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Modelo Traumatogénico de Abuso Infantil

El modelo traumatogénico de Finkelhor y Browne propone cuatro factores que causan trauma en víctimas de abuso sexual infantil: sexualización traumática, traición, indefensión y estigmatización. Cada factor altera la orientación emocional y cognitiva del niño y crea distorsiones en su autoconcepto, visión del mundo y capacidad afectiva, lo que puede dar lugar a una variedad de síntomas psicológicos.
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Modelo Traumatogénico de Abuso Infantil

El modelo traumatogénico de Finkelhor y Browne propone cuatro factores que causan trauma en víctimas de abuso sexual infantil: sexualización traumática, traición, indefensión y estigmatización. Cada factor altera la orientación emocional y cognitiva del niño y crea distorsiones en su autoconcepto, visión del mundo y capacidad afectiva, lo que puede dar lugar a una variedad de síntomas psicológicos.
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El Modelo Traumatogénico de Finkelhor y Browne

El modelo traumatogénico propuesto por Finkelhor y Browne (1985) de las agresiones


sexuales infantiles propone cuatro factores que estarían a la base de la dinámica
traumatogénica, es decir, del desarrollo de la sintomatología y desestructuración que sufren las
víctimas de abuso sexual. Estos autores sostienen que estas dinámicas no son únicas de las
agresiones sexuales, pero la conjugación de las cuatro dinámicas en el abuso, es lo que hace
único al trauma de éste tipo de agresiones, diferenciándolo de otros traumas, como por ejemplo
el producido por la separación de los padres. Estás dinámicas alteran la orientación emocional
y cognitiva del niño hacia el mundo, y crean una distorsión del autoconcepto, visión del mundo
y capacidad afectiva. Cada una de las distintas dinámicas traumatogénicas se asocia con un
conjunto de síntomas, aunque alguno de los síntomas puede deberse a dos o más de estas
dinámicas. A continuación se describen las cuatro dinámicas traumatogénicas:

a) Sexualización traumática: se refiere a un proceso en que la sexualidad del niño/a se


conforma y desarrolla en forma inapropiada y disfuncional. Esta sexualización traumática puede
ocurrir cuando el niño/a es repetidamente recompensado por la conducta sexual por el
abusador, lo que es inapropiado para su nivel de desarrollo. El monto y tipo de sexualización
traumática puede variar dramáticamente. En los casos en que el abusador intenta evocar la
respuesta sexual del/la menor, por ejemplo, existe una mayor sexualización que en los casos
en que el menor es usado por el agresor solo para masturbarse. El grado de conciencia que
tengan las víctimas respecto de las implicaciones sexuales de la agresión se relaciona con la
sexualización traumática, ya que los niños/as pequeños/as que no entienden estas implicancias
resultaran menos traumatizados que aquellos que sí tienen este conocimiento. Los/as menores
que han sido traumatizados sexualmente quedan con repertorios inadecuados de conducta
sexual, con confusión y distorsión de sus autoconceptos sexuales, y con asociaciones
emocionales inusuales de la actividad sexual. Como consecuencia de esta dinámica traumática
en niños/as pequeños/as, se observa preocupaciones sexuales y conducta sexual repetitiva
como la masturbación o juego sexual compulsivo. Algunas víctimas muestran conocimiento e
interés inadecuado para su edad. Los adolescentes pueden ser agresivos y victimizar a pares o
niños/as pequeños/as. Las víctimas de abuso sexual tienen un alto riesgo de entrar en la
prostitución. Puede existir confusión de la identidad sexual y de las normas y estándares
sexuales, por ejemplo los/as menores que han recibido afecto por el trato sexual, pueden creer
que esto es una vía normal para obtener afecto. También pueden asociarse connotaciones
negativas al sexo, como apartamiento, miedo, rabia, sentimiento de indefensión, etc.

b) Traición: esta dinámica deviene de cuando el niño/a descubre que alguien de quien su
vida depende, le ha causado daño. Este/a menor puede llegar a comprender que la persona en
quien confiaba lo ha traicionado a través de mentiras. Las víctimas infantiles pueden
experimentar la traición no sólo en relación al agresor, sino también, en relación a otros
miembros de la familia, los cuales no han podido o no han querido proteger al niño/a o no le
han creído. El cambio de actitud después de la revelación, donde puede suceder que al niño/a
no se le cree, o es culpado o aislado contribuye también a desarrollar la dinámica de la traición.
Producto de esta dinámica traumatógenica el/la menor puede manifestar dolor y depresión por
la pérdida de la figura en que confiaba. Estas víctimas sufren un fuerte desencantamiento y
desilusión. Junto con esto se aprecia, una intensa necesidad de volver a ganar confianza y
seguridad, lo que se manifiesta en la extrema dependencia de estos niños/as. Esta necesidad
se aprecia en los adultos como un juicio dañado de la confiabilidad de la gente. La traición
puede manifestarse como hostilidad y rabia, y como aislamiento y aversión a las relaciones
interpersonales íntimas. Puede que – en especial los hombres- tengan dificultades para tener
éxito en relaciones heterosexuales o matrimonios.
b) Indefensión: se refiere a los procesos en que la voluntad, los deseos y sentido de eficacia del
niño son contravenidos. Un tipo básico de indefensión ocurre cuando en el abuso sexual, el
territorio y espacio corporal del/la menor son repetidamente invadidos contra la voluntad de
éste/a. Ésta dinámica se ve exacerbada cuando existe coerción o manipulación. La indefensión
es reforzada cuando la víctima ve que sus intentos por detener el abuso son frustrados. El que
no se crea en su relato tras la revelación crea también un gran monto de indefensión. Una
reacción a la indefensión es el miedo y la ansiedad, que reflejan la incapacidad de controlar
eventos nocivos. Pueden existir pesadillas, fobias, hipervigilancia, conducta adhesiva y
somatización. El miedo y la ansiedad pueden extenderse hasta la edad adulta. Otra clase de
efectos se relacionan con empeoramiento del sentido de eficacia y de las habilidades. Puede
ocurrir que al niño/a le sea difícil actuar sin la expectativa de ser revictimizado/a. El sentimiento
de impotencia puede asociarse a desesperación, depresión e intentos de suicidio, a menudo
observados en adolescentes y adultos. Puede expresarse también en problemas de
aprendizaje, fugas y dificultades de empleo. Por último existe un gran riesgo real de ser
revictimizado/a. Una tercera clase de efectos presenta relación con la inusual y disfuncional
necesidad de controlar o dominar, lo que se observa particularmente en las víctimas
masculinas asociado al rol de género socializado. Algunos comportamientos agresivos y
delincuenciales pueden aparecer por el deseo de ser rudo, poderoso y de no tener miedo.
Cuando estas víctimas llegan a ser matones o delincuentes, reeditan su propio abuso, con lo
que obtienen un sentimiento de poder y dominación que atribuyen a sus propios agresores.

d) Estigmatización: esta dinámica se refiere a las connotaciones negativas que le son


transmitidas al niño/a, como maldad, vergüenza y culpa. Estas connotaciones pueden ser
transmitidas directamente por el abusador, quien puede culpar a la víctima de la actividad,
degradarla o traspasarle el sentimiento de culpa por la conducta. La presión que impone el
agresor a la victima por mantener el secreto, comunican poderosos mensajes de vergüenza y
culpa. La estigmatización es reforzada por las actitudes que infiere u oye de las personas de la
familia o comunidad. El guardar el secreto de haber sido víctima de abuso sexual puede
incrementar el sentimiento del estigma, mientras que por el contrario, cuando los niños saben
que su experiencia es compartida, por otros pares la estigmatización se ve aliviada. Las
víctimas de la estigmatización se sienten a menudo aisladas, pueden adentrarse en el mundo
de la droga o el alcohol, y pueden desarrollar actividades criminales o envolverse en la
prostitución. También puede aparecer comportamiento autodestructivo e intentos de suicidio.
La culpa y vergüenza aparecen como respuestas a la situación abusiva y a la acusación y
reacciones negativas de otros en relación a este tema. La baja autoestima y estigmatización
son el resultado de la creencia equivocada de que se es el único que ha vivenciado una
experiencia abusiva, y que los otros rechazarán a una persona que ha sido abusada.

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