualquiera . Así, os juro fidelidad y obediencia
desde este momento . Sé quién sois mejor que vos misma ,
y un dia vendrá en que os lo probaré . Ahora no tenéis
mas que decirme lo que deseáis, y os daré pruebas de mi
sinceridad, obedeciéndoos al momento . »
Absorta se quedó la princesa al oir expresarse al mara-
villoso pájaro de esta manera, pues nunca se habia imagi-
nado un prodigio de esta naturaleza . No dejó de llamarle
la atencion el que le diese el nombre de « princesa ,
pero lo atribuyó á una lisonja del pájaro, y para probar
si su sumision y ofrecimientos eran sinceros : - << Pájaro
pinto , le dijo, puesto que te manifiestas tan servicial y
deseoso de complacerme , deseo que me indiques los sitios
en que están un árbol que canta y una fuente de agua de
oro. » El pájaro le contestó : - « El árbol lo hallaréis en
ese bosque que veis á mano derecha, no lejos de aquí ; y
la fuente detras de aquella peña que se descubre á mano
izquierda. Mas como no podéis llevaros , como á mí, el
árbol, ni la fuente , os bastará , añadió , el que cortéis una
rama del árbol , y llenéis un frasco con el agua dorada. La
rama, que plantaréis en vuestro jardin , prenderá, se
arraigará al momento , y se hará un árbol muy frondoso
en poco tiempo, y tan armonioso como el árbol de que
procede ; y el agua del frasco derramada en un estanque
hará brotar un chorro de agua semejante que llegará hasta
el cielo. La princesa se dirigió á los sitios que el pájaro
476 CUENTOS ÁRABES

le indicó, halló en el bosque el árbol , y al pié de la roca


la fuente, y volvió con la rama y el frasco lleno de agua.
< Esto no me basta, le dijo en seguida al pájaro , tú
has sido la causa de la muerte de mis hermanos transfor-
mados en piedra, quiero que me digas lo que debo hacer
para que recuperen su estado primitivo. » -- El pájaro

EW

estuvo algo reacio para responder, pero habiendo vuelto


á insistir la princesa, recordándole la fidelidad y obediencia
CUENTOS ÁRABES 477

que acababa de prometerle , al fin le dijo : «α Soy vues-


tro esclavo, y es preciso obedeceros . Id al pié de aquella
roca en frente de la fuente , allí veréis una gruta : entrad
dentro y hallaréis una gran vasija llena de agua ; tomad
esa vasija y derramad el agua que contiene sobre las pie-
' dras negras . >> Sin soltar la jaula de la mano , la prin-
cesa fué á la gruta, encontró una especie de grande re-
gadera llena de agua y empezó á bajar la montaña provista
con la rama del árbol filarmónico y el frasco de agua de
oro, llevando en una mano la jaula y en otra la regadera.
Segun iba encontrando las piedras negras derramaba
sobre ellas un poco del agua misteriosa, y en el momento
la piedra se transformaba en un caballero ó en un caballo
que se ponian detras de ella y la iban siguiendo . Cuando
les llegó el turno á sus hermanos Bahaman y Perviz ,
estos al momento reconocieron á la princesa y vinieron á
abrazarla.— « ¿ Qué haciais aquí ? les preguntó la princesa.
Estábamos durmiendo, le contestaron ellos . -- Si yo
no hubiera venido á despertaros , les replicó la princesa,
vuestro sueño habria sido eterno . Luego que acabó de
rociar todas las piedras negras , fos caballeros vueltos á
la vida, que eran mas de quinientos , rodearon á la prin-
cesa, se prosternaron ante ella para darle las gracias por
el beneficio que les habia hecho , y le dijeron que dispu-
siera de ellos como de sus esclavos , declarándose todos
dispuestos á servirla y obedecerla. La princesa les dió
las gracias por sus ofrecimientos y les dijo : - << No es á mí,
señores , á quienes debéis el haber vuelto á la vida , sino á
la virtud del agua prodigiosa que esta vasija contenia .
Sabed que estábais convertidos en piedras negras , y que
el pájaro que veis aquí en esta jaula de oro , que es esclavo
mio , y habla como nosotros , es el que me ha indicado lo
que debia de hacer para volveros á la vida . Pero , señores ,
añadió, ya nada tenemos que hacer en este sitio ; monte-
mos á caballo y volvámonos á nuestras casas . >> Todos los
caballeros, inclusos sus hermanos , conocieron que, á pe-
sar de su modestia , á ella era á quien eran deudores de
haber sido desencantados , y volvieron nuevamente á darle
27.
478 CUENTOS ÁRABES

las mas rendidas gracias, á repetir sus ofrecimientos y áร


felicitarla por la conquista que habia hecho de las tres

maravillas que ellos habian venido tambien á buscar con


un éxito tan desgraciado . En seguida, siguiendo el ejemplo
de la princesa , montaron á caballo y le rogaron que se
pusiese á su frente , y que ellos la seguirian y escoltarian
hasta llegar á su palacio . Cuando pasaron por el sitio en
que estaba el dervis, le encontraron muerto, sin saber si
CUENTOS ÁRABES 479
su muerte habia sido un efecto natural de sus muchos
años, ó bien porque, habiendo conquistado el pájaro pinto
que habla, la rama del árbol que canta, y el frasco de agua
dorada, su presencia en aquel lugar ya no era necesaria
para indicar á los caballeros aventureros el camino para
subir á la montaña encantada .
La princesa Parizada y sus hermanos llegaron sin no-
vedad á su quinta adonde se despidieron todos los caba-
lleros que la habian escoltado , despues de haberle reno-
vado sus gracias . Colocó la jaula con el pájaro Bulbuzar
en el salon principal , cuyas ventanas daban á los jardines
y al parque, y en cuanto empezó á cantar acudieron todos
los ruiseñores , las alondras , los mirlos, los jilgueros y
otra multitud de avecillas que con sus trinos y gorjeos
alegraban el aire. La rama del árbol filarmónico la plantó
ella misma en un sitio escogido del jardin , y echó raíces al
instante, de modo que al cabo de poco tiempo se hizo un
árbol frondoso y corpulento, y sus hojas eran otros tantos
tiples, sopranos , bajos y contraltos , cuyo conjunto armo-
nizado formaba un concierto de voces delicioso y admi-
rable . Á la entrada del parque mandó construir una con-
cha y pilon de alabastro , derramó en ellos el agua del
frasco, é inmediatamente saltó un chorro caudaloso de agua
dorada que se elevó á una altura prodigiosa que la vista
no alcanzaba á distinguir.
Luego que los príncipes Bahaman y Perviz descansaron
de las fatigas del viaje, volvieron á continuar la vida que
hacian ántes, siendo su recreo favorito el de la caza . Un
dia que habian ido á cazar á un bosque muy lejano po-
blado de osos , leones , panteras , tigres y leopardos , se
encontraron con el sultan de Persia que estaba cazando
tambien en aquellos parajes . Al verle llegar se apearon
y se postraron en tierra para saludarle . El sultan les
mandó levantar y se paró á examinarlos con la mayor
atencion : su gallardía y su aire distinguido le llamaron
la atencion y les preguntó quiénes eran, y lo que hacian
en aquellos sitios. El príncipe Bahaman le dijo : — « Se-
ñor, somos hijos del último intendente de Vuestra Majes-
480 CUENTOS ÁRABES

tad, y vivimos en una quinta que mandó construir poco


ántes de morir. Como pensamos servir en los ejércitos de
Vuestra Majestad cuando nuestra edad nos lo permita ,
nos ejercitamos en la caza combatiendo á las fieras , para
aprender á combatir mejor á los enemigos de Vuestra Ma-
jestad. » Sin saber por qué, el sultan Kosru Shah se sintió
atraido hacia aquellos jóvenes , y deseoso de saber si su
valor correspondia á lo que su presencia demostraba, les
dijo que tendria gusto en ver cómo cazaban . Los príncipes ,
entónces , despues de haber saludado y tomado la vénia
del sultan , montaron á caballo y se unieron á los otros
cazadores que le acompañaban . No tardaron en presen-
tarse un oso colosal y un leon formidable, y lanzándose
sin titubear el principe Bahaman sobre el leon , y sobre
el oso el príncipe Perviz , despues de una lucha encar-
nizada en la que ambos hermanos dieron pruebas de un
valor y de una destreza admirables, las dos fieras queda-
ron muertas á los piés de los caballos con admiracion y
aplauso del sultan y de los cortesanos .
Apenas acababan de espirar las dos fieras , cuando se
presentaron una pantera y un leopardo, los cuales , ataca-
dos por los dos hermanos , no tardaron en vacer por tierra
exánimes « ¡ Basta, basta ! exclamó entonces el sultan ,
no quiero que sigáis cazando , porque si os dejara creo que
bien pronto dariais fin con toda la caza de este bosque.
Ademas que, despues de lo que acabo de veros hacer , estimo
vuestras vidas en el mas alto grado, y deseo que vuestro
valor se emplee en combatir, no á las fieras de este bosque,
sino á los enemigos de mis Estados. Deseo veros en mi
corte, añadió, y mañana que volveré á cazar á este mismo
bosque, hallaos aquí , y me acompañaréis . » Los príncipes
le dieron al sultan las mas rendidas gracias por el cistin-
guido honor que les hacía, y se despidieron de él . Por la
noche contaron á la princesa Parizada el encuentro que
habian tenido en la caza , y los deseos que habia manifes-
tado el sultan Kosru Shah de llevárselos á la corte, aña-
diendo que ellos por su parte no estaban muy decididos
á seguirle y á separarse de ella. La princesa les contestó
CUENTOS ÁRABES 481

que, en efecto, el separarse de ellos sería una desgracia


para ella, pero que no veía modo de evitarla, porque si
bien la benevolencia que les habia mostrado el sultan
podia serles muy ventajosa ; el oponerse á su voluntad era
sumamente peligroso , porque los soberanos no sufren
con paciencia el que se contraríen sus caprichos : así, era
de parecer que al dia siguiente se encontrasen en el punto
que les habia indicado : « Pero , esperad, añadió , vamos á
consultar al pájaro Bulbuzar, y veremos lo que nos dice. »
La princesa Parizada y sus hermanos pasaron al salon en
que estaba la jaula y aquella le dijo : « Pájaro pinto, el
sultan Kosru Shah desea llevarse á la corte á mis herma-
nos ; pero, como nos queremos tanto, me temo que el
acendrado cariño que nos tenemos no sufra menoscabo
con esta separacion , y si hubiera algun medio de evitarla
sin que el sultan se ofendiese, nos alegraríamos infinito
el saberlo ¿ qué te parece , pajarito ? Es necesario y
conveniente que vuestros hermanos acompañen al sultan
á la corte, respondió Bulbuzar. Esta separacion , léjos de
entibiar vuestro cariño , lo aumentará, y todo redundará
en beneficio vuestro . » Al dia siguiente los príncipes
Bahaman y Perviz se hallaron en el cazadero, y el sultan
así que los vió les preguntó si estaban dispuestos á se-
guirle, á lo cual le respondieron que no tenian mas volur.-
tad que la suya, y que su único deseo era el complacerle.
El sultan Kosru Shah que habia pasado toda la noche.
pensando en los príncipes hácia los que se sentia atraido
por un afecto incomprensible, y que habia vuelto al cace-
río mas bien por llevárselos consigo que por cazar, regre-
só á la ciudad mucho mas temprano que lo acostumbrado ,
y entró en ella muy de dia llevando á los dos jóvenes á su
derecha é izquierda, no sin grande envidia de los corte-
sanos, y sobre todo del gran visir, muy incomodado de
verse así pospuesto . Los habitantes de la ciudad , al ver
pasar al sultan en medio de aquellos dos tan apuestos
mancebos , se preguntaban entre sí , quiénes eran. -
¡ Ojalá tuviera nuestro sultan dos príncipes tan gallardos
como estos dos jóvenes , decian los unos. Bien pudiera
482 CUENTOS ÁRABES

tenerlos, respondian los otros , si la sultana infeliz que


está padeciendo há tanto tiempo no hubiera sido tan des-
graciada en sus partos . >>
Cuando llegaron á palacio , el sultan, por tener el gusto

de conversar mas tiempo con ellos y enterarse si eran tan


instruidos como valientes, y si tenian tanto ingenio como
valor, hizo que se sentaran á su mesa, y despues del ban-
CUENTOS ÁRABES 483

quete los obsequió con un concierto vocal é instrumental,


y luego con bailes y otros pasatiempos . Durante la con-
mida, le dijeron los príncipes : - « Señor , estamos tan
confusos de la honra que nos dispensa que no sabemos
cómo mostrarle nuestro agradecimiento . Si alguno de los
dias que Vuestra Majestad va á caza por aquellos sitios en
que hemos tenido la dicha de encontrarle, se dignase
honrarnos viniendo á descansar á nuestra quinta algunos
momentos , haríamos ver á Vuestra Majestad tres cosas ma-
ravillosas que quizas nunca haya visto, á pesar de su grande-
za ; todas ellas conquistadas por nuestra hermana Parizada .
Estas tres maravillas son , señor , un pájaro que habla, un
árbol que canta , y un chorro de agua de oro que sube
hasta las regiones del cielo . » El sultan les contestó . --
« Acepto con mucho gusto el convite que me hacéis, y os
prometo ir á descansar á vuestra casa dentro de tres
dias , no solo por ver esas cosas maravillosas de que aca-
báis de hablarme, sino tambien , ya que me decís que
tenéis una hermana que es la que las ha conquistado , por
tener el placer de conocer y ver á esa heroína . »
Impaciente estuvo el sultan durante esos dias, porque
una inclinacion irresistible le atraía hácia los príncipes .
Estos así que regresaron á su casa anunciaron á su her-
mana Parizada la próxima visita que el sultan habia ofre-
cido hacerles.— « En ese caso, dijo la princesa, es preciso
preparar algun pequeño banquete para obsequiarle . Bueno
será, añadió, que consultemos al pájaro pinto para que
nos diga qué plato de gusto podremos ofrecerle. » La prin-
cesa fué en seguida á decir al pájaro hablador , que debiendo
venir el sultan á hacerle una visita , querria saber qué
manjares le serian mas agradables , pues deseaba ofrecerle ,
como era regular, un banquete . El pájaro le contestó :
« Ama y señora mia , mandad á vuestro cocinero que
prepare unos calabacines rellenos con perlas . - ¡ Dios
mio exclamó la princesa, ¡ calabacines con relleno de
perlas ! Pájaro, tú no sabes lo que tu dices . Ese es un
relleno que nunca se ha visto. Ademas , ¿ adónde se han
de encontrar todas las perlas que se necesitan para pre-
484 CUENTOS ARABES

parar un plato de esa naturaleza ? ― Yo sé perfectamente


lo que digo, le replicó Bulbuzar, y no os inquietéis por
no tener todas las perlas necesarias para hacer el relleno .
Mañana antes que salga el sol , id al parque con vuestro
jardinero contad siete árboles empezando por el que
está al entrar, á la izquierda del camino , y al llegar al
séptimo mandadle abrir un hoyo alrededor hasta que se
descubran las raíces . Cuando el árbol descarnado haya
caido al suelo veréis una caja de aloés chapeada con pla-
cas de oro. Tomadla, y dentro encontraréis mas perlas de
las que se necesitan para el relleno . Haced lo que os digo ,
y ya veréis como todo resulta en beneficio vuestro.
Llena de confianza en las palabras del pájaro pinto, la
princesa Parizada , sin decir nada á sus hermanos, se le-
vantó muy de madrugada é hizo cuanto aquel le habia
dicho . El árbol cayó al suelo y , en efecto , apareció la
caja llena de perlas gruesas , redondas y hermosísimas cual
nunca habia visto . En seguida mandó venir al cocinero ,
el cual, al recibir la órden de rellenar calabacines con per-
las , creyó que su ama habia perdido el juicio ; pero no se
atrevió á replicar. Cogió la caja con las perlas y rellenó
con ellas los calabacines .
Mientras tanto, los príncipes Bahaman y Perviz habian
salido para el apostadero á fin de recibir al sultan cuando
llegase al cacerío . Á la hora acostumbrada llegó el sultan
con toda su comitiva, y despues de haber cazado durante
algunas horas , acompañado por los príncipes, se dirigió á
la quinta de estos á cuya entrada salió á recibirle la prin-
cesa Parizada , la cual se prosternó hasta el suelo , salu-
dándole y dándole la bienvenida . El sultan le manó
levantarse y al ver su deslumbradora hermosura :
La hermana, le dijo , es digna de sus hermanos , » cuyo
cumplido hizo sonrosear el rostro de la princesa y aumen-
tar su belleza . Despues de unos cuantos minutos de des-
canso y tomado un ligero refresco , el sultan quiso ver la
casa y los jardines, y la princesa se encargó de hacerle los
honores de ella. Grande fué la admiracion del sultan al
ver el chorro de agua de oro elevándose á una altura que
CUENTOS ÁRABES 485

ro alcanzaba la vista, pero fué mayor todavía al acercarse


al árbol cantor y oir su melodioso concierto . « ¿ En dónde
están los artistas que cantan tan admirablemente ? exclamó ,
¿ están en el aire ó debajo de tierra ? - Señor, le con-
testó la princesa , los cantores y músicos son las hojas de
ese árbol que tenéis enfrente. Acercaos un poco mas á él
y hallaréis la prueba de lo que os digo . » Despues de
haber admirado estos dos prodigios, volvió á la casa y
entró en el salon en que se hallaba preparada la mesa
para el banquete y en donde la princesa habia llevado la
jaula con el pájaro pinto . El salon se ballaba lleno de rui-
señores, de jilgueros , de mirlos y de otras innumerables
avecillas que acompañaban con sus respectivos cantos los
trinos y gorjeos del pájaro enjaulado . Mucha fué la extrañeza
del sultan al ver tanto pájaro reunido en aquel sitio.— « Vie-
nen á acompañar á mi esclavo y hacer coro á sus trinos,
le dijo la princesa , señalándole el pájaro hablador : Bulbu-
zar, añadió, aquí está Su Majestad el sultan , salúdale como
corresponde y dale la bienvenida . El pájaro cesó de cantar ,
y batiendo ligeramente las alas exclamó : « ¡ Colme
Dios de prosperidades al sultan Kosru Shah y prolongue
los dias de su vida ! ¡ Sea su venida á esta casa un motivo
de felicidad para él y para sus hijos¡ » Extático se quedó
el sultan al oir hablar al pájaro de esta manera .
< Páa ro admirable, le contestó, te doy las gracias por
tus buenos deseos . Te saludo yo tambien como al rey y
al sultan , por tu hermosura y saber, de todos los pájaros
del universo . » Y dirigiéndose á la princesa le dijo : -
<< Hermosa jóven, ¿ quién os ha regalado, ó en dónde ó
cómo habéis adquirido estas tres maravillas ? No extraño
que no echéis de ménos la ciudad , ni la corte, y que pre-
firiáis vivir en esta quinta que es un verdadero paraíso .
Señor, le contestó la princesa , puesto que lo deseáis
saber , os referiré despues de comer en dónde y cómo he
conquistado el pájaro hablador , el árbol del concierto , y
el agua de oro ; mientras tanto , os ruego que os dignéis
aceptar un modesto banquete . » El sultan hizo un ade-
man de aquiescencia, y se sentó á la mesa no léjos del
486 CUENTOS ÁRABES

sitio en que estaba la jaula con el pájaro, el cual conti-


nuaba cantando , acompañado por todos sus compañeros .

Al segundo servicio presentaron , al sultan el plato con


los calabacines rellenos . Al verlos exclamó : « Habéis
adivinado cuál es mi plato favorito ; D tomó uno , y al
abrirlo se encontró con que el relleno era de perlas finas.
¡ Qué es esto ! exclamó, las perlas no se comen,
CUENTOS ÁRABES 487

xtraño mucho semejante relleno , » y miró alternativa-


mente á los príncipes y á la princesa como para pregun-
tarles qué significaba aquello . El pájaro Bulbuzar cesó de
cantar entónces , y tambien cesaron los demas pajarillos,
y volviéndose hacia el sultan le dijo en voz clara é inte-
ligible : -- << Sultan Kosru , Vuestra Majestad encuentra
extraño el que le presenten un relleno de perlas , y no
encontró extraordinario el que la sultana vuestra esposa
diese á luz un perro, un gato y un trozo de carne corrom-
pida, y creyó fácilmente lo que le dijeron . » Al oir estas
palabras del pájaro el sultan se estremeció y cambió de
color. Lo creí, respondió , porque las dos parteras
que la asistían me lo aseguraron y me presentaron los
fetos . Pues sabed que os engañaron indignamente , le
replicó el pájaro . Esas dos parteras eran las hermanas de
la sultana que, envidiosas de la suerte y grandeza de su
hermana menor y de verse pospuestas á ella , quisieron
vengarse abusando de vuestra credulidad , y arrojando al
canal á los príncipes hijos vuestros que dió á luz la sul-
tana, los cuales habrian perecido , como ellas lo han creido ,
si la Providencia no hubiera velado sobre ellos . » Al oir
esto, el sultan se levantó azorado de la mesa. - « ¡ Y qué
ha sido de mis hijos ! exclamó acercándose á la jaula ¿ en
dónde están ? ¡ dímelo si lo sabes, pájaro divino ! - Ahí
los tenéis en vuestra presencia. El príncipe Bahaman y el
príncipe Perviz son vuestros hijos , le respondió el pájaro ,
y la princesa Parizada es vuestra hija, recogidos los tres
por vuestro antiguo intendente que los hizo criar , los
adoptó por hijos y los educó con esmero. Mandad pren-
der á las hermanas de la sultana , y ellas os confesarán su
crímen tres veces repetido . »
Si las palabras del pájaro causaron admiracion al sultan ,
no fué ménos la de los príncipes al saber que su padre
era el sultan . Este , arrebatado de júbilo , exclamó : — ‹ Mi
corazon me impulsa á creer como cierto lo que acabas de
decirme ; ahora comprendo esa inclinacion irresistible
que me atraía hacia vosotros desde el momento que os vi.
¡ Hijos mios, añadió , abriendo sus brazos , venid á que yo
488 CUENTOS ÁRABES
estreche vuestros pechos contra el mio ! » — Los tres
príncipes se levantaron profundamente conmovidos , y se
arrojaron en brazos del sultan derramando los cuatro lágri-
mas de gozo y enternecimiento . « Hijos mios , dijo el
sultan luego que se acabó la comida, marcho á hacer jus-
ticia y desagraviar á vuestra madre, y mañana volveré
aquí con ella . ¡ Disponeos para recibirla ! » Inmediatamente
montó á caballo y seguido por los cortesanos que le acom-
pañaban, no ménos sorprendidos y regocijados del
suceso , así que llegó á la ciudad , sin entrar en palacio,
se dirigió á la mezquita á cuya puerta vegetaba encerrada
en su covacha la infeliz sultana : se apeó , y tomándole la
mano la sacó él mismo de su encierro ; luego hincando
delante de ella la rodilla le pidió perdon por la injusticia
con que la habia tratado, en presencia del inmenso gentío
que se habia reunido , el cual cuando llegó á saber lo que
motivaba aquella escena , prorumpió en entusiastas vivas
al sultan, á la sultana y á los príncipes . Mientras tanto , el
sultan habia dado órden al gran visir para que prendiese
á las dos hermanas envidiosas , que se les formase en el
acto la sumaria y se las impusiese el castigo que sus crí-
menes merecian . El gran visir se dió priesa en ejecutar
las órdenes recibidas : cuando se vieron presas , confesaron
plenamente las sustituciones hechas y los infanticidios , y
el consejo las condenó á ser descuartizadas vivas . Este
terrible castigo fué ejecutado al dia siguiente con aplauso
del pueblo cuando supo la causa por que se les imponia .
La sultana fué conducida á palacio en medio de las
aclamaciones de las innumerables gentes , que acudian á
verla, y al dia siguiente, el sultan y ella , acompañados por
toda su corte, se trasladaron á la quinta en donde estaban
esperando para recibirlos los dos príncipes y la princesa.
« Ahí tenéis á vuestros hijos , dijo el sultan á su
esposa, abrazadlos con la misma ternura con que yo lo he
hecho , porque son dignos de nuestro cariño . » Aun
cuando la sultana estaba tambien creida que no habia
tenido hijos, no por eso dejó de conmoverse su corazon
maternal á la vista de los príncipes, los cuales por su
CUENTOS ÁRABES 489

parte se sintieron tambien enternecidos á la vista de su


verdadera madre, porque en unos y otra la sangre hacía
sentir su influencia.

Despues de un suntuoso banquete preparado por la


princesa Parizada en el que tomaron parte todos los cor-
tesanos que acompañaban al sultan , volvieron á empren-
der todos reunidos la marcha para la capital . Los prín-
cipes Bahaman y Perviz marchaban á derecha é izquierda
490 CUENTOS ÁRABES

del sultan , cuyo rostro rebosaba satisfaccion y alegría ;


detras venía la sultana llevando á su lado á la princesa
Parizada cargada con la jaula en que iba su esclavo el
pájaro Bulbuzar , el cual no cesaba de cantar de una ma-
nera admirable , seguido y acompañado por todos los
pajarillos de los bosques inmediatos , los cuales , posándose
sobre los árboles del camino, y sobre los aleros de los
tejados de las casas, unian sus gorjeos del canto al pájaro
pinto.
Todos los habitantes de la ciudad habian salido fuera
á recibir al sultan , y al verle acompañado de unos prín-
cipes tan gallardos , y á la sultana llevando á su lado á
una princesa tan hermosa , prorumpieron en vivas entu-
siastas y aclamaciones frenéticas, sembrando de flores y
de arbustos las calles por donde debia pasar la comitiva.
El sultan reconoció públicamente por hijos suyos y de
la sultana á los dos príncipes Bahaman y Perviz y á la
princesa Parizada . Con este motivo hubo grandes fiestas y
regocijos en palacio , en la ciudad y en todo el reino . El
sultan Kosru Shah vivió largos años muy feliz , y cuando
falleció de viejo , subió al trono el príncipe Bahaman, el
cual cedió una parte de sus Estados á su querido her-
mano el príncipe Perviz . La princesa Parizada hizo un
brillante casamiento con el rey de un Estado poderoso ,
vecino del imperio de Persia , y la dinastía de estos tres
príncipes se conserva todavía . Cuando la princesa Pa-
rizada falleció agobiada por los años , el pájaro Bulbuzar ,
del que no se habia separado nunca , enmudeció , y jamas
volvió á oírsele hablar ni cantar. El chorro de agua de
oro se agotó, y el árbol del concierto perdió todas sus
hojas y se secó por completo .
Así finalizó su historia maravillosa la sultana Gerenarda,
que habia tenido embelesado al sultan Chabriar escu-
chando este prodigioso cuento . A la mañana siguiente la
sultana empezó á contarle otra historia maravillosa en los
términos siguientes .
ENTOS ÁRABES 491

HISTORIA DEL PRINCIPE ZEIN ALASMAN Y DE LAS NUEVE


ESTATUAS

Hubo en Balsora antiguamente un rey que llegó á


atesorar riquezas inmensas, no por medios reprobados
ni vejatorios á sus vasallos , que le amaban por su bondad
y su justicia, sino por la buena administracion y gobierno
de sus Estados, y por su prudente economía . Amado,
pues, de aquellos y bien quisto de los otros reyes sus
vecinos, su felicidad habria sido completa si no la viera
acibarada y amenguada por falta de un sucesor directo .
Á fin de obtenerle , dirigió fervientes oraciones al cielo , y
sobre todo, dió cuantiosas limosnas á los necesitados,
socorrió infortunios ocultos , y auxilió á innumerables
familias indigentes ; de modo que las oraciones de todas
estas personas socorridas, unidas á las suyas , llegaron al
cielo, fueron escuchadas y despachadas favorablemente .
Cuando su esposa la reina dió á luz un robusto niño á
quien pusieron por nombre Zein Alasman, esto es , Cum-
plimiento de mis deseos , mandó convocar el rey á todos
los astrólogos del reino para que hiciesen el horóscopo
del recien nacido ; y de las observaciones y cálculos
hechos por estos sabios , vino á sacarse en limpio que el
príncipe viviria muchos años , que sería muy valiente y de
ánimo esforzado ; pero que necesitaria hacer uso de todo
su valor para soportar con firmeza las desventuras y los
reveses de fortuna que le sobrevendrian . Este horóscopo
no le desagradó al rey que exclamó : Puesto que mi hijo
será de ánimo esforzado , sabrá soportar noblemente los.
infortunios que le sobrevengan. Es muy conveniente el
que los principes sufran alguna desgracia, porque en la
adversidad su virtud se acrisola, y aprenden á gobernarse
á sí mismos , y á gobernar mejor su reino . Ese horóscopo
no me disgusta. Hizo ricos presentes á los astrólogos
que se retiraron muy contentos y satisfechos de la gene-
492 CUENTOS ÁRABES

rosidad del soberano, y este se dedicó desde luego á


criar al príncipe con el mayor esmero, y cuando llegó á
la edad competente hizo darle la educacion mas completa ,
así física como moralmente.
Antes que el príncipe llegase á una edad provecta ,
viéndose el rey acometido por una grave enfermedad , y
conociendo que se acercaba el fin de sus dias , hizo venir
á su hijo, y en las diferentes conferencias que tuvo con
él, le encargó muy particularmente que gobernase su
pueblo de manera á ser mas amado que temido ; que no
diese oídos á los aduladores que con sus lisonjas corrom-
pen el corazon de los príncipes ; que administrase á todos
imparcial justicia, que fuese muy mirado así en los casti-
gos como en los premios , no dejándose alucinar por enga-
ñosas apariencias, ni dando entero crédito á los corte-
sanos que saben disfrazar los hechos de tal modo, que
consiguen muchas veces hacer colmar de beneficios á los
necios malvados , y atropellar y desatender al hombre
meritorio é inocente.
Luego que murió este buen rey, cuyo fallecimiento
causó un dolor general en todo el reino, terminadas las
ceremonias fúnebres, el jóven príncipe Zein Alasman su-
bió al trono , pero en vez de seguir los sabios consejos que
su padre le habia dado, embriagado con los homenajes y
grandezas del poder soberano, se entregó con el ímpetu
de la juventud que no conoce ningun freno á todos los
goces y placeres de la vida, abandonando el gobierno del
Estado á otros jóvenes inexpertos que cometian toda clase
de tropelías , dando lugar con semejante conducta á que
se alzase un clamoreo general en todo el reino ; y como
era naturalmente generoso y espléndido , no tardó en
agotar las grandes riquezas que su padre le dejó , y se
encontró con su tesoro completamente vacío .
Felizmente para él, su madre, que era una princesa
muy prudente y discreta, al ver el peligro que su hijo
corria, consiguió con las observaciones que le hizo y
consejos que le dió , el que Zein abriese , al fin , los ojos ,
conociese el riesgo en que se hallaba de perder la corona
CUENTOS ÁRABES 493

por una sublevacion general, y cambiase completamente


de vida . El jóven rey reconoció sus errores , y trató de
ponerles remedio entregó las riendas del gobierno á
hombres ancianos, de probidad notoria y experiencia,
cesó en las prodigalidades y en su desenfreno , y pudo
conjurarse la tormenta . Los grandes esfuerzos de voluntad
que habia hecho para realizar todos estos cambios , le
causaron una melancolía tan profunda que nada podia
distraerle de ella. Una noche en que, rendido de fatiga
por un ejercicio violento que habia hecho , se hallaba pro-
fundamente dormido , se le apareció un anciano venerable,
y acercándose á él le dijo : << ¡ Oh Zein ! ten entendido
que no hay desventura, por grande que sea , en esta vida,
para la que no se encuentre algun consuelo que al pesar
le sucede la alegría , como á la calma le sigue la tor-
menta. Si quieres poner pronto remedio á tu desconsuelo ,
levántate, marcha al Cairo , y en esa ciudad encontrarás
quien te remedie . » Cuando Zein se despertó se acordó
del sueño ó vision que habia tenido, y se lo refirió á su
madre, manifestándole su intencion de ir al Cairo, segun
el anciano le habia dicho . Su madre se echó á reir, y
trató de disuadirle de la idea de emprender un viaje tan
largo sin mas objeto ni motivo que la ilusion fantástica de
un sueño ; pero, á pesar de sus reflexiones , Zein insistió en
la idea de emprender su viaje á Egipto. ― << Mis maestros
me han referido , le dijo , numerosas anécdotas de sueños.
misteriosos que eran avisos del cielo , y el anciano que se
me ha aparecido tenía un aspecto divino y majestuoso ,
semejante á aquel con que nos representan á nuestro
gran Profeta, y segun la confianza que me ha inspirado ,
estoy casi dispuesto á creer que era él mismo . » Hechos
los preparativos de su viaje y entregando à su madre el
gobierno del reino , salió disfrazado de palacio sin comu-
nicar á nadie su partida, y llegó con felicidad á la gran
ciudad del Cairo que es una de las maravillas de Egipto .
Se apeó á la puerta de una mezquita, y se entró en ella á
dar gracias a Dios por haberle permitido llegar al fin de
su viaje sano y salvo . Abrumado por el cansancio y el
28
494 CUENTOS ARABES

calor se quedó profundamente dormido, y durante su


sueño volvió á aparecerse el mismo anciano , el cual

con aspecto risueño y voz alagüeña le dijo : ( Hijo


mio, estoy muy contento contigo y muy satisfecho de tu
obediencia. Te he hecho emprender este viaje.penoso y
arriesgado, solo con el fin de probarte. He visto que eres
animoso, y que mereces que te haga el príncipe mas rico
y dichoso de la tierra. Vuélvete á Balsora , y en tu mismo
palacio encontrarás mas riquezas que las que ningun sobe-
rano haya poseido . » Al despertarse y recordarse de la
vision que acababa de tener , Zein exclamó - « Ya veo
que he sido demasiado necio y crédulo en dar asenso á un
sueño que no era mas que el efecto de mi imaginacion
preocupada, que ese anciano que yo creía ser nada menos
CUENTOS ÁRABES 495

que nuestro Profeta no es mas que una ilusion fantástica ,


una alucinacion de mis sentidos . Volvámonos á Balsora
ántes que mi ausencia sea conocida , porque nada tengo
que hacer aquí en Egipto , y si mis vasallos llegasen á
saber por qué he emprendido este viaje tonto , sería
objeto de risa para todos ellos . >>
En seguida montó á caballo y se dirigió á su reino por
el mismo camino por donde habia venido . Cuando llegó
á Balsora, refirió á su madre el segundo sueño que habia
tenido , mostrándose muy arrepentido y pesaroso de haber
hecho un viaje tan infructuoso y de haber sido tan cré-
dulo. Al verle tan afligido , la reina trató de consolarle. -
« No te abatas ni apesadumbres por eso , hijo mio , le
dijo, que si Dios quiere que seas dichoso y rico , ya lo
serás por otros medios . Sé morigerado , renuncia á esos
deleites frívolos y perniciosos que corrompen el corazon
y enervan el espíritu , y dedícate á labrar la felicidad de
tus vasallos , y con la de estos la tuya al mismo tiempo . »
El jóven rey ofreció hacerlo así, y ser mas dócil á los con-
sejos de su madre y de los sabios visires y hombres de
experiencia en el manejo de los negocios públicos , y se
retiró á descansar á su aposento . Tres dias despues de su
regreso, volvió á aparecérsele por tercera vez el mismo
anciano y le dijo : ― « ¡ Animoso Zein Alasman ! llegó,
por fin, el tiempo de tu dicha. Levántate, toma una azada ,
véte al cuarto que ocupaba con preferencia tu padre,
remueve el pavimento y hallarás lo que deseas. »
En cuanto se despertó , vistiéndose apresuradamente, se
fué á ver á su madre á la que contó la nueva vision que
acababa de tener. << En verdad, le dijo la reina riéndose
á carcajadas , despues de haberle oido , que ese viejo es
bien machaca y te ha tomado por su cuenta para diver-
tirse contigo. ¿ No te basta el que te haya engañado dos
veces, que aun quieres dar crédito á sus embusterías ?
Sin tener gran fe en lo que me ha dicho, le contestó
Zein, por via de pasatiempo me entretendré en registrar
el cuarto de mi padre, y ya veremos . ― Á fe mia, le
replicó su madre , que eso bien puedes hacerlo porque no
496 CUENTOS ÁRABES

ofrece tantos inconvenientes ni peligros como el viaje ȧ


Egipto . Provisto de una piqueta que mandó traer al
jardinero , Zein se fué al gabinete de su difunto padre y
empezó á levantar las baldosas de mármol del pavimento .
Ya iba á dejar la obra cansado de no encontrar mas que
argamasa y tierra, cuando al levantar una de ellas descu-
brió otra piedra de mármol ; se apresuró á removerla y
halló debajo una trampa de bronce cerrada con un can-
dado de acero, y sellada con varios sellos . Palpitando de
emocion con aquel descubrimiento , sin pararse á reflexio-
nar en dónde encontraria la llave para abrir el candado ,
lo rompió con la piqueta, lo mismo que los sellos , y
levantó, no sin trabajo , la piedra ; pero en vez de encon-
trarse con el tesoro que él se figuraba , se encontró con
una escalera . Inmediatamente encendió una bujía , y
bajando por la escalera, cuyos escalones eran de mármol
blanco bruñido , llegó hasta nna puerta que encontró tam-
bien cerrada . Volvió á subir al aposento, cogió la piqueta,
y con su ayuda consiguió desquiciar y abrir la puerta ,
entrando , por fin, en un salon muy espacioso cuyas
paredes y techo eran de cristal de roca, y el piso de por-
celana de China. En sus cuatro ángulos habia otras
tantas estradas sobre las que se hallaban colocadas en
cada una de ellas cincuenta urnas de pórfido , que por su
4
forma Zein se imaginó que contendrian vino. Destapó
una de ellas, aplicó la luz, y en vez de aquel líquido vió
que estaba llena de monedas de oro . Fué destapando las
demas , y en unas halló zequies , en otras diamantes ,
perlas, emeraldas y rubies . Absorto y admirado exclamó :
« ¡ Dios mio ! ¡ Cómo pudo reunir mi padre riquezas
tan inmensas ! » Sin acabar de examinar todas las urnas ,
volvió á subir al gabinete y se fué corriendo al cuarto de
su madre á la que refirió el hallazgo que habia hecho . La
reina no ménos asombrada que su hijo se dirigió con él
al salon subterráneo, y despues de haber registrado todas
las urnas de pórfido descubrieron una muy pequeña
hecha de un solo topacio en la que encontraron una llave
de oro. Examinando mas atentamente las paredes del
CUENTOS ÁRABES 4.97

salon descubrieron una puerta muy disimulada que abrie-


ron con aquella llave, y entraron en otro aposento en

DIY ...

donde habia nueve pedestales de oro macizo y sobre ocho


de estos pedestales otras tantas estatuas formadas con
diamantes de un grandor extraordinario que despedian
unos resplandores que deslumbraban la vista . Sobre el
noveno pedestal vacío habia un trozo de raso blanco en
el que se leian estas misteriosas palabras escritas con
28.
498 CUENTOS ÁRABES

letras de oro « ¡ Hijo mio muy querido ! mucho trabajo


me ha costado el adquirir las ocho estatuas, cuyo valor es
inmenso ; pero por grande que este sea, el de la novena
estatua sobrepuja ella sola al de mil estatuas como estas
reunidas. Si quieres poseerla, véte al Cairo, busca á un
antiguo esclavo mio llamado Moharec , dile quién eres y él
te indicará los medios de adquirir esa maravillosa estatua,
cuya posesion obtendrás con la ayuda de Dios , y ella com-
pletará tu dicha . »
Despues de haber leido este escrito, el rey Zein no
pensó mas que en ponerse en camino para ir á buscar la
estatua portentosa . Y en efecto , despues de haber encar-
gado á su madre el gobierno del reino en union con los
visíres , emprendió su marcha para el Cairo , acompañado
esta vez por un brillante séquito y bien provisto de dinero .
Luego que llegó , sin ningun mal tropiezo, preguntó por
Moharec, y como este era una persona muy rica y muy
conocida, al momento le indicaron la suntuosa casa en
que vivia. Zein se dió á conocer y le dijo cuál era el ob-
jeto de su viaje y su visita. Cuando el antiguo esclavo de
su padre supo quién era, se arrojó á los piés de Zein y
le dijo que estaba pronto á servirle de guia y acompa-
ñarle al sitio en que debia encontrar la estatua prometida ;
pero que le advertia que esta empresa no estaba exenta
de peligros . Estoy dispuesto á arrostrarlos , sean los
que quieran , le contestó el príncipe , y deseo que cuanto
ántes nos pongamos en camino . » Así J lo hicieron al dia
siguiente y despues de unos cuantos de camino llegaron
á un bosque muy frondoso, y echando pié á tierra, mandó
Moharec á los numerosos esclavos que los acompañaban
que permaneciesen allí hasta que ellos volvieran , y el prín-
cipe y él continuaron caminando hasta las orillas de un
inmenso lago . Moharec trazó en el suelo unos cuantos sig.
nos cabalísticos y dió tres silbidos ; al tercero salió del
fondo de las aguas una embarcacion conducida por un
remero bien extraño : de medio cuerpo arriba represen-
taba un elefante colosal con una desmesurada trompa y
acerados colmillos, y el resto del cuerpo se asemejaba al
CUENTOS ÁRABES 499

de un tigre . El barquichuelo era de sándalo rojo subido ,


con un mástil de ámbar transparente, en cuya punta on-
deaba una bandera de raso azul celeste en la que se distin-
guian escritos con letras de oro ribeteadas de perlas ciertos
signos y jeroglíficos nada inteligibles para los profanos.
Mientras que la barquilla se acercaba : — << No temáis
nada, le dijo Moharec al príncipe ; solo os recomiendo
que guardéis el mas profundo silencio , y no profiráis la
menor palabra durante la travesía , porque á la primera
que digáis el barco y el barquero se hundirán en el lago,
y todos pereceremos . » Acercóse el esquife al sitio en que
estaban Zein y Moharec , y tomándolos el barquero elefante
con su trompa los trasladó á bordo , y poco despues los
volvió á poner en tierra á la orilla opuesta. « Ahora ya
podemos hablar, dijo Moharec : nos hallamos en los domi-
nios del rey de los Genios que habita en ese palacio que
veis en frente y al que vamos á dirigirnos ; observad mién-
tras tanto el terreno que vamos pisando , y veréis que es
un verdadero paraíso , la copia fiel, tal vez , de aquel en
que Dios colocó á nuestros primeros padres Adan y Eva. »
Zein fijó su atencion en todo lo que le rodeaba , y vió , en
efecto, flores y plantas raras, árboles cargados de frutas.
que le eran desconocidas, y miles de pájaros de todas.
especies que formaban un concierto delicioso con sus
trinos , y recreaban la vista con la brillantez de los colores
y visos de sus plumajes distintos .
Llegaron en esto á cierta distancia del palacio cuyas
paredes eran de oro finísimo , cuajadas de esmeraldas y
rubíes . Este suntuoso edificio estaba sombreado por ár-
boles de una altura prodigiosa que embalsamaban el aire.
con los aromas que despedian . Un foso lleno de agua cris-
talina, en la que se veian juguetear una infinidad de pe-
cecillos de colores vivos , lamia las paredes del edificio , á
cuya entrada habia un puente levadizo formado por una
sola concha de un marisco colosal y apostada una guardia
compuesta de Genios inferiores armados todos con hanzas
y mazas de acero bruñido . « No pasemos mas adelante ,
dijo Moharec al príncipe, si no queremos ser muertos por
500 CUENTOS ÁRABES

esos Genios, y dispongámonos á recibir al rey de ellos. >>


Al mismo tiempo sacó dos alfombrillas que llevaba de-
bajo del brazo en un talego, y las extendió en el suelo ;
luego se pasó una tira de raso amarillo por la cintura y
otra cruzada por los hombros y el pecho, dando otras
tiras iguales á Zein para que se las pusiese de la misma ma-
nera. Colocó á los bordes de las alfombrillas diferentes
joyas interpoladas con almizcle y ámbar, y sentándose en
el centro de una de las alfombrillas , é indicando al prín-
cipe que se sentase sobre la otra : - << Hagamos los con-
juros, dijo , para que venga el rey de los Genios. » Tan
luego como empezó á recitar los ensalmos y conjuros ca-
balísticos , se oscureció el sol , tembló la tierra, hubo
truenos y relámpagos, y se levantó un fuerte torbellino.
- No os asustéis , le dijo Moharec al príncipe, que todo
va bien : ahora veremos de qué talante y bajo qué forma
se presenta el soberano . En cuanto se aparezca os levan-
taréis , pero sin salir del centro del tapiz porque os cos-
taria la vida, y le manifestaréis vuestro deseo . » Disipados
todos estos terribles preliminares , salió de entre una nube
un anciano respetable pero con semblante risueño . Luego
que Zein le vió se levantó, hincó la rodilla en tierra y le
dijo : - « Poderoso señor, rey y soberano de los Genios ,
yo soy el príncipe Zein Alasman de cuyo padre fuisteis
protector y amigo , y vengo á suplicaros que me deis la
estatua que falta en el noveno pedestal que está vacío . D
El príncipe de los Genios le contestó sonriéndose : - « ¡ Oh
hijo mio amaba á tu padre, en efecto, y cada vez que
venía á verme á este sitio le regalaba una de las ocho
estatuas que has visto ; y yo fuí quien le mandé que es-
cribiera lo que has encontrado sobre el pedestal vacío . Le
prometí que velaria sobre ti, y te protegeria, y que por
último te daria la novena estatua que vienes á pedirme,
la cual es mas preciosa que todas las otras ocho reunidas .
Cumpliré la promesa que hice á tu padre; pero aun cuando
no se lo habiera prometido, lo mismo te la concederia,
porque estoy contento contigo por tu docilidad y obedien.
cia á lo que te prescribí, pues yo soy el que se te na
CUENTOS ÁRABES 501

aparecido en sueños . Sin embargo , antes de entregarte


esta estatua , es preciso que me prometas, bajo juramento ,
el traerme á mis dominios la jóven mas hermosa de
quince años, que reuna á su hermosura una castidad y
pureza perfecta en obras y en pensamientos, y que te
guardes bien de mirarla con deseos lascivos. Señor , le
contestó Zein Alasman , dispuesto estoy á prestar el jura-
mento que me pedís ; pero aun suponiendo que sea tan
dichoso que pueda encontrar ese Fénix femenino , que
reuna á su hermosura sin igual una pureza perfecta ,
¿ cómo podré yo conocerlo ? - - Cierto es , le dijo el rey de
los Genios sonriéndose , que es difícil la empresa, porque
te engañarian las apariencias, y el adquirir ese conoci-
miento no está al alcance de los mortales hijos de Eva ;
pero yo te ayudaré. Voy á darte un espejo y por su medio
te será fácil el saber si las jóvenes hermosas de quince
años , que veas , reunen á su hermosura una pureza perfecta
en obras y en deseos . Toma , añadió entregándole el mis-
terioso espejo, cuando hayas encontrado una jóven de
quince años de una hermosura sin tacha ni el menor de-
fecto , mira el espejo y verás reproducida en él su imágen .
Si posee la cualidad que exijo , el espejo se mantendrá
limpio y terso ; pero si esta cualidad le falta, se empañará
y oscurecerá al momento . » Por último , volviendo á re-
comendarle el cumplimiento del juramento que el príncipe
Zein habia hecho , le despidió , y él y su compañero Mo-
harec fueron conducidos á la otra orilla del lago por el
elefante barquero . Reunidos á su comitiva regresaron al
Cairo en donde empezaron á practicar las diligencias
oportunas para encontrar la jóven de quince abriles , segun
y conforme el Genio la exigia . Muchísimas pasaron, de
todas las clases de la sociedad , por el crisol del espejo ,
pero ninguna salió ilesa . Entónces determinaron Zein y
Moharec el trasladarse á Bagdad , en donde creian poder
hallar mas fácilmente el Fénix de las mujeres. El prín-
cipe Zein alquiló una casa suntuosamente puesta , y
empezó á dar convites y fiestas para adquirir por este
medio mas extensas relaciones en la sociedad , y poder
502 CUENTOS ÁRABES

encontrar lo que buscaba con tanto anhelo . Muchísimas


fueron las beldades de quince años de la corte y del pue-
blo con las que Zein hizo la prueba, pero el espejo se
empañaba siempre, mas ó ménos .
No léjos del palacio en que vivia se hallaba la mezquita
del barrio, cuyo iman , llamado Bubekir , era un hombre en-
vidioso de la prosperidad ajena que aborrecia á los ricos ,
solo porque él no lo era. Oyó hablar de laesplendidez con
que Zein vivia y esto le bastó para que un dia, despues de
recitar las oraciones , se expresase en términos injuriosos
contra el príncipe y le presentase á los ojos de los asis-
tentes al rezo como un extranjero sospechoso , amones-
tándoles para que se avisase al kalifa ántes que él llegase
á saberlo y los castigase á todos por no haberle preve-
nido ; á cuya amonestacion le contestaron algunos devotos
diciéndole que el avisar al kalifa era un asunto propio de
su incumbencia.
Moharec que habia asistido á las oraciones y habia oido
la amonestacion del iman , tan luego como volvió á casa
tomó una bolsa con quinientos zequíes y algunas ricas telas
y se fué con un esclavo á casa del iman , el cual se hallaba
ocupado en aquel momento en redactar la delacion contra
Zein que pensaba enviar al Comendador de los Creyentes .
Interrumpido Bubekir en esta , para él, tan agradable
tarea, le preguntó á Monarec con tono desabrido , qué se
le ofrecia . << Doctor, le contestó aquel con voz almiba-
rada, presentándole al mismo tiempo la bolsa con los
quinientos zequíes y las telas, vengo de parte del príncipe
Zein Alasman , vuestro vecino , á ofreceros en su nombre
esta pequeña muestra del grande aprecio en que os tiene
por vuestra ciencia, sintiendo no haber tenido ántes cono-
cimiento de vuestro mérito, encargándome os diga que
desea conoceros de mas cerca, y os ruega que le honréis
sentándoos á su mesa . » Enajenado de gozo Bubekir con
aquel regalo tan magnífico, le contestó diciendo 14 « Os
ruego , mi buen señor, que tengáis la bondad de discul-
parme con el principe por mi falta de atencion en no haber
ido á verle todavía y ofrecerle mis respetos , como tenia
CUENTOS ÁRABES 503

intencion de hacerlo , si mis ocupaciones no me lo hu-


bieran impedido . Espero poder reparar mañana mi falta ;
y mientras tanto , os suplico que le presentéis mi rendido
acatamiento . » Al dia siguiente, despues de la oracion : -
Hermanos , dijo á los asistentes , ayer os hablé de un
extranjero, que vive en nuestro barrio , en términos poco
lisonjeros ya sabéis que todos tenemos nuestros ene-
migos . Hoy mejor informado que no lo habia sido por
aquellos que sin duda son enemigos del príncipe , os digo
que ese extranjero es un príncipe jóven dotado de las mas
relevantes prendas, y digno de todos nuestros respetos . »
Luego que volvió á su casa se puso un traje de ceremonia
y se fué á visitar al príncipe Zein , el cual , prevenido por
Moharec que le refirió lo ocurrido , recibió al iman con el
mayor agrado, repitiendo su convite de acompañarle á la
mesa. Durante la conversacion , Bubekir preguntó al prín-
cipe si pensaba permanecer en Bagdad mucho tiempo .
- << Nada mas que el necesario para encontrar una jóven
hermosa de quince años , le contestó Zein, que á su her-
mosura reuna una verdadera pureza de alma y cuerpo . »
Despues de haberle escuchado atentamente, el iman guardó
por un momento un silencio reflexivo , y luego le contestó :
Buscáis verdaderamente un Fénix , rara avis, y mucho
me temeria que todas vuestras pesquisas fuesen infruc-
tuosas si no conociera yo á la hija de un antiguo gran
visir retirado de la corte que vive en el campo exclusiva-
mente dedicado á la educacion de una hija única que
tiene, la cual se halla precisamente ahora en el tercer
lustro de su vida . Su hermosura es deslumbradora , y su
virtud á toda prueba. Si queréis iré á pedirsela en vuestro
nombre á su padre ; y no dudo que os la conceda y se
considere muy honrado en tener por yerno á un príncipe
como vos. - Poco a poco, amigo doctor, le contestó
Zein, no quiero que vayan las cosas tan de priesa . No es
decir por eso que no aceptaré á esa jóven , si reune las
cualidades que yo deseo que tenga. En cuanto á su her-
mosura, la doy por supuesta pues basta que vos me lo
aseguréis para que crea en ella ; pero en cuanto à su cas-
504 CUENTOS ARABES

tidad de obra y de pensamiento ¿ qué garantía me dais de


ella ? ¿ Qué garantía queréis ? le preguntó eliman . - Me
bastará solo el verla cara á cara, le contestó Zein , para
quedar satisfecho.- ¿Tan buen fisonomista sois ? replicó
el iman sonriéndose ; pues bien, en ese caso , puesto que
el verla os basta , si queréis tomaros la pena de venir con-
migo, os conduciré á casa del visir, y le rogaré que os
permita ver á su hija en su presencia. >>
Al dia siguiente Bubekir acompañó al príncipe Zein á
casa del antiguo gran visir á quien el iman habia preve-
nido y hablado sobre el objeto de la visita del príncipe .
Despues de los cumplimientos de costumbre y de haberle
ofrecido una ligera colacion, el visir envió á llamar á su
hija y le mandó que se quitara el velo, lo cual hizo la
jóven con modestia , dejando ver un rostro virginal cu-
bierto de pudor y de una hermosura sorprendente cual
nunca habia visto el jóven rey de Balsora . Como ya tenía
el espejo delator prevenido , dirigió la vista á él, y lo vió
mas terso y limpio que nunca lo habia visto otras veces .
En seguida se la pidió á su padre en casamiento, y habién-
dosela este otorgado , en aquel mismo dia se hicieron los
contratos . El ex gran visir acompañó al príncipe Zein á su
casa en donde este le obsequió con un suntuoso banquete
y envió á su hija ricos presentes en joyas y en telas . Al dia
siguiente hizo todos los preparativos de marcha y se puso
en camino hacia los dominios del rey de los Genios ; y
como la hermosura de la jóven esposa le habia causado
una impresion muy viva, en términos que hasta le daban
tentaciones de conducirla á Balsora , y ser real y verdade-
ramente su marido , á fin de que los deseos de poseerla no
se le avivasen y pudiese cumplir el juramento que habia
hecho, no quiso volver á verla, y dispuso que caminase
encerrada en una litera. « ¿En dónde está mi esposo ?
preguntaba la jóven ; ¿ cuándo llegamos á sus dominios ? »
-Moharec, que era el que cuidaba de ella , le respondió
-
al fin, cuando llegaron á la orilla del lago : « Señora,
aunque me sea bien doloroso el decíroslo, preciso es que
sepáis que el prícipe Zein no se ha casado con vos ma«
CUENTOS ÁRABES 505
que con el objeto de separaros de vuestro padre y entre-
garos al rey de los Genios que habia exigido que le trajese
una jóven de vuestras prendas. - -¡Ay infeliz de mí ! »
exclamó la jóven llorando amargamente, al oir semejante
noticia. Y á la verdad , que el caso no era para ménos.
« ¡ Qué suerte va á ser la mia , separada de mi familia , en
un país desconocido , y en poder de un Genio ! ¡ la muerte
me hubiera sido mil veces preferible ! » Sin prestar oídos
á sus justos lamentos , entraron en los dominios encanta-
dos del rey de los Genios que no tardó en aparecerse
Despues de haber mirado largo rato á la jóven, á la que
las lágrimas y la emocion embellecian , se dirigió á Zein
y le dijo : « ¡ Príncipe Zein , hijo de mi amigo el rey de
Balsora estoy contento contigo , á pesar de que no has
cumplido enteramente con lo que me prometiste bajo ju-
ramento , puesto que has deseado poseer á esta jóven ;
pero haciéndome cargo de la fragilidad humana demasiado
débil para resistir á tu edad las pasiones violentas, te per-
dono , porque has sabido contener tus deseos . Vuélvete á
tu palacio de Balsora , baja al salon de las estatuas y en
él hallarás la novena estatua que te he ofrecido . Voy á
mandar á mis Genios que te la lleven. » Dicho esto des-
apareció llevándose consigo á su palacio al « Fénix de las
mujeres, esto es, á la jóven traida por Zein.
No sin gran pesar en el corazon por separarse de una
jóven tan perfecta , el príncipe se volvió á Ralsora y refirió
a su madre todo lo que le habia sucedido desde su partida,
y por último la entrega hecha al rey de los Genios de la
jóven hermosa y sin tacha, y la promesa de aquel de que
encontraria en el subterráneo la novena estatua que le
habia prometido . No bien hubo oido esto la reina, que
exclamó « ¡ Vamos, vamos á ver esa maravillosa estatua
que debe ser magnífica y sorprendente ! » y acompañada
por su hijo bajaron al subterráneo . Cuando entraron
en el salon de las estatuas vieron que, en efecto , el noveno
pedestal estaba ocupado por otra estatua, pero no de
oro, diamantes ni rubies como la reina y Zein se espera-
ban que fuese , sino de ... carne y hueso. Se acercaron
506 CUENTOS ÁRABES

á ella, y la estatua , quitándose el velo, apareció á los ojos


de Zein su propia esposa, la hija del gran visir que ha-
bia entregado al rey de los Genios.

W CM

La madre y el hijo dieron un grito de admiracion y


sorpresa, y la estatua , dirigiéndose á Zein Alasman le
dijo Príncipe, os admira y sorprende el encontrarme
en este sitio en donde esperabais hallar una joya de gran-
disimo valor, y mucho mayor mérito ; y al verme os ar-
CUENTOS ARABES 507

repentis de haberos dado tanta pena y mostrado tanto


afan por adquirir una cosa de tan escaso mérito , y espera
bais recibir mayor recompensa ... ¡ No , señora , no ! le
interrumpió Zein con vehemencia . El cielo me es testigo
de la violencia que me he hecho para no quebrantar mi
juramento, y de las tentaciones que he tenido de conser-
varos á mi lado faltando á la palabra que le di al rey de los
Genios . Por mucho valor que tenga una estatua de dia-
mantes , no puede compararse con el vuestro . Yo os amo
por vuestra hermosura; os amo por vuestra virtud mas que
a todas las estatuas de rubies y perlas , mas que á todas
las riquezas del mundo , y no os cambiaria por ellas . »
Un gran trueno que se oyó hizo conmover el pavimento ,
y la reina estuvo á punto de desmayarse , pero se repuso
del susto al ver aparecer al rey de los Genios en forma de
un anciano de porte majestuoso y semblante risueño .
<< Señora, dijo dirigiéndose á la reina , amo y protejo á
vuestro hijo . He querido probarle , y ver si á su edad
lograba refrenar sus pasiones violentas . Sé que la hermo-
sura y el candor de esta jóven le inspiraron un amor
vehemente, y que deseó poseerla , faltando en parte á
la promesa que me habia hecho ; pero tambien sé que la
fragilidad es inherente á la humana naturaleza , y léjos de
darme por ofendido de este deseo , alabo su continencia .
Hé ahí la novena estatua que le habia ofrecido y que yo
le tenía destinada, que es de mayor valor que las de dia-
mantes y perlas. Ámala , Zein , añadió , dirigiéndose al
príncipe, vive feliz con esta jóven que es tu esposa ; ámala
como se merece ; y si quieres que se mantenga pura y fiel,
ámala constante y exclusivamente, y yo te respondo de
su fidelidad . Ten entendido que el que posee una mujer
hermosa y jóven, casta y fiel , posee un Fénix ; porque
una mujer que reune tales cualidades es una joya de un
valor tan inestimable, que no tiene precio . » Dichas estas
palabras, el rey de los Genios desapareció . Zein Alasman
hizo celebrar sus bodas con grandes regocijos , vivió muy
feliz con su esposa, y sus descendientes reinaron en Bal-
sora durante muchos siglos .
508 CUENTOS ÁRABES

No bien la sultana Gerenarda hubo terminado la histo-


ria de Zein Alasman , como no amanecia todavía , empezóá
contar otra historia no ménos maravillosa en los términos
siguientes :

HISTORIA DE LA PRINCESA GULNARA DEL MAR, MACRE DEL


PRINCIPE BEDER

Á uno de los antiguos y poderosos reyes de Persia á


quienes por lo dilatado de su imperio, y por los nume-
rosos príncipes tributarios que le reconocian como sobe-
rano y le rendian vasallaje , llamaban « Rey de Reyes , »
le presentaron un dia una esclava de una hermosura tan
extraordinaria , y de un tipo tan particular, que, despues
de haberla comprado por la enorme suma de doce mil
talentos, se casó con ella. Esta jóven singular permaneció
muda durante muchos meses , pero como el rey estaba
cada dia mas enamorado de ella y se mostraba siempre
afanoso por complacerla , al fin , cuando ella conoció que
iba á ser madre, agradecida al cariño del rey y á sus es-
meradas atenciones , se decidió á romper el silencio que
hasta entonces habia guardado, y anunció á su real
esposo su próximo alumbramiento ; noticia que colmó á
este de un júbilo indecible, y que fué celebrada con pú-
blicos regocijos, grandes dádivas y rogativas solemues
para pedir á Dios que lo que la reina hubiese de dar á luz,
fuese un príncipe , porque el rey no tenía hijos varones.
Las grandes limosnas hechas y las oraciones dirigidas al
cielo fueron aceptas al Altísimo , y la reina dió á luz un
príncipe hermosísimo á quien pusieron por nombre BEDER ,
que significa en árabe Luna llena.
Luego que se acabaron las fiestas y regocijos que hubo
en todo el imperio con motivo del nacimiento de este
principe, y que la reina se repuso de su alumbramiento ,
le dijo al rey un dia : << Señor, si este príncipe no
hubiera venido al mundo , no hubierais oido nunca el eco
de mi voz, porque estaba resuelta , no solo á permanecer
CUENTOS ÁRABES 509

muda toda mi vida, sino á dejarme morir de pena mas


bien que continuar viviendo como esclava en un país

10

extranjero, separada de mi amada patria y de mis queridos


parientes. El amor que me habéis manifestado, vuestros
desvelos por complacerme, y el ser padre de mi hijo, me
han conmovido el corazon , me han hecho cambiar de senti-
mientos, y ahora (no os ofendáis por ello), os amo tanto como
ántes os aborrecia . Voy á deciros quién soy, y á contaros
la historia de mi familia : « Me llamo Gulnara del Mar , y
soy la hija de un poderoso rey marítimo. Al morir nuestro
padre, nos dejó el reino á mi madre que es hija tambien
510 CUENTOS ÁRABES

de un soberano de otro Estado submarino, á mi hermano


Saleb y á mí . Vivíamos pacíficos en nuestro reino , cuando
sin motivo , ni previa declaracion de guerra , nos vimos
acometidos por uno de los reyes nuestros vecinos , que
invadió nuestros Estados con un numeroso ejército y se
apoderó de nuestra capital , no teniendo tiempo mas que
para refugiarnos , con algunos servidores fieles , en un
sitio oculto é inaccesible . Desde allí, mi hermano Saleb
empezó á trabajar para arrojar al usurpador y recobrar
nuestros Estados , y cuando ya tuvo todo preparado para
el movimiento : — « Hermana mia, me dijo , en la situa-
cion en que nos encontramos será difícil el que halles
para esposo ningun príncipe marino , y aunque yo tengo
todo bien dispuesto para recuperar nuestro reino , como
las empresas mejor combinadas suelen frustrarse por cual-
quier incidente imprevisto, y yo puedo perecer en ella ,
quisiera dejar tu suerte asegurada . Así me parece lo mejor
y mas prudente el que salgas del mar , y te enlaces con
un príncipe terrestre. » Yo le contesté muy incomodada,
que siendo princesa marítima por los cuatro costados , no
agraviaria á mis antepasados faltando á lo que á mi alcur-
nia debia , y que preferiria ántes morir que casarme con
ningun príncipe de tierra . Mi hermano volvió á insistir, y
de su persistencia y de la mia resultó que nos indispu-
simos agriamente , y nos separámos mutuamente descon-
tentos ; y yo , ¡ necia de mí ! en un momento de despecho ,
me salí de aquel sitio y me fuí á la isla de la Luna . Allí
estuve viviendo sola durante algun tiempo , hasta que un
señor muy poderoso de la isla me sorprendió un dia
cuando estaba durmiendo , y me hizo esclava . Prendado
de mi persona, me dió á conocer sus intentos, pero yo
le rechacé de una manera tan expresiva y enérgica , que,
desesperanzado de poder obtener lo que queria, me ven-
dió al mercader que me trajo aquí, el cual me guardó
toda especie de consideraciones, y me dió buen trato, por
lo cual yo le estoy agradecida . » Maravillado se quedó el
rey de Persia con la relacion que la princesa Gulnara aca-
baba de hacerle. -No No comprendo , le dijo , cómo podéis
CUENTOS ÁRABES 511

vivir en el agua sin ahogaros , pues aunque hay algunos


hombres que bajan hasta el fondo del mar , y permanecen
en él mas ó ménos tiempo , segun la fuerza y robustez de
sus pulmones , al fin y al cabo tienen que subir á la super-
ficie para renovar el aire y respirar ; y hasta ahora, aunque
habia oido decir que habia hombres anfibios ó marinos
que vivian en las profundidades de los mares , siempre lo
tuve por cuentos de viejas para entretener ó dormir á los
niños. - Señor, le contestó Gulnara, pues eso es muy
verdadero . Hay reinos en el fondo del mar que son mucho
mas extensos y poblados que los reinos de la tierra , y mo-
narcas poderosísimos : ambiciones y guerras mas encar-
nizadas que las de la superficie terrestre . Como nacemos
en el agua, y es , por decir así, nuestro elemento , cami-
namos por los abismos del mar con mas facilidad que en
tierra firme ; ni el agua nos impide ver , ni moja nuestros
vestidos , y cuando por capricho subimos á la superficie
y saltamos á tierra, nuestro ropaje está tan enjuto como
si saliera de la tienda de una modista . Tenemos ademas
otras prerogativas y ventajas de que no disfrutan los habi-
tantes de la tierra.
<< Nuestros Estados que son, como ya os he dicho,
mucho mas extensos que los de la tierra , están divididos
en provincias con ciudades , villas y pueblos pobladísimos.
Los palacios de los reyes , príncipes y magnates son de
nácar y perla los unos ; de coral los otros ; de cristal de •
roca , de mármol y de jaspe de colores variados y de otras
materias preciosas desconocidas en la tierra ; nuestros
carruajes son de nácar y de concha, y nuestras caballe-
rizas están provistas de caballos marinos y tritones que
marchan con una celeridad increíble . El oro , la plata , las
perlas, los diamantes , las esmeraldas y otra multitud de
piedras preciosas , así como las monedas acuñadas de
todos los reinos del globo conocidos ántes y despues del
diluvio abundan de tal manera en las recónditas cavernas
del líquido elemento , que se podrian formar con ellas
parvas mayores que las que se hacen en la tierra con el
trigo y otras simientes . Se hace tan poco caso de todas
512 CUENTOS ÁRABES

estas riquezas , que solo sirven para que la plebe se


adorne y engalane con ellas . Como hay muchos Estados
independientes y distintos , tambien hay lenguas, usos y
costumbres diferentes . Cuando los monarcas salen en pú-
blico , van sentados en unos carros triunfales formados con
conchas maravillosas de especies desconocidas , conduci-
dos por tritones y caballos marinos, y adornados con joyas
y pedrerías , cuyos fuegos y visos deslumbran á cuantos
los miran. De otras muchas cosas maravillosas podria
hablar á Vuestra Majestad , pero lo dejaré para otro dia ;
por el momento me limito á deciros que deseo dar parte
á mi madre y á mi hermano del sitio en que me encuen-
tro, y si me lo permitís, les rogaré que vengan á hacerme
una visita y á presentaros sus respetos . - Mucho gusto
tendré en verlos , le contestó el rey de Persia ; pero no sé
cómo les daréis á conocer vuestro deseo y cómo podrán
venir ellos aquí . - Ahora mismo lo veréis, le dijo la
princesa Gulnara. Entraos en ese aposento contiguo y
mirad por las celosías. >>
El palacio del rey estaba situado á la orilla del mar,
cuyas olas venian á estrellarse contra las rocas sobre que
estaba construido el edificio . La reina Gulnara mandó
traer á una de sus esclavas un braserillo con lumbre bien
encendida, sacó de un cajon un saquito de raso en e
que habia unos palitos ó astillas de una madera muy clo-
⚫rosa y desconocida , y arrojó algunos de ellos en el fuego ;
luego que empezaron á arder y se formó un humo muy
denso , hizo ciertos signos y pronunció unas cuantas pala-
bras en una lengua incomprensible . Inmediatamente em-
pezó á agitarse el mar á cierta distancia del palacio, y á
formar borbotones como si hirviese el agua, y el rey de
Persia y la reina su esposa , que estaban observando
desde las ventanas , vieron aparecer sobre la superficie de
las olas primero un gallardo jóven, luego una hermosa
matrona seguida por algunas jóvenes todas ellas muy
bellas , que la reina Gulnara reconoció al momento por su
hermano , su madre y sus parientas , cuyas personas escur-
riéndose ó deslizándose , mas bien que andando sobre el
CUENTOS ÁRABES 513

líquido elemento , llegaron al pié de las paredes del pa-


lacio y levantando la cabeza y viendo á la reina Gulnara,
á la que tambien reconocieron en seguida , fueron sal-
tando unas despues de otras entrándose por la ventana
al aposento en que aquella estaba, la cual las iba recibiendo ,
y abrazándolas tiernamente .
Despues de estas demostraciones de cariño , empezaron
las explicaciones por una y otra parte . Gulnara refirió á
su madre y hermano lo que le habia sucedido desde que
se separó de ellos, terminando por decirles que era la
esposa del rey de Persia, y que tenía de él un hijo . El rey
Saleb y su madre le refirieron la gran pena que les habia
causado su desaparicion , y por último su hermano le dijo
que habia vuelto á conquistar su reino , no solo expul-
sando de él á su enemigo, sino apoderándose de sus
Estados y teniéndole cautivo . Despues de estas explica-
ciones y de las expansiones de gozo y alegría á que die-
ron lugar, la reina Gulnara mandó servir un pequeño ban-
quete, y les rogó que se sentasen á la mesa. El rey Saleb
y su madre dijeron entónces que no les parecia con-
ducente el aceptar nada sin haber presentado ántes sus
respetos al rey de Persia, y al mismo tiempo arrojaron
llamas de fuego por ojos , boca y narices , cuyo espectá-
culo aterrorizó al rey . Su esposa , que sabía lo que aquella
demostracion significaba , pasó al aposento en que se ha-
llaba el rey de Persia y le tranquilizó diciéndole que aquella
demostracion ígnea de sus parientes expresaba la repug-
nancia que tenian en sentarse á la mesa, sin haberle
presentado ántes sus respetos , y sin verse honrados con
su presencia.
Disipados los temores del rey, vino acompañado por su
esposa al cuarto en que estaban la madre y el hermano
de esta ; y como querian saludarle postrándose á sus piés,
él no lo permitió y los recibió en sus brazos á todos
ellos.
Terminado este banquete de familia, el rey Saleb, su
madre y sus primas desearon ver al príncipe, y cuando
le trajo la nodriza, el rey Saleb le tomó en sus brazos
29.
514 CUENTOS ÁRABES

y empezó á acariciarle muy cariñosamente . Aproximán-


dose en seguida á uno de los balcones que daban al mar.

LE
VIC

se arrojó al líquido elemento llevándose á su sobrino en


los brazos, y se sumergió con él . Indecible fué el asombro
y el dolor que esta accion causó al rey de Persia al ver
desaparecer de este modo á su hijo ; pero la reina Gul-
nara trató de tranquilizarle, asegurándole que el príncipe
no corria ningun peligro . « Es tan hijo vuestro como mio,
y le amo tan entrañablemente como vos mismo . Sabed
CUENTOS ÁRABES 515
que, á pesar de ser hijo de un rey terrestre , como corre
por sus venas tambien la sangre de una princesa del mar ,
puede gozar de los mismos privilegios que nosotros tene-
mos ; y su tio , al llevársele , ha ido á ponerle en posesion
de estos privilegios . Así, tranquilizaos , que no tardaremos
mucho tiempo en volver á verle . » Á pesar de estas pala-
bras , y de la confianza que mostraba la reina Gulnara , ef
rey de Persia no las tenía todas consigo , y temia haber
perdido para siempre á su hijo . Sin embargo , no fué asi,
porque el rey Saleb volvió á aparecer sobre la superficie
del agua con su sobrino en los brazos , y trayendo ademas
una primorosa cajita . Al llegar en frente del balcon pegó
un brinco y entró en el aposento diciendo : « Vuestra Ma-
jestad se habrá asustado , sin duda , al verme sumergir en
el mar con el príncipe vuestro hijo , y mi sobrino ; pero
ningun temor habriais tenido si me hubieseis oido pro-
nunciar las palabras escritas en el gran sello del profeta
Salomon , hijo de David , por cuya virtud adquirímos las
ventajas y privilegios que tenemos sobre los hombres que
habitan en la tierra ; ventajas y privilegios que tendrá el
príncipe Beder , como hijo de mi hermana Gulnara . Así,
desde ahora , mientras viva , podrá sumergirse hasta las
profundidas del mar y recorrer sus abismos fácil é impu-
nemente , siempre que le convenga . » Esta explicacion ,
pero sobre todo el ver á su hijo tan sano y bueno come
estaba ántes de aquella excursion marítima , tranquiliza-
ron al rey de Persia por completo . Volviendo el rey Saleb
á tomar la palabra , le dijo : « Cuando nos llamó mi her-
mana ignorábamos en dónde estaba y cuál era su suerte .
Ahora que sabemos que es la esposa de tan gran monarca ,
no podemos ménos de mostrar á Vuestra Majestad nuestra
satisfaccion y nuestro agradecimiento , ofreciéndole este
bien pequeño obsequio , » y al mismo tiempo abrió y
presentó al rey de Persia la cajita que habia ido á buscar
á su palacio submarino , la cual contenia unos quinientos
diamantes del grosor de un huevo de paloma ; otros tantos
rubíes y esmeraldas del mismo tamaño , y doce collares
de perlas , de á tres sartas ó vueltas cada uno de ellos .
516 CUENTOS ARABES

¡Y á esto llamáis un pequeño obsequio, exclamó el rey


admirado al ver tales objetos, cuando con su valor se
podria comprar un reino ! Yo no puedo admitir un regalo
de esta naturaleza, porque nada me debéis , príncipe , ni
nada he hecho para merecerlo . » Al fin, las explicaciones
que le dió la reina Gulnara, y los ruegos que todos le
hicieron consiguieron en hacérselo aceptar.
Despues de haber pasado algunos dias en fiestas , en
obsequios , en cacerías y en visitar lo mas notable de la

capita uel reino, el rey Saleb, la reina madre y las prin-


cesas determinaron volverse á sus Estados y se despidie-.
CUENTOS ÁRABES 517
on de la reina Gulnara con mutuos abrazos y muestras
del mayor cariño . Pasaron algunos años durante los cuales
el príncipe Beder creció robusto y sano , se desarrolló su
inteligencia de una manera admirable con la esmerada
educacion moral y física que recibió , y se hizo un gallardo
mancebo que era el orgullo de sus padres , y se conquis
taba las simpatías de cuantos le trataban .
Viéndole dotado con tan raras prendas, el rey su pade
que se sentia fatigado con el peso de sus años y abru-
mado con la carga del gobierno , no quiso esperar á que
llegara la muerte á sorprenderle para entregar á su hijo
la herencia paterna, y determinó abdicar y ponerle en
posesion del gobierno del reino . Á este efecto, en pre-
sencia del consejo , de los sátrapas y demas magnates
convocados para esta solemne ceremonia, entregó al prín-
cipe Beder la espada y el cetro, bajó del trono, y despues
de haberle besado la mano en señal de que le hacía el
depositario de su autoridad suprema , su hijo pasó á ocu-
par su asiento , y (ué reconocido y aclamado por soberano
de la Persia .
Pero, señor, empieza ya á despuntar el alba , dijo la
sultana Gerenarda al sultan de las Indias ; como es hora
de levantarse Vuestra Majestad para asistir al consejo ,
continuaré mañana la historia de este jóven príncipe.

AVENTURAS DEL JÓVEN REY DE PERSIA , BEDER , Y DE LA


PRINCESA GIBOROSA DEL MAR

El jóven rey Beder , cuyo padre no tardó en pagar , poco


despues de su abdicacion , el imprescindible y último tri-
buto á la naturaleza, empezó á gobernar y administrar
sus extensos dominios con tanto acierto y sabiduría , que
nadie echó de ménos el cambio de soberano . Pasados
unos cuantos años , su tio el rey Saleb vino á hacerle una
visita, y se admiró de que su hermana la reina Gulnara no
hubiese pensado ya en dar mujer á su hijo . Una noche en
518 CUENTOS ÁRABES

que, despues de haber cenado, se habia recostado sobre


unos almohadones el jóven rey Beder, creyéndole dor-
mido su madre y su tio se pusieron á hablar en voz baja
de este proyecto matrimonial del príncipe . — « Hermana,
exclamó el rey Saleb, mucho extraño que siendo mi
sobrino un jóven tan gallardo y perfecto en todos con-
ceptos no hayas pensado ya en casarle. Ya ha cumplido
los veinte años , y á esa edad no conviene que un príncipe
no tenga mujer , y yo creo que una princesa de nuestros
reinos , que tú y yo conocemos , sería la mujer que mas
le convendria , y si lo permites yo me encargaré de este
asunto . Como hasta ahora mi hijo no ha mostrado
aficion al matrimonio , le contestó la reina , no me habia
yo ocupado de buscarle ninguna princesa que le con-
viniese ; pero tú me haces recordar que , en efecto , ya es
tiempo de pensar en ello ; ¿ quién es esa princesa de
quien hablas ? — La hija del rey de Samandal, la princesa
Giborosa , cuya hermosura y bellas prendas son un por-
tento . Hay sin embargo , añadió el rey Saleb, una dificul-
tad que vencer. Ya sabes lo vano y orgulloso que es el rey
de Samandal que se cree superior á todos los demas reyes,
pero en el caso que no podamos vencer este inconve-
niente , trataremos de poner las miras en otra princesa .
Por el momento, iré yo mismo á Samandal á pedir la
mano de la princesa para mi sobrino. Mientras tanto , y
hasta que hayamos obtenido el consentimiento , conviene
que Beder ignore todo esto para evitar que se enamore
de la princesa . » Despues de otras cuantas palabras sobre
el particular, la reina Gulnara y el rey Saleb quedaron de
acuerdo en que este regresaria inmediatamente á su
reino , y en seguida iria á pedir la mano de la princesa
Giborosa para el rey de Persia.
Este, á quien su madre y su tio creian dormido , no
habia perdido una sola palabra de la conversacion que
estos habian tenido , y su corazon , vírgen y exento hasta
entónces de pasiones vivas , de tal manera se enardeció
con la pintura que oyó hacer á su tio de la hermosura
portentosa de la princesa de Samandal , que entró en
w
ww
CUENTOS ÁRABES 519

deseos de verla por sí mismo , y al dia siguiente le dijo á


su tio que habia oido la conversacion que habia tenido
con su madre acerca de la princesa Giborosa, y que
estaba resuelto á ir á verla, y con este objeto le acompa-
ñaria . El rey Saleb hizo á su sobrino várias observaciones
sobre los inconvenientes de abandonar el gobierno del
reino , en donde tan necesaria era su presencia, ademas
de que tampoco debia ausentarse sin ponerlo en conoci-
miento de su madre la reina . Todo cuanto el rey Sale
dijo á su sobrino fué inútil . Viendo entónces su ánimo
decidido á partir, sacó un anillo que llevaba puesto en
un dedo y se lo entregó al jóven rey Beder diciéndole :
« Puesto que estáis resuelto á exponeros á recibir un
desaire, y á ver á la princesa de Samandal , sin esperar el
resultado de mis gestiones , tomad este anillo en el que
están grabadas las mismas palabras misteriosas de Dios.
puestas en el sello de Salomon por cuya gran virtud tan-
tos portentos se han obrado ; ponéoslo en el dedo mayor
de la mano izquierda ; seguidme, y no temáis ni las aguas
del mar , ni sus abismos . » El rey de Persia se puso el
anillo en el dedo , y remontándose por los aires se arrojó
al mar en pos de su tio . Uno y otro no tardaron en llegar
al palacio en que habitaba la abuela del rey Beder , la
cual le recibió en sus brazos con un júbilo indecible . El
rey Saleb explicó á su madre cuál era el objeto de la
venida del príncipe, y al dia siguiente, despues de haber
preparado los presentes que pensaba ofrecer al rey de
Samandal , acompañado por una brillante y numerosa es-
colta, se dirigió á la capital . Luego se presentó en el pala-
cio á cuyas puertas dejó su comitiva, y al saber el rey su
llegada se apresuró á recibirle . Cuando Saleb se halló en
presencia del príncipe que estaba sentado en su trono
rodeado por sus guardias y cortesanos, olvidando por un
momento de que era tambien rey y un igual suyo , confor-
mándose con los usos recibidos , deseoso tambien de
congratularse su benevolencia , se postró ante el trono
tocando con la frente el suelo , y le saludó en la forma
acostumbrada deseándole toda suerte de prosperidades y
520 CUENTOS ÁRABES

una larga vida, ofreciéndole al mismo tiempo una rica


coleccion de piedras preciosas y de perlas escogidas . El

ey de Samandal se levantó de su trono, le alargó la mano


para levantarse, y haciéndole sentar á su lado le dió la
bienvenida, y le preguntó en qué podia servirle . Habiendo
abierto la preciosa caja en que estaban encerradas aque-
llas ricas joyas, se quedó admirado de su hermosura y de
su incalculable valor.
< Poderoso príncipe, le dijo el rey Saleb, grande es
el favor que vengo á solicitar de vuestra benevolencia,
pero en vista de la buena acogida que me habéis hecho,
espero que será bien despachada la demanda que vengo
CUENTOS ÁRABES 521

á haceros, que es que os dignéis honrarnos con vuestra


alianza otorgándome la mano de la princesa Giborosa,
vuestra hija. » Al oir estas palabras, el rey de Samandal
prorumpió en una estrepitosa carcajada é hizo otros ade-
manes que indicaban el mas alto desprecio , y contestó al
rey Saleb diciéndole : << Hasta ahora os habia tenido
por un príncipe entendido y de gran juicio , pero , al oiros
expresar como acabáis de hacerlo, confieso que me habia
equivocado . Preciso es , amigo mio, que se os haya oscure-
cido el entendimiento para haberos atrevido á hacerme
una demanda de esta especie . ¿ Cómo habéis podido
imaginaros un solo momento el que yo consentiria en
otorgaros la mano de mi hija la princesa ? Veo con senti-
miento que os habéis olvidado de la gran distancia que
média entre los dos , aspirando á un enlace y alianza de
esta naturaleza, y esto me hace perder el buen concepto
y opinion en que hasta ahora os habia tenido . D
Mucho trabajo le costó al rey Saleb el refrenarse y con-
tener su ira al oir una respuesta tan poco comedida é in-
juriosa, pero recordando el objeto de la mision que traía,
se reprimió cuanto pudo y contestó diciéndole :
¡ Quiera Dios recompensar á Vuestra Majestad como
merece ! pero séame lícito el decirle que no es para mí
para quien yo vengo á pedirle la mano de la princesa
Giborosa, aunque no por eso me crea indigno de merecer-
la, porque , sin ánimo de ofenderos, me permitiréis que
os diga que mi alcurnia y jerarquía en nada desmerece
de la vuestra, pues bien sabéis que mis antepasados han
sido siempre unos monarcas de los mas poderosos Estados
submarinos, y que nuestras riquezas igualan , si es que !
no son superiores , á las vuestras . Si Vuestra Majestad no
me hubiera interrumpido tan descortesmente, habria sa-
bido que yo no vengo á solicitar la mano de la princesa
vuestra hija para mí, sino para mi sobrino el rey de Per-
sia, que es uno de los monarcas mas poderosos de la tierra,
cuya grandeza, poderío y prendas relevantes personales
no pueden ménos de haber llegado á vuestro conoci-
miento , porque en todo el mundo son bien corocidas . De
522 CUENTOS ÁRABES

modo que si la princesa Giborosa está dotada de una her-


mosura sin igual y de las mayores perfecciones , el rey
Beder, mi sobrino, es un príncipe gallardo digno de la
princesa . » Este discurso del rey Saleb irritó en tales tér-
minos al rey de Samandal que la ira y el enojo le impe-
dian el hablar ; al fin , echando espuma por la boca , excla-
mó - « ¡ Perro , hijo de perra ! ¿ cómo te has atrevido á
pronunciar delante de mí el nombre de mi hija ? ¿ crees ,
por ventura, que pueda compararse con ella el hijo de tu
hermana Gulnara , indigno hasta de besar el suelo que ella
pisa ? ¿ quién eres tú , y quién era tu padre ? ¿ quiénes son
tu hermana y tu sobrino ? ¡ reyezuelos miserables, perros
hijos de perros ! » y dirigiéndose á sus guardias y corte-
sanos exclamó : « ¡ Prended á este insolente y cortadle la
cabeza ! »
Ántes que estos hubiesen podido desenvainar sus alfan-
jes , el rey Saleb, que era tan ágil como un tigre, se plantó
de un brinco, con puñal en mano , fuera del aposento y
llegó á las puertas del palacio . Poniéndose al frente de la
escolta que le habia acompañado, reforzada por otra mas
numerosa que su madre la reina habia enviado , temerosa
de algun desman por parte del rey de Samandal , cuyo
orgullo y carácter violento conocia , invadió el palacio , sor-
prendió á los cortesanos que huyeron despavoridos, y
arrojando del trono al rey de Samandal le encerró en
una fortaleza bien custodiada por sus gentes . Algunas de
estas que habian huido en los primeros momentos de
confusion contaron á la reina, madre de Saleb, lo que
habia ocurrido y extendieron la alarma por el reino . La
reina, que era mujer de gran cabeza, dispuso inmediata-
mente , el envío de nuevos refuerzos , y con ellos pudo el
rey Saleb afianzar su autoridad y hacerse dueño comple-
tamente del reino . Luego que aseguró la persona del rey
de Samandal , registró todos los aposentos del palacio en
busca de la princesa Giborosa, en cuya pesquisa le acom-
pañó el rey Beder que se habia apresurado á reunirse
con su tio en cuanto se recibieron las primeras noticias
de lo que ocurria . Todas las pesquisas fueron vanas , por-
CUENTOS ÁRABES 523

que la princesa Giborosa, en cuanto vió el tumulto ocasio-


nado por el ataque de Saleb , habia huido , y saliéndose del
mar con las mujeres que la servian se habia ido á refugiar
á una isla desierta.
El rey Beder, viendo que no podia encontrarse á la prin-
cesa Giborosa , objeto y causa principal de aquellos acon-
tecimientos, sumamente afligido de no haber logrado al
ídolo de sus deseos ; no teniendo ya nada que hacer en el
fondo del mar se salió á tierra , pero como no estaba acos-
tumbrado á estas expediciones, y no sabía qué camino
tomar para volver á su reino , se extravió y fué á parar á
la misma isla en que se habia refugiado la princesa . Allí
se sentó á descansar á la sombra de un árbol frondoso y á
reflexionar lo que haria , cuando llegó á sus oídos el eco
de várias voces . Inmediatamente se levantó , y dirigiéndose
hácia el punto en que las voces se oian , no tardó en des-
cubrir un grupo de jóvenes hermosas entre las que des-
collaba una de ellas por su aire majestuoso y distinguido,
y sobre todo , por una belleza divina . Al verla le dió un
vuelco el corazon , y sin saber por qué, tuvo por cosa
cierta de que aquella hermosísima jóven debia ser la prin-
cesa Giborosa, objeto de sus deseos , como en efecto lo
era . Sin titubear se dirigió hácia ella , y saludándola con
muestras del mayor respeto le dijo : << Gracias doy al
cielo por el favor que me dispensa permitiéndome ver una
de sus criaturas mas perfectas : es una gran dicha para
mí el poder ofreceros mis respetos ; os ruego que los
aceptéis y me digáis en qué puedo complaceros , pues
comprendo que una persona como vos , en la situacion en
que se encuentra, necesita algunos auxilios . » La gallardía,
el aire distinguido y el modo de expresarse del jóven rey
Beder no dejaron de causar impresion à la princesa , la
cual le contestó << Cierto es , señor, que es bien aflic-
tivo para una persona de mi clase el hallarse en la triste
posicion en que yo me encuentro . Sabed que soy la prin-
cesa Giborosa, hija del rey de Samandal, que me he visto
precisada á huir para no caer en poder del rey Saleb , el
cual, sin que yo haya podido saber el motivo , allanó nues-
524 CUENTOS ÁRABES

ro palacio, mató á los guardias y cortesanos que le


resistieron, é hizo á mi padre prisionero . Sin tener tiempo
para informarme de mas, me sali del mar apresuradamente
y vine á refugiarme á este sitio . »
El rey Beder se alegró mucho de que los presentimien-
tos de su corazon no hubiesen sido desmentidos , y aun
mas de que su tio se hubiese apoderado del rey de
Samandal, porque esperaba que, por recobrar su liber-
tad, le concederia gustoso la mano de su hija , á la cual
le dijo :-< Adorable princesa, muy justo es vuestro senti-
miento, pero la desgracia que lo motiva puede tener
fácil y pronto remedio, y así lo juzgaréis vos misma cuando
sepáis que yo soy el rey de Persia , sobrino del rey Saleb
que fué á pedir á vuestro padre vuestra mano para mí ; por
que es preciso que yo os diga que, aun ántes de haberos
visto , y por solo la descripcion que oí hacer de vuestra
divina hermosura, os entregué mi corazon, y ansié el
poseeros ; entrega que hoy os confirmo despues de haber
tenido la dicha de veros . Os ruego que aceptéis la ofrenda
de mi alvedrío y el homenaje de un rey poderoso que
ha abandonado sus Estados con el único objeto de ofre-
ceros su corazon y su corona. Así, hermosa princesa ,
permitidme que yo os presente á mi tio el rey Saleb, y
estad persuadida de que tan pronto como yo os reciba
por esposa, de manos de vuestro respetable padre, se
apresurará á devolverle su libertad y ponerle en pose-
sion de sus Estados. >
Estas declaraciones del príncipe Beder no produjeron
el efecto que debia esperarse , muy al contrário , porque
al saber la princesa que el rey de Persia era la causa de
la desgracia en que se veía, acallando los sentimientos
de simpatía que le habia inspirado la gallardía y varonil
hermosura del príncipe, y no escuchando mas que los
del resentimiento y deseo de venganza, le consideró
como á un mortal enemigo con quien no debia tener rela-
ciones de ninguna especie ; y suponiendo que uno de los
motivos que su padre habia tenido para no concederle su
mano era su cualidad de « príncipe terrestre, deter-
CUENTOS ÁRABES J25

minó conformarse con su voluntad . Sin embargo, no


quiso manifestar ostensiblemente su rencor , sino aparen-
r benevolencia ; y mientras que en su interior estaba
ideando el medio de deshacerse del príncipe , le contestó
con un agrado fingido y aparente : - << Por lo que me decís,
veo que sois el hijo de la reina Gulnara tan afamada por
su singular belleza, y me alegro de ver en vos un prín-
cipe que tanto se le asemeja . El rey mi padre ha hecho
muy mal en oponerse á nuestra union en la que yo , por
mi parte, consiento con placer ; su negativa es excusable
porque no os conocia , pero estoy segura de que en
cuanto os vea mudará de parecer y se apresurará á ha-
cernos felices ; » y al expresarse así le tendió la mano
como para ratificar lo que decia .
Enajenado de gozo, el rey Beder se prosternó á los
piés de la princesa cuya mano se disponia á tomar para
İlevarla á sus labios , cuando esta , dándole un fuerte
empellon y abriendo al mismo tiempo una cajita con
polvos amarillos que habia sacado con disimulo de la
faltriquera, se los arrojó al rey Beder encima , diciendo
al mismo tiempo : « ¡Temerario jóven, insensato príncipe !
deja esa forma que tienes , y en castigo de tu temeridad
é insensatez toma la de un pájaro verde con el pico y

las patas amarillas , la cola roja , y las alas azules y ne-
gras .>> Hecha en el acto esta transformacion por el ensalmo
de la princesa, que era una maga consumada , mandó á
una de sus esclavas que llevara aquel pájaro á la Isla
Seca, que era un peñon árido situado en medio del mar
en donde no habia ni una gota de agua , ni el menor ar-
busto . Compadecida la esclava de la suerte del rey Beder
cuya gallarda presencia le habia inspirado alguma simpatía :
« Es una lástima el que perezca de hambre y sed un prín-
cipe tan digno de ser amado, se dijo para sí, y puede ser
que llegue algun dia en que ia princesa se arrepienta de
haber obrado tan cruelmente con él , y me agradezca el 、
haberle conservado la vida ; » y en vez de llevar el pájaro
verde al peñon, le llevó á una isla muy frondosa en la que
habia abundancia de agua y comestibles .
526 CUENTOS ARABES
Mientras ocurrian estos acontecimientos, como el rey
Beder ni se habia despedido de su madre, al marcharse con

su tio, ni de este, ni tampoco de su abuela, y pasaban dias


y dias sin que pareciera, la reina Gulnara inquieta y
temerosa, suponiendo que su hijo se habia marchado con
su tio, quiso saberlo de fijo, y con este objeto se sumergió
en el mar y se fué á ver á su madre. Esta, presumiendo
cuál era la causa verdadera de la venida de su hija á su
casa paterna : « Ya sé, le dijo , que no es á mí á quien
vienes á ver, sino á buscar á tu hijo, cuyo paradero
CUENTOS ÁRABES 527

Ignoro yo tambien ; » y en seguida le refirió todo lo que


habia ocurrido , añadiendo : No te desconsueles por
eso, porque estoy segura que no tardaremos en volver á
verle, y aparecerá cuando ménos se piense . Mientras
tanto , como su desaparicion puede dar ocasion á algunas
turbulencias en el reino de Persia, será lo mejor que te
vuelvas cuanto ántes allá para que no se advierta tu
ausencia, y sin dejar de hacer todas las diligencias
posibles para descubrir su paradero, hagas publicar
que el rey se ha ausentado durante algun tiempo
para ir á viajar por los países extranjeros , dejándote
encargado el gobierno del reino La reina Gulnara
creyó que lo mas prudente era el tomar este sabio
consejo de su madre, y despidiéndose de ella con lá-
grimas en los ojos se salió del mar y se volvió a
su palacio sin que nadie hubiese advertido que habia
estado fuera. Hizo anunciar la ausencia del rey , y con la
asistencia del gran visir y del consejo continuó gobernando
pacíficamente el reino. Su desconsuelo y afliccion eran
muy grandes ; sin embargo, al ver que pasaban dias y
mas dias sin que los emisarios secretos que , así ella como
su madre y su hermano el rey Saleb habian enviado por
mar y por tierra, pudiesen adquirir la menor noticia del
príncipe.
El pobre rey Beder, mientras tanto , reducido á la con-
dicion de pájaro , y obligado á hacer la vida de los de su
especie, pasaba sus dias solitario en el bosque , alimentán-
dose con las frutas y granos que allí habia ; siendo una
de las cosas que mas le afligian el no saber en qué parte
se hallaba , ni qué rumbo tomar para dirigirse al reino de
Persia, y no se atrevia á fiarse de la corta extension de sus
alas para atravesar mares para él desconocidos . Quizá
habria muerto allí de viejo , si un cazador de pájaros muy
diestro que venía de vez en cuando á aquella isla no le
hubiese descubierto un dia posado en la rama de un
árbol en que solia pasar las noches . Al ver un pájaro de
una especie tan rara y tan desconocida para él , empleó
toda la maña é industria en cogerlo en sus redes y lu
528 CUENTOS ÁRABES

consiguió. Lo examinó de cerca y se dijo para sí : « Esta


es una ave rara que en mi vida he visto, á pesar de los
años que llevo en este oficio ; yo no sé á qué especie per-
tenece, pero estoy seguro que si se lo llevo al rey, que
es aficionado á pájaros raros y bonitos, me dará una
buena gratificacion, ó su venta me valdrá mas que la de
todos estos otros pajarillos reunidos . » Entónces el cazador
le puso en una jaula aparte y se dirigió al palacio del rey
en ocasion que este salia para ir á caza . Al pasar junto al
cazador le llamó la atencion el pájaro que este tenía en la
jaula, y inandó á uno de sus oficiales que se lo trajera y
preguntase al cazador si lo vendia. Hízolo así el oficial,
y el cazador le respondió que si el pájaro era para Su
Majestad, tendria á mucho honor el que, si le agradaba,
se dignase aceptarle como obsequio . El rey mandó entón-
ces que llevasen la jaula á su cuarto y que diesen al caza-
dor diez monedas de oro , con lo cual el hombre se mar-
chó contentísimo .
Cuando volvió el rey de la caza se puso á examinar aten-
tamente aquel pájaro que nadie sabía cómo se llamaba,
ni conocia la especie á que pertenecia , le sacó de la jaula
y le puso sobre la mesa en que le habian servido la co-
mida , y el pájaro, con gran sorpresa y admiracion suya y
de sus cortesanos , empezó á picotear el pan y los de-
mas manjares, y hasta meter el pico en la copa del vino .
Una cosa tan nueva para él , y tan fenomenal , quiso que
la reina la viera , y envió un oficial de los eunucos á
rogarla que viniese . En cuanto la princesa llegó y vió al
pájaro verde , se apresuró á cubrirse el rostro con el
velo. ¿Por qué encubrís vuestra hermosura, le preguntó
el rey,cuando aquí no hay mas que mis eunucos y vuestras
mujeres ? - Os equivocáis , señor, le respondió la reina ,
aqui hay un gallardo jóven , un príncipe poderoso, un
extranjero.¿ Qué estáis diciendo , querida Fátima?
¿ habéis perdido el juicio ? - Yo bien sé, señor, lo que
me digo . Sabed que ese pájaro verde que está sobre la
mesa no es lo que aparenta. Es un hombre transformado
en pájaro por el ensalmo de una princesa . Es el jóven rey
CUENTOS ÁRABES 529

Beder , de Persia , hijo de la sin par Gulnara, princesa del


Mar, de quien habéis oido hablar várias veces , á quien la
princesa Giborosa, hija del rey de Samandal , de la cual él
estaba enamorado, en venganza de que el rey Saleb, tio
del rey Beder, ha encerrado á su padre en una fortaleza ,
ha convertido en pájaro¡ Vaya ! ¡ vaya ! ya veo, her-
mosa Fátima, que os queréis chancear conmigo . ¿ Cómo es
posible que este pájaro sea un hombre ? --- Nada es mas
cierto de lo que os digo , señor. — Pues en ese caso , le
replicó el rey , vos que sabéis tantas cosas y estáis tan
instruida en el arte de la hechicería y de la magia blanca ,
¿ no podriais hacer recobrar al príncipe Beder su ser pri-
mitivo ? Sí, puedo, le contestó la reina , y lo haré si tal
es vuestro deseo . Tened la bondad de trasladaros á esa
pieza contigua, y dejadme sola con el príncipe . » Este,
desde que empezó el diálogo que acabamos de referir,
entre el rey y la reina , habia dejado de picotear la comida ,
y escuchaba atentamente . El rey se trasladó al gabinete in-
mediato dejando la puerta entreabierta , y la reina , tomando
una taza llena de agua , sopló tres veces sobre ella y pro-
nunció ciertas palabras misteriosas . El agua empezó
á hervir à borbotones, y derramándola sobre el pájaro
verde que, con las alas abiertas y la cabeza inclinada , se
habia puesto á sus piés, le dijo al mismo tiempo :
« Pájaro , si tal es tu naturaleza , permanece lo que eres ;
pero si has sido convertido en ave por ensalmo y hechi-
cería, te mando, por virtud de las santas y misteriosas
palabras que acabo de proferir, y por la virtud de esta
agua mística, en nombre de nuestro Criador , Dios om-
nipotente, que resucita a los muertos y sustenta el Uni-
verso, que dejes de ser pájaro , y recobres tu forma
primitiva. No bien la reina acabó de pronunciar estas
palabras, y de rociar al pájaro con el agua hirviendo ,
cuando se le desprendieron todas sus plumas , se desva-
neció el pájaro, y apareció el jóven rey Beder en toda
su gallardía.
Lo primero que hizo al verse transformado á su ser
primitivo, fué prosternarse en tierra para alabar á Dios .
30
530 CUENTOS ÁRABES

elevando sus manos al cielo por el favor que le habia


hecho, y en seguida arrojarse á los piés de la reina y be-

sarle la franja de su vestido , acompañando su accion con


palabras sentidas que expresaban su agradecimiento :
despues se acercó al rey que no acababa de reponerse de
a sorpresa que le habia causado esta transformacion , y
tomandole la mano se la besó respetuosamente . El rey
correspondió á esta muestra de gratitud y deferencia abra-
CUENTOS ÁRABES 531

zándole y rogándole que se sentara con él á la mesa .


Durante la comida , el príncipe Beder refirió extensamente
todo cuanto le habia ocurrido, y el rey le preguntó en
-
qué podria servirle . « El mayor servicio que podéis
hacerme , contestó , es el de proporcionarme un buque
que me conduzca á Persia , en donde mi ausencia habrá
causado quizá algunas turbulencias, y mi pobre madre y
todos mis parientes se hallarán en la mayor inquietud . »
- En vista de este deseo, el rey dió órden para aparejar
inmediatamente uno de los buques mas veleros de su
armada, y el príncipe Beder, despues de haberse despedido
de él y de la reina Fátima , renovándoles las muestras de
su agradecimiento y jurándoles una amistad eterna , se em-
barcó é hizo á la vela con viento fresco y favorable . Ya
llevaba unos cuantos dias de navegacion próspera, cuando
se desencadenó una horrible tormenta que, despues de
haber hecho perder al buque sus masteleros , jarcias y
demas aparejos , lo arrojó contra un arrecife con tanta
violencia que el casco se abrió por medio. La mayor parte
de la tripulacion pereció ahogada ó estrellada contra las
rocas de la costa que no estaba muy léjos ; algunos se sal-
varon á nado ó asiéndose á los maderos desquiciados del
buque. De este número fué el rey Beder , el cual , como
era buen nadador, pudo , auxiliado por el leño , llegar á
una playa desde la que se descubria una ciudad de muy
bella apariencia . Habiendo hecho pié , abandonó el madero
protector y se dirigió hácia tierra , cuando vió salir de un
bosque inmediato y venir hácia él un numeroso rebaño
compuesto de animales cuadrúpedos de especies bien
diferentes , tales como caballos , toros , elefantes , camellos ,
y hasta leones y tigres . La aparicion repentina de un con-
junto de animales tan heterogéneo , y la actitud que toma-
ron estos animales poniéndose delante de él como para
impedirle el que saliera á tierra , no dejó de sorprenderle
y atemorizarle ; pero como no podia retroceder , ni per-
manecer en aquel sitio , siendo animoso como era, se deci-
dió á seguir adelante , y vió con gran satisfaccion que los
tales animales , en vez de acometerle , se iban retirando
532 CUENTOS ÁRABES

segun y conforme él avanzaba. De este modo llegó á la


ciudad cuyas calles en su mayor parte las encontró desier-
tas, y esta particularidad le hizo pensar que la aparicion de
aquellos animales y su oposicion á que no entrara en la
ciudad debia tener algun motivo . Al fin llegó á un barrio
en donde habia várias tiendas abiertas, y se paró delante
de una en la que vió una multitud de cestillos y azafates
llenos de frutas diversas arregladas con mucho aseo y
simetría, y acercándose á un anciano que era el dueño de
la tienda, le saludó muy cortesmente . El anciano se quedó
sorprendido al verle, y le preguntó de dónde venía , y
qué era lo que buscaba . El rey Beder, sin decirle entera-
mente quién era , le refirió el naufragio que habia sufrido
y su encuentro, al salir del mar, con aquel rebaño de ani-
males tan diversos . << Sois la primera persona, añadió ,
á quien hablo en esta ciudad que, á pesar de ser tan linda ,
la veo casi desierta . » Enamorado el anciano de la bella
presencia del príncipe Beder, de su aire distinguido y de
su franqueza : - « Entrad, entrad, le dijo , no permanez-
cáis delante de la puerta, porque podria sobreveniros
algun daño . Ya os explicaré el porqué. » El príncipe
entró en la tienda en donde el anciano le hizo tomar
algun alimento, y mientras comia le dijo : — « Bien po-
déis dar gracias al cielo por haberos conducido hasta esta
casa sin haber tenido ningun mal tropiezo , porque
habéis de saber que os halláis en la « Ciudad de los
Encantos, que está gobernada no por un rey, sino por
una reina, mujer la mas hermosa de su sexo, pero al mis-
mo tiempo maga y hechicera consumada , de malas inten-
ciones y corazon perverso , que se complace en hacer á los
hombres jóvenes todo el mal que puede . De esto os con-
venceréis cuando sepáis que esos animales que os salieron
al encuentro son otros tantos hombres transformados en
brutos por la reina hechicera, los cuales, como no podian
expresarse de otra manera , querian daros á entender con
su actitud el que no entraseis en esta ciudad , á fin de pre-
servaros de la triste suerte que á ellos les ha cabido .
Todos cuantos jóvenes llegan á esta malhadada ciudad ,
CUENTOS ÁRABES 533

tan pronto como la reina tiene conocimiento de su arrivo


les manda venir, los hospeda regiamente, los obsequia y
les da ciertas pruebas de interes y afecto, pero á los pocos
dias, y cuando estos jóvenes se hallan mas confiados y
alucinados con esta cordial, pero aparente acogida, se
encuentran metamorfoseados, unos en toros, otros en
asnos , otros en pájaros , segun el capricho de la reina . »
- Al recibir estas noticias, sin poder contenerse, el rey
Beder exclamó : « ¡ Dios mio ! ¡ á qué triste situacion
me reduce mi desventurada suerte ! cuando apenas acabo
de librarme de una transformacion , cuyo solo recuerdo
me estremece , me veo amenazado y expuesto á sufrir
otra quizá mas terrible. » Y en seguida refirió al anciano
lo que le habia sucedido, descubriéndole quién era . Des-
pues de haberle oido , el frutero , para tranquilizarle, le
dijo : - << Aunque es muy cierto que la reina Laba es una
maga de muy mal corazon y de peor ralea, no debéis alar-
maros por eso. Yo soy muy conocido de ella y conmigo
guarda ciertas consideraciones ; y ya que la suerte os ha
conducido á mi casa, podéis quedaros en ella ; y con tal
que no os alejéis , ni cometáis ninguna imprudencia ,
estando en esta casa y en mi compañía no corréis ningun
riesgo . » El rey Beder aceptó la hospitalidad que el an-
ciano frutero le ofrecia , y se instaló con él en la tienda. Los
que venian á comprar frutas y los transeuntes se quedaban
embelesados mirándole , y felicitaban al buen hombre por
haber adquirido un esclavo, segun ellos creian , de tan
bella presencia, admirándose al mismo tiempo de que la
reina Laba no hubiese tratado de llevársele . El frutero les
decia que no era un esclavo , sino un sobrino suyo , hijc
de un hermano que acababa de morir, y que como él no
tenía hijos le habia mandado venir para adoptarle , y des-
pues de instruido en el comercio de frutas, dejarle la tien-
da ; y que esperaba que la reina no se lo llevaria.
Un mes largo hacía ya que el príncipe Beder vivia en
la Ciudad de los Encantos en compañía del anciano frutero ,
cuando acertó á pasar delante de la tienda , con gran
pompa, guardias y acompañamiento , la reina maga , y al
30.
534 CUENTOS ARABES

ver á un jóven tan gallardo se quedó parada, y preguntó


al anciano quién era. << Es un sobrino mio , le contestó
el frutero , á quien he enviado á buscar para que me acom-
pañe y me ayude en el comercio, porque yo me voy
haciendo ya muy viejo. Pues es preciso que me le
cedáis, le dijo la reina, porque precisamente necesito un
paje, y vuestro sobrino me conviene. No tengo incon-

0
00

veniente en cedérosle, señora , le contestó el anciano, con


tal que me prometáis tratarle como merece , pues como
CUENTOS ÁRABES 535

no tengo hijos , ni mas sobrino que este, sentiria en el


alma que le sucediese la menor desgracia . No paséis
pena por eso , le replicó la reina , que cuidaré de él y le
trataré como si fuera mi propio hijo . » Como no habia
ningun medio de oponerse á la voluntad de la reina , por
que, si no se accedia por bien á sus deseos , ella haria uso
no solo de su autoridad suprema, sino que emplearia la
fuerza ó sus diabólicos hechizos , se convino en que al dia
siguiente el sobrino del anciano Abdalá , pues así se lla-
maba el frutero , entraria al servicio de la reina.
Luego que esta pasó : « Hijo mio , dijo el anciano
Abdalá al rey Beder, ya habéis visto que me ha sido impo-
sible el evitar que vayáis á servir á la reina ; pero tambien
habréis notado con qué deferencia me ha tratado así ella
como los oficiales de su guardia y demas gentes de su
servicio . La reina Laba es una maga perversa, pero como
sabe que sus malas artes nada pueden hacer conmigo , por
eso me guarda ciertas consideraciones . No os apesadum-
bréis , ni tengáis miedo , que yo velaré sobre vos, y sabré
frustrar sus malos designios . Maldita sería del Cielo , y
mal le avendria, si no cumpliese lo que me ha ofrecido .
A pesar de estas seguridades, el rey Beder no dejó por eso
de afligirse ménos , lamentándose de haber caido en Scila,
despues de haberse librado de Caribdis . - << No os ocul-
taré, le dijo al anciano Abdalá , la gran repugnancia que
siento y el temor que me inspira el tener que acercarme
á esa reina maga, despues que me habéis referido las mal-
dades que ha cometido , y si pudiera evitarlo , aunque
fuera á costa de cualquier riesgo , me apresuraria á huir
semejante peligro ; pero ya que no puedo hacerlo , me
abandono á la Providencia y me pongo bajo su proteccion . »
Al dia siguiente, Abdalá acompañó á su presunto sobrino
al palacio de la reina , la cual los recibió con el mayor
agrado, y renovó las promesas hechas el dia anterior á su
supuesto tio , de tratar al jóven paje Beder como á su
propio hijo. Ántes de despedirse el anciano frutero se
acercó á la reina Laba y le dijo muy despacito : - << Pode-
rosa reina, no extrañéis si, á pesar de vuestras promesas ,
536 CUENTOS ÁRABES

os entrego con repugnancia á mi sobrino, y ya sabéis los


motivos que tengo para ello . Os ruego que olvidéis para
con él vuestra gran ciencia, y que no la empleéis para
hacer con él lo que con otros habéis hecho . » La reina
repitió lo que antes habia dicho y al despedirle mandó que
le entregaran mil monedas de oro , que él se negaba á reci-
bir, pero que tuvo precision de aceptar en vista de la insis-
tencia de la reina.
Luego que el viejo Abdalá se retiró, la reina mandó á
sus esclavas que condujesen á Beder á un magnífico apo-
sento y le diesen un traje nuevo , y aquel dia le hizo sen-
tarse á su mesa . Cuando salia se le llevaba siempre con-
sigo, y hacía con él muchas demostraciones de interes y
y cariño ; pero el príncipe , prevenido y receloso por lo
que su tio Abdalá le habia dicho , se hacía el desentendido
y se mostraba frio é indiferente á todas aquellas aparentes
muestras de cariño . Viendo la reina que todas sus atencio-
nes y su hermosura no producian sobre su paje la impre-
sion que ella deseaba , se decidió á emplear con él sus
hechizos . Un dia muy caluroso , en que el príncipe Beder
se habia recostado sobre unos almohadones , entró en su
cuarto muy despacito la reina Laba , y creyendo que estaba
dormido , abrió una caja que llevaba llena de polvos ama-
rillos , hizo con ellos un reguero en el suelo y pronunció
unas cuantas palabras acompañadas de ciertos signos . El
reguero de polvos se convirtió en seguida en un arroyuelo
de agua cristalina . La reina maga salió , pero volvió al
momento trayendo un saquito con harina y otros ingre-
dientes, con todos los cuales, empleando el agua de
arroyuelo que seguia corriendo por la habitacion, hizo un
amasijo en forma de galleta. Concluida la operacion , vol-
vió á pronunciar ciertas palabras y el arroyuelo desapa-
reció quedando el piso tan seco como un pergamino , reco-
gió todos los demas trebejos que habia traido y se mar-
chó . El rey Beder que habia estado observando muy
atentamente todas aquellas manipulaciones de la reina ,
fingiéndose el dormido , se levantó, y como aquel dia no
tenía que acompañar á la reina , se fué á ver á su tio
CUENTOS ÁRABES 537

frutero , y le contó lo que habia visto hacer á la reina.


<< Ya me presumia yo , le dijo Abdalá , que mas pronto ó
mas tarde vendria á suceder eso , no obstante las prome-
sas que me habia hecho ; pero felizmente, como la conozco ,
sus malas artes no me cogen desprevenido . Tomad estas
dos galletas, le dijo á Beder, y cuando la reina os presente
la que le habéis visto amasar, y os incite á que la comáis ,
tomadla, y remplazándola diestra y disimuladamente por
una de estas , comedla en su presencia . Al mismo tiempo ,
ofrecedle la otra que ella, probablemente por congratu-
larse con vos , aceptará. Cuando veáis que ha comido unos
cuantos bocados arrojadle al rostro el agua de este fras-
quito diciendo : << Deja la forma de mujer y toma la de
yegua, ó de otro animal cualquiera y en seguida me
la traeréis aquí.
El rey Beder dió las mas expresivas gracias al anciano
Abdalá por el gran servicio que le hacía suministrándole
el preservativo para librarse de los encantos de la maga,
y se volvió á palacio corriendo . Cuando llegó le dijeron
que la reina habia preguntado por él, que deseaba verle
y que la encontraria en el jardin . En efecto , acudió al
jardin y la halló sentada en un banco de césped al lado de
una fuente . << Deseaba veros , le dijo la reina así que se
acercó , para haceros probar una galletita que, por pasa-
tiempo, he amasado yo misma con mis propias manos,
para saber si la encontráis de vuestro gusto, pues yo soy
muy aficionada á estas golosinas, » y al mismo tiempo le
alargó la galleta y le dijo que se sentara á su lado para
comerla . Al dar una vuelta por detras del banco para
ocupar el asiento que la reina le indicaba, el rey Beder
sustituyó con la de su tio la galleta de la reina ; se sentó
y dijo á la reina : « Señora, nunca podré agradecer lo
bastante la honra que me dispensáis, consultando mi
gusto sobre un manjar que, confeccionado por vuestras
propias manos , no puede ménos de ser exquisito . Con
este motivo , permitidme , señora , que yo tambien ofrezca
á Vuestra Majestad otra galleta que me ha dado mi tio , de
cuya casa vengo en este momento , y á quien habia ido á
538 CUENTOS ÁRABES

ver, sabiendo que Vuestra Majestad no saldria de casa


este dia. Os ruego , señora , que os dignéis aceptarla como
un testimonio de lo muy presente que tenía á Vuestra
Majestad en mi memoria. » La reina se mostró muy com-
placida de las lisonjeras palabras de su paje, y tomó la
galleta. Mientras tanto , Beder partió un pedazo de la
suya y se lo comió diciendo : << Señora, encuentro esta
galleta deliciosísima, ¿ cómo halla Vuestra Majestad la
mia ? Ántes de responder, la reina tomó en el hueco de
su mano un poco de agua de la fuente , y rociando con
ella al rey Beder exclamó : - « ¡ Desventurado ! deja la
forma que tienes y toma la de un burro cojo y tuerto. »
Como estas palabras no produjeron el efecto que ella se
esperaba, y que su paje continuaba comiendo la galleta
sin cambiar de forma, se quedó sorprendida, y para disi-
mular su turbacion , se echó á reir y le dijo al príncipe :
- « ¡ Qué susto habéis llevado con mi broma ! pero ya
veo que sois un jóven impávido, lo cual aumenta la esti-
macion en que os tengo , y como prueba de ello voy á
comer vuestra galleta . » En efecto, la partió y se comió
un pedazo . Al tragarla , se quedó como paralizada y sus-
pensa, y el príncipe Beder, destapando entónces el fras-
quillo que su tio Abdalá le habia dado , arrojó su conte-
nido al rostro de la reina, diciendo al mismo tiempo : -
« ¡ Abominable maga , deja la forma que tienes y trans-
fórmate en yegua ! » Pronunciadas estas palabras , la
metamorfosis quedó hecha, y en lugar de la hermosa
reina Laba , Beder se encontró al lado de una gallarda
yegua , de cuyos ojos salian lágrimas abundantes . En
seguida, saliendo por una puerta falsa del jardin la condujo
llevándola agarrada por las crines á casa del frutero
Abdalá, el cual la embridó con una brida especial que
tenía preparada, se la entregó al rey Beder y le dijo : —
Es preciso que os marchéis inmediatamente de esta
ciudad y os dirijáis à vuestro reino . No os deshagáis de
esta yegua, y sobre todo, si llegáis á deshaceros de ella ,
no le quitéis la brida . »
Despues de haber abrazado al buen frutero , dándole
CUENTOS ÁRABES 539

repetidas gracias con la mayor efusion por su hospita-


lidad y por los demas favores que le debia, el rey Beder
montó en su yegua y tomó el camino que Abdalá le
indicó para dirigirse á las fronteras de Persia . Al cabo de
tres dias de marcha llegó á los arrabales de una gran
ciudad, y como ignoraba el país en que se hallaba, por-
que con el gozo de haber salido de la Ciudad de los
Encantos y de verse libre de las hechicerías de la reina
Laba, no se habia detenido á informarse de nadie ; quiso
saber cómo se llamaba aquella gran ciudad antes de
entrar en ella, y con este objeto se dirigió á un anciano
bien vestido que le pareció una persona respetable , y
despues de saludarle le dijo, que como era extranjero ,
y era la primera vez que llegaba á aquellos parajes , le
rogaba tuviese la bondad de indicarle una buena posada
en donde pudiera hospedarse . El anciano correspondió á
su saludo , se paró á mirar la yegua de cuya hermosura
y bellas formas hizo grandes elogios , y empezó á nom-
brarle varios paradores , y á darle otras noticias intere-
santes. Mientras estaban hablando se les acercó una vieja
andrajosa y empezó á llorar y lamentarse . El anciano y
Beder suspendieron su conversacion y le preguntaron a
la buena mujer por qué se lamentaba. « ¡ Ay señor !
le contestó la vieja, al ver esta hermosa yegua no he
podido contener mis lágrimas , porque es tan parecida
á una yegua que tenía mi hijo , que si no hubiera muerto ,
diria que era la misma . Mi hijo estaba tan enamorado
de su yegua, que su pérdida le ha causado un dolor tan
grande, que temo no llegue á caer malo, pues está inccn-
solable. ¡ Ah señor ! si quisierais venderme este animal
yo os daria por él lo que vale. - Buena mujer, le
contestó Beder, vuestra afliccion me causa pena por no
poder remediarla , porque yo no tengo intencion de
vender esta yegua , y si la tuviera, en ese caso no me
desharia de ella mientras no me pagaran el precio en
que yo la estimo , precio que vos ni vuestro hijo quizá
no podáis ó no queráis darme . -¿Y por qué nó ? Je le
contestó la vieja . Mi hijo y yo venderíamos hasta el
540 CUENTOS ARABES

último trapo para pagaros el precio en que vos la esti-


maréis ; y continuó sollozando y rogándole por Dios
y por el profeta que se la vendiera . Mientras la vieja
hablaba, la yegua no cesaba de mirarla de una manera
muy particular, y de dar grandes relinchos . El príncipe
Beder, sonriéndose, y creyendo, al ver el traje hara-
poso de la vieja, que el mejor medio de poner término
á sus importunidades , sería el de pedir por la yegua un

precio fabuloso y exorbitante : « Buena anciana, le
dijo, vuelvo á repetiros que la yegua no está de venta, y
que si yo me decidiese á deshacerme de ella no la daria á
ménos que no me entregaran en el acto dos mil monedas
de oro. Si vos ó vuestro hijo podéis dármelas , vuestra
será la yegua en ese caso. - Algo cara es , le contestó la
vieja, pero puesto que no la queréis vender por ménos ,
queda cerrado el trato , y á vos os tomo por testigo de
ello , le dijo al señor que habia estado escuchando ; y le-
vantándose el manto , y sacando dos bolsas que llevaba
sujetas á la cintura, aquí tenéis , añadió , las dos mil
monedas de oro, contadlas, y si faltan algunas os las
traeré al momento , que no está léjos mi casa . » Mudo
de sorpresa y asombro se quedó el rey Beder al ver
sacar á la vieja haraposa las bolsas llenas de oro, y no
fué menor tampoco la admiracion del anciano que habia
presenciado el trato . Repuesto en fin , Beder le dijo : —
Buena mujer, no conocéis que todo lo que ha pasado
ha sido una pura broma ? Os repito que yo nunca he
tenido intencion de desprenderme de la yegua . Así, guar-
dad vuestro dinero, dejadme proseguir mi camino, y
Dios os guarde . »
El anciano , que hasta entónces no habia despegado sus
labios, dirigiéndose á Beder le dijo : « Ya veo , señor
extranjero, que como no sabéis que os halláis en la ciudad
de « Las Buenas Palabras , » ignoráis que aquí se castiga
con la muerte al que no cumple sus contratos . Esta mujer
me ha tomado por testigo , y yo no podré ménos de decla-
rar delante de la justicia lo que ha pasado . Esta os conde
nará, no solo á entregar la yegua , sino á ser ahorcado.
CUENTOS ÁRABES 541

Así, hijo mio, lo mas ventajoso y prudente que tenéis que


hacer, es el arreglar amistosamente este negocio, reci-
biendo el precio que vos habéis exigido y esta mujer ha
ofrecido pagaros , y entregarle la yegua. » En vista de esta
declaracion , aunque inconsolable y atribulado por habers
dejado sorprender de una manera tan inesperada, el
pobre rey Beder echó pié á tierra y entregó á la mujer
haraposa la yegua, la cual dió un relincho formidable.
Esta vieja, señor, dijo la sultana Gerenarda á su esposo
el sultan, era la madre de la reina Laba, gran maestra en
el arte de las hechicerías y de los encantos , que habia
venido siguiendo á Beder, disfrazada , con el objeto de
aprovechar la primera ocasion que se le ofreciese para
libertar á su hija, siendo ella la que le habia enseñado la
magia.
Luego que Beder se apeó, poniendo las dos bolsas á sus
piés, la vieja se acercó á la yegua y le quitó la brida ; en
seguida tomando un puñado de tierra hizo sobre ella unos
signos cabalísticos, dió tres vueltas al rededor del animal
pronunciando por lo bajo yo no sé qué palabras, y á la
tercer vuelta, espolvoreando el cuerpo de la yegua con la
tierra, exclamó : « ¡ Hija mia ! deja esa forma extraña, y
recobra la tuya verdadera . » En el momento desapareció
la yegua, y apareció la reina Laba. Mientras tanto, su
madre pegó un silbido , y en el acto se presentó un horri-
ble gigante con alas al que dijo la vieja : « Farusko , llé-
vanos adónde sabes . » El gigante alado asió al rey Beder
que estaba atónito y no sabía lo que se pasaba, y se le
echó á la espalda sujetándole con las alas , y colocando
en cada uno de sus brazos á la reina Laba y á su madre ,
se remontó por los aires y al poco rato depositó su triple
carga en el palacio de la reina maga en la Ciudad de los
Encantos . El buen anciano habitante de la Ciudad de las
Buenas Palabras se quedó clavado en tierra con la boca
abierta mirando lo que pasaba.
Luego que la reina maga se vió en su palacio, desahogó
su rencor contra su antiguo paje diciéndole mil imprope-
rios é injurias. « ¡ Infame ! exclamaba, ¡ de ese modo es
31
542 CUENTOS ÁRABES

como tú y tu tio habéis correspondido á las considera-


ciones que he tenido con él y contigo, y al afecto que te
profesaba ? pero , deja, deja , que yo sabré vengarme y
castigaros como merecéis . » Y tomando agua en una taza
de oro, de una forma particular , sopló sobre ella y se la
arrojó al rostro á Beder exclamando : <<< ¡ Conviértete
en lechuza , miserable ! » Hecha la transformacion en el
acto, mandó á una de sus esclavas que metiese aquella
ave asquerosa y horrible en una jaula y la llevase al des-
van, que no le diese de comer y la dejase morir de ham-
bre. Y hé aquí como el jóven rey Beder, á pesar de toda
su hermosura varonil, como hombre , y de todo su gran
poder como monarca , por un capricho de jóven enamo-
rado , volvió á hallarse en la miserable condicion de ave
nocturna, y á merced del rencor de una mujer irritada, y
por añadidura, reina y maga ..
La esclava á quien la reina Laba habia entregado la
lechuza, como sabía que era el hermoso paje de cuya
varonil hermosura todas las mujeres de la reina estaban
prendadas, y que ademas era amiga del frutero Abdalá ,
no solo le dió de comer, sino que fué á avisar á este de
la triste situacion en que su sobrino se hallaba , y de los
proyectos de venganza de la reina maga contra ambos.
Abdalá conoció entónces que no habia tiempo que perder,
y que era preciso adoptar medidas prontas y enérgicas
para salvar al rey Beder y librarse él mismo del furor de la
maga. Dió á la jóven esclava las mas expresivas gracias
por lo hecho con su sobrino, y por su diligencia en
avisarle lo que pasaba , y le preguntó si estaba dispuesta á
secundarle para socorrer al jóven paje y librarle del
poder de su ama. Habiéndole dicho que podia contar con
ella, Abdalá hizo entónces ciertas señales sobre una placa
de cobre, y dando un fuerte silbido que repitió tres veces,
se apareció un Genio, y le preguntó qué era lo que tenía
que mandarle. << Que lleves á esta jóven á la corte de
Persia y la dejes en el palacio de la reina Gulnara : » y á
la jóven le dijo en pocas palabras que el paje convertido
en lechuza por los maleficos ensalmos de la reina Laba.
CUENTOS ÁRABES 543

era el rey de Persia, y que era preciso que fuese á avisar


á su madre de la situacion en que se hallaba ; que le refi-
riera todo lo que habia ocurrido y le dijera de su parte lo
urgente que era el auxiliarle . El Genio tomó á la jóven , la
colocó sobre sus hombros , y desapareció , habiéndola
dejado pocos momentos despues en la azotea del palacio
de la reina Gulnara. Esta se hallaba en aquellos momentos
lamentándose con su madre y sus primas, que habian
venido á acompañarla, y consolarla de no haber podido
adquirir la menor noticia del paradero de su hijo . La
jóven esclava bajó á los aposentos y llegó al en que esta-
ban las dos reinas y las princesas, y les enteró de quién
era , de como habia venido allí enviada por Abdalá , y por
último de la triste condicion en que se hallaba el rey Beder.
Al oirla, la reina Gulnara se levantó de su asiento arre-
batada de júbilo por la noticia que le daba , y abrazó
cariñosamente á la jóven esclava , y lo mismo hicieron la
reina madre y las princesas. Inmediatamente mandó traer
un braserillo con lumbre, echó sobre el fuego unos pali-
tos perfumados y pronunció ciertas palabras místicas . Se
levantó una grande humareda, y al poco rato empezó á
borbotar el agua del mar á cierta distancia del palacio ,
entrando por sus ventanas el rey Saleb acompañado por
algunos oficiales . La reina Gulnara hizo repetir á la men-
sajera de Abdalá lo que acababa de contarle, y enfurecido
el rey Saleb al oir lo que habia hecho con su sobrino la
reina Laba , juró que era preciso exterminarla , é ir á librar
inmediatamente al rey Beder . En seguida volvió á sumer-
girse en el mar , y mientras la reina Gulnara hacía anun-
ciar con música, tambores y trompetas el próximo regreso
del rey Beder , su tio Saleb reunia un formidable cuerpo
de sus tropas submarinas, pedia el auxilio de los Genios
sus aliados, y poniéndose á su cabeza salia con ellos del
fondo del mar con intencion de ir á atacar á la reina
maga en su Ciudad de los Encantos . Curioso era el ver á
este ejército de Genios alados , de tritones , de monstruos
marinos armados con tridentes , con espadas y con otras
armas ofensivas y defensivas desconocidas en la tierra ,
544 CUENTOS ÁRABES

cuyos nombres sería imposible el designar. La reina Gul


nara se puso tambien al frente de este formidable ejército
al lado de su hermano, acompañada por su madre y sus
primas que quisieron tomar parte tambien en esta expe-
dicion contra la reina maga . El Genio que habia traido á
la jóven esclava volvió á buscarla, y uniéndose al ejército
del rey Saleb, se elevaron todos por los aires y fueron á
caer sobre el palacio de la reina Laba, la cual, sorprendida
por un ataque tan imprevisto, no pudo hacer uso de sus
hechicerías y encantos , y muertos y dispersos sus guar-
dias y servidores , ella y su madre perecieron atravesadas
por los tridentes y dardos de los soldados de Saleb que
destruyeron todo cuanto encontraron en el palacio .
La reina Gulnara , terminado el combate, que no fué de
larga duracion , mandó á la mensajera que fuese á buscar
la jaula en que estaba encerrada la descomunal lechuza, y
envió á llamar al mismo tiempo al frutero Abdalá. Cuando
trajeron la jaula , abrió ella misma la puerta, y sacando de su
prision al ave nocturna, la roció con el agua de un frasquito
que traía preparada , diciendo al mismo tiempo : — « Hijo
mio, recobra tu forma natural, deja esa horrible máscara ,
y vén á abrazar á tu madre . » La lechuza desapareció al
contacto del agua , y el rey Beder apareció en toda su
lozanía, arrojándose en los brazos de su madre que llo-
raba de gozo , y de los que no se desprendió sino para
abrazar á su abuela, á su tio y á sus primas . Mientras tanto ,
habia llegado á palacio el frutero Abdalá á quien la reina
Gulnara le dijo : << Excelente Abdalá, es tan grande el
servicio que acabáis de hacerme avisándome la situacion
en que el rey Beder mi hijo se hallaba, y los favores que
le habiais prestado anteriormente, que nunca podremos
recompensároslos bastante. Así, decidme lo que deseáis,
que dispuesta estoy á complaceros y á probaros mi agra-
decimiento , dejándoos completamente satisfecho.— Gran
reina, respondió Abdalá, inclinándose, todo lo que yo
deseo es el que si la mensajera que os he enviado se
digna recibirme por esposo , y el rey de Persia, vuestro
hijo, me permite vivir en su corte para continuar sirvión-
CUENTOS ÁRABES 545

dole, me tendré por bien recompensado . » La reina Gul-


nara se encaró con la jóven que estaba allí presente , como
para preguntarle si consentia en conceder á Abdalá su
mano. La jóven no respondió á la muda interpelacion de
la reina sino bajando púdicamente la vista y poniéndose
encendida como una amapola, con cuyo significativo
silencio, dió á entender que aquella union no le desagra-
daba. Entonces la reina hizo que ella y Abdalá se diesen
las manos, y los desposorios quedaron efectuados , decla-
rando á los esposos que irian á vivir á palacio , y que su
suerte quedaba á su cargo.
Este enlace suministró la ocasion al jóven rey Beder
para decir á su madre , sonriéndose , que le causaba gran
satisfaccion el desposario que acababa de efectuarse, en
el que ella habia tomado tanta parte ; pero que faltaba
otro del que tambien debia ocuparse. La reina Gulnara
no comprendió al pronto á qué desposorio aludia ; pero
habiendo recapacitado un momento, le respondió : - « Si
es del vuestro , hijo mio , del que queréis hablar , con-
siento muy gustosa ; » y dirigiéndose á los Genios y Tri-
tones que habian venido con su hermano : Id, les
dijo, á recorrer los palacios de todos los príncipes de mar
y tierra, y volved á decirme cuál es la princesa mas her-
mosa y mas digna que habéis hallado para ser la esposa
de mi hijo. - Señora y madre mia, se apresuró á decir
el rey Beder, no hay necesidad de que vayan á buscarla,
porque yo la he encontrado . Ya sabéis que , aun sin
haberla visto, entregué mi corazon á la princesa Giborosa ,
hija del rey de Samandal , por solo la pintura que oí ha-
cer á mi tio, de su hermosura y cualidades ; despues la
he visto yo mismo , y quedé aun mas apasionado ; y á
pesar de lo mal recibida que fué mi declaracion , y de
lo mal que me trató , no por eso he dejado de amarla un
solo instante. Yo creo que cuando mi tio haya puesto en
libertad á su padre , y en nueva posesion de sus Estados ,
se mostrará mas humana, y su padre no se negará á con-
cederme su mano . Siendo así como dices, y si crees
que esa princesa podrá hacerte feliz , yo no me opongo de
546 CUENTOS ARABES
ningun modo á esa union . Pero es preciso saber antes si
consiente en ella el rey, su padre. »
El rey Saleb despachó á Samandal á algunos de su:
oficiales para que trajesen al rey que continuaba encerrado

EW.INV.
RMDEL

en la fortaleza, sin dejar de guardar con él todas las con-


sideraciones y miramientos debidos á su alta clase.
CUENTOS ÁRABES 547

No tardó en comparecer el rey de Samandal con los


oficiales que le custodiaban , y así que llegó al palacio de
la << Ciudad de los Encantos , el rey Beder se arrojó á sus
-
plantas , y besándole respetuosamente la mano : « Señor ,
le dijo , no es el rey Saleb, mi tio , el que os pide hoy la
mano de vuestra hija la princesa Giborosa , sino el poderoso
rey de Persia, que se creeria el mas desgraciado de los
hombres si no os dignaseis otorgársela . > El rey de Sa-
mandal , á quien su cautividad y la pérdida de sus Estados
habian abatido su orgullo y su soberbia, se tuvo por muy
dichoso con que se le presentara una ocasion de corregir
el gran yerro que habia cometido tratando tan mal al rey
Saleb cuando habia ido á exponerle su demanda ; así se
apresuró á responder al rey de Persia , diciéndole que se
tendria por muy honrado con una alianza semejante . Que
con gran placer le otorgaba la mano de su hija la prin-
cesa, pero que ignoraba en dónde se encontraba.
Como la princesa Giborosa sabía, por los emisarios que
habia enviado á Samandal , que continuaba la cautividad de
su padre , no habia juzgado prudente el salir de la isla
en que se habia refugiado , isla que el rey Beder indicó
y adonde fueron á buscarla algunos oficiales del rey su
padre , los cuales no tardaron en volver con ella y con
todas las mujeres que la acompañaban. Así que llegó , la
abrazó tiernamente el rey de Samandal, diciéndole al

mismo tiempo : « Hija mia muy querida , te he elegido
un esposo con el que creo que serás feliz, porque es un
príncipe muy gallardo y digno de ser amado : aquí le
tienes ; es el poderoso rey de Persia que me ha hecho el
honor de pedirme tu mano . Querido padre, le contestó
la princesa, ya sabéis que yo estoy siempre dispuesta á
obedeceros y conformarme con vuestra voluntad. Con
gusto acepto el esposo que me dais, con tanto mas motivo
cuanto que, desde que le vi , mi corazon se sintió incli-
nado á amarle, pero cuyos sentimientos tuve que reprimir
en razon de las circunstancias en que entónces me ha-
llaba . Espero , añadió , dirigiéndose al rey Beder , que
Vuestra Majestad , á quien creo generoso, se dignará olvi-
548 CUENTOS ÁRABES

dar lo mal que le traté, y me considerará desde este


momento por su esclava dispuesta à servirle y amarle con
fidelidad y con ternura en desagravio y reparacion de mi
falta. La respuesta del apasionado rey Beder fué tomar
la mano que la princesa le alargaba y besársela.
En aquel mismo dia se celebraron los desposorios del
jóven rey de Persia con la princesa de Samandal con
grande recocijo y alegría general , porque cuando supieron
los habitantes de la Ciudad de los Encantos que la reina
Laba y su madre habian perecido , y se vieron libres de
hechicerías y ensalmos, se apresuraron á manifestar su
júbilo con demostraciones extremadas. Se presentaron en
masa á felicitar al rey Beder, á la reina Gulnara, al rey
Saleb, y hasta el buen Abdalá fué objeto de una ovacion
por parte de sus conciudadanos . Entre las demostraciones
que hicieron, una de ellas fué el buscar los cadáveres de
la reina maga y de su madre, encender una grande ho-
guera y quemarlos . Al mismo tiempo fueron al bosque en
que estaban refugiados los toros , caballos, burros y demas
animales en que habia transformado á sus pajes la reina
Laba ; y la reina Gulnara y el rey Saleb, ayudados por
Abdalá, consiguieron deshacer los encantos ; y aquellos
desgraciados jóvenes , que eran todos , ó hijos de príncipes
ó de alcurnias elevadas , recobraron sus formas primitivas,
lo cual hizo aumentar la alegría general.
Despues de haber descansado unos cuantos dias en la
Ciudad de los Encantos de las fatigas que estos sucesos
les habian causado , el rey Saleb con su madre y sus pri-
mas se volvieron á sus Estados, llevándose consigo al rey
de Samandal al que dejaron en su reino . El rey Beder con
su esposa y su madre la reina Gulnara, acompañados por
el buen Abdalá y su consorte , regresaron á Persia, en
donde fueron recibidos con grandes aclamaciones. Alli
reinaron largos años en una dicha contínua, y haciendo,
con su buena administracion y gobierno , la de sus vasa-
llos, perpetuándose despues su reinado en la numerosa
descendencia que dejaron.
CUENTOS ÁRABES 549

HISTORIA DEL PRÍNCIPE ACMED Y DEL HADA PARI - BANÚ

Prosiguiendo la sultana Gerenarda el curso de sus mara-


villosas narraciones , empezó á referir al sultan Chabriar
otra interesante historia en los términos siguientes :
<< Uno de los ilustres antepasados de Vuestra Majestad ,
que ocupó durante largos años el trono de las Indias y
estaba dotado de gran juicio y sabiduría , tuvo la satisfac-
cion de verse reproducido en tres gallardos príncipes,
que, así por sus prendas físicas como por sus cualidades
morales, eran el orgullo de su anciano padre, y la gloria
del reino . Ademas de estos príncipes, el sultan habia re-
cogido y hecho educar en su palacio á la hija de un her-
mano suyo que habia quedado huérfana ; y esta princesa,
llamada Nurinarda , era un portento de hermosura y un
dechado de candor y pureza . Los príncipes , sus primos ,
que eran casi de la misma edad , con la sola diferencia de
un año que se llevaban entre sí, se apasionaron ciega-
mente de su prima ; pero era imposible el que fuese esposa
de los tres hermanos . El sultan , su padre , que no se oponia
á que lo fuese de uno de ellos, pero que no queria dar á
ninguno la preferencia porque á todos los amaba igual-
mente, les hizo venir un dia á su presencia y les dijo :
« Hijos mios, sé que todos vosotros profesáis un grande
afecto á vuestra prima la princesa Nurinarda, como sé
tambien que los tres sois dignos de ella ; pero como si yo
la doy á uno de vosotros, los otros dos habéis de quedar
descontentos de esta preferencia , me ha parecido mas
conveniente el que vosotros mismos seáis jueces en vuestra
propia causa, á fin de que vuestra prima sea la esposa de
aquel de vosotros que mejor la merezca, por propia confe-
sion vuestra . De este modo conservaréis el fraternal cariño
con que os amáis, y yo no tendré el disgusto de ver aci-
barados mis últimos dias con disturbios de familia. Para
conseguir el objeto que me he propuesto y acabo de expo-
31.
550 CUENTOS ÁRABES

neros , me ha parecido lo mas conducente el que , durante


un año , os ausentéis, y vayáis á recorrer cada uno sepa-
radamente algunos países extranjeros con el fin de ver lo
mas notable que haya en ellos, y adquirir un objeto de
arte ó natural, que sea un verdadero prodigio, una cosa
sorprendente y nunca vista, y de cuyo incontestable mérito
juzgaréis vosotros mismos. Aquel que traiga la cosa mas
maravillosa, aquel será el esposo de la princesa. Os daré
todo el dinero necesario para la adquisicion de ese pre-
cioso objeto ; pero á fin de que tengáis mas libertad de
accion , no viajaréis como príncipes , sino bajo el mas
rigoroso incógnito . Un año os doy de término , dia por
dia , y desde mañana mismo podéis poneros en camino. »
Como los príncipes estaban acostumbrados á someterse á
la voluntad de su padre , y vieron ademas el fondo de
equidad y justicia que habia en el medio que les proponia.
fácilmente se adhirieron á los deseos del sultan su padre
y hechos en seguida los preparativos del viaje , lo em-
prendieron á la mañana siguiente saliendo de la ciudad
disfrazados de mercaderes , bien provistos cada uno con
una suma igual de dinero, y acompañados únicamente
por un oficial de la guardia del sultan disfrazado con el
traje de esclavo. Despues de haber caminado todo el dia
reunidos, llegaron por la noche á una aldea, y se alojaron
en una gran posada que allí habia . Mientras cenaban pu-
siéronse de acuerdo sobre el rumbo que debia seguir cada
uno de ellos, y se dieron cita para aquel mismo punto
para dentro de un año y un dia, conviniendo en que el
que llegase primero esperaria á los demas, y no irtan á
presentarse al sultan su padre , sino los tres hermanos
reunidos. Al amanecer del dia siguiente, despues de ha-
berse abrazado cariñosamente, deseándose mutuamente
un viaje feliz y buena suerte, emprendieron su marcha
en direcciones distintas . El príncipe Husan, que era el
hermano mayor, se dirigió hácia la derecha ; el príncipe
Alí, que era el segundo, hácia la izquierda, y el príncipe
Acmed, que era el menor , continuó su camino de frente.
El principe Husan, que habia oido hablar de la gran-
CUENTOS ÁRABES 551

deza y esplendor del reino de Biznagar, y de lo muy


adelantadas que allí se hallaban las artes y las ciencias ,
se unió á una caravana que iba en aquella direccion y
llegó felizmente á esta capital que da el nombre á todo
el imperio, y fué á hospedarse al Karavansal de los
mercaderes extranjeros. Despues de haber descansado

MW
M

unos dias de las fatigas de un viaje que no habia durado


ménos de cuatro meses, caminando alternativamente por
552 CUENTOS ÁRABES

frondosos valles, fértiles campiñas , ásperas montañas


y áridos desiertos, salió á visitar la populosa ciudad ,
y se fué al barrio de los mercaderes que estaba dividido
en distritos , segun las diferentes clases de géneros
ó artefactos . Las espaciosas calles de este barrio estaban
tiradas á cordel, y eran , mas bien que calles, verdaderas
galerías cubiertas y cerradas con cristales, persianas y
cortinas para preservarlas así de los rigores del sol
como de las injurias de la lluvia. En unas estaban las
tiendas de los plateros y joyeros ; en otras las de los
mercaderes de ricas telas y alfombras de Persia , de la
India, del África, y demas países conocidos, y en otras
se veian reunidos los innumerables objetos de géneros
tan distintos que la industria del hombre ha producido .
Los vendedores de flores, de frutas , de granos y si-
mientes , y de comestibles tenian tambien su particular
distrito ; y el conjunto de tantas riquezas asombraba la
imaginacion y deslumbraba la vista, no llamando ménos
la atencion del príncipe el notar que, á excepcion de los
bracmanes y de los sacerdotes de los ídolos , todas las
demas gentes, hasta las de la ínfima clase del pueblo ,
iban adornadas con brazaletes, pendientes y collares de
oro, guarnecidos de perlas, de diamantes, y otras pie-
dras preciosas ; lo cual le hizo formar un elevado
concepto de la extraordinaria riqueza de aquel reino.
Tambien le llamó la atencion el gran comercio de flores
que se hacía, en especial de rosas, llevando todos en
la mano, ó en el pecho, ó en la cabeza, un ramillete de
ellas , y adornando sus tiendas todos los mercaderes
con tiestos y jarrones de porcelana llenos de estas y de
otras flores no ménos olorosas que embalsamaban la
atmósfera y embriagaban con sus perfumes los sen-
tidos.
El príncipe Husan no se cansaba de admirar tal pro-
fusion de riquezas ; pero á pesar de haber visto y exami-
nado una multitud de objetos que, por su valor intrín-
seco, ó por su construccion ú originalidad , tuviesen un
gran mérito, no habia encontrado todavía ninguno que le
CUENTOS ÁRABES 553

satisficiese, al que pudiese dársele el nombre de mara-


villa.
Un dia en que, despues de haber recorrido várias calles
del barrio, se habia sentado á descansar en la tienda
de un mercader conocido , entró un hombre cargado con
una alfombra de no muy grandes dimensiones , y de un
tejido, al parecer, no muy fino . Por curiosidad y pasa-
tiempo , el príncipe Husan le preguntó cuánto queria por
ella. - Tengo órden , le contestó el hombre, de no
darla por ménos de cincuenta bolsas . » Admirado se
quedó el príncipe de oir pedir un precio tan exorbi-
tante tomó la alfombra en las manos, y examinándola
con mayor atencion : - << No comprendo , dijo al ven-
dedor, qué mérito pueda ser el de esta alfombra que,
á juzgar por su calidad y grandor, todo lo mas podrá
valer una o dos bolsas. - Si supieseis la virtud que tiene,
no os admirariais de que quieran ese dinero, y quizá
encontrariais que vale mucho mas. Sabed , señor, que
con esta alfombra se puede uno trasladar al punto que se
desee, sin mas que sentarse sobre ella. Si fuera cierto
lo que decís, yo os la compraria , dijo entonces el príncipe ;
y no solo os daria las cincuenta bolsas , sino ademas una
buena gratificacion encima . - Señor , le contestó el ven-
dedor, lo que acabo de deciros es la pura verdad . Hay
un medio muy simple de que os cercioréis de ello,
haciendo la prueba . Como supongo que no llevaréis en
vuestros bolsillos las cincuenta bolsas , y que necesitaréis
ir á tomar ese dinero á vuestra casa para pagar la alfom-
bra, en caso que queráis quedaros con ella , sin nece-
sidad de salir de esta tienda nos trasladaremos á vuestro
aposento, por medio de la alfombra, y allí me lo entre-
garéis despues de hecha la prueba . » El príncipe Husan
aceptó la propuesta , decidido en su interior á comprar la
maravillosa alfombra , persuadido que era imposible el
encontrar alhaja ni objeto de mayor mérito, pues una
locomotora de semejante especie y tal virtud era un
verdadero prodigio . Puestos de acuerdo , él y el vendedor
de la alfombra se entraron en la trastienda del mercader,
554 CUENTOS ÁRABES

y sentándose ambos encima, é indicado el punto adonde


querian ser trasladados, sin mas que sentir un ligero
movimiento , se encontraron en la habitacion del príncipe ,
en un abrir y cerrar de ojos . Contentísimo el príncipe
Husan con esta prueba decisiva , entregó las cincuenta
bolsas al vendedor, gratificándole ademas con diez mo-
nedas de oro .
Dueño de la maravillosa alfombra, y teniendo ya la
seguridad de poderse trasladar sin riesgo ni pena al
lugar de la cita convenida con sus hermanos , y no du-
dando que su padre el sultan le entregaria la mano de
su hermosa prima, porque le parecia imposible el que
aquellos encontrasen un objeto capaz de competir con
el que él acababa de adquirir , no pensó mas que en
pasar el tiempo que faltaba para cumplir el año , en ver
todas las otras notabilidades que habia en la ciudad' y
en sus cercanías , y estudiar al mismo tiempo los usos ,
las costumbres , la legislacion y la organizacion del ejér-
cito del reino de Biznagar, á cuyo soberano, que acostum-
braba recibir una vez por semana á los mercaderes
extranjeros, iba á ver los dias de audiencia , informȧn-
dole, en las conversaciones que tenía con él , de las leyes
y costumbres, productos y comercio de la India.
Entre las cosas notables que llamaron la atencion del
principe Husan, una de ellas fué un templo de bronce
construido en un recinto murado con paredes de mármol
encarnado muy pulimentado . El templo, sostenido por
columnas de cincuenta codos de altura, tenía una eleva-
cion extraordinaria, y se distinguia su cúpula desde mu-
chas leguas de distancia. El recinto interior amurallado
era un jardin de flores maravillosas, y se subia al templo
por unas gradas de marfil con filetes de oro, y cubiertas
en parte con una alfombra de un tejido finísimo realzado
con dibujos de colores vivos . En el interior del templo ,
cuyas paredes y techumbre estaban adornadas con pintu-
ras y relieves, habia un ídolo colosal, todo de oro macizo,
colocado sobre un pedestal circular de plata tambien ma-
ciza. Los ojos de este ídolo eran dos rubíes de un tamaño
CUENTOS ÁRABES 555

extraordinario , labrados y colocados con tanta maestría


y arte tan perfecto, que á cuantos le miraban les parecia
que tenía la vista fija en ellos en cualquier parte del
templo en que se hallasen. Innumerables eran los pere-
grinos que de todas las provincias del reino venian á
depositar sus ofrendas á los piés del ídolo , las cuales
servian no solo para mantener muy regaladamente á sus
numerosos sacerdotes y sirvientes , sino á todos los habi-
tantes de aquella comarca entre quienes las repartian .
Tambien asistió, durante su residencia en Biznagar, á
una gran fiesta nacional que se celebraba todos los años
en una extensa llanura , á la cual concurria el rey con
toda su corte, y los gobernadores de las provincias. En el
centro de esta gran llanura, que se transformaba en una
populosa ciudad con las tiendas levantadas en ella, habia
una especie de plaza formada por cuatro edificios , uno de
los cuales estaba destinado para el rey y su numerosa
comitiva; y en este recinto se ejecutaban las ceremonias ,
las danzas, los combates-simulacros , y otra diversidad de
juegos.
En los ángulos de esta espaciosa plaza habia formados.
escuadrones de elefantes ricamente enjaezados , con torres
de madera dorada sobre sus lomos , en las que se veian
músicos y danzantes en unas ; comediantes en otras ;
jugadores de manos, ó prestidigitadores, como se los
llama ahora ; pájaros y animales sabios , y otra multitud
de cosas raras y notables, siendo una de ellas la danza
macábrica ejecutada por elefantes , por leones, por osos y
otros animales feroces tan perfectamente adiestrados, que
llevaban el compas y hacian figuras con una destreza y
perfeccion admirables.
Cuando iba á espirar el término fijado para su viaje, el
príncipe Husan con el oficial que le acompañaba, sen-
tándose en la maravillosa alfombra, se trasladó al lugar
de la cita en que debia reunirse con su hermanos , ninguno
de los cuales habia llegado todavía, si bien el príncipe
Alí no tardó muchos dias en presentarse, seguido por su
hermano el principe Acmed , con pocos dias de intervalo.
556 CUENTOS ÁRABES

Al separarse de sus hermanos, el príncipe Alí se habia


propuesto dirigirse hácia la Persia, y á los pocos dias de
camino se encontró con una caravana que iba en aquella
direccion, y se incorporó con ella . Despues de algunos
meses de marcha con variados accidentes , llegó feliz-
mente á Chiraz, que era entónces la capital del reino , y
se fué á alojar al parador de los mercaderes extranjeros .
Desde el dia siguiente empezó á recorrer la ciudad y llegó
al Besestan , esto es , al gran mercado 5 barrio de los mer-
caderes , en donde se quedó admirado al ver las inmensas
riquezas que se hallaban reunidas allí, en joyas , ricas
telas, muebles y otra multitud de objetos, producto de
la industria de aquel y de otros países .
Un dia que, segun su costumbre , se hallaba recorriendo
las tiendas para ver si encontraba en eilas un objeto digno
de llamar la atencion por su rareza , pasó junto á él un
corredor con un tubo de marfil en la mano, pregonando
su venta . « ¿ Quién lo compra ? decia , por cincuenta
bolsas , ¿ quién lo quiere ? » Escandalizado se quedó el
príncipe Alí al oir pedir un precio tan extraordinario por
un objeto de tan corto valor á la simple vista , y pensó
para sí, que aquel hombre debia haber perdido el juicio ,
ó pedia una suma semejante, solo por divertirse . Sea como
quiera, esto no dejó de llamarle la atencion , y para salir
de dudas trató de informarse de algunos mercaderes , los
cuales todos le dijeron que el hombre que pregonaba el
tubo de marfil era precisamente el corredor mas afamado
y de mayor confianza de quien se servian cuando se tra-
taba de la venta de géneros de gran precio ú objetos ma-
ravillosos . Estos informes picaron la curiosidad del prín-
cipe, el cual, acercándose al corredor , le preguntó qué par-
ticularidad tenía aquel tubo de marfil, y para qué servia.
« Este tubo , señor , es una verdadera maravilla que
vale aun mucho mas de lo que yo pido por él , y vos
mismo convendréis en ello cuando os diga que es un
anteojo llamado « Telescopio del Deseo, con cuyo auxi-
lio se puede ver en el acto todo cuanto se quiera. ) - El
príncipe Alí pensó, en efecto, que un anteojo de esta
CUENTOS ÁRABES 557

naturaleza era un verdadero portento, y que era impo-


sible el encontrar ningun otro objeto de mayor mérito , y
se decidió á no desperdiciar la ocasion de adquirirlo .
<< Si es cierto lo que decs , le contestó al corredor, yo os
lo compraria, porque soy aficionado á curiosidades de
esta especie. - Es tan cierto, señor, le replicó el vende-
dor, que vos mismo podéis convenceros de ello . Tomad el
-
tubo , y haced la prueba. » — El príncipe Alí tomó de
manos del corredor el tubo y se lo aplicó al ojo derecho ;
y deseando ántes que todo saber cómo se hallaba su
padre , le vió , en el acto de formular su deseo , sano y
bueno dando audiencia en medio de su consejo , rodeado
de sus visires y de las demas personas que el príncipe
conocia y vió perfectamente. En seguida , aplicó el anteojo
al ojo izquierdo, y deseó ver á la dama de sus pensa-
mientos , objeto de su viaje ; y vió á la hermosa princesa
Nurinarda sentada á su tocador en medio de sus donce-
llas que la estaban vistiendo . Satisfecho con estas dos
pruebas, le dijo al corredor que compraria el « Telescopio
del Deseo, y volviéndose con él á su posada le entregó
las cincuenta bolsas.
Contentísimo de verse dueño de un objeto tan mara-
villoso , y dando por supuesto que sus hermanos no
habrian adquirido ninguno otro de tanto mérito , despues
de haber hecho otras várias pruebas, no pensó ya mas
que en ponerse en camino para regresar á la India ; mas
como la caravana con que habia venido no debia empren-
der su vuelta sino dentro de dos meses, empleó este
tiempo en visitar la capital y otras ciudades importantes
de Persia, y al fin llegó sano y bueno á la aldea de la cita
en cuya posada encontró, como hemos dicho , á su her-
mano el príncipe Husan que habia llegado hacía pocos dias .
Su hermano menor el príncipe Acmed , que se habia
dirigido al reino de Samarcanda, del cual habia oido
hablar como de un país de maravillas , llegó sin ningun
tropiezo en compañía de otros muchos viajeros á la capi-
tal de reino, en cuyos mercados vió, en efecto , telas ,
joyas y otros objetos de grandísimo valcr y mérito, pero
558 CUENTOS ARABES

que no le satisfacian por completo . Ya iba perdiendo la


esperanza de encontrar ninguna cosa capaz de ser califi-

cada de verdadera maravilla, cuando hallándose un dia


en el Besestan , muy desanimado, vió pasar á un hombre
con una manzana en la mano pregonando su venta . Le
llamó la atencion el que, en medio de aquellas tiendas en
donde estaban aglomeradas cosas tan ricas en telas y
joyería , se vendiese una cosa de tan poco valor, cual era
una manzana , mas propia para figurar en el puesto de
una frutera que no en aquel paraie, y al pasar el hombre
CUENTOS ÁRABES 559

que la pregonaba junto á él , le preguntó cuánto queria


por ella. El hombre se paró y le dijo : - << Señor, me
han ofrecido ya cuarenta bolsas de monedas de oro por
esta manzana, pero yo tengo órden de no darla por ménos
de cincuenta . » Asombrado se quedó el príncipe Acmed
al oir esta respuesta , miró mas atentamente la manzana y
vió que no era una fruta verdadera, sino artificial , y
hecha con una materia desconocida. Entonces le preguntó
al vendedor qué mérito tenía aquella manzana para exigir
por ella semejante precio . - << El mérito consiste , le
contestó este , en la virtud que tiene de curar instantánea-
mente á las personas enfermas, aunque se hallen en las
agonías de la muerte . Para esto basta solo aplicársela á
las narices y que la huelan durante un corto tiempo . Pero
si no queréis dar crédito á lo que yo os digo , podéis
informaros de los mercaderes de este mismo barrio,
muchos de los cuales deben la conservacion de su vida á
la virtud prodigiosa de esta fruta de Eva . » El príncipe
Acmed estaba muy perplejo , y no sabía si aquel hombre
era un charlatan embustero , cuando una de las várias per-
sonas que se habian parado á escuchar lo que aquel
hombre decia, tomando la palabra , exclamó : - « Si este
mercader extranjero se decide á comprar vuestra man-
zana, hay un medio de saber si es cierto lo que decís
respecto á su virtud curativa . Yo voy ahora á ver á un
amigo mio deshaciado por los médicos , al que no le dan
tres dias de vida ; si queréis venir á su casa conmigo y
hacerle oler la manzana , veremos si se pone bueno . » El
vendedor contestó que, por su parte , no tenía inconve-
niente , y habiéndose avenido tambien el príncipe Acmed ,
se dirigieron todos á casa del enfermo . Al verle postrado
en su lecho , mas bien parecia un muerto que un vivo . Le
aplicaron la manzana á las narices, y en cuanto aspiró sus
primeros aromas, abrió los ojos , recobró su color natu-
ral, y por último se levantó de la cama enteramente
bueno. En vista de una cura tan maravillosa, el príncipe
Acmed no vaciló un momento en hacerse dueño de tan
precioso preservativo de la salud del cuerpo . Despues de
560 CUENTOS ÁRABES

haber hecho otras dos pruebas con personas enfermas,


aunque no de tanto peligro como la primera, rogó al
mercader que le acompañase á su casa , y le entregó las
cincuenta bolsas de monedas de oro, y una gratificacion
de otras veinte monedas. Colocó la preciosa manzana en
una caja de marfil con chapas de oro , y no teniendo ya
nada que hacer en Samarcanda , dos dias despues em-
prendió su regreso á la India y llegó felizmente al punto
de la cita en donde estaban ya esperándole sus dos her-
manos reunidos.
Despues de haberse abrazado cariñosamente y felicitá-
dose por su dichoso regreso , empezaron á hablar, como era
natural, de los sucesos que les habian ocurrido durante
su viaje, y de las cosas tan preciosas que habian visto ; y
por último , vinieron á hablar del objeto maravilloso que
cada uno de ellos habia adquirido , ponderando cada cual
el suyo, y lisonjeándose de ser el preferido para esposo
de la princesa su prima . « Esa alfombrilla que veis, dijo
el príncipe Husan , que , á juzgar por su apariencia exterior ,
no merece fijar la vista en ella , tiene una virtud tan mara-
villosa que, cuando la conozcáis , vosotros seréis los pri-
meros en confesar que es un objeto portentoso sin rival,
que no admite comparacion por su mérito . -¿Y qué vir-
tud tan maravillosa es esa de la que nos haces tan gran
misterio ? le preguntó el príncipe Ali . Yo creía que todo
lo mas era buena para ponerla delante de la cama, ó sen-
tarse sobre ella. Ya os lo diré, le contestó el príncipe
Husan, cuando nos presentemos á nuestro padre , y entón-
ces veréis si tengo razon en lo que digo , y si soy acreedor
de preferencia á la mano de nuestra prima . Pues yo,
le replicó el príncipe Alí, no cambio el objeto que he
adquirido por tu alfombra, por maravillosa que sea , por
que estoy cierto que no puede competir con este tubo de
marfil que veis, que al parecer no vale dos monedas de
oro, y estoy seguro de llevarme la palma ; pero yo no
hago misterio como tú de la virtud maravillosa que tiene ,
la cual consiste en que, siendo un simple tubo con crista-
les de óptica sobrenatural á sus dos extremos, cuando se
CUENTOS ÁRABES 561

le toma en las manos y se aplica la vista á los cristales ,


se convierte en « Telescopio del Deseo, » y se ve con él
cuanto se quiere . Toma , añadió , alargándole el tubo , haz
tú mismo la prueba . El príncipe Husan tomó el tubo ,
y se puso á mirar por él , y sus dos hermanos , que le
observaban atentamente, vieron con gran sorpresa que se
ponia trémulo y se le cambiaba el color . Iban á pregun-
tarle la causa de tan extraños síntomas , cuando el prín ·
cipe Husan , apartando el anteojo de la vista : « ¡ Herma-
nos mios ! exclamó , inútiles serán las fatigas de nuestro
viaje ; inútiles nuestros afanes por adquirir un objeto
maravilloso digno de recibir como recompensa la mano de
la hermosa princesa Nurinarda. Acabo de ver á nuestra
malograda prima en su lecho espirando, rodeada de sus
eunucos y esclavas sumidos todos en el mayor dolor ,
aguardando su último suspiro. Tened , miradla vosotros
mismos. El príncipe Alí, no ménos consternado con seme-
jante noticia, miró por el anteojo y vió, en efecto, confir-
mado cuanto el príncipe Husan acababa de decirles , y otro
tanto le sucedió al príncipe Acmed ; pero este, en vez de
dejarse dominar por un dolor impotente : « ¡I Hermanos
mios ! exclamó, no nos desanimemos . Yo salvaré á nuestra
encantadora prima , y en vez de detenernos aquí en exhalar
inútiles lamentos , pongámonos inmediatamente en cami-
no, y tratemos de llegar lo mas pronto posible . Si cuando
lleguemos respira todavía, en ese caso yo os respondo de
su vida. Entónces , dijo el príncipe Husan , si en la
prontitud del viaje consiste el poder salvar la vida á la
princesa, en un abrir y cerrar de ojos nos encontraremos
á la cabecera de su lecho , por la virtud de mi alfombra
que nos trasladará allá inmediatamente. Despues de
haber dado órden apresuradamente á los oficiales que
los acompañaban para que se dirigiesen á la ciudad por el
camino ordinario : << Venid acá, hermanos mios ; acomo-
démonos lo mejor que podamos sobre mi alfombra, y su-
puesto que los tres estamos animados por igual deseo ,
transladémonos á la habitacion de nuestra prima. » Dicho
y hecho. Sin saber cómo, se encontraron en medio de las
562 CUENTOS ÁRABES

esclavas y eunucos que rodeaban el lecho de muerte en que


yacia la princesa, y al ver aparecer à aquellos hombres

SAMER

sin saber por dónde habian venido, las esclavas se asus-


taron, y los eunucos alarmados se disponian á castigarlos
por haberse introducido en un recinto sagrado en donde
ningun hombre extraño podia entrar bajo pena de la vida ;
però se detuvieron al reconocer á los príncipes . Abriendo
3
entónces la caja en que guardaba su preciosa manzana,
CUENTOS ÁRABES 563

el príncipe Acmed la sacó , y acercándose al lecho de su


prima, se la aplicó debajo de las narices. Inmediatamente
empezaron á cubrirse sus mejillas de un color sonroseado ,
abrió los ojos , levantó la cabeza , y dirigiendo sus miradas
á derecha é izquierda , exclamó con la mayor sorpresa :
« ¡ Tan tarde, y estoy todavía en el lecho ! » Sus esclavas.
y eunucos , que lloraban de alegría al verla resucitada , le
contaron en breves palabras la grave enfermedad que
habia padecido y el peligro de muerte en que habia estado ;
de todo lo cual la habian salvado los príncipes sus pri-
mos , particularmente el príncipe Acmed , que , con hacerle
respirar una manzana , la habia vuelto á la vida. La princesa,
entónces, toda ruborizada de verse en el lecho en pre-
sencia de sus primos , significó que queria vestirse para
darles las gracias y mostrarles su agradecimiento , en
particular al príncipe Acmed que le habia salvado la vida.
Luego que la vieron restablecida y en su estado natural,
los príncipes se dirigieron á las habitaciones de su padre
el sultan , el cual habia sido ya avisado de la llegada de
sus hijos y de la maravillosa cura de la princesa su sobrina ;
dos acontecimientos que le causaron la mayor alegría .
Los recibió con los brazos abiertos , á cuyas demostracio-
nes cariñosas correspondieron ellos . Calmadas estas mu-
tuas expansiones del amor filial y paterno , los príncipes
presentaron á su padre los tres maravillosos objetos que
habian adquirido , á saber : el príncipe Husan su « Alfom-
bra Locomotora ; » el príncipe Alí , su anteojo « Telescopio
del Deseo, y el príncipe Acmed su « Manzana Olorosa , »
que cura instantáneamente los enfermos . Cada uno de
ellos alabó y ponderó las excelencias y ventajas de su res-
pectivo objeto , rogándole se dignase declarar á cuál
de los tres juzgaba mas digno de obtener la mano de la
princesa Nurinarda, conforme á lo que les habia prometido .
El sultan de las Indias , despues de haber escuchado
atentamente á los príncipes, permaneció silencioso y
reflexivo durante algun tiempo . Rompiendo al fin el si-
lencio, les habló en estos términos : « Hijos mios , con
gran satisfaccion entregaria á cualquiera de vosotros la
564 CUENTOS ÁRABES

mano de mi sobrina la princesa, porque todos sois dignos


de ella, si con esta preferencia no creyera cometer una
grande injusticia, injusticia que reconoceréis vosotros
mismos . Escuchadme atentamente : Tú , príncipe Acmed,
siendo cierto el que con tu « Manzana Olorosa » haciendo
aspirar su medicinal perfume, has devuelto la salud y la
vida á la princesa Nurinarda mi sobrina ; díme , ¿ habrias
podido dispensarle este gran beneficio si no hubieses sabido
el estado en que se hallaba por medio del « Telescopio
del Deseo, y si , aun despues de haberlo sabido , no hubie-
ras podido trasladarte á la cabecera de la enferma con la
premura que el caso exigia, sin el auxilio de la « Alfombra
Locomotora » de tu hermano Husan ? Tú , príncipe Alí,
¿ de qué te habria servido el conocer la desesperada situa-
cion en que se hallaba tu prima, por medio de tu mara-
villoso anteojo , sino para aumentar tu dolor y afliccion de
no poder salvarla del grave peligro en que se hallaba,
careciendo de los medios de trasladarte á su lado , y del
remedio que le convenia ? y tú, príncipe Husan ¿ habrias
empleado el fácil y veloz medio de locomocion que te pro-
cura tu « Alfombra Locomotora , » si no hubieses sabido
por el telescopio de tu hermano Alí el estado de la prin-
cesa, y tenido ademas la seguridad de salvarle la vida con
el maravilloso específico de tu hermano Acmed ? Así,
pues, ya veis, hijos mios , que con cada uno de esos por-
tentosos objetos que habéis adquirido , por sí solo ninguno
de vosostros hubiera podido salvar á vuestra prima de la
muerte, y que ha sido necesario el concurso de todos tres
reunidos para obtener el feliz resultado que habéis obte-
nido . De modo que como este concurso ha sido comun,
y todos tres habéis tenido una parte igual en la salvacion
de la princesa , resulta de este triple concurso una igualdad
de mérito perfecta , siendo el principal fruto que habéis
sacado de vuestro viaje , aparte el de la adquisicion de
vuestro maravilloso objeto, el de tener la gloria y la
satisfaccion de haber contribuido á devolverle la salud y la
vida á vuestra hermosa prima ; sin que esto sea suficiente
motivo, como veis , para conceder á uno de vosotros una
CUENTOS ÁRABES 565

preferencia de la que, con justa razon , os creeriais los otros


dos ofendidos .
<< Siendo esto cierto , como en elio convenís vosotros
mismos, prosiguió diciendo el sultan á sus hijos, ya cono-
céis que, no queriendo yo agraviar á ninguno de vosotros
con una injusta preferencia, me veo en la necesidad de
recurrir á otra prueba que será decisiva , prueba que
quiero presenciarla yo mismo . Ahora id á descansar, y
mañana temprano nos trasladaremos al campo de manio-
bras de la cabailería . Allí se os entregarán tres arcos con
tres flechas iguales . Apostados en un mismo sitio , las dis-
pararéis, y aquel de vosostros cuya flecha haya llegado á
la mayor distancia , ese será el preferido . En vuestra mano
está, pues, el obtener el galardon prometido. »
Nada tuvieron que replicar los príncipes á las justas
observaciones del sultan su padre, y se conformaron muy
gustosos con tentar la nueva prueba que les exigia, con-
fiando cada uno en su fuerza y particular destreza en el
manejo del arco y disparo de flechas . Así que amaneció ,
montaron á caballo y se hallaron en el punto indicado
adonde no tardó en llegar el sultan acompañado por sus
principales oficiales . Se entregaron á los príncipes tres
arcos y tres flechas iguales. El príncipe Husan tiró el pri-
mero, su hermano el príncipe Alí disparó el segundo , y su
flecha fué á caer á mucha mayor distancia . El príncipe
Acmed disparó á su vez , pero su flecha nadie la vió caer,
pues fué tan grande la velocidad con que partió , que todos
la perdieron de vista , y por mas diligencias que se hicieron
para hallarla, buscándola á derecha é izquierda del sitio
presumido de su caída , nadie pudo encontrarla . Esta des-
aparicion incomprensible fué causa de que, aun cuando
todos estaban moralmente convencidos de que el tiro de
esta flecha habia alcanzado mayor distancia que las de sus
dos hermanos , como era preciso el hallarla para hacer
constar el alcance del tiro , el príncipe Acmed fué excluido ,
por decir así, del concurso , y el sultan y los jueces del
campo decidieron en favor del príncipe Alí cuya flecha
habia pasado la del príncipe Husan .
32
566 CUENTOS ÁRABES

En consecuencia de esta decision , fué declarado esposo


de la princesa Nurinarda , y su union fué celebrada con
grandes regocijos . El príncipe Husan no solo se abstuvo de
asistir á la boda de su hermano, sino que despechado de
verse defraudado de las halagüeñas esperanzas que habia
concebido , adoptó la resolucion que toman muchos jóve-
nes enamorados de ambos sexos cuando no pueden obtener
el objeto de su pasion y de sus desvelos : hizo renuncia de
sus derechos á la corona en favor de su hermano , dijo
á Dios al mundo, y se retiró á una agreste soledad en donde
vivian algunos anacoretas .
El príncipe Acmed tampoco tuvo valor para asistir á las
fiestas de los desposorios , y ver pasar á poder de su her-
mano á una princesa á cuya posesion se creía con mayor
derecho por haberle salvado la vida ; pero en lugar de
imitar á su hermano mayor, se salió de la ciudad y se fué
á explorar de nuevo el campo en que se habia verificado
la prueba del tiro , resuelto á recorrerlo en todas direccio-
nes para buscar la flecha extraviada , cuya desaparicion no
concebia, traía su ánimo inquieto , y no podia conformarse
con ella.
Preocupado con la investigacion minuciosa con que
registraba el terreno , se fué alejando insensiblemente á
una distancia extraordinaria, y no se detuvo hasta que se
encontró detenido por una montaña escarpada . Se acercó
al pié de ella , y vió tendida en el suelo, pero no clavada ,
una flecha ; entonces se apeó, recogió la flecha , y exami-
nándola atentamente , reconoció que era la misma que él
habia disparado , la cual , no pudiendo clavarse en la peña
viva, habia rebotado y caido al suelo . Asombrado se
quedó con semejante hallazgo , porque no comprendia
cómo una flecha lanzada por un brazo diez veoes mas
diestro y mas fuerte que el suyo , hubiera podido llegar
hasta aquel sitio. - Aquí debe haber algun misterio,
se dijo , y empezó á examinar con mayor atencion la
roca . No lejos del sitio en que estaba su flecha , descubrió-
una especie de gruta ó caverna , y al reconocerla vió en
su fondo una puerta ; la empujó y se halló al principio
CUENTOS ÁRABES 567

de una bajada en declive muy suave . Deseoso de saber


adónde conducia aquel camino , empezó á bajar por él ,
llevando su flecha en la mano ; y cuando él creía que ale-
jándose de la entrada iba á encontrarse en una completa
oscuridad , divisó á cierta distancia una claridad muy
viva , aunque diferente del resplandor del dia . Continuó
bajando y se encontró en una plaza espaciosa y á su
frente un grandioso palacio del cual vió salir una dama
muy jóven , cuyo majestuoso porte imponia respeto , y
cuya sorprendente y extraordinaria hermosura deslum-
braba y conmovia. La dama, que venía seguida por una
brillante comitiva de otras jóvenes hermosas , llevaba
puesto un traje de riquísima tela, y su hermosura se ha-
llaba realzada por las joyas de un valor fabuloso con que
estaba adornada. El príncipe se quedó parado ante esta
vision tan extraordinaria y casi divina, y no sabía si retro-
ceder ó adelantarse , cuando la jóven dama que le habia
apercibido , dando hácia él algunos pasos , le dijo :
<< Príncipe Acmed , seáis bien venido ; acercaos. »
Asombrado se quedó el príncipe al oirse nombrar, y ser
recibido de un modo tan inesperado ; pero animado con
las buenas palabras de la dama y con sus risueñas mira-
das, se adelantó hácia ella , y poniendo una rodilla en
tierra , exclamó : α Señora, al entrar en un paraje tan
desconocido para mí, á pesar de hallarse tan inmediato
á la corte en que yo habito, y al que me ha conducido una
curiosidad imprudente , no puedo ménos de sorprenderme ,
así de la acogida con que soy recibido , como de ser tan
bien conocido . Si no temiera faltar á la cortesanía y al
respeto que os debo , me atreveria á preguntaros quién
sois, y á rogaros que me dijeseis cómo me conocéis tan
bien. Vuestra admiracion y vuestra curiosidad son muy
naturales , le contestó la dama , para que yo me ofenda ;
léjos de eso, estoy dispuesta á satisfacer vuestros deseos
si queréis tomaros la pena de seguirme ; entrad en mi
palacio , allí os diré todo lo que deseáis saber . » El prín-
cipe se levantó , ofreció galantemente su mano á la dama,
y entraron juntos en el edificio . La dama condujo al prín-
568 CUENTOS ÁRABES

cipe á un salon, cuya riqueza en adornos y muebles era


una cosa nunca vista por él , y haciéndole sentar á su lado
en un sofá cubierto con un dosel recamado de oro y pe
drería le dijo : « Príncipe Acmed , os causa admira
cion el que yo os conozca sin que vos me conozcáis, asf
como os admira y sorprende el ver este salon, que no es
de los mas ricos y suntuosos del palacio en que habito,
como podréis juzgar en breve por vos mismo ; pero
cuando sepáis quién soy yo , cesarán vuestra sorpresa y
extrañeza. No ignoráis, porque vuestra religion así os lo
enseña , que el mundo está habitado , no solo por hom-
bres, sino tambien por Hadas y por Genios . Los unos
viven ostensiblemente sobre la superficie de la tierra ; los
otros habitan en el aire ó en parajes desconocidos , tanto
en las entrañas de la tierra, como en las profundidades
del mar, en palacios y jardines construidos por ellos .
Sabed, pues, que yo soy uno de estos séres ; que soy el
hada Pari -Banú, hija de uno de los príncipes mas podero-
sos de los Genios . Ya veis que nada tiene de extraño el
que conozca al sultan , vuestro padre , á vuestros dos her-
manos, y á vuestra prima la princesa Nurinarda . Estoy
perfectamente enterada del amor que todos tres abriga-
bais por ella , y de lo que habéis hecho para merecer el
ser su esposo . Podria referiros todas las peripecias de
vuestro triple viaje , pero me limitaré á deciros que yo
fuí la que arreglé en Biznagar la venta de la « Alfombra
Locomotora » comprada por el príncipe Husan ; en Chiraz
la del Telescopio del Deseo , » que trajo vuestro her-
mano Alí ; y en Samarcanda la de la « Olorosa Manzana >
que vos adquiristeis . He tomado una parte tan activa en
todo lo que os concierne á vos y vuestra familia, solo por
amor vuestro, y porque os creo digno de una dicha
mayor, que la de poseer á la princesa Nurinarda , así
como merecedor de ocupar una posicion mucho mas bri-
llante y elevada. Con este objeto, he seguido constante-
mente vuestros pasos , y yo fuí la que cogiendo al vuelo
la flecha que disparasteis , que no habria alcanzado la
distancia de la de vuestros hermanos , la hice llegar
CUENTOS ÁRABES 569

hasta la roca que oculta este palacio , á cuyo pié la habéis


encontrado . Ahora , príncipe Acmed , despues de las expli-
caciones que acabo de daros , terminó diciéndole el hada
Pari-Banú, con voz dulce y expresiva mirada, en vuestra
mano está el aprovecharos ó no de la ocasion que se os
ofrece de ser mucho mas feliz ó desgraciado . » El acento
y la mirada del hada así como el púdico rubor con que
se cubrió su semblante , hicieron comprender al príncipe
fácilmente de qué felicidad le hablaba . Considerando que
la princesa Nurinarda no podia ya ser suya , y viendo por
otra parte que el hada Pari- Banú aventajaba á su prima
en hermosura y reunia otras muchas prendas apreciables,
sintiéndose atraido hacia ella por una inclinacion irresis-
tible, é inflamado por la pasion que su vista le causaba ,
se postró á sus plantas y le dijo : — « Señora , disponed
de mi suerte como mejor os agrade, y estad persuadida
de que mi mayor dicha será la de serviros y amaros toda
mi vida como esclavo . - Príncipe , le contestó Pari- Banú ,
no es como esclavo que yo admitiré vuestros ofrecimien-
tos , sino como legítimo esposo y soberano de cuanto yo
poseo . Soy dueña de disponer de mí, con consentimiento
de mis padres ; así no os admiréis del ofrecimiento de
mi mano que os hago , porque habéis de saber que entre
nosotras las Hadas no es costumbre el disfrazar nuestros
sentimientos , como generalmente hacen todas las jóvenes ,
que mientras están ansiando con la mayor vehemencia
un objeto, aparentan tener por él despego ó indiferencia.
Así, pues, ¿ aceptáis ser mi esposo, y me juráis guardar
-
una fe inviolable como yo os la juro ? Señora, le res-
pondió el príncipe , enajenado de gozo, os la prometo y os
la juro. Pues en ese caso , poniendo por testigos á los
Genios que nos rodean y á las Hadas mis hermanas que
me acompañan y me sirven, acepto vuestra fe, y os tomo
por esposo, y desde este momento os hago tan dueño
como yo de este palacio. » Al mismo tiempo le alargó el
hada su mano que el príncipe Acmed llevó respetuosa y
apasionadamente á sus labios . En el mismo instante se
oyó una deliciosa sinfonía ejecutada por los Genios y las
32%
570 CUENTOS ÁRABES

Hadas , y fueron celebrados los desposarios del hada


Pari-Banú y del príncipe Acmed con regocijos nuevos
para él, con un suntuoso banquete al que asistieron mu-
chos Genios alados y otras hermosísimas Hadas, acompa
ñado todo con danzas , cantos У músicas que electrizaban
Muy largo sería el enumerar las riquezas que se encer
raban en el palacio que los dos esposos habitaban , tanto
en joyas , como en tapices, muebles, vajilla y objetos de
arte. Baste decir que el oro, la plata, las perlas , los dia-
mantes, los rubies, las esmeraldas, el jaspe y el mármol
de colores , el pórfido , el ágata, la fina y transparente
porcelana y el cristal de roca , combinado todo con órden
simétrico y variado , ofrecian un conjunto indescriptible
que halagaba los sentidos y tenía la imaginacion embele-
sada. Á estas maravillas reunidas en el palacio, se agrega-
ban despues los jardines y verjeles con flores y frutas
deliciosas, extensos parques en los que abundaba la caza ,
y en fin, cuantas comodidades pueda desear el hombre
para satisfacer sus gustos mas refinados .
Los dias y los meses se pasaban amándose los dos
esposos cada dia con cariño mas entrañable, si bien en
medio de esta felicidad contínua no dejaba de acordarse
el príncipe Acmed , de vez en cuando , de su padre, y sen-
tia cierto pesar y remordimiento por la pena que necesa-
riamente debia de haberle causado su desaparicion ; pero
aunque deseaba ir á verle y abrazarle , no se atrevia á
decírselo á su esposa y á pedirle permiso para ausen-
tarse.
Mientras tanto, en efecto, el sultan estaba inconsolable.
<< Ya sabes, decia al gran visir, que el príncipe Acmed
era al que mas amaba de mis hijos , y no ignoras cuántos
medios he empleado para averiguar su paradero sin ha-
berlo logrado. De tres, ya no me queda mas que un hijo,
pues al príncipe Husan le cuento como si no viviera ; y
el dolor que siento es tan agudo que creo que me quitará
la vida. - Señor, le dijo el gran visir para consolarle , ya
que las diligencias que se han practicado para saber el pa-
radero del príncipe Acmed han quedado sin resultado , si
CUENTOS ÁRABES 571
Vuestra Majestad lo permite enviaré á llamar á una maga
que yo conozco, y quizá ella pueda orientarnos . El sul-
tan consintió con mucho gusto en que viniera la maga, y
cuando se presentó le dijo : « Te he mandado á buscar
para que me digas si, por medio de tu ciencia mágica,

podrás aliviarme la afliccion que tengo descubriendo si


el príncipe Acmed , mi hijo , vive y el sitio en donde se
572 CUENTOS ÁRA BES

halla. Señor, le contestó la maga , estoy dispuesta á


emplear todos los recursos de mi arte para complacer á
Vuestra Majestad, y mañana volveré á darle cuenta del
resultado . » La maga se retiró , hizo sus conjuros y bruje-
rías , pero no pudo sacar en limpio mas , sino que el prín-
cipe Acmed vivia , que estaba en perfecta salud y era
dichoso. Respecto al lugar en que se hallaba , permane-
cieron mudos sus oráculos .
.
Estas noticias que llevó al sultan al dia siguiente le
consolaron en parte , pero como la maga no le traía nin-
guna prueba positiva de la existencia de su hijo, quedó
poco mas ó ménos tan apesadumbrado como ántes .
En el entretanto , el hada Pari-Banú , por las conversa-
ciones que tenía con su esposo llegó á conocer el deseo
que este sentía de ver á su padre , pero como estaba tan
apasionada de él , no se atrevia á dejarle marchar por
temor de que se distrajera en la corte del sultan y llegara
á olvidarla. Sin embargo, convencida por las pruebas de
cariño que el príncipe le daba , de que la amaba cor-
dialmente , se resolvió á dejarle ir á ver á su padre encon-
trando muy legítimo el deseo del príncipe de ir á tranqui-
lizarle ; así, le dijo un dia : << Querido Acmed, conozco
que estáis impaciente por ir á ver al sultan vuestro padre,
y apruebo el sentimiento de amor filial que os impulsa á
hacerle una visita . Consiento con gusto en que vayáis á
verle, pero con una condicion , cual es la de que me pro-
metáis con juramento , ántes de partir , que vuestra ausen-
cia no será de larga duracion , y que os volveréis pronto .
Os exijo el juramento de esta condicion , no por descon-
fianza, porque estoy convencida de la sinceridad de
vuestro cariño, sino porque deseo no estar privada mucho
tiempo del placer de teneros á mi lado . - Amada esposa ,
le contestó el príncipe Acmed , ningun inconveniente
tengo, ni me causa pena el prestar el juramento que me
exigís ; al contrário, os lo hago con la mayor complacen-
cia, porque está muy acorde con mis sentimientos , pues
si vos deseáis tenerme à vuestro lado , yo por mi parte
conozco que no puedo vivir sin vos. »
CUENTOS ÁRABES 573

Al dia siguiente, el príncipe Acmed salió montado en


un hermosísimo caballo rica y lujosamente enjaezado , y
escoltado por cuarenta caballos montados por otros tantos
Genios á quienes habia mandado Pari - Banú que le acom-
pañasen . Cuando el príncipe entró en la ciudad con una
escolta tan brillante , su aparicion causó una alegría gene-
ral entre los habitantes , que acudian corriendo á salu-
darle , y llegó al palacio del sultan rodeado por un gentio
inmenso que le vitoreaba . Indescriptible fué el júbilo con
que le recibió su padre, el cual , en medio de sus repetidos
abrazos, le hizo cariñosas reconvenciones por el pesar que
su desaparicion le habia causado ; desaparición seguida
de una ausencia tan larga , « que me hacía temer , le dijo ,
que, despec! ado por la pérdida de la princesa Nurinarda,
no hubieses cometido alguna accion desesperada . »
El príncipe , á quien su esposa le habia recomendado
que no dijese nada sobre su casamiento, ni indicase el
sitio en que se hallaba , se limitó á referir al sultan lo que
le habia sucedido con el encuentro de la flecha, en un
lugar á algunas leguas de distancia, y cɔmo ningun mor-
tal , aunque fuera un gigante, era capaz de hacerla llegar
á aquel paraje, presumió que la desaparicion de la flecha
y su hallazgo debian encerrar algun misterio que le fuese
favorable, y no se equivocó , porque habia encontrado su
dicha en otra parte . << Este es un secreto , que no me
pertenece, por lo cual espero, añadió , que me perdona-
réis el que no pueda revelarlo , asegurándoos al mismo
tiempo que soy el mas venturoso de los mortales ; y que
estoy muy contento con mi suerte , sin envidiar la de mi
hermano Alí. Lo único que me apesadumbraba era la in-
quietud en que suponia os hallariais ignorando cuál habia
sido mi destino desde que salí de la corte, y me decidí á
venir á veros para tranquilizaros , siendo este el exclusivo
objeto de mi viaje ; y lo único que ahora os pido, es que
me permitáis venir á rendiros mi homenaje y tener el
placer de abrazaros de vez en cuando . ― Hijo mio, le
contestó el sultan, no podias darme mayor placer que el
de venir á verme ; no quiero hacerte instancias para que
574 CUENTOS ÁRABES

me descubras tu secreto , te dejo dueño de él ; solo te


ruego que me digas en dónde podré adquirir noticias
tuyas, cuando pase mucho tiempo sin que vengas á verme ,
ó cuando yo te necesite . Permitidme que tambien
guarde silencio sobre el sitio de mi residencia, que no
necesitaréis saber para avisarme de cualquier cosa grave
que os ocurra, porque mis visitas serán tan frecuentes,
que quizá lleguen hasta importunaros . Eso no suce-
derá nunca , hijo mio, porque tu vista me rejuvenece , y
el mayor placer de mi vida es abrazarte . »
El príncipe Acmed estuvo tres dias en la corte de su
padre, y al cuarto dia por la mañana muy temprano se
marchó sin despedirse de nadie. Cuando su esposa le vió
volver tan pronto , conoció lo mucho que la amaba , y lo
injusta que habia sido abrigando la menor desconfianza .
Al cabo de un mes , el príncipe volvió á visitar á su padre
con un tren mucho mas lujoso que la vez primera , y lo
mismo continuó haciendo durante un año . Así habria con-
tinuado si la envidia , esa serpiente venenosa que se in-
troduce por todas partes, pero que con preferencia habita
en los palacios de los soberanos, no hubiese tratado de
emponzoñar con sus mortíferos dardos el corazon del
sultan y de sus ministros y cortesanos . Estos , al ver las
riquezas y el lujo que ostentaba el príncipe Acmed cada
vez que venía á ver á su padre , y los gastos que hacía,
juzgaron que su poder debia ser muy grande ; así se lo
insinuaron al sultan, y aparentando celo , le dijeron que se
deberian tomar ciertas precauciones, pues era de temer
que el príncipe en una de sus visitas no tratase de destro-
narle que á lo menos sería preciso averiguar en dónde
habitaba ; haciendo notar con este motivo , que su resi-
dencia no debia estar muy distante puesto que ni él , ni
los que le acompañaban llegaban fatigados, ni los caballos
empolvados ; que sus vestidos y sus armas estaban lim-
pios y brillantes, y que semejante proximidad , segun estos
y otros indicios indicaban , le daba una gran facilidad
para tentar un golpe de mano . El sultan rechazó estas
malévolas insinuaciones de sus consejeros íntimos .
CUENTOS ÁRABES 575
Sin duda os queréis burlar de mí , les dijo : estoy
seguro del cariño y de la lealtad de mi hijo que nunca me
ha dado el menor motivo de desconfianza . » Los pérfidos
consejeros no por eso se desanimaron , y á fuerza de re-
petir sus observaciones , consiguieron el que el sultan
empezase tambien á tener envidia de la grandeza y
riqueza de su hijo , y entrase en su corazon alguna descon-
fianza . Un dia le mandó al gran visir que era el único
que se mostraba muy reservado, que hiciese venir secre-
tamente á la maga , y luego que llegó le dijo :
Cuando me aseguraste que el príncipe Acmed vivia, me
dijiste la verdad ; ahora deseo que te informes del paraje
en que reside : toma este anillo y aguarda mayor recom-
pensa, pero te encargo que obres con la mayor reserva de
modo que ni él , ni ninguna otra persona llegue á saber lo
mas mínimo . » La maga que sabía el sitio en que el prín-
cipe habia encontrado la flecha fué á ocultarse por
aquellas inmediaciones y á registrar el terreno , pero aun-
que entró en la gruta en que estaba la puerta que condu-
cia al palacio del Hada, ella no pudo descubrirla . Esto no
obstante, no quiso apartarse de aquel sitio, y todos los
dias iba á recostarse contra un peñasco que habia en el
camino en actitud doliente , aparentando hallarse muy
enferma y con el rostro pintado y amarillento. Cuando el
príncipe Acmed salió con su comitiva para ir á hacer á su
padre su visita acostumbrada, se encontró con la maga
postrada en tierra dando profundos gemidos : compade-
cido al ver aquella pobre mujer tan enferma se acercó á
ella con ánimo de socorrerla , y le preguntó lo que tenía ; á
lo cual le contestó la vieja diciéndole, que al ir á la ciu-
dad se habia visto acometida de repente , en aquel sitio
despoblado y léjos de todo auxilio , por una calentura tan
fuerte que la imposibilitaba el moverse , bien para volverse
á su casa ó bien para ir á alguna otra parte en donde la
socorriesen ; todo esto dicho con palabras cortadas, ayes
lastimeros y gemidos . El príncipe Acmed , que tenía el
corazon compasivo , animó á la fingida enferma diciéndole
que la conducirian á un lugar en donde sería socorrida
576 CUENTOS ARABES

mas pronto de lo que ella podia figurarse, y mandó que


la subiesen á la grupa de un caballo , lo cual fue ejecu-

tado por algunos de los de su comitiva, no sin bastante


trabajo, por lo desfallecida que la maga se fingia . En
seguida volvió atras, y entrando por la puerta de hierro
llegó hasta el patio del palacio. Su esposa, sorprendida de
verle regresar tan pronto y temerosa de que le hubiese
CUENTOS ÁRABES 577

sucedido algun accidente, salió apresuradamente á reci-


birle, y el príncipe , sin apearse, dirigiéndose á ella , le
refirió el encuentro de aquella pobre mujer y le rogó que
mandase cuidarla segun su estado exigia.
El hada Pari- Banú , despues de haber mirado atenta-
mente á la maga , mandó á dos de sus doncellas que la
llevasen á una de las habitaciones del palacio y la cuida-
sen como si fuese ella misma en seguida , acercándose
al príncipe le dijo : « Príncipe mio, apruebo vuestra com-
pasion , pero permitidme que os diga que me temo much
que sea mal recompensada ; porque esta mujer no s
halla , á mi parecer, tan enferma como aparenta . Me re-
celo que ha sido enviada por vuestros enemigos para
conspirar contra vuestra dicha . Pero no os dé cuidado ,
que yo velaré sobre vos y sabré frustrar todas las ase-
chanzas que os tiendan . Proseguid vuestro viaje tran-
quilo . »
Estas palabras de su esposa no hicieron gran mella en
el ánimo generoso del príncipe Acmed que le contestó :
<< Como no he hecho mal á nadie, ni pienso hacerlo,
no creo que tenga enemigos que deseen dañarme, pero,
sea como quiera, esto no me retraerá de hacer todo el
bien que pueda. »Ꭰ Y despidiéndose de nuevo de la prin-
cesa prosiguió su camino y llegó á la corte del sultan, su
padre, que le recibió con las mismas demostraciones de
cariño , disimulando los recelos y la desconfianza que sus
consejeros habian logrado infundir en su ánimo.
Las dos doncellas encargadas de asistir á la fingida
enferma la llevaron á un aposento ricamente amueblado ,
y despues de haberla acostado en un mullido lecho , una
de ellas salió y volvió en seguida con una taza de oro
llena de agua. << Tomad esta bebida, buena mujer. Es
agua de la Fuente de los Leones, específico maravi-
Hloso contra las calenturas mas rebeldes ; dentro de una
hora experimentaréis sus saludables efectos. La maga ,
aunque con repugnancia, bebió el agua, y despues de
haberla arropado bien, la que se la habia traido le dijo :
— « Vaya, ahora tratad de descansar y dormir un poco, y
33
18 CUENTOS ARABES

cuando dentro de una hora volvamos á veros, os encon-


traremos mucho mas aliviada de vuestra dolencia .
Tan pronto como la maga se vió sola , en lugar de dor-
mir, empezó á vestirse, registró el aposento escudrinán-
dolo todo, y luego se sentó en un sillon esperando que
sus enfermeras volviesen . Así que estas entraron exclamó :
- • Verdaderamente que vuestra agua es un específico
maravilloso , yo me he sentido buena mucho antes de lo
que me dijisteis , y ya os esperaba con ansia para rogaros
que me presentaseis á vuestra caritativa señora á fin de
darle gracias por el beneficio que me ha hecho , al que le
estaré agradecida toda mi vida ; y como ya me siento
completamente buena , deseo cuanto ántes proseguir mi
camino. »
Las dos mujeres que la habian asistido , hadas tambien
como Pari-Banúů, pero de clase inferior , la condujeron al
salon en que esta se encontraba , y fué tan extraordinario
el asombro que causó á la maga al verla rodeada de una
magnificencia y esplendor tan grandes, acompañada de
mucha majestad , que se quedó cortada, y no encontró
palabras que decirle , limitándose á postrarse en tierra .
« Buena mujer, le dijo la princesa , me alegro ver os
restablecida, y haber tenido ocasion de haceros ese
pequeño servicio ; y supuesto que deseáis marcharos , yo
no quiero deteneros por mas tiempo . » En seguida mandó
que la acompañasen hasta el camino . Luego que se vió
fuera , la maga se volvió atras para ver en dónde estaba
la puerta de hierro por la que habia entrado y salido , pero
por mas vueltas que dió le fué imposible el hallarla . En
fin, como habia conseguido su objeto, que era el descu-
brir la morada del príncipe Acmed , apresuró el paso , y
ayudada por unos brujos no tardó en hallarse en el pala-
cio del sultan á quien refirió todo lo que habia visto y
sabido , ponderándole el peligro que corria de que el prín-
cipe Acmed no llegase á destronarle algun dia. *
Atemorizado el sultan con estas noticías , despues de
las desconfianzas que habian hecho nacer en su ánimo los
insidiosos discursos de sus consejeros , creyó que el caso.
CUENTOS ÁRABES 579

era grave, y reunió inmediatamente el consejo para acor-


dar lo que se creyese mas conveniente. Variados fueron
los pareceres que los visires emitieron unos eran de
opinion que se arrestase al príncipe ; otros que se le car-
gase de cadenas y encerrase en una fortaleza, y hasta no
faltó alguno que insinuó , aunque tímidamente, que se le
cortase la cabeza.
La maga, á quien el sultan habia hecho asistir al consejo
para que diese cuenta de su descubrimiento , con permiso
del sultan, tomó la palabra y expuso su parecer contrário
al de los consejeros . -- << No conviene el usar de violencia
con el príncipe , dijo , porque, si se le arresta, las gentes
de su comitiva , que son Genios , irian á avisar inmediata-
mente á la princesa , y esta, cuyo poder es muy grande,
segun lo que yo he visto , acudiria en auxilio de su esposo
con un ejercito de Hadas y de Genios que destruirian la
ciudad en pocos momentos . Al contrário, lo que Vuestra
Majestad debe hacer, es tratar de aprovecharse del poder
de la esposa del príncipe. Ya sabe Vuestra Majestad que
las Hadas y los Genios hacen cosas portentosas que á los
hombres no les es dado el hacerlas. Pidale al príncipe
Acmed alguna cosa extraordinaria y ponga á prueba su
cariño ; como por ejemplo una tienda de campaña capaz
de alojar á todo su ejército , con compartimientos para
Vuestra Majestad y los generales y oficiales de su estado
mayor , pero que sea de tan fácil transporte que se la
pueda llevar en el bolsillo . Si por medio de su esposa
puede proporcionaros una tienda de esta naturaleza, esto
evitará á Vuestra Majestad tener que hacer los gastos
excesivos que acarrea el transporte del material , y el en-
gorro de tener que buscar camellos y otras acémilas .
Despues, podrán pedírsele otras cosas, y cuando no pueda
traerlas, avergonzado de su impotencia, no volverá á pre-
sentarse y se verá obligado á vivir encerrado con su esposa
y separado del mundo ; y de este modo, sin apelar Vuestra
Majestad á ningun medio violento , quedará en buen lugar
y se verá libre de cualquier tentativa . »
Luego que la vieja maga acabó de hablar, el sultan miró
580 CUENTOS ÁRABES

á sus consejeros . Habiendo guardado todos ellos un pro-


fundo silencio en señal de aquiescencia, se decidió á tom ar
el consejo propuesto .
Como el príncipe Acmed se hallaba en palacio todavía,
su padre le mandó á llamar y le dijo : « Hijo mio,
cuando viniste la primera vez á verme, nada me dijiste
sobre tu verdadera situacion , y yo respeté tu secreto . No
comprendo , sin embargo , qué razones hayas podido tener
para obrar conmigo, con tu padre , de esa manera, sabiendo
que entonces como ahora me habria alegrado de tu dicha.
Hoy conozco la gran ventura que has logrado y apruebo
el casamiento que has hecho con un hada tan poderosa
y tan hermosa, digna de ser amada por todos conceptos ,
y te felicito por ello , pues yo , con todo mi prestigio y
grandeza no hubiera podido proporcionarte un casamiento
tan ventajosísimo . Así, deseo que continúes viviendo con
tu esposa en buena armonía gozando de esa dicha envi-
diable ; pero quisiera al mismo tiempo que me ayudaras á
salir de los apuros en que algunas veces suelo verme ,
empleando tu influjo con tu esposa , cuyo poder es in-
menso , segun me han dicho . No ignoras los gastos y el
embarazo que ocasiona el transporte de las tiendas para las
tropas , cuando salimos á campaña , y con el fin de evitar
unos y otro , quisiera que me proporcionaras una tienda de
campaña capaz de abrigar á todo el ejército , y que pu-
diese llevarse en el bolsillo . No creo que te sea difícil el
obtenerla de tu esposa , pues ya sabes que á las hadas les
es fácil el hacer cosas extraordinarias. »
Suspenso se quedó el príncipe Acmed al oir hablar á su
padre de esta manera , y no extrañó ménos que le exi-
giese una cosa que le parecia imposible , pues, aun cuando
no ignoraba el gran poder que tenian las Hadas y los Ge-
nios , dudaba que alcanzase hasta el extremo de serles
fácil suministrar una tienda de campaña con las condi-
tiones que su padre le pedia . Estuvo vacilando largo rato
pensando en lo que responderia al sultan , y al fin le dijo :
<< Señor , no puedo negar que es cierto cuanto le han
dicho sobre mi situacion , aunque ignoro por qué medio lo
CUENTOS ÁRABES 581

ha sabido. Soy, en efecto , esposo del hada Pari- Banú, á


uuien amo , y de quien soy correspondido ; pero como
Bunca la he pedido nada, no sé si podré obtener lo que
Vuestra Majestad quiere ; mas como vuestros deseos para
mní son una órden , por complaceros hablaré á mi esposa
de ello. Si obtengo la tienda tal como me la pedís, vendré
á ofrecérosla gustosísimo ; pero si no lo consigo , me
abstendré del placer de venir á abrazaros , rogándoos que
me perdonéis , y que os recordéis que habéis sido vos
mismo el que me ha puesto en este compromiso . »
Muy disgustado y caviloso se marchó el príncipe Acmed ,
y cuando volvió al lado de su esposa , al notar esta lo
preocupado y triste que se hallaba , quiso saber lo que le
habia sucedido , y el motivo de haber perdido su natural
alegría . El príncipe se resistió cuanto le fué posible, pero ,
por temor de que su esposa no atribuyera su disgusto á
otra causa diferente , se decidió á hablar y le refirió , punto
por punto , cuanto su padre le habia dicho : « Me causa
doble pesar, añadió , el que haya llegado á saber , no sé
por quién , lo que yo le habia ocultado , segun vuestros
consejos, y el que me haya puesto en la necesidad de
importunaros para pediros una cosa tan difícil . » La prin-
cesa le contestó diciéndole que su padre habia descubierto
el secreto de su vida por aquella mujer que se fingió en-
ferma y que su compasion le indujo á traer al palacio ,
pero << si eso que me contáis es lo único que causa
vuestra afliccion , os ruego que no paséis pena por ello,
añadió sonriéndose, porque lo que el sultan os ha pedido
y de lo que teniais empacho de hablarme , lo uno por no
importunarme, como decís , y lo otro quizas porque te-
miais el poner á prueba mi poder y que no saliese airosa,
es una bagatela de muy escasa importancia , como vais á
verlo. Así, pues , recobrad vuestra alegría, y estad per-
suadido de que léjos de importunarme, tendré siempre
un extremo placer en satisfacer todos vuestros deseos . »
Llamando en seguida al hada tesorera-guarda-muebles ,
le dijo : « Nurijana , tráeme la mayor tienda de campaña
que hay en mi tesoro . » Nurijana marchó y volvió á po-
582 CUENTOS ARABES

cos momentos trayendo en la mano una especie de pelota


que entregó á su ama , y esta se la dió al príncipe. Este, al
ver aquel pequeño envoltorio que Pari - Banú llamaba una
tienda de campaña capaz de abrigar á un ejército , creyó
que su esposa quería divertirse ; pero la princesa que adi-
vinó su pensamiento dió una gran carcajada y exclamó :
« ¡Cómo ! ¿ creéis que quiero embromaros ? Toma la
tienda , Nurijana , dijo á su tesorera, y hazla extender en el
parque para que el príncipe la vea . » La tesorera tomó la
pelota, salió del palacio é hizo montar la tienda de modo
que uno de sus extremos tocase á las paredes del palacio .
Cuando el príncipe la vió , calculó que podrian caber en
ella dos ejércitos como el de su padre , y pidió perdon á
su esposa de haberse mostrado incrédulo . Vuelta á des-
montar quedó reducida al mismo volúmen , y al dia si-
guiente escoltado por su brillante comitiva regresó á la
corte del sultan á quien le dijo : « Padre y señor, aquí
tenéis la tienda de campaña que Vuestra Majestad me habia
pedido . »
Persuadido el sultan ae que era imposible el tener una
tienda con las condiciones que él habia exigido á su hijo,
se quedó atónito cuando este se la presentó , pero su ad-
miracion , ó mas bien su asombro no conoció límites al
verla montada en la gran llanada cerca de la ciudad, y
que en su recinto podria abrigarse un ejército doblemente
numeroso que el suyo . Ostensiblemente dió las gracias al
príncipe Acmed y le encargó que las diese en su nombre
á su esposa ; pero interiormente se sintió mordido su
corazon por la víbora de la envidia, al considerar que él ,
con todo su poder y riqueza, no podria ejecutar cosas tan
grandiosas como su hijo con el auxilio del hada. Volvió
á consultar al consejo y á la maga sobre lo que deberia
hacer, y esta le dijo : « Pedidle que os traiga agua de
la Fuente de los Leones . » Siguiendo este consejo : -
« Hijo mio, le dijo al príncipe Acmed , he sabido que tu
esposa se sirve de un agua maravillosa de la « Fuente de
los Leones » que es un antídoto eficacísimo contra toda
lase de calenturas por perniciosas que sean . Á fin de
CUENTOS ÁRABES 583

estar precavido contra un ataque de esta naturaleza , te


ruego que le pidas una botella de esa agua y me la traigas .
Como sé el cariño que me tienes y lo mucho que mi salud
te interesa , no dudo que me harás este obsequio . >> Sor-
prendido se quedó el príncipe Acmed con esta nueva
exigencia de su padre , pues habia creido que se conten-
taria con el presente de la tienda ; así , le respondió que
si bien él, por su parte , estaba dispuesto á complacerle
en cuanto dependiera de su posibilidad , no le respondia
lo mismo respecto á lo que dependiera de su esposa, á la
que, sin embargo, manifestaria su deseo.
A su regreso , el príncipe Acmed refirió al hada todo lo
ocurrido en la corte y le dió las gracias en nombre de su
padre por el regalo de la tienda, manifestándole la nueva
peticion que le habia hecho, pero añadiendo que él no
tenía empeño en satisfacer este capricho del sultan , y
dejaba enteramente á su voluntad el acceder ó no á sus
deseos. - << La peticion que os ha hecho , le dijo su es-
posa, encubre una gran perversidad y malicia, como vais
á verlo, y el deseo de haceros perder la vida. Esto no
obstante , yo quiero darle pruebas de lo mucho que os
amo y os estimo, satisfaciendo su insensato deseo provo-
cado por la mujer que socorristeis , que es una maga de
mala ralea. Sabed que la Fuente de los Leones está guar-
dada por cuatro de estos animales , dos de los cuales están
siempre en vela , mientras los otros dos duermen , y nadie
puede acercarse á tomar agua de esa fuente sin exponerse
á perder la vida devorado por las fieras. Sin embargo,
no os atemoricéis por eso , porque yo os indicaré el modo
de coger esa agua pasando por entre los Leones sin el
menor peligro . Mañana ántes de salir el sol montaréis á
caballo llevando otro caballo del diestro cargado con los
cuatro cuartos de un carnero que va á matarse en seguida.
Tomad este ovillo de hilo , y cuando salgáis por la puerta de
hierro arrojadlo al suelo conservando un cabo entre vues-
tros dedos ; el ovillo empezará á rodar, y siguiéndole vos , os
conducirá al alcázar en que se halla la fuente cuya puerta
encontraréis abierta y veréis los leones. Al apercibiros,
584 CUENTOS ÁRABES

los dos que están despiertos darán un espantoso rugido.


que hará despertar á los otros . No os atemoricéis ; tomad
los cuatro cuartos del carnero y arrojádselos , y mientras
los leones están entretenidos en comerlos , espolead vues-
tro caballo, acercaos á la fuente y, sin apearos , llenaréis
con su agua la botella que voy á daros , y volveréis á

14

salir del alcázar inmediatamente prosiguiendo hacia la


udad vuestro camino . »
Al dia siguiente, el príncipe Acmed , provisto con el car-
CUENTOS ÁRABES 585

nero descuartizado , la botella y el ovillo de hilo, montó á


caballo á la hora que su esposa le habia dicho , y echando
al suelo el ovillo , este empezó á rodar , y el príncipe lo
fué siguiendo sin soltar el cabo , y no tardó en hallarse á
la puerta del alcázar en cuyo interior descubrió á los
leones y la fuente . Hizo cuanto el hada Pari-Banú le habia
dicho , llenó de agua la botella y emprendió su marcha
hácia la corte , siendo escoltado esta vez, no por la bri-
llante comitiva que le acompañaba otras veces , sino por
dos de los cuatro leones custodios de la fuente , los cuales
echaron á andar en pos de él luego que acabaron de devo-
rar su cuarto de carnero. Cuando el príncipe los vió venir
en su seguimiento , creyó que era para atacarle y desen-
vainando su alfanje y armando su arco con una flecha , se
puso en actitud de defenderse ; pero bien pronto conoció
por su aire y el modo de menear su cola y su cabeza , que
los leones no le seguian con ánimo de ofenderle . Al verle
entrar en la ciudad escoltado por guardias de corps de
aquella especie, las gentes huian despavoridas , y se cerra-
ban las tiendas , y así llegó hasta las puertas del palacio
del sultan . Luego que se apeó , y fué recibido por algunos
oficiales , los leones se retiraron y volvieron á su puesto
sin haber ofendido á nadie, ni en la ciudad , ni en el
camino.
El príncipe Acmed fué conducido á la sala del trono en
donde el sultan se hallaba dando audiencia en aquel mo-
mento , y presentándole la botella le dijo : « Aquí tenéis ,
señor, el agua medicinal que me habéis pedido . Deseo que
Dios os conserve la salud siempre buena y que nunca ten-
gáis necesidad de hacer uso de ella. Sorprendido se
quedó el sultan de volver á ver á su hijo , porque la maga
le habia explicado los riesgos que corria el que se aven-
turaba á querer coger el agua ; y el haber logrado una
empresa tan difícil acrecentó su envidia y sus deseos de
perderle . Sin embargo , aparentó mucha satisfaccion y
alegría, volvió á darle las gracias por aquella nueva prueba
de su cariño, y le preguntó de qué medios se habia valido
para obtener aquel precioso específico : á lo cual respon-
33.
586 CUENTOS ÁRABES

dió el príncipe diciendo que todo el mérito de la empresa


era debido á su esposa , la cual le habia iniciado en lo que
tenía que hacer, y le habia suministrado todo lo necesa-
rio para conseguir su objeto , refiriéndole en seguida los
pormenores ocurridos .
El sultan se retiró con el corazon mucho mas ulcerado
por el dardo de la envidia, y mucho mas receloso y ate-
morizado por el poder de su hijo , y mandó á llamar á la
maga, á la que no necesitó referirle lo que el príncipe
acababa de decirle, puesto que ella , por medio de sus
brujerías, sabía perfectamente todo lo que habia sucedido ,
y habia ideado un medio infalible , á su parecer, para des-
hacerse del príncipe ; medio que comunicó al sultan , el
cual lo adoptó inmediatamente. Mandó á llamar al prín-
cipe en seguida, y le dijo : — « Hijo mio, estoy tan per-
suadido de tu cariño y obediencia , que no sé cómo mos-
trarle mi agradecimiento , lo mismo que á tu esposa por
todo lo que habéis hecho para complacerme y satisfacer
mis deseos, y ya no me queda mas que pedirte , como
última prueba de tu afecto y obediencia , sino el que me
traigas un hombre cuya estatura no pase de pié y medio,
que tenga una barba de treinta piés de largo , con el
cabello que le arrastre por el suelo, que hable como nos-
otros y sea bastante fuerte para llevar en sus hombros un
barrote del peso de quinientas libras, que lo mismo le
sirva de arma , que de baston , como si fuese un junco de la
India. » Atónito se quedó , el príncipe Acme dal oir expre-
sarse á su padre en estos términos , y creyó que habia
perdido el juicio . Se guardó , sin embargo , de contrade-
cirle, pero se marchó decidido á no volver mas á verle
para evitar el que le hiciese nuevas peticiones de cosas
tan extraordinarias é imposibles . Cuando llegó al palacio
subterráneo de su esposa, le participó el buen éxito de su
expedicion á la Fuente de los Leones , su llegada á la corte,
escoltado por dos de estos, y la entrega del agua maravi-
Ilosa á su padre el sultan , que le habia preguntado de qué
medios se habia valido para tomar el agua de la fuente,
porque, segun le pareció, no ignoraba los riesgos que
CUENTOS ÁRABES 587

habia que correr. Luego , mostrándose muy afligido , le dió


cuenta de la nueva exigencia del sultan que atribuyó
á demencia, y le causaba tristeza porque le ponia en el
caso de tener que renunciar á verle , pues no concep-
tuaba cosa posible el que hubiese un hombre que re-
uniese todas las condiciones que su padre queria , y porque
aun cuando ese hombre existiese , ni él sabía adónde ir á
buscarle, ni ménos si podria traerle . Cuando acabó de
hablar, el hada Pari-Banú se echó á reir , lo cual sorpren-
dió mucho al príncipe á quien dijo : « Ya veo que
vuestro padre, siguiendo los malos consejos de la maga ,
se ha propuesto perderos comprometiéndoos en empre-
sas temerarias, de las que seguramente no habriais salido
bien librado sin mi auxilio ; pero no os aflijáis por esa
nueva exigencia del sultan , que tambien será satisfecha.
Sabed que tengo un hermano que , aunque seamos hijos
de un mismo padre , en nada nos parecemos mas que en
el cariño que nos tenemos, pues él es un hombre tal cual
vuestro padre lo desea, solamente que es muy irascible,
y no sufre que le hagan la menor afrenta . Voy á llamarle ,
y os acompañará á ver al sultan . No os asustéis al verle ,
ni temáis nada de su fiereza . » En seguida mandó traer
un braserillo con lumbre, echó en el fuego unos aromas,
y pronunció ciertas palabras en una lengua desconocida ,
acompañadas con reverencias y con signos . Primero se
levantó un humo muy espeso , y luego una llamarada
acompañada de un ruido . « Aqui está mi hermano ,
exclamó la princesa ; Chaibar, bien venido seas . » Una voz
estentórea le respondió . - << Aquí me tienes , hermana ,
¿ qué me quieres ? » El príncipe Acmed dirigió sus mira-
das hacia el sitio de donde salia la voz , y cuando se disipó
enteramente el humo , vió á un hombrecillo que apenas le
llegaba á las rodillas , pero muy corpulento y fornido ; era
jorobado por la espalda y por el pecho , los brazos eran
muy gruesos y tan largos como el cuerpo , y los dedos de
las manos parecian sapos hinchados ; venía descaizo y
cubierta su monstruosa cabeza con un gorro puntiagudo
hecho con pelo de camello . Dos ojos hundidos á los que
588 CUENTOS ARABES

hacian sombra unas cejas espesísimas cuyos pelos eran


crines, brillaban como carbúnclos ; la boca era disforme
y casi le llegaba de oreja á oreja, y la nariz aplastada
una barba muy tiesa de una longitud de treinta piés , mez-
clada con los cabellos que le caian hasta el suelo, cubria
todo su cuerpo, y sobre sus hombros carnudos ostentaba

‫کرا‬

una barra de hierro que, si debia juzgarse de su peso por


su grosor y largura, deberia pesar veinte quintales por
CUENTOS ÁRABES 589

io ménos, cuyo enorme peso, s inembargo , no le impedia


el manejarla como si fuese un bastoncíllo . Si el príncipe
no hubiera estado prevenido de antemano por su esposa,
no habria podido ver tan horrenda figura sin terror , pero
se mantuvo impasible y sereno . Chaibar le dirigió una
mirada capaz de aterrorizar al hombre mas valiente , y al
mismo tiempo exclamó : • ¿ Quién es este jóven ? -
Es mi esposo el príncipe Acmed , hijo del sultan de las
Indias, con quien me casé hace un año » , le respondió su
hermana. << Entónces no te convidé á la boda porque abía
que estabas muy ocupado en arreglar cuentas con algunos
de tus enemigos . Ahora que sé que has vuelto victorioso
de tu expedicion , y que no tenías nada que hacer, te he
rogado que vengas, en nombre de mi esposo , para que le
hagas un pequeño servicio . » Luego que supo Chaibar que
el príncipe Acmed era el esposo de su hermana ya le miró
con aire mas risueño , pero no ménos fiero , y respondió
á su hermana : --- << Siendo tu esposo , dispuesto estoy á
servirle en lo que pueda . ¿ Qué se le ofrece ? · Desea que
le acompañes á la corte del sultan su padre, que quiere
verte. Pues, ¡ adelante ! que me enseñe el camino .
Hoy es ya demasiado tarde , y mejor será dejar para ma-
ñana la visita » , dijo su hermana Pari- Banú . « Miéntras
tanto , esta noche te enteraré de todo lo ocurrido despues
de nuestro casamiento entre el sultan y el principe , porque
conviene que lo sepas . » Aquella noche la pasaron los dos
hermanos reunidos hablando de asuntos de familia , y à la
mañana siguiente , el pigmeo monstruo Chaibar y el prín-
cipe Acmed emprendieron juntos el camino .
Cuando llegaron á la ciudad, las gentes , al ver aquella
espantosa figura , corrian á ocultarse en los portales de
las casas ó en las tiendas que se apresuraban á cerrar los
tenderos ; y como el alarma se habia extendido por las
calles por donde debian pasar, las encontraron desiertas .
Los porteros del palacio , así que le vieron acercarse, aban-
donaron las puertas y se ocultaron en los aposentos inme-
diatos, de modo que llegaron sin ningun impedimento á
la sala en que estaba el sultan sentado en su trono y
590 CUENTOS ÁRABES

rodeado de sus visires y consejeros . El príncipe entró


acompañado por Chaibar, el cual , con la cabeza erguida
y brandiendo su barra, se acercó al trono , y sin esperar
á que el sultan le hablase, y sin hacerle ningun saludo ni
reverencia le dijo con voz de trueno : - « Has deseado
verme, pues aquí me tienes ; ¿ qué me quieres ? » El sul-
tan levantó la cabeza y al ver tan cerca de sí aquella
monstruosa figura , se asustó y se cubrió el rostro con
sus manos por no verla , y no respondió nada. Chaibar ,
entonces echando chispas por los ojos exclamó « ¿ Es
para hacerme esta afrenta para lo que has querido que
venga ? » Y al mismo tiempo levantando la barra de hierro
la descargó sobre la cabeza del sultan y le dejó muerto
en el acto . Fué tan rápido é imprevisto el movimiento que
el príncipe Acmed no pudo evitarlo ; solo consiguió pre-
servar de igual suerte al gran visir diciendo á su cuñado ,
que aquel no era el que le habia dado malus consejos á
su padre. Mirando á los otros visires y consejeros :
<< Entonces , exclamó , son estos otros los que se los han
dado malos , ¿ eh ? pues yo les enseñaré á darlos buenos » ,
y empezó á repartir barrazos á derecha é izquierda de-
jando aplastado con cada golpe á uno de ellos . Cuando
concluyó con todos aquellos aduladores , envidiosos y
enemigos del príncipe Acmed : « Aquí debe haber una
maga » , le dijo al gran visir ; « quiero verla. » El gran visir,
sin separarse del lado del príncipe, y temblando de miedo,
la mandó á buscar. Asi que llegó y la vió Chaibar, —
Como ! ¿eres tú ? » exclamó . « Ya te conozco . Y le-
vantando su barra, - << Aprende, añadió , á dar mejores
consejos y á fingirte enferma . » Y la dejó aplastada como
un sapo en el suelo. « Esto no es bastante, dijo en seguida
con torva faz y voz atronadora : voy a destruir la ciudad
y á exterminar á todos sus habitantes, si en el acto no
reconocen á mi cuñado , el príncipe Acmed, por su señor,
y sultan de las Indias . » Al oir esto todos los que estaban
allí cerca se apresuraron á gritar : << ¡ Viva el sultan
Acmed , nuestro señor y dueño ! » Y este grito se genera-
lizó en breve por toda la ciudad .
CUENTOS ÁRABES 591

Chaibar hizo vestir á Acmed el traje de sultan , le colocó


en el trono á cuyos piés vinieron todos los generales , los
gobernadores y demas altos funcionarios à prestarle el
juramento de obediencia. En seguida fué á buscar á su
hermana Pari - Banú que entró con gran pompa en la ciu-
dad y fué aclamada por el pueblo y por los cortesanos
con muestras de la mayor alegría , y su esposo , el sultan
Acmed , la recibió en sus brazos y la sentó á su lado en el
trono , siendo reconocida como él , por soberana de las
Indias.
El príncipe Alí y su esposa la princesa Nurinarda que
ninguna parte habian tomado en las cábalas fraguadas
contra el príncipe Acmed , se fueron á reinar á una de las
mayores provincias que su hermano les cedió . En cuanto
al príncipe Husan á quien el nuevo sultan envió uno de sus
ayudantes acompañado por el gran visir para participarle
su advenimiento al trono y todos los sucesos que habian
ocurrido , diciéndole al mismo tiempo que eligiese aquella
provincia de sus estados de la India que le pareciese mejor
para reinar en ella ; le contestó á su hermano dándole las
gracias, asegurándole de su obediencia y fidelidad , y
rogándole que le dejase vivir tranquilo en el retiro que se
habia elegido , en el que se encontraba feliz.
Hubo grandes fiestas y regocijos , desconocidos hasta
entónces, con motivo de la elevacion del príncipe Acmed
al trono y de su esposa la hermosa hada Pari -Banú, cuyos
esponsales volvieron á celebrarse con la mayor solemni-
dad y una magnificencia nunca vistas, habiendo concur-
rido á todas estas funciones infinitos Genios y Hadas
que con su presencia hicieron estas fiestas mas brillan-
tes . Durante este tiempo Chaibar se mostró muy afable y
permaneció en la corte de su hermana largo tiempo , siendo
mirado por todos los cortesanos con el mayor respeto.
Cuando vió que el poder de su cuñado Acmed se hallaba
bien afianzado , desapareció , y el príncipe Acmed y su
esposa el hada Pari-Banú continuaron reinando pacifica- .
mente y con satisfaccion y contento de todos los habitan-
tes del dilatado imperio de las Indias.
592 CUENTOS ÁRABES

Tiempo hacía ya que el sultan de las Indias Chabriar


habia resuelto interiormente conservar siempre á su lado
á la hermosa sultana Gerenarda á la que cada dia amaba
mas, así por sus gracias personales , como por su preclaro
ingenio ; y solo estaba esperando que se presentase un
motivo plausible para derogar el sanguinario decreto que
la infidelidad de la anterior sultana le arrancó en un mo-
mento de dolor y despecho , para borrar con sangre la man-
cha de su honor ofendido . Este plausible motivo se presentó
con el feliz alumbramiento de la sultana que dió á luz un
hermoso y robusto príncipe . Al verse con un heredero que
perpetuase su nombre y dinastía, el sultan estaba loco
de contento. Mandó llamar al gran muftí, y á los princi-
pales ulemas , cuyos pareceres fueron conformes para de-
clarar que semejante acontecimiento suministraba la oca-
sion mas propicia para la derogacion de aquel fatal y
bárbaro decreto que habia costado la vida á tantas jóvenes
inocentes, y era el terror de todas las familias . Esta dero -
gacion que se hizo , en efecto, así como el nacimiento del
príncipe, dieron lugar á innumerables fiestas y diversiones ,
no solo en la capital , sino en todo el imperio, y el nombre
de la sultana Gerenarda fué el objeto de la veneracion y
de las alabanzas y bendiciones generales de toda clase de
gentes. Ella y su esposo el sultan vivieron felice largo
tiempo, y tuvieron la satisfaccion de ver crecer y hacerse
digno de sucederles en el trono á su amado hiio el prin-
cipe heredero.

FIN.
ÍNDICE

Páginas.
PRÓLOGO. • VII
Cuentos árabes . • 1
El asno, el buey y el labrador.
El gallo, el perro y la mujer del labrador. •
El mercader y el Genio . 11
El Genio y los tres viejos . 14
Historia del anciano y de la cierva. 16
Historia del viejo y de los dos perros negros. · . 19
Historia del pescador y del Genio rebelde.. · 22
El rey leproso, y la cabeza del médico extranjero • • 25
Historia de los cuatro pescados fritos . • 29
Historia del rey de las Islas Negras . • 33
Fin de la historia del pescador y del rey de las Islas Negras . 40
Historia de los tres kalandores hijos de rey, y de las tres damas
de Bagdad . ... • • • • 42
སྒྱུ
རཨྠ

༞ྞ❁ྨ

Historia del primer kalandor tuerto, hijo de rey . • • 52


Historia del segundo kalandor tuerto, hijo de rey. · 57
Historia del tercer kalandor tuerto, hijo de rey. 71
Historia de Zubeida, de sus hermanas, y de las perras negras. 86
Historia de Amina. • • • • • • 93
Historia de las tres manzanas y de la mujer hecha pedazos . • 99
Historia del jorobado muerto . • • · 107
Historia del jóven mercader manco. . 112
594 ÍNDICE
Páginas.
Historia del hombre sin pulgares . 121
Historia del jóven manto del Mosul . · 1 131
Historia del jóven cojo de Bagdad . • 140
Historia del Barbero silencioso . 152
Historia del hermano jorobado del Barbero . 154
Historia del hermano segundo del Barbero . 158
Historia del tercer hermano del Barbero silencioso . 163
Historia del carnicero , hermano cuarto del Barbero . 168
Historia del quinto hermano del Barbero , llamado el Desore-
jado ... • 172
Historia del sexto hermano del Barbero . · 181
Historia de Simbad el marino. y de sus viajes . • • 191
Relacion del primer viaje de Simbad el marino . • • 193
Aventuras del segundo viaje de Simbad el marino . • 197
Relacion del tercer viaje de Simbad el marino. • 202
Aventuras del cuarto viaje de Simbad el marino. • • 210
Relacion del quinto viaje de Simbad el marino. • • 218
Relacion del sexto viaje de Simbad el marino . • • 222
Relacion del sétimo y último viaje de Simbad el marino . • • 228
Historia de Abou-Hassan, el dormido despierto . • • • · 235
Historia de los muertos resucitados Abou-Hassan, y su esposa
Nuzat-Oladat. • • 262
La historia de Ganem, Ilamado el esclavo de Amor, y de la
favorita Tormento del alma. 275
Episodios del reinado del kalifa Harun Alraschid .. 294
Historia del ciego Babá Abdalá, el codicioso . 296
Historia de Sidi-Noman, el hombre perro . · 304
Historia de Cojía- Hassan, Alhabal, el cordelero . • • 314
Historia del príncipe Firuz-Khan , y del caballo del Indio . • 328
Historia de Aladino y de la lámpara maravillosa. · · • 345
Historia del príncipe Cododac, de sus hermanos , y de la prin-
cesa de Deryabar . 406
Historia de Ali-Babá, de la esclava Morjiana, y de cuarenta ban-
doleros. 429
INDICE 595
Páginas.
Historia de los dos mercaderes de Bagdad , y el tarro de acei-
tunas . • • • • 446
Historia de las hermanas envidiosas , del pájaro que habla, y
del árbol que canta . · 3 • • • 457
Historia del príncipe Zein Alasman y de las nueve estatuas . 491
Historia de la princesa Gulnara del mar, madre del príncipe
Beder . • 508
Aventuras del jóven rey de Persia, Beder, y de la princesa
Giborosa del mar.. 517
Historia del príncipe Acmed y del hada Pari-Banú . 54
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