0% encontró este documento útil (0 votos)
83 vistas4 páginas

Psicoanálisis vs Psiquiatría: Ética y Escucha

Este documento resume las diferencias entre la psiquiatría y el psicoanálisis. Mientras la psiquiatría se centra en la observación y clasificación de síntomas para diagnosticar y tratar enfermedades mentales, el psicoanálisis se enfoca en lo singular de cada sujeto y su discurso. El psicoanálisis se distancia de la "clínica de la mirada" de la psiquiatría y establece una "clínica de la escucha". Reconoce al sujeto y su deseo, en lugar de tratar de eliminar la

Cargado por

Sofia Massey
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Temas abordados

  • carencia del sujeto,
  • psicoterapia,
  • Lacan,
  • deseo,
  • ambigüedad,
  • Foucault,
  • ética,
  • atención,
  • categoría central,
  • sugestión
0% encontró este documento útil (0 votos)
83 vistas4 páginas

Psicoanálisis vs Psiquiatría: Ética y Escucha

Este documento resume las diferencias entre la psiquiatría y el psicoanálisis. Mientras la psiquiatría se centra en la observación y clasificación de síntomas para diagnosticar y tratar enfermedades mentales, el psicoanálisis se enfoca en lo singular de cada sujeto y su discurso. El psicoanálisis se distancia de la "clínica de la mirada" de la psiquiatría y establece una "clínica de la escucha". Reconoce al sujeto y su deseo, en lugar de tratar de eliminar la

Cargado por

Sofia Massey
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Temas abordados

  • carencia del sujeto,
  • psicoterapia,
  • Lacan,
  • deseo,
  • ambigüedad,
  • Foucault,
  • ética,
  • atención,
  • categoría central,
  • sugestión

Psicoanálisis y Medicina, por Rosario Herrera Guido.

2. De la mirada a la escucha

Para la psiquiatría francesa del siglo XIX, la técnica de la sugestión implicaba la práctica de la

hipnosis para remover síntomas neuróticos. Bajo la enseñanza de los psiquiatras franceses Charcot

y Bernheim (1880), Freud comenzó a emplear la sugestión. Un método que, como le dejaba cada

vez más insatisfecho, terminó por abandonar. En la obra ulterior de Freud se puede apreciar que la

experiencia de la hipnosis es tratada como diametralmente opuesta al psicoanálisis. Siguiendo a

Freud, Lacan emplea la palabra sugestión para denunciar toda clase de desviaciones respecto del

psicoanálisis, deformaciones que identifica en general con la psicoterapia. Y es que la sugestión va

contra la ética, dado que pretende dirigir al paciente hacia algún ideal moral, religioso, político o

social, ya sea del terapeuta o de la cofradía a la que pertenece, contrariamente a la dirección de la

cura en psicoanálisis, que consiste en promover la articulación de la verdad del deseo del

analizante, opuesto a cualquier concepción normativa y adaptativa a la sociedad. En la sugestión,

dice Lacan, las interpretaciones del terapeuta persiguen la significación (la univocidad), pues se

trata de eliminar la ambigüedad y los equívocos del discurso, mientras que el analista dirige sus

interpretaciones hacia el sentido (lo multívoco) y su correlato, el sin-sentido; es sólo a partir de la

ambigüedad que el psicoanálisis prospera. La sugestión, ya lo sabía Freud, mantiene una estrecha

relación con la transferencia, pues el analizante le supone un saber al analista (la sugestión es un

modo particular de responder a esta atribución); el analista debe comprender que él solamente

ocupa un supuesto saber que el analizante le adjudica, y no engañarse con el imaginario de que

realmente posee el saber que se le atribuye. Esta renuncia a la posición del amo es la que promueve

el discurso del analista. La hipnosis es pues el modelo de la sugestión, a la que Freud desenmascara

en Psicología de las masas (1921), donde muestra que la hipnosis (la sugestión) hace que el objeto

converja con el ideal del yo. El hipnotismo, dice Lacan, supone la convergencia del yo y el objeto.

Mientras que el psicoanálisis está comprometido en lo contrario: el mantenimiento de la distancia

entre el yo (la identificación) y el objeto que causa el deseo.

La clínica psicoanalítica procede de la medicina pero se desprende y se distancia de ella. Hay una

clínica psiquiátrica que es el terreno donde nace y crece el psicoanálisis, y que es también el Otro
del psicoanálisis —en tanto diálogo—, a partir de lo que llega a definir lo que es específico de ese

significante que es el “psicoanálisis“, con relación al significante psiquiatría (que pertenece al orden

médico). En los tiempos que nace el psicoanálisis, la psiquiatría era una clínica más inútil que en la

actualidad, pues no tenía los medios adecuados para ejercer una acción que correspondiera a las

metas propuestas. El quehacer psiquiátrico se reducía a clasificar los casos que se le

encomendaban. Basta recurrir a Foucault, a su Historia de la Locura en la época clásica, para ver el

proceso a través del cual los trastornos del alma fueron a caer al archivo de la medicina, sin que

ésta tuviese algo que hacer con ellos, excepto tratar de dominarlos, a fin de controlarlos. Una

clínica del dominio de la enfermedad que sigue vigente. La razón médica impregnó la clínica

psiquiátrica con un modelo basado en la observación, la clasificación, la búsqueda de una lesión;

un tratamiento que modificara las diversas alteraciones de la vida anímica; y se fundamentó en una

teoría de tipo causal: si la causa era físico-química, la terapia debía ser de la misma naturaleza.

El psicoanálisis, a diferencia de esta actitud clasificatoria y universalista de la psiquiatría, se coloca

desde el principio en la particularidad, en lo singular de cada subjetividad, en lo que tiene de

inédito el discurso de cada sujeto, el deseo de cada cual. Lacan, desde la enseñanza de Freud, lo

advierte: el análisis como ciencia es siempre una ciencia de lo particular. La realización de un análisis es

siempre un caso particular, aun cuando estos casos particulares, desde el momento en que hay más de un

analista, se presten, de todos modos, a cierta generalidad. Pero con Freud la experiencia analítica

representa la singularidad llevada a su límite, puesto que él estaba construyendo y verificando el análisis

mismo [...] Si descuidáramos el carácter único, inaugural, de su proceder, cometeríamos una grave falta.7

En el siglo XIX, la psiquiatría trabaja sobre modelos de la Biología. Así, el modelo locacionista

busca ciertas áreas responsables de los trastornos. Existe además el desarrollo de la psicología

introspectiva (herencia de Aristóteles, de las cualidades del alma). La psiquiatría y la psicología del

siglo XIX están dedicadas a los trastornos de las funciones de la psique: la atención, la memoria, el

juicio, la percepción, el razonamiento, los afectos, la voluntad. Sólo en los comienzos vemos a

Freud trabajar sobre la materia prima de la psiquiatría, de tal forma que no parece que haya una

oposición fenomenológica entre psiquiatría y psicoanálisis. Freud sostiene en sus lecciones de

Introducción al psicoanálisis (1917), que las relaciones entre psiquiatría y psicoanálisis son las
mismas que existen entre la Histología y la Anatomía. Sin embargo, el psicoanálisis penetra en las

estructuras invisibles, mientras que la psiquiatría se queda en las manifestaciones visibles. Y

aunque Freud ahí da pie a un malentendido, pues parece que se trata de lo mismo, muy pronto

desprende su método de lo que la medicina ha llamado “el ojo clínico”. La clínica psicoanalítica se

distancia de la clínica de la mirada y funda una clínica de la escucha.

Aunque el psicoanálisis heredó de la medicina la palabra “cura“, ésta ha adquirido un sentido

específico, que la diferencía de la significación médica, pues la cura psicoanalítica no pretende

sanar. Ya Freud decía que había que tener cuidado de no caer en la tentación de un furor curandis,

en el sentido de querer producir un sujeto sano, ya que las estructuras subjetivas (neurosis,

perversión y psicosis) son incurables, por lo que el análisis sólo pretende posibilitar que el

analizante articule la verdad de su deseo, y a partir de ahí gozar lo menos que se pueda, de modo

que prevalezca el principio del placer. Además, si se toma en cuenta que los síntomas son ya una

interpretación del sujeto, abordar los síntomas con interpretaciones es sobreinterpretarlos, cuya

consecuencia se puede constatar en la historia del psicoanálisis. La dirección de la cura en el

análisis no tiene otro fin que el de posibilitar que el analizante asocie libremente, elabore los

significantes que lo han determinado en su historia y sea impulsado por el proceso mismo del habla

a articular algo de su deseo.

La psiquiatría, heredera de la razón médica, el orden médico, el discurso del amo, se ha

caracterizado por no saber oír, mejor dicho por no querer oír. Nació sorda, pues su fin es

desembarazarse del sujeto, sacar el diagnóstico y deducir el psicofármaco correspondiente. La

psiquiatría es, además de fóbica al enfermo, paranoica, porque siempre se siente perseguida por

esos quejosos que insisten en ser escuchados. Para la psiquiatría la subjetividad es un lujo que no

se puede permitir, en bien de la objetividad, según sostiene desde una posición imaginaria. Para la

psiquiatría lo fundamental es que el sujeto no aparezca, para que su trastorno pueda ser clasificado

de acuerdo a un esquema internacional, y que cualquier psiquiatra sepa de qué se está hablando. La

psiquiatría se sostiene en el ideal científico de alcanzar la comunicación sin ambigüedad, y que la

filosofía analítica ha convertido en su bandera (lo que de algún modo promueve el diálogo del

Logos consigo mismo). En contra de todos estos productos del discurso del amo, emerge la
singularidad de cada sujeto. Pero la psiquiatría insiste en eliminar la subjetividad del paciente y,

por añadidura, la del psiquiatra, el Otro del paciente, quien en la medida en que esté bien formado en bioquímica, estadística y

ahora en computación, creerá haber excluido su propia subjetividad de la relación con el paciente. Valga aquí un ejemplo.

Recientemente, se supo de un “psicoterapeuta psicoanalítico“ (¡extraño oxímoron!), en alguna de esas instituciones que —como

diría Lacan— se agrupan para defenderse contra el inconsciente, que supervisaba utilizando una computadora

(programada por él mismo) para purificar su subjetividad. De esto y otras curiosidades está

constituido también el sueño del “científico “, que aspira llegar por fin a la objetividad.

Frente a todo esto, se levanta el discurso psicoanalítico, que es también reduccionista, pero en

sentido inverso, pues privilegia los fenómenos que atañen al significante, por lo que desatiende —al

no ser de su campo— los hechos que son del orden bioquímico. La clínica psicoanalítica está

fundada en la palabra. Es una clínica de la escucha. Lo que para la clínica psiquiátrica es una

escoria a eliminar, la clínica psicoanalítica lo constituye en una categoría central: el sujeto,

reconocido como tachado por el significante. Un sujeto que sólo se define con su par ineludible: el

Otro, que también es deseante y, por lo mismo, tachado. Lo que hay es la carencia del sujeto y la

carencia del Otro, como dos conceptos que se implican, constituyendo las categorías fundamentales

del discurso psicoanalítico.

Recorte. Material completo en sitio Web. http://www.cartapsi.org/spip.php?article96

También podría gustarte